Por James Bascom
El mundo sufre una terrible crisis de masculinidad. Muchos jóvenes deambulan sin rumbo, inseguros de sí mismos y de su papel en la sociedad. En todo el mundo, cada vez menos hombres alcanzan los hitos tradicionales de la adultez, como graduarse de la escuela secundaria y la universidad, incorporarse al mundo laboral, casarse y formar una familia. Muchos hombres carecen tanto de un propósito en la vida como del deseo de perseguirlo. En cambio, se han desconectado de la sociedad, viviendo a expensas de sus padres o novias y dedicando su tiempo a consumir drogas o jugar videojuegos. Pero no siempre fue así.
Hay un hombre en la historia cuya vida es a la vez un reproche a las mentiras feministas y progresistas sobre la verdadera masculinidad y un modelo supremo de masculinidad santa y católica: San José, padrastro del Niño Jesús y esposo de la Santísima Virgen María. A continuación, se presentan cinco maneras en que San José puede ayudar a los jóvenes a adquirir la verdadera masculinidad católica y alcanzar la santidad.
1. Después de la Virgen María, San José es el intercesor más poderoso ante Dios.
En su encíclica Quamquam pluries del 15 de agosto de 1889, el Papa León XIII afirmó que la Santísima Virgen María posee la más alta dignidad de todas las criaturas, tanto ángeles como hombres. “Es cierto que la dignidad de Madre de Dios llega tan alto que nada puede existir más sublime; mas, porque entre la santísima Virgen y José se estrechó un lazo conyugal, no hay duda de que a aquella altísima dignidad, por la que la Madre de Dios supera con mucho a todas las criaturas, él se acercó más que ningún otro”. El Pontífice explica que el matrimonio confiere una comunidad de dones entre los esposos. Así, San José, como verdadero esposo, protector y compañero de Nuestra Señora, también fue designado “para que participase, por medio del pacto conyugal, en la excelsa grandeza de ella”.
Otros Papas han promovido la devoción a San José, entre ellos el Beato Pío IX, San Pío X y el Papa Pío XI. En nuestros tiempos, donde el vicio, el satanismo y la apostasía están por doquier, necesitamos toda la ayuda posible. San José no es un santo cualquiera, sino el santo más excelso de la historia después de la Virgen María. A ella y a su Divino Hijo les complace enormemente que lo honremos y recurramos a su intercesión.
2. San José es el santo patrón de la pureza.
La inmoralidad sexual nunca ha estado tan extendida. Es uno de los pecados más comunes y el que lleva más almas al infierno, según Nuestra Señora de Fátima.
San José es el ejemplo perfecto de un hombre fuerte y casto. Muchos Padres y Doctores de la Iglesia, entre ellos San Agustín y San Jerónimo, enseñaron que San José, quien protegió la virginidad de la Virgen María, era virgen y un hombre de pureza inmaculada.
Según la Tradición Católica, la Virgen María pasó su infancia sirviendo a Dios en el Templo de Jerusalén hasta los catorce años, cuando le presentaron varios pretendientes. Cada uno pertenecía a la casa de David y portaba un báculo durante la oración. Cuando José se presentó ante ella, el báculo que portaba floreció con flores blancas (generalmente representadas como lirios), indicando al sacerdote que él era el hombre elegido por Dios para ser su esposo. La Virgen María es la Reina de las Vírgenes y la más pura de las criaturas de Dios, por lo que es apropiado que el hombre llamado a ser su esposo y protector sea también el más casto de los hombres.
3. San José es el protector de la Sagrada Familia y de la Iglesia.
Aunque San José era menos que la Virgen María en gracia y virtud, como su esposo y padrastro de su hijo, era por naturaleza la cabeza y la verdadera autoridad de la Sagrada Familia. Si Dios eligió a la Virgen María de entre todas las mujeres para ser su Madre, es lógico pensar que también eligió a San José de entre todos los hombres. La Sagrada Escritura se refiere a él como “un hombre justo”, y Dios solo habría elegido como padrastro del Verbo Encarnado al hombre más varonil, prudente, valiente, íntegro, virtuoso y excelente que jamás haya existido.
Fue San José quien cumplió fielmente su papel de protector de la Sagrada Familia. Los proveyó con su trabajo de carpintero y los protegió del peligro durante la huida a Egipto. Como escribió León XIII: “Es, pues, natural y digno que, así como el bienaventurado José atendió todas las necesidades de la familia en Nazaret y la rodeó con su protección, ahora cubra con el manto de su patrocinio celestial y defienda a la Iglesia de Jesucristo”.
En nuestros tiempos, la Iglesia es atacada desde fuera y traicionada desde dentro. La devoción a San José es más necesaria que nunca en estos tiempos de confusión.
4. San José es un modelo de verdadera hombría católica.
San José fue la personificación de las virtudes masculinas. Fue un verdadero padre, no de carne, sino el padrastro legal de Nuestro Señor. Fue modelo de sacrificio, fortaleza, autoridad, bondad y virtud al servicio de quienes estaban bajo su cuidado. Y, sobre todo, fue un hombre de gran amor por Dios. No vivió para sí mismo, sino que estaba lleno de celo por el gran plan de salvación de Dios que se desplegaba ante sus ojos. Sin duda, fue un esposo y padre amoroso, lleno de bondad y compasión. Al mismo tiempo, fue un hombre de total intransigencia contra el mal, el pecado y los enemigos de Dios y de su Iglesia. En resumen, San José fue el caballero perfecto. Por estas razones, San José es un modelo perfecto para los hombres en una sociedad que ha olvidado la verdadera hombría católica.
5. San José fue un hombre obediente y confiado.
Hoy en día, un falso ideal de masculinidad afirma que un hombre de verdad es como un actor de Hollywood que solo obedece sus propios caprichos y vicios. Este tipo de hombre no depende de nadie más que de sí mismo, de su propia fuerza y cualidades. Piensa que la sumisión a otro es solo para los débiles y necios.
Nada más alejado de la verdadera hombría católica. Las Escrituras no registran palabra alguna pronunciada por San José. En cambio, Dios envió ángeles para comunicarse con él en sueños. Pero lo que destaca en su vida fue su espíritu de obediencia. No se atrevió a cuestionar ni a exigir más explicaciones sobre los Mandamientos de Dios; simplemente los obedeció, de inmediato y completamente. Se requiere valor y amor a Dios para obedecer a la autoridad legítima y sacrificar la propia voluntad a la de otro.
San José también fue un hombre de profunda fe en Dios. Al ver que la Virgen estaba encinta, confió en Dios aun cuando no comprendía el misterio de la Encarnación. Al no encontrar mejor refugio que los establos de Belén para el nacimiento del Niño Jesús, jamás dudó de la Divina Providencia. Cuando el ángel le ordenó huir a Egipto, no vaciló ni un instante. Los hombres de hoy, que a menudo oscilan entre la orgullosa autoconfianza y la paralizante inseguridad, harían bien en imitar la obediencia y la confianza de San José en Dios.
San José fue un hombre ejemplar para todos los tiempos, un esposo, padre, protector, proveedor y santo modelo. Que los hombres de hoy crezcan en devoción a él y luchen contra las mentiras de la revolución sexual.
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