martes, 20 de octubre de 2026

PADRE JOAQUIM, FBMV: DISIPANDO LA PERPLEJIDAD

El padre Joaquim falleció el 16 de febrero de 2023

Por Sean Johnson


En la entrega anterior conocimos a la comunidad contemplativa FBMV, fundada en Brasil en 1969. El padre Joaquim fue miembro de esta comunidad, habiendo realizado sus estudios sacerdotales con los dominicos tradicionales de Avrille, Francia (pronto tendremos noticias de ellos).

Según todos los testimonios, fue un sacerdote ejemplar y erudito que, aquejado de un cáncer raro y agresivo, falleció con perfecta resignación y serenidad el 16 de febrero de 2023. Se acerca el aniversario de su muerte, y espero que algunos se acuerden de orar por este excelente sacerdote. Sin duda, lo merecía.

En la carta que se presenta a continuación, el padre Joaquim percibe la perplejidad que impera en la FSSPX y busca determinar sus causas y efectos. Este es un tema que retomaremos en otra publicación de este foro al hablar de la persistencia de la religión conciliar y sus “papas”.

Las notas a pie de página son mías.

10 de abril de 2013

Nos acercamos al primer aniversario del descubrimiento de la correspondencia intercambiada entre los obispos de la FSSPX que se oponian a la nueva línea —quienes por aquel entonces eran tres— y la sede central de la Sociedad, bajo la dirección del obispo y superior general Bernard Fellay; un hallazgo que impulsó, en mayor medida, el proceso de resistencia destinado a cambiar el rumbo que ha tomado la FSSPX.

Según todas las perspectivas humanas, pero también según el modo divino de proceder en correspondencia con el rechazo de la gracia, la FSSPX nunca volverá a ser la misma, pues el liberalismo es un veneno tan sutil que, una vez inoculado, se muestra rebelde a los tratamientos atenuantes. Una vez que penetra en el seno de una sociedad, su tratamiento exige una aniquilación inmediata, clara e inequívoca, con medidas prácticas proporcionales al contagio. Pero esto solo puede ser llevado a cabo por una autoridad que se preocupe, con toda claridad y firmeza de voluntad, por el bien común de la Sociedad. ¿Pero qué hacer cuando la propia autoridad es la más afectada por dicho veneno que oscurece la mente y pervierte la voluntad?

Lo que ocurre hoy en el mundo de la Tradición es similar a lo sucedido en los años posteriores al concilio: se percibe el mal, pero la mayoría se niega a verlo como tal. Abundan los supuestos motivos, como el respeto a la autoridad, el deseo de “regularidad”, diversos temores, etc.

Quien siente el mal sin conocer bien sus causas y efectos se confunde. Y los perplejos no actúan en proporción a la gravedad del mal, o simplemente no actúan en absoluto (1). Esta inercia adquiere gran importancia para el avance del mal que tiende a destruir o desnaturalizar la sociedad en la que se ha asentado.

No podemos negar que el liberalismo ya forma parte del modus operandi de las autoridades de la FSSPX. La revelación de los procedimientos discretos del GREC nos ha mostrado que incluso en los años 90 las intenciones de los partidarios del acuerdo se estaban formando a través de un grupo pequeño pero poderoso e influyente. Durante década y media, esta [agenda] fue madurando y experimentándose cuidadosamente entre sacerdotes y fieles. Poco a poco, los contactos con la Roma conciliar se hicieron más frecuentes, creando una especie de “estado de cosas” que es la miserable caída del movimiento católico tradicional, ya que borra en las mentes católicas la amplitud, la intensidad y las exigencias del estado de necesidad, que es tan real pero tan incómodo (2).

Sin duda, no es fácil enfrentarse a las autoridades eclesiásticas tal como son actualmente. Nuestro amado Dios los utiliza, pero ellos no le sirven. Por lo tanto, por nuestra parte, debemos practicar el reconocimiento y la resistencia, dos actitudes que ante la autoridad deberían darse solo en raras ocasiones, como en situaciones de emergencia. Pero debido a que el concilio Vaticano II y su espíritu han institucionalizado la apostasía silenciosa, nos vemos obligados a adoptar esta difícil y delicada actitud de forma habitual. Esta es nuestra cruz.

Pero cuando uno no quiere cargar con la cruz, la resistencia se transforma en compromiso, sacrificando así la coherencia de principios en nombre de una unidad utópica.

Algunos momentos de esta triste trayectoria son:

2007: La FSSPX solicitó el reconocimiento de la Misa de todos los tiempos. Roma respondió con un decreto que no la abrogaba, pero restringía su aplicación, humillándola y equiparándola al rito ilícito de Pablo VI. ¿Y qué hizo la FSSPX? Aceptó la decisión y agradeció al Papa y a muchos otros, cayendo así en un error.

2009: La FSSPX solicitó la anulación del decreto de excomunión de los obispos. Roma solo levantó las excomuniones, considerando así su validez. La FSSPX, junto con muchos otros, volvió a agradecer y aceptar, a pesar de que estas excomuniones nunca fueron válidas. Cada uno con su verdad...

2010: Luego tuvimos las discusiones doctrinales, cuya duración y secretismo no fueron de naturaleza apaciguadora para los fieles. Incluso ahora no sabemos mucho sobre ellas (¡lo cual es un secreto mayor que el del cónclave!) (3). Es muy posible que la rectitud de los defensores de la buena doctrina haya influido en sus resultados negativos, algo que ambas partes reconocen. Pero no ha habido ningún cambio: sigue existiendo un abismo insalvable entre la firmeza de la fe y su obstinación en el error.

Pero las cosas no fueron bien para la sede central de la FSSPX. La resistencia suscitada por la FSSPX no debía ser frenada. La Sociedad anunció que existía un deseo inminente de regularización canónica, pero se aseguró de que esta fuera precedida por un preámbulo doctrinal que expresara “una comprensión común de la fe”.

Casi un año después, se nos presentó la intención de regularización canónica. Es el testimonio de una voluntad de aceptar una rendición práctica en la lucha por la fe mediante una explícita profesión de ambigüedad. La ambigüedad es la forma preferida de llegar a un acuerdo entre lo que es católico y lo que no lo es. El propio obispo Bernard Fellay reconoció la ambigüedad con el comentario poco edificante sobre ver las cosas con gafas de color de rosa. La dirección de Menzingen estaba nublada por marcos llamativos y lentes gruesos de color rosa, pero sus lentes y marcos fueron destrozados por el propio Benedicto XVI, quien, con tres movimientos, lo derribó todo. Con su modernismo, el papa reinante en aquel momento era más coherente que Menzingen con su tradicionalismo de color rosa: la necesidad de aceptar el concilio, sus enseñanzas y la misa de Pablo VI. ¡Que quede claro!

El análisis de la declaración doctrinal a la que se hace referencia, junto con la consideración de los hechos aquí brevemente resumidos, es más que suficiente para concluir que nos enfrentamos a un proceso de infiltración, de envenenamiento con la consiguiente destrucción interna, aunque manteniendo ciertas apariencias (4). La infiltración busca arraigarse especialmente en los altos mandos, y la intoxicación se produce mediante entornos frecuentes y peligrosos que fomentan la ambigüedad y la contradicción. El objetivo principal en este caso es la sumisión efectiva del mayor número posible de católicos tradicionalistas a las autoridades romanas, especialmente sacerdotes y obispos. Pero si esta sumisión no se oficializa, al menos hay que vigilar a la organización insignia, la FSSPX, cuyas autoridades deben mantener intactos sus propósitos, moldeando siempre la imagen y la mentalidad de su clero y fieles.

Nos apresuramos a declarar que no tenemos pruebas concluyentes que demuestren que la dirección de la FSSPX esté compuesta por personas con información privilegiada como masones, marranos, etc., pero los hechos y los documentos muestran que actúan de una manera notablemente similar.

Hace nueve siglos, San Bernardo señaló que los judíos practicaban la usura (nihil novum sub sole) (5)... Pero también solía decir que cuando los cristianos practicaban lo mismo, se volvían peores que los judíos. Para aplicar esto adecuadamente a este caso, lo mínimo que podemos decir es que actúan como enemigos infiltrándose y moviéndose con ambigüedad y contradicción, con un objetivo final e inmutable que no es el propósito para el que se fundó la Sociedad que gobiernan.

Y esto es lo que legitima la resistencia y debe disipar cualquier perplejidad. Los católicos perplejos podrían preguntarse cómo hombres de Dios, que tan bien hablan de las cosas de Dios, pueden comportarse de esta manera. Los oyen decir constantemente que trabajan por el bien de la Tradición… Otros podrían opinar que tal vez no se dan cuenta de sus errores y que todo esto puede considerarse una ilusión bienintencionada por su parte.

Pero lo que importa son los hechos: el debilitamiento de la doctrina [que conlleva] el perjuicio de las almas y la inestabilidad de la Sociedad. Y todo esto debe considerarse en relación con el cambio de rumbo del liderazgo de la Sociedad que, al volverse más explícito, se vuelve más peligroso.

Es necesario aclarar. No se puede esperar un cambio significativo en estas condiciones. Esperar, permanecer inactivo, equivale a perjudicarse a uno mismo en lo más importante de la vida del alma: la fe teológica, que debe inspirarnos en todo. Para seguir viviendo la fe, los justos deben denunciar a quienes la traicionan (6).

P. Joaquim Daniel Maria de Sant'Ana, FBMV


Notas:

1) Volveremos sobre este tema en futuras publicaciones, en relación con el problema de por qué la mayor parte de la Iglesia no puede alcanzar la certeza respecto a la ilegitimidad de los pretendientes conciliares al papado.

2) El padre Joaquim se refiere a la disonancia cognitiva, que ha sido un tema recurrente en nuestras discusiones en otros lugares, causada por la división entre verdad y autoridad.

3) Recordemos que, antes de comenzar, la FSSPX anunció que sus reuniones serían grabadas en video, dando a entender que se compartirían con el mundo y, por lo tanto, con los fieles (y el clero) no tenían nada que temer. Eso fue hace casi 20 años.

4) Precisamente como sucedió en la iglesia conciliar, lo que llevó a +Williamson a lamentar: “La crisis en la FSSPX se asemeja en todos los aspectos a la crisis en la Iglesia después del Vaticano II, hasta tal punto que podría llamarse Vaticano II(b)”.

5) “Nada nuevo bajo el sol”.

6) Lo mismo ocurre en el caso de los pretendientes conciliares al papado (y, de hecho, con mayor razón).

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (136)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


136. En la fiesta de las Encenias, en casa de Lázaro, se hace memoria del nacimiento de Jesús

La ya de por sí espléndida casa de Lázaro, esta noche está maravillosa. Parece arder por el número de lámparas encendidas, y la luz se derrama hacia fuera, en este comienzo de la noche, rebosando desde las salas al atrio y desde éste al pórtico, para alargarse vistiendo de oro los guijarrosos senderos, el césped y las matas de cuadros del jardín, luchando - venciendo en los primeros metros - con el claror de la luna con su amarillo y carnal esplendor, mientras que más lejos todo toma aspecto angélico por el vestido de pura plata que la luna extiende sobre las cosas.
También el silencio que envuelve al magnífico jardín, en que suena sólo el arpegio del chorro de agua cayendo en el estanque de los peces, parece aumentar la recogida y paradisíaca paz de la noche lunar, mientras junto a la casa voces alegres y numerosas y un festivo rumor de correr muebles y de sacar la vajilla a las mesas recuerda que el hombre es hombre y no todavía espíritu.
Marta se mueve ágilmente con su amplio vestido espléndido y pudoroso de un color violeta rojo; parece una flor, una hermosa campanilla; o una mariposa en vivaz movimiento chocándose contra las paredes purpúreas del atrio o contra las
paredes de diminutas representaciones -parecen una alfombra- de la sala del banquete.
Jesús, sin embargo, pasea solo y absorto junto al estanque de los peces, y parece como si alternadamente quedara subsumido en la oscura sombra proyectada por un alto laurel, un verdadero árbol gigante, o en la fosfórica luz lunar que cada vez se hace más clara; tan viva, que el surtidor del estanque parece un penacho de plata que luego se fragmenta en lascas de brillantes, que van a caer, para perderse en ella, en la lámina quieta, pura plata, del pilón. 
Jesús mira y escucha las palabras del agua en la noche. Estas llegan a tener un sonido tan musical, que despiertan a un ruiseñor que, en el tupido laurel, responde al arpegio lento de las gotas con un agudo de flauta y luego se para, como para tomar la nota y seguir el acorde del agua y finalmente comienza, como rey del canto que es, su perfecto, variado, suave himno de alegría.
Jesús ya ni siquiera camina, para no turbar con el rumor de los pasos la serena alegría del ruiseñor, y creo que también suya porque sonríe, con la cabeza agachada, con una sonrisa de alegría realmente serena. Cuando el ruiseñor, después de una nota purísima sostenida y modulada en tono ascendente - que no sé cómo puede sostenerla una garganta tan pequeña -, interrumpe su canto, Jesús exclama:
-¡Te bendigo, Padre santo, por esta perfección y por el gozo que con ella me has proporcionado! - y sigue su lento paseo lleno de quién sabe qué profundidades de meditación.

Llega Simón:
-Maestro, Lázaro te ruega que vayas. Todo está ya dispuesto.
-Vamos. Desaparezca así el último motivo de duda que pudiera existir de que les hubiera perdido estima por causa de María.
-¡Cuánto llanto, Maestro! Sólo un secreto milagro tuyo ha podido aplicar una cura a ese dolor. ¿No sabes que Lázaro casi decide huir después de que ella, cuando volvieron, salió de casa diciendo que dejaba los sepulcros y abrazaba la alegría y... otras insolencias? La posición mía y de Marta fue: "¡Te conjuramos: no lo hagas!" - entre otras cosas porque... nunca se sabe la reacción de un corazón; si la hubiera encontrado, yo creo que la habría escarmentado de una vez por todas -. Habrían deseado de ella al menos el silencio acerca de ti...
-Y el inmediato milagro mío respecto a ella. Y habría podido hacerlo. Pero no quiero una resurrección forzada en los corazones. A la muerte la forzaré y me devolverá sus presas, porque Yo soy el Señor de la muerte y de la vida. Pero en los espíritus, que no son materia que, sin hálito, carezca de vida, sino que son inmortales esencias capaces de renacer por voluntad propia, Yo no fuerzo la resurrección. Otorgo la primera llamada y la primera ayuda, como quien abriera un sepulcro en que alguien hubiera sido enterrado semivivo, donde moriría si permaneciera largo tiempo, en esas tinieblas asfixiantes; dejo entrar aire y luz... luego, espero. Si el espíritu tiene deseos de salir, sale; si no lo desea, sus tinieblas aumentan y queda hundido. Pero; si sale... ¡Oh, si sale... en verdad te digo que ninguno será mayor que el renacido en su espíritu! Sólo la Inocencia absoluta es mayor que este muerto que vuelve a vivir en virtud del propio amor y para alegría de Dios... ¡Son mis mayores triunfos!
- Observa el cielo, Simón. ¿Ves que tiene estrellas y planetas, más o menos grandes? Todos poseen vida y esplendor por Dios, que los ha hecho, y por el sol que los ilumina, mas no todos son luminosos y grandes en igual medida. Así será también en mi Cielo: todos los redimidos tendrán vida por mí y esplendor por mi luz, mas no todos serán luminosos y grandes en igual medida. Unos serán simple polvo de astros, como el que hace láctea a Galatea: serán aquellos, innumerables, que habrán recibido del Cristo, o, mejor dicho, habrán aspirado, sólo ese mínimo indispensable para no ser réprobos, y sólo por la infinita misericordia de Dios, después de un largo purgatorio, irán al Cielo. Otros serán más fúlgidos y estarán más formados: los justos que hayan unido su voluntad (nota que digo "voluntad" no "buena voluntad") a la del Cristo, y hayan prestado obediencia, para no condenarse, a mis palabras. Luego, estarán los planetas, las buenas voluntades, ¡oh..., luminosísimos!: son los enamorados hasta la muerte por el amor, los penitentes por amor, los que obran por amor, los inmaculados por amor; su luz es de puro diamante o de resplandor de gemas de distintos colores (rojo-rubí o violeta-amatista o amarillo-topacio o cándido-perla). Y habrá algunos entre estos planetas - y serán mis glorias de Redentor - que tendrán en sí destellos de rubí y de amatista y de topacio y de perla, porque serán todo por amor. Heroicos hasta llegar a perdonarse el no haber sabido amar antes, penitentes hasta saturarse de expiación como Ester antes de presentarse a Asuero se saturó de perfumes, incansables para hacer en poco tiempo, en el poco tiempo que les queda, cuanto no hicieron durante los años que perdieron en el pecado, puros hasta la heroicidad para olvidarse - no sólo en el alma y en el pensamiento, sino también en las propias entrañas - de que existe el sentido. Serán aquellos que atraerán hacia sí, por su multiforme resplandor, los ojos de los creyentes, de los puros, de los penitentes, de los mártires, de los héroes, de los ascetas, de los pecadores, y, para cada una de estas categorías, su resplandor será palabra, respuesta, llamada, garantía... Pero, vamos, que nosotros estarnos aquí hablando y allí nos esperan.
-Es que cuando Tú hablas uno se olvida de que vive. ¿Puedo decir todo esto a Lázaro? Me parece ver en ello una promesa...
-Lo debes decir. La palabra del amigo puede posarse sobre su herida y no se ruborizarán de haberse puesto colorados en mi presencia...
-Te hemos hecho esperar, Marta; es que estaba hablando con Simón de estrellas y nos hemos olvidado de estas luces. Tu casa es verdaderamente un firmamento esta noche...
-Las hemos encendido no sólo para nosotros y la servidumbre, sino también para ti y para los huéspedes, tus amigos. Gracias por haber venido para la última noche. Ahora la fiesta es realmente la Purificación... 

Marta querría continuar hablando, pero siente que le sube el llanto y calla.
-Paz a todos vosotros - dice Jesús entrando en el atrio resplandeciente de decenas de luces de plata, todas encendidas, colocadas por todas partes.
Lázaro, sonriente, se dirige hacia Jesús:
-Paz y bendición a ti, Maestro, y muchos años de santa felicidad.
Se besan.
-Me han dicho ciertos amigos nuestros que Tú naciste mientras Belén ardía por una lejana fiesta de las Luminarias. Ellos y nosotros estamos jubilosos de tenerte esta noche. ¿No preguntas quiénes son?
-No tengo más amigos que los discípulos y mis amados de Betania, aparte de los pastores. Por tanto son ellos. ¿Han venido? ¿Para qué?
- Para adorarte, Mesías nuestro. Lo supimos por Jonatán, y aquí estamos, con nuestros rebaños, que ahora están en los establos de Lázaro, y con nuestros corazones, ahora y siempre a tus pies santos.
Isaac ha hablado por Elías, Leví, José y Jonatán, que están postrados a los pies de Jesús: Jonatán con su esponjoso vestido del intendente estimado por su señor; Isaac con el suyo de incansable peregrino, de gruesa lana marrón oscura, impermeable al agua; Leví, José, Elías, con las vestiduras que Lázaro les ha dado, frescas, limpias, para poder tomar asiento en las mesas sin tener que llevar el pobre indumento, roto y con olor a aprisco, de los pastores.
-¿Por este motivo me habéis mandado al jardín? ¡Dios os bendiga a todos! Sólo falta mi Madre para completar mi felicidad. Alzaos, alzaos. Es la primera Navidad que celebro sin mi Madre. Pero vuestra presencia me alivia la tristeza, la nostalgia de su beso.
Entran todos en la sala de las mesas. Aquí la mayoría de las lámparas son de oro. El metal aumenta su brillo por la luz de la llama, la llama parece más resplandeciente por el reflejo de tanto oro. La mesa está dispuesta en forma de U para que quepa tanta gente como hay y poderla servir sin dificultar las operaciones de los trinchadores y de los criados. Además de Lázaro están los apóstoles, los pastores, y Maximino, el anciano servidor de Simón.

Marta cuida de la disposición de los puestos. Querría permanecer en pie, pero Jesús se impone:
-Hoy no eres la hospedadora, eres la hermana, y te vas a sentar como si fueras de mi misma sangre. Somos una familia. Cesen las reglas para dar paso al amor. Aquí, a mi lado, y, junto a ti, Juan. Yo con Lázaro. Dadme una lámpara. Entre mí y Marta vele una luz... una llama, por las ausentes que a pesar de todo están presentes: por las amadas, esperadas, por las mujeres amadas y lejanas. Todas. La llama tiene palabras de luz. El amor tiene palabras de llama, y estas palabras van lejos, siguiendo la onda incorpórea de los espíritus que se encuentran siempre, más allá de los montes y de los mares, llevando besos y bendiciones... Llevando todo. ¿No es, acaso, verdad?
Ella deposita la lámpara en el lugar donde Jesús desea, en un puesto que quedará vacío, y, habiendo comprendido, se inclina a besarle la mano (la que luego, bendecidora y reconfortante, Jesús pone sobre la cabeza morena de Marta).

Comienza la cena. Al principio un poco confusos, los tres pastores - Isaac se siente ya más seguro y Jonatán no da signos de sentirse incómodo - van tomando cada vez más confianza a medida que la cena se desarrolla, y, después de un tiempo de silencio, comienzan a hablar: ¿de qué podría ser, sino de su recuerdo?
-Hacía poco que nos habíamos recogido - dice Leví - Tenía tanto frío, que me resguardé entre las ovejas, llorando por la nostalgia de mi madre...
-Yo, sin embargo, pensaba en la joven Madre que había visto poco antes, y me decía a mí mismo: "¿Habrá encontrado lugar?". ¡Si hubiera sabido que estaba en un establo, la habría traído al aprisco!... Pero, era tan delicada - una azucena de nuestros valles - que me pareció una ofensa el decirle: "Ven con nosotros". Yo pensaba en Ella... Y sentía más vivamente el frío, pensando en cuánto le debía hacer sufrir. ¿Te acuerdas qué luz aquella noche? ¿Y te acuerdas de tu miedo?
-Sí... pero luego... el ángel... ¡Oh!... - Leví, un poco absorto como en estado de ensoñación, sonríe al recordarlo.
-¡Un momento! ¡Escuchadme, amigos! Nosotros sabemos poco y lo sabemos mal. Hemos oído hablar de ángeles, de pesebres, de rebaños, de Belén... Y sabemos que Él es galileo y carpintero... ¡No es justo que estemos en la ignorancia! Yo le he preguntado al Maestro en Agua Especiosa... pero luego se habló de otras cosas. Éste, que sabe, no me ha dicho nada... Sí, hablo contigo, Juan de Zebedeo. ¡Vaya forma de respeto hacia el anciano! Te lo tienes todo para ti y me dejas que vaya adelante como un tarugo de discípulo. ¿Es que ya por mí mismo no soy suficiente tarugo?
Se echan a reír por el gesto bueno de indignación de Pedro. Pero él se vuelve hacia su Maestro y dice:
-Se ríen, pero tengo razón
Luego se vuelve a Bartolomé, Felipe, Mateo, Tomás, Santiago y Andrés:
-¡Venga, decidlo también vosotros, protestad conmigo! ¿Por qué no sabemos nada nosotros?
-¿Dónde estabais cuando murió Jonás? ¿Dónde estabais en los altos del Líbano?
-Tienes razón. Pero, por lo que se refiere a Jonás, yo al menos, creí que se tratase del delirio de un moribundo, y, en los altos del Líbano... estaba cansado y con sueño. Perdóname, Maestro, pero es la verdad.
-¡Y será la verdad de muchos! El mundo de los evangelizados frecuentemente responderá, al Juez eterno, para disculparse de su ignorancia a pesar de la enseñanza de mis apóstoles, eso mismo que tú dices: "Creí que se trataba de un delirio... Estaba cansado y tenía sueño". Y, frecuentemente, no admitirá la verdad porque la confundirá con un delirio, y no se
acordará de la verdad porque estará cansado y tendrá sueño por demasiadas cosas inútiles, caducas e incluso pecaminosas. Una sola cosa es necesaria: conocer a Dios.
-Bien, después de decirnos lo que nos corresponde, cuéntanos cómo sucedieron los hechos... Cuéntaselo a tu Pedro. Yo después hablaré de ello a la gente. Si no... ya te lo he dicho, ¿qué puedo decir? El pasado no lo conozco; las profecías y el Libro... no los sé explicar; el futuro... ¡oh, pobre de mí! Y entonces ¿qué anuncio?
-Sí, Maestro, que lo sepamos también nosotros... Sabemos que eres el Mesías, y esto lo creemos, pero, al menos por lo que a mí respecta, me ha costado trabajo admitir que de Nazaret pudiera provenir algo bueno... ¿Por qué no me has dado a conocer, ya desde el principio, tu pasado? - dice Bartolomé.
-Para probar tu fe y la luminosidad de tu espíritu. Pero ahora sí os voy a hablar; es más, os vamos a hablar de mi pasado. Yo diré lo que incluso los pastores no saben y ellos dirán lo que vieron. Conoceréis así el alba de Cristo. Oíd.
Habiéndose cumplido el tiempo de la Gracia, Dios se preparó su Virgen. Os será fácil comprender cómo Dios no podía residir donde Satanás había puesto un incancelable signo. Por lo tanto, la Potencia actuó para hacer su futuro tabernáculo sin mancha, y de dos justos, en la ancianidad, y contra las reglas comunes de la procreación, fue concebida aquella en la que no existe mancha alguna.
¿Quién depositó esa alma en la carne embrional que con su presencia daba nueva lozanía al anciano seno de Ana de Aarón, la abuela mía? Tú, Leví, viste al Arcángel de todos los anuncios. Puedes decir: es ése. Porque la "Fuerza de Dios" ("Fuerza de Dios" es el significado etimológico de "Gabriel", el nombre del arcángel de los anuncios) fue siempre el Victorioso que llevó el tañido de alegría a los santos y a los profetas; el Indomable, contra el que la fuerza, también grande, de Satanás se quebró cual sutil tallo de musgo seco; el Inteligente que desvió con su buena y lúcida inteligencia las insidias del otro inteligente, si bien malvado, poniendo en acto con prontitud el mandato de Dios.
Con un grito de júbilo, él, el Anunciador, que ya conocía los caminos de la Tierra por haber descendido a hablarles a los Profetas, recogió del Fuego divino esa chispa inmaculada que era el alma de la eterna Doncella, y, custodiada dentro de un círculo de llamas angélicas, las de su espiritual amor, la condujo a la Tierra, a una casa, a un seno. El mundo, desde ese momento, tuvo consigo a la Adoradora; y Dios, desde ese momento, pudo mirar a un punto de la Tierra sin experimentar disgusto. Y nació una criaturita: la Amada de Dios y de los ángeles, la Consagrada a Dios, la santamente Amada de sus familiares.

"Y Abel dio a Dios las primicias de su rebaño". ¡Oh..., realmente los abuelos del eterno Abel supieron ofrecer a Dios la primicia de lo que constituía su bien, todo su bien, muriendo por haber dado este bien a quien se lo había dado a ellos!
Mi Madre fue la Jovencita del Templo desde los tres a los quince años y aceleró la venida del Cristo con la fuerza de su amar. Virgen antes de su concepción, virgen en la oscuridad de un seno, virgen en sus vagidos, virgen en sus primeros pasos, la Virgen fue de Dios, de Dios sólo, y proclamó su derecho, superior al decreto de la Ley de Israel, obteniendo del esposo que le había sido dado por Dios el permanecer intacta después del desposorio
José de Nazaret era un justo. Sólo él podía ser destinatario de la Azucena de Dios, y sólo él la recibió. Ángel en el alma y en la carne, él amó como aman los ángeles de Dios. La profundidad abismal de este fuerte amor, que supo dar toda la ternura conyugal sin sobrepasar la barrera de celeste fuego tras la que estaba el Arca del Señor, será comprendida en la Tierra sólo por pocos. Es el testimonio de lo que puede un justo, con el simple hecho de que quiera; lo que puede, porque el alma, aun estando herida por la mancha de origen, posee poderosas fuerzas de elevación, y recuerdos y retornos a su dignidad de hija de Dios, y divinamente obra por amor al Padre.
Aún estaba María en su casa, en espera de unirse a su esposo, cuando Gabriel, el ángel de los divinos anuncios, volvió a la Tierra y pidió a la Virgen ser Madre. Ya había prometido al sacerdote Zacarías el Precursor, y no había sido creído. Pero la Virgen creyó que ello podía acaecer por voluntad de Dios y, sublime en su desconocimiento, sólo preguntó: "¿Cómo puede acontecer esto?".
Y el ángel le respondió: "Tú eres la Llena de Gracia, María. No temas, por lo tanto, porque has hallado gracia ante el Señor también en cuanto a tu virginidad. Concebirás y darás a luz un Hijo al que pondrás por nombre Jesús, porque es el Salvador prometido a Jacob y a todos los Patriarcas y Profetas de Israel. Será grande e Hijo verdadero del Altísimo, porque será concebido por obra del Espíritu Santo. El Padre le dará el trono de David, como ha sido predicho, reinará en la casa de Jacob hasta el fin de los siglos, mas su verdadero Reino no tendrá nunca fin. Ahora el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo esperan tu obediencia para cumplir la promesa. El Precursor del Cristo ya está en el seno de Isabel, tu prima, y, si das tu consentimiento, el Espíritu Santo descenderá sobre ti, y será santo Aquel que nacerá de ti y llevará su verdadero nombre de Hijo de Dios".
Entonces María respondió: "He aquí la Esclava del Señor. Hágase de mí según su palabra". Y el Espíritu Santo descendió sobre su Esposa y en el primer abrazo le impartió sus luces, que sobreperfeccionaron las virtudes de silencio, humildad, prudencia y caridad que Ella poseía en plenitud, y Ella resultó un todo con la Sabiduría e inseparable de la Caridad. La Obediente y Casta se perdió así en el océano de la Obediencia que Yo soy, y conoció el gozo de ser Madre sin conocer la turbación de ser siquiera tocada. Fue la nieve que se concentra en flor y se ofrece a Dios así...
-¡Y el marido? - pregunta Pedro lleno de estupor.
-El sigilo de Dios cerró los labios de María, y José no tuvo noticia del prodigio sino cuando, de vuelta de la casa de Zacarías, su pariente, María apareció como madre ante los ojos de su esposo.
-¿Y qué hizo él?
-Sufrió... y María también...
-Si hubiera sido yo...
-José era un santo, Simón de Jonás. Dios sabe dónde poner sus dones... Sufrió acerbamente y decidió abandonarla, cargándose sobre sí el ser tachado de injusto. Pero el ángel bajó a decirle: "No temas tomar contigo a María, tu esposa; porque lo que en Ella se está formando es el Hijo de Dios; es Madre por obra de Dios. Cuando nazca el Hijo, le pondrás por nombre Jesús, porque es el Salvador"
-¿Era docto José? - pregunta Bartolomé.
-Como conviene a un descendiente de David.
-Entonces habrá recibido una inmediata luz recordando al Profeta: "He aquí que una virgen concebirá..."
-Sí. La recibió. A la prueba sucedió el gozo...
-Si hubiera sido yo -vuelve a decir Simón Pedro- no hubiera sucedido, porque antes yo habría... ¡Oh, Señor, qué bien que no fuera yo! La habría quebrantado como a un tallo delgado sin dejarle tiempo ni de hablar. Pero después - caso de que no me hubiera convertido en un asesino - habría tenido miedo de Ella... El miedo secular, al Tabernáculo, de todo Israel...
-También Moisés tuvo miedo de Dios, y, no obstante, fue socorrido y estuvo con Él en el monte... José se dirigió, pues, a la casa santa de la Esposa, para cubrir las necesidades de la Virgen y del Niño que había de nacer. Y habiendo llegado, para todos, el tiempo del edicto, fue con María a la tierra de los padres. Pero Belén los rechazó porque el corazón de los hombres está cerrado a la caridad. Ahora hablad vosotros.
-Yo, cayendo ya la tarde, me encontré con una mujer joven y sonriente a caballo de un borriquillo. Un hombre venía con ella. Me pidió leche y algunas informaciones. Yo dije lo que sabía... Luego vino la noche... y una gran luz... y salimos... y Leví vio a un ángel que estaba cerca del aprisco. El ángel dijo: "Ha nacido el Salvador". Ya era completamente de noche y el cielo estaba lleno de estrellas, aunque la luz quedaba absorbida por la de aquel ángel y la de otros miles de ángeles... (Elías llora aún al recordarlo). Y nos dijo el ángel: "Id a adorarlo. Está en un establo, en un pesebre, entre dos animales... Encontraréis a un Pequeñuelo envuelto en unos pobres pañales...". ¡Oh..., qué fulgor el del ángel al decir estas palabras!... ¿Te acuerdas, Leví, cómo despedían llamas sus alas cuando, después de inclinarse para nombrar al Salvador, dijo: "... que es el Cristo Señor"?
-¡Claro que me acuerdo! ¿Y las voces de esos millares de ángeles: "¡Gloria a Dios en los Cielos altísimos y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad"!? Aquella música está aquí, está aquí, y me transporta al Cielo cada vez que la oigo - y Leví alza el rostro, un rostro extático en que luce el llanto.
-Y fuimos -dice Isaac-, cargados como bestias, alegres como para una boda, y, luego..., cuando oímos tu tenue voz y la de tu Madre, ya no supimos hacer nada, y empujamos a Leví, que era un niño, para que mirase. Nosotros nos sentíamos como unos leprosos junto a tanto candor... Y Leví escuchaba y reía llorando y repetía las palabras, con una voz tal de cordero, que la oveja de Elías baló. José vino al portillo y nos invitó a pasar... ¡Qué pequeño y lindo eras! Un capullo de rosa encarnada sobre el rudo heno... Y llorabas... Luego te reíste por el calorcito de la piel de oveja que te ofrecimos y por la leche que ordeñamos para ti... Tu primera comida... ¡Oh!... y luego... y luego te besamos... Dejaste en nosotros un sabor a almendra y a jazmín... y nosotros ya no podíamos separarnos de ti...
-Efectivamente, desde entonces no me habéis dejado.
-Es verdad - dice Jonatán -. Tu rostro quedó grabado en nosotros y lo mismo tu voz y tu sonrisa... Crecías... eras cada vez más hermoso... El mundo de los buenos venía a deleitarse en ti... y el de los malvados no te veía... Ana... tus primeros pasos... los tres Sabios... la estrella...
-¡Qué luz aquella noche! El mundo parecía arder con mil luces. Sin embargo, la noche de tu venida la luz estaba fija y era como de perla... Ahora era la danza de los astros; entonces, la adoración de los astros. Nosotros, desde un alto, vimos pasar la caravana y la seguimos para ver si se detenía... Al día siguiente, toda Belén vio la adoración de los Sabios. Y luego... ¡Oh..., no hablemos de aquel horror, no hablemos de él!...- Elías palidece al recordarlo
-Sí, no hables de ello. Guárdese silencio sobre el odio...
-El mayor dolor era el hecho de no tenerte ya y el no tener noticias tuyas. Ni siquiera Zacarías sabía nada; él, que era nuestra última esperanza... Luego... luego ya nada más.
-¿Por qué, Señor, no confortaste a tus siervos?
-¿Preguntas el porqué, Felipe? Porque era prudente hacerlo. Mira cómo Zacarías, cuya formación espiritual se completó después de ese momento, tampoco quiso descorrer el velo. Zacarías...
-Tú nos dijiste que Zacarías fue quien se ocupó de los pastores. Siendo así, ¿por qué él no dijo, primero a ellos y luego a ti, que los unos estaban buscando al Otro?
-Zacarías era un justo enteramente hombre. Se hizo menos hombre y más justo durante los nueve meses de mutismo. Luego, durante los meses que siguieron al nacimiento de Juan, se perfeccionó. Pero fue en el momento en que sobre su soberbia de hombre cayó el mentís de Dios, cuando se hizo espíritu justo. Había dicho: "Yo, sacerdote de Dios, digo que en Belén debe vivir el Salvador". Dios le había mostrado cómo el juicio, aunque sea sacerdotal, si no está iluminado por Dios, es un pobre juicio. Horrorizado por el pensamiento de que por su palabra hubiera podido provocar que mataran a Jesús, vino a ser el justo, el justo que ahora descansa en espera del Paraíso. Y la justicia le enseñó prudencia y caridad. Caridad hacia los pastores, prudencia respecto al mundo que debía permanecer en la ignorancia acerca del Cristo. Cuando, regresando a la patria, nos dirigimos a Nazaret, por la misma prudencia que ya guiaba a Zacarías, evitamos Hebrón y Belén, y, costeando el mar, volvimos a Galilea. Ni siquiera el día de mi mayoría de edad fue posible ver a Zacarías, que había partido el día antes con su niño para la misma ceremonia.
Dios velaba, Dios probaba, Dios proveía, Dios perfeccionaba. Tener a Dios significa también esfuerzo, no sólo contento. Y así mi padre de amor y mi Madre de alma y de carne tuvieron que esforzarse también. Se puso veto incluso a lo lícito, para que el misterio envolviese en sombra al Mesías niño.
Y que esto les sirva de explicación a muchos que no comprenden la dúplice razón de la congoja cuando no me encontraban durante tres días. Amor de madre, amor de padre hacia el niño perdido; temblor de custodios por el Mesías que podía quedar de manifiesto antes de tiempo; terror a haber tutelado mal la Salud del mundo y el gran don de Dios. Éste fue el motivo de aquella insólita exclamación: "¡Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo, angustiados, te estábamos
buscando!"
. "Tu padre", "tu madre"... El velo echado sobre el resplandor del divino Encarnado. Y la tranquilizante respuesta: "¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que Yo debo ser activo en las cosas del Padre mío?". Y la Llena de Gracia recogió y comprendió tal respuesta en su justo valor, o sea: "No tengáis miedo. Soy pequeño, un niño; mas, si bien crezco, según la humanidad, en estatura, sabiduría y gracia ante los ojos de los hombres, Yo soy el Perfecto en cuanto que soy el Hijo del Padre y por lo tanto, sé conducirme con perfección, sirviendo al Padre haciendo resplandecer su luz, sirviendo a Dios conservándole el Salvador". Y así hice hasta hace un año.
Ahora el tiempo ha llegado. Se descorren los velos, y el Hijo de José se muestra en su naturaleza: el Mesías de la Buena Nueva, el Salvador, el Redentor y el Rey del siglo futuro.
-¿Y no volviste a ver nunca a Juan?
-Sólo en el Jordán, Juan mío, cuando solicité el Bautismo.
-De modo que ¿Tú no sabías que Zacarías les había beneficiado a éstos?
-Ya te he dicho que después del baño de sangre, de sangre inocente, los justos se hicieron santos, los hombres se hicieron justos Sólo los demonios permanecieron como eran. Zacarías aprendió a santificarse con la humildad, la caridad, la prudencia, el silencio.
-Deseo recordar todo esto. Pero, ¿podré hacerlo? - dice Pedro.
-Tranquilo, Simón. Mañana - dice Mateo - les pido a los pastores que me lo repitan, con sosiego, en el huerto, una, dos, tres veces, si hace falta. Tengo buena memoria, ejercitada en mi banco de trabajo, y me acordaré por todos. Cuando quieras, te podré repetir todo. Tampoco tenía notas en Cafarnaúm y sin embargo...
-¡No te equivocabas ni en un didracma!... ¡Sí que me acuerdo... bien! Te perdono el pasado, de corazón realmente, si te acuerdas de esta narración... y si me la cuentas a menudo. Quiero que me entre en el corazón de la misma forma que está en éstos... como lo tuvo Jonás... ¡Morir diciendo su Nombre!...
Jesús le mira a Pedro y sonríe. Luego se levanta y le besa en la entrecana cabeza.
-¿A qué se debe este beso tuyo, Maestro?
-A que has sido profeta: tú morirás diciendo mi Nombre; he besado al Espíritu, que hablaba en ti.

Luego Jesús entona, fuerte, un salmo, y todos, en pie, le secundan:
-"Alzaos y bendecid al Señor vuestro Dios, de eternidad en eternidad. Bendito sea su Nombre sublime y glorioso, con toda alabanza y bendición. Tú sólo eres el Señor. Tú has hecho el cielo y el cielo de los cielos y todo su ejército, la Tierra y todo lo que contiene", etc. (es el himno que cantan los levitas en la fiesta de la consagración del pueblo, cap. IX del libro II de Esdras).
Todo termina con este largo canto, que no sé si se encuentra en el rito antiguo o si Jesús lo dice motu propio.

Continúa...

 
 
El Poema del Hombre-Dios (105) 



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
  

 
 
 

 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 

UN CATECISMO SOBRE EL CONCILIO GENERAL IMPERFECTO EN LA CRISIS ACTUAL DE LA IGLESIA CATÓLICA (4)

El Concilio General Imperfecto y el Código de Derecho Canónico de 1917. Argumentos a favor de la formación de un Concilio General Imperfecto.



Nota: El autor de este artículo es un laico que, en la actual crisis de la Iglesia, representada por Acción Católica, se ha permitido, mediante el uso de textos de los Papas y otros libros católicos autorizados y aprobados, escritos por autores santos y fiables, defender la fe católica. Ahora bien, si —Dios no lo quiera— algo en ello resultara contrario a la verdadera fe católica, el autor se somete de antemano a la decisión de la Santa Sede y está dispuesto a retractarse de cualquier parte de sus escritos inmediatamente al percatarse de su contradicción con las enseñanzas de la Iglesia.

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7. El Concilio General Imperfecto y el Código de Derecho Canónico de 1917.

Pregunta: ¿No es cierto que el Código de Derecho Canónico de 1917 no ha reconocido ni proporcionado una resolución para el concilio general imperfecto?

Respuesta: Sí; el Código de Derecho Canónico solo ha reconocido el concilio general perfecto; es decir, un concilio convocado por el papa, celebrado bajo su presidencia y autoridad, cuyos miembros también son convocados y votan de acuerdo con su ley, a saber, el Derecho Canónico, y su convocatoria; el mismo concilio que generalmente tiene la responsabilidad de enseñar y juzgar la fe y la moral, y de establecer leyes y disciplina.

Sin embargo, cabe señalar que el Código de Derecho Canónico de 1917 no afirma que exista un canon para todas las circunstancias y posibilidades. El Código de Derecho Canónico ha establecido cánones esencialmente para condiciones normales y previsibles; en este código, no hay ningún canon que indique qué deben hacer los fieles si el propio papa se convierte en promotor de herejías, y esta situación se prolonga lo suficiente como para afectar a todas las diócesis; porque los redactores del Derecho Canónico ni siquiera imaginaron la ocurrencia de tal crisis. Del mismo modo que las leyes eclesiásticas anteriores al Concilio de Constanza no tenían ninguna ley para la crisis del Cisma de Occidente; porque el legislador eclesiástico no concibió la posibilidad de que ocurriera tal crisis. Si tal ley hubiera existido, todos los católicos la habrían obedecido y no habría surgido ningún desacuerdo ni problema. Pero, fundamentalmente, no hay un canon para crisis y problemas impredecibles. En este sentido, leemos:

Cuando tratábamos de leyes, puesto que las acciones humanas, de las que se ocupan las leyes, están compuestas de singularidades contingentes y son innumerables en su diversidad, no era posible establecer normas jurídicas que se aplicaran a todos y cada uno de los casos.

- Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, II-II, q. 120, a. 1

☙❧ ☙❧ ☙❧ 

Es prácticamente imposible que el legislador haya previsto todos los casos en la ley. En todo sistema legislativo, por perfecto que sea, se pueden encontrar deficiencias o lagunas. Existen ciertos casos que no están contemplados por la ley.

- Amleto Giovanni Cicognani, Canon Law, The Newman Bookshop, [1937], pág. 620

Pero para llenar este vacío, el mismo Código de Derecho Canónico declara en el Canon 20 que hay casos cuya resolución no se menciona en el Código de Derecho Canónico, y establece el método de acción en esas circunstancias:

Canon 20

Si sobre un asunto determinado falta una prescripción expresa de la ley, ya sea general o particular, la regla debe inferirse, a menos que se trate de la aplicación de una pena, de las leyes establecidas en casos similares; [luego] de los principios generales del derecho observados con equidad canónica; [luego] del estilo y la práctica de la Curia Romana; y [finalmente] de las opiniones comunes y constantes de los doctores.

Pregunta: ¿Cómo considera que el concilio general imperfecto puede ser la solución a la crisis actual de la Iglesia, a partir de las leyes establecidas en casos similares?

Respuesta: El legislador dice en el Canon 18:

Canon 18

En cuanto a aquellos aspectos que permanezcan poco claros o dudosos, conviene remitirse a las disposiciones paralelas del Código, si las hubiere, a los fines y circunstancias de la ley y a la intención del legislador.

Ahora bien, el legislador en los cánones 391 y 432 ha establecido cánones precisos con respecto a la administración de una diócesis, de los cuales se pueden extraer dos principios que reflejan la mente del legislador;

Primer principio, el principio de no vacío administrativo: El legislador no quiere que la comunidad de los fieles quede sin administrador bajo ninguna circunstancia. Este principio se deriva de la estructura general de los cánones relacionados con la diócesis, que han previsto una solución específica y detallada, en un orden determinado, para cada posible vacío, desde la ausencia del obispo hasta la ausencia del vicario o la demora del cabildo. De tal manera que si el trono episcopal queda vacante, el poder de administración se transfiere al vicario capitular, y si este también está ausente, según el canon 391 §1, se transfiere a los cabildos. Respecto a los cabildos, leemos:

Canon 391

§ 1. Un cabildo de canónigos, ya sea catedralicio o colegial, es decir, reunido, es un colegio de clérigos instituido de tal manera que realiza los actos más solemnes de culto a Dios en una iglesia y, si se trata de un cabildo catedralicio, sirve, por así decirlo, como senado para el obispo según la norma de los sagrados cánones, y, estando vacante la sede, suple su lugar en el gobierno de la diócesis.

Segundo principio, el principio de temporalidad, gradualidad y limitación: esta transferencia de poderes del obispo al vicario capitular y de este a los cabildos es a la vez temporal, gradual y limitada; de tal manera que cuanto más se aleja del poder original, más disminuye su poder, pero precisamente esto impide la posibilidad de crear un vacío de poder absoluto.

Ahora bien, si comparamos la Iglesia universal con una diócesis, según la mentalidad del legislador que extrajimos del primer principio, debemos aceptar que no desea que la Iglesia universal carezca de poder y de un administrador, y que permanezca así. Pero, según el segundo principio, este poder de administración de la Iglesia universal y la designación del sucesor, cuando no existan el papa ni los electores designados, deben transferirse de manera más limitada y temporal al órgano eclesiástico más cercano al poder supremo; es decir, se transfiere al concilio de obispos de la Iglesia universal; el concilio de obispos de la Iglesia universal es casi comparable a los cabildos de una diócesis.

Sin embargo, la autoridad de este concilio durante este período debe ser más limitada. ¿Pero cuáles son los límites de este poder discrecional? Lo que se puede afirmar categóricamente es que este concilio tiene al menos la facultad de designar al papa e inmediatamente después de designarlo, pierde dicha facultad; esto se deduce fácilmente de los principios primero y segundo, y como veremos, los teólogos también han confirmado este significado. Pero podría objetarse que los capítulos diocesanos no tienen la facultad de designar al obispo, lo cual perjudica nuestra analogía; pero respondemos que la elección de un nuevo obispo está fuera del ámbito del capítulo, ya que existe una autoridad superior que se encarga de ello: la Santa Sede de Roma. Sin embargo, a nivel de la Iglesia universal, no existe otra autoridad superior. Por lo tanto, este poder debe residir en ese concilio de obispos.

Pregunta: ¿Cómo se demuestra la imperfección del concilio general a partir de los principios generales del derecho observados con equidad canónica?

Respuesta: Según el Canon 100, la Iglesia es una persona moral cuya existencia se basa en un decreto divino permanente, no en un contrato humano temporal. En derecho general, una sociedad política o persona jurídica jamás debe sufrir un vacío de poder ni permitir que la legitimidad y autoridad de su líder permanezcan ambiguas y dudosas, pues esto perjudica su existencia. Si el líder de la sociedad deja de ejercer sus funciones o su legitimidad y autoridad se vuelven ambiguas, la sociedad no puede quedar paralizada; en este caso, el principio de necesidad y el triunfo de la verdad sobre las apariencias, así como el principio jurídico Necessitas non habet legem (la necesidad no tiene ley), son fundamentales.

Las formalidades habituales para la formación de un concilio requieren la invitación del Papa. Pero cuando la Santa Sede está vacante, o el propio Papa es dudoso y debe ser depuesto o su deposición declarada, no puede ser el convocante; porque en el primer caso, esto es imposible, y en el segundo, es razonable suponer que ignoraría tal convocatoria o anularía el concilio, poniendo así en peligro la supervivencia y el propósito de esa comunidad y la salvación de las almas. La equidad canónica dicta que la verdad salvífica, la supervivencia de la persona moral y la salvación de las almas son más importantes que las formalidades de la invitación. Por lo tanto, los obispos pueden reunirse a petición propia y por consenso general. Esta reunión espontánea, al estar al servicio de la supervivencia de la Iglesia, es legítima e incluso obligatoria en términos de equidad canónica.

Pregunta: ¿Cómo se demuestra la existencia de un concilio general imperfecto a partir del estilo y la práctica de la Curia Romana?

Respuesta: En este sentido, la Curia Romana no tiene una práctica específica; sin embargo, puede decirse que una práctica previamente llevada a cabo por la Iglesia universal y aprobada por los papas es igualmente aplicable. Esta práctica se puede comprobar con el ejemplo del Concilio de Constanza; en aquella crisis, donde la identidad, la legitimidad y la autoridad del jefe visible de la Iglesia, así como la de los cardenales, eran dudosas, la Iglesia puso fin a la crisis mediante un concilio general imperfecto.

Pregunta: ¿Cómo se demuestra la existencia de un concilio general imperfecto a partir de las opiniones comunes y constantes de los Doctores?

Respuesta: En cuanto a la confirmación de celebrar un concilio general imperfecto cuando la identidad, legitimidad y autoridad del papa o de sus electores son dudosas, las opiniones de teólogos y canonistas son tan numerosas que no pueden recopilarse todas en esta breve obra; y en el próximo capítulo, a modo de ejemplos, presentaremos las opiniones de varios grandes teólogos y canonistas, algunos de los cuales fueron Doctores de la Iglesia, y se puede afirmar fácilmente que celebrar un concilio imperfecto en un momento en que la identidad, legitimidad y autoridad del papa y de sus electores son dudosas es la opinión común y casi unánime de los teólogos.

Pregunta: ¿Qué conclusión extrae de todo lo que se ha dicho?

Respuesta: Que celebrar un concilio general imperfecto es totalmente coherente con el texto y el espíritu del Código de Derecho Canónico de 1917 y con la intención del legislador.

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8. Argumentos a favor de la formación de un concilio general imperfecto.

Pregunta: ¿Qué casos han declarado los teólogos como casos legítimos para la formación de un concilio general imperfecto?

Respuesta: Cuando se forma un concilio sin la convocatoria, autoridad ni presidencia del papa, naturalmente y lógicamente debe referirse únicamente a un momento en que la Iglesia carece de papa o existen dudas sobre la identidad, legitimidad y autoridad del papa y sus electores. Por esta razón, los teólogos han mencionado numerosos casos, todos los cuales remiten a la ausencia de papa o a la duda sobre la legitimidad e identidad del papa y sus electores; a continuación se exponen algunos casos según la opinión de los teólogos:

Estos casos son:

si la Sede Romana está vacante, ya sea por la muerte, renuncia, locura o cautiverio perpetuo del Pontífice;

si el Pontífice legítimo es dudoso;

si el Papa es notoriamente un hereje;

si se sospecha que comete herejía o si es difamado por un delito grave;

o si, aun siendo muy católico y bueno, se niega obstinadamente a convocar un concilio cuando se le solicita.

- Henricus Kilber, SJ, Theologia Dogmatica, Polemica, Scholastica et Moralis, Berche et Tralin, vol. I, [1882], pág. 253

☙❧ ☙❧ ☙❧

Todo Concilio Ecuménico o General, para ser legítimo, debe ser convocado por el Papa. … La segunda certeza es que, en tiempos de Cisma, cuando se duda de quién es el verdadero Papa, el Concilio puede ser convocado por Cardenales y Obispos. Y lo mismo ocurriría si el Papa cayera, de forma notoria y persistente, en alguna herejía.

- San Alfonso María de Ligorio, Veritá della Fede, Gablinetto Letterario, [1838], págs. 456, 457

☙❧ ☙❧ ☙❧

Se plantea la cuestión de cuál sería la ley aplicable si, en un caso extraordinario, fuera necesario proceder a la elección del Pontífice, cuando ya no fuera posible observar las condiciones establecidas por la ley pontificia precedente, como muchos creen que ocurrió durante el gran cisma en la elección de Martín V. Además, suponiendo que se dieran tales circunstancias, debe admitirse sin dificultad que el poder de elección recaería en un concilio general. Pues se desprende del derecho natural que, en casos de esta índole, la atribución del poder supremo se transmite por delegación al poder inmediatamente posterior, precisamente en la medida necesaria para preservar la sociedad y superar las dificultades extremas. “Pero en caso de ambigüedad (porque no se sabe si alguien es un verdadero cardenal… cuando el Papa está muerto o su situación es incierta, como parece haber ocurrido al inicio del gran cisma bajo Urbano VI), hay que afirmar que en la Iglesia de Dios existe la potestad de aplicar el papado a una persona, respetando los requisitos pertinentes. Y entonces, por delegación, esta potestad parece recaer sobre la Iglesia universal, como si los electores designados por el Papa no existieran”.

- Louis Billot, SJ, Tractatus de Ecclesia Christi, Prati: ex officina libraria Giachetti, [1909] págs. 610, 611

☙❧ ☙❧ ☙❧

El Colegio Episcopal no puede ejercer sus poderes ni cumplir su misión, por universales que sean, salvo de acuerdo con el juicio y los decretos de su superior, el Vicario de Cristo. Sin embargo, es necesario exceptuar el caso de un Papa dudoso; entonces, en efecto, por el derecho natural de su existencia, el cuerpo episcopal está llamado a tomar las medidas necesarias para designar a un líder.

- François-Louis-Michel Maupied, Le futur Concile Selon la Divine Constitution de l'Eglise, [1869], p. 20

☙❧ ☙❧ ☙❧

Cuando el Papa ha fallecido o su papel es incierto, la asamblea general de obispos representa a la Iglesia docente y gobernante solo de forma imperfecta, y no es un concilio general salvo en ese sentido.

- Dominique Bouix, Tractatus de Papa ubi et de Concilio Oecumenico, Apud Jacobum Lecoffre, Bibliopolam, vol. II, [1869], pág. 547

☙❧ ☙❧ ☙❧

Segundo, ¿no sería admisible que un concilio fuera convocado por alguien que no fuera el Papa, cuando este no debería convocarlo por ser hereje o cismático? Tercera duda: ¿no sería admisible que un concilio fuera convocado por alguien que no fuera el Papa, cuando este no pudiera convocarlo por estar prisionero entre incrédulos, haber fallecido, haber perdido la razón o haber renunciado? … A la segunda y tercera respondo: en ningún caso, sin la autoridad del Pontífice, podría convocarse un concilio verdadero y perfecto —del tipo que aquí analizamos, es decir, uno que tenga autoridad para definir cuestiones de fe—. Porque la autoridad suprema reside en la cabeza, es decir, en Pedro, a quien se le mandó confirmar a sus hermanos; y por eso también el Señor oró por él para que su fe no desfalleciera (Lucas 22). Sin embargo, en esos dos casos puede convocarse un concilio imperfecto, que bastará para que la Iglesia tenga una cabeza. Porque la Iglesia, sin duda, tiene autoridad para proveerse de un líder, aunque sin un líder no puede determinar muchas cosas que sí puede determinar con un líder.

- San Roberto Belarmino, SJ, Disputationum Roberti Bellarmini,… de controversiis christianae fidei, Paravicini, vol. II, [1871], pág. 27

☙❧ ☙❧ ☙❧

Y digo esto para omitir aquellos casos excepcionales que, en la disputa anterior, dijimos que podrían permitir que los obispos de la Iglesia universal se reunieran sin la autoridad del Papa; por ejemplo, si la Sede Apostólica estuviera vacante y los cardenales no se reunieran para una elección; o si el Papa se convirtiera en hereje y, habiendo sido amonestado, no se arrepintiera y se negara a convocar un concilio; o finalmente, si estuviera azotando un cisma universal y no hubiera un Pontífice definido. Porque tales concilios son universales solo en un sentido limitado, ya que carecen de un líder. Por lo tanto, por sí mismos no poseen poder sobre la Iglesia universal, ni pueden tratar ningún otro asunto que no sea aquel para el que se reúnen: a saber, elegir un Papa o declarar hereje.

- Francisco Suárez, SJ, Opus De Triplici Virtute Theologica, Fide, Spe, Et Charitate, Balleoni, [1742], p. 180

☙❧ ☙❧ ☙❧

Un concilio que no solo actúe independientemente del Vicario de Cristo, sino que además lo juzgue, es impensable en la constitución de la Iglesia. De hecho, tales asambleas solo se han celebrado en tiempos de grandes convulsiones constitucionales, cuando no había papa o el papa legítimo era indistinguible de los antipapas. En tales tiempos anormales, la seguridad de la Iglesia se convierte en la ley suprema, y ​​el primer deber del rebaño abandonado es encontrar un nuevo pastor bajo cuya dirección se puedan remediar los males existentes.

- Charles George Herbermann, The Catholic Encyclopedia, Appleton, vol. IV, [1908], pág. 426

☙❧ ☙❧ ☙❧

Pero si se considerara necesario un concilio general —¡Dios no lo quiera!— debido a que varios pretendientes al Pontificado, cuya elección se considerara dudosa, ¿quién podría entonces convocarlo? Concordamos con Bellarmino: sin la autoridad o la intervención del Sumo Pontífice, en ningún caso puede convocarse un verdadero concilio ecuménico, ni un concilio perfecto que defina las cuestiones de fe. En el presente caso, por lo tanto, la discusión se centra en un concilio impropiamente llamado general, un concilio que, aunque imperfecto e incompleto, bastaría para extinguir el cisma, que sería el objetivo de la asamblea de obispos.

- Augustino de Roskovány, Romanus Pontifex Tamquam Primas Ecclesiae…, Siegler, [1889], p. 494

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La regla establecida anteriormente enseña que un concilio general o universal no puede ser convocado excepto por el Sumo Pontífice Romano o su autoridad… Sin embargo, si hablamos de un concilio general imperfecto legítimo, la regla antes mencionada tiene algunas limitaciones:

La primera es si el Papa no desea convocarlo cuando un asunto difícil lo requiera.

Segundo, cuando el Papa se vuelve incapaz por estar loco o tener una discapacidad mental.

En tercer lugar, porque está capturado por los enemigos y el acceso a él está bloqueado.

Cuarto, cuando existe una disputa sobre el papado entre dos candidatos electos.

Quinto, cuando el Colegio Cardenalicio desea realizar una elección después de que el Papa haya fallecido.

Sexto, cuando escandaliza a toda la Iglesia porque comete un crimen notorio y es incorregible.

Por último, cuando se trata de un hereje o de una fuerte sospecha de herejía. En cada uno de estos casos, se puede convocar un concilio general sin autoridad papal.

- Feliciano de Oliva e Sousa, Tractatus de Foro Ecclesiae, vol. III, [1733], pág. 46

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18. …Asimismo, como se dijo, este poder estaba destinado a persistir en la Iglesia, pero con Pedro fallecido sin proveer ni decretar nada sobre su sucesor (como podría suceder), no quedaría otro medio que la elección por la Iglesia; por lo tanto, la Iglesia podía elegir a otro.

21. Por lo tanto, consideremos la octava proposición que, en cualquier caso de vacante en la Sede Apostólica, la elección correspondería a todos los obispos de la cristiandad, según la ley divina. Esto se demuestra porque son los pastores del rebaño, sus supervisores y guardianes; toda la administración eclesiástica, además del Sumo Pontífice, les corresponde; y pueden hacer por sí mismos todo lo que puede hacer el clero inferior.

Digo, pues, que de cualquier forma —ya sea por institución o por casualidad— en que se reunieran todos los obispos cristianos, en tal caso los obispos podrían elegir un Sumo Pontífice con la misma autoridad que el bienaventurado Pedro, incluso en contra de las protestas de todos o de la mayor parte de los laicos o incluso del clero.

- Francisco de Vitoria, OP, Arbor Magna Iurisdictionis Ecclesiasticae, Apud Iuntas, [1640], págs. 92 , 93

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Si bien un concilio sin el Papa no puede definir nuevos dogmas de la fe, sí puede juzgar, en tiempos de cisma, quién es el verdadero Papa y proporcionar a la Iglesia un verdadero pastor cuando no lo hay o cuando existe duda sobre él; y esto es lo que el Concilio de Constanza hizo correctamente.

- Wilhelm Wilmers, SJ, De Christi Ecclesia libri sex, Pustet, [1897], p. 259

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Quienes creen posible que el Papa caiga públicamente en una herejía manifiesta suelen sostener que la vacante en la Santa Sede debe ser declarada por los obispos reunidos a convocatoria de los cardenales, o por alguien de entre ellos que asuma la responsabilidad; y tal vez el mismo procedimiento sería lícito si surgiera una duda irresoluble sobre los derechos de dos aspirantes rivales al Papado, o si los cardenales se negaran rotundamente a celebrar elecciones para cubrir una vacante.

- Sylvester Joseph Hunter, SJ, Outlines of Dogmatic Theology, Benzinger Brothers, vol. I, [1895], pág. 460

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Existe un doble caso en el que los obispos pueden exhortarse mutuamente y convocarse en asamblea general, a saber: a) cuando se tiene dudas sobre el Papa, incluso serias, y no se le puede persuadir para que renuncie al cargo; y b) asimismo cuando cae en herejía pública. En estos casos, los obispos se reunirían legítimamente en un mismo lugar y podrían determinar si un solo Papa ha sido elegido válidamente, o declarar que ha caído en herejía pública y, por lo tanto, que es necesario proceder a una nueva elección.

- Filippo Maroto, Institutiones Iuris Canonici ad Normam Novi Codicis, Madrid: Editorial del Corazón de María, vol. II, [1919], pág. 189

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En caso de una elección dudosa del Pontífice, y a causa de su herejía, los obispos también podrían reunirse por sí mismos en una congregación general para remediar tan gran mal.

- Istvan Sipos, Enchiridion Institutiones Canonici, Romae: Herder, [1960], pág. 157

Continúa...