sábado, 28 de febrero de 2026

RATZINGER: LA BIBLIA NO ES OBJETIVA

Cuando Ratzinger planteó sus objeciones, quedó claro que respaldaba la crítica revolucionaria de la ciencia con respecto a la Biblia.



En su libro “Fe y Futuro”, publicado en 1970 en Alemania, el “padre” Joseph Ratzinger analizó cómo la fe católica debía afrontar los desafíos de la ciencia moderna. Cuando Ratzinger planteó sus objeciones, quedó claro que respaldaba la crítica revolucionaria de la ciencia con respecto a la Biblia.

Portada de “Fé e Futuro” 


Abajo, fotocopias de la edición portuguesa



Traducción de las secciones resaltadas en amarillo:

Analicemos los puntos de la crítica a grandes rasgos. La dificultad comienza ya en la primera página de la Biblia. La idea del origen del mundo, desarrollada allí, contradice evidentemente todo lo que sabemos hoy sobre el origen del cosmos. Incluso si afirmamos que esas páginas no son un manual de historia natural y, por lo tanto, no deben entenderse como una descripción literal del origen del cosmos, persiste un malestar ... En casi todas las páginas de la Biblia persisten estas preguntas.

La figura de barro que en la mano de Dios se convierte en hombre nos resulta en gran medida incomprensible, así como lo que sucede inmediatamente después con la mujer, tomada de su costado mientras duerme y reconocida por él como la carne de su propia carne, es decir, como respuesta a la pregunta por su soledad.

Quizás hoy debamos reaprender a comprender estas imágenes como profundas expresiones simbólicas sobre el hombre ... En el siguiente capítulo (la historia de la caída) surgen nuevas preguntas. ¿Cómo podemos reconciliarlas con el concepto de que el hombre, como lo demuestra la ciencia natural, no comenzó desde arriba, sino desde abajo? No cayó, sino que ascendió poco a poco, transformándose cada vez más en hombre a partir de animal. ¿Y qué hay del Paraíso? El sufrimiento y la muerte ya existían en el mundo mucho antes de que existiera el hombre ...

Continuemos examinando estas preguntas y contradicciones que inquietan la conciencia general para evaluar con la necesaria severidad el problema que se esconde tras las palabras fe y conocimiento.

Tras el relato de la caída, la Biblia continúa con su visión de la historia, donde se nos describe a Adán en un período cultural situado alrededor del 4000 a. C. Esta fecha concuerda con el cómputo bíblico del tiempo, resultando en que han transcurrido alrededor de 4000 años desde el principio hasta Cristo. Pero hoy todos sabemos que antes de este acontecimiento, ya había transcurrido un período de cientos de miles de años de vida y esfuerzos humanos, un tiempo que no se toma en cuenta en la visión bíblica de la historia, restringida a la comprensión oriental de la época.

Con esto llegamos al siguiente punto: la Biblia, que la fe venera como palabra de Dios, se nos reveló en su completo carácter humano mediante el método de investigación histórico-crítico. No solo sigue las formas literarias de su ambiente, sino que también está influenciada por el mundo en el que se originó. Esta influencia marcó su forma de pensar y su propio carácter religioso. 

¿Podemos seguir creyendo en el Dios que llama a Moisés en la zarza ardiente? ¿El Dios que mata a los primogénitos de Egipto y conduce a su pueblo a la guerra contra los habitantes de Canaán? ¿Quién hace que Oza caiga muerto por tocar el arca sagrada? ¿O fueron todas estas cosas nada más que una expresión del antiguo Oriente, interesante, sí; quizás incluso significativa como nivel de la conciencia humana; pero no la expresión de la palabra divina?

(Joseph Ratzinger, Fé e Futuro, São Paulo: Vozes, 1971, pp. 11-13)


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