viernes, 8 de noviembre de 2024

TRIBUNAL CONSTITUCIONAL ESPAÑOL OBLIGA A UNA COFRADÍA CATÓLICA MASCULINA A ADMITIR A UNA MUJER

El Tribunal Constitucional español ha sentenciado que, al negarse a admitir a una mujer, una hermandad católica masculina violó el precepto legal de no discriminación por razón de sexo y su derecho de asociación.


En 2008, María Teresita Laborda Sanz solicitó ingresar en la Pontificia, Real y Venerable Esclavitud del Santísimo Cristo de La Laguna, asociación pública de fieles fundada en 1545.

El artículo 1 de los estatutos de la cofradía señala que se trata de “una asociación religiosa de caballeros, instituida para promover entre sus miembros una más perfecta vida cristiana, el ejercicio de las obras de piedad evangélica y el aumento de la devoción y veneración a la santa imagen de Nuestro Señor Crucificado”, razón por la cual se denegó la solicitud.

En 2021, el Tribunal Supremo dictaminó que Laborda no había sufrido discriminación alguna porque “al ser de carácter religioso, [la cofradía] no ostentaba una posición dominante en el ámbito económico, profesional o laboral, por lo que no podía causarse perjuicio alguno a la recurrente, que podía crear una nueva asociación religiosa con los mismos fines”.

El Tribunal Constitucional considera ahora que el contenido del artículo 1 de los estatutos de la cofradía “no está protegido por la autonomía religiosa de dicha asociación en la medida en que la prohibición de que las mujeres formen parte de la asociación no se basa en ninguna razón de índole religiosa o moral”, explica un comunicado del TC del 4 de noviembre.

“No estando en cuestión las exigencias de la libertad religiosa y el principio de neutralidad religiosa” derivados del artículo 16 de la Constitución Española, el tribunal considera que “si bien una asociación privada tiene derecho a elegir libremente a quién asociarse (artículo 22), este derecho no puede constituir una discriminación por razón ‘de género’ cuando la asociación ocupa una posición ‘privilegiada’ o ‘dominante’ en el ámbito económico, cultural, social o profesional”, como sostuvo el Tribunal Supremo.

Sin embargo, el Tribunal Constitucional sostuvo que “si bien las actividades realizadas, de las que se excluye al recurrente, son actos de culto religioso y no están relacionadas con ninguna cuestión económica, profesional o laboral, ello no excluye la posibilidad de que dichos actos puedan tener también una repercusión social o cultural, dado que cultura y religión, al ser elementos distintos, no son compartimentos estancos, y gran número de [actos públicos] religiosos en España forman parte de la historia y la cultura social de nuestro país”.

El TC concluyó que el actor “no tiene posibilidad de realizar la misma actividad de veneración de dicha imagen en otra hermandad o cofradía del municipio”. El fallo de los seis magistrados de la Sala Segunda del Tribunal Constitucional no fue unánime.

La sentencia es una “mala noticia”

Rafael Palomino, catedrático de Derecho Eclesiástico del Estado en la Universidad Complutense de Madrid, criticó la sentencia del TC en un comentario publicado en su perfil profesional en LinkedIn, calificándola de “mala noticia”.

Al argumento del TC que considera que a la actora se le han vulnerado sus derechos porque “no tiene posibilidad de ejercer la misma actividad de veneración de dicha imagen en otra cofradía o hermandad del municipio”, Palomino respondió: “¿Cómo que no puede ejercer la misma actividad religiosa? ¡Que la recurrente constituya otra cofradía, otra asociación, otra religión si quiere! Esto empieza a ser la inversa de la ley presidida por una judicatura constitucional de república bananera”.

Consultada por ACI Prensa, la Diócesis de Tenerife declinó hacer comentarios sobre la sentencia.


POR QUÉ LA “ACEPTACIÓN UNIVERSAL Y PACÍFICA” NO PRUEBA QUE FRANCISCO SEA PAPA

Un número impresionante de teólogos católicos sostienen que la “adhesión universal y pacífica” de la Iglesia a un hombre como Papa es una señal infalible de que el pretendiente es, en efecto, el verdadero Papa. Pero ¿se sostiene este argumento en el caso de Francisco?

Por Matthew McCusker


Una de las preguntas más difíciles pero importantes que enfrentan los católicos hoy es si el hombre que afirma ser el Sucesor de San Pedro, y es generalmente considerado como tal, ocupa realmente el papado.

En un artículo anterior, resumí una serie de argumentos que llevan a la conclusión de que Francisco no es el Papa y que la Santa Sede está actualmente vacante. En un artículo posterior, presenté el argumento de la herejía pública con más detalle.

El argumento de la herejía pública se basa en la doctrina católica sobre 
(a) las consecuencias de la profesión pública de herejía sobre la membresía de una persona en la Iglesia, y 

(b) la unidad perpetua y visible de fe que posee la Iglesia Católica.
La aplicación de estos principios teológicos nos lleva a la conclusión de que un hereje público no podría ser el Papa, y que la aparente existencia de un “papa herético” es explicable sólo por 
(a) un pretendiente que de hecho nunca tuvo la elección para el papado, ya sea por herejía pública existente o alguna otra razón o 

(b) un verdadero Papa que perdió el cargo debido a su caída en la herejía pública, o alguna otra razón (apostasía pública, cisma público, locura, renuncia).
La conclusión de mi argumento se desprende lógicamente de las premisas. Si se debe cuestionar la conclusión, entonces deben cuestionarse las premisas.

Sin embargo, los defensores de las pretensiones papales de Francisco a menudo apuntan a una cadena paralela de razonamiento que parte de principios teológicos diferentes – los relativos a la “adhesión/aceptación universal y pacífica” de un hombre como Papa (en adelante UPA, las siglas en inglés de Universal and Peaceful Adherence/Acceptance
) – para llegar a la conclusión contraria de que Francisco debe ser el Papa.

Si dos argumentos, basados ​​en principios teológicos diferentes, llegan a una conclusión contradictoria, entonces las premisas de uno de los argumentos deben ser incorrectas.

En este artículo explicaré por qué no creo que el argumento de la UPA conduzca con seguridad a la conclusión de que Jorge Mario Bergoglio debe ser aceptado como un verdadero Papa.

El argumento de la “adhesión pacífica y universal”

Un número impresionante de teólogos católicos sostienen que la adhesión universal y pacífica de la Iglesia a un hombre como Papa es una señal infalible de que el pretendiente es en verdad el verdadero Papa. Basándose en esta conclusión teológica, argumentan lo siguiente:
Si un hombre es aceptado universal y pacíficamente como Papa, queda establecido sin lugar a dudas que ese hombre es Papa. Francisco es aceptado universal y pacíficamente como Papa, por lo tanto queda establecido sin lugar a dudas que él es el Papa.
Los defensores de este argumento afirman que Francisco ha sido aceptado universal y pacíficamente como Papa porque todos los obispos que dirigen las iglesias locales y ejercen la jurisdicción ordinaria en la Iglesia, y todos los miembros del Colegio Cardenalicio, declaran públicamente que él es el Papa; y todos, hasta donde sabemos, lo nombran en el canon de la Misa.

Es un argumento sólido y digno de respeto, pero creo que, en última instancia, fracasa. Quisiera presentar brevemente dos argumentos en contra y luego analizar uno de ellos con más profundidad.

Argumento 1

La doctrina de la adhesión universal y pacífica fue propuesta por los teólogos como un medio para explicar cómo la Iglesia podía obtener certeza sobre la identidad del Papa, a pesar de los defectos reales o supuestos en la forma de su elección. Por lo tanto, sostenían que la adhesión universal y pacífica a un hombre como Papa era suficiente para generar certeza sobre su identidad.

Una lectura superficial de los textos de estos teólogos podría llevar al lector a suponer que una vez que se puede demostrar que un hombre recibió adhesión universal y pacífica en algún momento después de su elección, su pretensión al papado no puede ser cuestionada por ningún motivo.

Sin embargo, una lectura más profunda muestra que esto es inconsistente con la doctrina más amplia de estos autores. Esto se debe a que muchos de los teólogos que proponen la teoría de la UPA también sostienen que un hereje público no puede ser papa y que, si un verdadero papa cayera en la herejía pública, dejaría de ser papa


Como dice el cardenal Louis Billot, uno de los teólogos cuya explicación de la UPA se cita regularmente, “la cuestión es si es posible que una persona debidamente elegida y elevada de una vez por todas al pontificado pueda en un momento u otro dejar de ser activa en el pontificado” [1].

Como expliqué en mi artículo anterior, los teólogos están divididos sobre la cuestión de si un verdadero Papa puede caer en la herejía pública. Algunos consideran que lo más probable es que esto nunca ocurra. Si esta opinión es cierta –como bien puede serlo– la aparente aparición de un “Papa herético” sólo puede explicarse por el hecho de que el pretendiente nunca ha ejercido el cargo.

Otros teólogos aceptan la posibilidad de que un papa caiga en la herejía pública (o incluso sostienen que es la opinión más probable). Enseñan que un papa así perdería su cargo, y se proponen diversas explicaciones sobre cómo se produciría esa pérdida o cómo se la reconocería. Están de acuerdo entre sí en que la herejía pública es incompatible con el ejercicio del papado.

Billot, al igual que San Roberto Belarmino, sostiene que es más probable que un verdadero Papa no caiga en la herejía pública. Pero, escribe Billot, si esto ocurriera, “todos admiten que el vínculo de comunión y subordinación tendrá que ser eliminado a causa de las autoridades divinas que expresamente ordenan la separación de los herejes” [2]. Y, de las teorías que explican cómo un papa herético podría perder su cargo, Billot sostiene que la pérdida automática del cargo, “parece seguir la única manera en que los principios absolutamente ciertos de la constitución eclesiástica, hasta ahora intactos, se preservan” [3].

Billot sostiene que la UPA es una señal infalible de que un hombre es verdaderamente el Papa, pero Billot también sostiene que si un verdadero Papa cayera en la herejía pública, perdería automáticamente el cargo. Por lo tanto, parecería claro que la UPA es algo que se puede perder.

La Iglesia puede adherirse universal y pacíficamente a un hombre como Papa, y esto es una señal infalible de que él es verdaderamente Papa. Pero si ese hombre deja de ser Papa, por ejemplo, al caer en una herejía pública, la Iglesia, como resultado de esta acción pública del pontífice, le retirará su adhesión universal y pacífica. La forma en que se manifiesta esta retirada quedará más clara más adelante en este artículo.

Aquí se puede notar que es claramente inadmisible utilizar la teoría de la adhesión universal y pública, tal como la proponen teólogos como Billot, de modo que se prive a la Iglesia universal de la capacidad de reconocer que un verdadero Papa ha caído en la herejía pública y de retirarle su adhesión. Hacerlo así va más allá de las intenciones de los teólogos que la proponen.

Argumento 2

En efecto, la Iglesia Católica no se adhiere universal y pacíficamente a Francisco en el modo que exigen los teólogos que explican esta doctrina; es decir, no se adhiere universal y pacíficamente a él como “regla viviente de la fe”, en cuya sumisión la Iglesia Católica adquiere su milagrosa y perpetua unidad de fe. Por el contrario, muchos católicos, incluidos cardenales y obispos, se niegan públicamente a someterse a “su enseñanza” sobre la fe y la moral, tal como se encuentra en varios documentos dirigidos a la Iglesia universal, como el Catecismo revisado de la Iglesia Católica, que propone la negación herética de la legitimidad de la pena capital en un texto presentado a la Iglesia universal como “norma segura de fe”.

Al negarse abiertamente a someterse a Francisco como “regla viva de fe”, estos cardenales y obispos parecen estar negándose a adherirse pacíficamente a él como Romano Pontífice, aun cuando se abstengan (por ahora) de declarar públicamente que él no es el Papa.

Para que este artículo sea lo más breve posible, trataré ahora el segundo de estos argumentos con mayor profundidad. 

Una mirada más cercana a la doctrina de la adhesión universal y pacífica

Como hemos visto más arriba, la doctrina de la adhesión universal y pacífica nos dice que cuando la Iglesia universal se adhiere a un hombre particular como el Romano Pontífice, tenemos certeza (sobre cuyo grado no están de acuerdo los teólogos) de que ese hombre es de hecho el Papa.

Esta doctrina la expresa claramente el cardenal Billot, que escribe:
Pero sea cual fuere la opinión que se tenga sobre la posibilidad o imposibilidad de la hipótesis antes mencionada, al menos hay un punto que debe mantenerse como absolutamente inquebrantable y firmemente establecido más allá de toda duda: la sola adhesión de la Iglesia universal será siempre por sí misma un signo infalible de la legitimidad de la persona del Pontífice y, lo que es más, incluso de la existencia de todas las condiciones requeridas para la legitimidad misma. No es necesario buscar pruebas lejanas de esta afirmación. La razón es que se toma inmediatamente de la promesa infalible de Cristo y de la providencia. Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella, y He aquí que yo estoy con vosotros todos los días. Ciertamente, que la Iglesia se adhiriera a un falso pontífice sería lo mismo que si se adhiriera a una falsa regla de fe, puesto que el Papa es la regla viva que la Iglesia debe seguir en la creencia y que siempre sigue de hecho, como se verá aún más claramente en lo que se dirá más adelante.
Continúa:
Dios puede permitir que en algún momento la vacancia de la sede se prolongue por un tiempo considerable, o que surja alguna duda sobre la legitimidad de uno u otro elegido, pero no puede permitir que toda la Iglesia reciba como pontífice a un hombre que no sea verdadero y legítimo. Por lo tanto, desde el momento en que ha sido aceptado y unido a la Iglesia como cabeza del cuerpo, no podemos seguir considerando la cuestión de un posible error en la elección o de la falta de alguna condición necesaria para la legitimidad, porque la mencionada adhesión de la Iglesia sana radicalmente el error en la elección e indica infaliblemente la existencia de todas las condiciones requeridas [4].
La referencia a la infalibilidad en este contexto puede sorprender a algunos lectores. Existe un error común en la idea de que sólo la enseñanza de la Iglesia sobre las doctrinas divinamente reveladas puede ser infalible. La doctrina revelada es, en efecto, el objeto primario de la infalibilidad. Sin embargo, los teólogos también hablan del “objeto secundario de la infalibilidad”, que consiste en aquellas “otras verdades que se requieren necesariamente para custodiar todo el depósito de la revelación” [5].

Estas verdades, según Monseñor Van Noort, “están tan estrechamente ligadas al depósito revelado que la revelación misma estaría en peligro a menos que se pudiera tomar una decisión absolutamente cierta sobre ellas” [6].

Muchos defensores de la UPA sostienen que la identidad del Papa es una de esas verdades. El Papa es el maestro y gobernador supremo de la Iglesia. Es la regla suprema de la fe, por quien se mantiene la unidad de la profesión de la verdadera fe en la Iglesia. Por lo tanto, su identidad es un objeto secundario propio de la infalibilidad de la Iglesia.

El reverendo Sylvester Berry comenta sobre la aplicación de la infalibilidad secundaria a la identidad del Papa:
Un hecho dogmático es aquel que no ha sido revelado, pero que está tan íntimamente conectado con una doctrina de fe que sin un conocimiento cierto del hecho no puede haber un conocimiento cierto de la doctrina. Por ejemplo, ¿fue el Concilio Vaticano verdaderamente ecuménico? ¿Fue Pío IX un papa legítimo? ¿Fue válida la elección de Pío XI? Tales cuestiones deben ser decididas con certeza antes de que los decretos emitidos por cualquier concilio o papa puedan ser aceptados como infaliblemente verdaderos o vinculantes para la Iglesia. Es evidente, entonces, que la Iglesia debe ser infalible al juzgar tales hechos, y dado que la Iglesia es infalible tanto en la creencia como en la enseñanza, se sigue que el consentimiento prácticamente unánime de los obispos y los fieles al aceptar un concilio como ecuménico, o a un Pontífice Romano como legítimamente elegido, da certeza absoluta e infalible del hecho [7].
Como se sugirió antes, una lectura superficial de estos textos podría parecer que lleva inevitablemente a la conclusión de que Francisco debe ser aceptado como Papa. Sin embargo, como también hemos visto, el propio Billot sostiene (como también lo hacen Berry y otros teólogos que expresan la UPA con la misma firmeza) que si un verdadero Papa cayera en la herejía, dejaría de ser Papa y, por lo tanto, necesariamente, un Papa que alguna vez poseyó la UPA dejaría de poseerla.

Parecería, por lo tanto, que hay una contradicción. Por un lado, la UPA da la certeza infalible de que un hombre es verdaderamente el Papa. Por otro lado, un hombre que posee la UPA podría, según Billot y otros, dejar de ser Papa.

Esta aparente contradicción se evapora cuando examinamos más de cerca lo que significa “adherirse” a un hombre como el Romano Pontífice.

¿Qué significa adherirse pacíficamente al Romano Pontífice?

En el pasaje citado arriba el Cardenal Billot escribe que “la sola adhesión de la Iglesia universal será siempre de por sí un signo infalible de la legitimidad de la persona del Pontífice” porque “para la Iglesia adherirse a un falso pontífice sería lo mismo que si adhiriera a una falsa regla de fe, ya que el Papa es la regla viva que la Iglesia debe seguir en la creencia y sigue siempre en los hechos” [8].

O reformulado: la adhesión de la Iglesia a un hombre como Romano Pontífice consiste en tomar a ese hombre como “la regla viva que la Iglesia debe seguir en la creencia y sigue siempre en los hechos”.

Juan de Santo Tomás fundamenta su doctrina de manera similar en el hecho de que “a la Iglesia le fue encomendado por Cristo el Señor elegir para sí un hombre que sería tal regla por un tiempo. Por lo tanto -continúa- así como corresponde al Papa y a la Iglesia determinar qué libros son canónicos, así también corresponde a la Iglesia determinar quién es el hombre elegido para el canon y como regla viviente de la fe” [9].

Someterse a un hombre como Papa, adherirse pacíficamente a él como Papa, es inseparable del acto de tomarlo como lo que necesariamente es, “la regla viva” de la fe católica.

Negarse a aceptar a un hombre como “regla viva que la Iglesia debe seguir en la creencia y sigue siempre en la fe”, es negarse a aceptarlo como Papa.

Pero antes de preguntarnos si la Iglesia Católica acepta o no a Francisco como su “regla viva”, examinemos esta doctrina un poco más de cerca.

El Papa como “regla viva de la fe”

El Divino Jefe de la Iglesia Católica, Nuestro Señor Jesucristo, instituyó su Cuerpo Místico para la salvación de la humanidad. Ha ordenado que todos entren en ella como “la única arca de salvación”, pues “quien no entre, perecerá en el diluvio” [10].

Para que a todas las almas les resulte más fácil identificar la verdadera Iglesia, Nuestro Señor la estableció como un cuerpo visible, con cuatro signos distintivos que son claramente identificables para cualquier persona de buena voluntad. Estos cuatro signos forman parte de la constitución divinamente establecida de la Iglesia, nunca se pueden perder y siempre son claramente visibles. Son: 
● Unidad

● Santidad

● Catolicidad

● Apostolicidad
Por lo tanto, nos referimos a la verdadera Iglesia de Cristo como la Una Santa Iglesia Católica y Apostólica.  La Iglesia es necesariamente Una, es decir, siempre está unida en la fe, el culto y el gobierno.  La Iglesia es necesariamente Santa, es decir, posee perpetuamente la doctrina y los Sacramentos que santifican, y produce virtud heroica en numerosas almas en todas las épocas.  La Iglesia es necesariamente Católica, es decir, siempre está dispersa por el mundo y nunca está restringida a ninguna raza o nación en particular.  La Iglesia es necesariamente Apostólica, es decir, está perpetuamente gobernada por obispos que han recibido tanto el poder de las órdenes como el poder de la jurisdicción en sucesión directa de los Apóstoles. 

La Iglesia está gobernada por Nuestro Señor Jesucristo, quien ejerce un triple poder sobre su Iglesia, por medio de su Vicario, el Romano Pontífice, que es la Cabeza visible de la Iglesia militante, y por medio de los Sucesores de los Apóstoles que, con el Obispo de Roma, forman el Colegio Apostólico. Por su poder santificador, los hombres son santificados por los Sacramentos, y su Sacrificio se representa en nuestros altares. Por su poder de enseñanza, la fe católica se transmite infaliblemente a cada generación. Por su poder de gobierno, dirige a su rebaño hacia la vida eterna. Nuestro Señor Jesucristo es sacerdote, profeta y rey.

Porque la Iglesia está unida perpetuamente bajo el triple poder de Cristo, decimos que está unida (a) en la fe (bajo el poder de enseñar), (b) en el culto (bajo el poder de santificar) y (c) en el gobierno (bajo el poder de gobernar). Esta unidad nunca se puede perder –ni siquiera por un momento– y siempre será visible para los hombres y mujeres de buena voluntad.

De la perpetua unidad de la fe de la Iglesia, el Papa León XIII enseña:
Una tan grande y absoluta concordia entre los hombres debe tener por fundamento necesario la armonía y la unión de las inteligencias, de la que se seguirá naturalmente la armonía de las voluntades y el concierto en las acciones. Por esto, según su plan divino, Jesús quiso que la unidad de la fe existiese en su Iglesia; pues la fe es el primero de todos los vínculos que unen al hombre con Dios, y a ella es a la que debemos el nombre de fieles.

“Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo” (Ef 4, 5). Es decir, del mismo modo que no tienen más que un solo Señor y un solo bautismo, así todos los cristianos del mundo no deben tener sino una sola fe [11].
Todos los católicos profesan exactamente la misma fe, sin desviarse ni en una sola proposición:
Todo lo que ordena, lo ordena con la misma autoridad; en el asentimiento de espíritu que exige, no exceptúa nada, nada distingue. Aquellos, pues, que escuchaban a Jesús, si querían salvarse, tenían el deber no sólo de aceptar en general toda su doctrina, sino de asentir plenamente a cada una de las cosas que enseñaba. Negarse a creer, aunque sólo fuera en un punto, a Dios cuando habla es contrario a la razón [12].
Y:
Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio unánime de los Santos Padres, que siempre han mirado como excluido de la comunión católica y fuera de la Iglesia a cualquiera que se separe en lo más mínimo de la doctrina enseñada por el magisterio auténtico. San Epifanio, San Agustín, Teodoreto, han mencionado un gran número de herejías de su tiempo. San Agustín hace notar que otras clases de herejías pueden desarrollarse, y que, si alguno se adhiere a una sola de ellas, por ese mismo hecho se separa de la unidad católica. (S. Augustinus, De Haeresibus, n. 88) [13].
Todos sabemos que cuando los seres humanos se reúnen en cualquier organización, en cualquier ámbito, en cualquier familia, pronto se ponen en desacuerdo y adoptan posiciones diferentes. ¿Cómo es posible, entonces, que millones de hombres, mujeres y niños en todo el mundo profesen exactamente la misma fe, y no sólo en un momento dado, sino durante casi dos mil años?

Esta unidad milagrosa a través del tiempo y del espacio sólo es posible porque todo católico, sin excepción, se somete a una regla de fe externa. Por definición, católico es aquel que conforma su intelecto a esta regla de fe que propone el magisterio de la Iglesia, cuyo ejercicio supremo corresponde al Sucesor de San Pedro.

Es mediante la adhesión a esta suprema regla de fe, el Papa, que la Iglesia mantiene perpetuamente la unidad de la fe que le fue otorgada por Jesucristo.

Consideremos ahora nuevamente el pasaje del cardenal Billot citado arriba: 
“la sola adhesión de la Iglesia universal será siempre de por sí un signo infalible de la legitimidad de la persona del Pontífice” y, más aún, incluso de la existencia de todas las condiciones requeridas para la legitimidad misma. No es necesario buscar pruebas lejanas de esta afirmación. La razón es que se toma inmediatamente de la promesa infalible de Cristo y de la providencia. Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella, y He aquí que yo estoy con vosotros todos los días. Ciertamente, que la Iglesia se adhiriera a un falso pontífice sería lo mismo que si se adhiriera a una falsa regla de fe, puesto que el Papa es la regla viva que la Iglesia debe seguir en la creencia y que siempre sigue de hecho, como se verá aún más claramente en lo que se dirá más adelante.
La Iglesia no puede adherirse universal y pacíficamente a un falso pontífice, porque eso equivale a apartarse de la fe católica. Esto se desprende del hecho de que adherirse a un hombre como Papa es inseparable de adherirse a él como regla de fe. La Divina Providencia asegura que esto nunca ocurrirá.

Por lo tanto, cuando la Iglesia se somete a un hombre como “regla viviente de la fe”, ese hombre necesariamente debe ser el Papa.

Si la Iglesia Católica se adhiere universal y pacíficamente a Francisco como la “regla viviente de la fe”, entonces parecería difícil negar que él es Papa.

Pero ¿le ofrece ella tal adhesión de manera universal y pacífica?

¿Se adhiere la Iglesia Católica a Francisco como “regla viva de fe”?

La Iglesia Católica es:
La sociedad de los hombres que, por la profesión de la misma fe y por la participación de los mismos sacramentos, forman, bajo el gobierno de los pastores apostólicos y de su cabeza, el reino de Cristo en la tierra [14].
Son miembros de la Iglesia aquellos que (a) están bautizados, (b) profesan públicamente la fe católica, (c) se someten a las autoridades legítimas de la Iglesia y (d) no están bajo sentencia de excomunión perfecta.

Aquí vale la pena repetir la explicación del cardenal Billot de la herejía como la elección de una regla de fe distinta de la del magisterio de la Iglesia Católica:
Según el origen del término y el sentido constante de toda la tradición, se llama propiamente hereje a quien, después de haber recibido el cristianismo en el sacramento del bautismo, no acepta la regla de lo que se debe creer del magisterio de la Iglesia, sino que escoge de otro lugar una regla de creencia sobre las cuestiones de la fe y de la doctrina de Cristo: ya siga a otros doctores y maestros de la religión, ya se adhiera al principio del libre examen y profese una completa independencia de pensamiento, o finalmente descrea incluso de un solo artículo de los que la Iglesia propone como dogmas de fe [15].
El católico elige como regla de fe el Magisterio de la Iglesia Católica, ejercido principalmente por el Papa. El hereje elige otra cosa.

La pregunta que debemos hacernos es ésta: ¿La Iglesia católica, es decir, “la sociedad de hombres” que comparten la “profesión de la misma fe”, se somete a Francisco como su “cabeza” y, por lo tanto, su “regla viva de fe”?

Una de las razones por las que he llamado la atención sobre la definición de la Iglesia y los criterios de pertenencia aquí es para dejar claro que sólo nos interesa si la Iglesia Católica acepta a Francisco como su cabeza, no a aquellos que ya se han apartado de su profesión pública de fe. No esperamos que la Iglesia Ortodoxa Rusa o el Sínodo Anglicano nos digan quién es el Papa. Tampoco deberíamos fijarnos en aquellos que por su herejía pública se han separado claramente del Cuerpo Místico de Cristo.

Desde el concilio Vaticano II existe un cisma de facto entre quienes buscan adherirse fielmente a la revelación divina confiada a la Iglesia católica y transmitida infaliblemente por el magisterio eclesiástico, y quienes, abandonando cualquier intento de fidelidad, siguen claramente una regla de fe diferente.

Para los fines de este artículo, no es necesario trazar una línea absolutamente nítida entre quién es miembro de la Iglesia Católica y quién está alineado con ese otro grupo, que podríamos llamar la “iglesia sinodal conciliar”, si queremos definirlos con su propia autodescripción. Simplemente es necesario dejar en claro que al evaluar si la Iglesia Católica acepta a Francisco como la “regla viviente de fe”, solo nos interesan aquellos que buscan su regla de fe en el Magisterio de la Iglesia Católica, no en aquellos que la buscan en otra parte.

Ya he señalado que durante el supuesto pontificado de Francisco se han observado decenas (si no cientos) de desviaciones públicas de la fe divina y católica, lo que manifiesta claramente que Francisco no toma su regla de fe de la Iglesia Católica, sino que sigue una regla propia. Llamé la atención en particular a las siete herejías que Francisco presentó a la Iglesia universal en la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, a la corrección pública que le siguió y a la negativa de Francisco a retractarse de esas herejías.

Desde la publicación de Amoris Laetitia, los obispos han estado divididos entre sí sobre la interpretación de su permiso para que los “divorciados vueltos a casar” reciban la Sagrada Comunión. Por ejemplo, los obispos polacos emitieron una declaración defendiendo la doctrina ortodoxa, mientras que los obispos argentinos emitieron una declaración adhiriéndose a la posición errónea propuesta en Amoris Laetitia. Francisco, mediante un acto oficial, establecido en Acta Apostolicae Sedis, confirmó la interpretación de los obispos argentinos como reflejo de su verdadero significado.

Aquí vemos dos puntos con gran claridad: (a) Francisco se aparta públicamente de la regla de fe propuesta por el magisterio de la Iglesia Católica y (b) partes significativas del episcopado se niegan a seguirlo como la “regla viva de fe”.

Los ejemplos de este tipo se pueden multiplicar. Se han emitido numerosas dubia y correcciones públicas, a menudo respaldadas públicamente por cardenales y obispos, todas ellas manifestando el rechazo colectivo de los fieles católicos a adherirse a Francisco como su “regla de fe viva”.

De hecho, se puede afirmar con seguridad que cuanto más se empeña una persona en adherirse fielmente a todo lo que la Iglesia siempre ha enseñado, más desconfiada se vuelve de todo lo que le viene de Francisco. Esto es precisamente lo contrario de lo que se esperaría ver al observar la relación entre los fieles católicos y aquel a quien consideran “Sucesor de San Pedro” y “regla viva de la fe”.

Este estado de sospecha, de reserva de juicios, de comparación interminable entre la doctrina propuesta por Francisco y la enseñanza previa del Magisterio, impregna a toda la Iglesia. Es la disposición de cardenales y obispos de todo el mundo, así como de decenas de miles –o más– de clérigos y laicos.

Será útil aquí considerar la diferencia entre la “regla de fe próxima” y la “regla de fe remota”.

La regla de fe próxima es el magisterio eclesiástico tal como existe en el presente. Es la enseñanza del Papa y de los obispos en la actualidad.

La regla de fe 
remota es la Escritura y la Tradición.

El teólogo Joachim Salaverri resume:
La Escritura y la Tradición son, por lo tanto, la regla remota y objetiva de la fe, porque de ellas, como de fuentes, el Magisterio extrae lo que se propone creer a los fieles.

El Magisterio, sin embargo, es la regla próxima y activa de la fe, porque inmediatamente de él están obligados los fieles a aprender lo que deben creer acerca de aquellas cosas que están contenidas en las fuentes de la revelación, y lo que deben mantener acerca de aquellas cosas que tienen una conexión necesaria con las verdades reveladas [16].
Cuando hablamos de someternos al Papa como “regla viviente de fe”, queremos decir que lo tomamos a él, y a los obispos que enseñan en unión con él, como la “regla próxima” de lo que debemos creer. Sabemos también, por nuestra fe en las promesas de Cristo, que la enseñanza de la “regla próxima” nunca se desviará de la “regla remota”.

Pero hoy los fieles católicos no se acercan a Francisco de esta manera. En cambio, continuamente comparan su doctrina con la contenida en la Escritura y la Tradición, la “regla remota de la fe”, para juzgar por sí mismos si es ortodoxa. Lo hacen porque saben que, como resultado de su alejamiento público de la fe católica, no es un maestro legítimo de la fe. Así, vemos un ejemplo de cómo la Iglesia Católica retiene su adhesión a un hereje, una vez que la herejía se hace conocida.

Si bien la herejía de Francisco hace que esta retención de adhesión sea obligatoria para los católicos, se trata de una clara inversión de la relación adecuada entre el Papa y los fieles, entre el maestro y el enseñado, y manifiesta claramente que los católicos no toman a Francisco como su regla viva de fe.

La disposición de los católicos hacia un verdadero Papa está bellamente expresada por el Papa Pío XI en su carta encíclica Casti Connubii, donde escribe: “es propio de todo verdadero discípulo de Jesucristo, sea sabio o ignorante, dejarse gobernar y conducir, en todo lo que se refiere a la fe y a las costumbres, por la santa madre Iglesia, por su supremo Pastor, el Romano Pontífice, a quien rige el mismo Jesucristo Señor Nuestro” [17].

Pero nadie que quiera conservar la fe católica se dejaría jamás “guiar y conducir en todo lo que toca a la fe o a la moral” por Jorge Mario Bergoglio.

Un ejemplo: la pena capital

La Iglesia Católica enseña que el uso de la pena capital por parte del Estado es legítimo en determinadas circunstancias. Esta enseñanza es infalible en virtud del magisterio universal y ordinario. Está contenida en la Sagrada Escritura y en los monumentos de la Sagrada Tradición y ha sido propuesta de nuevo a los fieles en cada generación por el magisterio en todos los lugares.

Uno de los instrumentos con los que se instruye a los fieles son los catecismos. Especialmente autorizados son los aprobados por la Santa Sede. Sobre el tema de la pena capital, el Catecismo del Concilio de Trento, promulgado por el Papa San Pío V, enseña:
Porque como el fin de este mandamiento es mirar por la vida y salud de los hombres, a eso mismo se enderezan también los castigos de los magistrados, que son los vengadores legítimos de las maldades: para que reprimida la osadía y la injuria con las penas, esté segura la vida de los hombres.

Porque bien mirado su espíritu, es una defensa muy poderosa de la vida de cada uno: pues por estas palabras: No matarás, totalmente se veda el homicidio.

Por eso decía David: En la mañana quitaba yo la vida a todos los pecadores de la tierra, por acabar en la Ciudad de Dios con todos los obradores de maldad [18].
El Catecismo del Papa San Pío X enseña:
Es lícito matar cuando se combate en una guerra justa; cuando se ejecuta por orden de la Autoridad Suprema una sentencia de muerte en castigo de un delito; y, finalmente, en los casos de necesaria y lícita defensa de la propia vida contra un agresor injusto [19].
Ésta es la regla de fe propuesta por el magisterio de la Iglesia Católica, a la que todos deben asentir.

Pero el 2 de agosto de 2018, Francisco modificó formalmente el “Catecismo de la Iglesia Católica” para excluir por completo la legitimidad de la pena capital:
Por tanto la Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que “la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona”, y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo.
Esta doctrina es herética y no puede ser profesada por nadie que desee seguir siendo miembro de la Iglesia Católica.

Francisco ha propuesto su propia regla de fe, en directa contradicción con la de la Iglesia Católica, y la ha incorporado a un “catecismo” que pretende ser, como el Catecismo del Concilio de Trento, un instrumento de enseñanza oficial de la Santa Sede, para ser utilizado en toda la Iglesia universal para la enseñanza de la fe católica.

“Este Catecismo –afirma el texto– pretende presentar una síntesis orgánica de los contenidos esenciales y fundamentales de la doctrina católica, tanto en lo que se refiere a la fe como a la moral, a la luz del Concilio Vaticano II y de toda la Tradición de la Iglesia. Sus principales fuentes son las Sagradas Escrituras, los Padres de la Iglesia, la Liturgia y el Magisterio de la Iglesia. Quiere servir de punto de referencia a los catecismos o compendios que se redactan en los diversos países”. Y continúa: “Esta obra –afirma el texto– se dirige principalmente a los responsables de la catequesis: en primer lugar a los obispos, como maestros de la fe y pastores de la Iglesia. Se les ofrece como instrumento para que cumplan su responsabilidad de enseñar al Pueblo de Dios” [20]. Juan Pablo II había afirmado que :
El Catecismo de la Iglesia Católica, que aprobé el pasado 25 de junio y cuya publicación ordeno hoy en virtud de mi autoridad apostólica, es una exposición de la fe de la Iglesia y de la doctrina católica, atestiguada o iluminada por la Sagrada Escritura, la Tradición apostólica y el Magisterio de la Iglesia. Lo declaro instrumento válido y legítimo para la comunión eclesial y norma segura para la enseñanza de la fe.
Y, sin embargo, este documento de enseñanza supuestamente autorizado ahora se aparta abiertamente de la enseñanza infalible de la Iglesia Católica. Este mismo mes, agosto de 2024, Francisco ha vuelto a pedir la abolición de la pena capital y ha reafirmado la proposición herética contenida en el catecismo revisado, manifestando su persistencia en este error.

La situación es muy clara: la única manera de que los católicos conserven la fe es negarse a aceptar que esta enmienda al catecismo sea legítima. Es decir, los católicos deben negarse a aceptar un texto catequético presentado a la Iglesia universal por quien pretende ser la regla suprema y viva de la fe católica.

En respuesta a esta herejía, una multitud de católicos han manifestado claramente su determinación de permanecer fieles a la verdadera regla de fe y rechazar la doctrina alternativa propuesta por Francisco. La mayoría de los lectores de este artículo estarán entre ellos. Y entre nosotros hay cardenales y obispos que también han dejado clara su negativa a aceptar esta falsa doctrina. Por ejemplo, el 31 de mayo de 2019, una declaración firmada por el cardenal Burke y el cardenal Pujats, el arzobispo Peta de Astaná y otros dos obispos, rechazaron públicamente la enseñanza de Francisco, adhiriéndose en cambio a la siguiente posición:
De acuerdo con la Sagrada Escritura y la tradición constante del Magisterio ordinario y universal, la Iglesia no se equivocó al enseñar que el poder civil puede ejercer lícitamente la pena capital contra los malhechores cuando esto sea verdaderamente necesario para preservar la existencia o el justo orden de las sociedades (en inglés aquí).
Al negarse a tratar a Francisco como “la regla próxima” de la fe, y al apelar a la “regla remota” de la fe, todos estos miembros de la Iglesia, incluidos cardenales y obispos, están manifestando su rechazo a someterse a Francisco como su “regla viva de fe”.

Y una vez más, estos ejemplos de cardenales y obispos que apelan públicamente a la enseñanza de Francisco como referencia a la remota regla de fe se han ido multiplicando durante más de una década.

Semejante estado de cosas simplemente no puede ser descrito, con convicción o credibilidad, como una “adhesión universal y pacífica” de la Iglesia Católica a Francisco como la “regla viva de fe”.

Conclusiones

Si los católicos universalmente y pacíficamente trataran a Francisco como la “regla viva de la fe” e hicieran suya la profesión de la doctrina propuesta en sus documentos de enseñanza oficiales, como el Catecismo revisado de la Iglesia Católica, la Iglesia habría desertado y dejado de existir, porque habría perdido la unidad de la fe que le fue otorgada por Jesucristo.

De hecho, la Iglesia católica se ha negado a adherirse a la falsa regla de la fe, como se ve en el número de católicos de todos los niveles de la Iglesia –laicos, obispos y cardenales– que han rechazado públicamente las herejías enseñadas por Francisco, ya sea en el “Catecismo” enmendado, Amoris Laetitia, o en otros documentos publicados con un carácter aparentemente oficial. Varios de estos clérigos han puesto su firma en documentos que acusan públicamente a Francisco de enseñar herejías.

Al hacerlo, se han negado públicamente a adherirse a Francisco como la “regla de fe viva”, prefiriendo en cambio adherirse públicamente a la regla de fe propuesta por el magisterio de la Iglesia Católica.

Como escribe el cardenal Billot: “la adhesión de la Iglesia a un falso Pontífice sería lo mismo que su adhesión a una falsa regla de fe, siendo el Papa la regla viva de fe que la Iglesia debe seguir y que de hecho sigue siempre”.

En resumen, si la Iglesia se adhiere pacífica y universalmente a un hombre como Papa, se adhiere a él como regla viva de fe. Pero la Iglesia no se adhiere pacífica y universalmente a Francisco como regla viva de fe. Por lo tanto, la Iglesia no se adhiere universal y pacíficamente a Francisco como Papa.

Entonces, el argumento de la adhesión universal y pacífica no puede utilizarse para llegar a la conclusión de que Francisco es el Papa.

De hecho, la doctrina de la adhesión universal y pacífica, que nos enseña que la Iglesia Católica nunca puede adherirse a una falsa regla de fe, sólo puede fortalecer nuestra convicción de que Jorge Mario Bergoglio no es el Papa.


Referencias

1) Cardenal Louise Billot SJ, Tractatus De Ecclesia Christi, 5ª edición, pp. 623-636 (Roma: Pontificia Universidad Gregoriana, 1927).

2) Billot, De Ecclesia

3) 
Billot, De Ecclesia

4) 
Billot, De Ecclesia

5) Revised Outline, Cn 9 – Draft Canons of Vatican I (Esquema Revisado, Cn 9 – Proyecto de Cánones del Vaticano I). Citado en Salaverri, 266.

6) Van Noort, Dogmatic Theology Volume II: Christ’s Church  (Teología dogmática, volumen II: La Iglesia de Cristo), pág. xxvi.

7) Rev. E. Sylvester Berry,  The Church of Christ: An Apologetic and Dogmatic Treatise (La Iglesia de Cristo: Un tratado apologético y dogmátic), (Mount St. Mary's, 1955), pág. 290 .

8) Billot, De Ecclesia

9) Juan de Santo Tomás, Cursus Theologicus, Tomus Septimus in Secundam Secundae, Tractatus de Auctoritate Sumi Pontificis, Disputatio II, Articulus II, págs. 228-264.

10) Papa Pío IX, Singulari Quadam

11) Papa León XIII, Satis Cognitum, n.º 6.

12) Papa León XIII,  Satis Cognitum, n.º 8.

13) Papa León XIII,  Satis Cognitum, n.º 9.

14) Van Noort,  Dogmatic Theology Volume II: Christ’s Church (Teología dogmática, volumen II: La Iglesia de Cristo), pág. xxvi.

15) Cardenal Luis Billot, De Ecclesia, Pregunta 7: Los miembros de la Iglesia.

16) Joachim Salaverri SJ, Sacrae Theologiae Summa IB, (1956; traducido por Kenneth Baker SJ, 2015), p 296.

17) Papa Pío XI, Casti Connubii, núm. 104.

20) Catecismo de la Iglesia Católica, No. 11-12.
 

jueves, 7 de noviembre de 2024

“OBISPO” ITALIANO DICE QUE SAN LUIS GONZAGA “PROBABLEMENTE ERA HOMOSEXUAL”

Andrea Turazzi, “obispo emérito” de la diócesis de San Marino-Montefeltro desde el mes de febrero, lanzó esa repugnante afirmación en una reciente conferencia.


El diario italiano La Bussola Quotidiana ha sido quien se ha hecho eco de la afirmación que encabeza el titular y es que según el citado medio italiano “la ofensiva de la ‘neo iglesia’ lgbt apunta a tener su propio santo homosexual”.

La noticia nos lleva a Tresigallo, provincia y diócesis de Ferrara. Es aquí donde estos últimos días el “obispo emérito” de San Marino, monseñor Andrea Turazzi, ha hecho una declaración realmente escandalosa y blasfema. Invitado por el párroco a dar una conferencia en la iglesia del pueblo, Turazzi lanzó la ‘bomba’ con total indiferencia, tal y como se puede comprobar en este video a la altura de una hora y diez minutos.

Durante esa conferencia en la parroquia, el “obispo” aseguró que “Dios ama a todos sus hijos. Entonces ¿cuál es el criterio que da el Señor? No son nuestros criterios. Incluso en nuestras familias tenemos algún hijo o nieto que se ha separado o en la parroquia he tenido varios chicos y chicas homosexuales. Y son amados por Dios. Pero ¿sabéis que San Luis Gonzaga, dicen los “estudiosos”, era homosexual? ¡Y él era el santo de la pureza! Por eso, ante Dios no hay nadie que no sea amado con ternura y cada uno tiene su propio camino”.

La Bussola Quotidiana contactó con Maurizio Gonzaga, descendiente de la familia noble Gonzaga. En declaraciones al citado medio, este descendiente de Gonzaga aseguró que “ya escuché este rumor en el pasado, pero no hay pruebas ni de documentos ni de cartas. Pero no se desprende nada de esto, sabemos que siendo niño hizo una promesa de castidad a la Madonna dell’Annunciata en Florencia. Una promesa que reiteró en forma de voto de castidad cuando era adolescente y que mantuvo durante toda su vida”.

El medio italiano también se puso en contacto con el “obispo” que lanzó semejante blasfemia. Cuenta la Bussola que Turazzi se mostró reacio a concederles una entrevista pero tras insistir aseguró que ese rumor sobre san Luis Gonzaga “me lo mencionó un padre jesuita, que es grafólogo. Según él era homosexual, pero obviamente no practicaba”.

Preguntado el “obispo” sobre si este jesuita, perteneciente por tanto a la misma Compañía de Jesús en la que San Luis dio su testimonio de vida cristiana, había publicado alguna vez algo sobre esta “presunta homosexualidad”, el prelado respondió que “no, no, es sólo su opinión. Yo estaba en esa iglesia y estábamos entre ‘cuatro amigos'”, concluyo el “obispo”.


InfoVaticana


BREVE REFLEXIÓN DE MONS. VIGANÒ SOBRE LA PRESENCIA REAL Y LA IA

¿Cuál es la razón número uno de la pérdida de fe en la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía según la IA?


La encuesta realizada por la Real Presence Coalition confirma lo que era evidente desde que Pablo VI autorizó el cambio de disciplina sobre esta cuestión. En primer lugar, quedó claro que las llamadas “reformas” impuestas por una cúpula de modernistas subversivos no respondían a ninguna exigencia “de la base”. Ni el novus ordo ni las nuevas formas de administrar la Comunión fueron fruto de una necesidad real del cuerpo eclesial. Más bien al contrario, la llamada “reforma litúrgica” pretendía contribuir a difundir entre el clero y los fieles la doctrina que contenía, haciendo que la πρᾶξις (praxis) influyera en la δόξα (creencia). 
El concepto resumido por el adagio Lex orandi, lex credendi fue ampliamente adoptado por los partidarios de la reforma conciliar, pero al revés y maliciosamente: en este caso no es de hecho la oρθοδοξία (ortodoxia) la que determina la ὀρθοπραξία (ortopraxia), sino la ἑτεροπραξία (heteropraxia) la que configura la ἑτεροδοξία (heterodoxia).

Los fieles a los que se les pide que se arrodillen para recibir la Sagrada Comunión en la boca son conducidos por los gestos que hacen a reconocer en las Sagradas Especies la Presencia Real y a adherirse a la doctrina católica relativa. Del mismo modo, los fieles a los que se pide que no se arrodillen y toquen la partícula con las manos acaban creyendo la doctrina heterodoxa implícita en los ritos reformados. Este cambio doctrinal se fomenta aún más cuando el cambio ritual sustituye a una práctica totalmente opuesta.

Esto demuestra inequívocamente que quienes metieron sus manos en la Liturgia después del concilio sabían muy bien cuál sería el alcance perturbador del novus ordo para corromper la Fe del Pueblo de Dios. No cambiaron explícitamente la lex credendi, pero quisieron plasmar sus desviaciones en la lex orandi, sabiendo perfectamente que sería mucho más fácil hacer perder la fe en la Presencia Real haciendo que la gente comulgara de pie y en la mano, que predicar desde los púlpitos estos errores al seguir administrando la Comunión de rodillas y en la boca. El hecho de que la Jerarquía haya obligado a los fieles a comulgar de pie y en la mano ha sido percibido como una desautorización del pasado y un rechazo de la doctrina anterior.

La prueba de este razonamiento la confirma una fuente poco habitual: ChatGPT, una aplicación de “inteligencia artificial” conversacional. Intenté interrogar a ChatGTP no porque la considere una verdadera forma de inteligencia, sino porque su sistema de procesamiento de datos detecta relaciones causales en el modelo matemático y, por lo tanto, es interesante ver cómo un algoritmo es capaz de detectar lo que la narrativa dominante pretende no ver.

Esta era la pregunta que yo hice:

- Si un Papa quisiera debilitar la fe de los católicos en la Presencia Real, ¿cómo debería cambiar el rito de la Comunión?

Esta fue la respuesta que obtuve:

- Si un Papa quisiera debilitar la creencia católica en la Presencia Real, podría considerar algunos cambios en el rito de la Comunión, tales como:
1. Simplificar los rituales: Reducir el número de elementos rituales que enfatizan el carácter sagrado de la Comunión, como la adoración o la genuflexión.

2. Elementos simbólicos: Promover un énfasis en el simbolismo del pan y el vino, más que en su transformación en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

3. Comunicación verbal: Utilizar un lenguaje que enfatice la Comunión como un acto conmemorativo más que como un encuentro real con Cristo.

4. Modificación de las oraciones: Cambiar las oraciones y los textos litúrgicos para reflejar una visión más simbólica de la Comunión, minimizando las referencias a la Presencia Real.

5. Flexibilidad en la administración: Permitir formas alternativas de recibir la Comunión que puedan parecer menos sacramentales, como recibirla de manera más informal o sin celebración litúrgica.
Estos cambios podrían contribuir a una visión más atenuada de la Presencia Real entre los fieles.


Sabemos muy bien que la llamada “inteligencia artificial” no es más que un sistema informático muy rápido para recoger y analizar una enorme cantidad de datos. Pero precisamente por eso, podemos entender cómo una máquina sin conciencia puede responder claramente a una pregunta, revelando la premeditación y la malicia de quienes han manipulado la Liturgia de la Iglesia para manipular su Fe.

Ante la evidencia de las intenciones subversivas de la revolución conciliar y el desastre aún más evidente que ha causado entre los fieles y en todo el cuerpo eclesial, es indispensable oponer una acción contraria, que debe consistir necesariamente, por una parte, en el rechazo sine glossa (sin brillo) del novus ordo y del entramado doctrinal y eclesiológico que implica; y por otra, en el retorno pleno al Rito Apostólico Tradicional, que por la propia admisión de los partidarios del Vaticano II es incompatible con “su iglesia”. Esta restauración litúrgica no puede ni debe estar motivada por meras preferencias estéticas o de gusto, sino por el conocimiento de que la única lex orandi de la Iglesia Católica es la sancionada por dos mil años de profesión ininterrumpida e íntegra de la misma Fe, y no el fruto de un bricolaje herético urdido por masones y protestantes.

+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo


BERGOGLIO VISITÓ A LA FAMOSA ABORTISTA ITALIANA EMMA BONINO

¿Quién es la persona que merece tal “distinción” a los ojos “papales”? Emma Bonino es una notoria abortista, activista en favor del aborto y política italiana.


No cabe duda de que Jorge Bergoglio (“papa Francisco”) es un hombre de muchas palabras, pero no lo es menos de gestos expresivos. Si las imágenes valen más que mil palabras, está claro cuál de los dos –las palabras o los gestos– tiene mayor atractivo mediático y puede transmitir un mensaje a las masas con mayor rapidez y eficacia.

El 5 de noviembre de 2024, día de las elecciones en Estados Unidos y, además de las restricciones (o ampliaciones) del aborto que se votaron en varios estados, una de las contiendas en cada papeleta es la del cargo de presidente de Estados Unidos. Con razón o sin ella, este cargo suele considerarse el más poderoso del mundo.

Ese mismo día, el “romano pontífice” decidió espontáneamente tomar la decisión, sumamente inusual, de visitar a una persona en particular en su casa de Roma. Esto es algo prácticamente inaudito, al menos en los tiempos modernos. No hace falta señalar que recibir la visita del “papa” -como casi todo el mundo cree que es el jesuita apóstata Bergoglio- es uno de los mayores honores que uno puede recibir, incluso a los ojos del mundo.

¿Quién es, entonces, la persona que merece tal “distinción” a los ojos “papales”? Emma Bonino, de 76 años, una notoria abortista, activista en favor del aborto y política italiana.

Así cubrió la notica el periódico del Vaticano:

Pope makes home visit to Italian parliamentarian (El Papa visita a una parlamentaria italiana (Vatican News)

“El papa Francisco realizó hoy una visita privada a la notoria abortista italiana Emma Bonino después de que ella fuera dada de alta recientemente del hospital debido a problemas respiratorios”, comentó Michael Haynes su informe para Life Site.

“El papa Francisco visitó el martes la casa de Emma Bonino, una veterana política que hizo campaña con éxito en los años 70 para legalizar el aborto en Italia, y le llevó un ramo de rosas y chocolates”, informó Joshua McElwee en SwissInfo.ch.

Curiosamente, el artículo de Vatican News no menciona absolutamente nada del infame historial abortista de Bonino, ni en el título ni en el artículo mismo, como si fuera un detalle que no valiera la pena mencionar. “El papa visita a una parlamentaria italiana en su domicilio”, anuncia con total naturalidad el propio portal de noticias del Vaticano (antes llamado Radio Vaticano).

En 2016, Francisco recibió a Bonino en el Vaticano para hablar sobre los migrantes. A principios de ese mismo año, la había elogiado como una de las “grandes olvidadas” de Italia. Tales acciones y palabras dicen mucho, incluso si él declara, cuando se le presiona, que no está de acuerdo con su posición sobre el aborto.

Bonino no es una política abortista común y corriente, lo cual ya sería bastante malo. Más bien, Bonino fue fundamental para conseguir la legalización del aborto en Italia a través de su trabajo como activista política. Además, se enorgullece de haber cometido abortos ella misma en una época en la que esas prácticas eran ilegales: “Bonino se jactó de que ella y su grupo cometieron 10.141 abortos ilegales. Sin embargo, evitó ser procesada por abortos ilegales al ser elegida para un cargo público, lo que le valió inmunidad parlamentaria”, informó Life Site el 1 de mayo de 2013.

Trágicamente, Bonino nunca se ha arrepentido de sus abortos ni de su apoyo al aborto. En 2022, denunció el veredicto de la Corte Suprema de Estados Unidos en el caso Dobbs vs. Jackson, que anuló el fallo Roe vs. Wade. También es defensora de la eutanasia, como era de esperar; y no es difícil adivinar a qué candidato presidencial estadounidense de 2024 ha apoyado.

El siguiente video de la Agencia Vista muestra al falso “papa” saliendo hoy de la casa de Bonino:

Inevitablemente, alguien argumentará que no debemos condenar a Bergoglio por visitar a Bonino porque “Cristo comía con pecadores”. Sin embargo, para que ese argumento tuviera algún mérito, Francisco tendría que haberla visitado para amonestarla sobre sus malas posiciones políticas y advertirle de la condenación eterna si no se arrepiente

Pero no hay absolutamente ninguna evidencia de que Francisco haya hecho o vaya a hacer tal cosa, ni siquiera afirma nada por el estilo. Son sólo los “papaexplicadores”, los defensores profesionales de Bergoglio, los que se inventan excusas tan absurdas. Cuando el apóstata italiano Eugenio Scalfari informó que Francisco le había dicho específicamente que no quería convertirlo, Bergoglio guardó silencio y nunca lo contradijo, lo que habría tenido la obligación de hacer si Scalfari no hubiera dicho la verdad. Trágicamente, Francisco tuvo éxito y Scalfari murió apóstata en 2022.

Terminaremos este artículo señalando que Emma Bonino no es la única activista abortista a la que Francisco ha homenajeado. Otra, por ejemplo, es la holandesa Elisabeth Maria Josepha “Lilianne” Ploumen, quien en 2017, el falso papa nombró como “caballero de la Pontificia Orden Ecuestre de San Gregorio Magno”.

Después de observar las palabras y acciones de Bergoglio sobre este tema durante más de 11 años, podemos concluir que si bien él se encarga de aparentar afirmar la oposición católica al aborto, al menos en palabras, sin embargo está trabajando diligentemente para socavar esa misma oposición a cada paso, especialmente (pero no sólo) con acciones.

Acciones como visitar a una abortista y activista del aborto en un día en que Estados Unidos vota sobre cuestiones del aborto en numerosos estados, permiten a Francisco sugerir e insinuar un mensaje intencionado y al mismo tiempo conservar cierta negación plausible, que sus defensores “idiotas útiles” estarán más que felices de ofrecer.


Novus Ordo Watch

miércoles, 6 de noviembre de 2024

MCELROY Y CUPICH SE UNEN A JAMES MARTIN PARA ELOGIAR EL TEXTO FINAL DEL SÍNODO SOBRE LA SINODALIDAD

El jesuita James Martin dijo que ahora “hay un consenso general de que la iglesia necesita acercarse a las personas lgbtq, incluso si el término no se usa” en el texto mismo.


Según informó LifeSite los “cardenales” Robert McElroy (70) de San Diego y Blase Cupich (75) de Chicago se unieron al homosexual James Martin SJ (63) para elogiar las conclusiones del sínodo y pedir un cambio inmediato de la esfera eclesial de Estados Unidos en línea con la “sinodalidad”.

“Toda la jerarquía está llamada a abrazar este importante esfuerzo de construir una iglesia sinodal y misionera”, dijo Cupich el domingo, horas después de la misa de clausura del sínodo sobre la sinodalidad.

En declaraciones al National Catholic Reporter (NCR) junto con McElroy, Cupich elogió el texto final del sínodo después de que Bergoglio diera el inusual paso de adoptar el documento final en lugar de escribir una exhortación apostólica. Fue tan inusual que el cardenal austríaco Christoph Schönborn dijo que no había visto nada parecido en 40 años de asistir a los sínodos.

Los dos “cardenales” estadounidenses –que fueron recibidos en “audiencia papal” privada recientemente junto con el cardenal Joseph Tobin (72) de Newark, Nueva Jersey– pidieron una reforma de la estructura de liderazgo de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB). Cupich dijo que “a la luz del Sínodo se desprende muy claramente del documento que esto es lo que se supone que debemos hacer.

McElroy pidió la creación de “un comité sobre sinodalidad” y añadió que “no creo que haya forma de escapar”.

El documento final del Sínodo hizo un firme llamado a “implementar mayores roles laicos en toda la Iglesia”, especialmente en lo que respecta al gobierno. También se establecerían algunos límites adicionales al ‘poder papal’ (esto de “poner límites” a un tirano que se hace pasar por “papa” resulta bastante extraño, ya que Bergoglio tiene puestos sus ojos sobre todo el clero, especialmente sobre los que considera sus enemigos).

El documento argumenta que un Papa “no puede ignorar ‘una dirección’ que surge a través de un ‘discernimiento adecuado’ dentro de un ‘proceso consultivo’, especialmente si esto se hace por ‘órganos participativos'”.

La reforma de la estructura de la iglesia estadounidense en línea con la sinodalidad “tiene que estar en lo más alto de la lista”, dijo Cupich, y agregó que la USCCB debe comprometerse a “responsabilizarnos en construir una iglesia sinodal y misionera”.

Durante el sínodo, las cuestiones sobre el papel de la mujer y las cuestiones lgbt fueron llevadas oficialmente por el “Grupo de Estudio 5” a cargo de Tucho Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, quien dijo que “la cuestión del acceso de las mujeres al ministerio diaconal sigue abierta”.

McElroy ya había expresado su apoyo personal a la ordenación de mujeres al diaconado, aunque la Iglesia Católica enseña infaliblemente que tal eventualidad es imposible. En declaraciones al NCR, McElroy explicó que los “obstáculos” para promover el papel de la mujer en la Iglesia “se deben a prejuicios de que las mujeres no deberían hacer ciertas cosas o de que se debería preferir a los hombres”.

Opinó que “hay un cambio cultural que debe producirse para que esos obstáculos no existan. Yo mismo estoy a favor de que se ordene a mujeres al diaconado, y espero que eso suceda”.

Otro tema polémico es la propuesta del documento sinodal de que la liturgia y la sinodalidad estén más íntimamente vinculadas y de “adoptar estilos celebratorios que hagan visible el rostro de una iglesia sinodal”. En referencia a esto, Cupich comentó que “las oportunidades para la participación de los laicos en la liturgia no se aplican universalmente”, pero agregó que “podría resultar beneficioso ver hasta qué punto puede haber un testimonio del Evangelio a través de las vidas de las personas incluidas en la presentación de la homilía”.

El “cardenal” Jean-Claude Hollerich, relator general del sínodo, también habló sobre el papel cada vez mayor de los laicos previsto en el sínodo. Este polémico personaje dijo que “los laicos verán una iglesia en la que cuentan, donde son importantes, donde sus talentos, sus dones, su experiencia de vida son importantes porque pertenecen al pueblo de los bautizados”.

Esta “actitud de apertura” en el sínodo sobre la sinodalidad ha sido reconocida por el activista homosexual James Martin, quien destacó “un enfoque sorprendentemente positivo” hacia las cuestiones lgbtq en la sesión de 2024 en contraste con la sesión de 2023.

Si bien señaló que el documento final refleja el informe de síntesis de 2023 al evitar el uso del término “lgbt”, Martin dijo que “me sorprendió encontrar que las conversaciones sobre los ‘católicos lgbtq’ fueron ‘mucho más amigables’, mucho más ‘relajadas’ y mucho ‘más abiertas’ este año”.

El texto final del Sínodo afirma que “desafortunadamente, otros (participantes del sínodo) siguen experimentando el dolor de sentirse excluidos o juzgados a causa de su situación matrimonial, identidad o sexualidad”, aludiendo así a las cuestiones lgbt y a los divorciados y “vueltos a casar”. (Párrafo 50: 333 votos a favor/22 en contra)

Este pasaje en particular fue bien recibido por Martin:Hay un consenso general de que la iglesia necesita acercarse a las personas lgbt, incluso si no se utiliza el término. (Francamente, la inclusión de la palabra 'identidad' fue una agradable sorpresa para mí)”.

El propagandista homosexual Martin elogió al sínodo por haber permitido que las cuestiones lgbt ahora estén “sobre la mesa” para su discusión en la iglesia. “Pero en los últimos dos años en el Aula del Sínodo, la actitud general hacia las cuestiones lgbt parece haber cambiado notablemente, para bien. Gran parte de eso fue una sorpresa para mí. Pero ‘el espíritu santo’ está lleno de sorpresas”.


EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (1)

Comenzamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


EL POEMA DEL

HOMBRE-DIOS

(El Evangelio como me ha sido revelado)

Por María Valtorta

VOLUMEN 1

María Valtorta y sus Escritos

María Valtorta es una personalidad muy conocida en el mundo y, sin embargo, para muchos su nombre es nuevo, porque no resonó nunca en alas de la publicidad sino que se abrió camino secretamente, casi como si hubiera ido llamando con discreción de puerta en puerta, o mejor: de corazón en corazón. Sus obras comenzaron a publicarse en Italia hacia la mitad de la década de los cincuenta y desde aquí, poco a poco, su nombre llegó hasta los más apartados rincones de la tierra.

Quien conoce este nombre sabe que pertenece a una gran escritora que fue, ante todo, una mística. Como mística y como escritora, la personalidad de María Valtorta es muy singular.

Aunque sus padres eran nativos del norte de Italia (Lombardía), María Valtorta nació en el Sur, en Caserta, el 14 de marzo de 1897, y transcurrió el resto de su vida en varias ciudades de la Italia septentrional. Desde niña experimentó hacia Cristo un reclamo casi profético: acompañarlo en el dolor, voluntariamente acogido y generosamente ofrecido. Siguiendo su ejemplo, asoció al dolor el amor, hasta el punto de que se identificaran en una cosa sola. Y a través de los sufrimientos, que no eran, por cierto, un fin anhelado en la edad de los sueños y las esperanzas, cumplió en la madurez su vocación de donarse por completo.

Era hija de un hombre bueno y afable, oficial del ejército, pero tuvo una madre tan despótica, que obstaculizó y reprimió las legítimas aspiraciones de la única hija, que era inteligente, sensible, volitiva, generosa, propensa a la cultura y atraída hacia una profunda espiritualidad. A causa de su madre, que dos veces truncó su incipiente interés sentimental, María no se casó. Y, también por su madre, no pudo gozar plenamente del
vínculo afectivo con su padre ni cursó los estudios más adecuados a su personalidad ni pudo ser libre en su práctica religiosa.

Pero la constricción más dura para María fue la que soportó en los últimos veintisiete años de su vida, cuando se vio obligada a guardar cama permanentemente por una parálisis de los miembros inferiores, cuyo origen se remontaba al bastonazo en los riñones que, en su juventud, le había propinado un subversor.

En 1942, cuando hacía ya ocho años que estaba paralizada, conoció al Padre Romualdo M. Migliorini, un fraile Servita ex misionero, que llegó en calidad de prior y párroco a Viareggio, donde la familia Valtorta se había establecido desde hacía tiempo, luego de varios cambios de residencia.

El Padre Migliorini se convirtió en guía espiritual de María y la indujo a escribir sus memorias. Y ella, en poco más de un mes, volcó en los cuadernos que el mismo religioso le había proporcionado un raudal de recuerdos y sentimientos, revelando un excepcional talento literario al narrar sin reticencias su historia apasionadamente humana y heroicamente ascética.

Antes de enfermarse, María Valtorta había practicado algunas formas de apostolado activo, ya como enfermera samaritana en el hospital militar de Florencia, ya como delegada cultural de las jóvenes de la Acción Católica en su parroquia de Viareggio. Pero sólo después de haber escrito desde su lecho de enferma la Autobiografía, comprendió cuál era el proyecto de Dios a su respecto. Ofreciendo sin reservas, junto con sus sufrimientos, sus dotes naturales, se convirtió en la "pluma del Señor" y en el instrumento de una manifestación sobrenatural que, por amplitud y profundidad, está considerada –excepción hecha de la Sagrada Escritura– única en la historia de la Iglesia.

Escribió sin interrupción desde 1943 hasta 1947, y con intermitencias en los años siguientes hasta 1951. Usaba los cuadernos que el buen Padre Migliorini le seguía proporcionando, en los cuales escribía fluidamente de su propio puño, con una pluma estilográfica. Aun en las fases agudas de su enfermedad y, a veces, entre dolores atroces, siguió escribiendo personalmente, sin dictar nunca, para no ser reemplazada ni siquiera en el acto de escribir. Ella misma había fabricado una carpeta que apoyaba sobre las rodillas, de modo que sirviera de soporte al cuaderno.

La enfermedad crónica y la intensa actividad como escritora no impidieron que María Valtorta, que quiso permanecer ignorada durante su vida, siguiera los acontecimientos del mundo, recibiera visitas de personas conocidas, escribiera cartas y se dedicara a labores femeninas (sin contar con sus plegarias y penitencias, de las cuales fue testigo Marta Diciotti, asistente providencial y fiel compañera desde 1935).

Mas una vez terminada su misión de escritora, comenzó a entrar en un estado de dulce apatía, de misteriosa incomunicabilidad, que se fue acentuando a medida que pasaban los años, como si cada vez más la absorbiera una contemplación interior que, sin embargo, no alteraba su aspecto exterior. Sin recobrarse nunca –exceptuando algunos momentos de lucidez llenos de significado–, terminó sus días, en la casa de Viareggio, el 12 de octubre de 1961.

Descansa en Florencia, en una capilla del Claustro Grande del complejo monumental de la Santísima Anunciación.

María Valtorta escribió de una vez, sin un esquema preparatorio y sin rehacer sus escritos, más o menos quince mil páginas. Esta notable producción literaria está publicada, en el original italiano, en quince volúmenes además de la Autobiografía. De ellos, diez volúmenes encierran la obra mayor y cinco las obras menores.

La obra mayor es L'Evangelo come mi è stato rivelato. En sus diez volúmenes narra el nacimiento y la infancia de María y de su hijo Jesús, los tres años de la vida pública de Jesús, su pasión, muerte, resurrección y ascensión al Cielo, Pentecostés, los albores de la Iglesia y la asunción de María. Describe paisajes, ambientes, personas y acontecimientos con el brío de una representación. Delinea caracteres y situaciones con habilidad introspectiva. Expone alegrías y dramas con el sentimiento de quien es partícipe de ellos realmente. Explica circunstancias históricas, ritos, costumbres, características ambientales y culturales sagradas y profanas, con datos y detalles que los especialistas exentos de prejuicios consideran irreprochables. Y, sobre todo, expone a través de la extensa narración de la vida terrenal de Cristo, toda la doctrina del cristianismo que la Iglesia Católica nos transmite.

Las demás obras de María Valtorta son: el Libro di Azaria (comentario de las Misas festivas), las Lezioni suIl' Epistola di Paolo ai Romani (cuyo título ya expresa el contenido) y un grupo de tres volúmenes titulados, respectivamente, I quaderni del 1943, 1 quaderni del 1944, 1 quaderni dal 1945 al 1950. Los tres volúmenes comprenden una miscelánea de textos que se refieren a explicaciones doctrinales, ilustraciones de pasajes bíblicos, directivas espirituales, notas de crónica, narraciones evangélicas, descripciones del martirio de primeros cristianos, para terminar con un comentario sobre el Apocalipsis.

La presente edición de la Obra mayor de María Valtorta es la traducción en lengua española, llevada a cabo por Alberto Giralda Cid, de la tercera edición italiana.

El título, El Evangelio como me ha sido revelado, traduce el de la edición francesa, L'Evangile tel qu'il m'a été révélé, y el de la tercera edición italiana, L'Evangelo come mi è stato rivelato, inspirados ambos en las indicaciones originarias de María Valtorta.

El precedente título, El Hombre–Dios, correspondiente a la edición traducida por Juan Escobar, era la traducción simplificada del título Il poema dell'Uomo–Dio, el cual, a pesar de no haber sido enunciado por María Valtorta, dio nombre a las dos primeras ediciones italianas.

Esta nueva edición española se compone de 10 volúmenes, como la tercera italiana, de la que toma, además del título, las principales características...

Los capítulos están numerados en serie progresiva desde el primer volumen hasta el décimo. Cada capítulo ha sido dividido, a su vez, en fragmentos numerados, llamados parágrafos, que presentan una completitud textual...

Las notas que no llevan la sigla NdT (nota del traductor) son traducción de notas de la tercera edición italiana; en ellas, la sigla MV significa María Valtorta, y D significa Director de la edición italiana.

EL EDITOR

(Centro Editoriale Valtortiano, srl., viale Piscicelli 89–91 03036 Isola del Liri – ITALIA)


Nacimiento y vida oculta de María y Jesús

1. Pensamiento introductor. Dios quiso un seno sin mancha.
“María puede ser llamada después de Cristo la Primogénita del Padre”


“Dios me poseyó al inicio de sus obras”.
Salomón, Proverbios cap. 8 v. 22.

22 de agosto de 1944.
1 Jesús me ordena: “Coge un cuaderno completamente nuevo. Copia en la primera hoja el dictado del día 16 de agosto. En este libro se hablará de Ella”.
Obedezco y copio.

16 de agosto de 1944.
2 Dice Jesús:
“Hoy escribe esto sólo. La pureza tiene un valor tal, que un seno de criatura pudo contener al Incontenible, porque poseía la máxima pureza posible en una criatura de Dios.
La Santísima Trinidad descendió con sus perfecciones, habitó con sus Tres Personas, cerró su Infinito en pequeño espacio –no por ello se hizo menor, porque el amor de la Virgen y la voluntad de Dios dilataron este espacio hasta hacer de él un Cielo– y se manifestó con sus características:
el Padre, siendo Creador nuevamente (1) de la Criatura como en el sexto día (2) y teniendo una “hija” verdadera, digna, a su perfecta semejanza. La impronta de Dios estaba estampada en María tan nítidamente, que sólo en el Primogénito del Padre era superior. María puede ser llamada la “segundogénita” (3) del Padre, porque, por perfección dada y sabida conservar, y por dignidad de Esposa y Madre de Dios y de Reina del Cielo, viene segunda después del Hijo del Padre y segunda en su eterno Pensamiento, que Aba eterno en Ella se complació;
el Hijo, siendo también para Ella “el Hijo” y enseñándole, por misterio de gracia, su verdad y sabiduría cuando aún era sólo un Embrión que crecía en su seno; 
el Espíritu Santo, apareciendo entre los hombres por un anticipado Pentecostés, por un prolongado Pentecostés, Amor en “Aquella que amó”, Consuelo para los hombres por el Fruto de su seno, Santificación por la maternidad del Santo.

3 Dios, para manifestarse a los hombres en la forma nueva y completa que abre la era de la Redención, no eligió como trono suyo un astro del cielo, ni el palacio de un grande. No quiso tampoco las alas de los ángeles como base para su pie. Quiso un seno sin mancha.
Eva también había sido creada sin mancha. Mas, espontáneamente, quiso corromperse. María, que vivió en un mundo corrompido –Eva estaba, por el contrario, en un mundo puro– no quiso lesionar su candor ni siquiera con un pensamiento vuelto hacia el pecado. Conoció la existencia del pecado y vio de él sus distintas y horribles manifestaciones, las vio todas, incluso la más horrenda: el deicidio. Pero las conoció para expiarlas y para ser, eternamente, Aquella que tiene piedad de los pecadores y ruega por su redención.

4 Este pensamiento será introducción a otras santas cosas que daré para consuelo tuyo y de
muchos”.



Notas:

1) Por razón de una creación preservativa.

2) Cfr. Gén. 1, 26–27.

3) La Iglesia en su Liturgia al aplicar a la Virgen el paso del Eclesiástico 24, 5, la proclama “Primogénita entre todas las
creaturas”. La Escritora la llama sin embargo “Secondogénita del Padre” (término que no puede traducirse literalmente, porque significaría en español, que hay una Primogénita), y a Cristo le da el título de “Primogénito” conforme a Rom. 8, 29;
Col. 1, 15 y 18; Hebr. 1, 6; Apoc. 1,5.