martes, 17 de febrero de 2026

PREVOST APRUEBA PROCESO DE BEATIFICACIÓN DE OBISPO DEPRAVADO

El diario de Labaka celebra el “nudismo bendito” y relata haber dormido desnudo junto a adolescentes normalizando el contacto sexual.

Por Chris Jackson


El 22 de mayo de 2025, León XIV autorizó al Dicasterio para las Causas de los Santos a promulgar un decreto reconociendo el “ofrecimiento de vida” de Alejandro Labaka Ugarte, capuchino, vicario apostólico de Aguarico, asesinado en Ecuador en 1987. Esa autorización es precisamente lo que hace avanzar una causa en la maquinaria oficial de la iglesia, colocando al hombre en el camino que desemboca en los altares, el culto litúrgico y un ejemplo a imitar.

Ahora viene la parte que revuelve el estómago

El 12 de febrero de 2026, InfoVaticana publicó extensos extractos atribuidos a los propios escritos de Labaka que describen su “método misionero” entre los huaorani, incluyendo pasajes que elogian el “nudismo bendito”, relatan su propia desnudez con ellos, describen su estado como “el Paraíso antes del pecado” y narran episodios de comportamiento explícitamente sexualizado con adolescentes que él afirma haber soportado con “naturalidad”.

No se trata de chismes hostiles de enemigos, sino de un hombre describiéndose a sí mismo.

El “nudismo bendito” y el anticatecismo de la inculturación

El lenguaje de Labaka, tal como se presenta, trata la modestia cristiana como un problema de vestimenta de la civilización. Los “harapos” son objeto de burla, la desnudez se convierte en una “bendición” y la Caída se convierte en algo que se puede suspender si la tribu se siente lo suficientemente “pura”.

La teología moral católica tradicional nunca se expresó así porque comprende algo que la Roma moderna ama olvidar. La modestia no es una “moda europea”, es una práctica de la castidad y el sacerdote tiene obligaciones que no se desvanecen en la selva. El deber de evitar el escándalo no se disuelve porque una cultura tenga costumbres diferentes. Un misionero puede aprender un idioma, comer lo que se le ponga delante, dormir en una choza, aceptar la pobreza, aceptar el peligro, aceptar el martirio, pero no puede santificar condiciones que invitan al pecado sexual, especialmente en presencia de jóvenes.

“Nudismo bendito” es un eslogan pervertido que baja las defensas y consiente la misma atmósfera que el ascetismo católico entrena a un sacerdote a resistir.

Las escenas del diario que deberían haber detenido todo

Según los extractos publicados por InfoVaticana, Labaka relata haberse bañado en presencia de “jóvenes y niños”, permitiendo una “curiosidad natural” que implica tocar y ver “en qué nos diferenciamos”, y narrando situaciones con chicos adolescentes que participan en “juegos” sexualizados, incluidos intentos de excitarlo, que culminaron en su decisión de compartir una cama desnudo bajo el mismo mosquitero con un joven al que previamente había rechazado debido a “intentos homosexuales provocativos”.

Una reacción católica comienza con principios básicos: un sacerdote no acepta las ocasiones cercanas al pecado aprovechándose de ellas, huye de ellas.

Un sacerdote no trata la agresión sexual adolescente como “una curiosidad cultural”, por el contrario, la detiene, se va, la denuncia, se retira, establece un límite claro.

Un sacerdote no permite que menores toquen su cuerpo “por curiosidad”, especialmente sus genitales, y luego narra ese episodio como una lección pastoral de “naturalidad”.

La conducta descrita es escandalosamente desordenada. El solo hecho de contarla, escrita como si la “dificultad” residiera en mantener la compostura al ser contada, revela la podredumbre. La santidad católica siempre ha sido reconocible, en parte, porque es alérgica a este tipo de intimidad abusiva. Los santos no coquetean con el fuego y luego llaman a las cenizas “inculturación”.
 

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