lunes, 21 de octubre de 2013

LOS CRISTIANOS IDEÓLOGOS DEL PAPA FRANCISCO Y LOS "ESPECIALISTAS DEL LOGOS" DE HENRI DE LUBAC

En la reflexión sobre el evangelio de la misa del 17 de octubre, en la Casa Santa Marta, el Papa advirtió sobre “la reducción de la fe a una ideología”.

La expresión usada por él, “especialistas del Logos”, viene de la obra “Meditaciones sobre la Iglesia”, del famoso teólogo jesuita francés Henri de Lubac. Es el mismo texto citado el 9 de marzo de 2013 por el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio en la penúltima de las congregaciones generales de los cardenales, a fin de denunciar “el mal tan grave que es el mundanismo espiritual”: según Lubac, “el peor de los males en que la Iglesia puede incurrir”.

Esta es una clara indicación de que, para entender mejor las enseñanzas del papa Francisco, las “meditaciones sobre la Iglesia”, de Lubac, son un libro indispensable.

El texto que ilustra la categoría de los “expertos del Logos”, que nada tiene que ver con el pensamiento de Joseph Ratzinger antes ni de Benedicto XVI después, está presente en las “Meditaciones sobre la Iglesia” en el siguiente trecho:

“Desde que existe, la Iglesia siempre ha atraído el desprecio de una élite. Filósofos o espirituales, muchos espíritus superiores, preocupados por una vida profunda, se niegan a adherirse a ella. Algunos le son abiertamente hostiles. Como Celso, ellos están rebelados con 'ese montón de gente sencilla' [...] Muchos otros, sin embargo, y hay sabios entre ellos, están convencidos de hacer justicia a la Iglesia. ¡Estarían dispuestos a protegerla si fuera necesario! [...] Pero mantienen su distancia. No saben qué hacer con una fe que acompañaría a todos los miserables, ante los cuales se sienten superiores en cultura estética, en capacidad de razonar o en preocupación de interioridad”.

“Son 'aristócratas' que no pretenden “mezclarse con el rebaño”. La Iglesia, de acuerdo con ellos, conduce a los hombres por carreteras demasiado comunes. Ellos reconocen su arte de presentar, bajo el velo de las imágenes, verdades profundas, pero, distinguiéndose como 'aquellos que saben', en contraste con la masa de aquellos que creen, presumen conocerla mejor de lo que ella misma pueda conocerse. La tratan con mucha condescendencia, y se atribuyen el poder de explicar, sin su consentimiento, por medio de una transposición metafísica, el profundo significado de sus doctrinas y de sus actos sagrados”.


“Por encima de su fe, ellos ponen su intuición, como lo absoluto por encima de lo relativo, como la participación directa y activa en el conocimiento divino por encima de una participación indirecta y pasiva... Podrían ser llamados 'especialistas del Logos', pero no leyeron en San Pablo que el Logos 'rechaza toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios'. Son sabios, pero ¿quién no ve realizarse, después de veinte siglos, la profecía 'Disipar la sabiduría de los sabios'? Son ricos que todavía deben oír la voz de la primera bienaventuranza. Algunos, arbolándose como jefes de escuela o de secta, aumentan, con el cebo del segundo, la promesa de la sabiduría [...]”.





miércoles, 16 de octubre de 2013

CAMINO AL EXILIO: PURGA CONTRA LOS FRANCISCANOS DE LA INMACULADA

Padre Paolo Serafino

Continúa el desmantelamiento de los Franciscanos de la Inmaculada. Dos de los miembros más conocidos de la Orden, el padre Serafino Lanzetta y el padre Paolo Maria Siano, fueron despedidos de sus tareas anteriores


El Coordinamento Toscano formado a raíz del Motu Proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI habla de "purga" y "exilio". El padre Lanzetta fue trasladado a Austria y el padre Siano a África.

El padre Paolo Serafino se encuentra entre los participantes más destacados en la discusión iniciada por Benedicto XVI en la discusión del Concilio Vaticano II y su interpretación. Ambos padres participaron en el apostolado en una dilatada y notable actividad magisterial. El padre Serafino M. Lanzetta participó como ponente en las conferencias anuales de todos los Motu Proprio Summorum Pontificum y él mismo organizó tales encuentros en el contexto de los Franciscanos de la Inmaculada. El padre Paolo M. Siano es un renombrado historiador de la Iglesia. Recientemente, el 10 de septiembre de 2013, presentó su último libro en Roma sobre la masonería (ver informe separado). Se ocupó extensamente de las raíces y posiciones espirituales de las Logias y su incompatibilidad con la fe católica. Del mismo modo, sobre la influencia dañina de las Logias y su lucha contra la Iglesia Católica.

Con la aprobación del papa Francisco, la Congregación para los Religiosos había puesto la Orden de los Franciscanos de la Inmaculada bajo la administración provisional de la Santa Sede el pasado mes de julio. A partir del 11 de agosto todos los sacerdotes de la Orden tienen prohibido celebrar el Rito Tradicional. Todos deben solicitar un permiso especial, que permita una presentación precisa de cada individuo. El padre Serafino y el padre Paolo solicitaron inmediatamente el permiso especial, y el Comisionado Apostólico les concedió el permiso, pero con condiciones.

El padre Serafino es un sacerdote joven y un teólogo prometedor. En su libro más reciente, Iuxta Modum, menciona la Tradición como la única interpretación posible del Concilio Vaticano II. Junto con el Fundador y Superior General, Padre Manelli, supervisó la publicación de varias actas de conferencias de la Orden, sobre temas como El Concilio Vaticano II: un Concilio Pastoral. Análisis histórico-filosófico-teológico. Bajo el Papa Benedicto XVI fue autor bienvenido en L'Osservatore Romano. En 2011 estuvo entre los que advirtieron contra el "Espíritu de Asís".

El famoso teólogo moral y confesor Padre Lanzetta en Austria 

El Padre Lanzetta es conocido principalmente por su celo pastoral, su devoción a María y su trabajo como confesor. Ahora ha sido destituido como párroco de Ognissanti en Florencia, una parroquia de la Orden y uno de sus centros religiosos más importantes y también ha tenido que renunciar a su enseñanza como teólogo moral en el Seminario de María Mediadora. Originalmente, entró en vigor inmediatamente el 4 de octubre que debía dejar Florencia. Debido a un acuerdo burocrático, puede quedarse hasta el 21 de octubre. Como exiliado fue destinado a Kitzbühel en el Tirol, donde se encuentra el único monasterio de la Orden en el área de habla alemana. En ausencia de conocimientos del idioma alemán para un confesor, un doble punto de inflexión.

El padre Paolo M. Siano, experto en francmasonería, no tuvo mejor suerte. Fue desterrado a África.

Cuando la noticia se conoció en los sitios tradicionales de Internet en Italia, hubo una avalancha de comentarios en los que los creyentes se sintieron decepcionados, consternados y disgustados por el procedimiento contra los Franciscanos de la Inmaculada. Muchos comentaristas cuestionaron las frecuentes llamadas a la “misericordia” de Bergoglio y señalan que la acción contra la Orden tiene su respaldo e incluso el haber rechazado la oportunidad de la Orden de presentar una protesta. Como afirma Chiesa e Postconcilio:
“Probablemente el papa Francisco ve en los Franciscanos de la Inmaculada lo que él ha llamado “pelagianismo”. Para la extraña dicción y ‘sensibilidad’ litúrgica del papa, los Franciscanos de la Inmaculada celebran la Misa Antigua, así que son ‘nostálgicos’. ¿Por qué se necesitaría ‘lo viejo’, cuando está disponible ‘lo nuevo’, lo que es ‘exactamente adecuado’, ya que los franciscanos de la Inmaculada están dispuestos en los faldones de Benedicto XVI y también hacen oír sus críticas al Concilio Vaticano II. Para él, eso es una ‘lucha ideológica’. Es extraño y doloroso cuán unilateral es la percepción del Papa”.

The Eponymous Flower



martes, 15 de octubre de 2013

PAPA MARTINI. EL SUEÑO SE VUELVE REALIDAD

Jesuita, arzobispo de Milán y cardenal, fue el antagonista más autoritario y elogiado de los pontificados de Wojtyla y Ratzinger. Sus partidarios ven hoy en Francisco al que ha heredado su legado. Y lo está poniendo en práctica 

Por Sandro Magister.

Siete meses después de la elección como papa de Jorge Mario Bergoglio, las interpretaciones del inicio de este pontificado son contrastantes.

Dentro de la Iglesia, los juicios más positivos, si no entusiastas, sobre los primeros actos del Papa Francisco provienen de los partidarios del cardenal que durante años representó, con gran autoridad y amplio consenso, el enfoque alternativo más claro para los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Ese cardenal fue Carlo Maria Martini, ex director del Pontificio Instituto Bíblico, arzobispo de Milán de 1979 a 2002, que falleció el 31 de agosto de 2012 después de haber dejado sus instrucciones en una entrevista que también fue muy crítica, publicada inmediatamente después de su muerte como su “testamento espiritual”.

> Después de Martini, la lucha por su testamento espiritual (6.9.2012) (EN INGLES)

Esta última entrevista fue realizada por el jesuita austriaco Georg Sporschill, el mismo que en 2008 supervisó la publicación del libro más representativo de Martini, también en forma de entrevista: "Conversaciones nocturnas en Jerusalén".

> Dios no es católico, palabra de honor del Cardenal (12.11.2008) (EN INGLES)

Durante los últimos años de su vida, el Cardenal Martini había acentuado sus críticas en entrevistas y libros escritos junto con católicos "limítrofes" como el padre Luigi Verzé y el bioeticista Ignazio Marino, en el que expresó su esperanza de que la Iglesia esté al día en cuestiones como el principio y el final de la vida, el matrimonio, la sexualidad:

"El día después" de Carlo Maria Martini (28.4 .2006) (EN INGLES)

En el cónclave de 2005, Martini fue el símbolo cardenal de la oposición fallida a la elección de Joseph Ratzinger. Y los votos de sus partidarios, junto con otros, convergieron en ese momento precisamente en Bergoglio.

Ocho años después, en marzo de 2013, fue nuevamente el "martiniani" el que respaldó la elección de Bergoglio como Papa. Esta vez con éxito.

Y hoy se ven realidad, en los primeros actos del Papa Francisco, lo que para Martini era solo un "sueño". El sueño de una Iglesia "sinodal, pobre entre los pobres, inspirada en el evangelio de las bienaventuranzas, la levadura y la mostaza".


Fue publicado en el "Corriere della Sera" del 11 de octubre de 2013.



domingo, 13 de octubre de 2013

“FORMULA HORMISDAE”: UN TRIUNFO DEL PAPADO QUE NUNCA EXISTIÓ

Los apologetas católicos romanos, para demostrar un supuesto reconocimiento del gobierno absoluto jurisdiccional y en los asuntos de la fe del obispo de Roma en la Iglesia antigua, de vez en cuando apelan a la historia con la “Fórmula de Hormisdas”.


El año 482, de parte del emperador bizantino Zenón, fue promulgado el “Henoticon” (Ενωτικόν) – un documento religioso con un contenido bastante vago, el que habría debido llegar a ser la base para la unión de los ortodoxos calcedonios con los monofisitas que rechazaron el Concilio en Calcedonia, de allí viene su nombre (traducido del griego significa la “epístola que une”). En su Henoticon el emperador Zenón confiesa todos los dogmas cristianos fundamentales, que no niega ninguno, reconoce la santidad y ortodoxia de los tres primeros Concilios Ecuménicos, es decir, del Niceno, Constantinopolitano y Efesino y especialmente acentúa la importancia de los doce anatematismos de San Cirilo de Alejandría. De esa forma, Zenón se niega a reconocer tanto el Segundo Efesiano como el Concilio en Calcedonia, donde los dos pretenden ser reconocidos como el Cuarto Ecuménico, pero los dos también atizaban las pasiones. El Henoticon no anatemizaba estos Concilios mismos, aunque en éste directamente se anatemiza cualquier tipo de enseñanza que no concuerda con los expuestos arriba criterios de la verdad: “A todo aquel que piense de manera diferente ahora o en cualquier momento en el pasado, sea eso en Calcedonia o en cualquier otro Concilio – nosotros anatemizamos”.

De esa forma, el Henoticon podía ser entendido tanto como un documento ortodoxo como monofisita. Las esperanzas de Zenón en la unión, no obstante, no se habían realizado, puesto que el dicho documento no fue reconocido ni por los que firmemente confesaban la Ortodoxia, es decir, las decisiones del Concilio en Calcedonia, ni por los que firmemente confesaban el monofisismo. De esa manera, en lugar de tener dos partes que luchaban entre sí, ahora se habían formado tres. Y aunque la mayoría de los obispos, obedientes al gobierno imperial, recibió el Henoticon, la influencia verdadera en el pueblo no la tuvieron ellos, sino los que eran sinceros en sus convicciones. Es más, este decreto llegó a ser la causa del primer cisma entre la Iglesia Occidental y Oriental. El Papa Félix de Roma en el año 484 condenó el Henoticon y excomulgó al Patriarca Acacio de Constantinopla por haber recibido ese documento. Los sucedientes Patriarcas de Constantinopla, Macedonio y Eutimio, condenaron el Henoticon, y por eso fueron enviados a la cárcel por parte del gobierno imperial; sin embargo, se negaban a excluir el nombre de Acacio de los Dípticos, puesto que él no confesaba formalmente ninguna herejía, ni tampoco fue condenado por algún tribunal canónico; antes bien, excluyeron los nombres de los Papas. Éste, el así llamado “cisma acaciano”, duró unos 35 años y terminó el año 518, durante el gobierno del emperador Justino I, con una participación activa del Papa Hormisdas.

“En el año 515 el Papa Hormisdas (+523) firmó el ‘libellus’, o sea la fórmula doctrinal (Formula Hormisdae), donde, junto con los anatematismos contra Nestorio, Eutiquio, Dióscoro, Timoteo Elure, Pedro Mongo, Pedro Knafeo, se pronunciaba el anatema contra el Patriarca Acacio de Constantinopla y fue expresado el pedimiento de que se acepte el Tomos del papa de Roma San León I el Grande, tal como la idea de la necesidad de estar en la unión con la cátedra romana como la guardadora de la doctrina ortodoxa inviolada. La suscripción de la Fórmula por parte de todos los Obispos orientales para Hormisdas era una condición necesaria para que ellos restablecieran la comunión con Roma” – dice la “Enciclopedia Ortodoxa” (1).

De verdad, el texto de esta Fórmula sirve como la expresión de una eclesiología absolutamente monárquica que ya fue prácticamente formada en Roma hasta aquel momento:

“Lo primero que es necesario para la salvación es preservar la verdadera fe y no apartarse de las decisiones de los Santos Padres. Nadie puede pasar en silencio lo dicho por el Señor nuestro Jesucristo: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” (Mateo 16, 18-19). Lo dicho por Él fue probado por la vida misma, ya que el trono apostólico siempre preservaba la fe católica intacta… Nosotros apoyamos y aprobamos las epístolas de San Papa León, dirigidas al mundo cristiano entero, siguiendo, como ya decíamos, en todo el trono apostólico y predicando todas sus decisiones. Y por eso espero ser digno de establecer la comunión con usted, como el representante del trono apostólico, por el que la verdadera e intacta fe cristiana se preserva firmemente” (2).

La “Enciclopedia Ortodoxa” así describe las circunstancias de la aceptación del Libellus Hormisdae:

“Al principio del año 519, el Papa Hormisdas envió a sus legados a Constantinopla, quienes tuvieron que entregar en Constantinopla el “libellus” y obtener las firmas de todos los Obispos orientales. Hormisdas añadió al “libellus” los anatematismos contra todos los sucesores de Acacio, aquí incluyendo a los Patriarcas ortodoxos Eutimio y Macedonio II como aquellos que no permanecían en la unión con Roma, tal como a todos los obispos que tenían comunión con ellos; sin embargo, acerca de eso no le informó al Emperador y al Patriarca de Constantinopla. Durante el viaje de los enviados del papa hacia Constantinopla, muchos de entre los Obispos firmaron el “libellus”, no obstante, el Arzobispo de Tesalónica consintió en aceptar la “Fórmula de Hormisdas” sólo a condición de que sea ratificada en Constantinopla.

El 25 de marzo del año 519, los legados pontificios fueron recibidos solemnemente en Constantinopla. El día siguiente, durante la recepción con el Emperador y en la presencia del Senado y de los Obispos, los legados leyeron el “libellus” y pidieron que lo firmen a fin de restablecer la unión con la Iglesia romana. El 27 de marzo el Patriarca Juan entró en el debate con los legados con respecto al anatematismo contra los sucesores del Patriarca Acacio, insistiendo en cambiar el texto de la “Fórmula de Hormisdas”, pero bajo la presión tanto del Emperador como del Senado, al Patriarca se le permitió sólo componer un corto preámbulo para el documento papal. El 28 de marzo, el Gran Jueves, en el castillo del Emperador, en la presencia de él, el Senado y el clero, el Patriarca firmó el “libellus” y permitió a los legados echar fuera de los Dípticos los nombres de Acacio y sus sucesores, tal como los de los Emperadores Zenón y Anastasio”.

En la suscripción de esta fórmula que sirvió como una condición necesaria para la reconciliación entre Oriente (mezclado con el tema de la unión con los monofisitas) y la Roma ortodoxa, es difícil no ver el testimonio de un gobierno absoluto del papado sobre la Iglesia entera. Pero, eso sólo a primera vista. Una consideración más profunda de los acontecimientos históricos, como sucede a menudo, puede cambiar nuestra idea acerca de éstos hasta una completamente contraria.

Así que, el papa de verdad pidió de los orientales que firmen un documento abiertamente “papista”. Pero, ¿cuál fue la reacción de los Patriarcas bizantinos ante este texto? ¿De verdad todos los obispos ortodoxos de Oriente aceptaron la Fórmula de Hormisdas?

El Patriarca de Constantinopla Juan II el Capadocio (518-520) de verdad aprobó el Libellus, pero puso su firma sólo después de que el preámbulo compuesto por él fue añadido al texto:

“Que sea sabido, Su Santidad, que yo, conforme a lo escrito de mi parte, concordando contigo en la verdad, renuncio a todos los herejes anatematizados de tu parte. Ya que considero las santas Iglesias tanto de la antigua como de nueva Roma como una sola, y determino que la cátedra del Apóstol Pedro y la de esta ciudad capital son una sola y la misma cátedra”.

En estas palabras, obviamente, el Patriarca Juan identifica la cátedra de Pedro con Roma y con Constantinopla al mismo tiempo, con lo que concuerdan no solamente los historiadores ortodoxos, sino que también, por ejemplo, un famoso historiador católico romano Frances Dwornik. En su artículo “Byzantium and the Roman Primacy” (3), Dwornik escribe que los griegos que firmaron la fórmula no estaban de acuerdo con las expresiones en ella, “con las declaraciones del Papa que amenazaban la independencia de su Iglesia”, por lo que precisamente, como lo vemos, fue necesario que el Patriarca Juan componga el preámbulo.

Aparte de eso, teniendo en cuenta de que la fórmula del Papa Hormisdas acepta las decisiones del Concilio de Calcedonia, la adición de parte del Patriarca Juan parece aún más lógica, ya que en su pensamiento él, antes que nada, seguía la regla 28 que afirma que, en primer lugar, Roma es la principal cátedra por el estatus de esta ciudad (“Los Padres legítimamente otorgaron los privilegios al trono de la antigua Roma, puesto que ésta era la ciudad imperial…”) y, en segundo lugar, que afirma que la nueva Roma (es decir, Constantinopla) fue privilegiada “con las mismas preferencias que la antigua Roma imperial”, a pesar de que era la segunda después de ella.

Justamente en tal forma, prácticamente corregida hasta que llegó a ser casi completamente contraria (a la original), el Libellus fue aceptado en el Patriarcado de Constantinopla.

Aún peor era la disposición hacia la fórmula de Hormisdas en los demás Patriarcados orientales. El emperador Justino escribió a Hormisdas sobre qué difícil era para muchos firmar el Libellus, ellos “consideraban la vida como más tormentosa que la muerte, puesto que tenían que condenar a los que ya están muertos, y cuya vida representaba la gloria para sus pueblos” – a Santos Patriarcas Eutimio y Macedonio, “culpables” únicamente por el hecho de que no los reconocía como legítimos el obispo de Roma, y le recomendaba ablandar las exigencias y expresiones de la “Fórmula”:

“A nosotros nos parece necesario actuar más blandamente y misericordiosamente… Ya que, no era por eso que nosotros hemos aceptado el Libellus, porque aspiramos (es desagradable siquiera hablar de eso) a la sangre y a los castigos; no lo hemos aceptado para que los desacuerdos minuciosos impidieran que se realice tan anhelosa unanimidad. ¿Qué sería mejor? ¿Si por algunas minucias una gran multitud se quede separada de nosotros o si, cediendo en lo poco, pueda ser posible corregir lo bastante y necesario desde cualquier punto de vista? Por eso te pedimos que cedas, y eso no referente a Acacio, a ambos Pedros, a Dióscoro o a Timoteo… Su Santidad, como lo hemos escrito arriba, ya dispone de los textos de petición de Oriente, los que nos fueron enviados a nosotros y contienen las opiniones y juicios de los obispos orientales. Como se ve, ellos firmemente se mantienen en estos juicios, y de ninguna manera quieren alejarse de ellos. Estos papeles con tan gran importancia, nosotros se los confiamos, puesto que hemos prometido enviárselos, por medio de Juan el reverendísimo obispo, para que su trono apruebe su contenido y se alcance la unión de las estimadas Iglesias por todas partes – y especialmente de la Iglesia de Jerusalén, a la que todos le dan el respeto, siendo la Madre del nombre mismo de los cristianos, y de la que nadie se atreve a apartarse” (4). 

La Epístola de las Iglesias de Antioquía y Jerusalén al emperador Justino, la que él se la reenvió al Papa, se preserva hasta nuestros días:

“‘Sacaréis con gozo agua de las fuentes de la salvación’ (Isaías 12, 3) – clama el profeta pregonero Isaías, mostrando las fuentes de la salvación – la predicación de la verdad evangélica. De estas fuentes los bienaventurados Apóstoles y sus discípulos en el orden de la sucesión – los maestros sabios de la Iglesia sacaban el agua salvadora de la fe y regaban con ella la Iglesia, la que, manteniéndose firmemente en la roca de más alto de los Apóstoles, preserva la fe recta e inquebrantable, y fielmente clama junto con él hacia el Unigénito Hijo de Dios, diciendo: Tú eres Cristo, el Hijo del Dios viviente (Mateo 16, 16)” (5). Más adelante sigue la exposición detallada de la fe en la Trinidad y en la Encarnación de Dios, así como la expusieron los cuatro primeros Concilios Ecuménicos. En esta Epístola ni una sola vez fue mencionado el Papa o la Iglesia de Roma; como la única autoridad en los asuntos de la fe fue presentada la enseñanza de los Santos Padres y de los Concilios; los autores de la Epístola se niegan a condenar a Santos Macedonio y Eutimio. Un interés especial en la Epístola provoca el prefacio mencionado arriba, con la exposición del punto de vista eclesiológico de sus autores. Sin lugar a dudas, ellos se encuentran en la relación directa con la afirmación del Patriarca Juan el Capadocio de que la “cátedra de Pedro” es también la Iglesia de Constantinopla; los obispos orientales prácticamente siguen la eclesiología de San Cipriano de Cartago, la que afirma que toda legítima cátedra episcopal es indirectamente la de “Pedro”, puesto que ésa preserva la fe de Pedro.

En la respuesta a esa carta, el Papa exigió obligarles con violencia a los orientales a firmar el Libellus (de tal manera mostrando una disposición mucho más grande hacia la “sangre y los castigos” que el emperador). Sin embargo, la violencia también resultó inútil. Como escribe el protopresbítero John Meyendorff: “Muchos Concilios saludaron el restablecimiento de la conmemoración de Eutimio y Macedonio, negándose a someterse al Libellus romano que exigía que se ponga fin a esta conmemoración. En Tesalónica uno de los legados del Papa, el obispo Juan, habiendo visitado la ciudad (la ubicación de un vicario del Papa) con el propósito de exigir la suscripción del Libellus, fue expuesto a las ofensas de parte de la multitud. Doroteo el obispo local se negó a firmar el Libellus precisamente porque éste exigía renunciar a la conmemoración de los obispos respetados localmente. Doroteo, quien fue excomulgado de parte del Papa, fue rehabilitado en el Concilio en Heraclea y, con el apoyo del emperador, incondicionalmente restablecido en su cátedra” (6).

El año 520, después del Patriarca Juan, a la cátedra de Constantinopla llegó Epifanio. El Patriarca Epifanio escribió al Papa, explicando que “muchos de entre los reverendísimos obispos de Ponto y Asia y, ante todo, los que se denominan Orientales, consideraron difícil e incluso imposible borrar los nombres de sus antecesores… Ellos estaban preparados antes para afrontar cualquier peligro que realizar algo así” (7). El Papa Hormisdas, en su respuesta, le dotó plenos poderes de actuar en su nombre en el Oriente. Entendiendo que las tentativas de imponérselo al Oriente al Libellus, y con él, el punto de vista eclesiológico de Roma fracasaron, Hormisdas se rindió: él puso como la condición del restablecimiento de la comunión que se concuerden con la definición de la fe que no mencionaba los privilegios del obispo de Roma de antes (como fue expuesto en el texto primordial; n. del trad.):

“Puesto que su amor decidió mencionar en su carta y sobre los obispos de Jerusalén cuya confesión nos fue entregada, nosotros hemos considerado necesario leer atentamente lo escrito y dar una respuesta adecuada.
En cuanto que ellos guardan las decisiones de los Santos Padres, honran las bases de la fe de los Padres y no renuncian a lo que fue determinado por medio de los Padres y con sinergia del Espíritu Santo – todas esas decisiones o son perfectas y no tienen necesidad de que las completen, o son plenamente confiables y no pueden ser cambiadas, ya que por ellas fue detenido el veneno de las herejías…
/aquí sigue la confesión de la fe en la Encarnación del Verbo y en la Trinidad, así como la exponen los cuatro primeros Concilios/… Por consiguiente, en cuanto que ellos preservan esas decisiones, así como las establecieron los Padres, creen en ellas y no rompen esas fronteras (ya que todo aquel que se desvía de ese camino a sí mismo se lleva a la niebla del error)… nosotros hemos decidido añadir un requisito más, para su salvación: si ellos quieren la unión con la Iglesia Católica (8), entonces de forma escrita tienen que entregar la misma confesión, con el mismo contenido que aquella que fue entregada a nuestros legados en Constantinopla o a su fraternidad, y que, después de haber sido establecida por usted, se nos envíe de cualquier manera posible” (9).

Esta, la segunda Fórmula (ya corregida) fue aceptada por dos de los cuatro Patriarcas orientales: el de Alejandría decidió firmar este corregido Libellus el año 583 (10).

De esa manera, en su forma primordial la fórmula de Hormisdas no fue aceptada prácticamente en ninguna parte en el Oriente; el Patriarcado de Constantinopla concordó con ella sólo después de haber sido añadido un preámbulo importante eclesiológicamente que afirmaba la unidad, igualdad y una identificación fáctica entre la “cátedra de Pedro” y el trono de Constantinopla. El Patriarcado de Antioquía y la Iglesia de Jerusalén “a la que todos le dan el respeto, siendo la Madre del nombre mismo de los cristianos” y de la que, según la opinión del emperador Justino, es inadmisible apartarse en los asuntos de la fe (11), concordaron con la segunda confesión, la que fue ofrecida por Hormisdas y en la que ya no había ningún “papismo”. En fin, la Iglesia de Alejandría incluso ésta, la segunda versión de la Fórmula, la aceptó después de diez años.

Es obvio que en su forma primordial el Libellus Hormisdae representa no más que un monumento de la eclesiología papal que en aquella época fue creada, el que no posee ninguna importancia canónica y en los asuntos de la fe – para la Iglesia Ortodoxa Católica. La historia de la lucha (y de la victoria en esta lucha) de los obispos orientales en contra de las implicaciones eclesiológicas de la dicha “Fórmula” es un ejemplo regular del rechazo, de parte de la conciencia católica, de los tentativos de pervertir la doctrina verdadera.

Notas:

(1) http://www.pravenc.ru/text/166221.html

(2) https://ru.wikisource.org/wiki/Libellus_Hormisdae

(3) https://www.catholicculture.org/culture/library/view.cfm?recnum=1355

(4) PL 63, 507-508

(5) PL 63, 508

(6) https://predanie.ru/meyendorf-ioann-protoierey/book/71912-edinstvo-imperii-i-razdeleniya-hristian/

(7) PL 63, 498

(8) En el texto en latín: de la unidad de la comunión apostólica.

(9) PL 63, 521-522

(10) Denny, Edward. Papalism. London, 1912. P. 412

(11) En este contexto, sería interesante acordarse del hecho de que precisamente el Patriarca de Jerusalén, San Sofronio, era el guardador de la doctrina ortodoxa, cuando en la herejía de monotelismo cayó el Papa Honorio de Roma.


Fuente: https://vk.com/@photian-formula-hormisdae

Traducido al castellano por Марко Дашић

La Ortodoxia



viernes, 4 de octubre de 2013

EL PAPA PIDE A LA IGLESIA QUE SE ALEJE DE LA "MUNDANIDAD" Y EL "CRISTIANISMO DE PASTELERÍA"

En Asís, la ciudad de San Francisco, Bergoglio volvió a criticar a un sector de la Iglesia."La mundanidad espiritual asesina el alma y mata a la Iglesia", dijo


El papa ha lanzado dos mensajes muy claros desde un sitio con un significado especial para él, Asís, la ciudad natal de San Francisco. Ha pedido a la Iglesia que se aleje de la mundanidad y el dinero, y ha rezado por los muertos en la tragedia de inmigrantes en la isla de Lampedusa. "Hoy es una jornada de llanto", ha dicho.

Italia guarda un día de luto por los más de 100 muertos en el naufragio de la pasada madrugada. Se espera que las víctimas superen las 200, pero todavía no se han podido recuperar todos los cuerpos.

El papa, que visitó Lampedusa este verano, aseguró este jueves que lo ocurrido es "una vergüenza". Esta mañana, durante su encuentro con los pobres en la "Sala de Expoliación" del Obispado de Asís, ciudad de San Francisco, ha vuelto a lamentar que "la mundanidad espiritual asesina el alma y mata a las personas, mata a la Iglesia".

"Tantos habéis sido desnudados de este mundo salvaje que no da trabajo, que no ayuda, que no importa si mueren de hambre en el mundo ni importa si tantas familias no tiene para comer, no tiene la dignidad de llevar al pan a casa".


O se sirve a Dios, o al dinero

"No importa que tanta gente huya de la esclavitud, del hambre, huir buscando la libertad y tantas veces vemos que encuentran la muerte como ocurrió ayer en Lampedusa".

El mensaje sobre la Iglesia lo ha pronunciado improvisadamente en el lugar donde San Francisco se despojó de sus vestidos, en la llamada "Sala del Expolio" del palacio del Obispado de Asís, donde se recuerda el revolucionario gesto del Santo, que se desnudó para quitarse todas las riquezas terrenales.

El papa ha recordado que Jesús dice que no se puede servir a dos patrones, o se sirve a Dios o a la mundanidad: al dinero, a la vanidad y al orgullo.

"Esta es una buena ocasión para invitar a Iglesia a despojarse, todos somos Iglesia, y todos debemos hacer el camino de Jesús, que ha hecho, un camino de despojo", ha dicho. "Si queremos ser cristianos no hay un único camino, si hacemos un cristianismo sin la cruz de Jesús nos convertiremos en cristianos de pastelería", ha añadido.


"Escuchemos a los que lloran"

El papa, que tiene una apretada agenda en Asís, donde se conmemora la fiesta del patrono de Italia, San Francisco, también se ha acordado de las guerras en Oriente Medio y ha vuelto a realizar un fuerte llamamiento para que "cesen los conflictos armados que ensangrientan la tierra, que callen las armas y en todas partes el odio ceda el puesto al amor, la ofensa al perdón y la discordia a la unión".

El papa Bergoglio ha pedido después que "escuchemos el grito de los que lloran, sufren y mueren por la violencia, el terrorismo o la guerra, en Tierra Santa, tan amada por San Francisco, en Siria, en todo el Oriente Medio, y en el mundo".


RTVE



martes, 1 de octubre de 2013

PAPA FRANCISCO: "LA CORTE DEL VATICANO ES LA LEPRA DEL PAPADO"

El pontífice cargó en una entrevista contra la curia romana, a la que acusa "de ocuparse sólo de los problemas de la Santa Sede olvidando el mundo que le rodea"

El papa Francisco aseguró que el defecto de la Curia romana, el gobierno de la Iglesia, es que "se ocupa sólo de los problemas de la Santa Sede olvidando el mundo que le rodea", en una entrevista publicada hoy en el diario La Repubblica.

La Curia "tiene un defecto: es Vaticano-Céntrica. Ve y se ocupa de los intereses del Vaticano y olvida el mundo que le rodea. No comparto esta visión y haré de todo para cambiarlo", explicó el papa en la entrevista al fundador del rotativo, Eugenio Scalfari, que se publica hoy en concomitancia con la primera reunión que mantendrá el papa con el llamado G8 de la Iglesia, el Consejo de ocho cardenales nombrados por Francisco para analizar la posible reforma de la Curia romana.

Para el ex arzobispo de Buenos Aires, en el pasado "los jefes de la Iglesia han sido a menudo narcisistas, adulados por sus cortesanos" y agregó que "la Corte es la lepra del papado". "La Iglesia tiene que volver a ser una comunidad del pueblo de Dios y los presbíteros, los párrocos y los obispos deben estar al servicio del pueblo de Dios", añadió el papa Bergoglio. Sobre su visión de la Iglesia, explicó que "no se debe basar en el proselitismo sino en escuchar las necesidades, las desilusiones, la desesperación y dar esperanza a los jóvenes y ayudar a los viejos, abrir al futuro y difundir el amor. Ser pobres entre los pobres".

Bergoglio indicó en esta entrevista de tres páginas que "en el Concilio Vaticano II se decidió mirar al futuro con espíritu moderno y abrirse a la cultura moderna, que significaba ecumenismo religioso y diálogo con los no creyentes". Pero el pontífice reconoció que "hasta ahora se ha hecho poco" y anunció que él tiene "la humildad y la ambición" de llevar a cabo ese camino de la Iglesia hacia la modernidad. Respecto a los cambios que tiene previsto acometer, recordó como ha nombrado el Consejo de los ocho cardenales para que le aconsejen. "No son cortesanos sino personas sabias, animadas por mis mismos sentimientos. Esto es el inicio de una Iglesia con una organización no sólo vertical sino también horizontal", destacó.

Durante la conversación con Scalfari, Francisco bromeó al asegurar que cuando tiene delante un 'clerical' también él se vuelve 'anticlerical de golpe' y es que, explicó, "el clericalismo nada tiene que ver con el cristianismo y que San Pablo fue el primero que habló con los paganos, los creyentes de otras religiones". Por otra parte, aseveró que "la Iglesia no se ocupará de política", pues "las instituciones políticas son laicas por definición y actúan en esferas diferentes. La Iglesia no irá más allá de su deber de expresar y difundir sus valores, al menos mientras yo esté aquí", confirmó.

En la entrevista también se tocan asuntos de actualidad y Bergoglio consideró que "los grandes males que afligen el mundo son el desempleo de los jóvenes y la soledad en la que ha dejado a los viejos. Los viejos necesitan cuidados y compañía. Los jóvenes trabajo y esperanza", indicó. El papa también criticó el "liberalismo salvaje que hace que los fuertes se hagan más fuertes, los débiles más débiles y los excluidos más excluidos", y añadió que "se necesitan reglas de comportamiento y si fuera necesario, también la intervención del Estado para corregir las desigualdades más intolerables".

En la entrevista, el papa habla de los santos de su experiencia religiosa y, aunque matizó que no se puede hacer una clasificación de preferidos "como si fueran futbolistas argentinos", los "más cercanos a su alma" son San Francisco y San Agustín. Sobre la "vocación mística" de algunos santos, Bergoglio explicó que no cree que tenga esta vocación, aunque desveló como tras ser elegido papa y mientras esperaba antes de asomarse al balcón de la basílica de San Pedro cerró los ojos y dejó de sentir "el ansia y la emotividad".

"Una gran luz me invadió, duró sólo un momento aunque me pareció muchísimo tiempo. Luego la luz se disipó, yo me levante de golpe y me dirigí a la mesa donde estaban los cardenales para firmar el acto de aceptación. Y firmé", relató. El papa terminó la entrevista con Scalfari prometiendo un nuevo diálogo con el periodista, que se define ateo y a quien ya dirigió una carta sobre los no creyentes, en el que se afrontarán asuntos como el papel de la mujer en la Iglesia.


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