CAPITULO SEXTO
APREMIANTES DESEOS DE LA DIVINA SABIDURÍA DE COMUNICARSE A LOS HOMBRES
Existe un vínculo de amistad tan estrecho entre la Sabiduría eterna y el hombre, que resulta incomprensible: la Sabiduría es para el hombre, y el hombre para la Sabiduría. Es un tesoro inagotable para los hombres (1), no para los ángeles ni para las demás criaturas. Esta amistad de la Sabiduría con el hombre proviene de que éste fue en la creación el compendio de las maravillas, el pequeño y gran mundo, la imagen viviente y el lugarteniente de la Sabiduría sobre la tierra. Y desde que, en exceso de amor por él, se hizo semejante al hombre al encarnarse y se entregó a la muerte para salvarlo, lo ama como a un hermano, un amigo, un discípulo, un alumno, el precio de su sangre y el coheredero de su reino. De modo que se le hace infinita violencia rehusándole o robándole el corazón de un hombre.
1 - CARTA DE AMOR DE LA SABIDURIA ETERNA
En busca del hombre recorre largos caminos o sube a la cima de las más altas montañas, ora llega a la puerta de las ciudades, ora penetra en las plazas públicas o en medio de las multitudes, y grita a voz en cuello: A ustedes, hombres, los llamo (3). “¡Oh hijos de los hombres! ¡Los estoy llamando desde hace tanto tiempo! ¡A ustedes me dirijo! ¡A ustedes llamo y busco! ¡Por su posesión suspiro! ¡Escúchenme! ¡Vengan a mí: quiero darles la felicidad!”
Y para atraerlos con mayor eficacia, añade: “Por mí y por mi favor reinan los reyes y dominan los príncipes y los potentados, y los monarcas llevan el cetro y la corona (4). Yo inspiro a los legisladores la ciencia de promulgar leyes justas para gobernar los Estados. Doy a los magistrados valor para ejercer, equitativamente y sin temores, la justicia”.
“Yo amo a los que me aman y los que madrugan por mí me encuentran (5), y al hallarme, darán con la abundancia de todos los bienes, porque yo traigo riqueza y gloria, honores, dignidad, delicias perdurables y virtudes auténticas (6). ¡Es incomparablemente mejor para el hombre el poseerme que poseer todo el oro y la plata del mundo, todas las piedras preciosas y los bienes del universo entero! ¡Guío a los que vienen a mí por los caminos de la justicia y la prudencia y los enriquezco con la posesión propia de los verdaderos hijos, hasta colmar sus anhelos! ¡Persuádanse de que mi mayor contento y mis mayores delicias se hallan en poder dialogar y morar con los hijos de los hombres!" (7).
Por tanto, hijos míos, escúchenme: dichosos los que siguen mis caminos;
escuchen mis avisos, y serán sensatos; no los rechacen;
dichoso el hombre que me escucha, velando en mi portal cada día, guardando las jambas de mi puerta.
Quien me alcanza, alcanza la vida y goza del favor del Señor.
Quien me pierde, se arruina a sí mismo; los que me odian aman la muerte (8).
Después de palabras tan tiernas y atrayentes de la Sabiduría para granjearse el amor de los hombres, teme que aún -a causa de su maravilloso esplendor y soberana majestad- no se atrevan, por respeto, a acercarse a ella. Por esto, les hace saber: La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven sin dificultad los que la aman, y los que van buscándola la encuentran; ella misma se da a conocer a los que la desean.
Quien madruga por ella no se cansa: la encuentra sentada a la puerta (9).
2 - LA ENCARNACION, LA MUERTE Y LA EUCARISTIA
¡Cuántas veces no exclamó cuando vivía en la tierra: “Vengan a mí, ¡acérquense a mí todos! (10) ¡Soy yo, no tengan miedo! (11) ¿Por qué temer? Soy semejante a ustedes y los amo. ¿Temen, quizás, por ser pecadores? -¡Precisamente los busco a ustedes! ¡Amo a los pecadores! ¿Temen por haberse alejado culpablemente del redil? Pero, ¡yo soy el buen pastor! (12). ¿Temen, quizás, por estar cargados de pecados, cubiertos de manchas y abrumados de tristeza? -Por eso precisamente deben venir a mí, pues yo los liberaré de su carga, los purificaré y aliviaré”.
Queriendo la Sabiduría, por una parte, manifestar su amor a los hombres hasta morir en lugar suyo para salvarlos, y no pudiendo, por otra, decidirse a abandonarlos, encuentra un secreto admirable para morir y al mismo tiempo seguir viviendo y permanecer con ellos hasta el fin de los tiempos: es la amorosa institución de la Eucaristía. Y para satisfacer cumplidamente su amor en este misterio, no tiene inconveniente en cambiar y trastornar las leyes naturales.
No se oculta en el brillo de un diamante ni de otra piedra preciosa, porque no quiere quedarse sólo exteriormente con los hombres. La Sabiduría se oculta, más bien, bajo las apariencias de un trozo de pan -alimento propio del hombre-, a fin de que, al ser comida por éste, pueda llegar hasta el corazón humano y encontrar allí sus delicias. “Es el invento de un amor intenso” (13). “¡Oh sabiduría eterna! dice un santo (14). ¡Oh Dios realmente pródigo de sí mismo por el deseo que tiene del hombre!”
3 - INGRATITUD DE QUIENES RECHAZAN A LA SABIDURIA
Y si, en lugar de escucharla, cerramos el oído; si, en lugar de buscarla, huimos de ella; si, en lugar de honrarla y amarla, la despreciamos y ofendemos, ¿cuál no será nuestra crueldad y cuál el castigo que recibiremos ya desde este mundo? Dejando a un lado a la Sabiduría -dice el Espíritu Santo-, se mutilaron ignorando el bien, y además legaron a la historia un recuerdo de su insensatez, para que su mal paso no quedara oculto (15).
Tres desgracias padecen durante la vida quienes se despreocupan de la adquisición de la Sabiduría, a saber, caen:
1) en la ignorancia y la ceguera;
2) en la insensatez;
3) en el escándalo y el pecado.
Pero ¡qué desdicha tan terrible la suya cuando a la hora de la muerte oigan, a pesar suyo, a la Sabiduría, que les reprocha: “Los llamé, y rehusaron (16). Les tendí los brazos todo el día, pero ustedes me despreciaron; los esperé sentada a la puerta de su casa, pero nadie vino a mí. Pues yo me reiré de su desgracia, me burlaré cuando les alcance el terror (17). ¡Seré sordo a sus gritos, ciego ante sus lágrimas, no tendré corazón para conmoverme por sus sollozos ni mano para prestarles ayuda!”
Y ¿cuál no será su desgracia en el infierno? Lean lo que el Espíritu Santo ha dicho sobre las desdichas, llantos, remordimientos y desesperación de los condenados, que en el infierno -ya entonces demasiado tarde- reconocerán su locura y desventura por haber despreciado a la Sabiduría de Dios (18). Comenzarán a hablar juiciosamente, pero ¡será ya en el infierno!
4 - CONCLUSION
Ninguna joya se le puede comparar (20). Sean cuales fueren los dones de Dios y los tesoros celestes que puedas desear, si no deseas la Sabiduría, estás deseando algo inferior a ella. ¡Ah! ¡Si conocieras el tesoro infinito de la Sabiduría hecho para el hombre -reconozco que no es nada lo que he dicho-, suspirarías por ella día y noche, volarías presuroso de un extremo al otro del mundo y pasarías gozoso por el (21) fuego y sobre filos cortantes, si fuera necesario, con tal de merecerla! Pero es necesario que seas precavido y no te equivoques al escoger, pues existen varias clases de sabiduría (22).
Continúa...
Notas:
1) Sb 7,14.
2) Ver Pr 8,15-31.
3) Pr 8,4.
4) Ver Sb
5) Eclo 24,
6) Ver Sb 8,3ss
7) Ver Pr 8,31.
8) Pr 8,32-36.
9) Sb 6,12-14.
10) Mt 11,28.
11) Jn 6,20.
12) Jn 10,11.14
13) San Juan Crisostomo, In Iohannen homilia, 46 c 6 n 3: PG 50,260.
14) Abad Guerrico, Sermo 1 in Pentecosten, n 1: PL 185,157: "O Deum… prodigum sui prae desiderium hominis!"
15) Sb 10,8.
16) Pr 1,24.
17) Pr 1,26.
18) Sb 5,1-14.
19) Pr 3,15.
20) Pr 8,11.
21) El P. de Montfort está siguiendo, como en el Tratado de la verdadera devoción…, su método clásico de exposición.

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