sábado, 1 de octubre de 2022

LA ESENCIA DE LA MISA: YA NO ES UN SACRIFICIO, SINO UN BANQUETE (XL)

Bajo la influencia de Jungmann prácticamente todas las oraciones relativas al Santo Sacrificio en la Misa Tradicional pasaron a considerarse desechables.

Por la Dra. Carol Byrne


El padre Josef Jungmann, como hemos visto, planteó la idea de que la definición del Concilio de Trento de la Misa como el Sacrificio del Calvario era una distorsión de la verdad, provocada por una preocupación "exagerada" por combatir los ataques del protestantismo del siglo XVI.

En su opinión, si queremos encontrar el verdadero significado de la misa, no debemos mirar a Trento y a los catecismos posteriores porque eran demasiado "estrechos" y "unilaterales" en sus definiciones. Se quejaba, por ejemplo, de que "insisten en el hecho de que en nuestros altares Cristo renueva su Pasión y Muerte de forma incruenta"; "hablan de la renovación del sacrificio de la Cruz, de una oblación en la que Cristo se entrega a su Padre celestial"; "se preocupan demasiado por la presencia de Cristo en la sagrada Hostia" (1) y no se preocupan por el pueblo.

Según el nuevo paradigma de Jungmann para pensar en la misa, "no podemos hacer de la noción de sacrificio una base absoluta y exclusiva. ... Debemos partir de una de las ideas más amplias y generales, que encuentran aplicación en el examen de la esencia de la solemnidad de la misa" (2) [énfasis añadido]

Pero, como la esencia de una cosa es aquello que le da su identidad y determina su naturaleza fundamental, se deduce que la Misa debe tener algo único y específico por lo que podemos identificarla "absoluta y exclusivamente". Y esta identidad, según la doctrina clara y explícita de la Iglesia, es el Santo Sacrificio.

Por eso el Concilio de Trento no afirmó que la Misa sea también una comida, ni siquiera una comida sacrificial; y por eso el Papa Pío XII condenó el "argumento capcioso del Movimiento Litúrgico de que aquí no se trata de un mero sacrificio, sino de un sacrificio y una cena de unión fraterna" (3).

Aquí debemos detenernos a considerar cómo las advertencias de Pío XII fueron desatendidas por los progresistas y cómo incluso los más eminentes teólogos postconciliares, como el cardenal Joseph Ratzinger -que más tarde se convertiría en uno de los sucesores de Pío XII- han caído en esta particular trampa para elefantes (4).

Jungmann introdujo la ambigüedad en el significado de la misa al presentarla bajo un mosaico de identidades: una ceremonia de acción de gracias, un memorial que recuerda acontecimientos pasados, una comida sagrada compartida por todos, una reunión de fieles, una experiencia comunitaria y una oblación hecha colectivamente por la Iglesia (5). Pero en este caleidoscopio, el sacrificio de Cristo por sí mismo pasa a un segundo plano.


Una sola identidad posible

Es evidente que la misa no puede ser en esencia todas estas cosas al mismo tiempo, pues todo lo que existe sólo puede tener una identidad. En otras palabras, no podemos utilizar el mismo término, esencia, para significar múltiples cosas que son accidentales. Así, Jungmann cometió la falacia lógica de violar la Ley de la Identidad, que es uno de los principios que forman la base de todo pensamiento racional (6).

El triunfo de Jungmann: una 'reunión del pueblo' para reemplazar la Misa sacrificial

Sin embargo, esta falacia se encuentra en el artículo 47 de la Constitución Litúrgica del Concilio (1963), cuya sección pertinente fue redactada bajo la dirección de Jungmann (7). Es evidente, a partir de esta descripción de la Misa, que su esencia, como Santo Sacrificio, se fragmenta en múltiples identidades y queda sin sentido para la mente católica.

Y fue precisamente sobre esta falacia que se basó el fundamento doctrinal del Novus Ordo en 1969 cuando la Instrucción General del Misal Romano definió la Misa como "la Cena del Señor" y la "reunión del pueblo" (8).

Mientras que esta descripción sería aprobada por cualquier protestante, no tiene sentido en la teología católica. Porque la esencia de la Misa no requiere la presencia de nadie más que un sacerdote válidamente ordenado. Con razón, los Cardenales Ottaviani y Bacci señalaron en su Estudio Crítico del Novus Ordo, que fue enviado al papa Pablo VI, que su “nueva misa” no se basaba en “ningún fundamento racional” (9).


Confusión en la misa

La influencia adversa de Jungmann en la percepción moderna de la Misa es continua. Desde el Vaticano II, los términos Misa, Cena del Señor, Eucaristía y Celebración Eucarística se utilizan indistintamente, incluso en los documentos oficiales. Basándose en el artículo 47 de la Constitución Litúrgica, el llamado Catecismo de la Iglesia Católica, en la sección titulada El Banquete Pascual, define la Misa como un memorial, un banquete sagrado y un servicio de Comunión, todo en uno (10). Nadie en los círculos oficiales parece ser capaz de mencionar la misa sin calificarla también de banquete. Con una presentación tan confusa, difícilmente se puede esperar que alguien -sacerdotes o laicos- sepa qué es realmente la misa.

Aquí se tergiversa la referencia de Santo Tomás de Aquino al Sagrado Banquete. O Sacrum Convivium (Oh Sagrado Banquete) fue la Antífona que compuso para el Oficio y la Misa del Corpus Christi. Los fieles anteriores al Vaticano II tenían claro que el Sagrado Banquete se refería al Santísimo Sacramento, no a la Misa en sí, de modo que nadie corría el riesgo de considerar la Misa como un servicio de Comunión.

La "explicación" del Catecismo no parece tanto una instrucción en la Fe como un adoctrinamiento en las ideas subyacentes del Movimiento Litúrgico.


Jungmann enfatizó la misa como una comida

En enero de 1943, Jungmann participó, junto con Rahner y Guardini, en un simposio en Viena sobre la liturgia de la misa. El propósito de la reunión era unirse, por así decirlo, contra el arzobispo Conrad Gröber de Friburgo, miembro de la Conferencia Episcopal Alemana, que se había quejado de los intentos de los reformadores litúrgicos de "protestanizar" la misa. El arzobispo había hecho circular recientemente un Memorándum con 17 críticas, una de las cuales se refería al error de presentar la misa como una comida.

Las iglesias progresistas se parecen notablemente al templo luterano de arriba con su 'mesa' central

En un intento de salvar la situación, Jungmann presentó un año después una solución de compromiso, que denominó eufemísticamente "entendimiento fructífero". Aunque afirmaba el carácter sacrificial de la misa, proponía que "se tuvieran más en cuenta también otros aspectos del misterio, como la comida y la conmemoración" (11).

Pero nada podría estar más calculado para disminuir el concepto de la misa como acto de culto que dar mayor énfasis a la idea de una comida que se asocia en la mente de todos con una actividad puramente humana y social.

Sin embargo, así fue como Jungmann manipuló cínicamente el significado de la misa para hacerla aparecer como una comida comunitaria, en la que la comunión de los fieles constituye su esencia. Afirmó: "El sacrificio de la Nueva Alianza se constituye esencialmente como una comida, para que los oferentes se reúnan alrededor de la mesa del sacrificio, la mesa del Señor, para comer. ... Se pone una mesa; es la mesa del Señor (12) ... la comida sigue siendo en nuestro tiempo la forma básica de la celebración eucarística" (13).

No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de cómo, sobre todo bajo la influencia de Jungmann, la "comida comunitaria" dominó la creación del Novus Ordo y cómo prácticamente todas las oraciones relativas al Santo Sacrificio en la Misa tradicional pasaron a considerarse desechables. Como resultado, los textos, las rúbricas y las características arquitectónicas del Novus Ordo aseguraron que el Sacrificio de la Cruz se desvaneciera en el fondo.

El ofertorio, por ejemplo, con su claro énfasis en la inminente consagración, fue abolido. Al igual que muchos de los progresistas, Guardini pensó que sería mejor eliminarlo; declaró -podría haber sido Martín Lutero quien hablara- que no tenía nada que ver con el auto-sacrificio de Cristo, sino que es "simplemente la preparación para el sagrado banquete" (14).

Se sustituyó por espurias "oraciones de mesa" recitadas sobre las cosas de comer y beber. De este modo, la atención se desviaba deliberadamente del milagro en que se iban a convertir el pan y el vino, y se centraba en el pueblo: sus dones, su ofrenda, su munificencia, su procesión, sus "derechos" a actuar y a ser escuchados.

En la próxima sección, veremos cómo Jungmann llevó la "experiencia comunitaria" a nuevas cotas cuando inventó la primera "megamisa" en 1960.

Continúa...


Notas:

1) Josef Jungmann, Mass of the Roman Rite, vol. 1, p. 180. Estas reflexiones se amplían en su nota 10: "Esto es cierto no sólo en los catecismos de lengua alemana, que se conforman con la afirmación de que Jesucristo se ofrece a sí mismo en la santa misa"; el New Baltimore es igualmente vago ("Cristo nos da su propio Cuerpo y Sangre . ... para ser ofrecidos..." q. 356) e igualmente unilateral ("La Misa es el sacrificio de la Nueva Ley en el que Cristo, por el ministerio del sacerdote, se ofrece a Dios de manera incruenta bajo las apariencias del pan y del vino". q. 357).
Jungmann citó como fuente el trabajo de un destacado miembro del Movimiento Litúrgico, G. Ellard, S.J., 'Mediator Dei and Catechism Revision', The American Ecclesiastical Review, CXX, abril de 1949, pp. 289-309. Pero en este artículo, Ellard afirmaba que el Baltimore Catechism debía ser modificado para acomodar el nuevo pensamiento sobre la Misa promovido por el Movimiento Litúrgico.

2) J. Jungmann, Mass of the Roman Rite, vol. 1, p. 176.

3) Pío XII, Encíclica Mediator Dei, 20 de noviembre de 1947, §114.

4) Según Joseph Ratzinger, "la Misa no es sólo una comida entre amigos que se han reunido para recordar la Última Cena del Señor mediante la fracción común del pan. La misa es el sacrificio común de la Iglesia, en el que el Señor reza con nosotros y por nosotros y se nos comunica"The Ratzinger Report: An Exclusive Interview on the State of the Church, Ignatius Press, 1987, p. 132.

5) Jungmann, Mass of the Roman Rite, vol. 1, pp. 175-179. Esta sección se titula "El sentido de la misa".

6) La ley de la identidad, formalizada por Aristóteles, tiene una larga tradición en la historia de la filosofía y la lógica. Se puede resumir diciendo que todo lo que existe tiene su propia identidad específica y particular y no puede ser otra cosa. Como la Misa y el Sacrificio del Calvario poseen idénticos atributos, pueden considerarse como una misma entidad. Pío XII afirmó que "el Sacrificio Eucarístico es, por su propia naturaleza, la inmolación incruenta de la Víctima Divina, que se manifiesta de manera mística por la separación de las Sagradas Especies y por su oblación al Padre eterno". (Mediator Dei, § 115)

7) "En la Última Cena, en la noche en que fue traicionado, nuestro Salvador instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y Sangre. Lo hizo para perpetuar el sacrificio de la Cruz a lo largo de los siglos hasta que Él volviera y, así, confiar a su amada esposa, la Iglesia, un memorial de su Muerte y Resurrección: un sacramento de amor, un signo de unidad, un vínculo de caridad, un banquete pascual en el que se come a Cristo, se llena la mente de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura".

8) Congregación para el Culto Divino, General Instruction of the Roman Missal (Instrucción General del Misal Romano), (IGRM), 6 de abril de 1969, § 7. El mismo documento también afirmaba que "la Última Cena se hace presente" en la Misa (§§ 48, 55). Aunque estos graves errores teológicos fueron puestos en conformidad con la doctrina católica en la versión revisada del IGRM en 1970, no se hicieron los cambios correspondientes en la Nueva Misa. Tampoco se reconoce, en ninguna parte del documento revisado, la enseñanza de Pío XII en Mediator Dei (§ 91) de que Cristo se hace presente en el altar sólo por el sacerdote que actúa en nombre de Cristo, y no como representante de los fieles. Incluso en la 3ª edición típica (2003, versión inglesa), hay referencias a "la celebración de la Misa, es decir, la Cena del Señor" (§§ 17, 27).
La conclusión es ineludible que estos errores y deficiencias encontrados en el IGRM original constituyen los verdaderos principios del Novus Ordo tal y como fueron concebidos por sus creadores (principalmente Jungmann), y revelan su verdadera naturaleza.

9) Cardenales Ottaviani y Bacci, Estudio crítico del Novus Ordo Missae, 25 de septiembre de 1969.

10) "La misa es al mismo tiempo, e inseparablemente, el memorial sacrificial en el que se perpetúa el sacrificio de la cruz y el sagrado banquete de comunión con el cuerpo y la sangre del Señor" (Catecismo de la Iglesia Católica, § 1382 - minúsculas en el original).

11) J.A. Jungmann, 'Zu liturgischen Fragen im Freiburger Memorandum' (Sobre cuestiones litúrgicas en el Memorándum de Friburgo), 1944, en Theodor Maas-Ewerd, Die Krise der Liturgischen Bewegung in Deutschland und Österreich, (La crisis del movimiento litúrgico en Alemania y Austria), Regensburg 1981, p. 612. Maas-Ewerd da varias fuentes de información sobre el simposio de Viena.

12) El IGRM § 73 menciona "el altar, la mesa del Señor". Aunque se puede argumentar que San Pablo mencionó "la mesa del Señor" (1 Cor. 10:21) y que estos términos eran intercambiables en los primeros tiempos del cristianismo, su uso como sinónimos no puede ser razonablemente condonado desde la "Reforma" protestante. Esto es porque la sustitución de los altares por mesas fue emprendida por todos los protestantes como un signo deliberado de su negación de la Misa como Sacrificio. Juan Calvino, por ejemplo, enseñó que, puesto que Cristo no puede volver a morir, "Dios nos ha dado una mesa en la que hemos de festejar, no un altar en el que se ofrezca ninguna víctima: no ha consagrado sacerdotes para ofrecer sacrificios, sino ministros para distribuir el sagrado banquete". (J. Calvino, Institutos de la Religión Cristiana, libro 4, capítulo 18, n. 12, Londres, 1838, vol. 2, p. 526) Nicholas Ridley, el obispo anglicano de Londres, declaró que "la forma de una mesa moverá más a los simples de las opiniones supersticiosas de la misa papista hacia el uso correcto de la Cena del Señor. Porque el uso de un altar es hacer sacrificios sobre él: el uso de una mesa es servir para que los hombres coman sobre ella". (Thomas Cranmer, Works, Cambridge: Parker Society, 1846, vol. II, pp. 524-525) En 1969, en su Estudio crítico del Novus Ordo, el cardenal Ottaviani se quejaba de que "el altar se llama casi siempre mesa".

13) J. Jungmann, The Mass of the Roman Rite, vol. 1, pp. 191, 178, 179. Aquí hizo referencia al trabajo de Romano Guardini, quien había elaborado su propia teoría de que la estructura básica (Grundgestalt) -que él equiparaba con la esencia de la misa- era la Cena del Señor. Véase R. Guardini, Besinnung vor der Feier der heiligen Messe (Meditaciones antes de la Misa), Maguncia, 1939, pp. 72-76.

14) Romano Guardini no tenía más que desprecio por el ofertorio tradicional. "El sacrificio que contiene -declaró- es de naturaleza muy simple: antiguamente los fieles traían regalos para que con ellos se preparara la comida sagrada y se alimentara a los pobres. Este sacrificio consiste, pues, en la generosidad y la caridad con que los fieles contribuyen al santo servicio del altar y al prójimo". R. Guardini, Meditations Before Mass (Meditaciones antes de la misa), Westminster, MD: Newman Press, 1956, capítulo 6, nota 5.


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11ª Parte: Cómo creció Bugnini bajo Pío XII
12ª Parte: Los obispos alemanes atacan, Pío XII capitula
13ª Parte: El proceso de apaciguamiento: Alimentar al cocodrilo alemán 
14ª Parte: 1951-1955: El Vaticano inicia la reforma litúrgica
35ª Parte: Saboteando la Elevación y la Consagración
39ª Parte: Cargos inventados contra las capillas


Tradition in Action


viernes, 30 de septiembre de 2022

¿LA MUERTE DE LA REFORMA DE LA REFORMA? PARTE 3: CAER ENTRE DOS TABURETES

Si tomas el Novus Ordo y lo haces verbalmente incomprensible, o tomas el Vetus Ordo y le quitas el latín y el silencio, no estás creando la liturgia ideal. Se corre el grave peligro de crear algo que no es ni pescado ni pájaro

Por Joseph Shaw


En mi anterior publicación describí el proceso histórico por el cual terminamos con una liturgia en la que se han eliminado sistemáticamente el drama, el gesto, el misterio, el asombro y la belleza. Todavía queda algo, pero menos que antes; el punto es que su remoción no fue accidental, sino deliberada y sistemática. Había un principio en el trabajo: 

la misa debería ser fácilmente comprensible

Drama, poesía, cualquier cosa que esté oculta a la vista o en un idioma extranjero son inevitablemente más difíciles de entender. ¿Y quién puede discutir con el principio? Lo que los reformadores dieron por sentado fue el presupuesto de que estamos hablando de comunicación verbal. Entonces, dejemos abierta esta suposición: 

la misa debe ser fácilmente comprensible al nivel de la comunicación verbal.

De repente parece menos obvio. ¿Sería posible que lo que es más fácilmente comprensible a nivel verbal sea en realidad menos fácilmente comprensible o, para usar otro término preferido por los liturgistas, significativo, tomando formas de comunicación verbal y no verbal juntas? 

Mire lo que observó el padre Aidan Nichols OP (Looking at the Liturgy p59): 
Para el sociólogo, no es en absoluto evidente que los ritos breves y claros tengan un mayor potencial transformador que los ritos complejos, abundantes, fastuosos, ricos y largos, provistos de un elaborado ceremonial.
Dicho así, está bastante claro. Es perfectamente posible que el esfuerzo por hacer que la misa tenga más sentido a nivel verbal haya tenido un efecto tan nocivo en su aspecto no verbal que hayamos acabado con algo que tiene menos sentido en general.

Hay que tener en cuenta que estoy hablando de "comunicación verbal" en un sentido muy restringido e intelectual. Cuando leemos un poema o vemos una obra de teatro, nos relacionamos con las palabras, pero el efecto que éstas tienen en nosotros es algo más amplio y complicado que el efecto puramente intelectual que querían los reformistas. Podemos apreciar cosas que no entendemos del todo -un poema algo oscuro puede tener un gran significado para nosotros-, pero los reformistas querían que entendiéramos cada sílaba. Por eso, en la traducción del Misal de 1974, no quisieron oír más "Tomó el precioso Cáliz en sus santas y venerables manos" (que es lo que dice el latín del Canon Romano), y optaron por "Tomó la Copa". 

Hay otro aspecto en el que no quiero entrar, pero que no quiero ignorar, que menciona el sociólogo Anthony Archer: la eficacia ritual. La gente se conformaba con asistir a un servicio en el que no podía ver lo que ocurría o entender (o incluso oír) las palabras, en parte porque todo el conjunto les decía que algo importante se estaba realizando y cumpliendo en el Altar. Contrasta, por ejemplo, 

"los que consideraban lo sagrado como mediado a través de la participación y no de la eficacia ritual". 

El Novus Ordo no nos anima, de la misma manera, a ver el sentido de la Misa como la estupenda aparición de Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento y el ofrecimiento de Él al Padre, algo con lo que podemos unirnos espiritualmente.

Sin embargo, volvemos al problema de la Reforma de la Reforma. El Novus Ordo está orientado a la comprensión verbal. Puede que le falten otras cosas -seguro que la gente de la Reforma de la Reforma (RotR) nos lo dice-, pero en cuanto a la comprensión de los textos litúrgicos hay que decir que tiene bastante éxito. Se leen de forma agradable y clara, normalmente amplificada, en la lengua materna (al menos para los que tenemos una lengua principal como lengua materna, y vivimos donde es una lengua oficial); el vocabulario (al menos hasta la nueva traducción) no es desafiante. Sí, entendemos el mensaje, a nivel intelectual, palabra por palabra.

Decir que el Vetus Ordo funciona a otro nivel es afirmar lo evidente. Ni siquiera se oyen las partes más importantes, ya que se dicen en silencio. Si se pudieran oír, estarían en latín. Y sin embargo, de alguna manera, tiene sus partidarios. Comunica algo, no a pesar de estas barreras de la comunicación verbal, sino por medio de las mismas cosas que son claramente barreras a la comunicación verbal. El silencio y el latín son, en efecto, los medios más eficaces que emplea el Vetus Ordo para comunicar lo que comunica: el mysterium tremendum, la asombrosa realidad de Dios hecha presente en la liturgia.

Si tomas el Novus Ordo y lo haces verbalmente incomprensible, o tomas el Vetus Ordo y le quitas el latín y el silencio, no estás creando la liturgia ideal. Se corre el grave peligro de crear algo que no es ni pescado ni pájaro: eso no funciona en ninguno de los dos niveles.

Pero, para ser claros, no es una cuestión de equilibrio, de compensación. En primer lugar, dado que todo el rito moderno ha sido diseñado para ser comprensible y no para ser misterioso, se está en gran desventaja al intentar hacer que una forma revisada del novus ordo sea elocuentemente misteriosa. Lo mismo ocurre a la inversa: dado que los textos del vetus ordo no fueron concebidos para ser leídos en voz alta (en muchos casos), o en la lengua vernácula, son demasiado largos y conceptual y gramaticalmente complicados para funcionar bien a ese nivel verbal.

Pero en segundo lugar, y más importante, las dos formas de participación implican dos tipos de actitud incompatibles por parte de los fieles. Sobre la base de la teoría de la participación que subyace a la reforma litúrgica, hay que beber cada palabra y participar al máximo con aclamaciones, respuestas, besos,  apretones de manos, etc. Sobre la base de la participación litúrgica tradicional, hay que comprometerse contemplativamente con los misteriosos rituales que tienen lugar en el santuario, con el corazón y el alma.

Hay que acostumbrarse a ambas cosas. Requieren formación. Y una vez que uno se ha formado de una manera, no puede cambiar fácilmente y comprometerse con la liturgia de la otra manera. Y lo que es más obvio, no se puede esperar que la gente -como sugieren muchos de los seguidores de la Reforma de la Reforma (RotR)- se comprometa con la primera forma en la primera mitad de la misa, y luego cambie a la otra forma en la segunda: tener una "liturgia de la palabra" vernácula y sensiblera, seguida de un canon tipo Moisés en la cima de la montaña.

Esto es importante porque explica por qué algunas personas (no todas) pueden sentirse un poco incómodas al ir a la "forma" de la misa a la que no están acostumbradas. Han aprendido a lo largo de muchos años a relacionarse con la liturgia de una manera que les resulta espiritualmente satisfactoria y cuando asisten a la otra forma, sea cual sea, se dan cuenta de que no funciona. Se sienten frustrados, salen insatisfechos.

Para ilustrar este punto, recordemos el desarrollo del movimiento litúrgico que describí en mi último post. En los años 50, los expertos en liturgia hacían mucho hincapié en la comprensión verbal, pero la misa, tal y como existía entonces, no se prestaba a esta forma de compromiso. Dos ancianas -una de ellas es hoy una incondicional del catolicismo ortodoxo, y otra una destacada activista liberal- me explicaron por separado por qué acogieron el Novus Ordo: porque de jóvenes habían estado intentando seguir cada palabra de sus misales, y fue un gran alivio cuando esto ya no fue necesario, podían entenderlo enseguida porque estaba en inglés. Fue un alivio especial para la que ya había tenido hijos: el hecho de tener que lidiar con ellos en la misa hacía imposible prestar atención a su misal de mano. La formación litúrgica de estas piadosas señoras -ambas eran educadas, de clase media, católicas de cuna- las había preparado para el Novus Ordo. Intentaban comprometerse con la Misa Tradicional en Latín de una manera que no era realmente adecuada. Representan un cierto grupo educado entre los católicos en las vísperas del Concilio.

No estoy en contra de los misales de mano para los fieles. La lectura y comprensión de los textos puede ser enormemente útil, y los libros y comentarios del movimiento litúrgico que desmenuzan las riquezas de la antigua liturgia son un magnífico logro que recomiendo a todo el mundo. Pero la mayoría de las personas que asisten a la Misa Tradicional dejan sus libros en un determinado momento y dejan de preocuparse por si el sacerdote que dice el Canon está en un párrafo o en el siguiente. Saben que la campanilla les preparará para la Consagración. El padre Bryan Houghton los describe muy bien aquí, recordando a los fieles menos cohibidos antes del Concilio (Mitre and Crook p44):
Algunos meditan por un momento, pero pronto se dan por vencidos; otros hojean un libro de oraciones sin mucha convicción; otros digitan un rosario sin pensar; la mayoría simplemente se sientan y se arrodillan y se vacían. Tienen sus distracciones, por supuesto, pero en la medida de sus posibilidades están recogidos. 
Como ves, el estado de oración de la inmensa mayoría de los fieles es el de "simple mirada". 
"...La actividad humana se reduce a su mínima expresión. Entonces se produce el milagro. En el fino vértice de sus almas, imperceptible incluso para ellos mismos, el Espíritu Santo empieza a dar pequeños gritos de "Abba, Padre" o, tras la consagración, suaves gemidos del Santo Nombre, "Jesu, Jesu". Adoran: o más bien, para ser más exactos, el Espíritu Santo adora dentro de ellos".
En el próximo post diré algo sobre las implicaciones que todo esto tiene para el futuro desarrollo litúrgico.


LMS Chairman


OBISPO BELGA AFIRMA QUE BERGOGLIO APRUEBA LA BENDICIÓN DE PAREJAS HOMOSEXUALES

“Nuestras directrices para la bendición de parejas homosexuales, que hemos publicado recientemente, están en línea con el papa Francisco”, argumentó el “obispo” Johan Bonny.

Por Maike Hickson


El “obispo” de Amberes, Johan Bonny, que con un grupo de obispos flamencos de Bélgica publicó recientemente unas directrices para la bendición de parejas homosexuales, ha dicho ahora públicamente que ha hablado con Bergoglio, y que “nuestras directrices para la bendición de parejas homosexuales que hemos publicado recientemente están en línea con el papa Francisco”.

Bonny se encuentra actualmente en Alemania, donde se reunió con los obispos alemanes en su reunión anual de otoño en Fulda, hablando con ellos a puerta cerrada. En este contexto, concedió una entrevista a Katholisch.de, el sitio web oficial de los obispos alemanes, en la que animó a los obispos alemanes a continuar el trabajo de su “Camino Sinodal” que recientemente declaró que “los actos homosexuales no son pecaminosos”.

Al final de esta entrevista de Katholisch.de, Bonny fue preguntado por la reacción a sus propias acciones, ya que él mismo en 2015 abogó por la bendición de las parejas homosexuales. El entrevistador le recordó que seguía siendo un obispo, aunque abogara por esa bendición.

Bonny respondió: “Sí, sigo siendo un obispo. Me llamaron a Roma y allí dije cuál era mi opinión al respecto. También he hablado personalmente con el papa Francisco sobre ello”.

Cuando se le preguntó por el resultado de esta conversación con Bergoglio, Bonny respondió que “ahora sé lo que piensa. Eso es para mí lo más importante”.

El obispo belga insistió en que Bergoglio también está de acuerdo con él y con sus compañeros obispos flamencos y sus directrices recién publicadas. “Y sé que nuestras directrices para la bendición de las parejas homosexuales, que hemos publicado recientemente, están en línea con el papa Francisco, dijo, añadiendo que esto era importante para él “porque la comunión con el papa es sagrada para mí”.

El prelado continuó:
Es la responsabilidad personal que el papa nos ha dado a los obispos y que él también apoya. Sin embargo, los mismos temas no tienen ni pueden ser discutidos en todo el mundo y en todo momento. Además, el papa no tiene que escribir todo en el papel. Al igual que yo, como obispo, no anoto todas las conversaciones en un papel.
Cuando la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano publicó la prohibición de bendecir a las parejas homosexuales en marzo del año pasado, el obispo Bonny expresó que estaba “enfadado con Roma” y dijo que “sentía vergüenza por su Iglesia”.

También se refirió al propio Bergoglio al decir que “este responsum no es un ejemplo de cómo podemos recorrer un camino juntos. El documento socava la credibilidad tanto del “camino sinodal” defendido por el papa Francisco como del anunciado año de trabajo con Amoris Laetitia. ¿Se pondrá de pie el verdadero sínodo?”.

Ahora, bajo la creciente presión en toda la Iglesia Universal -con los cardenales Gerhard Müller y Willem Eijk, entre otros, levantando su voz de oposición-, el obispo Bonny ha considerado oportuno pronunciarse aún más explícitamente sobre las intenciones de Bergoglio.

Sin embargo, no es la primera vez que un clérigo relata públicamente una conversación privada con Bergoglio, diciendo que éste apoya la bendición de las parejas homosexuales. En marzo de 2018, el sacerdote francés “padre” Daniel Duigou reveló que recibió el apoyo de Bergoglio para bendecir a las parejas homosexuales.

Duigou describió su conversación privada con Bergoglio en una entrevista televisada de la siguiente manera:

"La primera pregunta que me hizo (Bergoglio) fue: '¿Bendice usted a las parejas divorciadas y vueltas a casar?', que es una de las grandes cuestiones de hoy en la Iglesia", explicó Duigou. Recordó haber respondido: "Escucho y bendigo, y también bendigo a las parejas homosexuales".

Según Duigou, Bergoglio respondió: “Sí, porque bendecir significa que Dios piensa bien de las personas y que Dios piensa bien de todas las personas”. El presentador del telediario preguntó incrédulo: “Bueno, ¿significa esto que el papa está a favor de bendecir a las parejas homosexuales?”.

El sacerdote francés respondió: Sí, absolutamente. No se trata de casarlos”.

En 2016, Bonny se pronunció a favor de la bendición de las parejas homosexuales, así como de los convivientes o divorciados y “vueltos a casar”.

Tras la prohibición de las parejas homosexuales por parte de la CDF en marzo de 2021, Bergoglio destituyó al funcionario del Vaticano que se dice que fue el impulsor de la prohibición del Vaticano de bendecir a las parejas homosexuales.

En cambio, ha promovido continuamente el “trabajo” de activistas pro-lgbt como el “padre” James Martin, S.J., diciendo en público en el pasado mes de agosto que un evento organizado por el sacerdote pro-lgbt era “enriquecedor”.


Life Site News


LA QUEMA DE LIBROS

¿Qué es lo que hace que esto esté mal en la mente de muchos?

Por Wendell Hull


Yo quemo libros.

Hoy he puesto otro libro en la pila para quemar. No quemo muchos, pero hay una pequeña pila junto a mi chimenea esperando el próximo invierno.

Puede que te horrorice oír esto. Después de todo, en mis años de juventud nos mostraban con regularidad terroríficas películas de nazis quemando libros y levantando los brazos en señal de saludo sin cesar. Nos decían sin ironía que era una forma de propaganda -destruir la propaganda de otros- para azuzar a las masas. Nos dijeron que estaban atacando a la civilización.

Un diccionario define la quema de libros como la destrucción de escritos considerados perjudiciales o subversivos. Quemar un libro también puede ser un acto simbólico de rechazo a ese libro en particular o al propio autor. Yo considero los libros de mi pila para quemar como basura. El mismo diccionario define la basura como "cosas que ya no son útiles", pero también "escritos inferiores o sin valor". Si un libro me parece inferior, lo trato como basura.

¿Qué es lo que hace que esto esté mal en la mente de muchos?

Además de las historias de quema de libros por parte de los nazis, podemos recordar historias de predicadores que quemaban libros, junto con discos fonográficos y ejemplares de National Geographic. Estas historias suelen contarse como una advertencia contra el fervor religioso. Otros pueden recordar las tomas de posesión comunistas en las que la quema de libros acompañaba a las ejecuciones sumarias y los campos de reeducación.

Santo Tomás de Aquino intentó quemar sus obras tras recibir una visión. Evidentemente, las consideró inútiles. Afortunadamente, fue disuadido. En el siglo XIV, un sacerdote llamado Savonarola fomentaba el ascetismo y predicaba contra la vida mundana de los florentinos. Sus celosos seguidores organizaron quemas de libros. El propio Savonarola fue quemado por herejía. Se dice que el califa Omar quemó la gran biblioteca de Alejandría en el año 600, alegando supuestamente en aquel momento que sus venerados pergaminos y tomos "o bien contradicen el Corán, en cuyo caso son una herejía, o bien están de acuerdo con él, por lo que son superfluos".

Los libros quemados no están hoy en día en la acción. Ahora vemos personas, grupos y países "cancelados" o prohibidos. El discurso incorrecto se expulsa de foros y reuniones públicas. Se niega la entrada a figuras del deporte en los concursos. Se ejerce un enorme poder para quemar la historia, las noticias y las ideas.

Sin embargo, muchos de los que en el pasado gritaban "nunca más" a la quema de libros aplauden. ¿Qué ha cambiado? La respuesta es: los que mandan.


Los libertinos y los anticristianos han condenado durante generaciones la quema de libros. Afirmaban que todas las ideas debían ser escuchadas, especialmente las suyas. Eran sus años de ascenso. Ahora, que están en el poder, los mismos sectores de la sociedad no sólo expulsan enérgicamente las ideas contrarias, sino que exigen la extinción de quienes las sostienen. Ciertamente, no todos los mundanos han adoptado la posición más extrema, pero el estándar se ha movido significativamente.

Ahora hay un esfuerzo sistemático y global -y herramientas disponibles- para limitar el conocimiento y formar patrones de pensamiento al ritmo de los caprichos y rarezas del momento. Esto es especialmente efectivo ya que gran parte de la palabra escrita y las imágenes son efímeras en los ordenadores, fácilmente bloqueables o borradas.

Todo esto parece ponerme en una compañía incómoda. Sin embargo, los libros que quemo me parecen demasiado desagradables como para pasar de ellos. Son mis posesiones; puedo hacer con ellos lo que crea conveniente. Al igual que el amo de casa de Mateo le dijo al obrero gruñón que era libre de ser generoso, yo soy libre de deshacerme de ellos. No voy a quemar todos los libros malos, ni todos los ejemplares de un libro en particular, ni siquiera impedir que alguien obtenga su propio ejemplar. Eso no lo puedo controlar.

Lo que sí puedo controlar es pasar mi ejemplar a otra persona. Hacerlo sin instrucción es tan peligroso como las palabras escandalosas o el comportamiento equívoco ante los niños. Reconocemos estos últimos actos como pecado. También deberíamos reconocer los primeros.

¿Están los que censuran intrínsecamente equivocados? La respuesta es no. No hay ningún imperativo universal contra la censura, ninguna enseñanza de la Iglesia. De hecho, hay una larga historia de censura de la Iglesia.

La censura de la Iglesia fue principalmente al contenido herético o inmoral. Los papas del pasado reconocieron que había un deber de hacer cumplir la decencia y de ser específicos. Por ejemplo, la Iglesia promulgó un Índice de Libros Prohibidos.

Las palabras pueden ser bálsamos para las heridas o armas para infligirlas. Por eso hay que protegerse de las peores. La decencia prohíbe el lenguaje soez y el discurso pornográfico. La calumnia y la difamación pueden ser castigadas en la sociedad secular. La blasfemia no debe hablarse ni escribirse, salvo como ejemplo para ser refutada. Está claro que las palabras comunicadas pueden y deben tener un control prudencial.

Lo que la Iglesia también entendió a lo largo de los siglos fue que la censura no era sólo la supresión de las malas ideas, sino la liberación del espacio para que florecieran las buenas ideas. Los nuevos censores también lo entienden. De ahí nuestra continua decadencia intelectual y moral a medida que más prurito e ilógica llenan nuestras bibliotecas y pantallas de ordenador.

La clave de la censura es la intención y el juicio del censor. La puerta de entrada depende de su fortaleza.

Considere por un momento si hubiera habido un esfuerzo más vigoroso por parte del clero y los laicos para hacer cumplir la dirección de la Iglesia. Hace poco quemé un libro escrito por un sacerdote a principios de los años 70 que abogaba por las excesivas innovaciones en la misa. Ya había llegado su hora, ya había hecho su daño. Mi única pregunta era por qué el anterior propietario, un profesor de teología de una universidad jesuita local, lo había pasado y no lo había destruido.

La sociedad cristiana era, y es, sencillamente demasiado cobarde, débil o, peor aún, pecadora, para censurar más enérgicamente, para quemar libros.

Las ideas erróneas circularon inicialmente en las periferias de la sociedad, donde era poco probable que quienes se oponían a ellas se encontraran con ellas. Esto incluía los salones de los ricos o de los sobreeducados. Estos fueron el terreno de cultivo del error.

Las buenas personas de la época, complacientes con sus instituciones, no supieron actuar. Estaban ciegos a los errores o eran demasiado perezosos para combatirlos. Cuando estaban maduras, estas ideas entraron en la corriente principal. En los ejemplos más atroces, los líderes de la sociedad o de la Iglesia introdujeron los errores. La naturaleza humana, siendo lo que es, a menudo acogió la novedad. Se hizo muy poco para combatir el cambio.

Cada época debería esperar las malas hierbas del error y combatirlas con algo más que una jerga académica. Es parte de la guerra espiritual a la que están llamados los católicos.

La buena noticia es que un poderoso herbicida -la Gracia- está fácilmente disponible. Son vicios como la ignorancia voluntaria o la pereza los que nos impiden utilizarla. La Gracia que recibimos y la conciencia que debemos formar a partir de ella deben impulsarnos a actuar. Esto incluye la acción concreta de no sólo evitar el error, sino de extirparlo, como la mala hierba espiritual que es.


No hay razón para permitir la censura de la recta razón mientras vivimos en la suciedad de las malas ideas y la contaminación de nuestra Iglesia, país y civilización. Estamos inundados de error en las pantallas de televisión, en las publicidades y en las estanterías de los libros. Cada buena acción que realizamos construye el Reino.

Da un primer paso. Quema un libro.


Crisis Magazine



jueves, 29 de septiembre de 2022

LA OPCIÓN POR LOS POBRES Y OTRA MANIOBRA OFICIALISTA

La convocatoria de la vicepresidente a sacerdotes y religiosas que practican “la opción preferencial por los pobres”, es una muestra más de que en la Argentina la Iglesia se encuentra en plena retirada de su misión esencial. Pareciera que ahora se dedica a otra cosa.

Por Monseñor Héctor Aguer


Todavía no se han apagado el asombro y la indignación de muchísimos fieles por la “misa kirchnerista”, celebrada en la Basílica de Luján. En esa singular ocasión el clima litúrgico fue el impuesto por la ola de devastación del Rito Romano que lo desnaturaliza, esta vez condimentado con salsa política. La tragedia cuenta con la indiferencia aprobatoria de Roma. Aquello fue una algarada partidista, un manoseo incalificable del Santo Sacrificio. Al subjetivismo, que ya se ha hecho habitual en la liturgia, a la destrucción de la sacralidad, se sumó la ideología y la politización. Una gravedad mayúscula: el protagonismo de un arzobispo. El custodio de la tradición litúrgica, que ese es su oficio, se convirtió en el verdugo de la misma.

Cuando, como he dicho, aún no se han agotado los sentimientos de repudio que ese abuso ha provocado en tantos católicos, la Iglesia de la propaganda -porque la grieta se percibe en las entrañas de la Katholiké ekklesía- nos ha ofrecido otro lamentable espectáculo: la convocatoria de la vicepresidente a sacerdotes y religiosas que practican “la opción preferencial por los pobres”. Esta postura, lo digo con respeto y afecto por cada una de las personas concernidas, es una muestra más de que en la Argentina la Iglesia se encuentra en plena retirada de su misión esencial. Pareciera que ahora se dedica a otra cosa.

Veamos algunas razones que intentan manifestar el significado de ese encuentro habido en el Senado Nacional. En primer lugar se me ocurre una observación elemental de orden sociológico. ¿Quiénes son los pobres? Las estadísticas no mienten cuando cuentan en esa categoría a casi la mitad de los habitantes del país. Los sacerdotes y las religiosas que asistieron al encuentro constituyen un grupo -probablemente les gustaría que dijera un “Movimiento”- que se identifica con una ubicación cultural y política determinada; ¿también religiosa? Un tanto abusivamente me valgo de una analogía: es una especie de peronismo eclesial; la referencia a los pobres es un lugar común de la retórica peronista. Estoy seguro de que los lectores captarán el alcance de la comparación. Tomando en cuenta la multitud de pobres a quienes los ingresos no alcanzan para vivir holgadamente, darse los gustos, y aun comer como se debe todos los días, podemos decir que los protagonistas de la opción preferencial por los pobres son los que ejercen su ministerio en los barrios sumergidos, en las “villas” que quedaron al margen del progreso, cada vez más escaso en la sociedad argentina. Doy por descontado que esos curas y monjas piensan que se están entregando a los pobres de los que habla el Evangelio. Pero ¿quiénes eran ésos? Eran los que creían en Jesús, publicanos y pecadores, por ejemplo, judíos, samaritanos, y también algunos paganos, económicamente pobres algunos, y otros no tanto o nada, incluso. Eran despreciados por los religiosamente ricos: fariseos, saduceos, escribas, dirigentes del judaísmo, especialmente la casta sacerdotal. Si he acertado con la definición cabría decir que los sacerdotes que acudieron a la cita con la vicepresidente son los que en las capillas de los barrios, en oratorios, o aun en las casas predican la Fe, la doctrina revelada que llama a la conversión, y a la adhesión al Reino de Dios. Deben ser, según su oficio, quienes aseguran a los pobres el alimento espiritual de los Sacramentos, y los encaminan a la vida eterna. Estoy pensando en los sacerdotes, no me ocupo de las religiosas, incorporadas a la reunión cumpliendo una cierta “perspectiva de género”. Aunque desde otra perspectiva, la ideológica, podrían asociarse a los presbíteros. He aludido a la palabra maldita: ideología. A mi parecer, unos y otras, curas y monjas, representan una concepción de la Iglesia y de su misión que recuerda, sin pensar mucho, un antecedente: los sacerdotes del Tercer Mundo, marcados por una inconfesada lucha de clases, y la consiguiente politización algo rencorosa con los que no compartían aquella visión de las cosas. Una distinción resulta imprescindible: en los años setenta el aire era marxista, en la actualidad es peronista. No deseo generalizar esta descripción. Probablemente entre los asistentes había algunos sacerdotes que podríamos llamar “tradicionales”, que enfocan religiosamente la opción por los pobres, para quienes la coloración ideológica es un barniz sincero pero superficial.

Un aspecto de la cuestión que los documentos fotográficos y videos han registrado es la devoción con la que algunos seguían los dichos de la señora vicepresidente, parecían arrobados. Efectivamente, los rostros manifestaban la fe en la verdad del discurso que escuchaban con atención. No los estoy acusando de kirchneristas pero quizá descubrieron una dimensión un tanto religiosa en la convocatoria, y en las palabras de la anfitriona. Ella encontró una ocasión favorable para identificarse con esa porción de la Iglesia allí presente, y atribuyó “a Dios y a la Virgen” el haber resultado ilesa del extraño atentado, urdido por la “banda de los copitos (de azúcar). Detrás de esta observación que deslizo se encuentra la cuestión histórica de la relación entre el peronismo con la Iglesia Católica. La Iglesia peronizada en distintos niveles de altura tiene muy mala memoria, o quizá practica un perdón que incluye el olvido. Refrescando la memoria recordemos la quema, en junio de 1955, de doce iglesias históricas de Buenos Aires, y de la Curia eclesiástica, con la pérdida de una documentación importantísima. Corrieron la misma suerte la sede socialista Casa del Pueblo, la Casa Radical, y el Jockey Club. Añádase la persecución a los políticos opositores, la confiscación del diario “La Prensa”, la ley de divorcio, la supresión de la enseñanza religiosa escolar, y la ideologización de los alumnos. Los discursos de odio fueron una especialidad de Perón; sus sucesores, hijos legítimos o bastardos, saben imitarlo, pero ahora se creen víctimas del odio de jueces y periodistas, de “la contra”, digamos.

Es razonable que los invitados al Senado hayan puesto entre paréntesis esos capítulos negros de la historia nacional que no pueden ignorar. Doy por sentado que asistieron con las mejores intenciones. Con una visión sociológica amplia y objetiva podemos notar que el trabajo pastoral con los pobres, aggiornado, en sentido tercermundista, compite con la política de dádivas que hace de los pobres clientes del gobierno. Pienso que los curas verán con desagrado todo eso, dádivas, planes y bonos, porque seguramente aspiran a que cada familia pueda vivir dignamente con el trabajo de sus cabezas, según lo enseña la Iglesia en su Doctrina Social, formulada modernamente a partir de la encíclica Rerum Novarum, documento memorable de León XIII (1891). Juan Pablo II, que fue obrero en su juventud, la ha retomado con elocuencia en sus discursos y escritos.

Desde el comienzo de esta nota he querido asociar la misa de Luján, con la convocatoria de la vicepresidente, porque en ambos casos observo -quizá algo maliciosamente- que el oficialismo pega un manotazo de ahogado mimetizándose con cierta porción de la Iglesia. Hace poco, el académico José Claudio Escribano, en un lúcido artículo periodístico, ha señalado la vocación transformista del peronismo, que cínicamente le ha permitido sobrevivir más de 70 años en un medio tan volátil como la opinión política argentina.

Por si no se ha traslucido todavía a través de lo expresado en este escrito, declaro expresamente que estimo de veras, con una visión teológica, la “opción preferencial por los pobres”, la cual es ante todo una opción por Jesucristo, y su Evangelio. Esta es la referencia imprescindible, fundamental; desde esa referencia al Señor es posible reconocer la realidad religiosa de los pobres, la dimensión religiosa que interesa a la misión pastoral de la Iglesia. Sería criminal que ésta se redujera a procurar la justa reivindicación social de los más necesitados. En esto consiste la ideología, que se presta a la politización. Muchos de los socialmente pobres -ya no sé si todavía constituyen la mayoría- están bautizados; de ellos muchos han cumplido con la Primera Comunión, que suele ser la única, porque es ancestral en la Argentina que los bautizados católicos no van a misa, y carecen del ejercicio de una vida eclesial. Tienen sentimientos religiosos, de “religiosidad popular” suele decirse, una religiosidad de rasgos imprecisos. Deberían ser objeto de un cuidado pastoral que les transmita como ideal un modo cristiano de encarar la vida, una cultura cristiana, aun cuando el conocimiento de la fe y la pertenencia eclesial se encuentren muy menoscabados. Debemos transmitirles esa cosmovisión a quienes están colonizados por la TV, que tienen perpetuamente encendidas en sus casas.

Insisto, entonces: los pobres merecen la caridad de una cercanía especial -allí está la “preferencia”-, una ayuda auténticamente pastoral para que alcancen un encuentro vital con el Señor, que los encamine y sostenga en el camino de la Salvación. No es necesario, ni mucho menos, un peronismo eclesiástico. Los pobres necesitan, aunque las más de las veces ellos no lo perciban reflexivamente que los sacerdotes no sean más que eso, sacerdotes, ni ideólogos ni políticos, buenos pastores -pienso en Brochero y en el Cura de Ars-, que para eso se ordenaron y están integrados a la misión eclesial, y asumen los desvelos que ésta requiere.

Para concluir, no quiero guardarme una convicción. Como era de esperar, o mejor dicho de temer, la Conferencia Episcopal ha permanecido en silencio ante la misa en Luján, y ante la reunión convocada por la vicepresidente. Nos tiene acostumbrados al silencio. La Conferencia, no necesariamente todos los obispos, porque seguramente muchos han juzgado correctamente sobre los dos episodios, aunque por respeto a la organización -“la Orga”- no lo digan. ¿Algún miembro de la CEA se habría atrevido a romper el silencio? Yo he osado porque como emérito ya no pertenezco a la CEA; no estoy sometido a un pacto implícito de silencio, por eso puedo expresarme con total libertad, sin remilgos ante la verdad.

+ Héctor Aguer
Arzobispo Emérito de La Plata


"EN PRESENCIA DE LOS ÁNGELES TE ALABARÉ ..."

Las concepciones populares de los ángeles suelen estar equivocadas o muy distorsionadas. La comprensión bíblica y tradicional de los ángeles es mucho más seria, fascinante y edificante.

Por Sandra Miesel


La cultura popular refleja la naturaleza de los ángeles con tanta fidelidad como el espejo distorsionado de una casa de la risa. Muestra gloriosos espíritus incorpóreos en formas fantásticas, desde regordetes bebés alados hasta etéreas diosas de la naturaleza. Los medios de comunicación añaden más distorsiones: las almas humanas pueden ganarse las alas para convertirse en ángeles y los ángeles insatisfechos pueden convertirse en humanos. Los ángeles en el cine y la ficción pueden cumplir un período de prueba en la Tierra, requerir que los compañeros humanos realicen buenas acciones, colaborar con sus contrapartes demoníacas para salvar el mundo, formar vínculos homosexuales o incluso pretender ser Dios.

Ninguno de los anteriores encaja con los ángeles en la Biblia. Su nombre (en latín angelus del griego angelos) significa "mensajero" porque llevan mensajes y ejecutan órdenes para Dios. Colectivamente, son la corte celestial, alabando eternamente a su Creador con música, canciones y oración. Por naturaleza, son espíritus puros dotados de intelecto y voluntad que pertenecen a un orden de creación separado.

Pero pueden tomar forma física para cumplir sus misiones. Por ejemplo, los ángeles de Pascua vistos en la tumba de Nuestro Señor y en su Ascensión aparecieron como hombres jóvenes con deslumbrantes vestiduras blancas. 


Los evangelios no mencionan alas ni dan otros detalles. Suponemos que sus rostros, como los de los tres ángeles que visitaron a Abraham, los dos que rescataron a Lot y Rafael que viajó con el joven Tobit, coincidían con el aspecto de las personas que los rodeaban. Esa suposición justifica adaptar la semejanza de los ángeles para adaptarse a cada cultura humana.

Los Padres de la Iglesia utilizaron datos bíblicos para desarrollar una angelología específicamente cristiana. Enseñaron que los ángeles son nuestros semejantes que nos ayudan y protegen. Nunca deben ser adorados. Los ángeles no son dioses; Jesucristo Verdadero Dios y Verdadero Hombre no es un ángel. Dios solo hizo el universo de la nada. Los ángeles son sus sirvientes, no sus co-creadores. Algunos ángeles, tradicionalmente un tercio de la hueste celestial, eligieron libre e irrevocablemente rebelarse al principio de los tiempos. Fueron arrojados del cielo para convertirse en demonios. Desde entonces, los espíritus buenos y malos libran la guerra cósmica como guardianes y tentadores de individuos y comunidades hasta el triunfo de Dios en la consumación del mundo. Los registros monásticos hicieron que este combate fuera vívido porque la vida de los santos monjes a menudo estaba marcada por tentaciones diabólicas y favores angelicales.

Un monje sirio conocido como Pseudo Dionisio el Areopagita (ca. 600) agrupó a los ángeles en nueve coros dispuestos de mayor a menor en tres tríadas: (1) serafines, querubines y tronos; (2) dominios, virtudes y poderes; (3) principados, arcángeles y ángeles. Según lo propuesto en sus Jerarquías Celestiales, este sistema se convirtió en el modelo estándar. Aunque revuelve los rangos medios, San Gregorio el Grande los nombra a todos en un sermón leído en el Oficio Divino para la Fiesta de los Arcángeles (29 de septiembre). También se invocan varios coros en los prefacios de la Misa tanto para la Forma Extraordinaria como para el Novus Ordo.

Sobre la base del consenso patrístico, los teólogos medievales exploraron algunas cuestiones con más detalle a medida que respondían a los desafíos planteados por la filosofía aristotélica recientemente disponible y las herejías dualistas. Concluyeron que, como seres creados, los ángeles eran inmortales pero no eternos. Podrían ser capaces de dar forma a la materia preexistente "como un alfarero hace la arcilla", pero no traerla a la existencia. Todos los ángeles eran originalmente buenos, pero algunos cayeron por el pecado del orgullo. Los demonios nunca podrían ser redimidos, pero los humanos eventualmente podrían ocupar sus asientos vacíos en el cielo. A pesar de las diferencias en la calidad y cantidad de su conocimiento, tanto la humanidad como los ángeles dependen totalmente de la gracia para experimentar a Dios.

Los ángeles son individuales, pero ¿en qué se diferencian unos de otros? Santo Tomás de Aquino dijo que cada ángel es su propia especie porque no hay materia en su naturaleza para diferenciarlos. Dun Scotus, por el contrario, propuso que una cualidad que él llamó haecidad, "así", diferenciaba a los ángeles. Incluso si fueran inmateriales. Buenaventura especuló que los ángeles no eran solo una forma pura porque todavía poseían una corporalidad sutil y etérea. Sobre este tema prevaleció Santo Tomás de Aquino.

Los ángeles pueden ocupar el espacio más pequeño, incluso la cabeza de un alfiler, pero no un punto matemático abstracto. Pueden moverse de un lugar a otro instantáneamente sin pasar por un espacio intermedio: "un ángel está donde trabaja". Pueden transportar tanto seres humanos vivos como almas humanas. Al ser inmateriales, no pueden aprender por las impresiones de los sentidos, pero no lo necesitan porque Dios les infundió en la creación todo el conocimiento que necesitarían. Los ángeles son guardianes de la castidad porque son asexuales (Las súcubos y los íncubos operan con gametos humanos robados).

En teoría, los espíritus puros no deberían sentir emociones. Los artistas ignoraron esta teoría. Presentaron ángeles que hacen más que expresar una alegría sobria. Por ejemplo, el ángel sonriente que adorna la catedral de Reims (s. XIII); en Lamentación sobre Cristo muerto de Giotto, donde los ángeles caen como gorriones con el rostro desgarrado de dolor (Siglo XIV); y los seis ángeles de Botticelli que bailan sobre el establo de Belén (s. XV ).

"Virgen con el Niño y seis Ángeles" de Sandro Botticelli

Los cristianos esperaban, y aún esperan, que los ángeles interactúen con ellos tal como lo habían hecho en la Biblia. Los ángeles habitan en visiones del más allá, transmiten mensajes, administran pruebas, brindan consuelo o hacen milagros a través del poder de Dios. Su verdadera identidad a menudo no se reconoce hasta después de su desaparición, pero los ángeles pueden mostrarse sin disfraz en sueños y apariciones. Muchos santos pudieron ver a sus ángeles de la guarda (Santa Brígida de Suecia recibió un dictado que hizo que entrase en la liturgia de su Orden). Debido a que Satanás puede hacerse pasar por “un ángel de luz”, los encuentros angelicales requieren un discernimiento muy cuidadoso. Los jueces de Santa Juana de Arco intentaron demostrar que sus mensajes de San Miguel provenían de un demonio. Ella no mordió el anzuelo. Cuando se le preguntó cómo era el arcángel, respondió dulcemente: "Sería bueno saberlo", y no dijo más.

Las personas medievales de todas las clases creían en la intercesión de los ángeles, especialmente de sus propios ángeles guardianes, en oración privada. Las horas de los ángeles de la guarda a veces aparecían en los libros de horas para la élite. En honor a los ángeles, la gente hacía peregrinaciones a los lugares de las apariciones, se unía a colectividades, celebraba festivales, preparaba comidas rituales y encendía hogueras. Las iglesias y otras instituciones religiosas estaban dedicadas a los ángeles, especialmente en las colinas y promontorios con vistas al mar. En la tierra, las razas, naciones, ciudades y comunidades religiosas tenían sus ángeles protectores especiales; en los cielos, los ángeles movieron el sol, la luna y los planetas dentro de las esferas de cristal de Ptolomeo.

La intervención angelical fue crucial en la hora de la muerte. Los guías de Ars Moriendi (El arte de morir) representaron al ángel de la guarda repeliendo el asalto final de un diablo. Esta asociación ha dejado antiguas oraciones incrustadas en las liturgias fúnebres del Rito Romano: Subvenite (“encontraos con él, ángeles del Señor, recibiendo su alma, ofreciéndola a los ojos del Altísimo”), y Suscipiat (“que los ángeles os conduzcan a la casa de Abraham”), In paradisum (“Que los santos ángeles te conduzcan al paraíso”) acompaña al ataúd cuando sale de la iglesia. Los ángeles otorgan coronas de gloria cuando las almas entran al cielo y vestirán los cuerpos resucitados con vestiduras blancas para que todos juntos celebren “el coro eterno que los ángeles cantan con los hombres”.

El arte cristiano se esfuerza por hacer visible lo invisible. Un Ángel plantea un desafío especial porque las descripciones bíblicas son muy escasas. No surgió una iconografía consistente para los nueve coros, pero un mosaico dentro de la cúpula del Baptisterio de Florencia diferencia de manera colorida cada rango (Siglo XIII). En las Escrituras, solo los querubines y serafines tienen alas, tres pares de ellos. En Oriente, esos ángeles aún conservan esa forma antigua. Pero en Occidente, los artistas medievales los recortaron hasta convertirlos en cabezas de niños aladas y sin cuerpo, rojo para serafines, azul para querubines. Durante el Renacimiento, estos últimos se convirtieron en niños, bebés varones desnudos que simbolizan la inocencia, que siguen siendo el concepto habitual de los querubines hasta el día de hoy.

Otros ángeles aparecieron en la tierra, por lo que inicialmente no tenían alas en el arte paleocristiano. Pero comenzaron a adquirirlas en el siglo IV. Un mosaico de la Anunciación en Santa Maria Maggiore (ca. 450) muestra un ángel alado, pero el dibujo subyacente original no tenía alas. Los eruditos debaten hasta qué punto las imágenes paganas de seres sobrenaturales influyeron en el cambio. Pero una vez que los ángeles cristianos obtuvieron sus alas, obtuvieron unas espléndidas, a menudo con ojos de pavo real. Por supuesto, hay excepciones: una Anunciación medieval tardía le da alas de halcón a Gabriel y los ángeles de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel no tienen alas. Los colores vivos se desvanecieron después del Renacimiento, dejando alas angelicales en su mayoría de color blanco liso.

Cuando los ángeles bíblicos toman la forma de jóvenes —las doncellas son culturalmente inviables— se supone que es una señal de su naturaleza asexual. Tradicionalmente, los ángeles deberían verse andróginos. Por ejemplo, un exquisito fragmento de icono ruso conocido como El ángel con cabello dorado (siglo XV) nunca se confundiría con un hombre mortal. 

Arcángel Gabriel o Ángel del Cabello de Oro - Museo de Arte Ruso, Kiev

Desafortunadamente, las imágenes angelicales se han ido alejando de este ideal, volviéndose afeminadas e incluso abiertamente femeninas en los últimos tiempos, especialmente desde la locura de los ángeles de finales del siglo XX.

Las características, los colores y la vestimenta de los ángeles en el arte evolucionaron para adaptarse a las culturas que los produjeron. Los ángeles pueden ser morenos o claros, rubios o morenos. Pueden usar túnicas romanas blancas o vestimentas de brocado dorado o túnicas aleteantes de muchas capas. Aunque los bucles dorados y la piel pálida han dominado la iconografía occidental desde que el Papa Gregorio el Grande llamó a los ángulos cautivos “angeli”, estas no son características universales. Los arcángeles bizantinos de piel aceitunada adquirieron el equipo y las insignias de los funcionarios de la corte eunucos. Los ángeles etíopes con peinados afro parecen nobles locales con pantalones de estampados brillantes y capas voluminosas. Los ángeles del Perú colonial están vestidos como caballeros barrocos con calzones de enaguas y tienen un cabello castaño rojizo sorprendente como los hijos de los incas y los conquistadores. La inculturación todavía continúa en todo el mundo. Por ejemplo, los maravillosos ángeles samuráis del artista japonés-estadounidense Daniel Mitsui están inspirados en grabados en madera tradicionales.

En 1625, el cardenal Federico Borromeo resumió la iconografía católica adecuada de los ángeles después de Trento en su tratado De pictura sacra: “Los ángeles están dotados de alas para denotar velocidad; con una prenda de decoro; con apariencia humana, porque no hay otra más perfecta; su figura es juvenil para denotar fuerza y ​​vigor, que ningún declive senil puede amenazar”.

Este no es el lugar para explorar cómo se desarrollaron las imágenes de los ángeles caídos, desde pequeñas figuras negras escuálidas hasta repugnantes monstruos híbridos y humanoides con cuernos de cabra, alas de murciélago y colas de púas. Pero vale la pena describir la semejanza sobreviviente más antigua de Satanás cuando todavía tenía rasgos angelicales. Un mosaico de Sant'Apollinare Nuovo en Ravenna (s. VI) muestra a Cristo sentado en el juicio flanqueado por dos ángeles. El vigoroso de su derecha, con las ovejas, se ilumina de rojo fuego; el decaído a su izquierda, con las cabras, brilla con un azul pálido.

Cristo sentado en el juicio flanqueado por dos ángeles (Sant'Apollinare Nuovo, Ravenna)

Habiendo examinado quiénes son los ángeles, qué hacen y cómo se ven, ahora examinemos a los ángeles individuales. Los únicos ángeles nombrados en las Escrituras canónicas y los únicos que la Iglesia reconoce son los tres arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael. Llevan el título honorífico de “Santos” a pesar de que no son humanos y, obviamente, no han sido canonizados. Tenga en cuenta que pertenecen al octavo coro y sin embargo desempeñaron un papel importante en la historia de la salvación. Al Señor le gusta invertir jerarquías.

La Biblia menciona a San Miguel ("¿Quién como Dios?") cuatro veces. En Daniel es el "gran príncipe" y patrón del pueblo judío. La Epístola de Judas se refiere a una oscura disputa entre él y Satanás sobre el cuerpo de Moisés. Él ordena a los ejércitos celestiales que expulsen del cielo a Satanás, el antiguo dragón en Apocalipsis. Algunos han sugerido que San Miguel fue el ángel anónimo que detuvo la mano de Abraham para evitar el sacrificio de Isaac y que aniquiló al ejército asirio para salvar a Jerusalén (2 Reyes 19:35). San Miguel también aparece en los influyentes, aunque apócrifos, libros de Enoc, La Asunción de Moisés y La Ascensión de Isaías como capitán de la hueste celestial y como el ángel que llevaba los registros. Algunos han sugerido que San Miguel también es el ángel que detuvo la mano de Abraham para evitar el sacrificio de Isaac y que aniquiló a un ejército asirio para salvar a Jerusalén. Finalmente, según la leyenda, es San Miguel quien advierte a la Santísima Virgen de su inminente muerte y así, se convierte en guía de las almas que parten. El Ofertorio de la Misa de Réquiem anteriormente le rogaba a Dios que "ordene a San Miguel, tu abanderado, que los lleve a la luz santa".

En Oriente, los primeros lugares en honor a San Miguel fueron las aguas termales curativas. En Occidente, sus grandes santuarios estaban en sus lugares de aparición: Monte Gargano, Italia (530), Castel Sant'Angelo, Roma (590) y Mont-Saint-Michel en Bretaña (Siglo VIII). Todos atrajeron a los peregrinos. En Inglaterra, se dedicaron más iglesias a San Miguel durante la Edad Media que a cualquier otro Santo excepto a Nuestra Señora. La Francia medieval tenía una Orden caballeresca de San Miguel y Portugal una militar (también conocida como la Orden del Ala). Su fiesta, todavía llamada Michaelmas (Fiesta de San Miguel) en Inglaterra, marca el comienzo de las sesiones de la corte y los períodos escolares.


En el arte occidental, se muestra comúnmente a San Miguel luchando contra el diablo, vistiendo una armadura medieval o tardorromana. A veces pesa las almas en el Juicio Final, ya sea con armadura o con una capa elaborada y una banda de diácono. La cristiandad oriental ve a San Miguel más como un sanador, protector e intercesor que como un guerrero. Es costumbre para los Santos Miguel y Gabriel, ricamente ataviados como oficiales imperiales, para flanquear al Grupo Deesis de la Madre de Dios, Cristo y el Bautista en la pantalla del iconostasio en las iglesias bizantinas. Como sus compañeros arcángeles, San Miguel también aparece solo en los iconos o se une a una compañía angelical para la oración común.

Como el gran oponente de Satanás, San Miguel es ampliamente invocado contra los demonios y la posesión demoníaca. Para los católicos, es el patrón oficial de los soldados, las fuerzas de seguridad, los banqueros, los radiólogos y la radiología, los enfermos y los moribundos. Vigila la ciudad de Bruselas, Inglaterra, Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón. La oración que comienza con “San Miguel Arcángel nos defiende en la batalla...” solía ser requerido después de la misa, pero últimamente está regresando como una devoción popular.

* * * 

San Gabriel ("Dios es fuerte") ha sido llamado "el mensajero del Consuelo Divino". En la Biblia, interpreta visiones de Daniel y anuncia los próximos nacimientos de San Juan Bautista y Jesús. También se le atribuye haber destruido Sodoma y Gomorra, luchar con Jacob, proteger a los Tres Jóvenes en el Horno de Fuego, causar la desgracia del predecesor de la Reina Ester, anunciar los futuros nacimientos de Sansón y la Virgen María, proclamar la Natividad de Cristo a los pastores y consolando a Jesús en Getsemaní.


En el arte, los emblemas de Gabriel incluyen el lirio, la rama de olivo y la batuta del heraldo. Los artistas occidentales lo visten habitualmente con túnicas pseudo-clásicas sueltas u ocasionalmente con lujosas vestimentas de brocado. Es el patrón oficial de las radios, la televisión, las telecomunicaciones, el cuerpo de señales militares, el servicio postal, los coleccionistas de sellos y los diplomáticos de España y Argentina.

* * *

San Rafael ("Dios sana") aparece en el Libro de Tobías. Tomando la forma de un hombre llamado Azarias, acompaña al joven Tobías en un viaje donde protege a su cargo, expulsa a un demonio para salvar un matrimonio, cobra una deuda y luego le devuelve la vista al anciano Tobit. Luego se revela a sí mismo como uno de los siete ángeles que están ante el trono divino y desaparece. También se le identifica con el ángel anónimo que curó a Jacob de su lesión de lucha libre y agitó las aguas del estanque de Betsaida para curar a los enfermos.


San Rafael suele ser representado con el atuendo de peregrino que usa en Tobit, a veces llevando un pescado o una olla de ungüento. Milton lo llama el "arcángel sociable" y le pide que instruya a los recién creados Adán y Eva en Paraíso Perdido. San Rafael es oficialmente el patrón de los viajeros, los jóvenes que abandonan el hogar, los farmacéuticos, los inspectores de salud, los ciegos y las víctimas de enfermedades oculares.

* * *

Juntos, se supone que estos tres arcángeles son los "hombres" que se le aparecen a Abram en Mambre. Después de disfrutar de su hospitalidad, predicen el nacimiento de su heredero Isaac. En la iconografía bizantina, su visita se titula Icono de la Trinidad y se considera una prefiguración del Dios Trino. La maravillosa interpretación de Andre Rubelev es una de las imágenes sagradas más grandes de Rusia.

Aunque el 29 de septiembre originalmente celebraba la dedicación de una basílica a San Miguel cerca de Roma en el siglo VI, hoy es la fiesta de los tres arcángeles. Por lo tanto, honrémoslos con líneas de una oración del siglo X:

... Oh Miguel, Príncipe del cielo,

Y Gabriel, por quien fue dada la palabra,

Y Rafael, nacido en la casa de la Vida,

Tráiganos entre la gente del Paraíso.


Catholic World Report