viernes, 10 de julio de 2026

“NO HAY SALVACIÓN FUERA DE LA IGLESIA” VA DIRIGIDO SOLO A LOS CATÓLICOS

Las increíbles declaraciones de Kurt Koch, prefecto del llamado Dicasterio para el Servicio de la Unidad de los Cristianos del Vaticano.

Por Novus Ordo Watch


El “teólogo” alemán del novus ordo Jan-Heiner Tück es editor de la edición en alemán de Communio, un periódico neomodernista internacional fundado originalmente en 1972 por representantes del ala menos progresista de la 'Nueva Teología' (específicamente, por Hans Urs von Balthasar, Henri de Lubac y Joseph Ratzinger).

El 2 de julio de 2026, un día después de que la Sociedad Lefebvrista de San Pío X llevara a cabo en Écone, Suiza, un acto que el Vaticano condenó como "cismático", Tück se sentó con Koch para una entrevista sobre la FSSPX y las posibles formas de sanar el cisma en el futuro.

La entrevista dura aproximadamente 28 minutos y se realizó en alemán. El audio original está disponible 
aquíCommunio ha publicado una transcripción en alemán (aquí) y Rorate Caeli ha publicado una traducción al inglés (aquí).

Si bien habría mucho que decir en respuesta a las numerosas afirmaciones de "Su Eminencia", la presente publicación se centrará únicamente en uno de los errores más flagrantes de Koch: la afirmación de que el dogma "No hay salvación fuera de la Iglesia" solo se aplica a los católicos, quienes ya creen en la necesidad de la Iglesia para la salvación.

Cuando el entrevistador le preguntó por qué Extra Ecclesiam Nulla Salus ['No hay salvación fuera de la Iglesia'] se ha vuelto 'difícil' en las condiciones modernas, Koch respondió textualmente:

Creo que es difícil incluso desde una perspectiva teológica, porque la fórmula “extra ecclesiam nulla salus” se aplica naturalmente a los católicos convencidos de que la Iglesia Católica señala el camino a la salvación eterna. Pero ya tenemos la convicción fundamental, en la Sagrada Escritura y también en la Tradición, de que Dios quiere la salvación de todos [cf. 1 Tim 2:4] y que, además, encuentra otros caminos para que quienes nunca se han alineado con el Evangelio de Jesucristo alcancen la salvación. Si la Compañía [de San Pío X] ahora, en esencia, condena al infierno a todo aquel que no pertenece a la Iglesia Católica, entonces no sé cómo se puede justificar esta convicción fundamental de la Sagrada Escritura: que Dios quiere que todos se salven. Y el peligro, por supuesto, es que el juicio teológico se anteponga a la voluntad judicial suprema de Dios, lo cual considero teológicamente muy problemático.

(Fuente)

Original alemán: Ich glaube, sogar unter theologischen Bedingungen ist es schwierig, weil diese Formel extra ecclesiam nulla salus selbstverständlich für den Katholiken gilt, der von der Überzeugung ausgeht, dass die katholische Kirche den Weg ins ewige Heil weist. Aber wir haben schon in der Heiligen Schrift und dann auch in der Tradition die Grundüberzeugung, dass Gott das Heil aller Menschen will (vgl. 1 Tim 2,4) und dass er dann auch andere Wege findet, wie Menschen ins Heil kommen können, die mit dem Evangelium Jesu Christi nie in Einklang gekommen sind. Wenn hier die Piusbruderschaft dann quasi alle in die Hölle schickt, die nicht in der katholischen Kirche sind, dann weiß ich nicht, wie diese Grundüberzeugung der Heiligen Schrift, dass alle Menschen von Gott gerettet werden wollen, überhaupt noch gerechtfertigt werden kann. Und die Gefahr ist natürlich schon, dass hier das theologische Urteil über dem letzten Gerichtswillen Gottes steht. Und das halte ich theologisch für sehr problematisch.

(Fuente)

Aunque Koch no utiliza la palabra "solamente" (en alemán: nur) al hablar de cómo "No hay salvación fuera de la Iglesia" está dirigido a los católicos, este sentido de exclusividad se comunica a través del contexto, que expresa que la necesidad de la Iglesia está condicionada a la creencia en su enseñanza sobre los medios de salvación.

Esto reduce el dogma de la necesidad de salvación de la Iglesia a una mera necesidad de precepto, de la cual se dispensa a quien lo ignora, al menos si dicha ignorancia es involuntaria y no se debe a una falta grave propia. Sin embargo, el Papa Pío XII descartó tal explicación.

La Carta Suprema Haec Sacra del Santo Oficio de 1949 expone la correcta comprensión católica de Extra Ecclesiam Nulla Salus, que fue aprobada por el Papa Pío XII en audiencia el 28 de julio de 1949. Enseña explícitamente que la Iglesia Católica es necesaria para la salvación no solo por necesidad de precepto sino también por necesidad de medios:

Ahora bien, entre aquellas cosas que la Iglesia siempre ha predicado y nunca dejará de predicar, se encuentra también aquella declaración infalible por la que se nos enseña que no hay salvación fuera de la Iglesia.

Sin embargo, este dogma debe entenderse en el sentido en que la Iglesia misma lo entiende. Pues no fue a los juicios privados a quienes Nuestro Salvador dio por explicación aquellas cosas que están contenidas en el depósito de la fe, sino a la autoridad docente de la Iglesia.

Ahora bien, en primer lugar, la Iglesia enseña que en este asunto se trata de un mandamiento muy estricto de Jesucristo. Pues Él ordenó explícitamente a Sus apóstoles que enseñaran a todas las naciones a observar todas las cosas que Él mismo había mandado (Mateo XXVIII.19-20).

Por ello, entre los mandamientos de Cristo, no ocupa el menor lugar aquel por el cual se nos ordena ser incorporados por el bautismo al Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia, y permanecer unidos a Cristo y a su Vicario, por medio del cual Él mismo gobierna de manera visible la Iglesia en la tierra.

Por lo tanto, no se salvará nadie que, sabiendo que la Iglesia ha sido divinamente establecida por Cristo, se niegue a someterse a la Iglesia o niegue obediencia al Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra.

El Salvador no sólo ordenó que todas las naciones entraran en la Iglesia, sino que también decretó que la Iglesia fuera un medio de salvación sin el cual nadie puede entrar en el reino de la gloria eterna.

En su infinita misericordia Dios ha querido que los efectos, necesarios para que uno se salve, de aquellas ayudas para la salvación que se dirigen al fin último del hombre, no por necesidad intrínseca, sino sólo por institución divina, puedan también obtenerse en ciertas circunstancias cuando esas ayudas se usan sólo con deseo y anhelo. Esto lo vemos claramente afirmado en el Sagrado Concilio de Trento, tanto en referencia al sacramento de la regeneración como en referencia al sacramento de la penitencia (Denzinger, n. 797, 807).

Lo mismo, en su propio grado, debe afirmarse de la Iglesia, en cuanto ayuda general a la salvación. Por lo tanto, para que uno pueda obtener la salvación eterna, no siempre se requiere que se incorpore a la Iglesia realmente como miembro, pero es necesario que al menos esté unido a ella por el deseo y el anhelo.

Sin embargo, no es necesario que este deseo sea siempre explícito, como lo es en los catecúmenos; sino que, cuando una persona está envuelta en una ignorancia invencible, Dios acepta también un deseo implícito, llamado así porque está incluido en aquella buena disposición del alma por la que una persona desea que su voluntad se conforme con la voluntad de Dios.

(Carta Suprema Haec Sacra al Arzobispo Richard Cushing, 8 de agosto de 1949; subrayado añadido).

Aparentemente, Koch piensa que el dogma de la Iglesia de Extra Ecclesiam Nulla Salus puede neutralizarse basándose en que Dios “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2:4), como si esta verdad divinamente revelada acabara de ser (re)descubierta por el concilio Vaticano II en la década de 1960.

Nótese la indiferencia con la que el principal ecumenista del Vaticano afirma que Dios “encuentra otros caminos para que las personas alcancen la salvación”, mientras que Cristo el Señor proclamó categóricamente: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (Jn 14:6); y San Pedro anunció: “Y en ningún otro hay salvación. Porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos” (Hch 4:12).

La Iglesia Católica Romana es el Cuerpo Místico de nuestro Divino Redentor (véase Col 1:18,24; Ef 5:23). Puesto que la salvación es imposible sin Él, también lo es sin su Iglesia: “Así pues, la Iglesia Católica Romana debe ejercer una influencia causal en cada caso en que un individuo alcanza la salvación” (Rev. John J. King, The Church’s Necessity for Salvation in Selected Theological Writings of the Past Century
 [La necesidad de la Iglesia para la salvación en Escritos Teológicos Selectos del Siglo Pasado] [Washington, DC: Catholic University of America Press, 1960], p. xiv).

Esto no significa que nadie pueda salvarse a menos que sea miembro oficial de la Iglesia, ya que la gracia santificante puede obtenerse incluso sin pertenecer a ella, mediante el bautismo de sangre o el bautismo de deseo (caridad perfecta). Como explicó el Papa Pío XII: “Un acto de amor puede ser suficiente para que un adulto obtenga la gracia santificante y supla la ausencia del bautismo; para el niño no nacido o para el recién nacido, este camino no está abierto
” (Discurso Vegliare con Sollecitudine, 29 de octubre de 1951).

Sin embargo, esto significa que toda alma que ha de ser salvada debe estar, en cierto sentido, verdaderamente dentro de la Iglesia Católica en el momento de su muerte. Ese es el dogma católico que debe creerse. Antes del concilio Vaticano II, los teólogos aún debatían los matices teológicos precisos de esta enseñanza, pero el Papa Pío XII ya había establecido algunas pautas necesarias para aclarar los parámetros dentro de los cuales debía desarrollarse el debate teológico para mantenerse dentro de los límites de la ortodoxia.

Dos recursos excelentes y fiables sobre este tema son el libro del padre John King citado anteriormente, así como The Catholic Church and Salvation [
La Iglesia Católica y la Salvación] (1958) de Monseñor Joseph Clifford Fenton, un hombre cuyos destacados logros teológicos fueron especialmente reconocidos por el Papa Pío XII.

Fenton prácticamente describía a Koch cuando escribió sobre aquellos que imaginan que "No hay salvación fuera de la Iglesia" contradice de alguna manera el deseo de Dios de que todos se salven:

En este punto, los maestros de teología sagrada suelen encontrar reacciones y críticas que, en última instancia, provienen de una concepción antropomórfica de Dios. Algunos afirman ver en esta parte de la doctrina católica factores que, de alguna manera, se oponen a las verdades de la justicia y la misericordia divinas. El contexto de la encíclica Singulari quadam y la Quanto conficiamur moerore deja bien claro que tales actitudes existían en tiempos del Papa Pío IX.

Quienes adoptan estas actitudes llegan a imaginar que, según esta sección de la doctrina católica, Dios es representado como menos generoso que sus criaturas. Afirman creer que, al hacer necesaria la Iglesia, tanto por la necesidad de preceptos como por la necesidad de medios, para alcanzar la salvación eterna del hombre, Dios ha colocado a algunos hombres en una situación imposible. Sostienen que la enseñanza católica sobre este punto presenta al hombre que nunca ha escuchado la predicación del Evangelio como totalmente incapaz de decidir amar a Dios con amor caritativo, y que, por lo tanto, lo describe como excluido de la salvación eterna sin culpa alguna por su parte.

Básicamente, tales actitudes se fundamentan en el antropomorfismo, la falacia intelectual según la cual Dios es representado bajo la apariencia de un hombre. Quienes adoptan estas actitudes olvidan que el camino hacia la conversión y la salvación debe comenzar con Dios mismo, y no con sus criaturas. Dios es el Ipsum intelligere subsistens , la Fuente última de todo ser y actividad en los órdenes natural y sobrenatural. Si una persona se encamina hacia la conversión y la salvación, es porque Dios la ha movido, y la ha movido con eficacia infalible para que tome una decisión verdaderamente libre. Si Dios mueve a una de sus criaturas hacia la posesión eterna de Él en la Visión Beatífica, este acto de la voluntad de Dios no puede ser frustrado.

O, para considerar la misma verdad desde otra perspectiva, el hombre que elige libremente amar a Dios con el afecto de la caridad, servirle y esforzarse por complacerle en todo, toma esta decisión precisamente porque la gracia de Dios lo impulsa a ello. Dios es la Causa Primera y el Primer Motor en esta decisión libre, al igual que en cualquier otro acto en todo el universo creado. El Dios omnipotente, justo y misericordioso no permitirá ni puede permitir que una persona que desea libremente amarle con el amor sobrenatural de la caridad carezca de lo necesario para la realización de este deseo, precisamente porque el deseo mismo es obra de su gracia.

Por lo tanto, no podría darse el caso de que un hombre amara verdaderamente a Dios y dedicara su vida a su servicio, y al mismo tiempo se viera privado de la salvación por la falta de factores que Dios ha establecido como necesarios para alcanzarla. Tal situación no sería más que una frustración de la propia acción divina. Dios tiene la obligación de asegurarse de que la gracia que concede no sea inútil ni ineficaz.

El ser humano puede elegir libremente que el amor al Dios Trino sea la principal motivación de su vida. Si toma esta decisión, la toma libremente por el poder de la gracia divina. Por otro lado, también puede decidir libremente establecer un fin distinto a Dios como objetivo final de sus acciones, o incluso un fin que desafíe a Dios. Solo cuando muere así, apartado libremente de Dios, merecerá ser castigado con sufrimientos eternos.

Finalmente, para comprender esta parte de la doctrina católica, debemos entender lo que podríamos llamar el orden o el procedimiento de la teología sagrada. No debemos dar rienda suelta a nuestra imaginación ni intentar evocar situaciones que nos hagan pensar que Dios ha sido menos justo o misericordioso con algunos individuos o grupos al establecer la Iglesia católica como medio necesario para alcanzar la salvación eterna. Más bien, debemos centrar nuestra atención en la verdad fundamental de que Aquel que ha instituido la Iglesia como la unidad social fuera de la cual nadie puede salvarse no solo es justo y misericordioso, sino que es Justicia y Misericordia constantes.

(Mons. Joseph Clifford Fenton, The Catholic Church and Salvation [Westminster, MD: The Newman Press,1958], págs. 73-75.)

¡Qué palabras tan refrescantes, sensatas y sobrenaturales! Es un verdadero placer leerlas, y qué marcado contraste representan con las tonterías neomodernistas de autores como Jan-Heiner Tück, Kurt Koch y León XIV.

La postura de Koch no solo es contraria a la doctrina católica, sino también irracional. ¿Qué sentido tendría hacer que la Iglesia fuera necesaria para la salvación solo para quienes ya creen en ella? ¿Qué clase de necesidad sería esa? ¿No implicaría entonces que nadie tiene la obligación de convertirse al catolicismo? ¿No sería más seguro, entonces, no creer en la Iglesia Católica, y mucho menos ingresar en ella, para no limitar seriamente las propias posibilidades de salvación?

En 1950, el Papa Pío XII advirtió sobre aquellos que “reducen a una pura fórmula la necesidad de pertenecer a la verdadera Iglesia para conseguir la salud eterna
(Encíclica Humani Generis, n° 27). El principal responsable de las relaciones ecuménicas del Vaticano encaja claramente en esa descripción.
 
Trágicamente, el “cardenal” Koch es seguidor de la religión del concilio Vaticano II, no del catolicismo.

No olvidemos el desastre de relaciones públicas del Vaticano que ocurrió en el verano de 2021, cuando los líderes judíos descubrieron que el “papa” Francisco había enseñado en una catequesis para audiencia general sobre la Carta de San Pablo a los Gálatas que la Nueva Alianza de Jesucristo ha reemplazado la Antigua Ley, que no puede dar vida. Para apaciguar a los judíos indignados, que se sentían traicionados porque esto contradecía lo que el Vaticano les decía en sus “diálogos ecuménicos e interreligiosos”, Francisco encargó al “cardenal” Koch que redactara una respuesta.

Koch intentó cuadrar el círculo relativizando e historicizando la verdad divinamente revelada de que solo en Cristo se puede encontrar la salvación, diciendo:

La frase “La ley no da vida, no ofrece el cumplimiento de la promesa” no debe interpretarse fuera de contexto, sino que debe considerarse dentro del marco general de la teología paulina. La convicción cristiana fundamental es que Jesucristo es el nuevo camino de salvación. Sin embargo, esto no significa que la Torá se vea menoscabada o que ya no se reconozca como el “camino de salvación para los judíos”…

En su catequesis, el Santo Padre no menciona el judaísmo moderno; su discurso es una reflexión sobre la teología paulina en el contexto histórico de una época determinada. No se cuestiona en absoluto la importancia de la Torá para el judaísmo moderno.

(Kurt Koch, Letter to Rabbi Rasson Arussi, 3 de septiembre de 2021)

En otras palabras, su ecumenismo tranquilizó a los judíos infieles, asegurándoles que, en términos de salvación, estaban perfectamente bien donde estaban; ¡no había necesidad de convertirse a lo que es simplemente “teología paulina dentro del contexto histórico de una época determinada”!

Por cierto, se trata del mismo “cardenal” Koch que, el 12 de diciembre de 2017, participó en una ceremonia judía de Janucá en propiedad del Vaticano, encabezada por el embajador de Israel ante la Santa Sede. Tal como informó el diario italiano La Stampa:

En la biblioteca de la Comisión Pontificia para las Relaciones Religiosas con los Judíos, en Via della Conciliazione 5, el actual embajador de Israel ante la Santa Sede, Oren David, dirigió una ceremonia de encendido de velas de Janucá con oraciones, cantos y una mesa con excelentes refrigerios kosher que disfrutaron los delegados e invitados del Vaticano, la comunidad judía y la Embajada de Israel. El cardenal Kurt Koch y el padre Norbert Hofmann (apodado cariñosamente "el rabino del Vaticano" [!]), además de funcionarios de la Universidad Pontificia, académicos católicos, periodistas vaticanos y amigos del "Diálogo", se mezclaron con representantes de la comunidad judía italiana y romana y los delegados del IJCIC [Comité Judío Internacional para Consultas Interreligiosas].

(Lisa Palmieri-Billig,  “Jewish-Catholic Celebration of Hannukah inside Vatican Walls”, Vatican Insider, 20 de diciembre de 2017)

Evidentemente, Kurt Koch es una de las personas menos capacitadas del planeta para dar lecciones a nadie sobre la correcta comprensión del dogma católico de que no hay salvación fuera de la Iglesia.

Pero, considerando el desastre teológico que es la iglesia del concilio Vaticano II, debemos coincidir con Koch en que dicha iglesia no es necesaria para la salvación. De hecho, formar parte de ella representa un gran peligro para la salvación eterna.
 

MEDIOS PARA ALCANZAR LA SABIDURIA (Cap. 15)

Continuamos con la publicación del capítulo 15 del libro “El Amor de la Sabiduría Eterna” escrito por San Luis María Grignion de Montfort.


MEDIOS PARA ALCANZAR LA SABIDURIA

CAPITULO DECIMOQUINTO

PRIMER MEDIO: DESEO ARDIENTE

1 - TE ES NECESARIO DESEAR LA SABIDURIA

¿Hasta cuándo, hijos de los hombres, tendrán el corazón endurecido y apegado a la tierra? ¿Hasta cuándo amarán la vanidad y buscarán el engaño? (1) ¿Qué esperan para abrir los ojos y los corazones a la divina Sabiduría, que es la más deseable de todas las realidades, que para ganarse el corazón de los hombres revela su propio origen, manifiesta su belleza, ostenta sus tesoros y atestigua de mil maneras sus anhelos de que la deseen y busquen? Ansíen, pues, mis palabras (2). Ella misma se da a conocer a los que la desean (3). El deseo de la Sabiduría conduce al Reino eterno (4).

2 - COMO DESEAR LA SABIDURIA

Desear la Sabiduría debe ser un gran don de Dios, puesto que es la recompensa de la fiel observancia de sus mandamientos: Si deseas la Sabiduría, cumple los mandamientos, y el Señor te la dará (5). Reflexiona sobre el temor del Altísimo y medita sin cesar sus mandamientos; él te dará la inteligencia y, según tus deseos, te hará sabio (6).

En efecto, la Sabiduría no entra en alma de mala ley ni habita en cuerpo deudor del pecado (7).

Conviene que el deseo de la Sabiduría sea santo y sincero y vaya acompañado de la fiel observancia de los mandamientos de Dios. Porque existe una multitud de insensatos y perezosos que tienen millares de deseos, o mejor, de veleidades por el bien, que no los impulsan a apartarse del pecado ni hacerse violencia, y, por lo mismo, son ineficaces y engañosos, matan y conducen a la condenación: Los deseos dan muerte al holgazán, porque sus manos se niegan a trabajar (8). El Espíritu santo, Maestro de ciencia, rehúye la estratagema, levanta el campo ante los razonamientos sin sentido y se rinde ante el asalto de la injusticia (9).

3 - EJEMPLOS CONVINCENTES

Salomón -modelo que nos ofrece el Espíritu Santo en la empresa de adquirir la Sabiduría- sólo la recibió después de haberla deseado, buscado y pedido durante largo tiempo: Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría (10). La quise y la rondé desde muchacho y la pretendí como esposa, enamorado de su hermosura (11). Me puse a dar vueltas, tratando de llevármela a casa (12). Para obtener el gran tesoro de la Sabiduría, debes ser hombre de deseos, como Salomón y Daniel (13).

SEGUNDO MEDIO: ORACION CONTINUA

1 - TE ES NECESARIA LA ORACION CONTINUA

Cuanto mayor es un don de Dios, tanto más difícil es alcanzarlo. ¿Cuántas plegarias y trabajos no implicará, entonces el don de la Sabiduría, que es el mayor de todos los dones de Dios?

Escuchemos lo que dice la misma Sabiduría: Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y les abrirán (14). Como si dijera:

- ¿Quieres hallarme? ¡Búscame!

- ¿Quieres entrar en mi palacio? ¡Llama a mi puerta!

- ¿Quieres poseerme? ¡Tienes que buscarme! Nadie me encuentra si no me busca. Nadie llega a poseerme si no me pide. Todo lo alcanzarás con la oración.

La oración es el canal por el cual comunica Dios ordinariamente sus gracias, y de modo especial la Sabiduría. El mundo imploró por milenios la Sabiduría. María se preparó durante catorce años con la oración para recibirla en su seno. Salomón sólo la alcanzó después de haberla pedido por largo tiempo con ardor extraordinario: Al darme cuenta de que sólo me la ganaría si Dios me la otorgaba…, me dirigí al Señor y le supliqué (15)… Dame la Sabiduría entronizada junto a ti (16).

Si alguno de vosotros se ve falto de Sabiduría, pídasela a Dios, que da sin regatear y sin humillar; El se la dará (17). Advierte, de paso, que el Espíritu Santo no dice: "Si alguno se ve falto de caridad, de humildad, de paciencia", etc., que son virtudes ciertamente tan excelentes, sino: "Si alguno se ve falto de Sabiduría". Porque, al pedir la Sabiduría, pedimos todas las virtudes que ella encierra.

Para alcanzarla hay, pues, que pedirla. Pero ¿cómo?

2 - COMO PEDIR LA SABIDURIA

1. Debes pedir la Sabiduría con fe viva y firme, sin titubear: Tienes que pedir con fe, sin titubear lo más mínimo (18), pues quien tiene una fe vacilante no debe esperar alcanzarla: No se piense ese individuo que va a recibir nada del Señor (19).

2. Debes pedirla con fe pura, sin apoyar la oración en consolaciones sensibles, en visiones o revelaciones extraordinarias.

Aunque esto pueda ser bueno y valedero -como lo fue para algunos santos-, no deja de ser peligroso apoyarse en ello. La fe es menos pura y meritoria cuanto más se fundamenta en estas gracias extraordinarias y sensibles.

Razón más que suficiente para animarnos a pedirla al Señor con toda la fe y ardor posibles, la constituye cuanto nos revela el Espíritu Santo acerca de la grandeza y hermosura de la Sabiduría, de los deseos que Dios tiene de dárnosla y de la necesidad que tenemos de poseerla.

La fe pura es el principio y el fruto de la Sabiduría en el alma; a mayor fe corresponde mayor Sabiduría, y a mayor Sabiduría, mayor fe.

El justo -o el sabio- no vive sino de la fe (20), sin ver, sentir, gustar ni vacilar. "Dios lo ha dicho o prometido"; éste es el fundamento de todas sus plegarias y acciones, aunque naturalmente le parezca que Dios no tiene ojos para ver las miserias, ni oídos para escuchar las plegarias, ni brazos para aplastar a sus enemigos, ni manos para prestar ayuda, y aunque se vea asaltado por distracciones, dudas y tinieblas interiores, por ilusiones en la imaginación, hastío y tedio en el corazón, tristeza y agonía en el alma.

El sabio no pide ver cosas extraordinarias -como las vieron los santos-, ni experimentar dulzuras sensibles en la oración y prácticas de piedad. Implora con fe la divina Sabiduría, seguro de que la alcanzará (21); sí, mucho más seguro que si descendiera un ángel del Cielo a revelárselo, porque Dios ha dicho: Todo el que pide recibe (22). Todo el que pide debidamente a Dios, recibe lo que pide: Si ustedes, malos como son, saben dar cosas buenas a sus niños, ¿cuánto más su Padre del Cielo dará Espíritu Santo -el Espíritu de Sabiduría- a los que se lo piden? (23).

3 - DEBES PEDIRLA CON PERSEVERANCIA

Para lograr esta perla preciosa e infinito tesoro, debes utilizar una santa importunidad ante Dios. De lo contrario, no la alcanzarás nunca.

No debes portarte como muchas personas cuando piden a Dios alguna gracia. Después de pedir por algún tiempo, quizás por años enteros, al no ver el resultado, se desaniman y dejan de orar, pensando que Dios nos las escucha. Así pierden el fruto de sus plegarias e injurian al Señor, quien se complace en dar y atiende siempre, de un modo u otro, las oraciones bien hechas. Por lo tanto, si deseas alcanzar la Sabiduría, debes solicitarla día y noche, sin cansarte ni desanimarte. ¡Mil y mil veces dichoso si, después de diez, veinte o treinta años de súplicas, logras alcanzarla, aunque fuera una hora antes de morir! Y si sólo la obtienes después de haber pasado toda la vida buscándola, pidiéndola y mereciéndola con toda clase de trabajos y padecimientos, persuádete de que no se te ha concedido con derecho propio, como una recompensa, sino por misericordia, como una limosna.

¡No! ¡Los negligentes e inconstantes en la oración y búsqueda de la Sabiduría no lograrán alcanzarla! Solamente la consiguen quienes imitan al amigo que de noche va a golpear a la puerta de su amigo para pedirle prestados tres panes. Advierte que la Sabiduría misma nos indica en esta parábola o historia cómo debemos buscarla para obtenerla. El amigo llama y redobla los golpes y la súplica cuatro o cinco veces, cada vez con mayor fuerza e insistencia, aunque sea ya cerca de la medianoche -hora importuna por estar ya acostado el amigo- y aunque haya recibido doble o triple rechazo, por impertinente e importuno. Hasta que al fin, molesto por tanta insistencia, el amigo se levanta, abre la puerta y le da cuanto le pide (24).

Así debes pedir la Sabiduría, si quieres alcanzarla. Dios quiere que lo importunes; se levantará infaliblemente, tarde o temprano; abrirá la puerta de su misericordia y te dará los tres panes de la Sabiduría: el pan de la vida, el pan del entendimiento y el pan de los ángeles.

Te presento ahora esta plegaria, compuesta por el Espíritu Santo para implorar la Sabiduría (25):

4 - ORACION DE SALOMON PARA OBTENER LA SABIDURIA DIVINA

1. Dios de los padres, Señor de la misericordia, que con tu palabra hiciste todas las cosas,

2. y en tu sabiduría formaste al hombre para que dominase sobre tus criaturas,

3. y para que rigiese el mundo con santidad y justicia y lo gobernase con rectitud de corazón;

4. dame la sabiduría asistente de tu trono y no me excluyas del número de tus siervos,

5. porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva, hombre débil y de pocos años, demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.

6. Pues aunque uno sea perfecto, entre los hijos de los hombres, sin la sabiduría, que procede de ti, será estimado en nada…

9. Contigo está la sabiduría, conocedora de tus obras; que te asistió cuando hacías el mundo; y que sabe lo que es grato a tus ojos, y lo que es recto según tus preceptos.

10. Mándala desde tus Santos Cielos y desde tu trono de gloria envíala para que me asista en mis trabajos y venga yo a saber lo que te es grato.

11. Ella que todo lo sabe y lo comprende, me guiará prudentemente en mis empresas y me protegerá con su prestigio;

12. así aceptarás mis obras, juzgaré a tu pueblo con justicia y seré digno del trono de mi padre.

13. Pues ¿qué hombre conoce el designio de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere?

14. Los pensamientos de los mortales son mezquinos y nuestros razonamientos son falibles,

15. porque el cuerpo mortal es lastre del alma y la tienda terrestre abruma la mente pensativa.

16. Apenas adivinamos lo terrestre y con trabajo encontramos lo que está a mano; pues ¿quién rastreará las cosas del Cielo?

17. ¿Quién conocerá tu designio si tú no le das la sabiduría enviando tu Santo Espíritu desde el Cielo?

18. Sólo así fueron rectos los caminos de los terrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada y la sabiduría los salvó.

A la oración vocal hay que añadir la mental. Esta ilumina el entendimiento, inflama la voluntad y capacita el alma para oír la voz de la Sabiduría, saborear sus dulzuras y poseer sus tesoros. Personalmente, no encuentro nada tan eficaz para atraer a nuestras almas el Reino de Dios, la Sabiduría eterna, como el unir la oración vocal con la mental mediante la recitación del santo Rosario y la meditación de los quince misterios encerrados en él (26).

Continúa...

Notas:

1) Sl 4,3.

2) Sb 6,11.

3) Sb 6,13.

4) Sb 6,20-21.

5) Eclo 1,26 (33).

6) Eclo 6,37.

7) Sb 1,4.

8) Pr 21,25.

9) Sb 1,5.

10) Sb 7,7.

11) Sb 8,2.

12) Sb 8,18.

13) Sb 8, 2; Dn 9,23.

14) Mt 7,7; Lc 11,9.

15) Sb 8,21.

16) Sb 9,4.

17) St 1,5.

18) St 1,6.

19) St 1,5-7.

20) Ver Hab 2,4; Rm 1,17; Gal 3,11; Heb 10,38. Sobre las visiones y gracias extraordinarias, ver SM 68.

21) St 1,5-7.

22) Lc 11,10.

23) Lc 11,13.

24) Lc 11,5-8.

25) Sb 9,1-6.9-18.

26) En El Secreto Admirable del Santísimo Rosario, amplía el P. de Montfort su mensaje práctico sobre el santo Rosario como instrumento para "convertirse y salvarse".

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EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (116)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


116. En Getsemaní con Jesús, los discípulos hablan de los paganos y de la “velada”. El coloquio con Nicodemo (101). 
24 de febrero de 1945.

1 Jesús está en la cocina de la pequeña casa del Olivar, cenando con sus discípulos. Hablan de los hechos sucedidos durante ese día (no el precedentemente descrito: efectivamente, oigo que hablan de otros acontecimientos, entre los cuales la curación de un leproso, que ha tenido lugar cerca de los sepulcros que están en el camino de Betfagé).
“Estaba presente también, observando, un centurión romano” dice Bartolomé. Y añade: “Me ha preguntado, desde su caballo: "¿El hombre al que sigues hace frecuentemente estas cosas?" y, ante mi respuesta afirmativa, ha exclamado: "Entonces es más grande que Esculapio y llegará a ser más rico que Creso". Yo he respondido: "Será siempre pobre según el mundo, porque no recibe, sino que entrega, y sólo quiere almas a las que llevar al Dios verdadero". El centurión me ha mirado lleno de asombro y acto seguido ha espoleado a su caballo, yéndose al galope”.
“Y una dama romana en su litera. No podía ser sino una mujer. Tenía corridas las cortinas, pero se asomaba furtivamente a mirar. Lo he visto” dice Tomás.
“Sí. Estaba cerca de la curva alta del camino. Había dado orden de detenerse cuando el leproso había gritado: "¡Hijo de David, ten piedad de mí!". En ese momento tenía una cortina un poco corrida y he visto que te ha mirado con una valiosa lente, y luego se ha reído con ironía. Pero, cuando ha visto que Tú, sólo con un acto imperativo, le has curado, ¡Ah!, entonces me ha llamado y me ha preguntado: "¿Pero es ese al que llaman el verdadero Mesías?". He respondido que sí y ella me ha dicho: "¿Y tú estás con El?" y luego ha preguntado: "¿Es verdaderamente bueno?"” dice Juan.
“¡Entonces la has visto! ¿Cómo era?” preguntan Pedro y Judas.
“¡Hombre, pues... una mujer!”.
“¡Qué descubrimiento!” dice Pedro riendo. Y Judas Iscariote acucia: “Pero, ¿era guapa, joven, rica?”.
“Sí. Creo que era joven y también guapa. Pero, yo estaba mirando más hacia Jesús que hacia ella. Quería ver si el Maestro reanudaba el camino...”.
“¡Estúpido!” murmura entre dientes Judas.
“¿Por qué?” le defiende Santiago de Zebedeo. “Mi hermano no es un galanteador que va en busca de aventuras. Ha respondido por educación. Pero no ha faltado a su primera cualidad”.
“¿Cuál?” pregunta Judas Iscariote.
“La de discípulo cuyo único amor es el Maestro”.
Judas baja la cabeza irritado.

2 “Y, además... no es muy aconsejable que nos vean hablar con los romanos” dice Felipe. “Ya de por sí nos acusan de ser galileos y, por lo tanto, menos "puros" que los judíos; de nacimiento, además. Y nos acusan de detenernos frecuentemente en Tiberíades, lugar de encuentro de gentiles, romanos, fenicios, sirios... Y luego... ¡Oh, de cuántas cosas nos acusan!...”.
“Eres bueno, Felipe, y por eso corres un velo sobre la dureza de la verdad que manifiestas. Pero esa verdad es, sin el velo, ésta: ¡de cuántas cosas me acusan!” –dice Jesús, que hasta ahora ha guardado silencio–.
“En el fondo no están errados del todo: demasiados contactos con los paganos” dice Judas Iscariote.
“¿Consideras paganos sólo a aquellos que no tienen la ley mosaica?” pregunta Jesús.
“¿Y si no, qué otros?”.
“¡Judas!... ¿Puedes jurar por nuestro Dios que no tienes paganismo en tu corazón? ¿Y puedes jurar que no lo tienen los israelitas más renombrados?”.
“En fin, Maestro... respecto a los demás, no lo sé..., pero yo... yo respecto a mí puedo jurar”.
Jesús vuelve a hacer otra pregunta: “¿Qué es para ti, según tu idea, el paganismo?”.
“Pues seguir una religión no verdadera, adorar a los dioses” replica vehementemente Judas.
“¿Y cuáles son?”.
“Los dioses de Grecia y Roma, los de Egipto..., en definitiva, esos dioses de mil nombres, inexistentes como personas, que, según los paganos, llenan sus Olimpos”.
“¿No existe ningún otro dios? ¿Sólo éstos del Olimpo?”.
“¿Qué otros? ¿No son ya demasiados?”.
“Demasiados. Sí, demasiados. Pero hay otros. Y en sus altares todo hombre quema inciensos, incluso los sacerdotes, los escribas, rabíes, fariseos, saduceos, herodianos: todos de Israel, ¿no es cierto? Y no sólo esto... También lo hacen mis discípulos”.
“¡Ah, eso sí que no!” dicen todos.
“¿No? Amigos… ¿Quién entre vosotros no tiene un culto, o varios cultos, secretos? Uno, la belleza y la elegancia; el otro, el orgullo de su saber; otro inciensa la esperanza de llegar a ser grande, humanamente; otro todavía adora a la mujer; otro, al dinero...; otro se postra ante su saber... y así podríamos seguir diciendo. En verdad os digo que no hay hombre que no esté impregnado de idolatría. ¿Cómo se puede entonces despreciar a los que por mala ventura son paganos, cuando, a pesar de estar con el Dios verdadero, se sigue siendo voluntariamente pagano?”.
“Pero somos hombres, Maestro” exclaman muchos.
“Cierto. Entonces... tened caridad para con todos, porque Yo he venido para todos y vosotros no sois más que Yo”.
“Pero, mientras, nos acusan y se ponen trabas a tu misión”.
“Irá adelante igualmente”.

3 “A propósito de mujeres” dice Pedro, que, quizás por estar sentado al lado de Jesús, está tan embelesado que se muestra tranquilísimo “hace unos pocos días –para mayor exactitud, desde que hablaste en Betania la primera vez después del regreso a Judea– que una mujer, enteramente velada, nos sigue continuamente. No sé cómo logra saber nuestros programas. Sé que, o al final de las filas de gente que escucha cuando hablas, o detrás de la gente que te sigue cuando caminas, o también detrás de nosotros cuando vamos a anunciarte por los campos... el hecho es que está casi siempre. En Betania, la primera vez, me susurró tras el velo: "¿Ese hombre que dices que va a hablar es Jesús de Nazaret?". Le respondí que sí; bueno, pues por la tarde estaba oyéndote detrás de un tronco de un árbol. Luego la había perdido de vista, pero ahora aquí en Jerusalén la he visto ya dos o tres veces. Hoy le he preguntado: "¿Tienes necesidad de El? ¿Estás enferma? ¿Quieres el óbolo?". Su respuesta ha sido siempre "no"; con la cabeza, porque nunca habla con nadie”.
“A mí me dijo un día: "¿Dónde vive Jesús?" y le dije: "En Getsemaní"” dice Juan.
“¡¿Pero serás estúpido?! No debías haberlo hecho. Tenías que haberle dicho: "Quítate el velo. Date a conocer y entonces te lo digo"” dice Judas Iscariote iracundo.
“Pero, ¡¿desde cuándo solicitamos estas cosas?!” exclama Juan con simplicidad e inocencia,
“Los otros se ven. Esta está enteramente velada. O es una espía o es una leprosa. No debe seguirnos y saber lo que hacemos. Si es una espía es para hacer algún mal. Quizás la paga el Sanedrín para esto...”.
“¡Ah!, ¿utiliza estos métodos el Sanedrín?” pregunta Pedro. “¿Estás seguro?”.
“Segurísimo. He pertenecido al Templo y lo sé”.
“¡Pues vaya! A esto se adapta como una caperuza la razón explicada por el Maestro hace un momento...” comenta Pedro.
“¿Qué razón?”. –Judas está ya rojo de ira–.
“Esa de que también hay paganos entre los sacerdotes”.
“¿Qué tiene que ver esto con lo de pagar a un espía?”.
“¡Tiene que ver, tiene que ver! ¡Es más, ya está visto! ¿Por qué pagano? Para echar por tierra al Mesías y triunfar ellos. Por lo tanto, suben al altar con sus sucias almas bajo las vestiduras limpias” responde Pedro con su buen juicio propio de la gente llana.
“Bien, en suma” abrevia Judas “esa mujer es un peligro para nosotros o para la gente: para la gente, si está leprosa; para nosotros, sí es una espía”.
“Quieres decir: para El, en todo caso” replica Pedro.
“Pero, cayendo El, caemos también nosotros...”.
“¡Ja! ¡Ja!” se ríe Pedro y termina: “y entonces el ídolo se hace pedazos y se pierde tiempo, estima y, quizás, la vida, y entonces, ¡ya! ¡ya!..., y entonces es mejor tratar de que no caiga, o... apartarse a tiempo, ¿verdad? Yo, por el contrario, mira, le abrazo más estrechamente. Sí cae, abatido por los traidores de Dios, quiero caer con El” y Pedro abraza estrechamente, con sus cortos brazos, a Jesús.
“No creía haber hecho tanto mal, Maestro” dice todo triste Juan, que está frente a Jesús. “Pégame, maltrátame, pero sálvate. ¡Ay, si fuera yo la causa de tu muerte!... ¡Oh!, no me lo perdonaría. Siento que el continuo llanto me excavaría el rostro y me quemaría la vista. ¡Pero ¿qué he hecho?! ¡Tiene razón Judas: soy un estúpido!”.
“No, Juan. No lo eres, y has hecho bien. Dejadla venir. Siempre. Y respetad su velo. Puede ser que esté colocado como defensa, en una lucha entre el pecado y la sed de redimirse. ¿Sabéis vosotros qué heridas se inciden sobre un ser cuando esta lucha adviene? ¿Sabéis qué llanto y qué rubor? Tú has dicho, Juan, querido hijo de corazón de niño bueno, que tu rostro quedaría excavado por el continuo llanto si fueras para mí causa de mal. Pues debes saber que cuando una conciencia, despertada de nuevo, comienza a roer una carne que fue pecado, para destruirla y triunfar con el espíritu, debe por fuerza consumir todo aquello que fue atracción de la carne, y la criatura envejece, languidece bajo la llamarada de este fuego taladrador. Sólo después, completada la redención, se compone de nuevo una segunda, santa y más perfecta belleza, porque es entonces lo hermoso del alma lo que aflora por la mirada, a través de la sonrisa, de la voz, de la honesta dignidad de la frente sobre la cual se ha depositado y resplandece como diadema el perdón de Dios”.
“¿Entonces no he hecho mal?...”.

4 “No. Y tampoco Pedro. Dejadla. Y ahora, que todos se vayan a descansar. Yo me quedo con Juan y Simón. Tengo que hablarles. Marchaos”.
Los discípulos se retiran. Quizás duermen en la almazara. No lo sé. Se marchan. Ciertamente no vuelven a Jerusalén, porque las puertas están cerradas desde hace horas.
“Has dicho, Simón, que Lázaro te ha enviado a Isaac con Maximino, hoy, mientras Yo estaba al lado de la torre de David. ¿Qué quería?”.
“Quería decirte que Nicodemo está en su casa y que quería hablarte en secreto. Me he tomado la libertad de decir: "Que venga. El Maestro le esperará durante la noche". Sólo tienes la noche para estar solo. Por este motivo te he dicho: "Despide a todos, menos a Juan y a mí". Juan es necesario para ir al puente del Cedrón, a esperar a Nicodemo, que está en una de las casas de Lázaro, extramuros. Yo hacía falta para explicar. ¿He hecho mal?”.
“Has hecho bien. Ve, Juan, a tu puesto”.
Se quedan solos Simón y Jesús. Jesús está pensativo. Simón respeta su silencio. Pero Jesús lo rompe improvisamente, y, como si terminara en voz alta una interna alocución, dice: “Sí. Está bien así. Isaac, Elías, los otros, son suficientes para mantener viva la idea que se está consolidando entre los buenos y en los humildes. Para los poderosos... hay otras levas. Está Lázaro, Cusa, José, y otros... Pero los poderosos... no me aceptan. Temen y tiemblan por su poder. Me iré lejos de este corazón judío que cada vez se muestra más hostil al Cristo”.
“¿Vamos a volver a Galilea?”.
“No. Pero nos vamos lejos de Jerusalén. Judea debe ser evangelizada; también ella es Israel. Pero, aquí, ya ves... Todo sirve para acusarme. Me retiro. Y esta es la segunda vez...”.

5 “Maestro, aquí está Nicodemo” dice Juan, entrando primero.
Se saludan, y luego Simón toma a Juan y sale de la cocina, dejando solos a los dos.
“Maestro, perdona si te he querido hablar en secreto. Desconfío, por ti y por mí, de muchos. No es sólo cobardía esto mío. También es prudencia y deseo de beneficiarte, más que si te perteneciera abiertamente. Tú tienes muchos enemigos. Yo soy uno de los pocos que aquí te admiran. He pedido consejo a Lázaro. Lázaro es poderoso por herencia, temido porque goza de favor ante Roma, justo ante los ojos de Dios, sabio por maduración de ingenio y cultura, verdadero amigo tuyo y verdadero amigo mío. Por todo esto he querido hablar con él. Y me siento feliz de que él haya juzgado del mismo modo. Le he dicho las últimas... discusiones del Sanedrín sobre ti”.
“Las últimas acusaciones. No tengas reparo en decir las verdades desnudas, como son».
“Las últimas acusaciones. Sí, Maestro. Yo estaba ya para decir: "Pues bien, yo también soy de los suyos". Aunque sólo fuera porque en esa asamblea hubiera al menos uno que estuviera a tu favor. Pero José, que se había acercado a mí, me susurró: "Calla. Mantengamos oculto nuestro pensamiento. Luego te explico". Y, una vez fuera, dijo... exactamente, dijo: "Así es de mayor provecho. Si saben que somos discípulos, nos mantendrán al margen de cuanto piensan y deciden, y pueden perjudicarle y también perjudicarnos; como simples observadores de El, no utilizarán subterfugios con nosotros".
Comprendí que tenía razón. ¡Son muy... malos! Yo también tengo mis intereses y mis deberes... y así José... ¿Comprendes, no, Maestro?”.

6 No voy a reprenderos. Antes de que vinieras, estaba diciéndole esto a Simón, y he decidido incluso alejarme de Jerusalén”.
¡Nos odias porque no te amamos!”.
No. No odio ni siquiera a los enemigos”.
Tú lo dices. Pero es así. Tienes razón. Sólo que, ¡qué dolor para mí y para José! ¿Y Lázaro? ¿Qué dirá Lázaro, que justamente hoy ha decidido proponerte que dejaras este lugar para ir a una de sus propiedades de Sión? Bueno, ya sabes que Lázaro tiene poder económico, ¿no?. Buena parte de la ciudad es suya, de la misma forma que muchas tierras de Palestina. Su padre, a su patrimonio y al de Euqueria, de su tribu y familia, había unido aquello que los romanos daban como recompensa al servidor fiel, y a los hijos les ha dejado una herencia muy grande, y, lo que más cuenta, una velada pero potente amistad con Roma. Sin ésta, ¿quién habría salvado de la ignominia a toda la casa después de la infamante conducta de María, su divorcio (conseguido sólo porque se trataba de "ella"), su vida licenciosa en esa ciudad, que es su feudo, y en Tiberíades, que es el elegante lupanar donde Roma y Atenas han hecho lecho de prostitución para tantos del pueblo elegido? ¡Verdaderamente, si Teófilo sirio hubiera sido un prosélito más convencido, no habría dado a los hijos esa educación helenizante que tanta virtud mata y siembra tanta voluptuosidad, y que –bebida y expulsada sin consecuencias por Lázaro, y especialmente por Marta– ha contagiado a la desenfrenada María y ha proliferado en ella, convirtiéndola en el fango de la familia y de Palestina! No, sin la poderosa sombra del favor de Roma, se les habría mandado el anatema más que a los leprosos. Pero, considerando que las cosas están así, aprovéchate de ello”.
No. Me retiro. Quien quiera verme vendrá a mí”.
¡He hecho mal en hablar!”. Nicodemo se siente abatido.
No. Espera y convéncete” y Jesús abre una puerta y llama: ¡Simón! ¡Juan! Venid”.
Acuden los dos.
Simón, dile a Nicodemo lo que te estaba diciendo cuando ha entrado él”.
Que para los humildes es suficiente con los pastores; para los poderosos, Lázaro, Nicodemo, José y Cusa, y que Tú te ibas a ir lejos de Jerusalén, aunque sin dejar Judea. Esto estabas diciendo. ¿Por qué me lo haces decir? ¿Qué ha ocurrido?”.
Nada. Nicodemo temía que yo me fuera a causa de sus palabras”.
He dicho al Maestro que el Sanedrín se muestra cada vez más enemigo, y que sería buena cosa que se pusiera bajo la protección de Lázaro: ha protegido tus bienes porque tiene a Roma de su parte; protegería también a Jesús”.
Es verdad. Es un buen consejo. A pesar de que mi casta esté mal vista incluso por Roma, una palabra de Teófilo me ha conservado el patrimonio durante la proscripción y la lepra. Y Lázaro es muy amigo tuyo, Maestro”.
Lo sé. Pero ya me he pronunciado. Y lo que he dicho Yo lo hago”.
¡Entonces, te perdemos!”.
No, Nicodemo. Hombres de todas las sectas se acercan al Bautista; a mí podrán venir hombres de todas las sectas y de todos los niveles”.
Nosotros venimos a ti sabiendo que eres superior a Juan”.
Podéis seguir viniendo. Seré un rabí solitario Yo también, como Juan, y hablaré a las turbas deseosas de oír la voz de Dios y capaces de creer que Yo soy esa Voz. Y los demás me olvidarán... si son, al menos, capaces de tanto”.

Maestro, estás triste y desilusionado. Tienes razón en estarlo. Todos te escuchan, y creen en ti hasta el punto de que obtienen milagros; hasta incluso uno de Herodes, uno que, por fuerza, debe tener corrompida la bondad natural en esa corte incestuosa; hasta soldados romanos. Sólo nosotros, los de Sion, somos tan duros... No todos, no obstante. Ya ves... Maestro, nosotros sabemos que has venido de parte de Dios y que eres su más alto doctor. También Gamaliel lo dice. Nadie puede hacer los milagros que Tú haces si no tiene a Dios consigo. Esto piensan también los doctos como Gamaliel. ¿Cómo es que entonces no podemos nosotros tener la fe que tienen los pequeños de Israel? ¡Oh! ¡Dímelo! ¡Dímelo! No te traicionaré, aunque me dijeras: "He mentido para conferir valor a mis palabras de sabiduría con la impresión de un sigilo que nadie puede despreciar". ¿Eres Tú el Mesías del Señor, el Esperado, la Palabra del Padre encarnada para instruir y redimir a Israel según el Pacto? (102)”.
¿Lo preguntas por tí mismo, o te mandan otros a preguntarlo?”.
Por mí mismo, por mí mismo, Señor. Tengo un tormento aquí. Tengo una gran confusión. Vientos contrarios y contrarias voces. ¿Por qué no tengo yo, hombre maduro, esa pacífica certeza que tiene éste, casi analfabeto y niño, la cual le da esa sonrisa plácida a su rostro, esa luz a sus ojos, ese sol a su corazón? ¿Cómo crees tú, Juan, para estar tan seguro? ¡Enséñame, Oh hijo, tu secreto, el secreto en virtud del cual has sabido ver y comprender al Mesías en Jesús Nazareno!”.
Juan se pone colorado como una fresa y baja la cabeza como disculpándose de decir una cosa tan grande, y responde con sencillez: 
Amando”.
¡Amando! ¿Y tú, Simón, hombre probo y ya en el umbral de la ancianidad, docto y probado hasta el punto de sentirte inducido a temer el engaño en todas partes?”.
Meditando”.
¡Amando! ¡Meditando! También yo amo y medito, ¡y no estoy seguro todavía!”.

8 Interviene Jesús diciendo: “Voy a manifestarte el verdadero secreto. Estos han sabido nacer nuevamente, con un espíritu nuevo, libre de cualesquiera cadenas, virgen de toda idea; por ello han comprendido a Dios. Si uno no nace de nuevo, no puede ver el Reino de Dios ni creer en su Rey”.
¿Cómo puede un hombre volver a nacer siendo ya adulto? Una vez fuera del seno materno, el hombre no puede jamás volver a entrar en él. ¿Acaso aludes a la reencarnación en el sentido de tantos paganos? No, en ti no es posible esto; además, no se trataría de un volver a entrar en el seno materno, sino de un reencarnarse más allá del tiempo y, por tanto, no ahora. ¿Cómo es esto? ¿Cómo?”.
No hay más que una existencia de la carne sobre la Tierra y una eterna vida del espíritu más allá de la Tierra (103). No estoy hablando de la carne y de la sangre, sino del espíritu inmortal, el cual por dos cosas renace a verdadera vida: por el agua y por el Espíritu, pero éste es mayor; sin El, el agua no es más que símbolo. Quien ya ha quedado limpio con el agua debe purificarse luego con el Espíritu, y con El encenderse y resplandecer, si quiere vivir dentro de Dios aquí y en el eterno Reino. Porque lo que ha sido engendrado por la carne es y seguirá siendo carne, y con ella muere tras haberla servido en sus apetitos y pecados. Pero lo que ha sido engendrado por el Espíritu es espíritu, y vive volviendo al Espíritu Generador después de haber cultivado el propio espíritu hasta la edad perfecta. El Reino de los Cielos no será habitado sino por seres llegados a la edad espiritual perfecta. No te maravilles, por lo tanto, si digo: "Es necesario que vosotros nazcáis de nuevo". Estos han sabido renacer. El joven ha matado la carne y ha hecho renacer el espíritu poniendo su yo en la hoguera del amor. Enteramente ha sido consumido de toda materia. Y he aquí que de las cenizas surge su nueva flor espiritual, maravilloso helianto que sabe volverse hacia el Sol eterno. El anciano ha puesto la seguridad de la meditación honesta en la base de su viejo pensamiento, y ha arrancado la vieja planta dejando sólo una yema, la de la buena voluntad, de la cual ha hecho nacer su nuevo pensamiento. Ahora ama a Dios con espíritu nuevo, y le ve. Cada uno tiene su método para llegar al puerto. Cualquier viento es bueno con tal de saber usar la vela; sentís que el viento sopla y por su corriente podéis regularos para dirigir la maniobra, mas no podéis decir de dónde viene ni atraer el que necesitáis. También el Espíritu llama, y viene llamando, y pasa. Pero sólo quien está atento puede seguirle. El hijo conoce la voz del padre; conoce la voz del Espíritu el espíritu que ha sido engendrado por El”.

9 “¿Cómo puede suceder esto?”.
“Tú, maestro en Israel, me lo preguntas? ¿Ignoras estas cosas? Se habla y se da testimonio de lo que sabemos y hemos visto. Pues bien, Yo hablo y doy testimonio de lo que sé. ¿Cómo vas a poder aceptar las cosas no vistas, si no aceptas el testimonio que Yo te traigo? ¿Cómo podrás creer en el Espíritu, si no crees en la Palabra encarnada? Yo he bajado para volver a subir llevándome conmigo a los que están aquí abajo. Uno sólo ha bajado del Cielo: el Hijo del hombre. Uno sólo al Cielo subirá con el poder de abrir el Cielo: Yo, Hijo del hombre. Recuerda a Moisés. El levantó una serpiente en el desierto para curar las enfermedades de Israel (104). Cuando Yo sea levantado en alto, aquellos a quienes la fiebre de la culpa hace ciegos, sordos o mudos, o que por ella han perdido el juicio o están leprosos o enfermos, serán curados, y quienquiera que crea en mí tendrá vida eterna. También quienes en mí hayan creído tendrán esta vida feliz. No bajes la cabeza, Nicodemo. Yo he venido a salvar, no a destruir. Dios no ha mandado a su Hijo Unigénito al mundo para que quien está en el mundo sea condenado, sino para que el mundo se salve por medio de El. En el mundo he visto todas las culpas, todas las herejías, todas las idolatrías. Más, ¿puede acaso la golondrina que vuela veloz por encima del polvo ensuciarse el plumaje? No. Lleva por las tristes vías de la Tierra una coma de azul, un olor de cielo, emite un reclamo para conmover a los hombres y hacerles levantar del fango la mirada y seguir su vuelo que al cielo retorna. Igualmente Yo. Vengo para llevaros conmigo. ¡Venid!... Quien cree en el Hijo Unigénito no es juzgado, está ya salvado, porque este Hijo intercede ante el Padre diciéndole: "Este me amó". Mas quien no cree es inútil que haga obras santas; ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. ¿Cuál es mi nombre, Nicodemo?”.

10 
Jesús”.
No. Salvador. Yo soy Salvación. Quien no me cree, rechaza su salvación y es juzgado por la Justicia eterna, y el juicio es éste: "La Luz te había sido enviada, a ti y al mundo, para salvación vuestra, y tú y los hombres habéis preferido las tinieblas a la Luz, porque preferíais las obras malvadas –que se habían hecho costumbre en vosotros– a las obras buenas, las que El os señalaba como obras que seguir para ser santos". Vosotros habéis odiado la Luz, porque los malhechores aprecian las tinieblas para sus delitos; habéis evitado la Luz para que no proyectara luz sobre vuestros ocultos resentimientos. No por ti, Nicodemo, pero la verdad es ésta; y el castigo guardará relación con la condena, por lo que respecta al individuo y por lo que respecta a la colectividad. Si me refiero a los que me aman y ponen en práctica las verdades que enseño, naciendo, por lo tanto, en el espíritu por segunda vez (la más verdadera), digo que no temen la Luz; antes bien, a ella se arriman, porque su luz aumenta aquella con que fueron iluminados: recíproca gloria, que hace dichoso a Dios en sus hijos y a los hijos en el Padre. No, ciertamente los hijos de la Luz no temen ser iluminados; antes bien, con el corazón y con las obras, dicen: "No he sido yo sino El, el Padre, El, el Hijo, El, el Espíritu, quienes han cumplido en mí el Bien. A ellos la gloria eternamente". Y desde el Cielo responde el eterno canto de los Tres que se aman en su perfecta Unidad: "A ti eternamente la bendición, hijo verdadero de nuestra voluntad". Juan, acuérdate de estas palabras para cuando llegue la hora de escribirlas. Nicodemo, ¿estás convencido?”.

11 “Maestro... sí. ¿Cuándo voy a poder hablar de nuevo contigo?”.
“Lázaro sabrá a dónde llevarte. Iré donde él antes de alejarme de aquí”.
“Me voy, Maestro. Bendice a tu siervo”.
“Mi paz sea contigo”.
Nicodemo sale con Juan.
Jesús se vuelve a Simón: 
¿Ves la obra del poder de las Tinieblas? Como araña, tiende su trampa, envuelve y aprisiona a quien no sabe morir para renacer como mariposa, con una fortaleza capaz de romper la tela tenebrosa y traspasarla, llevándose, como recuerdo de su victoria, jirones de reluciente red en las alas de oro, como oriflamas y lábaros conquistados al enemigo. Morir para vivir. Morir para daros la fuerza de morir. Ven, Simón, a descansar. Y que Dios esté contigo”.
Todo termina.

Continúa...

Notas:

101) Cfr. Ju. 3, 1–21.

102) Cfr. Gén. 3, 14–15; Ju. 1, 1–18.

103) “No… tierra” con estas expresiones se afirma una sola existencia terrenal y una sola existencia ultraterrena, para excluir la reencarnación, que exactamente admite más existencias terrenas y ultraterrenas.

104) Cfr. Ex. 21, 4–9.


 
 
El Poema del Hombre-Dios (105) 



 
 
 
 
 
 
 
 

10 DE JULIO: LOS SIETE HIJOS MÁRTIRES DE SANTA FELICITAS


10 de Julio: Los siete hijos mártires de Santa Felicitas

(† 165)

Siendo emperador Marco Aurelio Antonino, hubo en Roma una santa viuda llamada Felicitas, noble en linaje y más ilustre en piedad, que tenía siete hijos. 

Había hecho voto de castidad, se ejercitaba en oraciones y obras de misericordia, y con sus palabras y el ejemplo de su vida, movía a muchos de los gentiles para que se hiciesen cristianos. 

Por esta causa algunos sacerdotes de los ídolos concibieron gran saña contra ella y contra sus hijos y procuraron que el emperador que los mandase prender. 

Se remitió la causa a Publio, prefecto de la ciudad, el cual llamando aparte a la madre, le rogó que sacrificase a los dioses del imperio, y que no lo obligase a usar de rigor con ella y con sus hijos. 

A lo cual respondió Felicitas: 

-No pienses, oh Publio, que con tus blandas palabras me podrás ablandar, ni con tus amenazas me podrás rendir; porque tengo en mi favor el espíritu de Cristo, y viva o muerta te venceré. 

A esto respondió el prefecto:

¡Desventurada de ti! Y ¿has de permitir que hasta tus hijos mueran a mis manos?

 - Mis hijos -dijo Felicitas- muriendo por Jesucristo vivirán para siempre. 

Y como al siguiente día, estando el tribunal en la plaza del templo de Marte, fuese traída a juicio la madre con los siete hijos, y el juez les persuadiese que sacrificasen a los dioses: volviéndose a ellos la madre les dijo: 

- Mirad, hijos míos, al cielo, en donde os está Cristo esperando con todos sus santos; pelead valerosamente por vuestras almas, y mostraos fieles y constantes en el amor de Jesucristo.

El tirano oyendo estas palabras se embraveció y mandó dar a la madre muchas bofetadas en el rostro, porque en su presencia daba tales consejos a sus hijos; y llamando luego delante de sí al mayor de ellos, que era Jenaro, y usando todo su artificio, para atraerlo a la adoración de los ídolos, no lo pudo conseguir; por lo cual lo mandó desnudar y azotar crudamente y llevarlo a la cárcel. 

Por este mismo orden llamó uno a uno a los siete hermanos, y como viese en todos la misma constancia y resolución, después de haberlos castigado con muchos azotes, los echó en la cárcel, y dio aviso al emperador de lo que pasaba. 

El emperador ordenó que con diferentes géneros de muerte les quitasen la vida, y ejecutándose este impío mandato, Jenaro, siendo azotado gravísimamente y quebrantado con plomadas, dio su espíritu al Señor; Félix y Felipe fueron molidos a palos; Silvano murió despeñado; Alejandro, Vidal y Marcial fueron decapitados: y la madre, santa Felicitas, también fue martirizada al cabo de cuatro meses.  Su fiesta se celebra los días el 23 de noviembre en Occidente y el 25 de enero en Oriente. Conjuntamente es celebrada junto a sus hijos el 10 de julio.​ Fue enterrada en una catacumba en la Vía Salaria, poco después se erigieron en su honor antiguas basílicas.

Reflexión:

De esta santa heroína de la fe y de sus hijos dice san Gregorio en una homilía estas palabras: “La bienaventurada santa Felicitas, creyendo, fue sierva de Cristo, y predicándole, madre de Cristo: porque teniendo ella siete hijos, de tal manera temió dejarlos vivos en el mundo, como los otros padres carnales suelen temer que se mueran. No me parece que hemos de llamar a esta mujer mártir, sino más que mártir, pues habiendo enviado delante de sí siete hijos al cielo, a la postre vino después de ellos a recibir la corona del martirio”. Todo esto es de san Gregorio. ¡Pluguiera al Señor que todas las madres cristianas tuvieran este espiritual amor a sus hijos, deseándoles y procurándoles ante todo la eterna salvación!

Oración:

Concédenos, oh Dios omnipotente, que los que celebramos la fortaleza de tus invictos mártires en la confesión de tu fe, experimentemos la eficacia de su intercesión. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.