domingo, 31 de agosto de 2025

CARTA ABIERTA DEL P. BASILIO MERAMO A BERNARD FELLAY (2009)

Esta Carta del padre Méramo (✞ 2024) fue publicada el 26 de enero de 2009, previa a su expulsión de la FSSPX por su indignación ante el acercamiento de la Fraternidad con la Roma conciliar.


Contexto sobre la vida religiosa y la expulsión de la FSSPX del padre Basilio Meramo

El padre Méramo había ingresado al Seminario de La Reja a principios de los 80's, y fue ordenado en Ecóne por Mons. Lefebvre. Fue Superior de la Fraternidad de San Pío X en España, Portugal, Colombia, Chile y México.

Después de una serie de cartas públicas extremadamente confrontativas a monseñor Bernard Fellay, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), el padre Basilio Méramo fue finalmente informado de la decisión del Superior General de expulsarlo de las filas de la Fraternidad el 7 de abril de 2009, por su oposición pública a los acercamientos con Roma. Buscó entonces la ayuda de conocidos y amigos para establecerse en España, pero al no conseguirlo, tuvo que regresar a Bogotá y establecer allí una pequeña Capilla.

Desde el momento en que el padre Méramo supo de la decisión “papal” de “levantar de las excomuniones” en 2009, continuó haciendo públicas sus objeciones críticas al respecto.

El padre Méramo falleció el 5 de marzo de 2024, víctima de cáncer. 


26 de enero de 2009

Estimado Monseñor:

Dados los acontecimientos que afectan a toda nuestra Sociedad (SSPX), tanto a los miembros como a los fieles, me veo obligado a dirigirle esta carta pública con gran tristeza y dolor. No puedo permanecer en silencio ante el levantamiento del decreto de excomunión por parte de la Roma apóstata -llamada así en más de una ocasión por Mons. Lefebvre-, que había sido solicitado mediante una cruzada de un millón de rosarios entregados a Roma con este fin. Esto supone, al menos implícitamente, reconocer, queramos o no, que hemos sido excomulgados, a pesar de las excusas pueriles para demostrar lo contrario.

Usted lo reconoció en su sermón en Flavigny (2 de febrero de 2006) cuando dijo: “Hemos solicitado el levantamiento del decreto de excomunión, su anulación; pero decir anular es ya decir que reconocemos algo”.

Personalmente y en conciencia, como miembro perpetuo de la Sociedad, me siento obligado a manifestar mi total desacuerdo con este acto. Lo digo clara y públicamente ante Dios y la Iglesia Católica, única Arca de la Salvación, única y exclusiva Esposa de Cristo. Ella no es, como desea el ecumenismo reinante, una religión más dentro del Panteón donde habitan todas las religiones falsas, cada una con su altar y sus derechos, conviviendo en una pacífica y abominable coexistencia similar al reinado del Anticristo.

El ramo de flores (un millón de rosarios) entregado a la Roma modernista y apóstata —la gran ramera roja que cabalga sobre la Bestia, es decir, la religión prostituida, corrompida y adulterada, como solía llamarla el padre Castellani— fue un acto de concesión edulcorada y encubierta.

Fue esta [apostasía] la que asombró al Apóstol puro y virginal San Juan Evangelista, el más amado, porque era el nudo gordiano del misterio de la iniquidad dentro del Lugar Santo y una desolación abominable en el Templo: la religión falsificada cohabitando con los poderes mundanos y fornicando con los reyes de la tierra.

Levantar o anular el decreto de excomunión no es lo mismo que declarar su invalidez y nulidad desde el principio. Además, si se puede anular y, en consecuencia, declarar la anulación de un decreto que hasta ahora era válido y legítimo, solo sirve para expresar y ratificar que hasta ahora era válido y legítimo. Solo a partir de este momento cesa dicha excomunión.

En resumen, mientras que se puede anular y considerar anulada una ley justa que ha perdido su razón de ser, no ocurre lo mismo con una ley injusta, como la sanción de excomunión de la Tradición [obispos de la FSSPX], porque es inválida y nula dada su falta de legitimidad, veracidad, justicia y derecho. Una ley injusta es per se inválida y nula; nunca fue una ley. Solo una ley válida, legítima y justa puede ser anulada. Estas dos cosas pueden parecer similares, pero son dos cosas diferentes.

Solicitar la revocación del decreto de excomunión no es lo mismo que pedir o exigir el reconocimiento de su nulidad absoluta y su total invalidez. Son cosas distintas, aunque similares. No reconocerlo revela una falta de comprensión. Quien no acepta esta distinción es o bien un ingenuo o bien un malintencionado. Nadie puede confundir la nulidad con la anulación de un decreto.

Es evidente que para la Roma modernista este acto significa la remisión de una pena —la censura de la excomunión—, ya que las penas correctivas, como es el caso de las censuras, se levantan según lo establecido en el Derecho Canónico para la remisión de una pena. Por lo tanto, es muy claro que quien acepta este levantamiento de una pena lo hace porque se considera culpable de ella en términos jurídicos. Y es lógico que el censurado se alegre de que, con la remisión de la sanción, sea perdonado.

Cuando un obispo, hijo de Mons. Lefebvre, lo solicita, niega a su padre en el episcopado, porque reconoce que ese acto [de excomunión] fue un castigo justo. No hay otra alternativa en términos jurídicos. Sí es sí, y no es no. Y como dice el refrán: quien demasiado prueba, nada prueba.

Si se analiza bien, la excomunión que recayó sobre los dos obispos consagradoresel arzobispo Lefebvre y el obispo Castro Mayerno fue levantada. La única excomunión levantada fue la que recayó sobre los obispos consagrados: los obispos Tissier de Mallerais, Williamson, Fellay y de Galarreta. Está muy claro que la excomunión solo se levantó para aquellos que lo solicitaron como muestra de buena voluntad filial con el objetivo de conmover los sentimientos paternos de Benedicto XVI. No hubo absolutamente ninguna retractación por parte de Roma, que simplemente mostró una indulgencia paternal hacia los cuatro obispos que pidieron filialmente el levantamiento de la excomunión al magnánimo Benedicto XVI.

El arzobispo Lefebvre y el obispo Castro Mayer siguen estando totalmente excomulgados, a menos que se levanten de sus tumbas y también soliciten filialmente, como muestra de buena voluntad, el levantamiento de sus excomuniones, que Roma considera obviamente justas y legítimas. Esto está muy claro (1).

En realidad, todas las razones alegadas para esta acción carecen de peso y son superfluas. La cuestión fundamental es la fe. La Roma protestantizada y modernista ha logrado desactivar la resistencia centrada en la Fraternidad y en Mons. Lefebvre, 18 años después de su muerte. Ahora, el proceso de entrega [de la FSSPX] que comenzó a manifestarse públicamente en el Jubileo del 2000 llega a su fin.

Estoy en desacuerdo con esto y siempre lo estaré. No puedo prostituirme intelectual y religiosamente al poder del mal que entró en la Iglesia y quiere pervertir e invertir todo. Esto es ser sodomizado espiritual y religiosamente. Esta es la actitud de los fariseos —una corrupción especial de la religiónque gobierna hoy con todo el prestigio que le da el poder, en detrimento de la Verdad. No olvidemos que la mayor victoria de la Revolución Anticristiana Mundial es transformar a los hombres en “prostitutas intelectuales”.

Una bomba no se desactiva con golpes de martillo o hacha, sino que requiere una maniobra sutil para deshacer su mecanismo interno. Esto es lo que está sucediendo ahora con la Fraternidad San Pío X para neutralizarla en su combate y heroica resistencia contra los errores de la Roma modernista y apóstata, como la llamaba Mons. Lefebvre en su época. Bajo una falsa máscara y una falsa benignidad paternal, se ha desactivado la resistencia y la lucha contra la nueva iglesia ecuménica, que cohabita con el globalismo mundial sometido al imperio del príncipe de este mundo, Satanás y sus seguidores.

Es inexplicable que los otros tres obispos no hayan dicho nada y, por lo tanto, consientan con su silencio. Porque el que calla, otorga, y el que otorga, acepta el error, el engaño y la mentira que todo esto contiene.

Son tiempos difíciles. Más aún, son tiempos apocalípticos, en los que cada uno de los fieles debe ser un soldado de Cristo para defender heroica y valientemente su fe, como lo hicieron los mártires de la Iglesia primitiva sin ninguna ayuda humana, enfrentándose a sus torturadores solos con Dios.

Nuestro único deber es permanecer firmes en la fe, fieles a Cristo y a su divina Iglesia Romana, Católica y Apostólica, que hoy está eclipsada (De Labore Solis, como se refiere San Malaquías al “pontificado” anterior). Como colmo del mal que estamos presenciando, según el lenguaje bíblico, la abominación desoladora establecida en el Lugar Santo, la destrucción de todo lo sagrado e invadiendo el Templo, que está bajo el dominio férreo de la Sinagoga de Satanás (De Gloria Olivae se refiere a este “pontificado”). Así, se cumple la profecía de Nuestra Señora de La Salette: “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo”. Hoy esto es un hecho, pero reconocerlo exige fortaleza y una fe sólida y erudita, algo poco común en el mundo actual, lleno de oscuridad y apostasía.

No nos desanimamos porque sabemos con certeza que “las puertas del infierno no prevalecerán”, es decir, “harán la guerra contra ti, pero no ganarán”, como explica Santo Tomás en su Comentario al Credo. También sabe por la fe que la única Iglesia Verdadera, la Esposa virginal de Cristo, permanecerá, aunque se vea reducida a un pequeño rebaño (pusillus grex, Lc 12, 32), disperso por todo el mundo. Como dice san Agustín y confirma el Concilio de Trento (art. 9), “es el pueblo fiel disperso por todo el mundo” el que espera su rescate y se sostiene en la bienaventurada esperanza —de la que hablan San Pedro (2 P 3, 12) y San Pablo (Tt 2, 13)— el que verá el regreso de Cristo Rey en gloria y majestad.

Debemos permanecer “firmes en la fe”, como nos exhorta San Pedro, ya que, como dice San Pablo, “todo lo que no procede de la fe es pecado” (Rom 14, 23), y “el justo vivirá de la fe” (Heb 10, 38), y “fuimos salvados gratuitamente por la fe” (Ef 2, 8). Esto es lo que tenemos que hacer, permanecer valientes y firmes soldados confirmados en la Fe por el Bautismo, para que se cumplan en nosotros las palabras de san Pablo: “Puestos a prueba por el testimonio de la fe, fueron hallados fieles a nuestro Señor Jesucristo” (Heb 12, 39).

Es inconcebible que alguien diga que la Fraternidad (SSPX) desea ayudar al 'papa' a remediar la crisis, ya que los 'papas' modernistas son los primeros responsables y culpables de esta crisis sin precedentes, nunca antes vista en la historia.

Y, lo peor de todo, Joseph Ratzinger a lo largo de toda su vida —ya sea como “teólogo experto” en el Vaticano II, como “prefecto” de la Congregación para la Doctrina de la Fe durante el nefasto “pontificado” de Juan Pablo II, y ahora como “Benedicto XVI”ha sostenido conscientemente esos mismos errores [que han causado la crisis] en lugar de condenarlos.

Las grandes enfermedades no se pueden curar con medias tintas. Hablar de una crisis sin señalar su causa —la crisis de la fe— no lleva a ninguna parte. Señalar las crisis en las vocaciones, la práctica religiosa, el catecismo y la frecuencia de los sacramentos es solo señalar los efectos. Si no se da su causa, se invierten y confunden la causa y los efectos.

También es erróneo hablar de los derechos de la Tradición como si fueran cualquier otro derecho. Si vamos a hablar de derechos, entonces debemos decir que solo la Iglesia, su Tradición y su Verdad tienen derechos exclusivos. Los derechos de la persona humana, la libertad de conciencia y la libertad religiosa —que incluye la libertad para los budistas, animistas, musulmanes, judíos, protestantes, etc.— constituyen una concepción liberal y modernista de los derechos. Son los falsos derechos del hombre en consonancia con la Revolución Anticristiana.

No olvidemos que, hablando de la excomunión inválida, nula y farisaica, Mons. Lefebvre dijo:

* Todos los modernistas fueron excomulgados por San Pío X. Los imbuidos de los principios modernistas son los que nos excomulgaron, cuando fueron ellos los excomulgados por San Pío X. ¿Por qué nos excomulgan? Porque queremos seguir siendo católicos, porque no queremos seguirles en este espíritu de destrucción de la Iglesia. 'Como no queréis venir con nosotros, os excomulgamos'. 'Muy bien, gracias. Preferimos ser excomulgados. No queremos participar en esta obra escandalosa que se ha llevado a cabo en la Iglesia durante los últimos veinte años'” (Sermón en la Misa del 10 de julio de 1988; cf. Fideliter n. 65, 1988).

* Nunca hemos deseado pertenecer a este sistema que se autodenomina Iglesia conciliar. […] No tenemos cabida en el panteón de las religiones. Nuestra excomunión por decreto de Su Eminencia no sería más que una prueba irrefutable de ello. No pedimos nada más que ser declarados excomulgados del espíritu adúltero que ha inspirado a la Iglesia durante los últimos 25 años; ser excluidos de una comunión infiel e impía (Carta al cardenal Gantin, 6 de julio de 1988 - cf. Fideliter n. 64, 1988).

* En Ecône, Mons. Lefebvre dijo esto a un periodista que le preguntó sobre las excomuniones: “Si alguien está excomulgado, no soy yo, sino los excomulgadores”.

Todos estos textos de Mons. Lefebvre parecen haber sido tratados de la misma manera que los esquemas preparatorios del Vaticano II, que terminaron en la papelera, para que todo se hiciera de otra manera.

* Además, refiriéndose a Mons. Castro Mayer y a sí mismo, Mons. Lefebvre afirmó: “Quienes consideran un deber disminuir e incluso negar estas riquezas [de la Tradición] no pueden hacer otra cosa que condenar a estos dos obispos. Al hacerlo, se confirman en su cisma con Nuestro Señor y Su Reino, debido a su laicismo y ecumenismo apóstata (Itinéraire Spirituel, p. 9). Y lo confirmó más adelante: “Esta apostasía transforma a los miembros [de la Iglesia] en adúlteros y cismáticos opuestos a toda Tradición, rompiendo con la Iglesia del pasado (Itinéraire Spirituel, p. 70).

Por último, es necesario subrayar que, en lo que respecta al concilio Vaticano II, hay mucho más que las “reservas” que usted ha afirmado. Porque ese concilio atípico, que pretende no ser infalible, es tan contradictorio como un círculo cuadrado y, por esta razón, está plagado de errores y herejías (bombas de relojería) hasta el punto de que Mons. Lefebvre lo consideró un concilio apóstata por su ecumenismo (texto citado anteriormente) y también cismático. De hecho, dijo:Este concilio representa, a los ojos de las autoridades romanas y a los nuestros, una nueva iglesia, llamada iglesia conciliar”.

Analizando los textos de este concilio y sus detalles en una crítica, ya sea interna o externa, creemos que podemos afirmar que es un concilio cismático, ya que negó la Tradición de la Iglesia y rompió con su pasado. El árbol se juzga por sus frutos.

Todos los que cooperan en la aplicación de esta metamorfosis aceptan y se adhieren a la nueva iglesia conciliar, tal y como la designó Su Excelencia Mons. Benelli en la carta que me dirigió en nombre del Santo Padre el pasado 25 de julio. Entran en cisma... ¿Cómo podríamos nosotros, movidos por una obediencia servil y ciega, hacerle el juego a estos cismáticos que nos piden que cooperemos en su tarea de destruir la Iglesia?. (Un Évèque Parle, pp. 97-99)

Ante todo esto, solo podemos decir: non possumus.

Padre Basilio Méramo
 


¿Y SI HICIÉRAMOS UN BALANCE HONESTO SOBRE CONGAR?

El padre Congar afirmó que el concilio Vaticano II se benefició con “una visita del Espíritu Santo”, una especie de “nuevo Pentecostés”...

Una crónica de Philippe De Labriolle


El dominico Georges Yves Marie Congar, cuyo nombre religioso era Marie Joseph Congar, nació en 1904 en Sedán y falleció en París en 1995. ¿Sigue siendo instructivo conocer a este controvertido personaje, reprimido bajo Pío XII, rehabilitado por Juan XXIII y finalmente “experto” en el concilio Vaticano II bajo Pablo VI? Sí, porque se trata de uno de los más retorcidos partidarios del último concilio, y de una dialéctica tan aguda que Juan Pablo II, in articulo mortis, le nombró “cardenal” en 1994 para honrarle por sus funestos servicios.

El padre Congar es uno de los pocos actores conciliares que glorifica su acción. El más famoso de los inspiradores de Pablo VI, el filósofo Jacques Maritain, se distanció claramente de él al escribir, en 1965, al término del concilio, “El campesino del Garona”. El mentor de ayer decía claramente que rechazaba el batiburrillo conciliar y sus consecuencias inmediatas, ya de por sí lamentables.

Se atribuye al cardenal belga Suenens, ampliamente respaldado, la declaración “El Vaticano II es el 1789 en la Iglesia”, metáfora que justifica todos los rechazos y, por lo tanto, las reservas al dominico Congar. ¿Ignoraba Suenens que, desde el 14 de julio de 1789 hasta el 18 de Brumario, que puso fin al caos hexagonal, el 7 de noviembre de 1799 de nuestro calendario, no hicieron falta más de diez años para que se restableciera un orden relativo? No obstante, Congar considera el concilio, al igual que el general De Gaulle, como el acontecimiento más importante del siglo XX. ¡Ojalá el desastre conciliar hubiera durado solo una década!

En un libro titulado “El Concilio Vaticano II”, el padre Congar reúne en doce capítulos una síntesis de sus trabajos sobre el tema. La primera edición fue publicada por la editorial Beauchesne en 1984; una reedición será publicada por Cerf en 2022 (1). 

Bajo el título “Reflexiones con motivo del 20º aniversario (del anuncio de Juan XXIII, el 25/01/59)”, el capítulo 4 de este volumen recoge el texto de una conferencia pronunciada en Friburgo el 23 de enero de 1979. De ella se aprenden muchas cosas útiles. Nos guía un “experto”. Comencemos con esta declaración de Juan XXIII, que habría dicho el 8 de agosto de 1959: “(...) Cuando hayamos cumplido esta formidable tarea, eliminando lo que, en el plano humano, podía obstaculizar un progreso más rápido, presentaremos a la Iglesia en todo su esplendor, sine macula et sine ruga, y diremos a todos los demás que se han separado de nosotros, ortodoxos, protestantes, etc. (sic): Mirad, hermanos, esta es la Iglesia de Cristo. Nos hemos esforzado por serle fieles (...) Venid, venid; he aquí que el camino está abierto para el encuentro, para el retorno; venid a ocupar o recuperar vuestro lugar...”.

Esta preparación, destinada en estas líneas a eliminar todo prejuicio (ayer comprensible, mañana irrelevante) contra la unidad, debía darse a conocer a las demás confesiones religiosas, en particular gracias a “observadores” externos a la Iglesia.

El padre Congar dividió su discurso en cuatro partes: 1) El hecho “conciliar”; 2) Ecuménico, en qué sentido y de qué manera; 3) Concilio “pastoral”; 4) El posconcilio.

1) El hecho de que haya habido un concilio: el Vaticano I (1869/1870) fue interrumpido por la guerra franco-prusiana. A pesar de la primacía de Pedro y la infalibilidad reconocida apresuradamente, las múltiples encíclicas papales han mostrado, desde hace casi un siglo, un camino de salvación. Que el hombre moderno se niegue a apropiarse de él tal como es no significa que se muestre obstinado. Al contrario, es la “comunicación” de la Iglesia de ayer la que ha fracasado. De ahí el “non nova sed nove”, como si alguna nueva formulación, sin alteración semántica, bastara mañana para satisfacer al enemigo de ayer. Tal es el primer contraataque infligido por los innovadores a la Iglesia de ayer. Si la Iglesia fracasa, es por su propia culpa.

1) El hecho “conciliar”: Convertir el episcopado disperso en un episcopado reunido. “Cada uno es elevado por los demás más allá de lo que es por sí mismo”; “un concilio está formado por pastores; es una realidad de la Iglesia, una celebración, un momento de la guía de Dios sobre su pueblo; el Espíritu Santo obra en él y convierte esta comunicación sociológica en una comunión, en una unanimidad propia de la Ciudad de Dios”. Según Congar, se trata de un “nuevo Pentecostés”. El padre Wiltgen, en su crónica periodística del concilio, traducida al francés en 1973 (2), describió por su parte el ruido y la furia.


2) Ecuménico: En primer lugar, por el número. “El Vaticano I reunió a 744 padres, sin ningún obispo negro (sic); (...) en el Vaticano II, más de 2900 Padres, entre ellos más de un centenar de obispos negros (re-sic)”. “Por primera vez en la historia, todos los pueblos de la tierra y todas las tradiciones de la Iglesia pudieron hacerse oír en el concilio Vaticano II”. Prolongando de forma duradera este contexto de énfasis e hipérbole, sabemos que Pablo VI se permitió, en su carta del 29 de junio de 1975 dirigida a monseñor Lefebvre, declarar “que, en ciertos aspectos, el Vaticano II es más importante que el Concilio de Nicea; “palabras poco acertadas -señala Congar- de las que los críticos de Pablo VI y del Vaticano II han abusado de forma escandalosa...”. El Vaticano II se concibió como un concilio de reforma. Un llamamiento de una tradición menos profunda a una tradición más profunda, un retroceso de la tradición, una superación en profundidad, una búsqueda de fuentes más profundas. “Una de las características más decisivas es haber renacido, por encima de cierta Edad Media, la Contrarreforma y la restauración antimoderna del siglo XIX, con las inspiraciones de la Iglesia indivisa” (...). La votación del 20 de noviembre de 1962, que rechazó el llamado esquema de las dos fuentes sobre la Escritura y la Tradición, marca el fin de la Contrarreforma. Es a esta característica a la que el Vaticano II debe su mayor valor ecuménico. Esto estaba muy claro para los “expertos”: el “ecumenismo” requiere el abandono de la Tradición Católica.

3) Un concilio “pastoral”. Congar se refirió al discurso inaugural del 11 de octubre de 1962 de Juan XXIII: “El objetivo esencial de este concilio no es debatir sobre tal o cual artículo de la doctrina fundamental de la Iglesia (...) El espíritu cristiano y católico espera en todo el mundo un salto adelante hacia una penetración doctrinal y una formación de las conciencias que corresponda más perfectamente y más fielmente a la doctrina católica, la cual, SIN EMBARGO (subrayado por nosotros), debe ser estudiada y expuesta según los métodos de investigación y la presentación que utiliza el pensamiento moderno. Una cosa es la sustancia de la doctrina antigua contenida en el depósito de la fe, y otra la formulación con la que se reviste, ajustándose, en cuanto a formas y proporciones, a las necesidades de un magisterio de carácter pastoral. El 5 de diciembre de 1962, el papa pedía que “nos dediquemos con voluntad alerta, sin temor, a la tarea de extraer las consecuencias de la antigua doctrina y aplicarla a las condiciones de nuestra época; es decir, continuar el avance de la Iglesia en la sucesión del tiempo”. Estas declaraciones, impregnadas de hegelianismo, contienen, según Congar, lo esencial del engaño pastoral, ya que el pensamiento moderno es aquí una ficción especulativa cuyos pensadores y obras no se designan. Sin embargo, las mismas declaraciones explican por qué los esquemas preparatorios, confiados a la Curia y aprobados por Juan XXIII, no fueron apoyados por él durante el golpe de Estado del cardenal Liénart y los obispos renanos, el 13 de octubre de 1962.

Congar continúa: “Lo pastoral no es menos doctrinal, pero lo es de una manera que no se contenta (sic) con conceptualizar, definir, deducir y anatematizar; quiere expresar la verdad salvífica de una manera que llegue a los hombres de hoy, asuma sus dificultades y responda a sus preguntas. Y esto en la expresión misma de la doctrina. El Vaticano II fue doctrinal. El hecho de que no haya 'definido' nuevos dogmas no le resta valor doctrinal, según la calificación que la teología clásica da, de manera diferenciada, a los documentos que promulgó. Algunos son dogmáticos, expresan la doctrina común, serían comparables a las grandes encíclicas doctrinales (que citan a menudo), salvo que expresan, por la vía (y la voz) del magisterio extraordinario, la enseñanza de lo que el Vaticano I llamó el Magisterio ordinario y universal. Estemos atentos: en el Vaticano II, todo se eleva al nivel del magisterio extraordinario. Tal es el estatus de Lumen Gentium, de las partes doctrinales de Dei Verbum, de la Constitución sobre la liturgia y de Gaudium et Spes, pero también de varios 'decretos y de la declaración Dignitatis Humanae”. En pocas palabras, ¿la odiosa declaración que destruyó la cristiandad, llevó a las naciones católicas a rechazar una tras otra la religión de Estado y a idolatrar una libertad sin límites, sería dogmática, desde el Vaticano II, por la hybris de un tal Congar? ¿Quién se atrevió a afirmarlo, aparte de Congar?

Congar continúa: “Creemos que es precisamente este aspecto de apertura, de inducción, de discurso circunstanciado y directivo lo que rechazan algunas mentes. Por lo tanto, estos hombres continúan diciendo: 'Este concilio quiso ser, y ha sido, sólo pastoral'. Por lo tanto, no se impone, sigue siendo discutible y libre. Esa una actitud inaceptable: lo que hemos dicho lo demuestra... Con el debido respeto al sentencioso Congar, solo hay dos constituciones dogmáticas en el Vaticano II, a saber, Lumen Gentium y Dei Verbum. Los catorce textos restantes tienen menor autoridad jurídica, y las declaraciones más apreciadas por los innovadores son las menos seguras. Tras haber denunciado una dogmatización por contigüidad que resulta perfectamente abusiva, constatamos que el aplomo de Congar solo se apoya en sí mismo, y que para afirmar la verdad de diversas novedades, todas ellas igualmente tóxicas, los padres conciliares habrían tenido que correr el riesgo de denunciar canónicamente las formulaciones contradictorias, necesariamente erróneas. Prefiriendo la misericordia a la severidad, en detrimento de la justicia, Juan XXIII dejó a Congar librado a su indignación.

4) El posconcilio. Congar citó al cardenal Newman: “Es raro que un concilio no vaya seguido de una gran confusión”. Una proposición altamente paradójica, si se tiene en cuenta que el objetivo de un concilio es disipar la confusión, en lugar de crearla. Una proposición aún más inoportuna en lo que respecta al concilio Vaticano II, ya que el clero conciliar ha continuado, contra toda evidencia, negando la crisis. En 1979, Congar no se atrevió a negar la crisis en la Iglesia. La trivializó y, tras él, hasta nuestros días, prosperó el argumento del inevitable desorden, consecuencia del carácter conciliar. Al menos se admite la crisis, aunque no se relacione con la propia confusión conciliar.

Congar se esforzó, pues, por posponer la fecha límite beneficiosa: “(...) un concilio como el Vaticano II, al incorporar y traducir una gran concentración de conciencia y vida eclesial, representa un gran dinamismo, pero que solo surte efecto con el tiempo”. Cabe señalar que esta promesa de un “futuro prometedor”, aunque sine die, devalúa el argumento inspirado por Newman, al que hemos conocido por su gran inspiración. Este último habla de confusión, pero no dice cómo sale la Iglesia de ella, ni mediante qué recuperación. Lo que se espera... de un concilio. Si el beneficio es tanto más tardío cuanto más intenso es el dinamismo conciliar, ¿cómo negar de buena fe la crisis que afecta al intervalo mayéutico, el del doloroso parto?

Y Congar no se dio por vencido: “Es que un concilio incorpora una gran densidad de fidelidad y sabiduría procedente de toda la Iglesia; es un acontecimiento de tipo pentecostal (...), una visita del Espíritu Santo, una especie de nuevo Pentecostés

¿Es concebible un Pentecostés que haya fracasado? “Extraño Pentecostés, que nos ha traído tantos excesos” -dicen algunos, a veces con un tono de alegría sarcástica que duele... mientras que los fieles de la Renovación, a veces llamada 'carismática', ven cómo el Pentecostés se extiende por todas partes, como un incendio forestal. Reconozcamos primero los abusos. No solo los lamentamos, sino que los criticamos. Congar se abstuvo de señalar lo que lamentaba y criticaba. Tras haber validado, desde su alta posición, la categoría de abusos lamentables y criticables, no reveló ningún ejemplo y retiró con una mano lo que había concedido con la otra: “No creo que la crisis actual sea fruto del concilio Vaticano II. Por un lado, muchas de las preocupantes realidades actuales ya se anunciaban en los años '50, a veces incluso en los '30. El concilio no las provocó. Por otra parte, la crisis depende de manera bastante decisiva de causas que revelaron su fuerza después del concilio y que este último previno y evitó más de lo que las originó. El concilio Vaticano II fue seguido por una transformación sociocultural cuyo alcance, radicalidad, rapidez y carácter cósmico no tienen equivalente en ninguna otra época de la historia. El concilio sintió la transformación, pero no experimentó todos sus aspectos ni su violencia”.

De esta larga cita, que culmina en una dolorosa confesión, cabe destacar lo siguiente: el Vaticano II no estuvo a la altura de las circunstancias. De hecho, frente a aquellos a quienes quería seducir, el concilio no tenía el nivel intelectual necesario para sostener una contienda al nivel requerido. Ante la expectativa de los fieles que esperaban una guía saludable, los padres conciliares traicionaron al cristianismo con un irenismo inmaduro y mancillaron la Tradición milenaria. La Iglesia era un dique. El lenguaje ingenuo y engañoso del concilio saboteó ese dique y destruyó la autoridad eclesiástica, y con ella toda autoridad civil legítima.

¿Lo creerían? Congar se mostró obstinado, con la energía de la desesperación: “Para terminar, me gustaría mencionar algunos frutos positivos del concilio. Creo (sic) que son muy sustanciales, pero consisten en gran medida en promesas de las que actualmente solo tenemos los primeros frutos. Promesas, pues, y nada concreto. “¡El compromiso con el hombre en todas partes!”. Gracias al “experto”, que cita un proverbio chino: “Cuando un árbol cae, hace ruido; cuando crece un bosque, no se oye nada”, lo que “expresa bien lo que está sucediendo, que se puede interpretar en términos de eclesiología, ya que se trata de un paso de una visión de la Iglesia a otra

Es una nueva y significativa confesión, la de una sustitución metódica de una religión por otra, asumida en 1979 y que, casi medio siglo después, resulta ser el fracaso de las diócesis, arrastrando a la Institución a su apostasía.

Maritain, de Lubac y Louis Bouyer declararon que “no querían eso”, es decir, el desastre eclesiástico del que es responsable el concilio. Congar, por su parte, no cedió en nada, ni siquiera en sus concesiones. El sabotaje eclesiástico del período postconciliar, que perdura en nombre del concilio, es el desastre que Congar aceptóEs el precio a pagar por una nueva visión de la Iglesia que reemplace la que amamos y profesaremos usque ad mortem.
 
Notas:

(1) El Concilio Vaticano II. Su Iglesia, Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo, de Yves Congar con prefacio de René Rémond.

(2) Ralph M. Wiltgen: El Rin desemboca en el Tíber - El Concilio Desconocido.


ORGANIZACION PUBLICA DE LA FRANCMASONERIA

“Aunque desparramados por toda la haz de la tierra -dice el Ritual- nuestros Hermanos no forman sino una comunidad”.

Por Monseñor de Segur (1878)


XIX

ORGANIZACION PUBLICA DE LA FRANCMASONERIA

Esta organización nada tiene de común con la Francmasonería oculta. El Carbonarismo o Francmasonería secreta es uno y universal por esencia, y tiene un solo jefe, al cual no conoce. La Francmasonería exterior no es una y universal más que en el fondo, pues en la forma es múltiple.

Limitándome al G∴ O∴ de Francia, diré que el Gran Maestro tiene bajo su obediencia las Logias y Talleres de todos los francmasones que no reconocen el rito Escocés ni el Misraim. Está asistido por un numeroso Consejo, compuesto casi todo de personajes conocidos e importantes. Las Logias y Talleres están divididos por provincias u Orientes. Así los decretos del Gran-Oriente llegan a todos los Hermanos por vía jerárquica.

Pero, nótese bien, esto no es más que la Francmasonería exterior, que no tiene el carácter conspirador de la otra; pudiendo añadir que si alguno de los grandes dignatarios de la Orden son iniciados en los odiosos misterios del Carbonarismo, esto es aparte de su autoridad.

La mayor parte de las Logias llevan nombres increíbles. El Anuario universal de la Francmasonería francesa y extranjera que se imprime en Châlons-sur-Marne, y se publica en París, en casa del H∴ Pinon, contiene la enumeración de todos esos Talleres y Logias, con los nombres y los domicilios de los Venerables, de los dignatarios grandes y pequeños; H∴ Primeros Vigilantes, H∴ Introductores, H∴ Maestros de Ceremonias, H∴ Sacrificadores, H∴ Oradores, H∴ Maestros de Banquetes, etc. También se leen los nombres y domicilios de los Caballeros Kadosch, Rosa-Cruz, de San Andrés, del Sol, etc., exceptuando, no obstante, algunos que la prudencia ha dejado en la oscuridad, entre ellos el tristemente célebre Renán.

En París hay setenta y una logias divididas en cuatro secciones, que se reúnen casi todas una vez al mes en días fijos que marca el Anuario.

En estas reuniones se efectúan los famosos ágapes, los fraternales banquetes de los dos solsticios (Junio y Diciembre), que constituyen para el vulgo toda la Francmasonería. Allí se hacen también las cuestaciones destinadas a los miembros indigentes. La Francmasonería enaltece mucho su filantropía, pálida caricatura de la verdadera caridad. Únicamente la Iglesia sabe amar a los pobres con verdadera caridad.

En los departamentos hay doscientas cinco logias; en la Argelia y en las Colonias, veintiocho. ¡Total trescientas cuatro logias que trabajan bajo una sola obediencia para la gloria del Gran Arquitecto y salvación de las almas!!! El G∴ O∴ de Francia dirige, además, treinta y cuatro logias en países extranjeros.

He aquí los nombres de logias que se leen con mayor satisfacción: la logia de los Admiradores del Universo; la de los Filántropos Celosos; de San Antonio del perfecto Contento; de los Amigos Triunfantes; de la Clemente Amistad Cosmopolita; de los Discípulos de Memphis; de la Rosa del Perfecto Silencio; de la Colmena Filosófica; de los Trinósofos de Bercy; etc. En las provincias, para no ser menos, se ven florecer las logias del Candor, del Valle del Amor, de Sencillez-Constancia, de Escuela de la Virtud, de las Virtudes Reunidas, etc.

Los ritos Escocés y Misraim bautizan sus logias con nombres menos ridículos. El rito Escocés contaba en 1866 con noventa y ocho logias: treinta y cuatro en París, cuarenta y tres en los Departamentos y veintiuna en Argel y el extranjero. El rito Misraim parece menos próspero, a lo menos según el Anuario que tenemos a la vista.

Todos los ritos de la Francmasonería exterior no forman, repito, sino una sola secta, y en el Anuario vemos la lista de los diputados de todas esas Obediencias cerca del Supremo Consejo del Gran Oriente de Francia, y cerca del que pertenece al rito Escocés; y es evidente que los francmasones de todo el universo corresponden también directamente unos con otros. Es un tejido inmenso de hilos entrelazados, bien que distintos y a veces, enemigos.

“Aunque desparramados por toda la haz de la tierra -dice el Ritual- nuestros Hermanos no forman sino una comunidad. Todos están iniciados en los mismos secretos, todos siguen el mismo camino, son dirigidos por la misma Regla, y en fin, les anima un mismo espíritu (1)... A cualquier rito reconocido que pertenezca un francmasón, es H∴ de todos los francmasones del globo” (2).


Notas:

1) Grado de Anciano.

2) Reglamentos generales de la Francmasonería Escocesa, artículo 2.


 

sábado, 30 de agosto de 2025

JOSÉ ANTONIO SATUÉ, HOMBRE MUY PRÓXIMO A FRANCISCO, ES NOMBRADO “OBISPO” DE MÁLAGA

Este es el segundo nombramiento “episcopal” de León XIV para España: Satué, hasta hoy “obispo” de Teruel y Albarracín, ha sido nombrado “obispo” de Málaga


En la diócesis andaluza, Satué sustituirá a “monseñor” Jesús Catalá, quien cumplió los 75 años de edad en diciembre pasado.

José Antonio Satué Huerto nació en Huesca en 1968. Completó su formación como técnico especialista en electrónica industrial en el Instituto Politécnico de Huesca en 1987, año en el que ingresó en el seminario metropolitano de Zaragoza como seminarista de la diócesis de Huesca. Realizó sus estudios eclesiásticos en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA) donde obtuvo el Bachillerato en Teología. Recibió la ordenación sacerdotal el 4 de septiembre de 1993. Es licenciado en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (2004).

Se desempeñó como “sacerdote” en la diócesis de Huesca hasta su nombramiento, en abril de 2015, como oficial de la Congregación para el Clero en la Santa Sede.

Regresó a España al ser nombrado por Francisco como “obispo” de Teruel y Albarracín. El nombramiento se hizo público el 16 de julio de 2021 y el 18 de septiembre tomó posesión de esa diócesis. 

En 2023, Satué dio su respaldo a la escandalosa Fiducia Supplicans. En su escrito semanal a la feligresía, bajo el título “Bendiciones”, escribió que ese documento vaticano “ofrece el abrazo misericordioso de Dios y la maternidad de la Iglesia”, apreciando queDios es padre, es madre” y “no aleja nunca al que se acerca a Él”.

Escribió además en aquel comunicado que “la Declaración de la Santa Sede nos ayuda a apreciar la actitud de quienes se acercan a la Iglesia solicitando una bendición”.

Para terminar de definir el perfil de Satué podemos agregar que además es un ferviente promotor de los “derechos de los migrantes”, la libertad de culto y la multiculturalidad.

El 30 de agosto de 2025 Satué declaró en una entrevista radial: “Cuando llegue a Málaga me propongo continuar con un estilo sinodal”

A partir del 13 de septiembre, tomará posesión de la Diócesis de Málaga.

LAVANDA EN EL SANTUARIO

El armario del Vaticano ya no está cerrado...

Por Chris Jackson


Durante décadas, se les dijo a los católicos que consideraran los escándalos clericales como “excesos aislados”. Un mal “obispo” por aquí, un “nuncio” corrupto por allá, un “sacerdote” depredador asignado desafortunadamente a su parroquia. Pero si la investigación del Dr. Frédéric Martel y las admisiones de denunciantes dentro de la Curia han demostrado algo, es esto: la infiltración homosexual en el Vaticano no es una anécdota, sino una obra arquitectónica.


Martel pasó años entrevistando a cientos de clérigos y mostró la cruda verdad: Roma no solo tolera la conducta homosexual, sino que se construye en torno a ella. La promoción sigue el camino de la lavanda. El ascenso no depende de la ortodoxia ni siquiera de la competencia, sino de estar “en la parroquia”. Una doble vida discreta significa fraternidad y protección. La exposición significa exilio.

Incluso los investigadores seculares ven la conexión obvia: la cultura del secretismo necesaria para proteger a los clérigos homosexuales se ha integrado a la perfección con la cultura del secretismo que protege a los abusadores. La omertà es el sistema operativo del Vaticano.

La mafia lavanda y el colapso de la disciplina célibe

La profesora Janet Smith y otros han señalado que, tras el Vaticano II, cuando decenas de miles de sacerdotes heterosexuales se marcharon, el vacío lo llenaron los que permanecieron, y no eran los castos guerreros de Cristo. Eran los hombres que vieron en la “nueva iglesia” de los “curas trabajadores sociales” un escondite perfecto.

El ex sacerdote Richard Sipe calculó que casi un tercio de los “obispos” en Estados Unidos eran homosexuales activos. El propio Benedicto XVI admitió que seminarios enteros en las décadas de 1960 y 1970 estuvieron dominados por camarillas homosexuales. Y Francisco, Francisco, el gran amigo del “¿quién soy yo para juzgar?”, bajó la guardia ante los obispos italianos y escupió la palabra “frociaggine” (maricones). Se disculpó por el insulto, pero no por mencionar algo real: los seminarios han sido rosa durante décadas, y su “producto” ahora ocupa el episcopado.

El resultado es un clero incapaz de indignarse. Un hombre normal ardería de furia ante la violación sexual de menores. Un padre normal libraría una guerra contra los depredadores en su casa. En cambio, nuestros “obispos” hacen papeleo, ocultan informes y se burlan de quienes exigen justicia. ¿Por qué? Porque ellos mismos viven una doble vida, y el mismo sistema que protege sus placeres debe proteger sus crímenes.

El expediente Benedicto que desapareció

Phil Lawler nos recuerda que Benedicto XVI encargó un informe secreto en 2012 sobre la corrupción en la Curia. Éste se entregó en una “gran caja blanca”, el infame expediente. Según informes, documentaba no solo la corrupción y las intrigas financieras, sino también la red de poder homosexual en las altas esferas del Vaticano.


Benedicto XVI dimitió meses después. Cuando Francisco asumió el cargo, Benedicto XVI le entregó personalmente los documentos. Francisco tuvo doce años para actuar. No hizo nada. Ni siquiera reconoció la existencia del informe, salvo indirectamente en su propia autobiografía, cuando admitió que Benedicto XVI le había entregado una caja de archivos llena de “las situaciones más difíciles y dolorosas”.

En lugar de purificar el templo, Francisco fortaleció a la Mafia Lavanda. Los abusadores y sus protectores fueron promovidos, protegidos y celebrados. Un “pontificado” que podría haber blandido la espada de San Miguel, prefirió los estandartes arcoíris y las “bendiciones” del pecado.

Del armario a la pasarela

La revolución ya no se oculta. El proyecto a largo plazo es normalizar. Primero, cultivar el secretismo: “No preguntes, no digas nada”. Después, neutralizar la indignación: “¿Quién soy yo para juzgar?”. Finalmente, canonizar el vicio bajo el lema “El amor es amor”.


Fiducia Supplicans fue el globo de prueba del catolicismo “abierto” y arcoíris, lanzado después de que varios países promulgaran la ley del “matrimonio igualitario”. La ambición del Vaticano ya no es solo ser la comunidad gay secreta más grande del mundo, sino el santuario queer más célebre del mundo.

En Roma ya se está esbozando una “teología queer”: Jesús como el paria arquetípico, los apóstoles como marginados elegidos, el matrimonio como símbolo fluido en lugar de sacramento. El único “pecado” que quedará será la “homofobia”, que en la práctica significa fidelidad a la enseñanza moral católica.

Por qué esto es importante

Algunos conservadores todavía se consuelan diciendo: “Bueno, mientras la doctrina escrita siga siendo válida...”. Pero el sistema garantiza que la doctrina escrita sea irrelevante. Un “obispo” ahogado en sus propios vicios no defenderá la verdad que lo condena. Preferirá el activismo horizontal: trabajo social, gestión burocrática, eslóganes “papales” empalagosos; cualquier cosa menos la llamada sobrenatural al arrepentimiento.

Los hombres que viven una doble vida no son simplemente administradores débiles. Son antipastores. Su hipocresía corrompe su predicación, vacía su autoridad y extingue su celo por las almas. Su sistema es una teocracia color lavanda disfrazada con encajes.

La respuesta del remanente

Para los fieles, la lección es clara: dejen de esperar a que la jerarquía se arregle sola. El próximo cónclave no será un cónclave de Atanasios, sino de cortesanos criados en este mismo sistema. Esperar que un “papa” expulse a los sodomitas de Roma es una fantasía.

Lo que queda es lo que siempre ha quedado: el remanente. Los fieles comunes, aferrados a los Sacramentos donde sean válidos, a la Misa donde se conserva la verdadera, al catecismo donde se recuerda. Como Galadriel advirtió a Gandalf, las sombras crecen, y no será el gran poder de los cardenales de escarlata lo que las contenga, sino las pequeñas acciones de los católicos comunes que rechazan la farsa.

La Mafia Lavanda no puede ser reformada por “obispos” Lavanda. El clóset no puede ser purificado por sus habitantes. Pero la verdad, una vez expuesta, no puede volver a ser enterrada. El arcoíris de Roma no será la última palabra.
 

TODO EL MUNDO SE BURLARÍA DE MÍ SI ME CONFESASE

¿Crees que vale más agradar a los malos que a los buenos, a los impíos que a los cristianos, a los locos que a los sabios, al demonio que a Dios?

Por Monseñor de Segur (1868)


21. TODO EL MUNDO SE BURLARÍA DE MÍ SI ME CONFESASE

Es demasiado decir, todo el mundo. Los bribones, los impíos, los borrachos, los hombres embrutecidos que no comprenden nada de las cosas elevadas, todos estos, es muy posible; pero dime en conciencia, ¿haces mucho caso de la estimación de toda esta gente? Es loca, es perversa; ¿y qué importa a un hombre sensato el juicio de un malvado o de un loco?

Haz lo que quieras que nunca lograrás contentar a todo el mundo. Es preciso tomar un partido. Si eres bueno, desagradarás a los malos; si malo, no te estimarán los buenos. ¿A cuál de los dos partidos vale más desagradar? Sin duda, a los malos; a aquellos a quienes no se estima. ¿Crees que vale más agradar a los malos que a los buenos, a los impíos que a los cristianos, a los locos que a los sabios, al demonio que a Dios?

¿Se burlarían de ti? ¿Y qué importa? Si se burlasen de ti porque eres aseado y vas bien vestido; porque te conservas lozano y con buena salud, ¿creerías deber por esto cambiar de conducta? Lo que haces por tu cuerpo, hazlo por tu alma; sigue tu camino, cumple con tu deber, sé cristiano, y sirve a Dios, salva tu alma, y deja a los imbéciles que se rían. Se reirá con mejor acuerdo el último que se ría.

¿Qué se burlarán de ti? Acaso no tanto como crees. Las gentes del mundo son más ligeras que malvadas. En el fondo estiman el bien, el verdadero bien. Si tienes una verdadera y sólida religión; si eres cristiano a la faz del día y ostentas alta la frente; si posees una piedad bien entendida sin aspavientos ni pequeñeces; si te muestras bueno para todos, indulgente, amable, afectuoso, está seguro de que nadie se burlará de ti, sino que al contrario serás respetado, estimado y amado de casi todo el mundo. 

He conocido a un joven militar, músico del 25 de línea, que comulgaba tres veces a la semana, y hacía a la vista y ciencia de todos sus camaradas la vida más cristiana. Al principio habían querido amostazarle, pero él se había mantenido firme y alegre; pronto le dejaron tranquilo, y todo el regimiento, desde el coronel hasta el último soldado, acabó por venerarle.

Nada por Dios de respetos humanos; nada de cobardía, el Señor no quiere cobardes en su servicio. Confiésate delante de todo el mundo y gloríate de servir a Dios. 

Habrás oído sin duda hablar de ese valiente general Bedeau, que en Argel condujo tantas veces las tropas francesas a la victoria. En 1846 de vuelta de una de sus gloriosas expediciones en África, encontró a un sacerdote que se dirigía a Constantina. Al momento manda hacer alto a su columna, se apea del caballo, se arrodilla al pie de un árbol y se confiesa... Y dirigiéndose luego a sus valientes: 

- “Hijos míos -les dice- dentro de algunos días volveremos a presentarnos ante el enemigo, si alguno de vosotros quiere arreglar su conciencia, salga de las filas y haga como yo”... 

Sal también de las filas; sal del mal, sal de la indiferencia y haz como él.

Continúa...

 


 
 

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (54)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


54. El encuentro con Judas de Keriot y con Tomás.
Simón Zelote curado de la lepra.

26 de octubre de 1944.

1 Jesús está junto a sus seis discípulos. Tanto el otro día como hoy, no he visto a Judas Tadeo, que también había expresado su deseo de ir a Jerusalén con Jesús. Deben ser todavía las fiestas pascuales, porque continúa habiendo mucho gentío por la ciudad. Anochece. Muchos se apresuran hacia las casas.
También Jesús se dirige a la casa en que le hospedan. No es la del Cenáculo –que está más en la ciudad, aunque en las afueras–. Esta es una casa de campo en el pleno sentido de la palabra, entre tupidos olivos. Desde la pequeña y agreste explanada que tiene delante, se ven descender colina abajo, en escalones, los árboles, deteniéndose a la altura de un pequeño torrente escaso de agua, que discurre por el valle situado entre dos colinas poco altas: en la cima de una colina está el Templo; en la otra colina, sólo olivos y más olivos. Jesús está en la parte baja de la ladera de este delicado alcor que sube sin asperezas: serenos árboles, todo manso.
“Juan, hay dos hombres que esperan a tu amigo” dice un hombre anciano, que debe ser el agricultor o el propietario del olivar. Yo diría que Juan le conoce.
“¿Dónde están? ¿Quiénes son?”.
“No lo sé. Uno, sin duda, es judío. El otro... no sabría decirte. No se lo he preguntado”.
“¿Dónde están?”.
“Esperando en la cocina y... y.. sí... bueno... hay también uno lleno de llagas... Le he dicho que se estuviera allí porque... no quisiera que estuviera leproso... Dice que quiere ver al Profeta que ha hablado en el Templo”.
Jesús, que hasta ese momento había estado callado, dice: “Vamos primero adonde éste. Di a los otros que vengan, si quieren. Hablaré aquí, en el olivar, con ellos”. Y se dirige hacia el punto indicado por el hombre.
“¿Y nosotros? ¿Qué hacemos?” pregunta Pedro.
“Venid, si queréis”

2 Un hombre todo cubierto y embozado está apoyado en el pequeño, rústico muro que sostiene un escalón del terreno, el más cercano al límite de la propiedad. Debe haber subido hasta allí por un senderillo que sigue el curso del torrente y conduce a ese lugar.
Cuando ve a Jesús venir hacia él, grita: “¡Atrás, atrás! ¡Pero ten piedad!”. Y descubre su torso dejando caer el vestido. Si el rostro aparece cubierto de costras, el tronco es un recamado de llagas: unas ya convertidas en agujeros profundos, otras simplemente como rojas quemaduras, otras blanquecinas y brillantes como si tuvieran encima un cristalito blanco.
“¡Estás leproso! ¿Qué quieres de mí?”.
“¡No me maldigas! ¡No me apedrees! Me han dicho que anteayer tarde te has manifestado como Voz de Dios y Portador de la Gracia. Me han dicho que has asegurado que alzando tu signo sanas todo mal. Álzalo sobre mí. Vengo de los sepulcros... Allí... Me he arrastrado como una serpiente entre los arbustos del torrente para llegar hasta aquí sin ser visto. He esperado a que anocheciera para hacerlo, porque en la penumbra se me identificaba menos. He osado... he encontrado a éste, de la casa, que es rico en bondad. No me ha matado. Sólo me ha dicho: "Espera apoyado en el muro". Ten Tú también piedad”. 
Y dado que Jesús se acerca –El solo, porque los seis discípulos y el propietario del lugar, con los dos desconocidos, se han quedado lejos y muestran claramente repulsa– insiste: 
“¡No más adelante! ¡No más! ¡Estoy infectado!”. 
Pero Jesús prosigue. Le mira con tanta piedad, que el hombre se echa a llorar y se arrodilla hasta casi tocar con el rostro en el suelo y gime: 
“¡Tu signo! ¡Tu signo!”.
“Será alzado en su hora. Pero a ti te digo: "Levántate. Queda curado. Lo quiero. Y tú séme signo en esta ciudad que debe conocerme. ¡Levántate, digo! ¡Y no peques, en reconocimiento hacia Dios!"”.
El hombre se levanta lentamente. Parece surgir de las hierbas altas y florecidas como de un sudario... y está curado. Se mira con los últimos restos de luz. Está curado. Grita: 
“¡Estoy limpio! ¡Oh!, ¿qué debo hacer ahora por ti?”.
“Obedecer a la Ley. Vete al sacerdote. Sé bueno en el futuro. Ve”.
El hombre hace amago de echarse a los pies de Jesús, pero se acuerda de que todavía es impuro, según la Ley (278), y se contiene. Eso sí, se besa las manos y manda el beso a Jesús, y llora de alegría.

3 Los otros se han quedado de piedra. Jesús vuelve la espalda al hombre que ha sido curado y, sonriendo, los hace volver en sí: 
“Amigos, no era más que una lepra de la carne, veréis caer la lepra de los corazones. ¿Sois vosotros los que me buscáis?” dice a los dos desconocidos. “Aquí estoy. ¿Quiénes sois?”.
“Te hemos oído la otra tarde... en el Templo. Te hemos buscado por la ciudad. Uno que dice ser pariente tuyo nos ha informado de que estabas aquí”.
“¿Por qué me buscáis?”.
“Para seguirte, si nos aceptas, porque Tú tienes palabras de verdad”.
“¿Seguirme? ¿Pero sabéis hacia dónde voy?”.
“No, Maestro, pero ciertamente a la gloria”.
“Sí. Pero a una gloria no de la tierra. A una gloria que tiene su sede en el Cielo y que se conquista con virtud y sacrificio. ¿Por qué queréis seguirme?” vuelve a preguntar.
“Para tener parte en tu gloria”.
“¿Según el Cielo?”.
“Sí, según el Cielo”.
“No todos pueden llegar. Porque Satanás insidia, más que a los demás, a los que desean el Cielo, y sólo quien sabe fuertemente querer resiste. ¿Por qué seguirme, si seguirme a mí quiere decir lucha continua con el enemigo que está en nosotros, con el mundo enemigo, y con el Enemigo, que es Satanás?”.
“Porque así lo quiere nuestro espíritu, que ha quedado conquistado por ti. Eres santo y poderoso. Queremos ser tus amigos”.
“!!!Amigos!!!”.... Jesús se calla y suspira. Después mira fijamente a quien ha estado hablando, que ahora ha echado hacia atrás el manto que cubría su cabeza. Es Judas de Keriot. “¿Quién eres, tú que hablas mejor que un hombre del pueblo?”.
“Judas soy, de Simón. De Keriot soy. Pero soy del Templo… o... estoy en el Templo. Espero al Rey de los judíos y sueño con El. Te he sentido Rey en la palabra. Rey te he visto en el gesto. Tómame contigo”.
“¿Tomarte? ¿Ahora? ¿En seguida? No”. 
“¿Por qué, Maestro?”
“Porque es mejor sopesarse a sí mismo antes de tomar caminos muy escarpados”.
“¿No crees en mi sinceridad?”.
“Lo has dicho. Creo en tu impulso. Pero no creo en tu constancia. Piénsalo, Judas. Yo ahora me iré y volveré para Pentecostés. Si estás en el Templo, me verás. Sopésate a ti mismo”. 

4 “¿Y tú quién eres?” le pregunta al segundo desconocido.
“Otro que te vio. Querría estar contigo. Pero ahora me da miedo”.
“No. La presunción es perdición. El temor puede ser obstáculo, pero si viene de la humildad es una ayuda. No temas. También tú piensa, y cuando vuelva...”.
“¡Maestro, eres muy santo! Tengo miedo de no ser digno. No de otra cosa. Porque respecto a mi amor no temo...”.
“¿Cómo te llamas?”.
“Tomás, llamado Dídimo”.
“Recordaré tu nombre. Vete en paz”.
Jesús se despide de ellos y se retira a la acogedora casa para cenar.

5 Los seis que están con El quieren saber muchas cosas. 
“¿Por qué, Maestro, has hecho diferencia entre los dos?... Porque una diferencia ha habido. Los dos tenían el mismo impulso...” pregunta Juan.
“Amigo, un impulso, aun siendo el mismo, puede tener distinto contenido y causar distinto efecto. Es cierto que los dos tienen el mismo impulso. Pero uno no es igual que el otro en el fin. Y el que parece el menos perfecto es el más perfecto, porque no lleva el acicate de la gloria humana. Me ama porque… me ama”.
“¡También yo!”.
“Y yo también”.
“Y yo”.
“Y yo”.
“Y yo”.
“Y yo”.
“Lo sé. Os conozco por lo que sois”.
“¿Entonces somos perfectos?”
“¡Oh, no! Pero, como Tomás, lo seréis si permanecéis en vuestra voluntad de amor. ¡¿Perfectos?! ¡Oh, amigos!, ¿y quién es perfecto sino Dios?”.
“¡Tú lo eres!”.
“En verdad os digo que no por mí soy perfecto, si creéis que Yo soy un profeta. Ningún hombre es perfecto. Pero Yo soy perfecto porque el que os habla es el Verbo del Padre. Parte de Dios, su Pensamiento que se hace Palabra (279), Yo tengo la Perfección en mí. Y tal me debéis creer, si creéis que Yo soy el Verbo del Padre. Y, no obstante, ¿lo veis, amigos?, Yo quiero ser llamado el Hijo del hombre, porque me anonado cargándome todas las miserias del hombre, para llevarlas –mi primer patíbulo– y anularlas después ("llevarlas", no "tenerlas"). ¡Qué peso, amigos! Pero lo porto con alegría. Mi alegría es portarlo, porque, siendo el Hijo de la humanidad, haré a la humanidad hija de Dios. Como el primer día”.
Jesús habla dulcemente, sentado ante la sobria mesa, gesticulando serenamente con las manos sobre la mesa, el rostro un poco inclinado, iluminado de abajo a arriba por la lamparita de aceite que está colocada encima de la mesa. Sonríe levemente. Es Maestro ya sólo por su aspecto grandioso, y muy amigo en el trato. Los discípulos le escuchan atentos.

6 “¿Maestro... por qué tu primo, aun sabiendo dónde habitas, no ha venido?”.
“¡Pedro mío!... Tú serás una de mis piedras, la primera. Pero no todas las piedras son fáciles de usar. ¿Has visto los mármoles del palacio pretorio?: arrancados fatigosamente del seno montano, ahora son parte del Pretorio. Mira por el contrario esos cantos que resplandecen allí, bajo el rayo de luna, entre las aguas del Cedrón. Procedentes de aquéllos, ahora están en el lecho del torrente, y si uno los quiere, ¿ves?, en seguida se dejan coger. Mi primo es como las primeras piedras de que hablo... El seno del monte, que es la familia, me lo disputa”.
“Yo quiero ser en todo como los cantos del torrente. Por ti estoy dispuesto a dejarlo todo: casa, esposa, pesca, hermanos. Todo, Rabí, por ti”.
“Lo sé, Pedro. Por esto te amo. Pero también Judas vendrá”.
“¿Quién? ¿Judas de Keriot? Por mí que no venga. Es un señorito, pero... prefiero... me prefiero incluso a mí mismo...”. Todos se echan a reír de la salida de Pedro. 
“¿A qué viene esa risa? Quiero decir que prefiero un galileo genuino, tosco, pescador, pero sin fraude, a... a los de ciudad que... no sé... Bueno, el Maestro entiende lo que quiero decir”.
“Sí, entiendo, pero no juzgues. Tenemos necesidad los unos de los otros en la tierra, y los buenos están mezclados con los malvados como las flores en el campo. La cicuta está al lado de la salutífera malva”.

7 “Yo quisiera preguntar una cosa...”.
“¿Qué, Andrés?”.
“Juan me ha hablado del milagro hecho en Caná... Teníamos gran esperanza de que hicieras uno en Cafarnaúm... y has dicho que no hacías un milagro sin haber cumplido antes la Ley. ¿Por qué, entonces, en Caná? Y, ¿por qué aquí y no en tu tierra?”.
“Toda obediencia a la Ley es unión con Dios y por lo tanto aumento de nuestra capacidad. El milagro es la prueba de la unión con Dios, de la presencia benévola y complaciente de Dios. Por ello he querido cumplir con mi deber de israelita antes de comenzar la serie de prodigios”.
“Pero la Ley no te obligaba a ti”.
“¿Por qué? Como Hijo de Dios, no; como hijo de la Ley, sí. Israel, por ahora, sólo me conoce como esto segundo... Incluso más adelante casi todo Israel me conocerá sólo así, más aún, como menos todavía. Pero no quiero escandalizar a Israel y obedezco a la Ley”.
“Eres santo”.
“La santidad no dispensa de la obediencia. Más aún, la perfecciona. Además de todo, hay que dar ejemplo. ¿Qué dirías de un padre, de un hermano mayor, de un maestro, de un sacerdote que no dieran buen ejemplo?”.
“¿Y Caná entonces?”.
“Caná era el gozo de mi Madre que había que llevar a cabo. Caná es el anticipo que se debe a mi Madre. Ella es la Anticipadora de la Gracia. Aquí honro a la Ciudad Santa, haciendo de ella, públicamente, la iniciadora de mi poder de Mesías. Allí, en Caná, sin embargo, honraba a la Santa de Dios, a la Toda Santa. Por Ella el mundo me tiene. Es justo que para Ella sea mi primer prodigio en el mundo”.

8 Llaman a la puerta. Es Tomás nuevamente. Entra y se echa a los pies de Jesús. 
“Maestro... no puedo esperar a tu retorno. Permíteme quedarme contigo. Estoy lleno de defectos, pero tengo este amor, solo, grande, verdadero, mi tesoro. Es tuyo, es para ti. Déjame, Maestro...”.
Jesús le pone la mano sobre la cabeza. 
“Quédate, Dídimo. Sígueme. Bienaventurados los que tienen voluntad sincera y tenaz. Benditos vosotros. Me sois más que parientes, porque me sois hijos y hermanos, no según la sangre, que muere, sino según la voluntad de Dios y vuestra voluntad espiritual. Y Yo digo que no tengo pariente más cercano que quien hace la voluntad del Padre mío, y vosotros la hacéis, porque queréis el bien”.

La visión termina así. Son las 4 de la tarde y ya descienden sobre mí las sombras de un sopor que siento que será violento, lógica consecuencia de la penosa hora de ayer...

Continúa...

Notas:

278) Cfr. Lev. 13 y 14 en todo lo que se refiere al leproso y su curación.

279) Dado que Dios no es cuerpo sino espíritu la expresión “Sale de Dios su Pensamiento que se hace Palabra” no puede tener sentido material sino espiritual, si bien se expresa de una manera popular y no con el rigor científico. “Sale de Dios” en el contexto significa, por lo tanto, que sale del Padre, y se dice que el verbo sale del Padre, porque la Palabra es engendrada, por quien la piensa y sale y procede de quien la piensa y la profiere. Por eso forma parte de quien la piensa y la profiere; es un modo sensible y adaptado al común de la gente expresar una realidad espiritual y divina: la consustancialidad del Hijo con el Padre es el orígen del Hijo al salir del Padre, como Palabra del Pensamiento, como Verbo de quien la pronuncia. Tales modos de pensar, aunque científicamente no exactos, sí lo son para la gente común y hasta se encuentran en la Liturgia; el llamado Símbolo Atanasiano dice que, así como el alma y el cuerpo constituyen al hombre, así Dios y el Hombre constituyen al Cristo.






 





 

El Poema del Hombre-Dios (40)

El Poema del Hombre-Dios (41)


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El Poema del Hombre-Dios (49)