¿Por qué nos oponemos completamente a la tesis de Cassiciacum?
Por Mark Escobar
Introducción
Entre los sedevacantistas —es decir, aquellos que sostienen con razón que la Sede de San Pedro está actualmente vacante— existen dos posturas destacadas: el totalitarismo y la tesis de Cassiciacum.
El primer grupo, los totalitaristas, sostiene que la vacante de la Sede de San Pedro se debe tanto al orden divino como al orden legal. Este grupo afirma que la jerarquía del Novus Ordo, por carecer de la fe católica y por su carácter herético, carece de autoridad alguna en el orden divino; además, desde el punto de vista del orden legal, al pertenecer a una secta no católica y ser herejes públicos, tampoco tienen derecho a ocupar cargos eclesiásticos.
La postura de la tesis de Cassiciacum, sin embargo, es diferente. Al igual que los totalitaristas, sus defensores aceptan que, en el orden divino y verdadero, la jerarquía del Novus Ordo carece de autoridad; pero insisten en que sus cargos aún no están vacantes en el orden jurídico. Niegan que el Novus Ordo sea, legalmente, una iglesia separada de la Iglesia Católica y, por lo tanto, sostienen que, aunque sus miembros no poseen autoridad, puesto que aún no han sido condenados jurídicamente, gozan de ciertos privilegios; principalmente, que pueden elegir y ser elegidos para cargos eclesiásticos y, por lo tanto, continuar ejerciendo dichos cargos de manera meramente material. Al respecto leemos:
Por lo tanto, si bien los miembros de la jerarquía del Novus Ordo son, de hecho, herejes públicos y están fuera de la Iglesia, conservan, debido a la ausencia de acciones legales, sus designaciones legales y sus cargos puramente legales. No son la autoridad, no son verdaderos papas ni verdaderos obispos, pero legalmente están en posición de convertirse en verdaderos papas y obispos si eliminan el obstáculo a la autoridad.
- Obispo Sanborn, Explanation of the Thesis of Bishop Guerard Des Lauriers, [29 de junio de 2002], pág. 5
Esta tesis, a diferencia del totalitarismo, sostiene que la razón por la cual los “papas” del Novus Ordo no son papas no radica en la herejía ni en la pertenencia a una secta no católica —lo cual requeriría una declaración jurídica de la Iglesia—, sino más bien en la ausencia de una intención objetiva correcta, junto con la presencia de una intención objetiva de imponer errores y herejías a la Iglesia. En consecuencia, aunque los “papas” del Novus Ordo, debido a esta intención objetiva, no reciben autoridad de Dios, sin embargo, dado que han sido designados de manera canónica, si eliminaran este obstáculo y adquirieran una intención objetiva correcta, recibirían inmediatamente autoridad de Dios y se convertirían en verdaderos papas. Al respecto leemos:
La tesis sostiene que un papa electo que pretende imponer doctrinas falsas a la Iglesia (como los errores del Concilio Vaticano II) no pretende cumplir adecuadamente las obligaciones inherentes al cargo papal y, por lo tanto, no puede ser papa formalmente, es decir, con autoridad, hasta que elimine este obstáculo voluntario. … La tesis afirma que los “papas del Vaticano II”, si bien carecen de autoridad para gobernar la Iglesia debido a un defecto de intención, conservan, no obstante, un aspecto del papado: la validez de la elección. Según la tesis, los “papas del Vaticano II” son papas materialmente (materialiter) pero no formalmente (formaliter). … La tesis reconoce, por un lado, la condición de papa electo de la persona designada por los cardenales, puesto que las elecciones papales deben considerarse válidas hasta que la Iglesia declare legalmente lo contrario, y por otro lado demuestra que la correcta aceptación de la elección no se ha producido debido a un obstáculo (defecto de intención).
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
Esta tesis sostiene además que, puesto que la elección de un nuevo papa pertenece exclusivamente a los cardenales, por lo tanto —aunque tanto el “papa” del Novus Ordo como los “cardenales” del Novus Ordo carecen de toda jurisdicción y autoridad— por razón de “necesidad”, el poder de designar cardenales, y por consiguiente el poder de elegir un nuevo papa, es suministrado directamente por Cristo al “papa” del Novus Ordo y a los “cardenales” del Novus Ordo; como leemos:
10. …Los papas del Concilio Vaticano II pueden nombrar cardenales no con el poder ordinario del que carecen por algún obstáculo, sino con el poder suministrado, que Cristo les concede directamente para aquellos actos absolutamente necesarios para que la Iglesia siga existiendo y funcionando. Uno de esos actos necesarios es el nombramiento de electores papales. Los sucesores perpetuos de Pedro exigen electores perpetuos de Pedro. Cuando no hay papa, el papado permanece, en cierto sentido, en el Colegio Cardenalicio, puesto que los cardenales son capaces de producir la materia, es decir, el sujeto receptor de la autoridad (forma).
11. …el único poder que los “papas del Concilio Vaticano II” pueden recibir es el poder supletorio, que Cristo les concede directamente para aquellos actos que son absolutamente necesarios para que la Iglesia siga existiendo y funcionando. … La tesis afirma que la suplencia de jurisdicción en los “papas del Concilio Vaticano II”es la única manera de garantizar la continuidad de la Iglesia como organización jurídicamente constituida. … La suplencia se garantiza únicamente para aquellos actos que son absolutamente necesarios para la continuidad de la Iglesia Católica.
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
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Los “papas del Concilio Vaticano II” no reciben poder indiscriminadamente, sino solo en la medida en que sea necesario para el bien común de la Iglesia… Cristo podría, y ciertamente querría, de acuerdo con estos principios, proveer actos que sean necesarios para la propia continuidad de la Iglesia, como el nombramiento de electores papales.
- Rev. Damien Dutertre, On the Canonical Crime of Heresy, n. 25
¿Por qué nos oponemos completamente a esta tesis?
Entre las tres posturas que actualmente se encuentran entre los católicos tradicionalistas —el totalitarismo, la tesis de Cassiciacum y la postura de “reconocer y resistir”—, la tesis de Cassiciacum es la que entra en mayor conflicto con las enseñanzas dogmáticas de la Iglesia; por lo tanto, es la peor postura.
Esta tesis es la postura más perjudicial, porque aunque identifica correctamente el principal problema de la crisis actual —a saber, la vacante de la Sede de San Pedro—, debido a sus premisas erróneas, desalienta a la Iglesia a emprender cualquier acción para superar esta crisis. De este modo, la desarma por completo ante la crisis actual y pone todos los instrumentos jurídicos necesarios para resolverla en manos de los enemigos de la Iglesia, quienes, de hecho, son los autores de la crisis. Por consiguiente, una tesis que no solo no ofrece ninguna solución práctica para liberar a la Iglesia de la crisis, sino que además la inhabilita para cualquier acción, y que, por lo tanto, propicia la prolongada usurpación de los enemigos de la Iglesia de Cristo sobre ella, es la tesis más dañina.
Por este motivo, el autor del presente artículo —quien durante mucho tiempo, para preservar la unidad entre los sedevacantistas, se había abstenido de criticar abiertamente esta tesis— ha decidido en este artículo rechazar la tesis Cassiciacum como la peor y más dañina en la crisis actual, para que, mediante la refutación de esta tesis tan perjudicial, se pueda dar un paso hacia la resolución de la crisis actual de la Iglesia.
Hemos emprendido esta tarea mediante quince refutaciones, que se presentan a continuación. Esto no significa que todas sean necesarias para refutar la tesis; cada una de ellas, por sí sola, basta para refutarla.
A continuación, presentamos las refutaciones de la siguiente manera:
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Refutación 1
Premisa menor: Pero un hereje público nunca puede ser objeto de la autoridad papal, y la elección de un hereje público es nula, sin efecto e inválida.
Conclusión: Por lo tanto, la tesis es inválida.
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Prueba mayor de la tesis: Para que la tesis sea correcta, un hereje público debe ser capaz de constituir la materia de la autoridad papal; en otras palabras, la elección de un hereje público debe ser válida.
Al definir la cuestión de la autoridad papal, el obispo Sanborn afirma:
La autoridad tiene una naturaleza, tanto en su esencia como en su forma. La esencia radica en la persona que, legal y legítimamente, es designada para recibirla. La forma de la autoridad se refiere al poder, a la facultad para gobernar.
- Obispo Sanborn, Explanation of the Thesis of Bishop Guerard Des Lauriers, 29 de junio de 2002, pág. 4
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Por lo tanto, es evidente que la autoridad tomada concretamente (por ejemplo, rey o papa) está constituida de materia, que es un hombre, y de forma, que consiste en la facultad de legislar mediante la cual alguien se constituye como superior de los súbditos. Pero no cualquier hombre está dispuesto a recibir tal forma accidental, sino solo aquel que posee todas las perfecciones necesarias para recibir la forma accidental de autoridad. Si falta el orden natural de la materia a la forma, o si existe algún impedimento, la materia y la forma no pueden unirse. (…) Por ejemplo, un niño o una persona con discapacidad mental, aunque sea un hombre y, por lo tanto, esté dispuesto por orden natural a la autoridad, no está dispuesto a recibirla debido a un impedimento, porque necesita una disposición intelectual para promover el bien común. De igual modo, quien no es ciudadano de un país determinado no puede ser su jefe, porque es imposible que quien no es miembro del cuerpo sea su jefe. De igual modo, si un laico o un simple sacerdote elegido al papado rechazara la consagración episcopal, no podría recibir autoridad, puesto que carecería de la perfección necesaria para promover el bien común de la Iglesia.
- Obispo Sanborn, On Being Pope Materially Second Part: Explanation of The Thesis, págs. 2, 3
Ahora bien, según la tesis, los “papas del Novus Ordo”, aun siendo herejes públicos, pueden ser objeto de autoridad papal; es decir, pueden ser personas que posean todas las perfecciones necesarias para recibir la forma accidental de autoridad. Al respecto, leemos:
Por lo tanto, si bien los miembros del Novus Ordo en la jerarquía son, de hecho, herejes públicos y ajenos a la Iglesia, no obstante, debido a la ausencia de acciones legales, conservan sus designaciones legales y sus cargos puramente legales. No son la autoridad, no son verdaderos papas ni verdaderos obispos, pero están legalmente en posición de convertirse en verdaderos papas y obispos si eliminaran el obstáculo a la autoridad. (…) Por consiguiente, a pesar de adherirse a las herejías del Concilio Vaticano II, siguen siendo legalmente católicos y conservan la facultad de aceptar legalmente una elección.
- Obispo Sanborn, Explanation of the Thesis of Bishop Guerard Des Lauriers, 29 de junio de 2002, págs. 5, 7
Y los defensores de esta tesis han recurrido al canon 2265 para justificar esta afirmación, argumentando que la elección de un hereje como Papa no es nula, sino válida y meramente ilícita:
1. (…) LA TESIS sostiene que el actual ocupante de la Sede de Pedro, aunque válidamente elegido, no ha recibido autoridad papal debido a un obstáculo.
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
Por lo tanto, según la tesis, aunque los “papas del Novus Ordo” son herejes públicos y están fuera de la Iglesia, pueden, sin embargo, ser elegidos esencialmente como papas. Lo único que les impide recibir autoridad es simplemente la intención de promover doctrinas erróneas en la Iglesia, como leemos:
Los “papas” del Concilio Vaticano II no son verdaderos papas, ya que representan un obstáculo para la recepción de la autoridad de Cristo. (…) ¿Cuál es este obstáculo a la autoridad? Es la intención de promulgar a toda la Iglesia. (…) Por lo tanto, quien es designado legalmente como papa, pero que pretende un mal esencial para la Iglesia, no puede recibir la autoridad de Cristo para gobernar.
- Obispo Sanborn, Explanation of the Thesis of Bishop Guerard Des Lauriers, 29 de junio de 2002, pág. 5
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3. …La tesis no sostiene que los “papas del Concilio Vaticano II” sean falsos papas por ser herejes, como algunos afirman, sino más bien porque pretenden imponer la herejía en la Iglesia universal. La crisis actual no radica en el papa en sí, ya que es una persona privada, hasta el punto de que, como individuo, podría considerarse un hereje público.
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
Prueba menor de la Tesis: Pero un hereje público nunca puede ser objeto de autoridad papal, y la elección de un hereje público es nula, sin efecto e inválida.
La premisa menor es muy fácil de demostrar. Primero, leamos sobre la definición de hereje público y cómo, y a través de qué proceso, quedan fuera de la Iglesia:
Los herejes públicos (y con mayor razón, los apóstatas) no son miembros de la Iglesia. No lo son porque se separan de la unidad de la fe católica y de la profesión externa de esa fe. Obviamente, por lo tanto, carecen de uno de los tres factores —bautismo, profesión de la misma fe, unión con la jerarquía— señalados por Pío XII como requisitos para ser miembro de la Iglesia (véase arriba, pág. 238). El mismo pontífice señaló explícitamente que, a diferencia de otros pecados, la herejía, el cisma y la apostasía separan automáticamente a una persona de la Iglesia… Por herejes públicos en este punto entendemos a todos aquellos que niegan externamente una verdad (por ejemplo, la Maternidad Divina de María), o varias verdades de la fe divina y católica, independientemente de si quien niega lo hace por ignorancia e inocencia (un hereje meramente material), o deliberada y culpablemente (un hereje formal).
- Mons. G. Van Noort, Dogmatic Theology, vol. II: Christ’s Church, The Newman Press, [1959], p. 241
Esto es algo que el propio obispo Sanborn también ha aceptado y reconocido correcta y plenamente, como leemos:
En primer lugar, es necesario repasar la distinción entre el pecado de herejía y el delito de herejía. El pecado de herejía consiste en dudar o negar una verdad de la fe católica. Puede ser formal o material. La herejía formal consiste en dudar o negar la verdad a sabiendas de que aquello que se duda o niega es, de hecho, un dogma o enseñanza moral católica, y no meramente una conclusión teológica o la opinión de algunos teólogos. La herejía material consiste en dudar o negar lo que objetivamente es un dogma o enseñanza moral católica sin saber que dicha enseñanza atañe a la fe. La herejía también es un delito, es decir, una violación del derecho canónico, para la cual existen ciertas penas. En ambos casos, sin embargo, la comisión del pecado o del delito, si se realiza públicamente, conlleva la separación automática de la Iglesia católica.
- Obispo Sanborn, Response to Bishop Williamson, [2014], pág. 6
Antes de continuar con el análisis, es necesario señalar que, con respecto a las objeciones planteadas en relación con la ignorancia, la pertinacia, la presunción de ley, etc., que afectan al concepto de herejía formal, ofreceremos una explicación completa en la sección que trata sobre las respuestas a dichas objeciones.
Ahora bien, según la opinión unánime de los canonistas en el Código de Derecho Canónico de 1917, y basándose en un principio teológico evidente, un hereje público, precisamente por no ser miembro de la Iglesia, no puede ser su cabeza y, por lo tanto, no puede recibir autoridad. En otras palabras, no puede ser la materia de autoridad. Los canonistas han definido la materia de autoridad —o la persona capaz de ser elegida y recibir autoridad— como “un cristiano miembro de la Iglesia”. Por esta razón, junto con las mujeres, los enfermos mentales y los niños, los canonistas han incluido sistemáticamente a los herejes como personas cuya elección es totalmente nula y sin efecto, en lugar de válida pero ilícita, como afirman los defensores de la tesis. Al respecto, leemos:
Por supuesto, la elección de un hereje, cismático o mujer sería nula y sin efecto.
- Charles George Herbermann, The Catholic Encyclopedia, Robert Appleton Company, vol. XI, [1911], p. 457
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La validez de la elección, considerada con respecto a la persona a ser elegida, depende únicamente de la ley divina; es decir, ningún otro impedimento que no sea el introducido por la ley divina invalida la elección del Romano Pontífice… Por lo tanto, para una elección válida del Romano Pontífice hoy, es necesario y suficiente que la persona a ser elegida sea: … c) Miembro de la Iglesia; pues quien no está incorporado a la Iglesia se considera incapaz de jurisdicción eclesiástica, especialmente jurisdicción ordinaria, y ciertamente no puede ser la Cabeza de esa Iglesia… además, incluso los herejes y cismáticos están excluidos por la propia ley divina del Pontificado supremo.
- Filippo Maroto, Institutiones Iuris Canonici ad Normam Novi Codicis, Madrid: Editorial del Corazón de María, vol. II, [1919], n. 784, pág. 171–172
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¿Quiénes pueden ser elegidos? — Cualquiera que no tenga impedimento alguno por ley divina puede ser elegido válidamente; por lo tanto, basta con que sea varón, bautizado, católico y dotado necesariamente de la capacidad de razonar para aceptar la elección y ejercer jurisdicción. En consecuencia, solo quedan excluidos las mujeres, los niños que aún carecen de capacidad de razonar, los enfermos mentales, los no bautizados, los herejes y los cismáticos.
- Juan Bautista Ferreres, SJ, Institutiones Canonici, Barcinone: E. Subirana, [1920], vol. I. n° 407, pág. 145
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Pueden ser elegidos todos aquellos que, por ley divina, estén capacitados para este cargo; es decir, los varones católicos bautizados. La elección de un niño que no haya alcanzado el uso de razón, o de una persona con demencia permanente, es inválida. Asimismo, los no bautizados, los herejes y los cismáticos son incapaces de alcanzar la dignidad papal.
- Franciszek Bączkowicz, Prawo Kanoniczne, Nakładem Księży Misjonarzy, vol. I, [1923], págs. 389, 390
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En cuanto a quiénes pueden ser elegidos, son válidamente elegibles todos y solo los varones que posean suficiente razón para aceptar la elección y ejercer jurisdicción, siempre que sean verdaderamente miembros de la Iglesia. Por consiguiente, quedan excluidos de ocupar la Sede Apostólica: las mujeres, los niños que aún no han alcanzado el uso de razón, los enfermos mentales habituales, los no bautizados, los herejes y los cismáticos.
- Jean-Baptiste Raus, Institutiones Canonicae in Forma Compendii, Emmanuelis Vitte, [1923], p. 139
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Todos son válidamente elegibles si no están impedidos por la ley divina o por una ley eclesiástica invalidante. Por lo tanto, un varón que posea el uso de razón para aceptar la elección y ejercer jurisdicción y sea un verdadero miembro de la Iglesia, incluso si es solo un laico, puede ser válidamente elegido. Sin embargo, todas las mujeres, los infantes que aún no han alcanzado la edad de la razón, así como aquellos que padecen locura habitual, los no bautizados, los herejes y los cismáticos están excluidos por ser incapaces de una elección válida.
- Wernz, SJ & Vidal, SJ, Jus Canonicum, Romae: apud Aedes Universitatis Gregorianae, vol. II, [1927], n. 415, pág. 404
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La Disposición del Oficio del Primado. 1° Lo establecido por la Ley Divina respecto a esta disposición… Asimismo, para su validez, se requiere que se haga respecto de un miembro de la Iglesia; por lo tanto, quedan excluidos los herejes y apóstatas, al menos los públicos.
- Matthaeus Conte A Coronata, OMC, Institutiones Juris Canonici, Taurini: Ex Officina Libraria Mariette, vol. I, [1928], n. 312, pág. 360
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Para la validez de la elección por parte del sujeto, basta con que sea elegido cualquiera que no esté impedido por la ley divina, a saber: cualquier cristiano, siempre que sea varón, incluso si es laico; por lo tanto, quedan excluidos los siguientes: las mujeres, los que carecen del uso de la razón, los infieles y los no católicos, al menos los públicos.
- Guido Cocchi, Codicem Iuris Canonici ad Usum Scholarum, Taurinorum Augustae, ex Officina Libraria Marietti, vol. II, [1931], n. 151, pág. 20
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Puede ser elegido válidamente cualquier hombre que esté en su sano juicio, sea capaz de aceptar el cargo y sea miembro de la Iglesia, incluso un laico.
- Felice M. Capello, SJ, Summa Iuris Canonici: en Usum Scholarum Concinnata, Romae: Apud Aedes Universitatis Gregorianae, vol. I, [1940], pág. 379
Este principio es tan claro que el obispo Sanborn lo ha reconocido explícitamente en algunos pasajes e implícitamente, o sin darse cuenta aparentemente, en otros. Los casos en los que lo reconoce explícitamente son los siguientes:
Además, es el pecado público de herejía, y no el delito canónico, lo que basta para constituir un obstáculo a la recepción de la autoridad papal.
- Obispo Sanborn, Response to Bishop Williamson, [2014], pág. 7
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Es imposible que un hereje público sea el Romano Pontífice. Esto es cierto porque la herejía pública anula automáticamente el efecto del bautismo, mediante el cual nos incorporamos a la Iglesia. Pero quien no pertenece a la Iglesia no puede ser su cabeza. Este principio es de sentido común, admitido por el 99% de los teólogos católicos y confirmado por el documento Cum ex apostolatus del Papa Pablo IV. (…) La adhesión pública a la herejía o la apostasía es un obstáculo para el flujo de autoridad que emana directamente de Cristo.
- Obispo Sanborn, Explanation of the Thesis of Bishop Guerard Des Lauriers, 29 de junio de 2002, págs. 3, 8
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Es imposible que quien no es miembro del cuerpo sea su cabeza. (…) Por lo tanto, quien es designado para el papado, aunque no reciba autoridad, ya sea por un obstáculo de herejía, por la negativa a la consagración episcopal o por cualquier otra razón, no obstante puede nombrar a otros para que reciban autoridad (por ejemplo, obispos).
- Obispo Sanborn, On Being Pope Materially Second Part: Explanation of The Thesis, págs. 3, 11
En los pasajes anteriores, vemos que el obispo Sanborn reconoce explícitamente que la herejía pública impide que el elegido reciba autoridad. Por lo tanto, podemos concluir que un hereje público no puede ser objeto de autoridad; no posee todas las cualidades necesarias para recibirla, incluso si no tiene la intención de imponer una religión falsa a la Iglesia.
Pero los casos en los que el obispo Sanborn lo ha reconocido implícita e indirectamente son los siguientes:
P. ¿Qué solución al problema de la Iglesia ofrece la tesis?
R. Hay muchas soluciones posibles. (1) Ratzinger se convierte a la fe católica, repudia el Vaticano II y sus reformas, recibe la jurisdicción para gobernar y se convierte en papa.
- Obispo Sanborn, Explanation of the Thesis of Bishop Guerard Des Lauriers, 29 de junio de 2002, pág. 9
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AQUEL QUE HA SIDO ELEGIDO AL PAPADO POR UN CÓNCLAVE DEBIDAMENTE Y LEGALMENTE CONVOCADO, PERO QUE TIENE LA INTENCIÓN DE ENSEÑAR EL ERROR O DE PROMULGAR DISCIPLINAS DAÑINAS, NO PUEDE RECIBIR LA AUTORIDAD PAPAL HASTA QUE SE RECURRA Y RECHACE EL ERROR O LAS DISCIPLINAS DAÑINAS.
- Obispo Sanborn, On Being Pope Materially Second Part: Explanation of The Thesis, pág. 18
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Aquí, al declarar que la conversión a la fe católica y el repudio y rechazo de las herejías del Concilio Vaticano II son necesarios para que un papa electo reciba autoridad, el obispo Sanborn ha admitido inadvertidamente que un hereje público no puede ser objeto de autoridad. Le preguntamos al obispo Sanborn: si un hereje público puede ser objeto de autoridad, ¿qué necesidad habría de que primero rechazara las herejías a las que se adhiere? Según la tesis, le bastaría con no tener la intención de imponer la religión del Vaticano II; entonces recibiría autoridad, aun cuando siguiera siendo un hereje público.
Pero la conciencia católica del obispo Sanborn no consideró esto suficiente; más bien, consideró necesario que también renunciara a las herejías. Este hecho demuestra que un hereje público no puede ser objeto de autoridad ni ser capaz de recibirla. Y la intención de imponer la religión del Concilio Vaticano II, contrariamente a lo que afirman los clérigos que promueven esta tesis, no es el único obstáculo para recibir autoridad.
Más bien, en este punto ni siquiera se plantea la cuestión de si dicho papa acepta o no la elección. Aclaremos el asunto con un ejemplo.
Supongamos que, en 1939, la asamblea de cardenales católicos, en lugar de Eugenio Pacelli, hubiera elegido como papa a una mujer sumamente santa y ortodoxa, pero que esta mujer se hubiera negado a aceptar la elección. En este caso, un canonista o teólogo católico no diría que la mujer no llegó a ser papa por no aceptar la elección; más bien, diría que no llegó a ser papa porque era totalmente incapaz e inelegible para la elección desde un principio, y que incluso si la hubiera aceptado, su elección habría sido nula.
Es precisamente aquí donde la tesis se equivoca. Afirma que los herejes públicos pueden ser elegidos, pero que, al no aceptar su elección con la intención adecuada, no llegan a ser papas. Un canonista y teólogo católico, sin embargo, diría que, así como la elección de mujeres, enfermos mentales y niños como papas es nula y sin efecto, y su aceptación carece de validez, de igual modo la elección de un hereje, por no ser miembro de la Iglesia, es nula y sin efecto, e incluso su aceptación carece de validez alguna.
Sin embargo, como hemos visto, ni siquiera los defensores de la tesis pueden mantenerse fieles a sus premisas, y consideran necesario el repudio de las herejías por parte de los papas del Novus Ordo para que estos reciban autoridad. En cambio, si fueran fieles a las premisas de su tesis, dirían: basta con que los papas del Novus Ordo no tengan la intención de imponer la religión del Concilio Vaticano II; y en cuanto carecen de tal intención, reciben autoridad, incluso si siguen creyendo en los errores y herejías del Vaticano II.
Objeción: La elección de un hereje público es posible, porque el Papa Pío XII permitió que un hereje público pudiera ser elegido papa, como leemos:
P. ¿Acaso los herejes públicos no son excomulgados automáticamente? … El Papa Pío XII declaró que todas las censuras (por ejemplo, la excomunión) se levantan cuando los cardenales entran al cónclave.
- Obispo Sanborn, Explanation of the Thesis of Bishop Guerard Des Lauriers, 29 de junio de 2002, pág. 6
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Recordemos que la herejía simple, es decir, la herejía no condenada, solo conlleva la excomunión simple, que se suspende durante el cónclave. Pío XII disipa toda duda: “Ningún cardenal puede ser excluido de ninguna manera de la elección activa y pasiva del Sumo Pontífice, con el pretexto o causa de excomunión, suspensión, interdicto u otro impedimento eclesiástico; en efecto, suspendemos estas censuras únicamente en cuanto al efecto de esta elección, pero conservarán su fuerza en lo demás”.
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
Respuesta: Esta afirmación es completamente falsa. Primero, como hemos visto, los canonistas han declarado que la prohibición de elegir a un hereje tiene su fundamento en la ley divina; por lo tanto, un papa esencialmente no tiene autoridad para cambiarla, como leemos:
Sin embargo, las leyes humanas deben estar subordinadas a la ley divina, o al menos, no deben contradecirla.
- Charles George Herbermann, The Catholic Encyclopedia, Encyclopedia Press, vol. 9, [1913], pág. 53
En este sentido, el propio obispo Sanborn afirma:
Porque ni siquiera el papa, que goza indirectamente de la autoridad de Cristo, es capaz de cambiar la constitución divina de la Iglesia.
- Obispo Sanborn, On Being Pope Materially Second Part: Explanation of The Thesis, pág. 8
Por lo tanto, así como un papa no tiene autoridad para declarar que las mujeres pueden ser elegidas como papas, tampoco tiene autoridad para declarar que los herejes públicos u otras personas que no son miembros de la Iglesia pueden ser elegidos como papas.
En segundo lugar, es cierto que todos los herejes son excomulgados según el Canon 2314 §1 n. 1, pero no todas las personas excomulgadas son herejes; hay muchas excomuniones cuyo origen es meramente eclesiástico y no divino; y aquí, el Papa Pío XII, al afirmar esta calificación "u otro impedimento eclesiástico", ha demostrado claramente que se refiere solo a aquellas excomuniones que tienen un origen eclesiástico y no uno divino.
En tercer lugar, por esta razón, los canonistas que han escrito después de esta constitución han seguido enfatizando, como en el pasado, que la elección de herejes es nula; ningún canonista ha dicho que el Papa Pío XII cambió la ley divina y permitió que personas ajenas a la Iglesia, incluidos herejes, fueran elegidas como papas; como ejemplo, leemos:
Todos aquellos que no estén excluidos ni por la ley divina ni por la ley eclesiástica pueden optar a la elección. Quedan excluidos las mujeres, los niños, los enfermos mentales, los no bautizados, los herejes y los cismáticos.
- Raoul Naz, Traité de Droit Canonique, Letouzey et Ané, vol. I, [1946], pág. 365
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Son elegibles todos aquellos que no estén excluidos por ley divina o por ley eclesiástica invalidante. Quedan excluidos, sin embargo, las mujeres, los niños, quienes padecen locura habitual, los no bautizados, los herejes y los cismáticos.
- Fernand Claeys Boùùaert, Manuale Juris Canonici, Gandae: Prostat Apud Auctores in Seminariis Gandavensi et Leodiensi, vol. I, ed. 6, [1951], pág. 225
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Para la validez de la elección papal basta con que el candidato electo sea de sexo masculino, católico bautizado, capaz de aceptar la elección y de ejercer la jurisdicción inherente al cargo.
- Abbo-Hannan, The Sacred Canons, St. Louis, Mo.: B. Heder, vol. I, [1952], págs. 284, 285
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Todos aquellos que no estén excluidos por ley divina o eclesiástica que los haga inelegibles: varones bautizados que posean el uso de razón. Están excluidos de una elección válida: mujeres, infantes, enfermos mentales crónicos, herejes y cismáticos. Está excluido de una elección legítima: quien carece de la rectitud y el conocimiento necesarios y que, en definitiva, no es más digno.
- Eduardo Fernández Regatillo, Institutiones Iuris Canonici, vol. I, Santander, [1956], n. 394
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En principio, cualquier miembro varón de la Iglesia que posea capacidad de razonamiento puede ser elegido, y por lo tanto, también un laico.
- Eichmann-Mörsdorf, Lehrbuch des Kirchenrechts auf Grund des Codex Iuris Canonici, vol. I, [1959], pág. 356
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Todo varón, dotado de razón y miembro de la Iglesia, puede ser elegido. Por lo tanto, las mujeres, los niños, quienes padecen habitualmente enfermedades mentales, los no bautizados, los herejes y los cismáticos serían elegidos inválidamente.
- Istvan Sipos, Enchiridion Institutiones Canonici, Romae: Herder, [1960], pág. 153
Por lo tanto, como podemos observar, ningún canonista —ni antes ni después de la encíclica Vacantis Apostolicae Sedis del Papa Pío XII— respalda las afirmaciones e interpretaciones de quienes defienden la tesis, según la cual consideran válida la elección de un hereje como papa. Todos los canonistas posteriores al Código de Derecho Canónico de 1917, e incluso después de Vacantis Apostolicae Sedis, han declarado unánimemente que un hereje no puede ser elegido papa y que su elección es nula.
Objeción: La elección de un hereje público como papa es posible porque, como afirma MacKenzie basándose en el Canon 2265, la elección de un hereje es simplemente válida pero ilícita, como leemos:
Una simple excomunión, que se produciría por un delito, sin la intervención de una sentencia del superior, no basta para invalidar los actos eclesiásticos. MacKenzie aplica claramente este principio canónico a la excomunión automática derivada del delito de herejía, tal como se estipula en el canon 2314. Al comentar el canon 2265, escribe: “La segunda sección de este canon establece que los herejes y demás excomulgados no pueden adquirir ninguna dignidad, cargo, pensión ni otro cargo eclesiástico, ni siquiera por acción de terceros. Esta legislación se matiza además para indicar que los herejes no condenados solo acceden ilícitamente a cargos, mientras que los herejes condenados, sean tolerantes o vitandi, son elegidos o designados inválidamente y no reciben el cargo en absoluto”.
- Reverendo Damien Dutertre, On the Canonical Crime of Heresy
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14. … primero, que, según el Derecho Canónico (es decir, el Canon 2265), los herejes que no han sido condenados pueden elegir válidamente y ser elegidos.
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
Respuesta: Si el argumento del abad Dutertre y del padre Despósito fuera correcto, entonces tendríamos que concluir que todos los canonistas posteriores al Código de Derecho Canónico de 1917 se equivocaron al declarar nula la elección de un hereje como papa. ¡Ninguno de ellos comprendió ni interpretó el derecho canónico tan bien como el abad Dutertre y el padre Despósito! Pero aceptar tal conclusión, si no imposible, sería sin duda sumamente extraño; y es mucho más sencillo aceptar que el abad Dutertre y el padre Despósito se equivocan en su interpretación del derecho canónico que suponer que todos los canonistas se equivocan en conjunto.
El error del abad Dutertre y del padre Despósito radica en que, a diferencia de todos los canonistas, no han considerado suficientemente el canon 160. Según este canon, las normas que rigen la elección del papa no se ajustan al Código de Derecho Canónico de 1917; por lo tanto, el canon 2265 de dicho código no puede tener ninguna relevancia para la elección del papa y, en consecuencia, no puede servir de fundamento para la elección de un hereje público como papa, aunque pueda constituir un argumento legal válido respecto a otras elecciones eclesiásticas. El canon 160 establece:
Canon 160
La elección del Romano Pontífice se rige únicamente por la const. del [Papa] Pío X Vacante Sede Apostolica del 25 de diciembre de 1904; en otras elecciones eclesiásticas, deben observarse las prescripciones de los cánones que siguen, así como aquellos especiales, si los hubiere, que se establezcan para los cargos individuales.
En la siguiente sección examinaremos las demás objeciones y argumentos relativos a la herejía.
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Refutación 2
Premisa mayor: Para que la tesis sea correcta, los cardenales que son herejes públicos deben, no obstante, conservar su cargo en el orden jurídico.
Premisa menor: Pero los cardenales que son herejes públicos pierden su cargo en el orden jurídico.
Conclusión: Por lo tanto, la tesis es inválida.
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Prueba de la tesis principal: Para que la tesis sea correcta, los cardenales que son herejes públicos deben, no obstante, conservar su cargo en el ordenamiento jurídico.
Esta tesis sostiene que la elección del Papa corresponde exclusivamente, y bajo cualquier circunstancia, a los cardenales; también sostiene que tanto los obispos del Novus Ordo como los obispos católicos tradicionales carecen de toda jurisdicción y autoridad, y por lo tanto no pueden elegir un Papa en un concilio general imperfecto. De ahí que el Colegio Cardenalicio sea de vital importancia para ellos. En consecuencia, la validez de esta tesis depende de que los cardenales del Novus Ordo sean legítimos y no hayan perdido su cargo; de lo contrario, no queda ningún instrumento para la elección de un Papa en la Iglesia. Si se diera tal situación, contradiría la enseñanza dogmática del Concilio Vaticano I, que enseña que San Pedro tiene sucesores perpetuos en el primado. Por esta razón, insisten en que los cardenales del Novus Ordo son electores legítimos y legales; como leemos:
Dado que la herejía pública carece de efecto jurídico hasta que es declarada y reconocida por la autoridad legal, su derecho a elegir papa se mantiene hasta que les sea legalmente retirado. La herejía no es un obstáculo para la facultad de designar, sino para la de gobernar. Pues, de hecho, la herejía separa a uno de la Iglesia y, por lo tanto, lo incapacita radicalmente para gobernarla. Pero como los cardenales no son herejes en el orden jurídico, es decir, no han sido declarados herejes legalmente, conservan la capacidad de realizar acciones propias del orden jurídico, como la elección de un candidato a papa. (…) Pueden ser cardenales falsos, pero no son electores falsos.
- Obispo Sanborn, Explanation of the Thesis of Bishop Guerard Des Lauriers, 29 de junio de 2002, pág. 6
Prueba de la premisa menor: Pero los cardenales que son herejes públicos pierden su cargo en el orden de la ley.
La premisa menor también es muy fácil de probar; e incluso el propio obispo Sanborn lo reconoce correctamente. Primero, la religión del Concilio Vaticano II constituye una apostasía de la fe católica; y segundo, quienes la profesan son, legalmente, considerados pertinaces y ajenos a la Iglesia, como leemos:
Los católicos deben entonces reconocer la herejía como herejía en la supuesta autoridad, presumir la culpabilidad (pertinacia) a menos que haya evidencia de lo contrario, y mantener excluidos de las filas de la Iglesia a aquellos que profesan adhesión a la religión del Concilio Vaticano II.
- Obispo Sanborn, Una Cum: Mass ‘in Union with our Pope’?
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Los miembros de la jerarquía del Novus Ordo son, de hecho, herejes públicos y están fuera de la Iglesia.
- Obispo Sanborn, Explanation of the Thesis of Bishop Guerard Des Lauriers, [29 de junio de 2002], pág. 5
Ahora bien, en el ordenamiento jurídico, el Código de Derecho Canónico establece:
Canon 188
Cualquier cargo queda vacante por el hecho y sin ninguna declaración por renuncia tácita reconocida por la propia ley si un clérigo:
4.° Se aparta públicamente de la fe católica.
Al igual que otros clérigos, los cardenales también están sujetos al canon 188, como leemos:
Los cardenales están sujetos a las prescripciones del canon 188.
- Reverendo Gerald Vincent McDevitt, The Renunciation of an Ecclesiastical Office, Catholic University of America Press, [1946], pág. 156
Por lo tanto, al observar que los cardenales del Novus Ordo, según la norma del canon 2197, se adhieren públicamente a la religión del Concilio Vaticano II, concluimos que, también en el plano jurídico, son herejes formales y persistentes, ajenos a la Iglesia, y que las consecuencias y sanciones automáticas —incluidas la excomunión y la renuncia tácita— se han aplicado contra ellos, perdiendo sus cargos sin necesidad de declaración alguna. Este es precisamente el ordenamiento jurídico establecido por el Código de Derecho Canónico. Por consiguiente, incluso si, hipotéticamente, los cardenales del Novus Ordo hubieran poseído un título legítimo, habrían perdido igualmente sus cargos en el plano jurídico.
Objeción: Los papas del Novus Ordo tal vez sean herejes públicos en el orden divino, pero no son herejes públicos en el orden legal, porque su deserción de la fe católica no ha sido declarada ni es notoria, como leemos:
La deserción de la fe debe ser conocida legalmente, lo cual ocurre ya sea por declaración o por notoriedad. Pero la notoriedad exige que no solo se conozca públicamente el hecho del delito, sino también su imputabilidad (Canon 2197) (…) Su deserción de la fe católica no es ni declarada ni notoria.
- Obispo Sanborn, On Being Pope Materially Second Part: Explanation of The Thesis, págs. 22, 24
Como de costumbre, vemos que los defensores de esta tesis, para teorizar la posibilidad de elegir a un hereje como papa, se han basado únicamente en sus propias interpretaciones personales del derecho canónico; interpretaciones que no solo carecen del respaldo de cualquier canonista, sino que son rechazadas por todos ellos. Sin embargo, aquí, recurriendo a teólogos y canonistas, refutamos todas estas afirmaciones.
Según el canon 188, para que se produzca una renuncia tácita, la deserción de la fe católica no necesita ser declarada ni ser notoria. El canon lo establece claramente:
Canon 188
Cualquier cargo queda vacante por el hecho y sin ninguna declaración por renuncia tácita reconocida por la propia ley si un clérigo:
4.° Se aparta públicamente de la fe católica.
Con respecto al requisito de que se declare la deserción de la fe católica, ningún canon sobre la renuncia tácita y la pérdida automática de un cargo menciona tal requisito, y no está claro de dónde ha sacado el obispo Sanborn esta condición. Por el contrario, cuando el canon 188 afirma que la renuncia tácita se produce sin “ninguna” declaración, esto indica expresamente que no se requiere ninguna declaración de ningún tipo, incluida una declaración sobre la deserción de la fe católica. Como leemos:
Un clérigo que se ha apartado públicamente de la fe católica se considera, por praesumptio iuris et de iure, que ha renunciado a los cargos eclesiásticos que disfrutaba; y por lo tanto, dichos cargos quedan vacantes ipso facto por esa deserción pública, sin ninguna declaración de ningún tipo.
- Matthaeus a Coronata OM Cap., Institutiones Iuris Canonici, Taurini (Italia): Ex Officina Libraria Mariette, [1928], vol. IV, pág. 289
En cuanto al requisito de notoriedad, cabe decir que una ofensa es notoria solo cuando cumple las condiciones y definiciones establecidas en los §§2 y 3 del Canon 2197. Sin embargo, el Canon 188 §4 nunca utiliza el término “notorio”; en cambio, emplea la palabra “público”, que es el tema del §1 del Canon 2197, no de los §§2 y 3. Al interpretar este canon, los canonistas han declarado expresamente:
La deserción debe ser pública en el sentido del Canon 2197, nº 1.
- Heribert Jone, OFM Cap., Gesetzbuch des Kanonischen Rechtes: Erklarung der Kanones, Paderborn: F. Schoningh [etc.], vol. I, [1939], pág. 196
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Por renuncia tácita, conforme a la ley, todos los cargos quedan vacantes automáticamente (ipso facto) y sin declaración alguna en los siguientes casos… Cuando un clérigo abandona públicamente la fe católica. El término “públicamente” debe entenderse de acuerdo con el concepto del canon 2197.
- Abbo-Hannan, The Sacred Canons, St. Louis, Mo. : B. Heder, vol. I, [1952], pág. 245
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“Públicamente”, además, debe interpretarse de acuerdo con la norma del Canon 2197.
- Alberto Blat, OP, Commentarium Textus Codicis Iuris Canonici, Ex Typographia Pontifica In Instituto, [1921], p. 157
Este canon también establece:
Canon 2197
Un delito es:
1.° Público, si ya es conocido o se encuentra en tales circunstancias que se puede y se debe juzgar prudentemente ya que llegará a ser conocido fácilmente;
Por lo tanto, vemos que las afirmaciones del obispo Sanborn sobre la necesidad de que la deserción sea declarada o notoria no solo no tienen ningún respaldo en el Código de Derecho Canónico ni entre los canonistas, sino que son, de la manera más clara y explícita, contrarias al texto del Código de Derecho Canónico y a las interpretaciones de los canonistas.
Objeción: Los papas del Novus Ordo tal vez sean herejes públicos en el orden divino, pero no son herejes públicos en el orden legal, porque su pertinacia e imputabilidad no han sido establecidas ni jurídicamente ni por un superior legítimo, y la presunción de la ley también opera a su favor, como leemos:
Ante la ley de la Iglesia no tiene la condición de hereje porque (1) él mismo no se considera culpable de herejía, y (2) ningún superior legítimo lo considera culpable de herejía.
- Obispo Sanborn, Explanation of the Thesis of Bishop Guerard Des Lauriers, 29 de junio de 2002, pág. 7
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En el caso de apostasía, ya sea por herejía o por cisma, es necesario que la apostasía sea persistente para que sea imputable. De lo contrario, la ley se vuelve absurda: todo sacerdote que, por descuido, proclame una herejía en un sermón, sería culpable de herejía notoria, con todas las penas que ello conlleva, y renunciaría tácitamente a su cargo. Pero la apostasía de los papas conciliares, si bien es pública en cuanto a los hechos, no lo es en cuanto a la imputabilidad, y por lo tanto no existe renuncia tácita.
- Obispo Sanborn, On Being Pope Materially Second Part: Explanation of The Thesis, pág. 22
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Su pertinacia y herejía no están probadas ni se presumen legalmente. Toda la fuerza de la objeción reside en la posibilidad de probar su pertinacia, lo cual, sin la declaración de la Iglesia, resulta sumamente difícil. Además, si existiera alguna duda sobre su pertinacia o su imputabilidad, la presunción favorecería al acusado, y el argumento se desmoronaría.
- Obispo Sanborn, On Being Pope Materially Second Part: Explanation of The Thesis, pág. 25
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Por lo tanto, no existe una violación externa de la ley donde no hay pertinacia externa. Aun cuando se desee aplicar el Canon 2200 §2, la presunción de imputabilidad por violación de la ley contra la herejía carece de validez sin la declaración de la Iglesia, pues la presunción debe ceder ante los hechos. De hecho, sin embargo, no es seguro que estos “papas” heréticos sean pertinaces, ni existe una autoridad o tribunal competente que pueda declarar la pertinacia. Todo el argumento se ve obstaculizado por la dificultad de probar o incluso presumir la pertinacia.
- Obispo Sanborn, On Being Pope Materially Second Part: Explanation of The Thesis, pág. 26
Una vez más, todas las afirmaciones y declaraciones del obispo Sanborn sobre la pertinacia, la imputabilidad y la presunción legal a su favor son completamente falsas y contrarias al texto del Código de Derecho Canónico y a las interpretaciones de todos los canonistas. Hemos refutado todas estas objeciones, junto con las demás expuestas en el artículo “On the Canonical Crime of Heresy” (Sobre el delito canónico de herejía) en el sitio web thethesis.us, en detalle y con amplias citas de las obras de los canonistas. Para evitar que este artículo sea excesivamente largo y para no desviarnos del tema principal, a saber, la refutación de la tesis, nos abstendremos de presentar aquí esos argumentos relativamente extensos y, en su lugar, remitimos a los lectores al siguiente artículo:
• ipso facto: Una teoría católica correcta y probable para la crisis actual.
En ese artículo, hemos demostrado que debe hacerse una distinción entre los efectos y las penas automáticas, o latae sententiae, que incluyen la renuncia tácita y la excomunión, y los efectos y las penas formales, o ferendae sententiae, que incluyen la privación y la deposición.
En la primera categoría, al observar signos externos de herejía, el legislador, según el Canon 2200, presume que la persona es culpable y automáticamente impone todos los efectos y penas ipso facto o latae sententiae, sin ninguna formalidad, juicio, advertencia, etc., hasta que se establezca lo contrario en un tribunal eclesiástico.
En la segunda categoría, es decir, las penas formales, debido a que las penas y los efectos son más graves, el derecho canónico, según el canon 2233, presume que la persona es inocente, y solo después de las formalidades requeridas, el juicio y las advertencias, impone los efectos de estas penas a la persona culpable.
En este asunto, sin embargo, nos centramos únicamente en la primera categoría, ya que la resignación tácita es uno de los efectos automáticos y no una pena de sentencia forzosa. Lamentablemente, los clérigos y defensores de esta tesis, sin tener en cuenta esta distinción crucial, han condicionado incluso los efectos y penas automáticos o de sentencia forzosa a formalidades, juicios y advertencias, hasta tal punto que puede afirmarse con razón que han abolido por completo los efectos automáticos y de sentencia forzosa, supeditando cada caso a la observancia de procedimientos formales, juicios y la lectura de una sentencia. Esto constituye, precisamente, una flagrante violación del texto del Código de Derecho Canónico.
También hemos demostrado en ese artículo que el Código de Derecho Canónico no establece ningún procedimiento judicial canónico para determinar la pertinacia, y que, según los canonistas, para determinarla debe tenerse en cuenta la totalidad de las circunstancias y condiciones. Así, cuando un clérigo que ha recibido instrucción católica expresa externamente declaraciones heréticas, se presume que es pertinaz, a menos que se demuestre lo contrario ante un tribunal eclesiástico.
Pero en este artículo, utilizaremos las propias declaraciones y argumentos del obispo Sanborn. En otro artículo, cuando necesitó que los papas del Novus Ordo fueran herejes para condenar la Misa una cum, respondió a estas mismas objeciones con precisión y erudición, ¡y esta vez, apelando a las opiniones de los canonistas! Citaremos aquí ese pasaje:
Respondo a esta objeción de la siguiente manera: (…)
(1) Existen pruebas contundentes de que Juan Pablo II se adhirió formalmente a la herejía. La herejía formal se distingue de la herejía material. La primera implica obstinación contra el magisterio de la Iglesia Católica; la segunda carece de esta obstinación. La única manera en que una persona puede carecer de obstinación, o pertinacia como la llaman los canonistas, es por ignorancia de que la opinión a la que se adhiere es contraria a la fe divina y católica. En cuanto a los demás motivos para adherirse a una falsa opinión, como el orgullo, la vanagloria, el espíritu de contradicción, etc., constituyen una mala voluntad suficiente para calificar la herejía como pertinaz y formal.
Sin embargo, a Juan Pablo II no se le puede excusar razonablemente con el pretexto de ignorancia, ni siquiera de ignorancia culpable. Recibió su formación en el seminario en una de las mejores instituciones de la Iglesia, el Angelicum, bajo la tutela de uno de los mejores teólogos de este siglo, Garrigou-Lagrange. Tampoco es Juan Pablo II un necio sin cerebro. Habla con fluidez muchos idiomas extranjeros y jamás habría alcanzado los cargos de obispo, cardenal y papa si no hubiera poseído una inteligencia aguda. Por el contrario, es uno de esos teólogos vanguardistas de la posguerra, como de Chardin, de Lubac y Rahner, que se propusieron derrocar la tradición de la Iglesia católica y sustituirla por lo que tenemos hoy. Fue un seminarista liberal, un joven sacerdote liberal, un obispo liberal, un falso cardenal liberal y ahora es un falso papa liberal.
No se trata de un católico bienintencionado que, sin culpa alguna, se ha adentrado en el modernismo por casualidad. Más bien, es uno de los grandes teóricos del Novus Ordo, elegido nada menos que por el cardenal König, uno de los prelados más modernistas del mundo.
La pertinacia de Juan Pablo II y de clérigos como él se manifiesta en su odio hacia la Iglesia anterior al Concilio Vaticano II. En esto reside su mala voluntad, pues al odiar a la Iglesia anterior al Vaticano II, odian a la Iglesia misma.
Otro argumento contundente a favor de su pertinacia es que su falta de formalidad no justifica la destrucción que se ha producido en la Iglesia. La devastación que nos rodea no es obra de un grupo desorganizado de clérigos católicos ignorantes “que no saben lo que hacen”, sino el efecto de una conspiración diabólica de las puertas del infierno contra la Iglesia. Un enemigo ha hecho esto. Decir que los artífices de esta nociva reforma, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II, no participaron conscientemente del derrocamiento de la fe tradicional es plantear un efecto sin causa suficiente. Es imposible. Sería comparable a las palabras de Nuestro Señor en la parábola del trigo y la cigarra: “Los sembradores simplemente cometieron un error honesto”. La religión del Novus Ordo es tan radicalmente diferente de la fe católica que ninguna persona en su sano juicio, independientemente de su formación, podría dejar de reconocer la diferencia. El modernista pertinaz simplemente responde: ¡Viva la diferencia!
Tampoco afirmo aquí que Juan Pablo II deba ser necesariamente uno de los conspiradores. Basta con cualquier tipo de mala voluntas para constituir herejía formal: orgullo, curiosidad, autoengrandecimiento. Solo la ignorancia justifica.
Además, a Juan Pablo II se le ha dicho claramente que su nueva religión representa un cambio sustancial con respecto a la religión anterior al Concilio Vaticano II. No vive aislado del mundo. Sin embargo, continúa adhiriéndose a esta nueva religión y poniéndola en práctica.
La cuestión de la perseverancia de Juan Pablo II es, sin duda, una cuestión de criterio, pero para mí, tacharlo de hereje material es lo mismo que decir que Robespierre fue solo un terrorista material. Tenía buenas intenciones.
(2) La ley de la Iglesia presume la pertinacia a menos que se demuestre lo contrario. La presunción de la ley está en contra de Juan Pablo II:
“La comisión misma de cualquier acto que signifique herejía, por ejemplo, la declaración de alguna doctrina contraria o contradictoria a un dogma revelado y definido, constituye motivo suficiente para la presunción jurídica de depravación herética”. (Eric F. MacKenzie, AM, STL, JCL Rev., The Delict of Heresy, (Washington, DC: The Catholic University of America, 1932) p. 35. (Cf. Canon 2200 § 2))
Juan Pablo II no solo ha hecho declaraciones doctrinales contrarias al dogma revelado y definido (por ejemplo, que las religiones no católicas son medios de salvación, en contradicción con la afirmación de que fuera de la Iglesia no hay salvación), sino que también se ha declarado explícitamente en comunión con —en la misma Iglesia que— cismáticos y herejes. Además, ha agravado estas abominables declaraciones con actos que confirman su adhesión a la herejía, como la communicatio in sacris y los servicios ecuménicos con todo ser viviente. Por lo tanto, no es ley ni espíritu de la Iglesia exonerar automáticamente la culpa de quien profiere herejías públicamente, sino más bien presumirla. El culpable debe presentarse y probar su inocencia.
Sin embargo, pueden existir circunstancias que eximan a la persona de toda responsabilidad, o incluso de una responsabilidad grave. Estas circunstancias eximentes deben probarse en el foro externo, y la carga de la prueba recae sobre la persona cuya acción ha dado lugar a la imputación de herejía. En ausencia de dicha prueba, se presume que tales eximentes no existen. Cuando se presenta una prueba satisfactoria, la presunción jurídica cede ante los hechos, y la persona será declarada inocente de herejía y no estará sujeta a censura (ibid.).
(3) Es práctica de la Iglesia tratar a todos aquellos que se adhieren públicamente a la herejía como herejes formales en el ámbito externo. Este es el punto más importante. En mi artículo sobre la comunión (Sacerdotium V), señalé que la Iglesia no juzga las disposiciones internas de quienes se adhieren a la herejía, sino que los trata como herejes formales. Si la Iglesia no actuara así, su propia constitución divina como congregación de los fieles (congregatio fidelium) se vería erosionada; la unidad de la fe no sobreviviría como una de sus cuatro características. Si solo aquellos excomulgados por su nombre fueran considerados fuera de la Iglesia —los herejes como Lutero— y el resto fuera considerado de buena conciencia y, por lo tanto, católico, la Iglesia habría perdido en los primeros años de su existencia el sagrado depósito de la fe. Es precisamente porque la pertenencia a la Iglesia depende estrictamente de la profesión de la fe ortodoxa que la Iglesia posee su característica de unidad de la fe.
Por esta razón, independientemente de nuestras “corazonadas” sobre la culpabilidad de su herejía, es necesario que lo tratemos como hereje y excomulgado. Pues la herejía conlleva la excomunión automática; en tiempos normales, es la autoridad la que confirma la excomunión automática con una sentencia declarativa. Cuando la propia autoridad cae en la herejía y no se excomulga, por así decirlo, ni a otros herejes que lo merecen, los fieles de la Iglesia deben observar la realidad de su autoexclusión de la Iglesia, aunque no esté establecida legalmente. Porque la ley es un reflejo de la realidad, y la realidad no deja de ser realidad porque la autoridad no la consagre mediante la ley. Cuando los herejes ocupan los puestos de autoridad, la herejía se convierte en ley y la ortodoxia en herejía. Esta legalización de la herejía no debilita a los fieles católicos, sino que les impone una pesada carga para dar testimonio de la maldad de la ley y de su consecuencia lógica: la falta de autoridad de la autoridad aparente.
Porque hay quienes argumentan que, puesto que Juan Pablo II no fue excomulgado por una sentencia declarativa, somos libres de considerarlo católico.
No es así. La sentencia declarativa que sigue a una excomunión automática es simplemente un reconocimiento legal de algo que ya existe. Si no fuera así, la excomunión automática carecería de sentido. La persona excomulgada ya está separada de la Iglesia; la sentencia declarativa simplemente constata legalmente tanto la existencia del delito como la culpabilidad de quien lo ha cometido. Una vez dictada la sentencia declarativa, todos los miembros de la Iglesia, incluido el culpable, están obligados a observar la excomunión.
En la actual crisis de la Iglesia, en la que nos vemos privados de autoridad, una sentencia declarativa de excomunión es imposible. Sin embargo, este lamentable hecho no significa ni puede significar que la Iglesia se convierta en un caos absoluto, pues sería esencialmente defectuosa si no mantuviera su unidad de fe. Esta unidad de fe es la que la constituye; es la que la reconoce como la única y verdadera Iglesia de Cristo.
Los católicos deben entonces reconocer la herejía como tal en la supuesta autoridad, presumir la culpabilidad (pertinacia) a menos que exista evidencia en contrario, y excluir de la Iglesia a quienes profesan adhesión a la religión del Concilio Vaticano II. Es cierto que existen muchos casos de adhesión no pertinaz a la nueva religión entre los laicos, e incluso quizás entre los sacerdotes, pero esta falta de culpabilidad particular se determina caso por caso, mientras que la presunción de culpabilidad es un requisito de la ley general.
Por lo tanto, la mayoría —casi todos— los sacerdotes tradicionalistas de todas las confesiones no requieren una abjuración formal ni la absolución de la excomunión de los fieles del Novus Ordo que regresan a la fe tradicional, debido a que perciben en ellos una falta de pertinacia en su adhesión al Novus Ordo. Por otro lado, no conozco a ningún sacerdote tradicionalista que considere católico a un Hans Küng, puesto que en su caso se presume la pertinacia. Lo mismo debería presumirse en el caso de Juan Pablo II, ya que (a) la ley lo exige, y (b) la ignorancia es la única excusa válida para la pertinacia, y la ignorancia es prácticamente imposible en el caso de Juan Pablo II, ni existe evidencia de ella.
- Obispo Sanborn, Una Cum: Mass ‘in Union with our Pope’?
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Los teólogos morales afirman claramente que la única excusa para la herejía formal es la ignorancia. Es necesario ignorar que se está contradiciendo una doctrina católica perteneciente al magisterio solemne de la Iglesia o al magisterio ordinario universal. El obispo Williamson pretende hacernos creer que, una vez establecida la herejía, es decir, que alguien la ha pronunciado, se presume la ignorancia hasta que se demuestre lo contrario ante un tribunal. En realidad, ocurre lo contrario. En todos los tribunales, se presume la inocencia respecto a la comisión de un delito, pero nunca respecto a su formalidad (culpabilidad personal). Si esto fuera cierto, se requerirían dos juicios para cada delito: uno para probar la comisión del delito y otro para demostrar que el autor realmente sabía lo que hacía al cometerlo. Toda ley presume la culpabilidad formal cuando se conoce la comisión del delito. Lo mismo sucede con el pecado. La falta de formalidad en el pecado —que alguien sea inocente por desconocimiento— debe probarse. (…) La cuestión es que toda ley, incluyendo la teología moral y el Derecho Canónico, presume la culpabilidad una vez que se admite el pecado. Quien alega inocencia por ignorancia debe probar su falta de formalidad mediante pruebas.
- Obispo Sanborn, Response to Bishop Williamson, [2014], págs. 6, 7
Objeción: El canon 188 no se aplica a los cardenales del Novus Ordo porque su imputabilidad no es pública, como leemos:
El canon 188 § 4 dice que quien se aparta públicamente de la fe católica renuncia tácitamente a su cargo, si su imputabilidad es pública, lo admito; sin embargo, si es oculta, lo niego.
- Obispo Sanborn, On Being Pope Materially Second Part: Explanation of The Thesis, pág. 22
Respuesta: Una vez más, el obispo Sanborn afirma, sin citar ningún canon ni canonista, que no es la apostasía, sino la imputabilidad, lo que debe ser público. Sin embargo, el derecho canónico nunca establece que, para que la renuncia tácita surta efecto, la imputabilidad deba ser pública; más bien, dice que la apostasía debe ser pública. Y cuando la apostasía, según la norma del canon 2197 n. 1, es pública, la imputabilidad se presume según el canon 2200, y todos los efectos automáticos, incluyendo la excomunión y la renuncia tácita, surten efecto hasta que se demuestre lo contrario ante un tribunal eclesiástico.
Por supuesto, uno podría conjeturar que tal vez el obispo Sanborn quiere decir que la imputabilidad no puede presumirse en virtud de la presunción establecida en el canon 2200. Pero tal afirmación también sería contraria a la opinión de los canonistas, como leemos:
La imputabilidad de un delito depende: 1° del dolo del delincuente (can. 2199), es decir, de su voluntad deliberada de violar la ley; esta voluntad presupone conocimiento y libertad (can. 2200 § 1), y en el foro externo siempre se presume que existe, salvo prueba en contrario, cuando hay una violación externa de la ley (can. 2200 § 2);
- Adrien Cance, Le Code de Droit Canonique: Commentaire Succinct et Pratique, París: J. Gabalda, vol. III, [1933], pág. 315
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La imputabilidad de un ilícito depende del dolo y la culpa del infractor; por lo tanto, todas las causas que aumentan, disminuyen o eliminan el dolo o la culpa, por ese mismo hecho aumentan, disminuyen o eliminan la imputabilidad del ilícito. El dolo es la voluntad deliberada de violar la ley, y se oponen a él, por parte del intelecto, el defecto de conocimiento, es decir, la ignorancia, la inadvertencia y el error, y por parte de la voluntad, el defecto de libertad. La regla general es: “Una vez cometida una violación externa de la ley, se presume el dolo en el foro externo hasta que se demuestre lo contrario”.
- Dominic Prummer OP, Manuale Iuris Canonci, Friburgo de Brisgovia: Herder, [1927], p. 643
Por lo tanto, como puede verse, los cardenales del Novus Ordo, aun si hubieran poseído un título legítimo, habrían perdido sus cargos, por renuncia tácita, únicamente en virtud de su adhesión pública a la religión del Vaticano II, incluso en el ordenamiento jurídico.
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Refutación 3
Premisa mayor: Para que la tesis sea verdadera, los cardenales y papas del Novus Ordo no deben ser miembros de una secta no católica.
Premisa menor: Pero los cardenales y papas del Novus Ordo son miembros de una secta no católica.
Conclusión: Por lo tanto, la tesis no es verdadera.
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Prueba de la premisa mayor: Para que la tesis sea verdadera, los cardenales y papas del Novus Ordo no deben ser miembros de una secta no católica.
Los defensores de la tesis sostienen que, si bien puede ser cierto que la jerarquía del Novus Ordo es herética en el orden divino y, en realidad, se encuentra fuera de la Iglesia, no obstante, no es reconocida como tal desde el punto de vista del derecho canónico. En consecuencia, no solo no pierden automáticamente sus cargos, sino que conservan la capacidad de elegir y ser elegidos para cargos eclesiásticos. Esto se debe a que, según ellos, el Novus Ordo aún no ha sido condenado por la Iglesia y, por lo tanto, sus miembros siguen siendo considerados católicos ante la ley. Al respecto, argumentan lo siguiente:
Los “papas” del Concilio Vaticano II son legítimos designados para ser verdaderos papas, pero carecen de jurisdicción debido al obstáculo que suponen para la recepción de la autoridad. Esto se debe a que la ley nunca ha separado la religión del Novus Ordo de la Iglesia Católica. … El Novus Ordo, por otro lado, en realidad no es católico, es una secta en cuanto que profesa la apostasía, pero no ha sido separado legalmente de la Iglesia Católica. De hecho, este triste hecho, que el Novus Ordo no haya sido separado, es el núcleo del problema que enfrentamos hoy. Si quedara claro, mediante una declaración legal, que el Concilio Vaticano II fue una deserción de la fe, el problema en la Iglesia cesaría. Esto se debe únicamente a que los herejes se amparan en la legalidad.
- Obispo Sanborn, Explanation of the Thesis of Bishop Guerard Des Lauriers, 29 de junio de 2002, págs. 5, 6
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¿Qué diferencia existe, sin embargo, entre Martín Lutero y el Novus Ordo? Hay una diferencia significativa: Martín Lutero fue excomulgado y posteriormente fundó su propia iglesia. Los miembros del Novus Ordo nunca han sido excomulgados ni han fundado una iglesia propia. Esta diferencia es clave para comprender los problemas actuales de la Iglesia Católica.
- Obispo Sanborn, Ecclesiastical Materialism, pág. 2
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En la situación actual, no estamos tratando con clérigos que se hayan unido o adherido públicamente a una secta no católica, como la Iglesia Luterana o la Iglesia Anglicana... Por el contrario, estamos tratando con clérigos que, a pesar de decir cosas heréticas, están muy ansiosos por afirmar que son católicos y que tienen autoridad, funciones y cargos en la Iglesia Católica.
- Rev. Damien Dutertre, On the Canonical Crime of Heresy, n.º 22
Sin embargo, si el Novus Ordo fuera una iglesia y secta no católica, sus miembros, sin necesidad de sentencia judicial, incurrirían no solo en excomunión sino también en infamia; se les prohibiría ser nombrados o ascendidos a cualquier cargo eclesiástico, y cualquier cargo que pudieran obtener sería inválido incluso en el orden jurídico; es decir, ni siquiera podrían constituir el elemento material de autoridad. En consecuencia, el argumento de Su Excelencia el Obispo Sanborn se derrumbaría. Al respecto leemos:
Canon 2314
3. Si dan su nombre a sectas no católicas o se adhieren públicamente [a ellas], por ese hecho son infames.
- Papa Benedicto XV, Código de Derecho Canónico, 27 de mayo de 1917
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Inscribirse en una secta, es decir, prestar el nombre a una iglesia falsa o a una religión pagana, genera automáticamente una infamia legal, sin necesidad de declaración ni intervención de la autoridad superior. Esta infamia impide acceder a cualquier otro cargo o beneficio mientras dure.
- Eduardo Fernández Regatillo, Institutiones Iuris Canonici, vol. I, Santander, [1956], p. 552
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La adhesión a la secta no católica puede producirse tras la exteriorización del error herético como consecuencia, o bien puede ser el primer acto externo que manifiesta el pecado interno de herejía. En ambos casos, el infractor incurre primero en la excomunión básica impuesta por la herejía simple. Además, como castigo por su delito agravado, incurre en infamia jurídica ipso facto, independientemente de que exista o no otra acción oficial por parte de la Iglesia. Esto es completamente independiente de la infamia de hecho y puede existir sin pérdida de reputación ante el público en general. Se trata de un estatus jurídico que consiste en una serie de incapacidades, que pueden resumirse de la siguiente manera:
1. Irregularidad (canon 984), que impide la promoción a las Órdenes; inhabilitación para los beneficios eclesiásticos, para los actos eclesiásticos legítimos y para el cumplimiento de los oficios y cargos eclesiásticos (canon 2294, §1): …
- Reverendo Eric Francis MacKenzie, The Delict of Heresy, Universidad Católica de América, [1932], págs. 53, 54
En este sentido, leemos:
Canon 2294
§ 1. Quien trabaja bajo infamia de ley no solo es irregular según la norma del Canon 984, n. 5, sino que además es incapaz de obtener beneficios, pensiones, cargos y dignidades eclesiásticas, y de realizar actos eclesiásticos legítimos, de ejercer derechos y responsabilidades eclesiásticas, e incluso debe ser impedido de ejercer el ministerio en funciones sagradas.
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La infamia legal conlleva la incapacidad o descalificación para cualquier beneficio eclesiástico, pensión, cargo o dignidad; si se confiere, el acto es inválido (can. 2391).
- Rev. Charles Augustine, OSB, A Commentary on the New Code of Canon Law, St. Louis: B. Herder Book Co., vol. VIII, [1931], pág. 246
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Canon 2294, §1. “Incapaz de obtener”, es decir, uno queda incapacitado para obtener beneficios, etc., hasta tal punto que su concesión y el ejercicio de los actos legítimos relacionados con ellos carecen de validez.
- Udalricus Beste, OSB, Introductio in Codicem, Collegeville: St. John's Abbey Press, [1946], pág. 950
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Cabe señalar que esta incapacidad afecta la validez de los actos; por lo tanto, los beneficios, cargos, pensiones y dignidades obtenidos, así como los actos eclesiásticos legítimos realizados por una persona afectada por infamia jurídica, no solo son ilícitos, sino que también se obtienen o realizan de forma inválida.
- Matthaeus a Coronata OM Cap., Institutiones Iuris Canonici, Taurini (Italia): Ex officina libraria Mariette, [1928], vol. IV, pág. 257
Además, el propio Obispo Sanborn afirma:
Quienes han nacido en sectas no católicas, incluso si se equivocan de buena fe, se presumen legalmente como pertinaces y, por lo tanto, están legalmente fuera de la Iglesia.
- Obispo Sanborn, On Being Pope Materially Second Part: Explanation of The Thesis, pág. 26
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Quien se une a una secta no católica queda inhabilitado para obtener cualquier cargo nuevo en la Iglesia.
- Reverendo Damien Dutertre, On the Canonical Crime of Heresy
Prueba menor: Pero los cardenales y papas del Novus Ordo son miembros de una secta no católica.
En primer lugar, examinemos cómo se define una secta no católica y cuáles son sus implicaciones.
Para el católico, la distinción entre Iglesia y secta no presenta ninguna dificultad. Para él, cualquier denominación cristiana que se haya establecido independientemente de su propia Iglesia es una secta. Según la doctrina católica, cualquier cristiano que, unido, se niegue a aceptar la doctrina completa o a reconocer la autoridad suprema de la Iglesia Católica, constituye simplemente un partido religioso bajo un liderazgo humano no autorizado.
- Charles George Herbermann, The Catholic Encyclopedia, Robert Appleton Company, vol. XIII, [1912], pág. 675
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Se puede afirmar con seguridad que la continuidad de una sociedad se rompe cuando se introduce un cambio radical en los principios que la sustentan. En el caso de una Iglesia, tal cambio en su constitución jerárquica y en su fe profesada basta para convertirla en una Iglesia distinta de la que era antes. Pues las sociedades que denominamos Iglesias existen como la encarnación de ciertos dogmas sobrenaturales y de un principio de gobierno divinamente autorizado. Por lo tanto, cuando se rechazan las verdades que antes se consideraban de fe y se repudia el principio de gobierno considerado sagrado, se produce una ruptura de la continuidad y se forma una nueva Iglesia. … La continuidad de una Iglesia depende esencialmente de su gobierno y de sus creencias.
- Charles George Herbermann, The Catholic Encyclopedia, Encyclopedia Press, Incorporated, vol. III, [1913], pág. 757
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Casi hasta los últimos días antes de la promulgación del Código, la palabra “no católico” se entendía en su sentido estricto, es decir, como referida a un apóstata, un hereje o un cismático. De igual modo, la expresión “secta no católica” también se tomaba en sentido estricto, es decir, como una secta de apóstatas, herejes o cismáticos. En el Código, sin embargo, los mismos términos —a menos que la naturaleza del asunto requiera lo contrario— se entienden en un sentido amplio, es decir, de todos aquellos que no son católicos. … Ahora bien, si todo pagano, judío, musulmán, teósofo o indiferentista es considerado y designado por el Código como no católico, entonces toda secta a la que pertenezcan tales personas debe ser considerada necesariamente por el Código como no católica.
- Josefo Noval OP, Analecta Sacri Ordinis Fratrum Praedicatorum, Unio Typographica A. Manutio, vol. XV, [1921], pág. 83
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Se entiende por secta no católica aquella entidad religiosa que, si bien conserva el nombre cristiano, niega los principios católicos en su doctrina y prácticas.
- Ignacy Grabowski, Prawo Kanoniczne, Towarzystwo „Biblioteka Religijna” im. X. Arcyb. Bilczewskiego, [1927], pág. 760
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Una secta [no católica] es una organización basada en la contradicción con la fe católica y la unidad de la Iglesia.
- Rev. Charles Augustine, OSB, A Commentary on the New Code of Canon Law, St. Louis: B. Herder Book Co., vol. III, [1929], pág. 206
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Una secta [no católica] es cualquier sociedad religiosa establecida en oposición a la Iglesia Católica, ya sea que esté compuesta por infieles, paganos, judíos, musulmanes, no católicos o cismáticos.
- Rev. Charles Augustine, OSB, A Commentary on the New Code of Canon Law, B. Herder Book Co., vol. VIII, [1919], pág. 279
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Una secta no católica en sentido estricto es un grupo religioso que, aunque conserva el nombre cristiano, niega la fe católica mediante la doctrina o los hechos.
- A. Vermeersch SJ, I. Creusen SJ, Epitome Iuris Canonici, Mechliniae: H. Dessain, vol. III, [1933], n. 513, pág. 311
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Una secta no católica, en el sentido estricto de la palabra, es una agrupación (o asociación) de personas con una doctrina especulativa o práctica que se sigue pública o secretamente, y que está en conflicto con la doctrina católica.
- Alberto Blat, OP, Commentarium Textus Codicis Iuris Canonici, Romae, vol. II, pág. 281
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Una secta no católica es una sociedad de personas que, ya sea pública o privadamente, profesa una doctrina contraria a la fe católica.
- Matthaeus a Coronata OM Cap., Institutiones Iuris Canonici, Taurini (Italia): Ex officina libraria Mariette, [1928], vol. I, pág. 689
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Una secta no católica es cualquier secta, ya sea cristiana, judía o pagana, que no sea católica, siempre que sea una secta religiosa o cuyo propósito, al menos como su propósito principal o uno de sus propósitos principales, sea promover un culto religioso no católico.
- Matthaeus a Coronata OM Cap., Institutiones Iuris Canonici, Taurini (Italia): Ex officina libraria Mariette, [1928], vol. IV, pág. 289
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Bajo el término "sectas no católicas" se incluyen todos los grupos de personas que profesan alguna religión no católica, ya sea cristiana o atea.
- Udalricus Beste, OSB, Introductio in Codicem, Collegeville: St. John's Abbey Press, [1946], pág. 957
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[Una secta es] una sociedad religiosa separada de la Iglesia Católica, ya sea cristiana o no cristiana.
- Eduardo Fernández Regatillo, Institutiones Iuris Canonici, vol. I, Santander, [1956], n. 966
Como puede verse, los canonistas no exigen que un grupo sea condenado por la Iglesia para que se le considere una secta no católica. Tan pronto como un grupo se forma en oposición a una enseñanza de la Iglesia, es una secta no católica, incluso si no ha sido condenada bajo esa denominación. En este sentido, el Papa Pío IX, refiriéndose a un grupo cismático que también había conservado el nombre católico, afirma:
Dado que la facción de Armenia es así, son cismáticos aunque aún no hayan sido condenados como tales por la autoridad apostólica.
- Papa Pío IX, Quartus Supra, 6 de enero de 1873
Por lo tanto, como puede observarse, para que un grupo —ya sea herético o cismático— sea considerado una secta no católica, no es necesario que la Iglesia lo haya condenado formalmente. Basta con que se constituya en oposición a la doctrina de la Iglesia Católica.
La historia de la Iglesia también confirma esta verdad. Por ejemplo, la Iglesia nunca ha condenado a la secta anglicana bajo este título específico; sin embargo, no cabe duda alguna de que se trata de una secta no católica.
Pero a la luz de las definiciones anteriores, el Novus Ordo es sin duda una secta no católica:
• La Iglesia Católica considera la libertad religiosa una herejía diabólica y una locura; el Novus Ordo la denomina un derecho sagrado e innato del hombre.
• La Iglesia Católica sostiene que la Iglesia de Cristo es idéntica a la Iglesia Católica; el Novus Ordo sostiene que la Iglesia de Cristo es más amplia que la Iglesia Católica.
• La Iglesia Católica enseña que la Iglesia actualmente posee unidad; el Novus Ordo enseña que la Iglesia actualmente carece de unidad.
• La Iglesia Católica enseña que el único camino hacia la unidad entre las iglesias es el retorno de los no católicos a la Iglesia Católica; el Novus Ordo rechaza la enseñanza del retorno de los no católicos a la Iglesia Católica.
• La Iglesia Católica enseña que la Iglesia Católica es el único medio de salvación; el Novus Ordo enseña que las iglesias no católicas e incluso las religiones no cristianas también son medios de salvación.
• La Iglesia Católica prohíbe la administración de la Eucaristía a los no católicos; el Novus Ordo permite la administración de la Eucaristía a los no católicos.
• La Iglesia Católica prohíbe la oración con no católicos; el Novus Ordo elogia y fomenta la oración con no católicos.
Podrían añadirse otros ejemplos a esta lista; sin embargo, incluso una sola desviación en la fe es suficiente para que se aplique a un grupo la denominación de secta no católica.
Por lo tanto, de acuerdo con los puntos antes mencionados, el Novus Ordo es sin duda una secta no católica y no necesita en absoluto ser condenada por la Iglesia para ser considerada como tal.
Objeción: El Novus Ordo no es una secta, porque los sacerdotes y obispos católicos tradicionales reciben a los conversos del Novus Ordo sin requerir abjuración, como leemos:
Su condición jurídica de católicos queda confirmada por el hecho de que todos los sacerdotes tradicionalistas los admiten a la práctica de la fe tradicional sin levantar la excomunión y sin abjurar pública o formalmente su error.
- Obispo Sanborn, Explanation of the Thesis of Bishop Guerard Des Lauriers, [29 de junio de 2002], pág. 7
Respuesta: Aquí también debemos volver a los mismos argumentos sobre la pertinacia en la herejía; pues al respecto leemos:
Quienes hayan pertenecido a una secta no católica. El término “adhaerere” ciertamente significa un acto deliberado por parte del candidato, o, dicho de otro modo, un hereje o cismático formal, como se puede ver en el canon 1325, § 2, donde se definen los términos hereje y cismático. En ambos casos se requiere un acto deliberado y obstinado.
- Rev. Charles Augustine,OSB, A Commentary on the New Code of Canon Law, St. Louis: B. Herder Book Co., vol. III, [1929], pág. 206
Por lo tanto, todo lo que hemos afirmado con respecto a la herejía formal, el dolo, la malicia, la imputabilidad y la pertinacia también se aplica a la pertenencia a una secta no católica.
Y en general, conviene reiterar que, en caso de una violación externa de la ley, la presunción legal recae sobre ellos; y se presume que son miembros de la secta no católica y conscientes de ello, y sufren los efectos y sanciones automáticos e ipso facto de la misma; aunque posteriormente puedan probar lo contrario ante un tribunal; a este respecto, leemos:
Canon 2200
§ 2. Al alegar una violación externa de la ley, se presume dolo en el foro externo hasta que se demuestre lo contrario.
Por lo tanto, específicamente con respecto a los miembros de sectas no católicas, leemos:
Además, se aplica a todos aquellos que fueron bautizados válidamente pero se criaron en creencias sectarias. En otras palabras, los protestantes, nestorianos, etc., deben ser considerados responsables de sus actos externos que contravengan la ley de la Iglesia, a menos que se demuestre lo contrario.
- Reverendo Eric Francis MacKenzie, The Delict of Heresy, Universidad Católica de América, [1932], págs. 53, 54
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Por supuesto, se presume que el nuevo miembro sabe que se trata de una sociedad no católica.
- Rev. Charles Augustine, OSB, A Commentary on the New Code of Canon Law, St. Louis: B. Herder Book Co., vol. VIII, [1931], pág. 279
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En ciertas zonas, es perfectamente posible que la gente desconozca que un grupo en particular está afiliado al Partido Comunista, sobre todo teniendo en cuenta la astucia del Partido para disimular su relación con estos grupos. Por lo tanto, surge la cuestión del estatus jurídico-canónico de quien se une al Partido o a uno de estos Frentes de buena fe. En general, dicha persona está obligada a cumplir la pena prevista en el foro externo hasta que pueda demostrar su desconocimiento ante dicho foro.
- Reverendo Richard J. Murphy, The Canonici-Juridical Status of a Communist, The Catholic University of America Press, [1959], págs. 112, 113
Por lo tanto, esta práctica es totalmente correcta, justa y equitativa, y se fundamenta en la distinción entre clérigos y laicos, presumiéndose que los primeros son pertinaces y los segundos no. Incluso el obispo Sanborn afirma:
Por lo tanto, la mayoría —casi todos— los sacerdotes tradicionales de todas las confesiones no requieren una abjuración formal ni una absolución de la excomunión de los fieles del Novus Ordo que regresan a la fe tradicional, debido a que los sacerdotes perciben en ellos una falta de pertinacia en su adhesión al Novus Ordo.
- Obispo Sanborn, Una Cum: Mass ‘in Union with our Pope’?
En este sentido leemos:
La cuestión aquí radica en la presunción legal respecto a los fieles laicos de la Secta del Novus Ordo y, por consiguiente, en cuál debería ser el procedimiento correcto en cuanto a su conversión y la exigencia de abjuración. La jerarquía del Novus Ordo ha caído en herejía pública debido a su adhesión pública, manifiesta y pertinaz a las herejías del Concilio Vaticano II. Este acto externo, es decir, la adhesión consciente a una secta o a sus falsas doctrinas, constituye una violación externa de la ley y se presume dolo en el foro externo. 20 Esta es una base sólida para el argumento sedevacantista. Por esta razón, la mayoría de los obispos y sacerdotes católicos tradicionalistas exigirán sin duda una abjuración si Ratzinger, por ejemplo, se convirtiera. He escuchado de primera mano a los más fervientes defensores de la Tesis admitirlo. Pero no exigen esta abjuración para el católico laico. Y la base sólida para esta práctica se explica a continuación. No todos los fieles laicos del Novus Ordo que pertenecen a sectas no católicas deben ser considerados no católicos. Todos los teólogos y canonistas sostienen que todos los niños bautizados válidamente en sectas no católicas antes de alcanzar el uso de razón son miembros de la Iglesia. 21 Antes del Código, se debatía si los niños que habían alcanzado la edad de razón incurrían en excomunión automática o no, pero el Código zanjó la disputa al insistir en que están libres de contraer cualquier censura hasta que hayan alcanzado la pubertad (14 años). Por lo tanto, contrariamente a lo que algunos aún sostienen, los niños válidamente bautizados en sectas no católicas que han alcanzado el uso de razón, si regresan a la Iglesia, no deben hacer ninguna abjuración. No necesitan ser absueltos de ninguna excomunión (cf. Canon 2230), sino que deben hacer una simple profesión de fe. El canonista Agustín explica la razón con este principio general de la ley: “La ignorancia de los hechos no exime de la ley” (véase el Apéndice 1 para más detalles). Por lo tanto, aunque el Canon 2200 § 2 dice que “una vez colocada la violación externa de la ley, se presume dolus (engaño) en el foro externo”, añade, “hasta que se demuestre lo contrario”. 23 Es fácil ver cómo un niño, aunque haya alcanzado la edad de la razón, puede ignorar el hecho de que está en una Iglesia no católica. Este mismo principio adoptado por el Código en el caso de los niños bautizados en sectas no católicas que han alcanzado la edad de la razón, puede y de hecho es aplicado por el clero católico tradicional a los miembros de la secta Novus Ordo que sinceramente piensan que la Secta Novus Ordo es la Iglesia católica por las siguientes razones: 1) La Secta Novus Ordo conserva el nombre de católica. 2) La jerarquía de la Secta Novus Ordo reclama falsamente las Sedes y los oficios de la Iglesia Católica. La mayoría de los fieles simples de la Secta Novus Ordo desconocen los hechos relativos a los cambios realizados por el Novus Ordo en doctrina, culto y disciplina. Como hemos visto, esto constituye la institución del Novus Ordo como una nueva secta. Muchos leen cómodamente las vidas de los santos y la historia de la Iglesia, manteniendo la confianza de pertenecer a la misma Iglesia. Por lo tanto, se presume con razón que los fieles laicos del Novus Ordo están engañados, más que obstinados, al adherirse a las herejías del Concilio Vaticano II. Sin embargo, la Iglesia exhorta a su clero a solicitar una profesión de fe a quienes desean regresar a la Iglesia Católica.
- Rev. John Okerulu, On the Present State of the Church of Christ, págs. 4, 5
Por lo tanto, el hecho de no exigir la abjuración a los conversos no significa que el Novus Ordo no sea una secta no católica; más bien, significa que a esos individuos les faltó la pertinacia necesaria para pertenecer a esa secta.
Ahora bien, dado que el Novus Ordo es una secta no católica, el argumento de la tesis se desmorona. Los miembros del Novus Ordo no solo carecen de autoridad y jurisdicción en el orden divino, sino que también carecen, en el orden jurídico de la Iglesia, de las cualificaciones necesarias para elegir y ser elegidos para cargos eclesiásticos. Su nombramiento y elección para cargos eclesiásticos son completamente nulos, sin producir efecto alguno, ya sea divino, jurídico o eclesiástico. En consecuencia, no son sujetos materiales de autoridad. Por lo tanto, la tesis no es verdadera.
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Refutación 4
Premisa menor: Pero los cardenales del Novus Ordo no son lícitos con respecto al sacerdocio.
Conclusión: Por lo tanto, la tesis no es cierta.
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Prueba de la tesis principal: Para que la tesis sea cierta, los cardenales del Novus Ordo deben ser lícitos con respecto al sacerdocio.
Esta tesis sostiene que la elección del Papa corresponde exclusivamente, y bajo cualquier circunstancia, a los cardenales; también sostiene que tanto los obispos del Novus Ordo como los obispos católicos tradicionales carecen de toda jurisdicción y autoridad, y por lo tanto no pueden elegir un Papa en un concilio general imperfecto. De ahí que el Colegio Cardenalicio sea de vital importancia para ellos. En consecuencia, la validez de esta tesis depende de que los cardenales del Novus Ordo sean legítimos; de lo contrario, no quedaría ningún instrumento para la elección de un Papa en la Iglesia. Si se diera tal situación, contradiría la enseñanza dogmática del Concilio Vaticano I, que enseña que San Pedro tiene sucesores perpetuos en el primado. Por esta razón, insisten en que los cardenales del Novus Ordo son electores legítimos; como leemos:
Si no existiera el poder de la elección legítima, el linaje papal se extinguiría. La Iglesia necesita imperiosamente electores legítimos y una elección legítima. … Puede que sean cardenales falsos, pero no son electores falsos.
- Obispo Sanborn, Explanation of the Thesis of Bishop Guerard Des Lauriers, [29 de junio de 2002], pág. 6
Sin embargo, una de las condiciones para la elección legítima de una persona como cardenal según el Código de Derecho Canónico es que debe ser al menos sacerdote; a este respecto leemos:
Canon 232
§ 1. Los cardenales son hombres libremente elegidos por el Romano Pontífice de todo el mundo que al menos pertenecen al orden presbiteral.
- Papa Benedicto XV, Código de Derecho Canónico, 27 de mayo de 1917
Varios comentarios autorizados sobre el Código de Derecho Canónico, al interpretar este canon, afirman:
Los requisitos para el cardenalato están estipulados en parte por el Concilio de Trento y en parte por la Constitución “Postquam” de Sixto V, del 3 de diciembre de 1585. Actualmente, además, el sacerdocio es un requisito indispensable.
- Charles Augustine, OSB, A Commentary on the New Code of Canon Law, B. Herder, vol. II, [1918], pág. 233
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La creación de cardenales queda reservada a la libre elección del Romano Pontífice. Los hombres deben ser, como mínimo, sacerdotes.
- Stanislaus Woywod, OFM, A Preactical Commentary on the Code of Canon Law, Joseph F. Wagner, vol. I, [1926], pág. 88
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La ley establece que solo los sacerdotes pueden ser elegidos cardenales.
- Abbo-Hannan, The Sacred Canons, St. Louis, Mo.: B. Heder, vol. I, [1952], pág. 294
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Las cualidades requeridas en un cardenal son estas: 1) Debe ser sacerdote, ya sea secular o religioso.
- Matthew Ramstein, A Manual of Canon Law, Terminal Printing & Publishing Company, [1948], pág. 198
Por lo tanto, se establece que para que los cardenales del Novus Ordo sean legítimos, deben ser al menos sacerdotes.
Prueba de la premisa menor: Pero los cardenales del Novus Ordo no son legítimos en lo que respecta al sacerdocio.
Esto lo establecemos a partir de las propias palabras de los defensores de la tesis. Los defensores de la tesis enseñan que Pablo VI, al cambiar los ritos de ordenación y consagración, invalidó el sacramento del Orden Sagrado, y que quienes son ordenados o consagrados según estos ritos no adquieren ningún poder sacramental; por ejemplo, leemos:
La religión del Novus Ordo ha invalidado o puesto en duda todos los sacramentos. Ya hemos visto la duda que ha generado en el Bautismo. Lo que es aún peor, ha invalidado la consagración de obispos, lo que a su vez invalida el sacramento del Orden Sagrado.
- Obispo Sanborn, Can Novus Ordo Baptisms be Trusted as Valid?, [2023], pág. 8
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Si la nueva fórmula no expresa inequívocamente el poder de las órdenes, sino que hace una referencia vaga a la función de gobernar o dirigir (que el Concilio Vaticano II enseña que se confiere mediante la consagración episcopal), entonces al menos uno de los requisitos esenciales establecidos por Pío XII no se cumple, y la nueva fórmula debería considerarse inválida.
- Rev. Damien Dutertre, On Collegiality, n. 36
Quienes, al menos durante las últimas décadas, han sido elevados al cardenalato dentro de la secta del Novus Ordo —a excepción de algunos individuos en los ritos orientales— no poseen el sacerdocio. Por lo tanto, no pueden ser cardenales legítimos en el ordenamiento jurídico. Naturalmente, al no poder ser electores legítimos, tampoco pueden elegir legítimamente a un Papa. En consecuencia, ni ellos mismos ni el Papa elegido por ellos son sujetos materiales de autoridad.
Objeción: Es cierto que se puede decir que la inmensa mayoría de los cardenales no son legítimos con respecto al sacerdocio; sin embargo, el Colegio Cardenalicio de la secta del Novus Ordo continúa existiendo gracias a ese pequeño número de cardenales de rito oriental, y esos pocos cardenales de rito oriental pueden elegir al Papa.
Respuesta: Esta solución no contribuye sustancialmente a la tesis.
Consideremos el cónclave de 2005. En él, solo votaron tres cardenales de rito oriental: Ignace Moussa I Daoud (siríaco) (1930-2012), Varkey Vithayathil (siro-malabar) (1927-2011) y Lubomyr Husar (ucraniano) (1933-2017), los tres elevados al cardenalato por Juan Pablo II. En ese cónclave, Joseph Ratzinger fue finalmente elegido Papa en la cuarta votación, tras obtener más de 78 votos de un total de 117. Ahora bien, preguntamos a los defensores de esta tesis: ¿qué certeza existe de que estos tres cardenales orientales votaron por Joseph Ratzinger en cada una de las cuatro votaciones y no por otro candidato? Cabe destacar que ninguno de estos tres cardenales participó en el cónclave posterior.
En el cónclave de 2013, solo votaron cuatro cardenales de rito oriental: Antonios Naguib (copto) (1935–2022), Béchara Boutros Raï (maronita) (1940–), George Alencherry (siro-malabar) (1945–) y Baselios Cleemis Thottunkal (siro-malankara) (1959–). Los cuatro cardenales fueron elevados al cardenalato por Benedicto XVI, respecto del cual, como hemos visto, no hay certeza de que él mismo fuera elegido por esos tres cardenales orientales, de modo que pudiera, al menos materialmente, elevar a otros al cardenalato. Finalmente, en ese cónclave, Jorge Mario Bergoglio fue elegido “papa” en la quinta votación, habiendo obtenido más de 78 votos de un total de 117. Una vez más, preguntamos a los defensores de esta tesis: ¿qué certeza hay de que esos cuatro cardenales de rito oriental (cuya propia elevación al cardenalato es incierta con respecto a quien los elevó) votaron por Jorge Mario Bergoglio en cada una de las cinco votaciones y no por otra persona? Basta con que en cualquiera de esas cinco votaciones, tres de los cuatro cardenales orientales mencionados votaran por otro cardenal, y entonces ya no se puede afirmar que Jorge Mario Bergoglio fue elegido por los cardenales.
Estas mismas preguntas sin respuesta y ambigüedades surgen para el cónclave de 2025 y para cada nuevo cónclave, y los defensores de la tesis se enfrentan a un número cada vez mayor de preguntas sin respuesta.
Por lo tanto, ni siquiera los cardenales de rito oriental, a largo plazo, respaldan la tesis; y como hemos visto, al menos desde el cónclave de 2005 en adelante, el Colegio Cardenalicio es ilegítimo incluso con respecto a los cardenales orientales, o al menos su legitimidad no puede demostrarse. En consecuencia, la tesis ya no puede afirmar que los cardenales y papas del Novus Ordo posean una designación legítima; por lo tanto, la tesis es falsa.
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Refutación 5
Menor: Pero los cardenales del Novus Ordo, independientemente de su legitimidad, no son identificables ni conocidos.
Conclusión: Por lo tanto, la tesis no es cierta.
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Prueba de la Tesis Mayor: Para que la tesis sea cierta, los cardenales del Novus Ordo, independientemente de su legitimidad, deben ser identificables y conocidos.
La premisa fundamental es evidente: naturalmente, independientemente de si los cardenales del Novus Ordo son cardenales legítimos o no, deben ser, como mínimo, identificables y conocidos. Debemos saber con precisión quién es cardenal y quién no, para poder atribuirle posteriormente el derecho a designar y elegir un Papa.
Prueba de la premisa menor: Pero los cardenales del Novus Ordo, independientemente de su legitimidad, no son identificables ni conocidos.
Si, según la tesis, sostenemos que los cardenales del Novus Ordo son cardenales legítimos, entonces nos enfrentamos a un problema importante: actualmente no está claro quién es exactamente cardenal y quién no. Pues según el canon 231 del Código de Derecho Canónico de 1917, y en el ordenamiento jurídico, el número total de cardenales se fijó en 70; como leemos:
Canon 231
§ 1. El Sagrado Colegio [de Cardenales] se divide en tres órdenes: episcopal, al que pertenecen únicamente los seis Cardenales de las diversas diócesis suburbicarias; presbiteral, que consta de cincuenta Cardenales; y diaconal, que [consta de] catorce [Cardenales].
- Papa Benedicto XV, Código de Derecho Canónico, 27 de mayo de 1917
Pero este máximo fue abolido por los papas del Novus Ordo, y el máximo se aumentó a 120 cardenales electores, lo cual en la práctica incluso se ha superado, de tal manera que en el cónclave de 2025 hubo 133 cardenales electores; al respecto leemos:
Si bien el número de cardenales ha variado históricamente, el antiguo código, como el de Sixto V (1586), fijaba su número en setenta: seis obispos, cincuenta presbíteros y catorce diáconos (CIC 231, §1). Sin embargo, desde Juan XXIII no existe un número máximo, aunque desde Pablo VI solo 120 pueden votar en la elección papal.
- Thomas J. Green, New Commentary on the Code of Canon Law, Paulist Press, [2000], pág. 468
Por lo tanto, en la actualidad no está claro ni se puede determinar cuáles, entre los más de 120 cardenales del Novus Ordo, pertenecen a los 70 cardenales legítimos y cuáles no. Tampoco pueden los seguidores y defensores de la tesis presentarnos los nombres de 70 cardenales de entre los más de 120 del Novus Ordo y determinar con precisión que estos 70 son los cardenales legítimos. Cualquiera de los cardenales podría estar entre esos 70, o no estarlo. Nos encontramos precisamente en una situación en la que se desconoce quién es cardenal y quién no. En consecuencia, estos cardenales dudosos no pueden proceder a la designación de un Papa, y su acción de designar a un Papa es completamente nula, porque no hay certeza de que ningún candidato elegido por dicho cónclave haya sido realmente elegido por dos tercios de los 70 cardenales legítimos. Incluso es posible que dos tercios de esos 70 cardenales legítimos hubieran elegido a otra persona en las votaciones preliminares, pero como sus votos por sí solos no alcanzaron el quórum requerido al mezclarse con los votos de los demás cardenales ilegítimos, la votación continuó y, al final, se eligió y proclamó a una persona distinta del cardenal legítimo.
Por lo tanto, la tesis ya no puede afirmar que los papas del Novus Ordo posean una designación legítima, pues no existe prueba ni certeza de que hayan sido designados por dos tercios de esos 70 cardenales legítimos. En consecuencia, un candidato de este tipo no puede elevar a nuevos cardenales a la dignidad cardenalicia. Por lo tanto, ni los cardenales del Novus Ordo ni los papas electos del Novus Ordo son legítimos, ni siquiera sujetos de autoridad material; por consiguiente, la tesis es falsa.
Como veremos en la siguiente refutación, demostraremos que, en una situación en la que no se sabe quién es cardenal y quién no lo es, la elección del Papa recae en un concilio ecuménico imperfecto, no en esos cardenales indeterminados.
Objeción: Dado que la determinación de los electores papales corresponde al Papa electo, incluso un Papa elegido materialmente puede tomar medidas para cambiar la ley relativa a los electores.
Respuesta: Esta respuesta no es aceptable, pues al aceptarla se socavan los demás principios y premisas de la tesis. En ese caso, tendríamos que admitir que el Papa del Novus Ordo posee el poder de legislar y, por consiguiente, jurisdicción; por lo tanto, sería, en el verdadero sentido de la palabra, un Papa, algo que la propia tesis rechaza. Su Excelencia el Obispo Sanborn lo ha afirmado repetidamente:
Una persona que simplemente ha sido designada para un cargo no puede crear leyes.
- Obispo Sanborn, Explanation of the Thesis of Bishop Guerard Des Lauriers, [29 de junio de 2002], pág. 4
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El derecho a elegir a la persona que recibirá autoridad no es una autoridad o jurisdicción, porque quienes tienen este derecho no necesariamente tienen el derecho de crear leyes.
- Obispo Sanborn, On Being Pope Materially Second Part: Explanation of The Thesis, pág. 12
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Refutación 6
Premisa mayor: Para que la tesis sea verdadera, la elección del Papa debe corresponder, necesariamente y bajo cualquier circunstancia, a los cardenales.
Premisa menor: Pero la elección del Papa no corresponde a los cardenales, ni necesariamente ni bajo cualquier circunstancia.
Conclusión: Por lo tanto, la tesis no es cierta.
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Prueba de la tesis mayor: Para que la tesis sea cierta, la elección del Papa debe corresponder necesariamente y bajo cualquier circunstancia a los cardenales.
Para dar credibilidad a la tesis, sus defensores deben probar que la elección del Papa corresponde necesariamente y en todas las circunstancias a los cardenales. Si se refuta esta afirmación, y si, por ejemplo, se acepta que en ciertos casos la elección del Papa puede realizarse mediante un concilio imperfecto, entonces la tesis Cassiciacum se vuelve completamente inútil e innecesaria; y si esta tesis se vuelve innecesaria, sus premisas —que se basan en la necesidad— se derrumban. Por esta razón, los defensores de la tesis se ven obligados a recalcar a su audiencia que el Papa debe ser necesariamente y en todas las circunstancias elegido por el Colegio Cardenalicio; como leemos:
9. …El Colegio Cardenalicio es el único cuerpo que puede elegir válidamente al Papa. El Papa Pío XII, haciéndose eco de sus predecesores, afirma que “el derecho a elegir al Romano Pontífice pertenece única y exclusivamente a los Cardenales.
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
Prueba de la tesis Menor: Pero necesariamente y bajo cualquier circunstancia, la elección del Papa no corresponde a los cardenales.
Es evidente que la premisa en la que se basa la tesis es falsa: la elección del Papa no necesariamente, ni en todas las circunstancias, corresponde al Colegio Cardenalicio. Si bien, junto con el Papa Pío XII, reconocemos que la elección del Papa correspondía exclusivamente al Colegio Cardenalicio, esta norma rige en circunstancias ordinarias, es decir, cuando existe un Colegio Cardenalicio legítimo y reconocido. Sin embargo, en circunstancias extraordinarias —por ejemplo, cuando el Colegio Cardenalicio legítimo se ha extinguido o cuando se desconoce la identidad de los cardenales legítimos—, ya no se puede insistir en que la elección del Papa deba corresponder necesariamente al Colegio Cardenalicio.
De hecho, el método de razonamiento empleado por los defensores de esta tesis es exactamente análogo al de la secta dimondita. Dicha secta, al apelar a textos que afirman la necesidad del bautismo de agua (que se aplica a circunstancias ordinarias), rechaza el bautismo de deseo y el bautismo de sangre (que se aplican a circunstancias extraordinarias). Del mismo modo, los defensores de la tesis, al apelar a la declaración del Papa Pío XII sobre la necesidad de la elección por los cardenales (que se aplica a tiempos ordinarios), buscan rechazar otros métodos de elección papal que se aplican a circunstancias extraordinarias.
En este sentido, cabe señalar en primer lugar que la elección del Papa a través del Colegio Cardenalicio es una cuestión de derecho humano, no de derecho divino; como leemos:
El método de elección del sumo pontífice que se observa actualmente en la Iglesia no es de derecho divino … El orden de los cardenales, que ahora son electores, no es de derecho divino.
- Francisco de Vitoria, OP, Arbor Magna Iurisdictionis Ecclesiasticae, Apud Iuntas, [1640], p. 95
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El modo de elección [del Papa] que está en boga actualmente es simplemente una ley humana (eclesiástica).
- Rev. Charles Augustine, OSB, A Commentary on the New Code of Canon Law, San Luis: B. Herder, vol. II, [1928], pág. 118
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Es meramente la ley eclesiástica la que determinará qué personas en la Iglesia pueden proceder válidamente a la elección.
- Charles Journet, The Church of the Word Incarnate, vol. I, Sheed and Ward, [1954], pág. 481
En segundo lugar, según el canon 20 del Código de Derecho Canónico, cuando no existe una ley que rija una materia, se debe recurrir a las opiniones comunes de los Doctores; en este canon leemos:
Canon 20
Si sobre un asunto determinado falta una prescripción expresa de la ley, ya sea general o particular, la regla debe inferirse, a menos que se trate de la aplicación de una pena, de las leyes establecidas en casos similares; [luego] de los principios generales del derecho observados con equidad canónica; [luego] del estilo y la práctica de la Curia Romana; y [finalmente] de las opiniones comunes y constantes de los doctores.
- Papa Benedicto XV, Código de Derecho Canónico, 27 de mayo de 1917
Teólogos y Doctores de la Iglesia también han enfatizado que, en ciertos casos —como la duda sobre si una persona es Papa, la extinción del Colegio Cardenalicio legítimo o la imposibilidad de identificar a los verdaderos cardenales—, la elección del Papa corresponde al clero romano o a un concilio general imperfecto. Sin embargo, en las circunstancias actuales, tal desacuerdo ya no existe, porque el clero romano ya no existe; y la única opción restante es la elección del Papa por un concilio general imperfecto. El Cardenal Billot plantea estas cuestiones en su obra y luego responde a ellas citando al Cardenal Cayetano.
Se plantea la cuestión de cuál sería la ley aplicable si, en un caso extraordinario, fuera necesario proceder a la elección del Pontífice, cuando ya no fuera posible observar las condiciones establecidas por la ley pontificia precedente, como muchos creen que ocurrió durante el gran cisma en la elección de Martín V. Además, suponiendo que se dieran tales circunstancias, debe admitirse sin dificultad que el poder de elección recaería en un concilio general. Pues se desprende del derecho natural que, en casos de esta índole, la atribución del poder supremo se transmite por delegación al poder inmediatamente posterior, precisamente en la medida necesaria para preservar la sociedad y superar las dificultades extremas. “Pero en caso de ambigüedad (porque no se sabe si alguien es un verdadero cardenal… cuando el Papa ha muerto o su situación es incierta, como parece haber ocurrido al inicio del gran cisma bajo Urbano VI), debe afirmarse que en la Iglesia de Dios existe la potestad de aplicar el papado a una persona, con las debidas observancias. Y entonces, por delegación, esta potestad parece recaer sobre la Iglesia universal, como si los electores designados por el Papa no existieran”. (Caietano, nbi supra)
- Louis Billot, SJ, Tractatus de Ecclesia Christi, Prati: ex officina libraria Giachetti, [1909] págs. 610, 611
Objeción: Un concilio ecuménico requiere jurisdicción; tanto la jerarquía del Novus Ordo como los obispos católicos tradicionales carecen de toda jurisdicción y, por lo tanto, no pueden participar en un concilio ecuménico imperfecto, y dicho concilio también carecería de autoridad.
Respuesta: Admitimos que la jerarquía del Novus Ordo carece de jurisdicción, porque son herejes y miembros de una secta no católica; también admitimos que los obispos católicos tradicionales carecen de jurisdicción sobre una diócesis, pero negamos que carezcan de jurisdicción alguna. En nuestro artículo titulado Refutación de la objeción de la sucesión apostólica hemos demostrado, tanto a través de la Teoría Papal como de la Teoría Bolgeni, que los obispos católicos tradicionales poseen competencia jurisdiccional.
Asimismo, en otro artículo nuestro, Un catecismo sobre el concilio general imperfecto en la crisis actual de la Iglesia católica, citando las opiniones de teólogos y canonistas, hemos demostrado que la convocatoria de un concilio general imperfecto es totalmente posible, y hemos respondido en detalle a todas las objeciones planteadas en su contra, incluidas las planteadas por los defensores de la tesis, en relación con su convocatoria, los miembros del concilio, la autoridad requerida, la fuerza vinculante del concilio, etc.
Otro argumento que se invoca para justificar el incumplimiento de la ley que rige la elección del Papa es el principio de epikeia.
En este sentido, el Papa Pío XII dice:
Asimismo, el derecho canónico está dirigido a la salvación de las almas; y el propósito de todas sus normas y leyes es que los hombres puedan vivir y morir en la santidad que les ha sido dada por la gracia de Dios.
- Papa Pío XII, Discurso a los estudiantes clericales de Roma, 24 de junio de 1939
Además, Santo Tomás de Aquino dice:
Toda ley está dirigida al bien común de los hombres.
- Santo Tomás de Aquino, OP, Summa Theologiae, I-II, q. 96, a. 6
Por lo tanto, se puede argumentar que, puesto que el propósito de toda ley es el bien de los seres humanos, y la salvación de las almas es la ley suprema, y puesto que los cardenales del Novus Ordo están comprometidos a elegir como papa únicamente a una persona que crea en los errores del Concilio Vaticano II y los promueva, y con esta acción causan el mayor daño a la salvación de las almas y a la Iglesia de Cristo, por lo tanto, la ley de elección papal a través de los cardenales, que fue redactada por el Papa Pío XII con el objetivo del bien de las almas, hoy causa la perdición de las almas, y por lo tanto, la observancia de esa ley humana y eclesiástica no es obligatoria hoy.
En este sentido, Santo Tomás de Aquino dice:
Toda ley está dirigida al bien común de los hombres. … Ahora bien, sucede a menudo que la observancia de algún punto de la ley contribuye al bien común en la mayoría de los casos, y sin embargo, en algunos casos, resulta muy perjudicial. Dado que el legislador no puede prever todos los casos, adapta la ley según lo que ocurre con mayor frecuencia, dirigiendo su atención al bien común. Por lo tanto, si surge un caso en el que la observancia de esa ley resultara perjudicial para el bienestar general, no debe observarse.
- Santo Tomás de Aquino, OP, Summa Theologiae, I-II, q. 96, a. 6
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Si la ley se aplica a ciertos casos, se frustrará la igualdad ante la ley y se perjudicará el bien común, que es precisamente lo que la ley busca. Por eso, la ley exige la devolución de los depósitos, porque en la mayoría de los casos esto es justo. Sin embargo, a veces resulta perjudicial… En estos y otros casos similares, es malo seguir la ley al pie de la letra, y es bueno dejar de lado la letra de la ley y seguir los dictados de la justicia y el bien común.
- Santo Tomás de Aquino, OP, Summa Theologiae, II-II, q. 120, a. 1
El propio obispo Sanborn dice:
Las leyes pueden ser injustas de dos maneras: primero, por ser contrarias al bien común… y estos son actos de violencia más que leyes. … Las leyes pueden ser injustas de otra manera, por ser contrarias al bien divino. Por lo tanto, según Santo Tomás y los escolásticos en general, la ley tiene un orden esencial para el bien común, de tal modo que si este orden cesa, la fuerza vinculante de la ley también cesaría, así como el propio nombre de ley.
- Obispo Sanborn, On Being Pope Materially Second Part: Explanation of The Thesis, pág. 4
Por lo tanto, en la actualidad, tanto por la ausencia de cardenales legítimos, porque no pueden ser identificados, como por el principio de epikeia, no es necesario observar la ley que rige la elección del Papa; y, según la opinión de teólogos y canonistas, en tal caso, un concilio general imperfecto asume la responsabilidad de elegir al Papa.
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Refutación 7
Menor: Pero los defensores de la tesis, según el criterio establecido por el Papa León XIII, no son capaces de juzgar la intención interna de Juan XXIII y Pablo VI en el momento en que aceptaron su elección.
Conclusión: Por lo tanto, la tesis no es cierta.
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Prueba de la tesis mayor: Para que la tesis sea verdadera, los defensores de la misma deben, según el criterio establecido por el Papa León XIII, ser capaces de juzgar la intención interna de Juan XXIII y Pablo VI en el momento en que aceptaron su elección.
Los defensores de la tesis, al igual que los totalitarios, han concluido acertadamente —al observar la enseñanza de herejías condenadas en nombre de la Iglesia y a través de su Magisterio por parte de los papas del Novus Ordo, y al tener en cuenta los dogmas de la infalibilidad e indefectibilidad de la Iglesia— que los papas del Novus Ordo no pueden ser verdaderos papas. Los totalitarios sostienen que, debido a la falta de fe católica, estos hombres o bien nunca recibieron autoridad papal desde el principio, o bien, si la recibieron, perdieron automáticamente su cargo en cuanto perdieron la fe y manifestaron públicamente esta pérdida. El enfoque totalitario se basa enteramente en la observación de actos y declaraciones externas.
Sin embargo, la tesis de Cassiciacum, que se fundamenta en el rechazo del totalitarismo y que, de manera injusta y con argumentos erróneos, afirma que la pérdida del oficio papal de los papas del Novus Ordo no puede probarse mediante la tesis totalitarista, se ve obligada a adoptar un camino diferente. Esta tesis no puede sostener que los papas del Novus Ordo perdieran posteriormente la autoridad papal, porque sus propios defensores —erróneamente— consideran que tal pérdida requiere la intervención de la Iglesia y la emisión de una sentencia declaratoria. Por lo tanto, la única opción que les queda es afirmar que estos individuos necesariamente nunca recibieron la autoridad papal desde el principio debido a la existencia de un obstáculo.
Sin embargo, también se ven obligados a sostener que este obstáculo no es ni herejía ni pertenencia a una secta no católica. Se ven forzados a negar que el Novus Ordo constituya una secta no católica, porque de lo contrario todas sus premisas y argumentos se derrumban, como explicamos detalladamente en la Refutación nº 3. Asimismo, no pueden considerar este obstáculo como herejía, porque para dar credibilidad a su tesis se ven obligados a considerar necesaria la intervención de la Iglesia y la emisión de una sentencia declarativa; de lo contrario, no solo se evidenciaría el error de las premisas de la Tesis de Cassiciacum, sino que la tesis misma perdería su necesidad. Y una vez que esta tesis pierde su necesidad, sus premisas —que se fundamentan en la necesidad— también se derrumban.
Por lo tanto, se ven obligados a identificar este obstáculo como un defecto en la intención de los individuos elegidos en el momento en que aceptaron la elección, como leemos:
Los “papas” del Concilio Vaticano II no son verdaderos papas, ya que representan un obstáculo para la recepción de la autoridad de Cristo. ¿Cuál es este obstáculo? La intención de promulgar en toda la Iglesia doctrinas falsas, liturgia falsa y disciplinas perversas, todo lo cual constituye un cambio esencial en la fe católica. Por lo tanto, quien es designado legalmente como papa, pero que pretende un mal esencial para la Iglesia, no puede recibir la autoridad de Cristo para gobernar y permanece como papa electo.
- Obispo Sanborn, Explanation of the Thesis of Bishop Guerard Des Lauriers, [29 de junio de 2002], pág. 5
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Juan XXIII fue elegido papa en 1958. Sin embargo, debido a un defecto, la autoridad, invisible y otorgada por Cristo, Cabeza de la Iglesia, nunca se transmitió a Juan XXIII ni a sus sucesores. ¿Cuál fue este defecto? Su intención era pervertir la Iglesia. Esta mala intención es la que ha impedido que la autoridad de Cristo fluya hacia ellos.
- Obispo Sanborn, Ecclesiastical Materialism, págs. 2, 3
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1. … LA TESIS sostiene que el actual ocupante de la Sede de Pedro, aunque válidamente elegido, no ha recibido autoridad papal debido a un obstáculo.
7. … La tesis sostiene que un papa electo que pretende imponer doctrinas falsas a la Iglesia (como los errores del Vaticano II) no pretende cumplir adecuadamente las obligaciones inherentes al cargo papal y, por lo tanto, no puede ser papa formalmente, es decir, con autoridad, hasta que elimine este obstáculo voluntario.
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
Al juzgar la capacidad de la Iglesia para discernir la intención interna, recurren a la declaración del Papa León XIII:
33. …La Iglesia no juzga sobre la mente y la intención, en cuanto es algo por su naturaleza interno; pero en cuanto se manifiesta externamente, está obligada a juzgar acerca de ello.
- Papa León XIII, Apostolicae Curae, 15 de septiembre de 1896
Mientras leemos:
Respecto a la intención del ministro, el Papa León XIII explica: “La Iglesia no juzga la mente ni la intención, en cuanto son internas por naturaleza; pero sí está obligada a juzgarlas en cuanto se manifiestan externamente”. El Papa León XIII aclara que la intención es, por naturaleza, algo interno que se manifiesta externamente. Confirma, además, que esta intención puede juzgarse no en cuanto interna, sino en cuanto se manifiesta externamente, principio que se aplica en la Tesis del presente argumento.
Los “papas del Concilio Vaticano II” aceptaron el papado con la manifiesta intención de imponer a la Iglesia Católica la nueva religión del Vaticano II. El Instituto Católico Romano afirma que esta falta de intención se remonta con certeza moral a Juan XXIII. Esto se evidenciaría mediante un estudio exhaustivo de su vida y pontificado, que no podemos ofrecer aquí. Sin embargo, el propio Juan Pablo II lo reconoce en la constitución apostólica Sacrae Disciplinae Leges, del 25 de enero de 1983, en la que atribuye directamente a la intención de Juan XXIII la nueva eclesiología enseñada por el Vaticano II y establecida por el Código de Derecho Canónico de 1983.
- Rev. Damien Dutertre, On the Lack of Intention to Accept the Papacy, nº 28, 43
Así pues, como hemos visto, la única postura posible de la tesis es afirmar lo siguiente:
• Los papas del Novus Ordo no recibieron autoridad papal desde el principio debido a la existencia de un obstáculo;
• Este obstáculo no es ni herejía ni pertenencia a una secta no católica, sino más bien un defecto en su intención.
La demostración de la falsedad de cualquiera de estas afirmaciones implica necesariamente la demostración de la falsedad de la tesis de Cassiciacum.
Ahora bien, para probar su tesis, naturalmente deben ser capaces, según el criterio establecido por el Papa León XIII, de juzgar que Juan XXIII, el 28 de octubre de 1958, y Pablo VI, el 21 de junio de 1963, en el preciso momento de su aceptación, carecían de la intención adecuada. Sabemos, según la enseñanza del Papa Pío XII, que la autoridad papal se confiere inmediatamente tras la aceptación por parte de los elegidos, como leemos:
1. … el poder de enseñar y gobernar, así como el carisma de la infalibilidad, le serían concedidos en el instante de su aceptación.
- Papa Pío XII, Discurso en el Segundo Congreso Mundial del Apostolado Laico, 5 de octubre de 1957
Esta tesis sostiene que Juan XXIII y Pablo VI carecían de esta intención al aceptar el papado; pero esto es solo una afirmación. Deben probarla según el mismo criterio que ellos mismos derivan del papa León XIII. Deben demostrar, según el criterio de León XIII, que Juan XXIII y Pablo VI manifestaron un acto externo al aceptar el papado que indicaba que carecían de la intención papal adecuada.
Prueba de la Tesis Menor: Pero los defensores de la Tesis no tienen la capacidad de juzgar la intención interna de Juan XXIII y Pablo VI en el momento de su aceptación.
Resulta absolutamente claro que ninguno de los seguidores o defensores de la Tesis puede probar que Juan XXIII o Pablo VI, al aceptar su elección, realizaran acto alguno que indicara falta de intención papal. Al contrario, actúan precisamente en contra del criterio establecido por el Papa León XIII, al juzgar la intención interna de los individuos sin ninguna manifestación externa.
Objeción: La sospecha de herejía que rodeaba a Juan XXIII antes de su elección como papa, las declaraciones de Juan XXIII en 1959 sobre la necesidad de revisar las leyes relativas a la estructura de la Iglesia y la aprobación del Concilio Vaticano II por Pablo VI, pueden demostrar que carecían de la intención objetiva adecuada.
Respuesta: Estos hechos solo pueden indicar una falta de intención adecuada en esos momentos posteriores, no en el momento de la aceptación de la elección papal. Existe una brecha temporal significativa entre estos eventos y el momento de la aceptación del papado, y no hay razón lógica ni canónica para extender la falta de intención hasta el momento de la aceptación. Incluso una brecha temporal de un día —o incluso una hora— antes o después de la aceptación es insuficiente; pues es perfectamente posible que en el preciso momento de aceptar el cargo, el individuo poseyera realmente la intención objetiva adecuada. Y como enseña el Papa León XIII, sin una manifestación externa no tenemos derecho a juzgar la intención interna de los individuos.
Por lo tanto, al no poder demostrar ninguna manifestación externa contraria a la intención papal correcta en el momento de la aceptación por Juan XXIII y Pablo VI, no pueden, según el criterio del Papa León XIII, probar ni juzgar la falta de intención papal en ese momento. En realidad, la enseñanza del Papa León XIII se opone a esta tesis, no la apoya. En consecuencia, esta tesis —que se basa enteramente en un juicio sobre la intención interna sin ninguna manifestación externa observable— es completamente falsa y contraria a la enseñanza del Papa León XIII.
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Refutación 8
Menor: Pero la tesis es contradictoria en sí misma.
Conclusión: Por lo tanto, la tesis no es cierta.
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Prueba de la tesis mayor: Para que la tesis sea cierta, no debe ser contradictoria en sí misma.
La conclusión principal es evidente: si las premisas de una tesis se contradicen entre sí, entonces una premisa que apoya un aspecto de la tesis niega simultáneamente otro aspecto de la misma tesis, y como resultado, la tesis debe ser, en última instancia, falsa.
Prueba de la tesis menor: Pero la tesis es contradictoria en sí misma.
Esta contradicción nos remite a su principal argumento para justificar que Dios no confiere autoridad papal al papa electo. Argumentan que, dado que los papas electos tienen la intención objetiva de imponer la nueva religión del Concilio Vaticano II, Dios no les confiere autoridad papal. Como leemos:
Los “papas” del Concilio Vaticano II no son verdaderos papas, ya que representan un obstáculo para la recepción de la autoridad de Cristo. ¿Cuál es este obstáculo? La intención de promulgar en toda la Iglesia doctrinas falsas, liturgia falsa y disciplinas perversas, todo lo cual constituye un cambio esencial en la fe católica. Por lo tanto, quien es designado legalmente como papa, pero que pretende un mal esencial para la Iglesia, no puede recibir la autoridad de Cristo para gobernar y permanecer como papa electo.
- Obispo Sanborn, Explanation of the Thesis of Bishop Guerard Des Lauriers, [29 de junio de 2002], pág. 5
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Juan XXIII fue elegido papa en 1958. Sin embargo, debido a un defecto, la autoridad, invisible y otorgada por Cristo, Cabeza de la Iglesia, nunca se transmitió a Juan XXIII ni a sus sucesores. ¿Cuál fue este defecto? Su intención era pervertir la Iglesia. Esta mala intención es la que ha impedido que la autoridad de Cristo fluya hacia ellos.
- Obispo Sanborn, Ecclesiastical Materialism, págs. 2, 3
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7. …La tesis sostiene que un papa electo que pretende imponer doctrinas falsas a la Iglesia (como los errores del Vaticano II) no pretende cumplir adecuadamente las obligaciones inherentes al cargo papal y, por lo tanto, no puede ser papa formalmente, es decir, con autoridad, hasta que elimine este obstáculo voluntario.
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
Como puede observarse, el argumento de la tesis sobre la no conferencia de autoridad divina a los papas del Novus Ordo radica en la falta de una intención papal adecuada y en la existencia de una intención objetiva de imponer la nueva religión del Concilio Vaticano II a la Iglesia. Este argumento, aparentemente, respalda este aspecto de la tesis: por qué los papas del Novus Ordo, a pesar de ser elegidos, no reciben autoridad divina.
El fundamento de este argumento es el siguiente: si una persona tiene la intención interna de usar una autoridad con el propósito de destruir la Iglesia, entonces Dios, que conoce su intención, no le concede esa autoridad.
Independientemente de si este argumento es correcto en sí mismo o no, si se acepta, ese mismo argumento puede emplearse contra otro aspecto de la tesis. La tesis afirma que la existencia de cardenales del Novus Ordo es necesaria para la elección de un papa, y que, dado que no pueden recibir la autoridad para designar a un papa del papa del Novus Ordo —porque él mismo carece de jurisdicción alguna—, Cristo, por necesidad, otorga directamente autoridad a estos cardenales. Como leemos:
10. … Los papas del Concilio Vaticano II pueden nombrar cardenales no con el poder ordinario del que carecen por algún obstáculo, sino con el poder suministrado, que Cristo les concede directamente para aquellos actos absolutamente necesarios para que la Iglesia siga existiendo y funcionando. Uno de esos actos necesarios es el nombramiento de electores papales. Los sucesores perpetuos de Pedro exigen electores perpetuos de Pedro. Cuando no hay papa, el papado permanece, en cierto sentido, en el Colegio Cardenalicio, puesto que los cardenales son capaces de producir la materia, es decir, el sujeto receptor de la autoridad (forma).
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
Ahora bien, utilizamos el argumento de la propia tesis en su contra. Según la tesis, la razón por la que Dios no otorga autoridad al papa electo del Novus Ordo es su intención objetiva de imponer la nueva religión del Concilio Vaticano II. Ahora bien, si este argumento es válido, afirmamos asimismo que, dado que los cardenales de la secta del Novus Ordo también poseen la intención objetiva de designar a un papa que apoye y defienda la nueva religión del Vaticano II para la Iglesia —y no la intención de designar a un papa católico opuesto a la nueva religión del Vaticano II—, esta falta de intención propia y la presencia de una intención objetiva contraria impiden que Dios otorgue autoridad a los cardenales del Novus Ordo.
Así como el acto de aceptar el cargo papal debe realizarse con una intención objetiva adecuada para que Dios confiera la autoridad papal, también el acto de designar a un papa por los cardenales del Novus Ordo debe realizarse con una intención objetiva adecuada para que Dios confiera la autoridad para designar.
Demostrar la existencia de una intención objetiva como la de designar a un papa que apoye y defienda la nueva religión del Concilio Vaticano II por parte de los cardenales del Novus Ordo no es difícil. Los cardenales del Novus Ordo, incluso los más conservadores, son fervientes defensores del Concilio Vaticano II y lo manifiestan públicamente. Ciertamente, ninguno de los cardenales del Novus Ordo estaría dispuesto a elegir a una persona que se oponga a la nueva religión del Vaticano II. Sin duda, si esos cardenales se vieran obligados a elegir entre Su Excelencia el Obispo Sanborn y el “cardenal” Víctor Manuel Fernández como papa, casi todos votarían por el “cardenal” Fernández, simplemente porque Su Excelencia el Obispo Sanborn se opone a la nueva religión del Vaticano II.
Este asunto es tan claro y evidente que el propio obispo Sanborn lo afirmó en una entrevista con Stephen Heiner antes de la elección de León XIV, diciendo:
Van a crear un monstruo y después todo seguirá igual.
Por lo tanto, como puede observarse, los argumentos de esta tesis se contradicen a sí mismos. El argumento basado en la intención objetiva puede respaldar un aspecto de la tesis, pero al mismo tiempo contradice otro, por lo que se puede afirmar que la tesis es contradictoria. Y si una tesis es contradictoria, no puede ser verdadera.
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Refutación 9
Menor: Pero existe un plazo límite para que el papa electo acepte la elección.
Conclusión: Por lo tanto, la tesis no es correcta.
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Prueba de la tesis mayor: Para que la tesis sea correcta, necesariamente no debe haber un límite de tiempo para que el papa electo acepte la elección.
La tesis sostiene que, a pesar de que los papas del Novus Ordo no aceptaron válidamente su elección, esto no supone ningún problema, puesto que no existe un plazo específico dentro del cual el papa electo deba manifestar su consentimiento, y estos papas electos pueden dar su consentimiento a su elección indefinidamente —incluso décadas después de su elección— y, por lo tanto, convertirse en verdaderos papas. En este sentido, leemos:
Duración de la designación para recibir jurisdicción papal. La designación para el cargo perdura hasta (1) el fallecimiento del titular; (2) la renuncia voluntaria del titular; (3) la revocación de la designación por parte de quien tenga derecho a hacerlo. No existe otra forma de perder la designación.
- Obispo Sanborn, On Being Pope Materially Second Part: Explanation of The Thesis, pág. 9
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11. …En el intervalo entre la elección y la aceptación, el elegido posee únicamente el aspecto material del papado (que aún debe completarse con la aceptación), pero no el formal. La duración de este intervalo puede ser determinada por los electores, pero en sí misma es indefinida.
- Reverendo Damien Dutertre, On the Lack of Intention to Accept the Papacy
Prueba de la Menor: Pero existe un plazo límite para que el papa electo acepte la elección.
Contrariamente a lo que enseñan los defensores de la tesis, no existe un plazo indefinido dentro del cual el papa electo pueda manifestar su consentimiento. Según la última ley aplicable, el Papa Pío XII declaró lo siguiente con respecto al límite de tiempo:
100. Tras la elección canónica, el último Cardenal Diácono convocará al salón del Cónclave del Sagrado Colegio al Secretario del Sagrado Colegio, al Prefecto de Ceremonias Apostólicas y a dos Maestros de Ceremonias. El Cardenal Decano solicitará entonces el consentimiento del elegido, en nombre de todo el Sagrado Colegio, con estas palabras:
“¿Aceptas la elección que canónicamente te ha conferido como Sumo Pontífice?”
101. Una vez otorgado este consentimiento dentro del plazo que, de ser necesario, será determinado por el juicio prudente de los Cardenales según el mayor número de votos, el elegido es inmediatamente el verdadero Papa, y en ese mismo momento adquiere y puede ejercer plena y absoluta jurisdicción sobre todo el mundo.
- Papa Pío XII, Vacantis Apostolicae Sedis, 8 de diciembre de 1945
Como puede verse, según la enseñanza del Papa Pío XII, el principio es que no existe un plazo fijo para manifestar el consentimiento, y el elegido debe declarar inmediatamente su aceptación o su rechazo; solo excepcionalmente pueden los cardenales fijar un plazo. Pero si los cardenales no han fijado ningún plazo, entonces, según este principio, no existe plazo alguno, ¡y mucho menos uno indefinido!
En otras palabras, según la ley vigente, solo se puede hablar de la existencia de un período de tiempo si los Cardenales lo han determinado; de lo contrario, no existe ningún período de tiempo, ¡ni siquiera uno indefinido!
Por lo tanto, la tesis falla precisamente en este punto. Dado que no existe ningún período, cualquier afirmación de que exista un período de cualquier tipo, especialmente uno indefinido, carece de fundamento y es contraria a Vacantis Apostolicae Sedis. Por esta razón, al no existir un período determinado por los cardenales, los papas del Novus Ordo no pueden manifestar su consentimiento cuando les plazca.
Ahora bien, dado que no hay pruebas de que los cardenales fijaran un plazo determinado en los cónclaves de 1958 a 2025, la persona elegida, tras ser consultada, debe declarar inmediatamente su aceptación o su rechazo. Si manifiesta su consentimiento válidamente de inmediato, se convierte en Papa al instante; de lo contrario, la elección queda sin efecto.
Que el efecto de una elección se extingue si el electo no expresa la debida aceptación dentro del plazo prescrito por el legislador puede demostrarse fácilmente a partir de una ley completamente análoga, a saber, el canon 175. En este canon leemos:
Canon 175
La elección debe comunicarse rápidamente al electo, quien deberá dentro de [como máximo] ocho días hábiles a partir de la recepción de la información dar a conocer si consiente la elección o si la rechaza; de lo contrario, perderá todos los derechos adquiridos por la elección.
Por lo tanto, se observa claramente que si el elegido no manifiesta debidamente su aceptación de la elección dentro del plazo establecido por el legislador, el efecto de la elección queda totalmente anulado. En consecuencia, la afirmación de la tesis —que el efecto de la elección de los cardenales se mantiene, incluso después de varias décadas, a pesar de no manifestar la debida aceptación dentro del plazo establecido por el legislador— es falsa.
Aquí la tesis afirma que los papas del Novus Ordo no manifestaron válidamente su consentimiento; por lo tanto, el efecto de la elección cesó en ese mismo instante. Sin embargo, la tesis sostiene que no hay problema: ¡los papas del Novus Ordo pueden manifestar su consentimiento cuando lo deseen! Esto a pesar de que los cardenales no determinaron ningún plazo para la aceptación posterior y, como hemos visto, la existencia de tal plazo es contraria al principio establecido por la ley. Esta parte de la tesis es, por lo tanto, totalmente contraria a Vacantis Apostolicae Sedis, y, por lo tanto, nula.
Objeción: Existe un plazo ilimitado para que el Papa electo manifieste su consentimiento, ya que el Papa Víctor III fue elegido en 1086, pero manifestó su consentimiento un año después, en 1087.
Respuesta: No vivimos en el siglo XI, ni nos regimos por las leyes de aquella época. Actualmente, existe una ley que regula la elección del Papa y que determina el plazo de su pontificado; y, como hemos visto, según la ley vigente, solo se puede hablar de un plazo si los cardenales lo han fijado; de lo contrario, ¡no existe plazo alguno, ni siquiera uno indefinido!
En consecuencia, la tesis ya no puede afirmar que los papas del Novus Ordo siguen siendo papas electos por un período de tiempo ilimitado e indeterminado. Además, la tesis no puede afirmar que el efecto de la elección aún se mantenga. Por lo tanto, la tesis es inválida.
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Refutación 10
Menor: Pero la tesis viola el dogma de la perpetuidad de la sucesión apostólica.
Conclusión: Por lo tanto, la tesis no es cierta.
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Prueba de la tesis mayor: Para que la tesis sea verdadera, no debe violar el dogma de la perpetuidad de la sucesión apostólica.
Sabemos que una verdad no puede ser contraria a otra verdad; como leemos:
52. …no pudiendo de manera alguna la verdad oponerse a la verdad.
- Papa León XIII, Providentissimus Deus, 18 de noviembre de 1893
Ahora bien, una de las verdades de la religión católica es que la Iglesia de Cristo es apostólica, y esta sucesión apostólica es perpetua. Una de las tres manifestaciones de la sucesión apostólica es la “apostolicidad en sucesión”, es decir, la misión, el gobierno o la autoridad; es decir, la Iglesia de Cristo siempre está gobernada por personas que poseen los tres poderes de los Apóstoles. Al respecto leemos:
La apostolicidad de la misión implica que la Iglesia es un solo cuerpo moral, poseedor de la misión encomendada por Jesucristo a los Apóstoles y transmitida a través de ellos y sus legítimos sucesores en una cadena ininterrumpida hasta los actuales representantes de Cristo en la tierra. Esta transmisión autorizada del poder en la Iglesia constituye la sucesión apostólica. Esta sucesión apostólica debe ser tanto material como formal; la material consiste en la sucesión real en la Iglesia, a través de una serie de personas desde la época apostólica hasta el presente; la formal añade el elemento de autoridad en la transmisión del poder. Consiste en la transmisión legítima del poder ministerial conferido por Cristo a sus Apóstoles. Nadie puede otorgar un poder que no posee. Por lo tanto, al rastrear la misión de la Iglesia hasta los Apóstoles, no puede permitirse ninguna laguna, no puede surgir ninguna nueva misión; sino que la misión conferida por Cristo debe pasar de generación en generación a través de una sucesión legítima ininterrumpida.
- Charles George Herbermann, The Catholic Encyclopedia, Appleton, vol. 1, [1907], pág. 648
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La Iglesia debe contar con una sucesión legítima o formal de pastores para transmitir la autoridad apostólica de generación en generación.
- Elwood Sylvester Berry, The Church of Christ, B. Herder Book Company, [1927], pág. 140
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Cristo agrupó a los Apóstoles en un cuerpo, y estos, a su vez, prepararon sucesores para sí mismos, de modo que la jerarquía continuara sin interrupción. … Así, además de su transmisión horizontal en el tiempo, debemos considerar su continua dependencia de las causas supratemporales que los mantienen incesantemente en el ser. Lo mismo ocurre con el poder del orden, que es estrictamente instrumental. Lo mismo sucede con el poder de la jurisdicción, pues aunque funciona como una segunda causa, además de la dependencia que todas las segundas causas mantienen con respecto a la Primera Causa, necesita para su existencia ser superelevada y dirigida incesantemente por movimientos divinos de un nuevo orden.
- Charles Journet, The Church of the Word Incarnate, vol. I, Sheed and Ward, [1954], pág. 499
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Siempre existiría en la Iglesia un cuerpo de hombres investidos con la triple potestad que disfrutaron los apóstoles. Esta tesis es un dogma de fe, como sabemos, por ejemplo, por el Concilio de Trento, Sesión 23, cap. 4 (DB 960). … La apostolicidad del gobierno —o misión, o autoridad— significa que la Iglesia siempre está gobernada por pastores que forman una misma persona jurídica con los apóstoles. En otras palabras, siempre está gobernada por pastores que son los legítimos sucesores de los apóstoles.
- Mons. G. Van Noort, Dogmatic Theology, vol. II: Christ’s Church, The Newman Press, [1959], págs. 37 y 151☙❧ ☙❧ ☙❧306. Parte 2: La jerarquía en la Iglesia será necesariamente perenne. Para que la jerarquía en la Iglesia sea perenne, se requieren dos cosas: 1) Que el oficio jerárquico mismo sea perenne, es decir, que el triple poder de enseñar, santificar y gobernar, instituido por Cristo, sea perenne en la Iglesia. … En la Iglesia, el oficio jerárquico mismo será necesariamente perenne, porque, según la promesa absoluta de Cristo, los poderes instituidos por él han de ser ejercidos perennemente bajo la asistencia eficaz de Cristo y del Espíritu Santo en la Iglesia; y esto se hará para siempre, hasta el fin del mundo y hasta que el Señor venga a juzgar a todos los hombres.
- Joaquín Salaverri, SJ, Sacrae Theologiae Summa, vol. IB, Keep the Faith, [2017], pág. 119
Por lo tanto, si la tesis ha de ser cierta, no debería entrar en conflicto con este dogma.
Prueba de la tesis menor: Pero la tesis viola el dogma de la perpetuidad de la sucesión apostólica.
Esta tesis viola sin duda la sucesión apostólica y la apostolicidad en la sucesión.
La tesis sostiene correctamente que la jerarquía del Novus Ordo carece de jurisdicción y autoridad; como leemos:
Lo que queda de la autoridad de la Iglesia en el Novus Ordo es simplemente el aspecto material o visible de la autoridad, es decir, las personas designadas para recibirla. Lo que les falta es la autoridad divina y la asistencia divina que necesariamente la acompaña. La asistencia invisible del Espíritu Santo no está con los “papas” y “obispos” modernistas. No tienen autoridad para gobernar.
- Obispo Sanborn, Ecclesiastical Materialism, págs. 2, 3
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1. … la jerarquía católica actual se ve privada del poder para gobernar la Iglesia. La autoridad, o jurisdicción eclesiástica, es el poder público de gobernar y guiar a los fieles hacia la meta de la vida eterna. LA TESIS sostiene que el actual titular de la Sede de Pedro, aunque válidamente elegido, no ha recibido la autoridad papal debido a un obstáculo.
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
Por otro lado, sin embargo, afirma erróneamente que los obispos católicos tradicionales también carecen de jurisdicción o autoridad alguna; como leemos:
14. … Los obispos sedevacantistas no tienen ningún vínculo con la jerarquía de jurisdicción y, por lo tanto, no tienen derecho ni poder para tomar decisiones jurídicas en la Iglesia Católica.
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
Para mantenerse fieles a su tesis, se ven obligados a hacer tal afirmación; porque si admitieran que los obispos católicos tradicionales poseen algún tipo de jurisdicción y son miembros del Colegio Episcopal, entonces la tesis de Cassiciacum dejaría de ser necesaria. Y una vez que esta tesis deja de ser necesaria, sus premisas —que se basan en la necesidad— se derrumban.
Por lo tanto, según la tesis, la Iglesia ha perdido durante décadas la apostolicidad en la sucesión; durante décadas se han extinguido las tres potestades, los Sucesores de los Apóstoles y el Colegio Episcopal, y la Iglesia ya no es gobernada por personas que posean las potestades de los Apóstoles. Aceptar la tesis del Cassiciacum equivale a rechazar la sucesión apostólica en la Iglesia. Puesto que hemos visto que la sucesión apostólica perpetua es una verdad, y que la tesis de Cassiciacum está en conflicto con esa verdad, y puesto que la verdad no puede oponerse a la verdad, concluimos que la tesis no es verdadera.
Objeción: Tener una jerarquía material y una sucesión material es suficiente para la continuación de la Sucesión Apostólica en la Iglesia, porque una vez que se elimine el obstáculo, recibirán jurisdicción.
Respuesta: Para responder a esta objeción, apelamos al propio Obispo Sanborn. Él dice:
La sucesión material consiste en suceder en una posición de poder, sin recibir el poder… Los “papas” del Novus Ordo tienen sucesión material… no tienen jurisdicción.
- Obispo Sanborn, Explanation of the Thesis of Bishop Guerard Des Lauriers, [29 de junio de 2002], págs. 3, 4
Como hemos visto, según la enseñanza de los teólogos, el criterio de la apostolicidad en la sucesión, o de la autoridad en la Iglesia, no es la sucesión material, sino la sucesión formal y la presencia en la Iglesia de personas que poseen los poderes de los Apóstoles. La Iglesia debe estar siempre gobernada por personas con autoridad. Esta es una enseñanza impartida por los teólogos, y el Obispo Sanborn mismo lo reconoce.
Es necesario que la Iglesia Católica tenga una continuidad apostólica, tanto formal como material, para que conserve adecuadamente su apostolicidad.
- Obispo Sanborn, On Being Pope Materially Second Part: Explanation of The Thesis, pág. 1
Además, leímos:
Esta transmisión autorizada del poder en la Iglesia constituye la sucesión apostólica. Esta sucesión apostólica debe ser tanto material como formal.
- Charles George Herbermann, The Catholic Encyclopedia, Appleton, vol. 1, [1907], pág. 648
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Un sucesor material es aquel que asume el cargo oficial de otro en contra de las leyes o la constitución de la sociedad en cuestión. Puede ser llamado sucesor en la medida en que efectivamente ostenta el cargo, pero carece de autoridad y sus actos no tienen valor oficial. La Iglesia debe contar con una sucesión legítima o formal de pastores para transmitir la autoridad apostólica de generación en generación.
- Elwood Sylvester Berry, The Church of Christ, B. Herder Book Company, [1927], págs. 139, 140
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Una sucesión puramente física no prueba absolutamente nada… Por lo tanto, cualquier hombre que se jacte de la sucesión apostólica pero no esté unido al pontífice romano, puede, en efecto, poseer el poder de las órdenes; incluso puede, por sucesión puramente física, ocupar una cátedra que antes ocupó un apóstol —al menos podría hacerlo—, pero no sería un verdadero sucesor de los apóstoles en su oficio pastoral. Sería un usurpador.
- Mons. G. Van Noort, Dogmatic Theology, vol. II: Christ’s Church, The Newman Press, [1959], pág. 153
Pero, como hemos observado, la tesis no se ajusta a esta situación, pues sostiene que hoy en día no hay nadie en la Iglesia que posea los poderes de los Apóstoles. Según esta tesis, ni la jerarquía del Novus Ordo ni los obispos católicos tradicionales tienen autoridad; ni la jerarquía del Novus Ordo ni los obispos católicos tradicionales son sucesores legítimos de los Apóstoles.
Mayor: Para que la tesis sea verdadera, no debe estar en conflicto con la Iglesia como verdadera sociedad.
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Refutación 11
Menor: Pero la tesis entra en conflicto con la Iglesia como verdadera sociedad.
Conclusión: Por lo tanto, la tesis no es cierta.
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Prueba de la tesis principal: Para que la tesis sea verdadera, no debe estar en conflicto con la Iglesia como verdadera sociedad.
Sabemos que una verdad no puede ser contraria a otra verdad; como leemos:
52. …no pudiendo de manera alguna la verdad oponerse a la verdad.
- Papa León XIII, Providentissimus Deus, 18 de noviembre de 1893
Ahora bien, una de las verdades de la fe católica es que la Iglesia de Cristo es una verdadera sociedad. En este sentido, leemos la siguiente proposición condenada en el Syllabus de Errores:
19. La Iglesia no es una sociedad verdaderamente perfecta y completamente libre; ni goza de derechos propios y permanentes conferidos por su divino Fundador...
- Papa Pío IX, Syllabus Errorum, 8 de diciembre de 1864
Además, leímos:
5. … El Hijo Unigénito de Dios ha establecido en la tierra una sociedad que se llama Iglesia.
- Papa León XIII, Immortale Dei, 1 de noviembre de 1885
Pero para que la Iglesia sea una verdadera sociedad, se requieren ciertas condiciones, la más importante de las cuales es la existencia de autoridad; como leemos a continuación:
El primer requisito obvio en toda sociedad es la autoridad.
- Charles George Herbermann, The Catholic Encyclopedia, Appleton, vol. XIV, [1912], pág. 74
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En la práctica, la autoridad es el elemento formal de toda sociedad. … De las consideraciones anteriores deducimos las siguientes condiciones necesarias para una sociedad: … e) autoridad adecuada. Estas cinco condiciones son esenciales y suficientes para constituir una sociedad. … §3. Cristo fundó personalmente su Iglesia como una sociedad. Es un artículo de fe que Cristo estableció personalmente una Iglesia bajo la forma de una verdadera sociedad que existe visiblemente entre los hombres. … El fundador de una sociedad solo necesita formular los planes necesarios y autorizar a las personas adecuadas para llevarlos a cabo. Cristo hizo esto con respecto a la Iglesia, cuando instituyó el ministerio apostólico, enviando a los apóstoles con autoridad para enseñar, gobernar y santificar, y obligó a todos los hombres a someterse a su triple autoridad. … Todos los requisitos para una verdadera sociedad se realizaron plenamente: superiores dotados de autoridad adecuada, súbditos constituidos por un rito especial de iniciación y reunidos en una unidad de gobierno, fe y culto.
- Elwood Sylvester Berry, The Church of Christ, B. Herder Book Company, [1927], págs. 16–24
Asimismo, en el Catecismo del Papa San Pío X, en la sección El Noveno Artículo del Credo, leemos:
164.- ¿Cómo está constituida la Iglesia de Jesucristo?
- La Iglesia de Jesucristo está constituida como una verdadera y perfecta sociedad, y en ella, como en toda persona moral, podemos distinguir alma y cuerpo.
166.- ¿En qué consiste el cuerpo de la Iglesia?
- El cuerpo de la iglesia consiste en lo que tiene de visible y externo, ya en la asociación de los congregados, ya en el culto y ministerio de la enseñanza, ya en su orden exterior y gobierno.
Por lo tanto, la existencia de autoridad es un elemento esencial para la existencia de una verdadera sociedad. En este sentido, el Papa Pío XII también afirma:
65. Por eso deploramos y condenamos el pernicioso error de quienes sueñan con una Iglesia imaginaria, una especie de sociedad que encuentra su origen y crecimiento en la caridad, a la que, un tanto despectivamente, oponen otra que llaman jurídica. Pero esta distinción que introducen es falsa, porque no comprenden que la razón que llevó a nuestro Divino Redentor a dar a la comunidad de los hombres, fundó la constitución de una Sociedad, perfecta en su género y que contenía todos los elementos jurídicos y sociales: es decir, para perpetuar en la tierra la obra salvadora de la Redención, fue también la razón por la que quiso que se enriqueciera con los dones celestiales del Paráclito.
- Papa Pío XII, Mystici Corporis, 29 de junio de 1943
Prueba de la tesis menor: Pero esta tesis entra en conflicto con la Iglesia como verdadera sociedad.
Esta tesis está sin duda en conflicto con la Iglesia como verdadera sociedad;
La tesis sostiene correctamente que la jerarquía del Novus Ordo carece de jurisdicción y autoridad; como leemos:
Lo que queda de la autoridad de la Iglesia en el Novus Ordo es simplemente el aspecto material o visible de la autoridad, es decir, las personas designadas para recibirla. Lo que les falta es la autoridad divina y la asistencia divina que necesariamente la acompaña. La asistencia invisible del Espíritu Santo no está con los “papas” y “obispos” modernistas. No tienen autoridad para gobernar.
- Obispo Sanborn, Ecclesiastical Materialism, págs. 2, 3
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1. … la jerarquía católica actual se ve privada del poder para gobernar la Iglesia. La autoridad, o jurisdicción eclesiástica, es el poder público de gobernar y guiar a los fieles hacia la meta de la vida eterna. LA TESIS sostiene que el actual titular de la Sede de Pedro, aunque válidamente elegido, no ha recibido la autoridad papal debido a un obstáculo.
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
Por otro lado, sin embargo, afirma erróneamente que los obispos católicos tradicionales también carecen de jurisdicción o autoridad alguna; como leemos:
14. … Los obispos sedevacantistas no tienen ningún vínculo con la jerarquía de jurisdicción y, por lo tanto, no tienen derecho ni poder para tomar decisiones jurídicas en la Iglesia Católica.
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
Para mantenerse fieles a su tesis, se ven obligados a hacer tal afirmación; porque si admitieran que los obispos católicos tradicionales poseen algún tipo de jurisdicción y son miembros del Colegio Episcopal, entonces la tesis de Cassiciacum dejaría de ser necesaria. Y una vez que esta tesis deja de ser necesaria, sus premisas —que se basan en la necesidad— se derrumban.
Por lo tanto, según la tesis, durante décadas la Iglesia dejó de ser una verdadera sociedad; durante décadas la autoridad —elemento principal de una sociedad— dejó de existir en la Iglesia. Aceptar la tesis de Cassiciacum equivale a negar que la Iglesia sea una verdadera sociedad. Dado que hemos visto que la Iglesia como verdadera sociedad es una verdad, y que la tesis de Cassiciacum contradice esa verdad, y puesto que la verdad no puede contradecirse con la verdad, concluimos que la tesis es falsa.
Objeción: La posesión de una jerarquía material y una sucesión material es suficiente para la continuación de la Iglesia como una verdadera sociedad, porque una vez eliminado el obstáculo, recibirán jurisdicción.
Respuesta: Esta objeción ha sido respondida en la refutación nº 10.
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Refutación 12
Mayor: Para que la tesis sea cierta, no debe estar en conflicto con la Iglesia de Cristo como sociedad jerárquica.
Menor: Pero la tesis entra en conflicto con la Iglesia de Cristo como sociedad jerárquica.
Conclusión: Por lo tanto, la tesis no es cierta.
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Prueba de la tesis principal: Para que la tesis sea cierta, no debe estar en conflicto con la Iglesia de Cristo como sociedad jerárquica.
Sabemos que una verdad no puede ser contraria a otra verdad; como leemos:
52. …no pudiendo de manera alguna la verdad oponerse a la verdad.
- Papa León XIII, Providentissimus Deus, 18 de noviembre de 1893
Ahora bien, una de las verdades de la fe católica es que la Iglesia de Cristo es una sociedad jerárquica; a este respecto leemos:
II. La Iglesia de Cristo es una sociedad jerárquica. La doctrina católica sostiene que Cristo mismo estableció una autoridad sagrada en su Iglesia, y que esta autoridad, investida primero en el colegio apostólico, se perpetuó ininterrumpidamente y, de hecho, perdura hoy en el colegio de obispos.
- Mons. G. Van Noort, Dogmatic Theology, vol. II: Christ’s Church, The Newman Press, [1959], pág. 31
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Cristo le dio a su Iglesia una constitución jerárquica. (De fide). Los poderes magisteriales jerárquicos de la Iglesia comprenden el poder docente, el poder pastoral (poder legislativo, jurídico y punitivo) y el poder sacerdotal.
- Ludwig Ott, Fundamentals of Catholic Dogma, St. Louis, Mo., B. Herder Book Co, [1954], págs. 274
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Así, Cristo agrupó a los Apóstoles en un cuerpo, y estos, a su vez, prepararon sucesores para sí mismos, de modo que la jerarquía continuara sin interrupción. … Por lo tanto, además de su transmisión horizontal en el tiempo, debemos considerar su continua dependencia de las causas supratemporales que los mantienen incesantemente en el ser. Lo mismo sucede con el poder del orden, que es estrictamente instrumental. Lo mismo ocurre con el poder de la jurisdicción, pues aunque funciona como una segunda causa, además de la dependencia que todas las segundas causas mantienen con respecto a la Primera Causa, necesita para su existencia ser superelevada y dirigida incesantemente por movimientos divinos de un nuevo orden.
- Charles Journet, The Church of the Word Incarnate, vol. I, Sheed and Ward, [1954], pág. 499
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306. Parte 2: La jerarquía en la Iglesia será necesariamente perenne. Para que la jerarquía en la Iglesia sea perenne, se requieren dos cosas: 1) Que el oficio jerárquico mismo sea perenne, es decir, que el triple poder de enseñar, santificar y gobernar, instituido por Cristo, sea perenne en la Iglesia. … En la Iglesia, el oficio jerárquico mismo será necesariamente perenne, porque, según la promesa absoluta de Cristo, los poderes instituidos por él han de ser ejercidos perennemente bajo la asistencia eficaz de Cristo y del Espíritu Santo en la Iglesia; y esto se hará para siempre, hasta el fin del mundo y hasta que el Señor venga a juzgar a todos los hombres.
- Joaquín Salaverri, SJ, Sacrae Theologiae Summa, vol. IB, Keep the Faith, [2017], pág. 119
Menor: Pero la tesis entra en conflicto con la Iglesia de Cristo como sociedad jerárquica.
Esta tesis entra sin duda en conflicto con la Iglesia como sociedad jerárquica;
La tesis sostiene correctamente que la jerarquía del Novus Ordo carece de jurisdicción y autoridad; como leemos:
Lo que queda de la autoridad de la Iglesia en el Novus Ordo es simplemente el aspecto material o visible de la autoridad, es decir, las personas designadas para recibirla. Lo que les falta es la autoridad divina y la asistencia divina que necesariamente la acompaña. La asistencia invisible del Espíritu Santo no está con los “papas” y “obispos” modernistas. No tienen autoridad para gobernar.
- Obispo Sanborn, Ecclesiastical Materialism, págs. 2, 3
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1. … la jerarquía católica actual se ve privada del poder para gobernar la Iglesia. La autoridad, o jurisdicción eclesiástica, es el poder público de gobernar y guiar a los fieles hacia la meta de la vida eterna. LA TESIS sostiene que el actual titular de la Sede de Pedro, aunque válidamente elegido, no ha recibido la autoridad papal debido a un obstáculo.
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
Por otro lado, sin embargo, afirma erróneamente que los obispos católicos tradicionales también carecen de jurisdicción o autoridad alguna; como leemos:
14. … Los obispos sedevacantistas no tienen ningún vínculo con la jerarquía de jurisdicción y, por lo tanto, no tienen derecho ni poder para tomar decisiones jurídicas en la Iglesia Católica.
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
Para mantenerse fieles a su tesis, se ven obligados a hacer tal afirmación; porque si admitieran que los obispos católicos tradicionales poseen algún tipo de jurisdicción y son miembros del Colegio Episcopal, entonces la tesis de Cassiciacum dejaría de ser necesaria. Y una vez que esta tesis deja de ser necesaria, sus premisas —que se basan en la necesidad— se derrumban.
Por lo tanto, según la tesis, durante décadas la Iglesia dejó de ser una sociedad jerárquica; la jerarquía de gobierno y los tres poderes fueron completamente aniquilados. Aceptar la tesis de Cassiciacum equivale a negar que la Iglesia sea una sociedad jerárquica. Dado que hemos visto que la Iglesia como sociedad jerárquica es una verdad, y que la tesis de Cassiciacum entra en conflicto con esa verdad, y puesto que la verdad no puede estar en conflicto con la verdad, concluimos que la tesis no es verdadera.
Objeción: La posesión de una jerarquía material y una sucesión material es suficiente para la continuación de la jerarquía de la Iglesia, porque una vez eliminado el impedimento, recibirán jurisdicción.
Respuesta: Esta objeción ha sido respondida en la refutación nº 10.
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Refutación 13
Premisa mayor: Para que la tesis sea verdadera, no debe estar en conflicto con la visibilidad de la Iglesia.
Premisa menor: Pero la tesis entra en conflicto con la visibilidad de la Iglesia.
Conclusión: Por lo tanto, la tesis no es cierta.
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Prueba de la tesis mayor: Para que la tesis sea verdadera, no debe estar en conflicto con la visibilidad de la Iglesia.
Sabemos que una verdad no puede ser contraria a otra verdad; como leemos:
52. …no pudiendo de manera alguna la verdad oponerse a la verdad.
- Papa León XIII, Providentissimus Deus, 18 de noviembre de 1893
Ahora bien, una de las verdades de la fe católica es que la Iglesia de Cristo es una sociedad visible. La visibilidad de la Iglesia tiene varios aspectos; uno de ellos es que la Iglesia es visible en su gobierno, como afirma Su Excelencia el Obispo Sanborn:
La Iglesia Católica Romana tiene un aspecto visible y un aspecto invisible. Lo visible es la profesión externa de fe, la administración de los sacramentos y el gobierno visible.
- Obispo Sanborn, Ecclesiastical Materialism, pág. 2
En este sentido, leemos:
Cuando decimos que la Iglesia de Cristo es visible, nos referimos, principalmente, a que es una sociedad de hombres con ritos y ceremonias externas y toda la maquinaria externa de gobierno por la cual puede ser fácilmente reconocida como una verdadera sociedad.
- Elwood Sylvester Berry, The Church of Christ, B. Herder Book Company, [1927], pág. 69
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Por “cuerpo de la Iglesia” se entiende lo que es visible en la Iglesia y hace visible a la Iglesia misma, es decir, los fieles mismos en la medida en que son un solo cuerpo, también las formas externas de gobierno, la autoridad externa, la profesión externa de fe, la administración de los Sacramentos, el culto ritual, etc.
- Cardenal Peter Gasparri, The Catholic Catechism, PJ Kenedy & Sons, [1932], pág. 99
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Cristo mismo fundó una organización viva, una Iglesia visible. Partiendo de este hecho, resulta evidente que una parte esencial de la estructura de dicha Iglesia es la apostolicidad de gobierno. Pues a nadie más que al colegio apostólico, bajo la dirección de Pedro, confirió Cristo el poder de enseñar, santificar y gobernar a los fieles hasta el fin del mundo. Este triple poder, por lo tanto, pertenece necesariamente, y solo puede pertenecer, a quienes forman una misma persona moral con los apóstoles: sus legítimos sucesores.
- Mons. G. Van Noort, Dogmatic Theology, vol. II: Christ’s Church, The Newman Press, [1959], págs. 151, 152
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Esta jerarquía visible, una e indisoluble, única y apostólica, penetrada por una virtud espiritual que procede de Cristo y fluye de la vida más íntima de Dios, conforma en el mundo la Iglesia visible, una e indisoluble, única y apostólica.
- Charles Journet, The Church of the Word Incarnate, vol. I, Sheed and Ward, [1954], pág. 497
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Además, ha dispuesto que todos los miembros de ese Cuerpo Místico sean miembros de la sociedad jerárquica visible y organizada a la que ha otorgado el poder de enseñar, gobernar y santificar.
- George D. Smith, The Teaching of the Catholic Church, The Macmillan Company, vol. II, [1961], pág. 662
El Papa Pío XII, al respecto, afirma:
64. De lo que hasta aquí hemos escrito y explicado, Venerables Hermanos, es claro, creemos, cuán gravemente yerran quienes arbitrariamente pretenden que la Iglesia es algo oculto e invisible, como también quienes la miran como una mera institución humana que posee un cierto código disciplinario y un ritual externo, pero que carece de poder para comunicar la vida sobrenatural. Por el contrario, como Cristo, Cabeza y Modelo de la Iglesia, “no es completo, si sólo se considera su naturaleza humana visible..., o si sólo Su naturaleza divina e invisible..., pero Él es uno por la unión de ambos y uno en ambos... así es con Su Cuerpo Místico” puesto que el Verbo de Dios asumió una naturaleza humana sujeta a los sufrimientos, para poder consagrar con su sangre la Sociedad visible fundada por Él y “conducir al hombre de nuevo a las cosas invisibles bajo una regla visible”.
65. Por eso deploramos y condenamos el pernicioso error de quienes sueñan con una Iglesia imaginaria, una especie de sociedad que encuentra su origen y crecimiento en la caridad, a la que, un tanto despectivamente, oponen otra que llaman jurídica. Pero esta distinción que introducen es falsa...
- Papa Pío XII, Mystici Corporis, 29 de junio de 1943
Prueba de lo menor: Pero la tesis está en conflicto con la visibilidad de la Iglesia.
Esta tesis entra sin duda en conflicto con la visibilidad de la Iglesia;
La tesis sostiene correctamente que la jerarquía del Novus Ordo carece de jurisdicción y autoridad; como leemos:
Lo que queda de la autoridad de la Iglesia en el Novus Ordo es simplemente el aspecto material o visible de la autoridad, es decir, las personas designadas para recibirla. Lo que les falta es la autoridad divina y la asistencia divina que necesariamente la acompaña. La asistencia invisible del Espíritu Santo no está con los “papas” y “obispos” modernistas. No tienen autoridad para gobernar.
- Obispo Sanborn, Ecclesiastical Materialism, págs. 2, 3
☙❧ ☙❧ ☙❧
1. … la jerarquía católica actual se ve privada del poder para gobernar la Iglesia. La autoridad, o jurisdicción eclesiástica, es el poder público de gobernar y guiar a los fieles hacia la meta de la vida eterna. LA TESIS sostiene que el actual titular de la Sede de Pedro, aunque válidamente elegido, no ha recibido la autoridad papal debido a un obstáculo.
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
Por otro lado, sin embargo, afirma erróneamente que los obispos católicos tradicionales también carecen de jurisdicción o autoridad alguna; como leemos:
14. … Los obispos sedevacantistas no tienen ningún vínculo con la jerarquía de jurisdicción y, por lo tanto, no tienen derecho ni poder para tomar decisiones jurídicas en la Iglesia Católica.
- Rev. Nicolás E. Despósito, The Little Catechism on the Thesis
Para mantenerse fieles a su tesis, se ven obligados a hacer tal afirmación; porque si admitieran que los obispos católicos tradicionales poseen algún tipo de jurisdicción y son miembros del Colegio Episcopal, entonces la tesis de Cassiciacum dejaría de ser necesaria. Y una vez que esta tesis deja de ser necesaria, sus premisas —que se basan en la necesidad— se derrumban.
Por lo tanto, según la tesis, durante décadas la Iglesia dejó de ser una sociedad visible; durante décadas careció de un gobierno visible. La jerarquía y el colegio de los Apóstoles, como gobernantes visibles de la Iglesia, así como la triple potestad y la autoridad externa, se extinguieron por completo. Aceptar la tesis de Cassiciacum equivale a negar la existencia de la Iglesia como sociedad visible. Dado que hemos visto que la Iglesia como sociedad visible es una verdad, y que la tesis de Cassiciacum entra en conflicto con esa verdad, y puesto que la verdad no puede oponerse a la verdad, concluimos, por lo tanto, que la tesis no es verdadera.
Objeción: La posesión de una jerarquía material y una sucesión material es suficiente para la visibilidad de la Iglesia, porque una vez eliminado el obstáculo, recibirán jurisdicción.
Respuesta: Esta objeción ha sido respondida en la refutación nº 10.
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Refutación 14
Menor: Pero la tesis está en conflicto con el Evangelio y las promesas de Cristo.
Conclusión: Por lo tanto, la tesis no es cierta.
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Prueba de la tesis mayor: Para que la tesis sea verdadera, no debe estar en conflicto con el Evangelio ni con las promesas de Cristo.
Sabemos que una verdad no puede ser contraria a otra verdad; como leemos:
52. …no pudiendo de manera alguna la verdad oponerse a la verdad.
- Papa León XIII, Providentissimus Deus, 18 de noviembre de 1893
Por otro lado, sabemos que nada es más verdadero que el Evangelio y las promesas de Cristo. Ahora bien, Cristo prometió la asistencia perpetua y continua del Espíritu Santo a la Iglesia mediante pastores legítimos; como leemos:
Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os enseñará toda la verdad. Porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os mostrará lo que ha de venir. (Juan 16:13)
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Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. (Mateo 28:19-20)
Respecto a estas promesas leemos:
la Iglesia Católica, instruida por el mismo Señor nuestro Jesucristo y por sus Apóstoles, y enseñada por el Espíritu Santo, que incesantemente le sugiere toda verdad...
- Concilio de Trento, Sesión XIII, 11 de octubre de 1551, (Denz. 873)
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Era su voluntad que en su Iglesia hubiera pastores y maestros hasta el fin de los tiempos.
- Concilio Vaticano I, Sesión IV, 18 de julio de 1870 (diciembre de 1821)
El significado de estos pasajes —especialmente a la luz de los textos dogmáticos de los concilios— es claro: Cristo prometió a su Iglesia la asistencia perpetua del Espíritu Santo a través de los pastores, y para este propósito los pastores son necesarios como instrumentos de la acción del Espíritu Santo en la Iglesia, como leemos:
En la Iglesia, el cargo jerárquico en sí mismo será necesariamente perenne, porque, según la promesa absoluta de Cristo, los poderes instituidos por él han de ser ejercidos perennemente bajo la eficaz asistencia de Cristo y del Espíritu Santo en la Iglesia; y esto se hará para siempre, hasta el fin del mundo y hasta que el Señor venga a juzgar a todos los hombres.
- Joaquín Salaverri, SJ, Sacrae Theologiae Summa, vol. IB, Guardad la fe, [2017], pág. 119
Prueba de la tesis menor: Pero esta tesis está en conflicto con el Evangelio y las promesas de Cristo.
Como vimos en la Refutación nº 7, según la tesis, ni la jerarquía del Novus Ordo son verdaderos pastores ni miembros del colegio episcopal de la Iglesia, ni tampoco lo son los obispos católicos tradicionales; por esta razón, durante décadas la Iglesia ha estado privada de la prometida asistencia perpetua del Espíritu Santo. Esto no es meramente una inferencia nuestra; es algo que admiten explícitamente los propios defensores de la tesis.
La Iglesia Católica Romana tiene un aspecto visible y otro invisible;… Lo invisible es la gracia y la asistencia del Espíritu Santo, que infunde las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad, la autoridad para gobernar y el carácter indeleble en el alma en el Bautismo, la Confirmación y el Orden Sacerdotal. El Espíritu Santo, además, asiste a la Iglesia mediante una influencia invisible en la promulgación de la doctrina, la moral, la liturgia y la disciplina, de tal manera que estas estén libres de error. Es esta asistencia invisible la que garantiza la infalibilidad e indefectibilidad de la Iglesia. Todas estas cualidades son invisibles, pero son, sin embargo, las que hacen de la Iglesia Católica la única y verdadera Iglesia de Jesucristo.
- Obispo Sanborn, Ecclesiastical Materialism, pág. 2
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Lo que queda de la autoridad de la Iglesia en el Novus Ordo es simplemente el aspecto material o visible de la autoridad, es decir, las personas designadas para recibirla. Lo que les falta es la autoridad divina y la asistencia divina que necesariamente la acompaña.
- Obispo Sanborn, Ecclesiastical Materialism, pág. 2
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Que la autoridad de Cristo y la ayuda del Espíritu Santo faltan se evidencia en el efecto Hiroshima del Concilio Vaticano II. La religión del Novus Ordo, esencialmente modernista, ha destruido todas las instituciones de la Iglesia Católica. Lo que queda es solo una cáscara inerte de estas instituciones… Sin embargo, lo que vemos aquí es simplemente el cadáver de la autoridad de la Iglesia. Es como una ballena muerta varada en la orilla. Estas instituciones, tanto los edificios como el gobierno, constituyen, desde un punto de vista puramente material y visible, una continuidad con el pasado. Sin embargo, interna e invisiblemente, están plagadas de corrupción doctrinal, moral, litúrgica y disciplinaria. … Solo ven el lado material de la Iglesia, su lado visible, y hacen la vista gorda ante la ausencia de lo invisible de la Iglesia, especialmente la ayuda del Espíritu Santo para mantener a la Iglesia libre de error y deserción.
- Obispo Sanborn, Ecclesiastical Materialism, pág. 3
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Las afirmaciones anteriores son perfectamente claras: los elementos invisibles de la Iglesia, incluyendo la asistencia perpetua del Espíritu Santo, no han existido en ella durante décadas. Por lo tanto, según esta tesis, Cristo no ha estado siempre con su Iglesia ni en todo momento; el Espíritu Santo no ha guiado a la Iglesia diariamente hacia toda la verdad. En resumen, según esta tesis, ¡Cristo ha sido un mentiroso! Pero sabemos que Cristo es veraz, y es esta tesis la que es completamente falsa.
Objeción: Es cierto que la ayuda del Espíritu Santo está temporalmente ausente, pero una vez que se elimine el obstáculo, esa jerarquía material recibirá jurisdicción y la Iglesia volverá a obtener dicha ayuda.
Respuesta: Esta respuesta no es convincente; bajo estas condiciones, es posible que vuelvan a recibir la ayuda del Espíritu Santo, pero Cristo no ha estado con la Iglesia “todos los días” durante décadas, y el Espíritu Santo no le ha enseñado a la Iglesia toda la verdad “todos los días”. Aun con esta justificación, la promesa de Cristo sería falsa.
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Refutación 15
Menor: Pero la tesis está en conflicto con el dogma de la indefectibilidad de la Iglesia.
Conclusión: Por lo tanto, la tesis no es cierta.
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Prueba de la tesis principal: Para que la tesis sea verdadera, no debe estar en conflicto con el dogma de la indefectibilidad de la Iglesia.
Sabemos que una verdad no puede ser contraria a otra verdad; como leemos:
52. …no pudiendo de manera alguna la verdad oponerse a la verdad.
- Papa León XIII, Providentissimus Deus, 18 de noviembre de 1893
Ahora bien, una de las verdades de la fe católica es que la Iglesia es indefectible. Respecto a la definición y las condiciones de la indefectibilidad de la Iglesia, leemos:
Entre las prerrogativas que Cristo confirió a su Iglesia se encuentra el don de la indefectibilidad. Este término significa no solo que la Iglesia perdurará hasta el fin de los tiempos, sino también que conservará intactas sus características esenciales. La Iglesia jamás podrá sufrir ningún cambio constitucional que la convierta, como organismo social, en algo distinto de lo que fue originalmente. Jamás podrá corromperse en la fe ni en la moral; ni podrá perder jamás la jerarquía apostólica ni los sacramentos mediante los cuales Cristo comunica la gracia a los hombres.
- Charles George Herbermann, The Catholic Encyclopedia, Encyclopedia Press, Incorporated, vol. III, [1913], pág. 756
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La indefectibilidad es la incapacidad de fallar, de no alcanzar la meta, de perecer. Aplicada a la Iglesia, significa que no puede ser privada de ningún poder o cualidad esencial mientras siga existiendo. … En otras palabras, significa que la Iglesia fundada por Cristo debe existir hasta el fin de los tiempos sin ningún cambio esencial. … Cristo instituyó la Iglesia para la salvación de todos los hombres y la dotó de ciertos poderes y características necesarios para esta obra. Si la Iglesia perdiera cualquiera de estas cualidades necesarias, sería incapaz de hacer lo que Cristo le encomendó; de hecho, dejaría de ser la Iglesia instituida por Él. Además, si la Iglesia pudiera fallar en cualquiera de sus aspectos esenciales, aunque fuera por un tiempo, perdería toda autoridad para enseñar y gobernar, porque los fieles nunca podrían estar seguros de que no hubiera fallado, de que no hubiera dejado de ser la Iglesia de Cristo, perdiendo así toda autoridad.
- Elwood Sylvester Berry, The Church of Christ, B. Herder Book Company, [1927], págs. 56, 60, 61
Prueba de la tesis menor: Pero esta tesis está en conflicto con el dogma de la indefectibilidad de la Iglesia.
Como vimos en la refutación nº 12, la tesis está en conflicto con la Iglesia como sociedad jerárquica; sin embargo, los poderes jerárquicos están necesariamente conectados con la indefectibilidad de la Iglesia; como leemos:
La perpetuación de los poderes jerárquicos se deriva necesariamente de la indefectibilidad de la Iglesia deseada por Cristo.
- Ludwig Ott, Fundamentals of Catholic Dogma, St. Louis, Mo., B. Herder Book Co, [1954], págs. 276
Asimismo, como observamos en detalle en las Refutaciones nº 10, 11, 13 y 14, la tesis está en conflicto con la apostolicidad en sucesión, con los elementos invisibles de la Iglesia, con la visibilidad de la Iglesia y con la Iglesia como verdadera sociedad.
De hecho, según esta tesis, la Iglesia —tanto la del Novus Ordo como la tradicional— lleva décadas sin ser la institución que Cristo fundó. La institución fundada por Cristo era una verdadera sociedad, jerárquica, visible en su gobierno, dotada de apostolicidad sucesiva y con la asistencia constante del Espíritu Santo. Según la tesis, desde hace décadas la Iglesia carece de estas características, e incluso puede decirse que se ha extinguido por completo; lo cual constituye precisamente una negación del dogma de la indefectibilidad de la Iglesia.
Puesto que el dogma de la indefectibilidad es una verdad de la fe católica, y la tesis está en conflicto con él, y puesto que la verdad no puede oponerse a la verdad, la tesis es, por lo tanto, falsa.
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Que Dios, por intercesión de Nuestra Señora, conceda la humildad suficiente al clero que defiende y sigue esta tesis, para que, reconociendo los extensos y graves errores de la misma, la rechacen y, junto con los demás obispos católicos, tomen medidas concretas —de acuerdo con las enseñanzas de los Doctores de la Iglesia— para sacar a la Iglesia de esta crisis.
