miércoles, 31 de agosto de 2022

ORACIÓN DEL PADRE POR SUS HIJOS

Esta oración fue publicada en el Vademécum Devocionario del padre Santiago Lichius de la Congregación del Verbo Divino, impreso el año 1958.


Padre eterno, Dios de los corazones, Vos habéis bendecido nuestro hogar dándonos hijos a fin de educarlos para vos y el cielo. Desde la profundidad de mi alma os doy gracias por toda vuestra bondad para con nuestra familia.

Vuestros somos y vuestros queremos ser, tanto en los días prósperos como en los adversos, tanto en el bienestar como en la enfermedad, tanto en la abundancia como en la pobreza; en todas las situaciones de la vida pondremos en Vos y en vuestra divina Providencia toda nuestra confianza.

Ayudadme a ser verdadero padre de mis hijos; Y si no les dejo bienes terrenales, en cambio les quiero dejar el ejemplo de buen cristiano.

Vuestros son, si, todo vuestros.

Dadles la misión, el destino y la vocación que Vos queráis.

Vos sabéis mejor lo que les convendrá para esta y la otra vida. Soportaré con resignación que lleven una vida pobre, de enfermedades, y aún, que me sean arrebatados por prematura muerte; más no podría soportar el que renieguen de Vos y sean desdichados en la eternidad.

Oh, mi Dios, Padre mío, Padre amorosísimo de mi familia y de mis hijos: por la gracia que me habéis dado de representaros ante ellos; Os pido nos perdonéis a mí y a toda mi familia, nuestras culpas; pero concedednos el favor de que ninguno de nosotros se pierda, sino que todos lleguemos un día a estar con Vos en el cielo. Esta gracia os la pido por Jesucristo vuestro hijo y nuestro abogado ante Vos, por el Espíritu Santo, el dispensador de toda gracia, por la intercesión de María Santísima, Madre de vuestro Hijo Jesús, y Madre nuestra, por San José, jefe de la Sagrada Familia, por nuestros Ángeles custodios y Santos Patronos nuestros.

Oh Dios y Padre bondadosísimo, no me neguéis esta gracia. Que así sea.


JUNGMANN: 'LA EUCARISTÍA NO DEBE SER ADORADA' (XXXIV)

La Edad Media católica fue durante mucho tiempo el objetivo de los protestantes burlones, los cínicos que critican y, más cerca de nuestro tiempo, toda la industria del movimiento litúrgico, todos decididos a difamar a la Iglesia del período medieval como una institución corrupta

Por la Dra. Carol Byrne
 

De hecho, incluso hoy en día, el epíteto medieval, cuando se aplica a la Iglesia, casi siempre se usa en un sentido peyorativo para describir el poder, la ignorancia, la intolerancia y la superstición eclesiásticas.

Desde los primeros días de la “Reforma” protestante, la historia fue saqueada en busca de suciedad para arrojar a la Iglesia Católica. Desafortunadamente, algunos de los arrojadores de barro, entonces como ahora, eran sacerdotes católicos (1). Los principales objetivos de su crítica eran la Misa y el Sacerdocio.

Es importante tener en cuenta que estos ataques “históricos” encubrían un sesgo anti-sobrenatural, como observó el Papa Pío X en 1907: “Se ha declarado la guerra a todo lo sobrenatural, porque detrás de lo sobrenatural está Dios y porque es Dios quien quieren arrancar de la mente y del corazón del hombre” (2).

Aunque su Encíclica es anterior al inicio oficial del Movimiento Litúrgico, se puede decir que sus referencias a los enemigos de la Iglesia se aplican pari passua los líderes litúrgicos, que luego lograrían reemplazar a Dios por el hombre en la liturgia reformada.


El sesgo anti-sobrenatural de Jungmann

Lejos de estudiar el período medieval con genuino interés, aprecio o afecto, Jungmann mostró una curiosidad casi lasciva sobre cualquier crítica que los herejes protestantes del siglo XVI acumularan o inventaran contra la liturgia tradicional y la vida devocional de los fieles. Como veremos más adelante, se unió a los detractores de la Iglesia para denigrar no sólo la Misa y el Sacerdocio, sino también la propia fe y las prácticas piadosas de los fieles medievales.

Veremos cómo ridiculizaba todo lo que era distintivamente católico en la Misa medieval, especialmente la Elevación de la Hostia y el Cáliz; el papel de los sacerdotes de la capilla que decían Misas por los difuntos; la Misa Votiva que se decía por intenciones especiales; la Misa rezada dicha por un sacerdote con un monaguillo, con o sin congregación; y el uso de altares laterales.

Cada una de estas características ha sido objeto de amargas vituperaciones y calumnias por parte de Lutero, Cranmer y otros líderes de la Pseudo-Reforma. Porque su objetivo era alienar a los fieles católicos de la Misa acusándolos, entre otras cosas, de haberse desviado de la pureza de la liturgia cristiana original; de estar divorciados de la experiencia vivida por las personas; de inventar rituales que no lograban inculcar un genuino “espíritu comunitario” y de negar a los fieles la verdadera participación en la liturgia.

No podemos dejar de señalar que estas críticas injustas fueron también los pilares principales de las reformas del Movimiento Litúrgico en el siglo XX, que culminaron en la Misa Nueva.


La Elevación

Pasemos ahora a las ceremonias que acompañaban al momento de la Transubstanciación, y contra las cuales los protestantes del siglo XVI lanzaron sus más feroces invectivas.

Hacia fines del siglo XII, se introdujo la práctica de elevar la Hostia después de las palabras de la Consagración para que pudiera ser vista y adorada por el pueblo. La elevación del Cáliz se introdujo un siglo después.

Se establece la elevación de la Hostia en la Misa para que el pueblo pueda adorar a Cristo

“Verdaderamente, ningún momento exige mayor reverencia, ningún momento es más santo o más beneficioso que aquel en el que se realiza el Sacrificio Eucarístico”
, afirmó el padre Nicholas Gihr en su explicación de la Misa (3).

La práctica medieval fue instituida, bajo inspiración divina, para que la fe en la Presencia Real pudiera florecer y crecer en un momento en que la doctrina estaba siendo atacada. También fue una ayuda para una mayor participación de la gente en la Misa.

Decir que Jungmann ignoró el valor espiritual de la Elevación sería quedarse corto. La criticó duramente por ser demasiado espiritual, por fomentar lo que consideraba una adoración excesiva e inapropiada de la Eucaristía y especialmente por no promover la “participación activa” de la gente:
“La Eucaristía… no es principalmente un objeto de nuestra adoración… el propósito específico del Sacramento no es el culto, sino la celebración de la Eucaristía, principalmente su celebración dominical por parte de la congregación reunida” (4). 
También afirmó que esta celebración comunitaria, es decir, la participación activa del pueblo, es la “función primaria y verdadera” de la Misa.


La hermenéutica de ruptura de Jungmann

Ya vemos emerger la lógica del novus ordo, basada en una comprensión protestante de la Eucaristía enraizada en la presencia y actividad del pueblo. Según Jungmann, los primeros cristianos veían la Misa “como una Eucharistia, como una oración de agradecimiento de la congregación que era invitada a participar por un Gratias agamus”; pero, alegó, en el siglo VII “había tenido lugar un cambio en el concepto de la Eucaristía… una visión opuesta estaba tomando precedencia en la mente de los hombres, influenciados especialmente por las enseñanzas de Isidoro de Sevilla” [énfasis añadido] (5).

Aquí, Jungmann estaba dando a entender que la Iglesia había roto la continuidad de la doctrina eucarística al subvertir su concepto original. Su queja era, básicamente, que la Misa se estaba volviendo demasiado centrada en Dios. Se quejó de que los teólogos medievales se estaban obsesionando con el momento preciso de la consagración; la gente enfocaba su atención en la Presencia Real en la Elevación.

Todas esas formas litúrgicas especiales de reverencia -genuflexiones, repique de campanas y balanceo de incensarios, períodos de silencio- las consideraba de trop y, por lo tanto, inapropiadas. Curiosamente, esta fue también la base del rechazo protestante de la Misa.


El sacerdote se une a la gente para decir el Padre Nuestro en una Misa en Notre Dame; abajo, una ministra eucarística da la comunión en Brooklyn, NY


Jungmann no simpatizaba con el concepto de la Eucaristía como “la bona gratia (6), que Dios nos concede y que en el momento culminante de la Misa, la Consagración, desciende sobre nosotros” (7). De ahí su disgusto por la Elevación. Su preferencia era por una liturgia que acentuaría los "dones" de suma importancia de los laicos y les permitiría el pleno desarrollo de sus energías y talentos a través de la "participación activa".

En 1965 explicaba que la Reforma Litúrgica tenía por objeto disminuir la dimensión latreútica (8) y mística del Rito Romano en favor de la participación activa del pueblo: “El retorno del culto dominante de la Eucaristía a la celebración comunitaria de la misma ha seguido siendo el tema principal de la renovación litúrgica (9).

Aquí se presentan dos puntos de vista diametralmente opuestos. Por un lado, está el concepto de la misa cuyo principio animador se origina en la actividad del pueblo y que Jungmann pretendía como la auténtica herencia cristiana. Por otro lado, está la Misa Inmemorial en la que Cristo desciende diariamente sobre nuestros altares y que Jungmann insinuó que fue un invento de los teólogos medievales.

Para decirlo en pocas palabras, una es naturalista porque se refiere principalmente al hombre y viene "de abajo"; la otra es sobrenatural porque su punto de referencia es Dios y viene "de arriba". La historia ha demostrado qué punto de vista ganó crédito y aceptación en la Reforma Litúrgica que produjo la nueva misa. Y son evidentes y abundantes los ejemplos de la consiguiente pérdida de conciencia del valor de la Consagración entre los asistentes a la misa moderna..

Cualquiera que aún no esté convencido de que la Constitución litúrgica del Vaticano II se basó en una premisa falsa que conduciría lógicamente a una conclusión igualmente falsa (el Novus Ordo Missae) haría bien en tener en cuenta que fue Jungmann quien escribió y editó todo el Capítulo Dos sobre la Eucaristía.

En el próximo artículo, veremos qué dijo exactamente Jungmann sobre la Elevación y qué tan cerca se parecían sus críticas, incluso imitadas, a las de los herejes protestantes del siglo XVI.

Continúa...



Notas:

1) La principal diferencia fue que los detractores del siglo XVI, por ejemplo, Martín Lutero, abandonaron la Iglesia, mientras que los de la era del Vaticano II generalmente permanecieron, como termitas trabajando desde adentro para derribar toda la estructura.

2) Papa Pío X, Une Fois Encore, Encíclica sobre la separación de la Iglesia y el Estado, 1907, § 4. Pío X dirigió este documento a todos los cardenales, arzobispos y obispos de Francia, así como al clero y al pueblo franceses, asegurándoles su apoyo en su lucha contra la persecución de los enemigos de la Iglesia. Puso como ejemplos de persecución contra la Iglesia “las declaraciones hechas y repetidas una y otra vez en la prensa, en las reuniones, en los congresos masónicos, e incluso en el Parlamento, así como en los ataques que progresiva y sistemáticamente se han dirigido contra ella” ( ibíd. , § 8)

3) Fr. Nicholas Gihr,  The Holy Sacrifice of the Mass (Friburgo: Herder, 1902), p. 642.

4) Jungmann, Announcing the Word of God, trad. del alemán de Ronald Walls (Londres: Burns and Oates, 1967), p. 124.

5) San Isidoro, Arzobispo de Sevilla y Doctor de la Iglesia, tenía fama de ser el último de los Padres latinos de la Iglesia. Su enseñanza sobre la Eucaristía estaba en línea con la de todos sus predecesores en la fe. Poco después de su muerte en 636, el VIII Concilio de Toledo lo describió como: “Ilustre maestro y ornato de la Iglesia Católica, el hombre más erudito de nuestro tiempo, siempre a ser nombrado con reverencia”.

6) Esta es una referencia al don gratuito de la gracia para la salvación de las almas. En el novus ordo, el énfasis principal está en los “dones del pueblo” que eclipsan y eclipsan el don de la vida sobrenatural que Cristo pone a disposición en cada Misa.

7) Jungmann, The Mass of the Roman Rite, vol. 1, pág. 82.

8) Esto se refiere al supremo homenaje (latria = adoración) debido sólo a Dios, que es el primer fin por el cual se ofrece la Misa.

9) Jungmann, The Place of Christ in Liturgical Prayer, trad. Geoffrey Chapman (Collegeville: Liturgical Press, 1989), p. 256. La primera edición se publicó en 1925 con el título Die Stellung Christi im liturgischen Gebet cuando Jungmann era un joven profesor universitario en Innsbruck. Fue elogiado por Dom Odo Casel y Karl Adam como una gran contribución al Movimiento Litúrgico. La segunda edición se publicó en 1962 y se revisó en 1965.


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14ª Parte: 1951-1955: El Vaticano inicia la reforma litúrgica


Tradition in Action


CÓMO SALVAR A SU COMUNIDAD SI LE QUITAN LA MISA TRADICIONAL EN LATÍN

Pueden ordenar el cese de la Misa Tradicional en Latín, pero no pueden impedir que nos reunamos en comunidad, apoyándonos y esperando el día cuando las comunidades puedan volver a florecer en torno a la celebración.

Por Eric Sammons


Mientras los niños ríen y juegan en el patio, los adultos se han reunido en varios grupos. Algunas madres que educan en el hogar están hablando sobre el plan de estudios que usarán en el próximo año escolar. Algunos hombres debaten las últimas noticias políticas. Un pequeño grupo rodea a una familia joven que recientemente perdió a su hijo, brindando consuelo y cualquier ayuda práctica que puedan ofrecer. Unos cuantos monaguillos se reúnen alrededor del nuevo joven sacerdote, escuchándolo hablar sobre sus días en el seminario. Un grupo de veinteañeros y veinteañeras ríen y hablan de lo que sea que los jóvenes hablan estos días.

Es una escena que se repite cada semana en muchas parroquias de Misa Tradicional en Latín alrededor del mundo. Y es una escena que el Vaticano está trabajando duro para eliminar. Si bien los católicos tradicionales entienden que la peor parte de Traditionis Custodes será la restricción de la Misa Tradicional en Latín, el cierre de estas Misas tendrá consecuencias de gran alcance, incluida la posible eliminación de comunidades católicas fuertes. Sin embargo, es posible que estas comunidades puedan permanecer intactas, incluso si les roban la Misa Tradicional en Latín.

Cualquiera que esté familiarizado con la Misa Tradicional en Latín sabe que a menudo se desarrollan comunidades vibrantes a su alrededor. Estas comunidades crecen orgánicamente y brindan innumerables beneficios a sus participantes. Brindan ayuda en tiempos de prueba, comparten las alegrías y las tristezas de la vida, brindan la infraestructura para proyectos de educación cooperativa, generan vocaciones religiosas y se convierten en el entorno para el emparejamiento de futuros matrimonios católicos. Lo que es más importante, estas comunidades brindan un fuerte sentido de pertenencia en un mundo inundado de soledad.

Son exactamente estas comunidades las que están siendo aniquiladas por obispos desalmados que cierran o trasladan las Misas Tradicionales en Latín, ya que las comunidades no pueden transferirse fácilmente a otro lugar o recrearse en otra parroquia. Las comunidades de Misa Tradicional en Latín se desarrollaron como lo hicieron porque sus miembros tienen una visión compartida del mundo y de la Iglesia, que está anclada en la Tradición Católica y las verdades eternas. De hecho, esta es la razón por la que estas comunidades se encuentran en la mira de los obispos: mientras que la Misa Tradicional en Latín es el foco del ataque, los enemigos de ella también quieren destruir las comunidades que se han formado en torno a ella, porque la cosmovisión del asistente promedio de Misa Tradicional en Latín es radicalmente opuesta a la cosmovisión del obispo modernista que ante el pecado mortal, mira hacia otro lado. Aunque el papa no puede evitar que una comunidad se reúna, puede intentar cerrar el evento en el que normalmente se reúne.

Y, desafortunadamente, es probable que Traditionis Custodes sea el final de muchas comunidades de Misa Tradicional en Latín. Si se desarrolla una comunidad fuerte alrededor de la Misa Tradicional en Latín de una parroquia diocesana, y esa Misa termina por la fuerza, ¿adónde irán los asistentes? Hay múltiples opciones, ninguna de ellas ideal. Algunos podrían decidir buscar otra Misa Tradicional en Latín más lejos. Otros pueden comenzar a asistir al novus ordo en la misma parroquia o en otra parroquia cercana del novus ordo. Algunos pueden encontrar una parroquia católica oriental u ordinaria. Estas son decisiones prudenciales, y los miembros de la comunidad de la Misa Tradicional en Latín tomarán caminos diferentes. Esto significará que todos los domingos por la mañana esta comunidad anteriormente fuerte se extenderá a los cuatro rincones de la diócesis, posiblemente para no volver a reunirse nunca más.


¿Una oportunidad para una vieja tradición?

¿Deben dispersarse estas comunidades? ¿No podemos mantener intacta la comunidad, incluso si sus miembros no asisten a la misma Misa todos los domingos por la mañana? Esta fue la pregunta que me hizo un amigo, el Director de Música Sacra de una parroquia de Misa Tradicional en Latín, sobre lo que deben hacer los feligreses de Misa Tradicional en Latín si se cierra su Misa. El tuvo una idea única para tratar de salvar nuestras comunidades si se quita la Misa Tradicional en Latín.

¿Por qué no tener un servicio litúrgico que no sea la Misa Tradicional en Latín, como Vísperas, cada semana en la parroquia, al final de la tarde del sábado o del domingo? Todos los miembros de la comunidad podrían asistir a este servicio, independientemente de dónde vayan a Misa cada domingo. Después de Vísperas, la comunidad podría compartir una cena para nutrir los lazos que comparten y construir otros nuevos.

En cierto modo, esta idea es en realidad una restauración de una vieja tradición. Era común en los siglos pasados, particularmente en Inglaterra, celebrar las Vísperas públicas de los domingos por la noche, a las que a menudo asistían tanto —o incluso más— que la Misa del domingo por la mañana. En algunos lugares, de hecho, la homilía semanal se decía en las Vísperas en lugar de en la Misa

No hace falta decir que si una parroquia completa de Misa Tradicional en Latín ha sido cerrada, ni siquiera tener Vísperas semanales es una posibilidad. Pero para aquellas comunidades de Misa Tradicional en Latín que se están reuniendo en una parroquia novus ordo, podría funcionar. Por supuesto, es necesaria la aceptación del párroco, tanto para la aprobación como para dirigir las Vísperas de cada semana. La mayoría de los pastores conocen la importancia de su comunidad y me imagino que muchos querrán tratar de mantenerla unida.

Se conservarían los innumerables beneficios de esta comunidad, aunque se elimine la propia Misa Tradicional en Latín. Además, la comunidad permanecería en su lugar esperando el día, esperemos que no muy lejano, cuando la Misa Tradicional en Latín  se restablezca y se celebre abiertamente en la Iglesia.

Habría desafíos, por supuesto. Como ya señalé, obtener el apoyo del pastor es esencial, y la mayoría de los pastores ya están sobrecargados. Además, la gente tendría que comprometerse a asistir a Vísperas, algo fuera de sus hábitos habituales. Para la mayoría de los católicos practicantes, asistir a Misa el domingo por la mañana es una segunda naturaleza; cae automáticamente en nuestro calendario de eventos semanales. Agregar otro tiempo para ir a la iglesia es más difícil y tomaría un tiempo acostumbrarse.

Otro desafío sería la tentación de discutir sobre las diversas elecciones de los demás para la misa dominical. ¿Pueden las familias que toman decisiones diferentes coexistir en comunidad? Rezo para que puedan, y que recuerden los beneficios de estar juntos en años anteriores. Una forma de evitar este tipo de conflictos sería implementar (a través del sistema de honor, por supuesto) una regla de discusión de "sin elección masiva". Simplemente no discuta sobre dónde irán todos el domingo por la mañana, sino que concéntrese en todo lo que los miembros de la comunidad tienen en común.

¿Es este un plan perfecto? Por supuesto que no. ¿Es un reemplazo para una comunidad centrada en el Misa Tradicional en Latín de una parroquia? No. Pero vivimos en tiempos en los que el Misa Tradicional en Latín está siendo atacada, junto con las comunidades construidas a su alrededor. Como laicos podemos alzar nuestras voces de protesta, pero no tenemos poder real para detener las maquinaciones de los burócratas del Vaticano. Pueden ordenar (injustamente) el cese de la Misa Tradicional en Latín, pero no pueden impedir que nos reunamos en comunidad, apoyándonos y esperando que termine su día, cuando las comunidades puedan volver a florecer en torno a la celebración de la Misa Tradicional en Latín.




martes, 30 de agosto de 2022

MONSEÑOR VIGANÒ: “LA DOCTRINA GLOBALISTA ES ESENCIALMENTE SATÁNICA”

Estad seguros: el Nuevo Orden Mundial no prevalecerá. Su furia devastadora que reduciría la población mundial a quinientos millones de seres humanos no prevalecerá.

Por el arzobispo Carlo María Viganó


Cuando los seres humanos actúan, lo hacen con un fin a la vista. La acción del hombre, lo que hace, representa un medio para un fin, que puede ser moralmente bueno o malo. La acción procede de la voluntad y nace del pensamiento, que es un acto del intelecto. Lo que hacemos está determinado por lo que somos (todas nuestras facultades: memoria, intelecto y voluntad). La escolástica resume perfectamente este concepto en tres palabras: agere sequitur esse.

Nadie actúa sin un propósito. E incluso lo que sucede ante nuestros ojos desde hace más de dos años es consecuencia de un conjunto de causas concomitantes que presuponen un pensamiento inicial, un principio informante, por así decirlo. Y cuando nos damos cuenta de que las razones que se nos dan para justificar las acciones realizadas no son racionales, quiere decir que esas razones son pretextos, razones falsas, que sirven para ocultar una verdad inconfesable.

Este es el camino del Maligno. Cuando nos tienta, miente para hacernos creer que es nuestro amigo, que se preocupa por nuestro bien. Como un vendedor ambulante de feria, el diablo nos ofrece sus hallazgos milagrosos, sus elixires de felicidad y riqueza, por la módica suma de nuestra alma inmortal. Pero esto, como un estafador, omite decirlo, por supuesto; a lo sumo lo escribe en letra pequeña en las cláusulas del contrato.

Todo es mentira cuando se trata de Satanás. Las premisas son falsas: vuestro Dios os oprime con pesados ​​preceptos. Las promesas son falsas: puedes decidir y conseguir lo que quieras. Y todo es mentira también cuando los secuaces de Satanás se organizan para establecer la distopía del Nuevo Orden Mundial.

Pues bien, como no podemos esperar que los conspiradores del Gran Reinicio nos digan claramente cuál es su objetivo final -ya que es algo innombrable y criminal- podemos, sin embargo, reconstruir la mens, el pensamiento que guía sus acciones conociendo los principios que inspiran sus acciones y respaldándolos con sus propias palabras. Y también somos capaces de entender que las razones dadas son sólo pretextos. Y, sin embargo, los pretextos, tal como se presentan, demuestran malicia y premeditación, pues si su plan fuera honesto y bueno, no necesitarían disfrazarlo con excusas ilógicas e incoherentes.

Pero, ¿qué es este Gran Reinicio? Es la imposición forzada de una cuarta revolución industrial la que llevará a la implosión al actual sistema económico y social, y permitirá, mediante un empobrecimiento general y una drástica reducción de la población, la centralización del poder en manos de una élite de aspirantes a la inmortalidad y la dominación mundial. Quieren reducirnos a una masa amorfa de clientes/esclavos confinados en cajas y perpetuamente conectados a la red.


A través del Gran Reinicio, quieren borrar la sociedad cristiana occidental para establecer una sinarquía liberal-comunista sobre el modelo de la dictadura china, en la que toda la población es controlada y maniobrable a voluntad. En una sociedad inspirada, aunque sea en pequeña medida, por los valores católicos, los grupos de poder financiero y la élite del Nuevo Orden Mundial no tendrían lugar. Pero esto no debe llevarnos a creer que su oposición a la sociedad cristiana tiene motivaciones meramente económicas y políticas. En realidad, lo que desencadena este odio es que puede haber, incluso en el rincón más remoto del planeta, una posible alternativa a la distopía globalista, un mundo en el que el empleador pueda pagar honestamente a sus empleados, en el que el Estado imponga impuestos razonables sobre sus ciudadanos, en el que las organizaciones benéficas presten servicios de forma gratuita y sin especulaciones, en el que se respete la inocencia de los niños y no se permita la propaganda lgbtq+. Un mundo en el que el Reino Social de Jesucristo se muestre no sólo como posible, sino como la mejor forma de sociedad, administrada para el bien común y para la gloria de Dios.

La mera existencia de un término de comparación es una negación ardiente del engaño globalista, mostrando su horror y fracaso. Las mentiras sobre la necesidad de confinamientos son desmentidas por la evidencia de que donde no se han adoptado, ha habido menos casos de enfermedades graves que donde se han impuesto cierres y toques de queda. Las mentiras sobre la efectividad del suero génico son desmentidas por casos de reinfección de personas multiსαcunadas, reacciones adversas graves, muertes súbitas. Las mentiras sobre el “pueblo soberano” y los “derechos humanos inviolables” han sido desmentidas por reglas absurdas, normas inconstitucionales, leyes discriminatorias con el silencio del Poder Judicial.

Incluso el término de comparación que constituye la Misa de todos los tiempos hace imposible preferir su falsificación montiniana: por eso la iglesia bergogliana quiere impedir su celebración y alejar a los fieles de ella. Para imponernos este horror, han recurrido al engaño, diciendo a los fieles que la Misa Apostólica es incomprensible, y que debe ser traducida y simplificada para que los fieles puedan apreciar mejor su significado. Pero esto es una mentira. Y si nos hubieran explicado que su objetivo era exactamente el mismo que se habían propuesto los herejes protestantes, es decir, destruir el corazón de la Iglesia Católica, hubiéramos ido tras ellos, horca en mano.

El mundo globalista no tolera las comparaciones. Exige esta “exclusividad” que denuncia con horror en cuanto no es él mismo quien la reclama. Arranca las vestiduras del poder temporal de la Iglesia -con la complicidad de clérigos fornicarios y herejes- y luego exige una obediencia absoluta e irracional a los dogmas que proclama desde Davos o Bruselas. Celebra la “libertad de expresión y de prensa”, que financia generosamente, pero no tolera ni la disidencia ni la verdad, que busca hacer simplemente inaccesible, invisible.


Y otra vez: el mundo globalista no tiene pasado que mostrarnos para confirmar la grandeza de sus ideas, su filosofía, su fe. Por el contrario, vive falseando la historia, borrando el pasado, eliminándolo de la vista de las nuevas generaciones. Para que no haya nadie que, frente a la Catedral de Chartres, sea capaz de reconocer las imágenes de Cristo y los Santos. Para que nadie supiera que en la Santa Capilla se guardaba la ampolla del Santo Crisma llevada por un Ángel para consagrar a los Reyes de Francia. Para que nadie pudiera conocer sus hazañas, encontrar sus tumbas, ni comprender los tesoros de arte y literatura que han engrandecido a las Naciones Católicas. La “Cultura de la Cancelación” revela la radical inconsistencia ontológica del globalismo frente al esplendor de la civilización cristiana.

El mundo globalista no tiene futuro. O mejor dicho: el futuro que pretende darnos es el más oscuro y aterrador que la mente humana pueda concebir. El futuro que nos presenta es falso e irrealizable. “No tengo casa, no tengo nada y soy feliz”, Schwab y los impulsores de la Agenda 2030 tratan de convencernos. Pero su objetivo no es hacernos felices, lo que nunca sucederá con el tiempo, por supuesto, sino quitarnos nuestros hogares y posesiones. Cuando nos hablan de “pacifismo” y “desarme” no es porque quieran la paz, sino porque nos quieren desarmados y sin ideales, porque así nos podrán invadir y dominar sin que podamos defendernos. Al imponernos la “inclusividad” -adoptando un léxico interno- no quieren que realmente acojamos e integremos a personas de otras culturas y religiones, sino que quieren crear las premisas para el desorden social y la consiguiente desaparición de nuestras tradiciones y nuestra Fe.

Cuando nos hablan de “resiliencia”, no nos están diciendo que nos protegerán de los desastres que nos amenazan, sino que debemos resignarnos a absorberlos sin protestar. Cuando nos acusan de extremismo o fundamentalismo, es solo porque saben que los fieles y los ciudadanos con ideales nobles y santos pueden resistir, organizar la oposición, difundir la disidencia. Y cuando nos imponen una inoculación masiva con un suero genético que no tiene eficacia pero sí muchos efectos secundarios graves y mortales, no lo hacen por nuestra salud, sino para modificar nuestro ADN y convertirnos en enfermos crónicos, con un sistema inmunológico comprometido permanentemente y una esperanza de vida inferior a la media de una persona sana.

Nunca esperes la verdad de los defensores del Gran Reinicio. Porque donde no hay Cristo, no hay Verdad, y sabemos cuánto odian a Nuestro Señor. Es un odio que no pueden disimular, que muestran en los espectáculos de inauguración de eventos europeos (pensemos en la inauguración del túnel de San Gotardo en Suiza o los Juegos Olímpicos de Londres, y muy recientemente la inauguración de los Juegos de la Commonwealth en Birmingham), en las “recomendaciones” de no celebrar la Navidad y de no usar nombres de pila para nuestros hijos. Su odio se vuelve homicida cuando teorizan el aborto como un “derecho humano”, escondiendo su atrocidad tras la hipócrita expresión de “salud reproductiva”: porque es la vida lo que odian, en la que ven la imagen y semejanza de ese Dios que han perdido para siempre.


Esta imagen y semejanza es mucho más profunda de lo que pensamos. Consisten en la dimensión trinitaria del hombre, con sus facultades que remiten a las Tres Divinas Personas: memoria (el Padre), inteligencia (el Hijo) y voluntad (el Espíritu Santo). Y así como en la Santísima Trinidad el Espíritu Santo es el Amor que procede del Padre y del Hijo, así en el hombre la voluntad es la facultad que procede de la memoria de las cosas pasadas y de la comprensión de las presentes. No es casualidad que en la inversión infernal del mundo contemporáneo, el hombre se encuentre privado de sus recuerdos, historia y tradiciones (piense en la Cultura de la Cancelación y demandas de 'perdón' por acciones falsificadas o distorsionadas de nuestro pasado), incapaz de expresar un juicio crítico (piense en la disonancia cognitiva generada por la psicopandemia) e incapaz de ordenar su voluntad subordinándola a la inteligencia (piense en la incapacidad de reaccionar ante mal impuesto o al bien del que somos privados).

La sociedad moderna, con su fábula sobre la democracia, nos ha enseñado a pensar que posiblemente podemos ser católicos, tal vez incluso tradicionalistas, siempre que no cuestionemos el hecho de que se deben otorgar los mismos derechos a todos. “Hay que respetar las ideas de los demás”- nos dicen. Pero en el ámbito metafísico, en la eternidad de Dios, esta batalla entre el Bien y el Mal no es secular ni ecuménica: es real, como lo son los ejércitos desplegados, el de la Civitas Dei y el de la civitas diaboli. Los ángeles del Cielo y los espíritus apóstatas del Infierno no tienen nada que ver con el irenismo conciliar: están librando una batalla en la que hay que arrebatar al adversario el mayor número posible de almas. Los santos que interceden por nosotros no han leído Fratelli Tutti, y las escalas de San Miguel no están calibradas para la “moralidad caso por caso” o la “ética de la situación” de un jesuita hereje o para las contorsiones pastorales del “camino sinodal”.

Dejemos de ser políticamente correctos, temiendo siempre que nuestras convicciones puedan “perturbar las conciencias sensibles” de quienes no dudan en desgarrar a una criatura indefensa en el vientre de su madre o en asfixiar a los ancianos y a los enfermos mientras duermen. Con demasiada frecuencia nos hemos quedado callados ante cosas que ni siquiera deberían mencionarse, desde la normalización de los vicios hasta las transgresiones más degradantes. Sin embargo, como católicos, debemos saber que Dios está vivo y es verdadero a pesar de los ateos, y que Cristo ejerce los títulos de soberanía sobre nosotros como nuestro Creador y Redentor a pesar de los liberales.

Si no estamos persuadidos de estas realidades, no podemos ni siquiera comprender la acción del enemigo, que es perfectamente consciente de esta realidad. Si no estamos persuadidos de estas realidades, no daremos un ejemplo creíble a aquellos que, con nuestras palabras y acciones, podrían abrir los ojos y volverse obedientes a la Gracia. Es difícil creer a quienes no les gusta lo que profesan, así como es difícil dar crédito a los modernistas, quienes por su comportamiento poco caritativo desautorizan sus palabras vacías. Es imposible creer a los que nos piden que comamos saltamontes y cucarachas para salvar el planeta, mientras ellos comen preciados trozos de ternera de la mejor del mercado, o que abandonemos el coche diésel, mientras viajan en jets privados (hay cientos de ellos en Davos durante las cumbres del Foro Económico Mundial!).


Debemos redescubrir esta dimensión de realismo y objetividad, que poco a poco nos han hecho perder, o de la que nos han enseñado a avergonzarnos. Somos milites Christi, soldados de Cristo, llamados a luchar contra un enemigo que quiere golpearnos por la espalda y hacernos desertar como cobardes, porque sabe que cuando nos combate abiertamente, encuentra detrás de nosotros a la Virgen Inmaculada, terribilis ut castrorum acies ordenata. Esta Madre que el Enemigo odia en todas las madres de la tierra, esta Esposa del Cordero a quien vilipendia atacando la santidad del Matrimonio y las virtudes domésticas, esta Mujer a la que humilla desfigurando la feminidad o haciendo de ella una obscena parodia.

La doctrina globalista es esencialmente satánica, porque es la aplicación social y global más directa e implacable de la rebelión de Satanás. Encontramos en él esa hybris, ese desafío al Cielo que la civilización clásica –todavía pagana pero predestinada al advenimiento del mensaje de Cristo en la plenitud de los tiempos– había sabiamente estigmatizado y que nos remite a la rebelión de Lucifer. Hybris, el necio orgullo de los que se creen como Dios y usurpan los atributos divinos, lleva hoy a la ciencia a negar su vocación de servir al bien para ponerla al servicio del Nuevo Orden, a cumplir con el progreso tecnológico lo que era impensable en el pasado: borrar la separación entre el hombre y la máquina, entre su mente y la inteligencia artificial.


No es de extrañar, por lo tanto, que el transhumanismo sea uno de los puntos clave de la Agenda 2030. Detrás de este loco proyecto de apoderarse de la creación e incluso atreverse a alterar el santuario de la conciencia al que sólo Dios desciende con Su Gracia; detrás de este plan de violar al ser humano para “hacerlo más eficiente” hay, una vez más, una aberración doctrinal, una mentira opuesta a la Verdad de Dios. Crear un ser inmortal –como dirían algunos– es la reedición tecnológica de un delirio infernal, en cuya base se encuentra la presunción de poder borrar en el hombre las consecuencias del Pecado Original. Donde el pecado de Adán trajo muerte y enfermedad, el engaño del transhumanismo promete inmortalidad y salud; donde condujo al debilitamiento del intelecto y a la mala inclinación de la voluntad, el fraude del hombre-máquina promete el acceso al conocimiento y la posibilidad de ser la propia ley. Donde el pecado condujo al cansancio laboral, la guerra y las epidemias, la distopía globalista promete un ingreso universal, la paz y la prevención de todas las enfermedades.


Pero la muerte, la enfermedad, el debilitamiento del intelecto y la mala inclinación de la voluntad, el cansancio del trabajo, la guerra y las epidemias, son el justo castigo de la infinita ofensa que toda la humanidad, en sus Progenitores, ha causado a la Majestad de Dios al desobedecerle. El que se engaña a sí mismo creyendo que no hay consecuencias por esta desobediencia, no quiere aceptar su propia degradación ni reconocer la obra de Redención de Jesucristo, que vino a la tierra propter nos homines et propter nostram salutem, muriendo en la Cruz para redimirnos del yugo de Satanás.

Esta es la verdadera perspectiva teológica desde la cual mirar la crisis de la sociedad y de la Iglesia. El engaño del transhumanismo no pretende hacer más rápida la carrera del atleta ni más precisa la puntería del soldado, sino corromper al hombre en el cuerpo, después de haberlo golpeado en el alma. Satanás no se resigna a la derrota, que es tanto más terrible cuanto que en ella ha resplandecido la obediencia de Nuestro Señor al Padre Eterno, en oposición a la soberbia del Non serviam luciferino. Y si Dios, por los caminos de la Gracia, logra tocar las almas y traerlas de regreso a Sí mismo, devolviéndolas a la vida eterna, Satanás ahora está atacando los cuerpos, contaminando la obra del Creador y desfigurando a la criatura. Su obra devastadora se extiende también al resto de la creación, con resultados abominables que pretenden rivalizar con la magnificencia de Dios.

Tal es la lucha entre el Bien y el Mal, que, desde la creación de Adán, incluye también al ser humano, que está llamado a elegir de qué lado ponerse. Porque la neutralidad ya es una alianza con los que merecen la derrota. Sabemos cuán poderoso es el enemigo del Nuevo Orden Mundial y cuál es su organización. También sabemos lo que lo impulsa y lo que quiere lograr. Pero es precisamente por eso que sabemos que sus victorias son sólo aparentes y condenadas al fracaso; y que nuestro deber, en esta guerra ya ganada por el Crucificado, es elegir de qué lado queremos ponernos y luchar, ante todo abriendo los ojos a las mentiras que la información dominante nos hace quiere hacer tragar.

Comprender que puede haber personas malvadas que deliberadamente eligen ponerse del lado de Lucifer en contra de Dios es el primer paso que debemos dar si queremos resistir el gigantesco golpe que está en marcha. Estas personas son, en cierto sentido, el “cuerpo místico” de Satanás y actúan para esparcir el mal en el mundo y borrar el nombre de Cristo: así como el Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia, actúa en la Comunión de los Santos para esparcir Gracia y gloria el Nombre de Dios. De nuevo, civitas diaboli y Civitas Dei. Si creemos que la emergencia de la pandemia ha sido manejada por incompetentes y no por cínicos exterminadores, estamos completamente equivocados. Igualmente si creemos que nuestros líderes no están al servicio de esta élite de delincuentes, usureros y subversivos, aunque tengan su carrera gracias a ellos.

Hubo un tiempo en que era normal que los súbditos de un reino cristiano vivieran según los mandamientos divinos, en los que estaban prohibidos el aborto, el divorcio, la sodomía y la usura. Ese mundo, gracias al trabajo lento y paciente de los conspiradores, ha sido sustituido por este –que aún no es del todo suyo– en el que gobiernan poderes que no derivan su legitimidad de Dios ni del pueblo. Y estos poderes impiden todo lo que antes se alentaba y recompensaba, y fomentan lo que estaba prohibido y castigado.


Si en la Civitas Dei reina Cristo, ¿quién reina en la civitas diaboli sino el Anticristo? Así, si en la bene ordinata respublica lo verdadero, lo bueno y lo bello son la expresión teológica de las perfecciones de Dios; en la república globalista lo falso, lo malo y lo feo son la manifestación más evidente de ellos. Tanto es así que tiene que convertirse en una norma general, una ley del Estado, un precepto moral al que hay que ajustarse. Incluso en este caso, si se presta atención, se vuelve a proponer otro engaño: que la tiranía de los gobernantes y del clero justificada por la superstición papista ha sido definitivamente borrada de la sociedad revolucionaria, para ser sustituida por el gobierno del pueblo bajo los auspicios de la diosa Razón. Hoy vemos cuán tiránicos son el Leviatán globalista y el Sanedrín bergogliano, unidos en su negación y en su traición a su papel como gobernantes del Estado y pastores de la Iglesia.

Queridos amigos, vuestra tarea, como la de tantas personas de buena voluntad en tantas otras naciones, es sagrada y muy importante. Es la tarea de reconstruir, restaurar, edificar. Exactamente lo contrario de lo que saben hacer los seguidores de la civitas diaboli, capaces sólo de destruir, demoler, amontonar escombros. Y para reconstruir hay que volver a empezar desde los cimientos, que son los cimientos del edificio social, poniendo a Cristo como piedra angular, la piedra clave.

Recordad que esta generación perversa y corrupta no tiene futuro: es víctima de su propia ceguera, de su propia esterilidad, de su propia incapacidad de generar. Porque dar vida es obra divina, y esto se aplica tanto a la vida del cuerpo como a la del alma; mientras que el demonio sólo es capaz de dar muerte, y con ella la sorda desesperación del alma arrancada de su fin último y supremo, que es Dios.

Estad seguros: el Nuevo Orden Mundial no prevalecerá. Su furia devastadora que reduciría la población mundial a quinientos millones de seres humanos no prevalecerá. Su odio por la vida no nacida y por la vida que se está extinguiendo no prevalecerá. Su plan de tiranía no prevalecerá. Porque es precisamente en la privación del Bien que nos damos cuenta del precio de lo que nos ha sido arrebatado y encontramos la determinación y la fuerza para luchar y resistir. Tampoco prevalecerá la apostasía que aqueja a la Jerarquía Católica, ahora sierva del mundo: los sembradores de discordia y error que infestan nuestras iglesias se extinguirán inexorablemente, dejando vacías las catedrales e iglesias, y los conventos y seminarios que ocuparon sesenta años atrás con la falsa promesa de la “primavera conciliar”. Porque detrás de todo siempre está el fraude y la malicia del Mentiroso.


CASO PAGLIA: ASÍ SE DESTRUYE LA MORAL CATÓLICA

Las recientes declaraciones en Italia del presidente de la Academia Pontificia para la Vida sobre el aborto han provocado escándalo y polémica. 

Por Stefano Fontana


No se tratan de declaraciones extemporáneas, sino que hay una voluntad precisa de transformar toda la doctrina moral de la Iglesia, y monseñor Paglia sólo está llevando a cabo la tarea que se le ha encomendado.

Hace unos días, monseñor Vincenzo Paglia, presidente de la Academia Pontificia para la Vida, ha realizado unas declaraciones en la cadena de televisión pública italiana Rai 3 que han provocado una fuerte polémica. Hablando del aborto, y en particular de la Ley 194 que lo legalizó en Italia en 1978, Paglia ha afirmado textualmente: “Creo que la Ley 194 es ahora un pilar de nuestra vida social”. Y poco después tranquilizaba aún más al periodista que le entrevistaba diciendo que una reforma o derogación de la citada ley “no está en discusión”.

El escándalo y la polémica provocados por estas declaraciones (incluida la petición de su dimisión) son más que comprensibles, entre otras cosas porque estas palabras son la culminación de una serie de intervenciones ambiguas sobre las cuestiones de bioética y de doctrina moral católica, por parte de él o de sus colaboradores en la Academia Pontificia para la Vida, como también ha ocurrido recientemente con el tema de la anticoncepción.

Sin embargo, hay que entender una cuestión fundamental: si a monseñor Vincenzo Paglia se le ha asignado esa responsabilidad y se le mantiene en ella, es porque se quiere transformar toda la doctrina moral de la Iglesia, y no sólo la que se refiere a un tema específico como la anticoncepción. Dado que la doctrina moral de la Iglesia es el ámbito en el que se inscribe la Doctrina Social de la Iglesia, se quiere transformar esta última en algo distinto a la tradición que ha llegado hasta Benedicto XVI.

Demos un paso atrás. Pocos días antes de que Francisco cerrara y transformara en 2019 el Instituto Juan Pablo II sobre el Matrimonio y la Familia creado por Juan Pablo II, sacándolo de la Pontificia Universidad Lateranense e incardinándolo en la Pontificia Academia para la Vida bajo la “guía” del canciller monseñor Vincenzo Paglia, se publicó el “Diccionario sobre sexo, amor y fertilidad” editado por José Noriega junto a René e Isabelle Ecochard (Cantagalli, Siena 2019). Se trata de una obra ponderada e importante que reproduce las enseñanzas de la Iglesia sobre el tema. Esta publicación parecía representar el “canto del cisne” de Juan Pablo II, su último legado antes del nuevo curso que ya entonces se podía predecir con seguridad que sería muy diferente y, mejor dicho, contrastante. En cuanto el volumen llegó a sus manos, Paglia intentó bloquear la distribución del Diccionario en las librerías, y a partir de entonces el nuevo Instituto Juan Pablo II rompió progresivamente toda colaboración editorial con la antigua editorial, incluida la publicación de la revista del Instituto “Anthopothes”.

El intento de damnatio memoriae dependía del hecho de que el Diccionario reproponía la doctrina católica tradicional e imperecedera sobre el significado de la relación sexual entre marido y mujer y argumentaba el carácter inmutable de las enseñanzas morales de la Humanae vitae de Pablo VI. Augusto Sarmiento se ocupó de la autoridad doctrinal de la Humanae vitae (pp. 464-469), la que Paglia quiere vaciar de contenido estos días; Alfonso Fernández Benito expuso los contenidos del magisterio anterior (pp. 470-476) y Juan Andrés Talens Hernandis los del magisterio posterior (pp. 476-482): el resultado fue una perfecta continuidad entre el antes y el después. Las tres “entradas” del Diccionario aclaran sin lugar a dudas la inmutabilidad de las enseñanzas basadas en el siguiente principio: “La sexualidad humana, característica del lenguaje con el que los esposos se relacionan en el acto matrimonial, tiene dos significados fundamentales –el ‘significado unitivo’ y el ‘significado procreativo’- entre los cuales existe una conexión inseparable, que Dios quiso y que el hombre no puede romper por su propia voluntad” (Humanae vitae, 12).

El Diccionario dejaba claro que hay normas morales con validez permanente y universal, que la existencia de estas normas es también una verdad revelada, que sobre esta cuestión concreta Pablo VI expresó claramente la voluntad de enseñar propia de su ministerio apostólico, que sus enseñanzas confirmaban todas las anteriores y han sido confirmadas por todas las posteriores hasta ayer. La inmutabilidad de las enseñanzas no sólo se da en los pronunciamientos ex cathedra.

También se publicó en el mismo Diccionario un artículo del autor de estas líneas (pp. 489-494), en el que se subrayaba la dimensión “social” de la Humanae vitae y su enseñanza sobre la anticoncepción, una enseñanza que afectaba a la doctrina moral pero también a la Doctrina Social de la Iglesia. Éste es un punto importante, porque al negar y revisar la enseñanza sobre la anticoncepción se empieza, por un lado, negando los presupuestos más básicos de la teología moral (como el hecho de que el hombre tiene una naturaleza y que no es sólo historia) y se termina, por el otro, haciendo imposible la Doctrina Social de la Iglesia, ya que la sociedad comienza con la pareja de esposos.

Si en ese momento del surgimiento de la “socialidad” (la finalidad unitiva) y de la sociedad (la finalidad procreadora) es posible sustituir las normas eternas de la naturaleza, confirmadas y purificadas por la revelación, por una técnica instrumental humana, entonces la sociedad o no llega a existir, o nace de la violencia mutua en lugar de la aceptación. Si los dos se relacionan según sus propios deseos, entonces no nace ninguna pareja en el sentido de una nueva realidad superior a los componentes, sólo nace una yuxtaposición instrumental; si los dos se relacionan según una norma que no está a su alcance, si entienden que “se constituyen” como pareja y no que “se han constituido como pareja”, entonces toda relación social posterior se salva de la violencia y la instrumentalización.

Desde que monseñor Paglia está al frente de la Academia Pontificia para la Vida y, sobre todo, desde que está al frente del nuevo Instituto Juan Pablo II, ahora llamado “para las ciencias del matrimonio y de la familia”, son incontables sus intervenciones absolutamente contradictorias con la Doctrina Tradicional de la Iglesia y sus maquinaciones, como la lucha contra el Diccionario vista anteriormente, los nombramientos ad hoc tanto en la Academia como en el Instituto, hasta los miserables tuits posteriormente retirados. Tradicional, como sabemos, no significa “viejo” o “anticuado”, sino que está siempre vivo porque es siempre el mismo.

Si monseñor Vincenzo Paglia ha sido puesto ahí y si se mantiene ahí, es porque se ha decidido transformar toda la doctrina moral de la Iglesia, incluida su Doctrina Social. Por lo tanto no se le pedirá que corrija el rumbo, ni que dimita.


Brujula Cotidiana


SOLIDARIDAD EN EL SUFRIMIENTO

Como cristianos, somos el cuerpo de Cristo y todos estamos conectados al orar unos por otros, animarnos unos a otros y ofrecer nuestro dolor por los demás y por las almas del purgatorio.

Por Carolyn Humphreys, OCDS


El sufrimiento físico es un hecho desagradable de la vida. Las respuestas a una enfermedad crónica pueden fluctuar desde el crecimiento creativo hasta la autocompasión. Puede sacar lo mejor o lo peor de una persona, así como santificar u oscurecer su alma. En otras palabras, nuestra respuesta a la enfermedad física puede avanzar y retroceder en un espectro entre constructivo y destructivo. Nuestra respuesta puede ser una oportunidad de crecimiento en áreas esenciales del desarrollo humano, sobre todo el desarrollo espiritual.

¿Qué sugieren las palabras “fuerte”, “sano”, “débil” y “enfermo”? La forma en que percibimos estas etiquetas tal vez pueda revelar nuestras actitudes individuales sobre el mérito del sufrimiento y el valor de quienes lo soportan. Una persona que tiene una discapacidad física puede estar menos limitada por la discapacidad que por las actitudes de las personas con respecto a la discapacidad. Dentro de la sociedad secular, el dolor no tiene valor ni significado. Sin embargo, como cristianos, somos el cuerpo de Cristo y todos estamos conectados al orar unos por otros, animarnos unos a otros y ofrecer nuestro dolor por los demás y por las almas del purgatorio. Estamos espiritualmente unidos cuando dirigimos nuestras energías, oraciones y sufrimientos a Dios. Encontrar significado, propósito y dignidad en el sufrimiento humano nos da un sentido de solidaridad como pueblo de Dios. ¿No somos todos eslabones de una cadena, interdependientes unos de otros? ¿No nos dice Pablo, el apóstol, que “llevemos los unos las cargas de los otros y cumplamos así la ley de Cristo”? (Gálatas 6:2)

La discapacidad física a menudo puede ser una bendición disfrazada. Abre una ventana a realidades espirituales que nutren el alma. Una enfermedad o lesión que altera un estilo de vida también puede introducir nuevas y valiosas prioridades. La búsqueda tranquila de una oración más profunda, la contemplación y el examen del alma infunde hermosas gracias en nuestra vida espiritual. Teresa de Lisieux dijo: “La vida es tu barco, no tu hogar”. En esta tierra, no hay ciudad duradera. A la luz de la eternidad, las cosas que una vez nos parecieron tan grandes e importantes se oscurecen en la santidad que irradia el hacer ocupaciones sencillas y cotidianas y ofrecer sufrimientos a Dios.

Un viaje a través de la vida marcado por una frágil salud física puede ser una experiencia singularmente gratificante y de madurez. Solo podemos esforzarnos hacia la totalidad. Nadie está allí todavía. La verdadera autorrealización viene después de que atravesamos las puertas del cielo. Cuando se diagnostica una enfermedad crónica, nos esforzamos por aceptarla porque es un desafío continuo, y nos enfocamos en formas de trabajar con ella. En otras palabras, usamos el sentido común y hacemos lo mejor que podemos con el control de los síntomas para mantener nuestra salud. El dolor crónico puede motivarnos a confiar en la providencia de Dios. El sufrimiento paciente sin queja es un fuerte testimonio de auténtica santidad.


Vicente

“Muchas personas que sufren necesitan ayuda. Esto puede ser una humillación dolorosa. Y, sin embargo, puede ser una invitación para que todos nos liberemos de la monstruosa ilusión de que cualquiera de nosotros es autosuficiente. Es parte de la belleza del ser humano, que necesito de los demás, para poder llegar a ser yo mismo. Las personas con discapacidad, que necesitan ayuda para levantarse por la mañana, lavarse o ir de compras, me recuerdan que yo también necesito a los demás si quiero ser verdaderamente humano. Permítanme darles el ejemplo de mi hermano Vicente, quien murió hace un año. Vicente era ciego de nacimiento. Nunca vio otro rostro humano. Ingresó a la Orden cuando era joven y pronto se convirtió en uno de los miembros más queridos de la provincia. Esto se debe en parte a que era una persona profundamente adorable, fuerte y divertida, y que no tenía ninguna autocompasión.

Cuando era provincial, todas las comunidades me preguntaban si asignaría a Vicente a su comunidad. No solo fue porque era adorable; Vicente reunió a la comunidad a su alrededor. No puedes tener a alguien en la comunidad que sea totalmente ciego a menos que realmente seas una comunidad. Tienes que asegurarte de que nada se interponga en su camino cuando avanza a tientas por los pasillos, y de que la leche de la nevera esté siempre exactamente en el mismo sitio, para que pueda encontrarla. Todas nuestras decisiones sobre nuestra vida en común deben tener en cuenta a Vicente. Y esto no es una carga sino una alegría, ya que alrededor de él nos descubrimos. Nos convoca más allá de la tonta ilusión occidental de que cualquiera es autosuficiente. En sus necesidades, descubrimos nuestra propia necesidad unos de otros. Nos libera para ser hermanos, mutuamente dependientes.

Debido a que era ciego, dependía de su audición. Escuchaba el sonido rebotar en las paredes. Navegaba por las habitaciones con las orejas. Y esto significaba que era maravillosamente sensible a lo que decían los hermanos. Fue designado para el Equipo de Formación, porque podía detectar lo que estaba sucediendo en la vida de los jóvenes, sus fortalezas y debilidades, más que la mayoría de nosotros. Su discapacidad fue un regalo. Captó los matices que otros pasan por alto. Escuchaba nuestros miedos y esperanzas secretas en nuestras voces. Todos somos ciegos y sordos de alguna manera, y a veces los ciegos nos enseñan a oír, y los sordos nos enseñan a ver, y los cojos nos dan valor para dar un paso más”.


~ Timothy Radcliffe, OP, “A Spirituality of Suffering and Healing” (Una espiritualidad de sufrimiento y curación), Revista de Vida Religiosa, septiembre – octubre de 2012


Consideraciones sobre el dolor


“Tu dolor es la ruptura del caparazón que encierra tu entendimiento. Así como el hueso de la fruta debe romperse para que su corazón pueda estar al sol, así debes conocer el dolor. Y si pudieras mantener tu corazón asombrado ante los milagros diarios de tu vida, tu dolor no parecería menos maravilloso que tu alegría; y aceptarías las estaciones de tu corazón, así como siempre has aceptado las estaciones que pasan sobre tus campos. Y velarías con serenidad a través de los inviernos de tu dolor”.

~ Kahlil Gibran, The Prophet (El Profeta)


Una vida sin dolor y sufrimiento sería una vida sin sanación ni alegría. El dolor puede ser un problema recurrente o constante y un misterio en nuestras vidas. El dolor tiene muchos niveles, es subjetivo y una parte inevitable de la vida. Sin embargo, el dolor también puede ser una oportunidad de crecimiento, ya que nos lleva a enfrentar, examinar y reformar patrones perjudiciales en nuestro estilo de vida. Tratamos de no trivializar o exagerar el alcance de nuestro sufrimiento. Podemos negar el dolor, convertirlo en el centro de nuestra vida, rechazarlo como un enemigo o aceptarlo como un maestro o un camino hacia Dios. Podemos combatirlo o tomarlo de la mano. Si nos obsesionamos con nuestro dolor, debemos cambiar nuestro enfoque. Tenemos que dejar de pensar en nosotros mismos y empezar a pensar en los demás. Hacer algo por otra persona nos saca de nosotros mismos. Hay muchas pequeñas buenas obras que podemos hacer incluso si estamos postrados en cama.


Aprendemos a perseverar a pesar del dolor. El no poder hacer una cosa puede llevar a hacer otra. A un joven que disfrutaba de los dulces se le diagnosticó diabetes juvenil y se convirtió en un defensor de la alimentación saludable. Una modelo que se cansa fácilmente debido a su enfermedad recién diagnosticada se convierte en diseñadora de ropa. Un padre cuya artritis ya no le permite lanzar una pelota con su hijo les enseña a ambos a jugar al ajedrez.

El sufrimiento también puede dar a luz obras de amor. Un esposo y una esposa cuyo hijo pequeño murió a causa de una enfermedad rara pueden establecer un sitio web y organizar eventos de recaudación de fondos para esa enfermedad. Hacer algo que nos llene de una manera diferente no significa que nos conformemos con menos. Significa que estamos creciendo de una nueva manera.

Cuando el dolor nos pone a prueba de maneras inimaginables, la oración diaria y otras prácticas espirituales saludables pueden fomentar la disciplina y la resistencia, y motivarnos a hacer cambios positivos. Podemos salir de estos desafíos con un carácter más fuerte, mejor resiliencia y mayor fe. El dolor leve a moderado u otras limitaciones físicas pueden purgarnos de actitudes contraproducentes que enmascaran la belleza de nuestro ser único. Adaptarnos a una enfermedad a largo plazo o una discapacidad nos da una buena razón para reducir la velocidad y salir del ritmo frenético de la vida moderna. La felicidad se encuentra en las cosas simples y ya no en las modas superficiales y efímeras de una cultura contemporánea. Hay tiempo para conversaciones profundas y significativas. Lo que alguna vez nos pareció importante, como autos caros, marcas de diseñadores o vacaciones exóticas, ya no es una indicación de nuestro valor. A medida que reflexionamos sobre el significado más profundo de la vida, la autoestima no se define por lo que tenemos. Tiene sus raíces en quiénes somos como hijos e hijas de Dios y en cómo vivimos el evangelio.


Cuando los tratamientos adecuados ya no alivian el sufrimiento, debemos respetar el dolor y reconocer lo que no podemos hacer. Evitamos las cosas que agravan el dolor más allá de nuestro nivel de tolerancia. El tiempo y la paciencia nos enseñan que el sufrimiento no tiene por qué victimizarnos ni controlarnos. 

“El sufrimiento se vuelve hermoso cuando alguien soporta grandes calamidades con alegría, no por insensibilidad sino por grandeza de mente”. (Aristóteles) 

La energía se puede redirigir a un bien mayor. La oración diaria y otros ejercicios espirituales tranquilos pueden traer alegría y paz interior. Podemos ser sanados a un nivel más profundo aunque no estemos curados de nuestra enfermedad. De hecho, la gracia nos ayuda a crecer a través de cosas que no podemos cambiar o que no entendemos.


La Cruz

Edith Stein dijo: “Que Jesús siempre me guíe por el camino de la cruz... El camino del sufrimiento es el camino más seguro para la unión con Nuestro Señor. El poder redentor del sufrimiento, soportado con alegría, es muy necesario en nuestro mundo de hoy”. El dolor físico, soportado con una satisfacción llena de gracia, comienza en la cruz. Debido a que el dolor es real, tangible y puede ser aterrador más allá de las palabras, solo mirar o sostener un crucifijo puede darnos coraje y ayudar a que un alma vibrante prospere en un cuerpo frágil. Juan de la Cruz escribió: “El alma no puede alcanzar la espesura y la sabiduría de las riquezas de Dios... sin entrar en la espesura de muchos tipos de sufrimiento... La puerta de entrada a estas riquezas de su sabiduría es la cruz”.

El crucifijo no es visto de una manera morbosa, sino más bien inmaculada, llena de misterio y renovada esperanza. La oración al pie de la cruz nos transforma para volvernos más reflexivos, más sensibles y más amables con quienes nos rodean. Teresa de Ávila confirma que las personas con enfermedades crónicas pueden orar bastante bien. “Uno no debe pensar que una persona que sufre no está orando. Está ofreciendo sus sufrimientos a Dios, y muchas veces, está orando con mucha más sinceridad que quien se va solo y medita alocadamente, y, si ha derramado algunas lágrimas, piensa que eso es oración”.


Los cambios que se producen a causa de una enfermedad crónica pueden cerrar algunas puertas, pero pueden abrir otras. Algo que una vez aprendido se puede aprender de nuevo en un nivel nuevo y más profundo. La destacada autora Flannery O'Connor dijo que su lupus era "más instructivo que un largo viaje a Europa". Itzhak Perlman, el legendario violinista, usa muletas debido a la polio. En el otoño de 1995, cuando estaba actuando en el escenario del Lincoln Center, saltó una cuerda. Perlman recompuso la pieza en su cabeza y nuevos y hermosos sonidos nunca antes escuchados salieron de las tres cuerdas restantes de su violín. Más tarde dijo: “A veces es tarea del artista averiguar cuánta música puedes hacer todavía con lo que te queda”. Las enfermedades crónicas pueden hacer estallar nuestras cuerdas, pero ¿qué tesoros descubriremos en la rotura?

Al pie de la cruz estamos más cerca de Jesús porque el corazón habla al corazón. Cuando estamos en silencio junto a la cruz, es más fácil manejar las cruces en nuestras vidas y permanecer relativamente tranquilos en medio de la confusión. Como Jesús en la cruz, cuando todo parece oscuro y sombrío, nos encomendamos a Dios, a pesar de nuestras dudas y luchas con la fe. El sufrimiento continuo nos lleva más profundamente al misterio de la cruz. El dolor es una experiencia muy individual que se teje en el misterio. Debido a que no podemos sondear completamente el misterio de nuestro dolor o el misterio de la cruz, por la razón o el intelecto, debemos mirar a Jesús crucificado con ojos de confianza. Jesús no promovió el sufrimiento, lo santificó a través de su pasión y muerte. Por Jesús, y por él, el sufrimiento no es desperdiciado. Tomás de Kempis nos recuerda: “En la cruz está el colmo de la virtud, en la cruz está la perfección de la santidad. No hay salud del alma ni esperanza de vida eterna sino en la cruz”.

Toma tu cruz, dijo el Salvador,
si quieres ser mi discípulo;
niégate a ti mismo, abandona el mundo
y sígueme humildemente.

Toma tu cruz; no dejes que su peso
llene de alarma el espíritu asustado;
su fuerza sostendrá tu espíritu,
y fortalecerá tu corazón, y fortalecerá tu brazo.

Toma tu cruz, no hagas caso de la vergüenza,
ni dejes que tu necio orgullo se rebele:
por ti el Salvador cargó con la cruz,
para salvar tu alma de la muerte y del infierno.

Toma tu cruz, entonces, en la fuerza de Cristo,
y todo peligro tranquilamente valiente;
Te guiará a un hogar celestial
y te conducirá a la victoria sobre la tumba.

Toma tu cruz y sigue a Cristo,
no pienses hasta la muerte en dejarla,
porque solo aquellos que llevan la cruz
pueden esperar llevar la corona gloriosa.


Carlos W. Everest


Sufrimiento redentor

El sufrimiento redentor se despliega desde los deseos más profundos de nuestro corazón y está anclado en el sufrimiento de Cristo. El sufrimiento es redentor cuando se soportan con valentía los modos de tratamiento apropiados, lo cual no es un logro pequeño. De manera desconocida y misteriosa, por la gracia de Dios, y en unión con la pasión y muerte de Jesús, el sufrimiento es salvífico y por él se ganan gracias para nosotros y para muchos otros. Los que sufrimos nos convertimos en canales del amor de Jesús crucificado.


Ofrecer nuestro dolor a Dios Padre en unión con Cristo crucificado es un acto de amor extraordinario. El apóstol Pablo escribió: “Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta a las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia”. La muerte de Cristo en la cruz redimió a todo el género humano y lo reunió con Dios. Somos su cuerpo místico. Nuestro sufrimiento es el vehículo que lleva la pasión de Jesús a los corazones y almas de la humanidad, y es como su sufrimiento se vive en el mundo de hoy. Como miembros del cuerpo místico, soportamos nuestro dolor con paciencia para poder dar testimonio a otros del sacrificio eterno de Cristo por la humanidad.

El sufrimiento redentor es una gracia incomparable que aclara las confusiones, las dificultades y las pruebas de cada día. A la luz del sufrimiento redentor, sabemos que Jesús crucificado infunde sentido y esperanza a nuestra vida y nos hace seguir adelante. Cuando unimos nuestro sufrimiento con el de Cristo crucificado, ayudamos a otros en la tierra y los ayudamos a llegar al cielo.

El alcance del dolor generalmente solo lo conoce Dios, la persona que lo experimenta y otras personas importantes que están capacitadas para ayudar a la persona a vivir con él. El sufrimiento redentor se vive normalmente sin estridencias. Cuando aprendemos a aceptar nuestra propia debilidad, pequeñez y herida, Dios se nos revela. El dolor nos hace darnos cuenta del poco control que tenemos sobre nuestra propia vida y de lo dependientes que somos de Dios.

Vivir el misterio del sufrimiento redentor no se limita a los afligidos. Se manifiesta a través del cuidado compasivo. Las personas temerosas de Dios que comparten la vulnerabilidad, el miedo, el quebrantamiento y el desconcierto de los que sufren, también modelan la práctica del sufrimiento redentor. Los cuidadores compasivos que tienen una relación cercana con Dios desarrollan una mayor capacidad para comprender, amar y aceptar a quienes cuidan. Esta capacidad no está centrada en el dolor específico del otro como paciente, sino en la única persona que pasa a tener un dolor específico. El cuidador es traspasado por el dolor del otro, y así comparte la cualidad redentora del dolor. A través de este intercambio único, ambas personas participan y son receptoras de la inefabilidad de Dios, que está en curso, se desarrolla y no tiene fin.


Nueva visión

Una nueva visión de la vida contempla el dolor a la luz de Dios. Sostenidos por una gracia increíble, abrazamos el bien que hay en el sufrimiento. Somos mucho más que nuestra enfermedad. “Una perla es una cosa hermosa que es producida por una vida herida. Es el desgarro [que resulta] de la herida de la ostra. El tesoro de nuestro ser en este mundo también lo produce una vida herida. Si no hubiéramos sido heridos, si no hubiéramos sido heridos, entonces no produciríamos la perla”. (Stephan Höller)

Francisco de Asís explica que la alegría perfecta no proviene de los talentos y las habilidades, ya que estos no son en última instancia nuestros, sino dones de Dios. Dijo que los únicos regalos verdaderos que podemos dar a Dios son nuestros sufrimientos. Si nos esforzamos por imitar a Francisco, podemos decir con el apóstol Pablo: “No me gloriaré sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”. De hecho, el sufrimiento es nuestro regalo que podemos ofrecer a Dios, y él usa este regalo para acercarnos a nosotros y a otros más a él. El fundamento de todo sufrimiento es la fe completa en el triunfo final de la cruz de Cristo. Edith Stein dijo: “Por ahora, el mundo consiste en opuestos... Pero al final, ninguno de esos contrastes permanecerá. Sólo habrá la plenitud del amor. ¿Cómo podría ser de otra manera?”

Dios todopoderoso, tres veces santo,
quiero ser enteramente tuyo,
una rama por gracia injertada en
la vid viva.

Palpita en mis venas, oh Amor,
capacítame para soportar
el bautismo del sufrimiento
que estoy obligado a compartir.

Señor Jesús, Siervo sufriente,
lléname de compasión;
La copa del sufrimiento desborda
El Jardín de tu Pasión;

Consúmeme con tu paz, tu amor
Y la alegría de conocerte,
Mientras rezo tu oración de Pasión
Como en Getsemaní.

Yo piso el lagar, desanimado:
¿Debe ser pisado diariamente?
La Cruz me repele pero me acerca
a la unión con Dios.

Busco al Señor en la Eucaristía
Y del cáliz bebo
El vino del amor sacrificial,
Mientras que de la Cruz me estremezco.

Sin embargo, al Crucificado clamo:
“Clávame a la Cruz.
Permite que tu luz brille a través de mí
Para ser theotokos;

Transfórmame por tu poder salvador,
Mis tinieblas purifican;
Imparte la gloria de la Cruz
Mi vida para deificar.”


Oh, Espíritu del Dios Viviente,
Con amor viste mi alma,
Para manifestar el fruto más selecto que
Tu presencia pueda adquirir
Para encarnar el Espíritu,
La voluntad de la auto anulación,
Amor absorbente para dar amor
Por la gracia perfeccionadora de Dios.


Cuando la copa del sufrimiento esté llena,
Derramándose hasta el borde,
Que el mundo discierna la gloria de Dios
En una vida derramada por él.
El trabajo de tu Pasión entonces parecerá liviano,
tal es el peso de la gloria:
esa carga también es pesada,
pero el privilegio es tan grande.


Rosemary Radley
Monte Carmelo
Enero-marzo de 2013