miércoles, 4 de marzo de 2026

EL POLÉMICO ASCENSO DE PEÑA PARRA, EL ELEGIDO POR LEÓN PARA SER NUNCIO EN ITALIA

Al permanecer en Roma, el “prelado” venezolano podría seguir influyendo u obstruyendo a León y a la Curia para su propio beneficio.

Por Gaetano Masciullo


La Santa Sede ha solicitado la aprobación de Italia para un nuevo nuncio apostólico en Italia y San Marino en medio de una reforma interna que podría reasignar al “arzobispo” Edgar Peña Parra de la Secretaría de Estado.

El jueves 26 de febrero se presentó al Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional de Italia una solicitud de aprobación para el nombramiento de Edgar Peña Parra, actual Sustituto para Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, como nuevo nuncio apostólico ante la República Italiana. Se requiere la aprobación del gobierno italiano para formalizar el nombramiento.

Nico Spuntoni publicó la noticia en el periódico italiano Il Giornale, y posteriormente fue confirmada por otros medios oficiales. Fuentes indican que este cambio estaría vinculado a una reforma más amplia iniciada por León en relación con la Secretaría de Estado.

En 2018, Francisco llamó a Roma a Peña Parra, un “prelado” venezolano, desde el servicio diplomático en Mozambique, nombrándolo Sustituto para Asuntos Generales, un papel que, aunque oficialmente es el segundo al mando dentro de la maquinaria de la Secretaría de Estado, asume una importancia fundamental no solo dentro del dicasterio sino en toda la Curia romana en la práctica.

El blog italiano Silere Non Possum informó que León ha centrado sus esfuerzos de reforma en este cargo en lugar de en el Secretario de Estado, el “cardenal” Pietro Parolin. “El error de Francisco fue seguir el ejemplo de los periódicos que, ignorando la dinámica interna del sistema, centraron sus críticas en la cúpula” -comenta el medio italiano- “Así es como Bergoglio intentó su importante reforma, torpemente y desde arriba. León XIV, en cambio, ha demostrado que comprende perfectamente —aunque algunos lo consideren inexperto en la dinámica curial— que el verdadero eje operativo no es el Secretario de Estado, sino el Sustituto”.

Durante las últimas semanas, según Spuntoni, Peña Parra rechazó dos propuestas de nuevo destino y aceptó una tercera, lo que le permitió permanecer en Roma. De hecho, no es posible rechazar más de tres de los traslados propuestos por el “papa”. De esta manera, Peña Parra permanecería cerca del Vaticano, evitando ser reasignado a algún lugar remoto del mundo, como León había propuesto inicialmente, y esperaba.

Sin embargo, al permanecer en Roma, el “prelado” venezolano podría seguir influyendo u obstruyendo al “papa” y a la Curia para su propio beneficio. Según Silere Non Possum, Peña Parra “aspira a permanecer en Roma para mantener el control de la situación”.

Además, como ha señalado Spuntoni, la tradicional asignación a Villa Giorgina –sede de la nunciatura en Italia– colocaría al actual Sustituto entre los probables candidatos al próximo cardenalato.

El posible nombramiento también ha suscitado críticas públicas por parte del arzobispo Carlo Maria Viganò. En un comunicado publicado en su cuenta de X, Viganò afirmó que el supuesto nombramiento de Edgar Peña Parra deja a todos perplejos y escandalizados.

Viganò recordó también que desde 2002, durante su servicio como Delegado para las Representaciones Pontificias, había comunicado a los superiores de la Secretaría de Estado acusaciones que involucraban a Peña Parra, entre ellas los abusos de dos seminaristas menores y las muertes violentas de dos hombres homosexuales.

Viganò escribió que las acusaciones sobre los seminaristas fueron confirmadas, tras ulteriores investigaciones, por el entonces rector del Seminario Mayor de Maracaibo, el reverendo Enrique Pérez, y por una comisión laica que presentó la documentación a la Secretaría de Estado.

El arzobispo añadió que sus informes posteriores fueron ignorados y que, en 2011, Peña Parra fue ordenado “obispo” y posteriormente nombrado “arzobispo” y “nuncio” mientras el “cardenal” Parolin ejercía como “nuncio” en Venezuela. Viganò también declaró que reiteró sus acusaciones en su memorando del 22 de agosto de 2018 y exigió que Peña Parra fuera juzgado, destituido y sometido a sanciones canónicas. Finalmente, Viganò instó al gobierno italiano a denegar el nombramiento.

Aunque no se puede decir que Silere Non Possum pertenezca a círculos católicos tradicionalistas, sus reconstrucciones confirman no obstante un clima tenso marcado por redes de chantaje y relaciones nunca del todo esclarecidas.

“Peña Parra se ha convertido en uno de los aliados más fieles de Bergoglio, actuando con la típica actitud de quien se siente protegido y escudado por quien ostenta el poder” -comenta el medio- “A lo largo de los años, ha construido un verdadero bastión de poder, plenamente consciente del papel crucial que desempeña el Sustituto en el gobierno de la Santa Sede”.

Y además: “Peña Parra, obsesionado con escándalos como el caso de Sloane Avenue y todo lo que lo rodea, ha tenido sus oficinas revisadas en busca de micrófonos ocultos casi semanalmente. A pesar de haber esquivado escándalos y problemas de todo tipo, Peña Parra es conocido en el ámbito privado por haber cultivado relaciones problemáticas y por su actitud a menudo arrogante”.

Además, el medio italiano no duda en afirmar que “el sistema de familismo amoral, sello distintivo del gobierno de Bergoglio desde hace tiempo, ha encontrado en Peña Parra su intérprete ideal. El arzobispo venezolano no ha dudado en rodearse, tanto dentro como fuera de los muros del Vaticano, de familiares y amigos venezolanos, a quienes a menudo invita a realizar, por así decirlo, visitas exclusivas a los palacios sagrados”.
 

LA AUTORIDAD APOSTÓLICA DEBILITADA (I)

No se conoce ninguna época de la Iglesia en que los errores y las dudas en la fe hayan proliferado en el pueblo católico de forma tan generalizada como hoy, sobre todo en las Iglesias de los países ricos de Occidente.

Por el padre José María Iraburu


Primera cuestión: ¿cómo ha podido suceder esto? Si hay campos en la Iglesia en los que la cizaña de los errores abunda más que el trigo de la fe católica verdadera, debe surgir entre nosotros –debe– aquella pregunta de los apóstoles: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?” Él les contestó: “un enemigo ha hecho esto” (Mt 13,28). Ese Enemigo es el diablo, el Padre de la mentira, por medio de hombres e instituciones más o menos sujetos a su influjo. Pero ¿cómo ha podido suceder esto? Esa pregunta, en cierto modo, tiene una respuesta única:

Nunca la Autoridad apostólica ha tolerado en la Iglesia tantos errores doctrinales y tantos abusos disciplinares y litúrgicos. Si abunda la cizaña en el campo de trigo del Señor, eso es debido a los sembradores malos, colaboradores del diablo, y a los vigilantes negligentes, que no solo de noche, “mientras dormían” (Mt 13,25), sino también de día, les permitieron actuar durante varios decenios. No puede darse otra explicación. Es obvio que herejías, cismas y sacrilegios se han dado y se darán siempre en la Iglesia, pero solamente duran dentro de ella en la medida en que son tolerados por los pastores, es decir, en la medida en que quedan impunes. Habrá que afirmar, por lo tanto, que si durante el último medio siglo han podido “esparcirse a manos llenas verdaderas herejías”, haciendo que “los cristianos de hoy, en gran parte, se sientan extraviados, confusos, perplejos”, esto es debido a la acción de herejes, cismáticos y sacrílegos, y a la omisión de un ejercicio suficiente de la Autoridad apostólica.

La génesis histórica de la debilitación de la Autoridad apostólica en tantos pastores católicos exigiría un estudio que aquí es imposible y del que no sería yo capaz. Pero, aunque sea un atrevimiento, señalaré ciertos datos importantes.

Es evidente que Cristo, afirmando verdades y negando errores, “hablaba con autoridad” (Lc 4,32), no como los letrados. Y la Iglesia habla al mundo con la misma autoridad de Cristo, lo que el mundo no aguanta. Es decir, ese principio es mal entendido, cuando se opone a la doctrina católica. Y de hecho, durante los decenios postconciliares, son muchos quienes lo han malentendido, tolerando así que en tantos ambientes católicos predominaran los errores sobre la verdad.

–Bajo Pablo VI (1963-1978), en los primeros años postconciliares, a partir sobre todo de la Humanæ vitæ, 1968, parecio debilitarse el gobierno pastoral de la Autoridad apostólica suprema. Y esa debilitación se difundio en alguna medida, lógicamente, a toda la Iglesia: obispos, sacerdotes, teólogos, superiores religiosos, padres de familia, catequistas, etc. El mismo Pablo VI que en la enseñanza de la verdad y en la refutación de los errores afirmó su Autoridad apostólica docente (Mysterium fidei, Sacerdotalis coelibatusHumanæ vitæ, Credo del Pueblo de Dios, etc.), cohibió en buena parte, por el contrario, su autoridad suprema de gobierno pastoral, a la hora de atajar a los heréticos y cismáticos que actuaban abiertamente dentro de la Iglesia.

Algunos de sus biógrafos atribuyeron en parte esta actitud a su carácter personal. Y el mismo Pablo VI parecio reconocerlo. Después de las grandes tormentas de la Humanæ vitæ y del Catecismo Holandés, expresaba en confidencia al Colegio de Cardenales: “quizá el Señor me ha llamado a este servicio no porque yo tenga aptitudes, o para que gobierne y salve la Iglesia en las presentes dificultades, sino para que yo sufra algo por la Iglesia, y aparezca claro que es Él, y no otros, quien la guía y la salva” (22-VI-1972).

Sucede, en todo caso, que en el servicio de Cristo, un pastor apostólico ha de sufrir siempre; sufre si gobierna, porque gobierna; y sufre si no gobierna, porque impera el desgobierno. Y éste es un sufrimiento bastante mayor; y más amargo.

Ahora es obligatorio que analicemos estas cuatro causas: 

1. El horror a la Cruz. 

2. El influjo protestante. 

3. El influjo del liberalismo. 

4. El incumplimiento de las leyes canónicas.


1. El horror a la Cruz inhibe el ejercicio de la Autoridad apostólica. El munus docendi, al menos cuando se evita afirmar ciertas verdades ingratas o rechazar determinados errores, y el munus sanctificandi no traen consigo, de suyo, para obispos y sacerdotes grandes cruces. Todo trabajo, todo lo bueno que ellos hagan implica su cruz, pero en principio se puede decir que piadosas predicaciones, visitas a enfermos, solemnes actos litúrgicos, peregrinaciones, visitas a una comunidad religiosa que celebra su centenario, reuniones pastorales, etc., son actividades que pueden ser realizadas sin especiales sufrimientos, incluso hallando en ellas no pocas gratificaciones sensibles.

Es el munus regendi el que suele implicar más Cruz, y por eso tantas veces se omite, sobre todo en ciertas cuestiones. Concretamente, es imposible que sin Cruz un obispo pueda obedecer aquello del Apóstol: “oportuna e importunamente, corrige, reprende, exhorta, con toda paciencia y doctrina… Cumple tu ministerio” (cf. II Tim 4,1-5). Aquellos Obispos que, aunque tengan báculo, no toman la cruz, son completamente impotentes.

La Autoridad apostólica, sin “perder la propia vida”, es impotente para retirar del Seminario a un profesor prestigioso, que lleva años enseñando barbaridades y que se obstina en sus errores; es incapaz de suspender a divinis a un párroco que con pertinacia realiza en la liturgia más sacrilegios que sacramentos; etc. Esas acciones de la Autoridad pastoral llevan consigo cruces muy grandes, y es fácil caer en la tentación de evitarlas. Por el contrario, celebrar un magno “evento” diocesano, p. ej., glorificador de la familia cristiana no ofrece especiales dificultades: siempre habrá un centenar o unas docenas de matrimonios que asistan sin falta, y seguramente la celebración será un éxito. Vengan los fotógrafos. Pero otra cosa mucho más ardua –y mucho más necesaria– es, p. ej., que el obispo se empeñe a fondo en enderezar unos cursillos prematrimoniales heréticos, que durante decenios legitiman, e incluso aconsejan, la anticoncepción. Eso no puede hacerse sin gran cruz. Y eso es justamente lo que tantas veces se omite, y no se intenta siquiera.

Continúa...
 

P. GUÉRARD DES LAURIERS A MONS. LEFÈBVRE: "ACTÚAS COMO PONCIO PILATO"

Poco después de que mons. Lefebvre publicara su carta a Juan Pablo II ofreciendo llegar a un acuerdo entre la FSSPX y Roma, el padre des Lauriers se opuso firmemente a esa propuesta.


Publicado originalmente el 19 de enero de 2010 por TIA


Después del Vaticano II, el padre Michel Louis Guérard des Lauriers, OP (1898-1988) estaba muy preocupado por los acontecimientos que ocurrían en la Iglesia. En 1969, fue el principal escritor fantasma que escribió la famosa Intervención Ottaviani, criticando la “nueva misa”.

Poco después de que el arzobispo Marcel Lefebvre publicara su carta de diciembre de 1978 a Juan Pablo II ofreciendo llegar a un acuerdo entre la FSSPX y Roma, el padre des Lauriers se opuso firmemente a esa propuesta. En su respuesta pública, describió a Mons. Lefebvre como un personaje cambiante que mantuvo la posición tradicional para complacer a sus bases: un Poncio Pilato. En esa carta, presentó algunas de las acciones anteriores de Lefebvre que corroboran su afirmación.
 
Hoy, cuando la FSSPX se acerca a Roma en busca de un acuerdo, esa propuesta anterior de su fundador, así como la crítica de des Lauriers, vuelven a ser oportunas. Presentamos a nuestros lectores el documento completo del padre des Lauriers, traducido al español del original en francés, publicada en el sitio web Sodalitium, que puede leerse aquí


Señor arzobispo, no queremos esta paz

Arzobispo:

Usted fue claro en su carta sobre las líneas generales de un protocolo de acuerdo entre Ecône y Roma: Ecône, que hasta ahora apoyamos; Roma, a la que nos resistimos, igual que usted.

La lealtad que exige el servicio a la Verdad nos obliga a declarar: No queremos esta paz. Parece sabia. Pero de hecho, no es más sabia de lo que Pilato pretendió ser. Jesús fue entregado a Pilato porque se le acusó de decir: “Yo soy el Rey de los judíos” (Juan 19:21), mientras que los judíos afirmaban “no tener otro rey que el César” (Juan 19:15).

En realidad, Jesús no fue llevado ante Pilato por una realeza “cuyo origen no es de este mundo” (Juan 18:36). Y Jesús no quiso morir para conservar nada. No quiso morir por nada excepto para “dar testimonio de la Verdad” (Juan 14:6). Independientemente de las apariencias, fue Pilato quien dependió de Jesús, y no Jesús de Pilato. Excelencia, usted somete la Misa al Papa porque perturba la celebración de la “nueva misa” (como la llamó Pablo VI), así como Jesús perturbó el orden farisaico “enseñando por toda Judea” (Lucas 23:5).

EN REALIDAD, LA MISA NO DEBERÍA SOMETERSE AL PAPA, ya que éste debe respetarla. Queremos, con la gracia de Dios, dar testimonio de la Verdad; no queremos una paz que “disminuya la Verdad” (Salmo 11:2).

Pilato recurrió a artimañas para salvar a Jesús. Fracasó. Fracasó tres veces, para acentuar de forma providencial que no es posible dar testimonio de la Verdad a menos que uno esté absolutamente de acuerdo con ella. Pilato creyó que podía salvar a Cristo recurriendo a Herodes. Se engañó doblemente: al esperar que Jesús sea salvado por quienes deseaban su muerte y al “hacerse amigo de Herodes” (Lucas 23, 12). Era una falsa unidad, pues era una unidad contra Aquel que es la Verdad.

Excelencia, usted recurre al Papa para conservar la Misa. Y admite que puede haber en la Iglesia —inevitablemente en la misma Iglesiala Misa que es LA MISA y la “nueva misa”. Y cree que “la unidad se restauraría inmediatamente a nivel de los obispos locales”.

Así, ¡la unidad de la Iglesia ya no sería la irradiación del único Sacrificio “que Cristo ordenó a su amada Esposa”! La unidad ya no sería la de “la Jerusalén celestial, libre y madre nuestra” (Gal 4, 26). La unidad se vería degradada a una yuxtaposición bajo el puño de hierro de una autoridad incondicional. ¡Esto es una parodia de la unidad! ¡Es un sacrilegio contra la unidad! Arzobispo, no queremos esta paz ni esta unidad, que irían en contra de la Verdad, de la santidad de la Iglesia, de la Libertad que solo proviene del Espíritu de la Verdad. Para “salvar” a Jesús, Pilato lo equiparó con Barrabás (Mr 15, 9). ¿Cómo pudo Pilato, burlándose de la Justicia que debería representar, imaginar que una turba voluble impondría la justicia a sus líderes [fariseos]? Pilato solo pudo lavarse las manos (Mt 27, 24).

Excelencia, para salvar la Misa que es la Misa, usted la equiparó con la “nueva misa”, en nombre de la Religión que profesa. ¿Cómo puede imaginar que, instruidos por su ejemplo, esas personas inestables y débiles que lo siguen a usted en lugar de a la Verdad puedan restaurar el sentido de la verdadera Religión en una Iglesia ocupada por los “sumos sacerdotes” del dios del Universo? Uno no puede sentarse a la misma mesa que Satanás. Es el Infierno el que está pavimentado con estas buenas intenciones que justifican los medios por su fin, perpetrando un mal manifiesto bajo la ilusión de hacer el bien.

Su Excelencia, no queremos esta paz que sacrifica las exigencias de la Religión de “Espíritu y Verdad” (Juan 4:23) por la satisfacción pasajera de una tranquilidad egoísta. Pilato “no halló en Jesús nada digno de muerte” (Lucas 23:15). Sin embargo, fue “castigando a Jesús” (Lucas 23:16) que Pilato pensó comprar a los judíos la liberación de su prisionero. El orden público lo vale, ¿no? Algunos latigazos, aunque sean injustos. Pero Pilato fracasó. El único resultado fue que la Carne del Verbo Encarnado fue azotada, su Sangre fluyó, él mismo fue humillado.

Excelencia, si en la Iglesia existiera —Dios no lo quiera—, como usted desea, la Misa que es LA MISA y la “nueva misa”, las astutas encuestas sobre las preferencias del “pueblo de Dios”, debidamente manipuladas, transformarían la Misa de la minoría en una burla. El único resultado sería que la amplia práctica sacrílega de las Consagraciones en la “nueva misa” —aunque en realidad careciera de objeto—, tendría ahora todo su carácter blasfemo contra la “verdadera” Presencia Real. ¿Ha considerado esto? ¿Acaso el precio de esta falsa seguridad, fundada en la ilusión de una sumisión incondicional a quienes hicieron todo lo posible por destruir la Iglesia, debería ser infligir a Cristo Crucificado los golpes de la flagelación más insolente jamás vista?

Excelencia, no queremos esta paz que estaría cargada de tantos pecados. Nos corresponde a nosotros y no a Cristo Crucificado, completar [con este acuerdo] lo que faltaría en esta flagelación sin nosotros

Arzobispo, su protocolo de paz da el golpe final a una confianza que ya no podemos depositar en usted, tanto en la cuestión de la Misa como en la de la autoridad.

Usted ha celebrado la “nueva misa” desde principios de abril de 1969 hasta el 24 de diciembre de 1970.

El 5 de mayo de 1969, algunos amigos que lo veneraban, incluido quien firma estas líneas, acudieron a asistir a la misa que usted celebraría en el altar donde reposan los huesos de San Pío V en la Basílica Romana de Santa María la Mayor. ¡Asombro, escándalo, dolor! ¡Sobre la tumba de San Pío V, celebró la “misa nueva”! Al salir, presionado en la plaza por preguntas respetuosas y tristes, declaró: “Si alguien viera a Monseñor Lefebvre celebrando la Misa Tradicional, se correría el riesgo de armar escándalo”.

A esos mismos amigos, que, animados por usted, trabajaban en la redacción del texto que se convertiría en la Carta de los Cardenales Ottaviani y Bacci, les dio garantías reconfortantes: “Tendremos 600 obispos [para firmar esta carta]”. ¡Esto sería suficiente para conmover al Papa! En cambio, no había ni un solo obispo, ni siquiera usted mismo.

De hecho, se preocupó más por “no dar escándalo” que por defender la Verdad. Tememos que su carta n.º 16 [a amigos y benefactores] revela que usted no ha cambiado.

Y siguió celebrando la “misa nueva” tanto en Friburgo como en Ecône. Sin embargo, empezaron a surgir las primeras esperanzas: Bernard Tissier de Mallerais, Paul Aulagnier, Bernard Waltz y tres más. El 24 de diciembre de 1969, al final del almuerzo, el sacerdote dominico que firma estas líneas, entonces alojado en Ecône, con respetuosa ironía le dijo:

“Monseñor, es una lástima que, mientras apoya la Tradición, celebre la 'misa nueva', que no es la Misa de la Tradición”. Esta simple observación literalmente prendió fuego a la pólvora. Los “seis”, toda su esperanza viva, explotaron. Cada uno a su manera y todos juntos le plantearon la misma pregunta: ¿Cómo es posible basar la fidelidad a la Tradición en una “misa” que fue “innovada” contra la Tradición? Ese incidente fue muy vehemente y, por cierto, se cerró rápidamente. Aun así, aunque sea por casualidad, debido a la acción del Espíritu Santo y a un impulso interior suyo, lo cierto es que el 24 de diciembre de 1970, en la Misa de Gallo, volvió a celebrar la Misa según el rito promulgado por San Pío V, para gran alegría de todos los presentes.

Probablemente siguió al Espíritu Santo. Pero, por desgracia, todo ha sucedido como si siguiera sus principios. Desde entonces ha seguido la misma táctica. Si no hubiera apoyado la Misa Tradicional, el seminario de Ecône se habría visto privado de su fin, y quienes lo apoyaron se habrían sentido obligados a abandonarlo.

Sin embargo, nunca ha realizado un estudio doctrinal serio sobre la “nueva misa”. Afirma su validez sin justificarla. Y ha emitido “normas” [sobre cómo comportarse al respecto] de las cuales muchos fieles, o incluso seminaristas de Ecône, pueden deducir lo que quieran. Y ahora —todo esto, por desgracia, resulta demasiado coherente— admite que la Misa y la “misa” pueden coexistir en la Iglesia. Esto es “ecumenismo” dentro de la Iglesia, el paroxismo de un falso “ecumenismo” que sustituye con una unión engañosa la verdadera unidad, que es la sumisión incondicional a la Libertad inspirada por la Verdad.

De la misma manera, Su Excelencia, usted admite que podría haber una “interpretación tradicional del Vaticano II”, incluso después de haber escrito –gracias a Dios y a usted– la obra que acuso al Concilio.

¿Por qué se niega a enunciar claramente, con “autoridad”, los principios que inevitablemente explican sus juiciosas acusaciones? En cambio, como un supuesto contraataque, usted imita a los falsos profetas [ciegos] que “se conducen unos a otros al hoyo” (Mt 15,14), ¡al anunciar una falsa paz seguida de una falsa prosperidad! Debemos hablar o callar. Pero no podemos dejar de proclamar el error y silenciar la verdad. Es con profundo dolor, créame, Su Excelencia, que estamos obligados en conciencia a recordárselo.

Ya no podemos confiar en usted. No estamos “en contra de usted”, seguimos estando “a su favor”, pero ya no podemos “estar con usted”. Usted cuenta con salvarlo todo a través de la FSSPX. Sin duda, toda la Iglesia le estará agradecida por lo que ha hecho. Pero, Excelencia, promete demasiado para ser verdad. ¿Recuerda la promesa de los 600 obispos que nunca se materializó? Recuerde que cuando aquel 5 de mayo de 1975 actuó con firmeza, pase lo que pase [contra Roma], fue porque se opuso a quienes hoy cree poder confiar, a quienes se ha convertido en víctimas al seguirlos.

Excelencia, ya no podemos estar con usted. ¡Solo somos incondicionales con respecto a la Verdad!

Jueves Santo, 12 de abril de 1979,

ML Guérard des Lauriers, OP.

En memoria de un grupo de fieles apegados a la Tradición,

Jueves Santo, 3 de abril de 1969. 

⬌⬌⬌

La revista Sodalitium nos recuerda que el 3 de abril de 1969 fue la fecha de la promulgación de la “nueva misa”, a la que el Padre des Lauriers se opuso públicamente en su Breve Estudio Crítico.
 

4 DE MARZO: SAN CASIMIRO, PRINCIPE


4 de Marzo: San Casimiro, Príncipe

(✞1484)

Fue el purísimo joven San Casimiro hijo del rey Casimiro de Polonia y de Isabel de Austria, hija del emperador Alberto. Se crió muy temeroso de Dios y devoto, y no gustando de ricos vestidos ni de los regalos del palacio, dormía en la tierra desnuda y afligía su inocente cuerpo por imitar a nuestro Redentor Jesús en sus dolores.

Muchas veces estaba en larga oración, enajenado de los sentidos del cuerpo y con el alma unida a Dios. De noche se levantaba a escondidas y con los pies descalzos se iba a orar en alguna iglesia, postrándose a los umbrales de ella, los cuales regaba con muchas lágrimas perseverando de este modo toda la noche, hasta que le encontraban así por la mañana.

Era notablemente devoto a la Virgen María y tiernísimo hijo suyo, y la saludaba cada día de rodillas con unos versos latinos que él mismo había compuesto con grande artificio y elegancia.

Fue modestísimo en el hablar, y jamás permitió hablar delante de sí cosa que pudiera mancillar la reputación de un tercero.

Tenía gran celo de la fe y la santa Iglesia, y para esto hizo que el rey mandase por un riguroso decreto que ninguna iglesia de los que no eran católicos y obedientes al pontífice romano, se edificase de nuevo, ni reparasen las suyas los herejes, los cuales en su tiempo anduvieron muy oprimidos, y en gran disminución, no atreviéndose ninguno a levantar la cabeza.

Coronaba estas y otras virtudes con la caridad, que es la reina de todas ellas. Daba a los pobres grandes limosnas, consolaba a los afligidos, era el amparo de las viudas, padre de los huérfanos y él mismo mandaba a buscar a los necesitados, y se informaba de los más desvalidos para ayudar a todos; y así era muy querido en el reino, y aunque tenía otro hermano mayor, le quisieron señalar como rey, más no se pudo contar con él, por más que su padre deseó fuese elegido. 

Su padre, el rey, quiso hacerlo casar, tanto por la sucesión que esperaba, como por el evidente peligro que corría su vida, a juicio de los médicos, pero el santo y angelical mancebo quiso antes perder la vida que violar la flor de su virginidad, diciendo que no conocía la vida eterna, quien con algún menoscabo de ella, quiere alargar la vida temporal.

Finalmente, habiendo tenido revelación del día de su muerte, a la edad de veinticuatro años y 5 meses, entregó su purísimo espíritu al Señor y fue recibido entre los coros de los ángeles.

Fueron innumerables los milagros que hizo Nuestro Señor para honrarle y dar a conocer cada día más, su santidad.


martes, 3 de marzo de 2026

NETFLIX ESTÁ TRANSFORMANDO LA IMAGINACIÓN MORAL DE LOS NIÑOS

Cuidar bien de la iglesia doméstica implica prestar atención a las influencias que rodean a nuestros hijos, para que no se sientan abrumados en su inocencia.

Por Daisy-Mae Inglese


Entre mis amigos que son padres primerizos, la conversación sobre el tiempo frente a la pantalla es bastante familiar: “Si tengo que hacerlo, me aseguraré de que sea de baja estimulación. Evitaré demasiadas imágenes intermitentes y colores brillantes para mantener a los niños pequeños tranquilos y no sobreestimulados”. De lo que rara vez se habla es sobre la esencia del contenido y si están contentos con lo que se está viendo. 

Se supone que si algo está hecho para niños, especialmente si está etiquetado como apropiado para su edad, entonces las historias y los temas deben ser inofensivos; que serán lo que recordaremos de nuestra infancia. Pero independientemente de si el tiempo frente a la pantalla es una herramienta necesaria en el hogar para sobrellevar el día, no solo ocupa a los niños, sino que los forma. Cuando se cree que el hogar es el lugar principal de formación, en lugar de un proyecto de gestión, se vuelve imposible no preguntarse qué está moldeando a los niños durante esas pocas horas frente a una pantalla.

Los primeros Padres de la Iglesia hablaron de la familia no como una mera “unidad funcional”, sino como una iglesia doméstica, un lugar donde se cultivan primero la fe, la virtud y la imaginación moral. San Juan Crisóstomo describió a la familia cristiana bautizada como 
“una pequeña iglesia”, insistiendo en que la paternidad no es solo biológica, sino la raíz en la que los hijos se forman como discípulos. Un padre -argumentaba- no es alguien que simplemente trae un hijo al mundo, sino alguien que dedica energía y amor a criarlo correctamente. No engendrar hijos, sino criarlos, es la marca de un padre.

Si esto es cierto, y la Tradición Católica insiste en que lo es, entonces lo que entra al hogar a través de las pantallas no es moralmente neutral. Participa directamente en la labor de formación que corresponde prioritariamente a los padres.

Existe la creencia generalizada de que si un contenido se etiqueta como “infantil”, sobre todo si tiene una clasificación británica para menores o estadounidense para todos los públicos, debe ser adecuado en general. Los padres confían razonablemente en que las plataformas que producen contenido “infantil” ofrecen historias basadas en la inocencia, la imaginación y la claridad moral.

vocación de la iglesia doméstica, esto representa un verdadero desafío. Están crónicamente ocupados, a menudo sin tener la oportunidad de elegirlo. El tiempo frente a la pantalla puede parecer inevitable. Sin embargo, incluso cuando los padres se esfuerzan por formar a sus hijos en la fe y la virtud, el entorno mediático a menudo los perjudica, compitiendo con ellos por la educación moral.

Sin embargo, evidencia reciente sugiere que esta confianza es infundada. Un estudio publicado por Concerned Women for America a finales del año pasado reveló que más del 41 % de los programas de televisión infantiles con clasificación G (U) en Netflix contienen contenido con temática lgbt o sexualizado. El estudio clasificó este contenido como “explícito” (personajes lgbt claramente identificados), “implícito” (personajes secundarios o con “código queer”) y “meta” (como padres del mismo sexo o narrativas centradas en la “identidad”).

Fundamentalmente, estos temas rara vez se plantean con claridad a los padres. Se integran en las historias y se presentan como normas incuestionables, lo que ofrece a las familias pocas oportunidades para decidir cuándo o cómo deben tener estas conversaciones con sus hijos sobre las complejidades del mundo y la evolución de las relaciones modernas.

Los niños no son espectadores pasivos ni capaces de filtrar críticamente los mensajes que absorben. Esto no es alarmismo, sino una realidad básica del desarrollo. Los estudios sobre los medios de comunicación muestran que la exposición repetida moldea la comprensión del mundo del niño, un proceso descrito por la teoría del cultivo de George Gerbner, que explica cómo las narrativas morales y sociales consistentes se internalizan gradualmente como “normales”. Para los niños, cuya imaginación moral aún se está formando, la repetición es profundamente formativa. Investigaciones más recientes sobre la mediatización refuerzan esta preocupación, enfatizando que los niños no se enfrentan a los medios de comunicación de forma aislada, sino en contextos entrelazados de vida familiar, educación y relaciones con sus pares, todos los cuales ahora están saturados de pantallas. En otras palabras, la formación está ocurriendo, lo quieran o no los padres.

Lo que hace particularmente preocupante el momento actual es que no se trata de una tendencia incidental. Durante la última década, los medios infantiles han experimentado una clara reestructuración moral. Con solo entre el 7 % y el 10 % de la población mundial identificándose como lgbt+, la presencia de temas lgbt+ en más del 40 % de la programación infantil representa una sobrerrepresentación sorprendente. Las narrativas no siempre son explícitas. Con mayor frecuencia, se entretejen discretamente en las tramas: niños con dos padres del mismo sexo presentados como normativos, personajes que cuestionan su “género” como trama central, o la exploración de la identidad presentada como un bien moral en sí mismo.

Para los padres que se esfuerzan por vivir la vocación de la iglesia doméstica, esto representa un verdadero desafío. Están crónicamente ocupados, a menudo sin tener la oportunidad de elegirlo. El tiempo frente a la pantalla puede parecer inevitable. Sin embargo, incluso cuando los padres se esfuerzan por formar a sus hijos en la fe y la virtud, el entorno mediático a menudo los perjudica, compitiendo con ellos por la educación moral.

Por eso, el asunto no puede desestimarse como una cuestión de “representación” únicamente. La formación precede a la libertad. Cuando los niños se ven inmersos en una única narrativa moral desde sus primeros años, no se les ofrece un terreno neutral desde el cual vivir con libertad; se les moldea incluso antes de que puedan elegir. Si nos importa la libertad genuina, debemos preocuparnos por defender la formación que se da en nuestras pequeñas iglesias.

San Juan Crisóstomo lo comprendió claramente. Criar a un niño “correctamente” -en sus palabras- es cuidar lo que moldea sus amores, su imaginación y su comprensión del bien. La iglesia doméstica no puede delegar esta tarea a corporaciones cuyos valores no son neutrales ni responsables ante las familias.

La solución no es el pánico, sino la responsabilidad. Los padres deben sentirse empoderados para examinar el contenido, retirar el apoyo financiero a plataformas como Netflix que socavan sus valores y exigir mayor transparencia. En términos más generales, debemos recuperar la confianza para volver a situar a la familia tradicional, orientada hacia el amor estable, el sacrificio y el desarrollo, en el centro de la aspiración cultural.

Lo que entra en el hogar forma el alma del hogar. Cuidar bien de la iglesia doméstica implica prestar atención a las influencias que rodean a nuestros hijos, para que no se sientan abrumados antes de estar listos. No se trata de protegerlos del mundo, sino de darles la libertad de afrontarlo con confianza y discernimiento.

 

MONSEÑOR VIGANÒ SOBRE EL “ASCENSO” DE PEÑA PARRA

El rumoreado nombramiento del “arzobispo” Edgar Peña Parra, actual Sustituto para los Asuntos Generales del Secretariado de Estado, como nuevo Nuncio Apostólico en Italia es desconcertante y escandaloso.

Por Monseñor Carlo Maria Viganò


En un momento en que la red de crimen y corrupción revelada por los archivos de Jeffrey Epstein muestra la presencia constante de abusadores que pueden ser chantajeados por sus atroces delitos, el Vaticano de Prevost no tiene intención de desviarse de la línea de Bergoglio, basada precisamente en el encubrimiento y la chantajeabilidad de sus colaboradores corruptos.

Desde 2002, en mi calidad de Delegado para las Representaciones Pontificias, he informado a los Superiores del Secretariado de Estado sobre los delitos en los que estaba involucrado Edgar Peña Parra, en particular el abuso de dos seminaristas menores y la muerte violenta de dos homosexuales. El abuso de los dos jóvenes seminaristas fue confirmado tras mis investigaciones adicionales por el entonces rector del Seminario Mayor de Maracaibo, el reverendo Enrique Pérez, y por un comité de laicos que enviaron un sustancioso expediente sobre el asunto al Secretariado de Estado.

Mis informes urgentes se multiplicaron en los años siguientes, pero cayeron en saco roto. En 2011, Peña Parra fue ordenado “obispo”, promovido a “arzobispo” y “nuncio apostólico”, cuando el actual Secretario de Estado, Pietro Parolin, era el “nuncio” precisamente allí en Venezuela. A lo largo de todos estos años, tanto Parolin como los diversos Sustitutos han sido responsables de encubrir el expediente sobre Peña Parra, que se guarda en los archivos de la Nunciatura en Caracas y en los del Secretariado de Estado.

En mi Testimonio del 22 de agosto de 2018, informé una vez más con detalle toda la historia de Peña Parra, quien en el ínterin había sido promovido por Bergoglio al alto cargo de Sustituto del Secretariado de Estado.

Promoverlo ahora a “Nuncio Apostólico” en Italia significaría ratificar la protección que este vergonzoso personaje ha disfrutado hasta ahora, renovando el ultraje a sus víctimas que aún esperan justicia.

¿Cómo pretende proceder Leon? ¿Qué mensaje enviará a los pervertidos y corruptos dentro y fuera de la Curia Romana si decide promover a Peña Parra, después de docenas de promociones similares por parte de su predecesor Bergoglio?

Peña Parra debe ser juzgado, apartado de todos los cargos y condenado al castigo más severo, a fin de enviar una verdadera señal de cambio que no se limite a palabras vacías.

El gobierno italiano, por su parte, debe rechazar inequívocamente este nombramiento negándose a aceptarlo. Aceptar la nominación de Peña Parra como “Nuncio Apostólico” haría al gobierno italiano cómplice de aquellos que vergonzosamente continúan encubriendo sus delitos con una promoción indigna.
 

3 DE MARZO: SANTOS EMETERIO Y CELEDONIO, MRS.


Santos Emeterio y Celedonio, mártires

Son los Patrones de la ciudad y de la diócesis de Santander (Siglo IV). Fueron dos hermanos que desempeñaron el cargo de oficiales en el ejército romano y que hacia el año 300, fueron decapitados en la ciudad de Calagurris (Calahorra), por confesarse cristianos y actuar en consecuencia. 

Su tumba fue objeto de un intenso culto durante todo el siglo IV y el poeta cristiano de la época, Aurelio Prudencio, les dedicó el primero de los himnos de su famoso libro Peristephanon. 

Tras el desembarco del Islam en la península ibérica en el 711, algunos cristianos que del avance musulmán intentaron llevarse consigo, hacia las montañas, las reliquias de la tumba martirial. Éste es el origen de que se hable de las reliquias de estos Santos en distintos lugares de la España nórdica. 


Entre ellos, el más destacado es Santander, en donde la tradición dice conservar las cabezas de los Mártires, que aún se exhiben, en sendos relicarios de plata, en la cripta de la Catedral. En todo caso, lo que sí sabemos con certeza es que, sobre las ruinas del antiguo Portus Victoriae, se edificó la iglesia dedicada a los Mártires, que, al parecer, es ya citada en el siglo X. Se trata de un monasterio del que, para finales del siglo XI, conocemos ya por documentos el nombre de su abad. 

Los cimientos del mismo y el edículo donde se guardaban las reliquias se han hallado durante las excavaciones arqueológicas realizadas en 1982 en la cripta de la Catedral o iglesia del Cristo. Junto a dicha abadía se fue formando un núcleo de población que recibió la denominación de villa de San Emeterio, de donde procede el nombre actual de Santander.

La mentalidad popular adornó la llegada a Santander de las cabezas de los Mártires con una serie de relatos legendarios. Habían venido solas por mar navegando en uno o sendos barcos de cesta o, según otra versión, en un barco de piedra. Al doblar la península de La Magdalena, estaría a punto de chocar con un islote, que inmediatamente se abrió dejando paso a la extraña nave. Es la isla de la Horadada o de los Mártires. Finalmente, el barco arribó al promontorio santanderino de Somorrostro y, después de descargar su sagrada mercancía, aún estaría flotando en el agua de unos profundos sótanos, que se encontrarían debajo de la Catedral. La devoción a los Santos Mártires gozaba de especial relevancia entre los pescadores. Así, cuando había galerna tañía en la Catedral una campana especial llamada de los Mártires, y a este templo acudían con velas para orar las familias de quienes estaban en la mar.

Las reliquias de las cabezas de los Santos Mártires han sobrevivido a las catástrofes que asolaron la Catedral: en 1893, cuando la explosión del ‘Cabo Machichaco', y en el incendio general de 1941. 

La festividad de los Mártires hace varios siglos se celebra cada cierto tiempo un año jubilar, cuya memoria prácticamente se había perdido, salvo la existencia de una ‘puerta del perdón', propia de las iglesias que celebraban un ‘Año Santo'. Durante las excavaciones de 1982 apareció dicha puerta en la iglesia del Cristo, fechable lo más tarde en los comienzos del siglo XIII, la cual lleva en su decoración evidentes alusiones a la fiesta del jubileo. San Emeterio y San Celedonio fueron proclamados Patronos de toda la diócesis de Santander en 1971.

3 DE MARZO: SANTA CUNEGUNDA, EMPERATRIZ Y VIRGEN


3 de Marzo: Santa Cunegunda, Emperatriz y virgen

(✞ 1033)

Santa Cunegunda era princesa de muy alto linaje, hija de Sigfrido de Luxemburgo y de su santa esposa, Eduviges, los condes palatinos del Rhin, y dotada de extremada hermosura y de todas las gracias que se estiman en las mujeres. La tomó por esposa el emperador Enrique de Baviera, príncipe no menos poderoso que honestísimo, en tan alto grado, qué concertó con ella el guardar perpetua castidad y amarse como hermano y hermana y no como marido y mujer.

¡Gloria a Dios que a príncipes tan poderosos y magníficos dio aliento para aspirar a tan ilustre victoria en la flor de su edad, emulando la limpieza de los ángeles en medio de las grandezas de la corte, sin quemarse en tantos años estando tan cerca del fuego!

Viviendo, pues, estos santos casados en tan gran pureza y conformidad, como eran tan piadosos como castos, se dieron completamente a la devoción y a amplificar el culto de Dios y edificar muchas Iglesias y monasterios con imperial magnificencia.

Más el demonio envidioso quiso sembrar discordia donde había tanta unión; y engendró en el ánimo del emperador algunas falsas sospechas sobre la emperatriz, pareciéndole que estaba aficionada a cierto hombre y no guardaba la fe prometida.

Pero ella confirmó con un testimonio del cielo su castidad, porque en prueba de su inocencia, con los pies descalzos anduvo quince pasos sobre una barra de hierro ardiendo sin quemarse, y oyó una voz que le dijo: Oh, virgen pura, no temas, que la Virgen María te librará! 

Con esto quedó la santa casada y doncella victoriosa, y el emperador, su marido, arrepentido y confuso, y de allí en adelante vivió en paz y admirable honestidad con ella, hasta que el señor le llevó a gozar de sí y acreditó su santidad con muchos milagros.

Cunegunda dio entonces pruebas de repudio al mundo y determinó pasar el resto de su vida en el monasterio de monjas de San Benito, que había edificado, en el cual, habiendo vivido quince años con las monjas, entregó su alma inocentísima y santísima al Señor; y fueron tantos los que concurrieron a venerar su cadáver, que en tres días con grandes y estupendas maravillas acreditó la admirable santidad de su sierva.


lunes, 2 de marzo de 2026

PREVOST Y SUS COLABORADORES ¿PODRÍAN SER PEORES QUE EPSTEIN Y SUS SECUACES?

Prevost es parte del problema y no la solución cuando se trata de la depredación sexual clerical y la mala conducta homosexual en la Iglesia Católica. 

Por Gene Thomas Gomulka


Para comprender la razón detrás del fracaso de los funcionarios de la Iglesia en corregir el problema del abuso sexual y su posterior encubrimiento, es necesario comprender que el origen del problema reside en las estructuras infiltradas de la Iglesia Católica. Es decir, la mayoría de los sacerdotes depredadores que abusaron, violaron y sodomizaron a innumerables niños, la mayoría adolescentes, fueron víctimas de depredación previa. En mis décadas de trabajo con casos de abuso sexual clerical, aún no he conocido ni entrevistado a ningún sacerdote depredador que no haya sufrido abuso sexual durante su formación sacerdotal. Esto explica tanto por qué abusan de jóvenes como por qué los funcionarios de la Iglesia han encubierto sistemáticamente dichos abusos.

Tomemos el ejemplo de un sacerdote al que llamaremos “Bill” y de un obispo al que llamaremos “Leo”.

Bill asistió a un seminario de secundaria a los 13 años, donde un profesor que se hacía pasar por un mentor cariñoso lo preparó y lo introdujo al sexo gay. Como la mayoría de estas víctimas, Bill no quería contarles a sus padres cómo había desarrollado una orientación homosexual, algo que suele ocurrirles a los chicos que sufren abusos durante su período de desarrollo psicosexual y antes de haber tenido una relación emocional o física con una mujer. En lugar de regresar a casa, al quedarse en el seminario y ordenarse, su familia y amigos nunca descubrirían que él, como muchas víctimas de abuso, sufre de atracción por personas del mismo sexo. Debido a que Bill consideraba sus 12 años de experiencias sexuales en el seminario con sacerdotes y seminaristas como formas de amor y amistad, más tarde, como sacerdote, tuvo el mismo comportamiento con chicos de su parroquia. Cuando uno de esos chicos denunció sus abusos al obispo del padre Bill, el obispo Leo, este lo envió a un “centro de tratamiento” y gestionó un acuerdo extrajudicial con la víctima. Más tarde, el obispo Leo asignó al padre Bill a otra parroquia, al igual que innumerables sacerdotes homosexuales son reasignados después de ser descubiertos usando la aplicación de conexión gay Grindr.

Si bien esto puede explicar por qué muchos sacerdotes abusan de adolescentes, como ellos mismos fueron abusados ​​​​en su adolescencia, ¿por qué la mayoría de los obispos, como nuestro obispo Leo en el caso anterior, encubren el abuso en lugar de eliminar a los depredadores permanentemente del sacerdocio? La respuesta es que, en la medida en que se piensa que más del 80% de los obispos estadounidenses, como el papa y los funcionarios del Vaticano, son homosexuales encubiertos, pueden empatizar con sacerdotes como el padre Bill porque ellos mismos no solo sufren de atracción por el mismo sexo, sino que casi todos participaron en actos homosexuales antes y después de su ordenación. Uno no puede evitar notar que el decreto de excomunión del arzobispo Carlo Maria Viganò fue sospechosamente sincronizado, ocurriendo poco después de que el arzobispo acusara a Francisco de haber abusado de novicios cuando era maestro de novicios en el noviciado jesuita en Argentina.

¿Cuál es la probabilidad, por ejemplo, de que Robert Prevost, quien dejó a su familia en Chicago y estudió en un seminario agustino de secundaria en Michigan, haya sido manipulado y abusado como Bill? Cabe destacar que el seminario católico al que asistió Prevost albergó a un conocido “sacerdote” depredador, miembro de su facultad, el “padre” Nelson Daniel Rupp. Y si, de hecho, Prevost fue manipulado, ¿podría explicarse por qué continúa encubriendo los presuntos abusos satánicos de Lisa Roers por parte del “padre” Dennis Hanneman de Omaha, además de los de más de 160 obispos acusados ​​con credibilidad de abusar de niños y adultos vulnerables?

La mayoría de los defensores de las víctimas de abuso sexual, como la Red de Sobrevivientes de Abusos Sacerdotales (SNAP) que presentó una queja de Vos Estis contra el “papa” León antes de su “elección”, creen que Prevost es parte del problema y no la solución cuando se trata de la depredación sexual clerical y la mala conducta homosexual en la Iglesia Católica. 

El hecho de que León esté promoviendo a una serie de prelados acusados ​​de cometer abusos y encubrirlos haría pensar que él mismo fue abusado durante sus 12 años de formación en la Orden Agustina.

Con respecto a lo que creo firmemente que es el problema número uno que enfrenta la Iglesia Católica hoy, la siguiente observación de la gran Santa Catalina de Siena, que ha estado circulando recientemente en la parte despierta de los medios católicos, es más que oportuna y habla por sí sola:

Ya hemos recibido suficientes exhortaciones para callar. Clamen con mil lenguas. Veo que el mundo está podrido por el silencio… Digan la verdad con mil voces. El silencio mata.
 

LA PROPUESTA DE LEFEBVRE DE FUSIONARSE CON ROMA (1978)

Compartimos la traducción de la carta fechada en diciembre de 1978 de Mons. Lefebvre a Juan Pablo II


Esta carta se hizo pública en la edición francesa de la Carta a los Amigos y Benefactores n. 16. Los documentos en francés pueden consultarse aquí

TIA


Fraternidad Sacerdotal San Pío X - FSSPX

Carta a los Amigos y Benefactores n. 16

Queridos amigos y benefactores:

Respondiendo a vuestras peticiones sobre las relaciones de la FSSPX con Roma, creo hacer bien en comunicaros la carta que dirigí al Papa en la Vigilia de Navidad [1978].



Santísimo Padre:

No dudo de que la audiencia que me concedió fue deseada por Dios. Para mí fue un gran consuelo poder explicar, con toda franqueza, las circunstancias y los fundamentos de la existencia de la FSSPX y sus seminarios, y las razones que me llevaron a continuar esta Obra, a pesar de las decisiones provenientes de Friburgo y Roma.

El torrente de novedades en la Iglesia, aceptado y alentado por el Episcopado, un torrente que destruye todo a su paso —la fe, la moral, las instituciones de la Iglesia—, no admite ningún obstáculo ni resistencia.

Así pues, teníamos una opción. Pero, ante la disyuntiva de dejarnos arrastrar por el torrente devastador y agravar el desastre, o resistir contra viento y marea para proteger nuestra fe católica y el sacerdocio católico, no podíamos dudar.

Desde el 5 de mayo de 1975, fecha de nuestra decisión de actuar con firmeza pase lo que pase, transcurrieron tres años y medio y se demostró que teníamos razón. Las ruinas de la Iglesia se han expandido: el ateísmo, la inmoralidad, el abandono de las iglesias y la desaparición de las vocaciones religiosas y sacerdotales han llegado a tal punto que los obispos están preocupados, convirtiendo a Ecône en un hecho recurrente. Las encuestas de opinión muestran que gran parte de los fieles, a veces la mayoría, está a favor de Ecône.

Para un observador imparcial, es evidente que nuestra Obra es una rica fuente de sacerdotes como los que la Iglesia siempre ha deseado y como los verdaderos fieles desean. Tenemos derecho a pensar que si Roma admitiera este hecho y le otorgara el estatus legal que le corresponde, las vocaciones serían aún más abundantes.

Santísimo Padre, por el honor de Jesucristo, por el bien de la Iglesia, por la salvación de las almas, le rogamos que diga una sola palabra como Sucesor de Pedro, como Pastor de la Iglesia Universal, a los Obispos del mundo entero: “Déjalos ser” [Laissez-faire]. “Autorizamos el libre ejercicio de la Tradición centenaria utilizada para la santificación de las almas”.

¿Qué dificultad presenta tal actitud? Ninguna. Los Obispos podrían decidir y designar los lugares y horarios reservados a esta Tradición. La unidad se restauraría de inmediato a nivel de Obispos locales. Por otro lado, ¡qué ventajas para la Iglesia!: una revitalización de seminarios y monasterios, un gran fervor en las parroquias, y después de algunos años, los Obispos se asombrarían al encontrar un ímpetu de devoción y santificación que creían haber desaparecido para siempre.

Para Ecône, sus seminarios y prioratos, todo volvería a la normalidad, como ocurrió con las Congregaciones de los Lazaristas y de los Redentoristas… Nuestros prioratos prestarían un servicio a las diócesis predicando misiones parroquiales, retiros de San Ignacio y sirviendo a las parroquias con entera sumisión a los Ordinarios de los lugares.

¡Cuánto mejoraría la situación de la Iglesia con esta sencilla medida, tan acorde con el Espíritu maternal de la Iglesia, al no despedir a quienes trabajan por la salvación de las almas, al no apagar la mecha que aún humea, al reconocer con alegría que la savia de la Tradición está llena de vida y esperanza!

Esto es lo que pensé que debía escribirle a Su Santidad antes de presentarme ante Su Santidad el Cardenal Seper. Temo que largas y sutiles discusiones no lleguen a un resultado satisfactorio y retrasen una solución que, estoy convencido, debe parecerle urgente.

La solución no puede encontrarse, de hecho, en un compromiso que prácticamente haría desaparecer nuestra Obra y, con ello, contribuiría a la destrucción.

Quedo a la entera disposición de Su Santidad y le pido mi profundo y filial respeto en Jesús y María.

+ Marcel Lefebvre
 

2 DE MARZO: SAN SIMPLICIO, PAPA


2 de Marzo: San Simplicio, Papa

(✞ 483)

El celosísimo pontífice de la Iglesia san Simplicio, fue natural de Tibur (que hoy se llama Tívoli), en la campaña de Roma.

Resplandecía ya a los ojos de todos por su virtud y sabiduría y era decoroso ornamento del clero romano, cuando por la muerte del gloriosísimo Papa San Hilario, fue elevado con gran aplauso y consentimiento de todos a la dignidad de Vicario de Jesucristo, para que como hombre enviado de Dios gobernase la nave de la Iglesia, que por aquellos años era azotada por grandes olas de persecuciones y herejías.

San Simplicio fue el cuadragésimo séptimo Papa de la Iglesia Católica, ejerciendo su pontificado entre los años 468 y 483, siendo particularmente importante su papado, por haber sido ejercido durante el último año y caída del Imperio Romano, cuyas políticas anticristianas fueron especialmente crueles, así como por los importantes cambios realizados en la institución de la Iglesia.

Odoacro, que era arriano, se había adueñado de Italia; los vándalos reinaban en África, y los godos habían invadido las tierras de España y de las Galias, y eran aún idólatras; el emperador Zenón, y el tirano del oriente Basílico favorecían a los herejes eutiquinos, y a la ambición de los patriarcas causaba mayores estragos que las herejías en la Iglesia de Dios. 

No se puede decir todo lo que trabajó el santo Pontífice para remediar tan grandes males. Escribió cartas al emperador obligándole a anular los edictos que Basílico había promulgado contra la Religión Católica, y a que echarse de Antioquía a ocho obispos eutiquianos. 

Convocó luego un concilio en Roma en el cual excomulgó a Eudiques, a Dióscoro de Alejandría y a Timoteo Eluro. Exhortó a defender la autoridad del concilio de Calcedonia. Resistió a la ambición de Acario, que pretendía elevar su Silla de Constantinopla sobre las de Antioquía y Alejandría; extendió su solicitud sobre todas las iglesias, consolando a los católicos con sus cartas y limosnas, y como Pastor universal y verdadero padre de los pobres, ordenó que los bienes de la iglesia se distribuyesen en cuatro partes: la primera para el obispo, la segunda para los clérigos, la tercera para la fábrica y reparación de los templos, y la cuarta para los pobres.

Finalmente, después de haber gobernado la Grey de Cristo por espacio de doce años, consumido por sus trabajos, el 2 de marzo del año 483, descansó en la paz del Señor y recibió en el cielo la recompensa por sus grandes virtudes y merecimientos.


domingo, 1 de marzo de 2026

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (90)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


90. La llegada a Nazaret de los discípulos con los pastores.
28 de enero de 1945.

1 Veo a María que, descalza y diligente, con las primeras luces del día, va y viene por su casa. Con su vestido azul tenue parece una delicada mariposa que apenas roza, sin hacer ruido, paredes y objetos. Se acerca a la puerta que da a la calle y la abre cuidando de no hacer ruido; la deja entornada, después de haber dado una ojeada a la calle todavía desierta. Pone en orden las cosas, abre puertas y ventanas. Entra en el taller –en donde, ahora que lo ha dejado el Carpintero, están los telares de María– y también allí trajina; cubre con cuidado uno de los telares en que hay una tejedura comenzada, y sonríe por un pensamiento que le viene al mirarla.
Sale al huerto. Las palomas se le agolpan encima de los hombros. Con vuelos cortos, de un hombro al otro, para conseguir el mejor puesto, peleonas y celosas por amor a Ella, la acompañan hasta una alacena en la que hay provisiones. Saca unos granos para ellas y dice: “Aquí, hoy aquí. No hagáis ruido. ¡Está muy cansado!”.
Luego coge harina y va a un cuartito que está junto al horno y se pone a hacer el pan. Lo amasa y sonríe. ¡Oh, como sonríe hoy la Mamá! Está tan rejuvenecida por la alegría, que parece la Madre jovencita de la Natividad. De la masa del pan aparta una cantidad, y la cubre; luego reprende el trabajo. Suda. Sus cabellos presentan un aspecto más claro debido a una sutil capa de polvo de harina.

2 Entra despacio María de Alfeo. 
¿Ya trabajando?.
Sí. Estoy haciendo el pan. Mira, las tortas de miel que le gustan tanto.
Dedícate a ellas. Yo hago el pan, que es mucha la masa.
María de Alfeo, de complexión fuerte, más aldeana, trabaja con ahínco en su pan, mientras María unta de miel y mantequilla sus dulces; hace muchos de forma redondeada y los coloca en una plancha.
No sé cómo hacer para avisar a Judas... Santiago no se atreve... y los otros.... –María de Alfeo suspira–.
Hoy vendrá Simón Pedro. Viene siempre con el pescado el segundo día después del sábado. Le mandaremos a él a donde Judas.
Si quiere ir....
¡Oh, Simón nunca me dice que no!.

Que la paz acompañe este día vuestro dice Jesús, dejándose ver.
Las dos mujeres se sobresaltan al oír su voz.
¿Ya levantado? ¿Por qué? Yo quería que durmieras....
He dormido un sueño de cuna, Mamá. Tú no debes haber dormido....
Te he estado viendo dormir.. Siempre lo hacía cuando eras pequeño. En el sueño sonreías siempre... y tu sonrisa permanecía todo el día en mi corazón como una perla... Pero esta noche no sonreías, Hijo; suspirabas como si estuvieras afligido.... María mira a su Hijo con congoja.
Estaba cansado, Mamá. Y el mundo no es esta casa, donde todo es honestidad y amor. Tú... tú sabes quién soy y puedes comprender lo que significa para mí el contacto con el mundo. Es como quien va por un camino fétido y fangoso; que, aunque camine con cuidado, un poco de lodo le salpica y el hedor penetra aunque se esfuerce en no respirar... Y si éste es hombre que ama todo lo que sea limpieza y aire puro, puedes hacerte una idea de la desazón que sentirá.
Sí, Hijo. Comprendo. Pero me da mucha pena que sufras.
Ahora estoy contigo y no sufro. Permanece el recuerdo... pero sirve para hacer más hermosa la alegría de estar contigo. Y Jesús se inclina hacia su Madre para besarla.
Acaricia también a la otra María, que entra toda roja porque ha estado encendiendo el horno.
Habrá que avisar a Judas –es la preocupación de María de Alfeo–.
No hace falta. Judas estará aquí hoy.
¿Cómo lo sabes?.
Jesús sonríe y calla.
Hijo, todas las semanas, este día, viene Simón Pedro. Es deseo suyo traerme el pescado recogido durante las primeras vigilias de la noche. Llega hacia el final de la hora prima. Se sentirá feliz hoy. Simón es bueno. Durante las horas que está aquí nos ayuda, ¿verdad, María?.
Simón Pedro es un hombre honesto y bueno dice Jesús. Pero también el otro Simón –que dentro de poco verás– es un corazón grande. Salgo a su encuentro; estarán ya para llegar.
Y Jesús sale, mientras las mujeres, colocado el pan en el horno, entran de nuevo en la casa. María se vuelve a poner las sandalias y torna con un vestido de lino todo cándido.
Pasa un tiempo, y, en la espera, María de Alfeo dice: 
No te ha dado tiempo a terminar ese trabajo.
Lo terminaré pronto. Le dará frescor de sombra a mi Jesús y será liviano sobre su cabeza.

4 Empujan la puerta desde fuera. 
Mamá, he aquí a mis amigos Entrad.
Entran en grupo los discípulos y los pastores. Jesús, con las manos sobre los hombros de los dos pastores, lleva a éstos hacia su Madre: 
He aquí a dos hijos que buscan una madre. Sé su alegría, Mujer.
Yo os saludo... ¿Tú?... Leví... ¿Tú?... no sé, pero por la edad –El me ha puesto al corriente– eres sin duda José. Ese nombre es dulce y sagrado aquí dentro. Ven. Venid. Con alegría os digo: mi casa os acoge, una Madre os abraza, en recuerdo de cuanto vosotros –tú en tu padre– amasteis a mi Niño.
Los pastores están tan extáticos, que parecen bajo efecto de un encantamiento.
Soy María, sí. Tú viste a la Madre feliz. Sigo siendo la misma; dichosa también ahora de ver a mi Hijo entre corazones fieles.
Y éste es Simón, Mamá.
Has merecido la gracia porque eres bueno; lo sé. La Gracia de Dios esté siempre contigo.
Simón, que conoce mejor los modos de la sociedad, hace una muy profunda reverencia, teniendo las manos cruzadas sobre el pecho, y saluda diciendo: 
Te saludo, Madre verdadera de la Gracia. Ya no le pido nada más al Eterno, ahora que conozco la Luz y te conozco a ti, más delicada que la Luna.
Y éste es Judas de Keriot.
Tengo una madre, pero mi amor por ella desaparece respecto a la veneración que siento por ti.
No, no por mí; por El. Yo soy porque El es. Y no quiero nada para mí. Sólo pido para El. Sé cuánto has honrado a mi Hijo en tu patria. Pero aun así te digo: sea tu corazón el lugar en que El reciba de ti el sumo honor. Entonces te bendeciré con corazón de Madre.
Mi corazón está bajo el calcañar de tu Hijo. ¡Feliz peso! Sólo la muerte disolverá mi fidelidad.
Y este es nuestro Juan, Mamá.
Me sentía tranquila desde que supe que estabas con Jesús. Te conozco y mi espíritu reposa cuando sé que estás con mi Hijo. Bendito seas. Mi quietud. Le besa.

5 Se deja oír desde fuera la voz áspera de Pedro: 
Aquí está el pobre Simón con su saludo y....
Entrando, se queda de piedra. Arroja al suelo la cesta, redonda, que llevaba colgada a la espalda, y se arroja también él al suelo diciendo: 
¡Señor Eterno! Pero... No. ¿Cómo me has hecho esto, Maestro? ¡Estar aquí y no decirle nada al pobre Simón! ¡Dios te bendiga, Maestro! ¡Qué feliz me siento! ¡Ya no soportaba tu ausencia!, y le acaricia la mano, sin hacer caso a Jesús, que le dice: Levántate, Simón... ¡Que te alces!.
Sí, me alzo. Pero... ¡Eh, tú, muchacho! (el muchacho es Juan) ¡Tú al menos podías haber venido corriendo a decírmelo! Ahora, ¡venga!, sal enseguida, a Cafarnaúm, a decírselo a los demás... primero a casa de Judas. Pronto estará aquí tu hijo, mujer. Rápido. Como si fueras una liebre perseguida por perros.
Juan se marcha risueño.
Pedro, por fin, se ha alzado. Sigue teniendo entre sus cortas, gruesas manos, de venas marcadas, la larga mano de Jesús y le besa sin dejarle, a pesar de que quiera entregar su pescado, que está en el suelo, en el cesto. 
¡No quiero que te vayas otra vez sin mí! ¡Nunca más, nunca más, tanto tiempo sin verte! Te seguiré como la sombra sigue al cuerpo o la cuerda al ancla. ¿Dónde has estado, Maestro? Yo me decía: "¿Dónde estará?, ¿qué hará?, ¿ese niño de Juan sabrá tener cuidado de El?, ¿estará atento a que no se canse demasiado, a que no se quede sin comida?" ¡Te conozco!... ¡Estás más delgado! Sí, más delgado. ¡No te ha cuidado bien! Le voy a decir que... Pero, ¿dónde has estado, Maestro? ¡No me dices nada!.
¡Espero a que me dejes hablar!.
Es verdad. Pero es que... verte es como un vino nuevo: se sube a la cabeza sólo con el olor. ¡Mi Jesús!. –Pedro casi llora por la reacción de la alegría–.

6 Yo también he sentido deseo de ti, de todos vosotros, aunque estuviera entre amigos queridos. Mira, Pedro, éstos son dos que me han amado desde que tenía pocas horas. Más aún, ya han sufrido por mí. Este es un hijo sin padre ni madre, por causa mía; pero, en todos vosotros tiene muchos hermanos, ¿no es verdad?.
¿Lo preguntas, Maestro? Pero si, si se diera el caso de que el demonio te amara, yo le amaría por su amor a ti. Veo que también vosotros sois pobres. Entonces somos iguales. Venid que os bese. Soy pescador, pero tengo el corazón más tierno que un pichón; y sincero. No miréis si soy rudo. Lo duro es por fuera; dentro soy todo miel y mantequilla. Con los buenos, quiero decir… porque con los malvados....
Este es el nuevo discípulo.
Me parece haberle visto ya....
Sí. Es Judas de Keriot. Tu Jesús, a través de él, recibió buena acogida en esa ciudad. Os ruego que os améis, aunque seáis de regiones distintas. Sois todos hermanos en el Señor.
Como tal le trataré, si tal es. Y... sí... (Pedro mira fijo a Judas; una mirada abierta, de advertencia) y… sí... es mejor que lo diga; así me conoces ya bien desde ahora. Lo digo: no siento mucha estima hacia los judíos en general ni hacia los de Jerusalén en particular. Pero soy honesto. Y por mi honestidad te aseguro que dejo aparte todas las ideas que tengo acerca de vosotros y quiero ver en ti sólo al hermano discípulo. Depende de ti ahora el no hacerme cambiar de pensamiento y decisión.
¿Conmigo también, Simón, tienes tales prejuicios? pregunta el Zelote sonriendo.
¡No te había visto! ¿Contigo? ¡Contigo no! Llevas la honestidad dibujada en el rostro. La bondad te rezuma desde el corazón hacia el exterior como oloroso aceite por un vaso poroso. Y eres anciano. Ello no es siempre una dote. Algunas veces, cuanto más envejece uno más falso y malo se vuelve. Pero tú eres de esos que hacen como los vinos preciados: cuanto mas envejecen, más genuinos y buenos son.

Has juzgado bien, Pedro dice Jesús. Ahora venid. Las mujeres están ocupándose de nosotros, quedémonos mientras bajo la pérgola fresca. ¡Qué hermoso es estar con los amigos! Iremos luego todos juntos por Galilea, y más allá de Galilea; todos no. Leví, ahora, ya contento, volverá a donde Elías, a llevarle el saludo de María; ¿verdad, Mamá?.
Yo le bendigo, y a Isaac y a los demás. Mi Hijo me ha prometido llevarme... y yo iré donde vosotros, los primeros amigos de mi Niño.
Maestro, quisiera que Leví llevase a Lázaro el escrito que ya sabes.
Prepáralo, Simón. Hoy es fiesta completa. Mañana por la tarde, Leví partirá, con tiempo para llegar antes del sábado. Venid, amigos....
Salen al verde huerto y todo termina.

Continúa...