martes, 26 de mayo de 2026

RITUAL DE SANGRE: WERNER DE OBERWESEL (1271-1287)

Hoy recordamos a San Werner de Oberwesel, un niño santo “desantificado” tras la infiltración judeomasónica en el Vaticano II.


Werner de Oberwesel (también conocido como Werner de Bacharach o Werner de Womrath o Vernier o Verny) (1271-1287) fue un joven de 16 años que trabajaba en un viñedo, propiedad de un judío en Oberwesel.


Werner fue venerado como santo cristiano y su día conmemorativo se celebraba el 19 de abril.
 
Nacido en 1271 en Womrath, Hunsrück, Werner provenía de una familia humilde. Según la Tradición, después de haber recibido su Comunión Pascual, fue secuestrado y su cuerpo fue hallado cerca de Bacharach, y algunos cristianos culparon a los judíos de su asesinato, alegando que habían utilizado su sangre para el ritual judío de la Pascua.

Tras el asesinato, la violencia se extendió desde el Rin Medio hasta el Mosela y la región del Bajo Rin. La comunidad judía, siempre vinculada con los poderosos, recurrió al ambicioso rey Rodolfo I, quien había sido convencido de que las acusaciones eran infundadas, por lo que multó a los asesinos de judíos y ordenó la incineración del cadáver de Werner para evitar cualquier veneración posterior.

Las instrucciones de 
Rodolfo I de quemar el cuerpo de Werner, no se siguieron, siéndole otorgada cristiana sepultura el 30 de abril de 1287 y posteriormente comenzaron a reportarse milagros a medida que la veneración se extendía como un culto a un mártir. 

La capilla de San Werner a orillas del Rin, fue fundada en 1289 y se convirtió en un popular lugar de peregrinación. 

Hacia 1300, la historia de Werner fue escrita en neerlandés, alemán y latín por el concejal Ordulf Scholer a petición del arzobispo Boemund I de Tréveris. Él relató cómo los judíos habían colgado a Werner de los pies en un intento de arrebatarle una hostia consagrada que estaba a punto de tragar; se dice que una criada fue testigo de este suceso. E
sto derivó en acusaciones contra los judíos, como la de profanar hostias y el asesinato ritual.

En 1338, la ampliación prevista de la capilla de Werner en Bacharach se detuvo y su veneración disminuyó. 

Bajo el emperador Luis IV, el culto se reavivó a principios del siglo XIV. 

En 1426, el arzobispo Otto von Ziegenhain de Tréveris encargó al párroco local, Winand von Steeg, que recopilara las tradiciones locales sobre Werner para lograr su canonización. 

Al mismo tiempo, se reanudó la construcción de la capilla, que se completó en 1429. 

En 1548, una reliquia de un dedo fue trasladada a Besançon, y la veneración se extendió entonces a Francia

Los demás restos fueron llevados a un lugar desconocido en 1621 por el general español Ambrosio Spinola, enviado a luchar contra los príncipes protestantes del Sacro Imperio Romano Germánico.

Postal anterior a 1907: la iglesia de San Pedro a la izquierda y la capilla dedicada a San Werner, a la derecha, en el pueblo llamado Bachalat.

A pesar de la pérdida de las reliquias y los daños sufridos por la capilla de Werner en Bacharach durante la Guerra de Sucesión Palatina en 1689, y su posterior deterioro hasta convertirse en ruinas, la festividad continuó celebrándose en la diócesis de Tréveris, y el joven Werner fue venerado en la región del Medio Rin como uno de los siete santos del vino. En Oberwesel, la capilla hospital, construida alrededor de 1345, también fue dedicada posteriormente a Werner, según consta por primera vez en 1656/57.

Aunque la capilla fue destruida en el siglo XVII, Werner fue venerado en la diócesis de Tréveris hasta 1963, cuando se concretó la infiltración judeomasónica en la Iglesia.

Tras el inicio del siniestro conciliábulo Vaticano II, Werner fue eliminado del calendario de la Diócesis de Tréveris, pero San Werner de Oberwesel todavía aparece en algunos directorios alemanes de santos. La última procesión en memoria de Werner pasó por las calles de Oberwesel en 1971.

La capilla dedicada a él junto a la muralla de la ciudad frente al Rin, que había estado en ruinas, fue posteriormente restaurada y más tarde se le añadió una placa con una cita del masón Angelo Roncalli (mas conocido popularmente por su nombre artístico “Juan XXIII”), en la cual se proclamaba “la hermandad de cristianos y judíos” y pidiendo “perdón por la maldición que “injustamente” pusimos sobre el nombre de los judíos”.


En 2007 el martirio de Werner fue nuevamente profanado por “el pueblo elegido”, ya que se inauguró una instalación de vidrio en las ruinas de la Capilla Werner en Bacharach; con una vidriera roja que mostraba el texto inicial del relato de Heinrich Heine “El rabino de Bacharach”. La excusa para cometer tal aberración -según dijeron las autoridades- “tenía como objetivo promover el diálogo pacífico entre religiones”. Tres años después, el adefesio fue retirado por motivos de “conservación histórica”.


Oraciones a San Werner que se encontraban en este libro del año 1890, cuando la Iglesia aún era Católica

Enseñanza: ¡oh niños! prepárense siempre adecuadamente para la santa confesión y comunión, especialmente para la primera comunión – y siempre alcanzarán la gracia celestial y la fuerza para una vida virtuosa.

Oración de la Iglesia: Oh Dios, que, en recuerdo del sufrimiento de tu Hijo unigénito, otorgaste a San Werner en su sufrimiento a manos de los malvados judíos una fortaleza maravillosa: concede misericordiosamente que nosotros, los pobres pecadores, que veneramos los méritos de su martirio en la tierra, podamos ser coronados por Ti, Señor nuestro y Dios Todopoderoso, con honor y gloria en el Cielo. Amén.

Para continuar con la demolición de la historia y borrar por completo la memoria de nuestros santos católicos, la capilla de Oberwesel, antiguamente dedicada a San Werner, desde 2008 se llama “Capilla Rosa Flesch”.
 

DE LA REVOLUCIÓN A NUESTROS DÍAS

Continuamos con la publicación del capítulo VI del tercer y último Tomo del libro “La Conjuración Anticristiana” de Monseñor Henri Delassus, publicado el año 1910.

CAPÍTULO VI

TENTACIÓN FUNDAMENTAL Y GENERAL

(continuación)

II. — DE LA REVOLUCIÓN A NUESTROS DÍAS

Ni Satanás ni su raza abandonaron su plan tras el revés sufrido por el Concordato. Tan pronto como la masonería se reorganizó, reanudó su labor con renovado fervor y con un plan más amplio y cuidadosamente elaborado. Podríamos simplemente pedir a nuestros lectores que consulten lo expuesto anteriormente, pero conviene recordar los puntos principales para que los acontecimientos citados, así reunidos, se comprendan mejor y se haga más evidente la tentación a la que está sometida la cristiandad.

En la primera fase, es decir, desde el Renacimiento hasta la Revolución, la conspiración anticristiana dedicó varios siglos a pervertir ideas, introduciendo sucesivamente opiniones contrarias a los principios de la fe y permitiendo que se propagaran de una región a otra, desde las clases altas hasta las bajas. Su razonamiento era que, con las mentes así preparadas, un impulso enérgico bastaría para derribar el edificio eclesiástico.

Llegado el momento, el impacto se produjo con una impetuosidad y una furia insoportables.

Esa misma rapidez y violencia provocaron la reacción inevitable.

Iluminada por esta experiencia, la secta razonó que, para tener éxito en su segunda empresa, debía proceder lenta pero firmemente, no solo en la labor de los intelectuales que influyen en la opinión pública, sino también en el trabajo preliminar que otros agentes de su clase deben llevar a cabo: la destrucción de la estructura temporal de la Iglesia. “La obra que estamos a punto de emprender -afirma en las instrucciones secretas escritas durante la reorganización de la masonería- no es obra de un día, un mes o un año; puede durar varios años, tal vez un siglo; pero en nuestras filas, el soldado muere y la lucha continúa”.

Lo primero que se hizo al restaurarse la fe católica fue desacreditarla ante el pueblo, despojarla del rango que le confería su institución divina. Para ello se empleó la igualdad civil de las religiones. Hemos visto la tenacidad de Napoleón al establecerla en el Concordato y al fortalecerla en los Artículos Orgánicos, junto con los medios para imponerse. Hemos escuchado el clamor de Pío VI: “Bajo esta igual protección de las religiones se oculta y disimula la persecución más peligrosa y astuta imaginable contra la Iglesia de Jesucristo, para que las fuerzas del infierno prevalezcan sobre ella”.

Del Concordato y la legislación francesa, la maquinaria desorganizadora se transfirió al convenio europeo conocido como la “Santa Alianza”. “Si el espíritu que produjo este documento se hubiera expresado con claridad -observa J. de Maistre- leeríamos al principio: convenio por el cual tales y cuales príncipes declaran que todos los cristianos son una sola familia que profesa la misma religión y que las diferentes denominaciones que los distinguen no significan nada”.

Hasta entonces, la igualdad solo se había concedido a los cultos cristianos; la secta aprovechó la revolución de 1830 para introducir a los judíos y el Segundo Imperio para incorporar a los musulmanes.
 
Desde el día siguiente al Concordato, en lugar de permitir que la Iglesia en Francia reconstruyera su patrimonio, como se había estipulado, se adoptaron medidas que se multiplicaron con el tiempo, cuyo efecto total solo se hizo evidente una vez consumada la expropiación que siguió a la separación de la Iglesia y el Estado. Se prohibieron las adquisiciones de tierras, las fundaciones debían constituirse mediante rentas vitalicias del Estado, y las iglesias, rectorías y obispados fueron declarados gradualmente propiedad de los municipios, los departamentos y el Estado. El objetivo era, en última instancia, privar a la Iglesia en Francia de todas sus propiedades, rompiendo así cualquier vínculo con la tierra, a pesar de que no se trata de una sociedad puramente intelectual. Al mismo tiempo, el clero católico fue expulsado de todos los cargos educativos, hospitalarios y administrativos donde pudiera interactuar con la sociedad y ejercer alguna influencia.

Pero la secta tenía objetivos más elevados. La Iglesia de Francia era simplemente una iglesia particular. Ciertamente, buscaba asegurar que otras naciones siguieran el ejemplo de Francia. Pero lo que más importaba para la consecución de sus propósitos era también aniquilar la institución temporal de la Iglesia, cabeza de todas las iglesias, caput omnium Ecclesiarum. Esta fue la primera de las misiones encomendadas a la Alta Vendita. Lo logró mediante el poder que ejercía, de forma más o menos directa, sobre las Grandes Potencias. Piamonte, con la ayuda de Napoleón III y la complicidad de los gobiernos de otros países, consiguió hacer desaparecer los Estados de la Iglesia, arrebatando a los Papas el prestigio y la autoridad que ostentaban en virtud de su condición de soberanos temporales, iguales a reyes y emperadores, e incluso superiores a todos por su antigüedad y la eminencia de su dignidad.
 
Cuando se le arrebataron a la Iglesia todos esos apoyos terrenales que, durante siglos, la sabiduría de los hombres y la Providencia de Dios le habían brindado, llegó la separación de la Iglesia y el Estado, llevada a cabo primero en Francia para servir de ejemplo y campo de entrenamiento para otras naciones católicas.
 
Sabemos con qué perfidia la secta orquestó esta operación. Al mismo tiempo que cortaba el último vínculo entre la Iglesia y la sociedad, imposibilitando así toda relación entre ambos mundos, creyó poder cortar simultáneamente, mediante el atractivo de los bienes mundanos, el otro vínculo: el que unía a la Iglesia en Francia con la Iglesia Madre. Prometía un disfrute precario de estos bienes a cualquiera que estuviera dispuesto a desafiar la jerarquía, su autoridad y su propia existencia.

Mediante estos métodos graduales y meticulosamente planificados, la Iglesia en Francia estaba, en su opinión, destinada a desaparecer.

Todo esto era solo la primera parte del programa, la labor de destrucción necesaria para el establecimiento de la religión naturalista.

De hecho, no bastaba con que la Iglesia, órgano de lo sobrenatural en el mundo, desapareciera; la religión revelada debía ser sucedida por la religión naturalista. Es así como Satanás podía recuperar su dominio, satisfaciendo simultáneamente la necesidad religiosa que agita a toda criatura intelectual que aún no ha alcanzado el fin de su degradación.

Satanás no revela su objetivo final a quienes utiliza para lograrlo. Guía a unos por un camino y a otros por otro. Bajo su influencia, permite que muchos se desvíen más allá de los límites que él mismo se ha impuesto. Pero sabe lo que quiere, y esto no puede ignorarse al considerar el conjunto de movimientos que impulsa. Estos convergen hacia el naturalismo; tienden a establecer una religión humanitaria sobre las ruinas de la religión traída del Cielo por el Hijo de Dios.

Los instrumentos que utiliza, y que hemos visto en funcionamiento durante un siglo, poseen, si no una visión clara, al menos una sensibilidad instintiva para ello.

¿Qué dijo Waldeck-Rousseau al inaugurar la fase actual de la persecución en Toulouse? Presentó dos sociedades en conflicto: “la democrática”, arrastrada por la amplia corriente de la Revolución, y la católica, a la que no nombró, pero que identificó suficientemente al afirmar que había sobrevivido al gran movimiento del siglo XVIII. Tomando partido en este conflicto, anunció que atacaría primero las primeras líneas del ejército del divino Redentor y Santificador: las Congregaciones y Órdenes Religiosas.

“Esto tiene que acabar -había dicho Raoult Rigault antes que él- lleva ocurriendo mil ochocientos años”. En efecto, habían pasado mil ochocientos años desde que Satanás fue despojado de su imperio y se esforzó por reconquistarlo.

Hablando con aún mayor franqueza que Waldeck-Rousseau, el Sr. Viviani declaró que el objetivo de la guerra que se libra contra nosotros es “oponer la religión divina con la religión de la Humanidad”. Gambetta había dicho antes que él: “La lucha es entre los agentes de la teocracia romana y los hijos de 1789”. Bourgeois: “Debemos perseguir la victoria del espíritu de la Revolución, de la Filosofía y de la Reforma sobre la afirmación católica”. El Sr. Viviani volvió a la tribuna para decir: “Estamos cara a cara con la Iglesia Católica”, y esto es para “la dirección que se debe dar a la humanidad”. La Iglesia la lleva al Cielo; nosotros queremos traerla de vuelta a la tierra. En esa misma sesión, el Sr. Pelletan fue aún más explícito. “El gran conflicto se libra entre los Derechos de Dios y los Derechos del Hombre”. El derecho de Dios, el derecho de su amor, el derecho de su naturaleza, que es Bondad, a desbordarse, a comunicarse incluso hasta el punto de ofrecer una participación en su naturaleza divina; y el derecho del hombre a escuchar su egoísmo, a encerrarse en sí mismo y allí triunfar sobre Dios y su amor. “La Revolución -dijo Lafargue- es el triunfo del hombre sobre Dios”.

“Ha llegado el momento de elegir entre el viejo orden, basado en la Revelación, y el nuevo orden, que reconoce fundamentos distintos: la ciencia y la razón humana” (1). “El esfuerzo debe ser supremo” (2). “Este es el gran duelo entre la religión y el libre pensamiento” (3).

Cuando surgió la disputa dentro de la masonería sobre qué Ser Supremo conservar o destituir, el mundo masónico intervino declarando: “Solo hay una religión, una religión verdadera, una religión natural: la religión de la humanidad”. Al decir esto, el mundo masónico simplemente enunciaba la doctrina coherente de la masonería. Gustave Bord, uno de los que la estudió con mayor profundidad, pudo resumir sus observaciones así: “La masonería es una secta religiosa que, tras cierta vacilación inicial, se organizó principalmente en Europa alrededor de 1723, profesó una doctrina humanitaria y se superpuso a otras religiones”.
 
Todo esto confirma la declaración del obispo Scotti: “El gran secreto de las sociedades secretas es el naturalismo”; y la de León XIII: “El objetivo supremo de la masonería es destruir por completo toda disciplina religiosa y social nacida de las instituciones cristianas y reemplazarla por una nueva cuyos principios y leyes fundamentales se derivan del naturalismo”

“Vengo buscando la luz -debe decir el candidato el día de su iniciación- porque mis compañeros y yo nos hemos perdido en la noche que cubre el mundo”, desde que éste se vio envuelto en la oscuridad de la superstición; es decir, desde que las supersticiones místicas se impusieron a la razón, desde que los deberes empíricos extraviaron las conciencias, desde que las falsas promesas de la vida después de la muerte hicieron que se abandonara la búsqueda de los verdaderos bienes, aquellos que la naturaleza tan generosamente nos ofrece.
 
Por lo tanto, la sugerencia del naturalismo es la sugerencia madre, aquella de la que derivan o con la que se relacionan todas las sugerencias que la masonería ha difundido por todo el mundo desde sus orígenes. Y el naturalismo es, en efecto, la tentación suprema con la que Satanás ha estado conduciendo a la cristiandad desde que pudo crear, con este propósito, ese maravilloso organismo que es la masonería. A través de ella, perpetúa en nuestro mundo la lucha, la misma lucha que suscitó en el Cielo en las primeras horas de la creación del mundo y que se apresuró a avivar de nuevo en los primeros días de la existencia de la humanidad. El ciudadano Sibrac percibió esta continuidad cuando, en 1866, en el Congreso del Libre Pensamiento celebrado en Bruselas, haciendo un llamamiento a las mujeres para la Gran Obra, dijo: “Fue Eva quien profirió el primer grito de rebelión contra Dios”. Y los maestros de la masonería dejaron claro que estas ideas no les eran ajenas, cuando dieron a las logias esta exclamación como un grito de admiración y aplauso: ¡Eva! ¡Eva!

La secta, ya sea directamente o indirectamente a través de quienes sugiere, ha cumplido su función asignada con un alcance, perseverancia y eficacia que asombran a quienes son testigos de los resultados. Que nuestros lectores recuerden lo que hemos dicho acerca de las asociaciones creadas en todo el mundo para derribar las barreras doctrinales dentro del catolicismo, como en todas las sectas, y así preparar el terreno religioso para el establecimiento de “la religión del futuro”, el “judaísmo de los nuevos tiempos” (4).
 
Esta religión ya estaba tomando forma en Estados Unidos. “La religión americanista -dijo el Sr. Bargy (5)- tiene dos características definitorias: es social y es positiva. Social, es decir, más preocupada por la sociedad que por los individuos; positiva, es decir, más interesada en lo humano que en lo sobrenatural”. Y el Sr. Strong, al comienzo de su informe oficial para la Exposición de 1900: “Hoy la religión se preocupa menos por el futuro que por el presente. La religión, servidora del progreso terrenal, está fusionando su objetivo con el de las ciencias morales y sociales”, es decir, se está volviendo más humana, más natural.

En el libro que acabamos de citar, el Sr. Bargy tiene un capítulo titulado: Une paroisse américaine (Una parroquia americana), que puede presentarse como el tipo perfectible de futuros grupos religiosos fundados en el naturalismo.
 
La parroquia está dividida en clubes: club de hombres, club de niños y club de niñas. Las mujeres casadas no están organizadas en clubes porque sus responsabilidades domésticas las mantienen en casa. Sin embargo, existen algunas instituciones para ellas.
 
En el club de caballeros: hay tres sesiones de gimnasio por semana; todos los martes, una sesión de debate sobre temas sociales; y todos los jueves, baile.
 
En el club de chicos: todos los lunes, clases de aritmética, ortografía, contabilidad y caligrafía; tres veces por semana, clase de gimnasia y disfrute de los baños; los martes, baile; los miércoles, ejercicios militares y de otro tipo.

En el club de chicas: todos los días, clases de costura, moda y cocina; tres veces por semana, clase de educación física; dos veces por semana, clase de contabilidad; cinco veces por semana, clases de taquigrafía y mecanografía.
 
Los pastores fomentan el baile. Los conciertos y las obras de teatro a cargo de los feligreses contribuyen a crear un ambiente social. La vida interna y privada de la parroquia gira en torno a los clubes. Sin embargo, sus actividades se extienden más allá de los clubes a través de la clínica, el taller de asistencia y, especialmente, mediante dos organizaciones de ayuda mutua: la oficina de empleo y la asociación de préstamos.
 
Las iglesias organizadas de esta manera desde la perspectiva de la acción social se denominan “iglesias institucionales”. La iglesia institucional ha creado un nuevo tipo de pastor: el pastor-empresario. “El gerente de una fábrica -afirma el Evening Post- no necesita más talento para la acción que el líder de una iglesia moderna con sus múltiples actividades. No hay lugar para la teología en un hombre que preside seis comités en una sola tarde. La iglesia institucional no producirá ningún Tomás de Aquino”.
 
¿Tiene acaso semejante gasto de actividad y dinero un propósito espiritual? El Sr. Bargy se hizo esta pregunta. Responde: “Las iglesias europeas valoran tanto el dogma que todo lo que hacen de manera humanitaria parece a sus adversarios un camino secreto que conduce al dogma; pero a un americanista difícilmente se le ocurre sospechar de un motivo oculto dogmático en una buena obra. Las obras sociales se convierten en la razón de ser de estas iglesias. Para los jóvenes ministros de la nueva generación, estas obras son lo que hace que su trabajo sea tan atractivo. En la mente del clero, su labor humanitaria no está subordinada a su labor eclesiástica; cuando el equipo de fútbol americano está representado en el servicio religioso vespertino, se alegran, pero cuando la colecta vespertina proporciona dinero para el equipo, no se alegran menos. Del mismo modo, los miembros de las obras de caridad las aprecian por sí mismas; es la única forma de religión que a muchos les gusta; los americanistas tienden a no entender ninguna forma de culto que no sea la acción; para ellos, las obras de caridad no son una ayuda para la religión, son la religión misma”.

En Nueva York existe la “Conferencia Religiosa del Estado de Nueva York”, que anima a otros estados a formar confederaciones similares. Celebra una asamblea general anualmente. La sesión de 1900 reunió a representantes de once sectas, incluyendo judíos. Sus reuniones se celebran por la mañana en el “Edificio de las Organizaciones Benéficas Unidas” y las vespertinas en diversas iglesias, alternando entre ellas. En la sesión de 1900, los oradores debatieron, entre otros temas, los siguientes, que demuestran claramente el espíritu y las tendencias de estas asociaciones: “la posibilidad de un culto común” y “la religión como principio fundamental de la democracia”. En las reuniones vespertinas se celebra un breve servicio religioso. Un comité compuesto por dos pastores y un rabino propuso un “Manual para el Culto Común”, compuesto por oraciones tomadas de servicios judíos, fragmentos de liturgia cristiana antigua y moderna, y extractos de las Sagradas Escrituras adoptados por judíos, cristianos y sociedades morales.
 
El Sr. Stanley-Root, comisionado por el periódico neoyorquino, más preocupado por asuntos religiosos para realizar una investigación sobre la Iglesia moderna, observó atentamente a estos ministros de nuevo tipo y concluyó: “LA MUTUALIDAD ES LA PRIMERA Y ÚLTIMA PALABRA DEL CRISTIANISMO...”

Esta mentalidad del americanismo explica cómo, en su afán por el trabajo y la conquista de la riqueza, plasman una especie de sentimiento que ellos denominan religioso.

“La gente piensa -dijo el Sr. Bargy- que los americanistas tienen gusto por el bienestar. No es exactamente eso, tienen una religión para ello. Su culto a la civilización material tiene todas las características de una ilusión religiosa. En realidad se inmolan a Moloch como los mártires voluntarios de Cartago” (6).
 
Este es el esquema actual de la religión naturalista. Sin duda, este culto naturalista tendrá mejor acogida que el inventado por los robespierrianos y los teofilántropos.
 
Se dirá que se originó entre los protestantes. Pero que nadie se equivoque. Más de una parroquia católica en Estados Unidos la ha adoptado, casi por completo. Y aquí, en nuestro país, ¿acaso la democracia cristiana no está impulsando al clero en esta dirección?
 
El ex abad Hébert se atrevió a decir: “Hoy en día, ¿acaso no se encuentra la fe activa y viva con mayor facilidad en un centro comunitario que en una catedral, en un laboratorio, en una cooperativa de supermercados que en muchos conventos?” (7). Esta es una exageración que raya en la falsedad. Pero, ¿acaso no podía citar tendencias y hechos que le dieran a esta falsedad una apariencia de verdad?
 
Junto a este culto humanitario, tendrán lugar los cultos propiamente luciferinos que hemos visto formarse, del mismo modo que en la Iglesia Católica existen Órdenes y Congregaciones religiosas dedicadas de forma más directa y completa al culto de Dios.

Continua...

Notas:

1) Boletín de la Gran Logia simbólica tras la publicación de la encíclica de León XIII sobre la masonería.

2) L’orateur du convent (El orador del convento) de 1902,

3) L'Action à l'occasion de l’affaire Ferrer (Actuación en el contexto del caso Ferrer)

4) 4) En esta obra hemos resumido lo que informamos sobre este tema en Problème de l'heure présente (El problema de la hora actual). ¡Y cuántos datos nuevos han salido a la luz, confirmando lo publicado en ese libro!
 
5) La religion dans la société aux Etats-Unis (La religión en la sociedad de los Estados Unidos).

6) Para más detalles, consulte Problème de l'heure présente (El problema de la hora actual), capítulo XLVIII.

7) Revue Blanche del 15 de marzo de 1903.

 

LUTERO, EL GRAN HEREJE

El creador de las sectas con las que hoy se abrazan los “papas”, efectivamente combatió con todas sus fuerzas contra la doctrina de la Iglesia Católica.

Por el padre José María Iraburu


La tesis de que la decadencia moral de la Iglesia, bajo los Papas renacentistas, había llegado a un extremo intolerable, y que Lutero encabezó a los “protestantes” contra esta situación, exigiendo una “reforma”, es falsa y ningún historiador actual es capaz de sostenerla.

Actualidad de Lutero

El 31 de octubre se cumplirá un nuevo aniversario de las 95 tesis clavadas en 1517 por Lutero en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg. Son varias las publicaciones sobre Lutero, en las que se lo muestra como “enamorado de la Biblia y difusor de la misma en el pueblo”, “reformador de una Iglesia romana corrompida en su tiempo”, etc. Parece, pues, oportuno hacer algunas verificaciones.

No fue reformador de costumbres, sino de doctrinas

La tesis de que la decadencia moral de la Iglesia, bajo los Papas renacentistas, había llegado a un extremo intolerable, y que Lutero encabezó a los “protestantes” contra esta situación, exigiendo una “reforma”, es falsa y ningún historiador actual es capaz de sostenerla. Entre otras razones, porque el mismo Lutero desechó esa interpretación de su obra en numerosas declaraciones explícitas. “Yo no impugno las malas costumbres, sino las doctrinas impías”. Y años después insistió en ello: “Yo no impugné las inmoralidades y los abusos, sino la sustancia y la doctrina del Papado”. “Entre nosotros –confesaba abiertamente–, la vida es mala, como entre los papistas; pero no les acusamos de inmoralidad”, sino de errores doctrinales. Efectivamente, “bellum est Luthero cum prava doctrina, cum impiis dogmatis” (Melanchton).

Reformador de la doctrina católica

Lutero, efectivamente, combatió con todas sus fuerzas contra la doctrina de la Iglesia Católica. Para empezar, arrasó con la Biblia, ya que dejándola a merced de el libre examen, cambió la infalible y única Palabra divina por una variedad innumerable y contradictoria de falibles palabras humanas. Se llevó por delante la sucesión apostólica, el sacerdocio ministerial, los Obispos y sacerdotes, la doctrina de Padres y Concilios. Eliminó la Eucaristía, en cuanto sacrificio de la redención. Destruyó la devoción y el culto a la Santísima Virgen y a los santos, los votos y la vida religiosa, la función benéfica de la ley eclesiástica. Dejó en uno y medio los siete sacramentos. Afirmó, partiendo de la corrupción total del hombre por el pecado original, que “la razón es la grandísima puta del diablo, una puta comida por la sarna y la lepra” (etc., así cinco líneas más). Y por la misma causa, y con igual apasionamiento, negó la libertad del hombre (1525, De servo arbitrio), estimando que “lo más seguro y religioso” sería que el mismo término “libre arbitrio” desapareciera del lenguaje. Como lógica consecuencia, negó también la necesidad de las buenas obras para la salvación. En fin, con sus “respuestas correctas”, según escribe un autor de hoy, destruyó prácticamente todo el Cristianismo, destrozando de paso la Cristiandad.

Pensamiento esquizoide

Une la Iglesia Católica razón y fe, entendiendo la teología como “ratio fide illustrata” (Vaticano I). Une la Biblia con la Tradición y el Magisterio apostólico (Vaticano II, Dei Verbum 10). Une la gracia con la acción libre de la voluntad humana. Et et.

El pensamiento de Lutero, por el contrario, es esquizoide: Vel vel. Considerando que “la razón es la grandísima puta del diablo”, concluye: sola fides. Convencido de que la mente y la conciencia del cristiano están por encima de Padres, Papas y Concilios, dictamina: sola Scriptura. Afirmando que el hombre no es libre, y que no son necesarias las buenas obras para la salvación, declara: sola gratia.

El mayor insultador del Reino

Lutero escribió que “toda la Iglesia del papa es una Iglesia de putas y hermafroditas”, y que el mismo papa es “un loco furioso, un falsificador de la historia, un mentiroso, un blasfemo”, un cerdo, un burro, etc., y que todos los actos pontificios están “sellados con la mierda del diablo, y escritos con los pedos del asno-papa”. Podrían llenarse innumerables páginas con frases semejantes o peores.

Los teólogos católicos del tiempo de Lutero rechazaron sus tesis, ganándose de su parte los calificativos previsibles. La Facultad de París es “la sinagoga condenada del diablo, la más abominable ramera intelectual que ha vivido bajo el sol”. Y los teólogos de Lovaina, por su parte, son “asnos groseros, puercos malditos, panzas de blasfemias, cochinos epicúreos, herejes e idólatras, caldo maldito del infierno”. No es de extrañar que, pensando así, rechazara Lutero la proposición que le hizo Carlos V en Worms para que discutiera sus doctrinas con los más prestigiosos teólogos católicos. ¿A quién puede interesarle discutir con cerdos endemoniados?

Por lo demás, los insultos de Lutero tenían una extensión universal: las mujeres alemanas, por ejemplo, eran unas “marranas desvergonzadas”; los campesinos y burgueses, “unos ebrios, entregados a todos los vicios”; y de los estudiantes decía que “apenas había de cada mil uno o dos recomendables”.

El perfecto hereje

“Yo, el doctor Lutero, indigno evangelista de nuestro Señor Jesucristo, os aseguro que ni el Emperador romano [...], ni el papa, ni los cardenales, ni los obispos, ni los santurrones, ni los príncipes, ni los caballeros podrán nada contra estos artículos, a pesar del mundo entero y de todos los diablos [...] Soy yo quien lo afirmo, yo, el doctor Martín Lutero, hablando en nombre del Espíritu Santo”. “No admito que mi doctrina pueda juzgarla nadie, ni aun los ángeles. Quien no escuche mi doctrina no puede salvarse”.

Duro con los pobres, débil con los poderosos

Con ocasión del levantamiento de los campesinos, que exigían, primero por las buenas y luego por las malas, lo que estimaban que eran sus derechos, escribe Lutero una durísima invectiva Contra las hordas rapaces y homicidas de los campesinos (1525). “Al sedicioso hay que abatirlo, estrangularlo y matarlo privada o públicamente, pues nada hay más venenoso, perjudicial y diabólico que un promotor de sediciones, de igual manera que hay que matar a un perro rabioso, porque, si no acabas con él, acabará él contigo y con todo el país”.

Muy suave fue, en cambio, Lutero con los poderosos príncipes alemanes, a fin de ganar su favor. Cuando, por ejemplo, Felipe de Hessen, gran landgrave, casado con Catalina, de la que tenía siete hijos, exigió la aprobación de un matrimonio adicional con una señorita de la nobleza sajona, obtuvo la licencia de Lutero y Melanchton, a condición de que la concesión se mantuviera secreta. Se acudió en este caso de poligamia, consumada en 1540, al precedente de los antiguos Patriarcas judíos.

Espantado de su propia obra

Los resultados de la predicación de Lutero fueron devastadores en la moral del pueblo, y él mismo lo reconoce. “Desde que la tiranía del papa ha terminado para nosotros, todos desprecian la doctrina pura y saludable. No tenemos ya aspecto de hombres, sino de verdaderos brutos, una especie bestial”. De sus seguidores afirmaba que “son siete veces peores que antes. Después de predicar nuestra doctrina, los hombres se entregaron al robo, a la impostura, a la crápula, a la embriaguez y a toda clase de vicios. Expulsamos un demonio [el papado] y vinieron siete peores”.

A Zwinglio le escribe espantado: “Le asusta a uno ver cómo donde en un tiempo todo era tranquilidad e imperaba la paz, ahora hay dondequiera sectas y facciones: una abominación que inspira lástima [...] Me veo obligado a confesarlo: mi doctrina ha producido muchos escándalos. Sí; no lo puedo negar; estas cosas frecuentemente me aterran”. Y aún preveía desastres mayores. Un día le confiaba a su amigo Melanchton: “¿Cuántos maestros distintos surgirán en el siglo próximo? La confusión llegará al colmo”.

Así fue. Y así ha sido en progresión acelerada, hasta llegar a la gran apostasía actual de las antiguas naciones católicas.
 

26 DE MAYO: LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Entre todos los soberanos misterios que nuestro Señor nos ha revelado acerca de las cosas divinas, el más inefable es el de la Santísima Trinidad.

Muchos filósofos con sólo la luz de la razón natural han conocido y probado la existencia de Dios, su infinidad, su omnipotencia, su sabiduría, su bondad, su hermosura y casi todos los demás atributos de su divinidad; más que Dios sea Uno en la esencia y Trino en las personas, es un secreto a todos los sabios escondido, que sin la revelación de Dios jamás se hubiera podido comprender ni alcanzar.

Lo que la Fe nos enseña en este altísimo misterio es que de tal manera, que también es trino en las personas, que son Padre, Hijo y Espíritu Santo, las cuales, aunque cada una es Dios, no son tres dioses, sino un solo Dios vivo y verdadero.

Enseña más: que la primera persona que es el Padre, contemplándose y entendiéndose así perfectísimamente, ab aeterno, produjo y engendró una noticia suya y concepto, no accidental sino sustancial, que llamamos Unigénito Hijo de Dios y Verbo eterno, resplandor de su gloria y figura de sus sustancias, tan perfecta y acabada como el que la engendró, la cual es Dios, así como el Padre que la engendró es Dios, y que estas dos divinas personas, Padre e Hijo, mirándose y complaciéndose el uno en el otro con inenarrable contento y gozo, se aman infinitamente; de donde resulta un amor recíproco que también es sustancia y no accidente: y procede del Padre y del Hijo, como de un principio, al cual llamamos Espíritu Santo, y es la tercera persona de la Santísima Trinidad.

Todas estas tres personas son iguales en todo, porque la perfección que dice en el Padre del ser Padre, dice en el Hijo el ser Hijo, y en el Espíritu Santo el ser Espíritu Santo, y procedido de los dos.

El Padre es principio del Hijo y no nace de otra persona; el Hijo es engendrado solo del Padre; y con el mismo Padre, es principio del Espíritu Santo.

En esta generación eterna no hay lo que acaece en las generaciones temporales que tienen fin y se acaban, porque aquella dura eternamente: ni pienses que porque acá el padre es primero que el hijo, así lo sea en este inefable misterio: porque siempre que fue el Padre fue el Hijo; ni hay en él primero ni postrero, de manera que el Padre sea más antiguo que el Hijo, y el Hijo más joven que el Padre, sino que todas las tres personas son en todo iguales, consustanciales y coeternas: Trinidad en Unidad y Unidad en Trinidad, como dice San Agustín.

Esta es la suma de lo que de este misterio se colige de las Sagradas Escrituras y señaladamente de lo que nos enseña Jesucristo, Hijo de Dios, en su Sagrado Evangelio.

Reflexión:

Siendo cosa muy conforme a toda razón que sintamos altísimamente del que es Altísimo, confesemos en obsequio de la Divinidad este misterio incomprensible que se ha dignado a revelarnos, así para que nuestra fe fuese meritoria, como para que entendiésemos que nuestra Sacrosanta Religión Católica es divina; pues el no entender nosotros la profundidad de los misterios que nos enseña, es evidente señal que son cosas de Dios. Creamos pues sencillamente este adorable misterio para que lo veamos con claridad en la gloria beatífica, pues, como dice San Bernardo, “escudriñarlo es temerario, creerlo es piadoso, conocerlo es vida, y vida eterna y bienaventurada”.

Oración:

Omnipotente y sempiterno Dios, que diste a conocer a tus siervos, en la confesión de la verdadera Fe, la gloria de la eterna Trinidad, en la cual adorasen la unidad de tu naturaleza, te rogamos que con la firmeza de la misma, seamos fortalecidos en todas las adversidades. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
 

lunes, 25 de mayo de 2026

EL CONCILIO VATICANO I (1869-1870 d.C.) [SEGUNDA PARTE DE TRES]

Continuamos con la publicación de la sesión 3 del Concilio Vaticano I.




SESIÓN 3: 24 de abril de 1870 - Constitución Dogmática sobre la Fe Católica

• Capítulo 3 Sobre la fe

Capítulo 4 Sobre la fe y la razón

CANONES

⁕ 1. Sobre Dios, el Creador de todas las cosas.

2. Sobre la revelación

3. Sobre la fe

4. Sobre la fe y la razón


Capítulo 3: Sobre la fe

1. Puesto que los seres humanos dependemos totalmente de Dios como su Creador y Señor, y la razón creada está completamente sujeta a la verdad increada, estamos obligados a someternos a Dios, el revelador, con total sumisión de intelecto y voluntad por la Fe.

2. Esta fe, que es el principio de la salvación humana, la Iglesia católica la profesa ser

una virtud sobrenatural,

por medio de la cual,

Con la gracia de Dios inspirándonos y ayudándonos,

Creemos que es verdad lo que Él ha revelado,

no porque percibamos su verdad intrínseca a la luz natural de la razón,

sino por la autoridad de Dios mismo, que hace la revelación y no puede engañar ni ser engañado.

3. La fe, declara el Apóstol, es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve [17].

4. Sin embargo, para que la sumisión de nuestra fe se ajuste a la razón, fue voluntad de Dios que a la asistencia interna del Espíritu Santo se vincularan indicaciones externas de su revelación, es decir, actos divinos, y

Primero y ante todo, milagros y profecías,

■ que demuestran claramente la omnipotencia y el conocimiento infinito de Dios, y que son

las señales más seguras de revelación y son

Adecuadas para que todos lo entiendan.

5. Por eso

Moisés

y los profetas,

y especialmente Cristo nuestro Señor mismo,

Realizó muchos milagros absolutamente claros y profetizó;

Mientras que de los Apóstoles leemos:

Y ellos salieron y predicaron cada día, mientras el Señor obraba con ellos y confirmaba el mensaje con las señales que lo acompañaban [18]. De nuevo está escrito:

Tenemos la palabra profética más segura; haréis bien en prestar atención a esto como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro [19].

6. Ahora,

aunque el asentimiento de fe no es en absoluto un movimiento ciego de la mente,

Sin embargo, nadie puede aceptar la predicación del Evangelio.

de la manera necesaria para alcanzar la salvación

sin la inspiración e iluminación del Espíritu Santo,

quien da a todos facilidad para aceptar y creer la verdad [20].

7. Y así, la Fe en sí misma,

aunque puede que no funcione a través de la caridad,

es un don de Dios,

y su funcionamiento es una obra perteneciente al orden de la salvación,

en que una persona rinde verdadera obediencia a Dios mismo cuando acepta y colabora con su gracia, la cual podría haber rechazado.

8. Por lo tanto, por la Fe divina y católica, todas esas cosas deben ser creídas.

que están contenidas en la palabra de Dios tal como se encuentra en las Escrituras y la Tradición,

y que la Iglesia propone como asuntos que deben creerse como revelados divinamente,

ya sea por su solemne juicio

o por su Magisterio ordinario y universal.

9. Puesto que, pues, sin fe es imposible agradar a Dios [21] y alcanzar la comunión de sus hijos e hijas, se deduce que

Nadie puede lograr jamás la justificación sin ella,

 Nadie puede alcanzar la vida eterna a menos que persevere en ella hasta el final.

10. Para que pudiéramos cumplir con nuestro deber de abrazar la verdadera fe y perseverar inquebrantablemente en ella, Dios, por medio de su Hijo unigénito,

fundó la Iglesia,

y dotó a su institución de directrices claras con el fin de que todos la reconocieran como la guardiana y maestra de la palabra revelada.

11. A la Iglesia Católica pertenecen exclusivamente todas esas cosas, tan numerosas y maravillosas, que han sido divinamente ordenadas para hacer manifiesta la credibilidad de la fe cristiana.

12. Es más,

la Iglesia misma

por razón de

su asombrosa propagación,

Su Santidad y

su inagotable fertilidad en todo tipo de bondad, por

su unidad católica y

su estabilidad invencible,

es una especie de gran y perpetuo motivo de credibilidad y una prueba irrefutable de su propia misión divina.

13. Así es como sucede,

como un estandarte enaltecido para las naciones [22],

Ella invita a sí misma a aquellos que aún no han creído,

y asimismo asegura a sus hijos e hijas que la fe que profesan se basa en los fundamentos más sólidos.

14. A este testimonio se suma la ayuda efectiva del poder de lo alto. Porque,

El bondadoso Señor despierta a los que se han extraviado y los ayuda con su gracia.

para que lleguen al conocimiento de la verdad [23];

y también confirma por su gracia a aquellos a quienes ha trasladado a su admirable luz [24],

para que puedan perseverar en esta luz,

no los abandonará a menos que Él sea abandonado primero.

15. Como consecuencia,

la situación de aquellos que

por el don celestial de la fe

han abrazado la verdad católica,

no es en absoluto lo mismo que el de aquellos que,

guiados por opiniones humanas,

siguen una religión falsa;

Porque quienes han aceptado la fe bajo la guía de la Iglesia nunca tendrán una razón justa para cambiar esa fe o para ponerla en tela de juicio.

Siendo así, dando gracias a Dios Padre que nos ha hecho dignos de participar con los santos en la luz [25], no descuidemos una salvación tan grande [26], sino que, puestos los ojos en Jesús, autor y consumador de nuestra fe [27], mantengamos la confesión inquebrantable de nuestra esperanza [28].

Capítulo 4 Sobre la fe y la razón

1. El acuerdo perpetuo de la Iglesia Católica ha sostenido y sostiene también esto: que

Existe un orden doble de conocimiento, distinto

no solo en lo que respecta a su origen,

sino también en lo que respecta a su objeto.

2. Con respecto a la fuente,

Sabemos a un nivel por razón natural,

en el otro nivel por la fe divina.

3. Con respecto al objeto,

Además de aquellas cosas a las que puede llegar la razón natural,

Se proponen para nuestra creencia misterios ocultos en Dios

los cuales, a menos que sean revelados divinamente, son imposibles de conocer.

Por lo tanto, cuando el Apóstol, quien testifica que Dios era conocido por los gentiles desde la creación [29], viene a tratar de la gracia y la verdad que vinieron por medio de Jesucristo [30], declara: “Compartimos una sabiduría secreta y oculta de Dios, que Dios decretó antes de los siglos para nuestra glorificación. Ninguno de los gobernantes de este siglo la entendió. Dios nos la reveló por medio del Espíritu. Porque el Espíritu lo escudriña todo, incluso las profundidades de Dios [31]. Y el Unigénito mismo, en su confesión al Padre, reconoce que el Padre ha ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y las ha revelado a los pequeños” [32].

4. Ahora bien, la razón,

Si, de hecho

cuando busca persistentemente, piadosamente y sobriamente,

lograr

por don de Dios

algún entendimiento,

y que el más provechoso,

de los misterios,

ya sea por analogía a partir de lo que conoce naturalmente,

o de la conexión de estos misterios

con el otro y

con el fin último de la humanidad;

pero la razón

nunca se vuelve capaz de penetrar estos misterios

en la forma en que penetra aquellas verdades que constituyen su objeto propio.

Porque

los misterios divinos,

por su propia naturaleza,

superan tanto el entendimiento creado

que, incluso cuando una revelación ha sido dada y aceptada por la fe,

permanecen cubiertos por el velo de esa misma fe y envueltos, por así decirlo, en cierta oscuridad,

mientras en esta vida mortal estemos lejos del Señor,

porque caminamos por la fe, y no por la vista [33].

5. Aunque la fe está por encima de la razón, nunca puede haber un verdadero desacuerdo entre la fe y la razón, ya que

Es el mismo Dios

quien revela los misterios e infunde la fe, y

quien ha dotado a la mente humana de la luz de la razón.

6. Dios no puede negarse a sí mismo, ni la verdad puede estar jamás en oposición a la verdad.

La aparición de este tipo de contradicción engañosa se debe principalmente al hecho de que o bien

Los dogmas de la fe no se entienden ni se explican de acuerdo con la mentalidad de la Iglesia, o

Las opiniones erróneas se confunden con las conclusiones de la razón.

7. Por lo tanto, definimos que toda afirmación contraria a la verdad de la fe iluminada es totalmente falsa [34].

8. Además, la Iglesia que,

junto con su oficio apostólico de enseñanza,

ha recibido el encargo de preservar el depósito de la fe,

tiene

por designio divino

el derecho

y deber

de condenar

lo que erróneamente se hace pasar por conocimiento,

para que nadie sea extraviado por la filosofía y el vano engaño [35].

9. Por lo tanto, a todos los cristianos fieles

Se prohíbe defender como conclusiones legítimas de la ciencia aquellas opiniones que se sabe que son contrarias a la doctrina de la fe,

particularmente si han sido condenados por la iglesia; y además ellos

Están absolutamente obligados a considerarlos errores que tienen la engañosa apariencia de verdad.

10. La fe y la razón no solo nunca pueden estar en conflicto, sino que se apoyan mutuamente, porque

 por un lado, la razón correcta

sienta las bases de la fe

y, iluminada por su luz, desarrolla la ciencia de las cosas divinas;

Por otro lado, la fe

libera a la razón de los errores y

La protege y la dota de conocimientos de diversa índole.

11. Por lo tanto, la Iglesia está tan lejos de obstaculizar el desarrollo de las artes y los estudios humanos que, de hecho, los asiste y promueve de muchas maneras.

Ella no ignora ni desprecia las ventajas que se derivan de esta fuente para la vida humana, sino que

Ella reconoce que esas cosas provienen de Dios, el Señor de las ciencias, y que, si se usan adecuadamente, conducen a Dios con la ayuda de su gracia.

12. La iglesia tampoco prohíbe que estos estudios empleen, cada uno dentro de su propio ámbito, sus propios principios y métodos apropiados:

pero si bien ella reconoce esta justa libertad,

 tiene especial cuidado de que no se contaminen con errores

ni contradigan la enseñanza divina, ni

■ al sobrepasar sus límites apropiados, se inmiscuyan en lo que pertenece a la fe y 

  generen confusión.


13. Porque la doctrina de la fe que Dios ha revelado es presentada

no como un descubrimiento filosófico susceptible de ser perfeccionado por la inteligencia humana,

sino como un depósito divino confiado a la esposa de Cristo para ser fielmente protegido e infaliblemente promulgado.

14. Por lo tanto, también, debe mantenerse siempre el significado de los dogmas sagrados que una vez fue declarado por la Santa Madre Iglesia, y nunca debe haber ningún abandono de este sentido bajo el pretexto o en nombre de una comprensión más profunda.

Que la comprensión, el conocimiento y la sabiduría aumenten a medida que transcurren las edades y los siglos, y florezcan grande y vigorosamente en cada uno y en todos, en el individuo y en toda la Iglesia: pero esto solo en su propio tipo, es decir, en la misma Doctrina, el mismo sentido y la misma comprensión [36].

CANONES

1. Sobre Dios, el Creador de todas las cosas.

1. Si alguien niega al único Dios verdadero, Creador y Señor de lo visible y lo invisible, sea anatema.

2. Si alguien se atreve a afirmar que

No existe nada más que materia:

Que sea anatema.

3. Si alguien dice que

La sustancia o esencia de Dios y la de todas las cosas son una y la misma:

Que sea anatema.

4. Si alguien dice

que las cosas finitas, tanto corporales como espirituales, o al menos espirituales, emanaron de la sustancia divina; o

que la esencia divina, por su manifestación y evolución, se convierte en todas las cosas o, finalmente,

que Dios es un ser universal o indefinido que, por autodeterminación, establece la totalidad de las cosas distintas en géneros, especies e individuos:

Que sea anatema.

5. Si alguien

no confiesa que el mundo y todo lo que contiene, tanto espiritual como material, fue creado de la nada por Dios, según toda su sustancia; o

sostiene que Dios no creó por su voluntad, libre de toda necesidad, sino tan necesariamente como necesariamente se ama a sí mismo; o

niega que el mundo haya sido creado para la gloria de Dios:

Que sea anatema.

2. Sobre la revelación

1. Si alguien dice que

El único y verdadero Dios, nuestro Creador y Señor, no puede ser conocido con certeza

■ a partir de las cosas creadas,

mediante la luz natural de la razón humana:

Que sea anatema.

2. Si alguien dice que es

imposible, o

no conveniente,

que los seres humanos sean instruidos por medio de la revelación divina acerca de

Dios y

el culto que se le debe mostrar:

Que sea anatema.

3. Si alguien dice que un ser humano

no puede ser elevado divinamente a un

conocimiento y una

perfección

que excedan lo natural, sino que

por sí mismo puede y debe alcanzar finalmente la posesión de toda la

verdad y la

bondad

mediante el desarrollo continuo:

Que sea anatema.

4. Si alguien

no recibe como Sagrados y Canónicos los libros completos de la Sagrada Escritura con todas sus partes, tal como los enumeró el Santo Concilio de Trento, o

niega que hayan sido inspirados divinamente:

Que sea anatema.

3. Sobre la fe

1. Si alguien dice que

La razón humana es tan independiente que la fe no puede ser un mandato de Dios:

Que sea anatema.

2. Si alguien dice que

La fe divina no debe distinguirse del conocimiento natural acerca de Dios y de las cuestiones morales, y que, por consiguiente,

Para tener fe divina no es necesario creer en la verdad revelada debido a la autoridad de Dios que la revela:

Que sea anatema.

3. Si alguien dice que

La revelación divina no puede hacerse creíble mediante señales externas, y por lo tanto,

Los hombres y las mujeres deben ser movidos a la fe únicamente por su experiencia interna o inspiración privada de cada uno:

Que sea anatema.

4. Si alguien dice que

Todos los milagros son imposibles, y por eso

Todos los relatos sobre ellos, incluso los contenidos en las Sagradas Escrituras, deben ser descartados como fábulas o mitos; o que

Los milagros nunca pueden conocerse con certeza,

ni se puede probar a partir de ellos el origen divino de la religión cristiana:

Que sea anatema.

5. Si alguien dice que

el asentimiento a la fe cristiana es

no es libre, sino que se produce

necesariamente por argumentos de la razón humana; o que

La gracia de Dios es necesaria únicamente para la fe viva que obra por la caridad:

Que sea anatema.

6. Si alguien dice que

La condición de los fieles y de aquellos que aún no han alcanzado la única fe verdadera es la misma, de modo que

Los católicos pueden tener una justa razón para poner en duda, suspendiendo su asentimiento, la fe que ya han recibido de la enseñanza de la Iglesia, hasta que hayan completado una demostración científica de la credibilidad y la verdad de su fe:

Que sea anatema.

4. Sobre la fe y la razón

1. Si alguien dice que

En la revelación divina no se contienen verdaderos misterios propiamente dichos, sino que

Todos los dogmas de la fe pueden ser comprendidos y demostrados mediante la razón debidamente entrenada a partir de principios naturales:

Que sea anatema.

2. Si alguien dice que

Los estudios humanos deben tratarse con tal grado de libertad que sus afirmaciones puedan mantenerse como verdaderas incluso cuando se oponen a la revelación divina, y que

la Iglesia no puede prohibirlas:

Que sea anatema.

3. Si alguien dice que

Es posible que en algún momento, dado el avance del conocimiento, se pueda atribuir a los dogmas propuestos por la Iglesia un sentido diferente del que la Iglesia ha entendido y entiende:

Que sea anatema.

Así pues, en el ejercicio de nuestro supremo oficio pastoral, imploramos por el amor de Jesucristo y ordenamos, por la autoridad de Aquel que también es nuestro Dios y Salvador, a todos los cristianos fieles, especialmente a aquellos que están en autoridad o que tienen el deber de enseñar, que contribuyan con su celo y trabajo a la prevención y eliminación de estos errores en la Iglesia y a la difusión de la luz de la fe pura.

Pero puesto que no basta con evitar la contaminación de la herejía a menos que se eviten cuidadosamente aquellos errores que se aproximan a ella en mayor o menor grado, advertimos a todos sobre su deber de observar las Constituciones y Decretos en los que tales opiniones erróneas, aunque no se mencionen expresamente en este documento, han sido prohibidas y vetadas por esta Santa Sede.

Ultima Parte...

Notas:

17) Hebreos 11, 1
18) Mc 16, 20.
19) 2 Pt 1, 19.
20) Concilio de Orange II (529), canon 7 (Bruns 2, 178; Msi 8, 713)
21) Hebreos 11, 6.
22) Is 11, 12
23) 1 Tm 2, 4
24) 1 Pd 2, 9; Col 1, 13
25) Col 1, 12
26) Heb. 2, 3
27) Heb. 12, 2
28) Heb. 10, 12
29) Rm 1, 20
30) Jn 1, 17
31) 1 Corintios 2, 7-8, 10
32) Mt 11, 25
33) 2 Corintios 5, 6-7
34) Véase Concilio de Letrán V, sesión 8.
35) Véase Col 2, 8
36) Vicente de Lerins, Commonitorium (Cuaderno), 28 (PL 50, 668).