lunes, 23 de febrero de 2026

LOS NUEVOS ESTATUTOS MARIANOS REFLEJAN LA HEREJÍA DEL MODERNISMO

La Iglesia Católica es la única que ofrece el verdadero culto al Sagrado Corazón de Jesús a través del Inmaculado Corazón de María

Por Matthew McCusker


Los nuevos estatutos aprobados por el Vaticano se refieren a las devociones marianas como “expresiones del corazón humano” y las reformulan en términos de objetivos políticos humanos.

Estos objetivos incluyen el “diálogo entre culturas”, el “desarrollo integral de la persona humana en armonía con el medio ambiente” y la “fraternidad universal en la solidaridad, la justicia y la paz mundial”.

La reordenación de la devoción mariana hacia objetivos políticos “progresistas” se deriva directamente de la adopción del principio modernista de que “los orígenes del culto, las devociones, las peregrinaciones” se encuentran en “el corazón humano”.

El modernismo y los orígenes de la devoción religiosa

El preámbulo de los “nuevos estatutos” de la Pontificia Academia Mariana Internacional establece que la Academia considera con favor “las expresiones del corazón humano… que se manifiestan a través del culto, las devociones, las peregrinaciones y todas las formas artísticas”.

Esta formulación encapsula la doctrina modernista identificada y condenada por el Papa San Pío X en su carta encíclica de 1907 Pascendi Domenici Gregis.

El fundamento del modernismo es la convicción de que el intelecto humano no puede asentir con certeza a ninguna proposición que esté más allá del alcance de los fenómenos sensoriales.

Esto significa que el modernista debe rechazar la enseñanza de la Iglesia Católica de que la Religión Católica fue revelada al hombre por un Dios trascendente.

La explicación alternativa que proponen los modernistas es que todas las doctrinas religiosas tienen su origen en los “sentimientos del corazón humano”, es decir, en los sentimientos y experiencias internas del hombre.

La posición modernista fue resumida por San Pío X de la siguiente manera:

En efecto, todo fenómeno vital —y ya queda dicho que tal es la religión— reconoce por primer estimulante cierto impulso o indigencia, y por primera manifestación, ese movimiento del corazón que llamamos sentimiento.

Por esta razón, siendo Dios el objeto de la religión, síguese de lo expuesto que la fe, principio y fundamento de toda religión, reside en un sentimiento íntimo engendrado por la indigencia de lo divino [1].

El Papa continuó:

En consecuencia, el sentimiento religioso, que brota por vital inmanencia de los senos de la subconsciencia, es el germen de toda religión y la razón asimismo de todo cuanto en cada una haya habido o habrá [2].

En otras palabras, las doctrinas y prácticas religiosas son manifestaciones o expresiones de los sentimientos del corazón humano.

Éste es el contexto teológico en el que debe entenderse la afirmación citada de los “estatutos” del Vaticano.

El “culto al hombre”

La doctrina modernista, que sostiene que toda religión se origina en el corazón humano, cambia así el culto debido a Dios por el culto al hombre. Toda religión, desde la perspectiva modernista, sirve en última instancia al hombre.
 
Por lo tanto, en la siguiente frase de los “estatutos”, el Vaticano orienta la devoción mariana hacia fines políticos humanos. El Vaticano “se compromete a que el estudio y la piedad marianos no se reduzcan a un devocionalismo estéril, sino que den vida a lugares marianos que promuevan el bienestar y el desarrollo integral de la persona humana en armonía con el medio ambiente”.

Para el modernista, es imposible que un ser humano obtenga el verdadero conocimiento de un Dios trascendente ni se comunique directamente con él en la oración. Por lo tanto, la auténtica devoción católica se descarta como “devocionalismo estéril”. Esto se desprende lógicamente de la filosofía modernista que sustenta el texto. Siendo Dios incognoscible e inalcanzable, todas las devociones tradicionales deben considerarse “estériles”. No pueden alcanzar ningún fin ni producir ningún fruto.

La devoción mariana solo puede adquirir un propósito renovado cuando se orienta al servicio de los seres humanos. Por lo tanto, la Academia Pontificia “renovada” debe servir a la “fraternidad universal en la solidaridad, la justicia y la paz mundial”. La “mariología”, por su parte, será “una presencia necesaria para el diálogo entre culturas, capaz de nutrir la fraternidad y la paz”.

El enfoque adoptado hacia la devoción mariana en los “nuevos estatutos” refleja el adoptado hacia la devoción al Sagrado Corazón en Dilexit Nos.

En ese texto, Francisco presentó el Sagrado Corazón como una representación simbólica del corazón humano, entendido en el sentido modernista. De esta manera, propuso al hombre como objeto de culto bajo un símbolo vaciado de su significado tradicional.

Se puede encontrar un análisis completo y en profundidad de los fundamentos modernistas de Dilexit Nos aquí.

Dos religiones contradictorias

La Iglesia Católica enseña que la Religión Católica tiene su origen en Dios y nos conduce a Él. La Religión Católica, en última instancia, lleva al hombre a la felicidad perfecta en la visión eterna de Dios.

Los modernistas enseñan que la Religión Católica se origina en el hombre y conduce de vuelta al hombre. Por lo tanto, la religión modernista aleja de Dios y conduce a la muerte eterna.

El catolicismo y el modernismo conducen a extremos exactamente opuestos, pero el modernismo lo hace conservando formas externas de la doctrina y la práctica católicas, que están vacías de su verdadero significado.

Por eso, en 1907, el Papa San Pío X condenó a los modernistas como “los más perniciosos de todos los adversarios de la Iglesia” y lanzó una dura advertencia:

como ya hemos dicho, ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia. Añádase que han aplicado el hacha no a las ramas, ni tampoco a débiles renuevos, sino a la raíz misma; esto es, a la fe y a sus fibras más profundas. Mas una vez herida esa raíz de vida inmortal, se empeñan en que circule el virus por todo el árbol, y en tales proporciones que no hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper [3].

Los modernistas presentan una falsa devoción mariana y una falsa devoción a Cristo, en lugar de las establecidas y cultivadas por el Sagrado Magisterio de la Iglesia Católica. En lugar del culto que conduce a la vida eterna, sustituyen un programa político estéril que ni siquiera logrará el verdadero bienestar temporal del hombre.
 
En 1916, el reverendo Maciej Sieniatycki, sacerdote polaco y profesor de teología dogmática, previó las consecuencias si los católicos no atendían las advertencias del Papa San Pío X. Escribió:

Una Iglesia surgida según principios modernistas —si es que tales principios pudieran crear una verdadera comunidad religiosa, lo cual es muy dudoso— ya no sería la Iglesia de Cristo, sino una creación del siglo XX, basada en principios en parte protestantes, pero principalmente arraigados en una ideología de agnosticismo y positivismo, con fantasías místicas. Esta nueva iglesia podría tener un papa y obispos, pero serían meros títeres; podría hablar de dogmas, revelaciones y religión sobrenatural, pero estos serían términos desprovistos de su antiguo significado, palabras sin sustancia. ¿Cómo podría entonces afirmarse con certeza que la antigua Iglesia no cambió, sino que solo mejoró? Jamás; la Iglesia anterior sería destruida, y sobre sus ruinas se alzaría una asamblea religiosa del siglo XX que comenzaría su era con la llegada de los modernistas [4].

La Iglesia Católica, por supuesto, no puede ser destruida. Fue fundada por Jesucristo y dotada de los atributos de infalibilidad e indefectibilidad que conservará hasta la Segunda Venida. Pero puede disminuir temporalmente su tamaño o desaparecer de la vista, de la misma manera que el sol puede ser eclipsado brevemente por la luna, permaneciendo inmutable y sin dejar de emitir su luz.
 
La falsa devoción mariana y las corrupciones idólatras del Sagrado Corazón no proceden de la Iglesia Católica sino de los seguidores de la “nueva iglesia” de los modernistas que han usurpado el poder en el Vaticano.

Elijamos permanecer fieles a la Iglesia Católica, que es la única que ofrece el verdadero culto al Sagrado Corazón de Jesús a través del Inmaculado Corazón de María.

Notas:

1) Papa San Pío X, Pascendi Domenici Gregis, n° 5.

2) Papa San Pío X, Pascendi Domenici Gregis, n° 8.

3) Papa San Pío X, Pascendi Domenici Gregis, n° 2.

4) Padre Maciej Sieniatycki, profesor de Teología Dogmática, Przegląd Powszechny (1916). (Traducción al inglés del obispo Pierre Roy de la Misión Notre-Dame-de-Joie, New Brunswick.
 

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