sábado, 6 de junio de 2026

EL CIRCO DE LEÓN SE DOBLEGA ANTE OBISPOS FALSOS Y AMENAZA LA FSSPX

La iglesia de León sigue demostrando a quién acoge, a quién teme y a quién rechaza.

Por Chris Jackson


La pregunta que nadie quiere que se haga

¿Inclinaría el “obispo” Peter Collins de East Anglia la cabeza para recibir la bendición de un obispo de la FSSPX?

Por supuesto que no.

Ya casi se puede oír el comunicado de prensa: preocupación por la comunión eclesial, angustia por la irregularidad en el estatus, fidelidad al sucesor de Pedro, la grave herida del cisma y todo el habitual fervor por la cobardía. Roma siempre encuentra un canon cuando la tradición está en juego. La burocracia tiene un cajón lleno de ellos.

Sin embargo, esa misma jerarquía logra encontrar sonrisas, calidez, presencia mutua, testimonio compartido y “amistad” cuando la otra parte es anglicana. En Walsingham, el propio diario diocesano de Collins lo registró asistiendo a la peregrinación al Santuario Anglicano de Nuestra Señora de Walsingham el 25 de mayo a las 11:30. El programa de la peregrinación anglicana indicaba la “misa solemne” de las 12 del mediodía con Luke Irvine-Capel, el “obispo” anglicano de Richborough, como celebrante principal, seguida de un sermón, una procesión y una bendición predicada por John Wilson, el “arzobispo católico” de Southwark.

Dejando de lado la fotografía que circula de Collins inclinándose para recibir la “bendición” anglicana, los registros verificados ya son suficientemente incriminatorios. Un “obispo católico” asistió a un evento público en un santuario anglicano centrado en un rito eucarístico inválido, presidido por un hombre que se hace llamar “obispo” en una comunión cuyas órdenes León XIII había declarado inválidas. El artículo ecuménico incluso consideró “particularmente llamativo” que un “obispo” anglicano presidiera la celebración eucarística principal mientras un “arzobispo católico” predicaba más tarde ese mismo día. Collins figuraba entre los líderes de las iglesias católica, anglicana y ortodoxa presentes.

“Particularmente llamativo” es una forma de decirlo.

Otra forma: la iglesia conciliar ahora trata el fraude sacramental como una forma de “comunión”, mientras que considera la Tradición Católica como un riesgo biológico.

El “obispo” sin órdenes

Los católicos solían entender esto sin necesidad de un comité, una sesión de escucha sinodal o una hoja de trabajo de acompañamiento pastoral.

En su obra Apostolicae Curae, León XIII consideró inválidas las ordenaciones según el rito anglicano por defectos de forma e intención, y las declaró “completamente nulas y sin efecto”. El texto en latín afirma que las ordenaciones realizadas según el rito anglicano “han sido y son completamente nulas y sin efecto”.

Esto significa que un “obispo” anglicano, por muy ornamentadas que sean sus vestiduras, no es un obispo en el sentido sacramental católico. No es sucesor de los Apóstoles. No puede ordenar. No puede ofrecer el Santo Sacrificio. No puede impartir la bendición episcopal porque no posee el episcopado.

Imaginen el absurdo. Un obispo católico no honrará públicamente a un obispo tradicional válidamente consagrado cuyo único delito real es rechazar la revolución del concilio Vaticano II. Sin embargo, puede aparecer tranquilamente en una ceremonia donde un laico anglicano, vestido de obispo, preside lo que los católicos deben considerar un rito eucarístico inválido.

Esa es toda la crisis resumida.

La validez no importa cuando el ambiente es “ecuménico”. Pero si un obispo católico tradicional consagra sucesores para preservar la antigua Misa, la antigua doctrina, el antiguo sacerdocio y los antiguos sacramentos, Roma recuerda de repente que los obispos importan.

El Vaticano advirtió recientemente a la FSSPX que sus consagraciones episcopales previstas constituirían “un acto cismático” y acarrearían la “excomunión”

El “cardenal” Fernández calificó las consagraciones del 1 de julio, previstas por la FSSPX, como una “decisión sumamente grave”, mientras que la AP señaló que la FSSPX aún no tiene estatus legal en la estructura posconciliar, a pesar de su crecimiento mundial y su apego a la Misa en latín anterior al concilio Vaticano.

Ahí está. El anglicanismo consigue la amistad. La FSSPX consigue a Fernández.

Florencia y el Evangelio de la Afirmación

El episodio ocurrido en Walsingham ya sería bastante malo por sí solo. Y empeora aún más al compararlo con el de Florencia.

El 21 de mayo, el “arzobispo” Gherardo Gambelli de Florencia ofreció esta reflexión durante una vigilia de oración diocesana para “superar la homotransfobia”, organizada en colaboración con “grupos católicos lgbtq”. El medio Outreach publicó “su reflexión” bajo el titular de que la iglesia debe ser “un hogar para todos”.

Gherardo Gambelli

El folleto oficial de la vigilia es más revelador que cualquier resumen hostil. Comienza con oraciones y un lenguaje que presenta la reunión como una celebración de personas de todas las orientaciones sexuales e “identidades de género”. El texto da la bienvenida a los presentes “sin diferencias de orientación sexual, identidad de género, creencias ni etnias”, al tiempo que recuerda a las personas homosexuales, transexuales y de otras categorías de “orientación e identidad” como víctimas de violencia y exclusión.

Luego vinieron los “testimonios”. Un orador elogió la famosa frase de Francisco “¿Quién soy yo para juzgar?” como un punto de inflexión que transformó la imagen del papado, pasando de juez a hermano. Habló de haber encontrado a Cristiano, su “pareja” desde hace dieciocho años, y describió su posterior “acogida” en la iglesia como “un regalo”, agradeciendo al “arzobispo” Gherardo por no haber retrocedido jamás ante situaciones de discriminación.

Ese es el verdadero sermón, independientemente de las palabras que Gambelli haya elegido.

El mensaje no es difícil de descifrar. La antigua Iglesia llamaba al pecador al arrepentimiento. La nueva iglesia le enseña a narrar su pecado como un carisma, su desorden como una identidad, su resistencia a la conversión como autenticidad espiritual.

La doctrina católica no es oscura. El Catecismo afirma que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados, contrarios a la ley natural, incompatibles con el don de la vida, carentes de una auténtica complementariedad afectiva y sexual, e imposibles de ser aprobados bajo ninguna circunstancia. Asimismo, enseña que las personas con arraigadas tendencias homosexuales están llamadas a la castidad, el dominio de sí mismas, la oración y la gracia sacramental.

La Congregación para la Doctrina de la Fe emitió en 1986 una carta que es aún más contundente. Afirma que la actividad homosexual es contraria a la sabiduría creadora de Dios, impide la plenitud y confirma en la persona una inclinación sexual desordenada. Advierte que grupos de presión dentro de la Iglesia intentan presentar toda crítica a la actividad y el estilo de vida homosexual como “discriminación injusta”. También insta a los obispos a retirar su apoyo a las organizaciones que socavan, distorsionan o ignoran la enseñanza de la Iglesia.

Ahora compárelo con Florencia.

La antigua Congregación para la Doctrina de la Fe advertía a los obispos que no apoyaran a grupos de presión homosexuales. El arzobispo moderno se sitúa en el santuario, ofrece su presencia, brinda una cálida bienvenida y permite “testimonios” que elogian una relación homosexual de dieciocho años como vía hacia la aceptación eclesial.

Eso es un colapso doctrinal supervisado.

Suiza y la criminalización de la sanación

Los obispos suizos han añadido una pieza más al rompecabezas. El 26 de mayo, la Conferencia Episcopal Suiza respaldó el objetivo de prohibir a nivel nacional las llamadas “terapias de conversión”. En su declaración, definieron dichas medidas como “intervenciones destinadas a cambiar o suprimir la orientación sexual, la identidad de género o la expresión de género”, al tiempo que insistieron en que la atención pastoral, el asesoramiento y la psicoterapia, sin restricciones de tiempo, deben seguir estando protegidos.


Naturalmente, condenaron la presión, las amenazas, la manipulación, la humillación y la coacción. De acuerdo. Ningún católico tiene por qué defender el abuso. El problema radica en la orientación teológica de la declaración. Los obispos no se limitan a condenar la brutalidad. Hablan como si cualquier esfuerzo deliberado por ayudar a una persona a superar una inclinación sexual desordenada o una confusión de género fuera inherentemente sospechoso, a menos que permanezca “abierto”.

¿Abierto a qué?

La frase suena suave porque ha sido diseñada para sonar suave. En la práctica, el “acompañamiento abierto” suele significar que el consejero puede caminar junto al penitente, escucharlo, afirmar su dignidad y validar su relato, siempre y cuando nunca lo dirija claramente hacia el orden moral que Dios ha revelado.

La declaración suiza toma el régimen terapéutico moderno y bautiza sus categorías: “Orientación sexual”, “Identidad de género”, “Expresión de género”. Los “obispos” utilizan el vocabulario de la revolución y luego se preguntan por qué la doctrina católica se desvanece dentro de ella.

El enfoque católico tradicional era más claro y misericordioso. Incluso el documento vaticano de 1995 sobre la sexualidad humana afirma que las tendencias homosexuales deben distinguirse de los actos homosexuales, que estos últimos son intrínsecamente desordenados y contrarios a la ley natural, y que muchos casos pueden beneficiarse de una terapia adecuada, especialmente antes de que los actos homosexuales se conviertan en un hábito. Asimismo, aboga por el respeto, la dignidad, la delicadeza y la evitación de la discriminación injusta.

Observa el equilibrio. La verdadera compasión no niega el desorden ni le dice a un hombre herido que la herida es su ser más profundo.

Los “obispos” suizos hablan de “abuso espiritual” cuando la religión se utiliza para avergonzar o manipular. ¿Cómo llamaremos a la situación en la que los “obispos” usan la religión para mantener a las almas atrapadas en sus pasiones? ¿Cómo llamaremos a la situación en la que los “pastores” tratan la sanación como violencia y el arrepentimiento como daño psicológico?

Cristo le preguntó al paralítico: “¿Quieres ser sanado?”

Los “obispos” modernos parecen aterrorizados ante la posibilidad de que alguien responda que sí.

Daegu y la máquina de los nombramientos

Luego está el nombramiento del “obispo” Simon Jong-Gang Kim como “arzobispo coadjutor” de Daegu, Corea. La Santa Sede anunció el 26 de mayo que León XIV había designado a Kim, hasta entonces “obispo” de Cheongju, para la arquidiócesis metropolitana de Daegu. La biografía del Vaticano destaca su papel en la formación de seminaristas, la conferencia episcopal coreana, la doctrina, las beatificaciones y canonizaciones, la pastoral juvenil y la pastoral misionera.

Simon Jong-Gang Kim

La prensa local coreana destacó que se trata del primer “arzobispo coadjutor” en los 115 años de historia de Daegu y que el nombramiento conlleva derechos de sucesión. En otras palabras, no es un cargo meramente simbólico, sino un plan de sucesión. Kim se incorpora al futuro de una de las principales arquidiócesis de Corea.

Según los informes, Kim es de tendencia política izquierdista y está vinculado a círculos “católicos” activistas. La maquinaria de nombramientos de León XIV sigue promoviendo a hombres formados en el vocabulario pastoral de la era de Francisco: juventud, migración, ecología, acompañamiento, activismo social, sinodalidad, un lenguaje misionero alejado de las “rígidas doctrinas”.

El mismo tipo de persona sigue apareciendo. Los mismos instintos siguen siendo recompensados.

Un obispo puede ser flexible en cuanto a las fronteras ecuménicas. Puede presidir o participar en eventos que apoyen a la comunidad lgbt. Puede adoptar la gramática de la antropología terapéutica moderna. Puede hablar incansablemente de acogida, inclusión, diálogo y acompañamiento.

Pero si un obispo preserva el catolicismo tradicional fuera de los cauces establecidos, Roma se convierte de repente en Atanasio con una máquina de fax.

La nueva Mercy tiene enemigos

El denominador común aquí no es la confusión. La confusión es lo que quieren que sientan los católicos comunes.

El hilo es prioritario.

El establishment conciliar sabe perfectamente lo que hace. Puede tolerar a “obispos” anglicanos inválidos porque el anglicanismo ya no representa una amenaza para el sistema. Puede tolerar testimonios homosexuales presentados como “gracia” porque la revolución sexual encaja a la perfección en el culto posconciliar a la “experiencia”. Puede tolerar un lenguaje legal en contra de la “conversión” porque el mundo moderno ya ha decidido que la castidad es “violencia psicológica”. Puede tolerar a “obispos” activistas porque extienden el mismo proyecto bajo la apariencia “episcopal”.


Lo único que no tolera es que la vieja religión actúe como si aún tuviera derechos. La antigua Misa, el antiguo sacerdocio, la antigua doctrina y el antiguo episcopado son intolerables porque exponen el fraude.

La FSSPX no solo prefiere el latín, sino que representa una acusación viva. Su continua existencia demuestra que el concilio Vaticano II no fue un concilio pastoral inofensivo cuya implementación se descuidó un poco. Afirma que la nueva orientación produjo una nueva religión del hombre, basada en el diálogo, la libertad, el ecumenismo y la ambigüedad doctrinal.

Por eso Roma prefiere acoger a un “obispo” falso antes que tolerar a uno real al que no puede controlar.

¿Deseas sentirte completo?

La mentira más cruel de todo esto es la afirmación de que la práctica pastoral moderna es “más compasiva” que la doctrina católica.

Un hombre agobiado por pasiones desordenadas no necesita un “obispo” que admire sus cadenas. Una mujer confundida acerca de su identidad no necesita un “comité sinodal” que confirme su confusión. Un pecador no necesita un micrófono en el templo para contarle a la congregación “lo rechazado que se sintió hasta que la iglesia dejó de pedirle que se arrepintiera”.

Ellos necesitan a Cristo.


Cristo no disimula la herida; la sana. Cristo no le dice a la adúltera que integre su historia a la comunidad; la perdona y le ordena que no peque más. Cristo no deja al paralítico en su camilla para que nadie se sienta juzgado por caminar; le dice que se levante.

Los “obispos” modernos han invertido la misericordia. Llaman “identidad” al desorden, “violencia” a la corrección y “amistad” al indiferentismo ecuménico. Y llaman “cisma” a la resistencia católica tradicional.

Y de alguna manera, todavía esperan que los católicos comunes no se den cuenta del diseño.

• Un “obispo católico” puede asistir a una peregrinación anglicana donde un hombre sin órdenes válidas preside como “obispo”

• Un “arzobispo católico” puede otorgar legitimidad diocesana a una vigilia lgbt donde la relación homosexual de larga duración se integra en un discurso de acogida eclesial. 

• Una “conferencia episcopal” puede respaldar la hostilidad legal hacia los esfuerzos por restablecer el orden sexual. 

• Un “nuevo pontificado” puede seguir colocando personal de la era de Francisco en sedes estratégicas.

Pero si el viejo mundo católico intenta preservar a los Obispos, los Sacerdotes, la Misa, la Doctrina y los Sacramentos, de repente la máquina de la misericordia se convierte en una guillotina.

Esa es la verdadera lección de Walsingham, Florencia, Suiza y Daegu.

La jerarquía posconciliar tiene cabida para casi todos. Pseudo-obispos anglicanos. Activistas lgbt. Burócratas sinodales. Cargos progresistas. Moralistas terapéuticos. Eclesiásticos políticos. Todos son bienvenidos a la mesa del diálogo.

La antigua fe católica también es bienvenida, siempre y cuando llegue encadenada, pida disculpas por existir, acepte no reproducirse jamás y acepte su reserva en el borde del parque eclesial.

De lo contrario, Fernández se pondrá en contacto con usted.

 

LA MUJER GUERRERA DE DIOS

Continuamos con la publicación del capítulo VIII del tercer y último Tomo del libro “La Conjuración Anticristiana” de Monseñor Henri Delassus, publicado el año 1910.


TOMO I: LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA

TOMO II: EL AMERICANISMO Y LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA

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CAPÍTULO VIII

LA MUJER GUERRERA DE DIOS

Desde finales de la Edad Media, ha existido en la cristiandad un impulso constante, ejercido no solo sobre los individuos sino sobre los pueblos en su conjunto, orientado a modificar el objetivo que la actividad humana se había fijado, basado en la palabra de Cristo. Este objetivo era la vida eterna. Costumbres, tradiciones, leyes e instituciones se habían ido configurando gradualmente en torno a este principio. Desde el Renacimiento, se ha manifestado una tendencia contraria que se fortalece y desarrolla día a día: la de convertir en meta de toda actividad social y personal la mejora de las condiciones de vida presentes para alcanzar un goce más pleno y universal. “El siglo XIV marcó el camino -afirma Taine- y desde entonces, cada siglo se ha dedicado exclusivamente a preparar nuevos conceptos en el ámbito de las ideas y nuevas instituciones en la esfera política (que se corresponden con el nuevo ideal). Desde entonces, la sociedad ya no encuentra en la Iglesia su guía, ni la Iglesia su imagen en la sociedad”.
 
¿Volverán alguna vez las naciones a la guía de la Iglesia? ¿Verá la Iglesia de nuevo a los pueblos escuchar y abrir sus corazones al Sermón de la Montaña? ¿O se contentará Dios ahora con reunir almas de entre una sociedad que se aleja cada vez más de Él? La idea de la civilización cristiana aún perdura en muchas mentes; está resurgiendo en muchos, y la Iglesia siempre está presente para mantenerla y recordársela. ¿Prevalecerá finalmente sobre la idea de la civilización naturalista? Y tras una lucha de varios siglos, ¿logrará vencer la tentación satánica y reanudar su marcha ascendente durante un período de tiempo que no podemos calcular, pero que bien podría ser más largo que el período de desorden en el que, lamentablemente, nos hemos extraviado durante demasiado tiempo?
 
¿Quién se atreve a soñar con eso?
 
Y, sin embargo, sabemos que Dios, con frecuencia, deja en manos de las pasiones humanas desatadas y del mismo diablo la tarea de ejecutar su voluntad y cumplir sus designios eternos. “Tal es, si no me equivoco -dice el cardenal Pie- la parte habitual de la Providencia en la historia de los siglos: el hombre se mueve, se agita, en el ámbito de sus pensamientos, de sus deseos a menudo pecaminosos; y Dios, experto en extraer el bien del mal, convierte los obstáculos en medios, y del crimen mismo forja un arma poderosa. Entonces el resultado proviene de Dios y siempre es admirable” (1).
 
Sin embargo, Dios no quiere actuar solo. Nos ha dado libertad, y es la gran ley del mundo sobrenatural que la usemos, para que tengamos mérito por nuestras obras y Él nos dé la recompensa.
 
El primer uso de la libertad ante la tentación es la autodefensa. Desde el renacimiento del naturalismo, la Iglesia y sus fieles nunca han dejado de hacerlo. Nuestra intención no es relatar lo que los católicos, a lo largo de estos cinco o seis siglos, han opuesto a la invasión del naturalismo en la cristiandad. No describiremos las luchas teológicas que esta invasión ha provocado en innumerables frentes, luchas a través de las cuales el error refutado ha servido para dar a la verdad una claridad más precisa y poderosa. Tampoco relataremos la historia de los esfuerzos realizados para apoyar y mantener las instituciones sociales concebidas e implementadas en el espíritu de la civilización cristiana. Estos dos enfoques —defensa y ataque— requerirían un debate interminable, que queda fuera del alcance de este libro.
 
Lo que exige el tema que se está tratando, en el punto al que ha llegado, es lo siguiente:
 
Hemos expuesto las acciones secretas de los masones, liderados por judíos, a su vez guiados por Satanás, para reemplazar la civilización cristiana por una civilización humanitaria y naturalista. La contraparte nos exige buscar si no existe otra acción secreta, la de almas santas iluminadas, guiadas por el Cielo, que contrarreste y obstaculice la obra del Infierno y, en última instancia, la destruya. La sentencia pronunciada por Dios al principio del mundo: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y la suya; él te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el talón” —nos indica que nuestra búsqueda no debe ser en vano.

Tú eres Satanás; la Mujer es María. La descendencia de la serpiente incluye a la multitud de quienes lo siguen, ángeles y hombres. Él les transmite algo de su poder, Dedit illi virtutem suam et potestatem magnam (Ap. XIII, 2). La raza de la Mujer es la multitud de los fieles (2).
 
San Máximo de Turín hace esta observación: “Dios no dice: “Yo daré”, para que no se entendiera de Eva. La promesa se refiere al futuro: “Yo daré”, designando así a la mujer que dará a luz al Salvador”. Por otro lado, con estas palabras, semen tuum, semen illius, Dios no pudo haber significado una generación carnal. Satanás no tiene ni puede tenerla. Entre los seres inmateriales, solo Dios engendra un Hijo. Se trata, por lo tanto, de otro tipo de paternidad y de otro tipo de filiación: una paternidad y una filiación morales basadas en la semejanza y la adopción. Hay hijos del diablo que proceden de él en la medida en que los induce al pecado, y que son sus hijos por la semejanza que el pecado les confiere. “Tenéis al diablo por padre”, dijo Nuestro Señor a los judíos, “y cumplís los deseos de vuestro padre”. Y también hay hijos de María que la aman y son amados por ella, que la admiran y que, en esa admiración, llegan a ser, con su ayuda, semejantes a ella.
 
María los concibió en su corazón el día de la Anunciación y cooperó en el Calvario en su nacimiento espiritual. Al concebir al Salvador según la carne, nos concibió en espíritu, porque concibió nuestra Redención (3).
 
Por lo tanto, las dos razas se enfrentan claramente y la causa que las ha llevado al conflicto proviene del Cielo y de la tierra; los campeones de lo alto están hoy en nuestro campo de batalla.

El apóstol San Juan vio claramente la unidad de esta guerra. Describió sus dos fases, ambas ocurridas ante la Mujer y, por así decirlo, bajo su liderazgo.
 
En el capítulo XII de su Apocalipsis, nos muestra a la Mujer revestida del sol de la divinidad. “El Verbo, sosteniendo la vestidura de carne de María -dice San Bernardo- la hace irradiar la gloria de su majestad”. La luna, imagen del mundo inestable que ella domina y gobierna con su Hijo Jesús, está bajo sus pies. Sobre su cabeza lleva una corona de doce estrellas, símbolo de sus prerrogativas que le otorgan un esplendor superior al de las criaturas más sublimes.

Esta es la Madre de Cristo, la Madre de Dios, que está representada aquí.
 
Está a punto de convertirse en la Madre de toda la humanidad, Clamabat parturiens et cruciabatur ut pariat. Está en el Calvario. “Me parece- dice Bossuet- que oigo a María hablando con el Padre Eterno con un corazón a la vez abierto y oprimido: oprimido por un dolor extremo, pero al mismo tiempo abierto a la salvación de la humanidad mediante la santa expansión de la caridad”. Es en medio de estos dolores extremos, por los que participa de los tormentos de la cruz, que Jesús la asocia a su fecundidad: “Mujer, ahí tienes a tu Hijo. Ahí tienes a tu Madre”.
 
El dragón, que ha arrastrado con su cola un tercio de las estrellas del cielo, se detiene ante la Mujer y quiere devorar a su hijo. Desde allí la batalla continuará hasta el día en que se oiga una voz en el cielo que diga: “Ahora se ha establecido la salvación de nuestro Dios, y su poder y su reino, y el poder de su Cristo, porque el acusador de nuestros hermanos, que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios, ha sido arrojado” (4).

Este canto de triunfo se escuchó en el Cielo tras la victoria del Arcángel San Miguel; se escuchará en la tierra cuando el dragón sea arrojado de nuevo al infierno, para no volver a emerger jamás. Los profetas, en sus oráculos, entrelazan escenas separadas por el tiempo y el espacio, ¡y sin embargo, cuántas conexiones de causa y efecto, o ideas, las unen! San Juan habla simultáneamente de la gran batalla que tuvo lugar en el cielo y de la que se libra en la tierra, porque la causa es la misma. Nuestro Señor mismo hizo lo mismo cuando anunció la destrucción de Jerusalén y la del mundo.
 
Tras su primera derrota, que lo sumió en el infierno por primera vez, el diablo descendió a la tierra para librar una nueva batalla. Allí salió victorioso y, a través del pecado original, inundó la tierra de corrupción. “La serpiente -dice San Juan- arrojó de su boca agua como un gran río tras la mujer, para arrastrarla a sus aguas”, a ella que se le había mostrado como la destinada a heredar su reino en el Cielo y en la tierra. Pensó que el río de iniquidad que había desatado en el paraíso terrenal alcanzaría a María. Dios no lo permitió; la Madre de Cristo apareció inmaculada en medio de la impureza universal. “Entonces el dragón se enfureció contra la mujer y se fue a hacer la guerra contra sus hijos que guardan los mandamientos y dan testimonio de Jesucristo” (5).

Quienes dan testimonio de Jesucristo y, por lo tanto, se muestran hijos de María, son quienes confiesan que Jesucristo es el Hijo de Dios, Redentor de la humanidad y Restaurador del orden sobrenatural. Satanás y sus seguidores, tanto los del infierno como los de la tierra, buscan, en contra de los predicadores del Evangelio, mantener bajo el control de Lucifer a aquellos que aún no han sido regenerados por la fe y el bautismo, y atraer de nuevo hacia él a quienes han regresado al orden sobrenatural. La Mujer y sus hijos luchan entre él y contra ellos para rescatar a sus víctimas, devolverlas a Dios y mantenerlas en la inocencia y la fidelidad. Esta es una lucha diaria, constantemente renovada por una enemistad que Dios ha hecho perpetua.
 
Por lo tanto, no solo entre María y la serpiente, sino también entre los secuaces de Satanás y los hijos de María, se estableció la enemistad y se predijo la lucha desde el principio del mundo: una enemistad absoluta y una lucha incesante, pues la palabra divina no establece ni tiempo ni medida. Hasta el Juicio Final, Satanás intentará subyugar a la humanidad y atraerla a su dominio; y de igual modo, hasta la Segunda Venida del Salvador divino, María se esforzará por aplicarles los méritos de la Redención y, de este modo, conducirlos al Reino de los Cielos. Porque si la Redención de la humanidad se consumó mediante el sacrificio de Jesús, fue solo en principio; la santificación debe realizarse en cada uno de nosotros individualmente. Ahora bien, esta santificación requiere que el hombre sea primero arrebatado de las manos de Satanás, y luego rescatado de él cada vez que tenga la debilidad, la insensatez o la perversidad de volver a su tirano. De ahí esta lucha perpetua, en la que la Santísima Virgen, refugio de los pecadores, auxilio de los cristianos, Madre de la fe divina y de la gracia divina, desempeña el papel que Dios le asignó en los primeros días del mundo.
 
Esta lucha es universal. La vemos por doquier, de persona a persona, entre hombres, entre cristianos y demonios, entre espíritus, y al mismo tiempo de ciudad en ciudad, desde la Ciudad de Dios hasta la ciudad del mundo, cuyo príncipe es Lucifer. En todas partes y siempre, lo que está en juego es lo mismo: lo sobrenatural.
 
Es necesario explicar aquí con mayor claridad de lo que lo hemos hecho hasta ahora qué es lo sobrenatural, para transmitir la preeminencia de esta guerra, magnum praelium, y la sublimidad de los intereses que dependen de ella.
 
El Mesías prometido el mismo día de la caída de nuestros primeros padres no sería solo nuestro Redentor, nuestro Salvador, nuestro Jesús; también sería nuestro Cristo, en quien reside la plenitud de la divinidad, por quien recibimos participación en la naturaleza divina. “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y a todos los que lo recibieron les dio el derecho de ser hijos de Dios” (6). “Dios, rico en misericordia - dice el apóstol San Pablo- no consultó a nadie sino con el amor infinito con que nos amó; y aunque estábamos muertos en el pecado, nos dio vida en Cristo” (7). “Yo he venido -dijo Cristo mismo- para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (8). No cualquier vida, sino “vida eterna” (9). Es a través del bautismo que se nos comunica esta vida sobrenatural. Él nos injerta en Cristo, dice San Pablo, nos hace miembros vivos de su cuerpo místico (10). Dios no nos ha dejado ajenos a las sublimes alturas a las que nos conduce esta incorporación: “Cuando llegó la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, formado de mujer, para redimir a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos de Dios. Y por cuanto sois hijos suyos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: “¡Abba, Padre!”. Ya ninguno de vosotros es esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero por medio de Dios” (11).

Ex magno genere ex tu (De gran linaje eres tú), dijo Tobías al ángel Rafael. Esto es lo que los ángeles pueden decirnos a cada uno de nosotros, tanto a los caídos como a los santos. Ellos saben de qué linaje somos, el más grande de todos, porque somos de la estirpe de Cristo, que es el Hijo de Dios.
 
Dios, mediante un acto libre de su amor, ha establecido, por lo tanto, un vínculo trascendente entre nuestra naturaleza y la suya, entre nuestras personas y sus Personas.

Este vínculo no era inherentemente necesario; no era un mandato ni siquiera una exigencia formal de nuestra naturaleza. Surgió de la inmensa caridad, la generosidad gratuita y desmedida de Dios hacia su criatura. Pero como consecuencia de la voluntad divina, este vínculo se volvió obligatorio, indisoluble, necesario.

Subsiste eminentemente y subsistirá eternamente en Jesucristo, Dios y hombre a la vez, naturaleza divina y naturaleza humana siempre distintas, pero irrevocablemente unidas por el nudo hipostático; debe extenderse según proporciones y por medios divinamente instituidos a toda la raza de la cual el Verbo encarnado es la cabeza y ningún ser moral, ya sea individual y particular, o público y social, puede rechazarlo o quebrantarlo, en su totalidad o en parte, sin fracasar en su propósito y, por consiguiente, sin dañarse mortalmente a sí mismo y sin incurrir en la ira del Soberano Maestro de nuestros destinos.
 
Pero Satanás nunca cesa de actuar, tanto sobre cada uno de nosotros como sobre las naciones en su conjunto, para suscitar en ellas y en nosotros este grito de rebelión: “Rompamos sus ataduras y arrojemos lejos de nosotros sus cadenas” (12). Por su parte, Dios nunca deja de derramar su gracia en nuestros corazones y de dar a las sociedades la ayuda natural y sobrenatural para mantenernos en su amor.

María es la dispensadora de estas ayudas y gracias. Por lo tanto, es entre ella y Satanás donde, en última instancia, se libra la batalla: Inimicias ponam inter te et mulierem et semen tuum et semen illius. Ella te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón. Esta es, en efecto, la lucha habitual entre el hombre y la serpiente: esta última fácilmente se apodera del talón del hombre, que camina erguido, mientras que el hombre intenta aplastar la cabeza de la serpiente que se arrastra. Pero por cruel que sea la mordedura que inflige en el talón, no es incurable, mientras que su cabeza, una vez aplastada, le causa la muerte. El vencedor queda así claramente indicado: será la Virgen, será la Iglesia con la ayuda de María, será toda persona de buena voluntad que la invoque y se ponga bajo su protección.

Toda la historia del género humano, todo el conjunto de la religión se ramifica en un misterio de amor, en un misterio del mal, en un misterio de triunfo: el amor debe tener en cuenta la última palabra. El final de la historia universal será un amor triunfante y glorioso, del mismo modo que su comienzo fue un amor creador.

Continúa...

Notas:

1) Eloge de Jeanne d’Arc (Elogio de Juana de Arco.)

2) Corpus Ecclesiae mysticum non solum consistit ex hominibus sed etiam ex angelis... Totius autem hujus multitudinis Christus est caput. De ejus influentia non solum homines receperunt sed etiam angeli (El cuerpo místico de la Iglesia no solo está formado por hombres, sino también por ángeles... Pero Cristo es la cabeza de toda esta multitud. No solo los hombres, sino también los ángeles, han recibido de su influencia) Sum. Theol. P. II, Q, VIII, a. 4.

3) Cuando el Espíritu Santo descendió sobre ella, obró la salvación del mundo y concibió la redención. San Ambrosio, Epístola 49 a Sabino.

4) Ap 12-10, Observamos que el nombre “diablo” significa acusador. El diablo los acusa de haber sido seducidos por él.

5) Apoc. 12: 15-17.

6) Juan 1.

7) Ef., 2: 3,6.

8) Juan X, 12.

9) Juan III, 14-15.

10) Nuestro Señor Jesucristo es el nuevo Adán. Él, al igual que el antiguo Adán, fue establecido por Dios como Cabeza de la humanidad; estamos contenidos en Él como lo estuvimos en el primer hombre. De esto se deduce que Cristo y los cristianos son uno, formando una sola persona mística, cabeza y miembros a la vez.
Así como el pecado de uno nos lleva a la muerte a todos, la justicia de uno puede derramarse sobre todos y dar vida a todos. (I Cor. 15: 47-49; Rom. 5: 15; Ef. 1: 22).

11) Gal. 4: 4-5.

12) Salmos 2: 3
Los celos de Satanás lo impulsan a privar a la humanidad de la felicidad y la gloria, de ahí la tentación. Mediante la tentación, los demonios contribuyen a los designios de la Providencia, que procura el bien de la humanidad atrayendo a las personas hacia el bien y apartándolas del mal. Los ángeles buenos tienen la misión de colaborar en esta tarea.
Pero el bien humano también se alcanza indirectamente mediante nuestras acciones, al esforzarnos por repeler el mal y vencer el bien. Es a través de la tentación que los demonios contribuyen a alcanzar este segundo bien. Por lo tanto, no están completamente excluidos de contribuir al orden del universo. El último solo busca satisfacer sus celos y su odio. En realidad, contribuye a la obra divina.

 

GRANDES REBAJAS DEL CRISTIANISMO: EL ARRIANISMO ACTUAL

Ciertamente, hoy Arrio se escandalizaría mucho de las “enseñanzas” de algunos.

Por el padre José María Iraburu


Siglo IV. Decíamos ayer que en el siglo IV, cuando los paganos neo-conversos invadieron la Iglesia, muchos de ellos “necesitaban” un cristianismo no-sobrenatural, el propio del arrianismo (Cristo es un gran Maestro, pero no es Dios, ni causa la salvación) y del pelagianismo (la naturaleza del hombre está sana, y no necesita de auxilios sobrenaturales para hacer el bien). Surgieron pues, Arrio (246-336) y Pelagio (354-427), como respuesta a la exigencia de estos pseudo-cristianos. Así han surgido casi siempre los herejes. Y en tal situación, unos, los católicos, “perseveran en escuchar la enseñanza de los apóstoles” (Hch 2,42), mientras que otros, los arrianos y pelagianos, “llevados por sus inclinaciones, se procuran maestros que les halaguen los oídos, y se apartan de la verdad para para dar crédito a las fábulas” (2Tim 4,3-4).

Siglos XX-XXI. Un fenómeno bastante semejante se produjo en las naciones más ricas, de antigua filiación cristiana, a partir sobre todo de la Ilustración, a medida que iban cayendo en la apostasía –eso que más suavemente suele hoy llamarse “secularización”–. Muchos de aquellos católicos que no se habían hundido en una apostasía total, y que más o menos se mantenían dentro de la Iglesia, comenzaron a adherirse a un cristianismo profundamente rebajado, que se expresaba en nuevas claves de arrianismo y pelagianismo. Y por supuesto, surgieron para ellos, dentro mismo de la Iglesia católica, innumerables teólogos del error, que, acomodándose a sus inclinaciones, dieron de Cristo una nueva versión arriana y que presentaron la vida cristiana en versión pelagiana.

Las nuevas versiones del arrianismo no se fundamentan, por supuesto, en las explicaciones especulativas semiplatónicas de Arrio, aquel presbítero libio-alejandrino. Pero es lo mismo, porque van a dar en la misma conclusión: Cristo es hombre, no es Dios. En la declaración Mysterium Filii Dei (1972), se describen perfectamente los rasgos comunes a los “recientes errores acerca de la fe en el Hijo de Dios hecho hombre”. Todos los errores que señala esa Declaración de 1972 van por la línea arriana, y hoy se mantienen idénticos.

La persona de Cristo no existe desde toda la eternidad, igual al Padre y al Espíritu Santo. Ha de eliminarse la idea de una persona única en Cristo, de condición divina, que asume la naturaleza humana. La divinidad se manifiesta plenamente en la persona humana de Jesús; pero no por eso Jesús es propiamente Dios, ni su persona única está engendrada por el Padre antes de los siglos. Concluye la Declaración diciendo que “Los que piensan de semejante modo permanecen alejados de la verdadera fe de Jesucristo” –eufemismo para decir que son herejes–, aunque afirmen que Jesús en cierto modo puede decirse que es Dios, en cuanto que lo revela en plenitud.

Pues bien, entre los teólogos católicos actuales son numerosos los neo-arrianos, que “permanecen alejados de la verdadera fe de Jesucristo”. Señalaremos solo algunos, porque la Congregación de la Fe los ha señalado, pero hay muchísimos más.

1980.–El P. Edward Schillebeeckx, O. P. (1914-2009). La Congregación de la Fe, según ya vimos, advirtió en la Carta a él dirigida en 1980 que,

a pesar de ciertas aclaraciones y rectificaciones logradas en diálogo con la Congregación, permanecían aún límites y ambigüedades en su enseñanza cristológica, concretamente en cuanto a la concepción virginal de María, la relación entre resurrección y apariciones, el origen histórico de la fe pascual, el rechazo de la anhypostasis: “queda el lector vacilante entre los dos sentidos: persona humana, no persona humana”.

1998.–El P. Anthony De Mello, S. J. (1931-1987). Ya recordamos la Notificación de la Congregación de la Fe sobre este autor (1998). Arrio se habría espantado oyendo sus afirmaciones: “La filiación divina de Jesús se diluye en la filiación divina de los hombres… Jesús es mencionado como un maestro entre tantos… “¿Es Jesús mi salvador o me remite a una realidad misteriosa que le ha salvado a él?”… “Jesús se encontraba a gusto con los pecadores, porque entendía que no era en nada mejor que ellos”…

2004.–El P. Roger Haigth, S. J. (1936-2025). La Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida por el cardenal Ratzinger, habiendo examinado el libro Jesus Symbol of God, Maryknoll, Orbis Books 1999; (Jesús, símbolo de Dios, Ed. Trotta 2007, 592 pgs.), dirigió al P. Haight una Notificación (13-XII-2004) en la que afirmaba que la obra “contiene afirmaciones contrarias a las verdades de fe divina y católica referentes a la preexistencia del Verbo, la divinidad de Jesús, la Trinidad, el valor salvífico de la muerte de Jesús, la unicidad y universalidad de la mediación salvífica de Jesús y de la Iglesia, y la resurrección de Jesús”.

“El Autor propone "una cristología de la encarnación, en la que el ser humano creado o la persona de Jesús de Nazaret es el símbolo concreto que expresa la presencia en la historia de Dios como Logos"” (pág. 439). Jesús, por tanto, sería “una persona finita” (pág. 205), “una persona humana” (pág. 296), “un ser humano y una criatura finita” (pág. 262). El término “"verdadero Dios" significaría que el hombre Jesús, en calidad de símbolo concreto, sería y mediaría la presencia salvífica de Dios en la historia” (págs. 262; 295). “Afirma también que no sería necesario "que Jesús se haya considerado a sí mismo como un salvador universal"” (pág. 211), y “que la idea de la muerte de Jesús como "una muerte sacrificial, expiatoria y redentora" sería solo el resultado de una interpretación gradual de sus seguidores a la luz del Antiguo Testamento” (pág. 85). Por otra parte, “afirma que "solo Dios obra la salvación, y la mediación universal de Jesús no es necesaria"” (pág. 405). “Según él, además, "es imposible en la cultura postmoderna pensar que… una religión pueda pretender ser el centro, al cual todas las otras han de ser reconducidas"” (pág. 333). La Congregación se ve obligada a “declarar que estas afirmaciones contenidas en el libro Jesus Symbol of God del Padre Roger Haight S. J. han de calificarse como graves errores doctrinales contra la fe divina y católica de la Iglesia. En consecuencia, se prohíbe al Autor enseñar teología católica en tanto no rectifique sus posiciones en plena conformidad con la doctrina de la Iglesia”.

El profesor Haight pasó entonces a enseñar teología en la Union Theological Seminary de Nueva York, un centro no católico, y sigue publicando libros en los que persiste en sus doctrinas. Por eso en enero de 2009 la misma Congregación estimó necesario prohibirle dar clases en cualquier institución académica, católica o no, y publicar escritos sobre temas religiosos, aunque no trataran de cristología.

2006.–El P. Jon Sobrino, S. J. , nació en una familia vasca (Barcelona 1938-), ingresó en la Compañía de Jesús a los 18 años, y vive en El Salvador desde 1957. La Notificación de la Congregación de la Fe (26-XI-2006), después de examinar sus libros “La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas” (1999) y “Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret” (2001), concluye que “las mencionadas obras presentan, en algunos puntos, notables discrepancias con la fe de la Iglesia”. No tiene especial interés que enumere aquí al detalle los errores del P. Sobrino que la Notificación cita, ya que vienen a ser los mismos que se describen en la declaración Mysterium Filii Dei (1972), siempre en la línea arriana:

“Diversas afirmaciones del Autor tienden a disminuir el alcance del Nuevo Testamente que afirman que Jesús es Dios” (4)… “En este pasaje el Autor establece una distinción entre el Hijo y Jesús, que sugiere al lector la presencia de dos sujetos en Cristo” (5)… “La comprensión de la communicatio idiomatum que el Autor presenta revela una concepción errónea del misterio de la encarnación y de la unidad de la persona de Jesucristo” (6)… “El P. Sobrino afirma, citando a Boff, que “Jesús fue un extraordinario creyente y tuvo fe. La fe fue el modo de existir de Jesús”La relación filial de Jesús con el Padre, en su singularidad irrepetible, no aparece con claridad en los pasajes citados [por el Autor]; más aún, estas afirmaciones llevan más bien a excluirla” (8)… Afirma el P. Sobrino: “Digamos desde el principio que el Jesús histórico no interpretó su muerte de manera salvífica, según los modelos soteriológicos que, después, elaboró el Nuevo Testamento: sacrificio expiatorio, satisfacción vicaria” (9)… “Esta eficacia salvífica… no se trata pues de causalidad eficiente, sino de causalidad ejemplar” (10). Es el puro pelagianismo, que el arrianismo exige.

El neoarrianismo actual tiene no pocos apoyos dentro de la Iglesia. Aunque una doctrina teológica que afirma “graves errores contra la fe divina y católica de la Iglesia”, en términos del Derecho canónico es exactamente una herejía (c.751), sin embargo, las herejías cristológicas de estos autores –y la de otros muchos afines a ellos– han sido enseñadas y publicadas durante decenios con la aprobación, al menos pasiva, de no pocos superiores religiosos y obispos católicos. No son, pues, simples hipótesis atrevidas, lanzadas de modo aislado por teólogos progresistas –que regresan al siglo IV–, sino que han recibido importantes apoyos, consiguiendo por eso amplia difusión.

–El P. Anthony De Mello, S. J., fue un best seller difundido en el mundo católico durante muchos años. Cuando su “doctrina” fue reprobada en 1998 por la Congregación de la Fe, protestaron públicamente los Provinciales jesuitas de la India, con el apoyo de los Superiores Mayores de la Iglesia en Asia Meridional. Y la editorial jesuita Sal Terræ publicó en 2003 su Obra completa en dos elegantes tomos.

–El P. Roger Haight, S. J., reprobado por la Santa Sede en 2004, después de muchos años de “docencia”, no ha sido en absoluto un teólogo marginal insignificante. Ha sido presidente de la Catholic Theological Society of America. Su “cristología” halló una acogida favorable en importantes medios de su país, como en la revista Commonweal, que publica en 2007 una apasionada defensa, y también ha contado con el apoyo de la revista jesuita America. La Catholic Press Association premió en 1999 su libro “Jesús, símbolo de Dios”, y en 2005 su obra “El futuro de la cristología”.

–El P. Jon Sobrino, S. J., al ser condenadas algunas de sus obras en 2006 por la Congregación de la Fe, recibió innumerables elogios y aprobaciones de diversas instancias, especialmente de la Compañía de Jesús.

ACI Prensa informaba (17-V-2007) que “el Presidente de la Conferencia de Provinciales Jesuitas en América, el P. Ernesto Cavassa, S. J., expresó en conferencia de prensa durante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano [en Aparecida] la esperanza de que la teología del P. Jon Sobrino se verá reivindicada con el tiempo, y que, por lo tanto, la notificación de la Congregación para la Doctrina de la Fe quedará desfasada históricamente”. Él aclaró públicamente que “la notificación a Jon Sobrino no es una condenación sino una notificación”. También se solidarizaron públicamente con el P. Sobrino jesuitas de la Provincia de Loyola, y otros de la Provincia argentina de Córdoba. El Centro de estudios Cristianismo y Justicia, de los jesuitas de Barcelona, le elogió y apoyó en un escrito firmado por 25 “estudiosos”, entre los que destacaba el P. José Ignacio González Faus, S. J. (Valencia 1935-, profesor desde 1968 de la Facultad de Teología de Barcelona).

El arrianismo ha logrado, pues, una notable implantación en la Iglesia. La Instrucción Pastoral “Teología y secularización en España”, importante documento publicado por la Conferencia Episcopal Española (30-III-2006), reafirma la fe católica frente a los errores que, según dice, se han difundido en los últimos decenios en España, especialmente sobre el misterio de Cristo (22-35). En efecto, tratando de lo que se ha enseñado y se enseña en una buena parte de los Seminarios y Facultades de teología, Centros catequéticos, parroquias y editoriales de España, dicen los Obispos:

“Constatamos con dolor que en algunos escritos de cristología no se haya mostrado esa continuidad [entre la figura histórica de Jesucristo y la Profesión de la fe en Él], dando pie a presentaciones incompletas, cuando no deformadas, del Misterio de Cristo. En algunas cristologías se perciben los siguientes vacíos: 1) una incorrecta metodología teológica, por cuanto se pretende leer la Sagrada Escritura al margen de la Tradición eclesial y con criterios únicamente histórico-críticos, sin explicitar sus presupuestos ni advertir sus límites; 2) sospecha de que la humanidad de Jesucristo se ve amenazada si se afirma su divinidad; 3) ruptura entre el “Jesús histórico” y el “Cristo de la fe”, como si este último fuera el resultado de distintas experiencias de la figura de Jesús desde los Apóstoles hasta nuestros días; 4) negación del carácter real, histórico y trascendente de la Resurrección de Cristo, reduciéndola a la mera experiencia subjetiva de los apóstoles; 5) oscurecimiento de nociones fundamentales de la Profesión de la fe en el Misterio de Cristo: entre otras, su preexistencia, filiación divina, conciencia de Sí, de su Muerte y misión redentora, Resurrección, Ascensión y Glorificación” (n. 27).

El arrianismo está hoy tan vigente como lo estuvo en el siglo IV, aunque hoy se infiltra en la Iglesia, obviamente, con formulaciones conceptuales y verbales distintas. Las mismas encuestas sociológicas lo comprueban, cuando preguntan a los que se dicen católicos acerca de la divinidad de Jesús. La gran mayoría de ellos, que no son practicantes, se manifiestan apóstatas o arrianos. Pero también no pocos de los practicantes se declaran más o menos arrianos. Esta herejía se da hoy sobre todo en lo países más desarrollados, pero también, a través de la teología de la liberación y de ciertos indigenismos teológicos falsos, se ha ido difundiendo entre los países menos desarrollados, de fe más profunda, ingenua y pura.

El neo-arrianismo ofrece al hombre moderno una versión herética de Jesucristo, en la que puede ser aceptado sin necesidad de la fe teologal católica. Ésta es hoy la más grande rebaja del Cristianismo. Y lleva consigo la negación de la Trinidad, de la virginidad de María, de la presencia real Eucarística y de todas las demás verdades de la fe.
 

6 DE JUNIO: SAN NORBERTO, FUNDADOR Y ARZOBISPO


6 de Junio: San Norberto, fundador y Arzobispo

(✞ 1134)

El glorioso fundador de la Orden Premonstratense, San Norberto, nació en Seten, en una de las más ilustres casas de Alemania y fue hijo de Heriberto, conde de Gnepp y emparentado con el emperador.

En su mocedad se entregó en las vanidades del siglo y era como el alma de todas las diversiones de la corte, pero, caminando un día a caballo hacia un lugar de Westfalia llamado Freten, seguido de solo un lacayo, se levantó una furiosa tempestad, y cayó un rayo a los pies de su caballo, que le derribó, quedando como muerto por espacio de una hora.

Vuelto en sí, sintió de tal manera trocado su corazón que exclamó como Saulo:

- Señor, ¿Qué quieres que haga?

Y desde aquel día dejó los ricos vestidos, abandonó todos los devaneos del mundo y resolvió entregarse del todo al servicio divino.

No había querido recibir hasta entonces las Órdenes Sagradas a pesar de ser canónigo; y una vez recibidas, comenzó a predicar con gran fervor, y admiración de los oyentes, que veían convertido en santo misionero al que habían visto cortesano tan liviano y disoluto.

Habiéndosele juntado trece compañeros, buscó un lugar solitario, áspero y apartado que se llamaba Premonstrato, en el obispado de Lauduno, donde asentó los fundamentos de un monasterio; y así tuvo su origen la nueva Orden que del mismo lugar se llamó Premonstratense, y tomó la regla de San Agustín y el hábito blanco de los canónigos reglares.

Entabló con sus compañeros una vida muy penitente y más angelical que humana; y el Señor le ilustró con singulares dones de profecía y de milagros.

Más, acompañando en un viaje a Alemania al conde de Champaña, fue elegido muy a pesar suyo para el Arzobispado de Magdeburgo, y conducido con guardias de vista a aquella iglesia, a donde llegó con su pobre hábito y con los pies descalzos, pero con universal aplauso y gozo del clero y del pueblo.

Vino a él un día un hombre para confesarse; y aunque llevaba traje de penitente, cuando el santo le vio, mandó que le quitasen la capa y que mirasen lo que traía y hallaron que iba armado con un puñal para matar al Arzobispo, como él mismo lo confesó arrepentido ya de su pecado.

Finalmente habiendo provisto de prelados a la Orden Premonstratense, y gobernado santísimamente la Iglesia de Magdeburgo por espacio de ocho años, a los cincuenta y tres años de su vida preciosa entregó su espíritu en las manos del Creador, quedando su santo cadáver sin la menor señal de corrupción y expuesto durante nueve días para la veneración del pueblo.

Reflexión:

Escribe Paulo Morigia en la Historia del origen de las religiones, capítulo 17, que la Orden Premonstratense creció tanto, que tenía treinta provincias y en ellas, más de mil trescientos monasterios y cuatrocientos de monjas. Pero, ¿Quién podrá decir la muchedumbre de santos religiosos y las excelentes virtudes con que han ilustrado a la Iglesia de Dios? Toda esta gloria redunda en alabanza de San Norberto y es fruto de su conversión. Porque si hubiese permanecido en los peligros de la corte y en la vanidad del mundo, no hubiera hecho nada, y por ventura, se hubiera perdido, y sido causa de la perdición de muchas almas. Convirtiéndose de veras al Señor, y de caballero mundano vino a ser gran santo y padre de innumerables Santos.

Oración:

Oh Dios, que hiciste tan excelente el predicar de tu divina palabra al bienaventurado Norberto, tu confesor y pontífice, y por su medio, te dignaste aumentar tu Santa Iglesia con una nueva familia; concédenos por sus merecimientos, que practiquemos lo que nos enseñó con sus ejemplos y palabras. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

  

viernes, 5 de junio de 2026

EL BAUTISMO DESPUÉS DEL CONCILIO VATICANO II: ¿DUDOSO O INVÁLIDO?

Me preguntaron sobre la validez del bautismo conferido por herejes y cismáticos, como los conciliares del Vaticano II...

Por Julien Laurent


En primer lugar, examinaremos el bautismo de todos los herejes y cismáticos, y luego consideraremos la situación en la secta conciliar del Vaticano II.

I. Bautismo conferido por un hereje y/o cismático

Aquí les presentamos algunas autoridades en este tema:

I.1. El Concilio Sacrosanto de Trento – Sesión VII

Sobre los sacramentos:

Canon XI: 11. Si quis dixerit in ministris dum sacramenta conficiunt et conferunt non requiri intentem saltem faciendi quod facit Ecclesia: anathema sit.

—Si alguien dice que en los ministros, al consagrar y conferir los sacramentos, no se requiere al menos la intención de hacer lo que hace la Iglesia, sea anatema.

Sobre el bautismo:

Canon IV: Si quis dixerit baptismum qui etiam datur ab haereticis in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti eum intente faciendi quod facit Ecclesia non esse verum baptismum: anathema sit.

—Si alguien dice que el bautismo que también dan los herejes en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, con la intención de hacer lo que hace la Iglesia, no es un verdadero bautismo, sea anatema.

Por lo tanto, no es automáticamente inválido el bautismo administrado por un hereje. Dado que la intención de la Iglesia es borrar el pecado original y todos los demás pecados, es posible que los herejes, como la mayoría de los protestantes, tengan esta válida intención.

Así, quienes son bautizados entre ellos antes de alcanzar la edad de la razón quedan ipso facto (por ese mismo hecho) unidos a la Una Santa Católica y Apostólica Iglesia. Pero, al llegar a la edad de la razón, si no abandonan su secta herética o cismática, ¡incurren en el pecado de herejía y cisma!

I.2. San Cipriano se equivocó en este punto.

San Cipriano fue corregido por el Papa Esteban (Denzinger n° 110). Rohrbacher, en su Historia Universal de la Iglesia Católica, considera que murió reconciliado con la Santa Sede en este punto.

I.3. San Agustín, el más augusto de los Padres de la Iglesia, en su obra De Baptismo, Libro II, trató el tema de Cipriano y esta controversia. Menciona que la Iglesia mantenía, con respecto a los herejes y cismáticos, la costumbre de no reiterar lo que ya se había dado. Según él, esta costumbre, como muchas otras, provenía de la tradición de los apóstoles (2.7.12: Quam consuetudinem credo ex apostolica traditione venientem), que como costumbres se mantenían en toda la Iglesia (et tamen quia per univeram custodiuntur ecclesiam).

Estos son, pues, los argumentos más sólidos:

– Lo que viene de los apóstoles es infalible;

– Y lo que se ha enseñado y practicado en todas partes, siempre y por todos (quod ab omnibus, ubique et semper creditur in Ecclesia) es infalible.

San Agustín sobre la validez del bautismo administrado por herejes y cismáticos:

http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/c2s.htm

Sin embargo, San Agustín reconoció el principio de la necesidad de la intención, por supuesto: “el ministro es un ser racional y debe actuar como tal; su ministerio debe consistir, por lo tanto, en un acto consciente y voluntario, de modo que no se puede presumir la existencia de un sacramento por la mera presencia del rito, cuando no hay una intención correspondiente” (De sacramentis, II, 6, 13, PL, CLXXVI, 460).

I.4. Documentos Pontificios de Su Santidad Pío XII, volumen 1949, pp. 549-550.

Declaración del Santo Oficio sobre la validez del Bautismo conferido en ciertas sectas (28 de diciembre de 1949).

“Cierto número de obispos de los Estados Unidos han planteado las siguientes preguntas a la Suprema Congregación del Santo Oficio:

1) Para juzgar casos matrimoniales, ¿puede considerarse inválido el bautismo conferido en las sectas de los Discípulos de Cristo, Presbiterianos, Congregacionalistas, Bautistas y Metodistas, con la materia y fórmula necesarias, basándose en que el ministro no tendría la intención de hacer lo que hace la Iglesia y lo que Cristo instituyó?

2) O, por el contrario, ¿debería presumirse válido este bautismo, a menos que, en un caso particular, se demuestre su invalidez?

El 21 de diciembre de 1949, los Eminentes y Reverendísimos Cardenales encargados de la custodia de la fe y la moral, tras haber consultado con los Consultores, decidieron responder a las preguntas:

– No, a la primera.

– Sí, a la segunda.

Al día siguiente, el 22 del mismo mes y año, Su Santidad Pío XII aprobó esta resolución, la confirmó y la publicó.

Es sabido que todo sacramento es válido siempre que se utilice la materia y se pronuncien las fórmulas sacramentales, y que el ministro tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia. Esta es la doctrina de la fe, y en cuanto alguna secta modifica sustancialmente la materia o las fórmulas, deja de ser un sacramento. Esto se puede comprobar fácilmente. Pero el problema es mucho más delicado en lo que respecta a la intención. Los teólogos han debatido si, aun con un error fundamental sobre los efectos del sacramento, el ministro conserva la intención de hacer lo que hace la Iglesia. Coinciden en afirmar que, en el caso de que el ministro persiga manifiestamente un fin opuesto al de la Iglesia Católica y haga explícita esta oposición, falta la rectitud de la intención. Por consiguiente, el sacramento no existe.

Tras esta declaración, no se debe concluir que, ipso facto, todo bautismo administrado por presbiterianos, bautistas, discípulos de Cristo, etc., sea válido. Es importante examinar en cada caso si se han observado las condiciones generales de validez. Simplemente significa que no se debe decretar a priori que los bautismos administrados en estas sectas en los Estados Unidos sean inválidos.

I.5. El Catecismo del Concilio de Trento ofrece aún más explicaciones:

“En tercer y último lugar, vienen aquellos que, en caso de necesidad, pueden administrar este Sacramento sin las ceremonias habituales. De este grupo se incluyen todos los seres humanos, hombres y mujeres, incluso los más humildes y de cualquier religión que profesen. En efecto, judíos, infieles, herejes, cuando la necesidad lo requiera, todos pueden bautizar, siempre que tengan la intención de hacer lo que hace la Iglesia al administrar este Sacramento. Así lo habían decidido ya varias veces los Padres y los antiguos Concilios. Pero la santa Asamblea de Trento ha pronunciado además un anatema contra todos aquellos que se atrevan a sostener que el Bautismo dado por herejes en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, con la intención de hacer lo que hace la Iglesia, no es un Bautismo válido y verdadero”.

Y ciertamente, esta es para nosotros una hermosa ocasión para admirar la perfecta bondad y la infinita sabiduría de nuestro Dios. Dado que el Bautismo es necesario para todos, Él ha elegido e instituido como materia de este Sacramento el agua, que se encuentra en todas partes, y al mismo tiempo no ha querido negar a nadie el poder de administrarlo. Solo que, como ya hemos dicho, no todos tienen derecho a conferirlo con las ceremonias establecidas por la Iglesia; no porque estos ritos y ceremonias sean algo más augusto que el Sacramento mismo, sino porque son menos necesarios.

Por lo demás, si a todos se les permite bautizar, los fieles no deben pensar, por ello, que la decencia no obliga a establecer cierto orden entre los distintos ministros de este sacramento. Una mujer, por ejemplo, no debería administrar el bautismo si hay un hombre presente; ni un laico, si hay un clérigo; ni un clérigo, si hay un sacerdote. Sin embargo, las parteras acostumbradas a bautizar no son en absoluto reprochables si, en ciertos casos y en presencia de un hombre que no sabe cómo conferir este sacramento, asumen ellas mismas esta función, que en otras circunstancias parece mucho más apropiada para un hombre.

I.6. Proposición condenada por Alejandro VIII (n° 1318 en Denzinger, Enchiridion):

Valet baptismus collatus a ministre, qui omnem ritum externum formamque baptizandi observat, intus vero in corde suo apud se resolvit: Non intendo, quod facit Ecclesia.

“El bautismo conferido por un ministro que observa todo el rito y la forma externa del bautismo es válido, pero que decide en su corazón: ‘No pretendo lo que hace la Iglesia’”.

Puesto que esta proposición está condenada, ese bautismo NO es válido.

I.7. Un ejemplo práctico: debido a la negligencia sistemática con la que la secta anglicana ha conferido bautismos (por aspersión a distancia, etc.), la Iglesia católica en Inglaterra tenía la costumbre, mucho antes del concilio Vaticano II, de reiterar en todos los casos el bautismo de los conversos. Esto es bastante particular, pero comprensible y prudente.

Pero en otros casos, el pastor responsable debe, por supuesto, estudiar e investigar la validez de los conversos bautizados caso por caso.

Conclusión:

La Iglesia ya ha resuelto este asunto desde hace mucho tiempo; por lo tanto, sigamos su doctrina: los bautismos conferidos por herejes y cismáticos con la forma, la materia y la intención requeridas son ilícitos pero válidos.

* * *

II. Bautismos conferidos en la secta conciliar

Antes de 2007…

Si aplicamos esta doctrina a los bautismos conferidos en la secta conciliar, debemos tener en cuenta que en el (mal llamado) Catecismo de la Iglesia Católica de Juan Pablo II en 1992…

https://es.wikipedia.org/wiki/Catecismo_de_la_Iglesia_cat%C3%B3lica

Escriben que el bautismo borra los pecados. Por lo tanto, la intención requerida para su validez está presente.

https://es.wikipedia.org/wiki/Bautismo

Después de 2007…

Pero en el documento de 2007 de la Comisión Teológica Internacional, sobre “La esperanza de salvación para los niños que mueren sin bautizar”, firmado por Benedicto XVI, se expresa la esperanzaen contra de la enseñanza bimilenarista de la Iglesia, entre otros, de San Agustín y Santo Tomás de Aquino— de que todos los niños estén en el Cielo. Esto implica que el pecado original ya no representa un pecado importante o ni siquiera un pecado, que no es un pecado mortal que prive de la visión beatífica y… que el bautismo de niños sin razón, por lo tanto, no elimina el pecado mortal original, puesto que no existe. Y ha habido muy pocas o ninguna reacción en la secta conciliar. Por consiguiente, cabe suponer que esta falsa doctrina es aceptada casi universalmente allí.

En la página web oficial francesa, afirman que el bautismo es “un rito de iniciación en la Iglesia”, y nada más.

Por lo tanto, debemos asumir que los bautismos conferidos por la secta conciliar, al menos a partir de esa fecha, son todos inválidos debido a una intención oficial y, por ende, general en toda la secta, contraria a la intención requerida por la Iglesia para la validez.

Aunque los ministros conciliares afirmen tener “la intención de hacer lo que la Iglesia desea”, esta intención es, concretamente y en realidad, “la intención de hacer lo que la anti-Iglesia de la Roma apóstata desea. Y desde el decreto mencionado, esta intención está claramente comprometida.

El anatema del Concilio de Trento no es aplicable en estas circunstancias, pues evidentemente solo se aplica a los bautismos conferidos por herejes y cismáticos que no tienen una intención contraria a la de la Iglesia, como la mayoría de los protestantes. De lo contrario, estarían sujetos a la condena de Alejandro VIII.

En efecto, como hemos visto anteriormente (I.4.), el Papa Pío XII declaró que 

“en el caso de que el ministro persiga manifiestamente un fin opuesto al de la Iglesia Católica y explicite esta oposición, falta rectitud de intención. Por consiguiente, el sacramento no existe”.

La Iglesia también enseña que un sacramento dudoso debe considerarse inválido, pues uno debe tener certeza respecto a los sacramentos.

Ejemplo reciente: para “respetar” las nuevas normas de distanciamiento social con motivo del covid-19, un ministro conciliar de Detroit, Estados Unidos, utilizó en mayo de 2020 una pistola de agua, llena de “agua bautismal”, para “bautizar” a un bebé en la iglesia de Saint-Ambrose.

Si se reitera el bautismo en caso de duda, el sacerdote dice: “Si no estás bautizado, yo te bautizo”, y Dios sabe si el primer bautismo fue válido o no. Por lo tanto, ciertamente no hay riesgo de sacrilegio al reiterar un sacramento que solo se puede recibir una vez.

En la práctica, para verificar la validez de los bautismos dudosos, hay que interrogar al bautizado (si tenía edad de razón en el momento del bautismo) y, si es posible y útil, a los padres, padrino y madrina, a la familia y a todos los que estuvieron presentes en el bautismo:

Sobre el tema del bautismo:

que debe ser agua

que debe fluir

en la frente (y no solo en el cabello, lo cual es dudoso y por lo tanto inválido según todos los teólogos morales)

en la forma:

El mismo ministro que vierte el agua debe pronunciar simultáneamente estas palabras: “Nombre(s), yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. El latín es obligatorio en el rito latino para la licitud, pero no para la validez de la forma.

Sobre la intención: si el ministro vive y se puede hablar con él, pregúntele qué opina del bautismo: "¿Es solo un rito de iniciación o algo más, o también borra todo pecado y el pecado original, especialmente en los bebés, como se creía antes del Vaticano II?". Depende de la respuesta si la intención era contraria a la de la Iglesia.

Personalmente, en varias ocasiones he hablado por teléfono con el ministro y he recibido respuestas que me han permitido actuar en consecuencia.

Si el ministro ya no vive, se puede indagar sobre todo aquello que pueda ser útil para conocer la intención, por ejemplo, un folleto o una hoja de bautismo que se entregaba a los asistentes con los textos y explicaciones del bautismo. Si la duda persiste, se debe proceder a la reiteración condicional.

AMDG ESA

Ad maiorem Dei Gloriam animarumque salutem!


¡Para mayor gloria de Dios y salvación de las almas!

Abate Eric Jacqmin +
 

EFECTOS MARAVILLOSOS QUE PRODUCE LA SABIDURIA ETERNA EN QUIENES LA POSEEN (Cap. 8)

Continuamos con la publicación del capítulo 8 del libro “El Amor de la Sabiduría Eterna” escrito por San Luis María Grignion de Montfort.


CAPITULO OCTAVO

EFECTOS MARAVILLOSOS QUE PRODUCE LA SABIDURIA ETERNA EN QUIENES LA POSEEN (1)

Siendo por naturaleza amante del bien (2), y en particular del bien del hombre, esta hermosura suprema que es la Sabiduría encuentra su mayor complacencia en comunicarse a él.

Por ello dice el Espíritu santo que la Sabiduría busca, a través de las naciones, personas dignas de ella y que se difunde y explaya en las almas santas (Sb 7,27). Precisamente esta comunicación de la Sabiduría eterna ha formado los amigos de Dios y los profetas (3).

Entró en tiempos antiguos en el alma del siervo de Dios Moisés, comunicándole luz abundante para ver cosas magníficas y un poder maravilloso para realizar portentos y alcanzar victorias: Entró en el alma del servidor de Dios, que hizo frente a reyes temibles con sus prodigios y señales (4).

Cuando la Sabiduría divina entra en una persona, le trae toda clase de bienes y le comunica riquezas innumerables: Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables (5). Es el testimonio que Salomón rinde a la verdad después de haber recibido la Sabiduría.

Entre las innumerables operaciones realizadas en el alma por la Sabiduría muchas veces de manera tan secreta que uno ni siquiera tiene conciencia de ellas (6), éstas son las más frecuentes: 

1. Discernimiento y penetración

La Sabiduría comunica su espíritu a quien la posee. Espíritu que es totalmente luminoso: Por eso supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría (7).

Con este espíritu sutil y penetrante (8), el hombre -a ejemplo de Salomón- se convierte en juez de todas las cosas, con gran discernimiento y penetración: En los procesos lucirá mi agudeza, y seré la admiración de los monarcas (9) gracias a la Sabiduría que me comunicó su espíritu.

Comunica al hombre la ciencia sublime de los santos (10) y las demás ciencias naturales -incluso las más ocultas-, si le han de ser provechosas: Si alguien ambiciona una rica experiencia, ella conoce el pasado y adivina el futuro, sabe los dichos ingeniosos y la solución de los enigmas (11). A Jacob le dio a conocer los santos (12).

Comunicó a Salomón la verdadera ciencia de toda la naturaleza: Me otorgó un conocimiento infalible de los seres (13). Le reveló multitud de secretos que nadie había descubierto: Todo lo sé, oculto o manifiesto (14).

En esta fuente infinita de luz bebieron los más grandes doctores de la Iglesia-entre otros, Santo Tomás de Aquino, como él mismo lo afirma- (15) aquellos admirables conocimientos que los han hecho dignos de elogio. Es de notar que las luces y conocimientos que comunica la Sabiduría no son áridos, estériles o carentes de devoción, sino luminosos, llenos de unción y piadosos, conmueven y alegran el corazón e iluminan el entendimiento (16).

2. Trasmisión atrayente y eficaz de la Buena Noticia

La Sabiduría comunica al hombre no sólo las luces para conocer la verdad, sino también la capacidad maravillosa de darla a conocer a otros: la Sabiduría sabe todo lo que se dice (17) y comunica la ciencia de decirlo bien. Efectivamente, la Sabiduría abrió la boca de los mudos y soltó la lengua de los niños (18).

Soltó la lengua tartamudeante de Moisés. Comunicó a los profetas la palabra para arrancar y arrasar, destruir y demoler, edificar y plantar (19), a pesar de que reconocían que, abandonados a sí mismos, no sabían hablar mejor que un niño (20).

La Sabiduría comunicó a los apóstoles facilidad para predicar por todas partes el Evangelio y anunciar las maravillas de Dios (21), colmando su boca de palabras adecuadas (22).

Dado que la Sabiduría divina es Palabra en la eternidad y en el tiempo, ha hablado siempre, y por su palabra fue creado y restaurado todo (23). Ha hablado por medio de los profetas y de los apóstoles, y seguirá hablando, hasta el fin de los tiempos, por boca de aquellos a quienes se comunique.

Pero las palabras que comunica la divina Sabiduría no son palabras ordinarias, naturales y humanas. Son palabras divinas: El mensaje de Dios no lo acogieron como palabra humana, sino como lo que es realmente, como palabra de Dios (24). Son palabras enérgicas, conmovedoras, penetrantes: La palabra de Dios es viva y enérgica, más tajante que una espada de dos filos (25). Son palabras que parten del corazón de quien habla y penetran hasta el fondo del corazón del oyente. Salomón había recibido este don de Sabiduría cuando escribe que Dios le había concedido expresar con claridad lo que le dictaba el corazón: Me concedió Dios saber expresarme (26).

Y éstas son las promesas de Nuestro Señor a los apóstoles: Yo les daré palabras tan acertadas, que ningún adversario les podrá hacer frente… (27).

¡Oh! ¡Cuán pocos son hoy día los predicadores que poseen este inefable don de la palabra y pueden decir con San Pablo: Exponemos un saber divino, enseñamos la Sabiduría de Dios (28).

La mayor parte hablan guiados por las luces naturales de su inteligencia o según lo que han aprendido en sus lecturas, pero no según los dones recibidos de lo alto (29), es decir, no según la divina Sabiduría les hace sentir, ni según la abundancia del corazón (30), o sea, según la abundancia que reciben de la divina Sabiduría. Por eso son tan raras las conversiones logradas con la predicación. Si el predicador hubiera recibido de la Sabiduría el don de la palabra en forma eficaz, el auditorio no podría resistirlo, como sucedía en otro tiempo: los oyentes no podían resistir a la Sabiduría y al Espíritu que hablaba por boca de él (31). Un predicador lleno de esta Sabiduría hablaría con tanta suavidad y autoridad -Jesús enseñaba con autoridad (32)-, que su palabra no regresaría vacía sin haber realizado su misión (33).

3. Fuente de gozo y de consuelo

Siendo la Sabiduría eterna el objeto de la felicidad y complacencia del Padre eterno y la alegría de los ángeles, constituye, para el hombre que la posee, el principio de los más suaves deleites y consuelos. Le comunica el gusto por las cosas de Dios y le hace perder el de las criaturas. Alegra su espíritu con el resplandor de sus luces. Derrama en su corazón la alegría, la dulzura y la paz más indecibles, como lo atestigua San Pablo al decir: Reboso alegría en medio de todas mis penalidades (34). Y, antes de él, Salomón: Al volver a casa, aunque esté solo, descansaré a su lado, pues su trato no desazona, su intimidad no deprime, sino que regocija y alegra (35). Y no sólo en casa, sino en todas partes, porque camina delante de mí. Su amistad es noble deleite (36). En cambio, las alegrías y goces que pueden hallarse en las criaturas no son más que apariencia de placer y aflicción de espíritu (37).

4. Dones y virtudes del Espíritu santo

Cuando la Sabiduría eterna se comunica a una persona, le infunde, en grado eminente, todos los dones del Espíritu Santo y todas las grandes virtudes, a saber: las virtudes teologales: fe viva, firme esperanza y caridad ardiente; las virtudes cardinales: templanza sobria, prudencia consumada, perfecta justicia y fortaleza invencible; las virtudes morales: religión perfecta, humildad profunda, mansedumbre atrayente, obediencia incondicional, desapego total, mortificación continua, oración sublime, etc. Virtudes admirables y dones celestiales que el Espíritu Santo enumera maravillosamente en pocas palabras al decir: Si alguien ama la rectitud, las virtudes son fruto de sus afanes; es maestra de templanza y prudencia, de justicia y fortaleza; para los hombres, no hay en la vida nada más provechoso que esto (38).

5. Inspira grandes empresas… Da pesadas cruces

Por último, no habiendo nada más dinámico que la Sabiduría -la Sabiduría es más móvil que cualquier movimiento (39)-, no permite que quienes se honran con su amistad se adormilen en la tibieza y la negligencia. Les inflama e inspira grandes empresas por la gloria de Dios y la salvación de las almas. Y, para ponerlos a prueba y hacerlos aún más dignos de sí misma, les proporciona grandes combates y les reserva contradicciones y obstáculos en casi todo lo que emprenden (40).

En efecto, permite ya que el diablo los tiente o el mundo los calumnie o desprecie, ya que sus enemigos los superen y derriben, ya que sus amigos y parientes los abandonen y traicionen.

Aquí permite que los aflija la pérdida de sus bienes, allá que los atormente la enfermedad; más allá, una injusticia; y más allá aún, la tristeza y el desaliento. En una palabra: los prueba de mil maneras en el crisol de la tribulación.

Pero el Espíritu Santo dice: Sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes favores, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí; los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto; a la hora de la cuenta resplandecerán como chispas que prenden por un cañaveral (41).

La Sabiduría dio éxito a las tareas del justo e hizo fecundos sus trabajos; lo protegió contra la codicia de los explotadores y lo enriqueció; lo defendió de sus enemigos y lo puso a salvo de sus asechanzas; le dio la victoria en la dura batalla para que supiera que la Sabiduría es más fuerte que todo (42).

Se lee en la vida del Beato Enrique Suso, religioso dominico, que su deseo de adquirir la Sabiduría eterna era tan vivo, que él mismo se ofreció varias veces a padecer toda clase de 29 tormentos con tal de alcanzar sus favores. "Pues, ¡qué! - reflexionaba-. ¿No sabes que los enamorados soportan miles y miles de sufrimientos por el objeto de su amor? Consideran dulces los desvelos, agradables las fatigas y el trabajo como un descanso, cuando tienen la seguridad de que la persona amada se sentirá obligada y satisfecha. Si los hombres hacen todo esto para dar gusto a una pobre criatura, ¿no te avergüenzas de tu falta de empeño cuando se trata de adquirir la Sabiduría? ¡Oh Sabiduría eterna! ¡No, no retrocederé jamás en tu amor, aunque para llegar a tu mansión tenga que caminar entre zarzas y barzas que me envuelvan hasta la cabeza! Aunque me vea expuesto a mil crueldades en el cuerpo y en el alma, ¡preferiré tu amistad a todo y te haré reinar como soberana absoluta sobre todos mis afectos!"

Algunos días después, yendo de camino, cayó en manos de unos ladrones, que lo golpearon y redujeron a estado tan lamentable, que ellos mismos se sintieron movidos a compasión. Enrique, al verse en tan deplorable situación y desprovisto de todo socorro, cayó en profunda melancolía y, olvidando su propósito de mantener el valor en las pruebas, comenzó a llorar, preguntándose por qué le afligía Dios de esa manera. Pensando esto, se durmió. Al clarear la mañana, oyó una voz que le reprendía, diciendo: "¡Miren a nuestro héroe! Ese que hiende las montañas, trepa por las rocas, asalta ciudades, mata y despedaza a todos los enemigos cuando goza de prosperidad… ¡Pero en la adversidad no tiene ni coraje, ni brazos, ni piernas! ¡En tiempo de consolación es un león; en la tribulación, un ciervo pusilánime! ¡La Sabiduría no ofrece su amistad a cobardes e indolentes como éste!"

Ante tal reprimenda, el Beato Enrique confesó la falta que había cometido al afligirse en forma exagerada, y suplicó a la Sabiduría que le permitiera desahogar su corazón llorando amargamente. "¡No, no! -replicó la voz- Nadie en el cielo te estimará en nada si -como un pequeñuelo o una mujercilla- te pones a llorar. ¡Enjuga tus ojos y muestra un rostro sereno!"

La cruz es, pues, el patrimonio y recompensa de cuantos desean y poseen la Sabiduría eterna. Pero esta amable Soberana - que lo hizo todo con número, peso y medida- sólo envía a sus amigos, cruces proporcionadas a sus fuerzas y vierte tan suave unción sobre los sufrimientos, que en ellos encuentran sus delicias (43).

Continúa...

Notas:

1) En pocos textos, como en este capítulo, habla la experiencia personal del P. de Montfort.

2) Sb 7,22.

3) Sb 7,27c-d.

4) Sb 10,16.

5) Sb 7,11.

6) Ver ASE 53; SM 55.

7) Sb 7,7.

8) Ver Sb 7,22-24.

9) Sb 8,11.

10) Su amigo y compañero Juan Bautista Blain dice de Montfort: "Poseía gran inteligencia y penetración. Habría sobresalido, ciertamente, si hubiera continuado sus estudios en la universidad. Pero prefirió la ciencia de los santos a la teología" (Blain, 56).

11) Sb 8,8.

12) Sb 10,10.

13) Sb 7,17.

14) Sb 7,21.

15) Ver, por ejemplo, Guilermo de Tocco, Vida de Santo Tomás c.32: "Efectos admirables de su oración".

16) Ver ASE 58.

17) Sb 1,7.

18) Sb 10,21.

19) Jr 1,10.

20) Ver ASE 1-2.

21) Hch 2,11.

22) Himno Veni, Creator Spiritus.

23) El P. de Montfort poseyó este don, según testifica él mismo a su director, el P. Leschassier (Carta11).

24) 1Tes 2,13.

25) Heb 4,12.

26) Sb 7,15 (Vulgata).

27) Lc 21,15.

28) 1Cor 2,7.

29) Ver Sb 7,15.

30) Mt 12,34.

31) Hch 6,10.

32) Mt 7,29.

33) Is 55,11.

34) 2Cor 7,4.

35) Sb 8,16.

36) Sb 8,18.

37) Ver CT 126,7.

38) Sb 8,7.

39) Sb 7,24.

40) Cartas 15 y 16

41) Sb 3,4-7.

42) Sb 10,10-12.

43) Ver VD 153-154: la Virgen María es la dulzura de las cruces.