domingo, 20 de septiembre de 2026

LAS HORAS DE LA PASION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO (12)

Continuamos con la publicación del capítulo 12 del libro “Las horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo” escrito por la mística Luisa Piccarreta (1865 - 1947) entre los años 1913 y 1914.


Para conocer la historia de Luisa Piccarreta ingrese aquí.


Duodécima Hora: De las 4 a las 5 de la mañana 

Jesús entre los soldados

Vida mía, dulcísimo Jesús, mientras duermo abrazado a tu Corazón, siento frecuentemente las punzadas de las espinas que hieren tu Sacratísimo Corazón; y queriéndome despertar, para que haya al menos uno que se dé cuenta de todas tus penas y que te compadezca, me estrecho aún más fuertemente a tu Corazón, y sintiendo más a lo vivo tus punzadas, me despierto; pero, ¿qué veo?, ¿qué siento? Quisiera esconderte dentro de mi corazón para ponerme yo en tu lugar y recibir sobre mí penas tan dolorosas, insultos y humillaciones tan increíbles. ¡Sólo tu amor podía soportar tantos ultrajes! Pacientísimo Jesús mío, ¿qué podías esperar de gente tan inhumana?

Se divierten contigo y te cubren el rostro de salivazos. La luz de tus bellísimos ojos queda eclipsada por los salivazos, y llorando a cataratas por nuestra salvación, se te limpian los ojos de aquellos salivazos; pero aquellos malvados, no soportando su corazón el ver la luz de tus ojos, vuelven otra vez a cubrirlos de salivazos... Otros, volviéndose más atrevidos en el mal, te abren tu dulcísima boca y te la llenan de repugnantes salivazos, tanto que hasta ellos mismos sienten la nausea; y puesto que esos salivazos, escurriendo en parte, muestran un poco la majestad de tu rostro santísimo y de tu sobrehumana dulzura, se estremecen y se avergüenzan de sí mismos... Y para sentirse más libres te vendan los ojos con un trapo repugnante, para así poder desenfrenarse del todo sobre tu adorable persona; de manera que te golpean sin piedad, te arrastran, te pisotean, vuelven a descargar puñetazos y bofetadas sobre tu rostro y por toda la cabeza, arañándote y jalándote de los cabellos, empujándote de un lado para otro...

Jesús, Amor mío, mi corazón no resiste al verte en medio de tantos tormentos. Tú quieres que ponga atención a todo, pero yo siento que quisiera cubrirme los ojos para no ver escenas tan dolorosas que hacen arrancar el corazón del pecho; pero me siento obligado por tu amor a seguir viendo lo que te sucede.

Y veo que no abres la boca, no dices una sola palabra para defenderte, estás en las manos de estos soldados como si fueras un trapo con el que pueden hacer todo lo que quieren; y al verlos arrojarse sobre ti, temo que mueras bajo sus pies.

Bien mío y todo mío, es tanto el dolor que siento por tus penas, que quisiera gritar tan fuerte que mis gritos llegaran hasta el cielo, para llamar al Padre y al Espíritu Santo y a todos los ángeles; y aquí, de un extremo a otro de la tierra, llamaré primero a nuestra dulce Madre y luego a todas las almas que te aman, para que haciendo un cerco a tu alrededor, impidamos que puedan pasar estos insolentes soldados para insultarte y atormentarte; y junto contigo reparemos todos los pecados nocturnos de toda clase, especialmente los que cometen los sectarios sobre tu persona sacramental durante las horas de la noche y todas las ofensas de las almas que no se mantienen fieles en la noche de la prueba.

Pero veo, ¡oh insultado Bien mío!, que los soldados, cansados y borrachos, quieren descansar, y mi pobre corazón, oprimido y lacerado por tantas penas tuyas, no quiere quedarse solo contigo, siente necesidad de otra compañía: “¡Ah, dulce Madre mía!, sé tú mi inseparable compañía. Me estrecho fuertemente a tu mano materna y te la beso, y tú, fortaléceme con tu bendición, y abrazándonos a Jesús apoyemos nuestra cabeza sobre su Corazón tan adolorido para consolarlo”.

¡Oh Jesús!, te beso y te bendigo junto con tu Madre Santísima y unido a ella dormiremos el sueño del amor sobre tu adorable Corazón.

Reflexiones y prácticas

Jesús en esta hora se encuentra en medio de los soldados con ánimo imperturbable y con una constancia de hierro. Como el Dios que es, sufre toda clase de abusos de parte de los soldados y él, en cambio, los mira con tanto amor, que parece como que los invita a que lo hagan sufrir aún más.

Y nosotros, cuando sufrimos constantemente, ¿somos constantes o más bien nos lamentamos, nos fastidiamos, perdemos la paz, esa paz del corazón que se necesita para que Jesús pueda hallar en nosotros su feliz morada?

La firmeza es esa virtud que nos da a conocer si es Dios quien verdaderamente reina en nosotros; si la nuestra es verdadera virtud, nos mantendremos firmes durante la prueba y no periódicamente, sino constantemente: solamente la cruz nos puede proporcionar esta firmeza. Conforme crece nuestra firmeza en el bien, en el sufrir, en el obrar, va creciendo también en nosotros el lugar en donde Jesús podrá hacer crecer sus gracias. Así que si somos inconstantes no habrá lugar en nosotros en donde Jesús pueda extender sus gracias; si en cambio nos mantenemos firmes y constantes, hallando Jesús un gran espacio en nosotros, hallará dónde apoyarse y sostenerse, y dónde multiplicar sus gracias.

Si queremos que nuestro amado Jesús descanse en nosotros, circundémoslo con esa misma firmeza con la que él mismo hizo todo por la salvación de nuestras almas. Estando así defendido, podrá permanecer en nuestro corazón en un dulce reposo.

Jesús miraba con amor a quienes lo maltrataban; y nosotros, ¿miramos con ese mismo amor a quienes nos ofenden? ¿El amor que les mostramos es tanto que llega a ser una potente voz para sus corazones y que hace que se conviertan y que vuelvan a Jesús?


“Jesús mío, Amor sin límites, dame tu amor y haz que cada pena que yo sufra sea una llamada a las almas para que vuelvan a ti”.

Continúa...

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EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (130)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


130. Los discursos en Aguas Claras: No dirás falsos testimonios (165).
El pequeño Asrael.
14 de marzo de 1945.

1 “¡Cuánta gente!” exclama Mateo.
Pedro responde: “¡Eh, mira, hay también galileos! ¡Ay, ay, ay!... Vamos a decírselo al Maestro. Son tres probos bandidos”
“Vienen por causa mía, quizás. También aquí me persiguen...”.
“No, Mateo. El tiburón no se come los pececitos. Quiere comerse al hombre, captura noble. Sólo en el caso de no encontrarlo de ninguna manera, se come un pez grande. Y... yo, tú, los otros, somos pececillos... poca cosa”.
“¿Crees que por el Maestro?” pregunta Mateo.
“Y si no, ¿por quién va a ser? ¿No ves cómo miran por todas partes! Parecen fieras olisqueando las huellas de la gacela”.
“Voy a decírselo...”.
“¡Espera! Se lo decimos a los hijos de Alfeo. El es demasiado bueno; bondad maltratada, cuando cae en esas bocas”.
“Tienes razón”.
Van los dos al río y llaman a Santiago y a Judas. 
“Venid, hay ahí unos... que estarían bien en el suplicio. Está claro que vienen para importunar al Maestro”.
“Vamos. ¿El dónde está?”.
“Todavía en la cocina. ¡Vamos deprisa!, que si se da cuenta no quiere”.
“Sí, pues hace mal”.
“Eso digo yo también”.
Vuelven a la era. El grupo, designado "galileo" habla con pomposa gravedad a otras personas. Judas de Alfeo se acerca como si nada sucediera, y oye: “...palabras tienen que estar apoyadas en los hechos”.
“¡Y El los hace! ¡Ayer también ha curado a un romano endemoniado!” replica un corpulento lugareño.
“¡Qué horror! ¡Curar a un pagano! ¡Qué escándalo! ¿Has oído, Elí?”.
“Se dan todas las culpas en El: amistades con publicanos y meretrices, trato con los paganos y...”.
“Y soportar a los maldicientes. Esta es también una culpa. A mi modo de ver, la más grave. Pero, dado que El no sabe –no quiere– defenderse a sí mismo, hablad conmigo; soy su hermano, y mayor que El, y éste es el otro hermano, mayor aún. Hablad”.
“Pero, ¿por qué te pones así? ¿Crees que hablamos mal del Mesías? ¡No, hombre, no! Nosotros hemos venido desde tan lejos a causa de su fama. Se lo estábamos diciendo también a éstos...”.
“¡Embustero! Me das tanto asco, que te vuelvo la espalda”. 
Y Judas de Alfeo, sintiendo quizás en peligro la caridad para con los enemigos, se marcha.
“¿No es, acaso, verdad? Decidlo todos vosotros...”.
Pero esos "todos", o sea, los otros con quienes estos galileos estaban hablando, se callan. No quieren mentir y no se atreven a desmentir; por eso se quedan callados.
“Ni siquiera sabemos cómo es...” dice el galileo Elí.
“No le has insultado en mi casa, ¿verdad?” pregunta Mateo con ironía. “¿O te falta la memoria por enfermedad?”.
El "galileo" se cubre con su manto y se va con los otros sin responder.
“¡Miserable!” le grita Pedro detrás.

2 “Querían decirnos de El cosas infernales...” explica un hombre. “Pero nosotros hemos visto los hechos. Y sabemos, eso sí, cómo son ellos, los fariseos. ¿A quién creer entonces, al Bueno que es realmente bueno, o a los malvados que de sí mismos dicen ser buenos, pero luego son dañosos? Yo sé que desde que vengo aquí no me reconozco, de lo mucho que he cambiado. Yo era un hombre violento, duro con mi mujer y con mis hijos; no tenía respeto hacia el convecino, y ahora... lo dicen todos en el pueblo: "Ararías ya no es el mismo de antes". Bueno, ¿entonces? ¿Se ha oído alguna vez que un demonio haga bueno a alguien? ¿Para quién trabaja entonces? ¿Por nuestra santidad? ¡Oh, pues sí que es verdaderamente un demonio original si trabaja para el Señor!”.
“Es así como dices, hombre. Y que Dios te proteja, porque sabes comprender bien, ver bien y obrar bien. Prosigue así y serás un verdadero discípulo del Mesías bendito. Serás motivo de alegría para El, que quiere vuestro bien que todo lo soporta con tal de atraeros a sí. No os escandalicéis sino del verdadero mal. Cuando veáis que El obra en nombre de Dios, no os escandalicéis, y no creáis a quienes querrían induciros a escándalo, aunque le veáis hacer cosas nuevas. Este es el tiempo nuevo, que ha llegado como una flor nacida después de siglos de trabajo de la raíz. Si esto no lo hubiera precedido, no habríamos podido comprender su Palabra. Mas siglos de obediencia a la Ley del Sinaí nos han proporcionado esa mínima preparación necesaria para poder aspirar del tiempo nuevo –que es como una flor divina que la Bondad nos ha concedido ver– todos los inciensos y jugos para purificarnos, fortificarnos, quedar perfumados de santidad, como un altar. Siendo el tiempo nuevo, tiene sistemas nuevos; no contrarios a la Ley; todos, eso sí, penetrados de misericordia y caridad, porque El es la Misericordia y el Amor bajado del Cielo”. Santiago de Alfeo hace un gesto de saludo y se va hacia la casa.

3 “¡Qué bien hablas tú!” dice Pedro admirado. “Yo nunca sé qué decir. Sólo digo: "Sed buenos, amadle, escuchadle, creed en El". ¡Verdaderamente no sé cómo podrá estar contento de mí!”.
“Pues lo está, y mucho” responde Santiago de Alfeo.
“¿Lo dices de verdad o por bondad?”.
“En verdad es así. Ayer mismo me lo decía”.
“¡¿Sí?! Hoy me siento más contento que el día en que me trajeron a mi esposa. Pero tú... ¿dónde has aprendido a hablar tan bien?”.
“Sobre las rodillas de su Madre y a su lado. ¡Qué lecciones! ¡Qué palabras! Sólo El puede hablar mejor que Ella; pero, lo que le falta en potencia, Ella te lo añade en dulzura... y entra... ¡Sus lecciones...! ¿Has visto alguna vez un paño cuando toca con una esquinita un aceite oloroso? Va lentamente bebiendo no el aceite sino el perfume, y, aunque quitemos el aceite, queda el perfume diciendo: "Yo estuve ahí". Igual Ella. También en nosotros –paños rasposos luego lavados por la vida– Ella penetró con su sabiduría y gracia y su perfume permanece en nosotros”.
“¿Por qué no la trae? ¡Dijo que lo haría! Nos haríamos mejores, menos calabazas... yo por lo menos. Y esta gente... Con la presencia suya serían mejores incluso esos áspides que vienen de vez en cuando...”.
“¿Tú crees? Yo no lo creo. Nosotros nos haríamos mejores, como también los humildes; pero, ¡los poderosos y los malos!... ¡Simón de Jonás, no prestes nunca a los demás tus sentimientos honestos! De hacerlo así, sufrirás desilusiones... Ahí viene El; mejor no decirle nada...”.

4 Jesús sale de la cocina llevando de la mano a un niño pequeño, que camina corriendo a su lado y mordisqueando una corteza de pan untada con aceite. Jesús regula su largo paso conforme a las piernecitas de su amigo. 
“¡Una conquista!” dice alegre. “Me ha dicho este hombre de cuatro años, que se llama Asrael, que él quiere ser un discípulo y aprender todo: a predicar, a curar a los niños enfermos, a hacer que salgan uvas en los sarmientos incluso en diciembre, y luego quiere subir a un monte y convocar a todo el mundo gritándoles que ha venido el Mesías. ¿No es así, Asrael?”.
Y el niño risueño dice que sí, que sí; y, mientras tanto, sigue comiendo.
“¡¿No sabes más que comer?!” le dice Tomás para provocarle. “No sabes ni siquiera decir quién es el Mesías”.
“Es Jesús de Nazaret”.
“Y ¿qué quiere decir "Mesías"?”.
“Quiere decir... quiere decir: el Hombre que ha sido enviado para ser bueno y hacernos buenos a todos”.
“Y ¿qué hace para hacernos buenos? En tu caso, tú, que eres un gamberrete, ¿qué harás para serlo?”.
“Quererle. Y haré todo, y El hará todo porque le querré. Hazlo tú también así y serás bueno”.
“Ya tienes la lección, Tomás, tienes el precepto: "Quiéreme y harás todo, porque, si me quieres, Yo te amaré, y el amor hará todo en ti". El Espíritu Santo ha hablado. Ven, Asrael, vamos a predicar”.
¡Está tan contento Jesús cuando tiene a su lado a un niño, que yo querría llevarle todos los niños y darle a conocer a todos los niños! ¡Muchos de ellos no le conocen ni siquiera de nombre!
Pasa delante de la velada y antes de llegar le dice al niño: “Dile a esa mujer: "La paz sea contigo"”.
“¿Por qué?”.
“Porque se parece a tí cuando te caes, y por eso llora; pero, si le dices eso, se le pasa”.
“La paz sea contigo, mujer. No llores. Me lo ha dicho el Mesías. Si le quieres, El también, y te curas” grita el niño, mientras Jesús lo arrastra consigo sin detenerse. Asrael tiene verdaderamente madera de misionero, aunque por el momento se muestre un poco... inoportuno en sus predicaciones diciendo más de lo que se le haya encargado decir.

5 “Paz a todos vosotros. "No dirás falsos testimonios", está escrito.
¿Qué más nauseabundo que un mentiroso? ¿Sería mucho decir que el mentiroso sintetiza crueldad e impureza? No, ciertamente no. El mentiroso –me refiero al que lo es en cosas graves– es cruel; mata el aprecio con su lengua, y, por tanto, no se diferencia del asesino; más aún, digo que es más que un asesino. Este mata sólo un cuerpo; aquél mata también el buen nombre, el recuerdo de un hombre; por tanto, es dos veces asesino, asesino impune, porque no esparce sangre... pero..., eso sí, daña la reputación de la persona calumniada y, con ella, de toda su familia. El caso de aquel que, jurando lo falso, mande a otro a la muerte, ni siquiera lo considero; sobre ése están acumulados los carbones de la Gehena. Me refiero sólo a aquel que con palabra mentirosa induce a otros y los persuade en perjuicio de un inocente. ¿Por qué lo hace? O por odio sin motivo, o ambicionando tener lo que el otro tiene, o también por miedo.

Odio. Tiene odio sólo quien es amigo de Satanás. El bueno no odia nunca, por ninguna razón; aunque le hayan vilipendiado o perjudicado, perdona. No odia nunca. El odio es el testimonio que de sí misma da un alma perdida, y el testimonio más hermoso en favor del inocente. Porque el odio es la sublevación del mal contra el bien. No se perdona a quien es bueno.

Avidez. "Aquél tiene eso que yo no tengo. Yo quiero eso que él tiene, mas sólo sembrando desestimación hacia él puedo llegar a ocupar su lugar. Y yo lo hago. ¿Miento?, ¿qué importa?; ¿robo?, ¿qué importa?; ¿puedo llegar a destruir toda una familia?, ¿qué importa?". El astuto embustero, entre tantas preguntas como se hace, olvida, quiere olvidar, una pregunta, ésta: "¿Y si me desenmascarasen?" Esta no se la hace, porque, bajo el orgullo y la avidez, es como quien tiene los ojos tapados: no ve el peligro; es como uno ebrio, ebrio por el vino satánico, y no piensa que Dios es más fuerte que Satanás y se encarga de vengar al calumniado. El mentiroso se ha entregado a la Mentira (166) y se fía neciamente de su protección.

Miedo. Muchas veces uno calumnia para disculparse a sí mismo. Es la forma más común de mentira. Se ha hecho el mal..., se teme que venga a descubrirse y lo reconozcan como obra nuestra. Entonces, usando y abusando de la estima en que aun nos tienen los otros, he aquí que invertimos el hecho y, lo que hemos hecho nosotros, se lo endosamos al otro, del cual sólo tememos su honestidad. Y también se hace esto porque el otro, algunas veces, ha sido, sin querer, testigo de una mala acción nuestra, y pretendemos así preservarnos de un testimonio suyo: se le acusa para desacreditarle; así, si habla, nadie le creerá.

6 ¡Actuad bien, actuad bien, y no tendréis necesidad de esta mentira! ¿No pensáis, cuando mentís, cómo os colocáis un yugo pesado, hecho de sujeción al demonio, de perpetuo miedo a quedar desmentidos y de la necesidad de recordar la mentira, con los hechos y detalles con que fue dicha, incluso años después, sin caer en contradicción?: ¡Un trabajo de galeote! ¡Si al menos sirviera para el Cielo!... pero sirve sólo para prepararse un puesto en el infierno.

Sed francos. ¡Es tan hermosa la boca del hombre que no sabe de mentira alguna!... ¿Que es pobre?, ¿que es inculto?, ¿que no le conocen?; ¿que es así? Sí. Pero es siempre un rey, porque es una persona sincera, y la sinceridad es más regia que oro o diadema, y eleva por encima de las multitudes más que un trono, y proporciona una corte de personas buenas mayor que la de un monarca. La presencia del hombre sincero alivia y da seguridad, mientras que la amistad con el insincero produce desazón; el simple hecho de tenerle cerca da un sentido de desazón. Quien miente –dado que la mentira, por mil motivos, pronto aflora– ¿no piensa que luego le tendrán siempre como sospechoso? ¿Cómo se podrá en un futuro aceptar lo que él dice? Aunque diga la verdad y quien lo oiga lo quiera creer, en el fondo quedará siempre una duda: "¿Estará mintiendo también esta vez?".

Diréis vosotros: "Pero, ¿dónde está el falso testimonio?". Toda mentira es falso testimonio, no sólo la legal.

Sed sencillos como lo es Dios y como lo es el niño. Sed veraces en todos vuestros momentos de la vida. ¿Queréis ser considerados buenos? Sedlo de verdad. Aunque un maldiciente quisiese hablar mal de vosotros, cien buenos dirían: "No. No es verdad. Es bueno. Sus obras hablan por él".

En un libro sapiencial está escrito (167): "El hombre apóstata se mueve con la perversidad en los labios... en su corazón perverso prepara el mal y en todo tiempo siembra discordias... Seis cosas odia el Señor y la séptima le es execrable: los ojos soberbios, la lengua mentirosa, las manos que derraman sangre inocente, el corazón que piensa en inicuos proyectos, los pies que corren apresuradamente hacia el mal, el falso testigo que profiere mentiras, y el hombre que siembra discordia entre los hermanos... Por los pecados de la lengua la ruina se avecina al malvado... Quien miente es un testigo fraudulento. El labio veraz permanece inmutable por toda la eternidad, mas el urdidor de lenguaje fraudulento es testigo momentáneo. Las palabras del murmurador parecen sencillas, pero traspasan las entrañas. Por cómo habla se le reconoce al enemigo, cuando en su interior está dando vida a una traición. Si habla en voz baja, no te fíes de él, porque lleva en su corazón siete malicias. El, con simulación, esconde su odio, mas su malicia quedará de manifiesto... Quien excava la fosa en ella caerá; la piedra le caerá encima a quien la rueda".

Viejo como el mundo es el pecado de mentira, e inmutable es el pensamiento de quien en esto es sabio, como inmutable es el juicio de Dios sobre el mentiroso.

Yo digo: "Tened siempre un solo lenguaje. El sí sea siempre sí y el no sea siempre no, siempre, aun frente a poderosos y tiranos; y vuestro mérito será grande en el Cielo".

Os digo: "Tened la espontaneidad del niño, que por instinto se acerca a quien siente bueno, no buscando sino bondad, y que dice aquello que su propia bondad le hace pensar, sin calcular si es demasiado lo que dice y le pudiera acarrear una reprensión".
Podéis ir en paz. Y que seáis amigos de la Verdad”.

7 El pequeño Asrael (que se ha pasado todo el tiempo sentado a los pies de Jesús con su cabecita levantada como un pajarito cuando escucha el canto de quien le ha engendrado) hace un movimiento que es todo dulzura: restriega su carita en las rodillas de Jesús y dice: “Yo y Tú somos amigos, porque Tú eres bueno y yo te quiero. Ahora lo digo yo también” y, forzando su vocecita para que le puedan oír en la vasta estancia, dice, con gestos como los que ha visto hacer a Jesús: “Todos, escuchad: Yo sé a dónde van las personas que no dicen mentiras y aman a Jesús de Nazaret. Suben por la escalera de Jacob (168). Arriba, arriba, arriba... con los ángeles, y luego se detienen cuando encuentran al Señor” y se ríe contento, mostrando todos sus dientecitos.
Jesús le acaricia, y baja y se mezcla entre la gente. Devuelve al pequeño a su madre: “Gracias, mujer, por haberme dejado a tu niño”.
“¿Te ha dado guerra?”.
“No. Me ha dado amor. Es un pequeño del Señor. Que el Señor le acompañe siempre. También a ti. Adiós”.
Todo termina.

Notas:

165) Cfr. Ex. 20, 16; Dt. 5, 17.

166) Personificación del Demonio (N.T.)

167) Cfr. Prov. 6, 12–19; 12, 13 y 17 y 19 etc.

168) Cfr. Gén. 28, 1–22.

 
 
El Poema del Hombre-Dios (105) 



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
  

 
 
 

 
 
 
 
 
 

20 DE SEPTIEMBRE: SAN EUSTAQUIO Y SUS COMPAÑEROS MARTIRES


20 de Septiembre: San Eustaquio y sus compañeros mártires

(✞ 118)

El fortísimo mártir de Cristo san Eustaquio era patricio romano de ilustre linaje; se llamaba Plácido antes de su Bautismo, y tenía el grado de oficial en el ejército del emperador.

Habiendo hecho grandes servicios a Vespasiano y a su hijo Tito en las guerras contra los judíos se retiró a Roma, y saliendo un día de caza, vio un ciervo de extraña grandeza que se le puso delante y traía entre los cuernos un crucifijo rodeado de maravillosa claridad, y oyó una voz que le decía: 

- Plácido, no quiero que me persigas, yo soy Jesús que morí por tu amor y ahora quiero salvarte. 

Plácido echó a correr despavorido y postrado en tierra adoró al Señor, el cual le mandó que fuese al presbítero de los cristianos y se bautizase con su mujer y sus hijos. 

Así lo hizo, cambiando el nombre de Plácido por el de Eustaquio y el de su mujer que se llamaba Taciana por el de Teopista, para que por estos nombres fuesen conocidos por los cristianos y no por los gentiles.

Los dos hijos que tenía Eustaquio se llamaron Agapito y Teopisto. 

Más habiendo cambiado junto con los nombres, las costumbres de la gentilidad, por las muy santas de la Fe que habían abrazado, Eustaquio fue acusado de ser cristiano, y perdió su grado y la renta que era muy grande ya que era uno de los primeros oficiales del ejército. 

Entonces se ausentó a un lugar donde no fuese conocido, y se concertó con un labrador rico para cultivar una de sus haciendas, y en este oficio, andando tras los bueyes, gobernando el arado aquel que había gobernado un ejército, pasó tranquilamente quince años. 

En ese tiempo sucedió Trajano en el imperio, y surgiendo una guerra dificilísima contra los bárbaros de varias naciones que amenazaban caer sobre el imperio, acordándose del valor que había mostrado Plácido en la guerra contra los judíos, le mandó buscar y le hizo general del ejército. 

Marchó pues contra los enemigos con tan feliz suceso que alcanzó sobre ellos insigne victoria y mereció entrar en Roma con los honores del triunfo. 

Pasados los días del regocijo, ordenó el emperador que hiciese un solemne sacrificio de acción de gracias a los dioses. 

Pero el santo general le dijo que lo haría en honra del verdadero Dios a quien se debía la felicidad de su campaña y le declaró que era cristiano; por lo cual bramando de rabia el tirano, le condenó a las fieras, y para que la afrenta fuese tan grande como la honra pasada, mandó que le llevasen casi desnudo hasta el anfiteatro, y le arrojasen con su mujer y sus hijos a las fieras. 

Respetaron ellas a los santos y les lamieron los pies, sin hacerles daño alguno, por lo cual ordenó al bárbaro emperador que fuesen apretados con unos bueyes de bronce, en cuyo espantoso martirio entregaron su espíritu al Creador. 

Reflexión

Ya lo ves; después el triunfo del martirio, esto es lo que sabe dar el mundo a los que le sirven, cuando dejan de servirle por servir a Dios. Pero así alcanzó Eustaquio más ilustre victoria que la que había alcanzado sobre los bárbaros. Y ¿qué tenía que ver el triunfo con que fue recibido en Roma, con la gloria con que entró poco después en el reino de los cielos? Sirvamos pues fielmente a nuestro Señor, aún con el desagrado del mundo, porque solo Dios es santo y Señor nuestro, y fiel en sus promesas y magnífico en sus recompensas. 

Oración

¡Oh Dios! Que nos haces la gracia de que celebremos el nacimiento para el cielo de tus bienaventurados mártires Eustaquio y sus compañeros, concédenos que logremos la dicha de gozar con ellos del júbilo y felicidad eterna. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

Nota Diario7: Estos Santos Mártires fueron removidos del Calendario Romano General universal en 1969 tras la revolución conciliar implementada por el falso papa Pablo VI y su “carta apostólica” Mysterii Paschalis.
 

sábado, 19 de septiembre de 2026

UN CATECISMO SOBRE LOS ERRORES DOCTRINALES DE LA SECTA DEL NOVUS ORDO (1)

La crisis: la existencia de una nueva iglesia y una secta no católica.

Por Mark Escobar


Nota: El autor de este artículo es un laico que, en la actual crisis de la Iglesia, representada por Acción Católica, se ha permitido, mediante el uso de textos de los Papas y otros libros católicos autorizados y aprobados, escritos por autores santos y fiables, defender la fe católica. Ahora bien, si —Dios no lo quiera— algo en ello resultara contrario a la verdadera fe católica, el autor se somete de antemano a la decisión de la Santa Sede y está dispuesto a retractarse de cualquier parte de sus escritos inmediatamente al percatarse de su contradicción con las enseñanzas de la Iglesia.

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Tabla de contenido

1. La crisis: la existencia de una nueva iglesia y una secta no católica.

2. El concilio Vaticano II difiere fundamentalmente de todos los Concilios anteriores.

3. ¿Han prevalecido las puertas del infierno contra la Iglesia?

4. Los errores y herejías de la secta del Novus Ordo son completamente intencionados.

5. Las seis justificaciones utilizadas por los seguidores de la secta del Novus Ordo y su refutación.

6. Error sobre la comunión parcial de las iglesias no católicas con la Iglesia Católica.

7. Error sobre los miembros de la Iglesia de Cristo y la comunión de los fieles de las iglesias no católicas con la Iglesia católica.

8. Error sobre la administración de los sacramentos y, en particular, de la Eucaristía a los no católicos.

9. Error sobre la unidad y la catolicidad de la Iglesia.

10. Error sobre el método de restauración de la unidad.

11. Error sobre la sucesión apostólica.

12. Error sobre el origen divino de las religiones no cristianas.

13. Error de alabar las religiones no cristianas y las iglesias no católicas.

14. Error sobre la salvación a través de las religiones no cristianas y las iglesias no católicas.

15. Error sobre la libertad religiosa.

16. Error de respeto a todas las religiones.

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1. La crisis: la existencia de una nueva iglesia y una secta no católica.

Pregunta: ¿Existe hoy en día una crisis muy extensa y generalizada en la Iglesia?

Respuesta: Sí. Hoy, en una institución que engañosamente se autodenomina “Iglesia Católica”, y que la gente del mundo y muchas personas bienintencionadas reconocen erróneamente como tal, estamos presenciando un declive generalizado y una apostasía de la fe, indiferentismo, creciente corrupción, escándalos e inmoralidad, así como un número cada vez mayor de sacrilegios.

Pregunta: ¿No podría decirse que tales problemas y dificultades siempre han existido en la Iglesia?

Respuesta: Sí, pero existen varias diferencias muy importantes que distinguen completamente la crisis actual de las crisis que se han producido anteriormente en la historia de la Iglesia.

Pregunta: Indique esas diferencias.

Respuesta: La primera y más importante diferencia radica en la naturaleza del asunto. En la historia de la Iglesia, tales problemas y crisis generalmente se han dado en el ámbito moral y práctico, más que en el de la fe y la doctrina. En la crisis actual, sin embargo, la desviación afecta principalmente a la fe y la doctrina, lo que ha provocado una corrupción cada vez mayor en el ámbito moral y práctico.

La segunda diferencia radica en sus dimensiones y alcance. Tales problemas y desviaciones en la historia de la Iglesia generalmente han sido de alcance limitado, mientras que en la crisis actual, estas desviaciones en la fe y la moral son extremadamente generalizadas y penetrantes en toda la institución que se autodenomina “Iglesia Católica”, habiéndose extendido por toda su jerarquía y todas sus diócesis.

La tercera diferencia principal concierne a la respuesta de la Iglesia y de los santos ante los errores y las faltas. En el pasado, cuando se producía corrupción o una falta en el ámbito de la fe o la moral, la jerarquía eclesiástica o los santos dentro de ella respondían con condena. En la actualidad, sin embargo, la corrupción, las faltas y las desviaciones en la fe y la moral dentro de la institución que se autodenomina “Iglesia Católica” no solo quedan impunes por las autoridades eclesiásticas y los llamados “santos” de esta institución, sino que a veces incluso se aprueban y justifican. En esta institución, se han canonizado y se siguen canonizando personas que fueron fundadoras, promotoras y practicantes de desviaciones en la fe y la moral.

Pregunta: ¿ En qué momento comenzó esta extraña e inaudita crisis en la Iglesia, donde presenciamos un grado tan enorme de desviación en la fe y la moral, junto con una respuesta favorable de las autoridades eclesiásticas y personas supuestamente santas?

Respuesta: Más concretamente, todo comenzó con el concilio Vaticano II, y a medida que ha transcurrido el tiempo y sus frutos se han hecho cada vez más evidentes, las desviaciones generalizadas de la fe y la corrupción moral y práctica han seguido aumentando día a día. Incluso la mayoría de quienes aún permanecen comprometidos con esta institución como Iglesia Católica, doctrinalmente y en materia de fe, se encuentran en un nivel tal que, de haber vivido antes del concilio Vaticano II, sin duda habrían sido considerados herejes y excomulgados.

Pregunta: ¿ Se encuentran también estas desviaciones generalizadas de la fe y las faltas morales entre los grupos católicos que se negaron a aceptar el concilio Vaticano II?

Respuesta: No. Aquellos grupos católicos tradicionalistas que rechazaron este concilio por considerarlo una desviación de la fe y la tradición han mantenido intactas la fe y la doctrina católicas, y se han adherido a la enseñanza moral, la espiritualidad, la vida ascética y mística, y los sacramentos preconciliares. Como en la Iglesia Católica de todas las épocas, cualquier desviación o corrupción en el ámbito de la fe y la moral entre ellos suele ser limitada y recibe una seria respuesta y condena por parte de los obispos católicos.

Pregunta: ¿ Puede la enorme diferencia observada entre la institución que aceptó el concilio Vaticano II y los grupos católicos tradicionales que lo rechazaron llevarnos a concluir que el propio concilio Vaticano II y los “papas” que lo siguieron son responsables de la aparición de estas desviaciones en la fe y la corrupción moral?

Respuesta: Sí. Por lo tanto, quienes afirman que la aparición de estas desviaciones en la fe y la corrupción moral en nuestros tiempos es algo natural están equivocados. Porque si la aparición de tales desviaciones generalizadas en la fe y la moral en la actualidad fuera simplemente natural, entonces también encontraríamos este mismo grado de desviación generalizada entre los grupos católicos que se negaron a aceptar el concilio Vaticano II.

Sin embargo, como veremos en las siguientes secciones, se puede demostrar lógicamente que las mismas enseñanzas previamente condenadas por la Iglesia y posteriormente incorporadas al concilio Vaticano II son directamente responsables de estas enormes desviaciones de la fe y la corrupción moral. Se trataba de advertencias que numerosos Papas habían dado repetidamente con anterioridad sobre las enseñanzas que más tarde serían condenadas por la Iglesia e incorporadas al Vaticano II.

Pregunta: ¿Cómo se suele llamar a la institución que se autodenomina “Iglesia Católica” y promueve las enseñanzas del concilio Vaticano II, que ya habían sido condenadas previamente?

Respuesta: Esta institución, que el mundo sigue llamando Iglesia Católica, y que, al ocupar los edificios de la Iglesia Católica y usar este nombre, se autodenomina engañosamente “católica” y afirma ser la continuación de la Iglesia Católica de todos los tiempos, es una “iglesia nueva” y una “secta no católica”. Los católicos que no han caído en las desviaciones y herejías de fe condenadas que promueve la denominan “iglesia conciliar” y “secta del Novus Ordo”. Sin embargo, de ahora en adelante, en este Catecismo, para enfatizar su carácter de secta no católica, la llamaremos “secta del Novus Ordo”.

Pregunta: ¿Por qué dice usted que la secta del Novus Ordo es una “nueva iglesia”?

Respuesta: En cuanto a la separación de una asociación y la formación de una nueva iglesia, leemos:

La cuestión a determinar aquí es qué constituye una ruptura de la continuidad en una sociedad. Se puede afirmar con seguridad que la continuidad de una sociedad se rompe cuando se introduce un cambio radical en los principios que la sustentan. En el caso de una Iglesia, tal cambio en su constitución jerárquica y en su fe profesada basta para convertirla en una Iglesia distinta de la que era antes.

- Charles George Herbermann, The Catholic Encyclopedia, Encyclopedia Press, Incorporated, vol. III, [1913], pág. 757

Ahora bien, como demostraremos en detalle en los capítulos siguientes, cuando la secta del Novus Ordo se ha apartado por completo de los principios de la fe católica y cree y promueve enseñanzas que varios Papas han calificado de herejía, ajenas a la Iglesia Católica, locura, enseñanza diabólica, etc., esta institución no puede ser la continuación de la misma Iglesia Católica de todos los tiempos; más bien, es una institución completamente nueva y diferente que usurpadoramente y de forma engañosa se apropia del nombre de “Católica”.

Además, la Iglesia Católica se distingue de otras instituciones por sus cuatro características: unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad. Sin embargo, la secta del Novus Ordo carece de estas cuatro características de la vVerdadera Iglesia de Cristo.

Por lo tanto, esa institución no es la Iglesia Católica, aunque ella misma, así como “el mundo”, a través de sus conocidas instituciones como las Naciones Unidas, la Unión Europea, la UNESCO y también a través de sus medios de comunicación, la llame “Iglesia Católica”.

Pregunta: ¿Por qué dice usted que la secta del Novus Ordo es una secta no católica?

Respuesta: Dado que la secta del Novus Ordo es una asociación religiosa establecida en oposición a las enseñanzas de la Iglesia Católica, como veremos en los capítulos siguientes, carece de unidad de fe con la Iglesia Católica de todos los tiempos en sus dogmas y doctrinas, y, por el contrario, cree en doctrinas condenadas como herejía. Según las definiciones de los canonistas sobre una secta no católica, estos aspectos corresponden plenamente a las características de una secta no católica.

Pregunta: ¿Cuáles son las consecuencias de pertenecer a una secta no católica, incluso para el clero que actúa de buena fe?

Respuesta: Según el canon 2314 del Código de Derecho Canónico de 1917, pierden automáticamente su cargo, incurren automáticamente en infamia legal y se les prohíbe ascender a cualquier cargo; además, cualquier cargo que obtengan es inválido. Hemos presentado todos estos asuntos, incluyendo las definiciones de secta no católica, las consecuencias canónicas de la herejía pública y la pertenencia a una secta no católica, en los capítulos 10 y 11 del Catecismo que se presenta a continuación, a los que pueden consultar quienes estén interesados ​​para un estudio más profundo.

Pregunta: A diferencia de la secta del Novus Ordo, ¿cómo se llaman aquellos grupos católicos que se negaron a aceptar el concilio Vaticano II?

Respuesta: Católicos tradicionales.

Pregunta: ¿A quién se refiere con católicos tradicionales?

Respuesta: Nos referimos a todos los grupos e individuos que, sin dejar de ser fieles a la fe, la moral, la liturgia y los sacramentos católicos tal como existían antes de los cambios del concilio Vaticano II, rechazan heroicamente todos los cambios y errores doctrinales, litúrgicos y sacramentales resultantes del concilio Vaticano II; los más conocidos de estos grupos, que se han organizado en forma de sociedades, institutos y congregaciones, son: FSSPX, Resistencia FSSPX, CMRI, FSSPV, RCI, IMBC, SGG, STT, STR y algunos miembros de la FSSP y conservadores del Novus Ordo que se oponen explícitamente a las herejías del Vaticano II. Ciertos otros obispos y clérigos católicos no están afiliados a ninguno de los grupos mencionados y operan de forma independiente. Cabe destacar, por supuesto, que no todos estos grupos sostienen posiciones igualmente correctas con respecto a la crisis actual. El autor de este artículo respalda únicamente la postura totalitaria y afirma que las demás posturas, y en particular la tesis de Cassiciacum (posición de RCI, IMBC), son erróneas e incluso heréticas.

Naturalmente, aquí y a lo largo de este catecismo, excluimos del ámbito de los católicos tradicionalistas a aquellos individuos que rechazan los errores doctrinales, litúrgicos y sacramentales del Novus Ordo pero que, al mismo tiempo, se adhieren a otros errores condenados como el "feeneyismo".

Pregunta: ¿Puede decirse que los católicos tradicionalistas mencionados anteriormente son los únicos católicos verdaderos que quedan?

Respuesta: Sí; los grupos católicos mencionados, aunque difieren entre sí en cuanto al reconocimiento de la legitimidad y autoridad de los pastores legítimos de la Iglesia y, por consiguiente, en cuanto a la obediencia a ellos debido a la actual situación crítica, son los únicos que se han mantenido fieles a la misma fe católica y a los mismos sacramentos. Otros individuos que pertenecen al sistema del Novus Ordo, aunque sean buenas personas con buenas intenciones, no son católicos porque carecen de la misma fe católica y de los mismos sacramentos; en estado de ignorancia, son herejes materiales, y en estado de conciencia, son herejes formales; en cualquier caso, no se les considera miembros de la Iglesia y no se les pueden administrar los sacramentos.

Pregunta: ¿Es posible que Dios permita que se forme una iglesia falsa de este tipo y que incluso llegue a ser más universal que la verdadera Iglesia Católica, es decir, el pequeño número de católicos tradicionalistas?

Respuesta: Sí; respecto a esto, leemos:

Las profecías del Apocalipsis muestran que Satanás imitará a la Iglesia de Cristo para engañar a la humanidad; establecerá una iglesia satánica en oposición a la Iglesia de Cristo. El Anticristo asumirá el papel de Mesías; su profeta actuará como Papa, y habrá imitaciones de los Sacramentos de la Iglesia. También habrá falsos prodigios que imitarán los milagros obrados en la Iglesia. (…) No parece haber razón alguna para que una Iglesia falsa no pueda llegar a ser universal, incluso más universal que la verdadera, al menos por un tiempo.

- Elwood Sylvester Berry, The Church of Christ, B. Herder Book Company, [1927], págs. 119 y 155

Continúa...
 

EL MIEDO Y EL SUFRIMIENTO PUEDEN SER CAMINOS QUE CONDUCEN A LA MISERICORDIA DE DIOS EN EL PURGATORIO

El Purgatorio es una expresión de la misericordia divina, porque sin el Purgatorio, no habría otro destino más que el Infierno para quienes mueren con el más mínimo pecado en sus almas.

Por Edwin Benson


En su libro Purgatory, el padre FX Schouppe explica el papel del sufrimiento en el Purgatorio como una forma de reparar los pecados ante Dios. Al final de la primera parte de su notable obra, incluye dos consejos que resultan extraños para los oídos modernos.

El miedo: ¿enemigo espiritual o aliado?

El primer consejo se refiere al Purgatorio como algo que debe temerse.

“Ese fuego, encendido por la Justicia Divina, esos dolores insoportables, comparados con los cuales todas las penitencias de los santos, todos los sufrimientos de los mártires juntos, no son nada, ¿quién puede pensar que será capaz de mirarlos sin estremecerse de miedo?” (1).

El mundo moderno enseña que el miedo siempre debe evitarse, o al menos ignorarse. Muchos creen fervientemente la mentira budista de que “el secreto de la existencia reside en no tener miedo”. Un corolario particularmente absurdo de esta mentira circula entre los atletas: “El dolor es el miedo abandonando el cuerpo”. En el contexto cristiano, sin embargo, el miedo tiene su lugar. Para quienes poseen una conciencia bien formada, advierte sobre las consecuencias para quienes sucumben a las tentaciones, a las que incluso las personas más santas se enfrentan, y pecan.

Sin embargo, tal temor no debe desplazar la confianza en Dios. El padre Schouppe continúa: “Pero no es la intención de Nuestro Señor que tengamos un temor excesivo y estéril, un temor que atormente y desanime, un temor sombrío y sin confianza. No, Él desea que nuestro temor esté atemperado por una gran confianza en su misericordia; desea que temamos el mal para prevenirlo y evitarlo; desea que el pensamiento de esas llamas vengadoras nos impulse a fervor en su servicio y nos lleve a expiar nuestras faltas en este mundo antes que en el otro”.

Observen cómo el padre Schouppe infundió el elemento de la misericordia de Dios con temores humanos razonables.

El castigo como puerta a la misericordia

El segundo consejo es permanecer vigilantes para evitar otro error común en la actualidad. En ningún momento el buen padre afirma que la misericordia o la confianza reemplacen el castigo o el sufrimiento. Más bien, todos actúan en conjunto. Se exhorta a soportar todos los justos castigos y los sufrimientos que los acompañan, expresando confianza en la misericordia de Dios. “Si Dios reserva castigos terribles en la otra vida para las faltas más leves -asegura el padre Schouppe a sus lectores- no los inflige sin, al mismo tiempo, atenuarlos con clemencia”.

En efecto, el Purgatorio es una expresión de la misericordia divina. Después de todo, sin el Purgatorio, no habría otro destino más que el Infierno para quienes mueren con el más mínimo pecado en sus almas. La perfección del Cielo jamás puede verse empañada por la existencia de ninguna imperfección.

Nuevamente, esta es una idea impopular en la vida moderna, pues muchos tienden a pensar en la misericordia como una liberación o indulto de los justos castigos. A menudo rechazan de forma automática la posibilidad de que puedan combinarse. Sin embargo, el padre Schouppe explica que “nada muestra mejor la admirable armonía de la perfección divina que el Purgatorio, porque allí se ejerce la justicia más severa junto con la misericordia más inefable”.

El padre Schouppe continúa: “Si nuestro Señor castiga a las almas que le son queridas, es por su amor, según las palabras: “A los que amo, los reprendo y los castigo”. Con una mano golpea, con la otra sana. Ofrece misericordia y redención en abundancia: Quoniam apud Dominum misericordia, et copiosa apud eum redemptio?” (Porque con el Señor hay misericordia, y con él hay redención abundante)”.

Exceso de confianza en uno mismo

Santa Liduvina (1380-1433), la mística holandesa a quien se dedicó un artículo anterior de esta serie, conversó sobre el Purgatorio con un sacerdote piadoso y otros visitantes. La conversación giró en torno a los sufrimientos del Purgatorio. El sacerdote expresó su total disposición a soportarlos. Al ver un jarrón lleno de semillas de mostaza, dijo: “me conformaría con ir allí durante tantos años como semillas haya en el jarrón; así, al menos, tendría la certeza de mi salvación”.

La mística reprendió al sacerdote: “¿Por qué tienes tan poca confianza en la misericordia de Dios? ¡Ah! ¡Si supieras mejor qué es el Purgatorio, qué terribles tormentos se sufren allí!”

Sea el Purgatorio lo que sea —respondió el sacerdote—, yo mantengo lo que digo.

Algún tiempo después de la conversación, el sacerdote falleció. Uno de los presentes en la conversación le pidió a Santa Lidwina que compartiera sus reflexiones sobre el estado del sacerdote tras su muerte. “El difunto está bien, gracias a su vida virtuosa; pero le habría convenido más tener fe en la Pasión de Jesucristo y haber adoptado una postura más indulgente respecto al Purgatorio”.

Nota:

1) Todas las citas de este artículo (a menos que se mencione otra fuente) corresponden a la versión de 1905 del libro Purgatory del padre FX Schouppe, publicada en Gran Bretaña por Burns, Oates and Washbourne, Ltd. Es de dominio público y está disponible a través de Internet Archive.
 

ABU DABI 2.0

La Iglesia y Cristo son la Novia y el Esposo, no es una fiesta de amor poliamorosa.

Por Mundabor


Se trata, verdaderamente, de una apostasía desde dentro. Es un “papa” incapaz no solo de defender la Fe Católica, sino incluso es incapaz de reconocerla. Es una religión de “un solo mundo”, basada en un “entendimiento” universal y puramente terrenal, donde el activismo social es la única medida —y la única verdaderamente reconocida— de la bondad. Esto se percibe con gran claridad cuando todas las religiones se reducen a una prueba fundamental de bondad: la de “la persona herida al borde del camino”. Puedes negar a Cristo, pero si ayudas al herido, todo va bien. ¡Vaya! Con esta mentalidad, cualquier misionero ateo va camino de la santidad, ¡incluso si muere negando a Dios!

León niega todo principio fundamental de la Fe Católica que no encaje con ese “mínimo común denominador” —extremadamente amplio— que necesita para crear su propia “religión para todos”.

Es, verdaderamente, un excremento de persona. Es, de verdad, una basura. Es, realmente, un instrumento de Satanás. Y lo hace abiertamente; se enorgullece de ello y lo proclama en documentos oficiales que, en sus fantasías, están destinados a formar parte de la doctrina de la Iglesia. Es tan malo como Francisco, aunque sin la vulgaridad manifiesta.

Gloria TV recoge los puntos principales. Les invito a seguir el enlace y leerlo allí, para no repetir cada uno de los puntos. Lo que quisiera señalar es la mentalidad que subyace a todo esto: la negación de Cristo como paso necesario para llevarse bien con infieles y ateos.

León finge olvidar, como lo hizo Francisco antes que él, una simple verdad: o Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida, y entonces no puede haber otro camino; o hay una manera alternativa de caminar todos juntos “como somos”, y entonces hay que abandonar a Cristo.

El cristianismo nunca fue concebido como algo opcional. El catolicismo no es el camino más amplio de los miles que conducen al Paraíso. No hay salvación fuera de la Iglesia, y si no crees en ella, simplemente no eres católico. Se trata de una abdicación total, una renuncia total a todo aquello para lo que existe la Iglesia. Cualquier sabor de helado puede ser bueno. Resulta que somos vainilla. Pero, por supuesto, ¡hagamos juntos una maravillosa heladería!

Hay una coherencia interna en el catolicismo. Cristo es el único Camino. Por lo tanto, Su Novia es la única tienda. De ahí la Gran Comisión. De ahí el proselitismo. La Iglesia y Cristo son la Novia y el Esposo, no es una fiesta de amor poliamorosa.

Pregunta: ¿Qué piensa de esto el “cardenal” Burke, el “enorme aspirante a defensor de la ortodoxia”? ¿Habrá condenas? ¿Habrá una reprimenda abierta? No apuestes tu pinta. Creo que serán más cappa magnas, seguidas de ruidos ocasionales fácilmente recogidos por la prensa neoconservadora para tranquilizar a los tontos. 

Esto sigue el mismo patrón que hemos visto desde hace muchos años: 

1) Los “papas” dicen algo tremendamente anticatólico. 

2) Ningún “cardenal” lo condena. 

3) Quizás algún “cardenal”, con voz muy débil, repita el punto tradicional, por lo que la anciana pensará que todo está bien.

Por favor, Señor. En tu misericordia, líbranos de esta vergonzosa basura y danos un Papa católico que por fin sea digno del cargo, en lugar de un idiota de ONG que perdió la fe hace décadas —si es que alguna vez la tuvo— y que te considera una vergüenza y un obstáculo para su activismo social.

No porque merezcamos un buen Papa —que claramente no es el caso—, sino porque esperamos que tu misericordia pase por alto nuestras faltas. Como dijo aquel personaje célebre: 

“Oh Dios, que te ofendes con el pecado y te aplacas con la penitencia, mira con misericordia las súplicas de tu pueblo y aparta los azotes de tu ira, que merecemos por nuestros pecados”.

Una cosa es segura: en todos estos años, nos estamos volviendo expertos en tener paciencia.
 

19 DE SEPTIEMBRE: SAN GENARO, OBISPO Y MÁRTIR


19 de Septiembre: San Genaro, Obispo y Mártir

(✞ 305)

En la época de la persecución de los cristianos bajo el emperador romano Diocleciano, a finales del siglo III, San Genaro era obispo de Benevento, en el sur de Italia. Su martirio —que incluyó arresto e interrogatorio— se asemeja en esencia al de otros mártires. Se distingue, sin embargo, por un detalle particular: Genaro y sus siete compañeros fueron enganchados a un carro como si fueran animales de tiro —caballos o asnos— y obligados a arrastrarlo a gran velocidad, llevando consigo al jefe de policía hasta Nápoles. Durante el trayecto, el látigo silbaba constantemente junto a sus oídos; además, a los lados del camino, muchos curiosos los golpeaban, les arrojaban piedras y se burlaban de ellos. Al llegar a Nápoles, estos valientes confesores de la fe fueron arrojados a las fieras. Pero como los animales —menos sedientos de sangre que los seres humanos— perdonaron la vida a los mártires, los verdugos procedieron a decapitarles. Así terminó la vida de San Genaro, aunque, curiosamente, fue con su muerte cuando su historia realmente comenzó.

Desde siempre, los cristianos tuvieron la costumbre de recoger los restos mortales de los mártires, darles sepultura con reverencia y erigir iglesias y altares sobre sus tumbas para celebrar en ellos el Santo Sacrificio. Asimismo, solían empapar un paño en la sangre fresca de los ajusticiados, conservándolo y venerándolo después como una reliquia preciosa.

Con San Genaro sucedió algo más. Durante su ejecución, se hallaba presente una mujer que casualmente llevaba consigo dos frascos pequeños. Cuando brotó la sangre del santo Obispo, ella, con gran presencia de ánimo, llenó ambos frascos hasta algo más de la mitad con la sangre fresca del mártir. Esa misma noche, tras la ejecución, otros cristianos recuperaron también los cuerpos de los mártires. Esto ocurrió en el año 305.

Veinte años más tarde, cuando la era de tres siglos de las catacumbas de la Iglesia llegó a su fin gracias al emperador Constantino, se erigió un templo sobre el lugar de descanso de San Genaro y sus compañeros [Festus (diácono), Desiderius (lector), Sossus (diácono de Miseno), Proculus (diácono de Pozzuoli), Euticius / Eutychius (laico) y Acutius (laico)]. Los restos de los mártires fueron exhumados y depositados en una urna preciosa. Entonces apareció también aquella mujer, trayendo consigo los dos frascos con la sangre de San Genaro, la cual ya se había secado hacía mucho tiempo. Sin embargo, al colocar los frascos sobre el altar, junto a las demás reliquias, la sangre seca que contenían cobró vida, volviéndose líquida y espumosa.

¡Una historia extraordinaria! Pero lo más sorprendente del caso es que, desde el año 325 hasta nuestros días, este fenómeno con la sangre (que tiene lugar el 1 de mayo, el 19 de septiembre y el 16 de diciembre) se repite ante innumerables testigos. Y todos aquellos que deseen verlo pueden presenciar el suceso muy de cerca.

Si alguna vez tus pasos te llevan allí en uno de los tres días mencionados, visita la iglesia de San Genaro en Nápoles. Al ser un visitante, se te asignará un lugar junto al altar para que puedas presenciar los acontecimientos de cerca. Un obispo o un sacerdote te mostrará los dos pequeños frascos que se encuentran tras un vidrio abombado, dentro de una especie de custodia. Ambos están llenos hasta la mitad de sangre coagulada y seca, de un color pardo rojizo. Su contenido no se mueve, ni siquiera al poner el recipiente boca abajo. Sin embargo, cuando el sacerdote se acerca al relicario con los frascos, la sangre sólida se agita, se vuelve líquida, se expande y llena ambos frascos casi hasta el cuello. Podrás ver todo esto con total claridad, aunque nadie sabrá explicarte cómo sucede ni cómo es posible. No obstante, saldrás de allí con una fe más firme en aquello por lo que San Genaro y sus compañeros sufrieron el martirio.

Reflexión

En el mundo antiguo, derramar la sangre de un hombre representaba el símbolo máximo de su derrota. El Imperio Romano cortó la cabeza de Genaro para silenciar su mensaje y demostrar el poder del emperador. Sin embargo, la tradición nos recuerda que, a los ojos de Dios, la sangre entregada por amor nunca se seca, nunca se olvida y nunca muere.

Oración:

Oh Dios, Padre nuestro, que nos concedes la alegría de venerar la memoria de tu santo mártir y obispo Genaro, te pedimos humildemente que nos concedas, por su poderosa intercesión, participar de su misma gloria en el Cielo. Tú que diste a San Genaro el valor de derramar su sangre por amor a Cristo, y que sigues mostrando el signo de su victoria a través del milagro de su sangre viva, mira con bondad nuestras necesidades actuales (aquí se hace la petición particular). Te lo pedimos por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
 
Nota Diario7: Tras  la “reforma” de 1969, la celebración de San Genaro pasó de ser una fiesta obligatoria para toda la Iglesia universal a una Memoria Libre (o facultativa). Esto significa que los sacerdotes del mundo pueden elegir si celebrar su misa ese día o no. Durante la “reforma”, sí se consideró la opción de retirar a San Genaro del calendario global, pero la enorme devoción popular en Italia (especialmente en Nápoles) y en otras comunidades alrededor del mundo ejerció una resistencia tan fuerte que la Iglesia optó por mantener al santo en el calendario general.
 

viernes, 18 de septiembre de 2026

MONSEÑOR VIGANÒ: “LA ESPOSA DE CRISTO ENTREGADA A SUS ENEMIGOS”

Bergoglio desmanteló el Papado con violencia; Prevost confiere a ese desmantelamiento una forma institucional, “ordenada”, casi tranquilizadora. 

Por monseñor Carlo Maria Viganò


Los Padres y los grandes comentaristas han visto en el katéchon (“aquel que retiene”) tanto al Imperio romano cristiano como, junto a él, a la autoridad de la Iglesia (y, de manera preeminente, a la autoridad del Papado), que durante siglos actuó como baluarte frente al mysterium iniquitatis

Dicha contención comenzó a debilitarse en el momento en que la jerarquía, con el concilio Vaticano II, renunció a ejercer su autoridad del modo querido por Cristo para buscar la reconciliación con el mundo, con el pensamiento moderno y con la Revolución. Desde entonces, quien debía haber contenido el mal comenzado, por el contrario,comenzó a favorecerlo.

León XIV se inserta en este proceso no como un innovador, sino como aquel que lo consolida y le da una apariencia presentable. Bergoglio desmanteló el Papado con violencia; Prevost confiere a ese desmantelamiento una forma institucional, “ordenada”, casi tranquilizadora. 

Su tarea —y creo que es perfectamente consciente de ello— consiste en hacer irreversible la sinodalidad, es decir, la “revolución permanente” que lleva al Concilio a sus últimas consecuencias, y en garantizar que la Iglesia Católica cese definitivamente de ser un obstáculo para el proyecto masónico y globalista

Cuando el Papa deja de ser freno para convertirse en un acelerador, la remoción del katéchon no es un evento futuro: es lo que está sucediendo ante nuestros ojos

Y el Señor nos ha advertido: “tunc revelabitur ille iniquus”

No lo digo con complacencia apocalíptica, sino con el dolor de un Obispo que ve a la Esposa de Cristo entregada a sus enemigos por quien debería defenderla.

EL EJERCICIO DE LA AUTORIDAD EN LA EDUCACIÓN

El ejercicio normal de la autoridad depende no solo de quienes deben obedecer, sino también, y en gran medida, de quienes mandan.

Por el padre Louis-Edouard Meugniot (FSSPX)


“Mi hijo no me obedece, ¿qué esperas que haga?”. Desilusionado, este padre se ha dado por vencido; ya no soporta los caprichos de su hijo, sus gritos, sus lágrimas. Prefiere dejar que los días transcurran sin luchar; hay cierta paz en renunciar a la autoridad, la paz de un perro muerto flotando río abajo, la paz del vencido que se somete a la tiranía del vencedor, la paz de la muerte cuando la vida ha abandonado el cuerpo sin alma. 

Mañana, este niño se convertirá en adolescente, resistente a toda autoridad, incapaz de tolerar un solo comentario o restricción; tiranizado por sus pasiones, oscilará entre entusiasmos fugaces y desalientos recurrentes. 

Finalmente, en la edad adulta, al menos según la edad, este caprichoso será, dependiendo de la elección, un revolucionario siempre en guerra contra injusticias reales o presuntas, un adulto inestable incapaz de tomar una decisión a largo plazo, un cónyuge sin fidelidad y egoísta, un zombi translúcido sin carácter ni combatividad, una persona ansiosa y depresiva siempre preocupada, nunca en paz.

La sabiduría del Libro de los Proverbios

El libro de Proverbios está lleno de sabiduría invaluable para la crianza de nuestros hijos. “Un pueblo sin guía se desvía” (Proverbios 11:14), nos advierte. El ejercicio de la autoridad debe tener como objetivo dar un propósito práctico a las acciones de aquellos confiados a nuestro cuidado. No cualquier propósito, sino el necesario para el bien común de la familia, para el perfeccionamiento virtuoso del niño y, en última instancia, para la salvación de su alma en la dicha eterna. Dios nos muestra que el niño sabio ama la corrección, pero “el burlador no acepta la reprensión” (Proverbios 13:1). 

Como dijimos antes, un niño sin guía se vuelve necio, mientras que un niño dócil se perfecciona: “El necio desprecia la instrucción de su padre, pero el que atiende a la reprensión se vuelve sabio” (Proverbios 15:5). Los Proverbios concluyen con este dicho mesurado: “Disciplina a tu hijo mientras haya esperanza, pero no te enojes tanto como para hacerlo morir” (Proverbios 19:18).

La autoridad parental proviene de Dios

“Toda autoridad procede de Dios” (Rom. 13:1). “Por esta razón me arrodillo ante el Padre, de quien deriva su nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra” (Ef. 3:14). La autoridad paterna es dada por Dios mismo: “Pues según la enseñanza católica, la autoridad de los padres y maestros es simplemente un flujo de la autoridad del Padre y del Maestro celestial; y así, no solo deriva su origen y fuerza de este último, sino que necesariamente toma prestada su naturaleza y carácter de él. Por eso el Apóstol exhorta a los hijos a obedecer a sus padres en Dios y a honrar a su padre y a su madre, que es "el primer mandamiento con promesa" (Heb. 13:4). Y a los padres les dice: "Padres, no inciten a sus hijos a la rebeldía, sino críenlos en la disciplina y la rectitud del Señor" (Ef. 5:23)” (León XIII, Encíclica Quod Apostolici, 28 de diciembre de 1878).

El ejercicio de la autoridad es un arte

El ejercicio normal de la autoridad depende no solo de quienes deben obedecer, sino también, y en gran medida, de quienes mandan. Una cosa es el derecho a ostentar autoridad y dar órdenes; otra muy distinta es la superioridad moral que hace que este derecho sea operativo, efectivo y eficiente; en resumen, que logra imponerse a los niños y obtener obediencia. El primer derecho se confía a los padres y educadores legítimos en el mismo acto de educar o enseñar; pero la segunda prerrogativa, la superioridad moral, es la adquisición de la virtud personal, que la asegura y la incrementa, si bien también puede disminuir y perderse por nuestra propia culpa.

Algunos consejos prácticos

¿Cómo podemos adquirir y mantener ese poder moral sobre los niños que nos han sido confiados?

Confianza: Ante un niño que intenta desobedecer, opóngase con firmeza, pero con gentileza y sensatez. Nunca ceda ante un capricho, cueste lo que cueste; puede moderar la decisión, posponer su ejecución si es necesario, pero el niño debe saber que no cederá. Por lo tanto, no se demore demasiado en deliberar delante de él; dé órdenes con calma, precisión y firmeza. Que no parezca que está pidiendo docilidad, respeto y obediencia como favores; imponga su voluntad al niño. Los niños respetan a quienes se imponen y desprecian a los débiles.

Equilibrio: considere las circunstancias específicas en las que ordena una acción: el cansancio, el hambre y las distracciones causadas por factores externos pueden disminuir la capacidad de los niños para obedecer. La autoridad se nos da no para aplastar, mutilar o extinguir, sino para desarrollar y expandir el alma del niño, para guiarlo a realizar actos virtuosos; a veces, la autoridad se ejerce causando un daño leve para fortalecer y guiar, como el podador de viñas.

Autocontrol: mantengan su autoridad por encima de todo daño; no podemos permitirnos mentir, chismorrear, calumniar ni usar un lenguaje frívolo e inapropiado. Nuestra apariencia, nuestra vestimenta, nuestro porte noble y distinguido, sin exagerar, inspiran respeto. No debemos buscar ganarnos el afecto de los niños a cualquier precio; un niño ama a un maestro que lo corrige con justicia y respeto. Al comienzo del año escolar, al retomar la responsabilidad de la formación académica de nuestros hijos, apliquemos este consejo de San Pablo: “Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, tengan un corazón lleno de misericordia y bondad, humildad, mansedumbre y paciencia”“Hijos, obedezcan a sus padres en todo, porque esto agrada al Señor” (Colosenses 3:12, 20).

Fuente: Le Seignadou – Septiembre de 2026