martes, 14 de abril de 2026

NOVENA AL NIÑO JESÚS DE PRAGA

Rezar una vez al día durante nueve días, o, en casos de gran urgencia, durante nueve horas en un solo día ante una imagen del Niño Jesús de Praga. 


Oh Jesús, que has dicho: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá”, por la intercesión de María, tu Santísima Madre, llamo, busco y pido que mi oración sea concedida.

(Mencione aquí sus intenciones)


Oh Jesús, que has dicho: “Todo lo que pidas al Padre en mi nombre, te lo concederá”, por la intercesión de María, tu Santísima Madre, humilde y urgentemente pido a tu Padre en tu nombre que mi oración sea concedida.

(Mencione aquí sus intenciones)


Oh Jesús, que has dicho: “El cielo y la tierra pasarán, pero mi palabra no pasará”, por la intercesión de María, tu Santísima Madre, tengo la seguridad de que mi oración será concedida.

(Mencione aquí sus intenciones)


Me postro ante tu santa imagen, oh misericordioso Niño Jesús, para ofrecerte mi más ferviente agradecimiento por las bendiciones que me has concedido. Alabaré incesantemente tu inefable misericordia y confesaré que solo tú eres mi Dios, mi Auxiliador y mi Protector. ¡De ahora en adelante, toda mi confianza estará puesta en ti! En todas partes proclamaré en voz alta tu misericordia y generosidad para que tu gran amor y las grandes obras que realizas a través de esta imagen milagrosa sean reconocidas por todos. Que la devoción a tu Santísima Infancia crezca cada vez más en los corazones de todos los cristianos, y que todos los que experimentan tu ayuda perseveren conmigo en mostrar una gratitud cada vez mayor a tu santísima infancia, a la cual sea la alabanza y la gloria por siempre. 

Amén.
 

EL PROTOEVANGELIO DE SANTIAGO

El Protoevangelio de Santiago es un evangelio apócrifo, escrito probablemente hacia el año 150 y centrado en la infancia de la Virgen María y en el nacimiento de Jesús de Nazaret. 


Se conserva en unos 20 manuscritos medievales del siglo XII en adelante.

Aunque nunca fue incluido entre los evangelios canónicos, recoge relatos que han sido admitidos como ortodoxos por algunas iglesias cristianas, tales como la natividad milagrosa de María, la localización del nacimiento de Jesús en una cueva o el martirio de Zacarías, padre de San Juan el Bautista.

Mientras que en las iglesias orientales alcanzó gran difusión durante los primeros siglos del cristianismo, su auge en Occidente llegó solo con el polímata francés Guillaume Postel (1510-1581), quien lo tradujo al latín y lo publicó en 1552.


El Protoevangelio de Santiago

ca. 125 d.C.

I

1 En las historias de las doce tribus de Israel está escrito que había un tal Joaquín, sumamente rico; y ofreció sus ofrendas dos veces, diciendo: “Lo que sobra lo ofrezco por todo el pueblo, y lo debido en expiación de mis pecados será para el Señor a fin de volverle propicio”.

2 Se acercaba el gran día del Señor, y los hijos de Israel ofrecieron sus dones. Y Rubén se puso frente a él diciendo: “No te es lícito ofrecer tus ofrendas primero, puesto que no has tenido descendencia en Israel”.

3 Joaquín se entristeció mucho, y fue al registro de las doce tribus del pueblo, diciendo: Consultaré el registro de las doce tribus de Israel, para ver si solo yo no he tenido descendencia en Israel. Y buscó, y halló que todos los justos habían tenido descendencia en Israel. Y se acordó del patriarca Abraham, cómo en los últimos días Dios le dio un hijo, Isaac.

4 Y Joaquín se entristeció mucho, y no se mostró ante su mujer, sino que se retiró al desierto, plantó allí su tienda y ayunó cuarenta días y cuarenta noches, diciendo para sí: “No descenderé ni para comer ni para beber hasta que el Señor mi Dios me visite, y mi oración sea para mí comida y bebida.

II

1 Entonces su esposa Ana se lamentaba doblemente diciendo: “Lloraré mi viudez, y lloraré mi esterilidad”.

2 Y se acercaba el gran día del Señor, y Judit su criada le dijo: “¿Hasta cuándo humillarás tu alma? Ha llegado el gran día del Señor, y no te es lícito llorar; pero toma este pañuelo de cabeza que me ha dado la dueña de mi trabajo, y no me es lícito ponérmela, porque soy una criada, y tiene una marca de realeza”

3 Y Ana dijo: “¡Apártate de mí! ¡Mira! Yo no he hecho tales cosas, y el Señor me ha humillado grandemente para que me lo ponga; tal vez alguien te lo dio con astucia, y has venido a hacerme partícipe de tu pecado”. Y Judit dijo: “¿Cómo te maldeciré, si el Señor ha cerrado tu vientre, para que no tengas fruto en Israel?”

4 Ana se entristeció mucho y se quitó el vestido de luto, se adornó la cabeza y se puso el vestido de novia. A la hora novena bajó al jardín a pasear. Vio un laurel y se sentó debajo de él, y suplicó al Señor diciendo: “Oh Dios de nuestros padres, bendíceme y escucha mi oración, como bendijiste el vientre de Sara y le diste un hijo, Isaac”.

III

1 Y alzando la vista al cielo, vio un nido de pájaros en el laurel, y se lamentó en su interior, diciendo: “¡Ay de mí! ¿Quién me engendró? ¿Y qué vientre me dio a luz? Porque me he convertido en maldición delante de los hijos de Israel, y soy objeto de burla, y me han echado a escarnio del templo del Señor”.

2 “¡Ay de mí! ¿A qué me semejo yo? No se me compara con las aves del cielo, porque aun las aves del cielo son fecundas delante de ti, oh Señor. ¡Ay de mí! ¿A qué se me compara? No se me compara con las bestias de la tierra, porque aun las bestias de la tierra son fecundas delante de ti, oh Señor. ¡Ay de mí! ¿A qué se me compara? No se me compara con estas aguas, porque aun estas aguas son fecundas delante de ti, oh Señor.

3 ¡Ay de mí! ¿A qué se me compara? No soy semejante a esta tierra, pues aun esta tierra da sus frutos a su debido tiempo y te bendice, oh Señor.

IV

1 Y he aquí que un ángel del Señor se le apareció, diciéndole: “Ana, Ana, el Señor ha escuchado tu oración, y concebirás y darás a luz, y tu descendencia será conocida en todo el mundo”. Y Ana dijo: “Vive el Señor mi Dios, que si doy a luz varón o hembra, se lo ofreceré en ofrenda al Señor mi Dios, y le servirá todos los días de su vida”.

2 Y he aquí que vinieron dos mensajeros, diciéndole: “He aquí que Joaquín, tu marido, viene con sus rebaños, porque un ángel del Señor descendió a él, diciéndole: Joaquín, Joaquín, el Señor ha escuchado tu oración. Baja de aquí, porque he aquí que tu mujer Ana, va a concebir en su seno”.

3 Y habiendo bajado Joaquín llamó a sus pastores, diciéndoles: “Traedme diez corderos sin defecto y sin mancha, que serán para el Señor; y tráedme doce becerros tiernos, que serán para los sacerdotes y para la asamblea de los ancianos; y cien cabritos para todo el pueblo”.

4 Y he aquí que Joaquín venía con sus rebaños, y Ana estaba en la puerta y vio venir a Joaquín, y corrió y se abalanzó sobre su cuello, diciendo: “Ahora sé que el Señor Dios me ha bendecido grandemente, porque he aquí que la viuda ya no es viuda, y la que era estéril concebirá. Y Joaquín descansó aquel primer día en su casa.

V

1 Al día siguiente, ofreció sus ofrendas, diciendo para sí: “Conoceré que Dios me va a ser propicio si llego a ver el efod del sacerdote”. Y al ofrecer el sacrificio se fijó en el efod del sacerdote, cuando éste se acercaba al altar de Dios, y, no encontrando pecado ninguno en su conciencia, dijo: “Ahora sé que el Señor ha tenido a bien condonarme todos mis pecados”. Y bajó del templo del Señor justificado y se fue a su casa.

2 Se cumplieron los meses de Ana, y en el noveno mes dio a luz. Y le dijo a la partera: “¿Qué he dado a luz?” Y ella dijo: “Una niña“. Y Ana dijo: “Mi alma ha sido hoy enaltecida”, y acostó a la niña en su cuna. Y cuando se cumplieron los días, Ana se purificó, amamantó a la niña y la llamó María.

VI

1 Y día tras día la niña se fortalecía, y cuando tenía seis meses, su madre la puso en el suelo para probar si se mantenía en pie; y caminó siete pasos y volvió a su regazo. Y la tomó en brazos, diciendo: “Vive el Señor, que no andarás más por este suelo hasta que te lleve al templo del Señor”. Y preparó un santuario en su alcoba y no permitió que nada impuro o profano pasara por él. Llamó, además, a unas doncellas hebreas, vírgenes todas, y éstas la entretenían.

2 Y se cumplió el primer año de la niña, y Joaquín hizo un gran banquete y convocó a los sacerdotes, a los escribas, a la asamblea de los ancianos y a todo el pueblo de Israel. Y Joaquín llevó a la niña a los sacerdotes, y la bendijeron, diciendo: “Oh Dios de nuestros padres, bendice a esta niña y dale un nombre célebre para siempre entre todas las generaciones”. Y todo el pueblo dijo: “Así sea, así sea. Amén”. Y la llevó a los sumos sacerdotes, y la bendijeron, diciendo: “Oh Dios de las alturas, mira a esta niña y bendícela con la última bendición que no tiene sucesor”.

3 Y su madre la llevó al santuario de su alcoba y la amamantó. Entonces cantó un himno al Señor Dios, diciendo: “Cantaré un himno al Señor mi Dios, porque me ha visitado y ha quitado de mí el oprobio de mis enemigos, y el Señor me ha dado un fruto de su justicia, único y múltiple delante de él. ¿Quién anunciará a los hijos de Rubén que Ana amamanta? Escuchad, escuchad, vosotros, las doce tribus de Israel, que Ana está amamantando”
Y ella puso a la niña a descansar en la alcoba donde tenía su santuario, y salió y se puso a servir a los comensales. Y cuando terminó la fiesta, se fueron gozosos y glorificando al Dios de Israel.

VII

1 Y a la niña se le añadieron los meses; y la niña llegó a tener dos años. Y Joaquín dijo: “Llevémosla al templo del Señor para cumplir la promesa que hicimos; no sea que el Señor nos la exija, y nuestra ofrenda sea rechazada”. Y Ana dijo: “Esperemos hasta el tercer año, para que la niña no añore a su padre o a su madre”. Y Joaquín dijo: “Esperemos”.

2 Y la niña llegó a tener tres años, y Joaquín dijo: “Llamad a las doncellas hebreas que son puras, y que cada una tome una lámpara, y que las mantengan encendidas, para que la niña no se vuelva hacia atrás y su corazón sea cautivado por alguna cosa fuera del templo del Señor”. Y así lo hicieron hasta que subieron al templo del Señor.

Y el sacerdote la recibió, la besó, la bendijo y dijo: “El Señor ha engrandecido tu nombre entre todas las generaciones; en ti, en los postreros días, el Señor manifestará su redención a los hijos de Israel”. Y la hizo sentar en el tercer escalón del altar. Y el Señor la colmó de gracia, y ella danzó con sus piececitos, haciéndose querer de toda toda la casa de Israel.

VIII

1 Y a sus padres los hicieron bajar maravillados, y alabando al Señor Dios porque la niña no se había vuelto hacia atrás. Y María estaba en el templo del Señor como una paloma criada; recibiendo alimento de las manos de un ángel.

2 Cuando ella cumplió doce años, hubo un concilio de sacerdotes, y dijeron: “He aquí que María ha cumplido doce años en el templo del Señor. ¿Qué haremos, pues, con ella, para que no profane el santuario del Señor?” Y dijeron al sumo sacerdote: “Tú que tienes el altar del Señor a tu cargo, entra y ora por ella; y todo lo que el Señor te revele, hagámoslo”.

3 Entonces el sumo sacerdote tomó la vestidura con las doce campanillas y entró en el Lugar Santísimo y oró por ella. Y he aquí, un ángel del Señor se le apareció y le dijo: “Zacarías, Zacarías, sal y reúne a todos los viudos del pueblo, y que cada uno traiga su vara; y aquel sobre quien el Señor te muestre una señal portentosa, de ese será su esposa”. Y los heraldos salieron por toda la región de Judea, y sonó la trompeta del Señor, y todos corrieron hacia ella.

IX

1 José arrojó su hacha y corrió a su encuentro, y cuando se reunieron, fueron al sumo sacerdote y tomaron cada uno su vara. Y él tomó las varas de todos y entró en el templo y oró. Y cuando terminó la oración, tomó las varas y salió y se las devolvió; pero no había ninguna señal en ellas. Más, al tomar José la última, he aquí que una paloma salió de la vara y voló sobre la cabeza de José. Y el sacerdote dijo a José: “A ti te ha cabido en suerte recibir bajo tu custodia a la Virgen del Señor”.

2 Pero José se negó, diciendo: “Tengo hijos, y soy un anciano, mientras que ella es una niña; no sea que me convierta en el hazmerreír de los hijos de Israel”. Y el sacerdote dijo a José: “Teme al Señor tu Dios y ten presente lo que hizo con Datan, Abirón y Coré: cómo se abrió la tierra y fueron sepultados en ella por su rebelión. Y teme ahora tú también, José, no sea que sobrevenga esto mismo a tu casa”

3 José tuvo miedo y la recibió bajo su protección. Entonces José le dijo a María: “He aquí, te he recibido del templo del Señor; ahora te dejo en mi casa, y me voy a edificar mis casas; volveré a ti. El Señor te cuidará”.

X

1 Se reunió entonces un concilio de sacerdotes, y dijeron: “Hagamos un velo para el templo del Señor”. Y el sacerdote dijo: “Llamadme algunas vírgenes puras de la tribu de David”. Y los oficiales partieron y buscaron, y hallaron siete vírgenes. Entonces los sacerdotes recordaron a la niña María, que era de la tribu de David y estaba sin mancha delante de Dios; y los oficiales fueron y la trajeron. 

2 Y las llevaron al templo del Señor, y el sacerdote dijo: “Echad suertes para ver quién es la que ha de bordar el oro, el amianto, el lino, la seda, el jacinto, la escarlata y la púrpura”. Y la escarlata y la púrpura le tocaron a María, quien, en tomándolas, se marchó a su casa. En aquel tiempo, Zacarías enmudeció, y Samuel lo sustituyó hasta que Zacarías volvió a hablar. Pero María tomó la escarlata y comenzó a hilarla.

XI

1 Y ella tomó el cántaro y salió a llenarlo de agua; y he aquí una voz que decía: “¡Dios te salve, llena de gracia! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres”. Y ella miró a su derecha y a su izquierda, para ver de dónde venía aquella voz; y llena de temblor, fue a su casa, dejó el cántaro, tomó el manto púrpura, se sentó en su silla y se puso a hilarlo.

2 Y he aquí un ángel del Señor se le apareció y le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante del Señor omnipotente, y concebirás por su palabra”. Y ella, al oírlo, se preguntó a sí misma: “¿Concebiré del Dios vivo y daré a luz como todas las mujeres?” 

3 Y el ángel del Señor le dijo: “No, María, porque el poder del Señor te cubrirá con su sombra; por lo cual el santo ser que nacerá de ti será llamado Hijo del Altísimo. Y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Y María dijo: “He aquí la sierva del Señor en su presencia; hágase en mí según tu palabra”.

XII

1 Concluida su labor con la púrpura y la escarlata, se las llevó al sacerdote. El sacerdote la bendijo y dijo: “María, el Señor Dios ha engrandecido tu nombre, y serás bendita entre todas las generaciones de la tierra”.

2 María se alegró y fue a casa de su parienta Isabel; y llamó a la puerta. Isabel, al oírla, echó la escarlata, corrió a la puerta y la abrió; y al ver a María, la bendijo y dijo: “¿De dónde me viene esto, que la madre de mi Señor venga a mí? Pues fíjate que el fruto que llevo en mi seno se ha puesto a saltar dentro de mí y te bendijo”. María olvidó los misterios que el arcángel Gabriel le había revelado, y alzando los ojos al cielo, dijo: “¿Quién soy yo, Señor, para que todas las generaciones de la tierra me bendigan?”

3 Se quedó tres meses con Isabel, y día tras día su vientre crecía; María tuvo miedo y se fue a su casa y se escondió de los hijos de Israel. Ella tenía dieciséis años cuando ocurrieron estos misterios.

XIII

1 Era el sexto mes de su embarazo, cuando José volvió de sus trabajos, entró y se dio cuenta que estaba encinta. Se golpeó el rostro, se echó al suelo sobre un cilicio y lloró amargamente, diciendo: “¿Con qué cara voy a mirar al Señor mi Dios? ¿Qué súplica haré por esta muchacha? Porque la recibí del templo del Señor mi Dios virgen, y no la he protegido. ¿Quién es el que me ha engañado? ¿Quién ha cometido esta maldad en mi casa y ha profanado a la virgen? ¿Acaso no se repite en mí la historia de Adán? Porque así como a la hora de dar gracias la serpiente vino y encontró a Eva sola y la engañó, así me ha sucedido también a mí”.

2 Entonces José se levantó del cilicio, llamó a María y le dijo: “¡Oh, tú que fuiste cuidada por Dios, ¿por qué has hecho esto? Has olvidado al Señor tu Dios. ¿Por qué has humillado tu alma, tú que fuiste alimentada en el Lugar Santísimo y recibiste alimento de la mano de un ángel?”

3 Pero ella lloró amargamente, diciendo: “Soy pura y no conozco varón”. Y José le dijo: “¿De dónde, pues, viene lo que está en tu vientre?” Y ella dijo: “Vive Jehová mi Dios, que no sé de dónde me ha venido”.

XIV

1 Y José tuvo mucho miedo y dejó de hablarle (o la dejó sola), y reflexionó sobre qué debía hacer con ella. Y José dijo: “Si encubro su pecado, seré hallado luchando contra la ley del Señor; y si la muestro a los hijos de Israel, temo que lo que hay en ella sea descendencia de un ángel, y seré hallado entregando sangre inocente al juicio de muerte. ¿Qué haré entonces? La dejaré ir de mí en secreto”. Y cayó la noche sobre él.

2 Y he aquí que un ángel del Señor se le apareció en sueños, diciendo: “No temas a esta niña, porque lo que hay en ella es del Espíritu Santo, y dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Y José se levantó del sueño y glorificó al Dios de Israel que le había mostrado este favor; y veló por ella.

XV

1 Entonces Anás el escriba se acercó a él y le dijo: “¿Por qué no te presentaste en nuestra asamblea?” Y José le respondió: “Estaba cansado del camino, y descansé el primer día”. Y Anás lo volvió y vio a María encinta.

2 Y fue apresuradamente al sacerdote y le dijo: “José, de quien tú das testimonio [de que es justo], ha pecado gravemente”. Y el sacerdote dijo: “¿En qué?” Y él dijo: “A la virgen que recibió del templo del Señor, la ha profanado, y se ha casado con ella a escondidas (literalmente, ha robado su matrimonio), y no lo ha declarado a los hijos de Israel”. Y el sacerdote respondió y dijo: “¿Ha hecho esto José?” Y Anás el escriba dijo: Envía oficiales, y encontrarás a la virgen encinta. Y los oficiales fueron y encontraron como él había dicho, y la llevaron junto con José al lugar del juicio.

3 Y el sacerdote dijo: “María, ¿por qué has hecho esto, y por qué has humillado tu alma y te has olvidado del Señor tu Dios, tú que fuiste criada en el Lugar Santísimo, y recibiste alimento de la mano de un ángel, y oíste los himnos, y danzaste delante del Señor, por qué has hecho esto?”

Pero ella lloró amargamente, diciendo: “Vive el Señor mi Dios, soy pura delante de él, y no conozco varón”.

4 Y el sacerdote dijo a José: “¿Por qué has hecho esto?” Y José dijo: “Vive el Señor mi Dios, soy puro en cuanto a ella”. Y el sacerdote dijo: “No des falso testimonio, sino di la verdad: te has casado con ella a escondidas y no lo has declarado a los hijos de Israel, ni te has inclinado bajo la mano poderosa para que tu descendencia sea bendecida”. Y José guardó silencio.

XVI

1 Y el sacerdote dijo: “Devuelve a la virgen que recibiste del templo del Señor”. Y José se llenó de llanto. Y el sacerdote dijo: “Os daré de beber del agua de la convicción del Señor, y en ella se manifestarán vuestros pecados ante vuestros ojos”.

2 Entonces el sacerdote tomó de ella, se la dio de beber a José y lo envió a la región montañosa. Y regresó sano. También se la dio de beber a María y la envió a la región montañosa. Y ella regresó sana. Y todo el pueblo se maravilló, porque no se les había manifestado ningún pecado.

3 Entonces el sacerdote dijo: “Si el Señor Dios no ha manifestado vuestro pecado, tampoco yo os condeno”. Y los dejó ir. Y José tomó a María y se fue a su casa gozoso y glorificando al Dios de Israel.

XVII

1 Entonces salió un edicto del rey Augusto para que se empadronara a todos los que estaban en Belén de Judea. Y José dijo: “Empadronaré a mis hijos; pero ¿qué haré con esta niña? ¿Cómo la empadronaré? ¿Como mi esposa? No, me avergüenzo. ¿O como mi hija? Pero todos los hijos de Israel saben que no es mi hija. Hoy, en el día del Señor, se hará como el Señor quiera”.

2 Entonces ensilló la asna, la montó sobre ella, y su hijo la guió, y José lo siguió. Y se acercaron (a Belén) a tres millas; y José se volvió y la vio con semblante triste, y pensó: “Quizás algo en su interior la aflige”. Y de nuevo José se volvió y la vio riendo, y le dijo: “María, ¿qué te pasa que veo tu rostro una vez riendo y otra vez triste?” Y María dijo a José: “Es porque veo con mis ojos dos pueblos, uno llorando y lamentándose, y el otro gozoso y alegre”.

3 Llegaron a la mitad del camino, y María le dijo: “Bájame del asno, porque lo que hay dentro de mí me presiona para salir”. Y él la bajó del asno y le dijo: “¿Adónde te llevaré para que escondas tu vergüenza? Porque aquel lugar es desierto”.

XVIII

1 Y halló allí una cueva y la llevó dentro, y puso a sus hijos junto a ella; y salió y buscó una partera de los hebreos en la región de Belén.

2 Ahora bien, yo, José, andaba, y no andaba. Y alcé la vista al Cielo y vi el Cielo con asombro. Y alcé la vista al polo del Cielo y lo vi inmóvil, y las aves del cielo sin moverse. Y miré la tierra y vi un plato puesto, y obreros acostados junto a él, y sus manos estaban en el plato; y los que masticaban no masticaban, y los que levantaban la comida no la levantaban, y los que se la llevaban a la boca no se la llevaban a ella, sino que los rostros de todos ellos miraban hacia arriba. Y he aquí que había ovejas siendo conducidas, y no avanzaban, sino que se detenían; y el pastor alzó su mano para golpearlas con su cayado, pero su mano permaneció levantada. Y miré la corriente del río y vi las bocas de los cabritos sobre el agua, y no bebían. Y de repente todas las cosas siguieron su curso.

XIX

1 Y he aquí una mujer que bajaba de la región montañosa, y me dijo: “Hombre, ¿a dónde vas?” Y yo dije: “Busco una partera de los hebreos”. Y ella respondió y me dijo: “¿Eres de Israel?” Y yo le dije: “Sí”. Y ella dijo: “¿Y quién es la que da a luz en la cueva?” Y yo dije: “La que está desposada conmigo”. Y ella me dijo: “¿No es tu esposa?” Y yo le dije: “Es María, la que fue criada en el templo del Señor; y la recibí por esposa en sorteo; y ella no es mi esposa, sino que concibió por obra del Espíritu Santo”. Y la partera le dijo: “¿Es esto cierto?” Y José le dijo: “Ven acá y mira”. Y la partera fue con él.

2 Y estaban en el lugar de la cueva; y he aquí una nube brillante que cubría la cueva. Y la partera dijo: “Mi alma se engrandece hoy, porque mis ojos han visto cosas maravillosas: porque la salvación ha nacido para Israel”. E inmediatamente la nube se retiró de la cueva, y apareció en la cueva una gran luz, de tal manera que nuestros ojos no pudieron soportarla. Y poco a poco aquella luz se fue retirando hasta que apareció el niño pequeño; y fue y tomó el pecho de su madre María. Y la partera clamó a gran voz y dijo: “Grande es para mí este día, porque he visto esta nueva visión”.

3 Y la partera salió de la cueva y Salomé le salió al encuentro. Y le dijo: “Salomé, Salomé, tengo una nueva visión que contarte. Una virgen ha dado a luz, lo cual su naturaleza no permite”. Y Salomé dijo: “Vive Jehová mi Dios, que si no la pruebo y examino su naturaleza, no creeré que una virgen haya dado a luz”.

XX

1 Y la partera entró y dijo a María: “Ordénate, porque no hay pequeña contienda que haya surgido acerca de ti”. La árida Salomé puso a prueba y clamó y dijo: “¡Ay de mi iniquidad y de mi incredulidad, porque he tentado al Dios viviente, y he aquí, mi mano se aparta de mí en fuego!” Y doblando sus rodillas ante el Señor, dijo: “Oh Dios de mis padres, acuérdate de que soy descendiente de Abraham, Isaac y Jacob; no me hagas un ejemplo público para los hijos de Israel, sino devuélveme a los pobres, porque tú sabes, Señor, que en tu nombre realicé mis curaciones, y recibí mi salario de ti”.

3 Y he aquí, un ángel del Señor se le apareció, diciéndole: “Salomé, Salomé, el Señor te ha escuchado: acerca tu mano al niño y tómalo, y habrá para ti salvación y gozo”.

4 Entonces Salomé se acercó y lo tomó en brazos, diciendo: “Yo lo adoraré, porque un gran rey ha nacido para Israel”. Y he aquí que al instante Salomé quedó sana, y salió de la cueva justificada. Entonces oyó una voz que decía: “Salomé, Salomé, no cuentes nada de las maravillas que has visto, hasta que el niño entre en Jerusalén”.

XXI

1 Y he aquí, José lo preparó para ir a Judea. Y hubo un gran tumulto en Belén de Judea, porque llegaron unos magos que decían: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido a adorarlo”.

2 Cuando Herodes lo oyó, se turbó y envió oficiales a los magos. Mandó llamar a los sumos sacerdotes y los interrogó, diciendo: “¿Cómo está escrito acerca del Cristo, dónde nació?” Ellos le dijeron: “En Belén de Judea, porque así está escrito”. Y los dejó ir. Y interrogó a los magos, diciéndoles: “¿Qué señal visteis acerca del rey que ha nacido?” Y los magos dijeron: “Vimos una estrella muy grande que brillaba entre aquellas estrellas y las oscurecía, de modo que las estrellas no se veían; y por eso supimos que un rey había nacido para Israel, y hemos venido a adorarlo”. Herodes dijo: “Id y buscadlo, y si lo halláis, decídmelo, para que yo también vaya a adorarlo”.

3 Entonces los magos salieron. Y he aquí que la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos hasta que entraron en la cueva, y se detuvo sobre la entrada de la cueva. Y los magos vieron al niño con María, su madre, y sacaron de sus alforjas regalos: oro, incienso y mirra.

4 Y advertidos por el ángel de que no entraran en Judea, volvieron a su tierra por otro camino.

XXII

1 Pero cuando Herodes se dio cuenta de que los magos se burlaban de él, se enojó y envió asesinos, diciéndoles: “Matad a los niños de dos años o menos”.

2 Cuando María oyó que mataban a los niños, tuvo miedo, tomó al pequeño, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre.

3 Pero Isabel, al oír que buscaban a Juan, lo tomó y subió a la montaña, buscando dónde esconderlo; pero no encontró dónde. Entonces Isabel gimió y gritó: “¡Oh, monte de Dios, recibe a una madre encinta!”. Porque Isabel no podía subir. Y al instante el monte se abrió y la recibió. Y una luz resplandecía para ellos, pues un ángel del Señor estaba con ellos, velando por ellos.

XXIII

1 Herodes buscó a Juan y envió oficiales a Zacarías, diciéndole: “¿Dónde has escondido a tu hijo?” Él les respondió: “Soy ministro de Dios y sirvo continuamente en el templo del Señor; no sé dónde está mi hijo”.

2 Los oficiales partieron y le contaron todo esto a Herodes. Herodes se enojó y dijo: “Su hijo será rey sobre Israel”. Y envió otro oficial a decirle: “Di la verdad: ¿dónde está tu hijo? Porque tú sabes que tu sangre está en mi poder”. Los oficiales partieron y le contaron todo esto.

3 Zacarías dijo: “Soy mártir de Dios si derramas mi sangre; porque el Señor recibirá mi espíritu, porque derramaste sangre inocente en el atrio del templo del Señor”. Al amanecer, Zacarías fue asesinado. Los hijos de Israel no supieron que había sido asesinado.

XXIV

1 Pero los sacerdotes entraron a la hora del saludo, y la bendición de Zacarías no los recibió como se esperaba. Y los sacerdotes esperaban a Zacarías para saludarlo con la oración y glorificar al Altísimo.

2 Pero como tardaba en llegar, todos tuvieron miedo; entonces uno de ellos se armó de valor y entró; y vio junto al altar sangre coagulada, y una voz que decía: “Zacarías ha muerto, y su sangre no será borrada hasta que venga su vengador”. Al oír esto, tuvo miedo, y salió y se lo contó a los sacerdotes.

3 Entonces ellos se armaron de valor, entraron y vieron lo que había sucedido; y las vigas del templo crujieron, y rasgaron sus vestiduras de arriba abajo. No hallaron su cuerpo, sino su sangre convertida en piedra. Y temieron, y salieron y contaron a todo el pueblo que Zacarías había muerto. Y todas las tribus del pueblo lo oyeron, y lloraron por él y lo lamentaron durante tres días y tres noches. Pasados ​​los tres días, los sacerdotes deliberaron sobre a quién debían poner en su lugar; y la suerte recayó sobre Simeón. Él había sido advertido por el Espíritu Santo de que no moriría hasta que viera a Cristo en persona.

XXV

1 Ahora bien, yo, Santiago, que escribí esta historia en Jerusalén, cuando se produjo un tumulto tras la muerte de Herodes, me retiré al desierto hasta que cesó el tumulto en Jerusalén. Glorifico al Señor Dios, que me dio el don y la sabiduría para escribir esta historia.

2 Y la gracia sea con los que temen a nuestro Señor Jesucristo; a él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
 

14 DE ABRIL: SAN JUSTINO, Filósofo y Mártir - SAN PEDRO GONZÁLEZ TELMO, Conf.



14 de abril: San Justino, filósofo y mártir

(✞ 165)

El glorioso filósofo y antiguo apologista y mártir San Justino fue hijo de Priseo, de linaje griego, y nació en Nápoles Flavia, ciudad de Palestina.

Desde su mocedad se dio mucho a las letras humanas, y al estudio de la filosofía, y se ejercitó en todas las sectas de los filósofos estoicos, peripatéticos y pitagóricos, con gran deseo de saber la verdad; y hallando en todas ellas pocas firmeza, las dejó y se dio a la filosofía de Platón, por parecerle que era más grave y más cierta y segura para lo que él pretendía, que era alcanzar la sabiduría y con ella entender y ver a Dios.

Para poder, pues, mejor atender a sus estudios se retiró a un lugar apartado, vecino del mar, donde estando ocupado y absorto en la contemplación de las cosas divinas, se le presentó, como el mismo Santo escribe, un varón viejo y muy venerable que trabó plática con él; y entendiendo que era filósofo platónico, y lo que buscaba en sus estudios, le desengañó que no lo hallaría en los libros de los filósofos, sino en solo dos de los profetas y de los santos, a quienes Dios había alumbrado y abierto los ojos del alma para ver la luz del cielo y entender sus misterios y verdades.

Con esto, se fue el anciano y San Justino no le vio más; pero quedó muy encendido en el amor de la verdad inclinado a leer los libros de los cristianos.

Por estos medios entró Cristo nuestro Señor en el corazón de Justino, y de ser filósofo platónico y maestro de otros, le hizo filósofo cristiano y discípulo suyo.

Escribió un libro maravilloso y divino en defensa de la Religión Cristiana en el año 150 como él mismo lo dice, y se lo dio al emperador Antonino Pío, el cual después de haberlo leído, hizo publicar en Asia un edicto en favor de los cristianos mandando que ninguno, por el solo hecho de ser cristiano, fuese acusado ni condenado.

Pero al morir Antonino, sucedieron en el imperio Marco Aurelio Antonio y Lucio Vero, y se volvió a embravecer la tempestad, San Justino que a la sazón estaba en Roma, escribió otro libro o apología a los emperadores y al senado en favor de los cristianos para aplacarla.

Entonces el santo fue acusado por un enemigo suyo llamado Crescente, cínico filósofo en el nombre y profesión, era quien más atizaba a los magistrados y en la vida, viciosísimo y abominable; especialmente contra los fieles de Cristo.

Mandó pues el prefecto de Roma prender a San Justino, y después de haberlo hecho azotar, dio sentencia que fuese degollado con otros seis compañeros, según consta en las actas de su martirio, que escribieron los notarios de la iglesia romana.




14 DE ABRIL: SAN PEDRO GONZÁLEZ TELMO, CONFESOR


14 de Abril: San Pedro González Telmo, confesor

(✞ 1246)

El bienaventurado y apostólico varón San Pedro González, llamado vulgarmente San Telmo, nació de padres nobles en la villa de Fromesta, a cinco leguas de la ciudad de Palencia.

El Obispo que era tío suyo le dio un canonicato cuando aún no tenía la edad ni la gravedad y asiento que para aquel ministerio convenía, y procuró además que el Papa le diese el decanato.

Cuando Pedro González hubo de tomar la posesión, qué fue el día de Pascua de Navidad, quiso el nuevo deán regocijar la fiesta no como eclesiástico sino como lego y profano.

Se vistió para aquel día de gala y profanamente, y salió con otros en un caballo brioso muy bien aderezado por toda la ciudad, desenpedrando como dicen, las calles a carreras, con gran desenvoltura y escándalo del pueblo.

Pero para que se entiendan las maneras que Dios nuestro Señor toma para convertir las almas y traerlas a sí, partiendo precipitadamente por la calle más principal de Palencia, cayó el caballo en medio de la carrera y dio con el deán en un lodo muy asqueroso, con harta risa de los que le vieron; porque cuando fueron a socorrerlo, no había gala, ni vestido, ni rostro que diese muestra de lo que había sido.

Fue tan grande la vergüenza que causó a Pedro González aquella caída, que no podía levantar la cabeza, ni le parecía que podría ya vivir entre aquella gente, ante tal desgracia que le había acontecido.

Dios le alumbró al mismo tiempo el corazón y hablando entre sí dijo:

- Pues el mundo me ha tratado como quién es, yo haré que no se burle otra vez de mí.

Dicho esto se fue al convento de Santo Domingo, y con admiración de todos los que le conocían, tomó el hábito, y comenzó a vivir con tan grande perfección, que vino a hacer un gran Santo.

Predicaba después con obras y palabras, como angel del Señor; y hablaba con tal fuerza de espíritu, te enternecía las piedras e inflamaba los corazones helados.

Se despoblaban los lugares en su seguimiento y muchas leguas iban caminando por oírle, viejos y mozos, hombres y mujeres, ricos y pobres; y con este celo y espíritu anduvo por los reinos de España y estuvo en la Corte del santo Rey don Fernando, y se halló con él en el cerco de Sevilla y en otras guerras contra los moros.

Pero donde el santo más tiempo estuvo fue en Galicia, donde entre otras cosas hizo un puente sobre el río Miño, no lejos de Rivadavia, por los muchos peligros y muertes que sucedían en aquel paso.

Finalmente, después de haber ganado para Cristo innumerables almas y resplandecido con muchos milagros, en el domingo de Cuasimodo, dio en la ciudad de Tuy su bendita alma al Señor, el cual manifestó la gloria de su siervo con doscientos ocho milagros bien conocidos.


lunes, 13 de abril de 2026

DOMINICA IN ALBIS ROBADA

Cómo el culto posconciliar de Faustina eclipsó al Sagrado Corazón, rebautizado como Domingo de la Divina Misericordia, y vendió a los católicos un discurso que fácilmente pasa del arrepentimiento a la presunción.

Por Chris Jackson


Un día que solía pertenecer a la Pascua

Lo que antes se conocía como Domingo de la Misericordia, Domingo de Quasimodo, Dominica in albis, el final de la Octava Pascual, ha sido rebautizado en el mundo posconciliar como “Domingo de la Divina Misericordia”. Juan Pablo II relacionó este día con las revelaciones de Faustina en el año 2000, y textos posteriores del Vaticano simplemente hablan del “Segundo Domingo de Pascua” o “Domingo de la Divina Misericordia”. El Directorio posconciliar sobre la piedad popular incluso describe esta devoción como algo que se ha desarrollado y extendido en los últimos años en relación con la octava de Pascua. En otras palabras, esta no es la identidad inmemorial del día. Fue una “adición” posterior.

Y ese cambio es importante. Porque al renombrar un día, se transforma la manera en que los católicos comunes lo viven. En lugar de ver la Semana Santa coronada por la antigua meditación de la Iglesia sobre los recién bautizados, sobre Santo Tomás y sobre el final de la octava pascual, innumerables personas ahora tratan toda la semana como una cuenta regresiva para el “gran” Domingo de la Misericordia, el día de promesas especiales, imágenes especiales, devociones especiales, rosarios especiales, una imagen especial. La Pascua misma se convierte, para muchos, en una pasarela. Faustina se convierte en la protagonista.

Lo que realmente fue Dominica in Albis

La tradición antigua describe este domingo como Quasimodo, del Introito; Dominica in albis, porque los neófitos se despojaban de sus vestiduras blancas de bautismo; y Pascha clausum, porque cerraba la Octava Pascual. La Catholic Encyclopedia afirma lo mismo, añadiendo que el nombre mismo del domingo alude a los recién bautizados y a la renovación del hombre a través de la Resurrección. Este era un día arraigado en el Bautismo, la Pascua y el testimonio apostólico de Santo Tomás.

Ese enfoque litúrgico tradicional también era doctrinalmente claro. El Evangelio del día gira en torno a Cristo resucitado, de pie en medio de los Apóstoles, mostrándoles sus manos y su costado, infundiéndoles el Espíritu Santo y confiriéndoles el poder de perdonar los pecados. El punto central es la Resurrección, las llagas, la misión apostólica, el Sacramento de la Penitencia y la Confesión de Fe: “¡Señor mío y Dios mío!”. Esta es una estructura católica mucho más sólida que la atmósfera devocional empalagosa que ahora impregna la jornada en la mayoría de las parroquias.

Roma reprimió la devoción de Faustina

Esta es la parte que la propaganda siempre intenta ocultar. El Santo Oficio sí actuó. La notificación del 6 de marzo de 1959, publicada en las Acta Apostolicae Sedis, declaraba que se prohibía la distribución de imágenes y escritos que presentaran la devoción a la Divina Misericordia “en las formas propuestas por esta Hermana Faustina”, y dejaba a los obispos la libertad de retirar dichas imágenes ya expuestas para el culto.


Luego vino el cambio de rumbo. En 1978, la Congregación para la Doctrina de la Fe declaró que las prohibiciones contenidas en la notificación de 1959 “ya no eran vinculantes”, tras examinar “numerosos documentos originales desconocidos en 1959”, considerando las circunstancias cambiantes y teniendo en cuenta la opinión de los ordinarios polacos. Nótese lo que dice realmente el texto de 1978. No afirma que el Santo Oficio simplemente hubiera cometido un error o que la sentencia anterior fuera falsa debido a malas traducciones. Dice que se consideraron “nuevos documentos”, que las circunstancias habían cambiado y que la prohibición ya no era vinculante. Esta es una declaración mucho más precisa que el mito apologético que se suele difundir hoy en día.


De hecho, la frase “los numerosos documentos originales, desconocidos en 1959 es en gran medida un recurso utilizado por promotores posteriores. El sitio web de la Divina Misericordia de los Padres Marianos (en inglés aquí) afirma que el Vaticano, en la década de 1950, “solo disponía de una traducción defectuosa al italiano y que incluía graves distorsiones de lo que la Hermana Faustina había escrito”. Pero esa es su explicación, no el texto de la notificación romana de 1978. Así pues, los católicos no están obligados a fingir que la supresión preconciliar fue un simple malentendido, como si el Santo Oficio se hubiera equivocado por completo. El acta oficial de 1959 existía y el de 1978 le retiró su vigencia sin borrar su existencia.

Sagrado Corazón o religión sustituta

La tragedia radica en que un paquete de revelaciones privadas y sospechosas se difundió en una Iglesia que ya poseía una devoción majestuosa, promovida magisterialmente, centrada en el Sagrado Corazón de Jesús. En Haurietis Aquas, Pío XII describió la Devoción al Sagrado Corazón como un don invaluable, un poderoso medio para agradecer al Señor divino mediante el amor y la reparación, e incluso preguntó qué devoción podría superarla para las necesidades de la Iglesia y del mundo. La vinculó explícitamente a la adoración, la acción de gracias, la expiación, la Eucaristía, la Cruz y el amor de Cristo crucificado.

Esa antigua devoción tenía peso, objetividad y profundidad teológica. No era una campaña de marketing espiritual basada en un diario del siglo XX. No necesitaba abrirse paso a codazos en la Semana Santa con un nuevo nombre. Por lo tanto, los críticos católicos tradicionalistas han argumentado durante años que la devoción a Faustina funciona como una imitación o un desplazamiento del Sagrado Corazón, porque toma temas ya presentes en la antigua devoción de la Iglesia al Corazón de Cristo y los reformula en un registro más superficial, más emotivo y más posconciliar. Catholic Candle afirma claramente que los católicos deben evitar la falsa devoción a la Divina Misericordia y aferrarse en cambio al Sagrado Corazón, mientras que el padre Benedict Hughes, de CMRI, argumentó que otra devoción centrada enteramente en la misericordia tendería naturalmente a desviar la atención de la devoción universalmente reconocida que ya promueve la Iglesia.

Esa crítica resulta convincente porque el contraste es evidente. El lenguaje del Sagrado Corazón se centra en la reparación, la expiación, la adoración y el amor que corresponde al amor. El culto de Faustina, tal como se promueve comúnmente, se basa en la confianza, el perdón, el océano de gracias, el borrón y cuenta nueva, el perdón completo, la gracia extraordinaria y el segundo bautismo. Una escuela forma penitentes; la otra, fácilmente, crea consumidores espirituales.

Misericordia sin temor, dolor ni reparación

Para ser justos, el decreto de indulgencia del Vaticano de 2002 para el Domingo de la Divina Misericordia incluye las condiciones católicas habituales: confesión sacramental, comunión eucarística, oración por las intenciones del Sumo Pontífice, desapego total del apego al pecado e incluso referencias al dolor sobrenatural y a la firme resolución de no volver a pecar. Por lo tanto, sería inexacto afirmar que todo texto oficial que acompaña a la celebración excluye el arrepentimiento. No lo hace.

Pero esa es solo una parte de la historia. El material promocional oficial de la Divina Misericordia promueve simultáneamente la promesa de Faustina de que quien se confiesa y comulga ese día recibe “el perdón completo de los pecados y la pena”, y afirma que, para obtener estas “gracias extraordinarias”, la “única condición” es comulgar dignamente el Domingo de la Divina Misericordia tras una buena confesión y confianza en la misericordia. Otro sitio web oficial de Faustina va aún más allá y califica esta gracia como superior a una indulgencia plenaria, comparándola con un “segundo bautismo”. Precisamente por eso, los católicos tradicionalistas se resisten. Incluso cuando sus defensores intentan explicarlo con detenimiento, la cultura devocional construida en torno a estas promesas acostumbra a la persona promedio a pensar en términos de atajos, reinicios y un lenguaje de borrón y cuenta nueva espiritual, en lugar de en la enseñanza católica más profunda de conversión, satisfacción, enmienda y reparación.

Esta es también la razón por la que esta devoción encaja tan bien en la iglesia modernista. El comentario oficial de la FSSPX sobre la misericordia advierte que una falsa misericordia, desvinculada de la justicia, convierte al cristianismo en un humanitarismo sentimental y en una industria de consuelo, que se muestra indulgente con el pecado y severa con la claridad doctrinal. Otro texto litúrgico de la FSSPX afirma que la Iglesia nunca separa la misericordia de la justicia. Ese es precisamente el problema. El paquete de Faustina, especialmente en manos de “pastores modernos”, se convierte con demasiada facilidad en una misericordia entendida como amnistía permanente. Se desliza naturalmente hacia la negativa posconciliar a predicar el juicio con firmeza.

El problema de la imagen no es trivial

Los críticos tradicionales también tienen razón al objetar la imagen en sí. El Evangelio de este domingo se centró en Cristo resucitado mostrándole a Tomás sus manos y su costado. Sin embargo, los críticos han señalado desde hace tiempo que la imagen original de Kazimirowski asociada con Faustina omite o minimiza tanto las heridas que el resultado es visualmente chocante. El artículo del CMRI plantea esta objeción directamente, y el sitio web oficial de Faustina confirma que la primera imagen fue la pintura de Kazimirowski de 1934, realizada bajo su supervisión. Independientemente de lo que se piense de las reproducciones posteriores, más suaves, la crítica general es válida: la iconografía de este culto no posee la misma densidad doctrinal que la iconografía más antigua del Sagrado Corazón, donde la herida de la lanza, el Corazón mismo y el precio de la reparación son inconfundibles.

Y esto no es una mera cuestión estética. Las imágenes enseñan. El Sagrado Corazón enseña el amor a través del sacrificio, la misericordia a través de la expiación, la ternura a través de una herida. La imagen de la Divina Misericordia, en cambio, suele interpretarse como una especie de lámina de consuelo de la posguerra, desenfocada. Es Cristo sin suficiente sangre, sin suficientes espinas, sin suficiente juicio y, en las versiones más criticadas, sin siquiera mostrar claramente las heridas en la octava donde la Iglesia lee que Tomás las tocó.

El problema de fondo

La devoción a la Divina Misericordia es peligrosa porque armoniza casi a la perfección con el instinto rector de la religión conciliar. La severidad resulta incómoda. El juicio se suaviza. La reparación se desvanece. El Sagrado Corazón queda relegado. El Domingo de la Misericordia cambia de nombre. El antiguo equilibrio católico entre misericordia y justicia sobrevive en teoría, pero en la práctica el énfasis emocional se inclina drásticamente hacia la tranquilidad. Por eso la devoción se extendió tan explosivamente después del concilio Vaticano II y bautizó la nueva orientación.


Sí, todo esto es trágico. El Domingo de Recogimiento no necesitaba ser rescatado por un nuevo culto. La Pascua no necesitaba un añadido devocional para volverse atractiva. La Iglesia ya tenía el Sagrado Corazón, la octava, el Evangelio de Tomás, la confesión, las indulgencias, el lenguaje del pecado, la contrición, la satisfacción, la reparación y la gracia. Lo que los fieles necesitaban era un arraigo más profundo en esas realidades, no un paquete de reemplazo que el Santo Oficio suprimió en su momento y que el sistema posconciliar elevó posteriormente a la categoría de fenómeno global.
 

POR QUÉ DEBEMOS DECIR QUE MARÍA ES LA MEDIADORA DE TODAS LAS GRACIAS

El Papa Pío IX enseñó que es María “quien, con su Hijo unigénito, es la Mediadora y Conciliadora más poderosa del mundo entero”.

Por Matthew McCusker


Todas las gracias nos llegan por medio de María

En 1849, en una encíclica sobre la Inmaculada Concepción, el Papa Pío IX enseñó que:

Pues Dios le ha confiado a María el tesoro de todos los bienes, para que todos sepan que por medio de ella se obtienen toda esperanza, toda gracia y toda salvación. Porque esta es su voluntad: que lo obtengamos todo por medio de María [1].

Y en 1854, en Ineffabilis Deus, el documento por el cual definió el dogma de la Inmaculada Concepción, el mismo Papa enseñó:

Sentimos firmísima esperanza y confianza absoluta de que la misma santísima Virgen, que toda hermosa e inmaculada trituró la venenosa cabeza de la cruelísima serpiente

Es María, “fidelísima auxiliadora y poderosísima mediadora y conciliadora de todo el orbe de la tierra ante su unigénito Hijo”.

María representa a toda la humanidad ante Dios

En su encíclica Octobri Mense de 1891, el Papa León XIII explicó que:

El Hijo Eterno de Dios, a punto de asumir nuestra naturaleza para la salvación y ennoblecimiento del hombre, y a punto de consumar así una unión mística entre Él y toda la humanidad, no cumplió su designio sin añadir el libre consentimiento de la Madre elegida, quien, en cierto modo, representaba a toda la humanidad [2].

Continuó:

... según la ilustre y justa opinión de Santo Tomás, quien afirma que la Anunciación se efectuó con el consentimiento de la Virgen, que ocupaba el lugar de la humanidad

María representaba a toda la humanidad y:

Con igual verdad puede afirmarse también que, por voluntad de Dios, María es la intermediaria por quien se nos distribuye este inmenso tesoro de misericordias acumulado por Dios, pues la misericordia y la verdad fueron creadas por Jesucristo

De este modo:

Así, como nadie va al Padre sino por el Hijo, nadie va a Cristo sino por su Madre.

Dios revela su bondad y misericordia al darnos a María como Mediadora

El Papa León XIII enseñó que esta doctrina de Nuestra Señora como Mediadora de todas las gracias revela la “bondad y misericordia” en el “diseño de Dios”. El Santo Padre escribió:

¡Cuán grande es la bondad y la misericordia reveladas en este designio de Dios! ¡Qué correspondencia con la fragilidad del hombre! Creemos en la infinita bondad del Altísimo y nos regocijamos en ella; creemos también en su justicia y la tememos. Adoramos al amado Salvador, generoso en su sangre y vida; tememos al Juez inexorable. Así, quienes por sus acciones han perturbado sus conciencias necesitan un intercesor poderoso ante Dios, lo suficientemente misericordioso como para no rechazar la causa de los desesperados, lo suficientemente misericordioso como para elevar de nuevo a la esperanza en la divina misericordia a los afligidos y abatidos.

Continuó:

María es esta gloriosa intermediaria; es la poderosa Madre del Todopoderoso; pero —lo que es aún más dulce— es gentil, de extrema ternura, de una bondad infinita. Como tal, Dios nos la dio. Habiéndola elegido como Madre de su Hijo Unigénito, le enseñó a todos los sentimientos de una madre que solo respira perdón y amor. Así quiso Cristo que fuera, pues consintió en someterse a María y obedecerla como un hijo a una madre. Así la proclamó desde la cruz cuando confió a su cuidado y amor a toda la humanidad en la persona de su discípulo Juan. Así lo demuestra, finalmente, su valentía al recoger la herencia de los enormes padecimientos de su Hijo y al aceptar la carga de sus deberes maternales hacia todos nosotros.

No hay salvación sino a través de María

Tres años más tarde, en su encíclica Iucunda Semper Expectatione (1894), el Papa reafirmó la doctrina de Nuestra Señora como Mediadora de todas las gracias:

El hecho que busquemos, mediante nuestras oraciones, el auxilio de María se basa, ciertamente, como en su fundamento, en el oficio, que ella constantemente desempeña cerca de Dios, de obtenernos la gracia divina, por ser María en sumo grado acepta a Dios a raíz de su dignidad y méritos y por aventajar por mucho el poder de todos los santos.

“Dios, que nos había reservado con toda su misericordiosa providencia a tal Medianera, ha querido que todo lo recibamos por María”.

La misma doctrina se puede encontrar en Adiutricem (1895), otra de las encíclicas de León XIII sobre el Santo Rosario.

En este texto, el Papa enseña que el poder que Dios ha puesto en sus manos es prácticamente ilimitado y que, entre sus muchos otros títulos, la encontramos aclamada como “Nuestra Señora, nuestra Mediadora”, “la Reparadora del mundo entero” y “la Dispensadora de todos los dones celestiales”.

Y dirigiéndose a la Virgen María, repite una antigua oración: 

“Oh Virgen santísima, nadie abunda en el conocimiento de Dios sino por ti; nadie, oh Madre de Dios, alcanza la salvación sino por ti; nadie recibe un don del trono de la misericordia sino por ti”

La fiesta de la Santísima Virgen María, Mediadora de todas las gracias

En 1921, el Papa Benedicto XV autorizó una Misa y un Oficio de Nuestra Señora bajo el título de Mediadora de Todas las Gracias y permitió que se celebrara una fiesta en su honor. En su encíclica Fausto Appetente Die, este Papa enseñó:

... la autoridad de María con su Hijo es tal que cualquier gracia que él confiera a los hombres, ella tiene su distribución y reparto.

Y en Inter Sodalicia (1918), enseñó que:

... todas las gracias que recibimos del tesoro de la Redención se administran como si provinieran de las manos de la misma Virgen Dolorosa

Su sucesor, el Papa Pío XI, enseñó que “todo nos es concedido por el Dios Supremo y Todopoderoso por medio de las manos de Nuestra Señora” [3].
 
Para concluir, podemos considerar el Decreto de la Sagrada Congregación de Ritos sobre la canonización de Luis María de Montfort (1945), bajo el pontificado del Papa Pío XII. Este decreto confirmó que la “piadosa y saludable doctrina” de que “Dios quiere que lo tengamos todo a través de María” es una doctrina que “todos los teólogos actuales comparten”.

San Luis María Grignion de Montfort es el santo que, quizás por encima de todos los demás, está asociado con la doctrina de la Virgen María como Mediadora de todas las gracias. Él escribió:

Dios Espíritu Santo encomendó sus maravillosos dones a María, su fiel esposa, y la eligió como dispensadora de todo lo que posee, para que distribuya todos sus dones y gracias a quien quiera, tanto como quiera y cuando ella quiera. No se da a los hombres ningún don celestial que no pase por sus manos virginales. Tal es en verdad la voluntad de Dios, que ha decretado que todo lo tengamos por María, para que, haciéndose pobre y humilde, y ocultándose en el fondo de la nada durante toda su vida, se enriquezca, exalte y sea honrada por Dios todopoderoso. Tales son las opiniones de la Iglesia y de los primeros Padres [4].

Tales son, en efecto, las opiniones de la Iglesia Católica, de sus Santos, sus Padres de la Iglesia, sus Doctores de la Iglesia y sus Papas.

Notas:

[1] Papa Pío IX, Ubi Primum (1849)

[2] Papa León XIII, Octobri Mense (1891)

[3] Papa Pío XI, Ingravescentibus Malis, 1937.


PERSONAJES HETERODOXOS Y SUBVERSIVOS DE LE SILLON

Entre los errores de Le Sillon se encontraban la herejía del americanismo, así como falsas nociones de dogma, la condena de una religión de Estado, el pacifismo y el socialismo humanitario.

Por la Dra. Carol Byrne


Otro sacerdote francés, el padre Emmanuel Barbier, fue un opositor formidable e incansable de todas las formas de modernismo y liberalismo religioso a principios del siglo XX, como se puede apreciar en sus numerosas publicaciones. Era un sacerdote sumamente cualificado, más que capaz de desafiar las pretensiones de Marc Sangnier en el campo de batalla teológico y de exponer los errores en los que cayó Le Sillon bajo su liderazgo.

En esta tarea, contó con el apoyo, entre otros, de los obispos de Cambrai, Beauvais, Montpellier, Nancy y Quimper, quienes criticaban abiertamente a Le Sillon por sembrar la división entre los fieles de sus diócesis.

En una carta dirigida al padre Barbier, el obispo de Nancy, monseñor Charles-François Turinaz, explicó cómo se produjo esta situación. Cuando Le Sillon entraba en una diócesis -dijo- sus miembros desafiaban las órdenes de León XIII y Pío X, así como la autoridad del obispo local, e introducían la división donde antes no existía, donde florecían las organizaciones caritativas y reinaba la paz entre el clero y el pueblo:

Le Sillon crea divisiones entre el clero, entre la juventud católica, entre los fieles en las ciudades y el campo. Lo hace rechazando a todos aquellos que no están dispuestos a admirar sus ideas sobre la República y la Democracia, y tratándolos como los enemigos más peligrosos de la Iglesia. Crea división entre, por un lado, los trabajadores y, por otro, sus empleadores a quienes quiere eliminar de la fuerza laboral; entre los propios trabajadores al promover los sindicatos 'rojos', es decir, los sindicatos de la Revolución y el Internacionalismo, y al criticar a los sindicatos que defienden una relación armoniosa con los empleadores” (1).

Monseñor Charles-François Turinaz, obispo de Nancy, un fuerte crítico del movimiento Le Sillon.

Es obvio que el problema de raíz era la creación de dos partidos y dos lealtades que obligaban a sacerdotes y fieles a tomar partido a favor o en contra de las estructuras de autoridad de la Iglesia. San Pío X dijo célebremente que los católicos debían elegir “el Partido de Dios”, y León XIII enseñó que la cuestión social es ante todo una cuestión moral y, por lo tanto, religiosa, y no puede resolverse por medios ajenos al catolicismo.

Esto nos lleva al padre Emmanuel Barbier, quien realizó un exhaustivo análisis histórico de Le Sillon, su naturaleza, métodos y objetivos. En su libro, Les Erreurs du Sillon (Los errores de Le Sillon), ofreció un útil resumen (págs. 366-368) de los numerosos puntos en los que esta organización no superaba la prueba de la ortodoxia católica en su intento de construir la “ciudad del futuro” soñada por Marc Sangnier. Los siguientes puntos, cada uno de ellos meticulosamente investigado y verificado con pruebas documentales, son los más relevantes e ilustran las transgresiones de Le Sillon en materia religiosa, política y social:

• Popularizó, en Francia, la herejía del americanismo (2) –condenada en 1899 por León XIII– que valoraba la acción por encima de la contemplación, ignoraba la autoridad magisterial de la Iglesia y fomentaba la confianza en la conciencia individual, alegando inspiración directa del Espíritu Santo.

• Propagó falsas nociones de dogma, especialmente las ideas evolucionistas del “padre” Alfred Loisy, que negaban o disminuían las verdades y los principios católicos con el fin de acercarse a los no creyentes y adaptar la Iglesia a los “tiempos modernos”.

• Exigía una reforma de los estudios eclesiásticos; denigraba la autoridad de Santo Tomás de Aquino, declaraba que la escolástica carecía de valor, negaba cualquier vínculo necesario entre filosofía y teología, y sustituía las pruebas racionales de la existencia de Dios por sentimientos y experiencias internas.

• Condenaba públicamente la idea de una religión de Estado, toleró la separación de la Iglesia y el Estado y respaldó con entusiasmo la Ley de Separación de 1905 del gobierno francés, que despojó a Francia de su herencia católica y causó un profundo dolor a San Pío X (3).

• Se oponía al patriotismo (4), utilizando expresiones propias del socialismo internacional y el humanitarismo, y consideraba la defensa militar del propio país como “inmoral” (5).

• Perturbaba el orden social al participar en actos revolucionarios contrarios a la Ley Natural y la Moral Católica, sembrando la división por doquier.

• Predicaba una mística de socialismo humanitario, confundiendo su acción democrática republicana con la doctrina social de la Iglesia, y utilizaba los Evangelios para justificar sus errores doctrinales.

• Denunciaba la propiedad privada como incompatible con el espíritu cristiano y la redujo al mínimo porque sería un obstáculo para la construcción de su tan cacareada “ciudad del futuro” basada en principios colectivistas.

• Predicaba la igualdad de clases, avivaba la codicia y el rencor entre los trabajadores contra sus empleadores, se negaba a buscar una solución en una relación armoniosa entre ellos y quería que los sindicatos excluyeran a los empleadores para que los trabajadores pudieran lograr su propia emancipación y eliminar a los patrones.

• Proponía una reorganización radical de la sociedad sobre bases socialistas: todos los servicios públicos propiedad de capitalistas debían ser expropiados por el Estado; la propiedad de las pequeñas empresas privadas y los medios de producción —en la industria, el comercio y la agricultura— debían ponerse en manos de los trabajadores.

Este era el programa de reformas de Sangnier, que expuso en un discurso pronunciado en la Conferencia de Le Sillon en julio de 1908, cuando fue interrogado por un representante del sindicato militante de izquierda, la Confederación General del Trabajo, que luchaba por la propiedad social y el control obrero.

Cardenal Louis Luçon: “Le Sillon es un flagelo”

Otro testimonio contundente provino del Arzobispo de Reims, Cardenal Louis Luçon, quien se opuso a los intentos de establecer un círculo sillonista en su Arquidiócesis. En la edición de diciembre de 1908 del Bulletin du Diocèse de Reims, Le Sillon fue descrito como “un flagelo” por los siguientes motivos:

“Con respecto a la organización política y social llamada Le Sillon, el resultado más común de sus acciones es fácil de ver: sembrar la división, alejar a los jóvenes de las obras católicas y apartarlos de la influencia del clero en asuntos sociales.

La influencia de Le Sillon es abominable, y el estado mental que crea en sus seguidores es nefasto: hace que incluso los mejores entre ellos pierdan la noción precisa de la verdad y el juicio correcto, así como el sentido del respeto”.
 
Notas:

1) Emmanuel Barbier, Les Erreurs du Sillon: Histoire Documentaire (Los errores de Le Sillon: una historia documental), París: Lethielleux, 1906, p. 10.

2) Antes de ser nombrado y condenado por San Pío X en la encíclica Pascendi Dominici gregis, el modernismo era conocido como americanismo, debido a sus experiencias iniciales en Estados Unidos. Ambos tienen la misma inspiración y los mismos errores.

3) San Pío X condenó este principio en Vehementer nos (1906): “Que sea necesario separar al Estado de la Iglesia es una tesis absolutamente falsa y sumamente nociva”.

4) Según la doctrina católica, rechazar el patriotismo, que forma parte de la virtud de la piedad, constituye una violación del Cuarto Mandamiento y una falta de caridad y justicia hacia la propia patria. En un encuentro público con republicanos y socialistas, Sangnier declaró: “Amamos apasionadamente a Francia, pero la consideramos territorio al servicio de toda la humanidad, y en cierto sentido somos patriotas internacionalistas”. Ibid., pág. 119.

5) La postura de Sangnier fue refutada por Monseñor Turinaz, obispo de Nancy, quien habló extensamente sobre la virtud del patriotismo y citó el ejemplo de Juana de Arco como “la encarnación del patriotismo más puro y heroico”. (Charles-François Turinaz, Discours Patriotiques (Discursos patrióticos), París: Roger & Chernoviz, 1901, pág. 102).

6) El discurso de Sangnier fue relatado por Mons. Théodore Delmont en Modernisme et Modernistes en Italie en Allemagne, en Angleterre et en France (Modernismo y modernistas en Italia, Alemania, Inglaterra y Francia), París: Lethielleux, 1909, p. 446.

7) Ibid., pág. 447.

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124ª Parte: La “Iglesia que escucha”
125ª Parte: Los Jesuitas Tyrrell y Bergoglio degradan el Papado
126ª Parte: Rehacer la Iglesia a imagen y semejanza del mundo
131ª Parte: Comparación de la formación en el Seminario anterior y posterior al vaticano II
132ª Parte: El Vaticano II y la formación sacerdotal
134ª Parte: Francisco: No a la “rigidez” en los Seminarios
135ª Parte: El secretario de seminarios
142
ª Parte: El legado antiescoléstico de Ratzinger
144ª Parte: Una previsible crisis de Fe Eucarística
145ª Parte: El papel de Ratzinger en el rechazo de los documentos originales del Vaticano II
146ª Parte: El Santo Oficio fue destruido por Ratzinger149ª Parte: El modernismo en la raíz de la confusión teológica actual