La pretensión de querer “delimitar un estatuto canónico” para la Fraternidad es absolutamente inaceptable y debe evitarse.
Por Carlo Maria Viganò
La declaración de la Dicasterio para la Doctrina de la Fe sobre la reunión con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X es una trampa venenosa impregnada de hipocresía modernista. Detrás de un falso espíritu de “diálogo”, busca exclusivamente impedir las consagraciones episcopales.
1 - Habla de “requisitos mínimos para la plena comunión con la Iglesia Católica”, como si existiera algún tipo de denominador común más bajo en la Fe íntegra e inmutable. No hay nada que discutir: la Fraternidad ya está en comunión con la Iglesia Católica de todos los tiempos. Es más bien el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, con su Prefecto Tucho Fernández, el que debe ser cuestionado y juzgado por haber pisoteado esos “requisitos mínimos”, abrazando errores conciliares y sinodales, subversión moral e idolatría.
2 - La pretensión de querer “delimitar un estatuto canónico” para la Fraternidad es absolutamente inaceptable y debe evitarse. Cualquier configuración canónica la entregaría a los tentáculos del actual “sistema” vaticano, con el objetivo de destruir toda resistencia tradicional. Lo hemos visto con las comunidades Ecclesia Dei, que han sido silenciadas o disueltas: sería un suicidio espiritual.
3 - Fernández cita la Constitución Dogmática Pastor Æternus del Concilio Vaticano I, reiterando especialmente la doctrina del poder papal “ordinario, supremo, pleno, universal, inmediato y directo”. ¡Qué hipócritas son aquellos que promueven la “sinodalidad”, considerando obsoleto el Vaticano I y un obstáculo para la unidad ecuménica con herejes y cismáticos! El doble rasero es descarado: por un lado, Tucho sostiene que el Vaticano II no puede ser revisado ni modificado, porque es la “conditio sine qua non” de la existencia misma de la iglesia conciliar y sinodal. Por otro lado, el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, con su documento “El Obispo de Roma”, teoriza una “reinterpretación” del Papado a la luz de la sinodalidad y el ecumenismo, contradiciendo esencialmente y revocando Pastor Æternus y todo el Magisterio concerniente al Pontífice Romano.
4 - El Derecho Canónico emerge patas arriba y subvertido: su principio cardinal ya no es la salvación de las almas —“Salus animarum suprema lex”— sino que se convierte en una herramienta para consolidar un poder autorreferencial y tiránico, y un arma para reprimir cualquier voz de disenso más que debida contra los subversivos que usurpan la autoridad en la Iglesia Católica. Aquí también el doble rasero es evidente: basta pensar en la connivencia de la Santa Sede con respecto a las ordenaciones episcopales de la Asociación Patriótica China o las escandalosas iniciativas cismáticas de la Conferencia Episcopal Alemana.
La reunión entre Tucho Fernández y el P. Davide Pagliarani pone de relieve la paradoja de los últimos sesenta años: aquellos declarados fuera de la Iglesia Católica conservan la Fe, y aquellos considerados en comunión con la Sede Apostólica —hasta el punto de ocupar sus más altos cargos— son en realidad herejes y apóstatas.
+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo
Viterbo, 14 de febrero de 2026
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