CAPITULO CUARTO
PRODIGIOS DE LA BONDAD Y MISERICORDIA
DE LA SABIDURIA ETERNA ANTES DE LA ENCARNACION
La Sabiduría eterna se conmueve vivamente ante la desgracia del pobre Adán y de todos sus descendientes, contempla con sumo dolor su vaso de honor hecho pedazos, destrozado su retrato, destruida su obra maestra, derribado por tierra su lugarteniente.
Tiende amorosamente el oído a sus gemidos y clamores. Mira compasivamente el sudor de su frente, las lágrimas de sus ojos, la fatiga de sus brazos, el dolor de su alma y la aflicción de su corazón.
1 - EL DECRETO DE LA ENCARNACION
Me parece oír a la Sabiduría, que en la causa del hombre reconoce que realmente éste y su posteridad merecen ser condenados eternamente con los ángeles rebeldes a causa de su pecado.
Pero que es preciso compadecerse de él, porque su pecado obedece más a debilidad e ignorancia que a malicia. Observa, por una parte, que es gran lástima que una obra maestra tan bien lograda permanezca para siempre esclavizada al enemigo y que millones de hombres se vean para siempre condenados por el pecado de uno solo. Muestra, por otra parte, los tronos vacíos del cielo por la caída de los ángeles apóstatas, y que sería bien llenar de nuevo (3). E indica la gloria inmensa que Dios recibiría en el tiempo y la eternidad si se salva al hombre.
Paréceme oír a la justicia contestando que la sentencia de muerte y condenación eterna está dictada contra el hombre y su posteridad, y debe ejecutarse sin remisión ni misericordia, como lo fue la dictada contra Lucifer y sus secuaces; que el hombre es un ingrato después de los beneficios que había recibido; que, habiendo seguido al demonio en la desobediencia y el orgullo, debe también acompañarlo en el castigo, porque el pecado debe ser castigado.
Viendo la Sabiduría eterna que nadie en el universo era capaz de expiar el pecado del hombre, satisfacer a la justicia y aplacar la ira divina, y queriendo al mismo tiempo salvar al desventurado, a quien amaba por naturaleza, halla un medio admirable.
¡Proceder asombroso! ¡Amor incomprensible llevado hasta el extremo! (4). La amable y soberana Princesa se ofrece ella misma en holocausto al Padre para satisfacer su justicia, aplacar su cólera, liberarnos de la esclavitud del demonio y de las llamas del infierno y merecernos una eternidad feliz.
Su oferta es aceptada; la decisión, tomada y decretada: la Sabiduría eterna, es decir, el Hijo de Dios, se hará hombre en el momento oportuno y en las circunstancias señaladas. Durante los cuatro mil años aproximadamente que transcurrieron desde la creación y el pecado de Adán hasta la encarnación de la divina Sabiduría (5), Adán y sus descendientes murieron, conforme a la ley dictada contra ellos por Dios. Pero, en previsión de la encarnación del Hijo de Dios, recibieron gracias para obedecer a los mandamientos y hacer digna penitencia en caso de trasgresión, y, si murieron en gracia y amistad con Dios, sus almas descendieron al limbo a esperar que su Salvador y Libertador les abriera las puertas del cielo.
2 - DURANTE EL TIEMPO ANTERIOR A LA ENCARNACION
La Sabiduría eterna inspiró a los hombres de Dios, habló por boca de los profetas, los dirigió en sus caminos, los iluminó en sus dudas, los sostuvo en sus debilidades y los libró de todo mal.
El Espíritu Santo lo refiere con estas palabras en el libro de la Sabiduría (10: 1-21): De Adán a Moisés.
1. La Sabiduría protegió al padre del mundo, a ese primer hombre que fue formado por Dios y que fue creado como único [Adán]. Lo levantó de su caída
2. y le dio el poder de dominarlo todo.
3. El hombre se alejó de ella, arrastrado por su propio furor, se hizo malo hasta matar a su hermano [Caín] y se perdió junto con su arrebato.
4. Pero cuando por culpa de él las aguas inundaron la tierra, la Sabiduría lo salvó una vez más [Noé]: ella guiaba su barca.
5. Más tarde los pueblos se juntaron para hacer el mal, y la discordia se instaló en medio de ellos. La sabiduría reconoció entonces a otro justo [Abraham]: lo mantuvo irreprochable delante de Dios y le dio la fuerza para sobreponerse a la ternura por su hijo.
6. Ella también libró al justo en su huida [Lot], cuando bajaba el fuego sobre las cinco ciudades para aniquilar a los impíos.
7. Y aún hasta ahora permanece un testigo de su perversidad: una tierra árida y siempre humeante, arbustos cuyos frutos no maduran, una columna de sal en recuerdo de la que no creyó.
8. Los que se apartaron del camino de la Sabiduría no sólo fueron castigados, perdiendo su felicidad, sino que sus ruinas están allí como un recuerdo para todos los vivos, para que sus pecados no sean nunca olvidados.
9. En cambio la Sabiduría libró de sus problemas a los que la servían.
10. Condujo por caminos seguros al justo [Jacob] que huía de la cólera de su hermano [Esaú]. Le mostró el reino de Dios y le permitió que conociera a los santos ángeles. Hizo que tuviera éxito en sus trabajos y que fructificaran sus esfuerzos.
11. Lo defendió contra la avaricia de sus amos y lo hizo muy rico.
12. Lo guardó de sus enemigos y lo protegió de los que le tendían trampas. Le dio la victoria en un rudo combate para hacerle entender que la piedad es más poderosa que cualquier otra cosa.
13. La Sabiduría no abandonó al justo cuando lo vendieron [José]: lo preservó del pecado.
14. Descendió con él al pozo y no lo dejó solo en la prisión; muy por el contrario, le confió el poder en el reino y le dio autoridad sobre los que lo habían perseguido. Hizo que quedara al descubierto la mentira de sus calumniadores y le consiguió una gloria que no pasará. [Éxodo].
15. La Sabiduría arrancó al pueblo santo, a la raza irreprochable de manos de la nación opresora.
16. Entró en el alma de un servidor del Señor [Moisés] para hacer frente a reyes temibles, por medio de señales y prodigios.
17. Le dio al pueblo santo el pago por sus penas, los guio por un camino asombroso. Los cubría con su sombra durante el día y los alumbraba como un astro durante la noche.
18. Los hizo pasar el Mar Rojo: ¡atravesaron las inmensas aguas!
19. Ella se tragó a sus enemigos, para luego echar sus cuerpos a lo más profundo del mar.
20. De ese modo los justos despojaron a los impíos; ¡cantaron himnos a tu santo Nombre, oh Señor! Con un solo corazón te dieron gracias, porque tú los habías librado.
21. Porque el Señor abre la boca de los mudos y hace hablar a los pequeñines.
En el capítulo siguiente del libro de la Sabiduría (9), el Espíritu Santo enumera los males de los cuales libró la Sabiduría a Moisés y a los israelitas, mientras atravesaban el desierto. A esto podemos añadir todos aquellos que fueron salvados de grandes peligros en el Antiguo y el Nuevo Testamento: como Daniel, en el foso de los leones; Susana, de la falsa acusación; los tres jóvenes, en el horno de Babilonia; San Pedro, de la cárcel; San Juan, de la tinaja de aceite hirviente, y la multitud de mártires y confesores de la fe en los tormentos infligidos a sus cuerpos, en las calumnias que empañaban su reputación. Añadamos, repito, todos aquellos que fueron liberados y sanados gracias a la Sabiduría: Los hombres aprendieron lo que te agrada, y la sabiduría los salvó (10).
Exclamemos, pues: "¡Dichoso una y mil veces aquel en quien la Sabiduría divina ha podido entrar para morar en él! ¡Saldrá victorioso de todos sus combates, se verá libre de todos los peligros que le asalten, será reanimado y consolado en todas las tristezas que le aflijan, y en cualquier humillación en que se encuentre será exaltado y glorificado en el tiempo y en la eternidad!"
Continúa...
Notas:
1) Gn 1: 26.
2) La idea de semejante combate entre la Justicia y la Misericordia divinas para decretar la encarnación, es frecuente en los autores anteriores al P. de Montfort, quien concretamente ha podido tomarla de Poiré.
3) VD 28: La misión de llenar los tronos vacíos, se la confiere Dios a María.
4) Jn 13: 1: "Había amado a los suyos que vivían en el mundo y los amó hasta el extremo".
5) La suma de cuatro mil años, se tomaba siguiendo la cronología ofrecida por la Biblia, desde la prehistoria bíblica: Gn 1-11. Hoy sabemos que estas fechas, así como las edades de los patriarcas, buscan simplemente llenar el espacio entre la creación y el comienzo de la historia bíblica, en Abrahán, padre de los creyentes (Gn. 12).
6) Pr 8: 31.
7) Sb 6: 17.
8) Sb 7: 27; ver 7,14
9) Sb 11
10) Sb 9: 18
En el capítulo siguiente del libro de la Sabiduría (9), el Espíritu Santo enumera los males de los cuales libró la Sabiduría a Moisés y a los israelitas, mientras atravesaban el desierto. A esto podemos añadir todos aquellos que fueron salvados de grandes peligros en el Antiguo y el Nuevo Testamento: como Daniel, en el foso de los leones; Susana, de la falsa acusación; los tres jóvenes, en el horno de Babilonia; San Pedro, de la cárcel; San Juan, de la tinaja de aceite hirviente, y la multitud de mártires y confesores de la fe en los tormentos infligidos a sus cuerpos, en las calumnias que empañaban su reputación. Añadamos, repito, todos aquellos que fueron liberados y sanados gracias a la Sabiduría: Los hombres aprendieron lo que te agrada, y la sabiduría los salvó (10).
CONCLUSION
Exclamemos, pues: "¡Dichoso una y mil veces aquel en quien la Sabiduría divina ha podido entrar para morar en él! ¡Saldrá victorioso de todos sus combates, se verá libre de todos los peligros que le asalten, será reanimado y consolado en todas las tristezas que le aflijan, y en cualquier humillación en que se encuentre será exaltado y glorificado en el tiempo y en la eternidad!"
Continúa...
Notas:
1) Gn 1: 26.
2) La idea de semejante combate entre la Justicia y la Misericordia divinas para decretar la encarnación, es frecuente en los autores anteriores al P. de Montfort, quien concretamente ha podido tomarla de Poiré.
3) VD 28: La misión de llenar los tronos vacíos, se la confiere Dios a María.
4) Jn 13: 1: "Había amado a los suyos que vivían en el mundo y los amó hasta el extremo".
5) La suma de cuatro mil años, se tomaba siguiendo la cronología ofrecida por la Biblia, desde la prehistoria bíblica: Gn 1-11. Hoy sabemos que estas fechas, así como las edades de los patriarcas, buscan simplemente llenar el espacio entre la creación y el comienzo de la historia bíblica, en Abrahán, padre de los creyentes (Gn. 12).
6) Pr 8: 31.
7) Sb 6: 17.
8) Sb 7: 27; ver 7,14
9) Sb 11
10) Sb 9: 18

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