viernes, 5 de abril de 2024

TENTACIONES

Jesucristo salió vencedor de la lucha contra las tentaciones. ¡Ojalá que sepamos vencer también nosotros! 

IV

TENTACIONES


Sus clases: ¿Qué son las tentaciones sino tempestades en la vida del hombre? Así como los vientos soplan ya del Sur, ya del Norte; así como las tempestades vienen acompañadas a veces de viento huracanado, de lluvias pesadas y de granizo; y ora pasan pavorosas sobre las veloces alas del viento tifón; ora, embozadas en negras y tupidas nubes, nos amedrentan día y noche; así las tentaciones. Muchas veces nos sorprenden, surgiendo de donde menos lo esperábamos; otras, se insinúan blanda y agradablemente, para después asustarnos, cual furiosa tempestad, que amenaza derribar el techo sobre nuestra cabeza. Es importante aprender a distinguir entre tentaciones culpables e inculpables. Hay tentaciones francas y abiertas, y otras encubiertas y disfrazadas; de algunas somos culpables, y de otras, no. Veamos las enseñanzas que nos da el evangelio sobre este punto.

1. Tentaciones abiertas y encubiertas.- Por relación al conocimiento, divídense las tentaciones en abiertas y disfrazadas. 

a) Abiertas. ¿Queréis un ejemplo de tentación abierta y franca? El Evangelio de hoy nos lo presenta. El demonio ofrece al Salvador las riquezas del mundo, exigiéndole en cambio el tributo de adoración. La malicia de esta pretensión era evidente, porque se oponía de frente al primer Mandamiento de la ley de Dios. Así son la mayor parte de las tentaciones que nos asaltan. Pongamos ejemplos. Si un joven o una joven, contra la voluntad de sus padres, mantienen relaciones peligrosas; si los casados, dejándose arrastrar por motivos indignos, procuran frustrar los fines naturales del matrimonio, ni estos ni aquellos pueden dudar de la ilicitud de su proceder. Las prescripciones del cuarto y del sexto Mandamiento son también evidentes en estos dos casos. Se trata, por lo tanto, de una tentación franca y abierta. Para combatirla, no será menester más que un poco de buena voluntad y de energía. 

b) Encubiertas. Hay otras tentaciones diferentes de estas: las encubiertas y disfrazadas. ¿Queréis también un ejemplo? En el Evangelio de hoy lo hallaréis igualmente. Propone el demonio a nuestro Señor que salte del pináculo del templo a la calle. ¿Qué motivo alega para justificar esta tentación? “¡Hazlo sin miedo! Tienes en tu favor la palabra de la Biblia: 'Te ha encomendado a sus ángeles, los cuales te tomarán en sus manos para que tu pie no tropiece contra alguna piedra'” (Mat. 4,6).

Otro que no fuera Nuestro Señor, por muy piadoso que fuese, habría caído en el lazo. De esta manera el demonio, al tentar al hombre, procede como el artero enemigo que echa mano del veneno para librarse del odiado rival ¿Lo hará llegar a poder de la víctima, con el rótulo y etiqueta tal cual lo adquirió en la farmacia? Necio sería si así procediese, pues se frustraría su intento. ¡No! El tóxico se diluye en agua, en vino o en cualquier otra bebida generosa, y es propinado así, de modo más atrayente y encubierto. Con lo cual, engañada a la víctima, bebe la muerte. Las tentaciones disfrazadas y encubiertas son mil veces más peligrosas que las que se presentan abiertamente. Para conocerlas es indispensable el consejo del confesor. Este es el aliado por excelencia que Dios nos da para luchar con ventaja contra la astucia del demonio.

2. De las tentaciones, unas son culpables y otras inculpables.- a) Inculpables. En ninguna de las tres tentaciones a que Nuestro Señor fue sometido, le cupo la menor culpa. Conducido por el Espíritu Santo al desierto, dirigióse a él para orar y ayunar. Ni la soledad, ni la oración podían ser alicientes de pecado. De la misma forma, somos también a veces asaltados por las tentaciones. El que camina por la calle no puede evitar que sus ojos vean a tal o cual mujer, escandalosa y provocativamente vestida, o cualquier otro objeto capaz de causar malos pensamientos o tentaciones. Esto no es motivo para que nadie se inquiete, aún cuando tales tentaciones perduren horas y aún días. Dios nos asiste con su gracia, y no consciente que la tentación exceda los límites de nuestra resistencia moral. Con la gracia divina, no hay quien sea incapaz de vencer las tentaciones involuntarias, por provocativas o impertinentes que sean.

b) Culpables. Muy diferentes son las tentaciones procuradas y provocadas de propósito. Así, por ejemplo, permanecer en un empleo que ofrece serios peligros para la virtud y la fe; mantener relaciones ilícitas y peligrosas con persona de otro sexo, sin tener intención o posibilidad de contraer matrimonio con ella; frecuentar malas compañías; leer diarios impíos, saborear revistas escandalosas; asistir a exhibiciones cinematográficas poco decentes, etc., etc., todo eso equivale a buscar la tentación y provocarla. El que así procede sabe perfectamente que juega con su virtud y con su fe. Fáltale, sin embargo, voluntad y energía para poner freno a sus pasiones, y rueda al precipicio con toda su virtud y religión.

¡Terrible riesgo el que la pobre criatura humana corre, al jugar con la justicia divina, despreciando tan ligeramente la gracia que Dios le ofrece! Si el que una vez te ofendió, aparentemente arrepentido y en actitud suplicante, viniera a postrarse a tus pies y a pedirte perdón abrazado tus rodillas, e inmediatamente después, continúa siendo tu enemigo, ¿qué esperanza podrías abrigar de una segunda reconciliación? El que continuamente está pidiendo a Dios: “no nos dejes caer en la tentación”, para lanzarse enseguida a las furiosas y agitadas olas de la vida con sus peligros y tentaciones, ¿no obra en realidad como si nada tomara en serio? Pues de esta manera procede el hombre con Dios. El Señor es bondadoso, y nunca niega su gracia y asistencia al pobre mortal, siempre que se le pida con sinceridad y buena voluntad. ¡Pero ay de aquel que se imagine que Dios es un juguete con quien se puede uno divertir! Más tarde o más temprano comprobará por triste experiencia que se halla abandonado y yaciendo en el pecado como en su propia tumba.

Jesucristo salió vencedor de la lucha contra las tentaciones. ¡Ojalá que sepamos vencer también nosotros! Si así fuere, en la hora de nuestro tránsito, vendrán los ángeles a servirnos. Alegres nos llevarán a los eternos y floridos valles, donde nuestro Maestro y Señor nos esperará alborozado, con aquella dulcísima salutación en los labios: “Ea, siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor!” (Mat.25:21).


Tomado del libro “Salió el sembrador” del padre Juan B. Lehmann de la Congregación del Verbo Divino, edición 1944.


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LAS VIRTUDES MILITARES QUE TODO CATÓLICO DEBE TENER (IV)

Si no estamos siendo atacados, podríamos hacernos estas preguntas: ¿Es porque estamos haciendo concesiones a la Revolución? ¿No deberíamos ser atacados con más fuerza?

Por el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira


Sabéis que Louis Veuillot fue un gran periodista católico del siglo XIX en Francia. En aquella época el movimiento contrarrevolucionario contaba con muchos intelectuales que lamentablemente estaban haciendo diversas concesiones a la Revolución. Veuiilot era quizás quien ocupaba la posición más pura entre aquellos católicos ultramontaños. En 1913, cuando se conmemoró el centenario de su nacimiento, San Pío X pronunció un magnífico elogio de Veuillot, uno de los más altos homenajes que un católico puede recibir de un Papa.

Entre sus numerosas producciones literarias, Veuillot escribió el libro “La guerra y el hombre de guerra” [La guerre et l'homme de guerre]. Tengo aquí un extracto de este libro que leeré y luego haré algunos comentarios.

Permítanme recordarles que no podemos perder de vista el hecho de que la Iglesia existe en esta tierra para luchar y que sus relaciones normales con quienes están fuera y dentro de sus muros se caracterizan siempre por el combate. Afuera tiene sus adversarios, los herejes, los cismáticos, los paganos y los judíos. En su interior, tiene una doble lucha: primero, cada católico debe luchar contra sus propios defectos y la Iglesia debe alentarlo y ayudarlo a hacerlo; segundo, tiene que luchar contra quienes promueven el trabajo de la antiiglesia dentro de sus muros. Asumimos estas obligaciones de batalla porque somos miembros de la Iglesia Militante.

Así, todo lo que tenga que ver con la condición militar puede trasponerse a la vida católica. Por ello comentaremos este texto de Veuillot:
Todo hombre nace soldado, aunque no todos los soldados usarán sus armas. Los que combaten, sin embargo, son privilegiados a los ojos del Dios de los Ejércitos, quien se regocija al pasar revista ante sus guerreros. Cada uno que porta armas asume la responsabilidad de la seguridad física de sus conciudadanos, de la vida y la libertad de sus hermanos.

Él toma la espada y el escudo para aquellos que carecen de ellos y para aquellos que son demasiado débiles para llevarlos y usarlos. Y Dios le dice, como le dijo a Gedeón, a Josué y a otros jefes de su pueblo: “Estas son mis órdenes: Sed valientes; No temáis a ningún enemigo que aparezca ante vosotros por muy fuertes y numerosas que sean sus fuerzas. Estoy con vosotros. Iré en vuestra ayuda y os juzgaré por vuestra valentía”. Éste es el mandato de Dios, el primer principio detrás del deber de todo soldado y la más firme validación de su valor.
Es un texto muy hermoso, que comienza con el primer juego de pensamientos: Todo hombre nace soldado, aunque no todo soldado usará sus armas. Sí, todos los hombres nacen soldados porque, como dice la Escritura, Militia est vita hominis super terram [La vida del hombre sobre la tierra es una guerra] (Job 7,1). Nuestra vida es una lucha, y así debemos considerarla ante todo.

Escena del bautismo de la Capilla Sainte Chapelle de París.

Un hombre nace soldado en el primer momento en que ve la luz natural. Luego, cuando es bautizado, recibe la luz de la gracia y nace por segunda vez, ahora a la vida sobrenatural, convirtiéndose en soldado en su defensa. Además, la Iglesia tiene un Sacramento especial que confirma al hombre como soldado en el pleno sentido de la palabra. Es el Sacramento de la Confirmación o Crisma. Al armarnos como Caballeros, nos confiere la vocación militar, la vocación de luchar por la Iglesia.

Veuillot afirma que no todos los soldados utilizan sus armas en el campo de batalla, pero quien lo hace es un privilegiado. Concuerdo con esta declaración. Dado que el deber del soldado es luchar, cuando toma las armas para entrar en batalla se convierte en un privilegiado. Imaginemos un pintor que no pinta, un músico que no puede hacer música, un cantante que no puede cantar, un profesor que no puede dar clases, un diplomático al que se le impide dedicarse a la política. Ciertamente son hombres infelices. Tienen todas las habilidades para ejercer tal o cual actividad, pero sus talentos están en desuso y son inoperantes. Lo mismo se aplica al soldado. Tiene una capacidad militar que no puede cumplir a menos que entre en batalla. Entonces se convierte en un privilegiado; cumple su vocación.

¡Ay del país cuyos soldados están tristes y descontentos cuando entran en batalla! El soldado debe estar alegre cuando llega la guerra para poder luchar. Por supuesto, en la base de toda guerra hay un pecado, y el soldado no puede desear el pecado. La guerra generalmente también da lugar a muchos otros pecados: asesinatos de civiles, bombardeos inútiles, crímenes contra la propiedad privada, el honor, etc. Incluso en una guerra justa estos pecados ocurren y nadie puede desearlos. Pero cuando la guerra se hace necesaria, el soldado se alegra porque puede ejercitar sus talentos.

Por orden de Dios, el ejército de Gedeón hace sonar sus trompetas y ataca el campamento madianita.

Alguien podría objetar: ¡Esto es absurdo! ¿Cómo podría una persona ser feliz en medio de tales atropellos?

Yo respondería: No, esto no es absurdo, sino la forma de vida normal. Un médico no debe desear enfermedades; sin embargo, se siente infeliz cuando no hay enfermos que curar. Un médico sin pacientes es un hombre infeliz. Su genio y sus habilidades están orientados a curar a las personas. Por diferentes razones, es feliz cuando no hay enfermedad, pero al mismo tiempo, en tales circunstancias, no puede ejercer su genio y sus talentos. Aquí no hay contracción. Es la forma natural en que operan los asuntos humanos. Lo mismo se aplica al soldado.

Nosotros que somos militantes de la Iglesia de Dios no debemos tomar la postura cobarde: “¡Qué alivio que Dios me haya dado una vida tan pacífica! ¡Qué bendición es que nunca he tenido la oportunidad de luchar por Él!” Si uno alberga este pensamiento, traiciona su misión. Porque en el servicio de Dios siempre está la lucha. Si un hombre no lo tomó, es porque se negó a ver al adversario o huyó de él en la hora del asalto. Así traicionó su deber.

La marca del católico es luchar y amar la lucha. Mientras estemos en esta tierra, es normal que de vez en cuando seamos tentados. La tentación puede venir incluso sin culpa nuestra, para formarnos y hacernos progresar. Debemos afrontar la tentación con confianza en Nuestra Señora, con piedad, vigilancia y alegría. Estamos alegres porque estamos demostrando nuestra fidelidad a Nuestra Señora. Recuerdo haber escuchado este elogio de un Santo -he olvidado su nombre- leído durante una Misa: “Pudo haber hecho el mal, pero no lo hizo”. Nosotros deberíamos hacer lo mismo. Deberíamos elegir la virtud incluso cuando todo lo que nos rodea nos lleva a disfrutar la vida.

La pureza de una mujer fea, que no tiene encanto y es rechazada por todo hombre, es ciertamente una virtud preciosa ante los ojos de Dios. Pero la pureza de una mujer a quien Dios dio belleza y encanto es aún más preciosa delante de Dios, porque fácilmente pudo haber hecho el mal y no lo hizo; practicó la virtud de la pureza como si fuera la mujer más hogareña.

San Vicente Ferrer siempre atrajo multitudes.

Una vez San Vicente Ferrer fue a predicar a Barcelona - era un gran predicador en el siglo XV y Barcelona estaba en su apogeo de prestigio y brillantez. La ciudad le brindó un recibimiento soberbio. De todas las ventanas colgaban tapices para rendirle homenaje; la gente le aclamaba y vitoreaba a su paso; recorría las calles bajo un palio portado por los más altos personajes de la ciudad. Mientras caminaba, permanecía recogido y en oración.

En cierto momento, alguien se le acercó y le susurró al oído: “¿Nunca te tienta la vanidad, Hno. ¿Vincent? Miró a su alrededor toda aquella gloria y respondió: “Vuela a mi alrededor pero no entra”.

No asumió una posición arrogante: “Ni siquiera siento la tentación de la vanidad”. Tampoco aceptó un estúpido y sentimental: “Pobre de mí, soy un pozo sin fondo de vanidad”. En cambio, respondió apropiadamente: “Vuela a mi alrededor pero, por la gracia de Dios, no entra en mi alma”. Esta respuesta se traduce como: “Soy un hombre; la tentación es fuerte y estoy siendo tentado ahora mismo. Pero, ayudado por la gracia, no le hago concesiones, para que no entre en mi alma”. Podría haber disfrutado de esa gloria, pero no lo hizo. Una posición así tiene un valor especial.

Por lo tanto, es normal caer en la tentación. No es normal sorprenderse o deprimirse ante una tentación. Como regla general recibimos tentaciones. Dios les permite templar nuestras almas. El alma que dice “no” al Diablo sale de la lucha más fuerte y más dependiente de Nuestra Señora. El buen siervo utiliza sus talentos en esta lucha y entrega el botín de la batalla a su Señora. Por eso, siendo soldados, siendo militantes, debemos entusiasmarnos con la lucha.

El católico debe tener un gran amor por la lucha y el espíritu militante.

También es normal que nosotros –como contrarrevolucionarios– seamos atacados por nuestros enemigos. A veces veo personas que se asombran al ver que recibimos tantos golpes de los comunistas, las calumnia de la falsa derecha, o las emboscadas provenientes de una autoridad eclesiástica progresista. No hay nada de extraordinario en estos ataques. Vienen porque somos contrarrevolucionarios y confirman que estamos en el camino correcto.

Cumplen la profecía que Dios hizo en el Paraíso al hablar a la serpiente: “Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la de ella, y ella te aplastará la cabeza” (Génesis 3:15). Como consecuencia, los hijos de Nuestra Señora lucharán contra los hijos de la serpiente hasta el último día del mundo. Si no fuéramos atacados, no seríamos sus hijos.

El resultado es que cuanto mejores y más fieles seamos, más seremos atacados. Así, el buen soldado no debería sorprenderse de ser agredido; es normal. En cambio, si no estamos siendo atacados, podríamos hacernos estas preguntas: ¿Es porque estamos haciendo concesiones a la Revolución? ¿No deberíamos ser atacados con más fuerza? ¿Estamos haciendo todo lo que deberíamos estar haciendo?

Deberíamos tener un mayor amor por la lucha y el espíritu militante. Deberíamos tener la inocencia de la paloma en nuestros objetivos y en la legitimidad de nuestros métodos. Pero también debemos tener la astucia de la serpiente para ejecutar nuestros buenos objetivos y adoptar planes inteligentes para atacar al adversario en cada oportunidad legítima.

Continúa...


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OBJECIONES CONTRA LA RELIGION (41)

¿Para qué sirve la confesión?

Por Monseñor de Segur (1820-1881)


Para algo servirá cuando está mandada por Dios mismo; pues Dios no manda nada sin razón suficiente ni sin causa muy justa.

Por de pronto, te diré que tú no eres juez en la materia, si no tienes costumbre de confesarte. Ve a hacerlo, y entonces verás de lo que sirve.

Y mientras lo haces o no, pregúntale de lo que sirve a ese jovencito que, lleno de vicios, había arruinado su caudal y su salud; pregúntale por qué de algún tiempo acá está más tranquilo, goza mejor salud y va reponiendo su caudal; pregúntale cómo se realiza en él ese milagro. ¿Qué le pasa? Nada más sino que antes no se confesaba y ya se confiesa.

Pregúntale a aquel artesano, que era un borrachín, holgazán y quimerista, qué le ha pasado que de repente se ha convertido en un padre de familia, trabajador, honrado y pacífico, modelo en todo de sus camaradas. ¡Poca cosa! Salió una mañana a la iglesia: estuvo una horita de conversación con el cura de su parroquia en el confesonario. Su mujer y sus hijos dicen, llenos de alegría, que desde aquella mañana está desconocido.

A esa otra pobre mujer, cargada de familia, maltratada por el bribonzuelo de su marido, y que, desesperada la infeliz, ha estado mil veces para echarse por el Viaducto, pregúntale por qué un día ofreció a Dios con humildad sus trabajos y aflicciones, y desde entonces sufre como una santa sus miserias y las molestias de su marido y las molestias de sus hijos, sin que nadie ya le oiga una queja, y viendo todo el mundo la risa siempre en sus labios. ¿Qué ha sucedido en aquella casa, que de repente el marido empieza a respetar a su mujer y a tener mejor conducta? Nada; que el marido, admirando primero a su mujer, y queriendo después imitarla, se ha confesado como ella, y a consecuencia sucede la friolera de haberse evitado un suicidio, de haberse reconciliado un matrimonio y de haber entrado la paz y la abundancia y la virtud en una familia donde antes vivían la miseria y el vicio y la guerra.

A aquel otro vecino tuyo, que siempre se estaba quejando, y con razón, de que en su casa se gastaba más de lo regular, pregúntale si sabe por qué de poco tiempo acá se da mejor trato con menos dinero, y de dónde le ha venido cierta onza de oro que un día le llevó el cura de su parroquia, diciéndole que era una restitución de dinero que le habían robado. Tu vecino no lo sabe; quien lo sabe es el raterillo de un su criado, que había hecho pacotilla a fuerza de sisarle, y que, entrando a cuentas con su conciencia, fue a confesarse. ¿Qué se ha conseguido con esta confesión? Nada; un ladrón menos, un grillete menos en el presidio, o quizá un banquillo menos en el garrote.

Algo parecido a esto debió de haber visto Rousseau, cuando, a pesar de su odio al Catolicismo, no ha podido menos de decir: “¿Cuántas restituciones y desagravios no consigue la confesión entre los católicos?” Lo mismo le debió parecer a cierto ministro protestante, gran mofador de la confesión y comunión de los católicos, el día en que un sacerdote fue a entregarle una cantidad, no floja, de dinero que le habían robado. El buen ministro se enterneció, hasta el punto de que muchas veces desde entonces ha dicho: Preciso es convenir en que la confesión es cosa buena.

Que te respondan de esta verdad los pobres de tal pueblo, que, llenos de gratitud, llaman su providencia al ricacho aquel convecino suyo, que antes no se acordaba de ellos para nada, que toda su renta se la gastaba en su propio regalo, y que de algún tiempo a esta parte se ha convertido en padre de todos los desdichados y en remedio de todos los menesterosos del pueblo. ¿Qué ha pasado en el alma de aquel rico, antes tan sin entrañas, y hoy tan bueno y caritativo? Pregúntaselo al cura de su pueblo, que le echó un día en cara su crueldad, le hizo llorar y lo llevó a los pies de su confesonario. ¿Que para qué sirve la confesión? Para salvarnos de un vicio que empieza a poseernos; para librarnos del remordimiento que nos está quitando el sueño y la paz y la alegría; para acostumbrarnos a esta dificilísima tarea de estudiarnos y conocernos a nosotros mismos, haciéndonos examinar nuestra conciencia.

Pregúntale de qué le sirve la confesión a ese pobre moribundo, que veía llegar lleno de terrores su última hora, y que ya la aguarda con confianza y hasta con alegría. “¿Qué poder es éste de la confesión de los católicos?”, preguntaba el médico protestante M. Tissot, al ver cómo una señora católica, a quien él asistía sin esperanza de salvarla, empezó a mejorar desde el punto que fue administrada, hasta sanar enteramente.

No menos notables son las palabras de otro médico, también protestante, M. Badel, que, enseñado por sus experiencias propias, dice sin reparo que “la confesión es útil, no sólo a los particulares, sino a la sociedad toda entera, y que es cosa que merece fijar la consideración de todo el que se interese en el bien de la humanidad”.

¡Ah, hijo mío! ¡Ojalá que, volviendo nuestra España a practicar la Religión de nuestros padres con la fe y el celo que en otros tiempos lo hizo, se restableciese en todas las familias la saludable costumbre de confesar siquiera una vez al año para cumplir el precepto de la Iglesia! ¡Ojalá que acudiéramos con más frecuencia y más generalmente a este Sacramento de misericordia y de redención!

¡Cuán otro sería el estado de nuestras costumbres! ¡Cuánto ganaría la paz de nuestros pueblos! ¡Cuán pronto se acabarían estos rencores y luchas políticas que nos envilecen y arruinan! ¡Cuánto y cuánto ganaríamos hasta en estos mismos bienes materiales, que son hoy día tan codiciados y buscados!



jueves, 4 de abril de 2024

COREA: ORDENACION DE SACERDOTES DANZANTES

Cuando los sacerdotes ya no tienen como modelo a Nuestro Señor Jesucristo y Su Cruz sino que intentan imitar a las estrellas de televisión, ¿cómo podemos esperar que dirijan las almas?


El 24 de enero de 2024, fiesta de San Francisco de Sales, la Inspectoría Salesiana de Corea ordenó tres nuevos “sacerdotes” y un “diácono” en su Casa de Seúl. El celebrante fue el arzobispo emérito de Gwangu, Hijino Kim HeeJung.

Tras las “ordenaciones” y la primera “misa” de los nuevos “sacerdotes”, los tres 
“sacerdotes” y el “diácono” realizaron un espectáculo de canto y baile al son de una canción de K-Pop con la letra adaptada a temas religiosos.

Cuando los sacerdotes ya no tienen como modelo a Nuestro Señor Jesucristo y su Cruz, sino que intentan seguir a las estrellas de la radio y la televisión, ¿qué podemos esperar de la forma en que dirigirán a las almas? Nada de acuerdo con la enseñanza bimilenaria de la Iglesia Católica.

Por el contrario, los fieles recibirán de ellos la doctrina progresista de la Iglesia conciliar, concebida para complacer al mundo y que aprueba todos sus excesos.


El “arzobispo” Hijino Kim y el provincial “padre” Timothy Won posan en el centro de una foto de los “sacerdotes” y el “diácono” recién ordenados.

La coreografía elegida por estos “sacerdotes” y el “diacono” coreanos recién ordenados nos dejan sin palabras...

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BERGOGLIO SOBRE RATZINGER: "FUI YO QUIEN HIZO QUE LO ELIGIERAN"

En un libro-entrevista, Francisco revela detalles del Cónclave de 2005. Pero nuevos recuerdos contradicen declaraciones anteriores

Por Nico Spuntoni


Francisco sigue desvelando detalles del Cónclave. Lo ha hecho en un nuevo libro-entrevista titulado 'Papa Francisco. El sucesor' escrito junto al periodista Javier Martínez-Brocal y del que el diario Abc publicó un adelanto. El nuevo volumen está dedicado a Benedicto XVI pero lleva una fotografía de Francisco en la portada. El cónclave del que habla abiertamente el “pontífice reinante” en la entrevista, sin embargo, no es el de 2013. Sus revelaciones, de hecho, están relacionadas con la “elección” de Benedicto XVI en 2005, cuando su nombre fue el segundo más votado, según se ha filtrado en varias ocasiones y como también confirma implícitamente el propio interesado en esta enésima entrega pública.


La versión de Bergoglio

Sabemos que en 2005 Joseph Ratzinger fue elegido tras cuatro votaciones. Según diversas reconstrucciones, el argentino Bergoglio obtuvo hasta 40 preferencias en la tercera votación frente a las más de 70 del alemán. En una entrevista concedida hace unos años a 'La Voz del Pueblo', Francisco había abordado el mismo tema diciendo que “internamente estaba claro que Benedicto tenía que ser elegido y había casi unanimidad para ello y me gustaba mucho. Su candidatura estaba clara, en la segunda no había candidato. Había varios candidatos, pero ninguno fuerte”. En el nuevo libro-entrevista, sin embargo, Bergoglio desmiente esta versión suya anterior y se presenta como el hombre que desbloqueó el juego del cónclave al permitir la elección de Ratzinger con un supuesto paso atrás.

Francisco confirmó que había recogido 40 votos, precisando que “fueron suficientes para frenar la candidatura del cardenal Joseph Ratzinger, porque si hubieran seguido votando por mí, no habría podido alcanzar los dos tercios necesarios para ser elegido papa”. Contradiciendo, por lo tanto, la tesis de la casi unanimidad sobre el entonces Decano del Colegio y la ausencia de otras candidaturas, Bergoglio afirmó: “No era ésta la idea de quienes estaban detrás de las votaciones. La maniobra consistía en proponer mi nombre, bloquear la elección de Ratzinger y luego negociar otro tercer candidato. Me dijeron, mucho tiempo después, que no querían un 'papa' extranjero”.

Una versión doblemente opuesta a la anterior ya que el jesuita argentino aseguraba que “me estaban utilizando, pero detrás ya estaban pensando en proponer a otro cardenal. No se ponían de acuerdo en quién sería, pero iban a lanzar un nombre”. Así que, entre los cardenales que no habrían querido al histórico prefecto del antiguo Santo Oficio, no sólo había una candidatura construida -la de Bergoglio-, sino incluso otra candidatura real para sortear el impasse.


¿Resolver?

Al dar a Martínez-Brocal su reconstrucción del cónclave hace diecinueve años, Francisco se presentó como el hacedor de papas. Después de la tercera votación, de hecho, el entonces cardenal argentino supuestamente le dijo a su cohermano colombiano Darío Castrillón Hoyos que “no bromeara con mi candidatura, porque voy a decir ahora que no acepto, ¿eh? Déjenme aquí. Y así fue elegido Benedicto”. Queda por entender por qué el cardenal Castrillón Hoyos, conocido opositor a la teología de la liberación y más tarde principal colaborador de Benedicto XVI en el diálogo con la Fraternidad San Pío X, formó parte de una facción para bloquear la elección de Ratzinger.

Hay que decir, además, que según las notas del diario de un cardenal anónimo publicadas en 'Limes' por el vaticanista Lucio Brunelli, no hubo marcha atrás después de que en la tercera votación quedara claro que el bloque de los partidarios de Bergoglio podría haber impedido la elección del favorito Ratzinger. En la cuarta votación, de hecho, el nombre del argentino bajó en apoyos hasta los 26, mientras que el del alemán subió hasta los 84. Por lo tanto, de ser ciertos estos datos, parecerían más compatibles con una candidatura que se desinfló por sí sola.

En cualquier caso, según dijo Francisco en el libro-entrevista, en su opinión Ratzinger “era el único que podía ser papa en ese momento porque después de la revolución de Juan Pablo II, que había sido un 'pontífice' dinámico, muy activo, con iniciativas, viajero... hacía falta un 'papa' que mantuviera un sano equilibrio, un 'papa' de transición”. No era el momento de elegirle para el trono papal: “Si hubieran elegido a alguien como yo, que hace mucho ruido, no habría podido hacer nada. En aquel momento, no habría sido posible. Salí contento”, dijo Bergoglio.


La figura de Martini y el juramento

Las revelaciones de Bergoglio confirman que Carlo Maria Martini no fue el candidato más votado de los progresistas en el Cónclave de 2005, a pesar de ser probablemente el cardenal más conocido y con más autoridad de ese bando. El papel de Martini en la elección de Ratzinger ha sido muy discutido en los últimos años y han circulado diferentes reconstrucciones. Silvano Fausti, jesuita fallecido hace unos años y compañero espiritual del antiguo arzobispo de Milán, había afirmado que Martini se habría dirigido a Ratzinger durante el Cónclave y le habría dicho: “acepta mañana ser 'papa' con mis votos.... acéptate a ti, que llevas treinta años en la Curia y eres inteligente y honesto, si consigues reformar la Curia, bien, si no, te vas”.

Muchas versiones, sin embargo, redimensionan el consenso recogido por Martini en aquel Cónclave. Sin ir más lejos, una fuente autorizada como Andrea Riccardi ha informado del contenido de una conversación privada en la que el cardenal habría confesado su frialdad ante la perspectiva de ver a su hermano jesuita Bergoglio de blanco.

A pesar de que la constitución apostólica Universi Dominici Gregis impide a los cardenales electores “revelar a cualquier otra persona noticias, que directa o indirectamente se refieran a las votaciones, así como lo discutido o decidido sobre la elección del Pontífice en las reuniones de los cardenales, tanto antes como durante el tiempo de la elección”, Francisco sigue revelando detalles sobre los dos últimos cónclaves, a los que asistió, en la prensa. ¿Puede hacerlo? Sí, y es el propio Bergoglio quien explica por qué a Javier Martínez-Brocal: “Los cardenales juran no revelar lo que sucede en el Cónclave, pero los 'papas' tienen licencia para contarlo”, reza el adelanto.

De hecho es así porque el Papa es legibus solutus.



HACIENDO UN LARGO RECORRIDO, COMO UN ÁRBOL

“Porque nadie se hace perfecto de repente”.
Venerable Beda

Por John Cuddeback


El desánimo es un enemigo primario, aunque a menudo desapercibido, de la buena vida. Francamente, lo veo y lo experimento a menudo. Las personas con grandes ideales y grandes esperanzas, tanto en lo que quieren para sí mismas como para sus seres queridos, se desaniman. Esto mina la intencionalidad y la concentración. Succiona energía y desinfla la determinación.

Entre las diversas causas del desánimo, se destacan las expectativas poco razonables. En este sentido, creo que podemos ser demasiado duros con nosotros mismos. No tenemos una visión a largo plazo. “Seguramente -pensamos- debería haber avanzado más” o “deberíamos haber superado esto”. Bueno, quizá deberíamos haber avanzado más. Pero, al mismo tiempo, quizá no hemos contado con que la vida, especialmente en sus aspectos más importantes, se caracteriza por el crecimiento orgánico. “Nadie se hace perfecto de repente”.

San Beda se centra en el crecimiento humano en su forma más importante: la vida interior del alma, que “en su crecimiento [no es] como la hierba (que pronto se marchita), sino que se eleva como los árboles”.

¡Crece como los árboles! ¡Qué imagen tan poderosa, inspiradora e instructiva! Así debería ser nuestra vida en sus aspectos más esenciales. Crecimiento lento, estación tras estación, año tras año. Vientos resistidos y sequías soportadas, días de sol y lluvias rejuvenecedoras. Y luego están las podas y los cuidados.

El desánimo puede venir de olvidar que todas estas cosas son normales. Así es como funciona; así es como se supone que tiene que funcionar... como por ejemplo en el matrimonio, o en la crianza de los hijos, que siempre son largas filas que azadonar.

La palabra “perfecto”, de raíz latina, significa “hecho hasta el final”. Así es la naturaleza, incluso y especialmente en sus registros superiores. Los niños humanos tardan años en empezar a actuar realmente desde la razón. ¿No es de extrañar que algunos años más tarde empiecen a ser decentes? Lo mismo ocurre con la formación de virtudes, el forjamiento de amistades, etcétera.

Este no es un argumento para conformarse con menos, ni mucho menos para esperar. El camino de la naturaleza no es conformarse ni esperar. Pero es un camino de paciencia, e incluso de longanimidad. Ser paciente es estar dispuesto a soportar el dolor y no dejarse vencer por él. El florecimiento humano es fruto del crecimiento orgánico y de la elaboración intencionada, según un plan magistral aunque arduo. Somos artesanos y estamos siendo artesanos. La paciencia y la misericordia, para con uno mismo y para con los demás, forman parte del plan.

¿Por qué? Porque el fin es así de bueno. Requiere un largo camino, y merece la pena. Oh, ¡es tan digno! Y cuando, después de un gran trabajo, nazca una persona humana plena, esas lágrimas de dolor se mostrarán como el antecedente natural de las lágrimas de alegría. 





miércoles, 3 de abril de 2024

SAN PABLO, MASCULINIDAD E IDENTIDAD SACERDOTAL

Los sacerdotes jóvenes ahora llegan a la formación y al ministerio sacerdotal de una sociedad que a menudo carece de conciencia o aceptación de la masculinidad auténtica

Por el padre Etienne Huard, O.S.B.


Al hablar a su hijo, el rey David recuerda a Salomón lo que se necesita para triunfar como rey: “Estoy a punto de recorrer el camino de toda la tierra. Esfuérzate, sé valiente [לְאִֽישׁ], y cumple el encargo del Señor, tu Dios, andando por sus caminos y guardando sus estatutos, sus mandamientos, sus ordenanzas y sus testimonios, como está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y adondequiera que te dirijas” (1 Re. 2: 2-3, énfasis añadido). לְאִֽישׁ, típicamente traducido como “sé valiente”, se traduce más precisamente como “sé varonil”. Así, el rey David ve la masculinidad como un componente necesario para prosperar en el liderazgo. Del mismo modo, San Pablo, en su carta a los Corintios, exhorta a los corintios a “ἀνδρίζεσθε” - “actuar como hombres”, para ser fieles seguidores de Cristo y líderes en la Iglesia, y como לְאִֽישׁ, se traduce típicamente como “sé valiente” (1 Cor. 16:13). Sólo cuando Salomón olvida el consejo de David, su vida llega a un final torcido. Sólo cuando los cristianos no viven el consejo de San Pablo llega la condena. La sociedad, al haber olvidado este consejo, tiene ahora a los hombres viviendo en una crisis de identidad colectiva, que lleva a muchos a un final desgraciado.

En el pasado, los seminarios podían presumir con seguridad de un fundamento básico en la identidad cristiana y la formación de la virtud dentro de la cultura. Ya no es así; los jóvenes se ven obligados a encontrar por sí mismos la auténtica virtud masculina. Los jóvenes sacerdotes llegan ahora a la formación sacerdotal y al ministerio desde una sociedad que a menudo carece de conciencia o aceptación de la auténtica masculinidad, y es cada vez más común que la visión de la masculinidad de los sacerdotes esté sesgada debido a estas experiencias. Esta crisis de identidad masculina se ha producido porque las narrativas sociales sobre el “género” y el matrimonio se han alejado de los principios cristianos tradicionales. El diálogo social cuestiona el valor de la virtud masculina tradicional, considerándola a menudo “tóxica” y, por lo tanto, indeseable. Este diálogo social se dirige a los hábitos mentales de elección y a las creencias de los hombres y mujeres jóvenes, llegando a ser tan poderoso que puede moldear el sentido de la realidad de las personas (1), especialmente desarrollando un falso sentido de autoridad sobre la propia capacidad de “autocrear” el “género” y sus normas (2). Este es el caldo de cultivo de la confusión social y del odio que los jóvenes sacerdotes han llegado a sentir hacia su identidad y ministerio sacerdotales.

Para hacer frente a esta crisis, es fundamental ofrecer a los sacerdotes comprometidos en el ministerio una visión sólida y bíblica de la identidad masculina. El uso de las cartas de san Pablo nos ofrece una vía para hacerlo. A lo largo de sus escritos, San Pablo establece lo que podría considerarse un “genio masculino”, tomando prestada la terminología de Juan Pablo II (3).

Este artículo esboza lo que San Pablo considera virtudes masculinas únicas, explorando pasajes que se refieren a roles masculinos específicos y tradicionales. Debido a la amplitud del material de San Pablo, se requiere cierta especificidad. Ἀνήρ, que es la raíz de la exhortación de San Pablo a ser varonil y es la palabra común que significa “hombre”, tiene varias connotaciones en el conjunto de las Sagradas Escrituras. En general, surgen cuatro significados: 1) una “persona humana” (varón o mujer), 2) un marido o padre; 3) un varón adulto, o 4) uno que es maduro (en contraposición a un niño). San Pablo utiliza estas connotaciones, y cada intención conlleva identificadores específicos específicamente masculinos o identificadores destinados a cualquier cristiano, hombre o mujer. Este artículo examina tres roles masculinos convencionales que San Pablo considera que poseen virtudes únicas valiosas para apoyar la identidad sacerdotal: las virtudes de ser un marido cristiano, un padre y un soldado comprometido en la guerra espiritual. A través de ellas, emerge una visión de la identidad masculina positiva.

Antes de examinar estas tres virtudes, merece la pena referirse a la idea general que tiene San Pablo del cuerpo y de su finalidad. Escribiendo a los Corintios, les recuerda: “El cuerpo no está destinado a la fornicación, sino al Señor, y el Señor al cuerpo” (1 Co 6, 13b). El cuerpo es para el Señor. Se trata de una afirmación crítica. Ser masculino o femenino está diseñado para ser dirigido hacia el bien porque es de Dios. Ser masculino y vivir y actuar en nuestra masculinidad es vivir para el Señor. Nada se ve disminuido, dañado u oscurecido por ser y actuar como hombres; todo lo contrario. Honramos a Dios y su propósito cuando aceptamos y vivimos en nuestros cuerpos como hombres. Florecemos en nuestro ministerio y salud espiritual y psicológica cuando abrazamos plenamente la masculinidad piadosa. Ser hombre es bueno y santo.

Aunque los sacerdotes católicos romanos están llamados al celibato casto, las palabras de San Pablo a los maridos tienen un inmenso valor para la relación del sacerdote con la Iglesia, por lo que son significativas para este artículo. Defendiendo un papel tradicionalmente masculino, San Pablo afirma que el marido está llamado a ser cabeza de su mujer y de su familia (1 Cor. 11:3), y al igual que Cristo como cabeza de la Iglesia, el marido debe guiar a su mujer, que debe someterse a él, en aras de su santificación y protección (Ef. 5: 25-33). Sin embargo, esta autoridad no debe ser tiránica ni absoluta.

En contraste con el contexto del imperio romano de la época de San Pablo (4), San Pablo espera que exista una obligación mutua entre marido y mujer, haciendo hincapié en la igualdad absoluta y la sumisión mutua: “Porque la mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; del mismo modo, el marido no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer” (1 Cor. 7, 4). Esta reciprocidad subraya la unión en una sola carne del hombre y la mujer en aras de la santificación de ambos. San Pablo entiende la autoridad masculina como donación de sí mismo imitando a Cristo, que es cabeza pero también sacrificio, destacando la virtud masculina del liderazgo auténtico, que es abnegado y mutuo.

La reflexión de la Iglesia primitiva puso de relieve esta realidad; si bien el marido tiene autoridad sobre la mujer, ésta se configura en la fidelidad mutua, en el autodominio y en la donación (5). En reflexiones modernas, Juan Pablo II afirmó igualmente que el hombre, como esposo, sólo se conoce verdaderamente a sí mismo en el “enriquecimiento recíproco”, que conduce a la comunión total (6).

Un sacerdote debe verse a sí mismo de forma similar; su liderazgo masculino es un puente y una ayuda más que un obstáculo. Como pastor, será llamado “cabeza” de su comunidad, pero debe liderar como Cristo lidera como cabeza de la Iglesia, su esposa. Un pastor debe aprender el sacrificio total de sí mismo y la sumisión a su esposa, que tiene una autoridad específica sobre él haciéndole responsable de su misión - la verdadera naturaleza de ser sumiso. El sacerdote, como varón, debe vivir en “enriquecimiento recíproco” (7) con la Iglesia como esposa. Por obra del Espíritu Santo, los dos se convierten en una sola carne.

Para San Pablo, la paternidad, que comparte las virtudes del esposo, tiene una fuente, una responsabilidad y un método claros que apoyan diversas virtudes masculinas tradicionales. En primer lugar, San Pablo se ve a sí mismo como el padre espiritual de muchas comunidades (por ejemplo, los corintios y los tesalonicenses), en las que se convirtió a través de la predicación del Evangelio (1 Cor. 4:15). Esta paternidad espiritual, engendrada a través de la predicación y la adopción, es autoritaria pero no opresiva, por ejemplo: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina y la instrucción del Señor” (Ef. 6:4). San Pablo dice que él desea, y así debe desear cada padre, ejercer la autoridad con “mansedumbre” (1 Co 4, 14-15. 21)(8), reconociendo un deseo de “calor afectivo y desafío” (9). El padre está llamado a exhortar, consolar y afirmar a sus hijos para que vivan en la justicia de Dios (10).

El escritor espiritual Padre Jacques Philippe, escribiendo sobre la paternidad espiritual, afirma que la principal responsabilidad de un padre es instruir a sus hijos en la verdad de Dios (11). Lo hace -continúa- exhortando, disciplinando y amonestando a sus hijos en una “misión de aliento” (12). Juan Pablo II enseña de forma similar que la paternidad contiene la responsabilidad de impartir rectitud moral a sus hijos (13). Un pastor está llamado a asumir esta virtud de enseñar suave pero firmemente a los hijos espirituales, que “adopta” a través de sus esfuerzos misioneros de proclamar el Evangelio.

El pastor está llamado a asumir esta virtud de la enseñanza suave pero firme de los hijos espirituales, que “adopta” a través de sus esfuerzos misioneros de proclamación del Evangelio. Debe exhortar, amonestar y animar con dulzura para la salvación de sus almas y la vida eterna. Los hijos espirituales del sacerdote, hombres y mujeres de su parroquia, deben ser atendidos de este modo como virtud de la autoridad masculina: enseñanza y paternidad.

Aunque es una descripción para todos los cristianos, la imaginería de un soldado es uno de los ejemplos más destacados de identidad masculina, apoyándose en imágenes clásicas de fuerza y valor masculinos. Ser un soldado cristiano pone de relieve la necesidad de cada cristiano de participar en la guerra espiritual, en la que, según entiende la Iglesia, el hombre se encuentra “en medio del campo de batalla”, donde debe “luchar por hacer lo que es justo... a un gran coste para sí mismo, y ayudado por la gracia de Dios” (14). San Pablo utiliza imágenes sorprendentes para describir qué tipo de espíritu (1 Tim. 1:7) debe tener el soldado cristiano, qué es la hombría (1 Cor. 16:13) y cómo se prepara uno para la batalla (por ejemplo, Ef. 6: 13-17). Estos tres principios proporcionan un valioso telón de fondo a la virtud masculina que un sacerdote está llamado a poseer.

San Pablo dice sucintamente a sus oyentes que, en Cristo, Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino más bien un espíritu de poder y autocontrol (1 Tim. 1:7). Esta cobardía es lo contrario de lo que San Pablo entiende por hombría en su primera carta a los Corintios (1 Co 16:13), donde dice que deben ser ἀνδρίζεσθε, es decir, valientes. Como él mismo describirá, esta valentía significa ser fuertes, vigilantes y firmes en la fe (1 Co. 16:13-14). La necesidad de actuar con valentía existe porque el pueblo cristiano se verá acosado por desafíos tanto del mundo como de los espíritus malignos (por ejemplo, Ef. 6: 12-13).

Como cualquier soldado, uno debe estar equipado y entrenado para la batalla (2 Tim. 3: 16-17). San Pablo es notablemente descriptivo al respecto. Uno se equipa primero mediante la conversión a Jesucristo, la justicia y la santidad de la verdad (16). Este equipamiento proporciona armadura espiritual y armas contra el enemigo, garantizando la victoria (17). Por ejemplo, la espada del soldado cristiano es la predicación del Evangelio, que es la protección de la paz ya establecida por Jesucristo. La armadura, entre varias clases, es la “coraza de justicia” (Ef. 6:14). Esta coraza consiste en vivir con rectitud e integridad de vida. En todo esto, sin embargo, los cristianos deben saber que el poder de la lucha no pertenece a la fuerza individual del cristiano, sino al poder de Cristo (18).

Según San Pablo, ser viril significa encarnar el valor como identidad para luchar contra el mal mediante la integridad de vida, apoyada en la predicación del Evangelio, las acciones rectas y la conciencia de que el poder de Cristo es la fuerza que está detrás de sus acciones. La virtud masculina es la voluntad de ser firme en la fe, vigilante de sí mismo y de los demás, y valiente ante la muerte, no sólo por sí mismo sino también por aquellos que le han sido confiados.

La visión de San Pablo de la virtud masculina articula la imagen de la actividad pastoral: la disposición a defender a su esposa y a sus hijos como un guerrero defiende a su patria. El pastor debe dotarse de integridad, buenas obras y firmeza ante el peligro, no poseyendo un espíritu de timidez sino de gran valentía y estando dispuesto a golpear todo mal con la espada del Evangelio. El pastor también debe reconocer que el excelente trabajo realizado defendiéndose contra el mundo y los espíritus malignos sólo es posible gracias a la gracia de Cristo.

Como se ha esbozado aquí, ¿qué pueden heredar los sacerdotes que apoyen su identidad y virtud masculinas? Ante la presión social para vaciar a la masculinidad de su poder y propósito, el clero necesita apoyo para desarrollar y mantener una visión bíblicamente fundamentada de la virtud masculina. San Pablo proporciona esa visión robusta y bíblica frente a esta creciente presión. Los sacerdotes, tomando en serio la exhortación de San Pablo a ἀνδρίζεσθε, “actuar como hombres”, creceremos no sólo en bienestar psicológico, sino en fortaleza y paz espirituales.

Recogiendo los pensamientos de San Pablo, llegamos a una identidad sacerdotal masculina en la que un sacerdote está llamado a pasar de la preocupación por sí mismo a un don de sí que desea el bienestar de los demás física y espiritualmente. Del mismo modo, el sacerdote está llamado a fomentar un apropiado “sentido nupcial del cuerpo” (19) que conduzca a un don de sí mismo. Por último, debe someterse, en total fe y comunión, al magisterio y a su comunidad parroquial, reflejando ese “enriquecimiento recíproco” (20) que subrayó Juan Pablo II. Así como el esposo cristiano debe tener las virtudes de la entrega, el control y la fidelidad mutua, también el sacerdote debe tenerlas. El sacerdote también debe ser afirmado en su papel de cabeza y líder, como Cristo es la cabeza y líder de la Iglesia. Aunque llamado al casto celibato, el sacerdote debe poseer las virtudes de la vida esponsal masculina como necesarias para su identidad y misión.

Del mismo modo, un sacerdote está llamado a las virtudes de la paternidad. Un pastor toma iniciativas espirituales, dirige una comunidad hacia la acción y el crecimiento espiritual, y está dispuesto a ser un hombre de comunión total. Del mismo modo, está llamado a demostrar que tiene capacidad para el testimonio público de la fe como fuente de su ministerio. San Pablo concibe la paternidad de manera similar. El sentido de responsabilidad de un padre espiritual es por la salvación de sus hijos formada a través de la predicación, la autoridad amable y el testimonio público de la fe en su enseñanza y exhortación.

En lugar de disminuirla, el sacerdote está llamado a adoptar con valentía la visión de ser un soldado espiritual, llamado a ser un hombre de carácter moral sólido con una conciencia bien definida y capaz de convertirse a Cristo. Un sacerdote debe mostrar vigilancia y autoridad sobre su cuerpo, estar abierto a la corrección y a la rendición de cuentas, y tener disciplina en la oración pública y privada desarrollando una relación personal con Cristo, todas ellas armas en la lucha contra el mal. Las virtudes esenciales que destaca San Pablo son el dominio de sí mismo (1 Tim. 1:7), la firmeza de fe (1 Cor. 16:13-14) y la búsqueda de la santidad mediante la integridad de vida (Ef 6:14). En la visión de San Pablo, esto se logra equipándose a uno mismo mediante la conversión en Jesucristo (2 Tim. 3:16-17).

La visión de San Pablo sobre la virtud masculina es vital para apoyar el ministerio sacerdotal, ayudando al sacerdote a desarrollar una verdadera identidad masculina capaz de entrar, comprometerse y perseverar en su ministerio. Su visión corrige las diversas distorsiones sociales de la masculinidad y proporciona, tomando prestada la expresión de Juan Pablo II, ese “genio masculino” que hoy se necesita desesperadamente. La identidad es un factor crítico en el desarrollo de una personalidad sana y del bienestar. Abordar adecuadamente las realidades positivas de la identidad masculina en el contexto del ministerio sacerdotal permite un auténtico florecimiento. En este breve artículo, lo que está en juego es la comprensión y la aceptación de una identidad masculina adecuada que conserve una integridad personal apropiada y en la que el propio cuerpo sea tratado con dignidad y un propósito significativo. Un sacerdote capaz de verse a sí mismo como poseedor de una identidad positiva y significativa, que pueda articular un relato de esa identidad a medida que se forma, y que pueda operar desde esa identidad tendrá una base más sustancial para el bienestar psicológico y espiritual. La visión de San Pablo de la identidad masculina proporciona esa rica realidad teológica en la que un sacerdote puede crecer y florecer.


Notas:

1) Chad Ripperger, Introduction to the Science of Mental Health (Sensus Traditionis Press, 2022).

2) Paul C. Vitz, William J. Nordling, y Craig Steven Titus, A Catholic Christian Meta-Model of the Person: Integration with Psychology and Mental Health Practice (Sterling, VA: Divine Mercy University Press, 2020), 67.

3) Juan Pablo II, Hombre y Mujer: Teología del Cuerpo (1995).

4) Ben Witherington, Conflict and Community in Corinth: A Socio-Rhetorical Commentary on 1 and 2 Corinthians (Grand Rapids, MI: Carlisle, 1995).

5) Judith L. Kovacs, 1 Corinthians Interpreted by Early Christian Commentators (Grand Rapids, MI: W.B. Eerdmans Pub. Co., 2005), 179–180.

6) Juan Pablo II, Hombre y mujer los creó, pag. 165.

7) Juan Pablo II, Hombre y mujer los creó, pag. 165.

8) Kovacs, 1 Corinthians Interpreted, 81.

9) Linda Mckinnish Bridges, 1 & 2 Thessalonians: Smyth & Helwys Bible Commentary (Macon, GA: Smyth & Helwys Pub, 2008).

1‌0) Nathan Eubank, First and Second Thessalonians: Catholic Commentary on Sacred Scripture (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2019), 62–63.

11) Fr. Jacques Philippe, Priestly Fatherhood (Strongsville, OH: Scepter Publishers, 2021), 34.

12) Philippe, Priestly Fatherhood, 100.

13) Juan Pablo II, Hombre y mujer los creó, 626–628.

14) Catholic Church, Catechism of the Catholic Church: Revised in Accordance with the Official Latin Text Promulgated by Pope John Paul II (Washington, DC: United States Conference of Catholic Bishops, 2000), §409.

15) Luke Timothy Johnson, The First and Second Letters to Timothy: A New Translation with Introduction and Commentary (New York: Doubleday, 2001), 385.

16) The Second Letter to the Corinthians, the Letter to the Galatians, the Letter to the Ephesians, the Letter to the Philippians, the Letter to the Colossians, the First and Second Letters to the Thessalonians, the First and Second Letters to Timothy and the Letter to Titus, the Letter to Philemon, in the New Interpreter’s Bible, Volume XI (Nashville, TN: Abingdon, 2000), 457–464.

17) The New Interpreter’s Bible, Volume XI, 457–464.

18) Frank Gaebelein and J. D. Douglas, eds., The Expositor’s Bible Commentary: Ephesians – Philemon, Vol. 11 (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1978), 87.

19) National Conference of Catholic Bishops, The Program of Priestly Formation (Washington, DC: NCCB, 1971), 6th ed, 89. 

20) Juan Pablo II, Hombre y mujer los creó, 165.


FRANCIA TOMA MEDIDAS CONTRA SACERDOTE QUE DIJO QUE LAS RELACIONES HOMOSEXUALES SON PECAMINOSAS

El gobierno francés ha iniciado una serie de medidas legales contra el padre Matthieu Raffray por calificar de pecaminosas las relaciones homosexuales y por describir la homosexualidad como una debilidad.

Por Walter Sánchez Silva


La CNA relata los hechos:

El 15 de marzo, el sacerdote del Instituto del Buen Pastor —creado en 2006 en Roma para “la defensa y difusión de la Tradición Católica en todas sus formas”, según el sitio web de esta sociedad de vida apostólica— publicó un video en Instagram en el que animó a los fieles a luchar contra sus debilidades.

Raffray comentó que cada persona tiene sus propias armas con las que luchar, pero el diablo convence a la gente de que la lucha “es demasiado dura” y por tanto es inútil resistir.

El video fue denunciado por varios grupos de presión lgbt, y Aurore Bergé, ministra del gobierno “para la igualdad entre mujeres y hombres y la lucha contra la discriminación”, quien calificó las declaraciones del sacerdote como “inaceptables”.

Bergé escribió en X que ha pedido a la “Delegación Interministerial para la Lucha contra el Racismo, el Antisemitismo y el Odio Anti-lgbt” (DILCRAH) que informe al fiscal de la supuesta “infracción” en base en el artículo 40 del Código Penal. “Frente al odio no voy a dejar pasar nada, sea lo que sea”, añadió.

DILCRAH a su vez afirmó en X que recibió el mensaje de la ministro y ha informado “al fiscal de los ‘comentarios homofóbicos’ realizados por el señor Raffray en las redes sociales. La llamada ‘terapia de conversión’ es ilegal desde 2022. Hablar de la homosexualidad como una debilidad es vergonzoso”.

En una entrevista con el medio católico francés Famille Chrétienne (“Familia cristiana”), Raffray explicó que el video “trataba sobre tentaciones en general. Quería dejar claro que no tenemos que ceder a todas nuestras tentaciones, a todos nuestros deseos”.

“Los actos homosexuales son pecado, pero creo que la gente ya no sabe qué es un pecado. No es lo mismo condenar un pecado que condenar a quien lo comete”, puntualizó.

“Podrían haberme culpado si hubiera dicho algo torpe o hiriente. Ese no es el caso en absoluto. No sólo no soy ‘homofóbico’, sino que como sacerdote tengo cuidado con el lenguaje que uso sobre este tema, porque sé que es un tema delicado y que la gente puede sentirse herida fácilmente”, explicó el sacerdote.

El sacerdote francés señaló luego que “lo que está en juego no soy yo, sino la libertad de ser cristiano hoy. Espero que todos los fieles se den cuenta de que lo que está en juego es la moral cristiana y toda la Iglesia”.

Raffray luego compartió que recibió comentarios de homosexuales agradeciéndole por lo que dijo, “fue un discurso veraz. Si algunos no quieren escuchar la doctrina de la Iglesia, nadie los obliga”.


¿Quién es el padre Matthieu Raffray?

Raffray es un conocido sacerdote que tiene un apostolado creciente en Internet y en las redes sociales dirigido especialmente a los jóvenes francófonos.

Tiene más de 60.000 seguidores en Instagram, más de 22.000 en YouTube y más de 21.000 en X.

Es un defensor de la vida y de la familia y ha publicado libros en francés como “Mitos y mentiras del progresismo” (2020) y más recientemente “El mayor de los combates”, con los que busca responder a las preguntas fundamentales y existenciales. preguntas de la vida.


EX OBISPO SE CASA POR LA IGLESIA ¡CON PERMISO DE BERGOGLIO!

Siguen los escándalos en la secta novus ordo presidida por el apóstata jesuita. 


Según informó Infovaticana, ha sido la mujer del ex “obispo” de Solsona, Silvia Caballol, quien ha dado la noticia a través de sus redes sociales

“Creía honesto, después de tanto tiempo que nos acompañáis, no ocultaros que Javier y yo, finalmente, nos hemos podido casar por la Iglesia, gracias a la ‘misericordia’ del ‘santo padre’ que le ha concedido la secularización”, ha anunciado la mujer en su cuenta de Instagram.

Caballol ha recalcado que ha quedado “admirada de la ‘gran calidad humana y espiritual’ del ‘papa’ Francisco”. La mujer del ex “obispo” de Solsona reconoce que “ha sido un largo camino, pero hemos podido regularizar nuestra situación canónica: casarnos como deseábamos y poder volver a recibir la comunión”. Caballol confirma que Novell “sigue siendo obispo, pero sin poder ejercer el ministerio”.

La mujer de Xavier Novell asegura que “muchos hubieron preferido ocultar esta información, pero siempre he creído que si se está convencido de lo que hace y siente, hay que apostar por la naturalidad, la normalidad, la transparencia, ir de cara, sin dejar margen a la especulación, y caminar bajo la luz”. Además, resalta que no cree que “la ocultación que acompañó a la renuncia de mi marido hace dos años y medio, fuera para nada un acierto”.

Silvia Caballol ha pedido ‘perdón’ a todos aquellos que piensan “que habría sido mejor mantener el secreto, pero no puedo seguir obrando como no pienso ni siento”.


Novell, de obispo de Solsona a casarse por lo civil y tener dos hijos

El 23 de agosto del 2021, el Vaticano anunciaba la sorprendente aceptación de la renuncia del “obispo” de 52 años por parte del falso “papa”:
“El ‘Santo Padre’ aceptó la dimisión de la pastoral de la Diócesis de Solsona (España), presentada por el ‘Excelentísimo Monseñor’ Javier Novell Gomà y nombró Administrador Apostólico a la sede vacante de la misma Diócesis SE Mons. Roma Casanova Casanova, Obispo de Vic”.


Pronto se conoció que el “obispo” mantenía una relación con Silvia Caballol, psicóloga y autora de novelas eróticas. En noviembre de ese mismo año se conoció que Xavier Novell había contraído matrimonio por lo civil.

Posteriormente a este matrimonio, el Administrador Apostólico de Solsona hizo público, a través de un comunicado, que el ex “obispo” de Solsona, Xavier Novell “incurre en suspensión latae sententiae” tras la boda civil. Según dice el  Código de Derecho Canónico: 
194 § 1. Queda de propio derecho removido del oficio eclesiástico:
1 quien ha perdido el estado clerical;
2 quien se ha apartado públicamente de la fe católica o de la comunión de la Iglesia;
3 el clérigo que atenta contraer matrimonio, aunque sea sólo civil.
§ 2. La remoción de que se trata en los nn. 2 y 3 sólo puede urgirse si consta de ella por declaración de la autoridad competente.
En abril del 2022 el ex “obispo” de Solsona Xavier Novell y la escritora de novelas eróticas Silvia Caballol fueron padres de dos gemelas, cuatro meses después de contraer matrimonio civil en el juzgado de paz de Súria.


martes, 2 de abril de 2024

EL HÁBITO NO HACE AL MONJE (PERO LO HACE)

Vestirse de forma laica no añade nada al sacerdote, pero sin duda, le resta mucho.

Por Aurelio Porfiri


La sabiduría popular puede enseñarnos mucho.

Hay refranes que realmente nos ayudan a entender ciertas cosas de la vida, y por eso es bueno tener en cuenta esta herencia que nos han transmitido nuestros antepasados. Pero debemos intentar entender bien de qué estamos hablando. Por ejemplo, tomemos el famoso dicho “el hábito no hace al monje”. Hay mucha verdad en ello, pero también debemos entender lo que decimos.

Porque algunos interpretan este dicho en el sentido de que no es importante cómo se vista uno en determinadas profesiones u ocupaciones. Pero en realidad esto no es exactamente lo que dice el refrán. El dicho dice correctamente que no es porque te vistas como un sacerdote, que eres un sacerdote. Esto es sacrosanto. Pero esto no significa que un sacerdote no deba vestirse como un sacerdote o un médico como un médico y así sucesivamente.

El pensador católico brasileño Plinio Corrêa de Oliveira dice lo siguiente: “Dios confía a ciertas personas la misión de ser símbolos. Tienen un porte, una manera de ser que corresponde a cierta gracia, acompañada de la capacidad de expresar sensiblemente esa gracia. Tienen una manera de ser que hace particularmente atractivas las virtudes asociadas a esa gracia. Por lo tanto, están llamados no sólo a practicarla de manera exaltada, sino a simbolizarla”. 

En todo esto, la vestimenta es algo importante, tanto más cuando connota una vocación. Evidentemente, nos vienen a la mente los sacerdotes, pero pensemos también en los médicos: ¿dejarías que te operara un grupo de personas que se presentan con atuendos tribales? Es evidente que somos seres simbólicos y que los símbolos, incluso los visuales, tienen una enorme importancia.

Me parece hermosa una frase de Henry David Thoreau: “Yo digo: cuidado con todas las empresas que exigen hábito nuevo, en lugar de ‘modelo’ nuevo. Si no hay un hombre nuevo, ¿cómo se puede hacer un hábito a su medida? Si tienes que emprender algo nuevo, hazlo con tu hábito viejo”. No es tanto un problema de hábitos viejos, sino de hábitos que representan símbolos que ayudan no sólo a quien lo lleva, sino también a quienes lo ven.

No entiendo muy bien, hablando de sacerdotes, que parezcan más aceptables vestidos como nosotros, los laicos, cuando una de las funciones peculiares del sacerdote es ser un recordatorio de una dimensión completamente “diferente”. Vestirse de forma laica no añade nada al sacerdote, pero sin duda, le resta mucho. Así que, en este sentido, realmente debemos decir que el hábito hace al monje.


LOS TATUAJES SIEMPRE ABREN LA PUERTA DEL ALMA AL DIABLO

Hace unas décadas no habría sido necesario un debate sobre la moralidad de los tatuajes. 

Por Rita Stewart


Alguna vez prevalecieron sólo entre individuos rebeldes, de mala educación o mentalmente inestables, generalmente se los consideraba un signo de degeneración moral.

Anton LaVey, fundador de la Iglesia de Satán y autor de “La Biblia Satánica”, llamó a los tatuajes una “declaración contra el cristianismo” (1) y, ya en 1990, afirmó que el satanismo está detrás de cada tatuaje, ya sea una rosa o un dragón (2). Esto por sí solo proporciona amplias razones para condenar los tatuajes en contraposición al sensus catolicus.

Sin embargo, como ocurre con muchos otros asuntos controvertidos, los progresistas han pretendido que la Iglesia no mantenga una postura oficial sobre este tema. Algunos han insinuado falsamente que raras excepciones (como los tatuajes recibidos por los católicos orientales durante tiempos de persecución) rigen la regla.

Un simple PX todavía abre la puerta del alma al Diablo

A pesar de esta confusión, la enseñanza de la Iglesia es clara e inmutable. El asunto está resuelto por la Escritura, que dice: “No haréis cortes en vuestra carne por los muertos, ni os haréis figuras o marcas” (Levítico 19:28)

Esta proscripción no puede descartarse como una mera ley ceremonial, ya que pertenece al Quinto Mandamiento. Los tatuajes implican una automutilación, que nunca puede tolerarse. Además, según la Tradición Católica, no es lícito alterar artificialmente la propia apariencia de manera significativa, ya que es un signo de vanidad. De ello se deduce que colorear permanentemente la piel con diseños y figuras en tinta entra dentro de esta categoría.

Lo que es más preocupante es que los tatuajes violan el Primer Mandamiento porque son inseparables de la espiritualidad pagana. Así como el yoga o la brujería no se pueden cristianizar, tampoco se pueden cristianizar los tatuajes modernos. Independientemente de su intención, sirven como canal hacia dioses falsos.

El libro de Steve Gilbert, A Tattoo History: A Source Book, señala que en la antigüedad:
“El proceso de tatuaje en sí, que implicaba complejos rituales y tabúes, sólo podía ser realizado por sacerdotes y estaba asociado a creencias que eran secretos que sólo conocían los miembros de la casta sacerdotal”.
Los tatuajes se originaron en conexión con antiguos ritos de escarificación y derramamiento de sangre asociados con prácticas religiosas que pretendían poner el alma humana en armonía con las fuerzas sobrenaturales y garantizar la continuidad entre esta vida y la siguiente” (p. 158).
El antiguo Egipto, famoso por sus prácticas ocultas, puso gran énfasis en los tatuajes.

Los historiadores han notado la presencia de tatuajes en algunas momias. A menudo contenían símbolos relacionados con dioses o rituales particulares (3). Los tatuajes se consideraban un “amuleto” que podía brindar protección. Además, se pensaba que ciertos tatuajes tenían el poder espiritual de aliviar el dolor (4).

Dado que las prácticas del antiguo Egipto han proporcionado la base para sociedades secretas y religiones falsas que perduran hasta el día de hoy, es casi seguro que estas prácticas de tatuajes también han continuado con un significado oculto, aunque de una manera más oculta.

Las culturas tribales contemporáneas siguen empleando abiertamente los tatuajes con fines espirituales. Entre ellas, la tribu maorí los utiliza como amuletos de buena suerte. Cada símbolo contiene su propio significado espiritual que no es evidente para el observador casual (5). ¿Es posible que los diseños que se ofrecen en los salones de tatuaje occidentales contengan símbolos similares? Eso parece.

Un joven celebrado en Vogue por su manga de tatuaje polinesio Tonga

Aunque algunos tatuajes pueden carecer explícitamente de símbolos paganos, son sin embargo un portal a lo demoníaco. Despojarlos de su significado pagano es tan inútil como intentar embellecer una canción de rap cambiando la letra.

Por esta razón, la Iglesia prohibía sistemáticamente los tatuajes cada vez que se establecía en una región. El emperador Constantino sentó este precedente tras su conversión, prohibiendo los tatuajes en todo el Imperio Romano. Durante muchos siglos, los gobernantes de Europa occidental mantuvieron restricciones a los tatuajes. Además, los misioneros en países extranjeros se esforzaban por poner fin a la práctica cuando la encontraban (6). Por eso, hasta hace poco, no veíamos tatuajes ‘católicos’ ni siquiera en zonas antiguamente tribales, como algunas partes incivilizadas de América Latina.

Los exorcistas han expresado su preocupación por los peligros espirituales de los tatuajes y no faltan historias aterradoras sobre ellos. El exorcista padre Stephen Rosetti admitió que pueden provocar infestaciones demoníacas. En una ocasión, un diácono derramó agua bendita sobre el tatuaje de una mujer. Ella gritó que ardía, aunque el agua estaba fría. Esto es notable porque el tatuaje era simplemente de una rosa, no de un diablo u otra imagen oculta.

El padre Gabriele Amorth, exorcista del Vaticano durante mucho tiempo, también criticó los tatuajes. Una vez, durante un exorcismo, un demonio le confesó que los tatuajes están imbuidos de un simbolismo maligno y son una poderosa herramienta para su uso (7).

Una forma de sacrilegio que deshonra a los santos y a los ángeles

¿Y qué pasa con los tatuajes “católicos”? Según el padre Chad Ripperger, estos son los peores de todos. Lejos de brindar protección espiritual, invitan a los demonios. En una entrevista, dijo: “El peor tatuaje que he tenido que retirar... era un tatuaje de San Miguel Arcángel” (8).

Tales tatuajes son una forma de sacrilegio que ofende enormemente a los Santos y a los Ángeles en lugar de honrarlos. En cierto sentido, es comprensible que algunos puedan pensar que los tatuajes “católicos” podrían ser una forma de recordar a Dios. Aún así, este es un sustituto barato para grabar Su memoria en nuestros corazones, lo cual es mucho más necesario.

Aquellos que deseen honrar a Nuestro Señor a través de símbolos físicos pueden hacerlo usando escapularios, medallas benditas, cordones de Santos (como el cordón de Santa Filomena o el cordón de San José) y, lo que es más importante en nuestros días, ropa modesta y contrarrevolucionaria. También podemos consagrarnos, en cuerpo y alma, a nuestra Santísima Madre, para que nosotros mismos seamos un recordatorio del Dios a quien pertenecemos. Todo esto es una forma más eficaz de acercarse a Dios.

Siempre hay que evitar los tatuajes. En lugar de unirse a la Revolución Cultural, los católicos deberían luchar contra ella y aferrarse a las buenas costumbres de épocas pasadas.

Tatuajes imbuidos de significados ocultos y simbolismo maligno.

Notas:

1) Modern Primitives: An Investigation of Contemporary Adornment and Ritual by V. Vale (“Primitivos modernos: una investigación sobre el adorno y el ritual contemporáneos” de V. Vale)