lunes, 16 de febrero de 2026

¿CONTROLAS TU TELÉFONO O ÉL TE CONTROLA A TI?

Recuperar nuestra atención requiere reconocer que somos objeto de manipulación.

Por Gary Isbell


Nos aferramos a la anticuada idea de que la tecnología es un medio neutral y pasivo, esperando ser utilizado. Nos decimos que podemos dominarla, eligiendo cuándo publicar, desplazarnos, hacer clic o cerrar sesión. Estas ilusiones ignoran la despiadada eficiencia de la economía de la atención, que explota la biología básica para dominar nuestra atención.

De hecho, la atención humana es un bien escaso y valioso que las empresas compiten por captar. La publicidad y la recopilación de datos rodean a los consumidores. Cada aplicación de teléfono o dispositivo digital libra una guerra por la atención, utilizando un conjunto de herramientas diseñadas para ganar.

Tristan Harris, ex especialista en ética del diseño de Google, describió nuestros smartphones como “máquinas tragamonedas”. Funcionan con un sistema de recompensas, que incluye notificaciones, “me gusta” y otros trucos, para que sigamos usándolos, esperando un premio gordo de dopamina. A menudo desbloqueamos nuestros teléfonos para consultar el tiempo y acabamos unos minutos después inmersos en Facebook. El juego de la atención es manipulado desde el principio para favorecer a las plataformas.

La psicología del color

Una poderosa arma en el arsenal de Silicon Valley es el color. Nuestro cerebro prioriza los tonos brillantes y vibrantes que transmiten emoción, urgencia y recompensa. Por ello, nuestras pantallas a menudo parecen una bolsa de confites derramada.


Así como la industria cinematográfica usa el Technicolor para manipular las emociones del público, los desarrolladores de aplicaciones hacen lo mismo. Saben que el naranja y el azul generan tensión y que los tonos pastel evocan calma.

¿Qué hay detrás del relajante rosa del logo de Instagram? Está diseñado para ralentizar nuestro sistema endocrino y relajarnos. El rojo brillante de una notificación exige atención inmediata. Los colores funcionan porque somos organismos biológicos programados para responder a los estímulos. Como señaló Mack McKelvey de SalientMG: “No compramos las cajas de cereales en blanco y negro; compramos las estimulantes y coloridas”.

El costo de la adicción a la conexión

La dependencia digital se disparó durante los encierros obligatorios, ya que buscábamos conectarnos en medio del aislamiento. Esta dependencia ha dado lugar a un espectro de adicciones que están transformando nuestras vidas. Desde la necesidad compulsiva de estar al día con las redes sociales hasta el descuido de las responsabilidades del mundo real, el mundo digital está invadiendo el mundo físico. Los videojuegos, las apuestas en línea y la pornografía están disponibles con un solo click.

Los niños también son víctimas trágicas de la agresión digital. Los programas de dibujos animados utilizan colores hipersaturados para cautivar las mentes jóvenes y sobreestimular los cerebros en desarrollo. 

Hasta el 60 % de los adolescentes muestran signos de adicción al teléfono, con sus receptores de dopamina inundados por el ruido constante y colorido de la pantalla.

La solución en escala de grises

Una forma de romper el ciclo de estímulos es elegantemente sencilla, aunque podría decirse que dolorosa. Consiste en hacer que los teléfonos o dispositivos digitales sean aburridos.

Cambiar la pantalla del teléfono a escala de grises elimina los desencadenantes emocionales. Una pantalla monocromática rompe el ciclo de retroalimentación positiva. De repente, el feed de Instagram se parece mucho menos a una tienda de dulces y mucho más a una hoja de cálculo. Este sencillo truco limita la dosis de dopamina, reduciendo la necesidad de navegar sin pensar.

Este cambio es una forma eficaz de recuperar el control. No necesitamos destrozar el dispositivo; basta con bajar el volumen. Un teléfono gris es deliberadamente poco atractivo. Nos permite verlo como una herramienta en lugar de una fuente de estimulación emocional.

Si no controlamos nuestros dispositivos, inevitablemente ellos nos controlarán a nosotros. Sufriremos enfermedades modernas como la ansiedad, el “cuello de texto” (síndrome musculoesquelético provocado por mantener la cabeza inclinada hacia abajo y adelante durante mucho tiempo al usar smartphones, tablets o portátiles), la interrupción del sueño y el estrés del “doomscrolling” (el hábito de navegar compulsivamente por redes sociales o sitios de noticias).

Sobre todo, debemos llevar vidas más moderadas y pausadas. Debemos reducir nuestro apetito por la emoción constante y aumentar nuestro deseo de virtud. Recuperar nuestra atención requiere reconocer que somos objeto de manipulación. Entonces, tomamos medidas como configurar la pantalla en monocromo para vivir en la realidad, no en una fantasía similar a Matrix.
 

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