lunes, 4 de mayo de 2026

PADRE RIPPERGER: LA OPRESIÓN DIABÓLICA ESTÁ "EN AUMENTO DRÁSTICO"

El padre exorcista Chad Ripperger afirmó que el aumento de la práctica del ocultismo, así como el consumo de pornografía, son algunas de las principales razones del incremento de la opresión.

Por Emily Mangiaracina


El padre exorcista Chad Ripperger afirma que la opresión demoníaca, mediante la cual las personas son atacadas en aspectos externos como sus trabajos y relaciones, está “en aumento drástico”.

Durante su reciente entrevista en The Shawn Ryan Show, Ripperger explicó los diferentes niveles de influencia diabólica sobre los seres humanos, incluyendo la opresión demoníaca que ataca a las personas “desde el exterior” en lugar de a través de su mente.

“Esto incluye cosas como arruinar las finanzas de las personas”, dijo Ripperger, “impidiendo que reciban su salario”, por ejemplo. Los demonios también pueden causar daños directos a la propiedad, como los electrodomésticos. En el caso de una familia oprimida por demonios, el exorcista vio cómo un electrodoméstico tras otro dejaba de funcionar, mes tras mes.

La opresión también puede perjudicar las relaciones interpersonales, señaló. Por ejemplo, puede ser la razón por la que algunas parejas tienen un matrimonio maravilloso, pero de repente se vuelven infelices sin motivo aparente.

Una de las causas de la opresión son las maldiciones, que son rituales en los que los practicantes de ocultismo invocan demonios para dañar a una persona en particular.

“La opresión está aumentando drásticamente -dijo Ripperger- debido al incremento de la participación en el ocultismo”.

Le explicó a Ryan que la opresión también puede ser causada por un comportamiento pecaminoso y que, en algunos casos, tanto las maldiciones como el comportamiento pecaminoso están involucrados.

“Una de las principales formas en que vemos un aumento de la opresión es cuando los hombres ven pornografía maldecida y luego la introducen en su familia”, compartió Ripperger.

Esta práctica de maldecir las copias de video distribuidas ampliamente al público se remonta a décadas atrás y, por lo general, ha tenido como objetivo impulsar las ventas de películas y música.
 
Ripperger explicó que en las décadas de 1930, 1940 y 1950, los satanistas “enseñaron a la gente de Hollywood que si se maldice la copia original, todas las copias posteriores hechas a partir de ella llevarán la maldición y esta puede influir en las personas”.

Tanto en el caso de la música como en el de la pornografía, las maldiciones hacen que el contenido sea “más adictivo”.

Ver pornografía maldecida puede tener efectos diferentes en distintas personas, que pueden ir desde la opresión hasta la obsesión y, “de vez en cuando”, la posesión.

Para que las maldiciones surtan efecto, debe existir una “vulnerabilidad de nuestra parte”, según Ripperger, que puede ser un pecado grave o incluso un defecto. También se puede orar de forma proactiva para obtener protección contra las maldiciones o para romper las ya lanzadas. Ripperger incluye tales oraciones en su libro Deliverance Prayers: For Use by the Laity (Oraciones de liberación para uso de los laicos).

La obsesión diabólica, que afecta negativamente los pensamientos y emociones de una persona en arrebatos repentinos e intensos, también ha alcanzado niveles epidémicos. Ripperger afirmó que los exorcistas coinciden en que aproximadamente el 25 % de la población padece una obsesión demoníaca distinta de los problemas psicológicos puramente naturales.
 

¿QUÉ PASARÁ LA NOCHE DEL 1 DE JULIO DE 2026?

¿Qué va a pasar, a juicio humano, tras estas nuevas consagraciones? 

Una crónica de Philippe De Labriolle


La fecha límite del 1 de julio de 2026, fijada por la FSSPX para proceder a la consagración de obispos indudablemente fieles a la Tradición de la Iglesia y a la Fe Católica transmitida por los Apóstoles, anuncia un día de alegría. Quienes deploran la política de autoafirmación de Ecône, aun compartiendo su fe inmutable y siendo partidarios del vetus ordo, se enfrentan a la ambigüedad de su posición. Sus predecesores, tras haber deplorado en 1988 las ordenaciones que Roma no deseaba, abandonaron la FSSPX con la esperanza de que la Santa Sede les estuviera agradecida. El grupo Ecclesia Dei (1988/2019), creado para dar esta impresión, nunca sirvió de baluarte, y mucho menos de refugio, contra la furia de los Ordinarios que, jactándose desde el púlpito de estar abiertos a todos, reservaban su veneno exclusivamente para los católicos tradicionalistas, con raras excepciones.

¿Qué ocurrirá, desde una perspectiva humana, tras estas nuevas consagraciones? A primera vista, nada, salvo la inclusión de los nuevos obispos consagrados el 2 de julio en la situación general de la FSSPX; que, a lo largo de unos treinta años, ha pasado de una sonada excomunión a la validación de sus confesiones por el Papa y de sus matrimonios por los Ordinarios por orden papal. No entremos en detalles. En resumen, las ordenaciones de 1988, una vez superada la incomodidad inicial, fueron aceptadas. Las siguientes también lo serán, en virtud de la jurisprudencia y porque la Iglesia no puede renunciar formalmente a su Tradición sin asumir la responsabilidad de herejías cuya acumulación equivale a un cisma. Los conciliares están en el poder: el cisma emocional y cognitivo cada vez es menos capaz de enmascarar el cisma real.

Los círculos tradicionalistas que se pronunciaron en contra de las consagraciones demostraron sofismas. Con la mano en el corazón, teorizaron sobre la única opción que les permitiría conservar temporalmente su posición en territorio enemigo. Como en 1988, esperan clemencia, no mediante un diálogo con las diócesis, sino mediante el rechazo unánime a estos obispos de otra época, que cedieron ante la audacia de los rebeldes y no ante sus propios principios, que son inocentes o pretenden serlo. En resumen, estos tradicionalistas pensaron en sus propios intereses en lugar de en los de su Iglesia. Esto no sorprende, dado que en 1988, a cambio de su incorporación a la “Ecclesia Dei”, aceptaron una cláusula de silencio respecto a los estragos del concilio Vaticano II, que ya eran evidentes.

Estos grupos podrían haber guardado silencio sin unirse a quienes los estaban asfixiando. Pero tal silencio podría haberse interpretado como complicidad con Ecône, de la cual nada los distingue salvo el nombre. El silencio exigido respecto a ese desastroso concilio habría sido culpable donde la libertad de expresión se vio comprometida desde el principio. Por el contrario, los obispos franceses, en Lourdes en las últimas semanas, dejaron claro que no se dejaban engañar. Detrás del apego al usus antiquior y su lex orandi, existe un problema de eclesiología y un rechazo al Vaticano II, desconocido para los más ingenuos. No les pasó desapercibido que, al no hablar nunca del concilio Vaticano II, se volvió lógico actuar como si nunca hubiera tenido lugar. El concilio pastoral, al imponer una praxis desviada sin proclamar jamás la extinción del dogma, pero olvidando reafirmar su vigor, finalmente encontró la horma de su zapato, paradójicamente amparado por un silencio impuesto.

Quienes tenían prohibido criticar el concilio Vaticano II y estudiar sus textos perversos —a los que las Actas del Concilio facilitan el acceso—, de forma inevitable, han trastocado la situación. Actuar como si el Vaticano II nunca hubiera existido históricamente no enriqueció la cultura teológica e histórica de sus seminaristas, sino que afianzó la impostura, como un hecho sin importancia, inaccesible mediante documentación, la cual, a su vez, estaba prohibida. Este aislamiento del concilio no se produjo por la razón correcta —que habría sido purgarlo de su veneno— sino más bien mediante un proceso de tutela. La estrategia de extender la lex orandi de ayer —y, por ende, la lex credendi transmitida por los apóstoles—, marginando de hecho al Vaticano II por obediencia, es una práctica que funciona, para disgusto de los obispos, quienes, no sin razón, mantienen la marginación de estos sospechosos, que resultan más fructíferos que su propio clero. Mientras el caos eclesial desestabiliza gravemente la Ciudad y deja a la República impotente, la crisis de conciencia europea del siglo XXI hace que los avivamientos colectivos resulten ilusorios ante la rampante entropía de la apostasía. En resumen, es más urgente crecer que seducir al enemigo.

Los círculos tradicionales que eligieron la alianza equivocada, tras negar su deuda con Ecône con la esperanza de armonizar con las autoridades que los asfixian, demuestran que siguen creyendo que instituciones traicioneras —ya extintas— aún viven. Si se les ordenara estudiar metódicamente el concilio Vaticano II, verían, aunque con pesar, el veneno mezclado con recordatorios aparentemente inocuos. Si, tras ver el veneno, guardan silencio, ¿qué credibilidad conservarán ante sus propios seguidores? Y si alzan la voz con firmeza, como lo hace la FSSPX, y esta lucha por la fe conlleva su exclusión de las diócesis, no les quedará más remedio que reincorporarse a la FSSPX.

Qué ocurrirá, humanamente hablando, el próximo 2 de julio? Quienes se opusieron se avergonzarán de su cobardía. ¿Se atreverán a presentar cargos contra sus hermanos más valientes?
 

LA PRÓXIMA ENCÍCLICA HUMANISTA DE LEÓN: EL EVANGELIO DEL HOMBRE MAGNÍFICO

León XIV prepara una encíclica sobre IA, la paz y el derecho internacional mientras Amoris Laetitia permanece intacta y se tolera el sacrilegio.

Por Chris Jackson


La era del “hombre magnífico”

Si los informes son correctos, León XIV firmará “su primera encíclica” el 15 de mayo con el título provisional de Magnifica humanitas (Magnífica Humanidad). El título, por sí solo, bien podría haber sido ideado por un generador vaticano entrenado en propuestas de subvención para ONG, paneles del Foro Económico Mundial y los discursos recopilados de todos los comités posconciliares que alguna vez descubrieron “la persona humana” al mismo tiempo que extraviaban el fin sobrenatural del hombre.

Los temas tratados son la inteligencia artificial, la paz, la crisis del derecho internacional y otras amenazas contemporáneas para la humanidad. Vida Nueva, citando a KNA, afirma que la fecha se eligió para evocar las grandes encíclicas sociales: Rerum Novarum (1891), Quadragesimo Anno (1931) y Mater et Magistra (1961). Asimismo, señala que León XIV enmarcó la revolución digital como un paralelismo con la revolución industrial de su época.

Es cierto que la inteligencia artificial plantea interrogantes morales. Existen cuestiones fundamentales sobre la guerra, el derecho, el trabajo, la vigilancia, la bioética, la manipulación económica y la reducción del ser humano a una unidad programable en un imperio digital. Un verdadero Papa podría abordar estos temas con firmeza.

El problema radica en el patrón.

Cuando el Vaticano conciliar se dirige al mundo, habla con una seguridad que jamás podrá demostrar al enfrentarse a la apostasía dentro de sus propias fronteras. Puede diagnosticar la humanidad, pero no la herejía. Puede debatir sobre derecho internacional, pero no sobre el sacrilegio eucarístico. Puede advertir sobre la deshumanización tecnológica, mientras tolera la descatolicización litúrgica, doctrinal y moral de los fieles.

Un hombre hambriento no necesita un simposio sobre política agrícola para recibir pan. Europa está perdiendo la fe. Alemania pierde católicos por cientos de miles. Francia no puede producir suficientes sacerdotes para enterrar a sus parroquias muertas. El orden posterior al concilio Vaticano II ha producido iglesias vacías, vocaciones colapsadas, confusión doctrinal, abuso sacramental y una clase de “obispos” que hablan con fluidez sobre ecología, migración, democracia, diálogo y “la familia humana”, mientras tratan la doctrina católica como una herencia radiactiva de una época menos ilustrada.

Y el primer “gran acto de escritura” de León parece ser decirle al mundo que “la humanidad es magnífica”.


El hombre caído no se salva por la admiración. Se salva por la gracia, el arrepentimiento, el bautismo, la Cruz, los sacramentos, la verdadera fe y la perseverancia final. Intenta encontrar esa urgencia en la espiritualidad burocrática del Vaticano moderno.

León XIII le hablaba a los trabajadores. 
León XIV le habla a las partes interesadas.

La comparación con Rerum Novarum pretende dar mayor relevancia a la nueva “encíclica”. Sin embargo, podría tener el efecto contrario.

León XIII escribió en un mundo convulsionado por el capitalismo industrial, el socialismo, el republicanismo masónico y las grandes convulsiones sociales de la modernidad. Sin embargo, no escribió como un capellán de la época, sino como un Papa consciente de que la Iglesia tenía algo que enseñar al mundo, pues poseía la verdad revelada. En Rerum Novarum defendió la propiedad privada, condenó el socialismo, defendió la familia natural y subordinó el orden social a la ley divina.

Ese es precisamente el elemento que falta en la postura actual del Vaticano.

La antigua doctrina social partía de la premisa de que Cristo es Rey. La nueva retórica social a menudo da la impresión de que Cristo es un consejero de honor de las Naciones Unidas. La antigua voz papal juzgaba al mundo moderno. La nueva voz aspira a participar en el debate donde el mundo moderno juzga las amenazas que enfrenta la humanidad.

Existe una diferencia entre la doctrina social católica y el humanitarismo con tintes católicos. La doctrina social católica emana de la realeza de Cristo, la ley natural, la ley moral, la familia, la propiedad, la jerarquía, el deber, la justicia y el fin sobrenatural del hombre. El humanitarismo con tintes católicos toma prestadas palabras católicas y las introduce en el discurso de la clase directiva global.

Por eso el título provisional revela el juego. Magnifica humanitas. Magnífica humanidad.

No Cristo Rex. No De Ecclesia. No De Poenitentia. No De Eucharistia. No De Apostasia. No De Vera Fide.

Humanidad, siempre la humanidad.

El mundo necesita urgentemente que se le diga que Jesucristo es Dios, que la Iglesia Católica es la única Iglesia verdadera, que las religiones falsas no salvan, que el pecado mortal mata el alma, que los adúlteros públicos no deben recibir la Eucaristía, que la Misa es el Sacrificio propiciatorio del Calvario, que los “obispos” que mutilan la fe son lobos y que la revolución posconciliar ha devastado la viña.

En cambio, se espera que esta “encíclica” aborde la inteligencia artificial y el derecho internacional.

Sin duda habrá párrafos solemnes sobre la dignidad humana. Quizás haya elegantes referencias agustinianas. Probablemente habrá advertencias contra la dominación tecnológica y llamamientos a la paz. Todo bien hasta cierto punto.

Sencillamente no van a la raíz del problema.

Los monjes que finalmente se quedaron sin espacio en la baraja

Entonces, casi como si la Providencia quisiera ofrecer un comentario sobre la “encíclica” que se avecinaba, los Redentoristas Transalpinos hicieron su propio anuncio.

El 2 de mayo de 2026, los Hijos del Santísimo Redentor publicaron una carta y declaración titulada “El dogma que debemos seguir”. Según su blog, la declaración se hizo pública en la festividad de San Atanasio. El grupo, conocido desde hace tiempo por su compleja relación con la FSSPX y Roma, ha declarado que la ocupación modernista ha llegado a un punto en el que ya no se puede mantener el reconocimiento de León XIV y sus “obispos”.


Según se cuenta, su versión es brutalmente simple: “Los piratas han abordado el Arca de Pedro. No hay sitio para nosotros en la cubierta”.

Esa frase dolerá porque es cierta en un sentido que incluso muchos tradicionalistas no sedentarios ya creen a medias.

¿Cuántos católicos tradicionalistas viven como sedevacantistas prácticos seis días a la semana y como “observadores oficiales” de la Iglesia los domingos? Evitan la formación diocesana, desconfían de la guía episcopal, huyen de la liturgia parroquial, consideran peligrosos los documentos de Roma hasta que se demuestre lo contrario, advierten a sus hijos sobre las escuelas católicas oficiales, se burlan de la sinodalidad, rechazan Amoris, rechazan Fiducia Supplicans, rechazan los espectáculos de oración interreligiosa, rechazan las tonterías ecuménicas y, además, insisten en que quienes producen todo esto son simplemente “muy malos pastores católicos”.

Los Redentoristas Transalpinos optaron por otro camino. En 2008 abandonaron la órbita de la FSSPX y aceptaron la regularización. Eligieron la estructura canónica. Vivieron durante años dentro de la estructura reconocida. Ahora, después de Francisco y bajo el “pontificado” de León XIV, están diciendo lo que muchos han callado durante décadas.

Este es el significado teológico de su decisión.

No se trata simplemente de que otro grupo tradicional se haya vuelto sedevacantista. Se trata de que un grupo que había apostado públicamente por la regularización romana ha llegado a la conclusión de que su apuesta fracasó. El antiguo argumento era que la seguridad canónica preservaría la tradición. La experiencia vivida parece haberles enseñado que la seguridad canónica dentro de una estructura modernista puede convertirse en una atadura.

Roma te da reconocimiento. Roma te quita la voz. Roma tolera tu liturgia solo mientras tu existencia no exponga demasiado claramente la nueva religión.

En última instancia, todo católico tradicional debe decidir si el problema radica en “una mala gestión” o en una falsa orientación eclesial. Una mala gestión genera incompetencia. Una falsa orientación eclesial produce una religión distinta con vocabulario católico.

Esto último es más difícil de admitir. Pero también explica mucho más.

Amoris Laetitia: La herida que León no tocará

La próxima reunión de octubre sobre Amoris Laetitia podría ser la prueba más clara hasta la fecha.

El “cardenal” Mario Grech, secretario general de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos saluda al falso papa

Michael Haynes informó que la “reunión de obispos” convocada por León XIV para “debatir sobre Amoris Laetitia” tendrá lugar del 7 al 14 de octubre, siendo el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida el responsable formal, mientras que la Secretaría General del Sínodo proporciona “apoyo organizativo y metodológico”.

Esa frase debería helar la sangre de cualquiera que haya visto el sínodo sobre la sinodalidad.

Los revolucionarios hablan de “controlar la sala” mediante el “apoyo organizativo y metodológico”. Este método determina quién habla, cuánto tiempo habla, qué preguntas se permiten, qué objeciones se transforman en un lenguaje inofensivo y cómo se incorpora la disidencia al documento final como “tensión”, “discernimiento” o “un llamado a una escucha más profunda”.

La cuestión no radica en si la reunión es técnicamente “un sínodo”. Según se informa, el Vaticano insiste en que es “una reunión meramente consultiva”. En cualquier caso, el proceso posconciliar ya no necesita etiquetas formales. Funciona mediante procedimientos.

El problema con Amoris Laetitia nunca ha sido que necesitara una mejor estrategia de comunicación. El problema es que abrió la puerta a que quienes viven públicamente en uniones adúlteras reciban la Sagrada Comunión sin enmienda de vida. Francisco posteriormente respaldó la interpretación de Buenos Aires, afirmando que “no existían otras interpretaciones”, y la respuesta del Dicasterio para la Doctrina de la Fe de 2023 a las preguntas del “cardenal” Duka declaró explícitamente que los documentos de Buenos Aires se publicaron como Magisterio auténtico. La misma respuesta del DDF afirma que Amoris Laetitia “abre la posibilidad” de “acceso a la Reconciliación y a la Eucaristía en ciertos casos” para personas divorciadas que viven “en una nueva unión”.

Esa es la herida.

León no necesita convocar una reunión para descubrir cuál es la controversia. No necesita mesas redondas ni presidentes de conferencias episcopales comparando anécdotas pastorales mientras toman un café. No necesita otro ejercicio de “recepción”.

León debe decir que los divorciados y vueltos a casar por lo civil que viven en pecado no pueden recibir la absolución sacramental ni la Sagrada Comunión a menos que se arrepientan y decidan vivir en continencia.

Esa frase sería más beneficiosa para las familias que una semana de metodología episcopal.

Pero claro, decirlo pondría al descubierto todo el proyecto de Francisco. Habría expuesto a los “obispos” que lo implementaron, a los “teólogos” que lo defendieron, a los “apologistas papales” que manipularon a los fieles al respecto y a los políticos conservadores que les dijeron a todos que se calmaran porque en realidad nada había cambiado.

Así la máquina conciliar hace lo que siempre hace. Programa reuniones.

La técnica sinodal: Nunca corrijas lo que puedes “procesar”.

Hay una razón por la que a estas personas les encanta el proceso.

La doctrina exige juicio. El proceso lo pospone indefinidamente. La doctrina dice sí o no. El proceso propone caminar juntos. La doctrina exige sumisión. El proceso invita a la participación. La doctrina define los límites. El proceso lo modifica, al tiempo que elogia el dolor de quienes lo perciben.


Por eso, Amoris Laetitia sigue siendo el documento posconciliar perfecto. No anuncia la ruptura con la voz de Lutero. Murmura. Incluye notas a pie de página. Discierne. Deja que las “circunstancias concretas” cumplan la función que antes desempeñaba el dogma. Enseña mediante la permisividad, la ambigüedad y la aplicación selectiva.

El resultado es muy sencillo: en algunos lugares, los adúlteros públicos pueden acercarse a la Eucaristía “tras un proceso pastoral”. Los católicos que insisten en la disciplina previa son tachados de “rígidos”, “intransigentes” o “insuficientemente formados por la lógica del acompañamiento”.

Esto es pastoralismo utilizado como arma contra los sacramentos.

Un verdadero pastor custodia el altar porque ama a las almas. Un falso pastor abre el altar al sacrilegio y llama “misericordia” al desastre resultante. El adúltero es confirmado en el pecado. El cónyuge abandonado es objeto de burla por parte de las normas. Los fieles se escandalizan. El “sacerdote” se convierte en un “gestor de casos”. La Eucaristía se convierte en un objeto terapéutico.

A pesar de la fantasía que vendió Trad Inc., diez años después de Amoris Laetitia, León no se prepara para enterrarla. Se prepara para retomarla.

Eso nos dice más de lo que cualquier perfil del Vaticano jamás podrá decirnos.

León recibe feliz al obispo que profanó el Sagrado Corazón de Jesús

Luego viene el de “obispo” Hermann Gletter de Innsbruck.

Glettler rodeó con guirnaldas de luces una estatua prestada del Sagrado Corazón de la Iglesia Votiva de Viena para una obra titulada “Luz Herida”, que se exhibe del 25 de abril al 14 de junio de 2026. Según se informa, en su publicación de Instagram describe “conos auráticos de luz”, “lugares de inflamación” y “heridas que rehúyen la luz”. Los informes confirman la existencia de la publicación de Glettler titulada “Luz Herida” y su conexión con la exposición “Mi Mundo en Llamas” en la Kunsthaus Mürzzuschlag.

El falso “obispo” Hermann Gletter

Esta es la parte de la crisis que resulta repugnante para analizar.

El Sagrado Corazón de Jesús es el horno ardiente de la caridad. Es el Corazón traspasado del Redentor, abierto a los pecadores, adorado en reparación, entronizado en los hogares católicos, amado por los santos, ridiculizado por los revolucionarios y olvidado por los clérigos sentimentales que prefieren las “heridas” como material estético.

¿Qué hace un “obispo” moderno con el Sagrado Corazón?

Lo convierte en un artefacto decorativo.

Luces. Superficies. Heridas. Texto de la exposición. Imágenes sagradas transportadas al lenguaje estéril de la inflamación del mundo del arte. Ya se puede oler el vino blanco, oír los susurros financiados con subvenciones y ver al “obispo” explicando que la obra “interroga la vulnerabilidad” o “abre un espacio de luminosidad herida”.

Suficiente.


La única razón por la que León debería reunirse con un “obispo” así es para reprenderlo, destituirlo u ordenar una reparación pública. En cambio, según el informe, León “lo recibió después de la audiencia general”.

Este pontificado es una caricatura.

A los católicos tradicionales se les pide paciencia. Pero se recibe con los brazos abiertos a los “obispos” que presiden actos artísticos sacrílegos. Se humilla a las familias que se arrodillan para comulgar. Se ofrece “orientación pastoral” a los adúlteros públicos. Se imparte metodología a los administradores sinodales. El Sagrado Corazón recibe una guirnalda de luces.

Y luego se nos pide que admiremos “la magnífica humanidad” que hay en todo ello.

El Oficio ha sido usurpado

El problema de fondo aquí no es la personalidad de León. Ahí radica la trampa.

Los católicos conservadores siguen esperando al hombre idóneo para gestionar un sistema deficiente. Analizan el tono, los gestos, las citas, las entrevistas, las sonrisas, los silencios, los itinerarios de viaje, las vestimentas y los supuestos comentarios privados. Desean una “corrección de rumbo” porque admitir una ruptura estructural los obligaría a replantearse todo.


Pero ¿qué ocurre si el Oficio ha sido prácticamente usurpado?

El Vaticano se ha convertido en un ecosistema. Tiene su personal, sus suposiciones, sus lemas, sus instintos diplomáticos, sus tabúes teológicos, sus incentivos mediáticos, sus redes de donantes, sus dependencias académicas, su red de candidatos episcopales y sus reflejos ideológicos. Los hombres se forman en él, se enaltecen gracias a él, se protegen en él y luego se presentan a los fieles como “padres en Dios”.

El resultado es un aparato romano que sabe cómo dirigirse a Davos, Bruselas, Turtle Bay y la academia, aunque a menudo parece avergonzado por Trento, Quas Primas, Mortalium Animos, Pascendi y el antiguo Canon romano.

Este aparato puede producir una encíclica sobre la IA. Puede convocar una reunión sobre Amoris Laetitia. Puede recibir obispos como Glettler. Puede tolerar el sacrilegio, la ambigüedad, el absurdo ecuménico, el colapso litúrgico y la mutación doctrinal.

Lo que no puede hacer es simplemente hablar como la Iglesia Católica de todas las épocas.

Los Redentoristas Transalpinos han declarado, en efecto, que los piratas han abordado el barco. Muchos los desestimarán. Algunos dirán que se han extralimitado. Otros susurrarán en privado que lo entienden. Es probable que Trad Inc. emita comentarios prudentes sobre la importancia de evitar conclusiones precipitadas y el peligro de la desesperación.

Pero la incómoda pregunta persiste.

¿Cuántas pruebas más se necesitan para que los católicos admitan que el problema no reside simplemente en los malos pasajeros a bordo, sino en la bandera que ondea sobre el barco?

La prueba de un padre

Un padre que encuentra veneno en la despensa no convoca una charla sobre nutrición. Un padre cuyo hijo está siendo atacado no publica una reflexión sobre la dignidad humana mientras el agresor permanece en casa. Un padre que ve profanado el altar familiar no recibe al profanador con una sonrisa diplomática.

Él actúa.

Por eso el Vaticano moderno a menudo se siente huérfano. Habla. Procesa. Acompaña. Publica. Recibe. Consulta. Escucha. Emite declaraciones sobre la paz, la dignidad y la persona humana.


¿Pero dónde está la vara? ¿Dónde está la advertencia? ¿Dónde está la condena? ¿Dónde está el celo por la casa de Dios? ¿Dónde está el terror al sacrilegio? ¿Dónde está la claridad romana que antaño hacía temblar a los herejes y tranquilizaba a los católicos?

La primera encíclica de León XIV, si los informes son ciertos, podría ser elogiada por su oportunidad, relevancia, audacia y compromiso social. Los medios habituales dirán que “sigue la tradición de León XIII”. Los comentaristas vaticanos explicarán el simbolismo del 15 de mayo como si la elección de una fecha fuera un acto de restauración. La clase media profesional suspirará aliviada porque no ocurrió nada demasiado alarmante. El sistema se felicitará a sí mismo.

Mientras tanto, Amoris Laetitia permanece. La Secretaría del Sínodo permanece. Los “obispos” permanecen. El sacrilegio permanece. Los fieles permanecen confundidos. Europa continúa desvaneciéndose. Y otra comunidad tradicional ha examinado la estructura oficial y ha llegado a la conclusión de que la cubierta no es lugar para los católicos.

No hay sitio en la cubierta.

Quizás esa sea la frase que debería rondar este momento.

No hay sitio en la cubierta.

En el Vaticano hay espacio de sobra para el lenguaje climático, la ética de la IA, el diálogo interreligioso, las mesas sinodales, la provocación artística, la ambigüedad pastoral y el teatro humanitario global. Hay espacio para “obispos” que ridiculizan los símbolos católicos. Hay espacio para funcionarios que normalizaron la confusión sacramental. Hay espacio para todos los eufemismos jamás inventados para evitar pronunciar la palabra “pecado”.

Para los católicos tradicionalistas que desean la antigua fe íntegra y completa, el espacio se reduce cada día más.

Esa reducción es esclarecedora. Dolorosa, sí. Escandalosa, sin duda. Pero esclarecedora.

Los viejos compromisos están fracasando. Las viejas explicaciones se desmoronan. La vieja postura de “esperar y ver” se vuelve cada vez más difícil de defender con seriedad. La iglesia conciliar sigue mostrándonos lo que es, no solo con sus documentos, sino también con sus actos. Ve la crisis del hombre con mayor claridad que la crisis de la fe. Se siente más cómoda corrigiendo la tecnología que corrigiendo la comunión adulterada. Puede estetizar el Sagrado Corazón herido, pero le cuesta repararlo.

Si Magnifica humanitas se convierte en el principio rector de esta próxima fase, entonces el título podría ser más revelador de lo previsto.

Humanidad magnificada.

Cristo reducido.

Ese es el dilema central de la revolución posconciliar. Y mientras los católicos no estén dispuestos a reconocerlo, los piratas seguirán al mando, los burócratas al timón y a los fieles se les dirá que “el viaje va de maravilla”.

Puede que el mástil esté solo.

También puede ser el único lugar que queda desde donde ver la verdad.

 

4 DE MAYO: SANTA MÓNICA, VIUDA, MADRE DE SAN AGUSTÍN


4 de Mayo: Santa Mónica, viuda, madre de San Agustín

(✞ 387)

Santa Mónica, gloriosa madre de San Agustín, fue de nacionalidad africana e hija de padres cristianos, que la criaron con toda honestidad y virtud.

Cuando era niña se levantaba de noche a rezar las oraciones que su madre Facunda le enseñaba, y era tan amiga de hacer limosna que de su propia comida quitaba parte para dar a los pobres.

Deseó perseverar en virginidad; pero condescendió con la voluntad de sus padres, que la casaron con un varón llamado Patricio, el cual, aunque era hombre noble, era gentil.

Tuvo mucho que sufrir con él Santa Mónica, más fue tal su prudencia, sufrimiento y buen término, que no solo ablandó el carácter áspero y colérico del marido, sino que también le ganó para Jesucristo.

Más le costó rendir a su propio hijo San Agustín, porque siendo mozo se enredó en los vicios y liviandades y en los desatinos de los herejes maniqueos, y la santa madre derramaba ríos de lágrimas por su hijo, y clamaba de día y de noche sin cesar al Señor, suplicándole que le sacase de aquella profundidad de errores y torpezas en que estaba.

Era esto de manera que no podía reposar ni sosegar en espíritu, y así acudiendo una vez a su santo Obispo, rogándole que enseñase y convenciese a su hijo, el buen Obispo la consoló diciendo:

- Por vuestra vida, señora, que no es posible que perezca un hijo de tantas lágrimas.

San Agustín quiso dejar la ciudad de Cartago, donde leía retórica y pasar a Roma para valer más.

Procuró la santa estorbar el viaje de Agustín por todos los medios que pudo, y al fin él la engañó y se fue a Roma, donde tuvo una grave enfermedad, de la cual le libró el Señor por las oraciones de su buena madre, la cual determinó cruzar el mar y buscarle por Italia.

Lo halló en Milán, a donde había sido enviado de Roma para enseñar retórica, y en aquella ciudad, con la comunicación y sermones de San Ambrosio, se convirtió y bautizó a los treinta y cuatro años de edad.

Volviendo, pues, Santa Mónica, muy consolada y alegre con su hijo San Agustín, para África, y habiendo llegado a la ciudad de Ostia aguardando embarcación, hablando a solas con su hijo del amor y deseo de las cosas celestiales, le dijo que nuestro Señor le había cumplido su deseo de verlo cristiano, y cayó luego enferma tan gravemente, que a los nueve días pasó de esta vida mortal a la vida perdurable, siendo de edad de cincuenta y seis años.

Desde que murió esta santa se hizo memoria de ella con singular veneración en toda la Iglesia.

domingo, 3 de mayo de 2026

EL ESCANDALO DEL CAMALEON Y LA "ARZOBISPA"

Quiero comentar sobre lo que León XIV dijo a esa mujer y comparar el discurso de este impío con las palabras de un verdadero Papa, San Pío V.



Hoy queremos hacer un comentario sobre la visita de esta mujer que se presenta como “arzobispa” de Canterbury en el Vaticano.

En un primer momento, podríamos decir que esa reunión que ha sido promovida por la Iglesia Romana y los anglicanos es un paso más en ese “proceso ecuménico” que ellos están realizando con la intención de unir a todos los cristianos en una sola comunidad internacional como ellos pretenden llamarla, una sola iglesia que no va a tener ningún carácter distintivo y que no representará más a la Iglesia Católica de siempre, que simplemente se va a presentar como una iglesia cristiana internacional.

Más allá del escándalo por ese pretendido “ecumenismo” que es algo presente desde el Vaticano II, el hecho nuevo es justamente esa mujer que se presenta como “la personalidad más importante de la iglesia de Inglaterra”.

Y León XIV la recibió no solamente a título diplomático, sino que la recibió como un verdadera “obispa”. Ese es el escándalo. De hecho, ella es reconocida en el Vaticano como un sacerdote, es decir, como una “obispa”, o mejor dicho, como una “arzobispa” de una sede que fue usurpada por la iglesia anglicana y que ahora es considerada “una sede legítima” en la cual esta mujer, Sarah Mullally, está ocupando ese puesto.

Quiero hacer este comentario en referencia a cuando el día 25 de marzo ella recibió a ese título de “arzobispa” de Canterbury. Sobre la carta que León XIV le envió a esa mujer, muchas personas nos criticaron diciendo: “Él simplemente está enviando un saludo diplomático o haciendo un acto de caridad o de bienvenida a esa persona, pero él no está mezclando la iglesia anglicana con la Iglesia Católica y no está reconociendo a esa mujer como arzobispa verdadera, es decir, como una persona que tiene un poder sacerdotal como nosotros acostumbramos a entender”.

Ahora, con esta visita al Vaticano, es evidente que aquello sobre lo que nosotros estábamos alertando quedó más claro y ahora es evidente que ella fue recibida como una “obispa”, inclusive dando “bendiciones” y haciendo la señal de la Cruz al ser recibida. Esto es un absurdo completo. 

Queremos comentar sobre esto, no porque tengamos algo contra esa mujer específicamente, ni contra la participación de las mujeres en la Iglesia, porque, como sabemos, en todos los tiempos, desde la presencia de Cristo, con la presencia de Nuestra Señora y de otras santas mujeres, el papel de la mujer siempre fue fundamental. Es por eso que la Iglesia venera tantas santas. Con certeza, el número de santas canonizadas es todavía mayor que el número de hombres canonizados.

Por lo tanto, la expresión femenina dentro del catolicismo tiene su importancia, pero siempre tuvimos en claro que el sacerdocio no puede ser conferido a las mujeres. Primeramente, porque no sería válido ya que el orden sacerdotal no puede ser transmitido a una persona que no tiene el cuerpo de un hombre, que no ha nacido como hombre, porque, como sabemos, el sacerdote representa a la persona de Cristo, y Cristo nació como un hombre, no nació como medio hombre-mujer, nació como hombre, y por eso mismo, el sacerdote obligatoriamente tiene que ser un hombre. Ese es el primer punto.

En segundo lugar, porque esa mujer defiende valores anticatólicos, defiende el aborto, defiende esa liberalidad del homosexualismo que hoy en día es conocido como lgbt, para ella, todo eso está bien. Ella es herética. Ella está representando una falsa iglesia de índole protestante, a pesar de tener apariencia de catolicismo. Podemos ver que todo lo que ella hace, todo lo que ella es, todo lo que ella representa  es contrario a la Iglesia Católica.


Por lo tanto, incluso dentro de la visión normal de lo que sabemos de la iglesia del Vaticano II, sea con el primer representante que fue Pablo VI o con Juan Pablo II, o con Benedicto XVI, por lo menos, no esperaríamos que esa mujer fuese invitada a ir al Vaticano a dar “bendiciones”. Todavía en esa época eso era imposible.

Pero, con la revolución sinodal de Bergoglio y ahora con este camaLeón, representa un escándalo que nos deja perplejos al ver hasta qué punto pueden llegar. Porque no sólo bendicen “parejas” homosexuales, sino que también invitan “obispas” para que vayan allí a dar su discurso, para dar “bendiciones” y para mostrar que ellas están “en plena comunión” con la Iglesia Católica en el mundo entero.

Por eso mismo, debemos concluir con toda certeza, como ya la tenemos desde hace algunos años, que no estamos delante de la Verdadera Iglesia Católica y no tenemos verdaderos papas que sean representantes de la verdadera fe que fue instalada por Cristo a través de los Apóstoles en el mundo entero y que fue defendida por todos los Papas en todos los tiempos de la historia, inclusive a través de varios Concilios que fueron la reacción de la Iglesia contra los heréticos y contra las personas que amenazaban destruir la unidad de la fe.

Ahora quiero comentar lo que León XIV dijo a esa mujer y comparar el discurso de este impío con las palabras de un verdadero Papa, San Pío V, no sólo un Papa verdadero, sino también un Papa santo, que discernió muy bien lo que está detrás del anglicanismo y excomulgó a las personas que participan de esa falsa religión.

Es por eso que tenemos la certeza de que lo que estamos hablando corresponde perfectamente a pensamiento de la Iglesia en la medida que somos obedientes a los Papas.

Yo actualmente no discuto más con esas personas que me dicen: “¿cómo es su posición? ¿qué es lo que usted está pensando? ¿por qué está haciendo estas conferencias?” Yo les respondo así: “Nosotros somos obedientes a los Papas. Si usted quiere saber lo que nosotros queremos, lo que nosotros defendemos, busque lo que los Papas dijeron, lo que los Papas enseñaron. Nosotros simplemente estamos obedeciendo a la Sede Apostólica, obedeciendo a los sucesores de San Pedro que fueron Obispos de Roma y que fueron verdaderos defensores de la Fe”.

Ahora veamos lo que León XIV le dice a esa mujer, Sarah Mullally, a quien él llama “reverendísima”, le dice: “Su Gracia”. Con ese título se dirige a ella diciendo: 

¡La paz esté con todos ustedes!

En la alegría de este tiempo pascual, mientras seguimos celebrando la resurrección del Señor Jesucristo de entre los muertos, me complace recibirle a usted...”

Eso haría pensar a alguien “ah, pero eso es caridad, es amor, es bienvenida, son valores, son cosas buenas, perdonar el pasado y recibir a esas personas con cariño, eso es algo bueno, no significa que ellos estén mezclando las religiones o que él esté necesariamente reconociendo el sacerdocio de ella”. Pero ese argumento es falso. Cuando nosotros vemos lo que él dice, vemos que si él quisiese simplemente mostrar cariño, con una personalidad importante de otra religión o de otro país, simplemente tendría que colocar a ella en el lugar que le corresponde, debería haberle dicho: “Usted es bienvenida, pero usted no puede ser tratada como obispa. Yo tengo que explicarle a usted que en materia de religión, usted esta equivocada, que usted se tiene que convertir al catolicismo”.

Pero, al contrario, él incentiva a esa mujer a continuar “evangelizando” porque para él lo que ella está haciendo está bien. Eso es peor que enseñar una herejía. Eso es proclamar que todos los errores son bienvenidos. Cuando él dice “Usted es bienvenida”, está diciendo “Todo lo que Usted enseña y todos los absurdos que está propagando, todo eso es bienvenido entre nosotros, nosotros lo aceptamos”.

Continúa así:

“Su visita me trae a la memoria el memorable encuentro, hace sesenta años, entre San Pablo VI y el Arzobispo Michael Ramsey...”

Él está citando aquel momento en que esas dos personas se encontraron, es decir, ese  impostor que él llama “santo” (Pablo VI), que a su vez se encontró con ese pseudo arzobispo que vino de Inglaterra después de centenas de años que la Iglesia mantenía su posición delante de la secta  impía que se llama anglicanismo.


¿Pero qué es lo que hicieron? Llamaron a ese hombre al Vaticano y Pablo VI le entregó un anillo. Al darle aquel anillo fue como decirle “Yo reconozco su poder sacerdotal, reconozco que Usted es un obispo verdadero”, siendo que León XIII había dejado claro que no hay ningún sacerdocio válido entre los anglicanos. Todo eso estaba bien claro, pero ellos van siempre destruyendo lo que la Iglesia hizo. Por lo tanto, aquello que él llama “encuentro memorable”, fue verdaderamente un acto de apostasía. León también dijo a la señora que 

“conmemoró en una acto con el “cardenal” Koch en la Catedral de Canterbury la mañana siguiente a su entronización. Desde entonces, los Arzobispos de Canterbury y los Obispos de Roma han seguido reuniéndose para orar juntos”

Algo que jamás nosotros podríamos hacer porque un católico tiene prohibido rezar con un hereje. Si tienes fe, no puedes rezar con un hereje público declarado. Eso es una abominación, ¿porque? Porque cuando oras con una persona manifiestas comunión. Comunión significa que estás en unión con la misma fe de esa persona. Eso es una profanación de la Fe Católica verdadera.

Él dice también:

“me complace que hoy continuemos con esta tradición ... las primeras palabras pronunciadas por el Cristo resucitado resuenan en toda la Iglesia: “¡La paz esté con ustedes!”. Este saludo nos invita no solo a aceptar el don de la paz del Señor, sino también a ser mensajeros de su paz. A menudo he dicho que la paz del Señor resucitado es “desarmada”.

Él siempre quiere dar su discurso “pacificante” porque quiere hacer una crítica específica a aquellos que, desde el otro bando, libran guerras. Y de hecho, la Iglesia no propone la guerra, pero la Iglesia también sabe que a veces es necesario que estemos armados contra el enemigo. Este es uno de los discursos que forman parte de esta “nueva iglesia” y que está siempre presente en la boca de este camaLeón, justamente que tenemos que ser mensajeros de la paz, que tenemos que estar desarmados. Él usa ese pretexto de la paz para decir que bajo la bandera de la paz es que debemos reconciliarnos con los herejes.

Esa es una idea que está muy impregnada en el corazón de las personas y a través de esa lógica, muchas personas son engañadas, mientras que la Iglesia, en todos los tiempos expresó lo siguiente: Nosotros no podemos reconciliarnos con las personas que son herejes hasta que ellas no renuncien al error. Nosotros podemos tener paz en el sentido de no tratar mal a la persona, no provocarla, pero esa reconciliación no es posible mientras esa persona esté contra Dios y contra su Iglesia, porque la Fe está por encima de los valores humanos. Por lo tanto la paz, la amistad, la caridad entre los hermanos, fraternidad, amor fraterno, todas esas son cosas humanas, y esas cosas humanas son buenas, pero no pueden estar por encima de la fe.

En primer lugar, tenemos que garantizar la Fe. Cuando garantizamos la integridad de la Fe, a partir de ahí podemos dar a esas personas la oportunidad de una reconciliación, de una unión con nosotros.

Luego el dice:

“considero que los cristianos deben dar juntos un testimonio profético y humilde de esta profunda realidad”.

Entonces con su discurso nos dice que tenemos que ser humildes (no, yo no tengo la verdad, tu verdad también es buena, todos estamos en pie de igualdad, no existe una religión que sea la verdadera).

León continúa: 

Mientras que nuestro mundo sufriente tiene una profunda necesidad de la paz de Cristo, las divisiones entre los cristianos debilitan nuestra capacidad de ser portadores eficaces de esa paz”.

Esa es una frase muy bien trabajada para que podamos decir: ¡Que frase bonita! ¿La estás viendo? No podemos tener división entre los cristianos, pero lo que él está diciendo es contrario a la propia Escritura, porque Jesús rezó por la unidad de aquellos que forman la Iglesia Católica, no rezó por la unidad de todos aquellos que se dicen “cristianos”. Esa es la diferencia. Si la persona quiere pertenecer a la Iglesia de Cristo y si ella quiere creer en todo aquello que Dios reveló a través no sólo de las Escrituras, sino también en la enseñanza de la Iglesia. Una vez que está en unidad con la Iglesia, podemos rezar por la unidad de los cristianos católicos que forman esa única Iglesia; pero no por la unidad de todos esos cristianos que están cada uno formando una iglesia separada, una secta, con una doctrina diferente y que no corresponde a la religión revelada por Dios.

Después dice:

“Si queremos que el mundo tome en serio nuestra predicación debemos, por lo tanto, ser constantes en nuestras oraciones y en nuestros esfuerzos por eliminar cualquier piedra de tropiezo que obstaculice la proclamación del Evangelio”.

Cuando él dice eso, no es en sentido de que las personas se conviertan, sino de eliminar todos los dogmas que se están interponiendo: - Si tú crees en ese dogma, entonces lo vamos a eliminar porque eso está siendo un obstáculo para que estemos unidos proclamando el Evangelio, que según ellos tiene la misma lógica de cualquier protestante. Para ellos proclamar el Evangelio es simplemente decir “Jesús salva”, “Jesús cura”, Jesús libera”, para decir eso no precisas dogmas. No necesitas decir que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero Hombre, no necesitas decir que Nuestra Señora es Virgen antes, durante y después del parto. Esas cosas son “obstáculos”. Nosotros solo precisaríamos decir un mensaje básico porque el Evangelio para ellos es sólo un mensaje básico, un mensaje general, algo bien diluido.

Él continúa:

“... la necesidad de unidad con miras a una evangelización más fecunda ha sido un tema recurrente a lo largo de todo mi ministerio: de hecho, se refleja en el lema que elegí cuando fui nombrado obispo: In Illo uno unum, “En el único Cristo somos uno”.

Él usa una frase muy bonita de San Agustín, pero desviándola de su verdadero sentido, por la forma en que la presenta en esa frase. San Agustín estaba invitando a los herejes para que estuvieran en unión con él. Investiga si San Agustín llamó a los pelagianos y les dijo “vengan, vamos a compartir, vamos a celebrar juntos, vamos a estar unidos”. NO, dijo “váyanse los pelagianos, si tu eres pelagiano soy el primero que te va a excomulgar”. Ese era el San Agustín que extirpó las herejías en África como verdadero obispo católico. Esa es la diferencia.

Después él dice:

“cuando el arzobispo Michael Ramsey y San Pablo VI anunciaron el primer diálogo teológico entre anglicanos y católicos, hablaron de buscar el “restablecimiento de la plena comunión en la fe y en la vida sacramental” 

Lo que ellos realmente quieren es unir esas dos iglesias. No se trata solamente de decir “somos amigos” solo para poder alejar aquella marca de las penas del pasado, sino que pretenden una reconciliación completa, la plena comunión en la fe y en la vida sacramental. 

Ciertamente, este camino ecuménico ha sido complejo. Aunque se han logrado muchos avances en cuestiones históricamente divisivas, en las últimas décadas han surgido nuevos problemas, lo que ha hecho que el camino hacia la plena comunión sea más difícil de discernir. Sé que la Comunión Anglicana también está enfrentando muchas de estas mismas cuestiones en la actualidad. 

¿Lo entiendes? La conclusión de ellos siempre es hacia el lado negativo. Él no saca conclusiones del tipo: “Mire, señora, Usted está aquí, la gente piensa que es obispo, pero le explicaré...”. No, no es así. Hay que entender que no es así. Siempre se centra en lo negativo. Y cuando dice que hay problemas para tener esa comunión plena, afirma: “no debemos permitir que estos desafíos constantes nos impidan aprovechar cada oportunidad posible. ¿Por qué? Porque, al fin y al cabo, tenemos que “proclamar juntos a Cristo al mundo”.

Por lo tanto, este es un discurso totalmente protestante, para ellos evangelizar es sólo proclamar a Cristo, hablar de Cristo como cualquier protestante, como cualquier carismático. Eso no es catolicismo. ¿O acaso los misioneros de la Iglesia en la antigüedad anunciaban a Cristo simplemente diciendo: “Jesucristo salva”? No, ellos evangelizaban enseñando a esas personas como Jesús mismo lo ordenó. Jesús no dijo solamente “vayan por ahí y digan solamente que yo estoy allí para salvar”. No, Él dijo “enseñen todo lo que yo les ordené”. Esto es, lo que se refiere con respecto al sacramento, lo que se refiere a la doctrina, lo que se refiere a la espiritualidad, lo que se refiere a la verdadera dimensión del significado de la Biblia. Todo eso es el anuncio del Evangelio según la Iglesia Católica, es el anuncio de la verdad completa.


Pero según ellos, todo eso es relativo. León continúa: “Como dijo mi querido predecesor, el Papa Francisco...”, vemos aquí que él cada vez más se revela como totalmente impregnado por el “espíritu de Francisco”, porque él fue formado por Francisco. No es de extrañar que diga: “Él es mi querido predecesor”, porque Francisco fue quien formó a este hombre. Él es el producto que Francisco hizo. Así pues, mientras estuvo en Perú, por ejemplo, no pronunció ninguna homilía sin citar al papa Francisco. Las personas que estaban allí con él nos contaron “Mira, la insistencia de él era para que las personas viviesen plenamente la revolución de Francisco”, así que no es coincidencia que diga ante esta “obispa” que este impostor que se hacía llamar “Francisco” declaró a los primados de la comunión anglicana en 2024: “Sería un escándalo si, debido a las divisiones, dejáramos de cumplir nuestra vocación común de dar a conocer a Cristo”.

Da la impresión que solo se trata de eso: de ser cristiano, hacer conocer a Cristo, olvidar los dogmas, olvidar todas las leyes de la Iglesia, olvidar todo lo que se refiere a disciplina, a la liturgia o todo aquello que se refiere a la moral, todas esas cosas ya no tienen valor. O pueden tener valor para ti, es decir, que cada uno puede tener su propia iglesia, cada uno puede tener sus leyes o conocimientos, pero lo que importa es que estamos hablando en nombre de Cristo. Si tú hablas en nombre de Cristo, está bien; si otro habla en nombre de Cristo, también está bien.

Por lo tanto la palabra “hereje” no existe más para esas personas, porque ya no existe la herejía. ¿Y que es una herejía? Es justamente aquella doctrina que dice que alguien que se dice cristiano comienza a enseñar el error, porque una persona que no es cristiana no es hereje. Así, los musulmanes no son herejes, los musulmanes son miembros de otra religión. Pero un hereje es alguien que se dice cristiano o que se presenta como católico. Él dice “yo soy católico” pero tú ves que él no es católico porque él no cree en todo lo que la Iglesia enseña, él tiene otra fe. Por lo tanto, esa es la persona a la que llamamos hereje y cismático.

León dice:

“Por mi parte, añado que también sería un escándalo si no siguiéramos trabajando para superar nuestras diferencias, por muy insuperables que puedan parecer”.

Está claro que eso va a suscitar una serie de debates porque ya hay en Holanda un “obispo” que dice que va a comenzar a ordenar hombres casados. Y quiero ver si el camaLeón castigará a este “obispo” porque quiere ordenar a hombres casados. Entonces este “obispo” podría argumentar con razón: “¿Por qué no puedo ordenar a hombres casados ​​si ustedes, desde Pablo VI, han estado en plena comunión con los arzobispos anglicanos de Inglaterra, que son hombres casados?”. Pero la cosa no se detendrá ahí, porque alguien más dirá: “No tengo sacerdotes en mi diócesis, pero tengo mujeres que son mucho más eficaces que los hombres. Y voy a ordenar a estas mujeres a cambio de una remuneración, y quién sabe, tal vez incluso puedan convertirse en obispas auxiliares, porque necesito alguien así para que me ayude”. 

¿Y qué va a pasar? El camaLeón vendrá y dirá: “No, pero no puedes porque aquí no es costumbre ordenar mujeres”. Y yo le diré: “¿Pero no tenías allí a una mujer a la que tú mismo llamaste “obispa” dentro de tu casa y recibiste una bendición de parte de ella y oraste con ella?”.

¿Porqué toda esa incoherencia? ¿Aceptas que eso se haga en Inglaterra, dices que estas en “plena comunión” con ellos y luego no permites a la gente hacerlo aquí siendo que la gente esta viendo que para ti eso “está muy bien”? ¿Es en serio?

Estamos viendo una relativización de las cosas. Ellos van acostumbrando a las personas lentamente, ellos van haciendo que las personas pierdan su fe lentamente. Por eso visten a las mujeres con atuendos sencillos y las ponen a distribuir la comunión. Porque así las personas empiezan a ver esa imagen en el altar y, con el tiempo, se acostumbrarán a la idea de que una mujer puede distribuir la Eucaristía, que también puede ser sacerdote, que puede hacer lo que hacen los hombres como ministros sagrados. Eso es verdaderamente absurdo, porque no son cosas que se puedan cambiar; son cosas que forman parte de la institución divina y apostólica de la Iglesia.

Y él termina su discurso diciendo:

Mientras seguimos caminando juntos en amistad y diálogo, oremos para que el Espíritu Santo, que el Señor derramó sobre los discípulos la noche después de su resurrección, guíe nuestros pasos mientras, en oración y humildad, buscamos esa unidad que es la voluntad de Dios para todos sus discípulos.

Su Gracia, al agradecerle su visita en el día de hoy, ruego para que el mismo Espíritu Santo permanezca siempre con usted, haciéndola fecunda en el servicio al cual ha sido llamada.

Entonces pregunto: ¿a qué servicio fue llamada esta mujer? Porque dice que debe ser “fecunda en el servicio”. Si ella fuera enfermera, bien, entonces puede ser fecunda, pero, si continúa como “obispa”, no puede ser “fecunda”, no tiene sentido. Entonces él mismo está invocando al Espíritu Santo. ¿Acaso un verdadero Papa invocaría al Espíritu Santo para que esta “obispa” pueda seguir actuando con más fecundidad en ese falso ministerio sacerdotal que ejerce allí?

¿Podemos considerar este tipo de carta como una declaración de un verdadero Papa, sucesor de San Pedro y sucesor de todos los Papas de la Iglesia Católica? No tiene sentido.

Cuando leemos las palabras de un Papa como San Pío V ahí tenemos el discernimiento de lo que la Iglesia Católica cree, que la Iglesia Católica no tiene una fe “mudable”. Cuando decimos “creer”, siempre lo decimos en tiempo presente. Es decir, en el siglo X, el siglo XV o el siglo XXI. La Iglesia Católica cree en esto porque siempre es presente; la Iglesia Católica lo hace así, la Iglesia Católica recibió eso y lo mantiene así, es todo de esa forma, no tiene cambios continuos. 

El Papa San Pío V escribió una bula impresionante que se llama Regnans en Excelsis en la cual excomulga a la falsa reina Isabel diciendo:

Pío Obispo, siervo de los siervos de Dios, en memoria perdurable de la materia.

El que reina en las alturas, a quien le ha sido dado todo poder en el Cielo y en la tierra, ha encomendado una sola Iglesia santa, católica y apostólica, fuera de la cual no hay salvación, a uno solo sobre la tierra, a saber, a Pedro, el primero de los apóstoles, y al sucesor de Pedro, el Papa de Roma, para que sea gobernada por él en plenitud de poder. 

¿Se parece en algo a discurso del camaLeón? “Oh no, tengamos la humildad de crear unidad. Ven aquí, hija mía, dame un besito. Hablemos. Siéntate aquí y tráeme un cafecito”. Mira la diferencia entre un discurso y el otro. Presta atención.

Sólo a Él ha constituido soberano de todos los pueblos y reinos, para arrancar, destruir, dispersar, esparcir, plantar y edificar, a fin de que conserve a su pueblo fiel (unido con el ceñidor de la caridad) en la unidad del Espíritu y lo presente seguro y sin mancha a su Salvador. 

Esa es la función de un verdadero padre: proteger al pueblo fiel, mantenerlo en la fe verdadera y presentarlo sano y salvo. “Mira, aquí está. Te lo entrego”.

Salva. Eso es lo que hace un Papa. Y dice “en obediencia a este deber”, porque un Papa es obediente a Cristo. Esa es la diferencia. Él no anda por ahí difundiendo cosas por dinero, por ambición, o para ganar fama o poder. No. Un Papa obedece a Cristo. Eso es todo, obedece, hace lo que la Iglesia siempre ha hecho, obedece y eso es todo. La obediencia es su deber. 

Nosotros (que por la bondad de Dios hemos sido llamados al mencionado gobierno de la Iglesia) no escatimamos esfuerzos y trabajamos con todas nuestras fuerzas para que la unidad y la religión católica (que su Autor, para la prueba de la fe de sus hijos y nuestra corrección, ha permitido que sea afligida con tan grandes problemas) se conserven íntegras.

Así pues, el siguiente punto es que debemos preservar plenamente la unidad y la religión católica. Si se preserva plenamente la religión católica y se garantiza la unidad de los fieles católicos dentro de esa religión, entonces se habrá hecho lo que Dios le ordenó al Papa. 

Pero el número de los impíos ha crecido tanto en poder que no queda lugar en el mundo que no hayan intentado corromper con sus doctrinas más perversas; y entre otros, Isabel, la pretendida reina de Inglaterra y la sierva del crimen, ha ayudado en esto, en quien como en un santuario, los más perniciosos de todos han encontrado refugio.

Así pues, según la visión de San Pío V, se convirtió en una especie de santuario donde los peores criminales encontraban refugio. Esa mujer fingía ser la Reina de Inglaterra. Ante la autoridad de tal persona, ¿qué diferencia hay? Por eso la gente está tan descontenta hoy en día, porque aquí no tenemos ese tipo de autoridad. Eso es lo que nos falta. Alguien que hable con ese poder divino, que diga: “Esta mujer se hace pasar por la Reina de Inglaterra, sirve al crimen”.


“Esta misma mujer, habiéndose apoderado de la corona y usurpado monstruosamente el puesto de cabeza suprema de la Iglesia en toda Inglaterra”, porque eso es lo que ella hizo, usurpó monstruosamente. Y eso es lo que León XIV debía decirle a esta impostora que apareció allí en el Vaticano. “Escucha, hija mía. Tú que estás usurpando monstruosamente la Sede de Canterbury, devuelve las iglesias que robaste a la Iglesia Católica, conviértete, haz penitencia, confiésate y quítate esa sotana, que te ves ridícula. Una mujer no puede vestir eso. Con toda caridad, haz esto lo antes posible para asegurar tu salvación. Y si lo deseas, después de haberlo hecho, ven aquí y te daré mi bendición”. Eso es lo único que él tenía que decir: la verdad

Como decía San Pío V: 

“Esta misma mujer, habiéndose apoderado de la corona y usurpado monstruosamente el puesto de cabeza suprema de la Iglesia en toda Inglaterra para reunirse con la principal autoridad y jurisdicción que le pertenecen, ha vuelto a reducir este mismo reino -que ya había sido restaurado a la Fe Católica y a los buenos frutos- a una ruina miserable”.

Y eso fue lo que pasó en Inglaterra.

Y fue la ruina miserable de Inglaterra lo que creó este mundo moderno, este nuevo orden mundial. Todo sucedió por culpa de esta mujer, la ruina en la que cayó Inglaterra. Eso es lo que esta gente no ve. “Oh, no. Ven aquí, hablemos, abracémonos, fomentemos la unidad”. ¿Pero cómo se fomenta la unidad? ¿Mediante el error, las mentiras y el crimen? ¿Cuál es la idea? ¿Unir a los ladrones, a los bandidos? ¿Vamos todos a hacer un banquete? ¿Vamos a conmemorar la victoria contra los pocos representantes de Dios en la tierra a quienes ya hemos logrado matar y destruir? ¿Es eso lo que celebran? 

Prohibiendo con mano dura el uso de la Verdadera Religión, que después de su anterior derrocamiento por Enrique VIII (un desertor de la misma) María, la legítima reina de famosa memoria, había restaurado con la ayuda de esta Sede, ha seguido y abrazado los errores de los herejes. Ha suprimido el Consejo Real, compuesto por la nobleza de Inglaterra, y lo ha llenado de hombres oscuros, herejes; ha oprimido a los seguidores de la Fe Católica; ha instituido falsos predicadores y ministros de la impiedad; ha abolido el sacrificio de la Misa, las oraciones, los ayunos, la elección de las carnes, el celibato y las ceremonias católicas; y ha ordenado que libros de contenido manifiestamente herético sean propuestos a todo el reino y que ritos impíos e instituciones según la regla de Calvino, mantenidos y observados por ella misma, sean también observados por sus súbditos. Se ha atrevido a expulsar a obispos, rectores de iglesias y otros sacerdotes católicos de sus iglesias y beneficios, a conceder estas y otras cosas eclesiásticas a herejes, y a determinar causas espirituales; ha prohibido a los prelados, al clero y al pueblo reconocer a la Iglesia de Roma u obedecer sus preceptos y sanciones canónicas; ha obligado a la mayoría de ellos a avenirse a sus perversas leyes, a abjurar de la autoridad y obediencia del Papa de Roma, y a aceptarla, bajo juramento, como su única señora en asuntos temporales y espirituales; ha impuesto penas y castigos a los que no accedían a esto y ha exigido luego a los que perseveraban en la unidad de la fe y en la obediencia antedicha; ha arrojado a los prelados y párrocos católicos a la cárcel, donde muchos, agotados por largas languideces y penas, han acabado miserablemente su vida. Todos estos asuntos son manifiestos y notorios entre todas las naciones; están tan bien probados por el testimonio de peso de muchos hombres, que no queda lugar para excusas, defensas o evasivas.

Nosotros, viendo que las impiedades y los crímenes se multiplican unos sobre otros, que la persecución de los fieles y las aflicciones de la religión se agravan cada día más bajo la dirección y por la actividad de la mencionada Isabel, y reconociendo que su mente está tan fija y establecida que no sólo ha despreciado las oraciones piadosas y las amonestaciones con las que los príncipes católicos han tratado de curarla y convertirla, sino que ni siquiera ha permitido que los nuncios enviados a ella en este asunto por esta Sede cruzaran a Inglaterra, nos vemos obligados por necesidad a tomar contra ella las armas de la justicia...

¿Estás viendo la diferencia de los discursos? Uno está hablando desarmado. Está completamente desarmado. Cristo está hablando: “La paz sea con vosotros. Desarmémonos todos”. Ahora mira lo que el Papa San Pío V dijo: nos vemos obligados por necesidad a tomar contra ella las armas de la justicia” porque son armas espirituales. Esas armas espirituales son necesarias para garantizar la fidelidad a Dios, porque sino San Miguel tampoco tendría una espada en la mano y las personas no precisarían luchar contra los demonios. “Vamos a hacer también unidad con los demonios”, como decía Francisco, con los blasfemos, los impíos. Todos ellos son bienvenidos. ¿Por qué? Porque según él, no existe exclusión ni de los demonios. Todo eso es un completo absurdo, porque según esas personas, nosotros debemos considerar que estamos en un  mundo irenista, es decir, donde la paz impera y nosotros no podemos ni siquiera luchar por nuestra fe, porque si tú luchas por tu fe eres un radical, eres una persona que no entiende las diferencias. Entonces tú te tienes que adaptar a esa relativización de todas las cosas referentes a la fe y también a las costumbres en nombre de esa paz mundial que ellos están queriendo promover.

Y así continúa:

“aunque no podemos dejar de lamentar que nos veamos forzados a dirigirnos contra alguien cuyos antepasados han merecido tanto de la comunidad cristiana”.

Por lo tanto, apoyándonos en la autoridad de Aquel cuyo placer fue colocarnos (aunque desiguales para semejante carga) en este supremo asiento de justicia, declaramos desde la plenitud de nuestro poder apostólico que la mencionada Isabel es hereje y favorecedora de herejes, y que sus adherentes en los asuntos antes mencionados han incurrido en la sentencia de excomunión y han sido cortados de la unidad del cuerpo de Cristo.

Esa es la Iglesia Católica de todos los tiempos. La persona que está obstinada en el error, que lucha contra Dios, contra la Iglesia, que no quiere cambiar, está excomulgada. Es simple, está fuera de la unidad del cuerpo de Cristo.


Y además (la declaramos) privada de su pretendido título a la mencionada corona y de todo señorío, dignidad y privilegio alguno.

Esto significa que a partir de Isabel, todos los reyes de Inglaterra que siguieron esa falsa religión, todos ellos están privados de la verdadera corona, es decir, ellos no tienen un imperio delante de Dios sobre los pueblos de Inglaterra.

Es por eso que el Papa dice:

Y también (declaramos) a los nobles, súbditos y pueblo de dicho reino y a todos los demás que de algún modo le hayan prestado juramento, absueltos para siempre de tal juramento y de cualquier deber derivado de señorío, lealtad y obediencia; y por la autoridad de estos presentes los absolvemos y privamos a la misma Isabel de su pretendido título a la corona y de todos los demás asuntos arriba mencionados. Encargamos y ordenamos a todos y cada uno de los nobles, súbditos, pueblos y otros antes mencionados que no se atrevan a obedecer sus órdenes, mandatos y leyes. A los que obraren en contrario los incluimos en la misma sentencia de excomunión.

Entonces, la primer conclusión que sacamos del documento de Prevost es la siguiente:

Esta es una falsa iglesia que relativiza la fe católica  y coloca a todos los cristianos en pie de igualdad, inclusive a los peores herejes y enemigos de la Sede de Roma, como es el caso de los anglicanos.

Segunda conclusión: 

Esa falsa iglesia del Vaticano II representada hoy por León no es de forma alguna la Iglesia de Cristo y no está de forma alguna defendiendo los valores de la religión como los Papas verdaderos la defendían.

Por lo tanto, aquellos que participan de esa iglesia y aquellos que aprueban esas actitudes de León XIV inclusive para con esas personas excomulgadas y heréticas, ellos incurren también en excomunión, porque automáticamente esas personas se excluyen de la comunión de la Iglesia Católica cuando están siendo conniventes con esa apostasía que ellos están promoviendo.

Y la tercera conclusión:

Después de analizar y comparar los textos entre los que dice León XIV con aquello que dijo San Pío V, concluimos que el propio León XIV está excomulgado. El no solo es un papa ilegítimo sino que además está excomulgado por el propio San Pío V, por el valor de ese mismo documento Regnans en Excelsis que acabamos de leer. 

Todo esto es muy grave y nosotros presentamos estas cosas. No es para que las personas se queden tristes y desanimadas, sino para que las personas perciban que nuestro tiempo es muy grave y que esos impíos ocupan todos esos cargos y esos puestos, incluidos los relacionados con la religión, para engañarnos y para alejarnos de la verdad, para alejarnos del verdadero seguimiento de Cristo, porque seguir a Jesucristo es seguir la verdad plena.

Por eso, nosotros invitamos a las personas a rezar y a unirse a nosotros, para que tengamos a través de nuestra unión y también de la ayuda de Dios, un verdadero Papa que pueda sustentarnos con la verdadera doctrina. Y que Dios sea bendito por siempre. Amén.