Por Monseñor Carlo Maria Viganò
Una élite subversiva se ha apoderado de los gobiernos de casi todos los países occidentales. Sus emisarios en los gobiernos consideran a sus propios ciudadanos como enemigos a extinguir mediante pandemias, guerras, hambrunas y criminalidad. Hace décadas que los globalistas reivindican orgullosamente la paternidad de los proyectos de despoblación, en el silencio cómplice de la prensa mainstream y de todas las instituciones civiles y religiosas. Y si los crímenes de la farsa psicopandémica y los fraudes de la emergencia climática son ya innegables, resulta ahora evidente que el sector a eliminar es precisamente el agroalimentario, hoy demasiado parcelado y por lo tanto, poco controlable a nivel global.
El Mercosur es un tratado de libre comercio con Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay en virtud del cual Europa será invadida por alimentos producidos por cultivos o ganaderías no sometidos a nuestras estrictas normas sanitarias. Su aprobación constituye un ataque a la agricultura, a la ganadería, a la pesca y a la salud de los ciudadanos europeos, que tendrá como resultado la destrucción del tejido socioeconómico de enteras Naciones y la dependencia alimentaria de las multinacionales del sector, todas referibles a los fondos de inversión BlackRock, Vanguard y StateStreet que están saqueando las tierras agrícolas.
El sometimiento de los gobernantes a los intereses de la élite globalista es aún más evidente ante la planificación de la sustitución étnica, perseguida con el fin de borrar la identidad religiosa, cultural, lingüística y económica de los Estados y poder controlar mejor a las masas. Desde Starmer a Macron, desde Rutte a Sánchez, desde Von der Leyen a Meloni, la vigilancia total está ya en fase de realización y se volverá irreversible con la introducción de la moneda digital y la obligación del ID único para el acceso a los servicios esenciales.
Expreso por lo tanto, mi pleno apoyo a las manifestaciones de protesta de los agricultores y ganaderos europeos y británicos, en estas semanas objeto de una verdadera y propia persecución despiadada e injustificada. Deseo que los ciudadanos brinden pleno respaldo a estas categorías particularmente afectadas, en primer lugar comprando directamente de ellos lo que producen, porque es gracias a su presencia que podemos comer de manera sana y evitar alimentos ultraprocesados o genéticamente modificados. Invito a boicotear a las empresas de la gran distribución que apoyan el Mercosur y penalizan la producción interna.
La Unión Europea es una asociación subversiva criminal: no puede ser “cambiada desde dentro”, debe simplemente ser arrasada.

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