jueves, 5 de marzo de 2026

LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD (24)

Continuamos con la publicación del Capítulo 24 del libro “La Reina del Cielo”, escrito por la Sierva de Dios Luisa Piccarreta, Hija Pequeña de La Divina Voluntad.


Esta obra de Luisa-Piccarreta que fue publicada por primera vez el año 1930, consta de treinta y un Meditaciones que serán publicadas -Dios mediante- cada cinco días.



VIGESIMA CUARTA MEDITACION

La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Visita al Templo. María modelo de oración. Jesús se pierde en el Templo.

EL ALMA A SU MADRE CELESTIAL:

Mamá santa, tu amor materno me llama con voz siempre más potente hacia Ti. Ya veo que te encuentras preparándote para partir de Nazaret hacia Jerusalén. Mamá mía, no me dejes, llévame Contigo y podré escuchar con atención tus sublimes lecciones.

LECCION DE LA REINA DEL CIELO:

Querida hija, tu compañía y el deseo que muestras por escuchar mis celestiales lecciones para imitarme, son la alegría más pura que puedes dar a mi Corazón materno. Yo gozo porque puedo compartir contigo las inmensas riquezas de mi herencia. Ahora presta atención y te narraré un episodio de mi vida, el cual, si bien tuvo resultado consolador, fue para Mí dolorosísimo; y si el Querer Divino no me hubiera dado sorbos continuos y nuevos de fortaleza y de gracia Yo habría muerto de dolor.

Nosotros continuábamos nuestra vida en la quieta casita de Nazaret y mi querido Hijo crecía en gracia y en sabiduría; El era atractivo por la dulzura y por la suavidad de su voz, por el dulce encanto de sus ojos, por la amabilidad de toda su persona; sí, sí, mi Hijo era en verdad bello, sumamente bello.

El acababa de cumplir la edad de doce años cuando según la usanza debimos ir a Jerusalén para celebrar solemnemente la Pascua. Nos pusimos en camino El, José y Yo. Mientras proseguíamos devotos y recogidos mi Jesús rompía el silencio y nos hablaba ahora de su Padre Celestial, ahora del amor inmenso que nutría en su Corazón por las almas. Llegando a Jerusalén nos dirigimos al Templo y ahí nos postramos con el rostro en tierra y adoramos profundamente a Dios durante un largo rato. Nuestra oración era tan ferviente y recogida que abría los cielos, atraía y ataba al Padre Celestial y, por eso, se aceleraba la reconciliación entre El y los hombres.

¡Oh, querida hija, quiero confiarte una pena que me tortura: hay muchos que van a la Iglesia a rezar, pero desgraciadamente la oración que dirigen a Dios se queda en sus labios porque su corazón y su mente están muy lejos de El! ¡Cuántos van a la Iglesia por pura costumbre o por pasar inútilmente el tiempo! Estos cierran el cielo en lugar de abrirlo. ¡Cómo son numerosas las irreverencias que se cometen en la casa de Dios! ¡Cuántos castigos se evitarían en el mundo y cuántos otros se convertirían en gracias si todas las almas se esforzaran en imitar Nuestro ejemplo! Solamente la oración que brota de un alma en la que reina la Divina Voluntad obrará en modo irresistible en el Corazón de Dios, pues esa oración es tan potente que puede vencerlo y obtener de El las máximas gracias. Ten, por lo tanto, empeño en vivir en el Divino Querer y tu Mamá que tanto te ama dará a tu oración los derechos de su potente intercesión.

Después de haber cumplido nuestro deber en el Templo y de haber celebrado la Pascua nos dispusimos a regresar a Nazaret. En la confusión del gentío Nos separamos; Yo vine con las mujeres y José con los hombres. Miré en derredor para asegurarme que Jesús viniera Conmigo, pero al no verlo pensé que venía con su padre José. ¿Cuál no fue el estupor que sentimos cuando reuniéndonos nuevamente en el lugar donde debíamos encontrarnos no lo vi con él?

Ignorando lo que había sucedido, sentimos un dolor tan profundo que ambos quedamos sin poder hablarnos. Abatidos por el dolor regresamos apresuradamente, preguntando con ansia a cuantos encontrábamos: “decidnos si habéis visto a Jesús, nuestro Hijo, porque no podemos vivir sin El...”

Y llorando describíamos sus rasgos: “El es todo amable, de sus bellos ojos brotan rayos de luz que hablan del corazón, su mirada hiere, rapta y encadena; su frente es majestuosa, su rostro es de una belleza encantadora, su dulcísima voz desciende al fondo del corazón y endulza todas las amarguras, sus cabellos rizados y como de oro finísimo lo hacen gracioso. Todo es majestad, dignidad y santidad en El; El es el más bello entre los hijos de los hombres...”

Pero... no lo encontrábamos, y nadie nos sabía decir algo. El dolor que Yo sentía se recrudecía en tal forma que me hacía llorar amargamente y a cada instante abría en mi Corazón profundos desgarros, los cuales me ocasionaban verdaderos espasmos de muerte.

Querida hija, si Jesús era mi Hijo, también era mi Dios y por esto mi dolor fue todo en orden divino; es decir, tan potente e inmenso que supera a todos los demás dolores posibles reunidos juntos. Si el FIAT que Yo poseía no me hubiera sostenido continuamente con su fuerza divina Yo hubiera muerto de dolor.


Viendo que ninguno sabía darnos noticia, con ansias interrogaba a los ángeles que me circundaban: “pero decidme, ¿dónde está mi querido Jesús, hacia dónde debo dirigir mis pasos para encontrarlo? ¡Ah, decidle que no puedo más; traédmelo en vuestras alas a mis brazos! ¡Ah, ángeles míos, tened piedad de mis lágrimas, socorredme, traedme a Jesús!”

Mientras tanto y habiendo sido inútil la búsqueda, regresamos a Jerusalén, y después de tres días de amarguísimos suspiros, de lágrimas, de ansias y de temores, encontramos en el Templo... Yo era toda ojos y buscaba por todas partes... cuando he aquí que, finalmente, llena de júbilo encontré a mi Hijo que estaba en medio de los doctores de la Ley! Hablaba con tal sabiduría y majestad, que los que lo escuchaban quedaban sorprendidos y raptados. Con sólo verlo sentí que regresaba a Mí la vida e inmediatamente comprendí la razón por la cual se nos había perdido.

Ahora, una palabra para ti, querida hija: en este misterio mi Hijo quiso darnos, a Mí y a ti, una enseñanza sublime: ¿podrías acaso tú suponer que El ignoraba lo que Yo sufría? ¡Todo lo contrario!, porque mis lágrimas, mi búsqueda, mi intenso y crudo dolor se repercutían en su Corazón y durante aquellas horas tan penosas El sacrificaba a la Divina Voluntad a su propia Mamá, a quien tanto amaba, para demostrarme que Yo también un día debía sacrificar su misma Vida al Querer Supremo. En esta pena indecible no te olvidé, y pensando que ella te iba a servir de ejemplo la puse a tu disposición a fin de que también tú pudieras tener en el momento oportuno la fuerza para sacrificar todas las cosas a la Divina Voluntad.

En cuanto Jesús acabó de hablar, nos acercamos con reverencia a El y le dirigimos esta dulce pregunta: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?” Y El con dignidad divina nos respondió: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabéis que he venido al mundo para glorificar a mi Padre?”

Habiendo comprendido el significado de tal respuesta y habiendo adorado en ella al Querer Divino iniciamos nuestro retorno a Nazaret.

Hija de mi Corazón materno, escucha: cuando perdí a mi Jesús el dolor que sentí fue muy intenso y a este dolor se agrega ahora un segundo dolor: el dolor de perderte a ti. En verdad, previendo que tú te habrías alejado de la Voluntad Divina, Yo me sentí a un tiempo a privar de mi Hijo y de mi hija, y por esto mi maternidad sufrió un doble dolor!

Hija mía, cuando estés en camino de hacer tu voluntad en lugar de hacer la Voluntad de Dios debes reflexionar que abandonando al FIAT Divino estás por perder tanto a Jesús como a Mí y por precipitarte en el reino de las miserias y de los vicios.

Debes mantener la palabra que me has dado de permanecer indisolublemente unida a Mí y Yo te daré la gracia de no hacerte dominar por tu querer nunca más sino de vivir exclusivamente del Querer Divino.

EL ALMA:

Mamá Santa, tiemblo pensando en los abismos en los que mi voluntad es capaz de precipitarme. Por su causa yo puedo perderte a Ti, a Jesús y todos los bienes celestiales. Mamá, si Tú no me ayudas, si no me ciñes con la Potencia de la Luz del Querer Divino, siento que no me será posible vivir con constancia en la Voluntad Divina. Por esto, pongo nuevamente toda mi esperanza en Ti, en Ti confío y de Ti espero todo. Así sea.

PRACTICA:

Recitarás tres Aves Marías para compartir el dolor intenso que tuve los tres días en los que permanecí privada de Jesús.

JACULATORIA:

Mamá Santa, haz que yo pierda para siempre mi voluntad para vivir únicamente en el Divino Querer.

Continúa...


EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (91)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


91. Primera lección a los discípulos en Nazaret, en un olivar.
29 de enero de 1945.

1 Veo a Jesús con Pedro, Andrés, Juan, Santiago, Felipe, Tomás, Bartolomé, Judas Tadeo, Simón y Judas Iscariote y el pastor José, saliendo de su casa y yendo fuera de Nazaret, a las afueras, a un tupido olivar. Dice:
“Venid en torno a mí. Durante estos meses de presencia y de ausencia os he sopesado y estudiado. Os he conocido, y he conocido, con experiencia de hombre, el mundo. Ahora he decidido enviaros al mundo. Pero primero debo instruiros, para haceros capaces de afrontar el mundo con la dulzura y la sagacidad, la calma y la constancia, con la conciencia y la ciencia de vuestra misión. Usaré este tiempo de furor solar, que impide toda larga peregrinación por Palestina, para vuestra instrucción y formación como discípulos. Como un músico, he percibido lo que en vosotros desafina, y me dispongo a entonaros para la armonía celeste que tenéis que transmitir al mundo en mi nombre.
Retengo a este hijo (y señala a José), porque a él le delego el encargo de llevar a sus compañeros mis palabras, para que también allí se forme un núcleo eficaz, que me anuncie; no un anuncio reducido al hecho de que Yo existo, sino con las características más esenciales de mi doctrina.

2 Como primera cosa os digo que es absolutamente necesario en vosotros amor y fusión. ¿Qué sois vosotros? Sois hombres de las más diversas clases sociales, de toda edad, y de los más distintos lugares. He preferido tomar a los vírgenes en doctrinas y cogniciones, para poder penetrar en ellos más fácilmente con mi enseñanza, y también porque –habiendo sido destinados para evangelizar a personas que se encontrarán en una absoluta ignorancia del Dios verdadero– quiero que, recordando la primitiva ignorancia, no sientan aversión hacia éstos, y, con piedad, los instruyan, recordando con cuánta piedad Yo los he instruido.
Percibo en vosotros una objeción: "Nosotros no somos paganos, aunque no tengamos cultura intelectual". No, no lo sois; pero vosotros –y sobre todo quienes entre vosotros representan a los doctos y a los ricos– estáis dentro de una religión que, degenerada por demasiadas razones, de religión no tiene sino el nombre. En verdad os digo que son muchos los que se glorían de ser hijos de la Ley, pero de ellos ocho partes de diez no son más que idólatras que han confundido, entre nieblas de mil pequeñas religiones humanas, la verdadera, santa, eterna Ley del Dios de Abraham, Isaac, Jacob. Por lo tanto, mirándoos unos a otros, tanto vosotros, pescadores humildes y sin cultura, como vosotros, mercaderes o hijos de mercaderes, oficiales o hijos de oficiales, ricos o hijos de ricos, decid: "Somos todos iguales. Todos tenemos las mismas deficiencias y todos tenemos necesidad de la misma instrucción. Hermanos en los defectos personales o nacionales, debemos, desde ahora en adelante, ser hermanos en el conocimiento de la Verdad y en el esfuerzo de practicarla".
Eso es, hermanos. Quiero que tales os llaméis y tales os veáis. Vosotros sois como una familia sola. ¿Cuándo prospera una familia?, ¿cuándo la admira el mundo? Cuando está unida y se manifiesta concorde. Si un hijo se hace enemigo del otro, si un hermano perjudica al otro, ¿puede realmente durar la prosperidad de esa familia? No. En vano el padre de familia se esfuerza en trabajar, en allanar las dificultades, en imponerse al mundo. Sus esfuerzos quedan sin resultado, porque los bienes se disgregan, las dificultades aumentan, el mundo se burla por este estado de lid perpetua que reduce corazón y patrimonio –que, unido, era potente contra el mundo– a un pequeño montón de pequeños, puntillosos intereses contrarios de que se aprovechan los enemigos de la familia para acelerar cada vez más su ruina. Nunca sea así entre vosotros. Estad unidos. Amaos. Amaos para ayudaros. Amaos para enseñar a amar.

3 Observad: incluso lo que nos circunda nos ilustra acerca de esta gran fuerza. Mirad esta tribu de hormigas, que acude toda hacia un lugar. Sigámosla y descubriremos la razón de la utilidad de que acuda hacia un punto... Mirad aquí: esta pequeña hermana suya ha descubierto, con sus órganos minúsculos y para nosotros invisibles, un gran tesoro bajo esta ancha hoja de achicoria silvestre.
Es un pedazo de miga de pan que quizás se le haya caído a un campesino que haya venido aquí para cuidar sus olivos; a algún viandante que se haya detenido en esta sombra consumiendo su comida, o a un niño jubiloso sobre la hierba florecida. ¿Cómo hubiera podido por sí sola arrastrar hasta su casa este tesoro mil veces más voluminoso que ella? Ha llamado, pues, a una hermana y le ha dicho: "Mira, corre, rápido, a decirles a las hermanas que aquí hay alimento para toda la tribu y para muchos días; corre, antes de que descubra este tesoro un pájaro y llame a sus compañeros y se lo devoren". Y la hormiguita ha corrido, afanosa, por las rugosidades del terreno, subiendo, bajando, entre guijas y hierbezuelas, hasta el hormiguero, y ha dicho: "Venid. Una de nosotras os llama; ha encontrado para todas, pero sola no puede traerlo aquí. Venid". Y todas, incluso las que –ya cansadas por lo tanto como han trabajado durante todo el día– estaban descansando en las galerías del hormiguero, han acudido; incluso las que estaban amontonando las provisiones en sus correspondientes celdas. Una, diez, cien, mil... Mirad... Aferran con las pinzas, levantan haciendo de su cuerpo un carrito, arrastran hincando las patitas en el suelo. Esta se cae... la otra, allí, casi se lisia porque la punta del pan ha rebotado y la ha comprimido contra una piedra; ¿y ésta tan pequeñita? (una jovencita de la tribu): se detiene derrengada... pero, ved, toma aliento y continúa. ¡Qué unidas están!
Mirad: ahora las hormigas tienen completamente abrazado el trozo de pan, y el pan avanza, avanza; lentamente, pero avanza. Sigámoslo... Un poco más, hermanitas, un poco más todavía y vuestra fatiga será premiada. Ya no pueden más, pero no ceden; descansan y luego continúan... Llegan al hormiguero. ¿Y ahora? Ahora al trabajo, para dividir en pequeños trocitos la miga grande.
¡Mirad qué trabajo! Unas cortan, otras transportan... Terminado. Ahora todo está a salvo, y, dichosas, desaparecen dentro de esa grieta, galerías abajo. Son hormigas, nada más que hormigas, y, sin embargo, son fuertes porque están unidas. Meditad en esto.

4 “Tenéis algo que preguntarme?”.
“Yo querría preguntarte si es que ya no volvemos a Judea” dice Judas Iscariote. 
“¿Quién lo ha dicho”
“Tú, Maestro. ¡Has manifestado el deseo de preparar a José para que instruya a los demás en Judea! ¿Tanto te has ofendido como para no volver más allí?”.
“¿Qué te han hecho en Judea?” pregunta curioso Tomás. 
Y Pedro, al mismo tiempo, vehementemente, dice: “Entonces tenía yo razón cuando decía que habías vuelto en malas condiciones. ¿Qué te han hecho los "perfectos" en Israel?”.
“Nada, amigos, nada que no vaya a encontrar aquí. Aunque diera la vuelta al mundo encontraría por todas partes amigos mezclados con enemigos. De todas formas, Judas, te había rogado que te mantuvieras en silencio...”.
“Cierto, pero... No, no puedo quedarme callado cuando veo que prefieres Galilea a mi patria. Eres injusto; también allí has recibido honores...”.
“¡Judas! ¡Judas! ¡Oh, Judas! Eres injusto en este reproche. Tú a ti mismo te acusas, dejándote llevar de la ira y de la envidia. Yo había logrado dar a conocer sólo el bien que he recibido en tu Judea. Sin mentir y con alegría, había logrado manifestar este bien para hacer que os amasen a los de Judea. Con alegría. Porque para el Verbo de Dios no existe separación de regiones, no existen antagonismos, enemistades, diversidades. ¡Os amo a todos, Oh hombres, a todos...! ¿Cómo puedes decir que prefiero Galilea cuando he querido llevar a cabo los primeros milagros y las primeras manifestaciones en el suelo sagrado del Templo y de la Ciudad Santa, estimada por todos los israelitas? ¿Cómo puedes decir que actúo con parcialidad, si de vosotros, discípulos, que sois once –o diez, porque mi primo es familia, no amistad–, cuatro son judíos? Y, si añado a los pastores, que son todos judíos, puedes ver de cuántos de Judea soy amigo. ¿Cómo puedes decir que no os amo, si Yo, que conozco las cosas, he organizado el viaje de manera que pudiera dar mi Nombre a un pequeñuelo de Israel y recibir el espíritu de un justo de Israel? ¿Cómo puedes decir que no os amo a vosotros, judíos, si en la revelación de mi Nacimiento y de mi preparación a la misión he querido que hubiera dos judíos, contra uno sólo de Galilea? Me tachas de injusto. Examínate, Judas, y mira si el injusto no eres tú”.
Jesús ha hablado con majestuosidad y dulzura. Pero, aunque no hubiera dicho nada más, habrían bastado los tres modos como ha dicho “Judas” al principio de sus palabras, para dar una gran lección. El primer “Judas” lo decía el Dios majestuoso que llama al respeto; el segundo, el Maestro que enseña con doctrina paterna; el tercero era el ruego del amigo dolido por el modo de actuar de su amigo.
Judas ha bajado la cabeza, humillado, todavía iracundo, afeado por este aflorar de bajos sentimientos.
Pedro no sabe quedarse callado. “Al menos pide perdón, muchacho. ¡Si hubiera sido yo en vez de Jesús, no hubieras salido del paso sólo con unas palabras! ¡No sólo injusto! ¡No tienes respeto, señorito! ¿Así os educan los del Templo? ¿O es que eres tú el ineducable? Porque si son ellos...”.

5 “Basta, Pedro. He dicho Yo todo lo que había que decir. Esto también será motivo de instrucción mañana. Y ahora repito a todos lo que les había dicho a éstos en Judea: no digáis a mi Madre que su Hijo fue maltratado por los judíos. Ya está toda compungida por haber intuido mi pena. Respetad a mi Madre. Vive en la sombra y en el silencio; es activa sólo en virtudes y oración por mí, por vosotros y por todos. Dejad que las lúgubres luces del mundo y las ásperas luchas queden lejos de su refugio fajado de discreción y pureza. No metáis ni siquiera el eco del odio donde todo es amor. Respetadla. Ella es más valiente que Judit (33); lo veréis. Pero no la obliguéis, antes de tiempo, a gustar la hez que supone los sentimientos de los miserables del mundo, de aquellos que no saben ni siquiera rudimentariamente qué es Dios y la Ley de Dios. Esos de que os hablaba al principio: los idólatras que se creen sabios de Dios y que, por lo tanto, unen la idolatría a la soberbia. Vamos”.
Y Jesús se dirige de nuevo hacia Nazaret.

Continúa...

Nota:

33) Cfr. Jud. 8–16 y especialmente 13, 1–16.

 

5 DE MARZO: BEATO NICOLÁS FACTOR


5 de Marzo: Beato Nicolás Factor

(✞ 1583)

El bienaventurado Nicolás Factor nació en Valencia de España, de padres humildes y piadosos.

Desde muy pequeño comenzó a ejercitar la caridad con los enfermos, porque hallando a la edad de diez años, a la puerta del hospital de San Lázaro, a una pobre mujer cubierta de asquerosa lepra, con gran devoción se hincó de rodillas a sus pies y se los besó. Otro niño le preguntó cómo no tenía asco de poner los labios en cosa tan asquerosa. “No he besado -respondió el santo niño- las llagas asquerosas de esta pobrecita, si no las llagas preciosas y amabilísimas de Jesucristo”.

Creciendo en edad, era muy aventajado en las letras humanas, escribía santas poesías en lengua latina y castellana, tañía varios instrumentos, cantaba con voz excelente, y pintaba con singular habilidad imágenes de Cristo y de su Santísima Madre.

Cuando su padre estaba pensando en casarle, Nuestro Señor le llamó para su servicio en el convento de Santa María de Jesús que está a un cuarto de hora de la ciudad de Valencia. No hubo religioso alguno entre aquellos hijos de San Francisco que no se mirase en él como un espejo de perfección.

El Señor le glorificaba aún en el púlpito con raras y estupendas maravillas, porque casi siempre que predicaba se arrobaba con éxtasis seráficos elevándose algunas veces su cuerpo en el aire sin tocar con los pies el suelo, y después, cuando volvía en sí, proseguía el sermón tomando el hilo del discurso, donde lo había dejado.

Y no sólo predicando gozaba el siervo de Dios de estas delicias divinas, sino que también celebrando el divino sacrificio, dando la comunión, conversando de cosas santas, en su celda, en el confesionario, en las procesiones públicas, de suerte que por muchos años fue casi todos los días y por varias veces elevado en éxtasis que algunas veces duraban horas enteras.

En ese momento se le transformaba el semblante, poniéndosele muy encendido y hermoso, despidiendo a veces rayos de luz, y ardiendo sus carnes como ascuas. Predicando en Barcelona se elevó de la tierra más de un palmo en presencia de un numerosísimo grupo de personas. 

Visitaba en Valencia con singular a ficción el hospital de San Lázaro; y allí limpiaba a los leprosos y los lavaba con aguas odoríferas, les daba de comer, les hacía las camas, los desnudaba y los ponía en ellas, y con gran devoción se arrodillaba y les besaba las llagas.

Finalmente, después de una vida llena de maravillas y prodigios de caridad y penitencia, expiró pronunciando el dulcísimo nombre de Jesús, a la edad de sesenta y tres años. Quedó su sagrado cadáver flexible y exhalando suavísima fragancia durante los nueve días que estuvo expuesto para satisfacer a la devoción de los fieles, como consta por el testimonio de un jurídico reconocimiento. 

Le dieron sepultura en un lugar señalado, y en vista de los continuos prodigios que dispensaba Dios a los que imploraban su patrocinio, el sumo pontífice Pío VI le declaró beato en el año 1786.


miércoles, 4 de marzo de 2026

LOS SUEÑOS

Si algún sueño, aparente fantasma, visión o lo que sea niega a Jesús, si va en contra de las enseñanzas tradicionales de la Iglesia, si te aleja de tu fe de alguna manera, ignóralo como fuente de verdad.

Por Fish Eaters


¿Qué son los sueños? ¿El funcionamiento del cerebro cuando intenta dar algún sentido al disparo aleatorio de las neuronas? ¿“Mensajes” codificados del inconsciente que contienen pistas sobre cosas a las que quizá debas prestar atención en tu vida? ¿Mensajes de Dios?

Probablemente, la respuesta sea 
todo lo anterior, pero esta página trata sobre la última categoría de sueños. En Números 12:6, está escrito de manera muy explícita:

El Señor descendió en una columna de nube y se detuvo a la entrada del tabernáculo, llamando a Aarón y a María. Y cuando ellos se acercaron, les dijo: Escuchad mis palabras: si hay entre vosotros un profeta del Señor, yo me apareceré a él en una visión, o le hablaré en un sueño.

Job 33:14-16 también lo dice claramente:

Dios habla una vez, y no repite lo mismo por segunda vez. Por medio de un sueño, en una visión nocturna, cuando el sueño profundo cae sobre los hombres y ellos duermen en sus camas, entonces Él abre los oídos de los hombres y les enseña lo que deben aprender.

Así pues, que Dios puede hablarnos y nos habla en sueños es evidente en las Sagradas Escrituras, no solo a través de esos versículos, sino también de los numerosos ejemplos tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo, en los que se le describe hablando a las personas mientras duermen. A continuación, hacemos un pequeño recorrido por algunos de estos casos, comenzando por el sueño del rey Abimelec, a quien se le entregó Sara, la esposa de Abraham. De Génesis 20:3-7

Y Dios vino a Abimelec en un sueño por la noche, y le dijo: Morirás por la mujer que has tomado, porque ella tiene marido. Ahora bien, Abimelec no la había tocado, y dijo: Señor, ¿vas a matar a una nación que es ignorante y justa? ¿No me dijo él: Ella es mi hermana, y ella dijo: Él es mi hermano? Con la sencillez de mi corazón y la limpieza de mis manos he hecho esto.

Y Dios le dijo: Yo sé que lo hiciste con sinceridad de corazón; por eso te impedí que pecaras contra mí y no te permití que la tocases. Ahora, pues, devuelve al hombre su mujer, porque él es profeta, y él orará por ti, y vivirás; pero si no la devuelves, sabe que morirás sin remedio, tú y todos los tuyos.

Este sueño es importante no solo porque muestra que Dios puede hablarnos a través de los sueños, sino también porque muestra que Dios conoce nuestros corazones y es capaz de ver más allá de nuestras acciones objetivas, incluidos los pecados, para ver los motivos que hay detrás de nuestros 
errores y, por lo tanto, es perfectamente capaz de saber cuándo asignar la culpa por esos pecados y cuándo conceder misericordia. Después de este sueño viene el famoso sueño de Jacob, con su visión de la escalera al Cielo, que se encuentra en Génesis 28:10-19 y se representa en la pintura que aparece en la parte superior de esta página:

Pero Jacob, habiendo salido de Bersabee, se dirigió a Harán. Y cuando llegó a cierto lugar, y quiso descansar allí después de la puesta del sol, tomó las piedras que había allí, las puso debajo de su cabeza y durmió en ese mismo lugar.

Y vio en su sueño una escalera que estaba apoyada en la tierra, y cuya cima tocaba el Cielo; y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Y el Señor se inclinó sobre la escalera y le dijo: Yo soy el Señor, Dios de Abraham tu padre y Dios de Isaac; la tierra en la que duermes, te la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra; te extenderás hacia el oeste, hacia el este, hacia el norte y hacia el sur, y en ti y en tu descendencia serán benditas todas las tribus de la tierra. Yo seré tu guardián dondequiera que vayas y te traeré de vuelta a esta tierra; no te dejaré hasta que haya cumplido todo lo que he dicho.

Y cuando Jacob despertó de su sueño, dijo: Ciertamente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía. Y temblando dijo: ¡Qué terrible es este lugar! No es otro sino la casa de Dios y la puerta del Cielo. Y Jacob, levantándose por la mañana, tomó la piedra que había puesto debajo de su cabeza y la erigió como un monumento, derramando aceite sobre ella. Y llamó a la ciudad Betel, que antes se llamaba Luza.

Génesis 37:5-9 nos cuenta la historia del sueño profético de José, que él revela a sus envidiosos hermanos:

Y sucedió que él contó a sus hermanos un sueño que había tenido, lo cual les hizo odiarlo aún más. Y les dijo: Oíd el sueño que he tenido. Estábamos atando gavillas en el campo, y mi gavilla se levantó y se mantuvo en pie, y vuestras gavillas, que estaban alrededor, se inclinaron ante mi gavilla. Sus hermanos le respondieron: ¿Acaso serás tú nuestro rey? ¿O estaremos sometidos a tu dominio? Por lo tanto, el asunto de sus sueños y palabras alimentó su envidia y su odio. También tuvo otro sueño, que contó a sus hermanos, diciendo: Vi en un sueño como si fueran el sol, la luna y once estrellas que me adoraban.

José fue vendido como esclavo en Egipto por sus hermanos, que lo odiaban, y allí interpretó los sueños de dos de los prisioneros del faraón, tras lo cual fue llamado por el propio faraón para interpretar sus propios sueños (Génesis 40 y 41). La habilidad que Dios le había dado a José para interpretar los sueños le llevó a obtener una gran autoridad en Egipto.

Jueces 7: 13-15 revela cómo se le cuenta a Gedeón un sueño sobre su derrota de los madianitas:

Y cuando Gedeón llegó, uno le contó a su vecino un sueño, y le relató lo que había visto de esta manera: Tuve un sueño, y me pareció como si una torta de pan de cebada rodara y cayera en el campamento de Madián; y cuando llegó a una tienda, la golpeó y la derribó al suelo. El que le había hablado respondió: Esto no es otra cosa que la espada de Gedeón, hijo de Joás, hombre de Israel. Porque el Señor ha entregado a Madián y todo su campamento en sus manos. Y cuando Gedeón oyó el sueño y su interpretación, adoró y volvió al campamento de Israel, y dijo: Levantaos, porque el Señor ha entregado el campamento de Madián en nuestras manos.

En 1 Reyes 3:9-15 (1 Samuel 3:9-15 en las Biblias con numeración masorética) se cuenta la historia del sueño del niño Samuel, un sueño que al principio confundió con la voz del pecador Elí llamándole. Samuel, que había sido consagrado a Dios desde muy joven, y Elí estaban dormidos, y Samuel oyó tres veces que le llamaban. Tres veces corrió hacia Helé para preguntarle qué quería. Entonces, leemos:

Helé comprendió que el Señor llamaba al niño, y le dijo a Samuel: Ve y duerme; y si te vuelve a llamar, dirás: Habla, Señor, que tu siervo escucha.

Samuel se fue y se acostó en su lugar. Y el Señor vino y se detuvo, y llamó como había llamado las otras veces: Samuel, Samuel. Y Samuel dijo: Habla, Señor, que tu siervo escucha.

Y el Señor dijo a Samuel: He aquí que yo voy a hacer una cosa en Israel, que cualquiera que la oiga, le zumbarán los oídos. En aquel día levantaré contra Elí todas las cosas que he dicho acerca de su casa; comenzaré y terminaré. Porque le he anunciado que juzgaré su casa para siempre por su iniquidad, ya que él sabía que sus hijos actuaban mal y no los castigaba. Por eso he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de su casa no será expiada jamás con víctimas ni ofrendas.

Y Samuel durmió hasta la mañana, y abrió las puertas de la casa del Señor. Y Samuel temía contarle la visión a Helí.

Luego está el sueño de Nabucodonosor, que fue interpretado por Daniel en otro sueño. Daniel 2:1-2, 19:

En el segundo año del reinado de Nabucodonosor, Nabucodonosor tuvo un sueño, y su espíritu se llenó de terror, y su sueño se le escapó de la mente. Entonces el rey ordenó que se reunieran los adivinos, los sabios, los magos y los caldeos, para que le declararan sus sueños; y ellos vinieron y se presentaron ante el rey...

...Entonces el misterio fue revelado a Daniel en una visión nocturna, y Daniel bendijo al Dios del Cielo.

II Macabeos 15:11 nos cuenta cómo Judas utilizó un sueño para inspirar a su ejército:

Así que armó a cada uno de ellos, no con escudos y lanzas, sino con muy buenos discursos y exhortaciones, y les contó un sueño digno de ser creído, con lo que los alegró a todos.

Estos sueños proféticos también se encuentran en el Nuevo Testamento, en el primer capítulo del primer libro. El Evangelio según San Mateo 1:16-25 dice:

Y Jacob engendró a José, esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo. Así que todas las generaciones, desde Abraham hasta David, son catorce generaciones. Y desde David hasta la diáspora de Babilonia, son catorce generaciones; y desde la diáspora de Babilonia hasta Cristo, son catorce generaciones.

Ahora bien, la generación de Cristo fue de esta manera. Cuando su madre María se desposó con José, antes de que se unieran, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Entonces José, su esposo, que era justo y no quería exponerla públicamente, decidió repudiarla en secreto.

Pero mientras pensaba en estas cosas, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor, diciendo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

Ella dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: Dios con nosotros.

Y José, despertando del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó a su mujer. Y no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito, y le puso por nombre JESÚS.

En el capítulo siguiente del mismo Evangelio, San José es advertido en un sueño que tome al Niño y a su madre y huya a Egipto. De Mateo 2: 13-15:

Y después que partieron, he aquí que un ángel del Señor se le apareció en sueños a José, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allí hasta que yo te diga. Porque Herodes buscará al niño para matarlo. José se levantó, tomó al niño y a su madre durante la noche y se retiró a Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

De todo lo anterior se desprende claramente, de manera bastante obvia, que Dios se comunica a veces a través de los sueños. Sin embargo, aunque esto es un hecho, también lo es que el Antiguo Testamento advierte sobre los sueños. He aquí algunos versículos al respecto, con énfasis mío en cursiva:

Levítico 19:26
No comeréis sangre. No adivinaréis ni observaréis sueños.

Deuteronomio 18:10-11
No se hallará entre vosotros nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni que consulte a adivinos, ni que observe sueños y presagios, ni que haya ningún mago, ni encantador, ni nadie que consulte a espíritus pitónicos, ni adivinos, ni que busque la verdad de los muertos.

2 Paralipomenon 33:6 (2 Crónicas en Biblias con numeración masorética)
E hizo pasar a sus hijos por el fuego en el valle de Benennom; observaba sueños, seguía adivinaciones, se entregaba a las artes mágicas, tenía consigo magos y encantadores, e hizo muchas maldades ante el Señor, para provocar su ira.

Entonces, ¿cómo resolver todo esto? El Papa San Gregorio Magno, en el libro IV de sus 
Diálogos, escribe lo siguiente sobre la pregunta Si hay que creer en los sueños y cuántos tipos de sueños hay:

En cuanto a este punto, Pedro, debes comprender que hay seis tipos de sueños. A veces proceden de un exceso o un vacío en el estómago; a veces, de una ilusión; a veces, tanto del pensamiento como de la ilusión; a veces, de una revelación; y a veces, tanto del pensamiento como de la revelación.

Los dos primeros se saben verdaderos por experiencia, y los cuatro últimos los encontramos mencionados en las Sagradas Escrituras. Porque si los sueños no procedieran a veces de la ilusión de nuestro enemigo secreto, el sabio nunca habría dicho: Los sueños han hecho errar a muchos, y esperando en ellos han sido engañados; y también: No seréis adivinos ni observaréis los sueños, palabras con las que vemos cómo deben ser detestados, ya que se comparan con las adivinaciones.

Además, si los sueños no procedieran a veces tanto del pensamiento como de la ilusión, el sabio no habría dicho: Los sueños siguen a muchas preocupaciones.

Y si a veces tampoco procedieran de una revelación mística, José nunca habría sabido por un sueño que iba a ser exaltado por encima de sus hermanos, ni el ángel habría advertido en un sueño al esposo de Nuestra Señora que huyera con el niño a Egipto.

Una vez más, si en algún momento no procedieran también tanto de los pensamientos como de la revelación divina, el profeta Daniel, al discutir el sueño de Nabucodonosor, nunca habría comenzado desde la raíz de sus pensamientos anteriores, diciendo: Tú, oh rey, comenzaste a pensar en tu lecho lo que sucedería en tiempos venideros; y el que revela los misterios te mostró lo que había de venir, y poco después: Tú viste, y he aquí como una gran estatua: esa gran estatua, alta de estatura, se levantó contra ti. Por lo tanto, al ver que Daniel insinúa con reverencia que el sueño se cumplirá, y también declara de qué reflexión surgió, aprendemos claramente que los sueños a veces provienen tanto del pensamiento como de la revelación.

Pero viendo que los sueños nacen de raíces tan diversas, con tanta más dificultad debemos creer en ellos, porque no nos resulta fácil discernir de qué causa proceden. Los hombres santos, en efecto, por un cierto gusto espiritual interior, disciernen entre las ilusiones y las verdaderas revelaciones, por las propias voces o representaciones de las visiones mismas, de modo que saben lo que reciben del espíritu bueno y lo que sufren por ilusión del espíritu maligno y, por lo tanto, si nuestra mente no está muy atenta y vigilante en esto, cae en muchas vanidades, por el engaño del espíritu maligno, que a veces suele predecir muchas cosas verdaderas para, al final, atrapar nuestra alma con alguna falsedad.

Santo Tomás de Aquino, en la Summa Theologica, II:II:95:6, sobre la misma cuestión —
¿Es ilícita la adivinación por sueños?— escribe, resumiendo en el último párrafo:

...hay que observar que la causa de los sueños a veces está en nosotros y a veces fuera de nosotros. La causa interna de los sueños es doble: una se refiere al alma, en la medida en que aquellas cosas que han ocupado los pensamientos y afectos de un hombre mientras estaba despierto vuelven a su imaginación mientras duerme. Una causa así de los sueños no es una causa de acontecimientos futuros, por lo que los sueños de este tipo están relacionados accidentalmente con acontecimientos futuros, y si en algún momento coinciden, será por casualidad. Pero a veces la causa interna de los sueños se refiere al cuerpo: porque la disposición interna del cuerpo conduce a la formación de un movimiento en la imaginación coherente con esa disposición; así, un hombre en el que abunda el humor frío sueña que está en el agua o en la nieve: y por esta razón los médicos dicen que debemos tomar nota de los sueños para descubrir las disposiciones internas.

De la misma manera, la causa externa de los sueños es doble, corporal y espiritual. Es corporal en la medida en que la imaginación del durmiente se ve afectada por el aire circundante o por la impresión de un cuerpo celeste, de modo que ciertas imágenes se le aparecen al durmiente, de acuerdo con la disposición de los cuerpos celestes. La causa espiritual a veces se refiere a Dios, que revela ciertas cosas a los hombres en sus sueños por medio de los ángeles, según Números 12:6: Si hay entre vosotros un profeta del Señor, yo me apareceré a él en una visión, o le hablaré en un sueño. Sin embargo, a veces se debe a la acción de los demonios que ciertas imágenes se aparezcan a las personas mientras duermen, y por este medio, en ocasiones, revelan ciertas cosas futuras a aquellos que han entrado en un pacto ilícito con ellos.

Por consiguiente, debemos decir que no hay adivinación ilícita en el uso de los sueños para conocer el futuro, siempre que esos sueños se deban a una revelación divina o a alguna causa natural interna o externa, y en la medida en que se extienda la eficacia de esa causa. Pero será una adivinación ilícita y supersticiosa si es causada por una revelación de los demonios, con los que se ha hecho un pacto, ya sea explícito, al ser invocados para tal fin, o implícito, al extenderse la adivinación más allá de sus límites posibles.

Así pues, en definitiva, y como con cualquier cosa —por ejemplo, apariciones fantasmales, visiones, etc.—, todo se reduce a 
discernir los espíritus. La Primera Epístola de San Juan 4:1-3 nos dice cómo hacerlo:

Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto se conoce el espíritu de Dios. Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que niega a Jesús, no es de Dios; y este es el anticristo, del cual habéis oído que vendrá, y que ahora ya está en el mundo.

Si algún sueño, aparente fantasma, visión o lo que sea 
niega a Jesús, si va en contra de las enseñanzas tradicionales de la Iglesia, si te aleja de tu fe de alguna manera, ignóralo como fuente de verdad. Y si no estás seguro, bueno, parafraseando a Johnny Cochran, si no encaja, deshazte de ello.

En otro nivel, los sueños son a menudo un medio psicológicamente natural para determinar cosas en las que hay que pensar. Si tienes sueños recurrentes o temas recurrentes en tus sueños, analízalos y busca el significado detrás de los símbolos oníricos. Si una determinada persona, objeto o tema aparece repetidamente, descríbelos para ti mismo y pregúntate qué otras cosas te recuerdan esas palabras descriptivas. Puede que seas más sabio de lo que crees.
 

EL POLÉMICO ASCENSO DE PEÑA PARRA, EL ELEGIDO POR LEÓN PARA SER NUNCIO EN ITALIA

Al permanecer en Roma, el “prelado” venezolano podría seguir influyendo u obstruyendo a León y a la Curia para su propio beneficio.

Por Gaetano Masciullo


La Santa Sede ha solicitado la aprobación de Italia para un nuevo nuncio apostólico en Italia y San Marino en medio de una reforma interna que podría reasignar al “arzobispo” Edgar Peña Parra de la Secretaría de Estado.

El jueves 26 de febrero se presentó al Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional de Italia una solicitud de aprobación para el nombramiento de Edgar Peña Parra, actual Sustituto para Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, como nuevo nuncio apostólico ante la República Italiana. Se requiere la aprobación del gobierno italiano para formalizar el nombramiento.

Nico Spuntoni publicó la noticia en el periódico italiano Il Giornale, y posteriormente fue confirmada por otros medios oficiales. Fuentes indican que este cambio estaría vinculado a una reforma más amplia iniciada por León en relación con la Secretaría de Estado.

En 2018, Francisco llamó a Roma a Peña Parra, un “prelado” venezolano, desde el servicio diplomático en Mozambique, nombrándolo Sustituto para Asuntos Generales, un papel que, aunque oficialmente es el segundo al mando dentro de la maquinaria de la Secretaría de Estado, asume una importancia fundamental no solo dentro del dicasterio sino en toda la Curia romana en la práctica.

El blog italiano Silere Non Possum informó que León ha centrado sus esfuerzos de reforma en este cargo en lugar de en el Secretario de Estado, el “cardenal” Pietro Parolin. “El error de Francisco fue seguir el ejemplo de los periódicos que, ignorando la dinámica interna del sistema, centraron sus críticas en la cúpula” -comenta el medio italiano- “Así es como Bergoglio intentó su importante reforma, torpemente y desde arriba. León XIV, en cambio, ha demostrado que comprende perfectamente —aunque algunos lo consideren inexperto en la dinámica curial— que el verdadero eje operativo no es el Secretario de Estado, sino el Sustituto”.

Durante las últimas semanas, según Spuntoni, Peña Parra rechazó dos propuestas de nuevo destino y aceptó una tercera, lo que le permitió permanecer en Roma. De hecho, no es posible rechazar más de tres de los traslados propuestos por el “papa”. De esta manera, Peña Parra permanecería cerca del Vaticano, evitando ser reasignado a algún lugar remoto del mundo, como León había propuesto inicialmente, y esperaba.

Sin embargo, al permanecer en Roma, el “prelado” venezolano podría seguir influyendo u obstruyendo al “papa” y a la Curia para su propio beneficio. Según Silere Non Possum, Peña Parra “aspira a permanecer en Roma para mantener el control de la situación”.

Además, como ha señalado Spuntoni, la tradicional asignación a Villa Giorgina –sede de la nunciatura en Italia– colocaría al actual Sustituto entre los probables candidatos al próximo cardenalato.

El posible nombramiento también ha suscitado críticas públicas por parte del arzobispo Carlo Maria Viganò. En un comunicado publicado en su cuenta de X, Viganò afirmó que el supuesto nombramiento de Edgar Peña Parra deja a todos perplejos y escandalizados.

Viganò recordó también que desde 2002, durante su servicio como Delegado para las Representaciones Pontificias, había comunicado a los superiores de la Secretaría de Estado acusaciones que involucraban a Peña Parra, entre ellas los abusos de dos seminaristas menores y las muertes violentas de dos hombres homosexuales.

Viganò escribió que las acusaciones sobre los seminaristas fueron confirmadas, tras ulteriores investigaciones, por el entonces rector del Seminario Mayor de Maracaibo, el reverendo Enrique Pérez, y por una comisión laica que presentó la documentación a la Secretaría de Estado.

El arzobispo añadió que sus informes posteriores fueron ignorados y que, en 2011, Peña Parra fue ordenado “obispo” y posteriormente nombrado “arzobispo” y “nuncio” mientras el “cardenal” Parolin ejercía como “nuncio” en Venezuela. Viganò también declaró que reiteró sus acusaciones en su memorando del 22 de agosto de 2018 y exigió que Peña Parra fuera juzgado, destituido y sometido a sanciones canónicas. Finalmente, Viganò instó al gobierno italiano a denegar el nombramiento.

Aunque no se puede decir que Silere Non Possum pertenezca a círculos católicos tradicionalistas, sus reconstrucciones confirman no obstante un clima tenso marcado por redes de chantaje y relaciones nunca del todo esclarecidas.

“Peña Parra se ha convertido en uno de los aliados más fieles de Bergoglio, actuando con la típica actitud de quien se siente protegido y escudado por quien ostenta el poder” -comenta el medio- “A lo largo de los años, ha construido un verdadero bastión de poder, plenamente consciente del papel crucial que desempeña el Sustituto en el gobierno de la Santa Sede”.

Y además: “Peña Parra, obsesionado con escándalos como el caso de Sloane Avenue y todo lo que lo rodea, ha tenido sus oficinas revisadas en busca de micrófonos ocultos casi semanalmente. A pesar de haber esquivado escándalos y problemas de todo tipo, Peña Parra es conocido en el ámbito privado por haber cultivado relaciones problemáticas y por su actitud a menudo arrogante”.

Además, el medio italiano no duda en afirmar que “el sistema de familismo amoral, sello distintivo del gobierno de Bergoglio desde hace tiempo, ha encontrado en Peña Parra su intérprete ideal. El arzobispo venezolano no ha dudado en rodearse, tanto dentro como fuera de los muros del Vaticano, de familiares y amigos venezolanos, a quienes a menudo invita a realizar, por así decirlo, visitas exclusivas a los palacios sagrados”.
 

LA AUTORIDAD APOSTÓLICA DEBILITADA (I)

No se conoce ninguna época de la Iglesia en que los errores y las dudas en la fe hayan proliferado en el pueblo católico de forma tan generalizada como hoy, sobre todo en las Iglesias de los países ricos de Occidente.

Por el padre José María Iraburu


Primera cuestión: ¿cómo ha podido suceder esto? Si hay campos en la Iglesia en los que la cizaña de los errores abunda más que el trigo de la fe católica verdadera, debe surgir entre nosotros –debe– aquella pregunta de los apóstoles: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?” Él les contestó: “un enemigo ha hecho esto” (Mt 13,28). Ese Enemigo es el diablo, el Padre de la mentira, por medio de hombres e instituciones más o menos sujetos a su influjo. Pero ¿cómo ha podido suceder esto? Esa pregunta, en cierto modo, tiene una respuesta única:

Nunca la Autoridad apostólica ha tolerado en la Iglesia tantos errores doctrinales y tantos abusos disciplinares y litúrgicos. Si abunda la cizaña en el campo de trigo del Señor, eso es debido a los sembradores malos, colaboradores del diablo, y a los vigilantes negligentes, que no solo de noche, “mientras dormían” (Mt 13,25), sino también de día, les permitieron actuar durante varios decenios. No puede darse otra explicación. Es obvio que herejías, cismas y sacrilegios se han dado y se darán siempre en la Iglesia, pero solamente duran dentro de ella en la medida en que son tolerados por los pastores, es decir, en la medida en que quedan impunes. Habrá que afirmar, por lo tanto, que si durante el último medio siglo han podido “esparcirse a manos llenas verdaderas herejías”, haciendo que “los cristianos de hoy, en gran parte, se sientan extraviados, confusos, perplejos”, esto es debido a la acción de herejes, cismáticos y sacrílegos, y a la omisión de un ejercicio suficiente de la Autoridad apostólica.

La génesis histórica de la debilitación de la Autoridad apostólica en tantos pastores católicos exigiría un estudio que aquí es imposible y del que no sería yo capaz. Pero, aunque sea un atrevimiento, señalaré ciertos datos importantes.

Es evidente que Cristo, afirmando verdades y negando errores, “hablaba con autoridad” (Lc 4,32), no como los letrados. Y la Iglesia habla al mundo con la misma autoridad de Cristo, lo que el mundo no aguanta. Es decir, ese principio es mal entendido, cuando se opone a la doctrina católica. Y de hecho, durante los decenios postconciliares, son muchos quienes lo han malentendido, tolerando así que en tantos ambientes católicos predominaran los errores sobre la verdad.

–Bajo Pablo VI (1963-1978), en los primeros años postconciliares, a partir sobre todo de la Humanæ vitæ, 1968, parecio debilitarse el gobierno pastoral de la Autoridad apostólica suprema. Y esa debilitación se difundio en alguna medida, lógicamente, a toda la Iglesia: obispos, sacerdotes, teólogos, superiores religiosos, padres de familia, catequistas, etc. El mismo Pablo VI que en la enseñanza de la verdad y en la refutación de los errores afirmó su Autoridad apostólica docente (Mysterium fidei, Sacerdotalis coelibatusHumanæ vitæ, Credo del Pueblo de Dios, etc.), cohibió en buena parte, por el contrario, su autoridad suprema de gobierno pastoral, a la hora de atajar a los heréticos y cismáticos que actuaban abiertamente dentro de la Iglesia.

Algunos de sus biógrafos atribuyeron en parte esta actitud a su carácter personal. Y el mismo Pablo VI parecio reconocerlo. Después de las grandes tormentas de la Humanæ vitæ y del Catecismo Holandés, expresaba en confidencia al Colegio de Cardenales: “quizá el Señor me ha llamado a este servicio no porque yo tenga aptitudes, o para que gobierne y salve la Iglesia en las presentes dificultades, sino para que yo sufra algo por la Iglesia, y aparezca claro que es Él, y no otros, quien la guía y la salva” (22-VI-1972).

Sucede, en todo caso, que en el servicio de Cristo, un pastor apostólico ha de sufrir siempre; sufre si gobierna, porque gobierna; y sufre si no gobierna, porque impera el desgobierno. Y éste es un sufrimiento bastante mayor; y más amargo.

Ahora es obligatorio que analicemos estas cuatro causas: 

1. El horror a la Cruz. 

2. El influjo protestante. 

3. El influjo del liberalismo. 

4. El incumplimiento de las leyes canónicas.


1. El horror a la Cruz inhibe el ejercicio de la Autoridad apostólica. El munus docendi, al menos cuando se evita afirmar ciertas verdades ingratas o rechazar determinados errores, y el munus sanctificandi no traen consigo, de suyo, para obispos y sacerdotes grandes cruces. Todo trabajo, todo lo bueno que ellos hagan implica su cruz, pero en principio se puede decir que piadosas predicaciones, visitas a enfermos, solemnes actos litúrgicos, peregrinaciones, visitas a una comunidad religiosa que celebra su centenario, reuniones pastorales, etc., son actividades que pueden ser realizadas sin especiales sufrimientos, incluso hallando en ellas no pocas gratificaciones sensibles.

Es el munus regendi el que suele implicar más Cruz, y por eso tantas veces se omite, sobre todo en ciertas cuestiones. Concretamente, es imposible que sin Cruz un obispo pueda obedecer aquello del Apóstol: “oportuna e importunamente, corrige, reprende, exhorta, con toda paciencia y doctrina… Cumple tu ministerio” (cf. II Tim 4,1-5). Aquellos Obispos que, aunque tengan báculo, no toman la cruz, son completamente impotentes.

La Autoridad apostólica, sin “perder la propia vida”, es impotente para retirar del Seminario a un profesor prestigioso, que lleva años enseñando barbaridades y que se obstina en sus errores; es incapaz de suspender a divinis a un párroco que con pertinacia realiza en la liturgia más sacrilegios que sacramentos; etc. Esas acciones de la Autoridad pastoral llevan consigo cruces muy grandes, y es fácil caer en la tentación de evitarlas. Por el contrario, celebrar un magno “evento” diocesano, p. ej., glorificador de la familia cristiana no ofrece especiales dificultades: siempre habrá un centenar o unas docenas de matrimonios que asistan sin falta, y seguramente la celebración será un éxito. Vengan los fotógrafos. Pero otra cosa mucho más ardua –y mucho más necesaria– es, p. ej., que el obispo se empeñe a fondo en enderezar unos cursillos prematrimoniales heréticos, que durante decenios legitiman, e incluso aconsejan, la anticoncepción. Eso no puede hacerse sin gran cruz. Y eso es justamente lo que tantas veces se omite, y no se intenta siquiera.

Continúa...
 

P. GUÉRARD DES LAURIERS A MONS. LEFÈBVRE: "ACTÚAS COMO PONCIO PILATO"

Poco después de que mons. Lefebvre publicara su carta a Juan Pablo II ofreciendo llegar a un acuerdo entre la FSSPX y Roma, el padre des Lauriers se opuso firmemente a esa propuesta.


Publicado originalmente el 19 de enero de 2010 por TIA


Después del Vaticano II, el padre Michel Louis Guérard des Lauriers, OP (1898-1988) estaba muy preocupado por los acontecimientos que ocurrían en la Iglesia. En 1969, fue el principal escritor fantasma que escribió la famosa Intervención Ottaviani, criticando la “nueva misa”.

Poco después de que el arzobispo Marcel Lefebvre publicara su carta de diciembre de 1978 a Juan Pablo II ofreciendo llegar a un acuerdo entre la FSSPX y Roma, el padre des Lauriers se opuso firmemente a esa propuesta. En su respuesta pública, describió a Mons. Lefebvre como un personaje cambiante que mantuvo la posición tradicional para complacer a sus bases: un Poncio Pilato. En esa carta, presentó algunas de las acciones anteriores de Lefebvre que corroboran su afirmación.
 
Hoy, cuando la FSSPX se acerca a Roma en busca de un acuerdo, esa propuesta anterior de su fundador, así como la crítica de des Lauriers, vuelven a ser oportunas. Presentamos a nuestros lectores el documento completo del padre des Lauriers, traducido al español del original en francés, publicada en el sitio web Sodalitium, que puede leerse aquí


Señor arzobispo, no queremos esta paz

Arzobispo:

Usted fue claro en su carta sobre las líneas generales de un protocolo de acuerdo entre Ecône y Roma: Ecône, que hasta ahora apoyamos; Roma, a la que nos resistimos, igual que usted.

La lealtad que exige el servicio a la Verdad nos obliga a declarar: No queremos esta paz. Parece sabia. Pero de hecho, no es más sabia de lo que Pilato pretendió ser. Jesús fue entregado a Pilato porque se le acusó de decir: “Yo soy el Rey de los judíos” (Juan 19:21), mientras que los judíos afirmaban “no tener otro rey que el César” (Juan 19:15).

En realidad, Jesús no fue llevado ante Pilato por una realeza “cuyo origen no es de este mundo” (Juan 18:36). Y Jesús no quiso morir para conservar nada. No quiso morir por nada excepto para “dar testimonio de la Verdad” (Juan 14:6). Independientemente de las apariencias, fue Pilato quien dependió de Jesús, y no Jesús de Pilato. Excelencia, usted somete la Misa al Papa porque perturba la celebración de la “nueva misa” (como la llamó Pablo VI), así como Jesús perturbó el orden farisaico “enseñando por toda Judea” (Lucas 23:5).

EN REALIDAD, LA MISA NO DEBERÍA SOMETERSE AL PAPA, ya que éste debe respetarla. Queremos, con la gracia de Dios, dar testimonio de la Verdad; no queremos una paz que “disminuya la Verdad” (Salmo 11:2).

Pilato recurrió a artimañas para salvar a Jesús. Fracasó. Fracasó tres veces, para acentuar de forma providencial que no es posible dar testimonio de la Verdad a menos que uno esté absolutamente de acuerdo con ella. Pilato creyó que podía salvar a Cristo recurriendo a Herodes. Se engañó doblemente: al esperar que Jesús sea salvado por quienes deseaban su muerte y al “hacerse amigo de Herodes” (Lucas 23, 12). Era una falsa unidad, pues era una unidad contra Aquel que es la Verdad.

Excelencia, usted recurre al Papa para conservar la Misa. Y admite que puede haber en la Iglesia —inevitablemente en la misma Iglesiala Misa que es LA MISA y la “nueva misa”. Y cree que “la unidad se restauraría inmediatamente a nivel de los obispos locales”.

Así, ¡la unidad de la Iglesia ya no sería la irradiación del único Sacrificio “que Cristo ordenó a su amada Esposa”! La unidad ya no sería la de “la Jerusalén celestial, libre y madre nuestra” (Gal 4, 26). La unidad se vería degradada a una yuxtaposición bajo el puño de hierro de una autoridad incondicional. ¡Esto es una parodia de la unidad! ¡Es un sacrilegio contra la unidad! Arzobispo, no queremos esta paz ni esta unidad, que irían en contra de la Verdad, de la santidad de la Iglesia, de la Libertad que solo proviene del Espíritu de la Verdad. Para “salvar” a Jesús, Pilato lo equiparó con Barrabás (Mr 15, 9). ¿Cómo pudo Pilato, burlándose de la Justicia que debería representar, imaginar que una turba voluble impondría la justicia a sus líderes [fariseos]? Pilato solo pudo lavarse las manos (Mt 27, 24).

Excelencia, para salvar la Misa que es la Misa, usted la equiparó con la “nueva misa”, en nombre de la Religión que profesa. ¿Cómo puede imaginar que, instruidos por su ejemplo, esas personas inestables y débiles que lo siguen a usted en lugar de a la Verdad puedan restaurar el sentido de la verdadera Religión en una Iglesia ocupada por los “sumos sacerdotes” del dios del Universo? Uno no puede sentarse a la misma mesa que Satanás. Es el Infierno el que está pavimentado con estas buenas intenciones que justifican los medios por su fin, perpetrando un mal manifiesto bajo la ilusión de hacer el bien.

Su Excelencia, no queremos esta paz que sacrifica las exigencias de la Religión de “Espíritu y Verdad” (Juan 4:23) por la satisfacción pasajera de una tranquilidad egoísta. Pilato “no halló en Jesús nada digno de muerte” (Lucas 23:15). Sin embargo, fue “castigando a Jesús” (Lucas 23:16) que Pilato pensó comprar a los judíos la liberación de su prisionero. El orden público lo vale, ¿no? Algunos latigazos, aunque sean injustos. Pero Pilato fracasó. El único resultado fue que la Carne del Verbo Encarnado fue azotada, su Sangre fluyó, él mismo fue humillado.

Excelencia, si en la Iglesia existiera —Dios no lo quiera—, como usted desea, la Misa que es LA MISA y la “nueva misa”, las astutas encuestas sobre las preferencias del “pueblo de Dios”, debidamente manipuladas, transformarían la Misa de la minoría en una burla. El único resultado sería que la amplia práctica sacrílega de las Consagraciones en la “nueva misa” —aunque en realidad careciera de objeto—, tendría ahora todo su carácter blasfemo contra la “verdadera” Presencia Real. ¿Ha considerado esto? ¿Acaso el precio de esta falsa seguridad, fundada en la ilusión de una sumisión incondicional a quienes hicieron todo lo posible por destruir la Iglesia, debería ser infligir a Cristo Crucificado los golpes de la flagelación más insolente jamás vista?

Excelencia, no queremos esta paz que estaría cargada de tantos pecados. Nos corresponde a nosotros y no a Cristo Crucificado, completar [con este acuerdo] lo que faltaría en esta flagelación sin nosotros

Arzobispo, su protocolo de paz da el golpe final a una confianza que ya no podemos depositar en usted, tanto en la cuestión de la Misa como en la de la autoridad.

Usted ha celebrado la “nueva misa” desde principios de abril de 1969 hasta el 24 de diciembre de 1970.

El 5 de mayo de 1969, algunos amigos que lo veneraban, incluido quien firma estas líneas, acudieron a asistir a la misa que usted celebraría en el altar donde reposan los huesos de San Pío V en la Basílica Romana de Santa María la Mayor. ¡Asombro, escándalo, dolor! ¡Sobre la tumba de San Pío V, celebró la “misa nueva”! Al salir, presionado en la plaza por preguntas respetuosas y tristes, declaró: “Si alguien viera a Monseñor Lefebvre celebrando la Misa Tradicional, se correría el riesgo de armar escándalo”.

A esos mismos amigos, que, animados por usted, trabajaban en la redacción del texto que se convertiría en la Carta de los Cardenales Ottaviani y Bacci, les dio garantías reconfortantes: “Tendremos 600 obispos [para firmar esta carta]”. ¡Esto sería suficiente para conmover al Papa! En cambio, no había ni un solo obispo, ni siquiera usted mismo.

De hecho, se preocupó más por “no dar escándalo” que por defender la Verdad. Tememos que su carta n.º 16 [a amigos y benefactores] revela que usted no ha cambiado.

Y siguió celebrando la “misa nueva” tanto en Friburgo como en Ecône. Sin embargo, empezaron a surgir las primeras esperanzas: Bernard Tissier de Mallerais, Paul Aulagnier, Bernard Waltz y tres más. El 24 de diciembre de 1969, al final del almuerzo, el sacerdote dominico que firma estas líneas, entonces alojado en Ecône, con respetuosa ironía le dijo:

“Monseñor, es una lástima que, mientras apoya la Tradición, celebre la 'misa nueva', que no es la Misa de la Tradición”. Esta simple observación literalmente prendió fuego a la pólvora. Los “seis”, toda su esperanza viva, explotaron. Cada uno a su manera y todos juntos le plantearon la misma pregunta: ¿Cómo es posible basar la fidelidad a la Tradición en una “misa” que fue “innovada” contra la Tradición? Ese incidente fue muy vehemente y, por cierto, se cerró rápidamente. Aun así, aunque sea por casualidad, debido a la acción del Espíritu Santo y a un impulso interior suyo, lo cierto es que el 24 de diciembre de 1970, en la Misa de Gallo, volvió a celebrar la Misa según el rito promulgado por San Pío V, para gran alegría de todos los presentes.

Probablemente siguió al Espíritu Santo. Pero, por desgracia, todo ha sucedido como si siguiera sus principios. Desde entonces ha seguido la misma táctica. Si no hubiera apoyado la Misa Tradicional, el seminario de Ecône se habría visto privado de su fin, y quienes lo apoyaron se habrían sentido obligados a abandonarlo.

Sin embargo, nunca ha realizado un estudio doctrinal serio sobre la “nueva misa”. Afirma su validez sin justificarla. Y ha emitido “normas” [sobre cómo comportarse al respecto] de las cuales muchos fieles, o incluso seminaristas de Ecône, pueden deducir lo que quieran. Y ahora —todo esto, por desgracia, resulta demasiado coherente— admite que la Misa y la “misa” pueden coexistir en la Iglesia. Esto es “ecumenismo” dentro de la Iglesia, el paroxismo de un falso “ecumenismo” que sustituye con una unión engañosa la verdadera unidad, que es la sumisión incondicional a la Libertad inspirada por la Verdad.

De la misma manera, Su Excelencia, usted admite que podría haber una “interpretación tradicional del Vaticano II”, incluso después de haber escrito –gracias a Dios y a usted– la obra que acuso al Concilio.

¿Por qué se niega a enunciar claramente, con “autoridad”, los principios que inevitablemente explican sus juiciosas acusaciones? En cambio, como un supuesto contraataque, usted imita a los falsos profetas [ciegos] que “se conducen unos a otros al hoyo” (Mt 15,14), ¡al anunciar una falsa paz seguida de una falsa prosperidad! Debemos hablar o callar. Pero no podemos dejar de proclamar el error y silenciar la verdad. Es con profundo dolor, créame, Su Excelencia, que estamos obligados en conciencia a recordárselo.

Ya no podemos confiar en usted. No estamos “en contra de usted”, seguimos estando “a su favor”, pero ya no podemos “estar con usted”. Usted cuenta con salvarlo todo a través de la FSSPX. Sin duda, toda la Iglesia le estará agradecida por lo que ha hecho. Pero, Excelencia, promete demasiado para ser verdad. ¿Recuerda la promesa de los 600 obispos que nunca se materializó? Recuerde que cuando aquel 5 de mayo de 1975 actuó con firmeza, pase lo que pase [contra Roma], fue porque se opuso a quienes hoy cree poder confiar, a quienes se ha convertido en víctimas al seguirlos.

Excelencia, ya no podemos estar con usted. ¡Solo somos incondicionales con respecto a la Verdad!

Jueves Santo, 12 de abril de 1979,

ML Guérard des Lauriers, OP.

En memoria de un grupo de fieles apegados a la Tradición,

Jueves Santo, 3 de abril de 1969. 

⬌⬌⬌

La revista Sodalitium nos recuerda que el 3 de abril de 1969 fue la fecha de la promulgación de la “nueva misa”, a la que el Padre des Lauriers se opuso públicamente en su Breve Estudio Crítico.
 

4 DE MARZO: SAN CASIMIRO, PRINCIPE


4 de Marzo: San Casimiro, Príncipe

(✞1484)

Fue el purísimo joven San Casimiro hijo del rey Casimiro de Polonia y de Isabel de Austria, hija del emperador Alberto. Se crió muy temeroso de Dios y devoto, y no gustando de ricos vestidos ni de los regalos del palacio, dormía en la tierra desnuda y afligía su inocente cuerpo por imitar a nuestro Redentor Jesús en sus dolores.

Muchas veces estaba en larga oración, enajenado de los sentidos del cuerpo y con el alma unida a Dios. De noche se levantaba a escondidas y con los pies descalzos se iba a orar en alguna iglesia, postrándose a los umbrales de ella, los cuales regaba con muchas lágrimas perseverando de este modo toda la noche, hasta que le encontraban así por la mañana.

Era notablemente devoto a la Virgen María y tiernísimo hijo suyo, y la saludaba cada día de rodillas con unos versos latinos que él mismo había compuesto con grande artificio y elegancia.

Fue modestísimo en el hablar, y jamás permitió hablar delante de sí cosa que pudiera mancillar la reputación de un tercero.

Tenía gran celo de la fe y la santa Iglesia, y para esto hizo que el rey mandase por un riguroso decreto que ninguna iglesia de los que no eran católicos y obedientes al pontífice romano, se edificase de nuevo, ni reparasen las suyas los herejes, los cuales en su tiempo anduvieron muy oprimidos, y en gran disminución, no atreviéndose ninguno a levantar la cabeza.

Coronaba estas y otras virtudes con la caridad, que es la reina de todas ellas. Daba a los pobres grandes limosnas, consolaba a los afligidos, era el amparo de las viudas, padre de los huérfanos y él mismo mandaba a buscar a los necesitados, y se informaba de los más desvalidos para ayudar a todos; y así era muy querido en el reino, y aunque tenía otro hermano mayor, le quisieron señalar como rey, más no se pudo contar con él, por más que su padre deseó fuese elegido. 

Su padre, el rey, quiso hacerlo casar, tanto por la sucesión que esperaba, como por el evidente peligro que corría su vida, a juicio de los médicos, pero el santo y angelical mancebo quiso antes perder la vida que violar la flor de su virginidad, diciendo que no conocía la vida eterna, quien con algún menoscabo de ella, quiere alargar la vida temporal.

Finalmente, habiendo tenido revelación del día de su muerte, a la edad de veinticuatro años y 5 meses, entregó su purísimo espíritu al Señor y fue recibido entre los coros de los ángeles.

Fueron innumerables los milagros que hizo Nuestro Señor para honrarle y dar a conocer cada día más, su santidad.