sábado, 15 de agosto de 2026

EL FANTASMA DEL CONCILIO VATICANO II

El concilio Vaticano II llegó para quedarse. Sus enseñanzas oficiales no serán anuladas. Sin embargo, tarde o temprano, esas enseñanzas pueden y deben ser aclaradas.

Por The Quixotic Catholic


Los conocedores del modernismo quieren retrasar las inevitables aclaraciones el mayor tiempo posible. Hacen todo lo posible por preservar la ambigüedad que, en muchos sentidos, definió el concilio Vaticano II.

Los tradicionalistas, en cambio, exigen estas aclaraciones cuanto antes. Mientras tanto, no hay paz. Y eso no es bueno.

El concilio Vaticano II fue legítimo. He aprendido a aceptarlo. Pero el reconocimiento de su legitimidad no resuelve la cuestión fundamental.

He aquí otro dato: un futuro papa tendrá la autoridad para revertir muchos de los cambios implementados después del concilio Vaticano II.

Es irrelevante que esos cambios —como el novus ordo— se hayan atribuido al concilio. En su mayor parte, las modificaciones posconciliares se enmarcan dentro de la disciplina y la liturgia. Los papas siempre han tenido la autoridad para modificarlas, y siempre la tendrán.

Las enseñanzas oficiales del concilio permanecen. Sin embargo, las formas concretas en que esas enseñanzas se pusieron en práctica posteriormente son variables.

Los modernistas que actualmente dirigen los asuntos dentro de la Iglesia no quieren que esta distinción sea ampliamente comprendida. La nueva iglesia que están construyendo no es más que un castillo de naipes. El aliento purificador del Espíritu Santo, en algún momento del futuro, lo derribará.

Puedes apostar por ello.

Caso en punto

El arzobispo Lefebvre criticó duramente el concilio Vaticano II, pero nunca llegó a declararlo ilegítimo. Sostuvo que el concilio estuvo dominado por tendencias liberales, modernistas y neoprotestantes que produjeron reformas ruinosas posteriormente.

La FSSPX no afirma que el concilio Vaticano II fuera ilegítimo. Sin embargo, sostiene que el concilio contiene enseñanzas novedosas que contradicen la doctrina magisterial previa. Y tienen razón.

Nada impide que León XIV revierta las reformas que han llevado a la confirmación de homosexuales activos e impenitentes dentro de la iglesia posconciliar, junto con una serie de otras prácticas que constituyen rupturas evidentes con el pasado.

Sin embargo, no lo hace. ¿Por qué?

Lefebvre vio venir lo que se avecinaba en 1974:

Nos adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma, a la Roma católica, guardiana de la Fe Católica y las tradiciones necesarias para mantener esta fe, a la Roma eterna, dueña de la sabiduría y la verdad.

Por otro lado, nos negamos y siempre nos hemos negado a seguir la tendencia neomodernista y neoprestestante de Roma, que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que resultaron de él.

De hecho, todas estas reformas contribuyeron y contribuyeron todavía a la demolición de la Iglesia, a la ruina del Sacerdocio, a la aniquilación del Sacrificio y los Sacramentos, a la desaparición de la vida religiosa, a la enseñanza naturalista y teilhardiana. En las universidades, seminarios y catequesis, hay enseñanzas resultantes del liberalismo y del protestantismo, muchas veces condenadas por el magisterio solemne de la Iglesia.

Llamar a León neomodernista no es un insulto; es un hecho. Y Lefebvre previó la llegada de Francisco y León.

Más verdad:

• El modernismo es un fenómeno creado por el hombre —probablemente impulsado por el Diablo— y, por lo tanto, mortal.

• La Iglesia Católica es la morada del Espíritu Santo y es eterna.

Teniendo en cuenta esta distinción, existe una razón para el concilio Vaticano II y para el caos que le siguió: la Iglesia está siendo puesta a prueba. Al final, como siempre, el plan de Dios prevalecerá.

Los modernistas tienen el control por ahora, pero el infierno jamás vencerá a la verdadera Iglesia.

Como respondió Jesús a Simón Pedro:

Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los Cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo.

Conclusión

El fantasma del concilio Vaticano II nació del propio concilio. Son las ambigüedades e innovaciones que se arrogaron la autoridad del concilio al tiempo que se apartaban de la tradición de la Iglesia.

Ese fantasma sigue acechando a la Iglesia porque los modernistas que se apropiaron del concilio evitan a toda costa las aclaraciones necesarias.

Las auténticas enseñanzas del concilio permanecerán. Las prácticas concretas que las siguieron deben corregirse.

La intuición de Lefebvre y la propia promesa de Cristo de que las puertas del infierno no prevalecerán, apuntan a la misma conclusión.

El fantasma no desaparecerá sólo ignorándolo. Solo se le dará sepultura cuando se aclare la ambigüedad y se reviertan las reformas que han resultado ruinosas, al provocar escándalos constantes.

Hasta que llegue ese día, la Iglesia permanece bajo prueba. La prueba en sí es temporal, pero la Iglesia no lo es.
 

LAS HORAS DE LA PASION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO (5)

Continuamos con la publicación del capítulo 5 del libro “Las horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo” escrito por la mística Luisa Piccarreta (1865 - 1947) entre los años 1913 y 1914.


Para conocer la historia de Luisa Piccarreta ingrese aquí.


Quinta Hora: De las 9 a las 10 de la noche

La primera hora de Agonía en el Huerto de Getsemaní

Afligido Jesús mío, me siento atraído como por una corriente eléctrica a este huerto... Comprendo que tú me llamas, cual potente imán sobre mi corazón herido y yo corro, pensando dentro de mí:

¿Qué es lo que siento en mí que me atrae con tanto amor? Ah, tal vez mi perseguido Jesús se halla en tal estado de amargura, que siente necesidad de mi compañía.

Y yo vuelo. Mas... me siento aterrorizado al entrar en este huerto. La oscuridad de la noche, la intensidad del frío, el movimiento lento de las hojas, que como voces de lamento anuncian penas, tristezas y muerte para mi afligido Jesús. Las estrellas, con su dulce centelleo como ojos llorosos, están atentas a mirarlo, y haciendo eco a las lágrimas de Jesús, me reprocha mis ingratitudes. Y yo tiemblo y a tientas lo busco y lo llamo:

Jesús, ¿dónde estás? Me llamas, ¿y no te dejas ver? Me llamas, ¿y te escondes?

Todo es terror; todo es espanto y silencio profundo... Pero poniendo atención para ver qué oigo, puedo percibir un respiro afanoso, y es precisamente a Jesús a quien encuentro. Pero, ¡qué cambio tan terrible! Ya no es el dulce Jesús de la cena Eucarística, cuyo rostro resplandecía con una hermosura arrebatadora y deslumbrante, sino que ahora se encuentra triste y de una tristeza mortal que desfigura su belleza natural. Ya agoniza y yo me siento turbado al pensar que tal vez no vuelva a escuchar su voz, porque parece que muere. Por eso me abrazo a sus pies y haciéndome más audaz, me acerco a sus brazos, le pongo mi mano en la frente para sostenerlo y en voz baja lo llamo: “¡Jesús, Jesús!”.

Y él, sacudido por mi voz, me mira y me dice:

“Hijo, ¿estás aquí? Te estaba esperando y ésta era la tristeza que más me oprimía: el completo abandono de todos; y te estaba esperando a ti para hacer que fueras espectador de mis penas y que bebieras junto conmigo el cáliz de las amarguras que mi Padre Celestial me enviará dentro de poco por medio del Ángel; lo tomaremos juntos, poco a poco, porque no será un cáliz de consuelo sino de intensa amargura, y siento la necesidad de que algún alma que verdaderamente me ame beba de él por lo menos alguna gota... Es por eso que te he llamado, para que tú la aceptes y compartas conmigo mis penas y para que me asegures que no me vas a dejar solo en tanto abandono”.

¡Ah, sí, mi afligido Jesús, beberemos juntos el cáliz de tus amarguras, sufriremos tus penas y jamás me separaré de tu lado!

Y mi afligido Jesús, ya seguro de mí, entra en agonía mortal y sufre penas jamás vistas u oídas. Y yo, no pudiendo resistir y queriendo compadecerlo y darle un alivio, le digo: ¡Oh Jesús mío, amor mío!, dime, ¿por qué estás tan triste, tan afligido y solo en este huerto y en esta noche? Es la última noche de tu vida sobre la tierra; pocas horas te quedan para dar inicio a tu pasión... Pensaba encontrar por lo menos a tu Madre Celestial, a la apasionada Magdalena, a tus fieles apóstoles, mas por el contrario, te encuentro solo, solo, agobiado por una tristeza que te hace morir despiadadamente, sin hacerte morir. ¡Oh, Bien mío y Todo mío!, ¿no me respondes? ¡Háblame! Pero parece que te falta la palabra, tanta es la tristeza que te oprime... ¡Oh, Jesús mío!, esa mirada tuya, llena de luz, sí, pero afligida e indagadora, que tal parece que busque ayuda, tu rostro tan pálido, tus labios abrasados por el amor, tu divina persona que tiembla de pies a cabeza, tu Corazón que late fuertemente, y cada uno de estos latidos tuyos que busca almas con tanto afán que parece que de un momento a otro vas a expirar, todo, todo me dice que tú estás solo y que quieres mi compañía...

Aquí me tienes, oh Jesús, junto a ti, soy todo tuyo. Pero mi corazón no resiste al verte tirado por tierra; te tomo en mis brazos y te abrazo a mi corazón; quiero contar uno por uno todos tus afanes; una por una todas las ofensas que se presentan ante ti, para ofrecerte por cada una un alivio, una reparación y por lo menos para ofrecerte mi compañía.

Pero, ¡oh Jesús mío!, mientras te tengo entre mis brazos tus sufrimientos aumentan. Siento que corre por tus venas un fuego, siento cómo hierve tu sangre queriendo romper las venas para salir. Dime, Amor mío, ¿qué tienes? No veo azotes, ni espinas, ni clavos, ni cruz y sin embargo, apoyando mi cabeza sobre tu Corazón, siento clavadas en tu cabeza terribles espinas, flagelos despiadados que no dejan a salvo ni una sola parte ni dentro ni fuera de tu divina persona, y tus manos retorcidas y desfiguradas peor que si estuvieran clavadas... Dime, dulce Bien mío, ¿quién es el que tiene tanto poder, incluso en tu interior, para poder atormentarte tanto y hacerte sufrir tantas muertes por cuantos tormentos te hace sufrir?

Ah, me parece que el bendito Jesús, abriendo sus labios débiles y moribundos, me dice:

“Hijo mío, ¿quieres saber quién es el que me atormenta mucho más que los mismos verdugos? Es más, ¡ellos no harán nada en comparación con lo que ahora sufro! Es el Amor Eterno, que queriendo tener la supremacía sobre todo, me está haciendo sufrir todo junto y hasta en lo más íntimo de mi ser, lo que los verdugos me harán sufrir poco a poco. ¡Ah, hijo mío! Es el amor que prevalece totalmente sobre mí y en mí: el amor es para mí clavo, flagelo y corona de espinas; el amor es para mí todo; el amor es mi pasión perenne, mientras que la de los hombres será temporal... Hijo mío, entra en mi Corazón, ven y piérdete en los abismos de mi amor: solamente en mi amor llegarás a comprender cuánto he sufrido y cuánto te he amado, y aprenderás a amarme y a sufrir sólo por amor”.

¡Oh Jesús mío!, puesto que me llamas a entrar en tu Corazón para ver todo lo que el amor te hizo sufrir, yo entro, y entrando veo las maravillas del amor, el cual te corona la cabeza no con espinas materiales, sino con espinas de fuego; te flagela no con cuerdas, sino con flagelos de fuego; te crucifica no con clavos de hierro, sino de fuego... Todo es fuego que penetra hasta en la médula de tus huesos y que convirtiendo toda tu santísima humanidad en fuego, te causa penas mortales, ciertamente más que durante toda tu pasión y, al mismo tiempo, prepara un baño de amor para todas las almas que quieran lavarse de cualquier mancha y obtener el derecho de ser hijos del amor.

¡Oh Amor infinito, me siento retroceder ante tal inmensidad de amor y veo que para poder entrar en el amor y comprenderlo, debería ser todo amor; mas no lo soy, oh Jesús mío! Pero como de todas maneras quieres mi compañía y quieres que entre en ti, te suplico que me transformes totalmente en amor.

Por eso, te suplico que corones mi cabeza y cada uno de mis pensamientos con la corona del amor. Te pido, oh Jesús, que con el flagelo del amor flageles mi alma, mi cuerpo, mis potencias, mis sentimientos, mis deseos, mis afectos, en fin, que todo en mí quede flagelado y marcado por tu amor. Haz, oh Amor interminable, que no haya cosa alguna en mí que no tome vida del amor... ¡Oh Jesús!, centro de todos los amores, te suplico que claves mis manos y mis pies con los clavos del amor, para que clavado del todo en el amor, en amor me convierta, el amor comprenda, de amor me vista, de amor me alimente y el amor me tenga clavado en ti totalmente, para que ninguna cosa, dentro y fuera de mí, se atreva a desviarme o a apartarme del amor, oh Jesús.

Reflexiones y prácticas

En esta hora, Jesucristo, abandonado por el Padre Eterno sufrió un tal incendio de ardientísimo amor, que habría podido destruir todos los pecados, incluyendo los imaginables y posibles, habría podido inflamar de amor a todas las criaturas de mil mundos y a todos los que están en el infierno si no se hubieran obstinado en su propio capricho.

Entremos en Jesús y después de haber penetrado hasta en las partes más íntimas de su ser, en sus latidos de fuego, en su inteligencia encendida, tomemos este amor y revistámonos dentro y fuera con el fuego que encendía a Jesús. Luego, saliendo fuera de él y fundiéndonos en su Voluntad, encontraremos a todas las criaturas; démosle a cada una el amor de Jesús y tocando sus mentes y sus corazones con este amor, tratemos de transformarlas a todas en amor; y del mismo modo con cada deseo, con cada latido del corazón, con cada pensamiento de Jesús: démosle vida a Jesús en el corazón de cada criatura.

Luego le llevaremos a Jesús a todas las criaturas en las que él mismo vive en su corazón y presentándoselas a él le diremos: “¡Oh Jesús, te traemos a todas las criaturas que te tienen en su corazón, para que halles alivio y consuelo; no sabemos de qué otro modo poder darle un alivio a tu amor, sino sólo poniendo a todas las criaturas en tu Corazón!”. Haciendo así, le ofreceremos un verdadero alivio a Jesús, pues es muy grande el fuego que lo consume y que lo hace decir incesantemente: “Me consumo de amor y no hay quién lo haga suyo. ¡Ah, déjenme descansar un poco, reciban mi amor y denme amor!”.

Para conformar toda nuestra vida a la de Jesús debemos entrar en nosotros mismos para aplicarnos estas reflexiones: ¿Podemos decir que en todo lo que hacemos fluye en nosotros continuamente el amor que corre entre Dios y nosotros? Nuestra vida es un flujo continuo de amor que recibimos de Dios; si nos ponemos a pensar, todo es un flujo de su amor, cada latido del corazón es amor, la palabra es amor, todo lo que hacemos es amor, todo lo recibimos de Dios, y todo, es amor; pero, ¿vuelven a Dios todas nuestras acciones? ¿Puede hallar Jesús en nosotros el dulce encanto de su amor que fluye hacia él, para que extasiado por este encanto nos colme de su amor con mucho más abundancia?

Si en todo lo que hemos hecho, no hemos puesto la intención de fluir junto al amor de Jesús, entrando en nosotros mismos le pediremos perdón por haber hecho que perdiera el dulce encanto de su amor hacia nosotros.

¿Hemos dejado que las manos divinas nos modelen como a la humanidad de Cristo? Todo lo que sucede en nosotros, excepto el pecado, debemos tomarlo como parte de la obra divina en nosotros, de lo contrario negamos la gloria del Padre, hacemos que se aleje de nosotros la vida divina y perdemos la santidad. Todo lo que sentimos en nosotros, inspiraciones, mortificaciones y gracias, no es más que la obra del amor; y nosotros ¿lo tomamos todo así como Dios lo quiere? ¿Le damos a Jesús la libertad de hacer lo que quiera en nosotros o por el contrario, todo lo vemos en modo humano, o como si fueran cosas indiferentes rechazamos la obra divina, y de este modo, obligamos a Dios a estarse cruzado de brazos? ¿Nos abandonamos en sus brazos como si estuviéramos muertos para recibir todos los flagelos que él quiera mandarnos para nuestra santificación?

“Amor mío, que tu amor me inunde por todos lados y queme en mí todo lo que no es tuyo, y haz que mi amor fluya siempre hacia ti para quemar todo lo que pueda entristecer tu Corazón”.
 
Continúa...

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (123)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


123. Los discursos en Aguas Claras: No fornicarás (129).
La afrenta de cinco hombres notables.
4 de marzo de 1945.

1 Me dice Jesús:
“Ten paciencia, alma mía, por este doble esfuerzo. Es tiempo de sufrimiento. ¡¿Sabes lo cansado que estaba los últimos días?! Ya ves. Al andar me apoyo en Juan, en Pedro, en Simón, y también en Judas... Sí. ¡Yo, que emanaba milagro con sólo rozar con mis vestiduras, no pude cambiar aquel corazón! Déjame que me apoye en ti, pequeño Juan, para volver a decir las palabras ya dichas en los últimos días a esos obstinados obtusos sobre quienes el anuncio de mi tormento resbalaba y no penetraba. Y deja también que el Maestro hable de sus horas de predicación en la triste llanura de Aguas Claras. Y te bendeciré dos veces: por tu esfuerzo y por tu piedad. Llevo la cuenta de tus esfuerzos, recojo tus lágrimas. Los esfuerzos por amor a los hermanos recibirán la recompensa de aquellos que se consumen por dar a conocer a Dios a los hombres. Tus lágrimas por mi sufrimiento de la última semana recibirán como premio el beso de Jesús. Escribe y recibe mi bendición”.

2 Jesús está en pie, encima de un cúmulo de tablas, alzadas a manera de tribuna en una de las piezas, la última, y allí habla con voz poderosa, para que le oigan tanto los que están dentro de la estancia como los que se encuentran bajo el cobertizo, e incluso en la era, encharcada por la lluvia. Cubiertos con sus mantos oscuros y de lana en bruto, sobre la cual resbala el agua, parecen frailes todos ellos. En la estancia están los más débiles; bajo el cobertizo, las mujeres; en el patio, bajo la lluvia, los fuertes, la mayoría hombres.
Pedro va y viene, descalzo y sólo con la prenda corta, cubierto con un lienzo que se ha puesto sobre la cabeza; pero no pierde el buen humor, a pesar de que tenga que ir guachapeando en el agua y se esté duchando sin desearlo. Con él están Juan, Andrés y Santiago. Están trayendo de la otra estancia, con precaución, a unos enfermos, y guiando a unos ciegos y haciendo de apoyo a algunos tullidos.
Jesús aguarda con paciencia a que todos hayan terminado de acomodarse, y sólo le duele el que los cuatro discípulos estén empapados, como esponjas dentro de un cubo.
¡Nada, nada! Somos madera empecinada. No te preocupes. Nos bautizamos otra vez, y el bautizador es Dios mismo” responde Pedro a las muestras de desazón de Jesús.
Por fin todos están en sus respectivos lugares y Pedro estima que puede ir a ponerse ropa seca. Así lo hace, como también los otros tres. Pero, vuelto donde el Maestro, ve sobresalir por la esquina del cobertizo el manto gris de la mujer velada, y se dirige hacia ella sin pensar que para hacerlo tiene que volver a cruzar el patio en diagonal bajo el chaparrón, que va a más, y sin pensar en los charcos que salpican hasta la rodilla al chocar tan fuerte en ellos las gotazas de agua. La agarra de uno de los codos, sin retirar el manto, y la arrastra bien hacia arriba, hasta la pared de la estancia, resguardada del agua, y luego se planta a su lado, duro e inmóvil como un centinela.

3 Jesús ha visto la escena y ha sonreído inclinando la cabeza para celar la luminosidad de su sonrisa. Ahora habla.
No digáis, vosotros, los que habéis venido con regularidad, que no hablo con orden y que salto alguno de los diez mandamientos. Vosotros oís, Yo veo; vosotros escucháis, Yo aplico mi palabra a los dolores y a las llagas que veo en vosotros. Yo soy el Médico. Un médico va primero a los más enfermos, a los que están más cerca de la muerte. Luego se vuelve a los menos graves. Yo también.
Hoy digo: "No forniquéis".
No dirijáis a vuestro alrededor la mirada tratando de leer en el rostro de uno la palabra: "lujurioso". Tened reciproca caridad. ¿Os gustaría que uno la leyera en vosotros? No. Pues entonces no queráis leerla en el ojo turbado de quien está a vuestro lado; en su frente que se avergüenza y se inclina hacia el suelo. Además... ¡Oh!, decidme, especialmente vosotros, hombres. ¿Quién de entre vosotros no ha hincado nunca los dientes en el pan de ceniza y estiércol de la satisfacción sexual? ¿Acaso es lujuria sólo la que os lleva a estar durante una hora entre brazos meretricios? ¿No es, acaso, lujuria, también, la profanación del connubio con la esposa al eludir las consecuencias de éste, que queda reducido, por lo tanto, a una recíproca satisfacción del sentido, a un vicio legalizado?
Matrimonio quiere decir procreación, y el acto quiere decir y debe ser fecundación. Sin ello es inmoralidad (130). No se debe del tálamo hacer un lupanar; y en lupanar se transforma si se ensucia de libídine y no se consagra con maternidades. La tierra no rechaza la semilla, la acoge y de ella forma una planta. La semilla no huye de la gleba una vez depositada; por el contrario, en seguida echa raíz y se agarra para crecer y dar una espiga: la criatura vegetal nacida del connubio entre gleba y semilla. El hombre es la semilla, la mujer es la tierra, la espiga es el hijo. Negarse a producir la espiga y desaprovechar la fuerza para vicio es culpa. Es meretricio cometido en el lecho nupcial, pero en nada distinto del otro; es más, agravado por la desobediencia al mandamiento que dice: "Sed una sola carne y multiplicaos en los hijos" (131).
Por lo tanto, ved, mujeres voluntariamente estériles, esposas legales y honestas (no a los ojos de Dios, sino del mundo), cómo, a pesar de ello, vosotras podéis ser prostitutas y fornicar igual, aunque seáis sólo de vuestro marido, porque no vais hacia la maternidad, sino al placer, demasiado y demasiado frecuentemente. ¿Y no os paráis a pensar que el placer es un tóxico que, aspirado por una boca, cualquiera que fuere, contagia, produce quemazón, cual fuego que, creyendo consumirse, traspasa, devorador, cada vez más insaciable, los límites del hogar, dejando acre sabor de ceniza bajo la lengua y desagrado y náusea y desprecio de sí y del compañero de placer? Porque cuando la conciencia se despierta –y lo hace entre dos momentos febriles– no puede dejar de nacer este desprecio de sí, rebajados como quedan uno y otro a un nivel incluso inferior al de los animales.

4 "No forniquéis", está escrito.
Es fornicación gran parte de las acciones carnales del hombre, ni siquiera toco la cuestión de esas uniones inconcebibles, que son como una pesadilla y que el Levítico condena con estas palabras: "Hombre, no te acercarás al hombre como si fuera una mujer"; y también: "No te unirás a bestia alguna para no contaminarte con ella. Y así hará la mujer, y no se unirá a ninguna bestia, porque es infamia" (132). Bien..., he hecho alusión al deber de los esposos respecto al matrimonio –el cual deja de ser santo cuando, por malicia, viene a ser infecundo– y ahora voy a hablar de la fornicación en sentido propio entre hombre y mujer, por recíproco vicio o por obtener dinero o regalos.
El cuerpo humano es un magnífico templo que encierra en sí un altar. En ese altar debería estar Dios. Mas Dios no está donde hay corrupción. Por lo tanto, el cuerpo del impuro tiene su altar desconsagrado y sin Dios. Como quien se revuelca, ebrio, en el lodo y en el vómito de la propia ebriedad, el hombre, en la bestialidad de la fornicación, se rebaja a sí mismo, viniendo a ser menos que un gusano o que el animal más inmundo.
Decidme –si entre vosotros hay alguno que se haya depravado a sí mismo hasta el punto de comerciar con su cuerpo como se hace con cereales o animales– ¿qué beneficio os ha reportado? Poneos, poneos vuestro corazón en la mano, observadlo, preguntadle, escuchadlo, ved sus heridas, sus estremecimientos de dolor, y luego decidme, respondedme: ¿tan dulce era ese fruto, que compensara este dolor de un corazón nacido puro, forzado por vosotros a vivir en un cuerpo impuro, a latir para dar vida y calor a la lujuria, a irse consumiendo en el vicio?
Decidme: ¿Sois tan depravadas que no lloráis secretamente sintiendo una voz de niño que llama: "mamá", y pensando en vuestra madre –¡Oh mujeres de placer que habéis huido de casa, u os han echado de ella para que el fruto empodrecido no destruyera con el exudado de su putridez a los demás hermanos!–, pensando en vuestra madre, muerta quizás por el dolor de tener que decirse a sí misma: "He dado a luz a una persona que ha sido motivo de oprobio"?
¿Pero es que no sentís que se os parte el corazón cuando veis a un anciano cuyas canas le dan un porte solemne, al pensar que sobre las de vuestro padre habéis derramado el deshonor, como barro tomado a manos llenas, y junto con el deshonor el menosprecio de su tierra natal?
¿Pero es que no sentís que se os retuercen las entrañas de doliente añoranza al ver la felicidad de una esposa o la inocencia de una virgen, teniendo que decir: "Yo he renunciado a todo esto, y nunca más volveré a poseerlo"?
¿Pero es que no sentís como si la vergüenza os arrancara la piel de la cara, al ver la mirada, voraz o llena de desprecio, de los hombres?
¿Pero es que no sentís vuestra miseria cuando tenéis sed de un beso de niño y ya no os atrevéis a decir: "Dámelo" porque habéis matado vidas en su comienzo, vidas que habéis rechazado como peso fastidioso e inútil carga, vidas arrancadas del mismo árbol que las había concebido, arrojadas para estiércol, vidas que ahora os gritan: "¡Asesinas!"?
¿Pero es que no teméis, sobre todo, al Juez que os ha creado y que os espera para preguntaros y deciros: "¿Qué has hecho de ti misma? ¿Para eso, acaso, te di la vida? Pululante nido de gusanos, ¿cómo te atreves a estar en mi presencia? Tuviste todo lo que para ti era dios: el placer. Ve al lugar de maldición sin término"?

5 ¿Quién llora? ¿Ninguno? ¿Decís: "ninguno"? Pues mi alma va hacia otra alma que llora. ¿Para qué va hacia ella? ¿Para lanzarle el anatema por ser meretriz? No. Porque siento piedad por su alma. Todo en mí es repulsa hacia su sucio cuerpo, sudado por el esfuerzo lascivo. ¡Pero su alma...!
¡Oh! ¡Padre! ¡Padre! ¡También por esta alma Yo me he encarnado y he dejado el Cielo (133) para ser su Redentor y el de muchas almas hermanas suyas! ¿Por qué debo no recoger a esta oveja que va descarriada, y llevarla al redil, limpiarla, unirla al rebaño, sacarla a pastar, y darle un amor que sea perfecto como sólo el mío lo puede ser, tan distinto de los que tuvieron hasta ahora para ella nombre de amor y no eran sino odio; tan piadoso, completo, delicado, que ella ya no llore por el tiempo pasado, o lo haga sólo para decir: "Demasiados días he perdido lejos de ti, eterna Belleza. ¿Quién me restituirá el tiempo perdido? ¿Cómo gustar en lo poco que me queda cuanto habría gustado si hubiera sido siempre pura?"?
A pesar de ello, no llores, alma pisoteada por toda la libídine del mundo. Escucha: eres un trapo asquerosamente sucio, pero puedes volver a ser una flor; eres un estercolero, pero puedes ser un jardín; eres un animal inmundo, pero puedes volver a ser un ángel. Un día lo fuiste; danzabas en los prados floridos, rosa entre las rosas, fresca como ellas, y despedías fragancia de virginidad; cantabas, serena, tus canciones de niña, y luego corrías a donde tu madre, a donde tu padre, y les decías: "Vosotros sois mis amores". Y el invisible guardián que tienen todas las criaturas al lado sonreía ante tu alma blanca–azul... ¿Y luego? ¿Por qué? ¿Por qué te has arrancado esas alas de pequeño inocente? ¿Por qué has pisoteado un corazón de padre y de madre para correr hacia otros corazones inciertos? ¿Por qué has consignado tu voz pura a embusteras frases de pasión? ¿Por qué has quebrado el tallo de la rosa y te has profanado a ti misma?
Arrepiéntete, hija de Dios. El arrepentimiento renueva. El arrepentimiento purifica. El arrepentimiento sublima. ¿El hombre no te puede perdonar? ¿Ni siquiera tu padre podría ya hacerlo? Bueno, pues Dios puede, porque la bondad de Dios no es comparable con la bondad humana y su misericordia es infinitamente más grande que la humana miseria. Hónrate a ti misma haciendo, con una vida honesta, digna de honor a tu alma. Justifícate ante Dios no volviendo a pecar contra tu alma. Hazte un nombre nuevo ante Dios. Eso es lo que tiene valor. ¿Eres vicio? Sé honestidad, sé sacrificio, sé la martir de tu arrepentimiento. Bien supiste martirizar tu corazón para hacer gozar a la carne, sabe ahora martirizar la carne para darle a tu corazón una eterna paz.
Ve. Marchad todos, cada uno con su peso y con su pensamiento, y meditad. Dios espera a todos y no rechaza a ninguno que se arrepienta. ¡Que el Señor os dé su luz para conocer vuestra alma! ¡Adiós!
.
Muchos se marchan en dirección al pueblo. Otros entran en la habitación. Jesús va hacia los enfermos y les devuelve la salud.

6 Un grupo de hombres, en un ángulo, habla en voz baja; divididos como están en distintas tendencias, gesticulan y se acaloran. Algunos se muestran acusadores de Jesús; otros, defensores; y otros exhortan a éstos y a aquéllos a tener un juicio mas maduro.
Al final, los más obstinados, quizás porque son pocos respecto a los otros dos grupos, se deciden por una tercera vía: van a donde Pedro, que está transportando junto con Simón las camillas –que ya no hacen falta– de tres de los curados, y le asaltan avasalladoramente dentro de la vasta habitación, que ha quedado transformada en hospedería de los peregrinos. Dicen: 
Hombre de Galilea, escucha
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Pedro se vuelve y los mira como a unos bichos raros. No habla, pero su cara es todo un poema. Simón sólo lanza su mirada hacia los cinco energúmenos, y sale, dejándoles plantados a todos.
Uno de los cinco continúa diciendo: 
Yo soy Samuel, el escriba; éste es el otro escriba, Sadoq; y éste es el judío Eleazar, muy conocido e influyente; y éste, el ilustre anciano Calasebona; y éste, finalmente, Nahúm. ¿Entendido? ¡Nahúm!
 (y, por si fuera poco, el tono es enfático).
Pedro se inclina ligeramente según va oyendo estos nombres, pero, al oír el último, se queda a mitad de camino, y dice con la mayor indiferencia: 
No lo sé, nunca le he oído, y... no entiendo nada
¡Vulgar pescador! ¡Has de saber que es el fiduciario de Anás” (134)!.
No sé quién es; bueno, conozco a muchas mujeres de nombre Ana; incluso en Cafarnaúm hay un montón de Anas, pero no sé de qué Ana éste es fiduciario
.
¿Este? ¿A mí se me dice: "éste"?
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Y entonces, ¿cómo quieres que te llame?: ¿asno? ¿pájaro? Cuando iba a la escuela, me enseñó el maestro a decir "éste" hablando de un hombre, y, si no veo visiones, tu eres un hombre
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El hombre se revuelve como torturado por esas palabras. El otro, el primero que ha hablado, aclara: 
Anás es el suegro de Caifás...
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¡Aaaah!... ¡¡¡Ahora entiendo!!! ¿Y bien...?
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¡Pues que has de saber que nosotros estamos indignados!
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¿Con qué? ¿Con el tiempo? Yo también. Es la tercera vez que me cambio y ya no tengo más ropa seca
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¡No seas necio!
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¿Necio? Pero si es verdad; si no estáis indignados con el tiempo, entonces, ¿con qué? ¿con los romanos?
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¡Con tu Maestro! Con el falso profeta
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¡Oye, tú, Samuel, ojo, que entro en acción, y entonces soy como el lago: de la calma a la tempestad paso en un momento. Ten cuidado con lo que dices...
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En esto, han llegado también los hijos de Zebedeo y de Alfeo, y con ellos Judas Iscariote y Simón, y se arriman a Pedro que, por su parte, levanta cada vez más la voz.
¡No tocarás con tus manos plebeyas a los grandes de Sión!
.
¡Oh, qué señoritos más majos! Y vosotros no me toquéis al Maestro, porque, si no, voláis al pozo, inmediatamente, a purificaros de verdad, por dentro y por fuera
.
Recuerdo a los doctos del Templo –dice serenamente Simón– que la casa es de dominio privado
. Y agrega Judas Iscariote: Y que el Maestro, y soy garante de ello, ha mostrado siempre hacia las casas de los demás, y en primer lugar hacia la casa del Señor, el máximo respeto. Hágase igual con su casa.
Tú cállate, gusano falso
.
¡De qué, falso? Me habéis asqueado y me he venido donde no hay asquerosidades, ¡y Dios quiera que el haber estado con vosotros no me haya corrompido hasta lo más profundo!
.

Brevemente: ¿qué queréis?
 pregunta secamente Santiago de Alfeo.
¿Y tú quién eres?
.
Soy Santiago de Alfeo, y Alfeo de Jacob, y Jacob de Matán, y Matán de Eleazar; y si quieres te digo toda la ascendencia hasta el rey David, de quien procedo; y soy primo del Mesías. Por lo tanto, te ruego que hables conmigo, de estirpe real y de raza judía, si es que a tu arrogancia le da asco el hablar con un honesto israelita que conoce a Dios mejor que Gamaliel y que Caifás. Vamos. Habla
.
Tu Maestro y pariente permite que le sigan las prostitutas. Esa mujer velada es una de ellas, yo la he visto estando ella vendiendo oro, y la he reconocido. Es la amante que se le ha escapado de las manos a Siammái, y eso le deshonra».
¿Qué Siammái? ¿A Siammái, el rabino? Pues debe ser entonces un carcamal. Por lo tanto, no hay peligro... 
 dice burlonamente Judas Iscariote.
¡Cállate, desequilibrado! A Siammái de Elquí, el predilecto de Herodes
.
¡Caramba! Eso es señal de que ella ya no le prefiere al predilecto. Ella es quien tiene que ir a la cama con él, no tú; ¿por qué te lo tomas entonces a mal?
. Judas de Keriot se muestra sumamente irónico.
Hombre, ¿no crees que te deshonras haciendo de espía?
 pregunta Judas de Alfeo. Y, ¿no crees que se deshonra el que se rebaja a pecar y no, al contrario, quien trata de levantar al pecador? ¿Qué deshonra puede venirle a mi Maestro y hermano del hecho de que haga llegar su voz hasta las orejas profanadas por la baba de los lascivos de Sión?.
¿La voz? ¡Ja! ¡Ja! ¡Tu Maestro y primo tiene treinta años, y no es sino un hipócrita mayor que los demás! Y tú, y todos vosotros, dormís profundamente por la noche...
.
¡Desvergonzado reptil! Fuera de aquí o te estrangulo
 grita Pedro, haciéndole coro Santiago y Juan; Simón, por su parte, se limita a decir: ¡Qué vergüenza! Tu hipocresía es tan grande, que regurgita y se desborda, y babeas como una gran babosa encima de la flor pura. Sal y sé hombre, porque ahora no eres sino baba. Te he reconocido, Samuel. Eres siempre el mismo corazón. Que Dios te perdone; pero, vete de mi presencia.
Y mientras el Keriot y Santiago de Alfeo contienen al fogoso Pedro, Judas Tadeo, que en este acto se asemeja más que nunca a su Primo (de quien ahora tiene el mismo centelleo azul en la mirada y la imponencia en la expresión), dice vehementemente: 
A sí mismo se deshonra quien deshonra al inocente. Dios ha hecho los ojos y la lengua para llevar a cabo obras santas. El maldiciente los profana y rebaja, haciéndoles cumplir obras malvadas. Yo no me voy a manchar a mí mismo con un acto vil contra tu canicie, pero te recuerdo que los malvados odian al hombre íntegro y que el necio descarga su aversión sin reflexionar ya siquiera en que con ello se pone al descubierto. Quien vive en las tinieblas confunde una rama florida con un reptil, pero quien vive en la luz ve las cosas como son y, si alguien las desacredita, las defiende por amor a la justicia. Nosotros vivimos en la luz. Somos la generación casta y hermosa de los hijos de la luz, y nuestro Caudillo es el Santo que no conoce ni mujer ni pecado. Nosotros le seguimos y le defendemos de sus enemigos, hacia los cuales, como El nos ha enseñado, no sentimos odio; antes bien, oramos por ellos. Aprende, anciano, de un joven, que se ha hecho maduro porque la Sabiduría es su Maestro, aprende a no ser precipitado para hablar e inútil para obrar el bien. Vete, y refiere a quien te ha enviado que Dios en su gloria está en esta pobre morada, y no en la profanada casa del monte Moria. Adiós
.
Los cinco no se atreven a replicar y se marchan.

8 Los discípulos conjuntamente examinan si decírselo o no a Jesús, que está todavía con los enfermos curados. Deciden que es mejor decírselo. Se acercan a El, le llaman y se lo dicen.
Jesús sonríe sereno y responde: 
Os agradezco vuestra defensa... pero ¿qué podéis hacer? Cada uno da lo que tiene
.
Pero tienen un poco de razón. Los ojos están en la cabeza para ver y muchos ven. Ella está siempre ahí fuera, como un perro. Te perjudica
 dicen varios.
Dejadla que esté. No será ella la piedra que golpeará mi cabeza. Y si ella se salva... ¡Oh..., bien merece la pena una crítica por una alegría así!
”.
Al dar esta dulce respuesta todo termina.

Continúa...

Notas:

129) Cfr. Ex. 5, 18; 20, 14.

130) “Matrimonio, …inmoralidad…” estas frases entendidas como se debe, esto es, en su contexto, son exactas. Se afirma únicamente que el matrimonio pecaminoso es el infecundo por mala voluntad, esto es, por malicia. Por esto, en el contexto aparecen palabras como las siguientes: “lupanar, libídine, rechaza, huye, rehúsa, desperdiciar, acto de prostitución, voluntariamente estériles, ser compradas, envilecidos hasta el nivel de las bestias, uniones inconcebibles” Y con toda exactitud se llega a la conclusión “el matrimonio… deja de ser santo cuando por malicia se hace infecundo… ”.

131) Cfr. Gén. 1, 26–28; 2, 18–24; 9, 1.

132) Cfr. Lev. 18, 22–23.

133) “…he dejado el cielo…” Expresión popular pero exacta, semejante a la que hay en el Credo: “descendió del Cielo”.

134) Los nombres Anás y Ana en italiano tienen la misma forma (Anna), ello explica, en el original italiano, el malentendido de Pedro (NdT).


 
 
El Poema del Hombre-Dios (105) 



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
  

 
 
 

15 DE AGOSTO: SAN JACINTO DE CRACOVIA, SACERDOTE


15 de agosto: San Jacinto de Cracovia, sacerdote

(✞ 1257)

Era el 14 de agosto de 1257.

En la iglesia dominicana de Cracovia, Polonia, los monjes acababan de terminar su oración coral. La habían interpretado solemnemente como introducción a la Fiesta de la Asunción de María, que se celebraba al día siguiente.

Solo uno de los monjes, anciano y frágil, llamado Jacinto, permanecía arrodillado, bañado por la luz del sol del atardecer, completamente solo en el coro, absorto en la oración.

Jacinto siempre había sido un ferviente devoto de María, pero aquel día, en la víspera de la Solemnidad de la Asunción de la Virgen, no encontraba consuelo y en medio de todo esto, no se daba cuenta de que poco a poco se alejaba de la oración para sumergirse en la ensoñación.

Setenta y cuatro años antes, había nacido en la región boscosa de Silesia, hijo de un conde. Inmediatamente después de su nacimiento, su madre lo había consagrado a la Reina del Cielo. Así, desde su primer aliento, había sido hijo de María. Y el hecho de seguir siéndolo durante toda su vida fue para él una gran gracia y la mayor alegría de la vejez. Sabía muy bien que la protección de María siempre lo había acompañado. Atribuía únicamente a su ininterrumpida devoción a la Madre de Dios el haber conservado un buen corazón y una mente lúcida lejos de casa, asistiendo a escuelas en Praga y Bolonia. Estaba igualmente convencido de que también fue la Madre de Dios quien, en respuesta a su ferviente oración, le concedió la gracia de ordenarse sacerdote.

En medio de estos pensamientos, el anciano, sin darse cuenta de que ya había anochecido, pronunció palabras de agradecimiento y continuó su ensimismamiento en oración.

Cuarenta años atrás, él y su hermano Ceslaus habían peregrinado a Roma. Allí conoció a un hombre, un santo, una figura tan grandiosa como las que aparecen solo una vez cada cien años: Santo Domingo. Se unió a él e ingresó en la Orden Dominicana, cuyos miembros se dedican especialmente a la veneración de la Santísima Virgen María.

Tras regresar de Italia, introdujo la nueva Orden en Polonia y fundó monasterios en Cracovia y muchas otras ciudades polacas. Su ejemplo atrajo e inspiró a otros, de modo que dondequiera que se escuchaba su palabra, muchos jóvenes ofrecían dinero y posesiones en los altares de María por todo el país y se unían a él.

Hacía mucho que había pasado la medianoche cuando Jacinto se entregó a estos recuerdos. Agradeció constantemente a la Reina del Cielo todo lo que le había permitido hacer para la gloria de Dios y la suya durante cuarenta años. Por último, y no menos importante, en esa noche previa a su festividad, oró mientras ofrecía sinceras alabanzas a la Madre de Dios por haberle permitido proclamar el Evangelio como misionero a los prusianos, rusos y otros pueblos tan lejanos como China y el Tíbet durante catorce años.

Recordó como en Kiev ocurrió aquel suceso inolvidable. Justo cuando fundaba un monasterio, los crueles tártaros conquistaban la ciudad, sembrando el terror y el fuego. Jacinto había tomado el cáliz con las hostias consagradas del sagrario para proteger el Santísimo Sacramento. Y cuando estaba a punto de partir con el Santísimo Sacramento pegado al pecho, la imagen de María en el altar de Nuestra Señora cobró vida y le dijo: “¡Llévame contigo!”. Él accedió con gusto. Con el cáliz en la mano derecha y la imagen de la Virgen María en la izquierda, atravesó sin obstáculos al enemigo, y ni un solo cabello de su cabeza sufrió daño alguno.

Una y otra vez, al recordar esos momentos, el devoto sacerdote agradecía con amor a la Reina de su corazón por toda la ayuda y protección que le ha brindado a lo largo de su vida. Jacinto daba gracias una y otra vez, pero de repente, la noche que lo rodeaba se disipó, dando paso a una luz brillante. 

Innumerables ángeles con alas de siete colores se acercaron. La Reina del Cielo, radiante como el sol, estaba entre ellos. Con una sonrisa amorosa, María se acercó al devoto, le hizo una dulce seña y le dijo:

“Ven, me llevaste contigo entonces y me has llevado contigo a lo largo de tu vida; en agradecimiento, te llevo conmigo hoy en mi Asunción”.

Así habló la Madre de Dios, y mientras los ángeles, con su belleza celestial, entonaban la Salve Regina, Jacinto entró en el Paraíso.
 
Reflexión:

Aquel milagro ocurrido en Kiev, cuando rescató la Eucaristía y la figura de la Virgen mientras la ciudad ardía, es una imagen perfecta para recordarnos que ante el caos, el peligro o las crisis debemos preguntarnos: ¿Qué es lo primero que intentamos salvar cuando todo a nuestro alrededor se derrumba? La respuesta es clara: debemos proteger la presencia de Dios y el amor maternal de María.

Oración:

Oh glorioso San Jacinto, tú que en medio del peligro y del fuego no dudaste en proteger lo más sagrado, el Santísimo Sacramento y la imagen de nuestra Madre Celestial en tus brazos: te pido que me alcances del Señor esa misma valentía. Alivia las cargas pesadas de mi vida, haz que mis dificultades se vuelvan ligeras y protégeme de todo mal. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
 
Nota Diario7: En 1969, el falso papa Pablo VI realizó su “reforma” del santoral católico y retiró a San Jacinto del Calendario Romano General, trasladando su celebración únicamente a las regiones u Ordenes Religiosas directamente vinculadas con él, fijando como su fecha el día 17 de agosto.
  

15 DE AGOSTO: LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA


15 de Agosto: La Asunción de Nuestra Señora

Subió Cristo nuestro Salvador a los cielos, y dejó a su benditísima Madre y Señora nuestra en la tierra, para que en ausencia de aquel sol de justicia, brillase ella como luna de serenos resplandores en medio de la primitiva cristiandad; y enseñase a los Apóstoles, instruyese a los Evangelistas, alentarse a los confesores y encendiese en el amor por la pureza a las vírgenes, y a todos consolase y ayudase con su ejemplo y magisterio.

Quince años sobrevivió Nuestra Señora a su Hijo bendito, observando, como dicen los Santos Padres, con gran perfección los consejos evangélicos, obedeciendo a lo que San Pedro como Vicario de Cristo ordenara, frecuentando los sagrados lugares donde se habían obrado los misterios de nuestra Redención, comulgando cada día de mano del discípulo amado San Juan, a quien Jesús la había encomendado.

Dice San Dionisio que la vio y trató, que “resplandecía en ella una divinidad tan grande, que si la fe no lo corrigiera, pensarían todos que era Dios, como lo era su Hijo”.

Aunque el Señor la preservó de la culpa original, no quiso preservarla de la muerte del cuerpo, para que en esto imitase a Jesús, y para que mereciese mucho, venciendo la natural repugnancia que tiene la carne a morir, y se compadeciese de los que mueren, como quien pasó por aquel trance, ya que había de ser nuestra abogada en la hora de la muerte.

Es pía Tradición que asistieron a su dichoso tránsito los Santos Apóstoles con Hiroteo, Timoteo, Dionisio Areopagita, y otros varones apostólicos que con velas encendidas rodeaban el lecho de la Virgen; y que habiendo expirado, no por dolencia alguna, sino por enfermedad de amor y deseo de ver y abrazar a su divino Hijo glorioso, sepultaron honoríficamente su inmaculado cuerpo en el huerto de Getsemaní, con muchas flores, ungüentos olorosos y especies aromáticas.

Más no era conveniente que aquella verdadera arca del testamento padeciese corrupción, y así se cree que a los tres días resucitó a la Madre, como había resucitado su Hijo unigénito, el cual la vistió de inmortalidad y de claridad y hermosura sobre todo lo que se puede explicar y comprender, y la llevó sobre las alas de los querubines en triunfal procesión hasta lo más alto del cielo, y hasta el trono de la Santísima Trinidad.

Allí fue coronada por las tres Personas Divinas, con inefable gloria y regocijo de todas las jerarquías y coros celestiales.

La coronó el Padre con diadema de Potestad, el Hijo con corona de Sabiduría, el Espíritu Santo con corona de Caridad.

Allí fue aclamada como soberana Princesa de los ángeles, arcángeles, tronos, dominaciones, potestades, querubines y serafines, y como Reina de los Apóstoles, de los mártires, de los confesores, de las vírgenes, y de todos los santos; y finalmente allí, fue constituida Emperatriz del universo, y Reina soberana de todas las criaturas.

Reflexión:

Creyendo, pues, ahora con viva Fe, que esta excelsa Señora tan encumbrada y gloriosa no sólo es Madre de Dios, sino también Madre adoptiva nuestra, Reina de Misericordia y dulcísima Abogada de los pecadores, acudamos todos los días a ella con gran confianza en su maternal bondad, suplicándole que no nos deje de su mano, a fin de que por su poderosa intercesión alcancemos seguramente la vida y gloria eterna.

Oración:

Te suplicamos, Señor, que perdones a tus siervos los pecados de los que son reos, para que ya que no podemos agradaros por nuestras obras, seamos salvos por la intercesión de la Santa Madre de vuestro Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

viernes, 14 de agosto de 2026

“OBISPO” BRASILEÑO CONTRA SAN MIGUEL ARCANGEL: “EL DIABLO ES IMAGINARIO”

Vicente de Paula Ferreira, “obispo” de Livramento de Nossa Senhora (Bahía, Brasil), ha provocado una fuerte polémica tras criticar públicamente las consagraciones diocesanas a San Miguel Arcángel.


Sus críticas a la devoción a San Miguel

“¿Hay justificaciones teológicas para la consagración a san Miguel? Se consagra a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo”, escribió el “obispo” en sus redes sociales el sábado 8 de agosto. “El diablo que se combate, ¿no es muy imaginario? El exorcismo mayor debe ser: de la homofobia, del feminicidio, del racismo, de los crímenes contra indígenas. De esa legión de maldades”, añadió. 


Según publicó Infocatolica, las declaraciones de “monseñor” Ferreira fueron recibidas con innumerables críticas en las redes sociales. Algunas de las respuestas a su posteo en X fueron:

“Lo gracioso es que Vuestra Eminencia es un prelado redentorista, congregación que fue fundada por San Alfonso de Ligorio, que escribía extensamente sobre San Miguel, y tal. Pero lo que vale es disminuir una devoción legítima para legitimar la basura de la sociedad, ¿no es así?”

“Para este Obispo la Iglesia no está en comunión con los santos, el Sr. Nuncio apostólico debería saber de las publicaciones de este Obispo. Ya son 34 diócesis dedicadas a San Miguel Arcángel en Brasil”

“Rezaremos por su conversión, Su Excelencia Reverendísima. Una buena semana, Dios lo bendiga”

“Abdique de su posición “obispo”, si usted tiene deficiencia teológica para algo tan simple, imagínese pastorear un rebaño tan grande”.

“Cual es su religión? El señor debería convertirse al catolicismo. A su edad, estar preocupándose con esas idioteces woke no lo va a llevar al cielo. El señor debería preocuparse por salvar su alma”.

“Aunque no haya justificación teológica, las personas que predican esto con seguridad hacen mucho más por la salvación de las almas que tú, que te quedas haciendo partidismo y divisionismo dentro de la Iglesia. Estás siendo como los vendedores del templo, profanando lo espiritual por lo material”.

“¡Dios mío, ten misericordia de nosotros! Danos pastores temerosos y siervos de Jesucristo que prediquen los sacramentos, el Evangelio y el Reino de los Cielos. Que no cambien el Evangelio por ideología política para ser aceptados por el mundo o por vanidad. Ten misericordia de nosotros, Señor”.

“Lamentable el nivel de los obispos actuales. Recemos por la conversión de nuestro clero”

34 diócesis consagradas a San Miguel Arcángel

La controversia se produce en un momento de notable crecimiento de la devoción al Arcángel en Brasil. Hasta la fecha, 34 diócesis brasileñas se han consagrado a San Miguel en el marco de la iniciativa “La Gran Reconquista”, promovida por el Instituto Hesed. La última fue la arquidiócesis de Montes Claros (Minas Gerais), el pasado sábado 8 de agosto, y la siguiente está prevista en la diócesis de Apucarana (Paraná).

La iniciativa comenzó en julio del año pasado con la llegada a Brasil de la imagen peregrina de san Miguel Arcángel procedente del santuario del monte Gargano, en Italia, donde el arcángel se apareció en tres ocasiones y es venerado desde el siglo V. 

El 12 de agosto de 2025 la imagen fue recibida en una sesión solemne en el Plenario Ulysses Guimarães de la Cámara de Diputados, en Brasilia, donde fue solemnemente coronada y San Miguel fue proclamado Comandante Espiritual de la nación brasileña. El acto fue presidido por monseñor Devair Araújo Fonseca, obispo de Piracicaba, y estuvo impulsado por la diputada Simone Marquetto (MDB-SP). En aquella sesión se presentó también un proyecto de ley para establecer el 29 de septiembre, fiesta litúrgica de San Miguel, como Día Nacional dedicado al Arcángel. Desde entonces, la imagen ha recorrido las cinco regiones del país.

Las consagraciones son realizadas por los propios obispos diocesanos, que solicitan por escrito al Instituto Hesed la visita de la imagen. “Mientras existan arquidiócesis y diócesis por consagrar, el pedido podrá hacerse”, indicó el Instituto.

La publicación Ferreira se produjo, además, en vísperas de la Cuaresma de San Miguel, un periodo de oración, ayuno y penitencia que comienza el 15 de agosto como preparación para la fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, celebrada el 29 de septiembre. Desde hace varios años, tanto el Instituto Hesed como fray Gilson Azevedo, carmelita mensajero del Espíritu Santo, retransmiten en línea la cuaresma en las madrugadas, reuniendo a millones de fieles de Brasil y otros países.

Un “obispo” de la teología de la liberación

Ferreira no niega su adhesión a la “teología de la liberación”: “Desde temprana edad aprendí a combinar la fe con la vida, escribió el pasado 14 de mayo. Es triste ver lo que hacen con el santo nombre de Dios. Pago un alto precio por pensar contra la corriente. Y no tener miedo de ser teólogo de la liberación.

Ferreira luciendo su anillo de Tucum

En otra publicación del 21 de julio, afirmó: “La Teología de la Liberación es también liberación de la teología. Porque refleja la fe cristiana desde las periferias. Piensa en Dios a partir de los cuerpos heridos de la tierra y de los pobres. De la opción misma que el cielo hizo por los miserables. No siendo así, la teología puede ser una histeria engañosa”.

Nacido en 1970 en Alegre (Espírito Santo), Ferreira fue nombrado “obispo auxiliar” de Belo Horizonte (Minas Gerais) por el “papa Francisco” en 2017. Desde febrero de 2023 es “obispo” de Livramento de Nossa Senhora. Es miembro de la Comisión de Ecología Integral y Minería de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB) y, desde enero de 2019, acompaña a las personas y comunidades afectadas por la rotura de la presa de la mina de Córrego do Feijão, en Brumadinho (Minas Gerais). El sitio web de su diócesis lo presenta como “defensor de los derechos humanos y de nuestra casa común”.


Apoyos desde la “teología de la liberación”

Las agrupaciones “católicas” que promueven la Teología de la Liberación en Brasil han titulado: “El obispo de Livramento de Nossa Senhora-BA sufre ataques e insultos en las redes sociales por parte de grupos católicos de extrema derecha”. Allí denuncian que:

“Monseñor Ferreira ha sido blanco de ataques en las redes sociales por parte de sectores conservadores y un ala de la derecha católica debido a su postura pública y su trabajo en temas sociales.

Las críticas en línea se intensifican debido a su alineación con la Teología del Pueblo, la ecología integral y los derechos humanos, lo que refleja las polarizaciones políticas y eclesiales.

Dom Vicente apoya movimientos y agendas populares relacionadas con la justicia socioambiental, lo que genera reacciones de grupos afines a la derecha.
 
Por otro lado, el líder religioso también ha recibido muestras de apoyo y protesta de grupos progresistas y fieles en plataformas digitales. Entre las diversas muestras de apoyo al obispo Dom Vicente, destaca la de la CPT (Comisión Pastoral de la Tierra) de Minas Gerais”.

Según el “manifiesto de solidaridad” publicado por la agrupación “Teologías de la Liberación” (que en realidad es un vulgar panfleto político), declaran: 

“El Colectivo de Teologías de la Liberación expresa públicamente su apoyo incondicional a Dom Vicente de Paula Ferreira, obispo de la diócesis de Livramento de Nossa Senhora (BA), blanco de ataques crueles y orquestados en las redes digitales por parte de una extrema derecha católica.

En tiempos de profunda incertidumbre y crisis estructurales, vemos avanzar un discurso que intenta secuestrar el Evangelio. Se promueve un devocionalismo vacío e individualista, ejemplificado en el uso político y fundamentalista de devociones, como las de San Miguel Arcángel. Reducen lo sagrado a un arma de guerra cultural, creando chivos expiatorios para atacar agendas de transformación social y sostener una agenda de poder.

La crítica de Dom Vicente a esta perspectiva es un acto de fidelidad a Jesús de Nazaret. Tocó la herida de una religiosidad enfermiza y nos recordó una verdad innegociable: no hay cristianismo sin comunidad. Una fe atomizada, que prescinda del compromiso histórico con la liberación de los oprimidos y el compartir colectivo, es incapaz de sostener una verdadera praxis cristiana.

Por no permanecer en silencio ante la instrumentalización de lo sagrado, el obispo se enfrenta hoy al martirio digital de la máquina de odio de extrema derecha. Pero él no está solo.

Hacemos nuestras sus críticas y nos alzamos hombro con hombro en defensa de una fe encarnada en la realidad del pueblo y comprometida radicalmente con la transformación de las estructuras sociales de pecado.

No hay paso atrás en la construcción de una fe que transforme y libere. Dom Vicente, ¡estamos contigo!

 

OVNIS Y ENGAÑOS EXTRATERRESTRES: UNA PREPARACIÓN DIABÓLICA PARA EL ANTICRISTO

En una entrevista realizada por John-Henry Westen, director de LifeSite, el filósofo católico Daniel O'Connor mantuvo una fascinante conversación sobre ovnis, extraterrestres y el Anticristo.


En 2022, O'Connor explicó cómo nos están preparando para un gran engaño alienígena que servirá como una prueba importante para la Iglesia y su relación con el castigo venidero profetizado del mundo.

“Si miras el ejemplo de la rana en el agua, donde tienes que hervir la rana gradualmente para que no salte de la olla, eso es lo que ha estado sucediendo con estos engaños OVNI, estos engaños extraterrestres, el gran juicio final de la Iglesia”, dijo. “Los detalles son misteriosos, y creo que ahora estamos viviendo en sus etapas iniciales, y para que realmente alcance su clímax, van a necesitar presentarnos un ‘nuevo evangelio’ desde ‘los cielos'”.

“Y qué mejor manera de hacerlo que a través de una supuesta ‘revelación de extraterrestres’ que a su vez nos han estado preparando durante años con estos informes de ovnis, que apenas en los últimos años han explotado repentinamente en la corriente principal como nunca antes”, añadió.

O'Connor, que no hace mucho había estado trabajando en su doctorado en filosofía en la Universidad Estatal de Nueva York, fue expulsado por negarse a recibir la supuesta “vacuna” que todos los gobiernos del mundo exigían como “obligatoria”. Su exención religiosa le fue denegada sin posibilidad de apelar.

Él cree que los engaños alienígenas “demoníacos” y los mandatos de la “vacuna” tienen algo en común: ambos nos están preparando para la marca de la bestia y la venida del Anticristo.

“No estoy diciendo que la vacuna sea literalmente la marca de la bestia ni nada por el estilo, pero parece ser una preparación para esos tiempos en los que creo que hemos estado en un campo de entrenamiento durante los últimos años”, dijo O'Connor. 

“Creo que lo que ha estado sucediendo ha sido un entrenamiento para nosotros para lo que vendrá después. Y si has cedido ante estos mandatos y estas directivas diabólicas, será mejor que tengas mucho cuidado, porque mañana podrías sucumbir a algo aún más grave, incluso más diabólico. Tal vez la marca de la bestia misma”, finalizó.