viernes, 17 de julio de 2026

LA PRODUCCIÓN MIGRANTE DE LAMPEDUSA

Una vez más, Lampedusa sirve de telón de fondo al Vaticano para un mensaje impulsado por los medios de comunicación, donde las imágenes eclipsaron la realidad de la migración ilegal.

Por Elizabeth Yore


Más producción que peregrinación

La gira “papal” para promover la inmigración vuelve a estar en marcha, mientras León salta de las Islas Canarias a la asediada isla de Lampedusa vendiendo su basura globalista y sentimental: “Este es un lugar donde los gestos hablan más que las palabras. Pero para que los gestos sean humanos, necesitan un corazón”.

Lampedusa, la isla italiana en el mar Mediterráneo, es el principal punto de entrada a Europa para los inmigrantes ilegales que cruzan desde el norte de África. Se presenta como el escenario perfecto para el globalismo “papal”: una isla remota transformada en telón de fondo cinematográfico para un globalismo sentimental, donde una puesta en escena cuidadosamente orquestada sustituye a las preguntas difíciles y la emoción se eleva por encima de la realidad.

Al igual que su predecesor Francisco, Leon llevó su propia gira de promoción de la migración a Lampedusa, un lugar remoto desbordado por la llegada masiva de inmigrantes ilegales procedentes de África, lo que ha creado una grave crisis humanitaria para la pequeña isla.

¿Acaso el gesto de “generosidad” de León se aplica a la Santa Sede, donde las leyes de inmigración ilegal son las más severas de Europa, con fuertes sanciones civiles y penales ? Aparentemente, no. El Vaticano mantiene su muro de piedra de 11 metros de altura, erigido hace más de 1100 años para impedir la entrada de musulmanes invasores. La Santa Sede, en sí misma, se erige como la fortaleza soberana más impenetrable, a salvo de los invasores, mientras que el resto del mundo lidia con las catastróficas consecuencias de la migración ilegal masiva.

En una muestra impactante de simbolismo de mal gusto, Robert Prevost, el primer “papa” nacido en Estados Unidos, eligió cínicamente el trascendental 250 aniversario de la fundación del país no para celebrar el extraordinario experimento de la nación en materia de leyes y libertad, sino para reprenderla por la inmigración ilegal. En un día que conmemoraba 250 años de sangre, sudor, sacrificio y perseverancia para construir y preservar esta “dulce tierra de libertad” bajo el imperio de la ley, Robert Prevost optó por denunciar la aplicación de las fronteras estadounidenses, calificando la resistencia a la inmigración ilegal como un “pecado grave”. Para muchos, el contraste no podría haber sido más chocante: una celebración de una nación soberana fundada en leyes ensombrecida por una “condena papal” de su derecho a defenderlas.

La maniobra de Prevost fue un burdo ataque político contra sus compatriotas. El mismo día en que los estadounidenses cantaban con alegría y orgullo la eterna letra de “America the Beautiful” “Confirma tu alma en el dominio propio, tu libertad en la ley”—, el pontífice nacido en Chicago optó por celebrar a quienes habían violado las leyes de inmigración. Mientras la nación honraba el vínculo indispensable entre la libertad y el estado de derecho, León dirigió sus elogios a quienes habían entrado ilegalmente al país, presentando a los infractores de la ley como “los protagonistas morales” del día.

Lampedusa no fue una misión humanitaria, sino un plató de cine montado por el Vaticano que fracasó estrepitosamente con su hipocresía. El espectáculo de compasión, meticulosamente orquestado, no fue más que teatro político, con patetismo artificial y la obsesión del director por conseguir “la toma perfecta”, que León siguió al pie de la letra. Como en toda maniobra publicitaria, el Vaticano trajo un productor, escenógrafos, camarógrafos, asistentes, fotógrafos y, por supuesto, a la inmigrante embarazada con dos hijos, explotando descaradamente a una familia africana.

La fallida película biográfica de Cecil B. DeMille del Vaticano terminó siendo un fracaso cinematográfico en Lampedusa. Las imágenes de gran angular desvelaron la ilusión cuidadosamente elaborada, revelando a un frenético equipo de relaciones públicas esforzándose por montar una sesión fotográfica que pretendía ser compasión espontánea: un espectáculo guionizado donde la imagen pública eclipsó la realidad. VEA EL VIDEO A CONTINUACIÓN:


Observen cómo el frenético equipo de prensa del Vaticano escenifica el evento político en la costa del punto de demarcación para los inmigrantes ilegales que llegan en barco. Luz, cámara, acción! Primer plano de la obligatoria breve aparición de la simpática inmigrante embarazada, a quien los funcionarios del Vaticano apartan rápidamente. Observen cómo los videógrafos y fotógrafos del Vaticano corren frenéticamente para capturar la foto perfecta de Leon de pie dramáticamente en la puerta del portal. Acto seguido: Leon camina sobre las rocas para obtener la foto perfecta, el hombre de blanco, mira dramáticamente hacia el Mediterráneo. Entonces, sin previo aviso, la Madre Naturaleza se apoderó de la silla del director. Una ráfaga repentina le arrancó el solideo blanco de la cabeza y lo hizo caer sobre las rocas. ¿Una intervención divina? O tal vez, la forma en que el Cielo le recuerda al equipo de producción “papal” que no todas las escenas pueden estar guionizadas, ya que su sombrero “voló” sin estar previsto por la producción.


Esta sesión fotográfica fue una maniobra de distracción calculada para desviar la atención de la asombrosa magnitud de la inmigración ilegal y la red de engaños que utilizan los inmigrantes para entrar ilegalmente al mundo desarrollado. Nadie se deja engañar por la propaganda globalista del Vaticano.

Los estragos y el engaño de la preciada inmigración ilegal de Prevost: crímenes evitables en Europa

El diálogo sinodal de apaciguamiento de León ignora convenientemente el costo humano de la inmigración ilegal que convulsiona Europa. El vicario no tiene en cuenta a los heridos innecesarios ni las muertes trágicas directamente relacionadas con la inmigración ilegal. En cambio, dedica mucha más atención pública a la difícil situación de los migrantes que a las víctimas de los delitos cometidos por quienes entran ilegalmente en los países. El silencio papal es ensordecedor ante el aumento vertiginoso de la delincuencia migratoria, pero clama contra las deportaciones masivas. León despotrica contra el trato severo a los inmigrantes en Estados Unidos, calificando las acciones de “inhumanas” y “sumamente irrespetuosas”, pero no dice ni una palabra sobre la delincuencia migratoria y el creciente fraude.

En junio de 2026, Leon visitó España, incluyendo el centro de demarcación de migrantes en las Islas Canarias, dedicando un sinfín de recursos papales a honrar la inmigración ilegal:

“Queridos migrantes, antes de decirles nada más, quiero rendir homenaje a su dignidad. No son solo números ni expedientes. Son personas que han dejado atrás familias y hogares. Tienen sueños que nadie tiene derecho a despreciar. Sin embargo, también quiero decirles que sus vidas deben ser protegidas” ~ León XIV

¿Rendir homenaje a su dignidad? Esto no es claridad moral. Es emocionalismo elevado a la categoría de política: una ostentación teatral de deferencia y ceguera que corre el riesgo de convertir a cada persona que llega en una víctima automática y a cada pregunta sobre identidad, credibilidad, legalidad o seguridad pública en un acto de crueldad.


Con esas palabras, León convierte la llegada de barcos repletos de inmigrantes ilegales en un espectáculo emotivo, depositando todo el peso moral de la compasión sobre los recién llegados, mientras que con demasiada frecuencia deja sin respuesta el engaño, las identidades contradictorias, las edades dudosas y las historias inverificables. 
Los controles (archivos y cifras) son condenados como si fueran inhumanos o irrazonables.

Las siguientes estadísticas delictivas reflejan una crisis de seguridad pública de proporciones alarmantes, documentando delitos graves cometidos por inmigrantes que infringen la ley contra ciudadanos nativos inocentes. La magnitud y la depravación de estos crímenes exigen atención pública urgente y una respuesta contundente por parte de los líderes políticos y morales.

La cruel realidad de la inmigración ilegal deja al descubierto la falsa rectitud de Leon y ridiculiza su arrogante manipulación psicológica.

Engaño ilegal mediante la alegación de condición de “menor de edad”

Reclamar la condición de menor en Europa, como inmigrante irregular, ofrece una amplia gama de beneficios. Esta condición proporciona apoyo de un tutor, ventajas procesales adecuadas para menores (sin detención) en materia de asilo, mayores obstáculos para la expulsión, atención integral financiada por los contribuyentes y mejores perspectivas de integración a largo plazo; beneficios que los adultos no reciben. Además, la deportación se complica considerablemente y, en muchos casos, las vías para la reunificación familiar o los permisos de residencia no están disponibles para los adultos.

Realidad: Muchos inmigrantes desaparecen de los centros de verificación de edad una vez que comienza, evitando así la confirmación de su edad real. Estas ventajas son considerables, razón por la cual el fraude de edad es endémico en la migración irregular. Los datos europeos demuestran que los inmigrantes indocumentados que llegan al país se aprovechan del sistema.

León se inclina ante mentirosos, engañadores y estafadores

ISLAS CANARIAS - VISITADAS POR LEON EL 6-11-26


Una misión de investigación del Parlamento Europeo a las Islas Canarias (donde León estuvo de visita los días 11 y 12 de junio de 2026) constató que aproximadamente el 50% de los menores no acompañados eran en realidad adultos, lo que pone de manifiesto el engaño deliberado entre un elevado número de personas que llegan de forma irregular.

Las autoridades españolas en Madrid (que León visitó para promover la inmigración) acaban de publicar pruebas del engaño masivo perpetrado por inmigrantes ilegales que llegan al país haciéndose pasar por menores. El 70 % resultan ser adultos mayores de 18 años. El medio español El Debate puso de relieve la creciente "farsa" en la gestión de las solicitudes de menores no acompañados en todo el país. Se trata de los mismos inmigrantes ilegales que llegan a España y a quienes León "rinde homenaje a su dignidad".

Los datos de la Fiscalía de Madrid correspondientes a 2024 suman a España a la creciente lista de jurisdicciones europeas donde las estadísticas oficiales confirman que la categoría de "menor no acompañado" está siendo objeto de una grave explotación. Con más de 11.000 casos gestionados solo en Madrid desde 2018 y un aumento del triple en los fraudes en un solo año, la magnitud del problema sugiere que no se trata de un caso aislado, sino de un problema estructural.

Remix News también ha documentado incidentes específicos en la propia España que se ajustan a este patrón. En un caso de Madrid, reportado en octubre de 2025, un hombre marroquí acusado de violar a una niña de 14 años afirmó tener 17; la verificación de edad determinó que probablemente tenía 23 años, con 14 condenas previas, lo que llevó a que su caso fuera transferido a un tribunal de adultos.

Fraudes asombrosos detectados en toda Europa

Francia ha documentado abusos similares en la verificación de edad. En el departamento de Marne, los análisis óseos de 240 personas que afirmaban ser menores no acompañados revelaron que el 80 por ciento (192 personas) eran en realidad adultos.


El diputado francés Charles de Courson destacó la carga financiera en un discurso parlamentario: El ochenta por ciento de los migrantes no acompañados en el departamento de Marne, en el noreste de Francia, que se declararon como tales, no son menores de edad, y el coste de atender a estos 160 falsos menores asciende a 5.000 euros al mes, lo que equivale a 60.000 euros al año por cada uno de los migrantes”.

Bélgica reportó resultados similares. Un estudio de datos del Ministro de Justicia, Koen Geens, reveló que de 4.563 migrantes que se declararon menores de edad, las autoridades dudaron de 2.546 solicitudes. Las pruebas de edad realizadas a una muestra mostraron que el 73,7% eran mayores de 18 años. El diputado flamenco Tom Van Grieken declaró sin rodeos: “A los solicitantes de asilo culpables de fraude de edad se les debe negar el derecho al asilo”.

Suecia registró una tasa aún mayor: las autoridades descubrieron que el 84% de los "menores migrantes" analizados tenían en realidad 18 años o más.

En Alemania, los exámenes forenses realizados en Münster demostraron que alrededor del 40% de los "refugiados menores no acompañados" examinados eran claramente adultos, y muchos compartían fechas de nacimiento sospechosas del 1 de enero, un indicador común de identidades falsificadas.

Migrantes y aumento vertiginoso de la delincuencia

Explosión de violaciones grupales perpetradas por inmigrantes: La participación de inmigrantes en violaciones grupales en Alemania alcanzó un máximo histórico en 2025, llegando al 53 %. Un total de 751 víctimas fueron violadas en grupo en el país. Los datos provienen de la respuesta del gobierno federal alemán a una solicitud parlamentaria de Alternativa para Alemania (AfD).


Estudios previos han demostrado que, al analizar los nombres de pila de los sospechosos de violación en grupo, un total del 75 por ciento de las violaciones en grupo son cometidas por individuos con un nombre de pila extranjero.

El elevado número de extranjeros implicados en casos de violación en grupo coincide con el creciente número de extranjeros que se han naturalizado como ciudadanos alemanes. Millones de inmigrantes también poseen doble nacionalidad y, cuando cometen violaciones, asesinatos o robos, sus delitos se registran como “alemanes” en las estadísticas federales de criminalidad.

Entre las víctimas, el 80 por ciento eran ciudadanas alemanas.

Suecia: Anteriormente conocida por tener una de las tasas de criminalidad más bajas del mundo, las peligrosas políticas de inmigración de Suecia han elevado la tasa de criminalidad a 48,0 por cada 100.000 personas, que es casi tan alta como la de Gran Bretaña (48,03); con la tasa de muertes por delitos con armas de fuego ahora la segunda más alta de Europa, y la tasa de violencia sexual denunciada (192,08 por cada 100.000 habitantes) es solo superada por la del Reino Unido. 

La población extranjera de Noruega se estima en 1.152.000 personas (20,8% de su población), pero la mayoría de estos inmigrantes son de Europa y, por lo tanto, compatibles con los noruegos. Sin embargo, alrededor de 400.000 inmigrantes son de Oriente Medio y África, que no lo son.

Los inmigrantes de Pakistán, India y Somalia representan el 30% de todos los encarcelamientos anuales en Noruega, cinco veces su proporción en la sociedad noruega . Además, suponen una amenaza para la seguridad, especialmente la de sus mujeres y niños. Los inmigrantes no europeos constituyen el 47% de todos los casos de personas que han asesinado a su pareja.

Estrecha relación entre inmigración y delincuencia en Europa

Real Clear Investigations investigó la relación entre la delincuencia y la inmigración a Europa. Los siguientes hallazgos son dignos de mención:

En los diez años comprendidos entre 2012 y 2021, unos 41 millones de personas inmigraron a la Unión Europea, y se estima que de ellas, aproximadamente 3,8 millones (más del 9%) lo hicieron de forma ilegal. La afluencia de inmigrantes a Suecia, en su mayoría legales, promedió casi 130.000 personas al año entre 2012 y 2019, antes de que el país comenzara a restringir la inmigración en 2020.

Real Clear Investigations recopiló datos sobre homicidios en la Unión Europea de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito durante 11 años, de 2010 a 2020, y los comparó con el aumento del porcentaje de la población nacida en el extranjero de cada país. Incluso teniendo en cuenta las variaciones entre países, los datos muestran que cada aumento de un punto porcentual en la población inmigrante se asocia con un aumento del 3,6 por ciento en la tasa de homicidios.


Los homicidios en la UE aumentaron aproximadamente un 8 % entre 2019 y 2020, con incrementos del 25 % en Alemania y Hungría, y del 11 % en Suecia.

En 2020, el profesor de sociología sueco Göran Adamson publicó un estudio sobre delincuencia que mostraba una relación innegable con la inmigración. El estudio concluía que, entre 2002 y 2017, el 58 % de los sospechosos de delitos en Suecia eran inmigrantes. Esta cifra aumentaba en los casos de asesinato, intento de asesinato y homicidio involuntario, donde los inmigrantes fueron identificados como sospechosos en el 73 % de los casos, y en los robos, en los que los inmigrantes fueron sospechosos en el 70 % de los casos.

Adamson declaró a RCI que, si bien los miembros de algunos grupos de inmigrantes, como los vietnamitas, eran menos propensos a cometer delitos que los suecos nativos, otros, como los procedentes de Oriente Medio y África —regiones que concentran la mayor parte de la inmigración a Suecia—, eran mucho más propensos a hacerlo. En general, el estudio de Adamson concluyó que la tasa de homicidios en Suecia se había cuadruplicado debido a la inmigración. Por consiguiente, afirmó que consideraba “creíble” el análisis estadístico de RCI.

Investigadores daneses llegaron a conclusiones similares sobre inmigración y delincuencia. Un índice muestra que la delincuencia en 2020 fue un 51 % mayor entre los inmigrantes varones y un 149 % mayor entre los hijos varones de origen no occidental que en el conjunto de la población masculina.

Según investigadores de la Universidad de Lund, en enero de 2025 casi dos tercios de los violadores condenados en Suecia eran inmigrantes o inmigrantes de segunda generación.

Estos crímenes eran prevenibles y evitables. Si se hubieran aplicado las leyes de inmigración y se hubiera llevado a cabo una verificación adecuada antes de la entrada, los perpetradores no habrían sido admitidos, y estos crímenes jamás se habrían cometido en el país. Las víctimas inocentes de estos delitos están pagando, de forma innecesaria y trágica, un alto precio por la laxitud en la aplicación de la ley y las políticas globalistas de migración masiva sin restricciones.

El resultado es una obra moralizante unilateral en la que al migrante se le concede una dignidad incuestionable, mientras que las víctimas del delito, los ciudadanos que deben absorber las consecuencias y la integridad de un sistema de asilo manipulado y explotado, son denigrados como "despreciadores".

Es evidente que el Vaticano no aprendió nada de la burla mundial que siguió al espectáculo de León bendiciendo un bloque de hielo de Groenlandia en una teatral promoción de su teología ecologista. Una vez más, el Vaticano parece haber subestimado la inteligencia de su audiencia mundial, que supo ver a través de la puesta en escena, el simbolismo y el mensaje ideológico progresista.

Cuando el teatro eclesiástico se vuelve tan transparente, el resultado no es reverencia, sino burla. El Vaticano sigue confundiendo el teatro político con el testimonio profético, y luego parece genuinamente sorprendido cuando el mundo se ríe y las víctimas lloran.
 

RITUAL DE SANGRE: BEATO SEBASTIANO NOVELLO DA PORTOBUFFOLÈ, MARTIR (1480)

Hoy recordaremos a Sebastiano Novello da Portobuffolè, otro niño mártir asesinado por odio a la Fe Católica.


Portobuffolè es un pequeño pueblo medieval en la provincia de Treviso (Véneto, Italia) y en el siglo XV era un territorio veneciano que albergaba una comunidad de origen asquenazí. Se pueden encontrar rastros de esta presencia en manuscritos judíos, copiados en la ciudad veneciana en los años previos a los sucesos que involucraron al niño Sebastiano. 

El niño, un mendigo errante de unos seis años, originario de Seriate, cerca de Bérgamo, había sido secuestrado del mercado  donde mendigaba. Desde allí, dos judíos lo llevaron a la cercana Portobuffolè, a orillas del río Livenza, en un viaje que llamó la atención de otros viajeros y barqueros. 

Al llegar a la casa del prestamista local Servadio, presunto instigador del secuestro, cometieron el crimen ritual, con la participación de otros judíos, tanto locales como extranjeros. Tras extraerle la sangre, el cuerpo del niño fue quemado en el horno de la casa de Mosè da Treviso, también prestamista en Portobuffolè. 

Tras una investigación, los informes y las denuncias habrían llevado a la incriminación de los judíos en el trágico final del pequeño mendigo llamado Sebastiano Novello.

El relato de la cruel ejecución fue narrado por los apologistas de la época y nos proporciona un dato interesante: uno de los condenados, Servadio, aparentemente afrontó la tortura “en oración” y con expresiones que no eran precisamente benevolentes con el cristianismo. 

La historia de una lápida tapiada en la sinagoga asquenazí ScolaCanton en el gueto veneciano, que contiene un versículo del Salmo 32 (“Muchos dolores aguardan a los impíos, pero misericordia rodea a los que confían en Dios” Salmo 32:10), podría estar relacionada con este detalle. Esta frase, según la tradición judía local, fue pronunciada por el propio condenado mientras ardía en la hoguera en la Plaza de San Marcos.

En aquellos momentos, habría logrado señalar a su informante, el sirviente Donato, quien se había convertido al cristianismo con el nombre de Sebastiano, ante los judíos presentes entre la multitud. Entre ellos se encontraba Josef, el cantor de la sinagoga de Portobuffolè, quien habría interpretado el salmo con una intención diferente: “Que los amargos dolores que sufro recaigan sobre los malvados”.
 
Aquel 6 de julio de 1480, los tres judíos fueron condenados a morir en la hoguera en Venecia, tras ser acusados ​​de asesinar al niño cristiano durante la Pascua de ese año, para utilizar su sangre en sus ritos pascuales. 

Siglos después, el 28 de octubre de 1965, el falso papa Pablo VI, junto con los “padres del concilio”, firmaron la declaración Nostra Aetate sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, dejando atrás la sangre de los mártires y renegando de la Tradición y la historia de la Santa Iglesia Católica, dando inicio a la siniestra “iglesia conciliar y sinodal”. 

En este contexto, la secta judeomasónica infiltrada en la Iglesia dejó de rendir veneración litúrgica a estos niños mártires, y en la edición posterior del Martirologio Romano, publicada por el siguiente falso “papa” Juan Pablo II, ni siquiera aparece el nombre del niño mártir San Simón de Trento

Sin embargo, la memoria del inocente Sebastiano y de otros tantos niños asesinados aún perdura en la memoria de sus pueblos de origen y continúa suscitando afecto y devoción, a pesar de la furia modernista anticatólica y de la oposición de la falsa jerarquía diocesana.
 

SUICIDIO CANONIZADO, LUTERANOS EN LA IGLESIA, REVOLUCION SEXUAL Y PUERTAS ABIERTAS

Un monumento conmemorativo a los suicidas, culto luterano en un santuario católico, una misa en latín suprimida y la iglesia “de puertas abiertas”.

Por Chris Jackson


La canonización pastoral de Chicago

El 26 de junio, la Arquidiócesis de Chicago inauguró un monumento conmemorativo llamado “En Paz” cerca de la entrada principal del Cementerio Reina del Cielo en Hillside, Illinois. Este monumento ofrece a las familias afectadas por el suicidio un lugar para la oración, el recuerdo y el duelo. El “obispo” Lawrence Sullivan lo describió como una señal visible de que las familias en duelo permanecen bajo el amoroso cuidado de Dios. Estos propósitos son humanitarios y totalmente compatibles con la caridad católica.


Entonces, el anuncio de la arquidiócesis cruzó una línea que la teología católica siempre ha abordado con temor y temblor.

Declaró que la Iglesia ahora “afirma que están con Dios, no condenados”. El “padre” Charles Rubey, cuya obra inspiró el monumento, reiteró la garantía: el santuario muestra a los sobrevivientes que sus seres queridos fallecidos “están con Dios”.

Ya no se trata de una invitación a rezar por los difuntos. Equivale a una canonización pastoral de toda una clase de personas fallecidas.

La doctrina católica ofrece abundantes motivos para la esperanza. El suicidio es objetivamente grave porque el hombre tiene su vida bajo la tutela de Dios. Al mismo tiempo, un trastorno psicológico grave, una angustia intensa, el miedo u otras circunstancias pueden disminuir la responsabilidad personal. Dios puede conceder un último acto de arrepentimiento en el instante oculto entre el acto y la muerte. Por estas razones, la Iglesia ora por quienes se han quitado la vida. El Catecismo expone todo esto con admirable precisión. Jamás convierte la esperanza en conocimiento.

Esa distinción protege tres verdades a la vez: la gravedad del suicidio, el misterio de la culpabilidad individual y la soberanía del juicio de Dios.

Un sacerdote puede decirle a una madre afligida que el sufrimiento mental de su hijo pudo haber afectado su libertad. Puede recordarle que la misericordia divina puede alcanzar un alma en su último momento. Puede celebrar misas, animar a la oración y aconsejarle que confíe en Dios. No tiene autoridad para anunciar que el hijo goza de la Visión Beatífica.

La declaración de Chicago elimina de facto la necesidad de esos sufragios. Las almas que ya se encuentran “en el Cielo” necesitan celebración en lugar de intercesión. El Réquiem se convierte en un servicio conmemorativo. El cementerio deja de enseñar sobre el juicio, el purgatorio y la necesidad de morir en gracia.

Su relato histórico también merece ser examinado. El comunicado afirma que la Iglesia negaba anteriormente funerales a las víctimas de suicidio debido a una comprensión inadecuada que, desde entonces, ha experimentado una “transformación significativa”. Sin embargo, la disciplina anterior era más selectiva de lo que sugiere este relato. El canon 1240 del Código de 1917 aplicaba la pena a quienes se suicidaban deliberato consilio —por consejo deliberado— y permitía señales de arrepentimiento. La Teología Moral Católica anterior también reconocía la locura y el deterioro de la razón como factores relevantes para la culpabilidad. La Iglesia Tradicional comprendía la diferencia entre un acto objetivamente malo y la culpa subjetiva de una persona que sufre.

Chicago ha sustituido esa distinción tan precisa por una certeza en la dirección opuesta.

El peligro trasciende la terminología teológica. Una persona vulnerable que oye que quienes se suicidan están sin duda “con Dios” se ve privada de una advertencia vital. Históricamente, la predicación católica ha unido la compasión por el pecador con la cruda realidad del juicio. Una vez que se da por sentada la bienaventuranza eterna, la fuerza disuasoria de la doctrina se desmorona.

Un monumento en memoria de las familias afligidas podría haber proclamado esperanza, misericordia, oración y la sacralidad de toda vida humana. Chicago optó por un mensaje más contundente: la salvación ya está determinada. Si la frase se interpreta universalmente, entra en conflicto con la doctrina católica sobre el pecado mortal, el juicio particular y la posibilidad del infierno. Si su intención era simplemente reconfortante, sigue siendo sumamente irresponsable. Los clérigos no tienen licencia para fabricar veredictos divinos con fines consoladores.

Los luteranos reciben las llaves

En Turín, la iglesia de San Francisco de Asís sigue siendo una iglesia católica activa. Allí se conserva el Santísimo Sacramento y se siguen celebrando misas católicas. Desde Pentecostés de 2020, también sirve como lugar de culto habitual para la Comunidad Evangélica Luterana de Turín.


No se trata de un simple alojamiento ocasional para un funeral o una ceremonia cívica. La propia Archidiócesis de Turín describe San Francesco como una iglesia católica “utilizada por la comunidad luterana”. Los luteranos instalaron allí al pastor Tobias Brendel en septiembre de 2022. Durante esa ceremonia, un diácono católico le entregó un juego de llaves de la iglesia, lo que le permitió abrir y cerrar el edificio sin necesidad de concertar el acceso con antelación. La comunidad luterana describió el gesto como fruto de la confianza desarrollada a través del uso compartido de la iglesia.

Este acuerdo se ajusta perfectamente a la política ecuménica posconciliar. El vademécum ecuménico del Vaticano establece que un “obispo diocesano” puede ofrecer una iglesia católica a otra comunidad cristiana cuando considere que dicho acuerdo no generará escándalo ni confusión. Este tipo de intercambio, explica el documento, fomenta la confianza y el entendimiento mutuo.

Consideremos lo que ocurre dentro de ese santuario. Un pastor luterano predica bajo arcos católicos. Una comunidad fundada sobre doctrinas condenadas por el Concilio de Trento celebra allí sus servicios de comunión. La jerarquía católica lo considera una fructífera expresión de confianza mutua.

Luego, compare el estatus legal de la Misa Romana.

Traditionis Custodes declaró que los libros litúrgicos de Pablo VI y Juan Pablo II eran la “expresión única” de la ley de oración del rito romano. Ordenó a los “obispos” que mantuvieran la antigua Misa fuera de las iglesias parroquiales, impidieran la formación de nuevos grupos y exigieran a los sacerdotes que solicitaran autorización para su celebración continua.

Las posteriores responsa vaticanas aportaron una franqueza inusual al principio rector. La antigua Misa es una “concesión limitada a estos grupos” y no forma parte de la vida ordinaria de una parroquia. El uso de una iglesia parroquial requiere una dispensa especial y la prueba de que cualquier otro lugar es imposible.

Pero mientras un pastor luterano puede recibir las llaves de una iglesia católica, un sacerdote católico formado en el rito romano heredado necesita autorización para acercarse al altar parroquial. El culto luterano pertenece a una relación ecuménica reconocida, pero la Misa de los Santos, pertenece a un grupo excepcional cuya existencia Roma pretende restringir.

Esta disposición pone de manifiesto la comprensión práctica que la jerarquía posconciliar tiene del peligro religioso. El culto luterano dentro de un santuario católico ofrece una oportunidad para el diálogo pero la antigua Misa romana representa una amenaza eclesial.

La Misa invisible en Northfield

Esta política llegó a la parroquia de Santa Gianna Beretta Molla en Northfield, Nueva Jersey. Según informó LifeSiteNews, el “obispo” Joseph Andrew Williams de Camden se negó a renovar el permiso para la Misa Tradicional en Latín de la parroquia tras la jubilación del padre Anthony Manuppella. La última celebración tuvo lugar el 28 de junio.

El “obispo” Williams con una niña “monaguilla”

Según los feligreses, el nuevo administrador sabe celebrar el rito antiguo. Sin permiso episcopal, ahora ofrece un novus ordo en latín ad orientem al mediodía. Los feligreses también afirmaron que el padre Manuppella había sido reprendido anteriormente por publicar el horario de la Misa en latín en el sitio web parroquial y en el boletín. La diócesis de Camden no respondió cuando LifeSite publicó su informe.

Las responsa del Vaticano establecen que la celebración parroquial “excepcional” del antiguo rito debe quedar fuera del horario de la misa parroquial. La congregación puede reunirse, siempre que su culto siga siendo discreto, provisional y ajeno a la vida parroquial ordinaria.

La antigua Misa debe volverse invisible incluso cuando los fieles la apoyan, el sacerdote puede celebrarla y la parroquia posee un altar adecuado.

En otro tiempo, Roma envió misioneros por todo el continente difundiendo este rito. Sus oraciones dieron origen a naciones, monasterios, santos y mártires. Bajo la disciplina actual, el mismo rito se convierte en un vergonzoso secreto familiar. Puede sobrevivir temporalmente en un edificio prestado, sujeto a revisión y posible revocación. Mientras tanto, el culto luterano en Turín adquiere estabilidad, visibilidad, aprobación diocesana y su propio juego de llaves.

Los revolucionarios sexuales reciben un proceso

El “padre” Bryan Massingale, “teólogo” de Fordham que se identifica públicamente como homosexual, declaró recientemente que muchas personas temían que el sucesor de Francisco revirtiera los “gestos de bienvenida y los avances” realizados hacia el movimiento lgbt.

Bryan Massingale

En abril, León elogió la decisión de Francisco de 2023 que permite “bendiciones” informales para “parejas” del mismo sexo. Se opuso a una mayor formalización porque un nuevo paso generaría mayor desunión. También afirmó que el debate moral católico presta “demasiada atención” a cuestiones sexuales e identificó la justicia, la igualdad y la libertad como temas “más importantes y de mayor alcance”.

El lenguaje preserva un límite formal a la vez que protege la trayectoria “pastoral” de Francisco. León se niega a desarrollar un ritual para “bendecir” a las “parejas” del mismo sexo. También se niega a repudiar la premisa, a sancionar a los artífices o a restablecer la claridad anterior.

Massingale continúa enseñando teología, predicando y oficiando los servicios religiosos de fin de semana. Su disidencia pública se integra en un diálogo constante sobre la identidad y la acogida, mientras la FSSPX recibe un decreto, una categoría canónica, inhabilitaciones sacramentales e instrucciones diocesanas leídas desde el púlpito.

Este contraste explica cómo la jerarquía contemporánea gestiona la disidencia. La disidencia progresista recibe biografía, contexto, acompañamiento y tiempo. La resistencia tradicional recibe una clasificación legal. La primera se trata como el camino personal de una persona. La segunda se convierte en un crimen contra la comunión.

El contraste también aclara el significado de “unidad”. La confusión sexual y doctrinal puede permanecer sin resolverse durante décadas sin amenazar la unidad institucional. La negativa a aceptar la revolución litúrgica amenaza la unidad de inmediato. La comunión ha adquirido un centro ideológico muy específico.

Las “Puertas Abiertas” en Castel Gandolfo

El 11 de julio, León XIV almorzó en los jardines de Castel Gandolfo con aproximadamente 200 personas pobres y socialmente vulnerables. Habló de su anhelo de justicia y caridad genuina, y de una iglesia capaz de abrir sus puertas, acoger a todos y no considerar a nadie como enemigo.


El lema eclesiológico de León suscita una pregunta, especialmente nueve días después del decreto de la FSSPX.

¿Quién está al otro lado de la puerta abierta?

Los católicos tradicionalistas han pasado años escuchando que la Iglesia acoge a todos. Han visto cómo disidentes públicos recibían nombramientos, plataformas, invitaciones y garantías de pertenencia. A pastores protestantes se les entregan las llaves de iglesias católicas. Las “bendiciones” entre personas del mismo sexo se defienden como gestos pastorales. Las víctimas de suicidio son declaradas públicamente en paz con Dios.

La misma institución les dice a los católicos que siguen la Misa Romana que su liturgia está fuera de la vida parroquial ordinaria. Advierte a los obispos que no formen nuevas comunidades tradicionalistas. No publica los horarios de la Misa Tradicional en los boletines. Ahora les dice a los asistentes de la FSSPX que abandonen sus capillas y se sometan a un proceso de reconciliación.

Toda institución tiene límites. La iglesia de León también los tiene. Simplemente, sus límites aparecen en lugares distintos a los que se encuentran en el catecismo católico tradicional.

Históricamente, la Iglesia Católica abrió sus puertas a personas de todas las razas, clases sociales y naciones. El ingreso conllevaba un propósito: la conversión, el bautismo, la profesión de la verdadera fe, el rechazo del pecado y la perseverancia en la gracia. Esa puerta conducía a algún lugar. La misericordia sanaba al pecador y lo reintegraba al orden establecido por Cristo.

La metáfora moderna de la “puerta abierta” a menudo deja sin especificar el destino, la doctrina y la conversión. La “bienvenida” se convierte en un fin en sí misma. Sin embargo, todavía se exige una firme confesión a los tradicionalistas: la aceptación del concilio, la aceptación de la reforma litúrgica y la sumisión al orden eclesiástico creado por ellos.

El umbral permanece. El concilio Vaticano II se alza ahora sobre él.

La pregunta se vuelve concreta.

Estas historias pueden parecer inconexas: un monumento conmemorativo en un cementerio a las afueras de Chicago, una congregación luterana en una iglesia católica de Turín, las misas tradicionales canceladas, un jesuita hablando durante el “mes del orgullo” y un almuerzo “papal” en Castel Gandolfo.

En conjunto, muestran cómo el sistema posconciliar distribuye la certeza, la misericordia, el espacio sagrado y el castigo.

Habla con certeza sobre la salvación de las personas que murieron por suicidio, sobre la cual la Iglesia tradicionalmente oraba y tenía esperanza.

Tolera la incertidumbre doctrinal en torno a la sexualidad y las bendiciones, donde la enseñanza moral católica antes exigía claridad.

Concede un espacio sagrado al culto luterano, cuyas doctrinas fundacionales fueron solemnemente condenadas.

Considera la liturgia romana heredada como una concesión anormal destinada a desaparecer.

Aplica su lenguaje más severo a los católicos cuyas principales ofensas son la adhesión a esa liturgia, el rechazo de los errores modernos y la resistencia a la revolución eclesiástica de los últimos sesenta años.

Este patrón explica por qué la cuestión sedevacantista se resiste a desaparecer. Ya no surge principalmente de oscuras notas conciliares ni de discusiones sobre terminología latina, sino de actos visibles de gobierno. Los católicos observan cómo una institución utiliza la autoridad de una manera aparentemente invertida: el culto heredado se vuelve peligroso, el culto protestante se vuelve enriquecedor, el pecado mortal se convierte en una ocasión para ofrecer garantías de salvación, y la resistencia a la novedad se convierte en evidencia de cisma.

Algunos tradicionalistas se mantendrán dentro de un marco del “reconocer y resistir”. Otros concluirán que quien pretende gobernar en contra de los propósitos del papado no puede ostentar dicho cargo. Cada postura conlleva difíciles consecuencias teológicas. La conducta de las autoridades romanas sigue aportando pruebas que plantean la cuestión.

La autoridad católica existe para custodiar el depósito de la fe, preservar los sacramentos, proteger la liturgia, condenar el error, llamar a los pecadores al arrepentimiento y guiar a las almas hacia el Cielo. Su legitimidad se vuelve más difícil de comprender cuando estas funciones parecen invertirse o aplicarse de forma selectiva.

El credo práctico de la institución se puede leer en sus permisos y sanciones. Los luteranos reciben llaves. Los católicos tradicionalistas reciben condiciones. Las víctimas de suicidio reciben garantías del Cielo. El clero y los fieles de la FSSPX reciben declaraciones de cisma y procedimientos para el retorno.

León habla de “una iglesia con las puertas abiertas”, pero las cerraduras siguen estando a la vista. La cuestión decisiva es la confesión que se exige en el umbral, y esa confesión concierne cada vez más a la lealtad al propio acuerdo posconciliar.
 

17 DE JULIO: SAN ALEJO, CONFESOR


17 de Julio: San Alejo, confesor

(† 417)

El humildísimo siervo de Cristo san Alejo, nació en la ciudad de Roma y fue hijo de un gran caballero rico y poderoso que se llamaba Eufemiano. 

Por obedecer a sus padres, se desposó con una doncella de esclarecido linaje: mas inspiróle Dios que hiciese un perfecto holocausto de sí mismo y de todos los deleites del mundo. 

Obedeció Alejo; entró en el aposento donde estaba su esposa, y le dio un anillo de oro y una cinta muy rica envuelta en un velo colorado de seda, y le dijo que guardase aquellas joyas en prenda de su amor hasta que Dios otra cosa ordenase; y tomando luego algunos dineros, mudó el traje y partió a Laodicea, y de allí a Edesa, en la Mesopotamia, donde se vistió de pobre y comenzó a mendigar. 

Lo más del tiempo vivía debajo de un portal de una iglesia de Nuestra Señora. 

Quedaron atónitos los padres de Alejo, sabiendo que no se hallaba en casa, la madre en un perpetuo llanto, la esposa deshaciéndose en lágrimas, y el padre, enviando por todas partes criados para que le encontrasen a su hijo. 

Por señas que algunos de ellos tuvieron, llegaron a Edesa, donde Alejo estaba; pero le hallaron tan trocado, que le dieron limosna y no le conocieron. 

Diecisiete años estuvo en Edesa, y viajando después a Tarso de Cilicia para visitar el templo del apóstol san Pablo.

Tiempo después determinó regresar a Roma, para triunfar más gloriosamente de sí mismo, yendo a la casa de sus mismos padres, donde entendía que no sería conocido. 

En efecto, su padre lo acogió, ya que era muy caritativo y amigo de socorrer a los pobres, y el santo se aposentó en una camarilla estrecha y oscura en el portal de la casa, donde padeció grandes molestias de los criados: porque como si fuera un simple e insensato, le daban bofetadas, le echaban cosas inmundas y le hacían otras muchas befas y agravios. 

Diecisiete años pasó el santo en esta vida tan abatida, hasta que teniendo revelación del día de su muerte, escribió en un papel su nombre y el de sus padres y de su esposa, y el viernes siguiente entregó su espíritu al Creador. 

Estaba a la sazón el Papa diciendo Misa delante del emperador, y se oyó una voz del Cielo que decía: “Buscad al siervo de Dios en casa de Eufemiano”, y lo hallaron tendido en el suelo, cercado de gran resplandor y hermoso como un ángel. 

Ecio, cancelario, por mandato del Pontífice y del emperador, leyó la carta que el santo tenía apretada en sus manos, en ella halló los nombres de sus padres y de su esposa, la cual derribándose sobre el sagrado cadáver, dijo tales cosas que ablandaran corazones de piedra. 

Fue sepultado el día siguiente con grandísima pompa en la iglesia de san Bonifacio, y el Señor le glorificó con grandes prodigios.

Reflexión:

Es Dios (como dice el real profeta) admirable en sus santos: pero lo es muy particularmente en su humildísimo siervo san Alejo. ¡Qué castidad tan entera y pura infundió en su alma! ¡qué obediencia para menospreciar los regalos de su casa y dejar a sus padres, esposa, deudos y amigos! ¡qué pobreza de espíritu para vivir tantos años como mendigo! y sobre todo esto ¡qué fortaleza y sufrimiento para triunfar de sí y del mundo con un género de victoria tan nuevo y glorioso! Sea el Señor bendito y glorificado para siempre en sus santos y a nosotros nos de gracia para hacer por su amor, siquiera los pequeños sacrificios que nos pide.

Oración:

Oh Dios, que cada año nos alegras con la solemnidad del bienaventurado Alejo tu confesor, concédenos que imitemos las acciones de aquel, cuyo nacimiento al cielo celebramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
 
NOTA: San Alejo fue removido del Calendario Romano General de la Iglesia Católica en el año 1969 tras el nefasto conciliábulo Vaticano II.
 

jueves, 16 de julio de 2026

REVELACIONES DEL PADRE ERIC JACQMIN

¿Obispos cripto-sedevacantistas en la FSSPX?

Por Sean Johnson


En la siguiente carta (que me llega por correo electrónico, de un amigo de un amigo del padre Jacqmin), revela no solo las causas de su transición de la postura de "reconocer y resistir" del Arzobispo Lefebvre al sedevacantismo, sino que, al hacerlo, hace algunas revelaciones bastante alarmantes descubiertas en conversaciones en 2015 con los tres obispos restantes de la FSSPX:

Según él, o bien eran sedevacantistas ellos mismos (+Tissier de Mallerais), reconocían que un hereje público no podía ser un verdadero papa (+Fellay), ¡y los tres estaban dispuestos a permitir la existencia de sedevacantistas secretos dentro de la FSSPX!

Al consultar a un sacerdote de la Resistencia sobre esta carta, me informó que en realidad era información antigua y que ya era de dominio público (aunque no especificó dónde). Hasta el momento, no he podido determinar su fecha original de redacción, si bien es evidente que data de algún tiempo después de la expulsión del padre Jacqmin de la FSSPX en 2015.

Suponiendo que el contenido de la carta sea cierto, resulta algo preocupante por su disimulo: ¿Cómo puede un sedevacantista supuestamente convencido como +Tissier de Mallerais seguir promoviendo públicamente la postura de Reconocer y Resistir, condenar el sedevacantismo y castigar a sus seguidores y promotores dentro de la FSSPX? Lo mismo podría preguntarse de los otros dos obispos: ¿Por qué tolerar en privado lo que se condena en público?

En cualquier caso, la carta seguramente causará revuelo.

A continuación la carta del padre Jacqmin.

☙❧ ☙❧ ☙❧ 

Antes de mi destitución el 15 de agosto de 2015, había dedicado veintiséis años a la FSSPX, ocupando diversos cargos en distintos países, y me había consagrado sin reservas y con sincera intención a servir a Dios, a la Iglesia y a las almas. Desconocía por completo mi error respecto a la situación de la Sede Suprema, así como la infidelidad, e incluso cierta perversidad, de mis superiores.

Por supuesto, antes de ingresar en esta congregación, había reflexionado sobre cuál doctrina u opinión era la verdadera: el sedevacantismo o la postura de la FSSPX de “aceptar a los papas después de 1964 y resistir”.

El argumento del arzobispo Marcel Lefebvre que encontré en mi investigación era el siguiente: un hereje formal está fuera de la Iglesia, pero no un hereje material. Para ser considerado hereje formal, el hereje debe haber sido amonestado dos veces por sus superiores y perseverar en su error. Dado que los papas no tienen superiores, no pueden ser debidamente amonestados; por lo tanto, incluso después de haber expresado públicamente una herejía, nunca pueden ser considerados herejes formales. En consecuencia, nunca pueden ser considerados ni excluidos de la Iglesia. Y considerar a un verdadero papa como un antipapa es cismático, algo que debe evitarse como el infierno mismo.

En 2015, al ser nombrado capellán del Carmelo de Quiévrain, tuve más tiempo para estudiar. Encontré en el Dictionnaire de Théologie Catholique artículos que demuestran que, según la Tradición de la Iglesia, en efecto “la Suprema Sede no es juzgada por nadie”, pero que existe esta excepción: “a menos que se demuestre que se ha desviado de la fe”.

Investigué más a fondo y descubrí que esta doctrina es común en la Iglesia. Nadie me había hablado nunca de ella en la FSSPX.

Decidí consultar a la Iglesia maestra, es decir, a los obispos de la FSSPX. Hubo tres en 2015:

1) A principios de julio, Mons. Tissier de Mallerais vino a visitar el Carmelo y comió conmigo. Compartí mis hallazgos con él. Me respondió que tenía razón, que el Concilio Vaticano II es herético, que Pablo VI fue un hereje y, por lo tanto, no fue papa hasta su muerte (posición sedevacantista). Pero me aseguró que no hablaría del tema, ni tampoco los demás superiores, porque de lo contrario la FSSPX perdería demasiados fieles y sacerdotes que no querrían seguirla. Me advirtió que no tenía derecho a hablar de ello con los fieles ni con los demás sacerdotes.

2) Entonces llamé por teléfono a Mons. Bernard Fellay, Superior General de la FSSPX en aquel momento, para preguntarle qué estaba sucediendo. Me dijo personalmente, en julio de 2015, que estaba autorizado a ser sedevacantista en privado y a celebrar la Misa “non una cum”, con la condición de que: no hablara con nadie al respecto y especialmente no en público, y que mencionara el nombre de “Francisco” en la oración pública (como durante la Bendición del Santísimo Sacramento o en las oraciones solemnes del Viernes Santo), con la siguiente restricción mental: “Francisco, papa (como la gente piensa)”.

Me dijo que los errores del Concilio Vaticano II no eran herejías y, por lo tanto, no eran lo suficientemente graves como para considerar a un papa depuesto. Pero admitió que si un papa profería una herejía pública, perdería su pontificado.

Tiempo después, Mons. Fellay firmó una carta acusando al “papa” de herejías. La “Corrección Filial” (septiembre de 2017), firmada por 250 teólogos, sacerdotes y académicos tradicionalistas, acusó al “papa” Francisco de haber apoyado y propagado siete proposiciones heréticas, especialmente en su exhortación apostólica Amoris Laetitia sobre la familia y los sacramentos. Mons. Fellay fue el firmante más destacado de esta iniciativa.

Mons. Fellay jamás afirmó que Francisco fuera, por lo tanto, un hereje y un antipapa. Un comportamiento ilógico por parte del Superior General.

3) Mons. de Galarreta visitó el Carmelo unas semanas después, también en julio de 2015, y se quejó de que las conversaciones y los debates teológicos entre la FSSPX y Roma estaban estancados en el siguiente punto: los teólogos de la FSSPX habían demostrado que el Concilio Vaticano II era contrario a la Tradición y, por lo tanto, herético, pero los teólogos de Roma respondieron: “Somos el magisterio vivo, por lo tanto, decidimos cómo debe entenderse la Tradición, y declaramos que el Vaticano II está de acuerdo con la Tradición, y viceversa”.

Le respondí a Mons. de Galarreta que había una solución: que, si la parte sana de la Iglesia establece que Roma se ha desviado de la fe, podemos declarar que el Papa está fuera de la Iglesia. Mons. de Galarreta me pidió mis fuentes. Las imprimí todas y se las entregué, y Mons. de Galarreta me lo agradeció después, diciendo que le habían parecido muy interesantes.

4) Las hermanas del Carmelo notaron poco a poco que ya no recitaba las oraciones por el “papa” durante la Bendición del Santísimo Sacramento como de costumbre, sino que las sustituía por otra fórmula. Amenazaron con expulsarme. Consultaron con monseñor de Galarreta, pero él les dijo: “Déjenlo que lo haga”.

El obispo Fellay también me había dicho: “Necesitas la FSSPX más de lo que crees”. Sí, tenía sesenta y tres años, sin ahorros, sin una familia adinerada, con solo un puñado de fieles dispuestos a seguirme. No tenía ni subsidio de desempleo ni pensión. Solo tenía el Evangelio, que dice: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Por lo tanto, confiaba más en Jesús que en este obispo indigno y… nunca me faltó nada. Al parecer, esto es algo que monseñor Fellay no había previsto.

Y la Madre Superiora del Carmelo, para la cual servía como capellán, me dijo a mediados de agosto de 2015: “Oramos para que mueras antes de cometer un pecado mortal al convertirte en sedevacantista”. Se negó a escuchar mis argumentos e incluso me amenazó con que, durante el sermón, haría que todas las hermanas cantaran el Credo si me atrevía a decir algo a los fieles.

Añadió: “Ya habíamos orado por otro sacerdote que estaba a punto de caer en pecado mortal, y murió”.

… Todavía estoy vivo a los setenta y tres años y con buena salud. Había olvidado responderle: “Ora por la misma gracia para ti”.

5) Mons. Lefebvre admitió en ese momento que el 15 por ciento de los fieles tradicionalistas son sedevacantistas. Y Mons. Fellay me dijo que varios sacerdotes de la FSSPX han aceptado la “restricción mental”. De hecho, conozco a un sacerdote de la FSSPX que celebra en secreto la Misa non una cum, pero que no tiene el valor de abandonar la FSSPX. Otros me han dicho: “Pensamos como tú, pero no lo tomamos tan en serio”. No entiendo cómo los sacerdotes pueden ser tan laxos.

Puedo dar fe de todo esto bajo juramento si es necesario. Por supuesto, me negué a actuar de esta manera, porque sería un pecado mortal engañar a los fieles en un asunto tan importante, y sería mentir ante Dios mismo durante la Sagrada Liturgia. Aceptar a un antipapa como papa es cismático. Entonces habría que decirles a los fieles que una hora de ayuno es suficiente para comulgar (según Pablo VI después de su herejía) en lugar de las tres horas prescritas por Pío XII, además de cambiar el ayuno y la abstinencia en los días prescritos. Todo esto es un asunto grave; por lo tanto, habría sumido a los fieles y a mí mismo en pecados mortales al obedecer a mis superiores.

La obediencia termina en el pecado, y más aún en el pecado mortal, por supuesto.

Oh Dios mío, danos el valor de buscar siempre tu voluntad y preferir morir antes que traicionar tu verdad.

Nuestra Señora, Guardiana de la Fe, sálvanos.
 

VOLUNTARISMO SEMIPELAGIANO (4)

El voluntarismo semipelagiano, como todas las enfermedades, tiene muchos síntomas. Y conviene que quienes lo padecen sean sanados por Cristo, que les da su gracia para conocerlos y vencerlos.

Por el padre José María Iraburu


La vocación

Comienzo por aquí, porque en la vocación está el principio de todo. Dios, en el orden natural, llama al ser a cada criatura, y la mantiene en la existencia. Dios, en el orden sobrenatural, llama a la gracia al hombre caído: “le llama de las tinieblas a su luz admirable” (1Pe 2,9). Dios es “el que llama” (Gál 5,8: kalon) y los cristianos somos “los llamados” (Rm 8,30: keklemenoi).

La llamada de Dios es absolutamente gratuita. Y por parte Suya, “los dones y la vocación de Dios son irrevocables” (Rom 11,29: karismata kai e klesis). Todo en la vocación es amor gratuito de Dios, que sólo en Él tiene su causa. Él elige desde la eternidad, llama con una vocación dada en el tiempo –la llamada al pueblo de Israel, a ser cristiano, al apostolado, al matrimonio, al camino concreto personal–, consagra a los llamados –bautismo, orden, matrimonio, profesión religiosa–, y envía en la misión propia de cada vocación. Dios elige-llama-consagra-envía.

Todo en la vocación es don gratuito del amor de Cristo: “es la voz del Amado que me llama” (Cant 5,2). Gran verdad absolutamente cierta es que “todos los hombres son llamados a la unión con Cristo” (Vat. II, LG 3). Pero es igualmente cierto que los cristianos, los apóstoles, somos objeto de una especial llamada del amor de Dios para formar la Iglesia, “sacramento universal de salvación” (LG 48; AG 1). La Escritura lo afirma muchas veces: somos “elegidos de Dios, santos y amados” (Col 3,12). Y esta elección-llamada parte exclusivamente de la elección eterna de Dios. Nunca viene determinada por los bienes que Él mismo haya puesto en hombres o pueblos. Cuántas veces el Señor elige-llama a lo más pequeño, Israel, “el más pequeño de todos los pueblos” (Deut 7,6-7); a mujeres estériles; a gente que apenas cuenta ante el mundo: “mirad, hermanos, vuestra vocación, pues no hay entre vosotros” muchos nobles, poderosos, cultos, sino más bien gente humilde, “para que nadie pueda gloriarse ante Dios” (1Cor 1,26-29). Pues bien,

el voluntarismo semipelagiano, conforme a su teología de la gracia, plantea la elección vocacional como si Dios ofreciera igualitariamente a los cristianos los diversos caminos de vida, unos de suyo más idóneos para la santificación personal y otros no tanto –aunque todos santos y santificantes–; y como si después fuera ya el cristiano, según el grado de su generosidad, quien decidiera seguir lo más perfecto o lo menos perfecto, aunque también bueno. Esta visión es una distorsión terrible de la verdad de las vocaciones, es causa de errores vocacionales, de escrúpulos y de grandes sufrimientos. Y hay que reconocer que es un error típicamente semipelagiano: Dios ofrece la misma gracia a todos, y es la parte humana la que, haciendo eficaz la gracia, la parte divina, decide lo más o menos perfecto. En definitiva, no es Dios quien elige y llama gratuitamente, sino que es el cristiano el que, por lo visto, “se llama” a sí mismo según el grado de su mayor o menor generosidad. Con inevitable preocupación se pregunta: “¿Qué elijo?”

Cuando yo acabé el bachillerato, mi madre, con esa excusa, me mandó a hacer Ejercicios espirituales. Y todavía recuerdo cómo al final de ellos el padre predicador nos invitó a elegir la vocación. En una hoja, trazando una raya vertical en medio, habíamos de ir poniendo a un lado y otro los pros y contras que alcanzábamos a ver en orden a nuestra santificación. Se hacía finalmente la suma, y el total resultante, paf, determinaba nuestra vocación concreta dentro de la Iglesia. Ya entonces a mí aquello me pareció un espanto. Y ahora todavía me horroriza más.

Otro caso ilustrativo. Siendo yo joven, asistí a la profesión religiosa de una amiga mía. Y recuerdo también la prédica del cura que presidió la Misa. ¡Qué canto a la generosidad de esta muchacha, a quien el mundo y la vida le sonríen (aquí amplia enumeración de sus cualidades), y que, sin embargo, dejándolo todo, va a seguir a Cristo por un camino austero y penitente!… etc. etc. etc. Ya entonces a mí todo aquello me sonaba muy mal. No sabía yo entonces que, simplemente, era semipelagiano. Imagínense ustedes un sacerdote que en una boda canta la generosidad de esta joven, que teniendo tantos pretendientes excelentes, etc., ha venido a casarse con éste (con este pobre diablo). Es de suponer que, al término de la ceremonia, los familiares del novio entrarían a la sacristía para leerle la cartilla al ministro del Señor. “¿Pero usted qué se ha creído?”…

la Fe Católica nos enseña, por el contrario, que Dios llama a quien quiere, cuando quiere y como quiere. Y que la vocación, la que sea, es un don precioso que el hombre, con inmenso agradecimiento, debe recibir libre y meritoriamente, con el auxilio de la gracia divina, por supuesto. “¿Quién es el que a ti te hace preferible? ¿Qué tienes tú que no hayas recibido?… Gracias a Dios soy lo que soy, y la gracia que me concedió no ha sido en vano, sino que he trabajado más que todos ellos, pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1Cor 4,7; 15,10). San Pablo, recién converso, se plantea su vocación como se debe: “Señor ¿qué quieres que haga?” (Hch 22,10).

Es cuestión de generosidad. La vocación –y toda obra cristiana– es un don de Dios, que el hombre recibe. Si hablamos el castellano usual, es generoso el donante, no el que recibe. Si un hombre dona una gran herencia a una familia numerosa que está en la ruina, el generoso es el donante, no la familia que recibe tan precioso donativo. Y esto es lo que sucede en toda vocación y acción cristiana. El generoso es Dios, que estando nosotros muertos por nuestros delitos y pecados, esclavizados por el mundo y por la carne, cautivos del demonio, “nos dió vida por Cristo: de gracia habéis sido salvados” (Ef 2,1-10: leerlo entero). El generoso es Dios. Si, por ejemplo, a uno le falta sabiduría, “que la pida a Dios y la recibirá, porque Él la da a todos generosamente, y sin reproches” (Sant 1,5).

Miremos el caso de la vocación de un apóstol. Cristo elige por pura gracia a Mateo. No lo mira con desprecio, en su miserable condición de publicano, idólatra de la riqueza, excomulgado de su pueblo, sino que lo llama a dejar su oficina de recaudación, y lo consagra como Apóstol suyo, para enviarlo a predicar y a escribir el Evangelio. Gracia, pura gracia gratuita ha sido la elección, la vocación, la consagración y la misión. Y gracia de Cristo ha sido también la que ha movido el corazón de Mateo para poder seguirle, aceptando su llamada y dejándolo todo. ¿Dónde está aquí la generosidad de Mateo? ¡Cantemos la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, que por pura gracia ha hecho de este pobre diablo un Apóstol santo! “Sígueme. Y él, levantándose, le siguió” (Mt 9,9-13). Todo ha sido gracia. Y por eso lo primero que se le ocurre a Mateo –que era católico y no semipelagiano– es celebrarlo en un gran banquete, en el que no sería raro que alguno se hubiera pasado un poco en la bebida. Está feliz, loco de gratitud y alegría. Y piensa que si alguno elogia su generosidad personal es que no está en su sano juicio.

Católicos excelentes hay que emplean con frecuencia la palabra generosidad al hablar de la vocación y, lógicamente, de cualquier otro asunto de la vida espiritual. Muchos de ellos tienen una captación del misterio de la gracia perfectamente católica; pero no escapan a una contaminación del lenguaje de origen voluntarista.

“Es cuestión de generosidad”. “Pone usted en peligro su misma salvación por falta de perseverancia”. “Ingresó en el noviciado, pero no perseveró: le faltó generosidad”. “Dios no se deja ganar en generosidad por el hombre”. O sea: usted propóngase el bien que sea, cuanto más alto mejor, y esté seguro de que la gracia de Dios, siendo la obra tan buena, vendrá ciertamente en su auxilio para que pueda vivirla. Etc. ¿Pero qué están diciendo?… Todo eso es semipelagianismo puro y duro. ¿Cuándo estos católicos se van a enterar de que, aunque solo sea en el lenguaje, son semipelagianos?

Dios te pide

Toda la vida cristiana, toda, está movida por la gracia de Dios, toda es gracia, toda es don de Dios. Es Él quien “obra en nosotros el querer y el obrar según su beneplácito” (Flp 2,13); de tal modo que “cuantas veces obramos bien, Dios, para que obremos, obra en nosotros y con nosotros” (Orange II, c.9). Ahora bien, cuando alguien da algo a otro, a esa acción le llamamos donativo, y no petición. Y cuando alguien pide algo a alguien, su acción es una petición. ¿Es así o no es así?… Pues bien, si Dios da a los hombres su gracia, siempre gratuita, moviéndoles a querer y a obrar el bien, ¿por qué a esa acción no se le da el nombre de donación, que le corresponde, y se dice en cambio que Dios pide al cristiano esto y lo otro? ¿A qué viene hablar de que Dios pide a éste que dé más limosna, al otro que se case, a otro más que ingrese en un monasterio, etc.? “Siempre Dios pidiendo”, en vez de “siempre Dios dando”, como es la verdad. ¿Qué sentido tiene, en la fe católica ese modo de expresar la vida espiritual? “Recibir, más me parece a mí eso, que no dar nosotros nada” (Sta. Teresa, Vida 11,13). ¿Tan difícil es esto de entender; o mejor, de creer?

Supongamos que un director espiritual dice al cristiano que se le confía, atendiendo a las mociones de gracia que parece recibir: “según lo que me cuentas, yo creo que Dios te pide que dobles el tiempo de la oración”. El consejo podrá ser prudente y beneficioso. Pero ¿por qué lo expresa en forma de petición? ¿No es más conforme a la verdad decir: “parece que Dios quiere darte la gracia de aumentar al doble tu oración”? En el fondo, dicho de un modo o de otro, está dando el mismo consejo, es cierto. Pero la formulación primera encaja perfectamente con el semipelagianismo, puede dar ocasión a la soberbia (“he cumplido: le he dado a Dios lo que me pedía”), al escrúpulo también, y a otros malos efectos. En cambio, la segunda formulación habla como siempre lo hace la sagrada Escritura y la mejor Tradición Católica, y solo puede producir efectos buenos.

Ese “Dios te pide” esto y lo otro expresa mal la doctrina católica sobre la acción de la gracia. Pero tiene en cambio pleno sentido si se parte de una teología semipelagiana de la gracia. Según ella, Dios ofrece su parte (la gracia), y “pide” al hombre que ponga su parte (la voluntad libre), de tal modo que, con la generosa colaboración de la persona, venga así la gracia a ser eficaz en la buena obra pretendida (noviciado, matrimonio, más oración, etc.). Ésta es la verdad. Y no se ofendan si la digo, pues solo pretendo que sean “santificados en la verdad” (Jn 17,17). Pero, por otro lado también, no se me asusten…

Puede darse una ortodoxia perfecta en la vida de la gracia, que en algunos temas, sin embargo, esté expresada verbalmente en modos deficientes. Trento dice que la concupiscencia no es pecado, pero que “procede del pecado y al pecado inclina” (Denz 1515). Pues bien, aquí habría que decir que ese modo de hablar voluntarista puede darse, y se da con relativa frecuencia, en un marco doctrinal católico y santo. Pero conviene reconocer honradamente que es un modo verbal que procede del error voluntarista y que a él inclina. Reconozcamos con humildad que siempre llevará en sí al menos el peligro de ocasionar en las personas ramalazos voluntaristas negativos, malos entendimientos de la acción de Dios en el hombre. Insisto: muchas veces el marco doctrinal es en la persona o en la comunidad tan claramente católico, que neutraliza en buena medida los efectos negativos de un modo de hablar ciertamente deficiente. En buena medida… No siempre del todo.

Hablen en católico de la gracia divina

Hablen como hablan la Escritura y la Liturgia, los Concilios y los grandes Doctores de la Iglesia. Hablen como lo han hecho todos los santos.

Bueno, la verdad es que no todos los santos usaron siempre y en todo un lenguaje claramente católico de la gracia. Antes de que se formulase en la Iglesia dogmáticamente la doctrina de la gracia, hubo santos, como Fausto de Riez o Vicente de Lérins, ya lo vimos, que hablaron así. Más penoso es que, después de reprobado por la Iglesia el error semipelagiano, haya todavía algunos santos, a partir sobre todo del siglo XVII, que en ocasiones usan un lenguaje más o menos marcado por el ramalazo semipelagiano voluntarista. Ciertamente, aquéllos y estos santos, captan perfectamente en su mente y en su corazón la verdad de la gracia: si no, no hubieran sido santos. Y además el lenguaje espiritual que emplean, en su conjunto, es clarísimamente católico. Pero… pero algunas veces ese lenguaje espiritual se ve marcado por estas deficiencias voluntaristas de su tiempo. Lo comprobaremos en algunos santos, con el favor de Dios.
 

Artículos relacionados:


2. Voluntarismo semipelagiano – Versiones actuales

 

LA VOZ DE LA SANTA IGLESIA

Continuamos con la publicación del capítulo XV del tercer y último Tomo del libro “La Conjuración Anticristiana” de Monseñor Henri Delassus, publicado el año 1910.


TOMO I: LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA

TOMO II: EL AMERICANISMO Y LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA

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CAPÍTULO XV

III - LA VOZ DE LA SANTA IGLESIA

En el momento en que se establecían los principios que habían de propiciar la situación actual, Santa Gertrudis, abadesa benedictina de Heldelf, recibió, a través del apóstol San Juan, las primeras manifestaciones de la bondad y la infinita misericordia del Sagrado Corazón, de modo que la devoción que le dedicáramos nos ayudara a sobrellevar nuestras pruebas y a esperar su fin con confianza.

Resulta bastante notable que el oficio del Sagrado Corazón esté lleno de promesas no solo de misericordia, sino de un futuro similar al descrito anteriormente por los amigos de Dios.

La Misa, en su Introito, comienza con estas palabras: “El Señor tendrá misericordia de nosotros según la multitud de sus misericordias; pues no nos ha afligido de corazón, ni ha rechazado a los hijos de los hombres. El Señor es bueno con los que esperan en él, con el alma que lo busca (Salmo). Cantaré las misericordias del Señor para siempre; de ​​generación en generación las alabaré”.

La epístola está tomada del capítulo doce de Isaías:

“Y en aquel día dirás:

Te alabo, Señor;

Porque estabas enojado,

Tu enfado ha disminuido y me estás consolando.

He aquí, el Señor es mi libertad;

Tengo confianza en mí mismo y no le temo a nada.

Porque el Señor es mi fuerza y ​​el objeto de mi alabanza:

Él fue mi salvación.

Con gozo sacaréis agua (gracias divinas) de las fuentes de la salvación (de las heridas del Salvador),

Y en aquel día dirás:

Alabado sea el Señor, invocad su nombre,

Publicad sus grandes obras entre los pueblos,

Proclamad que su nombre es alto.

Cantad al Señor, porque ha hecho cosas magníficas;

¡Que esto se sepa en toda la tierra!

Grita, regocíjate, habitante de Sión,

¡Porque el Santo de Israel es grande en medio de vosotros!”

En Maitines, la segunda y la tercera lectura retoman la continuación de estas promesas del capítulo XXVI.

En aquel día se cantará este cántico en la tierra de Judá:

Tenemos una ciudad fortificada (la Santa Iglesia).

Él (el Señor) pondrá la salvación dentro de sus muros y en sus muros exteriores.

Abrid las puertas,

Dejemos entrar a la nación justa, que defiende la Verdad.

Con un corazón constante aseguras la paz.

Paz, porque en ti confía.

Confía en el Señor para siempre;

Porque el Señor es la Roca de los siglos.

Humilló a los que habitaban en las alturas;

Derribó la soberbia ciudad.

La hizo derribar al suelo,

y la hizo tocar el polvo.

Fue pisoteada

Bajo los pies de los humildes y los desdichados.

El camino de los justos es llano,

Tú allanas el camino de los justos,

En verdad, Señor, habíamos esperado,

en el camino de tus juicios;

tu nombre y tu recuerdo eran

todo el anhelo de nuestras almas.

Mi alma te anhelaba durante la noche

Y mi espíritu te anhela;

Porque cuando tus juicios se llevan a cabo en la tierra,

los habitantes del mundo aprenden justicia”

¿Qué himno más verdadero podría ponerse en los labios de la Santa Iglesia al día siguiente del triunfo que se le prometió, al entrar en la era de paz y prosperidad que la divina misericordia del Sagrado Corazón le traerá?

Cada año, la Santa Iglesia lo pide en su liturgia.

Desde el primer día de Adviento, ella comienza su oficio con esta invitación: “Venid, adoremos al Señor, EL REY que ha de venir”.

Durante todo este tiempo, nos presenta, a modo de lecciones de las Sagradas Escrituras, las profecías de Isaías. Y estos son los pasajes que ha elegido: “En lo más alto de los montes se establecerá el monte de la casa del Señor (la Santa Iglesia); y será exaltado sobre todos los collados, y a él acudirán todas las naciones. Y vendrán los pueblos en gran número, y dirán: Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, y él nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas”.

“En aquel día, la Raíz de Jesé (el Mesías) será desplegada ante los pueblos como un estandarte; las naciones le ofrecerán sus oraciones, y su tumba será gloriosa... La tierra está llena del conocimiento del Señor como las aguas cubren el mar”.

“El Señor preparará para todos los pueblos, en este monte (la Iglesia), un banquete de carnes deliciosas, un banquete de vinos exquisitos (la doctrina y los sacramentos, en particular la Eucaristía). Y en este monte romperá la cadena que ataba a todos los pueblos y la red que el enemigo había tejido sobre todas las naciones”.

Que la Santa Iglesia escucha estas palabras del reinado social de Nuestro Señor parece indicarse por las antífonas y responsorios que ella misma compuso para acompañar en el Oficio la lectura de la Sagrada Escritura y la de los salmos.

Desde el primer domingo de Adviento, compartió con sus hijos lo que contempla en medio de la oscuridad de este mundo... Ve al Hijo del Hombre, su divino Esposo, viniendo en las nubes del Cielo, no para juzgar a los mortales, sino para reinar; no para reinar solo sobre almas individuales, sino para establecer su dominio sobre todos los pueblos, todas las tribus y todas las lenguas del universo: “Aspiciebam in visu noctis et ecce in nubibus caeli Filius hominis veniebat; et datum est Ei regnum et honor; et omnis populus, tribus et lingua servient Ei”. Vi en la visión de noche, y he aquí que el Hijo del Hombre venía en las nubes del Cielo; y a él le fue dado el reino y la honra, y todos los pueblos, tribus y lenguas le servirán”.

Más adelante clama: “Sí, Él vendrá, y con él todos sus santos”. Y en aquel día la tierra resplandecerá con una gran luz, y el Señor reinará sobre todas las naciones; gobernará hasta los confines de la tierra; y todos los reyes lo adorarán, y todos los pueblos le servirán… ¡Oh! ¡Mirad cuán grande es el que viene a salvar a las naciones! Ecce Dominus veniet et omnes sancti Ejus cum eo et erit in die illa lux magna. Et regnabit Dominus super gentes... Dominatur usque ad terminos orbis terrarum... et adorabunt eum omnes Reges, omnes gentes servient Ei. Intuemini quantus sit isle qui ingreditur ad salvandas gentes.

¿Cuándo, desde el comienzo del cristianismo, vio la Santa Iglesia cumplirse tales deseos? Durante diecinueve siglos, en toda la tierra y en los labios de todos los que cantan el Oficio Divino en su nombre, ha hecho resonar con inquebrantable confianza estas humildes súplicas: “Ven, Señor, y no tardes, ven y reina sobre todas las naciones de la tierra, que desde entonces no invocarán sino a ti. O radix Jesse quem gentes deprecabuntur, veni jam noli tardare”.

Pero no es solo durante el Adviento que la Iglesia expresa estas esperanzas y deseos. Todos los días del año, casi sin excepción, al amanecer, los monjes cantan y todos los sacerdotes recitan el Salmo 66 en el que el santo rey David pide con fervor la llegada del reino social de Cristo Jesús: “Oh Dios, ten misericordia de nosotros, haznos saber tus caminos en la tierra, —los misteriosos caminos de tu Providencia— y la salvación que preparas para todas las naciones… Señor, que los pueblos te alaben, (mucho más) que TODOS los pueblos participen en este concierto de alabanza. Confiteantur tibi populi, Deus; confiteantur tibi populi OMNES”. En este salmo, que consta de solo seis versículos, las palabras Pueblos y naciones se repiten hasta nueve veces, y el canto termina con estas palabras: Et metuant Eum omnes fines terrae... Que el temor del Señor se extienda por todas partes y llegue a todos los confines de la tierra”.

¿Se podría decir que este salmo no contiene más que deseos y de ninguna manera una promesa formal del Todopoderoso?

En primer lugar, sería extraño que el Espíritu de Dios hubiera puesto deseos fantasiosos en los labios de su Esposa durante tanto tiempo y a diario. Además, lo que el Salmo 66 expresa como fervientes anhelos, innumerables pasajes de las Sagradas Escrituras lo afirman como un acontecimiento futuro cuyo cumplimiento no puede demorarse indefinidamente.

¿Quién no conoce este canto triunfal dedicado a Cristo Rey, que la Iglesia nunca se cansa de repetir durante los días de santa alegría de la Navidad y la Epifanía? “Deus, judicium tuum regi da... Benedicentur in ipso omnes iribus terrae, omnes gentes magnificabunt eum. ¡Oh Dios, dale el cetro al REY! ¡Que en él sean benditas todas las tribus de la tierra, que todas las naciones lo glorifiquen!” Esta es la gran promesa de Dios a los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob.

Esta profecía aún no se ha cumplido. La Santa Iglesia, cada año, la pone en nuestros labios en la solemnidad de la Epifanía; ¿y cuál es su deseo, sino que en este día especialmente le pidamos fervientemente a Dios que acelere su cumplimiento ut compleatur et ad exitum perducatur?

Durante diecinueve siglos, la liturgia de la Iglesia Católica ha contenido esperanzas para las sociedades, para los pueblos y naciones de la tierra, o mejor dicho, para toda la humanidad, esperanzas que aún no se han realizado, y además afirma que algún día se realizarán.

Pero estas esperanzas y la oración que debe acelerar su realización no se encuentran solo en la tierra.

Un día, a San Juan se le concedió el privilegio, en la isla de Patmos, de asistir a las funciones, por así decirlo, y a las ceremonias de culto que los ángeles y los santos rinden en el Cielo a la divina Majestad; y el amado Apóstol nos ha traído, en su libro del Apocalipsis, un eco de los cánticos que resonaban en la Jerusalén celestial.

Día y noche, los bienaventurados anhelan el reinado universal de Cristo: Requiem non habebant die ac nocte ... Et adorabant dicentes Dignus es, Domine, accipere gloriam et honorem et virtutem... Fecisti nos Reqnum. Et regnabimus super terram. “Día y noche no cesaban de adorar y de decir: Digno eres, Señor, de recibir la gloria, la honra y el poder... Nos has hecho reyes, y reinaremos sobre la tierra” (Passim.)

Los mártires, en particular, parecen impacientes por ver amanecer este gran día: “¿Por qué, Señor -claman- sigues tardando en hacernos justicia? ¿Por qué no ejecutas finalmente tus juicios sobre aquellos que, aliados con la antigua serpiente, detienen en la tierra la marcha del Divino Conquistador?” usquequo, Domine, non judicas? (Apoc. VI, 10.)

“Sabemos -cantan a coro los habitantes del Cielo- sabemos que un día todas las naciones de la tierra vendrán y adorarán en presencia de vuestra Santa Majestad.... Quoniam omnes gentes venient et adorabunt in conspectu tuo”.

Y cuando llegue la hora del triunfo que tanto anhelamos y la bestia haya sido derrotada, todos los bienaventurados exclamarán: “¡He aquí que ha llegado la hora del reinado de nuestro Dios y de su Cristo en la tierra, y reinará por siglos de siglos!”. Factum est Regnum hujus mundi Domini nostri et Christi Ejus, et regnabit in saecula saeculorum. Amen (XI,15).

No podemos estar seguros de que el cumplimiento de promesas tan magníficas esté reservado para nuestro tiempo presente. La vida de la Iglesia se compone de alternativas, pruebas y triunfos: pruebas cada vez más terribles, triunfos cada vez más brillantes. Aquel de quien las Sagradas Escrituras nos dan una descripción tan entusiasta será el último. ¿Sucederá antes o después del reinado del Anticristo? Las opiniones están divididas (1). Dios no ha querido dar luz cierta sobre el tiempo del fin de los tiempos.
 
Nuestro Señor y los Apóstoles nos describieron las señales que prefiguraban el juicio; pero a sus discípulos que le preguntaron sobre este punto, el divino Salvador respondió: “No os corresponde a vosotros conocer los tiempos ni las fechas que el Padre ha fijado con su propia autoridad” (2).

Continúa...

Notas:

1) Un sentimiento compartido por muchos de los que han tratado de interpretar las revelaciones divinas registradas en las Sagradas Escrituras les lleva a creer que el triunfo completo de la secta masónica, mediante el reinado de su líder sobre todas las naciones, sería sólo el punto más alto de la prueba a la que la humanidad debería ser sometida, antes de disfrutar plenamente de los beneficios de la Redención. Luego vendrían los largos siglos del reinado de Cristo sobre todas las naciones.

Aparte de las profecías mesiánicas y su interpretación, como ya hemos dicho, mentes eminentes, como J. de Maistre, han pensado que, lejos de estar en los últimos días del mundo, todavía nos encontrábamos en los primeros siglos de la Iglesia.

En una carta a la Sra. Swetchine, decía: “Cuando su gente (los cismáticos) habla de los primeros siglos de la Iglesia, no tienen una idea clara. Si viviéramos mil años, los ochenta años que hoy constituyen el maximum común serían nuestros primeros años. ¿Qué significa entonces hablar de los primeros siglos de una Iglesia que ha de durar tanto como el mundo? etc., etc. Siga esta idea”.

Y en el libro del Papa: “Esta frase juventud del cristianismo me advierte que observe que esta expresión y otras similares se refieren a la duración total de un cuerpo o un individuo. Si pienso, por ejemplo, en la República Romana, que duró quinientos años, sé lo que significan estas expresiones: La juventud o los primeros años de la República Romana… ¿Qué es entonces la juventud de una religión que ha de durar tanto como el mundo? Se habla de los primeros siglos del cristianismo: en verdad, no quisiera afirmar que hayan terminado”.

Un santo religioso, el padre Desurmont, tras recordar las señales que, según el Evangelio, anunciarán la venida del hombre de pecado, dijo: “Que estas conjeturas y dudas no nos preocupen demasiado; pues, por un lado, nada nos indica que, tras la muerte de este primogénito de Satanás, la humanidad no vaya a presenciar, durante muchos años, un triunfo de Cristo aquí en la tierra, y por otro lado, incluso y especialmente al acercarse estos tiempos difíciles, el hijo de Dios y de la Providencia encuentra, en las mismas desgracias de su tiempo, los misteriosos secretos de una mayor satisfacción” (La Providence, p. 445).

2) Act. I, 7.