CAPÍTULO CUARTO
LA ALIANZA ISRAELITA UNIVERSAL Y EL CRISTIANISMO
Monseñor Meurin, en el libro que hemos citado ya, establece que los judíos, después de crucificar al divino Salvador, no han dejado nunca de perseguir a los cristianos con su odio.
Han sido los inspiradoras reales de todas las herejías. Mons. Meurin dice:
No podían permitir al cristianismo establecerse en el mundo sin hacerle una guerra encarnizada, semejante a la que hicieron a JESUCRISTO mismo.El venerable autor muestra que el sistema gnóstico, en su forma más perfecta, no era otra cosa que “la cábala judía adaptada a un fin especial, el de infiltrarse en el cristianismo naciente para destruirlo”.
El gnosticismo que desoló la Iglesia durante los primeros tres siglos, fue su obra.
Se ve que era desde los primeros días de la Iglesia, el mismo fin que el que persigue hoy la Alianza Israelita Universal, que a su vez “quiere penetrar” en el cristianismo para disolverlo. Mons. Meurin continúa:
Aplastar la infame herejía del nazareno, siempre ha sido el más ardiente y rencoroso deseo de los judíos caídos. No habiendo acertado con el primer golpe, perseveran con una tenacidad inaudita en atacar el dogma cristiano creando siempre nuevas sectas, hijas de la cábala, y asociando al veneno disolvente de su doctrina cabalística la astucia y la violencia de las pasiones humanas.
La secta de los ofitas, adoradores de la serpiente, es, como el gnosticismo, una hija de la cábala judía. Mons. Meurin prueba también eso.
El maniqueísmo tiene el mismo origen.
Hoy las doctrinas de la cábala judía se encuentran en los emblemas y decoraciones masónicas. Mons. Meurin emplea todo su libro para demostrarlo.
Un judío de alta marca, el profesor Darmesteter, que encontraremos más adelante, reconoce que el judío fue el doctor de la incredulidad del siglo XVIII:
Todos los rebeldes del espíritu van a los judíos. El judío está en obra en el inmenso taller de blasfemias del emperador Federico, de los príncipes de Suabia y de Aragón. Es él quien forjó el arsenal homicida que legó a los escépticos del Renacimiento y a los libertinos del gran siglo. El sarcasmo de Voltaire es sólo el resonante eco de una palabra murmurada en tiempos de Celsio y de Orígenes en la cuna misma de la religión del Cristo.
El historiador que veía nacer incesantemente bajo sus ojos estas diversas herejías, se preguntaba: ¿Quién sirvió pues de lazo entre todas estas sectas? ¿Quién ha propagado estas doctrinas a través de los pueblos nuevos? ¿Cómo explicar los renacimientos repentinos del espíritu pagano, con las mismas ideas, los mismos símbolos y las mismas prácticas dentro del mundo cristiano, en épocas y medios tan diversos: con la gnosis, en los primeros siglos; con Manes, en el siglo III; en el XI, con los albigendes; en el XIII, con los templarios; en el XVI, con los Sociniens; y hoy día con los masones? ¿Hubo entre estas herejías diversas de nombre e idénticas en cuanto al espíritu, un nexo viviente, que conservaba, que mantenía este espíritu durante sus adormecimientos aparentes?
Será el honor de Mons. Meurin haber sido el primero en hacer hincapié sobre un examen serio de los documentos, una respuesta que otros sólo habían entrevisto. Para él, el agente de transmisión de los errores antiguos a través las edades hasta el mundo moderno, el verdadero fundador de las herejías, su inspirador secreto, antaño como hoy, desde los gnósticos hasta los masones, es el judío. El apóstol san Juan señalaba su obra en el siglo 1 en los mismos términos que Mons. Meurin en el siglo XIX: “La sinagoga de Satanás (ID)”. (Ap. II, 10.) (14) El mismo prelado exclama:
¡Qué figura extraña de la humanidad que es este pueblo de Israel! ¡Que grande y majestuoso es en su historia mientras marcha con el Señor! ¡Que grande es también y sobre todo terrible en su odio contra el Mesías que desconoció y mató en la cruz!
El obispo concluye:
El judaísmo, la apostasía, los vicios y las pasiones, bajo la dirección superior de Lucifer, escalan juntos al asalto de la Jerusalén celestial, esperando conseguir por fin con sus batallones reunidos lo que hasta hoy no consiguieron con ataques separados. Es su supremo esfuerzo antes de declararse vencido y rendir las armas. Esperemos todavía un poco. La esposa del Salvador está acostumbrada a vencer por el sufrimiento. Imita en todo a su divino Esposo. La masonería, esta nueva sinagoga de Satanás, será, como la antigua sinagoga, vencida por la Cruz. ¡Bienaventurados quienes no hayan doblado la rodilla ante Lucifer ni ante su ídolo!
Es verdad, según la predicción de JESUCRISTO, que antes del fin del mundo habrá una última batalla librada a la Iglesia por el Anticristo en persona. Antes de la suprema catástrofe, la Iglesia debe celebrar su más hermoso triunfo por la conquista de todas las naciones y su sumisión a la dulce y santa ley del Crucificado. Estamos todavía muy lejos del fin.
El mundo ha hecho todavía demasiado poco para haber merecido ser creado.
Aceptemos el augurio, pero mientras tanto no apartemos la mirada del trabajo que se cumple hoy en el mundo cristiano bajo la misma inspiración que en los siglos pasados y por las mismas manos.
Actualmente hay algo que parece deber llamar particularmente la atención, como medio adoptado en la hora presente por los enemigos del cristianismo para llegar a sus fines.
Después de dieciocho siglos de inquebrantable fijeza en sus creencias y prácticas religiosas, Israel se sacude. Se ve a muchos judíos hacerse filósofos, librepensadores, sin tener ya con los judíos del Talmud otro contacto que el de la raza y la sangre.
Se los llama “liberales” en oposición a los tradicionalistas. Se dan la calidad de “reformadores”. “A quienes se llama “reformadores” —dicen los Archivos Israelitas— quieren deshacerse de golpe de todas las trabas y el Talmud se ve rechazado” (XII P. 242ss, año 1867).
Los liberales reformadores se reclutan sobre todo entre quienes habitan nuestras comarcas, quienes ha bebido en la copa de nuestra civilización.
Con todo, no hay que creer que renunciando a las creencias y prácticas religiosas de sus antepasados, renieguen su raza y abandonen sus pretensiones al dominio sobre todos los pueblos de la tierra. No, ellos rivalizan con los ortodoxos por mantener muy alto y muy firme la estandarte de Israel. Pero pretenden contra éstos que la transformación del judaísmo a la que se han comprometido es necesaria para el cumplimiento de sus destinos. Dicen a los ortodoxos:
“Vuestras observancias anticuadas impiden al judaísmo hacerse aceptar y así nos hacen faltar al proselitismo que debemos ejercer” (Arch. Isr., p. 448, año 1867).
Así pues, si los Talmudistas difieren de los liberales, es sólo en el punto de saber cuál es el mejor medio que emplear para servir a la misión que Israel pretende haber recibido. Conocemos esta misión, es preparar las vías a aquel a quien esperan con ansias, su mesías. Los talmudistas siguen esperando un mesías en carne y hueso que los hará dueños del universo; los liberales dicen que no hay otro mesías que esperar sino la Revolución, cuyos “principios” disuelven todas las sociedades y preparan su universal imperio. Para difundir estos “principios” modernos, para hacerlos dar los frutos esperados, estiman necesario deshacerse ellos mismos de las observancias a las cuales sus padres se habían sometido cuando creían que su fidelidad apresuraría la llegada del mesías personal. Es un equipaje voluminoso, y además el judío a la antigua moda no podía “hacerse aceptar”. Hace falta conseguir sin embargo hacerse aceptable a los grupos humanos con los que quiere ejercerse un “proselitismo”.
Primera página de 1893 del periódico “antisemita” francés La libre parole, fundado por Édouard Drumont, mostrando la ambición judía de dominar el mundo.
¿En qué consiste este proselitismo? ¿En incitar a fieles de las diversas religiones a entrar en el judaísmo? A los judíos nunca se le ocurrió hacer esta clase de proselitismo: ellos son un pueblo, una raza aparte, “la primera aristocracia del mundo”, los únicos hombres verdaderos; nunca tuvieron la intención de elevar hasta ellos a seres que de humanos no tienen más que la apariencia (15).
Lo que tienen en vista, es el dominio. Para establecer este dominio, no basta con aniquilar el patriotismo en los corazones, hace falta además y sobre todo apagar la fe religiosa, pues nada da al hombre tanta dignidad e independencia como su unión con DIOS por la fe y caridad; hace falta llevar a los hombres a lo que uno de ellos ha llamado muy bien “la iglesia del librepensamiento religioso”.
Admirad este acercamiento: librepensamiento y religión. Saben que el hombre es naturalmente religioso, y que no se puede destruir su naturaleza; hace falta contentarse pues, y basta con traer a los hombres de todas las religiones a una religiosidad vaga donde cada uno creerá lo que le agrade creer y rinda a la divinidad el culto que le será conveniente rendir. “Cada uno, siguiendo su conciencia, conservará las prácticas del culto rendido al DIOS único e inmaterial, o las reformará según los principios de un israelitismo liberal y humanitario”. Gracias a la amplitud de esta “libertad práctica, el progreso brotará y la religión universal resaltará sin que ninguna conciencia haya sido perturbada” realmente. (Arch. Isr., III, P. 118-119, año 1868).
Aquí tenemos otra palabra muy característica, y que acaba de iluminar el pensamiento de Israel y el fin que persigue: “Religión universal”. La religión universal es la religión católica. “El israelitismo liberal y humanitario” quiere sustituir el verdadero catolicismo con una Iglesia Católica a su guisa: católica porque todos podrán entrar y todos estarán de acuerdo, visto que ella no impondrá ningún dogma. “Es indispensable sobre todo separar distintamente la moral que pertenece a todos, del dogma religioso particular a cada creencia” (Arch. Isr., XI, p. 504, año 1867).
Tales son las ideas de los judíos de hoy, tales son sus proyectos, expuestos por ellos mismos, y que por otra parte huelga ver escritos en las publicaciones hechas por ellos y para ellos. Basta abrir los ojos a lo que pasa desde hace un siglo y sobre todo desde hace veinte años en el mundo político y en el mundo de las ideas para ver el inmenso esfuerzo hecho para abolir todo rastro de fe en las instituciones y en las almas.
Este esfuerzo recibe su impulso y su dirección del judaísmo. El judaísmo mismo lo dice sin disimulos:
“La Alianza Israelita Universal no se detiene en nuestro culto solo, se dirige a todos los cultos. Quiere penetrar en todas las religiones, como penetra en todas las comarcas... que los hombres iluminados, sin distinción de culto, se unan en esta Asociación Israelita Universal, cuyo fin es tan noble y tan ampliamente civilizador... Reconocer que todas las religiones que tienen la moral por base y a DIOS por cumbre, son hermanas y deben ser amigas entre sí; HACER CAER LAS BARRERAS QUE SEPARAN lo que debe reunirse un día! (16): ESTA ES LA HERMOSA Y GRANDE MISIÓN de nuestra Alianza Israelita Universal. Marchemos firmes y resueltos en la vía que tenemos trazada” (Arch. Isr. XXV, pp. 514-520, 600-651, año 1861).
“Por fin han llegado los tiempos en que los hechos se apresuran a responder a las palabras: el más vasto y más maravilloso de los templos, un templo cuyas piedras están vivas y dotadas de pensamiento, se eleva para recibir en su elástico recinto, bajo la bandera por siempre sagrada de la razón y la filosofía, todo lo que el género humano encierra en su seno de generoso, de hostil al misterio y a la ignorancia, de verdaderos hijos de la luz y la libertad” (Archivos israelitas, XXIV, p. 1074. Año. 1866.)
En este mismo año, un judío, descontando ya el triunfo, exclamaba en su entusiasmo:
¡Que por todas partes se eleven templos, recibiendo en su recinto a todos los hombres sin distinción de origen religioso! Que todos los corazones, repletos de los mismos sentimientos de amor, se desahoguen delante del mismo Dios, Padre de todos los seres. Que todos se alimenten de los mismos principios de virtud, moral y religión, y los odios de las sectas desaparecerán, y la armonía reinará en la tierra, y LOS TIEMPOS MESIÁNICOS, predichos por los profetas de Israel, SERÁN REALIZADOS.
Los Archivos Israelitas publicando estas palabras de Hippolyte Rodrigues, admiran la grandeza, la elevación y la generosidad de las ideas que las han inspirado. (XIV, p. 628-629, año 1886).
La obra tan documentada del Sr. des Mousseaux: El judío, el judaísmo y la judaización de los pueblos cristianos, es la fuente de las citas que acabamos de hacer. Son concluyentes, marcan del modo más claro el fin perseguido hoy día por el judaísmo cuando se esfuerza en penetrar en todas las religiones, para enervarlas y deshuesarlas de alguna manera, disgregando el dogma para sólo dejar en las almas sentimientos y en la sociedad una moral que, por no apoyarse más sobre la roca de la verdad, flotará a la merced de todas las pasiones. Y como no hay en realidad más que una sola Iglesia que tenga dogmas, que tenga al menos la totalidad de las verdades reveladas de las que las demás asociaciones religiosas sólo conservan más o menos de fragmentos, el esfuerzo de Israel está todo dirigido contra el catolicismo.
¿Puede ya contar con algunos éxitos en su audaz y criminal empresa? Puede verse empezar ya a formarse, dentro de la sociedad cristiana, este vago sistema, esta vaporosa forma de religión a la cual los judíos querrían llevar a todos los hombres?
El Revdo. P. Klein ha publicado hace unos años un libro intitulado NUEVAS TENDENCIAS EN RELIGIÓN Y LITERATURA. Ha mostrado con numerosas Citas que existe actualmente en Francia, en el mundo de los intelectuales, una corriente que él llama “el movimiento neocristiano”, es decir:
este estado de ánimo cuyo síntoma más general, si no el carácter esencial, parece ser la pretensión de renovar el sentimiento religioso, de desprender de las trabas del dogma las hermosuras de la moral cristiana, y de quitar el gobierno de nuestra vida a la razón, que ha dado sus muestras de impotencia, para entregarlas místicamente a la voluntad y al amor.
Entre quienes se dejan llevar por este movimiento hay algunos que, como el Sr. de Vogué y el Sr. Rod, creen que “la Iglesia seguirá conservando y propagando la moral evangélica”. Hay otros que piensan que “la Iglesia no consentirá en los progresos que tendría que hacer para retomar la dirección moral de los espíritus, y en consecuencia será sustituida en esta misión por otros menos indignos”.
¿Cuáles serían estos otros?
El Sr. Desjardins imagina una aristocracia intelectual a la que estaría entregada la dirección de la humanidad. Comprendería a todos los que creen en lo divino, cualquiera que sea su religión o filosofía. Son en primer lugar “todos los verdaderos cristianos y todos los verdaderos judíos, aferrados al espíritu profundo de su religión; luego los filósofos y poetas que afirman o cantan el ideal moral; los nuevos discípulos de Platón, de los estoicos y de Kant, tales como el Sr. Charles Secriton, el Sr. Renouvier: tales, también, como el Sr. Lachelier, o el Sr. Fouillée, o el Sr. Sully-Prud'homme”.
Bajo esta dirección, formando “la unanimidad” que él ansía y que los judíos saludan o bajo el nombre de “Iglesia universal” o de “librepensamiento religioso”, estarían “todos aquellos, célebres u oscuros, cuya vida, fuera de toda especulación, es una afirmación sólida de la posibilidad y de la suficiencia del bien”.
El Sr. James Darmesteter es más preciso en su Obra Les Prophètes d'Israël (Los profetas de Israel); dice que “la salvación religiosa y moral de la sociedad está en el retorno al profetismo, a la doctrina que fue la de los judíos en los siglos inmediatamente anteriores a JESUCRISTO”. Con sus dogmas anticuados -dice- “el catolicismo dejó de ser una fuerza de acción y de progreso”; y por otra parte la ciencia mostró sus debilidades. ¿Qué hacer pues? “El ALMA MODERNA no puede volverse atrás: ¡es por eso que DEBERÁ REMONTARSE A LOS PROFETAS DE ISRAEL!”
Los judíos podrían contar pues con el movimiento neocristiano y esperar llevarlo a los fines de la Alianza Israelita Universal, de que no parece muy alejado.
No hay que creer que este movimiento se restrinja a algunos dilettantes. El Rev. P. Klein dice:
Nos parece que en sí mismo el movimiento neocristiano depende demasiado directamente de la marcha de las ideas en esta última mitad de siglo, para ser atribuido sólo a la fantasía de un pequeño número de escritores. Ni siquiera sabemos si sería exagerado decir que responde al estado de ánimo de una muy gran parte de la juventud (17)”
Puede haber, y creemos que efectivamente hay, en varios de quienes se entregan a este movimiento o que lo imprimen, una gran sinceridad y una atracción real por el cristianismo, causada por el vacío que sienten en ellos y las decepciones que los sistemas filosóficos y científicos les han hecho experimentar. Estos hombres suben hacia la fe y deben ser alentados. ¿Pero sería recomendable dar el mismo aliento a quienes, ubicados en medio de la plena luz, darían pasos fuera de ella para ir delante de estos hermanos y tenderles la mano?
El sistema de propaganda religiosa que se ha llamado “Un catolicismo estadounidense”, es sospechoso de dar estos pasos hacia afuera. ¿Esta sospecha es fundada? Es lo que tenemos que examinar en este estudio.
Continúa...
Notas:
14) Su demostración estaba confirmada por la Renaissance philosophique, revista mensual de la masonería filosófica, en el número del 25 de enero de 1893. El autor del artículo, a continuación de otra revista de la secta, la Initiation, dice haber encontrado en la gnosis antigua y en los hindúes el “sentido místico” de todos los símbolos masónicos: mazo, triángulo, estrella, delantal, rosa-cruz, columnas, etc., etc.
15) Mons. Meurin, después de recordar que Carlile, una autoridad masónica, da la siguiente definición del nombre de judío: “Literalmente es el Dios del hombre”, pregunta: ¿Cuál es entonces el origen de este orgullo desenfrenado que lleva a los judíos a llamarse “la Humanidad por excelencia” y cada judío “un hombre verdadero”, por encima de toda criatura humana? No lo dudamos: es el misterio de Lucifer caído, repetido en el pueblo de DIOS caído.
16) Encontraremos estas mismas ideas expresadas por las mismas palabras en los discursos y textos de los americanistas.
17) Que se nos permita señalar aquí el peligro que hay en hacer perorar en los congresos de la juventud cristiana a universitarios que no están completamente libres del espíritu neocristiano.






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