Por Cris Yozía
El “padre” Dominique Spina, condenado por violación de un menor, había sido rehabilitado para ejercer funciones eclesiásticas por Guy de Kerimel, “arzobispo” de Toulouse (Francia), quien tras hacer el anuncio dijo: “He optado por la misericordia”.
Es de destacar que el misericordiado “padre” Dominique Spina, fue condenado en 2006 a cinco años de prisión por violar a un chico de 16 años en 1993.
Ante el desatinado nombramiento de Kerimel, la Conferencia Episcopal Francesa emitió un comunicado dirigido al “arzobispo” Guy de Kerimel, pidiéndole que cancele el ascenso de un “sacerdote” que cumplió condena en prisión por la violación de un menor.
En el comunicado de prensa del 10 de agosto (en francés aquí), los obispos revelaron que habían “entablado un diálogo constructivo” con Kerimel, “invitándolo a reconsiderar la decisión que tomó con respecto al nombramiento del canciller de su diócesis”.
El descargo de Kerimel
El 16 de agosto Kerimel publicó un comunicado en el cual justificó su designación del depravado Spina, pidió perdón a las víctimas y anunció la reversión del vergonzoso “nombramiento”:
Para no provocar división entre los obispos y no quedar en un punto muerto entre los "a favor" y los "en contra", decidí revertir mi decisión; esto ya se ha hecho, con el nombramiento de un nuevo canciller.
Mi decisión fue interpretada por muchos como un desaire a las víctimas de abuso sexual; les pido perdón. Obviamente, no era mi intención. Otros, finalmente, la vieron como una señal de esperanza para los abusadores que cumplieron su condena y están experimentando una muerte social muy dura. En este sentido, debo pedir perdón a quien mencioné y en quien confío, por no haber podido encontrar el lugar que le corresponde.
Increíble. Kerimel pidiendo perdón a un ex convicto “por no haber podido encontrar el lugar que le corresponde” y no sólo eso, confesando que “confía en él”. ¿Sabrá el “arzobispo” que la pederastia es un trastorno que no se va con el con el tiempo, que no tiene cura? Los informes que se han hecho a lo largo de la historia así lo prueban, pero aún así, dice que “confía en él”.
¿Cómo podemos encontrar la actitud correcta que no nos obligue a tomar partido en detrimento del otro? ¿Cómo podemos tener presentes a las víctimas sin rechazar eternamente a los culpables?
Hoy hablamos de “justicia restaurativa”: se busca establecer un encuentro, siempre libre, entre el autor del daño y la víctima, para un reconocimiento del daño cometido y en la voluntad de no quedar atrapado en el daño.
Es extraño y muy “conveniente” para un abusador “establecer un encuentro entre el autor del daño y la víctima”... ¿Pero qué víctima real de abuso quiere volver a mirar a la cara a su abusador? ¿De qué “voluntad de no quedar atrapado en el daño” habla el “arzobispo”? ¿Podrá imaginar la gravedad de lo que significa un abuso, de lo devastador que puede llegar a ser para un ser humano (y más si estamos hablando de un niño o un adolescente inocente) que deshonren su pureza de la manera mas vil?
El autor debe reparar el daño causado o, al menos, mediante el castigo que la justicia le impone, participar en la reparación del daño causado. En un delito, el daño siempre tiene una dimensión irreparable. ¿Qué hacer en este caso? ¿Ejercer venganza? Eso sería encerrarse en una lógica destructiva y, en última instancia, en la victoria definitiva del mal.
No se trata de “ejercer venganza”. Se está hablando de justicia y de lógica. ¿Qué mensaje se está enviando a la sociedad al nombrar canciller de su diócesis a un depravado? La “victoria definitiva del mal” es buscar dónde reubicar dentro de la iglesia francesa a un personaje indigno y condenado por hechos aberrantes.
Francia ha renunciado a la pena de muerte; la justicia cree en la posibilidad de cambio para los criminales y trabaja por su rehabilitación. No puede dar rienda suelta a la venganza; esto iría en detrimento del perpetrador, por supuesto, pero también de la víctima y de la sociedad en su conjunto. En nombre de dicha justicia, caeríamos en las peores injusticias. La justicia no devuelve al perpetrador el daño que ha causado a la víctima: “ojo por ojo, diente por diente”. Limita la exclusión del culpable, salvo en casos extremos que involucren a individuos peligrosos.
Es cierto que “la justicia cree en la posibilidad de cambio para los criminales”, pero también es cierto que en todos los países civilizados se han tomado medidas contra este tipo de depredadores para proteger a futuras posibles víctimas. Inclusive en algunos países existe el registro de condenados por este tipo de delitos para que el resto de los ciudadanos tengan conocimiento, puedan protegerse y alejarse de tales individuos. “En nombre de dicha justicia, caeríamos en las peores injusticias”... Resulta asombroso que Kerimel, siendo un “arzobispo”, considere que tomar medidas para prevenir posibles crímenes, defina esta acción como “injusticia”.
En el Evangelio, Jesús se esforzó mucho por rehabilitar a personas pecadoras y culpables. Llamó a puestos de responsabilidad a hombres como Mateo, el recaudador de impuestos; Pedro, el renegado; Pablo, el criminal; María Magdalena, la prostituta; y tantos otros. Pablo había hecho víctimas, quizá también san Mateo en otro orden. Sin embargo, Jesús perdonó sus pecados, transformaron sus vidas y ejercieron, en nombre de Cristo, una autoridad que perdura hasta nuestros días. Esta lógica evangélica va incluso más allá de la rehabilitación, que solo afecta el lugar que uno ocupa en la sociedad: se llama conversión, porque transforma el corazón humano.
¿Conversión? ¿Y cómo Kerimel puede afirmar que Spina realmente se ha convertido? ¿Es todopoderoso y puede ver el arrepentimiento en el corazón de su ex designado canciller? Nos permitimos dudarlo, sobre todo conociendo las “debilidades” de gran parte del clero postconciliar. Considerando las palabras del “arzobispo” solo faltó que proponga al “padre” Dominique Spina como candidato a la canonización...
Nosotros, que tenemos la misión de dar testimonio del Evangelio, no podemos ignorar la misericordia que Jesús siempre mostró, incluso en la cruz, perdonando al malhechor que acudió a Él. Creemos que la justicia no se opone a la misericordia, la misericordia no se opone a la justicia.
¡Pobre Jesús! En nombre de su misericordia, ¡cuántos desaguisados se están cometiendo! Por poner un ejemplo, estos usurpadores de Nuestra Santa Iglesia ¡están bendiciendo el pecado contra natura!
Creemos en el perdón y la redención, sin condonar jamás la injusticia, aunque, lamentablemente, a veces la practiquemos, porque no somos mejores que los primeros discípulos de Jesús. El camino de la conversión nunca está completo en esta tierra.
¿Cómo podemos mantener la justicia y la misericordia unidas? Quisiera que sigamos reflexionando sobre este importante tema, para no quedarnos estancados en las emociones, que rara vez conducen a la verdadera justicia, sino para que, como cristianos, tengamos la actitud más justa posible, conforme al Evangelio.
Por favor, tengan la seguridad de mi devoción.
+ Guy de Kerimel
Arzobispo de Toulouse
16 de agosto de 2025
¿Creer en su devoción? Permítanos dudarlo, “monseñor”.
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