jueves, 26 de febrero de 2026

SACERDOTES QUE CELEBRAN LA MISA TRADICIONAL, ¿EXCOMULGADOS Y CISMÁTICOS?

Hoy en la Iglesia sólo hay un pecado imperdonable, el pecado contra el “espíritu” del Vaticano II: celebrar la Misa Tradicional romana.


“Los libros litúrgicos promulgados por los Santos Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II, de acuerdo con los decretos del Concilio Vaticano II, son la única expresión de la lex orandi del Rito Romano”, afirma el artículo 1 de Traditionis Custodes. De ello se desprende lógicamente que el rito anterior al Vaticano II no expresa plenamente la fe de la Iglesia, o mejor dicho, no la expresa en absoluto.

El “arzobispo” Carlos Alberto Breis Pereira, de Maceió, en el estado de Alagoas (Brasil), acaba de declarar las últimas consecuencias: declara cismático y pronuncia la excomunión contra cualquier sacerdote que tenga la audacia de celebrar una Misa tridentina fuera del recinto que ha reservado para unos pocos fieles que se reunen en la capilla de un hospital:

Nota de la Arquidiócesis de Maceió

La Arquidiócesis de Maceió informa a los fieles residentes en su territorio que, si desean asistir a las misas llamadas “tridentinas” -es decir, aquellas celebradas según el Misal Romano de San Pío V, promulgado por el Papa San Pío V en 1570, en latín- el único lugar autorizado es la Capilla de San Vicente de Paúl, en la Santa Casa de Misericórdia de Maceió.

Precisamos que esta liturgia se celebra siempre los domingos a las 10:00 horas por el Padre Cícero Lenisvaldo Miranda da Silva, del clero arquidiocesano.

Esta dispensa fue otorgada por el Arzobispo de Maceió, Mons. Carlos Alberto Breis Pereira, OFM, con la aprobación de la Santa Sede. Esta liturgia no está autorizada en ningún otro lugar, religioso o secular, ni dentro de ninguna asociación civil.

Según los cánones 751 y 1364 § 1 del vigente Código de Derecho Canónico, la celebración de la Misa, según el rito antiguo, en otro lugar, será considerada un acto de cisma público, que implicará la excomunión automática.

Canon 751 - El cisma se define como la negativa a someterse al Sumo Pontífice o a recibir la comunión con los miembros de la Iglesia que le están sujetos. La negativa a someterse al Sumo Pontífice o a recibir la comunión con los miembros de la Iglesia que le están sujetos se denomina cisma.

Canon 1364 – §1. El apóstata de la fe, el hereje o el cismático incurre en excomunión late sententiae, sin perjuicio de lo dispuesto en el canon 194, § 1, n. 2 [1. Queda revocado de pleno derecho de todo cargo eclesiástico… quien haya abandonado públicamente la fe católica o la comunión con la Iglesia]; también podrá ser castigado con las penas mencionadas en el canon 1336, §§ 2-4.

§ 1. El [...] cismático conlleva la excomunión latae sententiae y lo prescrito en el canon 194, § 1, n. 2; además, pueden ser castigados con las sanciones mencionadas en el canon 1336, § 2-4 [diversas penas expiatorias: prohibición de residencia en tal lugar, multas, etc.].

Confiando en Dios, tengamos la firme convicción de que preservaremos la comunión de la Arquidiócesis de Maceió con la Santa Sede Apostólica.

Maceió, 11 de febrero de 2026

Monseñor José Everaldo Rodrigues Filho
Vicario Judicial (Pro Missa Tridentina no Brasil | Facebook)

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“Monseñor” Carlos Alberto Breis Pereira fue recibido por el falso “papa” Prevost el 12 de enero. Se supone que también visitó al “cardenal” Roche, “prefecto” de la Congregación para el Culto Divino. ¿Compartió con ellos el celo vengativo que lo impulsaba? Llama la atención que la nota de la Diócesis de Maceió precediera un día a la del “cardenal” Fernández (12 de febrero) sobre la FSSPX, mencionando el cisma y la excomunión.

La interpretación de Traditionis Custodes por parte del “obispo” de Maceió es extrema:

- La Misa Tridentina se concede en un solo lugar (una capilla dentro de un hospital), sólo los domingos, a una hora determinada, para un sacerdote específico (el capellán del hospital, párroco de una parroquia vecina).

- En cualquier otro lugar, en privado o en público, cualquier sacerdote que celebre la Misa Tradicional será considerado como si cometiera un acto cismático, siendo por tanto automáticamente excomulgado y pasible de todo tipo de penas, incluidas las económicas.

Cabe destacar que el 13 de julio, Ramón Bejarano, “obispo auxiliar” de San Diego, EE. UU., celebró una “Eucaristía homosexual” en la iglesia de San Juan Evangelista, bajo el lema “Todos son bienvenidos”. Durante el “servicio”, un hombre que se autopercibe “mujer trans” llamado Murray-Ramírez habló y agradeció al obispo por defender a la comunidad lgbt
, entre aplausos de la congregación. ¿Fue sancionado este “obispo”? ¡Ni lo sueñes!


Cabe destacar también que el 28 de enero, en la Iglesia de Nuestra Señora de Pompeya en Corrientes, Argentina, el “padre” Fernando Luis Gómez ofició el “matrimonio” de Solange Ayala, varón de nacimiento, pero que se identificaba como mujer, e Isaías Díaz Núñez, mujer de nacimiento, pero que se identifica como hombre. El “arzobispo” de Corrientes, José Adolfo Larregain, anunció que se emitiría un decreto formal de nulidad. ¿Será excomulgado el “sacerdote”? ¡Ni lo sueñes!


Porque hoy en la Iglesia sólo hay un pecado imperdonable, el pecado contra el “espíritu” (del Vaticano II), castigado con las máximas penas: celebrar la Misa Tradicional romana.

 

AYUNO DE “PALABRAS HIRIENTES” EN EL MARCO ECUMÉNICO MODERNISTA

Hay frases que suenan inocentes, incluso devotas. “Ayunar de palabras hirientes” es una de ellas.

Por el padre
TJ Ojeka


La pregunta es: ¿Qué se considera ahora “perjudicial”?
Porque si “perjudicial” ya no significa “contrario a la verdad y la caridad”, sino “contrario a las sensibilidades modernas”, entonces la frase se convierte en una herramienta no de santificación, sino de contención doctrinal...

Prólogo: Cuando las palabras cambian, la doctrina sigue

Hay frases que suenan inocentes, incluso devotas. “Ayunar de palabras hirientes” es una de ellas.

El falso papa León en su mensaje de Cuaresma para 2026 dijo:

Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. 

A primera vista, esto suena piadoso e inofensivo. Una lectura más atenta revela cómo refleja una tendencia modernista y antropocéntrica que oscurece el énfasis católico tradicional en el pecado, la reparación, la mortificación y la primacía de la conversión ante Dios; esta revelación no sorprende en absoluto.

¡Ayuno de palabras hirientes! Ningún católico se opondría a primera vista. De hecho, la Escritura misma nos manda cuidar la lengua. Los santos practicaban el silencio, la mansedumbre y la moderación al hablar.

Pero la historia nos enseña algo importante:

Cuando el lenguaje teológico cambia, la doctrina a menudo cambia silenciosamente con él.

En cada época de crisis, las palabras se suavizan antes de decir las verdades.

Así que la cuestión no es si debemos evitar el lenguaje pecaminoso. Eso es incuestionable.

El caso es:

¿Qué se considera hoy en día “dañino”?

Porque si “dañino” ya no significa “contrario a la verdad y a la caridad”, sino más bien “contrario a las sensibilidades modernas”, entonces la frase se convierte en una herramienta no de santificación, sino de contención doctrinal.

Examinemos esto cuidadosamente.

I. El significado católico tradicional de las “palabras hirientes”

En la teología moral católica clásica, las palabras se evalúan moralmente de acuerdo con:
● Verdad

● Justicia

● Caridad

● Fin

● Intención

● Circunstancias
Como enseñó Tomás de Aquino, el habla es pecado cuando viola la verdad o daña injustamente al prójimo.

Así, las “palabras hirientes” tradicionalmente incluyen:
● Mentiras

● Calumnia

● Detracción

● Juicio precipitado

● Blasfemia

● Obscenidad

● Discurso que causa escándalo
Éstos son pecados contra el Octavo Mandamiento.

Tenga en cuenta atentamente:

● Una palabra no es pecado porque causa incomodidad.

● Es pecado porque viola el orden moral.

Nuestro Señor pronunció palabras que ofendieron profundamente:
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos!”

“¡Generación de víboras!”
Estas palabras hirieron el orgullo; pero no eran pecaminosas.

Fueron actos de verdad y caridad.

A veces la verdad hiere antes de sanar.
 
II. El replanteamiento ecuménico modernista

Dentro de un marco “ecuménico” modernista, el significado cambia sutilmente.

El pecado ya no se define principalmente como:
● Una ofensa contra Dios,

● Una violación de la ley divina,

● Un desorden contra la verdad objetiva.
En cambio, el lenguaje moral se replantea en términos relacionales.

¿Cómo debemos entender el mandato de abstenernos de palabras hirientes en el marco “ecuménico” modernista? El decreto del c
oncilio Vaticano sobre el Ecumenismo, por supuesto, nos da una pista.

Para promover la “unidad cristiana”, el decreto obliga a los católicos a realizar

“...todos los intentos de eliminar palabras, juicios y actos que no sean conformes, según justicia y verdad, a la condición de los hermanos separados, y que, por lo tanto, pueden hacer más difíciles las mutuas relaciones en ellos
(Unitatis Redintergratio, párrafo 4)

Entre otros requisitos para el éxito del ecumenismo se insta a los católicos a tener:

“… renovación del alma, de la abnegación de sí mismo y de la efusión generosa de la caridad”
 (UR #7)

¿Cuál es la clave aquí? Que para el éxito “ecuménico”:

Los términos “herejes” y “cismáticos” no representan verdaderamente la condición de aquellos a quienes se refieren; tales personas tienen derecho al nombre de “cristianos”.

“Palabras hirientes” en el marco ecuménico significa:
● Palabras que afirman pretensiones de verdad exclusivas.

● Claridad doctrinal que desafía otras religiones.

● Lenguaje que condena el error.

● Declaraciones que perturban la armonía interreligiosa.
El estándar de juicio cambia de:

¿Es cierto? ¿Es justo?

a:

¿Se siente inclusivo?

No se trata de un ajuste pequeño.

Se trata de una reubicación teológica de la gravedad moral; de Dios a la percepción humana.

III. Ofensa vs. Pecado: Una distinción crucial

La teología tradicional traza una línea clara entre:

Escándalo (inducir a otro al pecado)

Ofensa (molestarse por la verdad)

La predicación del Evangelio siempre ha causado ofensa.

Las definiciones dogmáticas del Concilio de Trento contenían anatemas solemnes. Dichas condenas eran ciertamente hirientes para quienes se oponían; sin embargo, eran actos de caridad pastoral hacia los fieles.

La Iglesia entendió históricamente:

● La claridad protege las almas.

● El silencio ante el error daña las almas.

Pero en un clima “ecuménico” modernista, la claridad en sí misma es etiquetada como “dañina”.

De aquí surge el peligro: la gente no debe ayunar de palabras pecaminosas, sino de firmeza doctrinal.

IV. La caridad bien entendida

La verdadera caridad, en la teología católica tradicional, es sobrenatural.

Quiere el bien eterno del otro.

Lo bueno es:
● Verdad

● Gracia

● Salvación
A veces eso requiere:
● Amonestación

● Corrección

● Nombrar la falsedad

● Advertencia contra los errores
Un médico que evita nombrar una enfermedad para no herir susceptibilidades no es caritativo.

De la misma manera, un predicador que evita la precisión doctrinal para “mantener la armonía” puede evitar “palabras hirientes”; pero ¿a qué costo?

Si el silencio permite que el error se propague, mayor daño se habrá causado.

V. La deriva antropocéntrica

La cuestión más profunda es el antropocentrismo.

El catolicismo tradicional es teocéntrico:
● Dios es la medida.

● La ley divina es la norma.

● La verdad es objetiva.
El “ecumenismo” modernista gira hacia el antropocentrismo:
● La experiencia humana se vuelve central.

● La armonía se convierte en el valor más alto.

● El “diálogo” sustituye a la definición.
En ese marco, las “palabras hirientes” significan cada vez más:
● Palabras que perturban el equilibrio.

● Palabras que insisten en límites doctrinales.

● Palabras que proclaman la exclusividad de la verdadera Iglesia.
Pero la armonía sin verdad es frágil.

La paz sin claridad es inestable.

VI. El ayuno tradicional adecuado

Desde una perspectiva católica tradicional perenne, ayunar de palabras hirientes significa:
● Evitar las mentiras.

● Evitar el discurso injusto.

● Evitar la dureza orgullosa.

● Evitar los discursos que tengan su raíz en la ira.

● Evitar el escándalo.
NO significa:
● Evitar la proclamación de dogmas.

● Evitar correcciones necesarias.

● Diluir las afirmaciones de verdad exclusiva.

● Silenciar la condena del error objetivo.
El mayor daño que pueden hacer las palabras no es herir los sentimientos, sino oscurecer la verdad.

Resumiendo: ¿De qué estamos ayunando realmente?

Si “palabras hirientes” significa lenguaje pecaminoso, es obvio por qué todos debemos ayunar rigurosamente de ello.

Pero cuando las “palabras hirientes” empiezan a significar un discurso veraz que perturba el relativismo y la indiferencia religiosa modernos, entonces el ayuno se vuelve peligroso. En ese caso, la gente ya no ayuna del vicio, sino del celo por la verdad.

Cuando el celo por la verdad se enfría, la herida no es emocional. Es doctrinal.

Y las heridas doctrinales no atacan la “armonía”, sino la eternidad.

 

¿CÓMO FUNCIONA EL ISLAM?

El científico social Manfred Kleine-Hartlage, revela la estructura profunda del Islam en una entrevista con Moritz Schwarz.


Schwarz: Sr. Kleine-Hartlage, ¿cómo funciona el islam?

Kleine-Hartlage: Es un sistema integral que regula todos los ámbitos de la vida. No hay separación entre religión por aquí, política por allá, derecho por allá; por lo tanto, tampoco hay separación entre islam e islamismo. El islamismo no es un mal uso del islam, porque el islam funciona de forma diferente.

- ¿Específicamente?

- Es sorprendente que el mundo islámico nunca haya experimentado crisis de fe como las que conocemos en Europa, y que prácticamente no haya ateos allí. La razón de esto es que el papel de la religión en la estructura de las sociedades islámicas es completamente diferente al del cristianismo aquí: el islam no solo, como todas las religiones, conecta a las personas con el más allá y define lo que es bueno y malo, sino que también define lo que es correcto e incorrecto en un sentido legal, legítimo e ilegítimo en un sentido político, y verdadero y falso en un sentido empírico. Así que el islam es, en cierto sentido, el ADN de sus sociedades: no solo una religión, sino un sistema social.

- ¿Entonces no se puede abolir el islam sin arriesgarse al colapso de la sociedad?

- Así es. El sistema islámico de normas y valores regula la coexistencia en las sociedades musulmanas mucho más allá de la esfera estrictamente religiosa; sin el islam, simplemente no podrían funcionar. Y eso es lo que lo hace tan estable (...).

- Sin embargo, usted no es un erudito islámico, sino un científico social.

- Es cierto, pero los análisis sociológicos generalmente se caracterizan por un enfoque específico que difiere de las respectivas disciplinas académicas. No hace falta ser economista para hacer sociología económica, ni abogado para la sociología del derecho. Y ciertamente no un erudito islámico para analizar la sociología del islam.

- Usted dice que no entendemos el islam en absoluto. ¿Por qué?

- Porque pensamos en términos que no se corresponden con él. Usamos un lenguaje que es adecuado para describir nuestra propia cultura, pero no la del islam. Abordar el islam hace conscientes las premisas inconscientes de nuestro propio pensamiento, porque estas premisas no son compartidas por el islam. Nos sirve de espejo, por así decirlo.

- ¿A qué conclusión llegó?

- Las religiones configuran el sistema de preconcepciones culturalmente válidas y socialmente internalizadas sobre temas como la verdad, la justicia, la moral, la ética, la sociedad y la violencia. Todas estas son suposiciones que preceden al pensamiento político real. En el islam, una de estas verdades evidentes es su pretensión de validez universal. Ciertamente, este sistema islámico de normas y valores no es internalizado con la misma profundidad por todos, pero moldea las expectativas mutuas de las personas y, por lo tanto, también debe ser considerado por aquellos musulmanes que no son personalmente tan devotos. Un musulmán “menos devoto” suele ser aún más devoto que algunos cristianos nominales.

- ¿Qué se deduce de esto?

- Que la premisa, generalizada en este país, bajo la cual percibimos el islam —es decir, que todas las religiones son iguales— es engañosa. Permítanme darles un ejemplo: el islam, por ejemplo, no condena fundamentalmente la violencia. Es un sistema legal; regula la violencia. Las culturas cristianas, con su condena fundamental de la violencia, tienden a eliminar la violencia privada y a confiar en el Estado y su monopolio del uso de la fuerza; las culturas islámicas no lo hacen. Al contrario, la violencia tiene valor de prestigio.

- ¿Por qué?

- Porque el Profeta ejemplificó y consagró en el Corán que la capacidad de usar la violencia es un signo de elección divina, similar a la riqueza material en el calvinismo. En el islam, la violencia tiene una función estructurante: distingue entre superior e inferior, es decir, amo y sirviente, hombre y mujer, creyentes e incrédulos. El islam tampoco entiende la paz como un principio universal.

- Pero entonces, ¿qué es? Después de todo, el islam se traduce como “paz”.

- No, el islam se traduce con más amabilidad como “sumisión” y con menos amabilidad como “rendición”. La palabra proviene de la misma raíz que “Salam” (paz), pero no es sinónimo. La visión islámica de la sociedad se basa en la división de la humanidad entre “creyentes” y “no creyentes”, y no deja lugar a dudas de que los “no creyentes” están destinados a desaparecer históricamente tarde o temprano. El “bien”, en sentido ético, es lo que promueve la expansión del islam; el “mal”, lo que la obstaculiza. La idea de una ética universal, según la cual todas las personas tienen los mismos derechos independientemente de su religión, o la paz como principio, no solo es rechazada por el islam, sino que contradice su estructura fundamental.

- Sin embargo, la mayoría de los musulmanes son pacíficos y en absoluto violentos.

- Eso es correcto, pero no es el punto crucial. En primer lugar, el islam establece un sistema de supuestos culturales que garantiza automáticamente que, en caso de conflicto, siempre haya suficientes “extremistas” y perpetradores de violencia listos. No se trata de que sean numerosos, sino de que su mera cantidad sea suficiente para crear una amenaza generalizada. Y en segundo lugar, genera una aprobación social tácita de la violencia, siempre que se dirija contra los “no creyentes”, incluso entre aquellos musulmanes que no son personalmente violentos. Es esta aprobación la que hace de la violencia una opción constantemente disponible y, por lo tanto, una amenaza perpetua para todos los “no creyentes”, lo que al menos sugiere aquiescencia.

- Su libro se titula “El sistema de la yihad”. ¿Por qué incluye el islam bajo este término, si la guerra santa es solo un aspecto del Corán?

- La yihad no es simplemente la guerra. Abarca todo lo que los musulmanes hacen para someter al mundo a la ley de Alá. Todas las normas islámicas, no solo las relacionadas con la guerra, comparten el objetivo común de consolidar las sociedades islámicas y reprimir las no islámicas. Esta es la lógica inherente, el principio rector que otorga al sistema islámico de normas y valores su coherencia interna. (...)

- Sin embargo, la guerra santa es simplemente la “yihad menor”, mientras que la “yihad mayor” se refiere al perfeccionamiento personal del individuo como buen musulmán.

- El uso de los adjetivos “mayor” y “menor” sugiere, según nuestra interpretación, que uno es importante y el otro no. De hecho, el énfasis en el Corán es precisamente el contrario. Conté las suras relevantes y las analicé estadísticamente: el Corán, al menos en las suras de Medina —que posiblemente sean las más decisivas—, trata relativamente poco de la yihad mayor, es decir, la lucha por la propia fe, y mucho más de la lucha contra los “infieles”.

- ¿No podría ser que el aspecto de la yihad menor, como consecuencia de los acontecimientos históricos, se haya convertido en un factor injustamente dominante?

- Esa es una forma de verlo, pero este desarrollo histórico fue iniciado por el propio fundador de la religión y se refleja en el Corán. Y esto no ocurrió por casualidad, sino que representa un desarrollo que se deriva lógicamente de las premisas teológicas del islam. Como es bien sabido, el Profeta exigió y practicó la lucha contra los “incrédulos” desde el principio: lideró 27 campañas, exterminó a una tribu judía, expulsó a varias otras y mandó asesinar a sus críticos. Blaise Pascal dijo una vez: “Jesús se dejó asesinar, Mahoma mandó asesinar a otros”. Y, por supuesto, los musulmanes se guían no solo por el Corán, sino también específicamente por el ejemplo del Profeta. Nunca le digas a un musulmán que este hombre no era la personificación de la perfección humana.

- Entonces, como ya ha indicado al principio, ¿el islamismo es principalmente una forma de islam y no proviene del ámbito del extremismo?

- El islamismo es simplemente la vertiente política del islam, por lo que no es una degeneración, sino una parte integral de esta religión. El primer ministro turco Erdogan afirmó con razón que no existe un islam radical ni moderado, sino solo “el” islam. La sharia no es una ley establecida por ley, sino una ley dada directamente por Alá. Por lo tanto, es algo que no se puede cambiar, ni siquiera por mayoría de votos, sino que solo se puede cumplir o infringir. La idea de un islam sin sharia es absurda; sería como hacer una sopa sin agua. Por lo tanto, los islamistas pueden invocar con todo derecho al Profeta y al Corán. Y, en consecuencia, estos islamistas no están en absoluto aislados socialmente, sino que son miembros respetados de la comunidad islámica, apreciados por la fuerza de su fe.

- ¿Es entonces el islam una religión?

- Sí, por supuesto, pero no como la imaginamos, es decir, una doctrina que aspira principalmente a un reino “fuera de este mundo”. Es una religión que prospera gracias a la realización social.

- ¿Pero no podría haber una Ilustración dentro del islam, que hiciera posible un euroislam más moderado?

- En primer lugar, repito: eso socavaría los cimientos de las sociedades islámicas. De ahí la enorme presión social que lo impide. En segundo lugar, el islam es, en ciertos aspectos, una especie de “Ilustración” en sí mismo, porque ha intentado reducir todo lo paradójico, dialéctico y, a veces, incluso incomprensible del cristianismo a una simple fórmula: por ejemplo, no hay Trinidad, sino un solo Dios y una trascendencia absoluta. No hay pecado original que inevitablemente lleve al fracaso en el buen comportamiento cristiano. En cambio, hay reglas claras sobre cómo comportarse de una manera que agrade a Dios y cómo no. En ciertos aspectos, el islam es una religión muy racionalista y, por lo tanto, en ciertas circunstancias, puede que ni siquiera sea necesaria la “Ilustración”.

- ¿No sería al menos admisible que se produjera una reforma políticamente moderadora dentro del islam?

- En primer lugar, ¿fue realmente tan moderadora la Reforma en nuestro país? En segundo lugar, ha habido reformas en el islam que, al igual que en nuestro país, afirmaron ser un “retorno a las raíces”. Sin embargo, mientras que en el cristianismo este retorno significó enfatizar la vida interior, la fe y la gracia de Dios, en el islam, un “retorno a las raíces” significa exactamente lo contrario: el énfasis en la validez del modelo político de la iglesia primitiva del Profeta, cuyo perfil político ya he descrito.

- Ahora, en varios países islámicos, está apareciendo la chispa de la revolución democrática. ¿No contradice esto abiertamente su análisis?

- No, debo recordarle que estos acontecimientos datan de hace apenas unas semanas, y que los primeros indicios de un giro islamista en estas revoluciones ya están apareciendo, como lo demuestra, por ejemplo, el asesinato del sacerdote polaco Marek Rybinski en Túnez. Por cierto, Turquía lleva ochenta años intentando occidentalizarse, y sin embargo, llevamos años asistiendo a una reislamización galopante. Nadie puede predecir hoy qué resultará de los levantamientos actuales. (...)


(de: www.jungefreiheit.de 09/11 25 de febrero de 2011)

26 DE FEBRERO: SAN PORFIRIO, OBISPO


San Porfirio, Obispo

(✞ 420)

Nació el glorioso san Porfirio Tesalónica, de familia muy ilustre opulenta, y habiéndole educado sus padres cristianos en el santo temor de Dios, y en las letras humanas y divinas.

A la edad de veinticinco años se retiró a Egipto, donde se consagró enteramente al servicio de Dios abrazando la vida religiosa en el famoso Monasterio de Sceté.

Perseveró allí cinco años ejercitándose en la humildad y en la penitencia. Visitó después los santos lugares de Jerusalén, y en una maravillosa visión que tuvo en el Monte Calvario, cobró sobrenaturales fuerzas para adelantarse en el camino de la cruz de Cristo, que vio muy gloriosa y resplandeciente.

Repartió después sus bienes a los pobres, puso su asiento en una gruta de las riveras del Jordán, donde aprendió su oficio de curtidor para ganarse el sustento necesario.

Pero llegando la fama de sus grandes virtudes al patriarca de Jerusalén, le sacó de su vivienda, y le mandó que se ordenase sacerdote para que su doctrina y virtudes resplandeciesen con mayor brillo en la Iglesia de Dios.

Por ese tiempo quedó vacante la Silla de Gaza, y todos pusieron sus ojos en el santo sacerdote Porfirio, el cual aceptó aquella dignidad con muchas lágrimas, más con grandísimos frutos y acrecentamiento del rebaño de Cristo. Porque con la divina fuerza de su predicación condujo muchos infieles a la Santa Fe, reprimió a los herejes maniqueos, y destruyó las reliquias de la idolatría que aún habían quedado en su diócesis.

Era varón de Dios, poderoso en obras y palabras y estaba lleno del Espíritu del Señor. A su voz caían por tierra los ídolos de los falsos dioses, los enfermos recobraban la salud, y no parece sino que todos los elementos se mostraban sumisos y  rendidos al imperio de su voluntad.

Finalmente, después de una vida llena de virtudes y maravillas, llegando el santísimo prelado a la edad de setenta y siete años muy quebrantado por sus penitencias y consumido por el ardor de su celo, descansó en la paz del Señor, con la singular consolación de dejar su ciudad y diócesis no solamente limpias de toda la pestilencia de las herejías que las contaminaban, sino también purificadas de los vicios de los paganos y hermoseadas con el resplandor de las cristianas virtudes.


miércoles, 25 de febrero de 2026

SÓLO UNA CONVERSACIÓN DE CAFÉ

- Vamos, monseñor, supongo que usted cree que la Biblia no es más que un cuento de hadas anticuado, ¿verdad?

Por monseñor Rob Mutsaerts


- Eso depende de lo que entiendas por cuento de hadas. Si te refieres a una historia que ha perdurado durante siglos, que moldea a la gente y contiene lecciones morales, entonces sí, es un cuento de hadas de primera clase.

- Pero en serio, serpientes parlantes, milagros, aguas que se separan... No puede tomarlo literalmente, ¿verdad?

- Si una historia contiene algo sobrenatural, ¿eso la convierte automáticamente en falsa?

- No es automático, pero es sospechoso.

- Lo entiendo. Pero supongamos que Dios existe, entonces sería sospechoso que no ocurriera nada sobrenatural. Entonces la historia sobre Dios sería, curiosamente, completamente mundana.

- Mmm. Pero sigue siendo una antigüedad. En aquel entonces, la gente no sabía nada de ciencia.

- Newton también es una antigüedad. Pitágoras también lo es. Pero aún así, seguimos verificando sus teoremas. Que sea algo viejo no es un argumento contra la verdad.

- De acuerdo, pero la diferencia es que esas teorías se pueden comprobar.

- Claro. Pero no todo lo real cabe en un tubo de ensayo. La belleza, por ejemplo. La justicia. La música que te conmueve. Puedes medir lo que hacen las ondas sonoras, pero no por qué te conmueve una canción.

- ¿Está poniendo la fe en la misma categoría que el arte?

- Más bien, como una combinación de historia, moral y significados. La Biblia se desarrolla entre personas reales, ciudades reales, reinos reales. No comienza con...“Había una vez”, sino con nombres, lugares y fechas.

- Sí, pero ¿no pudo un escritor simplemente completar con esos datos para parecer creíble?

- Es posible. Pero entonces tienes que explicarme por qué los arqueólogos siguen desenterrando cosas que coinciden con esas “historias inventadas”. Eso ocurre con una frecuencia sorprendente. Bastante extraño para ser un cuento de hadas.

- Sin embargo, para mí, la religión sigue siendo cosa del pasado. Hemos avanzado.

- Hemos avanzado... ¿en qué?

- Bueno, en la ciencia, los derechos humanos, la moral.

- Es interesante que menciones los derechos humanos. La idea de que todas las personas son iguales, ¿sabes de dónde proviene?

- ¿De la época de la Ilustración?

- También. Pero se basó en el cristianismo, en la idea de que cada persona es creada a imagen de Dios. Eso fue revolucionario en la antigüedad. Antes de eso, el valor se medía principalmente por el estatus. Por ejemplo, se consideraba perfectamente normal tener esclavos.

- ¿Entonces está diciendo que mi moral moderna es en realidad un legado cristiano?

- Digo que has heredado más de lo que crees. Como alguien que está enojado con sus padres, pero vive en la casa de ellos y se come todo lo que hay en el refrigerador de ellos.

- Ouch. Eso fue un golpe.

- Ni lo menciones.

- Pero entonces mire toda la miseria que causa la religión: guerras, poder, abusos.

- Claro. Ahora mira toda la miseria causada por la política, la ideología, el dinero y el nacionalismo. Basta con mirar el siglo XX, con millones de víctimas de la Rusia y la China comunistas. Todos regímenes ateos, por cierto. No se puede decir realmente que hayamos avanzado moralmente, ¿verdad? El problema me parece bastante sencillo: la persona.

- ¿Entonces la fe no es el problema sino la persona?

- La Biblia diría: ese es precisamente el punto. Ese es incluso uno de sus principios fundamentales: que la humanidad está moralmente quebrantada. Francamente, creo que es una de las frases más realistas jamás escritas.

- No puedo negarlo cuando veo las noticias diarias.

- Exactamente. El mensaje de la Biblia no es “el hombre es grande”, sino “el hombre necesita salvación”. Ese no es lenguaje de un cuento de hadas; es un diagnóstico.

- Pero entonces ¿por qué todas esas historias extrañas?

- Porque las historias se recuerdan mejor que las fórmulas. También se recuerdan mejor las películas que las críticas. Y ojo: los héroes bíblicos rara vez son perfectos. Mienten, fallan y fracasan. Es una propaganda extraña si se quisiera inventar algo. Los cuentos de hadas normales hacen brillar a sus héroes. La Biblia los humaniza.

- Para ser honesto, nunca me di cuenta de eso.

- Míralo de esa manera. Es sorprendentemente poco refinado.

- ¿Pero usted realmente cree que es verdad?

- Sí. Pero no porque apague mi mente. Creo justamente porque la uso. Para mí, todo encaja: la visión del ser humano, la moral, la historia, la experiencia. Explica más de lo que niega.

- No sé si yo lo tengo tan claro.

- No hace falta. Por ahora basta con que busques con honestidad. No intento convencerte, solo invitarte a que no descartes el libro tan rápidamente.

- ¿Entonces no me va a dar un sermón?

- Solo si pides otro café. A veces ocurren milagros.

- Mira, eso sí que lo creo.

- Ves?, estamos progresando.
 

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (89)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


89. Adiós a Jonás y llegada de Jesús a Nazaret.
27 de enero de 1945

1 Apenas un atisbo de luz. En la puerta de una mísera cabaña –y hablo así porque llamarla casa sería demasiado honor– están Jesús con los suyos y con Jonás y otros míseros campesinos como él. Es la hora de la despedida.
“¿No te volveré a ver, Señor mío?” pregunta Jonás. 
Tú has traído la luz a nuestros corazones. Tu bondad ha hecho de estas jornadas una fiesta que durará toda la vida. Ya has visto cómo nos tratan. El jumento recibe más cuidados que nosotros, y se trata más humanamente al árbol: son dinero; nosotros somos sólo ruedas de molino que proporcionan ganancia, y se nos utiliza hasta que morimos por exceso de uso. Pero tus palabras han sido como muchas caricias de alas. El pan nos ha parecido más abundante y mejor, porque Tú lo saboreabas con nosotros, este pan que él no da a sus perros. Vuelve a compartirlo con nosotros, Señor. Sólo porque eres Tú, oso decir esto. Para cualquier otro significaría una ofensa el ofrecer un cobijo y un alimento que hasta el mendigo desdeña. Pero Tú....
Pero Yo encuentro en ellos un perfume y un sabor celestes, porque hay en ellos fe y amor. Vendré, Jonás. Vendré. Quédate donde estás, atado al carro como un animal de tiro. Que el lugar en que estás sea tu escalera de Jacob (26). Ciertamente entre el Cielo y tú vienen y van los ángeles con la atención puesta en recoger todos tus méritos y llevárselos a Dios. Pero Yo vendré a ti, a consolar tu espíritu. Permanecedme todos fieles. ¡Oh! Quisiera daros una paz que fuera también humana, pero no puedo (27). Tengo que deciros: sufrid aún. Y ello es triste para Uno que ama....
Señor, si Tú nos amas, ya no es sufrir. Antes no teníamos a nadie que nos amara... ¡Oh, si pudiera, yo al menos, ver a tu Madre!.
No te angusties. Yo te la traeré. Cuando más suave esté el clima, vendré con Ella. No des pie a castigos inhumanos por la prisa de verla. Sabe esperarla como se espera el surgir de una estrella, de la primera estrella. Aparecerá ante ti improvisamente, exactamente como la estrella vespertina que ahora no se ve e inmediatamente después titila en el cielo. Y piensa que, ya incluso desde ahora, Ella esparce sus dones de amor sobre ti. Adiós a todos vosotros. Mi paz os sirva de tutela contra las crueldades de quien os aflige. Adiós, Jonás. No llores. Has esperado muchos años con fe paciente, te prometo ahora una espera muy breve. No llores. No te dejaré solo. Tu bondad enjugó mi llanto infantil (28); ¿no es suficiente la mía para enjugar el tuyo?.
Sí... pero Tú te marchas... y yo me quedo....
Amigo, Jonás, no me hagas partir abatido por el peso de no poderte consolar (29)....
No lloro, Señor... Pero ¿cómo voy a poder vivir sin verte ahora que sé que estás vivo?.
Jesús acaricia una vez más al anciano desolado y luego se separa; mas, en el límite de la mísera era, erguido, abre los brazos bendiciendo la campiña. Luego se pone en camino.
¿Qué significa lo que has hecho, Maestro? pregunta Simón, que ha notado el insólito gesto.
He puesto un sigilo sobre todas las cosas, para que los malvados no puedan, dañándolas, perjudicar a esos desdichados. Más no podía (30)....

Maestro... adelantémonos. Quisiera decirte una cosa, sin que nos oigan.
Se separan aún más del grupo y Simón habla.
Quería decirte que Lázaro tiene orden de usar la suma para socorrer a todos aquellos que recurran a él en nombre de Jesús. ¿No podríamos libertar a Jonás? Ese hombre está deshecho, su única alegría es tenerte. Démosela. ¿Qué puedes esperar de su labor aquí? Tu discípulo sería libre en esta llanura tan hermosa, y tan desolada. Aquí los más ricos de Israel tienen tierras óptimas, que exprimen explotando cruelmente a los trabajadores, exigiéndoles el ciento por uno. Lo sé desde hace años. Poco tiempo podrás permanecer aquí, porque en este lugar impera la secta de los fariseos, que creo que nunca será amiga tuya. Los más infelices en Israel son estos trabajadores oprimidos y sin luz. Ya lo has oído: ni siquiera para la Pascua gozan de paz y oración, mientras los crueles patrones, con grandes gestos y estudiadas actitudes, se ponen en primera fila entre los fieles. Tendrán al menos la alegría de saber que Tú vives, la alegría de oír tus palabras, repetidas por uno que no alterará de ellas ni una jota. Si te parece bien, Maestro, ordena, y Lázaro actuará.

3 Simón, Yo ya había comprendido por qué te desprendías de todo. No desconozco el pensamiento del hombre. Y éste ha sido uno de los motivos por los que te he amado. Haciendo feliz a Jonás, haces feliz a Jesús. ¡Ah, cómo me angustia ver sufrir a los buenos! Mi condición de pobre y de despreciado por el mundo no me angustia sino por esto. Judas, si me oyera, diría: "Pero, ¿no eres Tú el Verbo de Dios? Ordena, y las piedras se convertirán en oro y pan para los menesterosos". Repetiría la insidia de Satanás (31). Bien deseo Yo saciar las hambres, pero no como quisiera Judas. Todavía estáis demasiado poco formados como para entender la profundidad de cuanto digo. Pero a ti te lo digo: si Dios remediase todo, cometería una substracción para con sus amigos; los privaría de la facultad de ser misericordiosos, y de obedecer, por lo tanto, al mandamiento del amor. Mis amigos tienen que tener este signo de Dios en común con El: la santa misericordia, que se manifiesta en obras y en palabras. Y las infelicidades ajenas proporcionan a mis amigos la manera de ejercitarla. ¿Has comprendido este pensamiento?.
Es profundo. Lo medito. Y me humillo, comprendiendo lo obtuso que soy y lo grande que es Dios, el cual quiere que tengamos la totalidad de sus atributos más dulces, para llamarnos hijos suyos. Dios se me revela en su multiforme perfección por cada una de las luces que Tú difundes en mi corazón. Día tras día, como quien camina por un lugar desconocido, aumento mi conocimiento de esta inmensa Cosa que es la Perfección que quiere llamarnos "hijos", y me parece estar ascendiendo como un águila, o sumergiéndome como un pez, en dos profundidades sin confín como son el cielo y el mar, y subo cada vez más, y me sumerjo cada vez más, sin tocar nunca el límite. Pero entonces, ¿qué es Dios?.
Dios es la inalcanzable Perfección, Dios es la cumplida Belleza, Dios es la infinita Potencia, Dios es la incomprensible Esencia, Dios es la insuperable Bondad, Dios es la indestructible Compasión, Dios es la inconmensurable Sabiduría, Dios es el Amor hecho Dios. ¡Es el Amor! ¡Es el Amor! Dices que cuanto más conoces a Dios en su perfección, más te parece ascender o sumergirte en dos profundidades sin confín, de azul sin sombras... Cuando comprendas qué es el Amor hecho Dios, ya no subirás, ya no te sumergirás en ese azul sino en un remolino incandescente de llamas, y serás aspirado hacia una felicidad que te será muerte y vida. Tendrás a Dios, con completa posesión, cuando, por tu voluntad, hayas logrado comprenderle y merecerle. Entonces quedarás fijo en su perfección.
¡Señor!... –Simón se siente desbordado–.

4 Se hace silencio. Llegan al camino. Jesús se detiene a esperar a los otros.
Cuando el grupo se completa de nuevo, Leví se arrodilla: 
Debo dejarte, Maestro, pero tu siervo te eleva una súplica: Llévame adonde tu Madre. Este es huérfano como yo. No me niegues a mí lo que a él le das, para poder ver un rostro de madre....
Ven. Yo doy en nombre de mi Madre lo que en nombre de mi Madre se pide...

5 ...Jesús está solo. Camina rápido entre bosques de olivos cargados de aceitunas ya bien formadas. El Sol, a pesar de que esté declinando, asaetea la copa gris–verde de los árboles preciosos y pacíficos, pero no taladra el entramado de sus ramas sino con diminutos ojitos de luz. La calzada principal, por el contrario, encajonada entre dos pendientes, es una cinta de polvorienta incandescencia deslumbrante.
Jesús camina y sonríe. Llega a un tajo del terreno... y sonríe aún más vivamente. Allí está Nazaret... De tanto como la oprime la incandescencia del sol, parece como si vibrara. Jesús baja aún más veloz. Llega a la calzada ya sin preocuparse del sol. Parece volar, de lo presuroso que va, con el manto –colocado como protección sobre la cabeza– hinchado y palpitando a los lados y detrás de El. La calzada está desierta y silenciosa hasta las primeras casas. Allí, alguna voz de niño o de mujer se oye venir desde el interior de las casas o desde los huertos, que suspenden incluso sobre la calzada las frondas de sus árboles. Jesús se aprovecha de estas manchas de sombra para rehuir el implacable sol. Gira por una callecita cuya mitad está en sombra. Allí hay mujeres que se arremolinan junto a un pozo fresco. Casi todas le saludan, manifestando con voces agudas su alegría porque haya vuelto.
Paz a todas vosotras... Pero... guardad silencio. Quiero dar una sorpresa a mi Madre.
Su cuñada se ha marchado ahora con una jarra fresca, pero tiene que volver; se han quedado sin agua. El manantial está seco, o se pierde en el suelo ardiente antes de llegar a tu huerto; no sabemos. María de Alfeo lo decía ahora. Mira, allí viene.
La madre de Judas y Santiago viene con un ánfora sobre la cabeza y otra en cada mano. No ve inmediatamente a Jesús y grita: 
De este modo me doy más prisa. María está toda triste, porque sus flores se mueren de sed. Son todavía las de José y Jesús, y siente desgajársele el corazón viéndolas languidecer.
Pero ahora que me ve a mí... dice Jesús, apareciendo desde detrás del grupo.
¡Oh, mi Jesús! ¡Bendito Tú! Voy a decírselo....
No. Voy Yo. Dame las ánforas.
La puerta está sólo entornada. María está en el huerto. ¡Oh, qué contenta se pondrá! Hablaba de ti también esta mañana. ¡Pero, haber venido con este sol!... ¡Estás todo sudado! ¿Estás solo?.
No. Con amigos. Yo me he adelantado para ver antes a mi Madre. ¿Y Judas?.
Está en Cafarnaúm. Va frecuentemente.... María no habla más, pero sonríe mientras seca con su velo el rostro humedecido de Jesús.

6 Las ánforas ya están llenas. Jesús, usando su cinturón, se carga dos de ellas equilibradamente sobre los hombros, y la otra la lleva en la mano.
Camina, vuelve una esquina, llega a la casa, empuja la puerta, entra en la pequeña habitación, que parece oscura en relación al fuerte sol exterior, levanta despacio la cortina que cubre la puerta del huerto, observa.
María está en pie junto a un rosal, dando la espalda a la casa, compungida por la sedienta planta. Jesús posa el ánfora en el suelo, y el cobre suena al golpear contra una piedra. 
¿Ya aquí, María? dice la Madre sin volverse. ¡Ven, ven! ¡Mira este rosal!, y estas pobres azucenas; morirán todas, si no las socorremos. Trae también unas cañitas para sujetar este tallo que se está cayendo.
Te llevo todo, Mamá.
María se vuelve de repente. Se queda atónita un segundo; luego, dando un grito, corre con los brazos abiertos hacia el Hijo, el cual ya ha abierto los suyos y la espera con una sonrisa que es toda amor.
¡Hijo mío!.
¡Mamá! ¡Querida mamá!.
La manifestación de afecto es larga, suave, y María está tan contenta que no ve, no siente lo sudado que está Jesús. Pero luego se da cuenta: 
¿Por qué, Hijo, a esta hora? Estás como la púrpura y sudando como una esponja. Ven, ven dentro; que Mamá te seque y te refresque. Ahora te traigo una túnica nueva y sandalias limpias. ¡Pero Hijo! ¡Hijo! ¿Por qué vas por los caminos con este sol? ¡Las plantas se mueren por el calor y Tú, Flor mía, por los caminos...!.
¡Para llegar antes, Mamá!.
¡Oh, querido mío! ¿Tienes sed? Claro que sí. Ahora te preparo....
Sí. De tu beso, Mamá. De tus caricias. Déjame estar así, con la cabeza en tu hombro, como cuando era pequeño... ¡Oh! ¡Mamá! ¡Cuánto te hecho de menos!.
¡Pero dime que vaya, Hijo, y yo iré! ¿Qué te ha faltado por causa de mi ausencia?: ¿comida de tu agrado?, ¿ropa fresca?, ¿cama bien hecha? ¡Oh, dime, mi Dicha, ¿qué te ha faltado?! Tu sierva, ¡Oh mi Señor!, tratará de poner remedio.
Nada aparte de ti....
Jesús, que ha vuelto a entrar en la casa de la mano de su Madre, se ha sentado en el arquibanco que está junto a la pared y ahora mira fijamente a María. La tiene de frente, ceñida con sus brazos. Tiene apoyada la cabeza contra su corazón, y de vez en cuando la besa. Dice: 
Déjame que te mire. Déjame llenar mi vista de ti, ¡Mamá mía santa!.
Antes la túnica. No es bueno estar tan mojado. Ven.
Jesús obedece. 

7 Cuando vuelve con una túnica fresca, el coloquio continúa, delicado.
He venido con discípulos y amigos. Pero los he dejado en el bosque de Melca. Vendrán mañana a la aurora. Yo... no podía esperar más. ¡Mamá mía!..., y le besa las manos. María de Alfeo se ha retirado para dejarnos solos; ella también ha entendido mi sed de ti. Mañana... mañana tú serás de mis amigos y Yo de los nazarenos. Pero hoy tú eres mi Amiga y Yo el tuyo (32). Te he traído... ¡Oh, Mamá!, he encontrado a los pastores de Belén, y te he traído a dos de ellos: son huérfanos y tú eres la Madre, la Madre de todos, y más aún de los huérfanos. Y te he traído también a uno que tiene necesidad de ti para vencerse a sí mismo; y a otro que es un justo y ha llorado; bueno,... y a Juan... Y el recuerdo de Elías, de Isaac, Tobías (ahora Matías), Juan y Simeón. Jonás es el más infeliz. Te llevaré donde él; lo he prometido. Seguiré buscando a otros. Samuel y José están en la paz de Dios.
¿Estuviste en Belén?.
Sí, Mamá. Llevé allí a los discípulos que tenía conmigo. Te traigo estas florecillas, nacidas entre las piedras de la entrada.
¡Oh! –María coge los tallitos secos y los besa–. ¿Y Ana?.
Murió en la matanza de Herodes.
¡Pobrecilla! ¡Te quería mucho!.
Los betlemitas sufrieron mucho y no han sido justos con los pastores. Han sufrido mucho....
¡Pero contigo por entonces fueron buenos!.
Sí. Por esto se los debe compadecer. Satanás está envidioso de aquella bondad suya y los instiga al mal. He estado también en Hebrón. Los pastores, perseguidos....
¡¿Tanto?!.
Si. Los ayudó Zacarías, y, gracias a él, pudieron tener patrones y pan, aunque estos patrones fueran duros. Pero son almas de justos, y de las persecuciones y de las heridas se han hecho piedras de santidad. Los he reunido. He curado a Isaac y... y he dado mi Nombre a un niñito... En Yuttá, donde Isaac se consumía y donde ha renacido, hay ahora un grupo inocente que se llama María, José y Jesús....
¡Oh, tu Nombre!.
Y el tuyo, y el del Justo. Y en Keriot, patria de un discípulo, un fiel israelita murió contra mi corazón, por la alegría de haberme encontrado... 

8 Y también... ¡tengo tantas cosas que contarte..., mi perfecta Amiga, Madre dulce! Pero antes de nada, te lo suplico, te pido que tengas mucha piedad con los que vendrán mañana. Escucha: me aman... pero no son perfectos. Tú, Maestra de virtud... ¡Madre, ayúdame a hacerlos buenos... Yo quisiera salvarlos a todos...!. Jesús se ha deslizado a los pies de María. Ahora Ella aparece en su majestuosidad de Madre.
¡Hijo mío! ¿Qué puede hacer tu pobre Mamá que Tú no hagas?.
Santificarlos... Tu virtud santifica. Te los he traído aposta. Mamá... un día, ante la urgencia de santificar a los espíritus, viendo en ellos voluntad de redención, te diré: 'Ven'. Yo solo no podré... Tu silencio será tan activo como mi palabra. Tu pureza ayudará a mi potencia. Tu presencia mantendrá distante a Satanás... Tu Hijo, Mamá, sabiendo que estás cerca, encontrará fuerzas. Vendrás, ¿no es cierto, mi dulce Madre?.
¡Jesús! ¡Amor! ¡Hijo! No te siento feliz... ¿Qué te pasa, Criatura de mi corazón? ¿Ha sido duro contigo el mundo? ¿No? Creerlo me es motivo de consuelo... pero... ¡Oh! Sí. Iré. A donde Tú quieras, como Tú quieras, cuando Tú quieras, incluso ahora, bajo el sol, bajo las estrellas, o con hielo o entre aguaceros. ¿Me quieres contigo?: aquí me tienes.
No. Ahora no. Pero un día... ¡Qué dulce es la casa! ¡Y tu caricia! Déjame dormir así, con la cabeza en tus rodillas. ¡Estoy muy cansado! Sigo siendo tu Hijito.... Y Jesús realmente se duerme, cansado, derrengado, sentado en la estera, con la cabeza en el regazo de su Madre, mientras Ella le acaricia en el pelo, feliz.

Continúa...

Notas:

27) Expresión que se justifica y se ilustra con algunos pasos evangélicos, por ej. Mt. 10, 34–39; 16, 24–28; Mc. 8, 34 – 9, 1; Lc. 9, 23–27; 12, 51–53; 14, 25–27; 22, 41–44; 24, 25–27; Ju. 12, 24–26; Flp. 2, 8–9. Jesús se doblegó ante la voluntad del Padre eterno, llevó la cruz y por eso fue glorificado. A los discípulos verdaderos no les puede caber suerte diferente.

28) Esto es: de recién nacido.

29) Cfr. not. 27.

30) Véase la misma not. ant.

31) Cfr. Mt. 4, 3; Lc. 4, 3.

32) “Tú eres mi Amiga y Yo el tuyo”… expresión que debe entenderse bajo la luz del Antiguo Testamento del Cantar de los Cantares y la de los Santos Padres refiriéndose a Jesús, el nuevo Adán y María la nueva Eva.

LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD (22)

Continuamos con la publicación del Capítulo 22 del libro “La Reina del Cielo”, escrito por la Sierva de Dios Luisa Piccarreta, Hija Pequeña de La Divina Voluntad.


Esta obra de Luisa-Piccarreta que fue publicada por primera vez el año 1930, consta de treinta y un Meditaciones que serán publicadas -Dios mediante- cada cinco días.


VIGESIMA SEGUNDA MEDITACION

El FIAT Divino pide a la Reina del Cielo el heroico sacrificio de ofrecer al Niño Jesús por la salvación del género humano. Huida a Egipto, exilio y regreso a Nazaret.

EL ALMA A SU MADRE CELESTIAL:

Mamá Santa, heme aquí para acompañarte al templo, al que vas para cumplir el más grande de los sacrificios, el sacrificio de ofrecer al Celeste Niño por la salvación de todas las criaturas. ¡Y no obstante, terrible es decirlo, muchas se perderán!


¡Ah, Mamá mía, pon al pequeño Jesús en mi corazón y yo te prometo solemnemente amarlo siempre y tenerlo como vida de mi pobre alma!.

LECCION DE LA REINA DEL CIELO:

Hija mía querida, sé atenta a mis lecciones y escúchame: sabes que desde hace cuarenta días estábamos en la gruta de Belem, primera habitación de mi Hijo acá abajo y en la que tantas maravillas se realizaron.

¿Quién te podrá decir, hija mía, lo que sucedió entre Jesús y Yo durante ese sagrado tiempo? El Celestial Niño que había bajado del Cielo a la tierra en una hoguera de amor buscaba a su Mamá constantemente para poner en su Corazón la Gracia que no podía ya contener y la buscaba como refugio de sus actos y de su Vida. Cada latido de su Corazón, cada respiro, cada movimiento, cada lágrima eran como tantas llamas que me herían continuamente y me hacían presa feliz de su mismo amor. Ya la circuncisión había hecho en mi Corazón desgarros profundos, pero ahora, viendo que sus actos eran fundidos con los míos y que su Vida era la mía, Yo me sentía como nunca Reina y Madre de amor.

Transcurridos aquellos días benditos, mi dulce Unigénito, sintiéndose más que nunca vencido por su infinita ternura, quiso obedecer la ley y presentarse al Templo, para ofrecerse por la salvación de cada uno de todos los hombres. Era la Divina Voluntad la que nos llamaba al gran sacrificio y Nosotros obedecimos inmediatamente.

Hija mía, cuando el FIAT Divino encuentra pronta correspondencia en la ejecución de sus quereres pone a disposición del hombre su misma fuerza divina, su misma santidad, su misma potencia creadora y comunica al acto y al sacrificio realizado un valor infinito, capaz de pagar y satisfacer por todos.

Esta era la primera vez que San José y Yo salíamos con el dulce Niño y por eso lo envolvimos con amoroso cuidado para defenderlo de los rigores del invierno. Y después de haber agradecido a Dios por los grandes misterios que se realizaron en la sagrada cueva dejamos Belem para encaminarnos a Jerusalén.

Habiendo llegado al Templo y habiendo presentado las ofrendas rituales adoramos profundamente a la Divina Majestad y he aquí que viene a atendernos el Sumo Sacerdote Simeón, quien iluminado por Dios reconoció y adoró en mi Hijo al Verbo hecho carne. Exultando de gozo lo recibió de mis manos y levantando los ojos al cielo lo ofreció como víctima al Padre Eterno por la salvación de todo el género humano. Después, dirigiéndose a Mí con palabras inspiradas, predijo todos mis dolores.

¡Oh, cómo quedó desgarrado mi Corazón de Madre ante el anuncio de la fatal tragedia que un día habría de suceder a mi Hijo! Cada palabra que el FIAT Supremo hacía resonar en mi alma repercutía en Mí con vibrante y doloroso sonido y era semejante a una espada cortante que me traspasaba y me laceraba hasta las más íntimas fibras. Sobre todo fue muy penoso para Mí escuchar que este celestial Niño habría sido puesto no sólo para salvación sino también para ruina de muchos y signo de grandes contradicciones. Si el Querer Divino no me hubiera sostenido, Yo habría muerto al instante de puro dolor; sin embargo, me dio vida para empezar a formar en Mí el Reino de los dolores del Reino de su Voluntad Divina.

Y así, con mis propios martirios, Yo adquirí verdaderamente la moneda para pagar la deuda de mis hijos, tanto buenos como ingratos.

Cuando habían pasado apenas pocos días del rito de la presentación fui golpeada por un nuevo y acerbo dolor: el rey Herodes habiendo sabido por medio de los Santos Reyes a su paso por Jerusalén que el Rey de Israel había nacido, por temor a perder su trono dio la cruel orden de matar a todos los niños y así entre ellos matar a mi dulce Jesús, mi querida Vida.

Querida hija, ¡qué dolor!, ¡se quería hacer morir a Aquél que había venido a dar Vida a todos y a traer al mundo la nueva era de paz, de felicidad y de gracia! ¡Qué ingratitud, qué perfidia...! ¡Ah!, hija mía, ¿comprendes ahora hasta dónde puede llegar la ceguera de la voluntad humana? Esta puede ser tan feroz hasta querer atar las manos de su mismo Creador y pretender hacerse dueña de la Vida de quien la ha creado! Por eso, compadéceme y trata de consolar el llanto de mi dulce Niño. El gime por la ingratitud de los hombres, quienes ya lo quieren muerto, siendo que apenas ha nacido. Para poderlo salvar de la matanza fuimos compelidos a huir con el querido San José, quien había sido advertido por el ángel que huyéramos a Egipto. Tú, ahora, acompáñanos, querida hija, no nos dejes solos y Yo continuaré dándote mis lecciones sobre los graves males que son causados por la voluntad humana.

Has de saber que el hombre en cuanto se sustrajo a la Divina Voluntad perdió todos los derechos, no supo más a dónde dirigir sus pasos, se convirtió en un pobre exiliado y en un peregrino errante.

Hija mía, ¿ves cuánto te amó mi querido Niño? En los primeros albores de su vida El se refugia en tierra extranjera para liberarte del exilio en el cual te confinó el querer humano y para hacerte vivir no ya en país extranjero sino en la Patria que Dios te concedió al crearte, es decir, en el Reino del FIAT Supremo!

Entonces llegamos a Egipto y ahí permanecimos por varios años, hasta que el ángel del Señor advirtió nuevamente a San José que podíamos regresar a la casa de Nazaret, pues el impío tirano había muerto.

Ahora escucha, hija mía, Egipto simboliza a la voluntad humana, tierra llena de ídolos. Por todas partes por donde pasaba el pequeño Jesús echaba por tierra los falsos dioses y los arrojaba al infierno. ¡Cuántos ídolos no posee también la miserable tierra de la voluntad humana! Ídolos de vanagloria, ídolos de amor propio, ídolos de pasiones...; por eso, si tú no quieres dejarte tiranizar por ellos, sé atenta y escucha a tu Mamá: vive solamente de Voluntad Divina y Esta, como Jesús en Egipto, te liberará de la esclavitud de los falsos dioses, ídolos de tu corazón, los echará por tierra para siempre y te hará santamente feliz.

EL ALMA:

Mamá Dulcísima, ¡cuánto te agradezco que hayas querido hacerme comprender el gran mal que está encerrado en el querer humano! Por el dolor que sufriste en el exilio en Egipto te pido que hagas salir mi alma del exilio de mi voluntad y me hagas volver al querido Reino del Divino Querer.

PRACTICA:

Para honrarme me ofrecerás tus acciones y tus penas unidas a las mías, pidiendo al Niño Jesús que entre en el egipto de tu corazón para cambiarlo todo en Voluntad de Dios.

JACULATORIA:

Mamá mía, encierra al pequeño Jesús en mi corazón para que ahí El forme el reino de la Divina Voluntad.

Continúa...
 

25 DE FEBRERO: SAN TARASIO, OBISPO DE CONSTANTINOPLA



25 de febrero: San Tarasio de Constantinopla

(✝ 806)

Nació el Santísimo Obispo Tarasio en la ciudad de Constantinopla de padres tan ilustres por su nobleza como por su Religión y piedad.

Criaron al niño con gran cuidado y entre otros buenos consejos que le daba la madre, no cesaba de advertirle que huyese de toda mala compañía. Por esta causa cuando terminó sus estudios, resplandeció a los ojos de todos por sus virtudes y talentos, y se vio ensalzado hasta la dignidad de cónsul y de primer consejero del reino, en el imperio de Constantino y de la emperatriz Irene su madre.

En la corte, en un ambiente de sensualidad y halagos, había sabido llevar una vida casi monacal. No se envaneció con el falso brillo de la gloria del mundo, ni los atractivos de la corte menoscabaron un punto la entereza de su inocencia y de sus laudables costumbres, y así, por una maravillosa disposición del cielo, a la cual no pudo resistirse el santo, pasó del palacio del emperador a la cátedra patriarcal de Constantinopla, siendo consagrado Obispo el día de la Natividad del Señor, del año 784, para nacer de nuevo y comenzar desde aquel día una nueva vida.

Sacó de su palacio todas las alhajas y muebles preciosos, era el último que se acostaba y el primero que se levantaba, y se mostraba padre de todos, siendo los pobres sus hijos más amados y favorecidos.

Pero a los herejes siempre los aborreció y persiguió como enemigos de Dios y de la Verdad Divina, y empleó todas sus fuerzas para domar las sacrílega osadía de los iconoclastas que por aquellos años, destruían con supersticioso furor las santas imágenes.

Su vida fue un modelo de perfecto desinterés para el clero y el pueblo. En su casa y en su mesa no había nada de la magnificencia que ostentaban sus predecesores. Consagrado al servicio del prójimo, Tarasio apenas permitía que sus criados le sirviesen. Dormía muy poco y en sus ratos de ocio se entregaba a la oración y la lectura espiritual. Prohibió al clero el uso de vestidos preciosos y se mostró particularmente severo por lo que se refiere al teatro. Con frecuencia repartía personalmente alimentos a los pobres; para que nadie se sintiese abandonado, visitaba todos los hospitales y obras de beneficencia en Constantinopla.

A instancias del santo se congregó el séptimo Concilio general, al cual asistió, ocupando en él el primer lugar después de los legados del Papa.

Algunos años más tarde, el emperador Constantino V se enamoró de Teódota, una dama de honor de su esposa, la emperatriz María. La emperatriz madre, Irene le había obligado a casarse con María, de la que el emperador decidió divorciarse. Para ello, intentó ganarse la voluntad del patriarca y le envió a un mensajero para anunciarle que la emperatriz quería envenenarlo. Tarasio respondió al mensajero: 

- Di al emperador que estoy dispuesto a morir antes que ayudarle a realizar su propósito. 

Entonces el emperador trató de ganarle por medio de halagos. Llamó, pues, al patriarca y le dijo: 

- A ti no puedo ocultarte nada, pues te considero como a mi padre. Es indudable que la Iglesia permitirá que me divorcie de una mujer que ha intentado envenenarme. La emperatriz María merece la muerte o la prisión perpetua.

El emperador mostró a Tarasio un vaso con veneno que, según él, la emperatriz había tratado de hacerle beber. Pero el patriarca no se dejó engañar, y replicó que estaba cierto de que Constantino quería divorciarse de la emperatriz porque estaba enamorado de Teódota; además le manifestó que, aun en el caso de que la emperatriz María fuese realmente culpable, el nuevo matrimonio constituiría un adulterio. 

El monje Juan, que se hallaba también presente, habló con gran valentía en el mismo sentido que el patriarca; el emperador furioso, les mandó retirarse de su presencia. Después echó a la emperatriz María fuera del palacio y la obligó a tomar el velo. 

Como Tarasio se negase a casarle con Teódota, el matrimonio se llevó a cabo ante el abad José, un personaje de la Iglesia de Constantinopla. En adelante Tarasio tuvo que soportar el resentimiento de Constantino, quien le persiguió durante el resto de su reinado.

Se cuenta que el emperador hacía seguir al patriarca en todos sus movimientos, que había prohibido a todos que hablasen con él sin su permiso y que desterró a muchos de los amigos y servidores de Tarasio por dirigirle la palabra. Entre tanto, la emperatriz Irene que quería seguir gobernando, se ganó a los principales personajes de la corte y el ejército, encarceló a su hijo y le mandó sacar los ojos. Irene gobernó durante cinco años, hasta que fue depuesta por Nicéforo, quien usurpó el imperio y la desterró a la isla de Lesbos.

Bajo el reinado de Nicéforo, Tarasio desempeñó sin contratiempos sus deberes pastorales. En su última enfermedad no dejó de celebrar el santo sacrificio, mientras pudo moverse. Poco antes de morir, Tarasio tuvo una visión en la que, según cuenta su biógrafo, que se hallaba con él en ese momento, el prelado parecía responder a las acusaciones de un grupo de hombres que juzgaban cada una de las acciones de su vida. Tarasio se mostraba sumamente agitado al responder a las acusaciones. Esto atemorizó mucho a todos los presentes, pues la vida del patriarca había sido muy íntegra. Pero a la agitación sucedió una gran serenidad y San Tarasio entregó su alma a Dios en medio de una gran paz, después de haber gobernado al patriarcado durante veintiún años.