viernes, 12 de junio de 2026

LA GRAN Y BUENA DESIGUALDAD EN LOS COROS DE ÁNGELES

Desde el punto de vista de la desigualdad, hay que considerar por qué Dios hizo esto. ¿Lo hizo por capricho?

Por el Profesor Plinio Correa de Oliveira


Habiendo presentado así las siete etapas de la acción humana (aquí y aquí), procederé ahora a demostrar su relación con el mundo de los Ángeles. Todo esto sirve como una analogía para ayudar a comprender el funcionamiento del Cielo. Porque el Cielo es una entidad dinámica, un sistema que funciona. Posee varios órganos y categorías, y se mueve orgánicamente hacia el cumplimiento de sus propósitos.

Observamos que hay siete categorías de acción, que corresponden a los siete coros de Ángeles. En el Cielo, cada Ángel sobresale en una de estas áreas, naturalmente, de la manera propia de un Ángel.

Tenemos, entonces, los Querubines, Serafines, Tronos, Dominaciones, Virtudes, Potestades, Tronos, Arcángeles y Ángeles. Los Ángeles se subdividen además en tres categorías: los Principados, los Arcángeles y los Ángeles propiamente dichos, o Ángeles Guardianes. 

Serafines, Querubines y Tronos: los Ángeles Cognitivos

1. ¿Qué es un Serafín? Es el espíritu de la más alta pureza el que posee el conocimiento más eminente de los propósitos de la creación y de la gloria de Dios, así como el poder de atraer a las almas —de hecho, a todas las cosas— hacia su fin último.

2. Los Querubines se diferencian de los Serafines en que no conocen tan bien el fin en Dios. Los Querubines están más instruidos acerca del fin último por la comunicación que les transmiten los Serafines. Sin embargo, conocen el orden de la creación en Dios en la medida en que avanzan hacia la realización de ese fin último.

3. Los Tronos reciben ese nombre debido a su proximidad a Dios, visto como Rey y activo en el gobierno. Conocen en Dios la emisión de decretos mediante los cuales Él gobierna el universo, es decir, las operaciones de gobierno de Dios. Los Tronos disciernen con mayor claridad el orden del universo de esta manera. Lo que saben, se lo comunican entre sí y también a los Ángeles de menor rango que son, por así decirlo, más operativos por naturaleza que los Ángeles cognitivos.

Dominaciones, Virtudes y Potestades

4. A continuación, tenemos las Dominaciones, que distribuyen los deberes entre todos los Ángeles y los dirigen; es decir, poseen la capacidad de liderar.

5.  Las Virtudes imparten movimiento a todo el universo, específicamente movimiento dentro del curso continuo de la creación de Dios. Poseen una eminente capacidad de acción.

6. Debajo de ellas tenemos las Potestades, que son propiamente los 'Ultramontanos' del Cielo, porque colaboran en toda esta obra, concentrando sus esfuerzos particularmente en superar los obstáculos; son el terror de los demonios.

Las Dominaciones tienen la capacidad de liderar y distribuir tareas a los demás Ángeles.

Principados, Arcángeles y Ángeles

7. Luego tenemos los Ángeles simples:

A. Algunos cuidan de los pueblos. San Miguel Arcángel, por ejemplo, en la Antigüedad velaba por los persas, judíos y griegos, según Santo Tomás. Él afirma esto porque el profeta Daniel lo declaró así. Estos Principados están sobre Reinos y transfieren el dominio de un pueblo a otro. Es decir, tienen en sus manos el desarrollo de la Historia. También corresponde a estos Arcángeles inspirar a los hombres que lideran los pueblos o naciones.

B. Después de los Principados, tenemos a los Arcángeles propiamente dichos. Santo Tomás dice que un Arcángel es una mezcla entre el Principado y el Ángel, pues vela por el bien común de la Fe y los asuntos de culto. Esto se justifica por el hecho de que el bien común de la Fe se realiza en el bien de cada individuo. Es algo mucho más personal que el bien común de todo un pueblo. Por lo tanto, requiere un arte especial: la capacidad de tratar a cada persona individualmente en lo que respecta a la Fe.

C. El Ángel vela por el bien individual, ya que ayuda a cada persona a cumplir su destino personal. En este sentido, el Ángel está al servicio del Arcángel y del Principado. Son los seres a quienes los Arcángeles y los Principados dan órdenes. Para cumplir mi destino, tengo mi Ángel de la Guarda, que vela por mi bienestar particular.

Santo Tomás dice que, por esta razón, los Arcángeles y los Principados son enviados para anunciar a las personas y al mundo asuntos relacionados con el bien común, tanto espiritual como temporal. Por eso Gabriel fue un Arcángel. Pero cuando se trata de anunciar a un individuo específico algo que le concierne a su propio bien, es un ángel quien viene.

Las grandes desigualdades de los ángeles

Observamos así una especialización de funciones en el Cielo y obtenemos una visión general de las jerarquías —las desigualdades— que Dios mismo estableció en el Cielo. Vemos que esto constituye una concepción del universo poblado por ángeles, y por ángeles mucho más numerosos que los hombres o cualquier otro ser. Por esta razón, los ángeles también existen en la atmósfera y ejercen una presencia activa en ella.

San Miguel, encargado de velar por pueblos enteros: los persas, los griegos y los judíos

Sabemos que todo lo que se mueve se mueve por causas secundarias, pero, en última instancia, como nos dice Santo Tomás, a través del ministerio de los ángeles, que intervienen en la historia y participan con los hombres en la configuración de los acontecimientos históricos.

Podríamos analizar, aunque Santo Tomás no lo haga, la acción del infierno, procediendo de abajo hacia arriba. Y llegaríamos igualmente a la concepción medieval de una gran batalla que tiene lugar en el mundo: una batalla entre ángeles y demonios, y entre hombres buenos y malos, con ángeles buenos y malos presentes en todo y activos en el desarrollo de los acontecimientos. 

¿Por qué Dios hizo todo tan desigual?

Desde el punto de vista de la desigualdad, hay que considerar por qué Dios hizo esto. ¿Lo hizo por capricho? ¿Lo hizo simplemente porque sintió que debía hacerlo?

No. Aquí residen los designios de su sabiduría. El hecho es que el gobierno de cualquier empresa está compuesto por estas partes específicas. Estas constituyen los componentes intrínsecos y lógicos del gobierno de una cosa; son las etapas lógicas de la acción. Por lo tanto, para cada etapa creó una categoría de espíritus celestiales.

Cada Ángel es único en su especie

Cabe destacar que entre estos Ángeles no existe nada parecido a lo que ocurriría si, por ejemplo, el Sr. "X" entrara en esta habitación y nos asignara una tarea a cada uno. Todos los humanos pertenecemos al mismo género; sin embargo, cada Ángel es, en sí mismo, un género propio, único dentro de su género. La diferencia entre un Ángel y otro no tiene nada que ver con la diferencia entre un hombre y otro, ni siquiera entre una raza y otra. La diferencia es similar a la que existe entre un ser humano y una humanidad completamente distinta. Cada ángel es un ser racional de una categoría diferente, perteneciente a una especie completamente distinta.

Los serafines, por su naturaleza, se centran en el Fin Último; no se ocupan de asuntos que escapan a su alcance. Lo mismo ocurre con los querubines, que son, esencialmente y por su naturaleza, el ser intermediario, aquel que percibe los medios. Los tronos son los seres que perciben la acción misma. Cada uno de ellos constituye una especie distinta.

Si consideramos esto, veremos que la desigualdad entre ellos no es caprichosa. Dios actuó correctamente al crearlos así, pues es la esencia misma de la acción la que establece estas distintas etapas.

Esta desigualdad tampoco es artificial ni meramente convencional; más bien, es en su propio ser donde se constituyen. Son desiguales en lo más profundo de su ser por voluntad de Dios, para que esta desigualdad misma alcance cierta perfección. Es una perfección del conjunto mucho mayor que si todos fueran iguales entre sí. Así, tenemos una desigualdad creada por Dios, arraigada en cada ser, que obedece a la teoría de la organización adecuada, según la teoría de la acción adecuada.

Tomando como ejemplo a los ángeles, se puede deducir la naturaleza de la relación que debe existir entre hombres desiguales.

Observemos cómo esta desigualdad es creada típicamente por Dios; es una desigualdad que no alberga envidia hacia nadie. El ángel de menor rango posee una naturaleza espléndida en sí misma, que también abarca la visión beatífica de Dios. Lo que uno contempla en Dios apenas es superior a lo que otro contempla.

Estos seres reciben, como un orden específico de ángeles, una medida específica de conocimiento para su propio gobierno. Sin embargo, en todo esto, percibimos una reverencia a Dios en cada criatura, una reverencia que convierte incluso al más humilde entre ellos en un verdadero príncipe. Es una desigualdad que dignifica, una desigualdad que eleva.

El hombre debería seguir el ejemplo del ángel

Esto sirve como una excelente lección sobre cómo un hombre inteligente, o percibido como tal, debe considerar a un hombre menos inteligente, o percibido como tal. Es un tema magnífico para la meditación que ayuda a disipar pretensiones sobre asuntos como este. Un ángel de menor rango, al observar a uno superior, no pensaría: “Le falta mi vigilancia y también mi capacidad de argumentación. Esto es algo que no recibe por comunicación divina como yo. Yo soy el baluarte del Cielo y el brazo de Dios; soy la fortaleza del brazo de Dios que mantiene a raya a los demonios”.

Siguiendo el ejemplo de los ángeles, una clase no debe despreciar a las demás

Semejante pensamiento sería una insensatez, pues Dios concede a cada uno, incluso al más modesto, ciertos dones que les niega a quienes ocupan posiciones más elevadas.

Por otro lado, quien se encuentra en una posición superior, al observar a alguien mucho más modesto, debería reflexionar así: “Él es más modesto que yo, pero hay un aspecto en el que es más capaz”.

Precisamente por eso Dios a veces actúa como lo hace con los hombres. Le otorga a un filósofo una prodigiosa capacidad de liderazgo; sin embargo, para mantenerlo humilde y reafirmar el principio de desigualdad que ha tejido en la esencia de todas las cosas, lo deja sin capacidad en otro ámbito, donde ese filósofo es completamente incapaz de realizar incluso la tarea más sencilla.

De hecho, parece que Santo Tomás era precisamente un hombre así. Ese intelecto prodigioso resultó completamente inútil e incluso muy ingenuo al aplicarlo a ciertos asuntos. Así es el camino de Dios. Todo hombre, de alguna manera, debe pagar su cuota a la suerte común de la naturaleza humana. Y todo hombre, por muy bien preparado que esté en un campo, sigue estando mal preparado en otro.

Ahí reside la armonía. No hay, pues, motivo para que se avergüencen quienes poseen menos talentos, ni razón alguna para que se enorgullezcan quienes tienen alguna pequeña superioridad. Al contrario, sirve de sobra para que el hombre inteligente reconozca que nunca debe tratar a nadie como un necio, pues quien es menos inteligente que él, sin embargo, es más inteligente en otro ámbito específico.

Pasando del Cielo a la Tierra, veremos que Dios, habiendo establecido esta desigualdad en el Cielo, creó a los hombres de tal manera que, por su propia naturaleza, son iguales como hombres, pero desiguales en sus circunstancias. Esta desigualdad es algo bueno y ya existía en el Paraíso.

Por lo tanto, la desigualdad no debe considerarse algo que cause tristeza o angustia. En el Cielo seremos eternamente felices al contemplar a los seres que están por debajo y por encima de nosotros. Y allí contemplaremos una armonía en el orden divino que no veríamos con tanta claridad si Dios hubiera creado una sola perspectiva.

Continúa...

 

INTELIGENCIA ARTIFICIAL PARA CATÓLICOS QUE AÚN CREEN EN EL DIABLO

Cualquier análisis de la IA debería incluir la mención del diablo que está “al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar”

Por John Horvat II


Llama la atención la gran diversidad de temas que aborda la primera encíclica del León XIV, Magnifica humanitas. La mención de la dignidad humana, la deshumanización, la teoría de la guerra justa, la justicia social y el transhumanismo son temas significativos, aunque abstractos.

Son muy teóricos y no abordan cómo la IA afecta la vida de los católicos en el mundo real.

En efecto, lo que los católicos en las bancas quieren saber es cómo afrontar la amenaza que la IA representa para su santificación. Quieren saber cómo resistir las ocasiones de pecado que la IA les presenta, especialmente a los jóvenes. Luchan contra la frenética intemperancia de este nuevo medio, que absorbe gran parte de su tiempo y cultura en detrimento de sus almas. Muchos jóvenes católicos pierden horas buscando consejos en chatbots de IA que los desvían del buen camino.

No se hacen referencias a la salvación personal

La encíclica no menciona nada sobre esta lucha por la salvación personal. Ni siquiera utiliza las palabras “santificación”, “infierno” o “diablo”. El pecado apenas se menciona. La lucha diaria por vencer al diablo, la carne y el mundo no figura en este documento, que adopta un enfoque antropológico y naturalista que a la mayoría de los fieles les resulta difícil de comprender.

Para los verdaderos católicos que aún creen en el diablo, es hora de examinar algunas cuestiones muy concretas y prácticas sobre la IA que quedaron sin respuesta en la encíclica.
 
Este tipo de debate es controvertido. Estas preguntas se sitúan al margen de la discusión, acechando en las sombras de la web oscura. La gente se plantea estas preguntas, pero teme formularlas. Dudan en expresarlas públicamente porque no quieren parecer marginados.

Quizás sea mejor plantear el problema directamente: ¿Amenaza la influencia de la IA la salvación de las almas? ¿Puede la IA servir como instrumento de tentación y perdición? Los católicos necesitan saber si existe algo más allá de la interacción de impulsos electrónicos dentro de la IA.

Estas son preguntas legítimas que corresponden a las experiencias de católicos reales que creen en el diablo. Para responderlas, es necesario replantear algunas premisas sobre el diablo y sus malas acciones.

Restablecimiento de las premisas

La primera premisa es que el diablo existe. Mucha gente ya no cree en él, y él hace todo lo posible por convencerlos de que no existe. Actúa mejor en las sombras.

De hecho, muchos teólogos actuales no mencionan al diablo. Afirman que el infierno está vacío, por lo que no hay razón para temer que el diablo esté allí ni que esté “al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar”.

Sin embargo, el diablo existe, independientemente de lo que piensen quienes lo niegan. Y es muy activo.

La segunda premisa es que el diablo desea la condenación eterna de todos. Trabaja incansablemente para enviar la mayor cantidad de almas al infierno, utilizando cualquier medio para lograrlo. La visión del infierno en Fátima lo mostraba repleto.


La siguiente premisa olvidada es que el diablo puede ejercer concretamente su influencia y actuar sobre las almas.

Formas en que el diablo actúa sobre las almas

La Iglesia Católica enseña que esto se puede hacer de varias maneras.

El diablo puede actuar, tentando a las personas a pecar. Esto lo puede lograr manipulando la imaginación con imágenes, sugerencias y pensamientos malignos.

El diablo puede usar la materia para influir en las personas. No puede crearla, pero puede manipularla, moverla o adherirse a ella. Así, puede producir sonidos y luz, y proyectar imágenes. Puede afectar el sistema nervioso y causar enfermedades. Puede manipular lo que la gente ve o percibe. Este impacto en la materia explica por qué las tablas Ouija, por ejemplo, facilitan la incursión en el ocultismo.

Finalmente, el diablo puede presentarse a sí mismo o sus engaños a la vista humana de forma visible y directa, o a través de un medio o canal.

Por esta razón, la Iglesia cuenta con numerosas oraciones y exorcismos dirigidos contra el diablo. Él es muy real y deja sentir su influencia por doquier. Dado que el diablo se vale de las cosas creadas, se deduce que no hay nada contrario a la doctrina de la Iglesia en admitir que esta influencia podría aplicarse a la IA o incluso aumentar su impacto exponencialmente.
 
En efecto, la IA es una herramienta poderosa porque permite que las máquinas parezcan actuar como humanos. Representa la vanguardia de la comunicación. El diablo estaría loco si no la utilizara al máximo para lograr sus fines. Es un ángel caído con inteligencia angelical y, por lo tanto, puede percibir su utilidad. El diablo no es un alguien que se oponga a las nuevas tecnologías.

Además, la IA es el medio ideal para la manipulación. No es algo físico, sino más bien espiritual y virtual. Implica imágenes que él maneja con especial destreza.

Acción indirecta

La mentalidad liberal se niega a reconocer que tanto ángeles como demonios son capaces de realizar acciones sobrenaturales en el mundo. Ante esta negación, cualquier consideración sobre cómo podría llevarse a cabo dicha acción mediante inteligencia artificial se considera especulativa y se ignora.

Sin embargo, las acciones del diablo con la IA serían coherentes con su forma de actuar con cualquier objeto o sistema material. Rara vez se manifiesta directamente porque resulta repugnante en su estado caído y eternamente condenado. Los humanos se sienten naturalmente atraídos por Dios y por todo lo bueno, verdadero y bello. Si el diablo se manifestara plenamente en todas las acciones de la IA, la gente se escandalizaría y, por lo tanto, estaría actuando en contra de sus propios intereses.

La forma más frecuente en que podría actuar mediante IA sería a través de la influencia indirecta sobre las personas. Incluso los más escépticos, que apenas creen en el diablo, tendrían que admitir que este tipo de acción es posible.

Así, la IA puede crear condiciones en el alma humana que abren las puertas a acciones demoníacas. Por ejemplo, puede favorecer el narcisismo, la adulación y las falsas realidades, lo que propicia acciones demoníacas asociadas con la autoexaltación y el orgullo. Puede erosionar el pensamiento crítico al depender excesivamente de algoritmos, lo que conlleva un declive en el razonamiento humano. El diablo prospera cuando la razón está ausente o muy reducida. Las redes sociales y los chatbots impulsados ​​por IA favorecen el aislamiento y la soledad al reemplazar las relaciones humanas. El diablo puede entonces llenar ese vacío.

El diablo también podría tentar a la persona a pecar usando la IA. Por ejemplo, podría tentarla a usar la IA para encontrar pornografía y crear formas aún más pecaminosas y degradantes. Podría consumir a las personas con la intemperancia, lo que llevaría, por ejemplo, a conversaciones de 14 horas con chatbots. La IA abre enormes oportunidades para todo tipo de pasiones y vicios pecaminosos.

El poder de manipular la materia y los sistemas

Si se admite que el diablo puede manipular la materia existente, entonces es posible algún tipo de intervención demoníaca en las conversaciones de chatbots, la proyección de imágenes o la manipulación de las percepciones. Los sistemas pueden comunicar tentaciones.

En efecto, si el diablo producía ruidos como los que mantenían despierto al cura de Ars por las noches, transmitidos mediante ondas sonoras, ¿por qué no impulsos electrónicos a través de cables de fibra óptica? Si el diablo puede comunicarse mediante una ouija, ¿por qué no mediante la placa base de un ordenador o un teléfono móvil?

Finalmente, el diablo incluso podría, aunque raramente, presentarse ante los ojos humanos en las aplicaciones de IA, ya que estas constituyen un medio propicio para sus acciones a través de imágenes.

Lugares oscuros donde suceden cosas extrañas

En efecto, existen rincones oscuros en la web donde suceden cosas extrañas. Internet ha sido durante mucho tiempo un refugio para lo oculto. Desde sus inicios, el llamado movimiento tecnopagano en el ciberespacio fusionó creencias espirituales con las tecnologías emergentes. Sus seguidores instalaron altares digitales como espacios rituales para exhibir imágenes e invocar a sus deidades ocultas en plataformas en línea inmersivas.

Hoy en día, la web está repleta de brujería, astrología y otras actividades ocultas en línea que pueden mejorarse con aplicaciones de inteligencia artificial.

Por ejemplo, hay informes de que las aplicaciones de IA o los chatbots con connotaciones ocultistas están incitando a la gente al suicidio. Los exorcistas advierten a la población que se mantenga alejada de estas influencias. Todo esto sugiere que la participación del diablo en este ámbito es muy significativa.

Destruyendo la vida de personas reales

El alcance de la influencia del mal en la IA depende del grado de rechazo que cada persona le tenga a esta idea en su vida cotidiana. Sin embargo, la amenaza es real.

Estas influencias están dañando la vida de personas reales. Estas tentaciones están haciendo que las almas se pierdan.

Por lo tanto, cualquier análisis de la IA debería incluir la mención del diablo, que está “al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar”. La Iglesia debería aprovechar su vasta experiencia en este tema para advertir sobre este peligro.

No se trata solo de la dignidad de la persona humana, sino también de la salvación de las almas. Esta amenaza sobrenatural merece ser mencionada con seriedad. Sin embargo, la encíclica guarda un extraño silencio sobre el peligro que representan las acciones del diablo, las cuales siempre han sido reconocidas a lo largo de la historia de la Iglesia.

Los católicos del mundo real que aún creen en el diablo quedan a su suerte. No se atreven a mencionar al diablo, ya que alertar a la gente sobre su nefasta influencia es totalmente contrario al espíritu de estos tiempos perversos.
 

12 DE JUNIO: SAN JUAN DE SAHAGÚN, CONFESOR


12 de Junio: San Juan de Sahagún, confesor

(✞ 1479)

El apostólico varón San Juan de Sahagún, decoroso ornamento de la Sagrada Orden de los Ermitaños de San Agustín, nació de nobles padres en la población de Sahagún, que está en la provincia de León, en España.

Siendo todavía de tierna edad solía juntar a otros muchachos, y subido a lo alto de una piedra les predicaba con tanto celo y discreción, que todos decían que aquel admirable niño habría de ser un apostólico orador.

Pasó su mocedad entre los pajes del arzobispado de Burgos, renunció a una canonjía, y a otros beneficios eclesiásticos; y después de una peligrosísima enfermedad, por cumplir con un voto que había hecho, tomó el hábito de los ermitaños de San Agustín, y fue tan admirable el ejemplo de sus virtudes, que le confiaron los superiores el cargo de maestro de los novicios.

Todos los días purificaba su alma con el Sacramento de la Penitencia, diciendo que ignorando en que día había de morir, debía estar siempre prevenido para la hora de su muerte.

Celebraba diariamente la Misa con gran ternura y devoción, y antes de comulgar, le oyeron decir algunas veces:

- ¡Señor! yo no te puedo recibir si no te vuelves a la primera especie eucarística.

Y era, como manifestó humildemente al superior, que se le aparecía Jesucristo en carne humana, unas veces con las señales de la Pasión, y otras, glorioso.

Ardiendo la ciudad de Salamanca en una guerra civil, causada por la enemistad de dos familias que habían atraído a sus bandos a la mayor parte de los vecinos, cuando todos respiraban ira y venganza, el santo predicó con tanto Espíritu de Dios, que compuso las paces, y ablandó los ánimos que habían resistido a la autoridad de tres reyes.

En cierta ocasión un caballero muy principal se imaginó que el santo le había injuriado en sus sermones, y buscó asesinos para que le vengasen; más, cuando estos iban a poner sus manos sacrílegas en el santo, que salía de la iglesia, quedaron inmóviles y pasmados, hasta que reconociendo su culpa, se echaron a sus pies para que les perdonase.

Pasando por una calle le dijeron que se había caído un niño dentro de un pozo, y movido el santo por las lágrimas de la madre, echó la bendición a las aguas del pozo, y subieron casi hasta le brocal.

Entonces el santo alargó su correa hasta el niño, el cual, asido de ella, salió del pozo sin recibir daño alguno.

Finalmente, después de haber convertido a penitencia a innumerables pecadores, quiso el Señor que muriese este santo por haber predicado contra la deshonestidad, como el Bautista; porque se tiene por cosa cierta que una dama muy principal, de cuyos lazos había librado el santo  a un caballero, le dio un veneno que le causó la muerte.

Estuvo su santo cadáver en el féretro algunos días para satisfacer la devoción de innumerables gentes que acudieron a venerarle, y el Señor acreditó su santidad con repetidos y grandes prodigios.

Reflexión:

No hay duda que arden a veces los odios y enemistades con tan grandes llamas, que no bastan para apagarlas ni la manifiesta sinrazón de tomarse el hombre la venganza por sus propias manos, ni aun el temor de la muerte y del patíbulo. Pero el glorioso San Juan extinguía el fuego de los odios con la sangre de Cristo; porque en efecto, quien considera al Divino Redentor perdonando en la cruz a los que lo estaban crucificando, o no es cristiano, o debe perdonar también de corazón a sus enemigos.

Oración:

Oh Dios, autor de la paz y amante de la caridad, que condecoraste al bienaventurado Juan, tu confesor, con la admirable gracia de componer a los enemistados, concédenos por sus méritos e intercesión, que afirmados en tu caridad, no nos separemos de ti por ningún motivo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

jueves, 11 de junio de 2026

RITUAL DE SANGRE: SAN RICARDO DE PONTOISE (1179)


† 25 de marzo de 1179

Ricardo de Pontoise es otro de los muchos casos de pequeños que según la Tradición, fueron asesinados como expresión de odio por la Iglesia Católica.
 
  
La veracidad histórica y la interpretación de estos crímenes son objeto de gran controversia hoy en día, dado que en estos tiempos oscuros tenemos una única versión oficial, por lo que los historiadores en su gran mayoría, optan por arrodillarse ante quienes hoy tras una falsa victimización, dominan el mundo.
 
En las crónicas del reinado de Felipe Augusto, recopiladas por Roberto de Torigny y Guillermo el Bretón, se ofrecen relatos de brutales asesinatos de inocentes niños cristianos, y dadas las similitudes entre los crímenes, todo indica que fueron perpetrados por ese pueblo que dijo: “Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos” (Mateo 27:22-25). Las acusaciones documentadas en esas crónicas avivaron la convulsión social que culminó con la expulsión de los judíos de Francia en 1182.
 
Entre esas víctimas se destaca la figura de Ricardo, un niño de 12 años, natural de la ciudad francesa de Pontoise, cuya trágica muerte el 25 de marzo de 1179 dio origen a un culto religioso que lo veneraba como mártir. Su cuerpo fue trasladado a París y conservado en la Iglesia de los Santos Inocentes, donde, hasta la víspera de la Revolución Francesa, su cabeza aún podía ser venerada como reliquia.
 
Su pasión narrada por Robert Gaguin, general de la Orden de los Trinitarios (fallecido en 1502), se encuentra impresa en las Acta Sanctorum. En ella se describe la matanza de un niño cristiano como una costumbre anual. Se dice que Ricardo fue interrogado en una cueva por un sacerdote judío (cuya identidad no se revela) quien le pidió que renunciara a su fe. El niño fue crucificado, citando las Escrituras mientras era colgado de la cruz.
 
Saint Richard de Pontoise (o Ricardus Gallus)
Pedro de Bivero: Sacrum sanctuarium crucis et patientiae crucifixorum et cruciferorum, emblematicis imaginibus laborantium et aegrotantium ornatum... Amberes, Baltasar Moreto, 1634.  Ejemplar de la Universidad Complutense de Madrid.
 

GRANDES REBAJAS DEL CRISTIANISMO: EL PELAGIANISMO ACTUAL (1)

¿Cuáles son los signos actuales del cristianismo pelagiano?

Por el padre José María Iraburu


Ya caractericé esta herejía de Pelagio, formulada a comienzos del siglo V: 

la naturaleza humana está sana, no está profundamente herida por un pecado original, y no necesita estrictamente del auxilio sobre-natural de la gracia de Cristo

Nuestro Señor Jesucristo es por lo tanto para nosotros, causa ejemplar de la salvación, pero no causa eficiente. Optimismo antropológico: querer es poder. Devaluación consecuente de la oración de petición, de la necesidad de los sacramentos, etc. Y recordé también la rápida respuesta de la Iglesia a esta herejía, afirmando la primacía de la gracia y su necesidad continua.

El pelagianismo es una herejía permanente que, al paso de los siglos, se produce en la Iglesia con formulaciones renovadas, que son siempre “los mismos perros con distintos collares”. Algunos de los errores de Abelardo (1079-1142), p. ej., eran de sentido pelagiano (Denzinger 725, 728). Los pelagianos de hoy, aunque no suelen orientar su optimismo antropológico hacia un ascetismo fuerte –como al parecer lo exhortaba Pelagio, monje ascético y riguroso–, mantienen en todo caso las tesis pelagianas fundamentales.

Arrianismo-pelagianismo

También hice notar que arrianismo (Jesús es hombre, no Dios) y pelagianismo (no es necesario el auxilio sobre-natural de la gracia) van juntos. Ya vimos que, según el P. Sobrino, cuando se considera la salvación que ofrece Jesucristo, “no se trata de causalidad eficiente, sino de causalidad ejemplar”. Esa frase es una muestra en la que se comprueba que la cristología arriana lleva necesariamente al pelagianismo. Ambas herejías se exigen mutuamente. Y ambas son una gran rebaja naturalista del cristianismo, muy apta para los cristianos que ya cayeron en la apostasía o que están próximos a ella. Por eso, comprobada ya la vigencia del arrianismo dentro de la Iglesia actual, comprobemos ahora en ella la gran difusión del pelagianismo.

Pelagianismo silencioso

Una advertencia: Los errores arrianos cristológicos, aunque a veces también se manifiestan por silenciamientos significativos –“el P. Galot, en el coloquio [habido con el P. Schillebeeckx en la Congregación de la Fe], mantuvo que en su último libro no había encontrado la afirmación de la divinidad de Jesucristo”–, suelen, sin embargo, ser manifestados por sus autores con cierta claridad, aunque a veces sea cautelosamente (niegan la preexistencia del Verbo, su igualdad con el Padre y el Espíritu Santo, ven en Jesús persona humana, etc.). Por el contrario, los errores pelagianos, presentes normalmente en estos mismos autores, no suelen declararse en formas explícitas, sino silenciando sistemáticamente la incapacidad radical del hombre para salvarse a sí mismo y su necesidad absoluta de la gracia de Cristo Salvador.

Indico, pues, los signos actuales del cristianismo pelagiano.

Pecado original

Hay pelagianismo cuando apenas se predica del pecado original, o cuando se minimiza el deterioro enorme que produce en la misma naturaleza del ser humano. En el ambiente pelagiano suenan muy mal las palabras de Cristo, de San Pablo, de San Agustín, de Trento, sobre los efectos del pecado original. Suenan tan mal, que no suenan: se silencian.

Jesús: “vosotros sois malos” (Mt 12,34; Lc 11,13), “tenéis por padre al diablo, queréis hacer los deseos de vuestro padre” (Jn 8,44), y “yo he venido para que tengáis vida, y vida sobreabundante” (10,10). San Pablo: “todos estábais muertos por vuestros delitos y pecados… pero Dios, rico en misericordia, os dio vida por Cristo: de gracia habéis sido salvados” (Ef 2,1-5; cf. Rm 3,23; Tit 3,3). Trento: caído Adán por el pecado, cae el hombre en la mortalidad, y cae así “cautivo bajo el poder de aquel que tiene el imperio de la muerte [Heb 2,14], es decir, del diablo, y toda la persona de Adán [y su descendencia] fue mudada en peor, según el cuerpo y el alma” (Denz. 1511).

Los pelagianos de hoy esto no se lo creen, porque si lo creyeran lo predicarían. No se lo creen: no admiten que por el pecado original se haya producido una degradación de la misma naturaleza humana y una cautividad bajo el diablo. Explican el pecado original de modos más suaves, por condicionamientos sociales negativos. Si creyeran lo que afirma la fe católica del pecado original y de sus efectos, no pondrían tanta confianza en terapias naturales psico-somáticas, tendrían mucho más cuidado, conscientes de su propia debilidad, con las ocasiones próximas de pecado frecuentes en el mundo; de ningún modo se alejarían de la Eucaristía y de los sacramentos; se entregarían a una vida ascética según el Evangelio; practicarían la oración continua de súplica y de gratitud –Señor, te piedad; gracias, Señor–, y estarían absolutamente convencidos de que fuera del nombre de Jesús “ningún otro nombre nos ha sido dado bajo el Cielo, entre los hombres, por el cual podamos ser salvados” (Hch 4,12).

Adulación del hombre

Si tuvieran fe en el pecado original, es decir, si no fueran pelagianos, no adularían al hombre, no incurrirían en declaraciones imbéciles: “yo creo en el hombre” –o en la juventud, o en la mujer, o en el obrero, o en el pueblo de tal nación, etc.–.

Aunque parezca imposible entre cristianos, uno cree que la clave de la renovación del mundo está en “la juventud”, otro en “la mujer” –el mundo sólo puede salvarse haciéndose más femenino–, otro en “los obreros”… Pero sin Cristo Salvador, todos los hombres estamos destrozados, débiles, enfermos de muerte, cautivos del diablo: todos, los jóvenes y los viejos, los varones y las mujeres, los ricos y los pobres, los socialistas, los conservadores y los centristas. Todos estamos obligados a confesar con San Pablo: “no sé lo que hago… pues no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero… es el pecado que mora en mí” (Rm 7,14-25). Ninguno tiene remedio sin la gracia de Cristo: “por gracia hemos sido salvados” (Ef 2,5). Por el contrario, el optimismo antropológico de los pelagianos parece algo incurable. El artículo 6º de la Constitución española de Cádiz (1812) establece como “una de las principales obligaciones de todos los españoles el ser justos y benéficos”… La Carta Magna de la nación lo establece –en serio– como la máxima obligación legal.

Moralismo

Hay pelagianismo allí donde la predicación apremia casi exclusivamente la conducta moral de los hombres, pero sin aludir al mismo tiempo a la necesidad de la gracia de Cristo para afirmarse en el bien: “sin Mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). Es ciertamente pelagiana la predicación que exhorta a ser laboriosos, solidarios, justos, etc., pero que da siempre por supuesto, al menos en forma implícita, que es suficiente con enseñar el bien y exhortarlo; como si después los hombres, por sí solos, pudieran ser buenos en su vida privada, y también eficaces en la transformación de la sociedad, con tal de que se empeñen en ello. Todo está en quererlo.

Hay pelagianismo cuando el cristianismo cae en el moralismo –y da igual que sea un moralismo del sexto mandamiento o sea de la justicia social; es lo mismo: eso depende solo de las modas ideológicas del siglo–, y deja a un lado los grandes temas de la fe dogmática, la Trinidad, la presencia eucarística, la necesidad de la gracia, etc. En ese planteamiento, la moral individual y social no aparecen como la consecuencia necesaria de vivir en Cristo, en la fe y en la gracia, sino como el motor decisivo de la vida cristiana. Y así, la inhabitación trinitaria, el acceso litúrgico al manantial de la gracia, la Eucaristía, la misma fe, en una palabra, el Misterio, quedan devaluados, como elementos accesorios, silenciados en la predicación y la catequesis, olvidados, no estrictamente necesarios para la salvación temporal y eterna de la humanidad.

Eticismo naturalista

Es pelagiano el cristianismo que propone “valores” morales, pero sin vincularlos necesariamente a Cristo, es decir, sin vincular a su gracia la posibilidad de conocerlos plenamente y vivirlos con perfección. Una ética naturalista, en primer lugar, no propone muchos valores morales que son preciosos en la vida del hombre, a veces los más importantes, por ejemplo, la virtud de la religión, la más grande después de las tres virtudes teologales: el deber moral de alabar a Dios, de bendecir su Nombre, de darle gracias siempre y en todo lugar. Pero es que además, en segundo lugar, cuando exhorta valores morales enseñados por Cristo, solamente enseña 

1) aquellos que en buena parte son admitidos por el mundo, al menos teóricamente –verdad, libertad, justicia, amor al prójimo, unidad, paz, etc., 

2) los enseña al modo según el cual el mundo los entiende, pero no en el sentido verdaderamente cristiano y evangélico, que a veces es muy distinto, y sobre todo, 

3) no vincula a Cristo Salvador la posibilidad de reconocer y vivir esos valores de verdad, justicia, fraternidad, unidad, paz, etc.:

El cristiano pelagiano no afirma que Cristo mismo es “la verdad”, y que sin Él se pierde el hombre inevitablemente en el error (Jn 14,6); que sólo Él “nos ha hecho libres” (Gál 5,1); que sólo por la fe en Él alcanzamos “la justicia que procede de Dios” (Flp 3,9); que sólo Él ha difundido en nuestros corazones por el Espíritu Santo la fuerza del verdadero amor fraterno (Rm 5,5); que sólo Él es capaz de juntar en la unidad a todos los hombres que andan dispersos, pues para eso dio su vida (Jn 11,52); y en fin, que solamente “Él es nuestra paz” (Ef 2,14).

Devaluación de la gracia

Hay pelagianismo evidente en todo lo que ignore la necesidad absoluta de la gracia, en todo lo que no una siempre la oración y la acción: “danos luz para conocer tu voluntad y la fuerza necesaria para cumplirla” (Or. dom. I, T.O.). “Que tu gracia, Señor, inspire, sostenga y acompañe todas nuestras obras” (Ltg. Horas, laudes I sem.)… Allí donde faltan estas convicciones primarias de la fe sobre la gracia, expresadas tan bien en la oración de la Iglesia, allí es claro que apesta a pelagianismo.

Devaluación de la oración de petición

Éste es uno de los errores del pelagianismo que, como ya vimos, más indignaban a San Agustín. ¿Para qué pedir bienes a Dios –la castidad, el vencimiento de la pereza, lo que sea– si está en nuestra voluntad conseguirlos? Por el contrario, para el Doctor de la gracia la oración de petición es como la proa de un barco, que ha de ir por delante de todo empeño ascético volitivo. “Toda mi esperanza está en tu inmensa misericordia. Da lo que mandas, y manda lo que quieras” (Confesiones X, 29,40). Ora et labora, pero el ora siempre por delante.

Devaluación de la Eucaristía y de los sacramentos

Hay pelagianismo cuando los sacramentos y el culto litúrgico dejan de ser la clave de la transformación en Cristo de hombres y de pueblos. La inmensa mayoría de los católicos “alejados” o son pelagianos o son apóstatas. Los cristianos que creen que su salvación es ante todo gracia de Cristo jamás se apartan de los manantiales litúrgicos de la gracia. Sólo se alejan crónicamente de estas fuentes los pelagianos, los que esperan salvarse por sus propias fuerzas. O los apóstatas, que ni creen en la necesidad de salvarse –¿salvarse de qué?–, ni creen en la vida eterna, ni en nada.

Sobrevaloración de los medios

Esto es algo muy pelagiano. Ciertamente quiere el Señor en su providencia que pongamos en cada empresa los medios proporcionados al fin pretendido, según Él nos los dé. Pero no quiere que pongamos la esperanza de nuestros esfuerzos en los medios conseguidos, sino en la fuerza salvadora de su gracia.

Ahí tienen ustedes un escritor espiritual que describe en una obra de tres volúmenes los cincuenta métodos de oración más útiles para llegar pronto a la más alta contemplación –incluye técnicas respiratorias–. Dios le ampare… Esta Madre superiora nos dice, como de paso, que dos tercios de las religiosas de la comunidad tienen carrera universitaria. ¿Y qué?… Un profesor nos enseña con visible satisfacción las excelentes instalaciones de un Colegio o de una Universidad católica –biblioteca, laboratorio, aulas, piscina climatizada, etc.–, con un orgullo –orgullo corporativo, se entiende, no necesariamente personal– que nos hace temer lo peor. No es tanto la riqueza de medios lo que nos asusta, sino la confianza que vemos puesta en ellos. ¿Querrá obrar allí el Señor muchas conversiones?… Ya lo dijo Horacio, en carta a los Pisones: parturient montes, nascetur ridiculus mus (“parieron los montes, y nació un ridículo ratón”)… Para un encuentro juvenil interdiocesano –exagero un poco– cinco comisiones preparan durante varios meses cuatro sedes distintas, alternativas, en las que se ofrecen catorce talleres opcionales, para los cuales se compromete a dos cantautores, cinco Obispos y trece conferenciantes notables –eran quince, pero fallaron dos–, se editan carteles grandes, medianos y trípticos, y dos CDs, se instalan pantallas gigantes, se contrata publicidad en paneles públicos, radio y televisión, etc. La comisión de economía tiene notable importancia en la preparación del Evento… Parturient montes… Se ve que no leyeron mi libro Pobreza y pastoral, o que no se lo creyeron (Verbo Divino, Estella 1968, 2ª ed.).

David dejó a un lado la coraza y las fuertes armas que Saúl le ofrecía, se fue contra Goliath con una honda y unas piedras, y le venció (1Sam 17). Jesús nació en un corral de animales, y los Apóstoles, sin alforja ni doble túnica, llevaron el Evangelio a todo el mundo, siendo medio-iletrados… Está revelado que Dios suele elegir –no necesariamente– a los pobres y a los medios pobres para confundir la soberbia del mundo, y para que a Él solo se atribuya la gloria de las grandes obras de salvación (1Cor 1,20-31).

Sobrevalorización de las terapias naturales

Casas de Espiritualidad, comunidades religiosas, que ofertan en sus programas una macedonia increíble de frutas espirituales exóticas: eneagrama, reiki, sofrología, técnicas de autoayuda, etc. Dejo éste y otros temas para el próximo artículo.

Una cosa está bien clara. Que hoy son muchos los ambientes católicos que apestan a pelagianismo.
 

¿CON QUÉ ARMAS PODEMOS DERROTAR AL TENTADOR?

Continuamos con la publicación del capítulo VIII del tercer y último Tomo del libro “La Conjuración Anticristiana” de Monseñor Henri Delassus, publicado el año 1910.


TOMO I: LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA

TOMO II: EL AMERICANISMO Y LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA

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CAPÍTULO IX

¿CON QUÉ ARMAS

PODEMOS DERROTAR AL TENTADOR?

¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia! Tal fue el clamor de la Santísima Virgen en su lamentación en Lourdes, los días 25, 26, 27 y 28 de febrero de 1858. Doce años antes, el 19 de septiembre de 1846, la Mujer del Génesis, prometida al mundo, había venido a animar a sus tropas a la batalla, diciéndoles que usaran las mismas armas. Les pidió que retomaran la práctica de la abstinencia y el ayuno, y que volvieran, junto con la mortificación, a la oración, especialmente a la santificación del domingo. En Lourdes, María también había pedido que la oración se uniera a la penitencia. Había recomendado particularmente el rezo del Rosario y mostrado con qué reverencia debía rezarse.

Veinte años antes de los reproches y advertencias de María en La Salette, Dios mismo había llamado la atención, mediante una manifestación en el aire, sobre el gran símbolo del sacrificio. En Migné, el 17 de diciembre de 1826, la Cruz apareció ante los ojos atónitos del pueblo, como en tiempos de Constantino, haciendo un primer llamamiento a Francia para su conversión. Oración, conversión, penitencia: estas son las condiciones divinamente venidas para toda misericordia.

¿Cómo se recibió este triple llamamiento? Si nos limitamos a observar la superficie, no podemos sino sentirnos profundamente consternados. En todas partes y en todas las clases sociales, el amor al placer, el lujo y la lujuria han seguido avanzando sin cesar. La lección de 1870 detuvo este avance durante unas horas. Al día siguiente, reanudó su imparable curso. Como era de esperar, nos encontramos en la misma situación hoy.

¿Y la oración —al menos la oración pública— no oímos cómo su sonido se desvanece día a día en nuestras ciudades? ¿Sabéis -pregunta el cardenal Pie- por qué el primer pueblo de todos, aquel al que el Espíritu Santo llamó pueblo de gigantes, sabéis por qué desapareció de la tierra? La Escritura nos lo dirá: Non exoraverunt antiqui Gigantes, qui destructi sunt confidentes virtuti suae, Y estos hombres que confiaron en su propia fuerza fueron destruidos. Deseamos hacer justicia a nuestro siglo; en más de un sentido, es un siglo de gigantes. Pero en medio de todas estas maravillas y todo el esplendor de esta gloria, la religión mira a su alrededor con inquietud. Porque, ¡ay!, si la oración enmudeciera entre nosotros; si el espíritu dejara de purificar y vivificar la materia; si los hombres, creyéndose autosuficientes, le dijeran a Dios que se retirara; si la desgracia que Mardoqueo rogó al Señor que apartara de su pueblo cuando dijo: “No hagas callar a los que cantan tus alabanzas”, nos sobreviniera; pronto llegaría el día en que, sobre las humeantes ruinas de nuestra patria y los restos dispersos de nuestra civilización, las generaciones venideras podrían decir: “Estos gigantes no oraron, y mientras confiaron en su propia fuerza, fueron destruidos”.

Gracias a Dios, en la tierra están sucediendo cosas más reconfortantes y tranquilizadoras. Miles y miles de almas santas permanecen cada día, cien veces al día, elevando estas súplicas al Cielo: Perdona nuestros pecados, los nuestros y los de tu pueblo; no permitas que sucumban a las tentaciones que los asaltan por todos lados; líbralos del mal en el que está sumido el mundo moderno. Y a estas invocaciones añaden estos deseos de mayor poder sobre el corazón de Dios porque estos provienen del amor puro: Padre, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio... Que esta gloria sea como la mente creadora, redentora y santificadora que se concibió en el primer día del mundo; que se le dé en su plenitud a la divina Trinidad, ahora en esta hora y para siempre hasta el fin del mundo terrenal, para realizar en los siglos de los siglos, en la eternidad del Cielo, todo el concepto de la predestinación.

A estas oraciones dirigidas a Dios se suman las dirigidas a la Santísima Virgen María. De cuántos millones de bocas, y cuántas veces al día, se elevan estas palabras de veneración, admiración, confianza y amor al trono de María: “Dios te salve, María, llena eres de gracia”. Sé que puedo elevarte mis oraciones más confiadas, porque Dios está contigo. Tú eres la Bendita entre todas las mujeres, que se mostró a la humanidad en la desolación y el terror de su caída, como el canal de bendición por el cual nos llegaría la salvación. Además, tu fruto, el fruto de tu vientre, es el Bendito, en quien reside la plenitud de la misericordia y la bondad divinas.

¿Cuántas oraciones se suman a estas cada día en toda la superficie del mundo, infinitamente variadas como la diversidad de estados de ánimo, y según lo exigen las vicisitudes de los acontecimientos mundiales, pero que en última instancia se fusionan en un solo deseo: el reinado de Dios en la tierra a través del desarrollo de la vida sobrenatural en las almas?

Entonces, de vez en cuando, llegan las extraordinarias oraciones anunciadas por los Papas. Entonces, desde todos los rincones del mundo, desde el corazón de todas las multitudes, desde lo más profundo de todos los monasterios, desde los pies de todos los altares, se elevan fervientes súplicas al trono de Dios.

Las oraciones privadas deben unirse a la Sagrada Liturgia —el Oficio Divino y la Misa—, que posee un poder mucho mayor, pues es la oración de la Iglesia, la oración de la Esposa que se dirige a su Esposo. Por ello, la secta masónica ha hecho todo lo posible por suprimirla. Creía haberlo logrado en 1793 al cerrar iglesias y masacrar a sacerdotes y religiosos; y en nuestros tiempos, mediante el exilio de quienes se consagran al servicio divino, a través de intentos de cerrar iglesias nuevamente y saquear vasos sagrados, ha reabierto la era de las persecuciones.

“No digan —y esto lo dice el Cardenal Pie— que, puesto que la Iglesia tiene promesas de inmortalidad, parece inútil rezar por ella. Hay gracias muy importantes y necesarias que Dios concede a su Iglesia solo en consideración a las oraciones de sus hijos. Nadie puede expresar la luz, la fuerza, la santa inspiración y las generosas resoluciones que las oraciones, las invocaciones y los suspiros de sacerdotes fervientes, siervos humildes, vírgenes consagradas y fieles devotos pueden traer al corazón del Vicario de Jesucristo y de toda la jerarquía superior”. Si tenemos una Iglesia santa y maravillosamente preservada en medio de tantos elementos de anarquía y disolución; si tenemos un Papa heroicamente firme (Pío IX), en una época de transacciones y compromisos universales, con el episcopado y todos los órdenes eclesiásticos firmemente unidos al Vicario de Jesucristo, no lo duden, esto se debe a las oraciones de la gran familia cristiana”.

Junto con la oración, la Iglesia también realiza exorcismos. Pues, desde la segunda fase de la guerra declarada contra lo sobrenatural y contra la civilización cristiana, en los primeros días de la Reforma, el ángel del Apocalipsis clamó: “¡Ay! ¡Ay! ¡Ay de los que habitan la tierra!”. Y un ángel, ministro de la venganza del Señor, recibió la llave del pozo del abismo. La abrió, y demonios salieron, tan numerosos como una plaga de langostas. A la cabeza de ellos, como rey, estaba el ángel del abismo, cuyo nombre hebreo es Abadón (que significa perdición, ruina, en oposición a Cristo el salvador) y Apolión, que significa destructor. Este fue, en efecto, el comienzo de la destrucción y la ruina, el comienzo de la perdición a través del anticristianismo. El Papa Gregorio XVI en la encíclica Mirari Vos, donde condenó la doctrina de Lamennais, dijo: Vere apertum dicimus puteum abyssi (1).

Estos demonios, que escaparon del infierno durante la Reforma, aún no han sido arrojados de nuevo al abismo. Prueba de ello reside en el exorcismo que los Papas León XIII y Pío X hicieron recitar a todos los sacerdotes que acababan de celebrar la Misa y a los fieles que unieron sus voces a la del ministro de Dios: “San Miguel Arcángel, defiéndenos en esta batalla: contra la malicia y las asechanzas del demonio, ayúdanos. Que Dios le haga sentir su poder, te lo suplicamos. Y tú, líder de la milicia celestial, por tu poder divino, arroja de nuevo al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que se extienden por el mundo para destruir almas”.

Lo que confiere su pleno poder al exorcismo, al igual que a la oración, es la unión de quien reza o realiza el exorcismo con el divino Redentor, tanto como Redentor como víctima de la expiación. Cuanto más íntima sea esta unión, mejor se recibirá la mediación entre Dios y el mundo. La gran mediadora, María, se unió en el Calvario al sacrificio de Jesús, y el dolor de su alma, traspasada por la espada que Simeón había predicho, tuvo, como nos dice la sagrada liturgia, la amargura y la inmensidad de los vastos mares.

Quienes luchan bajo su mando, al menos quienes están en las primeras filas, comparten su martirio, y es a través de este martirio que reparan la iniquidad y claman por misericordia.

Adimpleo ea quae desunt passionum Christi in came mea. ¡Palabras misteriosas! San Agustín, explicándolas, dice: Jesucristo sufrió todo lo que tenía que sufrir. Elevado en la cruz, dijo: “Consumado está”, es decir, nada falta en la medida de mis sufrimientos. Todo lo que se ha escrito de mí se ha cumplido. Por lo tanto, los sufrimientos de Jesús son completos. Sí. Pero solo en la Cabeza. Los sufrimientos de Jesús en su cuerpo místico, en sus miembros, aún quedan por soportar. Nosotros somos, en efecto, el cuerpo y los miembros de Jesucristo. El Apóstol era uno de sus miembros; por eso dice: Estoy completando en mi carne lo que aún falta en los sufrimientos de Jesucristo.

En el último capítulo del Apocalipsis, leemos otras palabras misteriosas: “El tiempo está cerca. Que los injustos sigan haciendo el mal, y los malvados sigan mancillando su fe. Que los justos sigan obrando con rectitud, y los santos sigan siendo santos”. En la terrible amenaza dirigida a los endurecidos en la primera parte de este versículo y en la urgente exhortación a los justos en la segunda, algunos autores ascéticos han visto una ley de la Providencia, en virtud de la cual, en las grandes épocas de la historia universal, cuando Dios se prepara para desplegar el poder de su brazo, si bien a menudo se produce un resurgimiento de la malicia y la corrupción entre la humanidad, también se produce un resurgimiento de la justicia y la santidad.

La adorable Providencia, cuyos caminos son pura justicia y misericordia, se complace en hacer abundar el bien donde abunda el mal. Espera hasta que los méritos y los deméritos de la pobre humanidad hayan alcanzado su punto álgido antes de descender con su misericordiosa severidad. Y despierta estos méritos en las almas privilegiadas, a quienes otorga una vocación de expiación y sacrificio.

Esta convicción sostiene el alma, con esperanza contra toda esperanza, un alma entregada filialmente a Dios. En los días más oscuros de maldad, se pregunta si el mal desbordante no podría ser secretamente compensado por el aumento del bien oculto en la intimidad de las almas con Dios.

Es necesario que nos detengamos un momento en este punto, porque es aquí donde se manifiesta la lucha entre la luz y la oscuridad, entre los poderes de este mundo y las virtudes del Cielo.

Continúa...

Notas

1. El humo que se eleva del abismo estos días y oscurece el sol son “estas ideas modernas”, que velan las verdades naturales en casi todas las mentes. Y estas langostas son los demonios que, por un lado, incitan a masones y periodistas, oradores y novelistas que se han puesto a su servicio, a emplear todo su talento en la propagación de ideas librepensadoras y revolucionarias, y que, por otro lado, llevan a lectores y oyentes a acogerlas favorablemente y a convertir estas sugerencias en la norma de su conducta pública y privada. Las encíclicas de Pío IX y, en particular, su Syllabus, las cartas de León XIII, Humanum genus e Immortale Dei, que confirman y desarrollan la encíclica de Gregorio XVI, aún no han logrado desilusionar a los hombres de nuestro tiempo de los errores que han surgido del abismo desde el siglo XVI y contra los que Pío VI, Pío VII y León XII ya les habían advertido.

 

11 DE JUNIO: SAN BERNABÉ, APÓSTOL


11 de Junio: San Bernabé, Apóstol

(✞ 62)

El bienaventurado discípulo y mártir de Jesucristo, San Bernabé, que también en la Escritura se llama José Levita, fue de nacionalidad hebrea, de la tribu sacerdotal de Leví, y nació en la isla de Chipre, en la cual sus padres tenían grandes y ricas posesiones.

Aprendió en Jerusalén las letras sagradas, en la escuela de Gamaliel, varón doctísimo y muy versado en la ley de Moisés, y tuvo por condiscípulo a San Esteban protomártir, y a Saulo, que después se llamó Pablo y fue Apóstol y vaso escogido del Señor.

En esos tiempos vino Cristo nuestro Redentor a Jerusalén, y maravillado Bernabé de su celestial doctrina, ejemplos y milagros, entendió que era el Mesías prometido, y se echó a sus pies; el Señor lo bendijo y le contó en el número de los setenta y dos discípulos que le siguieron.

Y él, conforme al consejo evangélico, repartió su hacienda entre los pobres, quedándose con una sola posesión, cuyo precio, después de la Ascensión del Señor, puso también a los pies de los Apóstoles.

Cuando los discípulos huían todavía de San Pablo, porque ignoraban su conversión, San Bernabé se llegó a él, y entendiendo cuán cambiado estaba, y lo que le había acontecido yendo a Damasco, lo abrazó y lo llevó a los Apóstoles y con gran regocijo fue admitido en su compañía.

Los Apóstoles enviaron a Bernabé a Antioquía, donde estuvo con San Pablo predicando por espacio de un año, con tan gran aprovechamiento de los fieles, que dejando el nombre de discípulos y perdiendo el vano temor y respeto del mundo, comenzaron a llamar cristianos.

Volviendo después a Jerusalén, se concertaron allí con San Pedro algunos otros Apóstoles, para que ellos predicasen a los hebreos, y Saulo y Bernabé a los gentiles.

No es fácil decir los trabajos y persecuciones que padecieron estos dos santos por sembrar la doctrina evangélica y plantar a Cristo en los corazones de los hombres en tantas ciudades, islas, reinos y provincias.

Y, por lo que escriben grandes autores y se saca de firmes testimonios y piedras antiguas, San Bernabé fundó la Iglesia de Milán, y estuvo en ella siete años, y fue el primer Arzobispo de aquella insigne ciudad.

También se muestra en Brescia el altar donde el santo Apóstol decía Misa y en otras muchas Iglesias se conserva la memoria de este varón apostólico y compañero de San Pablo.

Finalmente, hallándose en la isla de Chipre, vinieron de Siria unos judíos con intención de perseguirle y darle muerte; y aunque el santo lo entendió, deseoso ya de juntarse con Jesucristo, entró en la sinagoga para predicar a los judíos; más éstos, con gran enojo lo apedrearon y en ese martirio dio su espíritu al Señor.

Reflexión:

Aunque San Bernabé no era del número de los doce apóstoles que escogió Jesucristo, los primeros Santos Padres de la Iglesia le dan ya el título de Apóstol, no sólo por sus muchos y apostólicos caminos y trabajos, sino que también por haber sido particularmente llamado por el Espíritu Santo a aquel Sagrado Ministerio (ACT. APOST. XII, 2). Honrémosle, pues, como a los doce Apóstoles que son las doce columnas indestructibles de la Iglesia, y despreciando las doctrinas anticatólicas, descansemos con entera confianza en la verdad de la Iglesia Católica, sellada con la sangre del Redentor, y de sus santos Apóstoles y discípulos.

Oración:

Oh Dios, que nos consuelas con la intercesión de tu Bienaventurado Apóstol Bernabé, concédenos benigno, que consigamos por tu gracia aquellos beneficios que te pedimos por su ruego. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 

miércoles, 10 de junio de 2026

POR QUÉ DEBERÍAS DECIR "NO" A SER DONANTE DE ÓRGANOS

El consejo de un sacerdote y ex paramédico

Por el padre David Nix


Aunque soy sacerdote católico, también soy exparamédico y me gradué en ciencias de la salud en el Boston College. Escribo esta entrada, “Por qué deberías decir no a la donación de órganos en tu licencia de conducir”, como exparamédico, no como sacerdote. En otras palabras, esta entrada ofrecerá consejos médicos prácticos para todos los lectores, católicos o no. No habrá bioética católica explícita a continuación, salvo estas dos frases: La Iglesia Católica no tiene ningún problema con la donación de órganos en sí misma. El problema radica en que ciertos órganos siempre se extraen de personas vivas, lo que constituye un homicidio por “buenas razones”.

Si bien se puede extraer un hígado o una córnea de un cadáver para donación de órganos, en los países desarrollados siempre se extrae el corazón de un cuerpo vivo. El término “muerte cerebral” fue acuñado por un equipo de médicos de Harvard para redefinir la muerte con este propósito. La llamada “muerte cerebral” significa, esencialmente, que un paciente tiene un sistema cardiovascular activo, pero tiene una actividad reducida en el electroencefalograma (EEG).

Como saben, un EEG mide la actividad eléctrica del cerebro. No debe confundirse con un electrocardiograma (ECG), que mide la actividad eléctrica del corazón. Los cirujanos de trasplantes prefieren extraer el corazón de pacientes vivos con electrocardiograma activo (pero con electroencefalograma mínimo) porque un corazón que ha dejado de latir daña el tejido mediante un fenómeno llamado “lesión hipóxica”. Recuerden que el corazón debe bombear sangre rica en oxígeno no solo a todo el cuerpo, sino también a sí mismo.

En términos sencillos, el músculo cardíaco se deteriora tan rápidamente tras un paro cardíaco que los cirujanos de trasplantes deben anestesiar al paciente para poder extraer el corazón de un cuerpo vivo. ¡Es obvio que un cadáver no necesitaría anestesia! Pero esto suena demasiado macabro como para no tener justificación. La Facultad de Medicina de Harvard inventó la excusa de la “muerte cerebral” precisamente para justificar la extracción de corazones de personas vivas.

Si usted puso “Sí” a la donación de órganos en su licencia de conducir, y si sufriera una lesión cerebral traumática sin daños en su sistema cardiovascular, sin duda es un candidato “ideal” para que le extraigan el corazón de su propio cuerpo vivo (considerado con “muerte cerebral” debido a un EEG reducido).

El New England Journal of Medicine eliminó recientemente un artículo que antes se encontraba aquí, en el que admitían que los cirujanos de trasplantes estaban extirpando corazones de pacientes vivos. Su justificación bioética decía textualmente: “Muchos objetarán que los cirujanos de trasplantes no pueden, legal ni éticamente, extirpar órganos vitales de pacientes antes de la muerte, ya que hacerlo les causaría la muerte. Sin embargo, si las críticas a los métodos actuales para diagnosticar la muerte son correctas, entonces tales acciones ya se realizan de forma rutinaria.

Permítanme traducirlo en términos sencillos: “Algunas personas pueden pensar que está mal extirpar órganos de personas vivas, y puede que tengan razón, pero es irrelevante porque simplemente es demasiado tarde para protestar, ya que llevamos haciéndolo bastante tiempo.

Ciertamente, ciertos órganos pueden extraerse de una persona viva sin que ni siquiera los bioeticistas más conservadores pongan objeciones. Por ejemplo, una persona podría donar un riñón a otra y ambas podrían seguir viviendo. Pero tras ciertos traumatismos, especialmente neurotraumatismos (de cabeza y cuello), los cirujanos de trasplantes buscan extraer el corazón para la siguiente persona viva que pueda necesitarlo. De nuevo, este debe extraerse de un paciente vivo al que se le haya declarado con actividad cerebral reducida, es decir, con “muerte cerebral”, como pretexto para tranquilizar a los bioeticistas más escépticos.

Además de que esto justifica el asesinato (¡ya que se necesita una intervención quirúrgica para extraer el corazón!), cabe destacar que numerosas personas que fueron declaradas con “muerte cerebral” se han recuperado. El Dr. Shewmon, neurólogo pediátrico de la UCLA, ha demostrado que niños que sobrevivieron con muerte cerebral hasta por 14 años superaron infecciones e incluso heridas.

Por esta razón, debemos considerar que Byrne et al. en el libro Life, Life Support and Death (Vida, soporte vital y muerte) escriben: “Nadie será determinado o declarado muerto a menos que y hasta que haya destrucción de al menos los tres sistemas unificadores básicos del cuerpo, a saber, los sistemas circulatorio y respiratorio, y el cerebro completo”.

Cuando fui sacerdote en comisión de servicio en Florida hace varios años, me llamaron para ayudar a una familia hispanohablante a la que no conocía. Los padres eran de México, pero habían criado a sus tres hijos en California. Su hijo de 33 años, Joel, era un trabajador muy popular en un restaurante de Jacksonville, Florida. Por razones desconocidas, una noche, hace varios años, recibió un disparo en la cabeza y fue trasladado por los servicios de emergencia de Jacksonville al Hospital Memorial, donde sufrió un paro cardíaco, pero fue reanimado. Posteriormente, Joel fue trasladado a la UCI. La herida de bala en la cabeza parecía incompatible con una vida plena.

Joel y su madre, a quienes tuve la oportunidad de atender antes de que falleciera. Ella me dio permiso para publicar su historia.

Así pues, el personal del hospital quería llevarse a Joel en camilla para extraerle el corazón en una habitación aparte. Sin embargo, esto significaba que Joel no moriría en presencia de sus padres en la UCI. (No se puede permitir que los padres vean cómo se le extrae el corazón a su hijo aún con vida, ¿verdad?). Yo acababa de llegar para intervenir y, posteriormente, les expliqué a los padres el destino de su hijo. Como era de esperar, sus padres se negaron a que mataran a su hijo, que aún podía mirarlos a los ojos, para extraerle el corazón.

En respuesta a mi intervención y a los deseos de sus padres, dejaron a Joel en la UCI para que muriera de hambre. Protestamos contra esta decisión tanto en inglés como en español, pero fuimos ignorados durante casi dos días mientras Joel moría de hambre. Finalmente, llamé a abogados civiles en Washington D.C. de una organización llamada Life Legal Defense Foundation.

Finalmente, el abogado de LLDF logró obligar a los médicos de la UCI del hospital a colocarle una sonda nasogástrica para alimentar a Joel. Joel recibió nutrición e hidratación artificiales (NHA) hasta que falleció unos días después en la UCI a causa de la herida de bala. Si bien una herida de bala no se considera una muerte natural, sin duda fue una muerte más natural que la extirpación de su corazón. Como se puede apreciar en la foto, Joel pudo mirarme cuando saqué mi teléfono para tomarle una foto con su madre.

Lamentablemente, pocos días después, Joel falleció en paz, sin necesidad de narcóticos. Lo bueno es que recibió los sacramentos. Murió rodeado de sus padres y su hermano. Nada de esto habría sido posible si el personal del hospital le hubiera extirpado el corazón o administrado una sobredosis de narcóticos.

Como exparamédico, mi sugerencia es que indiques “No” a la donación de órganos en tu licencia de conducir. Una mejor opción es la siguiente: un poder notarial duradero para la atención médica es un documento legal que te permite designar a otra persona para que tome decisiones sobre tu atención médica en caso de que no puedas hacerlo tú mismo. Si deseas indicarle a esa persona que deseas donar, por ejemplo, hígado, riñones o córneas a pacientes que los necesiten (en caso de fallecimiento), entonces la persona a la que le has otorgado el poder notarial duradero para la atención médica (quien, idealmente, comparte tus mismos principios bioéticos) puede tomar esa decisión por ti.

En definitiva, es mejor empezar con un “No” a la donación de órganos en tu permiso de conducir y dejar que tu cónyuge haga el trámite, que empezar con un “Sí” y que un ser querido no pueda impedir que te lleven en camilla mientras te extraen el corazón de tu cuerpo vivo, en caso de que hayas sufrido una lesión cerebral traumática.

Finalmente, si no me creen, vean cómo incluso el periódico laico USA Today publicó un artículo después de mi entrada original del blog, reproducida arriba, titulado Death by Donation: Euthanizing Patients for Organs (Muerte por donación: eutanasia de pacientes para obtener órganos), en el que se revela que numerosos cirujanos dicen lo mismo que les dije anteriormente.