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sábado, 1 de agosto de 2026

1 DE AGOSTO: SAN PEDRO AD-VINCULA (O EN CADENA)


1 de Agosto: San Pedro Ad-vincula

(En el año 43 de J. C.)

Celebra en este día la santa Iglesia la festividad de las cadenas del glorioso príncipe de los Apóstoles San Pedro, cuya prisión se refiere en el sagrado libro de los Hechos apostólicos por estas palabras: “En este mismo tiempo el rey Herodes se puso a perseguir a algunos de la Iglesia. Primeramente hizo degollar a Santiago, hermano de Juan. Después, viendo que esto complacía a los judíos, determinó prender también a Pedro. Eran entonces los días de los Ázimos. Habiendo, pues, logrado prenderle, le metió en la cárcel, entregándolo a la custodia de cuatro piquetes de soldados, de a cuatro hombres cada piquete, con el designio de presentarlo al pueblo y ajusticiarlo después de la Pascua. Mientras Pedro estaba así custodiado en la cárcel, la Iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. Mas cuando iba ya Herodes a ponerlo a la vista del pueblo, aquella misma noche estaba durmiendo Pedro en medio de dos soldados, que lo tenían atado con dos cadenas; y las guardias estaban haciendo centinela ante la puerta de la cárcel. Mas he aquí que de repente apareció un ángel del Señor, cuya luz llenó de resplandor toda la pieza: y tocando a Pedro en el lado, lo despertó diciendo: Levántate al punto. Y en aquel instante se le cayeron de las manos las cadenas. Le dijo asimismo el ángel: Ponte el ceñidor y cálzate las sandalias. Lo hizo así. Le dijo más: Toma tu manto y sígueme. Salió, pues, y lo iba siguiendo, bien que no creía ser cosa de verdad todo lo que veía. Pasada la primera y segunda guardia, llegaron a la cual se les abrió por sí misma. Saliendo por la puerta de hierro que sale a la ciudad, caminaron hasta el fin de la calle: y súbitamente desapareció de su vista el ángel. Entonces Pedro, vuelto en sí, dijo: Ahora sí que entiendo bien que verdaderamente el Señor ha enviado su ángel y me ha librado de las manos de Herodes y de la expectación de todo el pueblo judaico. Y habiendo pensado lo qué podía hacer, se encaminó a la casa de María, madre de Juan, por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban congregados en oración. Habiendo, pues, llamado al postigo de la puerta, una doncella llamada Rhodé salió a observar quién era; y conocida la voz de Pedro, fue tanto su gozo, que en lugar de abrir, corrió adentro con la nueva de que Pedro estaba a la puerta. Le dijeron: Tú estás loca. Mmas ella afirmaba que era cierto lo que decía. Ellos dijeron entonces: Sin duda será un ángel. Pedro entretanto proseguía dando golpes a la puerta. Abriendo por último, lo vieron, y quedaron llenos de asombro. Mas Pedro haciéndoles señas con la mano para que callasen, les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel y añadió: Haced saber esto a Santiago y a los hermanos. Y partiendo de allí se retiró a otra parte. Luego que fue de día, era grande la confusión entre los soldados sobre qué se habría hecho de Pedro. Herodes haciendo pesquisas por hallarle y no dando con él, hecha la sumaria a los de la guardia, los mandó llevar al suplicio” (Hechos de los Apóstoles, Cap. XII).

Reflexión:

Hoy es el día de rogar al Señor que vuelva los ojos compasivos sobre nuestro actual pontífice, sucesor suyo y Vicario de Cristo sobre la tierra; para que lo libre de las cadenas con que lo tienen como aprisionado sus enemigos, y pueda gobernar con entera libertad su santa Iglesia.

Oración:

Oh Dios, que libraste al apóstol san Pedro de sus cadenas, y le pusiste en libertad sin que recibiese daño alguno; te suplicamos que rompas las cadenas de nuestros pecados, y que por tu bondad apartes de nosotros todos los males que nos amenazan. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
 

viernes, 31 de julio de 2026

31 DE JULIO: SAN IGNACIO DE LOYOLA, PATRIARCA Y FUNDADOR


31 de Julio: San Ignacio de Loyola, patriarca y fundador

(† 1556)

El gran celador de la mayor gloria divina, San Ignacio de Loyola, nació en la provincia de Guipúzcoa, y en la nobilísima casa de Loyola. 

Se crio desde niño en la corte de los reyes católicos y se inclinó a los ejercicios de las armas. 

Habiendo los franceses puesto cerco al castillo de Pamplona, Ignacio lo defendió con heroico valor, hasta que fue malamente herido. 

Agravándosele el mal, se le apareció el apóstol san Pedro, del cual era muy devoto, y a cuya honra había escrito un poema, y con esta visita del cielo comenzó a mejorar. 

En la convalecencia pidió algún libro de caballería para entretenerse, y como le trajesen, en lugar de estos libros, uno de la Vida de Cristo y otro de Vidas de santos, se encendió en su lección de suerte que determinó hollar el mundo. 

En este instante se sintió en toda la casa un estallido muy grande, y el aposento en que estaba Ignacio tembló, hundiéndose de arriba abajo una de las paredes. 

Sano de sus heridas, partió para Montserrat, donde hizo confesión general, y colgó su espada y daga junto al altar de nuestra Señora, y dando los vestidos preciosos a un pobre, se vistió con un saco asperísimo. 

De allí partió para Manresa, donde por espacio de un año hizo vida austerísima y penitente en el hospital de santa Lucía y en una cueva cerca del río; en la cual ilustrado por el Espíritu Santo y enseñado por la Virgen santísima, escribió aquel famoso libro de los Ejercicios espirituales, que ha dado siempre increíble fruto en la Iglesia de Dios. 

Pasó después a visitar los sagrados lugares de Jerusalén, y entendiendo que para ganar almas a Cristo eran necesarias las letras, volvió a España y estudió en Barcelona, en Alcalá y Salamanca, donde padeció por Cristo persecuciones, cárceles y cadenas. 

Acabó sus estudios en París y ganó para Dios nueve mancebos de los más excelentes de aquella florida universidad, y con ellos echó en el Monte de los Mártires los primeros cimientos de la Compañía de Jesús, que instituyó después en Roma, añadiendo a los tres votos de religión un cuarto voto de obediencia al Sumo Pontífice acerca de las Misiones. 

Paulo III aprobó la nueva Orden diciendo con espíritu de Pontífice: Digitus Dei est hic. El dedo de Dios es éste: porque en efecto la Compañía de Jesús era un nuevo e invencible ejército que el Señor suscitaba para la propagación de la santa fe y defensa de la santa Iglesia combatida por los sectarios de estos últimos tiempos, discípulos de Lutero e imitadores de la rebeldía de Lucifer. 

Y así la Compañía de Jesús conquistó para Cristo muchos reinos de Asia, África y América, restauró en Europa la piedad cristiana y la frecuencia de Sacramentos, y ha ilustrado la Iglesia con centenares de mártires, con millares, de nombres sapientísimos, y aun dando por ella la vida, y resucitando para volver a luchar como antes por la mayor gloria de Dios. 

Tal es el espíritu magnánimo que infundió San Ignacio en su santa Compañía; el cual después de haberla gobernado por espacio de dieciséis años, a los sesenta y cinco de edad descansó en la paz del Señor.

Reflexión:

Si quieres alcanzar el espíritu de Jesucristo que informaba el alma de san Ignacio, lo hallarás en sus Ejercicios espirituales. Dice el Pontífice León XIII, que al conocerlos, no pudo menos que exclamar: “He aquí el alimento que deseaba para mi alma” (Alocución de León XIII al clero de Carpineto).

Oración:

Oh Dios, que para propagar la mayor gloria de tu nombre, diste un nuevo socorro a la Iglesia militante por medio del bienaventurado Ignacio, concédenos que peleando con su ayuda y ejemplo en la tierra, merezcamos ser coronados con él en el cielo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
 

jueves, 30 de julio de 2026

30 DE JULIO: SAN ABDÓN Y SAN SENÉN, MÁRTIRES


30 de Julio: San Abdón y San Senén, mártires

(† 250)

Los nobilísimos y portentosos mártires de Cristo Abdón y Senén fueron persas de nación, y caballeros principales y muy ricos en su patria; los cuales siendo cristianos y viendo padecer a los que lo eran graves tormentos y muertes atroces, imperando Decio y persiguiendo crudamente a la Iglesia, se ocupaban en consolar las almas de los que padecían por Cristo, y en dar sepultura a los cuerpos de los que con muerte habían alcanzado la vida. 

Supo esto Decio: los mandó prender y traer a su presencia, habiéndolos oído, y sabiendo por su misma confesión que eran cristianos, les mandó echar cadenas y prisiones, y guardar con otros cautivos de su misma nación que tenía presos, porque quería volver a Roma y entrar triunfando, y acompañado de todos estos presos y cautivos para que su triunfo fuese más ilustre y glorioso. 

Se hizo así: entró en Roma el emperador con gran pompa acompañado de gran multitud de persas cautivos, entre los cuales iban los santos mártires Abdón y Senén ricamente vestidos, como nobles que eran, y como presos, cargados de cadenas y grillos. 

Después mandó Decio a Claudio, pontífice del Capitolio, que trajese un ídolo y le pusiese en un altar, y exhortándoles que le adorasen, porque así gozarían de su libertad, nobleza y riquezas. 

Mas los santos, con gran constancia y firmeza, le respondieron que ellos a sólo Jesucristo adoraban y reconocían por Dios, y a Él le habían ofrecido sacrificio de sí mismos. 

Los amenazó con las fieras, y ellos se rieron. 

Los sacaron al anfiteatro, y quisieron por fuerza hacerlos arrodillar delante de una estatua del sol, que allí estaba; pero los mártires la escupieron, y fueron azotados y atormentados cruelmente con plomos en los azotes, y estando desnudos y llagados, aunque vestidos de Cristo y hermoseados de su divina gracia, soltaron contra ellos dos leones ferocísimos y cuatro osos terribles, los cuales, en lugar de devorar a los santos, se echaron a sus pies y los reverenciaron, sin hacerles ningún mal. 

El juez Valeriano, atribuyendo este milagro a arte mágica, mandó que los matasen; y allí los despedazaron con muchos y despiadados golpes y heridas que les dieron, y sus almas hermosas y resplandecientes subieron al cielo a gozar de Dios, dejando sus cuerpos feos y revueltos en su sangre. 

Los cuales estuvieron tres días sin sepultura, para escarmiento y terror de los cristianos; pero después vino Quirino, subdiácono (que se dice escribió la vida de estos santos), y de noche recogió sus sagrados cadáveres y los puso en un arca de plomo, y los guardó en su casa con gran devoción. 

E imperando el gran Constantino, por revelación celestial fueron descubiertos y trasladados al cementerio de Ponciano.

Reflexión:

Decía Marco Tulio, adulando al emperador Cayo César que acababa de perdonar generosamente a Marco Marcelo: “Has rendido muchas naciones y domado gentes bárbaras y triunfado de todos tus enemigos; pero hoy has alcanzado la más ilustre victoria, porque perdonando a tu enemigo, te has vencido a ti mismo”. ¿Pues quién duda que según esta filosofía, mayor victoria alcanzaron los santos Abdón y Senén atados al carro triunfal de Decio, que el otro emperador que acababa de sujetar a los Persas? ¡Oh! ¡cuán gran gloria es padecer afrentas por Cristo! “Más gloriosa -dice san Crisóstomo- es esa ignominia que la honra de un trono real, y del imperio del mundo”.

Oración:

Oh Dios, que concediste a tus bienaventurados mártires Abdón y Senén un don copioso de tu gracia, para llegar a tan gran gloria; otórganos a nosotros, siervos tuyos, el perdón de nuestros pecados, para que por sus méritos nos veamos libres de todas las adversidades. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

Nota Diario7: San Abdón y San Senén fueron retirados del Calendario Romano General tras la “revisión litúrgica” impulsada por Pablo VI, mediante el motu proprio Mysterii Paschalis, tras el conciliábulo Vaticano II.
 

miércoles, 29 de julio de 2026

29 DE JULIO: SAN OLAF II, REY Y MÁRTIR DE NORUEGA (1028)


29 de julio: San Olaf II, rey y mártir de Noruega

(† 1028)

El rey Olav de Noruega nació en 995. Sus padres eran normandos paganos y recibió una educación centrada exclusivamente en fortalecer su cuerpo para la batalla y la guerra.

Olaf era el mejor de todos sus iguales. Nadie podía igualarlo. Y cuando su padre fue asesinado a sangre fría, se convirtió en rey a una edad temprana. Olaf era un rey guerrero que apenas podía quedarse en casa. A la manera normanda, surcaba los mares en veloces barcos vikingos, abordando embarcaciones y saqueando ciudades a lo largo de la costa continental. Los normandos remontaban los ríos hasta Colonia y París, robando y saqueando, y como odiaban la cruz, a la que no reconocían, no dudaban en profanar altares, convertir iglesias en establos y asesinar sacerdotes. Olaf no conocía otra forma de vida, pues así se lo habían enseñado sus antepasados. 

Entonces Dios intervino. En una guerra, el rey Olaf perdió su trono y sus tierras, y huyó al otro lado del mar, a Francia. Allí, en un entorno cristiano, sus ojos y su corazón se abrieron a la belleza de la verdadera Fe. Fue bautizado. Y así como Saulo, el perseguidor de los cristianos, se convirtió en el apóstol Pablo, el pagano vikingo Olaf también se convirtió en un héroe cristiano que, al regresar a casa, se dedicó a difundir la fe de Cristo en Noruega.

En muchos lugares, Olav construyó iglesias y capillas. Trajo sacerdotes cristianos de Inglaterra. Con sus propias manos, destruyó los ídolos, combatió la embriaguez y la brujería, prohibió la piratería y castigó a todos los que obraban mal, fueran señores o siervos, conforme a la ley y la justicia, sin distinción de estatus. En tan solo unos años los indómitos vikingos parecían haberse civilizado bajo la influencia del cristianismo.

Pero eso solo era una apariencia. Los nobles del país, que sentían que sus derechos eran violados, provocaron disturbios hasta que el pueblo se alzó contra el rey. Cerca de Trondheim tuvo lugar la batalla decisiva. Las fuerzas estaban demasiado desequilibradas. El rey Olav perdió la batalla y la vida. El paganismo había triunfado sobre el cristianismo. Y, sin embargo, el cristianismo también triunfó sobre las demás religiones, pues incluso junto al cadáver aún caliente del héroe caído, un ciego recuperó la vista. Desde aquel momento, la sucesión de milagros que se produjeron en la tumba real de Trondheim no cesó jamás, atestiguando que quien allí descansaba era un santo.

Ante la sucesión de milagros de la tumba real de Trondheim, el paganismo retrocedió, y la verdadera fe, imbuida de la sangre del héroe-rey cristiano, conquistó para siempre la tierra y a su gente, sus hogares y sus corazones.
 
Reflexión:

San Olaf II de Noruega muestra cómo es posible hacer un cambio profundo: pasó de ser un joven guerrero vikingo a convertirse en el rey que unió a su país bajo la fe cristiana y en el santo patrono de la nación. Su historia enseña cómo una persona violenta puede cambiar de rumbo y dedicar su fuerza a construir una sociedad basada en la justicia y en los valores espirituales.

Oración:

Dios todopoderoso y eterno, tú eres la corona de reyes y el triunfo de los mártires. Sabemos que tu bienaventurado mártir, Olaf, intercede por nosotros ante ti. Alabamos tu grandeza en su muerte y te rogamos que nos concedas la corona de la vida que has prometido a quienes te aman. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.
 

29 DE JULIO: SANTA MARTA, VIRGEN


29 de Julio: Santa Marta, virgen

(✞ 84)

La virgen santa Marta, devotísima huésped de Jesucristo, fue hebrea de nación, hija de padres nobles y ricos, y hermana de santa María Magdalena y de san Lázaro. 

Ella misma quiso aderezar la comida cuando el Señor se hospedó en su casa de Betania; y pareciéndole poco todo lo que hacía, quería que su hermana Magdalena, que se estaba a los pies de Jesús oyendo sus dulcísimas palabras, se levantara y la ayudase. 

Se quejó, pues, de esto al Señor, pero el Señor, aunque no reprendió el solícito afecto con que Marta le servía, alabó la quietud suave con que Magdalena, dejados los otros cuidados, atendía a lo que más importa, que es oír a Dios y gozar de Dios. 

Se ve así mismo la familiaridad que nuestro Señor Jesucristo tuvo con estas dos santas hermanas, cuando estando enfermo y peligroso su hermano Lázaro, enviaron a decirle: “Señor, el que amas está enfermo”; y aunque el Señor permitió que Lázaro muriese y estuviese cuatro días en la sepultura, lloró sobre él por la ternura y compasión que tenía a sus dos hermanas, y luego resucitó gloriosamente al hermano difunto, y llenó aquella casa de bendición. 

Después de la Ascensión del Señor, aquellos mismo judíos que lo crucificaron, movieron una gran persecución contra los fieles, y se dice que echaron mano de santa Marta y santa Magdalena, y habiéndoles confiscado sus bienes, las pusieron con Lázaro su hermano y con Maximino y toda su casa, en un navío sin velas ni remos para que pereciesen en el mar; mas el navío, guiado de Dios llegó al puerto de Marsella, en cuya ciudad enseñaron aquellos santos la Doctrina del Evangelio, y convirtieron a muchos a la fe, y lo mismo hicieron en otra ciudad llamada Aix. 

Se gloría Marsella de haber tenido por obispo a san Lázaro, y Aix de haber tenido a Maximino, uno de los setenta discípulos del Señor. 

Santa Magdalena se apartó a un áspero y solitario monte para emplearse toda en oración y meditación; y se refiere que santa Marta, con una criada suya llamada Marcela, edificó un monasterio, fuera de poblado, y en compañía de otras muchas doncellas que la siguieron, sirvió muchos años en santo recogimiento al Señor, alzando la bandera (después de la Madre de Dios) de la virginidad, y haciendo voto de ella, y viviendo con tanta aspereza de vida, que san Antonio, obispo de Florencia, escribe que no comía carne, ni huevos, ni queso, ni bebía vino, y que con la señal de la cruz ahuyentaba al demonio, que en figura de un dragón infernal quería espantarla y estorbar su oración. 

Ocho días antes de su muerte vio cómo los santos ángeles llevaban al cielo el ánima de su dulcísima hermana Magdalena, y a la hora de su dichoso tránsito se apareció a nuestra santa Jesucristo, nuestro Redentor, y le dijo: 

- Ven, huésped mía muy querida, que como tú me recibiste en tu casa, así yo te recibiré en mi reino.

Reflexión:

Muy bien pagó nuestro Señor Jesucristo los buenos servicios que recibió de su devotísima huéspeda santa Marta; la instruyó en las cosas del Reino de Dios, resucitó a su hermano Lázaro, la hizo una gran santa, la amparó en los peligros del mar, la llenó de celo apostólico, la hizo fundadora del primer colegio de santas vírgenes, y la recibió llena de méritos, en el palacio de su gloria. Y nosotros ¿a qué pensamos servir sino a Jesucristo, porque los que sirven al mundo no sacan otra recompensa que funestos desengaños en la vida, angustias en la muerte y tormentos en la eternidad?

Oración:

Oh Dios, salud y vida nuestra, dígnate oír nuestras súplicas, para que así como la fiesta de tu bienaventurada virgen santa Marta nos llena de espiritual alegría, así también nos alcance una piadosa devoción. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
 

martes, 28 de julio de 2026

28 DE JULIO: SAN VICTOR I, PAPA Y CONFESOR


28 de julio: San Víctor I, Papa y Confesor

(† 199)

Un profundo silencio envuelve la vida y el desarrollo de San Víctor, natural de África. Su nombre figura en la historia únicamente como Obispo de Roma (189-199) y sucesor del Papa San Eleuterio. Su vasto conocimiento, su carácter intachable, su rigurosa virtud y su celo eclesiástico le granjearon la confianza tanto del pueblo como del clero, allanándole el camino hacia el más alto cargo eclesiástico.

El furioso mar de persecuciones externas contra los cristianos había retrocedido brevemente en aquellos años. Solo poco después de la muerte de Víctor, su ola volvería a azotar la Iglesia. Más aún, los conflictos internos ocuparon la atención pastoral y los deberes de su pontificado. Surgieron varios herejes que sembraron cizaña entre el trigo de la Iglesia. Incluso en Roma, donde el representante de Cristo velaba por la pureza de la doctrina eclesiástica, intentaron infiltrarse en el rebaño de Cristo y sembrar la devastación. Entre ellos se encontraba el gnóstico Florino, en su juventud un prometedor discípulo de San Policarpo, más tarde un sacerdote renegado de la Iglesia romana, que abandonando el sólido fundamento de la tradición eclesiástica, ascendió a la blasfema doctrina de que Dios mismo era el origen del mal. El fruto venenoso de su falsa enseñanza pronto maduraría dentro de su propio círculo de seguidores. Como confiesa el historiador Filastrio, se entregaban a los excesos sexuales más perniciosos incluso en sus reuniones religiosas. Un hereje no menos obstinado fue el curtidor Teodoto de Bizancio. Según se cuenta, negó la fe bajo persecución. Rechazado por los cristianos como apóstata, abandonó su tierra natal y se dirigió a Roma. Allí intentó justificar su negación de Cristo alegando que solo había negado a un “simple hombre”. En lugar de arrepentirse por su traición a la fe y el grave escándalo que causó, persistió en su falta de arrepentimiento y consumó la herejía: negó la divinidad de Cristo. Frente a tales herejías, Roma, como siempre, demostró ser un firme baluarte de la Fe: Florino y Teodoto fueron excomulgados por el Papa Víctor. 

La llamada Controversia Pascual conmovió profundamente a la Iglesia. De hecho, provocó temporalmente el primer cisma entre la Iglesia Occidental y parte de la Oriental. La disputa no versaba sobre doctrina alguna, sino únicamente sobre una práctica litúrgica. Mientras que la Cristiandad Occidental y la mayor parte de la Oriental siempre celebraban la Pascua el mismo día de la semana, el domingo siguiente al 14 de Nisán, independientemente del día del mes, las iglesias de Asia Menor, por el contrario, siempre la celebraban el mismo día del mes, independientemente del día de la semana. Así, podía ocurrir que una parte de la Cristiandad ya estuviera celebrando el Aleluya Pascual, mientras que la otra, en un estado de penitencia y duelo, aún cantaba el Miserere. Al igual que su predecesor, el Papa Aniceto, cincuenta años antes, Víctor también quiso imponer una celebración unificada de la Pascua en la Iglesia según la costumbre romana. Con este fin, convocó sínodos en Roma y en lugares tan lejanos como Oriente, y remitió los decretos sinodales a las demás iglesias para su conocimiento. En particular, intentó doblegar la resistencia de las iglesias de Asia Menor. Pero fue en vano. Se aferraban a la costumbre supuestamente transmitida por el Apóstol Juan y al ejemplo vinculante del propio Cristo, quien había seguido la costumbre judía de celebrar la Pascua. Su líder, el obispo Polícrates de Éfeso, muy estimado por su edad, experiencia y santidad, incluso se sintió obligado a contradecir al jefe de la Iglesia con las palabras del Apóstol: “Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres”. Víctor se mantuvo firme. Dirigió una segunda y una tercera carta a las iglesias recalcitrantes en un tono aún más enérgico e incluso rompió la comunión con ellas. Sin embargo, esta comunión pronto se restableció. No obstante, la disputa en sí misma se resolvió definitivamente 130 años después, en el Concilio General de Nicea en el año 325, a favor de la costumbre romana.

Puede que el Santo se haya extralimitado en su lucha inútil. Algunos de sus propios seguidores, especialmente San Ireneo de Lyon, lo criticaron abiertamente por ello. Sin embargo, estos acontecimientos arrojan una luz favorable sobre su liderazgo ejemplar en varios aspectos. Ante todo, dan testimonio de la extraordinaria energía con la que ejerció su liderazgo responsable de la Iglesia. También atestiguan el incansable celo con el que buscó la victoria de la unidad eclesiástica, incluso más allá de los estrechos límites de la fe. Porque la celebración común de las fiestas principales no es meramente un adorno para la Iglesia, sino, aún más, un vínculo visible de comunión espiritual entre todos los fieles y las iglesias. Por último, pero no menos importante, este enfoque demuestra su plena conciencia de la primacía de Roma sobre todas las iglesias del mundo, una primacía que encontró elocuente reconocimiento en el lenguaje de los sínodos celebrados en las diócesis más remotas de la Iglesia Oriental. Las cartas y circulares del santo, escritas y veneradas por la historiografía de la Iglesia primitiva, se perdieron en el transcurso de los siglos siguientes. Sin embargo, su espíritu ha permanecido vivo allí donde la divina providencia ha puesto las riendas del liderazgo eclesiástico en manos humanas.

Reflexión:

Para todo creyente que ostenta un cargo de liderazgo en la Iglesia, aunque sea dentro del círculo íntimo de una asociación eclesial, San Víctor se ha convertido en un brillante ejemplo de firmeza y santo celo. Estos son, por así decirlo, dos carismas propios del cargo, dos fuerzas que le permitieron superar las numerosas dificultades que se le presentaron como “Víctor, el vencedor”.

Oración:

Oh, San Víctor I, Papa y mártir, fiel defensor de la doctrina y guía en los misterios sagrados. Te pedimos intercedas para darnos fuerza, mantenernos firmes en la fe, y guiarnos con paz y verdad de corazón. Amén.
 

28 DE JULIO: SANTOS NAZARIO Y CELSO, MÁRTIRES


28 de Julio: santos Nazario y Celso, mártires

(† 68)

El apostólico predicador y mártir de Cristo, san Nazario, nació en Roma y fue hijo de un caballero africano y de una señora romana celebrada en la Iglesia con el nombre de santa Gaudencia. 

Recibió el bautismo de manos de san Lino, coadjutor a la sazón del príncipe de los Apóstoles san Pedro. 

Por inspiración del Señor determinó salir de Roma para predicar a Jesucristo; y socorrer con sus limosnas a los pobres necesitados, juntando en uno la misericordia espiritual y corporal, vino a Placencia, y de allí a Milán donde fue preso por mandato del presidente Anolino; el cual queriendo persuadirlo que adorase a sus falsos dioses y no habiéndolo podido acabar con él, mandó darle en su venerable rostro muchas bofetadas y echarle de la ciudad. 

Tuvo el santo esta afrenta por grande honra, por haberla padecido por Cristo; y pasó a Francia derramando por todas partes las semillas del Evangelio. 

En una población de aquel reino llamada Melia, una mujer principal por nombre Marionila le trajo un niño llamado Celso, para que lo instruyese y lo bautizase. 

Hízolo así el santo, y viendo que resplandecía mucho en el jovencito la gracia del Señor, se lo pidió a su madre por inseparable compañero de su vida apostólica; y ella, aunque era viuda, hizo aquel sacrificio, y encomendó el hijo a san Nazario, el cual lo trajo siempre consigo y padeció con él muchos trabajos. 

Obraron en la ciudad de Tréveris muchos milagros con que ganaron innumerables almas a Jesucristo; mas arrestados los dos y puestos en la cárcel, fueron condenados a muerte, y para ello los arrojaron en la confluencia de dos ríos Sarra y Mosela; pero al tiempo que los ministros del tirano pensaban que los dos santos habían ido al fondo, los vieron andar sobre las aguas, con gran admiración, y movidos de este prodigio los veneraron y tomaron por maestros, recibiendo de su mano la fe y el bautismo. 

Con esto, viéndose libres, volvieron a predicar por las ciudades de Italia, y vinieron a parar a Milán, donde fueron presos del mismo presidente Anolino, el cual habiéndolo primero consultado con el emperador Nerón (por ser Nazario ciudadano romano y hombre principal) los mandó conducir a la plaza mayor de la ciudad, donde fueron juntamente degollados, siendo aquella su preciosa sangre fecundísima semilla de gran número de fieles y mártires que dio al cielo aquella bendita tierra.

Reflexión:

Trescientos años después del martirio de estos gloriosos santos Nazario y Celso, fue revelado a san Ambrosio (como él mismo lo escribe) el lugar donde estaban sus sagrados cuerpos: y pasando a el acompañado de su clero, halló el cadáver de san Nazario tan entero como si lo hubieran sepultado aquel mismo día: y junto a él una ampollita de sangre tan fresca y roja como si acabara de derramarse. La cabeza del santo estaba cortada y separada del cuerpo, pero tan entera que parecía estar viva. Añade el diácono Paulino, testigo presencial de este suceso, que el sepulcro exhalaba un olor suavísimo, y más agradable que todos los aromas. En otra parte de la misma huerta hallaron luego el cuerpo de san Celso, el cual juntamente con el de san Nazario fue trasladado a la iglesia de los Apóstoles. De este entonces hasta acá no ha menguado un punto la devoción de los milaneses a los santos Nazario y Celso, cuya piedad todos hemos también de imitar, ya que nuestro Señor ha querido ilustrar a estos santos con tantas maravillas, y hacerlos tan gloriosos en la santa Iglesia.

Oración:

Te rogamos, Señor, que fortalezca nuestra fe la santa confesión de los bienaventurados mártires Nazario y Celso, para que consigamos de tu bondad el auxilio de tu gracia que sustente nuestra flaqueza. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
 

Nota Diario7: Los Santos Nazario y Celso siguen figurando en el Martirologio Romano para su festividad el día 28 de julio, pero su celebración fue retirada del Calendario Romano General universal tras la “reforma litúrgica” de 1969, manteniéndose su devoción activa en calendarios particulares y regionales, especialmente en Italia.
 

lunes, 27 de julio de 2026

27 DE JULIO: BEATO BERTOLDO DE GARSTEN, ABAD Y CONFESOR


27 de julio: Beato Bertoldo de Garsten

(† 1142)

En la margen izquierda del río Enns, cerca de la ciudad de Steyr, en la Alta Austria, se encuentra la magnífica iglesia abacial de Garsten. Antaño un prestigioso monasterio benedictino, sus extensos edificios han tenido usos seculares desde 1787. A pesar de este declive y de los numerosos cambios a lo largo de los siglos, la memoria del primer abad de la abadía, el beato Bertoldo, perdura en la Alta Austria. A petición del Venerable Siervo de Dios Francisco José Rudigier, obispo de Linz, la Santa Sede concedió permiso el 30 de agosto de 1883 para que la diócesis de Linz celebrara hoy la festividad del beato abad Bertoldo.

Bertoldo, Berthold, o Berchtold, que significa “el gobernante brillante”, procedía de la Casa de Bogen, en la Baja Baviera, y nació alrededor del año 1090. Se educó en las abadías benedictinas de Admont, en Estiria, y de San Blasien, en la Selva Negra, donde él mismo se hizo monje.

El joven monje pronto se distinguió tanto por sus virtudes que fue nombrado Prior. Posteriormente fue llamado a la abadía de Göttweig, en la Baja Austria, como sucesor del beato Wirnto, y en 1111 fue elegido primer Abad de la abadía de Garsten. Esta abadía había sido fundada en 1080 por el margrave Otakar III de Estiria y entregada a los benedictinos de Göttweig en 1108.

Como Abad, Bertoldo fue verdaderamente lo que su nombre sugería para sus monjes: un padre y maestro, un padre por amor infinito, que dio el mejor ejemplo a sus seguidores en todo, un maestro que garantizó la estricta observancia de la disciplina monástica que había aprendido en San Blas.

El Abad mismo llevaba una vida austera, contento con lo mínimo indispensable de comida, bebida y descanso, y renunciando a toda comodidad. En la medida de lo posible, se dedicaba a la contemplación y el estudio espiritual, y al cuidado de sus subordinados y de las muchas personas que acudían a él de todas partes en busca de consejo y ayuda.

Celoso por la salvación de las almas, pasaba mucho tiempo en el confesionario, tanto que sus subordinados a veces se quejaban. Como confesor, pronto se ganó tal reputación que innumerables personas de todas las clases sociales -pobres y nobles, plebeyos y aristócratas- acudían a él en busca de consuelo. El emperador Conrado III eligió a este hombre piadoso y sabio como su confesor. El margrave Leopoldo el Santo intercedió en un asunto importante.

Dado que el monasterio pronto se hizo famoso por el espíritu de bondad que allí reinaba, el número de aspirantes a ingresar aumentó año tras año. Pero por mucho que creciera el número de siervos de Dios, nunca les faltó de nada. Su padre espiritual, el abad, se encargaba de ello.

Incluso los pobres y los huéspedes siempre encontraban una cálida bienvenida. El arzobispo Conrado de Salzburgo, que tuvo que huir del emperador Enrique V, recibió asilo en el monasterio de Bertoldo. Por gratitud y reverencia hacia el excelente Abad, que ante todo buscaba el Reino de Dios y su justicia, muchas personas ricas y adineradas acudieron en ayuda del monasterio con generosas donaciones y legados.

Bertoldo se aseguraba estrictamente de que nada se adquiriera ilegalmente; si sospechaba de ello, prefería que los tesoros fueran arrojados al río Enns antes que tolerar bienes adquiridos injustamente bajo su techo.

Dios mismo intervenía a menudo con milagros que ocurrían gracias a las oraciones del santo Abad. Aumentaba el suministro de pan y pescado con el que se alimentaba a muchos huéspedes. Sanaba a innumerables enfermos y a aquellos atormentados por espíritus malignos mediante su oración y la señal de la santa cruz. Podía discernir los pensamientos más íntimos de los extraños y predecir acontecimientos futuros.

Bertoldo mismo intervenía a menudo con milagros que ocurrían gracias a sus oraciones. Así, el Abad guio a su comunidad religiosa en santidad y sabiduría durante 30 años; ellos y todos los alrededores de Garsten lo consideraban y veneraban como su padre espiritual, benefactor y líder, y lo amaban y valoraban por encima de todo.

Cuando en 1142 llegó la noticia de la abadía de Admont, instándolos a viajar allí para el funeral del abad Godefried, el Abad Bertoldo les dijo a los mensajeros: “Regresen; su señor se encuentra mejor y se recuperará. Pero díganle que cuando tenga noticias mías, no dude en venir a verme”. El abad Godefried se recuperó, en efecto; pero Bertoldo, gravemente enfermo, tuvo que guardar reposo. Aun así, escuchó las confesiones de sus fieles, les dirigió conmovedoras exhortaciones, encomendó a su capellán Eberhard como su sucesor y rezó la Letanía con ellos hasta su último aliento; fue en la fiesta de San Pantaleón, hoy. El abad Godefried lo acompañó a su última morada.

Reflexión:

Numerosos milagros glorificaron la memoria de Bertoldo; procesiones acudían a su tumba para encomendarse a este hombre de Dios, tan compasivo y amoroso en vida. Diversas desgracias azotaron su abadía. Aunque la desafortunada disolución de los monasterios por el emperador José II la privó de su propósito original, la iglesia y los edificios se conservaron, y la memoria del noble primer Abad no se ha extinguido en la Alta Austria. En él se cumplieron las palabras del Espíritu Santo: “Fue amado por Dios y por los hombres; su memoria es una bendición. Dios lo glorificó como santo, lo convirtió en terror para sus enemigos y, a su palabra, hizo cesar grandes plagas. Lo glorificó ante los reyes, le dio mandamientos a su pueblo y les mostró su gloria. Por su fidelidad y mansedumbre, lo santificó y lo escogió por encima de toda carne… Él mismo le dio los mandamientos y la ley de la vida y la disciplina” (Eclesiástico 45:1-6).
 

27 DE JULIO: SAN PANTALEÓN, MÉDICO Y MÁRTIR


27 de Julio: San Pantaleón, médico y mártir

(† 305)

El médico, taumaturgo y mártir de Cristo san Pantaleón, nació en Nicomedia de Bitinia, y fue hijo de Eustorquio, hombre rico y noble, aunque gentil, y de Ebula, señora cristiana, la cual murió dejando a Pantaleón muy niño. 

Lo puso el padre a los estudios de retórica y filosofía, y después a los de la medicina, en la cual salió nuestro santo muy aventajado. 

Estaba escondido por temor a la persecución en la pequeña casa de un venerable sacerdote de vida santísima, llamado Hermolao, el cual trabó amistad con Pantaleón y poco a poco lo vino a persuadir que el autor de la vida y señor de la salud temporal y eterna era Jesucristo: y como un día viese Pantaleón un niño muerto, y junto a él una víbora que parecía decir que ella había cometido aquel homicidio, movido del Señor dijo entre sí: “Ahora veré yo si es vendad lo que Hermolao me dice”. 

Y llegándose al niño, le dijo: 

- Levántate vivo en el nombre de Jesucristo, y tú, bestia ponzoñosa, padece el mal que le has hecho

Luego el niño se levantó con vida y la víbora quedó muerta: y visto este milagro se fue a Hermolao y le pidió el Bautismo. 

De allí a pocos días entró en casa de Pantaleón ya cristiano, un hombre ciego, y poniéndole el santo las manos sobre los ojos, invocando el nombre de Jesucristo, luego le restituyó la vista, y con ella le dio juntamente la luz del alma, persuadiéndolo que se hiciese cristiano. 

Presenció este prodigio el padre de Pantaleón, y luego quiso también bautizarse. 

De aquí se comenzó a divulgar la fama del santo médico; y por las muchas enfermedades incurables que sanaba en el nombre del Señor, le tenían gran envidia los otros médicos y lo acusaron delante del emperador Maximiano que estaba a la sazón en Nicomedia. 

Confesó claramente Pantaleón que era cristiano, y concertaron que trajesen un enfermo del todo desahuciado de los médicos y de sus sacerdotes, con la invocación de cualquiera de sus dioses, le procurasen dar la salud, y que él también invocaría a Jesucristo, y que el que le sanase fuese tenido por verdadero Dios. 

Se hizo así: trajeron un paralítico de muchos años: los sacerdotes de los ídolos hicieron sus diligencias, y todas fueron en vano. 

Y Pantaleón tomando por la mano al paralítico, le dijo: 

- Levántate sano en nombre de Jesucristo, Hijo de Dios vivo. 

Y el enfermo se levantó sano, dando gracias a Dios; y muchos de los circunstantes se convirtieron a la fe. 

Mas como los sacerdotes de los ídolos persuadiesen al emperador de que Pantaleón era un gran mago y enemigo de los dioses, el tirano ejercitó en él diversos suplicios, el potro, las uñas de hierro, el plomo derretido, las fieras y la espada; de todos los cuales salió el santo milagrosamente ileso; hasta que animando él mismo al verdugo que había de cortarle la cabeza, en la segunda herida, entregó su espíritu al Criador.

Reflexión:

Este glorioso santo no solamente fue portentoso en su vida y en su martirio, mas lo es también perpetuamente después de su muerte; porque en la ciudad de Ravello, en el reino de Nápoles, se conserva en la iglesia catedral una redoma de su sangre, y cada año en el día de su martirio se derrite y descuaja, estando el resto del tiempo cuajada y dura, y la sacan aquel día en procesión. Semejante prodigio hace el Señor con la sangre de este mismo santo que se conserva también en una ampollita de cristal en la iglesia de las Agustinas del real convento de la Encarnación de Madrid.

Oración:

Te suplicamos, oh Dios omnipotente, nos concedas por la intercesión de tu bienaventurado mártir Pantaleón, que seamos libres de todas las calamidades del cuerpo y de todos los malos pensamientos del alma. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Nota Diario7: San Pantaleón fue removido del Calendario universal de la Iglesia Católica en el año 1969, pero no fue despojado de su santidad. La modificación ocurrió tras la reforma litúrgica del nefasto conciliábulo Vaticano II (con el documento Mysterii Paschalis), cuyo objetivo fue dar prioridad a los santos de “importancia universal comprobada”.
 

domingo, 26 de julio de 2026

26 DE JULIO: SANTA ANA, MADRE DE LA MADRE DE DIOS


26 de Julio: Santa Ana, madre de la Madre de Dios

Santa Ana, dichosa madre de nuestra Señora la Virgen Santísima, fue natural de Belén e hija de Matan y de Emerenciana, y esposa del glorioso Joaquín, galileo, de la ciudad de Nazaret. 

Eran los santos esposos Joaquín y Ana de la tribu de Judá y del real linaje de David; y se ejercitaban continuamente en la guarda de la ley de Dios. 

Dícese que dividían la renta que cada año cobraban de su hacienda, en tres partes, de las cuales la una gastaban en su casa y familia, la otra en el templo y sus ministros, y la tercera empleaban en socorrer las necesidades de los pobres. 

Vivían muy afligidos estos santos casados por haberlo estado durante veinte años sin tener fruto de bendición, por lo cual andaban como avergonzados y corridos, por considerarse entre los hebreos la esterilidad como nota de ignominia. 

Llevaba Ana con paciencia esta prueba para su acrisolada virtud, con gran rendimiento a la voluntad del Señor; mas no por eso dejaba de mirar con santa envidia a aquellas dichosas mujeres que algún día habían de tener afinidad y parentesco con el deseado Mesías. 

Y como se acordase de que la madre de Samuel, llamada también Ana, por haber clamado al Señor, alcanzó el hijo que deseaba, animada santa Ana con este ejemplo, suplicó con gran fervor al Señor se compadeciese de su sierva, prometiendo que si le hacía merced de concederle algún fruto, se lo consagraría luego y lo destinaría al templo, para su santo servicio. 

Oyó el Señor benignamente las súplicas humildes de Ana, y es piadosa creencia que le reveló que sería madre de una hija, a quien pondría por nombre María, la cual sería llena del Espíritu Santo, y más dichosa que Sara, Raquel, Judit y Ester; porque sería bendita entre todas las mujeres y la llamarían bienaventurada todas las generaciones. 

Esta fue la soberana recompensa con que el Señor glorificó a santa Ana y a su bienaventurado esposo san Joaquín, haciéndolos padres de la Madre de Dios hecho hombre. 

Después de haber criado con gran cuidado a la santísima niña, y llegado el tiempo de cumplir su voto, la llevaron al templo de Jerusalén, donde fue recibida con mucho gozo entre las otras vírgenes y santas viudas que allí moraban en unas habitaciones vecinas al templo, y se ocupaban en sus labores, oraciones y demás oficios ordenados al servicio de Dios. 

No pudieron Joaquín y Ana ausentarse de su hija tan querida, y se vinieron a vivir en Jerusalén en una casa que no estaba lejos del templo, gozando de la conversación de su hija hasta que el Señor los llevó para sí: muriendo san Joaquín a la edad de ochenta años, y Ana a los setenta y nueve.

Reflexión:

Los gloriosos padres de la santísima Virgen fueron venerados en Oriente desde los primeros siglos de la Iglesia, y luego se extendió su devoción a los fieles del Occidente, los cuales levantaron en honra suya muchos templos y santuarios. Seamos pues devotos de santa Ana, que ella es la gloriosa abuela de Jesucristo Hijo de Dios y la madre de la Virgen Madre de Dios. Mucho desea y estima el divino nieto y la hija de santa Ana que la honremos por tan excelsa dignidad, y es bien loable la costumbre de algunas piadosas señoras que en el día de santa Ana visten alguna pobre doncella, y nunca salen sin recompensa las oraciones y obsequios que se hacen a la madre de la Tesorera de todas las gracias.

Oración:

Oh Dios, que te dignaste otorgar a la bienaventurada santa Ana la gracia de que fuese madre de la Madre de tu unigénito Hijo; concédenos por tu bondad que los que celebramos su fiesta, merezcamos alcanzar su poderoso patrocinio. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
 

sábado, 25 de julio de 2026

25 DE JULIO: SAN CRISTÓBAL, MÁRTIR DE LICIA


25 de julio: San Cristóbal, Mártir de Licia, Asia Menor

(† 251)

En el siglo III, nació en Canaán un niño que comenzó a crecer y creció tanto que llegó a alcanzar los tres metros de altura, e incluso más. Para recoger cerezas, no necesitaba escalera; con el brazo extendido podía llegar a la copa de los árboles. No era delgado, sino corpulento y robusto. Tenía puños del tamaño de platos, brazos como ramas de roble y músculos de acero. Cualquiera que viera al gigante con su temible aspecto por primera vez, huía despavorido. Y al gigante se le conocía generalmente como Reprobus, que significa villano en griego. Sin embargo, este nombre no le hacía justicia, pues solo parecía peligroso por su tamaño. En su interior, era un hombre verdaderamente bondadoso.

Como la mayoría de la gente, Reprobus tenía una peculiaridad: solo quería servir al amo más poderoso. Lo buscó durante mucho tiempo hasta que creyó haberlo encontrado en un rey. El rey, naturalmente, se alegró de que Reprobus entrara a su servicio, pues reemplazó a todo un regimiento de soldados y ganó todas las batallas. Todo iba bien hasta que un día, al mencionarse el nombre del diablo en una conversación, el rey hizo la señal de la cruz. Inmediatamente, Reprobus preguntó qué significaba esa señal. El rey respondió que si hacía la señal de la cruz, Satanás no podría hacerle daño. El gigante reflexionó sobre esta respuesta durante un buen rato y finalmente concluyó que el diablo debía ser más fuerte, puesto que el rey le temía. Por lo tanto, partió en busca de Satanás para ofrecerle sus servicios.

Reprobo emprendió su viaje y pronto se encontraría con el diablo. Era una noche oscura en medio de un bosque tenebroso, y era la medianoche, anunciando la hora de las brujas. Entonces se desató una tremenda tormenta que doblegó los árboles hasta el suelo. Al mismo tiempo, una multitud de demonios apareció montada en animales que se parecían mucho a enormes jabalíes. Todos iban sentados al revés, aferrados a las colas de los jabalíes. Sin temor, Reprobo dejó que la horda pasara rugiendo a su lado, hasta que finalmente, montado en un poderoso jabalí de enormes colmillos, el diablo se plantó ante él, ansioso por tomar al gigante a su servicio. Inmediatamente, se fue junto al diablo, pero entonces, una simple cruz apareció junto al camino. Y cuando el diablo la vio, dio media vuelta y huyó, y todos los demonios huyeron con él, despavoridos. Reprobo se quedó solo ante la imagen de nuestro Señor Jesucristo y no sabía qué le estaba sucediendo.

Al amanecer, se cruzó con un ermitaño al que le contó sobre su aventura nocturna y le habló sobre su deseo de servir solo al más fuerte. El ermitaño, que era un hombre de Dios, le explicó que el crucificado era el más fuerte de todos y le dijo que uno lo sirve complaciéndolo en sus semejantes. Así, el gigante recibió instrucción cristiana, fue bautizado y, para servir al todopoderoso Señor Jesucristo en sus semejantes, desde entonces transportó viajeros sobre sus anchos hombros a través de un río sin puentes.

Una noche, un niño pequeño lo despertó y le pidió que lo llevara al otro lado del río. Al principio, el niño era ligero como una pluma. Pero con cada paso que daba el gigante, se volvía más y más pesado, hasta que finalmente le dijo: “¡Niño, casi no te puedo cargar! Siento como si el mundo entero estuviera sobre mis hombros”. Entonces Cristo, que era el niño, respondió: “Llevas más peso, porque yo soy el más fuerte, el que creó el Cielo y la tierra, y como me llevas, de ahora en adelante te llamarás Cristóbal, que significa portador de Cristo”.

La Tradición señala que, tras haberse encontrado con Dios hecho niño, San Cristóbal se dirigió a consolar a los cristianos perseguidos de Licia y Samos. Precisamente, en una de sus estancias en Licia, fue tomado prisionero por el rey Dagón, quien, bajo órdenes del emperador Decio, lo mandó torturar. Al resistirse a abdicar de su fe a pesar de ser torturado, se ordenó degollarlo. 

Reflexión:

Desde el siglo IV, San Cristóbal ha sido representado generalmente como un hombre de gran altura y fuerza, con el niño Jesús sobre los hombros, mientras cruza las aguas de un río apoyado en un bastón. En la baja Edad Media se popularizó la creencia de que bastaba mirar la imagen del santo y encomendarse a él para verse libre de todo peligro durante una travesía; y es así como San Cristóbal devino en patrón de peregrinos, viajeros, navegantes, motoristas y transportistas en general.
 
Oración:

Bendito San Cristóbal, tú que tuviste la gracia de llevar a Jesús sobre tus hombros, que tan fuerte y poderoso te sentías, y el Señor te hizo ver tu pequeñez y tu vida se llenó de luz, cuando descubriste como su fuerza y no la tuya, te hacía esta vez sí, verdaderamente fuerte. Glorioso San Cristóbal pide a tu amado Jesús, que nos libre de todo mal y a ti Señor que das la vida y la conservas, suplico humildemente, guardes hoy la mía en todo instante. Amén.
  

25 DE JULIO: SANTIAGO EL MAYOR, APÓSTOL


25 de Julio: Santiago el Mayor, apóstol

(† 44 de J. C.)

El protomártir de los apóstoles, Santiago el Mayor, luz y patrón de las Españas, fue natural de Galilea, hijo de Zabedeo y de María Salomé, hermano mayor de san Juan Evangelista, y primo de Jesucristo según la carne. 

Fueron ambos hermanos pescadores y andando el Señor a la ribera del mar de Galilea, los vio en un navío con su padre Zebedeo, remendando las redes, y los llamó Boanerges, que quiere decir hijos del trueno, y después de san Pedro, a quien mudó también el nombre, fueron estos dos hermanos los discípulos favorecidos del Salvador. 

Porque los llevó consigo cuando fue a resucitar a la hija del príncipe de la sinagoga; quiso que fuesen testigos de su transfiguración en el Tabor, y de su mortal tristeza en el huerto de Getsemaní, y después de su resurrección hizo que se hallasen presentes a casi todas sus frecuentes apariciones. 

Refiere el evangelista san Lucas que viendo los dos hermanos Santiago y Juan que los samaritanos no querían hospedar al Señor, le dijeron: 

- ¿Quieres que hagamos bajar fuego del cielo que abrase esta gente?

Mas Jesús les respondió: 

- No sabéis de qué espíritu sois -dándoles a entender que Él no había venido a dar la muerte a los pecadores, sino a morir por ellos para darles la vida eterna. 

En otra ocasión la madre de estos dos hermanos se atrevió a pedirle que en su reino hiciese que el uno de ellos se sentase a su diestra y el otro a la siniestra; mas el Señor les dijo: 

- No sabéis lo que pedís -porque pedía dignidad temporal. 

Les preguntó si podrían beber el cáliz que Él mismo había de beber; y como respondiesen animosos que sí, el Señor les profetizó que en efecto lo beberían, y padecerían el martirio por su amor. 

Después de la Ascensión de Jesucristo predicó Santiago en Jerusalén y en Samaria; y habiendo los judíos apedreado y muerto a san Esteban, y levantándose aquella gran tempestad en Jerusalén contra la Iglesia, el santo apóstol vino a España y convirtió algunos hombres a la fe, de los cuales siete fueron ordenados como Obispos por San Pedro, y pasaron a España. 

Llegado Santiago a Zaragoza, salió una noche con sus discípulos a la ribera del Ebro para orar, y la Reina de los ángeles, que aun vivía, se le apareció sobre una columna o pilar de jaspe, y le dijo: 

- En este mismo lugar labrarás una iglesia de mi nombre, porque desde ahora tomo esta nación debajo de mi amparo. 

Volvió después el santo apóstol a Jerusalén donde los judíos le echaron una soga a la garganta y acudiendo los soldados le prendieron y llevaron delante del rey Herodes, el cual para dar contento al pueblo, lo mandó degollar. 

Reflexión

Grandes han sido las mercedes que Dios nuestro Señor ha hecho a los reinos de España por medio de este gloriosísimo apóstol; porque de él recibieron la luz de la fe, y el primer templo labrado a la Madre de Dios, y la celestial protección contra los moros, hasta capitanear el mismo santo apóstol nuestros ejércitos, montado sobre un caballo blanco, y con un gran estandarte blanco en la mano, como se vio en la famosa batalla de Clavijo, por lo cual la señal de acometer los soldados españoles y cerrar con el enemigo, comenzó a ser la señal de la cruz y decir: “¡Santiago, y cierra España!”. Invoquémoslo pues al rogar por nuestra patria, para que la libre de sus actuales enemigos. 

Oración

Santifica, Señor, y guarda a tu pueblo, para que amparado de la protección del bienaventurado apóstol Santiago, te agrade con sus virtuosas costumbres y te sirva en paz. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

viernes, 24 de julio de 2026

24 DE JULIO: BEATA CUNEGUNDA DE HUNGRÍA, REINA DE POLONIA


24 de julio: Beata Cunegunda de Hungría, Kinga, 
Reina de Polonia, monja clarisa

(† 1292)

Durante la Edad Media surgieron numerosas mujeres santas de la antigua casa real húngara. Entre ellas, una de las figuras más radiantes y queridas es la Beata Cunegunda (Kinga), hija del rey Bela IV, cuya hermana era Santa Isabel. Las hermanas de Cunegunda eran la Beata Jolenta y la Beata Margarita, y sus sobrinas, Santa Isabel de Portugal y la Beata Salomea. 

Cunegunda nació en 1224, y desde niña resplandeció con una gracia especial y una predestinación divina. De hecho, poco después de su nacimiento, ya se la oía rezar a la Madre de Dios: “¡Salve, Reina del Cielo, Madre del Rey de los Ángeles!”. Cuando la pequeña asistía a la Santa Misa en brazos de su nodriza, inclinaba la cabeza cada vez que se pronunciaban los santos nombres de Jesús y María. 

A pesar de que el Cielo parecía reclamarla para sí de una manera tan clara y maravillosa, ella, apenas salida de la niñez, fue obligada a casarse con el duque Boleslao, quien más tarde se convertiría en rey de Polonia. Sin embargo, este esposo de nuestra Cunegunda era tan excepcionalmente digno que podría decirse que Dios lo puso en su camino para realzar y, en cierto sentido, duplicar su santidad. 

Cunegunda, decidida a preservar su virginidad incluso en el matrimonio, supo inspirar en su esposo la misma devoción, y así vivieron juntos como hermanos. Por ello, los historiadores le han dado a Boleslao el epíteto de Pudicus, que significa “el Casto”. Incluso cuando la piadosa pareja fue elevada a la dignidad real, este hecho permaneció inalterable. 

Cunegunda se presenta ante nosotros, pues, como una verdadera reina virgen. Con una devoción aún mayor, demostró ser una madre para su pueblo y su país, se entregó con amor infinito y generosidad principesca a los pobres y enfermos. Los visitaba y cuidaba personalmente en los hospitales. La santa reina también acudió al rescate en tiempos de gran necesidad general. Polonia sufría entonces una grave escasez de sal. Cunegunda oró a Dios pidiendo una solución, y he aquí que se descubrieron minas de sal tan ricas que no solo podían satisfacer las necesidades del país, sino que también se podían exportar grandes cantidades.
 
En 1279, falleció el esposo de Cunegunda. Ante la insistencia de los magnates del reino, se esperaba que la viuda continuara gobernando. Pero Cunegunda ya no se quiso continuar. Anhelaba una vida dedicada por completo a Dios y, por ello, ingresó en el convento de las Clarisas de Sandek, que ella misma había fundado junto con su hermana Jolenta, también viuda. Al entrar, dirigió estas hermosas palabras a las Hermanas: “¡Olviden lo que he sido! Vengo solo para servirles como la más humilde entre ustedes”. Y, en efecto, no rehuyó ninguna tarea, por humilde que fuera, sino que las desempeñó con absoluta humildad y alegría. ¿Quién hubiera imaginado que estaban ante una antigua reina? 

Posteriormente, la Beata fue elegida abadesa de su monasterio, cargo en el que se mantuvo fiel a su ejemplo de virtud y cuidó de él con verdadera devoción maternal, recibiendo la ayuda milagrosa de Dios. 

Esto fue especialmente cierto cuando el monasterio sufrió escasez de agua. Entonces Cunegunda, llena de confianza en Dios, fue al arroyo Pusifernica, a una milla de distancia, y trazó una línea desde allí hasta el monasterio con su báculo de abadesa, rogando que el arroyo fluyera en esa dirección a partir de entonces. Y, según la Tradición, milagrosamente, así sucedió. 

Después de que la Beata viviera una vida santa en el monasterio durante trece años, el divino Esposo la llamó a su presencia el 24 de julio de 1292. En su última hora, se la oyó hablar en éxtasis celestial: “¡Abran paso, miren, nuestro santo Padre Francisco viene a ayudarme!”. Tras su muerte, una dulcísima fragancia llenó su celda y una maravillosa belleza se extendió por su rostro. En su tumba y por su intercesión, ocurrieron tantos milagros que fue beatificada por el Papa Alejandro VIII en 1690. El Papa Clemente XI la declaró solemnemente patrona de Polonia y Lituania en 1715.

Reflexión:

La beata Cunegunda, quien incluso de niña inclinaba reverentemente la cabeza al oír los santos nombres de Jesús y María, se ha convertido así para nosotros en maestra de una práctica piadosa muy saludable: pronunciar o invocar con frecuencia los santísimos nombres de Jesús y María con reverencia, amor y confianza porque están llenos de poder y bendición celestiales.

Oración:

Oh Dios, que guiaste a Santa Cunegunda a renunciar a las vanidades del mundo para seguir a Cristo en la pureza y en la oración profunda. Te pedimos que, por su intercesión, nos concedas un corazón humilde y generoso para ayudar a los pobres y enfermos. Ayúdanos a vivir nuestra fe con valentía en el matrimonio o en la entrega consagrada. Amén
 

24 DE JULIO: SANTA CRISTINA, VIRGEN Y MÁRTIR


24 de Julio: Santa Cristina, virgen y mártir

(† 300)

La maravillosa virgen y mártir de Cristo, santa Cristina, nació en Tiro de Toscana, población que estaba junto al lago de Bolsena. 

El padre de la santa niña Cristina se llamó Urbano; era de la ilustre familia de los Anicios, y gobernaba la ciudad en calidad de prefecto, nombrado por los emperadores Diocleciano y Maximiano, cuyos edictos contra les fieles de Cristo ejecutaba con gran diligencia y bárbara crueldad. 

El lugar del tribunal fue la escuela en que la niña Cristina aprendió las primeras lecciones de nuestra santa fe, porque asistiendo frecuentemente a los interrogatorios de los mártires, entendió que eran dignos de desprecio los ídolos vanos, y que había un solo Dios verdadero, y que sólo Dios podía dar a los cristianos aquella invencible fortaleza con que triunfaban en los suplicios, y menospreciaban la vida temporal por alcanzar la eterna. 

Algunas señoras cristianas perfeccionaron la instrucción de la niña, y fue bautizada secretamente. 

Diez años tenía no más cuando deseosa del martirio tomó los ídolos de oro y de plata que su padre tenía, los quebró e hizo pedazos y los repartió a los pobres. 

Por lo cual tuvo tan grande enojo su padre, que él mismo la mandó desnudar y azotar cruelmente por sus criados; y no contento con esta crueldad la hizo otro día atormentar con garfios de hierro, hasta arrancarle algunos pedazos de sus carnes, los cuales tomó ella en la mano y los ofreció a su padre, diciendo: 

- Toma, cruel tirano, y come también, si quieres, esa carne que engendraste. 

La mandó poner después en una rueda de hierro algo levantada del suelo, y debajo encender carbones y echar en ellos aceite; mas el Señor la defendió de este suplicio, y la sacó viva y sana de entre las llamas. 

Otro día mandó el padre atarle un gran peso al cuello y echarla en el lago de Bolsena; pero los ángeles la libraron y sacaron a tierra sin lesión alguna, con gran rabia y despecho de su bárbaro padre, el cual imaginando nuevos suplicios, no pudo ejecutarlos, por haber sido hallado muerto en la cama. 

Le sucedió en el oficio de juez el no menos cruel Dión, el cual mandó llevar a la santa niña, raída la cabeza, al templo de Apolo; y el ídolo cayó en tierra hecho pedazos; quedó por esto tan asombrado el prefecto, que cayó allí muerto, por cuyos prodigios se convirtieron muchos gentiles a la fe de Cristo. 

A Dión sucedió otro juez llamado Julián, no menos impío y feroz; porque mandó encender un horno, donde tuvo a la santa niña por espacio de cinco días, y del cual salió ella alabando a Dios, sin haber recibido lesión alguna. 

Le cortaron la lengua para que no pudiese invocar a Jesucristo, y sin lengua hablaba y no cesaba de bendecir al Señor. 

Finalmente, fue atada a un madero y asaeteada y con este martirio envió su alma al Cielo.

Reflexión:

¡Con qué regocijo sería recibida por los ángeles aquella alma purísima que revestida de la fortaleza de Dios había salido con victoria de tres tiranos y de tan dura y larga pelea! ¡Qué trabajos podemos nosotros padecer por amor de Cristo, que puedan compararse con los que pasó la santa niña Cristina! ¡Verdaderamente es nada todo lo que hacemos por servir a Dios y ganar el cielo! Una niña de diez años como santa Cristina nos cubrirá de vergüenza en el día del juicio, si no sólo servimos a Dios con tan poca generosidad, sino que aun rehusamos aceptar con paciencia las cruces que el Señor nos envía.

Oración:

Te suplicamos, Señor, nos alcance el perdón de nuestros pecados la intercesión de la bienaventurada virgen y mártir Cristina que tanto te agradó así por el mérito de su castidad, como por la ostentación que hizo de tu poder en su constancia hasta la muerte. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. 

 
Nota Diario7: Santa Cristina de Bolsena fue retirada del Calendario Romano General. La falsa iglesia conciliar limitó su culto a los calendarios locales en el año 1969.
 

jueves, 23 de julio de 2026

23 DE JULIO: SAN LIBORIO, OBISPO Y CONFESOR


23 de julio: San Liborio, obispo y confesor de Le Mans, Francia

(† 397)

Liborio era de origen galés y fue obispo de Le Mans durante 49 años. Fue un hombre de conducta devota, un pastor celoso de su rebaño, amigo y padre de todos los pobres. Es muy larga la lista de iglesias y monasterios que fundó, y digno fue el sacerdocio que formó para su diócesis.

Según la Tradición, ordenó a 217 sacerdotes y 186 diáconos. 

San Martín de Tours, su amigo más cercano, lo acompañó en sus últimos momentos, pronunció su oración fúnebre y también lo sepultó. 

Fue enterrado en la Basílica de los Apóstoles de Le Mans, junto a su predecesor, Julián, fundador del obispado, y pronto se produjeron innumerables milagros en la tumba del beato obispo.

Dado que Liborio murió en brazos de su amigo Martín de Tours, se le considera patrón de una buena muerte. Desde el siglo XIII se le reza para obtener ayuda contra los cálculos biliares causados ​​por el agua de la zona calcárea; el primer relato de una curación de este tipo se refiere a la curación del arzobispo Werner von Eppstein, quien peregrinó al santuario del Santo en 1267. Este es el origen del atributo del santo de tres piedras colocadas sobre una copia de la Biblia.


Además de ser representado como un obispo que lleva pequeñas piedras sobre un libro, a San Liborio también se le muestra con el atributo de un pavo real, debido a una historia que cuenta que, cuando su cuerpo fue llevado a Paderborn, un pavo real guió a los portadores.

La popularidad del Santo en Paderborn se evidencia en el festival anual de una semana de duración que comienza el sábado siguiente a su festividad, el 23 de julio. 
 

Oración a San Liborio para combatir la enfermedad

Oh, glorioso San Liborio, fiel servidor de Dios y protector de los enfermos, te invocamos en este momento de necesidad. Tú que curaste con tu fe y tu amor, intercede por nosotros ante el Señor y extiende tu mano sanadora sobre quienes sufren.

Te pedimos, con humildad y esperanza, que nos liberes de las dolencias que nos afligen, especialmente de las enfermedades del cuerpo y el alma. Concede, oh santo protector, la salud que necesitamos para vivir con alegría y paz. Que tu ejemplo de caridad y dedicación nos inspire a seguir el camino de la fe, confiando en que, con tu intercesión, alcanzaremos la curación y la prosperidad. Amén.
  

Nota Diario7: San Liborio es otro de los Santos “removidos” del Calendario Romano General tras la “reforma litúrgica” de 1969 posterior al conciliábulo Vaticano II. Desde entonces, su culto quedó limitado a los calendarios locales y es conmemorado el 9 de abril. 
 

23 DE JULIO: SAN APOLINAR, OBISPO Y MÁRTIR


23 de Julio: San Apolinar, Obispo y mártir

(† hacia el año 75)

El apostólico Obispo de Rávena y fortísimo mártir de Cristo san Apolinar, fue uno de los discípulos que el Apóstol san Pedro trajo consigo, cuando trasladó su cátedra de Antioquía a Roma. 

Lo consagró Obispo el mismo príncipe de los Apóstoles y lo envió a Rávena para que allí predicase el santo Evangelio. 

Llegando Apolinar cerca de aquella ciudad, fue acogido por un militar llamado Treneo, que tenía un hijo ciego, al cual el santo Pontífice restituyó la vista. 

Por este milagro Treneo y toda su casa creyeron en Cristo y fueron bautizados. 

Supo luego este prodigio el tribuno de aquel soldado, y rogó al santo que viniese y sanase su mujer llamada Tecla, que estaba sin esperanza de vida, a la cual Apolinar tomó de la mano, y le dijo: 

- Levántate sana en nombre de nuestro Dios y Señor Jesucristo, y cree en él, y entiende que no hay cosa semejante a Él en el cielo ni en la tierra. 

Y luego se levantó sana la mujer, con lo cual ella, su marido el tribuno y todos los de su familia se convirtieron. 

Doce años se ocupó el santo en predicar la Doctrina del cielo en Rávena, y en administrar a los fieles los santos Sacramentos, instituyendo algunos clérigos que lo ayudasen; y como ya creciese el número de los cristianos, Saturnino, gobernador de la ciudad, lo mandó llamar, y le examinó delante de los sacerdotes de los ídolos, los cuales alborotaron al pueblo y maltrataron y apalearon al santo, hasta dejarlo medio muerto. 

Mas los cristianos lo tomaron y escondieron en casa de una buena viuda cristiana y allí lo curaron. 

Toda la vida de este apostólico varón fue una cadena de milagros y persecuciones. 

Restituyó el habla a un caballero principal llamado Bonifacio, el cual se convirtió con quinientas personas; y los gentiles lo hicieron pasar sobre las brasas con los pies descalzos, y visto que no recibía lesión de fuego, lo echaron como a nigromántico de la ciudad. 

En la provincia de Emilia resucitó a una difunta, hija de un caballero patricio llamado Rufo; y el juez Mesalino lo mandó atormentar en el ecúleo y echar agua hirviendo sobre las llagas. 

En la región de Misia sanó un hombre muy principal que estaba cubierto de lepra, y en Tracia hizo enmudecer el oráculo del templo Serapis, y los gentiles, después de haber maltratado bárbaramente al santo los desterraron a Italia. 

Volviendo a Rávena, los idólatras lo amenazaron con la muerte si no sacrificaba al dios Apolo, y por la oración del santo, el simulacro cayó hecho pedazos con gran alegría de los cristianos y rabia de los gentiles, los cuales lo hirieron gravemente junto a la puerta de la ciudad. 

Finalmente, después de estos malos tratamientos vivió aún siete días en una casa donde se recogían los leprosos y allí dio su espíritu al Señor.

Reflexión:

Tal fue la vida apostólica de san Apolinar, el cual se sacrificó como hostia viva del Señor, con un martirio prolijo de veintinueve años. Guárdense, pues, los enemigos de nuestra Santísima Fe de blasfemar diciendo que la Religión Cristiana es un negocio de ambición y sórdida codicia, porque al exagerar algunos defectos humanos que no podían faltar en una sociedad que no es de ángeles sino de hombres, vituperan calumniosamente al Hijo de Dios que la fundó, y a sus santísimos Apóstoles y Discípulos, y a todos los Santos de la Verdadera Iglesia de Dios.

Oración:

Oh Dios, remunerador de las almas fieles, que consagraste este día con el martirio de tu sacerdote, el bienaventurado Apolinar, te suplicamos nos concedas a nosotros tus humildes siervos, el perdón de nuestras culpas por los ruegos de aquel, cuya venerable solemnidad celebramos. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

 
Nota Diario7: San Apolinar de Rávena fue eliminado del Santoral Católico en el año 1969, durante la reforma litúrgica impulsada tras el conciliábulo Vaticano II (con el documento Mysterii Paschalis). El 23 de julio, su fecha de martirio tradicional, fue asignado a Santa Brígida de Suecia.