miércoles, 5 de agosto de 2026

MEZQUITAS COMO UN DERECHO DIVINO, CELEBRACIÓN DEL ORGULLO, FIV Y MUJERES EMPODERADAS EN ALEMANIA

Desde Santa Fe hasta Berlín y Roma, la jerarquía afirma la falsa religión y la revolución sexual mientras raciona la Misa que aún produce vocaciones.

Por Chris Jackson


El escudo de la Arquidiócesis de Santa Fe se encuentra en la parte superior de la página. Debajo aparece la palabra DECLARACIÓN (documento PDF en inglés aquí), seguida de un título que podría provenir de una comisión interreligiosa municipal: “Apoyando el derecho de nuestros vecinos musulmanes a practicar su religión”.


La imagen adjunta es auténtica. El “arzobispo” John Wester publicó la declaración el 27 de julio como respuesta a la oposición local a la propuesta de construcción de una mezquita y un centro comunitario en el Valle Norte de Albuquerque. Su frase clave dice:

“Nuestros vecinos musulmanes tienen el mismo derecho, otorgado por Dios y protegido por la Constitución, a practicar su religión libremente que cualquier otra comunidad religiosa, incluida la nuestra”.

Wester va más allá de la defensa de la paz civil. Declara que apoyar la construcción de la mezquita es totalmente coherente con nuestra tradición y nuestros compromisos morales”, insta a los residentes a acoger con beneplácito el proyecto y describe la oposición a los lugares de culto musulmanes como incompatible con el Evangelio.

La ley estadounidense protege a los musulmanes de la discriminación gubernamental. Un católico puede defender a familias musulmanas contra la violencia, el vandalismo, el acoso o el castigo colectivo. La justicia se aplica a todos los vecinos. La conversión nunca se ha logrado mediante la violencia de las turbas.

La declaración de Wester afirma algo mucho más importante.

Vincula una libertad civil constitucional con un derecho “dado por Dios” y sitúa el culto musulmán al mismo nivel que el católico. Convierte una mezquita y a una iglesia católica en expresiones paralelas de un derecho religioso universal. El “obispo” presenta entonces su apoyo activo a la mezquita como una aplicación de la tradición católica.

Esa posición no puede conciliarse con la doctrina tradicional de la Iglesia Católica.

León XIII enseñó que la sociedad civil le debe culto público al Dios verdadero y no puede tratar a todas las religiones como si tuvieran la misma posición ante Él. En Libertas, rechazó la afirmación de que la libertad de culto sin restricciones sea uno de los derechos inherentes al ser humano. También condenó el principio político de que toda forma de culto deba estar “en igualdad de condiciones”.


La distinción es elemental. Una persona posee dignidad, libertad de voluntad y protección contra la coerción injusta. El error no posee dignidad propia. El falso culto no puede adquirir autorización divina simplemente porque el gobierno civil lo tolere.

Incluso el Catecismo posconciliar intenta preservar esta distinción. Su tratamiento de la libertad religiosa afirma que el derecho civil constituye inmunidad frente a coacciones externas dentro de límites justos. Añade explícitamente que esto no es ni una “licencia moral para adherirse al error” ni un supuesto “derecho al error”.

Wester elimina esa distinción. Parte de la libertad frente a la coerción y llega a un derecho positivo, de fundamento divino, a construir y administrar una casa dedicada a una religión que rechaza la fe católica. Luego, recurre al mandamiento evangélico de la caridad para condenar la oposición.

Esta iniciativa se enmarca en la esencia de Dignitatis Humanae aplicada al ámbito pastoral. La declaración conciliar prometía mantener intactos los deberes de los hombres y las sociedades hacia la verdadera religión, al tiempo que fundamentaba el derecho civil público a la práctica religiosa en la dignidad humana. Sesenta años de práctica episcopal han demostrado cuál de las dos partes de esa fórmula sigue vigente. El deber hacia la verdad permanece en un segundo plano. La igualdad de libertad religiosa rige la acción episcopal.

Un obispo católico debe anhelar la conversión y la salvación de los musulmanes. Debe predicar a Cristo crucificado, la Trinidad, el Bautismo, la gracia, el juicio y la necesidad de la Verdadera Fe. Debe proteger a los musulmanes de la injusticia porque son criaturas hechas por Dios, almas por las que Cristo derramó su sangre y hombres a quienes la Iglesia debe esforzarse por convertir y salvar.

La declaración de Wester propone el pluralismo vecinal como horizonte final. Los musulmanes siguen siendo musulmanes, los católicos siguen siendo católicos, y la indiferencia religiosa se convierte en una contribución más a un “tejido social” más rico. El “obispo” aparece como guardián de un acuerdo cívico cuyos valores fundamentales son la coexistencia, el diálogo y la afirmación recíproca.

El contexto de Rosera

Esta declaración también se produce en el contexto de la gestión que Wester ha dado al “padre” Steve Rosera.

Steve Rosera

En 2025, el Instituto Lepanto publicó actas judiciales y material de archivo que indicaban que Rosera mantuvo una unión civil legalmente registrada con otro hombre durante casi diez años, mientras se encontraba “alejado del ministerio sacerdotal activo”. El informe también documentó la defensa pública de Rosera a favor del “matrimonio” entre personas del mismo sexo. Wester le restituyó sus facultades “sacerdotales” en 2021 y lo asignó a cargos que incluían párroco, decano, supervisor escolar y miembro del tribunal matrimonial arquidiocesano. Posteriormente, Zenit resumió la documentación e informó que varios clérigos afirmaron que Wester y Rosera residían en la misma antigua casa parroquial jesuita.

En diciembre de 2025, Wester también había nombrado a Rosera miembro del Colegio de Consultores de la arquidiócesis, incluso después de que la controversia se hubiera hecho pública.

El contraste en la postura episcopal resulta revelador. Sobre el islam, el “arzobispo” habla de derechos divinos, hospitalidad y el deber moral de acoger. Sobre un “sacerdote” cuya unión civil, contraria a la moral católica y al celibato clerical, ha sido documentada públicamente, la misma administración le ha ofrecido rehabilitación, ascenso y autoridad institucional.

El problema va más allá de la inconsistencia personal. El sistema percibe los límites católicos heredados como severidad y la transgresión contemporánea como una oportunidad de acompañamiento.

Berlín: Llorando a las víctimas y bendiciendo el festival

El 25 de julio, una furgoneta arrolló a una multitud cerca de la celebración del “Día de Christopher Street” en Berlín. 


Una mujer polaca falleció. Inicialmente se informó de veintinueve heridos, cifra que posteriormente ascendió a treinta y uno. El presunto atacante, Abdul Ballout, murió durante una operación policial. Los investigadores hallaron lo que creían que era una grabación de juramento de lealtad al Estado Islámico, y la prensa alemana lo identificó como una amenaza islamista de alto riesgo ya conocida.

No hay necesidad de especulaciones sobre la muerte del sospechoso. Los hechos documentados ya incriminan al aparato de seguridad que permitió que un conocido extremista permaneciera en libertad.


El “arzobispo” Heiner Koch respondió con una oración por los muertos y los heridos, como debe hacerlo cualquier cristiano. Luego describió el “Día de Christopher Street” como “una celebración alegre y conmovedora” que había sido brutalmente destruida.

Todo el contexto importa. Koch expresaba horror ante los asesinatos en masa, dolor por las víctimas y rechazo al odio. Sin embargo, el adjetivo que eligió sigue siendo suyo. Optó por definir la “celebración del orgullo” como alegre y conmovedora.

El día anterior al desfile principal, Berlín celebró su primera “marcha drag”. Entre sus organizadores se encontraban miembros de las “Hermanas de la Perpetua Indulgencia”, una agrupación cuyos integrantes se disfrazan de religiosas católicas a la vez que promueven el activismo sexual. Uno de estos personajes describió cada beso como “un acto de revolución” y cada peluca como “un grito de guerra”.

Los payasos autodenominados “Hermanas de la Perpetua Indulgencia”

Un obispo puede condenar un asesinato sin canonizar el carácter moral del suceso en el que ocurrió. Un párroco católico puede lamentar a cada víctima, consolar a cada herido y denunciar el terrorismo islamista, sin dejar de hablar con sinceridad sobre una festividad pública centrada en la reivindicación y celebración de una conducta condenada por la ley divina y natural.

Koch tomó otra decisión. Sus palabras otorgaron la aprobación episcopal a la “celebración” misma.

Esto concuerda con su historial. En 2023, Koch anunció que los “sacerdotes” y “trabajadores pastorales” de Berlín no enfrentarían medidas disciplinarias por bendecir a “parejas” del mismo sexo. Su archidiócesis dio a conocer la política, y Koch ya se había descrito a sí mismo como capaz de imaginar tales bendiciones.

El atentado de Berlín puso de manifiesto el choque entre dos movimientos revolucionarios. La ideología islamista y la revolución sexual poseen códigos morales radicalmente diferentes, pero ambas rechazan la realeza de Cristo. El “episcopado” moderno carece de un lenguaje teológico capaz de juzgar a ninguno de los dos. Puede condenar el “odio”, afirmar identidades, ofrecer oraciones y llamar a la solidaridad. Su vocabulario público termina donde comienza la verdad revelada.

Un obispo católico se interpondría entre los dos errores contrapuestos y haría un llamado a ambas partes a la conversión. El “obispo” actual bendice el orden cívico en el que dichos errores rivales compiten por el reconocimiento.

Vatican News descubre el problema equivocado con la FIV

El 21 de julio, Vatican News publicó un artículo sobre “Aura”, un laboratorio de fertilización in vitro totalmente automatizado propuesto. El artículo advertía que la inteligencia artificial podría transformar la tecnología, convirtiéndola de una herramienta en un agente de toma de decisiones. Laura Palazzani, de la Academia Pontificia para la Vida, expresó su preocupación por los algoritmos que evalúan los embriones, los datos sesgados, la transparencia, la rendición de cuentas, el consentimiento informado y el riesgo de que la reproducción humana se asemeje a un proceso industrial.


Estas preocupaciones tienen fundamento. Un algoritmo que selecciona embriones humanos introduce otra capa de cálculo eugenésico en un proceso ya de por sí deshumanizador.

Sin embargo, el artículo fundamenta cuidadosamente su alarma moral en torno a la automatización, al tiempo que considera la FIV supervisada por humanos como el estándar aceptable. Palazzani afirma que la tecnología debe respaldar el proceso clínico y preservar la responsabilidad del médico. Enumera la extracción y el tratamiento de gametos, la fertilización in vitro, el cultivo de embriones y la transferencia embrionaria entre las etapas que requieren la presencia humana. Su “riesgo bioético específico” surge cuando un algoritmo, en lugar del embriólogo, selecciona los embriones.

La sola palabra conlleva todo el escándalo.

La doctrina católica considera la fecundación in vitro (FIV) moralmente ilícita. La instrucción Donum Vitae afirma que incluso la FIV homóloga —que utiliza los gametos de un matrimonio, procurando evitar la destrucción del embrión— es contraria a la dignidad de la procreación y la unión conyugal. Esta instrucción somete el origen del niño al poder de médicos y biólogos, y separa la generación de vida del acto conyugal.

Vatican News nunca ofrece a sus lectores ese principio rector. En cambio, se pregunta cómo pueden los seres humanos mantener el control del laboratorio de forma responsable.

Este es el método moral característico de la nueva burocracia eclesial. Comienza a mitad del acto. El mal intrínseco ya se ha normalizado, renombrado e incorporado a la práctica profesional. La contribución católica consiste en una regulación humana, una supervisión ética, un acceso equitativo, transparencia y un comité para garantizar que las máquinas rindan cuentas.

El embriólogo puede elegir qué niño tiene la oportunidad de vivir. El escándalo comienza cuando un software lo asiste.

Así es como una prohibición moral se convierte en un marco de gestión. No se requiere ninguna revocación formal. El silencio basta.

Bremen-Nord y el sacerdote como técnico sacramental visitante

El decanato católico de Bremen-Nord ha anunciado que, a partir del 1 de septiembre, Ute Zeilmann y Agnes Dobrzynski estarán al frente de sus tres parroquias. Zeilmann supervisará la pastoral y el equipo pastoral profesional, mientras que Dobrzynski dirigirá la administración.


El comunicado del decanato subraya que, por primera vez, “dos mujeres y ningún sacerdote” estarán al frente de las parroquias. El “padre” Johannes Pawellek, próximo a jubilarse, ejercerá como “sacerdote moderador” y acompañará al equipo de liderazgo a distancia. Otro “sacerdote” procedente de la India se unirá al equipo pastoral durante cinco años.

Las mujeres describen su programa como una aplicación de la sinodalidad global: un liderazgo ejercido en conjunto, la escucha del "poder del Espíritu de Dios", el discernimiento espiritual y el fin de las decisiones de liderazgo solitarias.

Este acuerdo se rige por el Canon 517 §2, que permite a los laicos participar en la pastoral parroquial cuando una verdadera escasez de sacerdotes impide el nombramiento de un párroco. El canon exige, no obstante, que un sacerdote, dotado de las facultades y atribuciones de un párroco, dirija dicha pastoral.

Una instrucción de la Congregación para el Clero de 2020 fue más allá. Subrayó que esta disposición es excepcional, surge de la escasez de sacerdotes más que de una “teoría de promoción laica”, y confía a los laicos la participación en lugar de la dirección, coordinación, moderación o gobierno de la parroquia. También advirtió contra los títulos que desdibujan la distinción entre responsabilidad sacerdotal y laica.

La publicidad de Bremen parece diseñada para transmitir la impresión opuesta. Las mujeres lideran. El sacerdote “las acompaña”. Su retiro lo hace idóneo para la supervisión a distancia.

Esto revela el objetivo práctico. El sacerdocio sigue siendo necesario para la validez sacramental, por lo que el sacerdote debe permanecer en algún lugar del organigrama. La gobernanza, la identidad pública, la dirección pastoral, el personal y la toma de decisiones se trasladan a otros ámbitos. El sacerdote se convierte en el técnico autorizado que proporciona la consagración, la absolución y el cumplimiento canónico.

La constitución sacramental de la Iglesia se mantiene como una simple estructura básica.

Heiner Wilmer

El acuerdo se desarrolló en la diócesis de Hildesheim bajo el liderazgo de Heiner Wilmer. León nombró a Wilmer “obispo” de Münster en marzo de 2026, y el 21 de junio tomó posesión de la diócesis más grande de Alemania por población católica. León también nombró a Christian Würtz “obispo” de Eichstätt el 7 de julio.

Christian Würtz

La respuesta de Roma al experimento alemán sigue llegando en forma de ascensos y nombramientos.

La Misa Antigua como vacuna contra la FSSPX

Varias diócesis alemanas declararon a CNA Deutsch que no tenían previsto ampliar la Misa Tradicional en Latín. Passau y Colonia se pronunciaron brevemente en contra. Hamburgo afirmó que la oferta actual era suficiente.

Ratisbona ofreció la explicación más clara. Su portavoz describió un número “suficiente” de Misas Tradicionales como una importante respuesta pastoral a la “actividad misionera, en parte agresiva”, de la Sociedad de San Pío X y sus partidarios. Identificó la libertad religiosa, el ecumenismo y las relaciones con religiones no cristianas como las principales disputas doctrinales que separan a la Sociedad de la jerarquía posconciliar.

Esos temas son cuestiones doctrinales. Constituyen la columna vertebral de la crisis.

La política de Ratisbona trata la antigua Misa como una sustancia controlada. Se puede administrar una dosis limitada a los católicos susceptibles, reduciendo así la posibilidad de que busquen la doctrina tradicional completa de la FSSPX. Ampliarla iría en contra de este propósito. La liturgia diocesana funciona como una vacuna contra el catolicismo integral.

Esto resulta mucho más revelador que el lenguaje habitual sobre la unidad.

Ratisbona no valora el rito tradicional porque formó santos, nutrió a Europa, expresó la teología del sacrificio con una claridad inigualable y santificó a generaciones de católicos. Tolera el rito como un instrumento de defensa contra los sacerdotes que le atribuyen implicaciones doctrinales.

El supuesto “autoaislamiento” de la FSSPX consiste principalmente en su negativa a aceptar que la enseñanza anterior de la Iglesia pueda ser reemplazada por un nuevo acuerdo sobre la libertad religiosa, el ecumenismo y las religiones no cristianas. La declaración de la mezquita de Santa Fe demuestra precisamente por qué persiste la disputa. La conclusión de Wester habría sido condenada por los mismos Papas cuya liturgia ahora racionan los obispos alemanes.

La Misa y la doctrina van de la mano. Eso es precisamente lo que la estrategia de contención pretende impedir que los católicos descubran.

Una luz pegada a la custodia

Un sacristán madrileño apareció en un video difundido por Betania TV y acusó a un sacerdote de haberle ordenado colocar una pequeña luz en el viril de una custodia porque la iluminación desde fuera del cristal no conseguía el “efecto artístico deseado”.

El video no tiene audio

Según los informes, el sacristán exhibió el dispositivo e imploró a los sacerdotes que adoraran y glorificaran a Cristo en lugar de usar la Eucaristía para propaganda, sentimentalismo o puesta en escena. Los informes también reiteraron una acusación más grave: que en ocasiones se pudo haber utilizado una luz circular en lugar de la Hostia.

La parte confirmada del testimonio ya lo dice todo.

Cuando la fe en la realidad objetiva de lo sagrado se debilita, el espectáculo se apresura a reemplazarla y la Hostia requiere iluminación. El santuario requiere proyecciones. El sacerdote se convierte en un creador de experiencias. La belleza se desvincula de la proporción, el rito, el silencio, las vestimentas, el canto, el incienso, la arquitectura y la reverencia. Se convierte en un efecto orquestado por técnicos pastorales.

La antigua liturgia nunca necesitó simular la trascendencia. Sus gestos surgían de la creencia de que la trascendencia había entrado en el santuario.

La luz adherida a la custodia ofrece una imagen apropiada del culto contemporáneo. Cristo permanece en el centro, al menos físicamente, mientras que la maquinaria humana proporciona el brillo que lo hace emocionalmente efectivo.

El mismo instinto se manifiesta a lo largo de las historias de la semana. La mezquita necesita la validación episcopal. El orgullo necesita adjetivos episcopales. La fecundación in vitro necesita una gestión humanizada. El gobierno laico necesita un técnico sacramental. La antigua Misa necesita controles de dosificación estrictos. La Eucaristía necesita iluminación escénica.

Todo recibe ayuda excepto la Fe misma.

Los monasterios franceses proporcionan el informe de la autopsia

Luego viene el estudio de Francia.

La socióloga Isabelle Jonveaux examinó los monasterios católicos contemplativos entre 2007 y 2026. Casi el treinta por ciento había cerrado o anunciado su cierre. Los monasterios femeninos sufrieron pérdidas especialmente graves. El ritmo de cierres aumentó de menos de cuatro al año antes de 2015 a aproximadamente diez al año en la actualidad.


Las cifras detalladas son brutales. Francia tenía 244 monasterios que usaban exclusivamente el francés en el Oficio Divino, treinta y seis que usaban tanto el francés como el latín, y veintitrés que usaban exclusivamente el latín.

Entre las casas de habla francesa, el treinta y cuatro por ciento cerró. Entre las casas bilingües, el diecinueve por ciento cerró.

Entre las casas exclusivamente latinas, la tasa de cierre fue cero.

La mera correlación no demuestra que el latín haya sido la causa de la supervivencia. Es posible que las casas latinas también tuvieran miembros más jóvenes, una observancia más estricta, una identidad comunitaria más fuerte, reglas más estables, hábitos más claros, mayor cohesión doctrinal o un enfoque más exigente de la vocación.

Esa salvedad refuerza la postura tradicional. El latín suele ser la expresión audible de toda una ecología religiosa: continuidad, objetividad, disciplina heredada, separación del mundo, seriedad ante el sacrificio y confianza en que la comunidad posee algo por lo que vale la pena entregar la vida.

Rara vez una joven ingresa en un claustro para unirse a una versión reducida de la cultura que ya ha dejado atrás. Ingresa porque la eternidad la reclama.

Los reformadores posconciliares intentaron hacer la vida religiosa más accesible, flexible, contemporánea, dialógica y relevante. En la práctica, a menudo eliminaron precisamente los elementos que justificaban el sacrificio. Una vez que el hábito se desvanece, el oficio se convierte en conversación cotidiana, la clausura se suaviza, la autoridad se vuelve participativa y la relevancia apostólica suplanta a la contemplación, el monasterio comienza a parecerse a un centro de retiros con escasos recursos habitado por voluntarios ancianos.

Las casas tradicionales lo exigen todo. Por lo tanto, atraen a personas que buscan algo que lo valga todo.

La cifra del cero por ciento explica gran parte de la hostilidad de la jerarquía hacia la tradición. Un monasterio tradicional exitoso es más que una preferencia litúrgica; es una prueba de ello. Sus sillerías de coro refutan décadas de planificación experta. Sus novicios exponen la esterilidad de la adaptación. Su continua existencia se convierte en una acusación contra todas las comisiones que dedicaron medio siglo a explicar por qué la rendición a la modernidad era realismo pastoral.

A las antiguas comunidades se les prometió la extinción. Muchos de sus reformadores la alcanzaron antes.

La misma teología rige todas las historias.
Estos acontecimientos conforman una imagen coherente.

En Santa Fe, un “obispo” anula la inmunidad civil de las personas y eleva el culto falso a la categoría de derecho público otorgado por Dios.

En Berlín, otro “obispo” llora a las víctimas del terrorismo islamista y ofrece una bendición moral para la “celebración del orgullo” en la que fueron atacadas.

En Vatican News, la fecundación in vitro se incorpora al discurso católico como una práctica médica establecida que requiere supervisión humanitaria.

En Bremen, las mujeres asumen el liderazgo visible de las parroquias, mientras que un sacerdote que se jubila preserva la funcionalidad canónica y sacramental desde la distancia.

En Ratisbona, la antigua Misa romana se tolera en parte para mantener a los católicos alejados de los sacerdotes que aún vinculan el rito con la doctrina que expresa.

En Madrid, la Eucaristía se convierte en material para la producción artística.

En Francia, los monasterios que rechazaron la lógica de la adaptación siguen vivos.

La crítica tradicionalista no surge simplemente de personalidades groseras, nombramientos desafortunados, homilías débiles o un entusiasmo desmedido por la sinodalidad. Surge porque se les pide a los católicos que identifiquen este sistema con la Iglesia indefectible, maestra y gobernante, establecida por Cristo.

En cierto punto, la expresión “malos obispos” pierde su capacidad explicativa. Una jerarquía que premia repetidamente la inversión doctrinal, promueve a los agentes de la disolución, disciplina el culto heredado y utiliza el lenguaje moral del régimen secular plantea un problema eclesiológico más profundo.

¿Puede la Iglesia de Cristo, ejerciendo su autoridad como Iglesia, enseñar a las sociedades a otorgar a las religiones falsas el mismo derecho público que condenaron sus Pontífices anteriores? ¿Puede reorganizar las parroquias de manera que el gobierno sacerdotal sobreviva principalmente como una ficción canónica? ¿Puede su órgano de noticias oficial hablar de una industria reproductiva intrínsecamente malvada mientras sitúa la crisis ética en la sustitución de embriólogos por algoritmos? ¿Puede considerar la Misa de sus santos como un peligro ideológico mientras alaba una mezquita como una expresión de la libertad otorgada por Dios?

Un católico puede dudar antes de aceptar cualquier conclusión. La creciente evidencia dificulta sostener afirmaciones fáciles. La carga de la explicación recae cada vez más sobre quienes insisten en que toda contradicción puede reconciliarse, toda ruptura es desarrollo y toda promoción de un destructor es un acto de prudencia inescrutable.

Los monasterios latinos que aún sobreviven en Francia ofrecen un juicio más sereno. Sus monjes y monjas continúan recitando el oficio mientras las oficinas diocesanas fusionan parroquias, distribuyen el liderazgo entre comités, importan sacerdotes para atender las estructuras en crisis y preparan otra ronda de cierres controlados.

Su supervivencia no resuelve por sí sola ninguna controversia canónica. Revela dónde la vida católica aún reconoce su propia voz. El sistema que exalta la mezquita como un derecho divino y trata la antigua Misa como una amenaza agresiva ha dado un giro radical. Los católicos deberían sopesar este cambio a la luz de la fe que les fue transmitida, independientemente del escudo que aparezca sobre la declaración.

LAS HORAS DE LA PASION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO (3)

Continuamos con la publicación del capítulo 3 del libro “Las horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo” escrito por la mística Luisa Piccarreta (1865 - 1947) entre los años 1913 y 1914.


Para conocer la historia de Luisa Piccarreta ingrese aquí.


Tercera Hora: De las 7 a las 8 de la tarde

La Cena Legal

¡Oh Jesús!, llegando al Cenáculo con tus amados discípulos te pones a cenar con ellos.

¡Qué dulzura, qué afabilidad muestras en toda tu divina persona abajándote a tomar por última vez el alimento material! ¡Todo en ti es amor! También aquí no solamente reparas los pecados de gula, sino que obtienes además la santificación del alimento, y así como éste se convierte en fuerza para el cuerpo, obtienes también para nosotros la santidad hasta para las cosas más bajas, y comunes y corrientes que hagamos.

Jesús, vida mía, tu mirada dulce y penetrante parece indagar a todos tus apóstoles, y hasta en el acto de tomar alimento tu Corazón queda traspasado al ver a tus amados apóstoles débiles y vacilantes todavía, sobre todo al pérfido Judas que ya ha puesto un pie en el infierno. Y tú, en el fondo de tu Corazón, dices amargamente:

“¿Cuál es la utilidad de mi sangre? ¡He aquí un alma tan beneficiada por mí, perdida para siempre!”

Y con tus ojos resplandecientes de luz lo miras como queriendo hacer que comprenda el gran mal cometido. Pero tu caridad suprema te pide que soportes este dolor y que no se lo manifiestes ni siquiera a tus amados discípulos.

Y mientras sufres amargamente por Judas, tu Corazón se llena de alegría al ver a tu izquierda a tu amado discípulo Juan, y no pudiendo contener más tu amor por él, lo atraes dulcemente hacia ti y haces que apoye su cabeza sobre tu Corazón haciéndole sentir el paraíso por adelantado.

Es en esta hora solemne en la que en estos dos discípulos están representados los dos pueblos: el réprobo y el elegido. El réprobo en Judas que ya siente el infierno en su corazón, y el elegido en Juan que en ti reposa y goza. ¡Oh dulce Bien mío, también yo me pongo a tu lado y junto con tu amado discípulo quiero apoyar mi cabeza cansada sobre tu Corazón adorable y pedirte que también a mí me hagas sentir sobre esta tierra las delicias del Cielo, para que cautivado por las dulces armonías de tu Corazón, la tierra para mí ya no sea tierra, sino cielo!

Pero en medio de esas armonías dulcísimas y divinas siento que se te escapan del Corazón dolorosos latidos: ¡Son las almas perdidas! ¡Oh Jesús, no permitas que se pierdan más almas! Haz que cada latido de tu Corazón fluya en los suyos y les haga sentir los latidos de la vida del Cielo, así como lo siente tu amado discípulo Juan y que atraídas por la suavidad y la dulzura de tu amor puedan rendirse todas a ti.

¡Oh Jesús!, mientras me quedo en tu Corazón, dame también a mí, así como les diste a tus apóstoles, el alimento de tu Divina Voluntad, el alimento de tu amor, el alimento de tu divina palabra, y jamás, ¡oh Jesús mío!, me niegues este alimento que tú mismo tanto deseas darme, para que puedas formar en mí tu misma vida.

Dulce Bien mío, mientras estoy a tu lado, me doy cuenta de que lo que estás comiendo junto con tus amados apóstoles es un cordero. Sí, es precisamente el cordero que te representa; y así como en este cordero no queda ningún humor vital por la fuerza del fuego, también tú, que eres el Cordero Místico y que por las criaturas debes consumirte totalmente por la fuerza de tu amor, no te quedarás ni siquiera con una gota de tu sangre, derramándola toda por amor nuestro. De manera que nada de lo que haces deja de representar a lo vivo tu dolorosísima pasión, teniéndola siempre presente en tu mente, en tu Corazón, en todo; y eso me enseña, que si yo también tuviera siempre presente en mi mente y en mi corazón el recuerdo de tu pasión, jamás me negarías el alimento de tu amor.

¡Cuánto te doy gracias, oh Jesús mío! No pasas por alto ni un solo acto en el que no me tengas presente y en el que además no quieras hacerme algún bien especial. Por eso, te suplico que tu pasión esté siempre en mi mente, en mi corazón, en mis miradas, en mis pasos y en mis obras, para que a donde quiera que vaya, dentro y fuera de mí, te encuentre siempre presente para mí, y tú dame la gracia de que yo jamás olvide lo que haz hecho y sufrido por mí, y que ésta sea como un imán que, atrayendo todo mi ser hacía ti, me impida el poder volver a alejarme de ti. Así sea.

Reflexiones y prácticas

Antes de empezar a comer, unamos nuestras intenciones a las de nuestro bien amado Jesús, imaginándonos que la boca de Jesús es la nuestra, y que movemos nuestros labios y nuestras mejillas junto con las suyas.

Haciendo esto, no solamente atraeremos a nosotros la vida de Jesús, sino que nos uniremos a él para darle al Padre toda la gloria, la alabanza, el amor, la acción de gracias y la reparación que todas las criaturas deberían darle y que Jesús hizo por nosotros en este acto al tomar los alimentos.

Imaginémonos también estar a su lado cuando estamos sentados en la mesa, y que cada vez que lo miramos, le pedimos que divida con nosotros un bocado, besamos la orilla de su manto, contemplamos cómo se mueven sus labios, sus ojos celestiales o nos damos cuenta de cómo por momentos empalidece su amabilísimo rostro al prever tantas ingratitudes humanas.

Así como Jesús durante la cena estaba hablando de su pasión, también nosotros, cuando estemos comiendo haremos alguna reflexión de cómo hemos estado haciendo las Horas de la Pasión. Los ángeles están siempre pendientes sobre nosotros para recoger nuestras oraciones y nuestras reparaciones y llevarlas a la presencia del Padre, tal como hacían cuando Jesús estuvo sobre la tierra, para mitigar de algún modo su justa indignación por todas las ofensas que recibe de parte de las criaturas. Y cuando hacemos oración, ¿podemos decir que los ángeles están contentos, que hemos estado recogidos y reverentes, de modo que ellos puedan llevar al Cielo con gozo nuestras oraciones, así como llevaban las de Jesús?, o más bien, ¿los hemos entristecido?

Mientras Jesús comía, al ver a Judas que se iba a perder, se le rompía el Corazón por el dolor, y en Judas veía a todas las almas que se iban a perder, y puesto que no hubo cosa que más lo hiciera sufrir que la perdición de las almas, no pudiendo contenerse, atrajo hacia su Corazón a Juan para en él hallar alivio. Así también nosotros, como Juan, estaremos siempre cerca de él, compadeciéndolo en todos sus sufrimientos, dándole alivio y haciéndolo reposar en nuestros corazones; también haremos nuestras sus penas, nos fundiremos en él, y así sentiremos los latidos de su Corazón Divino traspasado por la perdición de las almas. Le daremos los latidos de nuestro corazón para sanar sus heridas, y dentro de esas heridas pondremos a las almas que quieren condenarse para que se conviertan y se salven.

Cada latido del Corazón de Jesús es un “te amo” que repercute en cada latido del corazón de las criaturas y que quisiera encerrarlas a todas en su Corazón para sentirse correspondido por sus latidos, pero el buen Jesús no es correspondido por tantas almas y sus latidos quedan como sofocados y amargados. Pidámosle a Jesús que selle nuestros latidos con su “te amo” para que nuestro corazón pueda también vivir la vida de su Corazón y que repercutiendo en el corazón de las criaturas, las obligue a decir: “¡Te amo, oh Jesús!”.

Es más, nos fundiremos en él y nos hará sentir su “te amo”. Es tan inmenso el “te amo” de Jesús, que los Cielos y la tierra están llenos de él, circula en los santos, desciende al purgatorio; todos los corazones de las criaturas han sido tocados por el “te amo” de Jesús y hasta los mismos elementos sienten vida nueva, de modo que todos experimentan sus efectos.

Y Jesús, hasta en el respiro se siente como sofocado por la perdición de las almas; así que nosotros le daremos nuestro respiro de amor para confortarlo, y tomando su respiro, tocaremos a las almas que se apartan de sus brazos para darles la vida de su respiro divino, para que en vez de huir, puedan regresar a él y vivir todavía más unidos a él.

Y cuando nos sintamos en pena, sintiendo fatiga al respirar, pensemos entonces en Jesús, que en su respiro contiene el respiro de todas las criaturas: también él, cuando un alma se pierde, siente como que le falta el respiro; por eso nosotros, pongamos nuestro respiro fatigoso y penante en el respiro de Jesús para darle alivio y con nuestro dolor corramos en busca del pecador para obligarlo a que se encierre en el Corazón de Jesús.

“Amado Bien mío, que mi respiro sea un grito constante a cada respiro de las criaturas que las obligue a encerrarse en tu respiro divino”.

La primera palabra que Jesús amante dijo sobre la cruz fue la palabra del perdón, para disculpar ante el Padre a todas las almas y para hacer que su justicia se transformara en misericordia. Nosotros le ofreceremos todos nuestros actos para pedir disculpa en favor de los pecadores, para que enternecido por nuestra petición de perdón, ningún alma pueda irse al infierno. Haremos la guardia junto con él a los corazones de las criaturas, para que nadie lo ofenda.

Dejaremos que desahogue su amor aceptando de buena gana todo lo que disponga de nosotros: frialdades, durezas, oscuridades, opresiones, tentaciones, distracciones, calumnias, enfermedades y cualquier otra cosa, para confortarlo por todo lo que recibe de parte de las criaturas. No es solamente con el amor que Jesús se desahoga con las almas, sino que también muchas veces, cuando siente el frío de las criaturas, busca un alma a la cual hacerle sentir su frío y así desahogarse con ella, y si el alma lo acepta, se siente reanimado de todas las frialdades de las criaturas y este frío será como un guardia que cuide el corazón de las almas para hacer que Jesús sea amado por ellas.

Otras veces Jesús siente la dureza de los corazones en el suyo y, no pudiéndola contener, quiere desahogarse y viene a nosotros y con su Corazón toca el nuestro, participándonos parte de su pena y nosotros haciendo nuestra su pena, la pondremos alrededor del corazón del pecador, para ablandar su dureza de corazón y conducirlo a Jesús.

“Mi bien amado Jesús, tú sufres tanto por la perdición de las almas, y yo, para compadecerte, pongo a tu disposición todo mi ser; tomaré sobre mí tus penas y las penas de todos los pecadores y así te daré un alivio y al pecador lo dejaré abrazado a ti”.

“¡Oh Jesús mío, haz que todo mi ser se derrita de amor, para que se convierta en un alivio continuo para ti y endulce todas tus amarguras!”.

Continúa...

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (121)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


121. Los discursos en Aguas Claras: No profieras en vano mi Nombre (122).
La visita de Manahén.
1 de marzo de 1945.

1 Hay un gran desconcierto entre los discípulos. Su agitación es tanta, que parecen un enjambre cuando se le hurga. Hablan, miran fuera, nerviosamente, hacia todas partes... Jesús no está. Finalmente toman una decisión respecto a lo que los tiene agitados. Pedro ordena a Juan: 
“Ve a buscar al Maestro. Está en el bosque, junto al río. Dile que venga en seguida, o que diga lo que debe hacerse”. 
Juan se marcha a todo correr.
Judas Iscariote dice: 
“No entiendo por qué tanta convulsión y malos modos. Yo habría ido y le habría acogido con todos los honores... Es un honor, el suyo, para nosotros. Por lo tanto...”.
“Yo no sé nada. Será distinto de su hermano de leche... Pero... a quien convive con las hienas se le pega el olor y el instinto. Por lo demás, tú querrías que se marchara esa mujer.... ¡Cuidado con lo que haces! El Maestro no quiere, y yo debo tutelarla. Si la tocas... yo no soy el Maestro... Te lo digo para tu conocimiento”.
“¡Venga hombre! ¡¿Pero quién es?! ¿Es acaso la bella Herodías?”.
“¡No te hagas el gracioso!”.
“Si me hago el gracioso es por ti. Has creado en torno a ella una guardia real, como si se tratara de una reina...”.
“El Maestro me ha dicho: "Mira porque no se la disturbe, y respétala". Yo lo hago”.
“Pero, ¿quién es? ¿Lo sabes?” pregunta Tomás.
“Yo no”.
“Venga, dilo... Tú lo sabes...” insisten varios.
“Os juro que no sé nada. El Maestro sí que lo sabe, claro. Pero yo no”.
“Deberá ser Juan quien se lo pregunte. A él le dice todo”.
“¿Por qué? ¿Qué tiene de especial Juan? ¿Es un dios, tu hermano?”.
“No, Judas; es el mejor de nosotros”.
“Podéis ahorraros el trabajo” dice Santiago de Alfeo. “Ayer la vio mi hermano, mientras volvía del río con los peces que le había dado Andrés, y se lo preguntó a Jesús. El respondió: "No tiene rostro. Es un espíritu que busca a Dios. Para mí no es más que esto y así quiero que sea para todos". Y dijo ese "quiero" de tal manera... que os aconsejo que no insistáis”.
“Voy yo a donde ella” dice Judas de Keriot.
“Vamos a ver si eres capaz” dice Pedro, rojo como un gallito.
“¿Me espías para luego chivarte ante Jesús?”.
“Dejo ese oficio a los del Templo. Nosotros, del lago, nos ganamos el pan trabajando, no delatando. No temas nunca un chivatazo de Simón de Jonás. Pero no me provoques ni te permitas desobedecer al Maestro, porque estoy yo...”.
“¿Y tú quién eres? Un pobre hombre como yo”.
“Sí señor. Es más, más pobre, más ignorante, menos cultivado que tú. Lo sé, y no me amargo por ello. Me amargaría si fuera como tú en el corazón. Pero el Maestro me ha dado este encargo y yo lo hago”.
“¿Como yo en el corazón? ¿Y qué es lo que hay en mi corazón que te dé asco? Habla, acusa, ofende...”.
“¡Pero bueno!” reacciona Simón Zelote, y con él Bartolomé. “Pero bueno, ya está bien, Judas. Respeta las canas de Pedro”.
“Respeto, a todos, pero quiero saber qué es lo que hay en mí...”.
“Pues te voy a dar gusto inmediatamente... Dejadme hablar... Hay soberbia, tanta como para llenar esta cocina, hay falsedad y hay lujuria”.
“¿A mí me llamas falso?”.
Todos se interponen, y Judas se ve obligado a callarse.

2 Simón, pacíficamente, le dice a Pedro: “Perdona, amigo, si te digo una cosa. El tiene defectos. Pero tú también tienes algunos, y uno de ellos es el no compadecer a los jóvenes. ¿Por qué no tienes en cuenta la edad, el origen... y tantas otras cosas? Mira, tú obras por amor a Jesús. Pero, ¿no te das cuenta de que estas disputas le cansan? A él no se lo digo (y, señala a Judas), pero a ti, maduro y muy honesto, sí te pido esto. El sufre muchas penas a causa de los enemigos. ¡Y añadirle nosotros otras!... Tiene mucha guerra a su alrededor. ¿Por qué creársela también en su propio nido?”.
“Es verdad. Jesús está muy triste... y ha adelgazado” dice Judas Tadeo. “Por la noche le oigo dar vueltas y vueltas en su lecho, y suspirar. Hace algunas noches me levanté y le vi en oración llorando. Le dije: "¿Qué te sucede?". Y El me abrazó y me dijo: "Amame. ¡Qué duro es ser el 'Redentor'!"”.
“Yo también le encontré con signos de haber llorado, en el bosque del río” dice Felipe. “Y, ante mi mirada interrogativa, me respondió: "¿Sabes lo que hace que el Cielo y la Tierra sean distintos, después de la diversidad de la no presencia visible de Dios? Es la falta de amor entre los hombres. Me estrangula como un dogal. He venido aquí a esparcir unos granos para los pájaros y así ser amado por seres que se aman"”.
Judas Iscariote (debe estar un poco desequilibrado) se arroja al suelo y llora como un chiquillo.

3 Justo en ese momento entra Jesús con Juan: “¿Pero qué está sucediendo? ¿Este llanto?...”.
“Culpa mía, Maestro. He cometido un error. He reprendido a Judas demasiado duramente” dice Pedro con franqueza.
“No... Yo... yo... el culpable soy yo. Yo soy.... Yo te doy dolor.... yo no soy bueno... yo molesto, creo malhumor, desobedezco, soy... Tiene razón Pedro. ¡Ayudadme, pues, a ser bueno! Porque aquí yo tengo una cosa, aquí en el corazón, que me hace hacer cosas que no querría. No puedo evitarlo... y te doy dolor a ti, a ti, Maestro, a quien querría dar sólo alegría... ¡Créelo! No es falsedad...”.
“Pues claro, Judas. No lo dudo. Tú has venido a mí con plena sinceridad de corazón, con ímpetu genuino. Pero eres joven... Nadie, ni siquiera tú mismo, te conoce como Yo te conozco. ¡Animo!, levántate y ven aquí. Luego hablaremos nosotros dos solos. Hablemos entretanto del asunto por el que me habéis llamado. Ha venido Manahén... Bien, ¿dónde está el mal? ¿Acaso no puede un colateral de Herodes tener sed del Dios verdadero? ¿Teméis por mí? No, hombre, no. Tened fe en mi palabra. Ese hombre no viene sino con un fin honesto”.
“¿Y, entonces, por qué no se ha dado a conocer?” preguntan los discípulos.
“Precisamente porque viene como "alma", y no como hermano de leche de Herodes. Se ha recubierto de silencio porque piensa que ante la palabra de Dios nada significa la parentela con un rey... Y nosotros vamos a respetar su silencio”.
“¿Y si le enviara él?...”.
“¿Quién? ¿Herodes? No. No temáis”.
“¿Entonces quién le envía? ¿Cómo ha sabido de ti?”.
“Pues, por el mismo Juan, mi primo. ¿Creéis que no me habrá predicado en la cárcel? O por Cusa... o por la voz de la gente... o por el mismo odio de los fariseos... Hasta las frondas y el aire hablan ya de mí. La piedra ha sido lanzada a la inmóvil agua, el mazo ha percutido el bronce: las ondas se difunden, cada vez mayores, portando a la lejana agua la revelación, y el sonido lo entrega confiado a los espacios... La Tierra ha aprendido a decir: "Jesús" y nunca más se callará. Marchad... y sed amables con él, como con cualquiera. Marchad. Yo me quedo con Judas”.
Los discípulos se marchan.

4 Jesús mira a Judas, aún lacrimoso, y pregunta: “¿Entonces? ¿No tienes nada que decirme? Yo sé de ti todo, pero quiero saberlo de ti. ¿Por qué este llanto? Y, sobre todo, ¿por qué este desequilibrio que te tiene siempre tan descontento?”.
“¡Oh!, sí, Maestro. Tú lo has dicho. Soy celoso por naturaleza. Ciertamente lo sabes. Sufro viendo que... viendo muchas cosas. Esto me hace estar inquieto y... me hace injusto, y me vuelvo malo, aunque no querría, no...”.
“¡No llores otra vez, hombre! ¿De qué estás celoso? Habitúate a hablar con tu verdadera alma. Tú hablas mucho, hasta demasiado; pero, ¿con qué?: con el instinto y con la mente. Sigues todo un fatigoso y continuo laborío para decir lo que quieres decir: hablo de ti, de tu yo, porque para lo que debes decir de los demás y a los demás no te pones rienda ni límite; como tampoco pones ni rienda ni límite a tu carne, que es tu caballo enloquecido. Pareces un auriga al que el intendente de las carreras hubiera dado dos caballos locos. Uno es el sentido, el otro... ¿quieres oír cuál es el otro? ¿Sí? Es el error que no quieres domar. Tú, auriga capaz pero imprudente, te fías de tu capacidad, y crees que es suficiente. Quieres llegar el primero... no pierdes tiempo en cambiar al menos un caballo. Antes bien, los instigas y golpeas con el látigo. Quieres ser "el vencedor". Quieres el aplauso... ¿No sabes que toda victoria resulta segura cuando se conquista con constante, paciente, prudente esfuerzo? Habla con tu alma. De ahí es de donde deseo que provenga tu confesión. ¿O es que tengo que ser Yo quien te diga lo que tienes dentro?”.
“Veo que tampoco Tú eres justo, ni firme, y sufro por ello”.
“¿Por qué me acusas? ¿En qué ves que he faltado?”.
“Cuando yo quería llevarte donde mis amigos, Tú no quisiste, diciendo: "Prefiero estar entre los humildes". Posteriormente, Simón y Lázaro te dijeron que convenía ponerse bajo la protección de una persona poderosa y Tú aceptaste. Tú das preferencia a Pedro, a Simón, a Juan... Tú...”.
“¿Qué más?”.
“Nada más, Jesús”.
“¡Nubes!... Vacuidades en la espuma de la ola. Me das pena, porque eres un pobre miserable que, pudiendo estar alegre, te torturas. ¿Acaso puedes decir que es lujoso este lugar?, ¿que no hubo una poderosa razón que me movió a aceptarle? Si Sión fuera menos madrastra para con sus profetas, ¿estaría aquí, escondido como quien teme a la justicia humana, y se refugia en un lugar que goza de inmunidad?”.
“No”.
“¿Entonces? ¿Puedes acaso decir que no te haya encomendado misiones como a los demás?, ¿o que haya sido cortante contigo incluso cuando has cometido una falta? Tú no has sido sincero... ¡Las cepas!... ¡Oh, las cepas! ¿Qué nombre tenían esas cepas? Tú no has mostrado complacencia hacia quien sufría, hacia quien se estaba redimiendo. Ni siquiera has sido respetuoso conmigo. Y los demás lo han visto... Y, con todo, una sola voz se ha alzado defensora siempre: la mía. Los otros tendrían derecho a sentirse celosos, porque si ha habido uno que ha gozado de protección, ése has sido tú”.
Judas, humillado y conmovido, se echa a llorar.

5 “Me voy. Es la hora, ahora soy de todos. Tú quédate, y medita”.
“Perdóname, Maestro. No puedo sentirme en paz sin tu perdón. No estés triste por causa mía. Soy un joven malo... Amo y hago padecer... Con mi madre... contigo... con mi mujer, si mañana tuviera una esposa... ¡Mejor sería que yo muriera!...”.
“Mejor sería que te convirtieras. No obstante, quedas perdonado. Adiós”.
Jesús sale y entorna la puerta.
Fuera está Pedro: 
“Ven, Maestro. Ya es tarde y hay mucha gente. Empezará a atardecer dentro de poco y ni siquiera has comido... Ese muchacho es la causa de todo”.
“Ese "muchacho" tiene necesidad de todos vosotros para dejar de ser la causa de estas cosas. No lo olvides, Pedro. Si fuera tu hijo, ¿serías indulgente con él?...”
“¡Bueno!... Sí y no. Sería indulgente... pero... también le enseñaría alguna cosa, aun siendo ya hombre, como lo haría con un gamberro. La verdad es que si fuera mi hijo no sería así...”.
“Basta”.
“Sí, basta, Señor mío. Allí está Manahén. Es aquel del manto de un rojo tan oscuro que es casi negro. Me ha dado esto para los pobres y me ha dicho que si podía quedarse a dormir”.
“¿Qué has respondido?”.
“La verdad: "Tenemos camas sólo para nosotros. Ve al pueblo"”.
Jesús no dice nada, pero deja plantado a Pedro y se dirige hacia donde Juan para decirle algo.

6 Luego, ya en su puesto, comienza a hablar.
“La paz esté con todos vosotros, y con ella descienda sobre vosotros luz y santidad. Está escrito: "No profieras en vano mi Nombre".
¿Cuándo se le toma en vano? ¿Sólo cuando se le blasfema? No. También cuando uno lo profiere sin ser digno de Dios. ¿Puede un hijo decir: "Amo y honro a mi padre" si luego, a todo lo que el padre desea de él opone una acción contraria? No es diciendo: "padre, padre" como se le ama. No es diciendo: "Dios, Dios", como se ama al Señor.

7 En Israel, que –como he explicado anteayer– tiene tantos ídolos en el secreto de los corazones, existe también un hipócrita alabar a Dios, un alabar que no queda corroborado por las obras de quienes lo hacen. Hay en Israel también una tendencia: la de descubrir muchos pecados en las cosas externas, y no querer encontrarlos donde realmente existen, en las cosas internas. Tiene también Israel una necia soberbia, un antihumano y antiespiritual hábito: el de estimar blasfemia el Nombre de nuestro Dios pronunciado por labios paganos, llegando a prohibirles a los gentiles el acercarse al Dios verdadero porque se considera sacrilegio.
Así ha sido hasta ahora; cese ya.
El Dios de Israel es el mismo Dios que ha creado a todos los hombres. ¿Por qué impedir que los seres creados sientan la atracción de su Creador? ¿Creéis que los paganos no sienten algo en el fondo del corazón, una insatisfacción que grita, que se agita, que busca?; ¿a quién?, ¿qué?: al Dios desconocido. ¿Y pensáis que si un pagano orienta su propio ser hacia el altar del Dios desconocido, hacia ese altar incorpóreo que es el alma en que siempre hay un recuerdo de su Creador, el alma que espera ser poseída por la gloria de Dios (como lo fue el Tabernáculo erigido por Moisés según la orden recibida (123 ) y que llora hasta no quedar poseída, pensáis que Dios rechaza su ofrecimiento como si de una profanación se tratase? ¿Y creéis que es pecado ese acto, suscitado por un honesto deseo del alma que, despertada por celestes llamadas, dice "voy" al Dios que le está diciendo "ven", mientras que por el contrario sería santidad el corrompido culto de un Israel que ofrece al Templo lo que tras haber gozado le sobra, y entra a la presencia de Dios y le nombra –al Purísimo– con alma y cuerpo que no son sino toda una gusanera de culpas?
No. En verdad os digo que es en ese israelita, que con alma impura pronuncia en vano el Nombre de Dios, donde se da la perfección del sacrilegio. Es pronunciarlo en vano cuando –y estúpidos no sois– cuando, por el estado de vuestra alma sabéis que lo pronunciáis inútilmente. ¡Oh, verdaderamente veo el rostro indignado de Dios, volviéndose hacia otra parte con disgusto, cuando un hipócrita le llama, cuando le nombra un impenitente! Y siento terror de ello, Yo que no merezco ese enojo divino.

8 Leo en más de un corazón este pensamiento: "Pero entonces, aparte de los niños, ninguno podrá invocar a Dios, dado que en todas partes en el hombre hay impureza y pecado". No. No digáis eso. Son los pecadores quienes deben invocar ese Nombre. Deben invocarlo quienes se sienten estrangulados por Satanás y quieren liberarse del pecado y del Seductor. Quieren. He aquí lo que transforma el sacrilegio en rito. Querer curarse. Llamar al Poderoso para ser perdonados y para ser curados. Invocarle para poner en fuga al Seductor.
Está escrito en el Génesis (124) que la Serpiente tentó a Eva en el momento en que el Señor no paseaba por el Edén. Si Dios hubiera estado en el Edén (125), Satanás no habría podido estar. Si Eva hubiera invocado a Dios, Satanás habría huido. Tened siempre en el corazón este pensamiento. Y llamad con sinceridad al Señor. Ese Nombre es salvación.
Muchos de vosotros quieren bajar a purificarse. Purificaos primero el corazón, incesantemente, escribiendo en él, con el amor, la palabra "Dios". No con engañosas oraciones o con prácticas consuetudinarias, sino con el corazón, con el pensamiento, con los actos, con todo vosotros mismos, pronunciad ese Nombre: Dios. Pronunciadlo para no estar solos, pronunciadlo para ser sostenidos, pronunciadlo para ser perdonados. Comprended el significado de la palabra del Dios del Sinaí: "En vano" es cuando decir "Dios" no supone una transformación en bien; y, entonces, es pecado. "En vano" no es cuando, como el latido de sangre en el corazón, cada minuto de vuestro día, y toda acción vuestra honesta, toda necesidad, tentación, todo dolor os trae a los labios la filial palabra de amor: "¡Ven, Dios mío!". Entonces, en verdad, no pecáis nombrando el Nombre santo de Dios.
Marchad. La paz sea con vosotros”.

9 No hay ningún enfermo. Jesús permanece con los brazos cruzados apoyado contra la pared, bajo el techado en que ya descienden las sombras. Jesús mira a quienes se marchan en los asnos, a quien se apresura a ir al río movido por un impulso de purificación, a quien, a través de los campos, se dirige hacia el pueblo.
El hombre vestido de rojo oscurísimo parece inseguro respecto a qué se debe hacer. Jesús no le quita ojo. Al final se pone en movimiento y va hacia su caballo (porque tiene un caballo blanco bellísimo, adornado con una gualdrapa roja que pende bajo la silla bollonada).
“¡Hombre, espérame!” dice Jesús llegándose a él. “Cae la tarde. ¿Tienes dónde dormir? ¿Vienes de lejos? ¿Estás solo?”.
El hombre responde: “Desde muy lejos... e iré... no lo sé... al pueblo, si encuentro... si no... a Jericó... Allí he dejado la escolta; no me fiaba de ella”.
“No. Te ofrezco mi cama. Ya está preparada. ¿Tienes qué comer?”.
“No tengo nada. Creía encontrar un pueblo más hospitalario...”.
“Nada falta allí”.
“Nada. Ni siquiera el odio hacia Herodes. ¿Sabes quién soy?”.
“El nombre de quienes me buscan es uno sólo: hermanos en el nombre de Dios. Ven. Partiremos juntos el pan. Puedes resguardar el caballo en ese recinto; le vigilo Yo, que dormiré allí”.
“No. Jamás. Yo duermo allí. Acepto el pan, pero nada más. No meteré mi cuerpo sucio donde Tú recuestas tu cuerpo santo”.
“¿Me estimas santo?”.
“Sé que eres santo. Juan, Cusa... tus obras... tus palabras... Todo ello resuena en palacio como el rumor de una ola tempestuosa en la concha que lo conserva. Yo bajaba a donde Juan... luego le perdí. Pero me había dicho: "Uno que es más que yo te recogerá y te elevará". Sólo podías ser Tú. He venido en cuanto he sabido dónde estabas”.
Están ahora solos bajo el techado. Los discípulos, en la cocina, cuchichean y miran de reojo.

10 Vuelve del río Simón el Zelote (que hoy era el que bautizaba) con los últimos que habían recibido el bautismo. Jesús, después de bendecirlos, dice a Simón: “Este hombre es el peregrino que busca alojamiento en nombre de Dios, y en el nombre de Dios le saludamos como amigo”.
Simón se inclina. También lo hace el hombre. Entran en la vasta pieza y Manahén ata el caballo al pesebre. Acude Juan, advertido por un gesto de Jesús, llevando hierba y un cubo de agua. Acude igualmente Pedro, con una lamparita de aceite porque ya es de noche.
“Aquí estaré extraordinariamente. Dios os lo pague” dice el caballero, y luego entra entre Jesús y Simón en la cocina, iluminada por un haz de ramas secas encendido en ese momento.
Todo termina.

Continúa...

Notas:

122) Cfr. Ex. 20, 7.

123) Cfr. Ex. 25–27; 33, 7–11; 35, 8 – 38, 31; 39, 33 – 40, 38; Núm. 9, 15–23.

124) Cfr. Gén. 3, 1– 8.

125) Expresión que debe interpretarse a la luz del contexto: Dios se hace sentir y su ayuda, en un lugar cuando se le invoca, cuando se le llama con la plegaria.

 
 
El Poema del Hombre-Dios (105) 



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
  

 

5 DE AGOSTO: SAN OSVALDO DE NORTHUMBRIA, REY Y MÁRTIR


San Osvaldo de Northumbria, rey y mártir en Inglaterra,

(✞ 642)

Cuando murió Etelfrido, rey de Bernicia, en batalla a manos de Redwald, rey de Anglia Oriental, en 617, sus hijos Ánfrido (Eanfried), Oswald (Osvaldo) y Oswiu (Oswi) huyeron a Escocia, donde fueron educados y bautizados en la fe cristiana.

Durante este tiempo, los Northumbrianos estuvieron bajo el mando de Edwin, hijo de Alla. Este príncipe reinó durante 17 años, pero murió en una batalla contra Penda, rey de Mercia, y Cadwalla, rey de los britanos o de Gales. Aunque profesaba el cristianismo, no practicaba sus enseñanzas. Sus costumbres eran bárbaras. Además, albergaba un odio mortal hacia los anglosajones.

Tras esta convulsión, los hijos de Etelfrido regresaron de Escocia. Ánfrido, el mayor de los tres, recibió el reino de Deire, y Osvin, el de Bernicien. Ambos príncipes, buscando complacer a los hombres antes que a Dios, renunciaron al cristianismo. Perdieron la vida a manos de Cadwalla ese mismo año. Osvin murió en batalla y Ánfrido fue asesinado. Los dos reinos quedaron entonces en manos de Osvaldo, el otro hijo de Etelfrido. Este príncipe había abrazado la fe cristiana con sinceridad. Lejos de renunciar al cristianismo para complacer a sus súbditos, como había hecho su hermano, utilizó toda su influencia para liberarlos de la superstición pagana y guiarlos hacia el conocimiento de la verdad.

Cadwalla, que había asesinado a sus dos hermanos e invadido Northumbria al frente de un gran ejército que creía invencible, arrasó todo a su paso con fuego y espada. Osvaldo reunió a tantos hombres como pudo y avanzó al encuentro del enemigo, que ya se encontraba en la muralla picta. La batalla se libró en esta muralla, en el lado norte, en un lugar que Beda llama Denis Burn, es decir, el “arroyo Denis”. Antes de la batalla, Osvaldo mandó hacer una gran cruz de madera, que él mismo erigió. Luego, llamó a sus soldados: “Arrodillémonos y oremos al Dios verdadero para que nos proteja de un enemigo arrogante: él sabe que la guerra que libramos es justa y que luchamos en defensa de nuestras vidas y nuestra tierra”. Todos los soldados se animaron, las tropas cargaron y Osvaldo obtuvo una victoria completa sobre Cadwalla, quien terminó muerto en el campo de batalla.

El lugar donde se erigió la cruz se llamaba Campo Celestial. Este fue el primer símbolo de victoria erigido por la Fe, ya que en todo el reino de Bernicia no había ni una iglesia ni un altar. Esta cruz se hizo muy famosa. Beda cuenta que en su época, se cortaban pequeños trozos de ella y se arrojaban al agua, y que los enfermos que bebían de ella o a quienes se les rociaba con ella recuperaban la salud. Relata además que, tras la muerte de Osvaldo, los monjes de Hexham acudieron al Campo Celestial la víspera del aniversario del príncipe, donde oraron durante toda la noche por la salvación de su alma. Por la mañana, ofrecieron el Santo Sacrificio. Poco antes de que Beda escribiera su relato, se construyó una iglesia en ese lugar. También habla de un monje de Hexham llamado Bothelm, quien, tras romperse un brazo y sufrir un dolor prolongado, fue curado al aplicarle musgo de la cruz de San Osvaldo.

En su poema sobre los obispos y santos de York, el erudito Alcuino habla extensamente sobre la victoria de Osvaldo. Describe con precisión cómo Osvaldo triunfó sobre la multitud y la ferocidad desenfrenada de sus enemigos, y cómo exhortó a sus leales soldados a depositar toda su confianza en Dios e implorar su ayuda arrodillándose con él ante la cruz erigida. 

Ahora, os ruego, hermanos, tened valor indomable, la poderosa protección de Dios, mucho más fuerte que cualquier armadura, implorad con sincera confianza en la oración, postraos en el polvo. Fijad vuestros ojos en la cruz que levanté allí en la cima de la montaña, la cual, resplandeciente con el excelso trofeo del Salvador, también nos concederá la victoria sobre el poderoso enemigo. Adorad al Señor, el Dios poderoso, toda la hueste”. Y al Cielo se elevó la súplica de los hombres que oraban, ante la cruz, con devota rodilla doblada. (Este pasaje proporciona la explicación de la carta de Alcuino, que se adjuntó al Concilio de Frankfurt).
 
Alcuino también relató la historia de varios milagros que, incluso hasta su tiempo, habían ocurrido en Irlanda a través de las reliquias de San Osvaldo y a través del agua en la que se habían arrojado fragmentos de su cruz. Durante varios siglos, el sello de la Abadía de Durham llevaba esta cruz en un lado y la cabeza de San Osvaldo en el otro.

Cuando el santo rey hubo vencido a sus enemigos, dio gracias al Señor de los Ejércitos, buscó restablecer el orden en sus reinos y tomó las medidas más sabias para difundir el conocimiento del Evangelio. Mandó llamar a los obispos de Escocia para que enviaran misioneros que instruyeran a sus súbditos en la Verdadera Religión y los prepararan para recibir el santo Bautismo. El primero que llegó era de carácter rudo y, por consiguiente, logró poco. Finalmente, se vio obligado a regresar a su país, donde se excusó culpando a la ignorancia de los ingleses. El clero de Escocia convocó entonces un sínodo para deliberar sobre qué hacer en este importante asunto. 

Aidan, que asistía al sínodo, le dijo al obispo, a quien oyó hablar de la obstinación del pueblo inglés: “El fracaso de su obra se debe únicamente a la dureza de su corazón y a la severidad con la que trató a un pueblo pobre e ignorante. Si primero los hubiera alimentado con la leche de la palabra divina, habrían aprendido a tolerar el alimento más fuerte del Evangelio”. Ante estas palabras, toda la asamblea centró su atención en él, y todos lo consideraron un hombre dotado de la sabiduría que es la madre de las virtudes. Por consiguiente, fue elegido unánimemente para trabajar en la conversión de los ingleses.

Aidan era un monje de Hii, un renombrado monasterio fundado por San Columbano, que poseía seis islas. Posteriormente fue consagrado obispo y se convirtió en un modelo perfecto de virtudes para los pastores de los siglos siguientes. Todos los que trabajaban con él debían leer las Sagradas Escrituras y memorizar los Salmos. Estableció su sede episcopal en Lindisfarne, más tarde llamada Isla Santa. Esta era una franja de tierra de ocho millas de circunferencia, a veces completamente rodeada por el mar, a veces formando una península. El rey y los ricos solían llevarle regalos al siervo de Dios. Sin embargo, él solo los aceptaba para distribuirlos entre los pobres o para usarlos para el rescate de prisioneros. Cuando cenaba en la mesa del rey, quien a menudo lo invitaba, siempre estaba acompañado por uno o dos de sus clérigos y, después de terminar su comida, retomaba rápidamente sus actividades habituales. Beda elogió su franqueza apostólica, con la que denunció la soberbia de los poderosos, su caridad, su constante afán por preservar la paz, su castidad y muchas otras virtudes que había adquirido. Este espíritu, añade el mismo autor, también supo transmitirlo a un pueblo ignorante e incivilizado. 

Según Beda, Dios le concedió los dones de los milagros y la profecía. Beda relató el siguiente cuadro del clero y el pueblo de la nación inglesa poco después de su conversión a la fe: “Dondequiera que iba un clérigo o un monje, era recibido con alegría como siervo de Dios; y si se encontraban con un viajero en el camino, corría delante de ellos, se postraba ante ellos y les rogaba que hicieran la señal de la cruz sobre él con la mano o que lo bendijeran con sus oraciones. Sus exhortaciones eran escuchadas con mucha atención; y los domingos, multitudes acudían a las iglesias o monasterios para escuchar la palabra de Dios. Cuando un sacerdote aparecía en un pueblo, los habitantes se reunían a su alrededor para beneficiarse de sus enseñanzas. Los sacerdotes y otros clérigos también venían a los pueblos con el único propósito de predicar, visitar a los enfermos y cuidar de las almas. Eran tan abnegados, tan alejados de toda avaricia, que no aceptaban nada, ni siquiera tierras para construir monasterios, a menos que fueran designados para ello.” 

Osvaldo fue uno de los más fervientes en asimilar las enseñanzas del santo obispo. Incluso le sirvió de intérprete al comienzo de la misión, ya que su inglés aún no era suficiente para que la gente lo entendiera. Mandó construir iglesias y monasterios por doquier. A menudo asistía a las maitines con los monjes y pasaba el resto de la noche orando con ellos. 

Por muy poderoso que fuera el santo rey, siempre demostró ser humilde y bondadoso. Su amor por los pobres era inmenso, como se puede apreciar, entre otras cosas, en el siguiente relato de Beda. Un domingo de Pascua, mientras estaba sentado a la mesa, el sirviente encargado del cuidado de los pobres le informó de que varias personas pedían limosna en la puerta del palacio. Inmediatamente mandó traer de su mesa una gran bandeja de plata con comida y ordenó que la cortaran en trozos y se la dieran a cada uno. San Aidan, que se encontraba con el rey en ese momento, lo tomó de la mano derecha y le dijo: “Que esta mano jamás se corrompa”. Beda también relató que el brazo de San Osvaldo, que había sido separado de su cuerpo tras su muerte, permaneció incorruptible y se conservaba con reverencia en la iglesia de San Pedro, en el palacio real de Bebbaborough, actual Bamborow, en Northumbria. Simón de Durham e Ingulph atestiguan que esta reliquia fue trasladada posteriormente a Peterborough.

Bajo el reinado de Osvaldo transcurrieron ocho años de paz duradera cuando Penda, rey de Mercia, lo atacó. Este príncipe bárbaro y pagano había asesinado al piadoso rey Edwin nueve años antes, y nuestro santo lo había derrotado al comienzo de su reinado. Sin embargo, gradualmente encontró la manera de recuperar su poder; y al verse al frente de un poderoso ejército, invadió los territorios de Osvaldo. Osvaldo se enfrentó entonces a su enemigo en batalla; pero, al ser muy inferior en poder, fue derrotado y perdió la vida en el campo de batalla el 5 de agosto de 642, a los 38 años. El lugar donde tuvo lugar la batalla se llamaba Maserfield. (Algunos autores creen que fue cerca de Winwick, en Lancashire, donde aún se conserva un pozo que lleva el nombre de San Osvaldo y que antiguamente se visitaba para el culto. Una antigua inscripción en la iglesia de Winwick muestra que toda la región se llamaba Maserfield. 

Penda mandó atar los brazos a estacas y decapitar el santo rey; pero Oswi, hermano y sucesor de Osvaldo, se llevó sus restos al año siguiente, llevó el brazo a su palacio y envió la cabeza a Lindisfarne. En 1105, esta cabeza fue colocada en un ataúd que contenía el cuerpo de San Cuthbert y trasladada a Durham. El brazo derecho del santo rey se había conservado en Bamburgh durante siglos. Las partes restantes de su cuerpo fueron entregadas por su sobrina Osfrida, esposa de Ethelred, rey de Mercia, al monasterio de Bardney en el condado de Lincoln. Dado que este monasterio fue destruido por los daneses en 910, Edilred, rey de los mercianos, mandó trasladar las reliquias del santo a Gloucester, donde Elfleda, condesa de Mercia e hija de Alfredo, fundó la iglesia de San Pedro. El monumento erigido en honor a San Oswald en esta iglesia aún puede verse allí entre dos pilares. En 1221, parte de las reliquias del santo fueron llevadas a la abadía de Berg-Saint-Winoc en Flandes, donde Adam, obispo de Terouenne, las recibió con gran solemnidad. Según los bolandistas, posteriormente fueron quemadas por los calvinistas. Los antiguos monasterios de Echternach, en el Gran Ducado de Luxemburgo, y Weingarten, en la diócesis de Constanza, también recibieron una parte de la cabeza del santo rey. (El rey Osvaldo tuvo como sucesor en Bernicia a su hermano Oswi. 
 
Reflexión:

Aunque Osvaldo murió joven en el campo de batalla, su legado sobrevivió a su propia muerte. Su vida nos muestra que el éxito no se mide por la longevidad de nuestros días, sino por la profundidad y el impacto de nuestras obras. Su muerte no fue un final, sino la semilla que terminó de cristianizar su reino.

Oración:

Oh Dios, te pedimos que, por la intercesión de San Osvaldo, nos concedas la firmeza en la fe para mantenernos de pie en las pruebas del exilio terrenal. Danos un corazón generoso como el suyo, capaz de desprenderse de las riquezas del mundo para socorrer al hermano desamparado. 
San Osvaldo, tú que levantaste la cruz antes de la batalla, ayúdanos a poner siempre a Dios al inicio de nuestros proyectos. Intercede por nuestras autoridades y líderes, para que busquen siempre la paz y el bienestar común, y alcánzanos la fortaleza para ser testigos del Evangelio hasta el último día de nuestras vidas. Amén.