Esta obra de Luisa-Piccarreta que fue publicada por primera vez el año 1930, consta de treinta y un Meditaciones que serán publicadas -Dios mediante- cada cinco días.
VIGESIMA SEXTA MEDITACION – La Reina del Cielo en
el Reino de la Divina Voluntad.
La hora del dolor se aproxima. Separación dolorosa. Jesús
en su Vida pública.
EL ALMA A LA CELESTE MAMA:
Heme aquí contigo nuevamente, Mamá Reina. Hoy mi dulce Jesús
está por despedirse de Ti para dar principio a su Vida pública. Mamá
Santa, permite que yo asista a la despedida. Durante estas horas tan
tristes deseo que mi compañía sea consuelo a tu soledad, y mientras
estamos juntas Tú continuarás dándome tus bellas lecciones sobre la
Divina Voluntad.
LECCION DE LA REINA DEL CIELO:
Querida hija mía, tu compañía me será muy agradable porque veré
en ti el primer don de Jesús. Don formado por puro amor, fruto tanto
de su sacrificio como del mío, don que un día costará la misma Vida de
mi Unigénito.
Escúchame, hija, he aquí que a tu Mamá se aproxima un periodo
de dolor, de soledad y de largas separaciones del sumo Bien Jesús.
Los años de su vida oculta habían llegado a su término y el amor le
hacía sentir la irresistible necesidad de salir para ir en busca del mísero
hombre perdido en el laberinto de su voluntad y preso en todos los
males. El querido San José había ya muerto, mi querido Jesús se iba a
ausentar y Yo quedaba sola en la tranquila casita.
Cuando mi amado Jesús me pidió la obediencia de partir Yo sentí
un intenso dolor en mi Corazón; pero sabiendo que esa era la Voluntad
de Dios no dudé ni un instante y pronuncié de inmediato mi FIAT. Y
nos separamos así: en la hoguera de su ternísimo amor El me bendijo
y me dejó; Yo lo acompañé con mi mirada hasta que pude y después,
retirándome, me abandoné al Supremo Querer que era mi Vida, pero,
¡oh Potencia del FIAT Divino!, este Santo Querer no me dejaba perder
nunca de vista a mi Hijo, ni El me perdía de vista a Mí. Yo sentía sus
latidos en los míos y Jesús sentía mis latidos en los suyos...
Querida hija, lo que el Santo Querer de Dios concede no está sujeto
ni a acabar ni a sufrir separación, sus dones son permanentes y eternos;
por eso, nada me hubiera podido privar de mi Jesús, ni la muerte, ni
el dolor, ni la distancia, porque el Querer Divino me lo había dado.
Nuestra separación era sólo aparente, pero en realidad permanecíamos
fundidos el uno en el otro porque estábamos animados por un solo
Querer!
La luz de la Divina Voluntad me hacía ver con cuánta ingratitud los
hombres acogían a mi Hijo. El había tomado camino hacia Jerusalén
y su primera visita la había dedicado al Templo santo en el cual se
iniciaba su predicación.
Pero... ¡oh dolor!, su palabra, llena de vida, portadora de paz,
de amor y de orden era falsamente interpretada, era escuchada con
desconfianza y con malicia, especialmente por parte de los sabios y los
doctos de aquellos tiempos. Cuando mi Hijo afirmaba que era el Hijo
de Dios, que era el Verbo del Padre, que era Aquél que había venido a
salvarlos, ellos se irritaban hasta el punto de querer aniquilarlo con sus
miradas furibundas.
¡Oh, cómo sufría entonces mi amado Jesús! Viendo que su palabra
creadora era rechazada, El sufría dolores y heridas de muerte. Y Yo, que
todo observaba, no pudiendo resistir el espectáculo de aquel Corazón
Divino que sangraba le ofrecía mi corazón materno para consolarlo,
para no dejarlo sucumbir y para recibir en su lugar esas mismas heridas.
¡Oh, cuántas veces después de que había hablado a las muchedumbres
Yo lo veía olvidado por todos, sin ningún consuelo, solo, solo..., fuera
de los muros de la ciudad! Bajo el manto del cielo estrellado El lloraba
e imploraba la salvación de todos. Y tu Mamá, hija mía querida, desde
su casita participaba en sus dolores y mediante la luz del FIAT Divino
le enviaba sus lágrimas para consolarlo, sus abrazos y sus besos para
confortarlo.
Mi dulce Jesús viéndose rechazado por los grandes y los doctos
no se detuvo, su amor quería, exigía almas y, por eso, El se rodeó de
pobres, de afligidos, de enfermos, de cojos, de ciegos, de mudos, de
oprimidos, quienes no eran otra cosa que las imágenes vivientes de los
innumerables males que el humano querer había producido en ellos. Y
Jesús, sanando, consolando e instruyendo a todos, vino a ser pronto el
Amigo, el Padre, el Médico y el Maestro de los pobres.
Hija mía, así como fueron los pastores los que primeramente
dieron la bienvenida a Jesús, así fueron también los pobres quienes lo
siguieron en los últimos años de su vida terrena. Los indigentes, los
ignorantes son los más sencillos, los más desapegados de sus propios
juicios y por eso son los más favorecidos, los mayormente bendecidos
y los amigos más queridos de mi Hijo. ¿No escogió acaso El como sus Apóstoles y como sólidos cimientos de su Iglesia naciente a un
pequeño grupo de pobres pescadores?
Querida mía, es imposible narrarte detalladamente todo lo que
Jesús y Yo obramos y sufrimos juntos durante estos tres años de su vida
pública...!
Lo que te recomiendo es que el FIAT Divino sea el principio, el
medio y el fin de cada uno de tus actos; y así como en el FIAT Yo
encontré la fuerza para alejarme de mi Hijo y cumplir el sacrificio, así
tú también encontrarás la fuerza para soportar cualquier pena, aun a
costa de tu vida!
Da tu palabra a tu Mamá que te encontrarás siempre en la Divina
Voluntad y Yo te aseguro que también tú sentirás la inseparabilidad de
Mí y de nuestro Sumo Bien Jesús.
EL ALMA:
Mamá dulcísima, te compadezco al verte sufrir tanto. ¡Ah, te pido
que derrames tus lágrimas y las de Jesús en mi alma para purificarla y
encerrarla en el FIAT Divino!
PRACTICA:
Para honrarme y para hacerme compañía en mi soledad me darás
todas tus penas, y por cada una de ellas repetirás: “Te amo, Jesús mío;
te amo, Mamá mía...”
JACULATORIA:
Mamá divina, tus palabras y las de Jesús desciendan a mi corazón
y formen en mí el Reino del Divino Querer.
Continúa...

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