miércoles, 25 de noviembre de 2015

OBISPO LUIGI NEGRI: "BERGOGLIO DEBE ACABAR COMO EL OTRO PAPA" (JUAN PABLO I)

El periódico italiano 'Il Fatto Quotidiano' titula en portada: "Obispo de Comunión y Liberación: 'Bergoglio debe acabar como el otro Papa'", en referencia a Juan Pablo I, que sólo duró 33 días en el solio pontificio. 

Se trata de Luigi Negri, titular de la diócesis de Ferrara y perteneciente al movimiento Comunión y Liberación, atrapado 'in fraganti' mientras hablaba por teléfono acaloradamente en un tren.

Según el diario italiano, el prelado viajaba en el tren 'Bala Roja' desde Roma a Ferrara, el pasado 28 de octubre y su conversación fue escuchada y grabada por varios viajeros, testigos ocasionales de la conversación, mientras le decía a su secretario: “Después de los nombramientos de Bolonia y Palermo, yo también puedo ser Papa. ¡Es un escándalo! ¡Increíble! ¡Estoy sin palabras! ¡Nunca he visto algo así!”.

Luego le pidió a su secretario que lo comunique con su amigo de toda la vida, el político y periodista Renato Farina, también perteneciente a su mismo movimiento, a quien le dijo: “Esos nombramientos tuvieron lugar con el más absoluto desprecio por todas las reglas, con un método que no respeta a nada ni a nadie. El nombramiento en Bolonia es increíble. En Caffarra (el obispo saliente por límites de edad) prometo que le haré ver los ratones verdes al que está allí ahora (Zuppi): en cada reunión no le voy a dejar pasar una. El otro nombramiento, el de Palermo, es aún más grave. Éste (Lorefice) escribió un libro sobre los pobres, ¿que sabe de los pobres?, y sobre Lercaro y Dossetti, sus modelos... ¡dos que destruyeron la iglesia italiana!".

Monseñor Negri habría afirmado en voz alta: "Esperamos que con Bergoglio la Virgen realice el milagro como lo hizo con el otro
", en clara referencia a Juan Pablo I.

¿Como continuará la historia entre Negri y Bergoglio?

La indignación del obispo se hizo oír ante las movidas “revolucionarias” de Bergoglio y demuestra a las claras lo incómodos que se sienten muchos prelados en Italia y en todo el mundo con el papa argentino y su perturbador estilo.


domingo, 15 de noviembre de 2015

DISCURSO DEL PAPA FRANCISCO EN SU VISITA A LA IGLESIA EVANGÉLICA Y LUTERANA DE ROMA (2015)


VISITA A LA IGLESIA EVANGÉLICA Y LUTERANA DE ROMA

DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO


Domingo 15 de noviembre de 2015

El Papa Francisco responde de forma espontánea a las preguntas de tres miembros de la comunidad evangélica luterana de Roma.

El pequeño Julius, de nueve años, preguntó: «¿Qué te gusta más de ser Papa?».

La respuesta es sencilla. Lo que me gusta... Si yo te pregunto qué comida te gusta más, tú me dirás la torta, lo dulce. ¿O no? Pero hay que comer todo. Lo que me gusta, sinceramente, es ser párroco, ser pastor. No me gustan los trabajos de oficina. No me gustan esos trabajos. No me gusta hacer entrevistas de protocolo —esta no es protocolar, ¡es familiar!—, pero tengo que hacerlo. Por ello, ¿qué es lo que más me gusta? Ser párroco. Y en otra época, mientras era rector de la facultad de teología, era párroco de la parroquia que estaba al lado de la facultad. ¿Sabes? Me gustaba enseñar el catecismo a los niños y el domingo celebrar la misa con los niños. Había más o menos 250 niños, era difícil que todos estuviesen en silencio, era difícil. El diálogo con los niños... Eso me gusta. Tú eres un muchacho y tal vez me comprendas. Vosotros sois concretos, no hacéis preguntas sin fundamento, teóricas: «¿Por qué esto es así? ¿Por qué?...». Es esto, me gusta ser párroco y, siendo párroco, lo que más me gusta es estar con los niños, hablar con ellos. Se aprende mucho. Me gusta ser Papa con estilo de párroco. El servicio. Me gusta, en el sentido de que me siento bien, cuando visito a los enfermos, cuando hablo con las personas que están un poco desesperadas, tristes. Me gusta mucho ir a la cárcel, pero no que me detengan en la prisión. Porque al hablar con los detenidos... cada vez que entro en una cárcel —tú tal vez comprenderás lo que te diré—, me pregunto a mí mismo: «¿Por qué ellos y yo no?». Y allí percibo la salvación de Jesucristo, el amor de Jesucristo por mí. Porque es Él quien me salvó. Yo no soy menos pecador que ellos, pero el Señor me tomó de la mano. También esto percibo. Y cuando voy a la cárcel soy feliz. Ser Papa es ser obispo, ser párroco, ser pastor. Si un Papa no se comporta como obispo, si un Papa no se comporta como párroco, no es pastor, será una persona muy inteligente, muy importante, tendrá mucha influencia en la sociedad, pero pienso —¡pienso!— que en su corazón no es feliz. No sé si respondí a lo que querías saber.

Anke de Bernardinis, una luterana casada con un católico romano, expresó su dolor por «no poder participar juntos en la Cena del Señor», y preguntó: «¿Qué podemos hacer para alcanzar, finalmente, la comunión en este punto?».

Gracias, señora. La pregunta sobre el hecho de compartir la Cena del Señor para mí no es fácil responderla, sobre todo ante a un teólogo como el cardenal Kasper. ¡Me da miedo! Pienso que el Señor cuando nos dio este mandato nos dijo: «Haced esto en memoria mía». Y cuando compartimos la Cena del Señor, recordamos e imitamos, hacemos lo mismo que hizo el Señor Jesús. Sí que habrá una Cena del Señor, habrá un banquete final en la Nueva Jerusalén, pero será lo último. En cambio en el camino me pregunto —y no sé cómo responder, pero su pregunta la hago mía—: compartir la Cena del Señor, ¿es el final de un camino o es el viático para caminar juntos? Dejo la pregunta a los teólogos, a los que entienden. Es verdad que en cierto sentido compartir es afirmar que no existen diferencias entre nosotros, que tenemos una misma doctrina —destaco la palabra, palabra difícil de comprender—, pero me pregunto: ¿no tenemos el mismo Bautismo? Y si tenemos el mismo Bautismo debemos caminar juntos. Usted es testigo de un camino incluso profundo porque es un camino conyugal, un camino precisamente de familia, de amor humano y de fe compartida. Tenemos el mismo Bautismo. Cuando usted se siente pecadora —también yo me siento muy pecador—, cuando su marido se siente pecador, usted va ante el Señor y pide perdón; su marido hace lo mismo y va al sacerdote y pide la absolución. Son remedios para mantener vivo el Bautismo. Cuando vosotros rezáis juntos, el Bautismo crece, se hace fuerte; cuando vosotros enseñáis a vuestros hijos quién es Jesús, para qué vino Jesús, qué hizo por nosotros Jesús, hacéis lo mismo, tanto en lengua luterana como en lengua católica, pero es lo mismo. La pregunta: ¿y la Cena? Hay preguntas a las que sólo si uno es sincero consigo mismo y con las pocas «luces teológicas» que tengo, se debe responder lo mismo, vedlo vosotros. «Este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre», dijo el Señor, «haced esto en memoria mía»; es un viático que nos ayuda a caminar. He tenido una gran amistad con un obispo episcopaliano, de cuarenta y ocho años, casado, con dos hijos, y él tenía esta inquietud: la esposa católica, los hijos católicos, él obispo. Él acompañaba los domingos a su esposa y a sus hijos a misa y luego iba al culto con su comunidad. Era un paso en la participación en la Cena del Señor. Y él siguió adelante, era un hombre justo, y el Señor lo llamó. A su pregunta le respondo sólo con una pregunta: ¿cómo puedo hacer con mi marido, para que la Cena del Señor me acompañe en mi camino? Es una cuestión a la cual cada uno debe responder. Pero me decía un pastor amigo: «Nosotros creemos que el Señor está allí presente. Está presente. Vosotros creéis que el Señor está presente. ¿Cuál es la diferencia?» «Eh, son las explicaciones, las interpretaciones...». La vida es más grande que las explicaciones e interpretaciones. Haced siempre referencia al Bautismo: «Una fe, un bautismo, un Señor», así nos dice Pablo, y de allí sacad las consecuencias. No me atrevería nunca a dar permiso para hacer esto porque no es mi competencia. Un Bautismo, un Señor, una fe. Hablad con el Señor y seguid adelante. No me atrevo decir más.

Luego, Gertrud Wiedmer, suiza, tesorera de la comunidad, describió al Papa un proyecto de ayuda para los refugiados y preguntó: «¿Qué podemos hacer, como cristianos, para que las personas no se resignen o no levanten nuevos muros?».

Usted, al ser suiza, al ser la tesorera, tiene todo el poder en sus manos. Un servicio... La miseria... Usted dijo esta palabra: la miseria. Me surge decir dos cosas. La primera, los muros. El hombre, desde el primer momento —si leemos las Escrituras— es un gran constructor de muros, que separan de Dios. En las primeras páginas del Génesis vemos esto. Y hay una fantasía detrás de los muros humanos, la fantasía de llegar a ser como Dios. Para mí, el mito, por decirlo con palabras técnicas, o la narración de la Torre de Babel, es precisamente la actitud del hombre y de la mujer que construyen muros, porque construir un muro es decir: «Nosotros somos potentes, vosotros fuera». Pero en este «nosotros somos potentes y vosotros fuera» está la soberbia del poder y la actitud propuesta en las primeras páginas del Génesis: «Seréis como Dios» (cf. Gn 3, 5). Hacer un muro es para excluir, va en esta línea. La tentación: «Si coméis de este fruto, seréis como Dios». A propósito de la Torre de Babel —esto tal vez ya lo habéis escuchado, porque lo repito, pero es tan «plástico»— hay un midrash escrito por un rabino judío en el año 1200 más o menos, en el tiempo de Tomás de Aquino, de Maimónides, más o menos en esa época, que explicaba a los suyos en la Sinagoga la construcción de la Torre de Babel, donde el poder del hombre se hacía sentir. Era muy difícil, muy costoso, porque se tenía que hacer el barro y no siempre el agua estaba cerca, había que buscar la paja, hacer la mezcla, luego cortarlos, dejarlos secar, dejarlos reposar y cocinarlos en el horno, y al final salían y los obreros los llevaban... Si se caía uno de estos ladrillos se convertía en una catástrofe, porque eran un tesoro, eran costosos, costaban. Si se caía un obrero, en cambio, no pasaba nada. El muro siempre excluye, prefiere el poder —en este caso el poder del dinero porque el ladrillo era costoso, o la torre que quería llegar hasta el cielo—, y así siempre excluye a la humanidad. El muro es el monumento a la exclusión. También nosotros, en nuestra vida interior, cuántas veces las riquezas, la vanidad y el orgullo se convierten en un muro ante el Señor, nos alejan del Señor. Construir muros. Para mí, la palabra que me surge ahora, un poco espontánea, es la palabra de Jesús: ¿cómo hacer para no construir muros? Servicio. Haced la parte del último, que lava los pies. Él te dio el ejemplo. Servicio a los demás, servicio a los hermanos, a las hermanas, servicio a los más necesitados. Con esta obra de ayuda a 80 madres jóvenes, vosotros no levantáis muros, prestáis un servicio. El egoísmo humano quiere defenderse, defender el propio poder, el propio egoísmo, pero en ese acto de defensa se aleja de la fuente de riqueza. Los muros, al final, son como un suicidio, te cierran. Es algo feo tener el corazón cerrado. Y hoy lo vemos, el drama... Mi hermano pastor hoy al hablar de París, habló de corazones cerrados. También el nombre de Dios se usa para cerrar los corazones. Usted me pedía: «Tratemos de ser una ayuda a la miseria, pero sepamos también que las posibilidades tienen un final. ¿Qué podemos hacer como cristianos para que las personas no se resignen o no levanten nuevos muros?». Hablar claro, rezar —porque la oración es potente— y servir. Y servir. Un día, a la Madre Teresa de Calcuta le hicieron esta pregunta: «Todo este esfuerzo que usted realiza sólo para hacer morir con dignidad a esta gente que está a tres o cuatro días de la muerte, ¿qué es?». Es una gota de agua en el mar, pero después de esto el mar ya no es lo mismo. Y, siempre con el servicio, los muros caerán solos; pero nuestro egoísmo, nuestro deseo de poder busca siempre construir muros. No lo sé, esto se ocurre decir. ¡Gracias!


Homilía del Santo Padre

Jesús, durante su vida, hizo muchas elecciones. Esta que hoy hemos escuchado será la última elección. Jesús hizo muchas elecciones: los primeros discípulos, los enfermos que curaba, la multitud que lo seguía... —lo seguía para escuchar porque hablaba como alguien que tiene autoridad, no como sus doctores de la ley que se pavoneaban; pero podemos leer quien era esta gente dos capítulos antes, en el capítulo 23 de Mateo; no, en Él veían autenticidad; y esa gente lo seguía. Jesús hacía con amor las elecciones y también las correcciones. Cuando los discípulos se equivocaban en los métodos: «¿Hacemos que descienda fuego desde el cielo?...». –«Pero vosotros no sabéis cuál es vuestro espíritu». O cuando la madre de Santiago y Juan fue a pedir al Señor: «Señor, te quiero pedir un favor, que mis dos hijos, en el momento de tu Reino, uno esté a la derecha y el otro a la izquierda...». Y Él corregía estas cosas: siempre guiaba, acompañaba. Y también después de la Resurrección causa mucha ternura ver cómo Jesús elige los momentos, elige a las personas, no asusta. Pensemos en el camino hacia Emaús, cómo los acompaña [a los dos discípulos]. Ellos tenían que ir a Jerusalén, pero habían escapado de Jerusalén por miedo, y Él va con ellos, los acompaña. Y luego se reveló a ellos, hizo que lo reconociesen. Es una opción de Jesús. Y luego la gran opción que a mí siempre me emociona, cuando prepara la boda del hijo y dice: «Id al cruce de los caminos y traed aquí a los ciegos, los sordos, los cojos...». ¡Buenos y malos! Jesús siempre elige. Y luego la elección de la oveja perdida. No hace un cálculo financiero: «Tengo 99, y pierdo una de ellas...». No. La última opción será la opción definitiva. Y, ¿cuáles serán las preguntas que el Señor nos hará ese día: «¿Has ido a misa? ¿Has hecho una buena catequesis?». No, las preguntas serán acerca de los pobres, porque la pobreza está en el centro del Evangelio. Él siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza. Él no considera un privilegio ser como Dios, sino que se abajó, se humilló hasta el final, hasta la muerte de Cruz (cf. Flp 2, 6-8). Es la opción del servicio. ¿Jesús es Dios? Es verdad. ¿Es el Señor? Es verdad. Pero es el servidor, y la elección la hará a partir de ello. Tú, ¿has usado tu vida para ti o para servir? ¿Para defenderte de los demás con muros o para acogerlos con amor? Y esta será la última opción de Jesús. Esta página del Evangelio nos dice mucho acerca del Señor. Y puedo preguntarme: nosotros, luteranos y católicos, ¿de qué parte estaremos, a la derecha o la izquierda? Y hubo tiempos feos entre nosotros... Pensemos en las persecuciones entre nosotros, con el mismo Bautismo. Pensemos en los muchos que fueron quemados vivos. Debemos pedirnos perdón por esto, por el escándalo de la división, porque todos, luteranos y católicos, estamos en esta elección, no en otras opciones, en esta opción, la elección del servicio como Él nos indicó siendo siervo, el siervo del Señor.

A mi me gusta, para acabar, cuando veo al Señor siervo que sirve, me gusta pedirle que Él sea el servidor de la unidad, que nos ayude a caminar juntos. Hoy hemos rezado juntos. Rezar juntos, trabajar juntos por los pobres, por los necesitados; querernos, con verdadero amor de hermanos. «Pero, padre, somos distintos, porque nuestros libros dogmáticos dicen una cosa y los vuestros dicen otra». Pero uno de vuestros grandes [un exponente] dijo una vez que existe la hora de la diversidad reconciliada. Pidamos hoy esta gracia, la gracia de esta diversidad reconciliada en el Señor, es decir en el Siervo de Yahvé, de ese Dios que vino entre nosotros para servir y no para ser servido.

Os agradezco mucho esta hospitalidad fraterna. Gracias.


L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 47, viernes 20 de noviembre de 2015



lunes, 9 de noviembre de 2015

SIN PIEDAD: COMISIONADO PONTIFICIO PARA LAS HERMANAS FRANCISCANAS DE LA INMACULADA

Después que se colocara la Orden de los Franciscanos de la Immaculada bajo administración provisional, ahora se ha dado el mismo paso contra las Hermanas Franciscanas de Immaculada, la rama femenina de la Orden.

Por Giuseppe Nardi


El 12 de octubre de 2015 se fechó un decreto de la Congregación religiosa, con el que la monja Noris A. Calzavara fue nombrada Comisaria Pontificia para las Franciscanas de la Inmaculada.


Las razones ocultas de la administración provisional

Aunque la rama masculina de la Orden fundada por el padre Stefano Maria Manelli ha estado bajo administración provisional durante más de dos años, lo que provocó un claro corte en la Orden, incluido el cierre del propio seminario de la Orden y el cierre de varios monasterios, el Vaticano no ha dado ninguna razón oficial hasta ahora para ejecutar este procedimiento serio. El decreto de nombramiento de la Comisionada es ahora un poco más claro.

Hasta ahora solo ha habido dos referencias no oficiales a los motivos. En diciembre de 2013, el entonces comisionado apostólico, el padre Fidenzio Volpi, respondió a un artículo del vaticanista Marco Tosatti, quien criticaba la injerencia radical del Vaticano en la vida de la joven Orden y su preocupación por la exagerada furia del comisionado papal contra la Orden. El comisionado Volpi afirmó que “Roma tuvo que intervenir porque los Franciscanos de la Inmaculada estaban en una dirección ‘cripto-lefebvriana’, de todos modos ‘tradicionalista’ y que se habían desviado”.

En ese momento escribimos: “El Comisionado Padre Volpi no distingue entre “lefebvrianos” y “tradicionalistas”, y por lo tanto ni siquiera distingue entre la Sociedad de San Pío X canónicamente no reconocida y las comunidades Ecclesia Dei canónicamente reconocidas. Evidentemente, la tradición es fundamentalmente un "problema" para el comisario. Una dirección que no solo desagrada a los capuchinos, sino que debe combatirse. Y lo ha estado haciendo con mucho celo desde el pasado mes de agosto. Obviamente fue esta aversión lo que lo calificó para el papel de Comisionado Apostólico”.


Lucha ideológica contra la Tradición

El comisionado Volpi murió en junio de 2015 después de una breve y grave enfermedad. Con el nuevo comisionado, canónigo y salesiano Sabino Ardito, las cosas parecían un poco más tranquilas. Con un decreto del 19 de octubre, la Congregación para la Orden dejó en claro que todavía estaba decidida a romper la Orden joven y su carisma. ¿El gran defecto? Ser una Orden que redescubría el Rito Tradicional y hacerlo suyo, eso no debe existir. De esta manera la Tradición, que se tolera para bien o para mal, rompería su cerco marginal de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei y afectaría el corazón de la Iglesia. Los círculos influyentes de la Iglesia estuvieron de acuerdo en que eso no se podía tolerar. Con la dimisión de Benedicto XVI, el camino estaba libre para actuar contra la Orden.

En 2014, el arzobispo curial Carballo, franciscano, indicó en una reunión de los superiores religiosos de Cataluña que “Roma estaba preocupada por las desviaciones preconciliares”. Porque, según el secretario de la Congregación Religiosa, “la fidelidad ‘al concilio’ es no negociable para las Órdenes”.

El papa Francisco había hecho entender extraoficialmente en varias ocasiones que solo veía “ideólogos” en los tradicionalistas y que era solo “una moda” el Rito Tradicional. Los críticos acusan al papa gobernante de no jugar limpio. Nunca expresó oficialmente sus críticas, pero al mismo tiempo, en el caso de los Franciscanos de la Inmaculada, se tomaron medidas oficiales contra la Tradición y el Rito Tradicional. Además, al aprobar este procedimiento y sus declaraciones extraoficiales a representantes de la Orden y obispos, lesionó la Tradición y el Rito Tradicional. De manera informal le había hecho saber a la iglesia mundial que "el papa" en realidad no quería la Tradición y el Rito Tradicional.


Cuando la congregación religiosa mira para otro lado

Están sucediendo muchas cosas en el sistema religioso católico, pero la Congregación Romana para las Órdenes Religiosas está haciendo la vista gorda. Partes de la dirección de la Orden de los Camilianos han falsificado controles financieros falsos para manipular las elecciones para la dirección de la Orden. Los miembros de la dirección general de los Carmelitas Descalzos frecuentaban la escena de estafadores y traficantes de drogas en Roma. Por no hablar de los salesianos holandeses, para quienes supuestamente era "normal" violar a niñas de doce años. Pero ninguna de estas órdenes religiosas, que son valiosas en sí mismas, fue puesta bajo administración temporal. Y mucho menos una Orden cuyos representantes "ideológicamente", para ceñirse a las expresiones del papa Francisco, son progresistas, sí, las aguas modernistas se han "ido a la deriva" y niegan casi todo lo que enseña la Iglesia Católica. Incluso la Orden de los jesuitas no necesita tomarse como ejemplo. Los ejemplos en las distintas Órdenes son innumerables. Basta con abrir cualquier periódico en cualquier idioma para encontrar rápidamente lo que se está buscando.

La acusación de "ideología" es unilateral e indica una "ceguera ideológica" de la persona que hace la acusación. Los Franciscanos de la Inmaculada no fueron culpables de delitos sexuales contra el voto de castidad y ciertamente no fueron acusados de abuso sexual, no incurrieron en mala gestión financiera ni trataron de encubrirla mediante acciones criminales. Su "defecto" consistía en sostener inconsciente e inconscientemente un espejo ante las otras Órdenes. Como es bien sabido, casi nadie puede soportarlo.


Comisionada Pontificia Noris Calzavara

En mayo de 2014, la Congregación de la Orden nombró una Visitadora Apostólica para la rama femenina de la Orden de las Franciscanas de la Inmaculada. La Hermana Fernanda Barbiero fue la encargada de verificar el pedido con el personal. La dirección del empuje sugirió pocas cosas buenas. Una Orden estricta, que toma en serio la vida religiosa y la Doctrina Católica, fue revisada por mujeres que provenían del medio cultural de los teólogos ‘de género’.

La buena noticia después de un año de visitas: no hay nada en contra de la Orden de mujeres jóvenes de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada.

La mala noticia: seguirá estando bajo administración temporal.


¿El reproche? "Riquezas ‘del concilio’ no asimiladas suficientemente"

Porque, “después de precisas visitas apostólicas”, dice en el decreto de la congregación religiosa, se había llegado a la conclusión de que las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada “no lograron absorber adecuadamente las riquezas de la ‘doctrina del Concilio’ y asimilar y aplicar el posterior ‘magisterio papal’ en su vida consagrada en el contexto de su vida y misión apostólica”.

Esto también refuta el artículo del Corriere della Sera del 4 de noviembre de 2015, que pretendía justificar las últimas medidas de la congregación de la orden contra la Orden de las Franciscanas de la Inmaculada con lamentables alegatos de rumores. Accionismo mediático sucio, que forma una especie de mala música que acompaña las serias intervenciones de Roma en la Orden joven.

¿La moraleja de la historia? El nuevo mensaje de Roma a las Órdenes parece ser: no importa si está fornicando, mintiendo, robando, engañando, negando verdades de Fe y Dogmas, perturbando el orden de la Iglesia y promoviendo el abuso litúrgico, lo principal es que el Concilio Vaticano II y los 'logros' del posconcilio no se tocan.