domingo, 3 de noviembre de 2024

ANIME CURSI: PRESENTACIÓN DE LA MASCOTA PARA EL AÑO JUBILAR 2025

La Iglesia “Divertida” en acción…

El año de Nuestro Señor 2025 es un Año Santo Jubilar, algo que ordinariamente tiene lugar cada 25 años.

Para el Vaticano bajo la ocupación del novus ordo, esto significa, en primer lugar, que se necesita un logotipo para la ocasión. En 2022, informamos sobre la vergonzosa “obra de arte” que el Vaticano había elegido para su logotipo del Jubileo '25, que supuestamente representa el lema del Año Santo, “Peregrinos de la esperanza”:

Logotipo “arco iris” para el Jubileo 2025

Si así son los “peregrinos hacia la esperanza”, sería detestable ver peregrinos hacia la desesperación.

En cualquier caso, el Vaticano decidió posteriormente que, además del logotipo, el Jubileo también necesitaba una mascota. Si bien las mascotas suelen estar asociadas a equipos deportivos y aparecen en eventos deportivos, estaba claro que la Iglesia divertida de la modernidad y la relevancia también necesitaba una para su Año Santo.

Y así, el 28 de octubre de 2024, el Vaticano presentó su mascota del Año Jubilar 2025. Aquí está:


Curiosamente, la mascota, de aspecto andrógino, se llama Luce, que en italiano significa 'luz'. El video de la conferencia de prensa en la que el arzobispo Salvatore Rino Fisichella, del llamado “Dicasterio para la Evangelización”, presentó la figura, se puede ver (en idioma italiano) aquí.

Según informa Catholic News Agency
:

La mascota, llamada Luce, que significa “luz” en italiano, tiene como objetivo atraer a un público más joven y guiar a los visitantes a través del año santo.

El arzobispo Rino Fisichella, principal organizador del jubileo en el Vaticano, describió la mascota como parte del objetivo del Vaticano de interactuar con “la cultura pop tan querida por nuestros jóvenes”.

La mascota debutará esta semana en Lucca Comics and Games, la célebre convención italiana sobre cómics, videojuegos y fantasía, donde el Dicasterio para la Evangelización del Vaticano albergará un espacio dedicado a “Luce y sus amigos”.

(Courtney Mares,  “Meet ‘Luce’: The Vatican’s cartoon mascot for Jubilee 2025”Catholic News Agency, 28 de octubre de 2024)

El creador de Luce es el ilustrador italiano de 47 años Simone Legno. Su marca de estilo de vida es tokidoki, e incluye, como era de esperar, también algunos artículos de orgullo lgbtq con los colores del arco iris, como Pride Lulu, el unicornio y diversos fondos de pantalla digitales.

Por cierto, Luce tiene su propia página web, aunque por el momento no hay prácticamente nada en ella. La versión italiana del canal de Youtube de Vatican News ha publicado una breve animación de Luce aquí.

El sitio web oficial del Año Jubilar 2025 explica el personaje ficticio de esta manera:

Luce es una peregrina vestida como un típico viajero: un anorak amarillo para protegerse de los elementos, botas sucias que dan testimonio del camino ya recorrido, una cruz misionera al cuello y el bastón del peregrino en la mano. Particularmente evocadores son los ojos de Luce, que brillan con una luz intensa: simbolizan la esperanza que nace en el corazón de cada peregrino y reflejan el deseo de espiritualidad y conexión con lo divino. Actúan como un recordatorio del mensaje universal de paz y fraternidad. La elección de una mascota como Luce se inscribe en un contexto más amplio, destinado a llegar a las nuevas generaciones y promover el diálogo intergeneracional. La mascota no solo representa el Jubileo, sino que también es un símbolo de comunidad, de acogida y de compartir.

(“Luce, the official mascot of the Jubilee 2025 makes her debut”Iubilaeum 2025, 28 de octubre de 2024)

Aunque no afirmaremos, simplemente por falta de evidencia clara, que haya algún significado oculto o maligno detrás de este personaje, es sorprendente que el Vaticano tan a menudo logre publicar “obras de arte” que son ambiguas y sugieren algo siniestro (¿alguien recuerda el aparente simbolismo del “amor pedófilo” propagado en la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá en 2019?)

Francisco luce vestiduras con símbolos del “amor pedófilo”

Por un lado, la figura de Luce no parece gritar “¡Soy una católica en peregrinación sagrada!”. Claro, uno puede leer eso en la cosa, pero no es obvio. Ella bien podría ser un personaje “heroico” en un videojuego de aventuras. De hecho, ni siquiera es obvio, con solo mirarla, que Luce sea una “ella” para empezar.

Probablemente no haga falta decir que Luce también tiene amigos, y ellos también están en un viaje de peregrinación. Sus nombres, firmemente católicos, son Fe, Xin y Sky. ¿Puedes decir cuál de ellos es masculino y cuál es femenino? No, no puedes, ¡esa es la cuestión!


Si este grupo heterogéneo no inspira a los visitantes del Jubileo a ser católicos, bueno, al menos el perro se llama Santino ('estampita'). Y, por cierto: ¿por qué la elección de un artista que promueve pecados que claman venganza al cielo? ¿Nos están diciendo las autoridades del Vaticano que en su “iglesia universal” no pudieron encontrar un diseñador mínimamente decente para su evento “tan católico”?

No hace falta decir que las redes sociales y la blogosfera han estado repletas de reacciones ante Luce and Friends (Luce y sus Amigos).

La bloguera Ann Barnhardt del sitio Barnhardt ha descrito a la mascota como un “andrógino de pelo azul que lleva un rosario arco iris con la inscripción “Orgullo” como collar, lleva un bastón de bruja y su nombre es “Luce”. ¿Es esa la abreviatura de Lucifer? La respuesta es: “Casi con toda seguridad, sí”.

En Twitter/X, Raymond Arroyo, personalidad mediática de EWTN, dijo; “El Vaticano ha anunciado la mascota oficial del Año Santo 2025. Se trata de un personaje de anime al que llaman “Luce” por la luz. La imagen de una niña prepúber de pelo azul con un impermeable puede no ser la más edificante en este momento para la iglesia”.

Por supuesto, no todo el mundo está horrorizado con Luce. En The Pillar, JD Flynn confiesa: “Me gusta Luce”.

Como dato curioso: el Oxford Dictionary of Word Histories de 2002 (p. 319) señala que la palabra “mascota” deriva en última instancia de la palabra masco, que significa 'bruja'.

Una y otra vez, el Vaticano ha sorprendido a los demás con sus cuestionables tonterías artísticas y de cultura pop. 


Basta recordar el inquietante y retorcido logotipo que eligió el Vaticano para el extraordinario "Jubileo de la Misericordia" en 2015, que había sido creado por el notorio "padre" Marko Rupnik. 


Luego estuvo el insulso logotipo parecido a un Pokémon que el Vaticano utilizó para una reunión previa al sínodo con jóvenes en 2018. 



El mismo año también se vio la colorida "cruz de la juventud" latinoamericana. 

Plim-Plim es que está a la izquierda

Ah, ¿y quién podría olvidar a Plim-Plim , la mascota del partido de fútbol interreligioso del Vaticano por la paz ?

Si el Vaticano está tan empeñado en utilizar “un ser personal” para identificarse con el Año Santo 2025, ¿por qué no recurrir a un santo en lugar de crear un personaje de ficción? La ventaja sería que cada peregrino contaría con un verdadero guía celestial que le ayudaría en su peregrinación: ¡un santo real que puede interceder por él y al que todos los peregrinos pueden confiar su viaje! Además, así se honraría al santo, y los peregrinos podrían conocer su vida, tal vez adquirir nuevas virtudes y, sin duda, ser edificados y refrescados espiritualmente.

Está claro que el Vaticano podría haber designado un santo patrono especial para los años jubilares, o al menos uno para este Jubileo en particular. Se podría haber elegido fácilmente a cualquier santo típicamente asociado con los viajes y las peregrinaciones, como Santiago el Mayor o San Cristóbal.

En cambio, el Vaticano postcatólico se decidió por Luce and Friends. Esto dice mucho sobre el estado espiritual de esa miserable pandilla de apóstatas que ocupa las estructuras católicas. “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando ya me hice hombre, dejé las cosas de niño” (1 Cor 13,11).

No podemos dejar de recordar las palabras del profeta Isaías: “Les daré hijos por príncipes, y los afeminados los gobernarán” (Is 3,4).


Novus Ordo Watch

LOS SACERDOTES EN LA IDENTIDAD DE LA IGLESIA

¿En qué consiste la realidad del protagonismo sacerdotal en la comunidad eclesial?

Por monseñor Héctor Agüer


La misión de la Iglesia conserva su identidad esencial desde Pentecostés: hacer que todos los pueblos sean cristianos y, por lo tanto, procurar que Jesucristo sea conocido y amado. Esta misión no es un suplemento a la historia de la vida eclesial, sino que constituye la razón de ser de la Iglesia. Existe una analogía de esa esencialidad a lo largo de los siglos.

En el hoy de la Iglesia hay muchos jóvenes que se sienten llamados al Sacerdocio, el cual es la continuidad del ministerio apostólico. Otros ya se están formando para ese ejercicio; y los hay que ya se han ordenado y se han iniciado recientemente y están experimentando lo que significa “hacer las veces de Cristo”, para la Iglesia y para el mundo. ¿En qué consiste la realidad de su protagonismo en la comunidad eclesial?

Vida eclesial

Ellos deben asumir lo que revela una radiografía de la realidad eclesial:

1)- Fe ardiente y amor al Señor, fuente de la vida de la Iglesia.

2)- Oración contemplativa ante el Sagrario, como expresión de la centralidad de la Eucaristía.

3)- Empeño en un incansable trabajo apostólico, que hace propia la misión de la Iglesia.

4)- Humildad y paciencia con las propias limitaciones y los propios defectos.

5)- Alegría que brota de la esperanza en la presencia de Cristo y su continua Venida (“Yo estoy siempre con ustedes”).

Estos son elementos de la vida eclesial que deben ser asumidos y ejercitados, a pesar de todas las circunstancias contrarias y soslayando las orientaciones pontificias; que promueven una simbiosis de todas las religiones, y el pacifismo de la agencia de las Naciones Unidas, es decir, una fractura con la auténtica Tradición cristiana. La identidad del cristianismo es la condición en la que los factores indicados en 1 a 5, se verifican y se complementan.

Identidad Católica

La identidad católica incluye el papel histórico de la Virgen María, Madre de la Iglesia. A este propósito corresponde la memoria de las intervenciones marianas, especialmente, de aquellas manifestaciones que fueron asumidas y veneradas por el pueblo cristiano. Cito las tres más esenciales.

En 1846, aparición en La Salette, en los alpes franceses, a los niños Mélanie y Maximin: la Virgen, ataviada como las mujeres del lugar, lloró por los pecados de la blasfemia y de la violación del reposo dominical; los detalles que han transcendido son conmovedores. Es fácil comprender el sentido de actualidad que tiene este episodio, ante el olvido y la preterición de Dios, en el mundo moderno y contemporáneo.

En 1858, apariciones en Lourdes a Bernardette Soubirous, hoy canonizada, a quien María convocó para que hiciera construir allí una capilla, y se manifestó como la Inmaculada Concepción. Lourdes, donde ocurrieron y aún ocurren admirables milagros, se ha convertido en el máximo centro de peregrinaciones, donde el solemne canto del Rosario, todos los días, es seguido por las multitudes que allí se reúnen.

En 1917 ocurrieron las apariciones de Fátima, cuya actualidad se revela en el proceso de sus misterios, aún abierto. La Iglesia aprobó, de hecho, la realidad de Fátima, especialmente, en el pontificado de Juan Pablo II.

La gran Tradición

El fenómeno más llamativo en el concierto actual de la vida de la Iglesia es el apego de los jóvenes a la gran Tradición. La reacción progresista no se deja de expresar: se aplica a los sacerdotes cancelados, y a tantos a quienes se intenta impedir en sus diócesis, por sus excelentes resultados apostólicos. Esas reacciones desesperadas son recurso habitual de Roma, en el pontificado del argentino Francisco. Sin embargo, según el orden de la Providencia, obispos y diócesis logran zafar; de manera que hay países donde se vive serenamente la Tradición eclesial, con frutos evidentes. Este hecho revela cuál es el sentido verdadero de la Iglesia, su esencialidad; y se asume el ejercicio del ministerio con los frutos innegables que colorean la vida de esos pueblos. Los sacerdotes mencionados experimentan la continuidad que significa “hacer las veces de Cristo”.


BREVE REFLEXIÓN SOBRE EL “SÍNODO SOBRE LA SINODALIDAD”

Esta farsa sinodal es fase final de la revolución conciliar, con la que la Esposa de el Cordero es reemplazada por la Ramera de Babilonia, subordinada al Nuevo Orden Mundial.

Por Monseñor Carlo Maria Viganò


El “sínodo sobre la sinodalidad” que acaba de concluir es el icono de la duplicidad y del carácter fraudulento de la Iglesia conciliar y sinodal. La promoción de la agenda globalista es demasiado evidente. La subversión jerárquica de la igualdad de género está en el origen del surrealista debate sobre la ordenación de las mujeres, que permite iniciar una experimentación pastoral que servirá en un futuro próximo de coartada para la modificación oficial de la doctrina sobre el Sacramento del Orden. Así como la aceptación de la ideología lgbtq+ es un objetivo globalista, servilmente traspuesto al sínodo tras la premisa de Fiducia Supplicans

La iglesia profunda actúa en total ruptura con el cuerpo eclesial, exactamente como el Estado profundo legisla contra los ciudadanos. 

Independientemente de los artículos individuales de Fe que el sínodo manipula a través de medios pastorales, también es evidente que el objetivo final que Bergoglio se propone es destruir la Iglesia Católica distorsionando la naturaleza del Papado tal como lo estableció Nuestro Señor. 

La iglesia de Jorge Mario Bergoglio es una "iglesia sinodal", por lo tanto, ni es monárquica ni divina, sino democrática y humana. Su autoridad no es un vicario del sagrado Poder de Cristo, sino una expresión falsa y engañosa de una supuesta voluntad popular o, peor aún, “una señal del Espíritu”, detrás de la cual se esconde una organización subversiva. Los fieles son engañados por falsos pastores y mercenarios.

Todo en las palabras y acciones de la iglesia sinodal es mentira. Porque su propósito es imponer por autoridad, bajo la apariencia de una petición popular, lo que ningún fiel católico ha pedido jamás porque contradice la enseñanza de Nuestro Señor. 

Esta autoridad, usurpada con finalidad contraria a la que Jesucristo le dio, es completamente ilegítima y debería ser deber de todo Sucesor de los Apóstoles denunciar esta farsa sinodal, fase final de la revolución conciliar, con la que la Esposa de el Cordero es reemplazada por la Ramera de Babilonia, subordinada al Nuevo Orden Mundial.

Hay quienes creen que la alarma sobre las intenciones subversivas de Bergoglio es excesiva y desmotivada, citando como ejemplo de su alternancia ortodoxia la última "encíclica" sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Este documento representa una distracción para engañar a los fieles, según la probada estrategia de engaño del jesuita y peronista Bergoglio, confirmando su duplicidad y deshonestidad intelectual. 

El tema de Dilexit nos, tratado en clave enfáticamente antimodernista, constituye un torpe intento de reapropiación fraudulenta por parte de la Compañía de Jesús del culto al Sagrado Corazón, del que ha sido custodio histórico. 

Esta devoción, nacida para contrarrestar la herejía jansenista, será inevitablemente tergiversada para dar apariencia de rigor teológico a la herejía opuesta, es decir, a una forma de laxismo doctrinal y moral que admite todo como ya sanado y perdonado por la infinita Misericordia de Dios. Lo cual es perfectamente coherente con lo que pretende el Sínodo.

+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo

sábado, 2 de noviembre de 2024

BERGOGLIO REZA EN EL CEMENTERIO POR LOS NIÑOS NO NACIDOS EN EL DÍA DE LOS DIFUNTOS

El falso papa celebró el Día de los Difuntos con una misa en un cementerio romano el sábado, haciendo una visita especial al “Jardín de los Ángeles”.


Según informó CNA, unos 100 fieles se reunieron con el alcalde de Roma, Roberto Gualtieri, en el cementerio Laurentino, el tercer lugar de enterramiento más grande de la ciudad, para recibir a Bergoglio.

A su llegada, el falso papa depositó rosas blancas en una piedra conmemorativa que marca el Jardín de los Ángeles y oró en silencio durante varios momentos.

El jardín, creado en 2012, ofrece un espacio dedicado a las familias que sufrieron la pérdida de sus hijos, incluidos aquellos que padecieron abortos espontáneos.

Bergoglio fue recibido también por las madres de la asociación “Chispas de Esperanza” que han perdido a sus hijos. Todas ellas le regalaron un pañuelo blanco como abrazo simbólico de ellas y de sus hijos fallecidos.

La intención de oración del “papa” para el mes de noviembre es por aquellos que han perdido un hijo.

Esta fue la segunda visita de Bergoglio al Jardín de los Ángeles del Cementerio Laurentino, habiendo celebrado previamente allí la Misa del Día de los Difuntos en 2018.

El jesuita argentino no pronunció homilía durante la Misa pero antes de la bendición final, ofreció una oración especial por los difuntos, pidiendo a Dios que “abra los brazos de su misericordia y los reciba en la gloriosa asamblea de la santa Jerusalén”.

Después de la misa, Bergoglio realizó la tradicional bendición de las tumbas.

La elección del Cementerio Laurentino por parte del falso papa continúa su tradición de celebrar el Día de los Difuntos en diferentes cementerios romanos.

Para el Día de los Difuntos en 2023, se ofreció una misa en el pequeño Cementerio de Guerra de Roma, que contiene 426 entierros de la Commonwealth de la Segunda Guerra Mundial.

Durante la plandemia en 2020, Bergoglio optó por quedarse en la Ciudad del Vaticano y celebrar la Misa por los fieles difuntos en la Iglesia de Nuestra Señora de la Misericordia, que está rodeada por el Cementerio Teutónico, lugar de enterramiento de personas de ascendencia alemana, austriaca y suiza, y en particular de miembros de la Archicofradía de la Dolorosa Madre de Dios de los Alemanes y Flamencos.

En 2019, Bergoglio celebró la Misa en las Catacumbas de Priscila, mientras que en 2022 visitó en privado nuevamente el Cementerio Teutónico, pero ofreció la Misa por los obispos y cardenales fallecidos en la Basílica de San Pedro, otra costumbre “papal” durante la semana de Todos los Santos y los Días de los Difuntos.

El domingo 3 de noviembre, Jorge Bergoglio presidirá nuevamente el Ángelus en la Plaza de San Pedro, como hace cada domingo a las 12 del mediodía.

A la mañana siguiente, el 4 de noviembre, presidirá una misa en la Basílica de San Pedro por el descanso eterno de los obispos y cardenales fallecidos durante el año anterior.


UNA HORA AL DÍA MANTIENE ALEJADA LA ANSIEDAD

La Tradición Católica tiene una solución a la ansiedad que enfrentamos en nuestras estresantes vidas: la Hora Santa.

Por Ryan Patrick Budd


San Juan Casiano, quizá el escritor espiritual más importante del que probablemente nunca hayas oído hablar, escribió la primera de sus famosas diez Conferencias sobre el discernimiento de los pensamientos. Al hacerlo, indicaba lo importante que es este tema: es fundamental, una condición sine qua non para una vida cristiana de éxito.

Casiano enseñó a sus monjes a interrogarse sobre sus pensamientos: ¿De dónde venían? ¿De quién eran realmente? ¿Eran del mundo, de la carne o del diablo, o venían de Dios?

Si nos sentimos constantemente ansiosos y tensos, entonces nuestros pensamientos vienen del lugar equivocado. San Pablo dijo a los filipenses:
No se preocupen por nada, sino preséntenle a Dios sus peticiones en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses 4:6-7)
Por supuesto, esto no significa que tengamos que reprimir nuestras emociones. Jesús mismo compartió sus emociones con sus tres amigos más íntimos en la víspera de su pasión: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38). Pablo compartió sus angustias con las distintas iglesias en sus epístolas.

En lugar de reprimir estas emociones, Pablo nos enseña a reconocerlas, pero no a regirnos por ellas. Más bien, debemos “dar a conocer nuestras peticiones a Dios”. Entonces, la certeza de Su poder omnipotente y de Su amor sin límites hará que Su paz reine en nuestros corazones.

La respuesta de Pablo a la impotencia es la oración, la oración con fe real que procede de un conocimiento real. La paz que nos promete a cambio es más que una emoción. Es una convicción, fundada en verdades ciertas más que en fantasías pasajeras o en un sentimiento fugaz.

Si no proceden de Dios, ¿de dónde vienen esos pensamientos que causan nuestra ansiedad? Si nos inclinamos a culpar al diablo, creo que a menudo es una respuesta demasiado simplista.

Casiano deja claro que nuestros propios hábitos mentales facilitan o dificultan que el diablo nos oprima con ansiedad. En consecuencia, también debemos interrogar nuestros hábitos para encontrar el origen de los malos pensamientos que nos acosan.


En su obra clásica Introducción a la vida devota, San Francisco de Sales considera que un tiempo diario de oración -idealmente de una hora de duración y a primera hora de la mañana- es necesario para mantener “la paz de Dios” en un mundo cada vez más ajetreado y bullicioso. Su consejo se ha vuelto tanto más profético ahora que todos nos hemos convertido en esclavos de lo que el cardenal Robert Sarah llama “la dictadura del ruido”.

Hay muchas maneras de hacer una hora santa: desde arrodillarse ante el Santísimo Sacramento expuesto hasta sentarse en casa con la Biblia, el rosario o un libro espiritual. Pero cada vez parece más necesario que todos nos esforcemos por hacer una hora cada día para guardar nuestros corazones y nuestras mentes en Cristo Jesús.

Dedicando tiempo -tiempo en serio- cada día, establecemos el firme hábito de “dar a conocer nuestras peticiones a Dios” y escuchar su voz, para que podamos conocer la paz que sobrepasa todo entendimiento. La narración del Cielo desplazará a la narración del mundo, y pondrá la narración del mundo en su contexto.

Conozco las muchas objeciones que esto suscitará. ¿Cómo van a hacer esto las personas casadas y con hijos? ¿Cómo van a sacar tiempo para ello las personas ocupadas en la “fuerza laboral”? ¿Y si siempre estoy cansado? ¿Y si no sé qué hacer o qué decir?

Mi respuesta sencilla es responder con una pregunta: ¿Cómo nos está funcionando el modo en que estamos haciendo las cosas actualmente? ¿Qué tipo de testimonio cristiano estamos dando, viviendo como vivimos? ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a practicar las virtudes cristianas cuando nuestra mente está absorta en la narrativa del mundo?

Tal vez pensemos que no podemos tomarnos una hora entera. Entonces deberíamos empezar por lo que creemos que podemos hacer. Treinta y un minutos (redondeemos y llamémosla una “hora” santa) sería un buen comienzo.

Pero cada uno de nosotros debería preguntarse: Si tuviera una de esas aplicaciones que controlan mi tiempo frente a la pantalla, ¿podría seguir justificando mi excusa de que no tengo tiempo para rezar? ¿Y si sustituyera ese tiempo de pantalla por tiempo cara a cara con Dios? (cf. Salmo 27:8).

Tendremos que luchar como Jacob para mantenernos fieles a este compromiso, especialmente cuando inevitablemente no nos levantemos a tiempo, nos quedemos dormidos durante la oración y nos sentemos sin pensar en nada más que en todo lo que podríamos estar haciendo (incluso dormir) en lugar de dedicar nuestro tiempo a Dios. Esta lucha puede hacernos sentir débiles quizás, pero también nos llevará a la bendición de Dios (cf. Génesis 32:22-32).

Como dijo una vez G.K. Chesterton, todo lo que vale la pena hacer -al principio- vale la pena hacerlo mal

Si debemos estar atentos a la narrativa del mundo, porque nos afecta a nosotros y a nuestras familias, debemos comprometernos aún más con la narrativa del Cielo. Esa narrativa está a nuestro alcance. “La Palabra está cerca de ti, en tus labios y en tu corazón” (Romanos 10:8). Sólo tenemos que inclinar el oído para escuchar.


VERDADERA Y FALSA MISERICORDIA

En las últimas décadas se ha extendido en la teología una noción errónea de la misericordia, que ignora la justicia. Esta “misericordia” distorsionada está causando una profunda confusión entre los cristianos.

Por Abad Hervé Gresland


¿Qué es la misericordia?

Según la etimología, la misericordia es el sentimiento de un corazón (cor, cordis, en latín) conmovido por la miseria. “El hombre misericordioso considera la miseria de los demás como propia, y se aflige por ella como si fuera suya”, escribió Santo Tomás de Aquino.

La misericordia no es sólo un movimiento de los sentidos: como virtud, es un movimiento de la voluntad regulado por la razón. Esta virtud busca un término medio entre la insensibilidad o la dureza, y una pasión que no tendría medida en temperamentos demasiado débiles.

Cuando la misericordia brota de la caridad, es una virtud sobrenatural, que tiene en vista el bien natural del prójimo, y más aún el bien sobrenatural.

Las etapas de la misericordia

Describamos las etapas de la virtud sobrenatural de la misericordia, que es efecto de la caridad.
♦ La misericordia comienza por ver el mal del prójimo.
No ver la miseria es negarnos a nosotros mismos la misericordia. La ceguera ante el mal ajeno puede estar causada por el egoísmo y el individualismo, que nos hacen indiferentes. No prestamos atención a los demás y a lo que les afecta: ésa es la razón principal de esta insensibilidad.

Para ser verdaderamente misericordiosos, los cristianos debemos mirar a las personas con los ojos de la fe. La fe nos permite captar en profundidad el mal de las almas; por la fe, la misericordia se centrará en un pecado o en un desorden moral. Por el contrario, una misericordia distorsionada por el relativismo pretende ver el pecado y el error sólo como debilidades, como un bien menor...
♦ La visión de la miseria ajena produce en el alma un movimiento de tristeza; nos hace compadecernos de esa miseria.
Pero la emoción de la verdadera misericordia no es la de la filantropía. La misericordia cristiana nace de la caridad; es teologal, por Dios. En particular, está marcada por la compasión hacia los pecadores. Y compadecerse del pecado de los demás no significa ciertamente alentarlos en sus faltas. Es contemplar la santidad de Dios ofendida por el pecado, y pensar en el castigo eterno que espera al pecador empedernido.
♦ La compasión no basta por sí misma. La auténtica compasión pasa a la acción, intenta aliviar esta miseria, hace lo que puede para ayudar eficazmente.
También en este caso, los ojos de la fe nos permiten discernir la verdadera miseria del prójimo. Algunas personas generosas querrían aliviar toda la miseria del mundo, pero se limitan a la miseria material. Sin embargo, el mayor mal es el alejamiento de Dios.

La obra de misericordia por excelencia es, pues, el testimonio de la fe, la misericordia de la verdad. Sólo la enseñanza de la verdadera religión sacará a los hombres de la gran desgracia en la que están atrapados por su ignorancia involuntaria o culpable. El liberalismo y el relativismo, que callan y mantienen a los hombres en sus ilusiones, no sólo son errores, sino una indiferencia atroz.

La nueva “misericordia”

Un nuevo concepto de misericordia ya estaba presente en los predecesores de Francisco. En su discurso de apertura del Concilio Vaticano II, Juan XXIII anunció la nueva doctrina al proclamar: “Hoy, la Esposa de Cristo prefiere el remedio de la misericordia a las armas de la severidad”.

El gran pensador católico Romano Amerio observó con razón: “Esta proclamación del principio de la misericordia frente al de la severidad pasa por alto el hecho de que, en el espíritu de la Iglesia, la condena del error es en sí misma una obra de misericordia, ya que, al abatir el error, se corrige al que yerra y se preserva a los demás del error” [1].

En realidad, la nueva actitud contiene muchos abandonos. Desacredita aquella misericordia que es la más importante porque toca el mal más profundo: decir la verdad a los hombres. La verdadera misericordia consistiría en compadecerse de las almas que yacen “en la sombra de la muerte”, y predicarles a Jesucristo y la fe indispensable para la salvación.

De hecho, la “nueva misericordia” se va a centrar más en las miserias de este mundo que en las más graves, las espirituales. El partido dominante en la Iglesia pretende servir al hombre en su vida terrena, más que perseguir la misión que Nuestro Señor dio a la Iglesia, dirigir las almas hacia el Cielo y salvarlas.

La primacía de la conciencia

En el pensamiento moderno, la conciencia del individuo tiene primacía sobre todo lo demás. Lo que es bueno y legítimo buscar ya no es lo que se ajusta al orden establecido por la sabiduría del Creador, tal como se expresa en la ley divina; es lo que así le parece al individuo, en el fondo de su conciencia. La ley divina se deja de lado, y en su lugar se instala la conciencia individual, transformada en absoluto.

Este modo de pensar ha impregnado la Iglesia desde el concilio Vaticano II: para no molestar a las conciencias, se evitan las referencias a la verdad. En consecuencia, el cristianismo se reduce cada vez más a un vago humanitarismo, que se contenta con predicar consuelos que podemos encontrar en otra parte, sin tener que recurrir a la Iglesia. Este humanitarismo sentimental se manifiesta en la forma de presentar a Jesucristo: Aquel que fue exigente con los pecadores, se transforma en un simpático maestro liberal, amigo de todos, que no parece tener pretensiones de transformar nuestras vidas y desarraigar el pecado. Es un Jesús que no juzga y que garantiza el paraíso para todos.

Misericordia sin arrepentimiento

En la predicación actual de la Iglesia, la idea de misericordia está desligada de la de conversión y arrepentimiento. Francisco no menciona el juicio divino y no pierde ocasión de desvalorizar la ley divina, como si fuera una preocupación de fariseos. Esto se puede ver en muchas de sus declaraciones y discursos.

Un documento típico es la exhortación sobre la familia Amoris laetitia publicada en 2016. En ella, Francisco da a los cristianos la posibilidad de decidir cuestiones de moralidad en el matrimonio caso por caso, según su conciencia personal. No se menciona la orientación clara y necesaria que proporciona la ley de Dios.

El documento está impregnado de la idea de que existe un derecho humano a ser perdonado, sin necesidad de conversión, y un deber de Dios de perdonar. ¡Como si fuera posible imaginar tal derecho y tal deber! En lugar de un Dios auténticamente misericordioso que perdona a los que se arrepienten, ponemos a un Dios comprensivo que siempre excusa y justifica. Un Dios que no es el verdadero Dios. Porque, como dice el periodista italiano Aldo Maria Valli, “Dios, el Dios de la Biblia, es ciertamente paciente, pero no laxo; es ciertamente misericordioso, pero no permisivo; es ciertamente considerado, pero no complaciente. En una palabra, es un padre en el sentido más pleno y verdadero de la palabra” [2].

La Biblia podría resumirse como una llamada al arrepentimiento y una promesa de perdón, una de las cuales no puede separarse de la otra. Esto es siempre cierto en el Nuevo Testamento. Una de las principales misiones encomendadas por Jesús a la Iglesia es la de llamar a los pecadores al arrepentimiento: “Proclamad en su nombre a todas las naciones el arrepentimiento para perdón de los pecados” (Lucas 24:47).

Nuestro Señor dio a sus Apóstoles la autoridad de absolver los pecados, pero no de excusarlos. Un sacerdote no puede redefinir las leyes que Dios ha establecido; no puede cambiar el Decálogo. Y si puede dar la absolución por un pecado pasado, ciertamente no puede dar permiso para que el pecado continúe.

La verdadera misericordia se ejerce hacia el pecador animándole y ayudándole a superar su pecado. Por el contrario, la falsa misericordia tranquiliza y confirma al pecador en su situación de pecado. En lugar de tratar de llevarlos de vuelta a Dios, esta supuesta misericordia puede conducirlos a la condenación eterna. Es una grave falta de caridad hacia esas almas perdidas.

La misericordia existe porque existe el pecado. La verdadera misericordia presupone la justicia, y requiere una clara conciencia de la profundidad y gravedad del pecado. Al considerar la misericordia divina independientemente de la verdad y la justicia, al despojarla de la dimensión del juicio, al negar prácticamente la culpa, disminuimos el perdón divino, lo devaluamos. Dios ya no nos libra del pecado. Su omnipotencia y su amor infinito no aumentan con ello, sino todo lo contrario.

Proteger el bien común

En nombre de la misericordia, debemos autorizar todos los comportamientos, evitar todo signo de “discriminación”, ignorar las ofensas flagrantes al honor de Dios, silenciar los derechos de la verdad y de la Iglesia. Pero la discriminación no procede de una supuesta falta de caridad. La verdad es que condenar el pecado público es precisamente una misericordia, ya que amenaza con afectar a otras almas del rebaño. Es deber de la Iglesia denunciar el mal para proteger a otros fieles. Es necesario diferenciar entre el bien y el mal, para preservar el bien común de la virtud frente al mal ejemplo del vicio.

Una nueva moral para complacer al mundo

La ambigüedad y el relativismo no sólo han entrado en la Iglesia, sino que han tomado forma de magisterio. La moral católica ha quedado obsoleta y ha sido sustituida por sofismas que la socavan, llegando incluso a transformar las enseñanzas morales de la Iglesia en su contrario. Ya no se quiere decir que hay cosas que llevan a Nuestro Señor, y otras que nos alejan de Él y de su amor. Ya ni siquiera se llama pecado al pecado; la ley divina se pliega a la supuesta autonomía del hombre.

Ya no es el pecador el que debe arrepentirse y convertirse, sino que es la Iglesia la que debe convertirse al reconocimiento “misericordioso” de los que muestran que no quieren seguir sus enseñanzas, ni por tanto las de Dios. Ya no debe imponerse; debe limitarse a “escuchar”, “comprender” y “acompañar”, pasando de la tolerancia a la cobardía, para adaptarse a la propia pecaminosidad del mundo.

La verdadera misericordia es lo contrario de este relativismo, del que puede decirse que es una profanación de la misericordia. El verdaderamente misericordioso, por ejemplo, ve la vida conyugal fuera del matrimonio como una ofensa a Dios, la destrucción del matrimonio cristiano, la muerte de las almas, una revolución social. Y llora por ello. A partir de ahora, la ley moral debe adaptarse a las costumbres actuales, las de los divorciados “vueltos a casar” o las de quienes viven en uniones contra natura.

La Iglesia conciliar engaña a la gente cuando disfraza de misericordia su aquiescencia con el vicio y el pecado. La falsa misericordia se reviste de bellos sentimientos y “preocupación pastoral”, pero menosprecia el ideal y presenta un cristianismo sin exigencia de renovación moral. En el fondo, la Iglesia ha renunciado a cristianizar la moral. En lo sucesivo, se considera a los hombres incapaces de respetar incluso la ley natural, que fue abolida: no queda nada.

Los hombres de Iglesia han encontrado la manera de alinearse con los mandatos del mundo moderno, enemigo de Dios, y de ser aplaudidos por él, aparentando al mismo tiempo conservar una justificación cristiana para su nueva moral. Pero esto provoca un inmenso escándalo en las almas.

Notas:

1) Iota unum, p. 74

2) Entrevista en Radio Spada, 27 de febrero de 2021.



LA HORA PRESENTE

¿Será reconfortante creer que una vez muerto, no hay un más allá ni un juicio por nuestros pensamientos, palabras, acciones y omisiones? 

Por el hermano Jorge Ortiz


Esta es la hora de las tinieblas. La Iglesia persiste pero en remanencia. Una pseudoiglesia ocupa los cargos aparentemente oficiales. La corrupción en algunos miembros de la Iglesia y en los de su falsa sustituta escandalizan a todos. 

Pero surgen personas que se tienen a sí mismas por científicas y sabias, que se pretenden cubrir con una autoridad moral personal o grupal/gremial para destilar desenfadadamente su crítica y hasta condena hacia la Iglesia Católica y al catolicismo. 

Hay una parte que cualquiera podría criticar. Y es bueno ser autocrítico. Pero las personas a las que me refiero van más lejos: su visión es negativa, algunos odian lo que representa la Iglesia. Algunos se prestan fácil a darle crédito a cualquier cosa que injurie a la Iglesia, si es algo malo, seguro debe ser cierto para ellos. Suelen ser materialistas resentidos con la idea cristiana de Dios y la institucionalidad religiosa. Incapaces por su propia voluntad a abrirse a la trascendencia, se refugian en una ciencia materialista ideologizada o en utopías humanistas y revolucionarias en las que la negación de Dios, del pecado original, de la gracia y de la divina fundación de la Iglesia no pueden faltar. Su consecuente apertura a la autodeterminación personal libre de toda sujeción religiosa y con frecuencia, también de la ley natural, les hace aceptar alegremente las licencias que se quieran dar en el orden moral. 

A quienes por amor al Reino de Dios promuevan o vivan la castidad, la sexualidad responsable en el marco matrimonial y el celibato para los consagrados, los mirarán con desprecio, se burlarán de ellos y dirán que se trata de necedades oscurantistas, represión y antinaturalidad. Se niegan a revisar o admitir la vida de aquellos que no sólo tuvieron por buena la ascesis cristiana sino que la vivieron en grado heroico. 

Para ellos, la hagiografía tiene que ser inventos, mentirosas fantasías para reproducir un imaginario religioso y un sistema de creencias. 

La caridad, compasión, misericordia, entrega, lucidez y en suma, la santidad de miles de hombres y mujeres a través de la historia o son exageraciones piadosas o son demostraciones públicas que ocultan hipocresía y vanidad. 

Estas personas se sienten tan humanas, apegadas al mundo, a la materia y al humanismo naturalista inmanentista, que la luz que han irradiado estos hombres y mujeres de Dios, descubriéndonos un poco la belleza y santidad de su Señor, les resulta molesta como a aquellos que ven al sol en mediodía. 

No creen ni les interesa esa santidad que les reprocha sus propias faltas y sobre todo, su voluntad de no desear cumplir los mandamientos ni regirse por una ley que ellos no hayan forjado por sí mismos para sí mismos. No extrañe, por lo tanto, su laxitud. 

Comprendo que haya gente no católica. Pero de allí e incluso de una justa crítica al catolicismo y a la Iglesia, a su condena, desprecio, burla y odio, si hacemos un balance entre su doctrina, fundador, milagros, frutos y males de sus miembros, no me parece razonable. Y ese criticismo ácido cae peor cuando características semejantes como el ascetismo y la sexualidad presentes en otras religiones y espiritualidades, allí no son cuestionadas

Me pregunto si no les surge de vez en cuando la duda sobre su convicción en su inminente disolución tras su muerte. ¿Será reconfortante creer que una vez muerto, no hay un más allá ni un juicio por nuestros pensamientos, palabras, acciones y omisiones? 

Lo único que sé es que yo puedo ser igual o más pecador que muchos no creyentes. Pero la santidad y vida de trascendencia de aquellos que se toman en serio el Evangelio, lejos de moverme a descalificarles porque yo no pueda o quiera vivir según sus creencias y principios, me sirve de referencia y ejemplo de un estilo de vida según lo sobrenatural. 

Nuestros críticos, al no reconocer un mundo superior, consideran lo sobrenatural como antinatural

Los escándalos causados por los católicos no son por vivir el Evangelio, sino precisamente por no tomárselo en serio. Y no se nos exige imposibles. Se nos pide hacer lo que podamos y pedir aquello que no podemos con nuestras solas fuerzas. 

La negación del ateo o escéptico beligerantes de la gracia les trae consecuencias funestas. 

Les deseo que esta les alcance y les abra a la experiencia de la vida en Dios, su Padre, Amigo, Creador y Juez. “Nos hiciste para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti” (San Agustín, Confesiones, 1, 1.).



viernes, 1 de noviembre de 2024

EL ESPÍRITU DEL SÍNODO

El triunfo del “espíritu conciliar” es el fracaso de la Tradición de la Iglesia.

Por el padre Jorge González Guadalix


Llevamos sesenta años de retorcimiento del Vaticano II con la única justificación posible: “no lo dicen los documentos”, “no lo apoya ninguna reflexión”, “no hay magisterio posterior”… Es igual. Basta afirmar que cualquier barbaridad, cualquier ocurrencia, sostener la idea más peregrina, celebrar de la forma más “creativa”… ni están en los documentos conciliares ni en el desarrollo posterior, pero todo es posible porque en realidad lo único que vale es que sea conforme con el “espíritu del concilio”.

Mucho me temo que al omnipresente “espíritu del concilio” vamos a unir el “espíritu del sínodo”.

El sínodo ha sido una gaseosa pasada de fecha. Ni burbujas. El documento final no concreta cosa alguna, y todo se queda en buenas intenciones y recomendaciones que ya teníamos todos en la cabeza. Después de cada sínodo se espera la exhortación post sinodal, magisterial, en la que el santo padre, una vez recibida toda la documentación, se dirige al pueblo de Dios para concretar, recomendar, pedir o aclarar. No es el caso. El papa se ha limitado a decir que ahí tenemos el documento final y que basta.

¿Y ahora qué?

Pues ahora se nos ha quedado como aportación fundamental colocar la palabra “sinodal” en todas las salsas, de forma que no habrá documento, homilía, reflexión, especialmente de obispos y de los más sinodales, que no incluya varias veces la “necesidad de ser sinodales” y hacer todo “de forma sinodal”, que no es nada, que no aporta nada, pero que añade a cualquier discusión, ponencia, reunión o proyecto un halo de “modernidad francisquista” que queda bien.

En mis pequeños pueblos no somos para nada “sinodales”. Nosotros, más modernos que nadie, directamente asamblearios. Sí, porque ante cualquier realidad o proyecto basta preguntar a la gente, a todos, y rápido nos ponemos de acuerdo. Sin “comités”, sin “reuniones formales”, sin “comisión permanente” o sin “delegado de sinodalidad”. Cosas nuestras.

A lo que voy. Verán cómo va a surgir un “nuevo espíritu”, el “espíritu del sínodo”, al que van a seguir apelando los mismos para continuar con lo mismo de los últimos sesenta años, con resultados completamente previsibles. No hay argumentos para justificar lo injustificable, y tras la inutilidad de apelar al “concilio”, sesenta años nos contemplan, ahora tenemos a mano otro “espíritu”, el del “sínodo”, por más que hasta los más tenaces defensores del “invento” hayan tenido que reconocer que ha sido un fracaso total.

No pasa nada. Seguirán con sus nefastas hojas de ruta. Los alemanes con sus “sinodalidades”, James Martin con su defensa de lo nefando y los del sacerdocio de la mujer amparados en que “sinodalmente, hay que seguir estudiando”.

Concretar hubiera sido una desgracia. Supongo que para muchos de todos los niveles. Es mejor así. El triunfo del “espíritu conciliar” es el fracaso de la Tradición de la Iglesia.

Y para esto, tres años.



EL DECRETO CONCILIAR "UNITATIS REDINTEGRATIO" Y EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA (2)

Análisis del Decreto Unitatis Redintegratio del “concilio ecuménico Vaticano II” del 21 de Noviembre de 1964 y su comparación con la verdadera enseñanza de la Iglesia Católica.

Por el Ing. Mateo Roberto Gorostiaga

CAPITULO I

(Primera parte)

A.- PRINCIPIOS CATÓLICOS SOBRE EL ECUMENISMO

Unidad y unicidad de la Iglesia

U.R 2. La caridad de Dios hacia nosotros se manifestó en que el Hijo unigénito de Dios fue enviado al mundo por el Padre, para que, hecho hombre, regenerara a todo el género humano con la redención y lo redujera a la unidad (cfr. 1 Jn. 4, 9; Col. 1, 18-20; Jn. 11, 52). Cristo, antes de ofrecerse a sí mismo en el ara de la cruz, como víctima inmaculada, oró al Padre por los creyentes, diciendo: Que todos sean uno, como Tú, Padre, estás en mí y yo en ti, para que también ellos sean en nosotros, y el mundo crea que Tú me has enviado (Jn. 17, 21), e instituyó en su Iglesia el admirable sacramento de la Eucaristía, por medio del cual se significa y se realiza la unidad de la Iglesia. Impuso a sus discípulos el mandato nuevo del amor mutuo (cfr. Jn. 13, 34) y les prometió el Espíritu Paráclito (cfr. Jn. 16, 7), que permanecería eternamente con ellos como Señor y vivificador.

Pío XI en Mortalium Ánimos:

[Otro error -La unión de todos los cristianos- Argumentos falaces). 3. Pero algunos se engañan más fácilmente por la apariencia externa de bien cuando existe la cuestión de fomentar la unidad entre todos los cristianos. 

4. ¿No es correcto -a menudo se repite, de hecho, incluso en consonancia con el deber- que todos los que invocan el nombre de Cristo deben abstenerse de los reproches mutuos y, por fin, estar unidos en la caridad mutua? ¿Quién se atrevería a decir que ama a Cristo, a menos que trabaje con todas sus fuerzas para llevar a cabo los deseos de Él, que le pidió a su Padre que sus discípulos pudieran ser “uno”? [Juan XVII, 21]. Y no hicieron lo mismo los discípulos de Cristo que debían distinguirse de los demás por esta característica, es decir, que se amaron unos a otros: “Por esto todos los hombres sabrán que ustedes son mis discípulos, si se aman unos a otros”? [Juan XIII, 35]. Todos los cristianos, agregan, debe ser como “uno”: porque entonces serían mucho más poderosos para expulsar a la plaga de la irreligión, que como una serpiente cada día se arrastra más y se extiende más ampliamente, y se prepara para robarle al Evangelio su fuerza.

[Debajo de esos argumentos se oculta un error gravísimo]. Estas y otras cosas de la clase de hombres que se conocen como pan-cristianos se repiten y amplifican continuamente; y estos hombres, lejos de ser bastante pocos y dispersos, han aumentado a las dimensiones de toda una clase y se han agrupado en sociedades muy extendidas, la mayoría de las cuales están dirigidas por no católicos, aunque están imbuidos de diversas doctrinas relacionadas con las cosas de la fe.

[La verdadera norma de esta materia] 5. Amonestados, por lo tanto, por la conciencia de nuestro oficio apostólico de que no debemos permitir que el rebaño del Señor sea engañado por peligrosas falacias, invocamos, venerados hermanos, su celo por evitar este mal; Porque confiamos en que, con los escritos y las palabras de cada uno de ustedes, la gente podrá conocer y comprender más fácilmente los principios y argumentos que estamos a punto de exponer, y de los cuales los católicos aprenderán cómo deben pensar y actuar. Cuando se trata de aquellas empresas que tienen por finalidad poner fin a la unión en un cuerpo, cualquiera sea la manera, de todos los que se llaman a sí mismos, cristianos.

[Sólo una Religión puede ser verdadera: la revelada por Dios] 6. Fuimos creados por Dios, el Creador del universo, para que podamos conocerlo y servirle. Nuestro Autor, por lo tanto, tiene perfecto derecho a nuestro servicio. De hecho, Dios podría haber prescrito para el gobierno del hombre solo la ley natural, que, en su creación, imprimió en su alma, y ​​ha regulado el progreso de esa misma ley por medio de su providencia ordinaria; pero prefirió imponer preceptos, que debíamos obedecer, y en el transcurso del tiempo, es decir, desde los inicios de la raza humana hasta la venida y la predicación de Jesucristo, Él mismo enseñó al hombre los deberes que una criatura racional debe cumplir con su Creador: “Dios, que en diversos momentos y de maneras diversas, habló en tiempos pasados ​​a los padres por los profetas, por último, en estos días, nos ha hablado por su Hijo” (Hebr. I, 1-2). De lo que sigue que no puede haber una verdadera religión que no sea la que se basa en la palabra revelada de Dios: revelación que, comenzada desde el principio y continuada bajo la Antigua Ley, Cristo Jesús mismo bajo la Nueva Ley perfeccionada. Ahora, si Dios ha hablado (y es históricamente cierto que realmente ha hablado), todos deben ver que es deber del hombre creer absolutamente en la revelación de Dios y obedecer implícitamente sus mandatos; para que pudiéramos hacer ambas cosas correctamente, para la gloria de Dios y nuestra propia salvación, el Hijo Unigénito de Dios fundó Su Iglesia en la tierra.


U.R. 2. Una vez que el Señor Jesús fue exaltado en la cruz y glorificado, derramó el Espíritu que había prometido, por el cual llamó y congregó en unidad de la fe, de la esperanza y de la caridad al Pueblo del Nuevo Testamento, que es la Iglesia, como enseña el Apóstol: “Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como habéis sido llamados en una esperanza, la de vuestra vocación. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo” (Ef. 4, 4-5). Puesto que “todos los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo..., porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal. 3, 27-28). El Espíritu Santo que habita en los creyentes, y llena y gobierna toda la Iglesia efectúa esa admirable unión de los fieles y los consagra tan íntimamente a todos en Cristo, que el mismo es el principio de la unidad de la Iglesia. El realiza las divisiones de las gracias y de los ministerios (cfr. 1 Cor. 12, 4-11), enriqueciendo a la Iglesia de Jesucristo con la variedad de dones “para la perfección consumada de los santos en orden a la obra del ministerio y a la edificación del Cuerpo de Cristo” (Ef. 4, 12).

León XIII en Satis Cognitum:

[Creer toda la doctrina de Cristo] 13. Jesucristo prueba, por la virtud de sus milagros, su divinidad y su misión divina; habla al pueblo para instruirle en las cosas del cielo y exige absolutamente que se presente entera Fe a a sus enseñanzas; lo exige bajo la sanción de recompensas o penas eternas. “Si no hago las obras de mi padre no me creáis” (Juan 10, 37). “Si no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado” (Juan 15, 24). “Pero si yo hago esas obras y no queréis creer en mí, creed en mis obras” (Juan 10, 38). Todo lo que ordena, lo ordena con la misma autoridad; en el asentimiento de espíritu que exige, no exceptúa nada, nada distingue. Aquellos, pues, que escuchaban a Jesús, si querían salvarse, tenían el deber, no solamente de aceptar en general toda su doctrina, sino de asentir plenamente a cada una de las cosas que enseñaba. Negarse a creer, aunque sólo fuera en un punto, a Dios cuando habla, es contrario a la razón.

14. Al punto de volverse al cielo, envía a sus Apóstoles revistiéndolos del mismo poder con el que el Padre le enviara, les ordenó que esparcieran y sembraran por todo el mundo su doctrina. “Todo poder me ha sido dado en el cielo y sobre la tierra. Id y enseñad a todas las naciones... enseñadlas a observar todo lo que os he mandado” (Mat. 28, 18-20). Todos los que obedezcan a los Apóstoles serán salvos, y los que no obedezcan perecerán.
“Quien crea y se bautice será salvo; quien no crea será condenado” (Mc. 16, 16) [...].

[Aceptar la doctrina de los Apóstoles] Además, ordenó aceptar religiosamente y observar santamente la doctrina de los Apóstoles como la suya propia. Quien os escucha me escucha, y quien os desprecia me desprecia (Luc. 10, 16). (...)

... No era, pues, permitido repudiar un solo precepto de la doctrina de los Apóstoles, sin rechazar en aquel punto la doctrina del mismo Jesucristo [...].

Donde ponían el pie se presentaban como los enviados de Jesús. “Es por El (Jesucristo), por quien hemos recibido la gracia y el apostolado para hacer que obedezcan a la fe todas las naciones en honor de su nombre” (Rom. 1. 5).

Pío XII, en Mystici Corporis de 29-VI-1943:

22. Así como en la verdadera comunidad cristiana hay un solo Cuerpo, un solo Espíritu, un solo Señor y un solo Bautismo, así también puede haber una sola fe (cf. Ef. 4, 5); por lo tanto, si alguno rehúsa oír a la Iglesia, sea considerado, como manda el Señor, como pagano y publicano (ef. Mt. 18, 17]. De ello se deduce que los que están divididos en la fe o en el gobierno no pueden vivir en la unidad de tal Cuerpo, ni pueden vivir la vida de su único Espíritu Divino (D. 2286).

57. A este Espíritu de Cristo, también, como a un principio invisible, debe atribuirse el hecho de que todas las partes del Cuerpo están unidas unas con otras y con su Cabeza exaltada; porque Él es íntegro en la Cabeza, íntegro en el Cuerpo y íntegro en cada uno de los miembros. En los miembros está presente y los asiste en proporción a sus diversos deberes y oficios, y al mayor o menor grado de salud espiritual que gocen. Él es quien por su gracia celestial es el principio de todo acto sobrenatural en todas las partes del Cuerpo. Es Él quien estando personalmente presente y divinamente activo en todos los miembros, sin embargo en los miembros inferiores actúa también por el ministerio de los miembros superiores. Finalmente, mientras por Su gracia Él provee para el crecimiento continuo de la Iglesia, Sin embargo, se niega a morar por medio de la gracia santificante en aquellos miembros que están completamente separados del Cuerpo (D.2288).


U.R. 2. Para el establecimiento de esta Iglesia en todas partes y hasta el fin de los tiempos, confió Jesucristo al Colegio de los doce el oficio de enseñar, de regir y de santificar (cfr. Mt. 28, 18-20; Jn. 20, 21-23). De entre ellos destacó a Pedro, sobre el cual determinó edificar su Iglesia, después de exigirle la profesión de fe; a él prometió las llaves del reino de los ciclos (cfr. Mt. 16, 28; Mt. 18,18), y previa la manifestación de su amor, le confió todas las ovejas, para que las confirmara en la fe (cfr. Le. 22, 32) y las apacentara en la perfecta unidad (cfr. Jn. 21, 15-18), reservándose Jesucristo el ser El mismo para siempre la piedra fundamental (cfr. Ef. 2, 20) y el pastor de nuestras almas (cfr. 1 Ped. 2, 25).

El Concilio Vaticano I (bajo Pío IX) en Pastor Aeternus de 18-VII-1870:

[Contra los herejes y cismáticos] Capítulo 1: Enseñamos, pues, y declaramos que, según los testimonios del Evangelio, el primado de jurisdicción sobre la Iglesia universal de Dios fue prometido y conferido inmediata y directamente al bienaventurado Pedro por Cristo Nuestro Señor... Y sólo a Simón Pedro confirmó después de su resurrección la jurisdicción de pastor y rector supremo sobre todo su rebaño, diciendo: “Apacienta mis corderos”. “Apacienta mis ovejas” (Ioh. 21, 15 ss.).

A esta enseñanza tan manifiesta de las Sagradas Escrituras, como siempre ha sido entendido por la Iglesia Católica, se oponen abiertamente las opiniones distorsionadas de quienes ... niegan que solamente Pedro, en preferencia al resto de los apóstoles, tomados singular o colectivamente, fue dotado por Cristo con un verdadero y propio primado de jurisdicción (D.1822).

León XIII en Satis Cognitum:

[No basta reconocer a Cristo como Jefe] 25. ¿Y cuál es el poder soberano a que todos los cristianos deben obedecer y cuál es su naturaleza? Sólo puede determinarse comprobando y conociendo bien la voluntad de Cristo acerca de este punto. Seguramente Cristo es el Rey eterno, y eternamente, desde lo alto del cielo, continúa dirigiendo y protegiendo invisiblemente su reino; pero como ha querido que este reino fuera visible, ha debido designar a alguien que ocupe su lugar en la tierra después que él mismo subió a los cielos ... y quiere por una imagen muy apropiada que se llame Pedro, porque es la piedra sobre la que debía fundar su Iglesia (San Cirilo Alej., In evang. Ioann. II c.l v.42.).

[Pedro, cimiento de la Iglesia] 26. Según este oráculo, es evidente que, por voluntad y orden de Dios, la Iglesia está establecida sobre el bienaventurado Pedro, como el edificio sobre los cimientos. Y pues la naturaleza y la virtud propia de los cimientos es dar cohesión al edificio por la conexión íntima de sus diferentes partes y servir de vínculo necesario para la seguridad y solidez de toda la obra, si el cimiento desaparece, todo el edificio se derrumba.

38. Estas consideraciones hacen que se comprenda el plan y el designio de Dios en la constitución de la sociedad cristiana. Este plan es el siguiente: el Autor divino de la Iglesia, al decretar dar a ésta la unidad de la fe, de gobierno y de comunión, ha escogido a Pedro y a sus sucesores para establecer en ellos el principio y como el centro de la unidad ... 

39. Pero el orden de los obispos no puede ser mirado como verdaderamente unido a Pedro, de la manera que Cristo lo ha querido, sino en cuanto está sometido y obedece a Pedro; sin esto, se dispersa necesariamente en una multitud en la que reinan la confusión y el desorden. Para conservar la unidad de fe y comunión, no bastan ni una primacía de honor ni un poder de dirección; es necesaria una autoridad verdadera y al mismo tiempo soberana, a la que obedezca toda la comunidad ... 

40. De aquí nacen entre los antiguos Padres estas expresiones que designan aparte al bienaventurado Pedro, y que le muestran evidentemente colocado en un grado supremo de la dignidad y del poder. Le llaman con frecuencia “jefe de la Asamblea de los discípulos; príncipe de los santos apóstoles; corifeo del coro apostólico; boca de todos los apóstoles; jefe de esta familia; aquel que manda al mundo entero; el primero entre los apóstoles; columna de la Iglesia” (D.1960).

41. Sería apartarse de la verdad y contradecir abiertamente a la constitución divina de la Iglesia pretender que cada uno de los obispos, considerados aisladamente, debe estar sometido a la jurisdicción de los Pontífices romanos; pero que todos los obispos, considerados en conjunto, no deben estarlo ... 

42. Este poder de que hablamos sobre el colegio mismo de los obispos, poder que las Sagradas Letras denuncian tan abiertamente, no ha cesado la Iglesia de reconocerlo y atestiguarlo.... Por esto, el decreto del concilio Vaticano I que definió la naturaleza y el alcance de la primacía del Pontífice romano no introdujo ninguna opinión nueva, pues sólo afirmó la antigua y constante fe de todos los siglos (D.1961).


U.R. 2. Jesucristo quiere que su pueblo se desarrolle por medio de la fiel predicación del Evangelio, y la administración de los sacramentos, y por el gobierno en el amor, efectuado todo ello por los apóstoles y sus sucesores, es decir, por los obispos con su cabeza, el sucesor de Pedro, obrando el Espíritu Santo; y realiza su comunión en la unidad, en la profesión de una sola fe, en la común celebración del culto divino, y en la concordia fraterna de la familia de Dios.

León XIII (Satis Cognitum):

[Pedro independiente, los Apóstoles dependientes] 37. Por esto hay necesidad de hacer aquí una advertencia importante. Nada ha sido conferido a los Apóstoles independientemente de Pedro; muchas cosas han sido conferidas a Pedro aislada e independientemente de los Apóstoles. San Juan Crisóstomo, explicando las palabras de Jesucristo que refiere San Juan (Juan 21, 15: “Cuando hubieron comido, dijo Jesús a Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?”), se pregunta por qué dejando a un lado a los otros se dirige Cristo a Pedro, y responde formalmente: Porque era el principal entre los Apóstoles, como la boca de los demás discípulos y el jefe del cuerpo apostólico (S. Crisóst. Hom. 88 in Joan, 1. P.G. 59, 478). Sólo él, en efecto, fue designado por Cristo para fundamento de la Iglesia. A él le fue dado todo el poder de atar y de desatar; a él solo confió el poder de apacentar el rebaño. Al contrario, todo lo que los Apóstoles han recibido en lo que se refiere a funciones y autoridad, lo han recibido conjuntamente con Pedro. Si la divina Bondad ha querido que los otros príncipes de la Iglesia tengan alguna cosa en común con Pedro, lo que no ha rehusado a los demás, no se les ha dado jamás sino por El (S. León M. Serm. IV, c. 2. P.L 54, 150). El solo ha recibido muchas cosas, pero nada se ha concedido a ninguno sin su participación (S. León M. Serm. IV, c. 2. P.L 54, 150).

Por dónde se ve claramente que los Obispos perderían el derecho y el poder de gobernar si se separasen de Pedro o de sus sucesores. Por esta separación se arrancan ellos mismos del fundamento sobre el que debe sustentarse todo edificio y se colocan fuera del mismo edificio; por la misma razón quedan excluidos del rebaño que gobierna el Pastor supremo y desterrados del reino cuyas llaves ha dado Dios a Pedro solamente.

[Unidad de fe, gobierno y comunión] 38. Estas consideraciones hacen que se comprenda el plan y el designio de Dios en la constitución de la sociedad cristiana. Este plan es el siguiente: el Autor divino de la Iglesia al decretar dar a esta la unidad de la fe, de gobierno y de comunión, ha escogido a Pedro y a sus sucesores para establecer en ellos el principio y como el cetro de la unidad. Por esto escribe San Cipriano: hay, para llegar a la fe, una demostración fácil que resume la verdad. El Señor se dirige a Pedro en estos términos: “Te digo que eres Pedro”... Es, pues, sobre uno sobre quien edifica la Iglesia. Y aunque después de su Resurrección confiere a todos los Apóstoles un poder igual, y les dice: “Como mi Padre me envió...” no obstante, para poner a la unidad en plena luz, coloca en uno solo, por su autoridad, el origen y el punto de partida de esta misma unidad (S. Cipr. De unitate Eccl. n. 4. P.L 4, 498.)

Y San Optato de Mileve escribe: Tú sabes muy bien, no puedes negarlo, que es a Pedro, el primero a quien ha sido conferida la Cátedra episcopal en la ciudad de Roma; es en la que está sentado el jefe de los Apóstoles, Pedro, que por esto ha sido llamado Cefas. En esta Cátedra única es en la que todos debían guardar la unidad, a fin de que los demás Apóstoles no pudiesen atribuírsela cada uno en su Sede, y que fuera en adelante cismático y prevaricador quien elevara otra Cátedra contra esta Cátedra única (De Schism. Donat. lib. II, 2. P.L 11.947).

Pío XII en Mystici Corporis:

42. En consecuencia, los obispos... cada uno como verdadero pastor apacienta la grey que le ha sido encomendada y la gobierna en el nombre de Cristo (Conc. Val. I, D. 1828). Sin embargo, en el ejercicio de este oficio no son del todo independientes, sino que están subordinados a la autoridad legítima del Romano Pontífice, aunque gozan del poder ordinario de jurisdicción que reciben directamente del mismo Sumo Pontífice (D.2287).


U.R. 2. Así, la Iglesia único rebaño de Dios, como un lábaro alzado ante todos los pueblos (cfr. Is. 11, 10-12), comunicando el Evangelio de la paz a todo el género humano (cfr. Ef. 2, 17-18; Me. 16, 15), (cfr. 1 Ped. 1, 3-9). peregrina llena de esperanza hacia la patria celestial.

León XIII (Satis Cognitum):

[Unidad de los miembros con la cabeza y entre sí] 9.  La Iglesia de Cristo es, pues, única y además, perpetua: “quien se separa de ella, se aparta de la voluntad y de la orden de Jesucristo Nuestro Señor, deja el camino de salvación y corre a su pérdida” (S. Cipr. De Calh. Eccl. Onil. 6. P.L 4, 503).

10. Pero aquel que ha instituido la Iglesia única, la ha instituido una; es decir, de tal naturaleza, que todos los que debían ser sus miembros habían de estar unidos por los vínculos de una sociedad estrechísima, hasta el punto de formar un solo pueblo, un solo reino, un solo cuerpo. “Sed un solo cuerpo y un solo espíritu, como habéis sido llamados a una sola esperanza en vuestra vocación” (Efes. 4, 4).

En vísperas de su muerte, Jesucristo sancionó y consagró del modo más augusto su voluntad acerca de este punto en la oración que dirigió a su Padre: No ruego por ellos solamente, sino por aquéllos que por su palabra creerán en mí... a fin de que ellos también sean una sola cosa en nosotros... a fin de que sean consumados en la unidad (Juan 17, 20, 22-23) Y quiso también que el vínculo de la unidad entre sus discípulos fuese tan íntimo y perfecto que imitase en algún modo a su propia unión con su Padre: os pido... que sean todos una misma cosa, como vos, mi Padre, estáis en mí y yo en vos (Juan 17. 21)


U.R. 2 Este es el sagrado misterio de la unidad de la Iglesia en Cristo y por medio de Cristo, comunicando el Espíritu Santo la variedad de sus dones. El modelo supremo y el principio de este misterio es la unidad de un solo Dios en la Trinidad de personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Pío IX, Concilio Vaticano de 1869-1870:

Proemio: El eterno Pastor y guardián de nuestras almas ... suplicó a su Padre, no sólo por los apóstoles sino también por aquellos que creerían en Él a través de su palabra, que todos ellos sean uno como el mismo Hijo y el Padre son uno ... Así entonces, como mandó a los apóstoles, que había elegido del mundo, tal como Él mismo había sido enviado por el Padre, de la misma manera quiso que en su Iglesia hubieran pastores y maestros hasta la consumación de los siglos.

Así, para que el oficio episcopal fuese uno y sin división y para que, por la unión del clero, toda la multitud de creyentes se mantuviese en la unidad de la fe y de la comunión, colocó al bienaventurado Pedro sobre los demás apóstoles e instituyó en él el fundamento visible y el principio perpetuo de ambas unidades, sobre cuya fortaleza se construyera un templo eterno, y la altura de la Iglesia, que habría de alcanzar el cielo, se levantara sobre la firmeza de esta fe.

Y ya que las puertas del infierno, para derribar, si fuera posible, a la Iglesia, se levantan por doquier contra su fundamento divinamente dispuesto con un odio que crece día a día, juzgamos necesario, con la aprobación del Sagrado Concilio, y para la protección, defensa y crecimiento del rebaño católico, proponer para ser creída y sostenida por todos los fieles, según la antigua y constante fe de la Iglesia Universal, la doctrina acerca de la institución, perpetuidad y naturaleza del sagrado primado apostólico, del cual depende la fortaleza y solidez de la Iglesia toda; y proscribir y condenar los errores contrarios, tan dañinos para el rebaño del Señor.

Capítulo 2: Aquello que Cristo el Señor, príncipe de los pastores y gran pastor de las ovejas, instituyó en el bienaventurado Apóstol Pedro, para la perpetua salvación y perenne bien de la Iglesia, debe por necesidad permanecer para siempre, por obra del mismo Señor, en la Iglesia que, fundada sobre piedra, se mantendrá firme hasta el fin de los tiempos.

“Para nadie puede estar en duda, y ciertamente ha sido conocido en todos los siglos, que el santo y muy bienaventurado Pedro, príncipe y cabeza de los Apóstoles, columna de la fe y fundamento de la Iglesia Católica, recibió las llaves del reino de nuestro Señor Jesucristo, salvador y redentor del género humano, y que hasta este día y para siempre Él vive”, preside y “juzga en sus sucesores” (cf. Concilio de Efeso, v. 112), los obispos de la Santa Sede Romana, fundada por él mismo y consagrada con su sangre.

Por lo tanto todo el que sucede a Pedro en esta cátedra obtiene, por la institución del mismo Cristo, el primado de Pedro sobre toda la Iglesia. “De esta manera permanece firme la disposición de la verdad, el bienaventurado Pedro persevera en la fortaleza de piedra que le fue concedida y no abandona el timón de la Iglesia que una vez recibió” (San León M. Sermo 3 de natali ipsius 3 (P.L. 16, 946 A)

Por esta razón siempre ha sido “necesario para toda Iglesia -es decir para los fieles de todo el mundo- estar de acuerdo con la Iglesia Romana debido a su más poderosa principalidad” (San Ireneaus, adv. haer. 3, 3 (P.G. 7, 849 A), para que en aquella sede, de la cual fluyen a todos “los derechos de la venerable comunión” (S. Ambrosius, Epist. 11; 4 (P.L. 16, 946 A), estén unidos, como los miembros a la cabeza, en la trabazón de un mismo cuerpo (D.1824).

Continúa...



SOBRE FUNERALES Y MISAS POR LOS DIFUNTOS

Noviembre, el mes de las Almas Benditas, siempre trae consigo una serie de artículos sobre el estado actual, o la difícil situación, de los funerales católicos y las Misas de Difuntos. 

Por Peter Kwasniewski


A medida que pasan los años, tenemos un reconocimiento cada vez más extendido de que algo ha ido drásticamente mal con la forma en que los católicos abordan la oración por los muertos.

Me gustaría mencionar aquí cuatro artículos de potencial interés para los lectores y dar algunos extractos.

El primero es “El escándalo de los funerales católicos modernos”.
Una vez murió una persona muy importante en mi vida. Asistí al funeral. Era una ceremonia de “canonización” del Novus Ordo, dirigida por un sacerdote y tres mujeres con trajes de falda que oficiaban en el santuario. Todos los presentes en el funeral estaban vestidos de negro, excepto el sacerdote, que vestía de blanco. La disyuntiva era evidente y de mal gusto. El contraste entre el profundo instinto humano del duelo, que se puede decir que es una parte inerradicable del sensus fidelium, y los reformadores litúrgicos chiflados que introdujeron el blanco como color para las misas de difuntos, nunca fue tan obvio para mí.

Sin embargo, el día anterior, mi familia y yo habíamos asistido a una misa de Requiem tradicional, cantada por un sacerdote amigo. El contraste no sólo era profundo, sino también chocante. Entre ese día y el siguiente, estábamos emocionalmente suspendidos entre dos ofrendas radicalmente diferentes para los muertos: una que se tomaba la muerte con una seriedad mortal, que se preocupaba por el destino del alma del difunto y nos permitía sufrir; otra que dejaba la muerte a un lado con lugares comunes y promesas vacías. El contraste entre las vestimentas negras del viernes, el Dies irae y los sufragios susurrados; y la casulla blanca coronada por una estola y los sentimientos amplificados de buena voluntad universal del sábado parecían ejemplificar el abismo que separa la fe de los “santos del modernismo” prematuramente envejecido de ayer.

Me encontré pensando: El mayor milagro de nuestros tiempos es que la Fe Católica ha sobrevivido a la “reforma litúrgica”.
Por otra parte, el Dr. Joseph Shaw, presidente de la Sociedad de Misas Latinas de Inglaterra y Gales y un bloguero muy apreciado, ha dejado un artículo digno de mención:

Por qué los funerales católicos anteriores al Vaticano II expresaban mejor la gravedad de la muerte
Los cantos de la Misa Tradicional de Difuntos, llamada por la primera palabra de la Misa propiamente dicha, Requiem, incluyen algunos de los más antiguos, solemnes y conmovedores de la Iglesia. Expresan la seriedad, la gravedad de la muerte, y piden la misericordia de Dios para los difuntos. 

Fue chocante para muchos cuando el Dies Irae y otros cantos fueron eliminados de la Misa de Difuntos tras la reforma litúrgica que siguió al concilio Vaticano II. Annibale Bugnini explicó el razonamiento de los “reformadores” de la siguiente manera en The Reform of the Liturgy (La reforma de la liturgia) p. 773:
Se deshicieron de textos que olían a una espiritualidad negativa heredada de la Edad Media. Así, eliminaron textos tan familiares e incluso queridos como el Libera me, Domine, el Dies irae y otros que hacían demasiado hincapié en el juicio, el miedo y la desesperación. Los sustituyeron por textos que exhortaban a la esperanza cristiana y daban una expresión más eficaz a la fe en la resurrección. 
La idea de que los textos en cuestión “enfatizan demasiado” en la “desesperación” (¿hasta qué punto debería enfatizarse la desesperación, nos preguntamos?) es una burda caracterización errónea. Los textos de la antigua Misa de Difuntos hablan de la misericordia de Dios y del don de la salvación, en el contexto de la culpa humana y la justicia de Dios.
Por último, pero no menos importante, Shawn Tribe continúa promoviendo los mejores y más hermosos elementos de la estética litúrgica católica, como vemos en “El valor del negro como color litúrgico”.

Que cada noviembre que pasa, y de hecho el paso de cada uno de los fieles de Cristo a la eternidad, esté acompañado de exequias y oraciones dignas de la dignidad del bautismo cristiano, que testifiquen de la realidad de las Cuatro Últimas Cosas y huelan a la piedad, la devoción y la oración ferviente de los siglos.


New Liturgical Movement