jueves, 6 de junio de 2024

CATECISMO DE TRENTO (1566) - 9na PARTE


EL CATECISMO DE TRENTO

ORDEN ORIGINAL

(publicado en 1566)

(9)

Introducción Sobre la fe y el Credo

ARTÍCULO IX:

“CREO EN LA SANTA IGLESIA CATÓLICA; LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS”


Importancia de este artículo

Con qué gran diligencia deben los pastores explicar a los fieles la verdad de este noveno artículo, se verá fácilmente, si atendemos principalmente a dos consideraciones.

En primer lugar, como observa San Agustín, los Profetas hablaron más clara y abiertamente de la Iglesia que de Cristo, previendo que sobre esto podría errar y engañarse un número mucho mayor que sobre el misterio de la Encarnación. Porque en los siglos venideros no faltarían hombres perversos que, como el simio que quisiera pasar por hombre, pretendieran que sólo ellos eran católicos, y con no menos impiedad que descaro afirmaran que sólo con ellos está la Iglesia católica.

La segunda consideración es que aquel cuya mente esté fuertemente impresionada con la verdad enseñada en este artículo, escapará fácilmente del terrible peligro de la herejía. Porque no se ha de llamar hereje a una persona tan pronto como haya ofendido en materia de fe; sino que es hereje quien, habiendo desconocido la autoridad de la Iglesia, mantiene con pertinacia opiniones impías. Siendo, pues, imposible que nadie se infecte con el contagio de la herejía, mientras sostenga lo que este artículo propone creer, pongan los pastores toda diligencia para que los fieles, conocido este misterio y prevenidos contra las asechanzas de Satanás, perseveren en la verdadera fe.

Este artículo se basa en el anterior, pues, como ya se ha demostrado que el Espíritu Santo es la fuente y el dador de toda santidad, profesamos aquí nuestra creencia de que la Iglesia ha sido dotada por Él de santidad.

Primera parte de este artículo : “Creo en la Santa Iglesia Católica”

Los latinos, habiendo tomado prestada la palabra ecclesia (iglesia) de los griegos, la han transferido, desde la predicación del Evangelio, a las cosas sagradas. Se hace necesario, por lo tanto, explicar su significado.

“Iglesia”

La palabra ecclesia (iglesia) significa convocación. Pero los escritores la usaron posteriormente para significar una reunión o asamblea, tanto si las personas reunidas eran miembros de una religión verdadera como de una falsa. Así, en los Hechos se dice de la gente de Éfeso que cuando el secretario de la ciudad había apaciguado a una asamblea tumultuosa dijo: Y si demandáis alguna cosa, en legítima asamblea se puede decidir. Los Efesios, que eran adoradores de Diana (Artemisa), son así llamados una iglesia legal (ecclesia). Tampoco se llama iglesia (ecclesia) sólo a los gentiles que no conocían a Dios; con el mismo nombre se designan también a veces los concilios de los hombres malos e impíos. No me he reunido (ecclesiam) nunca con los impostores -dice el Profeta- ni he ido jamás con los hipócritas.

En el uso común de las Escrituras, sin embargo, la palabra fue empleada posteriormente para significar la sociedad cristiana solamente, y las asambleas de los fieles; es decir, de aquellos que son llamados por la fe a la luz de la verdad y al conocimiento de Dios, para que, habiendo abandonado las tinieblas de la ignorancia y el error, puedan adorar al Dios vivo y verdadero piadosa y santamente, y servirle de todo corazón. En una palabra, La Iglesia -dice San Agustín- consiste en los fieles dispersos por todo el mundo'.

Misterios que encierra la palabra “Iglesia”

Esta palabra encierra importantes misterios. Porque, en la vocación que significa, reconocemos a la vez la benignidad y el esplendor de la gracia divina, y comprendemos que la Iglesia es muy distinta de todas las demás sociedades. Otros organismos descansan sobre la razón y la prudencia humanas, pero la Iglesia descansa sobre la sabiduría y los consejos de Dios, que nos ha llamado interiormente por la inspiración del Espíritu Santo, que abre los corazones de los hombres; y exteriormente, a través del trabajo y el ministerio de pastores y predicadores.

Además, el fin de esta vocación, es decir, el conocimiento y la posesión de las cosas eternas, se comprenderá enseguida si recordamos por qué los fieles de la Antigua Ley se llamaban Sinagoga, es decir, rebaño, pues, como enseña San Agustín, se llamaban así porque, como el ganado, que se suele arrear junto, sólo miraban a los bienes terrestres y transitorios. Por lo tanto, el pueblo cristiano es llamado con justicia, no Sinagoga, sino Iglesia, porque, despreciando las cosas terrenas y pasajeras, sólo persigue las celestiales y eternas.

Otros nombres dados a la Iglesia en la Escritura

Muchos nombres, además, que están repletos de misterios, se han utilizado para designar al cuerpo cristiano. Así, el Apóstol la llama casa y edificio de Dios. Pero -dice a Timoteo- en caso que me tarde, te escribo para que sepas cómo debe conducirse uno en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y sostén de la verdad. La Iglesia se llama casa, porque es, por así decirlo, una familia gobernada por un padre de familia, y que goza de una comunidad de todos los bienes espirituales.

Se la llama también rebaño de las ovejas de Cristo, de las que Él es la puerta y el pastor. Se llama la esposa de Cristo. Pues os he desposado con un solo esposo -dice el Apóstol a los Corintios- para presentaros como una virgen casta a Cristo; y a los Efesios: Maridos, amad a vuestras mujeres, como también Cristo amó a la Iglesia; y del matrimonio: Este es un gran sacramento, pero hablo en Cristo y en la Iglesia.

Finalmente, la Iglesia es llamada el cuerpo de Cristo, como puede verse en las Epístolas a los Efesios y a los Colosenses. Cada uno de estos apelativos tiene una influencia muy grande para excitar a los fieles a mostrarse dignos de la ilimitada clemencia y bondad de Dios, que los eligió para ser el pueblo de Dios.

Las partes de la Iglesia

Una vez explicadas estas cosas, será necesario enumerar las diversas partes que componen la Iglesia y señalar sus diferencias, a fin de que los fieles puedan comprender mejor la naturaleza, propiedades, dones y gracias de la amada Iglesia de Dios, y por ellas alaben sin cesar el santísimo nombre de Dios.

La Iglesia se compone principalmente de dos partes, la una llamada Iglesia triunfante; la otra, Iglesia militante. La Iglesia triunfante es la asamblea más gloriosa y feliz de los espíritus bienaventurados y de aquellos que han triunfado sobre el mundo, la carne y la iniquidad de Satanás, y ahora están exentos y a salvo de los problemas de esta vida y gozan de la bienaventuranza eterna. La Iglesia militante es la sociedad de todos los fieles que aún moran en la tierra. Se llama militante porque libra una guerra eterna contra esos enemigos implacables que son el mundo, la carne y el demonio.

Sin embargo, no debemos deducir que hay dos Iglesias. La Iglesia triunfante y la Iglesia militante son dos partes constituyentes de una Iglesia; una parte va delante, y ahora está en posesión de su patria celestial; la otra, sigue cada día, hasta que finalmente, unida a nuestro Salvador, descansará en una felicidad sin fin.

Los miembros de la Iglesia militante

La Iglesia militante se compone de dos clases de personas, los buenos y los malos, que profesan la misma fe y participan de los mismos Sacramentos, pero difieren en su modo de vivir y en su moralidad.

Los buenos son los que están unidos no sólo por la profesión de la misma fe y la participación de los mismos Sacramentos, sino también por el espíritu de gracia y el vínculo de la caridad. De ellos dice San Pablo: El Señor sabe quiénes son los suyos. Quiénes son los que componen esta clase también podemos conjeturar remotamente, pero de ningún modo podemos pronunciarnos con certeza. De ahí que Cristo Salvador no hable de esta porción de su Iglesia cuando nos remite a ella y nos manda oírla y obedecerla. Como esta parte de la Iglesia es desconocida, ¿cómo podríamos saber con certeza a qué decisión recurrir, a qué autoridad obedecer?

La Iglesia, por lo tanto, como atestiguan las Escrituras y los escritos de los Santos, incluye dentro de su redil a buenos y malos; y fue en este sentido que San Pablo habló de un solo cuerpo y un solo espíritu. Así entendida, la Iglesia se conoce y se compara con una ciudad edificada sobre un monte y visible desde todas partes. Como todos deben obedecer a su autoridad, es necesario que todos la conozcan.

Que la Iglesia se compone de buenos y malos lo aprendemos de muchas parábolas contenidas en el Evangelio. Así, la Iglesia militante, es comparada con una red echada en el mar, con un campo en el que se ha sembrado cizaña con el buen grano, con una era en la que el grano se mezcla con la paja, y también con diez vírgenes, algunas de las cuales eran prudentes y otras insensatas. Y mucho antes, trazamos una figura y semejanza de esta Iglesia en el arca de Noé, que contenía no sólo animales limpios, sino también inmundos.

Pero aunque la fe católica enseña uniforme y verdaderamente que los buenos y los malos pertenecen a la Iglesia, sin embargo la misma fe declara que la condición de ambos es muy diferente. Los malos están contenidos en la Iglesia, como la paja está mezclada con el grano en la era, o como los miembros muertos permanecen a veces unidos a un cuerpo vivo.

Los que no son miembros de la Iglesia

Por lo tanto, sólo hay tres clases de personas excluidas de la Iglesia: los infieles, los herejes y cismáticos y los excomulgados. Los infieles están fuera de la Iglesia porque nunca pertenecieron a ella, nunca la conocieron y nunca fueron hechos partícipes de ninguno de sus Sacramentos. Los herejes y los cismáticos están excluidos de la Iglesia, porque se han separado de ella y sólo pertenecen a ella como los desertores pertenecen al ejército del que han desertado. Sin embargo, no se puede negar que siguen sometidos a la jurisdicción de la Iglesia, ya que pueden ser llamados ante sus tribunales, castigados y anatematizados. Por último, los excomulgados no son miembros de la Iglesia, porque han sido excluidos por su sentencia del número de sus hijos y no pertenecen a su comunión hasta que se arrepientan.

Pero respecto a los demás, por perversos y malvados que sean, es cierto que siguen perteneciendo a la Iglesia: Esto debe recordarse con frecuencia a los fieles, para que se convenzan de que, aunque la vida de sus ministros se haya degradado por el crimen, siguen estando dentro de la Iglesia y, por lo tanto, no pierden nada de su poder.

Otros usos de la palabra “Iglesia”

Las porciones de la Iglesia universal suelen llamarse iglesias, como cuando el Apóstol menciona la Iglesia de Corinto, la de Galacia, la de los laodicenses, la de los tesalonicenses.

También llama Iglesias a las familias privadas de los fieles. A la Iglesia de la familia de Priscila y Aquila manda saludar; y en otro lugar dice: Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor.

A veces, también, la palabra iglesia se usa para significar los prelados y pastores de la iglesia. Y si rehúsa escucharlos -dice nuestro Señor- dilo a la iglesia. Aquí la palabra iglesia significa las autoridades de la Iglesia.

El lugar en el que los fieles se reúnen para escuchar la Palabra de Dios, o para otros fines religiosos, también se llama iglesia. Pero en este artículo, la palabra iglesia se usa especialmente para significar tanto lo bueno como lo malo, tanto lo gobernado como lo gobernante.

Las marcas de la Iglesia

Las marcas distintivas de la Iglesia también deben ser dadas a conocer a los fieles, para que así puedan estimar el alcance de la bendición conferida por Dios a aquellos que han tenido la felicidad de nacer y ser educados dentro de su seno.

“Una”

La primera marca de la verdadera Iglesia se describe en el Credo de Nicea, y consiste en la unidad: Mi paloma es una, mi bella es una. Tan vasta multitud, esparcida por todas partes, es llamada una por las razones mencionadas por San Pablo en su Epístola a los Efesios: Un Señor, una fe, un bautismo.

Unidad de gobierno

La Iglesia tiene un solo soberano y un solo gobernador: el invisible, Cristo, a quien el Padre eterno ha constituido cabeza de toda la Iglesia, que es su cuerpo; el visible, el Papa, que, como legítimo sucesor de Pedro, Príncipe de los Apóstoles, ocupa la cátedra apostólica.

Es enseñanza unánime de los Padres que esta cabeza visible es necesaria para establecer y preservar la unidad en la Iglesia. Esto lo percibió claramente San Jerónimo y lo expresó con la misma claridad cuando, en su obra contra Joviniano, escribió Uno es elegido para que, mediante el nombramiento de una cabeza, se elimine toda ocasión de cisma. En su carta al Papa Dámaso el mismo santo Doctor escribe: ¡Fuera la envidia, cese la ambición de grandeza romana! Hablo al sucesor del pescador y al discípulo de la cruz. No siguiendo a ningún jefe sino a Cristo, estoy unido en comunión con Vuestra Santidad, es decir, con la cátedra de Pedro. Sé que sobre esa roca está edificada la Iglesia. Quien quiera comer el cordero fuera de esta casa es profano; quien no esté en el arca de Noé perecerá en el diluvio.

La misma doctrina fue establecida mucho antes por los santos Ireneo y Cipriano. Este último, hablando de la unidad de la Iglesia observa: El Señor dijo a Pedro: 'Yo te digo a ti que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia' ... Sobre uno solo edifica el Señor Su Iglesia, y aunque a todos Sus Apóstoles después de Su resurrección Él les atribuye una potestad igual y dice: 'Como Mi Padre me envió a Mi, así los envío Yo: Reciban el Espíritu Santo' ... aunque Él puede hacer la unidad evidente, dispuso que esa unidad provenga de uno...

De nuevo, Optato de Milevi dice: No se os puede excusar por ignorancia, sabiendo como sabéis que en la ciudad de Roma la cátedra episcopal fue conferida primero a Pedro, que la ocupó como cabeza de los Apóstoles; a fin de que en esa única cátedra se conservara la unidad de la Iglesia por todos, y que los demás Apóstoles no reclamaran cada uno una cátedra para sí; de modo que ahora quien erige otra en oposición a esta única cátedra es un cismático y un prevaricador.

Más tarde San Basilio escribió: Pedro es hecho el fundamento, porque dice: Tú eres Cristo, el Hijo del Dios viviente; y oye como respuesta que él es una roca. Pero aunque una roca, él no es tal roca como Cristo; porque Cristo es verdaderamente una roca inamovible, pero Pedro, sólo en virtud de esa roca. Porque Jesús confiere sus dignidades a otros; es sacerdote, y hace sacerdotes; roca, y hace roca; lo que es suyo, lo confiere a sus siervos.

Por último, San Ambrosio dice: Porque sólo él de todos ellos profesó (a Cristo) y fue colocado por encima de todos.

Si alguien objetara que la Iglesia se contenta con una sola Cabeza y un solo Esposo, Jesucristo, y no requiere ningún otro, la respuesta es obvia. Pues así como consideramos a Cristo no sólo autor de todos los sacramentos, sino también su ministro invisible, Él es quien bautiza, Él es quien absuelve, aunque los hombres son nombrados por Él ministros externos de los sacramentos, así también ha puesto sobre su Iglesia, que gobierna por su Espíritu invisible, a un hombre para que sea su vicario y el ministro de su poder. Una Iglesia visible requiere una cabeza visible; por eso el Salvador nombró a Pedro cabeza y pastor de todos los fieles, cuando encomendó a su cuidado el apacentamiento de todas sus ovejas, en términos tan amplios que quiso que el mismo poder de regir y gobernar toda la Iglesia descendiera a los sucesores de Pedro.

Unidad en el espíritu, la esperanza y la fe

Además, el Apóstol, escribiendo a los Corintios, les dice que no hay más que un solo y mismo Espíritu que imparte la gracia a los fieles, como el alma comunica la vida a los miembros del cuerpo. Exhortando a los Efesios a conservar esta unidad, dice: Velad por la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un solo cuerpo y un solo Espíritu. Como el cuerpo humano se compone de muchos miembros, animados por una sola alma, que da la vista a los ojos, el oído a los oídos y a los demás sentidos el poder de desempeñar sus respectivas funciones, así el cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia, se compone de muchos fieles. La esperanza, a la que estamos llamados, es también una, como nos dice el Apóstol en el mismo lugar; pues todos esperamos la misma consumación, la vida eterna y feliz. Finalmente, la fe que todos están obligados a creer y profesar es una: Que no haya cismas entre vosotros -dice el Apóstol. Y el Bautismo, que es el sello de nuestra fe cristiana, también es uno.

“Santa”

La segunda marca de la Iglesia es la santidad, como aprendemos de estas palabras del Príncipe de los Apóstoles: Vosotros sois una generación elegida, una nación santa.

La Iglesia se llama santa porque está consagrada y dedicada a Dios; porque así otras cosas, cuando se apartaban y dedicaban al culto de Dios, solían llamarse santas, aunque fuesen materiales. Ejemplos de ello en la Antigua Ley eran los vasos, las vestiduras y los altares. En el mismo sentido, los primogénitos dedicados al Dios Altísimo también eran llamados santos.

No debe extrañar que la Iglesia, aunque tenga entre sus hijos a muchos pecadores, sea llamada santa. Porque, así como los que profesan cualquier arte, aunque se aparten de sus reglas, siguen siendo llamados artistas, del mismo modo los fieles, aunque ofendan en muchas cosas y violen los compromisos a los que se habían comprometido, siguen siendo llamados santos, porque han sido hechos pueblo de Dios y se han consagrado a Cristo por la fe y el Bautismo. De ahí que San Pablo llame a los corintios santificados y santos, aunque es cierto que entre ellos había algunos a los que reprendía severamente como carnales, y a los que acusaba también de delitos más graves.

La Iglesia también debe ser llamada santa porque está unida a su santa Cabeza, como Su cuerpo; es decir, a Cristo el Señor, 'la fuente de toda santidad, de quien fluyen las gracias del Espíritu Santo y las riquezas de la munificencia divina'. San Agustín, interpretando estas palabras del Profeta: "Conserva mi alma, que soy santo", se expresa así admirablemente: Que el cuerpo de Cristo diga audazmente, que también ese hombre único, exclamando desde los confines de la tierra, diga audazmente, con su Cabeza y bajo su Cabeza: Yo soy santo; porque recibió la gracia de la santidad, la gracia del Bautismo y de la remisión de los pecados. Y un poco más adelante: Si todos los cristianos y todos los fieles, habiendo sido bautizados en Cristo, se han revestido de Él, según estas palabras del Apóstol: "Todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos"; si son hechos miembros de su cuerpo y, sin embargo, dicen que no son santos, hacen injuria a su Cabeza, cuyos miembros son santos.

Además, sólo la Iglesia tiene el culto legítimo del sacrificio y el uso saludable de los sacramentos, que son los instrumentos eficaces de la gracia divina, usados por Dios para producir la verdadera santidad. Por lo tanto, para poseer la verdadera santidad, debemos pertenecer a esta Iglesia. La Iglesia, por lo tanto, está claro, es santa, y santa porque es el cuerpo de Cristo, por quien es santificada, y en cuya sangre es lavada.

“Católica”


La tercera característica de la Iglesia es que es católica, es decir, universal. Y con razón se la llama católica, porque, como dice San Agustín, "está difundida por el esplendor de una sola fe desde el sol naciente hasta el sol poniente".

A diferencia de los estados de institución humana, o de las sectas de herejes, ella no está confinada a ningún país o clase de hombres, sino que abarca dentro de la amplitud de su amor a toda la humanidad, ya sean bárbaros o escitas, esclavos o libres, hombres o mujeres. Por eso está escrito: "Tú ... nos has redimido para Dios, con tu sangre, de toda tribu, lengua, pueblo y nación, y nos has hecho un reino para nuestro Dios". Hablando de la Iglesia, David dice: "Pídeme, y te daré por heredad a los gentiles, y por posesión tuya los confines de la tierra; y también me acordaré de Rahab y de Babilonia que me conoce, y en ella ha nacido el hombre".

Además, a esta Iglesia, edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, pertenecen todos los fieles que han existido desde Adán hasta nuestros días, o que existirán, en la profesión de la verdadera fe, hasta el fin de los tiempos; todos los cuales están fundados y levantados sobre la única piedra angular, Cristo, que hizo de ambos una sola cosa, y anunció la paz a los que están cerca y a los que están lejos.

También se la llama universal, porque todos los que desean la salvación eterna deben aferrarse a ella y abrazarla, como los que entraron en el arca para no perecer en el diluvio... Esta (nota de catolicidad), por lo tanto, debe ser enseñada como un criterio muy confiable, por el cual distinguir la verdadera de la falsa Iglesia.

“Apostólica”

La verdadera Iglesia debe ser reconocida también por su origen, que puede ser rastreado bajo la ley de la gracia hasta los Apóstoles; porque su doctrina es la verdad no dada recientemente, ni oída ahora por primera vez, sino entregada desde antiguo por los Apóstoles, y diseminada por todo el mundo. Por lo tanto, nadie puede dudar de que las opiniones impías que inventa la herejía, opuestas como están a las doctrinas enseñadas por la Iglesia desde los días de los Apóstoles hasta nuestros días, son muy diferentes de la fe de la verdadera Iglesia.

Por eso, para que todos supieran cuál era la Iglesia católica, los Padres, guiados por el Espíritu de Dios, añadieron al Credo la palabra Apostólica. Porque el Espíritu Santo, que preside la Iglesia, no la gobierna por otros ministros que los de la sucesión apostólica. Este Espíritu, impartido primero a los Apóstoles, por la infinita bondad de Dios ha continuado siempre en la Iglesia. Y así como esta única Iglesia no puede errar ni en la fe ni en las costumbres, puesto que está guiada por el Espíritu Santo; así, por el contrario, todas las demás sociedades que se arrogan el nombre de Iglesia, deben necesariamente, por estar guiadas por el espíritu del demonio, hundirse en los errores más perniciosos, tanto doctrinales como morales.

Figuras de la Iglesia

Las figuras del Antiguo Testamento tienen un gran poder para estimular la mente de los fieles y recordarles estas hermosísimas verdades. Por esta razón, principalmente, los Apóstoles se sirvieron de ellas. El pastor, por lo tanto, no debe pasar por alto una fuente tan fructífera de instrucción.

Entre estas figuras, el arca de Noé ocupa un lugar conspicuo. Fue construida por orden de Dios, para que no hubiera duda de que era un símbolo de la Iglesia, que Dios ha constituido de tal manera que todos los que entran en ella por el Bautismo, pueden estar a salvo del peligro de la muerte eterna, mientras que los que están fuera de la Iglesia, como los que no estaban en el arca, son abrumados por sus propios crímenes.

Otra figura se presenta en la gran ciudad de Jerusalén, que, en la Escritura, a menudo significa la Iglesia. Sólo en Jerusalén era lícito ofrecer sacrificios a Dios, y sólo en la Iglesia de Dios se encuentran el verdadero culto y el verdadero sacrificio que pueden ser en absoluto aceptables a Dios.

“Creo en la Santa Iglesia Católica”

Finalmente, con respecto a la Iglesia, el párroco debe enseñar cómo creer a la Iglesia puede constituir un Artículo de fe. Aunque la razón y los sentidos son capaces de comprobar la existencia de la Iglesia, es decir, de una sociedad de hombres en la tierra devotos y consagrados a Jesucristo, y aunque la fe no parece necesaria para comprender una verdad de la que ni siquiera los judíos y los turcos dudan; sin embargo, es sólo a la luz de la fe, y no de las deducciones de la razón, como la mente puede captar aquellos misterios contenidos en la Iglesia de Dios que han sido parcialmente dados a conocer anteriormente y que serán tratados de nuevo bajo el Sacramento del Orden.

Puesto que, por lo tanto, este artículo, no menos que los otros, se sitúa por encima del alcance y desafía la fuerza del entendimiento humano, con toda justicia confesamos que no conocemos por la razón humana, sino que contemplamos con los ojos de la fe el origen, los oficios y la dignidad de la Iglesia.

Esta Iglesia no fue fundada por el hombre, sino por el mismo Dios inmortal, que la edificó sobre la roca más sólida. El Altísimo mismo -dice el Profeta- la ha fundado. De ahí que se la llame la herencia de Dios, el pueblo de Dios. El poder que posee no proviene del hombre, sino de Dios.

Puesto que este poder, por lo tanto, no puede ser de origen humano, la fe divina sólo puede permitirnos entender que las llaves del reino de los cielos están depositadas en la Iglesia, que a ella se le ha confiado el poder de remitir los pecados, de denunciar la excomunión y de consagrar el verdadero cuerpo de Cristo; y que sus hijos no tienen aquí una morada permanente, sino que buscan una en lo alto.

Estamos, pues, obligados a creer que hay una Santa Iglesia Católica. En cuanto a las Tres Personas de la Santísima Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, no sólo las creemos, sino que creemos en ellas. Pero aquí hacemos uso de una forma diferente de expresión, profesando creer en la santa, no en la santa Iglesia católica. Con esta diferencia de expresión distinguimos a Dios, autor de todas las cosas, de sus obras, y reconocemos que todos los excelsos beneficios concedidos a la Iglesia se deben a la generosidad de Dios

Segunda parte de este artículo: “La Comunión de los Santos”

El evangelista San Juan, escribiendo a los fieles sobre los misterios divinos, explica así por qué se comprometió a instruirlos en estas verdades: Para que tengáis comunión con nosotros, y nuestra comunión sea con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Esta comunión consiste en la comunión de los santos, objeto del presente artículo.

Importancia de esta verdad

Ojalá que en su exposición los pastores imitaran el celo de Pablo y de los demás Apóstoles. Porque no sólo es un desarrollo del artículo precedente y una doctrina que produce abundantes frutos, sino que también enseña el uso que debe hacerse de los misterios contenidos en el Credo, porque el gran fin al que debemos dirigir todo nuestro estudio y conocimiento de ellos es que podamos ser admitidos en esta augustísima y bendita sociedad de los santos, y que podamos perseverar firmemente en ella, dando gracias con gozo a Dios Padre, que nos ha hecho dignos de participar de la suerte de los santos en la luz.

Significado de “La comunión de los santos”

Por lo tanto, en primer lugar se debe informar a los fieles que esta parte del artículo es, por así decirlo, una especie de explicación de la parte precedente que se refiere a la unidad, santidad y catolicidad de la Iglesia. En efecto, la unidad del Espíritu, por la que se rige, hace que todo lo que ha sido dado a la Iglesia sea poseído en común por todos sus miembros.

Comunión de los Sacramentos

El fruto de todos los Sacramentos es común a todos los fieles, y estos Sacramentos, particularmente el Bautismo, puerta, por decirlo así, por la que somos admitidos en la Iglesia, son otros tantos lazos sagrados que los vinculan y unen a Cristo. Que esta comunión de los Santos implica una comunión de Sacramentos, lo declaran los Padres en estas palabras del Credo: Confieso un solo Bautismo. Después del Bautismo, la Eucaristía ocupa el primer lugar en lo que se refiere a esta comunión, y después de ella los demás Sacramentos; porque aunque este nombre (comunión) es aplicable a todos los Sacramentos, en cuanto que nos unen a Dios y nos hacen partícipes de Aquel cuya gracia recibimos, sin embargo pertenece de una manera peculiar a la Eucaristía que produce realmente esta comunión.

Comunión de las buenas obras

Pero hay también otra comunión en la Iglesia que exige atención. Toda acción piadosa y santa realizada por uno pertenece a todos y se hace provechosa para todos por medio de la caridad, que no busca lo suyo propio. Así lo prueba el testimonio de San Ambrosio, quien, explicando estas palabras del Salmista: Soy partícipe de todos los que te escuchan, observa: Como decimos que un miembro es partícipe de todo el cuerpo, así somos partícipes con todos los que temen a Dios. Por eso Cristo nos ha enseñado esa forma de oración en la que decimos el pan nuestro, no decimos mi pan; y las demás Peticiones son igualmente generales, no se limitan a nosotros solos, sino que se dirigen también al interés común y a la salvación de todos.

Esta comunicación de bienes se ilustra a menudo muy acertadamente en la Escritura con una comparación tomada de los miembros del cuerpo humano. En el cuerpo humano hay muchos miembros, pero, aunque muchos, no constituyen más que un solo cuerpo, en el que cada uno desempeña sus propias funciones, que no son todas iguales. No todos gozan de la misma dignidad, ni desempeñan funciones igualmente útiles u honorables; ni uno se propone para sí su propio provecho exclusivo, sino el de todo el cuerpo. Además, están tan bien organizados y entretejidos, que si uno sufre, los demás sufren igualmente por su afinidad y simpatía de naturaleza; y si, por el contrario, uno goza de salud, el sentimiento de placer es común a todos.

Lo mismo puede observarse en la Iglesia. Ella está compuesta de varios miembros; es decir, de diferentes naciones, de judíos, de gentiles, de libres y de esclavos, de ricos y de pobres; cuando han sido bautizados, constituyen un solo cuerpo con Cristo, del cual Él es la Cabeza. A cada miembro de la Iglesia se le asigna también su oficio peculiar. Así como unos son nombrados apóstoles, otros maestros, pero todos para el bien común, así a unos corresponde gobernar y enseñar, a otros estar sujetos y obedecer.

Los que participan de esta comunión

Las ventajas de tantas y tan excelsas bendiciones concedidas por Dios Todopoderoso las disfrutan los que llevan una vida cristiana en la caridad, y son justos y amados de Dios. En cuanto a los miembros muertos, es decir, los que están atados al cautiverio del pecado y alejados de la gracia de Dios, no están tan privados de estas ventajas como para dejar de ser miembros de este cuerpo; pero como son miembros muertos, no participan de los frutos espirituales que se comunican a los justos y piadosos. Sin embargo, como están en la Iglesia, son ayudados a recobrar la gracia y la vida perdidas por los que viven por el Espíritu; y gozan también de aquellos beneficios que sin duda son negados a los que están enteramente separados de la Iglesia.

Comunión en otras bendiciones

No sólo son comunes los dones que nos justifican y nos hacen querer a Dios. También son comunes las gracias concedidas gratuitamente, como la ciencia, la profecía, los dones de lenguas y de milagros, y otros semejantes, que se conceden incluso a los impíos, pero no para su propio bien, sino para el bien general, para edificación de la Iglesia. Así, el don de curar no se concede por el bien de quien cura, sino por el bien de quien es curado.

En fin, todo verdadero cristiano no posee nada que no deba considerar común a todos los demás consigo mismo, y debe, por lo tanto, estar dispuesto prontamente a socorrer a un semejante indigente. Porque el que es bendecido con bienes terrenales, y ve a su hermano en la necesidad, y no le ayuda, es claramente convicto de no tener el amor de Dios dentro de él.

Por lo tanto, los que pertenecen a esta santa comunión, es manifiesto que gozan ahora de cierto grado de felicidad y pueden decir con verdad: ¡Qué hermosos son tus tabernáculos, Señor de los ejércitos! Mi alma anhela y suspira por los atrios del Señor.... Bienaventurados los que habitan en tu casa, Señor.




miércoles, 5 de junio de 2024

LA TRANSFIGURACIÓN

A los pies del Maestro, en el silencio del retiro, el influjo de la plegaria, todo lo vemos más claro, y hasta el misterio de la vida se nos revela


V

LA TRANSFIGURACIÓN

1. Jesús se manifiesta en el retiro. “Tomó Jesús consigo a Pedro y a Santiago y a Juan su hermano; y subiendo con ellos solos a un alto monte, se transfiguró en su presencia; de modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol, y sus vestidos blancos como la nieve” (Mat. 17: 1-2)

Condújolos el Señor a un monte alto y apartado, porque en la soledad es donde Él habla a las almas.

2. No en el tumulto del mundo. No se deja oír la palabra divina en el tumulto del mundo, porque el clamor de los intereses materiales, el griterío de las pasiones desenfrenadas, el seductor arrobo de mil atracciones y diversiones, que distraen el alma, la hacen sorda a la voz de la gracia.

En vano llama al Señor a la puerta de los corazones disipados por los placeres y preocupaciones del mundo; el corazón no escucha el paternal llamamiento, y cerrándose a las inspiraciones de la gracia, mostrándose indiferente a las mil lecciones fructuosas, que la misericordia divina le proporciona en los acontecimientos de la vida y en los ejemplos ajenos, prosigue en su ceguera invencible, por el camino errado que lo desvía de sus eternos destinos.

3. Necesidad del retiro. De ahí la necesidad del retiro, como oasis de reconfortante descanso espiritual, en medio de las tremendas tempestades que nos amenazan en el árido desierto de la vida. Días benditos, en que el alma se purifica y se rehace, poniendo en orden la conciencia, y formando los buenos propósitos de conversión y de perfeccionamiento.

4. Sus frutos. ¡Qué preciosos y abundantes frutos producen para la vida espiritual esas horas de soledad y recogimiento, en que, lejos del mundanal ruido, reposa el alma a los pies de Cristo, en las dulzuras de la meditación, y en los ardores de la plegaria, instruyéndose en las verdades eternas, y renovando sus provisiones de fortaleza y de esperanza, de consolidación y de fe!

Son esos benditos ejercicios sementera abundante de virtudes, que germinan y florecen con el rocío de la gracia divina, transformando las almas y transfigurando los corazones.

Más próxima a Dios, a la sombra bendita del Sagrario, el alma se eleva en el camino del bien. El retiro es el monte alto y solitario, a donde Jesús lleva a las almas escogidas para transfigurarse ante ellas, revelándoles los secretos divinos.

A los pies del Maestro, en el silencio del retiro, el influjo de la plegaria, todo lo vemos más claro, y hasta el misterio de la vida se nos revela: se esclarece la vocación, las buenas resoluciones se afirman, a la luz de la verdad, y el alma fortalecida e iluminada, enfila sin temor y con firmeza el camino del deber.

Una nube luminosa la encubre a los ojos del mundo, y escondida en Dios, en el piadoso recogimiento del retiro, disfruta dulces momentos de paz y de ventura celestial, que son como un anticipo de la bienaventuranza eterna.

¡Dichosas las almas a quienes es dado subir a las delicias del Tabor, asistiendo con corazón piadoso y animado de santos propósitos a los ejercicios espirituales! Pero si el deber nos retuviera en el hogar o en el trabajo, si la enfermedad nos tiende en el lecho, privándonos de asistir a los ejercicios y prácticas en la Iglesia, nada hay que pueda impedirnos construir en nuestro interior un Sagrario, al cual podemos acogernos en medio del tumulto, ofreciendo a Dios, donde quiera que nos llame el divino beneplácito, la buena voluntad de un corazón piadoso, que se esfuerza por agradarle en todo, purificándose y sacrificándose. En el silencio de ese íntimo santuario, la voz divina hablará a las almas de buena voluntad, recordándoles las enseñanzas de Cristo, a fin de que, transfiguradas en Él por la fe y por el amor, resplandezcan por sus virtudes como el sol, y sus vestiduras se tornen blancas como la nieve.




MANTENERSE ABRIGADA EN EL INVIERNO (21)

¿Cómo pueden mantener las piernas calientes en los fríos meses de invierno las mujeres que no usan pantalones?


Encontrar ropa de invierno adecuada puede ser un desafío para las damas contrarrevolucionarias. Un problema es que el material de la ropa moderna es endeble y liviano, y la mayoría de las veces no puede resistir la prueba de las temperaturas gélidas y los vientos cortantes del invierno.

Al decidir qué ponerse hoy en día en el clima frío, la dama se enfrenta a dos tendencias diferentes: o ir a la moda y usar faldas cortas con las piernas desnudas, dependiendo de la calefacción interior, o abrigarse con gruesos pantalones para la nieve y abrigos acolchados de plástico sin ningún tipo de elegancia femenina.


Seguramente, la dama contrarrevolucionaria debe pensar que debe haber una manera de ser femenina y mantenerse abrigada al mismo tiempo.

De hecho, existe y ha existido desde la Edad Media ropa de invierno hermosa y modesta. Las mujeres valientes del pasado siempre llevaban faldas, incluso en los días más fríos. Cabría preguntarse ¿cómo se mantenían calientes? La respuesta es realmente muy sencilla: muchas capas de ropa gruesa.


Medias largas de lana

Aunque una dama correcta no usa pantalones, tampoco debe tener las piernas desnudas, ver aquí. Al menos desde la Edad Media, las mujeres no pasaban el invierno sin medias de lana. En la época victoriana, estas medias solían estar hechas de algodón o seda. En climas muy fríos, a menudo se usaban varios pares de medias.

Las medias del pasado eran muy largas, se extendían por encima de la rodilla y se aseguraban en su lugar con una liga (una cinta o tira de tela tejida que normalmente se ataba justo debajo de la rodilla). Como cubrían la mayor parte de las piernas, proporcionaban suficiente calor. Aunque hoy en día es difícil encontrar medias tan largas y de buena calidad, existe un creciente interés por las vestimentas históricas que permite encontrar medias de lana o algodón grueso.


Los países nórdicos son muy conocidos por sus tradicionales calcetines de lana tejidos con dibujos. A menudo eran coloridos para complementar sus trajes típicos y reflejaban la zona en la que vivían. Otras medias o calcetines de lana que pueden ser más cortos están disponibles en muchas tiendas en línea, así como en tiendas que ofrecen ropa para actividades al aire libre. Cualquiera que sea el estilo elegido, la lana es el mejor material para mantener el calor.


Ropa interior cálida

No consideramos que las prendas interiores tipo pantalón sean incorrectas para que las mujeres las usen, siempre que no sean visibles debajo de la falda, como se explica en este artículo. Al menos desde la época victoriana, en invierno las mujeres usaban ropa interior de lana que cubría sus piernas. Seguramente los países del Norte usaron prendas similares durante siglos para protegerse del frío intenso.

Teniendo esto en cuenta, en los fríos meses de invierno sería perfectamente aceptable que las mujeres usaran ropa interior larga de lana o seda debajo de las faldas largas para mantenerse abrigadas. Estas se encuentran fácilmente hoy en día en tiendas de ropa como LL Bean y Vermont Country Store, además de otras tiendas en línea como Etsy y en Sudamérica MercadoLibre.


Camisón de lana

Durante siglos, la capa inicial de vestimenta femenina, que apareció en diversas formas, fue el camisón. Este era un tipo de vestido que se usaba debajo del resto de la ropa. No sólo protegía la modestia, sino que también aportaba calidez a la usuaria. En invierno, las camisones solían estar hechos de lana. En los años 1600-1700, antes de que se usaran comúnmente bombachos o pantalones, esta camisola a veces se ataba entre las piernas en invierno para protegerse de las frías ráfagas de viento.


Como los camisones de lana son muy difíciles de conseguir hoy en día (aunque puedes encontrar algunos en la tienda de Amazon), recomendamos usar blusas de lana o seda de manga larga que a menudo acompañan a la ropa interior larga mencionada anteriormente. Los suéteres y chales de lana también servirán para mantener los brazos calientes.


Capas de enaguas y enaguas acolchadas

Quizás la mejor solución para los meses de invierno de las mujeres de antaño era el uso de múltiples capas de enaguas. La cantidad de enaguas que llevaba una dama podía variar de 2 a 10 (a veces incluso más), dependiendo de su riqueza o del grado de frío. Las enaguas de lana eran bastante comunes, ya que incluso las clases más pobres podían permitirse el lujo de utilizar material de lana tosca para confeccionar faldas.

Falda de lana con medias de lana mantiene a esta dama bastante abrigada

Hoy en día, las damas contrarrevolucionarias pueden encontrar faldas de lana en tiendas de segunda mano que funcionarían bien para colocarlas debajo de sus faldas exteriores de invierno. Una dama puede descubrir que necesita recurrir a faldas de invierno algunos talles mas grandes para poder acomodar varias capas debajo, pero lo encontrará más beneficioso y agradable para su naturaleza femenina.

Otra forma de enagua se hizo popular en el siglo XVIII: la enagua acolchada. La enagua acolchada se puede usar como capa base o como falda exterior. Similar a una manta acolchada, constaba de dos piezas de tela con guata de lana en el medio y cosidas con puntadas de acolchado. Esta era una forma común de ropa interior, a menudo visible debajo de la falda, que se usaba en todas las épocas del año. Sin embargo, era especialmente importante en invierno.

Las mujeres contrarrevolucionarias en climas muy fríos tal vez consideren hacerlas por sí mismas o comprar una enagua acolchada para mayor calidez.


Cubrir la cabeza y el cuello con bufandas y gorros de lana

La mayoría de las mujeres son conscientes de la gran cantidad de opciones de prendas exteriores disponibles incluso hoy en día. Aunque se pueda pensar que llevar bufandas y gorros poco tiene que ver con mantener las piernas calientes, la mayor parte del calor se escapa por la cabeza. Si la cabeza está cubierta, es más probable que el resto del cuerpo se mantenga caliente.
Los gorros y capas proporcionan doble calidez en inviernos duros

Por este motivo, recomendamos buscar gorros y bufandas de buena calidad para retener el calor corporal. Si es necesario, se puede envolver una bufanda o un chal sobre el gorro para mantener las orejas más calientes. Las orejeras también brindan calidez adicional cuando se está al aire libre en días fríos.

La lana y las pieles son siempre las opciones más cálidas, y muchos de estos accesorios, ahora descartados por considerarse anticuados, se pueden encontrar hoy en día en tiendas de segunda mano y de antigüedades.

* * * * * * *

En conclusión, invitamos a las mujeres contrarrevolucionarias a fijarse en los modelos del pasado para vestir elegante y femeninamente en invierno y dar así ejemplo de que las mujeres no necesitan ser modernas para ser bellas ni descartar las faldas para abrigarse.

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OBJECIONES CONTRA LA RELIGION (53)

No soy yo digno de llegarme a recibir los Sacramentos. Ni se debe abusar de las cosas santas.

Por Monseñor de Segur (1820-1881)


No; pero se debe usar. Porque, excepto el gran crimen de insultarle, la mayor ofensa que puede hacerse a Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar, es abandonarle y olvidarse de Él.

Dos clases de personas deben llegarse a recibir los Sacramentos: los buenos que quieren ser mejores, y los malos que quieren ser buenos. 

Para los buenos, los Sacramentos son fuego que purifica el oro; para los malos, son medicina que cura al enfermo. Para todo son remedio, y todos deben tomarlo; no porque sean dignos, pues nadie hay digno de Dios, sino para ser cada día menos indignos; no porque sean fuertes, sino para ser cada día menos flacos.

Corre, hijo mío: Jesucristo te llama, y sin Él no puedes salvarte. Ve a buscarle en la Confesión, donde purificarás tu corazón, que es templo suyo; y en la Sagrada Comunión, por la cual se digna el mismo Dios en persona albergarse en ese templo ya purificado.

Corre y nada temas. Dios premiará tu buena voluntad, y tú mismo conocerás cuánto más vales después de haberle recibido.



JAMES MARTIN DICE CONOCER CIENTOS DE SACERDOTES HOMOSEXUALES: “HAN SIDO MIS MENTORES”

James Martin escribió que ha “conocido a cientos de sacerdotes homosexuales”, y que inclusive algunos de ellos, fueron sus “superiores, mentores y directores espirituales”.


James Martin, el “padre” promotor de la sodomía, afirmó haber conocido a “cientos” de sacerdotes homosexuales, mientras continúan las repercusiones de la declaración de Francisco de que hay demasiados “maricones” en los seminarios.

El escandaloso jesuita escribió “en mis 25 años como sacerdote y casi 40 como jesuita, he conocido a cientos de clérigos homosexuales santos, fieles y célibes”.


Esos sacerdotes “han sido mis superiores, mis maestros, mis confesores, mis mentores, mis directores espirituales y mis amigos”, añadió.

Martin ha criticado la enseñanza de la Iglesia de que la homosexualidad es un “desorden”, ha sugerido que la doctrina católica sobre la homosexualidad no es “autorizada”, ha puesto en duda la condena bíblica de la sodomía y ha promovido a activistas lgbt.

Los últimos comentarios de Martin surgen a modo de respuesta a la revelación de que Francisco utilizó el término “maricones” en referencia a los seminaristas.

Según informó 
Life Site News, el diario italiano de chismes Dagospia, informó que Francisco dijo que “en la Iglesia hay demasiada atmósfera de maricones”. Dagospia afirmó que también dijo que los obispos deben, por lo tanto, “sacar a todos los queers de los seminarios, incluso a aquellos que sólo son semiorientados”.

Los comentarios de Francisco se produjeron durante la reunión a puertas cerradas celebrada recientemente con la Conferencia Episcopal Italiana (CEI).

En medio de una indignación instantánea entre los medios seculares y ciertos sitios autodenominados “católicos”, la Oficina de Prensa de la Santa Sede finalmente emitió un comunicado el martes por la tarde. "El Papa Francisco está al tanto de los artículos que han aparecido recientemente sobre una conversación, a puerta cerrada, con los obispos de la CEI (Conferencia Episcopal Italiana)", escribió el director de la oficina de prensa, Matteo Bruni.

“Como dijo en varias ocasiones: '¡En la Iglesia hay lugar para todos, para todos! Nadie es inútil, nadie sobra, hay lugar para todos. Tal como somos, todos'”.

"El Papa nunca tuvo la intención de ofender o expresarse en términos homofóbicos, y pide disculpas a quienes se sintieron ofendidos por el uso de un término, denunciado por otros", concluyó Bruni, utilizando en particular el término favorito del lobby lgbt "homófobo", que se utiliza comúnmente para difamar a los críticos de la homosexualidad.

Martin, conocido en gran parte de la Iglesia católica por su promoción de la ideología lgbt anticatólica con el apoyo de Francisco, ha instado anteriormente a los sacerdotes a “salir del armario”.

"Yo estimaría que alrededor del 30 al 40 por ciento de los sacerdotes son sacerdotes célibes, homosexuales, una cifra aproximada, y si salieran del armario, sus feligreses verían lo normal que es ser lgbt", dijo Martin al pasquín lgbt Bay Area Reporter hace algunos años.

La Iglesia Católica enseña que la actividad homosexual es un pecado mortal y que las tendencias homosexuales son objetivamente desordenadas. La Iglesia también rechaza la ideología de género y afirma la realidad de los dos sexos.

Que los sacerdotes “salieran del armario” o se revelaran como homosexuales “también sería un estímulo para los propios católicos laicos lgbt”, dijo Martin.

El sacerdote y profesor polaco Dariusz Oko, autor de Con el papa contra la homoherejía, ha estimado que “alrededor del 30%-40% de los sacerdotes y del 40%-50% de los obispos en los EE.UU. tienen inclinaciones homosexuales” y dijo que la mitad o más de ellos “al menos periódicamente pueden cometer graves abusos”.


martes, 4 de junio de 2024

LA REVOLUCION HOMOSEXUAL DE BERGOGLIO

El objetivo de Bergoglio es normalizar la sodomía y toda perversión sexual (tanto entre los laicos como entre el clero), destruir el sacerdocio mismo y promover la transición “sinodal” de la Misa a celebraciones sin sacerdote.

Por monseñor Carlo Maria Viganò


Sus obsesivas denuncias del “clericalismo” encarnan sus peores defectos. Hacen manifiesta su aversión al corazón de nuestra Fe, porque donde no hay sacerdote no hay Misa, y sin Misa faltan las infinitas Gracias del Sacrificio de Cristo. 

No es casualidad que Bergoglio ya no celebre misa. 

Las malas palabras utilizadas sobre la presencia de homosexuales en los Seminarios son parte de su dialéctica marxista y hegeliana (y masónica), donde la quimera del “nuevo orden” proviene del caos, de la revolución permanente. 

Busca desquiciar permanentemente el sacerdocio católico pervirtiendo a sus ministros, abriendo así el camino para el ministerio de los laicos. 

Por un lado dice, en clave apática y vulgar (tesis): “Hay demasiados maricones”. Pero por otro lado, al mismo tiempo dice en una carta a un hombre homosexual expulsado del seminario (antítesis): “Sigue adelante con tu vocación”

Y una vez más, escribiendo el prefacio de la edición italiana del folleto del activista lgbtq+ James Martin, con el “erudito bíblico” Alberto Maggi despotricando: “A los ojos de Dios nadie es impuro”

Resultado: desacreditar y deslegitimar el Papado, la Iglesia y el Sacerdocio, en una síntesis que pone de manifiesto la absoluta corrupción mental y moral de este usurpador, acompañada del silencio cómplice de la Jerarquía y la escándalo de los fieles.


DE TRADIS, PROGRES Y NEOCONS (I)

He estado perpleja durante años; prácticamente, todo el pontificado de Francisco, sufriendo enormemente presenciando todo tipo de abusos litúrgicos, doctrinales y pastorales en la Iglesia.

Por una católica (ex)perpleja


El pasado 23 de abril asistí a Misa de San Jorge en el santuario de Torreciudad. Misa a las 6 pm, celebrada por el rector del santuario en la capilla de la Virgen de Guadalupe. Muy digna, muy sobria. Coincidía la fecha con la conmemoración de la Primera Comunión de San Josemaría.

Después de la Misa, pensaba en cómo ésta había sido un bálsamo para el alma después del funeral del abuelo de mi amiga Laura y otros espantosos abusos que he presenciado recientemente en diversas Misas. Normalmente, uno piensa que no va a llevarse sustos en una Misa celebrada por un sacerdote del Opus Dei; y suele ser así. Pero entre los extremos de los abusos y el culto que Dios verdaderamente merece hay varios temas que podríamos comentar, porque la cuestión litúrgica no se reduce a los extremos. Precisamente, en estos meses de asistencia a Misas celebradas en ambos ritos, cada vez me parece más que, precisamente cuando más dignamente es celebrada una misa novus ordo, más patentes son sus limitaciones intrínsecas.

Ya me referí a este tema de que la Misa es primero para Dios, para darle gloria, y la necesidad de su solemnidad. En aquella ocasión, partí para la reflexión de un tremendo abuso litúrgico, pero el tiempo y la asistencia a la Misa por ambos ritos me va haciendo darme cuenta de que, en las misas con abusos, que son desgraciadamente la mayoría, tal vez no haga falta ya entretenerse. Sencillamente, hay que evitarlas, no asistir a ese tipo de misas. Hay que buscar la Misa más dignamente celebrada posible cada domingo y día de precepto, y no perder el tiempo con los abusadores litúrgicos y doctrinales, tanto presbíteros y obispos como laicos, que posiblemente ya han dejado de ser católicos. Son una manifestación de los modernistas condenados a principios del siglo XX por San Pío X; y el modernismo es la suma de todas las herejías. No hace falta detenerse en ellos. Son un gran problema, ciertamente, porque cuentan entre sus filas con muchos obispos, cuyos errores debemos resistir cuando no se adhieren a la Tradición de la Iglesia, aun reconociendo su legitimidad. Quieren vaciar la Iglesia de su contenido y venderla al mundo. Confunden a los pequeños. Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros (1Jn 2, 19).

Yo he estado perpleja durante años; prácticamente, todo el pontificado de Francisco, que ha puesto al descubierto la extrema gravedad de la situación; sufriendo enormemente presenciando todo tipo de abusos litúrgicos, doctrinales y pastorales en la Iglesia. Pero creo que voy dejando de estar perpleja; voy viendo más claro qué ha ocurrido en la Iglesia desde las primeras décadas del siglo XX y la perplejidad deja paso a la inmersión paulatina en la Tradición de la Iglesia, que es lucha, combate, mucho esfuerzo, mucha oración, nadar a contracorriente; pero es verdad, es bien y es belleza; es la Iglesia fundada por Cristo para llevar a los hombres a Dios.

Por ello, aunque aprecio ciertos aspectos del neo-conservadurismo en la Iglesia, entendidos en el contexto histórico en que aparecieron, me parece importante reflexionar sobre la diferencia radical entre un católico conservador y un católico tradicional. Y no se trata de crear división, sino de aclarar confusiones. Para el mundo y el progresismo eclesial, un movimiento neo-conservador como es el Opus Dei es considerado lo más tradicionalista en la Iglesia, considerado desde un sentido peyorativo de “cerrado”, “anticuado”, “fanático”. No son capaces de más. No pueden ver las diferencias fundamentales en materia teológica y litúrgica que existen entre las posturas neo-conservadoras y las tradicionalistas (que prefiero llamar “tradicionales”). En cuanto a la liturgia, sobra decir la obviedad: que, mientras los neo-conservadores asisten a Misa celebrada según el Misal de Pablo VI, los tradicionales asisten a la llamada “Misa Tradicional”, siguiendo el Misal de 1962 (y, para la Semana Santa, la liturgia anterior a la reforma de 1955). En cuanto a la doctrina y la jerarquía eclesial, entiendo que desde 1978 hayan intentado poner freno a los abusos, pero hacerlo partiendo del post-Concilio Vaticano II es una apuesta, a mi modo de ver, errónea. Para ser fieles a la Iglesia y al Papa, en estos tiempos, se ven obligados a realizar unas concesiones y juegos de malabares que les lleva a hacer aguas por todas partes, a mundanizarse y a escorarse hacia el sentimentalismo, a falta de argumentos sólidos que sostengan todo lo que ocurre.

Después de haber pasado un tiempo en posturas neo-conservadoras, busco ahora que la he descubierto, vivir plenamente en la Tradición de la Iglesia. En lo que ésta dijo siempre, que no puede ser contradicho, y en la manera en que durante siglos celebró su fe, con una evolución orgánica del culto público, pero sin rupturas ni experimentos. El novus ordo es una especie de Frankenstein, una misa creada por unos señores sentados alrededor de una mesa (o en una trattoria), decidiendo arbitrariamente qué añadir y qué suprimir por innecesario (repeticiones y genuflexiones, por ejemplo), con el objetivo de hacer la “misa católica” “comprensible al hombre moderno” (y, de paso, aceptable para los herejes protestantes). La Tradición de la Iglesia no es un pasado que se fue, sino algo vivo y perenne, expresado en el culto público a Dios, en la oración litúrgica y, sobre todo, la santa Misa. El novus ordo o ritus modernus, como lo definió Klaus Gamber para diferenciar la misa de Pablo VI de la Misa anterior a las reformas de los años 1950, es tremendamente horizontal y desacralizado, ruidoso y verborreico, con un sacerdote que mira a los ojos a los fieles como si estuviera dialogando con ellos (ésa es la idea, desgraciadamente), que mira hacia la puerta cuando ésta se abre porque alguien entra tarde; que no parece centrado en Dios. La sustitución de la lengua latina por la vernácula, que ni siquiera el Misal de Pablo VI pedía ni imponía, es una trampa mortal: de tan familiar, porque lo “entendemos” todo, nos despistamos y no escuchamos, además de que convierte la manera de hablar del sacerdote en insoportablemente coloquial por digna que pretenda ser la celebración (no entraremos en las homilías, que merecen comentario propio) y fácilmente dada a inclusiones casuales totalmente innecesarias. El sacerdote vuelto hacia el pueblo, como pidió Lutero, desplaza el eje de la Misa de Dios al hombre; la convierte en una ceremonia antropocéntrica: el centro ha pasado de Dios a la asamblea. Por eso, el novus ordo missae de Pablo VI no sólo no alcanza a dar gloria a Dios como Él merece cuando se celebra “mal”, sino que es un rito objetivamente inferior para tal propósito. Sólo hace falta comparar el Misal de 1962 y el de 1969 para verlo.

Por eso, me atrevo a lanzar la invitación, a quien tenga la posibilidad, de asistir a una Misa por el vetus ordo, a una Misa Tradicional. Después de hacerlo, todas las explicaciones anteriores se vuelven innecesarias, por obvias. Las diferencias son notables entre ambos ritos, pero atrévanse a contemplar sin prejuicios en una Misa Tradicional al ministro en el altar y su corazón y su mente no necesitarán más razones para reconocer la grandeza del verdadero culto a Dios que la Iglesia ha celebrado durante siglos y que ha santificado a tantas personas, muchas de las cuales, en los últimos siglos, no necesitaban comprender el latín. Y que sigue santificando a cada vez más personas cuyo corazón, como el de todo ser humano, está inquieto hasta que no descansa en Dios. Y así descansa en una Misa celebrada por el vetus ordo; contempla, da gloria a Dios y alimenta nuestra fe.


InfoVaticana

OBISPO ALEMÁN: “HAY PERSONAS QUE NACEN EN EL CUERPO EQUIVOCADO”

Ludger Schepers, “obispo” auxiliar responsable de “cuestiones lgbt” dentro de la Conferencia Episcopal de Alemania defiende la transexualidad y el “cambio de sexo”.


Para Ludger Schepers, el magisterio de la Iglesia y la antropología cristiana “deben adoptar los hallazgos más recientes de las humanidades y las ciencias sociales para comprender la sexualidad humana y entablar un diálogo con ellos”.

En una entrevista con el periódico Tagespost, el “obispo” auxiliar de Essen dijo que se imagina la cuestión del ‘género’ “como una elipse con dos polos y la posibilidad de lo que hay entre ellos”.

El responsable de la pastoral ‘queer’ del episcopado germano subrayó expresamente que, en su opinión, hay personas que nacen en el cuerpo equivocado

“Yo también los he conocido y son historias de sufrimiento. No se cambia de orientación e identidad sexual así como así. Por eso es necesario un buen asesoramiento en el contexto eclesiástico, para orientar y apoyar a las personas afectadas. Al final, se les deja en libertad de decisión. Y eso no es fácil, porque implica mucho estrés psicológico. Pero si, al final, la persona decide que por fin se siente bien, entonces le deseo todo lo mejor del mundo” dijo Schepers.

Schepers también comentó sobre la “declaración” de Tucho Fernández en complicidad con Bergoglio, Fiducia supplicans. Dijo que no tenía indicios de que se hubieran producido más peticiones de bendición de parejas homosexuales en Alemania desde la publicación del “documento”

Ante la pregunta de si la Iglesia debe bendecir las uniones homosexuales, respondió afirmativamente “si entendemos la bendición como algo no sacramental”. Existe el matrimonio sacramental, pero también “hay otras bendiciones, que en mi opinión son totalmente posibles”.


CASO GERLACH: EL VATICANO LE PERMITE REGRESAR AL MONASTERIO, PERO LE QUITA EL PRIORATO

El Vaticano anuló la expulsión de la Madre Teresa Agnes Gerlach, ex priora del Monasterio de la Santísima Trinidad en Arlington, Texas, después de haber sido acusada de romper su voto de castidad con un sacerdote.


El Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica falló a favor de la Madre Teresa Agnes Gerlach, ex priora del Monasterio de la Santísima Trinidad en Arlington, Texas, en su apelación para permanecer en su Orden después de que el obispo de Fort Worth, Michael Olson, la despidiera de su puesto en junio de 2023.

Sin embargo, el dicasterio confirmó varias de las otras decisiones de Olson, incluida “la apertura de una investigación” sobre la acusación de que Gerlach había violado su voto de castidad en sus contactos con el reverendo Philip G. Johnson, un sacerdote de la diócesis de Raleigh, Carolina del Norte.

Según el dicasterio, Olson tuvo razón al conceder a Gerlach un “permiso de ausencia” y al emitir una “advertencia canónica” a las monjas del monasterio para que no impidieran la “investigación”.

Recordemos que a la Hermana Gerlach no “se le concedió un permiso de ausencia”, sino que fue expulsada a la calle arbitrariamente y sus pertenencias personales fueron apropiadas por el obispo Olson.  

En abril de 2023, Olson inició la “investigación” sobre Gerlach, una monja de clausura de la Orden de los Carmelitas Descalzos que se moviliza en una silla de ruedas y lleva una sonda de alimentación. Según la “investigación” de Olson, Gerlach había intercambiado mensajes de texto, llamadas telefónicas y videoconferencias con Johnson mientras buscaban apoyo mutuo mientras ambos luchaban contra el cáncer. Según la información “oficial” divulgada por Olson, cuando Gerlach empezó a preocuparse de que la comunicación con el padre Johnson fuera demasiado cercana y que algunos de los intercambios hubieran sido inapropiados, se lo habría confiado a su antiguo consejero espiritual, el reverendo Jonathan Wallis, quien la habría denunciado ante Olson.

Bergoglio, Olson y Wallis... ¡Trato hecho!

Gerlach dijo que estaba luchando contra convulsiones y que estaba muy medicada cuando se comunicaba con Johnson. También afirmó que en uno de los interrogatorios a los que la sometió Olson, recientemente se había realizado una intervención quirúrgica y estaba bajo el efecto del fentanilo (potente fármaco sintético que se utiliza como analgésico).

La batalla legal mostró la bajeza de Olson

El 3 de mayo de 2023, Gerlach y la Hna. Francis Therese presentaron una demanda ante el Tribunal de Distrito del Condado de Tarrant contra Olson y la diócesis de Fort Worth, alegando que Olson había invadido su intimidad y se había apoderado de sus bienes personales. Pidieron al tribunal que declarara que Olson y la diócesis no tienen autoridad para confiscar sus bienes o acceder a su tecnología, que se les devolvieran sus dispositivos, medidas cautelares que impidieran a Olson y a la diócesis cualquier tipo de contacto con las hermanas, salvo a través de un asesor jurídico, y además una indemnización por daños y perjuicios de al menos un millón de dólares. Por su parte, Olson contraatacó con un comunicado el 1 de junio de 2023 en el cual acusó a Gerlach de haber violado el sexto mandamiento (Documento PDF en inglés aquí). La transcripción es la siguiente:
DECRETO DE DESPIDO DE LA REVERENDA MADRE TERESA AGNES (GERLACH) DE JESÚS CRUCIFICADO, O.C.D.

1 de junio de 2023

Tras la conclusión de una investigación iniciada el 24 de abril de 2023, el Reverendísimo Michael F. Olson, Obispo de la Diócesis de Fort Worth y Comisario Pontificio del Monasterio en Arlington, Texas, encontró a la Reverenda Madre Teresa Agnes (Gerlach) de Jesús Crucificado, O.C.D. (de soltera Lisa Marie Gerlach), Priora del Monasterio, culpable de haber violado el sexto mandamiento del Decálogo y su voto de castidad con un sacerdote de fuera de la Diócesis de Fort Worth. Por lo tanto, como Comisario Pontificio del Monasterio de Arlington, Texas, y como Obispo de la Diócesis de Fort Worth, el Obispo Olson destituyó a la Madre Teresa Agnes de la Orden de las Carmelitas Descalzas de acuerdo con el can. 695 §1 y 699 §2 CIC. Ella tiene treinta días para apelar esta decisión al Dicasterio para los Institutos de Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.
Ese mismo mes de junio, Olson mandó a su portavoz diocesano Pat Svacina a que dijese en un comunicado que la diócesis “está en comunicación” con el Departamento de Policía de Arlington con respecto a “serias preocupaciones que tiene sobre el uso de marihuana y comestibles en el monasterio”, a lo que el abogado de las monjas, Matthew Bobo, respondió negando esas acusaciones que pretendían relacionarlas con el consumo de drogas, calificándolas de “absolutamente ridículas” y “sin fundamento”.


Olson también se ocupó de publicar el 7 de junio de 2023, en el sitio web de la Diócesis de Fort Worth, fotografías que supuestamente mostraban cannabis y productos de marihuana dentro del Monasterio de la Santísima Trinidad en Arlington, Texas. El abogado de la monjas calificó las imágenes como “un truco de bajo nivel por parte de la diócesis para intentar desviar la atención de los problemas reales a los que se enfrenta el obispo Olson con la investigación criminal en curso” y calificó las “fotos de origen anónimo que fácilmente podrían haber sido montadas y manipuladas por cualquiera, y desde cualquier lugar”. 

Un juez del condado de Tarrant desestimó la demanda de las monjas y nunca se presentaron cargos penales por las acusaciones de marihuana. Pero en agosto de 2023, las monjas anunciaron que ya no reconocían la autoridad de Olson. Olson respondió escribiendo que las monjas podrían haber incurrido en excomunión, calificando el comportamiento de “escandaloso y cismático”.

Un año después...

Ahora, cuando los decretos del Vaticano se han hecho públicos, las monjas emitieron una declaración en la que piden a Olson que se disculpe a la luz de la anulación por parte del Vaticano de la destitución de Gerlach de la Orden. También se opusieron a que el Vaticano mantuviera la “investigación” de Olson, escribiendo: “Es censurable que las pruebas médicas que demuestran que estas acusaciones son completamente infundadas e inventadas hayan sido ignoradas por la Santa Sede”.

Aunque Gerlach pudo regresar a la Orden carmelita, el Vaticano no le devolvió la dirección del monasterio. En abril, Olson hizo público un comunicado (Documento PDF en inglés aquí) en el que afirmaba que el Vaticano había aceptado la petición de un grupo de monasterios carmelitas entre los que se encontraba el de la Santísima Trinidad, la Asociación de Cristo Rey en Estados Unidos de América, para que se encargara de la “supervisión directa y la responsabilidad directa del gobierno” del monasterio y reconocía a una nueva priora, la Madre Marie de la Encarnación, presidenta de la Asociación de Cristo Rey.

En su declaración sobre el fallo del Vaticano, Olson escribió: “Este nombramiento por parte del Dicasterio ofrece a la Madre Teresa Agnes la oportunidad de buscar la restauración y la recuperación para vivir como un miembro fiel de la Orden Carmelita de acuerdo con sus votos religiosos, pero sin las cargas de liderazgo que conlleva el cargo de priora” (Documento PDF en inglés aquí).

Al día siguiente, la Madre María intentó visitar a las monjas de Arlington para entregarles cartas del Vaticano, pero fue rechazada, según declaraciones tanto de las Carmelitas de Arlington como de la Madre María (Documento PDF en inglés aquí). Las monjas de Arlington también dijeron que intentó nuevamente ingresar el día posterior.

Olson concluyó su comunicado con lo que parece ser una ofrenda de paz hacia las monjas: “Conozco a las carmelitas desde hace más de 30 años, tiempo durante el cual oré con ellas, ofrecí misa por ellas y confié en sus oraciones por mí. Como su obispo, estoy dispuesto a ayudar pastoralmente a las monjas del Carmelo de Arlington”.