miércoles, 2 de octubre de 2019

PRIMERA EVIDENCIA DE BIBERONES PREHISTÓRICOS

En la región de Baviera (Alemania) se descubrieron varios recipientes de arcilla, de unos 5 a 10 cm de ancho, en tumbas infantiles datadas alrededor del 5.000 a. C. Estos vasos presentaban una boquilla muy estrecha por la cual se puede succionar líquido.

Estos pequeños vasos podían haber servido para alimentar a adultos y ancianos enfermos, pero su tamaño era lo bastante pequeño como para caber en las manos de un bebé.

Por eso, un grupo de investigadores liderados por la Universidad de Bristol (Reino Unido) se propuso estudiarlos para constatar si se trataba de la primera evidencia de biberones prehistóricos del Neolítico. Escogieron tres de ellos e hicieron un análisis químico e isotópico para identificar los residuos de alimentos.

El estudio confirmó que contenían leche de rumiantes de ganado domesticado (ovejas o cabras). Este hecho, combinado con la presencia de los recipientes junto a restos infantiles, constata que se usaron para alimentar a los bebés, ya sea para sustituir a la leche humana o durante el destete, como alimento suplementario.

“Sabemos que los vasos de arcilla utilizados para alimentar o destetar a los niños aparecen por primera vez en el período Neolítico en Alemania hace unos 7.000 años y luego se vuelven más comunes en la Edad de Bronce y Hierro en Europa”, explica Julie Dunne, autora principal del estudio que publica la revista Nature e investigadora de la Universidad de Bristol.

Hasta ahora los alimentos para reemplazar la leche materna en las dietas de los bebés en los tiempos prehistóricos no se conocían completamente. “Este documento es importante, ya que constituye la primera evidencia directa de que la leche animal estuvo contenida en estos biberones para alimentar a los bebés”, dice Siân Halcrow, profesor asociado de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda), que no participa en el estudio pero publica un artículo de opinión en el mismo número de la revista.


Formas de animales imaginarios

Las tumbas son parte de un gran complejo de cementerios de la Edad del Hierro en el valle inferior de Altmühl en Baviera. El primero abarca 99 entierros en 72 tumbas y el último 126 entierros.

“La tumba infantil número 80 en Dietfurt-Tennisplatz contenía una inhumación orientada de este a oeste de un niño pequeño (de cero a seis años), del cual solo se conservaron partes del cráneo y huesos largos. El primer recipiente de alimentación se colocó a los pies del niño, con un pequeño brazalete de bronce que se hallaba donde habría estado su brazo izquierdo”, apunta Dunne.

La tumba 65 en Dietfurt-Tankstelle comprendió la inhumación de un niño de un año de edad, colocado extendido sobre su espalda, con la cabeza orientada hacia el sur y los brazos doblados sobre la parte superior del cuerpo. La segunda vasija analizada, con forma de tubo pequeño, se encontró dentro de un recipiente depositado en la cadera derecha.

“Ambos vasos eran de tamaño similar, unos 50 mm de diámetro, aunque el recipiente I tiene una boquilla mucho más corta. También se analizó otro vaso roto, de un entierro de un niño de uno a dos años en Augsburg-Haunstetten, una necrópolis de la Edad del Bronce Tardía hace entre 1.200 a 800 años a. C.”, añade la investigadora.

Estos vasos presentan diversas formas, algunos tienen pies o cabeza y formas de animales imaginarios. Vasos similares han aparecido en otras culturas prehistóricas de Roma y la antigua Grecia, así como en diversos lugares del mundo. “Nos gustaría llevar a cabo un estudio geográfico más amplio e investigar si sirvieron para el mismo propósito”, afirma Dunne.



Recipientes con riesgo de provocar infecciones

El acto de introducir la leche animal en la dieta de un bebé probablemente tuvo efectos negativos en su salud y pudo haber hecho que enfermaran. “Los vasos en sí mismos probablemente eran difíciles de limpiar y presentan riesgos de exposición a infecciones potencialmente mortales para bebés, como la gastroenteritis”, dice Halcrow.

Un trabajo adicional que analice la patología de los restos esqueléticos de los bebés puede dar pistas sobre los efectos que este tipo de alimentación con leche animal tuvo en su salud, según los científicos.

“Claramente, los bebés que fueron enterrados con los vasos murieron jóvenes, por lo que probablemente no estaban bien. Podemos buscar evidencia en los huesos y dientes en busca de infecciones o insuficiencias nutricionales. También hay nuevos métodos para evaluar las historias individuales de destete infantil a través de análisis isotópicos estables de dientes de formación temprana”, asegura el científico.



El ‘baby boom’ del Neolítico

Siân Halcrow hace un análisis en su artículo sobre cómo durante años, muchos arqueólogos ignoraron a los niños al estudiar las poblaciones antiguas. “Ahora reconocen cada vez más su importancia cuando intentan entender los factores que afectan a las sociedades anteriores”, enfatiza.

Uno de estos ejemplos es la sociedad del Neolítico, un importante punto de inflexión en la prehistoria humana, conocido como la transición demográfica neolítica, cuando hay evidencia de un aumento sustancial en la fertilidad y el crecimiento del número de individuos en las poblaciones humanas, en comparación con el de las sociedades anteriores.

El período neolítico en Europa comenzó aproximadamente en el 7000 a. C. En esta etapa algunos humanos comenzaron a alejarse de un estilo de vida de cazador-recolector hacia uno que dependía de cultivos y animales domesticados.

“¿Cómo condujo esta transición de la agricultura a un baby boom? Tener en cuenta la alimentación de los bebés podría proporcionar evidencias para responder a esta pregunta”, concluye Halcrow.


Referencias bibliográficas:

J. Dunne et al. «Milk of ruminants in ceramic baby bottles from prehistoric child graves» Nature.

Siân Halcrow. «Early European babiesbottle-fed animal milk» Nature.


Red Historia



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