viernes, 20 de marzo de 2026

LAS ETAPAS QUE PREPARAN LA ACCIÓN HUMANA

El profesor Plinio impartió esta serie de clases en 1957; hoy, en 2026, vemos cómo el igualitarismo ha aumentado y ha llegado a dominar casi por completo.

Por el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira


Comencemos nuestra exposición sobre los ángeles mostrando su relación con las siete etapas de la acción humana. Santo Tomás de Aquino afirma que la acción supone en el hombre, o pone en marcha en él, siete facultades, o una acción que consta de siete etapas.

Pensé que sería útil ilustrar esta exposición de las siete etapas de la acción con un ejemplo. San Ignacio de Loyola fue un fundador destacado de una Orden Religiosa, la Compañía de Jesús. Analizaremos la “fundación” y la “dirección” que realizó San Ignacio en cada una de las partes de esta acción. Luego podremos aplicar estas siete etapas de la acción más fácilmente a los ángeles.

Tres etapas del pensamiento

Consideraremos primero las facultades cognitivas, y solo después las facultades operativas del hombre mediante las cuales actúa. En esta clasificación de las facultades cognitivas y operativas, podemos ver claramente la negación de lo que podríamos llamar “americanismo”, o también hoy en día “brasilismo”. Es muy común en este temperamento lanzarse frenéticamente a la acción sin pensar de antemano, sin considerar qué se va a hacer ni por qué se va a hacer.

El primer paso de la acción, sin embargo, no es actuar, sino pensar. Uno comienza una acción pensando y no actuando. El proceso de pensamiento que prepara una acción es el elemento predominante en la acción. Este proceso de pensamiento se compone de estas tres etapas:

Conocer el fin.

La primera facultad cognitiva es aquella mediante la cual una persona busca y comprende el fin que tiene en mente cuando actúa. Conoce el fin final y los fines intermedios que lo conducirán.

Esto es muy sensato. No hay nada más insensato que alguien que actúa sin saber el fin que quiere alcanzar. Y, cuanto más clara sea su comprensión del fin y más completamente absorto esté en él, mejor realizará una acción.

Este conocimiento del fin que se ha de alcanzar y que preside sobre todo es el elemento dominante de la verdadera teoría de la acción de Santo Tomás y de la organización del Cielo.

Aplicación a San Ignacio:

San Ignacio comprendió muy bien el fin que tenía en mente:

En primer lugar, está el fin en sí mismo, que es la mayor gloria de Dios. Los hombres deben anhelar la mayor gloria de Dios, y este fue el primer fin de San Ignacio, quien eligió el lema para la Compañía de Jesús: Ad maiorem Dei gloriam (ADMG).

En segundo lugar, está el fin tal como debe ser comprendido y buscado en el momento particular de cada uno.

En tercer lugar, está lo que uno debe hacer personalmente en este trabajo para la mayor gloria de Dios.

Ahora, veamos el conocimiento teórico de la gloria de Dios en San Ignacio.

San Ignacio tenía un conocimiento magnífico de la gloria de Dios porque la conocía de diversas maneras:

A. La gloria de Dios en sí misma.

Primero, considerada en Dios; qué es la gloria de Dios y cuánto vale Su gloria. Y así como conocía qué es la gloria de Dios, también conocía qué es lo opuesto a la gloria de Dios, es decir, el insulto a Dios. Sabía que la gloria de Dios tiene grados, al igual que el insulto a Dios. Conocía el valor de la gloria de Dios, que es el fin último de todas las cosas, y la grave ofensa que existe en una persona que niega la gloria de Dios.

Segundo, San Ignacio conocía el fin de la sociedad. Aquí contempló el fin en los seres considerados en sí mismos. Es decir, contempló cómo se realiza esta gloria en el Cielo, cómo se realiza en el Purgatorio e incluso cómo se realiza en el Infierno (pues en el Infierno la gloria es entregada involuntariamente a Dios por los demonios; sus rugidos, gemidos e imprecaciones dan gloria a Dios). Luego consideró cómo se realiza la gloria de Dios en la tierra y cómo el pecado roba la gloria de Dios; cómo se realiza en la Santa Iglesia: en cada Diócesis, cada Orden Religiosa y cada alma. San Ignacio tenía esta noción eminentemente.

Tercero, la contemplación de la gloria de Dios en la esfera temporal: cómo se realiza la gloria de Dios en la cristiandad: en los Estados cristianos, en los grupos intermedios como corporaciones, feudos, etc., en las familias y, finalmente, en los individuos. Cómo se realiza en las diversas manifestaciones de la vida cultural y social en todos los pueblos. Cómo cada cosa en cada rincón de la tierra debe dar gloria a Dios.

Cuarto, finalmente conoció la gloria de Dios no solo en cada ser considerado individualmente, sino en las relaciones de estos seres entre sí. La armonía de estas relaciones da gloria a Dios. Así, también deben considerarse los movimientos de los seres: los seres se mueven para lograr, y a través de este movimiento dan gloria a Dios.

Vemos, por lo tanto, en estos cuatro puntos, cómo San Ignacio tenía una noción doctrinal teórica perfecta del fin que tenía en mente.

B. Estado de la gloria de Dios en la época de San Ignacio

Descendiendo en la escala, es evidente que San Ignacio comprendió cómo debía realizarse la gloria de Dios en su tiempo, así como cómo Dios estaba siendo insultado en su tiempo. Es decir, comprendió cómo el protestantismo y el humanismo estaban robando almas de Dios, y cómo era necesario luchar para traer las almas de vuelta a Dios.

C. La gloria de Dios en San Ignacio

Finalmente, un último punto, que es considerar la gloria de Dios tal como se presentó no solo en su tiempo, sino en su propio caso personal. Es decir, lo que debe hacer para dar la gloria a Dios como debe y así alcanzar la gloria de Dios en su persona. Es claro que un hombre con una comprensión muy elevada, profunda, ortodoxa y santa de todas estas cosas podría ser verdaderamente el fundador de la Compañía de Jesús orientada a la gloria de Dios.

Elegir los medios apropiados para alcanzar el fin.

A partir de este alto conocimiento de los fines en el orden de la acción y la preparación para la acción, pasamos a otra facultad cognitiva, que es conocer los medios apropiados para alcanzar ese fin. Esto ya es algo significativamente diferente. Aquí, uno se pregunta qué puede hacer para promover la gloria de Dios. ¿Qué medios se deben usar para promover la gloria de Dios? Con esto pasamos al conocimiento de la elección de los medios que conducen a este fin.

En esta segunda operación, San Ignacio se estudió a sí mismo y vio hasta qué punto él, como persona, podía alcanzar este objetivo. Al mismo tiempo, observó los medios por los cuales podía prepararse para lograrlo. Es decir, se estudió a sí mismo: “Soy noble, soy soldado, tengo estas aptitudes de las cuales debo aprovechar para hacer todo lo que debo hacer para la gloria de Dios”.

Ignacio se estudió a sí mismo para comprender
sus atributos y capacidades.

Pero, incluso mientras hacía esto, se dio cuenta de que él solo era insuficiente para lograr este fin en la medida que quería, y que necesitaba un instrumento para lograr sus fines: este instrumento fue la Compañía de Jesús. La solución fue una Orden Religiosa con una organización particular, currículo, obras, etc. Es el medio que imaginó.

Pero observe que hasta este punto no estaba actuando, sino pensando. ¿Por qué logró este objetivo tan bien? Toda la perfección en su obra existía porque conocía bien el fin. Quien conoce bien el fin también conocerá los medios para lograrlo.

Saber cómo procederá la acción

Pasamos a la tercera facultad cognitiva. Tras concebir una Orden Religiosa, aún no había elaborado ningún plan. Necesitaba saber cómo impulsarla para lograr su propósito.

No bastaba con haber imaginado la obra; era necesario construir una teoría sobre cómo se gobernaría y se desarrollaría para alcanzar sus fines. Porque no podía permanecer estática, necesitaba moverse. Y este movimiento, a su vez, debía ser estudiado.

Cuando un hombre ha estudiado estos tres aspectos —el fin, el instrumento o medio, y la manera de mover el instrumento para alcanzar el fin—, entonces está debidamente preparado, en el orden de la inteligencia, para lograr lo que desea. En este punto, pasa a las facultades de naturaleza operativa.

Estas tres etapas pueden resumirse en tres estados mentales: profundo, fértil y práctico. El espíritu con el que una persona conoce el fin, podríamos decir, es el espíritu profundo. El espíritu con el que una persona produce los medios, podríamos decir, es el espíritu fértil. El espíritu con el que una persona mueve los medios para alcanzar el fin es el espíritu práctico. Se puede decir entonces que, con el espíritu profundo, fértil y práctico, una persona está verdaderamente preparada para la acción.

En el próximo artículo analizaremos las cuatro etapas operativas necesarias para la realización efectiva del plan.
 

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (94)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


94. Curación de la Beldad de Corozaín. Jesús habla en la sinagoga de Cafarnaúm.
1 de febrero de 1945.

1 Jesús sale de la casa de la suegra de Pedro junto con sus discípulos, a excepción de Judas Tadeo. El primero que le ve es un muchacho, el cual lo dice incluso a quien no desea saberlo.
Jesús va a la orilla del lago y se sienta en el borde de la barca de Pedro. Se ve inmediatamente rodeado de gente de la ciudad que le acoge en modo festivo, por haber vuelto, y le hace mil preguntas, a las que Jesús responde con su insuperable paciencia, sonriente y calmo, como si todo ese vocerío fuera una armonía celeste.
Viene también el arquisinagogo. Jesús se levanta para saludarle. Es un recíproco saludo lleno de respeto oriental.
“Maestro, ¿puedo esperar que vengas para la instrucción al pueblo?”.
“Sin duda, si tú y el pueblo lo deseáis”.
“Lo hemos deseado durante todo este tiempo. Ellos te lo pueden decir”. El pueblo, efectivamente, asiente con nuevos gritos.
“Si es así, iré durante el crepúsculo. Ahora marchaos todos. Tengo que ir a ver a una persona que está deseosa de mí”.
La gente se aleja a regañadientes, mientras Jesús, Pedro y Andrés emprenden la travesía por el lago. Los otros discípulos se quedan en la orilla.

2 La barca navega a vela por un breve espacio. Luego los dos pescadores la dirigen hacia una pequeña ensenada, entre dos bajas colinas que originalmente parecen haber sido una sola. La ensenada está hundida en el centro por erosión de aguas o por movimiento telúrico, y forma un minúsculo fiordo que –no es noruego– no tiene abetos, sino sólo despeinados olivos, nacidos quién sabe cómo en esas paredes escarpadas, entre peñas desmoronadas y cortantes rocas salientes, olivos que entrelazan sus frondas, retorcidas por los vientos del lago –que aquí deben actuar no poco–, hasta formar como un techo bajo el cual espumea un pequeño torrente caprichoso, todo rumor porque es todo cascadas, todo espuma porque cae de metro en metro; pero en realidad es un verdadero enanito comparado con otros cursos de agua.
Andrés salta al agua para arrastrar la barca lo más posible contra la orilla y atarla a un tronco, mientras Pedro ata la vela y asegura una tabla como puente para Jesús. “No obstante -dice- te aconsejo descalzarte, quitarte la túnica y hacer como nosotros. Ese loco (y señala al riachuelo) agita enormemente el agua del lago y con ese balanceo el puente no está seguro”.
Jesús obedece sin discutir. En tierra calzan de nuevo las sandalias. Jesús se pone también la túnica. Los otros dos permanecen con las prendas cortas de debajo, que son oscuras.

3 “¿Dónde está?” pregunta Jesús.
“Se habrá adentrado en la espesura al oír voces. Ya sabes... con lo que tiene encima y con su pasado...”.
“Llámala”
Pedro grita fuerte: «Soy el discípulo del Rabí de Cafarnaúm. Está aquí el Rabí. Ven fuera”.
Nadie da señales de vida.
“No se fía” explica Andrés. “Un día hubo quien la llamó diciendo: "Ven, que hay comida", y luego le tiró piedras. Nosotros la vimos entonces por primera vez, porque, yo al menos, no me la recordaba cuando era la Beldad de Corozaín».
“¿Y qué hicisteis entonces?”.
“Le arrojamos un pan y algo de pescado y un trapo (un pedazo de vela rota que teníamos para secarnos), porque estaba desnuda. Luego huimos para no contaminarnos”.
“¿Cómo es que volvisteis entonces?”.
“Maestro... Tú estabas fuera y nosotros pensábamos qué podíamos hacer para darte a conocer cada vez más. Pensamos en todos los enfermos, en todos los ciegos, lisiados, mudos... y también en ella. Dijimos: "Probemos". Ya sabes... muchos... por culpa nuestra claro, nos han considerado locos y no nos han querido escuchar. Otros, por el contrario, nos han creído. A ella le he hablado yo en persona. He venido solo con la barca durante varias noches de luna. La llamaba, le decía: "Encima de la piedra, al pie del olivo, hay pan y pescado. Ven sin miedo", y me marchaba. Ella yo creo que debía esperar a verme desaparecer para venir, porque nunca la veía. La sexta vez la vi en pie sobre la orilla, exactamente ahí donde estás Tú. Me estaba esperando... ¡Qué horror! No me eché a correr porque pensé en ti... Me dijo: "¿Quién eres? ¿Por qué esta piedad?". Dije: "Porque soy discípulo de la Piedad". "¿Quién es?". "Es Jesús de Galilea". "¿Y os enseña a tener piedad de nosotros?". "De todos". "¿Sabes quién soy?". "Eres la Beldad de Corozaín; ahora, la leprosa". "¿Y para mí también hay piedad?". "El dice que su piedad llega a todos, y nosotros, para ser como El, la debemos tener con todos". Al llegar a este punto, Maestro, la leprosa blasfemó sin querer. Dijo: "Entonces también El debe haber sido un gran pecador". Le dije: "No. Es el Mesías, el Santo de Dios". Habría querido decirle: "Maldita seas por tu lengua", pero no dije sino eso porque me hice este razonamiento: "Destruida como está, no puede pensar en la misericordia divina". Entonces se echó a llorar y dijo: "Si es el Santo, no puede, no puede tener piedad de la Beldad. De la leprosa podría... pero de la Beldad no. Y yo que esperaba…". Le pregunté: "¿Qué esperabas, mujer?". "La curación…
volver al mundo... entre los hombres... morir como una mendiga, pero entre los hombres... no como un animal salvaje en una guarida de fieras a las que incluso causo horror"
. Le dije: "¿Me juras que, si vuelves al mundo, serás honesta?". Y ella: "Sí. Dios me ha herido justamente, por haber pecado. Estoy arrepentida. Mi alma lleva consigo su expiación, pero
aborrece el pecado para siempre"
. Me pareció entonces que podía prometerle salvación en tu nombre. Me dijo: "Vuelve, vuelve... Háblame de El. Que mi alma le conozca antes que
mi ojo…"
. Y venía a hablarle de ti... como sé hacerlo”.
“Y Yo vengo a dar la salvación a la primera convertida de mi Andrés” (porque es Andrés quien ha estado hablando, mientras Pedro ha remontado el torrente, saltando de piedra en piedra y llamando a la leprosa).

4 Al fin ella muestra su hórrido rostro entre las ramas de un olivo Ve. Se le escapa un grito.
“¡Venga, baja!” exclama Pedro. “¡No quiero lapidarte! Allí está el Rabí Jesús. ¿Le ves?”.
La mujer se deja caer rodando por la pendiente –digo esto por lo deprisa que baja– y llega a los pies de Jesús antes de que Pedro vuelva junto al Maestro. “¡Piedad, Señor!”. 
“¿Puedes creer que Yo te la puedo dar?”
“Sí, porque eres santo y yo estoy arrepentida. Yo soy el Pecado, pero Tú eres la Misericordia. Tu discípulo ha sido el primero que ha tenido misericordia de mí y ha venido a darme pan y fe. Límpiame, Señor; antes el alma que la carne. Porque soy tres veces impura, y, si me concedieras una limpieza, una sola, te pido la de mi alma pecadora. Antes de oír tus palabras repetidas por él, yo decía: "Curarme para volver entre los hombres". Ahora que sé, digo: "Ser perdonada para tener vida eterna"”.
“Te concedo perdón. Pero nada más aparte de esto...”.
“¡Bendito seas! Viviré en la paz de Dios en mi escondrijo... libre... libre de remordimientos y de temores. ¡No más temor a la muerte, ahora que he sido perdonada; no más miedo a Dios, ahora que Tú me has absuelto!”.

5 “Ve al lago y lávate. Estáte dentro hasta que te llame”.
Ella, misérrimo espectro de mujer esquelética, corroída, de cabellera despeinada, dura, canosa, se levanta del suelo y baja y se mete en el agua del lago, con su pingajo de vestido que bien poco cubre.
“¿Por qué le has dicho que se lave? Es cierto que su hedor apesta, pero... no comprendo” dice Pedro.
“Mujer, sal y ven aquí. Coge ese pedazo de tela que está en esa rama” (es el trozo de tela usado por Jesús para secarse después del breve paso de la barca a tierra).
La mujer obedece y emerge, completamente desnuda –habiendo quedado despojada de su andrajo dentro del agua–, para coger el pedazo de tela seco.
Pedro, que la estaba mirando, es el primero que grita; Andrés, más huidizo, le había dado la espalda, pero ante el grito de su hermano se vuelve y grita a su vez. La mujer, que tenía los ojos tan fijos en Jesús, que no se ocupaba de nada más, ante esos gritos, ante esas manos que la señalan, se mira... y ve que con su vestido hecho jirones se ha quedado en el lago también su lepra. No se echa a correr, como parecería lógico; se agacha, acurrucándose en la orilla, llena de vergüenza por su desnudez, emocionada hasta tal punto, que sólo se siente capaz de llorar con un lamento largo y extenuado, que es más desgarrador que cualquier grito.
Jesús se dirige hacia ella... llega... le echa por encima el pedazo de tela, le acaricia ligeramente la cabeza, le dice: “Adiós. Sé buena. Has merecido la gracia por la sinceridad de tu arrepentimiento. Crece en la fe del Cristo, y obedece a la ley de la purificación”.
La mujer sigue llorando, llorando, llorando... Sólo al oír el roce que hace la tabla al meterla Pedro de nuevo en la barca, levanta la cabeza, tiende los brazos y grita: “Gracias, Señor. Gracias, bendito. ¡Oh, bendito, bendito!...”.
Jesús le hace un gesto de adiós antes de que la barca vuelva el espolón del pequeño fiordo y desaparezca...

6 … Jesús, ahora con todos los discípulos, entra en la sinagoga de Cafárnaum después de recorrer la plaza y la calle que a ella conducen. La noticia del nuevo milagro debe haber corrido ya porque se oye mucho murmullo y muchos comentarios.
Justo en el umbral de la puerta de la sinagoga veo al futuro apóstol Mateo. Está ahí, quieto, medio dentro y medio fuera, no sé si avergonzado o disgustado por todas las miradas que le lanzan, o incluso por algún epíteto poco agradable que le dirigen. Dos fariseos togados recogen premeditadamente sus amplios mantos, como si temieran pescarse la peste con sólo rozarlos con el vestido de Mateo.
Jesús, al entrar, le mira fijamente durante un instante, y durante un instante se detiene. Mateo se limita a bajar la cabeza.
Pedro, apenas traspasada la puerta, le dice en voz baja a Jesús: “¿Sabes quién es ese hombre más enrizado y perfumado que una mujer? Es Mateo, nuestro tasador... ¿A qué viene aquí? Es la primera vez. Quizás no ha encontrado a los compañeros, y sobre todo a las compañeras, con los que pasa el sábado, gastándose en orgías lo que nos chupa en tasas duplicadas y triplicadas... para el fisco y para el vicio”.
Jesús le mira a Pedro tan severamente, que Pedro se pone más colorado que una amapola y baja la cabeza, deteniéndose, de modo que, de primero, pasa a ser último en el grupo apostólico.

7 Jesús está ya en su puesto. Después de los cantos y las oraciones con el pueblo, se vuelve para hablar. El arquisinagogo le pregunta si quiere algún rollo, pero Jesús responde: “No hace falta. Ya tengo el tema”. Y comienza: “El gran rey de Israel, David de Belén, después de haber pecado lloró (36), contrito su corazón, gritando a Dios su arrepentimiento y solicitando de Dios perdón. David había tenido el espíritu oscurecido por la niebla del sentido, y esto le había impedido continuar viendo el rostro de Dios y comprender su palabra.
"El rostro" he dicho. En el corazón del hombre hay un punto que se acuerda del rostro de Dios, es el punto más preciado, nuestro Sancta Sanctorum, aquel del cual vienen las santas inspiraciones y las santas decisiones, el que perfuma como un altar, resplandece como una hoguera, canta como sede de serafines. Pero, cuando el pecado produce humo en nosotros, entonces ese punto se entenebrece tanto, que cesa la luz, el perfume, el canto, quedando sólo un mal olor de denso humo y un sabor de ceniza. Mas cuando vuelve la luz –porque un siervo de Dios la lleva consigo a quien ha quedado en la oscuridad– he aquí que entonces éste ve su fealdad, su condición inferior, y, horrorizado de sí, exclama como el rey David: "Ten piedad de mí, Señor, según tu gran misericordia; por tu infinita bondad, lávame de mi pecado" (37), y no dice: "No puedo ser perdonado; por lo tanto, insisto en pecar", sino que dice (38): "Me siento humillado, contrito, sí, pero –te lo suplico– Tú que sabes cómo he nacido en la culpa, aspérjame y límpiame, para que vuelva a ser como nieve de las cimas". Y dice (39): "Mi holocausto no consistirá en carneros y bueyes, sino en la verdadera contrición del corazón, porque sé que es esto lo que quieres de nosotros y no lo desprecias".
Esto decía David después del pecado, y después de que el siervo del Señor, Natán, le hubiera movido a arrepentirse. Con mayor razón los pecadores deben decir esto ahora que el Señor no les manda un siervo suyo, sino al Redentor mismo, su Verbo, el cual, justo y dominador no sólo de los hombres sino también del Cielo y del Abismo, ha surgido en medio de su pueblo como la luz de la aurora que brilla sin nubes cuando el Sol sale por la mañana.

8 Ya habéis leído cómo el hombre, en manos de Satanás, es más débil que un tísico moribundo, aunque primero fuera el "fuerte". Sabéis cómo Sansón quedó reducido a nada tras haber cedido al sentido. Quiero que conozcáis la lección de Sansón, hijo de Manué, destinado a vencer a los filisteos, opresores de Israel (40). Condición primera para ser tal era que desde su concepción fuera mantenido virgen de lo que estimula el sentido bajo y une en connubio las entrañas del hombre con carnes impuras, o sea, vino y sidra y carnes grasas, que encienden en los costados un fuego impuro. Condición segunda: que para ser el libertador fuera consagrado al Señor desde su infancia, y permaneciese tal con continuo nazireato. Consagrado es aquel que no sólo externamente sino también internamente se conserva santo. Entonces Dios está con él.
Pero la carne es carne y Satanás es Tentación. Y la Tentación toma como instrumento, para combatir a Dios en un corazón y en sus santos decretos, la carne que excita al hombre: la mujer. He aquí que entonces tiembla la fuerza del "fuerte" y viene a ser un ser débil que despilfarra el don que Dios le ha dado. Escuchad: Sansón fue atado con siete cuerdas de nervios frescos, con siete cuerdas nuevas, fue fijado al suelo con siete trenzas de sus cabellos. Y él siempre había vencido. Pero no se tienta en vano al Señor, ni siquiera en su bondad. No es lícito. El perdona una y otra vez, pero, para continuar perdonando exige la voluntad de abandonar el pecado. Necio quien dice: "¡Señor, perdón!" y luego no evita lo que le induce a un continuo pecado.
Sansón, tres veces victorioso, no evita a Dalila, el sentido, el pecado, y, completamente harto –dice el Libro– y habiendo decaído de ánimo –dice el Libro– develó el secreto: "Mi fuerza está en mis siete trenzas".
¿No hay ninguno entre vosotros que, cansado, con el gran cansancio del pecado, sienta que pierde el ánimo –porque nada abate como la mala conciencia– y esté para entregarse vencido al Enemigo? No, quienquiera que seas, no, no lo hagas. Sansón dio a la Tentación el secreto de someter sus siete virtudes: las siete simbólicas trenzas, sus virtudes, o sea, su fidelidad de nazareo; se durmió, cansado, sobre el seno de la mujer, y fue vencido: ciego, esclavo, incapaz, por haber negado la fidelidad a su voto. Y no volvió a ser el "fuerte", el "libertador", sino cuando en el dolor de un arrepentimiento verdadero encontró de nuevo su fuerza...
Arrepentimiento, paciencia, constancia, heroísmo... y Yo os prometo, ¡Oh pecadores!, que seréis los libertadores de vosotros mismos. En verdad os digo que ningún bautismo vale, ni ningún rito sirve, si no hay arrepentimiento y voluntad de renunciar al pecado. En verdad os digo que no hay pecador, tan pecador, que no pueda hacer renacer con su llanto las virtudes que el pecado le ha arrancado de su corazón.

9 Hoy una mujer, una culpable de Israel, castigada por Dios por su pecado, ha obtenido misericordia por su arrepentimiento. He dicho "misericordia". Menos misericordia obtendrán aquellos que hacia ella no la tuvieron, y se ensañaron sin piedad con esta mujer que ya había sido castigada. ¿Estos no tenían lepra de culpa en sí mismos? Que cada cual se examine... y tenga piedad para obtener piedad. Yo os tiendo la mano por esta arrepentida que vuelve con los vivos después de una segregación de muerte. Simón de Jonás, no Yo, retirará el óbolo por la arrepentida que, en el umbral de la muerte, vuelve a la Vida verdadera. Y no murmuréis, vosotros, los grandes. No murmuréis. Yo no estaba cuando ella era "la Beldad", pero vosotros sí estabais. Y no quiero decir más”.
“¿Nos acusas de haber sido sus amantes?” pregunta resentido uno de los dos viejos.
“Que cada cual se ponga frente a su corazón y a sus acciones; Yo no acuso, hablo en nombre de la Justicia. Vamos”. Jesús sale con los suyos.
Pero a Judas le paran los dos que parecen conocerle bastante, oigo que dicen: “¿Tú también estás con El? ¿Es santo realmente?”.
Judas Iscariote salta con una de esas reacciones suyas que desorientan: “Os deseo que lleguéis al menos a entender su santidad”.
“Sí, pero ha curado en sábado”.
“No. Ha perdonado en sábado. Y ¿qué día más apto para el perdón que el sábado? ¿No me dais nada para la redimida?”.
“No damos nuestro dinero a las meretrices, es dinero ofrecido al Templo santo”. 
Judas se ríe irreverentemente y los deja plantados. Llega hasta donde el Maestro cuando está entrando de nuevo en la casa de Pedro, el cual le está diciendo: 
“Mira: el pequeño Santiago, nada más salir de la sinagoga, me ha dado hoy dos bolsas en vez de una; como siempre por encargo de ese desconocido. ¿Quién es, Maestro? Tú lo sabes... Dímelo”.
Jesús sonríe: “Te lo diré cuando hayas aprendido a no murmurar de nadie”.
Y todo termina.

Continúa...

Notas:

36) Cfr. 2 Re. 11 y 12.

37) Cfr. Sal. 50, 3.

38) Cfr. Sal. 50, 7 y 9.

39) Cfr. Sal. 50, 19.

40) Cfr. Jue. 13–16.

 
 

LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD (27)

Continuamos con la publicación del Capítulo 27 del libro “La Reina del Cielo”, escrito por la Sierva de Dios Luisa Piccarreta, Hija Pequeña de La Divina Voluntad.


Esta obra de Luisa-Piccarreta que fue publicada por primera vez el año 1930, consta de treinta y un Meditaciones que serán publicadas -Dios mediante- cada cinco días.



VIGESIMA SEPTIMA MEDITACION – La Reina de los dolores en el Reino de la Divina Voluntad. 

Llega la hora del dolor. La Pasión. Llanto de toda la naturaleza. 

EL ALMA A SU MAMA DOLIENTE: 

Querida Mamá dolorosa, tus sublimes lecciones me hacen sentir la extrema necesidad de estar junto a Ti; hoy no me iré de tu lado para ser espectadora de tus acerbos dolores.

Te pido la gracia de que pongas en mí tus dolores y los de tu Hijo Jesús y también su misma muerte. Deseo que mi voluntad muera continuamente y que en ella surja la Vida de la Divina Voluntad.

LECCION DE LA REINA DEL CIELO: 

Querida hija, no me niegues tu compañía en mi amargura tan grande. La Divinidad ha ya decretado el último día de vida de mi Hijo Jesús. Ya un apóstol lo traiciona entregándolo en manos de los judíos para hacerlo morir, y mientras, El, en un exceso de amor, se oculta en el Sacramento de la Eucaristía para no dejar huérfanos a los hijos que con tanta ansia vino a buscar a la tierra.

He aquí que Jesús está por morir y por tomar el vuelo hacia su Patria Celestial. ¡Oh, hija querida, el FIAT Divino me lo dio, en el FIAT Divino Yo lo recibí, y ahora al mismo FIAT lo entrego! ¡El Corazón se me desgarra, mares inmensos de dolor me inundan y siento que mi vida se acaba por los más atroces espasmos de dolor!

Nada, nada habría podido negar al FIAT Divino y... si hubiera sido necesario, Yo no habría dudado en sacrificar a mi Hijo con mis mismas manos. El Divino Querer es omnipotente y Yo sentía en Mí misma, tal fortaleza, que prefería la muerte antes que negarle algo. Hija mía, mi Corazón Materno quedaba sofocado por penas inauditas al sólo pensar que mi Jesús, mi Dios, mi Vida, debía morir...!

Este pensamiento era para tu Mamá el más cruel de todos los martirios. Qué heridas tan profundas de dolor se abrían en mi Corazón y como espadas cortantes lo traspasaban de lado a lado.

Sin embargo, querida hija, me duele decirlo, en estos terribles dolores y en las angustias de mi Hijo amado estaba tu alma y tu voluntad humana. Nosotros la cubríamos con nuestros mismísimos dolores, la embalsamábamos, la fortificábamos a fin de que se dispusiera a recibir la Vida de la Divina Voluntad.

¡Oh, si el FIAT Divino no me hubiera sostenido con su Potencia, Yo habría muerto tantas veces por cuantas fueron las penas que sufrió mi querido Jesús! ¡Cómo me sentí despedazar el Corazón cuando Lo vi por última vez, antes de la Pasión, pálido, con una tristeza de muerte en su Rostro! Con Voz temblorosa, como si quisiera sollozar me dijo: “Mamá, adiós, bendice a tu Hijo y dame la obediencia de morir; el tuyo y mío FIAT Divino me hizo concebirme en Ti; el mío y tuyo FIAT Divino me debe ahora hacer morir; pronto, Mamá querida, pronuncia tu FIAT y dime: te bendigo y te doy la obediencia de morir crucificado, así quiere el Eterno y así quiero también Yo”.

Hija mía, qué dolor vivísimo sufrí en aquel instante y, sin embargo, pronuncié sin titubear mi FIAT, porque en Mí no existían penas forzadas, sino que todas eran voluntarias.

Recíprocamente nos dimos la bendición, nos dirigimos una última mirada y luego... mi querido Hijo, mi dulce Vida partió, y Yo, tu doliente Mamá, quedé sola con mis penas.

Pero si me quedé con mi dolor, con los ojos del alma no lo perdí nunca de vista; lo seguí al Huerto de los Olivos en su tremenda agonía y... ¡oh, cómo me sangró el Corazón al verlo abandonado por todos, aun por los más fieles y queridos Apóstoles!

Hija mía, el abandono por parte de las personas amadas es uno de los mayores tormentos que el corazón humano puede sufrir en las horas tempestuosas de la vida. Pero mucho más íntimo fue aquel que sufrió mi Unigénito que tanto había amado y cubierto de beneficios a sus Apóstoles, y por los cuales estaba ahora a punto de dar su propia vida!

Al verlo sudar sangre me sentía agonizar con El y lo sostenía entre mis brazos maternos. Siendo Yo inseparable de El, sus amarguras se reflejaban en mi Corazón despedazado por el dolor y por el amor con mayor intensidad que si hubieran sido propios. Y así lo seguí toda la noche: no hubo pena ni ofensa que le hicieran que no resonara en mi Corazón. Y al alba, no pudiendo resistir más, acompañada por Juan, por Magdalena y por otras piadosas mujeres, lo quise seguir paso a paso, de un tribunal a otro, aun corporalmente.

Querida hija, Yo sentía los golpes de los flagelos que llovían sobre el Cuerpo desnudo de mi Hijo, sentía las burlas, escuchaba las risas satánicas de los verdugos, sentía las heridas que le hacían en la cabeza cuando lo coronaron de espinas; lo vi cuando Pilatos lo mostró al pueblo con el Rostro desfigurado e irreconocible y me sentí aturdir por el grito de la plebe: “¡Crucifícale, crucifícale...!” Lo vi echarse la Cruz en sus espaldas, extenuado...

No pudiendo soportar más apuré el paso para darle el último abrazo y limpiarle el rostro, todo bañado de sangre. Pero... para Nosotros no había piedad; los crueles soldados me lo alejaron, lo golpearon con las sogas y lo hicieron caer por tierra. Habiéndolo seguido hasta el Calvario asistí a los dolores inauditos y a las contorsiones horribles que El sufrió mientras lo crucificaban y lo levantaban en la cruz.

Querida hija, ¡oh, con qué dolor inhumano y desgarrador sentí lacerar mi Corazón por no poder socorrer en tantas penas a mi Divino Hijo! Cada uno de sus espasmos repercutía en Mí y abría nuevos mares de dolor en mi sangrante Corazón. Solamente hasta que Jesús fue levantado me fue concedido estar a sus pies y en aquel instante supremo Yo recibí de sus labios en agonía el sagrado don de todos mi hijos, el sello de mi Maternidad y el soberano derecho sobre todas las criaturas.

Poco después, entre tormentos inauditos, expiró... 

Toda la naturaleza se vistió de luto y lloró la muerte de su Creador: lloró el sol oscureciéndose y retirando horrorizado su luz de la faz de la tierra; lloró la tierra con un fuerte terremoto, abriéndose en diferentes partes para anunciar la muerte de Aquél que la había sacado de la nada; las tumbas se abrieron, los muertos resucitaron y el velo del Templo se rasgó. Ante tal espectáculo todos fueron invadidos por el pánico y el terror, mientras que Yo, única entre todos, quedaba como petrificada, esperando a que depositaran entre mis brazos a mi Hijo muerto, antes de llevarlo a sepultar.

Ahora escúchame, en mi intenso dolor quise hablarte de las penas que Jesús soportó, para mostrarte los graves males provocados por tu voluntad humana. Míralo en mi regazo...¡cómo está desfigurado! El es el verdadero retrato de los males que el humano querer causa en las pobres criaturas. Mi Dulce Hijo quiso sufrir tantos dolores para levantar a todas las voluntades humanas del abismo de todas las miserias en las cuales yacían; en cada una de sus penas y en cada uno de mis dolores. Nosotros incitábamos a los hombres a resurgir en la Divina Voluntad. Nuestro amor fue tan grande que para poner a salvo la voluntad humana la colmamos con nuestros sufrimientos y la encerramos en los mares inmensos de nuestros dolores. Este día de mística muerte para tu Mamá dolorosa es todo para Ti, tú depón a cambio en mis manos tu voluntad, a fin de que Yo la encierre en la llaga sangrante del costado de Jesús como la más bella victoria obtenida por su Pasión y Muerte y como el triunfo de mis acerbísimos dolores.

EL ALMA: 

Mamá Dolorosa, tus palabras me hieren el corazón, porque me hacen ver que fue mi voluntad rebelde la primera causa de tantos padecimientos tuyos y de tu querido Hijo. Te pido que la encierres en las llagas de Jesús y la nutras con sus penas y con tus amargos dolores! 

PRACTICA: 

Para honrarme besarás las llagas de Jesús haciendo cinco actos de amor y me pedirás que mis dolores sellen tu voluntad en la herida de su Sagrado Costado. 

JACULATORIA: 

Las llagas de Jesús y los dolores de mi Mamá me den la gracia de hacer resurgir mi voluntad en la Voluntad de Dios.

Continúa...

20 DE MARZO: SAN JOAQUÍN, PADRE DE LA MADRE DE DIOS


20 de Marzo: San Joaquín, Padre de la Madre de Dios

San Joaquín fue el gloriosísimo padre de la Santísima Virgen, él era de origen galileo, y de linaje real y el más ilustre de toda Judea, porque era de la tribu de Judá, y descendía por línea directa del rey David.

Le llamaron Joaquín, qué quiere decir Preparación del Señor, porque, como dice San Epifanio, por él se preparó el templo vivo del Señor en el mundo, que fue la Virgen María, su hija.

Era hombre justo que trataba con rebaños y lanas, y se casó con una virtuosísima doncella de Belén, llamada Ana.

Vivían los dos santos esposos como dos ángeles, pero sin tener hijos, lo cual era causa de gran humillación, pues entre los judíos se tenía como cosa afrentosa ser estériles, y por maldito quien no dejaba descendencia de sí, porque perdía para siempre la esperanza de emparentar con el Mesías.

Más el Señor les consoló con enviar a San Joaquín un ángel que le dijese que Ana, su mujer, había de concebir una doncella santísima, escogida de Dios para madre suya, la cual había de dar a luz al Mesías tan deseado; y cumpliéndose el plazo señalado por el ángel les nació en Nazaret aquella benditísima niña, sobre la cual Dios echó todas sus bendiciones.

¿Quién podría describir la alegría de San Joaquín cuando vio en sus brazos aquella hija tan deseada, no sólo de los hombres, sino de los mismos ángeles?

¡Con qué reverencia la miraría, viendo la hermosura de la niña que admiraba cielo y tierra!

Le puso por nombre María, qué significa excelsa, porque había de ser la más alta y excelsa de todas las puras criaturas; y al cabo de ochenta días fueron Joaquín y Ana a Jerusalén a cumplir la ley de la purificación para ofrecerla en el templo, y cuando la santísima niña llegó a la edad de tres años, en la festividad de las Encenias, que era por el mes de noviembre, la presentaron a los sacerdotes, para que se criara entre las otras vírgenes consagradas a Dios, en una parte del templo que estaba dedicada para crianza y habitación de ellas.

Joaquín y Ana vivieron en Jerusalén porque el amor que tenían por su hija no les permitía ausentarse de aquel divino tesoro; y así, los años que a San Joaquín le quedaban de vida, que eran pocos, frecuentaba lo más que podía aquel templo vivo de Dios, su santísima hija, la más preciosa que el templo de Jerusalén y que el cielo empíreo, hasta que siendo ya de unos ochenta años y la Virgen de once, la dejó por heredera de sus bienes y entregó su espíritu al Señor que le había criado y honrado con la dignidad de padre de la Madre de Dios y Reina de los Cielos.
 

jueves, 19 de marzo de 2026

RENUNCIAR A CRISTO DURANTE LA CUARESMA

Una parroquia italiana del Novus Ordo ofrece un “espacio de culto” para los musulmanes durante el Ramadán.

Por Novus Ordo Watch


En octubre pasado, estalló una polémica al conocerse que la Biblioteca Apostólica Vaticana, en la Ciudad del Vaticano, ofrecía a los visitantes musulmanes una “sala para la oración privada” previa solicitud (en inglés aquí). Señalamos que esto no era más que un ejemplo de la “teología del concilio Vaticano II en acción”, y así fue.

Pero ahora, una parroquia católica romana del noreste de Italia ha llevado esta lógica un paso más allá y ha permitido a los musulmanes de una comunidad cercana utilizar uno de sus espacios para realizar sus oraciones del viernes durante el Ramadán. El edificio, conocido como el “Granero Rojo”, pertenece a la Archidiócesis de Gorizia y está bajo la administración de la Iglesia de los Santos Pedro y Pablo (Chiesa dei Santi Pietro e Paolo) en Staranzano.

Varias publicaciones en lengua italiana han informado sobre esta historia y han publicado fotografías y videos (como Il Piccolo, Telefriuli y Il Goriziano). Entre ellas se encuentra el sitio web conservador del Novus Ordo, La Nuova Bussola Quotidiana:

Todo comenzó en Monfalcone, donde la numerosa comunidad islámica solicitó un lugar de culto para celebrar el Ramadán. En esta localidad, sede del astillero Fincantieri, la comunidad musulmana carece de un lugar de culto porque el municipio clausuró el anterior debido a irregularidades.

En consecuencia, los musulmanes buscaron ayuda en otro lugar, en la pequeña localidad vecina de Staranzano. Su petición no fue atendida por el alcalde, sino por la parroquia local, que ofreció un edificio llamado "el granero rojo" [le stalle rosse] para las oraciones del viernes.

(Andrea Zambrano, “¿Ramadan in parrocchia? Non è carità. Ho detto no perché ipocrita”La Nuova Bussola Quotidiana, 12 de marzo de 2026).

¿Quién está a cargo de la parroquia? ¿Quién es el párroco? Se trata de Monseñor Paolo Luigi Zuttion. Junto con un sacerdote de parroquias vecinas, emitió el siguiente mensaje, publicado en el sitio web de la arquidiócesis el 17 de febrero de 2026:

Oración del viernes para los fieles musulmanes [sic]

En virtud del derecho consagrado en nuestra Constitución a que todos (ciudadanos y extranjeros por igual) practiquen y recen libremente según sus propias creencias religiosas, y sin entrar en los debates políticos que actualmente caracterizan las relaciones en nuestro territorio, nosotros, los párrocos de las comunidades católicas de la ciudad de Monfalcone, de acuerdo con el Administrador Apostólico de la Diócesis, consideramos nuestro deber responder a la petición de la comunidad musulmana. Deseamos ofrecer, en la medida de lo posible, el espacio y el tiempo necesarios para que puedan celebrar adecuadamente su oración comunitaria durante el Ramadán.

Por lo tanto, los viernes, los fieles musulmanes serán recibidos durante unas horas en nuestras instalaciones del Red Barn en Staranzano.

Durante este tiempo de Cuaresma, que coincide con su mes sagrado, que todos compartamos el deseo de cultivar sentimientos de respeto mutuo y atención los unos hacia los otros, superando los miedos y la desconfianza que existen entre nosotros.

Deseamos a cristianos y musulmanes por igual un tiempo significativo y bendecido de oración y crecimiento espiritual.

Don Flavio Zanetti, párroco de la Unidad Pastoral de San Ambrosio, la Santísima Virgen Marceliana, San Nicolás y San Pablo, y el Santísimo Redentor en Monfalcone.

Mons. Paolo Luigi Zuttion, párroco de la Unidad Pastoral de San José en Monfalcone y Santos Pedro y Pablo en Staranzano

(“Venerdì di preghiera per i Fedeli musulmani”Arcidiocesi di Gorizia , 17 de febrero de 2026; cursiva y negrita).

Con una apelación engañosa a la constitución italiana —un documento completamente irrelevante para el asunto en cuestión— los dos “presbíteros” del Novus Ordo anuncian al público que a los seguidores de Mahoma, que rechazan a Nuestro Señor Jesucristo, se les permitirá usar sus instalaciones para que puedan “observar adecuadamente su oración comunitaria durante el período de Ramadán”.

¿Qué opina 
al respecto el ordinario local, el arzobispo? Resulta que la diócesis no tiene sede actualmente. Allí se encuentra vacante incluso para el Novus Ordo. Sin embargo, el ex arzobispo, Carlo Roberto Maria Redaelli, a quien León XIV nombró para el Dicasterio del Clero en enero, sigue actuando como administrador apostólico de la diócesis por el momento, y por supuesto ha “respaldado la iniciativa”, como informa La Nuova Bussola Quotidiana y como sugiere la propia nota de los “sacerdotes” (“de acuerdo con el administrador apostólico de la diócesis”).

El mismo día, el arzobispo Redaelli publicó un “Mensaje a los hermanos y hermanas musulmanes” en el sitio web diocesano, que dice:

En nombre de los fieles de la Arquidiócesis de Gorizia, me complace expresarles mis fraternos deseos de un mes de Ramadán lleno de bendiciones y crecimiento espiritual. El ayuno, la oración y la limosna nos acercan a Dios Todopoderoso, nuestro Creador, y a todos aquellos con quienes vivimos y trabajamos, ayudándonos a caminar juntos por el camino de la fraternidad.

Este año, por una coincidencia que parece una bendición, el mes sagrado del Ramadán para los musulmanes y la Cuaresma para los cristianos comienzan el mismo día. Este inicio común nos invita aún más a caminar juntos como hombres y mujeres de oración.

Estamos llamados a compartir nuestro crecimiento espiritual, como nos recuerda el Papa León XIV en su Mensaje de Cuaresma, pidiéndole a Dios el don de escuchar su Palabra, acogiendo la conversión que se produce a través del ayuno y compartiendo con los necesitados.

Como cristianos y musulmanes, nos esforzamos por ser pacificadores en la vida presente, testigos y constructores de fraternidad, especialmente en este momento histórico marcado por las guerras y la discordia.

Como muestra de cercanía espiritual, les enviamos nuestros más sinceros deseos de un mes de Ramadán lleno de paz. Que disfruten de las abundantes bendiciones del Todopoderoso.

(Reverendísimo Carlo Roberto Maria Redaelii, “Il messaggio per i fratelli musulmani ad inizio del Ramadan”Arcidiocesi di Gorizia, 17 de febrero de 2026).

Esto es lo que han logrado seis décadas de “teología” del concilio Vaticano II. No queda ni rastro de catolicismo en estas personas. Es evidente que estas “autoridades católicas” creen que el islam es una religión con la que se puede agradar a Dios, adorarlo, escuchar su Palabra, recibir frutos espirituales, obtener bendiciones y alcanzar la salvación.


Si consideramos que en 1864 el Papa Pío IX condenó el error de que “El protestantismo no es más que una forma distinta de la verdadera religión cristiana; y dentro de aquélla se puede agradar a Dios lo mismo que en la Iglesia católica
(Syllabus de Errores, n. 18), ¿podemos imaginar lo que habría dicho sobre aquellos que intentan convertir el Islam en una religión “con la cual se agrada a Dios igualmente que en la Iglesia Católica”?

Sin embargo, no todos los miembros de la iglesia de San Pedro y San Pablo están entusiasmados con la decisión de permitir que los musulmanes recen en un salón parroquial católico. El antiguo párroco, el padre Francesco Fragiacomo, por ejemplo, se opone rotundamente. Pero, por supuesto, ya no tiene voz ni voto en el asunto.

En cuanto a los feligreses de la iglesia, “Están divididos”, informa 
Il Piccolo.

Mientras tanto, el periódico Avvenire, perteneciente al Novus Ordo, ha publicado una carta del “reverendo” Matteo Marega, “presbítero” de la archidiócesis, defendiendo la decisión:

Por lo tanto, acoger a quienes necesitan un espacio para orar no es un acto de ingenua buena voluntad ni una concesión al relativismo que equipara todas las religiones. Es un acto concreto de testimonio de la caridad de Cristo, que nos impulsa a reconocer en los demás a un hermano o una hermana, a un ser humano que busca a Dios y es amado por Él.

(Matteo Marega, “Perché noi sacerdoti ospitiamo la preghiera islamica: è un gesto che ci ricorda chi siamo”Avvenire, 10 de marzo de 2026; traducción de ChatGPT.)

Si bien tal acto puede no equiparar el Islam con el catolicismo, en el sentido de hacer que ambas religiones sean iguales, ciertamente demuestra que, cualesquiera que sean las deficiencias que pueda tener la religión musulmana, sigue siendo lo suficientemente buena como para que se le ofrezca un espacio para la oración.

Ah, pero ¿acaso esto no es caridad? ¿No es esto lo que haría Cristo?

No, no lo es. Nuestro Señor hizo mucho hincapié en la importancia de la verdad en la adoración: “Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque también el Padre busca tales adoradores. Dios es espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren” (Jn 4:23-24).

Debemos recordar que, independientemente de las disposiciones personales de cada musulmán, el culto islámico rechaza la Santísima Trinidad y, por lo tanto, es anticristo: “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, no tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre” (1 Jn 2:22-23); “Y todo espíritu que destruye a Jesús, no es de Dios; y este es el anticristo, de quien habéis oído que viene, y que ya está en el mundo” (1 Jn 4:3).

Por lo tanto, el culto musulmán es claramente un culto falso, incluso si cada musulmán tiene la intención de adorar al Dios verdadero:

Dios puede ser adorado erróneamente, ya sea mediante una adoración falsa o mediante una adoración superflua. La adoración a Dios es falsa cuando su significado no se ajusta a la realidad, o cuando la falsedad reside en quien realiza el acto de adoración, como cuando un laico desempeña las funciones de un sacerdote, o cuando alguien intenta obtener credibilidad para falsos milagros o reliquias falsas. Las ceremonias y prácticas de la religión judía anunciaban la venida del Mesías, por lo que, tras la llegada de nuestro Señor, no podían emplearse sin caer en la superstición. Dado que la falsedad en la religión constituye una grave ofensa a Dios, este tipo de superstición es pecado mortal.

(Padre Thomas Slater, SJ, A Manual of Moral Theology, vol. 1, 5.ª ed. [Londres: Burns Oates & Washbourne, 1925], pág. 140; subrayado añadido). 

Por lo tanto, la “caridad” que implica proporcionar a los seguidores del Islam un espacio para la oración es en realidad una falsa caridad.

Como explicó el Papa San Pío X en su Carta Apostólica de 1910, en la que condenaba el movimiento social francés Le Sillon:

 La doctrina católica nos enseña que el primer deber de la caridad no está en la tolerancia de las doctrinas erróneas, por sinceras que sean, ni en la indiferencia teórica o práctica para el error, o el vicio en que vemos sumidos a nuestros hermanos, sino en el celo por su mejora intelectual y moral, no menos que por su bienestar material. Esta misma doctrina católica nos enseña también que el origen del amor al prójimo se encuentra en el amor a Dios, padre común y fin común de toda la familia humana, y en el amor de Jesucristo, de quien somos los miembros, hasta el punto que consolar a un desgraciado es hacer bien al mismo Jesucristo. Todo otro amor es ilusión o sentimiento estéril y pasajero. 

 Seguramente ahí está la experiencia humana, en las sociedades paganas o laicas de todos los tiempos, para probar que a ciertas horas la consideración de los intereses comunes o de similitud de naturaleza pesa muy poco ante las pasiones y ambiciones del corazón. No, Venerables Hermanos, no hay verdadera fraternidad fuera de la caridad cristiana que por el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Salvador, abraza a todos los hombres para consolarlos y para llevarlos a todos a la misma fe y a la misma dicha del cielo.

Al abordar la cuestión social, está de moda en ciertas esferas descartar primero la divinidad de Jesucristo y después no hablar más que de su soberana mansedumbre, de su compasión para todas las miserias humanas, de sus cálidas exhortaciones al amor al prójimo y a la fraternidad. Verdad es que Jesucristo nos ha amado con un amor inmenso, infinito, y que vino a la tierra a sufrir y a morir para que, reunidos en torno suyo, en la justicia y el amor, animados de los mismos sentimientos, todos los hombres vivieran en la paz y en la felicidad. Pero, a la realización de esta dicha temporal y eterna, Él puso, con una autoridad soberana, la condición de que se forme parte de su rebaño, que se acepte su doctrina, que se practique la virtud y que se deje enseñar y guiar por Pedro y sus sucesores. Además, si Jesús fue bueno para los extraviados y pecadores, no respetó sus convicciones equivocadas, por sinceras que parecieran; los ha amado a todos para instruirlos, convertirlos y salvarlos.

(Papa Pío X, Carta Apostólica Notre Charge Apostolique; subrayado añadido).

Dado que nuestro amor al prójimo debe brotar del amor a Dios, al cual está necesariamente subordinado (véase Mc 12:29-31), no amamos verdaderamente a nuestro prójimo si le brindamos un espacio para practicar un culto falso, que Dios aborrece. En resumen, no podemos servir a nuestro prójimo ofendiendo a Dios.

No olvidemos que, al permitir que los seguidores del Islam utilicen sus instalaciones, las autoridades del Novus Ordo en la diócesis de Gorizia simplemente extienden un principio que el concilio Vaticano II estableció (y que el “papa” “san” Juan Pablo II aplicó) para herejes y cismáticos, a otra religión monoteísta. No olvidemos lo que dice el Directorio para la Aplicación de los Principios y Normas del Ecumenismo de 1993, debidamente promulgado por Juan Pablo II, sobre la hospitalidad religiosa:

Las iglesias católicas son edificios consagrados o bendecidos que poseen una importante relevancia teológica y litúrgica para la comunidad católica. Por lo tanto, generalmente están reservadas para el culto católico. Sin embargo, si los sacerdotes, ministros o comunidades que no están en plena comunión con la Iglesia Católica carecen de un lugar o de los objetos litúrgicos necesarios para celebrar dignamente sus ceremonias religiosas, el obispo diocesano puede autorizarles el uso de una iglesia o un edificio católico y prestarles lo necesario para sus servicios. En circunstancias similares, se les puede conceder permiso para el entierro o la celebración de servicios en cementerios católicos.

(Directory for the Application of Principles and Norms on Ecumenism, n.º 137; subrayado añadido).

Nuevamente, esto solo se refiere a otros “cristianos” —es decir, ortodoxos y protestantes—, pero es fácil ver cómo la lógica que hay detrás puede extenderse sin mucho esfuerzo también a los musulmanes, quienes, según el concilio Vaticano II, “adoran con nosotros a un Dios único, misericordioso, que juzgará a los hombres en el día postrero” (Constitución Dogmática Lumen Gentium, n. 16).

La teología tiene consecuencias; y aquí vemos una vez más el fruto podrido del falso concilio Vaticano II.
 

LEÓN ES OFICIALMENTE TAN TONTO COMO UN ASNO

El Padre No Tan Santo aparece aquí fotografiado durante un almuerzo de primavera en los Jardines Vaticanos

Por Mundabor


¡Vaya, este tipo da vergüenza ajena! Es como escuchar a un niño de nueve años que se cree muy inteligente. Suelta un sinfín de tópicos fáciles para pacifistas y ecologistas con bajo coeficiente intelectual. Debería cambiarse el nombre a “papa” Greta.

Su último disparate es este: Los cristianos que inician guerras deberían confesarse (Noticia de Reuters en inglés aquí). Esto es claramente otro ataque a Trump, tan claro como el sol. Sin embargo, uno nota lo siguiente:

Todo católico debería confesarse, León idiota. Es que, muy a menudo, los católicos tienen dificultades porque muchos sacerdotes leoparlantes hacen todo lo posible por no escuchar confesiones.

Trump es presbiteriano, León idiota.

Khameini y los de su calaña son todos musulmanes, León idiota.

Netanyahu es judío, León idiota.

Pero como este individuo cretino parece pensar que empezar guerras es, ipso facto, un “pecado grave”, refresquemos su memoria con un poco de Grok sencillo.

• El rey Luis IX de Francia lideró la Séptima Cruzada contra los musulmanes. Es sumamente venerado hasta el día de hoy. Canonizado.

• Fernando III de Castilla completó la Reconquista contra, como era de esperar, los musulmanes.

• Olaf II de Noruega luchó y murió para que Noruega se cristianizara (¡imagínense!). Murió en batalla. Fue canonizado.

• Esteban I de Hungría libró guerras dentro de Hungría para cristianizarla. ¡Qué horror!

• Edmundo el Mártir fue un gran luchador por la fe. Capturado por los vikingos, murió como mártir para no renunciar a su fe. Fue canonizado.

• Alfredo el Grande liberó a las Islas Británicas de los vikingos con la gran victoria en Edington en 878.

• Harold Godwinson, otro gran rey, obtuvo una victoria aplastante contra los vikingos en la batalla de Stamford Bridge, y en ella, acabó definitivamente con ellos. El pobre hombre murió en Hastings pocas semanas después. Aun así, fue un gran rey.

• Juan II Sobieski. El hombre que “sacó las castañas del fuego” en la batalla de Viena de 1683. Otro gran tipo.

Creo que se podría seguir hablando de esto indefinidamente, pero quizás León quiera sugerirle a algún Papa que se confiese, porque realmente no le gustan. Un par de personas a las que podría dirigirse son:

• El Beato Urbano II. Este es el hombre que nos legó la Primera Cruzada.

• Gregorio VII. Este es el tal Canossa que recuerdas de la escuela. Hablando de Canossa, Barbarroja fue otro gran líder que participó y codirigió una Cruzada (la tercera, junto con Ricardo Corazón de León. ¡Vaya, siguen apareciendo!). Gregorio fue el primero en proponer una Cruzada. No se llevó a cabo porque no era el momento oportuno. Barbarroja y Ricardo siguen siendo figuras clave hasta el día de hoy.

• San Pío V. León, ¿has oído hablar de Lepanto? ¡Sí, ese mismo! Canonizado. También es el que estandarizó la Misa que tanto odias; porque, como ya lo sabes, eres un idiota.

La lista podría ser interminable, pero creo que ya entiendes la idea. Eso sí, los funcionarios de Trump Rubio y Hegseth son católicos, pero desde luego no iniciaron nada, ya que no ocupan puestos de mando.

Que un “papa” se exprese de una manera tan frívola e irrespetuosa es, sencillamente, infantil. Este tipo no tiene ni idea de lo que habla. Por cierto, no parece tener ni una palabra de reproche para los ayatolás que masacraron a decenas de miles de personas hace unos dos meses. Sus amigos musulmanes, obviamente, no tienen que confesarse. Trump, por arte de magia, no puede, pero debería.

No tengo ni idea de nada. Un desastre total. Un vacío absoluto.

¡Es sólo un cretino vestido de blanco!

PÍO XI REFUTA LA AFIRMACIÓN DEL CONCILIO VATICANO II DE QUE LA IGLESIA ES PECADORA

Compartimos un breve texto del Papa Pío XI que evidencia la evidente contradicción entre el Magisterio papal del pasado y la iglesia sinodal postconciliar. 


En su encíclica Mortalium animos, el Sumo Pontífice prohibió el “ecumenismo” con herejes y cismáticos y refutó la tesis de Ecclesia semper reformanda y la de la “Iglesia pecadora”, defendidas hoy por los falsos papas postconciliares.

El Papa Pío XI nos dejó sus palabras como guía:

10. Entonces, Venerados Hermanos, está claro por qué esta Sede Apostólica nunca ha permitido que sus súbditos participen en las asambleas de los no católicos: porque la unión de los cristianos solo puede promoverse promoviendo el regreso a la única Iglesia de Cristo de aquellos que están separados de ella, porque en el pasado la han dejado infelizmente. A la única verdadera Iglesia de Cristo, le decimos, que es visible para todos, y que debe permanecer, de acuerdo con la voluntad de su Autor, exactamente igual a como Él la instituyó.

Durante el transcurso de los siglos, la Esposa mística de Cristo nunca ha sido contaminada, ni ella puede ser contaminada en el futuro, como lo demuestra Cipriano: “La Novia de Cristo no puede ser falsa: es incorrupta y modesta. Ella sabe que guarda la santidad de la cámara nupcial con castidad y modestia” (De Catholicae Ecclesiae unitate, 6).

El mismo santo mártir, con una buena razón, se maravilló enormemente de que cualquiera pudiera creer que “esta unidad en la Iglesia que surge de un fundamento divino, y la cual está unida por los sacramentos celestiales, podría ser desgarrada por la fuerza de voluntades contrarias”. Porque desde el Cuerpo Místico de Cristo, de la misma manera que su cuerpo físico, es uno 
(1 Corintios 12:12), compactado y unidos de manera apropiada (Efesios 4:16), es absurdo y fuera de lugar decir que el Cuerpo Místico está formado por miembros que están desunidos y dispersos en el extranjero. Quien no está unido al cuerpo, no es miembro de él y tampoco está en comunión con el anuncio de Cristo.

Pío XI, Encíclica Mortalium animos, del 6 de enero de 1928.