CAPÍTULO OCTAVO
CÓMO QUIEREN PROCURAR LA EXPANSIÓN EXTERIOR DEL CRISTIANISMO LOS AMERICANISTAS
Anunciando en la Quinzaine la Vida del P. Hecker, Don Klein la presentó a sus lectores como el libro más propio para hacerles comprender “la evolución actual de la humanidad” y la naturaleza “de los estudios y reformas que las nuevas condiciones del mundo, una vez bien comprendidas, imponen, sin resistencia posible, a todos los que quieren promover el ADELANTO INTERIOR Y LA EXPANSIÓN EXTERIOR del cristianismo”. “Ni un solo libro publicado desde hace cincuenta años -añadía- proyecta una luz más viva sobre el estado presente de la humanidad o sobre la EVOLUCIÓN RELIGIOSA del mundo, sobre las relaciones íntimas de Dios con el alma moderna o sobre las condiciones actuales del progreso de la Iglesia. (Prefacio).
Que el progreso en el interior como en el exterior sea deseable en la Iglesia como en toda institución, lo hemos reconocido con san Vicente de Lérins. Que todo progreso, toda marcha hacia adelante, en todo orden de cosas, exija estudios, y a menudo aún reformas -es decir el sacrificio de las cosas que dejan de ser útiles o que hasta han sido deformadas y corrompidas por la acción del tiempo- nadie lo contradecirá. Que en la Iglesia estas reformas deban estudiarse según la evolución de la humanidad, eso puede decirse todavía. Que deban modelarse según esta evolución humana con el objeto de conseguir una evolución religiosa correspondiente, parece sentencia poco aceptable; pero dejemos la sentencia y vayamos a la cosa.
¿Cuáles son pues, al sentir de los doctores del americanismo, las reformas que se imponen actualmente sin resistencia posible a todos los que quieren promover 1° el adelanto interior y 2° la expansión exterior del cristianismo? Es lo que tenemos que preguntarles en este capítulo y los sucesivos. Los oiremos decirnos en primer lugar cuáles son, a su sentir, las condiciones actuales del progreso de la Iglesia en el exterior o de su expansión en el mundo, luego qué cambios “la evolución actual del mundo” debe aportar “en las relaciones íntimas de DIOS con el alma moderna” para procurar “el adelanto interior del cristianismo”.
Aunque la jerarquía católica esté sólidamente establecida, puede decirse que Estados Unidos es todavía un país de misión; el clero católico está por así decir ahogado en medio de una población inmensa enardecida -como acaso ningún otro pueblo lo haya estado jamás- en la persecución de las riquezas de este mundo. La mayoría son indiferentes a sus intereses eternos: otros, entregándose a todo viento de doctrina, son presa de todas las aberraciones religiosas posibles.
Basta decir que el proselitismo se impone allí más que en otra parte; y debe hacerse esta justicia al P. Hecker: reconocer que el celo apostólico fue la pasión de su vida y la causa determinante de la creación de la Congregación de los Paulistas.
Este celo -parece- debería dirigirse en primer lugar a los inmigrantes católicos, para mantenerlos en la fe de su bautismo y primera comunión. El párroco estadounidense de que hemos hablado ya, escribía en la carta que hemos citado:
Si todos los emigrantes católicos a los Estados Unidos con sus descendientes hubieran permanecido fieles a su fe, los católicos deberían contarse por el número de alrededor de veintiséis millones, mientras que en realidad no hay más que alrededor de diez millones.
El celo del P. Hecker y sus discípulos se dirigió a otra parte: como protestante convertido que había pertenecido a todas las sectas religiosas y políticas, se volvió hacia sus antiguos correligionarios para traerlos al redil donde había tenido la dicha de entrar él mismo. Nadie pensará en censurárselo: en la Iglesia de DIOS hay diversidad de vocaciones y dones.
No sólo se aplicó a la conversión de los protestantes y aplicó a ello su Congregación, sino que en su celo creyó tener por deber estimular a la Iglesia entera y hasta trazarle nuevas vías de apostolado para llegar más prontamente a la realización del voto de Nuestro Señor: unidad de rebaño, en un mismo redil, bajo un solo Pastor.
Estas vías nuevas, ¿conservan en su novedad la rectitud necesaria? Es lícito dudarlo. El P. Hecker decía
Yo querría abrir las puertas de la Iglesia a los racionalistas; me parecen cerradas para ellos. Siento que soy el pionero que abrirá el camino. Me colé en la Iglesia como de contrabando. (Pág. 348) (30)
Su biógrafo, explicando estas palabras, añade:
Él habría querido ABOLIR LA ADUANA, hacer la entrada de la Iglesia fácil y ancha a todos los que habían conservado sólo su razón por guía.
Mons. Keane no habla de otra manera. En un artículo publicado en el Boletín del Instituto Católico de París, decía:
Puesto que un rasgo distintivo de la misión de Estados Unidos es, MEDIANTE LA DESTRUCCIÓN DE LAS BARRERAS y hostilidades que separan las razas, el retorno a la unidad de los hijos de Dios divididos por mucho tiempo, ¿por qué algo análogo no podría hacerse en lo que concierne a las divisiones y hostilidades religiosas? ¿Por qué no desembocarían los congresos de las religiones en un congreso internacional de las religiones donde todos vendrían a unirse en una tolerancia y una caridad mutuas donde todas las formas de religión se levantarían juntas contra todas las formas de irreligión?
Y en su discurso en el Congreso científico internacional de los católicos de Bruselas (septiembre de 1894), él mismo, después de dar “al mundo entero” la lección de patriotismo que hemos referido ya, añadía:
Había la misma lección para dar en el terreno religioso... ¡La religión es la caridad! Aun cuando no podíamos entendernos sobre las creencias, ¿no era posible entenderse sobre la caridad? Sería ya gran cosa dar esta lección aun a los cristianos: que, para amar a Dios, no es necesario odiar al propio hermano que no lo ama como nosotros; que, para ser fiel a su fe, no es necesario quedar en guerra con QUIENES COMPRENDEN LA FE DE OTRA MANERA QUE NOSOTROS.
“Desear el retorno a la unidad de los hijos de DIOS” está bien, todos los buenos cristianos expresan por lo menos dos veces al día este deseo: ¡Adveniat regnum tuum! Trabajar es mejor, es la misión que Nuestro Señor JESUCRISTO dio a todos los sacerdotes: ¡Praedicate evangelium! Y es por esto que las puertas de la Iglesia deben permanecer siempre abiertas no sólo a los cismáticos y herejes, sino también a los infieles y racionalistas, para que puedan ser recibidos... pero no colarse.
Nunca fueron admitidos a penetrar “quienes han conservado sólo su razón por guía” ni “quienes comprenden la fe de otra manera que nosotros”, aún cuando pretendieran amar a DIOS como nosotros. La profesión de la fe católica, entera y sincera, pura y simple, siempre fue y será exigida por la aduana, o mejor dicho por los centinelas que DIOS puso en las puertas de su ciudad. Hay barreras que no pueden bajarse. Pedir abolir esta aduana y destruir estas barreras, es entrar verdaderamente en caminos totalmente nuevos, totalmente diferentes de los seguidos hasta aquí; es pedir a la Iglesia de DIOS asemejarse a todas las sectas que aceptan todo lo que viene, sin condición ninguna, como que no tienen ninguna fe bien definida para proponer.
Y al mismo tiempo, es hacer los negocios del “Israelitismo liberal y humanitario”. Él también aconseja a los suyos “deshacerse de todo lo que impide al judaísmo HACERSE ACEPTAR, para no faltar al proselitismo que deben ejercer” (Arch. Isr., p. 448, año 1867). Él también recomienda “hacer caer las barreras que separan lo que debe reunirse un día” (Arch. lsr., XXV, 514-520.) Y eso para el adelanto de la gran obra en vista de la cual “deben unirse todos los hombres ilustrados, sin distinción de culto”.
¡Hermoso día el que verá a todos los hombres, sin distinción de origen religioso, reunidos en el mismo recinto; todos los corazones colmados de los mismos sentimientos de amor, desahogándose delante del mismo Dios, padre de todos los seres; donde todos serán alimentados de los mismos principios de virtud, moral y religión: los odios de las sectas desaparecerán, y la armonía reinará sobre la tierra! Marchemos por este camino, firmes y resueltos” (Archivos Israelitas, XIV, p. 628-629, año 1886).
Desde luego no queremos decir, ni nadie puede pensar, que los americanistas acaricien los mismos proyectos que los Judíos de la Alianza Israelita Universal, pero serán muy ciegos si no acaban por ver que las ideas que siembran y los actos que cumplen son idóneos para encauzar a los cristianos hacia esta religión vaga donde
cada uno, siguiendo su conciencia, conservará las prácticas del culto rendido al Dios único e inmaterial, o las reformará según los principios de un Israelitismo liberal y humanitario.
¿Quien no notará, aquí también, entre el programa del Israelitismo y las palabras del P. Hecker, una consonancia extraña? Su biógrafo dice:
Sabía bien que el estadounidense no católico aspira a tratar con Dios con el mínimo posible de socorros exteriores. Llegar a Dios por la propia actividad espiritual sola, sin detenerse en mojones más o menos humanos, tal era su ambición de alma. No encontraba satisfacción religiosa más que en una vida espiritual donde pudiera tratar directamente con DIOS, su Verbo inspirado, su Espíritu Santo (p. 336).
No contentos con proponer para la incorporación de los disidentes procedimientos muy nuevos, los americanistas proponen otros no menos nuevos para mantener en la Iglesia -se podría decir casi a pesar de ellos- a aquellos a quienes hasta ahora Ella siempre y sin falta ha rechazado de su seno, con dolor pero con diligencia.
Siempre, en todas las épocas, se levantaron en la Iglesia nuevas herejías, y siempre estas herejías sirvieron para poner el dogma católico en una luz más resplandeciente. ¿Cómo se consiguió este resultado? Por la polémica. Los doctores, combatiendo el error, hicieron brillar la verdad.
Eso debe cambiarse en adelante. El orador ya citado del congreso de Bruselas decía:
No es por la polémica, sino por la irénica que llegaremos a un resultado.
Para quienes no saben griego, digamos que la primera palabra denota lucha y discusión, y la segunda, paz, tolerancia y conciliación. Así pues, según los americanistas, para llegar a hacer de todos los hombres un solo rebaño en un mismo redil, es menester evitar en adelante toda polémica. La discusión con los innovadores hasta ahora ha multiplicado las divisiones y separaciones, los cismas y herejías; en adelante la tolerancia, los besos de paz, mantendrán a todas las ovejas en el redil del Padre de familia. -Quizás. ¿Pero qué ovejas? ¿Y no se habrán ocupado pronto de contaminar el rebaño?
¿Y hasta donde deberá ir esta tolerancia? Romanus nos lo va a decir:
El progreso de las ciencias físicas trae necesariamente consigo cambios en la creencia...
Hay probablemente muy pocos decretos ex cathedra que no puedan ser eludidos por uno u otro de estos procedimientos: ingenio de los teólogos en probar por razones convincentes que tal decisión molesta, por algún vicio de forma, está desprovista de fuerza obligatoria, o bien que el significado real de esta decisión es completamente contrario a lo anteriormente supuesto o aceptado, o también contrario al que parece ser su verdadero significado. (Contemporary review).
Hacer retroceder el dogma a medida de las pretensiones de la ciencia, sacrificarle también los decretos ex cathedra: acaso ése sería, efectivamente, el medio de tener un catolicismo numéricamente más extenso que la Santa Iglesia, pero este catolicismo ¿sería otra cosa que la “religión universal” soñada por la Alianza Israelita?
¿Nos quedará al menos la moral? ¡Oh sorpresa! en cuanto a ella, sí quieren guardarla.
Dada la absoluta persuasión del estadounidense de que su país está destinado a producir un estado social superior a lo visto hasta aquí, lo primero que pide a una religión es mostrar de qué es capaz en este orden de cosas [formar las virtudes naturales y sociales].
El pueblo estadounidense presta poca atención a las cosas abstractas [como los dogmas]; es el resultado lo que considera en LA MORAL. (Introducción a la Vida del P. Becker, p. XLV.)
Pero en cuanto la moral es independiente del dogma, es lícito a cada uno entenderla a su modo. Y los deseos de la Alianza Israelita Universal se cumplirán aquí también. Cada uno gozará de “la libertad práctica” que los Archivos Israelitas anunciaban en 1868 que sería el patrimonio de todos los que adoptarían “la religión universal” en donde “ninguna conciencia sería perturbada”.
Quienquiera que haya leído la historia no puede asombrarse de tales aberraciones; y los demás deben acordarse de la palabra de Nuestro Señor: “Es necesario que vengan escándalos”. Son necesarios por la misma razón que todos los demás males: para la formación, la prueba y el perfeccionamiento de los elegidos.
Por otra parte obsérvese que las proposiciones que hemos reproducido están presentadas aquí a los ojos del lector en su crudeza. No tienen el mismo aspecto en los textos de donde están sacadas. Allí están rodeadas, envueltas de otras proposiciones aceptables, algunas incluso muy atractivas que reflejan su lado brillante sobre los errores que acarrean, y esconden su lado defectuoso a los ojos del lector desatento, quizás incluso a los ojos del autor. Seducido el primero por el espejismo de sus palabras, de la mejor fe del mundo seduce a los demás.
Es por eso que es necesario desgajar estas proposiciones, mostrarlas en su desnudez, y decir: ¡Ved lo que son!
Continúa...
Es por eso que es necesario desgajar estas proposiciones, mostrarlas en su desnudez, y decir: ¡Ved lo que son!
Continúa...
Notas:
30) Ver en Vie du P. Hecker, p. 147-150, cuán cierto es que él y Brownson efectivamente se colaron en la Iglesia Católica.
30) Ver en Vie du P. Hecker, p. 147-150, cuán cierto es que él y Brownson efectivamente se colaron en la Iglesia Católica.

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