domingo, 15 de marzo de 2026

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (93)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


93. Tercera lección a los discípulos en Nazaret, en el huerto de la casa. Palabras de consuelo a Judas de Alfeo.
31 de enero de 1945

1 Jesús sale al huerto, que aparece todo lavado por el temporal de la tarde anterior, y ve a su Madre inclinada hacia unas plantitas. Va donde Ella y la saluda. ¡Qué dulce es su beso! Jesús la ciñe los hombros con el brazo izquierdo, la acerca hacia sí y la besa en la frente, en el límite del pelo; luego se inclina para que su Madre le bese en la mejilla. Pero lo que completa la delicadeza es la mirada que acompaña al beso: la de Jesús, toda amor, dentro de lo que tiene de majestuosa y protectora; la de María, toda veneración, aun siendo toda amor. Cuando se besan así, parece como si el mayor fuera Jesús y Ella fuera la hija jovencita que, de su padre o de su hermano mucho mayor que ella, recibe el beso de la mañana.

2 “¿Han dañado tus flores el granizo de ayer por la tarde y el viento de la noche?” pregunta Jesús.
No, Maestro –responde, antes que María, la voz un poco ronca de Pedro–, lo único que ha sucedido es que han quedado muy desordenadas sus ramas.
Jesús levanta la cabeza y ve a Simón Pedro, que lleva sólo la túnica corta, trabajando en enderezar algunas ramas curvadas en lo alto de la higuera. 
¿Ya trabajando?.
Los pescadores dormimos como los peces: a todas horas, en cualquier sitio, pero sólo el tiempo que nos dejan descansar; y uno se acostumbra. Esta mañana he oído chirriar la puerta, al alba, y me he dicho: "Simón, Ella ya está levantada. ¡Venga!, ¡rápido! Ve a ayudarla con tus rudas manos". Pensaba que Ella había estado preocupada por sus flores durante esta noche llena de viento. Y no me he equivocado. ¡Conozco a las mujeres!... Mi mujer también, cuando hay tormenta, da vueltas en la cama como un pez en la red, y piensa en sus plantas... ¡Pobrecilla! Alguna vez le digo: "Estoy seguro de que das menos vueltas cuando tu Simón está en el lago a merced de las olas como una pequeña ramita". Pero soy injusto, porque es una buena esposa. No se diría que su madre... Bien: cállate, Pedro, esto no viene a cuento. No es correcto murmurar y dar a conocer imprudentemente lo que es bueno callar. ¿Ves, Maestro, cómo también en mi cabeza de asno ha entrado tu palabra?.
Jesús responde riendo: 
Tú te lo dices todo. A mí no me queda más que aprobar y admirar tu sabiduría de arboricultor.
Ya ha atado todos los sarmientos que se habían soltado, ha apuntalado ese peral que está sobrecargado, y ha pasado esas cuerdas bajo aquel granado que ha crecido sólo por una parte observa María.
Sí, parece un viejo fariseo; sólo pende hacia donde le interesa. Yo le he trabajado como si de una vela se tratara, y le he dicho: "¿No sabes que lo justo está en el medio? Ven aquí, cabezón; si no, te rompes por exceso de peso". Ahora me he metido con esta higuera, aunque es por egoísmo. Pienso en el hambre de todos: ¡higos frescos y pan caliente! ¡Ni siquiera Antipas tiene una comida tan buena! Pero hay que ir con cuidado, porque la higuera tiene ramas tan tiernas como el corazón de una jovencita cuando dice su primera palabra de amor; y yo peso, y los higos mejores están arriba. Con estos primeros rayos de sol se han secado ya. Deben ser una delicia. ¡Tú, muchacho! No estés sólo mirándome. ¡Despierta! Dame ese cesto.

3 Juan –que ha salido del taller– obedece y trepa a la gruesa higuera. Cuando los dos pescadores bajan, ya han salido también del taller Simón Zelote, José y Judas Iscariote. No veo a los otros.
María trae pan fresco (pequeños panes oscuros y redondeados), y Pedro, con su navaja, los abre, y sobre ellos abre los higos. Ofrece primero a Jesús, luego a María y a los demás. Comen con gusto en el huerto refrescado, transido de hermosura bajo el sol de una mañana serena, serena incluso por la reciente lluvia que ha limpiado la atmósfera. Pedro dice: 
Es viernes... Maestro, mañana es sábado....
No has descubierto nada nuevo observa Judas Iscariote.
No, pero el Maestro sabe lo que quiero decir....
Lo sé. Esta tarde iremos al lago, donde has dejado la barca, y navegaremos hacia Cafarnaúm. Mañana hablaré allí.
Se le ve muy contento a Pedro.
Entran en grupo Tomás, Andrés, Santiago, Felipe, Bartolomé y Judas Tadeo (los cuales han pasado la noche en otro lugar). Se saludan.

4 Jesús dice: 
Quedémonos aquí juntos; así habrá un nuevo discípulo. Mamá, ven.
Se sientan... en una piedra, en una banqueta... haciendo un círculo en torno a Jesús, quien a su vez se ha sentado en el banco de piedra que está contra la casa, y tiene a su lado a su Madre y a los pies a Juan, que ha elegido sentarse en el suelo con tal de estar cerca.
Jesús habla, despacio y con majestuosidad, como siempre.
¿A qué compararé la formación apostólica? A la naturaleza que nos circunda. Podéis ver cómo la tierra en invierno parece muerta, pero dentro de ella actúan las semillas, y las linfas se nutren de humores, depositándolos en las frondas subterráneas –así podría llamar a las raíces– para luego disponer de ellos en gran abundancia para las frondas superiores, llegado el tiempo de florecer. Vosotros también sois comparables a esta tierra invernal, árida, desnuda, fea. Pero sobre vosotros ha pasado el Sembrador y ha echado una semilla. Por vosotros ha pasado el Cultivador y ha cavado alrededor de vuestro tronco, plantado en la tierra dura, duro y áspero como ella, para que a las raíces les llegase el sustento de humores de las nubes y del aire, y así se fortaleciera el tronco con este alimento para futuro fruto. Y vosotros habéis acogido la semilla y aceptado la remoción de la tierra, porque tenéis la buena voluntad de fructificar en el trabajo de Dios.
Compararé también la formación apostólica a la tormenta de ayer, que azotó y plegó, aparentemente con inútil violencia. Mirad, sin embargo, el bien que ha producido. Hoy la atmósfera está más pura, nueva, sin polvo, sin ese calor sofocante; el sol es el mismo de ayer, pero sin ese ardor que asemejaba a fiebre: hoy llega hasta nosotros a través de estratos purificados y frescos. Las hierbas, las plantas, se sienten aliviadas como los hombres, porque la limpieza, la serenidad, son cosas que alegran. También las discordias sirven para llegar a un más exacto conocimiento y a una clarificación; si no, serían sólo maldad. Y ¿qué son las discordias sino las tormentas provocadas por nubes de distinta especie? Y estas nubes ¿no se acumulan poco a poco en los corazones con los malhumores inútiles, con los pequeños celos, con las oscuras soberbias?
Luego viene el viento de la Gracia y las une para que descarguen todos sus malos humores y vuelva el tiempo sereno.
También es semejante la formación apostólica al trabajo que Pedro estaba haciendo esta mañana para alegrar a mi Madre: es enderezar, atar, sostener o soltar, según las tendencias y las necesidades, para hacer de vosotros "hombres fuertes" al servicio de Dios. Enderezar las ideas equivocadas, atar los arranques carnales, sostener las debilidades, cortar si es necesario las tendencias, desligar las esclavitudes y las timideces. Vosotros tenéis que ser libres y fuertes, como águilas que, dejado el pico nativo, son sólo del vuelo cada vez más alto: el servicio a Dios es el vuelo, las afecciones son el pico.

5 Uno de vosotros hoy está triste porque su padre declina hacia la muerte, y declina hacia ella con el corazón cerrado a la Verdad y al hijo suyo que la sigue; no sólo cerrado, sino hostil. Aún no le ha dicho el injusto "veto", de que ayer hablaba (autoproclamándose por encima de Dios), pero su corazón cerrado y sus labios sigilados no son todavía capaces de decir tampoco: "Sigue la voz que te llama". No pretenderían, ni el hijo ni quien os habla, oír decir de esos labios: "Ven, y contigo venga el Maestro. Bendito sea Dios por haber elegido en mi casa un siervo suyo, creando así un parentesco más excelso que la sangre con el Verbo del Señor". Pero al menos Yo, por su bien, y su hijo por un motivo aún más complejo, querríamos oírle palabras no enemigas.
No llore este hijo. Sepa que en mí no hay ni rencor ni desdén hacia su padre, sino sólo piedad. He venido, y me he detenido un tiempo, aun conociendo la inutilidad de mi permanencia, para que un día este hijo no me dijera: "¿Por qué no viniste?". He venido para persuadirle de que todo es inútil cuando el corazón se encierra en el rencor. He venido también para confortar a una buena mujer que sufre por esta escisión de la familia, como incisión de cuchillo que le separase haces de fibras. Pero, tanto este hijo como esta buena mujer, persuádanse de que en mí no responde el rencor al rencor. 

Yo respeto la honestidad del creyente anciano, fiel –aunque tenga una fe desviada– a lo que ha sido su religión hasta esta hora.
En Israel hay muchos así... Por eso os digo: me aceptarán más los paganos que los hijos de Abraham. La humanidad ha corrompido la imagen del Salvador, rebajando su realeza sobrenatural al nivel de una pobre idea de soberanía humana. Yo tengo que hendir la dura corteza del hebraísmo, penetrar, herir para llegar al fondo, y llevar al alma misma de tal hebraísmo la fecundación de la nueva Ley. Sí, verdaderamente Israel, crecido en torno al núcleo vital de la Ley del Sinaí, se ha hecho símil a un monstruoso fruto, de pulpa en estratos cada vez más fibrosos y duros, externamente protegidos por una cáscara que no sólo es impenetrable, sino que además impide, tenacísima, la expulsión del germen. El Eterno juzga que ha llegado el momento de que Yo cree la nueva planta de la fe en el Dios Uno y Trino. Yo, para permitir que la voluntad de Dios se cumpla y que el hebraísmo pase a ser cristianismo, debo mellar, perforar, penetrar, abrir camino hasta el núcleo, y darle calor con mi amor, para que resurja y se agrande, germine, crezca, crezca, crezca, venga a ser la vigorosa planta del cristianismo, religión perfecta, eterna, divina. En verdad os digo que el hebraísmo sólo será perforable en la proporción de uno a cien.
Por lo tanto, no repunto réprobo a este israelita que no me acepta y que no quisiera darme a su hijo. Por eso le digo al hijo: No llores por la carne y la sangre que sufren sintiéndose rechazados por la carne y la sangre que las engendraron. Por eso digo: No llores tampoco por el espíritu. Tu sufrimiento actúa, más que cualquier otra cosa, en favor del espíritu tuyo y del suyo, de este padre tuyo que ni comprende ni ve. 

7 Y digo también: No te crees remordimientos por ser más de Dios que de tu padre.
Os digo a todos vosotros: Dios es más que el padre, que la madre, que los hermanos. Yo he venido a unir la carne y la sangre según el espíritu y el Cielo, no según la tierra. Por ello debo desunir las carnes y las sangres para tomar conmigo a los espíritus aptos para el Cielo ya desde esta tierra, para tomar a los siervos del Cielo. Por ello he venido a llamar a los "fuertes", a hacerlos aún más fuertes porque de "fuertes" está hecho mi ejército de mansos: mansos para con los hermanos, fuertes respecto al propio yo y el yo de la sangre familiar.
No llores, primo. Tu dolor –te lo aseguro– actúa ante Dios, en favor de tu padre y de tus hermanos, más que cualquier palabra, no sólo tuya, sino incluso mía. No entra la palabra allí donde el prejuicio crea una barrera; créelo. Pero la Gracia entra, y el sacrificio es imán de gracia.
En verdad os digo que cuando Yo llamo para ir a Dios, no hay obediencia más alta; y es necesario cumplirla sin detenerse a calcular cuánto y cómo reaccionarán los demás ante vuestro ir hacia Dios. Ni siquiera detenerse para enterrar al propio padre. Seréis premiados por este heroísmo, y el premio será no sólo para vosotros, sino también para aquellos de quienes, con un grito del corazón, os separáis, y cuya palabra frecuentemente os hiere más de lo que hiere una bofetada, porque os acusa de ser hijos ingratos, y os maldice, en su egoísmo, como rebeldes. No. No rebeldes, santos. Los primeros enemigos de los llamados son los familiares. Pero, entre amor y amor, hay que saber distinguir y amar sobrenaturalmente; o sea, amar más al Dueño de lo sobrenatural que a los siervos de ese Dueño. Amar a los parientes en Dios, y no, por el contrario, amarlos más que a Dios
.

8 Jesús calla y se levanta, yendo donde su primo, el cual, con la cabeza baja, apenas logra contener el llanto. Le acaricia. 
Judas... Yo he dejado a mi Madre para seguir mi misión. Que ello te disuelva toda duda sobre la honestidad de tu forma de actuar. Si no hubiera sido un acto bueno, ¿lo habría hecho Yo respecto a mi Madre, teniendo en cuenta, sobre todo, que no tiene a nadie aparte de mí?
Judas se pasa la mano de Jesús por el rostro y asiente con la cabeza, pero no puede decir nada más.
Vamos nosotros dos, solos, como cuando éramos niños y Alfeo pensaba que Yo era el más juicioso entre los muchachos de Nazaret. Vamos a llevarle al anciano estos hermosos racimos de uva de oro. Que no crea que me olvido de él y que soy enemigo suyo. También tu madre y Santiago se alegrarán. Le diré que mañana estaré en Cafarnaúm y que su hijo queda todo para él. Ya sabes, los viejos son como los niños: son celosos y sospechan siempre que se los olvida; hay que compadecerlos....
Jesús desaparece de la escena dejando en el huerto a los discípulos enmudecidos por la revelación de un dolor y de una incompatibilidad entre un padre y un hijo por causa de El. María, suspirando apenada, vuelve de acompañar a Jesús hasta la puerta.
Todo termina.

Continúa...


LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD (26)

Continuamos con la publicación del Capítulo 26 del libro “La Reina del Cielo”, escrito por la Sierva de Dios Luisa Piccarreta, Hija Pequeña de La Divina Voluntad.


Esta obra de Luisa-Piccarreta que fue publicada por primera vez el año 1930, consta de treinta y un Meditaciones que serán publicadas -Dios mediante- cada cinco días.

VIGESIMA SEXTA MEDITACION – La Reina del Cielo en
el Reino de la Divina Voluntad.

La hora del dolor se aproxima. Separación dolorosa. Jesús
en su Vida pública.

EL ALMA A LA CELESTE MAMA: 

Heme aquí contigo nuevamente, Mamá Reina. Hoy mi dulce Jesús está por despedirse de Ti para dar principio a su Vida pública. Mamá Santa, permite que yo asista a la despedida. Durante estas horas tan tristes deseo que mi compañía sea consuelo a tu soledad, y mientras estamos juntas Tú continuarás dándome tus bellas lecciones sobre la Divina Voluntad.

LECCION DE LA REINA DEL CIELO: 

Querida hija mía, tu compañía me será muy agradable porque veré en ti el primer don de Jesús. Don formado por puro amor, fruto tanto de su sacrificio como del mío, don que un día costará la misma Vida de mi Unigénito.

Escúchame, hija, he aquí que a tu Mamá se aproxima un periodo de dolor, de soledad y de largas separaciones del sumo Bien Jesús. Los años de su vida oculta habían llegado a su término y el amor le hacía sentir la irresistible necesidad de salir para ir en busca del mísero hombre perdido en el laberinto de su voluntad y preso en todos los males. El querido San José había ya muerto, mi querido Jesús se iba a ausentar y Yo quedaba sola en la tranquila casita.

Cuando mi amado Jesús me pidió la obediencia de partir Yo sentí un intenso dolor en mi Corazón; pero sabiendo que esa era la Voluntad de Dios no dudé ni un instante y pronuncié de inmediato mi FIAT. Y nos separamos así: en la hoguera de su ternísimo amor El me bendijo y me dejó; Yo lo acompañé con mi mirada hasta que pude y después, retirándome, me abandoné al Supremo Querer que era mi Vida, pero, ¡oh Potencia del FIAT Divino!, este Santo Querer no me dejaba perder nunca de vista a mi Hijo, ni El me perdía de vista a Mí. Yo sentía sus latidos en los míos y Jesús sentía mis latidos en los suyos...

Querida hija, lo que el Santo Querer de Dios concede no está sujeto ni a acabar ni a sufrir separación, sus dones son permanentes y eternos; por eso, nada me hubiera podido privar de mi Jesús, ni la muerte, ni el dolor, ni la distancia, porque el Querer Divino me lo había dado. Nuestra separación era sólo aparente, pero en realidad permanecíamos fundidos el uno en el otro porque estábamos animados por un solo Querer!

La luz de la Divina Voluntad me hacía ver con cuánta ingratitud los hombres acogían a mi Hijo. El había tomado camino hacia Jerusalén y su primera visita la había dedicado al Templo santo en el cual se iniciaba su predicación.

Pero... ¡oh dolor!, su palabra, llena de vida, portadora de paz, de amor y de orden era falsamente interpretada, era escuchada con desconfianza y con malicia, especialmente por parte de los sabios y los doctos de aquellos tiempos. Cuando mi Hijo afirmaba que era el Hijo de Dios, que era el Verbo del Padre, que era Aquél que había venido a salvarlos, ellos se irritaban hasta el punto de querer aniquilarlo con sus miradas furibundas.

¡Oh, cómo sufría entonces mi amado Jesús! Viendo que su palabra creadora era rechazada, El sufría dolores y heridas de muerte. Y Yo, que todo observaba, no pudiendo resistir el espectáculo de aquel Corazón Divino que sangraba le ofrecía mi corazón materno para consolarlo, para no dejarlo sucumbir y para recibir en su lugar esas mismas heridas. ¡Oh, cuántas veces después de que había hablado a las muchedumbres Yo lo veía olvidado por todos, sin ningún consuelo, solo, solo..., fuera de los muros de la ciudad! Bajo el manto del cielo estrellado El lloraba e imploraba la salvación de todos. Y tu Mamá, hija mía querida, desde su casita participaba en sus dolores y mediante la luz del FIAT Divino le enviaba sus lágrimas para consolarlo, sus abrazos y sus besos para confortarlo.

Mi dulce Jesús viéndose rechazado por los grandes y los doctos no se detuvo, su amor quería, exigía almas y, por eso, El se rodeó de pobres, de afligidos, de enfermos, de cojos, de ciegos, de mudos, de oprimidos, quienes no eran otra cosa que las imágenes vivientes de los innumerables males que el humano querer había producido en ellos. Y Jesús, sanando, consolando e instruyendo a todos, vino a ser pronto el Amigo, el Padre, el Médico y el Maestro de los pobres.

Hija mía, así como fueron los pastores los que primeramente dieron la bienvenida a Jesús, así fueron también los pobres quienes lo siguieron en los últimos años de su vida terrena. Los indigentes, los ignorantes son los más sencillos, los más desapegados de sus propios juicios y por eso son los más favorecidos, los mayormente bendecidos y los amigos más queridos de mi Hijo. ¿No escogió acaso El como sus Apóstoles y como sólidos cimientos de su Iglesia naciente a un pequeño grupo de pobres pescadores? 

Querida mía, es imposible narrarte detalladamente todo lo que Jesús y Yo obramos y sufrimos juntos durante estos tres años de su vida pública...! 

Lo que te recomiendo es que el FIAT Divino sea el principio, el medio y el fin de cada uno de tus actos; y así como en el FIAT Yo encontré la fuerza para alejarme de mi Hijo y cumplir el sacrificio, así tú también encontrarás la fuerza para soportar cualquier pena, aun a costa de tu vida!

Da tu palabra a tu Mamá que te encontrarás siempre en la Divina Voluntad y Yo te aseguro que también tú sentirás la inseparabilidad de Mí y de nuestro Sumo Bien Jesús.

EL ALMA: 

Mamá dulcísima, te compadezco al verte sufrir tanto. ¡Ah, te pido que derrames tus lágrimas y las de Jesús en mi alma para purificarla y encerrarla en el FIAT Divino! 

PRACTICA: 

Para honrarme y para hacerme compañía en mi soledad me darás todas tus penas, y por cada una de ellas repetirás: “Te amo, Jesús mío; te amo, Mamá mía...” 

JACULATORIA: 

Mamá divina, tus palabras y las de Jesús desciendan a mi corazón y formen en mí el Reino del Divino Querer.

Continúa...

 

15 DE MARZO: SAN RAIMUNDO DE FITERO


15 de Marzo: San Raimundo de Fitero

(✞ 1163)

El bienaventurado abad San Raimundo, honor de España, gloria de la reforma del Císter, y esclarecido fundador de la sagrada y militar Orden de Caballería de Calatrava, nació de padres ilustres en la ciudad de Tarazona, del reino de Aragón.

El Señor lo llamó al célebre Monasterio de Scala Dei situado en la Gascuña, donde profesó el instituto de la reforma del Císter con tan gran ejemplo de virtud, que los venerables Maestros de la Orden lo enviaron con el santo monje Durando a fundar el magnífico Monasterio de Santa María de Fitero.

Monasterio de Santa María la Real de Fitero (España)

Murió por esos tiempos Alfonso VII, llamado comúnmente el emperador de España, el cual peleando siempre las batallas del Señor, había abatido el orgullo de los agarenos, y cedido la villa y fortaleza de Calatrava a los caballeros Templarios, los cuales no pudiendo ya resistir a las fuerzas muy superiores de los infieles, hicieron dimisión de la plaza al rey Don Sancho el deseado. Entonces fue cuando por instinto de Dios el abad San Raimundo con el monje Diego Velázquez, se ofreció al rey para defender aquella ciudad y fortaleza; y aceptó el monarca aquel ofrecimiento con general aplauso de las cortes.

Se llenó de júbilo todo el reino, y disponiéndose ya a la empresa el esforzado abad, los próceres lo siguieron con extremada alegría, y no quedó ninguno que no le ayudase con soldados, armas, caballos y dinero. 

El Arzobispo don Rodrigo puso en su mano crecidos caudales, y publicó muchas indulgencias en favor de los que se alistasen en sus banderas. Se pudo conseguir un ejército de veinte mil combatientes, y poniéndose al frente de todos el santo Abad, se dirigió a Calatrava, donde consoló a los afligidos habitantes, fortaleció la plazas, y rechazó a los árabes valerosamente poniéndolos en tan precipitada fuga que perdieron del todo las esperanzas de volverla a conquistar.

No satisfecho san Raimundo con esta retirada de los moros, quiso además escarmentarlos, y aunque ya estaba viejo tomó el bastón de general, y se puso cota de malla, morrión y demás fornituras militares, y embistió a los enemigos en su mismo campo, los derrotó, los venció y los arrojó hasta de sus más inexpugnables fortalezas.

Creció prodigiosamente su ejército triunfante, y el número de fieles que le prestaban su ayuda, de los cuales hizo dos Congregaciones Religiosas, una de la reforma del Císter, y otra de solos militares con el mismo hábito de la Orden: las cuales fueron aprobadas por Alejandro III, y fortalecidas de otros muchos Pontífices y reyes católicos, con gran acrecentamiento de la Religión cristiana.

Finalmente, habiendo triunfado San Raimundo sobre los enemigos de la Fe, se retiró de Calatrava para morir en un pueblo de su dominio, y añadir a sus innumerables triunfos la corona inmortal de la gloria.
 

sábado, 14 de marzo de 2026

RATZINGER NIEGA EL DOGMA “EXTRA ECCLESIAM NULLA SALUS”

Presentamos a nuestros lectores un escrito en el que Ratzinger (futuro Benedicto XVI) negó claramente el dogma “extra Ecclesiam nulla salus”.


Tras el concilio Vaticano II se realizaron numerosos estudios para explicar las consecuencias de los documentos conciliares. Uno de ellos fue el libro “La Fine della Chiesa come Società Perfetta” [El fin de la Iglesia como sociedad perfecta]. La obra estaba compuesta por trece artículos de autores con una perspectiva progresista sobre cómo debía cambiar la Iglesia para integrarse en la evolución del mundo.

Joseph Ratzinger fue uno de los “teólogos” progresistas que dio su opinión. Escribió dos artículos para este libro. En uno de ellos, Ratzinger da por hecho que el dogma “extra Ecclesiam nulla salus” [no hay salvación fuera de la Iglesia Católica] ha cambiado

Sin presentar ningún argumento, consideró que el dogma no tiene sentido si se compara con los descubrimientos geográficos modernos que “demuestran” que el mundo tiene millones de años, en lugar de los 4.000 años de la historia bíblica. Da a entender que no puede ser cierto que todas las personas que vivieron durante esos millones de años no se salvaran. Basándose únicamente en esta “evidencia” imaginaria de los discutibles descubrimientos modernos, Ratzinger consideró que era obsoleto defender el mencionado dogma católico. No presentó ningún argumento. Pasó por alto el tema y siguió investigando el futuro de la Iglesia sin el dogma “extra Ecclesiam nulla salus”.

Pensamos que es interesante presentar a nuestros lectores un primer plano en el que Ratzinger, (futuro Benedicto XVI), negó claramente ese dogma.

Ilustrando este artículo, la portada del libro. 

A continuación, fotocopias del texto del libro en italiano. Y por último, presentamos la traducción.



En cuanto al futuro, parece probable que, en términos globales, la influencia de la Iglesia sobre el mundo vaya disminuyendo constantemente. El triunfo numérico del catolicismo sobre otras religiones, que hoy todavía puede admitirse, probablemente no continuará....

En este estado de cosas, ya no debería preocuparnos la salvación de “los otros”, que desde hace algún tiempo se han convertido en “nuestros hermanos”. Por encima de todo, la cuestión central es tener una intuición de la posición y la misión de la Iglesia en la Historia desde un nuevo punto de vista positivo. Este nuevo punto de vista debería permitir creer en la oferta universal de la gracia de la salvación, así como en el papel esencial que desempeña la Iglesia en ello. Por lo tanto, en este sentido, el problema ha cambiado.

Lo que nos preocupa ya no es cómo se salvarán “los otros”. Ciertamente sabemos, por nuestra fe en la misericordia divina, que pueden salvarse. Cómo ocurre esto, lo dejamos en manos de Dios. Lo que nos preocupa principalmente es esto: ¿por qué, a pesar de la mayor posibilidad de salvación, sigue siendo necesaria la Iglesia? ¿Por qué la fe y la vida deben seguir viniendo a través de ella? En otras palabras, los cristianos de hoy ya no se preguntan si sus hermanos no creyentes pueden alcanzar la salvación. En general, desean saber cuál es el significado de su unión con el abrazo universal de Cristo y su unión con la Iglesia.


(Joseph Ratzinger, “Necessità della missione della Chiesa nel mondo”, en La fine della Chiesa come società perfetta, Verona: Mondatori, 1968, pp. 69-70).
 

ESCRITOS DEL PADRE HELMUTS LIBIETIS “EL MARTILLO” (2)

El padre Libietis, quien dejó la FSSPX en 2012, compuso una serie de siete brillantes escritos. Publicamos el segundo artículo de esta serie.

Por Sean Johnson


Parte 1: Un obispo habla desde el más allá


LA MENTE DEL FUNDADOR

Como dijo el P. Ludovic Barrielle (sacerdote elegido director espiritual principal de Ecône), una Orden Religiosa corre el riesgo de perder su rumbo tras un período de unos 40 años. Hemos visto grupos separarse de la FSSPX a lo largo de los años, solo para perder su “tradicionalismo” en los años posteriores, ¡a pesar de su insistencia en mantenerse siempre firmemente tradicionales! Estas “escisiones” o “rupturas” siempre constituyeron una minoría.

Hoy, en palabras del obispo Fellay (“No puedo descartar que haya una división” - Entrevista de CNS, 11 de mayo de 2012), parece que una mayoría, no una minoría, se separaría de la FSSPX y se alinearía con Roma. Anteriormente, solo caían ramas del sólido árbol de la FSSPX; hoy, el propio tronco corre el riesgo de separarse y arrastrar consigo muchas ramas

La FSSPX corre el riesgo de convertirse en el NOVUS -FSSPX antes de ser finalmente absorbida por completo por el NOVUS-ORDO —como dice el axioma filosófico, “lo mayor absorbe a lo menor”, ​​o como dijo una vez el arzobispo Lefebvre: “Quedarme dentro de la Iglesia, o meterme en ella... me habría visto completamente abrumado. ¡No habría podido hacer nada!”.

El problema de Eva fue que se dejó arrastrar a una discusión con la serpiente (el diablo). La serpiente no se parecía al diablo, pero era el diablo. El peligro de toda negociación prolongada es el compromiso. ¡Un “quid pro quo” o un toma y daca! Vemos esto en la tentación de Cristo por el diablo. Satanás le ofrece a Jesús todo tipo de cosas. Pero como dice la Escritura: “¿Qué concordia tiene Cristo con Belial? ¿O qué parte tienen los fieles con los incrédulos?” (2 Corintios 6:15).

El arzobispo Lefebvre visitó Roma muchas veces, habló con papas, cardenales y obispos, casi fue engañado en algunas ocasiones, pero aprendió mucho sobre la astuta Roma y trató de comunicar esa experiencia a quienes lo escucharan. Estas citas muestran su resolución y su evasión de todo compromiso. ¡Aprendamos de su sabiduría sobrenatural! 

1986 

“Siempre nos hemos negado a colaborar en la destrucción de la Iglesia. Desde que rechazamos esto, es obvio que nos pusimos en oposición a aquellos que parecen ser la Iglesia legal. Éramos los proscritos de la Iglesia y ellos parecían respetar la ley ... De hecho, son ellos quienes se han distanciado de la legalidad de la Iglesia y nosotros, por el contrario, nos hemos mantenido dentro de la legalidad y la validez”.

(Arzobispo Lefebvre, septiembre de 1986, Retiro Sacerdotal de Ecône)

1986:

Roma nos ha preguntado si tenemos intención de proclamar nuestra ruptura con el Vaticano con ocasión del Congreso de Asís. Creemos que la pregunta debería ser más bien: “¿Creen y tienen intención de proclamar que el Congreso de Asís consuma la ruptura de las autoridades romanas con la Iglesia católica?”... Las actas actuales de Juan Pablo II y los episcopados nacionales ilustran, año tras año, este cambio radical en la concepción de la fe, la Iglesia, el sacerdocio, el mundo y la salvación por gracia. El punto culminante de esta ruptura con el Magisterio anterior de la Iglesia tuvo lugar en Asís, tras la visita al Sugaggi. La ruptura no proviene de nosotros, sino de Pablo VI y Juan Pablo II, quienes rompen con sus predecesores.

(Arzobispo Lefebvre y Obispo de Castro Mayer, Declaración contra Asís , 2 de diciembre de 1986)

1987:

El magisterio actual no basta por sí solo para ser llamado “católico”, a menos que sea la transmisión del Depósito de la Fe, es decir, de la Tradición. Un nuevo magisterio sin raíces en el pasado, y más aún si se opone al magisterio de todos los tiempos, solo puede ser cismático y herético.

(Arzobispo Lefebvre, 8 de julio de 1987, Carta al Cardenal Ratzinger )

1987:

Con la Sede de Pedro y los puestos de autoridad en Roma ocupados por anticristos, la destrucción del Reino de nuestro Señor se está llevando a cabo rápidamente incluso en su Cuerpo Místico aquí abajo... Esto es lo que ha atraído sobre nosotros la persecución por parte de la Roma de los anticristos. Esta Roma, modernista y liberal, continúa su obra de destrucción del Reino de nuestro Señor, como lo prueban Asís y la confirmación de las tesis liberales del Vaticano II sobre la libertad religiosa...

(Arzobispo Lefebvre, Carta a los futuros obispos, 29 de agosto de 1987)

1987:

Le dije [al cardenal Ratzinger, quien se convirtió en el papa Benedicto XVI]: “Aunque nos concedan un obispo, aunque nos concedan cierta autonomía respecto a los obispos, aunque nos concedan la liturgia de 1962, aunque nos permitan seguir dirigiendo nuestros seminarios como lo hacemos ahora, ¡no podemos trabajar juntos! ¡Es imposible! ¡Imposible! Porque trabajamos en direcciones diametralmente opuestas. Ustedes trabajan para descristianizar la sociedad, la persona humana y la Iglesia, y nosotros trabajamos para cristianizarlos. ¡No podemos llevarnos bien!”. ¡Roma ha perdido la fe, queridos amigos! ¡Roma está en apostasía! ¡No digo palabras vacías! ¡Esa es la verdad! ¡Roma está en apostasía! ¡Ya no se puede confiar en esa gente! ¡Han abandonado la Iglesia! ¡Han abandonado la Iglesia! ¡Han abandonado la Iglesia! ¡Es cierto! ¡Es cierto! ¡Es cierto! ¡Es cierto!

(Arzobispo Lefebvre, Conferencia, 4 de octubre de 1987, Marcel Lefebvre por Mons. Tissier de Mallerais, págs. 547-548)

1988:

Uno se pregunta cómo personas inteligentes pueden afirmar algo como: “Prefieren estar equivocados con el Papa que estar con la verdad contra él”. Eso no es lo que enseña la ley natural ni el Magisterio de la Iglesia... Santo Tomás dice: “Si se tratara de un peligro para la fe, los superiores tendrían que ser reprendidos por sus subordinados, incluso en público”.

(Arzobispo Lefebvre, 29 de marzo de 1988)

1988:

“¿Y por qué, Arzobispo, ha detenido estas discusiones que parecían haber tenido cierto éxito?”... Es evidente que la única verdad que existe hoy para el Vaticano es la verdad conciliar, el espíritu del concilio, el espíritu de Asís. Esa es la verdad de hoy. ¡Pero no tendremos nada que ver con esto por nada del mundo!

(Arzobispo Lefebvre, 30 de junio de 1988, Sermón de Consagración Episcopal)

1988:

No debemos hacernos ilusiones. Estamos en medio de una gran lucha, una gran lucha. Estamos librando una lucha garantizada por toda una sucesión de Papas. Por lo tanto, no debemos dudar ni temer, dudas como: “¿Por qué deberíamos ir solos? Después de todo, ¿por qué no unirnos a Roma, por qué no unirnos al Papa?”. Sí, si Roma y el Papa estuvieran en línea con la Tradición... Pero ellos mismos admiten que han emprendido un nuevo camino. Ellos mismos admiten que una nueva era comenzó con el Vaticano II. Admiten que es una nueva etapa en la vida de la Iglesia, completamente nueva, basada en nuevos principios. No necesitamos discutirlo. ¡Lo dicen ellos mismos! ¡Está claro! Creo que debemos convencer a nuestra gente de esto.

(Arzobispo Lefebvre, 9 de septiembre de 1988, Ecône; Conferencia a los seminaristas; Fideliter N° 66, nov.-dic. 1988)

1989:

Tendríamos que reincorporarnos a esta iglesia conciliar para, supuestamente, hacerla católica. Eso es una completa ilusión. No son los súbditos los que hacen a los superiores, sino los superiores los que hacen a los súbditos... Entre toda la Curia Romana, entre todos los obispos progresistas del mundo, me habría visto completamente abrumado. No habría podido hacer nada... [En cuanto al nombramiento de obispos conservadores por parte del Papa] No creo que sea un verdadero retorno a la Tradición. Así como en una lucha, cuando las tropas se adelantan demasiado, se las frena, así se frena ligeramente el impulso del Vaticano II porque los partidarios del concilio van demasiado lejos... los obispos supuestamente conservadores apoyan plenamente el concilio y las reformas posconciliares... No, todo eso son tácticas, que hay que usar en cualquier lucha. Hay que evitar los excesos... [Preguntado sobre las señales de benevolencia hacia la Tradición] Hay muchas señales que nos muestran lo que usted dice. Es simplemente excepcional y temporal... Por lo tanto, no creo que sea oportuno intentar contactar con Roma. Creo que aún debemos esperar. Esperar, lamentablemente, a que la situación empeore aún más por su parte. Pero hasta ahora, no quieren reconocerlo... Por eso, lo que puede parecer una concesión es en realidad una simple maniobra para separarnos del mayor número posible de fieles. Desde esta perspectiva, parecen estar siempre cediendo un poco más e incluso yendo muy lejos. Debemos convencer a nuestros fieles de que no es más que una maniobra, de que es peligroso ponerse en manos de los obispos conciliares y de la Roma modernista. Es el mayor peligro que amenaza a nuestro pueblo. Si hemos luchado durante veinte años para evitar los errores conciliares, no era apropiado, ahora, ponernos en manos de quienes los profesan.

(Arzobispo Lefebvre, Entrevista, Fideliter, julio-agosto de 1989)

1990:

Algunos siempre admiran la hierba del campo vecino... miran a nuestros enemigos al otro lado. “Después de todo, debemos ser caritativos, debemos ser amables, no debemos ser divisivos; después de todo, están celebrando la Misa Tridentina; no son tan malos como dicen”. —¡Pero NOS ESTÁN TRAICIONANDO! —¡Nos traicionan! Se dan la mano con los destructores de la Iglesia. Se dan la mano con personas que sostienen ideas modernistas y liberales condenadas por la Iglesia. Así que están haciendo la obra del diablo. Ahora dicen: “Mientras nos concedan la Misa antigua, podemos darnos la mano con Roma, sin problema”. Pero estamos viendo cómo funciona. Están en una situación imposible. Imposible. No se puede estrechar la mano de los modernistas y seguir la Tradición. Imposible. Imposible. Ahora bien, mantenerse en contacto con ellos para que vuelvan, para convertirlos a la Tradición, sí, si se quiere, ¡ese es el tipo correcto de ecumenismo! ¿Pero dar la impresión de que, después de todo, uno casi lamenta cualquier ruptura, que a uno le gusta hablar con ellos? ¡De ninguna manera!... ¡Increíble! ¡Inimaginable! ¿Qué clase de relaciones se pueden tener con gente así? Esto es lo que nos causa un problema con ciertos laicos, que... sienten una especie de profundo arrepentimiento por no estar ya con la gente con la que solían estar. “Es una pena que estemos divididos”, dicen, “¿por qué no reunirse con ellos? Vamos a tomar algo juntos, a tenderles la mano”. ¡Eso es una traición! Quienes dicen esto dan la impresión de que en un abrir y cerrar de ojos se unirían a quienes nos dejaron. Deben decidirse.

(Arzobispo Lefebvre, Discurso a sus sacerdotes, Ecône, 6 de septiembre de 1990, poco más de seis meses antes de su muerte)

¡Así que debemos decidirnos! No podemos servir a Dios y a Mammón: ¡A la Tradición y al modernismo! No podemos amar a la FSSPX y a la NOVUS -FSSPX. Amaremos a una y odiaremos a la otra, o viceversa. El ex Superior General de los Padres del Espíritu Santo envía su espíritu para enseñarles todas las cosas y recordarles todo lo que les haya dicho (Juan 14:26). Sus palabras no pasarán. Léanlo. Conózcanlo. Ámenlo. Síganlo, ¡y estarán en el camino seguro!
 

EL MUNDO PRETERNATURAL

Hay una guerra en curso por las almas, y el mundo preternatural es donde se libra gran parte de la batalla.



Primero, una definición: ¿qué significa “preternatural”? No se refiere al mundo natural que podemos explicar con metodologías científicas y percibir fácilmente con nuestros sentidos. Tampoco se refiere al mundo sobrenatural: el reino de Dios. Es el mundo “intermedio”: un mundo creado, pero un mundo fuera del orden natural normal, que podemos percibir, medir y someter fácilmente a métodos científicos. Es el mundo espiritual: ángeles, demonios, fantasmas, etc.

El mundo 
inferior creado y natural (lo que normalmente vemos a nuestro alrededor), está sujeto al tiempo y al espacio. 

El mundo superior creado y preternatural (el mundo del espíritu creado), está sujeto al tiempo, pero no al espacio.

El mundo más elevado, no creado y sobrenatural (el mundo del Espíritu no creado, es decir, Dios y su Reino), no está sujeto ni al tiempo ni al espacio.

Lamentablemente, la palabra “sobrenatural” se ha vuelto común en lugar de “preternatural” cuando surgen fenómenos que no pueden explicarse por la ciencia (por ejemplo, apariciones fantasmales, actividad poltergeist, percepción extrasensorial, etc.), independientemente de si esos fenómenos provienen de Dios o no. Los milagros son sobrenaturales, pero un fantasma aparente, o un poltergeist lanzando platos en tu casa, es preternatural. Ruego a quienes lean esto que diferencien entre “sobrenatural” y “preternatural”. ¡Es una distinción importante!

Para analizar cada uno de estos temas los dividiremos en los siguientes enlaces para más información:

Ángeles
 

14 DE MARZO: SANTA MATILDE, REINA

14 de Marzo: Santa Matilde, Reina

(✞ 967)

Hija del conde Teodorico, nació en Westfalia (Alemania). Pertenecía a la nobleza danesa. Se educó en el monasterio de Herford, donde era abadesa su abuela Matilde, del que salió, en el año 909, para contraer matrimonio con Enrique I el Pajarero, duque de Sajonia. 

Diez años después, Enrique se convirtió en rey de Germania y ella, en su guía y consejera. 

Matilde y Enrique eran un solo corazón. "En ambos, dice un biógrafo, reinaba el mismo amor a Cristo, una misma unión para el bien, una voluntad igual para la virtud, la misma compasión para los súbditos y el mismo afecto entrañable para todos. Los dos merecieron las alabanzas del pueblo".

Influyó en suavizar el violento talante del monarca. "Tú mitigaste mis cóleras y me apartaste a menudo de la iniquidad" le dijo en el lecho de muerte. 

Tuvo como hijos a Otón el Grande, emperador de Alemania; Enrique, duque de Baviera; san Bruno I “el Grande”, arzobispo de Colonia; Gerberga, esposa de Luis de Outremer, y reina de Francia; Eduvigis, madre de Hugo Capeto. 

Aprendió de memoria el Psalterio, y todos los días lo rezaba de rodillas. La reina se recogía en una estrecha y pobre celda de su palacio, oía por la mañana todas las Misas que se celebraban, y se consagraba después a todos los oficios de caridad. Fundó un hospital junto a su palacio para mujeres pobres, y en sus enfermedades las visitaba todos los días, acompañada de sus damas, les ordenaba las camas, barría las habitaciones y no se desdeñaba de curar y tocar con sus blancas y delicadas manos, llagas y miserias a que un cuerpo humano está sujeto. Visitaba también a los enfermos de las casas particulares, los cuales recibían gran consuelo con su presencia angelical, y los socorría con sus manos, y tanto en la ciudad como fuera de ella, no había una sola necesidad a la que no acudiese la cristiana piedad de la reina.

Por su orden y mandato ardían todas las noches de invierno muchas hogueras en las plazas y caminos, para que se calentasen los pobres, y no se perdiesen los caminantes.

A sus criadas y criados  domésticos, les hizo enseñar variedad de artes en que ejercitarse y letras en que aprovechase en el camino de la salvación para sí y para otros, guiado cada uno por su particular ingenio, para que de esa suerte, siguiendo su voluntad saliesen eminentes en el arte, facultad o ciencia que aprendían.

Vista actual del Monasterio de Nordhausen

Después de muerto su marido, en 936, entró en un monasterio de Religiosas Benedictinas de Nordhausen, que ella había fundado, y así pasaba las noches en vigilias y oraciones, dormía sobre una tabla sin desnudarse, vestida de cilicio, y solo comía lo que era forzoso para no morir.

Monasterio de Quendlinburg

Estando próxima a la muerte se retiró al monasterio de Quendlinburg (también fundado por la reina Santa Matilde), y el obispo de Maguncia, que era su nieto, le administró los santos Sacramentos, mandando ella que le diesen un paño con que habría de cubrir su túmulo, pero diciendo que él lo necesitaría antes que ella, como sucedió, pues el obispo falleció al día siguiente.

El día de su muerte, mandó que le cantasen los salmos, y la pusieran en tierra sobre una mortaja; y ella con sus propias manos se echó ceniza en la cabeza, y haciendo la señal de la Cruz, descansó en la paz del Señor cuando contaba con 70 años de edad.

A ella se debe la fundación de la abadía de Pochlde, y además los monasterios antes citados, también fundó, en 929, los monasterios de San Servacio y San Wicperto en Quedlinburg.
 

viernes, 13 de marzo de 2026

LEÓN XIV DICE QUE “NUESTRA TAREA NO ES CONSTRUIR UNA CRISTIANDAD”

La afirmación de que “nuestra tarea no es construir una cristiandad” es directamente contraria a la “Gran Comisión” confiada a los Apóstoles por Cristo antes de su Ascensión.

Por Matthew McCusker


Se ha informado que, en unas palabras dirigidas a una delegación del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), León XIV dijo que nuestra tarea no es construir una cristiandad.

El Rev. Prof. Dr. Jerry Pillay, Secretario General del CMI, informó que León les dijo a los representantes que “si bien nuestra tarea no es construir una cristiandad, los cristianos debemos trabajar juntos en unidad para sanar y restaurar el mundo”.

El Consejo Mundial de Iglesias publicó la declaración en su sitio web el 28 de febrero. El 6 de marzo, el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos publicó su propio informe sobre la reunión y no desmintió las palabras comunicadas por el Secretario General ni ofreció ninguna aclaración sobre el significado de las palabras de León (en inglés aquí).

Esto hace que valga la pena considerar más a fondo esta observación, sobre todo porque, como veremos, encuentra respaldo en otras declaraciones públicas hechas por León.

La afirmación de que “nuestra tarea no es construir una cristiandad” es directamente contraria a la “Gran Comisión” confiada a los Apóstoles por Nuestro Señor Jesucristo antes de Su Ascensión:

Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del mundo. (Mt 28:18-20)

El Evangelio de Jesucristo exige una transformación de todos los aspectos de la vida humana. Santifica no solo a los individuos, sino también a las sociedades que estos forman al unirse.

La cristiandad es el orden que resulta cuando un grupo de hombres, repartidos en muchas naciones, reconoce públicamente a Jesucristo y la autoridad de la Iglesia Católica y busca poner todos los aspectos de la vida social en conformidad con la ley natural y divina.

El término ha sido utilizado repetidamente, a lo largo de muchos siglos, por los Papas y los Concilios ecuménicos, para describir el orden social cristiano que resultó de la adopción de la fe católica por naciones enteras desde el período de la Antigüedad tardía en adelante.

La edificación de la cristiandad no puede separarse de la predicación del Evangelio. Negar que la Iglesia tiene la misión de “construir la cristiandad” equivaldría a afirmar que existen áreas de la vida humana que no están sujetas a la autoridad de Dios ni a la acción transformadora de su gracia.

Por el contrario, la Iglesia Católica enseña que todo aspecto de la vida humana está sujeto a la ley natural y divina, y que todos los hombres están estrictamente obligados a reconocer a Jesucristo y someterse a la autoridad de la Iglesia Católica, no sólo como individuos sino también cuando se reúnen para formar sociedades [1].

La realidad de la cristiandad

En su carta encíclica Immortale Dei, “Sobre la Constitución cristiana del Estado”, el Papa León XIII enseñó:

Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados. En aquella época la eficacia propia de la sabiduría cristiana y su virtud divina habían penetrado en las leyes, en las instituciones, en la moral de los pueblos, infiltrándose en todas las clases y relaciones de la sociedad. La Religión fundada por Jesucristo se veía colocada firmemente en el grado de honor que le corresponde y florecía en todas partes gracias a la adhesión benévola de los gobernantes y a la tutela legítima de los magistrados. El sacerdocio y el imperio vivían unidos en mutua concordia y amistoso consorcio de voluntades [2].

Continuó:

Organizado de este modo, el Estado produjo bienes superiores a toda esperanza. Todavía subsiste la memoria de estos beneficios y quedará vigente en innumerables monumentos históricos que ninguna corruptora habilidad de los adversarios podrá desvirtuar u oscurecer [3].

Y en Rerum Novarum, su encíclica “Sobre la situación de los obreros”, el mismo pontífice enseñó:

Recordamos cosas y hechos que no ofrecen duda alguna: que la sociedad humana fue renovada desde sus cimientos por las costumbres cristianas; que, en virtud de esta renovación, fue impulsado el género humano a cosas mejores; más aún, fue sacado de la muerte a la vida y colmado de una tan elevada perfección, que ni existió otra igual en tiempos anteriores ni podrá haberla mayor en el futuro [4].

La naturaleza excepcional de esta civilización surgió de la predicación del Evangelio de Jesucristo:

Jesucristo es el principio y el fin mismo de estos beneficios y que, como de El han procedido, a El tendrán todos que referirse. Recibida la luz del Evangelio, habiendo conocido el orbe entero el gran misterio de la encarnación del Verbo y de la redención de los hombres, la vida de Jesucristo, Dios y hombre, penetró todas las naciones y las imbuyó a todas en su fe, en sus preceptos y en sus leyes [5].

Y, en Quadragesimo Anno, en el 40° aniversario de Rerum Novarum, el Papa Pío XI afirmó:

Existió, efectivamente, en otros tiempos un orden social que, aun no siendo perfecto ni completo en todos sus puntos, no obstante, dadas las circunstancias y las necesidades de la época, estaba de algún modo conforme con la recta razón.

Y si aquel orden cayó, es indudable que no se debió a que no pudiera, evolucionando y en cierto modo ampliándose, adaptarse a las nuevas circunstancias y necesidades, sino más bien a que los hombres, o, endurecidos por el exceso de egoísmo, rehusaron ampliar los límites de ese orden en la medida que hubiera convenido al número creciente de la muchedumbre, o, seducidos por una falsa apariencia de libertad y por otros errores, rebeldes a cualquier potestad, trataron de quitarse de encima todo yugo [6].

La rebelión contra la cristiandad

La rebelión contra el orden social cristiano comenzó con la Reforma Protestante, que sustituyó el principio de obediencia al Sagrado Magisterio de la Iglesia Católica por el principio del juicio privado en materia de religión.

La convicción de que el individuo tiene derecho a decidir lo que Dios ha revelado es la raíz de la ideología del liberalismo, causa principal de los males que afligen al mundo moderno y que ahora amenaza con llevar a nuestra sociedad a su ruina definitiva. A partir del liberalismo religioso, otras formas de liberalismo comenzaron a desarrollarse a partir del siglo XVII.

El Papa León XIII explicó que el liberalismo proclama “el principio fundamental de todo el racionalismo es la soberanía de la razón humana, que, negando la obediencia debida a la divina y eterna razón y declarándose a sí misma independiente, se convierte en sumo principio, fuente exclusiva y juez único de la verdad” [7].

Es decir, el liberalismo es la afirmación de la independencia del hombre respecto de cualquier sumisión necesaria a un orden existente fuera de su propio intelecto y voluntad.

Sostiene que es el individuo quien debe determinar por sí mismo qué es verdadero y qué es bueno. El ejercicio de la libertad es considerado por el liberal como el bien supremo del hombre.
 
El liberalismo adopta diferentes formas, según el ámbito de la vida humana en el que el hombre busca la independencia de la autoridad divina. Por ejemplo:

• El liberalismo religioso afirma la independencia del hombre respecto de la autoridad de Dios en asuntos religiosos, es decir, rechaza la autoridad docente de la Iglesia, postulando en cambio que el hombre puede elegir por sí mismo qué creer.

• El liberalismo político afirma la independencia del hombre respecto de la autoridad de Dios en el Estado, es decir, rechaza a Dios como la única fuente de autoridad política legítima, postulando en cambio que la autoridad del Estado se deriva del hombre y del consentimiento de los gobernados.

• El liberalismo moral afirma la independencia del hombre respecto de la autoridad de Dios a la hora de determinar la moralidad de los actos humanos, es decir, rechaza la obligación de conformar todas las acciones a la ley divina revelada por Dios y a la ley natural escrita en nuestros corazones, postulando en cambio que somos libres de actuar como queramos, siempre y cuando no violemos los derechos de los demás.
 
El liberalismo, que se desarrolló tras la Revolución Protestante, se manifestó en Inglaterra y Escocia durante las guerras civiles y revoluciones del siglo XVII. La fundación de la masonería en 1717 le proporcionó una forma organizada que le permitió corromper la vida política e intelectual de Europa en el siglo XVIII.

En 1776, los principios políticos liberales fueron enunciados en la Declaración de Independencia y en 1787 tomaron forma como modo de gobierno cuando la Revolución Americana consagró los principios liberales en la primera constitución liberal del mundo.

A partir de 1789, el liberalismo irrumpió con mayor ferocidad y violencia en Francia. Un Napoleón triunfante impuso el liberalismo en toda Europa a punta de espada, lo que resultó en la destrucción del orden católico de muchos estados y la disolución del Sacro Imperio Romano Germánico en 1806. En 1848, la bandera de la revolución ondeó en toda Europa, y el orden cristiano, parcialmente restaurado tras la derrota de Napoleón, sufrió nuevas heridas mortales. Mientras tanto, el liberalismo había infectado a Latinoamérica, hundiendo al continente en una serie de revoluciones y guerras de las que aún no se ha recuperado.

La segunda mitad del siglo XIX presenció el triunfo de los principios liberales en las esferas política y educativa de gran parte del mundo occidental, y el auge del socialismo y el comunismo como poderosos movimientos políticos. Estas ideologías —que son a la vez un desarrollo de los errores del liberalismo y una reacción a sus consecuencias— iniciaron su fatal avance hacia la Revolución Rusa de 1917 y el ascenso al poder de los regímenes comunistas en gran parte del mundo.

La teoría de la evolución, propuesta por Charles Darwin en 1859, fue la más significativa de una serie de nuevas ideas que contribuyeron a una crisis generalizada de fe y fortalecieron el avance de filosofías e ideologías anticristianas.

De 1914 a 1918, la cristiandad se desintegró, en posiblemente la guerra más destructiva moralmente de la historia de la humanidad. En 1918, el último imperio católico de Europa, el de Austria-Hungría, se derrumbó. La década de 1920 presenció un colapso moral, incluyendo la primera revolución sexual, y el auge de ideologías políticas —comunismo, fascismo y nacionalsocialismo— que, junto con el liberalismo, destruyeron gran parte de lo que quedaba de la civilización cristiana.

En el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial, los intentos de los políticos católicos en las décadas de 1940 y 1950 de liderar movimientos políticos fundados en principios católicos fueron barridos tras el concilio Vaticano II, cuyos documentos consagraron los principios liberales en textos que se presentaron al mundo como “actos del magisterio”.

Con el Vaticano II, la cristiandad —un orden social público formado por el cristianismo— finalmente dejó de existir. Una década después de la clausura del concilio, el aborto era legal en muchos países europeos y en Estados Unidos, junto con leyes liberales de divorcio, la anticoncepción, la pornografía, la aceptación generalizada de los actos homosexuales y una miríada de otros males. Estos se han extendido a otras partes del mundo antaño católico.

Desde la clausura del concilio, las energías de los católicos –reducidos a un remanente fiel– se han dirigido en gran medida a defender la fe contra los apóstatas de la jerarquía y a combatir males morales como el aborto.

La misión de la Iglesia de predicar el Evangelio y edificar la civilización cristiana se ha visto continuamente obstaculizada por falsos pastores que ocultan la luz del Evangelio a la humanidad, con la consecuencia de que la mayoría de los hombres, mujeres y niños parten de esta vida sin el conocimiento de Jesucristo.

Verdaderamente vivimos en el momento más oscuro de la historia de la humanidad.

“Restaurar todas las cosas en Cristo”
 
Ante la progresiva apostasía de la humanidad respecto de Dios, los Romanos Pontífices nunca dejaron de levantar una voz de advertencia y llamar al hombre a volver a Dios.

A partir de 1738, con la condena de la masonería por parte del Papa Clemente XIII (In eminenti), los Papas no se cansaron de condenar el liberalismo en todas las etapas de su desarrollo.

Durante la primera mitad del siglo XIX, bajo Papas como Gregorio XVI (1831-1846) y Pío IX (1846-1878), la Iglesia identificó y condenó los errores que sustentaban las nuevas ideologías. El extraordinario e imponente Papado de León XIII (1878-1903) mostró a la humanidad el camino a seguir. Con gran sabiduría, este Papa resolvió cuestiones complejas, como la relación entre el trabajo y el capital, entre la Iglesia y el Estado, y entre la obligación moral y la libertad humana. León XIII también impulsó un renacimiento de la filosofía y la teología, que rendiría grandes frutos durante tres generaciones, desde la década de 1880 hasta la de 1960.

El Papa León XIII fue sucedido por un santo. El Papa San Pío X (1903-1914) continuó la sagrada lucha de sus predecesores contra el liberalismo y otros errores. Su mayor don a la Iglesia fue su profundo análisis de la herejía del modernismo en su encíclica Pascendi de 1907. Este sigue siendo uno de los textos más importantes y cruciales para quienes desean comprender la crisis que azota a los católicos hoy en día.

La primera encíclica del Papa San Pío X fue E Supremi, “Sobre la restauración de todas las cosas en Cristo”. En esta carta, expresó sus sentimientos al ser elegido Papa:

... estábamos aterrorizados más allá de todo por el desastroso estado de la sociedad humana de hoy. Porque, ¿quién puede dejar de ver que la sociedad está en el momento presente, más que en cualquier época pasada, sufriendo de una enfermedad terrible y profundamente arraigada que, desarrollándose todos los días y comiendo hasta lo más íntimo, los está arrastrando a la destrucción? [8].

Esta terrible y arraigada enfermedad es el liberalismo y el modernismo, que nos han llevado al borde de la destrucción total de nuestra sociedad. La situación en 2026 es incomparable a la de 1903.

San Pío X continuó:

Vosotros comprendéis, Venerables Hermanos, qué es esta enfermedad: la apostasía de Dios, que en verdad nada está más aliado con la ruina, según la palabra del Profeta: “Porque he aquí, los que se alejan de Ti perecerán” (Sal. 73, 27) [9].

El Santo Padre expresó su temor de que los días del Anticristo estuvieran cerca:

Cuando se considera todo esto, hay buenas razones para temer que esta gran perversidad pueda ser como un anticipo, y quizás el comienzo de esos males que están reservados para los últimos días; y que puede estar ya en el mundo el “Hijo de Perdición” de quien habla el Apóstol (II. Tes. 2: 3) [10].

Consideró que era su deber, al ser elegido Papa:

Vimos, pues, que, en virtud del ministerio del Pontificado, que nos iba a encomendar, debemos apresurarnos a encontrar remedio a este gran mal, considerando que nos ha sido dirigido ese mandato divino: “He aquí que te he puesto este día sobre las naciones y sobre los reinos, para desarraigar, y para demoler, para devastar, para destruir, para edificar y para plantar” (Jeremías 1: 10) [11].

Y él sabía cuál era el remedio:

Sin embargo, dado que a la Divina Voluntad agradó elevar Nuestra humildad a tal sublimidad de poder, nos animamos en Aquel que Nos fortalece; y poniéndonos a trabajar, confiando en el poder de Dios, proclamamos que no tenemos otro programa en el Pontificado Supremo que el de “restaurar todas las cosas en Cristo” (Efesios 1: 10), para que “Cristo sea todos y en todos” (Colosenses 3, 11) (Col. 3:2) [12].

[…]

Pero, Venerables Hermanos, nunca, por mucho que nos esforcemos, lograremos llamar a los hombres a la majestad y al imperio de Dios, excepto por medio de Jesucristo. "Nadie", nos advierte el Apóstol, “puede poner otro fundamento que el que está puesto, que es Jesucristo” (I. Cor. 3: 11) [13].

[…]

A esto, entonces, Nos corresponde dedicar Nuestro cuidado: llevar a la humanidad de regreso al dominio de Cristo; hecho esto, lo habremos devuelto a Dios [14].

El 
imperio de Dios y el dominio de Cristo se extienden a todos los aspectos de la vida humana; nada escapa a la soberanía de Dios. Por ello, su Vicario en la Tierra continuó:

Ved, pues, Venerables Hermanos, el deber que se nos ha impuesto tanto a Nosotros como a vosotros de traer a la disciplina de la Iglesia a la sociedad humana, ahora alejada de la sabiduría de Cristo; la Iglesia lo someterá entonces a Cristo, y Cristo a Dios [15].

Este gran programa de San Pío X de restaurar todas las cosas en Cristo no es otra cosa que la construcción, o más bien la restauración de la cristiandad, como enseñó el santo pontífice en Notre Charge Apostolique:

Venerables Hermanos (hace falta recordarlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y de legisladores); no se edificará la ciudad de otro modo del que Dios la ha edificado; no se edificará la sociedad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no se inventará ni la ciudad nueva se edificará en las nubes.

Ha sido y es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de restaurarla, y de hacerlo con ahínco, sobre los cimientos naturales y divinos contra los ataques siempre renovados de la utopía malsana, de la protesta y de la impiedad; Omnia instaurare in Christo [16].

La Iglesia Católica vs la iglesia sinodal

El programa de San Pío X y sus predecesores fue también el de sus sucesores. El Papa Pío XI (1922-1939), en particular, es conocido por su proclamación de la Realeza de Cristo y por su defensa del “Reino Social” de Nuestro Señor, es decir, su reinado sobre todos los aspectos de la sociedad humana, no solo sobre los individuos.

En su encíclica Quas Primas, “En la fiesta de Cristo Rey”, el Papa Pío XI escribió:

En la primera encíclica, que al comenzar nuestro Pontificado enviamos a todos los obispos del orbe católico, analizábamos las causas supremas de las calamidades que veíamos abrumar y afligir al género humano.

Y en ella proclamamos Nos claramente no sólo que este cúmulo de males había invadido la tierra, porque la mayoría de los hombres se habían alejado de Jesucristo y de su ley santísima, así en su vida y costumbres como en la familia y en la gobernación del Estado, sino también que nunca resplandecería una esperanza cierta de paz verdadera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de nuestro Salvador [17].

La “restauración del Imperio de Nuestro Señor” es precisamente lo que se rechaza en la afirmación “nuestra tarea no es construir una cristiandad”.

Si León efectivamente pronunció estas palabras –y el Vaticano no lo ha negado–, entonces se trata de una formulación clara de su rechazo, ya aparente, a seguir la gran sucesión de Pontífices Romanos que han reconocido la crisis que enfrenta la humanidad, identificado sus causas y trabajado por la restauración de la civilización cristiana.

Más bien, se ha puesto del lado de los liberales, es decir, del lado de aquellos que piensan que Nuestro Señor Jesucristo no debe reinar sobre la sociedad.

Esto no es otra cosa que un rechazo de la misión misma de la Iglesia.

León XIV ya ha dejado clara su lealtad a todos aquellos que quieran verla.

El 8 de mayo de 2025, día en que fue elegido sucesor de Francisco, se puso de pie en la logia de San Pedro y declaró: Queremos ser una iglesia sinodal.

La 
iglesia sinodal es una iglesia refundada sobre principios liberales. Marca la conclusión del desarrollo y la difusión del liberalismo descritos en este artículo. La sinodalidad es la negación de la triple autoridad de Cristo —enseñanza, gobierno y santificación—, ejercida en la Iglesia por su divino fundador, en favor de un sistema que deriva su autoridad del pueblo.

Tenemos una idea muy clara de lo que debe ser la “iglesia sinodal”, porque el Vaticano, bajo el gobierno de Francisco, publicó un plan para su creación.

El documento, titulado El Obispo de Roma, fue escrito por el “cardenal” Koch, jefe del Dicasterio para la Promoción de la Unidad Cristiana, y se publicó con la aprobación de Francisco. El “cardenal” Koch conserva su cargo bajo el reinado de León XIII.

Este documento habla abiertamente de lo que llama la “iglesia conciliar/sinodal”.

Haciendo un análisis del documento destaco que una vez desacreditada la idea ortodoxa del papado, se abrirá el camino para establecer el nuevo “papado sinodal”, que presidirá una “nueva iglesia inclusiva”, sin doctrina ni disciplina. Todos los bautizados serán invitados a esta “iglesia sinodal”, sin tener que abandonar sus errores doctrinales.

La implementación de este plan conduciría a una “iglesia ecuménica global” carente de doctrina y disciplina.

Esta “iglesia sinodal” no puede confundirse con la Iglesia Católica, porque tiene una misión diametralmente opuesta.

La Iglesia Católica tiene la misión de restaurar todas las cosas en Cristo, para que “Cristo sea el todo y en todos” (Col 3,2). La Iglesia Católica busca construir la cristiandad, para que todo hombre, mujer y niño forme parte del Cuerpo Místico de Cristo, y para que todos los aspectos de la vida humana, individual y social, sean santificados.

La “iglesia sinodal” no busca “construir una cristiandad”, sino más bien busca una unidad puramente humana, uniendo a la humanidad sólo en pos de una agenda política temporal.

Ningún hombre puede servir a dos señores, porque sus fines son incompatibles.

Como escribió John Henry Newman:

Si San Atanasio pudo estar de acuerdo con Arrio, San Cirilo con Nestorio, Santo Domingo con los Albigenses, o San Ignacio con Lutero, entonces pueden unirse, en un tiempo determinado, o mediante ciertas aproximaciones felizmente graduales, o con hábiles limitaciones y concesiones, dos partidos que mutuamente piensen que la luz es oscuridad y la oscuridad luz.

“Delenda est Cartago”; uno u otro debe perecer. [18]

Uno u otro debe perecer.

Esta fue la enseñanza del Papa San Pío X, quien, en su primera encíclica, llamó a los católicos diciendo: “debemos utilizar todos los medios y emplear todas nuestras energías para lograr la desaparición total de la enorme y detestable maldad, tan característica de nuestro tiempo: la sustitución del hombre por Dios” [19].

La “iglesia sinodal”, que busca reemplazar el Cuerpo Místico de Cristo por una asamblea centrada en el hombre, apunta a la máxima “sustitución del hombre por Dios”, la máxima manifestación del liberalismo.

Sin embargo, hoy en día, muchos católicos, movidos por un sentido de lealtad bien intencionado pero equivocado, ofrecen su obediencia a un hombre cuyas palabras, acciones y profesión pública dejan claro que su lealtad es a la “iglesia sinodal” y no a la Iglesia fundada por Jesucristo.

León nos dijo el día de la elección a qué iglesia sirve: “Queremos ser una iglesia sinodal”.

Hagámosle la cortesía de creer que nos dijo la verdad.


Notas:

1) Consulte la serie sobre liberalismo para un análisis a fondo de estas cuestiones. La serie comienza aquí.

2) 
Papa León XIII, Immortale Dei, n° 9

3) Papa León XIII, Immortale Dei, n°9

4) 
Papa León XIII, Rerum Novarum, n° 21

5) Papa León XIII, Rerum Novarum, n° 21

6) Papa Pío XI, Quadragesimo Anno, n° 97

7) Papa León XIII, Libertas, n° 7

8) 
Papa San Pío X, E Supremi, n° 2

9) Papa San Pío X, E Supremi, n° 2

10) Papa San Pío X, E Supremi, n° 5

11) Papa San Pío X, E Supremi, n° 2

12) Papa San Pío X, E Supremi , n° 4

13) Papa San Pío X, E Supremi, N° 8

14) Papa San Pío X, E Supremi, n° 8

15) 
Papa San Pío X, E Supremi, n° 9

 
17) Papa Pío XI, Quas Primas, n° 1.

18) John Henry Newman, Ciertas dificultades que experimentan los anglicanos en la enseñanza católica: Volumen 1, Lección 4.
https://www.newmanreader.org/works/anglicans/volume1/lecture4.html

19) Papa San Pío X, E Supremi, n° 9.