La biblioteca de la Santa Sede, una de las más antiguas del mundo, alberga millones de textos de gran relevancia teológica de la Iglesia Católica y otras religiones. La Biblioteca Vaticana está abierta selectivamente a “investigadores de todas las disciplinas” con fines de investigación.
“Los eruditos musulmanes nos han pedido una sala con alfombra para rezar y se la hemos proporcionado”, declaró el vicerrector de la biblioteca, Giacomo Cardinali, explicando que la biblioteca alberga “Coranes increíblemente antiguos” y textos hebreos, etíopes, árabes y chinos.
“Somos una biblioteca universal -dijo el “cardenal”- y la decisión de conceder a los musulmanes un espacio para la oración forma parte del esfuerzo del Vaticano por fortalecer una comunidad académica internacional”.
“La biblioteca de la Iglesia es una celebración del conocimiento humano compartido -añadió Cardinali- no del conocimiento perteneciente a una secta religiosa en particular”.
Según informó National Review las medidas adoptadas por el Vaticano contrastan marcadamente con las de otras religiones, que prohíben o restringen severamente la visita de los cristianos a ciertos “lugares sagrados”. Justamente, la religión musulmana a la que la falsa iglesia conciliar abre sus puertas y les entrega su “alfombra para orar”, es la que no permite a los no musulmanes visitar La Meca, la “ciudad santa” del Islam.
Algunos cristianos criticaron la decisión de la iglesia, calificándola de “permitir de hecho que una fe rival se instale en su propiedad”. Otros describieron la medida como una forma de que la iglesia demuestre que “la verdad no tiene nada que temer del estudio”.
Durante su “pontificado”, Robert Prevost, al igual que sus predecesores postconciliares, ha hecho hincapié en el diálogo interreligioso. Como ejemplo, en mayo recibió a delegaciones interreligiosas en la Santa Sede para impulsar el ecumenismo, afirmando que los cristianos deben unirse “en un espíritu de fraternidad humana”. El lenguaje de este falso “papa” es exactamente el mismo que el de su predecesor, Jorge Bergoglio (alias “Francisco”), quien “promovió tanto el camino ecuménico como el diálogo interreligioso”, según declaró Prevost.
“A través de sus palabras y acciones, [Bergoglio] abrió nuevas vías de encuentro para promover la cultura del diálogo como camino; la colaboración mutua como código de conducta; la comprensión recíproca como método y estándar”, dijo Prevost, y agregó que “sobre todo, cultivando las relaciones interpersonales, de tal manera que, sin menoscabar los lazos eclesiales, siempre se valoró el rasgo humano del encuentro”.
“Un testimonio cristiano de fraternidad contribuirá a construir un mundo más pacífico, algo que todos los hombres y mujeres de buena voluntad desean en sus corazones”, añadió Prevost.
La Biblioteca Apostólica del Vaticano admite un máximo de 60 investigadores diarios en sus salas de estudio. Para acceder a los archivos, los investigadores deben presentar una solicitud que incluya una carta de presentación, un comprobante de sus cualificaciones académicas y una copia de un documento de identidad válido.
Los líderes de la Iglesia iniciaron el proceso de digitalización de los archivos del Vaticano en 2012, un proyecto que busca realzar el papel de la Iglesia como custodio de la historia y hacer accesibles los 80.000 manuscritos antiguos, 2 millones de libros, colecciones gráficas, 150.000 documentos y mucho más que alberga el Vaticano.

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