lunes, 6 de septiembre de 2021

FRAY MAMERTO ESQUIÚ YA ES BEATO

Fray Mamerto Esquiú fue proclamado el pasado fin de semana beato en una celebración eucarística en San José de Piedra Blanca, Catamarca, presidida por el cardenal Luis Héctor Villalba, arzobispo emérito de Tucumán y enviado papal para la ocasión


Después de la lectura de la biografía de Fray Mamerto Esquiú, comenzó el rito de la beatificación, en la que el cardenal Villalba leyó en latín la carta apostólica en la que el papa Francisco concede la beatificación y establece la fecha de la fiesta litúrgica.

«Acogiendo el deseo de nuestros hermanos, Carlos José Ñáñez, arzobispo de Córdoba, y Luis Urbanc, obispo de Catamarca, así como de muchos otros hermanos en el episcopado, y de muchos fieles; y después de haber recibido el parecer de la Congregación para las Causas de los Santos, con nuestra autoridad apostólica, concedemos que el venerable Siervo de Dios Mamerto Esquiú, de la Orden de Frailes Menores, obispo de Córdoba, promotor del bien común, actor celante y fiel anunciador del evangelio, de ahora en adelante sea llamado beato», leyó en español Fray Emilio Luis Andrada, superior de la provincia franciscana.

En tanto, el locutor exclamó: «Fray Mamerto de la Ascensión Medina ha sido incluido en el Libro de los Beatos» y a las 10.39 se desplegó la imagen oficial de Fray Mamerto Esquiú, beato.

En la carta apostólica también se indicó que la fiesta litúrgica establecida en honor del Beato Fray Mamerto Esquiú sea el 11 de mayo.

Luego un grupo de personas llevó hasta el altar reliquias de Esquiú, una vértebra y una falange, preservadas en el templo de San Pedro de Alcántara.


Alegría, gozo y una nueva esperanza

Antes de la procesión de entrada del celebrante y los demás obispos, hizo la entrada triunfal la imagen de Nuestra Señora del Valle.

En la homilía, el cardenal Villalba exclamó: «¡Alegrémonos en el Señor! Hoy es un día de fiesta, hoy es un día de gozo. Grande es la alegría en el Cielo y en la Tierra por la beatificación de Mamerto Esquiú».

«Alegría para la orden de los franciscanos, a la que pertenecía Esquiú, alegría para la Iglesia de Catamarca, en donde nació, vivió y murió, alegría para la Iglesia de Córdoba, de la que fue obispo durante dos años, alegría para la Iglesia de Argentina, alegría para la Iglesia católica entera que celebra en Esquiú una nueva esperanza», puntualizó.

«El gozo proviene del hecho de que un miembro de la Iglesia, un hombre de nuestra patria, un hermano nuestro, es reconocido beato, honrado e invocado como tal», agregó.

El purpurado se refirió luego al significado de la beatificación. «Significa que la Iglesia reconoce en él una figura excepcional, un hombre en el que se dieron cita la gracia de Dios y el alma de Esquiú para alumbrar una vida estupenda hasta alcanzar esa grandeza moral y espiritual que llamamos santidadBeato quiere decir salvado y glorioso. Quiere decir ciudadano del Cielo. Mamerto Esquiú como religioso, como sacerdote, como obispo es un modelo a imitar y como San Pablo puede decirnos a todos: ‘Sigan mi ejemplo, así como sigo yo, sigo el ejemplo de Cristo’. Y, a la vez, Mamerto Esquiú es un intercesor en favor nuestro. La Iglesia nos dice, al beatificarlo, que lo podemos invocar y a él podemos orar, pues ya participa de la felicidad eterna», precisó.

El cardenal Villalba subrayó que «la beatificación de Mamerto Esquiú es una invitación a todos nosotros para que caminemos en la huella abierta por Jesucristo, una invitación para caminar hacia la santidad».

La misa fue concelebrada por el arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos José Ñáñez; el obispo de Catamarca, monseñor Luis Urbanc; el arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, Mario Aurelio Poli y su obispo auxiliar, monseñor José María Baliña; el arzobispo de Salta, monseñor Mario Antonio Cargnello; monseñor Carlos Alberto Sánchez, arzobispo de Tucumán y su obispo auxiliar, monseñor Roberto Ferrari; el obispo de San Isidro y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Oscar Ojea; el obispo de Concepción, monseñor José Antonio Díaz y su obispo emérito, monseñor José María Rossi OP; monseñor José Vicente Conejero Gallego, obispo de Formosa; el obispo de Añatuya, monseñor José Luis Corral SVD; el obispo de Villa María, monseñor Samuel Jofré; el obispo de Cruz del Eje, monseñor Ricardo Araya; el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva; el obispo castrense de la Argentina, monseñor Santiago Olivera; el obispo de Santiago del Estero, monseñor Vicente Bokalic CM, su obispo auxiliar, monseñor Enrique Alberto Martínez Ossola, y el obispo emérito, monseñor Francisco Polti; el obispo de Orán, monseñor Luis Antonio Scozzina OFM; el obispo de La Rioja, monseñor Dante Gustavo Braida; el obispo de Chascomús y secretario general de la CEA, monseñor Carlos Humberto Malfa, el obispo del Alto Valle de Río Negro, monseñor Marcelo Alejandro Cuenca Revuelta; el obispo de Merlo-Moreno, monseñor Fernando Carlos Maletti, y su obispo auxiliar, monseñor Oscar Eduardo Miñarro; el obispo de Jujuy, monseñor César Daniel Fernández; el obispo de San Luis, monseñor Gabriel Barba, los obispos auxiliares de Córdoba, monseñor Pedro Torres y monseñor Ricardo Seirutti; y el obispo auxiliar de La Plata, monseñor Jorge Esteban González.


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