sábado, 28 de marzo de 2026

EUTANASIA: VUELVEN A PRESENTAR LA “LEY ALFONSO” EN ARGENTINA

La diputada camporista Gabriela Estévez (Unión por la Patria, Córdoba) volvió a presentar el proyecto conocido como “Ley Alfonso”, que busca instituir el “derecho a la buena muerte medicamente asistida”. 

Por  NotiVida


“La eutanasia voluntaria, cualesquiera que sean sus formas y sus motivos, constituye un homicidio” (CEC 2324).

El nombre recuerda el caso de Alfonso Oliva, joven cordobés que padeció esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y falleció en 2019.

El expediente original que había perdido estado parlamentarioahora regresa bajo el número 0622-D-2026

A Estévez la acompañan sus compañeros de bloque: Carlos Castagneto (Buenos Aires), Hilda Aguirre (La Rioja) y Alejandrina Borgatta (Santa Fe).

Características principales del proyecto

La eutanasia tendría cobertura integral y gratuita en el sistema público de salud, obras sociales y prepagas, incorporándose al Programa Médico Obligatorio (PMO).

Se declara ley de orden público, de aplicación obligatoria en todo el país.

Podrá solicitarla cualquier persona mayor de edad, argentino o residente permanente (mínimo un año), que padezca una enfermedad grave e incurable o un padecimiento crónico e imposibilitante.
 

LEÓN ORA POR UN “SERVICIO FRUCTÍFERO” DE LA “ARZOBISPA” DE CANTERBURY

Ambos falsos: Robert Prevost de Chicago como “papa León XIV” y Sally de Canterbury como “arzobispa de Canterbury”

Por Novus Ordo Watch


El 28 de enero de 2026, la señora Sarah Elisabeth Mullally (nacida en 1962) fue elegida para suceder a Justin Welby como la 106ª “arzobispa” anglicana de Canterbury.

“Su Gracia” fue investida oficialmente en la Catedral de Canterbury el 25 de marzo de 2026. Se trató únicamente de una instalación/entronización, ya que su ordenación, que la convirtió en “obispa” según la teología anglicana, ya había tenido lugar el 22 de julio de 2015, para su primer cargo como “obispa” de Crediton.

La autodenominada arzobispa de Canterbury” es el líder espiritual de la secta cismático-herética conocida como “la Iglesia de Inglaterra”, fundada originalmente por el rey Enrique VIII en 1534, y del conglomerado más amplio de sectas protestantes y pseudoiglesias conocido como la Comunión Anglicana, que incluye la Iglesia Episcopal en los Estados Unidos. Técnicamente, el monarca británico es la cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra, pero su papel es principalmente ceremonial. El liderazgo espiritual de la Comunión Anglicana lo ejerce la sede de Canterbury.

En su Carta Apostólica Apostolicae Curae de 1896, el Papa León XIII declaró definitivamente inválidas las ordenaciones anglicanas, es decir, “absolutamente nulas y sin efecto”, debido a los cambios sustanciales que habían introducido en los ritos de ordenación. Por ello, a menudo nos hemos referido al Arzobispo anglicano de Canterbury como el “Archilaico” de Canterbury.

Hasta este año, todos los líderes espirituales de la Iglesia Anglicana eran hombres y, por lo tanto, en principio, podían recibir el sacramento del orden sacerdotal. Con Sarah Mullally, esto ha cambiado. Como mujer, no puede ser ordenada. Por lo tanto, de ahora en adelante nos referiremos a ella como la “Archilaica” y, ocasionalmente, utilizaremos el apodo de “Sally de Canterbury” para describir mejor su verdadera condición (“Sally” es un sobrenombre para Sarah).

León XIV envía “Saludos llenos de oración” y buenos deseos

Con esta evolución casi transgénero en el anglicanismo, los conservadores del Novus Ordo podrían esperar que el Vaticano, si no condenara, al menos ignorara rotundamente la investidura de la nueva “arzobispa” de Canterbury. Pero tal piadosa expectativa ha resultado ser en vano.

El 20 de marzo de 2026, Robert Prevost de Chicago (el “papa León XIV”) envió un mensaje formal a Mullally “con motivo de su investidura como “Arzobispa de Canterbury. El Vaticano publicó el texto el 25 de marzo, día de la ceremonia de investidura.

Examinémoslo.

León XIV comienza su misiva a Mullally de la siguiente manera:

Con esta certeza de la presencia constante de Dios, envío a Su Gracia saludos orantes con motivo de su toma de posesión como Arzobispa de Canterbury.

Sé que el ministerio para el que ha sido elegida es arduo, con responsabilidades no solo en la Diócesis de Canterbury, sino también en toda la Iglesia de Inglaterra y en la Comunión Anglicana en su conjunto. Además, está asumiendo estas funciones en un momento difícil exigente de la historia de la familia anglicana. Pidiendo al Señor que la fortalezca con el don de la sabiduría, rezo para que sea guiada por el Espíritu Santo al servir a sus comunidades y se inspire en el ejemplo de María, Madre de Dios.

(Antipapa León XIV, Mensaje con motivo de la toma de posesión de la Arzobispa de Canterbury, 20 de marzo de 2026)

Para un sedevacantista, lo que escribe León XIV no resulta sorprendente. Sin embargo, cualquiera que reconozca a León XIV como el Papa de la Iglesia Católica debería sentirse conmocionado e indignado de que se refiera a Sally de Canterbury  como “Su Gracia” y dignifique la farsa que acaba de tener lugar en Inglaterra con un mensaje serio y formal de “saludos orantes”. El hecho de que pida al Espíritu Santo que la ayude “a servir a sus comunidades” e incluso sugiera que “el ejemplo de María, la Madre de Dios” podría de alguna manera “inspirar” a Mullally en el ejercicio de este cargo usurpado para el que está intrínsecamente incapacitada, es una audacia comparable a su blasfemia.

Sin inmutarse, Prevost continúa:

Hace sesenta años, durante su histórico encuentro en Roma, nuestros predecesores de grata memoria, san Pablo VI y el arzobispo Michael Ramsey, comprometieron a católicos y anglicanos en “una nueva etapa en el desarrollo de relaciones fraternas, basadas en la caridad cristiana” (Declaración Conjunta, 24 de marzo de 1966). Esa nueva etapa de apertura respetuosa ha dado muchos frutos en las últimas seis décadas y sigue haciéndolo hoy en día.

No cabe duda de que desde 1966 se han obtenido muchos frutos, pero son frutos podridos. De hecho, el fruto podrido y fétido del “diálogo ecuménico” desde 1966 es claramente visible tanto en la Iglesia Anglicana como en la Católica, y más aún en la actualidad.

Pero León tiene más que decir:

En esa misma ocasión, el Papa Pablo VI y el arzobispo Ramsey también acordaron iniciar un diálogo teológico. De hecho, la Comisión Internacional Anglicano-Católica (ARCIC), desde su creación, ha contribuido enormemente al crecimiento del entendimiento mutuo. Los frutos de este valioso trabajo nos han permitido dar testimonio juntos de manera más eficaz (cf. Comisión Internacional Anglicana-Católica Romana para la Unidad y la Misión, Creciendo Juntos en Unidad y Misión, 93). Esto es especialmente importante dados los múltiples desafíos a los que se enfrenta hoy nuestra familia humana. Por eso, estoy agradecido de que este importante diálogo continúe.

Fíjense en cómo el falso “papa” le dice a la falsa “obispa” que tanto la Iglesia católica como la anglicana han sido liberadas para “dar testimonio juntas con mayor eficacia”. ¡Qué grotesco! ¡Como si fuera bueno que la Iglesia de Inglaterra atrajera a la gente de forma más creíble y eficaz! Además, es absurdo sostener que la Iglesia católica sea más creíble y eficaz en su evangelización del mundo si tiene menos desacuerdos con sectas heréticas.

A continuación, León se pone un poco menos alegre:

Al mismo tiempo, también sabemos que el camino ecuménico no siempre ha estado libre de obstáculos. A pesar de los muchos avances, nuestros predecesores inmediatos, el Papa Francisco y el Arzobispo Justin Welby, reconocieron con franqueza que “nuevas circunstancias han traído nuevos desacuerdos entre nosotros”. A pesar de ello, hemos seguido caminando juntos, porque las divergencias “no pueden impedir que nos reconozcamos recíprocamente hermanos y hermanas en Cristo en razón de nuestro bautismo común” (Declaración Conjunta, 5 de octubre de 2016). Por mi parte, creo firmemente que debemos seguir dialogando en verdad y amor, porque solo en la verdad y en el amor llegamos a conocer juntos la gracia, la misericordia y la paz de Dios (cf. 2 Jn 1, 3) y, así, a poder ofrecer estos preciosos dones al mundo.

Prevost repite la condenable mentira de que la herejía y el cisma no separan a uno de Cristo, y que, de alguna manera, un bautismo recibido válidamente hace que uno forme parte para siempre del Cuerpo Místico. Contra este disparate, proclamado solemnemente en el llamado concilio Vaticano II, el Papa Pío XII enseñó que no todos los pecados, por graves que sean, separan por su propia naturaleza al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como el cisma, la herejía o la apostasía (Encíclica Mystici Corporis, n. 23).

Aunque no todos los protestantes sean subjetivamente (ante Dios) culpables del pecado de herejía, sin embargo, por ser miembros adultos de una secta herética —en el caso de Mullally, ¡la líder espiritual de la secta!— son por ese mismo hecho herejes en el ámbito externo y, por lo tanto, están separados de Cristo, objetivamente hablando:

Ahora bien, quien examine con detenimiento y reflexione sobre la condición de las diversas sociedades religiosas, divididas entre sí y apartadas de la Iglesia católica, que, desde los días de nuestro Señor Jesucristo y sus Apóstoles, nunca ha dejado de ejercer, por sus legítimos pastores, y que sigue ejerciendo aún, el poder divino que le ha encomendado este mismo Señor, No puede dejar de asegurarse de que ni una de estas sociedades por sí misma, ni todas juntas, pueden de ninguna manera constituir y ser esa Iglesia Católica Única que Cristo nuestro Señor construyó, estableció y quiso que continuara; y que de ninguna manera se puede decir que sean ramas o partes de esa Iglesia, ya que están visiblemente apartadas de la unidad católica. Porque, mientras que tales sociedades carecen de esa autoridad viviente establecida por Dios, que enseña especialmente a los hombres lo que es la fe, y cuál es la regla de la moral, y los dirige y guía en todas aquellas cosas que pertenecen a la salvación eterna, por lo que han variado continuamente en sus doctrinas, y estos cambios y variaciones está sucediendo incesantemente entre ellos. 

Todos deben comprender perfectamente, y ver clara y evidentemente, que tal estado de cosas se opone directamente a la naturaleza de la Iglesia instituida por nuestro Señor Jesucristo; porque en esa Iglesia la verdad debe permanecer siempre firme y siempre inaccesible a todo cambio, como un depósito dado a esa Iglesia para ser guardado en su integridad, por cuya tutela la presencia y la ayuda del Espíritu Santo han sido prometidas a la Iglesia para que nunca nadie pueda ignorar que de estas doctrinas y opiniones discordantes han surgido cismas sociales. 

(Papa Pío IX, Carta Apostólica Iam Vos Omnes)

Prevost continúa con su palabrería ecuménica dirigida a Mullally:

Además, la unidad que buscan los cristianos nunca es un fin en sí misma, sino que tiene como objetivo la proclamación de Cristo, para que, según la oración del mismo Señor Jesús, “el mundo crea” (Jn 17, 21). Dirigiéndose a los Primados de la Comunión Anglicana, en 2024, el Papa Francisco afirmó que “sería un escándalo si, a causa de las divisiones, no cumpliéramos nuestra vocación común de dar a conocer a Cristo” (Discurso a los participantes en la Asamblea de los Primados de la Comunión Anglicana, 2 de mayo de 2024). Querida hermana, hago mías con gusto estas palabras, pues solo a través del testimonio de una comunidad cristiana reconciliada, fraterna y unida resonará con mayor claridad el anuncio del Evangelio (cf. Mensaje para la 100ª Jornada Mundial de las Misiones, n. 2).

Esta idea de un “testimonio común” dado tanto por católicos como por herejes es absurda y profundamente perjudicial para la naturaleza del Evangelio, que no consiste en retazos de verdad que puedan dispersarse entre errores, sino que es un gran depósito orgánico de verdad divinamente revelada: “Tal es la naturaleza del catolicismo que no admite más o menos, sino que debe considerarse como un todo aceptado o como un todo rechazado (Papa Benedicto XV, Encíclica Ad Beatissimi, n. 24).

Bajo la dirección de San Pedro, solo la Iglesia Católica Romana recibió este depósito de Cristo el Señor, y solo a ella se le prometió la asistencia del Espíritu Santo: “Y yo rogaré al Padre, y él os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre: el espíritu de la verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; pero vosotros le conoceréis, porque morará con vosotros y estará en vosotros” (Jn 14,16-17). Por eso san Pablo habla de la iglesia del Dios vivo como columna y fundamento de la verdad (1 Tim 3,15).

El argumento de que solo un “testimonio común” de todos los “cristianos” será aceptado por el mundo incrédulo fue rotundamente rechazado en 1928 por el Papa Pío XI, quien advirtió que “algunos se dejan engañar más fácilmente por las apariencias externas del bien cuando se trata de fomentar la unidad entre todos los cristianos”, y continuó:

¿No es correcto -a menudo se repite, de hecho, incluso en consonancia con el deber- que todos los que invocan el nombre de Cristo deben abstenerse de los reproches mutuos y, por fin, estar unidos en la caridad mutua? ¿Quién se atrevería a decir que ama a Cristo, a menos que trabaje con todas sus fuerzas para llevar a cabo los deseos de Él, que le pidió a su Padre que sus discípulos pudieran ser “uno”? [Juan 17:21] ¿Y no hicieron lo mismo los discípulos de Cristo que debían distinguirse de los demás por esta característica, es decir, que se amaron unos a otros: “Por esto todos los hombres sabrán que ustedes son mis discípulos, si se aman unos a otros”? [Juan 13:35]. Todos los cristianos, agregan, debe ser como “uno”: porque entonces serían mucho más poderosos para expulsar a la plaga de la irreligión, que como una serpiente cada día se arrastra más y se extiende más ampliamente, y se prepara para robarle al Evangelio su fuerza.

Estas y otras cosas de la clase de hombres que se conocen como pan-cristianos se repiten y amplifican continuamente; y estos hombres, lejos de ser bastante pocos y dispersos, han aumentado a las dimensiones de toda una clase y se han agrupado en sociedades muy extendidas, la mayoría de las cuales están dirigidas por no católicos, aunque están imbuidos de diversas doctrinas relacionadas con las cosas de la fe. Este compromiso se promueve tan activamente en muchos lugares para ganarse la adhesión de varios ciudadanos, e incluso toma posesión de las mentes de muchos católicos y los seduce con la esperanza de lograr una unión que sea agradable a los deseos de la Santa Madre Iglesia, que de hecho no tiene nada más en su corazón que recordar a sus hijos errados y llevarlos de vuelta a su seno.

Pero, en realidad, debajo de estas palabras atractivas y mentirosas, se esconde un grave error, por el cual los cimientos de la fe católica se destruyen por completo.

(Papa Pío XI, Encíclica Mortalium Animos, n. 4; subrayado añadido.)

¡Ahí se expone y refuta todo el proyecto “ecuménico” del concilio Vaticano II! La única unidad religiosa aceptable dentro de los parámetros de la doctrina católica es la unidad católica, lo que significa que todas las personas están llamadas a convertirse en católicas y unirse bajo el Romano Pontífice, el Papa: “…y habrá un solo rebaño y un solo pastor (Jn 10,16; cf. Ez 37,24).

A continuación, Prevost concluye, pero no sin antes proferir más blasfemias:

Con estos sentimientos fraternos, invoco sobre ustedes las bendiciones de Dios Todopoderoso al asumir sus altas responsabilidades. Que el Espíritu Santo descienda sobre usted y la haga fecunda en el servicio al Señor.

Así pues, León XIV ruega que el Espíritu Santo haga que Sally de Canterbury sea “fecunda en el servicio del Señor”. Teniendo en cuenta que lo dice en el contexto de su nombramiento como cabeza de la Comunión Anglicana, ¡es una idea realmente espantosa!

De hecho, como ya se ha dicho, las palabras de León no tienen ningún sentido para un católico. Pero, por supuesto, sí que lo tienen si uno adopta la teología del concilio Vaticano II, porque según la “nueva religión” del Vaticano II, ¡se puede servir al Señor dirigiendo la llamada “Iglesia de Inglaterra”! ¡Qué burla supone esto para los mártires que prefirieron dar la vida antes que traicionar la santa fe católica!

¿Qué sigue?

Queda por ver si León XIV hará lo mismo que su predecesor con Justin Welby y permitirá que la “archilaica” de Canterbury utilice una basílica romana para celebrar allí una “celebración eucarística”. En lo que respecta a la invalidez, realmente no habría diferencia.

Por cierto, aquí va una anécdota curiosa: resulta que mientras Mullally era investida en su nuevo cargo el 25 de marzo en la Catedral de Canterbury, el cantante, músico y homosexual profesional inglés Elton John (Reginald Dwight) celebraba su 79 cumpleaños. Esta coincidencia es de lo más apropiada, considerando que la religión anglicana ha abandonado por completo cualquier atisbo de moral cristiana. El hecho de que la señora Mullally se parezca tanto a Elton John, además, añade una ironía cómica a toda esta farsa.

Pero hay otra cosa que la “archilaica” tiene en común con la extravagante celebridad: ninguno de los dos es obispo.


La otra “Reina” de Inglaterra: Elton John

La Sociedad de San Pío X, cuyas consagraciones episcopales no autorizadas, programadas para el 1 de julio, acarrearán un decreto de excomunión del Vaticano, se regodeará con todo esto. ¿Qué credibilidad tiene León XIV si, por un lado, se niega a autorizar la consagración de un puñado de obispos que rechazan muchas de las novedades magisteriales de las últimas seis décadas, y por otro, reza por la “fecundidad en el servicio del Señor
 de una pseudo “obispa” que rechaza no solo el concilio Vaticano II, sino también el Vaticano I, Trento, Florencia y quién sabe cuántos concilios ecuménicos más?

¡La Iglesia del concilio Vaticano II es un manicomio!

¿Qué más se puede decir? Quizás lo que San Pablo escribió a San Timoteo: “Que la mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Pero no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca en silencio. Porque Adán fue formado primero, luego Eva” (1 Tim 2:11-13).
 

EL REGRESO A LA TRADICIÓN EN EL HOGAR DEBE SER LIDERADO POR LOS HOMBRES

La razón por la que los hombres tienen que luchar más que las mujeres en el retorno a la Tradición es porque la Revolución Cultural funcionó de manera diferente en hombres y mujeres.

Por Joseph Reilly


Cuando una joven casada descubre la Misa en latín, reconoce los errores de sus tendencias feministas y siente la vocación de regresar a un estilo de vida más tradicional y femenino, su camino se hace evidente. Aprende la importancia de vestir con modestia y hablar con dignidad y decoro, lo cual la guía en la vocación maternal que está llamada a cumplir.

Este nuevo camino la lleva a aprender a ser ama de casa y a cultivar hermosas aficiones como tejer, pintar y cantar. Estas costumbres, una vez arraigadas, la preparan para ser una madre y esposa más capaz y encantadora, y la guían naturalmente a renunciar a una carrera profesional para dedicarse al hogar, criando a los hijos y ayudando a su esposo.

Sin embargo, en el caso del joven esposo, la situación es más problemática: al descubrir la Tradición, su camino no está tan claro. Encuentra pocos motivos entre sus amigos para empezar a vestirse con dignidad, así que continúa usando camisetas y vaqueros. Empieza a buscar contenido católico en internet pero mientras tanto, escucha relatos que usan jerga vulgar e incluso palabrotas, lo que le quita la motivación para cambiar su forma de hablar.

Dado que muchos de estos hombres también promueven el ejercicio físico como la actividad más importante que puede emprender un “hombre tradicional”, dedica gran parte de su tiempo y energía al gimnasio, lo que le deja poco tiempo para desarrollar aficiones más dignas que tendrían una buena influencia en su familia. Al no haber hecho ningún esfuerzo por modificar su porte, comportamiento y hábitos, se encuentra mal preparado para guiar culturalmente a sus hijos.

La joven esposa se encuentra constantemente en la situación de tener que reemplazar al hombre de la casa: es ella quien debe elegir el restaurante para la familia, adónde ir de vacaciones, cómo decorar el hogar, qué tradiciones establecer, qué actividades deben tener los niños y todo lo demás relacionado con la formación familiar, religiosa y cultural.

En lugar de someterse a la orientación de un esposo seguro que lidera la formación de la familia, se ve obligada a reemplazarlo porque él está demasiado ocupado levantando pesas, viendo deportes, navegando por Instagram o, peor aún, jugando videojuegos.

Cualquier intento de promover buenos modales, vestimenta y lenguaje civilizado en sus hijos se ve frustrado por su ejemplo de zapatillas deportivas, vaqueros y chistes tontos que chocan con sus enseñanzas. Esta doble orientación confunde a sus hijos.

Finalmente, sus antiguas tendencias feministas que tanto quería erradicar resurgen, no por deseo propio sino por necesidad, ya que tiene que liderar la familia. Comienza a dar órdenes inconscientemente a su esposo y espera que obedezca como si fuera uno de sus hijos. Como es un hombre superficial sin ningún plan para formar culturalmente a su familia, se somete a lo que ella quiere.

Sin nadie que la guíe, ella se agota y comienza a resentirse con su marido. Este choque de autoridad deja un efecto duradero en los hijos y parte la dinámica familiar por la mitad.

Dos tipos de víctimas de la Revolución Cultural

La razón por la que los hombres tienen que luchar más que las mujeres en este retorno a la Tradición es porque la Revolución Cultural funcionó de manera diferente en hombres y mujeres.

Se alentó a las mujeres a estudiar materias difíciles, practicar deportes y entrar en carreras que iban en contra de su feminidad natural y las hacían más masculinas.

No abordaré aquí la feminización de los hombres, que es un tema distinto y, lamentablemente, muy frecuente. Me centraré únicamente en aquellos hombres que no se afeminaron.

Conservaron cierta masculinidad, pero se les animó a concentrar su energía en vanidades y a descuidar la formación y el estudio serios. En lugar de informarse sobre la crisis en la Iglesia y en el mundo, y cómo evitar estas crisis que perjudican a la familia, se les indujo a ver deportes, a intentar enriquecerse y a participar en un sinfín de actividades materiales y vanas, persiguiendo falsas ilusiones.

Estas actividades, por muy equivocadas que sean, siguen haciendo que los hombres se sientan masculinos, y por eso es menos probable que experimenten la misma crisis de identidad que las mujeres al regresar a la Tradición. No sienten la necesidad de liderar la cultura familiar en el ámbito social porque no experimentan la crisis de identidad que sí sienten las mujeres. Dado que muchas de estas vanidades privan a los hombres de su capacidad de razonamiento y de su fuerza de voluntad, no es difícil comprender por qué muchos son incapaces de liderar a sus familias, aunque lo deseen.

Históricamente, podemos observar que esta inacción masculina fue lo que provocó el drástico cambio en las mujeres. Al dejar de cumplir con su deber familiar, las mujeres se quedaron sin guía. Fue entonces cuando descubrieron el feminismo y, con el tiempo, se radicalizaron. Si estas mujeres hubieran contado con padres y hermanos que las protegieran de estas tendencias revolucionarias, podrían haber reaccionado de manera diferente ante la Revolución Feminista; lamentablemente, muchas fueron desviadas del buen camino. Las malas mujeres casi siempre son consecuencia de los malos hombres.

Un anhelo común entre estos hombres de mentalidad tradicional, pero que parecen inalcanzables, es tener una esposa obediente. Esperan que sus esposas les obedezcan. Sin embargo, cuando el hombre descuida los pequeños detalles del hogar y la familia, su esposa, naturalmente, tomará el control y los conflictos comenzarán de forma sutil, pudiendo persistir durante todo el matrimonio.

Por ejemplo, si un hombre no se preocupa por los muebles de su casa ni organiza salidas familiares, su esposa tendrá que tomar estas decisiones y dirigir a toda la familia, incluyéndolo a él. Cuando finalmente decide algo e intenta imponérselo esperando obediencia, puede sorprenderse al descubrir que ella se resiste instintivamente debido a sus omisiones anteriores.

Los hombres deben retomar el control de todos los aspectos de la vida familiar. Deben comprender la importancia de cómo se viste, actúa y habla su familia. Los padres deben liderar la formación religiosa y cultural en el hogar para que sus esposas e hijos sean católicos convencidos y capaces de afrontar la vida en cualquier circunstancia. Si los hombres no comprenden que son los pilares de las familias y que las familias son los cimientos de la sociedad, seguirán siendo liderados por sus esposas e incluso por sus propios hijos.
 

28 DE MARZO: SAN GUNTRANO, REY Y CONFESOR


28 de Marzo: San Guntrano, rey y confesor

(✞ 593)

El piadosísimo rey san Guntrano fue hijo de Clotario, rey de Francia, y nieto de Clodoveo y de santa Clotilde.

Como era segundo hijo, a la muerte de su padre heredó los reinos de Orleans y de Borgoña; lo cual fue ocasión de muchas guerras con sus hermanos Cariberto y Sigiberto, y si al principio de su reinado traspasó los límites de la humanidad, tratando con excesivo rigor a sus enemigos, cosa harto frecuente en aquellos tiempos, también es verdad que hizo rigurosa penitencia todo el tiempo de su vida, procurando alcanzar como David la divina misericordia con muchos ayunos, grandes asperezas y limosnas.

Puso debajo de su protección a los hijos de sus hermanos, colmándolos de beneficios y jamás se sirvió de los felices sucesos de sus victorias para su propio engrandecimiento, sino para el bien universal de sus vasallos.

Y como era príncipe muy cristiano y santo, sus leyes eran justas y humanas, florecía su reino con grande abundancia y prosperidad, así en tiempo de paz como en tiempo de guerra.

Dio severísimas ordenanzas encaminadas a reprimir la crueldad y la bárbara fiereza que usaban los soldados con los enemigos vencidos, y puso a raya su desenfrenada licencia.

Y aunque su amor a la justicia le inclinaba a castigar con el debido rigor los crímenes, no puede creerse con cuánta facilidad y suavidad perdonaba las injurias cuando se hacían a su misma persona, porque habiendo en cierta ocasión atentado contra su vida dos desaforados asesinos, mandó el rey que a uno le encerrasen en la cárcel, y perdonasen al otro por haberse refugiado en lugar sagrado.

Honraba el santo príncipe a los obispos y prelados de la iglesia de Jesucristo, con reverencia y amor filial, les consultaba sus dudas y les pedía su parecer.

Edificó muchos templos y monasterios, y aunque era padre de todos sus vasallos, lo fue singularmente de los pobres, llegando en su tiempo de hambre a agotar con real magnificencia su tesoro, y procurando de aplazar con ayunos y pública penitencia la ira de Dios, que, como decía el santo, por sus pecados azotaba a sus pueblos.

Finalmente, lleno de méritos y virtudes, descansó en la paz del Señor, con el gran luto y sentimiento de todo su reino, y Dios ilustró el sepulcro de tan Santo Rey con muchos prodigios que le ganaron la universal veneración.
 

viernes, 27 de marzo de 2026

LOS HOMBRES NECESITAN QUE OTROS HOMBRES LOS LIDEREN

Las mujeres son incapaces de enseñar a los hombres cómo ser hombres.

Por Ann Burns


No hace mucho, abrí un correo electrónico con información sobre eventos católicos en la zona. Allí, en colores brillantes, había un anuncio de una conferencia para hombres. Algo bueno, ¿verdad? Pero al ver a los oradores principales, no pude evitar preguntarme por qué aparecía en mi pantalla la foto de una joven. Sintiendo que me había convertido en una anciana entrometida, amplié la imagen. ¡Sí! Mis ojos no me habían engañado. Quien se presentaría ante una sala llena de hombres sobre qué es la masculinidad sería, aparentemente, una joven.

Intenté imaginar la escena: hombres como mi padre, mi marido, mis hermanos, etc., reunidos alrededor de una jovencita que les daba “lecciones sobre masculinidad”. No sabía si reír o escandalizarme. Y antes de que alguien me acuse de misoginia internalizada, ¿podemos recordar alguno de los innumerables casos de hombres explicando “cosas de mujeres”?

Ya saben, ¡el llanto y el crujir de dientes cuando el odioso e impensable mansplaining (1) se hace presente en todo su esplendor! ¡Cuántos titulares y disculpas quedan para conmemorar esos momentos! ¿Acaso ignoramos la reacción negativa que puede recibir un hombre por afirmar que muchas mujeres, como su esposa, desean ser madres? Sin embargo, claro, que una mujer les diga a los hombres cómo ser un hombre está perfectamente bien.

Para aclarar: esto no significa que la oradora mencionada haya preparado una mala charla. De hecho, podría dar una excelente, pero ese no es el punto. Las mujeres somos incapaces de enseñar a los hombres cómo ser hombres. Ahí lo dije. No es nuestra función; y cuando intentamos que lo sea, solemos crear otro problema: los hombres se irritan, generalmente hacen lo contrario y empiezan a vernos como mujeres pesadas.

Las mujeres pueden inspirar la masculinidad, pero no pueden enseñarla.

El viaje masculino es fundamentalmente diferente del femenino. Lo vemos en todas las historias tradicionales, ya sea en Las Crónicas de Narnia, La familia Robinson, e incluso en el libro del Génesis. Hay una figura paterna, un joven que entra en la adultez y algún rito de iniciación; por ejemplo, Aslan le pide a Pedro que mate al lobo; Dios le dice a Adán que nombre a los animales. Un personaje paterno le lega a un niño el rol de líder mientras emprende una búsqueda o completa una tarea.

No ocurre lo mismo con las mujeres: Eva se acerca a Adán con total receptividad. Está dispuesta a recibir su nombre y su amor para poder ser su ayuda idónea. La receptividad es el sello de la feminidad. Los problemas surgen cuando se rompe ese equilibrio

Se acabó la cría de ranas

La autora Alison Armstrong hace una observación divertida —pero cierta—: la mayoría de las mujeres son “criadoras de ranas”. Es decir, en lugar de convertir a las ranas en príncipes —es decir, sacar lo mejor de los hombres—, la mayoría de las mujeres convierten a los príncipes en ranas. Lo hacemos de muchas maneras, pero a menudo restándoles masculinidad a los hombres. Lo que nosotras consideramos una aportación importante, los hombres lo ven como una crítica y un regaño. (Y sí, yo también he criado ranas).


Me encantaría animar a las mujeres que lean esto a que presten mucha atención durante una semana a cómo hablan las mujeres de los hombres. ¡Los resultados pueden ser sorprendentes! Las miradas de incredulidad, los insultos velados y la actitud de que los hombres son incapaces de ser hombres salpican muchas conversaciones femeninas. Es preocupante, pero también sirve como un serio examen de conciencia: ¿Contribuyo de alguna manera a esta narrativa? ¿Creo, en cierto modo, que tengo que enseñar a los hombres a ser hombres? 

Esto también arroja algo de luz sobre el auge de la “manosfera” (2). Agotados por el feminismo y los hombres dominados por sus mujeres, los jóvenes buscan líderes masculinos. Necesitan y anhelan una figura paterna. Y si recurren a su comunidad católica solo para descubrir que son las mujeres las que les dan “lecciones”... 

Tengo la suerte de asistir a una parroquia de la FSSP, y todos nuestros sacerdotes son auténticas figuras paternas. Son ejemplos maravillosos de masculinidad, y su cariño y sabiduría son a imagen de Cristo. Son los héroes cotidianos que caminan entre nosotros, luchando contra dragones y salvando almas. Los hombres buenos existen. De hecho, me atrevo a decir que abundan. Los veo en mi hogar, en mi iglesia y en mi comunidad. 

, como católicos deberíamos promover la masculinidad. Pero no necesitamos que las mujeres hagan el trabajo de los hombres; hay muchos hombres buenos para hacerlo. Es un insulto actuar como si no los hubiera.

Es hora de aceptar las limitaciones

En The Axe: Master of Hestviken (El hacha: El señor de Hestviken), de Sigrid Undset, hay una escena en la que un chico y una chica están a punto de emprender un viaje. El joven, frustrado por la falta de entusiasmo de la chica mientras se prepara para la aventura, se fija en su figura. Como si fuera la primera vez, se da cuenta de la delicadeza con la que Dios la ha creado. 


En ese momento, comprende que su falta de entusiasmo no es patética, sino parte de su diseño. Algo honorable se agita en su corazón al verla no como débil, sino como preciosa. En ese momento, jura protegerla y apreciarla. Es una escena de lo más tierna, y ejemplifica cómo el reconocimiento de nuestras limitaciones da paso a la armonía que debe existir entre hombres y mujeres. 

Sin límites, nuestro mundo se sumerge en el caos. Los límites son los parámetros que utilizan los escritores para componer sonetos gloriosos, los arquitectos para construir catedrales magníficas y los pintores para alcanzar los cielos. Sin esos límites, todo vale; lienzos salpicados de barro y trajes grotescos se hacen pasar por arte y genialidad. Un mundo que antes tenía mucho que comunicar se encuentra ahora desprovisto de lenguaje y, sin embargo, sumido en el ruido.

Es absurdo negar que estas limitaciones no se extienden tanto a los hombres como a las mujeres; al fin y al cabo, somos seres finitos. Cuando las mujeres descubren sus propias limitaciones, encuentran la fortaleza de los hombres, y viceversa. Nuestras limitaciones no obstaculizan lo masculino y lo femenino; al contrario, establecen los límites necesarios para que ambos puedan prosperar.

Es al aceptar nuestras limitaciones como redescubrimos la armonía y el respeto, en lugar de la desconfianza y el desprecio, entre los sexos.

Es un buen momento para recordar a San José, un padre viril y santo. Si sientes que tu corazón está carcomido por la duda y la desconfianza, recurre a San José para que te ayude a sanarlo. Él cuidará de tu corazón, tal y como protegió a la Virgen María y al Niño Jesús.

Por favor, deja que San José te ame. En palabras del venerable Fulton Sheen: “San José ardía de amor”.

Nota:

1) Situación en la que un hombre explica a una mujer algo que ella en realidad ya entiende o conoce, de forma condescendiente y paternalista y presuponiendo de forma injustificada que la desconoce.

2) Es un movimiento reivindica la masculinidad tradicional y apunta al feminismo como su enemigo


ESCRITOS DEL PADRE HELMUTS LIBIETIS “EL MARTILLO” (6)

El padre Libietis, quien dejó la FSSPX en 2012, compuso una serie de siete brillantes escritos. Publicamos el sexto artículo de esta serie.





Las semillas crecen altas (2012)

En julio de 2007, el Papa levantó las restricciones a la Misa Tridentina y, en 2009, levantó las restricciones a las falsas excomuniones de los obispos de la FSSPX. Esto dio inicio a 18 meses de conversaciones doctrinales entre la FSSPX y Roma. Cabe recordar que, tras las Consagraciones de 1988, el arzobispo Lefebvre estableció el principio de que solo debía haber un acuerdo con Roma si aceptaban la doctrina de las encíclicas papales tradicionales y volvían a la Tradición. Esta postura también fue adoptada inicialmente por el obispo Fellay y el Capítulo General de 2006. Entre estas dos liberaciones, el obispo Fellay declaró:

“La Fraternidad de San Pío X no puede “firmar un acuerdo”… aún no ha llegado el momento. Esto no nos impide seguir esperando, continuar por el camino trazado en el año 2000. Seguimos pidiendo al Santo Padre la revocación del decreto de excomunión de 1988… Pero sería muy imprudente y precipitado lanzarnos sin pensar a la búsqueda de un acuerdo práctico que no se fundamente en los principios fundamentales de la Iglesia, en particular en la fe”.

(Obispo Fellay, Menzingen, 14 de abril de 2008)

Cuando se le preguntó: “¿Qué opina de una posible reapertura del diálogo con Roma?”, el arzobispo Lefebvre respondió:

“No compartimos la misma visión sobre la reconciliación. El cardenal Ratzinger la ve como un regreso al Concilio Vaticano II. Nosotros la vemos como un retorno de Roma a la Tradición. No estamos de acuerdo; es un diálogo de muerte... suponiendo que Roma llame a un diálogo renovado, entonces pondré condiciones. No aceptaré estar en la posición en la que me pusieron durante el diálogo. ¡Basta ya! Pondré la discusión en el plano doctrinal: '¿Está usted de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los Papas que le precedieron? ¿Está de acuerdo con Quanta Cura de Pío IX, Immortale Dei y Libertas de León XIII, Pascendi Gregis de Pío X, Quas Primas de Pío XI, Humani Generis de Pío XII? ¿Está en plena comunión con estos Papas? Si no acepta la doctrina de sus predecesores, ¡es inútil hablar! Mientras no acepte la corrección del Concilio... ningún diálogo es posible. ¡Es inútil!'

(Arzobispo Lefebvre, (Entrevista con Fideliter, noviembre-diciembre de 1988)

“Hace unas semanas recibí otra llamada del Cardenal Oddi: "Bueno, Excelencia, ¿no hay manera de arreglar las cosas, no hay manera?". Le respondí: "Deben cambiar, volver a la Tradición. No es una cuestión de Liturgia, es una cuestión de Fe"”.

(Arzobispo Lefebvre, Discurso a los Sacerdotes, 6 de septiembre de 1990)

Hasta ese momento, esta seguía siendo la política del obispo Fellay y su Capítulo General, como se puede apreciar en estas citas:

“Esta división no puede sanarse con un mero acuerdo práctico... un acuerdo práctico no cambiará esta situación fundamental... Por parte de Roma, resolver la cuestión de la aparente separación es de suma importancia y tiene prioridad sobre todo lo demás; las cuestiones doctrinales se tratarán más adelante... solicitamos entablar un diálogo real y verdadero sobre asuntos doctrinales. Pero no quieren... El problema persiste, como siempre, en el plano doctrinal... la doctrina es fundamental... El propósito del debate doctrinal es lograr que Roma reconozca [que el Concilio Vaticano II es responsable de la crisis en la Iglesia]... Quienes solo se preocupan por el aspecto práctico o canónico, verán nuestras demandas doctrinales como una pérdida de tiempo... Desear un acuerdo canónico inmediato a cualquier precio nos expondría a un resurgimiento inmediato de los problemas que nos oponen a Roma, y ​​el acuerdo quedaría anulado. La regularización de nuestro estatus canónico debe ser lo último”. [es decir, DESPUÉS de que se resuelvan los problemas doctrinales, no solo se discutan]

(Obispo Fellay, varias citas de los 3 folletos anteriores, Partes 1 - 2 - 3)

“La Sociedad contempla un posible debate sobre doctrina... El propósito no es simplemente... llegar a un acuerdo meramente práctico e imposible”.

(Declaración del Capítulo General de la FSSPX de 2006 con motivo de la reelección del obispo Fellay como Superior General)

No se puede dar un mensaje más claro. Así pues, desde octubre de 2009 hasta abril de 2011, comienza la “prueba de fuego” de las conversaciones doctrinales. El obispo Alfonso de Galarreta es nombrado jefe de la comisión de la FSSPX para las conversaciones doctrinales. Al inicio de las conversaciones, dice en 2009 lo que el obispo Fellay había dicho en 2007:

2007

“Las autoridades eclesiásticas nos habían estado diciendo: ‘Firmemos un acuerdo, un acuerdo práctico que no se ocupe del aspecto doctrinal’. Hacerlo sería como zarpar en un barco lleno de agujeros. Nos hundiríamos, y queremos mantenernos a flote”.

(Obispo Fellay, 2007. El Ángelus, octubre de 2007)

2009

“Sabemos que, si bien no hay un retorno a la Tradición por parte de Roma, cualquier acuerdo práctico o canónico es incompatible con la confesión pública y la defensa de la Fe, y significaría nuestra muerte”.

(Obispo Alfonso de Galarreta, revista del Distrito Sudamericano Jesus Christus, n.º 121, mayo de 2009)

En abril de 2011, después de 18 meses de discusiones, el único resultado fue que las discusiones doctrinales habían FRACASADO. No se llegó a ningún acuerdo sobre las diferencias doctrinales entre la Tradición y la Iglesia Modernista Conciliar. A pesar de no haber logrado superar sus diferencias doctrinales, Roma, en septiembre de 2011, presentó al obispo Fellay un “PREÁMBULO DOCTRINAL” que quería que la FSSPX aceptara antes de cualquier reconocimiento canónico. En una reunión del Capítulo General convocada especialmente para debatir el preámbulo, el obispo de Galarreta, jefe de la Comisión Teológica de la FSSPX durante los debates, dijo lo siguiente sobre la “Nota Preliminar” y el “Preámbulo Doctrinal”:

2011

“Son confusos, engañosos, falsos y malos en esencia. Incluso la aparente apertura a la crítica del Concilio es una trampa oscura y astuta, bien disimulada. Este documento es sustancialmente inaceptable. Es peor que el Protocolo de 1988 ... Siguiendo la proposición romana, la cuestión crucial es la siguiente: ¿debemos emprender un camino de posible acuerdo que sea principalmente práctico? ¿Es prudente y conveniente mantener contactos con Roma en vista de un acuerdo práctico primario? Para mí, la respuesta a esta pregunta es clara. Debemos negarnos a emprender este camino porque no podemos hacer un mal para lograr un bien, y menos aún un bien incierto, porque eso necesariamente causará ciertos males para... la Compañía de Jesús y para la familia de la Tradición”.

 

(Obispo de Galarreta, julio de 2011, Reunión General del Capítulo)

Claramente, se está gestando rápidamente un “acuerdo práctico” sin que exista un verdadero “acuerdo doctrinal”. En el mejor de los casos, estarían de acuerdo en discrepar. Esto es contrario a lo que el Arzobispo deseaba y a lo que el Obispo Fellay había manifestado anteriormente. El Obispo Fellay declaró que lo que proponía aceptar era potencialmente tan volátil que tendría que ser presentado y explicado con sumo cuidado a los sacerdotes y fieles de la FSSPX para que lo aceptaran. El Obispo Fellay y sus dos asistentes, el padre Niklaus Pfluger y el padre Alain Nely, así como ciertos sacerdotes de la FSSPX de alto rango, presionaron con fuerza para lograr este acuerdo práctico, mientras que los otros tres obispos y muchos sacerdotes se resistieron con vehemencia.

Si el Obispo Fellay hubiera seguido sus propios principios previamente declarados (véanse los tres folletos anteriores) y los principios del Arzobispo Lefebvre (citados aquí y en los folletos de “Unión con Roma”), este fracaso de las conversaciones doctrinales debería haber sido el final de la historia hasta que Roma recuperara la cordura y la Tradición. ¡Pero no! El obispo Fellay desoyó este sensato consejo de sus compañeros obispos y sacerdotes de la FSSPX y optó por rechazar el principio anterior de no llegar a un acuerdo sin resolver las diferencias doctrinales, presionando para lograr lo que equivalía a un acuerdo práctico: un reconocimiento canónico de la Roma modernista con un estancamiento doctrinal. ¡Lo que antes había condenado, ahora lo quería! Para entonces, su discurso había cambiado. La Escritura exige: “Que vuestro hablar sea sí, sí; no, no; y lo que es más allá de esto, de mal procede” (Mt. 5:37). El obispo Fellay cada vez usa un lenguaje más ambiguo, a favor y en contra del acuerdo.

2012

“Al final de la discusión, llega esta invitación de Roma. En esta invitación hay una propuesta de una situación canónica que es regularizar nuestra situación. Y puedo decir que lo que se presenta hoy, que ya es diferente de lo que se presentó el 14 de septiembre, podemos considerarlo bien, bueno. Cumplieron con todos nuestros requisitos, puedo decir, en el nivel práctico. Así que no hay mucho problema ahí. El problema permanece en el otro nivel, en el nivel de la doctrina. Pero incluso ahí va muy lejos, muy lejos, mis queridos hermanos”.

(Obispo Fellay, 2 de febrero de 2012, Sermón en el seminario de Winona, EE. UU.)

2012

“Los males ya son suficientemente dramáticos como para que no sea necesario exagerarlos más... Ya no se hacen más distinciones... Esta falta de distinción lleva, a uno u otro de ustedes tres, a un “endurecimiento absoluto”. Esto es grave, porque tal caricatura ya no se corresponde con la realidad y, lógicamente, acabará en un verdadero cisma. Y bien puede ser que este hecho sea uno de los argumentos que me impulsan a no demorar más mi respuesta a la presión de Roma”.

(Obispo Fellay, 14 de abril de 2012, Carta a los 3 Obispos )

2012

Personalmente, hubiera preferido esperar un poco más para tener las cosas más claras, pero una vez más parece que el Santo Padre quiere que esto suceda ahora. La iniciativa del Santo Padre —porque realmente proviene de él— es genuina. Si este reconocimiento se produce, será gracias a él. Sin duda, y solo a él.

(Obispo Fellay, entrevista con Catholic News Service, 15 de mayo de 2012)

2012

“Seremos reconocidos oficialmente como católicos. Eso no significa que de repente aceptaremos lo que tanto daño le ha causado a la Iglesia. Hay que entenderlo bien. No se trata de eso”.

(Obispo Fellay, 17 de mayo de 2012, Salzburgo, Austria)

2012

“Esta estructura que se le ofrece a la Sociedad es, de hecho, totalmente apropiada... no notarán absolutamente ninguna diferencia entre ahora y después. Seguiremos siendo como somos, por así decirlo”.

(Obispo Fellay, 21 de mayo de 2012, Viena, Austria)

2012

“Cuando decimos que Roma quiere darnos un reconocimiento canónico, nos llena de desconfianza... Pero ¿tenemos derecho a sentirnos así? ¿Acaso no son... demasiado humanos?” 

(Obispo Fellay, 27 de mayo de 2012, Peregrinación a Santa Juana de Arco)

2012

“Lo que ha cambiado es que Roma ya no hace de la aceptación total del Vaticano II un requisito previo para la solución canónica... la actitud de la Iglesia oficial es lo que cambió; nosotros no. No fuimos nosotros quienes pedimos un acuerdo; el Papa es quien quiere reconocernos. ¡Todavía no estamos de acuerdo doctrinalmente, y sin embargo el Papa quiere reconocernos!... Uno de los grandes peligros es terminar inventando una idea de la Iglesia que parece ideal, pero que de hecho no se encuentra en la historia real de la Iglesia. Algunos afirman que para trabajar “seguramente” en la Iglesia, primero debe ser limpiada de todo error. Esto es lo que dicen cuando declaran que Roma debe convertirse antes de cualquier acuerdo [+¡Lefebvre pensaba así!]. Pero esa no es la realidad... Es cierto que nuestros enemigos pueden planear usar esta oferta como una trampa, pero el Papa, que realmente quiere este reconocimiento canónico, no nos lo propone como una trampa... el Papa es quien lo quiere”.

(Obispo Fellay, 8 de junio de 2012, entrevista con DICI)

¡Así que el Papa lo desea! Pero incluso en tiempos del Arzobispo Lefebvre, tanto Pablo VI como Juan Pablo II querían una solución. A pesar de ello, el Arzobispo se mantuvo firme y finalmente estableció el principio, poco antes de su muerte, de que no habría unión con Roma hasta que Roma se convirtiera a la Tradición. Ahora esto ha cambiado. “¡Poco a poco se llega lejos!” ¡DEMASIADO LEJOS!
 
Última parte...
 

LOS EFECTOS NEGATIVOS DE LAS “DISCULPAS PAPALES”

Cuando un “papa” pide disculpas “por los pecados pasados ​​de la Iglesia”, está afirmando una nueva concepción de la Iglesia, y también de la Fe, una concepción en constante reforma, cambio y evolución.

Por Marian T. Horvat, Ph.D.


Nota: El artículo ha sido adaptado ya que la publicación original data del año 2004, cuando quien usurpaba el trono de Pedro era Karol Wojtyla (JPII).


Mi amigo Jan no estaba convencido de que las “disculpas papales” por la Inquisición fueran realmente tan perjudiciales para la Iglesia.

“Aunque la Inquisición no fuera tan terrible como la han descrito los historiadores, hubo algunos abusos. ¿Acaso no demuestra humildad y honestidad el papa al pedir perdón por los errores que la Iglesia pudo haber cometido?”, argumentó Jan. “¿No nos da un buen ejemplo, ya que eso es lo que les enseñamos a nuestros hijos: pedir disculpas cuando nos equivocamos?”.

Su comentario ilustra, sin saberlo, el punto exacto que quiero destacar. Estos innumerables pedidos de disculpas de los “papas posconciliares” que han ofrecido por las supuestas “faltas de la Iglesia”, presentan una nueva y falsa noción progresista de lo que es la Iglesia. La Iglesia, de hecho, “no hace cosas malas”, como las disculpas papales están induciendo a los fieles a pensar.

La Iglesia, como institución, es pura e inmaculada, fundada por Cristo y preservada por Dios para estar libre de error, tanto en el pasado como en el presente. Solo los miembros individuales de la Iglesia, ya sean Papas, Obispos o simples fieles, pecan.

Esta es la auténtica enseñanza de la Iglesia, Jan, tal como tú y yo la aprendimos. Pero, ¿lo comprenden tus hijos o sus amigos? ¿O existe alguna confusión en sus mentes causada por las constantes disculpas papales por los “pecados de la Iglesia” del pasado? Si se analizan detenidamente esas disculpas, se observa que la mayoría incluye una breve frase, una nota a pie de página o una aclaración entre paréntesis que atribuye la culpa a los miembros de la Iglesia. Para los académicos y teólogos, por lo tanto, se mantiene la regla: ningún error es de la Iglesia, sino solo de sus miembros. Sin embargo, es la idea general de la disculpa la que suele quedar grabada en la mente de los fieles: la Iglesia es pecadora. Ante esta contradicción, uno no puede evitar preguntarse: ¿Es la intención del Vaticano provocar esta segunda impresión?

En cualquier caso, lo que perdura en la mente de tantos católicos, especialmente de los jóvenes formados en el catecismo del concilio Vaticano II, es que la Iglesia cometió errores e incluso pecó en el pasado, por lo que ahora la acción correcta para la Iglesia es arrepentirse y hacer penitencia. Esto justificaría la continua reforma de costumbres e instituciones que hemos visto desde el Vaticano II. Explica por qué la Iglesia supuestamente necesitaría nuevas estructuras, ya que las antiguas serían inherentemente defectuosas.

Si tuviéramos una Iglesia contaminada, cosa que no es el caso, entonces tendríamos una Iglesia que necesita ser evaluada y transformada, insegura en su enseñanza. Ayer cometió un error. Hoy lo corrige y se arrepiente de su pasado. Mañana, bueno, ¿quién sabe qué nos deparará el futuro a medida que la Iglesia evolucione?

Esta noción de una Iglesia pecadora, que los progresistas inculcan en el espíritu de los fieles ingenuos, se afirma en documentos del concilio Vaticano II. Lumen gentium, por ejemplo, declara que la Iglesia es “a la vez santa y necesitada de purificación”, y que debe seguir siempre “la senda de la penitencia y de la renovación” (LG 8).

De esto se deduce fácilmente que la Iglesia necesitaría una reforma continua, tal como la interpretaron Karl Rahner, Yves Congar y tantos otros “eclesiásticos” progresistas. Estos “teólogos”, sospechosos de herejía antes del Vaticano II, fueron convertidos de repente en “expertos incuestionables”, aunque su teología errónea nunca cambió. Son ellos quienes deben pedir disculpas por su pasado y arrepentirse. Pero no lo han hecho. En cambio, exigieron que la Iglesia haga precisamente eso: pedir disculpas por su pasado y arrepentirse.

Cuando un “papa” pide disculpas “por los pecados pasados ​​de la Iglesia”, no se está mostrando en absoluto humilde ni honesto. Está afirmando implícitamente una nueva concepción de la Iglesia, y también de la Fe, una concepción en constante reforma, cambio y evolución.

Espero que esto explique, Jan, por qué hay algo profundamente erróneo en esas “disculpas papales” por la Inquisición y por tantas otras acciones militantes del pasado de la Santa Iglesia Católica.
  

27 DE MARZO: SAN JUAN, ERMITAÑO


27 de Marzo: San Juan, ermitaño

(✞ 718)

El glorioso San Juan ermitaño, conocido también como Juan el Anacoreta o Juan de Egipto, nació en Licópolis de la Tebaida, de padres muy escasos en bienes de fortuna, y cuando tuvo edad, aprendió el oficio de carpintero; más el Señor, que quería labrarle, le llamó a la soledad, para hacer de él uno de los varones más santos del desierto de Egipto.

Se hizo discípulo de un santo anciano, el cual, descubriendo en aquel mancebo una humildad y obediencia extraordinarias, en breve tiempo le hizo adelantar mucho en el camino de la perfección.

Un año entero estuvo regando por obediencia un palo seco, dos veces al día, y procurando mover de su lugar una gran piedra que muchos hombres no pudieron mover; y el Señor recompensó su ciega obediencia, concediéndole después el don de milagros y profecía. 

Tras la muerte de su santo maestro, Juan pasó cinco años en diversos monasterios, y luego se fue a una montaña desierta y cavando en la piedra una celdilla, se encerró en ella, y por espacio de cuarenta años llevó en esta especie de sepultura, una vida de ángel, saboreando anticipadamente las delicias del cielo.

No había hombre más apacible y agradable en el trato que el santo anacoreta. Jamás permitió que ninguna mujer se llegase a la ventanilla de su celda: se hizo tan notorio su alto don de profecía que desde las provincias más apartadas venían a consultarle como a un oráculo del cielo.

¿Quién no se maravillaría de ver a sus pies al general del ejército romano pidiéndole consejo?... y oyendo de los labios del santo: “Confía, hijo, en el Dios de los ejércitos, porque con tus escasas fuerzas, vencerás”.

Y en efecto, la ilustre victoria que alcanzó sobre los bárbaros etíopes, acreditó la verdad del vaticinio.

El gran Teodosio también lo consultó sobre el suceso de la guerra con Máximo; y Juan le pronosticó el glorioso triunfo que habría de alcanzar sobre aquel tirano.

Cuatro años después mandó el emperador a Eutropio, su ministro, para saber el éxito de otra campaña; y el santo respondió: “Ve y di al emperador que vencerá, pero que sobrevivirá poco tiempo a la victoria”. Todo lo cual sucedió como el santo profeta lo predijo. 

Finalmente, después de una larga vida de noventa años, llena de profecías y milagros, sabiendo por divina revelación el día y la hora de su muerte, pidió que en tres días nadie le llamase, y pasándolos en oración, entregó su bienaventurado espíritu en las manos del Creador, y el día siguiente fue hallado su sagrado cadáver puesto de rodillas, y fue sepultado con la pompa y la veneración que su santidad merecía, llamándose comúnmente El Profeta de Egipto.