CAPITULO OCTAVO
EFECTOS MARAVILLOSOS QUE PRODUCE LA SABIDURIA ETERNA EN QUIENES LA POSEEN (1)
Siendo por naturaleza amante del bien (2), y en particular del bien del hombre, esta hermosura suprema que es la Sabiduría encuentra su mayor complacencia en comunicarse a él.
Por ello dice el Espíritu santo que la Sabiduría busca, a través de las naciones, personas dignas de ella y que se difunde y explaya en las almas santas (Sb 7,27). Precisamente esta comunicación de la Sabiduría eterna ha formado los amigos de Dios y los profetas (3).
Entró en tiempos antiguos en el alma del siervo de Dios Moisés, comunicándole luz abundante para ver cosas magníficas y un poder maravilloso para realizar portentos y alcanzar victorias: Entró en el alma del servidor de Dios, que hizo frente a reyes temibles con sus prodigios y señales (4).
Cuando la Sabiduría divina entra en una persona, le trae toda clase de bienes y le comunica riquezas innumerables: Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables (5). Es el testimonio que Salomón rinde a la verdad después de haber recibido la Sabiduría.
Entre las innumerables operaciones realizadas en el alma por la Sabiduría muchas veces de manera tan secreta que uno ni siquiera tiene conciencia de ellas (6), éstas son las más frecuentes:
1. Discernimiento y penetración
Con este espíritu sutil y penetrante (8), el hombre -a ejemplo de Salomón- se convierte en juez de todas las cosas, con gran discernimiento y penetración: En los procesos lucirá mi agudeza, y seré la admiración de los monarcas (9) gracias a la Sabiduría que me comunicó su espíritu.
Comunica al hombre la ciencia sublime de los santos (10) y las demás ciencias naturales -incluso las más ocultas-, si le han de ser provechosas: Si alguien ambiciona una rica experiencia, ella conoce el pasado y adivina el futuro, sabe los dichos ingeniosos y la solución de los enigmas (11). A Jacob le dio a conocer los santos (12).
Comunicó a Salomón la verdadera ciencia de toda la naturaleza: Me otorgó un conocimiento infalible de los seres (13). Le reveló multitud de secretos que nadie había descubierto: Todo lo sé, oculto o manifiesto (14).
En esta fuente infinita de luz bebieron los más grandes doctores de la Iglesia-entre otros, Santo Tomás de Aquino, como él mismo lo afirma- (15) aquellos admirables conocimientos que los han hecho dignos de elogio. Es de notar que las luces y conocimientos que comunica la Sabiduría no son áridos, estériles o carentes de devoción, sino luminosos, llenos de unción y piadosos, conmueven y alegran el corazón e iluminan el entendimiento (16).
2. Trasmisión atrayente y eficaz de la Buena Noticia
Soltó la lengua tartamudeante de Moisés. Comunicó a los profetas la palabra para arrancar y arrasar, destruir y demoler, edificar y plantar (19), a pesar de que reconocían que, abandonados a sí mismos, no sabían hablar mejor que un niño (20).
La Sabiduría comunicó a los apóstoles facilidad para predicar por todas partes el Evangelio y anunciar las maravillas de Dios (21), colmando su boca de palabras adecuadas (22).
Dado que la Sabiduría divina es Palabra en la eternidad y en el tiempo, ha hablado siempre, y por su palabra fue creado y restaurado todo (23). Ha hablado por medio de los profetas y de los apóstoles, y seguirá hablando, hasta el fin de los tiempos, por boca de aquellos a quienes se comunique.
Pero las palabras que comunica la divina Sabiduría no son palabras ordinarias, naturales y humanas. Son palabras divinas: El mensaje de Dios no lo acogieron como palabra humana, sino como lo que es realmente, como palabra de Dios (24). Son palabras enérgicas, conmovedoras, penetrantes: La palabra de Dios es viva y enérgica, más tajante que una espada de dos filos (25). Son palabras que parten del corazón de quien habla y penetran hasta el fondo del corazón del oyente. Salomón había recibido este don de Sabiduría cuando escribe que Dios le había concedido expresar con claridad lo que le dictaba el corazón: Me concedió Dios saber expresarme (26).
Y éstas son las promesas de Nuestro Señor a los apóstoles: Yo les daré palabras tan acertadas, que ningún adversario les podrá hacer frente… (27).
¡Oh! ¡Cuán pocos son hoy día los predicadores que poseen este inefable don de la palabra y pueden decir con San Pablo: Exponemos un saber divino, enseñamos la Sabiduría de Dios (28).
La mayor parte hablan guiados por las luces naturales de su inteligencia o según lo que han aprendido en sus lecturas, pero no según los dones recibidos de lo alto (29), es decir, no según la divina Sabiduría les hace sentir, ni según la abundancia del corazón (30), o sea, según la abundancia que reciben de la divina Sabiduría. Por eso son tan raras las conversiones logradas con la predicación. Si el predicador hubiera recibido de la Sabiduría el don de la palabra en forma eficaz, el auditorio no podría resistirlo, como sucedía en otro tiempo: los oyentes no podían resistir a la Sabiduría y al Espíritu que hablaba por boca de él (31). Un predicador lleno de esta Sabiduría hablaría con tanta suavidad y autoridad -Jesús enseñaba con autoridad (32)-, que su palabra no regresaría vacía sin haber realizado su misión (33).
3. Fuente de gozo y de consuelo
4. Dones y virtudes del Espíritu santo
5. Inspira grandes empresas… Da pesadas cruces
En efecto, permite ya que el diablo los tiente o el mundo los calumnie o desprecie, ya que sus enemigos los superen y derriben, ya que sus amigos y parientes los abandonen y traicionen.
Aquí permite que los aflija la pérdida de sus bienes, allá que los atormente la enfermedad; más allá, una injusticia; y más allá aún, la tristeza y el desaliento. En una palabra: los prueba de mil maneras en el crisol de la tribulación.
Pero el Espíritu Santo dice: Sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes favores, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí; los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto; a la hora de la cuenta resplandecerán como chispas que prenden por un cañaveral (41).
La Sabiduría dio éxito a las tareas del justo e hizo fecundos sus trabajos; lo protegió contra la codicia de los explotadores y lo enriqueció; lo defendió de sus enemigos y lo puso a salvo de sus asechanzas; le dio la victoria en la dura batalla para que supiera que la Sabiduría es más fuerte que todo (42).
Se lee en la vida del Beato Enrique Suso, religioso dominico, que su deseo de adquirir la Sabiduría eterna era tan vivo, que él mismo se ofreció varias veces a padecer toda clase de 29 tormentos con tal de alcanzar sus favores. "Pues, ¡qué! - reflexionaba-. ¿No sabes que los enamorados soportan miles y miles de sufrimientos por el objeto de su amor? Consideran dulces los desvelos, agradables las fatigas y el trabajo como un descanso, cuando tienen la seguridad de que la persona amada se sentirá obligada y satisfecha. Si los hombres hacen todo esto para dar gusto a una pobre criatura, ¿no te avergüenzas de tu falta de empeño cuando se trata de adquirir la Sabiduría? ¡Oh Sabiduría eterna! ¡No, no retrocederé jamás en tu amor, aunque para llegar a tu mansión tenga que caminar entre zarzas y barzas que me envuelvan hasta la cabeza! Aunque me vea expuesto a mil crueldades en el cuerpo y en el alma, ¡preferiré tu amistad a todo y te haré reinar como soberana absoluta sobre todos mis afectos!"
Algunos días después, yendo de camino, cayó en manos de unos ladrones, que lo golpearon y redujeron a estado tan lamentable, que ellos mismos se sintieron movidos a compasión. Enrique, al verse en tan deplorable situación y desprovisto de todo socorro, cayó en profunda melancolía y, olvidando su propósito de mantener el valor en las pruebas, comenzó a llorar, preguntándose por qué le afligía Dios de esa manera. Pensando esto, se durmió. Al clarear la mañana, oyó una voz que le reprendía, diciendo: "¡Miren a nuestro héroe! Ese que hiende las montañas, trepa por las rocas, asalta ciudades, mata y despedaza a todos los enemigos cuando goza de prosperidad… ¡Pero en la adversidad no tiene ni coraje, ni brazos, ni piernas! ¡En tiempo de consolación es un león; en la tribulación, un ciervo pusilánime! ¡La Sabiduría no ofrece su amistad a cobardes e indolentes como éste!"
Ante tal reprimenda, el Beato Enrique confesó la falta que había cometido al afligirse en forma exagerada, y suplicó a la Sabiduría que le permitiera desahogar su corazón llorando amargamente. "¡No, no! -replicó la voz- Nadie en el cielo te estimará en nada si -como un pequeñuelo o una mujercilla- te pones a llorar. ¡Enjuga tus ojos y muestra un rostro sereno!"
La cruz es, pues, el patrimonio y recompensa de cuantos desean y poseen la Sabiduría eterna. Pero esta amable Soberana - que lo hizo todo con número, peso y medida- sólo envía a sus amigos, cruces proporcionadas a sus fuerzas y vierte tan suave unción sobre los sufrimientos, que en ellos encuentran sus delicias (43).
Continúa...
Notas:
1) En pocos textos, como en este capítulo, habla la experiencia personal del P. de Montfort.
2) Sb 7,22.
3) Sb 7,27c-d.
4) Sb 10,16.
5) Sb 7,11.
6) Ver ASE 53; SM 55.
7) Sb 7,7.
8) Ver Sb 7,22-24.
9) Sb 8,11.
10) Su amigo y compañero Juan Bautista Blain dice de Montfort: "Poseía gran inteligencia y penetración. Habría sobresalido, ciertamente, si hubiera continuado sus estudios en la universidad. Pero prefirió la ciencia de los santos a la teología" (Blain, 56).
11) Sb 8,8.
12) Sb 10,10.
13) Sb 7,17.
14) Sb 7,21.
15) Ver, por ejemplo, Guilermo de Tocco, Vida de Santo Tomás c.32: "Efectos admirables de su oración".
16) Ver ASE 58.
17) Sb 1,7.
18) Sb 10,21.
19) Jr 1,10.
20) Ver ASE 1-2.
21) Hch 2,11.
22) Himno Veni, Creator Spiritus.
23) El P. de Montfort poseyó este don, según testifica él mismo a su director, el P. Leschassier (Carta11).
24) 1Tes 2,13.
25) Heb 4,12.
26) Sb 7,15 (Vulgata).
27) Lc 21,15.
28) 1Cor 2,7.
29) Ver Sb 7,15.
30) Mt 12,34.
31) Hch 6,10.
32) Mt 7,29.
33) Is 55,11.
34) 2Cor 7,4.
35) Sb 8,16.
36) Sb 8,18.
37) Ver CT 126,7.
38) Sb 8,7.
39) Sb 7,24.
40) Cartas 15 y 16
41) Sb 3,4-7.
42) Sb 10,10-12.
43) Ver VD 153-154: la Virgen María es la dulzura de las cruces.

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