domingo, 31 de julio de 2022

NEGAR EL CARÁCTER SACRIFICIAL DE LA MISA (XXVI)

Hoy podemos ver cómo esta teoría, planteada en 1921, tuvo consecuencias tan potencialmente devastadoras para la Iglesia

Por la Dra. Carol Byrne


La historia de la misa de Jungmann suscita preguntas en la mente del lector inquieto: ¿Por qué ha dedicado una década de minuciosa y meticulosa investigación a producir una obra que desprecia la fe y la práctica de prácticamente toda la historia de la liturgia de la Iglesia? ¿Qué pretendía Jungmann?

Su preocupación era acumular "pruebas" para demostrar que, poco después de los primeros años del cristianismo, la liturgia de la Iglesia se había vuelto "doctrinalmente corrupta" en su teología de la misa y del sacerdocio. Su obra magna fue un esfuerzo de grandes proporciones. Era como si se hubiera propuesto enterrar el rito romano bajo una compleja red de falsedades y estuviera construyendo un elaborado monumento funerario o un vasto palacio mortuorio para conmemorar su muerte.

Pero, por supuesto, no tuvo éxito, como tampoco lo tuvieron los protestantes de la Pseudo-Reforma que se embarcaron en la misma búsqueda. Porque la Misa tradicional ha confirmado indefectiblemente a través de los tiempos la Fe de los Apóstoles en el verdadero significado del Santo Sacrificio, la Presencia Real y su propio sacerdocio.


Una fachada para el neomodernismo

Sin embargo, donde Jungmann sí tuvo éxito fue en influenciar a los líderes de la Iglesia y a los responsables políticos para que aceptaran sus ideas progresistas o neomodernistas.

Su obra es un ejemplo destacado de cómo el poder de la falsa racionalización impulsó el Movimiento Litúrgico: Como veremos más adelante, aportó teorías sobre cómo debían entenderse las doctrinas tradicionales en una perspectiva ecuménica, es decir, de una manera aceptable para los que estaban fuera de la Iglesia católica y alejados de la verdadera Fe.

De hecho, el pensamiento teológico de Jungmann resultó ser notablemente similar al de los protestantes del siglo XVI, nada menos que un rechazo de la doctrina de la misa tal y como la Iglesia católica la ha entendido siempre.

La posición privilegiada de Jungmann como consultor de la Comisión Litúrgica de Pío XII aseguró la adopción de algunas de sus ideas para las reformas de la Semana Santa de 1955. Es de la mayor importancia que el resto encontraría una pronta aceptación en la Constitución Litúrgica del Vaticano II (fue miembro de la Comisión Preparatoria) y en la misa novus ordo (fue miembro del Consilium de Bugnini).

Así se revela el vínculo directo entre el modernismo condenado por el Papa Pío X y el fatídico artículo 7 de la Instrucción General del Novus Ordo de 1969, (1) que definía la Misa en sentido protestante, como "la Cena del Señor" y la reunión del Pueblo de Dios.


Ataque a la Misa desde dentro de la Iglesia

Los antecedentes teóricos del artículo 7 se remontan a los primeros años del siglo XX, con la publicación de un libro, Mysterium Fidei (2) que tuvo gran influencia en el Movimiento Litúrgico. Su autor, el padre Maurice de la Taille, SJ, propuso, en contra de la enseñanza de los Padres de la Iglesia (3), de Santo Tomás de Aquino (4) y del Concilio de Trento (5) que la Misa no contiene ninguna realidad de inmolación.

Adelantado a su tiempo, de la Taille sentó las bases del Novus Ordo Missae

Ahora podemos ver cómo esta teoría, planteada en 1921, tuvo consecuencias tan potencialmente devastadoras para la Iglesia. En efecto, sin la inmolación mística del Cordero sacrificado en el altar, no habría necesidad de un sacerdote sacrificador. La misa se reduciría a una simple oblación, una ofrenda de alabanza y acción de gracias por parte de la comunidad. Los primeros agentes de la Eucaristía serían, por lo tanto, el Pueblo de Dios que, por su Bautismo, ofrece la Misa a través de su representante, el sacerdote (6).

Este modelo corporativo fue denominado por De la Taille "sacrificio de la Iglesia" para sustituir el sacrificio de Cristo realizado únicamente por el ministro ordenado (7). Se convirtió en la perspectiva dominante del Movimiento Litúrgico y fue promovido por las figuras clave de la nouvelle théologie.

Se consideró un avance ecuménico importante porque eliminaba la objeción protestante a la misa como medio de aplicar los méritos de la Cruz a las almas mediante la inmolación mística de Cristo en el altar. Fue por esta razón que el teólogo anglicano, Dr. Eric Mascall, observó astutamente que la teoría de de la Taille "excitó una controversia tan violenta en su propia comunión y tanta admiración en la nuestra" (8).

Uno se pregunta cómo un título tan católico como Mysterium Fidei fue utilizado para un libro tan protestante. Pero, entonces, eso es lo que hacen los modernistas.

Lambert Beauduin fue uno de los primeros en declarar la tesis de De la Taille como un importante desarrollo teológico (9) y la describió como un bienvenido alivio de una "obsesión absorbente" por la inmolación (10).

Dom Lambert Beauduin

Karl Rahner consideraba la obra de De la Taille como estimulante e iluminadora (11). En su opinión, Mysterium Fidei "debería haber sido leído por todos los teólogos del campo de la nueva teología que investigan activamente" (12).

Henri de Lubac se regocijó en 1967, en vísperas del lanzamiento de la misa del novus ordo, de que la teología litúrgica de De la Taille hubiera ganado la partida: "La inmensa oposición que suscitó en Mysterium Fidei es ahora sólo un recuerdo y la esencia de lo que enseñó es ahora comúnmente aceptada" (13).

¿Aceptado por quién? Los términos de referencia de De Lubac se limitaban al estrecho consenso de los expertos en liturgia, pero la amplia franja de fieles católicos siguió creyendo en la Misa como un Monte Calvario místico, no como una "Cena del Señor" protestante, como indicaría el artículo 7.

La teología sacramental de Joseph Jungmann tomó prestado mucho de De la Taille en los siguientes aspectos:


La teoría de la "no inmolación"

A pesar de la enseñanza de Pío XII (14) de que la Misa es la re-presentación del Calvario y, por lo tanto, contiene una inmolación, Jungmann insistió: "Esta re-presentación es, en efecto, una especie de ofrenda (offerre), pero no es propiamente una ofrenda sacrificial (sacrificari), una inmolación" (15).

En otras palabras, estaba diciendo que el sacrificio de la misa no es la misma realidad que el sacrificio de la cruz y que la inmolación mística que tiene lugar en ella no es real y actual. Pero aquí está el veneno progresista: si la Iglesia compromete su autoridad infalible con una doctrina que no tiene base en la realidad objetiva, entonces, ¿cómo podemos creer que cualquier cosa que enseñe es verdadera?

¿Cómo pretendía Jungmann justificar su alejamiento de lo que el Concilio de Trento había establecido como enseñanza de fide sobre la misa? Alegó que la Iglesia nunca se había preocupado por la distinción entre una oblación y una inmolación (16) hasta que "la presión de la controversia" generada por la Pseudo-Reforma obligó a la Iglesia a elaborar una teoría de la inmolación (17).

Jungmann rechazó la noción central de la Misa como una renovación del sacrificio de Cristo en el Calvario

Jungmann afirmó: "Pensar en la misa casi exclusivamente como un sacrificio es una actitud unilateral resultante de las controversias doctrinales del siglo XVI" (18). Aquí se inyecta el veneno progresista: sus lectores deben llevarse a casa el mensaje de que la misa como sacrificio real no era de origen apostólico.

El "sacrificio de la Iglesia" (19)

Jungmann propuso su propia doctrina (o más bien la de De la Taille) sobre la misa:
"Pero cuando los intereses apologéticos retrocedieron y se planteó de nuevo la cuestión de cuál es el sentido y la finalidad de la misa en la organización de la vida eclesiástica, fue precisamente este punto, el sacrificio de la Iglesia, el que pasó a primer plano.... No hay nada más claro que el pensamiento de que en la Misa la Iglesia, el pueblo de Cristo, la congregación aquí reunida, ofrece el sacrificio a Dios Todopoderoso" (20).
Pero su uso de la palabra "sacrificio" fue deliberadamente confuso para ocultar lo que realmente quería decir: una ofrenda de alabanza y acción de gracias por parte de la comunidad (21).

Continúa...


1) "La Cena del Señor, o Misa, es la reunión o congregación sagrada del pueblo de Dios reunido, presidido por el sacerdote, para celebrar el memorial del Señor".

2) 2. M. de la Taille, Mysterium Fidei, París, G. Beauchesne, 1921.

3) San Agustín, por ejemplo, enseñó que en la Misa tiene lugar una verdadera inmolación: "¿No fue Cristo inmolado una sola vez en su misma persona? En el Sacramento, sin embargo, es inmolado por el pueblo no sólo en cada solemnidad de Pascua, sino en todos los días; y un hombre no mentiría si, al ser preguntado, respondiera que Cristo está siendo inmolado" (Cartas 98:9).

4) Con referencia a la Eucaristía, Santo Tomás de Aquino dice: "Es propio de este Sacramento que Cristo sea inmolado en su celebración", pues el Antiguo Testamento sólo contiene figuras de su Sacrificio (Summa, III, 83, 1).

5) El Concilio de Trento en su sesión 22, capítulo 2, afirmó: "En este Divino Sacrificio, que se celebra en la Misa, está contenido e inmolado de manera incruenta ese mismo Cristo, que una vez se ofreció de manera cruenta en el altar de la Cruz".

6) El padre de la Taille afirmó: "Los autores del sacrificio, de manera propia y personal, son los fieles cuyos dones son dirigidos por las manos del sacerdote a Dios bajo la forma del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo" (The Mystery of Faith and Human Opinion, New York: Longmans, Green and Co., 1930, p. 134).

7) El padre de la Taille afirmó: "El poder y el acto de sacrificar pasa de la Cabeza al cuerpo" (Mysterium Fidei, vol. 2, p. 193).

8) E. L. Mascall, Christ, the Christian and the Church (Londres: Longmans, 1946), p. 168 apud Francis Clark, Eucharistic Sacrifice and the Reformation (Londres: Darton, Longman and Todd, 1960), pp. 263-264.
Entre los que se opusieron a De la Taille destacan el padre Alfred Swaby, "A New Theory of Eucharistic Sacrifice", American Ecclesiastical Review, 69 (1923), pp. 460-47 3; el padre Vincent McNabb, "A New Theory of Eucharistic Sacrifice" (Londres: Darton, Longman y Todd, 1960), pp. 262-264. Vincent McNabb, "A New Theory of the Sacrifice of the Mass", Irish Ecclesiastical Review 23 (1924), pp. 561-573; y Dom Anscar Vonier, Abad de la Abadía de Buckfast, A Key to the Doctrine of the Eucharist (Londres: Burns, Oates & Washbourne, 1925).

9) L. Beauduin, "Le Saint Sacrifice de la Messe: A propos d'un Livre Récent", en Les questions liturgiques et paroissiales, vol. VII, 1922, pp. 197-198. Afirmó: "El Cristo no fue inmolado más que una sola vez: fue en el sacrificio sangriento de la Pasión. Por el contrario, ni la Cena, ni la Misa contienen una Inmolación real y distinta de ninguna manera".

10) Ibídem, p. 202: "La tesis del padre de la Taille es una liberación y un alivio".

11) Karl Rahner opinó: "¿Qué es lo que hace que lo propiamente histórico en estudios como los de De Lubac o de la Taille sea tan estimulante y acertado? Seguramente es el arte de leer los textos de tal manera que no se conviertan en simples votos a favor o en contra de nuestras posiciones actuales (posiciones tomadas hace mucho tiempo), sino que nos digan algo que en nuestro tiempo no hemos considerado en absoluto o no lo suficientemente cerca de la realidad misma". “The Prospects for Dogmatic Theology”, en Theological Investigations, vol. I (Baltimore: Helicon Press, 1961), pp. 9-10.

12) Karl Rahner, "Latin as a Church language", en Theological Investigations, vol. V (Londres: Darton, Longman and Todd, 1966), p. 397.

13) H. de Lubac, The Mystery of the Supernatural (Herder y Herder, 1967), p. 4.

14) Pío XII había dicho en Mediator Dei, n. 91: "La inmolación incruenta en las palabras de la Consagración, cuando Cristo se hace presente sobre el altar en estado de víctima, es realizada por el sacerdote y sólo por él, como representante de Cristo y no como representante de los fieles".

15) Jungmann, The Mass of the Roman Rite, vol. 1, p. 184.

16) Ibid. Pero Santo Tomás de Aquino ya había refutado este punto en la Summa ( q. 85, art. 3) cuando dijo que "toda inmolación es una oblación, pero no a la inversa", es decir, no toda oblación es una inmolación.

17) Jungmann, The Mass of the Roman Rite, vol. 1, p. 184.

18) Jungmann, Announcing the Word of God, trans. del alemán por Ronald Walls (Londres : Burns & Oates, 1967), p. 112.

19) Jungmann era consciente de su deuda con de la Taille en este punto. De hecho, Jungmann afirma (cf. The Mass of the Roman Rite, vol. 1, p. 182, nota 21): "En los últimos tiempos, el sacrificio de la Iglesia ha recibido el énfasis teológico de M. de la Taille, Mysterium Fidei" (París, 1921).

20) Ibídem, p. 180.

21) Jungmann creía que la Eucaristía "no es principalmente un objeto para nuestra adoración, ni tampoco para el alimento del alma, sino que es, como su nombre indica, un sacrificio de acción de gracias, de sacrificio dentro de la congregación reunida". También afirmó que esta celebración comunitaria es la "función primaria y verdadera" de la misa (Announcing the Word of God, p. 110)


Tradition in Action



EL PAPA FRANCISCO LLAMA A CUBA UN SÍMBOLO, ¿DE QUÉ?

De hecho, Cuba es un símbolo. Simboliza la continuación de la tiranía comunista, la miseria y la brutalidad.

Por John Horvat II


Cuba fue mencionada recientemente durante una entrevista que el papa Francisco concedió al servicio de streaming ViX de Televisa Univisión. Sus comentarios no pueden sino causar consternación a los que sufren en esta isla prisión comunista.

"Quiero mucho al pueblo cubano", dijo Francisco. "También confieso que mantengo una relación humana con Raúl Castro". Su referencia a Raúl Castro es como decir que, aunque quiere a los presos de esta cárcel, se lleva bien con el dictador responsable de su sufrimiento. Y añadiendo más confusión, el papa llamó a Cuba "un símbolo" y un país con "una gran historia".

Los comentarios se producen poco más de un año después de las mayores protestas antigubernamentales que ha vivido el país en décadas, pidiendo la libertad del comunismo. Las protestas fueron tan intensas que muchos pensaron que el fin del régimen podría estar a la vista. Sin embargo, el régimen comunista reprimió brutalmente las manifestaciones pacíficas. Muchos manifestantes fueron objeto de detenciones arbitrarias, torturas y penas de prisión draconianas. El Vaticano y Occidente dejaron pasar ese aniversario sin comentar nada.

Mientras tanto, la miseria continúa. Un reciente brote de dengue demuestra lo mal que están las cosas y lo indiferente que es Occidente ante el sufrimiento de Cuba.

El dengue es una enfermedad viral transmitida por mosquitos que provoca fiebre, vómitos e incluso la muerte. La prevención y el tratamiento del dengue no son complicados en la mayoría de los países modernos. Los programas de fumigación y erradicación de mosquitos suelen impedir una propagación significativa de la enfermedad. Aunque no existe un tratamiento específico para el dengue, la detección temprana y el tratamiento hospitalario adecuado mitigan sus efectos y minimizan las muertes en la mayoría de los países normales.

Sin embargo, Cuba no es un país normal. Todo parece conspirar contra el tratamiento adecuado.

Para empezar, la mayoría de los organismos gubernamentales tienen informes contradictorios sobre el alcance de la enfermedad. Nadie sabe cuántos la tienen, ya que el sistema sanitario carece de suministros para realizar pruebas. Las estadísticas gubernamentales son notoriamente poco fiables. Los vídeos compartidos en las redes sociales por cubanos que sufren la enfermedad presentan una imagen más precisa de la devastación de la enfermedad y de la presión sobre el sistema de salud pública. Las dramáticas escenas en las salas de emergencia y los hospitales muestran la impotencia de la mayoría de los enfermos, ya que los médicos no tienen nada que ofrecer.

A la epidemia de dengue contribuye la falta de disponibilidad de productos y servicios sencillos. No hay mosquiteras para las ventanas que impidan el paso de los mosquitos. La gente utiliza agua mal almacenada en sus casas, ya que la mayoría tiene un acceso limitado al agua corriente. Los repelentes de mosquitos y los mosquiteros no están disponibles para la población. También faltan los larvicidas y el gasóleo necesarios para la fumigación.

Las cosas sólo empeoran cuando la persona infectada por el dengue llega al hospital. Los pacientes tienen que llevar su propia ropa de cama. Muchos hospitales carecen de agua corriente y de suministros básicos como guantes, jeringuillas y otros materiales. Los medicamentos que se pueden conseguir fácilmente en las farmacias de otros lugares, en Cuba escasean. La falta de gas afecta a los servicios de ambulancia para transportar a los pacientes que necesitan atención urgente.

En general, los apagones eléctricos que duran varias horas cada día ralentizan la situación. Las autoridades culpan a un "déficit de generación de energía", lo que significa que varias plantas generadoras están fuera de la red porque, como la mayoría de las cosas en el país, carecen de mantenimiento o reparación. La escasez crónica de alimentos y los disturbios civiles también contribuyen al desastre.

Se trata claramente de un país que vive en estado de emergencia y que necesita ayuda. Sin embargo, ha vivido en este estado durante décadas, y sus funcionarios insisten en que no necesita ayuda. El pobre país comunista no hace más que empeorar a medida que va cayendo en espiral con su ideología rota, que nunca podrá producir prosperidad.

De hecho, lo peor es que los “teólogos de la liberación” y los izquierdistas occidentales señalan a Cuba como un modelo -incluso “un paraíso”- para el mundo. Han propagado el mito de que Cuba tiene uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo. Mientras tanto, su gente se muere.

De hecho, Cuba es un símbolo. Por un lado, simboliza la continuación de la tiranía comunista, la miseria y la brutalidad. Para Occidente, Cuba es un símbolo doloroso de su indiferencia e hipocresía. Los que aún resisten en Cuba son un símbolo del coraje cristiano y del sufrimiento que anticipa el día en que serán libres para escribir la "gran historia" que les espera.


Tradition, Family & Property


MÁRTIRES DEL COMUNISMO DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

No podemos defender a nuestra fe católica o a nuestros mártires si no nos tomamos el tiempo para conocer nuestra historia y sus relatos

Por Dawn Beutner


Tal vez usted, como yo, no recuerde que en la escuela le hayan enseñado sobre la Guerra Civil Española en la clase de historia. Después de todo, el número de víctimas de guerra en la Guerra Civil española parece pequeño en comparación con los millones que murieron en la Primera y Segunda Guerra Mundial, así como en los muchos otros conflictos sangrientos del siglo XX. No sorprende que los libros de texto de historia se centren más en las guerras con causas más simples y un mayor número de muertos.

¿Qué hechos dieron lugar a la Guerra Civil Española? En 1931, el rey de España huyó a Inglaterra, y el gobierno que se estableció poco después fue generalmente descrito como ineficaz. Se formaron dos bandos para intentar tomar el control del país: los republicanos y los nacionalistas. El resto de la historia es complicado pero vale la pena entenderlo (1). Sin embargo, para los fieles católicos en España, la elección era clara.

El liderazgo republicano fue en gran parte una alianza de socialistas, comunistas y anarquistas. Su objetivo principal no era hacer una transición pacífica de su país a una mejor forma de vida para todos los españoles, sino liderar una revolución violenta que derrocara al gobierno existente y estableciera alguna forma de estado comunista. Independientemente de las quejas que uno pueda tener sobre el reinado posterior del líder nacionalista Francisco Franco, para los católicos españoles en el momento de la guerra, no había una alternativa real. Los republicanos estaban siguiendo el mismo libro de jugadas utilizado en todas las demás revoluciones comunistas, y una de las tácticas más conocidas en esa lucha es matar cristianos.

En España, eso significaba matar católicos. Siguiendo la estrategia obvia de que es más eficaz ejecutar a los líderes de los que se te oponen que a la base, los republicanos buscaron especialmente a cualquiera que llevara sotana o hábito religioso.


Por eso fue asesinado el Beato Joan Huguet Cardona. Llevaba sólo un mes ordenado sacerdote cuando los milicianos republicanos entraron en su localidad de Ferreries. Como vestía sotana, lo encontraron rápidamente, lo arrestaron, lo obligaron a quitarse la sotana y le ordenaron escupir en un objeto devocional (una especie de rosario) que llevaba. Cuando se negó a hacerlo, le dispararon. Esto ocurrió el 23 de julio de 1936.

El superior de un monasterio pasionista en la ciudad de Daimiel sabía muy bien que la situación se había vuelto peligrosa en esa misma fecha del 23 de julio. ¿Qué podía hacer para proteger a los demás sacerdotes pasionistas, religiosos hermanos y jóvenes que estaban estudiando para convertirse en Pasionistas, todos los cuales estaban bajo su cuidado? Cuando ese superior, el beato Nicéforo de Jesús y María (nacido Vicente Diez Tejerina), escuchó que se acercaban hombres armados mientras los pasionistas rezaban juntos, les advirtió que estaban frente a su propio Getsemaní y les dio la absolución y la Comunión. Algunos de esos veintiséis hombres fueron fusilados inmediatamente; al resto se les permitió irse, pero los republicanos los siguieron y finalmente los rastrearon y los mataron. Los testigos notaron que perdonaron a sus asesinos antes de que fueran ejecutados.

También el 23 de julio, la milicia republicana llegó a un monasterio de Monjas Mínimas en Barcelona. La Beata Madre María Montserrat García Solanas, que era su superiora, junto con otras ocho monjas Mínimas y una laica que asistía a las monjas, fueron asesinadas a tiros.

A última hora de la noche del mismo día, el beato Lluis Janer Riba, sacerdote diocesano, fue despertado por milicianos republicanos fuera de su ventana y le ordenaron que bajara a la plaza del pueblo. Cuando llegó abajo, le dispararon.

Ese mismo día en la comarca toledana fueron detenidos los Beatos Pedro Ruiz de los Panos y Josep Sala Pico. Ambos eran miembros de los Sacerdotes Obreros Diocesanos, una fraternidad sacerdotal dedicada al fomento de las vocaciones. Ellos también fueron asesinados sumariamente por los republicanos.

En la región de Córdoba, España, en esos días, un grupo de cuatro sacerdotes diocesanos, un seminarista, un esposo y una esposa (todos ellos ahora también honrados con el título de “Beatos”) fueron capturados por milicianos republicanos y ejecutados.

Tenga en cuenta que en todos estos casos, nunca hubo ninguna pretensión de un juicio. El simple hecho de ser un sacerdote católico o un católico fiel era causa suficiente para recibir un disparo en el acto. No fueron ejecutados por activismo político, por ningún delito conocido —ninguno de ellos siquiera estaba armado— o para lograr un objetivo táctico en la guerra. Simplemente fueron odiados por su fe en Jesucristo. Por supuesto, esto hace que sea relativamente fácil para la Iglesia reconocerlos oficialmente como mártires.

Hay más de dos mil mártires de la Guerra Civil Española en el calendario actual de la Iglesia, que data de 1934 a 1939. A diferencia de los siglos anteriores, donde los registros personales detallados pueden ser muy limitados, cada uno de esos miles de mártires se puede identificar por nombre, fecha de nacimiento , y generalmente incluso por fotos. El papa Francisco beatificó a un grupo de dominicanos que murieron como mártires en Almagro en junio de 2022, y hay muchos otros mártires documentados de la Guerra Civil Española que también podría beatificar, si así lo decidiera.

¿Qué nos enseña esta espantosa letanía de mártires de un solo día, el 23 de julio de 1936? Nos enseña a respetar la virtud heroica de cuarenta y siete personas que no abandonaron su fe católica ni siquiera ante la muerte. También nos recuerda que el comunismo y nuestra fe católica son siempre y en todas partes incompatibles.

Pero no podemos defender nuestra fe católica ni a nuestros mártires si no nos tomamos el tiempo de comprender nuestra historia y sus relatos. Una vez que comprendamos algunas de las complejidades de la Guerra Civil española (que, por supuesto, no se insinúan aquí), estaremos mejor equipados para responder a la propaganda moderna contra nuestra fe y nuestros héroes. Y cuando se nos desafíe a negar nuestra fe en numerosas formas menores que las que experimentaron estos mártires, será más probable que imitemos su fortaleza y su fidelidad.


Nota:

1) The Rise and Fall of the Communist Revolution y The Crisis of Christendom del Dr. Warren Carroll ofrecen excelentes explicaciones de la historia de la Guerra Civil española.


Catholic World Report


sábado, 30 de julio de 2022

BERGOGLIO, UN PARLANCHÍN EN ACCIÓN

Durante el viaje de regreso de lo que llamó una “peregrinación penitencial” para “disculparse con las comunidades indígenas del país”, Bergoglio hizo una vez más, sus habituales parloteos aéreos.


Bergoglio: Buenas noches y gracias por su acompañamiento, por su trabajo aquí. Sé que habéis trabajado duro, y gracias por la compañía. Gracias.

Matteo Bruni, director de la oficina de prensa de la Santa Sede: Bueno, la primera pregunta de esta noche es de Ka'nhehsíio Deer, un periodista canadiense de origen inuit.

Ka’nhehsíio Deer, CBC Radio [en inglés] : Mi nombre es Ka'nhehsíio Deer. Soy reportero de CBC Indígena. Como descendiente de un sobreviviente de una escuela residencial, sé que los sobrevivientes y las familias quieren ver acciones concretas en su disculpa, incluida la rescisión de la "doctrina del descubrimiento". Dado que todavía está arraigado en la Constitución y los sistemas legales de Canadá y los Estados Unidos, donde los pueblos indígenas continúan siendo desposeídos y privados de poder, ¿perdió la oportunidad de emitir una declaración durante su viaje a Canadá?

Bergoglio: En la última parte, no entiendo el problema.

Ka'nhehsíio Deer: Es que los indígenas todavía hoy están siendo despojados y despojados con, ya sabes, como que les quitaron su tierra por esas bulas papales y el concepto de la doctrina del descubrimiento.

Cuando hablo con los indígenas, hablan mucho sobre cómo cuando la gente vino a colonizar las Américas, hubo esto: la doctrina del descubrimiento fue algo que dio el concepto de que los pueblos indígenas de esas tierras eran inferiores a los católicos, y así es como Canadá y Estados Unidos se convirtieron en países.

Bergoglio: Gracias por la pregunta. Creo que este es un problema de todos los colonialismos, todos, incluso las colonizaciones ideológicas de hoy tienen el mismo patrón. Aquellos que no entran en su camino tienen caminos que son inferiores. Pero quiero profundizar en esto. Fueron considerados no solo inferiores. Algún teólogo algo loco se preguntó si tenían alma.

Cuando Juan Pablo II fue a África al puerto donde se embarcaban los esclavos, nos hizo una señal para que entendiéramos el drama, el drama criminal. Esas personas fueron arrojadas al barco en condiciones terribles, y luego fueron esclavos en América. Es cierto que hubo voces que se pronunciaron, como Bartolomé de las Casas por ejemplo o Peter Claver, pero eran minoría.

La conciencia de la igualdad humana llegó lentamente. Y digo conciencia porque en el inconsciente todavía hay algo. Siempre tenemos —permítanme decirlo— como una actitud colonialista de reducir su cultura a la nuestra. Es algo que nos sucede en nuestro modo de vida desarrollado; a veces perdemos los valores que tienen.

Por ejemplo, los pueblos indígenas tienen un gran valor que es el valor de la armonía con la creación. Y al menos algunos que conozco lo expresan en la frase “vivir bien”. Eso no significa, como lo entendemos los occidentales, pasarlo bien o vivir la vida dulce, no. Vivir bien es cuidar la armonía, y ese, para mí, es el gran valor de los pueblos indígenas: la armonía. Estamos acostumbrados a reducirlo todo a la mente. Y en cambio, la personalidad de los pueblos originarios -hablo en general- saben expresarse en tres idiomas: el de la cabeza, el del corazón y el de las manos. Pero todos juntos. Y saben tener este lenguaje con la creación. Entonces, este progresismo acelerado del desarrollo, un poco exagerado, un poco neurótico, que tenemos, no estoy hablando en contra del desarrollo, el desarrollo es bueno, pero esa ansiedad de desarrollo, desarrollo, desarrollo no es buena… Mira, una de las cosas que ha perdido nuestra civilización comercial superdesarrollada es la capacidad de poesía. Los pueblos indígenas tienen esa capacidad poética. No estoy idealizando.

Entonces, esta doctrina de la colonización, verdaderamente, es mala e injusta. Todavía hoy se usa lo mismo —quizás con guantes de seda—, pero se usa. Por ejemplo, algunos obispos en algunos países han dicho: “Pero nuestro país, cuando pide crédito a una organización internacional, nos ponen condiciones, incluso legislativas, colonialistas. Para dar crédito, te hacen cambiar un poco tu forma de vida”. Volviendo a nuestra colonización, digamos de América, la colonización de los ingleses, franceses, españoles y portugueses, que son cuatro… siempre ha existido ese peligro, de hecho esa mentalidad de “somos superiores, y estos indígenas no cuentan”. Y eso es serio. Por eso tenemos que trabajar en lo que dices. Volver y sanear, digamos, lo que se hizo mal, sabiendo que aún hoy existe el mismo colonialismo.

Piensa, por ejemplo, en un caso, que es universal, y me atrevo a decirlo, piensa en el caso de los rohingya en Myanmar: no tienen derecho a la ciudadanía, son inferiores. Incluso hoy. Muchas gracias.

Bruni: La segunda pregunta, Su Santidad, viene de otra periodista canadiense, Brittany Hobson.

Brittany Hobson, The Canadian Press: Buenas noches papa Francisco. Mi nombre es Brittany Hobson. Soy reportera de la prensa canadiense. Usted ha hablado muchas veces de la necesidad de hablar con claridad, honestidad, franqueza y parresía. Usted sabe que la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Canadá describió el sistema de escuelas residenciales como “genocidio cultural”. Desde entonces, esto se ha modificado a solo “genocidio”. Quienes escucharon sus disculpas la semana pasada expresaron su decepción porque no se usó la palabra “genocidio”. ¿Usaría esas palabras y aceptaría que miembros de la Iglesia participaron en el “genocidio”?

Bergoglio: Es cierto, no usé la palabra porque no se me ocurrió, pero describí el “genocidio” y pedí perdón, perdón por esta obra que es “genocida”. Por ejemplo, yo también condené esto: Quitar niños y cambiar de cultura, cambiar mentalidades, cambiar tradiciones, cambiar una raza, digamos, toda una cultura. Sí, es una palabra técnica  “genocidio”, pero no la usé porque no me vino a la mente, pero la describí. Es verdad; si, es genocidio Sí, todos ustedes, estén tranquilos. Puedes decir que dije que sí, que fue “genocidio”. Sí. Sí. Gracias.

Bruni: Otra pregunta viene de Valentina Alazraki; la conoces bien, de Televisa.

Valentina Alazraki, Televisa: papa Francisco, buenas noches. Suponemos que este viaje a Canadá también fue una prueba, una prueba para su salud, para sus —lo que dijo esta mañana— limitaciones físicas. Entonces, queríamos saber qué, después de esta semana, puede decirnos sobre sus futuros viajes. Si quieres seguir viajando así, si habrá viajes que no pueda hacer por estas limitaciones, o si quizás piensa que después de esta semana una cirugía de rodilla podría ayudar a resolver la situación para poder viajar como antes.

Bergoglio: Gracias. No sé. No creo que pueda moverme al mismo ritmo de viajes que antes. Pienso que a mi edad y con esta limitación, tengo que recortar un poco para poder servir a la Iglesia o por el contrario, pensar en la posibilidad de dar un paso al costado. Esto no es nada extraño. Esto no es una catástrofe. Puedes cambiar el Papa. Puedes cambiar, no hay problema. Pero creo que tengo que limitarme un poco con estos esfuerzos.

La cirugía de rodilla no está prevista en mi caso. Los expertos dicen que sí, pero ahí está todo el problema de la anestesia. Hace diez meses, me sometí a más de seis horas de anestesia y todavía hay rastros. No juegas, no juegas con la anestesia. Y por eso crees que no es del todo conveniente. … Pero voy a tratar de seguir haciendo viajes y estar cerca de la gente, porque creo que es una forma de servicio, de cercanía, pero más que eso no puedo decir. Ojalá. Todavía no hay una visita [programada] a México, ¿verdad?

Alazraki: No, no. ¿Y en Kazajstán? Y si va a Kazajstán, ¿no debería ir a Ucrania, incluso cuando vaya a Kazajstán?

Bergoglio: Dije que me gustaría ir a Ucrania. A ver ahora qué me encuentro cuando llegue a casa. Por el momento me gustaría ir a Kazajstán; es un viaje tranquilo sin mucho movimiento, es un congreso de religiones. Pero por el momento, todo está en pie.

Porque necesito ir a Sudán del Sur antes del Congo, porque es un viaje con el Arzobispo de Canterbury y el obispo de la Iglesia de Escocia, los tres juntos como hicimos el retiro los tres hace dos años. Y luego el Congo, pero será el próximo año debido a la temporada de lluvias, ya veremos. Tengo toda la buena voluntad, pero a ver que dice la pata.

Bruni: La siguiente pregunta, santidad, es de Caroline Pigozzi de Paris Match.

Caroline Pigozzi, Paris Match: Buenas noches, santo padre. Esta mañana se ha reunido en el arzobispado como cada vez que va a un país con miembros locales de la Compañía de Jesús, su familia. Hace nueve años, volviendo de la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil, el 28 de julio de 2013 le pregunté si todavía se sentía jesuita. La respuesta fue positiva.

El 4 de diciembre, usted explicó después de ver a los jesuitas de Grecia en Atenas: “Cuando uno inicia un proceso, debe dejar que se desarrolle, dejar crecer una obra y luego retirarse. Todo jesuita tiene que hacer eso. Ningún trabajo le pertenece a él porque le pertenece al Señor”. Santo padre, ¿podría esta afirmación aplicarse algún día a un papa jesuita?

Bergoglio: Sí.

Pigozzi: ¿Significa eso que podría retirarse como los jesuitas?

Bergoglio: Sí, sí. Es una vocación.

Pigozzi: ¿Ser papa o ser jesuita?

Bergoglio: Que el Señor diga. El jesuita intenta —intenta, no siempre, no puede— hacer la voluntad del Señor. El papa jesuita debe hacer lo mismo. Cuando el Señor habla, si el Señor dice adelante, adelante. Si el Señor dice ve a la esquina, va a la esquina. Es el Señor quien enseña...

Pigozzi: Con lo que dice, ¿quiere decir que está esperando a morir?

Bergoglio: Pero todos estamos esperando la muerte…

Pigozzi: Pero quiero decir: ¿no se retirará primero?

Bergoglio: Lo que diga el Señor. El Señor puede decirme que renuncie. Es el Señor quien manda.

Una cosa sobre San Ignacio, y esto es importante. Cuando alguien estaba cansado o enfermo, San Ignacio le dispensaba de la oración, pero nunca les dispensaba del examen de conciencia, dos veces al día, una mirada a lo que había pasado… No se trata de pecados o no pecados, no. Así es como el espíritu me movió hoy. Nuestra vocación, dijo, es buscar lo que pasó hoy. Si yo, esto es un hipotético, veo que el Señor me está diciendo algo, hago un discernimiento para ver lo que el Señor está diciendo y puede ser que el Señor me quiera tirar en la esquina. Él está a cargo.

Esta creo que es la forma de vida religiosa de un jesuita: Estar en discernimiento espiritual para tomar decisiones, para elegir formas de trabajar, para discernir compromisos también. San Ignacio en esto fue muy matizado porque fue su propia experiencia de discernimiento espiritual lo que lo llevó a la conversión. Y los Ejercicios Espirituales son realmente una escuela de discernimiento. Por vocación, un jesuita debe ser un hombre de discernimiento. Discernir situaciones, discernir conciencia, discernir decisiones a tomar. Y para eso debe estar abierto a todo lo que el Señor le pida. Esta es una especie de nuestra espiritualidad.

Pigozzi: ¿Pero se siente más papa o más jesuita?

Bergoglio: Yo nunca he hecho esa medida. Me siento un siervo del Señor con mentalidad de jesuita. No hay espiritualidad papal; eso no existe. Cada papa trae adelante su propia espiritualidad. Piensa en Juan Pablo II con esa hermosa espiritualidad mariana que tenía. La tuvo antes y como papa. Piensa en tantos papas que han aportado su propia espiritualidad. El papado no es una espiritualidad; es un trabajo, una función, un servicio, pero cada uno aporta su propia espiritualidad, con sus propias gracias, con su propia fidelidad y también con sus propios pecados. Pero no hay espiritualidad papal. Por eso no hay comparación entre la espiritualidad jesuita y la espiritualidad papal porque esta última no existe. ¿Lo entiendes? ¡Gracias!

Bruni: Otra pregunta, Su Santidad, viene de una periodista alemana, Severina Bartonischek, de una agencia de noticias católica en Alemania.

Severina Bartonitschek, KNA: Buenas noches, santo padre. Ayer habló también de la fraternidad en la Iglesia, de una comunidad que sabe escuchar y dialogar, que promueve una buena calidad de relaciones. Hace unos días hubo un comunicado de la Santa Sede sobre el “Camino Sinodal” alemán sin firma. ¿Cree que esta forma de comunicación contribuye al diálogo o es un obstáculo para el diálogo?

Bergoglio: En primer lugar, esa declaración la hizo la Secretaría de Estado. Fue un error no firmarla a continuación. Creo que decía: comunicado de la Secretaría de Estado, pero no estoy seguro. Fue un error no firmarlo como comunicado del Secretario de Estado. Pero es un error del oficio, no de mala voluntad.

Sobre el “Camino Sinodal” [alemán], escribí una carta, y lo hice solo… un mes de oración, reflexión, consultas… y dije todo lo que tenía que decir sobre el “Camino Sinodal”. Más que eso no diré. Ese es el magisterio papal sobre el “Camino sinodal”, esa carta que escribí hace [tres] años. Me salté la Curia, porque no hice consultas, ni nada… Hice mi propio camino, incluso como pastor de una Iglesia que está buscando un camino, como hermano, como padre, como creyente. Y este es mi mensaje. Sé que no es fácil, pero está todo en esa carta.

Bruni: La siguiente pregunta es de Ignazio Ingrao de Rai1.

Ignazio Ingrao, Rai1: Santidad, Italia atraviesa un momento difícil que también preocupa a nivel internacional. Hay crisis económica, pandemia, guerra, y ahora también nos encontramos sin gobierno. Usted es el primado de Italia. En el telegrama que escribió al presidente [Sergio] Mattarella en su cumpleaños, habló de un país marcado por no pocas dificultades y llamó a decisiones cruciales. Santidad, ¿cómo vivió la caída de Mario Draghi?

Bergoglio: En primer lugar, no quiero entrometerme en la política interna italiana. En segundo lugar, nadie puede decir que el presidente Draghi no era un hombre de alto nivel internacional, era presidente del Banco [Central Europeo]. Tuvo una buena carrera, digamos. Y luego solo le hice una pregunta a uno de mis colaboradores: ¿cuántos gobiernos ha tenido Italia en este siglo? Me dijo: veinte. Esa es mi respuesta.

Ingrao: ¿Qué llamamiento hace a las fuerzas políticas de cara a estas difíciles elecciones?

Bergoglio: Responsabilidad. Responsabilidad cívica.

Bruni: Gracias, su santidad. Gracias, Ignacio. Y la siguiente pregunta es de Claire Giangravé de Religion News Service.

Claire Giangravé, Religion News Service: Hola santo padre, buenas noches. Muchos católicos, pero también muchos teólogos, creen que es necesario el desarrollo de la doctrina de la Iglesia sobre los anticonceptivos. Incluso parece que su predecesor, Juan Pablo I, pensó que una prohibición total necesitaba reconsiderarse. ¿Cuáles son sus pensamientos sobre esto? ¿Está abierto a una reevaluación al respecto, o existe la posibilidad de que una pareja considere los anticonceptivos?

Bergoglio: Entiendo. Esto es muy oportuno. Pero sepa que el dogma, la moralidad, está siempre en un camino de desarrollo, pero desarrollo en la misma dirección.

Para usar una cosa que es clara, creo que lo he dicho otras veces aquí, para el desarrollo de una cuestión ya sea moral —para el desarrollo teológico digamos— o dogmático, hay una regla que es muy clara y esclarecedora, que yo dije otra vez. Es lo que hizo Vincent de Lérins en el siglo X, más o menos, un santo francés. Dijo que la verdadera doctrina para avanzar, para desarrollarse, no debe quedarse quieta, se desarrolla ut annis consolidetur, dilatetur tempore, sublimetur aetate.

Es decir, se consolida con el tiempo, se expande y se consolida, y se vuelve más estable, pero siempre está 'progresando'. Por eso el deber de los teólogos es la investigación, la reflexión teológica. No se puede hacer teología con un 'no' delante. Entonces será el magisterio el que diga no, si se ha pasado de la raya, se vuelve… pero el desarrollo teológico debe estar abierto, porque para eso están los teólogos, y el magisterio debe ayudar a entender los límites.

Sobre el tema de la anticoncepción, sé que hay una publicación sobre este tema y otros temas del matrimonio. Estas son las actas de un congreso y en un congreso hay hipótesis, luego discuten entre ellos y hacen propuestas. Tenemos que ser claros: los que hicieron este congreso cumplieron con su deber porque intentaron avanzar en la doctrina, pero en un sentido eclesial, no fuera, como decía con aquella regla de San Vicente de Lerins. Y entonces el magisterio dirá: sí, está bien o no está bien.

Pero tantas cosas han cambiado... Piense, por ejemplo, en las armas atómicas: hoy se declara oficialmente que el uso y posesión de armas atómicas es inmoral. Piensa en la pena de muerte. Antes de la pena de muerte sí, pero… hoy puedo decir que estamos cerca de la inmoralidad ahí porque la conciencia moral se ha desarrollado bien. Para ser claro: cuando se desarrolla el dogma y la moral, está bien, pero en la dirección de las tres reglas de Vicente de Lerins, creo que esto está muy claro.

Una Iglesia que no desarrolla su pensamiento en sentido eclesial es una Iglesia que retrocede. Y este es el problema de tantos que hoy se llaman tradicionales. No son tradicionales, son “indietristas”, están retrocediendo sin raíces: “Así se ha hecho siempre”, “Así se ha hecho en el siglo pasado”. El “indietrismo” es pecado porque no avanza con la Iglesia. Y en cambio alguien describió la tradición —creo que lo dije en uno de los discursos— como la fe viva de los muertos y en cambio para estos “indietristas”, que se llaman “tradicionalistas”, es la fe muerta de los vivos.

La tradición es la raíz de inspiración para ir adelante en la Iglesia, siempre estas raíces, y el “indietrismo”, mirando hacia atrás, siempre está cerrado. Es importante entender bien el papel de la tradición, que siempre está abierta como las raíces del árbol. El árbol crece así, no? Un compositor tenía una frase muy bonita —Gustav Mahler— decía que la tradición en ese sentido es la garantía del futuro, no es una pieza de museo. Si concibes la tradición como cerrada, no es tradición cristiana. Siempre es la sustancia raíz la que te lleva adelante, adelante, adelante. Por eso lo que dices por encima del pensamiento, llevando adelante la fe y la moral, yendo en dirección a las raíces, a la sustancia, va bien con estas tres reglas que mencioné de Vicente de Lerins.

Bruni: Hay otra pregunta de Eva Fernández de Cope.

Bergoglio: Ella es buena.

Eva Fernández, Cope: santo padre, a finales de agosto tendremos un consistorio. Últimamente mucha gente le pregunta si ha pensado en dimitir. No se preocupe, no preguntaremos esta vez. Pero tenemos curiosidad: santo padre, ¿ha pensado alguna vez qué características le gustaría que tuviera su sucesor? Gracias.

Bergoglio: Esta es la obra del Espíritu Santo. Nunca me atrevería a pensar eso. El Espíritu Santo puede hacer esto mejor que yo y mejor que todos nosotros porque Él inspira las decisiones del papa, siempre inspira porque Él está vivo en la Iglesia. No se puede concebir la Iglesia sin el Espíritu Santo. Él es el que hace las diferencias, el que hace el ruido —pensad en la mañana de Pentecostés— y luego lleva a la armonía. Es importante hablar de armonía más que de unidad. Unidad, pero armonía, no como algo fijo. El Espíritu Santo da una armonía progresiva que continúa.

Me gusta lo que dice San Basilio sobre el Espíritu Santo: Ipse Armonia Est, él es armonía. Es armonía porque primero hace ruido con las diferencias de carismas. Dejemos esta obra al Espíritu Santo.

Sobre el tema de mi renuncia, me gustaría agradecer un buen artículo que escribió uno de ustedes sobre todas las señales que podrían conducir a una renuncia y todas las señales que están apareciendo. Y ese es un buen trabajo periodístico de un periodista que luego finalmente da una opinión. Pero ver esos signos también, no solo los enunciados, ese lenguaje subterráneo, y otros signos también. Eso es poder leer señales o al menos esforzarse en interpretar que puede ser esto o puede ser aquello. Es un buen trabajo y te lo agradezco mucho.

Bruni: Ahora quizás una última pregunta de Phoebe Nathanson de ABC.

Phoebe Nathanson, ABC: Sé que ha tenido muchas preguntas como esta, pero quería preguntarle: En este momento, con las dificultades de salud y todo, ¿se le ha ocurrido que puede ser el momento de jubilarse? ¿Ha tenido algún problema que le haya hecho pensar en esto? ¿Hubo momentos difíciles que le hicieron pensar en esto?

Bergoglio: La puerta está abierta. Es una de las opciones normales, pero hasta el día de hoy no he llamado a esa puertaNo me he sentido con ganas de pensar en esa posibilidad. Pero tal vez eso no signifique que pasado mañana empezaré a pensar. Pero ahora mismo, sinceramente, no lo he hecho.

Es cierto que este viaje fue un poco de prueba; no se pueden hacer viajes en estas condiciones. Tal vez tenga que cambiar un poco el estilo, rebajar, saldar la deuda de los viajes que quedan por hacer, reacomodar. Pero el Señor dirá. La puerta está abierta, eso es cierto.

Antes de despedirme me gustaría hablar de algo que es muy importante para mí. El viaje a Canadá estuvo muy relacionado con la figura de Santa Ana, y dije algunas cosas sobre las mujeres, pero sobre todo sobre las ancianas, las madres sobre las abuelas, y subrayé una cosa que está clara: la fe se debe transmitir en dialecto, y el dialecto, lo dije claro, el dialecto de las abuelas. Recibimos la fe en esa forma de dialecto femenino. Y eso es muy importante. El papel de la abuela, en la transmisión de la fe y el desarrollo de la fe.

Es la madre o la abuela la que enseña a rezar, es la madre o la abuela la que explica las primeras cosas que el niño no entiende de la fe. Puedo decir que esta transmisión dialectal de la fe es femenina. Alguien me puede decir: pero teológicamente, ¿cómo lo explicas?

Diré: Quien transmite la fe es la Iglesia, y la Iglesia es una mujer. La Iglesia es novia. La Iglesia no es masculina. La Iglesia es mujer, y tenemos que entrar en ese pensamiento de la Iglesia como mujer, de la Iglesia como madre, que es más importante que cualquier fantasía ministerial machista o cualquier poder machista. La Iglesia es la mater, la maternidad de la Iglesia, aquella que es figura de la Madre del Señor.

Es importante en este sentido destacar la importancia de este dialecto materno. Esto lo descubrí leyendo, por ejemplo, el martirio de los Macabeos: dos, tres veces decía que la madre daba alma en dialecto materno. La fe se tiene que transmitir en dialecto y ese dialecto lo hablan las mujeres, y esa es la gran alegría de la Iglesia porque la Iglesia es mujer. La Iglesia es una novia, y esto lo quería decir claramente pensando en Santa Ana. Gracias por su paciencia. Gracias por escucharme y que tengan un buen viaje.


LA PRUEBA DEL PAPADO DE FRANCISCO: DESCUBRE SI JORGE BERGOGLIO ES LO QUE DICE SER

En estos días, mucha gente está publicando artículos, blogs, tweets y videos que nos dicen qué tan seguro es que el apóstata jesuita argentino Jorge Bergoglio es el Papa de la Iglesia Católica.


Uno de los argumentos más populares últimamente ha sido que la aceptación universal de él por parte de “la Iglesia” brinda una garantía infalible de que él es el Vicario de Cristo, ya que todos están de acuerdo en que él es el Papa. Pero, ¿quiénes son los “ellos” que constituyen “la Iglesia” en sus mentes? Es esa gran cantidad de gente a la que en otras ocasiones los propios semitradicionalistas denuncian como perpetradores de una “apostasía silenciosa”, pero cuando todos están colectivamente de acuerdo en que Jorge Bergoglio es el Vicario de Cristo en la tierra, bueno, entonces tiene que ser... ¡¿eh?!

Bueno, bueno, ahora puedes terminar fácilmente toda la confusión y averiguar con seguridad si es verdad que "Dios quiere una diversidad de religiones" como Bergoglio profesa, sometiendo su pretensión al papado a una prueba teológica.

¿Cómo? Fácil: vamos a tomar la Constitución Dogmática Pastor Aeternus del Concilio Vaticano I (1870) que establece la doctrina católica y el dogma sobre el Papado, y reemplazaremos la frase “Romano Pontífice” (y expresiones similares) con la frase “Papa Francisco” para ver cómo se lee.

El propósito de este experimento de alto riesgo será demostrar las consecuencias que se derivarían de suponer que Francisco es un verdadero Papa. ¡Precaución! La realización de esta prueba puede conducir a conclusiones no deseadas y consecuencias temporales inconvenientes. Ver Mt 10:34-39 y Mt 19:28-29 para más detalles.

Creer que Francisco posee el Papado significa afirmar de Francisco todo lo que la Iglesia Católica afirma del Papado. Por lo tanto, tomaremos la Constitución sobre la Iglesia, Pastor Aeternus, del Concilio Vaticano I, y la aplicaremos a Jorge Bergoglio, el hombre que se conoce con el nombre artístico de “Papa Francisco”. Para hacer esto, reemplazaremos cada referencia a "Romano Pontífice" en el documento con las palabras “Papa Francisco” , y también haremos los ajustes necesarios para que el documento se aplique al apóstata de Buenos Aires. Todos los cambios realizados se indican en negrita roja. Aunque las modificaciones no comienzan hasta el final del capítulo 2, presentamos el extracto completo para que puedas entender todo en contexto. El texto original de Pastor Aeternus, promulgada en 1870 por el Papa Pío IX, se puede encontrar aquí.

Entonces, para todos aquellos que están tan seguros de que Francisco es el Papa, es hora de pescar o de cortar el anzuelo: si realmente creen que Francisco es el Romano Pontífice, entonces déjenlos apostar por él. La siguiente versión modificada de Pastor Aeternus no debería suponer ningún problema para ellos.

¡Vamos!


Primera Constitución Dogmática sobre la Iglesia de Cristo, Pastor Aeternus*

*Edición especial 'Prueba del papado de Francisco'

El eterno pastor y guardián de nuestras almas, en orden a realizar permanentemente la obra salvadora de la redención, decretó edificar la Santa Iglesia, en la que todos los fieles, como en la casa del Dios viviente, estén unidos por el vínculo de una misma fe y caridad. De esta manera, antes de ser glorificado, suplicó a su Padre, no sólo por los apóstoles sino también por aquellos que creerían en Él a través de su palabra, que todos ellos sean uno como el mismo Hijo y el Padre son uno. Así entonces, como mandó a los apóstoles, que había elegido del mundo, tal como Él mismo había sido enviado por el Padre, de la misma manera quiso que en su Iglesia hubieran pastores y maestros hasta la consumación de los siglos.

Así, para que el oficio episcopal fuese uno y sin división y para que, por la unión del clero, toda la multitud de creyentes se mantuviese en la unidad de la fe y de la comunión, colocó al bienaventurado Pedro sobre los demás apóstoles e instituyó en él el fundamento visible y el principio perpetuo de ambas unidades, sobre cuya fortaleza se construyera un templo eterno, y la altura de la Iglesia, que habría de alcanzar el cielo, se levantara sobre la firmeza de esta fe.

Y ya que las puertas del infierno, para derribar, si fuera posible, a la Iglesia, se levantan por doquier contra su fundamento divinamente dispuesto con un odio que crece día a día, juzgamos necesario, con la aprobación del Sagrado Concilio, y para la protección, defensa y crecimiento del rebaño católico, proponer para ser creída y sostenida por todos los fieles, según la antigua y constante fe de la Iglesia Universal, la doctrina acerca de la institución, perpetuidad y naturaleza del sagrado primado apostólico, del cual depende la fortaleza y solidez de la Iglesia toda; y proscribir y condenar los errores contrarios, tan dañinos para el rebaño del Señor.

Capítulo 1

Sobre la institución del primado apostólico en el bienaventurado Pedro

Así pues, enseñamos y declaramos que, de acuerdo al testimonio del Evangelio, un primado de jurisdicción sobre toda la Iglesia de Dios fue inmediata y directamente prometido al bienaventurado Apóstol Pedro y conferido a él por Cristo el Señor. Fue sólo a Simón, a quien ya le había dicho «Tú te llamarás Cefas», que el Señor, después de su confesión, «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo», dijo estas solemnes palabras: «Bendito eres tú, Simón Bar-Jonás. Porque ni la carne ni la sangre te ha revelado esto, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo, tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que ates en la tierra será atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra será desatado en el cielo». Y fue sólo a Simón Pedro que Jesús, después de su resurrección, le confió la jurisdicción de Pastor Supremo y gobernante de todo su redil, diciendo: «Apacienta mis corderos», «apacienta mis ovejas».

A esta enseñanza tan manifiesta de las Sagradas Escrituras, como siempre ha sido entendido por la Iglesia Católica, se oponen abiertamente las opiniones distorsionadas de quienes falsifican la forma de gobierno que Cristo el Señor estableció en su Iglesia y niegan que solamente Pedro, en preferencia al resto de los apóstoles, tomados singular o colectivamente, fue dotado por Cristo con un verdadero y propio primado de jurisdicción. Lo mismo debe ser dicho de aquellos que afirman que este primado no fue conferido inmediata y directamente al mismo bienaventurado Pedro, sino que lo fue a la Iglesia y que a través de ésta fue transmitido a él como ministro de la misma Iglesia.

Canon: Por lo tanto, si alguien dijere que el bienaventurado Apóstol Pedro no fue constituido por Cristo el Señor como príncipe de todos los Apóstoles y cabeza visible de toda la Iglesia militante; o que era éste sólo un primado de honor y no uno de verdadera y propia jurisdicción que recibió directa e inmediatamente de nuestro Señor Jesucristo mismo: sea anatema.

Capitulo 2

Sobre la permanencia del primado del Beato Pedro en los Romanos Pontífices

Aquello que Cristo el Señor, príncipe de los pastores y gran pastor de las ovejas, instituyó en el bienaventurado Apóstol Pedro, para la perpetua salvación y perenne bien de la Iglesia, debe por necesidad permanecer para siempre, por obra del mismo Señor, en la Iglesia que, fundada sobre piedra, se mantendrá firme hasta el fin de los tiempos. «Para nadie puede estar en duda, y ciertamente ha sido conocido en todos los siglos, que el santo y muy bienaventurado Pedro, príncipe y cabeza de los Apóstoles, columna de la fe y fundamento de la Iglesia Católica, recibió las llaves del reino de nuestro Señor Jesucristo, salvador y redentor del género humano, y que hasta este día y para siempre él vive», preside y «juzga en sus sucesores» los obispos de la Santa Sede Romana, fundada por él mismo y consagrada con su sangre.

Por lo tanto todo el que sucede a Pedro en esta cátedra obtiene, por la institución del mismo Cristo, el primado de Pedro sobre toda la Iglesia. «De esta manera permanece firme la disposición de la verdad, el bienaventurado Pedro persevera en la fortaleza de piedra que le fue concedida y no abandona el timón de la Iglesia que una vez recibió». Por esta razón siempre ha sido «necesario para toda Iglesia --es decir para los fieles de todo el mundo--» «estar de acuerdo» con la Iglesia Romana «debido a su más poderosa principalidad», para que en aquella sede, de la cual fluyen a todos «los derechos de la venerable comunión», estén unidas, como los miembros a la cabeza, en la trabazón de un mismo cuerpo.

Por lo tanto, si alguno dijere que no es por institución del mismo Cristo el Señor, es decir por derecho divino, que el bienaventurado Pedro tenga perpetuos sucesores en su primado sobre toda la Iglesia, o que el Papa Francisco no es el sucesor del bienaventurado Pedro en este mismo primado: sea anatema.

Capítulo 3

Sobre la potestad y el carácter del primado del Romano Pontífice

Y así, apoyados por el claro testimonio de la Sagrada Escritura, y adhiriéndonos a los manifiestos y explícitos decretos tanto de nuestros predecesores los Romanos Pontífices como de los concilios generales, nosotros promulgamos nuevamente la definición del Concilio Ecuménico de Florencia, que debe ser creída por todos los fieles de Cristo, a saber, que «la Santa Sede Apostólica y el Papa Francisco mantienen un primado sobre todo el orbe, y que el Papa Francisco es sucesor del bienaventurado Pedro, príncipe de los apóstoles, y que es verdadero vicario de Cristo, cabeza de toda la Iglesia, y padre y maestro de todos los cristianos; y que al Papa Francisco, en el bienaventurado Pedro, le ha sido dada, por nuestro Señor Jesucristo, plena potestad para apacentar, regir y gobernar la Iglesia universal; tal como está contenido en las actas de los concilios ecuménicos y en los sagrados cánones»

Por ello enseñamos y declaramos que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, posee el principado de potestad ordinaria sobre todas las otras, y que esta potestad de jurisdicción del Papa Francisco, que es verdaderamente episcopal, es inmediata. A ella están obligados, los pastores y los fieles, de cualquier rito y dignidad, tanto singular como colectivamente, por deber de subordinación jerárquica y verdadera obediencia, y esto no sólo en materia de fe y costumbres, sino también en lo que concierne a la disciplina y régimen de la Iglesia difundida por todo el orbe; de modo que, guardada la unidad con el Papa Francisco, tanto de comunión como de profesión de la misma fe, la Iglesia de Cristo sea un sólo rebaño bajo un único Supremo Pastor. Esta es la doctrina de la verdad católica, de la cual nadie puede apartarse de ella sin menoscabo de su fe y su salvación.

Esta potestad del Papa Francisco de ninguna manera desacredita aquella potestad ordinaria e inmediata de la jurisdicción episcopal, por la cual los obispos, quienes han sido puestos por el Espíritu Santo como sucesores en el lugar de los Apóstoles, cuidan y gobiernan individualmente, como verdaderos pastores, los rebaños particulares que les han sido asignados. De modo que esta potestad sea es afirmada, apoyada y defendida por el Papa Francisco; como ya San Gregorio Magno dice: "Mi honor es el honor de toda la Iglesia. Mi honor es la fuerza inconmovible de mis hermanos. Entonces yo recibo verdadero honor cuando éste no es negado a ninguno de aquellos a quienes se debe"

Además, se sigue de aquella potestad suprema del Papa Francisco de gobernar la Iglesia universal, que él tiene el derecho, en la realización de este oficio suyo, de comunicarse libremente con los pastores y rebaños de toda la Iglesia, de manera que puedan ser enseñados y guiados por él en el camino de la salvación. Por lo tanto condenamos y rechazamos las opiniones de aquellos que sostienen que esta comunicación del Papa Francisco con los pastores y rebaños puede ser lícitamente impedida o que debería depender del poder secular, lo cual los lleva a sostener que lo que es determinado por la Sede Apostólica o por su autoridad acerca del gobierno de la Iglesia, no tiene fuerza o efecto a menos que sea confirmado por la aprobación del poder secular.

Ya que el Papa Francisco, por el derecho divino del primado apostólico, preside toda la Iglesia, de la misma manera enseñamos y declaramos que el Papa Francisco es el juez supremo de los fieles, y que en todas las causas que caen bajo la jurisdicción eclesiástica se puede recurrir al juicio del Papa Francisco. El juicio del Papa Francisco (del cual no hay autoridad más elevada) no está sujeto a revisión de nadie, ni a nadie le es lícito juzgar acerca de su juicio. Y por lo tanto se desvían del camino genuino de la verdad quienes mantienen que es lícito apelar sobre los juicios del Papa Francisco a un concilio ecuménico, como si éste fuese una autoridad superior al Papa Francisco.

Canon: Así, pues, si alguno dijere que el Papa Francisco tiene tan sólo un oficio de supervisión o dirección, y no la plena y suprema potestad de jurisdicción sobre toda la Iglesia, y esto no sólo en materia de fe y costumbres, sino también en lo concerniente a la disciplina y gobierno de la Iglesia dispersa por todo el mundo; o que el Papa Francisco tiene sólo las principales partes, pero no toda la plenitud de esta suprema potestad; o que esta potestad suya no es ordinaria e inmediata tanto sobre todas y cada una de las Iglesias como sobre todos y cada uno de los pastores y fieles: sea anatema.

Capítulo 4

Sobre el magisterio infalible del Papa Francisco

Aquel primado apostólico que el Papa Francisco posee sobre toda la Iglesia como sucesor de Pedro, príncipe de los apóstoles, incluye también la suprema potestad de magisterio. Esta Santa Sede siempre lo ha mantenido, la práctica constante de la Iglesia lo demuestra, y los concilios ecuménicos, particularmente aquellos en los que Oriente y Occidente se reunieron en la unión de la fe y la caridad, lo han declarado.

Así los padres del cuarto Concilio de Constantinopla, siguiendo los pasos de sus predecesores, hicieron pública esta solemne profesión de fe: «La primera condición para la salvación es mantener la regla de la recta fe... Y ya que no se pueden pasar por alto aquellas palabras de nuestro Señor Jesucristo: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia", estas palabras son confirmadas por sus efectos, porque en la Sede Apostólica del Papa Francisco siempre ha sido preservada sin mácula y se ha celebrado la santa doctrina. Ya que es nuestro más sincero deseo no separarnos en manera alguna de esta fe y doctrina, esperamos merecer hallarnos en la única comunión que el Papa Francisco predica, porque en ella está la solidez íntegra y verdadera de la religión cristiana»

Y con la aprobación del segundo Concilio de Lyon, los griegos hicieron la siguiente profesión: «La Santa Iglesia Romana del Papa Francisco posee el supremo y pleno primado y principado sobre toda la Iglesia Católica. Ella verdadera y humildemente reconoce que ha recibido éste, junto con la plenitud de potestad, del mismo Señor en el bienaventurado Pedro, príncipe y cabeza de los Apóstoles, cuyo sucesor es el Papa Francisco. Y puesto que ella tiene más que las demás el deber de defender la verdad de la fe, si surgieran preguntas concernientes a la fe, es por el juicio del Papa Francisco que estas deben ser definidas»

Finalmente se encuentra la definición del Concilio de Florencia: «El Papa Francisco es el verdadero vicario de Cristo, la cabeza de toda la Iglesia y el padre y maestro de todos los cristianos; y a él fue transmitida en el bienaventurado Pedro, por nuestro Señor Jesucristo, la plena potestad de cuidar, regir y gobernar a la Iglesia universal».

Para cumplir este oficio pastoral, nuestros predecesores trataron incansablemente que la doctrina salvadora de Cristo se propagase en todos los pueblos de la tierra; y con igual cuidado vigilaron de que se conservase pura e incontaminada dondequiera que haya sido recibida. Fue por esta razón que los obispos de todo el orbe, a veces individualmente, a veces reunidos en sínodos, de acuerdo con la práctica largamente establecida de las Iglesias y la forma de la antigua regla, han referido a esta Sede Apostólica del Papa Francisco especialmente aquellos peligros que surgían en asuntos de fe, de modo que se resarciesen los daños a la fe precisamente allí donde la fe no puede sufrir mella. Los Romanos Pontífices, también, como las circunstancias del tiempo o el estado de los asuntos lo sugerían, algunas veces llamando a concilios ecuménicos o consultando la opinión de la Iglesia dispersa por todo el mundo, algunas veces por sínodos particulares, algunas veces aprovechando otros medios útiles brindados por la divina providencia, definieron como doctrinas a ser sostenidas aquellas cosas que, por ayuda de Dios, ellos supieron estaban en conformidad con la Sagrada Escritura y las tradiciones apostólicas.

Así el Espíritu Santo fue prometido al Papa Francisco, no de manera que pudiera, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, pudiera guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe. Ciertamente su apostólica doctrina fue abrazada por todos los venerables padres y reverenciada y seguida por los santos y ortodoxos doctores, ya que ellos sabían muy bien que esta Sede de San Pedro siempre permanece libre de error alguno, según la divina promesa de nuestro Señor y Salvador al príncipe de sus discípulos: «Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y cuando hayas regresado fortalece a tus hermanos»

Este carisma de una verdadera y nunca deficiente fe fue por lo tanto divinamente conferida a Pedro y al Papa Francisco en esta cátedra, de manera que puedan desplegar su elevado oficio para la salvación de todos, y de manera que todo el rebaño de Cristo pueda ser alejado por ellos del venenoso alimento del error y pueda ser alimentado con el sustento de la doctrina celestial. Así, quitada la tendencia al cisma, toda la Iglesia es preservada en unidad y, descansando en su fundamento, se mantiene firme contra las puertas del infierno.

Pero ya que en esta misma época cuando la eficacia salvadora del oficio apostólico es especialmente más necesaria, se encuentran no pocos que desacreditan su autoridad, nosotros juzgamos absolutamente necesario afirmar solemnemente la prerrogativa que el Hijo Unigénito de Dios se digno dar con el oficio pastoral del Papa Francisco.

Por esto, adhiriéndonos fielmente a la tradición recibida de los inicios de la fe cristiana, para gloria de Dios nuestro salvador, exaltación de la religión católica y salvación del pueblo cristiano, con la aprobación del Sagrado Concilio, enseñamos y definimos como dogma divinamente revelado que:

El Papa Francisco, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, el Papa Francisco define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Papa Francisco son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables.

Así pues, si alguno, que Dios no lo quiera, tiene la temeridad de rechazar esta definición nuestra: sea anatema.


¿Como le fue? ¡Cualquiera que tenga un conocimiento rudimentario del único catolicismo que el mundo conoció hasta la muerte del Papa Pío XII, puede ver que Bergoglio FALLA LA PRUEBA DEL PAPADO!

SOBRE ESOS 'PELIGROS ESPIRITUALES' DEL SEDEVACANTISMO

El sedevacantismo es el elefante que está mirando a todos a la cara, mientras que el “papado de Francisco” obliga a la vieja narrativa de “reconocer y resistir” a colapsar como un castillo de naipes bajo el peso de su propio absurdo cada vez más obvio


Es evidente que, últimamente, el sedevacantismo ha estado en la mente de muchos “semi-tradicionalistas” (nuestro apodo para aquellos que toman la postura de “reconocer-al-papa-como-válido-pero-resistir-sus-malas-enseñanzas-
y-leyes”), y es fácil ver por qué. El sedevacantismo es el elefante que está mirando a todos a la cara, mientras que el “papado de Francisco” obliga a la vieja narrativa de “reconocer y resistir” a colapsar como un castillo de naipes bajo el peso de su propio absurdo cada vez más obvio.

Por lo tanto, no es de extrañar que recientemente hayamos visto un montón de material anti-sedevacantista en varios sitios web semi-tradicionales, entre los cuales se encuentra un artículo de Eric Sammons que advierte a los lectores que tengan cuidado con los "peligros espirituales" que supuestamente se encuentran en sedevacantismo:

Los peligros espirituales del sedevacantismo (Eric Sammons)

Sammons, un converso de la religión metodista unida, señala en su sitio web personal: “… He estado estudiando la enseñanza católica durante más de 25 años y tengo una maestría en teología de la Universidad Franciscana de Steubenville”. Un título avanzado de la notoria universidad "conservadora" Novus Ordo en Steubenville y el estudio posterior de dicha teología explicarían por qué se ha mostrado completamente decepcionante cuando se trata de discutir el catolicismo real y las controversias tradicionalistas de nuestros días.

Desafortunadamente, eso no le impidió ser ascendido a los puestos de editor en jefe de Crisis Magazine y director ejecutivo de Crisis Publications, ni le impidió escribir un libro llamado Deadly Indifference: How the Church Lost Her Mission and How We Can Reclaim It (Indiferencia mortal: Cómo la Iglesia perdió su misión y cómo podemos recuperarla)
 Sí, ¡Sammons cree que la Iglesia Católica puede perder su comisión divina! Más sobre eso más adelante.

El efecto trágico es que el ex metodista y graduado de Steubenville ahora tiene una influencia considerable sobre las almas de buena voluntad que buscan la guía católica tradicional en sus esfuerzos por resolver este lío para que puedan ser auténticos católicos romanos. Sammons es como el ciego que guía a otro ciego (cf. Mt 15,14), ofreciendo a sus lectores una mezcla mortal de errores perniciosos en lugar de la sana verdad de la doctrina católica tal como se encuentra en el magisterio papal y en las obras teológicas aprobadas desde la época del Papa Pío XII (m. 1958) y sus predecesores.

Su último artículo no es diferente y, por lo tanto, debemos analizarlo críticamente para que las personas puedan determinar por sí mismas qué lado está promoviendo "peligros espirituales".

El autor comienza así:

Muchas personas han notado que el catolicismo en la vida real a menudo se parece poco al catolicismo on lineSi, por ejemplo, fue a una parroquia católica típica y realizó una encuesta preguntando: "¿Francisco es el Papa?" probablemente obtendrá una respuesta 100% positiva (así como algunas miradas extrañas). Sin embargo, si pasa un poco de tiempo interactuando con católicos en las redes sociales (particularmente en Twitter), no pasará mucho tiempo antes de que se encuentre con alguien que insista en que “Jorge Bergoglio no es realmente el Papa”.

Si bien este punto de vista puede sonar loco para el católico promedio, es al menos algo comprensible para aquellos que están prestando atención a la crisis en la Iglesia hoy. El problemático pontificado de Francisco deja a los católicos con algunas opciones incómodas. Algunos católicos actúan como si nada estuviera mal, negándose a reconocer la dolorosa verdad de que Francisco no está haciendo un buen trabajo como PapaOtros reconocen con razón que  a veces la Iglesia tiene papas malos, y lamentablemente esta es una de esas veces. Pero un pequeño (y creciente) grupo de católicos [!] niega que Francisco sea el Papa, y decide que esto resuelve el problema de un mal PapaSi bien esa tercera opción puede ser tentadora, es increíblemente peligrosa para el alma.

(Eric Sammons, Los peligros espirituales del Sedevacantismo, subrayado agregado).

No hay forma más suave de decirlo: esto es simplemente atroz.

Primero, ¿no es obvio que las personas que asisten a la parroquia local Novus Ordo se adhieran a la religión de la que Francisco es el líder y también responderán afirmativamente a la pregunta de si Francisco es el Papa? Sammons también podría argumentar que, aunque hay muchos vegetarianos y veganos on line, nunca se ha encontrado con uno en Burger King. ¡Que extraño!

A continuación, es difícil aceptar que después de todo lo que ha ocurrido en los últimos años, Sammons sigue discutiendo al nivel de “Francisco no está haciendo un buen trabajo como Papa”. Si esa es su comprensión de lo que está sucediendo, no tiene por qué instruir al mundo sobre asuntos católicos. También podría decir que el director de Planned Parenthood es un pediatra mediocre.

Entonces Sammons vence al más muerto de los caballos muertos al regurgitar el argumento del “mal papa” una vez más, ignorando por completo la diferencia esencial entre los papas que llevan vidas inmorales (por ejemplo, borrachos, ladrones, fornicarios, asesinos, etc.) y los papas putativos que aparentemente profesan el catolicismo pero imponen una religión falsa a los fieles. No reconocer la diferencia crucial entre estos dos conceptos esencialmente distintos habla muy mal del autor, ya sea en términos de competencia (si no sabe algo tan fundamental) o integridad personal (si sabe pero prefiere ignorarlo porque contradice su posición).

Sammons introduce efectivamente la narrativa del sedevacantista que toma el camino más fácil: ¿No puedes tratar con un Papa malo? Solo di que no es el Papa: ¡problema resuelto! Una caricatura tan grosera de la posición sedevacantista no tiene cabida en una discusión seria entre adultos.

A continuación, el ex metodista aclara el propósito de su artículo:

En este artículo no pretendo refutar el sedevacantismo o su primo el Benepapismo [la idea de que Benedicto XVI es “todavía” Papa]. Tales refutaciones se pueden encontrar en otros lugares. Mi intención es señalar cuán espiritualmente peligrosas son estas posiciones. Comparo estas vistas con un hombre que entra en una cocina y ve que el horno está claramente puesto a 450 grados. Pero se dice a sí mismo: “No vi a nadie poner el horno y no creo que esté realmente a 450 grados”. Así que mete la mano en el horno y agarra la olla sin usar guantes para horno. Claro, teóricamente es posible que el indicador del horno fuera incorrecto y que el horno no estuviera realmente encendido. Pero es mucho más probable que se queme.

Así que ese es el nivel en el que Sammons quiere discutir el asunto: retórica falaz en lugar de argumentación sólida extraída de la Teología Sagrada. Como no hay nada sustancial que refutar en el párrafo anterior, simplemente seguiremos adelante y consideraremos lo que escribe a continuación:

¿Por qué es tan peligroso rechazar que Francisco sea Papa? Porque en su raíz es diametralmente opuesto a los fundamentos del catolicismo. Es esencialmente una posición gnóstica, la creencia de que unas pocas almas han descubierto un conocimiento especial ("Gnosis" en griego significa "conocimiento") que la mayoría de los católicos no tienen.

Es interesante que Sammons promueva la firme aceptación de la pretensión de Bergoglio de ser el Papa como parte de los "fundamentos del catolicismo", mientras que, curiosamente, no muestra tal preocupación por la adhesión a la enseñanza sobre el papado, que es verdaderamente fundamental para el catolicismo, y que, si “estudió la enseñanza católica por más de 25 años”, debería haberlo encontrado en algún momento.

Luego viene la acusación de “gnosticismo”, popular entre aquellos que no desean preocuparse por las doctrinas católicas actuales sobre la Iglesia y el Papado. Sin duda, debe rechazarse la idea de que un apóstata blasfemo que enseña herejías y otros errores, promulga leyes disciplinarias nocivas y declara escandalosamente a los graves pecadores públicos santos que deben ser venerados por toda la Iglesia, pueda ser el Vicario de Cristo. ¡Una manifestación de la herejía del Gnosticismo!

Note que Sammons no simplemente argumenta que hay un aspecto del Sedevacantismo que parece parecerse a un aspecto del Gnosticismo. Más bien, dice mucho más que eso, pues afirma que el Sedevacantismo “es esencialmente una posición gnóstica”! ¿Es eso así? ¡Por supuesto que no!

La Enciclopedia Católica da la siguiente “definición más completa e histórica del Gnosticismo”:

Un nombre colectivo para un gran número de sectas panteístas-idealistas muy variadas, que florecieron desde algún tiempo antes de la Era Cristiana hasta el siglo V, y que, aunque tomaron prestada la fraseología y algunos de los principios de las principales religiones de aquellos días, y especialmente del cristianismo, consideraban que la materia era un deterioro del espíritu, y que el universo entero era una depravación de la Deidad, y enseñaban que el fin último de todo ser era la superación de la grosería de la materia y el retorno al Padre. Espíritu, cuyo retorno consideraban inaugurado y facilitado por la aparición de algún Salvador enviado por Dios.

(Catholic Encyclopedia, sv “Gnosticism”)

¿Cómo se parece el Sedevacantismo al Gnosticismo en esencia? No lo hace.

La esencia del sedevacantismo es, por supuesto, el catolicismo, al igual que lo es el ultramontanismo. Es simplemente la religión del Papa Pío XII, incluso si no podemos dar un sentido completo a todo lo que ha ocurrido y nos encontramos en una especie de patrón de espera, por así decirlo, esperando ver cómo actuará Dios para poner fin a esta situación tan anormal. Cuando los principios católicos tradicionales se aplican al circo apóstata que vemos hoy en la Ciudad del Vaticano, el resultado es lo que llamamos sedevacantismo. Por supuesto, uno podría llamarlo de otra manera, como "Interregnumismo" o "Catolicismo mientras los usurpadores reinan en Roma". Lo que importa no es tanto cómo lo llamamos, sino cómo es.

Y no es gnosticismo.

Pero, ¿qué pasa con la acusación de Sammons de que el sedevacantismo es “una creencia de que unas pocas almas han descubierto un conocimiento especial… que la mayoría de los católicos no tienen”? Si con eso quiere decir que los sedevacantistas han descubierto el catolicismo cuando la mayoría de los que piensan que son católicos no lo han descubierto (a menudo sin culpa de ellos), entonces eso puede ser cierto... ¡pero difícilmente es gnosticismo! En todo caso, es un testimonio de la apostasía de nuestros tiempos.

Acusar al Sedevacantismo de hacer uso o promover el conocimiento secreto es sumamente injusto. Son precisamente las doctrinas públicas del catolicismo —aquellas que se enseñaron y creyeron hasta la muerte del Papa Pío XII, que aún son accesibles para cualquiera que se moleste en buscarlas— las que prueban que la religión del Vaticano II es un fraude, una verdadera “falsificación” del catolicismo”. Aquí en Novus Ordo Watch, ponemos mucho énfasis en proporcionar documentación fuente para las afirmaciones teológicas hechas para que las personas puedan ver y verificar por sí mismas cuál es la enseñanza católica tradicional. Queremos recalcar mucho que no estamos hablando de un conocimiento secreto, especial o elitista. Está todo a la vista e incluido en los catecismos para todos; ¡la gente solo tiene que buscarlos! Novus Ordo Watch simplemente está tratando de ayudar.

Tras un examen más detenido, rápidamente se vuelve claro cuán superficial es el argumento que está haciendo Sammons. También es hipócrita, porque, por supuesto, su propia posición de reconocer y resistir implica que solo él y aquellos que comparten sus creencias han acertado con el catolicismo, mientras que todos los demás, incluida la jerarquía del Vaticano y prácticamente todas las diócesis del mundo, se equivocaron. De hecho, según Sammons, la Iglesia ha "perdido su misión" pero "puede recuperarla" a través del conocimiento interno especial (según sus estándares) que él publica al mundo en sitios web como Crisis y One Peter Five.

A menudo se pasa por alto que si bien existe un número considerable de semitradicionalistas, especialmente si se compara con nosotros los sedevacantistas, sin embargo son un grupo minúsculo si se compara con el resto de los 1.200.000.000 “católicos” en el mundo que reconocen a Francisco como el legítimo pontífice 
romano y no tienen ningún interés en el programa de reconocer y resistir de Sammons & Co.

Por cierto: según la lógica de los antiguos metodistas, ¿no se podría acusar también a la Iglesia Primitiva misma de cierto "gnosticismo", en la medida en que consistía en un pequeño número de personas que sostenían la verdadera doctrina, una doctrina no era (todavía) ampliamente conocida? ¡Qué pensamiento más absurdo!

Continuemos con lo que dice Sammons:

Una verdad central del catolicismo es que es una religión física visibleCreemos que la revelación es pública, que cualquiera y todos pueden saber quién es Dios porque Él se ha revelado a Sí mismo y Su plan de salvación a todo el mundo. Creemos que Dios se hizo hombre, un ser físico, para salvarnos. Creemos que el principal medio para recibir la gracia es a través de objetos físicos: los Sacramentos. Creemos que la Iglesia es visible, que podemos ver su jerarquía y así podemos conocer a los hombres —los obispos y los papas— a quienes Dios ha puesto en autoridad sobre la Iglesia.

De hecho, nosotros los sedevacantistas creemos que la Iglesia Católica Romana es una institución divinamente establecida que es esencialmente visible y puede ser identificada por cuatro marcas: Ella es una, santa, católica y apostólica. Estas y otras características la identifican como la única Iglesia fundada por Jesucristo. Esta Iglesia es indefectible y permanecerá en su constitución esencial hasta el fin de los tiempos.

Precisamente cómo se puede reconciliar todo eso con lo que hemos presenciado desde la muerte del Papa Pío XII en 1958 es una cuestión secundaria; lo más importante es que se crea y se profese

En todo caso, hay un aspecto esencial que Sammons ha desentonado por completo: La Iglesia Católica visible que se sabe que es la Iglesia verdadera por sus cuatro marcas, es el Arca de Salvación indefectible que enseña una y la misma Fe, gobierna a los fieles unido en un solo cuerpo sometido a una sola cabeza, y santifica a todos con los mismos sacramentos. De esta manera conduce a salvo a su rebaño a la felicidad eterna.

De hecho, la razón por la que Cristo hizo visible su Iglesia en un principio es para que las almas pudieran encontrarla más fácilmente: “Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede ocultar. Ni se enciende una vela y se pone debajo de un celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en casa” (Mt 5, 14-15). Pero, ¿por qué querría Cristo que las almas encontraran el Arca de la Salvación si no entrasen en ella y se dejaran llevar a salvo al puerto de la vida eterna por medio de ella? ¿Para qué nuestro Señor Bendito querría que la gente encontrara “la iglesia del Dios vivo, columna y baluarte de la verdad” (1 Tm 3,15) si no para que se unieran a ella y se dejaran guiar por sus enseñanzas, leyes, y los sacramentos, para alcanzar así la bienaventuranza eterna?

El mismo Sammons dice que la visibilidad de la Iglesia nos permite “conocer a los hombres, los obispos y los papas, a quienes Dios ha puesto en autoridad sobre la Iglesia”. Pero ¿con qué fin, sino someternos a ellos y seguirlos? “El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que os desprecia, me desprecia a mí; y el que me desprecia, desprecia al que me envió” (Lc 10,16); “Y si no oyere a la iglesia, tenlo por gentil y publicano” (Mt 18, 17); “Obedeced a vuestros prelados, y estad sujetos a ellos. Porque velan como para dar cuenta de vuestras almas…” (Heb 13:17).

Como para anticiparse a una objeción de Eric Sammons, los Papas Pío X y Pío XII dejaron claro que la misión de la Iglesia nunca puede llevarse a cabo en oposición a su legítima jerarquía:

No os dejéis engañar por las sutiles declaraciones de otros que no dejan de fingir que quieren estar con la Iglesia, amar a la Iglesia, luchar por ella para que no pierda las masas, trabajar por la Iglesia para que llegue a comprender los tiempos y así reconquistar al pueblo y unirlo a sí misma. Juzgad a estos hombres según sus obras. Si maltratan y desprecian a los ministros de la Iglesia y hasta al Papa; si intentan por todos los medios minimizar su autoridad, evadir su dirección y hacer caso omiso de sus consejos; si no temen elevar el estandarte de la rebelión, ¿de qué Iglesia están hablando estos hombres? No, ciertamente, de aquella Iglesia establecida super fundamentum Apostolorum et Prophetarum, ipso summo angulari lapide, Christo Jesus: “sobre el fundamento de los Apóstoles y Profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20). Por eso debemos tener siempre ante nuestros ojos el consejo de san Pablo a los Gálatas: “Si nosotros mismos o si un ángel os enseñara otro evangelio diferente del que os hemos enseñado, sea anatema” (Gal 1: 8).

(Papa San Pío X, Alocución Con Vera Soddisfazione)

No puede, pues, haber verdadera oposición o conflicto entre la misión invisible del Espíritu Santo y la comisión jurídica de Gobernante y Maestro recibida de Cristo, ya que se complementan y perfeccionan recíprocamente —como el cuerpo y el alma en el hombre— y procede de nuestro único Redentor que no sólo dijo al soplar sobre los Apóstoles: “Recibid el Espíritu Santo”, sino que también ordenó claramente: “Como me envió el Padre, así también yo os envío”, y otra vez: “El que a vosotros oye, a mí me oye””.

(Papa Pío XII, Encíclica Mystici Corporis, n. 65)

Insistir en la visibilidad de una estructura eclesial externa mientras se ignora por completo el propósito por el cual existe esa estructura visible en primer lugar, no tiene sentido. ¿De qué sirve una Iglesia visible a la que se debe resistir para que uno no sea llevado al infierno por sus enseñanzas y leyes? ¡La apostasía visible no ayuda a nadie sino que pone en peligro a todos!

Asimismo, Sammons destaca la importancia de “saber quién es el Papa actual”, pero ¿con qué fin? En 1928, el Papa Pío XI dejó claro que “en esta única Iglesia de Cristo ningún hombre puede permanecer sin aceptar, reconocer y obedecer la autoridad y supremacía de Pedro y de sus legítimos sucesores” (Encíclica Mortalium animos, n. 11; subrayado añadido). ¿Concede el graduado de Steubenville que el conocimiento de la identidad del Papa es de tremenda importancia para que uno pueda someterse a él, viendo que “es absolutamente necesario para la salvación que toda criatura humana esté sujeta al Romano Pontífice” (Papa Bonifacio VIII, Bula Unam Sanctam)? ¡Por supuesto que no!

Uno puede preguntarse, por lo tanto, qué beneficio espiritual piensa Sammons que uno puede obtener al “saber” que Francisco es el papa. De hecho, en un tuit del 2 de febrero de 2022, Sammons pareció reconocer que estos beneficios eran bastante escasos:


Esto suena más a que hay más peligro espiritual en aceptar a Francisco como papa que en rechazar su reclamo al Papado. Pero quizás Sammons crea que Cristo nos dio una Iglesia visible para que supiéramos a qué entidad resistir.

De hecho, con lo dicho en el tuit anterior, Sammons ya había desvirtuado la tesis principal de su artículo sobre los “peligros espirituales” del sedevacantismo. Dado que, como afirma, “nuestro deber es ser fieles a la fe transmitida”, independientemente de lo que diga Francisco, en realidad está adoptando en la práctica lo mismo que hacen los sedevacantistas: adherirse a la fe católica tradicional y despreciar a Bergoglio.

Entonces, cuando Sammons lo hace, eso es católico; pero cuando los sedevacantistas lo hacen, es “espiritualmente peligroso” porque nosotros, siguiendo consecuentemente el principio católico, sostenemos que quien profesa y enseña una religión falsa no puede ser cabeza de la religión verdadera, y por lo tanto su enseñanza puede y debe ser desestimada. (¡Por favor, perdone el grave peligro espiritual!)

En cuanto a ser fiel a la Fe transmitida, Sammons puede aceptar que la Iglesia fue establecida por Dios para servir como el Maestra, Gobernante y Santificadora infalible de la humanidad para siempre, y eso tiene consecuencias:

Tanto la misión jurídica de la Iglesia como la potestad de enseñar, gobernar y administrar los Sacramentos, derivan de su eficacia y fuerza sobrenatural de edificación del cuerpo de Cristo, del hecho de que Jesucristo, colgado en la Cruz, abrió a la Iglesia la fuente de esos dones divinos, que le impiden jamás enseñar falsas doctrinas y le permiten gobernarlos para la salvación de las almas a través de pastores divinamente iluminados y otorgarles una abundancia de gracias celestiales.

(Papa Pío XII, Encíclica Mystici Corporis, n. 31; subrayado añadido).

No es casualidad, ni mero eslogan, que la Iglesia se llame Cuerpo Místico de Cristo, porque eso es lo que verdaderamente es. En su magnífica encíclica sobre el tema, el Papa Pío XII señala que “la tradición ininterrumpida de los Padres desde los primeros tiempos enseña que el Divino Redentor y la Sociedad que es su Cuerpo forman una sola persona mística, es decir, citando a Agustín, todo Cristo” (Mystici Corporis, n. 67). En esta Persona Mística, “Cristo y su Vicario constituyen una sola Cabeza…” (n. 40).

Así como nuestro Santísimo Señor se encarnó para redimir y salvar a los hombres para reparar la gloria ultrajada de su Padre, así el fin esencial de la existencia de la Iglesia Católica es la salvación de las almas y la gloria de Dios. Si la Iglesia ya no pudiera alcanzar ese doble fin, habría fracasado en su misión esencial y no sería mejor que la sal que ha perdido su sabor: “Ya no sirve para nada, sino para ser echada fuera y ser pisoteada por los hombres” (Mt 5,13). Entonces no podría ser la verdadera Iglesia de Cristo, porque la Iglesia fundada por Cristo cumplirá necesariamente el fin para el cual Él, el Dios verdadero, la estableció.

A la luz de esto, ¿no es tanto más notable que sea precisamente este fracaso de la Iglesia en su misión esencial lo que afirma Eric Sammons en su libro Deadly Indiference (Indiferencia mortal)
? ¡Eso es herejía! (¡Hablando de peligros espirituales!)

Volviendo ahora al artículo de Sammons, escribe que “aquellos que tienen la autoridad para determinar quién es el Papa [son] los obispos”. Desafortunadamente, él no respalda esta afirmación con ninguna evidencia, por lo que refutaremos esta afirmación gratuita simplemente descartándola de la misma manera.

Él continúa:

La posición sedevacantista y benepapista de hoy sostiene que todos los obispos católicos activos están equivocados sobre quién es el PapaEn lugar de señalar a los obispos, y particularmente al obispo de Roma, como un medio visible para refutar el “conocimiento oculto” de los gnósticos, como lo hizo San Ireneo, los sedevacantistas/benepapistas de hoy declaran su “conocimiento oculto” de que no podemos confiar en los obispos para conocer la identidad del verdadero obispo de Roma.

(cursiva dada)

Este argumento asume, por supuesto, que los modernistas disfrazados de obispos que reconocen a Francisco como papa son de hecho los obispos de la Iglesia Católica Romana. Sin embargo, aunque así fuera, vemos una vez más la acusación de “conocimiento oculto” que supuestamente afirmamos tener. No tiene nada que ver con un conocimiento secreto, sin embargo, tiene que ver con aplicar la enseñanza católica a la pretensión de Bergoglio de ser el Papa. Decir que la fe católica es verdadera, y que hay consecuencias por ser verdadera, no es lo mismo que afirmar un conocimiento oculto.

Si Francisco es el Papa, entonces es necesariamente cierto que lo que la Iglesia Católica enseña sobre el Papado se aplica a él. Dado que la Iglesia enseña que el Papa tiene la asistencia divina para evitar que desvíe a toda la Iglesia, debemos ver necesariamente esa asistencia operando en el magisterio de Francisco y otros actos oficiales. ¿Pero es eso lo que encontramos? No, no es. Así vemos que Sammons & Co. están ocupados "resistiendo" todo el tiempo.

Como se señaló al principio, Sammons es el editor en jefe de Crisis Magazine que en los últimos años ha pasado de ser un sitio conservador de Novus Ordo a ser una publicación de reconocer y resistir. También es colaborador de One Peter Five, un verdadero modelo de semitradicionalismo. Es poco convincente, por lo tanto, que él escriba: “Como católicos, conocemos la verdad a través de la revelación pública, que nos es dada a través de Su Iglesia visible. 
No la conocemos pasando 60 horas estudiando videos de YouTube y blogs católicos. ¿No está él mismo metido hasta el cuello precisamente en ese mundo de publicaciones de blogs, videos y podcasts que instruyen a las almas de buena voluntad pero confundidas sobre lo que deben rechazar del magisterio del Novus Ordo?

El graduado de Steubenville continúa: “Incluso si uno está justamente preocupado por el pontificado de Francisco, los católicos individuales no pueden decidir que él no es el verdadero Papa. Así no es como funciona la Iglesia”. Entonces, aparentemente, personas como él pueden decidir qué enseñanzas aceptar y rechazar del magisterio papal, e incluso pueden decidir que la Iglesia Católica ha perdido por completo su misión divina. Lo único que no pueden hacer, sin exponerse a graves “peligros espirituales”, es sacar la conclusión lógicamente necesaria de que un hombre que según la doctrina católica no puede ser Papa, no es Papa. Entonces así debe ser como funciona la Iglesia entonces, lo entiendo.

Sin embargo , Sammons ofrece algo de esperanza y consuelo a sus lectores: “Un futuro papa o concilio posiblemente algún día anule y/o condene el pontificado de Francisco. Sin embargo, si tomas esa decisión por tu cuenta ahora mismo en oposición a todos los obispos del mundo, entonces te colocas por encima y fuera de la Iglesia visible de Cristo”.

Esta es otra parte del viejo argumento de la “autoridad”: ¡No tienes la autoridad para decir que Francisco no es el Papa! Muy bien, pero si vamos a hacer que se trate de ejercer la autoridad y no de simplemente discernir los hechos, entonces de la misma manera debemos afirmar que tampoco tenemos autoridad para rechazar las enseñanzas de Bergoglio, sus leyes, sus santos, o sus ritos litúrgicos. Es un asunto de todo o nada. Si el retorcido modernista Bergoglio es lo suficientemente católico para ser Papa, entonces es lo suficientemente católico para ser seguido. No se puede separar la autoridad del Papa para enseñar de la obligación de los fieles de aceptar esa enseñanza.

Por eso, San Roberto Belarmino, Doctor de la Iglesia, enseñó:

El Papa es el Maestro y Pastor de toda la Iglesia, por lo tanto, toda la Iglesia está tan obligada a escucharlo y seguirlo que si él se equivoca, toda la Iglesia se equivoca.

Ahora nuestros adversarios responden que la Iglesia debe escucharlo mientras enseñe correctamente, porque Dios debe ser escuchado más que los hombres.

Por otro lado, ¿quién juzgará si el Papa ha enseñado bien o no? Porque no corresponde a las ovejas juzgar si el pastor se desvía, ni aun y especialmente en aquellas cosas que son verdaderamente dudosas. Tampoco las ovejas cristianas tienen mayor juez o maestro a quien puedan recurrir. Como mostramos arriba, de toda la Iglesia se puede apelar al Papa, pero de él nadie puede apelar; por lo tanto, necesariamente toda la Iglesia errará si el Pontífice errara.

(San Roberto Belarmino, Sobre el Romano Pontífice, Libro IV, Capítulo 3; traducción de Grant , p. 160.)

Esto enlaza con lo que decíamos antes, a saber, que la finalidad de saber quién es el Papa es para que podamos recibir su enseñanza y dejarnos gobernar por él. Porque según la doctrina católica, estamos seguros de ser leales a Cristo siendo leales al Papa; porque “por mandato de Dios, la salvación no se encuentra en ninguna parte sino en la Iglesia; el instrumento fuerte y eficaz de la salvación no es otro que el Pontificado Romano” (Papa León XIII, Alocución del 20 de febrero de 1903; extracto de Papal Teachings: The Church, n. 653). Esa es la idea detrás de la institución visible del Papado.

Entonces, esto es curioso: Sammons está feliz de considerar que tal vez un futuro Papa algún día anulará el reinado de error de Francisco y lo declarará un falso Papa, pero insiste en que no se nos permite llegar a la misma conclusión ante un juicio tan autorizado. Al mismo tiempo, no presenta el mismo argumento para aceptar o rechazar el magisterio bergogliano. Para ser coherente, tendría que decir que aunque un futuro Papa pueda un día retractarse de las enseñanzas de Francisco, hasta que llegue ese día debemos dar nuestro leal asentimiento a todo lo que él enseña. Por supuesto, Sammons nunca tomaría esa posición. ¿Por que no? Precisamente porque sabe que asentir al magisterio de Francisco constituye —redoble de tambores, por favor— un grave peligro espiritual. ¡Que irónico!

Luego, afirmando que el sedevacantismo es un "callejón sin salida espiritual", Sammons pregunta:

¿A dónde conduce el sedevacantismo/benepapismo? ¿Cómo se resolverá alguna vez el problema del papado? ¿Cómo elegirá la Iglesia a un papa legítimo, si todos los electores papales están equivocados sobre el actual ocupante de la Cátedra de San Pedro (y muchos, si no todos, fueron designados por un papa “inválido”)? Esperar una intervención divina milagrosa, una que funcione fuera de cómo Dios mismo estableció la Iglesia jerárquica, está peligrosamente cerca del pecado de presunción. Al final, tanto el sedevacantismo como el benepapismo conducen al rechazo de la Iglesia y a la formación de una religión hecha por el hombre.

Considerando que Sammons cree que la Iglesia Católica ha perdido su misión y que el Papa puede conducir a los fieles al infierno a través de sus actos oficiales magisteriales y disciplinarios, que por ello deben ser rechazados o resistidos, no está claro por qué es tan solícito en asegurar que la sucesión papal permanezca intacta. ¿Por qué se preocupa? ¿Qué propósito tiene el Papa para él? Si el Papa puede llevar a la Iglesia al error y alejarla de la salvación, incluso hasta el punto de que la Iglesia pierda su misión (¡!), entonces no necesitamos un Papa. De hecho, la Iglesia estaría entonces mucho mejor sin uno.

Seamos honestos: nadie sabe con precisión cómo saldremos del horrible lío en el que hemos estado desde la muerte del Papa Pío XII. Lo que sí sabemos es que debemos creer y profesar firmemente la verdadera fe católica, y eso incluye la enseñanza dogmática de que se debe sumisión de mente y voluntad a todo sucesor legítimo de San Pedro bajo pena de condenación eterna. Mientras tanto, se han propuesto diferentes ideas sobre cómo Dios restaurará la normalidad a Su Iglesia, más notablemente la Tesis Material-Formal que fue propuesta por primera vez en forma algo modificada por el teólogo dominicano Obispo Michel-Louis Guerard des Lauriers, quien una vez fue confesor del Papa Pío XII.

Otra cosa que sabemos con certeza es que, aunque es muy deseable tener una “salida” ordenada y limpia de este lío, nada se gana con aceptar verbalmente a Francisco como Papa y luego negarle la sumisión. Esa sería una respuesta increíblemente “humana” porque trata a la Iglesia Católica como si fuera una institución meramente humana, como si no fuera “columna y baluarte de la verdad” (1 Tim 3:15) contra la cual las puertas del infierno no prevalecerán (ver Mt 16,18). Es el tipo de “solución” natural que uno podría aplicar a cualquier institución humana cuyo liderazgo se descarrila: reconocen su condición de líderes mientras no hayan sido destituidos de sus cargos, pero intentan frustrar sus acciones. Pero no es así, tomando prestado el vocabulario de Sammons por un momento, como funciona la Iglesia, ya que la Iglesia católica es un edificio sobrenatural que “saca su fuerza de Dios, no del hombre” (Papa Pío XII, Encíclica Meminisse Iuvat, n. 24).

Para las personas que no creen verdaderamente en la Iglesia católica, la idea de una iglesia desertora que algún día volverá a la ortodoxia puede tener cierto atractivo. Sin embargo, para un auténtico católico, es un puro sofisma. Por eso nos contentamos con creer ante todo (cf. Mc 5,36; Lc 14,31) y aceptar que no tenemos todas las respuestas. Es mejor no tener todas las respuestas, o no todas con perfecta claridad o con total certeza, que tener las respuestas equivocadas. El misterio nos deja colgados pero es posible, mientras que las contradicciones sabemos que son falsas.

Antes de concluir, echemos un vistazo a un tweet que Eric Sammons publicó el 12 de julio de 2022, que es bastante relevante para el tema en cuestión:


Así que Sammons está impresionado por esta "percepción perspicaz" de un ex-mormón. ¿Pero por qué? ¿No es consciente de que es parte de la Fe católica, de hecho, de la Revelación Divina, que una gran apostasía de la Fe, típicamente llamada la “Gran Apostasía”, debe ocurrir antes de que Cristo regrese en gloria para juzgar a los vivos y a los muertos? Esto se enseña no solo en las Sagradas Escrituras (ver 2 Tesalonicenses 2:3-4; Lc 18:8), la Sagrada Tradición y el Catecismo Romano tradicional (Credo, Artículo VII), ¡se enseña incluso en el catecismo oficial del Novus Ordo! Echar un vistazo:

Antes de la segunda venida de Cristo, la Iglesia debe pasar por una prueba final que sacudirá la fe de muchos creyentes. La persecución que acompaña su peregrinaje en la tierra develará el “misterio de la iniquidad” bajo la forma de un engaño religioso que ofrece a los hombres una aparente solución a sus problemas al precio de la apostasía de la verdad. El engaño religioso supremo es el del Anticristo, un pseudo-mesianismo por el cual el hombre se glorifica a sí mismo en lugar de Dios y de su Mesías hecho carne.

(Catecismo Novus Ordo de la Iglesia Católica , par. 675 )

Los semi-tradicionalistas desean un líder al que puedan mirar como una luz guía provisional de la ortodoxia; en otras palabras, alguien que pueda servir como su Papa sustituto, por así decirlo, mientras tratan a su Romano Pontífice "real" como una mera figura decorativa que es lo suficientemente buena como para garantizar la visibilidad pero no la ortodoxia (sin la cual la visibilidad no tiene sentido). Sin embargo, a esta figura decorativa, el difunto padre Anthony Cekada lo llamó "un papa de cartón" porque obviamente estaba siendo utilizado solo con fines de exhibición: debe ser aceptado como papa, de lo contrario, se corre el riesgo de la condenación eterna. Curiosamente, ese mismo motivo es la razón por la que también hay que, según estos autores intelectuales teológicos, aceptar a este Papa sólo de palabra y en la práctica resistirle negándole la sumisión, no sea que nos lleve al infierno con las herejías, blasfemias y otros errores que promulga en sus documentos oficiales magisteriales.

¿Solo para fines de visualización? Esta versión de cartón de Francisco, al menos, no escupe continuamente herejías y blasfemias.

Los candidatos típicos para el papel de gran “restaurador” en el tradicionalismo de reconocer y resistir han sido el arzobispo Marcel Lefebvre (m. 1991), ante todo, pero más recientemente también el arzobispo Carlo Viganò, el obispo Athanasius Schneider, el reverendo Nicholas Gruner (m. 2015). Anteriormente, el tigre de papel, el cardenal Raymond Burke también estaba en esa lista, pero dado que su tan cacareada “corrección formal” de Francisco nunca se materializó, prácticamente todo el mundo se ha dado por vencido con él.

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Así que estas son las personas que advierten a otros de los “peligros espirituales del Sedevacantismo”. ¡Qué divertido!

Siempre debemos recordar que el sedevacantismo, la posición de que no ha habido un verdadero Papa (conocido) de la Iglesia Católica desde la muerte de Pío XII en 1958, y que, en consecuencia, el establecimiento actual del Vaticano no es la Iglesia Católica, es teológicamente completamente seguro. Al adherirse a ella, uno no puede ser llevado a la herejía, ni al cisma, si se mantiene la fe católica tradicional. Incluso suponiendo, en aras del argumento, que la posición fuera falsa, ¿dónde estaría el peligro? ¿De qué se puede acusar a uno de hacer mal? Lo peor que se podría decir es que uno se equivocaba sobre quién era el Papa. Se creía, de buena fe, que no había Papa cuando en realidad lo había. Bien, pero al menos uno actuó de manera consistente y de acuerdo con la enseñanza católica, lo mejor que pudo y en paz con su conciencia. Entonces, en el peor de los casos, uno podría ser acusado de haber cometido un error sincero, nada más; un error sobre la identidad del verdadero Papa,como muchos otros lo hicieron antes en la historia de la Iglesia, y con toda inocencia. Eso es lo peor que se puede decir. No se podía acusar a nadie de adherirse a una doctrina falsa o de difundirla (herejía), ni de negarse a someterse al hombre que se reconocía como Papa (cisma).

Una consideración final:

Como es el caso con la mayoría de los tradicionalistas de reconocer y resistir, la única razón por la que Eric Sammons puede ser tan generoso al otorgarle a Francisco el supuesto estatus de Papa es que no se somete a él. Es fácil decir que alguien es Papa si no se admiten todas las consecuencias que se derivan del Papado.

Si Sammons realmente sostuviera la verdadera enseñanza católica sobre el papado, sería sedevacantista en un santiamén, porque entonces se daría cuenta de lo que realmente significa y conlleva la sumisión al Papa. Al respecto, el Papa Pío IX escribió:

¿De qué sirve proclamar el dogma católico de la primacía del Beato Pedro y sus sucesores, y haber emitido tantas declaraciones de fe católica y de obediencia a la Sede Apostólica, cuando los propios hechos contradicen abiertamente las palabras? ¿Acaso la obstinación no es tanto menos excusable cuanto más se reconoce el deber de obediencia? ¿No se extiende la autoridad de la Sede Apostólica más allá de lo que Nosotros hemos decretado, o es suficiente tener una comunión de fe con ella, sin la obligación de obedecer, para considerar salvada la fe católica?

…En efecto, Venerables Hermanos y amados Hijos, se trata de reconocer su poder supremo, incluso en vuestras Iglesias, al menos en lo que se refiere a la fe, la verdad y la disciplina. Pero quien la reconoce, pero se niega orgullosamente a obedecerla, es digno de anatema.

(Papa Pío IX, Encíclica  Quae in Patriarchatu  [1 de septiembre de 1876], nn. 23-24; en  Acta Sanctae Sedis  X [1877]; subrayado añadido.)

Es evidente, entonces, en cuál de las dos posiciones —reconocer y resistir el tradicionalismo o el sedevacantismo— yacen los verdaderos peligros espirituales.


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