TRANSCRIPCION DEL
MENSAJE EN VIDEO ENVIADO POR LEÓN
A LA ASAMBLEA ANUAL DE LA
“CONFERENCIA DE LIDERAZGO DE LAS RELIGIOSAS”
EN EL 70 ANIVERSARIO DE SU FUNDACIÓN
[Centro Rosen, Orlando (Florida), 11-14 de agosto de 2026]
Queridas amigas en Cristo,
Saludo cordialmente a las integrantes de la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas en los Estados Unidos de América, que celebra su 70º aniversario de fundación en su Asamblea Anual de 2026. Asimismo, elevo mis mejores deseos en oración a las religiosas y religiosos de diversas congregaciones de todo el continente americano que participan en este evento.
Aunque provengáis de comunidades con historias y apostolados diferentes, es importante recordar la necesidad de fomentar la unidad dentro y entre vuestros Institutos, así como en la Iglesia en general. Todos los cristianos están llamados a ser constructores de la comunión de Cristo, formada en una Iglesia sinodal en la que todos cooperan en la misma misión según su propio carisma y ministerio (cf. Discurso de apertura del Consistorio Extraordinario, 26 de junio de 2026). De manera especial, quienes viven la vida religiosa están llamados a convertirse en expertos en sinodalidad debido a las oportunidades que ofrece la vida comunitaria para practicarla, así como a la propia organización de vuestras Congregaciones (cf. Discurso a los participantes en el Jubileo de la Vida Consagrada, 10 de octubre de 2025). Por ello, me alegró saber que las sesiones de la Asamblea incluirán un método sinodal de escucha, diálogo y discernimiento, con apertura y disposición para comprender lo que dicen los demás. Por lo tanto, espero que, a través de este formato de diálogo fraterno y receptivo, puedan discernir lo que el Espíritu Santo dice (cf. Ap 2,7) sobre el presente y el futuro de la vida consagrada en las naciones donde sirven.
De manera particular, a través de los numerosos carismas otorgados por el Espíritu Santo a lo largo de la historia, las mujeres y los hombres consagrados han contribuido a visibilizar la misión y el misterio de la Iglesia en nuestro mundo (cf. San Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Postsinodal Vita Consecrata, 1). En este sentido, expreso mi gratitud por las contribuciones de larga data de sus Institutos en los campos de la evangelización, la educación y la atención a los pobres y marginados, entre otros. Al reflexionar sobre su tema “Muchos carismas, un solo Espíritu, una sola vocación”, ruego que tengan especialmente presentes los carismas específicos confiados por Dios a los fundadores y fundadoras de sus respectivas comunidades. La Iglesia las necesita a ustedes y a toda la diversidad y riqueza de las formas de consagración y ministerio que representan, pues con vuestra vitalidad y el testimonio de una vida centrada en Jesús, podeis contribuir a despertar al mundo (cf. Discurso a los participantes en el Jubileo de la Vida Consagrada, 10 de octubre de 2025). De este modo, juntas, podréis afrontar la globalización de la indiferencia y la impotencia con el remedio del amor y la misericordia de Cristo.
Para promover el auténtico florecimiento de la vida consagrada, la labor de fomentar las vocaciones religiosas es de vital importancia. Como muchos hemos experimentado personalmente, el llamado de Cristo a seguirlo con un corazón íntegro mediante los votos de pobreza, castidad y obediencia trae alegría, paz y plenitud. Hoy, a pesar del creciente fenómeno de la secularización en el mundo, también existe una creciente sed de Dios. De hecho, como observé recientemente en mi Viaje Apostólico a España , “muchos jóvenes y adultos están redescubriendo la fe cristiana, a veces después de haberse alejado de Dios durante un tiempo” (Vigilia de Oración, 9 de junio de 2026). Por lo tanto, en sus interacciones con los jóvenes, procuren buscar maneras de presentarles vuestra forma de vida y ayudadlos a escuchar la voz del Señor, que nos habla en lo más profundo de nuestro corazón. Animadlos a ser valientes al responder a Jesús, cuya generosidad es inagotable, para que también ellos puedan compartir la alegría que proviene de seguir su llamado.
Con estos sentimientos, les deseo una reunión fructífera y les aseguro mi cercanía espiritual. Encomiendo el trabajo de la Asamblea a la protección maternal de María, Madre de la Iglesia, para que interceda por todos ustedes y por las comunidades que representan.
Que Dios Todopoderoso las bendiga a todas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.

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