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domingo, 1 de noviembre de 2026

1 DE NOVIEMBRE: LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS


1 de Noviembre: La Fiesta de Todos los Santos

Entre todas las fiestas que la Iglesia ha instituido en reverencia de los Santos que están en los Cielos, la más solemne es la que se celebra en este día en honra de todos; porque en ella a todos los abraza, a todos se encomienda y llama en su favor. 

Fue instituida en Roma por Bonifacio IV en honor de la Virgen Santísima y de todos los Santos Mártires, consagrándoles en el año 607, el templo llamado Panteón, en el cual habían sido adorados todos los falsos dioses de la gentilidad. 

Más tarde Gregorio IV ordenó que aquella fiesta se hiciese en honra de todos los Santos del Cielo, y mandó que se celebrase en toda la cristiandad, señalando para ello este día primero de noviembre. 

Tres fueron las razones principales de esta institución: reparar lo que en la fragilidad humana hubiese faltado por ignorancia o descuido en las fiestas particulares de los santos; alcanzar por la poderosa intercesión de todos los santos juntos, las gracias que necesitamos, y animarnos a la imitación de sus virtudes, con la esperanza de alcanzar el premio de la gloria eterna que ellos alcanzaron. 

“Consideremos -nos dice San Cipriano- y pensemos con frecuencia que hemos renunciado al mundo, y que vivimos en la tierra como huéspedes y peregrinos. Suspiremos por aquel día, en que cada uno de nosotros ha de señalar morada en aquella verdadera patria, y en que, sacados de este destierro, y libres de los lazos del siglo, hemos de entrar en el reino celestial. ¿Quién hay, que, viviendo lejos de su patria no arda en deseos de llegar a ella? ¿Quién hay, que navegando de vuelta a su hogar y familia, no desee viento favorable para poder abrazar a las prendas de su corazón? Nuestra patria es el paraíso; son nuestros parientes los santos patriarcas, ¿Por qué no nos damos prisa y corremos para ver nuestra patria, y saludar a los parientes? Allí nos espera un gran número de amigos; allí nos echa de menos una gran muchedumbre de parientes, hermanos e hijos, seguros ya de su gloria inmortal, pero solícitos de nuestra salvación. ¡Qué alegría ha de ser para ellos y para nosotros, el vernos y abrazarnos! ¡Que deleite el de aquellos reinos celestiales donde sin el temor de la muerte se posee una eternidad de vida! ¡Oh, felicidad suprema, y que nunca se ha de acabar! Allí está el glorioso coro de los apóstoles; allí la alegre compañía de los profetas; allí el innumerable ejército de los santos mártires, coronados por la victoria que alcanzaron de los tiranos y verdugos; allí las purísimas vírgenes, que con la virtud de su continencia, triunfaron de las malas inclinaciones de su cuerpo; allí los misericordiosos, que, socorriendo largamente las necesidades de los pobres, cumplieron con toda justicia y observando los preceptos del Señor, colocaron en el tesoro del cielo los patrimonios de la tierra. Apresurémonos con vivas ansias a llegar a donde ellos, para que podamos reinar presto con Cristo”. (San Cipriano, lib. de mortalit.)

Reflexión: 

Dice muy bien San Gregorio: “Al oír las cosas de aquella gloria, nuestra alma suspira por ellas, y ya desea encontrarse donde espera gozar sin fin”. Pero los grandes premios no se alcanzan sin grandes trabajos; y así dice San Pablo, que “no será coronado sino aquel que legítimamente peleare”. Deléitese en hora buena, el ánimo con la grandeza de los premios; pero no desmaye en los trabajos de la campaña. 

Oración: 

Todopoderoso y sempiterno Dios, que nos concedes la gracia de celebrar en una solemnidad los méritos de Todos los Santos, te rogamos que atendiendo a tan gran muchedumbre de intercesores, derrames sobre nosotros la abundancia deseada de tus misericordias. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 


sábado, 31 de octubre de 2026

31 DE OCTUBRE: SAN QUINTÍN, MARTIR


31 de Octubre: San Quintín, mártir

(✞ 287)

San Quintín fue hijo de un senador romano llamado Zenón, muy conocido en Roma por sus grandes riquezas y por su valimiento con los emperadores.

Desde el día que recibió su Bautismo, que fue, según la Tradición, hacia finales del Pontificado de San Eutiquiano, a quien sucedió San Cayo, prendió en su corazón un fuego de amor por Jesucristo tan ardiente, que hubiera querido abrasar con él a todos los corazones y reducir a cenizas todos los ídolos.

Se ofreció al Papa San Cayo para llevar la Fe a los idólatras de las Galias, y el santo Pontífice alabó su celo y le dio por compañero a San Luciano, y con éste y otros muchos fervorosos fieles que también quisieron acompañarle, partió a aquella apostólica expedición.

Con San Luciano predicó el Evangelio en los pueblos que halló a su paso hasta llegar a la ciudad de Amiens, en las riberas del Río Soma, en Francia.

Allí se separaron, pasando San Luciano a sembrar la fe en Beauvais, y quedándose en Amiens nuestro Santo, el cual con su elocuencia y milagros en breve tiempo formó allí una de las más florecientes Iglesias de las Galias.

De todas partes acudían a él los enfermos, y con solo evocar sobre ellos el nombre de Jesús les daba la salud del cuerpo y juntamente la del alma. Venían al Santo los ciegos conducidos por sus guías, y se volvían sin ellos a sus casas; venían los cojos y paralíticos y se volvían sin muletas ni apoyo alguno.

Pero los sacerdotes de los ídolos que veían ya desiertos sus templos, vacías de ofrendas y cubiertas de polvo sus aras, acudieron a Riccio Varo, que acababa de ser nombrado prefecto de las Galias y era encarnizado enemigo de la Iglesia; y éste, para satisfacer el odio mortal que tenía al nombre cristiano, fue a Amiens, donde hizo prender al Santo, y ejecutó en él toda su bárbara crueldad; le mandó a azotar rigurosamente sin respetar su nobleza, ni el privilegio de ciudadano romano de que el santo gozaba, y como los verdugos que le azotaban cayeron en tierra como muertos, el presidente, renegando de la “magia cristiana” a la cual atribuía aquel suceso, ordenó que encerrasen al mártir en un lóbrego calabozo; que se llenó de luz celestial cuando el Santo entró en aquel lugar oscuro, y al llegar la medianoche, se cayeron las cadenas del Santo hechas pedazos, y al amanecer se encontraba el preso en medio de la plaza de la ciudad, donde comenzó a predicar con tan gran Espíritu de Dios; que se convirtió mucha gente, y hasta el mismo alcalde y los soldados de la guardia que le buscaban.

Espantado ante esto Riccio Varo, le hizo detener de nuevo, y después de someterle a la tortura y desgarrarle las carnes rociándoselas con aceite hirviendo y abrasarle todo el cuerpo con antorchas encendidas, viendo que aquella fortaleza sobrehumana conmovía a toda la ciudad de Amiens y amenazaba con tumulto, mandó que le cortasen la cabeza al Santo.

Reflexión:

Gran maravilla fue que desde que recibió San Quintín el Bautismo, se abrasase en tanto celo por la conversión de los gentiles, pero no es cosa rara, sino efecto ordinario de la gracia de Jesucristo, el sentir un pecador que de veras se convierte, gran deseo de la conversión de los demás, porque queda su alma tan esclarecida con la luz sobrenatural de la fe, y su corazón tan satisfecho y tranquilo en su centro que es Dios, que quisiera que todos los hombres gozasen de esta misma dicha, y así fuese más glorificado Jesucristo, autor y consumador de nuestra fe.

Oración:

Te rogamos, ¡Oh Dios Todopoderoso! que cuantos veneramos en nacimiento para la gloria de tu bienaventurado Quintín, mártir, por su intercesión, crezca en nosotros el amor por su santo nombre. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

viernes, 30 de octubre de 2026

30 DE OCTUBRE: SAN MARCELO, CENTURIÓN


30 De Octubre: San Marcelo, Centurión

(✞298)

El glorioso centurión y mártir de Cristo San Marcelo fue de nación español y tiénese por tradición que nació en la ciudad de León, que después fue cabeza y corte del reino de su nombre. 

Floreció en la profesión militar en tiempo del presidente Anastasio Fortunato que gobernaba aquella provincia de España, y celebrándose por este tiempo la exaltación de Maximiano Herculeo al imperio, para que la función fuese más solemne, el presidente Anastasio Fortunato publicó un edicto por el que se mandaba que todos los pueblos de la provincia concurriesen a León el día señalado para la festividad y regocijo público. 

Marcelo, estando adelante de las banderas de su legión, lastimado de ver tan gente entregada a la idolatría a la vista de todos se quitó el cíngulo o banda militar y dijo: 

- Yo solo sirvo a Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores, por lo que desisto de servir más a los emperadores de la tierra, y desprecio sus falsos dioses. 

Diciendo esto arrojó también el sarmiento que llevaba en la mano como divisa de su grado de centurión en la milicia. 

Dio orden el gobernador que luego pusiesen a San Marcelo en la cárcel; y terminadas las fiestas y sacrificios idólatras, preguntóle lleno de ira: 

-¿Qué causa has tenido para arrojar el símbolo militar?

- La causa es -respondió Marcelo- que siendo como soy cristiano no puedo conservar estas insignias que parecen obligar a prestar sacrificio a vuestras deidades quiméricas.

- Yo no puedo disimular tu temeridad -repuso Fortunato- daré parte de ella al César, enviándote por ahora a Tánger a mi principal Agricolano.

- Haz lo que te parezca -contestó Marcelo- pero entiende que aquí y en todas partes haré la misma confesión de mi Señor Jesucristo.

Envió en efecto Fortunato a Marcelo cargado de cadenas a la metrópoli de la Mauritania, donde a la sazón se hallaba Agricolano, y habiendo llegado el santo a aquella ciudad, después de innumerables sufrimientos que padeció en el viaje, enterado Agricolano del proceso hecho por Fortunato, mandó a uno de sus oficiales a leerlo en voz alta y preguntó después a Marcelo: 

-¿Qué furor te ha preocupado para arrojar las insignias militares y blasfemar contra los Dioses del imperio?

Respondió el mártir:

- No hay furor alguno en los que temen al Señor -y habiendo oído la sentencia de muerte, mostrándose agradecido al prefecto le dijo- Agricolano, Dios te haga bien y tenga misericordia de ti.

Fue conducido después al lugar del suplicio el mismo día que entró en Tánger, y tras ponerse en oración, fue degollado. 

Los cristianos recogieron el venerable cuerpo del ilustre soldado de Cristo en el silencio de la noche, y habiéndole embalsamado, le dieron honrosa sepultura. 

Reflexión: 

¡Qué heroico vencedor de los respetos humanos se mostró el cristiano centurión San Marcelo, arrojando el símbolo militar delante de tan grande muchedumbre y en medio de aquella fiesta tan solemne! ¡Cómo podrán leer este ejemplo tan sublime sin cubrirse de vergüenza las miserables víctimas del qué dirán! Pero, ¿no es razón hacer más caso del que dirá Dios del qué dirán los hombres? Y si llega la alternativa de haber de perder la amistad de Dios o la del mundo, ¿qué amistad ha de preferirse y conservarse a todo trance? La del mundo que es tan mudable, fementida y transitoria, o la de Dios, que es constante, fidelísima y eterna? Mira cuán necios son los que por no desagradar al mundo por un poco tiempo, no reparan en perder la eterna amistad de Dios.

Oración: 

Rogámoste, oh Dios omnipotente, que los que veneramos el nacimiento para la gloria de tu Bienaventurado Marcelo mártir, por su intercesión crezca en nosotros el amor por tu santo nombre. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
 

jueves, 29 de octubre de 2026

29 DE OCTUBRE: SAN NARCISO, OBISPO DE JERUSALEN


29 de Octubre: San Narciso, Obispo de Jerusalén

(✞212)

San Narciso, obispo de Jerusalén, nació a fines del siglo I, se cree que en la misma Ciudad de Jerusalén, y fue uno de los más Santos y admirables prelados de los primitivos tiempos de la cristiandad. 

Habiendo vacado la silla de aquella metrópoli de Judea por muerte del patriarca Dulciano, fue elegido por voz común de todos los fieles San Narciso, que era uno de los más ejemplares y sabios sacerdotes, y aunque tenía ya ochenta años, hizo grandes cosas en bien del rebaño de Cristo y lo defendió valerosamente de los herejes. 

Presidió el Concilio que se reunió en Palestina para decidir la cuestión sobre el día en que debía celebrarse la Pascua; y refiere Eusebio que una víspera de dicha festividad, faltando el aceite de las lámparas al tiempo que los sagrados ministros iban a celebrar la solemnidad de la vigilia, mandó San Narciso que sacasen agua de un pozo y se la trajesen. 

Así lo hicieron, y el santo, animado de viva fe, hizo oración, y habiendo bendecido aquella agua la convirtió en aceite, con el que llenaron las lámparas; y de la parte que sobró se proveyeron muchos fieles para curar sus enfermedades. 

En otra ocasión calumniaron al venerable prelado tres hombres malignos confirmando su acusación con juramento. 

El primero dijo: 

- Quemado muera yo si no es verdad lo que digo. 

El segundo: 

- Sea yo cubierto de lepra. 

El tercero: 

- Quede yo ciego. 

Más no tardó el Señor en volver por la honra de su siervo,  castigando a los tres perjuros con los males que habían significado en sus maldiciones, y el tercero confesó delante de todos la conspiración que los tres juntamente habían tramado contra su santo Obispo. 

San Narciso se había retirado con aquella ocasión de su iglesia y enterrándose vivo en un espacio donde por algunos años llevó vida más de ángel que de hombre; más, sabiendo que estaba tan probada y reconocida su inocencia, juzgó que debía volver a su iglesia. 

Así que llegó a Jerusalén fue recibido con tanto alboroto y tanto tropel de gente como si fuera un santo venido del otro mundo; y apenas llegó cuando murió en aquella ciudad el Obispo Gordio, que había ocupado en su ausencia la silla episcopal. 

Gobernó pues el santo algunos años más aquella cristiandad hasta que por divina revelación tomó por coadjutor a San Alejandro, obispo de Flaviada en la Capadocia, que había venido a visitar a los santos lugares de Jerusalén, con el cual repartió el cargo pastoral, por causa de su edad tan avanzada; y así escribiendo San Alejandro a los antionitas de Egipto, les dijo: 

- Salúdoos de parte de Narciso, que gobernó esta iglesia antes de mí, y ahora la gobierna juntamente conmigo, siendo al presente de edad de ciento dieciséis años ya cumplidos. 

Luego, Narciso descansó en el Señor y recibió el premio por sus trabajos. 

Reflexión: 

Pocos son los hombres que llegan a una edad tan avanzada, y por ventura ni uno solo de los que leen esta vida, alcanzará los años que sirvió a Dios San Narciso. Démonos pues prisa en llevar adelante nuestro único negocio y hacer las prevenciones necesarias para toda la eternidad, procurando que los días que pasen no sean días inútiles y perdidos, sino días aprovechados y llenos de méritos y virtudes; pues como nos dice el Espíritu Santo, la edad de la senectud, no está en los muchos años que se viven, sino en la vida inmaculada y virtuosa. 

Oración: 

Concédenos ¡oh Dios omnipotente! que la venerable solemnidad del bienaventurado Narciso, tu confesor y pontífice, acreciente en nosotros la gracia de la devoción y el deseo de nuestra eterna salud. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

miércoles, 28 de octubre de 2026

28 DE OCTUBRE: SAN SIMON Y SAN JUDAS, APÓSTOLES


28 de Octubre: San Simón y San Judas, Apóstoles

(✞ siglo I)

Los gloriosísimos Apóstoles y mártires de Jesucristo, San Simón y San Judas fueron hermanos de Santiago el Menor, hijos de Clofás y de María, primos de la Virgen Santísima, Nuestra Señora. 

Eran llamados hermanos del Señor según las costumbres de los judíos, por ser parientes. 

Simón se llamaba el Cananeo o Zelotes para distinguirlo de San Pedro que tenía el mismo nombre de Simón, y Judas también tomó sobrenombre de Tadeo o Lebbeo, para distinguirse de Judas Iscariote. 

Habiéndolos el Señor escogido para su apostolado, recibieron la doctrina de su Santo Evangelio, y le siguieron con gran fidelidad y fueron testigos de sus admirables prodigios y compañeros de sus trabajos y persecuciones. 

Después de la institución de la Sagrada Eucaristía y terminado aquel admirable sermón que hizo el Señor, que se refiere en el capítulo XIV de San Juan, como San Judas no hubiese comprendido aquellas palabras: “El mundo no me verá, pero vosotros me veréis, porque yo estaré vivo y vosotros lo estaréis también”, preguntó al Salvador: “Señor, ¿cómo ha de ser eso que te has de manifestar a nosotros y no al mundo?” 

A lo que respondió el Señor que era porque ellos le amaban y no le amaba el mundo, pues no guardaba sus mandamientos. 

Habiendo subido Jesús a los cielos, y después de la venida del Espíritu Santo, padecieron San Simón y San Juan grandes trabajos en la predicación del Evangelio, hicieron muchos milagros, derribaron ídolos y redujeron a la Fe innumerables gentes. 

Se dice que San Simón predicó en Egipto y San Judas o Tadeo en Mesopotamia, y que después entraron juntos en Persia. 

Entre las conversiones que hicieron, la más ruidosa fue la de toda la familia real y de muchos hombres principales de la corte que recibieron el Bautismo. 

Abrieron iglesias y formaron cristiandades, una de las cuales fue la de Babilonia. 

Refiérese también que oyendo el apóstol San Judas sobre el martirio de Santiago el Menor, pasó a Jerusalén y se halló presente en la elección del nuevo obispo de aquella Iglesia; más, una vez que fue elegido Simón, volvió a Persia, y los dos Apóstoles coronaron la carrera de su vida apostólica con un glorioso martirio; porque cayendo sobre ellos una turba de feroces idólatras, San Simón fue aserrado por el medio, y a Judas le cortaron la cabeza. 

Añade la misma antigua Tradición que en el mismo punto que fueron muertos estos dos sagrados Apóstoles delante de unos ídolos del Sol y de la luna, se levantó una terrible tempestad que dio por tierra con los templos y estatuas de aquellos falsos dioses, quedando sepultados en las ruinas los que habían dado muerte a los dos sagrados apóstoles. 

Reflexión: 

La vida de los dos gloriosos Apóstoles San Simón y San Judas es como la de todos los demás Apóstoles de Jesucristo. Toda ella consistió en amar con toda su alma a su Divino Maestro, en predicarle crucificado, confirmar con milagros la verdad de su Evangelio, ganar muchas gentes idólatras, padecer por su amor grandes trabajos y persecuciones, y la misma muerte. No se entiende pues como hay hombres tan ciegos que no se fían del testimonio de los Santos Apóstoles, porque aunque sea verdad que eran los más íntimos amigos del Salvador del mundo, también lo es que fueron sus más abonados testigos, y los más desinteresados confesores de su divinidad. 

Oración: 

¡Oh Dios! que nos hiciste merced de venir al conocimiento de tu nombre por medio de los bienaventurados Apóstoles Simón y Judas, concédenos la gracia de aprovechar en virtud al celebrar su gloria sempiterna. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

martes, 27 de octubre de 2026

27 DE OCTUBRE: SAN FRUMENCIO, OBISPO


27 de Octubre: San Frumencio, Obispo

(✞ siglo IV)

El glorioso san Frumencio, apóstol y obispo de Antioquía, fue natural de Tiro, y criado por sus padres en la Fe Cristiana y en santas costumbres.

Pero siendo todavía muy joven quedó huérfano y fue encomendado con su hermano Edesio, a la tutela de un tío suyo, que se llamaba Meropio, filósofo de Tiro.

El amor a la ciencia, movió a este sabio a hacer un viaje a Etiopía, y llevó consigo a sus dos sobrinos.

Tuvieron próspera navegación y el filósofo se enteró con gran diligencia sobre las cosas que quería aprender en aquel viaje; más, al emprender el viaje de regreso a su patria, la nave tuvo que detenerse en cierto puerto de Etiopía para abastecerse de algunas provisiones necesarias; y entonces unos bárbaros de aquel país apresaron y saquearon la barca, degollando al capitán, a Meropio y a la demás gente que había en ella. 

No estaban allí los dos niños Frumencio y Edesio porque antes de que esto ocurriese habían saltado a tierra y estaban algo lejos en la playa, sentados debajo de un árbol estudiando la lección que debían de dar cuenta a su tío.

Así que los bárbaros, viendo aquellos dos niños tan inocentes y candorosos, no quisieron matarlos, sino presentarlos al rey de aquella tierra, el cual residía en Axuma, llamada hoy Ascu, en Abisinia.

Fascinado el príncipe por las raras prendas de los dos mancebos, los hizo educar con gran cuidado, y a Edesio hizo más tarde su secretario, y a Frumencio nombró tesorero y gobernador del reino.

Estando el rey por morir, les concedió la libertad; más la reina les rogó que no la dejasen hasta que su hijo heredero del trono llegase a la edad competente para gobernar el Estado.

En todo ese tiempo trabajaron los dos santos hermanos para disponer la corte y el reino para recibir la doctrina del Evangelio conforme a la cual habían siempre vivido.

Edesio volvió después a Tiro de cuya iglesia fue digno sacerdote; y Frumencio rogó a San Atanasio que mandase a Etiopía un obispo para que llevase a cabo la conversión de los Etíopes.

Juzgó el santo patriarca Atanasio que ninguno podría ejercitar con mayor celo el cargo pastoral de aquellos pueblos, que el que los había dispuesto a recibir la Fe; y así consagró en Alejandría a san Frumencio como obispo de los Etíopes.

De vuelta a Axuma bautizó el santo a toda la familia real y con su apostólica predicación, y los milagros con que el Señor la autorizaba, redujo toda la nación a la Fe de Jesucristo.

Finalmente, después de ordenar todas las cosas de aquella nueva iglesia, que le reconoce como su apóstol, y gobernarla santamente algunos años, murió en Axuma, y pasó a recibir la recompensa de sus apostólicos trabajos y méritos.

Reflexión:

Mira qué preciosos frutos dieron las primeras semillas de la educación cristiana que recibieron los dos niños Flumencio y Edesio. Aunque se vieron cautivos en un país idólatra, nunca dejaron de vivir según la ley de Cristo, y finalmente ganaron para Cristo todo aquel reino. ¡Oh! ¡Si ponderaran bien los padres de familia cuanto importa educar cristianamente a los hijos desde sus más tiernos años! Entonces la tierra de su corazón está aún limpia de malas hierbas de vicios y pasiones; y las semillas de las virtudes germinan en ella y echan profundas raíces, y más tarde producen copiosos frutos.

Oración:

Concédenos, oh Dios omnipotente, que la venerable solemnidad del bienaventurado Frumencio, tu confesor y pontífice, acreciente en nosotros la gracia de la devoción y el deseo de nuestra eterna salud. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.


lunes, 26 de octubre de 2026

26 DE OCTUBRE: SAN EVARISTO, PAPA Y MARTIR


26 de Octubre: San Evaristo, Papa y mártir

(✞ 121)

El gloriosísimo Pontífice y mártir San Evaristo, fue griego de nacimiento, pero originario de Judea, pues su padre era un israelita llamado Judas, natural de Belén, que pasó a vivir a Grecia. 

Habiendo sido alumbrado Evaristo con la luz de la Fe fue a Roma, y por sus loables costumbres y muchas letras fue recibido con gran aplauso entre el santo clero de la Iglesia romana, madre y maestra de todas las demás iglesias. 

Por muerte del Santo Pontífice Anacleto coronado con el martirio (glorioso fin de todos aquellos primeros Papas), fue San Evaristo por voz unánime colocado en la silla de San Pedro. 

Alaba San Ignacio, obispo de Antioquia, la fidelidad, valor y constancia en la fe, pureza de costumbres y fraternal caridad que resplandecía en la Iglesia romana gobernada por este Santo Pontífice, a pesar de que la mayor parte de los herejes procuraban derramar en ella el veneno de sus errores, persuadidos de que una vez inficionada la cabeza del orbe cristiano, luego se extendería a todo el cuerpo la ponzoña de la herejía haciendo mayores estragos. 

No había entonces iglesias públicas, sino unos oratorios privados dentro de casas particulares, donde se congregaban los cristianos para oír la palabra de Dios y participar de los divinos misterios y Sacramentos. 

Aquellos oratorios se llamaban títulos, porque sobre sus puertas se grababan unas cruces, para distinguirlos de los lugares profanos llamados también con el nombre de títulos, por las estatuas de los emperadores que había a sus puertas. 

El Santo Pontífice distribuyó dichos oratorios o títulos entre ciertos presbíteros, para que cuidasen de ellos. 

Mandó también que, conforme a la Tradición Apostólica, se celebrasen públicamente los matrimonios, y que los desposados recibiesen en público la bendición de la Iglesia. 

Predicaba con apostólico celo varias veces cada día, y enseñaba por sí mismo la Doctrina de Cristo a los niños y a los esclavos; y como se aumentase mucho el número de los fieles, y creciese a la par el odio con que miraban los idólatras la pureza de la ley evangélica tan opuesta a la corrupción de sus costumbres paganas, no cesaban de sembrar contra los cristianos las más horribles calumnias, pintándolos como hechiceros que con sus sortilegios encantaban a las gentes. 

De estas calumnias y falsos rumores nacían muchas veces tumultos contra ellos en el circo, en el anfiteatro, y en los juegos públicos, y cuando veían pasar por la calle algún cristiano, gritaban desaforadamente: ¡Al malvado! ¡Al facineroso! ¡Al hechicero! En uno de estos motines populares fue hallado y apresado nuestro Santo Pontífice en el año noveno de su Pontificado; y aunque no se sabe qué linaje de suplicio padeció, consta que en un día como hoy, 26 de octubre, alcanzó la gloriosa corona de los mártires.


Reflexión: 

El emperador Trajano, en cuyo tiempo padeció el martirio nuestro Santo Pontífice, se gloriaba de ser más religioso y humano que los otros emperadores, y no publicó nuevo edicto contra los cristianos; pero toleraba que el pueblo se amotinase contra ellos y les persiguiese hasta la muerte. También ha ocasionado algunas veces semejantes desafueros la moderna tolerancia de los gobiernos liberales. Pero, ¿qué es esa tolerancia que abandona en manos de la gente más desgarrada y soez del pueblo a personas inocentes e indefensas, sino un resabio de aquella antigua inhumanidad y barbarie?

Oración: 

¡Oh Dios omnipotente! Mira con ojos piadosos nuestra flaqueza, y ya que nos agrava el peso de nuestras miserias, la intercesión del bienaventurado Evaristo, tu mártir  y Pontífice, nos proteja y ampare. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



domingo, 25 de octubre de 2026

25 DE OCTUBRE: SANTOS CRISPÍN Y CRISPINIANO, MARTIRES


25 de Octubre: Santos Crispín y Crispiniano, Mártires

(✞ 287)

Los gloriosos hermanos y mártires de Jesucristo, san Crispín y san Crispiniano, eran nobles patricios de Roma, los cuales, al ver los estragos que los perseguidores de la Iglesia hacían en el rebaño del Señor, robándoles los bienes y  quitándoles después la vida con los más atroces suplicios, determinaron vender toda su hacienda y trasladarla al cielo a través de las manos de los pobres. 

Hechos así, pobres por amor a Cristo, pasaron a las Galias en compañía de San Quintín y otros celosos cristianos, para dar noticia de la fe a aquellas gentes idólatras. 

Después de muy largos y penosos viajes en los cuales sembraron en varias poblaciones las semillas de la verdad evangélica, pusieron su residencia en la ciudad de Soissons, y a ejemplo de San Pablo, que juntaba su ministerio apostólico con el trabajo manual, nuestros santos hermanos enseñaban en todas las ocasiones oportunas que se les ofrecían, la Doctrina del Salvador del mundo, y se ganaban el sustento haciendo calzado. 

Escuchaban los infieles con asombro sus pláticas admirables y consejos de perfección nunca oídos, maravillándose más todavía de su vida santísima y señaladamente por su caridad, desinterés, piedad y menosprecio por la gloria y vanidad del mundo, pues jamás los veían en los públicos regocijos y fiestas de los dioses; porque mientras los idólatras se entregaban a aquellos pasatiempos, los dos santos se postraban delante de una cruz y oraban con gran fervor a Jesucristo para que con su gracia alumbrase a aquellos hombres tan ciegos. 

De esta manera con su vida ejemplar y santa conversación redujeron a la fe gran muchedumbre de gentiles. 

En aquellos momentos fue a la Galia Bélgica el emperador Maximiano Hercúleo, y algunos idólatras se quejaron amargamente de los dos hermanos, diciendo que eran enemigos de los dioses y que desasosegaban al pueblo inficionándole con una nueva superstición. 

El emperador, por deseo de complacer a los delatores, y por el odio que tenía al nombre cristiano, dio orden que los dos hermanos fuesen presos y presentados al tribunal de Riccio Varo, tirano sangriento a quien había hecho antes gobernador de la Galicia, y promovido ya en aquellos días a la dignidad de prefecto del Pretorio. 

Mandó este bárbaro juez que atormentasen a los dos santos con despiadados azotes y después con los más rigurosos suplicios con que solían probar la constancia de los mártires, hasta que viéndolos salir triunfantes de todos los tormentos, mandó degollarlos. 

Levantaron los fieles de Soissons un templo suntuoso a la memoria de los santos Crispín y Crispiniano, y san Eligio adornó magníficamente las urnas de sus sagrados cuerpos. 

Reflexión: 

En el glorioso catálogo de los santos figuran no pocos que conciliaron el trabajo manual y la fatiga del cuerpo con eminentísima santidad. San Pablo hacía tiendas de campaña; entre los demás Apóstoles había pescadores, labradores y de otros oficios, San José, la Virgen Santísima y nuestro mismo divino Redentor se ganaron el pan con el sudor de sus rostros. Pues, ¿qué perdón merecen aquellos cristianos tan reprensibles que con achaque de la pobreza que pasan o del trabajo de que han de vivir, pretenden excusar su pureza en las cosas de Dios y de su eterna salvación? ¿Por ventura no puede el pobre labrador o artesano tener a raya sus pasiones y vivir conforme a la ley del Santo Evangelio? 

Oración:

¡Oh Dios! que nos alegras con la anual festividad de tus bienaventurados Mártires Crispín y Crispiniano, concédenos propicio, que gocemos de sus méritos, y seamos instruidos con sus ejemplos. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. 

sábado, 24 de octubre de 2026

24 DE OCTUBRE: SAN RAFAEL, ARCÁNGEL


San Rafael, Arcángel

Los celestiales beneficios que recibió del glorioso Arcángel San Rafael, el santo patriarca Tobías, se refieren en el mismo sagrado libro de Tobías por estas palabras: 
“Entonces Tobías llamó aparte a su hijo, y le dijo: '¿Qué podemos dar a este varón santo que te ha acompañado?' A lo que respondiendo Tobías, dijo a su padre: 'Padre mío, ¿Qué recompensa le daremos? o ¿cómo podremos corresponder dignamente a sus beneficios? Él me ha llevado y traído sano y salvo, él mismo en persona cobró el dinero de Gabelo, él me ha proporcionado esposa, y ahuyentó de ella al demonio, llenando de consuelo a sus padres, asimismo me libró del pez que me iba a tragar, te ha hecho ver a ti la luz del cielo, y hemos sido colmados por medio de él de toda suerte de bienes. ¿Qué podremos pues darle que sea proporcionado a tantos favores? Más yo te pido, Padre mío, que le ruegues si por ventura se dignará tomar para sí la mitad de todo lo que hemos traído'. Con esto, padre e hijo le llamaron, y empezaron a rogarle que se dignase aceptar la mitad de todo lo que habían traído. Entonces él les dijo en secreto: 'Bendecid al Dios del cielo, y glorificadle delante de todos los vivientes, porque ha hecho brillar en vosotros su misericordia. Porque así como es bueno tener oculto el secreto confiado por el rey, es cosa muy loable el publicar y celebrar las obras de Dios. Buena es la oración acompañada del ayuno; y el dar limosna es mucho mejor que los tesoros de oro; porque la limosna libra de la muerte, y es la que purga los pecados y alcanza la misericordia y la vida eterna. Más los que cometen el pecado y la iniquidad, son enemigos de su propia alma. Por lo tanto, voy a manifestaros la verdad, y no quiero encubriros más lo que ha estado oculto. Cuando tú orabas con lágrimas y enterrabas los muertos, y te levantabas de la mesa a medio comer, y escondías de día los cadáveres en tu casa y los enterrabas de noche, yo presentaba al Señor tus oraciones. Y por lo mismo que eras acepto a Dios, fue necesario que la tentación o la aflicción te probase. Y ahora el Señor me envió a curarte a ti, y a liberar del demonio a Sara, esposa de tu hijo. Porque yo soy el ángel Rafael, uno de los siete espíritus principales que asistimos delante del Señor'. Al oír estas palabras se llenaron de turbación, y temblando cayeron en tierra sobre sus rostros. Pero el ángel les dijo: 'La paz sea con vosotros, no temáis, pues que mientras he estado yo con vosotros, por voluntad o disposición de Dios he estado: bendecidle pues, y cantad sus alabanzas. Parecía, a la verdad, que yo comía y bebía con vosotros; más yo me sustento de un manjar invisible, y de una bebida que no puede ser vista por los hombres. Ya es tiempo de que me vuelva al que me envió; vosotros empero, bendecid a Dios y anunciad todas sus maravillas'. Dicho esto, desapareció de su vista, y no pudieron ya verle más. Entonces, postrados en tierra sobre sus rostros por espacio de tres horas, estuvieron bendiciendo a Dios y levantándose de allí, publicaron todas sus maravillas. 
Reflexión: 

Es el arcángel San Rafael, singular protector de los enfermos; como su mismo nombre lo significa, pues Rafael vale lo mismo que Medicina de Dios. Por esta causa se han puesto debajo de su amparo todos los hospitales de San Juan de Dios y todos los fieles deberíamos invocar en nuestras enfermedades su celestial patrocinio. 

Oración: 

¡Oh Dios! que diste por compañero para el camino de tu siervo Tobías al bienaventurado arcángel San Rafael; concédenos que seamos siempre protegidos con su custodia y fortalecidos con su auxilio. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. 

viernes, 23 de octubre de 2026

23 DE OCTUBRE: SAN TEODORO, SACERDOTE Y MARTIR


23 de Octubre: San Teodoro, sacerdote y mártir

(✞ 362)

Santo Teodoro, glorioso sacerdote y mártir de Cristo, fue uno de los más celosos ministros del Señor en la Iglesia de Antioquía de Siria. 

Trabajó sin descanso en desarraigar las supersticiones paganas, en derribar los altares y estatuas de los falsos dioses y al levantar varios templos al Dios verdadero sin esperar otra recompensa que ver más extendida y gloriosa aquella cristiandad, ni desear otro premio que la corona del martirio. 

El Conde Juliano, tío del emperador Juliano, y apóstata como él, gobernaba a la sazón el Oriente, cuya capital era Antioquía, y sabiendo que el santo sacerdote Teodoro guardaba los Vasos Sagrados y tesoros de la Iglesia, quiso apoderarse de ellos, y le llamó a su tribunal, ordenándole el nombre del César que hiciese entrega de todas aquellas preciosas alhajas. 

El fidelísimo siervo de Cristo le respondió que nada había recibido de manos del César, y que nada le debía. 

Al oír estas palabras el codicioso tirano, se enojó sobremanera y comenzó a reprenderlo con grandes amenazas por la contradicción que hacía a la religión del imperio y a la voluntad del César. 

Teodoro con gran elocuencia y entereza, le echó en cara la liviandad de su apostasía, y de la de su sobrino el emperador; por lo cual mandó el Conde Juliano que azotasen cruelmente al Santo presbítero en las plantas de los pies y en su venerable rostro. 

Después lo hizo poner en el suplicio del ecúleo, donde con cuerdas que pasaban por unas poleas, le tiraron con tan gran inhumanidad los brazos y las piernas, que le sacaron de sus junturas los huesos, y mientras el bárbaro juez que presenciaba el suplicio se mofaba del mártir y le decía palabras injuriosas, el santo rogaba por él, y sin hacer demostración alguna de dolor ni dar un solo gemido, le exhortaba a que mirase por sí y pidiese perdón a Jesucristo por su iniquidad y apostasía. 

- Bien veo -le dijo el tirano- que eres harto insensible a los tormentos. ¿De dónde sacas esa fortaleza?

- No siento nada -respondió el mártir- porque Dios está conmigo. 

Entonces Juliano mandó que le aplicasen a los costados antorchas encendidas y mientras le abrasaban con ellas los verdugos, repentinamente cayeron de espaldas en tierra y se negaron a seguir atormentándole, diciendo que habían visto unos ángeles que protegían al mártir. 

Finalmente, el encarnizado apóstata, vencido y avergonzado por la entereza incontrastable constancia del santo mártir, mandó que le cortasen la cabeza, y en este suplicio, entregó su alma santísima en manos del Creador. 

Reflexión: 

La torpe codicia y deseo de apoderarse de los bienes de la Iglesia fue lo que estimuló al procónsul Juliano a cebarse en la sangre del fiel presbítero San Teodoro. ¿Y cuál ha sido aún en otras recientes persecuciones que ha padecido la Iglesia, una de las causas principales del odio mortal con que la han maltratado sus enemigos manifiestos o solapados? La sed de los bienes que justamente ha alcanzado, que legítimamente posee y caritativamente emplea. Nos enseña pues la historia de la Iglesia, que muchos de los sangrientos tiranos y acérrimos perseguidores, no solamente han sido enemigos de la verdad de Dios y de la santidad del Evangelio, sino también hombres codiciosos, avaros, ladrones y obradores de toda injusticia e iniquidad. 

Oración: 

¡Oh Dios! que nos proteges con la gloriosa confesión de tu bienaventurado mártir Teodoro, concédenos que de su imitación y oración saquemos fuerzas para adelantar en tu divino servicio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


jueves, 22 de octubre de 2026

22 DE OCTUBRE: SANTA MARIA SALOMÉ, VIUDA


22 de Octubre; Santa María Salomé, viuda

Santa María Salomé fue mujer de Zebedeo y madre de los gloriosos Apóstoles Santiago el Mayor y San Juan Evangelista, llamado también “el discípulo amado”.

Era pariente de la Virgen Santísima, por cuyo motivo se trata a sus hijos en el Evangelio como consanguíneos de Jesús, y puede presumirse que sería oriunda de Nazaret en donde sabemos que tenían su casa los padres de la Madre de Dios. 

Estaba casada con Zebedeo, que era pescador de oficio aunque con barca propia. 

En el tiempo que el Señor llamó a sus dos hijos al apostolado, estaban ellos remendando las redes, y luego le siguieron; cosa que no solo no tomó a mal la santa madre, sino que también imitó después, siguiendo ella misma al Salvador con otras piadosas mujeres galileas, como se lee en el Evangelio. 

Llevada un día por su amor de madre y por la confianza que tenía en el Salvador, le dijo: 

- Quiero que estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu reino. 

Respondió el Señor: 

- No sabéis lo que pedís: ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber en mi pasión y muerte?

A cuya pregunta respondieron San Juan y Santiago, confiados más de lo justo: 

- Si, Señor, podemos. 

Entonces les dijo Jesús: 

- Beberéis en efecto mi cáliz; pero el sentaros a mi diestra o a mi siniestra, no está en mi mano concedéroslo a vosotros, sino que será para aquellos a quienes está preparado por mi Padre.

Queriendo significar que tales dignidades no se habían de dar por respeto de parentesco, sino por solas razones de mérito, y profetizándoles al mismo tiempo que padecerían el martirio. 

Sabemos también por el Evangelio que Santa Salomé con otras mujeres piadosas siguió a Jesucristo hasta el Calvario, sin que el temor de los soldados les amedrentarse, ni el verle padecer en la cruz entre los ladrones entibiase su fe. 

También acompañó el sagrado cuerpo del Señor cuando le llevaron al sepulcro; y en la tarde del sábado compró gran cantidad de aromas con ánimo de ir por la mañana con sus compañeras a ungir el santísimo cuerpo de Jesucristo; más cuando llegaron al sepulcro, lo encontraron ya abierto y vacío, y luego vieron dos ángeles vestidos de blanco que les aseguraron de la resurrección y les dijeron que diesen cuenta de ello a los demás discípulos. 

Volviéndose presurosas con tal encargo, se les apareció Jesús resucitado y glorioso y les dijo: 

- Dios os guarde 

Y entonces, Salomé y sus compañeras se postraron y abrazaron sus pies sacratísimos y el Señor les encargó que anunciasen su Resurrección a sus hermanos, y les dijesen que fuesen a Galilea, donde le verían. 

Finalmente, con estos divinos regalos, creció Santa Salomé en piedad y divino amor hasta que, llegada la hora de su dichoso tránsito, pasó a gozar la eterna gloria de Jesucristo en los Cielos. 

Reflexión: 

Era consiguiente a los grandes beneficios que ha recibido España de su primer Apóstol y Patrón Santiago, que nuestra Iglesia hiciese gloriosa memoria de su santa madre, tantas veces celebrada en los Evangelios. Veneremos pues a esta dichosa pariente de Jesús, a esta madre de dos de sus Apóstoles y fidelísima sierva de nuestro divino Redentor; y cuando rogamos por nuestra amada patria, imploremos su patrocinio juntamente con el de su hijo Santiago, para que nos alcancen la ayuda de Dios para vencer a los enemigos de nuestra fe y ser fieles siervos de Jesucristo, Señor nuestro. 

Oración: 

¡Oh Señor Jesús! Por cuyo amor la bienaventurada Salomé entre las primeras mujeres fieles, lo dejó todo por ti, y cuidó de venerar tu cuerpo en el sepulcro, concédenos propicio, que a su ejemplo, sepultados contigo, merezcamos participar de la eterna resurrección. Amén. 
 

miércoles, 21 de octubre de 2026

21 DE OCTUBRE: SANTA URSULA Y SUS COMPAÑERAS, VIRGENES Y MARTIRES


21 de Octubre: Santa Úrsula y sus compañeras, vírgenes y mártires

(✞ 451)

La memoria de la gloriosa Santa Úrsula y sus compañeras vírgenes y mártires se encuentra en un manuscrito muy antiguo que se conserva en el Vaticano.

En él se dice que Santa Úrsula nació en la Gran Bretaña donde la religión cristiana estaba ya muy floreciente, y que fue hija de Dionot, rey de Cornouaille, y de Doria, princesa nada inferior a su marido, ni en nobleza de la sangre, ni a las cristianas virtudes. 

Era en esos momentos general del emperador Graciano en la Gran Bretaña, el tirano Máximo; el cual habiéndose hecho proclamar emperador, cruzó el mar y desembarcó con todo su poderoso ejército en las costas de aquella parte de las Galias que se llamaba Armónica, y se apoderó de toda ella. 

Uno de los generales de Máximo que más se había distinguido en aquella expedición, era cristiano y se llamaba Conan; a este hizo Máximo gobernador de la Armónica con título de duque, y él puso su residencia en la ciudad de Nantes, dejando en el país gran parte de las tropas que eran de bretones e ingleses.

Envió luego diputados al rey Cornouaille, pidiéndole a su hija la princesa Úrsula como mujer, y como casi todos los oficiales y soldados eran también solteros, encargó a los diputados que trajesen de la isla todas las doncellas que pudiesen para casarlas con ellos.

Al padre de Úrsula le pareció bien casarla con aquel príncipe tan noble y cristiano, y habiendo recogido gran número de doncellas para formar aquella colonia que se llamó Bretaña Menor, salieron con viento próspero de Inglaterra. 

Más una tempestad arrojó toda la escuadra hacia los mares del Norte, sobre las costas de la Galia Bélgica; y habiéndose abrigado Úrsula y sus compañeras en el puerto de Tiel hacia la embocadura del Rin, siguiendo la corriente de este río, navegaron hasta Colonia, teatro del glorioso triunfo. 

Porque al saber el emperador Graciano sobre el desembarco de Máximo en las costas Galias, a falta de tropas con que hacerle resistencia llamó en su socorro a los hunos, bárbaros de la antigua Marmacia, que se habían derramado ya por toda Germania, y llegado por las márgenes del Rin hasta la Galia Bélgica. 

Luego que descubrieron navíos bretones se apoderaron de ellos, y quedaron sorprendidos al ver en aquella flota una multitud tan grande de doncellas cristianas. 

El general de los bárbaros quedó tan ciegamente prendado de Úrsula, que no perdonó medio para rendirla, pero la santa princesa le habló con tal resolución y majestad en nombre de todas sus compañeras, que mudada en furor la brutal pasión de aquellos bárbaros, se arrojaron espada en mano contra ellas; a unas atravesaron el pecho, a otras las degollaron, a otras las asaetaron, pasando todas a aumentar la corte del Cordero de Dios, con la doble palma de la virginidad y del martirio. 

Reflexión: 

Con el tiempo se fundó en la Iglesia una célebre Congregación de Religiosas bajo el nombre y la protección de la Santa Úrsula, y por eso se llaman Ursulinas, las cuales entienden en la educación de las niñas, inspirándoles una gran estima por todas las virtudes cristianas. Procuren todas las doncellas imitar en esta virtud a Santa Úrsula y a sus compañeras mártires, teniendo su pureza virginal en mayor aprecio que su propia vida, y conservándola limpia de toda mancha. 

Oración: 

Te suplicamos, Señor Dios nuestro, la gracia de venerar con incesante devoción los triunfos de la santas vírgenes y mártires Úrsula y sus compañeras, para que ya que no podemos honrarlas como merecen, les tributemos al menos humildemente nuestros frecuentes obsequios. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 
 

martes, 20 de octubre de 2026

20 DE OCTUBRE: SAN JUAN CANCIO, CONFESOR


20 de Octubre: San Juan Cancio, confesor

(✞ 1473)

El glorioso maestro y caritativo sacerdote secular San Juan Cancio fue natural del reino de Polonia, y nació en un lugar llamado Kencio del obispado de Cracovia.

Sus padres, no menos nobles por su sangre que por su cristiana piedad, le enviaron a estudiar las letras humanas y divinas a la universidad de Cracovia.

Allí se graduó como doctor y enseñó filosofía, y fue nombrado decano de los doctores de aquella facultad.

Leyó después teología con gran aplauso y edificación de sus discípulos, los cuales salían de su escuela no menos virtuosos que sabios.

Muchas veces se desnudó de sus vestidos para cubrir a los pobres que hallaba temblando de frío.

Le vieron con frecuencia a los doctores de la universidad postrado y arrebatado en dulces éxtasis delante de una imagen de Cristo crucificado que estaba en el colegio.

La tierna devoción que tenía por la Pasión del Salvador le movió a visitar en hábito de peregrino y caminando siempre a pie, los santos lugares de Palestina, para regar con sus lágrimas aquellos sitios que el Señor regó con su sangre.

Cuatro veces visitó también el sepulcro de los Apóstoles San Pedro y San Pablo; y en una de esas romerías habiéndole asaltado unos ladrones y robado el dinero que llevaba, le preguntaron si tenía más; y el siervo de Dios respondió que no, pero acordándose luego que aún traía algunas monedas escondidas en el vestido, los volvió a llamar y les dijo:

- Me había olvidado de estas monedas que aún me quedaban, tomadlas también si queréis.

Los ladrones maravillados por tal ofrecimiento y movidos por la santidad que en él resplandecía, le restituyeron todo lo que le habían robado, pidiéndole perdón por su mala acción.

Habiendo vacado la iglesia parroquial de Ol Kuaz, cinco millas distante de la ciudad de Cracovia, los rectores de la universidad le confiaron la administración de aquella parroquia, en la cual el santo hizo grandes proezas de caridad, y encendió en amor por Jesucristo los corazones de los fieles; más temiendo los peligros que van unidos con el cargo de pastor de las almas, hizo muchas instancias para que le descargasen de aquel peso que para su profunda humildad era intolerable, y volvió a continuar con sus lecciones de sagrada teología, y a ser al propio tiempo, el padre de los pobres, y ángel consolador de todas las personas afligidas.

Finalmente, entendiendo que se acercaba el día de su dichoso tránsito, distribuyó a los pobres los pocos objetos que en la casa quedaban, y habiendo recibido con extraordinaria devoción los Sacramentos de la Iglesia, a los 67 años de edad entregó su alma santísima en las manos del Creador.

El Señor ilustró después su sepulcro con grandes y continuos milagros.

Reflexión:

El glorioso San Juan Cancio fue un doctor muy sabio de la Universidad de Cracovia; y poseyó en grado todavía mayor la verdadera sabiduría. ¿Sabes cuál es ésta? Es la ciencia de los santos; y es una ciencia que a pesar de ser la más sublime está al alcance de todos. Cumplir con los preceptos de Dios y practicar las virtudes cristianas según el estado de cada uno, no es cosa que esté al otro lado de los mares o en lo más alto de los cielos, como dice el Señor, para que nos excusemos de hacerlo por cualquier frívolo pretexto.

Oración:

Concédenos ¡oh Dios omnipotente! que aprovechando en la ciencia de los santos con el ejemplo de San Juan Cancio, tu confesor, y ejercitando las obras de misericordia, por sus méritos, obtengamos el perdón de nuestros pecados. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
 

lunes, 19 de octubre de 2026

19 DE OCTUBRE: SAN PEDRO DE ALCANTARA, CONFESOR


19 de Octubre: San Pedro de Alcántara, confesor

(✞ 1562)

El admirable penitente y extático contemplativo san Pedro de Alcántara nació en la villa de este nombre, provincia de Extremadura, en España, y fue hijo de don Alfonso Garavito, hábil jurisconsulto y corregidor de la misma villa.

Después de haber aprendido las letras humanas pasó a Salamanca a estudiar el derecho canónico y rechazando luego todas las cosas del mundo, tomó el hábito del seráfico padre San Francisco en el convento de Manjarrez a la edad de dieciséis años.

Toda la vida anduvo con los ojos bajos de manera que nunca supo si el coro o el dormitorio eran de bóveda, y a los religiosos del convento los conocía solo por la voz.

Después de la profesión pasó a morar en una soledad, donde se labró una celda que más bien parecía sepultura, en la cual entabló una vida de tan áspera penitencia, que se haría increíble si no lo autorizara la bula de su canonización.

Comía sólo una vez cada tres días y a veces se le pasaban ocho días sin tomar bocado; traía sobre las carnes un cilicio de rallador; dormía no más de hora y media, y por espacio de cuarenta años lo hizo de rodillas o sentado, arrimada la cabeza a la pared.

Su celda era tan baja que en ella no podía estar de pie, ni tendido a lo largo, su cuerpo estaba hecho una llaga, y no parecía el santo más que un esqueleto animado.

Más, así como ningún santo le superó en penitencia, pocos tuvieron como él tan sublime don de contemplación; porque su oración era un éxtasis casi continuo, en que Dios le regalaba con delicias de la gloria.

A la edad de veinte años fue nombrado guardián de Badajoz, y escogió para sí todos los oficios más humildes del convento.

En el tenor de su vida parecía un ángel, pero ordenado como sacerdote fue un abrasado serafín.

Cuando predicaba al pueblo, con su sola vista y presencia ablandaba los corazones más duros, y los sermones que hacía solían quedar interrumpidos por lágrimas y gemidos dolorosos; así renovó en muchos obispados el espíritu de penitencia.

Lo nombraron provincial, y emprendió luego la reforma de su Orden para resucitar en ella el primitivo espíritu de San Francisco; obra dificultosísima que llevó a cabo, y fue confirmada por breve de Julio III, y ponderada por Santa Teresa de Jesús y de San Francisco de Borja, que se encomendaban en las oraciones de este gran siervo de Dios.

Quiso tomarle por confesor el emperador Carlos V, cuando estaba meditando su retiro en el monasterio de Yuste; pero el santo se resistió con tales razones, que el emperador se rindió a ellas.

Finalmente, siendo comisario general de España para la Reforma, se hizo llevar al convento de Arenas, donde en un dulcísimo éxtasis, entregó su alma al Creador, a la edad de sesenta y tres años.

Reflexión:

De este santísimo varón dice Santa Teresa: “Le he visto muchas veces con grandísima gloria. Me dijo la primera vez que me apareció: ‘¡Qué bienaventurada penitencia, que tanto premio había merecido!’. ¿Somos nosotros discípulos de Jesucristo? Pues no nos avergoncemos de vestir su túnica. Pobre soy -dice él por el salmista- y lleno estoy de trabajos desde mi más tierna edad; ¿y no será un verdadero contrasentido que, mientras nuestra cabeza de Cristo está coronada de espinas, nosotros andemos nadando en regalos y deleites?

Oración:

¡Oh Dios! que te dignaste ilustrar al bienaventurado san Pedro, tu confesor, con el don de una altísima contemplación, y con el de una admirable penitencia; te suplicamos nos concedas por sus méritos que, mortificada nuestra carne, alcancemos mayor inteligencia de las cosas celestiales. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Nota Diario7: A raíz de la “reforma litúrgica” del año 1969, la festividad de San Pedro de Alcántara dejó de ser de observancia obligatoria para la Iglesia global y su memoria litúrgica pasó a ser de carácter local y particular.
 

domingo, 18 de octubre de 2026

18 DE OCTUBRE: SAN LUCAS, EVANGELISTA


18 de Octubre: San Lucas, Evangelista

(✞ 86)

El gloriosísimo evangelista San Lucas, fue natural de la ciudad de Antioquía, e hijo de padres gentiles. 

En las letras griegas y elocuencia puso mucho cuidado, y más particularmente en la medicina, la cual ejercitó, pues San Pablo le llamó “Médico carísimo”.

También aprendió el arte de pintar, no por oficio sino como es de creer, para ocuparse en ello algunos ratos y pasar el tiempo honestamente. 

Fue compañero de San Pablo en sus trabajos y peregrinaciones, y escribió el Evangelio tal cual el Apóstol solía predicarlo; y así como San Mateo lo había escrito en hebreo para los judíos, San Lucas lo escribió en griego para los gentiles. 

Pero no solamente se valió para ello de las instrucciones de San Pablo, sino también de los otros Apóstoles y especialmente de la Sacratísima Virgen María, Nuestra Señora, con la cual parece que tuvo mucha familiaridad, y de la cual fue muy favorecido. 

Supo por ella sobre los sagrados y ocultos misterios de la Encarnación del Verbo Eterno en sus entrañas, la Visitación de Santa Isabel, la santificación de San Juan Bautista en el seno de su madre, el nacimiento del Señor en Belén, su circuncisión y la presentación en el templo, con todos los otros misterios que solo San Lucas escribe en su Evangelio, y solo la que era Madre y había sido testigo y tanta parte en ellos los sabía y se los podía descubrir. 

Además del Sagrado Evangelio escribió San Lucas otro libro que se llama los Hechos de los Apóstoles, en el cual comenzando con la venida del Espíritu Santo, escribe la predicación de los Apóstoles, los milagros que hicieron, las contradicciones que tuvieron con los judíos, las costumbres con que los cristianos de la primitiva Iglesia vivían, la muerte de San Esteban, la conversión de San Pablo, como Herodes mandó degollar a Santiago el Mayor y prender al mismo San Pablo y el Señor le libró; y como fue compañero de este santo Apóstol. 

Va contando su peregrinación, sus trabajos y persecuciones de los cuales no pequeña parte le cupo al Sagrado Evangelista, hasta que llegaron a Roma, donde estuvo dos años preso el Apóstol, y allí pone fin y remata su libro. 

Dice San Epifanio que después de la muerte de los gloriosos príncipes de la Iglesia San Pedro y San Pablo, San Lucas anunció a Jesucristo con admirable fruto en Italia, en las Galias, en Dalmacia, y en Macedonia, y los griegos aseguran que también predicó la fe en Egipto, en la Tebaida y en la Libia, donde derribó ídolos y levantó altares al verdadero Dios. 

Afirma San Jerónimo que murió a la edad de ochenta y cuatro años y que fue virgen toda su vida. 

No se duda que murió en Acaya y que su sagrado cuerpo fue trasladado a Constantinopla, siendo emperador Constantino, y más tarde fue llevado a Pavía donde es venerado, aunque la cabeza se reverencia en Roma en la Iglesia de San Pedro. 

Reflexión: 

Entre las cosas memorables y dignas de veneración que hizo el bienaventurado San Lucas, fue pintar las imágenes de Cristo nuestro Señor y la Sacratísima Virgen su Madre. La de la Virgen hoy día está en Roma en la Basílica de Santa María la Mayor; ha sido siempre tenida en grande estima y reverencia con gran devoción; y el Señor ha obrado muchos Milagros por ella. Que no falte una imagen de María en la alcoba de la familia cristiana, pues esta soberana señora derramará sus bendiciones sobre las casas donde sea venerada su efigie. 

Oración: 

Te suplicamos, Señor, que interceda por nosotros tu Evangelista San Lucas, el cual llevó siempre en su cuerpo la mortificación de la cruz por la gloria de tu nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.