En un contexto en el que intentan justificar la adaptación del Vaticano II al mundo moderno, Joseph Ratzinger describió y aceptó la evolución como una característica de la era moderna a la que la teología debe adaptarse. El extracto que compartimos no está fuera de contexto. En su libro “Fe y Futuro” no se critica esta actitud moderna como negativa. La presenta como un hecho consumado.
Abajo, las páginas del libro, y luego, la transcripción del texto resaltado.
El hombre de hoy mira hacia el futuro. Su lema es “progreso”, no “tradición”; “esperanza”, no “fe”. Conoce sin duda un cierto romanticismo del pasado. Le gusta rodearse de las joyas de la historia, pero todo esto sólo confirma que estas épocas ya están pasadas y que el reino del hombre de hoy es justamente el mañana, el mundo que él mismo se construye. Porque lo que se aguarda, en contraposición a la Iglesia primitiva, no es el reino de Dios, sino el reino del hombre, no la vuelta del Hijo de Dios, sino el definitivo resurgir de un orden humano racional, libre y fraterno [...] El hombre aguarda la salvación de sí mismo y parece estar a punto de dársela. Con el primado del futuro se une un primado de la praxis, un primado de la actividad humana superior a cualquier otra postura.
También la teología se abre cada vez más a esta postura; la ortopraxia deja en segundo lugar a la ortodoxia; la “escatopraxia” parece más importante que la escatología.
(Joseph Ratzinger, Fe y Futuro, Desclée De Brower, [fecha original de publicación 1971], edición 2007, págs. 61-62)
(Joseph Ratzinger, Fe y Futuro, Desclée De Brower, [fecha original de publicación 1971], edición 2007, págs. 61-62)



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