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sábado, 12 de septiembre de 2026

DISCURSO A LOS PARTICIPANTES DEL ENCUENTRO “FRATELLI TUTTI: DIÁLOGO SOCIOAMBIENTAL NORTE-SUR”


DISCURSO DE LEÓN XIV

A LOS PARTICIPANTES DEL ENCUENTRO

“FRATELLI TUTTI: DIÁLOGO SOCIOAMBIENTAL NORTE-SUR”

La paz esté con ustedes.

Saludo cordialmente Sus Eminencias, Excelencias, las autoridades eclesiásticas del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño, la Conferencia Eclesial Amazónica y de la Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos. Valoro la constancia con la que, junto con la Pontificia Comisión para América Latina, han sostenido durante cinco años este camino de diálogo socioambiental Norte-Sur.

Agradezco asimismo la presencia y el acompañamiento de los representantes de organismos internacionales, de los bancos regionales de cooperación, del mundo empresarial y de las fundaciones que han querido sumarse a este camino.

Doy también la bienvenida a los presidentes, vicepresidentes y secretarios generales de centrales sindicales y cámaras de empleadores de las Américas, así como a los responsables de las redes eclesiales de América Latina y el Caribe, de las Comunidades Organizadas de Norteamérica y de las redes universitarias de ambos hemisferios. Su presencia expresa la voluntad de continuar un diálogo que pueda traducirse en un camino hacia modelos de desarrollo más humanos, sostenibles y solidarios, capaces de proteger la dignidad de cada persona y de prestar una atención particular a quienes corren el riesgo de quedar al margen.

Este encuentro reviste un particular interés por la amplitud de los sectores representados y por la responsabilidad que muchos de sus participantes ejercen en ámbitos decisivos para la vida social, económica y cultural. Precisamente por ello, este espacio de diálogo puede ayudar a afrontar con mayor realismo desafíos que afectan al futuro común.

Al inicio de mi pontificado, al encontrarme con el Colegio Cardenalicio, recordé algunas notas fundamentales del camino que la Iglesia universal recorre, desde hace décadas, tras las huellas del Concilio Vaticano II. Entre ellas señalé la necesidad de un “diálogo valiente y confiado con el mundo contemporáneo en sus diferentes componentes y realidades” (Discurso al Colegio Cardenalicio, 10 mayo 2025).

Dicho diálogo pertenece a la misión misma de la Iglesia, que ha recibido de Jesucristo el encargo de anunciar el Evangelio a todos los pueblos y de llevar su luz a las realidades concretas de cada tiempo. Su índole pastoral forma parte de su propia naturaleza y la compromete a mirar de frente la realidad de los hombres y mujeres a quienes es enviada. El imperativo del Evangelio de cuidar a los pobres exige, además, que esa mirada se dirija de modo particular hacia quienes padecen con mayor gravedad las consecuencias de los cambios sociales, económicos y tecnológicos.

Hace pocos días recordaba que la Iglesia está llamada a “asumir la realidad y también a desenmascarar las contradicciones que caracterizan la vida personal y social del mundo contemporáneo”, entre ellas las que pueden acompañar a un progreso científico y tecnológico que abre unas posibilidades inéditas (Catequesis, 2 septiembre 2026).

Un compromiso así, hunde sus raíces en el misterio mismo de la fe cristiana. Dios ha entrado en nuestra historia. En Jesucristo ha asumido nuestra humanidad y ha confiado a la Iglesia la misión de anunciar el Evangelio en medio de las circunstancias reales en las que viven los pueblos. Desde las Escrituras hasta los grandes Padres de la Iglesia, como san Ambrosio y san Agustín, la tradición cristiana ha aprendido a discernir dentro de la historia aquello que sirve verdaderamente al hombre y aquello que termina por volverse contra él.

Las novedades de nuestro tiempo nos colocan así ante una responsabilidad común. En Magnifica humanitas quise expresarlo con una imagen bíblica: estamos ante la posibilidad de “levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos” (n. 1). Por eso, ante el desarrollo tecnológico, la cuestión decisiva no es simplemente si aceptamos o rechazamos determinadas herramientas, sino qué humanidad queremos construir y qué lugar tendrá en ella cada persona. Una responsabilidad de tal magnitud supera las posibilidades de cualquier institución aislada. Por eso es necesario recuperar con nueva fuerza la lógica de la subsidiariedad (cf. n. 13), reconociendo la responsabilidad propia de cada actor y, al mismo tiempo, la necesidad de trabajar juntos.

Me alegra que la Iglesia en las Américas haya promovido este espacio de encuentro y cooperación para impulsar la Agenda de Responsabilidad Compartida Norte-Sur de Cooperación Multisectorial. Cuando instituciones públicas, empresas, trabajadores, universidades, comunidades y organizaciones sociales comparten sus conocimientos, sus capacidades y sus recursos al servicio del bien común, toma forma concreta una convicción que ha ido madurando en la Doctrina social de la Iglesia y que mis Predecesores han desarrollado de diversos modos: los grandes desafíos sociales requieren responsabilidad compartida, participación y colaboración entre los distintos cuerpos de la sociedad. El Papa Francisco expresó esta misma convicción al hablar de “amistad social” (cf. FT, 154).

Una agenda de responsabilidad compartida puede contribuir precisamente a que las diferencias legítimas no se conviertan en fragmentación. En mi primera Encíclica quise subrayar que el pluralismo necesita un principio de unidad y que le permita orientarse hacia fundamentos comunes y hacia el fin último de la persona (cf. MH, 10). La experiencia sinodal de la Iglesia puede ofrecer aquí una enseñanza: escuchar verdaderamente las diferencias no significa diluirlas, sino aprender a discernirlas y a buscar, desde ellas, aquello que puede servir al bien de todos. Este ejercicio resulta particularmente necesario en un tiempo en el que las narrativas polarizadas encuentran una amplificación inmediata y en el que el enfrentamiento puede convertirse fácilmente en instrumento de poder (cf. MH, 190). Frente a esa dinámica, el hecho mismo de que personas e instituciones tan distintas hayan decidido sentarse a una misma mesa ya contiene una responsabilidad. El diálogo verdadero exige algo más que cordialidad: obliga a permanecer en la conversación cuando aparecen intereses contrapuestos y cuando las decisiones reclaman renuncias concretas.

Para los creyentes, además, la fraternidad encuentra su fundamento último en una verdad que precede a cualquier acuerdo: tenemos un mismo Padre. Como recordaba Fratelli tutti, “sin una apertura al Padre de todos, no habrá razones sólidas y estables para el llamado a la fraternidad” (n. 272).

La res novae de nuestro tiempo puso en marcha un verdadero movimiento de “reflexión y acción” (MH, 174), que debe “ser guiado con previsión: por instituciones capaces de regular sin sofocar y proteger sin tomar el control; por empresas que reconozcan el trabajo y la dignidad como medidas de éxito; por organizaciones intermediarias y comunidades educativas que reconstruyan la confianza y las relaciones; y por ciudadanos que cultiven la responsabilidad, la moderación, el discernimiento y un sentido de la verdad” (MH, 181).

“No tengan miedo” es una exhortación que mis predecesores repitieron en momentos decisivos de la vida de la Iglesia. Hoy quisiera hacerla mía también, ya que “no debemos dejarnos intimidar por las tensiones o las diferencias, pues pueden convertirse en fuerzas creativas cuando se guían por la responsabilidad compartida” (MH, 13).

La Doctrina Social de la Iglesia ofrece una ayuda invaluable en este sentido. Muchas de las organizaciones aquí presentes la conocen, la estudian y contribuyen a su difusión. No se trata de un manual de principios y normas para aplicar, sino de un proceso de discernimiento compartido (MH, 27). Sus principios no sustituyen las decisiones que se deben tomar, sino que ofrecen criterios para evaluar si estas decisiones respetan verdaderamente la dignidad humana y sirven al bien común.

Por ello, el valor de cualquier punto de consenso que se alcance no se medirá únicamente por el número de personas que lo respalden. Se reconocerá por los intereses que sea capaz de proteger y, en particular, por el impacto que tenga en la vida de quienes tienen menos poder para defenderse.

Los principios de justicia social constituyen un criterio decisivo en este caso. Un orden social, económico y político puede considerarse verdaderamente humano cuando permite a todos —en particular a los más débiles— vivir una vida digna, sin dejar a nadie atrás (MH, 77).

Al final de Magnifica humanitas reflexioné sobre la figura del profeta Nehemías. Ante una Jerusalén en ruinas, escuchó el sufrimiento de su pueblo, lo llevó ante Dios, discernió lo que había que hacer, buscó los recursos necesarios y organizó un proyecto que solo podía llevarse a cabo con la participación de mucha gente (cf. MH, 241).

Quisiera proponerles esa misma imagen para el trabajo que realizan. Asimismo, en nuestra época, grandes edificios se han derrumbado allí donde el progreso deja de estar al servicio de la persona, donde el trabajo pierde su dignidad, donde comunidades enteras son marginadas o donde la tecnología termina profundizando las divisiones que debería ayudarnos a superar.

Al igual que Nehemías, ustedes deben “entrar en los lugares de construcción de la historia —laboratorios de investigación, empresas tecnológicas, escuelas, medios de comunicación, instituciones, comunidades locales— para reconstruir lo que se ha derrumbado y proteger lo que está amenazado” (MH, 241). Además, los invito a dejarse interpelar por los signos de los tiempos y a aprovechar las contribuciones de las ciencias, las culturas y las experiencias humanas para discernir posibles caminos hacia el futuro.

La negociación forma parte de ese trabajo y de una “política mejor”, capaz de anteponer el bien común a los intereses particulares (cf. FT, 154). Por lo tanto, les animo a cultivar una sana “cultura de la negociación” (cf. MH, 221), capaz de abrir caminos donde las diferencias parecen cerrar toda posibilidad de encuentro. De este modo, también podrán contribuir a la diplomacia de paz que nuestro mundo necesita.

Nehemías no reconstruyó Jerusalén solo. Llamó a su pueblo, y cada uno trabajó en la sección que le correspondía. Ahora os corresponde a vosotros reconocer qué parte de esta obra compartida os ha sido encomendada. Que el progreso de nuestro tiempo no deje nuevas ruinas a su paso, y que todo lo que construyamos sea verdaderamente un hogar y un refugio para todos, comenzando por los más necesitados.

Muchas gracias.
 

EL NUEVO DOCUMENTO DEL VATICANO DENOMINA A LA SAGRADA EUCARISTÍA “ESCUELA DE ECOLOGÍA”

¡Es la temporada… de la creación!

Por Novus Ordo Watch


En la falsa Iglesia "católica" del concilio Vaticano II, el mes de septiembre gira en torno al medio ambiente, el planeta, la ecología, a lo que cariñosamente llaman "nuestra casa común".

Ciertamente, la creación es algo bueno, un hermoso regalo de Dios: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmo 18:2). Es justo que la apreciemos y la cuidemos. Pero también es cierto que, después de crear a Adán y Eva, Dios les dijo: “Múltiplénense y llenen la tierra, sométanla y dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:28).

A raíz de la caída, el pecado se introdujo en el mundo, y con él, la concupiscencia. Por su naturaleza caída, el hombre tiene cierta propensión al pecado, una inclinación que dificulta el cumplimiento de la ley de Dios y facilita su transgresión. Si bien la concupiscencia no le quita el libre albedrío, lo inclina a cometer actos ilícitos, a omitir los que se le exigen y a excederse en los que son lícitos. Por ejemplo, es bueno y apropiado, incluso necesario, alimentarse; pero el glotón suele comer mucho más de lo necesario, por el mero placer de hacerlo, quizás hasta el punto de perjudicar gravemente su salud.

La concupiscencia también afecta la subyugación del hombre sobre la tierra. Como todos los actos humanos, esto también es un asunto de teología moral, y se aplican los mismos principios. Pero incluso en el cuidado del medio ambiente, el hombre puede caer en los extremos. Esto sucede, por ejemplo, cuando se tratan supuestos datos científicos como si fueran dogma (en italiano aquí), o cuando se actúa como si el propósito último de la humanidad residiera en la vida natural en la tierra.

La obsesión del Vaticano con las preocupaciones terrenales

Con la publicación de la encíclica Laudato Si' del "papa Francisco" en 2015, la falsa iglesia del concilio Vaticano II añadió un ecologismo exagerado a su agenda apóstata. Desde entonces, la nueva iglesia se ha obsesionado con los temas ecológicos, como lo demuestra su constante y excesiva atención al medio ambiente, el clima y cuestiones afines.

Por ejemplo, el Vaticano ha aprovechado cada oportunidad para recordar continuamente la importancia de Laudato Si'. El mismo año de su publicación, Francisco estableció el 1 de septiembre como el “Día Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación”, que da inicio a un “Tiempo de la Creación” de cinco semanas que se extiende del 1 de septiembre al 4 de octubre de cada año. En 2016, Francisco incluso declaró el “cuidado de la creación” como una nueva “obra de misericordia” y barajó seis nuevas “bienaventuranzas”: “Bienaventurados los que protegen y cuidan la casa común” fue una de ellas, y esto no es ninguna novedad.

Luego, se realizaron conmemoraciones especiales por el tercer, quinto y décimo aniversario de la encíclica Laudato Si', respectivamente. En 2019, Francisco presidió un escandaloso Sínodo sobre la Amazonía y, posteriormente, emitió una exhortación apostólica postsinodal llamada Querida Amazonia. En 2023, el mismo falso papa publicó otra exhortación, Laudate Deum, “sobre la crisis climática”.

En 2025, el "papa" León XIV hizo un gran espectáculo bendiciendo un trozo de hielo glacial traído de la costa de Groenlandia —quién sabe cuánto carbono se emitió a la atmósfera para organizar eso, logísticamente hablando— en la conferencia del Vaticano "Brindando esperanza para la justicia climática" , un evento en el que también participó Arnold Schwarzenegger. Ese es el mismo Schwarzenegger que, como gobernador de California (2003-2011), solía viajar diariamente en jet privado para no tener que mudarse de Los Ángeles a Sacramento.


Para demostrar aún más la obsesión del Vaticano con la "agenda verde", tan apreciada por los laicistas de diversas tendencias, especialmente por las Naciones Unidas, aquí les presentamos una recopilación (muy incompleta) de enlaces a publicaciones que hemos escrito sobre este tema a lo largo de los años:

“Madre Tierra”: Exposición profana en catedral católica en Irlanda

León XIV preside un ritual neopagano del agua y bendice el hielo glacial.

Francisco firma una declaración interreligiosa sobre la acción climática: “Predicar la danza del equilibrio y la armonía”


Activista del movimiento climático "católico": Cristo no vino a redimirnos, sino a crear el cielo en la Tierra.

Tres cardenales del Novus Ordo asisten a una ceremonia de culto pagano sincrético en Panamá.

Dale a Gaia lo que es de Gaia? El Vaticano emite una moneda de la 'Madre Tierra'.

El anti papa Bergoglio participó en un ritual pagano en el Vaticano

Bergoglio: El coronavirus es la "venganza" de la naturaleza, un "berrinche" y un "grito" pidiendo ayuda.

Francisco publica un libro sobre “Nuestra Madre Tierra”.

Bergoglio llora por el glaciar derretido de Islandia.

Francisco: Mensaje con motivo de la "jornada mundial de oración por la creación".

¿Mensaje oculto en el espectáculo de luces del Vaticano?

Podría decirse que este palabrerío climático ecologista le ha dado a la nueva iglesia una tarea, algo que hacer, algo por lo que preocuparse, ya que la salvación de las almas claramente ya no es una preocupación seria. Además, al ser la naturaleza y el clima un asunto global, este tema se presenta como un vehículo conveniente para impulsar la agenda de apostasía del Vaticano poscatólico, pues invita a la colaboración con toda la humanidad, independientemente de la religión o las creencias. Esto es perfecto para practicar un mayor ecumenismo y diálogo interreligioso.

La preocupación por el planeta se ha convertido, al menos de facto, en una especie de religión sustituta para aquellos que se ofenden por la Cruz sobrenatural de Cristo (cf. 1 Cor 1:23; 1 Pe 2:8; Lc 7:23), como Patrick Carolan, por ejemplo, cofundador laico de lo que primero se llamó Movimiento Católico Global por el Clima (desde entonces rebautizado como Movimiento Laudato Si'). Carolan dejó constancia de la siguiente blasfemia herética
:

Mi punto de vista... es [que] Jesús no vino a morir en la Cruz para salvarnos de nuestros pecados. Dios no necesitaba enviar a alguien a morir para salvarnos de nuestros pecados… Entonces, si Él no vino a morir en la Cruz, ¿cuál fue el propósito de la Encarnación? Y el propósito de la Encarnación sería crear el cielo aquí, no ir al cielo, sino crear el cielo aquí. Entonces, en lo que todos deberíamos estar trabajando juntos es en crear el cielo aquíTenemos que alejarnos de esta idea de que estamos aquí para ir al cielo. Estamos aquí para crear el cielo. Y estamos aquí para crear un cielo que incluya a todos nuestros hermanos y hermanas.

(Patrick Carolan, Entrevista en inglés del 11 de abril de 2023 )

Difícilmente se puede encontrar un rechazo más claro a la religión católica romana en favor de una falsa religión ecologista. ¡Esto es una apostasía descarada! Es el sueño marxista-comunista de “un paraíso en la tierra”, envuelto en un manto verde y con una superficial capa de cristianismo. Estas personas no tienen ningún interés en la Cruz de Cristo, salvo quizás como muestra de aprecio por la madera de Oriente Medio.

León reza por el 'Cuidado del Agua'

Más recientemente, León XIV compuso una oración especial para “el cuidado del agua”, como parte de su intención de oración para el mes de septiembre de 2026. Publicada el 2 de septiembre, también sirvió para dar inicio al actual Tiempo de la Creación:

Señor de la Vida,
nos diste el don del agua,
fuente de fecundidad, frescura y esperanza.
Ella calma la sed, fecunda la tierra y limpia las heridas.

Damos gracias,
porque también ella es símbolo de tu gracia y de tu amor
que nos renueva por medio del Bautismo.
Hoy te pedimos que nos enseñes a custodiarla
con gratitud, justicia y responsabilidad.

Te pedimos perdón por haberla convertido en mercancía,
olvidando que es un regalo universal,
un derecho sin fronteras, destinado a todos tus hijos.
Vemos con dolor a tantos hermanos y hermanas
que no tienen agua limpia,
que caminan kilómetros para encontrarla,
que enferman por su escasez.

Que tu Espíritu nos transforme en peregrinos de lo esencial,
capaces de vivir con sobriedad,
denunciando el derroche y la contaminación,
defendiendo el derecho de cada hermano y hermana
a beber sin miedo, sin desigualdad.

Haz que nuestro cuidado del agua
sea un signo de amor al Creador
y un compromiso con la vida de los más pobres,
educando nuevas generaciones que valoren
y protejan los recursos de la Tierra.

Amén.

Así pues, durante el mes que los verdaderos católicos romanos dedican a los Siete Dolores de la Virgen María desde tiempos inmemoriales, los seguidores de la religión del Novus Ordo se dedican a reflexionar sobre la tierra, el viento y el fuego, y sobre el agua, pidiéndole a Dios que los convierta en "peregrinos de lo esencial".

De acuerdo entonces.

Sin duda, el agua es muy importante; todos tenemos que beber. Se podría pensar, con razón, que la mayoría de las personas que viven hoy en día ya lo saben.

Al mismo tiempo, el agua no solo es alegre y positiva. Lo que León no menciona es que también puede usarse como castigo: “Comían y bebían, se casaban y se daban en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca; y vino el diluvio y los destruyó a todos” (Lc 17:27); “Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le sería que le ataran al cuello una piedra de molino y lo ahogaran en lo profundo del mar” (Mt 18:6).

En cualquier caso, la verdadera pregunta es por qué garantizar el acceso a agua potable para todos debería ser una preocupación primordial para el hombre que supuestamente es el Papa.

Después de todo, el Papa, como tal, es el Vicario del Dios-Hombre que declaró: “Todo aquel que beba de esta agua [natural] [del pozo], volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna” (Jn 4,13-14). Esto fue prefigurado con la roca en el desierto: “…y golpearás la roca, y de ella saldrá agua para que beba el pueblo” (Ex 17,6); pues, como explica san Pablo, “…bebieron de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo” (1 Cor 10,4).

Sin el agua viva y espiritual de la gracia santificante, beber toda el agua natural del mundo no nos servirá de nada. Porque, en última instancia, “solo entra en el estómago y luego se desecha” (Mt 15:17). Además, poco después de saciarnos, volvemos a tener sed. Esto se aplica a todo alimento terrenal: “No trabajen por el alimento que perece, sino por el que permanece para vida eterna, el cual les dará el Hijo del Hombre. Porque a este lo ha sellado Dios el Padre” (Jn 6:27).

Este es el “agua” que principalmente debería preocupar a León XIV, si fuera Papa, no aquella que hace que la gente vuelva a sentir sed. De hecho, cuando Nuestro Señor le confirió el Papado a San Pedro, lo hizo con estas palabras: “Apacienta mis corderos” y “Apacienta mis ovejas” (véase Jn 21,15-17). Un verdadero Papa proporciona un auténtico alimento espiritual: “El Papa tiene las promesas divinas; incluso en sus debilidades humanas, es invencible e inconmovible; es el mensajero de la verdad y de la justicia, el principio de la unidad de la Iglesia; su voz denuncia los errores, las idolatrías, las supersticiones; condena las iniquidades; hace amar la caridad y la virtud” (Papa Pío XII, Discurso Ancora Una Volta, 20 de febrero de 1949), no piedras ni serpientes, pues sabe que sus hijos necesitan leche, pan, pescado y carne (cf. Mt 7,9-10; 1 Cor 3,2; Heb 5,12).

Buscad primero el Reino de Dios

En su Sermón de la Montaña, nuestro amado Redentor también enfatizó la importancia de subordinar las preocupaciones temporales legítimas a las que son eternas:

No os preocupéis, pues, diciendo: “¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Con qué nos vestiremos?”. Porque los paganos buscan todas estas cosas. Vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de todas ellas. Buscad, pues, primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

(Mateo 6:31-33)

En otras palabras: no te preocupes demasiado por tus necesidades corporales. Tu principal interés debe ser llevar una vida santa, y entonces tus necesidades diarias se cubrirán, porque el Dios que te exige santidad (véase Lev 19:2; Mt 5:48) se asegurará de que no te falte lo básico.

Si bien el cuidado de “nuestra casa común” natural es legítimo hasta cierto punto, no debemos perder de vista que, al haber sido corrompida por el pecado (véase Rom 8:21-22), está destinada a la destrucción (véase 2 Pe 3:10; cf. Apoc 21:1). Aplicando las enseñanzas del Evangelio de Nuestro Señor, san Pablo nos indica dónde debemos centrar nuestra atención: “Pensemos en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Col 3:2); “Pero nuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde también esperamos al Salvador, nuestro Señor Jesucristo” (Fil 3:20).

Como leemos a lo largo del Nuevo Testamento, los apóstoles se preocupaban por extender el Reino de Dios, la Iglesia, y hacer discípulos de todas las naciones, de acuerdo con el mandato que Cristo les había dado (véase Mt 28:19-20). No les interesaba predicar sobre agricultura sostenible, por importante que sea, ni les preocupaba cómo sería el clima décadas después. Después de todo, el Evangelio trata de guiar a los hombres no regenerados a la verdadera fe y a las aguas regeneradoras del bautismo, para que, perseverando en la fe, la esperanza y la caridad hasta el final, alcancen la felicidad eterna en el Cielo. ¡No se trata de construir un paraíso terrenal!

Por eso resulta tan aterrador ver que, en lugar de usar las cosas temporales para elevar la mirada de la gente hacia el Cielo y enseñar al mundo verdades espirituales —que es precisamente lo que hizo Nuestro Señor (por ejemplo, véase Mt 13:3-52; Lc 15)—, el falso papa León XIV, al igual que su igualmente falso predecesor Francisco, hace lo contrario. Usa las cosas espirituales para centrar la atención de todos en las cosas terrenales

De lo sobrenatural a lo natural: cómo Francisco neutraliza el Evangelio mientras parece predicarlo.

Es cierto que estos falsos pastores también enseñan sobre temas espirituales; sin embargo, estas enseñanzas se imparten únicamente a quienes ya creen en el Evangelio. Para todos los demás, se proclama un “evangelio” diferente (cf. Gál 1,8-9): uno sobre la fraternidad, el diálogo, la construcción de la paz, la dignidad y el cambio climático.

Un ejemplo perfecto de esto fue el mensaje de León en la Marcha por la Vida contra la ELA de Chicago el año pasado, donde, en lugar de aprovechar la oportunidad para ayudar a los no católicos a dar un primer paso hacia la salvación de sus almas, el falso papa ofreció un mensaje genérico de que “el amor vence a la muerte”:

León XIV ofrece una espiritualidad recalentada.

Dediquemos un momento a pensar en cuál podría haber sido la intención de oración de León XIV este mes.

En lugar de pedirle a Dios que nos convierta en “peregrinos de lo esencial”, podría haber orado para que todas las personas llegaran a conocer y amar a la Madre de los Dolores, y que a través de sus sufrimientos se sintieran impulsadas a convertirse a su Divino Hijo, Jesucristo, y a su religión, su Reino, su Iglesia: “Hagan todo lo que él les diga” (Jn 2:5).

Incluso si León hubiera querido que el mensaje girara en torno al agua, podría haber utilizado la legítima preocupación por esta necesidad humana esencial como punto de partida para las necesidades espirituales aún mayores del alma: “Como brama el ciervo por las fuentes de agua, así clama por ti, oh Dios, el alma mía” (Salmo 41:2). Tal como hizo Nuestro Señor con la mujer samaritana en el pozo (véase Juan 4), podría haber orientado la necesidad de agua de todos hacia la conciencia de su necesidad de la gracia santificante.

Pero eso no sucedió. Nunca sucede.

Otro documento ecológico más del Vaticano

Lo que ocurrió es que el 2 de septiembre, la Comisión Teológica Internacional (CTI) del Vaticano publicó un extenso documento titulado “Cuidar nuestra casa común: Una respuesta responsable y fraterna al Dios Trinitario”.

El documento fue aprobado por el jefe del Dicasterio para la Destrucción de la Fe, “Su Eminencia” Víctor Manuel Fernández, y su publicación fue autorizada por el “papa” León XIV. Con casi 30.000 palabras en italiano (en el documento original) repartidas en 148 párrafos (más 233 notas al final), su extensión no sorprende.

En cuanto al contenido, uno de los temas más destacados es, sin duda, el concepto de “conversión ecológica”. Curiosamente, este parece ser el único tipo de “conversión” en el que insiste el Vaticano poscatólico en la actualidad. Para lograrlo, no dudan en recurrir a prácticas tan “prohibidas” como el proselitismo, que tanto condenan.

Otro punto significativo es lo que dice el documento con respecto al “pecado ecológico”:

Proponemos definir el pecado ecológico como una acción u omisión contra Dios, contra los demás, la comunidad y el medio ambiente. Es un pecado contra las generaciones futuras y se manifiesta en actos y hábitos de contaminación y destrucción de la armonía del medio ambiente, transgresiones contra los principios de interdependencia y ruptura de las redes de solidaridad entre las criaturas (cf. Catecismo de la Iglesia Católica , 340-344), y contra la virtud de la justicia.

( “Cuidar nuestra casa común: Una respuesta responsable y fraterna al Dios Trinitario)

Aún está por verse la eficacia de la condena del pecado ecológico, considerando que con la publicación de la exhortación Amoris Laetitia en 2016, Francisco inició una revolución en la teología moral que, lógicamente, debe extenderse no solo a cuestiones de sexualidad y amor, sino también a todos los demás temas morales. Por lo tanto, la sofistería contenida en el documento, destinada a excusar el pecado sexual, podrá utilizarse ahora para minimizar las ofensas ecológicas.

Quizás la parte más escandalosa del nuevo documento ecológico del Vaticano sea lo que dice sobre el Santísimo Sacramento del Altar, la Sagrada Eucaristía. Analizaremos dos párrafos completos, comenzando con el nº 107:

107. [Iluminación eucarística]. Este papel del ser humano entre las demás criaturas, y el cumplimiento del plan de Dios, encuentran su inspiración más profunda en la celebración de la Eucaristía: en Cristo, el ser humano ofrece la creación a Dios y, a su vez, implora la bendición de Dios —en Cristo— sobre todas las cosas. De este modo, Cristo es el eje de la maduración del mundo [184]. Solo un mundo en comunión con Dios —unido a Dios en Cristo— puede alcanzar el propósito para el que fue creado y llegar a su plenitud. Esta perspectiva litúrgica dota a la ecología de un profundo significado que conlleva una transformación cultural, social, teológica y religiosa. Supone una invitación a no instar a las personas a respetar la naturaleza únicamente por temor a su destrucción; más bien, el objetivo es fomentar una actitud positiva y proactiva hacia ella. La dimensión teológica-cultural de la ecología implica que proteger la naturaleza no está reñido con su desarrollo. Como custodio y servidor de la creación, el ser humano toma el mundo material en sus manos y lo transforma en algo más que su estado natural, perfeccionándolo al dar continuidad a la obra creadora de Dios. La naturaleza, confiada por Dios a nuestro cuidado, aspira a participar —incluso a través de la acción humana— en el coro de alabanza divina, mientras el cosmos avanza hacia su transformación y plenitud en Cristo.

(“Cuidando nuestra casa común: Una respuesta responsable y fraterna al Dios Trinitario”, nº 107).

Resulta absolutamente asombroso ver la afirmación de que en la Santa Misa, “el ser humano ofrece la creación a Dios y, a su vez, implora la bendición de Dios —en Cristo— sobre todas las cosas”. Pero claro, eso es probablemente lo que les ocurre a las almas tras décadas de exposición a la “presentación de las ofrendas” del Novus Ordo, en lugar del ofertorio católico romano en la Santa Misa.

El Novus Ordo cambia la naturaleza de la ofrenda convirtiéndola en una especie de intercambio de dones entre el hombre y Dios: el hombre trae el pan y Dios lo convierte en "pan de vida"; el hombre trae el vino y Dios lo convierte en una "bebida espiritual".

"Bendito eres, Señor Dios del Universo, porque de tu generosidad hemos recibido el pan (o el vino) que te ofrecemos, el fruto de la tierra (o de la vid) y del trabajo del hombre. Que se convierta para nosotros en el pan de vida (o bebida espiritual)" 

No es necesario comentar la absoluta indeterminación de las fórmulas "pan de vida" y "bebida espiritual", que pueden significar cualquier cosa. El mismo equívoco capital se repite aquí, como en la definición de la Misa: allí, Cristo está presente sólo espiritualmente entre los suyos: aquí, el pan y el vino sólo se cambian "espiritualmente" (no sustancialmente).

(Cardenales Alfredo Ottaviani y Antonio Bacci et al., La intervención de Ottaviani).

Hablar de que la “creación” se ofrece a Dios en la Santa Misa recuerda mucho a las ideas del notorio evolucionista padre Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) , quien en 1923 compuso una blasfema “Misa sobre el Mundo”. Más tarde ese mismo año, escribió al respecto: “Me parece que, en cierto sentido, la verdadera sustancia que se consagra cada día es el desarrollo del mundo durante ese día: el pan simboliza apropiadamente lo que la creación logra producir, el vino (sangre) lo que la creación hace perder en agotamiento y sufrimiento en el curso de su esfuerzo” (Carta del 26 de agosto de 1923; en “Cartas de un viajero” (en inglés aqui). No es de extrañar que el nuevo documento del Vaticano haga referencia a Teilhard, aunque esté un poco oculto, en la nota al pie 184.

Pero la cosa empeora. En el párrafo nº 108 de “Cuidando nuestra casa común” leemos sobre el Santísimo Sacramento como una “escuela de ecología”:

108. [La Eucaristía como escuela de ecologia ]. De la Eucaristía brota una espiritualidad capaz de sostener y alentar la conversión ecológica que necesitamos emprender con tanta urgencia como familia humana (cf. LS 236). En ella reconocemos los dones de Dios en la naturaleza. El intelecto se abre a la transparencia de Dios en la creación. La naturaleza revela su dimensión epifánica intrínseca. Son dones que necesitamos para vivir, empezando por el alimento. Sin embargo, el alimento material adquiere su pleno sentido cuando no se aísla ni se contrapone al alimento que nutre el espíritu. Por ello, una visión meramente instrumental de la creación disminuye nuestra humanidad; nos empobrece. La Eucaristía es un banquete de comunión, una mesa común para compartir. Por lo tanto, construye comunidad. Es imposible celebrar la Eucaristía sin cuidar de los pobres. En la Eucaristía, como comunidad de hermanos y hermanas, reconocemos la meta de la creación y de la historia: dar gloria a Dios mediante la ofrenda —transfigurada por su Espíritu— de los dones que hemos recibido de Él, uniéndonos a la vida de entrega del Señor Jesús. Así, la Eucaristía nos habla de la transformación necesaria para superar el pecado; de la responsabilidad que conlleva el don de la salvación —llevar el mundo creado y a la humanidad a su plenitud escatológica—; nos enseña a valorar adecuadamente toda la creación [185]; nos muestra nuestro lugar personal en el cosmos. Nos enseña que somos comunidad y cómo construir comunidad. Al mismo tiempo, a través de ella, aprendemos a contemplar y alabar a Dios tanto en nuestra labor de transformar la naturaleza como en nuestras relaciones interpersonales. En la Eucaristía se construye y se expresa nuestra relación de dependencia y gratitud hacia Dios —y, en Él, hacia la creación—. 

(“Cuidar nuestra casa común: Una respuesta responsable y fraterna al Dios Trinitario”, n.º 108).

Sí, lo que sea.

Esta tontería ecoespiritual no tiene nada que ver con la verdadera teología católica romana de la Misa y la Sagrada Eucaristía. El propósito por el cual se ofrece el Sacrificio Augusto del Altar a la Santísima Trinidad es cuádruple:

Se ofrece el sacrificio de la Misa

i.    Para adorar a Dios, por lo que la Misa se llama “Sacrificio de Alabanza”;
ii.   Para dar gracias a Dios por su gran gloria y por el beneficio que nos ha concedido, por lo que la Misa se llama “Sacrificio Eucarístico”;
iii.  Para obtener otros beneficios, por lo que la Misa se llama “Sacrificio Imperativo”;
iv.  Para obtener la misericordia de Dios para los vivos, por sus pecados y las penas contraídas, y por las almas detenidas en el Purgatorio, por lo que la Misa se llama “Sacrificio Propiciatorio”.

(Cardenal Peter Gasparri,  The Catholic Catechism [Londres: Sheed & Ward, 1936], nº 390, p. 168)

Esto no es demasiado difícil de entender. Fíjense en que en esta explicación tradicional no se menciona ninguna “dimensión epifánica” de la creación, ni de “escuchar el clamor de la tierra”, ni siquiera de la construcción de la comunidad. Y tampoco se habla de los desempleados.

Cristo no instituyó la Santísima Eucaristía para enseñarnos sobre ecología. La instituyó para permanecer con nosotros, consolarnos y convertirse en “nuestro pan suprasustancial” (Mt 6,11), permitiéndonos participar plenamente en su Divino Sacrificio y santificándonos: “El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él. Como el Padre viviente me envió, y yo vivo por el Padre, así también el que me come vivirá por mí” (Jn 6,57-58).

El último punto que mencionaremos aquí del nuevo documento del Vaticano es el de la cooperación interreligiosa. El resumen de Vatican News dice:

Como quinta y última relación, la CTI reflexiona sobre la contribución al cuidado de la Creación que ofrecen las diferentes religiones: el judaísmo, el islam, el hinduismo, el budismo, el confucianismo, las religiones africanas y las religiones indígenas de América y Oceanía.

Se presta especial atención a los elementos que tienen más en común: la interconexión de todo lo que existe, el deber de respetar a todos los seres vivos y la responsabilidad humana.

Por lo tanto, “desde el punto de vista de la fe cristiana, las puertas están abiertas a la cooperación interreligiosa en la tarea común de cuidar respetuosamente a toda la Creación, al servicio del florecimiento de la vida y la comunión con el Trascendente, que está en el origen y es el fundamento de toda vida”.

(Isabella Piro, “Care for Creation is a theological question”, Vatican News, 2 de septiembre de 2026)

Los autores de estas líneas deberían recordar ese supuesto “deber de respetar a todos los seres vivos” la próxima vez que maten un mosquito, corten un árbol o pisen una hormiga. ¡La confesión en el Novus Ordo podría volverse mucho más interesante pronto!

Reflexion final

Todo esto está relacionado, incidentalmente, con el ritual de culto a la Pachamama en el que participó el “papa” León XIV —entonces como el “padre” Robert Prevost— en Brasil en enero de 1995. Se llevó a cabo como parte de un congreso teológico sobre la “ecoespiritualidad” agustiniana, que es la teología basura que subyace (y prepara el camino) para Laudato Si' veinte años después:


En efecto, como dice el propio documento: “Todo está conectado” (nº 3).

Mientras León XIV se prepara para visitar Uruguay, Argentina y Perú en noviembre, algunos de sus subordinados ya han hecho una ofrenda a su diosa demoníaca de la tierra:


Vivimos en tiempos completamente absurdos. Probablemente lo mejor sea simplemente “dejar que los muertos entierren a sus muertos” (Mt 8:22). El Club Prevost puede ocuparse de “todas estas cosas que buscan los paganos” (Mt 6:32). Como señaló el apóstol Juan: “Son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los escucha” (1 Jn 4:5).

Eso lo explica todo.
 

martes, 8 de septiembre de 2026

LEON ES UN OPORTUNISTA INFIEL QUE BUSCA ATENCIÓN CON LA COARTADA DE JESÚS

León es un oportunista sin fe que busca llamar la atención con la excusa de Jesús, y lo sabe.

Por Mundabor


Al revisar las entradas anteriores de este blog, me di cuenta de que, si bien he abordado recientemente la, ahora bastante extrema, búsqueda de atención de Leon, no he tratado específicamente el tema del “cuidado del agua”, una de las maneras más ridículas en que intenta mantenerse en los titulares para poder invitar a la próxima estrella de cine, quizás mientras encubre a algún sacerdote pedófilo.

Sin embargo, sí he tratado el tema de la iglesia-ONG en otras ocasiones. Creo que en las observaciones sobre sus actos diarios es evidente su búsqueda de atención, ya sea social, estrictamente política, tecnológica, ambiental o simplemente estúpida.

El problema siempre es el mismo: con León no hay ningún mensaje católico. Solo hay tópicos y activismo sin fundamento cristiano, con una fina capa de “refinamiento cristiano” para complacer a los optimistas ingenuos y a los oportunistas religiosos.

Si les dijera algo como: “Esperemos que, con la ayuda de Cristo y la intercesión de la Santísima Virgen, nuestra Corredentora, se desmantelen las injustas estructuras de poder del capitalismo, que oprimen a los pobres, y se instaure una nueva era de equidad, en la que nadie sea pobre ni ilegal”, ¡no les estaría transmitiendo un mensaje cristiano en absoluto! Simplemente estaría tergiversando a Cristo para promover un mensaje que nada tiene que ver con el cristianismo y que, de hecho, es totalmente contrario a él.

Esto es lo que hace León constantemente. Y no solo no habla de lo que debería hablar, sino que lo socava activamente. Por ejemplo, no solo no condena la sodomía, sino que alienta, elogia y promueve a “sacerdotes” y “obispos” que la toleran. Luego se pone a hablar de temas medioambientales y a divagar sobre el agua, algo que no tiene nada que ver con las funciones de un papa, que es salvar almas, no quejarse de la calidad del agua de mi grifo (que, por cierto, es excelente). En resumen: quiero que el agua sea gestionada por quienes tienen la responsabilidad de garantizar que yo y los demás tengamos agua potable, no por un viejo cretino superficial que solo busca llamar la atención mientras se niega a cumplir con su deber.

Por supuesto, un Papa puede y debe abordar los cambios sociales. Pero lo hará en la medida en que interfieran con su misión. Podría señalar las posibilidades y los peligros de los nuevos medios, como la radio, la televisión e internet, en relación con la salvación de las almas. Podría denunciar la corrupción que amenaza con proliferar en los barrios marginales industriales. Podría animar a los fieles a usar las redes sociales para difundir un auténtico mensaje católico. Pero no intentará ser todo para todos, ni gobernante político ni planificador ambiental, ni abogará por parques infantiles y barreras acústicas en las autopistas, mientras condena las bebidas azucaradas y el tabaco (fumar, como verán, ni siquiera es pecado. ¡Imagínense!).

Lo que más me molesta es que el mismo que se preocupa tanto por la calidad del agua nunca haya condenado al sodomita impenitente y escandaloso que vive en tu calle. ¡Sus preocupaciones son totalmente unilaterales y nada cristianas!

Si eliminamos la excusa obligatoria de Jesús, ¡un ateo de izquierdas podría estar de acuerdo con el 99% de lo que dice León! ¿Dónde está el mensaje cristiano en todo esto?

Algunos —que se niegan a ver la realidad que tienen delante— dirán ahora que es porque “nunca recibió la instrucción adecuada”. ¡Tonterías! Tiene el deber, muy preciso y personal, de recibir una instrucción adecuada. Si su seminario fue deficiente, eso no lo exime de aprender después lo que debió haber aprendido antes. Como adulto, tiene responsabilidades. Como adulto con cargos importantes (primero sacerdote, luego superior de una orden religiosa, después obispo), tiene el deber aún más grave de asegurarse de estar capacitado para el puesto.

León es un oportunista sin fe que busca llamar la atención con la excusa de Jesús, y lo sabe. Es un espacio libre de cristianismo con la típica retórica de las ONG. Su cabeza está llena de la misma basura sin fe que llena la cabeza de un Bill Gates o de un Mao Zedong. Sin embargo, como este oportunista sin fe ahora es “papa”, abusa de Cristo para promover su ideología sin fe.

No busques excusas para León.

Si lo haces, bien podrías estar justificando a un profesor de matemáticas mal instruido que te dice que 2 más 2 es cinco.
 

lunes, 7 de septiembre de 2026

MISA GAY CANCELADA, LEÓN Y EL AGUA, MONJAS BAILAN MACARENA Y ALEMANIA SE DERRUMBA

La jerarquía moderna suaviza el pecado, bendice las causas burocráticas, sortea el colapso institucional y reserva sus juicios más severos para la Tradición Católica.

Por Chris Jackson


La Arquidiócesis de Olomouc había organizado un programa eclesiástico completo en torno a la identidad homosexual. Se presentaría el libro de James Martin, “Building a Bridge”, con un saludo en video del jesuita estadounidense. Padres de niños que se identifican como “transgénero” darían su testimonio. Un “sacerdote católico” y un clérigo veterocatólico compararían “enfoques pastorales”. Otro taller abordaría las relaciones entre creyentes y no creyentes. En el centro de todo, el “arzobispo” Josef Nuzík celebraría la “misa”.

Entonces los católicos protestaron.

La “Peregrinación a Medio Camino”, prevista para el 19 de septiembre, fue cancelada el 14 de agosto. Sin embargo, la razón esgrimida por los organizadores fue reveladora. Alegaron un clima de “tensión creciente”, “reacciones hostiles” en línea y la imposibilidad de garantizar un “entorno seguro”. Un portavoz de la arquidiócesis incluso insistió en que la decisión no era una concesión a la presión. El “ministerio” continuaría mediante reuniones más pequeñas.


Vuelve a leer esa secuencia. El programa sobrevivió a su cancelación. No se rectificó ningún error. No se reconoció ningún escándalo. Ningún pastor afirmó que un evento organizado en torno a la identidad homosexual hubiera situado la Sagrada Eucaristía dentro de un marco ideológico incompatible con la fe católica. El único peligro reconocido provino de los católicos que protestaron.

Así es como se protege la revolución posconciliar. Cuando la resistencia se vuelve inconveniente, baja el volumen sin alterar la maquinaria.

Una cancelación sin corrección

El anuncio oficial de la peregrinación fue totalmente sincero respecto a su arquitectura (en checo aquí). Participaron tres “ministerios diocesanos”: Olomouc, Brno y Ostrava-Opava. El proyecto de James Martin aportó el ambiente intelectual. El testimonio sobre niños que se identifican como transgénero y un taller sobre relaciones en el marco de un evento lgbt aportaron la presión emocional y política. La Eucaristía de Nuzík constituiría el sello católico.

Todo pecador es bienvenido a la misa; de lo contrario, ninguno de nosotros podría entrar. El escándalo reside en concebir la misa como el acto culminante de un programa que considera la inclinación desordenada como el principio organizador de una comunidad eclesial. El altar se convierte en la última parada de una peregrinación identitaria.

La doctrina católica ya contiene todo lo necesario para una auténtica pastoral. El Catecismo exige respeto, compasión y sensibilidad hacia las personas con atracción por el mismo sexo. En el mismo pasaje, califica los actos homosexuales como intrínsecamente desordenados y exhorta a quienes experimentan la inclinación a la castidad. La misericordia tiene un objeto: la salvación del pecador.

La propia defensa de la arquidiócesis dejó al descubierto el método. Citó el párrafo del Catecismo sobre el respeto y la discriminación injusta, omitiendo el párrafo anterior sobre el carácter moral de los actos homosexuales y el siguiente, que exhorta a la castidad. La cita selectiva resumía a la perfección todo el programa: conservar el vocabulario católico que reconforta a la modernidad y permitir que desaparezca el juicio católico que la contradice.

El programa publicado por la arquidiócesis de Olomouc no incluía ninguna instrucción sobre castidad, confesión, ocasiones próximas al pecado ni el poder transformador de la gracia. En cambio, se ofrecía a los católicos la figura de Martín, testimonios de personas transgénero, diferentes enfoques confesionales y un taller sobre la colaboración en una peregrinación lgbt. La estructura misma ya dejaba clara la lección antes de que nadie abriera la boca: la verdad moral revelada es solo una perspectiva en una mesa redonda.

El aviso de cancelación de la arquidiócesis protegió esa premisa (en checo aquí). Trasladó el “trabajo” a espacios más reducidos y justificó la interrupción como una decisión de seguridad. En una declaración posterior, Nuzík invocó la doctrina de la Iglesia en abstracto, al tiempo que afirmaba la continuidad del “ministerio”. Los problemas específicos que los católicos habían señalado permanecieron sin corrección.

Ese silencio es cobardía pastoral. Un obispo tiene autoridad para proteger las almas del error, no solo para mantener a grupos adversarios separados. Si el programa era sólido, debería haber defendido cada elemento abiertamente. Si ponía en peligro la fe o la moral, debería haberlo corregido. Cancelarlo “por seguridad” eludió el único juicio que su cargo le exigía.

La sequía bautismal de Irlanda

Mientras que las diócesis de Europa Central desarrollan “ministerios” en torno a la identidad sexual de los adultos, Irlanda no está logrando acercar a sus niños a la pila bautismal.


Un estudio de Iona Institute, que analizó datos de casi todas las diócesis irlandesas, reveló que los bautismos católicos disminuyeron un 29,9 % entre 2015 y 2025. En Dublín, la cifra descendió de 15.759 a 9.465 bautismos, un desplome del 39,9 %. En Meath, la caída fue del 40,8 %, y en Down y Connor, del 37,9 %. Solo en Elphin se registró un ligero aumento.

La disminución de la natalidad explica solo una parte del problema. Los nacimientos en toda la isla disminuyeron un 18,8 %, lo que representa aproximadamente el 60 % de la caída en la tasa de bautismos. La secularización explica el resto. Los datos del censo agravan la situación: la proporción de niños menores de cuatro años que se identificaban como católicos descendió del 78,3 % en 2016 al 65,4 % en 2022, mientras que la proporción de quienes declararon no profesar ninguna religión aumentó drásticamente.

Las fuentes tipográficas se están secando más rápido que las salas de maternidad.

Los funcionarios eclesiásticos pueden predicar en contra de la anticoncepción artificial para aumentar el número de niños católicos concebidos. También pueden controlar si los padres católicos escuchan que el bautismo se presenta como renacimiento, rescate, incorporación a Cristo y liberación del pecado original. Deciden si el sacramento se presenta como una necesidad sobrenatural o si se permite que se convierta en una costumbre familiar para fotografías y pasteles. Supervisan las escuelas, los púlpitos, la preparación matrimonial, los programas de catequesis y la cultura parroquial a través de los cuales una generación transmite, o no transmite, la fe a la siguiente.

Por lo tanto, la secularización es un diagnóstico en el que se ha eliminado al culpable. Irlanda sufrió décadas en las que los pastores suavizaron doctrinas difíciles, trataron la certeza misionera como una vergüenza e intentaron comprar la paz cultural mediante la conciliación. La paz prometida nunca llegó. El público repudió la moral católica, el clero perdió autoridad y los padres dejaron de pedir a la Iglesia que bautizara a sus bebés.

Estas estadísticas tan alarmantes deberían generar una situación de emergencia eclesiástica. Cada asamblea episcopal debería preguntarse por qué se está dejando a los niños sin el sacramento que la Iglesia considera la puerta de entrada a la vida en el Espíritu. En cambio, la jerarquía moderna se especializa en encontrar problemas en otros ámbitos.

León descubre el agua mientras las fuentes están vacías

La intención de oración de León para septiembre es “por el cuidado del agua”. Su oración adjunta afirma que el agua es un don de Dios, pide perdón porque se ha convertido en una mercancía, describe el acceso como “un derecho sin fronteras” e insta a los fieles a oponerse al despilfarro y la contaminación.


El agua potable merece la preocupación cristiana. Dar de beber a los sedientos es un acto de misericordia, y los pobres son los primeros en sufrir cuando los ríos se contaminan o la infraestructura falla. Un católico no necesita convertirse en un economista libertario del tratamiento de aguas residuales para reconocer ese deber.

Esta elección deja al descubierto la mentalidad gobernante de Roma. Una intención global mensual es un espacio de enseñanza escaso. Irlanda ha perdido casi un bautismo de cada tres en una década; la fe católica se está desintegrando en todo el viejo mundo cristiano; innumerables almas carecen de los sacramentos, pero Leon utiliza su plataforma mundial para hablar con el vocabulario moral de una conmemoración de las Naciones Unidas.

Su oración menciona brevemente el agua como signo de la gracia recibida en el bautismo. El contraste es casi cruel. Los bautismos propiamente dichos desaparecen, mientras que el bautismo se menciona de pasada dentro de un llamamiento ecologista.

La queja sobre la mercantilización también desdibuja las categorías morales. El agua cae del cielo como un don. El agua potable que llega a un apartamento requiere depósitos, plantas depuradoras, tuberías, bombas, electricidad, ingenieros y mano de obra. Considerar el acceso como un derecho impone una exigencia moral a la sociedad; no hace que estas cosas sean gratuitas. El lucro en tiempos de desesperación merece condena. El intercambio en sí mismo no es pecado. Roma prefiere cada vez más los gestos económicos radicales porque suenan proféticos sin exigir los juicios doctrinales precisos que separan al mundo de la Iglesia.

Imaginen una intención de septiembre para el bautismo de cada niño católico. Imaginen a León pidiendo perdón a los obispos que permitieron que generaciones enteras crecieran ignorantes del pecado original, la gracia santificante y la necesidad de la Iglesia. Imaginen pedir a los sacerdotes que visiten a cada familia católica en sus parroquias. Semejante oración ofendería al orden secular. La política hídrica recibe aplausos por ello.

En una sola imagen se aprecia la jerarquía de prioridades: Roma bendice el punto de inflexión mientras que los registros bautismales de Irlanda están vacíos.

La gira de despedida de la Macarena

La “Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas” celebró su septuagésimo aniversario en un hotel de Orlando del 11 al 14 de agosto. Su propia cuenta de Facebook ofreció el emblema del encuentro: mujeres mayores (supuestamente monjas) vestidas de civil bailando la Macarena bajo el lema: “¡Cuando las religiosas católicas se reúnen, prepárense para las fiestas de baile!”.


La LCWR representa a las “líderes” de aproximadamente dos tercios de las “religiosas” que aún existen en Estados Unidos. Un informe de EWTN, basado en el Directorio Católico Oficial, estadísticas del Vaticano e investigaciones de CARA, contabilizó 178.740 religiosas en 1965 y 33.135 en 2025, lo que representa una disminución del 82%. Las comunidades han envejecido, las casas han cerrado, las escuelas y los hospitales han pasado a estar bajo control laico, y congregaciones enteras se acercan a la extinción.

León envió a la asamblea un mensaje en video en el que calificaba a las religiosas de “expertas en sinodalidad” y las exhortaba a preservar sus carismas y fomentar las vocaciones. Este halago podría considerarse el epitafio de la jerarquía religiosa conciliar. Se convirtieron en expertas en el proceso, perdiendo la capacidad fundamental de formar sucesoras.

La vida consagrada debe hacer visible la eternidad. El hábito anuncia la separación del mundo; la oración común orienta el día hacia Dios; la pobreza, la castidad y la obediencia desenmascaran la falsedad de la vida moderna autónoma. Una institución que utiliza como imagen pública un baile nostálgico en un salón de hotel ha olvidado la fuerza de su propio signo.

La Macarena fue un éxito cuando muchas de estas mujeres eran de mediana edad. Tres décadas después, suena como la banda sonora de una institución atrapada en su propia fiesta de jubilación. Las jóvenes que buscan sacrificio, doctrina, maternidad espiritual y una vida completamente entregada a Cristo difícilmente la confundirán con una invitación.

Tiendas de Colonia para un futuro anglicano

El “cardenal” Rainer Maria Woelki aplica la misma mentalidad a la liturgia. En una entrevista con motivo de su septuagésimo cumpleaños, afirmó que el rito romano tradicional no tiene un papel destacado en Colonia y se declaró completamente a gusto en el concilio Vaticano II. El Novus Ordo, insistió, posee una belleza y una dignidad que no son inferiores en absoluto al rito tridentino. Todo lo decisivo reside en el arte de celebrar.



Esa respuesta reduce la liturgia a mera ejecución. La belleza se convierte en una función de ritmo, la solemnidad, en la música y la personalidad del celebrante. Sin embargo, los ritos enseñan a través de sus textos y su estructura. Las oraciones tradicionales del ofertorio, el canon romano fijo, los gestos densos de adoración, el movimiento hacia el este, los silencios y la insistencia reiterada en el sacrificio propiciatorio conforman un mundo teológico. Una buena puesta en escena no puede insertar lo que un texto reformado suprime o deja como opcional.

Woelki recurrió a la conocida caricatura de una Misa antigua “recitada a toda prisa” en diez o doce minutos. Una celebración apresurada sería, sin duda, un abuso. Dejaría intacto el contenido objetivo del rito, del mismo modo que un preludio de Bach mal interpretado sigue siendo Bach. La existencia de sacerdotes descuidados no puede establecer la equivalencia de dos arquitecturas litúrgicas diferentes.

Luego llegó el epílogo posconciliar perfecto. Colonia está considerando la creación de un centro para el crecimiento misionero, inspirado en el Centro Gregory para la Multiplicación de Iglesias de la Iglesia de Inglaterra. Tras advertir a los católicos que recuperar su propia herencia litúrgica es el camino equivocado, la archidiócesis busca en los métodos fallidos de plantación de iglesias anglicanas la solución a sus problemas.

La tradición católica se considera un nicho tolerado, mientras que las iglesias separadas se presentan como portadoras de técnicas misioneras. Primero se margina la herencia; luego se invita a consultores externos para solucionar la esterilidad. La eclesiología moderna considera el culto como un contenedor neutral y la evangelización como un sistema de distribución. Ajustar la música, mejorar la acogida, crear un centro, medir la participación. La posibilidad de que la propia religión reformada produzca una identidad católica débil queda fuera del debate permitido.

La iglesia de los sustitutos gestionados

Cada relato contiene un bien legítimo subordinado. Las personas con identidades sexuales minoritarias merecen protección contra la violencia. Los sedientos necesitan agua potable. Las “religiosas” pueden celebrar con bailes impropios un aniversario. Los “sacerdotes” deben celebrar la misa con reverencia. Los “obispos” pueden aprender lecciones prácticas de personas ajenas a la comunidad religiosa católica.

El modernismo funciona desordenando esos bienes. La seguridad reemplaza el juicio moral. La gestión ambiental eclipsa el rescate sacramental. La fraternidad sobrevive tras la disolución de la identidad religiosa. La representación sustituye la forma litúrgica heredada. La técnica reemplaza la conversión.

Olomouc ofrece la visión más clara de la maquinaria. Un arzobispo vinculando la Eucaristía a un programa centrado en la identidad homosexual y transgénero. La oposición católica interrumpió el evento. La diócesis respondió a la cuestión de la seguridad y eludió la doctrinal. Su “ministerio” continuó.

Por eso, la crisis va más allá de unos pocos incidentes desafortunados o frases mal elegidas. El patrón se extiende desde las oficinas diocesanas hasta los “cardenales” e incluso a las prioridades globales del propio León. Una jerarquía encargada de custodiar la revelación se comporta cada vez más como una burocracia humanitaria revestida de lenguaje sacramental. Puede facilitar el diálogo, gestionar grupos de interés, encargar estudios, celebrar procesos y redactar declaraciones impecables sobre la inclusión. Pero se vuelve evasiva precisamente donde Cristo exige arrepentimiento, fe, adoración y vida sobrenatural.

Aquí la pregunta se vuelve inevitable: ¿Cuánto tiempo podrán los cargos eclesiásticos conservar su nombre “católico” mientras quienes los ocupan se comportan como si los fines sobrenaturales que representan fueran negociables? Ya no se trata de abusos aislados dentro de un horizonte común. El horizonte mismo parece transformado. La revelación se convierte en una consideración más entre muchas; la aprobación mundana se convierte en el veto; la fe transmitida por los apóstoles se convierte en un grupo problemático que hay que gestionar.

La Iglesia administrativa puede gestionar todo excepto la conversión.