sábado, 1 de agosto de 2026

DESCONTENTO Y PAZ EN MEDIO DE LA CRISIS EN LA IGLESIA

Debes estudiar la doctrina para comprender que reconocer una vacante papal prolongada no pone en tela de juicio la credibilidad de nuestra fe.

Por Sean Johnson


“La tesis que más me costó aceptar fue la de la libertad religiosa. Durante años enseñé las tesis de derecho público del cardenal Ottaviani, según las cuales solo la verdad tenía derechos. Al final, me convencí de que estábamos equivocados” (Juan Pablo I, Biografía actual, pág. 210) (1).

A. Introducción

El obispo Williamson explicó en una ocasión que, en la Iglesia Católica, la verdad y la autoridad están unidas, estando la segunda al servicio de la primera. ¿Cuál sería la consecuencia, entonces, si ambas se separaran y la autoridad (o la autoridad aparente) actuara en oposición a la verdad? ¿Cómo afrontarían los hombres, intelectual y espiritualmente, la ruptura entre ambas, al ver que ya no podrían estar al servicio de ninguna de las dos, puesto que ahora se enfrentan entre sí? Las almas piadosas se verían entonces sumidas en un estado de angustia intelectual y espiritual.

“Si reconozco que estos hombres son autoridades eclesiásticas legítimas, debo reconocer aquello que hasta ahora he rechazado: que los papas y los concilios pueden promulgar herejías en sus actos magisteriales oficiales a la Iglesia universal”.

Un hombre razonablemente inteligente comprenderá de inmediato el grave peligro que supone para su fe aceptar tal proposición, ya que atenta directamente contra la institución del papado (es decir, si un papa legítimo puede enseñar herejía en su magisterio oficial, entonces el papado mismo es superfluo). Luego, llegaría a comprender que, de ser así, también atentaría contra la divinidad de Jesucristo, quien no solo habría instituido una institución superflua como el papado, sino que sus oraciones por Pedro (es decir, “He rogado por ti para que tu fe no te falte”) habrían fracasado. De repente, Dios no es todopoderoso y su voluntad puede fallar. La mente se preguntará entonces si tal ser podría considerarse verdaderamente divino: ¿Era Jesús realmente Dios?

Al seguir por este camino, la fe resulta herida de muerte: el papado, la religión católica e incluso la divinidad misma de Cristo se ven puestos en entredicho.

Cabría pensar, entonces, que todos los hombres razonables huirían de tal trayectoria. Y, sin embargo, con frecuencia ocurre lo contrario. Se dicen a sí mismos:

“Si no reconozco a estos hombres como autoridades legítimas, no veo cómo mi fe católica puede sobrevivir a la aparente desaparición de la apostolicidad, la indefectibilidad, la visibilidad, los sucesores perpetuos, etc.”

Ahora bien, el hecho de que para esta última postura existan respuestas doctrinalmente irrefutables que resuelven todas estas objeciones aparentes o superficiales, mientras que al adoptar la primera postura (es decir, aceptar a los herejes como autoridades legítimas), la fe del creyente está inevitablemente condenada, no es el principal interés de este artículo. Más bien, lo que capta nuestra atención aquí es la disonancia cognitiva que surge en el alma de los fieles atentos, los medios deshonestos que se emplean para suprimirla y el curso de acción real que se debe emprender para vencer la disonancia por completo, a fin de que el creyente atribulado pueda llegar a la verdad.

B. Disonancia cognitiva

Antes de poder analizar realmente cómo opera la disonancia cognitiva y cómo perturba las almas de los católicos que se enfrentan a las contradicciones que se manifiestan entre la Iglesia preconciliar y la postconciliar, primero debemos definir ese término.

La disonancia cognitiva se describe como:

“Un fenómeno mental en el que las personas, sin saberlo o de forma subconsciente, mantienen cogniciones fundamentalmente contradictorias. El hecho de enfrentarse a situaciones que crean esta disonancia o ponen de manifiesto estas inconsistencias motiva un cambio en sus cogniciones o acciones para reducir dicha disonancia, ya sea modificando una creencia, justificando algo o tomando medidas que reduzcan la inconsistencia percibida” (2).

Ejemplos de tales “cogniciones conflictivas” que enfrentaron los católicos durante y después del Vaticano II podrían incluir la eclesiología de Mystici Corporis Christii versus la de Lumen Gentium y Dominus Iesus, o el documento conciliar Dignitatis Humanae que profesa un derecho a la libertad religiosa versus Quanta Cura y Syllabus de Pío IX, Libertas Praestantissimum e Immortale Dei de León XIII que niegan precisamente esa afirmación.

En estos casos, el católico se enfrenta a una contradicción doctrinal y, según nuestra definición de disonancia cognitiva anterior, busca una solución para reducir esta incómoda perplejidad.

Algunos de los medios que podría emplear para resolver la disonancia podrían incluir buscar consejo, dedicarse al estudio diligente, orar por luz y paz, y si todo lo demás falla, reconocer que la solución está más allá de su comprensión y abandonarse a Dios (lo cual, después de todo, podría ser precisamente la razón por la que Dios ha permitido que la disonancia persista). Todos estos medios serían honestos y honorables.

Sin embargo, existe otro medio para resolver la disonancia que no es ni honesto ni honorable, y lamentablemente, si la historia de la Iglesia Católica durante los últimos 60 años sirve de algo, parece ser el método preferido, al que llamaremos indistintamente "crimen de pensamiento" o "crimental".

C. Crimen de pensamiento (o Crimental) en “1984”

Los lectores familiarizados con la novela distópica de Orwell, "1984", estarán familiarizados con el concepto de "crimen de pensamiento", aunque en la novela se utilizaba con un propósito diferente al que se utiliza hoy en día en la iglesia conciliar.

En el libro, "crimental" se refería a un proceso mental mediante el cual los ciudadanos de Oceanía se protegían de traicionar involuntariamente su oposición secreta a la propaganda oficial del partido del gobierno totalitario, fingiendo creer las falsedades más flagrantes:

En “1984” de George Orwell , el “Paracrimen” es la disciplina mental que consiste en frenar instintivamente cualquier pensamiento que pueda conducir a un delito de pensamiento. Funciona como una forma de estupidez protectora, en la que los miembros del Partido se entrenan para evitar ideas peligrosas antes de que se formen por completo.

El “Paracrimen” funciona a través de varios mecanismos psicológicos:

Detención instintiva: La mente desarrolla un "punto ciego" cada vez que aparece un pensamiento peligroso. El proceso se vuelve automático, como un reflejo, deteniendo el pensamiento en el umbral.

Ignorancia deliberada: Implica la capacidad de no comprender las analogías, no percibir los errores lógicos y malinterpretar argumentos simples si contradicen el Ingsoc (en “neolengua” significa socialismo inglés, la ideología oficial oficial que gobierna el superestado de Oceanía, donde se desarrolla la novela 1984).

Repulsión emocional: Quienes practican esta disciplina se entrenan para sentir aburrimiento o repulsión ante cualquier línea de pensamiento que pueda conducir a la herejía, haciendo que la disidencia resulte físicamente desagradable.

Autocensura activa: A diferencia de la ignorancia pasiva, la autocensura activa es un esfuerzo activo por reescribir la propia percepción de la realidad para alinearla con el Partido, como aceptar que “el Partido dice que la Tierra es plana” sin cuestionar las pruebas (3).

D. Crimen de pensamiento (o la “hermenéutica de la continuidad”) en la iglesia conciliar

En el concilio Vaticano II, el padre Ralph Wiltgen documentó en su libro “ El Rin desemboca en el Tíber ” las “vías de escape” mediante las cuales los revolucionarios lograron convencer a obispos anteriormente tradicionalistas para que votaran a favor de documentos que incluían doctrinas que contradecían el magisterio preconciliar y que, precisamente debido a esta contradicción, normalmente habrían provocado la aparición de disonancia cognitiva:

El método consistía en revisar los procedimientos de votación para permitir un placet iuxta modum (es decir, votar sí, pero con reservas) o presentar un modi (es decir, una solicitud de modificación) junto con su voto afirmativo. En otro incidente famoso, durante las deliberaciones sobre Lumen Gentium, Pablo VI intervino para añadir una nota explicativa praevia (es decir, una nota explicativa) como preámbulo del documento, en un intento de asegurar a los obispos tradicionalistas que la colegialidad no pretendía socavar la autoridad del sumo pontífice.

Pero todos estos recursos no eran más que estratagemas destinadas a aliviar la conciencia de los obispos que, de otro modo, se habrían resistido a doctrinas ambiguas, equívocas y abiertamente heréticas, consolándose a sí mismos al creer que personalmente se habían mantenido fieles a la fe y no habían violado su conciencia.

Pero esas técnicas solo eran válidas mientras el concilio estaba en sesión.

Al concluir el concilio, se promulgaron 16 documentos que probablemente no satisficieron a ninguno de los obispos conservadores o tradicionalistas, pero todos los aceptaron, a pesar de contener doctrinas condenadas no solo por sus predecesores, sino incluso por ellos mismos en años anteriores.

¿Acaso el “cardenal” Suenens no declaró con júbilo que el concilio Vaticano II fue la Revolución Francesa en la Iglesia? ¿No reconoció Congar que la Dignitatis Humanae decía lo contrario de la Quanta Cura de Pío IX y del Syllabus de Errores? ¿No admitió Juan Pablo I en su biografía (citada al inicio de este artículo) que tuvo que “convencerse a sí mismo” de que la Iglesia se había equivocado anteriormente para poder aceptar lo que él consideraba, evidentemente, una doctrina nueva y contradictoria?

Los revolucionarios habían logrado obtener los votos de los obispos en el concilio, pero ¿cómo aliviar ahora las tensiones internas que estos sentían por lo que ahora eran responsables de imponer a los fieles y a su clero subordinado (doctrinas en las que muchos no creían y que desestabilizaban su fe)? Era un asunto grave para los revolucionarios, porque si permitían que la disonancia cognitiva se arraigara en el interior de estos prelados, algún día algunos de ellos podrían rebelarse contra la iglesia conciliar (pensemos en Lefebvre).

La “solución” la proporcionó finalmente Juan Pablo II, quien declaró que los documentos conciliares debían leerse “a la luz de la Tradición”, y este tema fue desarrollado posteriormente por el “cardenal” Ratzinger, llegando a conocerse como la “hermenéutica de la continuidad”. Al igual que el “crimen de pensamiento” (en el que el practicante se ha entrenado para aceptar saltos lógicos evidentes, no comprender analogías, no notar contradicciones y sentir repulsión ante cualquier pensamiento que pueda cuestionar la ortodoxia del concilio Vaticano II, o detener su mente al borde de cualquier pensamiento peligroso que pueda conducir en esa dirección), era un artificio psicológico mediante el cual toda contradicción podía interpretarse como un “desarrollo”.

¿Newman dijo que una contradicción nunca podría ser un avance? ¿Cuál es el problema? ¿Congar dijo que las enseñanzas preconciliares y postconciliares dicen lo contrario? ¡Eso también es un avance! ¿Juan Pablo I tuvo que convencerse a sí mismo de que la Iglesia preconciliar estaba equivocada? ¡Pues ninguna técnica es perfecta!

Fue mediante esta práctica deshonesta de autoengaño que se alivió la disonancia, y ha sido la misma promulgación deshonesta de la hermenéutica de la continuidad la que ha sostenido todo el edificio conciliar desde entonces.

La combinación del método hermenéutico/criminal de disipación de la disonancia cognitiva para eliminar el reproche interno negativo de la conciencia por la traición, junto con el espectáculo de presenciar cómo 2000 (ahora más de 4000) de sus hermanos obispos se niegan a señalar que el emperador está desnudo, ha proporcionado el apoyo psicológico necesario para asegurar una unidad casi unánime en la apostasía.

Nuestro Señor nos advirtió que surgirían falsos pastores que predicarían un falso evangelio. Estos hombres no pueden (o no quieren) creer que la referencia se aplique a ellos, aunque son semiconscientes de haberse engañado a sí mismos al "creer" en la nueva teología, refugiándose en la hermenéutica y encontrando seguridad en la certeza del número. Pero, en realidad, el origen del problema radicaba en que estos hombres no amaban la verdad lo suficiente como para resistir la corriente, como era su deber, y permitieron que el enemigo les halagara los oídos con estos métodos engañosos.

“¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os ha hechizado para que no obedezcáis la verdad?” (Gál. 3:10).

“Por lo tanto, Dios les enviará una operación de engaño, para que crean la mentira” (2 Tesalonicenses 2:11).

E. Cautivar a los fieles

El concilio Vaticano II supuso un shock para la conciencia de todos los católicos devotos. No, no para los católicos liberales, sino para aquellas almas piadosas que, como era de esperar, hicieron de la práctica de la fe su deber primordial en la vida. Ver cómo todo se desmoronaba prácticamente de la noche a la mañana fue un acontecimiento desestabilizador para la vida de estas personas: nuevos sacramentos, derecho canónico, eclesiología, vestimentas, fiestas, omisión de penitencias y festividades, etc. Todo ello amenazaba con desbaratar la revolución e inaugurar una contrarrevolución.

La forma de detenerlo era transmitir el “crimen de pensamiento” a las masas.

Seguramente muchos lectores habrán vivido esta experiencia: en sus tiempos del novus ordo, le preguntaron a un sacerdote conciliar cómo el concilio Vaticano II podía cambiarlo todo. Pero el sacerdote (consciente de las consecuencias de reconocer una mutación sustancial en la confesión de fe) respondió: “¿Eh? ¡El Vaticano II no cambió nada!”. Al igual que yo, miraron a ese sacerdote desconcertados, y él les devolvió la mirada con una sonrisa y explicó, según dijo, que la misma religión simplemente había recibido una nueva expresión para adaptarse a los tiempos modernos, o que el conciliarismo era simplemente un desarrollo de la doctrina, que expresaba la fe de forma más explícita.

La mayoría de la gente, al menos de tendencia conservadora o tradicionalista, al escuchar tal explicación, la puso en duda. Algunos la aceptaron, al igual que los obispos, y desde entonces se han tranquilizado con esa hermenéutica. Otros (como tú y yo) nos vimos inmersos en una profunda disonancia cognitiva, encontrando tales respuestas manifiestamente falsas e insatisfactorias, lo que generó en nuestro interior una reticencia a seguir conversando con esos sacerdotes. Los veíamos como falsos pastores, y de hecho lo son.

Pero entonces surge el problema: si de hecho ha habido una mutación sustancial de la fe, y la Iglesia Católica (o la organización que se promociona como tal) se ha transformado en algo distinto que los Apóstoles y Papas de los primeros 1900 años no reconocerían como catolicismo, ¿qué implica esto para la fe?

¿Cómo se puede conciliar una ruptura de fe con la credibilidad de la religión católica?

Evidentemente, uno debe negar (a pesar de toda la evidencia en contrario) que se haya producido alguna desviación sustancial, o bien debe reconocer la revolución y aceptar la consecuencia, y es aquí donde se produce el posible estancamiento.

F. Enfrentando la verdad

Es en este punto (es decir, al reconocer que se ha producido una revolución en la Iglesia Católica) cuando aquellos hombres doctrinalmente desprevenidos para afrontar las implicaciones de esta constatación se ven intelectualmente perturbados y sumidos en una disonancia cognitiva, lo cual es lamentable, pues el tormento y el sufrimiento de la conciencia atribulada son totalmente innecesarios. La principal causa de la perplejidad es, por supuesto, el temor a que, si se llega a la conclusión de que los herejes públicos que instituyen otra religión bajo el pretexto del catolicismo moderno han traicionado la fe y apostatado, entonces la fe del individuo no pueda sobrevivir, ya que equivaldría a una deserción de la Santa Sede (lo cual se supone que no puede ocurrir).

La disonancia prolongada genera nerviosismo o ansiedad, lo que ha llevado a algunos al punto de sufrir crisis nerviosas. Se recurre a una postura de compromiso improvisada, comúnmente conocida como “reconocer y resistir”, ya sea de la FSSPX/Resistencia o de la variante de indulto (dependiendo del nivel de formación doctrinal de los fieles afectados). Siento gran empatía por quienes buscan refugio de esta manera, pues no lo hacen para traicionar la fe (como han hecho quienes hemos mencionado anteriormente), sino para conservarla. Yo mismo pertenecí a este grupo durante casi 25 años. Lo comprendo a la perfección. Y si bien no pretendo generalizar sobre todos los católicos que adoptan esta postura (porque son verdaderamente católicos), puedo decir, al menos en lo que a mí respecta, que siempre existió un reconocimiento lejano, semiconsciente o preconsciente, de que los sedevacantistas podrían tener razón, pero al no saber cómo afrontar las consecuencias de llegar abiertamente a esa conclusión, la rechacé como una amenaza infernal que debía ser reprimida.

Sin la formación doctrinal necesaria para comprender cómo la credibilidad de la fe católica puede sobrevivir ante una prolongada vacante papal, espiritualmente estaba prácticamente muerto. Así que, aunque el compromiso y el autoengaño fueran significativamente menores que los de los obispos conciliares y muchos (ni siquiera diría la mayoría) del clero y los fieles, aún existía un pequeño óbex intelectual celosamente protegido, del mismo modo que Winston en 1984 se enseñó a sí mismo a no ver saltos lógicos, contradicciones ni analogías, etc. (no por miedo a ser liquidado por un gobierno tiránico, sino por miedo a perder la fe).

G. Escapando de la disonancia

Antes de continuar, es importante recordar que todo esto es consecuencia de un ataque del diablo contra la Iglesia Católica. Fue él quien inspiró la traición y, por lo tanto, es él quien (al menos indirectamente) es la causa de la disonancia resultante, pues sabe, como solo una inteligencia angelical puede saberlo, que el deseo de escapar de la disonancia llevaría a la inmensa mayoría de los católicos a abrazar una mentira (es decir, un pensamiento criminal/hermenéutico), salvaguardando y preservando así la revolución en la Iglesia.

La cura para la disonancia causada por la confusión intelectual es la formación doctrinal: un hombre rechazará una conclusión si cree que aceptarla será ruinoso para su fe, pero estará abierto a ella si se le hace comprender que las razones por las que teme aceptarla son ilusorias. Esto debería ser bastante obvio.

¿Cómo puede un hombre aceptar que estos recientes aspirantes al papado tengan una legitimidad (al menos) dudosa, si al hacerlo cree que está rechazando simultáneamente la apostolicidad, la sucesión perpetua, la indefectibilidad, la visibilidad, etc.? De una u otra forma, debe familiarizarse con la doctrina de los teólogos clásicos que abordan estas cuestiones y refutan esos argumentos superficiales. Si se le hace comprender que, para cada cuestión, existen argumentos doctrinalmente satisfactorios que disipan sus temores, mediante la eliminación progresiva y acumulativa de estas objeciones, se abrirá, en esa proporción, a la posibilidad de una vacante papal prolongada, y la disonancia se disipará en proporción directa.

Obviamente, el primer paso importante para superar la disonancia es, entonces, leer los argumentos. Substacks como The Seraphim, que explican los mecanismos psicológicos, podrían ayudar a los católicos a dar ese paso, y sitios web como WMReview.org recopilan y abordan las diversas objeciones según las enseñanzas de los Papas, Concilios y Teólogos.

Cómo Dios inspira a los hombres a dar ese primer paso es un misterio de gracia. Pero a su debido tiempo, sucederá (si no es a través de la razón o la lógica que conduce a la convicción, entonces a través de las circunstancias, como en el caso de Viganò).

H. Un posible punto conflictivo

Así como los escrúpulos pueden tener causas intelectuales o sobrenaturales, también la disonancia (es decir, una perturbación del alma) puede tenerlas.

Algunos de mis lectores quizás conozcan la novela de Monseñor Robert Hugh Benson, The Dawn of All (El amanecer de todo), ambientada en una época en la que prácticamente todo el mundo se ha convertido al catolicismo. Irlanda es un gran monasterio cartujo, y todos los psicólogos son monjes cartujos. El protagonista es un monseñor que sufre una crisis nerviosa y es enviado al monasterio para ser tratado por los médicos cartujos. Tras explicarle que el 80% de las enfermedades mentales son, en mayor o menor medida, resultado de la posesión o la obsesión demoníaca, y que casi siempre son curables, el cartujo examina al monseñor y, al escuchar lo que le aflige, le ofrece este pertinente diagnóstico:

“Gran parte de lo que usted dice, monseñor, es simplemente el efecto de un nerviosismo. Un nerviosismo significa que las facultades emocionales o receptivas ejercen una influencia indebida sobre la inteligencia racional. Usted admite que la lógica es impecable, pero ese hecho no le tranquiliza, como lo haría si estuviera en un estado normal”.

'Pero, espere, por favor, hasta que termine. Sé lo que quiere decir. Es que su sentimiento de protesta no es meramente sentimental, sino más bien moral, ¿no es así?

Monseñor asintió. Era precisamente lo que quería decir.

“Eso no es cierto, sin embargo. Es cierto que su sentido moral parece indignado, pero la razón es que aún no tiene todos los datos (el sentido moral es una rama de la razón, recuérdelo)” (4).

Los “datos” para nuestros propósitos son, por supuesto, estudios doctrinales.

Pero supongamos que eres una persona analítica o nerviosa por naturaleza, y que ningún estudio te sirve de nada como al otro 85% de la humanidad. Para ti, el camino hacia la paz es diferente. Sí, aún debes estudiar la doctrina para comprender que reconocer una vacante papal prolongada no pone en tela de juicio la credibilidad de nuestra fe, como temías, al menos desde un punto de vista lógico. Pero para este tipo de alma, la respuesta es el abandono a Dios, y te lo explicaré.

Si alguna vez has leído la obra maestra de Joseph Pieper, The Cardinal Virtues (Las virtudes cardinales), la sección sobre la virtud de la fortaleza resulta particularmente instructiva. Tras definir la fortaleza como la disposición a caer en la batalla, explica que prácticamente toda neurosis está causada o relacionada de alguna manera con una deficiencia o defecto en esta virtud, y en particular, con el miedo a soltar.

Sí, afirmamos que un temor que persiste a pesar de ser ilógico es irracional y, de hecho, no se debe a consideraciones doctrinales, sino a fenómenos psicológicos ligados a la virtud de la fortaleza. Por lo tanto, si la causa es la reticencia a soltar (es decir, a caer en combate si es necesario), entonces la solución para superar la ansiedad derivada de la disonancia en este tipo de alma es practicar el abandono a la voluntad de Dios.

“Señor, tú sabes que he pasado años tratando de comprender lo que quieres que haga, y por más que lo intento, no logro encontrar certeza ni paz. Aparentemente, está más allá de mis esfuerzos. Pero tú sabes que jamás desobedecería tu santa voluntad. Si, por lo tanto, no está en mi poder alcanzar la paz y la certeza en este asunto, entonces me postro a tus pies y me abandono a ti. Colócame donde quieras, oh Señor, y según las circunstancias que tú indiques, ponme donde tú me necesites”.

Esto es dejar ir, y es la solución a todas las ansiedades sombrías (incluida la persistencia ilógica de la disonancia).

Notas:

1) Citado por el Journal of American Reform, aquí.



4) Benson, Mons. Robert Hugh. The Dawn of All (Lepanto Press), pág. 188. Alternativamente, consulte esta versión gratuita en línea en las páginas 270-273: https://archive.org/details/dawnofall00bensiala/page/270/mode/2up
 

LO SAGRADO Y LO PROFANO

La iglesia del cementerio de Viena se transforma en sede de un evento de 'discoteca silenciosa'.

En lo que respecta a las locuras de la Nueva Iglesia, puede que creas haberlo visto todo, pero sospechamos que esta publicación hará añicos esa convicción.

El Cementerio Central (Zentralfriedhof) de Viena es el principal cementerio de la capital austriaca. Con más de 330.000 tumbas individuales y un total de aproximadamente 3 millones de personas sepultadas desde su creación en 1874, es uno de los cementerios más grandes del mundo. Entre quienes descansan allí se encuentran nombres tan célebres como Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven y Johannes Brahms.

Aunque el Zentralfriedhof no es un cementerio católico, allí se encuentra una iglesia católica (actualmente ocupada por la iglesia del novus ordo). Está dedicada a San Carlos Borromeo y su gestión corre a cargo de la archidiócesis de Viena, tras su conversión al catolicismo.

El rector de la hermosa iglesia del cementerio de San Carlos Borromeo es el “reverendo” Jan Soroka, CR . Había sido nombrado para el cargo apenas unos meses antes por Josef Grünwidl, quien entonces era el llamado "administrador apostólico" de la diócesis vacante y desde entonces se ha convertido en su "arzobispo", sucediendo al notorio "cardenal" Christoph Schönborn.

El siguiente breve vídeo muestra imágenes grabadas con un dron de la hermosa iglesia del cementerio:


No se requiere la virtud de la fe, sino simplemente un mínimo de decencia humana, para comprender que ni un cementerio ni una iglesia son lugares apropiados para bailar y festejar.

Sin embargo, tanto la autoridad secular a cargo del cementerio como la autoridad católica, representada por el “padre” Soroka, consideraron una excelente idea convertir la iglesia del cementerio de San Carlos Borromeo en un espacio para una llamada "discoteca silenciosa", donde los asistentes escuchan, bailan y cantan música a través de auriculares inalámbricos, transmitida por DJs. La música solo se escucha a través de los auriculares —de ahí el término "silenciosa" para quienes no los llevan puestos— y los asistentes pueden cambiar entre diferentes DJs o canales, según el estilo musical que prefieran.

La discoteca con auriculares fue organizada y producida por Silent Disco Austria. En su página de promoción para este evento, que tuvo lugar el viernes 17 de abril de 2026, de 20:00 a 02:00, los organizadores anunciaron con entusiasmo: “¡En abril, convertiremos el Cementerio Central de Viena en una discoteca silenciosa! ¡Bailaremos juntos y nos divertiremos hasta altas horas de la madrugada en la Iglesia del Cementerio de San Borromeo!” (traducción vía DeepL.com ).

El precio de la entrada era de 15 € por boleto (aprox. 17 $). Los 500 boletos se vendieron antes de que comenzara el evento. Una petición de Citizen Go dirigida al arzobispo Grünwidl para detener el espectáculo sacrílego en St. Charles' no tuvo éxito. La archidiócesis afirmó no tener ninguna influencia sobre lo que allí sucede (aunque su sitio web oficial la incluye como parte de la parroquia "Amor Divino").

La fiesta profana no solo fue anunciada por los organizadores. El sitio web oficial del cementerio también promocionó la vergonzosa celebración:

Discoteca silenciosa en el cementerio central de Viena.

Una experiencia musical extraordinaria

Cuando el silencio baila: 17 de abril de 2026

Vive una experiencia de discoteca silenciosa en uno de los edificios modernistas más impresionantes de Viena: la iglesia de San Borromeo, en el cementerio central de Viena. El 17 de abril, el histórico interior de la iglesia se transformará por una noche en un espacio de baile con un ambiente tranquilo, pero a la vez lleno de energía.

Cómo funciona la discoteca silenciosa

  • Cada persona recibe auriculares inalámbricos en la entrada.
  • Dos DJs, dos canales: puedes elegir espontáneamente el estilo musical con el que quieras bailar. Géneros: House, Electrónica, Hip-Hop y Pop // Alternativa, Indie y Rock
  • Sin auriculares, el espacio permanece prácticamente en silencio; este formato combina la celebración con la consideración y un trato respetuoso hacia el lugar.

Un ambiente especial

La iglesia modernista diseñada por Max Hegele (1908-1911) es uno de los tesoros arquitectónicos del Cementerio Central de Viena. Su imponente cúpula y el claro efecto espacial crean un telón de fondo extraordinario para este evento único.

El cementerio central como espacio cultural y social.

Con propuestas como jardinería urbana, zonas de ejercicio, música en directo y visitas guiadas, los cementerios de Viena muestran la diversidad del lugar. La Discoteca Silenciosa se basa en esto e invita a los visitantes a experimentar el entorno histórico de una forma novedosa.

(Fuente: friedhoefewien.at ; traducción vía DeepL.com ).

Resulta absolutamente desconcertante ver a quienes organizan fiestas con DJs y bailes dentro de una iglesia católica en un cementerio asegurarnos su “consideración y respeto hacia el lugar”. ¡Qué conmovedor! Sin importar los movimientos corporales frenéticos y obscenos, la vestimenta inmodesta y provocativa, los cantos a viva voz que inevitablemente se producen, la presencia quizás de algunos arrebatos emocionales ocasionales, etc.

Según un artículo del diario austriaco Der Standard, poco después de las 10 de la noche, se podía oír a los asistentes a la fiesta en la iglesia cantando a viva voz el estribillo de la canción que ponía uno de los DJ: "¡Tú, tu sexo está en llamas!". Casi una hora más tarde, la multitud que bailaba se unió al coro vulgar de una canción alemana, según informó la edición austriaca del periódico alemán Die Zeit el 28 de abril .

Ah, y por supuesto, se permitían bebidas en la pista de baile, incluyendo, al parecer, bebidas alcohólicas.

Esta era la escena en la iglesia del cementerio de San Carlos Borromeo la noche del 17 de abril de 2026 en Viena
(imagen: Lenny Steinhauer para Der Standard).

El canal de televisión vienés W24 publicó un reportaje en video de dos minutos sobre el lamentable uso indebido de la iglesia de San Carlos Borromeo para una fiesta disco. Lamentablemente, no podemos incluirlo aquí; para verlo , haga clic en este enlace. El video ofrece una idea muy clara de lo sucedido, del ambiente que se vivió y del silencio que reinaba en el lugar.

El siguiente clip de 15 segundos proviene de la página de Instagram de Silent Disco Austria y también muestra escenas grabadas en la fiesta del 17 de abril (cuidado con el contenido potencialmente inmodesto):
 

Un breve reportaje publicado por W24 dice:

Lisa Pernkopf, portavoz de los cementerios de Viena, subraya que se debe preservar la dignidad del lugar, pero que existen "nuevos formatos de eventos, como yoga en el cementerio o jardinería urbana, para llegar a nuevos grupos objetivo".

La discoteca silenciosa invita a redescubrir el lugar [del cementerio], a derribar barreras y a disfrutar del entorno histórico con mayor atención. El objetivo es atraer a los jóvenes a este lugar de descanso para los difuntos, que durante el día también funciona como un parque con una impresionante flora y fauna, y como un espacio de relajación. Esta diversidad busca propiciar tanto el duelo como la celebración en el cementerio.

(Fuente: “Silent Disco Bringt leise Beats auf den Zentralfriedhof” , w24.at ; nuestra traducción con ayuda de AI).

Evidentemente, este mundo no tiene remedio, desde un punto de vista humano. Pero si bien cabría esperar cierta insensibilidad hacia lo sagrado por parte de los no creyentes, lo realmente sorprendente es que el evento contara con el respaldo del rector o pastor de la iglesia.

Para el párroco Jan Soroka, el evento es una señal de que la iglesia es un lugar de encuentro. “Incluso una discoteca silenciosa puede demostrar, a su manera, que la fe no solo conoce el silencio y la contemplación, sino también la ligereza y la alegría de vivir”, afirma Soroka. “Donde la gente ríe, baila y se apoya mutuamente, la iglesia se vuelve tangible”, declaró el pastor en un comunicado de prensa de Vienna Cemeteries Ltd. La vida en el cementerio trasciende todas las fronteras y “nos muestra que la vida continúa después de la muerte, que estamos llamados a la vida eterna”, añade el capellán del cementerio.

(“Silent Disco at the Central Cemetery turns Church into dance hall”, Catholic Conclave, 13 de marzo de 2026. Traducción del original alemán: “Silent Disco am Zentralfriedhof macht Kirche zum Tanzsaal”, Kathpress, 12 de marzo de 2026.)

Solo Dios sabe lo que ocurre en la mente de clérigos del novus ordo como Soroka, pero sin duda no es catolicismo.

Por cierto: según el informe de Zeit mencionado anteriormente, una de las canciones que se reprodujeron en la discoteca silenciosa fue la infame Highway to Hell de AC/DC.

Eso lo resume todo.
 

1 DE AGOSTO: SAN PEDRO AD-VINCULA (O EN CADENA)


1 de Agosto: San Pedro Ad-vincula

(En el año 43 de J. C.)

Celebra en este día la santa Iglesia la festividad de las cadenas del glorioso príncipe de los Apóstoles San Pedro, cuya prisión se refiere en el sagrado libro de los Hechos apostólicos por estas palabras: “En este mismo tiempo el rey Herodes se puso a perseguir a algunos de la Iglesia. Primeramente hizo degollar a Santiago, hermano de Juan. Después, viendo que esto complacía a los judíos, determinó prender también a Pedro. Eran entonces los días de los Ázimos. Habiendo, pues, logrado prenderle, le metió en la cárcel, entregándolo a la custodia de cuatro piquetes de soldados, de a cuatro hombres cada piquete, con el designio de presentarlo al pueblo y ajusticiarlo después de la Pascua. Mientras Pedro estaba así custodiado en la cárcel, la Iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. Mas cuando iba ya Herodes a ponerlo a la vista del pueblo, aquella misma noche estaba durmiendo Pedro en medio de dos soldados, que lo tenían atado con dos cadenas; y las guardias estaban haciendo centinela ante la puerta de la cárcel. Mas he aquí que de repente apareció un ángel del Señor, cuya luz llenó de resplandor toda la pieza: y tocando a Pedro en el lado, lo despertó diciendo: Levántate al punto. Y en aquel instante se le cayeron de las manos las cadenas. Le dijo asimismo el ángel: Ponte el ceñidor y cálzate las sandalias. Lo hizo así. Le dijo más: Toma tu manto y sígueme. Salió, pues, y lo iba siguiendo, bien que no creía ser cosa de verdad todo lo que veía. Pasada la primera y segunda guardia, llegaron a la cual se les abrió por sí misma. Saliendo por la puerta de hierro que sale a la ciudad, caminaron hasta el fin de la calle: y súbitamente desapareció de su vista el ángel. Entonces Pedro, vuelto en sí, dijo: Ahora sí que entiendo bien que verdaderamente el Señor ha enviado su ángel y me ha librado de las manos de Herodes y de la expectación de todo el pueblo judaico. Y habiendo pensado lo qué podía hacer, se encaminó a la casa de María, madre de Juan, por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban congregados en oración. Habiendo, pues, llamado al postigo de la puerta, una doncella llamada Rhodé salió a observar quién era; y conocida la voz de Pedro, fue tanto su gozo, que en lugar de abrir, corrió adentro con la nueva de que Pedro estaba a la puerta. Le dijeron: Tú estás loca. Mmas ella afirmaba que era cierto lo que decía. Ellos dijeron entonces: Sin duda será un ángel. Pedro entretanto proseguía dando golpes a la puerta. Abriendo por último, lo vieron, y quedaron llenos de asombro. Mas Pedro haciéndoles señas con la mano para que callasen, les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel y añadió: Haced saber esto a Santiago y a los hermanos. Y partiendo de allí se retiró a otra parte. Luego que fue de día, era grande la confusión entre los soldados sobre qué se habría hecho de Pedro. Herodes haciendo pesquisas por hallarle y no dando con él, hecha la sumaria a los de la guardia, los mandó llevar al suplicio” (Hechos de los Apóstoles, Cap. XII).

Reflexión:

Hoy es el día de rogar al Señor que vuelva los ojos compasivos sobre nuestro actual pontífice, sucesor suyo y Vicario de Cristo sobre la tierra; para que lo libre de las cadenas con que lo tienen como aprisionado sus enemigos, y pueda gobernar con entera libertad su santa Iglesia.

Oración:

Oh Dios, que libraste al apóstol san Pedro de sus cadenas, y le pusiste en libertad sin que recibiese daño alguno; te suplicamos que rompas las cadenas de nuestros pecados, y que por tu bondad apartes de nosotros todos los males que nos amenazan. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
 

viernes, 31 de julio de 2026

QUÉ ESPERAR DE FRANCIA (2)

Continuamos con la publicación del capítulo XVIII del tercer y último Tomo del libro “La Conjuración Anticristiana” de Monseñor Henri Delassus, publicado el año 1910.


TOMO I: LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA

TOMO II: EL AMERICANISMO Y LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA


CAPÍTULO XVIII

QUÉ ESPERAR DE FRANCIA

II. A PESAR DE TODO... ESPERANZA

¡Una resurrección! No puede ser obra del hombre. “¿Qué decretos ha pronunciado sobre Francia el gran Ser, ante el cual no hay nada grande?” Los amigos de Dios nos han traído palabras de misericordia para el cristianismo, palabras de salvación para la Iglesia. ¿Y Francia? A J. de Maistre “le gustaba creer que ella todavía tenía algo que hacer en este mundo”, y en consecuencia que Dios le daría la gracia de resucitarla.

“Ella todavía es anatema -dijo- pero sigo creyendo que está reservada para un gran papel”.

Él siempre esperó que, libre de sus errores, ella avanzaría hacia el punto más alto que jamás había alcanzado. “Veo a los franceses que avanzan hacia la gloria inmortal”.

Quanta nec est, nec erit, me visa prioribus annis (1).

Cada vez que veía un futuro mejor para el mundo, siempre decía: “Todo se hará a través de Francia”. Sin duda no deberíamos concederle el don de la infalibilidad, pero sus predicciones se han cumplido tantas veces, y ésta responde tan bien al deseo más ardiente de nuestro corazón, que no podemos dejar de darle crédito.

Él no es el único que nos da esperanza.

Un gran servidor del papado, el Cardenal Pacca, famoso por su valentía y su actitud orgullosa durante la persecución de Napoleón, había deplorado, durante sus dos nunciaturas en Colonia y Lisboa, el deplorable estado de ánimo en el que había visto a la nobleza emigrante, que seguía profesando en voz alta las máximas filosóficas que habían provocado la catástrofe.

Este espectáculo, sin embargo, no le hizo desesperar de Francia. Al llegar a la edad de 87 años, fue invitado a pronunciar, el 27 de abril de 1843, el discurso de apertura de la Academia de Religión de Roma. Tomó como tema: L'Etat actuel et les destinées futures de l'Eglise catholique (El estado actual y el destino futuro de la Iglesia Católica). Este discurso fue un acontecimiento e inmediatamente fue traducido a varios idiomas y publicado en los distintos países de Europa. Después de recordar la estrecha unión de la Iglesia de la Galia con la Iglesia de Roma desde los primeros siglos del cristianismo, describió la lucha que se libraba en aquel momento, bajo el gobierno de Julio, entre los hijos de la Revolución y los hijos de la Iglesia, y dijo: "“Para mí, me parece que el Señor, finalmente apaciguado, destina hoy a Francia a ser instrumento de sus divinas misericordias. Quiere que ella misma repare los muchos males que ha causado al mundo en el último siglo y en éste”.

“Francia es necesaria para el mundo”, escribió León XIII en una carta a los canadienses; y un inglés, Edmond Burke, le había dado anteriormente esta razón: “La destrucción de Francia sería la aniquilación de la civilización entre todas las demás naciones” (2). “la irrevocable brutalización de la especie humana”, dijo Joseph de Maistre (3). Louis Blanc informó de una declaración similar de otro inglés a quien llamó “el pensador más profundo de la Inglaterra moderna”: “Dios quiera que Francia nunca falle al mundo, el mundo volvería a caer en la oscuridad”. Por otra parte, la Iglesia de Dios quedaría sin defensor; y como se ha dicho: "La Iglesia indefensa aquí abajo terminará como comenzó, mereciendo las palmas del martirio. Si este fin no está cerca, Dios se levantará y vendrá en nuestro auxilio".

Nuestra alma capta todas estas palabras, que emanan de los pensamientos de amigos, extraños e incluso enemigos, y se aferra a ellas como un náufrago se arroja sobre un naufragio.

Porque Francia realmente se está hundiendo como en medio del océano. Su tasa de natalidad está disminuyendo de manera alarmante, mientras que la de todos sus vecinos aumenta; su virilidad se enerva en el bienestar y el placer; sus ideas actuales son en todo lo contrario a la verdad y al sentido común; ¿Cómo podría salvarse?

Sólo hay esperanza en Dios. Ciertamente le hemos dado muchos motivos para irritarse, pero muchos motivos pueden también inclinarlo a la misericordia. No es ajeno al asalto infernal que sufrimos desde hace dos siglos.

Es contra Francia donde la conspiración anticristiana ha puesto todas sus baterías. La masonería nos fue importada de Inglaterra, y si tiene sus centros de conspiración en otras partes, es en los países católicos y especialmente en Francia donde ha situado el teatro de sus operaciones.

Anteriormente habíamos tenido que defendernos de la Reforma.

“Nunca -dice de Maistre- el protestantismo ha dejado ni un instante de conspirar contra Francia” (4). Durante siglos, a veces mediante la violencia, a veces mediante la perfidia, lo ha intentado todo y todavía lo hace todo para arrastrarnos tras su estela. No pudo tener éxito. Francia tenía que seguir siendo católica para que algún día el mundo fuera católico. Conservaba en su interior el fuego sagrado, dispuesta a reavivarlo entre los disidentes, sin dejar de llevarlo nunca a los infieles.

No ha aportado la misma fuerza de resistencia contra el veneno más sutil del filosofismo que contra el protestantismo; pero es más en su mente que en su corazón donde se ha corrompido.

“El mal entre nuestros vecinos -dice E. de Saint-Bonnet- deriva del cálculo que produce una razón más fría. Los pecadores por petulancia, que hacen el mal casi sin reflexión, debemos ser más fáciles de corregir.

Como los ingleses, no tenemos en la India sesenta millones de esclavos que produzcan tres sueldos al día, y nunca pensamos en hacer de este globo un mercado para nuestro comercio” (5).

“Como los alemanes, no hemos quebrantado la autoridad del Santo Padre para que se casen nuestros sacerdotes; y nuestro pensamiento nunca fue el de fundir los vasos sagrados para hacer un guiso.

“Como los rusos, nunca hemos entregado el poder de la Iglesia a un príncipe, y nunca pensamos en confiar nuestra alma a un soberano de la tierra con preferencia a Dios.

¡Pero en este momento, más imprudentes, más descarriados que otros pueblos, nos gusta negar a Dios, y a nuestros Doctores, nuestros políticos exigen que nuestro ateísmo se establezca en el Estado! Lo hemos introducido en nuestras leyes y en el poder, lo hemos insertado en la enseñanza y en el matrimonio; ahora nos gustaría que el Estado se proclamara abiertamente ateo, que fuera objeto de una ley” (6).

Pero precisamente por este hecho, dice nuestro autor en otro lugar, Francia es víctima de la mentira más grande de la que los hombres se hayan visto jamás investidos. Es a ella a quien “Satanás pidió que examinara” el error social, filosófico y religioso más formidable. Es probable que en su lugar ninguna nación hubiera podido resistir como lo hizo” (7). Para la instrucción del género humano, “Dios, sin duda, permitió que estas tinieblas atravesadas por encantamientos envolvieran a la nación más ilustrada, la que había recibido más favores de lo alto, cuyo corazón latía con más fuerza, la única que podía, con la ayuda divina, atravesar sin peligro estas regiones mortales. ¿Fue Austria la que pudo resistir? ¿Fue Italia? ¿Fue España? Desde el bautismo del Sicambre, Dios quiso sin duda que la verdad en el mundo necesitara de Francia. Además, cuando la verdad ya no brillaba allí en su forma visible, todavía se difundía en forma latente, calentando el corazón de tantas Hermanas de la Caridad que se apresuraron a curar las heridas causadas por el error, de tantos misioneros que, en el momento en que el sol acababa de desaparecer para nosotros, llevaron sus rayos al resto del globo.

“¡Que Francia se felicite abiertamente por tener, en los planes de Dios, un lugar tan oficial! ¡Que sea feliz de haber proporcionado, incluso en medio de sus fracasos, tantos misioneros para traer luz al mundo, y tantas Hermanas de la Caridad para aliviar su dolor! ¡Que se alegre de haber dado a luz a tantas almas dedicadas a la oración o a la caridad, todas inflamadas por el ardiente deseo del amor. ¡Francia! ¡Francia! gritó una voz santa, ¡qué ingeniosa eres para irritar! ¡Y apaciguando a su vez la justicia de Dios! ¡Si tus crímenes te han acarreado castigo, tu caridad ha elevado tu voz al Cielo!

Satanás y su pueblo saben bien que éste es nuestro pararrayos, en las obras y en las oraciones de nuestros religiosos y religiosas: por eso, hoy como hace un siglo, se apresuran primero a apartarlos. Sólo acelerarán la hora en que Dios hará oír su trueno. Pero los méritos adquiridos garantizarán que esta tormenta no tenga otro efecto que el de purificar la atmósfera, purgarla de los miasmas que envenenan las mentes, hacer que lo que la Francia revolucionaria quiere y valora sea rechazado y expulsado, y lo que ha desdeñado y odiado sea nuevamente apreciado y exaltado.

El New-York Freeman de Estados Unidos publicó en su número del 7 de junio de 1879: “De todos lados, los que piensan y saben pensar, esperan en el futuro de Francia. Durante un tiempo más habrá combates. De pronto, de un modo o de otro, por un medio determinado por Dios, sobrevendrá una gran calma: los hombres mirarán hacia atrás y será difícil creer que los enemigos de Cristo y de su Iglesia hayan podido ser tan locos”.

Y esto es lo que da aún más fuerza a nuestra esperanza.

Sólo Francia está dotada de capacidad para hacer volver al mundo a los caminos de los que comenzó a desviarse hace cinco siglos, para devolverle la verdadera concepción de la vida, para persuadir a los hombres a reorganizar la vida social siguiendo su ejemplo con miras a la vida eterna que se debe adquirir, en una palabra, para restaurar la civilización cristiana.

Durante mucho tiempo, los hijos de Francia han estado luchando en su seno como Esaú y Jacob chocaron en el seno de Rebeca. Esta guerra terminará. No podemos evitar creer y esperar que llegará un día en que será manifiesto que Dios amaba a Jacob y odiaba a Esaú; El reinado de los malos –siempre habrá malos– habrá terminado, el reinado de los buenos comenzará de nuevo.

Durante demasiado tiempo, los malos han triunfado gracias a la ignorancia de las masas. La Revolución se escondió en la oscuridad de los palcos. Hoy lo arrancan, lo sacan a la luz, todos pueden ver lo que es, y mañana, cuando quiera hacer resurgir el Terror para mantener su reinado, todos verán lo que tienen que temer de él. Entenderemos que la Revolución sólo puede detenerse en la nada. Es el chancro que sólo perece con la carne que devora. Entonces los hombres sólo tendrán la opción entre la vida y la muerte; tendrán que decidirse por católicos completos o revolucionarios completos; ya no habrá manera de refugiarse en el justo medio, en un término medio entre la verdad universal y la mentira universal.

Ya en 1873, el señor de Saint-Bonnet anunció lo que comienza a tomar forma ante nuestros ojos: “Se producirá una clasificación increíble. Mañana, los que valoran la vida estarán obligados a unirse con los que defienden la Fe. Entonces todos los partidos formarán sólo dos: uno deseando que Dios triunfe para que Francia exista, y el otro que Francia perezca para satisfacer la sed de crimen que la envidia enciende en sus corazones”. Y añadió: “Pero cuando llegue el momento, Dios dividirá las olas del Mar Rojo para abrir un paso a su pueblo, luego cerrará estas olas sobre los que lo maldicen, para librar de ellos el futuro” (8).

Continúa...

Notas:

1) De Maistre.  Oeuvres, T. X. p. 436, et passim. 

2) Réflexions sur la Révolution française.

3) Carta a M. Viguet des Etoiles, 28 octobre 1794.

4) Oeuvres complètes de J. de Maistre, t. VIII, p. 76.

5) Esto fue escrito en 1850. No ha sido exactamente lo mismo desde que los judíos se convirtieron en nuestros amos.

6) Restauration française, p. 281 publicada en 1850. ¡Ya está hecho!
 
7) En la última obra que acaba de publicar, Les Sophistes français et la Révolution européenne (Los sofistas franceses y la revolución europea), el Sr. Th. Funck-Brentano muestra el profundo abismo que se abrió en el pensamiento francés a finales del siglo XVIII y dice: “¡Dos siglos de sofismas! ¡Nunca un pueblo ha soportado tal carga durante tanto tiempo!”.

8) La légitimité. Pagina 36.

 

ROCHE ASEGURA QUE PREVOST NO REVOCARÁ LAS RESTRICCIONES A LA MISA TRADICIONAL

Roche ha asegurado que el falso papa no modificará las restricciones a la celebración de la MTL establecidas por Traditionis custodes ni restaurará el régimen previsto en Summorum Pontificum.


Estas declaraciones se realizaron en una entrevista concedida al semanario británico The Tablet, en la que el “prelado” inglés afirmó categóricamente: “El papa León no va a cambiar Traditionis custodes ni va a volver a Summorum Pontificum.

Esta es la primera declaración pública de Roche sobre la postura de Prevost respecto a uno de los temas litúrgicos que más debate ha generado dentro de la Iglesia en los últimos años.

Según InfoVaticana, el “prefecto” del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos defendió que la cuestión de la liturgia tradicional debe entenderse “desde la perspectiva de la unidad eclesial”. Recordó que la Eucaristía es “el sacramento de la unidad” y sostuvo que, si la celebración de la misa se convierte en causa de división, “algo anda muy mal”.

Roche también rechazó las acusaciones de persecución formuladas por algunos fieles vinculados a la liturgia tradicional. Según él, cuando el “papa” concede autorizaciones de acuerdo con la normativa vigente y esos grupos siguen alegando persecución, “no saben cuál es el verdadero problema”.

Asimismo, lamentó el tono de algunas críticas dirigidas contra las “autoridades eclesiásticas” e incluso se preguntó: “¿Puede uno decir honestamente que es católico cuando escribe cosas tan llenas de odio sobre las personas y sobre la iglesia?”.
 
El “prefecto” aclaró que no considera errónea la liturgia anterior al concilio Vaticano II, pero sostuvo que la reforma impulsada después del concilio respondía a la necesidad de preparar a la iglesia para “una renovada tarea misionera”.

Entre los cambios introducidos, destacó la ampliación de las lecturas bíblicas en la liturgia y enfatizó una comprensión diferente de la participación de los fieles en la celebración eucarística. Mientras que en la forma tradicional el sacerdote actúa en nombre de la asamblea -afirmó- la reforma conciliar subraya que todo el pueblo bautizado participa activamente en la celebración junto con el sacerdote.

Recordemos que desde la publicación de Traditionis custodes, Arthur Roche ha sido uno de sus defensores más firmes y que basándose en dicho “documento”, la gran mayoría de las diócesis han restringido la celebración de la MTL, mientras que otras han buscado maneras de mantener su continuidad pastoral.

Además, este debate dio un giro con las consagraciones episcopales llevadas a cabo por la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (FSSPX) en Écône a principios de julio.

La consagración de cuatro nuevos obispos dio lugar al decreto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, que calificó el acto de cismático y declaró la excomunión de los obispos consagrados y de quienes participan directamente con la FSSPX.
 
Al mismo tiempo, numerosas comunidades vinculadas a la liturgia tradicional que permanecen en plena comunión con Roma expresaron su preocupación por el riesgo de que su situación se identifique con la de la Fraternidad, insistiendo en que la gran mayoría de los fieles adheridos al usus antiquior continúan viviendo plenamente integrados en la vida de la iglesia.

Las palabras de Roche apuntan a la continuidad de la línea marcada por Traditionis custodes, aunque hasta la fecha el falso papa no se ha pronunciado personalmente sobre este tema ni ha publicado ningún documento relativo a una posible modificación de la normativa vigente.
 
Hace algunas semanas las críticas más directas provinieron Gerhard Ludwig Müller, quien pidió que se restableciera la plena libertad para la celebración de la Misa Tradicional y sostuvo que Traditionis custodes “no tuvo un efecto positivo”, sino que terminó reforzando la posicion de la FSSPX.

Asimismo, el “arzobispo” Georg Gänswein afirmó que “Francisco se equivocó con Traditionis custodes” y defendió que este error debía corregirse. 
   

GRACIA Y LIBERTAD: DOCTRINA CATÓLICA

El papá y su niño, entre los dos, escriben una carta. Voy a partir de esta imagen.
 
Por el padre José María Iraburu


El papá, acercándose a una mesa, sienta en sus rodillas al pequeño –por supuesto, analfabeto total–, y tomando la mano del niño, que sostiene el lápiz, se dispone a escribir: “vamos a escribirle una carta a la Virgen María”. Atención: la carta, efectivamente, va a ser escrita entre los dos, padre e hijo. El objeto pretendido, escribir una carta, queda absolutamente fuera de las posibilidades del niño, ya que no sabe ni leer ni escribir. Pero este hecho no es impedimento alguno para que se realice esa obra, siempre, claro está, que la mano infantil se deja guiar continuamente por la mano de su padre. Y aquí se dan tres alternativas:

1.– El niño deja que el movimiento de su mano sea completamente dócil al movimiento de la mano conductora de su padre. Y sale una texto inteligible y quizá precioso. Aunque la letra, debemos reconocerlo, no será un modelo perfecto de caligrafía. Esa carta la han escrito los dos, no solo el padre, sino también el niño. Son con-causa de una obra, el padre como causa principal, el niño como causa instrumental. El niño mueve su mano movida por su padre.

2.– El niño mueve su mano desde su propia voluntad y gusto. Y resulta un garabato ininteligible, que no vale para nada. Ha resistido la moción de su padre. El sitio propio de ese papel es la papelera.

3.– El niño mantiene rígida su mano, sin dejarle a su padre que la mueva. No sale nada. Ha resistido la moción de su padre. El papel queda en blanco.

Éstas son las tres posibilidades que el hombre tiene bajo la acción de la gracia, y no hay más: aceptarla (1) o resistirla (2 y 3). Las dos últimas opciones son pecado, resistencia a la gracia, más o menos grave según el objeto de la acción, y según el grado de conciencia y consentimiento voluntario que se dé en la persona. La primera opción, la única buena, es ciertamente meritoria, porque el niño se ha fiado de su padre y ha obedecido dócilmente su guía, pudiendo resistirla: no es un lápiz inerte, incapaz de resistir. Él realmente “ha escrito” la carta, ha producido la obra buena; eso sí, su voluntad se ha movido movida por el padre. Y no se han co-ordinado las dos causas, poniendo el niño la parte suya y el padre su parte. Por el contrario, la causalidad del niño se ha sub-ordinado totalmente con la causalidad paterna principal. Se ha producido, pues, una feliz sinergia, que ha posibilitado en el niño una obra buena, para la que era completamente incapaz. Pues bien, así es siempre toda la vida cristiana. Por eso nuestro Maestro nos enseña: “si no os hacéis como los niños, no entraréis en el reino de los Cielos” (Mt 18,3).

Volviendo al ejemplo anterior –sería ridículo que el niño estuviera orgulloso de la preciosa carta escrita, como si fuera una obra sola o principalmente suya; –sería igualmente ridículo pensar que si ha realizado esa obra, que queda por encima totalmente de sus posibilidades, “ha sido cuestión de generosidad”. Son palabras sin sentido… –y también sería absurdo que el niño, al colaborar con su padre, estuviera preocupado y lleno de ansiedades: “¿y qué le diremos a la Virgen?… Bueno, hasta ahora parece que vamos bien. ¿Pero qué escribiremos en la página siguiente del cuaderno?”…

Antecedentes de esta imagen

El niño que escribe bajo la moción de su padre es una buena imagen, pero imperfecta, pues no expresa que en realidad el padre no sólo mueve la mano de su hijo, sino su voluntad. Pero ya se sabe que las imágenes, como las parábolas, tienen “un lado” elocuente, y otros que no valen. Y por otra parte, con buena voluntad podemos completar la imagen que he propuesto, pensando que el padre habla al oído del niño, y por su palabra le comunica el espíritu bueno, que le permite dejar su mano dócil a la guía paterna. Es ésta una imagen que tiene muchos antecedentes análogos, aunque no tan buenos como mi ejemplo. Solo cito a dos:

Jean-Pierre de Caussade, S. J.(1675-1751) enseña que el Espíritu Santo, en la plenitud de los tiempos, ha escrito los Evangelios;

“pero ahora el Espíritu Santo escribe los Evangelios solamente en los corazones. Todas las acciones y momentos de los santos son Evangelio del Espíritu Santo… El Espíritu Santo, por la pluma de su acción [de gracia], va escribiendo un Evangelio vivo, que solamente podrá ser leído en el día de la gloria, cuando, después de salir de la prensa de esta vida, será publicado” (El abandono en la divina Providencia, Fund. GRATIS DATE, Pamplona 2000, 75).

Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897), Doctora de la Iglesia, cuando describe la obra de Dios en los hombres, acentúa también la primacía absoluta de la gracia divina, acudiendo a la imagen del artista que, sirviéndose de un pincel, produce un cuadro maravilloso. El pincel sin el artista no puede nada.

“Si el lienzo pintado por un artista pudiera pensar y hablar, ciertamente no se quejaría de ser tocado y retocado por el pincel; ni tampoco envidaría la suerte de este instrumento, pues conocería que no al pincel sino al artista que lo maneja debe él la belleza de que está revestido” (Manuscrito autobiográfico C, 20 rº).

“En Dios vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28)

Esta grandiosa verdad, muy pocas veces predicada, con el paso del teocentrismo al antropocentrismo, es ignorada por gran parte de los cristianos modernos. Se captan a sí mismos como si fueran causa de su ser y de su propio actuar. Ignoran que si Dios es causa primera y continua del ser y del obrar natural de las criaturas, a fortiori es Él la causa primera y continua que por la iluminación y moción de su gracia hace posible la vida sobrenatural cristiana en cada una de sus obras. La sagrada Liturgia, la principal catequesis de la Iglesia, enseña maravillosamente esta verdad de la fe: “Concédenos, Señor, la gracia de conocer y practicar siempre el bien, y, pues sin ti no podemos ni siquiera existir, haz que vivamos siempre según tu voluntad. Por Jesucristo, Nuestro Señor” (jueves I Cuaresma).

El hombre no está hecho para obrar según su propia voluntad, sino para hacer siempre en todo la voluntad de Dios. Todo el universo de criaturas está hecho para cumplir siempre la voluntad de su Creador, y lo hace necesariamente. Y el hombre, la única criatura libre del mundo visible, está creado para cumplir libremente la voluntad del Señor. Ahora bien, en el obrar humano la línea causal del bien y la del mal son totalmente asimétricas. Consideremos esta verdad, que es también fundamental para penetrar el misterio gracia-libertad.

El hombre sólo puede producir el bien con la ayuda de Dios, asistido por la causalidad divina, que es universal, tanto en el orden de la naturaleza como en el de la gracia. El Creador da a su criatura el ser y el obrar continuamente. Como enseña el Catecismo: “Dios actúa en las obras de sus criaturas. Es la causa primera que obra en y por las causas segundas” (318). Y esto, como ya he dicho, se da a fortiori en el orden de la gracia: “sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). “Es Dios quien obra en vosotros el querer y el obrar según su beneplácito” (Flp 2,13).

Lo que el hombre puede producir él solo es el mal

Lo explica bien Jacques Maritain, apoyándose en la enseñanza de Santo Tomás:

Es inevitable aquí el lenguaje paradójico: cuando el hombre causa el mal “tiene una iniciativa, pero es una iniciativa de no-acción. La voluntad creada “produce” entonces la nada, produce el no-ser. Y eso es todo lo que puede hacer ella sola… Se substrae –no por una acción, sino por un libre no-hacer o des-hacer– al influjo portador de ser y de bondad de la Causa primera… Eso nos explica aquella frase de Santo Tomás: “la causa primera del defecto de la gracia está en nosotros” (STh I-II, 112, 3 ad 2m: [“pero la causa primera de la donación de la gracia está en Dios, según la Escritura: “la perdición es tuya, Israel; tu auxilio solo de procede”, Os 13,9]). Hay algo, pues, una línea en la que la criatura es causa primera, pero es la línea de la nada y del mal”. Y añade en nota: “Cuando se desvía de la moción divina, la del bien, el hombre no es más libre que cuando deja obrar esa moción y obra bien; pero está más solo… El hombre no puede estar solo más que en el mal” (Sto. Tomás de Aquino y el problema del mal, en la obra de varios autores, El mal está entre nosotros, Fom. de Cultura, Valencia 1959, 351-352).

La acción cristiana del hombre es, pues, siempre pasiva-activa: pasiva, en el sentido filosófico del término, en cuanto que recibe el don gratuito de Dios: iluminación, atracción, moción; y activa, pues recibir libremente ese auxilio divino le concede querer y obrar un bien que por sí solo no alcanzaría. Veámoslo en tres ejemplos máximos.

La Virgen María fue católica

No fue pelagiana o semipelagiana, tampoco fue quietista o luterana, ni jansenista: fue católica. La Llena-de-gracia, es decir, la Inmaculada, la Virgen fiel, no tiene planes propios que sacar adelante, no es capaz de querer nada por sí misma. Su voluntad solo puede moverse a querer algo movida por la voluntad de su Señor. La Bienaventurada Virgen María expresa con toda perfección cómo entiende ella la vida de la gracia:

Mira a su pasado y dice: “el Poderoso ha hecho en mí grandes obras”. Y mirando a su presente y futuro, dice: “he aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. En las dos frases los verbos van en pasiva. Ella entiende perfectamente que toda su vida, pasado, presente y futuro, es pasiva-activa, es providencia amorosa de Dios que, por su gracia, actúa en su mente, en su voluntad y en sus obras, con la real colaboración de su fiat permanente. Ni cuestión de generosidad, ni otras historias o cuentos. En Ella hay únicamente docilidad absoluta, alabanza y gratitud infinitas, en una humildad total y perfecta: “mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador, porque ha mirado con bondad la pequeñez de su esclava”.

San Juan Bautista fue también un católico practicante

Él nunca se autorizó a sí mismo a querer nada, por alto y santo que fuera, por sí mismo, desde su propia voluntad. Nunca quiso moverse sino ser movido por la voluntad de Dios, por su gracia. Juan el Bautizador fue como un niño analfabeto, que dejando que la mano de su padre guíe la suya, escribía en el libro de su propia vida un poema de celestial belleza y santidad. Y supo también, iluminado por Dios, expresar con perfección este misterio: “no debe el hombre tomarse nada, si no le fuere dado del Cielo” (Jn 3,27). Nada: ni más, ni menos, ni esto, ni aquello. Debe hacer todo, solo y aquello que Dios quiera hacer en él y con él… El don de Dios es gratuito, libre, imprevisible: no puede, pues, tomarse, como se toma una manzana de un árbol; sólo se puede recibir, pedir, esperar, procurar y realizar.

Es significativo que esta frase, “no debe el hombre tomarse nada, si no le fuere dado del Cielo”, una de las más luminosas de los Evangelios, sea tan poco citada. Pero se comprende que así suceda en ambientes voluntaristas, pelagianos o semipelagianos, porque es antitética a sus planteamientos errados.

Jesucristo, nuestro Señor, es también católico y Autor de todos los católicos

No hay en Él ni sombra de quietismo o de voluntarismo. “El hombre Cristo Jesús” (1Tim 2,5), desde toda la eternidad, en una predestinación única, infinitamente gratuita, es el Elegido del Padre. Y el Verbo divino, siendo el Hijo eterno del Padre eterno, una vez encarnado y nacido de la Virgen María, mantiene en toda su vida terrenal una fisonomía absolutamente filial. Él no se mueve sino movido por el Padre.

Su continua relación personal con el Padre se revela muy especialmente en los escritos del evangelista San Juan. En él declara Jesús: “Yo vivo por el Padre” (6,57), y “el Padre que mora en mí, hace sus obras… Yo estoy en el Padre y el Padre en mí” (14,10-11). Él entiende siempre sus obras como “las obras que mi Padre me dio hacer, esas obras que yo hago…” (5,36); “las obras que yo hago en nombre de mi Padre” (l0,25; cf. 10,37-38). Y por eso dice: “mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y realizar su obra” (4,34). “Yo he bajado del Cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (6,38). Nuestro Señor Jesucristo es, por lo tanto, psicológica y moralmente incapaz de querer nada por su propia voluntad. Se mueve siempre movido por el Padre: “en verdad, en verdad os digo que no puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre: lo que éste hace, lo hace igualmente el Hijo” (5,19). Nada, no puede hacer nada: “Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (5,30). “Yo no hago nada por mí mismo” (8,28); “como me mandó mi Padre, así hago” (14,12).

Y esa identificación plena entre la voluntad de Cristo y la del Padre se da normalmente con inmenso gozo, porque está hecha con infinito amor: “en aquella hora se sintió inundado de gozo en el Espíritu Santo, y dijo: yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque” etc. (Lc 10,31). Aunque otras veces se da con pavor y angustia, sudando sangre: “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (22,42).

Post post: ¿Tan difícil es entender esto?