domingo, 28 de junio de 2026

28 DE JUNIO: SAN IRENEO, OBISPO Y MÁRTIR


28 de Junio: San Ireneo, obispo y mártir

(✞ 202)

El apostólico Obispo, antiquísimo escritor y fortísimo mártir de Cristo, San Ireneo, nació en Asia, como él mismo lo escribe de sí, que siendo muchacho, oyó a san Policarpo, obispo de Esmirna y discípulo de San Juan Evangelista, y conoció y trató a Papías y otros varones del tiempo de los Apóstoles.

Le llaman leonés, porque fue obispo de Lyon en Francia, a donde fue enviado desde Asia por San Policarpo, su maestro, para alumbrar con la luz del Evangelio aquella ciudad.

Siendo aún presbítero, fue enviado como legado de aquella Iglesia al Sumo Pontífice San Eleuterio, el cual le recibió con gran benignidad, y en esta ocasión se informó el santo de todos los ritos, costumbres y tradiciones que los gloriosos príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, habían enseñado a la Iglesia Romana.

Habiendo sido martirizado Fotino, obispo de Lyon, por voluntad de Dios y de todo el pueblo cristiano, fue elegido San Ireneo como sucesor de Fotino.

Procuró primeramente recoger la grey de Cristo que estaba asombrada y descarriada con la persecución, y desarraigó la gentilidad de las provincias comarcanas, enviando a la ciudad de Besanzón a Ferreol, presbítero, a Ferrucio, diácono, y a la ciudad de Valencia a Félix, presbítero, y Aquileo y Fortunato, diáconos.

Y porque los herejes Valentino, Marción y otros monstruos inficionaban la Iglesia Católica, San Ireneo escribió en griego divinamente inspirado contra ellos, deshaciendo sus errores y declarando la sincera y verdadera Doctrina, que él había aprendido de los varones apostólicos.

Habiéndose levantado aquel tiempo en la Iglesia una muy reñida cuestión acerca del día en que se había de celebrar la Pascua de Resurrección, queriendo algunas Iglesias de Oriente que se celebrase a los 14 días de la luna de marzo, (como la celebró Cristo, según la vieja ley, y como la celebran los judíos), y queriendo por otra parte el Papa San Víctor, que se celebrase el primer domingo siguiente en que el Salvador había resucitado, (por haberlo enseñado así el príncipe de los apóstoles); San Ireneo se puso de por medio, y escribió a los prelados y a las iglesias que se sujetasen a la Iglesia Romana, ya que era maestra y cabeza de las demás.

Finalmente, en el tiempo que Septimio Severo derramó tanta sangre de cristianos, especialmente en Lyon de Francia, donde, como dice San Gregorio Turonense, corrían arroyos de sangre por las calles, San Ireneo como pastor celoso murió en esta persecución como casi toda la ciudad, siendo de edad de noventa años.

Fue sepultado en la iglesia de San Juan en Lyon y su tumba fue profanada por hugonotes (protestantes calvinistas) en 1562.

Fue canonizado mediante culto inmemorial. El papa Benedicto XIV estableció que si concurrían causas extraordinarias via cultus, el fundamento de la veneración radicaba en el derecho adquirido que nacía de la prescripción centenaria o inmemorial, esto es, que el siervo de Dios recibía culto desde tiempo inmemorial o, al menos, con anterioridad a 1534. Esta fórmula es la que se llama canonización equivalente o canonización extraordinaria.

Reflexión:

Para que los libros en que San Ireneo escribió la sincera y verdadera Doctrina que había aprendido de los varones apostólicos fuesen trasladados fielmente, puso el santo en ellos al fin esta cláusula: “Yo te conjuro a ti que trasladas este libro, por Jesucristo Nuestro Señor, Dios y Hombre verdadero, y por su glorioso advenimiento, por el cual ha de juzgar a los vivos y a los muertos, que después que le hubieses trasladado, le confieras y enmiendes diligentísimamente con el original de donde le trasladaste”. Esto es de San Ireneo, donde se puede ver con cuánta solicitud quería se guardasen las Tradiciones de los Apóstoles, que son el arma más fuerte contra los herejes y contra las nuevas invenciones de los que se apartan del camino de su salvación.

Oración:

¡Oh Dios! Que concediste al bienaventurado Ireneo, tu mártir y Pontífice, la gracia de vencer a los herejes y asegurar felizmente la paz en la Iglesia, te rogamos des a tu pueblo constancia en la Santa Religión, y la paz deseada en nuestros tiempos. Por Jesucristo nuestro señor. Amén.
 

sábado, 27 de junio de 2026

MONSEÑOR VIGANÒ: “LA SINODALIDAD DEBE SER RECHAZADA CON INDIGNACION”

El cardenal Müller, haciendo el ridículo, sostiene que la jerarquía posconciliar nunca se ha apartado de la Tradición, y que la FSSPX se equivoca al afirmar lo contrario.

Por Monseñor Carlo Maria Viganò


El cardenal Müller, en lugar de tomar nota de la situación de crisis devastadora en la que se encuentra la Iglesia Católica a causa de la revolución conciliar y sinodal, sin importarle hacer el ridículo, sostiene que la Jerarquía posconciliar nunca se ha apartado de la Tradición, y que la Fraternidad San Pío X se equivoca al afirmar lo contrario.

Müller propone una versión renovada del motu proprio “Ecclesia Dei adflicta, con el cual repetir el fraude de 1988, vendiendo como “cisma” la fidelidad al Magisterio inmutable y como “ortodoxia” la aceptación de los errores del concilio.

Estamos en el “credo quia absurdum”.

La iglesia conciliar y sinodal pretende poder remodelar la realidad domesticándola a su propia narrativa. Exige de los fieles un asentimiento acrítico y contradictorio, bajo pena de “excomunión”.

Su Eminencia cree que los clérigos y los laicos ligados a la Fraternidad pueden ser satisfechos ofreciéndoles un sucedáneo de lo que ya tienen, como se lanza un hueso a un perro para mantenerlo atado con la cadena.

Müller descubrirá pronto —y los miembros de los Institutos ex-Ecclesia Dei con él— que reducir la denuncia del golpe conciliar a una “cuestión ceremonial” es una elección miope e ideológica, especialmente cuando la “jerarquía” no tiene ninguna intención de ceder mínimamente en los principios heréticos de los que se hace promotora.

Pregúntele a Fernández: se puede mercadear sobre la Doctrina de la Gracia con los luteranos y tributar honores prelaticios a una hereje anglicana, pero no está permitido expresar la mínima perplejidad por el fetiche del Vaticano II.

Y sin embargo Müller sostiene que la iglesia posconciliar no se ha alejado del surco de la Tradición…

El conservadurismo pseudocatólico de estos “custodios de la iglesia conciliar” es instrumental para la implementación de la sinodalidad y debe ser rechazado con indignación.
 

LAS CONSAGRACIONES EPISCOPALES SE TRANSMITIRÁN EN VIVO POR YOUTUBE

Todo aquel que lo desee (y tenga la posibilidad de hacerlo) podrá asistir en directo a las consagraciones. Es un momento importante para la Iglesia.

Por Mundabor


El enlace está aquí: https://www.youtube.com/live/SEKnk6mMbpI?si=pzsqa7gh07rsfdtZ

El tipo que aparece en la imagen de arriba (me refiero al pervertido de la derecha) los declarará “excomulgados” inmediatamente después.

Es increíble.
 

LA FSSPX PROFESA LA FE CATÓLICA Y ROMA LO LLAMA “CISMA”

Menzingen le exige a León que se convierta al catolicismo. León responde con amenazas y pide pruebas de lealtad del concilio y al “cardenal” Fernández.

Por Chris Jackson


La FSSPX pone la Tradición Católica sobre la mesa

La Sociedad de San Pío X envió a León XIV y a los cardenales una Profesión de Fe Católica en vísperas del consistorio y días antes de las consagraciones episcopales del 1 de julio en Écône.

El documento es demoledor porque no suena a manifiesto de ninguna facción. Suena como si la Iglesia Católica, antes del concilio, hubiera recordado cómo debe expresarse.

Comienza con la revelación divina, el orden sobrenatural, la Trinidad, el pecado original, la Encarnación, la Redención, María, la Iglesia, el papado, la ley moral, la Realeza Social de Cristo, los Sacramentos, la Misa, los últimos tiempos y la crisis moderna.

Precisamente por eso Roma lo considera intolerable.

La FSSPX no pide una liturgia selectiva. No dice: “Por favor, permítannos tener nuestra espiritualidad preferida”. Afirma que la crisis es doctrinal. Afirma que el modernismo, el indiferentismo, el liberalismo, el ecumenismo, el laicismo, la ética situacional, la falsa libertad religiosa, el sinodalismo y el antropocentrismo litúrgico han invadido la vida de la Iglesia. Afirma que la fe debe profesarse íntegramente, no recortada a frases adecuadas para discursos en las Naciones Unidas y sesiones fotográficas interreligiosas.

Eso es lo que los ofende.

La Profesión nombra lo que León XIV y Francisco difuminan sin cesar. Cristo es el único Redentor. La gracia es necesaria. Las falsas religiones no salvan como tales. La Iglesia es la única arca de salvación. La Misa es un sacrificio propiciatorio. El desorden moral no puede ser bendecido. La práctica pastoral no puede contradecir la doctrina. La Iglesia es jerárquica, no parlamentaria. El Magisterio custodia el depósito; no inventa una nueva religión llamándola desarrollo.

Roma escucha esto y busca la excomunión.

Eso lo dice todo a los católicos.

La Fe Católica frente a la religión de la dignidad

La sección más poderosa de la profesión es, quizás, su rechazo al humanismo religioso moderno.

Afirma que la dignidad humana no puede invocarse contra la ley de Dios, contra la conversión ni contra la sumisión a la verdad revelada. Esta frase, tan simple como una frase, se repite en casi todos los discursos que León XIV ha pronunciado desde su elección. La dignidad humana se ha convertido en la clave de la religión posconciliar. Abre todas las puertas, excepto la del arrepentimiento.

León XIV habla de dignidad ante los migrantes, ante las agencias internacionales, ante las delegaciones interreligiosas, ante las asambleas políticas modernas. Francisco hizo lo mismo con la fraternidad, el acompañamiento, la misericordia y el encuentro. El patrón es conocido. El valor intrínseco del ser humano se convierte en el centro. El pecado queda relegado. La conversión se vuelve impropia. La Cruz se convierte en un símbolo de solidaridad más que en un altar de propiciación.

La profesión de la FSSPX restablece el orden.

El ser humano tiene dignidad porque Dios lo creó y lo llama a un fin sobrenatural. El pecado hiere esa dignidad. La gracia la restaura y la exalta. Ningún ser humano es honrado al permanecer en el error, el vicio, la falsa adoración o la rebelión contra Dios. Una Iglesia que se niega a sacar a los hombres de la oscuridad no respeta su dignidad; los abandona.

Este contraste deja al descubierto todo el sistema de Francisco y León. Hablan como si la misión de la Iglesia fuera acompañar la dignidad humana dondequiera que se encuentre. La FSSPX habla como si la misión de la Iglesia fuera llevar al hombre caído a Cristo, los Sacramentos, la Penitencia, la Verdad y la Vida Eterna.

La misión que profesa la FSSPX es católica.

La otra misión es la capellanía del liberalismo global.

La profesión dice lo que Fiducia Supplicans intentó evadir

La profesión de la FSSPX afirma que los actos morales son buenos o malos según su conformidad con la ley divina. 


Rechaza la ética situacional y la idea de que las circunstancias puedan convertir actos intrínsecamente malos en buenos. Rechaza la anticoncepción, el aborto, la eutanasia, las uniones adúlteras, las uniones contrarias a la naturaleza y todo intento de presentar estados públicos contrarios a la ley divina como bienes imperfectos o realidades que deben ser bendecidas.

Esa es la doctrina católica expresada sin la ambigüedad pastoral.

Ahora comparemos esto con Francisco y Fernández.

Fiducia Supplicans le dijo al mundo que las parejas en situaciones irregulares y las parejas del mismo sexo podían recibir “bendiciones”, mientras insistía en que la doctrina no había cambiado. Ese es el engaño posconciliar en su forma más pura. Mantener la letra oficial mientras se cambia el signo público. Decir que la unión no se bendice mientras que todos en el mundo real ven a la pareja presentada para recibir la bendición. Llamarlo pastoral, espontáneo y no litúrgico. Llamarlo misericordia.

El documento de la FSSPX rechaza este juego. Afirma que la verdadera misericordia llama al pecador a la conversión. Afirma que la práctica pastoral que contradice la doctrina no es pastoral. Afirma que la caridad denuncia el mal porque su objetivo es la salvación.

No es de extrañar que Roma quiera que este documento sea descartado.

Si la FSSPX tiene razón, entonces todo el proyecto moral de Francisco / Fernández queda al descubierto como una evasión sacramentalizada. Si la FSSPX tiene razón, el nuevo paradigma pastoral no es misericordia, sino cobardía.

Que Fernández sea el mensajero de Roma es un insulto

León XIV envió al “cardenal” Víctor Manuel Fernández para tratar con la FSSPX.


Esa elección, por sí sola, es casi una parodia.

La Fraternidad presenta una Profesión de Fe fundamentada en Trento, el Concilio Vaticano I, Pío IX, León XIII, San Pío X, Pío XI, Pío XII, la tradición antimodernista, la Misa Romana, los absolutos morales Católicos y la Realeza de Cristo.

Roma envía al hombre asociado con Fiducia Supplicans, el “gran documento” de la época de Francisco que generó confusión sobre la bendición. Roma envía al hombre cuyos antiguos escritos teológicos eróticos se convirtieron en una vergüenza mundial. Roma envía al prelado cuya reputación pública entre los católicos serios está menos ligada a la claridad doctrinal que al colapso de la seriedad moral en el mismo cargo que alguna vez tuvo la responsabilidad de defender la fe.

Este es el nuevo Santo Oficio hablando a la Tradición.

Fernández.

Ese fue el mensaje.

Roma no pretende ser convertida por la Tradición. Roma pretende procesar la Tradición a través del departamento que hizo que bendecir el desorden moral pareciera pastoralmente aceptable.

La FSSPX difícilmente podría haber recibido una señal más clara de que el problema no es la incomprensión. El problema es la identidad. Los hombres que dirigen el aparato doctrinal de la iglesia posconciliar no quieren que la antigua doctrina católica los juzgue. Quieren que sus cargos juzguen la antigua doctrina.

León XIV tiene tiempo para todos menos para la Tradición

La Roma de León XIV puede recibir a casi cualquiera.


León se reunió con Sarah Mullally, la primera mujer “arzobispa” de Canterbury, y oró con ella. El simbolismo era grotesco. Una mujer que ocupaba un cargo pseudoepiscopal en una comunión nacida del cisma y la lujuria real recibía una bienvenida vaticana, una reunión privada y dignidad ecuménica. Su “arzobispado” es imposible según la doctrina católica, las órdenes anglicanas son nulas y la ordenación femenina es un absurdo teológico. Sin embargo, Roma trató el evento como un hito ecuménico.


León también se reunió con “Bad Bunny” en Madrid. Una celebridad del reguetón, cuyo mundo público está a años luz de la disciplina moral católica, pudo tener un encuentro privado durante un “viaje papal”, porque, al parecer, la cultura de las “celebridades” pertenece a las “periferias” que se dejan seducir.

El Superior General de la FSSPX recibió de parte de Fernández, advertencias, condiciones y la exigencia de una “prueba de lealtad” al concilio Vaticano II.

Esta es la comedia negra de nuestra época.

Todos “dialogan” hasta que la vieja Fe Católica irrumpe en escena. Los anglicanos reciben oraciones. Las estrellas del pop, muestras de afecto. Las delegaciones interreligiosas, elogios. Los migrantes, reverencias. Las agencias internacionales, discursos sobre la dignidad. Las figuras católicas progresistas, paciencia infinita. Los revolucionarios sexuales, discernimiento. Los alemanes, años de “diálogo”.

A la FSSPX se le dice: acepten el concilio Vaticano II, suspendan las consagraciones o aténganse a las consecuencias.

El “todos, todos, todos” de León XIII tiene letra pequeña. Todos son bienvenidos, excepto los católicos que recuerdan lo que Roma enseñó antes del concilio.

El Vaticano II es ahora el dogma vigente

Las declaraciones de León sobre la FSSPX dieron en el clavo. Rechazan “ciertos elementos fundamentales” de la Iglesia, empezando por varios puntos del concilio Vaticano II.


Ahí está la clave.

Los cuatro nuevos obispos de la FSSPX no están siendo amenazados por negar la Trinidad, la Encarnación, la Presencia Real, la Misa como sacrificio, la necesidad de la gracia, el pecado original, el infierno, el purgatorio, la doctrina mariana, el papado o la ley moral.

Están amenazados porque la FSSPX rechaza el Vaticano II.

Ese concilio se ha convertido en el verdadero “credo” de la institución posconciliar. Es la puerta de entrada. Es el juramento. Es el distintivo de identidad. En la nueva iglesia se puede decir casi cualquier cosa si se envuelve en acompañamiento, sinodalidad, dignidad, diálogo y preocupación pastoral. Se puede socavar lentamente la antigua ley moral. Se puede convertir el ecumenismo en teatro religioso. Se puede alabar el falso culto con reverencia temblorosa. Se puede reducir la misión a cooperación humanitaria.

Pero no se puede decir que el Vaticano II sea el problema.

La Profesión de la FSSPX afirma precisamente eso. Identifica los errores modernos que se infiltran en la iglesia sinodal bajo la influencia del concilio Vaticano II y las reformas posconciliares. Sostiene que la crisis no puede reducirse a sensibilidades, preferencias litúrgicas u opciones pastorales. Afirma que la crisis afecta a los cimientos.

Por eso Roma está enfadada. La FSSPX se niega a seguir el juego conservador de fingir que el Vaticano II significa lo contrario de lo que sus seguidores siguen interpretando.

La Fraternidad señala el árbol y lo juzga por sus frutos.

Roma responde amenazando con eliminar a quienes aún saben reconocer el fruto.

La amenaza de excomunión revela la inversión

El Vaticano ha advertido que las consagraciones del 1 de julio conllevarían la “excomunión”. También han circulado informes de que Roma podría ir más allá, tachando de cismática a toda la estructura de la FSSPX y posiblemente a sus sacerdotes y fieles.


Consideremos la inversión.

Un “obispo” puede alabar una mezquita como sagrada.

Un “arzobispo” puede dar la bienvenida a una conferencia lgbt e invocar al Espíritu Santo sobre sus deliberaciones.

Un “papa” puede honrar a una supuesta “arzobispa” anglicana.

Un jefe de doctrina del Vaticano puede aprobar bendiciones que hacen que el desorden moral parezca ratificado pastoralmente.

Una figura célebre de la decadencia cultural puede recibir atención “papal”.

Los revolucionarios sinodales alemanes pueden pasar años atacando la doctrina católica mientras siguen “dialogando” con ella.

La FSSPX consagra obispos para preservar la antigua Misa, la Confirmación, la ordenación sacerdotal, la formación Tradicional, la Doctrina Católica y la vida sacramental, y Roma se prepara para darles la “excomunión”.

Esto no es disciplina en defensa de la fe. Es disciplina en defensa de la revolución.

La antigua concepción católica de la excomunión era terapéutica. Protegía a la congregación del error y llamaba al pecador de vuelta a la verdad. El uso posconciliar de la excomunión funciona cada vez más como una medida de control fronterizo para el concilio Vaticano II. Se utiliza para dejar claro a los católicos tradicionalistas que no se tolerará la supervivencia fuera del ámbito conciliar.

Roma carece de credibilidad moral para esta actuación. Los hombres que presenciaron el incendio del santuario y luego castigaron a quienes llevaban agua no deberían dar lecciones a nadie sobre incendios eclesiásticos.

La Profesión de Fe es más fuerte que quienes la juzgan

Lo más humillante para la Roma de León es que el documento de la FSSPX es más sólido, claro, católico y coherente que la enseñanza pública habitual del Vaticano.


Lean la Declaración de Fe sobre la Misa. Afirma que la Misa Romana Tradicional expresa con incomparable claridad la Doctrina del Sacrificio, el Sacerdocio y la Presencia Real. Sostiene que las nuevas reformas oscurecieron el carácter sacrificial y propiciatorio de la Misa, fomentaron una concepción democrática del culto y acercaron la expresión litúrgica católica a las concepciones protestantes.

Todo católico honesto sabe que esto es cierto.

Lean la declaración de fe sobre la sinodalidad. Rechaza la transformación de la Iglesia jerárquica en una estructura consultiva, parlamentaria o democrática sujeta a la presión mundial. Todo católico que observa el funcionamiento sinodal sabe que esto es precisamente lo que ha sucedido.

Lean la declaración de fe sobre la ley moral. Rechaza la disociación entre doctrina y práctica pastoral. Todo católico que lee Amoris LaetitiaFiducia Supplicans sabe que este es el punto de inflexión.

Lean la profesión de fe sobre el falso ecumenismo. Rechaza el diálogo interminable con religiones falsas y no creyentes como sustituto de la enseñanza del Magisterio. Todo católico que observa el circo interreligioso sabe que esta es la cara pública de la nueva religión.

El documento no es vergonzoso. La respuesta del Vaticano sí lo es.

Una Profesión de Fe Católica se ha presentado ante Roma, y ​​la respuesta de Roma es, en esencia: suspendan a sus obispos y acepten el concilio que creó la crisis.

Eso no es Pedro confirmando a los hermanos.

Es una burocracia protegiendo su mito fundacional.

La verdadera pregunta

La FSSPX afirma que la Tradición contiene los remedios para los males más profundos de la Iglesia.

León XIV sostiene que el concilio Vaticano II es innegociable.

Estas dos afirmaciones no pueden ser conciliadas por ningún otro grupo de estudio.

Si la Tradición es la norma, el concilio Vaticano II debe juzgarse según lo que le precedió. Si el concilio Vaticano II es la norma, la Tradición debe ser reinterpretada, adaptada, justificada y gestionada hasta que se ajuste al nuevo orden.

Allí está el problema.

La FSSPX ha planteado la cuestión con una claridad inusual. No le pide a León que sea más amable ni que se llegue a un mejor compromiso litúrgico. No pide ser una opción más dentro de un menú conciliar pluralista. Afirma que la Fe es Una, la Iglesia es Una, la Verdad es Inmutable, la Misa es un acto de Sacrificio, Cristo es Rey, las falsas religiones no salvan, el desorden moral no puede ser bendecido y el Espíritu Santo no inspira hoy lo que condenó ayer.

La Roma de León puede aceptar esto como una Profesión de Fe Católica o condenarla como algo “cismático”.

Si lo condena, los católicos deberían prestar atención. La condena diría menos sobre la FSSPX que sobre quienes la emiten.

Los sistemas apóstatas siempre se revelan por aquello que no toleran.

Este sistema tolera casi todo, excepto la antigua Fe Católica expresada sin reservas.
 

27 DE JUNIO: SAN LADISLAO, REY DE HUNGRÍA


27 de Junio: San Ladislao, rey de Hungría

(✞ 1096)

Modelo perfectísimo de príncipes cristianos fue el gloriosísimo rey de Hungría San Ladislao I.

Era el segundo hijo del rey Bela I de Hungría y nació en Polonia, donde su padre se había refugiado, huyendo de la persecución del Rey Pedro.

Se crió en la corte de Polonia, y después en la de Hungría, y por muerte de Geza, su hermano mayor, fue coronado rey de Hungría en 1077 con general aplauso de todo el reino.

Un antiguo rey llamado Salomón, que por sus exorbitantes excesos y crueldades había sido arrojado del trono levantó a los Hunos en armas contra Ladislao, más fue vencido y derrotado por el ejército real, y sólo con la fuga pudo salvar su vida.

Libre ya Ladislao de este contratiempo, convocó una junta de los prelados, de la nobleza y del pueblo para restablecer el orden en todo su reino.

La presidió el mismo en persona; y las sabias ordenanzas que se dictaron en ella se recopilaron en tres libros, y son como la quinta esencia de la política cristiana.

Envidiosos, los príncipes vecinos de la felicidad de Ladislao, hicieron varias irrupciones en sus estados; más el santo puesto a la cabeza del ejército, reprimió a los Bohemos, ahuyentó a los Hunos y les obligó a pedir la paz; tomó Cracovia, dominó a los Polacos y a los Rusos, quitó a los Bárbaros la Dalmacia y la Cracovia, humilló a los Tártaros, y conquistó gran parte de la Bulgaria y de la Rusia. El número de sus batallas fue el de sus victorias.

Con esta paz alcanzada con todos los enemigos, florecieron en el reino las artes, la industria, el comercio y la agricultura, y juntamente la Religión y las buenas costumbres, que hicieron de aquel reino el reino más feliz de toda la cristiandad.

Y aunque era magnífica y espléndida la corte del santo rey, su vida era un dechado de todas las virtudes.

Asistía cada día a los divinos oficios, ayunaba tres días cada semana, dormía sobre la dura tierra, maceraba su carne con rigurosas penitencias y tuvo tan gran amor y estima de la castidad, que jamás pudieron persuadirle que se casase.

Cuando comulgaba se le encendía el rostro con un fuego de amor divino; y no era menor la devoción que tenía por la Madre de Dios, en cuya honra edificó una célebre basílica dedicada a Nuestra Señora.

Para los pobres levantó hospitales y casas de beneficencia; él mismo les hacía justicia, acomodaba sus diferencias y socorría todas sus necesidades. Todos sus vasallos le amaban como a su padre.

Finalmente, habiendo aceptado el mando general de un ejército de trescientos mil cruzados que le ofrecieron los príncipes de España, Francia e Inglaterra, movidos por el fervoroso celo del Papa Urbano II, cuando hacía los aprestos de aquella guerra Santa, el Señor le llamó para sí, a los cincuenta y cuatro años de edad, y décimo quinto de su reinado.

Su muerte fue muy sentida por toda la cristiandad y llenó de luto y de lágrimas todo su reino.

Fue canonizado el 27 de junio de 1192 por el Papa Celestino III.

Reflexión:

Tal es el acertado gobierno de un rey santo, y tal la felicidad nacional que resulta de un santo gobierno. Muchos se quejan de que Dios tolere estos gobiernos actuales que en lugar de mirar por el bien de los pueblos, lo tiranizan y explotan. Pero ¿qué culpa tiene Dios ni su providencia, si los mismos pueblos por universal sufragio les dan sus votos, solo porque les prometen libertad y más libertad para el mal, y no piensan siquiera en elegir hombres cristianos que gobernarían conforme a la ley de Dios y de la conciencia?

Oración:

Oye Señor, agradablemente las súplicas que te hacemos en la solemnidad de tu confesor, el Bienaventurado rey Ladislao, para que los que no confiamos en nuestros méritos, seamos ayudados por los ruegos del que tuvo la dicha de agradarte. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 

viernes, 26 de junio de 2026

RITUAL DE SANGRE: BEATO LORENZINO SOSSIO DE MAROSTICA (1485)

Lorenzino Sossio, asesinado el 5 de abril de 1485 a la edad de cinco años, es uno de los muchos niños que fueron asesinados por judíos en rituales de sangre por odio a la Fe.


El beato Laurentinus Sossius (en italiano: Lorenzo Sossio) nació en Valrovina, un pequeño pueblo cerca de Marostica, en 1480.

Su padre Giorgio era un humilde carbonero y, pocos días después de casarse con Maria dei Rosa, se vio obligado a marcharse para luchar como soldado en el ejército veneciano. A su regreso, después de nueve meses, se encontró con el niño nacido hacía apenas diez días. Inmediatamente el hombre cuestionó la fidelidad de su esposa y, tomado por la ira, tomó la espada para matar a la madre y al hijo.

Y aquí está el primer acontecimiento prodigioso relacionado con el pequeño: el recién nacido agarró la espada y exclamó: “Ah, padre, no quieras matar a tu esposa inocente, porque yo soy tu hijo, y ella me ha engendrado sin ofender tu honor”. El padre, confundido, tiró su arma y entró en razón.

Todo fue resuelto y la vida de la familia continuó tranquilamente hasta el trágico epílogo.

Era el 5 de abril de 1485, Viernes Santo. Lorenzino, en ese entonces era un niño de cinco años que se alejó demasiado de su casa y se perdió en el bosque. Los judíos lo encontraron, lo llevaron a una choza abandonada cerca de Ca’ Lugo y, después de haberlo despojado, lo crucificaron en el tronco de un roble. Según la fiscalía, buscaban una víctima para sacrificar en Pascua. Después del asesinato, habrían guardado la sangre de Lorenzino para otros ritos y habrían escondido su cuerpo bajo una alfombra de hojas, piedras y tierra.

La aldea de Valrovina, lugar donde nació Lorenzino

Pocos días después, un ermitaño, descubrió un pequeño brazo que salía del suelo y que apuntaba hacia el cielo, luego de escarbar en el lugar, encontró el cuerpo y dio la alarma. 

Posteriormente, Lorenzino fue enterrado el cementerio del pueblo, donde su tumba irradiaba luz y estaba rodeada de flores silvestres. Su pequeño cuerpo martirizado se había convertido en objeto de veneración popular que fue aprobado por el Papa Benedicto XIV

El santuario del Beato Lorenzino Sossio en Valrovina.
 
Después de este atroz crimen, la Fiscalía ordenó la expulsión de los judíos de Vicenza y de todo el territorio vicentino, decretada por el Dux de Venecia Marco Barbarigo 21 de abril 1486.
 
Posteriormente, se le concedió su conmemoración litúrgica el día 15 de abril. Fue declarado Beato por el Papa Pío IX el 5 de septiembre de 1867, confirmando su culto como Mártir.
 
Altar con las reliquias de Lorenzino Sossio en la iglesia de Santa Maria Assunta en Marostica.

Tras el conciliábulo Vaticano II, como en todos los demás casos de Ritual de Sangre, su culto comenzó a ser ignorado por la iglesia conciliar y a perder popularidad, aunque se conserva su veneración local, gracias a los fieles católicos.

La explicación de este “cambio de actitud” de la iglesia conciliar según Wikipedia:

El culto litúrgico de los bienaventurados fue abandonado de acuerdo con las disposiciones postconciliares.

De hecho, el proceso de “revisión crítica” del asunto por parte de la “Iglesia Católica” comenzó con la toma de conciencia de las posibles responsabilidades del catolicismo en el “holocausto”, debido a la propagación de “arquetipos antisemitas”. Desde esta perspectiva, entre otras cosas, el Concilio Vaticano II promovió el “diálogo interreligioso”, eliminó las oraciones antijudías de la liturgia del Viernes Santo y “revisó el martirologio” romano “a la luz del método histórico”.

Hoy el cuerpo del niño se conserva en la iglesia de S. Maria Assunta en Marostica, mientras que el brazo derecho se encuentra en la iglesia parroquial de Valrovina.
 

VOLUNTARISMO SEMIPELAGIANO (1)

La primacía y la gratuidad total de la gracia de Dios es lo que está en juego en estas gravísimas cuestiones

Por el padre José María Iraburu


Expuse las grandes rebajas del cristianismo (aquí, aquí, aquí, aquí y aquí), limitándome al arrianismo y al pelagianismo en sus versiones antiguas y actuales. Y aunque el semipelagianismo también implica una rebaja del cristianismo, al negar la plena gratuidad de la gracia, he preferido tratarlo aparte por respeto a sus santos iniciadores, y sobre todo porque voy a considerarlo más bien en sus actuales versiones voluntaristas, bastante alejadas del semipelagianismo puro y duro.

El semipelagianismo es un grave error que en el siglo V se produjo en algunos monasterios del sur de Francia, como Marsella –de aquí vino el llamarle error massiliense– y Lérins, isla frente a Cannes. Fue formulado y difundido por hombres de muy santa vida, como los monjes Juan Casiano, abad de Marsella (+430), en su Colación XIII, San Vicente de Lérins (+445), autor del Commonitorium, y San Fausto, Obispo de Riez, antes abad de Lérins (400-490). Ellos, claramente alejados del pelagianismo –reconocían el pecado original, la necesidad de la gracia y de la oración de petición–, 
erraban, sin embargo, acerca de la primacía absoluta de la gracia. Queriendo reaccionar contra ciertas tesis de San Agustín, que a su entender eliminaban la libertad del hombre en su colaboración con la gracia, vinieron a afirmar que ciertos esfuerzos de la voluntad humana preceden a la gracia y que el principio mismo de la fe (initium fidei) depende del hombre. Eran hombres santos, que erraron en un tiempo en que la Iglesia no había definido suficientemente la doctrina católica sobre la gracia.

San Fausto de Riez es el exponente máximo del semipelagianismo (De gratia Dei: PL 58,783-836). 

Dios ofrece igualmente a todos los hombres su gracia salvadora, y aquellos que generosamente la reciben, son los que se salvan. No son éstos, por lo tanto, propiamente elegidos de Dios (Rm 8,29), sino que más bien son ellos quienes se eligen a sí mismos, mereciendo así la salvación. La predestinación no es, por lo tanto, sino la previsión divina de aquellos que libremente van a recibir la gracia. Y es la voluntad humana quien hace eficaz la gracia, y quien decide el grado de santidad final según el grado mayor o menor de su generoso esfuerzo personal: “Regnorum cælorum vim patitur” (es el esfuerzo el que gana el Reino celestial, Lc 16,16). A fines del s. V, apenas entre los Obispos del sudeste de las Galias se alzaban voces contra la doctrina semipelagiana de católicos tan fide-dignos como Casiano, Vicente y Fausto. El De gratia de Fausto era considerado por el escritor Genadio de Marsella (+500), docto sacerdote, como un “opus egregium”.

Rechazo católico inmediato

También eran santos –y probablemente más santos, digo yo– quienes refutaron inmediatamente el semipelagianismo, como San Agustín (+430), San Hilario (401-449), obispo de Arlés, el monje San Próspero de Aquitania (+450), gran defensor del agustinismo, y San Fulgencio (+533), obispo de Ruspe, en el norte de África.

También el Magisterio pontificio, estimulado por esos autores, produjo a lo largo del siglo V varias declaraciones contrarias al semipelagianismo, reunidas en un documento, el Indiculus, que fue reconocido por Roma hacia el 500 (Denz. 238-249). Pero la más perfecta enseñanza de la Iglesia contra el semipelagianismo, en la misma doctrina del Indiculus, se produjo en el Sínodo II de Orange (529), pequeña ciudad al sudeste de Francia (Denz. 238-249). Fue presidido por San Cesáreo, obispo de Arlés (+543), y confirmado por el Papa Bonifacio II (Denz. 370-397).

Es significativo que tanto Hilario, como Próspero y Cesáreo, los tres habían sido monjes de Lérins, y conocían bien la doctrina del “semipelagianismo”. Este término, por cierto, nació mucho después, cuando los que contradecían las tesis del P. Luis de Molina, S. J. (1535-1600), expuestas en su libro Concordia (1588), le acusaban de profesar las sententiæ semipelagianorum, es decir, de revivir los errores massilienses, ya condenados por la Iglesia.

Cánones principales del Sínodo II de Orange

El sufrido lector me va a permitir –a la fuerza– que transcriba buena parte de los cánones de este maravilloso Sínodo provincial (Arausicano). Su doctrina fue especialmente tenida en cuenta en los debates del Concilio de Trento. Han de ser leídos estos cánones con gran atención porque 1.–como es normal en los antiguos sínodos y concilios, su formulación es sumamente densa, precisa y concisa; y 2.–porque afirman unas verdades grandiosas, muy olvidadas actualmente hasta por los católicos más fieles. Si hoy la mayoría de los católicos no practicantes son apóstatas o pelagianos, una buena parte de los practicantes se ven más o menos afectados de semipelagianismo. Hemos de comprobarlo más adelante. Atención, pues:

Can. 1 y 2: El pecado original existe, y no en el sentido de Pelagio, sino en el de la Iglesia.

Can. 3: “Si alguno dice que la gracia de Dios puede conferirse por invocación humana, y no que la misma gracia hace que sea invocado [Dios] por nosotros, contradice al profeta Isaías o al Apóstol: “he sido encontrado por los que no me buscaban. Manifiestamente aparecí a quien por mí no preguntaba” (Rm 10,20; cf. Is 65,1)”.

Can. 4: ”Si alguno porfía que Dios espera nuestra voluntad para limpiarnos del pecado, y no confiesa que aun el querer ser limpios se hace en nosotros por infusión y operación sobre nosotros del Espíritu Santo, resiste al mismo Espíritu Santo, que por Salomón dice: “es preparada la voluntad por el Señor” (Prov. 8,35: en LXX), y al Apóstol que saludablemente predica: “Dios es el que obra en nosotros el querer y el obrar, según su beneplácito” (Flp 2,13)”.

Can. 5: “Si alguno dice que está naturalmente en nosotros lo mismo el aumento que el inicio de la fe… se muestra enemigo de los dogmas apostólicos… “Confiamos que quien empezó en vosotros la obra buena, la acabará hasta el día de Cristo Jesús” (Flp 1,6)… “A vosotros se os ha concedido por Cristo no sólo que creáis en Él, sino también que por Él padezcáis” (1,29), y: “de gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, puesto que es don de Dios” (Ef 2,8)”…

Can. 6: “Si alguno dice que se nos confiere divinamente misericordia cuando sin la gracia de Dios creemos, queremos, deseamos, nos esforzamos, trabajamos, oramos, vigilamos, estudiamos, pedimos, buscamos, llamamos, y no confiesa que por la infusión e inspiración del Espíritu Santo se da en nosotros que creamos y queramos o que podamos hacer, como se debe, todas estas cosas; y condiciona la ayuda de la gracia a la humildad y obediencia humanas, y no consiente que es don de la gracia misma que seamos obedientes y humildes, resiste al Apóstol que dice: “¿qué tienes tú que no lo hayas recibido?” (1Cor 4,7), y: “por la gracia de Dios soy lo que soy” (1Cor 15,10)”.

Can. 7: Es engañado por la herejía quien “afirma que por la fuerza de la naturaleza se puede pensar como conviene, o elegir algún bien que toca a la salud de la vida eterna, o consentir a la saludable y evangélica predicación… “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5), y: “no que seamos capaces de pensar nada por nosotros como de nosotros, sino que nuestra suficiencia viene de Dios” (2Cor 3,5)”.

Can. 8: Yerra el que “porfía que pueden venir a la gracia del bautismo unos por misericordia, otros en cambio por libre albedrío… El Señor mismo lo prueba, al atestiguar que no algunos, sino “ninguno puede venir a Él sino aquel a quien el Padre atrajere” (Jn 6,44); así como al bienaventurado Pedro le dice: “bienaventurado eres, Simón, hijo de Joná, porque ni la carne ni la sangre te lo ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos” (Mt 16,17); y el Apóstol: “nadie puede decir Señor a Jesús, sino en el Espíritu Santo” (1Cor 12,3)”.

Can. 9: “Sobre la ayuda de Dios. Don divino es el que pensemos rectamente y que contengamos nuestros pies de la falsedad y la injusticia; porque cuantas veces obramos bien, Dios, para que obremos, obra en nosotros y con nosotros”.

Can. 12: “Cuáles nos ama Dios. Tales nos ama Dios cuales hemos de ser por don suyo, no cuales somos por merecimiento nuestro”.

Can. 13: “De la reparación del libre albedrío. El albedrío de la voluntad, debilitado en el primer hombre, no puede repararse sino por la gracia del bautismo. Lo perdido no puede ser devuelto, sino por el que pudo darlo. De ahí que la Verdad misma diga: “si el Hijo os liberare, entonces seréis verdaderamente libres” (Jn 8,36)”.

Can. 18: “Que por ningún merecimiento se previene a la gracia. Se debe recompensa a las obras buenas, si se hacen; pero la gracia, que no se debe, precede para que se hagan”.

Can. 20: “Que el hombre no puede nada bueno sin Dios. Muchos bienes hace Dios en el hombre, que no hace el hombre; ningún bien, en cambio, hace el hombre que no otorgue Dios que lo haga el hombre”.

Can. 22: “De lo que es propio de los hombres. Nadie tiene de suyo sino mentira y pecado. Y si alguno tiene alguna verdad y justicia, viene de aquella fuente” divina.

Can. 23: “De la voluntad de Dios y del hombre. Los hombres hacen su voluntad y no la de Dios, cuando hacen lo que a Dios desagrada; mas cuando hacen lo que quieren para servir a la divina voluntad, aun cuando voluntariamente hagan lo que hacen, la voluntad, sin embargo, es de Aquel por quien se prepara y se manda lo que quieren”.

Can. 24:  “De los sarmientos de la vid. De tal modo están los sarmientos en la vid que a la vid nada le dan, sino que de ella reciben de qué vivir”…

Concluye el Sínodo con una Profesión Solemne de la Fe Católica, redactada por San Cesáreo de Arlés, en la que reafirma la doctrina conciliar, añadiéndole más argumentos y citas bíblicas. “También profesamos y creemos saludablemente que en toda obra buena, no empezamos nosotros y luego somos ayudados por la misericordia de Dios, sino que Él nos inspira primero –sin que preceda merecimiento bueno alguno de nuestra parte– la fe y el amor a Él”.

Bonifacio II confirma el Sínodo II de Orange (531: Denz. 398-400): “Vosotros definís que la recta fe en Cristo y el comienzo de toda buena voluntad, conforme a la verdad católica, es inspirado en el alma de cada uno por la gracia de Dios preveniente”. Por lo tanto, “no hay absolutamente bien alguno según Dios que pueda nadie querer, empezar o acabar sin la gracia de Dios”.

La primacía y la gratuidad total de la gracia de Dios es lo que está en juego en estas gravísimas cuestiones. Es muy significativo que la Iglesia dedicó sus primeros Sínodos y Concilios a definir ante todo las realidades más importantes de la fe católica: la Encarnación del Verbo, la santísima Trinidad, la gracia divina… El semipelagianismo –posterior al pelagianismo, ya condenado por la Iglesia–, estimando que la gracia de Dios se ofrece igualmente a todos, y que es la libertad humana personal la que, con su mayor o menor empeño, decide las buenas obras, prácticamente pone la iniciativa de la vida espiritual en el hombre. En consecuencia, la mayor o menor santificación de la persona es principalmente cuestión de su “generosidad” en la colaboración con la gracia. Y consiguientemente… etc. Ya lo iremos viendo.

Hace unos años, en un cursillo que di sobre la gracia divina a una veintena de católicos especialmente cualificados, les puse al inicio –confieso que con una cierta perfidia– un cuestionario previo, con una docena de frases (verdadera / falsa) tomadas textualmente de Concilios, de San Fausto de Riez, de Santo Tomás de Aquino, etc. Creo recordar que había entre ellos tres católicos, tres pelagianos y catorce semipelagianos.

Voy a tener trabajo en los próximos artículos.
 

Imagen superior: Hilario de Marsella

DONDE SE VE REAPARECER A NUBIUS (EL HOMBRE TENEBROSO)

Continuamos con la publicación del capítulo XI del tercer y último Tomo del libro “La Conjuración Anticristiana” de Monseñor Henri Delassus, publicado el año 1910.


TOMO I: LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA

TOMO II: EL AMERICANISMO Y LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA

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CAPÍTULO XI

DONDE SE VE REAPARECER A NUBIUS

Ana Catalina habla repetidamente de la Iglesia de los Apóstatas, a la que también llama la Iglesia de las Tinieblas, y cuyo progreso destaca. En otro pasaje, señala la presencia e influencia de ciertos asociados de los principales líderes de la masonería. ¿Qué es esta Iglesia? No lo especifica, salvo por la frase que leímos anteriormente: “Aquí todo es más natural”, lo que parece indicar que se refería a las palabras de quienes abandonan el orden sobrenatural para encontrar mayor consuelo en el naturalismo.

Ella afirma que la debilidad y la tolerancia del clero permitieron que este flagelo se extendiera. Incluso dice que estuvo en Roma, en espíritu como siempre, para apoyar al Papa, quien estaba siendo presionado por su entorno para que hiciera demasiadas concesiones. Ya en Soirées de Saint-Pétersbourg (Diálogos de San Petersburgo), Jean de Maistre hizo que el senador ruso dijera al conde y caballero católicos: “Examínense en el silencio del prejuicio y sentirán que su poder se les escapa”. Y recalcó esta idea: “Ya no poseen esa conciencia de la fuerza que tan a menudo reaparece en los escritos de Homero, cuando quiere hacernos sentir las cimas del coraje. Ya no tienen héroes, USTEDES YA NO SE ATREVEN A NADA, Y TODOS NOS ATREVEMOS CONTRA USTEDES”. Catalina Emmerich comprendió en sus visiones que esta “conciencia de su poder” renacería en el clero, y esto se le presentó en una hermosa imagen: “...La gran Señora (la jerarquía eclesiástica así representada) lleva consigo en un tabernáculo un tesoro, algo sagrado, que conserva, pero que ya no comprende del todo: este tesoro es la autoridad espiritual y el poder secreto de la Iglesia, que quienes están en la casa nupcial (los católicos) ya no desean, ya no pueden soportar. Pero este poder crecerá de nuevo en silencio. Quienes se resistan serán entonces expulsados ​​de la casa, y todo se renovará” (1). ¿Acaso no estamos presenciando hoy, bajo el pontificado de Pío X, el cumplimiento de esta profecía?

“Estoy reviviendo las payasadas del hombre negro”.

Catalina Emmerich ya había hablado sobre las acciones del HOMBRE NEGRO en la corte de Roma y lo mencionará varias veces más adelante en su historia.

Nuestros lectores recordarán sin duda que, precisamente en ese momento, cuando la Venerable Catalina Emmerich sufría por la Iglesia, la masonería, recién reorganizada, había establecido en Roma lo que denominó la Alta Vendita, y que al frente de esta sociedad secreta había colocado a un hombre, miembro de una de las embajadas acreditadas ante la Santa Sede. Este hombre había adoptado como seudónimo en dicha sociedad secreta la palabra NUBIUS, el “hombre negro” o el hombre de las tinieblas, el hombre de la oscuridad y el misterio. La misión especial que el Poder oculto le había encomendado era preparar el asalto final a la Santa Sede. Gracias a su posición diplomática, la nobleza de su familia, su riqueza y su encanto natural, era bien recibido en todas partes; tenía acceso a los Superiores de las Órdenes, a los prefectos de las congregaciones, a los cardenales, y gracias a su extrema discreción, no despertaba sospechas en ningún lugar.

¿Es este el hombre al que Ana Catalina siguió con su mirada de vidente y al que llama el hombre negro, o como él se hacía llamar “el hombre de las tinieblas”? No es descabellado creerlo.

Durante la octava de la fiesta de San Juan Evangelista en 1820, cuando la Alta Vendita estaba en pleno apogeo, la Venerable tuvo visiones sobre la Iglesia y los ataques que estaban a punto de lanzarse contra ella. “Vi -dijo- la Basílica de San Pedro (que representa, como ya hemos señalado, a la Iglesia Romana, la Iglesia Católica), con una enorme cantidad de hombres trabajando para destruirla”. Se sabe que a principios del siglo XIII, Inocencio III tuvo una visión simbólica muy similar. Los muros de la Basílica de Letrán, madre y señora de todas las iglesias, le parecieron abrirse. Santo Domingo y San Francisco vinieron a apoyarla. Catalina Emmerich diría más tarde que también vio, junto a los equipos de demolición, a otros hombres ocupados en reparar la Iglesia de San Pedro. Aquí añade: “Filas de cuadrillas de demolición se extendían por todo el mundo, y me asombró la manera coordinada en que todo se llevaba a cabo. Las cuadrillas de demolición retiraban grandes trozos del edificio. Estos sectarios son numerosos, y entre ellos hay apóstatas. Al realizar su trabajo de demolición, parecían seguir ciertas normas y prescripciones. Llevan delantales blancos, ribeteados con una cinta azul y con bolsillos. Tienen paletas metidas en el cinturón. También visten todo tipo de ropa. Entre ellos hay algunas figuras distinguidas, altas y robustas (2), con uniformes y cruces, que, sin embargo, no realizaban el trabajo ellos mismos, sino que marcaban en las paredes de la iglesia, con la paleta, lo que había que demoler. Vi con horror que también había sacerdotes católicos entre ellos”. (Ella dijo otro día que había escuchado las grandes palabras masónicas —luz, ciencia, justicia, amor— de los labios de estos clérigos). A menudo, cuando los equipos de demolición no sabían cómo proceder, se acercaban a uno de ellos, que tenía un gran libro donde estaba dibujado todo el plan de demolición, para averiguarlo. Entonces, él marcaba con precisión, con su paleta, el punto que debía ser atacado; y pronto otra sección caía bajo su martillo. La operación se desarrollaba silenciosa y seguramente, pero sin llamar la atención y sin hacer ruido, ya que los equipos de demolición mantenían una vigilancia constante” (3).
 
El lector debe tener presente que esto fue escrito por Clement Brentano en 1820 al dictado de Catalina Emmerich. ¿Podría haber una descripción más precisa de lo que nadie sospechaba entonces? ¿Era posible prever y expresar con mayor claridad quién y cómo se libraría la guerra contra la Iglesia? Hoy vemos que se ha trazado un plan de destrucción con astucia diabólica. Vemos que los ejecutores están repartidos por todos los países del mundo, que se han asignado roles y que cada uno ha comprendido claramente la tarea que le corresponde. Trabajan en los lugares que les han sido asignados; se detienen cuando las circunstancias lo requieren, solo para reanudar su labor con renovado fervor. En todos los países católicos, el ataque se lleva a cabo de forma simultánea o sucesiva contra la posición que el clero secular ocupaba en el Estado y en las diversas administraciones; contra los bienes que le permitían vivir, rendir a Dios el culto que le debía, enseñar a la juventud y aliviar la miseria; contra las órdenes y congregaciones religiosas.

En cuanto a Francia, el plan general para la guerra contra los católicos fue presentado a la Cámara de Diputados el 31 de mayo de 1883 por Paul Bert. Al ejecutar este plan, Ferry, Waldeck, Combes, Loubet, Briand y Clemenceau no tenían intereses personales. Ejecutaron lo que el misterioso líder había esbozado, consultando a sus subordinados, custodios de su pensamiento, cuando estos dudaban o se veían obstaculizados. Tras los primeros doce años de esta labor, el episcopado francés pudo afirmar: “El gobierno de la República ha sido la encarnación de un programa en absoluta oposición a la fe católica”. Desde entonces, cada año se ha derrumbado una nueva parte del edificio erigido por nuestros antepasados, la Iglesia de Francia. Catalina Emmerich vio a los masones y sus ayudantes distribuidos en diversos equipos, cada uno con una tarea específica. Esto es lo que hemos presenciado. Gambetta se encargó de la declaración de guerra, Paul Bert ejerció la presión en la educación, Naquet en la constitución de la familia, Jules Ferry en el culto, Thévenet, Constans, Flequet, etc., expulsaron al clero de todos sus cargos; Waldeck-Rousseau atacó a las congregaciones religiosas; Combes, Clemenceau y Briand impulsaron y promovieron la separación entre Iglesia y Estado.

Para la labor de destrucción dentro de la Iglesia, también están los ingenieros, cuyos nombres son fáciles de identificar: uno ataca las Sagradas Escrituras, otro la teología, un tercero la filosofía, uno la historia y otro el culto. Sobre todo, existen asociaciones internacionales encargadas, como hemos visto, de difundir un espíritu de resistencia al dogma entre el público, y en particular entre los jóvenes.

Ana Catalina, quien vio a los masones y a sus compinches trabajando sin descanso para destruir la Iglesia tanto interna como externamente, también vio al clero y a los fieles esforzándose por obstaculizar su labor e incluso por reconstruir las minas ya excavadas, pero, según ella, “con poco celo”. Los defensores le parecían carecer de confianza, fervor y método. Actuaban como si ignoraran por completo lo que estaba en juego y la gravedad de la situación. “Era deplorable” (4).

Catatina Emmerich no fue la única a quien Dios reveló las maquinaciones de la masonería para animarla a combatir la secta mediante sus oraciones y sacrificios. También en Roma se encontraba una mujer pobre, una madre llamada Ana María Taigi, cuya biografía fue publicada por el padre Calixto, trinitario, y declarada “de acuerdo con los documentos del proceso apostólico”. El 21 de julio de 1909, tuvo lugar en casa del Cardenal Ferrata la reunión previa a su beatificación. Su biógrafo nos cuenta: “Vio sobrenaturalmente las reuniones de los masones en diferentes partes del mundo; asistió a sus reuniones secretas, estaba al tanto de sus planes; y, al ver esto, ofreció fervientes oraciones y generosos sacrificios a Dios. Nuestro Señor le había dicho: 'Te he elegido para que seas mártir... Tu vida será un largo martirio por el sostenimiento de la fe'”. Ella aceptó. Y, en más de una ocasión, Dios frustró los planes de la secta, en consideración a sus méritos. Así, a principios del pontificado de Gregorio XVI (1831), una revuelta armada, que comenzó en Bolonia, se extendió gradualmente hasta las puertas de Roma. La intención era sumir a la Ciudad Eterna en la revolución. Testigos escuchados durante el proceso de beatificación afirmaron que, desde los primeros días de esta revuelta, Ana María predijo su fracaso. Había recibido garantías de que su sacrificio era aceptado.
 
El principal esfuerzo de los destructores siempre se ha dirigido contra la ciudadela del catolicismo. Allí vimos que el Poder oculto había establecido a la Alta Vendita y, a su cabeza, al hombre que sus aliados llamaban Nubio. Por su parte, Catalina seguía de cerca las intrigas en Roma de aquel hombre poderoso. “Vi -dijo un día- al Papa en oración. Estaba rodeado de falsos amigos. Sobre todo, vi a un hombrecillo negro que trabajaba con gran energía para la ruina de la Iglesia. Intentaba cautivar a los cardenales con halagos hipócritas”. Nuestros lectores recordarán sin duda que en su carta al prusiano Klauss, Nubio decía: “A veces paso una hora de la mañana en casa del viejo cardenal Somaglia, el secretario de Estado; cabalgo, ya sea con el duque de Laval o con el príncipe Cariati, o a menudo me encuentro con el cardenal Bernetti. De allí me apresuro a ver al cardenal Palotta; luego visito al fiscal general de la Inquisición, al dominico Jabalot, al teatino Ventura o al franciscano Orioli en sus celdas. Por la noche, comienzo esta vida, tan bien ocupada a los ojos del mundo, con otros”. En estas visitas, en estas conversaciones, nunca perdió de vista la misión que había recibido, el objetivo que quería alcanzar, y del que le dijo a uno de sus compañeros: “Hemos cargado con un peso enorme, querido Volpa”.

El 15 de noviembre de 1819, la Venerable dijo: “Debo ir a Roma (en espíritu, como siempre). Vi al Papa haciendo demasiadas concesiones en asuntos importantes tratados por individuos heterodoxos. Hay un hombre negro en Roma que sabe cómo obtener mucho mediante la adulación y las promesas. Se esconde tras los cardenales; y el Papa, en su afán por obtener una cosa, ha consentido otra, que será explotada de forma perjudicial. Lo vi en forma de conferencias e intercambio de escritos. Luego vi al hombre negro jactándose con arrogancia ante su grupo. “He ganado -dijo- pronto veremos qué será de la Roca sobre la que está edificada la Iglesia”. Pero se jactó demasiado pronto. Tenía que ir al Papa. Estaba de rodillas, orando. Le dije (de la manera en que ella misma ya lo ha explicado) lo que me habían encomendado transmitirle”. Y de repente lo vi levantarse y tocar la campana. Llamó a un cardenal y le ordenó que revocara la concesión otorgada. El cardenal, al oír esto, se sintió muy consternado y le preguntó al Papa de dónde había sacado esa idea. El Papa respondió que no tenía explicación alguna. “Basta -dijo- así debe ser”. El otro hombre se marchó, completamente atónito.
 
“Vi a muchas personas piadosas que estaban muy apenadas por las intrigas del hombre negro. Parecía un judío”.

En otro pasaje, ella dice de este mismo personaje: “El hombrecito negro, al que veo tan a menudo, tiene a mucha gente a la que hace trabajar para él sin que sepan con qué propósito. También tiene seguidores en la nueva Iglesia de la oscuridad”, es decir, si no nos equivocamos, en lo que se ha llamado catolicismo liberal, luego democracia cristiana, naturalismo y, finalmente, modernismo.

Otro día, hablando nuevamente del Hombre Negro, la Venerable dijo: “Lo vi cometer muchos actos de sustracción y falsificación”. Lo vio, añade su historiador, hacer desaparecer ciertos documentos, alterar otros y conseguir la destitución de aquellos en el poder que obstaculizaban sus planes. Vio a consejeros del Papa, seducidos por él, favoreciendo los planes de la secta. Se esforzaron por ocultar al Pontífice las medidas tomadas con un propósito hostil a la Iglesia, como la unión de las confesiones católica, luterana y griega en una sola Iglesia, de la cual el Papa, despojado de todo poder secular, sería solo la cabeza nominal. Nuestros lectores saben que la secta ha ampliado sus ideas hoy en día. Lo que busca ahora ya no es simplemente la fusión de las denominaciones cristianas, sino la destrucción de todas las barreras, dogmáticas o de otro tipo, para permitir que todas las personas se unan en un catolicismo que, para abarcarlas a todas, no profesaría nada, ya no exigiría la adhesión a ningún dogma. “Desde un lugar central y sombrío -continuó Ana Catalina (sin duda el lugar donde presidía el hombre negro, donde deliberaba la Alta Vendita)-, veo mensajeros que parten, llevando comunicaciones a diversos lugares. (Hemos visto en la correspondencia de los miembros de la Alta Vendita que, a través de los judíos que la integraban, tenía conexiones con todos los países). Estas comunicaciones, las veo brotar de las bocas de los emisarios como un vapor negro que cae sobre el pecho de los oyentes y enciende en ellos odio y rabia”.
 
Un día observó los efectos de esta conspiración y propaganda, incluso dentro del clero, en estos términos: “Veo que en este lugar (?) la religión está siendo socavada y reprimida con tanta habilidad que apenas quedan cien sacerdotes que no hayan sido seducidos (por las ideas modernas que los judíos han declarado tener interés en difundir). No sé cómo está sucediendo esto, pero veo que la niebla y la oscuridad se extienden cada vez más”. Añadió: “Espero poder ayudar a quienes resisten estas seducciones asumiendo los sufrimientos de la Pasión de Cristo”. Y cuando hubo dicho esto, se vio cómo su cuerpo se ponía rígido y adoptaba la posición de una persona crucificada. Un sudor frío le corría por la frente y se le entumeció la lengua. Esto duró diez minutos y se repitió tres veces ese mismo día. Finalmente, se desplomó y permaneció durante varios días en un estado de aniquilación del que solo salió gracias a la bendición de su confesor. “Sigue adelante -le dijo Jesús en una situación similar- sigue orando y sufriendo por la Iglesia. Ella obtendrá la victoria a pesar de sus reveses momentáneos, porque no es una institución humana”.
 
Ana Catalina concluyó el relato de su gran visión de 1820 con palabras de consuelo. Tras decir: “Veo ante mí la escena de la demolición de la Iglesia de San Pedro y las maquinaciones del hombre negro -y añadió- Veo cómo, finalmente, María extendió su manto sobre la Iglesia y cómo los enemigos de Dios fueron expulsados”. Acabamos de escuchar a Nuestro Señor depositar la misma esperanza en su corazón.

Continúa...

Notas:

1) Vie por el padre Smoegher, II, p. 360.

2) Esta apariencia externa les fue dada a los ojos de la Vidente, sin duda, para indicar el lugar más o menos importante que ocupaban en la secta.

3) En el prefacio de su (Euvres pastorales, Monseñor Isoard escribió en 1884: “Estos hombres, que trabajan para erradicar toda huella religiosa en Francia, saben perfectamente lo que quieren hacer. Nunca pierden de vista el execrable objetivo que se han propuesto. Tienen un plan de campaña. Las líneas generales de este plan se han trazado con precisión durante más de cien años. Las operaciones específicas se han planificado durante más de cuarenta años. Los detalles más pequeños de su ejecución se han ultimado durante catorce años”.

4) 4 de diciembre de 1820: “Tuvo una visión y una advertencia sobre varios sacerdotes que, aunque dependía únicamente de ellos, no estaban dando lo que debían haber dado con la ayuda de Dios; también vio que tendrían que dar cuenta de todo el amor, todos los consuelos, todas las exhortaciones, todas las instrucciones sobre los deberes religiosos que no nos dan, por todas las bendiciones que no distribuyen aun cuando el poder de la mano de Jesús está en ellos, por todo lo que no hacen a semejanza de Jesús” (ll, p. 358).