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sábado, 12 de septiembre de 2026

LA MUERTE DE LA “AMIGA PERSONAL” DE BERGOGLIO

Emma Bonino, la “queridísima amiga” de Jorge Bergoglio, estuvo involucrada en el asesinato de miles de bebés por abortos ilegales, algunos incluso realizados en su departamento.

Por el Prof. Martino Mora


Emma Bonino fue una feminista radical. Lo quisiera o no, su imagen pública quedó indisolublemente ligada a tres hombres.

El primero es Marco Pannella: su mentor —una figura casi al estilo de Pigmalión— y líder de su partido durante décadas.

El segundo es George Soros, quien, al menos durante los últimos veinte años, ha sido abiertamente el principal financiador de sus actividades políticas.


El tercero es Jorge Mario Bergoglio, quien la ha elogiado públicamente y se ha reunido con ella en numerosas ocasiones.

Es un trío que dice mucho.

Liberal, defensora del libre mercado, libertina y libertaria —términos que Pannella empleaba para definir a los radicales—, Emma Bonino fue el símbolo mismo del movimiento a favor del aborto en Italia; según ella misma reconoció, participó en esta práctica de manera ilegal, primero como paciente y más tarde como proveedora de abortos. Sin embargo, naturalmente, fue mucho más que eso.

Feminista, defensora de la eutanasia y de la agenda homosexual —y, naturalmente, una fanática de las vacunas durante la plandemia—, fue también una ferviente partidaria de la inmigración masiva, promotora del mestizaje (y, por ende, profundamente admirada por Bergoglio, quien la aclamó como “una gran italiana”). 

Partidaria de la teoría del "Gran Reemplazo", enemiga de la familia y de todo orden natural y civil, y siempre favorable tanto al caos como al gran capital, buscaba vaciar las cárceles del mismo modo que pretendía vaciar las cunas. También abogó por la legalización de las drogas.

Los Radicales —incluso en Italia— introdujeron el concepto de “derechos civiles” basado en el modelo anglosajón. Ahí reside su importancia decisiva.

También adoptaron el modelo anglosajón de una “sociedad abierta” compuesta por átomos consumistas y flotantes —esencialmente intercambiables— dedicados exclusivamente a fines económicos y hedonistas, al tiempo que rechazaban cualquier concepción cristiana trascendente de lo sagrado o cualquier sentido del deber comunitario. Exigían constantemente “derechos”, particularmente aquellos relacionados con la esfera situada por debajo de la cintura.

Es la antropología materialista del “Último Hombre”, reducido a átomos —pero también reducido a bestia, a pura animalidad— que se cree su propio dios.

Puro nihilismo, que lamentablemente se ha convertido hoy en un fenómeno de masas. El triunfo de la ignorancia espiritual.

Fanática pro Unión Europea, partidaria de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en política exterior, partidaria de las “guerras humanitarias” en los Balcanes y Oriente Medio y de las “Primaveras Árabes” en el norte de África, además de sionista radical (aunque últimamente se había vuelto extrañamente hostil hacia Netanyahu), Emma Bonino encarnaba el globalismo en su estado más puro. El globalismo de las plutocracias.

Favorecida por Berlusconi debido a sus posturas liberales y de libre mercado, y respaldada por la izquierda como arquitecta panerótica (*) de la subversión de las costumbres sociales, ocupó altos cargos a pesar de contar con escaso apoyo electoral

Era, obviamente, muy amada —no sólo por los Estados Unidos y la burocracia de Bruselas, sino también por el variopinto grupo de artistas y figuras del mundo del espectáculo—, pues ella misma era parte integrante del sistema orgiástico-mercantil que los engendró

Meloni ya ha propuesto un “funeral de Estado” para despedir a Bonino. Resulta apropiado. Un país y una civilización que se detestan a sí mismos —con fronteras perforadas, caos en las calles y cunas vacías— solo pueden encumbrar a la mujer que presidió este suicidio colectivo.
 

(*) Panerotismo: Atracción erótica, deseo o placer hacia cualquier persona, objeto o manifestación del entorno, sin límites impuestos por el género, el sexo biológico o las normas tradicionales de la atracción.

martes, 28 de julio de 2026

FRANCIA HA LEGALIZADO LA EUTANASIA Y EL SUICIDIO ASISTIDO

Un análisis en profundidad de una ley sobre la muerte.


El 15 de julio de 2026 quedará como una fecha sombría en la historia de Francia. Tras varios años de debate y tres rechazos consecutivos por parte del Senado, la Asamblea Nacional finalmente aprobó el proyecto de ley que crea el "derecho a la muerte asistida".

La legalización de la eutanasia fue una de las principales promesas del segundo mandato de Emmanuel Macron. Tras varios aplazamientos debido a la disolución de la Asamblea Nacional y a sucesivas crisis políticas, la legislación finalmente se aprobó el 15 de julio de 2026.

La vida sometida a voces

La Asamblea Nacional lo aprobó definitivamente por 291 votos a favor, 241 en contra y 29 abstenciones; esta fue la cuarta votación parlamentaria sobre este texto en menos de un año. Mientras tanto, el Senado se había opuesto en tres ocasiones, expresando reservas sobre las consecuencias de dicha reforma; sin embargo, el gobierno optó por dejar la decisión final en manos de la Asamblea Nacional.

La mayoría presidencial y los grupos de izquierda apoyaron abrumadoramente la reforma, mientras que los diputados de derecha y de la Agrupación Nacional votaron mayoritariamente en contra, si bien cada grupo permitió a sus miembros votar libremente sobre el tema. Cabe destacar, a pocos meses de las elecciones presidenciales de 2027, que el portavoz de la Agrupación Nacional, Laurent Jacobelli, declaró en Franceinfo que su partido no derogaría esta ley si llegaba al poder; simplemente se compromete a ser "muy vigilante" en su aplicación.

Con esta votación, Francia se une al todavía reducido grupo de países que han legalizado el suicidio asistido o la eutanasia, entre los que se incluyen los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, España, Suiza, Canadá, Nueva Zelanda y Uruguay.

Como ocurre con otras reformas sociales importantes, el vocabulario empleado ha sido fundamental. La ley no habla ni de “eutanasia” ni de “suicidio asistido”, sino de “ayuda para morir”. Para sus defensores, esta expresión subraya el deseo de apoyar a las personas que sufren un dolor considerado insoportable. En realidad, se trata de una forma de atenuar el verdadero impacto del texto y aprobarlo sin generar alarma, para luego extraer las conclusiones pertinentes.

El abad Hervé Gresland, autor de artículos sobre este tema [1], señala:

Lo vemos en todas partes y siempre: la legalización del mal conlleva un cambio de mentalidad muy rápido en la sociedad. En poco tiempo, las conciencias se distorsionan por completo; lo que es legal se vuelve legítimo a los ojos de la mayoría. En los países donde es legal, estamos presenciando una trivialización de la eutanasia.

Una transgresión inspirada por las logias masónicas

Porque, digan lo que digan, la eutanasia es el asesinato de una persona inocente. Como tal, es intrínsecamente mala y, por lo tanto, nunca debe permitirse. Su legalización constituye un paso más en la reivindicación de la libertad absoluta de la persona humana, quien debería poder “elegir su vida, elegir su muerte”, según el lema del congreso organizado en Niza, del 21 al 23 de septiembre de 1984, por la ADMD (Asociación por el Derecho a Morir con Dignidad).

Esta asociación, cofundada por el Dr. Pierre Simon, antiguo Gran Maestro de la Gran Logia de Francia, y presidida durante mucho tiempo por el parlamentario (diputado y luego senador) y eminente miembro del Gran Oriente de Francia, Henri Caillavet, es el origen del debate sobre la eutanasia y el suicidio asistido en Francia; ha logrado imponer sus ideas, incluso su vocabulario.

No olvidemos que el 5 de mayo de 2025, el presidente Emmanuel Macron visitó la Gran Logia de Francia. En su discurso en aquella ocasión, declaró: “La República se siente más que a gusto en la masonería. Está en su corazón y en su alma. (…) La masonería está a la vanguardia de la batalla, la batalla crucial si queremos forjar este siglo para el bien de la humanidad”. Y celebró que los masones tengan la ambición de “hacer del hombre dueño de su propio destino, desde el nacimiento hasta la muerte”.

Las logias masónicas, respaldadas por importantes conexiones políticas y mediáticas, al igual que con la anticoncepción (1967) y el aborto (1974), se han tomado su tiempo para llevar a buen término este siniestro proyecto; ahora están cerca de lograr su objetivo y celebran la aprobación de esta ley mortal.

El padre Gresland expone su punto de vista:

“El hombre quiere tener dominio sobre su propia vida; quiere poder decidir por sí mismo su valor o duración. El hombre que se erige en dios proclama: 'Soy dueño de mi vida y de mi muerte; dispongo de ellas como deseo; mantengo el control hasta mis últimos instantes'”.

Lo más escandaloso de esta maniobra es que "los médicos y cuidadores, que son los más directamente afectados, han sido excluidos en gran medida del proceso. 800.000 de ellos firmaron una carta abierta en Le Figaro el 16 de febrero de 2023, oponiéndose a la eutanasia, pero sus voces no cuentan".

Un deseo de ser dueño de la vida

El abad Gresland da una idea de la magnitud del cambio que se está produciendo:

La prohibición del homicidio no pertenece al ámbito del derecho humano; emana de una ley superior a la voluntad humana, la ley natural, una expresión de la ley divina: “No matarás”. Esta prohibición es la única salvaguarda válida y un punto de referencia fundamental para cualquier sociedad civilizada. Transgredirla, por lo tanto, constituye un cambio radical. Un país que pretende legislar para eliminar a sus ancianos y enfermos ya no puede considerarse una nación civilizada. Tras la cortina de humo de palabras como “libertad” o “dignidad”, se está produciendo un retroceso total.

Contrariamente a esta ideología,

El Papa Pío XII nos recordó que “solo Dios es dueño de la vida y la existencia. Por lo tanto, el hombre no es ni dueño ni poseedor, sino meramente usufructuario de su cuerpo y su existencia”. Arrogarse un derecho sobre nuestras vidas es uno de los pecados más graves que se pueden cometer. Este deseo de usurpar lo que solo pertenece a Dios es luciferino.

Discurso ante el Congreso de Cirujanos, 24 de febrero de 1957

La ley aprobada el 15 de julio legaliza tanto el suicidio asistido como la eutanasia, es decir, la muerte intencional de un paciente por parte de un tercero. Sin embargo, desde Hipócrates, la medicina occidental se ha basado en el principio de que el médico trata, alivia el sufrimiento y brinda apoyo, pero nunca provoca intencionalmente la muerte de su paciente.

A lo largo de los debates parlamentarios, varias organizaciones médicas reiteraron su oposición a esta revolución, argumentando que cuando un paciente ve entrar a un médico en su habitación, debe tener la certeza de que el médico ha venido a tratarlo, nunca a causarle la muerte.

Los cuidados paliativos quedaron relegados a un segundo plano

A esta legitimación ya establecida, el padre Gresland opone la historia cristiana:

En lugar de matar a los enfermos graves, la civilización católica ha perseverado en cuidarlos, incluso en circunstancias extremas. En vez de dejar morir solos y abandonados a los indigentes, creó hospitales, orfanatos y residencias de ancianos. Se ha esforzado por que todos comprendan su dignidad como seres humanos creados a imagen de Dios, independientemente de las desgracias que les sobrevengan. Les ha ayudado a presentarse ante Dios mediante la verdadera religión. Es este espíritu el que Satanás quiere destruir: el espíritu de amor, más fuerte que la indiferencia, y de esperanza, más fuerte que la desesperación humana.

Además, incluso hoy en día, el acceso a los cuidados paliativos sigue siendo sumamente deficiente en Francia. Alrededor de veinte departamentos aún carecen de unidades especializadas, y se cubre menos de la mitad de las necesidades nacionales. La Unión de Familias afirma que pronto será más fácil obtener la eutanasia que conseguir una plaza en una unidad de cuidados paliativos.

¿Cómo llegamos a este punto? El padre Gresland lo explica:

Se hace creer a la gente que la alternativa a la eutanasia es un sufrimiento atroz. Y la opinión pública se manipula mediante encuestas, preguntando a la gente si prefiere el sufrimiento atroz o la eutanasia. Obviamente, surge la respuesta deseada, porque lo que la gente quiere es simplemente dejar de sufrir. El grito de una persona enferma, “Quiero morir”, no es una petición positiva; es, ante todo, un grito de angustia, una súplica de ayuda. Según el caso, significa: “Sufro demasiado”, “Estoy demasiado débil”, “Estoy cansado de vivir”. Algunos piden poner fin a sus vidas por su aislamiento o por el miedo a ser una carga para los demás.

Y sin embargo:

Actualmente, la medicina puede aliviar casi todo dolor físico. Sin embargo, es cierto que algunos sufrimientos son resistentes a los analgésicos. En estos casos, se puede ofrecer al paciente una sedación más fuerte, siempre que la muerte no sea el objetivo inmediato. El dolor emocional también encuentra alivio mediante el apoyo atento y el cuidado de un personal dedicado. Casi invariablemente, cuando los pacientes reciben una buena atención, ya no desean morir. Lo que las personas necesitan no es ayuda para morir, sino ayuda para vivir. Al final de sus vidas, desean ser acompañadas y ayudadas hasta el último momento, estar rodeadas de compasión y amor; un amor que, aunque no sean conscientes de ello, es un reflejo del amor de Dios.

Una batalla legal que aún no ha terminado

La votación del Parlamento no implica aún la entrada en vigor de la ley. Tal como se anunció antes de la votación, cuatro consultas deben ser examinadas por el Consejo Constitucional. El primer ministro Sébastien Lecornu, el presidente del Senado, Gérard Larcher, y varios grupos parlamentarios han solicitado al Consejo que verifique la constitucionalidad del texto. Si el texto se considera constitucional, el Presidente de la República podrá promulgarlo antes de que los decretos de ejecución especifiquen los detalles prácticos de su aplicación.

Pero el debate ya no se centra únicamente en el contenido de la ley, sino también en las condiciones bajo las cuales el Consejo Constitucional deberá juzgarla. En un artículo de opinión publicado en Le Figaro, Jean-Éric Schoettl, exsecretario general del Consejo Constitucional, llama la atención sobre una cuestión poco debatida: la imparcialidad objetiva de sus miembros. No basta con que la justicia sea imparcial; esta imparcialidad debe ser visible e inspirar confianza.

Jean-Éric Schoettl señala que varios miembros actuales del Consejo Constitucional apoyaron públicamente la legalización de la muerte asistida antes de su nombramiento. Cita, en particular, a Alain Juppé, Jacques Mézard y Richard Ferrand, quienes habían manifestado su apoyo a esta reforma. Por el contrario, Philippe Bas se había opuesto públicamente a una legislación similar cuando era senador.

En última instancia, sin embargo, según el padre Gresland, están en juego algunas consideraciones bastante poco éticas:

"El proyecto de ley también responde a consideraciones utilitarias y económicas. Una persona puede ser sometida a la eutanasia cuando ya no es útil. Los ancianos son costosos, especialmente durante el último año de sus vidas. Es comprensible que las compañías de seguros médicos complementarios y los fondos de pensiones estén a favor de la muerte asistida. Ven en ella un beneficio financiero innegable."

Los herederos también verán una gran ventaja en esto: el texto exigirá que los contratos de seguro de vida cubran el riesgo de muerte en caso de muerte asistida, como si no se tratara de una muerte solicitada e inducida, sino de una muerte natural. ¡Una gran mentira!

La "licencia para matar" resumida en 27 puntos por la ECLJ

Grégor Puppinck, director del Centro Europeo de Derecho y Justicia (ECLJ), analiza el proyecto de ley que crea una auténtica "licencia para matar". Ha identificado meticulosamente veintisiete problemas graves:

1. Es un solo médico quien decide sobre todo el procedimiento de eutanasia (artículos 5 y 6).

2. La ley no establece ningún requisito formal con respecto a la expresión del deseo de morir; puede formularse por escrito o "por cualquier otro medio de expresión adaptado a las capacidades de cada uno" (art. 5, III).

3. En la práctica, basta con que el médico declare que la persona desea morir. No se requiere ningún testigo que atestibilice la veracidad de la petición de morir. En cada caso, el médico se reúne a solas con la persona interesada (artículos 5, 6 y 7).

4. Este médico puede conocer a la persona por primera vez el día de la "solicitud" de muerte; no es necesariamente el médico tratante (art. 5).

5. La eutanasia es posible para personas bajo tutela y curatela, así como para personas cuyo discernimiento está afectado (art. 5).

6. Es suficiente que el discernimiento no esté "gravemente" afectado cuando se supone que la persona debe expresar su petición de muerte (art. 6, I).

7. Una persona con un trastorno mental grave, como una tendencia suicida, no queda excluida del proceso (art. 4, párr. 4).

8. No es necesario que el paciente se encuentre en la fase terminal; una persona con años de vida por delante puede obtener la muerte (art. 4, párr. 3).

9. La persona no tiene "derecho" a recibir cuidados paliativos, que son escasamente accesibles.

10. El médico consulta a dos personas de su elección: un médico y un asistente médico o cuidador posiblemente colocado bajo su autoridad jerárquica (art. 6, II).

11. La consulta con estas dos personas puede realizarse por videoconferencia, sin siquiera haber conocido al solicitante ni verificado la realidad de su solicitud de muerte (art. 6, II).

12. Incluso si una persona bajo tutela o curatela solicita una consulta con un familiar, el médico puede negarse a hacerlo (art. 6, II, párr. 4).

13. El médico puede tomar su decisión final inmediatamente después de la consulta (art. 6, III).

14. El médico no necesita examinar al solicitante por segunda vez (art. 6, IV y V).

15. El período de reflexión de la persona es de solo dos días a partir de la decisión del médico (art. 6, IV).

16. Por lo tanto, todo el proceso puede completarse en tres días.

17. Los familiares de la persona no tienen derecho a ser informados de que se está llevando a cabo un procedimiento de eutanasia (art. 6, II, párr. 4 y art. 7).

18. Los familiares no tienen derecho a impugnar la decisión del médico ante los tribunales (art. 12).

19. El médico o la enfermera deben asegurarse de que el entorno de la persona que se somete a la eutanasia no ejerza ninguna presión para que "se abstenga de la administración de la sustancia letal" (art. 9, I).

20. La persona es informada "de las modalidades de acción de la sustancia letal" solo después de haber confirmado su petición de morir (art. 6, V).

21. Los objetores de conciencia que rechazan la eutanasia están obligados a designar a otro médico que acepte practicarla en su lugar (art. 14).

22. Los establecimientos privados, en particular los religiosos, incluso si todo su personal se opone a la eutanasia, están obligados a recibir a los equipos móviles de eutanasia y a aceptar la eutanasia de sus residentes y pacientes, bajo pena de enjuiciamiento y sanciones administrativas y financieras (art. 14).

23. Los farmacéuticos están privados de la cláusula de conciencia y obligados a preparar el veneno, bajo pena de sanciones disciplinarias (artículos 8 y 14).

24. Todas las enmiendas destinadas a separar los procedimientos de eutanasia de los de extracción de órganos fueron rechazadas (por ejemplo, la Enmienda nº 547).

25. La "verificación" se realiza después de la muerte basándose únicamente en la información transmitida por el médico (artículos 11 y 15).

26. El "control" lo lleva a cabo una comisión compuesta por cuatro miembros de asociaciones y profesionales de las humanidades y las ciencias sociales, así como dos doctores y solo dos jueces (art. 15, IV).

27. El coste total del procedimiento, incluidos los honorarios y la remuneración, está cubierto por la Seguridad Social (art. 18).

Además, deben tenerse en cuenta las siguientes realidades:

♦ El 10% de los franceses toma antidepresivos.

♦ Según la Sociedad Francesa de Cuidados Paliativos (SFAP), un millón de franceses reúnen los requisitos para recibir estos servicios.

♦ Alrededor de veinte departamentos no cuentan con unidades de cuidados paliativos, y actualmente se satisfacen menos de la mitad de las necesidades de cuidados paliativos. Además, esta cobertura disminuirá proporcionalmente al envejecimiento de la población.

♦ Legalizar la muerte prematura ahorrará aproximadamente 1.400 millones de euros anuales en costes sanitarios, de vejez y de jubilación (evaluación de Fondapol, 2025).

Los obispos de Francia han sido estafados una vez más

Pocas horas después de la aprobación definitiva del texto, la Conferencia Episcopal de Francia publicó un comunicado en el que los obispos consideran que el 15 de julio de 2026 "marca un punto de inflexión importante en la historia de nuestro país".

Desde hace varios años, han estado recordando:

Participamos con seriedad y responsabilidad en el debate sobre el final de la vida, expresando nuestras convicciones y dialogando con todos. Basándonos en la larga trayectoria de la Iglesia acompañando a los enfermos, los moribundos y sus familias, quisimos compartir nuestras reflexiones sobre la dignidad de toda vida humana.

Pero, una vez más, sienten que han sido engañados:

"El Presidente de la República había anunciado un debate tranquilo, informado y respetuoso, pero es evidente que cuestiones políticas, ideológicas e indudablemente incluso económicas, disfrazadas con palabras engañosas, se han impuesto a esta aspiración."

Es solo en la última frase donde aparece el nombre de Cristo, mucho menos honrado que la dignidad humana y la fraternidad universal, tan apreciadas desde el concilio:

Los católicos de Francia continuarán, junto con muchos otros hombres y mujeres de buena voluntad, creyentes o no, al servicio de la vida. Lo harán animados por la firme esperanza que les brinda el Evangelio, sin espíritu de resignación ni confrontación, convencidos de que la grandeza de una sociedad nunca reside en dar la muerte a los más vulnerables, ni en permitirles quitarse la vida, sino, por el contrario, en acompañarlos, mediante una auténtica fraternidad, hasta el final. Porque Cristo, en quien creen, vino para que el mundo tuviera vida.

Todo esto palidece en comparación con el clamor del bando contrario. El abad Gresland cita como ejemplo a un obispo mucho más valiente que los actuales obispos franceses, señalando que:

Sin embargo, la eutanasia había caído en la condena generalizada tras los juicios de Núremberg. De hecho, en la Alemania nazi existía un programa para la eliminación de personas con discapacidad, la Operación T4, que estuvo en vigor entre 1940 y 1941 y se cobró miles de víctimas. Entre las voces que se alzaron contra este programa estatal de eugenesia masiva, la más fuerte y valiente fue la del obispo de Münster, Monseñor von Galen. Este ilustre obispo previó que una consecuencia de la eutanasia sería la brutalización de la sociedad, incluso dentro de las familias: “¡No podemos imaginar la depravación moral, la desconfianza universal que se extenderá hasta el corazón mismo de la familia si se viola el santo mandamiento de Dios, “No matarás”, que nuestro Creador ha escrito en la conciencia del hombre, y si su violación se tolera y se lleva a cabo con impunidad!”. Sus palabras contribuyeron a que el programa se detuviera en octubre de 1941.

La conclusión es ineludible:

“Los actuales obispos franceses son, lamentablemente, incapaces de utilizar este tipo de lenguaje. Con su habitual debilidad, han expresado de forma lamentable sus 'reservas', sus 'dudas' o sus 'preocupaciones'”.

La Fundación Jérôme Lejeune denuncia una sociedad eugenésica

La Fundación Jérôme Lejeune reaccionó con mayor determinación:

Tras la votación que legalizó la eutanasia, la Fundación Jérôme Lejeune anuncia que continuará su lucha contra esta ley de muerte con absoluta firmeza y determinación. A la vanguardia de la lucha contra la eugenesia, la Fundación incluye ahora esta resistencia de larga data a la eutanasia, que amenaza la vida de los más vulnerables, como una prioridad en su misión de defensa.

Para la Fundación Jérôme Lejeune, el texto sobre la eutanasia sigue la misma lógica que, hace 50 años, legalizó el aborto eugenésico, es decir, el asesinato de niños en el útero hasta el noveno mes por su discapacidad. Las primeras víctimas de esta nueva ley serán todas las personas vulnerables, y en particular aquellas con discapacidad intelectual. La Fundación denuncia una visión eugenésica de la sociedad, impulsada por valores contrapuestos basados en una falsa concepción del progreso, la autonomía y la libertad con fines utilitarios.

Según Jean-Marie Le Méné, presidente de esta Fundación:

La prohibición de matar es un principio fundamental de nuestra civilización. Al situar la muerte administrada en el centro de nuestro sistema sanitario, el Estado abdica de sus responsabilidades. Renuncia a su misión primordial: proteger a los más vulnerables. Esto constituye una profunda violación del contrato social. ¿Acaso nuestros políticos conservan aún una brújula moral? Confiamos en que la visita del Papa a París en septiembre reitere con firmeza las exigencias de esta moral natural universal, que nos manda a todos no matar, robar ni mentir, y que, por lo tanto, no concierne únicamente a los católicos.

La Unión de Familias contra una ley violenta

Para la Unión de Familias, la aprobación de esta ley constituye "un acto de violencia sin precedentes".

Violencia contra los enfermos:

“A quienes ahora se les ofrece la muerte con más facilidad que la atención médica. Será más rápido obtener una inyección letal que una cama en cuidados paliativos o una cita en una clínica del dolor. Al no garantizar a todos los medios para vivir con dignidad hasta el final, nuestra sociedad opta por facilitar el acceso a la muerte”.

Violencia contra los trabajadores sanitarios, entonces:

Quienes se han opuesto mayoritariamente a este derecho a la muerte asistida, rechazando esta traición al significado de su profesión. La muerte jamás será un cuidado, ni siquiera un simple apoyo. La medicina considera al paciente, lo trata, alivia su sufrimiento y lo acompaña. La eutanasia pone fin a su vida.

Violencia contra las familias también:

"cuyo trauma generado por un suicidio es conocido, al que se sumará el riesgo de profundas divisiones entre quienes lo sabían y quienes no, entre quienes serán vistos como no haberlo impedido y los demás".

Finalmente, la Unión denuncia la violencia perpetrada contra las propias instituciones:

"Rara vez una reforma social ha encontrado una oposición política tan generalizada, incluyendo tres rechazos por parte del Senado, la oposición de casi 400 parlamentarios durante el proceso legislativo y su aprobación final por tan solo unos pocos votos, a pesar de que este texto representa un cambio de paradigma para todos los pacientes y trabajadores de la salud".

Pero la consecuencia más preocupante reside en la presión moral que ahora recaerá sobre los más vulnerables:

¿Acaso mi vida sigue mereciendo la pena? ¿Me he convertido en una carga? ¿Se liberarían mis seres queridos si acelero mi muerte? ¿Soy demasiado costoso? Esta es la pregunta que el Estado y la sociedad imponen ahora a la vida de los más vulnerables entre nuestros conciudadanos. Una sociedad digna debería responderles sin dudarlo que tienen todo el derecho a estar entre nosotros. Ahora, además, les presenta el suicidio como respuesta.

Alianza VITA continúa la lucha

La asociación Alliance VITA espera que el Consejo Constitucional, al menos, limite los daños:

Es improbable que el Consejo Constitucional anule por completo el texto que abre la puerta a la eutanasia y al suicidio asistido. Sin embargo, podría anular ciertas disposiciones, como la obligación de los centros sanitarios de ofrecer servicios de eutanasia o suicidio asistido en sus instalaciones. También podría formular reservas respecto a su interpretación.

Una vez promulgada la ley, existe la posibilidad de una revisión constitucional posterior: cualquier ciudadano puede presentar una "decisión preliminar prioritaria sobre constitucionalidad" (QPC, por sus siglas en inglés) en el contexto de un litigio en curso, si considera que se están violando derechos o libertades constitucionales.

Ella señala que:

El anuncio de las remisiones al Consejo Constitucional refleja las serias dudas e inquietudes que suscita este texto, tanto por su contenido como por las condiciones de su aprobación.

En cuanto a la forma, esta remisión se produce tras un proceso legislativo marcado por desacuerdos persistentes, como lo demuestran los sucesivos rechazos del texto por parte del Senado y la progresiva reducción de las mayorías en la Asamblea Nacional a medida que avanzaban los debates.

En este contexto, el principio de precaución debería haber llevado a posponer la adopción de este proyecto ante la falta de consenso, especialmente porque las disposiciones de la ley Claeys-Leonetti aún no se han implementado completamente en todo el país.

Los métodos del lobby anti-vida no han cambiado

Desde la legalización del aborto en 1974, los medios empleados por los opositores de la moral natural han permanecido esencialmente los mismos. El padre François Castel [2] ya señaló en 2007, con el fin de advertir contra la eutanasia, que:

“Comenzamos presentando un proyecto de ley a la Asamblea sin ninguna esperanza de que sea aprobado, simplemente para otorgarle cierta legitimidad a la idea e iniciar el debate. Luego trabajamos para influir en la opinión pública difundiendo desinformación que sugiere que la ausencia de una ley que regule esta práctica tiene consecuencias desastrosas para la sociedad; publicando manifiestos de supuestas autoridades morales que abogan por la legalización de la práctica deseada; y sensacionalizando algunos casos elegidos por su impacto emocional. Una vez alcanzado un consenso a favor de esta práctica, se presenta nuevamente un proyecto de ley a los miembros de la Asamblea Nacional, quienes lo aprueban con toda naturalidad”.

Estamos aquí.

Frente a la insoportable presentación del sufrimiento por parte de nuestros adversarios, el padre Denis Quigley [3] nos recuerda que es necesario presentar al mundo la verdadera noción de dignidad humana, tan a menudo malinterpretada:

Un estado insoportable de deterioro físico y mental causado por una enfermedad no compromete el respeto a la dignidad de la persona ni otorga derecho alguno a morir. Pues la dignidad de la persona humana no se juzga por sus funciones biológicas ni se pierde por la disminución de las capacidades físicas. “La vida terrenal encuentra su sentido en la vida eterna”; incluso sufriendo o inconsciente, la persona conserva su dignidad como ser creado a imagen y semejanza de Dios, la dignidad de un “ser de eternidad”. Por eso, dijo Pío XII (a los cirujanos, el 13 de febrero de 1945), “el médico debe despreciar cualquier sugerencia que se le haga de destruir la vida, por frágil e inútil que parezca desde el punto de vista humano”.

Ante todo, debemos predicar, a tiempo y fuera de tiempo, la enseñanza de aquel que es el Autor de la vida de las almas y los cuerpos, Nuestro Señor Jesucristo, quien solo él puede darnos la llave del sufrimiento:

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo nos enseña que el sufrimiento ofrecido a Dios, en sumisión a su voluntad, tiene un gran valor a sus ojos. Permite al enfermo enmendar los errores de su vida expiando sus pecados. Uno de los propósitos del sacramento de la unción de los enfermos es, además, ayudarles a sobrellevar el sufrimiento en este estado de ánimo, en lugar de intentar evitarlo a toda costa. El sufrimiento también puede ser maravillosamente fructífero. Dios nos lo ha enseñado a través del ejemplo de varios santos, como Santa Rafqa (1832-1914).

El abad Gresland señala que este no es momento para el derrotismo, sino para una lucha feroz, cada día que Dios nos da para vivir aquí abajo:

Los enemigos de Dios quieren moldear la sociedad según sus propios designios. Entre ellos, los defensores de la muerte administrada persiguen incansablemente su labor de propaganda ideológica. Debemos prepararnos para afrontar el mundo tras esta ley de muerte: educar nuestra mente, fortalecer nuestra conciencia y rechazar esta voluntad de muerte. Así, en el Juicio Final, cuando algunos oigan: “Estuve enfermo y me practicasteis la eutanasia”, nosotros oiremos de Nuestro Señor: “Estuve enfermo y me visitasteis”.

Si no es para la tierra, al menos esta lucha dará fruto en el Cielo. Y solo eso perdurará.


Notas:

1) Sacerdote de la FSSPX, autor de la serie de artículos La loi sur “l’aide à mourir” (La ley sobre la “ayuda para morir”) publicada en los boletines La Couronne de Marie nº 145 y 147.

2) https://laportelatine.org/formation/moral/bioetheque/leglise-catholique-et-leuthanasie

3) https://laportelatine.org/spiritualite/quest-ce-que-leuthanaasie-par-m-labbe-denis-quigley-novembre-2015


Fuentes: RTS – Le Figaro – CEF – ECJL – Alliance Vita – Fundación Jérôme Lejeune – Unión Familiar – FSSPX News
 

domingo, 5 de julio de 2026

ANGLICANOS EN CANADÁ APRUEBAN “BENDECIR” LA EUTANASIA

Y hacia allá van los sinoditas del Vaticano prevostiano...

Por Caballero de la Inmaculada


Información tomada de INFOVATICANA y ANGLICAN INK.

El Consejo del Sínodo General de la Iglesia Anglicana de Canadá aprobó el pasado Junio un documento ad experimentum que autoriza a sus ministros a ofrecer acompañamiento pastoral y, con autorización del “obispo” correspondiente, impartir bendiciones a personas que hayan decidido recurrir a la muerte médicamente asistida (MAiD, por sus siglas en inglés).

El texto, titulado Pastoral Liturgies at the Time of Death in Contexts of Medically Assisted Dying (Liturgias pastorales en la hora de la muerte en contextos de Muerte médicamente asistida), no solo contempla la presencia de ministros anglicanos antes de la muerte provocada, sino que desarrolla un completo itinerario litúrgico que puede incluir confesión, imposición de manos, unción, Sagrada Comunión, bendiciones, oraciones durante el procedimiento y plegarias tras el fallecimiento. Todo ello queda sujeto a la autorización del “obispo” correspondiente y al “criterio pastoral de cada comunidad”.

El documento extiende así un proceso iniciado por la declaración pastoral del Sínodo General “In Sure and Certain Hope” (En esperanza segura y cierta) del 2017 y la colección de ensayos “Faith Seeking Understanding: Medical Assistance in Dying” (La fe buscando el entendimiento: La asistencia médica para morir) de 2024.

Paradójicamente, el documento comienza afirmando que “no es nuestra intención entrar en los argumentos éticos” sobre la eutanasia ni ofrecer “un argumento moral a favor o en contra”

En lugar de abordar la cuestión desde la moral cristiana, sus autores sostienen que la iglesia tiene el deber de brindar atención pastoral a todos los moribundos, y “cuando alguien busca atención pastoral, la iglesia responde”, porque quienes eligen la asistencia médica para morir son “criaturas de un Dios amoroso”, cuya dignidad bautismal los hace “dignos de recibir el ministerio de la iglesia”. Como señala el Libro de los Servicios Alternativos, “si los enfermos no pueden ir a la iglesia, entonces la Iglesia [...] debe ir a ellos”.

Un ritual concebido específicamente para la eutanasia

El documento prevé distintos momentos litúrgicos según las circunstancias. Antes del “procedimiento” puede celebrarse un rito de preparación con lecturas bíblicas (como Romanos 14, 7-8; o Eclesiastés 3), salmos, examen de conciencia, confesión individual y la absolución “Nuestro Señor Jesucristo, que se ofreció como sacrificio perfecto al Padre y que confirió a su Iglesia el poder de perdonar los pecados, te absuelve por medio de mi ministerio, por la gracia del Espíritu Santo, y te restaura en la paz perfecta de la Iglesia”, unción y distribución de la Comunión (ya sea Eucaristía completa o comunión con “Santísimo” reservado). También se ofrecen formularios específicos de intercesiones y bendiciones para quienes van a recibir la muerte médicamente asistida.

Una vez iniciada la intervención del equipo sanitario, el ritual continúa con las invocaciones “Sal de este mundo, alma cristiana… Que tu descanso sea hoy en paz, y tu morada en el paraíso de Dios”, o “En tus manos, oh Salvador misericordioso, encomendamos a tu siervo (o sierva, o sierve) N. Recíbelo en los brazos de tu misericordia, en el bendito descanso de la paz eterna”. Para los feligreses que no pueden estar presentes junto al lecho del difunto, hay un “Servicio para quienes no pueden asistir en persona” que se utiliza “cuando llega el momento de la administración de la asistencia médica para morir”, con salmos, el Nunc Dimittis, letanías y el Padre Nuestro.
 
Tras la muerte, se incluyen plegarias de despedida, bendiciones para la familia y formularios para el acompañamiento posterior de los allegados.
 
El documento evita juzgar la licitud moral de la eutanasia

Los redactores sostienen que la Iglesia debe responder pastoralmente “allí donde están las personas” y acompañar a quienes han optado libremente por la muerte médicamente asistida.

El marco teológico incluye además el concepto del “espacio sutil”, un concepto procedente del paganismo celta detrás de fiestas satánicas como el Halloween o la Noche de Walpurgis:

“Es un privilegio atender a los enfermos y moribundos y estar presentes con ellos en sus últimos momentos de vida. Cuando la muerte se acerca, entramos en un Espacio Sutil, o Tierra Sagrada, donde el Cielo y la Tierra se encuentran mientras, mediante la oración y los sacramentos, acompañamos la transición de este mundo al siguiente.

Las personas que experimentan una muerte asistida médicamente también están acompañadas por Dios. La Iglesia de Dios puede estar presente en este último tránsito”.

Bajo el título “Estar preparados para partir”, el texto es comprensivo y directo:

“Las personas que eligen la asistencia médica para morir libremente y sin coacción pueden estar, en efecto, preparadas para partir. Han vivido con problemas de salud complejos y desean que el dolor cese… Han agotado todas las opciones médicas y saben, todos lo saben, que no hay cura… Algunos… desean no estar solos en el momento de su muerte, morir bien, con la gracia y la bendición de Dios y con la presencia de la Iglesia a su lado. Estos recursos ofrecen… recursos clericales para asistir a los moribundos en una muerte santa, fundamentada en la firme y segura esperanza de la resurrección”.

La orientación pastoral reconoce que la asistencia médica para morir (MAiD) “suscita opiniones encontradas y contundentes”, y que “la Iglesia Anglicana de Canadá no tiene una postura unánime sobre el tema”. Se insta a los “obispos” a que expresen sus políticas con claridad; se recomienda al clero que “evalúe sus propios sentimientos” y que busque apoyo pastoral alternativo si, en conciencia, no puede orar junto a la cama de una persona que recibe asistencia médica para morir.

La guía advierte que “la autonomía individual no es un valor del Evangelio, ni tampoco lo son la coerción ni la manipulación”, y condena “los sistemas que convierten la muerte asistida médicamente en una opción donde no debería serlo, en lugares con acceso deficiente a una atención médica adecuada”. Sin embargo, también insta a los pastores a estar preparados para “aproximadamente una década de experiencia con la muerte asistida médicamente en Canadá”, y a tratar estas muertes como una parte más de su labor.

Al mismo tiempo, el texto intenta establecer una distinción entre bendecir a la persona y bendecir la decisión de recurrir a la eutanasia. Con todo, reconoce que esa diferencia puede resultar difícil de percibir y recomienda que los ministros actúen con prudencia para evitar confusión entre los fieles:

“Una consideración crucial para algunos pastores será si, al pronunciar la bendición de Dios sobre la persona que está muriendo, están bendiciendo el acto de la decisión de recurrir a la asistencia médica para morir (MAiD) o el procedimiento en sí… Será importante… elegir y adaptar oraciones… que no impliquen que el procedimiento… y la decisión de emplear la MAiD… estén recibiendo la bendición de Dios. Sin embargo, es parte normal de la atención pastoral orar por la persona que está muriendo y ofrecerle la bendición de Dios y de la Iglesia”.

Un precedente: El caso de la Iglesia Unida de Canadá

El primer caso documentado de un servicio litúrgico dentro de un proceso de muerte médicamente asistida se dio el 9 de Marzo del 2022 en la iglesia de Churchill Park en Winnipeg (Manitoba), cuando la señora Betty Sanguin obtuvo que el procedimiento (que solicitó al ser diagnosticada con esclerosis lateral amiotrófica) se realizara en dicho templo, obteniendo la autorización de la Iglesia Unida de Canadá (que había aprobado la asistencia médica para morir en 2017), y siendo asistida por la pastora local Dawn Rolke.

La expansión de la muerte médicamente asistida en Canadá

Canadá cuenta desde 2016 con un régimen legal que permite la muerte médicamente asistida (Medical Assistance in Dying, MAiD), cuya aplicación se ha ampliado progresivamente en los últimos años. Actualmente pueden “acogerse” a este procedimiento personas que padecen enfermedades graves e irreversibles y cumplen los requisitos establecidos por la legislación federal; pero en los hospitales, hogares de ancianos y asilos se impone ante pacientes que no reúnen esas condiciones, al considerarlo más barato (para el sistema) que los cuidados paliativos. Incluso, en 2022 se extendió además para personas con problemas mentales o económicos.

Diez años después de la legalización de la MAiD, y aún sin conocerse las cifras de 2025, más de 100.000 personas han fallecido mediante este procedimiento y el país registra actualmente el mayor número de muertes por eutanasia del mundo, superando incluso a Bélgica y Países Bajos combinados.

Solo en 2024, las cifras oficiales reflejan 16.499 fallecimientos por muerte médicamente asistida, el dato anual más elevado desde la entrada en vigor de la ley en 2016, constituyendo el 5% de las muertes en Canadá (aunque en sectores de Québec, la provincia donde más se aplica la eutanasia, el porcentaje aumenta a 13%). Si bien el Gobierno canadiense sostiene que el crecimiento comienza a estabilizarse, el número de casos continúa aumentando año tras año.
 

miércoles, 24 de junio de 2026

CUIDADOS AL FINAL DE LA VIDA: LO QUE NO ES NECESARIO

¿Qué enseña la Iglesia Católica sobre las órdenes de no reanimar y los respiradores artificiales?

Por el padre David Nix


p/c: American Nurse Journal


Recientemente, un artículo mío sobre bioética se hizo viral. Muchos en el mundo pro-muerte se escandalizaron con mis palabras e intentaron refutarme. Fue fácil desmentirlos, ya que incluí referencias seculares en mis artículos, demostrando lo que incluso cirujanos no cristianos admitían sobre la eutanasia.

Por otro lado, algunas personas en el ámbito provida malinterpretaron la diferencia entre el cuidado ordinario (exigido por la Iglesia Católica) y el cuidado extraordinario ( no siempre exigido por la Iglesia Católica, ya que suele ser desproporcionado a lo que se puede lograr). Su reacción exagerada, superando incluso mi rigor bioético, se debió a un celo justificado. Por lo tanto, no los culpo por actuar así en un mundo donde los católicos tradicionalistas siempre vamos contracorriente. Sin embargo, debemos diferenciar entre el cuidado ordinario y el extraordinario, o la gente desestimará las afirmaciones sobre el cuidado ordinario cuando hablemos con ellos sobre bioética católica.

Las dos formas más comunes de eutanasia que he visto como paramédico y sacerdote son la sobredosis de narcóticos y la inanición. Obviamente, la Iglesia Católica permite la anestesia para cirugías, en casos médicos agudos. Sin embargo, para pacientes crónicos o de larga duración, si bien los narcóticos están permitidos para el control del dolor, no pueden usarse para provocar la inconsciencia. Esto se debe a que la inconsciencia en un paciente de larga duración está a pocos miligramos de un paro respiratorio, que a su vez está a pocos miligramos de un paro cardíaco, es decir, la muerte. Por lo tanto, los narcóticos pueden provocar la eutanasia. Así pues, pueden usarse, pero no para matar a alguien.

Los santos dicen que el infierno tiene permitido enviar sus peores tentaciones a la desesperación en el lecho de muerte. Por lo tanto, la persona moribunda necesita tener acceso casi total a su intelecto para realizar actos de fe, esperanza y amor al final de su vida. El exceso de narcóticos o sedantes puede impedirlo. Esto puede sorprender a muchos “católicos modernistas” que dan un énfasis excesivo a los sacramentos. Estas personas deben comprender que la extremaunción es un buen comienzo, pero no garantiza que se continúen realizando actos de fe y arrepentimiento hasta el final. Para ello, se necesita una buena bioética que impida que la persona pierda la razón al final. Al menos, estamos llamados a hacer lo mejor posible en este sentido. Obviamente, algunas personas mueren en coma inducido médicamente, y generalmente no hay pecado en ello.

En 2007, el Vaticano declaró: “La administración de alimentos y agua, incluso por medios artificiales, es, en principio, un medio ordinario y proporcionado para preservar la vida”. Esto significa que la administración de líquidos a una persona moribunda es innegociable en materia de bioética. La nutrición e hidratación artificiales son siempre necesarias, incluso según los estándares bioéticos más básicos, para que la familia y los profesionales sanitarios eviten el pecado mortal. Por lo tanto, cualquier negativa deliberada a administrar una vía intravenosa a una persona que podría recibirla equivaldría a la eutanasia.

Y sí, he escuchado todas las excusas posibles en cuidados paliativos para evitar esto: “Bueno, pero el líquido les llenará los pulmones y acelerará su muerte”, o “Bueno, pero el líquido no es bueno para la insuficiencia renal terminal y será una muerte más dolorosa”, o “Bueno, pero el líquido es malo para la insuficiencia cardíaca congestiva y los matará más rápido”. Sí, hay algo de verdad en todos estos casos. Pero dejar morir a alguien por deshidratación siempre es peor que sobrecargar un poco los riñones.

Para confirmarlo, consulté con un exorcista especializado en bioética (en quien confío plenamente) sobre si siempre se requiere una vía intravenosa o una sonda gástrica para un paciente moribundo que no puede alimentarse por vía oral. Me explicó que la sonda gástrica es necesaria si el paciente requiere cuidados a largo plazo (siempre que no tenga acceso oral normal para comer o beber). Sin embargo, me indicó que la vía intravenosa es necesaria en el 99% de los casos para proporcionar nutrición enteral aguda a un paciente que no puede comer, siempre que el organismo pueda asimilar los líquidos por vía intravenosa.

Por lo tanto, los familiares deben evitar la inanición en la medida de lo posible. Recientemente, un donante me preguntó si morir de hambre es realmente una muerte tan terrible. Simplemente respondí: “Sí, por eso los nazis intentaron matar a San Maximiliano Kolbe en el búnker de inanición. Sabían que era una de las muertes más dolorosas posibles”. (Utilizo la palabra “intentaron” porque, obviamente, Dios mantuvo al santo con vida en el búnker hasta que los nazis le inyectaron ácido carbólico en las venas, ya que el hombre simplemente se negaba a morir).

Ya he cubierto todo esto anteriormente en lo que respecta a lo que se requiere.

Hoy quiero hablar sobre dos aspectos de los cuidados al final de la vida que no siempre son necesarios. Voy a abordar dos temas en los que incluso los buenos provida suelen equivocarse. Los buenos católicos se exceden (solo un poco) al presionar con tanta fuerza contra los médicos pro-muerte que nos rodean. Repito, bendigo este fervor, pero debemos recordar que los bioeticistas católicos somos más creíbles cuando reconocemos que solo estamos en este planeta para nacer a la vida eterna. Por lo tanto, no toda vida debe prolongarse excesivamente.

Hay muchas cosas que la Iglesia Católica no exige en los cuidados al final de la vida, pero aquí hay dos ejemplos:

RCP: A muchos les sorprende que les diga que la Iglesia Católica no tiene ningún problema con que un paciente con cáncer terminal lleve un collar con la inscripción “No Reanimar” (DNR). Por otro lado, no hay pecado en desear la reanimación cardiopulmonar (RCP) completa al final de la vida.

De acuerdo, pero entonces, ¿cómo es que el párrafo anterior no es una contradicción? Es porque la RCP es un cuidado extraordinario, lo que significa que es bueno, pero no siempre necesario. Lo que muchas personas no entienden (sobre todo por todas las películas que vemos) es que, técnicamente, la RCP solo se realiza en un cadáver. Sí, la respiración artificial con una mascarilla con bolsa de reanimación solo se puede practicar en alguien que sufre un paro respiratorio (no un paro cardíaco completo). Pero cuando ves a los paramédicos realizando compresiones torácicas, significa que el corazón del paciente se ha detenido por completo, al menos si los paramédicos realmente saben tomar el pulso!

He practicado RCP muchas veces en mi vida como paramédico. He intubado pacientes conectados a mascarillas con bolsa de reanimación, que posteriormente se conectaron a un respirador en el hospital. He aplicado descargas eléctricas de 300 julios a personas con fibrilación auricular. A algunos de estos pacientes los reanimé y sobrevivieron. Otros no. Permanecieron muertos. (Nótese que no dije “Murieron junto a mí”, sino “permanecieron muertos”). Repito, la RCP solo se practica en un cadáver.

Así pues, cuando se realizan compresiones torácicas a una persona fallecida, a menudo rompiéndose costillas, debemos comprender que se trata de un cuidado extraordinario que la Iglesia Católica no siempre puede exigir para alguien que simplemente desea morir en paz en su casa tras una larga lucha contra una enfermedad terminal.

Repito, ¡la RCP es excelente! No me arrepiento de haberla practicado en el pasado para salvar vidas como paramédico. Pero quienes mueren en casa de cáncer terminal pueden usar pulseras de no reanimación sin incurrir en pecado. En ese caso, como paramédico, no tuve ningún problema en abstenerme de iniciar compresiones, aplicar descargas eléctricas, administrar epinefrina y realizar otros procedimientos invasivos como la intubación. La Iglesia Católica no exige que se realicen ninguno de estos procedimientos agresivos a una persona que muere en paz en su casa tras una larga lucha contra una enfermedad terminal.

O bien, puedes incluir en tus instrucciones anticipadas la posibilidad de ser reanimado, si así lo deseas. No hay problema en ninguno de los casos. No hay pecado en ninguno de los casos. Así es el cuidado excepcional en bioética.

Respiradores: Este es otro elemento que no siempre se requiere según los medios habituales definidos en la bioética católica. Un respirador es una máquina de respiración artificial, que generalmente se encuentra en un hospital. Son frecuentes en las UCI o unidades de cuidados intensivos, conectados a pacientes intubados. La mayoría de estos pacientes se encuentran en coma inducido médicamente hasta que se recuperan de su enfermedad o lesión. Los respiradores, o máquinas de respiración artificial, son inventos asombrosos que han salvado millones de vidas. O, para ser más precisos, los respiradores han mantenido con vida a millones de personas mientras el cuerpo aún intentaba sanarse a sí mismo.

Dado que los respiradores son procedimientos médicos invasivos y agresivos (y que no se encuentran en la mayoría de las ciudades de los siete continentes de este planeta azul), deben considerarse cuidados extraordinarios. En otras palabras, según la Iglesia Católica, se recomiendan, pero no son obligatorios, para salvar la vida de un paciente en estado crítico.

O, dicho de otro modo: un paciente católico no está obligado a estar conectado a un respirador durante, digamos, un año. De hecho, sería una decisión terrible.

¿Cuánto tiempo se debe permanecer conectado a un respirador antes de que llegue el momento de desconectarlo?

Para responder a esto, debemos retomar la definición de atención ordinaria. En lo que respecta a la atención ordinaria (por ejemplo, nutrición e hidratación artificiales), sería un pecado capital que cualquier familiar participara, aunque fuera levemente, en ayudar a un profesional de la salud a provocar la inanición o la deshidratación de dicho familiar hasta la muerte. Por lo tanto, la nutrición e hidratación artificiales son siempre necesarias, independientemente de las circunstancias, como se indicó en la primera parte de este artículo.

La reanimación cardiopulmonar es obviamente necesaria, ya sea que la persona moribunda sea un futbolista profesional o un niño con síndrome de Down. Esto es cierto tanto si se trata de una joven de 15 años, por lo demás sana, tras un accidente de coche, como si se trata de un hombre de 99 años que muere de muerte natural. En otras palabras, cuando se trata de cuidados paliativos ordinarios, no hay margen de maniobra para quienes defienden posturas morales cuestionables.

Frases heréticas comunes justifican la eutanasia con el pretexto de “actuar por el bien común de la familia” o “morir con dignidad” cuando se opta por dejar morir de hambre a alguien. Claramente, todos estos eslóganes modernistas reflejan la herejía moral omnipresente entre los modernistas: el fin justifica los medios. Cada vez que se adopta un enfoque proporcionalista en bioética, se comete un pecado mortal, al menos cuando se evita la atención médica básica.

Sin embargo, en el ámbito de la atención médica excepcional, sí se puede aplicar la ética proporcional. Por ejemplo, al evaluar cuánto tiempo debe permanecer un paciente conectado a un respirador, se pueden considerar aspectos proporcionales de la bioética. ¿Cuáles son estos aspectos proporcionales? Incluyen las probabilidades de éxito, la viabilidad, los resultados previstos, los deseos del paciente y de la familia, el sufrimiento que conlleva una vida prolongada e incluso la situación financiera de la familia o del hospital.

Básicamente, siempre que no intervenga la eugenesia (que valora a una persona por encima de otra debido a una discapacidad), las decisiones sobre cuidados extraordinarios como un respirador pueden basarse en los muchos factores que afectarán a la familia y al paciente.

Por ejemplo, tengo una amiga que es enfermera especializada. Ella es mi apoderada médica en caso de que entre en coma. Lo hemos hablado y probablemente me mantendrá conectado a un respirador durante dos semanas después de un trauma, pero tal vez un mes después de una agresión. Ella comparte mis mismos principios bioéticos, así que la dejaré tomar las decisiones finales, por así decirlo, si termino en la UCI.

Una de las razones por las que sugerí en artículos anteriores obtener un poder notarial médico en lugar de directivas anticipadas es porque siempre hay muchísimos factores a considerar. Por lo tanto, el uso de un respirador artificial no tiene una respuesta sencilla, ni siquiera para los llamados "rigoristas" de la bioética católica como yo. La cuestión es que ella sabe que puede sopesar muchos factores si termino conectado a un respirador en una UCI.

Recuerden que Terry Schiavo no murió porque su esposo la desconectara del respirador artificial. En 2005, él obtuvo una orden judicial que le permitía deshidratarla hasta la muerte. Sí, leyeron bien: murió deshidratada. Como mencioné antes, esta es una de las muertes más crueles que una persona puede sufrir. Y este tipo de asesinato ocurre hoy en día no solo a manos de miles de hospicios laicos en todo el país, sino también a manos de numerosos hospicios supuestamente católicos.

Como ya he escrito anteriormente, un centro de cuidados paliativos agresivo (al que no llamé) incluso intentó acabar con la vida de mi madre cuando estaba muriendo. Lograron matarla, pues falleció pesando 20 kilos. Esto a pesar de mis intentos, en parte exitosos, de conseguir que empresas especializadas en sueros intravenosos le administraran fluidos, pero nadie más quiso ayudar. Por lo tanto, entiendan que los cuidados paliativos tienen un único objetivo: la eutanasia, como se menciona en un artículo titulado Palliative Care: The New Stealth Euthanasia (Cuidados paliativos: la nueva eutanasia encubierta).

Pero volviendo a las máquinas avanzadas: entiendo por qué muchos provida creen que todos debemos estar conectados a un respirador artificial indefinidamente si queremos ser considerados católicos provida. Pero lo que no entienden es que el respirador está respirando por una persona que ya está muriendo. Por lo tanto, “desconectar el respirador” suena horrible (y lo es, al menos cuando se trata de eugenesia o eutanasia real), pero a menudo se trata simplemente de abstenerse de una atención excesivamente invasiva y agresiva que ni siquiera exigen los altos estándares bioéticos de la Iglesia Católica. “Desconectar el respirador” a menudo significa simplemente permitir que una persona que ha luchado valientemente al final tenga una muerte pacífica y natural.

Si no fuimos creados para esta tierra (¡y no lo fuimos, pues fuimos creados para el Cielo!), entonces prolongar injustamente la vida de una persona con máquinas millonarias cuyo funcionamiento cuesta unos pocos miles de dólares al día no es otra cosa que ese santo grial secular de la inmortalidad en la tierra que buscan esos globalistas adictos a la adrenalina para no morir jamás. Esta visión de la vida, obviamente, no es católica. Aunque sabemos que recuperaremos nuestros cuerpos en la Resurrección de los Muertos, admitimos que aquí en la tierra es “muriendo como nacemos a la vida eterna”.

Quizás la mejor manera de entender un respirador artificial sea esta: no conectarlo a un respirador nunca mata a una persona. ¿Por qué? Porque la lesión o enfermedad en el cuerpo de la persona moribunda es, en última instancia, lo que provoca el paro respiratorio. Verá, si se desconecta el respirador de una persona perfectamente sana, ¡respirará inmediatamente por sí sola! (Esto es cierto, siempre y cuando no esté en coma inducido médicamente, al menos). Por lo tanto, técnicamente, no conectarlo a un respirador no puede matar a nadie.

No me malinterpreten: los respiradores son productos asombrosos de la inteligencia prodigiosa que Dios le ha dado al ser humano. Pueden y deben usarse tanto como sea posible para salvar vidas. Pero llega un punto en que su uso es desproporcionado y una carga excesiva tanto para el paciente como para su familia. En ese punto, ni siquiera la Iglesia Católica tiene problema con la desconexión del respirador, aunque esa frase se ha asociado durante años con la eutanasia por alguna razón.

En resumen, siempre, siempre, siempre debemos evitar que nuestros seres queridos mueran de hambre o de sobredosis de narcóticos. He escrito sobre esto muchas veces. He hablado de ello en videos y podcasts. Repito, la inanición es la forma más dolorosa e inhumana de matar a un padre o abuelo, incluso cuando están demasiado débiles para gritar, como le sucedió a mi propia madre.

Así pues, la novedad de mi artículo de hoy es la siguiente: no es necesario recurrir a tratamientos excesivos para enfermos terminales, como compresiones torácicas extremas (algo que se evita al usar una orden de no reanimar para prevenir la RCP), ni mantener a una persona conectada a un respirador durante seis meses. Estos son solo dos ejemplos de los muchos que podría haber dado sobre lo que no se requiere en la atención al final de la vida en la tradición católica.

Esto es especialmente cierto cuando un ser querido enfermo vive, muy probablemente, en gracia santificante, recibe los sacramentos y está preparado para que su larga lucha contra una enfermedad terminal culmine en una muerte serena rodeado de familiares y clérigos, no de médicos ni de seres que solo respiran. Esta es una manera coherente y pacífica de acompañar a nuestros seres queridos a la vida eterna.

Gracias si puedes donar a mi ministerio de enseñanza en línea. Tengo seguro médico de mi diócesis, pero como ya no participo en la vida parroquial, todos mis ingresos provienen de lectores como tú y benefactores que apoyan mi vida de oración, estudio y evangelización.

 

miércoles, 10 de junio de 2026

POR QUÉ DEBERÍAS DECIR "NO" A SER DONANTE DE ÓRGANOS

El consejo de un sacerdote y ex paramédico

Por el padre David Nix


Aunque soy sacerdote católico, también soy exparamédico y me gradué en ciencias de la salud en el Boston College. Escribo esta entrada, “Por qué deberías decir no a la donación de órganos en tu licencia de conducir”, como exparamédico, no como sacerdote. En otras palabras, esta entrada ofrecerá consejos médicos prácticos para todos los lectores, católicos o no. No habrá bioética católica explícita a continuación, salvo estas dos frases: La Iglesia Católica no tiene ningún problema con la donación de órganos en sí misma. El problema radica en que ciertos órganos siempre se extraen de personas vivas, lo que constituye un homicidio por “buenas razones”.

Si bien se puede extraer un hígado o una córnea de un cadáver para donación de órganos, en los países desarrollados siempre se extrae el corazón de un cuerpo vivo. El término “muerte cerebral” fue acuñado por un equipo de médicos de Harvard para redefinir la muerte con este propósito. La llamada “muerte cerebral” significa, esencialmente, que un paciente tiene un sistema cardiovascular activo, pero tiene una actividad reducida en el electroencefalograma (EEG).

Como saben, un EEG mide la actividad eléctrica del cerebro. No debe confundirse con un electrocardiograma (ECG), que mide la actividad eléctrica del corazón. Los cirujanos de trasplantes prefieren extraer el corazón de pacientes vivos con electrocardiograma activo (pero con electroencefalograma mínimo) porque un corazón que ha dejado de latir daña el tejido mediante un fenómeno llamado “lesión hipóxica”. Recuerden que el corazón debe bombear sangre rica en oxígeno no solo a todo el cuerpo, sino también a sí mismo.

En términos sencillos, el músculo cardíaco se deteriora tan rápidamente tras un paro cardíaco que los cirujanos de trasplantes deben anestesiar al paciente para poder extraer el corazón de un cuerpo vivo. ¡Es obvio que un cadáver no necesitaría anestesia! Pero esto suena demasiado macabro como para no tener justificación. La Facultad de Medicina de Harvard inventó la excusa de la “muerte cerebral” precisamente para justificar la extracción de corazones de personas vivas.

Si usted puso “Sí” a la donación de órganos en su licencia de conducir, y si sufriera una lesión cerebral traumática sin daños en su sistema cardiovascular, sin duda es un candidato “ideal” para que le extraigan el corazón de su propio cuerpo vivo (considerado con “muerte cerebral” debido a un EEG reducido).

El New England Journal of Medicine eliminó recientemente un artículo que antes se encontraba aquí, en el que admitían que los cirujanos de trasplantes estaban extirpando corazones de pacientes vivos. Su justificación bioética decía textualmente: “Muchos objetarán que los cirujanos de trasplantes no pueden, legal ni éticamente, extirpar órganos vitales de pacientes antes de la muerte, ya que hacerlo les causaría la muerte. Sin embargo, si las críticas a los métodos actuales para diagnosticar la muerte son correctas, entonces tales acciones ya se realizan de forma rutinaria.

Permítanme traducirlo en términos sencillos: “Algunas personas pueden pensar que está mal extirpar órganos de personas vivas, y puede que tengan razón, pero es irrelevante porque simplemente es demasiado tarde para protestar, ya que llevamos haciéndolo bastante tiempo.

Ciertamente, ciertos órganos pueden extraerse de una persona viva sin que ni siquiera los bioeticistas más conservadores pongan objeciones. Por ejemplo, una persona podría donar un riñón a otra y ambas podrían seguir viviendo. Pero tras ciertos traumatismos, especialmente neurotraumatismos (de cabeza y cuello), los cirujanos de trasplantes buscan extraer el corazón para la siguiente persona viva que pueda necesitarlo. De nuevo, este debe extraerse de un paciente vivo al que se le haya declarado con actividad cerebral reducida, es decir, con “muerte cerebral”, como pretexto para tranquilizar a los bioeticistas más escépticos.

Además de que esto justifica el asesinato (¡ya que se necesita una intervención quirúrgica para extraer el corazón!), cabe destacar que numerosas personas que fueron declaradas con “muerte cerebral” se han recuperado. El Dr. Shewmon, neurólogo pediátrico de la UCLA, ha demostrado que niños que sobrevivieron con muerte cerebral hasta por 14 años superaron infecciones e incluso heridas.

Por esta razón, debemos considerar que Byrne et al. en el libro Life, Life Support and Death (Vida, soporte vital y muerte) escriben: “Nadie será determinado o declarado muerto a menos que y hasta que haya destrucción de al menos los tres sistemas unificadores básicos del cuerpo, a saber, los sistemas circulatorio y respiratorio, y el cerebro completo”.

Cuando fui sacerdote en comisión de servicio en Florida hace varios años, me llamaron para ayudar a una familia hispanohablante a la que no conocía. Los padres eran de México, pero habían criado a sus tres hijos en California. Su hijo de 33 años, Joel, era un trabajador muy popular en un restaurante de Jacksonville, Florida. Por razones desconocidas, una noche, hace varios años, recibió un disparo en la cabeza y fue trasladado por los servicios de emergencia de Jacksonville al Hospital Memorial, donde sufrió un paro cardíaco, pero fue reanimado. Posteriormente, Joel fue trasladado a la UCI. La herida de bala en la cabeza parecía incompatible con una vida plena.

Joel y su madre, a quienes tuve la oportunidad de atender antes de que falleciera. Ella me dio permiso para publicar su historia.

Así pues, el personal del hospital quería llevarse a Joel en camilla para extraerle el corazón en una habitación aparte. Sin embargo, esto significaba que Joel no moriría en presencia de sus padres en la UCI. (No se puede permitir que los padres vean cómo se le extrae el corazón a su hijo aún con vida, ¿verdad?). Yo acababa de llegar para intervenir y, posteriormente, les expliqué a los padres el destino de su hijo. Como era de esperar, sus padres se negaron a que mataran a su hijo, que aún podía mirarlos a los ojos, para extraerle el corazón.

En respuesta a mi intervención y a los deseos de sus padres, dejaron a Joel en la UCI para que muriera de hambre. Protestamos contra esta decisión tanto en inglés como en español, pero fuimos ignorados durante casi dos días mientras Joel moría de hambre. Finalmente, llamé a abogados civiles en Washington D.C. de una organización llamada Life Legal Defense Foundation.

Finalmente, el abogado de LLDF logró obligar a los médicos de la UCI del hospital a colocarle una sonda nasogástrica para alimentar a Joel. Joel recibió nutrición e hidratación artificiales (NHA) hasta que falleció unos días después en la UCI a causa de la herida de bala. Si bien una herida de bala no se considera una muerte natural, sin duda fue una muerte más natural que la extirpación de su corazón. Como se puede apreciar en la foto, Joel pudo mirarme cuando saqué mi teléfono para tomarle una foto con su madre.

Lamentablemente, pocos días después, Joel falleció en paz, sin necesidad de narcóticos. Lo bueno es que recibió los sacramentos. Murió rodeado de sus padres y su hermano. Nada de esto habría sido posible si el personal del hospital le hubiera extirpado el corazón o administrado una sobredosis de narcóticos.

Como exparamédico, mi sugerencia es que indiques “No” a la donación de órganos en tu licencia de conducir. Una mejor opción es la siguiente: un poder notarial duradero para la atención médica es un documento legal que te permite designar a otra persona para que tome decisiones sobre tu atención médica en caso de que no puedas hacerlo tú mismo. Si deseas indicarle a esa persona que deseas donar, por ejemplo, hígado, riñones o córneas a pacientes que los necesiten (en caso de fallecimiento), entonces la persona a la que le has otorgado el poder notarial duradero para la atención médica (quien, idealmente, comparte tus mismos principios bioéticos) puede tomar esa decisión por ti.

En definitiva, es mejor empezar con un “No” a la donación de órganos en tu permiso de conducir y dejar que tu cónyuge haga el trámite, que empezar con un “Sí” y que un ser querido no pueda impedir que te lleven en camilla mientras te extraen el corazón de tu cuerpo vivo, en caso de que hayas sufrido una lesión cerebral traumática.

Finalmente, si no me creen, vean cómo incluso el periódico laico USA Today publicó un artículo después de mi entrada original del blog, reproducida arriba, titulado Death by Donation: Euthanizing Patients for Organs (Muerte por donación: eutanasia de pacientes para obtener órganos), en el que se revela que numerosos cirujanos dicen lo mismo que les dije anteriormente.