sábado, 31 de enero de 2026

LA ALIANZA ISRAELITA UNIVERSAL Y LAS PATRIAS (III)

Continuamos con la publicación del capítulo 3 del Segundo Tomo del libro de Monseñor Henri Delassus


CAPÍTULO TERCERO

LA ALIANZA ISRAELITA UNIVERSAL Y LAS PATRIAS

Por lo que hemos visto, los judíos han fundado una obra tan vasta como el mundo, llamada Alianza Israelita Universal; y los hemos oído decirnos que por esta Alianza quieren penetrar en todas las religiones, como, de hecho, se encuentra que tienen un pie en todos los países del mundo.

Lo que esta Alianza persigue -dice el Univers israélite- es la unión de la sociedad humana en una fraternidad sólida y fiel. (VIII, P. 357, Ann. 1867.) Ésta es —vuelve a decir— “la gran obra de la humanidad”.

Observemos de pasada que la masonería tiene las mismas pretensiones y las expresa con las mismas palabras. Ella tampoco deja de hablar de obra humanitaria y de fraternidad universal.

Aprovechando su dispersión y su presencia sobre todos los puntos del globo, los judíos quieren ser en la humanidad algo así como una levadura que haga de la sociedad humana, actualmente dividida en naciones y religiones diversas, “una sola y sólida fraternidad”. Los Archivos israelitas dicen menos hipócritamente:

Una Jerusalén de nuevo orden, sentada santamente entre el Oriente y el Occidente, que debe SUSTITUIR a la doble ciudad de los Césares y los Papas (XXV, p. 600 -651. Año. 1861).

Todos los términos de esta definición merecen ser pesados.

La raza judía 
Jerusalén tiene la intención de establecer su reino sobre el mundo entero, Oriente y Occidente, sentando su soberanía sobre la ruina de todas las autoridades existentes, Césares y Papas. Todo poder debe desaparecer para hacer lugar al universal dominio de Judá, que sustituirá a todos los poderes existentes actualmente, tanto en el orden espiritual como en el orden temporal.

Éstas no son palabras vanas. El plan se ejecuta, gracias a la acción más que secular de las sociedades secretas, que son un instrumento tan poderoso en las manos de los judíos. Por eso la Iglesia siempre las ha condenado. Cosa asombrosa, los americanistas no tienen por las sociedades secretas la repulsión que sienten los demás católicos. En 1895 hicieron los más grandes esfuerzos por conseguir de la Santa Sede que las sociedades secretas, “caballeros del Trabajo”, fueran sustraídas a las censuras eclesiásticas. La respuesta definitiva de Roma fue:

Cualquiera que sea el daño que pueda resultar, los católicos deben salir de estas sociedades como que estas sociedades son intrínsecamente malas.

Las ideas modernas que la prensa no deja de propagar y de las que todos los espíritus llegan a ser infectados más o menos, favorecen no menos poderosamente los proyectos de los judíos. Las ideas preparan la vida a los acontecimientos; los acontecimientos, más o menos espontáneos, hacen avanzar “la obra”.

Para arruinar la “ciudad de los Césares” -léase “las patrias”-, nada más eficaz que los principios modernos.

¿Cuál es su idea principal? Que hay que abolir toda distinción entre los hombres; que no hay que considerar más en el hombre su calidad de francés, judío o alemán, de cristiano, judío o pagano; sino sólo su calidad de hombre y sus derechos en esta calidad: Los derechos del hombre.

La igualdad —nos dicen estos principios— es la ley suprema, es la única que el justo sentimiento de su dignidad permite a los seres inteligentes aceptar sin desmedro propio. Al fin y al cabo todos los hombres no son sino iguales; todo se valen los unos a los otros, y, por consiguiente, un inglés no debe ser para un francés sino el equivalente de todo otro francés, un miembro de la misma familia humana, un hermano a quien ni la ley de la naturaleza ni las leyes de la razón lo autorizan a preferir a un compatriota. Así sucederá con el alemán o el ruso, el asiático o el judío. El hombre verdaderamente digno del nombre de hombre, deja hoy de ver su patria en una faja de tierra limitada; todo país, todo pueblo tendrá también en su corazón un mismo derecho, y el único nombre del que tenga que gloriarse, el único que deba halagar su razón, es el de hombre, de ciudadano del mundo entero.

¿No son éstas las ideas que la Revolución ha esparcido por todas partes, las ideas que la masonería predica sin descanso, las ideas de las que se enorgullece el liberalismo?

La realización de estas ideas, realización que el concilio judío marcó como el término de los esfuerzos de Israel, debe hacer que los pueblos reunidos hasta aquí en cuerpo de nación lleguen a unificarse y a no más formar que una república universal y única. Esta república universal será gobernada infaliblemente por el pueblo judío, el único pueblo verdaderamente cosmopolita, universal, el único que al mismo tiempo resulta ser el pueblo que posee el oro, nervio de todo poder, instrumento de todo dominio.

Hace veinticinco años, el Golos de San Petersburgo acusaba a la Alianza Israelita Universal de ser el esbozo de esta república universal, el preludio de este gobierno único que Judá se propone establecer sobre las ruinas de los Estados cristianos judaizados (
10).

Le Juif, le judaïsme et la judaïsation des peuples chrétiens (Éd.1869) Roger Gougenot de Mousseaux

Garnier-Pagés, ministro de la República en 1848, declaró públicamente que “los masones querían acabar la obra gloriosa del establecimiento de la república; y que esta república era destinada a ser establecida en la Europa y sobre toda la superficie de la tierra”. J. Weil, jefe de los masones judíos, escribió:

Ejercemos una influencia poderosa sobre los movimientos de nuestro tiempo y sobre el progreso de la civilización hacia la republicanización de todos los pueblos.

El judío Louis Boerne decía al mismo tiempo:

Con mano poderosa hemos sacudido los pilares en que se basa el antiguo edificio de manera de hacerlo gemir (11).

El Hno ∴ Rouvier, presentando al gran maestre Garibaldi una diputación cosmopolita en Tours en octubre de 1870, expresaba las mismas ideas.

Los republicanos de Tours, unidos a los republicanos de España...vienen a saludar en Uds.... al gran ciudadano de la República universal, que más contribuyó a la liberación del pensamiento humano preparando la caída del poder temporal de los sacerdotes... Cuando nosotros, republicanos franceses, Italianos y españoles, hayamos vencido al enemigo común, el catolicismo, habremos puesto los fundamentos de esta gran federación humana a la que vendrán a asociarse los demócratas alemanes y que formará los Estados Unidos de Europa. Viva Garibaldi... ¡Viva la República universal!...

Cuando en abril de 1860 este Garibaldi había ido, con la connivencia de Inglaterra, a hacer una expedición a Sicilia, fue nombrado gran maestre de la masonería italiana y recibió en esta calidad sus instrucciones. Contenían lo siguiente:

Di ahora con nosotros nuestro juramento supremo:

Juro no tener otra patria que la patria universal.

Juro combatir a ultranza, siempre y por todas partes, los mojones fronterizos de las naciones, los mojones fronterizos de los campos, de las casas y de los talleres, y los mojones fronterizos de la familia.

Juro voltear, sacrificando mi vida, el mojón fronterizo donde humanicidas trazaron con sangre y lodo el nombre de Dios (12).

L'Ennemie Sociale: Histoire Documentée des Faits Et Gestes de la Franc-Maçonnerie de 1717-1890

La patria francesa parece más amenazada, más perseverante y pérfidamente atacada que ninguna otra, y eso por franceses, al parecer por los mismos que están en el poder o tienen acción sobre la opinión pública. ¿Cómo explicar que el caso Dreyfus no haya sido ahogado en su germen, cuando era evidente que favorecía los proyectos de nuestros enemigos y que desarrollaba la anarquía en el interior? ¿Cómo explicar que judíos, y judíos ya sospechosos a sus jefes, se hayan introducido en el Estado Mayor, cuando en las otras naciones, en Alemania, se los mantiene en los grados inferiores? ¿Cómo explicar que los gastos se hayan acrecentado, que se hayan multiplicado los préstamos, en plena paz, al punto de hacer casi imposible, en caso de guerra, la extracción de los mil millones que exige actualmente un ejército en campaña? ¿Cómo la incuria explicar con que se provee a la defensa de nuestras colonias y los extraños gobernadores que se les da? ¿Cómo explicar los esfuerzos hechos, de todas las maneras, para dividir el alma francesa? ¡La descomposición nacional es tan manifiesta, que los hombres más eminentes y al mismo tiempo más calmos han creído necesario, urgente, formar una Liga de la Patria francesa! En otros tiempos tal empresa habría parecido el hecho de algunos originales dedicados a la ridiculez.

Los principios de 89 han corrompido la idea de patria en los “intelectuales”, y un trabajo perseverante se esfuerza en arrancar su amor del corazón de los pequeños y de los simples.

Un hecho reciente muestra bien lo que se trama bajo este respecto.

Un Sr. Buisson fue al célebre congreso de Lausana a decir y escribir lo que sigue:

Hace falta que la madre de familia inculque temprano al niño la idea de que las armas, un sable, un fusil, un cañón, son instrumentos que debemos mirar con el mismo ojo con que consideramos en el castillo de Chillon los instrumentos de tortura empleados hace algunos siglos...

Y cuando no se verá más a millares de curiosos asistir a las revistas militares; cuando, en lugar de la admiración del título y de la hombrera, habréis acostumbrado al niño a decirse: “Un uniforme es una librea, y toda librea es ignominiosa, la del sacerdote y la del soldado, la del magistrado y la del lacayo”, entonces habréis hecho dar un paso a la opinión.

E igualmente, para detallar un poco más, querría a un Voltaire ocupado durante cincuenta años en tornar en ridículo reyes, guerras y ejércitos.

A falta de un genio, querría millares de hombres de buena voluntad, que tomaran como su deber extirpar estos vanos prejuicios de gloria y chauvinismo, todavía demasiado anclados en nuestro espíritu.

Ferdinand Buisson

Algún tiempo después fue hecha la ley de la escuela gratuita, obligatoria y laica. ¿Quién fue elegido entre todos los franceses para ser el director supremo de la enseñanza primaria en Francia? Este Sr. Buisson. El Sr. de Audiffret Pasquier se declaró asombrado de ello en el Senado, el Sr. J. Ferry tomó su defensa. Él y sus sucesores mantuvieron durante quince años el personaje en el puesto de director de la enseñanza primaria.

Más tarde, este señor se subió sobre un ataúd para desde allí hacer estallar de nuevo su odio contra el ejército francés, en nombre del sindicato Dreyfus. El ministerio, que habría podido, por lo menos, suspenderlo de sus funciones de profesor del Sorbona, se abstuvo de hacerlo. ¿Qué poder lo protegía? ¿Qué influencia mandó darle los medios de derramar sus ideas antipatrióticas en el alma de dos tercios de nuestros niños, obligados a ir a recibir las enseñanzas de aquellos a quienes él forma y dirige?

Se ven hoy los efectos de esta educación. El caso Dreyfus reveló lo que ahora está en el fondo de los corazones. Gritos de “¡Abajo Francia!” fueron reiteradamente proferidos en París y en otras partes; y sobre todo por jóvenes, no aislados, sino unidos por una comunidad de ideas que les hizo dar un nombre colectivo: “los anunciadores”, anunciadores del nuevo orden de cosas que ansiaban y que no conllevaría más patria, pues todas las patrias deben fundirse en la “república universal”.

Actuar sobre el espíritu de los niños por la enseñanza, actuar sobre el espíritu de los hombres hechos por los periódicos, sin duda es algo; pero si la persuasión es útil, ella pide, para tener toda su eficacia, que venga la acción a juntársele. Los judíos no la descuidan. En marzo de 1864 la revista Archives Israélites incitaba a sus correligionarios a echar una mirada sobre lo que se hacía entonces bajo la inspiración de sus jefes, y sobre el fin hacia el cual ellos dirigían las empresas de que se gloriaban los gobiernos de entonces, obedeciendo tan ciega como dócilmente al impulso oculto de los grandes conductores. Exclamaba con un entusiasmo muy justificado en ella:

. . . Pero miremos el horizonte y consideremos tres signos que nos impactan. Tres palabras, tres cosas tienen el poder de ocupar todos los entendimientos y absorber la atención del tiempo presente: NACIONALIDADES, CONGRESO, SUEZ. ¡Pues bien! la llave de este triple problema es Israel, es Jerusalén.

Jerusalén da igualmente la llave de la existencia monstruosa de un partido del extranjero que persigue en nosotros la disolución social para hacer de nuestra patria una presa fácil a quien quiera tomarla. Jerusalén da la llave de estos préstamos insensatos que nos han hecho contraer cuarenta millones de deudas, poniendo así nuestra agricultura, nuestra industria y nuestra existencia misma a la merced de nuestros acreedores.

¿Y bajo la inspiración de quién fue hecha la ley de crecimiento, cuyo fin es traer la ruina y muerte de las congregaciones que, por sus misiones y escuelas, difunden por todas partes el amor de Francia? ¿No es un medio seguro de aniquilar nuestra influencia en Oriente al provecho de las naciones protestantes y cismáticas, favorecidas contra nosotros porque Francia es católica, y porque una vez aniquilado el catolicismo, la conjuración anticristiana fácilmente prevalecerá sobre el resto?

¿No habría sido diferente la reorganización de nuestro ejército, si no hubiera ocurrido con la preocupación principal de incluir al clero? ¿Y quién tenía interés en debilitar a la vez el cuerpo eclesiástico y nuestro poder militar?

Claudio Jannet, coescritor con el padre Nicolas Deschamps de
"Sociedades secretas y sociedad" (1874-1876)

El Sr. Claudio Jannet, en la edición que dio de la obra del padre Deschamps “Sociedades secretas y sociedad”, dice:

Nunca, en ningún tiempo, los nombres de nación y de patria, de nacionalidad y de patriotismo, fueron más frecuentemente aclamados ni más enfáticamente celebrados que desde hace más o menos un siglo, bajo la influencia masónica; y sin embargo nunca los hombres de las sociedades secretas y de la revolución han trabajado más eficazmente para destruir, en todo lo que las constituye, las grandes cosas que estos nombres representan (13).

Y en otra parte:

Derribar todas las fronteras, abolir todas las nacionalidades, empezando por las más pequeñas, para hacer un solo Estado; borrar toda idea de patria, hacer común a todos la tierra entera, que pertenece a todos, romper, por la astucia, por la fuerza, todos los tratados, preparar todo para una vasta democracia cuyas razas diversas, embrutecidas por todos los géneros de inmoralidades, serán sólo de departamentos administrados por los altos grados y por el Anticristo, supremo dictador que se hizo su único dios, tal es el fin de las sociedades secretas.

Hemos invocado sólo los hechos que acaban de cumplirse, los hechos que todavía están presentes en la mente de todos y que no han dejado de preocupar a los verdaderos franceses. ¿Qué sería si alguien quisiera anotar uno a uno los hechos particulares y los acontecimientos públicos, las tesis doctrinales y los ruidos de opinión que, desde hace un siglo, vienen batiendo en brecha el patriotismo francés?

La idea de las nacionalidades nos hizo perder Alsacia y Lorena; y ahora se lanza esta otra idea de los Estados Unidos de Europa frente a los Estados Unidos de América. Cuando solo haya dos unidades en presencia, será fácil ponerlas en conflicto para llegar a la gran unidad humanitaria.

Aquí también puede comprobarse un extraño acercamiento entre las ideas de los americanistas y las tendencias de quienes obedecen al impulso dado por la Alianza Israelita Universal. El más ardiente promotor del americanismo, en un discurso pronunciado en 1894 en el Congreso científico internacional de los católicos en Bruselas, decía:

Hemos pensado que tendríamos la ocasión de dar al MUNDO ENTERO una gran lección. Cuando estudiamos el mapa de Europa, vemos allí marcadas pequeñas divisiones. Unas líneas atraviesan estos mapas en todos los sentidos. No indican solamente divisiones territoriales, significan también: celos, odio, hostilidad, división de los corazones, que se traducen en Dios sabe cuántos millones de hombres armados para destruir el mundo. Ahora, de todas estas naciones, la Providencia ha permitido la emigración a nuestro medio. Todas las naciones se encuentran representadas en nosotros; viven mezcladas entre sí, fraternalmente, sin hostilidad ninguna. Es el privilegio que DIOS ha dado a Estados Unidos de destruir estas tradiciones de celos nacionales que habéis perpetuado en Europa, para fundirlas en la unidad estadounidense.

Léase de esta manera:

El americanismo ha recibido de Dios la misión de dar al mundo entero esta lección: Llegaron los tiempos de desdeñar la herencia de los antepasados: abolid las fronteras, echad a todos los pueblos en el crisol de los derechos del hombre para fundirlos en la unidad humanitaria, como nos hemos fundido nosotros, emigrados de todos los países, en la unidad estadounidense. Y la paz reinará en el mundo.

Sí, la paz de la esclavitud bajo la tiranía de un hombre o una raza.

Como todas las demás ideas de los americanistas, la de la abolición de las fronteras parece sonreír a nuestros demócratas cristianos.

En un banquete que se dio el 13 de junio 1897 en París en el Palacio real, el Rev. P. Gayraud ha brindó “por la democracia cristiana de todos los países”. Expresó la esperanza de que “el partido democrático cristiano tendrá un día sus CONGRESOS INTERNACIONALES”.

Pero la defensa de las patrias, por alto que sea el interés que este tema presenta, no es lo de que queremos ocuparnos principalmente aquí; una pregunta más importante llama todavía nuestra atención.

Si hemos dicho una palabra del peligro que corre la patria, es para mostrar que si el programa de la Alianza Israelita Universal no es letra muerta sobre este primer punto, es razonable presumir que tampoco lo sea sobre el segundo.

Continúa...

Notas:

10) Ver Le juif, le judaisme et la judaisation du peuple chrétien, p. 456.

11) Ver Mons. Meurin, La Franc-Maconnerie, Synagogue de Satan, p. 197-198.

12) L'ennemie sociale, por M. Rosen, de raza judía.

 13) Innumerables pruebas de estas aserciones pueden leerse en la obra del P. Deschamps, refundido y continuado hasta los acontecimientos actuales por el añorado Sr. Claudio Jannet.
 

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