sábado, 30 de mayo de 2026

ELECCION DE LA VERDADERA SABIDURIA (Cap. 7)

Continuamos con la publicación del capítulo 7 del libro “El Amor de la Sabiduría Eterna” escrito por San Luis María Grignion de Montfort.


CAPITULO SEPTIMO

ELECCION DE LA VERDADERA SABIDURIA

Dios tiene su Sabiduría. Y es la única Sabiduría verdadera y digna de que la amemos y busquemos como un gran tesoro. Pero también el mundo depravado tiene la suya. Y a ésta debemos condenarla y detestarla como malvada y perversa. Los filósofos también tienen su sabiduría. Esta merece nuestro desprecio porque es inútil y, con frecuencia, peligrosa para la salvación (1).

Hemos hablado hasta aquí de la Sabiduría de Dios a las almas perfectas como dice el Apóstol (2). Pero, ante el temor de que se dejen engañar por el oropel de la sabiduría mundana, mostremos la impostura y malignidad de esta última.

1 - LA SABIDURIA MUNDANA

La sabiduría mundana es aquella de la cual se ha dicho: Anularé el saber de los sabios (3) según el mundo. La sabiduría de la carne es enemiga de Dios (4). Esta sabiduría no baja de lo alto; ésa es terrestre, animal y diabólica (5).

Consiste esta sabiduría mundana en una perfecta armonía con las máximas y modas del mundo; en una tendencia continua a la grandeza y estimación; en la búsqueda constante y solapada de los propios caprichos e intereses; pero no de modo patente y provocador con algún pecado escandaloso, sino de manera habilidosa, astuta y engañosa; de lo contrario, ya no sería sabiduría ni siquiera según el mundo, sino libertinaje.

Sabio según el mundo es:

- quien sabe desenvolverse en sus negocios y consigue sacar ventaja de todo, sin dar la impresión de proponérserlo;

- quien domina el arte de fingir y engañar astutamente, sin que nadie se dé cuenta;

- quien conoce perfectamente los gustos y cumplidos del mundo;

- quien sabe amoldarse a todos para conseguir sus propósitos, sin preocuparse ni poco ni mucho de la honra y gloria de Dios;

- quien armoniza secreta pero funestamente la verdad con la mentira, el Evangelio con el mundo, la virtud con el pecado y a Jesucristo con Belial;

- quien desea pasar por honesto, pero no por devoto;

- quien desprecia, interpreta torcidamente o condena con facilidad las prácticas piadosas que no se acomodan a las suyas. Finalmente, sabio según el mundo es quien, guiándose sólo por la luz de los sentidos y de la razón humana, trata únicamente de salvar las apariencias de cristiano y hombre de bien, sin preocuparse en lo más mínimo por agradar a Dios y expiar, por la penitencia, los pecados que ha cometido contra la divina Majestad.

Tiene siete móviles que considera inocentes y en los cuales se apoya para llevar una vida tranquila: la honra y la fama, el qué dirán, la moda, la buena mesa, el interés personal, la afectación en los modales, el chiste fino.

Tiene virtudes particulares que le valen ser canonizado por los mundanos: la valentía, la delicadeza, la diplomacia, la sagacidad, la galantería, la cortesía, la jovialidad. Mira, en cambio, como pecados enormes la insensibilidad, la simplicidad, la pobreza, la rusticidad, la mojigatería.

Sigue con la mayor fidelidad los mandamientos dictados por el mundo: 

Conoce bien el mundo;

Vive como hombre honrado;

Conduce bien tus negocios;

Conserva bien lo que tienes;

Procura salir del polvo; 

Procura ganar amigos;

Frecuenta la alta sociedad;

Come y bebe bien;

No seas causa de melancolía;

Evita la singularidad, la rusticidad y la mojigatería.

Nunca ha estado el mundo tan corrompido como hoy, porque nunca había sido tan sagaz, prudente y astuto a su manera. Utiliza tan hábilmente la verdad para inspirar el engaño; la virtud, para autorizar el pecado; las máximas de Jesucristo, para justificar las suyas…, que incluso los más sabios según Dios, son víctimas de sus mentiras.

¡El número de los necios es infinito! (6). Es decir, el número de los sabios según el mundo -que resultan necios según Dios- es infinito.

2 - TRIPLE ASPECTO DE LA SABIDURIA MUNDANA

La sabiduría terrena de que habla Santiago, es el amor a los bienes de la tierra. Los sabios del mundo profesan secretamente esta sabiduría cuando apegan el corazón a sus posesiones; cuando todo lo encaminan a enriquecerse; cuando promueven juicios y litigios inútiles para adquirir o conservar sus riquezas; cuando -la mayor parte del tiempo- no piensan, hablan ni actúan sino con miras a conseguir o conservar algún bien temporal; mientras sólo a la ligera, para salir del paso, a intervalos y para cubrir las apariencias, se aplican a procurar la propia salvación y a utilizar los medios para alcanzarla, como son la confesión, la comunión, la oración, etcétera.

La sabiduría carnal es el amor al placer. Los sabios del mundo la profesan cuando no buscan sino el gozo de los sentidos; cuando aman la buena mesa; cuando alejan de sí todo lo que puede mortificar o incomodar el cuerpo, como ayunos, austeridades, etc.; cuando habitualmente sólo piensan en comer, beber, jugar, reír, divertirse y pasarlo lo mejor posible; cuando buscan la molicie en el dormir, los juegos divertidos, los festines agradables y las alegres compañías. Tras haber gozado sin escrúpulo de todas estas satisfacciones conseguidas, sin disgustar al mundo ni perjudicar la salud, buscan al confesor menos escrupuloso -así llaman a esos confesores relajados que no cumplen con su deber- para recibir de él, a bajo precio, la paz de su vida muelle y afeminada y la indulgencia plenaria de todos sus pecados. He dicho “a bajo precio” porque estos sabios según la carne no apetecen, ordinariamente, por penitencia sino alguna oración o limosna y detestan cuanto puede afligir el cuerpo.

La sabiduría diabólica es el amor y estima de los honores. Los sabios según el mundo la profesan cuando aspiran -aunque secretamente- a las grandezas, honores, dignidades y cargos importantes; cuando buscan hacerse notar, estimar, alabar y aplaudir por los hombres; cuando en sus trabajos, afanes, palabras y acciones sólo ambicionan la estimación y la alabanza de los hombres al querer pasar por buenos cristianos, sabios eminentes, ilustres militares, expertos jurisconsultos, personas infinitamente meritorias y excepcionales o de gran consideración; cuando no soportan que se les humille o reprenda; cuando ocultan sus propios defectos y alardean de lo bueno que poseen.

Con Jesucristo Nuestro Señor, la Sabiduría encarnada, debemos detestar y condenar estas tres clases de falsa sabiduría para adquirir la verdadera. Esta no busca el provecho propio, no arraiga en el terreno ni en el corazón de quienes viven cómodamente, y aborrece todo lo grande y espectacular a los ojos de los hombres.

3 - LA SABIDURIA NATURAL

Además de la sabiduría mundana -reprensible y perniciosa-, existe también una sabiduría natural entre los filósofos.

Los antiguos egipcios y griegos la buscaron con gran empeño. Los griegos buscan saber (7). Los que alcanzaban esta sabiduría recibían el nombre de magos o sabios. Consiste en un conocimiento eminente de la naturaleza en sus principios. Fue comunicada en plenitud a Adán en su estado de inocencia y otorgada con abundancia a Salomón. En el correr de los tiempos, algunos hombres ilustres recibieron parte de ella, como refiere la historia.

Los filósofos ponderan los principios de su filosofía, como medio para adquirir dicha sabiduría. Los alquimistas encomian los secretos de su cábala, como capaz de descubrir la piedra filosofal, en la cual se imaginan que está encerrada esta sabiduría (8).

En verdad, la filosofía de la Escuela, estudiada cristianamente, abre el entendimiento y lo capacita para las ciencias superiores (9). Pero jamás podrá comunicar la pretendida sabiduría natural, tan alabada en la antigüedad.

La química o alquimia -en otras palabras, la ciencia de disolver los cuerpos naturales y reducirlos a sus principios, es aún más vana y peligrosa. Esta ciencia, aunque cierta en sí misma, ha embaucado y engañado a infinidad de gentes con relación al fin que se proponía. Y no abrigo la menor duda -lo digo por experiencia personal- de que el demonio se sirve hoy de ella para hacer perder el dinero, el tiempo, la gracia y hasta el alma so pretexto de hallar la piedra filosofal. No hay ciencia que prometa las mayores realidades con los medios más artificiosos.

Promete la piedra filosofal o unos polvos que llaman “de proyección”, los que, arrojados sobre cualquier metal en estado de fusión, lo transforman en oro o plata, devuelven la salud o sanan las enfermedades, e incluso prolongan la vida y realizan una infinidad de portentos, que los iletrados consideran como divinos y milagrosos.

Legitiman sus afirmaciones:

1) Con la historia de Salomón, quien -aseguran ellos- recibió el secreto de la piedra filosofal, y a quien atribuyen un libro secreto, pero falso y pernicioso, intitulado “La clave de Salomón” (10).

2) Con la historia de Esdras, a quien Dios habría dado a beber un elíxir celestial que le habría comunicado la sabiduría, como se cuenta en el séptimo libro de Esdras (11).

3) Con la historia de Raimundo Lulio y otros grandes filósofos, quienes aseguran- encontraron la susodicha piedra filosofal (12).

4) Por último, para encubrir mejor su engaño bajo un velo de piedad, dicen que es un don de Dios, que no lo concede sino a quienes se lo piden por largo tiempo y lo merecen con sus esfuerzos y plegarias.

He recordado los desvaríos e ilusiones de esta vana ciencia para que no te dejes engañar como tantos otros, pues conozco a algunos que, después de gastos inútiles y grandes pérdidas de tiempo en busca de este secreto bajo los pretextos más bellos y piadosos del mundo y en la forma más devota, han tenido, finalmente, que arrepentirse, reconociendo sus engaños e ilusiones.

Personalmente, no admito la posibilidad de la piedra filosofal. El sabio Del Río (13) defiende y prueba su posibilidad. Otros la niegan. Sea de ello lo que fuere, no es conveniente, sino peligroso para un cristiano, el dedicarse a buscarla. Sería injuriar a Jesucristo, la Sabiduría encarnada, en quien se esconden todos los secretos del saber y del conocer (14), todos los bienes de la naturaleza, de la gracia y de la gloria. Sería desobedecer al Espíritu Santo, que dice: No te preocupes por lo que te excede (15).

4 - CONCLUSION

Quedémonos, pues, con Jesucristo, la Sabiduría eterna y encarnada, fuera de la cual todo es extravío, mentira y muerte: Yo soy el camino, la verdad y la vida (16).

Veamos los efectos de esta Sabiduría en las almas.

Continúa...


Notas:

1) No pretende el P. de Montfort negar el valor del estudio de la filosofía y ciencias naturales. Sólo que, en comparación con la ciencia de Jesucristo y la de la caridad (ver 1 Cor 12,2.8; GS 15), son como basura (ver Flp 3,8).

2) 1 Cor 2,6.

3) 1 Cor 1,19.

4) Rm 8,9.

5) St 3,15.

6) Ecle 1,15.

7) 1 Cor 1,22.

8) La alquimia, como ciencia oculta, floreció durante la Edad Media. Pretendía buscar la fórmula para convertir en oro todos los metales y el remedio universal de todas las enfermedades físicas.

9) “La Filosofía es sierva de la teología”, decían los maestros de las universidades católicas.

10) Quiere la Cábala contar entre sus sabios a Salomón. “La Clave de Salomón” forma parte del “Libro de la creación” (Sépher Yezirah). Este, junto con el “Libro de la luz” (Sépher Zorah), constituye el manual de la Cábala.

11) Libro apócrifo.

12) Hubo algunos pensadores cristianos, entre ellos Raimundo Lulio (+ 1315), que (por los siglos XV-XVI) padecieron la influencia de la Cábala.

13) Martín Antonio del Río, s.j. (1551-1608), quien en su libro Disquisitionum magicarum libri sex (1599) defiende la eficacia de la alquimia.

14) Col 2,3.

15) Eclo 3,22.

16) Jn 14,6.

 

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