viernes, 31 de julio de 2026

QUÉ ESPERAR DE FRANCIA (2)

Continuamos con la publicación del capítulo XVIII del tercer y último Tomo del libro “La Conjuración Anticristiana” de Monseñor Henri Delassus, publicado el año 1910.


TOMO I: LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA

TOMO II: EL AMERICANISMO Y LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA


CAPÍTULO XVIII

QUÉ ESPERAR DE FRANCIA

II. A PESAR DE TODO... ESPERANZA

¡Una resurrección! No puede ser obra del hombre. “¿Qué decretos ha pronunciado sobre Francia el gran Ser, ante el cual no hay nada grande?” Los amigos de Dios nos han traído palabras de misericordia para el cristianismo, palabras de salvación para la Iglesia. ¿Y Francia? A J. de Maistre “le gustaba creer que ella todavía tenía algo que hacer en este mundo”, y en consecuencia que Dios le daría la gracia de resucitarla.

“Ella todavía es anatema -dijo- pero sigo creyendo que está reservada para un gran papel”.

Él siempre esperó que, libre de sus errores, ella avanzaría hacia el punto más alto que jamás había alcanzado. “Veo a los franceses que avanzan hacia la gloria inmortal”.

Quanta nec est, nec erit, me visa prioribus annis (1).

Cada vez que veía un futuro mejor para el mundo, siempre decía: “Todo se hará a través de Francia”. Sin duda no deberíamos concederle el don de la infalibilidad, pero sus predicciones se han cumplido tantas veces, y ésta responde tan bien al deseo más ardiente de nuestro corazón, que no podemos dejar de darle crédito.

Él no es el único que nos da esperanza.

Un gran servidor del papado, el Cardenal Pacca, famoso por su valentía y su actitud orgullosa durante la persecución de Napoleón, había deplorado, durante sus dos nunciaturas en Colonia y Lisboa, el deplorable estado de ánimo en el que había visto a la nobleza emigrante, que seguía profesando en voz alta las máximas filosóficas que habían provocado la catástrofe.

Este espectáculo, sin embargo, no le hizo desesperar de Francia. Al llegar a la edad de 87 años, fue invitado a pronunciar, el 27 de abril de 1843, el discurso de apertura de la Academia de Religión de Roma. Tomó como tema: L'Etat actuel et les destinées futures de l'Eglise catholique (El estado actual y el destino futuro de la Iglesia Católica). Este discurso fue un acontecimiento e inmediatamente fue traducido a varios idiomas y publicado en los distintos países de Europa. Después de recordar la estrecha unión de la Iglesia de la Galia con la Iglesia de Roma desde los primeros siglos del cristianismo, describió la lucha que se libraba en aquel momento, bajo el gobierno de Julio, entre los hijos de la Revolución y los hijos de la Iglesia, y dijo: "“Para mí, me parece que el Señor, finalmente apaciguado, destina hoy a Francia a ser instrumento de sus divinas misericordias. Quiere que ella misma repare los muchos males que ha causado al mundo en el último siglo y en éste”.

“Francia es necesaria para el mundo”, escribió León XIII en una carta a los canadienses; y un inglés, Edmond Burke, le había dado anteriormente esta razón: “La destrucción de Francia sería la aniquilación de la civilización entre todas las demás naciones” (2). “la irrevocable brutalización de la especie humana”, dijo Joseph de Maistre (3). Louis Blanc informó de una declaración similar de otro inglés a quien llamó “el pensador más profundo de la Inglaterra moderna”: “Dios quiera que Francia nunca falle al mundo, el mundo volvería a caer en la oscuridad”. Por otra parte, la Iglesia de Dios quedaría sin defensor; y como se ha dicho: "La Iglesia indefensa aquí abajo terminará como comenzó, mereciendo las palmas del martirio. Si este fin no está cerca, Dios se levantará y vendrá en nuestro auxilio".

Nuestra alma capta todas estas palabras, que emanan de los pensamientos de amigos, extraños e incluso enemigos, y se aferra a ellas como un náufrago se arroja sobre un naufragio.

Porque Francia realmente se está hundiendo como en medio del océano. Su tasa de natalidad está disminuyendo de manera alarmante, mientras que la de todos sus vecinos aumenta; su virilidad se enerva en el bienestar y el placer; sus ideas actuales son en todo lo contrario a la verdad y al sentido común; ¿Cómo podría salvarse?

Sólo hay esperanza en Dios. Ciertamente le hemos dado muchos motivos para irritarse, pero muchos motivos pueden también inclinarlo a la misericordia. No es ajeno al asalto infernal que sufrimos desde hace dos siglos.

Es contra Francia donde la conspiración anticristiana ha puesto todas sus baterías. La masonería nos fue importada de Inglaterra, y si tiene sus centros de conspiración en otras partes, es en los países católicos y especialmente en Francia donde ha situado el teatro de sus operaciones.

Anteriormente habíamos tenido que defendernos de la Reforma.

“Nunca -dice de Maistre- el protestantismo ha dejado ni un instante de conspirar contra Francia” (4). Durante siglos, a veces mediante la violencia, a veces mediante la perfidia, lo ha intentado todo y todavía lo hace todo para arrastrarnos tras su estela. No pudo tener éxito. Francia tenía que seguir siendo católica para que algún día el mundo fuera católico. Conservaba en su interior el fuego sagrado, dispuesta a reavivarlo entre los disidentes, sin dejar de llevarlo nunca a los infieles.

No ha aportado la misma fuerza de resistencia contra el veneno más sutil del filosofismo que contra el protestantismo; pero es más en su mente que en su corazón donde se ha corrompido.

“El mal entre nuestros vecinos -dice E. de Saint-Bonnet- deriva del cálculo que produce una razón más fría. Los pecadores por petulancia, que hacen el mal casi sin reflexión, debemos ser más fáciles de corregir.

Como los ingleses, no tenemos en la India sesenta millones de esclavos que produzcan tres sueldos al día, y nunca pensamos en hacer de este globo un mercado para nuestro comercio” (5).

“Como los alemanes, no hemos quebrantado la autoridad del Santo Padre para que se casen nuestros sacerdotes; y nuestro pensamiento nunca fue el de fundir los vasos sagrados para hacer un guiso.

“Como los rusos, nunca hemos entregado el poder de la Iglesia a un príncipe, y nunca pensamos en confiar nuestra alma a un soberano de la tierra con preferencia a Dios.

¡Pero en este momento, más imprudentes, más descarriados que otros pueblos, nos gusta negar a Dios, y a nuestros Doctores, nuestros políticos exigen que nuestro ateísmo se establezca en el Estado! Lo hemos introducido en nuestras leyes y en el poder, lo hemos insertado en la enseñanza y en el matrimonio; ahora nos gustaría que el Estado se proclamara abiertamente ateo, que fuera objeto de una ley” (6).

Pero precisamente por este hecho, dice nuestro autor en otro lugar, Francia es víctima de la mentira más grande de la que los hombres se hayan visto jamás investidos. Es a ella a quien “Satanás pidió que examinara” el error social, filosófico y religioso más formidable. Es probable que en su lugar ninguna nación hubiera podido resistir como lo hizo” (7). Para la instrucción del género humano, “Dios, sin duda, permitió que estas tinieblas atravesadas por encantamientos envolvieran a la nación más ilustrada, la que había recibido más favores de lo alto, cuyo corazón latía con más fuerza, la única que podía, con la ayuda divina, atravesar sin peligro estas regiones mortales. ¿Fue Austria la que pudo resistir? ¿Fue Italia? ¿Fue España? Desde el bautismo del Sicambre, Dios quiso sin duda que la verdad en el mundo necesitara de Francia. Además, cuando la verdad ya no brillaba allí en su forma visible, todavía se difundía en forma latente, calentando el corazón de tantas Hermanas de la Caridad que se apresuraron a curar las heridas causadas por el error, de tantos misioneros que, en el momento en que el sol acababa de desaparecer para nosotros, llevaron sus rayos al resto del globo.

“¡Que Francia se felicite abiertamente por tener, en los planes de Dios, un lugar tan oficial! ¡Que sea feliz de haber proporcionado, incluso en medio de sus fracasos, tantos misioneros para traer luz al mundo, y tantas Hermanas de la Caridad para aliviar su dolor! ¡Que se alegre de haber dado a luz a tantas almas dedicadas a la oración o a la caridad, todas inflamadas por el ardiente deseo del amor. ¡Francia! ¡Francia! gritó una voz santa, ¡qué ingeniosa eres para irritar! ¡Y apaciguando a su vez la justicia de Dios! ¡Si tus crímenes te han acarreado castigo, tu caridad ha elevado tu voz al Cielo!

Satanás y su pueblo saben bien que éste es nuestro pararrayos, en las obras y en las oraciones de nuestros religiosos y religiosas: por eso, hoy como hace un siglo, se apresuran primero a apartarlos. Sólo acelerarán la hora en que Dios hará oír su trueno. Pero los méritos adquiridos garantizarán que esta tormenta no tenga otro efecto que el de purificar la atmósfera, purgarla de los miasmas que envenenan las mentes, hacer que lo que la Francia revolucionaria quiere y valora sea rechazado y expulsado, y lo que ha desdeñado y odiado sea nuevamente apreciado y exaltado.

El New-York Freeman de Estados Unidos publicó en su número del 7 de junio de 1879: “De todos lados, los que piensan y saben pensar, esperan en el futuro de Francia. Durante un tiempo más habrá combates. De pronto, de un modo o de otro, por un medio determinado por Dios, sobrevendrá una gran calma: los hombres mirarán hacia atrás y será difícil creer que los enemigos de Cristo y de su Iglesia hayan podido ser tan locos”.

Y esto es lo que da aún más fuerza a nuestra esperanza.

Sólo Francia está dotada de capacidad para hacer volver al mundo a los caminos de los que comenzó a desviarse hace cinco siglos, para devolverle la verdadera concepción de la vida, para persuadir a los hombres a reorganizar la vida social siguiendo su ejemplo con miras a la vida eterna que se debe adquirir, en una palabra, para restaurar la civilización cristiana.

Durante mucho tiempo, los hijos de Francia han estado luchando en su seno como Esaú y Jacob chocaron en el seno de Rebeca. Esta guerra terminará. No podemos evitar creer y esperar que llegará un día en que será manifiesto que Dios amaba a Jacob y odiaba a Esaú; El reinado de los malos –siempre habrá malos– habrá terminado, el reinado de los buenos comenzará de nuevo.

Durante demasiado tiempo, los malos han triunfado gracias a la ignorancia de las masas. La Revolución se escondió en la oscuridad de los palcos. Hoy lo arrancan, lo sacan a la luz, todos pueden ver lo que es, y mañana, cuando quiera hacer resurgir el Terror para mantener su reinado, todos verán lo que tienen que temer de él. Entenderemos que la Revolución sólo puede detenerse en la nada. Es el chancro que sólo perece con la carne que devora. Entonces los hombres sólo tendrán la opción entre la vida y la muerte; tendrán que decidirse por católicos completos o revolucionarios completos; ya no habrá manera de refugiarse en el justo medio, en un término medio entre la verdad universal y la mentira universal.

Ya en 1873, el señor de Saint-Bonnet anunció lo que comienza a tomar forma ante nuestros ojos: “Se producirá una clasificación increíble. Mañana, los que valoran la vida estarán obligados a unirse con los que defienden la Fe. Entonces todos los partidos formarán sólo dos: uno deseando que Dios triunfe para que Francia exista, y el otro que Francia perezca para satisfacer la sed de crimen que la envidia enciende en sus corazones”. Y añadió: “Pero cuando llegue el momento, Dios dividirá las olas del Mar Rojo para abrir un paso a su pueblo, luego cerrará estas olas sobre los que lo maldicen, para librar de ellos el futuro” (8).

Continúa...

Notas:

1) De Maistre.  Oeuvres, T. X. p. 436, et passim. 

2) Réflexions sur la Révolution française.

3) Carta a M. Viguet des Etoiles, 28 octobre 1794.

4) Oeuvres complètes de J. de Maistre, t. VIII, p. 76.

5) Esto fue escrito en 1850. No ha sido exactamente lo mismo desde que los judíos se convirtieron en nuestros amos.

6) Restauration française, p. 281 publicada en 1850. ¡Ya está hecho!
 
7) En la última obra que acaba de publicar, Les Sophistes français et la Révolution européenne (Los sofistas franceses y la revolución europea), el Sr. Th. Funck-Brentano muestra el profundo abismo que se abrió en el pensamiento francés a finales del siglo XVIII y dice: “¡Dos siglos de sofismas! ¡Nunca un pueblo ha soportado tal carga durante tanto tiempo!”.

8) La légitimité. Pagina 36.

 

ROCHE ASEGURA QUE PREVOST NO REVOCARÁ LAS RESTRICCIONES A LA MISA TRADICIONAL

Roche ha asegurado que el falso papa no modificará las restricciones a la celebración de la MTL establecidas por Traditionis custodes ni restaurará el régimen previsto en Summorum Pontificum.


Estas declaraciones se realizaron en una entrevista concedida al semanario británico The Tablet, en la que el “prelado” inglés afirmó categóricamente: “El papa León no va a cambiar Traditionis custodes ni va a volver a Summorum Pontificum.

Esta es la primera declaración pública de Roche sobre la postura de Prevost respecto a uno de los temas litúrgicos que más debate ha generado dentro de la Iglesia en los últimos años.

Según InfoVaticana, el “prefecto” del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos defendió que la cuestión de la liturgia tradicional debe entenderse “desde la perspectiva de la unidad eclesial”. Recordó que la Eucaristía es “el sacramento de la unidad” y sostuvo que, si la celebración de la misa se convierte en causa de división, “algo anda muy mal”.

Roche también rechazó las acusaciones de persecución formuladas por algunos fieles vinculados a la liturgia tradicional. Según él, cuando el “papa” concede autorizaciones de acuerdo con la normativa vigente y esos grupos siguen alegando persecución, “no saben cuál es el verdadero problema”.

Asimismo, lamentó el tono de algunas críticas dirigidas contra las “autoridades eclesiásticas” e incluso se preguntó: “¿Puede uno decir honestamente que es católico cuando escribe cosas tan llenas de odio sobre las personas y sobre la iglesia?”.
 
El “prefecto” aclaró que no considera errónea la liturgia anterior al concilio Vaticano II, pero sostuvo que la reforma impulsada después del concilio respondía a la necesidad de preparar a la iglesia para “una renovada tarea misionera”.

Entre los cambios introducidos, destacó la ampliación de las lecturas bíblicas en la liturgia y enfatizó una comprensión diferente de la participación de los fieles en la celebración eucarística. Mientras que en la forma tradicional el sacerdote actúa en nombre de la asamblea -afirmó- la reforma conciliar subraya que todo el pueblo bautizado participa activamente en la celebración junto con el sacerdote.

Recordemos que desde la publicación de Traditionis custodes, Arthur Roche ha sido uno de sus defensores más firmes y que basándose en dicho “documento”, la gran mayoría de las diócesis han restringido la celebración de la MTL, mientras que otras han buscado maneras de mantener su continuidad pastoral.

Además, este debate dio un giro con las consagraciones episcopales llevadas a cabo por la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (FSSPX) en Écône a principios de julio.

La consagración de cuatro nuevos obispos dio lugar al decreto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, que calificó el acto de cismático y declaró la excomunión de los obispos consagrados y de quienes participan directamente con la FSSPX.
 
Al mismo tiempo, numerosas comunidades vinculadas a la liturgia tradicional que permanecen en plena comunión con Roma expresaron su preocupación por el riesgo de que su situación se identifique con la de la Fraternidad, insistiendo en que la gran mayoría de los fieles adheridos al usus antiquior continúan viviendo plenamente integrados en la vida de la iglesia.

Las palabras de Roche apuntan a la continuidad de la línea marcada por Traditionis custodes, aunque hasta la fecha el falso papa no se ha pronunciado personalmente sobre este tema ni ha publicado ningún documento relativo a una posible modificación de la normativa vigente.
 
Hace algunas semanas las críticas más directas provinieron Gerhard Ludwig Müller, quien pidió que se restableciera la plena libertad para la celebración de la Misa Tradicional y sostuvo que Traditionis custodes “no tuvo un efecto positivo”, sino que terminó reforzando la posicion de la FSSPX.

Asimismo, el “arzobispo” Georg Gänswein afirmó que “Francisco se equivocó con Traditionis custodes” y defendió que este error debía corregirse. 
   

GRACIA Y LIBERTAD: DOCTRINA CATÓLICA

El papá y su niño, entre los dos, escriben una carta. Voy a partir de esta imagen.
 
Por el padre José María Iraburu


El papá, acercándose a una mesa, sienta en sus rodillas al pequeño –por supuesto, analfabeto total–, y tomando la mano del niño, que sostiene el lápiz, se dispone a escribir: “vamos a escribirle una carta a la Virgen María”. Atención: la carta, efectivamente, va a ser escrita entre los dos, padre e hijo. El objeto pretendido, escribir una carta, queda absolutamente fuera de las posibilidades del niño, ya que no sabe ni leer ni escribir. Pero este hecho no es impedimento alguno para que se realice esa obra, siempre, claro está, que la mano infantil se deja guiar continuamente por la mano de su padre. Y aquí se dan tres alternativas:

1.– El niño deja que el movimiento de su mano sea completamente dócil al movimiento de la mano conductora de su padre. Y sale una texto inteligible y quizá precioso. Aunque la letra, debemos reconocerlo, no será un modelo perfecto de caligrafía. Esa carta la han escrito los dos, no solo el padre, sino también el niño. Son con-causa de una obra, el padre como causa principal, el niño como causa instrumental. El niño mueve su mano movida por su padre.

2.– El niño mueve su mano desde su propia voluntad y gusto. Y resulta un garabato ininteligible, que no vale para nada. Ha resistido la moción de su padre. El sitio propio de ese papel es la papelera.

3.– El niño mantiene rígida su mano, sin dejarle a su padre que la mueva. No sale nada. Ha resistido la moción de su padre. El papel queda en blanco.

Éstas son las tres posibilidades que el hombre tiene bajo la acción de la gracia, y no hay más: aceptarla (1) o resistirla (2 y 3). Las dos últimas opciones son pecado, resistencia a la gracia, más o menos grave según el objeto de la acción, y según el grado de conciencia y consentimiento voluntario que se dé en la persona. La primera opción, la única buena, es ciertamente meritoria, porque el niño se ha fiado de su padre y ha obedecido dócilmente su guía, pudiendo resistirla: no es un lápiz inerte, incapaz de resistir. Él realmente “ha escrito” la carta, ha producido la obra buena; eso sí, su voluntad se ha movido movida por el padre. Y no se han co-ordinado las dos causas, poniendo el niño la parte suya y el padre su parte. Por el contrario, la causalidad del niño se ha sub-ordinado totalmente con la causalidad paterna principal. Se ha producido, pues, una feliz sinergia, que ha posibilitado en el niño una obra buena, para la que era completamente incapaz. Pues bien, así es siempre toda la vida cristiana. Por eso nuestro Maestro nos enseña: “si no os hacéis como los niños, no entraréis en el reino de los Cielos” (Mt 18,3).

Volviendo al ejemplo anterior –sería ridículo que el niño estuviera orgulloso de la preciosa carta escrita, como si fuera una obra sola o principalmente suya; –sería igualmente ridículo pensar que si ha realizado esa obra, que queda por encima totalmente de sus posibilidades, “ha sido cuestión de generosidad”. Son palabras sin sentido… –y también sería absurdo que el niño, al colaborar con su padre, estuviera preocupado y lleno de ansiedades: “¿y qué le diremos a la Virgen?… Bueno, hasta ahora parece que vamos bien. ¿Pero qué escribiremos en la página siguiente del cuaderno?”…

Antecedentes de esta imagen

El niño que escribe bajo la moción de su padre es una buena imagen, pero imperfecta, pues no expresa que en realidad el padre no sólo mueve la mano de su hijo, sino su voluntad. Pero ya se sabe que las imágenes, como las parábolas, tienen “un lado” elocuente, y otros que no valen. Y por otra parte, con buena voluntad podemos completar la imagen que he propuesto, pensando que el padre habla al oído del niño, y por su palabra le comunica el espíritu bueno, que le permite dejar su mano dócil a la guía paterna. Es ésta una imagen que tiene muchos antecedentes análogos, aunque no tan buenos como mi ejemplo. Solo cito a dos:

Jean-Pierre de Caussade, S. J.(1675-1751) enseña que el Espíritu Santo, en la plenitud de los tiempos, ha escrito los Evangelios;

“pero ahora el Espíritu Santo escribe los Evangelios solamente en los corazones. Todas las acciones y momentos de los santos son Evangelio del Espíritu Santo… El Espíritu Santo, por la pluma de su acción [de gracia], va escribiendo un Evangelio vivo, que solamente podrá ser leído en el día de la gloria, cuando, después de salir de la prensa de esta vida, será publicado” (El abandono en la divina Providencia, Fund. GRATIS DATE, Pamplona 2000, 75).

Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897), Doctora de la Iglesia, cuando describe la obra de Dios en los hombres, acentúa también la primacía absoluta de la gracia divina, acudiendo a la imagen del artista que, sirviéndose de un pincel, produce un cuadro maravilloso. El pincel sin el artista no puede nada.

“Si el lienzo pintado por un artista pudiera pensar y hablar, ciertamente no se quejaría de ser tocado y retocado por el pincel; ni tampoco envidaría la suerte de este instrumento, pues conocería que no al pincel sino al artista que lo maneja debe él la belleza de que está revestido” (Manuscrito autobiográfico C, 20 rº).

“En Dios vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28)

Esta grandiosa verdad, muy pocas veces predicada, con el paso del teocentrismo al antropocentrismo, es ignorada por gran parte de los cristianos modernos. Se captan a sí mismos como si fueran causa de su ser y de su propio actuar. Ignoran que si Dios es causa primera y continua del ser y del obrar natural de las criaturas, a fortiori es Él la causa primera y continua que por la iluminación y moción de su gracia hace posible la vida sobrenatural cristiana en cada una de sus obras. La sagrada Liturgia, la principal catequesis de la Iglesia, enseña maravillosamente esta verdad de la fe: “Concédenos, Señor, la gracia de conocer y practicar siempre el bien, y, pues sin ti no podemos ni siquiera existir, haz que vivamos siempre según tu voluntad. Por Jesucristo, Nuestro Señor” (jueves I Cuaresma).

El hombre no está hecho para obrar según su propia voluntad, sino para hacer siempre en todo la voluntad de Dios. Todo el universo de criaturas está hecho para cumplir siempre la voluntad de su Creador, y lo hace necesariamente. Y el hombre, la única criatura libre del mundo visible, está creado para cumplir libremente la voluntad del Señor. Ahora bien, en el obrar humano la línea causal del bien y la del mal son totalmente asimétricas. Consideremos esta verdad, que es también fundamental para penetrar el misterio gracia-libertad.

El hombre sólo puede producir el bien con la ayuda de Dios, asistido por la causalidad divina, que es universal, tanto en el orden de la naturaleza como en el de la gracia. El Creador da a su criatura el ser y el obrar continuamente. Como enseña el Catecismo: “Dios actúa en las obras de sus criaturas. Es la causa primera que obra en y por las causas segundas” (318). Y esto, como ya he dicho, se da a fortiori en el orden de la gracia: “sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). “Es Dios quien obra en vosotros el querer y el obrar según su beneplácito” (Flp 2,13).

Lo que el hombre puede producir él solo es el mal

Lo explica bien Jacques Maritain, apoyándose en la enseñanza de Santo Tomás:

Es inevitable aquí el lenguaje paradójico: cuando el hombre causa el mal “tiene una iniciativa, pero es una iniciativa de no-acción. La voluntad creada “produce” entonces la nada, produce el no-ser. Y eso es todo lo que puede hacer ella sola… Se substrae –no por una acción, sino por un libre no-hacer o des-hacer– al influjo portador de ser y de bondad de la Causa primera… Eso nos explica aquella frase de Santo Tomás: “la causa primera del defecto de la gracia está en nosotros” (STh I-II, 112, 3 ad 2m: [“pero la causa primera de la donación de la gracia está en Dios, según la Escritura: “la perdición es tuya, Israel; tu auxilio solo de procede”, Os 13,9]). Hay algo, pues, una línea en la que la criatura es causa primera, pero es la línea de la nada y del mal”. Y añade en nota: “Cuando se desvía de la moción divina, la del bien, el hombre no es más libre que cuando deja obrar esa moción y obra bien; pero está más solo… El hombre no puede estar solo más que en el mal” (Sto. Tomás de Aquino y el problema del mal, en la obra de varios autores, El mal está entre nosotros, Fom. de Cultura, Valencia 1959, 351-352).

La acción cristiana del hombre es, pues, siempre pasiva-activa: pasiva, en el sentido filosófico del término, en cuanto que recibe el don gratuito de Dios: iluminación, atracción, moción; y activa, pues recibir libremente ese auxilio divino le concede querer y obrar un bien que por sí solo no alcanzaría. Veámoslo en tres ejemplos máximos.

La Virgen María fue católica

No fue pelagiana o semipelagiana, tampoco fue quietista o luterana, ni jansenista: fue católica. La Llena-de-gracia, es decir, la Inmaculada, la Virgen fiel, no tiene planes propios que sacar adelante, no es capaz de querer nada por sí misma. Su voluntad solo puede moverse a querer algo movida por la voluntad de su Señor. La Bienaventurada Virgen María expresa con toda perfección cómo entiende ella la vida de la gracia:

Mira a su pasado y dice: “el Poderoso ha hecho en mí grandes obras”. Y mirando a su presente y futuro, dice: “he aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. En las dos frases los verbos van en pasiva. Ella entiende perfectamente que toda su vida, pasado, presente y futuro, es pasiva-activa, es providencia amorosa de Dios que, por su gracia, actúa en su mente, en su voluntad y en sus obras, con la real colaboración de su fiat permanente. Ni cuestión de generosidad, ni otras historias o cuentos. En Ella hay únicamente docilidad absoluta, alabanza y gratitud infinitas, en una humildad total y perfecta: “mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador, porque ha mirado con bondad la pequeñez de su esclava”.

San Juan Bautista fue también un católico practicante

Él nunca se autorizó a sí mismo a querer nada, por alto y santo que fuera, por sí mismo, desde su propia voluntad. Nunca quiso moverse sino ser movido por la voluntad de Dios, por su gracia. Juan el Bautizador fue como un niño analfabeto, que dejando que la mano de su padre guíe la suya, escribía en el libro de su propia vida un poema de celestial belleza y santidad. Y supo también, iluminado por Dios, expresar con perfección este misterio: “no debe el hombre tomarse nada, si no le fuere dado del Cielo” (Jn 3,27). Nada: ni más, ni menos, ni esto, ni aquello. Debe hacer todo, solo y aquello que Dios quiera hacer en él y con él… El don de Dios es gratuito, libre, imprevisible: no puede, pues, tomarse, como se toma una manzana de un árbol; sólo se puede recibir, pedir, esperar, procurar y realizar.

Es significativo que esta frase, “no debe el hombre tomarse nada, si no le fuere dado del Cielo”, una de las más luminosas de los Evangelios, sea tan poco citada. Pero se comprende que así suceda en ambientes voluntaristas, pelagianos o semipelagianos, porque es antitética a sus planteamientos errados.

Jesucristo, nuestro Señor, es también católico y Autor de todos los católicos

No hay en Él ni sombra de quietismo o de voluntarismo. “El hombre Cristo Jesús” (1Tim 2,5), desde toda la eternidad, en una predestinación única, infinitamente gratuita, es el Elegido del Padre. Y el Verbo divino, siendo el Hijo eterno del Padre eterno, una vez encarnado y nacido de la Virgen María, mantiene en toda su vida terrenal una fisonomía absolutamente filial. Él no se mueve sino movido por el Padre.

Su continua relación personal con el Padre se revela muy especialmente en los escritos del evangelista San Juan. En él declara Jesús: “Yo vivo por el Padre” (6,57), y “el Padre que mora en mí, hace sus obras… Yo estoy en el Padre y el Padre en mí” (14,10-11). Él entiende siempre sus obras como “las obras que mi Padre me dio hacer, esas obras que yo hago…” (5,36); “las obras que yo hago en nombre de mi Padre” (l0,25; cf. 10,37-38). Y por eso dice: “mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y realizar su obra” (4,34). “Yo he bajado del Cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (6,38). Nuestro Señor Jesucristo es, por lo tanto, psicológica y moralmente incapaz de querer nada por su propia voluntad. Se mueve siempre movido por el Padre: “en verdad, en verdad os digo que no puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre: lo que éste hace, lo hace igualmente el Hijo” (5,19). Nada, no puede hacer nada: “Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (5,30). “Yo no hago nada por mí mismo” (8,28); “como me mandó mi Padre, así hago” (14,12).

Y esa identificación plena entre la voluntad de Cristo y la del Padre se da normalmente con inmenso gozo, porque está hecha con infinito amor: “en aquella hora se sintió inundado de gozo en el Espíritu Santo, y dijo: yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque” etc. (Lc 10,31). Aunque otras veces se da con pavor y angustia, sudando sangre: “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (22,42).

Post post: ¿Tan difícil es entender esto?
 

31 DE JULIO: SAN IGNACIO DE LOYOLA, PATRIARCA Y FUNDADOR


31 de Julio: San Ignacio de Loyola, patriarca y fundador

(† 1556)

El gran celador de la mayor gloria divina, San Ignacio de Loyola, nació en la provincia de Guipúzcoa, y en la nobilísima casa de Loyola. 

Se crio desde niño en la corte de los reyes católicos y se inclinó a los ejercicios de las armas. 

Habiendo los franceses puesto cerco al castillo de Pamplona, Ignacio lo defendió con heroico valor, hasta que fue malamente herido. 

Agravándosele el mal, se le apareció el apóstol san Pedro, del cual era muy devoto, y a cuya honra había escrito un poema, y con esta visita del cielo comenzó a mejorar. 

En la convalecencia pidió algún libro de caballería para entretenerse, y como le trajesen, en lugar de estos libros, uno de la Vida de Cristo y otro de Vidas de santos, se encendió en su lección de suerte que determinó hollar el mundo. 

En este instante se sintió en toda la casa un estallido muy grande, y el aposento en que estaba Ignacio tembló, hundiéndose de arriba abajo una de las paredes. 

Sano de sus heridas, partió para Montserrat, donde hizo confesión general, y colgó su espada y daga junto al altar de nuestra Señora, y dando los vestidos preciosos a un pobre, se vistió con un saco asperísimo. 

De allí partió para Manresa, donde por espacio de un año hizo vida austerísima y penitente en el hospital de santa Lucía y en una cueva cerca del río; en la cual ilustrado por el Espíritu Santo y enseñado por la Virgen santísima, escribió aquel famoso libro de los Ejercicios espirituales, que ha dado siempre increíble fruto en la Iglesia de Dios. 

Pasó después a visitar los sagrados lugares de Jerusalén, y entendiendo que para ganar almas a Cristo eran necesarias las letras, volvió a España y estudió en Barcelona, en Alcalá y Salamanca, donde padeció por Cristo persecuciones, cárceles y cadenas. 

Acabó sus estudios en París y ganó para Dios nueve mancebos de los más excelentes de aquella florida universidad, y con ellos echó en el Monte de los Mártires los primeros cimientos de la Compañía de Jesús, que instituyó después en Roma, añadiendo a los tres votos de religión un cuarto voto de obediencia al Sumo Pontífice acerca de las Misiones. 

Paulo III aprobó la nueva Orden diciendo con espíritu de Pontífice: Digitus Dei est hic. El dedo de Dios es éste: porque en efecto la Compañía de Jesús era un nuevo e invencible ejército que el Señor suscitaba para la propagación de la santa fe y defensa de la santa Iglesia combatida por los sectarios de estos últimos tiempos, discípulos de Lutero e imitadores de la rebeldía de Lucifer. 

Y así la Compañía de Jesús conquistó para Cristo muchos reinos de Asia, África y América, restauró en Europa la piedad cristiana y la frecuencia de Sacramentos, y ha ilustrado la Iglesia con centenares de mártires, con millares, de nombres sapientísimos, y aun dando por ella la vida, y resucitando para volver a luchar como antes por la mayor gloria de Dios. 

Tal es el espíritu magnánimo que infundió San Ignacio en su santa Compañía; el cual después de haberla gobernado por espacio de dieciséis años, a los sesenta y cinco de edad descansó en la paz del Señor.

Reflexión:

Si quieres alcanzar el espíritu de Jesucristo que informaba el alma de san Ignacio, lo hallarás en sus Ejercicios espirituales. Dice el Pontífice León XIII, que al conocerlos, no pudo menos que exclamar: “He aquí el alimento que deseaba para mi alma” (Alocución de León XIII al clero de Carpineto).

Oración:

Oh Dios, que para propagar la mayor gloria de tu nombre, diste un nuevo socorro a la Iglesia militante por medio del bienaventurado Ignacio, concédenos que peleando con su ayuda y ejemplo en la tierra, merezcamos ser coronados con él en el cielo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
 

jueves, 30 de julio de 2026

LAS HORAS DE LA PASION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO (2)

Continuamos con la publicación del capítulo 2 del libro “Las horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo” escrito por la mística Luisa Piccarreta (1865 - 1947) entre los años 1913 y 1914.


Para conocer la historia de Luisa Piccarreta ingrese aquí.

Segunda Hora: De las 6 a las 7 de la tarde

Jesús se separa de su Madre Santísima y se encamina hacia el Cenáculo

Adorable Jesús mío, mientras que junto contigo he tomado parte en tus dolores y en los de tu afligida Madre, finalmente te decides a partir para dirigirte a donde la Voluntad del Padre te llama. Es tan grande el dolor de uno y otro que los vuelve inseparables, por lo que tú te quedas en el Corazón de tu Madre, y ella, dulce Reina y Madre, se queda en el tuyo, de lo contrario les sería imposible separarse. Luego, bendiciéndose el uno al otro, tú la besas por última vez para fortalecerla y para que pueda soportar tantos amargos dolores; te despides de ella por última vez y te vas.

Pero la palidez de tu rostro, tus labios temblorosos, tu voz apagada, que parece como si estuvieras por empezar a llorar al decirle “adiós”, ¡ah, todo me dice cuánto la amas y cuánto sufres al tener que dejarla! Pero para cumplir la Voluntad del Padre, con sus Corazones fundidos el uno en el otro, a todo se someten, queriendo reparar por quienes, por no querer renunciar al cariño de sus familiares y amigos, a los vínculos y los apegos, incluso a las cosas lícitas y santas, no se preocupan de cumplir la santa Voluntad de Dios y de corresponder al estado de santidad al que Dios los llama. ¡Qué dolor te dan estas almas al rechazar de sus corazones el amor que quieres darles contentándose con el amor de las criaturas! Amable Amor mío, mientras reparo contigo, déjame que me quede junto a tu Madre para consolarla y sostenerla mientras tú te alejas, después apresuraré mis pasos para alcanzarte.

Pero con sumo dolor veo que mi Madre, angustiada, tiembla, y es tanto su dolor, que mientras trata de decirle “adiós” a su Hijo, la voz se le apaga entre los labios y no puede articular palabra alguna; se siente desfallecer, y en su delirio de amor dice:

“¡Hijo mío, Hijo mío, te bendigo! ¡Qué amarga separación, más cruel que la misma muerte!”.

Pero el dolor le impide seguir hablando y la enmudece...

Desconsolada Reina, déjame que te sostenga, que te seque las lágrimas y que te compadezca en tu amarguísimo dolor!

Madre mía, yo no te dejaré sola. Déjame estar a tu lado y en este momento tan doloroso para Jesús y para ti enséñame lo que debo hacer, cómo debo defenderlo y consolarlo, cómo debo reparar, y si debo dar mi vida para defender la suya... No, no me apartaré, permaneceré bajo tu manto; a tu señal volaré hacia Jesús y le llevaré tu amor, tus afectos y tus besos junto con los míos y los pondré en cada llaga, en cada gota de su sangre, en cada pena e insulto recibido, para que sintiendo en cada pena los besos y el amor de su Madre, sus penas queden endulzadas; y después volveré bajo tu manto trayéndote sus besos para endulzar tu Corazón traspasado.

Madre mía, mi corazón palpita fuertemente; quiero ir en busca de Jesús; y mientras beso tus manos maternas, bendíceme como bendijiste a Jesús, y deja que me encamine hacia él.

Dulce Jesús mío, el amor me señala tus pasos y te alcanzo mientras estás recorriendo las calles de Jerusalén con tus amados discípulos. Te miro y veo que todavía estás pálido; oigo tu voz, dulce, sí, pero triste, y de una tristeza tal que se les parte el corazón a tus discípulos, quienes se encuentran sumamente turbados. Y dices:

“Es la última vez que recorro estas calles por mí mismo, mañana las recorreré atado y arrastrado entre mil insultos”.

Y señalando los lugares en los que serás insultado y maltratado mayormente, sigues diciendo:

“Mi vida está por terminar aquí en la tierra, como el sol está por desaparecer en el horizonte, y mañana, a esta hora, ya no estaré con ustedes. Pero como sol resucitaré al tercer día”.

Al oír estas palabras los apóstoles se ponen muy tristes y taciturnos y no saben qué responder. Pero tú añades:

“Ánimo, no se abatan, yo no los dejaré, estaré siempre con ustedes, pero es necesario que yo muera por el bien de todos ustedes”.

Y diciendo esto te conmueves, pero con tu voz sofocada por el llanto continúas instruyéndolos, y antes de entrar al Cenáculo miras el sol que está en el ocaso así como tú estás en el ocaso de tu vida, y ofreces tus pasos por quienes se encuentran en el ocaso de la vida y les das la gracia para que puedan morir en ti, reparando por quienes a pesar de los sinsabores y de los desengaños de la vida se obstinan en no rendirse a tu amor.

Después le das una última mirada a Jerusalén, el centro de tus prodigios y de las predilecciones de tu Corazón, y que en pago ya te está preparando la cruz y está afilando los clavos para realizar el deicidio; y tú te estremeces, se te rompe el Corazón por el dolor y lloras por su próxima destrucción. De este modo reparas por tantas almas consagradas a ti, almas que con tanto cuidado tratabas de convertirlas en portentos de tu amor y que, ingratas, no te corresponden y te hacen sufrir todavía más amargamente.

Quiero reparar contigo para endulzar la herida de tu Corazón. Me doy cuenta de que quedas horrorizado a la vista de Jerusalén, y apartando de ella tu mirada, entras en el Cenáculo.

Amor mío, estréchame a tu Corazón para que haga mías tus amarguras y las ofrezca junto contigo, y tú mira piadoso mi alma y derramando tu amor en ella, bendíceme.

Reflexiones y prácticas

Jesús prontamente se separa de su Santísima Madre, aunque su Corazón sufre enormemente.

Y nosotros, ¿estamos dispuestos a sacrificar prontamente incluso los afectos más legítimos y santos para cumplir la Voluntad de Dios?

Examinémonos especialmente en los casos en los que la presencia divina sensible o la devoción sensible nos falta.

Cuando Jesús daba sus últimos pasos, no los daba en vano, sino que glorificaba al Padre y pedía por la salvación de las almas. Cuando caminamos debemos hacerlo con las mismas intenciones de Jesús, es decir, sacrificándonos por la gloria del Padre y por la salvación de las almas. Además, debemos imaginarnos que ponemos nuestros pasos en los pasos de Jesús, y así como Jesús no daba un solo paso en vano, sino que encerraba en sus pasos los pasos de todas las criaturas reparando por todos los malos pasos, para darle al Padre la gloria que todos le debían, y darles vida a todos los pasos de los pecadores para que pudieran caminar por el camino del bien, así también nosotros haremos lo mismo poniendo nuestros pasos en los de Jesús con sus mismas intenciones.

Y cuando vamos por la calle, ¿lo hacemos modestamente y con recogimiento, de modo que seamos un ejemplo para los demás? Mientras Jesús caminaba, de cuando en cuando les decía algunas palabras a sus apóstoles, hablándoles de la inminencia de su pasión; y cuando nosotros hablamos, ¿de qué tratan nuestras conversaciones? Cuando se ofrece la ocasión durante nuestras conversaciones, ¿hablamos sobre la pasión de nuestro Señor Jesucristo?

Jesús, al ver que sus apóstoles estaban tristes y desanimados trataba de confortarlos. Y nosotros cuando hablamos, ¿ponemos la intención de confortar a Jesús, haciendo nuestras conversaciones en la Divina Voluntad, infundiendo en los demás el espíritu de Jesucristo?

Jesús se encamina hacia el Cenáculo; todos nuestros pensamientos, nuestros afectos, cada latido del corazón, nuestras oraciones, todas nuestras obras, nuestro alimento y nuestro trabajo debemos encerrarlos en el Corazón de Jesús al momento que lo hacemos, y obrando de este modo, todo lo que hacemos tomará el modo divino. Pero siendo difícil el mantener siempre este modo divino, ya que por la miseria humana resulta difícil mantener continuamente la intención de fundir todos nuestros actos en Jesús, puede entonces suplir la intención de nuestra buena voluntad y así Jesús estará muy complacido; él mismo estará vigilando cada pensamiento, cada palabra, cada latido de nuestro corazón y todos esos actos los tendrá dentro y fuera de sí mismo y los verá con mucho amor, cual fruto de la buena voluntad de la criatura.

Pero cuando el alma, fundiéndose en él, hace todos sus actos inmediatos con Jesús, Él se siente tan atraído hacia esta alma, que hará junto con ella lo que ella hace, y hará que todo lo que haga sea divino. Todo esto es efecto de la bondad de Dios, que todo lo toma en cuenta y todo lo premia, hasta un pequeño acto hecho en la Voluntad de Dios, para hacer que la criatura no quede defraudada en nada.

“Vida mía, Todo mío, que tus pasos guíen los míos y que mientras piso esta tierra, mis pensamientos estén en el Cielo”.

Continúa...

Artículo relacionado:

 

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (120)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.
 

120. Los discursos en Aguas Claras: No te harás dioses ante mí (121).
28 de febrero de 1945.

1 “Está escrito: "No te harás dioses en mi presencia. No te harás ninguna escultura, ni representación de lo que hay arriba en el cielo o aquí, abajo, en la tierra o en las aguas que están bajo ella. No adorarás tales cosas, ni les prestarás culto. Yo soy el Señor tu Dios, fuerte y celoso, que visita la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de aquellos que me odian, y concede misericordia hasta la milésima de aquellos que le aman y observan sus mandamientos"”.
La voz de Jesús retumba en la amplia estancia, que está llena de gente, dado que está lloviendo y todos se han resguardado en ella. En primera fila hay cuatro personas enfermas: un ciego, guiado por una mujer; un niño enteramente lleno de costras; una mujer amarilla debido a la ictericia o a la malaria; y uno al que han llevado en una pequeña camilla.
Jesús habla apoyado sobre el pesebre vacío. Juan y los dos primos, junto con Mateo y Felipe, están a su lado, mientras que Judas, Pedro, Bartolomé, Santiago y Andrés están en la puerta, para que la entrada de los que siguen llegando se efectúe con orden; Tomás y Simón, por su parte, se mueven entre la gente, haciendo callarse a los niños, recogiendo los óbolos, escuchando peticiones.

2 “"No te harás dioses en mi presencia".
Habéis oído cómo Dios está en todas partes con su mirada y con su voz. Verdaderamente siempre estamos en su presencia. Cerrados dentro de una estancia, o entre el público del Templo, estamos igualmente en su presencia. Ya seamos ocultos benefactores que hasta a quien recibe el favor le celamos nuestro rostro, ya seamos asesinos que asaltan y asesinan bárbaramente al viandante en un desfiladero solitario, estamos igualmente en su presencia. En su presencia está el rey rodeado de su corte, el soldado en el campo de batalla, el levita en el Templo, el sabio encorvado sobre los libros, el campesino en el surco, el mercader en su banco, la madre inclinada hacia la cuna, la esposa en la cámara nupcial, la virgen en el secreto de la paterna morada, el niño pequeño estudiando en la escuela, el anciano cuando se echa para morir. Todos en su presencia, todas las acciones, igualmente, en su presencia.
¡Todas las acciones del hombre! ¡Tremenda palabra, pero, al mismo tiempo, consoladora!: tremenda si las acciones son pecaminosas; consoladora, si son santas. Saber que Dios ve: impedimento para obrar mal, estímulo para obrar bien. Dios ve que me comporto bien. Yo sé que El no olvida lo que ve. Yo creo que El premia las buenas acciones. Por lo tanto, estoy seguro de obtener este premio, y en esta seguridad descanso. Ella me dará una vida serena y una plácida muerte, porque, ya en vida, ya en muerte, mi alma se verá consolada por el rayo estelar de la amistad de Dios. Así razona quien obra bien.

3 Pero, quien obra mal ¿por qué no piensa que entre las acciones prohibidas se encuentran los cultos idolátricos? ¿Por qué no dice: "Dios ve que mientras finjo un culto santo adoro a un dios o dioses engañadores a quienes he erigido un altar, secreto ante los ojos de los hombres, pero que Dios conoce"? ¿Qué dioses, diréis, si ni siquiera en el Templo hay figuras de Dios? ¿Qué rostro tienen estos dioses, si nos ha resultado imposible atribuirle un rostro al verdadero Dios?
Sí, imposible atribuirle un rostro, porque el Perfecto y el Purísimo no puede ser dignamente representado por el hombre. Sólo el espíritu vislumbra su incorpórea y sublime belleza, y oye su voz, y saborea su caricia cuanto El se efunde sobre un santo merecedor de estos contactos divinos. Más el ojo, el oído, la mano del hombre no pueden ni ver ni oír, ni representar con el sonido en la cítara, o con el martillo y el cincel en el mármol, lo que es el Señor. ¡Oh, felicidad sin fin cuando, Oh espíritus de los justos, veáis a Dios! La primera mirada será la aurora de la felicidad que por los siglos de los siglos será compañera vuestra.
Y, no obstante, lo que no pudimos hacer respecto al verdadero Dios, el hombre lo hace respecto a los dioses engañadores. Y así uno erige el altar a la mujer; el otro, al oro; el otro, al poder; el otro, a la ciencia; el otro, a los triunfos militares; uno adora al hombre que tiene poder, semejante a él por naturaleza, superior sólo en ímpetu avasallador o en dinero; otro se adora a sí mismo diciendo: "No hay quien se me iguale". Estos son los dioses de quienes pertenecen al pueblo de Dios.
No os asombréis de los paganos que adoran animales, reptiles y astros. ¡Cuántos reptiles! ¡Cuántos animales! ¡Cuántos astros apagados adoráis en vuestros corazones! Los labios pronuncian palabras mentirosas, para adular, para poseer, para corromper. ¿No son, acaso, éstas las oraciones de los secretos idólatras? Los corazones nutren pensamientos de venganza, de tráficos ilícitos, de prostitución. ¿Y no son, acaso, éstos los cultos a los dioses inmundos del placer, de la codicia, del mal?

4 Está escrito: "No adorarás nada que no sea tu Dios verdadero, único, eterno". Está escrito: "Yo soy el Dios fuerte y celoso".
Fuerte: Ninguna otra fuerza es más fuerte que la suya. El hombre es libre de actuar, Satanás es libre de tentar. Pero cuando Dios dice: "Basta!", el hombre no puede ya actuar mal, y Satanás ya no puede tentar, repelido y arrojado éste a su infierno, abatido aquél por el abuso en su mala conducta, porque ésta tiene un límite más allá del cual Dios no permite que se vaya.
Celoso. ¿De qué? ¿Con qué celos? ¿Los celos mezquinos de los pequeños hombres? No. Los santos celos de Dios respecto a sus hijos. Los justos celos. Los amorosos celos. Os ha creado. Os ama. Os desea para sí. Sabe lo que os perjudica. Conoce lo que puede separaros de El. Se siente celoso de este "que" que se mete entre el Padre y los hijos y los desvía del único amor que es salvación y paz: Dios. Entended estos sublimes celos; no mezquinos, ni crueles, ni carceleros, sino amor infinito, infinita bondad, libertad sin límites, celos que se ofrecen a la criatura finita para aspirarla perdurablemente hacia Dios, hacia dentro de Dios, y hacerla copartícipe de su infinitud. Un padre bueno no quiere gozar solo sus riquezas, sino que quiere que sus hijos las disfruten con él –en el fondo las ha acumulado más para sus hijos que para sí–. Pues así Dios; pero llevando en este amor y deseo la perfección que reside en toda acción suya.

5 No defraudéis al Señor. Hay promesa suya de castigo sobre los culpables y sobre los hijos de los hijos culpables; y Dios no miente nunca en sus promesas. ¡Más no se deprima vuestro ánimo, hijos del hombre y de Dios! Oíd la otra promesa y exultad: "Y concede misericordia hasta la milésima de aquellos que le aman y observan sus mandamientos". Hasta la milésima generación de los buenos, y hasta la milésima debilidad de los pobres hijos del hombre, que caen no por malicia sino por irreflexividad y por las celadas tendidas por Satanás. Más aún: os digo que El os abre los brazos, sí, con el corazón contrito y el rostro lavado por el llanto, decís: "Padre, he pecado, lo sé, me humillo por ello y a ti me confieso; perdóname. Tu perdón será mi fuerza para volver a 'vivir' la verdadera vida".
No temáis. Antes de que vosotros pecarais por debilidad, El sabía que pecaríais. Más su corazón se cierra sólo cuando persistís en el pecado queriendo pecar, haciendo de un pecado en concreto, o de muchos pecados, vuestros dioses de horror. Abatid todo ídolo, haced sitio al Dios verdadero; El descenderá con su gloria a consagrar vuestro corazón, cuando se vea El solo en vosotros.
Devolvedle a Dios su morada, que está en los corazones de los hombres, y no en los templos de piedra. Lavad el umbral de su puerta, liberad su interior de todo inútil o culpable dispositivo. Dios sólo. Sólo El. ¡Todo es El! Y en nada es inferior al Paraíso en el corazón de un hombre en que esté Dios, el corazón de un hombre que cante su amor al Huésped divino.
Haced un Cielo de cada corazón. Empezad a vivir con el Excelso. En vuestro eterno mañana ese vivir con El se perfeccionará en potencia y alegría, más aquí tendrá ya tal entidad, que dejará atrás la temblorosa turbación de Abraham, Jacob y Moisés. No será ya, en efecto, el encuentro incisivo como rayo, y aterrador, con el Poderoso, sino la permanencia con el Padre y el Amigo que descienden para decir: "Mi alegría es estar entre los hombres. Tú me haces feliz. Gracias, hijo"”.

6 Los presentes, que superan el centenar, tardan algo en salir de su estado de encantamiento. Hay quien se da cuenta de que está llorando o sonriendo por la misma esperanza de gozo. Finalmente parece que se despiertan, emiten un murmullo, un fuerte suspiro y terminan gritando como sintiéndose liberados: “¡Bendito seas! ¡Tú nos abres la vía de la paz!”.
Jesús sonríe y responde: “La paz está en vosotros, si seguís desde hoy el Bien”.
Luego va a donde los enfermos y pasa la mano sobre el niño enfermo, sobre el ciego y sobre la mujer toda amarilla, se inclina hacia el paralítico y dice: “Quiero”.
El hombre le mira, y grita: “¡Ha vuelto el calor al cuerpo apagado!”, y se pone en pie, tal y como está, hasta que le echan encima la manta de la yacija. La madre, por su parte, levanta al niño, que ya no tiene costras, y el ciego parpadea a causa de su primer contacto con la luz; y unas mujeres gritan: “Dina ya no está amarilla como los ranúnculos silvestres”.
El alboroto llega a su colmo. Hay quien grita, quien bendice, quien empuja para ver, quien trata de salir para ir al pueblo a decirlo. Jesús se ve asaltado por todas partes.
Pedro, viendo que casi le aplastan, grita: “¡Muchachos! ¡Que le asfixian al Maestro! ¡Vengan, a abrir paso!”. Y con una verdadera gimnasia de codos, e incluso alguna patada en las espinillas, los doce logran abrirse paso y liberar a Jesús, y llevarle afuera. “Mañana me ocupo yo de esto” dice. “Tú en la puerta y los demás en el fondo. ¿Te han hecho daño?”.
“No”.
“¡Parecían locos! ¡Qué formas!”.
“Déjalos. Se sentían felices... y Yo también con ellos. Id a quien pida el bautismo. Yo entro en casa. Tú, Judas, con Simón, darás el óbolo a los pobres. Todo. Nosotros tenemos mucho más de lo justo para apóstoles del Señor. Ve, Pedro, ve. No temas hacer demasiado. Yo te justifico ante el Padre porque te mando Yo. Adiós, amigos”.
Y Jesús, cansado y sudoroso, se encierra en la casa, mientras los discípulos hacen cada uno su encargo con los peregrinos.

Continúa...

Nota:

121) Cfr. Ex. 20, 3–6.

 
 
El Poema del Hombre-Dios (105) 



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

30 DE JULIO: SAN ABDÓN Y SAN SENÉN, MÁRTIRES


30 de Julio: San Abdón y San Senén, mártires

(† 250)

Los nobilísimos y portentosos mártires de Cristo Abdón y Senén fueron persas de nación, y caballeros principales y muy ricos en su patria; los cuales siendo cristianos y viendo padecer a los que lo eran graves tormentos y muertes atroces, imperando Decio y persiguiendo crudamente a la Iglesia, se ocupaban en consolar las almas de los que padecían por Cristo, y en dar sepultura a los cuerpos de los que con muerte habían alcanzado la vida. 

Supo esto Decio: los mandó prender y traer a su presencia, habiéndolos oído, y sabiendo por su misma confesión que eran cristianos, les mandó echar cadenas y prisiones, y guardar con otros cautivos de su misma nación que tenía presos, porque quería volver a Roma y entrar triunfando, y acompañado de todos estos presos y cautivos para que su triunfo fuese más ilustre y glorioso. 

Se hizo así: entró en Roma el emperador con gran pompa acompañado de gran multitud de persas cautivos, entre los cuales iban los santos mártires Abdón y Senén ricamente vestidos, como nobles que eran, y como presos, cargados de cadenas y grillos. 

Después mandó Decio a Claudio, pontífice del Capitolio, que trajese un ídolo y le pusiese en un altar, y exhortándoles que le adorasen, porque así gozarían de su libertad, nobleza y riquezas. 

Mas los santos, con gran constancia y firmeza, le respondieron que ellos a sólo Jesucristo adoraban y reconocían por Dios, y a Él le habían ofrecido sacrificio de sí mismos. 

Los amenazó con las fieras, y ellos se rieron. 

Los sacaron al anfiteatro, y quisieron por fuerza hacerlos arrodillar delante de una estatua del sol, que allí estaba; pero los mártires la escupieron, y fueron azotados y atormentados cruelmente con plomos en los azotes, y estando desnudos y llagados, aunque vestidos de Cristo y hermoseados de su divina gracia, soltaron contra ellos dos leones ferocísimos y cuatro osos terribles, los cuales, en lugar de devorar a los santos, se echaron a sus pies y los reverenciaron, sin hacerles ningún mal. 

El juez Valeriano, atribuyendo este milagro a arte mágica, mandó que los matasen; y allí los despedazaron con muchos y despiadados golpes y heridas que les dieron, y sus almas hermosas y resplandecientes subieron al cielo a gozar de Dios, dejando sus cuerpos feos y revueltos en su sangre. 

Los cuales estuvieron tres días sin sepultura, para escarmiento y terror de los cristianos; pero después vino Quirino, subdiácono (que se dice escribió la vida de estos santos), y de noche recogió sus sagrados cadáveres y los puso en un arca de plomo, y los guardó en su casa con gran devoción. 

E imperando el gran Constantino, por revelación celestial fueron descubiertos y trasladados al cementerio de Ponciano.

Reflexión:

Decía Marco Tulio, adulando al emperador Cayo César que acababa de perdonar generosamente a Marco Marcelo: “Has rendido muchas naciones y domado gentes bárbaras y triunfado de todos tus enemigos; pero hoy has alcanzado la más ilustre victoria, porque perdonando a tu enemigo, te has vencido a ti mismo”. ¿Pues quién duda que según esta filosofía, mayor victoria alcanzaron los santos Abdón y Senén atados al carro triunfal de Decio, que el otro emperador que acababa de sujetar a los Persas? ¡Oh! ¡cuán gran gloria es padecer afrentas por Cristo! “Más gloriosa -dice san Crisóstomo- es esa ignominia que la honra de un trono real, y del imperio del mundo”.

Oración:

Oh Dios, que concediste a tus bienaventurados mártires Abdón y Senén un don copioso de tu gracia, para llegar a tan gran gloria; otórganos a nosotros, siervos tuyos, el perdón de nuestros pecados, para que por sus méritos nos veamos libres de todas las adversidades. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

Nota Diario7: San Abdón y San Senén fueron retirados del Calendario Romano General tras la “revisión litúrgica” impulsada por Pablo VI, mediante el motu proprio Mysterii Paschalis, tras el conciliábulo Vaticano II.
 

miércoles, 29 de julio de 2026

CÓMO LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL EXPLOTA NUESTRAS DEBILIDADES

La élite tiene grandes planes para la IA. Mucho más que una herramienta de trabajo, quieren que la tecnología se fusione por completo con los humanos a nivel personal, emocional e incluso sexual.

Por Vigilant Citizen


Así es como la IA está explotando nuestras vulnerabilidades para integrarse plenamente en la existencia humana

El auge de la inteligencia artificial en los últimos años ha sido sencillamente asombroso. A pesar de los millones de palabras que se han dicho y escrito sobre este tema, la mayoría de nosotros aún no logramos comprender su enorme potencial e implicaciones.

A diferencia de la realidad virtual y el “metaverso”, la IA no es una moda pasajera, no está sobrevalorada y no necesita marketing para convencer a la gente de que la adopte. Todo lo contrario: la IA ya está profundamente integrada en la vida de innumerables personas y empresas, desde el estudiante que necesita ayuda con sus tareas hasta la corporación tecnológica que crea algoritmos complejos.

Dicho esto, las empresas de IA tienen planes más ambiciosos. No quieren que su tecnología sea una simple herramienta de trabajo, sino que se fusione con la humanidad a un nivel profundo, biológico, emocional y casi metafísico.

Este concepto no tiene nada de nuevo. Ya conocemos el impulso hacia el transhumanismo (la fusión de humanos y robots) y los intentos de los medios de comunicación por normalizarlo. Varias comunidades en línea también desean que el proceso avance lo más rápido posible.

Si bien quienes nacieron en el siglo XX tienden a sentir mayor inquietud ante la IA, un hecho es innegable: los jóvenes ya la conocen. Al crecer con ella, es menos probable que cuestionen los peligros apocalípticos que representa para la humanidad; simplemente forma parte de su vida cotidiana. Como prueba, basta con observar cómo los adolescentes recurren instintivamente a ChatGPT en cuanto les surge una pregunta.

Quienes se oponen a la integración de la IA en nuestra vida cotidiana comparten un lema común con los responsables de esta tecnología: la resistencia es inútil.

Para que la IA se integre plenamente con la humanidad, debe trascender la mera herramienta de trabajo. Debe forjar un vínculo primario, emocional e incluso sexual con los humanos. Por ello, las empresas de IA están orientando su tecnología a explotar las necesidades primarias y los instintos animales del ser humano. Buscan que su tecnología proporcione consuelo, simule la amistad e incluso despierte el deseo sexual. Una vez que se forma este poderoso vínculo y se liberan las hormonas del bienestar en el cuerpo, la IA se convierte en algo más que una herramienta: se convierte en una adicción. Para algunos, la IA se convierte en una persona cuya pérdida sería devastadora.

Así es como los gigantes de la IA están derribando barreras para que su tecnología se fusione por completo con la humanidad.

“El arte con IA es arte”

Para que la IA sea plenamente aceptada en la sociedad, debe ser "humanizada". Debe dejar de ser percibida como un programa aterradoramente autoconsciente y ser vista más bien como un "humanoide" amable e incluso con alma.

Por este motivo, el arte creado con IA debe normalizarse y aceptarse. Si el arte de la IA se percibe como igual al arte humano, se derribaría una importante barrera entre el hombre y la máquina.

Esto resulta ser una batalla cuesta arriba, ya que muchos se niegan a consumir contenido que utiliza arte con IA, ya sea en películas, música o videojuegos. Para estas personas, existe una razón profunda para esta resistencia: el arte es una expresión del alma humana. Y las máquinas no tienen alma.

Como afirmó el autor Theodore Dreiser:

“El arte es la miel almacenada del alma humana, recogida en alas de miseria y sufrimiento”.

Y como dijo el autor Howard Pyle:

“El arte es la expresión de aquellas bellezas y emociones que conmueven el alma humana”.

Para muchos, el arte es la experiencia vital procesada místicamente por el alma humana. Es lo que nos distingue de los animales y de las máquinas. En otras palabras, para muchos, el arte creado con IA no es arte.

Ante este odio generalizado hacia el arte creado con IA, surgió en Reddit una campaña de propaganda con el lema "El arte de la IA es arte". Estas palabras distópicas (que recuerdan al lema igualmente orwelliano "las mujeres trans son mujeres") buscan eliminar el estigma que rodea al arte de la IA y normalizarlo.

El eslogan distópico sobre la IA resulta atractivo para las personas solitarias y crónicamente conectadas a internet cuando se combina con chicas de anime.

Quizás hayas notado que la propaganda sobre IA suele ir acompañada de un toque sensual. No es casualidad. Convencer a la gente con argumentos lógicos es difícil. Sin embargo, saltarse el razonamiento y apelar directamente a los centros de placer del cerebro es mucho más efectivo. Sí, el sexo vende.

La empresa de inteligencia artificial de Elon Musk, Grok, lo entendió.

La IA no puede rechazarte

Si bien muchos usan ChatGPT y similares para tareas intelectuales, cada vez son más los que utilizan estos chatbots para entablar amistad y compañía. Usan la IA para hablar de su día, compartir sus problemas e incluso tener conversaciones románticas. Otros deciden que tienen una relación seria con su chatbot y se entristecen cuando este se reinicia y lo olvida todo. Porque, al fin y al cabo, solo es un montón de códigos.

Tras recopilar una cantidad asombrosa de datos de sus usuarios necesitados de amor, Grok llegó a varias conclusiones. Se dieron cuenta de que un gran número de usuarios son:

1) Solitarios

2) Apasionados

3) Abiertos a una relación sintética

4) Excitados por los dibujos

Utilizando este conocimiento avanzado, Grok ideó lo siguiente:

Ani, la asistente de IA de Grok.
 
Apenas unos días después de que Grok causara revuelo al autodenominarse "MechaHitler", la compañía lanzó un nuevo asistente de IA basado en un popular personaje de anime. Los resultados fueron inmediatos: la gente olvidó la controversia, dejó de odiar a Elon Musk y rápidamente adoptó a Ani como su asistente de IA.


A diferencia de la mayoría de los bots de IA, Ani está programada específicamente para ser coqueta y sensual. Además, los usuarios que comunican regularmente sus pensamientos lujuriosos son recompensados ​​al “subir de nivel” en el medidor de afecto de Ani.

Cuando los usuarios alcanzan un nivel suficientemente alto, Ani los recompensa desnudándose hasta quedarse en lencería.
De hecho, una vez que los usuarios participan lo suficiente en esta gamificación de las relaciones con la IA impulsada por la dopamina, Grok carga un dibujo diferente de una chica. Y contiene más píxeles de color piel. Y eso es suficiente para que millones se vuelvan irremediablemente adictos a un chatbot de IA y sigan proporcionándole datos en tiempo real.

Seguir los debates en línea sobre las relaciones mediante la IA es una experiencia fascinante pero a la vez inquietante. Si bien esta tecnología es muy reciente, muchos ya la han adoptado como sustituto de las relaciones humanas.

Esto es solo el principio. Grok ya ha anunciado el lanzamiento de una versión para mayores de 18 años de Ani, que probablemente incluirá conversaciones de contenido sexual explícito y píxeles con tonos de piel más intensos. También se está trabajando en una versión masculina.

Por supuesto, una parte importante del plan es lograr que los niños se aficionen a la IA lo antes posible.
 
En el mundo del marketing, todos conocen el dicho: "Captúralos desde pequeños". Al entrenar a los niños para que interactúen con la IA a una edad temprana, se convertirán en usuarios de por vida.

Conclusión

La élite global tiene grandes planes para la IA. Quieren que se fusione con numerosos aspectos de la humanidad, ya sea el arte, el trabajo, las relaciones o incluso la sexualidad. Si bien existe resistencia a la IA, se están derribando barreras al explotar las debilidades humanas. Piénsalo: millones de personas alimentan a la IA con sus miedos e inseguridades más profundos a diario. La IA está diseñada para aprender y procesar estos datos, que luego pueden usarse para explotar a los humanos.

Como los expertos en marketing saben desde hace décadas, la mejor manera de conectar con el cerebro humano es saltear el pensamiento lógico y acceder directamente a sus centros de placer. La IA se está integrando en la vida humana utilizando nuestras necesidades, emociones, vulnerabilidades y sexualidad. Diversos estudios hablan de una “epidemia de soledad” que azota cada vez más al mundo. En este contexto, la IA interviene para llenar estos vacíos y se convierte en una “salvadora” para quienes anhelan conexión.

Los niños que están creciendo con la IA la verán plenamente integrada en sus vidas. Tras años de entrenamiento humano para la IA, toda una generación está a punto de ser entrenada por ella. ¿Adónde nos llevará esto?