sábado, 4 de diciembre de 2021

BERGOGLIO: «NINGUNO DE NOSOTROS HA SIDO LLAMADO PARA HACER PROSELITISMO COMO PREDICADORES, ESO JAMÁS»

“No sirve ser impulsivos, nostálgicos o quejumbrosos, es mejor seguir adelante leyendo los signos de los tiempos y también los signos de la crisis” afirmó Bergoglio.


La primera cita en su viaje a Chipre y Grecia fue el encuentro con los sacerdotes, religiosos y catequistas en Nicosia, en la catedral maronita.

En su discurso, Bergoglio aseguró que Chipre tiene una historia que «es cruce de pueblos y mosaico de encuentros». «Así es también la Iglesia: católica, es decir, universal, espacio abierto en el que todos son acogidos y alcanzados por la misericordia de Dios y su invitación a amar», añadió.

«No hay ni debe haber muros en la Iglesia católica. Y esto, no lo olvidemos, ninguno de nosotros ha sido llamado aquí para hacer proselitismo como predicadores, eso jamás. El proselitismo es estéril, no da vida. Todos hemos sido llamados por la misericordia de Dios, que nunca se cansa de llamar, nunca se cansa de estar cerca, nunca se cansa de perdonar», señaló Francisco.

«¿Dónde están las raíces de nuestra vocación cristiana? En la misericordia de Dios. Nunca debemos olvidar eso. El Señor no defrauda; su misericordia no defrauda. Siempre nos espera. No hay y no debe haber muros en la Iglesia católica, por favor», insistió.

«Y una ‘casa común’, es el lugar de las relaciones, es la convivencia de la ‘diversidad’: ese rito, ese otro rito; uno lo piensa así, esa monja lo vio así, la otra lo vio de otro modo. La ‘diversidad’ de todos y, en esa ‘diversidad’, la ‘riqueza de la unidad’. ¿Y quién hace la unidad? El espíritu santo. ¿Y quién hace la ‘diversidad’? El espíritu santo. Quien puede entender que entienda. Él es el autor de la diversidad y es el autor de la armonía», les dijo Bergoglio.

El pontífice aseguró a los chipriotas que «necesitamos una Iglesia que no se deja turbar y desconcertar por los cambios, sino que acoge serenamente la ‘novedad’ y discierne las situaciones a la luz del Evangelio».

«En esta isla es precioso el trabajo que llevan adelante en la acogida de nuevos hermanos y hermanas que llegan desde otros lugares del mundo», indicó. La Iglesia en Chipre «tiene estos brazos abiertos: acoge, integra y acompaña», y ese es un mensaje «importante también para la Iglesia en toda Europa, marcada por la crisis de fe».

«No sirve ser impulsivos, no sirve ser agresivos, o nostálgicos o quejumbrosos, es mejor seguir adelante leyendo los signos de los tiempos y también los signos de la crisis. Es necesario volver a comenzar y anunciar el Evangelio con paciencia, tomar en mano las Bienaventuranzas, sobre todo anunciarlas a las nuevas generaciones», continuó Bergoglio.

«En la multiforme variedad de su pueblo, paciencia significa también tener oídos y corazón para ‘acoger sensibilidades espirituales diferentes’, modos de expresar la fe distintos y culturas diversas. La Iglesia no quiere uniformar, por favor no. Sino integrar todas las culturas, todas las psicologías de las personas, con paciencia materna, porque la Iglesia es madre. Es lo que deseamos hacer con la gracia de Dios en el itinerario sinodal: la oración paciente, la escucha paciente de una Iglesia dócil a Dios y abierta al hombre».

El santo padre explicó que la fraternidad en la Iglesia no quiere decir que no se pueda discutir, «es bueno hacerlo». «Un poco de discusión es siempre bueno. En particular sobre ‘diferentes sensibilidades e ideas’, ya que es malo no discutir nunca. Cuando hay una paz demasiado rigurosa, no es de Dios», dijo.

«En familia, los hermanos discuten, intercambian puntos de vista. Sospecho de los que nunca discuten, porque todo el tiempo tienen «agendas» ocultas. Esta es la fraternidad de la Iglesia: se pueden discutir visiones, sensibilidades, ideas diferentes, y en algunos casos decir cosas con franqueza, esto ayuda, y no decirlas por atrás con una crítica que no hace bien a nadie. La discusión es una oportunidad para el crecimiento y el cambio. Pero recordemos siempre que no se discute para hacerse la guerra, para imponerse, sino para expresar y vivir la vitalidad del Espíritu, que es amor y comunión. Se discute, pero seguimos siendo hermanos», afirmó.


Discurso del papa publicado por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

Beatitudes, queridos hermanos obispos,

queridos sacerdotes, religiosas y religiosos,

queridos catequistas, hermanos y hermanas: Χαίρετε! [¡Hola!]

Me siento contento de estar entre ustedes. Deseo expresar mi gratitud al Cardenal Béchara Boutros Raï por las palabras que me ha dirigido y saludar con afecto al Patriarca Pierbattista Pizzaballa. Gracias a todos ustedes por su ministerio y su servicio; en particular a ustedes, hermanas, por la obra educativa que llevan adelante en la escuela, a la que asisten tantos jóvenes de la isla, lugar de encuentro, de diálogo y aprendizaje del arte de construir puentes. Gracias! Gracias a todos por su cercanía a las personas, especialmente en los contextos sociales y laborales donde es más difícil.

Comparto mi alegría de visitar esta tierra, caminando como peregrino tras las huellas del gran apóstol Bernabé, hijo de este pueblo, discípulo enamorado de Jesús, intrépido anunciador del Evangelio que, pasando por las nacientes comunidades cristianas, veía cómo actuaba la gracia de Dios y se alegraba de ello, exhortando «a todos para que permanecieran unidos al Señor con firmeza de corazón» (Hch 11,23). Y yo vengo con el mismo deseo: ver la gracia de Dios obrando en su Iglesia y en su tierra, alegrándome con ustedes por las maravillas que el Señor obra y exhortándolos a perseverar siempre, sin cansarse, sin desanimarse nunca. ¡Dios es más grande! Dios es más grande que nuestras contradicciones. ¡Adelante!

Los miro y veo la riqueza de su diversidad. Es cierto, ¡una buena «macedonia». Todo diferente. Saludo a la Iglesia maronita, que en el curso de los siglos ha llegado en varias ocasiones a la isla y que, a menudo atravesando muchas pruebas, ha perseverado en la fe. Cuando pienso en el Líbano siento mucha preocupación por la crisis en la que se encuentra y noto el sufrimiento de un pueblo cansado y probado por la violencia y el dolor. Llevo a mi oración el deseo de paz que sube desde el corazón de ese país. Les agradezco lo que hacen en la Iglesia, por Chipre. Los cedros del Líbano se citan numerosas veces en la Escritura como modelos de belleza y grandeza. Pero incluso un gran cedro surge desde las raíces y crece lentamente. Ustedes son estas raíces, trasplantadas en Chipre para difundir la fragancia y la belleza del Evangelio. ¡Gracias!

Saludo también a la Iglesia latina, presente aquí por milenios, que ha visto crecer en el tiempo, junto a sus hijos, el entusiasmo de la fe y que hoy, gracias a la presencia de tantos hermanos y hermanas migrantes, se presenta como un pueblo “multicolor”, un auténtico lugar de encuentro entre etnias y culturas diferentes. Este rostro de la Iglesia refleja el rol de Chipre en el continente europeo: una tierra de campos dorados, una isla acariciada por las olas del mar, pero sobre todo una historia que es cruce de pueblos y mosaico de encuentros. Así es también la Iglesia: católica, es decir, universal, espacio abierto en el que todos son acogidos y alcanzados por la misericordia de Dios y su invitación a amar. No hay ni debe haber muros en la Iglesia católica. Y esto, no lo olvidemos, ninguno de nosotros ha sido llamado aquí para hacer proselitismo como predicadores, eso jamás. El proselitismo es estéril, no da vida. Todos hemos sido llamados por la misericordia de Dios, que nunca se cansa de llamar, nunca se cansa de estar cerca, nunca se cansa de perdonar. ¿Dónde están las raíces de nuestra vocación cristiana? En la misericordia de Dios. Nunca debemos olvidar eso. El Señor no defrauda; su misericordia no defrauda. Siempre nos espera. No hay y no debe haber muros en la Iglesia católica, por favor. Y una casa común, es el lugar de las relaciones, es la convivencia de la diversidad: ese rito, ese otro rito; uno lo piensa así, esa monja lo vio así, la otra lo vio de otro modo. La diversidad de todos y, en esa diversidad, la riqueza de la unidad. ¿Y quién hace la unidad? El espíritu santo. ¿Y quién hace la diversidad? El espíritu santo. Quien puede entender que entienda. Él es el autor de la diversidad y es el autor de la armonía. San Basilio solía decirlo: “Ipse harmonia est”. Él es quien hace la diversidad de dones y la unidad armoniosa de la Iglesia.

Queridos amigos, ahora quisiera compartir algo con ustedes a propósito de san Bernabé, su hermano y patrono, inspirándome en dos palabras de su vida y de su misión.

La primera palabra es paciencia. Se habla de Bernabé como de un gran hombre de fe y de equilibrio, que fue elegido por la Iglesia de Jerusalén —se puede decir de la Iglesia madre— como la persona más idónea para visitar una nueva comunidad, la de Antioquía, que estaba compuesta por diversas personas que se habían convertido recientemente del paganismo. Fue enviado para ir y ver qué estaba sucediendo, casi como un explorador. Allí encontró personas que provenían de otro mundo, de otra cultura y sensibilidad religiosa; personas que acababan de cambiar de vida y por eso tenían una fe llena de entusiasmo, pero todavía frágil, como al inicio. En toda esta situación, la actitud de Bernabé fue de gran paciencia. Sabe esperar. Sabe esperar que el árbol crezca. Es la paciencia de estar dispuesto a salir constantemente de viaje, la paciencia de entrar en la vida de personas hasta ese momento desconocidas, la paciencia de acoger la novedad sin juzgarla apresuradamente, la paciencia del discernimiento, que sabe captar los signos de la obra de Dios en todas partes, la paciencia de “estudiar” otras culturas y tradiciones. Bernabé tuvo sobre todo la paciencia del acompañamiento, deja crecer, acompañando. No sofocó la fe frágil de los recién llegados con actitudes estrictas, inflexibles, o con requerimientos demasiado exigentes en cuanto a la observancia de los preceptos. No. Los dejaba crecer, los acompañaba, los tomaba de la mano, dialogaba con ellos. Bernabé no se escandaliza, como un padre y una madre no se escandalizan con sus hijos, los acompañan, los ayudan a crecer. Tengan en cuenta esto, las divisiones, el proselitismo dentro de la Iglesia no van. Deja crecer y acompaña. Y si tienes que regañar a alguien, regaña, pero con amor, con paz. Es el hombre de la paciencia.

Necesitamos una Iglesia paciente, queridos hermanos y hermanas. Una Iglesia que no se deja turbar y desconcertar por los cambios, sino que acoge serenamente la novedad y discierne las situaciones a la luz del Evangelio. En esta isla es precioso el trabajo que llevan adelante en la acogida de nuevos hermanos y hermanas que llegan desde otros lugares del mundo. Como Bernabé, también ustedes están llamados a cultivar una mirada paciente y atenta, a ser signos visibles y creíbles de la paciencia de Dios que nunca deja a nadie fuera de casa, nadie privado de su tierno abrazo. La Iglesia en Chipre tiene estos brazos abiertos: acoge, integra y acompaña. Es un mensaje importante también para la Iglesia en toda Europa, marcada por la crisis de fe. No sirve ser impulsivos, no sirve ser agresivos, o nostálgicos o quejumbrosos, es mejor seguir adelante leyendo los signos de los tiempos y también los signos de la crisis. Es necesario volver a comenzar y anunciar el Evangelio con paciencia, tomar en mano las Bienaventuranzas, sobre todo anunciarlas a las nuevas generaciones. A ustedes, hermanos obispos, quisiera decirles: sean pastores pacientes en la cercanía, no se cansen nunca de buscar a Dios en la oración; buscar a los sacerdotes, en el encuentro; a los hermanos de otras confesiones cristianas, con respeto y solicitud; y a los fieles, allí donde viven. Y a ustedes, queridos sacerdotes que están aquí, quisiera decirles: sean pacientes con los fieles, siempre dispuestos a animarlos, ministros incansables del perdón y de la misericordia de Dios. Nunca jueces severos, siempre padres amorosos.

Cuando leo la Parábola del hijo pródigo: el hermano mayor era un juez riguroso, pero el padre era misericordioso, la imagen del Padre que siempre perdona, es más, que siempre está esperando para perdonemos. El año pasado un grupo de jóvenes que hacen espectáculos de música pop, quisieron hacer la parábola del hijo pródigo, cantada en música pop y diálogos. ¡Hermoso! Pero lo más lindo es la discusión final, cuando el hijo pródigo se acerca a un amigo y le dice: “No puedo seguir así. Quiero irme a casa, pero tengo miedo de que papá me cierre la puerta en la cara, que me eche. Tengo este miedo y no sé cómo hacer. —Pero tu papá es bueno— —Sí, pero ya sabes… mi hermano está ahí calentándose la cabeza”. Hacia el final de esa ópera pop sobre el hijo pródigo, su amigo le dice: “Haz una cosa: escribe a tu papá y dile que quieres volver, pero tienes miedo de que no te reciba bien. Dile a tu papá que, si quiere darte la bienvenida, ponga un pañuelo en la ventana más alta de la casa, así tu papá te dirá primero si te dará la bienvenida o te rechazará”. Ese acto termina. En el otro acto, el hijo se dirige a la casa de su padre. Y cuando está en camino, se vuelve y ve la casa de su padre: que estaba llena de pañuelos blancos. ¡Llena! Este es Dios para nosotros. Este es Dios para nosotros. Nunca se cansa de perdonar. Y cuando el hijo empieza a hablar: “Ah, señor, yo hice…”, —Cállate, y le tapa la boca—.

A ustedes sacerdotes: por favor, no sean rigurosos en la confesión. Cuando ves que alguien está en problemas, di: «entiendo, entiendo». Esto no significa «manga ancha», no. Significa corazón de padre, como corazón de padre tiene Dios.

La obra que el Señor realiza en la vida de cada persona es una historia sagrada, dejémonos apasionar por ella. En la multiforme variedad de su pueblo, paciencia significa también tener oídos y corazón para acoger sensibilidades espirituales diferentes, modos de expresar la fe distintos y culturas diversas. La Iglesia no quiere uniformar, por favor no. Sino integrar todas las culturas, todas las psicologías de las personas, con paciencia materna, porque la Iglesia es madre. Es lo que deseamos hacer con la gracia de Dios en el itinerario sinodal: la oración paciente, la escucha paciente de una Iglesia dócil a Dios y abierta al hombre. La paciencia era uno de los aspectos de Bernabé.

En la historia de Bernabé hay un segundo aspecto importante que quisiera subrayar: su encuentro con Pablo de Tarso y la amistad fraterna entre ellos, que los conducirá a vivir juntos la misión. Después de la conversión de Pablo —que antes había sido un encarnizado perseguidor de los cristianos— «todos le temían, porque no creían que él también fuera discípulo» (Hch 9,26). Aquí el libro de los Hechos de los Apóstoles dice algo muy hermoso: Bernabé lo tomó consigo, lo presentó a la comunidad, contó lo que le había sucedido y respondió por él (cf. v. 27). Escuchemos este “lo tomó consigo”. La expresión hace referencia a la misma misión de Jesús, que tomó consigo a los discípulos por los caminos de Galilea, que tomó sobre sí nuestra humanidad herida por el pecado. Es una actitud de amistad, una actitud de compartir la vida. “Tomar consigo”, “tomar sobre sí” significa hacerse cargo de la historia del otro, darse tiempo para conocerlo sin etiquetarlo, cargarlo sobre los hombros cuando está cansado o herido, como hace el buen samaritano (cf. Lc 10,25-37). Esto se llama fraternidad, y esta es la segunda palabra que deseo decirles. La primera, paciencia y la segunda fratenridad.

Bernabé y Pablo, como hermanos, viajaron juntos para anunciar el Evangelio, aun en medio de persecuciones. En la Iglesia de Antioquía «estuvieron juntos todo un año e instruyeron a mucha gente» (Hch 11,26). Luego ambos tenían reservada una misión más grande y, enviados por el Espíritu Santo, «se embarcaron para Chipre» (Hch 13,4). Y la Palabra de Dios corría y crecía no sólo por sus cualidades humanas, sino sobre todo porque eran hermanos en el nombre de Dios y esta fraternidad entre ellos hacía resplandecer el mandamiento del amor. Hermanos distintos, como los dedos de una mano, todos diversos, pero todos con la misma dignidad. Hermanos. Después, como sucede en la vida, pasó algo inesperado. Los Hechos cuentan que los dos tuvieron un fuerte desacuerdo y sus caminos se separaron (cf. Hch 15,39). También entre los hermanos se discute, a veces hay disputas. Pero Pablo y Bernabé no se separaron por motivos personales, sino que estaban discutiendo acerca de su ministerio, sobre cómo llevar adelante la misión, y tenían visiones diferentes. Bernabé también quería llevar a la misión al joven Marcos, y Pablo no quería. Discutieron, pero por algunas cartas sucesivas se intuye que no quedó rencor entre ellos. Incluso a Timoteo, que tenía que alcanzarlo más adelante, Pablo le escribió: «Ven a verme cuanto antes […] Recoge a Marcos [¡justamente a él!] y tráelo contigo, pues será de gran ayuda en mi ministerio» (2 Tm 4,9.11). Esta es la fraternidad en la Iglesia, se puede discutir sobre visiones, sobre puntos de vista, es bueno hacerlo. Un poco de discusión es siempre bueno. En particular sobre diferentes sensibilidades e ideas, ya que es malo no discutir nunca. Cuando hay una paz demasiado rigurosa, no es de Dios. En familia, los hermanos discuten, intercambian puntos de vista. Sospecho de los que nunca discuten, porque todo el tiempo tienen «agendas» ocultas. Esta es la fraternidad de la Iglesia: se pueden discutir visiones, sensibilidades, ideas diferentes, y en algunos casos decir cosas con franqueza, esto ayuda, y no decirlas por atrás con una crítica que no hace bien a nadie. La discusión es una oportunidad para el crecimiento y el cambio. Pero recordemos siempre que no se discute para hacerse la guerra, para imponerse, sino para expresar y vivir la vitalidad del Espíritu, que es amor y comunión. Se discute, pero seguimos siendo hermanos.

Recuerdo que cuando era niño éramos cinco. Discutíamos entre nosotros, a veces con fuerza, no todos los días, y luego estábamos todos juntos en la mesa. La discusión de la familia que tiene madre, la madre Iglesia: los hijos discuten.

Queridos hermanos y hermanas, necesitamos una Iglesia fraterna que sea instrumento de fraternidad para el mundo. Aquí en Chipre existen muchas sensibilidades espirituales y eclesiales, varias historias de procedencia, de ritos de tradiciones diferentes; pero no debemos sentir la diversidad como una amenaza contra la identidad, ni debemos recelar y preocuparnos de los respectivos espacios. Si caemos en esta tentación crece el miedo, el miedo genera desconfianza, la desconfianza conduce a la sospecha y, antes o después, lleva a la guerra. Somos hermanos amados por un único Padre. Ustedes están inmersos en el Mediterráneo, un mar con diferentes historias, un mar que ha mecido numerosas civilizaciones, un mar del que todavía hoy desembarcan personas, pueblos y culturas de todas partes del mundo. Con su fraternidad pueden recordar a todos, a toda Europa, que para construir un futuro digno del hombre es necesario trabajar juntos, superar las divisiones, derribar los muros y cultivar el sueño de la unidad. Necesitamos acogernos e integrarnos, caminar juntos, ser todos hermanos y hermanas.

Les agradezco lo que son y lo que hacen, la alegría con la que anuncian el Evangelio, las fatigas y renuncias con las que lo sostienen y lo hacen avanzar. Este es el camino trazado por los santos apóstoles Pablo y Bernabé. Les deseo que sean siempre una Iglesia paciente, que discierne, que no se asusta nunca, que acompaña y que integra; y una Iglesia fraterna, que hace espacio al otro, que discute pero permanece unida y crece en la discusión. Los bendigo a cada uno de ustedes. Y, por favor, sigan rezando por mí, porque tengo necesidad. Efcharistó! [¡Gracias!]




viernes, 3 de diciembre de 2021

OMICRON: TE ADVERTIMOS QUE LA FARSA NUNCA TERMINARÍA

Si el público se permite sacar la cabeza de la niebla de la propaganda de la TV por un momento y recuperar su orientación, podrían darse cuenta de que han sido convertidos en el objetivo de una campaña de terror masiva.

Por Brandon Smith


¿Recuerdas cuando Anthony Fauci y otros "profesionales" de la medicina pagados por el gobierno dijeron que los ciudadanos debían enmascararse y quedarse en casa durante dos semanas para "aplanar la curva" de la "pandemia"? ¿Recuerdas cuando volvieron dos semanas después y dijeron que necesitaban otro par de semanas? ¿Recuerdas cómo retrocedieron un poco con los cierres y luego volvieron a exigir más? ¿Recuerdas en 2019 cuando la gente no se escondía en sus casas y detrás de las máscaras por un "virus" con una tasa de mortalidad por infección de sólo el 0,27%? ¿Lo recuerdas?

Al principio de la respuesta a la "pandemia", yo y muchos otros en los medios de comunicación alternativos advertimos que los mandatos y los cierres nunca iban a terminar; están planeados para durar para siempre. Lo predije basándome en las declaraciones hechas por los mismos globalistas e instituciones que diseñan la política de respuesta a la covidianeidad para los gobiernos nacionales. En mi artículo "Waves Of Mutilation: Medical Tyranny And The Cashless Society" (Oleadas de mutilación: La tiranía médica y la sociedad sin dinero), publicado en abril de 2020, resumí los comentarios del globalista Gideon Lichfield, del MIT, basados en los libros blancos publicados por el Imperial College de Londres. En el artículo, titulado "We’re Not Going Back To Normal" (No vamos a volver a la normalidad), describe el futuro del mundo bajo la tiranía médica de los covidianos:

"Para detener el coronavirus tendremos que cambiar radicalmente casi todo lo que hacemos: cómo trabajamos, hacemos ejercicio, socializamos, compramos, gestionamos nuestra salud, educamos a nuestros hijos, cuidamos de nuestros familiares.

Todos queremos que las cosas vuelvan a la normalidad rápidamente. Pero lo que la mayoría de nosotros probablemente no ha comprendido todavía -pero lo hará pronto- es que las cosas no volverán a la normalidad al cabo de unas semanas, o incluso de unos meses. Algunas cosas nunca lo harán".


Continúa:

"Mientras alguien en el mundo tenga el virus, los brotes pueden y seguirán repitiéndose sin controles estrictos para contenerlos. En un informe publicado ayer, los investigadores del Imperial College de Londres proponen una forma de hacerlo: imponer medidas de distanciamiento social más extremas cada vez que los ingresos en las unidades de cuidados intensivos (UCI) empiecen a repuntar, y relajarlas cada vez que los ingresos disminuyan..."

Lichfield argumenta:

"En última instancia, sin embargo, predigo que restableceremos la capacidad de socializar con seguridad desarrollando formas más sofisticadas de identificar quién es un riesgo de enfermedad y quién no, y discriminando -legalmente- a los que lo son.

...uno puede imaginarse un mundo en el que, para subir a un vuelo, tal vez haya que apuntarse a un servicio que rastree tus movimientos a través de tu teléfono. La aerolínea no podría ver dónde has ido, pero recibiría una alerta si has estado cerca de personas 'infectadas' conocidas o de focos de enfermedades. Habría requisitos similares en la entrada de grandes recintos, edificios gubernamentales o centros de transporte público. Habría escáneres de temperatura por todas partes, y tu lugar de trabajo podría exigirte que lleves un monitor que controle tu temperatura u otras constantes vitales. Donde los clubes nocturnos piden una prueba de edad, en el futuro podrían pedir una prueba de inmunidad: un documento de identidad o algún tipo de verificación digital a través de tu teléfono, que demuestre que ya te has recuperado o has sido vacunado contra las últimas cepas de virus".

Dos años después (en lugar de dos semanas), la farsa del covirus continúa. Por farsa me refiero a que el virus no es una amenaza para la salud de la gran mayoría de la población, pero los gobiernos y los medios de comunicación siguen creando miedo sobre su existencia mientras intentan obligar a la gente a aceptar vacunas experimentales sin pruebas a largo plazo que demuestren que son seguras. En casi cualquier país en el que la gente ha sido mayoritariamente desarmada o en cualquier país con una mínima posibilidad de disturbios, los totalitarios covidianos se apresuran a acaparar cada gramo de poder que puedan antes de que la población se dé cuenta de lo que está sucediendo.

Podría seguir y seguir esbozando la montaña de hechos y pruebas científicas que desacreditan por completo el pánico al covid. Podría hablar del hecho de que el 99,7% o más de las personas no corren peligro de muerte por covid y que sólo un pequeño porcentaje de los hospitalizados por covid tienen efectos secundarios a largo plazo. Podría mencionar el hecho de que los países con altas tasas de vacunación como Israel o Irlanda también tienen las tasas de infección más altas y numerosas muertes de personas totalmente vacunadas. También podría mencionar que la inmunidad natural ha sido probada en estudios en países mayoritariamente vacunados como superior en todos los sentidos a la vacunación. Los autoritarios no quieren oírlo.

En Nueva Zelanda y Australia, antaño bastiones de la democracia y la libertad occidentales, los ciudadanos están ahora encerrados por los caprichos de los burócratas a la primera señal de una prueba de PCR positiva. Llevo meses diciendo que si quieres ver el futuro que el establishment pretende para los ciudadanos, sólo tienes que echar un vistazo a países como Australia, donde están construyendo campos de prisioneros covacha operados por los militares. La gente incluso ha sido arrestada tratando de escapar de estos recintos. No, esto no es una "teoría de la conspiración", es un hecho.

En estos campos estás bajo el completo control del gobierno. Como en cualquier prisión, te dan de comer cuando quieren, restringen tus movimientos, te aíslan de tus amigos y familiares, etc. Tu tiempo en los campos puede incluso ser "prolongado" por los administradores sin supervisión si determinan que te has "portado mal". Así es, no se trata de lo infeccioso que eres, no se trata de la ciencia, se trata de lo sumiso que eres.

Y realmente, eso es todo lo que la respuesta a la "pandemia covidiana" ha sido siempre.

Mira una nación como Austria, que tiene un 65% de vacunación y tasas de infección cada vez mayores. Decidieron que la culpa era de la gente no vacunada, así que ordenaron que cualquiera que no tuviera pruebas de vacunación se sometiera a encierros. Después de eso, sus infecciones y muertes se dispararon aún más. Así que, en lugar de admitir la conclusión obvia y lógica (que las vacunas no funcionan, o al menos, que los bloqueos no funcionan), ordenaron un bloqueo para TODOS. ¿Por qué? Para ocultar que los no vacunados no son el problema.

Para que quede claro, el pico inicial que provocó los cierres en Austria ascendió a unas 300 muertes, la gran mayoría de ellas entre los ancianos. En Austria, los pacientes de residencias de ancianos representan alrededor del 36% de todas las muertes por covirus. Para ser claros, están eliminando las libertades de 9 millones de personas y estrangulando su economía por un pico de 300 muertes. La gente muere todos los días en gran número de enfermedades transmisibles. Esto es un hecho de la vida, no es algo que se utilice como arma política y social.

Para dar un paso más, Austria también amenaza ahora con un proyecto de ley de vacunación obligatoria que permite imponer multas y prisión a los que no se vacunen. El estado de vacunación será determinado por el gobierno y las vacunas de refuerzo podrían ser requeridas en cualquier momento. El hecho de que ahora estés totalmente vacunado no significa que mañana se te considere totalmente vacunado. Esto no terminará nunca.

Los datos demuestran que la inoculación hace poco o nada para frenar las tasas reales de infección o las muertes; hubo más muertes por covirus en 2021 que en 2020 a pesar de la proliferación de las vacunas este año. Es decir, las vacunas se introdujeron este año y sin embargo hubo más muertes de covidianos que el año pasado. ¿No es extraño?

Los principales medios de comunicación están afirmando que esto es ahora "una pandemia de los no vacunados". Supongo que deberían decírselo a los muchos miles de personas totalmente vacunadas infectadas y a los cientos que mueren en estados como Massachusetts, donde realmente se hace un seguimiento de los casos de avance. Por supuesto, los medios de comunicación siguen cantando alabanzas a las vacunas a pesar de estos "pequeños contratiempos".

Si las vacunas funcionaran de verdad, no habría necesidad de vacunación obligatoria. Las personas vacunadas estarían protegidas y las no vacunadas asumirían los riesgos individuales. La secta de los covidianos no parece entender la lógica: o las vacunas son eficaces y no hay necesidad de hacerlas obligatorias, o no son eficaces, lo que significa que hacerlas obligatorias no tiene sentido.

Pero, de nuevo, la lógica y la ciencia no son el punto - el control es el punto. Es un razonamiento interminable para el control infinito. Nunca terminará.

La realidad es que la "agenda covidiana" no ha sido tan efectiva si miramos el panorama general. Si el objetivo es la vacunación al 100% y el control perpetuo de los pasaportes vacunatorios utilizando refuerzos regulares como mecanismo de dominación a largo plazo (tiranía farmacéutica), entonces hasta ahora su plan les está fracasando. Algunos países han caído en el largo invierno covidiano, pero muchos otros no. Casi todos los estados conservadores de Estados Unidos están en pleno desafío a los mandatos y los tribunales federales han bloqueado los intentos de Joe Biden de burlar la constitución. Si los estados rojos (republicanos) de Estados Unidos resisten, esto da esperanzas a los demás. Así que, ¿qué les queda por hacer a los traficantes de poder del establishment?

Es fácil... simplemente, hacer más de lo mismo.

Entra la variante Omicron en escena, algo que los "teóricos de la conspiración" hemos estado advirtiendo durante los últimos dos años. Esta es la belleza de la narrativa de la "pandemia" cuando se trata de construir un régimen autoritario global; los virus siempre están cambiando e incluso se pueden diseñar nuevos virus si es necesario. Por lo tanto, siempre hay una nueva amenaza para asustar al público y siempre una nueva razón para encerrarlos en sus casas o exigirles que renuncien a sus libertades. Es un ciclo vampírico interminable que drena lentamente la libertad de una población.

Dejemos a un lado el hecho de que los médicos que "descubrieron el Omicron" en Sudáfrica lo han catalogado como una variación leve del covid y no como una amenaza significativa para el público. Esto tiene mucho sentido. En la gran mayoría de los escenarios pandémicos, los virus tienden a evolucionar hacia versiones ligeramente más infecciosas pero mucho menos mortales que el original. Pero eso no impide que los medios de comunicación y los "científicos" del gobierno pongan el grito en el cielo por Omicron e incluso sugieran que esta vez el covid "podría" evolucionar para ser más mortífero en lugar de menos.

Eso es lo que están haciendo ahora. No les queda nada y si pierden con el relato covidiano, pierden una de las mejores oportunidades que han tenido para el control centralizado de casi todos los individuos de la Tierra.

El miedo sobre está disminuyendo. Cientos de millones de personas no están dispuestas a renunciar a sus libertades por una "pandemia" exagerada y absurda con un 0,27% de tasa de mortalidad. Mucha gente que está vacunada está luchando contra los mandatos junto a los no vacunados. La mayoría de nosotros no somos obesos. La mayoría de nosotros no tenemos 80 años y estamos en una residencia de ancianos. La mayoría de nosotros no tiene enfermedades preexistentes. Sin más bombos y platillos y sin más "variantes" se acaba la fiesta para los globalistas, y esa idea no les gusta nada.

Si el público se permite sacar la cabeza de la niebla de la propaganda de la TV por un momento y recuperar su orientación, podrían darse cuenta de que han sido convertidos en el objetivo de una campaña de terror masiva. Podrían enfadarse. Podrían exigir investigaciones. Puede que incluso exijan que rueden algunas cabezas globalistas. Así que prepárate para que Omicron siga siendo noticia durante meses, y luego la siguiente "mutación", y la siguiente "mutación", y la siguiente "mutación"... Los globalistas y los oportunistas políticos seguirán con el teatro hasta que consigan lo que quieren, o hasta que sean eliminados de la ecuación por completo. Nunca terminará, a menos que ellos terminen.


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jueves, 2 de diciembre de 2021

¿CUÁNDO SE CONVIRTIÓ EN UNA SECTA LA IGLESIA DE CRISTO?

Los católicos no seguimos al papa; no es el papa nuestro Capitán, sino Cristo, del que el Santo Padre es solo el encargado de custodiar su Iglesia durante un plazo, siempre breve frente a la eternidad.

Por Carlos Esteban


La mitad de los católicos norteamericanos no cree en la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, según las últimas encuestas de Pew Research sobre las que hemos informado ya. Una holgada mayoría, un 59%, descree del infierno. En cuestiones de doctrina moral, los números son aún más desalentadores, y el propio presidente de Estados Unidos, Joe Biden, puede seguir presentándose como un ‘católico devoto’ mientras impulsa la política proabortista más agresiva de la historia, y la abrumadora mayoría de los obispos norteamericanos no se atreven a aplicar el Código de Derecho Canónico para que se le niegue la Sagrada Eucaristía.

Y, sin embargo, nada de esto desata las alarmas sobre la ‘unidad’ de la Iglesia entre los buenos, pese a ser rechazos explícitos de la doctrina eterna de Cristo. En cambio, basta disentir con las opiniones del papa, absolutamente ajenas a la fe, para que se levante un coro vociferante que se rasga las vestiduras denunciando una brecha de la ‘unidad’.


¿Cuándo se convirtió la Iglesia de Cristo en una secta?

Parte de la perplejidad viene por que nunca antes de ahora había existido la posibilidad de escuchar al Santo Padre -o al obispo, o a los cardenales- en tiempo real desde tantos canales, nunca antes había estado el fiel tan expuesto a un caudal continuo de declaraciones papales, sin que el fiel sencillo tenga a veces los medios de distinguir lo fundamental de lo accesorio.

Eso no es unidad, es uniformidad. Eso es la negación misma de la cacareada ‘sinodalidad’. Es concebir a la Esposa de Cristo como un culto, casi como un partido o empresa en el que el CEO o el líder puede cambiar a voluntad el rumbo y las verdades. La misma expresión, tan extendida, de ‘Iglesia de Francisco’ debería ponernos en alerta. No: es la Iglesia de Cristo, de la que Francisco es el vicario temporal encargado con la misión de conservar intacto el depósito de la fe.

Disentir de las visiones políticas o científicas del pontífice no debería verse como indicio de falta de unidad, sino como expresión de la sana ‘libertas’ de la que se ufanaba San Agustín ante las cuestiones opinables. La Iglesia de hoy no es la Iglesia, es solo una parte, ni siquiera mayoritaria. Está la Iglesia de ayer y la de mañana; están la Iglesia Triunfante y la Iglesia Militante. Y todas ellas son la misma Iglesia, que no puede contradecirse ni renunciar a una iota de la verdad en Cristo.

No creo que beneficie a la imagen que da la Iglesia al mundo -imagen importante de cara a la evangelización- esta servil sumisión a estilos y maneras, énfasis y opiniones personales. Los católicos sufrieron durante siglos, desde la aparición de la mal llamada Reforma Protestante, el título de ‘papistas’. Pero los católicos no seguimos al papa; no es el papa nuestro Capitán, sino Cristo, del que el Santo Padre es solo el encargado de custodiar su Iglesia durante un plazo, siempre breve frente a la eternidad.


InfoVaticana


domingo, 28 de noviembre de 2021

ARZOBISPO. VIGANÒ: MEDITACIÓN SOBRE EL ADVIENTO

"Empezamos a darnos cuenta de que estamos asediados por lobos depredadores: por los que siembran el error, por los que corrompen la moral, por los que propagan la muerte y la desesperación, por los que quieren matarnos en el alma incluso antes de matarnos en el cuerpo"


VENI, UT FACIAS SALUTEM IN TERRIS,IN CŒLO GAUDIUM

“Quaere, inquit, servum tuum, quoniam mandata tua non sum oblitus.”

Veni ergo, Domine Jesu, quaere servum tuum, quaere lassam ovem tuam; veni, pastor, quaere sicut oves Joseph. Erravit ovis tua, dum tu moraris, dum tu versaris in montibus. Dimitte nonaginta novem oves tuas, et veni unam ovem quaerere quae erravit. Veni sine canibus, veni sine malis operariis, veni sine mercenario, qui per januam introire non noverit. Veni sine adjutore, sine nuntio, jam dudum te expecto venturum; scio enim venturum, quoniam mandata tua non sum oblitus. Veni non cum virga, sed cum caritate spirituque mansuetudinis.
[1]


El tiempo sagrado del Adviento es de antigua institución y lo encontramos mencionado hacia el siglo V, como tiempo del Año Litúrgico destinado a la preparación de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo secundum carnem. En efecto, el Adviento marca el inicio del Año Litúrgico, lo que nos permite aprovechar esta oportunidad para seguir la voz de la Iglesia con santas intenciones.

La disciplina de la penitencia y el ayuno durante la Cuaresma en preparación para la Pascua es ciertamente de origen apostólico, mientras que la de la expectatione Domini es posterior y se inspira en la primera, pero es menos rígida y pasó a lo largo de los siglos a ser sólo de abstinencia en determinados días de la semana. "Es cierto que San Pier Damiani, en el siglo XI, todavía supone que el ayuno de Adviento era de cuarenta días, y que San Luis, dos siglos más tarde, continuó observándolo en esta medida; pero tal vez este santo rey lo practicaba así por un transporte de especial devoción" [2] La suavidad de las generaciones modernas ha llevado a la sabiduría maternal de la Iglesia a mitigar los rigores del pasado, sin impedir que los practiquemos voluntariamente; pero tal vez la situación actual nos lleve a considerarlas como adecuadas -precisamente porque no son impuestas- las privaciones practicadas por nuestros antepasados en obediencia a un precepto eclesiástico.

La liturgia del tiempo de Adviento debe mucho a la obra de San Gregorio Magno, no sólo por los textos del Oficio y la Misa, sino también por las composiciones del propio canto. El antiguo tropo Sanctissimus namque, que introduce el introito Ad te levavi del primer domingo de Adviento, recuerda la inspiración del Santo Pontífice por parte del Espíritu Santo, que apareció en forma de paloma [3]. Nacidas inicialmente en número de seis y luego convertidas en cinco, las semanas de preparación de la Santa Navidad se redujeron a cuatro entre finales del siglo IX y principios del X, por lo que el uso actual tiene al menos mil años de antigüedad. La Iglesia Ambrosiana sigue manteniendo seis semanas, para un total de cuarenta y dos días, sobre el modelo de la Cuaresma.

San Ambrosio, doctor y padre de la Iglesia, figura entre los primeros autores de homilías sobre el tema del Adviento. Me gustaría comenzar esta meditación con una oración del Comentario al Salmo 118. El incipit de la oración es Quaere, inquit, servum tuum. Como podéis comprobar por vosotros mismos, todo el texto está tachonado de citas de la Sagrada Escritura: no para hacer gala de una cultura bíblica, que ciertamente poseía el Santo Obispo de Milán, sino por ese conocimiento de la Palabra de Dios que es fruto de una asiduidad íntima y casi vital para el alma, como el aire es indispensable para respirar. Esta asiduidad llevó a San Ambrosio a hablar y escribir él mismo utilizando las palabras del autor sagrado, no porque quisiera plagiar la Sabiduría divina, sino porque las había hecho tan suyas que las repetía a su vez sin apenas darse cuenta.

Pero si tenemos la gracia de unirnos a la oración litúrgica asistiendo a la Misa y recitando el Oficio Divino en la forma Tradicional, descubrimos que es la voz de la Iglesia misma la que nos acompaña en esta meditación de las Escrituras, ya desde el Invitatorio en Maitines. Y esto también se aplica a la liturgia de Adviento: Regem venturum Dominum, venite adoremus, canta la primera oración que se entona en medio de la noche mientras esperamos la salida del verdadero sol invicto. A esta solemne invitación a adorar al Rey divino le sigue el comienzo del libro del profeta Isaías, que suena como una severa reprimenda a su pueblo:
"Oíd, cielos, oíd, tierra, así habla el Señor: 'He criado y educado a los hijos, pero se han rebelado contra mí. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no sabe, mi pueblo no entiende". ¡Ay, pueblo pecador, pueblo de iniquidad! ¡Hijos malvados y corruptos! Han abandonado al Señor, han despreciado al Santo de Israel, se han vuelto atrás. ¿Por qué seguís deseando ser golpeados, acumulando rebeldía? Toda la cabeza está enferma, todo el corazón languidece. Desde la planta de tus pies hasta la cima de tu cabeza no hay nada sano, sino heridas y magulladuras y llagas abiertas que no han sido limpiadas ni vendadas ni curadas con aceite" (Is 1,2-6).
El oráculo del Profeta muestra la indignación del Señor ante la infidelidad de su pueblo, obstinado en su rebeldía contra su santa Ley. Pero el sentido literal o histórico [4] del pasaje de Isaías sobre los judíos va acompañado del sentido moral, es decir, sobre lo que debemos hacer. Por eso, la Majestad de Dios se dirige a nosotros - "Así habla el Señor" (ibíd., 2)- para amonestarnos una vez más, para mostrarnos nuestras traiciones, para estimularnos a la conversión.

Así, al pedir al Señor que nos libre de ore leonis et de profundo lacu, nos damos cuenta de lo poco que merecemos la misericordia de Dios, de lo indignos que somos de su misericordia y de lo que merecemos sus castigos. Deus, qui culpa offenderis, pœnitentia placaris... A las prostituciones -como las llama la Escritura- en las que cayeron los judíos, se añaden otras nuevas y mucho peores, no de un pueblo al que se prometió el Redentor, sino de lo que nació de su costado, el Cuerpo místico del propio Redentor; o mejor dicho: De aquellos que se llaman a sí mismos católicos, pero que con su infidelidad deshonran a la Esposa del Cordero, como miembros tanto de la Iglesia descendente como de la enseñante. El nuevo Israel no se ha mostrado menos rebelde que el antiguo, y el nuevo Sanedrín romano no es menos culpable que los que hicieron el becerro de oro y lo ofrecieron para la adoración de los judíos. Por eso, si el Profeta amenaza con terribles azotes a los que desobedecieron al Señor sin haber visto al Mesías venidero, ¿cuánto más grandes deben ser las palabras de un Profeta "de los últimos tiempos" ante la rebelión de la humanidad redimida por la Sangre de ese Mesías divino, habiendo podido ver el cumplimiento de las Profecías y la Encarnación de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad? En la dramática crisis que aflige a la Iglesia de Cristo desde hace sesenta años, y que hoy se manifiesta en toda su gravedad, un pusillus grex pide a su Señor que perdone a la humanidad descarriada, cuando la corrupción y la apostasía han penetrado hasta el recinto sagrado y hasta el más alto Umbral. Y es pusilánime porque la mayoría de los que han sido regenerados en el Bautismo y han merecido así ser llamados "hijos de Dios" niegan diariamente las promesas de ese Bautismo, bajo la dirección de mercenarios y falsos pastores.

Piensa en cuántos creyentes, que han crecido en la más absoluta ignorancia de los rudimentos de la Fe, a pesar de haber asistido al Catecismo, están impregnados de doctrinas filosóficas y teológicas heréticas, convencidos de que todas las religiones son equivalentes; de que el hombre no está herido por la culpa original, sino que es naturalmente bueno; de que el Estado debe ignorar la verdadera Religión y tolerar el error; de que la misión de la Iglesia no es la salvación eterna de las almas y su conversión a Cristo, sino la protección del medio ambiente y la acogida indiscriminada de inmigrantes. Pensad en los que, aun cumpliendo los preceptos festivos, no saben que el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor están contenidos en la Sagrada Hostia, y piensan que sólo es un símbolo; pensad en los que están convencidos de que les basta con arrepentirse entre ellos para recibir la Comunión, sin imaginar los tormentos que se ciernen sobre los que reciben indignamente el Cuerpo y la Sangre del Señor. Pensemos en cuántos sacerdotes, cuántos religiosos, cuántas religiosas creen que el Concilio ha traído un soplo de renovación a la Iglesia, o que ha fomentado el conocimiento de la Sagrada Escritura, o que ha permitido a los laicos comprender la liturgia, hasta ahora ignorada por las masas y celosamente custodiada por una casta de eclesiásticos rígidos e intolerantes. Piensa en quienes vieron en ella un faro indestructible contra las tinieblas del mundo, una fortaleza granítica e inexpugnable contra los asaltos de la mentalidad "moderna", de la inmoralidad generalizada, de la defensa de la vida desde su concepción hasta su fin natural. Por último, pensad en la incontenible satisfacción de los enemigos de Cristo al ver a su Iglesia postrada ante el mundo, sus ideologías de muerte, la idolatría del Estado, del poder, del dinero, de los mitos de la falsa ciencia; una Iglesia dispuesta a negar su propio pasado glorioso, a adulterar la Fe y la Moral que le enseñó Nuestro Señor, a corromper su liturgia para complacer a herejes y sectarios: Ni siquiera las más delirantes divagaciones del peor de los masones podrían haber esperado ver hecho realidad el grito de Voltaire: ¡Ecrasez l'infame!

En Adviento nos situamos simbólicamente a las puertas del templo, como el Miércoles de Ceniza en Cuaresma, y observamos desde lejos lo que ocurre en el altar: aquí el Nacimiento del Rey de Israel, allí su Pasión, Muerte y Resurrección. Imaginemos que tenemos que hacer un examen de conciencia antes de ser admitidos en el lugar santo, como adoradores individuales y como parte del cuerpo eclesial. Sólo podemos acercarnos a la adoración del Rey de reyes, del Señor de señores, si comprendemos, por un lado, el Bien infinito que se nos ofrece en pañales en el pesebre, y por otro, nuestra absoluta indignidad, que debe ir necesariamente acompañada del horror de nuestros pecados, del dolor de haber ofendido infinitamente a Dios y del deseo de reparar el mal causado mediante la penitencia y las buenas obras. Y también debemos entender que, como miembros vivos de la Iglesia, también tenemos una responsabilidad colectiva por las faltas de los demás fieles y de nuestros Pastores; y como ciudadanos, tenemos una responsabilidad por las faltas públicas de las naciones. En efecto, la comunión de los santos nos permite compartir con las almas purgantes y con las almas benditas del cielo sus méritos, para equilibrar de manera incomparablemente más eficaz esa "comunión de los malvados" que hace recaer los efectos de sus malas acciones sobre el prójimo, especialmente sobre otras personas enemigas de Dios.

"Venid a mí, que estoy atormentado por el ataque de lobos peligrosos", exclama San Ambrosio. "Venid a mí, que he sido expulsado del paraíso y cuyas llagas hace tiempo que han sido penetradas por los venenos de la serpiente, a mí que me he alejado de vuestros rebaños en esas montañas".

Empezamos a darnos cuenta de que estamos asediados por lobos depredadores: por los que siembran el error, por los que corrompen la moral, por los que propagan la muerte y la desesperación, por los que quieren matarnos en el alma incluso antes de matarnos en el cuerpo. Nos damos cuenta de lo superficiales, estúpidos y orgullosos que hemos sido al dejarnos engañar por las falsas promesas del mundo, de la carne y del diablo; de lo falsas que eran las palabras de quienes, desde la expulsión de nuestros Progenitores, siguen repitiendo las mismas tentaciones, explotando nuestras debilidades, utilizando nuestro orgullo o nuestros vicios para hacernos caer y arrastrarnos con ellos al infierno. Hemos olvidado que hemos sido expulsados del paraíso terrenal, que llevamos las marcas de la mordedura venenosa de la serpiente, que hemos pecado al abandonar el pasto seguro de la verdadera Fe para dejarnos seducir por el mundo, por la carne, por el demonio. Porque si viviéramos con conciencia de nuestra culpa inicial -que además es una culpa colectiva y además hereditaria- y de todo el mal que hacemos y dejamos hacer; si meditáramos sobre nuestra incapacidad para salvarnos si no es con la ayuda sobrenatural que Dios nos concede por la Gracia; si no nos persuadiéramos de que muchas de nuestras acciones son graves ofensas a la Majestad de Dios y de que mereceríamos ser borrados de la faz de la tierra de una manera mucho peor que lo que les ocurrió a los habitantes de Sodoma y Gomorra, entonces ni siquiera necesitaríamos que el Buen Pastor viniera a buscarnos, para abandonar a las noventa y nueve ovejas a salvo en las montañas, donde "los lobos rapaces no pueden atacarlas".

El Santo Obispo añade: "Venid sin perros, venid sin malos trabajadores, venid sin el siervo contratado, que no sabe pasar por la puerta. Ven sin ayudante, sin mensajero", porque los perros, los malos trabajadores y el siervo mercenario son figuras pasajeras, destinadas a perecer, a dispersarse al soplo de la boca de Dios, aunque en este momento parezca que el mundo les pertenece. "Ven, pues, a buscar a tus ovejas, no por medio de siervos, ni de asalariados, sino tú en persona": los siervos infieles nos invitan a ser "resistentes" e "inclusivos", a escuchar el "grito de la Madre Tierra" [5], a someternos a la vacunación con un suero hecho de fetos abortados; el asalariado, "cujus non sunt oves propriæ" (. ...) nos dispersa, nos abandona, no ahuyenta a los lobos feroces y no castiga a los malos trabajadores, sino que los alienta.

¿Por qué, entonces, ha de venir el Señor? ¿Por qué podemos pedirle que "venga en persona"? San Ambrosio responde en la oración citando al salmista: "Porque no he olvidado tus mandamientos" (Sal 118,176). Nuestra obediencia a la voluntad de Dios encuentra perfecta correspondencia -y un ejemplo divino- en la obediencia del Hijo eterno del Padre desde la eternidad de los tiempos, aceptando encarnarse, sufrir y morir por nuestra salvación: "Entonces dije: He aquí que vengo -porque está escrito de mí en el rollo del libro- a hacer tu voluntad, oh Dios" (Hb 10,7). El Señor viene en obediencia al Padre, y nosotros debemos esperar su venida siendo a su vez obedientes a la voluntad de la Santísima Trinidad, "porque no he olvidado tus mandamientos".

La razón por la que podemos estar seguros de que el Señor vendrá tras nosotros, librándonos de la embestida de los lobos y de la mala influencia de los malos obreros y asalariados, es que no debemos olvidar lo que Él nos ha ordenado; no debemos ocupar su lugar decidiendo lo que es bueno y lo que es malo; no debemos seguir a la multitud hacia el abismo por respetabilidad humana o por cobardía o complicidad, sino permanecer como las noventa y nueve ovejas en los pastos seguros de la Santa Iglesia, "pues los lobos rapaces no pueden atacarlas mientras estén en los montes", más cerca de Dios al estar desprendidas de las cosas terrenales. Asimismo, debemos ejercer la Santa Humildad, reconociéndonos pecadores: "ven a buscar a la única oveja descarriada", pues "sólo tú eres capaz de hacer volver a la oveja descarriada y no entristecerás a aquellos de los que te has alejado", es decir, a los católicos de todos los tiempos, que han permanecido fieles, a salvo de los lobos en los altos pastos. "Y ellos también se alegrarán del regreso del pecador".

La oración de San Ambrosio continúa con una expresión muy profunda y significativa: "Recíbeme en la carne que cayó en Adán. Recíbeme, no de Sara, sino de María, para que sea no sólo una virgen inviolable, sino una virgen inmune, por efecto de la gracia, a toda mancha de pecado". En María Santísima, Sancta Virgo virginum, encontramos la Mediadora de todas las gracias: en ella, criatura purísima, se encarnó el Verbo Eterno del Padre, de ella nació el Salvador en el mundo; por ella somos presentados a su divino Hijo, y por sus méritos podemos ser recibidos "en la carne que cayó en Adán", en virtud de la Gracia que nos devuelve la amistad con Dios. Un excelente punto de partida para la meditación en preparación de la Navidad.

Pero hay otra consideración muy importante que San Ambrosio deja al final de su oración: "Llévame a la cruz que da la salvación a los errantes, en la que sólo hay descanso para los cansados, en la que sólo vivirán todos los que mueren". Todo gira en torno a la Cruz de Cristo, se alza en el tiempo y en la eternidad como signo de contradicción, porque nos recuerda que es instrumento de Redención, de salvación para los errantes, de descanso para los cansados, de vida para los moribundos. Una miniatura del siglo XIV de Pacino di Buonaguida [6] propone una imagen muy rara y extremadamente simbólica: el Señor subiendo a la Cruz con una escalera -la scala virtutum- para subrayar la voluntariedad de su sacrificio y la "paradoja" de su doble naturaleza. 


En la iconografía del siglo XVII encontramos una imagen recurrente del Niño Jesús durmiendo en la Cruz (imagen superior que ilustra la nota) [7], una alusión explícita al amor divino y al sacrificio de Cristo. La Navidad y la Pascua están intrínsecamente unidas, de modo que al preparar el Nacimiento del Salvador debemos contemplar siempre como centro y punto de apoyo precisamente la Cruz, en la que se apoya el niño Jesús y sobre la que el Cordero inmaculado sube por una escalera mística. Allí debemos llegar también nosotros, porque sólo en la Cruz encontramos la salvación, en el seguimiento del Señor: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame" (Lc 9,23).

"Veni, ut facias salutem in terris, in cœlo gaudium"
"Venid y llevad la salvación a la tierra, la alegría al cielo". 

Que esta sea nuestra invocación durante el tiempo sagrado del Adviento, para prepararnos espiritualmente para las pruebas que nos esperan.


+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo
28 de noviembre de 2021
Dominica I Adventus


[1] "Ven, pues, Señor Jesús, busca a tu siervo [Sal 118,176] busca a tus ovejas cansadas. Ven, pastor, busca, como José buscaba las ovejas [Gn 37,14]. Se ha desviado de tus ovejas, mientras te demoras, mientras vagas por las montañas. Deja que tus noventa y nueve ovejas se vayan, y ven a buscar a la única oveja que se ha descarriado [Mt 18,12 ss; Lc 15,4]. Venid sin perros, venid sin obreros malos, venid sin el siervo mercenario, que no sabe pasar por la puerta [Jn 10,1-7]. Ven sin ayudante, sin mensajero. Llevo mucho tiempo esperando tu llegada. Porque sé que vendrás, pues no he olvidado tus mandamientos [Sal 118,176]. No vengas con vara, sino con caridad y con espíritu de mansedumbre [Cor 4,21]". - Sancti Ambrosii Episcopi Expositio Psalmi CXVIII, 22, 28.

[2] Dom Prosper Guéranger, El año litúrgico, I. Adviento - Navidad - Cuaresma - Pasión, trad. it. P. Graziani, Alba, 1959, pp. 21-26.

[3] "Sanctissimus namque Gregorius cum preces effunderet ad Dominum ut musicum donum ei desuper in carminibus dedisset, tunc descendit Spiritus Sanctus super eum, in specie columbæ, et illustravit cor ejus, et sic demum exortus est canere, ita dicendo: Ad te levavi...". - Tropo del Introito del Primer Domingo de Adviento - Cf. https://gregobase.selapa.net/chant.php?id=4654

[4] Littera gesta docet, quid credas allegoria, moralis quid agas, quo tendas anagogia (La letra enseña lo que ha sucedido, la alegoría lo que debes creer, la moral lo que debes hacer, la anagogía el fin al que debes aspirar) - Nicolás de Lira, Postilla in Gal., 4, 3.

[6] Véase https://scriptoriumdaily.com/ladder-at-the-cross/ - Una pintura de la escuela de Giotto con un tema idéntico se encuentra en el Monasterio de Sant'Antonio in Polesine, Ferrara. Véase también de Anna Eörsi, Haec scala significat ascensum virtutum. Observaciones sobre la iconografía de Cristo montado en una escalera - https://arthist.elte.hu/Tanarok/EorsiA/Fulltexts/Idegen/l%E9tra_a.htm

[7] Véase, por ejemplo, el cuadro de Guido Reni, Niño Jesús dormido en la cruz, óleo sobre lienzo, c. 1625.


sábado, 27 de noviembre de 2021

UNIVERSIDAD CATÓLICA DE EE.UU. EXHIBE UNA PINTURA CON GEORGE FLOYD REPRESENTANDO A JESUCRISTO EN LOS BRAZOS DE LA VIRGEN MARÍA

¡No piense que todas las universidades católicas son así, hay peores!


Una importante universidad católica de EE.UU. exhibe en su campus dos copias de una pintura que representa al afroamericano George Floyd como Jesucristo en las manos de la Virgen María, lo que ha indignado a muchos de sus estudiantes, profesores y miembros del personal, informa el portal The Daily Signal.

Los cuadros se muestran desde marzo pasado en la Universidad Católica de América, en Washington D.C., y son una reproducción de la obra de un artista que se dedica a pintar "íconos religiosos contemporáneos", identificado como Kelly Latimore. La obra titulada 'Mamá', emula a la famosa pintura La Piedad, en la que la Virgen María sostiene en sus brazos el cuerpo sin vida de Cristo tras su crucifixión.

Una portavoz de la universidad explicó que en la imagen se puede "identificar a Jesús por los símbolos en el halo". Anteriormente, Latimore dijo en una entrevista que la obra fue creada "como una forma de llorar a George Floyd". Mientras que ahora, un vocero del artista aclaró que el ícono representa "una madre con su hijo de color que fue injustamente asesinado por el Estado".


"Una ofensa a la fe católica"

Un estudiante condenó la decisión de las autoridades de esa entidad educativa de exhibir los cuadros, debido a que se trata de "una blasfemia y una ofensa a la fe católica". Otro universitario recordó que Floyd no fue un santo, ni un mártir, por lo que "compararlo con el hijo sin pecado de Dios Todopoderoso es hacer un flaco favor a la gran mayoría de los católicos y la teología católica".

Un tercero en cambio calificó de "irresponsable" la decisión de las autoridades universitarias de exhibir un objeto "claramente blasfemo", porque "socava la misión de la universidad". Los estudiantes consideran que se debería haber exhibido un retrato de George Floyd, pero no una imagen de "alguien más representado a Jesucristo en La Piedad".


Además, dicen no estar sorprendidos con dicha decisión de las autoridades universitarias, puesto que últimamente adoptan "todas las causas liberales que surgen", anteponiendo incluso "las expresiones auténticas de la fe católica", mientras cierran las puertas e "intimidan a los estudiantes católicos conservadores".


Secretum Meum Mihi


viernes, 26 de noviembre de 2021

BOLIVIA: ATACAN CON EXPLOSIVO SEDE DEL EPISCOPADO EN LA PAZ

En las últimas horas volvieron a dañar una iglesia en La Paz. Los ataques contra la Iglesia en Bolivia siguen en aumento


Este 25 de noviembre, día que a nivel internacional se generó conciencia acerca de la violencia contra la mujer, en Bolivia también se transformó en sinónimo de agresión contra la Iglesia.

Según imágenes proporcionadas a Aleteia, la sede del episcopado en La Paz, que había sufrido un ataque con explosivos en la madrugada del 24 de noviembre, también fue agredida en su fachada con pintadas y frases alusivas al aborto.


No obstante, el ataque mayor se produjo en la iglesia María Auxiliadora, ubicada también en La Paz. Tal cual lo indican imágenes difundidas en redes, además de información publicada en medios locales, la fachada fue dañada con pintura roja.
“Aquí estamos un grupo de católicos, principalmente señoras mayores, que se reúnen para rezar el Rosario, estábamos defendiendo a la iglesia del ataque de las feministas, hoy casualmente el Día de la No Violencia, ellas han generado violencia contra las mujeres, echando globos de pintura, tirándonos baldes de pintura, y algunos llegaron a lastimar a las personas, además tiraron botellas”, declaró uno de los testigos, tal cual reproduce Reduno.


¿Se quiere callar a la Iglesia?

Lo acontecido en la madrugada del miércoles 24 de noviembre en la sede de la Conferencia Episcopal de Bolivia (CEB)con un artefacto explosivo no es un hecho para nada menor.

Si bien las investigaciones aún permanecían en curso, el ministro de Gobierno, Carlos Eduardo del Castillo, declaró que se había identificado a dos mujeres que fueron las responsables de ocasionar la explosión.

«Están identificadas dos personas que habrían cometido estos delitos en La Paz, son dos personas de sexo femenino. No podemos dar mayores elementos para no perjudicar la investigación que sigue en curso»
, expresó durante un mensaje a la prensa.

Desde la propia CEB se emitió un mensaje en ese momento aclarando que los daños son reparables, pero también llamando al “respeto de la vida y al encuentro fraterno entre hermanos”.

No obstante, una percepción que crece entre los obispos y fieles de Bolivia, ante el aumento de agresiones en las últimas semanas, es que se busca callar a la Iglesia. Incluso, el propio presidente de la CEB, monseñor Aurelio Pesoa, hizo notar coincidencias cuando en 2009 un artefacto detonó en la residencia del fallecido cardenal Julio Terrazas.

“Pensamos que es un amedrentamiento para decir: ‘lo que deben hacer ustedes es callarse’. Ojalá no sea aquello (…) En 2009, el atentado al Cardenal fue para silenciarlo”, indicó en entrevista con radio Fides.


El propio Pesoa lamentó el “ambiente de terrorismo en el que ha caído el país”.


Un mensaje de los laicos de La Paz

En las últimas horas quien también se pronunció, y con un tono similar al de Pesoa, fue el propio Consejo de Laicos de la Arquidiócesis de La Paz. Lo hizo a través de un comunicado titulado “Pretenden amedrentar el rol pastoral y profético de la Iglesia”.

A través de la declaración, los laicos expresaron su solidaridad ante la agresión explosiva en la CEB.

“Hacemos un llamado a estos mensajeros de la violencia, a desterrar de sus corazones el odio y deponer actitudes, que sólo siguen profundizando la confrontación y polarización de nuestra sociedad”, señalaron (ver comunicado completo aquí).

En tanto, los ataques contra la Iglesia en Bolivia han ido en aumento en las últimas semanas, en especial tras el caso de la niña embarazada de 11 años que fue violada por su abuelastro y que fue sometida a una intervención para que abortara.


Aleteia

EL SÍNODO DE LOS OBISPOS EN LA CONCEPCIÓN MODERNISTA: INTRODUCCIÓN

 
El Sínodo de los Obispos de 2014

En los últimos años, el papa Francisco, siguiendo la línea de sus predecesores recientes, ha convocado varios sínodos, que también han dado lugar a verdaderas revisiones de la doctrina católica. Ahora ha iniciado un "camino" de dos años, un "sínodo sobre la sinodalidad", destinado a reflejar y posiblemente cambiar las estructuras de la Iglesia.


¿Cuál es el estado de este proceso?

El 15 de septiembre de 2018, el papa Francisco publicó Episcopalis communio (EC), una constitución apostólica que reordena las normas sobre los sínodos. El soberano pontífice, retomando uno de sus propios discursos del 4 de octubre de 2014, en vísperas del Sínodo sobre la Familia, se expresa así:
"El Sínodo de los Obispos debe convertirse cada vez más en un instrumento privilegiado para escuchar al Pueblo de Dios: 'Pidamos, ante todo, al Espíritu Santo, para los padres sinodales, el don de la escucha: escucha de Dios, hasta escuchar con Él el clamor del pueblo; escucha del pueblo, hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama'" (CE, 6).
La idea modernista de la evolución religiosa a partir de las nuevas necesidades del "pueblo" aparece, pues, de inmediato: el contenido de la fe, en clara evolución, no se puede deducir de la "revelación" fielmente enseñada por el Magisterio, sino de la escucha del pueblo.

Estos principios ya habían sido ampliamente explicados en el Sínodo sobre la Familia, y se incluyen aquí en la propia constitución que define la institución sinodal. Es la evolución eclesiológica la que lleva de los errores conciliares a los errores más concretamente bergoglianos, la famosa "sinodalidad" de la que tanto se ha hablado desde el inicio de este pontificado.

Escuchar al pueblo es el lugar teológico privilegiado del que se puede extraer proféticamente una nueva revelación, adaptada al tiempo que vivimos.


Colegialidad y sinodalidad

El sínodo de los obispos, entendido en el sentido posconciliar, pretende ser una aplicación de la colegialidad definida en Lumen gentium (LG). Fue instituido por Pablo VI el 15 de septiembre de 1965 mediante el motu proprio Apostolica sollicitudo.

Entendido en el sentido teológico de 
Lumen gentium, el colegio de obispos poseería un poder de origen divino sobre la Iglesia universal con el papa y bajo su dirección. Dado que este colegio no puede estar reunido permanentemente para ejercer este supuesto poder, Pablo VI estableció un cuerpo consultivo y representativo del episcopado mundial, reunido periódicamente, para involucrarlo en el gobierno de la Iglesia universal.

Si la colegialidad efectiva, tal como la define 
Lumen gentium, parece impracticable, el sínodo se convierte en el órgano de una colegialidad "afectiva" no menos peligrosa debido a la mentalidad modernista, como dice Episcopalis communio en varios pasajes:

El Papa debe escuchar a los obispos que, a su vez, escuchan al pueblo de Dios, la verdadera "voz de Dios" como lo recuerda el papa Francisco, el verdadero lugar teológico y la fuente de la "revelación".


Sinodalidad y modernismo

Con una ambigüedad habitual, el n. 5 de 
Episcopalis communio afirma, citando primero Lumen gentium 25, y luego a Juan Pablo II en Pastores Gregis (2003):

"Es verdad que, como afirma el Concilio Vaticano II, 'los Obispos, cuando enseñan en comunión con el Romano Pontífice, deben ser respetados por todos como testigos de la verdad divina y católica; los fieles, por su parte, en materia de fe y costumbres, deben aceptar el juicio de su Obispo, dado en nombre de Cristo, y deben adherirse a él con religioso asentimiento de su espíritu'".

Luego continúa: "También es verdad que 'la vida de la Iglesia y la vida en la Iglesia es la condición necesaria para todo obispo para el ejercicio de su misión de enseñar'".

Si bien la primera cita conserva el sentido tradicional del Magisterio, la segunda introduce el concepto modernista de "vida": la inmanencia vital de lo divino en la Iglesia, entendida precisamente como pueblo, es la condición para que el obispo sepa qué necesidades debe satisfacer.

Y, en efecto, prosigue el texto de 
Episcopalis communio: "El Obispo es al mismo tiempo maestro y discípulo. Es maestro cuando, dotado de una especial asistencia del Espíritu Santo, anuncia a los fieles la Palabra de la verdad en nombre de Cristo, cabeza y pastor. Pero él también es discípulo cuando, sabiendo que el Espíritu ha sido dado a todo bautizado, se pone en escucha de la voz de Cristo que habla a través de todo el Pueblo de Dios, haciéndolo 'infallibile in credendo'-infalible en su fe.

Y añade: "De hecho, 'la totalidad de los fieles, que tienen la unción del Santo (cf. 1 Jn 2, 20 y 27), no puede equivocarse en la fe, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando 'desde los Obispos hasta los últimos fieles laicos' presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres".

El texto saca luego las conclusiones: "El Obispo, por esto, está llamado a la vez a 'caminar delante, indicando el camino, indicando la vía; caminar en medio, para reforzarlo [al Pueblo de Dios] en la unidad; caminar detrás, para que ninguno se quede rezagado, pero, sobre todo, para seguir el olfato que tiene el Pueblo de Dios para hallar nuevos caminos.

"Un obispo, que vive en medio de sus fieles, tiene los oídos abiertos para escuchar 'lo que el Espíritu dice a las Iglesias' (Ap 2, 7) y la 'voz de las ovejas', también a través de los organismos diocesanos que tienen la tarea de aconsejar al Obispo, promoviendo un diálogo leal y constructivo'".

El texto aquí cita un discurso del papa Francisco del 19 de septiembre de 2016 y Evangelii gaudium. El concepto es claro: reafirmando de manera general la autoridad magisterial, se subraya que el obispo descubre el camino siguiendo el sentido de lo divino inherente al pueblo.


Sinodalidad y nuevas fuentes de la Revelación

En efecto, en ninguna parte se dice que el obispo busque en la Revelación o en la enseñanza constante de la Iglesia los principios de acción: los busca en la escucha del pueblo, especialmente si está organizado en un "cuerpo".

El Sínodo garantizará que esta voz del pueblo, reunida por los obispos, llegue al pontífice, que puede discernir proféticamente la revelación en la experiencia de vida de la Iglesia. Esto es lo que nos dice 
Episcopalis communio en el n. 6 citado anteriormente:

"El Sínodo de los Obispos debe convertirse cada vez más en un instrumento privilegiado para escuchar al Pueblo de Dios: 'Pidamos, ante todo, al Espíritu Santo, para los padres sinodales, el don de la escucha: escucha de Dios, hasta escuchar con Él el clamor del pueblo; escucha del pueblo, hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama'".

Aunque su composición lo define como un órgano esencialmente episcopal, el Sínodo no vive separado del resto de fieles. Es un instrumento capaz de dar la palabra a todo el Pueblo de Dios, a través de los obispos constituidos por Dios como "auténticos guardianes, intérpretes y testigos de la fe de toda la Iglesia", realizando a través de sus Asambleas una expresión elocuente de la sinodalidad como "dimensión constitutiva de la Iglesia".

"Así pues como afirmó Juan Pablo II: 'Cada Asamblea General del Sínodo de los Obispos es una experiencia eclesial intensa, aunque sigue siendo perfectible en lo que se refiere a las modalidades de sus procedimientos.

"Los Obispos reunidos en el Sínodo representan, ante todo, a sus propias Iglesias, pero tienen presente también la aportación de las Conferencias episcopales que los han designado y son portadores de su parecer sobre las cuestiones a tratar. Expresan así el voto del Cuerpo jerárquico de la Iglesia y, en cierto modo, el del pueblo cristiano, del cual son sus pastores". (EC, 6).

Ilustración de la fase diocesana del Sínodo sobre la Sinodalidad en el Vademécum


La sinodalidad y la evolución de los dogmas

El n. 7 de 
Episcopalis communio no deja lugar a dudas: el carácter consultivo del Sínodo no es una disminución de su importancia, sino que al contrario indica la necesidad de escuchar la voz del Pueblo de Dios para discernir nada menos que la verdad y el bien de la Iglesia.

El papel del pontífice será precisamente descubrir esta verdad a partir de estos datos, sin ninguna referencia a la Revelación y sus fuentes. Aquí está el texto:

"A la consulta de los fieles sigue, durante la celebración de cualquier Asamblea sinodal, el discernimiento de los Pastores designados a tal efecto, unidos en la búsqueda de un consenso que brota no de lógicas humanas, sino de la obediencia común al Espíritu de Cristo.

"Atentos al sensus fidei del Pueblo de Dios, 'que deben saber distinguir atentamente de los flujos muchas veces cambiantes de la opinión pública', los miembros de la Asamblea ofrecen su parecer al romano pontífice, para que le ayude en su ministerio de pastor universal de la Iglesia.

"En esa perspectiva, el hecho de que 'el Sínodo tenga normalmente solo una función consultiva no disminuye su importancia. En efecto, en la Iglesia, el objetivo de cualquier órgano colegial, sea consultivo o deliberativo, es siempre la búsqueda de la verdad o del bien de la Iglesia.

"Además, cuando se trata de verificar la fe misma, el consensus Ecclesiae no se da por el cómputo de los votos, sino que es el resultado de la acción del Espíritu, alma de la única Iglesia de Cristo" (1). Por tanto, el voto de los Padres sinodales, 'si es moralmente unánime, comporta un peso eclesial peculiar que supera el aspecto simplemente formal del voto consultivo'" (2).

Cabe hacer dos comentarios sobre este texto fundamental, que utiliza dos citas de Juan Pablo II:

1) La Iglesia descubre la verdad mediante un proceso consultivo del pueblo a través de los obispos, y mediante el discernimiento del pontífice sobre estos datos, y no en el depósito de la fe.

2) El papel esencial del pontífice y del sínodo es discernir la auténtica experiencia religiosa del pueblo entre los "flujos cambiantes de la opinión pública": una expresión terrible, que pone el arma de la arbitrariedad en manos de la jerarquía. Como si todo lo que no atrae a las élites ya no fuera una expresión auténtica del pueblo, sino simplemente -para usar un término popular- "populismo".

Por lo tanto, el sínodo permite, en cierto modo, que la verdad se descubra a partir de la experiencia religiosa del pueblo; pero si esta experiencia resulta peligrosamente tradicional o intolerante, a pesar del filtro de "órganos diocesanos", se puede degradar en "un flujo cambiante de la opinión pública"; y hacer simplemente lo que exigen las élites.


Sinodalidad y protestantismo

Esta relación de tipo protestante -de abajo hacia arriba- entre el pueblo y el episcopado, y entre el episcopado y el papado, ya prevista en 
Lumen gentium e incluida en el orden del nuevo código de derecho canónico, se expresa magistralmente en la conclusión de Episcopalis communio en n. 10:

"Gracias al Sínodo de los Obispos se mostrará también de manera más clara que, en la Iglesia de Cristo, hay una profunda comunión tanto entre los Pastores y los fieles, siendo cada ministro ordenado un bautizado entre los bautizados, constituido por Dios para apacentar su rebaño;

"Como entre los obispos y el romano pontífice, siendo el papa un 'obispo entre los obispos, llamado a la vez, como sucesor del apóstol Pedro, a guiar a la Iglesia de Roma, que preside en la caridad a todas las Iglesias' (3). Esto impide que ninguna realidad pueda subsistir sin la otra".

La conclusión vuelve entonces a la reforma eclesiológica iniciada por el Concilio y perseguida sin vacilación por los sucesivos pontífices, la que quiere disolver el papado, tal como lo entiende la doctrina de la Iglesia, desde una perspectiva estrictamente ecuménica:

"Confío también en que, precisamente animando una 'conversión del papado […] que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización', la actividad del sínodo de los obispos podrá a su manera contribuir al restablecimiento de la unidad entre todos los cristianos, según la voluntad del Señor (cf. Jn 17, 21).

"Así, de esta manera, ayudará a la Iglesia católica, según el deseo formulado hace años por Juan Pablo II, a 'encontrar una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, esté abierta a una nueva situación' (4).

Básicamente, es la nueva versión políticamente correcta y antipopular de la infalibilidad, teñida de profecía: una infalibilidad basada en un oportunismo que reemplaza las necesidades espirituales del hombre moderno -típicas del modernismo clásico- por las necesidades políticas dictadas por las élites gobernantes.

Además, son las propias élites las que dictan y describen estas "necesidades". La misma reforma del papado y de las estructuras de la Iglesia, que ya no se consideran instituciones divinas sino un fenómeno histórico, forman parte de la respuesta a estas "necesidades".


FSSPX.NEWS


jueves, 25 de noviembre de 2021

ESTRATEGIAS

Si Dios, en su sabiduría infinita e incompresible para los hombres, sigue manteniendo con vida a Bergoglio y éste continúa con su plan destructor, seguramente será hora de pensar en otras estrategias.


Desde el comienzo del pontificado de Francisco, en este blog propiciamos, en materia litúrgica, una estrategia de perfil bajo, de no hacer olas, o de hacernos los muertos para que no nos mataran. Y lo hicimos basados en un hecho que conocíamos muy bien como argentinos: a Bergoglio no le interesa la liturgia y es absolutamente incapaz de entenderla. Por lo tanto, nunca iba a tener un problema doctrinal con la cuestión litúrgica. En todo caso, el conflicto podía darse si los defensores o protectores de la liturgia tradicional le ocasionaban un problema que sí fuera válido para él.

Y la estrategia funcionó por más de ocho años: Bergoglio no hizo nada contra la liturgia tradicional e incluso favoreció en lo que pudo a la FSSPX. Y lo hizo resistiendo presiones fuertes del episcopado italiano —completamente bugniniano— y de lobbistas más o menos impresentables como Andrea Grillo.

Con Traditiones custodes el panorama cambió rotundamente. Bergoglio no solamente decidió el exterminio de la liturgia tradicional sino que lo hizo adoptando los fundamentos más extremistas, y también menos sólidos, del mencionado Grillo. Algo pasó en el medio y sólo podemos hipotizar qué fue. Estimo que habrán sido varios factores: a las presiones italianas se sumó que los obispos americanos son, en su mayoría, valedores de la Liturgia Tradicional, y el papa los considera sospechosos o abiertos enemigos de su pontificado (como buen peronista con un fuerte ingrediente del nacionalismo argentino sabe que todos los americanos son malos: Yankees, go home!). No sería raro que Traditiones custodes haya sido una represalia jesuítica para causar daño a los americanos —obispos y fieles— a los que tanto detesta.

En las últimas semanas hemos conocido la carta del Mons. Roche al cardenal Nichols, y la prohibición casi total de las celebraciones tradicionales en Roma por parte del cardenal vicario Angelo de Donatis. Estos dos hechos son significativos por su gravedad. Se trata de aplicar la solución final: la desaparición completa de la Liturgia Tradicional. Esto supone, entre otras cosas, el estrangulamiento o el exterminio a través de otros medios no menos crueles, de los institutos que nacieron orientados a esa liturgia, como la Fraternidad San Pedro, el Instituto Cristo Rey de Gricigliano o el Instituto del Buen Pastor. Ayer, Bergoglio dio alguna pista al respecto al alertar a los obispos italianos acerca de un gravísimo peligro: los seminaristas ‘rígidos’. Dijo: "Hemos visto con frecuencia seminaristas que parecían buenos, pero ‘rígidos’. Y la rigidez no es del buen espíritu". Pareciera que el Romano Pontífice prefiere seminaristas guarros y mundanos, que no parezcan buenos. De ese modo, los superiores se garantizarán que sea un joven flexible y fofo, alejado de cualquier tipo de peligrosas rigideces, como rezar el rosario diariamente o el oficio divino en latín, si es que no se le ocurre usar sotana.

La aniquilación de los institutos tradicionales significará también dejar a la intemperie a decenas de miles de (rígidos) fieles de todo el mundo, que son incapaces de adaptarse a los nuevos aires eclesiales. Si esto sucediera, y la lógica indica que debe suceder, el papa Francisco podría competir con Enrique VIII sobre quién eliminó la mayor cantidad de monasterios e iglesias católicas durante su reinado.

Esta situación ya la vivió la Iglesia durante el pontificado de Pablo VI. Y la única reacción en esa ocasión fue la de Mons. Lefebvre y de quienes lo siguieron, que pasaron a ser considerados perros impuros por todos los católicos, jerarquía o simples fieles. Era preferible un mormón o un musulmán a un lefebvriano. ¿Pasará lo mismo en esta ocasión?

No me parece. Creo que habrá un resistencia mucho mayor y más numerosa. Un primer hecho a tener en cuenta es que en esta ocasión los obispos tienen un mayor poder de decisión, y en su mayoría, sea por el motivo que fuere, son más bien remisos en la aplicación de Traditiones custodes. No vemos, salvo excepciones como la de Roma, que estén construyendo cámaras de gas para encerrar a los tradicionalistas y aplicar la solución final exigida por los oficiales vaticanos. Y esto ocurre, a mi entender, porque los obispos se están tomando un poco más en serio su función de maestros y pastores de su grey y aumentando su conciencia de que no son meros delegados del obispo de Roma. Paradójicamente, están volviendo a la posición Tradicional —la que sostuvo la Iglesia hasta bien entrado el siglo XIX—, del poder y autonomía de los obispos.

En segundo lugar, las exigencias de Bergoglio aparecen cuando su pontificado ya está ajado y su credibilidad se ha disuelto. Ya todo el mundo sabe quién es el porteño ramplón que logró encaramarse al solio petrino sin tener las menores cualidades para tamaña función, y aplicarán con cuidado las indicaciones que vengan de Roma, no sea que, por obedecer al papa, causen un daño enorme a las almas que les fueron confiadas. Y lo cierto es que aún hay muchos obispos que conservan la fe.

Finalmente, hay un hecho que tampoco puede pasarse por alto. Bergoglio está acelerando la intensidad de su poder destructor, y la Liturgia Tradicional no es más que un aspecto de esa, su obra. Y esto causará reacciones católicas en muchos, más allá de que no sean simpatizantes de la Liturgia Tradicional. Specola nos ilustró la semana pasada sobre dos hechos que están sucediendo y de los que no se habla mucho. En primer término, la orden de destruir la vida contemplativa que, para Bergoglio, no tiene ya ningún sentido en el siglo XXI. Las órdenes contemplativas no gustan, se presentan como inútiles y desde los organismos del Vaticano pretenden eutanasiarlas ante su resistencia a desaparecer. Aconsejo la lectura de esta entrada, que revela la gravedad de la situación. Y en segundo término, y como allí mismo se explica, la intención es el exterminio también de los movimientos. Ya lo hizo con el monasterio de Bose —y convengamos que era de los más afines a Francisco—, lo comenzó a hacer con Comunión y Liberación hace pocos meses, y no tengo dudas que pronto será el turno del Opus Dei.

Si Dios, en su sabiduría infinita e incompresible para los hombres, sigue manteniendo con vida a Bergoglio y éste continúa con su plan destructor, seguramente será hora de pensar en otras estrategias.


Wanderer