jueves, 11 de junio de 2026

11 DE JUNIO: SAN BERNABÉ, APÓSTOL


11 de Junio: San Bernabé, Apóstol

(✞ 62)

El bienaventurado discípulo y mártir de Jesucristo, San Bernabé, que también en la Escritura se llama José Levita, fue de nacionalidad hebrea, de la tribu sacerdotal de Leví, y nació en la isla de Chipre, en la cual sus padres tenían grandes y ricas posesiones.

Aprendió en Jerusalén las letras sagradas, en la escuela de Gamaliel, varón doctísimo y muy versado en la ley de Moisés, y tuvo por condiscípulo a San Esteban protomártir, y a Saulo, que después se llamó Pablo y fue Apóstol y vaso escogido del Señor.

En esos tiempos vino Cristo nuestro Redentor a Jerusalén, y maravillado Bernabé de su celestial doctrina, ejemplos y milagros, entendió que era el Mesías prometido, y se echó a sus pies; el Señor lo bendijo y le contó en el número de los setenta y dos discípulos que le siguieron.

Y él, conforme al consejo evangélico, repartió su hacienda entre los pobres, quedándose con una sola posesión, cuyo precio, después de la Ascensión del Señor, puso también a los pies de los Apóstoles.

Cuando los discípulos huían todavía de San Pablo, porque ignoraban su conversión, San Bernabé se llegó a él, y entendiendo cuán cambiado estaba, y lo que le había acontecido yendo a Damasco, lo abrazó y lo llevó a los Apóstoles y con gran regocijo fue admitido en su compañía.

Los Apóstoles enviaron a Bernabé a Antioquía, donde estuvo con San Pablo predicando por espacio de un año, con tan gran aprovechamiento de los fieles, que dejando el nombre de discípulos y perdiendo el vano temor y respeto del mundo, comenzaron a llamar cristianos.

Volviendo después a Jerusalén, se concertaron allí con San Pedro algunos otros Apóstoles, para que ellos predicasen a los hebreos, y Saulo y Bernabé a los gentiles.

No es fácil decir los trabajos y persecuciones que padecieron estos dos santos por sembrar la doctrina evangélica y plantar a Cristo en los corazones de los hombres en tantas ciudades, islas, reinos y provincias.

Y, por lo que escriben grandes autores y se saca de firmes testimonios y piedras antiguas, San Bernabé fundó la Iglesia de Milán, y estuvo en ella siete años, y fue el primer Arzobispo de aquella insigne ciudad.

También se muestra en Brescia el altar donde el santo Apóstol decía Misa y en otras muchas Iglesias se conserva la memoria de este varón apostólico y compañero de San Pablo.

Finalmente, hallándose en la isla de Chipre, vinieron de Siria unos judíos con intención de perseguirle y darle muerte; y aunque el santo lo entendió, deseoso ya de juntarse con Jesucristo, entró en la sinagoga para predicar a los judíos; más éstos, con gran enojo lo apedrearon y en ese martirio dio su espíritu al Señor.

Reflexión:

Aunque San Bernabé no era del número de los doce apóstoles que escogió Jesucristo, los primeros Santos Padres de la Iglesia le dan ya el título de Apóstol, no sólo por sus muchos y apostólicos caminos y trabajos, sino que también por haber sido particularmente llamado por el Espíritu Santo a aquel Sagrado Ministerio (ACT. APOST. XII, 2). Honrémosle, pues, como a los doce Apóstoles que son las doce columnas indestructibles de la Iglesia, y despreciando las doctrinas anticatólicas, descansemos con entera confianza en la verdad de la Iglesia Católica, sellada con la sangre del Redentor, y de sus santos Apóstoles y discípulos.

Oración:

Oh Dios, que nos consuelas con la intercesión de tu Bienaventurado Apóstol Bernabé, concédenos benigno, que consigamos por tu gracia aquellos beneficios que te pedimos por su ruego. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 

miércoles, 10 de junio de 2026

POR QUÉ DEBERÍAS DECIR "NO" A SER DONANTE DE ÓRGANOS

El consejo de un sacerdote y ex paramédico

Por el padre David Nix


Aunque soy sacerdote católico, también soy exparamédico y me gradué en ciencias de la salud en el Boston College. Escribo esta entrada, “Por qué deberías decir no a la donación de órganos en tu licencia de conducir”, como exparamédico, no como sacerdote. En otras palabras, esta entrada ofrecerá consejos médicos prácticos para todos los lectores, católicos o no. No habrá bioética católica explícita a continuación, salvo estas dos frases: La Iglesia Católica no tiene ningún problema con la donación de órganos en sí misma. El problema radica en que ciertos órganos siempre se extraen de personas vivas, lo que constituye un homicidio por “buenas razones”.

Si bien se puede extraer un hígado o una córnea de un cadáver para donación de órganos, en los países desarrollados siempre se extrae el corazón de un cuerpo vivo. El término “muerte cerebral” fue acuñado por un equipo de médicos de Harvard para redefinir la muerte con este propósito. La llamada “muerte cerebral” significa, esencialmente, que un paciente tiene un sistema cardiovascular activo, pero tiene una actividad reducida en el electroencefalograma (EEG).

Como saben, un EEG mide la actividad eléctrica del cerebro. No debe confundirse con un electrocardiograma (ECG), que mide la actividad eléctrica del corazón. Los cirujanos de trasplantes prefieren extraer el corazón de pacientes vivos con electrocardiograma activo (pero con electroencefalograma mínimo) porque un corazón que ha dejado de latir daña el tejido mediante un fenómeno llamado “lesión hipóxica”. Recuerden que el corazón debe bombear sangre rica en oxígeno no solo a todo el cuerpo, sino también a sí mismo.

En términos sencillos, el músculo cardíaco se deteriora tan rápidamente tras un paro cardíaco que los cirujanos de trasplantes deben anestesiar al paciente para poder extraer el corazón de un cuerpo vivo. ¡Es obvio que un cadáver no necesitaría anestesia! Pero esto suena demasiado macabro como para no tener justificación. La Facultad de Medicina de Harvard inventó la excusa de la “muerte cerebral” precisamente para justificar la extracción de corazones de personas vivas.

Si usted puso “Sí” a la donación de órganos en su licencia de conducir, y si sufriera una lesión cerebral traumática sin daños en su sistema cardiovascular, sin duda es un candidato “ideal” para que le extraigan el corazón de su propio cuerpo vivo (considerado con “muerte cerebral” debido a un EEG reducido).

El New England Journal of Medicine eliminó recientemente un artículo que antes se encontraba aquí, en el que admitían que los cirujanos de trasplantes estaban extirpando corazones de pacientes vivos. Su justificación bioética decía textualmente: “Muchos objetarán que los cirujanos de trasplantes no pueden, legal ni éticamente, extirpar órganos vitales de pacientes antes de la muerte, ya que hacerlo les causaría la muerte. Sin embargo, si las críticas a los métodos actuales para diagnosticar la muerte son correctas, entonces tales acciones ya se realizan de forma rutinaria.

Permítanme traducirlo en términos sencillos: “Algunas personas pueden pensar que está mal extirpar órganos de personas vivas, y puede que tengan razón, pero es irrelevante porque simplemente es demasiado tarde para protestar, ya que llevamos haciéndolo bastante tiempo.

Ciertamente, ciertos órganos pueden extraerse de una persona viva sin que ni siquiera los bioeticistas más conservadores pongan objeciones. Por ejemplo, una persona podría donar un riñón a otra y ambas podrían seguir viviendo. Pero tras ciertos traumatismos, especialmente neurotraumatismos (de cabeza y cuello), los cirujanos de trasplantes buscan extraer el corazón para la siguiente persona viva que pueda necesitarlo. De nuevo, este debe extraerse de un paciente vivo al que se le haya declarado con actividad cerebral reducida, es decir, con “muerte cerebral”, como pretexto para tranquilizar a los bioeticistas más escépticos.

Además de que esto justifica el asesinato (¡ya que se necesita una intervención quirúrgica para extraer el corazón!), cabe destacar que numerosas personas que fueron declaradas con “muerte cerebral” se han recuperado. El Dr. Shewmon, neurólogo pediátrico de la UCLA, ha demostrado que niños que sobrevivieron con muerte cerebral hasta por 14 años superaron infecciones e incluso heridas.

Por esta razón, debemos considerar que Byrne et al. en el libro Life, Life Support and Death (Vida, soporte vital y muerte) escriben: “Nadie será determinado o declarado muerto a menos que y hasta que haya destrucción de al menos los tres sistemas unificadores básicos del cuerpo, a saber, los sistemas circulatorio y respiratorio, y el cerebro completo”.

Cuando fui sacerdote en comisión de servicio en Florida hace varios años, me llamaron para ayudar a una familia hispanohablante a la que no conocía. Los padres eran de México, pero habían criado a sus tres hijos en California. Su hijo de 33 años, Joel, era un trabajador muy popular en un restaurante de Jacksonville, Florida. Por razones desconocidas, una noche, hace varios años, recibió un disparo en la cabeza y fue trasladado por los servicios de emergencia de Jacksonville al Hospital Memorial, donde sufrió un paro cardíaco, pero fue reanimado. Posteriormente, Joel fue trasladado a la UCI. La herida de bala en la cabeza parecía incompatible con una vida plena.

Joel y su madre, a quienes tuve la oportunidad de atender antes de que falleciera. Ella me dio permiso para publicar su historia.

Así pues, el personal del hospital quería llevarse a Joel en camilla para extraerle el corazón en una habitación aparte. Sin embargo, esto significaba que Joel no moriría en presencia de sus padres en la UCI. (No se puede permitir que los padres vean cómo se le extrae el corazón a su hijo aún con vida, ¿verdad?). Yo acababa de llegar para intervenir y, posteriormente, les expliqué a los padres el destino de su hijo. Como era de esperar, sus padres se negaron a que mataran a su hijo, que aún podía mirarlos a los ojos, para extraerle el corazón.

En respuesta a mi intervención y a los deseos de sus padres, dejaron a Joel en la UCI para que muriera de hambre. Protestamos contra esta decisión tanto en inglés como en español, pero fuimos ignorados durante casi dos días mientras Joel moría de hambre. Finalmente, llamé a abogados civiles en Washington D.C. de una organización llamada Life Legal Defense Foundation.

Finalmente, el abogado de LLDF logró obligar a los médicos de la UCI del hospital a colocarle una sonda nasogástrica para alimentar a Joel. Joel recibió nutrición e hidratación artificiales (NHA) hasta que falleció unos días después en la UCI a causa de la herida de bala. Si bien una herida de bala no se considera una muerte natural, sin duda fue una muerte más natural que la extirpación de su corazón. Como se puede apreciar en la foto, Joel pudo mirarme cuando saqué mi teléfono para tomarle una foto con su madre.

Lamentablemente, pocos días después, Joel falleció en paz, sin necesidad de narcóticos. Lo bueno es que recibió los sacramentos. Murió rodeado de sus padres y su hermano. Nada de esto habría sido posible si el personal del hospital le hubiera extirpado el corazón o administrado una sobredosis de narcóticos.

Como exparamédico, mi sugerencia es que indiques “No” a la donación de órganos en tu licencia de conducir. Una mejor opción es la siguiente: un poder notarial duradero para la atención médica es un documento legal que te permite designar a otra persona para que tome decisiones sobre tu atención médica en caso de que no puedas hacerlo tú mismo. Si deseas indicarle a esa persona que deseas donar, por ejemplo, hígado, riñones o córneas a pacientes que los necesiten (en caso de fallecimiento), entonces la persona a la que le has otorgado el poder notarial duradero para la atención médica (quien, idealmente, comparte tus mismos principios bioéticos) puede tomar esa decisión por ti.

En definitiva, es mejor empezar con un “No” a la donación de órganos en tu permiso de conducir y dejar que tu cónyuge haga el trámite, que empezar con un “Sí” y que un ser querido no pueda impedir que te lleven en camilla mientras te extraen el corazón de tu cuerpo vivo, en caso de que hayas sufrido una lesión cerebral traumática.

Finalmente, si no me creen, vean cómo incluso el periódico laico USA Today publicó un artículo después de mi entrada original del blog, reproducida arriba, titulado Death by Donation: Euthanizing Patients for Organs (Muerte por donación: eutanasia de pacientes para obtener órganos), en el que se revela que numerosos cirujanos dicen lo mismo que les dije anteriormente.
 

'MADAME BOVARY' Y NOSOTROS

Madame Bovary sirve como una advertencia profética contra los efectos aislantes y destructivos de las tecnologías digitales modernas.

Por Casey Chalk


Cuando la clásica novela francesa Madame Bovary apareció por primera vez en 1856, los fiscales la tacharon de obscena —un ultraje a las buenas costumbres y a la religión— debido al retrato íntimo que el autor, Gustave Flaubert, hacía de una mujer burguesa aburrida que se enfrascaba en múltiples aventuras extramatrimoniales. Como suele suceder, el posterior juicio de Flaubert solo atrajo más atención pública hacia el libro, y tras su absolución al año siguiente, se convirtió en un éxito de ventas. Dos décadas después, al ser traducida al inglés, Madame Bovary se convirtió en un fenómeno mundial. 

La ironía, hoy en día, es que la descripción que hace Flaubert de las sensuales aventuras de Bovary apenas sería clasificada como apta para todos los públicos.

La Iglesia Católica no sale bien parada en la célebre obra de Flaubert: describe a los católicos laicos sin formación como personas que se aferran a “prejuicios” y “tradiciones”, confiando en sus “novenas, reliquias y curas... en lugar de considerar natural acudir al médico o al farmacéutico”.

La literatura católica piadosa se describe como “condescendiente”, “sentimental” y “empalagosa”. El cura local es retratado como “ignorante” pero seguro de sí mismo, incapaz de defender eficazmente la antigua religión contra los escépticos influenciados por la Ilustración.

Cualesquiera que fueran las intenciones de Flaubert con la novela, los críticos literarios, en el más de siglo y medio transcurrido desde la publicación de Madame Bovary, han señalado que el personaje principal (Emma Bovary) es en realidad bastante banal, una persona moral e intelectualmente atrofiada que se vuelve ridícula y desquiciada a medida que se hunde más en sus pecados.

Ella encarna a la perfección el romanticismo: su vida intelectual y moral están completamente desvinculadas de las personas y del mundo que la rodea. Y, en ese sentido, se asemeja mucho al yo moderno, inmaduro, atomizado y adicto a lo digital.

Todos somos conscientes del efecto de los teléfonos inteligentes en la capacidad de atención y el rendimiento cognitivo, un hecho cada vez más documentado por la investigación empírica. Tanto los teléfonos inteligentes como las redes sociales distorsionan nuestra concepción de la realidad y las relaciones, llevándolas al extremo o a la idealización, dada su tendencia a una autopresentación filtrada y cuidadosamente seleccionada, así como a la amplificación algorítmica.

Antes era común entablar una conversación con un desconocido en público; ahora, se considera incómodo e incluso de mala educación interrumpir a alguien absorto en su dispositivo. Incluso existe una palabra para referirse a ignorar a los demás para concentrarse en el teléfono inteligente: “phubbing”.


Además, existen peligros emocionales e intelectuales que plantea la inteligencia artificial. Un estudio reciente del Instituto de Estudios Familiares y el Instituto Wheatley de la Universidad Brigham Young reveló que uno de cada siete jóvenes adultos con relaciones estables se comunica habitualmente con inteligencia artificial como pareja sentimental (en inglés aquí). Casi un tercio de los encuestados había experimentado con uno de estos bots románticos al menos una vez.

Si interpretamos estos datos a la luz de la actual epidemia de adicción a la pornografía, hablamos de generaciones de ciudadanos cuyas concepciones del romance y la intimidad están alarmantemente alejadas de la realidad, centradas en ficciones idealizadas que infantilizan y empobrecen moralmente al usuario. Las parejas románticas artificiales y los videos pornográficos satisfacen deseos limitados y (a menudo) cada vez más depravados.

Quienes sucumben a estas tentaciones ciertamente no están bien preparados no solo para los desafíos (y las maravillas) de la verdadera intimidad relacional, sino que tampoco están preparados para la vida espiritual, que requiere capacidad de contrición y contemplación.

Todo esto se refleja en el personaje de Madame Bovary. A medida que la vida matrimonial se vuelve monótona, desarrolla una obsesión por las novelas románticas que fomenta una visión idealizada del mundo. Esto, a su vez, la lleva a anhelar hedonistamente belleza, riqueza, estatus y pasión desenfrenada.

Flaubert retrata conmovedoramente la inestabilidad que esto le provocaba: “Anhelaba viajar; anhelaba regresar a su convento (donde había recibido su educación) para vivir. Quería morir y quería vivir en París”. Con el tiempo, apenas lograba disimular su desprecio por la gente y sus circunstancias, desarrollando la costumbre de provocar innecesariamente a los demás.

En el transcurso de sus amoríos, Madame Bovary ignoraba cada vez más a su joven hija; la madre estaba demasiado absorta en sí misma, demasiado entregada a sus impulsos y afectos. Sobre sus relaciones, Flaubert escribe: “Ya no era amor; era más bien una seducción perpetua… ella era la amada de todas las novelas, la heroína de todos los dramas, la figura indefinida de todos los poemas”.

En su mente, Bovary estaba representando una versión de las fantasías que había leído; en realidad, estaba arruinando su alma y su matrimonio.

Con el paso del tiempo, las aventuras amorosas de Madame Bovary se volvieron cada vez más extremas. Las mentiras no solo eran necesarias para mantener en secreto sus amoríos, sino que se convirtieron en una obsesión, un placer. Gastaba con derroche en ropa y comida suntuosas durante sus viajes semanales a la ciudad donde conoció a su segundo amante.

Se enfurecía con facilidad y era particularmente errática. Sus afectos románticos eran adictivos, y parecía sufrir periodos de retraimiento cuando se separaba de sus amantes. Por sus pecados, su destino final (y el de su familia) era la miseria.

Llevamos más de dos décadas inmersos en nuestro gran experimento global con las redes sociales. Nuestra relación con los teléfonos inteligentes es casi igual de antigua. La era de la inteligencia artificial apenas comienza, y los efectos iniciales en nuestras almas y relaciones no son prometedores.

Intuimos que estas tecnologías nos están volviendo, como a Madame Bovary, más impulsivos y dispersos, menos centrados, pacíficos y satisfechos. Peor aún, lo estamos viendo todo y, sin embargo, a menudo no podemos evitar su intrusión en cada aspecto de la vida cotidiana.

Nuestro mundo está adquiriendo las cualidades autodestructivas de Madame Bovary. Los jóvenes impresionables, más susceptibles a la depresión, la ansiedad y el egocentrismo que genera la tecnología moderna, necesitan un estilo de vida y una visión del mundo en el que, al menos desconfíen, de todo aquello que nos separa de los demás, del mundo natural y, sobre todo, de lo divino.

Teniendo en cuenta cómo los líderes de la industria tecnológica describen su futuro previsto (en inglés aquí), tenemos todos los motivos para ser cautelosos. “Toca la hierba”. “Entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre” (Mateo 6:6). Y lee Madame Bovary. Porque Flaubert tenía razón.
 

ENCARNACION Y VIDA EN LA TIERRA DE LA SABIDURIA ETERNA (Cap. 9)

Continuamos con la publicación del capítulo 9 del libro “El Amor de la Sabiduría Eterna” escrito por San Luis María Grignion de Montfort.


CAPITULO NOVENO

ENCARNACION Y VIDA EN LA TIERRA DE LA SABIDURIA ETERNA

1 - ENCARNACION DE LA SABIDURIA ETERNA

El Verbo eterno, la Sabiduría eterna, dio a conocer a Adán -como es creíble- y prometió a los antiguos patriarcas -como lo atestigua la Sagrada Escritura- que se haría hombre para salvar a la humanidad, de acuerdo a la decisión tomada en el consejo de la Santísima Trinidad (1).

Por ello -durante los cuatro milenios que siguieron a la creación-, (2) todos los santos del Antiguo Testamento pedían con insistentes plegarias la llegada del Mesías. Gemían, lloraban, suplicaban: Cielos, destilen el rocío; nubes, derramen la victoria; ábrase la tierra y brote la salvación (3). “¡Oh Sabiduría, que procedes de la boca del Altísimo…, ven a liberarnos!” (4).

Pero sus gritos, plegarias y sacrificios no tenían la fuerza suficiente para hacer descender del seno del Padre a la Sabiduría eterna, el Hijo de Dios (5). Alzaban los brazos al cielo, pero éstos no eran lo suficientemente largos para llegar hasta el trono del Altísimo. Ofrecían a Dios continuos sacrificios, incluso el de sus corazones, pero su precio no alcanzaba a merecer la gracia de las gracias (6).

Por último, cuando llegó el momento de realizar la redención de los hombres, la Sabiduría divina se construyó una casa (7), una habitación digna de ella misma. Creó y formó en el seno de Santa Ana a la divina María, con mayor complacencia que la que había experimentado en la creación del universo. Es imposible expresar las inefables comunicaciones de la Santísima Trinidad a tan hermosa criatura, lo mismo que la fidelidad con que María respondió a las gracias de su Creador (8).

El torrente impetuoso de la bondad de Dios, estancado violentamente por los pecados humanos desde el comienzo del mundo, se explaya con toda su fuerza y plenitud en el corazón de María. La Sabiduría eterna le comunica todas las gracias que hubieran recibido de su liberalidad Adán y sus descendientes si hubieran conservado la justicia original. En fin -como dice un santo- (9), toda la plenitud de la divinidad se derrama en María, en cuanto una pura criatura es capaz de recibirla.

¡Oh María! Obra maestra del Altísimo, milagro de la Sabiduría, prodigio del Omnipotente, abismo de la gracia… Confieso, con todos los santos, que solamente tu Creador puede comprender la altura, anchura y profundidad de las gracias que te comunicó (10).

La divina María realizó en catorce años tales progresos en la gracia y sabiduría de Dios, su fidelidad al amor del Señor fue tan perfecta, que llenó de admiración no sólo a los ángeles, sino también al mismo Dios. Su humildad, profunda hasta el anonadamiento, embelesó al Creador (11); su pureza, enteramente divina, lo cautivó; su fe viva y sus continuas y amorosas plegarias le hicieron violencia. La Sabiduría se encontró amorosamente vencida por tan amorosa búsqueda:
“¡Oh! ¡Cuán grande fue el amor de María que venció al Omnipotente!”, exclama San Agustín (12). ¡Cosa admirable! Queriendo la Sabiduría descender del seno del Padre al seno de una virgen para descansar entre los lirios de su pureza; queriendo hacerse hombre en Ella y darse enteramente a Ella, envió al arcángel Gabriel a llevarle su saludo y manifestarle que le había conquistado el corazón, por lo cual deseaba hacerse hombre en su seno, siempre que Ella diera su consentimiento.

El arcángel cumplió su misión. Aseguró a María que conservaría su virginidad a pesar de ser madre, y obtuvo -no obstante la resistencia de su profunda humildad- el consentimiento inefable que la santísima Trinidad, los ángeles y todo el universo esperaban desde hacía tantos siglos. María, humillándose ante su Creador, respondió: He aquí la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que has dicho (13).

Observa cómo, en el instante en que María otorgó su consentimiento de ser Madre de Dios, se obraron múltiples prodigios. El Espíritu Santo formó de la purísima sangre de María un cuerpecito y lo organizó con perfección. Dios creó el alma más perfecta que jamás ha creado. La Sabiduría increada, el Hijo de Dios, se unió en realidad de persona a ese cuerpo y esa alma. Y así se realizó este gran portento del Cielo y de la tierra, este prodigioso exceso del amor de Dios: El Verbo se hizo carne (14). La Sabiduría eterna se ha encarnado. Dios se ha hecho hombre, sin dejar de ser Dios. Este Hombre-Dios se llama Jesucristo, es decir, Salvador (15).

A continuación, el compendio de su vida divina en este mundo.

2 - VIDA DE LA SABIDURIA ENCARNADA

1. Nace de una madre virgen

El Hijo de Dios quiso nacer de una mujer casada -aunque realmente virgen con el fin de que no pudiera reprochársele el haber nacido de una unión ilegítima y por otras razones importantísimas que nos explican los Santos Padres. Su concepción fue anunciada a la Santísima Virgen por el arcángel Gabriel -como acabamos de ver-. Jesucristo se hizo hijo de Adán, pero sin heredar su pecado.

2. Nace en Belén de Judá

La encarnación tuvo lugar un viernes 25 de marzo. El Salvador del mundo nació el 25 de diciembre en la ciudad de Belén, en un establo destartalado, donde tuvo por cuna un pesebre.
Un ángel anunció, a unos pastores que guardaban sus rebaños en el campo, el nacimiento del Salvador, recomendándoles que fueran a Belén a adorarlo. En ese instante oyeron un coro de ángeles que cantaban: Gloria a Dios en el Cielo, y paz en la tierra a los hombres, que él quiere tanto (16).

3. Se somete a la circuncisión - los magos lo adoran

El octavo día de su nacimiento, y para conformarse a la ley de Moisés, aunque no estaba sujeto a ella, fue circuncidado, y se le impuso el nombre de Jesús, dado de antemano por el Cielo. Tres magos de Oriente vinieron a adorarlo, avisados por una estrella extraordinaria que los condujo a Belén. Esta fiesta se llama Epifanía, es decir, manifestación de Dios. Y se celebra el 6 de enero.

4. Es presentado en el templo y huye a Egipto

Quiso ser presentado en el templo cuarenta días después de su nacimiento y observar toda la ley de Moisés, para el rescate de los primogénitos. Poco después, un ángel advirtió a José, esposo de la Santísima Virgen, que tomara al Niño y a la Madre y huyera a Egipto para evitar el furor de Herodes. José obedeció. Opinan algunos autores que Nuestro Señor permaneció en Egipto dos años. Otros, que tres, y otros -como Baronio- que hasta ocho. Su presencia santificó todo aquel país, haciéndolo digno de verse más tarde poblado de santos anacoretas.

Dice Eusebio que al entrar Jesús en Egipto huyeron los demonios. Y San Atanasio añade que los ídolos se hicieron añicos.

5. Se manifiesta como sabio, es bautizado

A la edad de doce años, el Hijo de Dios discutió con un grupo de doctores de la ley, manifestando tal sabiduría que dejó admirado a todo su auditorio. Después de este acontecimiento, el Evangelio no nos dice nada de él hasta su bautismo, que recibió cuando tenía treinta años. Retiróse inmediatamente al desierto, donde ayunó cuarenta días, sin comer ni beber; y, al ser tentado por el demonio, triunfó sobre éste.

6. Realiza su misión: vida pública

Comenzó entonces su predicación en Judea, llamando a sus apóstoles, y realizó todos los adorables portentos que mencionan los textos sagrados. Basta recordar que el tercer año de su vida pública -trigésimo tercero de su edad Jesucristo resucitó a Lázaro. Entró triunfante en Jerusalén el 29 de marzo. El 2 del inmediato mes de abril, 14 de Nisán, celebró la Pascua con sus discípulos, lavó los pies a los apóstoles e instituyó el santísimo sacramento de la Eucaristía, bajo las especies de pan y vino.

Se somete a la pasión y a la muerte

La tarde del mismo día, sus enemigos, guiados por Judas, el traidor, lo pusieron preso. Al día siguiente −3 de abril-, a pesar de ser fiesta, fue condenado a muerte después de haber sido flagelado, coronado de espinas y tratado con extrema ignominia. Ese mismo día fue conducido al Calvario y clavado en una cruz entre dos malhechores. Así quiso morir el Dios de la inocencia, con la muerte más vergonzosa, y padecer el suplicio que merecía un ladrón llamado Barrabás, a quien los judíos le pospusieron.

Los Santos Padres dicen que Jesús fue clavado en la cruz con cuatro clavos y que en medio de ella sobresalía un tosco madero en forma de asiento, sobre el cual podía apoyarse.

8. Es sepultado, resucita y sube al Cielo

Después de tres horas de agonía, el Salvador del mundo murió a la edad de treinta y tres años. José de Arimatea tuvo el valor de pedir su cuerpo a Pilato y lo colocó en un sepulcro nuevo, excavado en la roca. No se puede olvidar que la naturaleza manifestó su dolor ante la muerte de su propio Autor, mediante una serie de prodigios acaecidos en el momento en que expiraba.

La resurrección de Jesucristo tuvo lugar el 5 de abril. Se apareció varias veces a su santísima Madre y a los discípulos durante cuarenta días, hasta el jueves 14 de mayo, en que condujo a los discípulos al monte de los Olivos, donde en presencia suya subió a los Cielos, por su propia virtud, a la diestra del Padre, dejando sobre la roca las huellas de sus sagrados pies.

Continúa...

Notas:

1) ASE 46. Todo el Antiguo Testamento es un largo adviento-preparación a este paso de la Sabiduría, que se acerca al hombre en la encarnación.

2) Sobre esto y otras fechas ver ASE 110: encarnación, y 116, muerte y resurrección.

3) Is 45:8: Resumen del Antiguo Testamento, como grito y preparación a la venida de la Sabiduría, que da sentido a la vida del hombre (ver Libros "sapienciales" y Jn 1,1-18).

4) Antífona de vísperas [cántico evangélico] correspondiente al 17 y 18 de diciembre.

5) Ver SM 7.

6) VD 16.72

7) Pr 9,1: "La Sabiduría se ha edificado una casa, ha labrado siete columnas".

8) María: su colaboración con la gracia y progreso en la virtud han ido en ascenso continuo.

9) Abad Guerrico, Sermón 3 para la Asunción de María, n.4: PL 185,196; San Bernardo, Hom 4 super Missus est, n.3: PL 183,81.

10) VD 7: Dios se ha reservado a sí mismo el conocimiento perfecto de María.

11) Ver VD 2ss.

12) No hay evidencia de que se trate de un texto de San Agustín. Quizás sea de Ricardo de San Víctor (en su Comentario al Cantar de los cantares 26: PL 196,483). Ver Juan Morinay, s.m.m., María y la debilidad de Dios

13) Lc 1,38.

14) Jn 1,14.

15) Mt 1,21; Lc 1,31.

16) Lc 2,14.

 

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (110)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


110. En casa de Jacob en las cercanías del lago Merón.

17 de febrero de 1945.

1 Yo diría que, además del lago de Galilea y del Mar Muerto, Palestina tiene otro pequeño lago o rebalsa, una laguna en suma, cuyo nombre ignoro. Para calcular medidas yo no valgo nada, pero, a ojo, diría que esta pequeña depresión puede ser de unos tres kilómetros por dos. Poca, bien poca cosa como se ve. Confiérenle gracia, no obstante, su entorno verde y su superficie, tan azul y sosegada, que parece una gran lámina de esmalte azul cielo veteada en el centro por una pincelada más clara, y ligeramente más movida, quizás por la corriente del río que se introduce en ella al Norte para salir al Sur y que, por lo pequeña que es la laguna –creo que sobre todo es poco profunda–, no pierde su corriente, sino que, como vena viva en un agua parada, denota esta vitalidad y presencia suyas con el color distinto y el ligero fruncimiento de las aguas.
No hay barcas de vela en la laguna; sólo alguna pequeña barquita de remos, desde donde un solitario pescador echa o extrae sus nasas de pesca, o que sirven para pasar al otro lado a un viandante que quiere abreviar el camino. Y rebaños, rebaños, rebaños... que descienden, sin duda, de los pastos montanos porque avanza el otoño, y pacen en estas márgenes de prados verdes y feraces.

2 Por el vértice sur del lago –puesto que es de forma oval– pasa una vía de comunicación de primer orden que se extiende de Este a Oeste –o, mejor, más o menos de nordeste a sudoeste–, bastante bien conservada y muy frecuentada por transeúntes dirigidos hacia los pueblos esparcidos por esa zona. Por esta calzada camina Jesús con los suyos.
El día está más bien gris y Pedro observa: “Hubiera sido mejor no ir a donde esa mujer. Los días se acortan cada vez más y el tiempo es cada vez más desapacible... y Jerusalén está todavía muy lejos”.
“Llegaremos a tiempo. Y, créeme, Pedro, hacer el bien es más obediencia a Dios que hacer una ceremonia externa. Esa mujer ahora bendice a Dios con todos sus hijos en torno al cabeza de familia, que está tan curado, que podrá hallarse en Jerusalén para los Tabernáculos, mientras que habría debido estar durmiendo ya, para ese tiempo, entre vendas y bálsamos, en un sepulcro. No corrompas nunca la fe con la exterioridad de los actos. No se debe criticar nunca. ¿Cómo puedes asombrarte de los fariseos, si tú también caes en un error de piedad y cierras el corazón al prójimo diciendo: "Sirvo, a Dios y basta"?”.
“Tienes razón, Maestro; soy más ignorante que un borrico”.
“Y Yo te tengo conmigo para hacerte sabio. No tengas miedo. Cusa me ha ofrecido el carro casi hasta Yabboq. Desde allí al vado hay poco camino. Ha insistido tanto, y con razones tan justas, que he cedido, a pesar de que Yo juzgue que el Rey de los pobres debe servirse de los medios de los pobres; pero la muerte de Jonás ha impuesto un retardo y tengo que adaptar mi pensamiento a este imprevisto”.

3 Los discípulos hablan de Jonás compadeciendo su mísera vida y envidiando su feliz muerte.
Simón Zelote susurra: “No he podido hacerle feliz y dar al Maestro un verdadero discípulo, madurado en largo martirio e inquebrantable fe... y lo siento. ¡El mundo tiene mucha necesidad de criaturas fieles, convencidas de Jesús, para equilibrar a los muchos que niegan y negarán!”.
“No importa, Simón” responde Jesús. “El se siente más feliz ahora, y es más activo. Y tú has hecho más de lo que hubiera hecho cualquier otro por él y por mí, y por él también te doy las gracias; ahora él sabe quién fue el que le liberó, y te bendice”.
“Entonces maldice a Doras” exclama Pedro.
Y Jesús le mira y le pregunta: “¿Tú crees? Estás equivocado. Jonás era un justo, ahora es un santo. En vida ni odió ni maldijo; ni odia ni maldice ahora. Pone su mirada en el Paraíso, desde su lugar de espera, y se regocija porque sabe que pronto el Limbo dejará salir a los que están esperando. No hace nada más”.
“Y en Doras... ¿incidirá tu anatema?”.
“¿En qué sentido, Pedro?”.
“Pues... haciéndole meditar y cambiar... o... sometiéndole a castigo”.
“Le he remitido a la Justicia de Dios; Yo, el Amor, le he abandonado” (87).
“¡Misericordia! ¡No quisiera estar en él!”.
“¡Ni yo tampoco!”.
“¡Y yo tampoco!”.
“Ninguno querría, porque ¿qué será la Justicia del Perfecto?” dicen los discípulos.
“Será éxtasis para los buenos; será rayo para los perversos, amigos. En verdad os digo: ser durante toda la vida esclavo, leproso, mendigo, es felicidad de rey al lado de una hora, una sola hora, de castigo divino”.

4 “Llueve, Maestro, ¿qué hacemos? ¿A dónde vamos?”. Efectivamente, sobre el lago, que se ha oscurecido reflejando el cielo completamente cubierto de nubes plúmbeas, caen y rebotan las primeras gruesas gotas de una lluvia que promete intensificarse.
“A alguna casa. Pediremos amparo en nombre de Dios”.
“Esperemos encontrar uno bueno como aquel romano. No creía que fueran así... Siempre me había alejado de ellos considerándolos impuros, pero veo que... sí, si hago cuentas son mejores que muchos de nosotros” dice Pedro.
“¿Te agradan los romanos?” pregunta Jesús.
“¡Bueno!... no veo que sean peores que nosotros. Sólo son samaritanos...”.
Jesús sonríe y no dice nada.
Llega a su altura una pequeña mujer que va arreando a ocho ovejas.
“Mujer, ¿sabes decirnos dónde podemos encontrar un techo?...” pregunta Pedro.
“Yo sirvo a un hombre pobre y solo. Pero si queréis venir… Creo que mi patrón os acogerá con bondad”.
“Vamos”.
Caminan bajo el aguacero, rápidos, entre las ovejas, que van trotando con sus cuerpos obesos para escaparse del chaparrón. Dejan la calzada principal para tomar un caminito que conduce a una pequeña casa baja. La reconozco como la casa del campesino Jacob, el de Matías y María, los dos huerfanitos de la visión (88) de agosto, me parece.
“¡Ahí está! Corred mientras llevo las ovejas al aprisco. Al otro lado de la tapia hay un patio por el que se va a la casa. Estará en la cocina. No os fijéis en si es de pocas palabras... Está angustiado por muchas cosas”.
La mujer va hacia un cuchitril que está a la derecha.

5 Jesús, con los suyos, gira a la izquierda.
Se ve la era con el pozo, y el horno en el fondo, y el manzano a un lado. La puerta de la cocina está abierta de par en par. En ésta arde un fuego de pequeñas ramas y un hombre está reparando un apero agrícola roto.
“Paz a esta casa. Te pido refugio para la noche, para mí y mis compañeros” dice Jesús en el umbral de la puerta.
El hombre alza la cabeza. “Entra –dice– y que Dios te restituya la paz que ofreces. Pero... ¿paz aquí?... La paz es enemiga de Jacob desde hace un tiempo. ¡Pasa, pasa!... Entrad todos. El fuego es lo único que puedo daros con abundancia... porque... ¡Oh, pero... pero si Tú, ahora que te has quitado la capucha (Jesús se había tapado la cabeza con el extremo del manto, teniéndolo agarrado con la mano por debajo de la garganta) y te veo bien... Tú eres, sí, eres el rabí galileo, el que llaman Mesías y hace milagros...! ¿Eres Tú? Dilo, en nombre de Dios”.
“Soy Jesús de Nazaret, el Mesías. ¿Me conoces?”.
“Te oí hablar durante la pasada luna en casa de Judas y Ana... Estaba entre los vendimiadores porque... soy pobre... Una cadena de desgracias: pedrisco, orugas, enfermedades en las plantas y en las ovejas... Para mí, sólo con una mujer a mi servicio, me bastaba mi haber. Pero ahora me he entrampado porque me persigue la mala suerte... Para no vender todas las ovejas he trabajado en casa ajena... ¿Mis tierras?... ¡Estaban tan quemadas, y las vides y los olivos se habían quedado tan estériles, que parecía que hubiera pasado por ellas la guerra! Desde que se me murió la mujer, hace ya seis años, parece como si Satanás se estuviera divirtiendo. ¿Te das cuenta? Estoy trabajando en este arado, pero tiene la madera toda rota. ¿Qué puedo hacer? No soy carpintero, y ato, ato... pero no sirve. Y ahora tengo que tratar de evitar los mas mínimos gastos... Voy a vender otra oveja para reparar los aperos. Tengo goteras... pero me acucia más el campo que la casa. ¡Mala suerte! Las ovejas están todas preñadas... Esperaba rehacer el rebaño... ¡En fin!”.
“Veo que vengo a ser una carga donde ya hay mucha”.
“¿Tú una carga? No. Te oí hablar y… se me grabó en el corazón lo que decías. Es verdad que he trabajado honradamente, y, sin embargo... Pero pienso que quizás no era todavía lo bastante bueno. Pienso que quizás quien era buena era mi mujer, que tenía piedad de todos; pobre Lía, muerta demasiado pronto, demasiado para su marido... Pienso que el bienestar de entonces venía por ella del Cielo. Y quiero ser mejor, por lo que Tú dices y por imitar a mi esposa. No pido mucho... sólo permanecer en esta casa donde ella murió, donde yo nací... y disponer de un pan para mí y la criada que me hace de mujer y de pastora y me ayuda como puede. No tengo más personas a mi servicio. Tenía dos y me eran suficientes, trabajando, como trabajaba, también yo en las tierras y en el olivar... Pero el pan que tengo, a duras penas alcanza para mí...”.
“No te prives de él por nosotros...”.
“No, Maestro. Aunque no tuviera más que un pedazo de pan, te lo daría. Es para mí un honor tenerte... Jamás lo hubiera esperado. Si te manifiesto mis miserias es porque eres bueno y comprendes”.

6 “Sí, comprendo. Dame ese martillo. No se hace así. Así rompes la madera. Dame también ese punzón, pero primero ponle al rojo; se taladrará mejor la madera, con lo cual podremos pasar la clavija de hierro sin esfuerzo. Déjame. Yo he sido carpintero...”. 
“¿Trabajar Tú para mí? ¡No!”.
“Déjame. Tú me das hospedaje, Yo te ayudo; entre los hombres el amor mutuo debe ser dando cada uno lo que pueda”.
“Tú das la paz, das la sabiduría, das el milagro... ¡das ya mucho, mucho!”.
“Doy también el trabajo. ¡Venga, obedece!”.
Y Jesús, sólo con la túnica, trabaja rápido y con práctica en el astillado timón; taladra, ata, emperna, hace pruebas hasta que siente que está fuerte.
“Podrá trabajar todavía mucho tiempo, hasta el año que viene, y entonces podrás hacerle nuevo”.
“Yo también lo creo. Esa reja ha estado en tus manos y me bendecirá la tierra”.
“No te la bendecirá por esto, Jacob”.
“¿Por qué entonces, mi Señor?”.
“Porque practicas la misericordia. No te cierras en el rencor del egoísmo y de la envidia, sino que aceptas mi doctrina y la pones en práctica.. Bienaventurados los misericordiosos: obtendrán misericordia”.
“¿En qué la practico contigo, Señor? Casi no tengo lugar ni alimento para tu necesidad; no tengo más que la buena voluntad, y nunca como ahora me ha pesado el ser indigente, por no tener con qué darte el debido honor a ti y a tus amigos”.
“Me basta tu deseo. En verdad te digo que incluso un sólo cáliz de agua dado en mi nombre es cosa grande a los ojos de Dios. Yo era un cansado viandante bajo la tormenta, tú me has dado hospedaje. Llega la hora del alimento y me dices: "Te ofrezco cuanto tengo". Se hace de noche y tú me ofreces un techo amigo. ¿Qué más quieres hacer? Ten confianza, Jacob. El Hijo del hombre no mira la pompa del recibimiento y de la comida, mira el sentimiento del corazón. El Hijo de Dios le dice al Padre: "Padre, bendice a mis benefactores y a todos aquellos que en mi nombre son misericordiosos con los hermanos". Esto digo para ti”.

7 La criada, que mientras Jesús trabajaba con la grada ha hablado con el patrón, vuelve con algo de pan, con leche que acaba de ordeñar, pocas manzanas algo secas y una bandeja de aceitunas.
“No tengo más” se justifica el hombre.
“¡Oh, Yo veo en tu comida un alimento que tú no ves! Y de ése me nutro porque tiene sabor celeste”.
“¿Será que te alimentas, Tú, Hijo de Dios, de algún alimento que te traen los ángeles? Quizás vives del pan del espíritu”.
“Sí. Más que el cuerpo, tiene valor el espíritu, y no en mí sólo. Pero no me nutro de pan angélico, sino del amor del Padre y de los hombres. Esto lo encuentro en tu mesa y bendigo por ello al Padre que a ti me ha conducido con amor, y te bendigo a ti que con amor me acoges y amor me das: éste es mi alimento, y hacer la voluntad del Padre mío”.
“Bendice, entonces, y ofrece Tú, por mí, el alimento a Dios. Hoy eres el Cabeza de familia y siempre serás mi Maestro y Amigo”.
Jesús toma y ofrece el pan teniéndolo sobre las palmas levantadas en alto, y ora con un salmo, creo. Luego se sienta, parte y distribuye...
Todo así termina.

Continúa...

Notas:

87) el sentido de esta afirmación se aclara en 191.8 y en 261.2. Cfr. también cap.109 not. 86.

88) que se halla incluida en el capítulo 298.
 
 
 
El Poema del Hombre-Dios (105) 



 
 

10 DE JUNIO: SANTA MARGARITA, REINA DE ESCOCIA


10 de junio: Santa Margarita, Reina de Escocia

(✞ 1093)

La piadosísima reina de Escocia Santa Margarita, fue hija de Eduardo, rey de Inglaterra y de Ágata, hija del emperador. Nació en Hungría y desde su niñez fue dada a todas las obras de caridad con los pobres.

Se casó con Malcolm III, rey de Escocia, y en el lugar donde se celebraron las bodas fabricó una suntuosa iglesia a honra y gloria de la Santísima Trinidad, enriqueciéndola con ornamentos de gran precio, con muchos vasos de oro y piedras preciosas.

En las demás Iglesias del reino dejó también memoria de su devoción y magnificencia, reparándolas y enriqueciéndolas.

Todos sus vasallos la temían y amaban; y cuando salía en público era grande la multitud de viudas, huérfanos y pobres que la seguían como a su madre.

Tenía exploradores repartidos por las provincias, para que mirasen si se hacía alguna injusticia o inhumanidad, oprimiendo a los inocentes y desvalidos, como suele suceder, y que lo remediasen todo y en todo se obrase con amor y caridad.

Las primeras horas de la noche tomaba breve descanso y luego se levantaba y entraba en la iglesia, y rezaba Maitines de la Santísima Trinidad y, terminados estos, rezaba el oficio de los difuntos.

Volvía después a su cuarto y a la mañana lavaba los pies a seis pobres, se los besaba y les daba larga limosna; y antes de sentarse ella a la mesa servía a las nueve doncellas huérfanas y a veinticuatro ancianas pobres.

Muchas veces hacía venir a su palacio trescientos pobres, y puesto el rey de una parte, y ella de la otra, les daba de comer y beber regalada y abundantemente.

Sabedora de lo porvenir, había rogado su marido el rey, para que no fuesen a cierta campaña en el condado de Cumberland, y como el rey no quiso darle el gusto y saliese a la batalla, se puso la santa reina muy triste y dijo:

- Hoy ha sucedido al reino de Escocia el mayor mal que podía suceder.

Cuatro días después, estando la santa gravemente enferma, viendo a su hijo Edmundo que volvía del ejército, le preguntó por su padre, Malcolm III, y por su hermano, el primogénito, Edward y como él respondiese que estaban bien, ella dando un suspiro, dijo:

- ¡Ay hijo! Que sé muy bien todo lo que ha pasado...

Y levantando las manos y los ojos al cielo como Job, exclamó:

- Gracias te doy, mi Dios, porque al fin de mi vida me has enviado tantas penas, para acrisolarme y purificarme de toda mancha de pecado.

Pocos días después, invocando y ensalzando a la Santísima Trinidad, entregó su preciosa alma al Creador.

De los hijos de Margarita, dos llegaron a ser santos y tres fueron reyes.

Fue canonizada en 1251 por el Papa Inocencio IV, estableciendo la fiesta de Santa Margarita de Escocia el día 10 de junio; pero a partir de las reformas modernistas, la fiesta fue trasladada al día de su fallecimiento, el 16 de noviembre.

Reflexión:

Por ventura te has maravillado de leer como esta santa reina, después de haber pasado su vida en obras de tanta piedad y caridad, hubiese de lamentar la dolorosa pérdida de su esposo y de su hijo muertos en el campo de batalla. Más, ¿por qué has de asombrarte de esto? ¿No es acaso toda la vida humana un perpetuo combate sobre la tierra, como dice Job? Por ventura, ¿el Señor de los Ejércitos ha de dar recompensa a sus soldados mientras se hallan todavía luchando en el campamento? No, sino cuando entran por la puerta triunfal del cielo que es su verdadera patria, y entonces es cada uno premiado conforme a sus méritos, y si a los santos exige el Señor tan grandes pruebas de heroísmo y fidelidad, es porque los tiene destinados a muy gran gloria.

Oración:

Oh Dios, que hiciste tan admirable a la bienaventurada Margarita, reina de Escocia, por la insigne caridad que ejerció con los pobres, concédenos que por tu imitación y a su ejemplo se aumente perpetuamente en nuestros corazones el amor a tu divina majestad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

martes, 9 de junio de 2026

CATÓLICOS LIBERALES (2015)

El principal problema es que la mayoría de los católicos, quizás sin darse cuenta, ya se han contagiado del espíritu liberal.

Por el padre Bernhard Zaby


1. El espíritu liberal ha estado latente en el hombre desde el pecado original cometido en el Paraíso. Este espíritu es el de la independencia, la libertad, la autodeterminación, la autonomía, el espíritu de Non serviam (No serviré). Dado que el hombre depende esencialmente de Dios, su Creador, sus esfuerzos se dirigen sobre todo a separarse, a independizarse de todo lo que pertenece a Dios, es decir, de sus mandamientos, leyes y preceptos. Esto es, por supuesto, un error con graves consecuencias, ya que para el hombre separarse de Dios, es decir, de sus propios antepasados, equivale a su propia perdición. Tan pronto como el hombre logra separarse completamente de Dios, se hunde inmediatamente en la nada absoluta.

2. El propósito de la ley del Antiguo Testamento era guiar al hombre de regreso a una dependencia salvadora y perfecta de Dios, y así a la plenitud de su ser. Los libros del Antiguo Testamento dan testimonio de cuánto tuvo que luchar Dios con su pueblo elegido durante ese tiempo. Finalmente, el Hijo de Dios mismo vino, pero el pueblo elegido de Dios lo rechazó, porque “no queremos que sea nuestro rey” (Lucas 19:14). Por lo tanto, la Iglesia se volvió hacia los gentiles y comenzó su laboriosa tarea de someter a la humanidad al dulce yugo de Cristo, “para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10:10).

Mediante la abundancia de gracia que fluye del Hijo de Dios encarnado hacia su Iglesia, esta logra convertir a pueblos enteros al cristianismo y construir sociedades cristianas que reconocen a nuestro Señor Jesucristo como su Rey. Pero el corazón humano se inclina hacia el mal desde su juventud, y así como el alma humana, creada por Dios y para Dios, es “naturalmente cristiana”, también, debido a su naturaleza caída, es “naturalmente pagana”, o mejor dicho, liberal.

El Maligno, enemigo de todo bien, enemigo de Dios y enemigo de la humanidad, no sería lo que es si no hubiera hecho todo lo posible por separar nuevamente a las personas de nuestro Señor Jesucristo, aprovechándose de su debilidad derivada del pecado original. Por eso, la influencia del espíritu liberal es visible en todas las herejías y cismas, y por eso vemos cómo este espíritu corrompe cada vez más el orden medieval, hasta que finalmente, con la llamada “Reforma”, logra la ruptura del cristianismo. A partir de entonces, los católicos, que se adhieren al gobierno de Cristo y su Iglesia, se enfrentan a los “protestantes”, que se consideran “cristianos libres”.

3. Dado que el protestantismo se había establecido permanentemente junto a la Iglesia, con el tiempo los católicos lo aceptaron. Por lo tanto, su espíritu inevitablemente se infiltró cada vez más en la Iglesia e influyó en los católicos, incluyendo sacerdotes y obispos. Así surgió la tendencia que tomó forma inicialmente en el jansenismo, el cual, a diferencia del protestantismo, no actuó en abierta oposición a la Iglesia, sino que se presentó como “católico”, a pesar de haberse desarrollado sobre una base completamente protestante, es decir, liberal. En la Iglesia, a pesar de las condenas papales, la defensa fue demasiado débil, y por lo tanto, este dragón logró afianzarse, y cada vez que se le cortaba una cabeza, siempre le crecían otras nuevas: galicanismo, febronianismo, hermesianismo, guntherianismo, frohschammerianismo...

Albert Maria Weiß escribió: 

“Las doctrinas específicas del jansenismo habían caído en el olvido, el rigor excesivo inicial de los jansenistas fue reemplazado por una laxitud y un libertinaje mucho más espantosos, a menudo era imposible determinar si las personas eran jansenistas, galicanos o librepensadores perfectos. Lo que permaneció, sin embargo, fue la espiritualidad real que había sido la fuerza motriz de esta desastrosa secta desde el principio, la espiritualidad que con increíble tenacidad fue capaz de utilizar todas las ideas de su propia arbitrariedad para socavar la obediencia, el culto católico y la vida eclesial, ese espíritu que perseguía a todos los hijos fieles de la Iglesia como inferiores y los exponía al desprecio por ser demasiado ortodoxos o demasiado católicos”.

Así surgió el “liberalismo católico” en el siglo XIX. Albert Maria Weiß afirmó: 

“La Iglesia condenó muchos de los principios de este liberalismo moderado. Los condenados se sometieron al juicio, se ratificó la condena de sus doctrinas anteriores y, al mismo tiempo, se aliaron con la siguiente. Los mismos hombres que habían sido hermesianos se convirtieron primero en guntherianos, luego en frohschammerianos y, finalmente, en católicos de Estado o viejos católicos. Si vivieran hoy, pertenecerían al bando de los católicos reformados o de los modernistas”. 

De hecho, existe un camino directo desde los jansenistas hasta el modernismo y el posmodernismo actual.

Con la penetración del liberalismo en la Iglesia, parecía como si la propia Iglesia se hubiera dividido en dos. Desde el siglo XIX, como mínimo, dos bandos se oponían entre sí: los liberales “demasiado católicos” y los verdaderos católicos, que se habían reducido a ultracatólicos y, posteriormente, a ultramontanos. El bando liberal era considerado abierto al mundo, progresista, moderado y tolerante, mientras que los católicos eran vistos como inaccesibles, rígidos, retrógrados, extremistas en sus ideas e intolerantes. Es evidente qué bando ganó y sigue ganando la simpatía del mundo. Por supuesto, a los liberales no les resulta difícil actuar con moderación y tolerancia respecto al liberalismo y sus doctrinas, ya que tratan con personas de carácter similar. Sin embargo, en cuanto se topan con la verdad católica, su paciencia se agota de inmediato. Mientras tanto, los católicos son mucho más tolerantes con los liberales. Esto se debe a que quienes defienden la verdad con firmeza no tienen que temer por su posición, mientras que los liberales deben preocuparse constantemente por su castillo en el aire, construido con tanto esfuerzo y que se tambalea.

4. Mientras el mundo se volvía completamente liberal e incluso los estados otrora cristianos se despojaban del dulce yugo de Cristo para transformarse en repúblicas liberales y “religiosamente indiferentes”, el liberalismo también se adentró en la Iglesia, sobre todo porque los católicos reaccionaron demasiado tarde, con demasiada poca convicción y debilidad. Como siempre, la mayoría se alineó con el “tercer partido”, que optó por el camino intermedio entre los “católicos liberales” y los “católicos extremistas”. Así fue como cada vez más liberales ascendieron a puestos de liderazgo, sobre todo porque la masonería también se propuso este objetivo con la conspiración de la Alta Vendita. De este modo, a finales del siglo XIX, es decir, a principios del siglo anterior, los católicos ya eran minoría y ocupaban una posición de debilidad, al menos aquellos católicos militantes que no eligieron el cómodo “camino intermedio”.

Pío X fue el último Papa que intentó oponerse enérgicamente al liberalismo y al modernismo. Sin embargo, para entonces él también luchaba una causa perdida, y bajo sus sucesores llegó la victoria final de los liberales. El pontificado de Pío XII sirvió como preparación directa para el avance, colocando a personas como Montini, Bea y Bugnini en los puestos más importantes, apoyando corrientes liberales como el “movimiento litúrgico” o la crítica bíblica, mientras que la imagen de la Iglesia aún parecía ordenada, casi triunfante, desde fuera. A principios de la década de 1950, todo parecía ir bien: los seminarios estaban llenos, no faltaban jóvenes ni nuevos monjes, y la vida eclesial era vibrante. Pero todo se había corrompido hacía tiempo.

El principal problema era que la mayoría de los católicos, quizás sin darse cuenta, ya se habían contagiado del espíritu liberal. Incluso los propios “conservadores” se habían convertido hacía tiempo en católicos liberales, pero no se percataron hasta que pudieron acusar a los “progresistas” de liberalismo. Tras la elección de Roncalli, el papado católico finalmente cayó y fue reemplazado por un antipapa liberal; nada impedía una victoria final y completa. La supuesta lucha entre los “conservadores” y los “progresistas” engañó a muchos, haciéndoles creer que el liberalismo, de hecho, había tomado las riendas del gobierno hacía tiempo. En el llamado Vaticano II, los padres conciliares “conservadores” solo sirvieron de tapadera.

Cardenal Louis-Édouard-François-Désiré Pie

El Cardenal Pie señaló en una ocasión que la fe es lo más importante, es el fundamento de todo lo demás. La fe es el fundamento de la moralidad, mientras que el culto es el vínculo intermedio entre el dogma y la moralidad. La liturgia se enraíza con la fe y conduce de nuevo a la fe, y en el proceso transmite la moralidad. El católico promedio, imbuido de liberalismo, lo percibe exactamente al revés. Ve la moralidad primero, luego la liturgia, y quizás un poco de fe y doctrina al final. Por eso, aquellos católicos que aún conservaban en cierta medida el espíritu católico solo se volvieron vigilantes cuando la Santa Misa estuvo en peligro. Para ellos, todo el problema se reducía a la cuestión de la “nueva misa”. Su lucha se limitaba a preservar la “antigua Misa”, o más bien lo que ellos consideraban como tal. Se formó un movimiento de “tradicionalistas”, que estaba cómodamente organizado y que aún existe hoy. Aunque sus seguidores se den cuenta, e incluso a veces lo reconozcan, de que la fe es lo importante y que está en peligro, en la práctica se contentan con celebrar su “antigua Misa” y se les permite vivir en el catolicismo de los años cincuenta. A otros ni siquiera les preocupaban los cambios introducidos por la secta, siempre y cuando la moral no se viera comprometida. Solo se dan cuenta de eso ahora, cuando se invoca el sexto mandamiento desde la posición más alta en el “sínodo”. Pero no ven más allá de eso. Son lo que hoy llamamos los “conservadores”.

De hecho, solo un pequeño número de verdaderos católicos se interesa por la esencia del asunto, quienes comprenden que no se trata ni más ni menos que de la creencia de que no se puede ser liberal y católico a la vez. Por esta razón, suelen ser ridiculizados como “sedevacantistas”. Todos los reproches que los liberales han lanzado contra los católicos desde sus inicios ahora se les atribuyen a ellos, y curiosamente, los llamados “tradicionalistas” son quienes lideran esta crítica. En esto se delatan como liberales, sobre todo porque repiten principalmente los argumentos que sus predecesores, como los jansenistas o los galicanos, utilizaron contra los católicos. A esto debemos añadir que el modernismo, por su parte, como reveló Pío X, es un sistema dialéctico que, en su propio modelo, impulsa una (r)evolución moderada y, por lo tanto, exitosamente implementada, con dos fuerzas opuestas: una que avanza (“progresista”) y otra que preserva (“conservadora”).

5. Es necesario conocer todo esto para no confundirse con los procesos actuales. Y los católicos fieles deberían conocer y comprender todo esto gradualmente, pero lamentablemente no es así. Esto se evidencia claramente en lo que piensan, dicen, esperan, critican o hacen en relación con el “sínodo de la familia” que se celebra actualmente en Roma: por ejemplo, la organización de una conferencia de los llamados grupos “tradicionalistas”, aunque con creencias diferentes en muchos aspectos, a finales de septiembre en Weirton/Virginia Occidental, EE. UU., bajo el lema “tradicionalistas de todos los países, uníos”. …

Grupos, blogs y sitios web “conservadores” que se autodenominaban “leales al papa” y admiraban sin cesar a “Benedicto XVI” se volvieron repentinamente extremadamente críticos con el “papa”. Mientras criticaban a Bergoglio, apoyaban y alababan con entusiasmo a sus aspirantes “buenos”, “católicos”, “conservadores” e incluso “tradicionalistas”, como los “cardenales” Sarah, Burke y Müller o los “obispos” Schneider y Hounder [quienes llegaron al poder durante la era Woytila-Ratzinger y, por consiguiente, compartían la misma postura ambigua en materia de doctrina católica que sus homólogos abiertamente posmodernistas]. Los nombres de sus enemigos eran Kasper y Marx. De este modo, los roles quedaron clara e inequívocamente divididos entre el “bien” y el “mal”. Y, mientras tanto, no se daban cuenta de que llevaban mucho tiempo defendiendo posturas liberales y discutiendo sobre ellas [como los niños en el arenero o como los miembros de un club de cerámica]. Y, al mismo tiempo, intervinieron en un debate que no hacía más que remover el fango y convertir el sexto mandamiento en lo más importante del mundo. Por supuesto, es un asunto importante, y es obviamente loable defender el matrimonio y la familia contra los ataques de aquellas fuerzas que hoy están indudablemente decididas a librar una batalla final contra todos los cristianos, y esta batalla se libra principalmente en el ámbito de la moral sexual. Pero cuando casi a diario portales de noticias que se autodenominan “católicos” utilizan, con toda naturalidad, una palabra que ningún católico habría usado antes, entonces estamos presenciando una obra dramática fatalmente triste. No solo habían entrado en territorio liberal, sino que también habían permitido que los liberales determinen sus propios temas y vocabulario. Aun sabiendo que el enemigo no puede ser derrotado en su propio terreno y con sus propias armas.

[Las siguientes frases son del artículo Vom Lehramt zum Leeramt II en www.antimodernist.org/am, 5 de marzo de 2014: 

“Giovanni Battista Montini fue el cerebro detrás de la mayor revolución de la historia mundial hasta principios de la década de 1960. Dirigió brillantemente la revolución desde la sombra y la condujo al éxito. Sus compañeros revolucionarios, por supuesto, sabían que podían contar con él completamente, mientras que la mayoría de los llamados “conservadores” nunca entendieron claramente lo que realmente estaba sucediendo. En lugar de abandonar el Sínodo Romano de los Ladrones en una ruidosa protesta, se dejaron arrastrar por este juego revolucionario y, por lo tanto, sin saberlo, se convirtieron en los idiotas útiles que finalmente provocaron la revolución. Después de tomar el control del gobierno, los revolucionarios los condenaron a desempeñar un rol secundario, mientras que los progresistas asumieron el rol protagonista. Lo mismo está sucediendo ahora: la única oportunidad de que los mencionados “cardenales” Sarah, Burke y Müller y los miembros de su partido fueran tomados en serio, es decir, al menos parcialmente católicos, habría sido que protestaran y se negaran a asistir a ese inmundo “sínodo” o que se hubieran levantado y se hubieran marchado el primer día”.

6. El mencionado “ecumenismo tradicional”, en el que los participantes, dejando de lado todas las “diferencias estratégicas”, se agrupan en torno al mínimo común denominador de la moral matrimonial y familiar, no es, evidentemente, un efecto secundario indeseable del actual “sínodo familiar”. Como si acabáramos de entrar en la primera crisis grave y en “un momento crítico de la historia”, olvidan por completo que ese momento “crítico” ya ocurrió hace mucho tiempo y que ahora afrontamos sus consecuencias. La escisión ya se produjo hace tiempo. Ahora solo presenciamos cómo se desarrolla lo que tarde o temprano les sucede a todas las comunidades heréticas y cismáticas: las diversas camarillas, divisiones y alianzas, tal como ocurrió con los protestantes y los anglicanos.

Que en esta lucha por la moral sexual se haya perdido por completo la fe (o que la “vieja fe” se haya identificado cada vez más con una moral matrimonial y familiar “conservadora”) ya no resulta evidente para nadie. Una vez que la fe queda relegada, nada se interpone en el camino del ecumenismo “histórico” de los “tradicionalistas” de diversas tendencias. Y así, toda la carga de la lucha por la fe recae una vez más sobre los pocos “Sedevacantistas”.

7. En vano, nada ayuda. Si queremos ser y seguir siendo católicos, no podemos unirnos ni al bando de los “conservadores” ni al de los “tradicionalistas”. Debemos permanecer fuera de la ciudad, y allí debemos luchar y sufrir con nuestro Señor, incluso si quienes pasan nos blasfeman, se burlan y nos insultan. Debemos tener la esperanza de que el Salvador se vuelva hacia nosotros con una mirada misericordiosa desde la Cruz, con sus ojos cansados, y mientras tanto podemos escuchar estas palabras suyas: “¡Ahí tienes a tu madre!” (Jn 19,27). Este sería el consuelo más hermoso para nosotros: ser hijos de su Santísima Madre y, por lo tanto, hijos de nuestra Santa Madre Iglesia.


Descripción de las herejías mencionadas en el texto:

Febronianismo: seguidores de la escuela que toma su nombre del seudónimo (Febronius) de Johann Nicolaus von Hontheim, obispo auxiliar de Tréveris (1701-1790). 

Johann Nicolaus von Hontheim

Hontheim fue alumno del abogado Van Espen en Löwen, y a través de sus estudios históricos concibió la idea de que los protestantes podían reintegrarse a la Iglesia limitando el poder del Papa. Fue ordenado obispo en 1749 y publicó su obra en Fráncfort en 1763: Justini Febronii de stau Ecclesiae et legitima potestate Romani Pontificis. Según él, la organización de la Iglesia no es monárquica, sino aristocrática; los derechos de los obispos son iguales, y la primacía del Papa es meramente honorífica. Su doctrina difiere del galicanismo en que pretende transferir los derechos negados al Papa no a las autoridades seculares, sino a los obispos. Reivindicaba la autoridad del concilio universal sobre el Papa como derecho de sa placetum. Aunque Clemente XIII ya había indexado su obra en 1764, y Zaccharia la refutó en 1767, Ballerini en 1768, e incluso el protestante Lessin la ridiculizó como “una adulación descarada hacia los príncipes”, la obra tuvo un gran impacto. Los príncipes la recibieron con alegría y se utilizó como libro de referencia para las partituras de Ems y el josefinismo. Gracias a la enérgica acción del arzobispo Clemente Wenceslao de Tréveris, Hontheim finalmente se retractó de su herejía en 1778 y se reconcilió con la Iglesia. Pío VI condenó oficialmente al canonista vienés Joseph Valentin Eybel en su breve Super soliditate petrae, publicado el 28 de noviembre de 1786, en “Was ist der Papst? – What is the Pope?” (1782), que difundió los principios del febronianismo.


Hermesianismo: seguidores de las enseñanzas de Georg Hermes, teólogo alemán (1775-1831). 

Georg Hermes

Fue profesor de dogmática en Münster y posteriormente en Bonn. Bajo la influencia de Kant y Fichte, desarrolló una teología racionalista. Según él, el punto de partida de la teología es la duda absoluta, y el motivo de la fe es la certeza interior de las verdades reveladas. Su sistema fue rechazado por Gregorio XVI (breve Dum acerbissimas, 1835). Hermes murió reconciliado con la Iglesia.


Güntherismo: Seguidores de las enseñanzas de Anton Günther, teólogo alemán (1783-1863). Fue sacerdote secular en Viena, ordenado en Győr. 

Anton Günther

Luchó contra el panteísmo y quiso reformar la doctrina de la Iglesia para hacerla atractiva a los cristianos ajenos a ella. Por lo tanto, pretendía derivar los dogmas exclusivamente de los principios de la razón, incurriendo así en graves errores. Enseñó la creación necesaria, el triteísmo en la doctrina de la Santísima Trinidad y negó la unidad personal de las dos naturalezas de Cristo. Pío IX condenó los escritos y enseñanzas de Günther en 1857 (breve Eximiam tuam). Günther se sometió sinceramente al juicio. Sus principales oponentes fueron Klemens, profesor en Bonn, y el escritor jesuita Kleutgen.


Frohschammerianismo: seguidores de las enseñanzas de Jakob Frohschammer, filósofo católico inclinado al racionalismo (1821-1893). 

Jakob Frohschammer

Fue ordenado sacerdote en 1847 y, desde 1854, profesor de teología y luego de filosofía en la Universidad de Munich. Varias de sus obras fueron indexadas. Su racionalismo, la herejía que profesaba sobre la libertad de la ciencia, fue condenada por Pío IX en 1862 (carta Gravissimas inter). Frohschammer no acató la sentencia, por lo que fue suspendido. También atacó la infalibilidad papal. En 1877 publicó su obra Die Phantasie als Grundprinzip des Weltprozesses (La fantasía como principio fundamental de los procesos mundiales), que, siguiendo el ejemplo del subjetivismo alemán, deriva todo el proceso mundial de la imaginación.