sábado, 2 de septiembre de 2006

CARD. WOJTYLA: “EL CONCILIO VATICANO II CERRÓ LA ERA CONSTANTINIANA DE LA IGLESIA”

Compartimos reveladoras palabras de Karol Wojtyla pronunciadas mientras se desarrollaba del nefasto concilio Vaticano II.


Durante el concilio, los eclesiásticos polacos se reunían en encuentros extraoficiales para intercambiar ideas sobre los objetivos del Vaticano II

El cardenal Wojtyla fue invitado a charlar con amigos, jóvenes y mayores, que tomaban té de manzanilla en el apartamento de mons. Malinski. Este último, en su libro Mon Ami Karol Wojtyla (Mi amigo Karol Wojtyla), recoge las palabras del cardenal de Cracovia en aquella ocasión.

Ilustrando este artículo, la portada del libro. Abajo, fotocopias del texto en francés y a continuación, la traducción de las líneas resaltadas en amarillo.


Pregunta: ¿Qué problemas abordará de manera diferente el Concilio, Su Eminencia?

Respuesta de Wojtyla: Ante todo, servirá para dar más valor a la autoridad de cada obispo y promover la descentralización dentro de la Iglesia, así como para volver al principio de colegialidad, reevaluar los métodos pastorales vigentes hasta ahora e introducir eficazmente nuevos métodos y caminos, a veces los más audaces.

También está la cuestión del carácter universal de la Iglesia. Se observa un cambio de actitud hacia las culturas antiguas de los pueblos no europeos. Es necesario desoccidentalizar la cristiandad. Los pueblos que poseen sus propias culturas antiguas tienen barreras psicológicas comprensibles contra el cristianismo cuando este se presenta con sus apariencias europeas. La africanización, indianización, japonización, etc., del catolicismo se hace necesaria. Esto consiste en hacer germinar sustancias cristianas en sus culturas. Sabemos que todo esto no es ni simple ni fácil de lograr.

Estamos al final de la era de Constantino, que se caracterizó por un estricto acuerdo entre el altar y el trono, entre la Iglesia y el Estado, ejemplificado en su punto álgido por el nacimiento del Sacro Imperio Romano Germánico en el siglo IX. Nos enfrentamos a un grave problema: elaborar nuevas formas de relación entre la Iglesia y el Estado, el derecho de la Iglesia a la libertad religiosa.

Yendo más allá, es necesario hablar de dar nueva importancia a los laicos en la Iglesia y, finalmente, desarrollar ideas ecuménicas a una escala desconocida hasta ahora en la historia de la Iglesia.

(Mieczyslaw Malinski, Mon Ami Karol Wojtyla, París: Centurion, 1980, págs. 190-191)