viernes, 29 de marzo de 2024

PROFECÍAS DE LA BEATA ANA MARÍA TAIGI

La Beata Ana María Taigi (1769-1837), madre de familia, fue enriquecida con el maravilloso don de la videncia. 

Dios la eligió para que fuera una Hostia de Expiación y un baluarte contra los enemigos de la Iglesia en el siglo XVIII. 

Los dones intelectuales que le fueron concedidos constituyeron un milagro permanente sin precedentes en la historia de la mística. 

Un día, vio aparecer ante ella un globo de oro, que se convirtió en un sol incomparablemente luminoso, en el que veía todas las cosas y sucesos de la tierra. 

“Sabía con seguridad la suerte de los difuntos. Su mirada llegaba hasta las extremidades del mundo y allí reconocía a personas que nunca había visto y las penetraba hasta el fondo del alma. Los sucesos pasados, las cosas por suceder se revelaban a su mirada. Veía el mundo entero como nosotros vemos la fachada de un edificio”, dijo uno de sus biógrafos.

El sacerdote, su confesor, tuvo un día una discusión con otra persona sobre el pequeño numero de los escogidos, o sea de los que se salvan; sostenía que en nuestros día la mayoría de los cristianos se pierden, y su contrincante defendía lo contrario. 

Habiendo tenido conocimiento de esta discusión, la venerable mujer miró su sol y vio en él la suerte de las personas fallecidas durante aquel día ; muy pocas, ni siquiera diez de ellas habían subido al cielo directamente; muchas se detuvieron en el purgatorio y las otras cayeron en el infierno en tan gran número, “como los copos de nieve en pleno invierno” (opinión semejante tuvieron muchos santos, entre ellos San Leonardo de Porto Mauricio, Santa Teresa de Jesús, los Videntes de Fátima y Sor Josefa Menéndez.)

Las profecías se extendían a todas las cosas: a los vivos, a los difuntos, al orden sobrenatural y al orden moral, a los secretos de la naturaleza, a las enfermedades y su duración, a los pensamientos ocultos y al porvenir de la Iglesia y de toda la humanidad.

“Yo he hecho por ti –le dice Nuestro Señor- lo que no he hecho todavía por ningún otro de mis servidores, al concederte un don que ninguno de ellos poseyó jamás”. 

Su mirada profética abarcó hasta la llegada del Anticristo, cuyos tiempos se avecinaban… 

Un día vio que su sol se abría y daba paso a torrentes de sangre, mientras la Virgen intercedía para detener los castigos preparados. 

Símbolos de las grandes crisis, mediante las cuales Dios iba a purificar la Iglesia. Parecía desencadenarse un espantoso ciclón, el cielo ardía, temblaba la tierra, se vislumbran pestes, revoluciones, revueltas, matanzas, batallas, negros aeróstatos, que recorrían el cielo cubriendo la tierra de fuego y de tinieblas… 

Y anunció que Dios enviaría a la humanidad dos castigos; uno, en forma de guerras, revoluciones y otras tribulaciones, originados en la tierra, y otro, enviado desde el cielo: Vendrán sobre el mundo unas tinieblas que durarán tres días y tres noches. Nada será visible y el aire se volverá pestilente y nocivo y dañará, aunque no exclusivamente, a los enemigos de la Religión. Durante estos días de tinieblas, la luz artificial será imposible, sólo las velas benditas (de cera) darán luz. (Esta bendición es la que se recibe el día 2 de febrero en la Festividad de la Purificación de Nuestra Señora o fiesta de la Candelaria.) 

Sobre los tres días de tinieblas al Fin de los Tiempos o al Fin del Mundo hablan además de los Evangelios, más de 30 videntes diferentes, resultando uno de los acontecimientos más declarados; pero hay algunos comentaristas que se inclinan a creer en que habrá dos veces las tinieblas anunciadas, o dos venidas de Nuestro Señor, una como Señor y Doctor al fin de los tiempos y otra como Juez al final del mundo actual. 

También hablan de la aparición de dos veces la señal del Señor en los cielos.

Los que abrieren las ventanas o miraren fuera por curiosidad, o salieren de su casa caerán muertos fulminantemente. 

Durante estos tres días de tinieblas, la gente debe permanecer en sus casas rezando el rosario y pidiendo a Dios misericordia.

Los que abierta o secretamente persiguen a la Iglesia perecerán en estas tinieblas. Sólo unos pocos, dada la gracia de conversión por Nuestro Señor, permanecerán con vida. 

El aire será infestado por los demonios, que se aparecerán en figuras horribles. Las velas benditas salvarán a la gente de la muerte, igualmente las oraciones a la Santísima Virgen y a los Santos Ángeles.

Después de las tinieblas, el Arcángel San Miguel descenderá a la tierra y encadenará al demonio hasta el tiempo del Anticristo. Los hombres serán religiosos otra vez y se formará un solo Pastor y un solo rebaño de toda la Iglesia, Rusia, Inglaterra y China se convertirán y todos se regocijarán del triunfo de la Iglesia Católica. 

Después de las tinieblas de los tres días los de otras creencias volverán al verdadero aprisco de la Iglesia Católica.

Monseñor Natale su confesor y consejero escribe: Cinco años antes de la muerte de Pio VII (m. en 1823) ella me describió la gran prueba en preparación. Las revoluciones se abatirán sobre Roma (recuérdense las actuaciones de los carbonarios y garibaldinos, el destierro del Papa en Gaeta, la toma por fin de la Ciudad Santa, etc.).

Los desastres serán aminorados por las satisfacciones de los Santos. La cizaña será arrancada, después la mano de Dios devolverá el orden, allí donde el esfuerzo humano sea impotente. 

Los azotes provenientes de la tierra serán mitigados, pero los del Cielo serán universales y espantosos; millones de hombres morirán por hierro, ya en guerra, ya en luchas civiles (cuéntense los millones de las dos guerras universales del 14-18 y del 39-45 y las múltiples guerras civiles como la española, mexicana, vietnamita, etc.), otros millones morirán de muerte imprevista (por la catástrofe del cielo, o sea, de las tinieblas). 

Después naciones enteras volverán a la unidad de la Iglesia y muchos turcos, paganos y judíos se convertirán y su fervor llenará de confusión a los viejos cristianos. 

En una palabra, me decía Ana María, que el Señor quería limpiar el mundo y su Iglesia, para lo que preparaba un renacimiento milagroso, el triunfo de su misericordia… 

Todo esto ocurrirá cuando parezca que la Iglesia ha perdido todos los medios humanos para enfrentarse a las persecuciones.

Las pruebas descubrirán los pensamientos secretos de los corazones.

Vencerán aquellos a quienes conceda el espíritu de humildad.

El cuerpo incorrupto de la BeataTaigi se encuentra en Roma, en la iglesia San Crisógono, de los padres Trinitarios, en cuya Orden la Beata era terciaria.

No hay comentarios: