viernes, 30 de mayo de 2025

CARTA DE LOS OBISPOS DEL CELAM REAFIRMANDO SU IDEOLOGÍA

En la 40ª Asamblea Ordinaria del CELAM, los obispos dirigieron una carta a León XIV, destacando la continuidad del mensaje de esperanza y el compromiso con la “justicia social y ambiental”.


Mensaje a la Iglesia que peregrina en América Latina y el Caribe 40° Asamblea General Ordinaria del CELAM

Con un corazón agradecido nos hemos reunido los presidentes y secretarios generales de las conferencias episcopales, en la 40° Asamblea General Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño, celebrada del 26 al 30 de mayo del 2025 en la Arquidiócesis de San Sebastián, Río de Janeiro, Brasil, para fortalecer el espíritu de colegialidad y de servicio a nuestros pueblos, discerniendo los signos de los tiempos y los caminos de comunión que renueven la presencia y misión evangelizadora de la Iglesia en América Latina y el Caribe. 

Durante la semana celebramos con alegría varios acontecimientos que colman nuestro corazón de esperanza en este año jubilar: 

Junto al sentimiento de gratitud por el fecundo ministerio del Papa Francisco, apenas fallecido, celebramos la elección del Papa León XIV, quien fue por 10 años obispo en este continente latinoamericano; el 700 aniversario de la primera reunión de obispos latinoamericanos realizada aquí mismo, en Río de Janeiro, dando inicio a la existencia del Consejo episcopal Latinoamericano y del Caribe; como también, celebramos con memoria agradecida los 1700 años del concilio de Nicea en el que es confirmada nuestra fe en Jesucristo Salvador, el Hijo de Dios, de la misma naturaleza del Padre. 

Con estos acontecimientos iluminando nuestro encuentro, la Asamblea ha sido un espacio de discernimiento, oración y fraternidad episcopal. Hemos compartido las luces y sombras de nuestras realidades, los clamores de nuestros pueblos y el anhelo de una Iglesia que sea casa y escuela de comunión. Conscientes de los desafíos actuales que nos afectan como región latinoamericana y caribeña: la persistencia de la pobreza y desigualdad creciente, la violencia impune, la corrupción, el narcotráfico, la migración forzada, el debilitamiento de la democracia, el clamor de la tierra, la secularización, entre los más comunes.

Especialmente nos ha preocupado la situación de Haití y la ausencia de nuestros hermanos obispos de Nicaragua a quienes ofrecemos nuestra solidaridad y comunión. Ante esta realidad, renovamos nuestro compromiso de ser pastores cercanos, servidores del Pueblo de Dios y testigos del Reino. 

El encuentro lo hemos realizado durante el tiempo pascual, esto nos permitió mirar las dificultades con fe, y descubrir que son muchas más las semillas de resurrección y esperanza que se manifiestan en nuestras comunidades. Somos testigos de una Iglesia que sigue latiendo con fuerza en medio de las dificultades, sostenida por la fe de los sencillos, por el testimonio de tantos consagrados y consagradas, por el compromiso silencioso de quienes construyen el Reino día a día desde lo pequeño. 

Profundizamos en la asimilación del documento final del Sínodo de la sinodalidad; pudimos constatar con gratitud que el estilo y la espiritualidad sinodal han estado presentes en nuestro Consejo episcopal latinoamericano desde hace muchos años; sin embargo, reconocemos algunas preocupaciones en su aplicación, como limitar la sinodalidad a solo un documento o evento eclesial; o las resistencias por parte de algunos grupos a la vivencia de este nuevo estilo eclesial que invita a la escucha atenta de todos los bautizados para reconocer la presencia del Espíritu que impulsa la misión de la Iglesia. 

Durante estos días, celebramos también con gratitud y renovado compromiso el décimo aniversario de la publicación de Laudato Si’, la encíclica profética del Papa Francisco sobre el cuidado de la casa común. Hoy Laudato Si’ resuena con mayor urgencia ante la crisis climática y social, interpelándonos a renovar nuestros estilos de vida, nuestras estructuras y nuestras decisiones pastorales para que todos nuestros esfuerzos promuevan la ecología integral que estamos llamados a construir juntos. 

Nos sentimos impulsados a renovar nuestro compromiso con una Iglesia misericordiosa, sinodal y en salida, que escuche y aprenda de las luces que el Espíritu ofrece a todo el pueblo de Dios, que se deje interpelar por los clamores de los pueblos y tenga la valentía de comprometerse con ellos. 

Encomendamos nuestro ministerio pastoral a Nuestra Señora de Aparecida para que inspirados por su fiat a la Palabra y su confianza en el Padre, nos mantengamos firmes en la esperanza que Cristo nos ha ofrecido. 

40° Asamblea General Ordinaria del Celam 
Río de Janeiro, Brasil, 30 de mayo 2025

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (38)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


38. María, maestra de Jesús, Judas y Santiago (187).
29 de octubre de 1944.

1 Dice Jesús:
“Ven, pequeño Juan, y observa. Retrocede a los años de mi niñez, agarrada de mi mano, de esta mano mía que te guía. Todo cuanto veas deberá incluirse en el Evangelio de mi infancia, donde quiero que quede recogida también la visión relativa a la permanencia de la Familia en Egipto. Lo pondréis de la siguiente manera: la Familia en Egipto; luego, la primera lección de trabajo de Jesús niño; luego, la que vas a describir ahora, luego, la escena de la mayoría de edad (prometida hoy, 25–11) (188); por último, la visión de Jesús entre los doctores en el Templo en su 12a Pascua. Motivo tiene también lo que ahora vas a ver; es más, proyecta luz sobre algunos puntos de mis primeros años, y sobre las relaciones entre los parientes. Esto es un regalo para ti, en esta fiesta mía de la Regalidad; para ti, que sientes cómo se transvasa a ti la paz de la casa de Nazaret cuando la ves. Escribe”.

2 Veo la habitación que habitualmente usan como comedor, la misma en que María teje o cose. Es la habitación contigua al taller de José, cuyo diligente trabajar se siente; aquí hay, por el contrario, silencio. María está cosiendo unas piezas de lana alargadas, ciertamente tejidas por Ella, que tienen aproximadamente medio metro de anchas y un poco más del doble de largas; creo entender que están destinadas a ser un manto para José.
Por la puerta abierta de la parte del huerto–jardín se ve el seto formado por unas matas de enredado ramaje de esas margaritas pequeñas de color azul–violeta que comúnmente se llaman "Marías" o "Cielo estrellado". Desconozco su exacto nombre botánico. Están florecidas. Por lo tanto, debe ser otoño. De todas formas, los árboles tienen todavía un follaje verde tupido y hermoso, y las abejas, desde dos colmenas adosadas a una pared soleada, vuelan zumbando, danzando y brillando al sol, de una higuera a la vid, de ésta a un granado lleno de redondos frutos, algunos de los cuales han estallado ya por exceso de vigor y muestran sus collares de jugosos rubíes, alineados en el interior de su verde–rojo cofre, de compartimentos amarillos.

3 Bajo los árboles, Jesús está jugando con otros dos niños de más o menos su misma edad. Son de pelo rizado, no rubios. Es más, uno de ellos es intensamente moreno: una cabecita de corderito negro que hace resaltar aún más la blancura de la piel de su carita redonda en que se abren dos ojazos de un azul tendente al violáceo; bellísimos. El otro es menos rizado y de un color castaño oscuro, tiene ojos castaños y coloración más morena, aunque con una tonalidad rosácea en las mejillas. Jesús, con su cabecita rubia, entre los otros dos, oscuros, parece ya aureolado de fulgor. Están jugando en concordia con unos pequeños carritos en los que hay... distintas mercancías: hojas, piedrecitas, virutas, pedacitos de madera. Eran mercaderes, sin duda, y Jesús era el que compraba para su Mamá, a la que le lleva ora una cosa, ora otra; María, sonriendo, acepta los objetos comprados.
Pero después de un poco el juego cambia. Uno de los dos niños propone: “¿Por qué no hacemos el Éxodo a través de Egipto? Jesús es Moisés; yo, Aarón; tú... María”.
¡Pero si yo soy chico!”.
¡No importa! ¿Qué más da? Tú eres María y bailas ante el becerro de oro (189), que será aquella colmena”.
Yo no bailo. Soy un hombre y no quiero ser una mujer; soy un fiel, y no quiero bailar ante el ídolo”.
Jesús interviene diciendo: 
Pues no hacemos este pasaje. Podemos hacer ese otro de cuando le eligen a Josué sucesor de Moisés (190). Así no está ese feo pecado de idolatría y Judas estará contento de ser hombre y sucesor mío. ¿Verdad que estás contento?”.
“Sí, Jesús. Pero entonces Tú tienes que morir, porque Moisés muere después. No quiero que Tú mueras; Tú, que siempre me quieres tanto”.
“Todos morimos... Pero Yo antes de morir bendeciré a Israel, y, dado que aquí sólo estáis vosotros, en vosotros bendeciré a todo Israel”.
Es aceptada la propuesta. Pero luego surge una cuestión: si el pueblo de Israel, después de tanto caminar, llevaba o no los carros que tenía al salir de Egipto. Hay disparidad de ideas.
Se recurre a María. 
Mamá, Yo digo que los israelitas tenían todavía los carros. Santiago dice que no. Judas no sabe a quién de los dos dar la razón. ¿Tú sabes si los tenían?”.
Sí, Hijo. El pueblo nómada tenía todavía sus carros. En los descansos los reparaban. Montaban en ellos los más débiles. Se cargaba en ellos aquellos víveres o cosas que un pueblo tan numeroso necesitaba. Todas las demás cosas iban en los carros, menos el Arca, que la llevaban a mano”. La cuestión está resuelta.

4 Los niños van al final del huerto y, desde allí, entonando salmos, vienen hacia la casa. Jesús viene delante cantando salmos con su vocecita de plata. Detrás de El vienen Judas y Santiago portando un pequeño carrito elevado al rango de Tabernáculo. Pero, dado que además de a Aarón y a Josué tienen que representar también al pueblo, se han quitado los cinturones y se han atado al pie los otros carros en miniatura, y así caminan, serios como si fueran verdaderos actores.
Hacen el recorrido de la pérgola, pasan por delante de la puerta de la habitación donde está María, y Jesús dice: “Mamá, pasa el Arca, salúdala”. María se levanta sonriendo y se inclina ante su Hijo, que, radiante, pasa, aureolado de sol.
Acto seguido Jesús trepa un poco por el lado del monte que limita la casa, o mejor, el huerto. Arriba de la gruta, erguido, dirige unas palabras a... Israel. Manifiesta los preceptos y las promesas de Dios, señala a Josué como caudillo, le llama a sí –Judas también sube arriba de la peña–, le anima y le bendice. Luego pide una... tabla (es la hoja ancha de una higuera) y escribe el cántico, y lo lee; no todo, pero sí una buena parte de él, y al hacerlo da la impresión de que realmente lo estuviera leyendo en la hoja. A continuación se despide de Josué, el cual le abraza llorando, y sube más arriba, justo hasta el borde de la peña. Allí bendice a todo Israel, es decir, a los dos niños que están prosternados en tierra, y luego se acuesta sobre la corta hierbecilla, cierra los ojos y... muere.

5 María se había quedado, sonriente, a la puerta, y, cuando le ve echado en el suelo, rígido, grita: 
¡Jesús! ¡Jesús! ¡Levántate! ¡No estés así! ¡Mamá no quiere verte muerto!”.
Jesús se levanta del suelo, sonríe, y va hacia Ella corriendo, y la besa. Se acercan lo mismo Santiago y Judas, y María los acaricia también.
¿Cómo puede acordarse Jesús de ese cántico tan largo y difícil y de todas esas bendiciones?” pregunta Santiago.
María sonríe y responde sencillamente: “Tiene una memoria muy buena y está muy atento cuando yo leo”.
“Yo, en la escuela, estoy atento, pero con tanta lamentación me viene el sueño... Entonces, ¿no voy a aprender nunca?”.
Aprenderás. Tranquilo”

6 Llaman a la puerta. José atraviesa con paso rápido huerto y habitación, y abre.
¡La paz sea con vosotros, Alfeo y María!”.
Y con vosotros. Paz y bendición”.
Es el hermano de José con su mujer. Un rústico carro tirado por un robusto burro está parado en la calle.
¿Habéis tenido buen viaje?”.
Sí, bueno. ¿Y los niños?”.
“Están en el huerto con María”.
Ya los niños venían corriendo a saludar a su mamá. También María está viniendo, trayendo a Jesús de la mano. Las dos cuñadas se besan.
¿Se han portado bien?”.
Sí, muy bien, y han sido muy cariñosos. ¿La familia está toda bien?”.
Todos están bien. Nos han dado recuerdos para vosotros. De Caná os mandan muchos regalos: uvas, manzanas, queso, huevos, miel. Y... José, he encontrado exactamente lo que tú querías para Jesús. Está en el carro, en aquella cesta redonda”. La mujer de Alfeo, sonriendo, se curva hacia Jesús, que la está mirando con unos ojos maravillados, abiertísimos; y le besa en esos dos pedacitos de azul y dice: ¿Sabes lo que he traído para ti? Adivina”.
Jesús piensa, pero no adivina. Probablemente lo hace a propósito, para que José tenga la alegría de dar una sorpresa. En efecto, José entra trayendo consigo una cesta redonda. La deposita en el suelo a los pies de Jesús, desata la cuerda que está sujetando la tapadera, la levanta... y una ovejita toda blanca, un verdadero copo de espuma, aparece, dormida sobre un heno muy limpio.
¡Oh!” exclama Jesús con estupor y felicidad, mientras hace ademán de echarse hacia el animalito, pero... no, se vuelve y corre adonde José, que aún está agachado, y le abraza y le besa dándole las gracias.
Los primitos miran con admiración al animalito, que ahora está despierto y alza su rosado morrito y bala buscando a su mamá. Sacan de la cesta a la ovejita y le ofrecen un manojo de tréboles. Ella come, mirando a su alrededor con sus mansos ojos.
Jesús repite una y otra vez: 
¡Para mí! ¡Para mí! ¡Padre, gracias!”.
¿Te gusta mucho?”.
¡Oh, mucho! Blanca, limpia... una cordera... ¡Oh!” y le echa sus brazitos al cuello a la ovejita, pone su cabeza rubia sobre la cabecita, y se queda así, satisfecho.
También os he traído a vosotros otras dos” dice Alfeo a sus hijos. Pero son de color oscuro. Vosotros no sois ordenados como lo es Jesús y, si hubieran sido blancas, las tendríais mal. Serán vuestro rebaño, las tendréis juntas, y así vosotros dos, golfos, no estaréis ya más por ahí por las calles tirando piedras”.
Los dos niños van corriendo al carro para ver a estas otras dos ovejas, más negras que blancas.
Jesús por su parte se ha quedado con la suya. La lleva al huerto, la da de beber, y el animalito le sigue como si le conociera desde siempre. Jesús la llama. Le pone por nombre “Nieve”. Ella responde balando jubilosa.
Los llegados ya están sentados a la mesa. María les sirve pan, aceitunas y queso. Trae también una ánfora de sidra o de agua de manzanas, no lo sé; veo que es de un color dorado muy claro.
Los niños juegan con los tres animales y ellos se ponen a conversar. Jesús quiere que estén las tres ovejas, para darles a las otras también agua y un nombre: 
La tuya, Judas, se llamará "Estrella" por el signo ese que tiene en la frente; y la tuya "Llama", porque tiene un color como el de ciertas llamas de brezo lánguido”.
De acuerdo”.
Los mayores dicen –es Alfeo el que habla–: 
Espero haber resuelto así la historia de las peleas entre muchachos. Tu idea, José, ha sido la que me ha iluminado. Dije: "Mi hermano quiere una cordera para Jesús, para que juegue un poco. Yo me llevo dos para esos golfos, para que estén un poco tranquilos y no tener siempre problemas con otros padres por cabezas o rodillas rotas. Un poco la escuela y un poco las ovejas, lograré tenerlos quietos".

7 Por cierto, este año tendrás que mandar tú también a Jesús a la escuela. Ya es tiempo».
Yo no voy a mandarle jamás a Jesús a la escuela” dice María con tono resoluto. Resulta insólito oírla hablar así, y además antes que José (!).
¿Por qué? El Niño tiene que aprender, para que a su debido tiempo sea capaz de afrontar el examen de la mayoría de edad...”.
El Niño sabrá; pero no irá a la escuela. Está decidido”.
Pues serías la única que actuara así en Israel”.
Pues seré la única, pero actuaré así. ¿No es verdad, José?”.
Así es; Jesús no tiene necesidad de ir a la escuela. María se ha formado en el Templo y es una verdadera doctora en el conocimiento de la Ley. Será su Maestra. Es también mi deseo”.
Le estáis mimando demasiado al Muchacho”.
Eso no puedes decirlo. Es el mejor de Nazaret. ¿Le has visto alguna vez llorar o cogerse alguna pataleta o negarse a obedecer o faltar al respeto?”.
No. Pero un día será así si le seguís mimando”.
Tener al lado a los hijos no es mimarlos; es quererlos, con mente cabal y buen corazón. Nosotros amamos así a nuestro Jesús, y, dado que María es una mujer más instruida que el maestro, será Ella la Maestra de Jesús”.
Y cuando sea hombre, tu Jesús será una mujercita temerosa hasta de las moscas”.
“No lo será. María es una mujer fuerte y sabe educarle virilmente; y yo no soy ningún mezquino, y sé dar ejemplos viriles. Jesús es un niño sin defectos físicos ni morales. Por tanto se desarrollará recto y fuerte en el cuerpo y en él espíritu. Estáte seguro de esto, Alfeo. No dejará fea a la familia. Y, además, ya lo he decidido y es suficiente”.
“Lo habrá decidido María. Tú sólo...”.
¿Y si así fuera? ¿No es acaso bonito que dos personas que se aman estén en la disposición de tener el mismo pensamiento y la misma voluntad, porque mutuamente abrazan el deseo del otro y lo hacen propio? Si María desease estupideces, yo le diría que no, pero lo que pide son cosas llenas de sabiduría, y yo las apruebo y hago mías. Nosotros nos amamos como el primer día... y lo seguiremos haciendo mientras vivamos, ¿verdad, María?”.
Sí, José. Y aun en el caso –y ojalá no suceda jamás– de que uno de los dos muriese y el otro no, nos seguiríamos amando”.
José le acaricia a María la cabeza, como si fuera una hija pequeña, y Ella a su vez le mira con ojos serenos y amorosos.

8 La cuñada interviene diciendo: 
Tenéis realmente razón. ¡Si yo fuera capaz de enseñar!... En la escuela nuestros hijos aprenden el bien y el mal; en casa, sólo el bien. Pero yo no sé hacerlo... Si María...”.
¿Qué quieres, cuñada? Habla libremente. Tú sabes que te quiero y que me siento contenta cada vez que puedo satisfacerte en algo”.
No, yo lo que pensaba... era... Santiago y Judas son sólo un poco mayores que Jesús. Ya van a la escuela... ¡pero, para lo que saben!... Por el contrario, Jesús ya sabe muy bien la Ley.... Yo quisiera... bueno, ¿si te pidiera que los tuvieras también a ellos cuando enseñas a Jesús? Creo que ganarían en bondad y en conocimientos. Al fin y al cabo son primos y sería justo que se quisieran como hermanos... ¡Qué feliz me sentiría!”.
Si José y tu marido quieren, yo por mí estoy dispuesta. Hablar para uno o para tres es igual. Repasar la Escritura es motivo de gozo. Que vengan”.
Los tres niños, que habían entrado despacito, han oído estas palabras y están a la espera del veredicto.
Te harán desesperar, María” dice Alfeo.
¡No! Conmigo siempre se portan bien. ¿Verdad que os vais a portar bien si yo os enseño?”.
Los dos niños acuden a su lado corriendo, uno a la derecha, el otro a la izquierda. Le ponen los brazos en torno a los hombros apoyando en ellos sus cabecitas, y hacen promesas de todo el bien posible.
Déjales que prueben, Alfeo, y déjame probar también a mí. Yo creo que no quedarás descontento de la prueba. Que vengan todos los días desde la hora sexta hasta la tarde. Será suficiente, créelo. Conozco el arte de enseñar sin cansar. A los niños hay que tenerlos cautivados y distraídos al mismo tiempo. Hay que comprenderlos, amarlos y ser amados para conseguir de ellos. Y vosotros me queréis, ¿no?”.
La respuesta es dos fuertes besos.
¿Lo ves?”.
Ya lo veo. Sólo me queda decirte: "Gracias". Y Jesús ¿qué va a decir cuando vea a su mamá entretenida en otros? ¿Tú qué dices, Jesús?”.
Yo digo: "Bienaventurados los que le prestan atención y levantan su morada junto a la de Ella" (191). Como con la Sabiduría, dichoso aquel que es amigo de mi Madre. Me gozo viendo que aquéllos a quienes amo son sus amigos”.
¿Quién pone tales palabras en labios de este Niño?” pregunta Alfeo asombrado.
“Nadie, hermano, nadie de este mundo”.
La visión cesa en este momento.

9 Dice Jesús:
Y María fue Maestra mía, de Santiago y de Judas. Y éste es el motivo por el cual hubo entre nosotros amor fraternal, además de por el parentesco; por la ciencia y por haber crecido juntos, como tres sarmientos con un único palo como soporte: la Madre mía. Que en verdad mi dulce Madre era doctora como nadie en Israel. Sede de la Sabiduría, de la verdadera Sabiduría, Ella nos instruyó para el mundo y para el Cielo. Digo que "nos instruyó" porque yo fui alumno suyo no en modo distinto de mis primos. Y el "sello" colocado sobre el misterio de Dios fue mantenido contra las pesquisas de Satanás, mantenido bajo la apariencia de una vida común.
¿Te has deleitado con esta delicada escena? Queda ahora en paz. Jesús está contigo”.

Continúa...






 





Notas:

187) Cfr. Lc. 2, 40.

188) Relacionarlo con el principio del capítulo siguiente, el número 39.

189) Cfr. Ex. 32.

190) Cfr. Núm. 27, 12–23; Deut. 31–34.
 

30 DE MAYO: SAN FERNANDO, REY DE CASTILLA Y DE LEÓN

30 de Mayo: San Fernando, rey de Castilla y de León

(✞ 1252)

El gloriosísimo rey San Fernando fue hijo de don Alfonso IX y de doña Berenguela, la cual le crió con sus pechos, y así, con la leche, parece que mamó sus santas virtudes.

Jamás dejó de obedecerla como a una madre; y como algunos de los ricos hombres murmuraran que después de ser rey estaría tan rendido a su madre, dijo el santo:

- Cuando deje de ser su hijo, dejaré de serle obediente.

Poseía en altísimo grado todas las prendas reales, y con sus virtudes tenía tan ganados a sus vasallos, que era más rey de sus corazones que de las ciudades de su reino.

Tomó en sus manos la espada para hacer guerra a los moros que tiranizaban gran parte de España; pacificó los reinos de Castilla y de León, hizo tributarios a los reinos de Valencia y de Granada, conquistó los de Murcia, Córdoba, Jaén y Sevilla, y varios príncipes de África solicitaron su amistad con decentes partidos.

En treinta y cinco años que peleó se contaron siempre sus batallas por sus victorias y sus empresas por sus triunfos.

- Nunca desnudé la espada -decía él- ni cerqué ciudad ni castillo, ni salí a empresa, que no fuese mi único motivo el dilatar la fe de Cristo; y por la mayor gloria y servicio de Dios.

Fernando no rehusaba ningún trabajo de la guerra, como si fuera soldado particular, hasta dormir en el duro suelo, y hacer las centinelas por su turno con los demás soldados en el sitio de Sevilla.

Cuidaba mucho del alivio de sus vasallos, y no quería imponer nuevos tributos; y cuando se lo aconsejaban sus ministros con buen pretexto de hacer guerra a los moros, respondía:

- Más temo las maldiciones de una viejecilla pobre de mi reino, que a todos los moros de África.

Ganada la ciudad de Sevilla, dispuso una solemísima procesión de toda la gente lucida del ejército, de la nobleza, del clero y de los obispos, viniendo al fin la venerable efigie de nuestra Señora de los Reyes en un carro triunfal de plata.

Los templos y oratorios que edificó en honor a la Virgen Santísima pasaron de dos mil.

Finalmente después de un gloriosísimo reinado, conociendo el santo monarca que llegaba a su fin, antes de que lo mandasen los médicos, se confesó para morir y pidió la Sagrada Eucaristía, la cual recibió arrojándose de la cama y postrándose sobre la tierra con una soga al cuello.

Se despidió después de la reina Juana y de sus hijos, pidió humildemente a los circunstantes que si tenían alguna queja de él, le perdonasen; y respondiendo que no tenían ninguna que perdonar, alzó ambas manos al cielo diciendo:

- Desnudo nací y vine a la tierra y desnudo vuelvo a ella.

Mandó luego que cantasen el tedeum, y en el segundo verso que dice “A ti eterno Padre venera toda la tierra”, inclinó la cabeza y entregó su espíritu a Dios.

Reflexión:

Dicen los historiadores: “Cuando murió el Rey Don Fernando en todo el reino hubo un gran sentimiento, los hombres se mesaban las barbas y las mujeres principales se arrancaban los cabellos, y sin atender al decoro de las personas, salían por las calles llorando y poblando de clamores el aire. Todos oraban y decían: 'Ojalá no hubiese nacido o no hubiese muerto el príncipe'. Y hasta el mismo Alhamar mandó cien moros con antorchas encendidas a sus exequias”. No nos olvidemos pues de rogar incesantemente en nuestras oraciones al Señor que nos dé Reyes o gobernadores como San Fernando, que merezcan las bendiciones y no las maldiciones de sus pueblos.

Oración:

Oh Dios, que concediste al Bienaventurado Fernando, tu confesor, que pelease tus batallas y que venciese a los enemigos de tu fe, concédenos por su intercesión la victoria sobre nuestros enemigos corporales y espirituales. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


jueves, 29 de mayo de 2025

LOS FRANCMASONES (1)

Comenzamos con la publicación del primer capítulo del libro “Los Francmasones” de Monseñor de Segur, impreso por primera vez el año 1878.

☙❧

Los Francmasones, lo que son, lo que hacen, lo que quieren
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Por Monseñor de Segur (4ª Edición 1933)


Al ocuparme de la francmasonería, mi único intento es demostrar los peligros que encierra desde el punto de vista moral y religioso, dejando a un lado el político, y hasta el social. 

Ante la terrible y creciente propaganda que cubre como con una red inmensa, no solamente la Europa, sino el mundo entero, es necesario por parte de los buenos, vigilar y estar siempre preparados para el combate. Apenas hay diócesis en que no estén organizados los francmasones, y según datos estadísticos, pasan de ocho millones distribuidos en cinco mil logias sin contar las traslogias (a).

El mejor medio para preservar de la francmasonería a todo hombre de bien es hacerle conocer tan funesta asociación. 

La francmasonería busca ante todo el silencio y la sombra; y su primer cuidado, al verse atacada, es callarse y hacer el muerto. Tal es su divisa invariable en muchas partes. Así, pues, hablemos nosotros, y gritemos al lobo sin cansarnos. ¿No sería una obra buena la de dar a conocer este librito y esparcirlo lo más que se pueda? Lo ofrezco especialmente a los sacerdotes y a los buenos católicos, celosos por la santa causa de la Iglesia y la conservación de la fe. ¡Ojalá pueda ayudarles a preservar del fuego muchas de las tantas mariposas que revolotean en torno de la llama, porque no saben que abrasa cuanto toca!

a) Nota de la 4ª edición del año 1933:

Debe considerarse, al encontrar datos estadísticos, la fecha en que fue escrito el presente folleto. Los editores no se han creído autorizados para modificar estos datos, que el buen sentido del lector sabrá interpretar equitativamente.

I

DEL NOMBRE DE FRANCMASÓN

En general, los nombres expresan las cosas; pero aquí sucede lo contrario. Los francmasones ni son francos, ni masones o albañiles (1). Que no son esto último, es inútil demostrarlo. Ni es menos evidente que no son francos, cuando su sociedad se apoya sobre secretos, sobre ceremonias misteriosas que a nadie se deben revelar so pena de muerte. 

Ante los profanos, quieren los francmasones pasar buenamente por “una sociedad alegre y filantrópica, amiga de comer, beber, cantar y hacer bien”. Ya veremos si no encubren otro objeto estas palabras. Es tan cierto que son inocentes como que son albañiles. 

Si por francmasón debe entenderse libremasón, ya se levanta un poco el velo. Libre, ¿de hacer que cosa? Pronto lo veremos; y por cierto son misterios terribles.

Al parecer este nombre extravagante de francmasones tuvo su origen en Escocia. Cuando el Papa Clemente V y el rey de Francia Felipe el Hermoso hubieron abolido muy justamente, a principios del siglo XIV, la Orden de los Templarios (2), muchos de estos infames se refugiaron en Escocia, en donde se constituyeron en sociedad secreta, jurando venganza y odio eterno e implacable al Pontificado y a la Monarquía. Para mejor encubrir sus maquinaciones, se agregaron a corporaciones de albañiles, tomaron sus insignias y su jerga, y a la sombra del protestantismo se extendieron más tarde por toda Europa. Su organización definitiva parece que data de los primeros años del siglo XVIII (3).

Para deslumbrar al vulgo pretendieron remontar su origen nada menos que al templo de Salomón, a la torre de Babel, al diluvio, hasta el paraíso terrenal; y muchos de sus adeptos fueron bastante cándidos para creer tales sandeces. 

¿Qué es, pues, la francmasonería? ¿Cómo se hace uno francmasón? ¿Qué pasa en las logias? Tras las logias conocidas ¿existen otras secretas y ¿qué se hace en éstas? ¿Es acaso la francmasonería una institución laudable, moral, religiosa, o por lo menos, benéfica? ¿No es más bien esencialmente anticristiana, anticatólica? ¿Es poderosa y activa? ¿Qué se propone? ¿Es lícito alistarse bajo su bandera misteriosa?... Responderemos con brevedad a tan graves preguntas (4); pero ante todo haremos una distinción importante...


Notas:

1) La palabra francmasón, traducido literalmente del francés (Francs-Maçons), significa “Francos-Albañiles”). - (N. del T.)

2) Los caballeros del Temple habían sido instituidos para defender la fe en Tierra Santa. Pronto se extendieron por toda Europa, y adquirieron por sus riquezas, extraordinaria influencia. Uno de sus primeros Grandes Maestres se dejó seducir por los turcos, que introdujo en la Orden, al par de costumbres contra naturaleza, prácticas sacrílegas, que quedaron por mucho tiempo en un profundo secreto. Felipe el Hermoso descubrió esos horribles misterios, e instó en gran manera a Clemente V para que castigase a los Templarios y suprimiese su Orden. El objeto principal del Rey era confiscar sus bienes en provecho propio; el del Papa fue el interés de la fe, de la justicia y de las buenas costumbres. Este punto histórico está hoy del todo comprobado. 

3) Con lo dicho no pretendo afirmar que los francmasones hayan heredado las horribles costumbres de los Templarios, y solo hago constar la relación de familia que parece existir entre unos y otros. 

4) Muchas de nuestras noticias las hemos sacado de la interesante obra de Mr. de Saint-Albin, titulada: Les Francmaçons et les Sociétés secrètes. A ella pueden acudir los que quieran estudiar más a fondo está importante materia. 


LA COSTOSA POBREZA DE BERGOGLIO: 30 MILLONES DE EUROS

Lo que comenzó como un aparente “gesto de humildad” terminó siendo una iniciativa logística que no era ni humilde ni pobre.


Durante doce años, Bergoglio utilizó el hotel Santa Marta como su “centro de operaciones”. Su apartamento original de 50 metros cuadrados se fue ampliando gradualmente hasta ocupar toda la segunda planta, con una cocina profesional, una capilla privada, una sala de recepción y “habitaciones para asesores”.

Según Il Tempo, esto costaba 200.000 euros al mes, incluyendo el coste de la doble seguridad, la contratación de más gendarmes y el aumento del número de guardias suizos.

Aplicado a los 145 meses de “pontificado” de Bergoglio, el coste total se acerca a los 30 millones de euros.

Y pensar que la excusa fue: “Prefiero vivir entre la gente...”


ANA MARÍA TAIGI: EL TRIUNFO DE LA IGLESIA Y EL RESTAURADOR

Parece imprudente ignorar las profecías de la Vidente
, particularmente porque la misma advertencia de una oscuridad descendente fue hecha por otros Santos y místicos aprobados por la Iglesia.

Por Margaret C. Galitzin


En el artículo anterior, vimos que la Beata Ana María Taigi (1769-1837) predijo un gran Castigo en los Últimos Tiempos, que terminaría con una sorprendente victoria del Cielo y la restauración de nuestra Santa Iglesia y la Civilización Católica.

También predijo Tres Días de Oscuridad que descenderían sobre el mundo, en los cuales la única luz y seguridad para los católicos sería en presencia de una vela bendita. Dado que esta es una profecía privada, los católicos no están obligados por la Fe a creer lo que Ana María Taigi vio en el “sol místico” que siempre estaba ante sus ojos.

Sin embargo, dado que las profecías de la Vidente, escritas a mano durante su vida por Mons. Raffaele Natali, fueron juzgadas dignas de loa y de creencia en su proceso de Beatificación, parece imprudente ignorarlas apresuradamente, particularmente porque la misma advertencia de una oscuridad descendente fue hecha por otros Santos y místicos aprobados por la Iglesia.

No olvidemos que las Escrituras (aquí y aquí), también confirman un Juicio de las Naciones que ocurrirá en los Últimos Tiempos, un castigo repentino y tremendo seguido de un largo período de paz en la tierra.

Además, la apertura del sexto sello en el Apocalipsis predice una oscuridad sensible al decir que, tras un gran terremoto, el sol se volvió negro como tela de cilicio (Ap 6:12). Porque si el sol se oscurece, no habrá luz en la tierra. Así como el Señor castigó a los egipcios con oscuridad, puede castigar al mundo moderno, más culpable, con una oscuridad universal aún mayor (1).

Para aquellos católicos que insisten en que estamos en el Fin de los Tiempos, permítanles notar que la terrible escena descrita aquí en el Apocalipsis no se refiere a la conmoción del fin del mundo, porque es seguida por una gran restauración religiosa con la apertura del sexto sello y el sonido de la sexta trompeta.

Este castigo de los Últimos Tiempos, entonces, no representa el Juicio Final al fin del mundo, sino que, como señala el padre Gaudencio Rossi en The Christian Trumpet (La Trompeta Cristiana), será “una especie de prejuicio de los vivos” (2) el Juicio de las Naciones que precede al Reino de María.

El triunfo de la Iglesia y el Restaurador

La purificación realizada por Dios por estos medios tendrá un solo objetivo: la restauración de la Iglesia Católica con todo el honor que se le debe y la restauración de la Civilización Cristiana.

De las notas tomadas por Mons. Natali, leemos lo que Nuestro Señor le dijo a Taigi: 
“Cuando la Iglesia renovada tome forma, solo unos pocos quedarán, muy pocos, y estarán extremadamente sorprendidos y llenos de temor al ver todo lo que Dios ha hecho, cómo deben amar a Dios y lo que han sufrido por Dios. (...) No te corresponde a ti [María Taigi] ver esto”.
También habló del Reinado de María, cuando todas las religiones se convertirán al catolicismo. Dijo que, tras el fin del castigo, en medio de grandes convulsiones naturales y pérdidas de vidas, comenzará una era celestial, un triunfo tan grande y asombroso que la dejó atónita.

Las siguientes fueron las palabras de Jesucristo a la Beata Ana María, al ver a un hombre en el futuro que desempeñaría un papel clave en su Restauración:
“¿Lo ves? Obsérvalo. Contémplalo. Contempla el alma apostólica, el hombre que lucha por la viña, igual a quienes tanto lucharon por mi gloria. Sus esfuerzos, su sudor, sus obras serán recompensados ​​en el Paraíso con una gloria tal que ninguna mente humana puede imaginar. El amor que siento por esta persona es tan grande que solo se conocerá en el Paraíso. Es un hombre verdaderamente celoso. Un hombre sin mancha. No tiene fines humanos, ni interés propio, y, desde su más tierna juventud, el vicio de la adulación nunca lo tocó” (3).
Aquí observo que esta profecía respalda lo que vio Santa Hildegarda: “el inocente” que dirigiría la restauración de la Iglesia y la Civilización Cristiana.

Algunos consejos para el “día definitivo”

La Beata Ana María sabía que nunca vería ese “día definitivo” en el que Dios triunfaría sobre todos los enemigos de la Iglesia. El 13 de septiembre de 1831, la propia Virgen, dirigiéndose a los buenos que sufrirían en aquellos días terribles, le dijo a la vidente:
“Ahora no es tiempo de milagros, porque aún no ha llegado la hora de que la Iglesia vuelva a su estado original. Hijos míos, aquí tienen a su Madre. Los bendigo, mi Padre los bendice, pero deben ser buenos, buenos, buenos. Deben sufrir con buena disposición hasta que el Espíritu Santo venga a encenderlos de amor y a poner fin a este mundo inicuo. Habrán llegado al final. Lo habrán sufrido casi todo. Todos los reinos, ciudades, pueblos, castillos y provincias se encontrarán sufriendo, con problemas, tribulaciones y tormentos hasta el día definitivo” (4)
En una ocasión le preguntó a Dios quién resistiría esta terrible prueba. Él respondió: “Aquellos a quienes les conceda el espíritu de humildad”.

Por esta razón, Ana María Taigi estableció en su familia la costumbre de rezar después del Rosario, tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias, con la intención de pedir la misericordia y la infinita bondad de la Santísima Trinidad para mitigar el azote que su justicia ha reservado para esos tiempos calamitosos. Ella presenció este castigo numerosas veces en su “sol místico” (9).

La beata Ana María aconsejó a los fieles procurarse velas benditas, que son las únicas que alumbran en la oscuridad; también, permanecer en oración, rezar el santo Rosario y no intentar alejarse de la luz de la vela ni dejarse llevar por la curiosidad ociosa y vana.

Estas son cosas sencillas de preparar y tener presentes, incluso para quienes tienen dudas sobre las revelaciones privadas. Como señaló el Dr. Plinio al comentar sobre la costumbre de guardar una vela bendita para el Castigo venidero:
“Tengo una vela bendita para este propósito en mi casa. Mi razonamiento es muy simple: no me preocupa investigar si la revelación original es verdadera o falsa. Tener una vela bendita es bueno, por lo tanto, la tengo. Así, si llegan los tres días de oscuridad, estoy preparado. Si no llegan, no pierdo nada por tener una vela bendita conmigo. Al contrario, solo puedo beneficiarme de tenerla. Puedo usarla cuando muera o dársela a alguien que muera en mi casa”.
Continúa...


 
Notas:

1) Testimonio de Mons. Raffaele Natali, Proceso de beatificación (Proc. Ord. Fol. 695-696), apud Mons. Carlo Salotti, La Beata Anna Maria Taigi secondo la storia e la critica, Roma: Libreria Editrice Religiosa, 1922, págs. 340-342

2) Gaudencio Rossi [alias Pellegrino], The Christian Trumpet: Previsions and Predictions about Impending General Calamities, The Universal Triumph of the Church, The Coming of Antichrist, The Last Judgment and The End of the World (La Trompeta Cristiana: Previsiones y Predicciones sobre Calamidades Generales Inminentes, el Triunfo Universal de la Iglesia, la Venida del Anticristo, el Juicio Final y el Fin del Mundo), Boston: Thos. B Noonand & Co., 1873, págs. 61-67

3) Testimonio de Mons. Raffaele Natali, Beatification process, Vol. IX, apud ibid., p. 118; ;Vol. VII, p. 380;

4) P. Gabriel Bouffier SJ, La Vénérable Servante de Dieu Anna-Maria Taigi d'après les documents authentiques du procès de sa béatification, París: Ambroise Bray, 1865, págs. 251-252.
 

29 DE MAYO: SAN MAXIMINO, OBISPO DE TRÉVERIS


29 de Mayo: San Maximino, Obispo de Tréveris

(✞ 348)

San Maximino era natural de la ciudad de Poitiers, hijo de padres clarísimos en linaje, descendientes de senadores.

Tuvo por hermano a San Majencio, que fue Obispo de Poitiers y él a su vez lo fue de Tréveris, por nombramiento de San Agricio y consentimiento de todos los clérigos.

Grandes fueron las cosas que hizo en defensa de la fe católica sin temer jamás al emperador Constancio, hereje arriano.

Cuando todo el Oriente se levantó contra el glorioso San Atanasio, que estaba huyendo y desterrado, no hallando quien lo acogiera en todo el imperio, San Maximino lo recibió y lo tuvo hospedado en su casa hasta que pasó aquella tempestad.

Hizo juntar un Concilio en Colonia para excomulgar y privar de su cátedra al obispo Eufrates, hereje, que perdía aquella tierra.

Se halló también en el Concilio celebrado en Milán para expulsar a los herejes Eusebianos; y de acuerdo con San Atanasio y el Papa Julio y el célebre Osio de Córdoba, propuso San Maximino al emperador Constancio la necesidad de un Concilio general que se celebró en Sárdica, donde fue de nuevo restablecido en su silla San Atanasio, y depuestos los principales Eusebianos.

Y aunque estos se reunieron después en Filipópoli de Tracia y tuvieron allí un conciliábulo que llamaron de Sárdica, para confundir con este equívoco las decisiones del verdadero Concilio, y osaron excomulgar a San Maximino, al Papa Julio, a Osio y a San Atanasio, no pudieron con toda su malicia prevalecer sobre la entereza con que el santo defendió la verdadera fe.

Acreditó el glorioso San Maximino la verdad católica alumbrando ciegos, sanando paralíticos, curando endemoniados y obrando muchos y extraños prodigios.

Yendo una vez camino de Roma con San Martín, un oso feroz les mató el jumentillo que le llevaba la ropa; entonces San Maximino mandó al fiero animal que tomase sobre sí la carga, lo cual hizo el oso llevándola hasta un lugar llamado Ursaria, donde Maximino lo despidió.

Finalmente lleno de méritos y trabajos murió en Poitiers, y su sagrado cuerpo fue trasladado a Tréveris con gran solemnidad, obrando el Señor por el innumerables prodigios.

El terror de los normandos, que pasaban provocando sangre y fuego en los templos y monasterios, movió a algunos religiosos a ocultar las reliquias de San Maximino en el año 882 dentro de una cueva; por este motivo se perdió la noticia de ellas, hasta que habiéndose caído una gran peña, abrió con el golpe parte del sepulcro, y fueron descubiertas por la fragancia que despedían, y se vio con admiración de todos, el cuerpo entero santo, e intactos sus vestidos al cabo de tantos años.

Reflexión:

Quiere Dios para gloria suya y de sus santos que los animales y la naturaleza les estén sujetos, como se veía en San Maximino. ¿Y qué nombre tan ciego hay que no vea por estos argumentos que la religión católica que autorizan los santos con sus milagros, es la que enseñó a los hombres aquel mismo Dios omnipotente que hizo el cielo y la tierra? Recibámosla pues de su mano divina como hemos recibido de ella el cuerpo y el alma; y así como le somos agradecidos por la luz de los ojos que nos ha dado, tanto y mucho más debemos darle gracias por la luz sobrenatural de la fe, que ha infundido en nuestras almas, por la revelación que ha hecho a los hombres de su divina verdad por medio de Jesucristo, testigo de sus soberanos secretos.

Oración:

Te suplicamos, oh Dios Todopoderoso, que en esta venerable solemnidad de tu confesor y pontífice San Maximino, acrecientes en nosotros el espíritu de piedad y el deseo de nuestra eterna salud. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


miércoles, 28 de mayo de 2025

EL MODERNISMO EN LA RAÍZ DE LA CONFUSIÓN TEOLÓGICA ACTUAL

Respecto al tema del adulterio, Bergoglio dio la impresión de no considerarse sujeto ni a la Ley Divina ni a la Ley Natural, y de que la Iglesia no se toma en serio las infracciones del Sexto Mandamiento.

Por la Dra. Carol Byrne


No cabe duda de que el declive de la ciencia metafísica y la tradición escolástica —que en su día fue un elemento básico de los seminarios anteriores al Vaticano II— fue un factor decisivo en la confusión generalizada que presenciamos sobre la realidad objetiva y las impresiones subjetivas, la verdad y el error en la doctrina, el bien y el mal en la moral, y las identidades clerical y laica.

La capacidad de hacer estas distinciones formaba parte de un sistema más amplio de formación intelectual para los jóvenes clérigos que se preparaban para ser sacerdotes, permitiéndoles distinguir entre las realidades objetivas de la Fe Católica y las meras opiniones subjetivas; en otras palabras, entre las filosofías de la religión verdaderas y las falsas. Lo que el Papa Pío X dijo de los modernistas de su época es igualmente cierto para sus herederos, los progresistas:
“del consorcio de la falsa filosofía con la fe ha nacido el sistema de ellos, inficionado por tantos y tan grandes errores” (Pascendi § 42).
Como buen pastor de almas, San Pío X ofrecía consejos para evitar callejones sin salida en filosofía y teología, y para no quedar atrapados en el callejón sin salida del subjetivismo. Su relevancia hoy en día se ha agudizado: desde el Vaticano II, los teólogos han estado errando durante tanto tiempo que les resulta difícil regresar al catolicismo puro y simple.

Muchos de los que se han visto privados del beneficio del método escolástico carecen de los medios probados para distinguir adecuadamente entre lo verdadero y lo falso en la religión. Como resultado, se han convertido cada vez más en presa del “ecumenismo” y del “pluralismo religioso” promovidos por el Vaticano II y los “papas conciliares”. Peor aún, algunos ni siquiera son conscientes de la confusión general que existe hoy en día en materia de fe, y son incapaces de discernir, y mucho menos refutar, los falsos razonamientos y los argumentos sofistas de la “nueva evangelización”.

El escolasticismo reemplazado por emociones internas

Nuestras incursiones en el pensamiento del padre George Tyrrell y el movimiento modernista de principios del siglo XX han sido útiles para desenterrar las raíces de las ideas revolucionarias del Vaticano II que se han impuesto en la Iglesia de nuestros días. 

“padre” George Tyrrell

Para Tyrrell, la Revelación surge de sentimientos internos; es “una experiencia directa dada al alma por Dios” que “no puede ser causada por instrucción externa” (1). No creía que la Fe requiriera la conformidad del intelecto con la verdad revelada:
Más que un cuerpo doctrinal, se trata ante todo de un modo de vida que le ha sido confiado. La Fe que ella tiene como depósito no es un sistema intelectual o teológico, ofrecido para el asentimiento mental. ... Si es una verdad, no es una verdad del intelecto, sino una verdad o verdad de la voluntad de Dios (2).
Esta fue su razón para rechazar la autoridad docente de la Ecclesia Docens, así como la Tradición como depósito de la fe transmitido intacto de generación en generación. Según este modelo, las personas deben buscar en el “Dios interior” la fuente de la verdad.

En resumen, no creía que la Revelación se pudiera comunicar mediante proposiciones y fórmulas dogmáticas; de ahí su decisión de prescindir de la escolástica. Criticó “la insuficiencia de la filosofía escolástica como vehículo del pensamiento cristiano” (3), primero porque le parecía “un método tan extraño a los instintos intelectuales modernos” (4), y segundo porque la consideraba una ciencia muerta, divorciada de las exigencias de las situaciones de la vida real que enfrentan las personas en el mundo moderno.

Explicó: 
“Las doctrinas fueron llevadas al criterio de la razón silogística, de la autoridad escrita, pero no al criterio de la vida vivida por los fieles” (5).
Es un principio básico de los modernistas originales y sus herederos actuales, los progresistas, que la “experiencia humana” y los “impulsos internos de la mente” son los únicos criterios válidos de verdad. Es por eso que ahora hay un gran énfasis en la idea de una “teología viva” que se ajuste a las exigencias de nuestro tiempo. El objetivo era reemplazar la autoridad de la Revelación “externa” expresada a través de principios dogmáticos, vinculantes para cada individuo, con la evaluación subjetiva del individuo cuyo “juicio privado” reina supremo. Hoy en día, es comúnmente aceptado entre los católicos que la fuente de la Verdad no se encuentra “ahí afuera” —en lo que Dios ha revelado—, sino “aquí dentro” —en la mente de cada creyente—.

El Magisterio infalible de la Ecclesia Docens, vinculado como está con la Revelación Divina, llegó a considerarse no solo irrelevante en la vida de la Iglesia, sino un obstáculo para la unidad cristiana y la libertad y el progreso en la sociedad moderna.

Bergoglio siguió a Tyrrell en la destrucción de la escolástica

Mientras que los “teólogos” modernistas del Vaticano II fueron demasiado astutos para presentar su versión del Apocalipsis en términos tomados abiertamente de Tyrrell, prefiriendo disimular las similitudes entre ellos con ofuscaciones verbales, Bergoglio abandonó toda precaución y habló como un verdadero hijo de su “mentor” jesuita. A diferencia de los modernistas del Vaticano II, pudo permitirse adoptar una postura más abierta, luego que la victoria del modernismo en la Iglesia ha quedado firmemente establecida.

Un ejemplo notorio en el que Bergoglio aplicó lo que Tyrrell llamó “el criterio de la vida vivida por los fieles” fue cuando, en Amoris laetitia (2016), recomendó que los divorciados vueltos a casar sin compromiso de continencia pudieran recibir la Sagrada Comunión, al menos “en algunos casos”. Esto demuestra claramente su oposición a la legislación de la Iglesia —derivada de la Ley Divina— que impone a los sacerdotes la obligación de excluir a estas personas de la Sagrada Comunión, sin excepciones. Al hacerlo, contradijo la enseñanza y la disciplina de todos sus predecesores.

La evidencia también es incontrovertible de que, en este caso, Bergoglio introdujo un cambio revolucionario importante en la enseñanza moral inmutable de la Iglesia sobre una práctica que Nuestro Señor calificó de adulterio (Lc 16,18). Ninguna “medicina de la misericordia” puede purificar la acción de Bergoglio como algo más que un ataque directo contra la Escritura y la Tradición, los dos pilares indispensables sobre los que se asienta la legitimidad del papado.

Fue un triunfo —poco loable— para los modernistas, que no habría podido lograrse sin la destrucción del bastión de la gran tradición escolástica. Pero no olvidemos que fue Tyrrell quien, en primer lugar, contribuyó a destruir el método teológico y filosófico de razonamiento intelectual que había sustentado siglos de enseñanza magisterial y que había permitido a los teólogos alcanzar una comprensión adecuada de la Verdad Católica.

La evidencia histórica muestra que la escolástica, herida de muerte por Tyrrell y sus “socios”, fue completamente exterminada por sus herederos: los jesuitas de Lubac, von Balthasar y Rahner, los dominicos Chenu, Congar y Schillebeeckx, y Ratzinger, por nombrar a los más egregios promotores de la “nueva teología”. Y a esta lista debemos, por supuesto, añadir el nombre de Bergoglio, quien asestó su propio y despiadado golpe de gracia.

Contamos con el testimonio triunfalista del padre Congar de que el Vaticano II había roto la hegemonía del sistema escolástico sobre los métodos de catequesis de la Iglesia. Él afirmó:
“El Concilio destruyó lo que yo llamaría la incondicionalidad del sistema. Lo que entiendo por ‘sistema’ es un cuerpo completo y muy coherente de ideas transmitidas por las enseñanzas de las universidades romanas, codificadas por el Derecho Canónico, protegidas por la estricta y bastante eficiente vigilancia de Pío XII, con informes, admoniciones, la presentación de escritos a los censores romanos, etc.; en resumen, todo un ‘sistema’. Con el concilio, esto se rompió. Se soltaron las lenguas. Los elementos subterráneos afloraron” (6).
No debemos perder de vista la consecuencia lógica de reemplazar el escolasticismo con filosofías seculares modernas en el área de la moral católica. La Jerarquía ya no tiene los medios para combatir eficazmente la marea de depravación moral que ha inundado la Iglesia desde el Vaticano II, ya sea en el ámbito del abuso infantil por parte del clero, la ética marital o cualquier otra área de la moral sexual. Al transigir con el espíritu del mundo en el tema del adulterio, Bergoglio dio la impresión de no considerarse sujeto ni a la Ley Divina ni a la Ley Natural, y de que la Iglesia no se toma en serio las infracciones del Sexto Mandamiento.

Continúa...

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Notas:

1) George Tyrrell, Through Scylla and Charybdis or, The Old Theology and the New (A través de Escila y Caribdis, o la antigua teología y la nueva), Londres: Longmans, Green, 1907, pág. 316.

2) G. Tyrrell, The Church and the Future (La Iglesia y el futuro), Londres: Priory Press, 1910, pág. 72.

3) G. Tyrrell, Medievalism, a Reply to Cardinal Mercier (Medievalismo, una respuesta al cardenal Mercier), Londres: Longmans, Green, and Co., 1908, pág. 108.

4) G. Tyrrell, The Church and the Future (La Iglesia y el futuro) pág. 32.

5) Ibid., pág. 102.

6) Jean Puyo, Jean Puyo interroge le Père Congar: Une Vie Pour la Vérité (Jean Puyo entrevista a Père Congar: Una vida por la verdad), París: Éditions du Centurion, 1975, p. 220.