domingo, 1 de febrero de 2026

“SIN PAPA NO HAY ESPERANZA” Y EL GIRO QUIETISTA

El comentarista católico Eric Sammons patologiza el sedevacantismo para evitar la pregunta más difícil: qué hace su propio bando cuando Roma se descarrila.

Por Chris Jackson


Eric Sammons comienza su video The Sedevacantist Dead End: No Pope No Hope (El callejón sin salida sedevacantista: sin Papa no hay esperanza) tratando el sedevacantismo como “una fiebre en Internet que se desató con Francisco y se enfrió cuando León subió al escenario”. Enmarca todo el asunto como un callejón sin salida espiritual y psicológico: capillas en sótanos, camarillas divididas, gente que se salta la confesión, familias “arruinadas”, almas en peligro.

Este artículo le responderá desde el punto de vista que él pretende descalificar. No porque los sedevacantistas necesiten que yo los rescate, ni porque todos los argumentos sedevacantistas merezcan una estrella dorada. La cuestión es más simple. Sammons no refuta realmente la postura que tiene delante de él sino que la pone en cuarentena, etiquetandola como “un trastorno de la personalidad”. Señala los márgenes desordenados y lo llama “la discusión”. A continuación, exige la sumisión a la misma estructura de autoridad posconciliar cuyo historial público es la razón por la que existe este debate.

De crítico de Francisco a “decidí parar”

Sammons ha descrito, en sus propias publicaciones, una decisión deliberada de dejar de criticar a Francisco mientras este aún vivía. En octubre de 2024, escribió que meses antes había decidido dejar de criticar al “papa Francisco” durante el resto de su “pontificado”. En febrero de 2025, redobló su apuesta al afirmar que esa decisión había “hecho maravillas” en su vida espiritual.

Cuando un comentarista es atacado por criticar a Francisco y decide optar por el silencio como práctica espiritual, y luego vuelve al micrófono para atacar a las personas que se niegan a seguirle el juego, el objetivo se hace evidente. El problema no es que “no hay papa”, el problema son las críticas, el problema es que los católicos recurren a categorías teológicas estrictas cuando el “conservadurismo cortés” se queda sin eufemismos.

Sammons incluso dio un adelanto de esa intención. Durante el alboroto de 2024 cuando se hicieron llamamientos a la dimisión de Francisco, publicó “Por qué no firmé el llamamiento a la dimisión del papa Francisco”, presentándose como alguien que reconocía los graves problemas, pero que rechazaba la vía de la confrontación. Es el mismo temperamento que lo movió a hacer este video. La “moderación” para él, se convirtió en una virtud en sí misma, ve la disidencia como “una tentación” y la precisión doctrinal para él se convirtió en “calvinismo”.

Y entonces llegó León... 

Ahora el patrón se repite. En un artículo de diciembre de 2025, Sammons se quejaba de que la hostilidad dirigida a Francisco “se trasladó al papa León casi desde el momento en que salió a la logia”. Esa frase revela exactamente lo que teme: la continuidad de las críticas a lo largo de los regímenes.


“Es internet”, “es Nick Fuentes” (un influencer estadounidense ultraconservador), “es una conspiración”: este es el uso estratégico del lenguaje para aislar, gestionar o contener ideas, grupos o amenazas percibidas.

Al principio del video, Sammons compara el sedevacantismo con el fenómeno Nick Fuentes y lo califica como un “fenómeno principalmente online”. Eso no es una argumentación, simplemente está entrenando al público para que escuche una afirmación teológica como si fuera una patología social.

Y lo vuelve a hacer hacia el final: “No te adentres en las conspiraciones de Internet”, mantente conectado a una parroquia, sé humilde, deja de pensar que puedes entenderlo todo. Ese consejo puede parecer sensato en abstracto, pero en el contexto actual, funciona como la correa y el bozal del perro. Su objetivo es siempre el mismo: mantener a la gente dentro de las estructuras oficiales y mantener sus objeciones en privado.


Sammons incluso admitió el detonante. Dijo que sus seguidores lo señalaron por no ser más crítico con León, y luego se encogió de hombros aclarando que el podcast anterior “no trataba realmente sobre el papa León”, por lo que no veía “por qué molestarse con eso”. Eso lo dice todo. Cuando León se convierte en “el tema”, la crítica se convierte en una “molestia” y el plan principal pasa a ser disciplinar a los críticos.

Una lección de historia que no puede sobrevivir a un libro de historia

Sammons le dice a la gente que “lea más libros de historia” (Nota D7: No le dice a sus seguidores que lean documentos de la Iglesia anteriores al conciliábulo Vaticano II) y luego se apoya en una porción muy limitada de la historia para fabricar una sensación de imposibilidad. Mencionó “tres años” como “el período más largo sin papa” y trató esa cifra como “el límite máximo que Cristo permitiría”. Pero el recuento de días no importa, lo que importa es llegar a una conclusión que según él, es “lógica”. Nunca argumenta por qué una crisis más larga se vuelve teológicamente incoherente. Simplemente dice que es algo “sin precedentes” y espera que el público acepte esa conclusión.

El mismo patrón se repitió cuando mencionó el Gran Cisma de Occidente como garantía. Lo llamó “70 años” y luego lo convirtió en un tema de conversación: “había un papa, pero la gente no sabía quién era”. Ese planteamiento admite lo que él intenta negar: gran parte de la Iglesia puede seguir durante mucho tiempo al pretendiente papal equivocado, con los obispos divididos, las obediencias endurecidas y los católicos corrientes viviendo en una niebla de certezas contrapuestas. “Todo el mundo dice que él es el papa” nunca ha funcionado como una garantía automática de la verdad en momentos en los que las señales humanas de la Iglesia se confunden. La historia registra largos períodos en los que el reconocimiento, la política, la distancia y el miedo moldearon lo que “todo el mundo” creía saber.

Sammons trata la historia como una táctica de intimidación. Selecciona algunas crisis, las simplifica en morales ordenadas y luego declara que el único tipo de crisis aceptable es aquella en la que toda la Iglesia visible admite públicamente la vacante. El crea esa “norma” para proteger su conclusión. No proviene de la historia. Proviene de la necesidad de mantener la difícil situación posconciliar dentro de una caja fuerte en la que se pueda confiar en la jerarquía para identificar al papa, incluso cuando esa misma jerarquía pasa décadas aceptando la novedad como catolicismo.

Cuando los sacramentos asustan

El motor emocional de su video es el pánico sacramental. Si niegas al papa, acabas “desatado”, acabas en sótanos, acabas saltándote la confesión, acabas fuera de la gracia.

Incluso su “autoridad de apoyo” fue elegida para causar efecto. Cita un texto de la FSSPX que califica el sedevacantismo como “más un problema psicológico que teológico” y luego descarga una avalancha de críticas sobre las personas que se convierten en “su propio papa”, cayendo en la “ruina moral”, pareciéndose a los testigos de Jehová que se niegan a “argumentos definitivos, finales e irrefutables”.

Fíjate en la trampa. El pasaje de la FSSPX no es una refutación. Es una descripción de un personaje. Sammons se apoya en él porque hace el trabajo que él quiere que se haga: convertir una disputa eclesiológica en un diagnóstico. Una vez que el público acepta el diagnóstico, los reclamos reales ya no requieren respuestas.


Desde el punto de vista sedevacantista, aquí es donde se observa que toda su actuación se vuelve cínica. El sistema posconciliar ha pasado décadas normalizando el caos doctrinal, el vandalismo litúrgico, las revoluciones disciplinarias y los escándalos públicos, mientras insiste en que los sacramentos “siguen estando disponibles”. Entonces, cuando algunos católicos concluyen que los pretendientes papales en Roma carecen del cargo, de repente, la gran mayoría finge preocuparse por “el acceso a la gracia”. Su preocupación aparece en el momento oportuno, siempre dirigida en una sola dirección.

“Todo el mundo dice que es papa”

La jugada central de Sammons es un llamamiento al reconocimiento. Todos los “cardenales” y “obispos” dicen que este hombre es “papa”, por lo tanto, no se puede decir que no lo sea.

Luego ofrece su analogía como un tribunal: un hombre no es “un asesino ante la ley” hasta que es condenado, por lo que no se puede “ejercer la justicia” de forma privada. Aplica esa lógica a la herejía “papal”: los católicos laicos no pueden declarar “Francisco es un hereje, un hereje no puede ser papa, por lo tanto, Francisco no es papa”.

Esto se derrumba al entrar en contacto con distinciones básicas. El ejemplo del asesino se refiere al estatus jurídico en un sistema legal. La afirmación sedevacantista se refiere a la pérdida del cargo por la pérdida de la membresía, con el juicio de la Iglesia funcionando como un reconocimiento público de una realidad previa, no como un hechizo mágico que crea la realidad. Incluso dentro de los debates católicos no sedevacantistas, la pregunta clásica se plantea a menudo en términos de si un hereje manifiesto pierde su cargo por el hecho en sí, con una declaración posterior que sirve para establecer el hecho públicamente. Se pueden encontrar resúmenes de esa línea de razonamiento en los debates de Belarmino y teólogos posteriores, incluso entre escritores que rechazan el sedevacantismo como conclusión.

Sammons no aborda esa distinción. Trata la conclusión como un “berrinche infantil”: “no creemos que este hombre sea digno, así que decimos que no es el papa”. Eso no es un análisis. Además, le sale el tiro por la culata, ya que elogia abiertamente la idea de que la “apariencia” del “papa” León es importante porque calma a la gente, una reveladora admisión de que la óptica puede funcionar como sustituto de la sustancia.

“Cristo protege a su Iglesia”

“Cristo protege a su Iglesia” se convierte en la vía de escape de Sammons, y cambia discretamente el significado de la frase. En el modo conservador-tradicional habitual, se basa en la comprensión de la indefectibilidad basada en reconocer y resistir: la Iglesia sigue siendo indefectible incluso cuando los funcionarios causan estragos, la disciplina se pudre, la catequesis se disuelve y un pontificado se convierte en algo objetivamente catastrófico. Esa premisa es la única razón por la que toda su postura funciona. Puede decir que Francisco fue desastroso. Puede admitir graves errores “papales”. Puede decirle a la gente que se aferre a lo que la Iglesia siempre ha enseñado.

Luego se refiere al sedevacantismo y mejora la apuesta. Ahora “Cristo protege a su Iglesia” significa algo mucho más fuerte: el reconocimiento público de un pretendiente papal por parte de la jerarquía no puede ser erróneo colectivamente durante décadas. Pero eso no es lo mismo. Es una nueva afirmación introducida con un único propósito: descartar la conclusión que no le gusta. Nunca demuestra que la protección de Cristo incluya un mecanismo de seguridad incorporado contra el reconocimiento erróneo universal del pretendiente romano, incluso cuando admite abiertamente que la protección de Cristo coexiste de alguna manera con décadas de confusión doctrinal y sabotaje pastoral bajo los hombres a los que él llama “verdaderos papas”. La definición se amplía cuando necesita un arma, y se reduce cuando necesita una coartada. Ese es el verdadero defecto.

El verdadero objetivo del video: vigilar los límites de una marca “conservadora” posterior a Francisco

Sammons afirmó que “el sedevacantismo está desapareciendo”. Dijo que “el sedevacantismo se encuentra principalmente en Internet”. Afirmó que se niega a debatirlo porque “es como discutir con los calvinistas dentro de su sistema”. Dijo que los cimientos son arena. Luego cerró la transmisión en directo anunciando su libro sobre Bitcoin:


Sammons se dirigió a un público que se sentía con derecho a criticar a Francisco, pero que luego descubrió que criticar al nuevo pretendiente papal tiene un coste. Entonces ofrecio una salida sustitutiva: criticar a los “sedevacantistas”, burlarse de las capillas subterráneas, asegurarse de que el verdadero peligro es la certeza excesiva y permanecer a salvo “en comunión” mientras la maquinaria posconciliar sigue en marcha.

Desde la perspectiva sedevacantista, la ironía es aguda. La crisis que lleva a la gente al sedevacantismo es la misma crisis que Sammons ha descrito en toda su carrera. Simplemente ahora traza una línea un paso antes de llegar a la conclusión y luego tacha a todos los que traspasan esa línea como “psicológicamente inestables”.

El título de su video dice “Sin Papa no hay esperanza” pero el mensaje más profundo es “Sin conclusiones firmes no hay riesgo”.
 

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