Por Monseñor Carlo Maria Viganò
En un momento en que la red de crimen y corrupción revelada por los archivos de Jeffrey Epstein muestra la presencia constante de abusadores que pueden ser chantajeados por sus atroces delitos, el Vaticano de Prevost no tiene intención de desviarse de la línea de Bergoglio, basada precisamente en el encubrimiento y la chantajeabilidad de sus colaboradores corruptos.
Desde 2002, en mi calidad de Delegado para las Representaciones Pontificias, he informado a los Superiores del Secretariado de Estado sobre los delitos en los que estaba involucrado Edgar Peña Parra, en particular el abuso de dos seminaristas menores y la muerte violenta de dos homosexuales. El abuso de los dos jóvenes seminaristas fue confirmado tras mis investigaciones adicionales por el entonces rector del Seminario Mayor de Maracaibo, el reverendo Enrique Pérez, y por un comité de laicos que enviaron un sustancioso expediente sobre el asunto al Secretariado de Estado.
Mis informes urgentes se multiplicaron en los años siguientes, pero cayeron en saco roto. En 2011, Peña Parra fue ordenado “obispo”, promovido a “arzobispo” y “nuncio apostólico”, cuando el actual Secretario de Estado, Pietro Parolin, era el “nuncio” precisamente allí en Venezuela. A lo largo de todos estos años, tanto Parolin como los diversos Sustitutos han sido responsables de encubrir el expediente sobre Peña Parra, que se guarda en los archivos de la Nunciatura en Caracas y en los del Secretariado de Estado.
En mi Testimonio del 22 de agosto de 2018, informé una vez más con detalle toda la historia de Peña Parra, quien en el ínterin había sido promovido por Bergoglio al alto cargo de Sustituto del Secretariado de Estado.
Promoverlo ahora a “Nuncio Apostólico” en Italia significaría ratificar la protección que este vergonzoso personaje ha disfrutado hasta ahora, renovando el ultraje a sus víctimas que aún esperan justicia.
¿Cómo pretende proceder Leon? ¿Qué mensaje enviará a los pervertidos y corruptos dentro y fuera de la Curia Romana si decide promover a Peña Parra, después de docenas de promociones similares por parte de su predecesor Bergoglio?
Peña Parra debe ser juzgado, apartado de todos los cargos y condenado al castigo más severo, a fin de enviar una verdadera señal de cambio que no se limite a palabras vacías.
El gobierno italiano, por su parte, debe rechazar inequívocamente este nombramiento negándose a aceptarlo. Aceptar la nominación de Peña Parra como “Nuncio Apostólico” haría al gobierno italiano cómplice de aquellos que vergonzosamente continúan encubriendo sus delitos con una promoción indigna.

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