viernes, 5 de junio de 2026

EL BAUTISMO DESPUÉS DEL CONCILIO VATICANO II: ¿DUDOSO O INVÁLIDO?

Me preguntaron sobre la validez del bautismo conferido por herejes y cismáticos, como los conciliares del Vaticano II...

Por Julien Laurent


En primer lugar, examinaremos el bautismo de todos los herejes y cismáticos, y luego consideraremos la situación en la secta conciliar del Vaticano II.

I. Bautismo conferido por un hereje y/o cismático

Aquí les presentamos algunas autoridades en este tema:

I.1. El Concilio Sacrosanto de Trento – Sesión VII

Sobre los sacramentos:

Canon XI: 11. Si quis dixerit in ministris dum sacramenta conficiunt et conferunt non requiri intentem saltem faciendi quod facit Ecclesia: anathema sit.

—Si alguien dice que en los ministros, al consagrar y conferir los sacramentos, no se requiere al menos la intención de hacer lo que hace la Iglesia, sea anatema.

Sobre el bautismo:

Canon IV: Si quis dixerit baptismum qui etiam datur ab haereticis in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti eum intente faciendi quod facit Ecclesia non esse verum baptismum: anathema sit.

—Si alguien dice que el bautismo que también dan los herejes en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, con la intención de hacer lo que hace la Iglesia, no es un verdadero bautismo, sea anatema.

Por lo tanto, no es automáticamente inválido el bautismo administrado por un hereje. Dado que la intención de la Iglesia es borrar el pecado original y todos los demás pecados, es posible que los herejes, como la mayoría de los protestantes, tengan esta válida intención.

Así, quienes son bautizados entre ellos antes de alcanzar la edad de la razón quedan ipso facto (por ese mismo hecho) unidos a la Una Santa Católica y Apostólica Iglesia. Pero, al llegar a la edad de la razón, si no abandonan su secta herética o cismática, ¡incurren en el pecado de herejía y cisma!

I.2. San Cipriano se equivocó en este punto.

San Cipriano fue corregido por el Papa Esteban (Denzinger n° 110). Rohrbacher, en su Historia Universal de la Iglesia Católica, considera que murió reconciliado con la Santa Sede en este punto.

I.3. San Agustín, el más augusto de los Padres de la Iglesia, en su obra De Baptismo, Libro II, trató el tema de Cipriano y esta controversia. Menciona que la Iglesia mantenía, con respecto a los herejes y cismáticos, la costumbre de no reiterar lo que ya se había dado. Según él, esta costumbre, como muchas otras, provenía de la tradición de los apóstoles (2.7.12: Quam consuetudinem credo ex apostolica traditione venientem), que como costumbres se mantenían en toda la Iglesia (et tamen quia per univeram custodiuntur ecclesiam).

Estos son, pues, los argumentos más sólidos:

– Lo que viene de los apóstoles es infalible;

– Y lo que se ha enseñado y practicado en todas partes, siempre y por todos (quod ab omnibus, ubique et semper creditur in Ecclesia) es infalible.

San Agustín sobre la validez del bautismo administrado por herejes y cismáticos:

http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/c2s.htm

Sin embargo, San Agustín reconoció el principio de la necesidad de la intención, por supuesto: “el ministro es un ser racional y debe actuar como tal; su ministerio debe consistir, por lo tanto, en un acto consciente y voluntario, de modo que no se puede presumir la existencia de un sacramento por la mera presencia del rito, cuando no hay una intención correspondiente” (De sacramentis, II, 6, 13, PL, CLXXVI, 460).

I.4. Documentos Pontificios de Su Santidad Pío XII, volumen 1949, pp. 549-550.

Declaración del Santo Oficio sobre la validez del Bautismo conferido en ciertas sectas (28 de diciembre de 1949).

“Cierto número de obispos de los Estados Unidos han planteado las siguientes preguntas a la Suprema Congregación del Santo Oficio:

1) Para juzgar casos matrimoniales, ¿puede considerarse inválido el bautismo conferido en las sectas de los Discípulos de Cristo, Presbiterianos, Congregacionalistas, Bautistas y Metodistas, con la materia y fórmula necesarias, basándose en que el ministro no tendría la intención de hacer lo que hace la Iglesia y lo que Cristo instituyó?

2) O, por el contrario, ¿debería presumirse válido este bautismo, a menos que, en un caso particular, se demuestre su invalidez?

El 21 de diciembre de 1949, los Eminentes y Reverendísimos Cardenales encargados de la custodia de la fe y la moral, tras haber consultado con los Consultores, decidieron responder a las preguntas:

– No, a la primera.

– Sí, a la segunda.

Al día siguiente, el 22 del mismo mes y año, Su Santidad Pío XII aprobó esta resolución, la confirmó y la publicó.

Es sabido que todo sacramento es válido siempre que se utilice la materia y se pronuncien las fórmulas sacramentales, y que el ministro tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia. Esta es la doctrina de la fe, y en cuanto alguna secta modifica sustancialmente la materia o las fórmulas, deja de ser un sacramento. Esto se puede comprobar fácilmente. Pero el problema es mucho más delicado en lo que respecta a la intención. Los teólogos han debatido si, aun con un error fundamental sobre los efectos del sacramento, el ministro conserva la intención de hacer lo que hace la Iglesia. Coinciden en afirmar que, en el caso de que el ministro persiga manifiestamente un fin opuesto al de la Iglesia Católica y haga explícita esta oposición, falta la rectitud de la intención. Por consiguiente, el sacramento no existe.

Tras esta declaración, no se debe concluir que, ipso facto, todo bautismo administrado por presbiterianos, bautistas, discípulos de Cristo, etc., sea válido. Es importante examinar en cada caso si se han observado las condiciones generales de validez. Simplemente significa que no se debe decretar a priori que los bautismos administrados en estas sectas en los Estados Unidos sean inválidos.

I.5. El Catecismo del Concilio de Trento ofrece aún más explicaciones:

“En tercer y último lugar, vienen aquellos que, en caso de necesidad, pueden administrar este Sacramento sin las ceremonias habituales. De este grupo se incluyen todos los seres humanos, hombres y mujeres, incluso los más humildes y de cualquier religión que profesen. En efecto, judíos, infieles, herejes, cuando la necesidad lo requiera, todos pueden bautizar, siempre que tengan la intención de hacer lo que hace la Iglesia al administrar este Sacramento. Así lo habían decidido ya varias veces los Padres y los antiguos Concilios. Pero la santa Asamblea de Trento ha pronunciado además un anatema contra todos aquellos que se atrevan a sostener que el Bautismo dado por herejes en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, con la intención de hacer lo que hace la Iglesia, no es un Bautismo válido y verdadero”.

Y ciertamente, esta es para nosotros una hermosa ocasión para admirar la perfecta bondad y la infinita sabiduría de nuestro Dios. Dado que el Bautismo es necesario para todos, Él ha elegido e instituido como materia de este Sacramento el agua, que se encuentra en todas partes, y al mismo tiempo no ha querido negar a nadie el poder de administrarlo. Solo que, como ya hemos dicho, no todos tienen derecho a conferirlo con las ceremonias establecidas por la Iglesia; no porque estos ritos y ceremonias sean algo más augusto que el Sacramento mismo, sino porque son menos necesarios.

Por lo demás, si a todos se les permite bautizar, los fieles no deben pensar, por ello, que la decencia no obliga a establecer cierto orden entre los distintos ministros de este sacramento. Una mujer, por ejemplo, no debería administrar el bautismo si hay un hombre presente; ni un laico, si hay un clérigo; ni un clérigo, si hay un sacerdote. Sin embargo, las parteras acostumbradas a bautizar no son en absoluto reprochables si, en ciertos casos y en presencia de un hombre que no sabe cómo conferir este sacramento, asumen ellas mismas esta función, que en otras circunstancias parece mucho más apropiada para un hombre.

I.6. Proposición condenada por Alejandro VIII (n° 1318 en Denzinger, Enchiridion):

Valet baptismus collatus a ministre, qui omnem ritum externum formamque baptizandi observat, intus vero in corde suo apud se resolvit: Non intendo, quod facit Ecclesia.

“El bautismo conferido por un ministro que observa todo el rito y la forma externa del bautismo es válido, pero que decide en su corazón: ‘No pretendo lo que hace la Iglesia’”.

Puesto que esta proposición está condenada, ese bautismo NO es válido.

I.7. Un ejemplo práctico: debido a la negligencia sistemática con la que la secta anglicana ha conferido bautismos (por aspersión a distancia, etc.), la Iglesia católica en Inglaterra tenía la costumbre, mucho antes del concilio Vaticano II, de reiterar en todos los casos el bautismo de los conversos. Esto es bastante particular, pero comprensible y prudente.

Pero en otros casos, el pastor responsable debe, por supuesto, estudiar e investigar la validez de los conversos bautizados caso por caso.

Conclusión:

La Iglesia ya ha resuelto este asunto desde hace mucho tiempo; por lo tanto, sigamos su doctrina: los bautismos conferidos por herejes y cismáticos con la forma, la materia y la intención requeridas son ilícitos pero válidos.

* * *

II. Bautismos conferidos en la secta conciliar

Antes de 2007…

Si aplicamos esta doctrina a los bautismos conferidos en la secta conciliar, debemos tener en cuenta que en el (mal llamado) Catecismo de la Iglesia Católica de Juan Pablo II en 1992…

https://es.wikipedia.org/wiki/Catecismo_de_la_Iglesia_cat%C3%B3lica

Escriben que el bautismo borra los pecados. Por lo tanto, la intención requerida para su validez está presente.

https://es.wikipedia.org/wiki/Bautismo

Después de 2007…

Pero en el documento de 2007 de la Comisión Teológica Internacional, sobre “La esperanza de salvación para los niños que mueren sin bautizar”, firmado por Benedicto XVI, se expresa la esperanzaen contra de la enseñanza bimilenarista de la Iglesia, entre otros, de San Agustín y Santo Tomás de Aquino— de que todos los niños estén en el Cielo. Esto implica que el pecado original ya no representa un pecado importante o ni siquiera un pecado, que no es un pecado mortal que prive de la visión beatífica y… que el bautismo de niños sin razón, por lo tanto, no elimina el pecado mortal original, puesto que no existe. Y ha habido muy pocas o ninguna reacción en la secta conciliar. Por consiguiente, cabe suponer que esta falsa doctrina es aceptada casi universalmente allí.

En la página web oficial francesa, afirman que el bautismo es “un rito de iniciación en la Iglesia”, y nada más.

Por lo tanto, debemos asumir que los bautismos conferidos por la secta conciliar, al menos a partir de esa fecha, son todos inválidos debido a una intención oficial y, por ende, general en toda la secta, contraria a la intención requerida por la Iglesia para la validez.

Aunque los ministros conciliares afirmen tener “la intención de hacer lo que la Iglesia desea”, esta intención es, concretamente y en realidad, “la intención de hacer lo que la anti-Iglesia de la Roma apóstata desea. Y desde el decreto mencionado, esta intención está claramente comprometida.

El anatema del Concilio de Trento no es aplicable en estas circunstancias, pues evidentemente solo se aplica a los bautismos conferidos por herejes y cismáticos que no tienen una intención contraria a la de la Iglesia, como la mayoría de los protestantes. De lo contrario, estarían sujetos a la condena de Alejandro VIII.

En efecto, como hemos visto anteriormente (I.4.), el Papa Pío XII declaró que 

“en el caso de que el ministro persiga manifiestamente un fin opuesto al de la Iglesia Católica y explicite esta oposición, falta rectitud de intención. Por consiguiente, el sacramento no existe”.

La Iglesia también enseña que un sacramento dudoso debe considerarse inválido, pues uno debe tener certeza respecto a los sacramentos.

Ejemplo reciente: para “respetar” las nuevas normas de distanciamiento social con motivo del covid-19, un ministro conciliar de Detroit, Estados Unidos, utilizó en mayo de 2020 una pistola de agua, llena de “agua bautismal”, para “bautizar” a un bebé en la iglesia de Saint-Ambrose.

Si se reitera el bautismo en caso de duda, el sacerdote dice: “Si no estás bautizado, yo te bautizo”, y Dios sabe si el primer bautismo fue válido o no. Por lo tanto, ciertamente no hay riesgo de sacrilegio al reiterar un sacramento que solo se puede recibir una vez.

En la práctica, para verificar la validez de los bautismos dudosos, hay que interrogar al bautizado (si tenía edad de razón en el momento del bautismo) y, si es posible y útil, a los padres, padrino y madrina, a la familia y a todos los que estuvieron presentes en el bautismo:

Sobre el tema del bautismo:

que debe ser agua

que debe fluir

en la frente (y no solo en el cabello, lo cual es dudoso y por lo tanto inválido según todos los teólogos morales)

en la forma:

El mismo ministro que vierte el agua debe pronunciar simultáneamente estas palabras: “Nombre(s), yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. El latín es obligatorio en el rito latino para la licitud, pero no para la validez de la forma.

Sobre la intención: si el ministro vive y se puede hablar con él, pregúntele qué opina del bautismo: "¿Es solo un rito de iniciación o algo más, o también borra todo pecado y el pecado original, especialmente en los bebés, como se creía antes del Vaticano II?". Depende de la respuesta si la intención era contraria a la de la Iglesia.

Personalmente, en varias ocasiones he hablado por teléfono con el ministro y he recibido respuestas que me han permitido actuar en consecuencia.

Si el ministro ya no vive, se puede indagar sobre todo aquello que pueda ser útil para conocer la intención, por ejemplo, un folleto o una hoja de bautismo que se entregaba a los asistentes con los textos y explicaciones del bautismo. Si la duda persiste, se debe proceder a la reiteración condicional.

AMDG ESA

Ad maiorem Dei Gloriam animarumque salutem!


¡Para mayor gloria de Dios y salvación de las almas!

Abate Eric Jacqmin +
 

EFECTOS MARAVILLOSOS QUE PRODUCE LA SABIDURIA ETERNA EN QUIENES LA POSEEN (Cap. 8)

Continuamos con la publicación del capítulo 8 del libro “El Amor de la Sabiduría Eterna” escrito por San Luis María Grignion de Montfort.


CAPITULO OCTAVO

EFECTOS MARAVILLOSOS QUE PRODUCE LA SABIDURIA ETERNA EN QUIENES LA POSEEN (1)

Siendo por naturaleza amante del bien (2), y en particular del bien del hombre, esta hermosura suprema que es la Sabiduría encuentra su mayor complacencia en comunicarse a él.

Por ello dice el Espíritu santo que la Sabiduría busca, a través de las naciones, personas dignas de ella y que se difunde y explaya en las almas santas (Sb 7,27). Precisamente esta comunicación de la Sabiduría eterna ha formado los amigos de Dios y los profetas (3).

Entró en tiempos antiguos en el alma del siervo de Dios Moisés, comunicándole luz abundante para ver cosas magníficas y un poder maravilloso para realizar portentos y alcanzar victorias: Entró en el alma del servidor de Dios, que hizo frente a reyes temibles con sus prodigios y señales (4).

Cuando la Sabiduría divina entra en una persona, le trae toda clase de bienes y le comunica riquezas innumerables: Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables (5). Es el testimonio que Salomón rinde a la verdad después de haber recibido la Sabiduría.

Entre las innumerables operaciones realizadas en el alma por la Sabiduría muchas veces de manera tan secreta que uno ni siquiera tiene conciencia de ellas (6), éstas son las más frecuentes: 

1. Discernimiento y penetración

La Sabiduría comunica su espíritu a quien la posee. Espíritu que es totalmente luminoso: Por eso supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría (7).

Con este espíritu sutil y penetrante (8), el hombre -a ejemplo de Salomón- se convierte en juez de todas las cosas, con gran discernimiento y penetración: En los procesos lucirá mi agudeza, y seré la admiración de los monarcas (9) gracias a la Sabiduría que me comunicó su espíritu.

Comunica al hombre la ciencia sublime de los santos (10) y las demás ciencias naturales -incluso las más ocultas-, si le han de ser provechosas: Si alguien ambiciona una rica experiencia, ella conoce el pasado y adivina el futuro, sabe los dichos ingeniosos y la solución de los enigmas (11). A Jacob le dio a conocer los santos (12).

Comunicó a Salomón la verdadera ciencia de toda la naturaleza: Me otorgó un conocimiento infalible de los seres (13). Le reveló multitud de secretos que nadie había descubierto: Todo lo sé, oculto o manifiesto (14).

En esta fuente infinita de luz bebieron los más grandes doctores de la Iglesia-entre otros, Santo Tomás de Aquino, como él mismo lo afirma- (15) aquellos admirables conocimientos que los han hecho dignos de elogio. Es de notar que las luces y conocimientos que comunica la Sabiduría no son áridos, estériles o carentes de devoción, sino luminosos, llenos de unción y piadosos, conmueven y alegran el corazón e iluminan el entendimiento (16).

2. Trasmisión atrayente y eficaz de la Buena Noticia

La Sabiduría comunica al hombre no sólo las luces para conocer la verdad, sino también la capacidad maravillosa de darla a conocer a otros: la Sabiduría sabe todo lo que se dice (17) y comunica la ciencia de decirlo bien. Efectivamente, la Sabiduría abrió la boca de los mudos y soltó la lengua de los niños (18).

Soltó la lengua tartamudeante de Moisés. Comunicó a los profetas la palabra para arrancar y arrasar, destruir y demoler, edificar y plantar (19), a pesar de que reconocían que, abandonados a sí mismos, no sabían hablar mejor que un niño (20).

La Sabiduría comunicó a los apóstoles facilidad para predicar por todas partes el Evangelio y anunciar las maravillas de Dios (21), colmando su boca de palabras adecuadas (22).

Dado que la Sabiduría divina es Palabra en la eternidad y en el tiempo, ha hablado siempre, y por su palabra fue creado y restaurado todo (23). Ha hablado por medio de los profetas y de los apóstoles, y seguirá hablando, hasta el fin de los tiempos, por boca de aquellos a quienes se comunique.

Pero las palabras que comunica la divina Sabiduría no son palabras ordinarias, naturales y humanas. Son palabras divinas: El mensaje de Dios no lo acogieron como palabra humana, sino como lo que es realmente, como palabra de Dios (24). Son palabras enérgicas, conmovedoras, penetrantes: La palabra de Dios es viva y enérgica, más tajante que una espada de dos filos (25). Son palabras que parten del corazón de quien habla y penetran hasta el fondo del corazón del oyente. Salomón había recibido este don de Sabiduría cuando escribe que Dios le había concedido expresar con claridad lo que le dictaba el corazón: Me concedió Dios saber expresarme (26).

Y éstas son las promesas de Nuestro Señor a los apóstoles: Yo les daré palabras tan acertadas, que ningún adversario les podrá hacer frente… (27).

¡Oh! ¡Cuán pocos son hoy día los predicadores que poseen este inefable don de la palabra y pueden decir con San Pablo: Exponemos un saber divino, enseñamos la Sabiduría de Dios (28).

La mayor parte hablan guiados por las luces naturales de su inteligencia o según lo que han aprendido en sus lecturas, pero no según los dones recibidos de lo alto (29), es decir, no según la divina Sabiduría les hace sentir, ni según la abundancia del corazón (30), o sea, según la abundancia que reciben de la divina Sabiduría. Por eso son tan raras las conversiones logradas con la predicación. Si el predicador hubiera recibido de la Sabiduría el don de la palabra en forma eficaz, el auditorio no podría resistirlo, como sucedía en otro tiempo: los oyentes no podían resistir a la Sabiduría y al Espíritu que hablaba por boca de él (31). Un predicador lleno de esta Sabiduría hablaría con tanta suavidad y autoridad -Jesús enseñaba con autoridad (32)-, que su palabra no regresaría vacía sin haber realizado su misión (33).

3. Fuente de gozo y de consuelo

Siendo la Sabiduría eterna el objeto de la felicidad y complacencia del Padre eterno y la alegría de los ángeles, constituye, para el hombre que la posee, el principio de los más suaves deleites y consuelos. Le comunica el gusto por las cosas de Dios y le hace perder el de las criaturas. Alegra su espíritu con el resplandor de sus luces. Derrama en su corazón la alegría, la dulzura y la paz más indecibles, como lo atestigua San Pablo al decir: Reboso alegría en medio de todas mis penalidades (34). Y, antes de él, Salomón: Al volver a casa, aunque esté solo, descansaré a su lado, pues su trato no desazona, su intimidad no deprime, sino que regocija y alegra (35). Y no sólo en casa, sino en todas partes, porque camina delante de mí. Su amistad es noble deleite (36). En cambio, las alegrías y goces que pueden hallarse en las criaturas no son más que apariencia de placer y aflicción de espíritu (37).

4. Dones y virtudes del Espíritu santo

Cuando la Sabiduría eterna se comunica a una persona, le infunde, en grado eminente, todos los dones del Espíritu Santo y todas las grandes virtudes, a saber: las virtudes teologales: fe viva, firme esperanza y caridad ardiente; las virtudes cardinales: templanza sobria, prudencia consumada, perfecta justicia y fortaleza invencible; las virtudes morales: religión perfecta, humildad profunda, mansedumbre atrayente, obediencia incondicional, desapego total, mortificación continua, oración sublime, etc. Virtudes admirables y dones celestiales que el Espíritu Santo enumera maravillosamente en pocas palabras al decir: Si alguien ama la rectitud, las virtudes son fruto de sus afanes; es maestra de templanza y prudencia, de justicia y fortaleza; para los hombres, no hay en la vida nada más provechoso que esto (38).

5. Inspira grandes empresas… Da pesadas cruces

Por último, no habiendo nada más dinámico que la Sabiduría -la Sabiduría es más móvil que cualquier movimiento (39)-, no permite que quienes se honran con su amistad se adormilen en la tibieza y la negligencia. Les inflama e inspira grandes empresas por la gloria de Dios y la salvación de las almas. Y, para ponerlos a prueba y hacerlos aún más dignos de sí misma, les proporciona grandes combates y les reserva contradicciones y obstáculos en casi todo lo que emprenden (40).

En efecto, permite ya que el diablo los tiente o el mundo los calumnie o desprecie, ya que sus enemigos los superen y derriben, ya que sus amigos y parientes los abandonen y traicionen.

Aquí permite que los aflija la pérdida de sus bienes, allá que los atormente la enfermedad; más allá, una injusticia; y más allá aún, la tristeza y el desaliento. En una palabra: los prueba de mil maneras en el crisol de la tribulación.

Pero el Espíritu Santo dice: Sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes favores, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí; los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto; a la hora de la cuenta resplandecerán como chispas que prenden por un cañaveral (41).

La Sabiduría dio éxito a las tareas del justo e hizo fecundos sus trabajos; lo protegió contra la codicia de los explotadores y lo enriqueció; lo defendió de sus enemigos y lo puso a salvo de sus asechanzas; le dio la victoria en la dura batalla para que supiera que la Sabiduría es más fuerte que todo (42).

Se lee en la vida del Beato Enrique Suso, religioso dominico, que su deseo de adquirir la Sabiduría eterna era tan vivo, que él mismo se ofreció varias veces a padecer toda clase de 29 tormentos con tal de alcanzar sus favores. "Pues, ¡qué! - reflexionaba-. ¿No sabes que los enamorados soportan miles y miles de sufrimientos por el objeto de su amor? Consideran dulces los desvelos, agradables las fatigas y el trabajo como un descanso, cuando tienen la seguridad de que la persona amada se sentirá obligada y satisfecha. Si los hombres hacen todo esto para dar gusto a una pobre criatura, ¿no te avergüenzas de tu falta de empeño cuando se trata de adquirir la Sabiduría? ¡Oh Sabiduría eterna! ¡No, no retrocederé jamás en tu amor, aunque para llegar a tu mansión tenga que caminar entre zarzas y barzas que me envuelvan hasta la cabeza! Aunque me vea expuesto a mil crueldades en el cuerpo y en el alma, ¡preferiré tu amistad a todo y te haré reinar como soberana absoluta sobre todos mis afectos!"

Algunos días después, yendo de camino, cayó en manos de unos ladrones, que lo golpearon y redujeron a estado tan lamentable, que ellos mismos se sintieron movidos a compasión. Enrique, al verse en tan deplorable situación y desprovisto de todo socorro, cayó en profunda melancolía y, olvidando su propósito de mantener el valor en las pruebas, comenzó a llorar, preguntándose por qué le afligía Dios de esa manera. Pensando esto, se durmió. Al clarear la mañana, oyó una voz que le reprendía, diciendo: "¡Miren a nuestro héroe! Ese que hiende las montañas, trepa por las rocas, asalta ciudades, mata y despedaza a todos los enemigos cuando goza de prosperidad… ¡Pero en la adversidad no tiene ni coraje, ni brazos, ni piernas! ¡En tiempo de consolación es un león; en la tribulación, un ciervo pusilánime! ¡La Sabiduría no ofrece su amistad a cobardes e indolentes como éste!"

Ante tal reprimenda, el Beato Enrique confesó la falta que había cometido al afligirse en forma exagerada, y suplicó a la Sabiduría que le permitiera desahogar su corazón llorando amargamente. "¡No, no! -replicó la voz- Nadie en el cielo te estimará en nada si -como un pequeñuelo o una mujercilla- te pones a llorar. ¡Enjuga tus ojos y muestra un rostro sereno!"

La cruz es, pues, el patrimonio y recompensa de cuantos desean y poseen la Sabiduría eterna. Pero esta amable Soberana - que lo hizo todo con número, peso y medida- sólo envía a sus amigos, cruces proporcionadas a sus fuerzas y vierte tan suave unción sobre los sufrimientos, que en ellos encuentran sus delicias (43).

Continúa...

Notas:

1) En pocos textos, como en este capítulo, habla la experiencia personal del P. de Montfort.

2) Sb 7,22.

3) Sb 7,27c-d.

4) Sb 10,16.

5) Sb 7,11.

6) Ver ASE 53; SM 55.

7) Sb 7,7.

8) Ver Sb 7,22-24.

9) Sb 8,11.

10) Su amigo y compañero Juan Bautista Blain dice de Montfort: "Poseía gran inteligencia y penetración. Habría sobresalido, ciertamente, si hubiera continuado sus estudios en la universidad. Pero prefirió la ciencia de los santos a la teología" (Blain, 56).

11) Sb 8,8.

12) Sb 10,10.

13) Sb 7,17.

14) Sb 7,21.

15) Ver, por ejemplo, Guilermo de Tocco, Vida de Santo Tomás c.32: "Efectos admirables de su oración".

16) Ver ASE 58.

17) Sb 1,7.

18) Sb 10,21.

19) Jr 1,10.

20) Ver ASE 1-2.

21) Hch 2,11.

22) Himno Veni, Creator Spiritus.

23) El P. de Montfort poseyó este don, según testifica él mismo a su director, el P. Leschassier (Carta11).

24) 1Tes 2,13.

25) Heb 4,12.

26) Sb 7,15 (Vulgata).

27) Lc 21,15.

28) 1Cor 2,7.

29) Ver Sb 7,15.

30) Mt 12,34.

31) Hch 6,10.

32) Mt 7,29.

33) Is 55,11.

34) 2Cor 7,4.

35) Sb 8,16.

36) Sb 8,18.

37) Ver CT 126,7.

38) Sb 8,7.

39) Sb 7,24.

40) Cartas 15 y 16

41) Sb 3,4-7.

42) Sb 10,10-12.

43) Ver VD 153-154: la Virgen María es la dulzura de las cruces.

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (109)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


109. En los campos de Jocanán y en los de Doras. Muerte de Jonás.
15 de febrero de 1945.

1 Vuelvo a ver, de día, el llano de Esdrelón; un día medio nublado de finales de otoño. Ha debido caer durante la noche una de las primeras lluvias de los tristes meses invernales, porque la tierra está húmeda, si bien no fangosa. Sopla todavía el viento, un viento húmedo que se lleva las hojas amarillentas y penetra hasta los huesos con su aliento cargado de humedad.
En los campos hay escasas yuntas de bueyes tirando del arado. Levantan fatigosamente la tierra densa y pesada de esta fértil llanura para prepararla a recibir la semilla. Lo que me da pena es ver que en ciertos lugares son los mismos hombres los que hacen el trabajo de los bueyes, empujando la reja del arado con toda la fuerza de sus brazos, e incluso del pecho, apretando fuertemente los pies contra el suelo removido, trabajando como esclavos en esta operación que cansa incluso a los robustos juvencos.
También Jesús mira y ve, y se entristece su rostro, hasta llorar incluso.
Los discípulos –once porque Judas aún no ha vuelto y los pastores ya no están– hablan entre sí, y Pedro dice: “Pequeña, pobre, fatigosa es también la barca... ¡Pero cien veces mejor que este servicio de animales de tiro!
, y pregunta: Maestro, ¿serán ya siervos de Doras?.
Responde Simón Zelote: 
No lo creo. Sus campos están al otro lado de aquellos árboles frutales, me parece. Todavía no los vemos.

2 Pero Pedro, curioso siempre, deja el camino y va por un lindero entre dos parcelas. En los bordes se han sentado un momento cuatro delgados y sudorosos agricultores. Están jadeantes por el esfuerzo realizado. Pedro les pregunta: 
¿Sois de Doras?.
No. Pero somos de su pariente, de Jocanán. ¿Y tú quién eres?.
Soy Simón de Jonás, pescador de Galilea hasta la luna de Ziv. Ahora, Pedro de Jesús de Nazaret, el Mesías de la Buena Nueva. Pedro dice esto con el respeto y la gloria con que uno diría: "Pertenezco al alto y divino César de Roma", y mucho más todavía; su honesto rostro resplandece de la alegría de profesarse de Jesús.
¡Oh, el Mesías! ¿Dónde, dónde está? dicen los cuatro infelices.
Aquél es. Aquél, alto y rubio, vestido de rojo oscuro. Aquél, el que mira ahora hacia aquí esperándome sonriente.
¿Si fuéramos nosotros... nos rechazaría?.
¿Rechazaros? ¿Por qué? Es el amigo de los desdichados, de los pobres, de los oprimidos, y me da la impresión de que vosotros... sí, realmente sois de ésos....
¡Claro que lo somos! ¡Y cómo! De todas formas, de ninguna manera como los de Doras. Al menos disponemos del pan que queramos y no nos azotan sino en el caso de que interrumpamos nuestro trabajo, pero....
De modo que si ahora ese señorito de Jocanán os encuentra aquí hablando, os....
“Nos azotaría como no lo hace ni con sus perros...
.
Pedro silba en modo significativo. Luego dice: 
Entonces será mejor así... y, abocinando las manos en torno a la boca, llama fuerte: Maestro. Ven aquí. Que hay corazones que sufren y te necesitan.
¡¿Pero qué estás diciendo?! ¡¿El?! ¡¿Aquí, donde nosotros?! ¡Pero si nosotros no somos más que unos despreciables siervos!. Los cuatro hombres están aterrorizados de tanta osadía.
A nadie le gusta que le azoten, y si pasa por aquí ese "distinguido" fariseo, no quisiera recibir yo también una ración... dice Pedro riendo mientras zarandea con su manota al más aterrorizado de los cuatro.

3 Jesús, con su largo paso, ya está llegando. Los cuatro hombres no saben qué hacer. Quisieran correr a su encuentro, pero el respeto los paraliza (pobres a quienes la maldad humana ha transformado en seres atemorizados de todo). Caen rostro en tierra, adorando desde ahí al Mesías, que se llega a ellos.
La paz a todos los que me anhelan. El que me anhela anhela el bien, y Yo le quiero como a un amigo. Levantaos. ¿Quiénes sois?.
Pero los cuatro apenas alzan el rostro del suelo, permaneciendo de rodillas y mudos.
Habla Pedro y dice: 
Son cuatro siervos del fariseo Jocanán, familiar de Doras. Querrían hablarte, pero... si llega él les dan de palos; por eso te he dicho: "Ven". ¡Venga, muchachos, que no os come! Tened confianza. Considerad que es un amigo vuestro.
Nosotros... nosotros sabemos de ti... por Jonás....
Por él vengo. Sé que me ha anunciado. ¿Qué sabéis de mí?.
Que eres el Mesías. Que te vio cuando eras niño. Que los ángeles, con tu venida, cantaron la paz a los buenos. Que fuiste perseguido... pero que te salvaste, y que ahora has buscado a tus pastores y... y los quieres. Esto lo decía ahora, esto último. Y nosotros pensábamos: si es bueno como para amar y buscar a unos pastores, sin duda también a nosotros nos querrá un poco... Necesitamos verdaderamente a alguien que nos quiera....
Yo os quiero. ¿Sufrís mucho?.

4 ¡Oh!... Pero más todavía los de Doras. ¡Si Jocanán nos encontrase aquí hablando!... Pero hoy está en Gerguesa. Todavía no ha vuelto de los Tabernáculos. No obstante, su intendente esta noche vendrá a medir el trabajo y luego nos dará la ración de alimento.
Pero no importa, recuperaremos el tiempo no descansando para la comida de la hora sexta
.
Dime, muchacho. ¿No sería yo capaz de empujar ese apero? ¿Es un trabajo difícil? pregunta Pedro.
Difícil no, pero sí fatigoso. Se requiere fuerza.
La tengo. Déjame ver. Si soy capaz, tú hablas y yo hago de buey. Tú, Juan, Andrés y Santiago, ¡venga!, a la lección. Pasamos de los peces a los gusanos del suelo. ¡Hala!.
Pedro pone su mano sobre el eje transversal del timón. Por cada arado hay dos hombres, uno a este lado, el otro al otro lado de la larga barra del timón. Mira e imita todos los movimientos del campesino. Siendo fuerte y estando descansado, trabaja bien. El hombre le alaba.
Soy un maestro de la aradura exclama contento el buen Pedro. ¡Venga, Juan, ven aquí! Un toro y un juvenco por arado. En el otro, Santiago y el mudo ternero de mi hermano. ¡Venga! ¡Ah... eup!, y los dos pares de aradores van parejos removiendo la tierra y trazando los surcos por el largo campo. Llegados al linde, vuelven el arado y hacen el nuevo surco. Parece como si hubieran trabajado siempre en el campo.

5 “¡Qué buenos son tus amigos!
 dice el más audaz de los siervos de Jocanán. ¿Los has hecho tú así?.
Yo he dado una regla a su bondad. Como tú haces con las tijeras de podar. Pero la bondad ya estaba en ellos. Ahora florece bien porque hay quien la cuida.
También son humildes. ¡Amigos tuyos y servir así a unos pobres siervos...!.
Conmigo, sólo puede estar quien ama la humildad, la mansedumbre, la honestidad y el amor; sobre todo el amor, porque quien ama a Dios y al prójimo posee como consecuencia todas las virtudes y consigue el Cielo.
¿Nosotros también podremos conseguirlo, nosotros que no tenemos tiempo para rezar, para ir al Templo, para ni siquiera levantar la cabeza del surco?.
Responded: ¿guardáis odio a quien tan duramente os trata? ¿Hay en vosotros rebelión y acusación contra Dios por haberos colocado entre los ínfimos de la Tierra?.
¡No, no, Maestro! Es nuestro destino. Pero cuando, cansados, nos dejamos caer sobre la yacija, decimos: "Bien, pues el Dios de Abraham sabe que estamos tan agotados que no podemos decirle más que: '¡Bendito sea el Señor!' "; también decimos: "Un día más hemos vivido sin pecar"... Ya sabes... podríamos robar un poquito, comer con el pan un fruto, o echar algo de aceite en las verduras cocidas. Pero el patrón ha dicho: "A los siervos les basta el pan y las verduras cocidas, y durante la recolección un poco de vinagre en el agua para calmar la sed y dar energía". Y nosotros lo hacemos. En fin... se podría estar peor.
Os digo que en verdad el Dios de Abraham sonríe por vuestros corazones, mientras que muestra rostro acerbo a quienes le insultan en el Templo con engañosas oraciones mientras no aman a sus semejantes.
¡Pero entre iguales se aman! Al menos... eso parece, porque se veneran recíprocamente con regalos y reverencias. Es con nosotros con quienes no tienen amor. Pero nosotros somos distintos de ellos, y es justo.
No. En el Reino del Padre mío no es justo, y distinto será el modo de juzgar. No recibirán honores los ricos y poderosos por el hecho de serlo, sino sólo aquellos que hayan amado siempre a Dios, queriéndole por encima de sí mismos y por encima de cualquier otra cosa, como el dinero, el poder, la mujer, la mesa; y amando a sus propios semejantes, que son todos los hombres, sean ricos o pobres, conocidos o desconocidos, doctos o sin cultura, buenos o malvados. Sí, también hay que amar a los malvados. No por su maldad, sino por piedad hacia su alma, herida de muerte por ellos mismos. Hay que amarlos con un amor que suplique al Padre celeste curarlos y redimirlos. En el Reino de los Cielos serán bienaventurados los que hayan honrado al Señor con verdad y justicia y hayan amado a los padres y a los familiares por respeto; los que no hayan robado en modo alguno nada, o sea, los que hayan dado y pretendido lo justo incluso en el trabajo de los servidores; los que no hayan matado ni reputaciones ni criaturas, y no hayan deseado matar, aunque los modos de actuar de los demás hayan sido crueles como para soliviantar el corazón en actitud desdeñosa y de sublevación; quienes no hayan jurado lo falso, dañando al prójimo y lesionando la verdad; quienes no hayan cometido adulterio o cualquier otro acto vicioso carnal; quienes mansa y resignadamente hayan aceptado su suerte sin envidias hacia los demás. De éstos es el Reino de los Cielos. El mendigo puede ser un rey bienaventurado allí arriba, mientras que el Tetrarca con su poder no será nada; es más, más que nada: será pasto de Satanás si ha actuado contra la ley eterna del Decálogo” (84).

6 Los hombres le están escuchando con la boca abierta de admiración.
Con Jesús están Bartolomé, Mateo, Simón, Felipe, Tomás, Santiago y Judas de Alfeo; los otros cuatro continúan su trabajo, colorados, sudorosos, pero alegres. Basta Pedro para tenerlos alegres a todos.
¡Qué razón tenía Jonás llamándote Santo! En ti todo es santo: las palabras, la mirada, la sonrisa; ¡jamás hemos sentido el alma tanto!.
¿Hace mucho que no veis a Jonás?.
Desde que está enfermo.
¿Enfermo?.
Sí, Maestro. No puede más. Antes a duras penas lograba moverse, después de las faenas estivas y de la vendimia ya realmente es que no se tiene en pie; y a pesar de todo... le hace trabajar ese... ¡Oh..., dices que hay que amar a todos, pero es muy difícil amar a las hienas, y Doras es peor que una hiena!
Jonás le ama....
Sí, Maestro. Pienso que es tan santo como aquéllos a quienes, por fidelidad al Señor Dios nuestro, han matado con martirio.
Dices bien. ¿Cómo te llamas?.
Miqueas, y éste Saulo y éste Joel y éste Isaías.
Le recordaré vuestros nombres al Padre. ¿Y decís que Jonás se encuentra muy enfermo?.
Sí, nada más terminar el trabajo se deja caer sobre el forraje y nosotros no le vemos. Nos lo dicen otros siervos de Doras.
¿Está trabajando a esta hora?.
Si está en pie, sí. Debería estar al otro lado de aquel pomar.
¿Ha sido buena la cosecha de Doras?.
Se ha hablado de ella en toda la región. Los árboles estaban apuntalados porque los frutos tenían un tamaño verdaderamente milagroso. Doras ha tenido que mandar hacer nuevos lagares, porque la uva, de tanta como había, no habrían podido meterla en los que se venían usando.
¡Entonces Doras habrá premiado a su siervo!.
¡¿Premiado?! ¡Señor, qué mal le conoces!.
Pero si Jonás me dijo que hace años le dio una paliza mortal por haber desaparecido algunos racimos, y que pasó a ser esclavo por deudas habiéndole acusado el patrón de pérdidas por la escasa cosecha. Este año, que ha tenido una abundancia milagrosa, habría debido premiarle.
No. Le azotó ferozmente, acusándole de no haber obtenido los años precedentes la misma abundancia por no haber cuidado la tierra como se debía.
¡Este hombre es una fiera salvaje! exclama Mateo.

7 No. Es un hombre sin alma” (85) dice Jesús. Os dejo, hijos, con una bendición. ¿Tenéis pan y comida para hoy?.
Tenemos este pan y, sacando un pan oscuro de un talego que estaba en el suelo, se lo enseñan.
Tomad mi comida. No tengo más que esto. Pero Yo hoy estaré en casa de Doras y....
¿Tú en casa de Doras?.
Sí. Para rescatar a Jonás. ¿No lo sabíais?.
Aquí ninguno sabe nada. Pero.... no te fíes, Maestro; serás como una oveja en el antro del lobo.
No podrá hacerme nada. Tomad mi comida. Santiago, da cuanto tenemos, incluso nuestro vino. Que haya un poco de gozo también para vosotros, pobres amigos, en el alma y en el cuerpo. ¡Pedro, vamos!.
Voy, Maestro. Sólo queda este surco por terminar y corre hacia Jesús, congestionado por la fatiga; se seca con el manto que se había quitado, se lo vuelve a poner y ríe contento.
Los cuatro no cesan de dar las gracias.
¿Pasarás por aquí, Maestro?.
Sí, esperadme. Saludaréis incluso a Jonás. ¿Podéis hacerlo?.
¡Claro! La tierra debía estar arada para la noche. Está hecho más de dos tercios de ella, ¡y qué bien y que rápido! ¡Son fuertes tus amigos!... Que Dios os bendiga. Hoy para nosotros es más que la fiesta de los Acimos. ¡Que Dios os bendiga a todos, a todos, a todos!.

8 Jesús va derecho hacia el pomar, lo cruzan, llegan a los campos de Doras. Más campesinos al arado, o agachados para limpiar los surcos de las hierbas arrancadas; pero Jonás no está. Reconocen a Jesús y, sin dejar de trabajar, le saludan.
“¿Dónde está Jonás?”.
“Después de dos horas ha caído sobre el surco y le han llevado a casa. ¡Pobre Jonás! Poco tiempo más deberá sufrir. Está realmente en las últimas. Jamás tendremos un amigo mejor”.
“Me tenéis a mí en la Tierra y a él en el seno de Abraham. Los muertos quieren a los vivos con dúplice amor: el propio y el que asumen estando con Dios (por tanto, amor perfecto)”.
“¡Ve en seguida con él! ¡Que te vea ahora que sufre!”.
Jesús bendice y continúa su camino.
“¿Y ahora qué piensas hacer? ¿Qué le piensas decir a Doras?” preguntan los discípulos.
“Voy a ir como si no supiera nada. Si se siente descubierto, es capaz de cebarse en Jonás y en sus siervos”.
“Tiene razón tu amigo: es como un chacal” dice Pedro a Simón.
“Lázaro no dice nunca sino la verdad y no es maldecidor; cuando le conozcas, le querrás” responde Simón.

9 Se ve la casa del fariseo: ancha, baja, bien construida, entre árboles ya despojados de sus frutos; una casa de campo, pero rica y cómoda. Pedro y Simón se adelantan para avisar.
Sale Doras. Un viejo de semblante duro, propio de un anciano avaro: ojos irónicos, boca de sierpe que esboza bruscamente una sonrisa falsa detrás de una barba más blanca que negra. “Salud, Jesús” dice en tono familiar y con clara ostentación de benevolencia.
Jesús no dice: “Paz”; responde: “Que ella vuelva a ti”.
“Entra. La casa te acoge. Has sido puntual como un rey”.
“Como una persona honesta” replica Jesús.
Doras se ríe, como si se hubiera tratado de una gracia.
Jesús se vuelve y les dice a los discípulos, que no han sido invitados a entrar: “Entrad”. Y añade: “Son mis amigos”.
“Que entren... pero... ¿ése no es el recaudador de tributos, hijo de Alfeo?”.
“Este es Mateo, el discípulo del Cristo” –dice Jesús, en un tono que... el otro entiende y... vuelve a reírse más forzadamente que antes–.
Doras pretende aplastar al "pobre" maestro galileo bajo la opulencia de su casa, fastuosa por dentro, fastuosa y gélida; los servidores parecen esclavos. Caminan encorvados; si entran en escena, desaparecen furtivamente y con rapidez, como quien teme siempre un castigo. Se tiene la impresión de una casa en que reinan la frialdad y el odio.
Pero Jesús no se apabulla ante la exposición de riquezas, ni ante el recuerdo de censo y parentela... y Doras, que percibe la indiferencia del Maestro, le lleva consigo por el pomar–jardín, mostrando árboles raros y ofreciendo sus frutos –los servidores los acercan en bandejas y copas de oro–. Jesús degusta y alaba la exquisitez de la fruta, parte conservada en una especie de almíbar (melocotones primorosos), parte fruta natural (peras de singular tamaño).
“Soy el único que las tiene en toda Palestina, y creo que ni siquiera en toda la península las hay como éstas. Las he mandado traer de Persia, y de más lejos aún. La caravana me costó el precio de un talento. Ni siquiera los Tetrarcas disponen de estos frutos; quizás ni siquiera César los tiene. Cuento las piezas y exijo todos los huesos. Las peras sólo se consumen en mi mesa, porque no quiero que se lleven ni una semilla. A Anás le mando algunas peras, pero sólo de las cocidas porque así son estériles”.
“Son plantas de Dios, y los hombres son todos iguales”.
“¿Iguales? ¡No, hombre, no! ¿Yo igual que... que tus galileos?”.
“El alma viene de Dios, y El las crea iguales”.
“¡Pero yo soy Doras, el fiel fariseo!...” –diciendo esto parece esponjarse como un pavo–.
Jesús le asaetea con sus ojos de zafiro, cada vez más encendidos (signo que en El denuncia que rebosa de piedad o de severidad). Jesús es mucho más alto que Doras y le domina; está majestuoso con su vestido purpúreo al lado del pequeño y un poco encorvado fariseo, apergaminado, que lleva un vestido de una holgura y una abundancia de franjas impresionante.
Doras, después de un rato de autoadmiración, exclama: “Pero Jesús, ¿por qué has enviado a casa de Doras, el puro fariseo, a Lázaro, hermano de una meretriz? ¿Amigo tuyo, Lázaro? ¡No debes permitirlo! ¿No sabes que está anatematizado porque su hermana, María, es una meretriz?”.
“No conozco más que a Lázaro y sus acciones, que son honestas”.
“Pero el mundo recuerda el pecado de esa casa y ve que su mancha se extiende entre los amigos... No vayas a esa casa. ¿Por qué no eres fariseo? Si lo deseas... yo soy poderoso... hago que te acojan como tal a pesar de que seas galileo. Yo lo puedo todo en el Sanedrín. Está en mi mano Anás como lo está esta orla de mi manto. Te temerían más”.
“Deseo sólo ser amado”.

10 Yo te amaré. ¿Ves como ya te amo al condescender a tu deseo dándote a Jonás?.
He pagado por él.
Es verdad, y estoy asombrado de que hayas podido abonar tal suma.
No Yo, un amigo por mí.
Bien, bien. No quiero indagar. Mira como es verdad que te amo y deseo satisfacerte: tendrás a Jonás después de la comida. Sólo por ti hago este sacrificio... y se ríe con su cruel risa.
Jesús, con los brazos cruzados a la altura del pecho, cada vez más severo, le traspasa con la mirada. Todavía están en el huerto–jardín en espera de la comida.
Pero Tú tienes que concederme una cosa. Satisfacción por satisfacción. Yo te doy mi mejor siervo, por lo tanto me privo de una futura ganancia. Este año tu bendición –sé que viniste cuando comenzaba el calor fuerte– me ha proporcionado una recolección que ha hecho famosas mis propiedades. Bendice pues ahora mis rebaños y mis campos. El próximo año no echaré de menos a Jonás... y, entre tanto, encontraré uno como él. Ven, da tu bendición. Dame la satisfacción de que me celebren en toda Palestina y de tener rediles y graneros saturados de bienes. Ven. Y le aferra y trata de arrastrarle, invadido por la fiebre del oro.
Pero Jesús se resiste: 
¿Dónde está Jonás? pregunta severo.
En la aradura. No ha querido marcharse sin hacer este trabajo para su buen patrón, pero antes de terminar de comer vendrá. Mientras, ven a bendecir rebaños, campos, árboles frutales, cepas y almazaras. Todo, todo... ¡Ah, qué fértiles serán el año próximo! ¡Ven!.
¿Dónde está Jonás? truena Jesús más fuerte.
¡Pero si ya te lo he dicho! Está dirigiendo la aradura. Es el primero entre mis servidores y no trabaja: preside.
¡Embustero!.
¿Yo? ¡Lo juro por Yahvé!.
¡Perjuro!.
¿Yo? ¿Yo perjuro? ¿Yo que soy el fiel, más fiel? ¡Cuidado cómo hablas!.
¡Asesino!. Jesús ha ido levantando la voz, y la última palabra es un trueno.
Los discípulos hacen un círculo en torno a El, los criados se asoman a las puertas, temerosos. El rostro de Jesús transparenta una severidad insostenible. Los ojos parecen emanar rayos fosforescentes.
Doras siente un momento de miedo. Se hace más pequeño, madeja de estopa finísima junto a la alta persona de Jesús, vestida de pesada lana rojo oscuro. Pero luego la soberbia vuelve a hacerse con él. Doras se pone a gritar con su voz chillona (exactamente como la de los zorros): 
En mi casa doy órdenes sólo yo. Vete, vil galileo.
Me iré después de maldecirte a ti, a tus campos, a tus rebaños y a tus cepas, para éste y para los futuros años.
¡No, eso no! Sí. Es verdad. Jonás está enfermo, pero se le está cuidando, se le está cuidando bien. Retira tu maldición.

11 “¿Dónde está Jonás? Que un criado me conduzca a él, inmediatamente. Yo le he pagado, y, dado que para ti es una mercancía, una máquina, tal lo considero; y, puesto que le he comprado, le quiero”.
Doras saca del pecho un pequeño silbato de oro y silba tres veces. Una nube de servidores de la casa y de las tierras acude de todas partes; corren –encorvados hasta el punto de que casi rozan el suelo– hasta donde está el temido patrón.
“Traedle a Jonás a éste y entregadlo. ¿A dónde vas?”.
Jesús ni siquiera responde. Sigue a los servidores que, presurosos, han cruzado el jardín en dirección a las casas de los campesinos, los misérrimos cuchitriles de los míseros campesinos.
Entran en el tugurio de Jonás. Este está completamente esquelético, jadeante a causa de la fiebre, semidesnudo, sobre un cañizo; como colchón, un vestido remendado; como manta, un manto aún más roto. La joven de la otra vez le cuida como puede.
“¡Jonás! ¡Amigo mío! ¡He venido a llevarte conmigo!”.
“¿Tú? ¡Mi Señor! Me estoy muriendo... pero me siento feliz de tenerte aquí”.
“Amigo fiel, ahora eres libre. No morirás aquí. Te llevo a mi casa”.
“¿Libre? ¿Por qué? ¿A tu casa? ¡Ah, sí! Me prometiste que vería a tu Madre”.
Jesús, combado hacia el miserable lecho del infeliz, es todo amor, mientras que Jonás, de alegría, parece reanimarse.
“Pedro, tú eres fuerte, levanta a Jonás. Vosotros, poned aquí vuestro manto; es demasiado duro este lecho para uno en su estado”.
Los discípulos se despojan de sus mantos con prontitud, los pliegan en varios dobleces y los extienden; con algunos hacen la almohada. Pedro deposita su carga de huesos y Jesús tapa a Jonás con su propio manto.
“Pedro, ¿tienes dinero?”.
“Sí, Maestro, ten cuarenta denarios”.
“Bien. ¡Vamos! ¡Animo, Jonás! Todavía un poco de esfuerzo; luego mucha paz en mi casa, con María...”.
“María... sí... ¡tu casa!”. El pobre Jonás está en el límite de sus fuerzas y llora; lo único que es capaz de hacer es llorar.
“Adiós, mujer; el Señor te bendecirá por tu misericordia”.
“Adiós, Señor. Adiós, Jonás. Ora, orad por mí”. La joven llora...

12 Llegados al umbral de la puerta, aparece Doras. Jonás tiene una reacción de temor y se cubre el rostro; más Jesús le pone una mano sobre la cabeza y sale a su lado, más severo que un juez. La mísera comitiva sale al rústico patio y toma el sendero del huerto.
“¡Ese lecho es mío; te he vendido el siervo, no la cama!”.
Jesús le arroja a los pies la bolsa sin decir nada.
Doras la coge, la vacía: “Cuarenta denarios y cinco didracmas. ¡Es poco!”.
Jesús mira fijamente, de arriba abajo, –es imposible describir su gesto– al codicioso y repugnante cómitre, y no responde.
“Al menos dime que retiras tu maldición”.
Jesús le fulmina con una nueva mirada y una breve frase: “Te remito al Dios del Sinaí
” (86), y pasa erguido, al lado de la tosca camilla que, con cuidado, transportan Pedro y Andrés.
Doras, viendo que todo es inútil y que la condena es cierta, grita: “¡Volveremos a vernos, Jesús! ¡No pienses que te has librado de mis zarpas! ¡Te haré la guerra a muerte! Llévate si quieres ese pingajo de hombre; ya no me sirve. Me ahorro la sepultura. ¡Vete, vete, maldito Satanás! Pero te pondré en contra a todo el Sanedrín. ¡Satanás! ¡Satanás!”.
Jesús no hace ni siquiera ademán de haber oído. Los discípulos están consternados.

13 Jesús se ocupa sólo de Jonás; busca los senderos más llanos, más protegidos, hasta que llega a un cruce de caminos en la propiedad de Jocanán. Los cuatro campesinos corren a saludar al amigo que parte y al Salvador, que los bendice.
Pero el camino de Esdrelón a Nazaret es largo y además no se puede ir deprisa con esa conmovedora carga humana. A lo largo de la calzada principal no hay ningún carro, ninguna carreta, nada. Continúan caminando en silencio. Jonás parece dormir, mas no suelta la mano de Jesús.
Al atardecer, un carro militar romano pasa a su lado. “En nombre de Dios, parad” dice Jesús levantando el brazo.
Dos soldados detienen el carro; el comandante, un hombre todo pomposo, se asoma, descorriendo un poco el toldo con que acababan de cubrir el carro porque empezaba a llover. “¿Qué quieres?” le pregunta a Jesús.
“Tengo un amigo que está agonizando. Lo que os pido es un lugar para él en el carro”.
“No se podría hacer.. pero... sube. Al fin y al cabo, no somos perros”.
Se sube la camilla.
“¿Tu amigo? ¿Tú quién eres?”.
“El rabí Jesús de Nazaret”.
“¿Tú? ¡Oh!...” el militar le mira con curiosidad. “Si eres Tú, entonces... montad cuantos más podáis. La única cosa es que tratéis de que no se os vea... Así está ordenado... pero, por encima de las órdenes está la humanidad, ¿no? Y Tú eres bueno, yo lo sé. Nosotros, los soldados, sabemos todo... ¿Que cómo es que lo sé? Hasta las piedras hablan, bien o mal; y nosotros tenemos oídos para oírlas, para servir al César. Tú no eres un falso Cristo como los demás de antes, sediciosos y rebeldes. Tú eres bueno. Roma lo sabe. Este hombre... está muy mal”.
“Por eso le llevo donde mi Madre”.
“¡Mmm! ¡Poco tiempo podrá cuidarle! Dale un poco de vino. Está en esa cantimplora. Tú, Aquila, instiga a los caballos, y tú, Quinto, dame la ración de miel y de mantequilla; es mía, pero le sentará bien. Tiene mucha tos y la miel es medicinal”.
“Eres bueno”.

14 No. Soy menos malo que muchos, y estoy contento de tenerte conmigo. Acuérdate de Publio Quintiliano, de la Itálica. Estoy en Cesarea, pero ahora voy a Tolemaida. Inspección de rigor.
No estás en enemistad conmigo.
¿Yo? Soy enemigo de los malos, jamás de los buenos. Y desearía ser yo también bueno. Dime: para nosotros, hombres de armas, ¿qué doctrina predicas?.
Una es la doctrina, para todos: justicia, honestidad, continencia, piedad. Ejercer el propio oficio sin abusos. Incluso en la dura necesidad de las armas, seguir la humanidad. Tratar de conocer la Verdad, o sea, a Dios Uno y Eterno; sin este conocimiento toda acción queda privada de gracia y, por lo tanto, de premio eterno.
Pero, una vez muerto, ¿para qué me sirve el bien que haya hecho?.
Quien se llega al Dios verdadero encuentra ese bien en la otra vida.
¿Renazco otra vez? ¿Llego a ser tribuno, o incluso emperador?.
No. Eres como Dios, desposándote con su eterna felicidad en el Cielo.
¿Cómo? ¿En el Olimpo yo? ¿Entre los dioses?.
No hay dioses. Existe el Dios verdadero, el que Yo predico, el que te oye y signa tu bondad y tu deseo de conocer el Bien”.
¡Esto me gusta! No sabía que Dios se pudiera ocupar de un pobre soldado pagano.
El te ha creado, Publio; por eso te ama y querría tenerte consigo.
Bueno, ¿y por qué no? Pero... nadie nos habla de Dios... nunca....
Iré a Cesarea y me oirás.
Sí, iré a oírte. Allí está Nazaret. Querría servirte más, pero si me ven....
Bajo, y te bendigo por tu bondad.
Adiós, Maestro.
Que el Señor se muestre a vosotros, soldados. Adiós.

15 Bajan. Se ponen a caminar de nuevo.
Dentro de poco descansarás, Jonás dice Jesús para animarle.
Jonás sonríe. Cada vez más tranquilo, a medida que la tarde va cayendo y que está seguro de estar lejos de Doras.
Juan con su hermano se adelanta corriendo para avisar a María. Y, cuando la pequeña comitiva llega a Nazaret, casi desierta al caer de la tarde, María está ya en el umbral de la puerta esperando a su Hijo.
Madre, éste es Jonás. Se acoge a tu dulzura para empezar a gustar su Paraíso. ¿Contento, Jonás?.
¡Contento! ¡Contento! susurra como en éxtasis el exhausto.
Le llevan a la pequeña habitación en donde murió José.
Estás en la cama de mi padre, y aquí está mi Madre, y aquí estoy Yo. ¿Ves? Nazaret se hace así Belén, y tú ahora eres el pequeño Jesús entre dos que te quieren, y éstos son los que veneran en ti al siervo fiel. No ves a los ángeles, pero sus alas de luz espiran sobre ti y cantan las palabras del salmo natalicio....
Jesús derrama su dulzura sobre el pobre Jonás, que se va apagando por momentos. Parece como si hubiera resistido hasta este momento para morir aquí... Pero es feliz. Sonríe, trata de besar la mano de Jesús, la de María, y de decir, decir... pero el jadeo quiebra la palabra. María, como una madre, le conforta. Y él repite: 
Sí... sí, con una sonrisa en ese rostro suyo esquelético.
Los discípulos, que están a la puerta del huerto, guardan silencio y observan con emoción.
Dios ha escuchado tu prolongado deseo. La Estrella de tu larga noche viene a ser ahora la Estrella de tu eterna mañana. Tú sabes su Nombre dice Jesús.
¡Jesús, el tuyo! ¡Oh! ¡Jesús! Los ángeles... ¿Quién me está cantando el himno angélico? El alma lo está oyendo... También el oído lo quiere escuchar... ¿Quién, para que yo duerma feliz?... ¡Tengo mucho sueño! ¡He trabajado mucho! Muchas lágrimas... Muchos insultos... Doras... yo le perdono... pero no quiero oír su voz y la oigo... Es como la voz de Satanás en la hora de mi muerte. ¡Alguien que me cubra esa voz con las palabras provenientes del Paraíso!.
Es María quien con la misma melodía de su canción de cuna entona dulcemente: 
Gloria a Dios en los altos Cielos y paz a los hombres aquí abajo. Y lo repite dos o tres veces porque ve que Jonás oyéndola se calma.
Ya no habla Doras dice, pasado un rato. Sólo los ángeles... Era un Niño... en un pesebre... entre un buey y un asno... y era el Mesías... y yo le adoré... y con él estaban José y María.... La voz se pierde en un breve gorgoteo dando paso al silencio.
¡Paz en el Cielo al hombre de buena voluntad! Ha muerto. Le pondremos en nuestro pobre sepulcro. Merece esperar la resurrección de los muertos junto al padre mío justo dice Jesús.
Y mientras, advertida no sé por quién, entra María de Alfeo, todo cesa.

Continúa...

Notas:

84) Cfr. Ex. 20, 1–21; Dt. 5, 1–22.

85) “…sin alma”, esto es, con el alma espiritualmente muerta, porque no tiene amor de Dios, ni del prójimo: uno que odia; un poseído de Satanás.

86) Cfr. Ex. 19, 9–25; 20, 18–19.


 
 
El Poema del Hombre-Dios (105) 



 

5 DE JUNIO: SAN BONIFACIO, APOSTOL DE ALEMANIA


5 de Junio: San Bonifacio, apóstol de Alemania

(✞ 755)

El celosísimo apóstol de Alemania San Bonifacio nació en la provincia de los Sajones occidentales en el reino de Inglaterra.

Procuró su padre inclinarle a las cosas del mundo con halagos y con amenazas, pero cayendo malo con una grave enfermedad, conoció que aquel era castigo del cielo por la violencia que hacía a su hijo; y llorando su culpa condescendió con él enviándole a un monasterio para que allí se dedicase a la virtud y a las letras. 

Ordenado como sacerdote, los monjes le querían como superior y abad, más, encendido él en un ardiente deseo de predicar el evangelio a los gentiles y sellar su predicación con su sangre, se fue a Roma donde el Papa Gregorio II le dio un tesoro de reliquias y un Breve muy favorable para que predicase a los infieles de cualquier parte del mundo. 

Pasó luego el varón apostólico a Alemania y evangelizó las provincias de Turingia, Frisia y Hasia que combina con la Sajonia, donde bautizó gran número de infieles, derribo los templos de los falsos dioses y edificó otros nuevos al verdadero Dios, el cual le favoreció con singulares prodigios. 

Arrancando un día un árbol de extraordinaria grandeza que llamaban el árbol de Júpiter, concurrió gran multitud de paganos para estorbarlo y matarle, pero viendo que comenzando él a dar con una antorcha en el tronco, caía el árbol hecho pedazos en cuatro partes, se convirtieron y él edificó en aquel lugar un oratorio en honra del apóstol San Pedro. 

Pasaron de cien mil los infieles que convirtió; por lo cual el papa Gregorio III a la dignidad de Obispo que ya tenía el santo, quiso añadirle la de arzobispo, mandándole que ordenase obispos donde fuese menester. 

Presidió San Bonifacio un Concilio en el que se halló Carlomagno, donde se ordenaron muchas cosas muy útiles para el bien de la Iglesia; fue nombrado Arzobispo de Maguncia, y en nombre del Pontífice coronó por rey de Francia a Pipino. 

Habiendo tenido noticia de que los Frisones habían vuelto a su antigua superstición, se embarcó con tres presbíteros y tres diáconos y cuatro monjes, para reparar los daños que el demonio había hecho en aquella provincia; y estando un día el santo con sus compañeros cerca de un río aguardando que viniesen los gentiles bautizados para recibir la confirmación, cayeron sobre ellos de repente armados los bárbaros paganos y mataron a aquellos apostólicos varones y a otros cincuenta y tres compañeros, todos los cuales alcanzaron con San Bonifacio la palma del martirio. 

Reflexión

Es muy celebrado un dicho de San Bonifacio, el cual hablando de los sacerdotes y de los cálices antiguos y de los de su tiempo, dijo que los sacerdotes antiguos eran de oro y celebraban en cálices de madera, y los de su tiempo eran sacerdotes de madera y celebraban en cálices de oro. De este dicho se hace mención en el Decreto y en el Concilio Triburense. No quiso decir el santo que no estuviese bien empleado el oro en el servicio de Dios, que bien merece Nuestro Señor todo eso y mucho más; sino que deseaba que los sagrados ministros fuesen también puros y preciosos como el oro para el acatamiento divino. Roguemos pues al Señor por los sacerdotes, para que no permita que ninguno se haga indigno de su sagrado y angelical ministerio, sino que todos resplandezcan por su virtud ejemplar, y sean, como dice Jesucristo, la luz del mundo y la sal de la tierra. 

Oración

Oh Dios, que te dignaste llamar al conocimiento de tu nombre una muchedumbre de pueblos por medio del celo de tu bienaventurado Mártir y Pontífice Bonifacio, concédenos propicio que experimentemos el patrocinio de aquel Santo cuya solemnidad celebramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

jueves, 4 de junio de 2026

CUIDADO CON LA BRISA DE LAS ALAS DE MARIPOSA

El progresismo en la Iglesia es la peor herejía que la ha acosado a lo largo de su historia. Bajo el actual “pontificado”, avanza a toda velocidad.

Por Lyle J. Arnold, Jr.


En su obra académica Revolución y Contrarrevolución, el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira describe las tres etapas de la actividad humana que desembocan en crímenes contra Dios y el hombre. Por ejemplo, antes de que la Revolución Francesa se convirtiera en un hecho, existía en la mente del hombre, en sus ideas; y, antes de eso, era latente pero real en sus tendencias. Se puede decir que, en sus tendencias, la Revolución Francesa ya estaba contenida en el protestantismo. Como él mismo afirma:

“Como cataclismos, las pasiones malignas tienen un poder inmenso, pero ese poder es el de destruir. En el primer instante de sus grandes explosiones, esta fuerza ya tiene el potencial para toda la virulencia que manifestará más tarde en sus peores excesos.

En las primeras negaciones del protestantismo, por ejemplo, ya estaban implícitas las ansias anárquicas del comunismo. Desde el punto de vista de sus formulaciones explícitas, se puede decir que Lutero no era más que Lutero. Sin embargo, todas las tendencias, todos los estados del alma y todas las incógnitas de la explosión luterana ya llevaban dentro de sí, de manera auténtica y plena pero implícita, el espíritu de Voltaire y Robespierre, de Marx y Lenin” (1).

Podemos visualizar esta tendencia latente pero real a través de una analogía impactante. En la década de 1960, Edward Lorenz, meteorólogo del MIT, popularizó la noción del efecto mariposa. Escribió que “un cambio infinitesimal en el clima —por ejemplo, la turbulencia causada por el aleteo de una mariposa— puede poner en marcha eventos atmosféricos que culminan en un huracán. Tales eventos son, a todos los efectos prácticos, impredecibles” (2).

Lorenz intentaba predecir fallas gigantescas de los megasistemas actuales, redes eléctricas, comunicaciones, transporte, etc., a través de su “teoría del caos”. 

El físico Ben Carreras del Laboratorio Nacional de Oak Ridge en Tennessee comentó sobre tales posibles fallas de superpotencias: “Toda la red está muy fuertemente acoplada, y cuando haces algo en un punto, puede afectar al sistema muy lejano” (3).

Algunos ejemplos: En la primavera de 1918, un virus de la gripe conocido más tarde como “la gran influenza” brotó en dos campos de entrenamiento del ejército en Kansas. Los soldados llevaron el virus al extranjero durante la Primera Guerra Mundial, y en dos años mató a unos 100 millones de personas en todo el mundo, incluyendo a Jacinta y Francisco (4). Un virus, denominado “el enemigo invisible”, es, por lo tanto, un buen ejemplo de las “alas de mariposa”, impalpablemente imperceptible.

Independientemente de la veracidad de la teoría del caos de Lorenz, la alegoría de las alas de mariposa plantea un punto interesante: cómo los errores latentes y a menudo apenas perceptibles pueden resultar en victorias asombrosas para la Revolución.

Pasando al terreno espiritual, vemos cómo Satanás usa las mismas tácticas para librar su guerra contra los designios de Dios. Fue así desde el principio. María de Ágreda describe cómo la revuelta de Satanás no fue una decisión momentánea, sino que se formó gradualmente a partir de una sola mala disposición. No aceptó libremente y con amor la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo, como lo hicieron los ángeles buenos. Luego, “siguiendo esta mala inclinación que a veces llenaba a Lucifer, cayó en un amor propio sumamente desordenado” (5). Esta causa encontró su efecto en el odio a Dios y su rebelión final.

Alas de mariposa y la Revolución

Para comprender cómo la Revolución nos ha traído hasta donde estamos hoy, es útil entender cómo terminó la Edad Media. Con su fin, se desvaneció el amor a Dios, la verdadera devoción a la Cruz, el amor al sacrificio y la aspiración a la santidad y la vida eterna.

Lo que destruyó esa era gloriosa comenzó en las tendencias del hombre, el aleteo de alas de mariposa en las almas de los hombres que rechazaban lo que Dios exige. Las dos herramientas empleadas por Satanás —siempre son las mismas— eran el orgullo y la sensualidad.

Un acontecimiento marca el principio del fin de la Edad Media. El profesor Plinio señala este momento como la Bofetada de Anagni en septiembre de 1303, cuando Sciarra Colonna abofeteó al Papa Bonifacio VIII (6).

El siglo XIV comenzó con optimismo. El Papa Bonifacio VIII (1294-1303) proclamó un Jubileo para celebrar el nuevo centenario del nacimiento de Cristo. Multitudes estimadas en dos millones acudieron a Roma. Bonifacio tenía ante sí el ejemplo de Inocencio III, un Papa tan hábil para afirmar su supremacía sobre emperadores y reyes que había humillado a cinco de ellos mediante excomuniones o interdictos.

Sin embargo, Bonifacio, que buscaba perpetuar la gloria de la Edad Media, fracasó y fue profundamente humillado en su conflicto con Felipe el Hermoso, rey de Francia (1285-1314), quien afirmaba que su poder era superior al del Papa. Bonifacio VIII respondió con la bula Unam Sanctam, que declaraba que los reyes debían obedecer siempre a los Papas.

Felipe envió a uno de sus principales consejeros, Guillermo de Nogaret, y al italiano enemigo papal Sciarra Colonna, acompañados por una banda de rufianes a sueldo, para que se ocuparan personalmente de Bonifacio, quien se encontraba en el castillo de su familia en Anagni. No solo lo insultaron, sino que Colonna lo golpeó con su guante de hierro. Pocas semanas después, el 11 de octubre de 1303, el Papa murió como consecuencia de la violencia a la que había sido sometido.
La lección aquí es esta: La bofetada al Papa fue una acción alimentada por ideas revolucionarias, nutridas a su vez por tendencias humanistas y absolutistas que se habían arraigado en el siglo XIII. El resultado fue ese acto simbólico que marcó efectivamente el fin de la Edad Media, ya que en los dos siglos siguientes el Humanismo y el Renacimiento reemplazarían esa magnífica era de la Historia orientada al servicio de Dios.

Vivimos tiempos mucho peores: El progresismo en la Iglesia es la peor herejía que la ha acosado a lo largo de su historia. Bajo el actual “pontificado”, avanza a toda velocidad.

La resistencia que Nuestra Señora nos llama a practicar requiere un heroísmo y un equilibrio inquebrantables, así como la determinación de extirpar las raíces mismas de la Revolución en la Iglesia. 

Que Nuestra Señora de Fátima nos proteja y nos ayude a conducir siempre nuestra lucha según la guía de su Inmaculado Corazón.

Notas:

1) Revolution and Counter-revolution (Revolución y contrarrevolución), New Rochelle, NY: The Foundation for a Christian Civilization, 1980, pp. 42, 45, 46.

2) How a Butterfly's Wing Can Bring down Goliath (Cómo el ala de una mariposa puede derribar a Goliat), San Francisco Chronicle, 15-08-03, página A6.

3) Ibidem.

4) John M. Barry, The Great Influenza — The Epic Story of the Deadliest Plague in History (La gran gripe: la historia épica de la plaga más mortífera de la historia), Nueva York: Penguin Books, 2004

5) María de Jesús de Ágreda,  The City of God (La Ciudad de Dios), Vol. I, “La Concepción”, Instituto Ave María, NJ, 1949, página 87