lunes, 23 de marzo de 2026

CÓMO DEMOSTRAR QUE LA FE CATÓLICA ES RAZONABLE

La Teología Fundamental utiliza la luz natural de la razón para abordar cuestiones tanto filosóficas como históricas, con el fin de demostrar la credibilidad de la religión católica.

Por Matthew McCusker


Existe una ciencia que demuestra, más allá de toda duda razonable, que la religión católica es verdadera y que aceptar sus verdades es razonable.

La primera parte de esta serie trató sobre la enseñanza de los Romanos Pontífices acerca de los “motivos de credibilidad”, esas “maravillosas y brillantes pruebas” que “convencen a la razón humana de la manera más clara” de que la Iglesia Católica ha recibido una revelación de Dios y practica la verdadera religión.

El artículo anterior explicaba que la verdad de la religión católica puede ser reconocida “por sentido común” por aquellos que se encuentran con la Iglesia Católica, pues, como escribió John Henry Newman, “lleva consigo las señales de la divinidad, que resultan evidentes para cualquier mente que no haya sido poseída por prejuicios ni educada en la sospecha” [1]. Sin embargo, Newman continuó: “es posible analizar los argumentos y elaborar formalmente la gran prueba en la que se basan sus afirmaciones” [2].

La ciencia de la Teología Fundamental elabora esta “gran prueba”, y el propósito de esta serie es presentarla de nuevo a los lectores modernos con los siguientes objetivos:

1. Para fortalecer la fe de quienes ya creen.

2. Para ayudar a quienes aún no creen a conocer a Jesucristo en su Iglesia.

Antes de emprender este viaje, será útil estudiar con un poco más de detalle la hoja de ruta que seguiremos.

¿Qué distingue a la Teología Fundamental de otras ciencias?

En otro artículo, he demostrado que la existencia de Dios puede conocerse a la luz de la razón humana natural. La ciencia que lo demuestra es la Teología Natural. Esta ciencia demuestra que Dios existe y que es infinito en toda perfección. Nos aporta conocimiento certero sobre atributos divinos como la eternidad, la inmensidad, la ubicuidad, la inmutabilidad, la omnisciencia, la sabiduría, la libertad, la omnipotencia y la santidad de Dios. La Teología Natural también demuestra que Dios, la Primera Causa y el Fin Último, sustenta y gobierna todas las cosas mediante su Divina Providencia.

Una serie sobre Teología Fundamental debe dar por sentadas todas las verdades demostradas por la Teología Natural. Los lectores que deseen estudiar los argumentos con los que se establecen estas verdades pueden encontrar una introducción sencilla y directa en Theodicy (Teodicea), de Mons. Paul Glenn, y un estudio riguroso y profundo en God: His Existence and His Nature (Dios: Su Existencia y Su Naturaleza), de Reginald Garrigou-Lagrange, OP.

El estudio de Dios, tal como se le conoce a la luz sobrenatural de la revelación divina, se denomina Teología Sagrada. Sin embargo, antes de poder estudiar a Dios a la luz de esta revelación, debemos saber que las afirmaciones de la Iglesia Católica sobre la transmisión de una revelación auténtica son creíbles.

La teología natural no puede brindarnos este conocimiento. Como rama de la filosofía, no trata de asuntos de naturaleza histórica, es decir, que Jesucristo vivió, predicó, fue crucificado y resucitó de entre los muertos.

La filosofía puede decirnos si es posible que Dios revele verdades a la humanidad, pero no si lo ha hecho en una ocasión particular. La filosofía puede decirnos si los milagros son teóricamente posibles, pero no puede decirnos sobre el milagro de convertir el agua en vino, ni sobre el milagro de curar a un hombre ciego de nacimiento. No puede decirnos si Jeremías habló con verdad sobre el destino de Israel, ni si las profecías de Isaías se han cumplido en Cristo.

Tampoco puede demostrarse la credibilidad de la fe católica recurriendo a la Sagrada Teología. No podemos probar la posibilidad y credibilidad de la Revelación Divina recurriendo a verdades que solo pueden conocerse con certeza después de que dicha revelación haya sido aceptada. Proceder de esa manera sería un “círculo vicioso” [3].

Por lo tanto, debemos demostrar la credibilidad de la religión católica utilizando la luz natural de la razón para abordar cuestiones que son tanto filosóficas como históricas.

Esta función la cumple la ciencia de la Teología Fundamental.

La teóloga Michaele Nicholau, SJ, explica:

La teología es la ciencia de la fe; la teología fundamental es la ciencia de los fundamentos de la fe o la parte de la teología que trata los fundamentos de la fe” [4].

Los “fundamentos de la fe” son aquellas cosas que debemos conocer antes de poder estudiar las doctrinas que han sido reveladas divinamente, tal como fueron reveladas divinamente [5].

La apologética como subdivisión de la teología fundamental

Como hemos visto anteriormente, la Teología Fundamental trata de verdades que deben establecerse mediante la luz natural de la razón. Sin embargo, existen verdades que conocemos únicamente por revelación divina, las cuales también se abordan tradicionalmente en la Teología Fundamental.

Estas son doctrinas relativas a (a) la infalibilidad y autoridad de la Iglesia Católica, conocida por revelación divina (b) las fuentes de la Revelación (Escritura y Tradición) y (c) el acto de fe mismo.

Estos son fundamentos necesarios para el estudio del resto de la Sagrada Teología. No podemos estudiar la revelación divina sin comprender primero la autoridad con la que la Iglesia la propone infaliblemente, las fuentes en las que la encontramos y el acto sobrenatural mediante el cual el intelecto la acepta como revelada.

Así pues, la Teología Fundamental se compone de dos partes: (a) la parte que examina los fundamentos de la fe a la luz de la razón natural y (b) la parte que examina los fundamentos de la fe a la luz de la revelación divina.

La parte que examina los fundamentos de la fe a la luz de la razón natural se llama Apologética.

Las subdivisiones de la Teología Fundamental

A partir de lo expuesto anteriormente, podemos comprender por qué la Teología Fundamental se divide tradicionalmente en cuatro subdivisiones o “tratados”.

1. “La verdadera religión” o “Revelación divina”

Este primer tratado de Teología Fundamental “se propone demostrar que existe en la tierra una sola religión revelada por Dios y destinada a todos los hombres. Esa religión es la que nos trajo Jesucristo, auténtico mensajero de Dios; y esa religión es, en concreto, la que profesa la Iglesia Católica” [6]

Este tratado a veces se denomina “la verdadera religión” porque demuestra que la religión católica es la verdadera religión. Otros autores lo llaman “revelación divina” porque, como explica Garrigou-Lagrange:

El tema de la apologética es Dios tal como se revela a sí mismo, o Dios que se revela. Por lo tanto, la apologética se denomina “Sobre la revelación divina” o “Sobre Dios que se revela” [7].

Este primer tratado de Teología Fundamental forma parte de la Apologética porque procede a la luz natural de la razón.

2. “La Iglesia de Cristo”

En este segundo tratado de Teología Fundamental:

Se demuestra que Cristo instituyó una Iglesia que verdaderamente merece el nombre de “Iglesia”, es decir, una sociedad visible, y que confió a esa Iglesia su doctrina y le otorgó su propia misión divina de salvar almas” [8].

Y:

Tras estudiar la estructura y las características de esta Iglesia fundada por Cristo, la teología fundamental procede a identificarla con la Iglesia Católica Romana.

Este estudio también forma parte de la Apologética, ya que demuestra, a la luz natural de la razón, la identidad, la autoridad y la infalibilidad de la Iglesia Católica, que deben conocerse antes del acto de fe en la doctrina propuesta por la Iglesia.

Muchos autores proceden entonces a examinar las mismas verdades a la luz de la revelación divina, especialmente “los diferentes rangos jerárquicos dentro de la Iglesia, el magisterio infalible de la Iglesia y la Iglesia vista como el Cuerpo Místico de Cristo” [9].

Esta segunda parte del tratado es teológica, no apologética.

3. “Las fuentes de la revelación”

El tercer tratado “aborda las dos corrientes de las que la Iglesia extrae su doctrina y sus teólogos sus argumentos, a saber, la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición” [10].

Este tratado pertenece a la Teología Fundamental porque aborda las fuentes de la revelación, cuyo conocimiento es un requisito previo para el estudio de la Teología Sagrada.

Todo este tratado es teológico, no apologético.

4. “Fe Divina”

Finalmente, tenemos el cuarto tratado, que “se ocupa del acto por el cual los hombres creen, o del asentimiento con el cual los hombres aceptan las verdades reveladas por Dios” [11].

Esto se considera parte de la Teología Fundamental porque la Teología Sagrada “presupone esencialmente la fe” [12]. El estudio de los datos de la Revelación Divina desde una perspectiva distinta a la de la fe divina no es Teología Sagrada.

Este tratado es, además, teológico más que apologético.

Conclusión

Ya tenemos nuestra guía para comprender la ciencia de la Teología Fundamental. En el próximo artículo, comenzaremos nuestro estudio del tratado sobre la “Verdadera Religión”.


Notas:

1) John Henry Newman, Mysteries of Nature and Grace (Misterios de la naturaleza y la gracia), Discursos dirigidos a congregaciones mixtas.

2) Newman, Mysteries of Nature and Grace, Discourses (Misterios de la naturaleza y la gracia, Discursos).

3) Reginald Garrigou-Lagrange, OP, On Divine Revelation (Sobre la revelación divina), trad. Matthew Minerd, (Steubenville, 2022), Cap. 2, Art.1, §2.

4) Michaele Nicolau, SJ, Sacrae Theologiae Summa IA, (traducido por Kenneth Baker, SJ), p32.

5) Es decir, más que como meramente de origen humano.

6) Mons. G. Van Noort, Dogmatic Theology Volume I: The True Religion (Teología Dogmática Volumen I: La Verdadera Religión), traducido y revisado, John Castelot y William Murphy (6ª edición), pág. xlvii. 

7) Garrigou-Langrange, Divine Revelation (Divina Revelación), Capítulo 2, Art. I, $3, A.

8) Van Noort, True Religion (Religión verdadera), pág. xlvii.

9) Van Noort, True Religion (Religión verdadera), pág. xlvii.

10) Van Noort, True Religion (Religión verdadera), pág. xlviii.

11) Van Noort, True Religion (Religión verdadera), pág. xlviii.

12) Garrigou-Lagrange, Divine Revelation (Divina Revelación), Capítulo 1, Art. 1, §3, 2. C.
 

NO A LAS MUJERES EN EL ALTAR

El Papa Pío X en ninguna parte de la versión latina de su motu proprio Tra le Sollecitudini indicó que haya previsto un papel “activo” para la congregación ni para las mujeres. 

Por TIA


La imagen de las “monaguillas” bailarinas en el Santuario (información en inglés aquí) está relacionada con Tra le Sollecitudini, la primera encíclica de San Pío X sobre la música sagrada. Es importante aclarar que la versión oficial en latín no incluía las palabras “PARTICIPACIÓN ACTIVA”, pero la versión italiana no oficial, (texto apócrifo que también fue incluido en el documento en idioma español).

Los Papas consideraban que los hombres con sotana y sobrepelliz en el coro actuaban y desempeñaban una función clerical. 

Las monjas contemplativas cantando en la intimidad de un convento eran diferentes, pero que las mujeres oficiaran durante la Misa en la iglesia iba en contra de la mentalidad de la Iglesia.

En aquellos tiempos, el clero era considerado la Iglesia y los laicos estaban en la iglesia. El sacerdote decía o cantaba la Misa y los laicos la escuchaban. La participación durante la Misa era silenciosa e interior. Pero los modernistas de entonces no podían soportar la idea de la adoración silenciosa.

San Alfonso dijo: “Si un sacerdote lleva a una mujer al Santuario y celebra la Misa, comete un sacrilegio”. ¿Qué diría hoy? 

San Pío X consideraría la “misa” del novus ordo y la nueva iglesia sinodal que de ella surgió no solo como no católicas, sino como anticatólicas.

San Pío V y San Pío X, rueguen por nosotros.
 

LEÓN CONVIERTE LA IGLESIA EN UN CIRCO

Un “obispo” brasileño bendice la inversión de la liturgia, Viena promociona una iglesia como discoteca y León sigue nombrando a managers amables y mujeres en la maquinaria sinodal.

Por Chris Jackson


El 17 de abril, de 20:00 a 02:00, la iglesia Friedhofskirche zum Heiligen Borromäus, en el cementerio central de Viena, se convertirá en el escenario de una “discoteca silenciosa”. El evento está siendo promovido por el propio cementerio de Viena, que afirma que la iglesia servirá como un lugar “lleno de energía” para la velada. El reportaje de ORF es aún más claro: la sala principal de la iglesia se transformará en una pista de baile. Dos DJ emitirán simultáneamente en canales separados, y los asistentes llevarán auriculares inalámbricos para poder cambiar de lista de reproducción mientras bailan dentro de la iglesia. La música anunciada incluye house, electrónica, hip-hop, pop, alternativa, indie y rock.


Los lectores probablemente ya saben qué es realmente una “discoteca silenciosa”, ya que el nombre puede hacer que suene casi pintoresco. No se trata de una conferencia, una visita guiada ni un concierto elegante en los alrededores del cementerio. Es una fiesta de baile donde el público se pone auriculares, escucha música electrónica directamente en sus oídos y baila y canta en grupo mientras la sala permanece “prácticamente silenciosa”. Ese es el engaño. Los organizadores pueden fingir que el “casi silencio” en el ambiente “preserva la dignidad del lugar”. Mientras tanto, la esencia del evento sigue siendo la misma: gente reunida durante horas en una iglesia consagrada en un cementerio, con auriculares, cambiando de emisora ​​de DJ y bailando en el interior de la iglesia como si el edificio sagrado fuera simplemente un telón de fondo más para una experiencia urbana cuidadosamente planificada.

El lenguaje oficial y semioficial en torno al evento lo empeora todo. 

Jan Soroka

El “párroco” Jan Soroka lo defendió diciendo que “la fe no solo conoce el silencio y la contemplación”, sino también la “ligereza” y la “alegría de vivir”, y Friedhöfe Wien (el sitio oficial de los cementerios de Viena) describió el evento como “una forma de que coexistan la reflexión y la vitalidad”. La empresa del cementerio afirmó que quiere crear formatos de eventos especiales que fomenten el intercambio y la comunidad, inviten a la gente a redescubrir el lugar y superen las inhibiciones sobre el sitio. Eso es vandalismo eclesiástico moderno en su forma más sofisticada. Nadie destroza estatuas. Nadie pinta obscenidades en las paredes. Simplemente toman una iglesia rodeada de los cuerpos de los difuntos, la rebautizan como un “lugar de encuentro” y luego se felicitan por su sensibilidad porque los asistentes llevarán auriculares.


El entorno importa. No se trata de una simple estructura desacralizada en un distrito museístico. La Iglesia de San Carlos Borromeo se alza en el Wiener Zentralfriedhof, uno de los grandes cementerios de Europa, y el evento se promociona precisamente a través de esa atmósfera de muerte, memoria, arquitectura y un encanto macabro. La iglesia, construida entre 1908 y 1911, se concibe aquí como “parte de un estilo de vida más amplio”. El cementerio circundante ya se ha promocionado como “un espacio cultural y social” con jardines, zonas de ejercicio, una cafetería y música en vivo. Ahora, la propia iglesia del cementerio se integra en la misma visión. Una vez aceptada esta lógica, la iglesia deja de ser un lugar sagrado aislado donde los vivos rezan por los muertos y se enfrentan al juicio, la eternidad y la resurrección. Se convierte en un “entorno histórico”, un espacio estético, un activo de marca.

Ahí reside la verdadera obscenidad. El escándalo va más allá del mal gusto. Una iglesia consagrada existe para el culto divino, la oración, la penitencia y los ritos sagrados relacionados con el entierro y el recuerdo cristianos. Una iglesia en un cementerio tiene una dignidad aún más severa. Permanece junto a los muertos como testigo del juicio, la misericordia, la intercesión y la esperanza de la resurrección. Ahora imaginen la escena que estas personas han planeado: una multitud entrando a la iglesia por la noche, con auriculares, alternando entre diferentes transmisiones de DJ y bailando hasta las dos de la mañana, mientras los administradores explican que todo esto es perfectamente apropiado porque la sala permanecerá “en silencio”. Estas personas han perdido tan completamente el sentido de lo sagrado que creen que el ruido es el problema. La profanación radica en el cambio de uso en sí. Se está enseñando a la iglesia a servir de entretenimiento. Se está enseñando al cementerio a albergar la vida nocturna. Los muertos se están convirtiendo en parte del ambiente.

El ejemplo de “discoteca silenciosa” en la Catedral de Canterbury

Y es precisamente por eso que esta historia importa. Revela la enfermedad posconciliar en miniatura. Todo debe volverse más suave, más amigable, más experiencial, más accesible, más orientado al “encuentro”. El antiguo reflejo católico que antes rechazaba la profanación ha sido reemplazado por un lenguaje administrativo, un lenguaje de eventos, un lenguaje amable. Un sacerdote sonríe, una oficina de prensa redacta el texto, una empresa funeraria vende las entradas y la profanación llega disfrazada de acercamiento a la comunidad. Entonces, los mismos comentaristas que pueden detectar “extremismo” en una mantilla o “rigidez” en un rosario susurrado descubren de repente la virtud de los matices. Trad Inc. se reservará su juicio, como de costumbre, porque la revolución ahora usa auriculares y habla con voz tranquila.

En Brasil, el pecado se instala en una sala de estar diocesana

El 1 de marzo, el “obispo” Arnaldo Carvalheiro Neto recibió a grupos “católicos lgbt” de São Paulo en la casa episcopal de Jundiaí. 

Arnaldo Carvalheiro Neto, ¿otro homosexual encubierto?

Según ACI Digital, el evento comenzó con una “misa” en la capilla de la residencia, con los participantes reunidos alrededor del altar, y continuó con un “diálogo” y “testimonios” sobre las dificultades que enfrentan estos grupos. ACI también informó que el “obispo” describió a estos grupos como “un espacio teológico” basado en la espiritualidad, la caridad y el estudio o la formación. Desde octubre de 2025, este tipo se desempeña como “obispo” de referencia de la CNBB para la Red Nacional de Grupos Católicos lgbt+. El brazo de pastoral penitenciaria de la Conferencia Episcopal Brasileña también elogió el encuentro y mencionó la participación de representantes de Pastoral Carcerária.

Ahí es donde la corrupción se hace evidente. El problema ya no es mera suavidad en el tono. Al vicio mismo se le otorga estatus eclesial. Un comportamiento condenado por las Escrituras, la ley natural y la constante enseñanza moral de la Iglesia se reintroduce bajo un nuevo título, se le da una red, una capellanía, un “obispo”, un discurso sobre “heridas” y un altar doméstico en torno al cual se reúne toda la farsa. Una vez que un “obispo” comienza a hablar de tales grupos como “un espacio teológico”, la antigua gramática católica ya ha sido desplazada. La teología deja de significar la articulación disciplinada de la verdad divina y comienza a significar la espiritualización de un electorado político. El pastor ya no corrige a las ovejas sino que valida la categoría bajo la cual exigen reconocimiento. El resultado es confusión disfrazada de misericordia. El lobo llega sonriendo, portando “un plan pastoral”.

Un lobo guiando a las ovejas perdidas...

Hay una razón por la que esto parece más importante que una simple rareza brasileña. La reunión no fue una excentricidad privada. Se enmarca dentro de una estructura más amplia ya establecida. El “obispo” había sido nombrado públicamente para “acompañar” a la red nacional lgbt, y los medios “católicos” brasileños afines a ese proyecto celebraron su nombramiento como una señal de “cuidado” y “visibilidad sinodal”. Lo que antes se habría tratado como un escándalo ahora llega con un marco institucional, un lenguaje explicativo y protección mediática. Así es como se instala la revolución. No por argumentos, en realidad. Por los cargos. Por la rutina. Por la agenda del “obispo”.

El episcopado de León está compuesto por administradores, no por padres

El análisis de Miguel Escrivá del 13 de marzo en InfoVaticana merece atención, ya que el patrón que identifica es bastante evidente. Los boletines oficiales del Vaticano confirman los nombramientos en los que se centra: Filippo Iannone al Dicasterio para los Obispos en septiembre de 2025, Josef Grünwidl a Viena en octubre de 2025, Ronald Hicks a Nueva York en diciembre de 2025 y Stanislav Přibyl a Praga en febrero de 2026. No se trata de diócesis al azar. Marcan la pauta, las futuras promociones y, en última instancia, la próxima generación de “cardenales”.

El argumento de Escrivá es que el “nuevo modelo” no es el progresista estridente de los años '70 u '80, sino el “prelado” prudente, con dominio de los medios y fluidez institucional, que evita la ruptura abierta mientras normaliza discretamente la misma trayectoria. 

Filippo Iannone

Escrivá describe a Iannone como propenso a favorecer a hombres “equilibrados” y “no polarizadores”... 

Josef Grünwidl

a Grünwidl como una figura de “descompresión doctrinal” que ha defendido el debate continuo sobre el diaconado femenino y la flexibilización del vínculo entre el celibato y el sacerdocio... 

Stanislav Přibyl

a Přibyl como un gestor sinodal que “tiende puentes”... 

Ronald Hicks

y a Hicks como un aliado de Cupich formado en Chicago que habla el lenguaje familiar de la sanación, la no división y el “olor a oveja”.

Este diagnóstico resulta acertado porque coincide con lo que hemos observado durante años. La jerarquía moderna ya no necesita herejes extravagantes en cada puesto importante. Puede lograr más con administradores que se muestren amables y moderados, haciendo que los antiguos ideales católicos resulten incómodos. Un “obispo” no necesita negar el dogma explícitamente. Basta con que hable de una manera que haga que el dogma parezca socialmente inconveniente, la liturgia secundaria, la autoridad colaborativa y el juicio moral, psicológicamente “insensible”. Eso transforma la Iglesia de todos modos. Quizás la transforme con mayor eficacia, porque el umbral de resistencia es menor. Los antiguos modernistas despertaban alarmas. Estos hombres bajan la temperatura y cambian las cosas.

La frase de Escrivá sobre la “masculinidad sacerdotal debilitada” escandalizará a los oídos sensibles, pero encierra una cruda verdad. El cargo de obispo es paternal. Es judicial. Implica una solemnidad sacrificial. Cuando esa presencia se sustituye por la actitud de un “obispo” afeminado, un facilitador o un director de programa sensible al trauma, se pierde algo inconfundiblemente católico. La iglesia posconciliar ha dedicado décadas a diluir el aspecto paternal del gobierno y a sustituirlo por una empatía controlada. Eso no produce santos. Produce departamentos de recursos humanos con sotana romana.

El estado de gestión femenina del Vaticano

Mientras tanto, Roma continúa formalizando la misma antropología de aplanamiento. EWTN informó el 11 de marzo que las mujeres en la fuerza laboral del Vaticano aumentaron del 19,2 por ciento al 23,4 por ciento durante la primera década de Francisco, con 1.318 mujeres en una fuerza laboral de alrededor de 6.000 para finales de 2024. El mismo informe destacó el papel “sinodal” de la hermana Nathalie Becquart, la posición de la hermana Raffaella Petrini como “jefa del Estado” de la Ciudad del Vaticano y el creciente número de mujeres que sirven como consultoras y miembros en todos los dicasterios. Los registros oficiales del Vaticano confirman varios de estos hitos: Petrini recibió el liderazgo de la Gobernación y Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano a partir del 1 de marzo de 2025; Simona Brambilla fue nombrada “prefecta” del dicasterio para la vida consagrada el 6 de enero de 2025; Tiziana Merletti fue nombrada su secretaria el 22 de mayo de 2025; y el 28 de agosto de 2025, Martha Driscoll e Iuliana Sarosi fueron nombradas consultoras del Dicasterio para el Clero.

Prevost en una selfie junto a la “hermana” Nathalie Becquart, XMCJ

Cierta clase de conservadores responderá con un encogimiento de hombros. Dirán que solo son “funciones administrativas”. Pero la administración nunca es “solo” administración cuando constantemente catequiza a la Iglesia sobre la autoridad, el simbolismo y el significado del cargo. La cuestión va más allá de si una religiosa es competente en el papeleo. Por supuesto que algunas lo son. El problema de fondo es la implacable reconfiguración de los ideales católicos, de modo que la antigua gramática de la paternidad clerical, la distinción sagrada y el gobierno masculino parece anticuada, incluso vergonzosa. El sistema moderno quiere que la Iglesia refleje los ideales del mundo, manteniendo el lenguaje sacramental como un marco. No es difícil ver a dónde conduce esto. Una vez que la idea de gobierno visible se ha desvinculado psicológicamente de la paternidad y el orden sagrado, el debate sobre las “funciones de toma de decisiones”, luego las funciones consultivas, luego las funciones cuasi jurisdiccionales, y finalmente el ministerio mismo, se convierte en poco más que una cuestión de pasos para llegar a un objetivo.

Prevost junto a la “hermana” Alessandra Smerilli, FMA, secretaria del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral del Vaticano

El propio lenguaje de la “hermana” Nathalie Becquart es revelador. Celebraba a las mujeres que ejercían como consultoras, expertas, facilitadoras y miembros en diversas comisiones y dicasterios. Ese es precisamente el vocabulario “sinodal” actual: facilitación, acompañamiento, presencia. La antigua Iglesia formaba mártires, confesores, monjes, vírgenes y pastores. El nuevo aparato conciliar forma partes interesadas. Los santos se desvanecen en el diagrama de los “procesos”.

La misma revolución, mejor confección.

Al unir las historias, la imagen se aclara. En Brasil, la inversión moral es bienvenida en la casa episcopal y considerada un bien teológico. En Viena, una iglesia se convierte en un espacio de baile cuidadosamente promocionado. En Roma, León XIV sigue ensalzando a personas que gestionan la decadencia con voz serena y palabras amables, mientras que el Vaticano continúa normalizando la feminización del gobierno y la redistribución “sinodal” de la visibilidad y la influencia

Nada de esto es casual

Lo sagrado debe suavizarse. Las distinciones rígidas deben difuminarse. La paternidad debe convertirse en facilitación. El pecado debe ser rebautizado como experiencia. Las iglesias deben convertirse en espacios. Los “obispos” deben convertirse en administradores. Las mujeres deben insertarse allí donde la antigua estructura aún conserva resistencia simbólica.

Por eso el peligro bajo el “pontificado” de León se siente tan común. No se necesitan fuegos artificiales. El sistema no necesita blasfemias espectaculares cada mañana. Necesita nombramientos, ambientes y lenguaje. Necesita un “obispo” que acoja lo que debe corregirse, un “rector” que promocione lo inaceptable, una “estructura curial” tras otra que encarne la nueva eclesiología como si fuera simplemente el siguiente paso prudente. Así es como una falsa iglesia se asegura la obediencia de personas que habrían rechazado una revuelta abierta. Se vuelve familiar. Se vuelve administrativo. Se vuelve aburrido. Entonces, un día, los católicos despiertan y descubren que el santuario, la cancillería y la casa del “obispo” hablan el mismo dialecto suave de rendición.
 

23 DE MARZO: SAN VICTORIANO Y SUS COMPAÑEROS MÁRTIRES


23 de Marzo: San Victorino y sus compañeros mártires

(✞ 484)

El gloriosísimo Victoriano era el caballero más rico y principal que se hallaba en Adrumeto, ciudad de África, y de tantos méritos, que por eso fue elegido procónsul de la insigne y celebrada ciudad de Cartago.

Por ese tiempo se levantó la cruel persecución de Hunerico, rey de los vándalos, contra los católicos, porque no querían seguir la infame secta del excomulgado Arrio.

Quiso el monarca hereje sobornar el ánimo firme de Victoriano; que renegara de su fe y se convirtiera al arrianismo, más él le respondió con gran confianza en el Señor de esta manera:

- Nada podrá separarme de la fe y del amor de Jesucristo. Podrás exponerme a las llamas, arrojarme a las fieras, someterme a toda clase de torturas, nunca traicionaré la verdadera fe; sería ingratitud de mi parte, perfidia; aunque no temiera el castigo eterno, ni esperara recompensa infinita, no podría faltarme la fidelidad a mi Dios.

Con esta respuesta que dio al tirano Hunerico, él quedó tan enojado y colérico, que sin respetar la dignidad y nobleza del confesor de Cristo, le mandó atormentar con cuantos géneros de suplicios pudo inventar su malicia y furor.

Los mismos verdugos estaban admirados de que pudiese sufrir tantos azotes, tanto fuego y tanto rigor.

Furioso el tirano, mandó añadir más tormentos, hasta que en medio de ellos, constante siempre en la fe de Jesucristo, vino el esforzado y valeroso caballero a alcanzar la gloriosa corona del martirio, perdiendo la vida temporal para alcanzar la eterna.

Padecieron martirio junto con él, dos gloriosos y santos mercaderes, ambos Frumencios y ciudadanos ambos también de Cartago, y también dos santos hermanos naturales de Aquaregia, a los cuales colgaron en el aire, con un peso muy grande a sus pies, y les quemaron con planchas de hierro ardiendo, y les atormentaron tan largo tiempo y con tan horribles torturas, que al fin los mismos verdugos les dejaron diciendo:

- Si muchos imitan la constancia de estos, no habrá quien abrace nuestra secta.

En los sagrados cadáveres de estos dos santos no se hallaron señales algunas de las heridas recibidas.


domingo, 22 de marzo de 2026

ÁNGELES DE LA GUARDA: NO ES SOLO COSA DE NIÑOS

Los adultos también necesitan a sus ángeles guardianes ya que sus tentaciones suelen ser de naturaleza más seria.

Por el Padre Thomas G. Weinandy, OFM, Cap.


Como muchas personas hace años, de niños, mi hermano y yo, junto con nuestro padre, siempre rezábamos en nuestras oraciones nocturnas la tradicional plegaria a nuestros ángeles guardianes: 

“Ángel de Dios, dulce compañía, no me dejes solo, ni de noche ni de día. Amén”.

Todavía le pido a mi ángel de la guarda por la noche, antes de acostarme, y por la mañana, al levantarme, que me cuide y me proteja. Además, antes de escribir, siempre le pido que me dé claridad de pensamiento y expresión, y que me susurre al oído las palabras adecuadas. A veces, cuando me cuesta encontrar la palabra precisa, él me la inspira.

Las oraciones al ángel de la guarda tienen una base bíblica:

• Dios instruye a Moisés, cuando los israelitas parten hacia la Tierra Prometida: “Mira, yo te envío un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te lleve al lugar que he preparado. Presta atención a él y escucha su voz” (Éxodo 23:20-21).

• El Salmo 91:11 afirma que no hay que temer, “porque Él (Dios) dará órdenes a sus ángeles acerca de ti para que te guarden en todos tus caminos”.

• Jesús mismo afirma que no debemos menospreciar a los pequeños, “porque os digo que en el Cielo sus ángeles contemplan siempre el rostro de mi Padre que está en los Cielos” (Mateo 18:10).

• En los Hechos de los Apóstoles, cuando Pedro escapa de la prisión y llama a la puerta donde estaban reunidos los fieles, sus hermanos piensan erróneamente: “¡Es su ángel!” (Hechos 12:13-15).

Aunque la mayoría de nosotros jamás veremos a nuestros ángeles de la guarda, muchos santos sí los han visto. El Padre Pío conversaba frecuentemente con su ángel de la guarda, quien lo defendía de los ataques demoníacos. Gemma Galgani mantenía contacto diario con su ángel de la guarda, quien la instruía, protegía y corregía. La Hermana Faustina Kowalska hablaba de su ángel de la guarda acompañándola en sus viajes. También lo veía cuando estaba inmersa en la oración, y a menudo le pedía que rezara por los moribundos.

El objetivo de los ejemplos anteriores no es afirmar que uno deba ser un “santo” para hablar con su ángel de la guarda o verlo. Más bien, se trata de ilustrar que nosotros también podemos conversar con nuestro ángel de la guarda y tener la certeza de su presencia protectora y guía.

Además, debemos desterrar la idea romántica e ingenua de que los ángeles guardianes solo son relevantes para los niños vulnerables. Los adultos también necesitan a sus ángeles guardianes, o incluso más, ya que sus tentaciones y aventuras suelen ser de naturaleza más seria.

Nuestros ángeles guardianes están presentes para fortalecernos, animarnos y guiarnos en el cumplimiento de nuestras respectivas vocaciones, ya seamos solteros, casados, religiosos o sacerdotes. Desestimarlos como algo apropiado solo para asuntos infantiles es ponernos en peligro.

Se ha planteado la siguiente pregunta: Después de la muerte, ¿dejan de acompañarnos nuestros ángeles guardianes una vez que entramos al Cielo? Obviamente, ya no necesitamos que nos protejan. ¿Acaso, entonces, se reencarnan en alguien recién concebido?

Según la Tradición católica, nuestros ángeles guardianes permanecen con nosotros en el Cielo y juntos damos alabanza y gloria a la Santísima Trinidad: a nuestro Padre Celestial, que es la fuente última de la vida; a Jesús resucitado, el Hijo encarnado del Padre, que es nuestro amoroso Salvador y Señor; y al Espíritu Santo, que nos limpia del pecado y nos santifica.

Junto con todos nuestros hermanos y hermanas en Cristo, y con nuestros respectivos ángeles guardianes, cantaremos eternamente un glorioso himno de alabanza y acción de gracias.

Aquí percibimos la confluencia de la liturgia terrenal y celestial. Al concluir el Prefacio de la Misa se dice lo siguiente (o algo similar): “Y así, con los ángeles y todos los santos proclamamos tu gloria (la del Padre), aclamando a una voz: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los ejércitos. Llenos están el Cielo y la tierra de tu gloria”.

Con una sola voz, nuestras voces humanas terrenales, las voces celestiales de los santos y la multitud de voces angélicas, declaramos todos juntos que tanto el Cielo como la tierra están llenos de la triple santidad de Dios.

Así, para participar en la Misa, ya sea en una humilde capilla o en la grandeza de una basílica o una catedral, la tierra se une a la liturgia angélica celestial, y la liturgia angélica celestial se une a la tierra.

La Misa, pues, cumple la visión celestial de Isaías: “Vi al Señor sentado sobre su trono, alto y sublime; y el borde de su manto llenaba el templo. Por encima de Él estaban los serafines… y uno clamaba al otro, diciendo: "Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria"” (Isaías 6:1-3).

En la Misa, la tierra se llena de la gloria de Dios. Nuestras iglesias están repletas de ángeles, y así, al unísono con nuestros ángeles guardianes, nos unimos a los serafines para cantar esta triple proclamación de la Santidad de la Trinidad.

Al finalizar las Misas fúnebres, justo antes de dirigirse al cementerio, el sacerdote reza: “A ti, Señor, encomendamos el alma de [nombre], tu siervo, ante tus santos y en presencia de tus ángeles. Que los ángeles te conduzcan al paraíso; que los mártires te reciban y te lleven a la ciudad santa, la nueva y eterna Jerusalén”.

Nuestro ángel de la guarda estará entre los santos y ángeles que nos conducirán (esperamos) a la nueva y eterna Jerusalén celestial, regocijándose al saber que ha cumplido la tarea que Dios le había encomendado: protegernos y guiarnos al paraíso.
 

TEÓLOGOS CATÓLICOS ORTODOXOS, PERO NO COMBATIENTES

La Escritura, la Tradición, los Concilios y los grandes documentos pontificios dan a cualquier teólogo armas para refutar las barbaridades que se han venido difundiendo en los últimos decenios.

Por el padre José María Iraburu


La misión de los teólogos en la Iglesia es de suma importancia, y ha de realizarse siempre a la luz de la Biblia y de la Tradición, bajo la dirección del Magisterio de la Iglesia. Ahora bien, entre los teólogos católicos 

–unos son ortodoxos, que defienden la fe de los errores contrarios

–otros son heterodoxos, que silencian o falsifican la doctrina católica; y 

–otros son teólogos católicos ortodoxos, pero que no combaten los errores contrarios a la verdad católica

Sobre éstos últimos trataré ahora.

Los teólogos que afirman la verdad, pero que no niegan los errores, no cumplen fielmente su ministerio. La plena afirmación de la verdad divina exige la negación de los errores contrarios. De otro modo “el testimonio de la verdad” no es total, ni llega a expresarse de un modo plenamente inteligible. 

No pocas veces se llega al conocimiento de la verdad cuando se vencen persuasivamente los errores contrarios. Los profetas no se limitan a afirmar la realidad de un Dios único, sino que denuncian la falsedad de los dioses múltiples y de los ídolos, llegando a ridiculizarlos y a reírse de su vanidad. Cristo afirma la primacía de la interioridad religiosa, pero al mismo tiempo rechaza con fuerza el ritualismo exterior de fariseos y letrados. Afirma y niega. Y la misma norma siguen los Apóstoles al predicar.

Los Santos Padres enseñan en preciosas exposiciones las verdades de la fe, pero escriben también muchas obras Adversus hæreses. Saben que de otro modo no afirmarían del todo la verdad cristiana. Por eso el género literario Adversus o Contra… sean herejías (contra pelagianos, contra arrianos, contra maniqueos), o sean autores heréticos contemporáneos, citados por su nombre (contra Faustum, contra Secundinum), es muy frecuente en sus escritos. 

Santo Tomás, en cada artículo de la Summa sigue esa misma norma docente: indica al principio un cierto número de enseñanzas erróneas sobre un tema; da en el cuerpo del artículo la doctrina verdadera; y termina respondiendo a los errores señalados al principio. En todas las culturas se ha seguido siempre esa misma pedagogía, que responde a la naturaleza del entendimiento humano. Según eso, no cumplen plenamente con su ministerio aquellos Obispos, teólogos o predicadores que solo afirman la verdad, pero que no se atreven a denunciar y a refutar abiertamente los errores contrarios.

Entre los teólogos ortodoxos, hoy la mayoría son débiles para combatir el error. Y es que negar los errores exige ciertamente un valor martirial aún mayor que afirmar la verdad.

La afirmación de la verdad divina entre los hombres requiere sin duda una fuerza sobre-humana. La “locura de la predicación” ha de parecer a los hombres “escándalo y locura” (1Cor 1,21-23), porque propone unos “pensamientos y caminos de Dios” que distan de ellos más que el cielo de la tierra (Is 55,8-9). No puede comunicarse, pues, la Revelación divina sino con una gran parresía y fuerza de Cruz.

Pero la negación de los errores requiere una fuerza espiritual aún mayor. De hecho, la historia de Cristo y de la Iglesia nos asegura que la refutación de los errores presentes es mucho más peligrosa que la afirmación de las verdades que les son contrarias. Los mártires, en efecto, sufren persecución y muerte no tanto por afirmar las verdades divinas, sino por decir a los hombres que sus pensamientos son falsos y que sus caminos llevan a perdición temporal y eterna. Ya comprobamos esto al estudiar el lenguaje de Cristo y el de San Pablo (aquí y aquí), la parresía de San Francisco Javier (aquí).

No basta, por ejemplo, predicar a un grupo de matrimonios la castidad conyugal –no basta, ¡aunque eso es ya mucho!–. Es preciso decir además que la anticoncepción, que desvincula amor y posible fertilidad, es intrínseca y gravemente pecaminosa, y que su empleo –a no ser que venga exigido por un fin terapéutico– no puede ser justificado por ninguna intención o circunstancia. En ciertos ambientes, la predicación positiva de la castidad conyugal quizá suscite reticencia o rechazo. Pero lo que dará lugar a persecuciones, descalificaciones y marginaciones, lo que vendrá a ser ocasión de martirio, es decir, de testimonio doloroso de la verdad de Cristo, es la reprobación firme de los anticonceptivos. Y eso explica que en tantas Iglesias locales sea hoy tan rara la predicación completa –afirmando y negando– de la verdadera espiritualidad conyugal católica.

Allí, por ejemplo, donde las absoluciones colectivas se han generalizado casi completamente, hará falta un gran valor para afirmar la verdad, asegurando que la confesión individual es el modo ordinario en que debe celebrarse el Sacramento de la Penitencia. Pero mucho más valor hará falta para condenar la práctica generalizada de las absoluciones colectivas, que vienen a ser un sacrilegio, es decir, un abuso grave en materias sacramentales. Eso es, en efecto, el sacrilegio: “tratar indignamente los sacramentos y las demás acciones litúrgicas”, y es “un pecado grave” (Catecismo 2120).

Los teólogos católicos fieles han combatido siempre las herejías y todos los errores que surgían entre sus contemporáneos. Es un dato continuo de la Tradición Católica. A modo de ejemplo, recordaré solo un caso histórico. Cuando a comienzos del siglo XIII nacieron las Ordenes Mendicantes, no pocos teólogos, por razones e intereses diversos, impugnaron la licitud de esta forma de vida de pobreza. Concretamente Gerardo de Abbeville, maestro parisiense, escribe un libelo Contra adversarium perfectionis christianæ et prælatorum et facultatum Ecclesiæ, arremetiendo contra la pobreza en general y la de los frailes Mendicantes en particular.

San Buenaventura (1221-1274), en esos años Ministro general de los franciscanos, entró en la polémica con su obra Apologia pauperum; contra calumniatorem. En esta obra el Doctor seráfico no sólo enseñó la pobreza evangélica, sino que combatió con gran vehemencia los errores de quien la impugnaba. Algunas frases del prólogo pueden dar una idea del tono que emplea:

“En estos últimos días, cuando con más evidente claridad brillaba el fulgor de la verdad evangélica –no podemos referirlo sin derramar abundantes lágrimas–, hemos visto propagarse y consignarse por escrito cierta doctrina, la cual, a modo de negro y horroroso humo que sale impetuoso del pozo del abismo e intercepta los esplendorosos rayos del Sol de justicia, tiende a obscurecer el hemisferio de las mentes cristianas. Por donde, a fin de que tan perniciosa peste no cunda disimulada, con ofensa de Dios y peligro de las almas, máxime a causa de cierta piedad aparente que, con serpentina astucia, ofrece a la vista, es necesario quede desenmascarada, de suerte que, descubierto claramente el foso, pueda evitarse cautamente la ruina. Y puesto que este artífice de errores, siendo como es viador todavía, puede corregirse, según se espera, por la divina clemencia, han de elevarse en favor suyo ardientes plegarias a Cristo, a fin de que, acordándose de aquella compasión con que en otro tiempo miró a Saulo, se digne usar de la eficacia de su palabra y de la luz de su sabiduría, atemorizando al insolente, humillando al soberbio y buscando, corrigiendo y reduciendo al descarriado”.

Tras esta introducción, poderosa en la fuerza profética del Espíritu Santo, desarrolló Buenaventura su argumentación favorable a la pobreza con gran rigor persuasivo. Sí, es cierto que los modos de esta disputación teológica están en gran medida marcados por un estilo de época, que hoy no convendría usar en una controversia teológica, porque se faltaría con ello a la caridad. Pero queda, sin embargo, como dato unánime de la Tradición de la Iglesia, tanto en Oriente como en Occidente, que en cada siglo los teólogos de la ortodoxia han combatido con fuerza, claridad y caridad a los teólogos de la heterodoxia.

Son muy pocos, por el contrario, los teólogos católicos que han atacado abiertamente los errores contemporáneos. La explicación de esta actitud pasiva de tantos teólogos ya la di al hablar de la Autoridad apostólica debilitada (aquí y aquí). Toda infidelidad para dar testimonio de la verdad y para combatir el error procede principalmente de cuatro causas: 

1. Horror a la Cruz

2. Influjo protestante

3. Influjo del liberalismo

4. Incumplimiento de las leyes canónicas.

De este modo, rompiendo una tradición que se mantuvo viva hasta mitades del siglo XX, muchos de los “teólogos modernos”, por graves que sean los errores que se difundan a su alrededor, “no se espantan de nada”, no entran a “combatir el buen combate de la fe” (1Tim 6,12; cf. 2Tim 4,7), y como si apreciaran más la “libertad de expresión” que la ortodoxia, y por el influjo protestante y liberal, afirman que “toda opinión merece respeto”, aunque no se comparta. En todo caso, la gran mayoría estima “académicamente incorrecto” escribir en forma apologética contra la enseñanza de un autor contemporáneo para defender una verdad de la fe y para preservar al pueblo de una herejía. De este modo los obispos quedan sin la confortación que necesitarían y que tanto les ayudaría para ejercer libremente su munus docendi y su munus regendi.

En el último medio siglo, muchas veces Roma se ha visto casi sola para señalar y condenar graves errores. Y eso es una vergüenza. Las Notificaciones reprobatorias, p. ej., de la Congregación de la Fe –recuerdo algunas: Hans Küng, 1975, 1979; Jacques Pohier, 1979; Edward Schillebeecks, 1979, 1980, 1984, 1986; Leonardo Boff, 1985; Anthony De Mello, 1998; Jacques Dupuys, 2001; Marciano Vidal, 2001; Jon Sobrino, 2006, etc.– pocas veces fueron precedidas de reprobaciones fuertes y numerosas de obispos y teólogos. En muchas ocasiones, por el contrario, éstos guardaron hacia esos autores un “silencio respetuoso”, cuando no una actitud favorable. Y aún se ha dado el caso de que, tras la intervención de Roma, hayan continuado sus apoyos hacia los notificados.

Los “silencios respetuosos” y “cómplices” son demasiado numerosos. Sin duda que ha habido en nuestro tiempo teólogos ortodoxos y valientes, que exponiéndose a descalificaciones, marginaciones, silenciamientos y verdaderos linchamientos intelectuales, no sólo han enseñado fielmente la verdad católica, sino que también han refutado públicamente a los autores contemporáneos que difunden actitudes heréticas, cismáticas y sacrílegas. Pero debemos confesar con realismo que han sido y son muy pocos.

Lo mismo hay que decir de institutos y movimientos religiosos, de facultades y universidades, de editoriales y librerías religiosas, de revistas católicas, por lo demás a veces de excelente ortodoxia. Todos los aludidos parecen no sentirse llamados al combate de la fe cuando es preciso luchar contra contemporáneos. Es como si no se sintieran vocacionados al martirio, a aquel testimonio de la verdad católica que trae consigo la Cruz. Es posible que manteniendo esa actitud esperen “no romper la unidad” de la comunidad cristiana (!), “no alterar la paz” de la Iglesia (!). Pero ya esa lamentable actitud, en sí misma, es un inmenso error. Nada tiene que ver con la enseñanza y el ejemplo de Cristo, de los Apóstoles y de toda la mejor Tradición cristiana.

Y sin embargo es muy fácil combatir a los herejes y cismáticos. La Escritura, la Tradición, los Concilios y los grandes documentos pontificios dan a cualquier teólogo –no hace falta que sea un genio– armas poderosísimas para refutar, más aún, si es preciso, para ridiculizar las barbaridades que se han venido difundiendo en los últimos decenios. No escasean, ciertamente, las armas: faltan combatientes que las esgriman, con peligro, eso sí, de “perder su vida”.

YVES CONGAR: “HAY QUE DESTRUIR LA POMPA Y LA GRANDEZA DE LA IGLESIA”

El “cardenal” Yves Congar falleció en 1995. Había prohibido la publicación de su diario sobre el concilio Vaticano II antes del año 2000, que finalmente se publicó en 2002. 


Congar participó en el concilio como miembro del círculo interno y “experto”, colaborando en 14 de los 16 documentos finales.

El concilio comenzó el 11 de octubre de 1962. El 14 de ese mes, Congar criticó la “Donación de Constantino”. Esta se refiere a la ciudad de Roma y otros territorios y privilegios que Constantino otorgó al Papado tras ser bautizado por el Papa San Silvestre. El Papa se convirtió en rey de Roma y de los territorios papales hasta 1878. Esto influyó en el desarrollo de la Iglesia, concebida como una monarquía rodeada de pompa y solemnidad. Congar se rebeló contra estos aspectos aristocráticos de la Iglesia y juró su destrucción.

Ilustrando este artículo, la portada de 
Mon Journal du Concile (Mi Diario del Concilio); abajo, fotocopias de la entrada del 14 de octubre de 1962 del original en francés; y por último, la traducción de los textos resaltados.


Visita de Jean Guitton, presente como representante de Le Figaro y de la Academia Francesa. Como miembro de la Academia, es recibido con gran hospitalidad y honores. Le abre las puertas al cardenal Montini. Me comentó que la beatificación de Pío IX está prevista con toda seriedad: el Papa Juan XXIII la desea para vincular el Concilio Vaticano II con el Vaticano I.

Cuanto más lo pienso, más me parece que Pío IX fue insignificante y desastroso. Es el principal responsable de la mala orientación que ha lastrado al catolicismo francés durante sesenta años. Cuando los acontecimientos de la época lo invitaron a abandonar la terrible mentira de la Donación de Constantino y a adoptar finalmente una actitud evangélica, no respondió a ese llamado, sino que sumió a la Iglesia en exigencias propias de un poder temporal.

Hoy en día, este comportamiento temporal sigue pesando mucho sobre la Iglesia. Este sistema pesado y costoso —prestigioso y engreído, prisionero de su propio mito de grandeza feudal— es la parte no cristiana de la Iglesia romana que pone en peligro, o mejor dicho, impide, la apertura a una tarea totalmente evangélica y profética: todo esto proviene de la mentira de la Donación de Constantino. Esto se me ha hecho evidente estos días. No hay nada decisivo que se pueda hacer, a menos que la Iglesia romana abandone por completo sus pretensiones feudales y temporales. Es necesario que todo esto sea destruido : ¡y lo será!

... Es necesario darle la espalda por completo a todo esto y reinventar algo diferente, un estilo evangélico moderno que sea también comunitario, no satrápico [aristocrático].

(Yves Congar, Mon Journal du Concile [Mi diario del concilio], París: Cerf, 2002, vol. 1, pp. 114-116)
 

22 DE MARZO: SANTA CATALINA DE SUECIA, VIRGEN


22 de Marzo: Santa Catalina de Suecia, virgen

(✞ 1381)

La admirable virgen Santa Catalina de Suecia fue hija de Ulfón, príncipe de Noricia, y de Santa Brígida, bien conocida por sus revelaciones en la Iglesia del Señor.

La santa madre la entregó después de destetarla a una abadesa muy religiosa para que la criase, y llegando a la edad competente, su padre le mandó que tomase marido, y ella lo aceptó, confiada en la bondad de Dios y en el fervor de la Santísima Virgen María,  su Madre, que podría casarse sin detrimento de su virginidad, como le sucedió.

Porque habiéndose casado con un caballero nobilísimo llamado Etghardo, de tal manera le habló, que los dos hicieron voto de castidad, y la guardaron toda su vida.

Yendo una vez con su madre, Santa Brígida, a Asís y a Santa María de Porciúncula, les sobrevino la noche y se recogieron en una pobre casilla para guarecerse de la nieve y agua que caía. Estando allí, ciertos salteadores de caminos entraron donde estaban las santas madre e hija con otra gente, y con mucha desvergüenza quisieron verle los rostros, y como Santa Catalina era hermosísima, comenzaron a hablar palabras torpes; más ellas se volvieron a Dios y de improviso se sintió un gran ruido como de gente armada, con lo cual huyeron espantados aquellos atrevidos ladrones.

Pasó Santa Catalina veinticinco años en compañía de su santa madre, la cual la llevaba consigo a los hospitales, y las dos curaban sin asco las llagas de los enfermos, los consolaban como dos ángeles de paz, y visitaban y socorrían a los pobres.

Era tan grande la fama de los milagros que obraba el Señor por su sierva Catalina, que habiendo salido una vez el río Tíber de cauce por una gran lluvia, inundando de tal manera la ciudad de Roma que todos tenían su última ruina y destrucción de ella, rogaron a la santa que se opusiese a las aguas; y como ella por su humildad se excusase, la arrebataron y llevaron así por la fuerza junto a las aguas, y tocándolas la Santa con los pies, volvieron atrás y cesó aquel diluvio peligroso.

Después de haber cumplido con el entierro de su madre, volvió a Suecia y se encerró en un monasterio de monjas de Wadstein dónde fue prelada, instruyendo las monjas según la regla que su santa madre había dejado.

Finalmente, llena de méritos y virtudes, dio su espíritu al que la había creado para tanta gloria suya; y honraron su entierro muchos obispos, abades y prelados de los reinos de Suecia, Dinamarca, Noruega y Gotia, y el príncipe de Suecia llamado Erico, con otros señores y baroneses, por su devoción llevaron sobre los hombros el cuerpo de la santa virgen a la sepultura, ilustrándola nuestro Señor con muchos milagros.
 

sábado, 21 de marzo de 2026

ESCRITOS DEL PADRE HELMUTS LIBIETIS “EL MARTILLO” (4)

El padre Libietis, quien dejó la FSSPX en 2012, compuso una serie de siete brillantes escritos. Publicamos el cuarto artículo de esta serie.

Por Sean Johnson


Parte 1: Un obispo habla desde el más allá

Parte 2
 
Las semillas brotan (2012)

Con la muerte de Juan Pablo II y la elección del cardenal Ratzinger como papa Benedicto XVI, se creó un nuevo y fértil escenario para que germinaran las semillas de la unión. Comparado con Juan Pablo II, Benedicto XVI parecía mucho más conservador, pero lo principal que deseaba preservar era el concilio Vaticano II y su implementación. Sin embargo, muchos afirmaron que lamentaba sus acciones pasadas contra la FSSPX y que quería enmendarlas. En este contexto, los esfuerzos por lograr la unión deseada cobraron impulso. Lo que antes era mera retórica sobre un acuerdo con Roma, luego se traduciría en acciones recíprocas para concretar dicha unión.

El papa proporcionaría el calor y la humedad necesarios para su crecimiento, al permitir que cualquier sacerdote del mundo celebrara la Misa en latín (en 2007) y al levantar las excomuniones de los obispos de la FSSPX (en 2009). Estas acciones favorecerían el diálogo. Sin embargo, un aspecto importante quedaría relegado: las recomendaciones del arzobispo Lefebvre. Para él, cualquier diálogo sería un “diálogo de muerte” si no implicaba un retorno de Roma a la Tradición. Advirtió que Roma haría concesiones, a veces importantes, pero que estas serían meras maniobras para mantener la Tradición en vilo. Subrayó que cualquier diálogo futuro debía basarse en la doctrina, y no solo en un acuerdo práctico (lo que dejaría a Roma y a la FSSPX aún en desacuerdo y separadas en materia doctrinal). El pontificado de Benedicto XVI vería una dilución o debilitamiento de los principios del arzobispo en favor de lo que, técnicamente, equivaldría a un mero acuerdo práctico. ¡Poco a poco se llega lejos!... La idea de la unión se impulsaba continuamente, pero los miembros y seguidores de la FSSPX se sentían seguros y cómodos al hablar de resistencia a dicha unión.

2005

“Su Excelencia el Obispo Fellay... celebra la ascensión del Cardenal Joseph Ratzinger al Soberano Pontificado. Ve en ello un rayo de esperanza para que podamos encontrar una salida a la profunda crisis que sacude a la Iglesia Católica”. (Comunicado de prensa de la FSSPX, 19 de abril de 2005). El Obispo Fellay solicitó una audiencia con el recién elegido papa Benedicto XVI, la cual le fue concedida el 29 de agosto de 2005.

2005

“Queríamos reunirnos con el Santo Padre porque somos católicos y, como todos los católicos, estamos ligados a Roma... [y] para llamar la atención del Sumo Pontífice sobre la existencia de la Tradición... [que] la Tradición es una solución, de hecho, la única solución... Entonces Benedicto XVI señaló que solo puede haber una manera de pertenecer a la Iglesia Católica: es decir, interpretando el espíritu del Concilio Vaticano II a la luz de la Tradición. Esta es una perspectiva que nos asusta bastante... Finalmente, tendríamos que tener, piensa el Sumo Pontífice, una estructura adecuada para el rito tradicional y ciertas prácticas externas, sin que, sin embargo, esto nos proteja del espíritu del Concilio que tendríamos que adoptar”.

(Obispo Fellay, entrevista DICI, 17 de septiembre de 2005)

El arzobispo Lefebvre estableció el principio de que no habría diálogo con Roma a menos que esta volviera a la Tradición y aceptara las grandes encíclicas de los Papas anteriores, afirmando que, de lo contrario, cualquier conversación sería una pérdida de tiempo y un “DIÁLOGO DE MUERTE”. Que no hubo ningún cambio en Roma debería haber quedado claro tras esta reunión con el papa, pero el obispo Fellay estaba dispuesto a congraciarse con los enemigos de la Tradición por un precio reducido, y no por el precio total que exigía el arzobispo. El precio se fue reduciendo gradualmente, poco a poco.

2005

La audiencia [con el Papa] brindó a la Compañía la oportunidad de demostrar su lealtad a la Santa Sede, tanto en el sentido tradicional como en el futuro. Abordamos las serias dificultades, ya conocidas, con un profundo amor por la Iglesia. Llegamos a un consenso sobre cómo proceder por etapas en la resolución de los problemas.

(Obispo Fellay, 29 de agosto de 2005, comunicado de prensa desde Albano, Italia)

2005

¿Qué sentido tendría un acuerdo que consistiera en dejarse hundir por el iceberg?

(Obispo Fellay, septiembre de 2005, Carta a los amigos y benefactores, n.º 68)

2005

Padre Lorans: ¿Podría decirnos si, tras la reunión con el Santo Padre, continúa el diálogo?

“No se trata de un estancamiento total. Simplemente hay una cierta apertura por parte de Roma —algo nuevo, que comenzó en el año 2000— que debemos analizar con mucha atención. La audiencia privada misma muestra a un papa bien dispuesto a escucharnos, al menos hasta cierto punto… Creo que esto debería dar lugar a un diálogo… Si hay diálogo, necesariamente tratará sobre puntos del Concilio… Ofrecí a Roma elaborar una lista de los temas en los que discrepamos, que causan un problema doctrinal… Roma parece estar abierta a la idea de recibir esa lista. Por el momento, no creo que podamos esperar más que pequeños pasos. Hay cierta apertura… Vemos que con la ascensión del nuevo papa, Benedicto XVI, hay como un atisbo de esperanza… Lo encontramos incluso en la Curia Romana, tenemos gente que simpatiza con nosotros incluso allí arriba”.

(Obispo Fellay, 8 de diciembre de 2005, entrevista realizada por Radio Courtoisie)

2006

“Resulta bastante evidente que Roma, el Papa, desea resolver los asuntos de la Compañía de Jesús, si se me permite decirlo, y según su plan, debe ser una resolución rápida. Por nuestra parte, siempre hemos insistido en que, antes de alcanzar una solución práctica, deben eliminar los principios que... generan la crisis y que... nos destruirían si los aceptáramos. Por lo tanto, no podemos aceptarlos de ninguna manera” 

(Obispo Fellay, 2 de febrero de 2006, Flavigny)

2006

“Preferiría decir que este diálogo debe ser tanto doctrinal como práctico, con hechos que respalden los argumentos teológicos… El propósito de la discusión doctrinal es lograr que Roma reconozca [que el Concilio Vaticano II es responsable de la crisis en la Iglesia]… Quienes se centren únicamente en el aspecto práctico o canónico, considerarán nuestras demandas doctrinales una pérdida de tiempo… Quienes se centren solo en el aspecto especulativo encontrarán que nuestras condiciones pastorales preliminares eluden las cuestiones fundamentales y dirán que este diálogo es el comienzo de una concesión al modernismo. Desear un acuerdo canónico inmediato a cualquier precio nos expondría a un resurgimiento inmediato de los problemas que nos oponen a Roma, y ​​el acuerdo quedaría anulado. La regularización de nuestro estatus canónico debe ser lo último”.

(Obispo Fellay, 1 de abril de 2006, entrevista DICI)

2006

Siguiendo los pasos del arzobispo Lefebvre en la lucha por la fe católica, la Sociedad respalda plenamente sus críticas al Concilio Vaticano II y a sus reformas, tal como las expresó en sus conferencias y sermones, y en particular en su Declaración del 21 de noviembre de 1974: “Nos adherimos de todo corazón y con toda nuestra alma a la Roma católica, guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias para su mantenimiento, a la Roma eterna, señora de la sabiduría y de la verdad. Por el contrario, rechazamos, y siempre nos hemos negado, a seguir a la Roma de tendencias neomodernistas y neoprotestantes, que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y en las reformas que de él se derivó”. Los contactos mantenidos con Roma en los últimos años han permitido a la Sociedad constatar la razón y la necesidad de las dos condiciones previas que estableció [la liberación de la Misa Tridentina y el levantamiento de las excomuniones]. Si, una vez cumplidas estas condiciones, la Sociedad contempla un posible debate doctrinal, el objetivo es que la voz de la enseñanza tradicional resuene con mayor claridad en la Iglesia. Asimismo, los contactos periódicos con las autoridades romanas no tienen otro propósito que ayudarlas a retomar la Tradición. El objetivo no es simplemente llegar a un acuerdo meramente práctico e imposible. Cuando la Tradición recupere su pleno esplendor, la reconciliación dejará de ser un problema.

( Declaración del Capítulo General de la FSSPX, julio de 2006, tras la reelección del obispo Fellay como Superior General por otros 12 años)

2006

Padre Alain Lorans: “Su Excelencia, con respecto a la Declaración del Capítulo General , los miembros del capítulo se opusieron a un acuerdo práctico, dijeron que tal acuerdo era quimérico, imposible por el momento…”

Obispo Fellay: “Hoy es imposible. ¿Y por qué? Porque no es tanto el acuerdo en sí lo que es imposible, puesto que Roma nos lo ofrece. O mejor dicho, Roma se declara dispuesta a llegar a un acuerdo. Lo imposible no es tanto el acuerdo en sí, sino la situación en la que nos encontraríamos si lo firmáramos. ¿A qué nos enfrentaríamos? ¿Serían las circunstancias concretas derivadas del acuerdo una situación viable para nosotros? Obviamente, la respuesta es no… La situación actual en la Iglesia es tal que una vida católica normal se ha vuelto concretamente imposible. Por lo tanto, es imposible hablar de un acuerdo práctico antes de que esta vida vuelva a ser posible. Y hacer posible esta vida no es algo que podamos hacer nosotros. Debe hacerlo el Papa… Mientras estos elementos no estén presentes, es un suicidio pretender llegar a un acuerdo práctico”.

(Obispo Fellay, Villepreux, 14 de octubre de 2006)

¡Menuda charla combativa! Pero para 2012, al final de la siguiente reunión del Capítulo General, la declaración y la actitud anteriores habían cambiado y se habían debilitado gradualmente. Las conversaciones doctrinales habían fracasado, pero la FSSPX seguiría buscando un acuerdo práctico tras no lograrlo. El supuesto respaldo a los sermones críticos del arzobispo Lefebvre sobre la Iglesia modernista se había transformado en una restricción sobre qué sermones podían publicarse, censurando los más críticos. Su severa crítica fue reemplazada por una más suave, con un lenguaje más moderado. Los sitios web y las editoriales de la FSSPX se habían “limpiado” eliminando artículos y libros “ofensivos” para la Roma modernista. ¡Poco a poco se llega lejos! Si se tira del anzuelo con demasiada fuerza, el pez se resiste y puede escaparse. Si se le da un tirón suave, el pez se cansará y finalmente caerá sin mucha resistencia.

En julio de 2007, el papa eliminó las restricciones impuestas a la Misa Tridentina y, posteriormente, en 2009, levantó las restricciones de las falsas excomuniones a los obispos de la FSSPX.

2007

“En Benedicto XVI existe el claro deseo de reafirmar la continuidad del Concilio Vaticano II... con la Tradición bimilenaria. Esto demuestra que lo que está en juego en el debate entre Roma y la Compañía de Jesús es esencialmente doctrinal. El innegable paso adelante dado por el motu proprio en el ámbito litúrgico debe ir seguido —tras la retirada del decreto de excomunión— de discusiones teológicas”.

(Obispo Fellay, 7 de julio de 2007, día en que se liberó la Misa Tridentina)

2008

“En 2007, el nuevo Sumo Pontífice Benedicto XVI finalmente concedió el primer punto que habíamos solicitado: la Misa tradicional para los sacerdotes de todo el mundo. Estamos profundamente agradecidos por este gesto personal del Papa... Este primer paso de Roma en nuestra dirección nos dio la esperanza de que pronto seguiría un segundo...”

(Obispo Fellay, octubre de 2008, Carta a los Amigos y Benefactores , n.º 73)

2009

El 21 de enero, Roma levantó las excomuniones. En una entrevista, se le preguntó al obispo Fellay: “¿Qué estatus espera para la Compañía de Jesús? ¿Una prelatura personal bajo la autoridad del Papa?”

El obispo Fellay respondió: “Consideraremos este aspecto después de las conversaciones solicitadas por Roma, que pretenden ser una fuente de aclaraciones. La estabilidad canónica requiere, ante todo, claridad doctrinal”.

(Obispo Fellay, 25 de enero de 2009, Agencia Suiza de Noticias Apic).

El siguiente folleto mostrará que el obispo Fellay seguía dispuesto a regularizar su situación incluso después de que fracasara el acuerdo doctrinal y sin que Roma haya vuelto a la Tradición. 

Las “Seis Condiciones” del Capítulo General de 2012 seguían teniendo el cartel de “SE VENDE” que aún permanece firmemente plantado en el jardín delantero, ¡aunque ahora insiste en que NO HABRÁ NINGÚN TRATO!