sábado, 5 de septiembre de 2026

LAS VALIOSAS VISIONES Y SUFRIMIENTOS DE SANTA CRISTINA LA ADMIRABLE

¿Cuál es el sentido de una vida como la de Santa Cristina? ¿Por qué no aceptó simplemente la invitación de Nuestro Señor cuando, a los veinte años, Él le ofreció la felicidad eterna?

Por Edwin Benson


Las visiones del Purgatorio rara vez se discuten, incluso en círculos católicos. La práctica moderna de centrar las homilías en la lectura del Evangelio del día disuade a los sacerdotes de explicar estos sucesos tan importantes. Esta tendencia es lamentable, pues Dios desea que tales visiones tengan efectos beneficiosos tanto en la vida del vidente como en la de quienes las escuchamos o leemos.

Procedencia impecable

Pocos conocen a Santa Cristina la Admirable (c. 1150-1224). Su historia nos llega a través de fuentes de tercera o cuarta mano. Durante mi formación como historiador, me enseñaron a desconfiar de inmediato de tales relatos. Sin embargo, la procedencia de este relato es indiscutible.

Al igual que otros artículos de esta serie, la narración de la visión de Santa Cristina la Admirable proviene del esclarecedor libro del Padre FX Schouppe, Purgatory (1). El padre Schouppe lo leyó en los escritos de San Roberto Belarmino (1542-1621), figura destacada de la Contrarreforma y Doctor de la Iglesia. La fuente de San Roberto Belarmino fue Jaime de Vitry (c. 1160-1240), decano del Colegio Cardenalicio y autor de una de las mejores fuentes de información sobre las Cruzadas: “Historia Orientalis seu Hierosolymitana”.

Una vez establecida la cadena de custodia de este relato, es momento de presentar a los lectores al personaje principal. El padre Schouppe la llama Santa Cristina la Admirable. En otras fuentes, se la conoce como Cristina Mirabilis.

Una vida sin dinero pero piadosa

Lo que se sabe de la juventud de Santa Cristina no tiene nada de particular, salvo su profunda piedad infantil. Vivía en St. Trond (también conocida como Sint-Truiden), en la actual Bélgica. Quedó huérfana alrededor de los quince años y, posteriormente, trabajó como pastora. Su vida cambió drásticamente tras sufrir una especie de ataque epiléptico a los veinte años. Aparentemente muerta, revivió repentinamente en medio de su Misa fúnebre, luciendo en perfecto estado de salud.

Por asombroso que haya sido este suceso, la historia de Cristina fue mucho más increíble.

Una petición directamente de Nuestro Señor

“Tan pronto como mi alma se separó de mi cuerpo -dijo- fue recibida por ángeles, quienes la condujeron a un lugar muy sombrío, completamente lleno de almas. Los tormentos que allí sufrían me parecieron tan excesivos que me resulta imposible describir su rigor. Vi entre ellos a muchos conocidos y, profundamente conmovida por su triste condición, pregunté qué lugar era, pues creía que era el Infierno. Mi guía me respondió que era el Purgatorio, donde eran castigados los pecadores que, antes de morir, se habían arrepentido de sus faltas, pero no habían ofrecido una satisfacción digna a Dios. De allí fui conducida al Infierno, y allí también reconocí entre los réprobos a algunos que había conocido antes.

Entonces los ángeles me transportaron al Cielo, incluso al trono de la Divina Majestad. El Señor me miró con benevolencia, y experimenté una alegría inmensa, porque pensé que obtendría la gracia de morar eternamente con Él. Pero mi Padre Celestial, viendo lo que pasaba en mi corazón, me dijo estas palabras: “Ciertamente, hija mía, un día estarás conmigo. Ahora, sin embargo, te permito elegir: permanecer conmigo de ahora en adelante o regresar a la tierra para cumplir una misión de caridad y sufrimiento. Para librar de las llamas del Purgatorio a aquellas almas que te han inspirado tanta compasión, sufrirás por ellas en la tierra; soportarás grandes tormentos, sin morir, no obstante, por sus efectos. Y no solo aliviarás a los difuntos, sino que el ejemplo que darás a los vivos, y tu vida de continuo sufrimiento, llevarán a los pecadores a convertirse y a expiar sus crímenes. Después de haber terminado esta nueva vida, regresarás aquí cargada de méritos’.

Ante estas palabras, y viendo las grandes ventajas que se me ofrecían para las almas, respondí sin vacilar que volvería a la vida, y resucité en ese mismo instante. Es con este único propósito, el alivio de los difuntos y la conversión de los pecadores, que he regresado a este mundo. Por lo tanto, no se asombren de las penitencias que practicaré, ni de la vida que me verán llevar de ahora en adelante. Será tan extraordinaria que jamás se ha visto nada igual”.

Buscando ocasiones para sufrir

Cumplió su palabra.

Primero, renunció a todas las comodidades por una vida de absoluta sencillez. Regaló sus pocas posesiones. Durante los cuarenta y dos años que le quedaban de vida, vivió al aire libre, sin hogar ni fuego.

Sin embargo, tales privaciones, a su juicio, eran insuficientes. Buscaba con avidez ocasiones para sufrir aún más. En invierno, se sumergía en las gélidas aguas del Mosa. Pero a diferencia de los modernos “baños polares” donde las personas se zambullen y emergen inmediatamente para disfrutar de la comodidad de las mantas calientes, ella permanecía en el agua durante semanas enteras implorando la misericordia de Dios por las pobres almas.

En una ocasión, la corriente del río la arrastró hasta la rueda hidráulica de un molino ribereño. Quedó atrapada en el mecanismo de la rueda, que la hizo girar sobre su circunferencia de tal manera que mataría a cualquiera sin protección divina; sin embargo, salió ilesa.

En otra ocasión, se arrojó a un horno donde sus gritos de agonía resonaban con fuerza. Sin embargo, al salir, no presentaba quemaduras. En un momento dado, unos perros la atacaron, mordiéndola y desgarrándola. Para escapar, corrió hacia un matorral de espinos. Esto ahuyentó a los perros, pero dejó a Cristina cubierta de su propia sangre. Aun así, no le quedaron cicatrices permanentes.

Una reputación de santidad

Como era de esperar, los relatos de estos acontecimientos se difundieron rápidamente, lo que propició numerosas conversiones. Tras su muerte, el 24 de julio de 1224, se atribuyeron varios milagros a la intercesión de Santa Cristina.

Para los oídos y ojos modernos, tales relatos repelen más que atraen. Los modernistas, e incluso aquellos que se consideran católicos devotos, se niegan a comprender a quienes abrazaron el sufrimiento. Hoy en día, muchos tratan un dolor de cabeza, una noche de insomnio o una comida omitida como si se tratara de una catástrofe de horror sin precedentes.

Muchos se preguntan: ¿Cuál es el sentido de una vida como la de Santa Cristina? ¿Por qué no aceptó simplemente la invitación de Nuestro Señor cuando, a los veinte años, Él le ofreció la felicidad eterna?

Discernir el propósito del sufrimiento

San Roberto Belarmino analizó el propósito de Dios en la increíble vida de Santa Cristina: “Dios quiso silenciar a esos libertinos que profesan abiertamente no creer en nada y que tienen la audacia de preguntar con desprecio: ‘¿Quién ha regresado del otro mundo? ¿Quién ha visto alguna vez los tormentos del Infierno o del Purgatorio?’. He aquí a Santa Cristina. Ella nos asegura que los ha visto, y que son espantosos”.

El Purgatorio moderno no difiere del revelado en la Edad Media. El hecho de que muchos no crean en él no significa que haya desaparecido, del mismo modo que la confianza de los llamados teólogos modernos en que el Infierno está vacío no lo convierte en realidad. Tales visiones son signos de sabiduría y gracia para comprender estas enseñanzas y ser impulsados ​​a modificar nuestros patrones de vida conforme a ellas. Al mismo tiempo, la Iglesia Militante ofrece oraciones y penitencias por la gran cantidad de seres queridos que ignoraron los castigos del Purgatorio en sus propias vidas.

Continúa...

LAS HORAS DE LA PASION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO (9)

Continuamos con la publicación del capítulo 8 del libro “Las horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo” escrito por la mística Luisa Piccarreta (1865 - 1947) entre los años 1913 y 1914.


Para conocer la historia de Luisa Piccarreta ingrese aquí.


Novena Hora: De la 1 a las 2 de la mañana

Jesús, atado, es hecho caer en el Torrente Cedrón

Amado Bien mío, mi pobre mente te sigue entre la vela y el sueño. ¿Cómo podría abandonarme del todo al sueño viendo que todos te dejan solo y huyen de ti? Hasta los mismos apóstoles, el ferviente Pedro que acababa de decirte que quería dar su vida por ti, tu discípulo predilecto que con tanto amor lo hiciste reposar sobre tu Corazón; ¡ah, todos te han dejado abandonado a merced de tus crueles enemigos!

¡Jesús mío, te encuentras solo! Tus purísimos ojos buscan a tu alrededor para ver si al menos te está siguiendo alguno de aquellos a quienes hiciste tanto bien, para demostrarte su amor y para defenderte... Y cuando descubres que ni uno solo te ha sido fiel, sientes que se te rompe el Corazón y te pones a llorar amargamente, pues el dolor que te causa el abandono de tus más fieles amigos es mucho mayor del que tus mismos enemigos te procuran. No llores, oh Jesús mío, o más bien, haz que yo llore contigo. Pero parece que mi amable Jesús me dice:

“¡Ah, hijo mío!, lloremos juntos la suerte de tantas almas consagradas a mí, que por pequeñas pruebas o por incidentes de la vida ya no se preocupan de mí y me dejan solo; por tantas otras almas tímidas y cobardes, que por falta de valor y de confianza me abandonan; por tantos sacerdotes que al no sentir su propio gusto en las cosas santas, en la administración de los sacramentos, no se ocupan de mí; por otros que predican, que celebran o que confiesan por sus propios intereses y su propia gloria, y que mientras parece que están cerca de mí, siempre me dejan solo. ¡Ah, hijo mío!, ¡qué duro es para mí este abandono! No solamente me lloran los ojos, sino que me sangra el Corazón. ¡Ah!, te suplico que repares mi amargo dolor, prometiéndome que nunca me vas a dejar solo”.
 
Sí, ¡oh Jesús mío!, te lo prometo con la ayuda de la gracia y en la firmeza de tu Divina Voluntad.

Pero mientras lloras por el abandono de los tuyos, ¡oh Jesús!, tus enemigos no te evitan ningún ultraje que puedan hacerte. Estando así, fuertemente atado, tanto que por ti mismo no puedes dar ni un paso, te pisotean y te arrastran por aquellos caminos llenos de piedras y espinas, al grado que cualquier movimiento que te obligan a hacer, hace que te tropieces con las piedras y que te hieras con las espinas.

¡Ah, Jesús mío!, me doy cuenta que por donde te van arrastrando vas dejando las huellas de tu preciosísima sangre y de tus cabellos dorados que te arrancan de la cabeza. Vida mía y Todo mío, déjame recogerlos, para con ellos poder atar todos los pasos de las criaturas que ni siquiera de noche dejan de herirte, es más se aprovechan de la noche para herirte aún más: unos con sus reuniones, otros con sus placeres, con teatros y diversiones, y otros sirviéndose de la noche hasta para llevar a cabo robos sacrílegos. Jesús mío, me uno a ti para reparar todas estas ofensas.

Pero ya estamos en el Torrente Cedrón y los perversos judíos te empujan en él y al empujarte hacen que te golpees en una piedra que ahí se encuentra, pero con tanta fuerza, que empiezas a derramar de tu boca tu preciosísima sangre, dejando marcada aquella piedra. Y después, jalándote, te arrastran por debajo de aquellas aguas llenas de podredumbre, nauseabundas y frías. En este estado representas a lo vivo el estado deplorable de las criaturas cuando caen en el pecado. ¡Oh, cómo quedan cubiertas por dentro y por fuera con un manto de inmundicia que da asco al cielo y a cualquiera que pudiera verlas, de modo que atraen sobre ellas los rayos de la divina justicia!

¡Oh Vida de mi vida!, ¿puede haber un amor más grande? Para quitarnos este manto de inmundicia tú permites que tus enemigos te hagan caer en este torrente, y para reparar por los sacrilegios y las frialdades de las almas que te reciben sacrílegamente obligándote a entrar en sus corazones, haciéndote sentir, más que en el torrente, toda la nausea de sus almas, permites por eso que esas aguas penetren hasta en tus entrañas, al grado que tus enemigos, temiendo que vayas a ahogarte y queriendo reservarte aún mayores tormentos, te sacan de ahí, pero les causas tanta repugnancia a ellos mismos que les da asco tocarte.

Mansísimo Jesús mío, ya estás fuera del torrente. Mi corazón no resiste al verte tan bañado por estas aguas tan repugnantes. Estás temblando de pies a cabeza por el frío y mirando a tu alrededor, haciendo con los ojos lo que no haces con la voz, buscas al menos a uno sólo que te seque, que te limpie y que te caliente, pero en vano, no hallas a nadie que se mueva a compasión por ti. Tus enemigos se burlan y se ríen de ti, los tuyos te han abandonado, y tu dulce Madre se encuentra lejos de ti porque así lo ha dispuesto el Padre.

Aquí me tienes a mí, ¡oh Jesús!; ven a mis brazos pues quiero llorar hasta poderte bañar para lavarte, limpiarte y reordenarte con mis propias manos todos tus cabellos desordenados. Amor mío, quiero encerrarte en mi corazón, para calentarte con el calor de mis afectos; quiero perfumarte con mis insistentes anhelos; quiero reparar todas estas ofensas y ofrecer toda mi vida junto a la tuya para salvar a todas las almas; quiero ofrecerte mi corazón para que encuentres en él donde descansar, para poder darte algún consuelo por las penas que has sufrido hasta este momento; y después proseguiremos nuevamente el camino de tu pasión.

Reflexiones y prácticas

En esta hora Jesús se puso a merced de sus enemigos, los cuales llegaron a tener la osadía de arrojarlo al Torrente Cedrón, pero Jesús los miraba a todos con amor, soportando todo por amor a ellos. Y nosotros, ¿nos ponemos a merced de la Voluntad de Dios?

Cuando nos sentimos débiles o tenemos la desgracia de caer en el pecado, ¿nos levantamos rápidamente para arrojarnos en los brazos de Jesús? Jesús, atormentado, fue arrojado en el Torrente Cedrón sintiendo que se ahogaba, con mucho asco y ganas de vomitar; y nosotros, ¿aborrecemos hasta la más mínima mancha y sombra de pecado? ¿Estamos dispuestos a darle un lugar a Jesús en nuestros corazones para hacer que ya no sienta las ganas de vomitar a causa de los pecados de tantas almas y para compensarlo por todas las veces que fuimos nosotros mismos la causa?

“Atormentado Jesús mío, no tengas ninguna clase de miramientos conmigo y haz que yo pueda ser objeto de tus divinas y amorosas miradas”.

Continúa...

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (127)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


127. Los discursos en Aguas Claras: No tentarás al Señor tu Dios (149).
Testimonio de Juan el Bautista.

11 de marzo de 1945.

1 Es un día serenísimo de invierno. Hace sol y viento; el cielo está sereno, uniforme, sin el más mínimo vestigio de nubes. Son las primeras horas del día. Hay todavía una fina capa de escarcha, o mejor, de rocío semihelado, que esparce un polvo diamantífero sobre el suelo y sobre las hierbas.
Vienen hacia la casa tres hombres, que caminan con la seguridad de quien sabe a dónde se dirige. Llegando ya, ven a Juan, que en ese momento atraviesa el patio cargado de unos cántaros de agua sacados del pozo, y le llaman.
Juan se vuelve, deja las cantarillas y dice: “¿Vosotros aquí? ¡Bienvenidos! El Maestro se alegrará al veros. Venid, venid, antes de que llegue la gente. ¡Ahora viene mucha!...”. Son los tres pastores discípulos de Juan Bautista. Simeón, Juan y Matías van contentos detrás del apóstol.
“Maestro, han venido tres amigos. Mira” dice Juan entrando en la cocina, donde arde alegre un gran fuego de leña menuda, que expande un agradable olor a bosque y a laurel quemado.
“Paz a vosotros, amigos míos. ¿Cómo es que venís a verme? ¿Le ha sucedido alguna desgracia al Bautista?”.
“No, Maestro. Hemos venido con permiso suyo. Te envía saludos y dice que encomiendes a Dios el león perseguido por los arqueros. No se hace ilusiones respecto a su suerte futura, aunque por ahora sigue libre. Está contento porque sabe que tienes muchos fieles, incluidos los que antes eran suyos. Maestro... nosotros también lo deseamos vivamente, pero... no queremos abandonarle ahora que le persiguen. Compréndenos...” dice Simeón.
“No sólo eso, sino que os bendigo por ello. El Bautista merece todo respeto y amor”.
“Sí. Así es. El Bautista es grande, y cada vez descuella más su figura. Se parece al agave, que poco antes de morir produce el gran candelabro de la septiforme flor y lo ondea, y perfuma. Así es él. Y siempre dice: "Mi único deseo es volver a verle...". Verte a ti. Nosotros hemos recogido este grito de su alma y te lo hemos venido a traer sin decírselo. El es "el Penitente", "el Abstinente". Su santo deseo de verte y de oírte le consume. Yo soy Tobías, ahora Matías. Creo que el arcángel dado a Tobías (150) no sería distinto del Bautista; todo en él es sabiduría”.

2 “¿Quién ha dicho que no le vuelva a ver?... Pero, ¿habéis venido sólo para esto? Es penoso caminar durante esta estación. Hoy hace un tiempo sereno, pero, hasta hace sólo tres días, ¡cuánta lluvia por los caminos!”.
“No hemos venido sólo por esto. Hace unos días vino Doras, el fariseo, a purificarse, pero el Bautista le negó el rito diciendo: "No llega el agua a donde hay una costra tan grande de pecado. Uno sólo te puede perdonar: el Mesías". Entonces él dijo: "Iré a verle. Quiero curarme. Creo que este mal es su maleficio". Entonces el Bautista le arrojó de su presencia como lo habría hecho con Satanás. El, al irse, vio a Juan –le conocía desde que Juan visitaba a Jonás, con quien estaba algo emparentado– y le dijo que venía, que todos iban, que había venido Manahén y hasta incluso venían las... (yo digo meretrices, pero él dijo un nombre más feo). "Aguas Claras –decía– está llena de ilusos. Ahora, si me cura y me retira la maldición de mis tierras –que están como excavadas por máquinas de guerra por ejércitos de topos y gusanos y cortones que horadan los granos sembrados y roen las raíces de los árboles frutales y de las vides y no hay nada que los venza–, me haré amigo suyo; si no... ¡Ay de El!". Nosotros le respondimos: "¿Y vas con esta disposición de ánimo?". Y él respondió: "Pero quién cree en ese Satanás. Además, lo mismo que convive con las meretrices puede hacer alianza conmigo". Nosotros queríamos venir a decírtelo, para que pudieras saber a qué atenerte con Doras”.

3. “Ya está todo resuelto”.
“¿Ya? ¡Ah, es verdad!, que él tiene carros y caballos y nosotros sólo las piernas. ¿Cuándo ha venido?”.
“Ayer”.
“¿Y qué ha ocurrido?”.
“Esto: que si queréis ocuparos de Doras podéis ir al duelo a su casa de Jerusalén. Le están preparando para la sepultura”.
“¡¡¿Muerto?!!”.
“Muerto. Aquí. Mas no hablemos de él”.
“Sí, Maestro... Sólo... dinos una cosa. ¿Es verdad cuanto dijo de Manahén?”.
“Sí. ¿Os desagrada?”.
“No, no..., nos alegra. ¡Cuánto le hemos hablado de ti en Maqueronte! Y, ¿qué otra cosa puede querer el apóstol sino que sea amado el Maestro? Es lo que Juan quiere, y, con él, nosotros”.
“Hablas bien, Matías; la sabiduría está contigo”.
“Y... yo no lo creo, pero ahora la hemos visto... Vino también a nosotros buscándote a ti antes de los Tabernáculos; y le dijimos: "Quien tú buscas no está aquí, pero estará pronto en Jerusalén para los Tabernáculos". Eso le dijimos, porque el Bautista nos había dicho: "¿Veis a esa pecadora?: es una costra de inmundicia; pero lleva dentro una llama a la que hay que alimentar; así, se avivará de tal modo que surgirá impetuosamente de debajo de la costra y todo arderá. Caerá la inmundicia y quedará sólo la llama". Eso dijo. Pero... ¿es verdad que duerme aquí, como han venido a decirnos dos influyentes escribas?”.
“No. Está en uno de los establos del capataz, a más de un estadio de aquí”.
“¡Lenguas de infierno! ¿Has oído? ¡Y ellos!...”.
“Dejadles que hablen. Los buenos no creen en sus palabras, sino en mis obras”.

4 “Esto lo dice también Juan. Hace unos días, algunos discípulos suyos, nosotros presentes, le han dicho: "Rabí, Aquel que estaba contigo al otro lado del Jordán, del que tú diste testimonio, ahora bautiza, y todos van a El; te vas a quedar sin fieles". A lo que Juan respondió:
"¡Dichoso mi oído, que oye esta noticia! No sabéis qué alegría me dais. Sabed que el hombre no puede tomar nada si no le es dado del Cielo. Vosotros podéis testificar que he dicho: 'Yo no soy el Cristo, sino el que ha sido enviado delante para prepararle el camino'. El hombre justo no se apropia de un nombre ajeno, y, aunque otro hombre quisiera alabarle diciéndole: 'eres ése', es decir: el Santo, él responde: 'No, realmente no es así; yo soy su siervo'. Y de todas formas se alegra mucho de ello, porque dice: 'Se ve que me asemejo a El un poco, si el hombre me puede confundir con El. Y, ¿qué desea la persona que ama sino parecerse a su amado? Sólo la esposa goza del esposo. El paraninfo no podría gozar de ella, porque sería una inmoralidad y un hurto. Pero el amigo del novio, que está cerca de él y escucha su palabra llena de júbilo nupcial, siente una alegría tan viva que podría compararse a la que hace dichosa a la virgen casada con él, la cual en aquella palabra comienza ya a degustar la miel de las palabras nupciales. Esta es mi alegría, y es completa. ¿Y qué hace el amigo del novio, habiéndole servido durante meses, y habiéndole conducido a la esposa a casa? Se retira y desaparece. ¡Así hago yo! ¡Así hago yo! Uno sólo queda, el esposo con la esposa: el Hombre con la Humanidad. ¡Oh, qué palabra más profunda! Es necesario que El crezca y que yo merme. Quien del Cielo viene está por encima de todos. Patriarcas y Profetas desaparecen a su llegada, porque El es como el Sol, que todo lo ilumina y su luz es tan viva que los astros y planetas sin luz se visten de ella, y los que aún no están apagados quedan anulados en el supremo esplendor del Sol. Esto sucede porque El viene del Cielo, mientras que los Patriarcas y los Profetas irán al Cielo, pero no vienen del Cielo. Quien viene del Cielo es superior a todos, y anuncia lo que ha visto y oído. Mas ninguno de entre los que no tienden al Cielo, renegando de Dios por ello, podrá aceptar su testimonio. Quien acepta el testimonio del que ha bajado del Cielo, con este acto suyo de creer, imprime un sello a su fe en que Dios es verdadero y no una fábula exenta de verdad, y escucha a la Verdad porque su ánimo está deseoso de ella. Porque Aquél a quien Dios ha enviado pronuncia palabras de Dios, pues Dios le da el Espíritu con plenitud, y el Espíritu dice: 'Aquí estoy. Tómame; que quiero estar contigo, delicia de nuestro amor'. Porque el Padre ama al Hijo sin medida y todas las cosas las ha puesto en su mano. Por eso quien cree en el Hijo tiene la vida eterna; mas quien se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, y la cólera de Dios permanecerá en él y sobre él".
Esto dijo. Estas palabras me las he grabado en mi mente para transmitírtelas” dice Matías.

5 “Te lo agradezco y te alabo por ello. El Profeta último de Israel no es Aquel que del Cielo baja, pero, por haber recibido el beneficio de los dones divinos ya desde el vientre de su madre –vosotros no lo sabéis, pero Yo os lo digo ahora–, es el que más se acerca al Cielo”.
“¿Cómo? ¿Cómo? ¡Háblanos! El dice de sí mismo: "Yo soy el pecador"”. Los tres pastores se muestran ansiosos de saber, así como también los discípulos.
“Cuando la Madre me llevaba, de mí–Dios estando encinta, fue a servir –porque es la Humilde y Amorosa– a la madre de Juan, prima suya por parte de madre, que había quedado embarazada en su vejez, ya el Bautista tenía su alma, porque estaba en el séptimo mes de su formación (151). Y este brote de hombre, dentro del seno materno, saltó de alegría al oír la voz de la Esposa de Dios. También en esto fue precursor; precedió a los redimidos, porque de seno a seno se efundió la Gracia, y penetró, y cayó la Culpa original del alma del niño. Por ello Yo digo que sobre la faz de la Tierra tres son los posesores de la Sabiduría, del mismo modo que en el Cielo, Tres son los que son Sabiduría: el Verbo, la Madre, el Precursor, en la Tierra; el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, en el Cielo”.
“Nuestro corazón está henchido de estupor... Casi como cuando se nos dijo: "Ha nacido el Mesías…". Porque Tú eras la profundidad abisal de la misericordia y nuestro Juan lo es de la humildad”.
“Y mi Madre, de la pureza, de la gracia, de la caridad, de la obediencia, de la humildad, de toda virtud que sea de Dios y que Dios infunda a sus santos”.

6 “Maestro –dice Santiago de Zebedeo– hay mucha gente”.
“Vamos. Venid también vosotros”.
Es muchísima la gente.
“La paz sea con vosotros” dice Jesús. Está sonriente como pocas veces. La gente cuchichea y le señala con gestos. Hay mucha curiosidad en el ambiente.
"No tentarás al Señor tu Dios" (152), está escrito.
Demasiadas veces se olvida este mandamiento. Se tienta a Dios cuando se le quiere imponer nuestra voluntad. Se tienta a Dios cuando imprudentemente se actúa contra las reglas de la Ley, que es santa y perfecta y en su lado espiritual –el principal– se ocupa y se preocupa, también, de la carne que Dios ha creado (153). Se tienta a Dios cuando, habiendo sido perdonados por El, Se vuelve a pecar. Uno tienta a Dios cuando, habiendo recibido de El un beneficio que pretendía ser un bien para sí, algo que le moviera hacia Dios, lo transforma en un daño.
Dios no es objeto de risa ni de burla. Demasiadas veces sucede esto. Ayer habéis presenciado el castigo que espera a quienes pretenden mofarse de Dios. El eterno Dios, lleno de compasión con quien se arrepiente, se muestra, por el contrario, lleno de severidad con el impenitente que en manera alguna se modifica a sí mismo.
Vosotros venís a mí para oír la palabra de Dios. Venís para obtener un milagro. Venís para obtener el perdón. Y el Padre os da palabra, milagro y perdón. Y Yo no echo de menos el Cielo, porque puedo daros milagros y perdón, y puedo haceros conocer a Dios.

7 Ese hombre cayó ayer fulminado, como Nadab y Abiú (154), por el fuego de la divina indignación. De todas formas, absteneos de juzgarle. Que lo que ha sucedido, que ha sido un nuevo milagro, solamente os haga meditar acerca de cómo hay que actuar para tener a Dios como amigo. El quería el agua penitencial, pero sin espíritu sobrenatural; la quería por espíritu humano: como una práctica mágica que le curase la enfermedad y le liberase de la desventura. El cuerpo y la cosecha: éstos eran sus fines, no su pobre alma, que no tenía valor para él; lo valioso para él era la vida y el dinero.
Yo digo: "El corazón está donde está el tesoro, y el tesoro donde el corazón. Por lo tanto, el tesoro está en el corazón".
El en el corazón tenía la sed de vivir y de tener mucho dinero. ¿Cómo obtenerlo?: como fuera; incluso con el delito. Pues bien, pedir así el bautismo ¿no era reírse de Dios y tentarle? Habría bastado el arrepentimiento sincero por su larga vida de pecado para proporcionarle una santa muerte y lo justo en esta Tierra. Pero él era el impenitente. No habiendo amado nunca a nadie aparte de sí mismo, llegó a no amarse ni siquiera a sí mismo. Porque el odio mata incluso el amor animal egoísta del hombre hacia sí mismo. El llanto del arrepentimiento sincero habría debido ser su agua lustral. De la misma forma, para todos vosotros que estáis escuchando; porque sin pecado no hay nadie, y todos, por lo tanto, tenéis necesidad de esta agua que, exprimida por el corazón mismo, desciende y lava, da de nuevo la virginidad a quien ha sido profanado, levanta al abatido, da nuevo vigor a quien la culpa ha dejado exangüe.
Ese hombre se preocupaba sólo de la miseria de la tierra, cuando en realidad sólo una miseria debe apesadumbrar al hombre: la eterna miseria de perder a Dios. Ese hombre no dejaba de hacer las ofrendas rituales, mas no sabía ofrecer a Dios un sacrificio de espíritu, es decir, alejarse del pecado, hacer penitencia, pedir con los hechos el perdón. Una hipócrita ofrenda de riquezas mal adquiridas es como invitarle a Dios a que se haga cómplice de las malas acciones del hombre. ¿Es posible que esto suceda? ¿No es reírse de Dios el pretenderlo? Dios arroja de su presencia a quien dice: "he aquí que sacrifico" y se consume internamente por continuar su pecado. ¿Ayuda, acaso, el ayuno corporal cuando el alma no ayuna del pecado?
Que la muerte de este hombre, que ha acontecido aquí, os haga meditar sobre las condiciones necesarias para gozar del aprecio de Dios. Ahora, en su rico palacio, los familiares y las plañideras hacen duelo ante los restos mortales que dentro de poco serán conducidos al sepulcro. ¡Oh, verdadero duelo y verdaderos restos mortales! ¡Nada más que unos restos mortales! Nada más que un desconsolado duelo, porque el alma, precedente e irremisiblemente muerta, se verá para siempre separada de aquellos que amó por parentela y afinidad de ideas. Aunque una misma morada los una eternamente, el odio que allí reina los dividirá. Es así que entonces la muerte es verdadera separación. Mejor sería que, en vez de los demás, fuese el propio hombre quien, teniendo muerta el alma, llorase por sí mismo; de modo que, por ese llanto de contrito y humilde corazón, le devolviera al alma la vida con el perdón de Dios.
Idos, sin odio ni comentarios, nada más que con humildad; como Yo, que, no con odio sino por justicia, he hablado de él. La vida y la muerte son maestras para bien vivir y bien morir, y para conquistar la Vida sin muerte. La paz sea con vosotros”.

8 No hay ni enfermos ni milagros, y Pedro les dice a los tres discípulos del Bautista: “Lo siento por vosotros”.
“No es necesario. Nosotros creemos sin ver. Hemos tenido el milagro de su natividad, que nos ha hecho creyentes, y ahora tenemos su palabra, que confirma nuestra fe. Sólo pedimos servirla hasta el Cielo, como Jonás, hermano nuestro”.
Todo termina.

Continúa...

Notas:

147) “El Padre ha entrado en Mí…” interpretación que debe interpretarse a la luz de: Mt. 21, 12–17; Mc. 11, 15–19; Lc. 19, 45–46; Ju. 2, 13–22, en donde se habla del celo por la casa de su Padre y de cómo Jesús arrojó a los profanadores con golpes. La dicha expresión equivaldría a la siguiente: Fui invadido del celo de la Divina Justicia ultrajada desvergonzadamente por el cruel que no quiso arrepentirse; celo que prevaleció sobre la Misericordia, la cual no puede tener lugar en quien sólo hay odio. Cfr. también Mt. 23, 13–39; 25, 41–46; cap. 109 pág. 182 not.86.

148) Cfr. Lc. 9, 51–56.

149) Cfr. Ju. 3, 22–36.

150) Cfr. Tob. 5, 1 – 12, 21.

151) Esta afirmación no excluye el que el alma sea infundida desde el primer instante de la concepción. Lo que parece, más bien, es que quiere rechazar la opinión de que el individuo reciba su alma en el momento del nacimiento o, incluso, después de haber nacido. La sacralidad de la vida humana, desde su concepción, ha sido afirmada poco antes, en 126.4/5.

152) Cfr. Dt. 6, 14–25.

153) En muchos lugares bíblicos aparece el cuidado que tiene Dios del cuerpo humano y a lo que está destinado. Cfr. Rom. 6, 12–14; 8, 1–13 y 23; 1 Cor. 3, 16–17; 6, 12–20; 10, 31; 12, 12–26; 15; 1 Tes. 4, 3–8; Flp. 1, 20; 3, 20–21.

154) Cfr. Ex. 6, 23; 24, 1 y 9; 28, 1; Lev. 10, 1–7; Núm. 3, 1–4; 26, 60–61; 1 Par. 24, 1–2.

 
 
El Poema del Hombre-Dios (105) 



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
  

 
 
 

 
 
 

5 DE SEPTIEMBRE: LOS SANTOS RÓMULO, EUDOXIO, ZENÓN, MACARIO Y 1104 COMPAÑEROS MÁRTIRES


5 de Septiembre: Los Santos Rómulo, Eudoxio, Zenón, Macario y 1104 Compañeros Mártires

(✞ Siglo I)

El fortísimo soldado de Cristo San Rómulo, era mayordomo del emperador Trajano y servíale con tanta fidelidad y diligencia que mereció gozar de toda su confianza. 

Enviado en cierta ocasión por el emperador a las Galias, para que se enterase por sí mismo del estado de las legiones que allí tenía, y obligase a todos los soldados a sacrificar a los dioses, cumplió su encargo Rómulo con toda lealtad y celo; más ni con promesas, ni con amenazas logró vencer la resistencia de muchos soldados que eran cristianos; a todo estaban dispuestos antes que hacer aquel sacrificio abominable. 

Era capitán de aquellas tropas Eudoxio, ciudadano romano no menos fiel a la ley de Cristo que el emperador, el cual le había ennoblecido con las más altas condecoraciones del imperio; más no fue todo esto bastante para que obedeciese a sus impías órdenes y desobedeciese a las del verdadero Dios. 

Así que llegó a los oídos el tirano la obstinación de aquellas tropas, mandó que fuesen trasladadas desde las Galias a Melitina de Armenia, y que en el viaje les hiciesen padecer grandes fatigas y malos tratos; los cuales sufrieron aquellos soldados de Cristo con tal maravillosa fortaleza, que espantado de ella el mismo Rómulo que les afligía, abrió los ojos a la Fe y arrepintióse de lo que había hecho; y presentándose al emperador, le confesó que también él era cristiano y que todo lo menospreciaba y tenía en pro a trueque de vivir y morir como siervo de Cristo. 

Enojóse sobremanera el emperador al oír la confesión de su mayordomo; y en castigo de su desacato, que por tal lo tenía, mandó que luego le cortasen la cabeza y así se ejecutó. 

Tampoco quiso el Señor que perdiesen la corona aquellos invictos soldados, que habían comenzado ya a ganarla, negándose a sacrificar a los ídolos, como Rómulo, siendo gentil, les había mandado; y así algunos años después, en tiempos del emperador Maximiano, enviáronse nuevas órdenes al prefecto de Melitana para que obligara a todos los soldados de su guarnición a que adorasen los dioses del imperio, condenando a muerte a cuantos se resistiesen a obedecer al mandato imperial. 

Entonces Eudoxio, que era como ya se ha dicho capitán de aquella legión, respondió que sus soldados cristianos de ninguna manera se contaminarían con aquellas sacrílegas idolatrías, y luego les hizo una fervorosa exhortación diciéndoles que pues tenían valor, como buenos soldados, para morir en un combate por la esperanza de una victoria incierta y de una recompensa temporal, ¡cuánto más animosos habían de estar para dar la vida por Jesucristo, sabiendo que alcanzaban seguramente mucho más esclarecida victoria, y una recompensa perdurable! 

Alentados con estas palabras y precedidos de Eudoxio, Zenón y Macario, ofrecieron todos alegremente su cerviz al cuchillo, y en número de mil ciento cuatro, recibieron en un día mismo la corona de su confesión, y la palma gloriosa del martirio. 

Reflexión

Mírense en este ilustre ejemplo de fidelidad a Cristo señaladamente los militares cristianos; y ya que como buenos soldados muestran su valor resistiendo cualquier peligro de muerte, no quieran faltar por cosa del mundo a la lealtad que deben a su divino Capitán, Rey y Señor Jesucristo; a quien todos debemos servir fielmente y en cuya honra y amor hemos de vivir y morir para alcanzar la corona de los cielos. 

Oración

Oh Dios, que concedes la gracia de celebrar la fiesta de tus bienaventurados mártires Rómulo Eudoxio, Zenón, Macario y demás compañeros de su martirio; otórganos también la dicha de poder gozar con ellos de la alegría y eterna felicidad. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. 

viernes, 4 de septiembre de 2026

MI CONSEJO PARA LOS JÓVENES CATÓLICOS

Jóvenes: es hora de dar un paso al frente. No pongan excusas, no se victimicen y no permitan que nuestra cultura feminizada y destructiva moldee sus vidas.

Por Eric Sammons


1) Haz del catolicismo el centro de tu vida

Esto debería ser obvio, pero merece estar al principio de la lista. En absolutamente todo lo que hagas, tu fe católica debe tener prioridad. Esto se aplica a las decisiones, tanto grandes como pequeñas. Al decidir qué universidad o profesión estudiar, al elegir esposa, al decidir dónde vivir, el catolicismo debe ser lo primero. También debe ser la base de tu rutina semanal y diaria, como veremos en algunos de los consejos que vienen a continuación.

A lo largo de los años, he visto a demasiados hombres católicos que creen sinceramente, pero que caen en un estilo de vida en el que el catolicismo no es una prioridad. Al llegar a los cuarenta, se dan cuenta de que sus decisiones vitales les han dificultado transmitir la fe a sus hijos, o incluso practicarla ellos mismos. Quizás aceptaron un trabajo que socavaba su práctica religiosa, y ahora sienten que no pueden escapar de la rutina para tomarse el catolicismo más en serio. O eligieron una esposa que no priorizaba el catolicismo y ahora sus hijos se están desviando del buen camino. O los enviaron a un colegio católico que normalizó un catolicismo superficial. Ante todo, pongan el catolicismo en primer lugar.

2) Levántate temprano y sé disciplinado.

Hay algo mágico en las primeras horas del día, cuando aún está oscuro y la mayoría de la gente duerme. Los monjes siempre lo han sabido: se levantan muy temprano, y las oraciones más largas del Oficio Divino son las primeras del día. Acostúmbrate a levantarte temprano (antes de las 6 de la mañana) y no uses la función de posponer la alarma. Levantarte justo cuando suena el despertador es una excelente primera penitencia del día (ver Consejo n° 4). 

Tras levantarte temprano, mantén una rutina disciplinada durante todo el día. No revises tu teléfono al despertar; en su lugar, dedica la primera hora del día a la oración (consulta el consejo n° 3). Solo después de ese tiempo de oración deberías permitirte mirar una pantalla. Establece una rutina diaria regular (en la medida en que tu situación te lo permita): come a la misma hora y, sobre todo, duerme a la misma hora. La disciplina a la hora de acostarse es la consecuencia necesaria de levantarse temprano.

Si no tienes una rutina disciplinada, te resultará casi imposible seguir el resto de estos consejos.

3) Ora con regularidad

Un santo es un hombre de oración, y si quieres ser santo (y deberías), debes orar. Esto significa, ante todo, que debes comenzar cada día con una hora de oración, como ya mencioné. ¿Qué pasa si ahora mismo solo oras de 5 a 10 minutos al día? Entonces, aumenta el tiempo que dedicas a la oración en 5 minutos cada semana hasta llegar a una hora diaria. Este es el tiempo recomendado por consejeros espirituales y santos durante siglos. 

¿Qué haces durante esta hora? Hay muchas opciones, pero te recomiendo incluir el Oficio Divino (Liturgia de las Horas), la lectura de las Escrituras, la oración mental y el Rosario. Experimenta con lo que te funcione hasta que se convierta en un buen hábito.

Y esa primera hora del día no debería ser el único momento en que ores. Incorpora breves momentos de oración a lo largo del día; por ejemplo, reza el Ángelus todos los días al mediodía. Tu situación personal determinará las prácticas exactas que debes seguir. Asegúrate también de terminar el día con una oración, haciendo un examen de conciencia antes de acostarte.

4) Practica la penitencia con regularidad

Nada se descuida más en el catolicismo moderno que la penitencia. De hecho, solemos mirar con horror las historias de santos antiguos que practicaban esta disciplina o realizaban ayunos rigurosos. El problema no reside en ellos, sino en nosotros. Nuestra fe gira en torno a un hombre que fue brutalmente torturado y asesinado por nuestra salvación y que nos pidió que tomáramos nuestra propia cruz para seguirlo; sin duda, la penitencia debería ser fundamental en nuestra práctica del discipulado.

Los jóvenes, en particular, están llamados a la penitencia, ya que, por lo general, son las personas con mejor salud física en la sociedad y, por lo tanto, pueden soportar penitencias severas. También son los más dispuestos a realizar tareas físicamente exigentes por un bien mayor. Así pues, si bien todos los católicos deberían hacer penitencia, los jóvenes deberían ser líderes en este sentido.

¿Qué tipo de penitencias se deben realizar? Una vez más, es necesario tener en cuenta el estado de vida de la persona. Y como aconsejó san Josemaría Escrivá: “Elige mortificaciones que no mortifiquen a los demás”. En otras palabras, si tu penitencia te vuelve poco caritativo con los demás o, en general, desagradable, debes reconsiderar lo que estás haciendo.

Pero no seas cobarde ni pongas excusas: las penitencias deben ser difíciles. Algunos ejemplos de penitencias son: ayunar al menos 24 horas seguidas, ducharse con agua fría, llevar una piedrecita en el zapato y dejar de tomar café o azúcar. El ayuno es la forma más común de penitencia, y con razón: es fácil de incorporar a casi cualquier situación, ya que consiste principalmente en no hacer algo en lugar de hacerlo (y, por supuesto, imita a Nuestro Señor en el desierto).

Finalmente, no somos estoicos que simplemente soportamos dificultades; nuestras penitencias deben unirse a la oración a Cristo por nuestra salvación y la salvación de los demás.

5) Cuida tu cuerpo

Aunque la fe católica es encarnacional, tardé demasiado en comprender la profunda conexión entre cuerpo y alma. Durante años no entendí que la salud física puede afectar directamente la salud espiritual. No me refiero a la enfermedad o la lesión, que pueden ser una oportunidad para el crecimiento espiritual, sino al malestar y la confusión que acompañan a un estilo de vida moderno, en el que pasamos todo el día frente a una pantalla y casi no realizamos actividad física. Esa forma de vida conduce a la muerte física y espiritual.

Los hombres jóvenes necesitan mantenerse lo más activos físicamente posible. No me refiero a que deban ser fanáticos del gimnasio que se pasan el día mirándose al espejo para lucir sus músculos. Pero no es saludable estar sentado en un escritorio todo el día, todos los días (sé que esto es mucho más difícil en algunos trabajos que en otros, pero ténganlo en cuenta al elegir una carrera). Como mínimo, caminen al menos 20 minutos al día y hagan entrenamiento de fuerza básico al menos tres veces por semana. Mejor aún, corran o hagan senderismo con mochila varias veces por semana, lo que además les permitirá estar al aire libre, algo bueno tanto para la mente como para el cuerpo. 

Cuidar de tu cuerpo también implica ser disciplinado con lo que ingieres. Estamos rodeados de sustancias que lo debilitan: bebidas energéticas, cigarrillos, alcohol, comida basura, etc. No solo debilitan el cuerpo, sino que muchas de ellas también adormecen la mente, haciéndola más sumisa al espíritu de la época.

No necesitas una membresía de gimnasio para cuidar tu cuerpo, solo la disciplina para ser constante con el ejercicio y la alimentación (ver Consejo n° 2). 

6) Asiste a la Misal Tradicional si puedes.

Este probablemente sea mi consejo más polémico, pero creo que es tan importante que no puedo omitirlo. Cualquiera que asista regularmente a una Misa Tradicional en Latín puede hablar de un fenómeno particular: suele haber muchos más hombres jóvenes que en las Misas parroquiales del Novus Ordo. Esto no es casualidad. La realidad es que la Misa Tradicional en Latín resulta mucho más atractiva para los hombres jóvenes porque, sencillamente, es más masculina. Permite que un hombre adore a Dios sin la energía afeminada que con demasiada frecuencia domina la celebración típica del Novus Ordo. Al ser más exigente, la Misa Tradicional en Latín habla al alma de los hombres jóvenes de una manera que no se encuentra en ningún otro lugar de la cultura actual (ni de la Iglesia actual). Lo llama más claramente a convertirse en soldado del Rey de Reyes y Señor de Señores. 

Entiendo que no todos los jóvenes tienen acceso regular a una Misa Tradicional en Latín cerca de casa. Si no es tu caso, al menos intenta asistir a una un par de veces al año, o incluso considera mudarte a un lugar donde se celebre regularmente. Vale la pena. 

7) Evita la pornografía a toda costa

Es obvio que un hombre católico (o cualquier hombre) no debería ver pornografía. Pero hoy en día estamos tan saturados de pornografía que es necesario recalcarlo. Y cuando digo que hay que evitar la pornografía "a toda costa", lo digo en serio. Ver pornografía no solo destruye la capacidad de relacionarse con las mujeres de forma sana, sino que mata el alma. Sucumbir a la pornografía es un camino seguro al infierno, y nada es más importante que evitar ese destino.

Me doy cuenta de que muchos, si no la mayoría, de los jóvenes que leen esto ya han visto pornografía, y tal vez lo hacen con regularidad, incluso de forma adictiva. La pornografía nos bombardea por todas partes, por lo que se necesita una virtud heroica (o una vida monástica) para evitarla. Dios nos llama a esa virtud heroica. Incluso si ya has caído en la tentación de la pornografía, no te rindas. 

Toma medidas concretas para eliminar la pornografía de tu vida. Primero, confiesate con regularidad, incluso semanalmente. Las gracias que recibas allí son necesarias para superar el hábito. Segundo, establece una rutina diaria disciplinada (Consejo n° 2) que reduzca tu acceso potencial a la pornografía. Tercero, el ejercicio regular (Consejo n° 5) también te ayudará, ya que la pereza es un camino seguro hacia la pornografía. Finalmente, toma medidas drásticas si es necesario para romper con el hábito: abandona todas las redes sociales, compra un teléfono básico, cambia de trabajo, lo que sea necesario. 

Jóvenes, la pornografía es un ancla en vuestra alma que os impide ser lo que Dios quiere que seáis. 

8) Compórtate como un caballero con las mujeres

Hoy en día, muchos influencers masculinos (la llamada "cultura machista"), que con razón reaccionan contra el feminismo destructivo, tienen opiniones absolutamente horribles sobre las mujeres. Las tratan como objetos y las utilizan y abusan de ellas para satisfacer sus propios deseos egoístas. Si tuviera que adivinar, diría que es probable que su visión de las mujeres se haya visto muy influenciada por el consumo excesivo de pornografía (ver Consejo n° 7). 

Se espera que los hombres se comporten como caballeros con las mujeres. Esto representa un rechazo tanto al feminismo como a la cultura machista. Un caballero trata a todas las mujeres con respeto en todo momento. Les abre la puerta y las deja entrar primero, mantiene una actitud recatada con las mujeres que no son su esposa, no dice palabrotas delante de ellas y, obviamente, no mantiene conversaciones inapropiadas en línea con ninguna mujer. 

Esta actitud también se aplica a las citas, que reconozco que están llenas de dificultades para los jóvenes de hoy. No voy a dar consejos específicos sobre citas, pero sí mencionaré esto: corteja a las mujeres con un propósito. No te molestes en invitar a salir a una chica a menos que estés realmente interesado en ver si la relación lleva al resultado natural, que es el matrimonio (y no tengas miedo de casarte joven, y cuando lo hagas, ten más hijos de los que puedas mantener). No digo que menciones el matrimonio en la primera cita, pero tómate las citas en serio en lugar de como una actividad recreativa. Las mujeres que cortejes te lo agradecerán por no hacerles perder el tiempo.

En resumen, un caballero debería poner a cada mujer en un pedestal, tratándola de manera diferente a como la tratan los demás hombres.

9) Controla tu uso de las redes sociales

Todos hemos oído las advertencias sobre las redes sociales y conocemos sus peligros, así que no voy a repetirlas aquí. El uso excesivo de las redes sociales es perjudicial para el cuerpo, la mente y el espíritu, por lo que los jóvenes deben controlar su consumo.

Aquí tienes algunos consejos prácticos. Primero, establece reglas estrictas para el uso de las redes sociales. Por ejemplo, a mí me funciona no tenerlas en el móvil, así que solo las uso cuando estoy en la oficina, frente al ordenador. Esto evita que las redes sociales controlen mi vida las 24 horas del día. 

En segundo lugar, no uses una cuenta anónima. Sé que es una opinión controvertida hoy en día, pero he visto demasiados ejemplos de cuentas anónimas que dicen las cosas más extravagantes en internet porque creen que no tendrán consecuencias. Muchos hombres justifican tener una cuenta anónima para proteger sus empleos, pero no reconocen las tentaciones específicas que conlleva el anonimato. Puede darte permiso para decir cosas que no deberías decir, y que no dirías si alguien supiera quién está detrás. Recuerda que Dios ve todo lo que publicas en internet, sin importar el nombre que uses. Si sientes que no puedes publicar con tu nombre, tal vez eso signifique que no deberías publicar nada en internet. 

Por último, no te involucres demasiado en los debates de las redes sociales, que casi nunca son tan importantes como parecen en el momento y suelen dar lugar a comentarios poco amables. Personalmente, tengo la regla de responder como máximo dos veces a alguien en un hilo de conversación, porque he comprobado que cuanto más se alarga un intercambio de mensajes, más probable es que sea poco amable.

10) Adquiere una habilidad real

Con "habilidad real" me refiero a una que no tenga nada que ver con la informática. No estoy en contra de las habilidades informáticas —fui programador durante 15 años—, pero es bueno que los jóvenes tengan al menos una habilidad práctica, como la mecánica automotriz, la fontanería o la jardinería. 

Tener una habilidad real y práctica permite escapar de la tiranía de internet y conectar con la realidad. Permite que la mente opere a un nivel diferente y obtener una perspectiva que no se puede conseguir frente a una pantalla. Afortunadamente, es posible aprender casi cualquier habilidad en línea, así que, irónicamente, un joven puede usar una computadora para dominar una habilidad que le permita desconectarse de ella de vez en cuando. 

Además, tener esas habilidades podría serte útil en el futuro y podría ahorrarte mucho dinero. Como alguien que ha gastado demasiado dinero en talleres para reparar sus coches a lo largo de los años, puedo decirte que ojalá yo hubiera aprendido a hacer mantenimiento de coches cuando era más joven.

11) Sea financieramente responsable

Francamente, nuestro sistema económico y monetario está en contra de los jóvenes, favoreciendo a los baby boomers e incluso a personas de la Generación X como yo, y obligando a la Generación Z a acumular deudas cada vez mayores, lo que se convierte en una forma de esclavitud. Las décadas de impresión de dinero fácil han provocado que el valor de las viviendas y otros activos aumente, lo que beneficia a quienes los adquirieron hace décadas, mientras que dificulta el acceso al mercado para los jóvenes. Pero los jóvenes no deberían victimizarse, y existen maneras de escapar de este sistema fallido o, al menos, de minimizar sus daños.

En primer lugar, gasta siempre menos de lo que ganas. Ciertas deudas son prácticamente inevitables —una hipoteca o un préstamo estudiantil, por ejemplo—, pero evita a toda costa las deudas con tarjetas de crédito. Esto solo es posible si tus gastos mensuales son inferiores a tus ingresos (después de impuestos). 

En segundo lugar, invierte en activos tangibles. Me refiero principalmente a bienes raíces y metales preciosos. La inflación disminuye nuestro poder adquisitivo, pero también aumenta el valor de los activos tangibles, compensando así esa disminución. Las personas adineradas lo saben, y si desea alcanzar la estabilidad financiera, debe seguir su ejemplo.
 
12) Ayuda a los pobres

Todos conocemos el consejo de los aviones de ponerse la mascarilla de oxígeno uno mismo antes de intentar ponérsela a un niño, pues no se puede ayudar a los demás si uno está inconsciente. De igual modo, los consejos que he dado hasta ahora se han centrado principalmente en uno mismo, simplemente porque si uno está mal espiritual, física y mentalmente, no puede ayudar a nadie. Pero como católicos, tenemos la obligación de ayudar a los demás, especialmente a los pobres. Esto es innegociable, y los jóvenes deben ser los primeros en hacerlo.

Esto no se manifestará igual para todos. Quizás signifique orar frente a una clínica de abortos, ayudar a una organización que ofrece capacitación laboral a personas necesitadas o ser voluntario en un comedor social. Cuando se tienen hijos y se está en la etapa más ajetreada de la vida, tal vez simplemente signifique donar a organizaciones benéficas que ayudan a los pobres. Pero sea como sea, ayudar a los pobres debería ser parte de la vida de todo joven católico.

Jóvenes: es hora de dar un paso al frente. No pongan excusas, no se victimicen y no permitan que nuestra cultura feminizada y destructiva moldee sus vidas. Sean hombres católicos íntegros, cuidando su cuerpo, mente y alma. En resumen, sean el hombre —y el santo— que Dios les llama a ser.
 

HISTORIA DEL OBISPO DOM THOMAS AQUINAS OSB (2)

Compartimos la 2da parte de la biografía de Miguel Ferreira da Costa (el actual obispo Thomas Aquinas).

Parte 1


El padre Thomas Aquinas siguió el consejo del arzobispo Lefebvre. El 24 de agosto de 1988, redactó una declaración solemne en la que rechazaba el acuerdo establecido entre la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, a través de los cardenales Ratzinger y Mayer, y el padre Gerard Calvet, prior del monasterio de Santa Magdalena de Le Barroux.

“Nuestro Monasterio de la Santa Cruz fue incluido en los términos del acuerdo que acabamos de rechazar, sin que se nos consultara al respecto, a pesar de que estuvimos en Le Barroux durante las negociaciones y nuestro desacuerdo era conocido. Estos son los motivos de nuestro rechazo:

1. El acuerdo pone de manifiesto nuestra integración y nuestro compromiso práctico con la “Iglesia conciliar” .

2. El acuerdo prevé nuestra plena reconciliación con la Sede Apostólica según los términos del Motu Propio Ecclesia Dei, documento que proclamó la excomunión del arzobispo Marcel Lefebvre. Nunca nos hemos separado de la Sede Apostólica y seguiremos profesando una unión perfecta con la Cátedra de Pedro. Sin embargo, nos separamos de la Roma liberal y modernista que organiza el encuentro de Asís y que exalta a Lutero. Con esta Roma no deseamos reconciliación.

3. El acuerdo se fundamenta en el Motu Proprio Ecclesia Dei, que excomulga al arzobispo Lefebvre. Por lo tanto, al participar en este acuerdo, debemos reconocer la injusticia cometida contra el arzobispo Lefebvre, el obispo Antonio Castro Mayer y los cuatro nuevos obispos, cuya excomunión fue legalmente nula. No seguimos al arzobispo Lefebvre ni al obispo de Castro Mayer como nuestros líderes. Seguimos a la Iglesia Católica. Pero en este momento, estos dos confesores de la fe han sido los únicos obispos que se han opuesto a la autodestrucción de la Iglesia. Nos resulta imposible romper con ellos.

Al día siguiente, 25 de agosto, el padre Thomas Aquinas comunicó su decisión a los monjes y el 26 envió la declaración a Dom Gerard y al cardenal Ratzinger. La visita de Dom Gerard al Monasterio de la Santa Cruz los días 1 y 2 de septiembre no alteró en absoluto la decisión y la determinación del padre Thomas Aquinas. Tras apenas unas horas, muy tristes, el prior de Le Barroux abandonó el monasterio de Brasil con imprecaciones en los labios.

“Tras las consagraciones, el arzobispo Lefebvre siguió aconsejándonos con su solicitud paternal. No solo recibimos su ayuda, sino también la de Campos y, sobre todo, la del padre Rifan”.

Ordenado sacerdote en 1974 por el obispo Antonio de Castro Mayer, obispo de Campos, el padre Rifan se convirtió en su secretario. He aquí lo que el padre Thomas Aquinas dijo de él:

“Un líder de hombres, dotado de una inteligencia vivaz, afable y de trato fácil, y de ingenio rápido, no tuvo problemas para ganarse la admiración y la confianza de todos”.

El padre Rifan, junto con los padres Possidente y Athayde, acompañaron al obispo de Castro Mayer a Ecône en 1988 con motivo de las consagraciones. Luego, en el momento de la crisis con Dom Gerard, el padre Rifan brindó un apoyo considerable al padre Thomas Aquinas, quien relata lo que sucedió después:

“Tras la muerte del obispo de Castro Mayer, surgió una pregunta urgente para los sacerdotes de Campos: ¿quién debía reemplazar al obispo de Castro Mayer?… El obispo de Castro Mayer, antes de morir, había indicado dos nombres: el padre Emmanuel Possidente y el padre Licinio Rangel. El padre Rifan no figuraba entre las preferencias del obispo de Castro Mayer. Esto es interesante de destacar. El padre Rangel fue elegido, pues el padre Possidente rechazó el cargo, a pesar de ser el más idóneo para el puesto. La consagración del obispo Rangel tuvo lugar en la ciudad de Sao Fidelis, el 28 de julio de 1991”.

Cuando la FSSPX contactó con Roma tras el Jubileo del 2000 e invitó a Campos a participar, el padre Rifan fue elegido para representarlo en dichas reuniones. El drama estaba a punto de comenzar. Cuando las condiciones impuestas por Roma parecieron inaceptables para la FSSPX, Campos, sin embargo, prefirió no dar marcha atrás. ¿Cuál es la responsabilidad de las partes en este asunto? Es difícil determinarlo. Lo que sí es seguro es que el hombre idóneo, aunque obedeciendo las órdenes del obispo Rangel, era el padre Rifan, el único portavoz presente en Roma durante las negociaciones. Cabe señalar que el padre Rifan, durante un tiempo, mantuvo contactos cada vez más frecuentes con los modernistas y solía obtener permiso para celebrar la Misa de San Pío V con el adversario. Si bien no fue necesariamente un mal, creo que fue una trampa que contribuyó a la caída del padre Rifan y de toda la diócesis. ¿Fue acaso el simple contacto con hombres imbuidos de modernismo y liberalismo el punto de partida de esta caída? Vale la pena plantear la pregunta.

El obispo Rangel firmó el 18 de enero de 2002 un acuerdo con Roma en la catedral de Campos. … Fue la sentencia de muerte de la Tradición en Campos . El padre Rifan dijo: “No es un acuerdo; es un reconocimiento”. Con esto dio a entender que Roma reconocía los méritos de la Tradición. Los fieles, desconcertados, creyeron al padre Rifan. Se escuchó un grito de victoria.

El obispo Rangel, aquejado de cáncer, falleció poco después, y el padre Rifan le sucedió al frente de la Administración Apostólica, surgida de los acuerdos con Roma. Consagrado por el cardenal Hoyos, el obispo Rifan pronto se reveló como un indultador por excelencia. Convertido en amigo de nuestros enemigos, recorrió prácticamente todas las diócesis, acogiendo con una energía difícil de olvidar a aquellos a quienes antes atacaba. Tras cambiar de bando, no dejó de demostrar su entrega a Roma. Como dijo Abel Bonnard: “Un indultador nunca es suficientemente indultador”. La autoridad del Concilio Vaticano II, la legitimidad de la Nueva Misa, la obligación de someterse al “Magisterio Vivo” de los Papas liberales, la condena del arzobispo Lefebvre; todo esto el obispo Rifan se vio obligado a aprobar y proclamar. Lo hizo con una seguridad inquebrantable y cada vez mayor. Podría decirse que lo hizo con más celo que la mayoría de los progresistas… Campos se había convertido en un perro dócil. Roma, que sabía bien que iba a terminar así, ya no tenía nada que temer de estos sacerdotes, quienes, sin embargo, se habían formado en la escuela de uno de los obispos más importantes del siglo XX. ¿Cómo podemos explicar esto? Sin querer penetrar en lo más profundo de los corazones ni ir más allá de lo que nos dicen los hechos, creo que es seguro que el contacto con las autoridades que no profesan la plenitud de la fe solo puede llevar poco a poco a quienes se someten a ellas a compartir sus ideas y su forma de hacer las cosas. El arzobispo Lefebvre ya había advertido suficientemente a Dom Gerard sobre esto. Con Roma no se hace lo que uno quiere, sino lo que Roma quiere. Dom Gerard no tuvo esto en cuenta; el obispo Rifan menos aún.

Pero la reacción provino de la propia diócesis. Los fieles, sin embargo, con el tiempo se dieron cuenta de que algo estaba cambiando. Nos llamaron, y el padre Antonio-Maria OSB fue a celebrar una misa en el campo, en una granja que lleva el hermoso nombre de Santa Fe… El obispo Rifan no pudo obtener nada de estos valientes campesinos que ahora, en las grandes fiestas, suman más de 250 personas en una pequeña iglesia que ellos mismos construyeron, y donde solo se permite la entrada a los sacerdotes de la Tradición…

El obispo Rifan concelebró esos días con los obispos progresistas y afirmó que negarse sistemáticamente a celebrar la Nueva Misa es una actitud cismática. Esto es lo que llamamos traición, es decir, la acción de dejar de ser fiel a algo o a alguien; como sucede: [dejar de ser fiel] a Nuestro Señor Jesucristo. Es evidente. Es cierto que muchos lo negarán, pero ¿acaso no es cierto que aceptar el Concilio Vaticano II es traicionar a Cristo Rey? También podemos aplicarle esta otra definición de traición: el crimen de quien se pasa al enemigo. Este también es el caso. Todos lo ven. Que Dios nos libre de hacer lo mismo, nosotros que, por nuestra debilidad, podemos caer aún más bajo. Estos días, el obispo Rifan es amigo de quienes condenaron al arzobispo Lefebvre y al obispo de Castro Mayer. Habla ahora del beato Juan XXIII, del beato Juan Pablo II. En estos tiempos difíciles en que se encuentra la Tradición, que estos ejemplos nos ayuden a no cometer los mismos errores. El enemigo es astuto. Saben cómo y dónde atacar. Seamos dóciles a las advertencias de nuestros mayores. Escuchemos la voz de los grandes maestros, empezando por el arzobispo Lefebvre. No escuchemos, en cambio, a quienes pretenden llevarnos a un lugar del que luego sería difícil salir.
 
Si el padre Tomás de Aquino fue el lúcido centinela que previó antes que nadie la caída de Le Barroux y Campos, también se alzó con igual prontitud contra el acercamiento de la FSSPX a la Roma neomodernista en la década de 2000. No se hacía ilusiones sobre el pontificado del pontificado de Benedicto XVI:

“Las mismas causas producen los mismos efectos. Si Benedicto XVI beatifica a quien excomulgó al arzobispo Lefebvre y al obispo de Castro de Mayer, si celebra el 25 aniversario del encuentro de Asís, si defiende el Concilio Vaticano II (afirmando que está en consonancia con la Tradición de la Iglesia), entonces los males que hemos visto durante el pontificado de Juan Pablo II se repetirán con Benedicto XVI. Mientras la Roma liberal domine la Roma eterna, mientras la mayor catástrofe de la historia de la Iglesia desde su fundación, el Vaticano II, siga siendo la vara de medir privilegiada de los obispos, los cardenales y el Santo Padre, no habrá solución”.

*Objeción: “Pero Roma está en proceso de cambio (sus actitudes, su forma de pensar, etc.)”, dicen los defensores de los acuerdos.

– Respuesta: ¿Cómo ha cambiado Roma?

* Objeción: “Roma ha permitido la Misa de todos los tiempos y ha levantado las excomuniones”, responden los “acuerdistas”.


– Respuesta: Pero ¿de qué sirve liberar la Misa de todos los tiempos si Roma aún permite la existencia de la nueva? Leemos en el Antiguo Testamento que Abraham expulsó al esclavo Agar y a su hijo Ismael para que Isaac no permaneciera con el hijo del esclavo… La nueva Misa es Agar. No tiene derechos. Debe ser suprimida. En cuanto al levantamiento de las excomuniones, ¿de qué sirve si beatificamos a quien las impuso? Si bien hubo cierto beneficio en estos dos actos, la liberación de la Misa (que nunca fue prohibida) y el levantamiento de las excomuniones (que nunca fueron válidas), el beneficio espiritual de cada uno de ellos se vio comprometido por el contexto contradictorio en el que se produjeron. O Juan Pablo II tenía razón o la tenía el arzobispo Lefebvre. Los dos no pueden tener razón al mismo tiempo. Eso es puro modernismo. En cuanto a la Misa, es la misma; si permitimos las dos Misas, el resultado es una contradicción. Es el principio de disolución. Un principio que corrompe la fe católica.

* Objeción: “Pero”, insisten los demás, “poco a poco Benedicto XVI está defendiendo la Tradición. Nos necesita. Quiere nuestra ayuda para combatir el modernismo”.

– Respuesta: Campos también pensaba así. Pero ¿cómo podría Benedicto XVI combatir el modernismo si él mismo es modernista? Puede combatir a ciertos modernistas, pero no podrá combatir el modernismo en su conjunto hasta que deje de serlo…

* ¿ Cuál es entonces la solución?

– Respuesta: La conversión del Papa, la Curia Romana y los obispos, en una palabra, la conversión de la cabeza.


* ¿Pero cómo obtenerlo?

Respuesta: Orando y luchando. Dios no nos pide la victoria, sino la lucha. Como dijo Santa Juana de Arco: “En el nombre de Dios, luchemos con valentía y Dios nos dará la victoria”, a través del Inmaculado Corazón de María.


Cuando Benedicto XVI emitió su Motu Proprio sobre el “rito extraordinario”, el padre Thomas Aquinas se negó a cantar el Te Deum en la misa dominical, como le había pedido el obispo Fellay para saludar el documento papal.

Además, con motivo del supuesto levantamiento de las supuestas excomuniones, el padre Thomas Aquinas escribió una carta al obispo Fellay en la que anunciaba que no obedecería si se llegaba a un acuerdo con la Roma conciliar. Poco después, el obispo de Galarreta y el padre Bouchacourt (1) llegaron al monasterio para comunicarle al padre Thomas Aquinas que tenía quince días para abandonar Santa Cruz; de lo contrario, el monasterio dejaría de recibir ayuda y sacramentos de la FSSPX. Gracias a la asistencia espiritual del obispo Williamson, el padre Tomás de Aquino pudo permanecer en el monasterio. El 8 de septiembre de 2012, escribió:

“La unidad debe basarse en la verdad, es decir, en la fe católica; y las palabras y actitudes del obispo Fellay, lamentablemente, no son las de un discípulo del arzobispo Lefebvre, quien defendió la verdad sin concesiones”.

Corção (2) repetía que la falsa noción de caridad y unidad causaba estragos en la resistencia católica. Cuando la caridad se separa de la verdad, deja de ser caridad. Muchos, incluso entre sus amigos, lo acusaron de falta de caridad por sus artículos. Pero la primera caridad es decir la verdad.

Corção estaba entre los que tenían razón, como han demostrado los hechos. La misma acusación se formuló contra el arzobispo Lefebvre.

En cuanto a la unidad, Corção comentó con humor que la experiencia le había enseñado que, contrariamente al dicho popular —“la unión hace la fuerza”—, a menudo la unidad es una debilidad. ¿Por qué? Porque la unidad separada de la verdad, la unidad basada en concesiones, la unidad en detrimento de la fe, es una debilidad que “debilita a los fuertes”. ¿Acaso no fue precisamente lo que ocurrió en el Concilio Vaticano II? En aras de la unidad con Pablo VI, muchos obispos terminaron firmando documentos inaceptables. Ese tipo de unidad no nos fortalece, sino todo lo contrario.

Ahora bien, en la Tradición quieren que estemos de acuerdo a cualquier precio con quienes creen que los errores del Concilio no son tan graves, con quienes creen que el 95% del Concilio es aceptable, que la libertad religiosa de Dignitatis Humanae es muy limitada, que no deberíamos convertir los errores del Concilio en superherejías (3). Pero esto no es cierto. El Concilio fue el mayor desastre en la historia de la Iglesia desde su fundación, como dijo el arzobispo Lefebvre en su libro: “They have uncrowned him” (Lo han destronado) […]
 
Que digan lo que quieran. Hay un problema, un problema de fe, y es grave. Por nuestra parte, hemos tomado nuestra postura: apoyamos a los defensores de la fe, como lo hicieron el arzobispo Lefebvre, el obispo Antonio de Castro Mayer, san Pío X y toda la tradición de la Iglesia. Si tenemos que sufrir por ello, sufriremos, como nos advirtió nuestro Señor: “Quien quiera vivir piadosamente en Cristo Jesús será perseguido” (2 Tim 3, 12).

En cuanto a la Sociedad, la consideramos una obra providencial fundada por un obispo que alcanzó el más alto grado de heroísmo en las virtudes más difíciles, aquellas para las que Dios creó los dones de la sabiduría, el entendimiento, el consejo, la fortaleza, el conocimiento, la piedad y el temor de Dios. Consideramos al arzobispo Lefebvre como una luz que brilla en la oscuridad del mundo moderno, y la Fraternidad es su obra y su heredera, siempre que permanezca fiel a la gracia recibida. Oramos por ella y no nos oponemos a la política del obispo Fellay por un deseo hostil hacia la Sociedad, sino por amor a ella y al obispo Fellay, como amamos a la Santa Iglesia, y por amor a ella luchamos contra el liberalismo y el modernismo; sus enemigos que se han instalado en ella. Que Dios bendiga y guarde a la FSSPX, a la cual debo lo mejor de lo que he recibido, tanto en lo que respecta a la fe como al sacerdocio que recibí de manos del arzobispo Marcel Lefebvre.

El 7 de enero de 2014, el padre Thomas Aquinas firmó conjuntamente un “llamamiento a los fieles”(4), un documento escrito por cuarenta sacerdotes, miembros o ex miembros de la FSSPX, y otros sacerdotes afines. Los autores del llamamiento querían dar testimonio de su firme y sincero compromiso con los principios que guiaron al arzobispo Lefebvre en la lucha por la fe.

Luego vino la consagración del obispo Faure por el obispo Williamson el 19 de marzo de 2015. En el Boletín de la Santa Cruz de agosto de 2015, el padre Thomas Aquinas pregunta: “¿Pero por qué consagrar a un obispo en las circunstancias actuales?”. Para responder a esta pregunta, publicó en el mismo boletín un artículo para informar a los fieles:

“Pero ¿qué quiere el obispo Fellay? ¿Es justo compararlo con Dom Gerard? El obispo Fellay quiere un acercamiento gradual a Roma. A diferencia del de Dom Gerard, el avance de la Sociedad hacia Roma es mucho más lento, pero el espíritu que preside ambos movimientos es el mismo. El padre Pflüger dijo que si la situación en Roma es anormal, entonces la nuestra, la de la Tradición, también lo es: por lo tanto, es necesaria una regularización canónica. Estuvo casi completada en 2012, pero la Providencia lo impidió […] Para el obispo Fellay el camino a seguir parece claro: si Roma lo da todo y no pide nada, ¿por qué rechazar una regularización? Esto ignora las consecuencias de ponerse bajo la autoridad de los modernistas que ocupan Roma hoy. Es volver a cometer el error de Dom Gerard, de Campos y de tantos otros”.

Incluso antes de posibles acuerdos, una acción sigue a otra, mostrando realmente un cambio de dirección de la Sociedad: la expulsión del obispo Williamson [2012], retraso de la ordenación de sacerdotes y diáconos capuchinos y dominicos en Francia [junio de 2012], amenazas de posponer indefinidamente las ordenaciones de los candidatos de Bellaigue, expulsión de varios sacerdotes de la Sociedad, decisiones del Capítulo General de la Sociedad en 2012 que modifican las decisiones del capítulo de 2006, declaraciones cada vez más audaces y liberales del P. Pflüger [Primer Asistente de la FSSPX], declaración del obispo Fellay atenuando la gravedad del documento conciliar “Dignitatis Humanae”, declaración doctrinal del obispo Fellay del 15 de abril de 2012, justamente criticada por el propio director del seminario de Écône [al comienzo del Capítulo General de julio de 2012], la acción corrosiva del GREC que unió a sacerdotes de la Sociedad y sacerdotes progresistas para promover una “reconciliación necesaria” (5); el distanciamiento de comunidades religiosas amigas como la del padre Jahir Britto [Brasil], los dominicos de Avrillé [Francia], los benedictinos de Santa Cruz [Brasil], los carmelitas de Alemania, la expulsión de monjas de su comunidad religiosa, por no mencionar la crisis de conciencia de innumerables almas que sufren en silencio.

En este Boletín de la Santa Cruz de agosto de 2015, el Padre Thomas Aquinas continuó:

“Es con los obispos, e incluso con un solo obispo, que lo que queda del cristianismo puede reconstruirse o preservarse, con la esperanza de que llegue el día en que Roma vuelva a la Tradición y confirme el oficio de aquellos que, por amor a la Iglesia, aceptaron la pesada cruz de convertirse en obispos en tiempos de crisis como nunca antes se han visto en la historia”.

Tras conocer al padre Thomas Aquinas, un sacerdote nos dijo un día: “Yo lo conocía como un hombre de oración, ahora lo conozco como un hombre de lucha”.

Las páginas anteriores han mostrado, sobre todo, al guerrero, al valiente defensor de la fe, al intrépido centinela que vela día y noche para que la ciudadela no sea asediada, al digno heredero e hijo espiritual del arzobispo Lefebvre y del obispo de Castro Mayer. No hemos mencionado al fiel discípulo de San Benito, al monje contemplativo, al guía de las almas, que son el jardín secreto de Dios. Pero sin el hombre de oración, sabemos que el guerrero no puede existir.

Por amor a la Iglesia y a las almas, el Padre Thomas Aquinas aceptó recibir, el 19 de marzo de 2016, la pesada cruz del episcopado. En el Boletín de la Santa Cruz de junio de 2014 escribió:

“Partimos de nuevo a la batalla como el arzobispo Lefebvre, siempre alegres en medio de las peores dificultades. Imitemos a quienes nos precedieron y, aunque no seamos muchos, recordemos la visión que tuvo el profeta Eliseo, quien pidió al Señor que mostrara a su siervo que los que estaban con él eran más fuertes y más numerosos que los que estaban contra él:

“Entonces el Señor abrió los ojos del siervo, y vio; y he aquí que el monte estaba lleno de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo” (Reyes IV, VI, 16).

Lo mismo ocurrirá con nosotros si permanecemos fieles a las enseñanzas y directrices de aquel gracias a quien las puertas del infierno no han prevalecido.

– Un devoto

En la festividad de Santo Tomás de Aquino, 7 de marzo de 2016.

Aquí está el “Llamamiento a los fieles” firmado conjuntamente por el P. Thomas Aquinas con 40 sacerdotes y religiosos, año 2014.

LLAMAMIENTO A LOS FIELES

Fieles al legado del arzobispo Marcel Lefebvre y, en particular, a su memorable Declaración del 21 de noviembre de 1974, “nos adherimos con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, a la Roma católica, guardiana de la fe católica y de las condiciones necesarias para mantener esta fe, a la Roma eterna, señora de la sabiduría y de la verdad”.

Siguiendo el ejemplo de este gran prelado, intrépido defensor de la Iglesia y de la Sede Apostólica, “nos negamos, por el contrario, y siempre nos hemos negado, a seguir a la Roma neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y, después del concilio, en todas las reformas y orientaciones que le siguieron”.

Desde el año 2000, y en particular desde 2012, las autoridades de la Sociedad Sacerdotal de San Pío X han tomado la dirección opuesta, alineándose con la Roma modernista.

La Declaración Doctrinal del 15 de abril de 2012, seguida de la exclusión de un obispo y numerosos sacerdotes, y confirmada por la condena del libro Monseigneur Lefebvre, Our Relations with Rome” (Monseñor Lefebvre, Nuestras relaciones con Roma), todo lo cual demuestra la pertinacia en esta dirección que conduce a la muerte.

“Ninguna autoridad, ni siquiera la más alta de la jerarquía, puede hacernos abandonar o menoscabar nuestra fe católica, claramente expresada por el Magisterio de la Iglesia durante veinte siglos”.

Bajo la protección de Nuestra Señora Guardiana de la Fe, tenemos la intención de continuar la operación de supervivencia iniciada por el arzobispo Lefebvre.

En consecuencia, en estas trágicas circunstancias en las que nos encontramos, ponemos nuestro sacerdocio a disposición de todos aquellos que quieran permanecer fieles en la lucha por la Fe.

Por ello, a partir de ahora, nos comprometemos a responder a las demandas que se nos planteen, a apoyar a sus familias en sus deberes educativos, a ofrecer la formación sacerdotal a los jóvenes que la deseen, a salvaguardar la Misa, los sacramentos y la formación doctrinal, dondequiera que se nos exija hacerlo.

En cuanto a vosotros, os exhortamos a ser apóstoles celosos del reinado de Cristo Rey y de María Reina nuestra.

¡Viva Cristo nuestro Rey!

Nuestra Señora Guardiana de la Fe, ¡protégenos!

¡San Pío X, ruega por nosotros!

7 de enero de 2014


Notas:

1) En ese momento, el P. Bouchacourt (FSSPX) era Superior del Distrito de Sudamérica. Actualmente es Superior del Distrito de Francia.

2) Gustav Corção, filósofo tradicional brasileño, falleció en 1978.

3) Todas estas afirmaciones provienen del obispo Fellay.

4) El texto se encuentra en inglés aquí.

5) Consulte el artículo sobre el GREC (Grupo de Reflexión Entre Católicos) en inglés aquí.