martes, 9 de junio de 2026

VIGILIA DE ORACIÓN (9 DE JUNIO DE 2026)


VIGILIA DE ORACIÓN

ESTADIO OLÍMPICO "LLUÍS COMPANYS" (BARCELONA)

HOMILÍA DE LEON

Como Nicodemo, nosotros también somos peregrinos en la noche. Este personaje del Evangelio nos ofrece un mensaje principalmente sobre el viaje de la vida. Nuestro viaje, nuestros deseos y todo lo que abrazamos y experimentamos a diario —en alegrías y derrotas, en aspiraciones y planes— son la expresión de nuestra búsqueda constante. Somos mendigos de amor; tenemos verdadera hambre y sed. Buscamos un significado más profundo que nos sostenga, nos inspire y nos ayude a comprender el misterio de nuestras vidas. A medida que avanzamos lentamente, paso a paso, estamos llamados a confrontar las sombras de nuestra propia condición humana: carecemos de la verdad completa; no comprendemos del todo el misterio de nosotros mismos ni la verdadera identidad de los demás; no siempre logramos entender la verdad oculta de la realidad que nos rodea y los acontecimientos que se desarrollan ante nuestros ojos. Buscamos una luz que ilumine el camino.

Pero Nicodemo también nos habla del camino de la fe. No es un camino paralelo al de nuestra existencia humana, sino que ambos están siempre entrelazados. Como escuchamos en el Evangelio, Dios amó tanto al mundo que nos dio a su Hijo unigénito, y en él se unió para siempre a nuestra carne. Él está siempre con el Padre y con nosotros. Así, cada vez que el misterio de nuestra vida se revela a la luz de un nuevo día, en todo lo que somos y hacemos, estamos en la presencia de Dios y sostenidos por su eterno abrazo: nuestra vida “está escondida con Cristo en Dios” ( Col 3,3). Sin embargo, a veces experimentamos la noche de la fe, el cansancio de creer, la fatiga del espíritu, una sensación de insuficiencia ante el llamado del Evangelio, la amargura de nuestros fracasos y el temor a no estar a la altura.

Hermanos y hermanas, Nicodemo nos enseña que estas noches —que acompañan nuestras vidas, nuestro camino de fe y la historia que vivimos— son un tiempo de bendición, un lugar de renacimiento, un útero que siempre da a luz a nueva vida. Estas noches nos despojan de todo artificio y nos devuelven a lo esencial. Nos quitan las máscaras humanas y religiosas que usamos de día para evitar ser reconocidos o para presentarnos de forma diferente a como somos. Nos exponen, revelando nuestras luces y nuestras sombras. Estas noches nos devuelven la humildad de saber mirarnos con sinceridad, más allá de la presunción de creer que nuestro camino ya ha concluido y que avanzamos como si lo entendiéramos todo, a todos e incluso a Dios.

El vacío que crea la noche, incluso cuando se manifiesta como sufrimiento o insatisfacción, desilusión o incredulidad, puede ser una oportunidad para recibir nueva vida, para transformarse y renovarse, para “nacer de nuevo”, como Jesús le dice a Nicodemo. De hecho, Dios no vino a juzgar al mundo por su pecado y la noche de su infidelidad, sino que envió a su Hijo para salvarlo, para darle al mundo la vida eterna.

Por esta razón, también nosotros estamos llamados a no juzgar las “noches”, ni las de nuestra propia vida, ni las de la Iglesia, ni las de la sociedad que nos rodea. En la noche, debemos emprender un camino como lo hizo Nicodemo, continuando las preguntas al Señor y abriéndonos al viento del Espíritu. Debemos acoger la noche no como un signo de fracaso, sino como el comienzo de una nueva vida.

Y al reflexionar sobre nuestro camino personal, así como sobre las “noches” de nuestro camino como Iglesia y las de España —en sus ciudades, sus antiguas y nuevas formas de pobreza, su sociedad y su cultura— bien podemos preguntarnos: ¿Cuáles son las “noches” que estamos atravesando? ¿Qué nos dicen? Al adentrarnos en ellas y contemplar con humildad, sin prejuicios, la realidad de quiénes somos, ¿qué estamos llamados a cambiar? ¿Dónde debemos buscar la renovación? ¿Qué dirección queremos tomar? ¿Qué tipo de sociedad queremos construir?

Incluso en la oscuridad de la noche, no debemos dejar de buscar, cuestionar y dialogar con Dios y entre nosotros. Caminemos juntos en la fe que armoniza la diversidad de nuestras ideas y sensibilidades para buscar la verdad que nos guíe hacia el bien común. Así, este país podrá ser un espacio acogedor para todos, donde se respete la dignidad de cada persona y se ame a todos por quienes son. Abrámonos al don del Espíritu, buscando al Señor como Nicodemo, y acojamos la luz de su Evangelio con la certeza de que experimentaremos una nueva vida en nuestro interior, una presencia que bendice, un amor gratuito que nos ayudará a pasar de la noche a la luz. Porque Dios no quiere que nada se pierda, y aun ahora desea darnos la vida eterna y conducirnos a una felicidad sin fin.

Por la intercesión de la Virgen María, que el Señor nos conceda la gracia de abrirnos a él y de dejarnos conmover por el viento de su Espíritu.
 

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