miércoles, 6 de mayo de 2026

EL CREDO NICENO Y LA NATURALEZA DE CRISTO

Un análisis más detallado del Credo de Nicea en relación con Cristo y su importancia para nosotros hoy.

Por Catholic Apologetics Insight


El Credo Niceno no es simplemente un resumen de la fe, sino un arma teológica precisa forjada contra el error —en particular la negación arriana de la plena divinidad de Cristo—, a la vez que articula bellamente el misterio del Verbo Encarnado. Al incorporar las verdades de la fe en una profesión de fe litúrgica pública y semanal, la Iglesia garantiza que cada generación confiese la cristología ortodoxa establecida en Nicea (325) y Constantinopla (381). El Credo sigue siendo un baluarte perdurable contra cualquier menoscabo de la divinidad o la humanidad de Cristo.

El Credo Niceno (más precisamente, el Credo Niceno-Constantinopolitano) es la solemne profesión de fe de la Iglesia Católica, de obligado cumplimiento para todos los cristianos que se identifican como católicos.

No es una invención humana, sino una definición dogmática forjada por la Iglesia bajo la guía del Espíritu Santo, en respuesta a graves herejías que amenazaban el corazón mismo del cristianismo, especialmente la negación de la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.

Por qué era necesario el Credo de Nicea

El Credo se creó porque los herejes estaban tergiversando las Escrituras, por lo que los fieles necesitaban definiciones claras y vinculantes. La Iglesia no creó la verdad, simplemente la definió y la defendió.

¿Cuáles son algunos de los principales errores que corrigió?

Errores sobre la Segunda Persona de la Santísima Trinidad

GRUPO I: Errores sobre la divinidad de Cristo

ERROR: Algunos sostenían que Cristo no era el verdadero Hijo de Dios, que no era del todo divino.

VERDADERA FE: El Credo responde a esto afirmando que Jesús es el “Hijo unigénito de Dios”.


ERROR: Algunos sostenían que Cristo fue engendrado, pero solo en el tiempo. No era el Hijo de Dios preexistente, coeterno con el Padre.

VERDADERA FE: El Credo responde a esto afirmando: “nacido del Padre antes de todos los siglos”.


ERROR: Algunas personas sostenían que Cristo existía antes de ser concebido por la Virgen María y que Jesús era la misma Persona que Dios Padre.

VERDADERA FE: El Credo responde a esto afirmando que Jesús es “Dios de Dios, luz de luz”, para demostrar que existe una distinción entre las Personas, pero una unidad de naturaleza dentro de la Trinidad.


ERROR: Algunas personas sostenían que Jesús existía antes de su concepción por la Virgen María, y que es diferente del Padre, pero que Él es creado.

FE VERDADERA: El Credo responde a esto mediante la expresión “Dios verdadero de Dios verdadero”. Esto significa que Cristo es completamente Dios de Aquel que también es completamente Dios, para expresar que Jesús tiene una misma naturaleza divina que el Padre.


ERROR: Algunas personas afirman que el Señor descendió del Cielo, pero no tomó forma humana de María. Se le describe como un fantasma o espíritu. Jesús solo tenía un cuerpo humano aparente, no uno real. Su muerte en la cruz fue meramente aparente, pues no es propio de un dios morir.

VERDADERA FE: El Credo responde a esto afirmando que Él no solo descendió del Cielo, sino que se “encarnó” (tomó carne).


ERROR: Algunas personas afirman que Jesús nació de la Santísima Virgen María, pero en realidad nació de la unión de esperma humano. Tuvo un padre y una madre humanos. La Santísima Virgen María no era virgen al concebir a Cristo.

VERDADERA FE: El Credo responde a esto afirmando que “Por el Espíritu Santo se encarnó la Virgen María”.


ERROR: Algunos sostenían que el Señor tomó carne de María, pero no en su naturaleza humana, sino que pasó a través de ella como el agua a través de un canal.

VERDADERA FE: El Credo responde a esto afirmando que Él “se encarnó de la Virgen María y se hizo hombre”.


ERROR: Algunos afirmaban que Cristo era el Verbo nacido de la Santísima Virgen María, pero que no poseía un alma humana verdadera. Esto lo convertiría en algo que no era realmente un hombre.

VERDADERA FE: El Credo responde a esto afirmando que Cristo “se hizo hombre”. El Credo quiere enfatizar que Cristo fue verdaderamente humano, con alma humana y cuerpo humano.


ERROR: Algunas personas decían que Cristo era como un semidiós, muy elevado, pero creado. Decir que fue “engendrado” significaba que fue creado.

VERDADERA FE: El Credo responde a esto afirmando que Cristo fue “engendrado, no creado”.


ERROR: Algunas personas dijeron que Jesús era como Dios, pero no de la misma naturaleza divina que el Padre.

VERDADERA FE: El Credo responde a esto afirmando que Jesús es “uno en esencia con el Padre”. El término utilizado en latín es “consubstancial”. Cristo comparte la misma naturaleza del Padre, aunque es una Persona distinta.


GRUPO II: Errores sobre la naturaleza humana de Cristo

ERROR: Algunas personas afirmaban que Cristo nació para salvar a los demonios. Esta era una variante de la herejía docetista, que enseñaba que Jesús no tomó carne humana real, sino solo aparentemente. Postula que el Señor vino de alguna manera por otras personas, además de los seres humanos, y por su salvación.

VERDADERA FE: El Credo responde a esto afirmando que “para nosotros los hombres y para nuestra salvación”, expresando que la venida de Cristo fue para remediar el pecado humano, como cura para el pecado humano, para expiar el pecado humano.


ERROR: Algunos afirman que Jesús nació de la Santísima Virgen María, pero que no descendió del Cielo. Esta es la herejía adopcionista. Según ellos, Jesús solo ascendió al Cielo. En otras palabras, el Señor es igual que cualquier otro santo. Su gracia sería únicamente de adopción.

VERDADERA FE: Credo responde a esto afirmando: “Él descendió del Cielo”.

¿Por qué el Concilio de Nicea sigue siendo tan relevante hoy en día?

El Credo de Nicea sigue siendo muy relevante hoy en día porque responde a preguntas que aún persisten. Incluso en el mundo actual, la gente sigue preguntándose: ¿ Quién es Jesús? ¿Cómo es Dios? ¿Qué creen realmente los cristianos? El Credo ofrece una respuesta clara y unificada.

En primer lugar, protege la verdad fundamental sobre Cristo. En la época del Primer Concilio de Nicea, existía una gran confusión —sobre todo por parte de Arrio— acerca de si Jesús era verdaderamente Dios o simplemente una criatura. El Credo afirma con firmeza que Cristo es “engendrado, no creado, consustancial con el Padre”. Esto sigue siendo crucial hoy en día, ya que malentendidos similares persisten bajo diferentes formas.

En segundo lugar, unifica a los cristianos a través del tiempo y el espacio. Ya sea en Australia, Europa, África o América, millones de cristianos recitan el mismo Credo. Conecta a los creyentes de hoy con la Iglesia primitiva y crea una identidad compartida arraigada en la fe histórica, en lugar de en opiniones cambiantes.

En tercer lugar, proporciona una base sólida en una cultura cambiante. La sociedad moderna suele tratar la verdad como algo relativo o subjetivo. El Credo de Nicea, en cambio, se distingue por afirmar categóricamente la realidad: Dios es el Creador, Cristo se hizo hombre, murió, resucitó y vendrá a juzgar. Estas afirmaciones dan coherencia y dirección a la fe y la vida moral cristianas.

En cuarto lugar, actúa como salvaguarda contra el error. Al igual que en el siglo IV, siguen surgiendo nuevas interpretaciones e ideas espirituales. El Credo sirve de referencia: si una enseñanza lo contradice, se considera ajena al cristianismo histórico.

Finalmente, no se trata solo de algo intelectual, sino de adoración. Cuando los cristianos lo recitan en la liturgia, no solo enumeran doctrinas, sino que profesan su fe juntos. Moldea la forma en que los creyentes oran, piensan y viven.

En resumen, el Credo de Nicea sigue siendo relevante porque preserva la verdad, une a los creyentes, afianza la fe en un mundo cambiante, previene la confusión y continúa siendo un acto vivo de culto, no solo un documento antiguo.
 

LA CAÍDA (EN LA TIERRA)

Continuamos con la publicación del capítulo III del tercer y último Tomo del libro “La Conjuración Anticristiana” de Monseñor Henri Delassus, publicado el año 1910.


TOMO I: LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA

TOMO II: EL AMERICANISMO Y LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA

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CAPITULO III

LA CAÍDA

II. — EN LA TIERRA

El acontecimiento prehistórico que acabamos de relatar, basado en las Sagradas Escrituras y las revelaciones divinas, es también un hecho histórico, pues se ha integrado en el entramado de los acontecimientos mundiales. Sin él, estos sucesos no pueden explicarse; en él, encuentran su sentido.

Desde que existe la humanidad, ha habido lucha, ha habido combate, una batalla en el corazón de cada persona, una batalla entre el bien y el mal, una batalla del naturalismo contra lo sobrenatural, del egoísmo humano contra el Amor infinito. Esta batalla es, por lo tanto, solo la continuación de la que tuvo lugar entre los espíritus puros en el origen del mundo, y en nosotros como en el cielo, es Lucifer quien lidera la batalla, y si bien aún encuentra a San Miguel como adversario, a nuestra cabeza ve sobre todo a María que ha ocupado el lugar cerca de Dios que él dejó vacío por su pecado, el más formal de todos: peccatum aversio a Deo.

El pecado de Lucifer y sus ángeles, como ya hemos dicho, los privó de su prelatura —es decir, de su preeminencia y la jurisdicción que de ella se deriva— sobre los ángeles inferiores. ¿Los privó también del poder que ejercían sobre el mundo material? San Pablo resolvió la cuestión. Incluso después de su caída, sigue llamándolos “las virtudes del cielo”. San Dionisio, en su libro Noms divins (Los Nombres Divinos) (Capítulo IV), afirma en general que los dones otorgados a la naturaleza angélica no se alteran en absoluto en los demonios, sino que permanecen intactos.

Santo Tomás de Aquino aclara esta verdad. Observa que, tras su caída, al diablo se le sigue llamando “querubín”, pero ya no “serafín”. Esto se debe a que la palabra “querubín” significa “plenitud de conocimiento”, mientras que “serafín” significa “aquel que arde” con el fuego de la caridad. El conocimiento es compatible con el pecado, pero no la caridad.

Así conservan su poder; esto es lo que observa Bossuet. “Siguen siendo llamadas "Virtudes del Cielo" -dice- para mostrarnos que aún conservan, incluso en su tormento, el poder y el nombre que poseían por naturaleza. Dios podría haberlos privado con toda justicia de todas las ventajas naturales —dice Bossuet—, pero prefirió demostrar, al preservarlas, que todo el bien de la naturaleza se convierte en tormento para quienes abusan de él contra Dios. De este modo, su inteligencia ha permanecido tan aguda y sublime como siempre; y la fuerza de su voluntad para mover cuerpos, por esta misma razón, ha permanecido con ellos como vestigios de su terrible naufragio”.

En el Libro III de su Tratado sobre la Trinidad, Capítulo IV, San Agustín nos dice que “toda la naturaleza corporal es administrada por Dios con la ayuda de los ángeles”. En su respuesta a Baldad, Job, hablando del poder de Dios, lo llama: “Aquel ante quien se inclinan los que sostienen el mundo” (1). Satanás estaba despierto. Vio a Jesús nacer en el pesebre de Belén y vivir en la oscuridad en la humilde aldea de Nazaret. Las maravillas que habían rodeado su cuna no le habían pasado desapercibidas, pero treinta años pasados ​​en el taller de un carpintero en sumisión y obediencia, humildad y pobreza, no le parecieron los comienzos de aquel que derrocaría su imperio (2).

Cuando lo vio salir de su retiro; cuando oyó las palabras de Jesús anunciando que el reino de Dios estaba cerca; cuando vio al Precursor negarse a bautizar a Jesús porque no era digno de desatar las correas de sus sandalias y decir que bautizaría en el Espíritu Santo; cuando, sobre todo, presenció el descenso del Espíritu Santo y oyó la voz del Padre celestial que declaraba: “¡Este es mi Hijo amado!”, comenzó a preguntarse si no se había equivocado hasta entonces, y si este Jesús no era el Hijo de la Mujer que se le había mostrado el día de su primera victoria, a punto de quitarle su imperio y aplastarle la cabeza.
 
Quería asegurarse de ello; y si Dios lo permitía, debido a las lecciones que resultarían para nosotros (3), pudo probar en Jesús sus sugerencias y sus ilusiones como lo había hecho en el paraíso terrenal y en el Cielo (4).
 
Conocemos el relato del Evangelio. Después de su bautismo, Jesús se retiró al desierto, ayunando durante cuarenta días. Al verlo aquejado de hambre, debido a la debilidad de la carne que había asumido, Satanás aprovechó la oportunidad para tentarlo, para descubrir lo que realmente necesitaba saber mediante una prueba decisiva. “El demonio atacó a Cristo, sobre todo para saber si era el Hijo de Dios”, dice Suárez (5).

Sus primeras palabras revelaron sus pensamientos: “Si eres el Hijo de Dios...” Señalando las piedras redondeadas con forma de pan que cubrían el suelo, dijo: “Con qué facilidad las veríamos sacudir este mundo con la misma facilidad con la que hacemos girar una pequeña pelota”.

¿Estamos sujetos a su dominio, como los seres materiales? La humanidad ocupa el puesto más bajo en la jerarquía de los espíritus y, como tal, debe recibir luz e inspiración para el bien a través del ministerio de los ángeles. De hecho, cada uno de nosotros tiene su ángel guardián que cumple esta función cerca de nosotros. ¿Acaso el diablo ha conservado su dominio sobre nosotros? Nuestra raza fue dotada, desde el principio, en la persona de Adán, nuestro líder, de la gracia santificante, que nos introduce en el orden sobrenatural. Ahora bien, hemos visto que lo sobrenatural establece una jerarquía superior entre los seres, apartando a Adán y a sus descendientes del dominio del diablo.

Concibió sentimientos amargos. Los celos que se habían despertado en él cuando el Dios-Hombre fue presentado para su adoración, se intensificaron. “Es una envidia furiosa -dijo Bossuet- la que incita a los demonios contra nosotros. Ven que, siendo muy inferiores por naturaleza, los superamos por gracia”. Y en otro lugar: “La enemistad de Satanás no es de naturaleza común; está mezclada con una oscura envidia que lo corroe eternamente. No puede soportar que vivamos con la esperanza de la felicidad que él ha perdido, y que Dios, por su gracia, nos haga iguales a los ángeles; que su Hijo se revistió de carne humana para hacernos hombres divinos. Se enfurece al considerar que los siervos de Jesús, hombres miserables y pecadores, sentados en augustos tronos, lo juzgarán al final de los tiempos junto con los ángeles que lo imitan. Este deseo lo quema más que sus propias llamas” (6).

Y por eso se esfuerza por desviarnos hacia el pecado, lo cual nos hace perder la prerrogativa que la gracia nos da sobre él.

El primer día, al comprender la naturaleza humana —una sola especie dentro de la multitud de individuos que eventualmente abarcaría—, razonó que si lograba destronar del rango que la gracia le había otorgado, aquel en quien entonces se encontraba contenida toda la especie, recuperaría sobre la humanidad el dominio que la ley natural le concedía; se convertiría en el príncipe, el líder de la humanidad. Así, la ambición se unió a este deseo, llevándolo a intentar seducir a nuestros primeros ancestros con la misma seducción que había ejercido sobre los ángeles; si lograba persuadirlos, toda la raza caería bajo su dominio.

Como había hecho con los ángeles, Dios había otorgado a Adán y Eva el don de la gracia santificante, un preludio y preparación para la gloria. Antes de admitirlos a ella, debían demostrar ser dignos. De ahí la necesidad de la prueba en el paraíso terrenal, al igual que en el celestial. Allí, como aquí, Dios quiso, por así decirlo, pedir a su criatura su consentimiento para el pacto de amistad que deseaba establecer con ella por la eternidad. Los términos del mandamiento, o prohibición, dados a Adán y Eva, tal como se formulan en el texto bíblico, indican claramente una ley, una cláusula que se refiere a la preservación o pérdida del estado paradisíaco y los privilegios que lo constituían. “No comerás… porque el día que comas del fruto de ese árbol… morirás”. La cuestión para el hombre era si conservar o perder el don de la inmortalidad y, como demuestra el resto de la historia, los demás dones asociados a ella. La naturaleza humana, compuesta de cuerpo y alma, exigía que el acto del que dependía su destino fuera a la vez interno y externo, un acto plenamente deliberado y, al mismo tiempo, manifiesto. Así fue como sucedió: “No comerás de este fruto, o morirás”.

Para llevar a cabo su seducción, Satanás se apareció en el jardín en forma de serpiente. Dios, en el paraíso, se mostró al hombre y conversó con él visiblemente; lo mismo ocurrió con los ángeles. Por lo tanto, Eva no se sorprendió al oír hablar a una serpiente. ¿Qué era esta serpiente? Algunos traducen la palabra hebrea “serafín” como “serpiente voladora y resplandeciente”. Quizás Adán y Eva estaban acostumbrados a ver a los ángeles celestiales con esta forma.

Entonces llegó al árbol del conocimiento del bien y del mal y le preguntó a Eva: “¿De veras dijo Dios: “No coman de ningún árbol del jardín”?” La mujer respondió: “Podemos comer del fruto de los árboles del jardín, pero Dios dijo: "No coman del árbol que está en medio del jardín, ni lo toquen, porque morirán"”. La serpiente le dijo a la mujer: “No morirán. Porque Dios sabe que cuando coman de él, se les abrirán los ojos y serán como Dios, conociendo el bien y el mal”. Serán como Dios. Esta es la tentación, la tentación renovada de la que sedujo a los ángeles. Ser como Dios, ser autosuficientes. ¡Qué tentación para el egoísmo! Adán sucumbió a ella, al igual que los ángeles, halagados por el orgullo. Serán como Dios, conociendo el bien y el mal por sí mismos. Al encontrar en el uso de tus facultades naturales el progreso que te llevará a la perfección a la que aspira tu naturaleza, alcanzarás la felicidad, una felicidad similar a la que disfruta Dios, una felicidad que no será ni prestada ni dependiente.

Al igual que los ángeles caídos, Adán y Eva se dejaron persuadir.

Como vemos, tanto en la tierra como en el Cielo, la esencia de la tentación era el naturalismo. Fue el orgullo de decir, siguiendo a los ángeles rebeldes: “Ser como Dios, me basta”, lo que llevó a Adán a transgredir la prohibición de comer del fruto fatal. ¡Ay! Su orgullo lo hizo caer no solo en el estado de naturaleza, sino también en el estado de naturaleza corrupta. ¡Él y Eva de repente se vieron a sí mismos no como dioses, sino como seres de carne!

Además, se encontraron sometidos a Satanás. “Quien se entrega al pecado -dice San Juan- es esclavo del pecado” (7), y quien escucha a Satanás vuelve a caer bajo su dominio, del cual la gracia lo había liberado. Lucifer podía entonces prometerse un imperio en la tierra similar al que había mantenido en el infierno sobre quienes lo habían seguido en su apostasía. Gobernaba sobre todos los hijos del orgullo (8).

En efecto, hasta la venida de Nuestro Señor Jesucristo, toda la raza humana (9), con excepción de un pequeño grupo de personas a quienes se les confió la promesa, vivía en el mundo natural al que Adán los había conducido y bajo el yugo del diablo, por quien se habían dejado seducir. Satanás mandó construir templos y erigir altares en cada rincón de la tierra, y allí practicaba un culto tan impío como supersticioso. ¡Cuántas veces el pueblo elegido se dejó extraviar por él, llegando incluso a sacrificar a sus hijos a “Moloc” (10)!

Incluso hoy, dondequiera que no se haya predicado el Evangelio, dondequiera que el tabernáculo siga ausente, Lucifer y sus demonios reinan. Los misioneros del siglo XVII se sorprendieron mucho cuando, partiendo de la entonces algo escéptica Francia, desembarcaron en las Indias Orientales y se encontraron en medio de las más extrañas manifestaciones diabólicas. Viajeros y misioneros por igual presenciaron los mismos prodigios. El Sr. Paul Verdun ha publicado el libro Le diable dans les missions (El diablo en las misiones) (11). Innumerables hechos que recopiló de relatos de viajes y estadías, desde los casquetes polares hasta el sol abrasador del ecuador, desde los bosques en la fuente del Amazonas hasta las orillas del Brahmaputra, desde las pagodas de las ciudades chinas hasta las chozas de los pueblos indígenas de Oceanía, en todos los lugares donde el cristianismo no ha echado raíces, demuestran que las poblaciones creen, y no sin razón, en el poder de los demonios que se encuentran en los ídolos, piedras y árboles consagrados a su culto. Las apariciones y posesiones son frecuentes, bien conocidas y aceptadas por todos. En todos estos países hay hechiceros. Para convertirse en uno, hay que someterse a pruebas crueles que superan con creces las prácticas más rigurosas de la mortificación cristiana. En la mayoría de estas iniciaciones, una manifestación del demonio muestra que acepta al candidato como suyo, lo posee o lo rapta. Estos hechiceros tienen como sirviente o amo a un demonio familiar, al que controlan disfrazado de animal. Pueden imbuir ciertos objetos —amuletos, fetiches— con poderes beneficiosos o dañinos. La naturaleza de estos objetos es irrelevante; es su consagración al demonio lo que les confiere su poder. En todas partes, los hechiceros odian y temen a los misioneros católicos, y en todas partes los misioneros expulsan demonios. Los emisarios de los misioneros, los cristianos comunes, las vírgenes, incluso los niños, poseen el mismo poder. Estos hechos, observados en nuestros días, confirman no solo los relatos del Evangelio, sino también los de los paganos de la antigüedad y los de nuestros antepasados ​​de la Edad Media. También confirman lo que la doctrina católica nos enseña sobre el pecado original y sus consecuencias.

Continúa...

Notas:

1) 1. Job IX: 13. Traducción de Bossuet.
Tres naturalezas, pues mediante la desigualdad de la que habla demuestra que posee naturaleza humana; y mediante la igualdad que afirma, declara que posee naturaleza divina.

(San León, Papa, VII Sermón de la Natividad).

2) Dios está presente en todas partes; conoce todo lo que se hace y todo lo que se dice, porque está en todas sus criaturas como principio de su ser y de su actividad. Esto no ocurre con los ángeles, sean buenos o malos. Un ángel se encuentra en un lugar según la acción de su poder, que ejerce sobre ese lugar por su voluntad. No está circunscrito allí, como los cuerpos, sino que está definido de tal manera que no se encuentra en ningún otro lugar. Por lo tanto, muchos actos de Jesús, o relacionados con su persona, pudieron haber pasado desapercibidos para Satanás. Es cierto que lo que él mismo desconocía, pudo haberlo sabido a través de uno o más demonios que envió al divino Salvador para que le informaran de todo lo que le concernía.
Además, como observa San Agustín (La Ciudad de Dios, IX, 21), Cristo solo era conocido por los demonios en la medida en que él quería, y solo lo quería en la medida en que era necesario... Cuando consideró prudente ocultarse un poco más profundamente, el príncipe de las tinieblas dudó de él y lo tentó a averiguar si era Cristo.

3) No nos engañemos, cristianos, pensando que a Satanás se le habría permitido tentar al Salvador sin algún consejo divino. (Bossuet, Sermón sobre el Diablo. Primer Domingo de Cuaresma).

4) San Gregorio Magno afirma que no es indigno de nuestro Redentor haberse dejado tentar, pues vino a este mundo para morir. Al contrario, era justo que venciera nuestras tentaciones con las suyas, así como había triunfado sobre nuestra muerte con la suya propia… El Hijo de Dios podía ser tentado por la sugestión, pero el placer jamás penetró en su alma. Por lo tanto, esta tentación del demonio era completamente externa y de ninguna manera interna a él. (Sermón sobre el Evangelio del primer domingo de Cuaresma).

5) In tertiam partem divi Thomae. Q. XLT, art. I, com. II.

6) Primer sermón de Cuaresma.

7) Juan VIII: 34.

8) Las últimas palabras de Dios a Job.

9) No reflexionamos lo suficiente sobre las consecuencias que encierran las leyes de la especie. Ciertamente, hay algo en mí que no estaba en Adán, puesto que soy un individuo; pero no había nada esencial en Adán que no esté en mí. Porque él mismo era la especie, antes de ser individualizado. “Todos los hombres nacidos de Adán -dice Santo Tomás- pueden ser considerados como un solo hombre, puesto que todos tienen la misma naturaleza”. La ciencia, incapaz de comprender la maravilla de la especie en la naturaleza, para plantas y animales, ¿cómo podría comprender, para la humanidad, la ley de la solidaridad, a la que están vinculadas tanto la reversibilidad del mérito como el pecado original?

10) Todas las religiones paganas, tanto anteriores como posteriores a la llegada de Cristo, están precedidas por la magia o conducen a ella, y esta, en la diversidad de sus formas y prácticas, aparece como una sola en su esencia y se manifiesta como el culto a Satanás.

11) 2 vols. en 12, publicados por Delhomme.


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RITUAL DE SANGRE: HAROLD DE GLOUCESTER (1160-1168)

Harold de Gloucester (1160-1168) fue un niño mártir que según los monjes benedictinos afirmaron, fue asesinado ritualmente por judíos en Gloucester (Inglaterra).


Fecha en que se lo recordaba: 25 de marzo

Estas afirmaciones de los monjes surgieron luego de la difusión del primer “ritual de sangre” investigado y publicado por el monje benedictino Thomas de Monmouth, tras el asesinato sin resolver de Guillermo de Norwich. Los monjes benedictinos de Gloucester promovieron el culto cristiano y la veneración de Harold, pero con el paso del tiempo (y posteriormente, con la usurpación anglicana de las iglesias católicas), la memoria de este niño se fue diluyendo.

Harold es uno de los santos ingleses no oficiales del siglo XII con características sorprendentemente similares: todos eran niños, todos fueron encontrados muertos en extrañas circunstancias con signos de tortura y todos fueron aclamados como mártires de prácticas anticristianas entre los judíos

A las circunstancias que rodearon la muerte de Harold le siguieron las muertes similares de Roberto de Bury 
(fallecido en 1181) y Hugo de Lincoln (fallecido en 1255), entre otros niños.

La presencia de los judíos en Gloucester

Gloucester era un próspero puerto fluvial y centro administrativo con una población de alrededor de 3.000 habitantes en el año 1100, la presencia judía se documenta por primera vez en registros financieros de 1158–59, con su barrio ubicado en Eastgate Street. La comunidad era pequeña pero económicamente prominente y contaba con alrededor de 40 hogares bajo protección real.

Los judíos de Gloucester se dedicaban principalmente a los préstamos de dinero y la usura, financiando a magnates y burgueses mediante hipotecas de propiedad, pero tiempo después, las tensiones surgieron entre los judíos por una parte, y la nobleza y los cristianos por otra parte, debido al reclamo de pagos con intereses excesivos y el decomisos de los bienes de las víctimas de la avaricia judía. 

La muerte de Harold

Harold era un niño cristiano de 8 años, hijo de un artesano de Gloucester que fue secuestrado el 21 de febrero de 1168. Los registros monásticos contemporáneos, principalmente de fuentes benedictinas en la Abadía de San Pedro en Gloucester (hoy Catedral anglicana de Gloucester), informan que los judíos se lo llevaron, y algunos relatos especifican que el secuestro ocurrió cerca del barrio judío. 

El niño comenzó a ser buscado intensamente entre la población local y el 25 de marzo de 1168, su cuerpo fue encontrado flotando en el río Severn, cerca de Gloucester, como se informa en las crónicas monásticas.

Los monjes benedictinos de la Abadía de San Pedro recuperaron y exhibieron públicamente el cadáver, observando heridas que describieron como indicativas de una crucifixión, incluidas marcas de pinchazos en la cabeza que sugerían una corona de espinas. Estas observaciones dieron forma a las sospechas iniciales de que Harold había sido secuestrado y torturado hasta la muerte por judíos locales la noche del 16 de marzo, durante una ceremonia de circuncisión en la comunidad.

Las afirmaciones de los monjes, documentadas en Historia Sancti Petri Glocestriæ, describieron el asesinato como una representación ritual que se burlaba de la pasión de Cristo, haciéndose eco del precedente del ritual de sangre establecido por el caso de Guillermo de Norwich en 1144. La exhibición del cuerpo de Harold en la abadía confirmó estas acusaciones y fomentó la veneración local del niño como mártir.

Acusaciones de crucifixión

El cuerpo de Harold presentaba marcas de pinchazos en las manos y los pies que sugerían clavos, abrasiones en la cabeza que se asemejaban a una corona de espinas, cicatrices por aparente flagelación y ardor, y rastros de cera caliente vertidos en los ojos, todo enmarcado como una burla deliberada de la Pasión de Cristo para expresar el odio judío hacia el cristianismo. 


Cuenta Historia Monasterii Sancti Petri Gloucestriae (Gloucester Abbey Chronicle) que este hecho fue una conspiración de la comunidad judía de Gloucester, y se afirmó que el niño fue atraído, torturado durante varios días y crucificado por desprecio por Jesús, y que su sangre fue recolectada para uso ritual, algo que coincide con las características del caso de Guillermo de Norwich en 1144. 

La historia de Harold según los peatones del Mar Rojo

Según los “historiadores”, “investigadores” y “escritores” que mantienen vivo el relato oficial, “ningún testigo independiente ni evidencia forense apoyó estos detalles”. La Jewish Encyclopedia (Enciclopedia judía) afirma que las observaciones de los monjes fueron difundidas “para fomentar la veneración de Harold como mártir sin verificación judicial”. La “escritora” M. Emily Rose, que defiende la causa judía, señaló que esta historia es “una invención hagiográfica”, que “no hubo arrestos, interrogatorios formales o confesiones extraídas de judíos, ya sean voluntarios o bajo coacción o pruebas materiales” y que este hecho sirvió al clero “para amplificar las tensiones antijudías debido a los resentimientos económicos hacia los prestamistas judíos protegidos”. 

Gillian Bennett, escritora especializada en folklore y leyendas contemporáneas dijo que “La evaluación académica considera las afirmaciones de la crucifixión como folclore fabricado, no respaldado por datos empíricos”.

Todos estos “historiadores” señalan que tales acusaciones “sin fundamento”, propagadas en tiempos de Pascua, reflejan “patrones de amplificación de rumores” en la Inglaterra del siglo XII “en lugar de actos criminales corroborados”.

Según el “historiador” judío Joe Hillaby, la historia de Harold nunca se difundió ampliamente y fue mucho menos conocida que la de Guillermo de Norwich, pero fue de vital importancia porque “estableció que la mitología creada” en torno a la muerte de Guillermo “podía usarse como modelo para explicar muertes posteriores”. Según Hillaby, por primera vez, una muerte infantil “inexplicable” ocurrida cerca de la Pascua fue vinculada con judíos de la zona “por clérigos cristianos locales”.

Intervenciones Reales y Eclesiásticas

La veneración de Harold como mártir no recibió ningún apoyo por parte del rey Enrique II, quien presidió las acusaciones iniciales en 1168, pero se negó a participar personalmente o elevar este caso a nivel nacional, a diferencia del respaldo posterior de su hijo Enrique III al culto que rodeaba a Hugo de Lincoln en 1255. 

Este desinterés real estaba motivado por la dependencia financiera de la corona de los prestamistas judíos protegidos por la carta real, impidió que el culto se expandiera más allá de los círculos benedictinos locales en Gloucester y facilitó su supresión a principios del siglo XIII.

Borrando de la historia a Harold de Gloucester

Tras la reforma anglicana (1530-1540), la memoria de Harold y sus reliquias desaparecieron. Enrique VIII ordenó la disolución de los monasterios y la destrucción de santuarios que “fomentaban la idolatría”, y la Abadía de San Pedro se convirtió en lo que hoy conocemos como Catedral de Gloucester. Todos los altares o monumentos menores fueron destruidos o cubiertos.

En la bellísima Catedral de Gloucester no hay lugar para la “idolatría”, pero sí hay lugar para una hermosa placa conmemorativa dedicada a la masonería.


6 DE MAYO: SAN JUAN, ANTE PORTAM LATINAM


6 de Mayo: San Juan, ante Portam Latinam

(Año 92)

La Santa Madre Iglesia celebra en este día la fiesta de San Juan ante Porta Latinam, y en ella el asombroso martirio que padeció el discípulo del Señor junto a una puerta de Roma, llamada Latina, por salirse por ella a los pueblos del Lacio.

Estaba el gloriosísimo San Juan en la ciudad de Efeso gobernando las iglesias de Asia, cuando en la persecución de Domiciano fue preso y a pesar de su mucha edad le llevaron a Roma, donde por no querer obedecer a Domiciano y adorar los falsos dioses, fue condenado a ser echado en una tina de aceite hirviendo, para que con aquel tormento acabase su dichosa vida.

Se señaló el día para hacer aquel sacrificio, que fue el 6 de Mayo.

Estuvo el senado presente en el espectáculo, al cual concurrió toda la ciudad por la gran fama del Santo Apóstol, y habiéndolo primero azotado, como era costumbre de los romanos con los que condenaban a muerte, lo desnudaron y echaron en la tina de aceite hirviendo que allí tenían dispuesta.

Entró con grande alegría y seguridad el glorioso evangelista, acordándose que Cristo nuestro Señor le había dicho a él y a su hermano Santiago que beberían el cáliz de su pasión; más el Señor obró entonces un maravilloso prodigio que espantó a toda la ciudad; porque las llamas perdieron su fuerza y el aceite que ardía se convirtió en un rocío del cielo; y aunque se abrasaron algunos de los ministros impíos que atizaban el fuego, el venerable apóstol de Cristo salió resplandeciente, como suele salir el oro fino del crisol.

El emperador le mandó después a desterrar a una isla apartada que se llamaba Pathmos, donde el glorioso evangelista tuvo las grandes revelaciones que escribió en el Sagrado libro del Apocalipsis, que, como dice San Jerónimo, tiene tantos misterios como palabras.

Estuvo San Juan en este destierro hasta la muerte de Domiciano, y en este tiempo convirtió a aquellos isleños de Pathmos a la fe de Cristo.

Luego que mataron en Roma a Domiciano, con el aborrecimiento que todos le tenían, el senado revocó sus decretos y condenaciones, y con esto el santo evangelista volvió de su destierro a Asia, y fue recibido por los cristianos como si viniera del cielo, mirándole como a apóstol tan querido del Señor, y como a profeta y mártir que había padecido por Él, y a quien no había faltado la voluntad y ocasión de morir por Cristo, sino el efecto de la muerte que no le quiso conceder el Señor para que escribiese después el Sagrado Evangelio, y volase como águila a lo más alto del cielo para declararnos la eterna generación del Verbo Divino.

Del martirio de San Juan hacen mención Tertuliano y San Jerónimo.
 

martes, 5 de mayo de 2026

RECORDANDO EL PRIMER ENCUENTRO INTERRELIGIOSO DE ASÍS (1986)

El 27 de octubre de 1986, gracias a la iniciativa de Karol Wojtyla (alias “Juan Pablo II”) un aquelarre pagano se reunió en el “Primer encuentro interreligioso de Asís”.


Este evento fue llamado llamado “Jornada Mundial de Oración por la Paz” y llegaron desde distintas partes del mundo variadas sectas trayendo sus diversas creencias y siendo acogidos por el gran hereje Juan Pablo II.

Arriba, ilustrando este artículo, primera fila izquierda, vemos el altar de la Iglesia de San Pedro en Asís el 27 de octubre de 1986. En el altar había un pergamino/estandarte con inscripciones religiosas; sobre el Tabernáculo, en el centro, había un cilindro de vidrio que contenía una estatua dorada de Buda; frente a él había un incensario dorado con forma de flor de loto. Los otros objetos a su derecha —velas y un libro religioso— estaban ocultos por el estandarte púrpura que se encontraba a varios metros del altar, entre éste y el pasillo central de la iglesia.

La segunda foto, primera fila a la derecha, se puede ver a un dignatario budista tibetano quemando solemnemente incienso a su ídolo. En la segunda fila, vemos a dos grupos de monjes paganos alrededor del altar adorando a Buda.

Detalle del cilindro de vidrio con la estatua dorada de Buda

En estas fotografías, podemos observar al Dalai Lama, máxima autoridad de esa rama del budismo, presente en el acto de profanación y los monjes tibetanos adorando a su ídolo al pie del altar.

Detalle del incensario aún humeante

Pero, a juzgar por lo que ocurrió en aquel templo años después, este “Encuentro Interreligioso” o “Jornada Mundial de Oración por la Paz”, no habría sido del agrado de Dios, dado que el 26 de septiembre de 1997 un terremoto sacudió la región de Umbría y Las Marcas, dejando once víctimas fatales, cien heridos y alrededor de 80.000 edificios dañados. Durante el terremoto se derrumbó la bóveda de la Basílica de San Francisco de Asís y cuatro personas que se encontraban allí inspeccionando el lugar, murieron sepultadas bajo los escombros. Se trata de los técnicos Bruno Brunacci y Claudio Bugiantella, el fraile franciscano Angelo Api y el seminarista polaco Zdzisław Borowiec, de 22 años. El video del derrumbe fue filmado en directo por una emisora ​​local y pronto dio la vuelta al mundo.

La Basílica de Asís tal como estaba cuando el apóstata Wojtyla la eligió como sede del “Encuentro Panreligioso de Asís” en 1986. 

La Basílica desde el mismo ángulo tras el terremoto del 26 de septiembre de 1997. 

Algunas veces, parece que Dios tarda en llegar, pero Él nunca deja de obrar...
 

ORIGEN Y EXCELENCIA DE LA SABIDURIA ETERNA - (Cap 2)

Continuamos con la publicación del capítulo 2 del libro “El Amor de la Sabiduría Eterna” escrito por San Luis María Grignion de Montfort.


CAPITULO SEGUNDO

ORIGEN Y EXCELENCIA DE LA SABIDURIA ETERNA

Aquí es preciso exclamar con san Pablo: ¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! (1). Su generación, ¿quién la contará? (2) ¿Habrá un ángel tan iluminado, un hombre tan atrevido, que intente narrar como conviene el origen de la Sabiduría?

Aquí es preciso cerrar los ojos para no quedar deslumbrado ante luz tan viva y resplandeciente.

Aquí es preciso que enmudezca toda lengua para no empañar tan acabada hermosura al tratar de darla a conocer.

Aquí es preciso que todo espíritu se anonade y adore, temeroso de verse oprimido por el peso inmenso de gloria de la divina Sabiduría al intentar sondearla.

1 - LA SABIDURIA DIVINA EN RELACION CON EL PADRE

Sin embargo, ésta es la idea que de ella nos ofrece el Espíritu Santo adaptándose a nuestra debilidad- en el libro de la Sabiduría escrito para nosotros: la Sabiduría eterna es efluvio del poder divino, emanación purísima del Omnipotente. Por eso nada inmundo se le pega. Es reflejo de la luz eterna, espejo nítido de la actividad de Dios e imagen de su bondad (3).

Es la idea sustancial y eterna de la divina belleza, manifestada a san Juan Evangelista en el éxtasis maravilloso de la isla de Patmos, cuando exclamó: Al principio ya existía la Palabra -el Hijo de Dios o la Sabiduría eterna- la Palabra se dirigía a Dios, y la Palabra era Dios (4).

En diversos pasajes de los libros salomónicos se habla de ella cuando se lee que la Sabiduría fue creada o, mejor, engendrada desde el principio, antes que todas las cosas y todos los tiempos.

Ella dice de sí misma: Desde el principio me tiene formada, desde el comienzo, antes de la tierra.

Cuando no existía el abismo… ya estaba (5).

En esta belleza soberana encontró el Padre sus complacencias en la eternidad y en el tiempo. Así lo afirmó El mismo el día del bautismo y de la transfiguración de Cristo: Este es mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto (6).

Ella es aquella claridad luminosa e incomprensible, parte de cuyos rayos penetraron a los apóstoles, transportándolos en éxtasis durante la transfiguración: “(Ella) es una realidad noble, sublime, inmensa, infinita y más antigua que el universo” (7).

Si no hallo palabras con las cuales expresar la infinita idea que me he formado de esta belleza y dulzura soberanas -aun cuando esta idea esté muy por debajo de la realidad- ¿quién podrá hacerse de ella una idea exacta y explicarla como conviene? ¡Solamente tú, Dios soberano! ¡Porque sabes qué es ella! Y puedes revelarla a quien tú quieres (8).

2 - ACCION DE LA SABIDURIA EN LAS ALMAS

La Sabiduría se define a sí misma, sobre todo considerando sus efectos y acción en las almas (9). No mezclaré mis mezquinas palabras con las suyas para no disminuir su esplendor y sublimidad.

1. La Sabiduría se alaba a sí misma, se gloría en medio de su pueblo;

2. abre la boca en la asamblea de Dios y se gloría delante de sus potestades. (Será ensalzada en medio de su pueblo, y admirada en la plena congregación de los escogidos, y recibirá alabanzas de la muchedumbre de los elegidos, y será bendita entre los benditos y dirá:)

3. Yo salí de la boca del Altísimo y como niebla cubrí la tierra. (Yo hice nacer en los Cielos la luz indeficiente y)

4. habité en el Cielo con mi trono sobre columnas de nubes;

5. yo sola rodeé el arco del Cielo y paseé por la hondura del abismo;

6. regí las olas del mar y los continentes y todos los pueblos y naciones.

7. Por todas partes busqué descanso y una heredad donde habitar.

8. Entonces, el Creador del universo me ordenó, el Creador estableció mi morada: “Habita en Jacob, sea Israel tu heredad”.

9. Desde el principio, antes de los siglos me creó, y no cesaré jamás.

10. En la santa morada, en su presencia ofrecí culto y en Sión me establecí;

11. en la ciudad escogida me hizo descansar, en Jerusalén reside mi poder.

12. Eché raíces entre un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad.

13. Crecí como cedro del Líbano y como ciprés del monte Hermón;

14. Crecí como palmera de Engadí y como rosal de Jericó, como olivo crecí en la pradera y como plátano junto al agua.

15. Perfumé como cinamono y espliego y di aroma como mirra exquisita, como incienso, y ámbar, y bálsamo, como perfume de incienso en el santuario.

16. Como terebinto extendí mis raíces, un ramaje bello y frondoso; 

17. como vid hermosa retoñé; mis frutos y flores son bellos y abundantes.

18. (Yo soy la madre del amor hermoso, y del temor, y de la ciencia, y de la santa esperanza; en mí toda gracia y el camino de la verdad; en mí, toda la esperanza de vida y virtud).

19. Venid a mí los que me amáis y saciaos de mis frutos;

20. mi nombre es más dulce que la miel, y mi herencia, mejor que los panales. (Se hará memoria de mí en toda la serie de los siglos).

21. El que me come tendrá más hambre, el que me bebe tendrá más sed,

22. el que me escucha no fracasará, el que me pone en práctica no pecará. (Los que me esclarezcan tendrán la vida eterna.)

23. Todo esto es el libro de vida, la alianza con el Dios Altísimo y el conocimiento de la verdad (Eclo 24,1-23) (10).

Todos estos árboles y plantas a las cuales se compara la Sabiduría, y que poseen frutos y cualidades tan diferentes, simbolizan la gran variedad de estados, funciones y virtudes que produce en las almas.

Estas con como cedros, por la elevación de sus corazones hacia el cielo; como cipreses, por la meditación continua de la muerte; como palmeras, por la humildad en soportar sus fatigas; como rosales, por el martirio y efusión de su sangre; como plátanos al borde de las aguas; como terebintos, que extienden sus ramas a lo lejos, por la dilatación de su caridad para con el prójimo; como plantas olorosas (el bálsamo, la mirra, etc.), por la vida apartada y el deseo de ser más conocidos de Dios que de los hombres (11).

Después de haberse manifestado como madre y manantial de todos los bienes, la Sabiduría exhorta a todos los hombres a dejarlo todo para desearla solamente a ella. Pues no se da -en expresión de san Agustín- (12) sino a quienes la buscan con el ardor que merece realidad tan maravillosa.

En los versículos 21 y 22, la divina Sabiduría indica tres grados de piedad. El tercero de los cuales constituye la perfección. Son:

1. escuchar a Dios con humilde aceptación;

2. obrar en él y por él con perseverante fidelidad;

3. adquirir la luz y unción necesarias para inflamar a los demás en el amor a la Sabiduría y conducirlos a la vida eterna.

Notas:

1) Rm 11: 33. El tema del capítulo: excelencia de la Sabiduría vista desde sus relaciones con Dios y desde los frutos que produce en las almas.

2) Is 53: 8: que, basados en el texto griego y latino, no en el original hebreo, aplican los Padres de la Iglesia a la generación del Verbo -en la eternidad- y a la concepción virginal del Señor -en el momento de la encarnación. La aplicación de la expresión quiere recalcar el poder admirable del Señor y el origen misterioso de la Sabiduría.

3) Sb 7: 25-26.

4) Jn 1: 1.

5) Pr 8: 23-24.

6) Mt 3: 17.

7) Expresión tomada del antiguo oficio de la Transfiguración (himno de las primeras vísperas, estr. 2).

8) Mt 11,27; Lc 10,22: “Mi Padre me lo ha enseñado todo; quién es el Hijo lo sabe sólo el Padre; quién es el Padre lo sabe sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar”.

9) La Sabiduría narra su origen y su historia. El autor sagrado identifica la Sabiduría con la ley de Israel (v 23). El texto fue aplicado en la liturgia a la Santísima Virgen (ver VD 264).

10) Los pasajes entre paréntesis son del texto largo adoptado por la Vulgata y seguido por el P. de Montfort.

11) Ver H. Bonnet, Los Símbolos tradicionales de la sabiduría.

12) San Agustín, De moribus Ecclesiae catholicae I c.17 n. 31: PL 32,1324.


Continúa...
 

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (103)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


103. En los altos del Líbano, donde los pastores Benjamín y Daniel.
10 de febrero de 1945.

1 Jesús camina al lado de Jonatán siguiendo un terraplén verde y, por lo tanto, umbroso. Detrás van los apóstoles hablando entre sí.
Pedro separándose de ellos, se adelanta, y, franco como siempre, pregunta a Jonatán:
“¿Pero no era más rápido el camino que va a Cesarea de Filipo? Hemos cogido éste y... ¿cuándo vamos a llegar? ¡Tú con la patrona has ido por aquél!”.
“Con una enferma, me he atrevido a todo. Date cuenta de que yo soy de un cortesano de Antipas, y Filipo, después de aquel sucio incesto, no ve muy bien a los cortesanos de Herodes... Mira, no es por mí por quien temo. Lo que no quiero es crearos dificultades ni enemigos, y menos aún al Maestro. La Tetrarquía de Filipo tiene necesidad de la Palabra, como la tiene la de Antipas; si os odian, ¿cómo podéis...? Al regreso, si lo veis conveniente, vais por ese camino”.
“Alabo tu prudencia, Jonatán. Pero al regreso tengo intención de pasar hacia las tierras fenicias” dice Jesús.
“Están envueltas en las tinieblas del error”.
“Tocaré frontera, para recordarles que hay una Luz”.
“¿Crees que Filipo se desquitaría en un siervo del perjuicio que le ha causado su hermano?”.
“Sí, Pedro. Son iguales. Dominados por todos los más bajos instintos, no hacen distinción. Parecen animales y no hombres, créelo”.
“Y, sin embargo, teniendo en cuenta que Juan, hablando en nombre de Dios, ha hablado también en su nombre y favor, debería estimarnos, o sea, estimarle a El, que es pariente de Juan”.
“No os preguntaría ni siquiera de donde venís, ni quienes sois. Viéndoos conmigo –si me reconociera, o si algún enemigo de la casa de Antipas me señalara como siervo de su Procurador– seríais encarcelados inmediatamente. ¡Si supierais cuánto fango hay tras las vestiduras de púrpura! Venganzas, atropellos, delaciones, lujurias y hurtos son la pasta de su alma. ¿Alma?... ¡bien!, llamémosla así. Yo creo que ya no tienen alma. Vosotros mismos podéis verlo: para bien, pero... ¿por qué ha recobrado Juan la libertad? Por una venganza entre dos oficiales de la Corte. Uno, para quitarse de en medio al otro –tan favorecido por Antipas, que tenía a Juan en custodia–, por una suma abrió de noche el calabozo... Yo creo que atontó a su rival con un vino drogado, y a la mañana siguiente... el desdichado pagó con su cabeza la evasión del Bautista. Te digo que es un asco”.
“¿Y tu patrón está de acuerdo? Me parece bueno”.
“Lo es. Pero no puede actuar de otro modo. Su padre y el padre de su padre fueron de la Corte de Herodes el Grande. El hijo lo ha tenido que ser por fuerza. No lo aprueba, pero no puede más que limitarse a mantener a su mujer lejos de esa corte de vicios”.
“¿Y no podría decir "me das asco" y marcharse?”.
“Podría, pero, a pesar de que sea muy bueno, todavía no es capaz de tanto. Eso significaría casi ciertamente la muerte. Y ¿quién quiere morir por honestidad de espíritu llevada a su punto más alto? Un santo como el Bautista. Pero nosotros... ¡pobrecillos!”.

2 Jesús, que les ha dejado hablar entre sí, interviene: “Dentro de no mucho, en todo lugar de la tierra conocida, el número de los santos contentos de morir por esta honestidad hacia la Gracia y por amor a Dios será denso como flores en un prado abrileño”.
“¿Sí? Me gustaría saludar a estos santos y decirles: "¡Rogad por el pobre Simón de Jonás!"” dice Pedro. Jesús le mira fijo y sonriente.
“¿Por qué me miras así?”.
“Porque tú, prestándoles auxilio, los verás, y los verás cuando te lo presten a ti”.
“¿En qué, Señor?”.
“Para ser la Piedra consagrada por el Sacrificio, sobre la que se celebre y edifique mi Testimonio”.
“No te entiendo”.
“Entenderás”.
Los otros discípulos, que se habían acercado y que han escuchado, cuchichean entre sí.
Jesús se vuelve: “En verdad os digo que todos seréis probados con uno u otro suplicio: por ahora, el de la renuncia a las comodidades, a los afectos, a las cosas útiles; luego irá siendo una cosa cada vez más vasta, hasta llegar a aquella, excelsa, que os ciña con una diadema inmortal. Sed fíeles. Todos vosotros lo seréis. Y obtendréis esto”.
“¿Nos matarán los judíos, el Sanedrín acaso, por nuestro amor a ti?”.
“Jerusalén lava los umbrales de su Templo con la sangre de sus Profetas y sus Santos. Y también el mundo espera ser lavado... Abundan los templos de dioses horrendos. En un futuro serán templos del Dios verdadero y la lepra del paganismo quedará purificada con el agua lustral de la sangre de los mártires”.
“¡Oh! ¡Dios Altísimo! ¡Señor! ¡Maestro! ¡Yo no soy digno de tanto! ¡Soy débil! ¡Le temo al dolor! ¡Oh! ¡Señor!... O despide a tu inútil siervo, o dame fuerza. No querría menoscabar tu imagen, Maestro, con mi ruindad”. –Pedro se ha arrojado a los pies del Maestro y le está suplicando verdaderamente con el corazón en la voz– .
“Álzate, mi Pedro. No temas. Todavía mucho has de caminar... y llegará la hora en que no quieras sino cumplir el último esfuerzo. Y entonces tendrás todo, del Cielo y de ti mismo. Yo te estaré mirando admirado”.
“Tú lo dices... y yo lo creo. ¡Pero soy un tan pobre hombre!”.

3 Se ponen de nuevo a caminar...
...y después de una buena interrupción, cuando ya se ha dejado la llanura para encumbrarse hasta la parte alta de un monte boscoso y progresivamente elevado, continúo viendo. Ni siquiera debe ser el mismo día, porque, mientras antes de la interrupción la mañana era ya tórrida, ahora apenas empieza una hermosa aurora que enciende, en todos los tallitos, pequeños diamantes líquidos. Bosques y más bosques de coníferas han quedado abajo, pero sigue habiendo bosques arriba, dominadores desde lo alto, bosques que como verdes catedrales acogen entre sus intercolumnios a los peregrinos incansables.
Este Líbano es verdaderamente una cadena estupenda. No sé si es Líbano todo el complejo o este monte sólo. Sé que veo sierras boscosas erguirse en nudo alto y enredado de crestas y barrancos, de valles y mesetas a lo largo de las cuales discurren, para luego precipitarse abajo, torrentes que parecen cintas de plata ligeramente verde–azul. Aves de todo tipo llenan de cantos y vuelos los bosques de coníferas, que son todo un perfume de resinas en esta hora matutina. Volviendo la mirada hacia abajo –mejor, hacia Occidente–, se ve lejos reír el mar, amplio, quieto, solemne, y toda la costa que se extiende hacia el Norte, hacia el Sur, con sus ciudades, sus puertos y los raros cursos de agua que desembocan en el mar y que dibujan, apenas, una coma luciente sobre la tierra árida (con la poca agua suya que el sol del verano seca) y un signo amarillento de dedo en el azul del mar.
“Son hermosos estos lugares” observa Pedro.
“Y no hace tampoco mucho calor” dice Simón.
“Con estos árboles, el sol molesta poco...” añade Mateo.

4 “¿Han cogido de aquí los cedros del Templo?” pregunta Juan.
“De aquí. Son éstos los bosques que dan las maderas más bellas. El patrón de Daniel y Benjamín tiene muchísimos, además de tener ricos rebaños. Sierran los árboles en el propio lugar y luego los transportan hacia abajo por aquellas acanaladuras o a fuerza de brazos. Trabajo difícil cuando los troncos deben ser usados enteros, como fue el caso del Templo. No obstante, paga bien y hay muchos a su servicio; además es bastante bueno. No es como el feroz Doras. ¡Pobre Jonás!” responde Jonatán.
“¿Pero cómo es posible que los que están a su servicio sean casi esclavos? Cuando le dije: "Déjale plantado y ven con nosotros, que Simón de Jonás podrá ofrecerte en el peor de los casos un pan", me respondió: "No puedo si no pago mi rescate". ¿Qué historia es ésta?”.
“Doras –y no sólo él en Israel– habitualmente hace esto: cuando ve que uno que está a su servicio es bueno, le conduce con aguda astucia a la esclavitud. Le carga en cuenta falsas sumas que el pobre hombre no puede pagar; cuando la suma es suficiente, dice: "Tú eres esclavo mío por deudas"”.
“¡Qué vergüenza! ¡Y además es fariseo!”.
“Sí. Jonás mientras tuvo ahorros pudo pagar.. luego... Un año el granizo, otro la sequía, el trigo y la uva dieron poco, Doras multiplicó el daño por diez... y otra vez por diez. Posteriormente Jonás cayó enfermo debido al excesivo trabajo. Doras le prestó la suma necesaria, pero quiso el doce por uno. Como Jonás no lo tenía, añadió esto al resto. En pocas palabras: pasados unos años, se había acumulado una deuda que le hizo esclavo; y jamás le dejará marcharse... siempre encontrará otras disculpas y otras deudas...” –Jonatán está triste pensando en su amigo–.
“¿Y tu patrón no podía...?”.
“¿Qué? ¿Hacer que le trataran como a un ser humano? ¿Pero quién se enfrenta a los fariseos? Doras es uno de los más poderosos; creo que incluso es pariente del Sumo Sacerdote... Al menos eso se dice. Una vez, cuando le dieron de palos a Jonás hasta dejarle exánime, y yo lo supe, lloré tanto, que Cusa me dijo: "Pago yo su rescate por hacerte feliz". Pero Doras se le rio delante de su cara y no aceptó nada. ¡Ese!... tiene los campos más ricos de Israel... pero, te lo juro, han sido abonados con la sangre y las lágrimas de sus siervos”.
Jesús mira a Simón Zelote y éste mira a Jesús. Ambos están apenados.
“¿Y este de Daniel es bueno?”.
“Al menos, humano. Quiere, pero no oprime, y, dado que los pastores son honestos, los trata con amor; son los que mandan en los pastos. A mí me conoce y me respeta porque soy un doméstico de Cusa y... podría serle útil... Pero, Señor, ¿por qué el hombre es tan egoísta?”.
“Porque el amor fue estrangulado en el Paraíso Terrenal. Yo vengo, no obstante, a aflojar el lazo y a dar nueva vida al amor”.

5 “Hemos llegado a la propiedad de Eliseo. Los pastos están aún lejanos, pero a esta hora las ovejas casi siempre están en los apriscos, por el sol. Voy a ver si están”. Y Jonatán se marcha casi corriendo.
Vuelve después de un rato con dos pastores entrecanos y robustos, los cuales realmente se precipitan abajo por la pendiente para ir a donde Jesús.
“La paz a vosotros”.
“¡Oh! ¡Nuestro Niño de Belén!” dice uno de ellos; el otro: “Bendita seas, Paz de Dios, que has venido a nosotros”. Los dos hombres están prontos sobre la hierba. El saludo a un altar no es tan profundo como éste dedicado al Maestro.
“Levantaos. Os devuelvo la bendición, y me alegra hacerlo porque la bendición desciende con gozo sobre quien es digno de ella”.
“¡Oh, dignos nosotros!...”.
“Sí, vosotros, que habéis sido siempre fieles”.
“¿Quién no lo habría sido? ¿Quién puede borrar aquella hora? ¿Quién puede decir: "No es verdad lo que vimos"? ¿Quién puede olvidar que Tú nos sonreíste durante meses, cuando, volviendo entre las ovejas al atardecer, te llamábamos y Tú, al son de nuestros caramillos, batías las manitas?... ¿Le recuerdas, Daniel? Casi siempre vestido de blanco en los brazos de su Madre; te nos mostrabas entre rayos de sol en el prado de Ana, o a la ventana; parecías una flor depositada sobre la nieve del vestido materno”.
“Y aquella vez que viniste, dando los primeros pasos, a acariciar a un corderito menos rizado que Tú... ¡Qué feliz se te veía! Y nosotros no sabíamos qué hacer de nuestras rudas personas. Habríamos deseado ser ángeles para aparecerte menos burdos...”.
“¡Amigos míos!, Yo veía vuestro corazón, y eso veo también ahora”.
“¡Y nos sonríes como entonces!”.
“¡Y has venido hasta aquí, donde los pobres pastores!”.
“Donde mis amigos. Ahora estoy contento. Os he vuelto a encontrar a todos y ya no os perderé. ¿Podéis dar hospedaje al Hijo del hombre y a sus amigos?”.
“¡Señor! ¿Tú lo pides? No nos falta ni pan ni leche, pero si tuviéramos sólo un bocado te lo daríamos con tal de tenerte con nosotros. ¿Verdad, Benjamín?”.
“¡Hasta el corazón te daríamos por alimento, nuestro anhelado Señor!”.
“Vamos, entonces. Hablaremos de Dios...”.
“Y de tus parientes, Señor. ¡José, tan bueno! ¡María..., Oh, la Madre! Fijaos, mirad este narciso bañado de rocío, hermoso y puro con su corola como una estrella adiamantada. Ella, sin embargo... ¡Oh, esto no es sino fealdad en comparación con la Madre! Una sonrisa suya era purificación; encontrarla, una fiesta; oírla, santificarse. ¿Te acuerdas de aquellas palabras también tú, Benjamín?”.
“Sí. Te las puedo repetir, Señor. Porque cuanto Ella nos dijo en los meses en que pudimos oírla está escrito aquí (y se señala el pecho). Es la página de nuestra sabiduría. Nosotros podemos comprenderla porque es palabra de amor y el amor lo entienden todos. Ven, Señor, entra y bendice esta morada feliz”.
Entran en una estancia cercana al vasto redil y todo termina.

Continúa...

5 DE MAYO: SAN PÍO V, PAPA Y CONFESOR


5 de Mayo: San Pío V, Papa y Confesor

(✞ 1572)

El gran Pontífice de la Iglesia, Pío V, de nombre Gisleri, fue natural de Bosco, Villa del estado de Milán, y nació de padres pobres en una humilde choza.

Pasaron por su pueblo dos Religiosos de Santo Domingo y viendo al niño Miguel, que así se llamaba, se le aficionaron por ver su buena inclinación y Miguel se aficionó a ellos; y así le llevaron consigo al convento de Voguera, de la provincia de Lombardía.

Convento de Voguera, hoy Iglesia de Santa María delle Grazie

Terminados sus estudios fue nombrado sucesivamente, Prior de varios conventos, Obispo de Nepi, Cardenal y finalmente, Soberano Pontífice.

Las ropas interiores que traía eran pobres y remendadas, la estameña de sus camisas era de la más áspera, y su mesa era tan parca como la de un pobre oficial.

Cuatro mil escudos gastaba cada año en casar huérfanas, visitaba él mismo los hospitales, y a sus deudos más cercanos, les dejó en el estado en que los halló.

Con cien mil ducados de gasto, resucitó en Roma el arte de tejer lanas para desterrar las telas de los extranjeros que sacaban el dinero de la ciudad.

Ofrecía un homicida diez mil ducados por librarse de la muerte a que estaba ya condenado, y respondió San Pío:

- Si con dinero se rescatase la vida, las penas solo se hicieran para los pobres.

Reformó el sacro Palacio y la ciudad de Roma, limpió de forajidos la Italia, solicitó que se coligasen los príncipes de Italia y España para hacer guerras contra los hugonotes, socorrió a Flandes contra los rebeldes a su Dios y a su rey, declaró a la reina Isabel de Inglaterra como hereje absolviendo a sus súbditos del juramento de fidelidad, esforzó a la reina de Escocia a la constancia en la fe, pacificó Polonia, y procuró unir a los príncipes cristianos contra los turcos, y por las oraciones del santo pontífice se alcanzó la insigne y milagrosa victoria naval de Lepanto.

Finalmente, hizo en seis años de Pontificado lo que era bastante para llenar un siglo; y a los setenta y ocho años de edad, recibió la corona inmortal por sus heroicas virtudes, apareciéndose a Santa Teresa de Jesús, con gran gloria y de camino para el cielo.

Lo enterraron en la capilla de San Andrés, donde grabaron este epitafio en mármol:
Pío V, Pontífice, Restaurador de la Religión y honestidad, establecedor de la rectitud y Justicia, renovador de la disciplina y costumbres, defensor de la cristiandad.
Habiendo dado leyes saludables, conservando a la Francia, coligado a los príncipes y conseguido la victoria sobre los turcos, en heroicos hechos e intentos en gloria de paz y guerra: “Máximo Pío Feliz y Optimo Príncipe”.