sábado, 16 de mayo de 2026

LA MAFIA LAVANDA DEL VATICANO AVANZA

Es evidente que hay más de un clérigo que trabaja desde dentro para cambiar las enseñanzas y las prácticas pastorales de la Iglesia.

Por Phil Lawler


¿Escandaloso? Sí. ¿Sorprendente? En realidad no.

Muchos católicos fieles se escandalizaron la semana pasada cuando un documento del Vaticano citaba a un hombre que proclamaba su inclinación homosexual como “un don de Dios”. Se escandalizaron de nuevo al enterarse de que la canción pop “Dancing Queen” —ampliamente reconocida como un “himno gay”había sido interpretada por una banda invitada en la audiencia pública semanal del Papa.

¿Mostraba el Vaticano indicios de un cambio de política significativo? En realidad, no. Lo que ocurrió en Roma la semana pasada es lo mismo que lleva años sucediendo: algunos funcionarios del Vaticano manifiestan su apoyo a la agenda homosexual, y nadie los detiene.

Comencemos con el episodio de “Dancing Queen”, que es el menos grave y el más fácil de explicar. Alguien —probablemente “un funcionario de bajo rango” en la burocracia vaticana— autorizó a la banda a tocar esa canción el miércoles pasado. ¿Fue un guiño deliberado al lobby homosexual? Tal vez sí, tal vez no. Muchos de los que disfrutan de la canción desconocen que ha sido adoptada por defensores de los “derechos” de los homosexuales; otros conocen su estatus de “himno”, pero prefieren no hacer un escándalo por lo que, al fin y al cabo, “es solo una canción pop”.

El nuevo documento —un informe de uno de los “grupos de estudio” que colaboran con el sínodo sobre la sinodalidad— representó un avance mucho más importante. El Grupo de Estudio n.° 9 tenía la tarea de analizar cuestiones “controvertidas”, pero optó por calificarlas como cuestiones “emergentes”, explicando que el concilio Vaticano II había iniciado un “cambio de paradigma” en la comprensión de la doctrina de la Iglesia.

En consonancia con el enfoque general del sínodo sobre la sinodalidad, el informe ofreció testimonios de “católicos” que piden cambios en la doctrina de la Iglesia, entre los que destaca el de un estadounidense que se identificó como “pareja feliz” en un “matrimonio” entre personas del mismo sexo y proclamó: “Mi sexualidad no es una perversión, un trastorno ni una cruz; es un don de Dios”.
(PDF completo del “Grupo de Estudio n°9” de 32 Págs. en inglés aquí)

Ese desafío directo a la enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica, que afirma [#2357] que “los actos homosexuales se consideran intrínsecamente desordenados”, se incluyó en el informe del grupo de estudio, presumiblemente con el fin de dar cabida a todos los puntos de vista. Sin embargo, la perspectiva de Courage, un apostolado que apoya firmemente las enseñanzas de la Iglesia, no se presentó. Por el contrario, el informe incluyó una descripción negativa de Courage, escrita por un crítico que afirmaba, erróneamente, que Courage promueve la “terapia reparativa”.

Courage respondió (en inglés 
aquí) afirmando que el informe era “una calumnia y una difamación”. El grupo señaló que los funcionarios del Vaticano podrían haber contactado a Courage para obtener una respuesta que hubiera aclarado la situación. “Sin embargo, en lugar de hacerlo, el informe presenta la experiencia y la opinión de una persona como parte de un documento eclesiástico oficial”.

El grupo Courage ha sido objeto de representaciones injustas en los medios de comunicación seculares, continuaba su comunicado. “Es una gran tristeza y una herida más para nuestros miembros que esta descripción falsa e injusta aparezca en un documento del Vaticano”.

El informe del “grupo de estudio” es solo eso: un informe, sin autoridad magisterial. Y el material más provocador apareció en los apéndices. Por lo tanto, el documento no puede interpretarse como un cambio en la doctrina de la Iglesia. Sin embargo, sería ingenuo pretender que la aparición de este documento vaticano —con su descripción favorable del “matrimonio” entre personas del mismo sexo, que contrasta tan marcadamente con su retrato hostil de un apostolado católico leal— no tendrá ningún impacto en la percepción pública de la doctrina de la Iglesia.

¿Quién fue el responsable de este informe? El periodista Edward Pentin, en un artículo publicado en el 
National Catholic Register, señala que varios miembros del Grupo de Estudio n.° 9 habían cuestionado previamente las enseñanzas de la Iglesia sobre temas morales controvertidos (o “emergentes”). El cardenal Gerhard Müller acusó a los autores del informe de “no negar abiertamente las verdades reveladas, sino dejarlas de lado y, junto a ellas, construir su propia versión de un cristianismo cómodo y conformista”.

Lamentablemente, el uso de las declaraciones de este “grupo de trabajo” del Vaticano para promover la disidencia respecto a las enseñanzas de la Iglesia, particularmente en el tema de la homosexualidad, se ha convertido en una práctica habitual en los sínodos. En 2014, Robert Royal informó para 
Catholic Thing que un informe preliminar para el sínodo de la familia había “asombrado profundamente a los periodistas del Vaticano” por su “postura favorable a las uniones entre personas del mismo sexo”. Relató que “destacados funcionarios” del Vaticano “se felicitaron mutuamente con un gesto de aprobación cuando se leyeron las secciones sobre los homosexuales”, aparentemente encantados de que esos pasajes hubieran sobrevivido a la corrección del editor. Quizás no sea una coincidencia que, justo antes de la reunión del sínodo de la familia de 2015, un “sacerdote” que trabajaba en la Congregación para la Doctrina de la Fe “saliera del armario” como homosexual practicante, denunciando la oposición de la Iglesia a las uniones entre personas del mismo sexo en una conferencia de prensa en Roma.

El escándalo de McCarrick —y la rotunda negativa del Vaticano a permitir una investigación exhaustiva sobre el ascenso de ese prelado caído en desgracia— demostró la influencia de la “mafia lavanda” en Roma. Esa influencia es igualmente evidente en los persistentes intentos de dar mayor relevancia a “los derechos de los homosexuales” en la preparación de cada reunión del sínodo de los obispos. Es evidente que hay más de un clérigo, cómodamente instalado en la burocracia vaticana, que trabaja desde dentro para cambiar las enseñanzas y las prácticas pastorales de la Iglesia
  

JOSÉ ROMÁN FLECHA Y SU MORAL (II)

La insistencia de ciertos “moralistas católicos” en ciertas gradualidades en la lucha contra el pecado no acaba de ser conforme con la verdad.

Por el padre José María Iraburu


Confusiones y contradicciones

Hay en esta obra una cierta ambigüedad congénita. La posición subjetivista del profesor Flecha, aunque él se esfuerza en no declararla abiertamente e incluso en combatirla, se capta inevitablemente en sus exposiciones confusas y desconcertantes. No es fácil, por ejemplo, entender cómo pueda conciliarse lo que el autor enseña sobre la autonomía de la conciencia y lo que la Iglesia enseña sobre los “actos intrínsecamente malos”, doctrina que él mismo se ve obligado a recordar en otro lugar (págs. 198-200).

Tampoco podríamos asegurar qué es lo que realmente enseña sobre “la especificidad de la ética cristiana” (págs. 135-138), es decir, cómo entiende “la relación entre la ética cristiana y las éticas seculares” (pág. 145). Pues, por una parte, dice que “afirmar que el cristianismo no aporta un contenido moral categorial distinto del que ellas ofrecen –o pueden ofrecer–… es afirmar la sana autonomía de lo creado y la posibilidad de la razón natural para acceder a la bondad” (pág. 145).

Esas palabras, si no las entendemos mal, hacen pensar que, a juicio de Flecha, “el cristianismo no aporta un contenido categorial distinto” al que las éticas naturales ofrecen o pueden ofrecer. Pero según eso, se pone en duda la novedad del Evangelio, por el que se revelan mensajes morales que en modo alguno el hombre adámico podría conocer por sí solo. Se devalúa así la luminosidad de la fe, que se alza muy por encima de las luces de la razón, y que por eso mismo es una “obediencia” intelectual. El Evangelio (la fe sobre-natural) va mucho más allá del Decálogo (la razón natural).

Por eso Flecha se ve obligado a reconocer también que el cristianismo sí aporta nuevas revelaciones sobre la verdad moral: “Junto a la identidad categorial y la diversidad transcendental, es necesario subrayar la novedad de la confessio christologica […En efecto] Jesús, el Cristo, Palabra e icono de Dios, es también revelación e imagen, histórica pero definitiva, del verdadero esse y del auténtico operari del hombre” (pág. 136). ¿En qué quedamos?…

Una Moral escasamente cristiana

La Teología moral fundamental que propone Flecha es una ética poco cristiana. No es una moral claramente fundamentada en la fe. Pero el fundamento de toda Moral cristiana es precisamente la fe: “el justo vive de la fe” (Rm 1,17; cf. Hab 2,4; Gál 3,11; Heb 10,35)… ¿Será, quizá, que Flecha no pretende propiamente en su obra una Teología moral fundamental, sino sólo una Filosofía moral fundamental, una Ética? A veces parece que por ahí va su pensamiento. Pero no es éste el título de su libro, ni lo que se espera en una serie de manuales de teología católica.

El capítulo tercero, Orientaciones bíblicas para la Teología Moral, es relativamente breve (págs. 75-114) y, sobre todo, queda aislado dentro del conjunto de su obra (360 págs.), sin que la Revelación bíblica influya en ella de manera determinante. El contraste de esta obra con otras, por ejemplo, la grandiosa del P. Ceslas Spicq, O. P., Teología moral del Nuevo Testamento, es muy notable. La vida moral cristiana ha de ser considerada siempre en sus coordenadas más importantes: la participación en el misterio pascual de Cristo, en su cruz y en su resurrección, la filiación divina regeneradora, la oración de súplica, la expiación por el pecado, la necesidad absoluta de la gracia, la imitación filial de Dios, la configuración a Jesucristo, la vida litúrgica y sacramental, etc. Por el contrario, en la obra del doctor Flecha, aunque estos temas sean aludidos al paso en algún momento, no logran, ni intentan fundamentar de ningún modo una Teología Moral realmente cristiana.

Religión y ética

Según parece, Flecha presenta la relación entre la Religión y la Ética como algo de suyo problemático. Si dice que en ocasiones “la Religión invade el campo de la Ética”, también afirma que “es la Ética la que parece sustituir a la confesión religiosa” (pág. 125). Una vez más, después de haber presentado un problema, éste en concreto, no alcanza en su obra a resolverlo adecuadamente, armonizando Religión y Ética (págs. 125-128). Ni lo intenta.

Una Teología moral no fundamentada

Son tantas, en fin, las dificultades que halla Flecha para fundamentar teológicamente la Moral en la naturaleza y en la Palabra revelada, es decir, en la razón y en la fe, que finalmente no consigue superarlas. Ya me dirán ustedes si una obra así puede servir de manual de teología moral fundamental para seminaristas, religiosos y laicos estudiosos. El segundo volumen de esta obra, derivado de esta moral fundamental, llevará en la consideración de la moral personal las mismas graves deficiencias del volumen primero. No podría ser de otro modo. El propio autor advierte que “ambos tratados se relacionan e implican tanto en la metodología como en los contenidos” (p. XVII).

El Manual Moral de la persona, del profesor Flecha –di su referencia en el escrito anterior–, después de una Introducción de veintinueve páginas sobre la persona, dedica todo el resto de la obra a temas morales de la sexualidad. El libro, pues, debería titularse Moral de la sexualidad. No se entiende por qué causa el autor, siendo tan variadas e importantes las dimensiones morales de la persona, circunscribe su estudio al tema de la sexualidad.

Por otra parte, y esta deficiencia es aún más grave, la doctrina del profesor Flecha sobre la moral cristiana de la sexualidad se desvía con frecuencia en temas importantes de la enseñanza de la Iglesia. Nada tiene de extraño, dada su previa Teología moral fundamental. Ahora bien, para que ese desvío sea poco escandaloso, el procedimiento que sigue el autor suele ser siempre el mismo. Primero expone y afirma la doctrina de la Iglesia. Y en seguida admite excepciones, males menores, gradualidades, conflictos de valores, exigencias personales de la conciencia y otros principios de evaluación moral que, en la práctica, vienen a anular lo que en teoría enseña la Iglesia católica.

La masturbación se opone, ciertamente, a la verdad del sexo (págs.  197-198); la cosa es clara. “Pero –ya estamos en la rebaja– sin embargo, en esa frustración de la evolución armónica de la personalidad puede existir un proceso de gradualidad, como en todos los ámbitos de la responsabilidad moral. En éste, como en tantos otros problemas, no se puede hacer una valoración abstracta de la masturbación” (198).

¿Qué querrá decir el autor con la última frase? Por supuesto que sobre la masturbación, o sobre cualquier otro tema de moral –el robo, el adulterio, el homicidio, la mentira, la injusticia–, se pueden, se deben establecer y se establecen valoraciones abstractas, normas morales objetivas y estables, que, por supuesto también, habrán de ser aplicadas al caso concreto del modo que la moral católica enseña. ¿Pero por qué el autor hace esa consideración al iniciar el estudio moral de la masturbación? No parece un juicio temerario estimar, o sospechar al menos, que el autor no ve tanto la masturbación como un pecado, sino como un retraso en la maduración psicológica de la persona. Y una perspectiva semejante parece prevalecer en él cuando trata de otros desórdenes morales de la sexualidad.

La homosexualidad

¿Qué enseña el profesor Flecha de la homosexualidad? Enseña que no es justificable el comportamiento homosexual (págs. 216-218). Ya con eso queda clara la doctrina. Pero… pero también aquí hay que decir que “la persona ha de tender al ideal moral”; y eso exige un proceso gradual. “A la persona que se ve implicada en una actividad homosexual habrá que recordarle, por ejemplo, que en su condición, la fidelidad a una pareja estable implica un mal menor que la relación promiscua, indiscriminada y ajena a todo compromiso afectivo. Será preciso subrayar, también aquí, las posibilidades y exigencias de la ley de la gradualidad” (pág. 218).

Las relaciones prematrimoniales son consideradas reprobables por el autor. Pero ya al iniciar su “juicio ético” –en el primer párrafo, concretamente– se apresura a advertir que ha de distinguirse “la moralidad objetiva de las mismas y la eventual responsabilidad y culpabilidad de las personas implicadas” (pág. 236). Las circunstancias y las actitudes de las personas implicadas pueden ser en esto muy diversas y exigen, por tanto, “una diferente evaluación moral” (pág. 239).

“En éste, como en muchos otros casos, podría ser aplicable la "ley de la gradualidad" (cf. Familiaris consortio 34), que no es reducible a una "gradualidad de la ley"”… Por lo tanto, “será necesario subrayar que la madurez de la pareja se alcanza de forma progresiva y gradual” (pág. 239). Por otra parte, la culpabilidad aumenta si en esas uniones no hay amor real. “Por el contrario, puede haber personas que vivan una experiencia de amor único, definitivo que no puede ser formalizado públicamente. Esas situaciones-límite habrán de ser tratadas con la metodología tradicional de la Teología Moral Fundamental […] escapan a la normalidad de las situaciones” (pág. 240).

Nos interesaría mucho conocer, respecto a las relaciones prematrimoniales arraigadas en un amor estable, cuáles son esas normas de “la metodología tradicional”, según las cuales, dice el autor, “habrán de ser tratadas esas situaciones-límite”. En su Moral fundamental no las expone, y no sabemos bien a cuáles se refiere. ¿Qué deberá hacerse, entonces?… Por otra parte, aunque afirma que se trata de “situaciones-límite”, que “escapan a la normalidad de las situaciones”, en realidad hoy se dan con una frecuencia tan grande, que prácticamente son situaciones normales, en el sentido estadístico de la palabra.

La anticoncepción

Las frecuentes alusiones del autor en esta cuestión tan grave al conflicto de valores (pág. 250), al mal mayor o menor (pág. 260), a la distinción entre lo natural y lo antinatural (pág. 261), a la diferencia entre métodos naturales y artificiales (págs. 261-262), al principio de totalidad (pág. 263), nos sitúan una vez más en la posición de los moralistas que en los últimos decenios no se deciden a aceptar la doctrina de la Iglesia católica sobre el tema. “El juicio sobre las actitudes ha de preceder al juicio sobre los medios” (pág. 262). Ahí queda esa norma.

La “ley de la gradualidad” en cuestiones morales

A un cristiano rico y gravemente injusto le exhortamos a que se convierta al Evangelio, y que realice los cambios pertinentes en su vida y en sus negocios cuanto antes pueda. Así fue como Zaqueo cambió su vida rápidamente, en cuanto entró en la amistad de Cristo (Lc 19,1-10). De la cárcel de una situación objetivamente pecaminosa hay que salir cuanto antes, para no seguir ofendiendo a Dios, y por el bien propio y el ajeno.

Sería un grave error pensar que las conversiones bruscas son imposibles o insanas para la naturaleza, habituada a un cierto vicio. Sería un error muy dañoso dar por supuesto que el paso del vicio a la virtud implica necesariamente un proceso gradual de desarrollo personal, que exige tiempo. Con la gracia de Dios, la súbita conversión de Zaqueo no es propiamente un milagro: está en la naturaleza humana la posibilidad de cambios rápidos. Y conocemos por experiencia que muchos conversos, por obra del Espíritu Santo, han dado a su vida un giro muy notable en un tiempo relativamente corto.

Lo muestro con un ejemplo tomado de la misma vida natural: un hombre adicto al tabaco, que durante años ha luchado contra su vicio sin vencerlo, viendo la muerte de un hermano suyo, muerto a causa del tabaquismo, deja de fumar para siempre, con la fuerza de una motivación potente y nueva. Este paso de la adicción cautiva a la libertad personal, en decisión intensa realizada en un momento, no exige propiamente un milagro, sino una motivación suficiente. A fortiori, con la ayuda sobre-natural de la gracia, pueden y deben realizarse prontamente las conversiones. Es cierto que algunos vicios, sobre todo los que han creado profundos hábitos psico-somáticos, con relativa frecuencia solo serán superados tras no pocas recaídas, que a veces, cuando el converso está luchando con todas sus fuerzas –oración, sacramentos, alejamiento de las ocasiones próximas, etc– serán quizá más compulsivas que libremente queridas. La madre Iglesia entonces, manifestando la bondad de Dios misericordioso, sabrá perdonar setenta veces siete, y animará sin cansarse al pecador para que, con la ayuda de la gracia, siga adelante hacia la perfecta libertad de Cristo, hasta la victoria plena sobre el pecado. Por el contrario, la insistencia de ciertos “moralistas católicos” en ciertas gradualidades en la lucha contra el pecado no acaba de ser conforme con la verdad.

La gradualidad de unos indios caníbales

Me viene aquí a la memoria un caso que narraba Alejandro Humboldt (+1835), transcribiendo el informe de unos misioneros:

“Dicen nuestros Indios del río Caura [afluente del Orinoco, en Venezuela] cuando se confiesan que ya entienden que es pecado comer carne humana; pero piden que se les permita desacostumbrarse poco a poco. Quieren comer la carne humana una vez al mes, después cada tres meses, hasta que sin sentirlo pierdan la costumbre” (Essai politique sur le royaume de la Nouvelle Espagne, 1811; cit. por Salvador Madariaga, El auge y el ocaso del Imperio español en América, Espasa-Calpe, Madrid 1986, 3ª ed., 385). Los frailes misioneros no accedieron a la petición.

Conclusión

Los errores de la obra del profesor Flecha, aunque tienen habitualmente una expresión muy cautelosa, quedan suficientemente expresados. Cualquier lector, medianamente avisado, sabe a qué atenerse. Su Teología Moral Fundamental es inaceptable. Menos aún es admisible en una serie de Manuales de Teología católica. Y lo mismo ha de decirse de la Moral de la persona.
 

LA TENTACIÓN DEL CRISTIANISMO

Continuamos con la publicación del capítulo V del tercer y último Tomo del libro “La Conjuración Anticristiana” de Monseñor Henri Delassus, publicado el año 1910.


TOMO I: LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA

TOMO II: EL AMERICANISMO Y LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA


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LA TENTACIÓN DEL CRISTIANISMO

CAPÍTULO IV

VARIOS INTENTOS

“Mors et vita duello conflixere mirando”. La muerte y la vida libraron una batalla en el Calvario, una batalla presenciada con asombro. En esta batalla, el autor de la vida muere, pero en su muerte vive, y en su muerte reina. “Dux vitae mortuus regnat vivus”. El rescate ha sido pagado, la redención se ha consumado, el pecado del mundo ha sido eliminado y el príncipe de este mundo ha sido derrotado; su reinado ha terminado en principio, pero el reino que creó para sí mismo debe ser reconquistado. Este es el magnum praelium del Cielo, que continuará en la tierra bajo las mismas condiciones. A menudo la Iglesia parecerá estar muriendo; pero siempre en su aparente muerte, surgirá nueva vida.

La lucha comienza entre cada alma y su tentador. La redención es universal; el divino Salvador ha merecido la salvación de toda la humanidad, pero la justificación seguirá dependiendo de la voluntad de cada individuo. Los méritos de Cristo solo se aplicarán a las personas con su consentimiento y cooperación (1). Lo sobrenatural, nuevamente prerrogativa de la humanidad, debe, como siempre, ser aceptado por cada uno de sus miembros. Antes de esta aceptación, presumida en el niño y real en el adulto, el hijo de Adán aún se encuentra bajo el yugo de Satanás, y entra en este estado mediante la renuncia voluntaria al estado de gracia, ya sea cometiendo actos condenados por la moral cristiana, lo que le hace perder la amistad de Dios, o por la resolución de limitarse a la naturaleza por indiferencia religiosa. Esta es la ley que fue promulgada desde el principio en el Cielo y en la tierra. No ha cambiado, ni podría haber cambiado, con la Redención. La nueva fuente de vida que la lanza del soldado romano hizo brotar del Corazón de Jesús en la cruz está abierta a todos, pero solo ofrece sus aguas a quienes vienen a beber de ella.

Lo que es cierto para los individuos también lo es para los pueblos. Llamados por la voz de los Apóstoles, judíos y gentiles acudieron uno a uno a esta fuente, y su unión formó el cuerpo de la Iglesia.

Para recuperar su imperio, Satanás ataca al cuerpo social como ataca a los individuos. Esto es lo que se dijo al principio y lo que la Sabiduría divina exigió: “Inimicitias ponam inter semen tuum et semen illius”. Tras anunciar la redención de la humanidad a través del Hijo de la Mujer, Dios había mostrado la lucha que seguiría entre las dos ciudades, una raza de la serpiente y la otra raza de la Mujer bendita.

La palabra hebrea utilizada en el Génesis para describir los ataques de la serpiente representa acertadamente los dos tipos de agresión que la Iglesia ha sufrido constantemente: persecución y herejía. Esta palabra denota un odio ejercido mediante la astucia y la crueldad. Estas son, en efecto, las dos guerras que la historia ha visto alternarse, e incluso fusionarse, desde los primeros tiempos hasta nuestros días.

Satanás fue quien primero instigó la persecución de los emperadores romanos, que duró tres siglos y dejó miles de mártires. Incapaz de aniquilar a la Iglesia con su propia sangre, recurrió a otros medios de destrucción (2).

Casi inmediatamente después del reinado de Constantino, llegamos al pontificado del Papa Gelasio I en el año 493. ¡Qué desoladora era la situación! La conversión del imperio un siglo antes parece haber sido infructuosa, y la catástrofe se vislumbraba inminente. Todo Oriente estaba en manos de cristianos infieles al Concilio Ecuménico de Calcedonia; Occidente estaba bajo el dominio de los arrianos que rechazaban el Concilio Ecuménico de Nicea; el propio Papa estaba sujeto a un soberano arriano. Y como si una herejía no fuera suficiente, el pelagianismo se extendió por Piceno con la complicidad de los obispos. En el norte del imperio desmembrado, los bretones, inicialmente asediados por el pelagianismo, eran desposeídos por los sajones paganos. El clero católico era oprimido en los reinos arrianos de Borgoña, Aquitania y España, y el culto católico fue temporalmente abolido por los vándalos arrianos de África. Casi todo Oriente se alió con el patriarca de Constantinopla, Acacio, en su cisma y se adhirió a la herejía monofisita, mientras que, fuera del imperio, la herejía opuesta, el nestorianismo, avanzaba escandalosamente.

¿Fue este un caso aislado? Ciento quince años antes, cuando San Gregorio Nacianceno estaba a punto de comenzar su predicación en Constantinopla (378), ¿no parecía la situación desesperada con el auge del arrianismo y el creciente número de cismas? Y más tarde, al comienzo del pontificado de San Gregorio Magno, ¿no parecía la Iglesia amenazada con un colapso inminente? Los últimos vestigios de la civilización romana se desmoronaban ante la invasión lombarda de Italia; en Oriente y Occidente, las hambrunas, las plagas y los terremotos asolaban el mundo; los bretones cristianos eran masacrados, esclavizados y expulsados ​​a las montañas desiertas por sus enemigos paganos; el arrianismo aún dominaba España y gran parte de Italia. No es de extrañar que San Columbano —y no solo él— creyera que era el fin del mundo.

Si dividimos la historia de la Iglesia en tres periodos cronológicos, las tormentas que acabamos de describir corresponden al primero, pero los otros dos no son menos turbulentos. En el segundo (636-1270), la Iglesia se vio repetidamente amenazada con la destrucción: en el siglo VIII por los árabes; en el siglo IX por los normandos; y en el siglo X por los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico. El tercer periodo, el más reciente, está marcado por tres acontecimientos importantes, cada uno de los cuales, según los principios de probabilidad histórica, debería haber sido fatal para la Iglesia. Primero, el Gran Cisma: durante treinta y siete años, los cimientos mismos se tambalearon, el principio de obediencia fue desacreditado, aunque, por otro lado, la buena fe, e incluso la santidad, eran evidentes en ambas obediencias, como para atestiguar una autoridad divina, aun cuando estuviera en guerra consigo misma. Luego llegó la Reforma Protestante: los católicos fueron objeto de calumnias e insultos indescriptibles, seguidos pronto por saqueos, destrucción y masacres. Inglaterra en 1540 parecía un país devastado: obras de arte y tesoros del saber, acumulados durante siglos, desaparecieron. Francia vio cómo cientos de iglesias eran destruidas y miles de sacerdotes y monjes eran sacrificados; los príncipes católicos fueron declarados indignos de gobernar y la religión católica fue ultrajada por horribles sacrilegios. De repente, en medio de este huracán de egoísmo y fanatismo, dos tercios de su imperio parecían irremediablemente perdidos para la Iglesia. El jansenismo triunfó durante el siglo XVIII: la gran Iglesia de Francia estaba plagada hasta sus cimientos; José II, el archiduque de Toscana y el rey de Nápoles estaban a punto de romper con la Santa Sede; obispos y profesores debatían abiertamente doctrinas católicas; los jesuitas, defensores de Roma contra el protestantismo y el jansenismo, eran perseguidos sin piedad en Portugal, España, Francia y Nápoles, y la amenaza de cisma obligó al Papa a suprimir a esta élite justo cuando más la necesitaba. Luego llegó la Revolución, que reavivó las masacres de los primeros siglos.

Esta imagen es ciertamente sombría, pero ¿acaso no es reconfortante el reverso? En cada una de estas fechas, el Maestro intervino. Constantino sucedió a Diocleciano; los siglos IV, V y VI terminaron con tres conversiones que son tres brillantes bendiciones: la de San Agustín, la de Clodoveo y la de los anglosajones; la desolación de los siglos siguientes culminó en Hildebrando y las Cruzadas; el celo de los dominicos, los franciscanos, el resplandor de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino son, por así decirlo, la respuesta de Dios a la tiranía imperial y la herejía albigense; la herida del gran cisma apenas cicatriza, y aquí están Fra Angelico, la flor del arte cristiano, y Tomás de Kempis, la flor del misticismo cristiano; después de Lutero y Calvino llegó la verdadera Reforma, la obra del Concilio de Trento, y nuevas misiones se extendieron hacia Oriente y Occidente, trayendo a la Iglesia más gente que la que la había abandonado.

En esta gigantesca lucha, observemos que siempre ha sido Francia quien ha proporcionado el campo de batalla más disputado e ilustre. Clodoveo derrotó a los arrianos, Carlos Martel a los árabes, Carlomagno a los lombardos, Montfort aplastó a los albigenses, San Luis plantó la Cruz frente a Túnez, la familia Guisa y la Liga Santa triunfaron sobre la muerte, y hoy, entre los misioneros, están aquellos que han venido del corazón de Francia, que son quienes impulsan las conquistas de la Iglesia más lejos en tierras infieles. ¡Cuán cierto es este dicho de la historia: Gesta Dei per Francos!

También en Francia vemos el frente de batalla de otra guerra, más íntima que la que acabamos de describir.

Las demás batallas fueron variadas, parciales y, relativamente hablando, efímeras. Eran la lucha cuerpo a cuerpo de dos gigantes que, tras ejercer una fuerza en dirección opuesta, intentaban derribar a su adversario con una fuerza contraria. Lo que nos queda por describir es la lucha continua, pues debe ser decisiva; es la lucha profunda que alcanza las fuentes mismas de la vida espiritual en el individuo, en la sociedad y en la Iglesia. Su objeto es aquello que primero se disputó entre los ángeles, luego entre nuestros primeros padres y la serpiente: lo natural contra lo sobrenatural.

Desde los primeros tiempos del cristianismo, esta batalla se libró en lo más profundo del alma, pero en el siglo XIV, Satanás creyó que había llegado el momento de trasladar este drama íntimo al gran escenario del mundo y convertirlo en la augusta tragedia que la historia de los pueblos cristianos nos ofrece en los últimos siglos.

Continúa...
 
Notas:

1. El bautismo se confiere a los hijos de padres que lo solicitan para ellos; entonces les corresponde a ellos ratificar lo realizado. Así sucedieron las cosas en el Cielo y en el paraíso terrenal: los ángeles y nuestros primeros padres recibieron la gracia santificante en el momento de su creación, y luego tuvieron que consentir el don que se les había otorgado.

2) La siguiente tabla está tomada del libro de Charles Stanton Devas, Máster en Artes por la Universidad de Oxford: L'Eglise et le Progrès du monde La Iglesia y el progreso del mundo), traducido del inglés por el dominico Folghera.
 
  

16 DE MAYO: SAN JUAN NEPOMUCENO, SACERDOTE Y MÁRTIR


16 de Mayo: San Juan Nepomuceno, sacerdote y mártir

(✞ 1387)

San Juan Nepomuceno tomó segundo nombre de Nepomuk, lugar de Bohemia, donde nació.

Hechos sus estudios en la universidad de Praga, y conservándose puro e inocente, mereció ser promovido al sacerdocio.

Predicaba la palabra de Dios sin vanos adornos de elocuencia humana, pero con tal gracia del cielo, que corrían a oírle innumerables personas y hasta el mismo rey Wenceslao IV de Bohemia era uno de sus oyentes continuos.

Habiéndole nombrado monarca para uno de los principales obispados de Bohemia, nunca quiso admitir ninguno; más no pudo eximirse del cargo de confesor de la reina, Sofía de Baviera y este cargo le ocasionó muchos disgustos y el martirio.

Porque siguiendo Wenceslao sus depravadas inclinaciones, llegó al frenesí de dejar poseer su corazón por la pasión y los celos contra su esposa; y con lisonjas, promesas y amenazas deseaba que el santo le contara los secretos del corazón de su esposa que había oído como su confesor en el Sacramento de la penitencia.

El santo se horrorizó al oír demanda tan sacrílega, y con libertad y espíritu apostólico, reprendió el exceso al rey; el cual no sabiendo qué replicar, disimuló por entonces el resentimiento.

Más habiendo llamado al santo confesor, lo entregó luego a algunos soldados de su guardia para que en las habitaciones interiores del palacio le atormentasen y apaleasen cruelmente.

No estaba bien curado de sus heridas, cuando el bárbaro rey volvió a intimarle con la misma demanda, y como el santo respondiese que antes sacrificaría mil vidas que hablar una palabra en materia de confesión, enfurecido Wenceslao mandó que lo atasen de pies y manos y que fuese echado al río Moldava, como en efecto lo hicieron, con todo secreto, en la oscuridad de la noche.

Pero el Señor hizo patente a todos la gloria de su siervo: porque muchas noches se vieron antorchas encendidas en cierto lugar del río, y así hallaron el cadáver del santo mártir, el cual los canónigos de la catedral sepultaron con la mayor pompa en su iglesia, no temiendo la ira del mal aconsejado rey.

El Señor se dignó ilustrar a su invencible mártir con muchos milagros: y uno de ellos, muy extraordinario y notorio en toda la cristiandad, fue la incorrupción de su lengua, pues habiendo estado sepultado debajo de la tierra al cadáver del santo por espacio de 300 años, cuando se reconoció jurídicamente, fue hallada la lengua incorrupta y como si estuviera viva; y presentada 6 años más tarde a los jueces delegados de la Silla Apostólica, de repente con un nuevo prodigio se entumeció y mudó el color que tenía algo oscuro, en un color rojo y natural.

viernes, 15 de mayo de 2026

DICCIONARIO PARA SEMINARISTAS MODERNOS (REVISADO)

El padre Jerry Pokorsky pone de relieve el uso y abuso del lenguaje retomando algo que escribió anónimamente cuando era seminarista.

Por el P. Jerry Pokorsky


Entre las alegrías de entrar en la recta final del sacerdocio se encuentra el recuerdo de rememorar el “espíritu del concilio Vaticano II” en las décadas posteriores al concilio. Salvo algunos reductos de sensatez católica, el seminario (en aquel entonces) era mayoritariamente disidente doctrinal. Hace poco recordé (y redescubrí) un artículo que escribí en 1987, cuando era seminarista. Se publicó en septiembre de ese año en la revista Fidelity, sin atribución. La versión revisada que aparece a continuación se publica por primera vez con mi nombre.

El famoso libro de Ambrose Bierce, The Devil’s Dictionary (El diccionario del diablo), fue la ocasión perfecta para pecar. Sin embargo, gran parte del mérito corresponde a un profesor de seminario que nos enseñó a comprender la mentalidad de los llamados teólogos de la liberación (léase, “marxistas”) en lugar de imponer nuestras propias ideas erróneas sobre sus palabras. Así, por ejemplo, cuando usaban la palabra “salvación”, no se referían a la “gloria celestial”, sino a la “dictadura del proletariado”. Este ejercicio fue uno de los cursos más valiosos que he tomado, pues me ayudó a descifrar el léxico de la psicología popular católica disidente que estaba en boga entonces. Muchos de estos términos siguen siendo temas controvertidos hoy en día.

En aquel momento, no me di cuenta del alcance que tenía mi sátira. El ilustre (ya fallecido) jesuita, el padre Paul Mankowski, se sentó junto al entonces cardenal Ratzinger durante la inauguración, en 1990, de la Cátedra Cardenal John Krol de Teología Moral en el Seminario San Carlos Borromeo de Filadelfia. Para mi eterna satisfacción, el padre Mankowski me contó que el cardenal Ratzinger se rió de mi definición de alguien “pre-Vaticano II”. A saber: “Una persona que acepta sin cuestionar la enseñanza de la Iglesia y que lee los documentos del concilio Vaticano II sin hacer ningún comentario”.

En los últimos años, el sínodo de la sinodalidad y otras organizaciones que subvierten la doctrina de la Iglesia, siguen adelante sin cesar. Por ejemplo, Katholikentag es una gran reunión “tradicional” de laicos “católicos” en Alemania: “Este año, estará representado el Grupo de Trabajo Ecuménico sobre BDSM y Cristianismo. El grupo explora las ‘preferencias sexuales sadomasoquistas’ desde una perspectiva cristiana. Mañana, todas las donaciones recaudadas durante las misas en toda Alemania deberán entregarse a Katholikentag…”.

Parece que mi generación de líderes eclesiásticos está en las últimas, sumida en el caos posterior al concilio Vaticano II. Sin embargo, las encuestas sugieren que la nueva generación de sacerdotes, en general, se toma en serio la fe católica. Por lo tanto, a modo de servicio público, presentamos a continuación una versión abreviada de la sátira de 1987.

ABIERTO Y HONESTO: Decir a los superiores religiosos lo que quieren oír.

ACTIVIDAD SEXUAL DE ALTO RIESGO: Sodomía; término que utilizan los católicos neovictorianos para referirse a los tipos de actividad sexual contra los que advirtió San Pablo.

AFIRMACIÓN: El halago que se le debe a alguien que está en una posición de autoridad.

AMOR: Un sentimiento agradable.

AUTORREALIZACIÓN: Salvación; ya no es un pecado mortal.

CELIBATO: Abstenerse de la actividad genital heterosexual.

CLERICALISMO: Actitud de los sacerdotes que, a sabiendas y voluntariamente, practican los aspectos sacramentales del sacerdocio con diligencia, reverencia y alegría.

COMPARTIR: La práctica de hablar de las intimidades más profundas de la propia vida delante de completos desconocidos.

CONCIENCIA: El árbitro final de la corrección de las propias acciones, que siempre debe guiarse por las últimas disidencias de la Iglesia.

CONCILIO DE TRENTO: Un resumen práctico de los mitos y supersticiones medievales.

CONECTAR CON EL LADO FEMENINO: Un requisito esencial para la ordenación al sacerdocio.

CREACIÓN DE REDES: Permitir que las monjas dirijan parroquias.

CRISIS DE VOCACIONES: Se refiere a la incapacidad de la Iglesia para flexibilizar las normas sobre el celibato y a su negativa a ordenar mujeres.
 
DANZA LITÚRGICA: Una innovación litúrgica comparable a la del canto gregoriano: “Para mí, mi cuerpo es mi instrumento; es mi forma de expresarme”, dijo, gesticulando frecuentemente con la mano para transmitir sus pensamientos. “Me siento libre cuando bailo; es una expresión natural” (Hermana Barbara Linke, citada en el Milwaukee Sentinel, 3 de agosto de 1985).

DEBER DE PASCUA: Sacrilegio anual.

DIÁLOGO: El uso hábil de clichés banales en la conversación.

DÓNDE TE ENCUENTRAS: Tu estado psicológico cuando estás en estado de pecado mortal, lo que exige aceptación y una actitud sin prejuicios.

ECUMENISMO: El proceso de transformar los ritos litúrgicos de las principales denominaciones cristianas en un único rito de café, rosquillas y diálogo.

ELEVACIÓN DE LA CONCIENCIA: El método de argumentación utilizado por las feministas radicales para motivar a los hombres adultos a la acción: “Mejor es vivir en un rincón de la azotea que tener una esposa quejumbrosa y una casa llena de riñas” (Proverbios 21:9).

EMPODERAR: Animar a otros a pensar por sí mismos; cf. Evelyn Waugh: “Se hizo todo lo posible por animar a los niños de las escuelas públicas a "pensar por sí mismos". Cuando deberían haber sido azotados y enseñados paradigmas griegos, los pusieron a discutir sobre el control de la natalidad y la nacionalización. Sus rudimentarias opiniones eran tratadas con respeto. Semana tras semana, los predicadores de la capilla escolar les confiaban el futuro. No es de extrañar que fueran bolcheviques a los 18 y se aburrieran a los 20”.

ENSEÑANZA OFICIAL DE LA IGLESIA: “No espero que esto cambie la opinión de nadie en un sentido u otro. Los católicos de hoy han aprendido lo que significa ser selectivamente obedientes a la enseñanza de la Iglesia” (Padre Richard McBrien, Washington Post, 16 de diciembre de 1981).

ESPÍRITU DEL VATICANO II: Actividades y programas de la Iglesia que no tienen absolutamente ninguna relación con la letra de los documentos del Concilio Vaticano II.

FEMINIDAD: Una palabra creada por una sociedad sexista y dominada por los hombres para subyugar a las mujeres al rol maternal.

FLEXIBLE: Estás de acuerdo conmigo.

FORMACIÓN: Jardín de infancia.

FUNDAMENTALISTA CATÓLICO: Persona sencilla que intenta vivir la fe de una manera dócil y piadosa.

GAY: Persona profundamente sensible que posee de forma natural las habilidades para un ministerio pastoral eficaz; minoría oprimida; sin ninguna relación con la pederastia: cf. P. James L. Arimond: “No confundan la orientación homosexual con otras minorías sexuales: transexuales; pederastia; bufones; etc.” de un taller de la Arquidiócesis de Milwaukee sobre el Ministerio Gay. [Actualización : En 1989, surgieron acusaciones de que Arimond había abusado sexualmente de un adolescente a finales de la década de 1980. En 1990, Arimond se declaró culpable de agresión sexual en cuarto grado y fue sentenciado a 18 meses de libertad condicional y 45 días en un programa de trabajo penitenciario.]

HOMOFÓBICO: Condición psicológica de quienes presencian y denuncian actos de homosexualidad ante las autoridades del seminario.

HUMANAE VITAE : El mayor error que ha cometido la Iglesia desde el Concilio de Trento.

HUMANIDAD: La raza humana libre de sexismo (véase SEXISMO).

IGLESIA: Yo.
  
INTELECTUALIZAR TUS SENTIMIENTOS: Controlar el temperamento.
 
IRA REPRIMIDA: Si se detecta, es motivo de expulsión del seminario; causa probable de las dos guerras mundiales, el Holocausto y la elección de Ronald Reagan; una técnica absolutamente esencial para que ningún seminarista ortodoxo sea ordenado.

LEGALISMO: Aceptar sin cuestionar y aplicar obedientemente lo que dice un documento, ley o directriz.
 
LIBERACIÓN: La sustitución de las estructuras de restricción existentes por estructuras de restricción nuevas y mejoradas.
  
LITURGISTAS: “Una sociedad de hombres entre nosotros, criados desde su juventud en el arte de probar con palabras multiplicadas para tal fin, que lo blanco es negro y lo negro es blanco, según se les pague” (Jonathan Swift, Los viajes de Gulliver).

MACROIGLESIA: La Iglesia jerárquica, autoritaria, opresiva y dominada por los hombres.
 
MICROIGLESIA: La comunidad cristiana local, pastoral, flexible, abierta y honesta, compasiva y abierta al cambio.
 
MISA DE PAYASOS: Innovación litúrgica comparable a la innovación del canto gregoriano; relevante: “Una liturgia de payasos puede sonar sacrílega, pero quienes asistieron a una misa especial en la iglesia de Santa Inés la describieron como conmovedora, edificante, animada y colorida” (Catholic Herald, Milwaukee, 16 de febrero de 1984).

MUNDO TECNOLÓGICO COMPLEJO: La razón para resistir la propia conciencia al oponerse a las enseñanzas de la Iglesia Católica; también, la respuesta habitual que usa una persona flexible cuando una persona rígida parece estar ganando una discusión.
 
NO TENEMOS RESPUESTAS CORRECTAS/NO TENEMOS MUCHAS RESPUESTAS: Excepto esta (cf. Arzobispo Rembert Weakland sobre la homosexualidad): “...Quisiera declarar que no tengo todas las respuestas sobre este tema tan complejo…” (Catholic Herald, 19 de julio de 1980). [Actualización : El Vaticano aceptó la renuncia de Weakland inmediatamente después de que se hicieran públicas las revelaciones de que la Arquidiócesis de Milwaukee había pagado 450.000 dólares para resolver las acusaciones que involucraban a un exseminarista adulto, Paul Marcoux, con quien Weakland reconoció haber tenido una “relación inapropiada”.]
 
OPCIÓN PREFERENCIAL PARA LOS POBRES: Socialismo.

ORDENACIÓN: Una celebración arcaica de la Iglesia que aún resulta útil para marcar el inicio del ministerio a tiempo completo.

PENSAR: La actividad más peligrosa en un seminario; motivo para recibir asesoramiento psicológico; quienes piensan “interrumpen el proceso”; véase PROCESO.

PREFERENCIA SEXUAL: Sentirse bien con algunos o todos los objetos de deseo, ya sean animales, vegetales o minerales.
 
PREJUICIOSO: Persona que juzga el pecado pero no al pecador. Persona no crítica: Persona que juzga al pecador pero no al pecado.
 
PRE VATICANO II: Persona que acepta sin más la enseñanza de la Iglesia y que lee los documentos del Concilio Vaticano II sin consultar ningún comentario.

PROCESO: El movimiento espontáneo en el diálogo de las sesiones de terapia grupal, que nunca debe ser interrumpido por el pensamiento.

PROGRESISTA: Verter el vino de las viejas herejías en odres nuevos.

PSICÓLOGO: Autoridad infalible para la enseñanza en la Iglesia.
 
RELEVANTE: Todo lo relacionado con la disidencia respecto a la doctrina de la Iglesia.

RÍGIDO: Tu opinión no es la mía. Una persona rígida sostiene que la ordenación de mujeres es imposible; una persona flexible sostiene que no ordenar mujeres es un ejemplo de sexismo. Evelyn Waugh era rígida: “Es mejor ser de mente estrecha que no tener opinión, tener principios limitados y rígidos que no tener ninguno. Ese es el peligro que acecha a tanta gente hoy en día: no tener opiniones meditadas sobre ningún tema, tolerar lo que es derrochador y dañino con la excusa de que "hay algo bueno en todo", lo que en la mayoría de los casos significa una incapacidad para distinguir entre el bien y el mal”.
  
SEMINARIO: Una escuela donde hombres y mujeres se preparan para el ministerio a tiempo completo.

SENSIBILIDAD: La capacidad de identificar y estar de acuerdo con la opinión generalizada sobre temas políticos de izquierda, como el feminismo, los derechos de los homosexuales, la disidencia, etc. Tim Unsworth, del National Catholic Reporter, describe a un sacerdote sensible: “Pero Vince Connery también llora mucho. Llora abiertamente y sin pudor, tanto en conversaciones privadas como en público. No se cubre el rostro ni esconde sus lágrimas. Simplemente se queda allí de pie y llora, dejando que las lágrimas fluyan y que la voz se le quiebre; y si alguien se acerca, aunque sea levemente, Connery le corresponde con un abrazo mientras sigue llorando. Pronto queda claro que se trata de un sacerdote emocionalmente sano en una iglesia emocionalmente enferma” (NCR, abril de 1987). [ Actualización: Fue ordenado sacerdote en la Iglesia Episcopal en julio de 2020 por la obispa Susan Haynes].

SENTIMIENTO: La facultad más elevada de la persona humana que quedó totalmente intacta por el pecado original.

SEXISMO: El pecado asociado al ser hombre.

SEXO SEGURO: Tomar las precauciones adecuadas durante la actividad sexual de alto riesgo.
 
SIMPLISTA: Que tiene que ver con el sentido común.

TALLER: Reunión patrocinada por la iglesia para asegurar que se sigan abordando temas como el celibato opcional, la ordenación de mujeres, los sandinistas y los trajes de ocio.

TODOS SOMOS SERES SEXUALES: La razón para pasar por alto la mala conducta sexual en los seminarios.
 
TRADICIÓN: Una práctica establecida antes de la Edad Media o después del Concilio Vaticano II.
 
VALORANDO TU SEXUALIDAD: Obsesión con las preocupaciones típicas de la adolescencia.
  

PRODIGIOS DE LA BONDAD Y MISERICORDIA DE LA SABIDURIA ETERNA (Cap. 4)

Continuamos con la publicación del capítulo 3 del libro “El Amor de la Sabiduría Eterna” escrito por San Luis María Grignion de Montfort.


CAPITULO CUARTO

PRODIGIOS DE LA BONDAD Y MISERICORDIA DE LA SABIDURIA ETERNA ANTES DE LA ENCARNACION

La Sabiduría eterna se conmueve vivamente ante la desgracia del pobre Adán y de todos sus descendientes, contempla con sumo dolor su vaso de honor hecho pedazos, destrozado su retrato, destruida su obra maestra, derribado por tierra su lugarteniente.

Tiende amorosamente el oído a sus gemidos y clamores. Mira compasivamente el sudor de su frente, las lágrimas de sus ojos, la fatiga de sus brazos, el dolor de su alma y la aflicción de su corazón.

1 - EL DECRETO DE LA ENCARNACION

Paréceme ver -por decirlo así- a esta amable Soberana convocando y reuniendo por segunda vez a la Santísima Trinidad para decidir la restauración del hombre, como lo había hecho cuando la creación (1). E imagino que en este magno consejo se desencadena una especie de combate entre la Sabiduría eterna y la justicia de Dios (2).

Me parece oír a la Sabiduría, que en la causa del hombre reconoce que realmente éste y su posteridad merecen ser condenados eternamente con los ángeles rebeldes a causa de su pecado.

Pero que es preciso compadecerse de él, porque su pecado obedece más a debilidad e ignorancia que a malicia. Observa, por una parte, que es gran lástima que una obra maestra tan bien lograda permanezca para siempre esclavizada al enemigo y que millones de hombres se vean para siempre condenados por el pecado de uno solo. Muestra, por otra parte, los tronos vacíos del Cielo por la caída de los ángeles apóstatas, y que sería bien llenar de nuevo (3). E indica la gloria inmensa que Dios recibiría en el tiempo y la eternidad si se salva al hombre.

Paréceme oír a la justicia contestando que la sentencia de muerte y condenación eterna está dictada contra el hombre y su posteridad, y debe ejecutarse sin remisión ni misericordia, como lo fue la dictada contra Lucifer y sus secuaces; que el hombre es un ingrato después de los beneficios que había recibido; que, habiendo seguido al demonio en la desobediencia y el orgullo, debe también acompañarlo en el castigo, porque el pecado debe ser castigado.

Viendo la Sabiduría eterna que nadie en el universo era capaz de expiar el pecado del hombre, satisfacer a la justicia y aplacar la ira divina, y queriendo al mismo tiempo salvar al desventurado, a quien amaba por naturaleza, halla un medio admirable.

¡Proceder asombroso! ¡Amor incomprensible llevado hasta el extremo! (4). La amable y soberana Princesa se ofrece ella misma en holocausto al Padre para satisfacer su justicia, aplacar su cólera, liberarnos de la esclavitud del demonio y de las llamas del infierno y merecernos una eternidad feliz.

Su oferta es aceptada; la decisión, tomada y decretada: la Sabiduría eterna, es decir, el Hijo de Dios, se hará hombre en el momento oportuno y en las circunstancias señaladas. Durante los cuatro mil años aproximadamente que transcurrieron desde la creación y el pecado de Adán hasta la encarnación de la divina Sabiduría (5), Adán y sus descendientes murieron, conforme a la ley dictada contra ellos por Dios. Pero, en previsión de la encarnación del Hijo de Dios, recibieron gracias para obedecer a los mandamientos y hacer digna penitencia en caso de trasgresión, y, si murieron en gracia y amistad con Dios, sus almas descendieron al limbo a esperar que su Salvador y Libertador les abriera las puertas del Cielo.

2 - DURANTE EL TIEMPO ANTERIOR A LA ENCARNACION

Durante el tiempo que precedió a la encarnación, la Sabiduría eterna testificó de mil maneras a los hombres la amistad que les tenía y el anhelo de comunicarles sus beneficios y dialogar con ellos: Disfrutaba con los hombres (6). Ella misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen (7), esto es, a personas dignas de su amistad, dignas de sus tesoros, dignas de su persona. Se ha difundido por diversas naciones en las personas santas para transformarlas en amigos de Dios y en profetas. Ella sola formó a todos los santos patriarcas, a los amigos de Dios, a los profetas y santos del Antiguo y del Nuevo Testamento (8).

La Sabiduría eterna inspiró a los hombres de Dios, habló por boca de los profetas, los dirigió en sus caminos, los iluminó en sus dudas, los sostuvo en sus debilidades y los libró de todo mal.

El Espíritu Santo lo refiere con estas palabras en el libro de la Sabiduría (10: 1-21): De Adán a Moisés.

1. La Sabiduría protegió al padre del mundo, a ese primer hombre que fue formado por Dios y que fue creado como único [Adán]. Lo levantó de su caída

2. y le dio la fuerza para que dominara a todas las cosas.

3. El hombre se alejó de ella, arrastrado por su propio furor, se hizo malo hasta matar a su hermano [Caín] y se perdió junto con su arrebato.

4. Pero cuando por culpa de él las aguas inundaron la tierra, la Sabiduría lo salvó una vez más [Noé]: ella guiaba su barca.

5. Más tarde los pueblos se juntaron para hacer el mal, y la discordia se instaló en medio de ellos. La sabiduría reconoció entonces a otro justo [Abraham]: lo mantuvo irreprochable delante de Dios y le dio la fuerza para sobreponerse a la ternura por su hijo.

6. Ella también libró al justo en su huida [Lot], cuando bajaba el fuego sobre las cinco ciudades para aniquilar a los impíos.

7. Y aún hasta ahora permanece un testigo de su perversidad: una tierra árida y siempre humeante, arbustos cuyos frutos no maduran, una columna de sal en recuerdo de la que no creyó.

8. Los que se apartaron del camino de la Sabiduría no sólo fueron castigados, perdiendo su felicidad, sino que sus ruinas están allí como un recuerdo para todos los vivos, para que sus pecados no sean nunca olvidados.

9. En cambio la Sabiduría libró de sus problemas a los que la servían.

10. Condujo por caminos seguros al justo [Jacob] que huía de la cólera de su hermano [Esaú]. Le mostró el reino de Dios y le permitió que conociera a los santos ángeles. Hizo que tuviera éxito en sus trabajos y que fructificaran sus esfuerzos.

11. Lo defendió contra la avaricia de sus amos y lo hizo muy rico.

12. Lo guardó de sus enemigos y lo protegió de los que le tendían trampas. Le dio la victoria en un rudo combate para hacerle entender que la piedad es más poderosa que cualquier otra cosa.

13. La Sabiduría no abandonó al justo [José] cuando lo vendieron: lo preservó del pecado.

14. Descendió con él al pozo y no lo dejó solo en la prisión; muy por el contrario, le confió el poder en el reino y le dio autoridad sobre los que lo habían perseguido. Hizo que quedara al descubierto la mentira de sus calumniadores y le consiguió una gloria que no pasará. [Éxodo]

15. La Sabiduría arrancó al pueblo santo, a la raza irreprochable [los hebreos] de manos de la nación opresora.

16. Entró en el alma de un servidor del Señor [Moisés] para hacer frente a reyes temibles, por medio de señales y prodigios.

17. Le dio al pueblo santo el pago por sus penas, los guió por un camino asombroso. Los cubría con su sombra durante el día y los alumbraba como un astro durante la noche.

18. Los hizo pasar el Mar Rojo: ¡atravesaron las inmensas aguas!

19. Ella se tragó a sus enemigos, para luego echar sus cuerpos a lo más profundo del mar.

20. De ese modo los justos despojaron a los impíos; ¡cantaron himnos a tu santo Nombre, oh Señor! Con un solo corazón te dieron gracias, porque tú los habías librado.

21. Porque el Señor abre la boca de los mudos y hace hablar a los pequeñines.


En el capítulo siguiente del libro de la Sabiduría (9), el Espíritu Santo enumera los males de los cuales libró la Sabiduría a Moisés y a los israelitas, mientras atravesaban el desierto. A esto podemos añadir todos aquellos que fueron salvados de grandes peligros en el Antiguo y el Nuevo Testamento: como Daniel, en el foso de los leones; Susana, de la falsa acusación; los tres jóvenes, en el horno de Babilonia; San Pedro, de la cárcel; San Juan, de la tinaja de aceite hirviente, y la multitud de mártires y confesores de la fe en los tormentos infligidos a sus cuerpos, en las calumnias que empañaban su reputación. Añadamos, repito, todos aquellos que fueron liberados y sanados gracias a la Sabiduría: Los hombres aprendieron lo que te agrada, y la sabiduría los salvó (10).

3 - CONCLUSION

Exclamemos, pues: "¡Dichoso una y mil veces aquel en quien la Sabiduría divina ha podido entrar para morar en él! ¡Saldrá victorioso de todos sus combates, se verá libre de todos los peligros que le asalten, será reanimado y consolado en todas las tristezas que le aflijan, y en cualquier humillación en que se encuentre será exaltado y glorificado en el tiempo y en la eternidad!".

Continúa...

Notas:

1) Gn. 1,26.

2) La idea de semejante combate entre la Justicia y la Misericordia divinas para decretar la encarnación, es frecuente en los autores anteriores al P. de Montfort, quien concretamente ha podido tomarla de Poiré.

3) VD 28: La misión de llenar los tronos vacíos, se la confiere Dios a María.

4) Jn 13: 1: "Había amado a los suyos que vivían en el mundo y los amó hasta el extremo."

5) La suma de cuatro mil años, se tomaba siguiendo la cronología ofrecida por la Biblia, desde la prehistoria bíblica: Gn 1-11. Hoy sabemos que estas fechas, así como las edades de los patriarcas, buscan simplemente llenar el espacio entre la creación y el comienzo de la historia bíblica, en Abrahán, padre de los creyentes (Gn 12).

6) Pr. 8: 31.

7) Sb 6: 17.

8) Sb 7: 27; ver 7: 14

9) Sb 11.

10) Sb 9: 18.

 

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (105)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


105. En Nazaret por la muerte de Alfeo. Lenta conversión del primo Simón.
12 de febrero de 1945.

1 Atardece en medio de un gran arrebol de ocaso que, como un fuego que se va apagando, se vuelve cada vez más oscuro hasta asumir casi un color violeta rubificado. Una coloración espléndida, rara, que pincela, difuminándose lentamente, el occidente, hasta desaparecer en el cobalto oscuro del cielo donde el oriente avanza cada vez más con sus estrellas y con su arco de luna creciente, ya camino de la segunda fase. Los agricultores acuden raudos a sus casas –las bajas casitas de Nazaret–, que muestran ya los hogares encendidos, por los aros de humo que salen de ellas.
Jesús está para entrar en la ciudad y, contrariamente a cuanto desearían los otros, no quiere que ninguno vaya a avisar a su Madre. “No va a suceder nada. ¿Por qué intranquilizarla antes?” dice.
Ya está entre las casas. Algún saludo, algún cuchicheo a sus espaldas, algún volverse de espaldas mal educado o dar portazos cuando pasa el grupo apostólico.
La gesticulación de Pedro es un verdadero poema, pero también los demás están un poco inquietos. Los hijos de Alfeo parecen dos condenados: caminan con la cabeza baja a ambos lados de Jesús, observando, no obstante, todo; de vez en cuando se miran asustados, o en su mirar manifiestan temor por Jesús. El, como si no pasara nada, responde a los saludos con su habitual afabilidad, y se inclina para acariciar a los niños, los cuales, en su simplicidad, no toman parte por éste o por aquél y son siempre amigos de su Jesús, que siempre se muestra tan afectuoso con ellos.
Uno –un tonelito muy regordete que tendrá como mucho cuatro años–, separándose del vestido materno, acude corriendo a su encuentro y le tiende los bracitos diciendo: “¡Súbeme!” y, dado que Jesús le complace y le sube en brazos, éste le besa con su boquita toda embadurnada del higo que está chupando, y luego lleva su amor hasta el punto de... ofrecerle a Jesús un trocito de higo, diciendo: “¡Toma! ¡Está bueno!”. Jesús acepta el ofrecimiento y ríe de que ese hombrecito naciente le haya metido el trocito de higo en la boca.

2 Isaac, cargado de jarros, viene de la fuente. Ve a Jesús, deja los jarros y, corriendo a su encuentro, grita: 
“¡Mi Señor! Tu Madre ha vuelto ahora a casa. Estaba donde su cuñada. Pero... –pregunta– ¿recibiste la carta?”.
“Estoy aquí por este motivo. No digas nada a mi Madre, por ahora. Primero voy a casa de Alfeo”.
Isaac, prudente, no dice más que: “Te obedeceré” y, tomando sus ánforas, va directamente a casa.
“Pongámonos en camino. Vosotros, amigos, nos esperaréis aquí. Estaré poco tiempo en casa de Alfeo”.
“¡Nooo! Nosotros no entramos en la casa del luto. Estaremos fuera, eso sí. ¿Verdad?” dice Pedro.
“Pedro tiene razón. Nos tendrás cerca, aunque estemos en la calle”.
Jesús cede a la voluntad de todos, pero sonríe y dice: “No me harán nada. Creedlo. No son malos. Sólo están humanamente exaltados. Vamos”.
Llegan a la calle donde está la casa. Llegan a la entrada del huerto. Jesús continúa; detrás, Judas y Santiago.

3 Jesús llega al umbral de la puerta de la cocina. Dentro, junto al fuego, está María de Alfeo, cocinando y... llorando. En un ángulo, Simón y José, con otros hombres, sentados en grupo. Entre ellos está Alfeo de Sara. Están allí, callados como estatuas. ¿Será costumbre? No lo sé.
“Paz a esta casa y paz al espíritu que la ha dejado”.
La viuda emite un grito y hace un movimiento instintivo de cerrarle el paso a Jesús, de ponerse entre El y los otros. Simón y José se levantan, hoscos y confundidos; pero Jesús no muestra darse cuenta de su actitud hostil. Va hacia los dos hombres (Simón tiene ya sus cincuenta años, y quizás más, a juzgar por el aspecto) extendiendo hacia ellos sus manos en gesto de amorosa iniciativa. Los dos hombres se muestran más turbados que nunca, pero no osan comportarse maleducadamente. Alfeo de Sara tiembla angustiado, sufre visiblemente. Los otros hombres se muestran reservados, en espera de una indicación.
“Simón, tú, ya cabeza de familia, ¿por qué no me recibes afablemente? Vengo a llorar contigo. ¡Cuánto habría deseado estar con vosotros en la hora del duelo! Pero me encontraba lejos, no por culpa mía. Eres justo, Simón. Y lo debes decir”.
El hombre sigue con actitud reservada.
“Y tú, José, que tienes un nombre muy estimado por mí, ¿por qué no acoges mi beso? ¿No me permitís llorar con vosotros? La muerte es lazo para los verdaderos afectos. Y nosotros nos quisimos. ¿Por qué ahora debe haber desunión?”.
“Por ti nuestro padre ha muerto resentido” dice José con dureza. Y Simón: “Debías haberte quedado. Sabías que estaba agonizando. ¿Por qué te marchaste? Te quería a su lado...”.
“No habría podido hacer por él más de cuanto hice (66). Y vosotros lo sabéis...”.
Simón, más justo, dice: “Es verdad. Sé que viniste y que te echó. Pero era un enfermo, un hombre afligido”.
“Lo sé. De hecho dije a tu madre y a tus hermanos: "No le guardo rencor, porque comprendo su corazón". Pero por encima de todos está Dios. Y Dios quería este dolor para todos. Para mi que, creedlo, he sufrido como si me hubieran arrancado carne viva; para vuestro padre, que en esta pena ha comprendido una gran verdad, la cual durante toda la vida le había permanecido oscura; para vosotros, que con este dolor tenéis el modo de ofrecer un sacrificio más beneficioso que el becerro inmolado; y para Santiago y Judas, que ahora ya no están menos formados que tú, mi Simón, porque tanto dolor –para ellos es la mayor carga y los oprime como rueda de molino– los ha hecho adultos y de perfecta edad ante los ojos de Dios”.
“¿Qué verdad ha visto nuestro padre? Una sola: que su sangre, en la última hora, le era enemiga” rebate José con dureza.
“No. Que el espíritu es más que la sangre. Ha comprendido el dolor de Abraham (67) y por eso Abraham le ha ayudado” responde Jesús.
“¡Ojalá fuera verdad! Pero ¿quién lo asegura?”.
“Yo, Simón. Y, más que Yo, la muerte de tu padre. ¿No ha anhelado mi presencia? Tú lo has dicho”.
“Lo he dicho. Es verdad. Quería que viniera Jesús. Y decía: "¡Al menos que no muera el espíritu! El puede hacerlo. Le he rechazado y no volverá. ¡Oh, muerte sin Jesús, qué horror eres! ¿Por qué le obligué a irse?". Sí, esto decía, como también: "El me preguntó muchas veces: '¿Debo marcharme?' yo le eché. Ahora ya no vuelve". Te anhelaba, te anhelaba. Tu Madre te mandó recado, pero no te encontraron en Cafarnaúm y él lloró mucho, y con sus últimas fuerzas tomó la mano de tu Madre y quiso tenerla cercana. A duras penas podía hablar, pero decía: "La Madre es un poco el Hijo. Me agarro a su Madre para tener algo de El, porque tengo Miedo de la muerte". ¡Pobre padre mío!”.

4 Se produce una escena oriental de gritos y actos de dolor, en la que todos toman parte; también Santiago y Judas, que se han atrevido a entrar. Jesús, que solamente llora, es el más tranquilo.
“¿Lloras? ¿Entonces le querías?” pregunta Simón.
“¡Simón! ¿Lo preguntas? Si hubiera podido, ¿crees que habría permitido este dolor suyo? Yo estoy con el Padre, pero no por encima del Padre”.
“Curas a los moribundos, y a él no le curaste” dice ásperamente José.
“No creía en mí”.
“Esto es verdad, José” observa su hermano Simón.
“No creía y tampoco deponía el rencor. Yo no puedo hacer nada donde hay incredulidad y odio. Por eso, os digo: no sigáis odiando a vuestros hermanos. Vedlos. Que su congoja no resulte gravada por vuestro rencor. Vuestra madre está más acongojada por este odio vivo que por la muerte, que termina en sí misma, y en vuestro padre termina en la paz porque su deseo de mí le significó perdón de Dios. Ni hablo de mí, ni abogo por mí. Yo estoy en el mundo, pero no soy del mundo. Aquel que dentro de mí vive me compensa lo que el mundo me niega; sufro con mi humanidad, pero elevo el espíritu por encima de la tierra y siento júbilo por las cosas celestes. ¡Pero ellos!... No faltéis a la ley del amor y de la sangre. Amaos. En Santiago y Judas no existe ofensa a la sangre. Pero, aun en el caso de que existiera, perdonad. Mirad con ojo justo las cosas y veréis que los más ofendidos han sido ellos, incomprendidos en las necesidades del alma raptada por Dios. Y a pesar de todo no guardan rencor, sino que sólo desean el amor. ¿No es verdad, primos?”.
Judas y Santiago, a los cuales la madre tiene estrechamente abrazados, asienten entre lágrimas.
“Simón, eres el mayor, da ejemplo...”.
“Yo... por mí... Pero el mundo... pero Tú...”.
“¡Oh, el mundo! olvida y cambia a cada amanecer.. Y Yo... Ven, dame tu beso fraterno. Yo te quiero. Esto lo sabes. Despójate de estas escamas que te hacen duro y no son tuyas sino que te vienen de persona a ti ajena y menos justa que tú. Tú juzga siempre con tu recto corazón”.
Simón, todavía un poco reticente, abre los brazos. Jesús le besa y luego le conduce adonde sus hermanos. Se besan entre llanto y lamentos.
“Ahora tú, José”.
“No. No insistas. Tengo presente el dolor de nuestro padre”.
“En verdad tú lo perpetúas con tu rencor”.
“No importa. Soy fiel”.

5 Jesús no insiste. Se vuelve hacia Simón: “La tarde está avanzada. Pero, si quisieras... Nuestro corazón arde por el deseo de venerar sus restos mortales. ¿Dónde está Alfeo? ¿Dónde le habéis puesto?”.
“Detrás de la casa. Donde el olivar cesa contra el barranco. Un sepulcro digno”.
“Te lo ruego. Llévame. María, sé fuerte. El esposo exulta porque ve a sus hijos en tu seno. Quedaos. Yo voy con Simón. ¡Estad en paz! ¡Estad en paz! José, te digo a ti cuanto dije a tu padre: "No hay rencor en mí. Te quiero. Cuando quieras que venga, llámame. Vendré a llorar contigo. Adiós"”. Y Jesús sale con Simón...
Los apóstoles miran de reojo con curiosidad, pero se sienten contentos al ver a Jesús y Simón en armonía.
“Venid también vosotros” dice Jesús. “Son mis discípulos, Simón. Ellos también desean honrar a tu padre. Vamos”.
Van por el olivar y todo termina.

“La Gracia de Dios obra siempre donde hay voluntad para ser justos”

6 Dice Jesús:
“Aquí pondréis la tercera y cuarta visión habidas el día 13 de febrero de 1944.

Como ves, Simón –menos obstinado– se rindió, si no completamente sí al menos en parte, a la justicia, con santa prontitud. Es cierto que no se hizo discípulo mío, y menos aún apóstol –como en tu ignorancia le llamaste hace ahora un año–, en seguida, después de este encuentro por la muerte de Alfeo, pero sí, al menos, espectador no enemigo. Incluso fue tutor de su madre y de la mía en momentos en que había necesidad de que un hombre las protegiera y defendiera de las sátiras de la gente. No fue fuerte hasta el punto de imponerse contra quien me llamaba "loco". Todavía era "demasiado hombre", y se avergonzaba un poco de mí y se preocupaba por los peligros que podía correr toda la familia a causa de mi apostolado, contrario a las sectas. No obstante, ya estaba en el camino del Bien, por el cual, luego, después del Sacrificio, supo proseguir, cada vez más firme, hasta confesarme con la sangre. La Gracia obra en ocasiones fulminantemente, otras veces lentamente, más siempre obra en donde existe la voluntad de ser justo. Ve en paz. Queda en paz en medio de tus dolores. El tiempo preparatorio para la Pascua empieza. Lleva por mí la Cruz. Te bendigo, María de la Cruz de Jesús”.

Continúa...

Notas:

66) Cfr. cap. 89 not. 27; cap. 95 not. 43.

67) Cfr. Gén. 22, 1–19.