lunes, 15 de junio de 2026

ENCANTADORA BELLEZA E INEFABLE DULZURA DE LA SABIDURIA ENCARNADA (Cap. 10)

Continuamos con la publicación del capítulo 10 del libro “El Amor de la Sabiduría Eterna” escrito por San Luis María Grignion de Montfort.


CAPITULO DECIMO

ENCANTADORA BELLEZA E INEFABLE DULZURA DE LA SABIDURIA ENCARNADA (1)

La Sabiduría se encarnó con la única finalidad de atraer a su amor e imitación los corazones humanos. Por ello se ha complacido en adornarse con todas las amabilidades y dulzuras humanas más atrayentes y delicadas, sin defecto ni fealdad alguna.

1 - LA SABIDURIA ES DULCE EN SU ORIGEN

Considerada en su origen, la Sabiduría es toda bondad y dulzura. Es el don del amor del Padre eterno y fruto del amor del Espíritu Santo. El amor nos la da y el amor la forma: Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único (2). De suerte que es toda amor, o mejor, el amor mismo del Padre y del Espíritu Santo.

Nació de la más dulce, tierna y hermosa de todas las madres, la divina María (3). ¿Quieres conocer la dulzura de Jesús? Trata de conocer antes la dulzura de María, su Madre, a quien se asemeja en la dulzura del temperamento. Jesús es el Hijo de María, y por ello no puede haber en El arrogancia, ni severidad, ni fealdad. Infinitamente menos aún que en su Madre, por cuanto es la Sabiduría eterna, la dulzura y la belleza personificadas.

2 - LA SABIDURIA ES DULCE, SEGUN LOS PROFETAS

Los profetas, a quienes fue revelada de antemano la Sabiduría encarnada, la llaman oveja y cordero manso (4). Predicen que, gracias a su dulzura, la caña cascada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará (5); es decir, que su bondad será tal que, aun cuando un desdichado pecador se halle medio destrozado, enceguecido y extraviado por sus pecados y ya con un pie en el infierno, Ella no consumará su perdición, a no ser que le obliguen a ello.

San Juan Bautista, que vivió cerca de treinta años en el desierto para merecer con sus austeridades el conocimiento y el amor a la Sabiduría encarnada, tan pronto la vio, exclamó -mostrándola con el dedo a sus discípulos-: Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (6). No dice, en efecto, como hubiera debido: "Este es el Altísimo, éste es el Rey de la gloria, éste es el Omnipotente…", sino que, conociéndola mejor que nadie la ha conocido ni conocerá jamás, exclama: "Este es el Cordero de Dios. Ahí viene la Sabiduría eterna, que para conquistar nuestros corazones y borrar nuestros pecados ha compendiado en sí todas las dulzuras divinas y humanas, celestes y terrenas".

3 - LA SABIDURIA ES DULCE EN SU NOMBRE

Y ¿qué nos indica el nombre de Jesús -que es el nombre propio de la Sabiduría encarnada- sino una caridad ardiente, un amor infinito y una dulzura encantadora? ¡Jesús, Salvador, es decir, el que salva al hombre, aquel cuya característica es amar y salvar al hombre!

Nada se canta más suave,

nada se oye con más gozo,

nada se piensa más dulce

que Jesús, Hijo de Dios (7).

¡Oh! ¡Cuán dulce es al oído y al corazón de los predestinados el nombre de Jesús!

Dulce miel en la boca,

melodía en el oído,

júbilo en el corazón (8).

4 - LA SABIDURIA ES DULCE EN SU SEMBLANTE

"Jesús es dulce en el semblante, dulce en las palabras, dulce en las acciones" (9). El amabilísimo Salvador tenía un rostro tan dulce y bondadoso, que cautivaba los ojos y los corazones de cuantos le veían. Los pastores que fueron a visitarlo en el pesebre quedaron tan encantados de la dulzura y hermosura de su semblante, que hubieran permanecido días enteros contemplándolo, como fuera de sí mismos. Los reyes -aun los más arrogantes-, tan pronto como vieron los rasgos maravillosos de tan hermoso Niño, depusieron su altivez y se postraron sin dificultad a los pies de su cuna. ¡Cuántas veces se dijeron uno a otro: "Amigos, ¡qué agradable es estar aquí! ¡No existen en nuestros palacios delicias semejantes a las que se experimentan en este establo al contemplar al querido Niño Dios!"

Siendo Jesús muy joven, las personas afligidas y los niños del contorno iban a verle para alegrarse con él y se decían uno a otro: "¡Vamos a ver al Niño Jesús, al Hijo maravilloso de María!" La belleza y majestad de su semblante -decía San Juan Crisóstomo- (10) eran tan dulces e imponentes a la vez, que cuantos lo veían no podían menos de amarlo. Reyes hubo de países muy remotos que quisieron poseer su efigie. Dicen que el Señor mismo, por especial favor, la hizo enviar al rey Abogaro. Y aseguran algunos autores que los soldados romanos y los judíos le velaron el rostro a Jesús para abofetearlo y maltratarlo con mayor libertad, porque sus ojos y su semblante despedían tan suave y encantadora luz, que desarmaba aun a los más crueles.

5 - LA SABIDURIA ES DULCE EN SUS PALABRAS

Jesús es dulce en las palabras. Mientras vivía en la tierra, conquistaba a todo el mundo con la dulzura de sus palabras. Jamás se le oyó gritar ni disputar acaloradamente. Precisamente así lo habían anunciado los profetas: No gritará, no clamará, no voceará por las calles (11). Quienes lo escuchaban desapasionadamente, se sentían tan penetrados por las palabras que salían de su boca, que exclamaban: ¡Nadie ha hablado nunca como ese hombre! (12) Y sus propios enemigos, sorprendidos de su elocuencia y sabiduría, se preguntaban: ¿De dónde saca éste ese saber? (13). Nadie ha hablado nunca con tanta dulzura y gracia. ¿De dónde saca tanta sabiduría en sus palabras?

Las personas humildes dejaban a millares sus hogares y familias para ir a escucharlo hasta en los desiertos y pasaban días y días sin comer ni beber, saciándose únicamente con la dulzura de sus palabras. Dulzura con la cual atrajo en seguimiento suyo a los apóstoles como con un imán, curó a los enfermos más incurables, consoló a los afligidos. Bastó que dijera a la atribulada Magdalena la sola palabra: ¡María!, para que ella quedara colmada de dicha y de dulzura (14).

Continúa...

Notas:

1) La dulzura de la Sabiduría es uno de los temas predilectos de Montfort.

2) Jn 3,16.

3) La expresión María divina puede parecer sorprendente. Quiere subrayar la cercanía de la Madre de la Sabiduría a la divinidad: es morada de Dios, templo de Dios, ciudad de Dios, paraíso de Dios… (Ver VD 2ss; 264.)

4) Jn 11,19.

5) Is 42,3.

6) Jn 1,29.

7) Del himno "Iesu dulcis memoria", atribuido, sin razón, a San Bernardo (ver PL 184,1307).

8) San Bernardo, Sermo 15 in Cantica: PL 183,847.

9) Ver san Agustín, Enarratio in Ps. 44,3: "Iesus dulcis in facie, dulcis in ore, dulcis in opere."

10) Homilia 27 in Matthaeum, n 2: PG 57,346.

11) Is 42,2.

12) Jn 7,46.

13) Mt 13,54.

14) Jn 20,16.

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (111)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


111. Encuentro con Salomón en el vado del Jordán.
Parábola sobre la conversión de los corazones.

18 de febrero de 1945.

1 “¡Qué extraño que el Bautista no esté aquí!” dice Juan al Maestro.
Están todos en la margen oriental del Jordán, a la altura del famoso vado donde un tiempo bautizaba el Bautista.
“Y tampoco está en la otra ribera” observa Santiago.
“Le habrán echado el guante de nuevo esperando otra bolsa” comenta Pedro. “¡Son gentuza esos tipos de Herodes!”.
“Vamos a pasar allí y preguntamos” dice Jesús.
Así lo hacen, y preguntan a un barquero de la otra ribera: “¿Ya no bautiza aquí el Bautista?”.
“No. Está en los confines de Samaria. ¡Tan bajo hemos caído! Un santo tiene que pasar a campo samaritano para salvarse de los ciudadanos de Israel. ¿Y por qué os asombráis si Dios nos abandona? Yo sólo me asombro de una cosa: ¡que no haga de toda Palestina una Sodoma y Gomorra! (89) ...”.
 
2 “No lo hace por los justos que hay en ella, por los que, sin ser todavía del todo justos, sienten sed de justicia y siguen las doctrinas de quienes predican santidad” responde Jesús.
“Dos, entonces: el Bautista y el Mesías. Al primero le conozco porque yo también le he servido aquí en el Jordán, pasándole en la barca a algún fiel sin pedir nada, porque él dice que debemos contentarnos con lo justo. Me parecía justo conformarme con la ganancia por otros servicios, y me parecía que era injusto el pedir paga por llevar a un alma hacia la purificación. Me han tomado por loco los amigos, pero en fin... Si yo estoy contento de lo poco que tengo, ¿quién puede quejarse? Por lo demás, veo que aún no me he muerto de hambre, y espero que cuando muera me sonría Abraham”.
“Así es, hombre. ¿Quién eres?” pregunta Jesús.
“¡Oh!, tengo un nombre muy grande y me río de ello, porque sólo tengo sabiduría para el remo. Me llamo Salomón”.
“Tienes la sabiduría de juzgar que quien coopera con una purificación no debe corromperla con el dinero. Yo te digo: No sólo Abraham, sino el Dios de Abraham te sonreirá cuando mueras, como a hijo fiel”.
“¡Oh, Dios! ¿Lo dices de verdad? ¿Quién eres?”.

3 “Soy un justo”.
“Te he dicho que hay dos justos en Israel: uno es el Bautista; el otro, el Mesías. ¿Eres Tú el Mesías?”.
“Soy Yo”.
“¡Oh, eterna misericordia! Pero... un día oí a unos fariseos que decían... Bueno, dejémoslo... No quiero ensuciarme la boca. Tú no eres eso que decían de ti. ¡Lenguas más bífidas que las de las víboras!...”.
“Soy Yo y te digo: No estás muy lejos de la Luz. Adiós, Salomón. La paz sea contigo”.
“¿A dónde vas, Señor?” –el hombre está asombrado por la revelación y ha asumido un tono completamente distinto. Antes era un bonachón que hablaba, ahora es un fiel que adora–.
“A Jerusalén, por Jericó. Voy a los Tabernáculos”.
“¿A Jerusalén? Pero... ¿también Tú?”.
“Soy hijo de la Ley Yo también. No anulo la Ley. Os doy luz y fuerza para seguirla con perfección”.
“¡Pero Jerusalén ya te odia! Quiero decir, los grandes, los fariseos de Jerusalén. Te he dicho que he oído... ”.
“Déjalos. Ellos hacen su deber, lo que creen que es su deber; Yo hago el mío. En verdad te digo que hasta que no sea la hora no podrán nada”.
“¿Qué hora, Señor?” preguntan los discípulos y el barquero.
“La del triunfo de las Tinieblas”.
“¿Vas a vivir hasta el fin del mundo?”.
“No. Habrá una tiniebla más atroz que la de los astros apagados y que la de nuestro planeta, muerto con todos sus hombres. Será cuando los hombres sofoquen la Luz que Yo soy. En muchos el delito ya se ha producido. Adiós, Salomón”.
“Te sigo, Maestro”.
“No. Ven dentro de tres días al Bel Nidrás (90). La paz a ti”.

4 Jesús se pone en camino entre sus discípulos, que van pensativos.
“¿Qué pensáis? No temáis ni por mí ni por vosotros.
Hemos pasado por la Decápolis y la Perea, y por todas partes hemos visto agricultores trabajando en los campos. En unos lugares, la tierra estaba todavía cubierta por rastrojos y malas hierbas; árida, dura, ocupada por plantas parásitas que los vientos estivos habían llevado y sembrado arrebatando sus semillas a las desolaciones desérticas: eran las tierras de los perezosos y vividores. En otros lugares la tierra había sido ya abierta por la reja del arado, y limpiada, con el fuego y la mano, de piedras, espinos y malas hierbas. Lo que antes era un mal, o sea, las plantas inútiles, he aquí que con la purificación del fuego y del tajo, se había transformado en bien: en abono, en sales útiles para la fecundación. La tierra habrá llorado bajo el dolor de la hoja que la abría y hurgaba, y bajo el mordisco del fuego que corría por sus heridas. Mas reirá más hermosa en primavera, diciendo: "El hombre me torturó para proporcionarme esta opulenta mies que me embellece". Y éstas eran las tierras de los voluntariosos. En otros lugares, la tierra estaba ya esponjosa, limpia incluso de cenizas, un verdadero lecho nupcial para el desposorio de la gleba con la semilla y para el fecundo connubio que proporciona tanta gloria de espigas: éstos eran los campos de aquellos cuya generosidad llegaba hasta la perfección de la operosidad.
Pues bien, igual sucede con los corazones. Yo soy la Reja de Arado y mi palabra es Fuego, para predisponer al triunfo eterno. Hay quien, perezoso o vividor, aún no me busca, no me requiere, se satisface con su vicio, con las pasiones malvadas, que parecen frondas de hojas y de flores y en realidad son zarzas y espinas que laceran a muerte el espíritu, lo atan y hacen de él haz para los fuegos de la Gehena. Por ahora la Decápolis y Perea son así... y no sólo ellas. No se me piden milagros porque no se quiere el tajo de la palabra ni la quemazón del fuego. Pero llegará su hora. En distinto lugar, hay quien acepta este tajo y esta quemazón, y piensa: "Es penoso, pero me purifica y me hará fecundo para el Bien". Estos son los que, si bien no tienen el heroísmo de hacer, dejan que Yo haga. Es el primer paso en mi camino. Hay, en fin, quienes ayudan con su diligente diario trabajo, a mi trabajo; éstos no es que caminen, sino que vuelan por el camino de Dios; éstos son los discípulos fieles: vosotros y los otros que están diseminados por Israel”.

5 “Pero somos pocos... contra muchos; somos humildes... contra los poderosos. ¿Cómo defenderte si quisieran hacerte algún daño?”.
“Amigos. Recordad el sueño de Jacob (91). El vio una multitud incalculable de ángeles que subían y bajaban por la escalera que le unía con el Cielo. Una multitud; y no era más que una parte de las legiones angélicas... Pues bien, ni todas las legiones que cantan "aleluya" a Dios en el Cielo, aunque bajaran y se pusieran en torno a mí para defenderme, cuando llegue la hora podrían algo. La justicia ha de cumplirse...”.
“¡Querrás decir la injusticia! Porque Tú eres santo y si te hacen algún daño, si te odian, son unos injustos”.
“Por eso digo que en algunos el delito se ha cumplido ya. Quien da vida en su corazón a pensamientos de homicidio es ya un homicida; si de hurto, es ya un ladrón; si de adulterio, es ya un adúltero; si de traición, es ya un traidor. El Padre sabe las cosas, y Yo también, pero El me deja ir, y Yo voy; para esto he venido. Más el grano madurará y será sembrado dos veces antes de que el Pan y el Vino sean dados en alimento a los hombres”.
“¡Se hará un banquete de júbilo y de paz, entonces!”
“¿De paz? Sí. ¿De júbilo? También. Pero... ¡Oh.... Pedro, Oh.... amigos, cuántas lágrimas habrá entre el primero y el segundo cáliz! Sólo después de beber la última gota del tercer cáliz (92), el júbilo será grande entre los justos, y segura la paz para los hombres de recta voluntad”.
“Tú estarás presente... ¿no es verdad?”.
“¿Yo?... ¿Acaso falta alguna vez al rito el cabeza de familia? ¿Y no soy Yo la Cabeza de la gran familia del Cristo?”.

6 Simón Zelote, que ha estado siempre callado, dice, como hablando consigo mismo: “"¿Quién es Este que viene con las vestiduras teñidas de rojo? Está hermoso con su vestido y camina en la grandeza de su fuerza"
"Soy Yo quien habla con justicia y protege salvíficamente"
"¿Por qué, entonces, tus vestidos están teñidos de rojo y tus vestiduras están como las de quien prensa la uva?"
"Yo solo, por mí mismo, he prensado la uva. Ha llegado el año de mi redención" (93)”.
“Tú has comprendido, Simón” observa Jesús.
“He comprendido, mi Señor”.
Los dos se miran; los demás los miran asombrados y entre sí se preguntan: “¿Pero habla de las vestiduras rojas que lleva Jesús ahora, o de la púrpura de rey con que se ornará cuando llegue la hora?”.
Jesús se abstrae. Parece como si no oyese nada más.
Pedro toma aparte a Simón y le pide: “Tú que eres sabio y humilde, explica a mi ignorancia tus palabras”.
“Sí, hermano. Su nombre es Redentor. Los cálices del banquete de paz y júbilo entre el hombre y Dios, y Tierra y Cielo, los llenará El, por sí mismo, de su Vino, prensándose a sí mismo en el sufrimiento por amor de todos nosotros. Por eso estará presente, a pesar de que las potestades de las Tinieblas, entonces, hayan sofocado aparentemente la Luz, que es El.  ¡Oh, hay que amarle mucho a este Cristo nuestro porque mucho será desamado! Hagamos que en la hora del abandono no nos pueda llegar y reprender el lamento davídico: "Una jauría de perros (y entre ellos también nosotros) se ha puesto alrededor de mí" (94)”,

7 “¿Tú crees?... Pero si nosotros le defenderemos aun a costa de morir con El”.
“Nosotros le defenderemos... Pero somos hombres, Pedro, y nuestra audacia se fundirá aun antes de que le descoyunten a El los huesos (95) ... Sí, nosotros haremos como el agua helada del cielo: un rayo la licúa en lluvia; luego el viento, en el suelo, vuelve a convertirla en hielo. ¡Así nosotros, así nosotros! Nuestra presente audacia de ser discípulos suyos –porque su amor y su cercanía nos condensan en viril intrepidez– se disolverá bajo la acción del rayo agresor de Satanás y de los satanases. Y de nosotros ¿qué quedará entonces? Pero luego, tras la infame y necesaria prueba, la fe y el amor nos harán de nuevo compactos y seremos como un cristal que no teme incisión alguna. Eso sí, sabremos y podremos esto si le amamos mucho mientras le tenemos con nosotros. Entonces... sí, creo que entonces no seremos, por su palabra, ni enemigos ni traidores”.
“Tú eres sabio, Simón. Yo... soy un iletrado. Me avergüenzo de preguntarle a El tantas cosas, y me duele cuando siento que son cosas de lágrimas... Mira su rostro: parece como si lo estuviera lavando un llanto secreto. Observa sus ojos: no miran ni al cielo ni al suelo; están abiertos a un mundo para nosotros desconocido. Y ¡qué cansado y combado es su caminar! Su actitud pensativa le hace parecer más viejo. ¡Oh, no puedo verle así! ¡Maestro, Maestro, sonríe; no puedo verte tan lleno de amargura! ¡Te quiero como a un hijo! ¡Te daría mi pecho como almohada, para que durmieras y soñaras otros mundos!... ¡Oh, perdona si te he dicho "hijo"! Es que te quiero, Jesús”.

8 “Soy el Hijo... ese nombre es mi Nombre. Pero ya no estoy triste. ¿Lo ves? Sonrío porque vosotros sois amigos míos. Ved allí, al fondo, Jericó, toda roja con el ocaso. Que dos de vosotros vayan a buscar alojamiento. Yo y los demás iremos a esperaros al lado de la sinagoga. Id”.
Y todo termina mientras Juan y Judas Tadeo se ponen en camino en busca de una casa hospitalaria.

Continúa...

Notas:

89) Cfr. Gén. 19, 1–29.

90) Cfr. Vol. 1, Cap. 67, not. 314.

91) Cfr. Gén. 28, 10–22.

92) Según el Mishna (en el tratado sobre la Pascua), texto fundamental del Talmud, especie de casuística judía codificado en los siglos II–III A. C. pero que contiene elementos que llegan hasta los doctores contemporáneos de Jesús, para la Cena pascual estaba prescrito el beber por lo menos cuatro copas rituales de vino. Según esta Obra, entre las dos primeras copas, habría habido mucha tristeza (tal vez aludiendo a la predicción de la traición de Judas: Mt. 26, 20–30; Mc. 14, 17–26); pero después de la tercera copa, esto es, después de haber bebido el vino consagrado en Sangre de Jesús, habría invadido a los presentes un gran júbilo y profunda paz (tal vez alusión a los admirables e íntimos discursos que Jesús dirigió a los apóstoles entre la ausencia de Judas y el fin de la reunión pascual: Ju. 13, 30 – 17, 26).

93) Cfr. Is. 63, 1–4.

94) Cfr. Sal. 21, 17.

95) Ib. 21, 15.

 
 
El Poema del Hombre-Dios (105) 



 
 
 

15 DE JUNIO: SANTOS VITO, MODESTO Y CRESCENCIA, MÁRTIRES


15 de Junio: Santos Vito, Modesto y Crescencia, mártires

(✞ 303)

Nació el glorioso niño san Vito en la ciudad de Mazara, que está en el reino de Sicilia, de padres muy ricos y poderosos, pero gentiles. 

El niño fue bautizado secretamente y bien enseñado en las cosas de la fe de Jesucristo por Crescencia, que había sido su ama de leche, y por Modesto, marido de Crescencia, el cual era también muy fervoroso cristiano.

Siendo San Vito de doce años, el prefecto de Sicilia que había tenido noticia de la Fe y Religión que ocultamente profesaba, llamó al padre de Vito para que le redujese al culto de los ídolos, amenazándole que corría peligro de muerte si no sacrificaba a los dioses.

Intentó el padre gentil los medios blandos y aún los halagos con unas doncellas deshonestas para alejarlo de la fe cristiana, y viendo que nada conseguía, decidió entregarlo inhumanamente al prefecto Valeriano para que ejerciese en él su rigor.

Pero cuando Modesto y Crescencia se enteraron de aquella bárbara resolución del padre, tomaron a Vito y se fueron con él hacia el mar, y encontraron un navío que allí estaba listo para partir, y así llegaron al reino de Nápoles para librarse de la persecución.

Pero tampoco encontraron ahí la seguridad que buscaban, porque habiendo sido acusados por la profesión de su fe, fueron detenidos y cargados de cadenas.

Mandó después el tirano ponerles en la catasta (que era un tablado alto y eminente, en el que se extendía y atormentaba a los santos mártires con varios instrumentos y penas); y les descoyuntaron los miembros, rasgando y despedazando sus benditos cuerpos.

Y como ellos perseveraban firmes aunque les amenazaban con otros horribles suplicios, echaron a Vito un león para que lo despedazase y como si fuera un manso cordero, el león cayó a los pies del santo niño y halagándole, se los lamía.

Entonces dijo Vito al tirano:

- ¿No ves como las fieras se amansan y olvidadas de su crueldad natural, reconocen y obedecen a su Señor, y tú le desconoces y desobedeces?

Gran número de los que estaban presentes se convirtieron a la fe de Cristo al ver este espectáculo; pero el desventurado gobernador estaba tan empedernido, que ni las palabras del santo niño ni los milagros que veía bastaron para ablandarle; y así sometió a aquellos mártires a otros cruelísimos tormentos, en los cuales, perseverando firmes hasta la muerte, alcanzaron la gloriosa palma del martirio.

Reflexión:

¿Quién no ve en este martirio de San Vito la omnipotencia de Dios, que en un flaco y delicado niño de doce años, triunfó de los tormentos, de la muerte y de todo el poder del infierno? ¿Quién temerá su flaqueza o desmayará, considerando la virtud del Señor? Y, ¿quién se fiará de amor de padre o de otro hombre, si no es fiel a Dios, viendo como el mismo padre de San Vito, fue como su verdugo y causa de su martirio? Deben los hijos estar sujetos y rendidos a la voluntad de sus padres, en todas las cosas que no sean pecado; pero no han de obedecerles si les mandan cosas malas y manifiestamente contrarias a la voluntad divina. En este caso, el hijo que obedece al malvado padre, no merece tener por padre a Dios.

Oración:

Te suplicamos, Señor, que por la intercesión de tus Santos Mártires Vito, Modesto y Crescencia, concedas a todos los fieles un santo horror a la mundana sabiduría, y gracia para hacer cada día nuevos progresos en aquella santa humildad que tanto te agrada; a fin de que huyendo y menospreciando todo lo malo, se apliquen libre y generosamente a todo lo bueno. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 

domingo, 14 de junio de 2026

UT SALVETUR MUNDUS

Este artículo no trata simplemente de salvajes contra gente civilizada, sino de cómo el pecado original ha infectado a cada tribu, nación y familia.

Por el padre David Nix


Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por medio de él.—Juan 3:17.

Quizás el dogma más debatido dentro de la Iglesia Católica hoy en día sea la enseñanza de que “fuera de la Iglesia no hay salvación”. En latín, esto es Extra Ecclesiam Nulla Salus (EENS). Aunque no soy un gran defensor del nuevo Catecismo, incluso este tiene una sección completa titulada “fuera de la Iglesia no hay salvación”, en la que se defiende la antigua enseñanza (aunque con excesivos matices) a partir del CIC 845. Por supuesto, diecinueve siglos de enseñanza real de Extra Ecclesiam Nulla Salus fueron exponencialmente más fuertes.

Pero hoy, me doy cuenta de que los dos grupos de cristianos comprometidos que promueven o se oponen a Extra Ecclesiam Nulla Salus (EENS) tienen la misma idea distorsionada de su significado. Permítanme usar la analogía que he creado: Imaginen la Iglesia Católica como un transatlántico o crucero. Jesús recorre el balcón o la terraza del enorme crucero, revisando los boletos de todos para ver si son miembros de la Iglesia Católica. Si el pasajero tiene dicho boleto, está salvado. Si no, bueno, Cristo lo arroja al océano.

“Fuera de la Iglesia, no hay salvación”.

Pero esta analogía es engañosa porque no toma en cuenta la realidad del Pecado Original como el estado actual de la humanidad.

Así pues, aquí está mi verdadera analogía de EENS: La Iglesia Católica es, en efecto, un enorme transatlántico o crucero (igual que en la analogía original). Jesucristo sigue siendo el Capitán de Nuestra Fe, paseando por la cubierta (también exactamente igual que en la analogía anterior). Sin embargo, aquí radica la gran diferencia en mi segunda analogía, más precisa desde el punto de vista teológico: Toda persona comienza su vida en el océano del Pecado Original.

No solo nace todo pagano en ese horrible océano de oscuridad y peligro, sino que incluso todo bebé nacido de padres católicos nace en ese océano del Pecado Original. ¿Por qué? Porque ese bebé, incluso nacido de padres católicos, aún no ha sido bautizado. Por lo tanto, nace en el oscuro océano del pecado. El océano es el statu quo, no un castigo arbitrario por no pertenecer a un club extraño de personas con sombreros altos.

Sin embargo, tenemos un Salvador: Jesucristo camina desde el balcón de su Iglesia, lanzando salvavidas (los sacramentos) a toda persona que los acepte y se incorpore voluntariamente a la Iglesia Católica para su salvación. Claramente, esta segunda analogía defiende la bondad de Dios, quien desea que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:4). Al verlo de esta manera, se comprende que la EENS no se trata tanto de ser un miembro arbitrario de una cultura determinada, sino de aferrarse a la fe y los sacramentos antiguos. Esto es lo que Cristo ofreció para la salvación del diablo, quien manipula a todas las culturas.
 
A principios de este año 2026, Matt Walsh publicó un video de una hora titulado What Schools Don’t Teach You About American Indians (Lo que las escuelas no te enseñan sobre los nativos americanos). Al momento de escribir este artículo, contaba con 3.4 millones de visualizaciones. Lo vi y me pareció excelente. Walsh refuta la idea que todos aprendimos (incluso en la escuela primaria católica, como yo) de que los nativos americanos eran esos pacíficos “nobles salvajes” hasta que llegaron los blancos con sus capas infestadas de viruela. En cambio, si se examinan los documentos históricos verificables, nueve de cada diez tribus nativas americanas vivían en un constante estado de asesinato y violación. En todas las estaciones. En todo el país. Todo el día. Era una cultura de muerte pura antes de que los europeos llegaran con el Evangelio. Esto es un hecho, no mi opinión ni la de Walsh.

Esto tampoco es racismo. Si se observa la historia de Europa, quienes tenemos ascendencia caucásica también tuvimos una historia de canibalismo casi igual a la de otras tierras consideradas salvajes, como África. Así fue, al menos hasta la llegada de los Apóstoles en los primeros siglos posteriores a la Resurrección de Cristo. Luego, tras los primeros trescientos años de evangelización a cargo de los Apóstoles, los Padres de la Iglesia y los mártires, Italia y Turquía se convirtieron en el centro del reinado de Cristo Rey, quien extendió la civilización por toda Europa y, finalmente, por el resto del mundo.

Esto incluía a las Américas, como se aprecia en la imagen superior de la primera Misa celebrada en San Agustín, Florida, en 1565. Nótese en la pintura que, en la parte inferior derecha, aparecen nativos americanos arrodillados en su primera Misa (presumiblemente incluso antes del bautismo).

Antes de continuar, quiero dejar claro mi propósito. Este artículo no trata simplemente de salvajes contra gente civilizada, sino de cómo el pecado original ha infectado a cada tribu, nación y familia. No somos calvinistas que creen en la “depravación total” como para admitir que cada persona nace tras las líneas enemigas antes de que Cristo (el único Salvador del mundo) llegue a través de la Iglesia Católica para salvarla.

Una vez más, el statu quo para todo ser humano nacido desde Adán y Eva (excepto la Santísima Virgen María, San José y San Juan Bautista) es la separación de Dios. (San José y San Juan Bautista fueron justificados en el vientre materno, aunque de una manera distinta a la de la Inmaculada Concepción, pero ese es otro tema para otro día).

Aunque no la volveré a ver por el desnudo, esto se ve en Apocalypto de Mel Gibson: es una película entera sobre corazones arrancados en la Honduras del siglo XVI hasta que los españoles llegan para sembrar el Evangelio y el reinado de Cristo Rey a través de la Iglesia Católica en la escena final. Incluso los salvajes que huyen despavoridos al final saben que la verdadera esperanza ha llegado en ese momento gracias a los barcos europeos. Sí, el final es muy políticamente incorrecto. Pero es históricamente preciso.

Al crecer viendo la NFL (National Football League), noté que la pancarta más común en las gradas por televisión siempre era Juan 3:16, que dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Es uno de mis versículos favoritos de la Biblia. Pero incluso desde mi infancia, me ha gustado aún más el siguiente versículo: “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por medio de él” (Juan 3:17).

En latín, Juan 3:17 dice: “Non enim misit Deus Filium suum in mundum ut iudicet mundum, sed ut salvetur mundus per ipsum”. “Ut salvetur mundus” es el título de este artículo, basado en ese versículo, que significa “Para que el mundo sea salvo”.

Volvamos al texto original y analicémoslo un poco. Dice así: “Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por medio de él”. Nótese que la razón por la que Dios Padre envió a Dios Hijo a la tierra fue para salvar a la humanidad, porque la humanidad ya estaba bajo el dominio del diablo. Cada continente. Cada tribu.

Cada familia vivía en tinieblas antes de que María dijera “Sí” en la Anunciación, dando paso a la Encarnación del Verbo Eterno. Entonces el mundo sabrá: Jesucristo es el Salvador del mundo. En verdad, Jesucristo es el único Salvador del mundo.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por medio de él. Este versículo, como telón de fondo para los teólogos modernistas, revela la maldad de estos constantes debates sobre la “culpabilidad reducida” del “cristiano anónimo”. ¿Por qué? Porque el modernista que juega a juegos legalistas en torno al ecumenismo siempre recurre a fingir que el pagano puede salvarse siempre y cuando pueda demostrar ante Dios que tenía una “ignorancia invencible” o alguna otra docena de resquicios legales sofisticados.

Esos errores legalistas convierten a Dios en enemigo del hombre y a Satanás en un observador inocente.

Estos modernistas creen estar siendo misericordiosos. Pero veamos qué se esconde tras esto: si creemos que se necesita un canonista para convencer a Cristo de que debe permitir la entrada al Cielo a un musulmán caído, llamado, por ejemplo, Abdullah, debido a una “culpabilidad reducida”, entonces, irónicamente, Cristo es el enemigo de su salvación, y no su Salvador. (Lea este párrafo dos veces si no lo entiende. Esto nos resulta muy difícil de comprender porque todos hemos estado inmersos en el modernismo durante tantos años).

Verás, en la teología tradicional, Cristo no va a permitir la entrada al cielo a Abdullah simplemente basándose en un resquicio legal relacionado con la culpabilidad reducida. Jesucristo ya murió por él, y nosotros, los sacerdotes, debemos anunciarle esto. Si no lo hacemos, probablemente no se salvará. La salvación no es arbitraria ni caprichosa. Abdullah nació tras las líneas enemigas. Lo supiera o no, su vida con tres esposas y adorando a un dios falso y violento era una vida de oscuridad. Cristo no es el enemigo de Abdullah, que está muriendo. Cristo es la única esperanza de salvación para Abdullah.

Lo mismo ocurre con el niño judío nacido llamado Moishe, la niña hindú Saanvi o el Blackfoot llamado al nacer “Nacido con un Diente”. Para todos ellos, Jesús es el único camino al Padre, a la Visión Beatífica. (Y sí, creo en el Bautismo por Deseo, pero como lo enseñó Santo Tomás de Aquino, no como la basura del “Cristiano Anónimo” de Karl Rahner).

Jesucristo es el único que murió una muerte agonizante en la cruz por Abdullah. Mi labor como sacerdote católico es llevar la noticia de Cristo crucificado y las aguas salvadoras del bautismo al mayor número posible de musulmanes. No es mi objetivo lamentarme, tomar un café frente a una iglesia en Roma y elaborar teorías complejas sobre cómo Abdullah ya está salvado sin Cristo, sin el bautismo, sin la Iglesia Católica.

El clero católico que juega a la “culpabilidad reducida” es, irónicamente, el menos misericordioso de todos. ¿Por qué? Porque se consideran más misericordiosos que el propio Salvador. Estos modernistas están muy equivocados, pues no comprenden que Jesús no vino a la tierra para salvarnos de sí mismo. Más bien, Cristo vino para salvarnos de Satanás y de los canonistas: Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por medio de él.

¿Qué significa esto a nivel global? Significa que cuando el clero católico vuelva a rechazar la herejía del indiferentismo religioso (la teoría del ecumenismo, es decir, que las religiones falsas pueden llevarte al cielo), evangelizaremos con alegría y fervor al mundo entero, proclamando que Jesucristo es el único Salvador del mundo y que Él ha establecido una sola Iglesia (EENS). Significa que dejaremos de debatir quién ya está salvado mediante falsas (pero convincentes) lagunas legalistas y retomaremos el mensaje de la verdadera salvación en todos los continentes.

¿Qué significa esto para tu vida? Cuando comprendas que Jesús es tu Salvador mucho antes de ser tu Juez, entenderás que tu vida no se trata de cometer la mayor cantidad de pecados veniales placenteros antes de que se conviertan en pecado mortal. Entenderás que vivir para Cristo es el mayor regalo que Él podría darte, incluso antes de que (si Dios quiere) llegues al cielo. Vivir hoy para Cristo es el comienzo de la salvación, tu gozo eterno que debes compartir con todos los que encuentres.

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NOVENA AL SANTO NOMBRE

Rezar una vez al día durante 9 días


Oración:

Oh Jesús misericordioso, que comenzaste tu misión de Salvador derramando tu Preciosa Sangre y asumiendo por nosotros ese Nombre que está por encima de todos los nombres; te damos gracias por esas pruebas de tu amor infinito. 

Veneramos Tu sagrado Nombre, uniéndonos al profundo respeto del Ángel que lo anunció por primera vez en la tierra, y unimos nuestros afectos a los sentimientos de tierna devoción que el adorable nombre de Jesús ha encendido en todos los tiempos en los corazones de Tus santos.

Animados por una fe firme en tu palabra infalible, y penetrados por la confianza en tu misericordia, te recordamos ahora con la mayor humildad la promesa que has hecho, de que donde dos o tres se reunieran en tu Nombre, tú mismo estarías en medio de ellos. 

Ven, pues, en medio de nosotros, amabilísimo Jesús, pues es en tu sagrado Nombre donde estamos aquí reunidos; entra en nuestros corazones, para que seamos gobernados por tu Espíritu Santo; concédenos misericordiosamente, por ese adorable Nombre, que es la alegría del Cielo, el terror del Infierno, el consuelo de los afligidos y el firme fundamento de nuestra confianza ilimitada, todas las peticiones que te hacemos en esta novena.

¡Oh, bendita Madre de nuestro Redentor! Tú, que participaste tan profundamente en los sufrimientos de tu amado Hijo cuando derramó su Sangre Sagrada y tomó por nosotros el nombre de Jesús, obténnos, por medio de ese adorable nombre, los favores que te suplicamos en esta novena.

Ruega también para que el amor más ardiente imprima en nuestros corazones ese Nombre sagrado, para que esté siempre en nuestras mentes y con frecuencia en nuestros labios; para que sea nuestra defensa y nuestro refugio en las tentaciones y pruebas de la vida, y nuestro consuelo y apoyo en la hora de la muerte. Amén.
 

14 DE JUNIO: SAN BASILIO MAGNO, DOCTOR DE LA IGLESIA Y OBISPO


14 de Junio: San Basilio Magno, doctor de la Iglesia y Obispo

(✞ 369)

Toda la antigüedad ha dado a San Basilio el título de Magno, porque en él, todas las cosas fueron grandes: grande su ingenio, grande su elocuencia, grandes sus milagros.

Nació en Cesárea de Capadocia y fue hijo de San Basilio y de Santa Emilia, nieto de Santa Macrina, hermano de San Gregorio Niceno, de San Pedro de Sebaste y de Santa Macrina la joven.

Aprendió las letras humanas primero en Cesárea y después en Constantinopla y en Atenas, que era a la sazón madre de todas las ciencias; donde trabó muy estrecha y cordial amistad con Gregorio Nacianceno, porque eran los dos muy parecidos, no menos en el ingenio que en la virtud.

Allí alcanzó fama de varón sapientísimo en todo género de letras, y las enseñó con gran aplauso.

Convirtió a Eubulo, su maestro, y los dos fueron a Jerusalén a visitar los santos lugares, y a bautizarse en el Jordán.

Al tiempo que Máximo, obispo de Jerusalén, bautizaba a Basilio, bajó una llamarada de fuego del cielo y de ella salió una paloma que tocó con sus alas las aguas, y luego voló a lo alto, dejando llenos de admiración y temor a los que estaban presentes.

Ordenado como presbítero en Cesárea, se retiró 
a un desierto del Ponto para no ser obligado a aceptar la dignidad de Obispo y así vivió algunos años en compañía de San Gregorio Nacianceno, con un género de vida tan admirable que más parecían ángeles que hombres.

Más como en tiempo del emperador Valente, arriano, la herejía como furioso incendio abrasase todo el Oriente, y en Cesárea hiciese grandes estragos, salió el santo de su yermo para oponerse a los herejes.

En esta sazón murió el Obispo de Cesárea; y todo el clero y pueblo aclamó como su pastor a San Basilio.

En una hambruna cruelísima que sucedió, vendió el santo todas sus posesiones, y predicó la limosna en los templos, plazas, calles, y casas de los ricos, con lo que alivió aquella extremada necesidad.

Edificó para los pobres un hospital tan insigne y suntuoso, que se podía contar entre las maravillas del mundo, como escribe el Nacianceno.

Habiendo rogado a Dios que detuviese al emperador Juliano, el apóstata, que intentaba matarle y destruir toda la Iglesia de Cristo, fue aquel impío tirano muerto en la guerra de Persia, y queriendo el emperador Valente desterrar al Santo, en el momento que se dispuso a firmar el decreto, la silla en que estaba sentado se quebró, la pluma no le dio tinta, aunque la mudó tres veces, y el brazo comenzó a temblarle como si estuviera tocado de perlesía. Entonces se rindió y rompió el decreto. 

La penitencia de San Basilio era más admirable que imitable, y estaba tan flaco que no parecía tener más que piel y huesos.

Finalmente después de haber gobernado santísimamente su iglesia durante ocho años y obrado estupendos milagros y escrito admirables libros, murió a los cincuenta y un años de edad.

Reflexión:

Las alabanzas que dan a San Basilio los santos Doctores Gregorio Nacianceno, Gregorio Niceno, Efrén y otros, son tantas y con tan gran encarecimiento, que ellas solas bastan para entender la estimación y veneración con que hemos de orarle e imitarle. Sigamos pues los ejemplos y doctrinas de este gran Doctor de la Iglesia tan lleno del Espíritu de Dios, y andaremos seguros por el camino de nuestra eterna salud, sabiendo de cierto que agradamos a Nuestro Señor, el cual para nuestra enseñanza le hizo tan sabio y tan santo.

Oración:

Te suplicamos, Señor, que oigas las oraciones que te ofrecemos en la solemne fiesta de tu bienaventurado siervo y confesor Basilio, librándonos de nuestros pecados por la intercesión y méritos del que te sirvió con tanta fidelidad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
 

sábado, 13 de junio de 2026

MEMORIA DEL SABIO E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

¿Por qué hablamos del Sabio Corazón de María?

Por el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira


Puedes observar que añadimos el adjetivo “sabio” a la expresión Inmaculado Corazón de María: Es el Sabio e Inmaculado Corazón de María. ¿Cuál es el motivo de esta adición? ¿Por qué hablamos del Sabio Corazón de María?
Se ha hablado tanto del Inmaculado Corazón de María que solo diré unas breves palabras.

Nuestra Señora, como saben, fue concebida sin pecado original, y su Corazón —símbolo de su alma, su santidad, los pensamientos de su mente— es Inmaculado porque ella es Inmaculada. Todo lo que proviene de una persona inmaculada está libre de mancha. Cuando decimos que su Corazón es Inmaculado, señalamos la abismal diferencia entre ella y nosotros. Nosotros fuimos concebidos con pecado original y, por esta razón, por mucho que avancemos en la vida espiritual, siempre tendremos malos impulsos. Incluso si pudiéramos combatirlos y vencerlos, siempre estarían presentes.

Con Nuestra Señora esto no sucedió. En ella ningún impulso era malo; todos sus impulsos se ajustaban a la razón y todos los movimientos de su razón eran inspirados por la gracia. Así, en ella todo era armónico, perfecto y orientado hacia el bien. Cuando hablamos del Inmaculado Corazón de María, queremos expresar este hecho: Ella poseía tal pureza que no tenía la menor inclinación hacia el mal en cuanto a la castidad ni a ninguna otra virtud.

La virtud de la sabiduría

¿Qué es la sabiduría del Corazón de María? Evidentemente, un Corazón Sabio está lleno de sabiduría. ¿Qué significa decir que el Inmaculado Corazón de María es un Corazón Sabio?

La virtud de la sabiduría nos permite ver las cosas desde sus aspectos más elevados y, por ello, nos hace ver en ellas una maravillosa unidad. Dado que el mundo está organizado en forma de pirámide, cuanto más analizamos el universo desde sus aspectos elevados, más se unen nuestras consideraciones hasta alcanzar un punto último, que es el Ser Absoluto.

Este punto último es una reflexión sobre Dios, el Ser infinito, perfecto y eterno, que nunca puede tener fin ni sufrir alteración alguna, que es perfecto en sí mismo y no necesita de nada más; y que es el Creador, Modelo y Fin de todo.

La consideración de las cosas desde su aspecto divino, es decir, cómo representan y sirven a Dios, es una consideración que lleva a la mente a una admirable unidad y a una extraordinaria coherencia sin contradicción, laceración ni vacilación. En cambio, el alma avanza con certeza, fe, convicción y firmeza que emanan de los primeros principios elevados y abarcan incluso las cosas más insignificantes.

Esta es la fisonomía moral del hombre verdaderamente católico: es coherente en todo lo que hace porque todo en él es resultado de los pensamientos más elevados, es decir, un pensamiento anclado en Dios Nuestro Señor.

La sabiduría como virtud de la inteligencia es esta. Y como virtud de la voluntad, es la firme disposición a seguir la inteligencia en lo que conoce y nos muestra. Por lo tanto, es cumplir con firmeza e inquebrantablemente con nuestro deber.

Así, un alma sabia se forma mediante un entendimiento regio, límpido, lúcido y coherente porque se fundamenta en la convicción de la existencia de Dios y está llena de lo sobrenatural; A esto se le añade una voluntad fuerte, firme e inquebrantable, constantemente orientada hacia su Fin y la jerarquía coronada por este Fin. Esto es lo que es un hombre sabio.

La sabiduría del Corazón de María

Esta virtud de la sabiduría contiene todas las virtudes; es la virtud que corresponde al Primer Mandamiento. Cuando el Decálogo nos dice: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu entendimiento, etc.”, este Mandamiento nos instruye a ser sabios. Nuestra Señora siguió este Mandamiento a la perfección.

Su Corazón, es decir, su alma, su mente, estaba regiamente elevado, serio, grandioso y profundo porque era sabia. Ella fue el Vaso de la Elección sobre quien descendió el Espíritu Santo para hacer con ella un matrimonio casto y engendrar a Nuestro Señor.

Una de las pocas referencias en el Evangelio a Nuestra Señora es el Magníficat, que es una verdadera maravilla de sabiduría.

Magníficat: Ejemplo de una oración contrarrevolucionaria

Quisiera mostrar la sabiduría que encierra esa primera palabra: Magnificat. Magnificat significa exaltar, magnificar, engrandecer. Magnificat anima mea Dominum significa “Proclama mi alma la grandeza del Señor” o, dicho de otro modo: “Mi alma se extasía con la grandeza de mi Señor, lo adora en su perfecta e insondable grandeza y le ofrece una adición extrínseca a esta grandeza cantando sobre ella”.

Como puedes ver, la palabra con la que inicia su cántico es una alabanza a la grandeza, a la magnificencia; es un cántico de las almas más nobles que se eleva para contemplar a Dios en sus aspectos más elevados. Luego, en un maravilloso contraste, vuelve a considerar su propia insignificancia.

“Porque ha mirado la humillación de su esclava, desde ahora me felicitarán todas las generaciones”. Se aprecia la belleza de su postura. Con sabiduría, comprendió toda la grandeza de Dios y se deleitó con ella.

Por otro lado, consideró su propia pequeñez y dijo: “Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava”. ¡Es un poema contrarrevolucionario! Es la esclava quien se alegra de su pequeñez y de ver cómo Dios es superior a ella, infinitamente superior. Desde la profundidad de su nada, glorifica a Dios.

Aquí vemos a la pequeña que reconoce su pequeñez y se deleita con ella. No se rebela, no se indigna. En cambio, se coloca en último lugar. Nada es inferior a un esclavo; un esclavo no tiene derechos; está por debajo de la condición normal de los hombres.

Pues bien, aquí Nuestra Señora se proclama esclava del Señor nuestro Dios. Ella es la precursora de todos los esclavos que tendría a lo largo de los siglos. Ella se regocijaba en su pequeñez y en la grandeza de Dios; y en su grandeza, Él amaba su pequeñez.

Como ven, esto es lo opuesto al espíritu de la Revolución Francesa, al comunismo. Es tan opuesto que resulta casi irreverente compararlos. Ella es verdaderamente humilde, ama la pequeñez de su lugar, pero adora la grandeza de Dios. Así se eleva con esa grandeza divina, aun sin ser dueña de ella. Al contrario, proclama que la grandeza la posee a ella.

En el Memorial del Inmaculado Corazón, debemos pedirle a Nuestra Señora que nos haga tan puros como ella y tan sabios como ella. Debemos pedirle que nos ayude a amar nuestra pequeñez y a tomar en serio —hasta sus últimas consecuencias— nuestra condición de siervos suyos.

Por otro lado, debemos tener presente su grandeza y todas las grandezas que no nos pertenecen, para que ella se vuelva hacia nosotros y nos encante con esa relación amorosa que existe entre la grandeza de quien considera la pequeñez de otro.

Esta es una meditación para la Memoria del Sabio e Inmaculado Corazón de María.
 

SAN ANTONINO OP: “UN PAPA SORPRENDIDO EN HEREJÍA NO ES PAPA, PORQUE ES DEPUESTO IPSO FACTO”

El santo obispo de Florencia expresó la misma conclusión que San Roberto Belarmino: que un Papa que cae en la herejía se aparta de la Iglesia y del oficio del papado.

Por WM Review

 
San Antonino nació en 1389 y murió en 1459. Ingresó en la Orden Dominicana a los dieciséis años y realizó su noviciado con Fra Angelico. Durante el Gran Cisma de Occidente, apoyó al pretendiente romano (Gregorio XII), considerado comúnmente como el verdadero Papa. Participó como teólogo en el Concilio de Florencia y, posteriormente, el Papa Eugenio IV lo obligó a aceptar la consagración episcopal y la sede de Florencia. La Enciclopedia Católica afirma que el Papa Eugenio IV llamó a San Antonino para que lo asistiera en su lecho de muerte. Fue consultado por Papas posteriores sobre otros asuntos importantes y fue canonizado por Adriano IV en 1523.

Dom Prosper Guéranger nos cuenta lo siguiente sobre el santo:

“El cielo bendijo a esa ilustre ciudad con prosperidad terrenal gracias a su santo arzobispo. Cosme de Médici solía decir que Florencia debía más a Antonino que a ningún otro hombre. El santo prelado también era célebre por su gran erudición. Defendió el Papado contra las calumnias de ciertos obispos sediciosos en el Concilio de Basilea y, en el Concilio General de Florencia, afirmó elocuentemente la verdad de la fe católica, atacada por los instigadores del cisma griego. ¡Cuán hermosa es nuestra santa Madre la Iglesia, que engendra hijos como Antonino y los prepara para defender la verdad y resistir la falsedad!”

Su obra principal fue la Summa Theologica Moralis, que trataba sobre teología moral y fue un texto importante en los siglos XV y XVI, y es difícil encontrar copias de la misma en escritura moderna, sin las abreviaturas y marcas inusuales comunes en los textos escolásticos de esa época.

San Antonino enseña que “si un Papa es hallado apartándose de la fe, o sorprendido cayendo en herejía –lo que indica un acto externo, en lugar de un pecado meramente interno– es  ipso facto depuesto”.

Como es lógico, también explica por qué sucede esto.

Resistencia

Tras abordar el problema del “papa herético”, San Antonino se centra en la cuestión del “papa malvado”, al que distingue del anterior. Explica por qué deben diferenciarse estos dos casos y especifica el tipo de maldad al que se refiere.

A continuación del texto, reproducimos también un breve extracto de San Antonino sobre un tema relacionado, citado por Don Francesco Ricossa del IMBC y traducido al inglés por los seminaristas del Seminario de la Santísima Trinidad. Si bien el extracto trata sobre la situación tras la muerte de un Papa, tiene implicaciones evidentes para un Papa que pierde el cargo por herejía, cisma, apostasía, locura permanente o renuncia, o para cuando un hombre elegido no acepta el cargo.

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Si el Papa puede ser depuesto por algún delito

San Antonino de Florencia

De Summae Sacrae Theolgiae, Iuris Pontificii, et Caesarei , Pars Tertia.

Titulus Vigesimussecundus – De Statu Summorum Pontificem

Cap. V, De Maxima Potestate Papæ, págs. 393-4

Venetiis, Apud Bernardum Iuntam et Socios, MDLXXI. Disponible en latín en Google Books. (Transcripción en latín disponible aquí)

§3: ¿Puede deponer al Papa?

Se plantea la cuestión de si el papa puede ser depuesto por cualquier delito notorio.

Parece que sí se puede. Porque se dice, Distinción 40:

“Si el papa cayera en tales faltas, ningún mortal podría atreverse a reprenderlo, puesto que quien ha de juzgar a todos los hombres no debe ser juzgado por nadie, a menos que se encuentre desviado de la fe”.

Por lo tanto, parece que podría ser depuesto, al menos por herejía.

En efecto, la glosa del mencionado capítulo dice que por cualquier otro delito notorio, como adulterio, simonía y similares, si era incorregible y escandalizaba a la Iglesia, podía ser depuesto.

Por el contrario , dice Anacleto, Distinción 79:

“El Señor se reservó para sí la elección de los sumos pontífices, aunque concedió su elección a buenos sacerdotes y pueblos espirituales”.

Y en el capítulo 9, pregunta 3, se dice:

“Nadie juzgará a la Primera Sede”.

Porque ni por el emperador, ni por todo el clero, ni por los reyes, ni por el pueblo, será juzgado el juez, es decir, el papa. Sobre lo cual la glosa dice que un concilio no puede juzgar al papa, como en Extra, De electione, capítulo (3) Significasti; y esto es así a menos que se someta al juicio de ciertas personas, como en Causa 2, Cuestión 7, Nos.

Asimismo, el Papa Símaco dice en IX, q.3:

“Dios quiso que las causas de los demás hombres fueran resueltas por hombres, pero sin duda ha reservado al presidente de esta sede a su propio juicio; quiso que los sucesores del bienaventurado Pedro debieran su inocencia únicamente al Cielo, y que su conciencia estuviera bajo el escrutinio del examinador más sutil”.

Cabe señalar, según Agustín de Ancona, en el pasaje citado anteriormente, que el papa no debe ser depuesto por ningún delito, por muy notorio que sea, pues tal deposición o acusación perjudicaría a toda la Iglesia. Si se escucharan acusaciones contra él, la Iglesia quedaría sin cabeza.

Y así es, salvo por el pecado de herejía; aunque incluso en este caso, si estuviera dispuesto a corregirse y enmendarse, no debería ser depuesto, como señala Hugo en la distinción número veintiuno. Por lo tanto, los obispos reunidos en concilio no depusieron a Marcelino, quien había confesado herejía e idolatría, porque estaba dispuesto a ser corregido y a revocar su sentencia, lo cual, en efecto, hizo.

¿Por qué un papa hereje pierde su cargo ipso facto?

Pero por herejía misma es apropiadamente depuesto ipso facto, porque el papa es elegido como cabeza de toda la Iglesia, según lo que dice Efesios 1:

“A sí mismo, Cristo, lo dio como cabeza sobre toda la Iglesia, que es su cuerpo”.

Ahora bien, el papa representa a la persona de Cristo. Por eso, a Cristo también se le llamó Pedro Cefas, es decir, cabeza; y la función de la cabeza es infundir vida a todos los miembros. Pero el principio de la vida espiritual es la fe, pues, como dice el apóstol, “sin fe es imposible agradar a Dios”.

Por lo tanto, si se descubre que el papa se ha desviado de la fe, él mismo está muerto a la vida espiritual y, en consecuencia, no puede infundir vida a los demás. Así como un hombre muerto no es un hombre, un papa sorprendido en herejía no es papa, porque queda depuesto automáticamente.

Lo mismo afirma Pedro Paludano, en el pasaje citado anteriormente, a saber, que el papa, mientras ostente el cargo, no puede ser depuesto por ningún delito, ni por un concilio, ni por toda la Iglesia, ni por el mundo entero. Esto no se debe únicamente a su supremacía, donde no existe nadie superior que pueda juzgarlo, sino también a que la autoridad divina se ha reservado el juicio del prelado romano mientras ostente el cargo, como se indica en la Causa 9, Cuestión 3, Aliorum.

Pero cuando cae en la herejía, por ese mismo hecho queda excluido de la Iglesia y deja de ser cabeza; entonces es depuesto de facto, no de iure, porque “quien no cree ya ha sido juzgado” (de iure); pero esto ocurre antes de cualquier juicio, puesto que por el mero hecho de ser hereje, queda excluido de la Iglesia. Ahora bien, la cabeza separada del cuerpo no puede, mientras permanezca separada, ser la cabeza del cuerpo del que ha sido separada. Por lo tanto, el papa, por este mismo hecho, deja de ser la cabeza del cuerpo de la Iglesia. Y así, un hereje no puede ser, ni seguir siendo, papa, porque las llaves de la Iglesia no pueden poseerse fuera de ella. Pero por otros pecados, el papa es una cabeza enferma, que por ello no deja de ser cabeza, ni puede, por consiguiente, ser juzgado por los miembros.

Una objeción: extender esta conclusión a un papa malvado

Pedro afirma además que la glosa del capítulo “Si papa”, citada anteriormente, que dice que por cualquier otro delito notorio, si el papa es incorregible, puede ser depuesto y juzgado, es falsa. Y da la razón de ello: la glosa dice que, puesto que el papa es incorregible, se dice que es herético por contumacia; y puesto que es contumacioso, por consiguiente es un incrédulo y un hereje.

Pero, según Pedro, cuando se habla de herejía contumaz, se entiende en sentido amplio, del mismo modo que a veces se llama herejía a la simonía por cierta semejanza. En cambio, cuando se dice que el papa puede ser depuesto o es depuesto por herejía, se entiende en su sentido estricto y propio, es decir, por un error firme en materia de fe. Por lo tanto, no puede ser depuesto por ningún otro pecado, por muy incorregible que sea.

Lo mismo opina Agustín de Ancona sobre esa glosa. Añade, sin embargo, que dicha glosa puede conservarse: cuando se dice que un hombre puede ser depuesto por la incorregibilidad de algún vicio, debe entenderse que se refiere a cuando es tan incorregible que el pecado que comete, aun siendo mortal, lo cree y afirma que no es pecado. Pues entonces sí sería verdadera y propiamente un hereje, y por lo tanto puede ser depuesto, pero no simplemente porque no cese en el acto de pecar.

Cómo responder a un Papa malvado

¿Qué se debe hacer entonces cuando el papa es tan malvado que con su conducta destruye la Iglesia de Dios? Pedro Paludano dice que hay un remedio doble.

La primera es siguiendo el ejemplo de Pablo, quien se enfrentó a Pedro cara a cara en Antioquía, porque estaba desviando a los gentiles, inclinándolos, por así decirlo, hacia el judaísmo, mediante una condescendencia excesiva hacia los judíos conversos, para no escandalizarlos, como se encuentra en Gálatas 2 y en 2, q. 7. Así, según Pablo, al papa no se le debe obedecer en asuntos malvados, sino resistirlo con una reprensión honesta.

Por lo tanto, si el papa deseara entregar todo el tesoro de la Iglesia a sus parientes, o destruir la Iglesia de San Pedro, o dar a sus parientes el patrimonio de Pedro, o hacer cualquier cosa de este tipo que no sea lícita, no debería permitírsele, sino que se le debería resistir, aunque sin recurrir a la deposición.

El segundo remedio sigue el ejemplo del beato Hilario, quien prevaleció contra el Papa León mediante la oración. Este León era, creo, el mismo que con otro nombre se llama Papa Liberio, quien favoreció a los herejes arrianos. Por lo tanto, por un papa tan incorregible, toda la Iglesia debería orar para que Dios lo corrija o lo quite del mundo. Dios jamás despreciaría tanto a su Iglesia como para no escucharla. Y debería convocarse un concilio contra él, si él mismo no quisiera convocarlo, para que mediante él fuera amonestado, o para que se implorara a Dios que aplicara un remedio resistiendo los males que deseaba cometer, para que la Iglesia no corriera peligro. Otro ejemplo de este remedio se encuentra en el caso del Papa Anastasio, quien, favoreciendo a los herejes, fue castigado por la justicia divina, como se lee en la Causa 19, Anastasio.

Asimismo, cabe señalar, según Agustín de Ancona, que si bien el papa es papa y un concilio general no puede ser convocado excepto por su autoridad (como queda claro en la distinción 17 a lo largo de todo el texto), no obstante, dado que un papa a causa del delito de herejía no es papa, en tal caso su autoridad no es necesaria; la autoridad del colegio cardenalicio y de otros obispos y doctores sería suficiente.

También dice que si es notorio que un papa ha muerto en herejía, y durante su vida en la Iglesia enseñó o fomentó una doctrina perversa, y no se enmendó, incluso después de su muerte puede ser acusado y condenado, como se argumenta en la Causa 24, Cuestión 3, capítulo Si vera.

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El poder del Papa durante un interregno

San Antonino de Florencia

Traducido al inglés por seminaristas del Seminario de la Santísima Trinidad (uso legítimo)

De Summae Sacrae Theolgiae, Iuris Pontificii, et Caesarei, Pars Tertia.

Titulus Vigesimussecundus – De Statu Summorum Pontificem

Cap. V, De Maxima Potestate Papæ, págs. 376-7.

Venetiis, Apud Bernardum Iuntam et Socios, MDLXXI. 

§ 3. ¿El poder del Papa permanece en el Colegio Cardenalicio después de la muerte del Papa?

Agustín de Ancona responde en la tercera pregunta del libro citado: Tras su muerte, el poder del Papa permanece en el Colegio Cardenalicio de dos maneras. Primero, con respecto a la raíz, pues el Colegio se compara con el Papa como la raíz con el árbol o la rama. Pero así como el poder del árbol o la rama, por el cual florece y da fruto, permanece en la raíz incluso después de que el árbol o la rama misma hayan sido destruidos, así también el poder papal permanece en la Iglesia o el Colegio tras la muerte del Papa. Permanece en el Colegio como en la raíz próxima y en la iglesia de los prelados y demás fieles como en la raíz remota. Segundo, dicho poder permanece en la Iglesia y en el Colegio con respecto a lo que es material en el papado, puesto que tras la muerte del Papa el Colegio puede, mediante la elección, determinar a una persona para el papado, que sea tal o cual. Por lo tanto, así como la raíz produce el árbol a través del cual produce las flores y el fruto, así también el Colegio hace un Papa que tiene jurisdicción y administración en la Iglesia. Por lo tanto, si por papado entendemos la elección y determinación de la persona (que es lo esencial del papado, como ya se ha dicho), entonces ese poder permanece en el Colegio tras la muerte del Papa. Pero si por poder papal entendemos su autoridad y jurisdicción (que es lo formal), entonces ese poder nunca muere, porque siempre reside en Cristo, quien, resucitado de entre los muertos, ya no muere.

Por lo tanto, San Agustín, al comentar las palabras “toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra... y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt. 28), dice que los Apóstoles, a quienes Cristo habló, no iban a permanecer hasta el fin del mundo, sino que Él les habló en la persona de todos los que les sucederían, como a un solo cuerpo de la Iglesia. Sin embargo, si por el nombre de poder papal entendemos la administración real, que es lo material y formal del papado, entonces es cierto que esta administración real muere con la muerte del Papa, puesto que la administración real del poder papal no permanece en el Colegio después de la muerte del Papa (excepto en la medida en que les fue confiada por decreto del predecesor), ni permanece, de esta manera, en Cristo, porque, según el derecho común, Cristo no ha ejercido tal poder, después de su resurrección, excepto a través de la mediación del Papa; Porque aunque Él mismo es la puerta, no obstante ha constituido a Pedro y a sus sucesores como sus porteros, por cuya mediación se abre y se cierra la puerta de acceso a Él.

Por lo tanto, el poder de la Iglesia en cuanto a jurisdicción (que es, por así decirlo, lo formal en el papado) no muere con la muerte del Papa, sino que persiste en Cristo. Tampoco muere en cuanto a la elección y determinación de la persona (que es como el elemento material), sino que persiste en el Colegio Cardenalicio; muere, sin embargo, en cuanto a su administración y jurisdicción efectivas, porque después de la muerte del Papa, la Iglesia queda vacante y privada de la administración de tal poder. Esta conclusión no se ve obstaculizada por decir que el sacerdocio de Cristo perdurará para siempre, al igual que Cristo, y que por lo tanto, después de la muerte del Papa, su poder permanece, porque esto es cierto en cuanto a lo formal en el sacerdocio. Pues así como todos los sacerdotes, en cuanto al poder de consagración, son un solo sacerdote, Cristo, en cuanto que todos consagran en la persona de Cristo; así también todos los Papas son un solo Papa, Cristo, porque todos los Papas reciben jurisdicción y el poder de gobernar directamente de Dios; y sin embargo, la administración efectiva de dicho poder muere con la muerte de este o aquel Papa.
 

PREPARACIÓN PARA LA MUERTE

Sobre la brevedad de la vida

Por San Alfonso María de Ligorio


“Vosotros que no sabéis qué será de vuestra vida el día de mañana... ¡Sois vapor que aparece un momento y después desaparece!” (Santiago 4: 15)

Primer punto: La muerte llega pronto

¿Qué es tu vida? Es como una neblina que se disipa con el viento y desaparece. Todos saben que han de morir; pero muchos se engañan al imaginar la muerte tan lejana como si nunca fuera a llegar. Pero Job nos dice que la vida del hombre es corta:

“El hombre nacido de mujer, corto de vida… Como la flor, brota y se marchita (Job 14, 1,2)

Esta verdad le mandó el Señor a Isaías que predicara al pueblo:

“¡Grita! - Toda carne es hierba y todo su esplendor como flor del campo... La flor se marchita, se seca la hierba... La hierba se seca, la flor se marchita” (Isaías 40, 6-8)

La vida del hombre es como la vida de una brizna de hierba; Llega la muerte, la hierba se seca: he aquí, la vida termina, y la flor de toda grandeza y de todos los bienes mundanos se marchita.

Dice Job: “Recuerda que mi vida es un soplo” (Job 7: 7) 

La muerte corre a nuestro encuentro más veloz que un rayo, y nosotros, a cada instante, corremos hacia ella. Cada paso, cada aliento nos acerca a nuestro fin.

“Lo que escribo -dice Jerónimo- es mucho de la vida”. “Mientras escribo, me acerco a la muerte”.

“Todos hemos de morir; como el agua que se derrama en tierra no se vuelva a recoger (2 Samuel 14: 14)

¡Mira cómo el arroyo corre hacia el mar, y las aguas que pasan nunca regresan! Así, hermano mío, pasan tus días y te acercas a la muerte. Pasan los placeres, las diversiones, las pompas, las alabanzas y las aclamaciones; ¿Y qué queda?

“Mis días se apagan sólo me queda el cementerio (Job 17: 1)

Seremos arrojados a una tumba y allí permaneceremos pudriéndonos, despojados de todas las cosas. En la hora de la muerte, el recuerdo de los deleites disfrutados y de todos los honores adquiridos en esta vida, sólo servirá para aumentar nuestro dolor y nuestra desconfianza de obtener la salvación eterna. Entonces el miserable mundano dirá: “Mi casa, mis jardines, mis muebles elegantes, mis cuadros, mis vestidos, dentro de poco tiempo ya no serán míos, y sólo me quedará la tumba”.

¡Ah! En esa hora todos los bienes terrenales son vistos sólo con dolor por aquellos que se han apegado a ellos. Y este dolor sólo servirá para aumentar el peligro de su salvación eterna; porque vemos por experiencia que las personas apegadas al mundo desean al morir hablar sólo de su enfermedad, de los médicos que serán llamados para atenderlas y de los remedios que pueden restaurar su salud. Cuando alguien habla del estado del alma, pronto se cansa y ruega que se le permita descansar. Se quejan de dolor de cabeza y dicen que les duele oír hablar a alguien. Y si a veces responden, se confunden y no saben qué decir. Sucede frecuentemente que el confesor les da la absolución, no porque sepa que están dispuestos para el sacramento, sino porque es peligroso diferirlo. Así es la muerte de aquellos que piensan poco en la muerte.

Segundo punto: La vela encendida al morir

El rey Ezequías dijo entre lágrimas: “Mi morada es arrancada, se me arrebata como tienda de pastor. Enrollo como tejedor mi vida, del hilo del tejido me cortaste. De la noche a la mañana acabas conmigo” (Isaías 38: 12). 

¡Cuántos han sido alcanzados y arrebatados por la muerte mientras ejecutaban y organizaban proyectos mundanos ideados con tanto esfuerzo! A la luz de la última vela, todo en este mundo —aplausos, diversiones, pompas y grandeza— se desvanece. ¡Gran secreto de la muerte! Nos hace ver lo que los amantes de este mundo no ven. Las fortunas más principescas, las dignidades más elevadas y los triunfos más magníficos pierden todo su esplendor al contemplarlos desde el lecho de muerte. Las ideas que nos hemos formado de una falsa felicidad se transforman entonces en indignación contra nuestra propia necedad. La sombra negra y sombría de la muerte cubre y oscurece toda dignidad, incluso la de reyes y príncipes. 

En la actualidad, nuestras pasiones hacen que los bienes de este mundo parezcan diferentes de lo que son en realidad. La muerte desvela la verdad y revela lo que realmente es: humo, suciedad, vanidad y miseria. 

¡Oh, Dios! ¿De qué sirven las riquezas, las posesiones o los reinos al morir, cuando solo queda un ataúd de madera y una simple vestidura apenas suficiente para cubrir el cuerpo? ¿De qué sirven los honores, cuando todo culmina en una procesión fúnebre y pomposas exequias, que serán inútiles para el alma en el infierno? ¿De qué sirve la belleza, cuando después de la muerte solo quedan gusanos, hedor y horror, y al final un poco de polvo fétido?

“El me ha puesto -dice Job- como refrán de los pueblos” (Job 17,6)

El rico, el capitán, el ministro de Estado, muere: su muerte es el tema de conversación general; pero si ha llevado una vida disoluta, se convertirá en “un escarnio del pueblo y un ejemplo para ellos”. Como muestra de la vanidad del mundo, e incluso de la justicia divina, servirá de advertencia para los demás. Tras el entierro, su cuerpo se mezclará con los de los pobres.

“Chicos y grandes son allí lo mismo(Job 3, 19).

¿Qué provecho obtuvo de la hermosa estructura de su cuerpo, que ahora no es más que un montón de gusanos? ¿De qué sirven el poder y la autoridad que ejerció, cuando su cuerpo ahora se pudre en una tumba y su alma, quizás, ha sido enviada a arder en el infierno? ¡Oh, qué desgracia! ¡Ser motivo de tales reflexiones para los demás, y no aprovecharlas para su propio beneficio! 

Convenzámonos, pues, de que el momento adecuado para reparar los desórdenes del alma no es la hora de la muerte, sino la hora de la salud. Apresurémonos a hacer ahora lo que no podremos hacer entonces. “El tiempo apremia”. Todo pasa pronto y llega a su fin; por lo tanto, esforcémonos por emplear todo lo que tenemos para alcanzar la vida eterna.

Tercer punto: la importancia del último momento

¡Qué grande, pues, la insensatez de quienes, por los miserables y transitorios placeres de esta corta vida, se exponen al peligro de una eternidad infeliz! ¡Oh! ¡Qué importante es ese último momento, ese último suspiro, el cierre definitivo de la escena! De él depende una eternidad de deleites o de tormentos; una vida de felicidad eterna o de sufrimiento perpetuo.

Consideremos que Jesucristo se sometió a una muerte cruel e ignominiosa para obtenernos la gracia de una buena muerte. Que podamos morir en la gracia de Dios en ese último instante es la razón por la que Él nos llama tantas veces, nos ilumina tantas veces y nos advierte con tantas amenazas.

Antístenes, siendo pagano, al preguntársele cuál era la mayor bendición que el hombre podía recibir en este mundo, respondió: “Una buena muerte”.

¿Y qué dirá un católico, que sabe por la fe que en el momento de la muerte comienza la eternidad, y que en ese instante toma una de dos ruedas que arrastran consigo la alegría eterna o los tormentos eternos? 

Si en una lotería hubiera dos boletos, uno con la palabra “Infierno” y el otro “Paraíso”, ¡cuánto cuidado tendrías en sacar el que te da derecho al Paraíso y evitar el otro, con el que ganarías un lugar en el Infierno! ¡Oh, Dios! ¡Cómo tiemblan las manos de aquellos desdichados condenados a lanzar los dados de los que depende su vida o su muerte! ¡Qué grande será vuestro terror al acercarse esa última hora, cuando digáis: “De este instante depende mi vida o mi muerte para siempre; de ​​esto depende mi felicidad eterna o mi desesperación eterna”!

San Bernardino de Siena relata que, al morir, cierto príncipe exclamó con temblor y angustia:

“¡Mirad! Tengo tantos reinos y palacios en este mundo; pero si muero esta noche, no sé qué lugar me corresponderá”.

Hermano, si crees que debes morir, que existe la eternidad, que solo puedes morir una vez y que si entonces te equivocas, tu error será irreparable para siempre, ¿por qué no decides comenzar ahora mismo a hacer todo lo que esté a tu alcance para asegurar una buena muerte?

San Andrés Avellino dijo temblando:

“¿Quién sabe cuál será mi suerte en la otra vida? ¿Seré salvado o condenado?”

La idea de la incertidumbre de ser condenado o salvado llenó a San Luis Bertrán de tal terror que no pudo dormir por la noche, a causa de este pensamiento que le sugería: “¿Quién sabe si te perderás?” ¿Y tú, que has cometido tantos pecados, no temblarás?

¡Oh! Apresúrate a aplicar un remedio a tiempo. Decide entregarte sinceramente a Dios y comienza desde ahora una vida que, a la hora de la muerte, sea para ti fuente no de aflicción, sino de consuelo. Dedícate a la oración, frecuenta los sacramentos, evita toda ocasión peligrosa y, si es necesario, abandona el mundo, asegúrate la salvación eterna y convéncete de que para asegurar la vida eterna ninguna precaución es demasiado grande.