lunes, 6 de marzo de 2023

LOS NUEVE CONTRA LEFEBVRE: TE RESISTIMOS EN LA CARA (2008)

La historia de nuestra batalla en los tribunales contra el Arzobispo Lefebvre y la Sociedad de San Pío X

Por el padre Anthony Cekada (ūüēÜ)


"Santo Tom√°s, cuando habla de la correcci√≥n fraterna, alude a la resistencia de San Pablo a San Pedro y hace el siguiente comentario: '...Debemos darnos cuenta, sin embargo, de que si se tratara de un peligro para la fe, los superiores ten√≠an que ser reprendidos por sus inferiores, incluso en p√ļblico'. Esto se desprende de la manera y la raz√≥n por la que San Pablo con respecto a San Pedro, de quien era s√ļbdito, dice la glosa de San Agust√≠n, 'que la misma cabeza de la Iglesia mostr√≥ a los superiores que si que si alguna vez se sal√≠an del camino recto y estrecho, deb√≠an aceptar ser corregidos por sus inferiores".
- Arzobispo Marcel Lefebvre
Respuesta a la pregunta: "¿C√≥mo ve usted la obediencia al Papa?"
20 de enero de 1978
Non, je ne regrette rien. (No, no me arrepiento de nada).
- Edith Piaf


HACE VEINTICINCO A√ĎOS, junto con otros ocho sacerdotes estadounidenses de la Sociedad de San P√≠o X (SSPX), me vi envuelto en una larga batalla con el arzobispo Marcel Lefebvre (1905-1991), fundador de la Sociedad y prelado que nos orden√≥.

El conflicto entre el arzobispo y los estadounidenses, a los que se suele llamar colectivamente "Los Nueve", se hizo p√ļblico tras una reuni√≥n entre ambas partes el 27 de abril de 1983, en Oyster Bay Cove, Nueva York.

El grupo de sacerdotes estaba formado por los Padres Clarence Kelly (Superior del Distrito Noreste de la SSPX), Donald J. Sanborn (Rector del Seminario de la SSPX), Daniel L. Dolan (Director de Misiones del Distrito Noreste), Anthony Cekada (Ecónomo del Distrito Noreste), William W. Jenkins (profesor del seminario), Joseph F. Collins (profesor del seminario), Eugene R. Berry, Thomas Zapp (recién ordenado y profesor en St. Marys, Kansas) y Martin Skierka (recién ordenado.)

Lo que comenz√≥ como una disputa teol√≥gica, sin embargo, pronto se convirti√≥ en una prolongada batalla llevada a cabo en el sistema judicial civil de Estados Unidos. El arzobispo Lefebvre nos exigi√≥ que le cedi√©ramos el control de las iglesias y capillas donde ofrec√≠amos Misa a nuestras congregaciones. Nos negamos. √Čl demand√≥, nosotros demandamos de vuelta, y las dos partes libraron una guerra legal de cuatro a√Īos que se resolvi√≥ en 1987.

Las once propiedades afectadas estaban situadas en los estados de Nueva York, Pensilvania, Ohio, Michigan, Minnesota y Connecticut. A excepción del edificio del seminario de Ridgefield CT, las congregaciones locales a las que servimos aportaron todos los fondos para la compra y explotación de estas instalaciones. La inmensa mayoría de miembros laicos de cada lugar apoyó nuestra postura contra Lefebvre y su organización.

En 2007, el obispo Richard N. Williamson publicó una colección de boletines que escribió durante este período, cuando era rector del seminario de la SSPX en Ridgefield, Connecticut (1). Naturalmente, la suya es la "historia oficial" de la Sociedad sobre esa lucha legal. Es la que, a trozos, se ha transmitido a varias generaciones de SSPX, seminaristas y laicos.

Los Nueve -seg√ļn esta versi√≥n- eran sedevacantistas (o al menos sedevacantistas secretos) que se rebelaron contra la autoridad de la SSPX y de su santo arzobispo fundador. Ellos utilizaron el sistema judicial de EE.UU. para defraudar a la Sociedad de varias de sus propiedades eclesi√°sticas en el Noreste y Medio Oeste. Todo muy, muy perverso.

Los que repiten este relato, sin embargo, parece que reflejan, si no hipocres√≠a, al menos, un doble rasero, seg√ļn el cual, la correcci√≥n o incorrecci√≥n de un acto se juzga por su conformidad con la voluntad del arzobispo Lefebvre.

Por ejemplo, cuando el arzobispo Lefebvre dice en efecto a Pablo VI o a Juan Pablo II: "Os resistimos en vuestra cara", se est√° haciendo eco del reproche de San Pablo a San Pedro, y es el San Atanasio del siglo XX. Pero cuando un sacerdote le dice lo mismo a Lefebvre, es un rebelde y un ingrato.

O, cuando los sacerdotes y laicos tradicionalistas franceses se apoderan de una iglesia en 1978 que no pagaron (San Nicolás du Chardonnet) y la entregan al Arzobispo Lefebvre y la SSPX, son los héroes de la resistencia tradicionalista.

Pero cuando los sacerdotes y laicos tradicionalistas americanos se aferran a las iglesias de 1983 que sí pagaron y se niegan a entregarlas a Lefebvre y a la SSPX, son conspiradores, estafadores y ladrones.

Debido a que fui la persona principalmente responsable de coordinar nuestra defensa legal contra las incursiones del Arzobispo Lefebvre y la Sociedad, generalmente se me retrata como el principal villano del asunto, seguido (en un cercano segundo lugar) por el Padre Clarence Kelly.

Dado que el obispo Williamson public√≥ su versi√≥n de la historia, decid√≠ poner por escrito mis propias reflexiones sobre el conflicto que se desarroll√≥ hace un cuarto de siglo. Estas, espero, ofrezcan alg√ļn equilibrio al relato que ha circulado en los c√≠rculos de la SSPX durante tantos a√Īos.


I. Factores contribuyentes

TODOS LOS QUE han o√≠do hablar de nuestra batalla legal con el Arzobispo Lefebvre y la SSPX saben que surgi√≥ de alg√ļn tipo de disputa teol√≥gica. Pero mucho antes de que esto ocurriera y acab√°ramos enfrent√°ndonos a nuestros antiguos colegas en los tribunales, se dieron al menos cuatro factores significativos que influir√≠an en el curso de los acontecimientos.

(1) La creencia de los sacerdotes m√°s antiguos entre los Nueve de que la SSPX era simplemente un medio para combatir el modernismo, y que al igual que otras organizaciones despu√©s del Vaticano II, la SSPX tambi√©n podr√≠a venderse alg√ļn d√≠a.

(2) La posición teológica notablemente más blanda que el Arzobispo Lefebvre adoptó hacia "Roma" una vez que su viejo enemigo Montini (Pablo VI) murió en 1978, y una vez que Juan Pablo II sedujo al arzobispo para que buscara un compromiso a través de las negociaciones en curso.

(3) Confusión sobre la naturaleza de la SSPX como organización.

(4) Incoherencia en las pr√°cticas sobre la propiedad de bienes.

A. La mentalidad de los Nueve

En mi opinión, el principal factor que allanó el camino para la batalla judicial fue la "mentalidad" de los Nueve, en particular la de sus cinco miembros más antiguos: los padres Kelly (ordenado en 1973), Sanborn (1975), Dolan (1976), Jenkins (1978) y yo mismo (1977).

Nuestras historias personales eran notablemente similares. Nosotros hab√≠amos crecido en la Iglesia anterior al Concilio Vaticano II y luego ingresado en seminarios de distintas partes del pa√≠s, donde observamos de cerca los desastrosos efectos de los cambios del Vaticano II. Todos √©ramos luchadores que batallaron repetidamente contra los modernistas dentro de nuestros respectivos Seminarios y √ďrdenes antes de acabar con el arzobispo Lefebvre en su seminario de Ec√īne, Suiza.

En mi caso, este viaje dur√≥ diez a√Īos. Si no hubiera tenido lugar el Concilio Vaticano II, no habr√≠a tenido ning√ļn inter√©s en unirme al Arzobispo Lefebvre o a su organizaci√≥n. No fui a Ec√īne porque me atrajeran el "santo arzobispo" y el "esp√≠ritu" de su sociedad. Fui s√≥lo porque odiaba el modernismo y quer√≠a ser un sacerdote cat√≥lico para luchar contra esta plaga en todas sus formas.

En una conferencia, de hecho, el Arzobispo Lefebvre admitió que este era probablemente el caso para la mayoría de nosotros; en tiempos normales, dijo, la mayoría de nosotros habríamos elegido ser jesuitas, benedictinos, dominicos o sacerdotes diocesanos, en lugar de miembros de la SSPX.

Antes de Ec√īne, adem√°s, hab√≠a visto a muchos otros santos sacerdotes y prelados, junto con instituciones mucho m√°s impresionantes y venerables que la SSPX, rendirse, venderse o pasarse con entusiasmo al campo enemigo. Si el "Obispo de Obispos" de Ec√īne lo hiciera alg√ļn d√≠a, bueno, no ser√≠a una completa sorpresa, pero yo no le seguir√≠a la corriente.

As√≠ que, cuando los sacerdotes mayores fuimos ordenados y empezamos a organizar grupos de fieles cat√≥licos en capillas tradicionales por todo Estados Unidos en la d√©cada de 1970, no ve√≠amos nuestro apostolado como una extensi√≥n del trabajo del Arzobispo Lefebvre y la SSPX, o incluso de preservar "la Misa en lat√≠n". Para nosotros, era un trabajo de lucha contra los herejes y para proporcionar sacramentos v√°lidos.

Padre Anthony Cekada

Desde el principio, fuimos francos al respecto con los fieles de cualquier misi√≥n que fund√°bamos. Normalmente, el entonces Padre (ahora Obispo) Dolan (que fund√≥ unas 30 misiones cuando estaba en la SSPX) daba una conferencia inicial a los cat√≥licos que lo hab√≠an invitado a venir a una ciudad en particular. Les explicaba que la Iglesia conciliar era una falsa religi√≥n que ense√Īaba la herej√≠a, que Pablo VI no era un verdadero Papa, y que los sacramentos conferidos por la Iglesia Conciliar eran inv√°lidos en la mayor√≠a de los casos. Estos fueron temas que abordamos repetidamente desde el p√ļlpito.

Para m√≠ y para los otros miembros de los Nueve, el arzobispo Lefebvre y su asociaci√≥n eran como cualquier otra cosa en la Iglesia: un medio para conseguir un fin -la defensa de la doctrina cat√≥lica y la salvaci√≥n de las almas-, no un fin en s√≠ mismos.

Así que, si el arzobispo y su organización se vendieron al enemigo (como habíamos visto hacer a tantos otros) no tenían derecho a nuestra lealtad.

B. Nuevo clima en Roma

El segundo factor significativo que sentaría las bases para nuestra batalla legal con el arzobispo fue el notable cambio en su "línea" después de que su viejo enemigo Montini (Pablo VI) murió y fue finalmente sucedido en 1978 por Juan Pablo II, que recibió calurosamente al arzobispo.

Aunque no cabe duda de que el arzobispo Lefebvre era un antiliberal y antimodernista convencido, monse√Īor Montini hab√≠a sido su enemigo personal cuando el arzobispo formaba parte del cuerpo diplom√°tico antes del Vaticano II. Montini tambi√©n se hab√≠a puesto m√°s tarde del lado de los liberales de la jerarqu√≠a francesa contra el arzobispo.

Este elemento, en mi opini√≥n, ech√≥ le√Īa al fuego una vez que la controversia sobre el seminario de Ec√īne empez√≥ a calentarse en 1974, y llev√≥ al arzobispo Lefebvre a adoptar una l√≠nea mucho m√°s dura en muchos de sus pronunciamientos contra "Roma" y el Vaticano II.

Naturalmente, para nosotros, los americanos, las ardientes palabras del arzobispo fueron m√ļsica para nuestros o√≠dos cuando, durante los primeros a√Īos de la Compa√Ī√≠a (1974-1979), entramos en Ec√īne y comenzamos nuestros apostolados como j√≥venes sacerdotes. En consecuencia, cuando se produjeron diversas crisis que condujeron a la salida de la Compa√Ī√≠a de los liberales o de los de l√≠nea blanda (la Declaraci√≥n del arzobispo en en 1974, la supresi√≥n en 1975, la alocuci√≥n consistorial de Pablo VI y la suspensi√≥n del arzobispo en 1976, la revuelta del profesorado en 1977), la pol√≠tica interna de la Compa√Ī√≠a situ√≥ a los americanos de l√≠nea dura s√≥lidamente entre los que en la organizaci√≥n estaban bien vus - a favor.

Tambi√©n durante estos a√Īos, las opiniones expresadas por el padre Dolan, que mencionamos en la secci√≥n anterior, no estaban tan lejos de las del mismo Arzobispo Lefebvre, o eran simplemente una conclusi√≥n l√≥gica de las mismas.

En 1974, por ejemplo, el arzobispo dijo a los seminaristas de Ec√īne que el problema con el Vaticano II no era s√≥lo una interpretaci√≥n err√≥nea de sus ense√Īanzas, sino que el propio Concilio ense√Īaba errores. Ahora bien, el arzobispo Lefebvre, que era doctor en teolog√≠a romana y miembro distinguido de la jerarqu√≠a, conoc√≠a la doctrina cat√≥lica seg√ļn la cual un concilio verdadero convocado por un papa verdadero no puede ense√Īar errores, por lo que de su declaraci√≥n a los seminaristas se deduce naturalmente que el Vaticano II fue un concilio falso y Pablo VI un papa falso (2).

Otras declaraciones que el Arzobispo Lefebvre hizo durante este período favorecieron la misma conclusión: la posición que en la década de 1980 comenzó a conocerse como "sedevacantismo" (3).

Que tales declaraciones estaban en parte ligadas a la animadversión personal del arzobispo contra Pablo VI, por supuesto, no era realmente evidente para nosotros en aquel momento. Pero lo sería una vez fallecido Pablo VI en agosto de 1978.

Funeral Pablo VI

Tras la elección de Juan Pablo II en octubre de 1978, el arzobispo Lefebvre se declaró dispuesto a "aceptar el Vaticano II leído a la luz de la tradición". El 18 de noviembre de 1978, Juan Pablo II recibió calurosamente al arzobispo con un abrazo de oso, y le aseguró que él mismo se ocuparía de la resolución del caso del arzobispo.

A principios de 1979, este programa se desbarató temporalmente cuando el asunto pasó a la Congregación Vaticana para la Doctrina de la Fe. El arzobispo tuvo que someterse a una reunión bastante insultante en la que estaba presente el obispo que había suprimido la Sociedad, Mons. Mamie, y durante la cual uno de los participantes acusó al arzobispo Lefebvre de "dividir a la Iglesia".

Tal vez como resultado de esto, nuestras acciones habían subido ligeramente en agosto de 1979, cuando un grupo de sacerdotes americanos cenamos con el arzobispo en Oyster Bay Cove NY. Me atreví a preguntarle si la libertad religiosa era herética y a insinuar el efecto que tendría en los papas posteriores al Vaticano II. El Arzobispo Lefebvre se rio y dijo: "No digo que el Papa no sea el Papa, pero tampoco digo que no se pueda decir que el Papa no es el Papa" (4).

Naturalmente, esto nos dio esperanzas a los de la línea dura.

Tres meses m√°s tarde, el arzobispo dio otra vuelta de tuerca. El 8 de noviembre de 1979 public√≥ "La nueva misa y el Papa: La posici√≥n oficial de la Sociedad de San P√≠o X". El arzobispo repudiaba la idea de que Pablo VI hubiera sido un hereje y, por lo tanto, no era un verdadero Papa (el t√©rmino "sedevacantismo" a√ļn no se utilizaba), dec√≠a que la Sociedad "rechaza absolutamente entrar en tales razonamientos" y a√Īad√≠a que la Sociedad "no puede tolerar entre sus miembros a quienes se niegan a rezar por el Papa".

En mayo de 1980, por lo tanto, el arzobispo visit√≥ el priorato de Oyster Bay Cove y expuls√≥ a tres de nosotros de la Compa√Ī√≠a (los padres Kelly, Dolan y yo). A la ma√Īana siguiente, por razones desconocidas, el arzobispo cambi√≥ de opini√≥n: No, no ten√≠amos que poner el nombre de Juan Pablo II en el Canon y, si la gente le preguntaba cu√°l era su postura sobre el Papa, ten√≠amos que decirles cu√°l era, pero no ten√≠amos que aceptarla.

Aunque durante un tiempo albergamos la leve esperanza de que el arzobispo pudiera alg√ļn d√≠a acercarse a nuestra posici√≥n (especialmente si alg√ļn funcionario del Vaticano le insultaba lo suficiente), durante los a√Īos siguientes (1981-1983) qued√≥ claro que segu√≠a el camino del compromiso y la negociaci√≥n con los herejes modernistas.

El abrazo del oso con Juan Pablo II había obrado su magia en el arzobispo y cambió el "clima" en Roma. Pero nosotros no queríamos ser parte de ello, ni ninguna unión con los modernistas.

C. ¿Qu√© es la SSPX?

Parecería que debería haber una respuesta clara a esta pregunta que cualquiera que pertenezca a la SSPX debería poder dar. Pero este, créanme, no fue el caso, y la confusión sobre este punto allanó el camino para las demandas.

Despu√©s de dos a√Īos en el seminario de Ec√īne, nunca se me aclar√≥ qu√© era la SSPX. Se hablaba mucho del "esp√≠ritu de la Sociedad", pero no sobre su esencia, excepto que hab√≠a sido "ilegalmente suprimida".

En cierto momento de su historia, la Sociedad de San P√≠o X comenz√≥ a promover la noci√≥n de que gozaba del estatus can√≥nico de "sociedad de vida com√ļn sin votos", una entidad de derecho can√≥nico similar a una Orden Religiosa. Como ejemplos de tales sociedades se incluyen a los Padres de Maryknoll, los Padres Paulistas y los Oratorianos.

Pero esta afirmaci√≥n es, dicho con caridad, m√°s que algo fantasiosa. Como he demostrado en otro lugar, la SSPX no era m√°s que una "asociaci√≥n piadosa", una entidad de derecho can√≥nico de rango inferior a una Cofrad√≠a laica del Rosario o la Sociedad de San Vicente de Pa√ļl, y ligeramente por encima de la Liga Automovil√≠stica del Sagrado Coraz√≥n (5).

Nunca me dieron una copia de las reglas de esta organizaci√≥n cuando era seminarista. De hecho, cuando estaba en Ec√īne ni siquiera sab√≠a que existiera tal documento. S√≥lo encontr√© una copia de los Estatutos de la SSPX por accidente cuando me traslad√© a Nueva York en 1979, dos a√Īos despu√©s de mi ordenaci√≥n.

El padre Cekada en su juventud

Como seminarista, firmé un "compromiso" con la Sociedad, un documento que decía sólo que "doy mi nombre a la Sociedad". No se indicaban las obligaciones que esto implicaba para el firmante, más allá de esforzarse por ser un sacerdote santo.

Era obvio para m√≠ que firmar este documento no me daba ning√ļn derecho como miembro de la SSPX. Era a√ļn m√°s obvio que el Arzobispo Lefebvre y los otros altos mandos no cre√≠an que mi acto de inscribirme me impusiera ning√ļn derecho como miembro de la SSPX. Sacerdote, seminarista o hermano -cualquier miembro de la SSPX- me di cuenta, ser√≠a expulsado en cualquier momento sin ninguna apelaci√≥n.

Había dos versiones de los Estatutos de la SSPX:

● Los Estatutos de 1970 (6) hab√≠an recibido la aprobaci√≥n temporal del Obispo de Friburgo por un per√≠odo de seis a√Īos, y por lo tanto, eran la √ļnica versi√≥n que se pod√≠a argumentar que hab√≠a sido can√≥nicamente vinculante durante seis a√Īos.

● Los Estatutos de 1976 (7) (los que descubr√≠ por casualidad) fueron supuestamente elaborados por un "Cap√≠tulo General" celebrado en Ec√īne en septiembre de 1976. No ten√≠an fuerza can√≥nica porque no hab√≠an sido aprobados por nadie que tuviera autoridad can√≥nica.

Ambos textos son extremadamente breves y se mecanografiaron a doble espacio: los Estatutos de 1970 tenían 12 páginas y los de 1976, 25 páginas. Consisten sobre todo en exhortaciones piadosas.

Esto lo contrast√© con mi experiencia en una Orden Religiosa real, los Cistercienses. All√≠, las obligaciones que asum√≠ con mis votos eran absolutamente claras - expuestas en detalle en cientos de p√°ginas de la Regla de San Benito, las Constituci√≥n General de la Orden, las Constituciones de la Congregaci√≥n de Zirc y otros estatutos menores. As√≠ tambi√©n, mis derechos como miembro de la Orden y las obligaciones de mis superiores de respetar esos derechos. Como cisterciense, tuve dos a√Īos de clases semanales sobre estos temas.

La √ļnica conclusi√≥n posible para m√≠ era que la SSPX no era nada m√°s que una asociaci√≥n informal de sacerdotes, seminaristas y hermanos con ciertos ideales comunes. Debido al desorden general entre los cat√≥licos tras el Concilio Vaticano II, la SSPX se organiz√≥ y funcion√≥ de forma improvisada y ad hoc.

Si no estabas de acuerdo con la posición del Arzobispo Lefebvre sobre cualquier tema en un día dado, eras libre de irte y él era igualmente libre de echarte a la calle. A la hora de la verdad, no tenías ninguna obligación... con él y él actuaba como si no tuviera obligaciones contigo.

D. Cambio de "políticas" sobre la propiedad

Ni los Estatutos de la SSPX de 1970 ni los de 1976 conten√≠an indicaciones sobre la propiedad de los edificios utilizados por los sacerdotes de la SSPX. Debido a que la SSPX comenz√≥ como una organizaci√≥n oficialmente reconocida por un obispo diocesano y continu√≥ como tal durante los primeros cinco a√Īos de su existencia, se asumi√≥ que sus sacerdotes ofrecer√≠an Misa en parroquias diocesanas por invitaci√≥n de los obispos o p√°rrocos locales. Por lo tanto, los Estatutos no contemplaban la posibilidad de que la SSPX poseyera y gestionara una serie de iglesias propias independientes de los obispos diocesanos (8).

En Estados Unidos, la política (si la había) sobre la propiedad de edificios era incoherente y estaba sujeta a cambios. Yo estaba en condiciones de saberlo, porque a partir de 1977 fui ecónomo del seminario y del distrito noreste, por lo que estaba íntimamente involucrado en todos los asuntos corporativos y financieros.

A partir de los a√Īos setenta, se fundaron en Estados Unidos varias corporaciones religiosas con mayor√≠a de laicos en sus consejos de administraci√≥n (denominadas "Amigos" de la SSPX) para tener la titularidad de las residencias de los sacerdotes de la SSPX y de las escasas capillas donde ofrec√≠an misa. De hecho, durante mucho tiempo el seminario de Ec√īne fue propiedad de una asociaci√≥n formada exclusivamente por laicos.

El prop√≥sito de mantener a los sacerdotes de la SSPX totalmente fuera de las corporaciones o de tener una mayor√≠a laica en un consejo corporativo era para evitar una situaci√≥n en la que se pudiera ordenar a los sacerdotes ceder el control de una propiedad al obispo diocesano, o incluso a "Roma"  (es decir, al hombre que el arzobispo afirmaba reconocer como Papa).

Las corporaciones americanas habían sido organizadas siguiendo estas líneas por un abogado de Long Island que había sido durante mucho tiempo partidario del arzobispo Lefebvre. Aunque devoto, el caballero no era un gran abogado corporativo, y su incompetencia le llevó a tener algunas dificultades fiscales casi fatales con el IRS.

Después de haber tenido grandes problemas con los laicos que querían controlar los asuntos financieros de iglesias atendidas por el clero de la SSPX (en Virginia, Florida, Texas y California), propuse que los sacerdotes de la SSPX controlaran de oficio las corporaciones propietarias de las iglesias de Estados Unidos. Redacté un modelo de estatutos basado en esta idea y traté de implementar un programa para que fueran adoptados.

Sin embargo, el abogado que había creado las corporaciones "Amigas" de mayoría laica, lo consideró una invasión de su territorio y se resistió.

Pero alrededor de 1980 el Arzobispo Lefebvre (bas√°ndose quiz√°s en el consejo de este abogado) nos indic√≥ que los sacerdotes de la Compa√Ī√≠a no deb√≠an participar en corporaciones que poseyeran propiedades.

Así que informamos a nuestras congregaciones de Michigan, Iowa y Pensilvania que querían comprar iglesias de que tendrían que formar corporaciones laicas ellas mismas y que nosotros no podíamos participar.

Luego, a finales de 1982, el viento cambió de nuevo. Ahora, se indicó, que los superiores de la SSPX debían controlar las corporaciones que poseían diversas propiedades. Este cambio lo asocio con la elección del padre Franz Schmidberger como sucesor del Arzobispo Lefebvre al frente de la SSPX.

Así que a principios de 1983, recibí una visita del Ecónomo General de la Sociedad, el padre Bernard Fellay, que estaba extremadamente ansioso por ver los cambios en el control de las corporaciones efectuados lo más rápidamente posible. El Superior General debería controlar todo.

Pero para entonces, algunos problemas importantes ya habían en la Sociedad. Llegué a la conclusión de que la visita del P. Fellay estaba destinada a facilitar el camino para una purga inminente, que por supuesto, me incluiría. Una vez que percibí esto, no hice nada más con las corporaciones, y las dejé con los estatutos y oficiales que tenían en ese momento.

En una palabra, el Arzobispo Lefebvre no tenía una "política" coherente sobre el control de las propiedades cuando yo pertenecía a su organización. Se movía de un lado a otro en esta cuestión tanto como en todo lo demás.

Pero incluso si el Arzobispo Lefebvre y los Estatutos de la SSPX hubieran establecido "reglas" sobre la propiedad de bienes eclesiásticos, ninguna habría sido vinculante de todos modos. El arzobispo era un obispo jubilado que dirigía una organización que no tenía existencia en el derecho canónico. Ni él ni su organización tenían autoridad canónica para obligar a nadie a hacer nada.


II. Cuestiones teológicas

D√ČCADAS DESPU√ČS, a√ļn persiste el mito de que el principal desacuerdo teol√≥gico entre el Arzobispo Lefebvre y los Nueve en 1983 fue sobre el "sedevacantismo".

Sin embargo, este tema en particular no surgió al principio, y ciertamente no fue el que provocó la disputa. Algunos de los Nueve eran sedevacantistas en el momento de la ruptura y otros no.

En cambio, había seis problemas graves en la SSPX que confluyeron para poner en marcha toda la crisis.

Richard Williamson

Y al acecho, como un buitre, estaba el malhumorado padre Richard Williamson. El arzobispo lo había nombrado vicerrector del seminario de Ridgefield y como una especie de comisario teológico para América, encargado de detectar cualquier desviación de la nueva línea del partido del arzobispo.

El padre Williamson era perfecto para este papel. Como converso adulto despu√©s del Vaticano II, su √ļnico conocimiento y experiencia del catolicismo proven√≠a del Arzobispo Lefebvre y la SSPX.

En consecuencia, era un hombre totalmente partidista; su principal punto de referencia para resolver cualquier asunto era lo que el Arzobispo Lefebvre pensaba al respecto. Esto se puede ver en los boletines y artículos que produjo durante la disputa que seguiría (9).

Mi primer encuentro con el padre Williamson tras su nombramiento no auguraba nada bueno. Me toc√≥ conocerle en nuestra capilla de Staten Island, donde ofici√≥ misa inmediatamente despu√©s de su llegada de Europa. Su misa fue tan escandalosa -con un desprecio total por las r√ļbricas- que no pude soportar verla y esper√© fuera (10).

El m√©todo del padre Williamson en el seminario era el del cl√°sico agente provocador: declaraciones escandalosas destinadas a provocar fuertes reacciones contrarias de los seminaristas que pudieran mostrar lealtad a cualquier principio m√°s all√° de las siempre cambiantes "posiciones del arzobispo". 

En pocas semanas, el Seminario Santo Tom√°s de Aquino, que hab√≠a estado en paz durante cinco a√Īos bajo el padre Sanborn estaba en un completo alboroto. "Las luchas son normales en un seminario", asegur√≥ el padre Williamson a los seminaristas. No hasta que usted lleg√≥, padre.

En este contexto, en la primavera de 1983, nosotros (los padres Kelly, Sanborn, Jenkins, Dolan y yo) comenzamos a redactar una carta al Arzobispo Lefebvre y al "Consejo General" de la SSPX (padre Franz Schmidberger y otros altos cargos de la SSPX) que expondría las cuestiones más destacadas. Cuatro de los sacerdotes más jóvenes - los padres Collins (ordenado en 1979), Berry (1980), Zapp (1982) y Skierka (1982) - tenían reservas similares sobre el curso que estaba tomando la SSPX, y fueron incorporados en las discusiones.

El 25 de marzo de 1983 nos pusimos de acuerdo sobre la versión final de la carta, la firmamos en Oyster Bay Cove, Nueva York, y la enviamos por correo. El texto completo de la carta está publicado como "Carta de los 'Nueve' al Arzobispo Lefebvre". He aquí un resumen de los puntos principales.

A. Sacerdotes Dudosamente Ordenados

El Superior del Distrito Suroeste, padre Hector L. Bolduc, hab√≠a empleado durante a√Īos al padre Philip Stark SJ para ofrecer Misa en las misiones SSPX de su distrito. El padre Stark, descubrimos, hab√≠a sido ordenado con el rito de ordenaci√≥n posterior al Vaticano II.

Ahora bien, el propio Arzobispo Lefebvre nos hab√≠a dicho a√Īos antes que el rito de ordenaci√≥n sacerdotal de 1968 era de dudosa validez, y hab√≠a ordenado condicionalmente al menos a dos sacerdotes del Novus Ordo que vinieron a trabajar con la SSPX en Estados Unidos, los padres Sullivan y Ringrose. Cuando los hechos del caso Stark salieron inicialmente a la luz, asumimos que el Arzobispo Lefebvre seguir√≠a este mismo curso de acci√≥n con el padre Stark (11).

Philip Stark SJ

Como esto no sucedió, en 1981 publicamos un estudio sobre el nuevo rito de ordenación en nuestra revista The Roman Catholic. El artículo, escrito por el padre Jenkins y titulado "La purga del sacerdocio en la Iglesia conciliar", no mencionaba directamente el caso Stark, pero su conclusión era clara: el nuevo rito de ordenación era de dudosa validez, por lo tanto, los sacramentos conferidos por un sacerdote así ordenado eran de dudosa validez, y por lo tanto tal sacerdote, debería buscar la ordenación condicional.

Esto no le gustó nada al padre Bolduc. Por su parte, el padre Stark dejó muy claro que se negaría a someterse a la ordenación condicional.

El arzobispo Lefebvre nos indicó que quería que publicáramos otro artículo sobre el tema, escrito por Michael Davies, quien, por supuesto, sostenía que el nuevo rito era válido.

Publicamos el artículo de Davies junto con una crítica del mismo por parte del padre Jenkins. Esto, a su vez, dio lugar a otro intercambio escrito en The Roman Catholic.

El asunto se prolongó hasta 1982, cuando el Arzobispo Lefebvre (más tarde nos enteraríamos) estaba inmerso en una de sus negociaciones entre bastidores con "Roma". Si nuestras objeciones a la validez de los nuevos ritos de ordenación hubieran llegado a oídos de los modernistas, de los que buscaba reconocimiento, habría sido un embarazoso obstáculo para la "reconciliación".

As√≠ que, en lugar de tratar el asunto de la ordenaci√≥n del padre Stark como una seria amenaza a la validez de los sacramentos que su organizaci√≥n confer√≠a, el arzobispo Lefebvre lo trat√≥ simplemente como una molestia y un problema pol√≠tico interno. Al mejor estilo de un diplom√°tico, trat√≥ de aplacar a ambas partes, equivocarse, retrasar y evitar disputas p√ļblicas.

El padre Stark, mientras tanto, viajaba por todo el país ofreciendo misas y confiriendo sacramentos que eran dudosos, si no inválidos.

Como medida provisional, les dijimos a nuestros feligreses que viajaban por el suroeste que...  no frecuentaran las capillas en las que trabajaba el padre Stark.

Obviamente, esto no podía durar mucho tiempo. Uno de los principales objetivos de nuestro apostolado era proporcionar a los fieles católicos sacramentos válidos. Pero el propio Arzobispo Lefebvre sancionaba ahora la concesión de sacramentos dudosos o inválidos bajo la égida de la SSPX, la organización a la que pertenecíamos. Y lo hacía esencialmente por consideraciones políticas.

As√≠ pues, decidimos que volver√≠amos a enfrentarnos al arzobispo Lefebvre sobre esta cuesti√≥n, pero por √ļltima vez. A menos que exigiera al padre Stark que se sometiera a la ordenaci√≥n condicional y estableciera esa pol√≠tica para todos los sacerdotes como √©l que vinieran a trabajar con la Compa√Ī√≠a, hab√≠amos terminado con √©l.

B. El Misal de Juan XXIII (Bugnini)

La evoluci√≥n de las pr√°cticas lit√ļrgicas en la Sociedad de San P√≠o X ser√° alg√ļn d√≠a un tema fascinante para la tesis doctoral de alguien. En los primeros tiempos de Ec√īne, la "misa tradicional" que all√≠ se celebraba era una mezcolanza del rito de Juan XXIII de 1962 y de las modificaciones provisionales de Pablo VI (1964-67), combinadas con cosas que "le gustaban al arzobispo", "lo que se hac√≠a en Francia" y un toque ocasional de la pr√°ctica anterior a 1955.

¡Qu√© enga√Īados nos sentimos los estadounidenses cuando llegamos a Ec√īne y nos encontramos con una Misa tridentina "modernizada"! Se suprimi√≥ el salmo 42 de las oraciones al pie del altar, el sacerdote se sentaba a un lado (como en el Novus Ordo), la ep√≠stola y el evangelio se le√≠an en la misa baja desde atriles orientados hacia el pueblo, y otras innovaciones.

Durante este mismo periodo de tiempo, algunos de los angloparlantes de la SSPX, en particular el seminarista Daniel Dolan, se interesaron en la historia de los cambios lit√ļrgicos posteriores a 1955. Estos fueron en gran parte, resultado del "trabajo" del padre Annibale Bugnini, el creador de la Misa Novus Ordo de 1969. Bugnini fue bastante claro al afirmar que la serie de cambios lit√ļrgicos que comenzaron en la d√©cada de 1950 eran "un puente hacia el futuro" y parte del mismo proceso que producir√≠a la Nueva Misa.

Cuando en los a√Īos 70 los sacerdotes de la SSPX fueron ordenados y regresaron a sus respectivos pa√≠ses, siguieron las pr√°cticas locales. En los pa√≠ses de habla inglesa y Alemania, se utilizaron el Misal, las R√ļbricas y el Breviario anteriores a 1955. Francia, en principio, utiliz√≥ los libros de Juan XXIII.

La cuesti√≥n lit√ļrgica se plante√≥ en el "Cap√≠tulo General" de la SSPX en 1976. All√≠ se decidi√≥ que los sacerdotes de la Sociedad deb√≠an seguir la pr√°ctica existente en sus pa√≠ses - una regla bastante sensata. As√≠, en nuestras capillas y seminario de EE.UU., seguimos los libros y pr√°cticas lit√ļrgicas anteriores a 1955.

A principios de los 80, sin embargo, el Arzobispo Lefebvre decidió imponer el Misal y Breviario de 1962 de Juan XXIII a todos en la SSPX. Más tarde se supo que esto estaba relacionado con las "negociaciones" del arzobispo con Ratzinger y Juan Pablo II. Les estaba pidiendo el derecho a usar el Misal de 1962, cuyo uso se prescribiría más tarde para la Misa de Indulto, la Fraternidad de San Pedro y la Misa Motu autorizada por Ratzinger (Benedicto XVI) en julio de 2007.

En oto√Īo de 1982, por lo tanto, ante las protestas del padre Sanborn, Rector del seminario estadounidense, el Arzobispo Lefebvre impuso el uso del Misal y Breviario Juan XXIII en el Seminario Santo Tom√°s de Aquino, situado entonces en Ridgefield CT. Esto no gust√≥ nada, ni al profesorado ni a la mayor√≠a de los seminaristas.

La introducci√≥n de los cambios lit√ļrgicos de 1962 en el seminario hizo obvio que el resto de los sacerdotes del noreste ser√≠an los pr√≥ximos objetivos del arzobispo para la "reforma lit√ļrgica".

Ahora bien, ni siquiera el jefe de una verdadera Orden Religiosa como los cistercienses tiene poder para imponer nuevas pr√°cticas lit√ļrgicas a sus miembros -y el arzobispo Lefebvre no era m√°s que un obispo retirado al frente de una asociaci√≥n de sacerdotes que no ten√≠a existencia can√≥nica-. √Čl no ten√≠a derecho a dictar pr√°cticas lit√ļrgicas a nadie.

Aparte de la cuesti√≥n jur√≠dica, estaba el propio principio. Estas reformas lit√ļrgicas fueron obra del mas√≥n Bugnini. Eran una etapa en su programa para destruir la Misa y reemplazarla con la asamblea del Novus Ordo. Sabiendo eso, no hab√≠a manera de que yo y mis compa√Īeros sacerdotes us√°ramos su Misal.

C. Expulsiones sumarias de sacerdotes

A principios de 1983 el Arzobispo Lefebvre amenazó con expulsar al padre Zapp de la SSPX porque se negaba a seguir las reformas de Juan XXIII.

padre Thomas Zapp

La amenaza del arzobispo contradecía el derecho canónico y la tradición de la Iglesia, que exigía que cualquier obispo que ordenara a un sacerdote debía asegurarse de que éste tuviera un "canónico", es decir, un medio permanente de sustento temporal. Incluso cuando un obispo ordenaba a un sacerdote sin un verdadero título canónico (como hizo el arzobispo Lefebvre), el derecho canónico obligaba al obispo y a sus sucesores a mantener al sacerdote mientras viviera.

El arzobispo Lefebvre amenazaba regularmente a los sacerdotes con expulsarlos de la Compa√Ī√≠a, o incluso los expulsaba, y luego no tomaba ninguna medida para mantenerlos. En 1983, esto ya formaba parte del procedimiento operativo habitual del arzobispo: si te cruzabas con √©l, te echaba a la calle sin posibilidad de apelaci√≥n.

D. Usurpación de la autoridad magisterial

Aquí el problema fue que el Arzobispo Lefebvre y la SSPX actuaron como si poseyeran autoridad magisterial. Cuando se trataba de asuntos como la validez de la Nueva Misa o la vacante de la Santa Sede, el arzobispo comenzó a insistir en en imponer a los miembros la adhesión a sus posiciones du jour. Esto, una vez más, se hizo con el fin de llegar a un acuerdo con Ratzinger y Juan Pablo II.

Pero el mero cumplimiento externo no era suficiente. A a esto se a√Īadi√≥ un requisito de sumisi√≥n interna a la l√≠nea del partido SSPX. Esto fue evidente en una carta del 8 de noviembre de 1982 que el sucesor del Arzobispo Lefebvre, padre Franz Schmidberger, escribi√≥ a un joven sacerdote: 

"Si te quedas en nuestra Sociedad, tienes que ir aclarando tu punto de vista interior y tienes que volver a la actitud de la Sociedad Sacerdotal, que nos parece la √ļnica correcta, dadas las circunstancias, como me ha vuelto a mostrar una charla con te√≥logos este pasado fin de semana. Pi√©nsalo seriamente, porque con esta decisi√≥n est√° en juego en grado sumo tu bienestar temporal y mucho m√°s el eterno. Seguir√© rezando por ti para que obtengas la iluminaci√≥n divina y una humilde sumisi√≥n".

¿Volver a la actitud de la Sociedad? ¿Su bienestar eterno est√° en juego? ¿Humilde sumisi√≥n? Para nosotros, esto era una locura.

Sólo la Iglesia tiene derecho a exigir sumisión interna al precio del "bienestar eterno" de uno, no la contraparte canónica de la Liga de Autos del Sagrado Corazón.

Nos unimos para luchar contra el modernismo, no para someternos a un magisterio alternativo.

F. Lealtad a la SSPX por encima de todo

Este punto está relacionado con el anterior. En la práctica, el Arzobispo Lefebvre y la SSPX habían empezado a equiparar la lealtad a sí mismos y a sus "cargos" con la lealtad a la Iglesia.

Ni nosotros ni las personas a las que servíamos nos habíamos apuntado a esto.

Por lo tanto, cuando la gente dice que el sedevacantismo fue la causa de nuestra disputa con la SSPX, yo respondo que el verdadero conflicto no fue por no reconocer a Juan Pablo II como Papa, sino por no reconocer al Arzobispo Lefebvre como Papa.

G. Aceptación de anulaciones falsas

Las cinco cuestiones anteriores se habían estado cociendo a fuego lento durante un tiempo, hasta que surgió una sexta que rápidamente hizo que todo comenzara a hervir.

Nos enteramos de que un laico destacado de una de nuestras misiones se había casado y su matrimonio había sido anulado por el tribunal modernista local por "inmadurez psicológica", y luego se volvió a casar.

La anulación era falsa. Incluso en la década de 1980, era obvio para los católicos tradicionales que los tribunales matrimoniales diocesanos posteriores al Vaticano II no eran más que tribunales de divorcio que concedían anulaciones por motivos claramente falsos. Así que aconsejamos a las partes implicadas en el segundo matrimonio que se separaran o que vivieran como hermano y hermana.

Padre Donald Sanborn, Arzobispo Marcel Lefebvre y Padre Anthony Cekada (1982)

A principios de 1983, sin embargo, nos enteramos de que uno de ellos había escrito al arzobispo Lefebvre, quien hizo que nos enviaran copias de su correspondencia y de su respuesta. La carta original no mencionaba los motivos de la anulación, y el arzobispo ni siquiera se molestó en preguntar cuáles eran.

En su lugar, el secretario general de la SSPX, el padre Patrice Laroche, escribió en nombre del arzobispo:

"En nombre de Su Gracia, el arzobispo Marcel Lefebvre, le agradezco su carta del 23 de julio, a la que ha prestado la debida atención.

Su Gracia piensa que, a pesar de todo, hay que adherirse a la decisión tomada por la Iglesia. Aunque uno pueda deplorar que la Iglesia declare nulos los matrimonios con demasiada facilidad hoy en día, no podemos afirmar en un caso especial, sin ninguna razón seria, que una declaración de nulidad no sea válida. Por lo tanto, podéis seguir recibiendo los sacramentos y tener una vida familiar cristiana".

El significado del mensaje del arzobispo era absolutamente claro: nosotros los sacerdotes debíamos tratar cada anulación modernista como válida hasta que se demostrara lo contrario.

¿Por qu√© estableci√≥ tal principio? Por sus negociaciones entre bastidores con Ratzinger. El arzobispo Lefebvre dif√≠cilmente pod√≠a esperar que los herejes modernistas "reconocieran" a la SSPX si √©l mismo no reconoc√≠a sus tribunales matrimoniales. As√≠ que el "Obispo de Hierro" puso sobre la mesa la indisolubilidad de los matrimonios sacramentales como moneda de cambio en su gran plan diplom√°tico para la "reconciliaci√≥n".

Para nosotros, este fue el final.

Tras exponer todos estos problemas en nuestra carta del 25 de marzo, propusimos seis resoluciones prácticas para que la SSPX las adoptara con el fin de resolverlos -un escenario que, admitámoslo, habría sido altamente improbable.

Algunos extractos de la parte final de la carta indicar√°n al lector, incluso despu√©s de todos estos a√Īos, nuestra decisi√≥n de mantenernos firmes:

"... no puede haber excusa si repetimos el error de los cat√≥licos de los a√Īos sesenta. Para ellos, al menos se puede entender c√≥mo fueron conducidos de la tradici√≥n a la nueva religi√≥n mediante un proceso de gradualismo y sumisi√≥n servil. Se les asegur√≥ que eran ni√Īos obedientes que escuchaban la voz de sus pastores... y del propio pastor principal, el Papa. Era inconcebible que el Vicario de Cristo pusiera a la Iglesia en un camino que resultar√≠a en la traici√≥n de la tradici√≥n y la ruina de millones. Y as√≠, los cat√≥licos se sometieron al proceso....

Para nosotros, m√°s de veinte a√Īos despu√©s, con la historia ante nuestros ojos, no puede haber excusa para aceptar los primeros pasos del proceso de reforma.Tampoco podemos sancionar pr√°cticas que equivalen a un rechazo de las tradiciones sagradas.

Tememos por el futuro de la Sociedad y por el bien de las almas.

 Estamos resueltos a continuar el trabajo para el que hemos recibido la confianza de los fieles. Esto pretendemos hacerlo con toda tranquilidad aunque la Sociedad nos abandone a nosotros o a esa confianza.

 "In Jesu et Maria..."

El día que firmamos la carta, el ambiente era comprensiblemente tenso, porque todos sabíamos cuáles serían las consecuencias. Para aligerar las cosas, el padre Kelly mencionó medio en broma la advertencia de Franklin a los firmantes de la Declaración de Independencia: "Debemos colgar todos juntos o todos seremos colgados por separado".

III. El quiebre de abril de 1983

El arzobispo Lefebvre ya hab√≠a estado planeando hacer una gira por EE.UU. en abril de 1983 con el fin de visitar el seminario de Ridgefield y luego viajar al Distrito Sudoeste para destituir al Superior, el padre Bolduc. Ni que decir que la purga del padre Bolduc se aplaz√≥ temporalmente y la cuesti√≥n de "los Nueve" pas√≥ a ocupar el primer lugar en la agenda del arzobispo.

A. Traslado del padre Sanborn

El Arzobispo Lefebvre llegó al seminario con el padre Schmidberger. Los días 24, 25 y 26 de abril, dio conferencias a los seminaristas denunciando al padre Sanborn y al resto de nosotros, y estableciendo la línea del partido.

A veces me preguntan si ahora pienso que deber√≠a haber hecho algo diferente en 1983. Mi respuesta es que s√≠, que deber√≠a haber adoptado una l√≠nea a√ļn m√°s dura: haber cambiado las cerraduras del seminario de Ridgefield, haber mandado a paseo al padre Williamson y haber mantenido fuera al arzobispo Lefebvre. Nuestro fracaso en hacerlo dej√≥ al arzobispo con una base de operaciones para hacer propaganda de sacerdotes dudosos, anulaciones falsas y lealtad a √©l como Papa sustituto.

Padre Donald J. Sanborn

En cualquier caso, el Arzobispo Lefebvre destituy√≥ r√°pidamente al padre Sanborn de su cargo de rector del seminario y lo sustituy√≥ por el padre Williamson. El padre Sanborn iba a ser enviado a Irlanda (12).

El plan del arzobispo era "divide y reinarás". Con este fin, trató de evitar una confrontación directa con los padres Kelly, Dolan y conmigo, evitándonos por el momento, para luego eliminarnos uno a uno. Como sospechábamos esto, insistimos en que el arzobispo se reuniera con nosotros para discutir el contenido de la carta del 25 de marzo.

Así pues, la tarde del 27 de abril de 1983, el Abad Lefebvre, junto con los Padres Schmidberger y Williamson, se dirigieron desde Ridgefield a Oyster Bay Cove, Nueva York, donde se encontraba la que entonces era la sede del Distrito Noreste.

B. Reunión del 27 de abril

Nos reunimos con el arzobispo en la sala de conferencias de la planta baja. Informamos al arzobispo de que el padre Kelly y yo habíamos sido autorizados por los demás sacerdotes firmantes de la carta a hablar en su nombre. Los padres Dolan y Berry también estaban presentes.

Los padres Williamson y Berry tomaron notas detalladas, veinticinco a√Īos despu√©s, uno puede hacerse una idea de lo que pas√≥. S√≥lo mencionar√© aqu√≠ algunos detalles.

(1) El argumento: distribu√≠ una lista de las seis resoluciones contenidas en nuestra carta, a la que se hab√≠a a√Īadido una s√©ptima que garantizar√≠a su cumplimiento en caso de ser aprobadas. Suger√≠ que ser√≠a mejor discutirlas, ya que se trataba de puntos pr√°cticos.

El Arzobispo Lefebvre comenzó criticando al padre Zapp por su negativa a utilizar el Misal Juan XXIII.

A continuaci√≥n, trat√© de precisar al arzobispo la cuesti√≥n de la ordenaci√≥n condicional de los sacerdotes ordenados en el nuevo rito. Comenz√≥ tratando de apaciguarnos, diciendo que en el fondo estaba de acuerdo, que la situaci√≥n era lamentable, que ser√≠a "mejor" que el padre Stark fuera ordenado de nuevo, etc. 

Pero cuando le presioné para que diera una respuesta clara, el arzobispo dijo que no haría de esto una política.

El debate volvió a centrarse en la liturgia de Juan XXIII. El arzobispo Lefebvre nos acusó de intolerancia y negó que en el "Capítulo General" de 1976 hubiera aprobado el uso del Misal y el Breviario anteriores a 1955. Esto era manifiestamente falso, como se desprende del Acta que el propio arzobispo había firmado (13).

El arzobispo dijo entonces que √©ramos testarudos en la cuesti√≥n lit√ļrgica porque "no pens√°bamos con la Sociedad" (14).

El padre Kelly y yo nos abalanzamos sobre esto. La expresi√≥n normal en teolog√≠a cat√≥lica es "pensar con la Iglesia". El peque√Īo "desliz freudiano" del arzobispo no hizo m√°s que confirmar lo que dec√≠amos en nuestra carta: Se esperaba que nos someti√©ramos a √©l y a la SSPX como Iglesia sustituta.

El padre Dolan le pregunt√≥ con qu√© autoridad decid√≠a una cuesti√≥n lit√ļrgica de todos modos - ¿por qu√© no 1965 o 1968? El arzobispo dijo que era la "√ļltima legislaci√≥n papal v√°lida" (¡!) y "la fe" la que decide. Traducci√≥n: el arzobispo determin√≥ por s√≠ mismo qu√© legislaci√≥n papal es v√°lida y cu√°ndo "la fe" est√° amenazada.

De nuevo, el arzobispo y la SSPX como Iglesia sustituta.

La foi, c'est moi...

(2) El final. Cuando intentamos pasar la discusión al tercer punto, el arzobispo se fijó en el séptimo punto de la lista. Este es uno que yo mismo redacté (15). Nos habría autorizado al padre Kelly y a mí a redactar documentos legales que obligarían a cualquier corporación afiliada a la SSPX a observar las resoluciones adoptadas.

El s√©ptimo punto fue dise√Īado para evitar que el arzobispo siguiera su pr√°ctica habitual de fingir diplom√°ticamente que estaba de acuerdo con algo y negarlo despu√©s.

En otras palabras, le decíamos de antemano que iba a hacer una jugada falsa.

El arzobispo se dio cuenta y puso el grito en el cielo. "Esto se acab√≥. Es in√ļtil. ¿Imponer a Ec√īne tu forma de actuar... Tu esp√≠ritu agresivo...? ¿Aceptar el n√ļmero (7) de esta hoja? Ve y busca otro obispo... Cekada ordena. Nosotros nos limitamos a dar el nombre... T√≥mese su libertad... Basta de discutir..." etc., etc.

Monse√Īor Lefebvre junto a un jovenc√≠simo Anthony Cekada

Una vez que esto terminó, estaba claro que habíamos llegado a un punto muerto.

El padre Schmidberger planteó la cuestión de las distintas propiedades. Sugirió que se mantuviera en secreto la noticia del desacuerdo para no disgustar a los fieles, y que luego nos reuniéramos a través de delegados para resolver cualquier problema.

En cualquier caso, eso es lo que pensábamos proponer. Informamos al arzobispo de que en ese momento seguíamos controlando las distintas sociedades. Inmediatamente amenazó con demandarnos.

Propusimos, en cambio, que su abogado y el nuestro se reunieran para discutir un acuerdo legal con el fin de evitar un lío.

Aceptaron, y terminamos la reunión.

El padre Kelly y yo pensamos que comer juntos con el arzobispo y los dos padres podría bajar un poco la temperatura, y tal vez permitir a ambas partes llegar a un acuerdo amistoso que pudiera salvar a los fieles. Así que... los invitamos a quedarse a cenar.

El arzobispo estaba dispuesto a quedarse. Pero el padre Williamson le dijo al padre Schmidberger en alem√°n: "No quiero comer con gente as√≠", a lo que no pude resistirme a a√Īadir en alem√°n: "Cuidado. Nunca se sabe qui√©n habla alem√°n".

Así pues, besamos el anillo del arzobispo, le dimos las gracias (sinceramente) por todo lo que había hecho y le despedimos cuando se marchó con los dos padres.

Desde entonces he pensado a menudo que el pleito podría haberse evitado por completo si el arzobispo se hubiera quedado a comer el pastel de carne.

Aunque la reunión de ese día había sido emocionalmente desgarradora, salimos de ella decididos a no ceder en los puntos planteados en nuestra carta.

Cuando el arzobispo regresó al seminario de Ridgefield, se puso inmediatamente a redactar una circular denunciándonos ante los fieles. Poco duró su acuerdo de mantener el asunto en silencio y tratar de resolverlo pacíficamente.

Al día siguiente, 28 de abril, el arzobispo dio otra conferencia a los seminaristas. Seguía furioso por el punto (7), el que pretendía impedirle eludir el acuerdo.

Por √ļltimo, una nota ir√≥nica: en la carta que envi√≥ denunciando a los Nueve como "rebeldes", el arzobispo citaba un pasaje de la Summa como "la base del pensamiento y la acci√≥n de la Sociedad en la dolorosa crisis que atraviesa la Iglesia".

Lo busqu√© s√≥lo para descubrir que Santo Tom√°s dec√≠a que "si la fe estuviera en peligro, un s√ļbdito deber√≠a reprender a su prelado incluso p√ļblicamente" y que los superiores "no deber√≠an desde√Īar ser reprendidos por sus s√ļbditos" (16).

Aparentemente, el principio funcionaba para el arzobispo pero no para nosotros.

IV. Las demandas

EL 1 DE MAYO, el primer domingo despu√©s de la reuni√≥n con el arzobispo, explicamos desde los p√ļlpitos de todas nuestras capillas los puntos en disputa con el arzobispo Lefebvre y por qu√© deb√≠amos reafirmarnos en lo que est√°bamos haciendo.

Con pocas excepciones, la reacción de nuestros feligreses fue de decepción con el arzobispo, y de apoyo a la la postura que estábamos tomando los sacerdotes. Así también, los otros dos sacerdotes que trabajaban con nosotros, los padres Roy Randolph y John Hesson.

Pocos días después de la reunión del 27 de abril, nuestro abogado se puso en contacto con el abogado del arzobispo (el mismo que había creado originalmente las corporaciones de "Amigos" laicos) para sondearle sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo. Nuestro abogado dijo que tenía la impresión de que el arzobispo y sus asesores no estaban seriamente interesados en negociar y que ganar en los tribunales sería rápido y fácil.

Así que, dijo, esperen ser demandados. Pero él mismo pensaba que el litigio sería muy largo y muy complicado, y que finalmente terminaría en un acuerdo negociado.

A. El arzobispo presenta una demanda

La batalla legal comenzó en el verano de 1983 cuando el arzobispo y su organización presentaron una demanda contra nosotros en el Tribunal de Distrito de EE.UU. para el Distrito Este de Nueva York - el sistema judicial federal, en otras palabras, en lugar de un estado estatal.

Un demandante inicia una demanda presentando un documento ante el tribunal llamado "Demanda". En él, se supone que el demandante enumera sus principales reclamaciones contra el demandado, junto con sus fundamentos de hecho y de derecho.

La principal alegación del arzobispo y la SSPX era que éramos sus agentes y fideicomisarios. Como tales, éramos responsables de adquirir y mantener propiedades en fideicomiso para ellos. Ahora les habíamos defraudado su propiedad y la estábamos ocupando ilegalmente.

"Agente inmobiliario" no era, que yo recuerde, uno de los deberes de la instrucción prescrita que el arzobispo nos leyó durante el rito de ordenación.

Pero, en cualquier caso, en lo que a nosotros respecta, tanto si la ley civil nos consideraba agentes o fideicomisarios como si no, el arzobispo consent√≠a ahora sacramentos dudosos e impon√≠a un misal cripto-modernista con vistas a la "reuni√≥n corporativa" con la Iglesia ecum√©nica y monomundial del archiher√©tico Wojtyla (17). Por ese motivo, el arzobispo Lefebvre perdi√≥ todo derecho moral a las propiedades eclesi√°sticas que reclamaba, al igual que hicieron los obispos diocesanos en los a√Īos sesenta.

Un sacerdote tradicionalista de los a√Īos 60 no estaba en condiciones de luchar por su reba√Īo mediante una batalla legal con su obispo. Pero en 1983, gracias a Dios, lo est√°bamos - y lo har√≠amos.

B. Preparativos para otras demandas

Como nuestro abogado tem√≠a que la demanda fuera demasiado complicada para su peque√Īo bufete, contratamos a un bufete m√°s grande de Nueva York que ten√≠a experiencia en derecho de sociedades sin √°nimo de lucro. El padre Kelly y yo informamos a los nuevos abogados de los hechos del caso y del material que mi investigaci√≥n sobre litigios de propiedad eclesi√°stica hab√≠a descubierto.

En previsi√≥n de que alg√ļn d√≠a nos demandar√≠an en otros estados, visit√© bufetes de Michigan, Pensilvania, Minnesota y Ohio para informarles del caso.

Mi conversaci√≥n con un abogado de Cincinnati fue especialmente √ļtil. Tras un examen minucioso de la demanda que nuestros oponentes hab√≠an presentado en Nueva York, descubri√≥ un error fatal que el abogado del arzobispo hab√≠a cometido.

"Este fallo", dijo, "ser√° tu bala de plata. Mantenlo en reserva hasta antes del juicio en Nueva York. Entonces √ļsala para echar por tierra la mayor parte de su caso".

Y de hecho, cuatro a√Īos m√°s tarde, resultar√≠a tener raz√≥n.

C. Un objetivo realista

La pregunta surge de forma natural: ¿Por qu√© no utilizamos el defecto mencionado en la secci√≥n anterior para conseguir la desestimaci√≥n de la demanda desde el principio?

Era una cuesti√≥n de estrategia jur√≠dica. Nuestros oponentes estaban decididos a presentar la demanda como fuera, y la habr√≠an vuelto a presentar de otra forma. Si esper√°bamos a pedir la desestimaci√≥n, les obligar√≠amos a pasar por a√Īos de procedimientos previos al juicio, y despu√©s de todo, conseguir la desestimaci√≥n de la demanda y obligarles a volver al principio en otro tribunal para enfrentarse a m√°s de lo mismo.

Tener que pensar en estos términos es, por supuesto, lamentable. Pero cuando uno se enfrenta a un adversario implacable en nuestro sistema jurídico, a menudo loco, no tiene más remedio que utilizar todas las armas que el sistema le ofrece.

Dado que los resultados de un caso complejo en un tribunal son notoriamente impredecibles, rara vez se puede contar con una victoria total. Para el arzobispo, supongo, la victoria total habría sido echarnos a todos a la calle, como él regularmente hacía con los sacerdotes en Europa. Para nosotros, habría sido sido enviarlo a él y a sus aduladores secuaces... a Francia con un bon voyage, pero no au revoir.

En el mundo real, sin embargo, entre el ochenta y el noventa por ciento de los casos civiles se resuelven mediante negociación entre las partes. Por lo general, esto ocurre justo cuando el caso está a punto de ir a un juicio formal ante un juez.

As√≠ que iniciamos el litigio sabiendo que, aunque la victoria total habr√≠a sido genial, el √ļnico objetivo realista a largo plazo para nosotros era llegar a un acuerdo negociado con nuestros oponentes. Naturalmente, esto tendr√≠a que preservar del programa Lefebvre el mayor n√ļmero posible de nuestras congregaciones. Tambi√©n implicar√≠a probablemente un intercambio de propiedades y otras concesiones. As√≠ es como funciona el sistema americano.

Pero ofrecernos a negociar con nuestros oponentes justo después de que presentaran la demanda no habría hecho más que confirmar sus expectativas poco realistas. El arzobispo Lefebvre y sus asesores parecían creer que podrían pasarnos por encima en los tribunales. Tendrían que aprender algunas lecciones por las malas antes de aceptar la idea de la negociación.

Esperábamos que este proceso educativo llevara un tiempo, pero como estábamos en posesión de las propiedades y los fieles nos apoyaban, estábamos dispuestos a esperar. De hecho, tal como se desarrollaron las cosas, no tuvimos más remedio que esperar, porque los juicios en Estados Unidos avanzan con la velocidad de una guerra de trincheras librada por caracoles.


D. Una victoria inicial

Tras presentar una demanda, el siguiente paso en muchos pleitos es intentar que el juez dicte una Orden de Restricción Temporal (OTR) contra su oponente. Esto le impide cambiar el status quo de lo que está en disputa hasta después del veredicto final de un juicio completo.

En agosto de 1983, los representantes del arzobispo intentaron conseguir una OTR contra nosotros. Esto habría congelado todas las cuentas bancarias de la iglesia y, en efecto, también habrían cerrado hasta después del juicio todas las iglesias a las que servíamos. Tuvimos una vista sobre el asunto ante un juez. Gracias a una elocuente intervención del padre Kelly, en la que rodeó verbalmente al desventurado abogado del arzobispo, el juez se negó a emitir la orden.

Así que, durante el resto del litigio, seguimos gestionando las distintas parroquias como antes.

E. Descubrimiento y declaraciones

A continuación siguió lo que se conoce como la fase de "descubrimiento" del pleito. Cada parte "descubre" las pruebas que la otra parte pueda tener en su poder. Esto se consigue con documentos, respuestas por escrito a preguntas escritas ("interrogatorios") y, sobre todo, mediante deposiciones.

En las declaraciones, el testigo de una parte debe prestar declaración oral en respuesta a las preguntas orales del abogado de la otra parte. El testigo declara bajo juramento y las preguntas y respuestas son transcritas por un taquígrafo judicial.

El descubrimiento es la fase más larga de los juicios civiles y la más cara por todo el papeleo legal que conlleva. Si no hay nada más, al menos descubres de dónde saca tu abogado la mayor parte de su dinero....

Emitimos citaciones para que varios funcionarios de la SSPX, incluido el Arzobispo Lefebvre, prestaran declaración. A pesar del hecho de que había iniciado la demanda, el arzobispo se negó a testificar en una deposición.

Sus abogados lucharon contra la citación hasta que el juez les dijo que, o el arzobispo se presentaba a declarar ante nuestros abogados, o se desestimaría la demanda.

Así que el arzobispo viajó desde Europa para prestar declaración. Nos sentamos frente a él mientras nuestros abogados le interrogaban cortésmente sobre los distintos cargos de su demanda contra nosotros.

Lástima, por supuesto, pero él inició la demanda, y le habíamos advertido de antemano que sería un verdadero lío. Presenta una demanda contra alguien en Estados Unidos, y aunque seas arzobispo, el demandado tiene derecho a tomar tu declaración.

Esta sería la primera de al menos cuatro declaraciones que el Arzobispo Lefebvre tendría que prestar en al menos otras tantas demandas, una vez que el litigio se extendiera a otros estados. Otros funcionarios de la SSPX también prestarían declaración.

Por supuesto, los abogados del arzobispo Lefebvre tambi√©n ten√≠an derecho a interrogarnos. Mientras que los padres Jenkins y Dolan prestaron declaraciones relativamente breves, los principales interrogados por nuestra parte fueron el padre Sanborn, el padre Kelly y, sobre todo, yo mismo, porque hab√≠a estado estrechamente relacionado con todas las empresas en litigio y llevaba los registros corporativos. En un momento dado, calcul√© que durante los cuatro a√Īos que hab√≠an durado los pleitos, hab√≠a prestado treinta d√≠as de testimonio, ya fuera en declaraciones o en juicios.

F. Los pleitos se multiplican

Iniciar o defender un pleito complejo en el sistema judicial estadounidense es como librar una guerra, y en nuestro caso, las batallas inevitablemente se extendieron a otros frentes.

(1) Filadelfia. Una propiedad eclesi√°stica en disputa fue la iglesia de St. Cyprian en Eddystone, Pensilvania, un suburbio de Filadelfia. Era atendida por el padre Hesson, y con una o dos excepciones, los laicos apoyaron nuestra postura contra el arzobispo.

Padre John Hesson

En octubre y noviembre de 1983, sin embargo, una de las "excepciones" aparentemente convenció al padre Williamson para que exigiera las llaves de la iglesia a nuestro coordinador laico y amenazara con una demanda ante un tribunal estatal. Una vez que tuvimos la certeza de que nos iban a demandar por la iglesia de Eddystone pasara lo que pasara, presentamos una demanda ante el tribunal federal de Filadelfia para cumplir ciertos tecnicismos legales.

Aqu√≠, la SSPX contrademand√≥, haciendo alegaciones similares a las que hizo en la demanda de Nueva York. A esto, a√Īadieron la afirmaci√≥n de que su organizaci√≥n era una jerarqu√≠a, y que los precedentes legales en Pennsylvania exig√≠an que los tribunales se atuvieran a las decisiones tomadas por una jerarqu√≠a eclesi√°stica con respecto a las propiedades de las iglesias locales que estaban subordinadas a ella.

Esto era nuevo para mí, porque la Iglesia a la que yo creía pertenecer tenía una sola jerarquía, de la cual sólo el Papa podía ser la cabeza. Un arzobispo jubilado no formaba parte de esa jerarquía, sobre todo porque mi libro era el Código de Derecho Canónico y situaba su supuesta "jerarquía" en un nivel inferior al de una Cofradía laica del Rosario.

El caso de Filadelfia implicó más descubrimiento, más deposiciones, un juicio (que perdimos), y dos apelaciones (que también perdimos). Al final, la SSPX se quedó con la iglesia, pero la mayoría de los feligreses (algunos de los cuales habían habían testificado contra la SSPX en el juicio) la abandonaron.
Aunque el resultado del caso de San Cipriano fue una amarga decepción tanto para los sacerdotes como para los feligreses, sólo afectó a una propiedad y a una congregación. Como precedente no ayudaría necesariamente a la SSPX en Nueva York, porque los criterios legales para las disputas de propiedad eclesiástica eran diferentes.

Y tuvo un efecto beneficioso indirecto para nosotros que nuestros adversarios no habían previsto: Dado que nuestros abogados de Nueva York también estaban involucrados en el caso de Filadelfia, esto inevitablemente retrasó el progreso del caso de Nueva York, que se suponía que era el evento principal. Y el retraso acabaría conduciendo a un acuerdo.

(2) Una demanda por difamaci√≥n. En oto√Īo de 1983, la publicaci√≥n oficial del Distrito Suroeste de la SSPX, The Angelus, public√≥ una serie de acusaciones difamatorias contra nosotros (por ejemplo, que hab√≠amos puesto iglesias "a nuestro nombre"), al igual que el peri√≥dico tradicionalista The Remnant, que se hab√≠a aliado con el Arzobispo Lefebvre en la controversia.

Presentamos una demanda por difamación ante un tribunal federal contra estas entidades y contra los diversos funcionarios de la SSPX implicados, e hicimos que les entregaran citaciones en una recepción a la que asistieron tras la dedicación de una iglesia en Long Island.

La ley de difamación en Estados Unidos es completamente irracional. Aunque pensamos que teníamos un buen caso de difamación en algunas de las de las declaraciones, presentar el caso era otra táctica para mantener la presión sobre nuestros oponentes en la desagradable guerra legal que habían iniciado.

La investigación y las declaraciones se sucedieron. Nuestros oponentes presentaron una moción de juicio sumario a su favor (juicio sin juicio propiamente dicho) alegando que todas las declaraciones eran libertad de expresión, protegidas por la Primera Enmienda. El juez estuvo de acuerdo y aceptó la petición de desestimación.

Apelamos, sin embargo, y el Tribunal de Apelación anuló las conclusiones del juez de primera instancia sobre algunas de las declaraciones, restableció nuestro caso y ordenó que siguiera adelante.

Padre Hector Bolduc

Ir√≥nicamente, el autor de algunas de las declaraciones controvertidas fue el padre Bolduc. Sospech√°bamos que su vehemencia en denunciarnos se deb√≠a a la esperanza de que, al hacerlo, podr√≠a escapar a la purga que el arzobispo ya hab√≠a programado para √©l. Pero fue en vano. El hacha cay√≥ sobre √©l al a√Īo siguiente.

El padre Schmidberger publicó entonces un ataque contra el padre Bolduc en The Angelus.

(3) Virginia Beach. Aquí, servimos a una congregación en una capilla que era propiedad de una corporación laica.

Uno de los directores, sirviendo como una especie de caballo de acecho para la SSPX, entabló una demanda contra el resto de los directores para sacarnos de la capilla y traer al padre Williamson. Esto condujo a más descubrimiento y más retrasos para el caso de Nueva York.

Finalmente todas las partes terminaron en un juicio de bajo nivel ante un comisionado de la corte. El comisionado finalmente falló a favor de los directores que querían mantener a nuestros sacerdotes.

(4) El Seminario de Connecticut. Nuestros sacerdotes eran mayoría en el consejo de administración de la sociedad propietaria del Seminario Santo Tomás de Aquino de Ridgefield. Por lo tanto, estábamos en una posición muy fuerte para desalojar a los partidarios del arzobispo de la propiedad del seminario.

Obviamente, esta sería un arma poderosa contra nuestros oponentes.

As√≠ que, un a√Īo despu√©s de que comenzara el conflicto, presentamos una demanda ante el tribunal estatal de Connecticut para obtener la posesi√≥n de la propiedad del seminario, y cuando el arzobispo Lefebvre sali√≥ en un coche del seminario el 20 de mayo de 1984, se le entreg√≥ la citaci√≥n.
En ese momento, seg√ļn el padre Williamson, el arzobispo ten√≠a una "expresi√≥n de dolor" en el rostro. Desde luego, pero no por los sacerdotes dudosos y las anulaciones falsas por las que empez√≥ todo.

Y de nuevo, la ley sobre disputas de propiedad eclesiástica en Connecticut era ligeramente diferente a la de Nueva York. Si hubiéramos perdido el caso de Nueva York, habríamos llevado el caso de Connecticut hasta el final.


V. El acuerdo

A PRINCIPIOS DE 1987, los pleitos en las distintas jurisdicciones se hab√≠an prolongado durante tres a√Īos y medio. La primera demanda que el arzobispo hab√≠a presentado en 1983 ante el tribunal federal de Nueva York a√ļn no hab√≠a llegado a juicio. Esta era la demanda principal que nuestros oponentes esperaban que les otorgara de un solo golpe, las once propiedades en seis estados diferentes.

Desde 1983, el caso había sido asignado a otro juez federal de Brooklyn. Tenía fama de liberal en materia judicial (= alguien que interpreta la ley de forma "creativa") y de "conciliador", al que le gustaba llegar a acuerdos entre las partes en conflicto.

Dado que por fin se había completado todo el descubrimiento (deposiciones e intercambio de documentos) en el caso de Nueva York, el juez fijó una fecha para el juicio formal del caso.

Fue entonces cuando disparamos la bala de plata.

A. La bala de plata

(1) Falta de jurisdicción. Una norma fundamental en la mayoría de los sistemas jurídicos establece que el tribunal donde se demanda a alguien debe tener jurisdicción sobre el demandado. La jurisdicción se reparte entre los tribunales por territorio geográfico.


En Estados Unidos, esto significa que un demandado en un pleito sólo puede ser demandado donde realmente vive o donde de alguna manera "hace negocios".

Por ejemplo, si usted vive en Ohio y alguien quiere reclamarle su casa de Cincinnati, no puede presentar la demanda en Brooklyn, llevarle a juicio en Brooklyn y quitarle su casa de Cincinnati. √Čl tiene que demandar en Ohio, en el condado donde se encuentra su propiedad, y por lo general debe hacer esto en la corte estatal, no en la corte Federal.

El abogado original del arzobispo había hecho previamente la mayor parte de su trabajo en la corte estatal. No parecía estar familiarizado con los puntos más finos del procedimiento Federal, especialmente los relacionados con la jurisdicción.
Así que, cuando presentó la demanda contra nosotros en Brooklyn, nombró como acusados a cinco sacerdotes: los padres Kelly, Sanborn, Dolan, Jenkins y yo, y exigió que el tribunal federal nos ordenara entregar al arzobispo las iglesias... en Nueva York, Pennsylvania, Connecticut, Ohio, Michigan... y Minnesota.

En 1983, nuestro abogado en Cincinnati se dio cuenta de que esto iba en contra de las normas de jurisdicción de los tribunales federales. Las propiedades no pertenecían a los sacerdotes demandados, sino a sociedades sin ánimo de lucro.

Cinco de ellas eran corporaciones de fuera del estado que no realizaban negocios en Nueva York, y las propiedades en litigio estaban fuera de Nueva York. Por lo tanto, el tribunal federal de Brooklyn no podía tener jurisdicción sobre ellas.

Seg√ļn las Reglas Federales de Procedimiento Civil, el tribunal federal de Brooklyn estar√≠a obligado a desestimar cualquier demanda contra las propiedades y corporaciones fuera del Estado de Nueva York.

(2) Falta de diversidad. Cuando esto ocurriera, quedarían dos corporaciones de Nueva York en el pleito federal.
Pero el tribunal federal de Brooklyn tampoco podría tener jurisdicción sobre éstas, porque, aunque las propiedades en disputa estuvieran dentro de la jurisdicción del tribunal, tanto el demandante (SSPX) como los demandados (nosotros, los sacerdotes) residían o "hacían negocios" en Nueva York, el mismo estado.

Las normas federales, sin embargo, exigen "diversidad" entre las partes. Esto no significa que la Navidad, Kwanza, el Ramad√°n y la muerte de Custer deban celebrarse juntos, sino que el demandante y el demandado deben ser de dos Estados diferentes (diversos).

De acuerdo con las Reglas Federales, el juez estaría obligado a desestimar las demandas restantes contra las propiedades y corporaciones dentro del estado de Nueva York también, y así desestimar toda la demanda.

El Arzobispo Lefebvre y la SSPX se verían entonces obligados a acudir a los tribunales estatales de Nueva York, Ohio, Pensilvania, Michigan y Minnesota, presentar nuevas demandas de acuerdo con las normas de cada estado, y comenzar de nuevo todo el proceso de toma de declaraciones y descubrimiento de pruebas.

Así que, una vez que la perspectiva de un juicio en Brooklyn se hizo inminente, presentamos una larga moción para desestimar el caso federal en Brooklyn por estos motivos.
Esta sería de hecho la bala de plata que que rompería el impasse y finalmente forzaría a la SSPX a un acuerdo negociado razonable con nosotros.

B. Negociaciones del acuerdo

Mientras tanto, el arzobispo y la SSPX habían conseguido un abogado mucho mejor. Una vez que la moción aterrizó en su escritorio, reconoció la amenaza que representaba. Se apresuró para presentar una demanda contra nosotros en el tribunal estatal de Nueva York como una copia de seguridad, en caso de que la demanda federal fuera rechazada. Esto al menos le permitiría continuar la batalla por el control de las propiedades dentro del Estado de Nueva York.

Después de que los abogados de ambas partes habían presentado por escrito argumentos a la corte, fuimos a Brooklyn para una audiencia ante el juez.

Fue una experiencia extra√Īa, como si el sistema judicial federal funcionara ahora bajo su propia versi√≥n del Novus Ordo. El juez vest√≠a traje, en lugar de la toga judicial negra, y en lugar de sentarse en el estrado para escuchar los argumentos, descendi√≥ a una gran mesa de conferencias y nos invit√≥ a todos a sentarnos a su alrededor.

Los abogados discutieron la moción una y otra vez. En lugar de acceder inmediatamente a la petición, el juez la tomó en consideración para decidir más tarde.

A continuaci√≥n, se puso "off the record" (dijo al taqu√≠grafo que dejara de transcribir) y pas√≥ a su modo "conciliador", instando a las partes a llegar a un acuerdo negociado. Indic√≥ a nuestros oponentes que nuestra moci√≥n ten√≠a argumentos s√≥lidos y dio a entender que podr√≠a inclinarse a concederla en alg√ļn momento. Luego nos dijo que, por supuesto, nada era seguro en un litigio, y qui√©n sabe ad√≥nde podr√≠a llevar un juicio. Por lo tanto, dijo, ambas partes deber√≠an considerar la posibilidad de resolver el caso en ese momento.

En ese momento, nos molest√≥ que el juez simplemente no
concediera la moción. La cuestión jurisdiccional estaba obviamente abierta y cerrada, y a un juez se le paga para que dicte sentencias, después de todo. Si la demanda hubiera sido desestimada por el tribunal federal, habríamos estado en una posición muy fuerte.

Pero nuestros oponentes, supongo, estaban igualmente molestos porque el juez parecía inclinado a conceder la moción, y porque la estaba utilizando como un martillo para obligarles a negociar.

En el lado positivo, al menos el juez no pidió a todos los que estaban sentados alrededor de la mesa que unieran sus manos o que hicieran un abrazo grupal...

Después de algunas discusiones, el juez se ofreció a presidir las negociaciones. Acordamos fijar una fecha mutuamente.

La primera conferencia tuvo lugar el 4 de julio de 1987 en el despacho del juez. El padre Kelly, el padre Sanborn y yo mismo, así como el padre Schmidberger y el padre Williamson, estuvieron presentes, junto con los abogados de ambas partes y un taquígrafo.

Los padres Franz Schmidberger y Richard Williamson

Uno sólo puede imaginarse la impresión que nuestros adustos hermanos europeos se llevaron de la justicia estadounidense: estaba muy lejos de las pelucas empolvadas, las togas majestuosas y las corbatas almidonadas. Aquí estaba sentado un juez federal, vestido para la ocasión con un polo, con los pies apoyados sobre el escritorio.

De nuevo, hubo muchas idas y venidas delante del juez. Se interrumpió varias veces cuando ambas partes se retiraron a salas separadas para discutir en privado diversas propuestas.
Se llegó a un acuerdo provisional sobre algunos asuntos, pero sería necesaria otra sesión para resolver los detalles, que eran bastante complicados y complejos.

El 18 de agosto de 1987, ambas partes asistieron a una √ļltima reuni√≥n de conciliaci√≥n presidida por el juez. Esta sell√≥ el acuerdo y puso fin al litigio.

C. La SSPX acepta una recompra

Una vez concluido el tira y afloja, la SSPX obtuvo dos propiedades que ya ocupaba (el seminario de Connecticut y las instalaciones de Armada, MI) y dos propiedades que nosotros ocup√°bamos (iglesias de Redford, MI, y St. Paul, MN) (18).

Nosotros obtuvimos seis propiedades (Oyster Bay NY, East Meadow NY, Rochester NY, Clearfield PA, Williamsport PA, Cincinnati OH).

Para las iglesias de Redford y St. Paul obtuvimos una concesión: La SSPX no las recibiría hasta dentro de quince meses. Esto nos permitiría comprar nuevas instalaciones para ambas congregaciones y, mientras tanto, protegerlas de los sacramentos dudosos y las anulaciones falsas que la SSPX estaba promoviendo ahora.

Al final, esta √ļltima disposici√≥n funcion√≥ muy bien, porque las dos iglesias que acordamos entregar a la SSPX estaban en "barrios en declive" (19). El traslado nos permiti√≥ mudarnos a las afueras.

La parte m√°s interesante de la historia es que Arzobispo Lefebvre y SSPX acordaron una compra de nuestra parte por $350,000.

Seg√ļn recuerdo, ninguna de las partes lo mencion√≥ p√ļblicamente a los fieles en aquel momento. Ambas partes, supongo, ten√≠an motivos para decir poco o nada al respecto. El pu√Īado de simpatizantes de la SSPX en las capillas afectadas podr√≠a haberlo considerado como una venta (que lo fue, por supuesto) y la noticia de una aparente ganancia para la SSPX podr√≠a haber restado fuerza a su campa√Īa de recaudaci√≥n de fondos para el seminario de Winona. Nuestra gente, por otra parte, podr√≠a haberlo considerado como una costosa admisi√≥n de derrota.

Pero despu√©s de veinticinco a√Īos, se puede contar la historia completa: Los representantes de la SSPX se equivocaron al darnos un descuento del 40% en la compra. Repetidamente mencionaron su temor de que hipotecar√≠amos las propiedades de Redford y St. Paul al m√°ximo antes de entreg√°rselas a la Sociedad. Al mismo tiempo, la FSSPX parec√≠a no saber que durante el curso del litigio ya hab√≠amos pagado las hipotecas de esas dos propiedades, algo que su abogado podr√≠a haber descubierto simplemente llamando a los departamentos de registros p√ļblicos de Michigan y Minnesota.

Ante su actitud desconfiada, nuestro abogado (por cierto extremadamente brillante, y que val√≠a cada penique que le pagamos) les ofreci√≥ una concesi√≥n tranquilizadora: cualquier hipoteca pendiente cuando la FSSPX se hiciera cargo de estas iglesias tendr√≠a exactamente el mismo saldo y t√©rminos que del d√≠a de nuestra ruptura con el arzobispo, ni m√°s ni menos. Esta oferta fue aceptada por la FSSPX.

Nuestra "concesión", sin embargo, fue digna de Tom Sawyer, porque en realidad funcionó a nuestro favor. Puesto que ya habíamos pagado las hipotecas de ambas propiedades, ahora podíamos volver a hipotecarlas por unos $125.000 y $ 20.000, respectivamente.

Y lo mejor de todo: pocos meses despu√©s de que la SSPX se hiciera cargo de las iglesias, ambos saldos podr√≠an vencer en su totalidad como pagos globales, porque estos eran los t√©rminos y condiciones exactos en vigor en las hipotecas existentes al 27 de abril de 1983. Este fue el peque√Īo regalo de inauguraci√≥n de los Nueve para la Sociedad.

Así que acabamos pagando sólo 205.000 dólares en el acuerdo global - una reducción del 40%, y no es un mal negocio para seis propiedades. Me abstuve de pedirle al Padre Williamson algunas millas de viajero frecuente...

Todas las otras demandas fueron retiradas. Adem√°s, si utiliz√°bamos una variante de "San P√≠o" como nombre para cualquier organizaci√≥n que fund√°ramos, tendr√≠amos que informar a la gente al principio de que "no est√°bamos afiliados a la Sociedad de San P√≠o X" - ¡un error que nadie podr√≠a haber cometido a estas alturas, seguro! (20).

Por √ļltimo, cabe se√Īalar que el arzobispo Lefebvre y los padres Schmidberger, Wiliamson y Roch firmaron un acuerdo de conciliaci√≥n en nombre de la SSPX, liber√°ndonos de todas las dem√°s obligaciones "por, sobre, o en raz√≥n de cualquier asunto, causa o cosa alguna desde el principio del mundo [hasta el 26 de octubre de 1987".

Una vez que la SSPX lo hizo y de hecho aceptó dinero de nosotros, los principios de la teología moral católica sobre la "condonación" exigen que la SSPX y sus partidarios se abstengan para siempre de reclamar que los Nueve les "robaron" propiedades. Por el precio rebajado de 205.000 dólares, los compramos, en buena lid.


VI. Algunos efectos

DURANTE NUESTRA batalla con el Arzobispo Lefebvre y su organización desde 1983 hasta 1987, a pesar de las inevitables distracciones, mantuvimos nuestro apostolado sacerdotal como antes.

En mayo de 1984, otros tres sacerdotes que acababan de ser ordenados en América por el arzobispo, los padres Thomas Mroczka, Denis McMahon y Daniel Ahern, también se unieron a nosotros. Los Nueve se convirtieron en los Doce.

Las once propiedades en litigio afectadas por las demandas constituían sólo una parte de las misiones en las que ofrecíamos misa: más de 40 en un momento dado. Seguimos construyendo o adquiriendo iglesias y otras instituciones en diversas regiones de Estados Unidos. La mayoría de los fieles de cada una de estas misiones continuó su apoyo financiero, moral y espiritual como antes.

También hubo efectos más duraderos para ambas partes.

A. La SSPX en América

- La SSPX instaló rápidamente a sacerdotes extranjeros en todos los puestos clave de la organización en EE.UU.; sólo se podía confiar en que los extranjeros fueran leales a la SSPX y desconfiaran de la población local. Esto siempre me recordó a Stalin enviando sus tropas mongolas a Hungría después de la revuelta de 1956.

Hasta 2002, la SSPX no encontró un sacerdote estadounidense que considerara suficientemente leal para dirigir el distrito de Estados Unidos.

Pero incluso un cuarto de siglo despu√©s de la disputa del 83, todav√≠a no se ha encontrado a ning√ļn americano para servir como Rector del seminario de la SSPX en Winona MN. El padre (m√°s tarde obispo) Williamson ocup√≥ el cargo durante veinte a√Īos; el actual ocupante es un franc√©s, el padre Yves LaRoux (21).

Padre Yves LaRoux

- Como resultado de la crisis del 83, los ordenandos en los seminarios de la SSPX deben firmar un juramento declarando su lealtad a las "posiciones" de la Sociedad sobre el Papa, los nuevos sacramentos, el Concilio Vaticano II, la liturgia de Juan XXIII y la Iglesia Católica.

Uno de los puntos principales de nuestra disputa con el arzobispo Lefebvre, por supuesto, fue precisamente que √©l exig√≠a la lealtad a s√≠ mismo, a su organizaci√≥n y a sus posiciones du jour por encima de lealtad a la Iglesia (22). Como se√Īal√≥ el padre Sanborn en su art√≠culo de 1984, "El quid de la cuesti√≥n":
Los que el Arzobispo consideraba sus verdaderos seguidores eran aquellos que no sacaban ninguna conclusión de sus dichos o acciones, que no buscaban una respuesta a la cuestión fundamental, que no eran partidarios de la línea dura ni de la línea blanda, sino sólo "partidarios del Arzobispo". Su Excelencia siempre cultivó y favoreció este tipo de tipo de seminaristas, y se rodeó de ellos cuando se ordenaban. Despreciaba visiblemente a aquellos que, de palabra o de obra, manifestaban una adhesión a un principio que estaba por encima y más allá del Arzobispo, y al que el propio Arzobispo se consideraba sujeto y responsable.

Su actitud, se intu√≠a, era: "¿Para qu√© venir a Ec√īne si no es para seguir a Monse√Īor Lefebvre?". Creo que cre√≠a que el principio fundamental operativo de Ec√īne era seguir al Arzobispo Lefebvre en su lucha por conservar la tradici√≥n.
- Me han dicho repetidamente a lo largo de los a√Īos que el raro seminarista estadounidense en la FSSPX que manifiesta tendencias hacia el razonamiento teol√≥gico independiente todav√≠a es aplastado con la insinuaci√≥n de que puede poseer "el esp√≠ritu de los Nueve". Nosotros somos los "hombres de la bolsa" del mito de la creaci√≥n de la FSSPX.

- En cuanto a los centros de misa, la SSPX abandon√≥ completamente algunas zonas a los Nueve. En otras √°reas donde ya oper√°bamos capillas m√°s grandes, a la SSPX le tom√≥ a√Īos atraer para establecer una peque√Īa capilla propia.

B. El apostolado de los Nueve

- Para los Nueve, uno de los efectos a largo plazo de la disputa fue hacernos reacios a formar una organización unida. El arzobispo Lefebvre había convertido su organización en una iglesia sustituta. Temíamos repetir el mismo error.

Esta es una de las razones por las que la organizaci√≥n sucesora que formamos, la Sociedad de San P√≠o V, se desmoron√≥ tan r√°pidamente. Cinco a√Īos despu√©s del acuerdo legal, s√≥lo tres de los Nueve originales segu√≠an siendo miembros de la SSPV (23).

Pero los que lamentan esto y miran con nostalgia el imperio de la SSPX no ven los peligros: una entidad orgánica centralizada como ésta puede ser subvertida de un plumazo y atraer a miles de almas desprevenidas a la Iglesia ecuménica de "un solo mundo". Prueba A: El 5 de mayo de 1988, el arzobispo Lefebvre firmó un acuerdo con Ratzinger que, incluso al margen de la cuestión de reconocer a JP2 como verdadero papa, aceptaba la autoridad docente del Vaticano II, la validez de los nuevos sacramentos y la legitimidad del Código de Derecho Canónico de 1983 (24). El arzobispo vendió a sacerdotes y laicos a la falsa iglesia del Vaticano II sobre los principios, pero renegó del trato al día siguiente sólo porque quería que los herejes le dieran un mejor precio (25) - las treinta monedas de plata completas, por así decirlo. Sus sucesores no sólo podrían llegar a un acuerdo como éste, sino también ejecutarlo.

- La liberación de la mano muerta de la línea del partido lefebvrista nos permitió investigar y publicar artículos sobre los grandes temas de nuestro tiempo: el Papa, las herejías del Vaticano II, la validez de los nuevos sacramentos, etc.

En el momento de escribir estas líneas, el obispo Sanborn y yo hemos publicado suficientes artículos sobre estos temas como para llenar varios libros.

Antes, uno tenía que temer la llegada de una carta "cohete" del Arzobispo Lefebvre, quejándose de cómo un artículo o sermón comprometería sus "negociaciones" con "Roma" (26).

- Con nuestra salida de la SSPX, por supuesto, nos quedamos sin medios para formar seminaristas y sin obispo al que acudir para las ordenaciones - era obviamente, un gran revés para el apostolado.

Pero esto nos impuls√≥ a investigar otras posibilidades. Cuando el padre Sanborn visit√≥ al obispo Antonio de Castro-Mayer en Campos, el prelado sugiri√≥ que acudi√©ramos al obispo Gu√©rard des Lauriers, que hab√≠a sido consagrado en 1981 por el arzobispo Pierre-Martin Ng√ī-dinh-Thuc. Investigamos a fondo la cuesti√≥n de las consagraciones del Arzobispo Thuc y llegamos a la conclusi√≥n de que eran v√°lidas. Esto, a su vez, condujo a las consagraciones de los obispos Dolan (1993) y Sanborn (2002) y a la fundaci√≥n del Seminario de la Sant√≠sima Trinidad.

Arzobispo Pierre-Martin Ng√ī-dinh-Thuc

Los padres Kelly y Jenkins, por su parte, iniciaron el contacto con el obispo Alfred Méndez a través de Natalie White, antigua colaboradora de The Wanderer y vieja amiga de la familia Jenkins. Esto condujo finalmente a la consagración episcopal secreta del padre Kelly por el obispo Méndez en 1993 (27).

- Nuestra partida también dio lugar a contactos o cooperación con otros clérigos tradicionalistas de todo el mundo: la Congregación de María Reina Inmaculada (CMRI), Trento (México), el Instituto de Nuestra Madre del Buen Consejo (IMBC) (Italia), y sacerdotes de Francia, Bélgica, Alemania, Polonia, México y Argentina. Esto no habría sido posible si hubiésemos permanecido en la SSPX, donde las "posiciones de la Sociedad" regulaban el contacto con el clero exterior.

- La separaci√≥n de la SSPX nos permiti√≥ hacer un proselitismo m√°s activo a favor de la preservaci√≥n de las antiguas pr√°cticas lit√ļrgicas anteriores a 1955, en contraposici√≥n al Misal Bungini/Roncalli de 1962, que es la norma lit√ļrgica tanto para la SSPX como para la Misa Motu autorizada por Benedicto XVI en 2007.

Los fieles pueden ahora asistir a celebraciones solemnes, o incluso pontificales, de los antiguos ritos de Semana Santa en muchos lugares de los EE.UU.

En el momento de escribir estas líneas, además, la parroquia en la que trabajo, Santa Gertrudis la Grande, en West Chester OH, acaba de empezar a retransmitir regularmente sus Misas por Internet (28). Esto permite a los católicos de todo el mundo presenciar de primera mano la celebración de la antigua liturgia.

C. El sedevacantismo en general

En Francia, la presencia sedevacantista en la escena tradicionalista es min√ļscula. La Frat (la Sociedad) lo es todo, e incluso los sedevacantistas ven en la SSPX su principal de referencia.

En Am√©rica no es as√≠. Como ya se ha se√Īalado, los nueve sacerdotes no eran todos sedevacantistas en el momento de su ruptura con el arzobispo Lefebvre. Todos, sin embargo, acabaron adhiri√©ndose a la posici√≥n sedevacantista de una forma u otra.

Si hubiéramos abandonado nuestras congregaciones y nos hubiéramos escabullido silenciosamente, habríamos dejado el campo libre para que la SSPX impusiera sacramentos inválidos, anulaciones falsas y su noción cripto-cismática de la autoridad papal en toda la escena tradicionalista estadounidense. Pero como luchamos agresivamente contra el Arzobispo Lefebvre y la SSPX en los tribunales, pudimos mantener la continuidad en nuestros apostolados.

Como resultado, América se ha convertido en un bastión sedevacantista. Entre los Nueve, el clero posteriormente afiliado a ellos y la CMRI, los sedevacantistas en América pueden contar con cerca de 90 centros de misa (frente a los 100 de la SSPX), 16 escuelas (frente a 24) y tres seminarios.

Esto es una fuente de aliento para los sedevacantistas (léase "católicos") de otras partes del mundo. Y es uno de los efectos indirectos pero permanentes que se derivaron de nuestra batalla legal con el Arzobispo Lefebvre y la SSPX.

* * * * *

LUCHAR EN UN pleito, especialmente si es largo, costoso y complicado, es una ocupación verdaderamente miserable. San Francisco de Sales dijo que le daría derecho a uno a la canonización (aunque un "santo" prematuro en esta historia es suficiente). Es especialmente desalentador y distractor para un sacerdote, porque mientras recita las oraciones de la Misa que cada día piden la paz, la propia palabra "litigio" deriva del latín lites - contienda.

Esta tarea fue a√ļn m√°s desagradable para nosotros porque tuvimos que luchar contra el Arzobispo Lefebvre, el obispo que nos orden√≥, y un prelado con muchas cualidades sobresalientes y, de hecho, grandes virtudes personales.

Pero las virtudes del arzobispo no le conferían infalibilidad en el juicio, inmunidad a la crítica o el derecho a una obediencia que superaba los principios fundamentales de la teología moral y dogmática.

Fue el deseo de ser fieles a estos principios lo que nos llev√≥ al Arzobispo Lefebvre como seminaristas en la d√©cada de 1970, y fue ese mismo deseo lo que nos alej√≥ de √©l como sacerdotes en 1983. Todos hab√≠amos visto a otros buenos sacerdotes y prelados rendirse al programa modernista. Para nosotros, el Arzobispo Lefebvre fue una decepci√≥n m√°s que a√Īadir a una largu√≠sima lista.

Por lo tanto, si por el bien de la negociaci√≥n con los herejes, el arzobispo estaba dispuesto a negociar la validez del matrimonio y la integridad de la liturgia tradicional, y si para integrarse en la falsa Iglesia ecum√©nica de "un solo mundo" estaba dispuesto a aceptar el Vaticano II "a la luz de la tradici√≥n", lo har√≠a sin nosotros. Y de hecho, como el asunto de las demandas demostr√≥, nos pondr√≠amos en su camino y lo resistir√≠amos p√ļblicamente, "en su cara", como dice la frase.

Al firmar el acuerdo del 5 de mayo de 1988 con Ratzinger y Juan Pablo II, el arzobispo Lefebvre vendi√≥ a la Compa√Ī√≠a y a todos sus seguidores los principios subyacentes de la resistencia tradicionalista (l√©ase "cat√≥lica") al Vaticano II. De ah√≠ que la Fraternidad de San Pedro y las Misas Motu Proprio de Benedicto XVI, que, bajo el camuflaje de "Misas tradicionales", ahora atraen a cat√≥licos desprevenidos a sacramentos inv√°lidos, a la aceptaci√≥n impl√≠cita del Novus Ordo como "rito cat√≥lico", a la aquiescencia en los errores del Vaticano II y a la comuni√≥n con una iglesia ecum√©nica que prepara el camino para el anticristo (29).

Todas estas cosas se han producido como consecuencias l√≥gicas de la posici√≥n teol√≥gicamente incoherente que Mons. Lefebvre enunci√≥ a fines de la d√©cada de 1970. Su Sociedad las ha aceptado todas en principio; lo √ļnico que ahora impide la reintegraci√≥n total de la FSSPX en el establecimiento modernista (aparte del temor de tener que obedecer a un Papa a quien dicen reconocer) son algunas objeciones sobre algunos detalles pr√°cticos.

En todo caso, la historia de la Sociedad de San P√≠o X en los √ļltimos veinticinco a√Īos demuestra que nosotros, los Nueve, ten√≠amos raz√≥n al adoptar la postura que adoptamos, cuando lo hicimos.

Si los sacerdotes no hubiéramos luchado contra el arzobispo Lefebvre en 1983, lo habríamos hecho en 1988, aunque desde una posición mucho menos ventajosa para nuestro pueblo a largo plazo.

As√≠ que, por triste que fuera para nosotros, los sacerdotes, luchar contra un virtuoso prelado, m√°s triste a√ļn habr√≠a sido para nosotros rendirnos en los principios y abandonar a nuestros reba√Īos al riesgo de sacramentos inv√°lidos y la eventual uni√≥n con una iglesia que el mismo arzobispo hab√≠a dicho, "comienza en herej√≠a y termina en herej√≠a".

Con eso, no puede haber compromiso. Y por pelear una batalla sobre eso con el Arzobispo Lefebvre, Non, je ne regrette rien - No, no me arrepiento de nada.

29 de Septiembre de 2008


Notas:

1) Cartas del Rector del Seminario Santo Tom√°s de Aquino: Volumen 1, The Ridgefield Letters: From “The Nine” to the Episcopal Consecrations (1983-1988), (Overland Park KS: True Restoration Press 2007)

2) Recuerdo personal del padre Dolan, que fue seminarista en Ec√īne de enero de 1973 a junio de 1976.

3) Por ejemplo: "Por otra parte, si parece cierto que la Fe ense√Īada por la Iglesia desde hace veinte siglos no puede contener error, tenemos mucha menos certeza de que el papa sea verdaderamente papa. La herej√≠a, el cisma, la excomuni√≥n autom√°tica, la invalidez de una elecci√≥n son causas que eventualmente hacen que un papa nunca haya sido papa o ya no lo sea. En tal caso, evidentemente excepcional, la Iglesia se encontrar√≠a en una situaci√≥n como la que experimenta tras la muerte de un soberano pont√≠fice". (Le Figaro, 2 de agosto de 1976.) Para una recopilaci√≥n de las citas pro sede vacante del arzobispo, v√©ase el art√≠culo "Citas pro-sedevacantismo del arzobispo Lefebvre".

4) "Je ne dis pas que le pape n'est pas pape, mais je ne dis pas non plus qu'on ne peut pas dire que le pape n'est pas pape". El sonido de esta frase en francés, además, es extremadamente divertido, parece un trabalenguas. Al propio arzobispo le hizo mucha gracia, al igual que a todos los sacerdotes de la mesa.

5. Véase "El Estado Jurídico de la SSPX y de sus Antiguos Miembros", agosto de 2006.

6. "Projet des Statuts de la Fraternit√© des Ap√ītres de J√©sus et Marie", 17 de junio de 1970, aprobado el 1 de noviembre de 1970 por Mons. Charri√®re, obispo de Lausana, Ginebra y Friburgo.

7. "Statutes of the Society of St. Pius X", Navidad de 1976. Engl. Trans. and pub. Oyster Bay Cove NY: 1978.

8. Sin embargo, permit√≠an la "concelebraci√≥n" ocasional al estilo Novus Ordo, as√≠ como un televisor en la sala de recreo. A esta √ļltima disposici√≥n sigui√≥ la inolvidable y espantosa analog√≠a: "Nuestra verdadera televisi√≥n es el tabern√°culo".

9. Un favorito personal: En "El Arzobispo y los Nueve" (Angelus, julio de 1983) el padre Williamson dice que no tiene dudas sobre la validez del nuevo formulario de ordenaci√≥n en ingl√©s y lleg√≥ a esta conclusi√≥n como resultado de consultar a "tres experimentados y competentes te√≥logos de habla inglesa sobre estos nuevos formularios en ingl√©s, y los tres est√°n de acuerdo en que ambos son v√°lidos, que ninguno de ellos admite serias dudas". Sin embargo, "si Su Gracia llega a una conclusi√≥n diferente, estar√© muy inclinado a seguirle porque es mucho mejor te√≥logo que yo". Un ejemplo perfecto de la mentalidad del lefebvrista descerebrado: el patr√≥n oro para resolver cualquier cuesti√≥n teol√≥gica controvertida es la "posici√≥n del arzobispo" de turno. Otro favorito: El bolet√≠n del seminario del padre Williamson de mayo de 1986 iba acompa√Īado de una declaraci√≥n del Arzobispo Lefebvre que dec√≠a: "...quiz√°s debamos decir que el Papa es un hereje... es posible que nos veamos obligados a creer que este Papa no es Papa". (Esto, ojo, despu√©s de las declaraciones del arzobispo en 1983 de que el sedevacantismo era cism√°tico). Al mes siguiente, en su bolet√≠n de junio, el padre Williamson decidi√≥ hablar de poes√≠a: casi se le puede o√≠r contener la respiraci√≥n mientras espera a que la "posici√≥n del arzobispo" cambie a "el sedevacantismo es cat√≥lico", posici√≥n que el padre Williamson tendr√° que defender probablemente alegando que el arzobispo siempre se adhiri√≥ a ella.

10. Pero, de todos modos, a nadie se le ense√Ī√≥ a decir misa en Ec√īne.

11. Algunos sacerdotes indios cuyas ordenaciones eran dudosas también habían ejercido en el Distrito Suroeste, y dos clérigos católicos antiguos, criadores de pollos de Arkansas, se instalaron en St. Marys durante un tiempo como primer clero residente de la institución. El caso Stark, sin embargo, era un problema constante.

12. Más pruebas, por cierto, de que la pretensión de la SSPX de ser como una Orden Religiosa es un completo fraude. Los religiosos no pueden ser asignados a otras provincias sin su consentimiento.

13. Despu√©s de tratar sobre las pr√°cticas lit√ļrgicas para Francia y Ec√īne, el Acta dice: "En los dem√°s distritos y casas de formaci√≥n se utilizar√°n los libros lit√ļrgicos y se observar√°n las r√ļbricas que hasta ahora han conservado en las ceremonias tradicionales los fieles sacerdotes de Alemania, Inglaterra y Am√©rica". Acta de la reuni√≥n de la Mesa Directiva de la Sociedad, celebrada en Ec√īne los d√≠as 13 y 14 de septiembre de 1976, III.3.2.

14. Utilizó el término francés para la organización, "Fraternité".

15. Estaba contenida en parte en la segunda resolución que propusimos en la carta del 25 de marzo al arzobispo.

16. Summa Theol. II-II:33.4 ad 2.

17. "¡Quanta in uno facinore sunt crimina!" (San Ambrosio) Ese abrazo de oso con JP2 - ¡Cu√°ntos cr√≠menes hay en esta √ļnica ofensa!

18. Ya habían conseguido la propiedad de Filadelfia en un litigio aparte, así que no estaba sobre la mesa.

19. En 1987 había traficantes de droga cerca de una de las iglesias. En la otra, un sacerdote de la SSPX instalado tras la toma de posesión, fue asaltado.

20. A pesar del acuerdo, en enero de 1988 un partidario de la FSSPX presentó otra demanda contra nosotros en St. Paul. Aunque fue anulada por el juez de Nueva York, esta escapada idiota costó dinero a ambas partes porque los abogados tenían que presentar documentos e ir a las audiencias.

21. En cualquier caso, es difícil encontrar un buen candidato para el puesto de rector de un seminario de la SSPX. Necesita tener suficiente inteligencia para ser creíble como académico, pero no tanta como para reconocer cualquier principio teológico más allá de la línea del partido de la Sociedad en un momento dado.

22. La quinta propuesta de resolución de nuestra Carta del 25 de marzo de 1983: "5. La Sociedad reconoce y acepta el principio de que nuestra lealtad a ella está subordinada a la lealtad a la Iglesia y sus tradiciones".

23. Padres Kelly, Jenkins y Skierka.

24. “Protocol of Agreement between the Holy See and the Priestly Society of St. Pius X”, mayo de 1988.

25. Permiso del hereje modernista Juan Pablo II para consagrar tres obispos para la SSPX en lugar de sólo uno como se había acordado. Su escabullirse de este acuerdo, por cierto, ilustra por qué pusimos el punto (7) delante de él en aquella reunión, el 27 de abril de 1983.

26. Cuando todavía estábamos en la SSPX y yo era responsable de la edición de The Roman Catholic, nos divertíamos cada mes tratando de encontrar una cita "dura" del arzobispo para la página de contenidos. A veces nos referíamos a ella como "la cita del Presidente" o "el Gran Timonel", en alusión a la práctica de los escritores de los países comunistas que empezaban sus artículos con una cita de Mao o Lenin porque temían ser purgados por "desviacionismo" cuando la línea del partido cambiaba.

27. La consagración no fue revelada hasta después de la muerte del obispo Méndez, en enero de 1995.

28. http://www.sgg.org/for-newcomers/mass-streaming/

29. V√©ase tambi√©n "La trampa de la misa motu", "Absolutamente nulo y totalmente vac√≠o", "El grano de incienso". 

Traditional Mass

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