jueves, 5 de febrero de 2026

“PADRE” CHENU: EL DIOS TRASCENDENTE CATÓLICO ES UN ÍDOLO

El dominico francés Marie-Dominique Chenu fue uno de los “teólogos expertos” designados para el nefasto conciliábulo Vaticano II.


Explicando el fin de la distinción entre naturaleza y gracia -una tesis de la “nueva teología” ya condenada en la década de 1930- el “padre” Marie Dominique Chenu (1895 - 1990) fue muy lejos. Pretendía que ya no hay distinción entre lo corporal y lo espiritual, y lo temporal y lo eterno.

Lo que presentó fue una teología inmanente, según la cual Dios solo podría percibirse en realidades visibles. Llegó incluso a condenar la noción de Dios como un espíritu puro, como un Dios falso y un ídolo, haciéndose eco de los marxistas.


Arriba, la portada de un libro-entrevista donde Chenu responde a las preguntas del periodista Jacques Duquesne. Abajo, el texto en francés; y a continuación, la traducción de la parte resaltada en amarillo.


Este dualismo no puede eliminarse de todas las oraciones litúrgicas. El cristiano se siente tentado a resolver la dualidad corporal-espiritual, tiempo-eternidad, mediante una evasión, es decir, escapando al mundo del más allá, el mundo de lo sacro y lo trascendente. Hoy intentamos la unificación en sentido opuesto: colocando lo eterno en lo temporal, lo espiritual en lo corporal, devolviendo a Dios al mundo secular. Damos a la Creación la extensión y densidad que le corresponden.

Análogamente, insistimos en la inmanencia, la antropología. Es una forma de redescubrir la teología de la Encarnación, es decir, un régimen donde Dios está en la tierra. Solo puedo percibir la presencia de Dios, su economía y su providencia en los acontecimientos terrenales. De lo contrario, lo convierto en un falso dios, un ídolo, un refugio para la evasión y, como dicen los marxistas, para la alienación.

(Marie-Dominique Chenu, Jacques Duquesne interroge le Pere Chenu, París: Centurion, 1975, pp. 79-80)

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (85)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


85. Antes de ir al Getsemaní, Jesús y el Zelote suben al Templo, donde está hablando Judas Iscariote.
22 de enero de 1945.

Jesús está con Simón en Jerusalén. Se abren paso entre la muchedumbre de vendedores y de jumentos –parece una procesión por la calzada–. Jesús dice: “Subamos al Templo antes de ir al Getsemaní. Oraremos al Padre en su Casa”.
“¿Sólo, Maestro?”.
“Sólo eso. No puedo entretenerme. Mañana, al alba, es la cita en la Puerta de los Peces, y, si la muchedumbre insiste, me va a impedir ir. Quiero ver a los otros pastores. Los disemino como verdaderos pastores por Palestina para que congreguen a las ovejas y sea conocido el Dueño del rebaño, al menos, de nombre; de modo que cuando ese nombre Yo lo pronuncie, ellas sepan que soy Yo el Dueño del rebaño y vengan a mí y Yo las acaricie”.
“¡Es dulce tener un Dueño como Tú! Las ovejas te amarán”.
“Las ovejas.... no los cabros. Después de ver a Jonás, iremos a Nazaret y luego a Cafarnaúm. Simón Pedro y los otros sufren por tanta ausencia... Iremos a darles este motivo de gozo y a dárnoslo a nosotros mismos. Incluso el verano nos aconseja que lo hagamos. La noche está hecha para el descanso y demasiado pocos son los que posponen el descanso al conocimiento de la Verdad. El hombre... ¡el hombre! Se olvida demasiado de que tiene un alma, y piensa sólo en la carne y se preocupa sólo de la carne. El sol durante el día es violento, impide caminar y enseñar en las plazas y por los caminos. Tanto cansa, adormece los espíritus y los cuerpos. Pues entonces... vamos a adoctrinar a mis discípulos; a la agradable Galilea, verde y fresca de aguas. ¿Has estado allí alguna vez?”.

2 “Una vez, de paso y en invierno, en una de mis penosas peregrinaciones de un médico a otro. Me gustó...”.
“¡Oh, es hermosa siempre; durante el invierno y, más aún, en las otras estaciones! Ahora, en verano, tiene unas noches tan angelicales... Sí, de lo puras que son, parecen hechas para los vuelos de los ángeles. El lago... el lago, con su cinturón de montes más o menos cercanos que lo resguardan, parece hecho justamente para hablar de Dios a las almas que buscan a Dios. Es un trozo de cielo caído entre el verde; y el firmamento no le abandona, sino que se refleja en él con sus astros, multiplicándolos así... como queriendo presentárselos al Creador, diseminados sobre una lastra de zafiro. Los olivos descienden casi hasta las ondas y están llenos de ruiseñores, y también cantan su alabanza al Creador que hace que vivan en ese lugar tan dulce y plácido.
¡Y mi Nazaret? Toda extendida bajo el beso del Sol, toda blanca y verde, sonriente entre los dos gigantes del grande y del pequeño Hermón. Y el pedestal de montes en que se apoya el Tabor, pedestal de suaves pendientes del todo verdes, que elevan hacia el Sol a su señor, frecuentemente nevado, pero tan hermoso cuando el sol ciñe su cima, que toma aspecto de alabastro rosado... En el lado opuesto, el Carmelo es de lapislázuli a ciertas horas de sol intenso en las que todas las venas de mármoles o de aguas, de bosques o de prados, se muestran con sus distintos colores; y es delicada amatista bajo la primera luz, mientras que por la tarde es de berilo violeta–celeste; y es un solo bloque de sardónica cuando la luna le muestra todo negro contra el plateado lácteo de su luz. Y luego, abajo, al Norte, el tapiz fértil y florido del llano de Esdrelón.
Y luego... y luego, ¡Oh..., Simón!, ¡allí hay una Flor... una Flor hay que vive solitaria difundiendo fragancia de pureza y amor para su Dios y para su Hijo! Es mi Madre. La conocerás, Simón, y me dirás si existe criatura semejante a Ella, incluso en humana gracia, sobre la faz de la Tierra. Es hermosa, pero toda hermosura queda pequeña ante lo que emana de su interior. Si un bruto la despojase de todas sus vestiduras, la hiriera hasta desfigurarla y la arrojara a la calle como a un vagabundo, seguiría viéndosela como Reina y regiamente vestida, porque su santidad le haría de manto y esplendor. Toda suerte de males puede darme el mundo, pero Yo le perdonaré todo, porque para venir al mundo y redimirle la he tenido a Ella, la humilde y gran Reina del mundo, que éste ignora, y por la cual, sin embargo, ha recibido el Bien y recibirá aún más durante los siglos.
Hemos llegado al Templo. Observemos la forma judía del culto. Mas en verdad te digo que la verdadera Casa de Dios, el Arca Santa, es su Corazón, cubierto por el velo de su carne purísima, bordado de filigrana por sus virtudes”.

3 Ya han entrado y caminan por el primer rellano. Pasan por un pórtico, dirigiéndose a un segundo rellano.
“Maestro. Mira a Judas, allí, entre aquel corro de gente. Y hay también fariseos y miembros del Sanedrín. Voy a oír lo que dice. ¿Me dejas?”.
“Ve. Te espero junto al Gran Pórtico”.
Simón va rápido y se coloca de forma que puede oír sin ser visto.
Judas habla con gran convencimiento: “...y aquí hay personas, que todos vosotros conocéis y respetáis, que pueden decir quién era yo. Pues bien, os digo que, El me ha cambiado. El primer redimido soy yo. Muchos entre vosotros veneran al Bautista. El también le venera, y le llama "el santo igual a Elías por misión, más aun mayor que Elías". Ahora bien, si tal es el Bautista, Este, al cual el Bautista llama "el Cordero de Dios" y, por su propia santidad, jura haberle visto coronar por el Fuego del Espíritu de Dios mientras una voz desde los Cielos le proclamaba "Hijo de Dios muy amado al que se debe escuchar". Este no puede ser sino el Mesías. Lo es. Yo os lo juro. No soy un inculto ni un estúpido. Lo es. Yo le he visto obrar y he oído su palabra, y os digo: es El, el Mesías. El milagro le sirve como un esclavo a su amo. Enfermedades y desventuras caen como cosas muertas y nace alegría y salud. Y los corazones cambian aún más que los cuerpos. Ya lo veis en mí. ¿No tenéis enfermos?, ¿no tenéis penas que necesiten ser aliviadas? Si las tenéis, venid mañana, al alba, a la Puerta de los Peces. Ahí estará El trayendo consigo la felicidad. Entretanto, ved cómo yo, en su nombre, a los pobres les doy este dinero”.
Judas distribuye unas monedas a dos lisiados y a tres ciegos, y por último fuerza a una viejecita a aceptar las últimas monedas.

4 Luego despide a la multitud y se quedan él, José de Arimatea, Nicodemo y otros tres que no conozco.
“¡Ah, ahora me siento bien!” exclama Judas. “No tengo ya nada, y soy como El quiere”.
“Verdaderamente no te reconozco. Creía que era una broma, pero veo que vas en serio” exclama José.
“¿En serio! ¡Si yo soy el primero que no me reconozco! Sigo siendo una bestia inmunda respecto a El, pero ya estoy muy cambiado”.
“¿Y vas a dejar de pertenecer al Templo?” pregunta uno de los que no conozco.
“¡Sí! Soy del Cristo. Quien le conoce, a menos que sea un áspid, no puede más que amarle, y no desea nada más aparte de El”.
“¿No va a volver aquí?” pregunta Nicodemo.
“Claro que volverá, pero no ahora”.
“Quisiera oírle”.
“Ya ha hablado en este lugar, Nicodemo”.
“Lo sé. Pero yo estaba con Gamaliel... Le ví... pero no me detuve”.
“¿Qué dijo Gamaliel, Nicodemo?”.
“Dijo: "Algún nuevo profeta". No dijo nada más”.
“¿Y no le expresaste lo que yo te dije, José? Tú eres amigo suyo...”.
“Lo hice, pero me respondió: "Ya tenemos al Bautista y, según la doctrina de los escribas, al menos deben pasar cien años entre éste y aquél, para preparar al pueblo a la venida del Rey. Yo digo que hacen falta menos" añadió "porque el tiempo se ha cumplido ya". Y terminó: "Sin embargo, no puedo admitir que el Mesías se manifieste así... Un día creí que comenzaba la manifestación mesiánica, porque su primer destello era verdaderamente resplandor celeste (20); pero luego... se hizo un gran silencio. Y pienso que me he equivocado"”.
“¿Por qué no se lo vuelves a decir? Si Gamaliel estuviera con nosotros y vosotros con él...”.
“No os lo aconsejo” objeta uno de los tres desconocidos. “El Sanedrín es poderoso y Anás lo rige con astucia y avidez. Si tu Mesías quiere vivir, le aconsejo que permanezca en la oscuridad; a menos que se imponga con la fuerza, pero entonces está Roma...”.
“Si el Sanedrín le oyera, se convertiría al Cristo”.
“¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!” se ríen los tres desconocidos y dicen: “Judas, te creíamos, sí, cambiado, pero todavía inteligente. Si es verdad lo que dices de El, ¿cómo puedes pensar que el Sanedrín le siga? Ven, ven, José. Es mejor para todos. Dios te proteja, Judas. Lo necesitas”. 
Y se marchan. Judas se queda sólo con Nicodemo.

5 Simón se aleja sin hacerse notar y va donde el Maestro. 
“Maestro, me acuso de haber pecado de calumnia con la palabra y con el corazón. Ese hombre me desorienta. Le creía casi un enemigo tuyo, y le he oído hablar de ti de una forma que pocos entre nosotros lo hacen, especialmente aquí donde el odio podría matar primero al discípulo y luego al Maestro. Y le he visto dar dinero a los pobres, y tratar de convencer a los miembros del Sanedrín..”.
“¿Lo ves, Simón? Me alegro de que le hayas visto en una ocasión así. Referirás esto también a los demás cuando le acusen. Bendigamos al Señor por esta alegría que me das, por tu honestidad al decir "he pecado" y por la obra del discípulo que creías malvado y no lo es”.
Oran durante largo tiempo y luego salen.
“¿No te ha visto?”.
“No. Estoy seguro”.
“No le digas nada. Es un alma muy enferma. Una alabanza sería semejante al alimento dado a un convaleciente de una gran fiebre de estómago. Le haría empeorar, porque se gloriaría al tener conciencia de que los demás se fijan en él. Y donde entra el orgullo...”.
“Guardaré silencio. ¿A dónde vamos?”.

6 “A donde Juan; estará a esta hora calurosa en la casa de los Olivos”. Caminan ligeros, buscando la sombra por las calles, calles verdaderamente de fuego a causa del intenso sol. Salen del suburbio polvoriento, atraviesan la puerta de la muralla, salen a la deslumbrante campiña; de ésta a los olivos, de los olivos a la casa.
En la cocina (fresca y oscura por la cortina que han colocado en la puerta) está Juan. Se ha quedado traspuesto. Jesús le llama: “¡Juan!”.
“¿Tú, Maestro? Te esperaba por la noche”.
“He venido antes. ¿Cómo te has sentido durante este tiempo, Juan?”.
“Como un cordero que hubiera perdido a su pastor. Les hablaba a todos de ti, porque ello ya significaba tenerte un poco. He hablado de ti a algunos familiares, a conocidos, a otras personas, y a Anás... y a un lisiado que le he hecho amigo mío con tres denarios; me los habían dado y yo se los he dado a él. Y también a una pobre mujer, de la edad de mi madre, que lloraba en un corro de mujeres a la puerta de una casa. Le pregunté: "¿Por qué lloras?". Me respondió: "El médico me ha dicho: 'Tu hija está enferma de tisis. Resígnate. Con los primeros temporales de octubre morirá'. Ella es lo único que tengo; es hermosa, buena, y tiene quince años. Iba a casarse para la primavera, y en lugar del cofre de bodas le tengo que preparar el sepulcro". Le respondí: "Yo conozco a un Médico que te la puede curar si tienes fe". "Ya ninguno la puede curar. La han visto tres médicos. Ya escupe sangre". "El mío –dije– no es un médico como los tuyos, no cura con medicinas, sino con su poder; es el Mesías...". Una viejecita, entonces, dijo: "¡Cree, Elisa! ¡Conozco a un ciego al que El le ha devuelto la vista!". La madre entonces pasó del desánimo a la esperanza, y te está esperando... ¿He hecho bien? No he hecho más que esto”.
“Has hecho bien. Por la noche iremos a ver a tus amigos. ¿Has vuelto a ver a Judas?”.
“No, Maestro. Pero me ha mandado comida y dinero. Yo se lo he dado a los pobres. Me había dicho que podía usarlo porque era suyo”.
“Es verdad. Juan, mañana vamos hacia Galilea...”.
“Esto me alegra, Maestro. Pienso en Simón Pedro. ¡Con qué ansia te esperará! ¿Pasaremos también por Nazaret?”.
“Sí, y allí esperaremos a Pedro, a Andrés y a tu hermano Santiago”.
“¡Oh!, ¿nos quedamos en Galilea?”.
“Sí, durante un tiempo”.
Se le ve contento a Juan. Y todo cesa aquí, en este momento de felicidad de Juan.

Continúa...
 

LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD (18)

Continuamos con la publicación del Capítulo 18 del libro “La Reina del Cielo”, escrito por la Sierva de Dios Luisa Piccarreta, Hija Pequeña de La Divina Voluntad.


Esta obra de Luisa-Piccarreta que fue publicada por primera vez el año 1930, consta de treinta y un Meditaciones que serán publicadas -Dios mediante- cada cinco días.

DECIMA OCTAVA MEDITACION

La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Sol que nace y que asciende hacia los esplendores del medio día. El Verbo Eterno en medio de nosotros.

EL ALMA A SU MAMA REINA:

Dulcísima Mamá, mi pobre corazón siente la inmensa necesidad de confiar sus secretos a tu corazón materno. Escucha, Mamá: al considerar los grandes prodigios que obró en Ti el FIAT Divino, veo que no tengo fuerza para imitarte, pues soy pequeña y débil y la lucha tremenda de mi existencia no me deja más que un hilo de vida.

Mamá, cómo quisiera volcar mi corazón en el tuyo para hacerte sentir las penas que me amargan y el temor que me tortura por no poseer la fuerza para cumplir la Divina Voluntad. Ten piedad de mí, escóndeme en tu Corazón y yo olvidaré todos mis males para tener presente únicamente el deber que tengo de vivir de Voluntad Divina.

LECCION DE LA REINA DEL CIELO:


Hija querida, no temas, confía en tu Mamá, vuelca todo en mi Corazón y Yo tendré en cuenta todas las cosas, seré tu Mamá y no sólo cambiaré tus penas en luz, sino que además servirán para extender los confines del Reino de la Divina Voluntad en tu alma. Para lo cual haz ahora todo a un lado y escúchame, porque quiero hacerte conocer lo que obró mi pequeño Rey Jesús.

Conforme su Humanidad, unida hipostáticamente a la Divinidad, iba creciendo, mi seno materno se hacía más estrecho, oscuro y sin ninguna rendija por donde entrara la luz, así que Yo veía a mi Jesús inmóvil, envuelto en una noche profunda. ¿Sabes tú qué le formaba esta oscuridad tan intensa? Era la voluntad humana en la cual el hombre voluntariamente obraba; esto formaba dentro de El otros tantos abismos de tinieblas por cuantos pecados el hombre cometía y era en tal forma incapaz de hacer el bien.

Mi amado Jesús para poner en fuga las tinieblas de esta oscura noche, en la cual estaba el hombre metido y obraba, quedó prisionero en el seno de su Mamá y voluntariamente sufrió la inmovilidad de nueve meses.

Querida mía, ¿quién podrá describirte lo que mi pequeño Jesús sufrió estando en mi Seno encerrado? Sus penas fueron inauditas e indescriptibles, pues siendo Dios y hombre a un tiempo y dotado de plena razón, por puro amor hacía como a un lado los océanos infinitos de alegría, de felicidad, de luz de su Divinidad para sumergir a su Humanidad en los mares de tinieblas, de amarguras, de infelicidad y de miseria que le habían preparado las criaturas y que ahora El se las echaba en las espaldas como si fueran propias.

Hija mía, el verdadero amor nunca dice “basta”, no le importan las penas, sino que por medio de ellas busca al que ama y solamente está satisfecho cuando ofrece la propia vida para salvar la vida del amado.

Observa entonces el gran mal que haces cuando haces tu voluntad. No sólamente preparas la noche a tu Jesús y a ti, sino que también formas en ti mares de amargura, de infelicidad y de miseria que te confunden y de los cuales tú misma no sabes cómo salir. Por ésto, debes estar atenta, hazme feliz y repíteme muy a menudo que quieres vivir exclusivamente de la Voluntad del Señor.

El pequeño Jesús entre espasmos de amor se encontraba ya para salir a la luz; sus ansias, sus suspiros, sus ardientes deseos, que eran los de abrazar al hombre, de mostrarse a él y mirarlo para raptarlo en sí, no le daban descanso y así como un día El se había puesto a la vista a las puertas del Cielo para encerrarse en mi seno, así ahora, de este mi seno, que se había convertido en su cielo, El estaba como a la vista para venir en medio de las criaturas.

El sol del Verbo Eterno se disponía a levantarse en el horizonte al mundo, para luego formar su pleno medio día y así poner definitivamente fin a la noche, al alba y a la aurora con su esplendor incomparable.

Tu Mamá sentía que no podía contenerlo más dentro de Ella; mares de luz y de amor me inundaban... y como dentro de un mar de luz lo concebí, así dentro de un mar de luz nació de mi vientre.

Querida hija, para quien vive de Voluntad Divina todo es claridad y todo se convierte en luminosidad. Era en estos deslumbrantes esplendores donde Yo esperaba ansiosa de abrazar a mi Jesús. En cuanto salió a la luz, Yo sentí sus primeros respiros amorosos; luego el Angel del Señor Lo puso en mis brazos y Yo Lo estreché fuertemente, le di mi primer ternísimo beso de Madre y por vez primera recibí el suyo con emoción infinita.

EL ALMA:

Mamá Santa, ¡oh, cómo fuiste afortunada, Tú eres verdaderamente bendita entre las mujeres! ¡Ah, te pido, por las alegrías que tuviste al estrechar a Jesús en tu regazo y al ofrecerle tu primer beso, que me cedas por algunos momentos a tu Tesoro entre mis brazos, pues tengo prisa de prometerle solemnemente que lo quiero amar siempre y de asegurarle que no quiero conocer ninguna otra cosa en el mundo sino solamente a su adorable y Divina Voluntad!

PRACTICA:

Para honrarme vendrás a besar los piecitos al Niño Jesús, y para consolarlo le entregarás tu voluntad en sus manitas.

JACULATORIA:


Madre mía, encierra en mi corazón al Niño Jesús para que El reine en mí con su Divina Voluntad.

Continúa...

5 DE FEBRERO: SANTA ÁGUEDA, V. y MR.

Santa Águeda, Virgen y Mártir

 ( 251)

Esta santa es venerada tanto por la Iglesia griega como por la latina; y aunque sus Actas originales no se han conservado, muchos hechos bien autenticados acerca de su martirio se encuentran en los Bollandistas, Surius y otros. 

De Victorias de los Mártires, por San Alfonso de Ligorio.

Ella era nativa de Sicilia y descendía de una familia noble y opulenta. Estas circunstancias, sumadas a su extraordinaria belleza, inflamaron a Quintiano, un hombre de dignidad consular, con tanto amor por ella, que resolvió obligarla a convertirse en su esposa.

Una vez publicados los edictos del emperador Decio contra los cristianos, ordenó que Águeda fuera arrestada como cristiana y conducida a Catania, donde residía entonces. La santa virgen, habiendo escuchado el pregón contra los cristianos, se retiró a un lugar solitario para evitar las trampas de Quintiano, del cual había recibido alguna insinuación. Los emisarios del gobernador, sin embargo, descubrieron su escondite, y después de haber sido arrestada, oró de la siguiente manera: 

“Oh Jesucristo, Señor de todas las cosas, tú ves mi corazón y conoces mi deseo, que es poseerte sólo a Ti, ya que me he consagrado enteramente a Ti. Protégeme, querido Señor, de este tirano, y permíteme vencer al diablo, que tiende trampas para mi alma”.

Cuando la santa fue presentada ante Quintiano, para vencer más fácilmente su pudor, fue entregada a Afrodisia, una mujer abominable que, junto con sus hijas, profesaba públicamente la inmodestia. En su infame casa, la santa sufrió una tortura mayor de la que podía permitirse en el calabozo más oscuro y fétido. Todas las artes de Afrodisia y sus cómplices fueron aplicadas incesantemente, para inducir a la santa a cumplir los deseos de Quintiano; pero Agueda, que desde su infancia había sido consagrada a Jesucristo, estaba capacitada por su gracia divina para vencer todos sus intentos. Quintiano, habiendo sido informado de que los esfuerzos de Afrodisia durante todo un mes habían sido empleados en vano, ordenó que la santa fuera llevada nuevamente ante él.

Él la reprendió, que, siendo una mujer libre y noble, se había dejado seducir por la humilde servidumbre de los cristianos. La santa virgen confesó valientemente que era cristiana y que no conocía nobleza más ilustre ni libertad más real que ser sierva de Jesucristo. Para que el gobernador entendiera cuán infames eran las deidades que adoraba y deseaba que ella adorara, ella le preguntó si le gustaría que su esposa fuera una prostituta, como Venus, o que él mismo fuera considerado un adúltero incestuoso como Júpiter. Quintiano, irritado por su reprimenda, ordenó que la golpearan y la llevaran a prisión. Al día siguiente la llamaron de nuevo y le preguntaron si había decidido salvar su vida. Ella respondió: "Dios es mi vida y mi salvación".

El gobernador luego la sometió a tortura; pero al darse cuenta de lo poco que la afectaba, ordenó que le cortaran los pechos, lo que fue ejecutado con una crueldad bárbara. Quintiano luego envió a la santa a prisión, ordenando que sus heridas se dejaran desnudas, para que pudiera morir bajo la tortura. Pero a la medianoche San Pedro se le apareció en una visión, curó perfectamente sus heridas y la liberó de todo dolor: durante toda esa noche apareció en el interior de la prisión una luz tan resplandeciente que los guardias huyeron despavoridos, dejando abierta la puerta de su mazmorra, para poder escapar, como le aconsejaron los demás prisioneros, pero que no estaba dispuesta, como decía, a perder por huida la corona que le preparaban en el cielo.

San Pedro sana las heridas de Santa Águeda

Quintiano, nada conmovido por su curación milagrosa, pero al contrario más irritado, al cabo de cuatro días ideó nuevos tormentos para la santa. Ordenó que la hicieran rodar sobre baldosas rotas, mezcladas con carbones encendidos; pero lo soportó todo con constancia; y mientras el tirano planeaba nuevos tormentos, la santa, percibiendo que su vida llegaba a su fin, hizo la siguiente oración: “Oh Señor, mi Creador, que me has preservado desde mi infancia, me has dado fuerzas para vencer estos tormentos y me has quitado el amor del mundo, recibe ahora mi alma. Es hora de que por fin pase de esta vida miserable al fruto de tu gloria”. Justo cuando terminó estas palabras, expiró tranquilamente y fue a unirse a Dios, a alabarlo y amarlo por siempre. Esto sucedió en 251.


Del Canon de la Misa después de la Consagración, quinto recuerdo.

P: A nosotros, pecadores, también, Tus siervos, que ponemos nuestra confianza en la multitud de Tus misericordias, concédete conceder alguna parte y comunión con Tus santos apóstoles y mártires; con Juan, Esteban, Matías, Bernabé, Ignacio, Alejandro, Marcelino, Pedro, Felicitas, Perpetua, Agatha, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia y con todos Tus santos. Te rogamos, nos admitas en su compañía, no ponderando nuestros méritos, sino perdonando gratuitamente nuestras ofensas: por Cristo nuestro Señor. Amén


miércoles, 4 de febrero de 2026

PREVOST NOMBRA NUEVO “OBISPO” PRO ANTICONCEPCIÓN EN FILIPINAS

El falso papa Prevost ha nombrado “obispo” de Kalibo a Cyril Villareal, “sacerdote” de la archidiócesis de Capiz (Filipinas).


Nacido en 1974 y ordenado “sacerdote” en 2001, Villareal se ha desempeñado en los últimos años como instructor de seminario (2012-2016), rector de la catedral (2016-2018), vicario general (2016-2021), administrador diocesano (2021-2023) y párroco (desde 2023).

Según informó Catholic Culture, en su tesis de 2011 para el grado de magister en teología de la Universidad de Viena, Villareal habló de sus dificultades para atender a parejas católicas que recurrían a la anticoncepción. En la conclusión de su tesis, preguntó: “¿No puede la Iglesia actualizar su enseñanza sobre la moral sexual a la luz de los grandes cambios que han afectado a nuestra sociedad?” (pág. 115), y añadió: “No pretendo ir en contra de esta Iglesia. Solo deseo que presente una enseñanza razonable para su pueblo(págs. 115-116).

Parte 1 de su tesis (2000)

La tesis de 2011 es una compilación de dos documentos: la republicación de su tesis de licenciatura anterior de la Universidad de Santo Tomás en Filipinas (2000) y una nueva segunda parte, Current Views on Marriage and Sexuality (Visiones actuales sobre el matrimonio y la sexualidad).

En su tesis de licenciatura, Villareal buscó una nueva forma de expresar el contenido de la enseñanza católica sobre la moral sexual. Propuso “una nueva forma de ver la moral sexual a través del amor trinitario y ya no desde la perspectiva de la ley natural” (pág. 3). Explicó:

¿Se ha vuelto irrelevante para muchos la enseñanza de la Iglesia sobre la moral sexual? ¿Qué se podría hacer si la Iglesia realmente ha caído en tal aprieto? ¿Debe cambiar sus enseñanzas? ¡Por supuesto que no! Puede que a muchos les guste o no, pero la Iglesia va por buen camino al enseñar con coherencia que el sexo tiene su lugar propio en el contexto de la institución estable del matrimonio, pues debe entenderse como un medio para profundizar el amor mutuo, más que cualquier otra cosa. Si bien la Iglesia no puede cambiar su enseñanza, es evidente la necesidad de cambiar su forma de expresarla, abordándola en el contexto de la comprensión contemporánea (pág. 11).

Parte 2 (2011)

Sin embargo, en la segunda parte de su tesis de 2011, Villareal escribió que el contenido de la enseñanza católica sobre la anticoncepción “es difícil de aceptar”. Tras examinar los escritos de críticos de la enseñanza católica, Villareal expuso sus propias opiniones en su conclusión (pp. 112-116).

Por un lado, está el magisterio de la Iglesia que impone su enseñanza sobre la sexualidad, invocando el poder de la ley natural como emanación de la ley divina, y por lo tanto, divinamente aprobado, que todo acto conyugal debe estar abierto a la procreación. No tengo ningún problema con la enseñanza de que el acto sexual siempre debe realizarse dentro del matrimonio, pues la institución estable del matrimonio puede salvaguardar verdaderamente la dignidad de la sexualidad, de la persona humana y de los hijos que nacerán del acto sexual. Lo que resulta difícil de aceptar es que todo acto conyugal deba estar abierto a la procreación, una forma de decir que se le da prominencia a la procreación, a pesar de las justificaciones de la Iglesia de que dicha jerarquía de los fines del matrimonio ya fue modificada en el documento del concilio Vaticano II, Gaudium et Spes.

Villareal continuó:

Al aferrarse a estas enseñanzas, la Iglesia también pone en peligro la relación de las parejas casadas. En el matrimonio, el acto sexual es fundamental para profundizar la relación. A menudo, se practica con la intención de evitar el embarazo por diversas razones válidas, como limitaciones económicas, sociales o incluso médicas. El acto sexual es una forma de expresar el amor mutuo. Por supuesto, la Iglesia dirá que, en ese caso, deberían practicarlo cuando la mujer sea infértil. Pero parece abstracto, e incluso ilógico, retrasar el momento de la pareja para expresar su amor, ¡e incluso sus necesidades! ¿Por qué debería la Iglesia imponer la misma continencia que a los clérigos? ¿No es esta una forma de clericalizar a las parejas casadas, obligándolas a vivir como ministros ordenados? Pero, de hecho, no están ordenados y tienen un estilo de vida totalmente diferente al de los clérigos.

“Por otro lado, los laicos protestan por la dificultad de lo que la Iglesia les impone. Incluso han llegado al punto de acusar a la Iglesia de ser insensible a su situación y de ignorar sus preocupaciones. He conocido a muchos de ellos en mi ministerio sacerdotal. Y la mayoría son miembros activos de nuestra Iglesia. Por supuesto, son los más afectados porque conocen las enseñanzas de la Iglesia y eso, en cierto modo, los obliga”.

A veces, es mejor para quienes no son muy cercanos a la Iglesia, porque no tienen un conocimiento claro y, por lo tanto, pueden actuar sin culpa. Pero, como indiqué, esos miembros activos son los más afectados, y esto a menudo resulta en una especie de dicotomía en sus vidas: intentan ser buenos católicos, pero en la práctica no cumplen con la ley de la Iglesia sobre anticoncepción. Si este es el caso, ¿quién tiene la culpa? La Iglesia, como maestra, tiene su parte de culpa. En cierto modo, se puede decir que la Iglesia desarrolla y tolera esta dicotomía”.

Villareal añadió:

La gran pregunta entonces es: ¿por qué la Iglesia no puede cambiar su enseñanza sobre la sexualidad? Sin duda, muchas cosas han cambiado desde que Santo Tomás de Aquino perfeccionó la comprensión de la ley natural y su aplicación a la enseñanza sexual de la Iglesia. En el pasado, existía el problema de la alta tasa de mortalidad infantil. Por lo tanto, en ese contexto, parece lógico que la Iglesia declare que, a la luz de la ley natural, todo acto debe estar abierto a la procreación.

Pero los tiempos han cambiado. Vivimos en un mundo completamente diferente, muy distinto del de Tomás o incluso de quienes vivieron inmediatamente después. Ahora, tenemos una alta tasa de supervivencia de los bebés, y las mujeres trabajan por razones económicas, para su propia realización y en nombre de la emancipación femenina. Este cambio de entorno sin duda afecta también al número de hijos que las mujeres tendrían que tener y criar.

Verdaderamente, la pregunta en medio de este escenario resuena: ¿no puede la Iglesia actualizar su enseñanza sobre la moral sexual a la luz de los grandes cambios que han afectado a nuestra sociedad?

Hubo varios casos en los que el magisterio de la Iglesia se desvió completamente de una postura magisterial que anteriormente mantenía. Se han mencionado varios casos en este artículo. ¿Acaso no puede hacer lo mismo con respecto a la moral sexual? Sin embargo, con demasiada frecuencia, los cambios no se denominaron realmente como tales, sino como el desarrollo de una doctrina, lo que significa que, debido a la limitación de una verdad para ser captada completamente, existe la posibilidad de que aún pueda ser objeto de una formulación más nueva y clara en el futuro. Y tal proceso podría haberse aplicado a los llamados cambios en las enseñanzas magisteriales de la Iglesia. La gran pregunta, entonces, es: ¿por qué la Iglesia no puede también desarrollar su enseñanza sobre la moral sexual?

“Varios tradicionalistas dirían que permitir la anticoncepción eventualmente llevaría a tolerar y permitir el aborto. ¡Pero son dos cosas completamente diferentes! El aborto es el asesinato de un inocente y estoy muy seguro de que nunca llegará el momento en que la Iglesia lo permita ni que los teólogos apoyen su práctica”.

Probablemente, la Iglesia teme que, al cambiar su perspectiva sobre la moral sexual, sucumba al modernismo. Pero no creo que sea así. No está adoptando el modernismo ni el hedonismo, sino simplemente actualizando sus enseñanzas para adaptarlas a las realidades y experiencias de las parejas casadas.

El futuro “obispo” concluyó:

Como dije, al principio amo a la Iglesia. Esta es la razón por la que me hice sacerdote. No quiero ir en contra de esta Iglesia. Solo deseo que proponga una enseñanza razonable para su pueblo, una enseñanza que no fomente una moral de doble moral, sino que acerque a la gente a Dios.
 

EL CONCILIO DE TRENTO (17 y 18)

Publicamos la Sesión decimoséptima y decimoctava del Concilio Ecuménico de Trento continuado por el Papa Pío IV.


SESION XVII

Del Sacrosanto, Ecuménico y General Concilio de Trento, que es la I celebrada en tiempo del Sumo Pontífice Pio IV en 18 de enero de 1562.

Decreto sobre la celebración del Concilio

¿Convenís en que a honra y gloria de la santa e individua Trinidad Padre, Hijo y Espíritu Santo, para aumento y exaltación de la Fe y Religión Cristiana, se celebre el Sagrado, Ecuménico y General Concilio de Trento, congregado legítimamente en el Espíritu Santo, desde el día de hoy que es el 18 de enero del año del nacimiento del Señor 1562, día consagrado a la Cátedra en Roma del Príncipe de los Apóstoles San Pedro, removida toda suspensión, según la forma y tenor de la Bula de nuestro Santísimo Padre Pio IV, Sumo Pontífice; y que se traten en él con el debido orden las cosas que a proposición de los Legados y Presidentes parezcan conducentes y oportunas al mismo Concilio para aliviar las calamidades de estos tiempos, apaciguar as disputas de religión, enfrenar las lenguas engañosas, corregir los abusos y depravación de las costumbres y conciliar la verdadera y cristiana paz de la Iglesia? Respondieron: Así lo queremos.

Asignación de la Sesión siguiente

¿Convenís en que la próxima futura Sesión se haya de tener y celebrar en la feria quinta después del segundo domingo de Cuaresma, que será el día 26 de febrero? Respondieron: Así lo queremos.

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SESION XVIII

Que es la II celebrada en tiempo del Sumo Pontífice Pío IV
en 26 de febrero de 1562.

Decreto de la elección de libros, y de que se convide a todos al Concilio por un salvoconducto.

El Sacrosanto, Ecuménico y General Concilio de Trento, congregado legítimamente en el Espíritu Santo y presidido de los mismos Legados de la Sede Apostólica, confiado no en las fuerzas humanas sino en la virtud de Nuestro Señor Jesucristo, que prometió había de dar a su Iglesia voz y sabiduría (Luc. 21); entiende principalmente en restablecer ya a su pureza y esplendor la doctrina de la Fe Católica, manchada y obscurecida en muchas provincias con las opiniones de tantos que entre sí discordan; en reducir a mejor orden de vida las costumbres que han decaído de su antiguo estado, y en convertir el corazón de los padres a los hijos, y el de los hijos a los padres (Luc. 1). Y habiendo reconocido ante todas cosas, que se ha aumentado excesivamente en estos tiempos el número de libros sospechosos y perniciosos, en que se contiene y propaga por todas partes la mala doctrina; lo que ha dado motivo a que se hayan publicado con religioso celo muchas censuras en varias provincias, y en especial en la santa ciudad de Roma, sin que no obstante haya servido de provecho alguno medicina tan saludable a tan grande y perniciosa enfermedad; ha tenido por conveniente, que destinados varios Prelados para este examen, considerasen con el mayor cuidado qué medios se deban poner en ejecución respecto de dichos libros y censuras; e igualmente que diesen cuenta de esto a su tiempo al mismo Santo Concilio, para que este pueda con mas facilidad separar las varias y peregrinas doctrinas, como cizaña (Mat. 43), del trigo de la verdad cristiana, y deliberar y decretar mas cómodamente en esta materia lo que le pareciese mas oportuno para quitar escrúpulos de las conciencias de muchas personas y extirpar las causas de muchas quejas. Quiere pues, que todas estas cosas lleguen a noticia de todos, como en efecto las pone por medio del presente Decreto, para que si alguno creyese tener algún interés, ya sea en las materias respectivas a los libros y censuras, ya en las demás que ha manifestado se han de tratar en este Concilio General, no dude que el Santo Concilio le escuchará benignamente. Y por cuanto el mismo Santo Concilio desea íntimamente y pide con eficacia a Dios todo cuanto conduce a la paz de la Iglesia (Psalm. 121), para que reconociendo todos esta madre común en la tierra (Isa. 49), que no puede olvidar los que ha parido, glorifiquemos unánimes y a una voz a Dios (Rom. 15), Padre de Nuestro Señor Jesucristo; convida y exhorta por las entrañas de misericordia del mismo Dios y Señor nuestro, a todos los que no son de nuestra comunión a la reconciliación y concordia, y a que concurran a este Santo Concilio, abracen la caridad (Col. 3) que es el vínculo de la perfección y presenten rebosando en sus corazones la paz de Jesucristo, a la que han sido llamados como miembros de un mismo cuerpo. Oyendo pues esta voz, no de hombres, sino del Espíritu Santo (Psalm. 34. et Hebr. 3), no endurezcan su corazón, sino abandonando sus opiniones (Efes. 4. Rom. 15), y no adulándose a sí mismos, recuerden y se conviertan con tan piadosa y saludable reconvención de su madre; pues así como el Santo Concilio les convida con todos los obsequios de caridad, con los mismos les recibirá en sus brazos.

Ha decretado además de esto el mismo Santo Concilio, que se pueda conceder en Congregación General el salvoconducto y que tendrá la misma fuerza y será del mismo valor y eficacia que si se hubiese expedido y decretado en Sesión pública.

Asignación de la Sesión siguiente

El mismo Sacrosanto Concilio de Trento, congregado legítimamente en el Espíritu Santo, y presidido por los mismos Legados de la Sede Apostólica, establece y decreta que la próxima futura Sesión se ha de tener y celebrar en la feria quinta después de la Sagrada Festividad de la Ascensión del Señor, que será el día 14 del mes de mayo.
 
Salvo-conducto concedido a la nación Alemana; y expedido en la Congregación General del 4 de marzo de 1462

El Sacrosanto, Ecuménico y General Concilio de Trento, congregado legítimamente en el Espíritu Santo y presidido de los mismos Legados, a todos en general hace fe, que por el tenor de las presentes, da y concede plenamente a todos, y a cada uno de los sacerdotes, etc. Conforme en todo lo demás al antecedente, pág. 179.

Extensión del Salvo-conducto a las demás naciones

El mismo Sacrosanto Concilio, congregado legítimamente en el Espíritu Santo y presidido de los mismos Legados a latere de la Sede Apostólica, concede pública seguridad o Salvo-conducto, en la misma forma, y con las mismas palabras con que se concede a los Alemanes, a todos y a cada uno de los demás que no son de nuestra comunión, de cualesquier reinos, naciones, provincias, ciudades y lugares que sean, en los que se predica, o enseña, o se cree pública e impunemente o contrario de lo que siente la Santa Iglesia Romana.

Continúa...

  

CARDENAL PIE, OBISPO DE POITIERS, MAESTRO DE PAPAS

Quiero poner como ejemplo al Obispo de Poitiers, sobre lo que puede hacer un Obispo, uno solo, cuando toma en serio su condición de Sucesor de los Apóstoles, y no se autolimita en un corporativismo episcopal que, en tiempos de crisis, puede ser muy lamentable.

Po el padre José María Iraburu


Los seminarios de Saint-Sulpice, donde Pie se formó –en el de París, concretamente–, daban una buena formación espiritual y cultural; pero entre los profesores algunos eran de tendencia galicana, otros ultramontana. Y la enseñanza doctrinal era ecléctica, ciertamente no tomista, y de escasa calidad.

Católico romano, no galicano. La mayoría de los obispos de Francia eran en aquel tiempo de tendencia más o menos acentuadamente galicana. El galicanismo estimaba que las bulas de los Papas no obligaban en ninguna diócesis de Francia sino después de ser aprobadas por el Gobierno y promulgadas por los obispos. Durante el Concilio de Trento fue precisamente la presión del episcopado francés la que impidió la definición del primado del Papa. En 1682, a petición de Luis XIV, la Asamblea General del Clero proclamó “los cuatro principios del galicanismo”, que resumo con poca precisión muy brevemente: Pedro y Pablo y sus sucesores recibieron una potestad espiritual, pero no civil; los Concilios son superiores al Papa; los Cánones Eclesiásticos son válidos, pero también obligan las tradiciones de la Iglesia de Francia; el Papa no es infalible sin el consentimiento de la Iglesia. Esos cuatro principios fueron condenados por Alejandro VIII, y también por Inocencio XI. Y en 1693 Luis XIV se vio obligado a retirarlos, pero la doctrina galicana nunca fue abjurada y de hecho siguió vigente hasta el Concilio Vaticano I.

Amigo de Dom Guéranger

Una de las miserias más graves del galicanismo era que casi todas las Diócesis francesas, al menos las más importantes, tenían su liturgia propia o la tomada de alguna otra Diócesis, teniendo cada liturgia su propio misal y breviario. Dom Guéranger, en el segundo volumen de sus Instituciones litúrgicas (1841) denunciaba las liturgias particulares diocesanas, permitidas o promocionadas por los obispos, en las que no pocas veces iban implicados errores galicanos, jansenistas y antirromanos. Y recordaba a todos –a todos los obispos también, claro– que el Concilio de Trento y el Papa Pío V habían ordenado que se estableciera la liturgia romana en toda la Iglesia latina, y que en todas las Iglesias de Europa se había obedecido, menos en Francia.

El libro de Dom Guéranger recibió algunos apoyos, pero fue atacado con gran violencia por no pocos Obispos y escritores franceses. Uno de ellos escribía en la Revue ecclesiastique

“¿No van a servir para nada tantas victorias conseguidas en los siglos pasados contra la omnipotencia papal? Siguiendo el mal ejemplo de otras naciones, Francia va cediendo poco a poco ante la idea seductora de una unión más perfecta con el centro de la cristiandad. Es una tendencia que arrastra a las Iglesias nacionales a renunciar a sus derechos consuetudinarios y a sus tradiciones religiosas para ponerse bajo la dependencia absoluta de Roma… Muchos de los obispos se callan y otros dan su plena aprobación a ese movimiento de deserción”. 

La batalla fue durísima, y escasa la ayuda de Roma, que estaba conforme con Dom Guéranger, pero que temía perder la unidad con los obispos de Francia.

Cuando se estableció la II República (1844-1848), claramente anticlerical, trajo sin embargo ciertas libertades que para la Iglesia fueron beneficiosas. Entre ellas, autorizó a celebrar Concilios provinciales durante un año, y se celebraron doce inmediatamente (1849-1850), llegándose en casi todos ellos al acuerdo de asumir la liturgia romana. En pocos años más –fue un milagro–, el rito romano era aceptado por fin en las diócesis de Francia. El Señor obró este milagro muy especialmente a través de Dom Guéranger, y gracias al apoyo decidido de algunos Obispos valientes, como el de Poitiers. Ambos fueron sin duda los instrumentos principales elegidos por Dios para la romanización de la Iglesia en Francia y para la superación del galicanismo. Los dos estaban unidos por una gran afinidad espiritual y amistosa. Y a Mons. Pie le correspondió el honor de predicar en Solesmes la Oraison funèbre du T. R. P. Dom Prosper Guéranger, abbé de Solesmes (4-IV-1875).

Católico y tomista, que no es poca cosa, y más en su tiempo

En los Seminarios franceses, también en los de Saint Sulpice, no se seguía a Santo Tomás, el cual ha sido prescrito durante tantos siglos por Papas y Concilios como guía principal en los estudios filosóficos y teológicos (cf. también en el Vaticano II, OT 16; Código Derecho Canónico c. 252,3). Por el contrario, se proponían entonces sistemas filosóficos diversos, precarios y extraviados. Pie era capaz de ver estas deficiencias, y por su empeño personal trató de superarlas, sobre todo siendo ya sacerdote. Estudió por su cuenta lo mejor que pudo la Sagrada Escritura, los Padres principales de la Iglesia, y concretamente a Santo Tomás. Él, como también su amigo Dom Guéranger, entendieron perfectamente que para enfrentar y superar la avalancha de errores filosóficos y teológicos vigentes en aquel siglo, no solo en el mundo sino también dentro de la Iglesia, eran necesarios hombres de fe que estuvieran bien formados en las grandes verdades católicas. Con este fin Mons. Pie multiplicó sus escritos y conferencias, celebró veinte Sínodos diocesanos en sus treinta años de Obispo, y fundó en Poitiers en 1875 la Facultad de Teología, encomendando la docencia a la Compañía de Jesús, que había de enseñar, como venía haciéndolo durante tres siglos en el Colegio Romano, según la ortodoxia católica y el magisterio de Santo Tomás. En una conferencia decía a sus sacerdotes:

“Santo Tomás ha faltado a nuestros contemporáneos, incluso a aquellos mismos que lo nombran con respeto, que le toman, cuando es necesario, algunos textos sueltos, pero que no lo han frecuentado para conocerlo, y para quienes tanto su doctrina como su método permanecen como un libro sellado. La filosofía, en particular, no ha sabido sino extraviarse desde que no lo tuvo por guía, y no volverá a ser digna de ella misma sino retomando sus huellas durante tanto tiempo abandonadas” (II,576). Esta revalorización del tomismo sería más tarde impulsada por León XIII.

Reprueba la Vie de Jésus de Renan

El prestigioso historiador, filólogo y filósofo Joseph Ernest Renan (1823-1892), publicó en 1863 La vida de Jesús, una obra racionalista y liberal, muy erudita y literariamente atrayente, en la que negaba el carácter divino de Jesucristo y de la Iglesia, y con la que colaboró en su tiempo muy eficazmente a la causa de la descristianización de Francia y de Europa. En medio de un silencio episcopal generalizado, el Obispo de Poitiers se atrevió a condenar públicamente esta obra en el mismo año de su publicación (Oratio sinodalis, qua condemnatur liber cui titulos: Vita Iesu, auctore Ernest Renan, etc., IX Sínodo diocesano, 1863) .

En esta acción valiente el Obispo de Poitiers actuó solo, cumpliendo con su deber de Obispo-vigilante. No tuvieron muchos apoyos episcopales Atanasio o Hilario cuando combatieron el arrianismo, ni tampoco los tuvo San Agustín, obispo de la pequeña diócesis de Hipona, cuando combatió las doctrinas de su contemporáneo Pelagio. Tampoco los tuvo el obispo de una pequeña diócesis de España cuando a fines de 2007 publicó su escrito El libro de Pagola hará daño. Pues bien, el Obispo de Poitiers, siguiendo el ejemplo de los santos Pastores, alertó a sus fieles de los gravísimos errores de esta obra de Renan, impidiendo que el lobo hiciera estragos en su rebaño. Esto, como era de prever, le atrajo a Mons. Pie un alud de críticas despiadadas, a las que él se mostraba invulnerable:

“Vosotros me habláis de mis pruebas personales. Sería quizá presuntuoso decir que esas pruebas me son dulces, me son queridas. Un obispo que no bebe en el cáliz de su Maestro, ni en el del Jefe visible del episcopado, podría preguntarse con inquietud si es verdaderamente discípulo de Cristo, si es defensor suficientemente esforzado del Vicario de Cristo” (II,154).

Unido a Pio IX en el combate contra los errores modernos

El Obispo de Poitiers, en 1854, le comunicaba a Dom Guèranger: “Voy a escribir sobre el tema de los errores contemporáneos. Oigo en mí una voz clara de la conciencia pidiéndome que aborde ante todo la necesidad del sobrenaturalismo” (I,536). El ambiente espiritual y doctrinal en Francia, también en no pocos obispos y profesores de teología, apestaba a naturalismo y liberalismo, pues había invadido todas las esferas más altas de la nación. “París es malo hasta en sus buenos” (I,537). Ya en Roma se estaban preparando textos que, recogiendo las enseñanzas de Pio IX, señalaran y refutaran los errores de la época, y que salieron a la luz en 1864, la encíclica Quanta cura y el Syllabus o colección de los errores modernos. Para la elaboración de textos tan importantes, fueron consultados algunos Obispos más señalados por su calidad doctrinal, entre ellos Mons. Pie, que ya había celebrado un Sínodo diocesano sobre ese mismo tema y con ese mismo título.

En efecto, prólogo inmediato a los grandes documentos citados del Papa Pío IX fue la Troisième instruction synodale de Mgr. l’évêque de Poitiers à son clergé diocésain, assemblé pour la retraite et le synode (julliet 1862 et août 1863) sur les principales erreurs du tempos présent. En su instrucción Mons. Pie rechaza con energía el falso Cristo presentado por autores, a veces pretendidamente católicos, enfermos mentales de naturalismo, racionalismo y de historicismo crítico. Y denuncia a quienes, al mismo tiempo, propugnan una ética sin Cristo, sin fe, sin Iglesia, sin sacramentos, sin la gracia divina. Escribe Pie citando las palabras de un enemigo de la Iglesia: 

“una liga europea se ha formado con el fin confeso de componer un cuerpo de ejército que pueda resistir gloriosamente a las doctrinas que la Revelación quiere imponer al espíritu humano” (I,619-620). 

En efecto, la literatura y el teatro, la novela y los diarios, todo se unía en un frente naturalista que procuraba cerrar la sociedad a todo influjo de lo sobre-natural, es decir, de la gracia del Salvador.

Como era de prever, volvió a caer sobre Mons. Pie una avalancha de duras críticas, procedentes también de los católicos liberales, especialmente de los políticos, y entre ellas estaba una carta del Ministro de Cultos, transmitiéndole el disgusto del emperador. Ya Napoleón III lo había mandado llamar después de una carta sinodal publicada con tesis semejantes en 1855. Pero estas impugnaciones, en lo personal más íntimo, no hacían sobre el Obispo de Poitiers un efecto mayor que el ataque de un mosquito.

Maestro de varios Papas

Hubo entre el Obispo de Poitiers y el Papa Beato Pío IX, como hemos visto, una colaboración personal y una gran coincidencia de pensamientos, concretamente en todo lo referente a la descripción y refutación de los errores modernos. Y la contribución de Pie al Concilio Vaticano I, sobre todo en el dogma de la infalibilidad pontificia fue, entre los Obispos franceses, quizá la más importante.

También León XIII, Papa (1878-1903), que creó Cardenal al Obispo de Poitiers (1879), recogió a veces, en citas implícitas, textos suyos.

Uno de los “plagios” pontificios más notables fue sobre aquel texto de Pie: “Hubo durante mucho tiempo, en el seno de la sociedad humana y fuera del claustro, un mundo que se mantenía sinceramente cristiano. Hubo durante mucho tiempo, en todas las condiciones y estados de la vida”, etc. (III,629-630). León XIII, con la misma intención apologética, escribió en la encíclica Immortale Dei (1885, n.28): “Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados”, etc. Si se comparan completos ambos textos, se advierte un gran paralelismo doctrinal.

El magisterio de Mons. Pie, después de su muerte, influyó también notablemente, a medio siglo de distancia, sobre San Pío X, Papa (1903-1914). Un artículo de Fr. Nicholas Pinaud, Pius X and Cardinal Pie (23-X-2006) recoge en doble columna textos paralelos, en los que San Pío X hace suyos o parafrasea párrafos enteros del Cardenal Pie. Es muy notable.

La devoción de Pío X por Pie venía de bastantes años antes. Cuando Mons. Sarto se aplicó al aprendizaje del francés, leyó con gran atención las obras del Obispo de Poitiers, llegando a decir: “es mi maestro”. Él también, siendo Obispo de Mantua, convocó varios sínodos diocesanos, y renovó la diócesis en nueve años, siguiendo los ejemplos de Mons. Pie. Ya siendo Papa, al recibir la visita de un sacerdote de Poitiers, ordenado por Mons. Pie, le felicitó por tal hecho, y mostrándole su biblioteca personal, le mostró las Obras completas del Obispo de Poitiers, diciéndole: “hace años que no paso casi un día sin leer algunas de sus páginas”.

Otro hecho muy significativo

San Pío X, en su primera encíclica E supremi apostolatus, de 1903, expresó como intención y lema fundamental de su pontificado Restaurar todas las cosas en Cristo. Y Mons. Pie, en 1849, al tomar posesión de la sede de Poitiers, había escrito a sus diocesanos: “Si hubiera de dar una consigna, sería ésta: Restaurar todas las cosas en Cristo”.
  

4 DE FEBRERO: SAN ANDRÉS CORSINO, OB. y CONF.


San Andrés Corsino, Obispo y Confesor

(✝ 373)

El bienaventurado Fray Andrés Corsino fue natural de Florencia, y descendiente de la noble familia de los Corsinos. El día antes de que naciese, soñó Peregrina, su madre, que paría un lobo el cual, entrando en la iglesia, poco a poco se convertiría en cordero, y aunque no entendió lo que aquel sueño pronosticaba, siempre estuvo con recelo y guardó el secreto hasta su tiempo.

Encaminaban los piadosos padres a su hijo a la virtud y buenas letras, como a hijo que era de oraciones, pero apenas había entrado Andrés en los años de mocedad, cuando comenzó a llevar una vida desbaratada, huyendo del estudio y de la virtud, dándose a deshonestos placeres y juegos y entretenimientos dañosos, riñas, pendencias, y al desperdicio de la hacienda de sus padres y poniéndose cada día en peligro de perder el alma y el cuerpo.

Todas estas cosas eran clavos y puñales que atravesaban con increíble dolor las entrañas de sus padres. Pero llegó un día en que habiendo estado muy descomedido e insolente con su madre, ella le dijo: Verdaderamente que eres tú aquel lobo carnicero e infame, que yo soñé había de dar a luz.

A estas palabras Andrés quedó atónito, y como quien despierta de un gran sueño rogó a su madre que le declarase qué lobo y sueño era aquel que le decía. Y fueron de tal eficacia las palabras de la santa madre, que el hijo se compungió y al día siguiente se fue al convento de Nuestra Señora del Carmen a hacer oración delante del altar de la Virgen, y pidió de rodillas el hábito de aquella Sagrada Orden, con grande gozo de sus padres que le habían ofrecido a la Virgen Santísima.

¿Quién no se maravillará de la asombrosa mudanza que obró en aquel corazón la gracia divina? De allí en adelante, el lobo se tornó manso cordero, y el hijo pródigo e incorregible se hizo un gran Santo.

Dejó atrás la soberbia y la vana estima de sí mismo; domó la rebeldía de su cuerpo con ayunos, vigilias y asperezas y se esmeró tanto en las letras y virtudes, que fue elegido Prior de su convento de Florencia, y después, Obispo de Fiésoli, y Nuncio de Su Majestad en Bolonia, donde unió la nobleza y la gente popular que ardían con un incendio de discordias y bandos. 

Finalmente, después de haber salvado a innumerables pecadores y hecho muchos milagros y profecías,  estando diciendo la Misa la noche felicísima de Navidad, le apareció la Virgen Santísima y le dio las buenas pascuas; avisándole que el día de los Reyes entraría en la Jerusalén soberana a ver cara a cara al Rey de los reyes, a quien con tanta fidelidad había servido.

Y en efecto, en aquel día glorioso dio el santo su espíritu al Señor, a la edad de setenta y un años, cercada su alma con un gran resplandor, y exhalando su cuerpo un olor suavísimo.


martes, 3 de febrero de 2026

EL JURAMENTO CONTRA EL MODERNISMO VS. LA “HERMENÉUTICA DE LA CONTINUIDAD”

No importa cuántas veces se nos diga que el Vaticano II no constituyó una ruptura: el hecho es que el nuevo enfoque está en desacuerdo con el Magisterio tradicional de los siglos.

Por John Vennari


La expresión “hermenéutica de la continuidad” se puso de moda con la ascensión al trono de Benedicto XVI.

El 22 de diciembre de 2005, en su discurso a la Curia Romana, Benedicto XVI expuso el programa de su pontificado. Normalmente, un papa lo hace en su primera encíclica, pero comentaristas informados de la época observaron que Benedicto XVI pareció exponer el programa de su pontificado en este discurso del 22 de diciembre, y no en su primera encíclica.

En este discurso, quedó claro que el principio fundamental que constituiría el programa de su pontificado era el concilio Vaticano II (1).

Ratzinger dijo: “Los problemas de la recepción [del concilio] han surgido del hecho de que se han confrontado dos hermenéuticas contrarias y se ha entablado una lucha entre ellas”

“Todo depende de la correcta interpretación del concilio, -insistía- de su correcta hermenéutica, de la correcta clave de lectura y aplicación. Su afirmación básica —y esta siempre fue su afirmación como cardenal Ratzinger— es que el Vaticano II no constituyó una ruptura con la Tradición, sino que fue un desarrollo legítimo de esta. Podemos encontrar este desarrollo legítimo si abordamos el concilio mediante una hermenéutica —una interpretación— de continuidad.

Esto dio a muchos la impresión de que Benedicto XVI planeaba una restauración de la Tradición en la Iglesia.

Pero no fue así el caso. Sí, Benedicto XVI emitió el Motu Proprio que liberó la Misa Tridentina. Fue un acto de justicia por el que merece crédito, y es algo que podríamos haber adivinado que haría, incluso basándonos en sus declaraciones como cardenal Ratzinger.

Pero la hermenéutica de la continuidad no señalaba un retorno a la Tradición. Más bien, fue otro intento, ante todo, creo, de salvar el Vaticano II.

El Vaticano II fue su principio fundamental. El enfoque llamado “hermenéutica de la continuidad” no nos dio más que una nueva síntesis entre la Tradición y el Vaticano II —una síntesis entre la Tradición y el Modernismo— que no es una síntesis legítima.

Enfoque novedoso

Inicialmente, quiero centrarme en un solo aspecto que nos decía desde el principio que el enfoque de la “hermenéutica de la continuidad” no señalaba una verdadera restauración de la Tradición. Este es el término en sí. Benedicto XVI no empleó la terminología tradicional para la preservación de la Tradición, sino que inventadó una nueva expresión: “hermenéutica de la continuidad”.

Esto se debía a que su enfoque de la Tradición estaba en desacuerdo con lo que la Iglesia enseñó durante 2000 años.

Por ejemplo, Benedicto XVI nunca dijo que la respuesta a la crisis en la Iglesia era regresar a la admonición del Papa Agatón, quien dijo: “Nada de las cosas designadas debe disminuirse; nada debe cambiarse; nada debe agregarse; sino que deben preservarse tanto en cuanto a expresión como a significado” (2).

Benedicto nunca dijo que la respuesta al caos eclesiástico actual era volver a la fórmula contenida en el Juramento contra el Modernismo, que el católico está obligado a “recibir sinceramente la doctrina de la fe que los Padres ortodoxos nos han transmitido de los Apóstoles, 
SIEMPRE CON EL MISMO SENTIDO Y LA MISMA INTERPRETACIÓN (eodem sensu eademque sententia). POR ESTO RECHAZO ABSOLUTAMENTE LA SUPOSICIÓN HERÉTICA DE LA EVOLUCIÓN DE LOS DOGMAS, según la cual estos dogmas cambiarían de sentido para recibir uno diferente del que les ha dado la Iglesia en un principio” (3).

Ratzinger no podía usar esta terminología porque entraba en conflicto con la “nueva enseñanza” del Vaticano II, con la “nueva enseñanza” sobre la libertad religiosa y el ecumenismo. Esta nueva enseñanza era claramente “diferente de la que les ha dado la Iglesia en un principio (4).

Cuando el Papa San Pío X luchaba por mantener la Verdad y la Tradición Católicas, no se le ocurrió ninguna frase original en el Juramento contra el Modernismo. La terminología que empleó era la antigua terminología de la Iglesia, que se encuentra en los escritos de los Padres y está consagrada en definiciones dogmáticas infalibles que un católico debe creer para su salvación.

Ya en el siglo IV, San Vicente de Lerín explicó lo que constituye el desarrollo adecuado de la doctrina católica:

“Pero quizá algunos dirán: ¿No debe haber progreso de la religión en la Iglesia? Lo hay, ciertamente, y muy grande... Pero debe ser un progreso y no un cambio. Que, pues, la inteligencia, la ciencia y la sabiduría de cada uno de los individuos y de toda la Iglesia, en todas las épocas y en todos los tiempos, aumenten y florezcan en abundancia; pero simplemente en su propia especie, es decir, en una y la misma doctrina, una en el mismo sentido y una en el mismo juicio” (5).

La enseñanza de San Vicente de Lerín sobre la Tradición fue consagrada dogmática e infaliblemente en el Vaticano I. Esto demuestra que exactamente la misma enseñanza sobre la Tradición se mantuvo en la Iglesia durante más de 1400 años. El Vaticano I enseña en la Constitución Dogmática Filius Dei:

“Hay que mantener siempre el sentido de los dogmas sagrados que una vez declaró la Santa Madre Iglesia, y no se debe nunca abandonar bajo el pretexto o en nombre de un entendimiento más profundo

El Filius Dei del Vaticano I continúa diciendo que cualquier desarrollo auténtico en la comprensión de la doctrina debe ser “manera apropiada, esto es, en la misma doctrina, el mismo sentido y el mismo entendimiento”. Esta es la misma redacción básica de San Vicente de Lerins, sin cambios durante más de 1400 años.

Y esto, como se señaló, fue la redacción que empleó el Papa San Pío X en su Juramento contra el Modernismo, en donde el hombre que presta el juramento jura ante Dios “recibir sinceramente la doctrina de la fe que los Padres ortodoxos nos han transmitido de los Apóstoles, SIEMPRE CON EL MISMO SENTIDO Y LA MISMA INTERPRETACIÓN” (eodem sensu eademque sententia) (6)

Benedicto XVI nunca usó terminología como esta. Incluso como cardenal Ratzinger nunca empleó tal terminología. El triste hecho es que Benedicto XVI y la mayoría de nuestros líderes de la iglesia moderna ni siquiera pueden usar la terminología tradicional cuando afirman que están tratando de mantener la Tradición, sino que inventan nuevas frases: “Integración recíproca” (7) o “hermenéutica de la continuidad”.

El empleo de estas nuevas frases, junto con su obvio compromiso con los aspectos novedosos del Vaticano II como el ecumenismo (8) y la libertad religiosa, (9) nos dice que por mucho que quisiéramos que fuera cierto, Benedicto XVI no fue un “papa de la Tradición”. Él continuó con las novedosas políticas del Vaticano II. No de la misma manera improvisada que su predecesor inmediato, sino de una manera un poco más “moderada” y “refinada”, y quizás, un poco más tradicional en apariencia. Benedicto incluso intentó una mayor disciplina en algunas áreas, específicamente en asuntos litúrgicos, algo que nunca hizo Juan Pablo II.

Pero al final, en cuanto a la doctrina, siguió la nueva orientación del Vaticano II. Lo que se nos ordena en el Vaticano I y en el Juramento contra el Modernismo de creer la fe católica “en el mismo sentido y en la misma interpretación” que la Iglesia siempre enseñó, no se mencionó ni se reforzó jamás.

Por lo tanto, no importa cuántas veces escuchemos la expresión “hermenéutica de la continuidad”, no importa cuántas veces se nos diga que el Vaticano II no constituyó una ruptura: el hecho es que el nuevo enfoque del Vaticano II sobre lo que se llama ecumenismo y libertad religiosa —y, por extensión, el enfoque de Benedicto XVI sobre lo que se llama ecumenismo y libertad religiosa (10)— está en desacuerdo con el Magisterio tradicional de los siglos. Aquí no encontramos continuidad, sino ruptura.

Notas:

1) Discurso de Su Santidad Benedicto XVI a la Curia Romana ofreciendo sus saludos navideños, jueves 22 de diciembre de 2005.

2) Gregorio XVI, Mirari Vos, n.7.

3) Juramento contra el modernismo, 1910 (énfasis añadido).

4) Por ejemplo, los obispos franceses hicieron una declaración formal en la que abandonaron incluso la intención de luchar por la Realeza Social de Cristo. Los obispos de Francia afirmaron claramente en el Informe Dagens de 1997: “Sin dudarlo, como católicos, aceptamos ocupar nuestro lugar en el actual contexto cultural e institucional, caracterizado especialmente por el auge del individualismo y por el principio de laicidad. Rechazamos cualquier nostalgia por tiempos pasados ​​en los que el principio de autoridad parecía un hecho incuestionable. No soñamos con un retorno imposible a lo que se llamaba cristiandad. - Apud padre Alain Lorins, DICI, 2008: Edición del 27 de septiembre/8 de octubre.

5) Apud Fr. Edward F. Hanahoe, SA, Ecclesiology and Ecumenism (Eclesiología y ecumenismo), The American Ecclesiastical Review, noviembre de 1962, Parte II, pág. 328. (énfasis añadido)

6) Constitución Dogmática Filius Dei, Vaticano I.

7) Los nuevos conceptos de “Integración Recíproca” y “Enriquecimiento de la Fe” fueron principios clave de Juan Pablo II. Véase P. Johannes Dörmann, Pope John Paul II’s Theological Journey to the Prayer Meeting of Religions in Assisi (El viaje teológico del Papa Juan Pablo II a la Reunión de Oración de las Religiones en Asís) (Kansas City, Angelus Press, 2003), Parte II, Volumen 3, págs. 1-38.

8) Uno de los muchos ejemplos del nuevo enfoque ecuménico de Benedicto XVI. El 19 de agosto de 2005, dirigió una reunión ecuménica en Colonia, Alemania. Allí dijo respecto al ecumenismo: “...esta unidad no significa lo que podría llamarse ecumenismo del retorno: es decir, negar y rechazar la propia historia de fe. ¡Absolutamente no! No significa uniformidad en todas las expresiones de teología y espiritualidad, en formas litúrgicas y en disciplina. Unidad en la multiplicidad, y multiplicidad en la unidad. ... Para este fin, el diálogo tiene su propia contribución que hacer. Esta declaración no tiene continuidad con lo que los Papas han enseñado durante 2000 años, que los no católicos deben convertirse a la única y verdadera Iglesia de Cristo para la unidad y la salvación. Apud. Viaje Apostólico a Colonia, con motivo de la XX Jornada Mundial de la Juventud. Encuentro Ecuménico, Discurso de Su Santidad el Papa Benedicto XVI, Colonia — Arzobispado: Viernes 19 de agosto de 2005. En la página web del Vaticano (énfasis añadido).

9) El padre Yves Congar admitió abiertamente que la nueva doctrina del Vaticano II sobre la libertad religiosa supone una ruptura con el pasado. Congar afirmó: “Lo novedoso de esta enseñanza, en relación con la doctrina de León XIII e incluso de Pío XII… es la determinación del fundamento peculiar de esta libertad, que no se busca en la verdad objetiva del bien moral o religioso, sino en la calidad ontológica de la persona humana. Apud, arzobispo Marcel Lefebvre, I Accuse the Council (Yo acuso al concilio) (Angelus Press), pág. 21.

10) Para más ejemplos del novedoso enfoque ecuménico de Benedicto XVI, véase: Assisi 2012: Religious Indifferentism on Parade y Common Mission and ‘Significant Silence’ (Asís 2012: “El indiferentismo religioso en el centro” y “Misión común y 'silencio significativo'”) (sobre el enfoque de Benedicto XVI respecto al judaísmo moderno).