domingo, 17 de julio de 2022

EXTRACTOS DE “TRAYECTORIA Y PENSAMIENTO DEL PBRO. DR. JOAQUÍN SÁENZ ARRIAGA”

El padre Joaquín Sáenz y Arriaga fue jesuita desde 1916 hasta 1952, y luego, fue un duro crítico del Concilio Vaticano II y de Pablo VI. En 1972, fue declarado excomulgado por la conferencia de obispos de México. Se le considera uno de los primeros promotores del sedevacantismo.


A don Joaquín no le quedaba más recurso que renunciar a la Sociedad de Jesús [o Compañía], ya que su permanencia en ella habíase hecho insostenible para él e inconveniente para los responsables de torcer el camino del instituto ignaciano. La entereza y decisión del padre Sáenz, así como la irreductible ortodoxia de otros viejos jesuitas, eran un estorbo para realizar el cambio de estructuras eclesiásticas y políticas. Eliminar a Sáenz y nulificar a los otros miembros de su generación y mentalidad, hechos a la obediencia, privados de influencia social, sería el principio del cambio, que posteriormente el Concilio Vaticano II habría de “legalizar”.

…efectivamente, nunca publicó don Joaquín el contenido de sus revelaciones, aunque, en previsión de ser calumniado, como ciertamente lo fue cuando denunció la conspiración postconciliar contra la Iglesia, dejó copias y originales de la correspondencia cruzada, protocolizada ante notario. La procedencia de todas estas noticias es legítima y su autenticidad irrebatible.

1951:

Don Joaquín soportó con resignación cristiana los embustes que se tejían sobre él, y sin las ataduras de la obediencia a quienes se habían sumado a la moderna conspiración que golpeaba las puertas de la Santa Sede, cerradas al error por la providencial resistencia del Papa Pío XII, el padre se dedicó a viajar y predicar la doctrina verdadera. En Sahuayo, en Morelia, en Mérida, en Tampico, en todos los lugares que visitó dejó profunda huella su labor apostólica: conferencias, retiros espirituales, sermones, impartición de Sacramentos; todo un conjunto de actividades dirigidas, especialmente, a la juventud.


Finalmente, el 12 de noviembre de 1953, el padre Tomás J. Trevi escribe al padre Sáenz, lamentando el fracaso de sus gestiones. Algunos miembros de la compañía de Jesús estaban interesados en nulificar todos los esfuerzos de don Joaquín, pero él siempre se mostró dispuesto a colaborar en su labor docente y espiritual, con sus antiguos hermanos de la Orden.


La perspicacia del padre Sáenz había previsto la infiltración de falsos católicos en esta sociedad cuyo origen había sido, precisamente, defender a la Iglesia de embestidas reformistas y socializantes. Apartó de su camino ese fruto malogrado y continuó la siembra de fe y amor. Redobló sus actividades, continuó con paternal dedicación ocupándose de sus jóvenes estudiantes, sus misiones, sus ejercicios espirituales, solicitados y buscados en muchos lugares. Su inquietud pastoral lo obligaba a viajar constantemente y, cuando las circunstancias lo ameritaban, se trasladaba a Roma. Durante sus estancias en la Ciudad Eterna visitó en varias ocasiones a S. S. Pío XII. La última vez que lo vio, pocos meses antes de la muerte del Pontífice, se hizo acompañar de su hermana Guadalupe. El Papa los recibió y se hizo retratar con los hermanos Sáenz Arriaga, mostrando así especial deferencia para don Joaquín.


El día 31 de agosto de 1962, un equipo de teólogos, bien informados de los pormenores de un vasto plan para ‘demoler’ la Iglesia, denunciaron las acechanzas y, con lógica irrebatible, previeron las desastrosas consecuencias del complot contra la Iglesia que había de encontrar, en el concilio, campo abonado para germinar. Este grueso y documentado volumen suscrito por Maurice Pinay, circuló entre los padres conciliares. Su eficacia, sin embargo, fue limitada. El grupo implicado en el complot funcionó como mecanismo de relojería, lubricado con todo el dinero necesario para orientar noticias y opiniones de la prensa, radio y televisión, hacia sus fines particulares… Viajó a Europa y publicó su primer folleto relacionado con la crisis que se avecinaba: Carta de información a los obispos de España, Portugal y América.


Sus relaciones eclesiásticas en Europa le descubrieron que Angelo Roncalli, cuando era nuncio en París, había sido amigo de altos dignatarios masones.

También se informó de la falsificación de certificados de bautismo expedidos a israelitas, durante la guerra, cuando Roncalli era nuncio apostólico en Turquía o Bulgaria.

Estas informaciones aparecieron en su mencionado folleto, de circulación limitada, al que no faltaron ataques promovidos por quienes se sentían afectados.

Su Carta de información, aunque no lleva fecha, por su contexto se deduce que fue impresa en julio de 1963, medio año después de haber sido clausurada la primera etapa del Concilio Vaticano II, y tres meses antes de la apertura, por Paulo VI, de la segunda sesión, el 29 de septiembre de 1963.


Juan XXIII lo hizo cardenal [a J. Bautista Montini] en 1958 y lo puso en camino de sucederlo en el cargo


El padre Sáenz viajó a París; estableció comunicación con monseñor Roche, uno de los secretarios del cardenal Tisserant que había sido, a su tiempo, comisionado por Pío XII para vigilar a monseñor J. B. Montini, entonces pro-secretario de Estado, por sus sospechosas relaciones con personas de dudosa procedencia.

No paró allí el Ulises de la Tradición; viajó a Medio Oriente, cultivó relaciones con los ritos orientales, cercados por el sionismo dueño de la Ciudad Santa en la que se estableció la capital de Israel


A la muerte de Juan XXIII, el padre Sáenz, en alianza con algunos seglares, logró hacer llegar a los cardenales del Cónclave una biografía con todos los antecedentes modernistas de Juan Bautista Montini, a quien el presbítero Julio Meinville —culto escritor que denunció la penetración y el avance de los postulados del modernismo en la nueva iglesia— calificara en privado, por su actuación, como Capo de la Masonería en Roma.

Monseñor Giovanni Montini junto al Papa pio XII

La habilidad de Montini, la presión de los centros europeos amagando con el cisma, el amor a la Iglesia de los cardenales Ottaviani y Siri, que representaban la mayoría del cónclave, fueron los factores determinantes en la elección de Montini.


Durante el Concilio Vaticano II, asamblea en la que ocuparon estratégicos sitiales los neomodernistas, que se exhibieron como los más piadosos, suaves y diligentes para llevar agua a su molino, pronunciaron frases emotivas, se mostraron insinuantes y partidarios de allanar los difíciles caminos de la exclusividad dogmática. La posesión no negociable de la verdad que hasta entonces había sido patrimonio intransferible de la Iglesia Católica quedó sujeta a sutiles interpretaciones. Estos profetas del aperturismo democrático pregonaron la conveniencia del diálogo, y abrieron las ventanas de la Revelación Divina al horizonte sin límites del pensamiento humano, puesto al servicio del progresismo religioso.


El balance final del Vaticano II resultó dañino por sus incontables ambigüedades que, al paso del tiempo, resultarían fértil caldo de cultivo del cambio, de la falsificación, de la negación o condicionamiento del magisterio anterior de la Iglesia.


El día 7 de diciembre de 1965 terminó la postrera reunión de la cuarta y última etapa del Concilio Vaticano II. La euforia universal rechazaba toda advertencia de peligro. Nadie parecía ver el severo resquebrajamiento que había sufrido el magisterio de la Iglesia. Sólo unos cuantos, inmersos en el silencio de sus retiros, aplicados al estudio de los documentos conciliares, pudieron calibrar las grietas que amenazaban la integridad, hasta entonces monolítica, de las estructuras eclesiásticas y sus bases doctrinales.

El padre Sáenz Arriaga, que había seguido muy de cerca los incidentes del Concilio, que había estudiado los esquemas propuestos y las declaraciones promulgadas, anunció, antes que muchos, la crisis que se avecinaba.

“Yo creo en la Iglesia de los Papas y de los Concilios, no en la Iglesia de un Papa o de un Concilio. Es absurdo desvincular las enseñanzas dogmáticas, disciplinarias o pastorales del Concilio Vaticano II de la contextura veinte veces secular de la doctrina apostólica, de la doctrina de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia, de la doctrina de los Concilios y de los Papas precedentes, de la doctrina secular de toda la teología católica. Cualquier progreso que desconozca el pasado, no es progreso, sino ruina y destrucción; cualquier sentido contrario al que los dogmas han tenido, no es interpretación, sino claudicación (1).


Nunca llegó a ver realizado su justo deseo. Ni prelados, ni presbíteros ni simples legos pudieron rebatir una sola de sus macizas conclusiones teológicas.


Aunque muchos apreciaron la importancia de las radicales transformaciones [del cv2], pocos se atrevieron a denunciarlas, y menos aún, a censurarlas. Sáenz Arriaga, testigo preocupado de lo que acontecía, consignó, en La Nueva Iglesia Montiniana, libro publicado tres años después [1968], el significado de aquellos episodios trascendentales. Esta obra habría de acarrearle represalias inimaginables que no lograron, sin embargo, doblegar su espíritu.



Antes de finalizar el año 1969, el padre Sáenz compuso un pequeño libro intitulado La misa impuesta para el 30 de noviembre, no es ya una misa católica.


“El “novus ordo missae” se instaló y se impone a la Iglesia contra la voluntad del Sínodo Espiscopal que, en 1967, había mayoritariamente rechazado esa que entonces llamaron “misa normativa”. El “novus ordo missae” pretende sustituir al antiguo Misal Romano, promulgado por San Pío V, y la Constitución Apostólica de Paulo VI Missale Romanum que pretende imponerlo, reconoce, con palabras claras e inequívocas, que la dicha Misa de San Pío V no ha sido cambiada desde el siglo IV o V” (2).

En su libro, el padre Sáenz, además de la recopilación de opiniones desfavorables a la anunciada imposición de la nueva misa postconciliar y ecuménica, ofrece serias reflexiones basadas en la doctrina del Concilio de Trento sobre el verdadero sacrificio eucarístico. Apoya sus argumentos en lo ordenado por San Pío V, “confirmado después por Clemente VIII, por Urbano VIII y por San Pío X. Esgrime “la doctrina de Pío XII en la encíclica Mediator Dei et hominum”, para concluir que “la nueva misa no es ya una misa católica”.

1971:

El muy conocido liberal ‘padre’ Enrique Gutiérrez Martín del Campo, Prepósito Provincial de la Provincia de México, da luz verde, es decir, concede el Imprimini potest, al fruto engendrado por la calenturienta y revolucionaria inteligencia de José Porfirio; Su Eminencia Reverendísima, Miguel Darío, Cardenal Miranda y Gómez, Arzobispo Primado de México, otorga al fin graciosamente el Imprimatur, no sin lavarse antes las manos, como Pilatos, con una nota marginal, en la que hace notar “que su aprobación no significa necesariamente que ésta haga suyas las afirmaciones del autor…” sino prueba que permite, en su arquidiócesis, la sana libertad de expresión ya que considera “que esta publicación está dentro del dogma católico; en nada se opone a nuestra fe”.

“Yo, sin embargo —continúa diciendo el padre Sáenz—, a pesar de tantos y tan preclaros garantizadores, me atrevo a decir —¡pecador de mí!— ya desde el principio, que los censores no leyeron el libro, o no saben teología, o traicionan, comprometidos, su conciencia.

…Afirmo que el libro, cuya publicación él ordenó con su “Imprimatur”, sí está, abierta, descarada y perversamente, contra el dogma católico, contra la religión que fundó Cristo y contra toda religión; que esa que él llama “Sana libertad de expresión”, es sencillamente la difusión diabólica y nociva de errores gravísimos, ya repetidamente condenados por Papas y Concilios; y que, haciendo o no haciendo suyas las tesis de José Porfirio Miranda y de la Parra, él, Su Eminencia, es el principal responsable de todo el daño que ese libro infame produzca” (3).


Sus intervenciones estuvieron matizadas por la prudencia de sus expresiones, la nitidez de sus argumentos, la solidez de sus exposiciones teológicas.

Saldaña le espetó a quemarropa esta pregunta: “¿Están excomulgados los progresistas?”

Sáenz Arriaga, respondió:

—Si nos atenemos a las condenaciones de concilios anteriores, por ejemplo a las condenaciones de Trento, a las condenaciones del Vaticano I, a las condenaciones del Concilio Lateranense IV, están excomulgados, porque estas condenaciones fueron definitivas. El Concilio Vaticano I está en plena vigencia, como está en plena vigencia el Concilio IV Lateranense.

¿No cabe la palabra perdón? —insistió Saldaña.

Sí puede haber perdón si hay arrepentimiento, si hay retractación…

Al finalizar el programa resumió su pensamiento en estas frases:

Mis últimas palabras son de aliento para los que en México como en otras partes del mundo estamos dando la batalla dolorosa, estamos pasando por este calvario de verdadera amargura, porque nosotros somos los marginados, somos los descontinuados; nosotros somos ahora los enemigos, los que nos confiamos en la verdad eterna, en la verdad de Cristo.


Sáenz Arriaga —ya lo hemos mencionado antes— relata y examina el significado del viaje de Paulo VI a Colombia, el contenido ideológico de la Segunda Conferencia del CELAM. Su juicio de los hechos podría considerarse profético si no resultara simplemente lógico. Advierte las contradicciones de Paulo VI y se pregunta: “¿Es Juan Bautista Montini un verdadero Papa?”

La respuesta va implícita en el capítulo titulado Paulo VI y sus responsabilidades en el caos actual de la Iglesia:

“Yo encuentro incomprensible e inaceptable este Concilio (Vaticano II), que además de ser equívoco, tiene puntos que han venido a revolucionar la doctrina de la Iglesia, en innegable contradicción con las definiciones de anteriores y recientes Concilios Ecuménicos y con documentos solemnes del Magisterio”.

Añade más adelante:

“La ruina de la Iglesia coincide tan exactamente con el Pontificado actual y sigue tan de cerca sus orientaciones reformistas y revolucionarias, que ya es imposible cerrar los ojos, para no darnos cuenta de que son los pastores, de que es, ante todos, Paulo VI el verdadero responsable de esta crisis sin precedente ni paralelo en la historia de la Iglesia (4).


La excomunión (1972)

Punto por punto deshizo las falacias ahí consignadas : “El presbítero Joaquín Sáenz Arriaga… sin ninguna censura, ni licencia eclesiástica, y no obstante que previamente se le había amonestado… ha editado, entre otros, el libro titulado La Nueva Iglesia Montiniana”.

El aludido respondió: “Ante Dios juro que nunca se me había hecho ninguna amonestación… y exijo que se demuestre (nunca se demostró) un documento firmado por mí, que dicha amonestación se me había hecho de manera formal…”

Continúa el decreto: “Del examen minucioso de este libro, resulta evidente que en él se contiene una escala de graves injurias, insultos y juicios heréticos proferidos directamente en contra del Romano Pontífice y de los Padres del Concilio Vaticano II; al grado de afirmar el autor, con ingenua malicia, que la Iglesia está “acéfala” por haber incurrido el Santo Padre en herejía…”

“Creo que ante tan tremendas acusaciones —responde Sáenz Arriaga—, hubiera sido necesario el que se adujese siquiera algunas pruebas concretas. Y entonces hubiera tenido ocasión de legítima defensa y hubiera demostrado que el argumento de mi libro es una defensa de la fe de veinte siglos y un ataque, no a las personas, sino a los errores gravísimos que en mi libro denuncié”.


Los macizos conocimientos del padre Sáenz sobre Derecho Canónico, minaron ante la opinión pública las falsas bases sobre las que el ‘Cardenal’ y su ‘Canciller’ intentaron construir el decreto de excomunión.

Falsos tradicionalistas y declarados progresistas reaccionaron contra la legítima autodefensa del padre Sáenz Arriaga y, apoyados en la autoridad del excomulgador, se lanzaron contra don Joaquín; le arrojaron mil improperios que no alcanzaron a destruir sus argumentos, aunque desorientaron aún más a las multitudes incapaces de formarse un juicio imparcial.


El aislamiento provocado al padre Sáenz no mermó sus convicciones ni apagó su celo apostólico; aceptó las consecuencias de su postura intransigente y recibió con resignación las falsas imputaciones y calumnias, no sólo provenientes de extraños, sino originados aún en el seno de su propia familia.

“Hace unos días —revela en el prólogo al estudio del padre George Vinson, ya citado—, una persona, pariente mío por cierto muy cercano, infestado del progresismo en boga, para quien la teología medieval de los grandes maestros de la escolástica de la edad de oro, definitivamente superada por Maritain, Teilhard de Chardin, el papa Montini, y los “jesuitas de la nueva ola”, me condenaba por mi postura anticuada, retrógrada y totalmente insostenible ante los avances de la ciencia moderna. Para él —su profesión es la de médico, no la de filósofo ni la de teólogo— la “evolución” es incontenible y dentro de su dinámica ininterrumpible, ha de dominar también la ciencia religiosa. El papa Montini, Juan XXIII y su Concilio vinieron a salvar la Iglesia de la inevitable muerte a donde su decrepitud la llevaba.

Estos pobres indoctrinados, sin darse cuenta, han perdido la fe. Piensan que Cristo, el hijo de Dios, no tuvo visión o poder para fundar una Iglesia inmutable, aunque capaz de desarrollo y de progreso, sino que debería haber incorporado su obra divina al curso constante de la evolución” (5).


Quizás la frase más feliz, resumen de esta postura, la expresó Rene Capistrán Garza, en memorable artículo publicado a los pocos días del infamante decreto del cardenal Miranda. El título era síntesis perfecta del contenido: En comunión con el excomulgado. Capistrán Garza, como en sus más significados días de gallardía cristera, cuando simbolizaba la rectitud, la firmeza de la juventud católica de México, esgrimió su pluma en defensa de la Iglesia. Puso en esta última batalla de su vida azarosa todo el ardor, el ingenio de su inimitable estilo literario en el que, jugando con las palabras, dejaba sin defensa posible a sus adversarios, a los modernos adversarios de la Iglesia Católica.

Con don Joaquín estuvieron, en sus horas de abandono, gente de estirpe religiosa, intelectual y artística. El poeta Vicente Echeverría del Prado dedicó “al reverendo padre Joaquín Sáenz Arriaga, denodado paladín de la verdadera Doctrina de Cristo”, este soneto:

“Hoy como nunca con Usted, querido y venerado Padre Sáenz Arriaga; hoy que su corazón luce la llaga que en la verdad más ha resplandecido. La del puñal por la traición blandido contra la fe que al pensamiento embriaga en una luz misericorde y maga que sobre la razón ha descendido. La luz de Cristo Dios que representa Usted, en el malstróm de la tormenta de falsedades, desencadenada por la sombra satánica, extendida de pelo a pelo, como encrucijada del tiempo cruel contra la Eterna Vida”.

No faltó, en medio del drama, la nota humorística e ingeniosa de don Luis Vega Monroy, el insuperable epigramista contemporáneo que bajo el diáfano seudónimo de Don Luis, escribió:

“Todo ha dado tal viraje y es tanta la confusión, que ya no parece ultraje que alguien, con toda razón se mande cortar un traje de primera excomunión”.


Llegáronle cartas del interior de la República. Seglares unos, religiosos otros. Gloria Riestra le reiteraba “el afecto filial de la hija en Cristo que tiene desde hace muchos años que con su palabra de apóstol conmovió su alma”. Jesús Ochoa, padre misionero de la Sagrada Familia, en Uruapan, Mich., se hizo presente, como también el presbítero Moisés Carmona, de Acapulco, Gro., otro de los denodados sostenedores de la tradición: “A usted lo excomulgaron por su fidelidad a Cristo, a sus enseñanzas y a su Iglesia. ¡Bendita excomunión! Como sea por eso, que me vengan todas las excomuniones”. Y así sucedió: poco tiempo después el postconciliar Obispo de su diócesis lo “excomulgó” por negarse a celebrar la nueva asamblea comunitaria en lugar de la Santa Misa. Montado en cólera quiso expulsarlo del templo de la Divina Providencia, a lo que se opusieron todos sus feligreses. Ninguno claudicó y el padre Carmona pudo continuar celebrando el Misterio Eucarístico e impartiendo los sacramentos en su prístina pureza evangélica.

Los católicos colimenses publicaron en el periódico Novedades, de la ciudad de México (5 de enero de 1972), una extensa carta abierta, dirigida al cardenal Miranda, la cual, como es de suponerse, no obtuvo respuesta. En esta misiva muestran su extrañeza “por una sanción no aplicada a miles de desertores sacerdotes, tránsfugas y corruptores que desde la cátedra sagrada aniquilan dogmas, fe y buenas costumbres, así como la liturgia eclesiástica hasta llegar a las misas comunitarias sacrílegas —como está sucediendo en esta Diócesis de Colima y las que se celebran en la ciudad de México— en que se consagran bolillos, cemitas y tortillas en burla a la Sagrada Eucaristía, todo a ciencia y paciencia del cardenal Miranda”.

De España, Francia, Italia, Inglaterra, Estados Unidos, Brasil, Argentina y otros países recibió don Joaquín mensajes alentadores. Entre los más conocidos corresponsales estaban el padre Herve Le Lay, de Argentina, hecho al temple de las persecuciones por publicar la excelente revista La tradición; el padre Noel Barbara, director de Forts dans la fei, de Francia; el escritor argentino Alberto Boixados; la sociedad The Voice (La Voz) en Nueva York, etcétera.

En momento alguno vaciló don Joaquín. No sostenía una lucha personal; estaba comprometido con Cristo y con Su Iglesia. Voló a Roma el 9 de enero de 1972 para asistir a la Asamblea de los Defensores de la Tradición, en la que estuvieron presentes delegados de 21 países. Su reciente ‘“excomunión” contribuyó a extender la fama que gozaba internacionalmente el valeroso sacerdote mexicano, quien fue recibido en Roma con el entusiasmo peculiar de los italianos. En una conferencia de prensa transmitida a todo el mundo, declaró su ascendencia católica, su cercano parentesco con más de medio centenar de sacerdotes y religiosas; flageló a los infiltrados en la Iglesia que auspiciaban los modernos errores y reiteró su postura frente a Juan Bautista Montini de quien dio a conocer su ascendencia judía, sus complacencias con la masonería y el comunismo ya que era sabido que la ‘Santa Sede’ realizaba secretamente convenios y compromisos con los gobiernos marxistas del Este europeo y sus amos de Moscú.

La presencia del padre Sáenz en Roma exaltó los ánimos de no pocos tradicionalistas (6) y un grupo de ellos arrancó el escudo del cardenal Miranda, colocado en la parroquia romana de Nuestra Señora de Guadalupe y, al día siguiente, aparecieron en las paredes de la embajada de México las inscripciones: “¡Viva el padre Sáenz!”, “Muerte a los traidores”, “W. P. Sáenz, patriota”. El portavoz del Vaticano, Federico Alessandrini, se apresuró a condenar el justiciero atentado contra el símbolo del Arzobispo de México, que debía su cardenalato a Paulo VI, quien le impuso el capelo el 28 de abril de 1969. De alguna forma había que justificar a los Miranda, a los Méndez Arceo, a los Suens, a los Alfrik, a los Bugnini, a los Helder Cámara, a los Tarancón y toda la caterva progresista receptaría de honores vaticanos.

En 25 de enero de 1972 salió de prensas el libro del Padre Sáenz Arriaga, ¿Por qué me excomulgaron? ¿Cisma o fe? 



Y, sin desperdicio de tiempo, don Joaquín se impuso tarea de escribir y publicar su siguiente obra: Sede vacante, continuación, ampliación y actualización de La nueva iglesia montiniana.


Sáenz Arriaga, en el primer capítulo de Sede vacante, ofrece una clase lección de Derecho Eclesiástico sobre el significado de vacancia en la Sede Apostólica y la sustancial diferencia con el concepto de Iglesia acéfala.

“Por Sede vacante, en el lenguaje canónico, se entiende la carencia, por muerte, renuncia, traslado o desaparición, bien sea de los obispos, en las iglesias locales, bien sea del Sumo Pontífice en la Iglesia Universal.

“La Sede vacante puede durar, y de hecho ha durado vacante, según consta en la historia de la Iglesia, por largo tiempo, sin que esa vacancia del pontificado signifique, en manera alguna, la desaparición de la misma Iglesia” (Ibidem. Pág. 2.)

“La Iglesia nunca está, ni puede estar “acéfala”, como con “refinada malicia” me atribuyó haber dicho el “terrible” canciller de la Mitra Metropolitana de la Arquidiócesis de México, el tristemente célebre Luis Reynoso Cervantes” —añade párrafos adelante—. “Para probarlo, basta citar aquí algunas palabras de la encíclica Mystici Corporis Christi de Su Santidad Pío XII:

“Se prueba que este Cuerpo místico, que es la Iglesia, lleva el nombre de Cristo, por el hecho de que Él ha de ser considerado como su Cabeza. Él dice San Pablo (Col. I, 18)— es la Cabeza del Cuerpo de la Iglesia, dispuesto con debido orden, crece y se aumenta, para su propia edificación (Efes. IV, 16; Col. II, 19)”.


“La Iglesia, pues, no puede nunca estar «acéfala» porque su verdadera Cabeza, Cristo, aunque falte el Papa o falten los obispos, nunca la abandonará, cumpliendo así la divina promesa: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos”. Puede faltar el Vicario, el lugarteniente, la cabeza visible de la Iglesia, pero la Iglesia nunca puede quedar “acéfala” (Ibídem. Pág. 4).

Sede vacante abarca lecciones de historia, de teología; indaga, penetra en sucesos de importancia capital, se refiere a los temas y conclusiones habidos en el Concilio Vaticano II.


Tres cuestiones motivan al padre Sáenz, con las cuales existía absoluta coincidencia en el campo tradicionalista al pedir: 1) Por el restablecimiento de la Misa de San Pío V, la Misa de siempre, la que se remonta hasta los tiempos apostólicos, en sus partes principales. 2) Porque los catecismos católicos, libres de resistencias, de inexactitudes y de verdaderos errores, que, por desgracia, circulan en varios países, vuelvan a enseñar al pueblo y, especialmente a los niños y jóvenes, la doctrina tradicional, apostólica, que siempre se ha enseñado en la Iglesia Católica; y 3) Que no se dé a las Sagradas Escrituras el sentido ecuménico, ecléctico que hoy, apoyándose en la exégesis protestante o de los rabinos judíos, se les quiere dar, sino el único sentido, que semper et ubique Ecclesia, que ha enseñado siempre el Magisterio de la Iglesia”.

… En otros tiempos estas cuestiones de fondo las resolvía el Soberano Pontífice aplicando categóricamente la doctrina católica; ahora “Montini ha tolerado, disimulado, aparentado condescender con las exigencias absurdas, anticatólicas y, en muchos casos, abiertamente heréticas de los dirigentes del “progresismo”, ya sean cardenales, obispos, clérigos o simples laicos… ¿Cuál sería la reacción de San Pablo ante el viaje a Ginebra, ante el discurso “ecuménico” en el Consejo Mundial de las Iglesias, en el que la verdadera y única Iglesia de Jesucristo, quedó asimilada y absorbida por ese ecléctico conglomerado de sectas, cuyo denominador común, si alguno tienen, es la negación de la verdad inmutable y permanente?” (Ibídem. Pág. 13.)

Antes de reafirmar “la doctrina católica, dogmática e infalible sobre el Primado de Jurisdicción y las demás prerrogativas que Cristo quiso dar a Pedro y a los legítimos sucesores de Pedro en el Pontificado Romano”, (Ibídem. Pág. 20) el padre Sáenz relata el proceso del llamado gran cisma de Occidente.

Cisma es “la separación de la Iglesia Católica de alguno o algunos de sus miembros, por el hecho de negar la debida obediencia al Romano Pontífice”, (Ibídem. Pág. 21) siempre y cuando éste sea un verdadero y legítimo papa. San Pablo advierte: “Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os predicase un Evangelio distinto del que os hemos anunciado, que sea anatema” (Galatas, I, 8.)

El cisma, por consiguiente, se produce por la desobediencia al Papa legítimo

“Cuando, como en los actuales tiempos, vemos que la tradición apostólica ha sido menospreciada, cuando no abiertamente negada; cuando circulan impunemente los más graves errores y herejías, sin que los obispos, ni el mismo Papa reaccionen enérgica y definitivamente… tenemos derecho, tenemos el deber de dudar de la legitimidad del Papa Montini, ya que es el principal responsable de este derrumbe” (Ibídem. Pág. 239).


A continuación hace una breve historia del cisma de Occidente que se inició el 9 de agosto de 1378 y terminó treinta y nueve años después, el día 8 de noviembre de 1417. En esa espantosa crisis desfilaron varios Papas [y antipapas], simultáneamente, que gozaron del acatamiento y respeto de prelados, clérigos y seglares, a la vez que eran desobedecidos y menospreciados por los del bando contrario. “Hubo momentos en que tres distintos elegidos reclamaron la sucesión legítima de Pedro” (Ibidem. Pág. 32). De lo cual se sigue que “En la Iglesia, a pesar de las promesas y asistencia de Cristo, a pesar también de la acción del Espíritu Santo, los hombres que entonces la regían, como los hombres que la rigen ahora, los que representaban y representan a Cristo pueden, por sus pasiones, por sus equivocaciones, por las presiones extrañas conducir a la Iglesia a un estado caótico, en el que un pontificado tricípite desgarre la unidad, no tan sólo de las disciplinas, sino de los mismos dogmas” (Ibídem. Pág. 39).

El Concilio Vaticano II se vio constantemente presionado para cambiar principios sólidamente establecidos “El Concilio —afirmó erróneamente el teólogo Hans Kung, citado por Sáenz Arriaga— debe tener en cuenta las legítimas pretensiones de los protestantes, de los ortodoxos, de los anglicanos y de los liberales” (Ibídem. Pág. 42). Este criterio, bastante generalizado entre los padres conciliares, produjo nefastas consecuencias; la primera fue el deterioro de la autoridad pontificia frente a la colegialidad episcopal. Sáenz Arriaga estudia esta cuestión extensamente, sigue paso a paso los proyectos y resoluciones, las interferencias, los textos y las necesarias aclaraciones que no alcanzaron a modificar la ambivalencia de las conclusiones.

“Es indudable que la discusión sobre la colegialidad fue una de las más agitadas y peligrosas del Vaticano II. El ecumenismo, la unión de las sectas separadas uno de los principales, si no el principal objetivo de ese Concilio Pastoral, tropezaba, como uno de los más graves obstáculos… para la unión de la Iglesia Católica con las sectas protestantes, en el “Consejo Mundial de las Iglesias”, entre otros puntos fundamentales de nuestra fe católica, con el Primado de Jurisdicción y la Supremacía del Magisterio del Romano Pontífice” (Ibídem. Pág. 55).

Recordaba el autor de Sede vacante algunos de sus propios conceptos publicados veinticinco años atrás en su libro Donde está el Papa, allí está la Iglesia: “Demostrado que Cristo fundó en su Iglesia un Magisterio auténtico e infalible, preservado del error por la asistencia especialísima del Espíritu Santo, hemos visto que Pedro, independientemente del Colegio Apostólico como fundamento de la Iglesia, como Pastor supremo del rebaño de Cristo, como cabeza visible de la Iglesia, recibió entre sus prerrogativas y poderes, el don de la infalibilidad didáctica en el ejercicio de su Supremo Magisterio” (Ibídem. Pág. 61).

La exposición doctrinal que hace Sáenz Arriaga sobre la primacía del Papa en la Iglesia única y verdadera, no deja resquicio de duda sobre su ortodoxia católica, pues no se limita a defender los atributos de Pedro contra toda intromisión enemiga, va más allá: a los fundamentos mismos del Papado y al reconocimiento de su magisterio infalible, el cual “es, en su ejercicio, absolutamente independiente, sea de la autoridad de un Concilio, sea de la aprobación ulterior dada por toda la Iglesia universal” (Ibidem. Pág. 70).

“La infalibilidad pontificia, como la infalibilidad del Magisterio de la Iglesia, considerada de una manera general, proviene de la asistencia divina, para descartar perpetuamente todo error o todo peligro de error en la enseñanza de la verdadera y única doctrina. Asistencia especialmente prometida a Pedro y a sus sucesores, hasta la consumación de los siglos. Esta es la enseñanza formal del Concilio Vaticano I en la definición del dogma de la Infalibilidad Pontificia”, la cual “sólo se da en los actos en los que el Papa habla con la plenitud de su poder apostólico, como Pastor y Doctor supremo de la Iglesia…” (Ibidem. Pág. 72) ya que infalibilidad no significa, en manera alguna, una nueva y divina revelación, como la que recibieron los Apóstoles y Evangelistas, cuyos escritos son recibidos y aceptados como la palabra de Dios…”

“El depósito de las verdades reveladas, que quedó cerrado con la muerte del último de los Apóstoles, no puede ser aumentado, ni adulterado en lo más mínimo por las enseñanzas de la Iglesia. La Iglesia de hoy debe enseñar lo que aquellos primeros evangelizadores enseñaron por prescripción de Cristo. La evolución dogmática no hace nuevas verdades, sino que a lo más nos descubre las verdades que, contenidas en el depósito de la Divina Revelación, no habían sido definidas, como tales, por el Magisterio de la Iglesia” (Ibidem. Pág. 73).

Las lecciones de teología contenidas en Sede vacante hacen, de este libro, un tratado sobre las implicaciones actuales que ofrece esta ciencia.

Explicada la infalibilidad pontificia, el teólogo se pregunta: ¿Puede un Papa caer en herejía?… Para demostrar esta tesis recurre a las enseñanzas de santos, teólogos y doctores de la Iglesia a lo largo de su historia. La resistencia al Espíritu Santo, explicable por el libre albedrío con el que Dios dotó a toda criatura humana, puede degenerar en incredulidad, en herejía, en apostasía. Y es lógico que no será Pastor universal aquel que voluntariamente renuncie a conducir el rebaño por el camino señalado en el Evangelio.

Así pues, resulta que Paulo VI “al seguir con tanto entusiasmo las tesis maritenianas, que no sólo yo —afirma Sáenz Arriaga— sino otros muchos teólogos han considerado casi heréticas, escandalosas, indudablemente se equivocó; se equivocó y por cierto, con increíble y peligrosa visión, al afirmar en su discurso en la ONU que esa organización heterogénea, controlada por manos invisibles, era para la humanidad de hoy y de mañana la sólida y segura esperanza, para forjar un mundo mejor y más humano. Se equivocó también Montini al buscar, en las relaciones diplomáticas con los países dominados por el comunismo ateo, una postura anticristiana, antirreligiosa y políticamente suicida que garantizase la paz del mundo. Y para no alargar demasiado mi raciocinio, Paulo VI cometió el más grave de todos sus errores al imponernos el Novus Ordo Missae que es equívoco y que favorece la herejía” (Ibidem. Pág. 105).

Sede vacante es también una extensa y múltiple denuncia que se inicia con las revelaciones de lo acaecido en el Seminario Moctezuma, instalado cerca de Las Vegas, Nevada, Estados Unidos (Ibidem. Págs. 168 a 173) de donde, huelga decirlo, han salido generaciones de jesuitas impregnados de ideas modernistas, promotores del socialismo y renuentes al celibato sacerdotal.

También se ocupa del Seminario de México y otros centros “educativos” igualmente afectados por la contaminación progresista. Estas referencias, aunque aisladas, hacen pensar en los lamentables resultados que ha producido la labor reformadora y sincretista de prelados y clérigos activistas.

¿Por qué se casan los sacerdotes?, es un capítulo amargo, enriquecido con testimonios veraces que revelan la decadente vocación sacerdotal. Los títulos que encabezan los subsecuentes capítulos de Sede vacante anuncian la importancia de los textos: ¿Puede haber un papa ilegítimo? Paulo VI sigue adelante su programa reformista. El ecumenismo, medio eficaz…

La obra póstuma de don Joaquín Sáenz Arriaga contiene nutridas lecciones teológicas de sucesos recientes y actuales. Este libro, escrito en breve tiempo, abarca diversos temas, presentados, algunos de ellos, en forma un tanto desordenada por la premura del autor en llevar, al pueblo católico, amplias noticias, recias advertencias del acelerado cambio eclesiástico cuyos resultados a nadie se ocultan.


La ofensiva contra el Novus Ordo Missae alcanzó señalados triunfos. El día 11 de abril de 1974 el abad Noel Barbara terminó de escribir un estudio intitulado: ¿Es válida la santa misa celebrada según el novus ordo missae de Paulo VI?

Sáenz Arriaga, a su regreso de Europa a finales de septiembre de ese año, dio conocer la traducción de este texto singularmente claro y categórico. Con infatigable constancia viajaba una, dos y aún tres veces al año al viejo continente, afianzando relaciones personales, intercambiando noticias y opiniones, visitando personas importantes de la esfera eclesiástica. No podía permanecer tranquilo e indiferente al desarrollo de los acontecimientos; algo había que hacer y él, enfermo y angustiado, no cedía a la fatiga.

Frente a la manifiesta oposición a la nueva misa de corte luterano, y la creciente fidelidad a la Misa eterna, la conspiración vaticana realizó una maniobra de intimidación para impedir el retorno a la ortodoxia católica. El cardenal James Robert Knox y el arzobispo Annibale Bugnini, prefecto y secretario, respectivamente, de la Sagrada Congregación para el Culto Divino, suscribieron una notificación el 28 de octubre de 1974 en la que “con la aprobación del Sumo Pontífice” (Paulo VI), se reconocía competencia a “las Conferencias Episcopales para la elaboración de las versiones populares de los libros litúrgicos y las normas que deben seguirse para alcanzar la confirmación de la Santa Sede”. Habiéndose “puesto en práctica de una manera gradual en todas partes” las mencionadas “versiones populares” eran “casi una obra perfecta”. Una vez establecido el mencionado Misal Romano en lengua vernácula, solamente se permitirá celebrar misa “según el rito del Misal Romano, promulgado con la autoridad de Paulo VI el día 3 de abril de 1969… compete al Ordinario del lugar conceder la facultad de usar el Misal Romano según la edición típica del año 1962 (es decir, la misa tradicional de origen apostólico canonizada en el Concilio de Trento), acomodada por los decretos de los años 1965 y 1967, ya sea en todo, ya en parte, pero solamente en la celebración de la Misa sin pueblo. Los Ordinarios no pueden conceder esta facultad para celebrar la Misa con pueblo”.

La Constitución Apostólica Missale Romanum mencionada por Knox y por Bugnini en su “Notificación”, establecía: “La Cena del Señor, o Misa, es la asamblea sagrada o congregación del pueblo de Dios, reunido bajo la presidencia del sacerdote para celebrar el memorial del Señor. De ahí que sea eminentemente válida, cuando se habla de la asamblea local de la Santa Iglesia, aquella promesa de Cristo: “Donde están reunidos dos o tres en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18, 20)”.

“Esta definición es totalmente equívoca y, por lo mismo, totalmente anticatólica. Fueron tantas las protestas que en todo el mundo hicimos, que la Ordenación general en éste, como en otros puntos, tuvo que ser enmendada. Y eso que esa Institutio generalis, como dice el Decreto de la Sagrada Congregación había sido “a Summo Pontífice pariter aprobóla”, aprobada igualmente por el Sumo Pontífice. “Contrariis quibuslibet minime obstantibus”, sin que hubiera nada que a estas disposiciones puedan oponerse. Si la infalibilidad del Sumo Pontífice fuese personal y fuese constante, ¿cómo podríamos explicar esa aprobación dada a la Ordenación General, que tuvo que ser muy pronto reformada para ocultar los errores o equívocos doctrinales de la primera edición de esa Institutio generalis Missalis Romani? Por otra parte, debemos tener en cuenta que, aun hechas esas reformas a la Institutio generalis, los equívocos o errores que en la Institutio generalis se denunciaron y corrigieron, no cambiaron en lo mínimo la misma nueva misa, cuyos lamentables equívocos y nuevos ritos han protestantizado el augusto Sacrificio del Altar, repetición incruenta del mismo Sacrificio del Calvario. ¿Podemos mantener ante estas realidades, la infalibilidad personal y permanente de Paulo VI?” (Ibidem. Pág. 108.)


El 3 de enero de 1974 regresó a México. Atendió su casa de estudiantes. Sostuvo frecuente correspondencia epistolar con sus amigos de todo el mundo, y ni aun cuando su cada día más deficiente salud lo obligaba a recluirse en su habitación, dejó de estudiar y atender los asuntos relacionados con su ministerio. Junto a su cama de enfermo se juntaban frascos de medicamentos, papeles, libros… Preparó originales y corrigió pruebas de imprenta de la revista Trento, mensajero doctrinal que pretendía contrarrestar, aunque sea en mínima parte, la campaña desorientadora de publicaciones ubicadas en un tradicionalismo condicionado al ataque exclusivo contra Méndez Arceo y sus congéneres, hasta las revistas de franca postura marxistoide y teilhardiana, como lo es Christus, de los nuevos jesuitas.


El acertado título de Trento se le ocurrió al presbítero Moisés Carmona, cuando lo visitó Sáenz Arriaga en el puerto de Acapulco, a mediados de 1972, y le dio a conocer su intención de lanzar un impreso, de no más de ocho páginas, en papel “diario” aunque rico en contenido doctrinal.

El primer número de Trento en el que figura como director el padre Carmona, salió el 19 de octubre de 1972. A partir del número 2, es Abelardo Rodríguez Díaz quien aparece dirigiendo esta revista que siempre estuvo al cuidado de don Joaquín, cuya experiencia periodística y sus conocimientos teológicos hacían de él un experto publicista y un claro exponente del pensamiento católico.

En Trento se publicaron artículos escritos por autores competentes, nacionales y extranjeros, sobre temas actuales y lecciones de doctrina tan valiosas como el Catecismo de San Pío V.

La polémica no estuvo ausente de sus páginas; no para insultar, no para saciar rencorosos desquites, sino para demostrar errores y afirmar verdades.

A la muerte del padre Sáenz, esta combativa publicación quedó en manos de Gloria Riestra, esforzada escritora que ha sabido resistir presiones ‘eclesiásticas’, y vacíos en los medios periodísticos que no han logrado doblegar su voluntad ni minar la solidez de su fe.


“El ‘padre Jean Galot’Novedades, diario de la ciudad de México, 22 de marzo de 1974—judío converso y jesuita francés que trabaja en el Vaticano, dijo que en lo futuro es posible que 
las mujeres desempeñen un papel activo en los Concilios y que ese papel, visto a la luz de su capacidad de decisión, será examinado mejor. Dios mismo ha promovido la emancipación de la mujer” —manifestó—. A la explicación del ‘padre’ Galot de que “María es una mujer que trabajó activamente por transformar la sociedad, una mujer moderna, hubo indignadas reacciones de varios periodistas. “Este documento ha sido dictado por un espíritu demagógico e inclinado a la propaganda” gritó un individuo. “¡Es un documento alentado por el mismo espíritu que envió un vándalo a destrozar La Piedad, de Miguel Ángel”, dijo otro (7).

Al recibirse la crónica de lo sucedido en Roma, nadie de la jerarquía eclesiástica intentó clarificar la situación, ni mucho menos defender la devoción mariana. Sólo el excomulgado, lleno de santa indignación, salió por los fueros de la verdad. Esperó tener en sus manos la versión española de L’Osservatore Romano para conocer el texto oficial, que aunque difería por algunas supresiones al texto dado a conocer en la conferencia de prensa, no dejaba de tener por ello puntos inaceptables. Redactó un minucioso estudio sobre la exhortación de Paulo VI y convocó a una conferencia de prensa en un salón del hotel Reforma, de la ciudad de México, la tarde del 5 de abril de 1974.

“Comparando el documento con los informes que la prensa nos había dado —escribió posteriormente en el prólogo a su estudio— encontramos una gran probabilidad para afirmar que el texto leído en Roma a las agencias informativas internacionales había sido después mutilado por L’Osservatore Romano en su versión española…” (8)

Don Joaquín transcribió íntegro este nuevo texto de la exhortación apostólica y, a continuación, analizó el documento: “Reconocemos la habilidad, ya muy advertida en todos los documentos, alocuciones, relaciones y gestos de Juan B. Montini para encubrir sus reformas con el velo piadoso de una restauración de la Iglesia, envejecida por su ya dos veces milenaria historia”.

. . .“No negamos que el documento de Paulo VI en varios puntos es un ferviente y doctrinal reclamo sobre la devoción y el culto a la Virgen Santísima, la Madre de Dios”.


. . .“A pesar del ambiguo lenguaje y estilo dialéctico del Pontífice, reconocemos que el documento tiene trozos hermosos y hasta conmovedores. Pero, en medio de esa sana doctrina, en la que enmarca Paulo VI su pensamiento adaptado a la mentalidad moderna y su tendencia reconocida al movimiento ecuménico, nos encontramos con puntos inadmisibles en el lenguaje tradicional del Magisterio” (9).

Una vez más nos encontramos con la dificultad práctica de reproducir el texto aleccionador. Coger de aquí y de allá una frase, mutila las muchas enseñanzas que contiene todo el libro.

“He aquí el relativismo religioso —señala Sáenz Arriaga tras de reproducir las enseñanzas de Paulo VI—, que, en su búsqueda de nuevas formas de culto, puede llegar, como de hecho ha llegado, a las aberraciones de las misas panamericanas, de las misas a go-go, o al Cristo Superstar de 
Jewison (10).


No andaba desatinado el Padre; tiempo después se exhibiría, por expresa recomendación pontificia, el sacrílego bodrio musical en el mismo Vaticano, que fue visto e inexplicablemente aceptado y aplaudido por ‘cardenales’, obispos, presbíteros y ‘religiosos’.


En el capítulo VII de la Exhortación Apostólica, Paulo VI se aparta de este sentimiento devoto cuando afirma “que es difícil encuadrar la imagen de la Virgen, tal como es presentada por cierta literatura devocional, en las condiciones de vida de la sociedad contemporánea, y, en particular, de las condiciones de la mujer, bien sea en el ambiente doméstico… donde las leyes de la evolución de las costumbres tienden justamente a la igualdad y la corresponsabilidad con el hombre en la dirección de la vida familiar: bien sea en el campo político… bien sea en el campo social… lo mismo que en el campo cultural…”. El padre Sáenz llega a esta contundente conclusión: “Para Pablo VI, la mujer moderna es una mujer emancipada del ambiente doméstico, una mujer política, una activista en el campo social, una mujer que deja, cada día más, las estrecheces de su casa para salirse a conquistar el mundo de las ciencias, del dinero y del poder” (11).

El sentido común y la experiencia mundana hiciéronle ver al talentoso teólogo las consecuencias futuras de tales postulados. La tradicional piedad mariana, obsoleta, cambiante como quería Paulo VI, ha llegado a ser, en nuestros días, un grotesco remedo de mujer liberada, dígalo si no, entre otros ejemplos, el “logotipo” del Congreso Mariano Internacional, celebrado en Zaragoza, España, en octubre de 1979. Aparece una joven vistiendo pantalones y blusa ceñida de manga corta, tocando la guitarra. Lleva el pelo suelto; una aureola de estrellas rodea su cabeza. A sus pies el perfil de la Basílica del Pilar de Zaragoza, y arriba un letrero que dice: María, mujer, joven, canta.

Juan Pablo II, consecuente con las enseñanzas de su amado predecesor envió su bendición a este congreso.

La paulatina pero firme transformación religiosa es un hecho. Y el padre Sáenz Arriaga fue uno de los más clarividentes pioneros que la denunciaron.


Ambos volvieron a encontrarse, y su mutua comunicación se hizo constante y provechosa.

Gloria Riestra

Quienes antes ensalzaban a la escritora Gloria Riestra, después aparentaron ignorarla cuando no llegaron a las amenazas o al insulto. El antiguo obispo de Tamaulipas, ahora ‘cardenal’, ‘arzobispo’ de México, de quien Gloria recibió sabias lecciones y sanos consejos, volvióle la espalda y torció su camino para alcanzar altos honores y prevendas de la nueva Iglesia. El Obispo sucesor de la diócesis la amenazó con la aplicación de las más severas penas canónicas… que no se atrevió a dictar, quizás porque a tiempo comprendió la inconsecuencia de su propia conducta.

En este aislamiento obligado, Gloria recordó el trigésimo aniversario de “su profesión de escritora, en la exposición y defensa de la Fe Católica” con una solemne aunque privada “Acción de Gracias por medio del Santo Sacrificio de la Misa, celebrada según el rito tridentino por el R. P. don Joaquín Sáenz Arriaga, el día 10 de diciembre de 1974”.

Don Joaquín, como testimonio de su aprecio a la singular escritora, le hizo entrega del cáliz que usó durante muchos años. Al morir legó a un convento de religiosas contemplativas, que había fundado en la ciudad de Celaya, Gto., sus ornamentos y objetos para el culto, algunos de los cuales fueron luego cedidos por las congregantes para ser usados en la capilla privada de la antigua residencia del legatario.

Cuando más se acentuaba su quebranto físico, el irreductible sacerdote más se entregaba a su labor apostólica. Nuevamente sus viajes a Europa. Dos veces estuvo allá en 1974 y otras tantas en 1975… Conocía varios prelados dispuestos a restablecer la legitimidad pontificia; pero hasta el día de su muerte nadie se atrevió a seguir abiertamente el camino doloroso de la total renuncia a sus bienes, a su posición jerárquica, a los respetos humanos.

Aún escribió un libro más, que permanece inédito: Paulo VI, el político. La importancia relativa de esta obra no habría de contribuir sustancialmente en el éxito de su lucha. Legaba sus otros libros, su prédica, su ejemplo, su integridad sacerdotal.

La muerte acechaba al Padre. Su salud decayó en los últimos años de su vida, que fueron los más activos y fecundos. Un cáncer en la próstata, de la que fue operado tres veces, una de ellas en Roma durante uno de sus viajes, sin que él llegara a conocer el terrible diagnóstico, destruyó su resistencia física, pero no su ardor sacerdotal. Sin conocer la naturaleza de su mal, intuía que la muerte estaba próxima, y redobló su esfuerzo; no cedió ante el debilitamiento físico. Y como los buenos soldados de Cristo, no dio ni pidió cuartel.

Muy cerca del final, su médico dispuso que fuese internado en el sanatorio Santa Fe, en la colonia Roma de la ciudad de México. En su alcoba de enfermo recibía a sus amigos, a sus colaboradores, a sus compañeros que, dispersos en los medios de acción pero unidos en el mismo propósito, daban, a la medida de sus recursos y posibilidades humanas, la batalla por la Iglesia de Cristo, confiados en el auxilio de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe.

Aquel hospital era atendido por religiosas que, incapaces de examinar, de comprender el origen de la transformación eclesiástica, tenían idea equivocada de los límites de la obediencia, y seguían lineamientos y prácticas religiosas establecidas por Paulo VI. Algunas de ellas, conocedoras de la gravedad física del enfermo, se acercaron a él para pedirle que aceptara los sacramentos de la nueva religión y se reconciliase con el cardenal Miranda. El padre Sáenz montó en santa indignación y, auxiliado por alguno de sus fieles amigos, abandonó el sanatorio para afirmar, una vez más, su adhesión a la Iglesia única, santa, católica y apostólica.

El doctor Alejandro Ruiz y Ruiz, amigo del enfermo, asistió a una misa celebrada por el presbítero Pedro Toledo en la capilla privada de la casa que habitaba el padre Sáenz en la calle de Culiacán número 103, ciudad de México; y, días más tarde, a petición de don Joaquín, el doctor Ruiz le llevó al presbítero Maximiliano Reynares, titular de la antigua iglesita de San Salvador el Seco ubicada en la calle cerrada del mismo nombre. El padre Reynares administró el sacramento de la penitencia y la Sagrada Eucaristía al enfermo, por quien sentía profundo afecto y lo admiraba por su desigual lucha religiosa.

Otra vez volvió el padre Maximiliano a visitar al anciano teólogo, en esta ocasión lo llevó Xavier Wiechers Conday. Don Joaquín recibió devotamente el Cuerpo de Nuestro Amo. Su sincera piedad, su vocación sacerdotal encontraba, en los auxilios espirituales de la Santa Madre Iglesia, un sedante eficaz para sus dolencias físicas y sus angustias apostólicas.

Quienes más cerca de él estaban conocían su gravedad extrema, y no faltó algún allegado suyo que sugiriese llamar a monseñor Vicente Torres, que atendía la capilla de San Juan Bautista, en Tacubaya, D. F.

Ermilo López era un joven de condición humilde al servicio del padre. Hacía mandados, recibía recados y cuidaba la casa. El sábado 10 de abril le pidió el enfermo que lo comunicase por teléfono con Xavier Wiechers. Xavier profesaba gran cariño al padre Sáenz y estaba siempre dispuesto a complacerlo. Don Joaquín pidió a su buen amigo ir en busca de monseñor Torres. Le dio su dirección y número telefónico. Xavier concertó una cita inmediata con este sacerdote a quien suponía que, habiéndolo solicitado don Joaquín, participaba plenamente de sus creencias religiosas.

Sin perder tiempo se trasladó en su auto a Tacubaya y recogió al padre Torres; éste, durante el trayecto, se mantuvo silencioso. Al llegar a la casa de la colonia Roma todo estaba dispuesto para dar la Sagrada Comunión al padre Sáenz. Xavier cogió una vela y la sostuvo encendida en sus manos. Se arrodilló junto a la cama del paciente. La escena era conmovedora. Cuantos la contemplaban presentían el cercano desenlace.

Antes de dar Sagrada Forma, el R. P. Torres, con voz clara, le preguntó al padre Sáenz “si pedía perdón por haber ofendido al papa Paulo VI”.

Con voz fuerte y precisa, acompañada de ademanes con su mano derecha, como era habitual en él, es decir, juntando el pulgar con el índice y los otros tres dedos en alto alzados, contestó con energía: “Si yo ofendí a Paulo VI por mis defectos, pido perdón. Pero si lo ofendí por haber yo defendido la Iglesia Católica, no tengo nada de qué arrepentirme, ni pido perdón por haber defendido la verdad”.


“En seguida monseñor Torres le preguntó si pedía perdón por haber ofendido a sus hermanos jesuitas. En forma análoga, el R. P. Joaquín Sáenz contestó: “Si yo los ofendí por mis debilidades, pido sincero perdón. Pero si se ofendieron por mi defensa de la Santa Iglesia Católica, no tengo por qué pedir perdón”.

Acto continuo, monseñor Torres le dio la Santa Comunión, y luego acercándose le rogó que pidiera por él. Yo escuché estas palabras: “Memento mei”. El padre Sáenz contestó: “Ad ínvicem”.

Monseñor Torres se retiró después de haberse despedido del padre Sáenz (12).


Domingo 25 de abril. El padre Sáenz ofició su última misa auxiliado con un par de muletas. En medio de profunda emoción, sus asiduos feligreses recibieron de su mano el Pan de los Ángeles. Ese día lo visitaron sus amigos, el notario Francisco Villalón Igartúa, Carlos Carrillo, Xavier Wiechers. El enfermo teólogo comprendía que era llegado el momento de dar cima a su obra apostólica. Realizar un postrero esfuerzo para hacer llegar su testimonio de fidelidad a la Iglesia.

Frente a sus amigos dictó su Testamento Espiritual, síntesis y resumen de su vida sacerdotal. Con pulso firme estampó su firma al calce de este documento:

“Las presentes palabras constituyen mi testamento espiritual, dirigido a todas aquellas personas que de un modo u otro han estado en contacto espiritual conmigo durante toda mi vida y, en particular, en el curso de mis actividades por la causa de Cristo y de la Iglesia.

Ante todo declaro que siempre he sido católico de corazón. Que he amado al Primado de Cristo en la tierra y si alguna vez alcé mi voz para protestar contra las desviaciones que en la Fe advertí, mi protesta fue contra el hombre que, apartándose de la tradición milenaria de la Iglesia, puso en gravísima contingencia la misma Institución Divina.

Nunca he negado ni en mi corazón ni en mis palabras la Doctrina Inmutable del Magisterio Eclesiástico. Mi vida y todo lo más precioso que ella pudiese tener para mí la he sacrificado por Cristo, por la Iglesia y por el Papado. Pido perdón a todos los que en cualquier modo haya ofendido y de corazón perdono a todos los que a mí me hayan podido ofender. Que el último suspiro de mi alma sea el de nuestros mártires mexicanos: ¡Viva Cristo Rey, Viva la Virgen de Guadalupe! 

JOAQUÍN SÁENZ ARRIAGA”.



No poseía bienes materiales. La casa que habitaba tuvo que enajenarla para sufragar el costo de sus viajes y su modesta subsistencia. Ningún objeto de valor material; nada que lo anclara a los intereses mudables y perecederos. Su legado se redujo a sus “libros, folletos, papeles, correspondencia y demás documentos”. En breve disposición testamentaria —menos de media cuartilla escrita a máquina, firmada por él y los mismos testigos—, pidió que “su correspondencia privada, cambiada entre mis familiares y yo… deberán ser incinerados”. Disposición que fue fielmente cumplida por el ingeniero Anacleto González Flores, depositario de sus pobres pertenencias. Lamentablemente se perdió una fuente de información personal muy valiosa para el mejor conocimiento familiar de don Joaquín.

Lunes 26 de abril. Las últimas luces del crepúsculo se diluyen entre la bruma de la gran ciudad. Los minutos transcurren a lo largo de la espera silenciosa. Un reducido grupo de amigos acompañan al enfermo.

El anciano sacerdote estaba a punto de abandonar su vivienda para dirigirse al sanatorio. Su entereza y lucidez no le permitían mostrar vacilación alguna. Sonó el teléfono. Gloria Riestra le llamaba desde Tampico. Don Joaquín tomó la bocina; con voz entera saludó a su antigua discípula. La animó a continuar sin desfallecer en la áspera lucha emprendida, a rechazar toda flaqueza de ánimo, todo desaliento frente a los adversarios. Le reiteró su compromiso de fidelidad a la causa sacrosanta de la verdadera Iglesia. Con la gracia de Dios su sacrificio no habría de resultar estéril.

Que se cumpla la voluntad de Dios —respondió el padre Sáenz a las palabras de gratitud con las que correspondió a sus alentadoras recomendaciones su admirable colaboradora quien, emocionada, le pidió su bendición. El sacerdote con firme acento, pronunció la frase consagrada—: Benedicat vos omnipotens Deus Pater, et Filius, et Spiritus Sanctus. Amén.

Don Joaquín marchó al sanatorio Santa Elena, ubicado en la calle de Querétaro número 56. Quedó recluido en la habitación 423.

Martes 27. Desde temprana hora estuvieron pendientes de él, Anacleto González Flores, quien se retiró al llegar su esposa para suplirlo, y otros amigos del enfermo. Este había llamado, la víspera, al presbítero Moisés Ortega Rey. Don Carlos Carrillo, caballeroso exiliado cubano, devoto amigo del padre Sáenz, fue en su busca. Ambos llegaron al sanatorio a las diez de la mañana. El padre Ortega entró solo al cuarto de don Joaquín y le administró los sacramentos de la Penitencia y la Sagrada Eucaristía.

“El Padre recibió los Sacramentos con una unción desbordante de alegría, llorando de emoción…” Ambos ministros del Señor se despidieron “hasta la eternidad” (13).

“La muerte es el término de un día… —había reflexionado en el desarrollo de un sermón pronunciado el 29 de noviembre del año anterior— el día pasajero, efímero de esta vida presente. ¡Pero la muerte es la aurora de otro día para el creyente, el día de la eternidad!”


Había llegado la hora y el enfermo quedó al cuidado del personal médico. A las 12 horas ingresó en la sala de operaciones. Largo tiempo trabajaron los cirujanos en un campo invadido de cáncer y debilitado por las anteriores intervenciones. Poco quedaba por hacer para prolongarle la vida.

Miércoles 28
. Su misión en la tierra estaba terminada. A las 10 horas 40 minutos sufrió una hemorragia que no pudo ser contenida. Su corazón, extremadamente débil, cesó de latir. Pleno de confianza en la misericordia divina, su alma se desprendió de la frágil envoltura corpórea para ir al encuentro del Señor.

El ingeniero González Flores fue informado del deceso y, de inmediato, se presentó en el sanatorio para hacerse cargo de la situación. Del cuarto número 423 habían desaparecido los objetos personales del difunto sacerdote.

Trasladaron el cadáver a una funeraria para velarlo. En la capilla mortuoria no le faltaron misas de responso, oficiadas por sacerdotes inasequibles al Novus Ordo Missae.

La prensa dejó pasar, sin relevancia, la noticia del fallecimiento del presbítero y doctor Joaquín Sáenz Arriaga. Apareció publicado su Testamento Espiritual y, en días posteriores, esquelas y testimonios de afecto, algunos de ellos provenientes de lejanos países:

“La vida del difunto sacerdote será un ejemplo para las futuras generaciones —escribieron al unísono las juventudes católicas de Roma, de Buenos Aires, de París; Genitum Concordia Pro Ecclesia Catholica, de Roma; la Asociación San Pío V, de Pittsburgh, Pa., Estados Unidos; Vigilia Romana, de Roma, Italia; los católicos pro Misa San Pío V, de Hawthone, Australia— en esta etapa tal vez preapocalíptica, por su entrega total a la causa más noble a que el ser humano puede dedicarse: La defensa de la fe católica en momentos críticos, cuando se apagan las luces de quienes deberían ser guías y faros para el pueblo de Dios”.

De varios puntos de la República Mexicana llegaron, a las redacciones de los periódicos, encendidos elogios para el apóstol desaparecido: de Tampico, de Mérida, de Guadalajara, de Zacatecas, de Acapulco…

El jueves 29 de abril, pasado el mediodía, los restos mortales del padre Sáenz recibieron cristiana sepultura en el Panteón Español, en la misma fosa en que reposan los restos de doña Magdalena Arriaga de Sáenz, de quien Joaquín era hijo predilecto. Estuvo presente el sacerdote Moisés Carmona y, entre los jóvenes, Rafael Vázquez se adelantó a pronunciar una sentida y vibrante despedida, que resultó promesa y afirmación de permanecer en los puestos de avanzada en la defensa del catolicismo… Terminado el novenario, ‘monseñor’ Tricarico preguntó por los documentos y papeles del Padre, a lo que contestó una sobrina suya: “Pídalos a los inquisidores mexicanos, amigos de mi tío…”

El presbítero y doctor Joaquín Sáenz Arriaga, como el Cid Campeador, ganaba una batalla más, después de muerto.

Laus Deo Semper


Antonio Rius Facius

¡Excomulgado! Trayectoria y pensamiento del

pbro. Dr. Joaquín Sáenz Arriaga. 1980


(1) Sáenz Arriaga, Dr. Joaquín. Con Cristo o contra Cristo, Hermosillo, Sonora, México, 1966. Pág. 5.

(2) Vinson, Georges. La Misa Impía (La nouvelle messe et la conscience catholique). Versión al español por Lidia Cruz de Rodríguez. Revisión y notas del Pbro. Dr. Joaquín Sáenz Amaga. Editores Asociados, S. de R. L., México, D. F., 1972. Pág. 40.

(3) Sáenz Arriaga, Dr. Joaquín. Apóstata. Crítica al libro de José Porfirio Miranda y de la Parra, S. J., México, D. F., 1971. Pág. 12-13.

(4) Sáenz Arriaga, Dr. Joaquín. La nueva Iglesia montiniana. Pág. 341.

(5) Sáenz Arriaga, Dr. Joaquín. ¿Por qué me excomulgaron? Pág. 16

(6) El término tradicionalista me veo forzado a usarlo como una concesión al lenguaje común, ahora en uso. Reconozco, sin embargo, que no es correcto hablar de católicos tradicionalistas ni de católicos progresistas o postconciliares, pues lo primero es repetición de un mismo pensamiento expresado en distinta manera, y lo segundo es una contradicción. La esencia del ser católico es la fidelidad a la Tradición Apostólica, al Magisterio invariable; la evolución doctrinaria, la mutabilidad de principios canonizados, es herejía.

(7) Novedades, diario de la ciudad de México, 22 de marzo de 1974, pág. 2

(8) Sáenz Arriaga, Dr. Joaquín. La restauración montiniana de la devoción a la Virgen Santísima. Imprenta Ideal, México, D. F., 1974. Pág. 5.

(9) Ibídem. Pág. 50.

(10) Ibídem. Pág. 54.

(11) Ibidem. Pág. 79.

(12) Wiechers Condey, Xavier. Relación manuscrita al autor. Ciudad de México, 4 de diciembre de 1979.

(13) Carta original del presbítero Moisés Ortega Rey, dirigida al autor.

Foto después de la ordenación sacerdotal del P. Joaquín Sáenz y Arriaga. De izquierda a derecha: 1. Mons. Joaquín Saénz Arciga, Deán de la Catedral de Morelia, tio del P. Joaquín Sáenz Mons. 2. Francisco Orozco y Jiménez, arzobispo de Guadalajara. 3. Padre Joaquín Saénz y Arriaga. 4. Mons. Leopoldo Lara Torres, obispo de Tacámbaro.




sábado, 16 de julio de 2022

NI VER, NI JUZGAR NI ACTUAR

¿Casarse para qué? Si total da igual casarse que no, divorciarse, arrejuntarse. Si puedo comulgar lo mismo y al cielo de todas formas. Para qué ir a misa o confesarse o bautizar al niño si el cielo lo tenemos ganado igual. 

Por el padre Jorge González Guadalix


Los datos son tercos, y hoy ha querido recogerlos en su blog el amigo Paco Pepe. En resumidas cuentas, hoy, en España, no se bautizan ni la mitad de los niños que nacen -y me parecen datos muy optimistas- y las bodas por la Iglesia han pasado en veinte años del 76 % del total a apenas un 10 %.

El viejo método del ver, juzgar y actuar.

Para empezar hemos decidido que mejor no verlo, amparándonos en disculpas que no se sostienen. Lo de la pandemia no es más que la respuesta del que no la tiene, porque aquí no hablamos de valores absolutos sino relativos, y con pandemia o sin ella las bodas en la iglesia apenas llegan al 10 %. No hacen falta estadísticas. Cualquier sacerdote en su parroquia ve cómo disminuyen los fieles y cómo menguan colectas y donativos. Mal negocio no querer verlo. Es lo que hay. Nos vamos por el sumidero.

Lo fácil es negar la evidencia: no es para tanto, la prensa exagera, la conjuración judeo-masónica contra la Iglesia.

Juzguemos los datos con seriedad. Seamos honestos. Algo estamos haciendo rematadamente mal cuando la gente se nos larga. Algo está pasando. Si miramos las aportaciones al sínodo de la sinodalidad podría parecer que todo esto pasa porque no tenemos sacerdocio femenino y por el celibato de los curas, y porque somos muy brutotes con los gays. Otras aportaciones, que las ha habido, en este blog sin ir más lejos, simplemente han sido obviadas. Posiblemente eran algo muy minoritario. Se acepta.

Mi impresión, la mía, es que hemos conseguido hartar y cabrear al personal. Rafaela me lo dice: mira cura, si en cada parroquia se predica y se hace lo que le da la gana al párroco de turno, luego no pidáis que los fieles os tomemos en serio. ¿Casarse para qué? Si total da igual casarse que no, divorciarse, arrejuntarse. Se puedo comulgar lo mismo y al cielo de todas formas. Para qué ir a misa o confesarse o bautizar al niño si el cielo lo tenemos ganado igual. Basta con no ser fascista.

Tiene razón mi amiga Rafaela. En cada parroquia se hace y se predica una cosa, que bien puede ser la contraria en esta y aquella. Si esto es así y no hay autoridad, la gente se harta y deja de tomarnos en serio, y con razón. Quedan los convencidos muy de verdad. El resto, hace tiempo que ha ido abandonando el barco.

Lo de actuar es lo que tenemos más claro. Habida cuenta de los grandes éxitos pastorales de los últimos cincuenta años de vida eclesial, sigamos por la misma línea. Es decir, secularización de formas, usos y costumbres, relativismo en doctrina, liturgia y moral, falta de autoridad y “to er mundo é güeno”. Fantástico.

¿Y si hubiera alguien, algún cura, algún obispo, que decidiera hacer las cosas de otra manera? Simplemente que no lo va a tener fácil…

Nos quedaría una última cosa. Y es que siempre me preguntan y usted qué hace. Poco, la verdad, pero me atrevo a ofrecer mis sugerencias desde mi vida ahora de párroco rural.

1. Uso camisa de clergyman de manera habitual. Incluso sotana en ocasiones. Me parece que en este mundo secularizado los signos de sacralidad son no digo necesarios, sino imprescindibles.

2. Liturgia fiel a la Iglesiacuidada y sin originalidades. En mis pueblos, en uno o en otro, dependiendo de días, se reza el rosario, celebramos misa y se expone en Santísimo de forma habitual. Iglesias abiertas y campanas que suenan.

3. Predicación concreta y fiel al catecismo.

4. Cuidado de esos momentos en los que la gente acude al templo, como son entierros o fiestas patronales.

5. Presencia en el pueblo. El señor cura vive ahí, no es un paracaidista que se deja caer el domingo para celebrar las misas y luego se marcha corriendo a la ciudad.

6. Conocer a la gente, saber lo que necesitan y manejar cauces (ayuntamiento, Cáritas y otros) para resolver problemas.

¿Y con esto tiene más bautizos, más bodas que en otros lugares? Más o menos. Uno hace lo que puede, pero la gente ve la televisión, escucha la radio, lee cosas y precisamente lo que le llega de más arriba, Roma o las diócesis, es lo que es. Y qué les voy a contar… Pues eso: que usted, señor cura de mi pueblo, dirá lo que quiera, pero por lo visto, en la tele dicen que ahora es de otra manera, y además el cura de Tal dice que no es como usted lo explica, y yo he visto al obispo que hace o dice…

Un lío. Y con tanto lío lo dicho, que la gente no nos toma en serio.


De profesión, cura

UNA ORACIÓN SIMPLE PERO PODEROSA PARA UN MOMENTO COMPLEJO

El Señor está cerca de los que invocan su nombre y actúa poderosamente para su bien.

Por el padre Charles Fox


Muchos católicos se encuentran desconcertados ante el maremoto de malas noticias que parecen encontrar semanalmente. Por lo tanto, se necesitan maremotos de oración y la intensa búsqueda de la santidad para enfrentar el desafío del desánimo ante el caos del mundo. La misa dominical, aunque supremamente importante como “fuente y cumbre de la vida cristiana”, no está destinada a permanecer sola en la vida espiritual de los discípulos de Cristo.

¿Cómo deben los católicos enfrentar un mundo que parece cada vez más oscuro y complejo? Con la luz celestial de la oración sencilla y constante. Jesús enseñó a sus discípulos a “orar siempre sin cansarse” (Lc 18,1). San Pablo instó a los tesalonicenses a “orar sin cesar” y relacionó esto estrechamente con su necesidad de “alegrarse siempre” (1 Tes 5, 16-17).

Una forma simple, pero crítica, de orar siempre es invocar el nombre del Señor. El Salmo 113 anima a la devoción al nombre del Señor, en palabras que han sido incorporadas a la Bendición Pontificia de la Iglesia, usada por los obispos:
Bendito sea el nombre del SEÑOR ahora y siempre. Desde la salida del sol hasta su ocaso, sea alabado el nombre del SEÑOR.
En términos prácticos, una persona puede simplemente susurrar: "Señor". Esta oración podría ofrecerse diciendo el Santo Nombre, “Jesús”. Uno podría llamar a cualquiera o a todas las Personas de la Trinidad: "Padre", "Hijo" y "Espíritu Santo". Una hermosa expresión de fe sería hacer eco de las palabras de Santo Tomás en Juan 20:28, “¡Señor mío y Dios mío!” O uno podría usar la Oración de Jesús más elaborada pero poderosa: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador”.

Las oraciones simples como estas a veces se conocen como oraciones de aspiración. Es el aliento de una simple palabra de poder, de alabanza y de petición. La belleza de tal oración radica en su simplicidad y versatilidad. Es posible invocar al Señor incluso en los momentos más ocupados y desafiantes del día.

Quienes participan en los ritos litúrgicos y oraciones devocionales de la Iglesia ya oran de esta manera. Desde la Señal de la Cruz al comienzo de la Misa y tantos otros ritos y devociones, hasta la introducción a la Liturgia de las Horas (“Oh Dios, ven en mi ayuda”), hasta las Divinas Alabanzas recitadas con frecuencia durante la adoración eucarística (“Bendito sea Dios, bendito sea su santo nombre”), el culto de la Iglesia está salpicado de invocaciones al santo nombre del Señor.

De manera similar, los cristianos deberían orar cada día con tales invocaciones. Estas oraciones son como “chispas de fuego de un carbón encendido”, según el clásico del siglo XIV, “La nube del desconocimiento”. San Agustín cuenta que los antiguos monjes consideraban tales oraciones como jabalinas lanzadas al cielo. El Señor se acerca a los que le invocan, y ellos son atraídos hacia Él.

¿Qué tan efectivo es invocar el nombre del Señor? Hay un amplio testimonio bíblico de la grandeza y el poder del nombre del Señor, del cual solo se puede ofrecer aquí una porción:

● En Éxodo 34:5-6, Dios se revela a Moisés en el monte Sinaí: “El Señor descendió en la nube y estuvo allí con él, mientras este invocaba el nombre del Señora. 
Entonces pasó el Señor por delante de él y proclamó: ‘El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad’ (fidelidad)”

● Salmo 8: “¡Cuán grande es tu nombre, oh Señor Dios nuestro, en toda la tierra!”

● Salmo 111: “Santo su nombre, para ser temido”.

● Salmo 116: “La copa de la salvación levantaré; Invocaré el nombre del Señor”.

● Salmo 135: “Alaben el nombre del Señor, alábenlo, siervos del Señor”.

● Salmo 138: “Me postro ante tu santo templo; Alabo tu nombre por tu misericordia y fidelidad. Porque has exaltado sobre todo tu nombre y tu promesa”.

● Jeremías 10:6: “Nadie es como tú, SEÑOR, eres grande, grande y poderoso es tu nombre”.

● Malaquías 1:11: “Desde el nacimiento del sol hasta su ocaso, mi nombre es grande entre las naciones; En todas partes se hacen ofrendas de incienso a mi nombre, y una ofrenda pura; Porque grande es mi nombre entre las naciones, dice el Señor de los ejércitos.

● Malaquías 1:14: “Porque un gran rey soy, dice el SEÑOR de los ejércitos, y mi nombre es temido entre las naciones”.

● Reverencia por el nombre del Señor bajo el Pacto de Dios con Israel: Solo el sumo sacerdote podía pronunciar el nombre propio del Señor, y solo una vez al año, cuando entraba al Lugar Santísimo en el Día de la Expiación (Yom Kippur).

● Del Magnificat de María (Lucas 1:49): “El Todopoderoso ha hecho grandes cosas por mí, y su nombre es santo”.

● Filipenses 2:9-10: “Por esto Dios lo exaltó sobremanera y le otorgó un nombre sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra”.

● Apocalipsis 4:8: “Santo, santo, santo es el Señor Dios todopoderoso”.

Muchos textos revelan no solo el poder del nombre del Señor en un sentido general, sino también específicamente cómo ese poder beneficia a quienes lo invocan:

● Salmo 124 (también parte de la Bendición Pontificia): “Nuestra ayuda está en el nombre del SEÑOR, que hizo el cielo y la tierra”.

● Malaquías 3: Aquellos que “temen al Señor y confían en su nombre” son aquellos de quienes el Señor dice: “Y serán míos… mi propia posesión especial… y tendré compasión de ellos como un hombre tiene compasión de su hijo quien le sirve”.

● 1 Reyes 18:24 (Elías contra los profetas de Baal): “Invocaréis los nombres de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre del Señor. El que responde con fuego es Dios”.

● Un recordatorio de que la oración debe ir unida a hacer la voluntad de Dios se encuentra en Mateo 7:21: “No todo el que me dice: 'Señor, Señor', entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt 7,21).

● Juan 14:14: “Si algo me piden en mi nombre, lo haré”.

Al invocar el nombre del Señor, el cristiano expresa su confianza en el Señor y cultiva su sentido de la cercanía de Dios en todo momento. San Ambrosio escribe: “El Señor está siempre cerca de todos los que invocan su ayuda con sinceridad, fe verdadera, esperanza segura y amor perfecto. Él sabe lo que necesitas, incluso antes de que se lo pidas”. En estas palabras, hay un eco de Deuteronomio 4:7: “¿Qué nación hay que tenga dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, que está con nosotros cada vez que lo invocamos?”

El Señor está cerca de los que invocan su nombre y actúa poderosamente para su bien. San Agustín predicó en uno de sus sermones sobre el poder del Señor que obra en la vida de quienes lo invocan. “¿Tienes miedo de fallar en la prueba? Pero ¿por qué deberías tenerlo? Invocaré el nombre del Señor. ¿De qué otra manera vencieron los mártires, sino que en ellos venció aquel que dijo: Alegraos, porque yo he vencido al mundo?


Invocar el nombre del Señor puede hacer que un cristiano supere cualquier cosa que el mundo, la carne o el diablo puedan ofrecer. Esta oración simple pero poderosa puede contrarrestar eficazmente los ataques de la tentación, el dolor y la frustración. Para los fieles discípulos, esta oración de invocación puede incluso engendrar la fuerza de los mártires.

San Juan De Brebeuf solía rezar lo siguiente al final de un voto que renovaba cada día en el momento de la Sagrada Comunión, haciéndose eco del Salmo 116 e invocando el nombre de Jesús con fe y ardor notables:
Y así, mi amado Jesús, con profundo sentimiento de paz interior, te ofrezco desde ahora mi sangre, mi cuerpo y mi vida; para que muera solo por Ti, si me concedes esta gracia, ya que te dignaste morir por mí. 
Concédeme vivir de tal manera que me concedas la gracia de terminar así felizmente mi vida. ¡Y así, Dios mío y Salvador mío, tomaré de Tus manos el Cáliz de Tus Sufrimientos e invocaré Tu Santo Nombre, Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!

Catholic World Report



UN MONSTRUO EN EL SANTUARIO DE OROPA

Ni siquiera el Santuario de Oropa (municipio de Biella, Italia) ha conseguido salvarse de esa nada que se hace pasar por todo y que llaman “arte contemporáneo”


Y ahora, desde hace unos días, en la primera plaza, unos metros más allá de las puertas, se alza una figura imponente, que evoca rituales inquietantes o la publicidad de una película de terror. La muestra de esa y otras obras, la han llamado 'Los pliegues del alma', pero del alma muestra sobre todo las heridas. Y las peores. Precisamente en la época de las grandes peregrinaciones que llevan a multitudes de fieles al Santuario, para recibir a los peregrinos estará un monstruo, una imagen amenazante del mal, donde desde hace siglos la Virgen Negra es la dispensadora de la misericordia y la esperanza.

En los últimos días, respondiendo a un amigo incrédulo, me encontré diciendo que ésta es otra agresión insidiosa y rastrera de un ateísmo que tiende a vaciar el mundo de sus valores para que los hombres se conviertan en robots sin alma y, por lo tanto, sin religión. La ambigüedad que representan estas cosas es evidente; pero también lo es la necedad de los que se dejan engañar por estas ambigüedades.

Y de hecho, el artista que propone sus obras, aunque sea a través de la mediación de quienes habitualmente mueven la cola entre sacristías y salones del poder, no tiene la culpa. La culpa es de quienes consienten en exhibir en un lugar de culto representaciones que contrastan estridentemente con el mensaje que la devoción de los fieles ha buscado desde tiempo inmemorial en la sacralidad del Santuario de Oropa.

Y así, creo que estoy interpretando el pensamiento de muchas personas de Biella y de fuera de Biella que miran a Oropa como un hito de su fe, pidiendo la eliminación de ese monstruo. Me dirijo especialmente al obispo, al rector, a los sacerdotes, a los administradores del Santuario, a los que deberían ser los custodios de un lugar de fe que sólo el año pasado celebró el 500 aniversario de la Coronación de Nuestra Señora. Entiendo que el arte, cuando tiene poco que mostrar, trata de dar que hablar.

Desgraciadamente, estamos hablando de ello, y sé muy bien lo mucho que esto beneficia a los que esperaban que este clamor cosechara algo de publicidad a costa de la sacralidad del lugar. Que se elimine el monstruo y que este asunto se ahogue en el silencio de una oración.



Messa in Latino


viernes, 15 de julio de 2022

“EL JUICIO PARTICULAR” POR SAN ALFONSO DI LIGUORI

"Redde rationem villicationis tuae"
"Da cuenta de tu mayordomía" - Lucas, xvi. 2



Amados cristianos, de todos los bienes de la naturaleza, de la fortuna y de la gracia, que hemos recibido de Dios, no somos dueños ni podemos disponer de ellos a nuestro antojo; no somos más que los administradores de los mismos, y por eso debemos emplearlos según la voluntad de Dios, que es nuestro Señor. Por eso, a la hora de la muerte, debemos dar estricta cuenta de ellos a Jesucristo, nuestro Juez. Porque es necesario que todos seamos manifestados ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que ha hecho, sea bueno o sea malo (2 Cor. v. 10). Este es el sentido preciso de aquel "da cuenta de tu administración", en el Evangelio de este día. "No eres", dice San Buenaventura, en su comentario a estas palabras, "un amo, sino un administrador de las cosas que te han sido encomendadas; y por eso debes dar cuenta de ellas". Pondré hoy ante vuestros ojos el rigor de este juicio, que se hará a cada uno de nosotros en el último día de nuestra vida. Consideremos el terror del alma, primero, cuando será presentada al juez; segundo, cuando, será examinada; y tercero, cuando será condenada.


El terror del alma cuando se presenta al juez

Está establecido que los hombres mueran una vez, y después de esto, el juicio (Heb. ix. 27.). Es de fe que moriremos, y que después de la muerte se emitirá un juicio sobre todas las acciones de nuestra vida. Ahora bien, ¿cuál será el terror de cada uno de nosotros cuando estemos a punto de morir y tengamos ante nuestros ojos el juicio que debe tener lugar en el mismo momento en que el alma se separa del cuerpo? Entonces se decidirá nuestro destino a la vida eterna o a la muerte eterna. En el momento del paso de sus almas de esta vida a la eternidad, la visión de sus pecados pasados, el rigor del juicio de Dios y la incertidumbre de su salvación eterna, han hecho temblar a los santos. Santa María Magdalena de Pazzi temblaba en su enfermedad, por el miedo al juicio; y a su confesor, cuando éste se esforzaba por infundirle valor, le decía: "¡Ah! Padre, es una cosa terrible comparecer ante Cristo en el juicio". Después de pasar tantos años de penitencia en el desierto, Santa Águeda tembló a la hora de la muerte, y dijo: "¿Qué será de mí cuando sea juzgada?" El venerable padre Luis de la Fuente se estremeció de tal manera al pensar en la cuenta que debía rendir a Dios, que hizo temblar la habitación en la que yacía. El pensamiento del juicio inspiró al venerable Juvenal Ancina, Sacerdote del Oratorio, y después Obispo de Saluzzo, la determinación de dejar el mundo. Oyendo cantar el Dies Irae, y considerando el terror del alma cuando se presenta ante Jesucristo, el Juez, tomó, y después ejecutó, la resolución de entregarse enteramente a Dios.

Es opinión común de los teólogos, que en el mismo momento y en el mismo lugar en que el alma parte del cuerpo, se erige el tribunal divino, se lee la acusación y se dicta la sentencia por Jesucristo, el Juez. En este terrible tribunal cada uno de nosotros será presentado para dar cuenta de todos nuestros pensamientos, de todas nuestras palabras y de todas nuestras acciones. Porque es necesario que todos seamos manifestados ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponde, según haya hecho el bien o el mal (2 Cor. v. 10). Cuando se presentan ante un juez terrenal, se ha visto que los criminales caen en un sudor frío por el miedo. Se cuenta de Piso, que la confusión que sintió ante la idea de comparecer como criminal ante el senado fue tan grande e insufrible que se suicidó. ¡Cuán grande es el dolor de un vasallo, o de un hijo, al comparecer ante un príncipe enojado o un padre enfurecido, para dar cuenta de algún crimen que ha cometido! ¡Cuánto más grande será el dolor y la confusión del alma al comparecer ante Jesucristo enfurecido por haberle despreciado durante su vida! Hablando del juicio, San Lucas dice "Entonces verán al Hijo del Hombre" (Lucas, xxi 27). Verán a Jesucristo como hombre, con las mismas heridas con las que subió al cielo. "¡Gran alegría de los que lo ven!", dice Roberto el Abad, "¡un gran terror de los que están a la expectativa!". Estas heridas consolarán a los justos y aterrorizarán a los impíos. En ellas los pecadores verán el amor del Redentor por ellos mismos, y su ingratitud hacia Él.

¿"Quién", dice el profeta Nahum, "podrá estar ante el rostro de su indignación?" (Nah. i. 6) Cuán grande, pues, será el terror de un alma que se encuentre en pecado ante este juez, la primera vez que lo vea, y lo vea lleno de ira. San Basilio dice que "será torturada más por su vergüenza y confusión que por el mismo fuego del infierno".

Felipe II reprendió a uno de sus domésticos por haberle dicho una mentira. "¿Es así", le dijo el rey, "que me engañas?". El doméstico, después de haber regresado a su casa, murió de pena. La Escritura nos dice que, cuando José reprendió a sus hermanos, diciéndoles: "Yo soy José, a quien vendisteis", no pudieron responder por miedo, y se quedaron callados. Sus hermanos no pudieron responderle, pues estaban aterrorizados (Gn. xlv. 3). Ahora bien, ¿qué respuesta darán los pecadores a Jesucristo cuando les diga: "Yo soy vuestro Redentor y vuestro juez, a quien tanto habéis despreciado". "¿Adónde huirán los miserables", dice San Agustín, "cuando vean arriba a un Juez enfurecido, abajo el infierno abierto, por un lado sus propios pecados acusándolos, y por otro los demonios arrastrándolos al castigo, y su conciencia quemándolos por dentro?" ¿Adónde irá el pecador, acosado de esta manera? ¿Acaso clamará por misericordia? Pero, "¿cómo", se pregunta Eusebio Emissenus, "puede atreverse a implorar misericordia, cuando primero debe dar cuenta de su desprecio por la misericordia que Jesucristo le ha mostrado?". Pero vayamos a la rendición de cuentas.


El terror del alma cuando será examinada

Tan pronto como el alma sea presentada ante el tribunal de Jesucristo, éste le dirá: "Rinde cuentas de tu administración, rinde cuentas al instante de toda tu vida". El Apóstol nos dice que, para ser dignos de la gloria eterna, nuestras vidas deben ser encontradas conformes a la vida de Jesucristo. Porque a los que conoció de antemano, también los predestinó para que fueran conformes a la imagen de su Hijo... a ellos también los glorificó (Rom. viii. 20). De ahí que San Pedro haya dicho que, en el juicio de Jesucristo, el justo que haya observado la ley divina, haya perdonado a los enemigos, haya respetado a los santos, haya practicado la castidad, la mansedumbre y otras virtudes, apenas se salvará. El justo apenas se salvará (1 Pe. iv. 18). El Apóstol añade: "¿Dónde aparecerá el impío y el pecador? ¿Qué será de los vengativos y de los incívicos, de los blasfemos y de los calumniadores? ¿Qué será de aquellos cuya vida entera se opone a la vida de Jesucristo?"

En primer lugar, el Juez pedirá cuentas a los pecadores de todas las bendiciones y gracias que les concedió para llevarlos a la salvación, y que ellos han hecho infructuosas. Les pedirá cuenta de los años que les concedió para que sirvieran a Dios, y que han gastado en ofenderlo. Los pecadores cometen pecados, y después los olvidan; pero Jesucristo no los olvida: "guarda", como dice Job, "todas nuestras iniquidades contadas, como en una bolsa. Has contado mis iniquidades como en un saco" (Job, xiv. 17). Y nos dice que, en el día de las cuentas, tomará una lámpara para escudriñar todas las acciones de nuestra vida. "Y acontecerá en aquel tiempo, que registraré a Jerusalén con lámparas...". La lámpara penetra en todos los rincones de la casa, es decir, Dios descubrirá todos los defectos de nuestra conciencia, grandes y pequeños. Según San Anselmo, se pedirá cuenta de cada mirada de los ojos. Y, según San Mateo, de cada palabra ociosa. Por toda palabra ociosa que los hombres digan, darán cuenta de ella en el día del juicio (Mateo xii. 36).

El profeta Malaquías dice que, "como el oro se refina quitándole la escoria, así el día del juicio se examinarán todas nuestras acciones y se castigará todo defecto que se descubra. Él purificará a los hijos de Leví, y los refinará como el oro" (Malaq. iii. 3.). Incluso nuestras justicias, es decir, nuestras buenas obras, confesiones, comuniones y oraciones serán examinadas. Cuando tenga tiempo, juzgaré las justicias. Pero si toda mirada, toda palabra ociosa, e incluso las buenas obras, serán juzgadas, ¿con qué rigor se juzgarán las expresiones inmodestas, las blasfemias, las detracciones graves, los robos y los sacrilegios? Ay, "en ese día cada alma", como dice San Jerónimo, "verá, para su propia confusión, todos los males que ha hecho".

¿El peso y la balanza son juicios del Señor? En la balanza del Señor, una vida santa y las buenas obras hacen descender la balanza; pero la nobleza, la riqueza y la ciencia no tienen peso. Por lo tanto, si se encuentra inocente, el campesino, el pobre y el ignorante serán recompensados. Pero el hombre de rango, de riqueza o de conocimiento, si es encontrado culpable, será condenado. "Has sido pesado en la balanza", dijo Daniel a Belthassar, "y has sido hallado en falta" (Dan. v. 27). "Ni su oro ni sus riquezas", dice el padre Álvarez, "sino sólo el rey fue pesado".

"En el tribunal divino el pobre pecador se verá acusado por el demonio, quien", según San Agustín, "recitará las palabras de nuestra profesión, y nos acusará ante nuestra cara de todo lo que hemos hecho, dirá el día y la hora en que pecamos". "Recitará las palabras de nuestra profesión", es decir, enumerará las promesas que hemos hecho a Dios y que después hemos violado. "Nos acusará delante de nuestra cara; nos reprochará todas nuestras malas acciones, señalando el día y la hora en que fueron cometidas". Y, según San Cipriano, concluirá su acusación diciendo: "Yo no he sufrido ni azotes ni flagelos por este hombre. Señor, yo no he sufrido nada por este pecador ingrato, y para hacerse mi esclavo te ha dado la espalda a Ti, que tanto has soportado por su salvación, él, por tanto, me pertenece justamente". "Incluso su ángel guardián", según Orígenes, "se presentará para acusarlo", y dirá: "He trabajado tantos años por su salvación; pero él ha despreciado todas mis advertencias". Así, incluso los amigos tratarán con desprecio al alma culpable. Todos sus amigos le han despreciado. "Sus mismos pecados", dice San Bernardo, "le acusarán". Y dirán: "Tú nos has hecho; somos tu obra; no te abandonaremos. Somos tu descendencia: no te dejaremos: seremos tus compañeros en el infierno por toda la eternidad".

Examinemos ahora las excusas que el pecador podrá esgrimir. Dirá que las malas inclinaciones de la naturaleza le han arrastrado al pecado. Pero se le dirá que, si la concupiscencia le impulsaba a los pecados, no le obligaba a cometerlos; y que, si hubiera recurrido a Dios, habría recibido de Él la gracia para resistir toda tentación. Para ello, Jesucristo nos ha dejado los sacramentos; pero cuando no hacemos uso de ellos, sólo podemos quejarnos de nosotros mismos. Pero, dice el Redentor, ahora no tienen excusa para su pecado. Para excusarse, el pecador dirá también que el diablo lo tentó a pecar. Pero, como dice San Agustín, "El enemigo está atado como un perro con cadenas, y sólo puede morder a quien se ha unido a él con una seguridad mortal". El diablo puede ladrar, pero no nos puede morder si no nos adherimos a él y no lo escuchamos. De ahí que el santo añada: "Mira qué tonto es el hombre al que un perro, cargado de cadenas, muerde". Tal vez aduzca como excusa sus malos hábitos; pero esto no se sostendrá; pues el mismo San Agustín dice que aunque es difícil resistir la fuerza de un mal hábito, "si alguno no se abandona a sí mismo, lo vencerá con la asistencia divina". Si un hombre no se abandona al pecado, e invoca la ayuda de Dios, vencerá los malos hábitos. El Apóstol nos dice que el Señor no permite que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas. Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados por encima de vuestras posibilidades (I Cor. x. 13).

Porque "¿qué haré", dijo Job, "cuando Dios se levante a juzgarme? y cuando examine, ¿qué le responderé?" (Job. xxxi. 14) ¿Qué respuesta dará el pecador a Jesucristo? ¿Cómo podrá responder quien se ve tan claramente condenado? Se cubrirá de confusión, y permanecerá en silencio como el hombre que se encuentra sin el vestido nupcial. Pero él guardó silencio (Mat. xxii. 12). Sus mismos pecados cerrarán la boca del pecador. Y toda la iniquidad cerrará su boca (Sal. cvi. 42). Allí, dice Santo Tomás de Villanueva, "no habrá ningún intercesor al que el pecador pueda recurrir. Allí, no hay oportunidad de pecar; allí ningún amigo, ningún padre asistirá". ¿Quién te salvará entonces? ¿Es Dios? Pero, "¿cómo", pregunta San Basilio, "puedes esperar la salvación de Aquel a quien has despreciado? El alma culpable que abandona este mundo en el pecado se condena por sí misma antes de que el Juez dicte sentencia. Vayamos a la sentencia del Juez.


El terror del alma cuando sea condenada

Qué grande será la alegría del justo cuando, al morir, oiga de Jesucristo estas dulces palabras: "Bien hecho, siervo bueno y fiel; porque has sido fiel en lo poco, yo te pondré en lo mucho. Entra en el gozo del Señor" (Mat. xxv. 21). Igualmente grande será la angustia y la desesperación de un alma culpable que se verá expulsada por el Juez con las siguientes palabras "Apártate de mí, maldito, al fuego eterno" (Ibid. 41). ¡Oh, qué terrible trueno será para ella esa sentencia! "¡Con qué espanto", dice el cartujo, "resonará ese trueno!" Eusebio escribe que el terror de los pecadores al oír su condena será tan grande que, si pudieran, volverían a morir. "Los malvados serán presa de tal terror al ver al juez pronunciando la sentencia que, si no fueran inmortales, morirían por segunda vez".

Pero, hermanos, hagamos, antes de terminar este sermón, algunas reflexiones que nos serán provechosas. Dice Santo Tomás de Villanueva que algunos escuchan los discursos sobre el juicio y la condenación de los impíos con tan poca preocupación como si ellos mismos estuvieran seguros contra estas cosas, o como si el día del juicio no llegara nunca para ellos. El santo pregunta entonces: "¿No es una gran locura tener seguridad en un asunto tan peligroso?". "Hay algunos", dice San Agustín, "que, aunque vivan en pecado, no pueden imaginar que Dios los enviará al infierno. ¿Nos condenará Dios realmente?". "Hermanos", añade el santo, "no hablen así, porque muchos de los condenados no creían que fueran a ser enviados al infierno; pero el fin llegó, y, según la amenaza de Ezequiel, han sido arrojados a ese lugar de tinieblas. El fin ha llegado, el fin ha llegado... y enviaré mi ira sobre ti, y te juzgaré".

Pecadores, tal vez la venganza está cerca de vosotros, y todavía reís y dormís en el pecado. ¿Quién no temblará ante las palabras del Bautista? Porque ahora el hacha está puesta sobre la raíz de los árboles. Por lo tanto, "todo árbol que no dé buen fruto será cortado y echado al fuego" (Mat. iii. 10). 

Queridos hermanos, sigamos el consejo del Espíritu Santo: "Antes del juicio, prepárate la justicia". Ajustemos nuestras cuentas antes del día de las cuentas. Busquemos a Dios ahora que podemos encontrarlo; porque llegará el momento en que lo desearemos pero no podremos encontrarlo. "Me buscaréis y no me encontraréis" (Juan. vii. 31). "Antes del juicio", dice San Agustín, "se puede aplacar al Juez, pero no en el juicio". Mediante un cambio de vida podemos apaciguar la ira de Jesucristo, y recuperar su gracia; pero cuando Él juzgue, y nos encuentre en pecado, deberá ejecutar la justicia, y estaremos perdidos.


MUERE EUGENIO SCALFARI, EL ENTREVISTADOR FAVORITO DEL APÓSTATA FRANCISCO

El periodista italiano Eugenio Scalfari ha muerto a los 98 años en Roma. Esto está siendo informado por Associated Press y por Vatican News.


En caso de que el nombre no le suene, Scalfari fue el fundador y editor (1976-1996) del periódico italiano de tendencia izquierdista La Repubblica, el único periódico que Francisco dice que lee. Bautizado como católico, Scalfari posteriormente perdió la fe y se convirtió en apóstata. Más concretamente, se convirtió en ateo y liberal radical con una particular antipatía hacia el catolicismo.

Parece, trágicamente, que Scalfari murió en su apostasía.

El nombre de Scalfari se hizo conocido por una audiencia mundial en los últimos años después de que Francisco lo invitara a su residencia para numerosas conversaciones (algunas también por teléfono), entrevistas en las que el periodista no tomaba notas sino que construía de memoria todas las palabras del “Papa”.

Recordemos algunas de las cosas atroces que Scalfari informó que Francisco dijo: 

Papa Francisco: "La corte del vaticano es la lepra del papado" (2013)
Francisco a Scalfari: “Todos los divorciados que lo pidan serán admitidos [a la comunión]” (2015)

A principios de 2016, hubo una controversia sobre la afirmación de que Francisco le había dicho explícitamente a Scalfari que no volviera a convertirse al catolicismo. La prensa conservadora del Novus Ordo planteó la idea de que se trataba de una 
“broma papal”, sin duda, increíblemente divertida.

Dada la trayectoria conocida de Francisco, sería totalmente consistente con su teología y su actitud hacia lo sobrenatural en general que tratara de disuadir a Scalfari de volverse católico una vez más. Recordemos que Francisco tiene la costumbre de desalentar las conversiones e incluso de decirles explícitamente a las personas que no deben convertirse y asegurarles que no busca su conversión al catolicismo (¡la “conversión ecológica”, por otro lado, es algo con lo que insiste!).

En 2013, el Vaticano había publicado la primera entrevista de Scalfari en su propio sitio web (copia en ingles archivada aquí), en la que se cita a Francisco declarando: “El proselitismo es una completa tontería; no tiene ningún sentido”, antes de ser eliminado este reportaje del sitio en medio de la polémica sobre el contenido. Posteriormente se restauró un breve tiempo antes de ser eliminado definitivamente.

El hábito de Scalfari de reconstruir citas de memoria, incluso sin notas, encaja perfectamente con el modo de proceder preferido de Bergoglio. Le permitió decir todo tipo de herejías, errores y otros comentarios escandalosos mientras estaba protegido bajo la cubierta de la negación plausible, ya que un periodista nonagenario que no toma notas puede ser fácilmente descartado como poco confiable, en caso de que surja la necesidad.

Lo que delata la verdad, sin embargo, es el hecho de que Francisco nunca movió un dedo para negar o corregir nada de lo informado por Scalfari, algo que habría tenido una estricta obligación moral (bajo pena de pecado mortal) de hacer, ya que el escándalo y el daño hecho a las almas fue inmenso. Por el contrario: el hecho de que haya invitado a Scalfari a más entrevistas una y otra vez, confirma que estaba muy complacido de ser entrevistado por el periodista apóstata.

Cada vez que surgía un escándalo tras la publicación de una entrevista de Francisco realizada por Scalfari, la oficina de prensa del Vaticano solía reaccionar con evasivas; por ejemplo, señalando que la conversación con el periodista era un asunto privado del que no tenían conocimiento, o restando credibilidad a Scalfari. Lo que nunca explicaron es por qué Francisco continuamente concedía entrevistas a un periodista que habitualmente torcía y distorsionaba las palabras “papales”, para inmenso escándalo del pueblo.

Después de más de nueve años de “pontificado” bergogliano, sabemos que Francisco no solo hace daño con hechos, gestos y omisiones calculadas, sino también con la comunicación verbal.

En cualquier caso, la gran noticia de hoy es que Eugenio Scalfari ha muerto. Oremos para que se le conceda un milagro de gracia poco antes de ser llamado al Juicio, y que coopere generosamente con esa gracia para morir en estado de gracia santificante, lleno de Fe, esperanza y caridad.

Si salvó su alma después de todo, ciertamente no fue por Francisco, sino a pesar de él.


Novus Ordo Watch


ARGENTINA DE RODILLAS ANTE EL NUEVO ORDEN MUNDIAL

Nuestro país presentó ante la ONU su Tercer informe sobre la implementación de la Agenda 2030. El 65% de los niños argentinos está por debajo de la línea de pobreza, pero en políticas de género y diversidad” somos campeones mundiales

Por Mónica del Río


Como anticipamos, Argentina debía presentar este mes su Tercer “Informe Nacional Voluntario” para el seguimiento de “los avances” en el cumplimiento de los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 (Vid Notivida Nº 1274, 26/01/2022). Lo hizo el pasado martes en Nueva York, ante el Foro Político de Alto Nivel sobre Desarrollo Sostenible, de la ONU.

El Informe, de 357 páginas, comienza con un prólogo del presidente Alberto Fernández en el que ratifica la adhesión de Argentina a la Agenda 2030 y resalta normas que el Gobierno Nacional impulsó para satisfacer “demandas históricas”, entre ellas, la ley de aborto y la de cupo laboral trans, también nombra al Decreto que permitió el DNI no binario.

Tras el prólogo de Fernández siguen los del Canciller Santiago Cafiero, el del Jefe de Gabinete Juan Manzur y el de Claudia Mojica, Coordinadora Residente de las Naciones Unidas en la Argentina.

Mojica pondera la “apropiación nacional” de la Agenda 2030. “La Argentina es un país de referencia mundial en la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La Agenda 2030 y los ODS constituyen hoy para la Argentina una política de estado”. “En nombre del Sistema de las Naciones Unidas en la Argentina, felicitamos al Gobierno y a la sociedad argentina por este Informe Voluntario”.

El propio Informe enfatiza que Argentina salió primera en el ranking mundial de países que implementaron “políticas de género” en el contexto de la pandemia, según publicaron ONU Mujeres y el PNUD.

Recordemos que el Proyecto de Ley de Presupuesto 2022 -enviado por el PEN en septiembre y rechazado por Diputados- contemplaba partidas por algo más de $2 billones para la implementación de “políticas con perspectiva de género”, una cifra que representaba el 15,4% del monto total y que equivalía a 3,4% del Producto Bruto Interno (PBI) (Télam, 3/10/2021).


A continuación, transcribimos unos pocos puntos del extenso documento:

El tercer ODS es “Salud y bienestar” y su séptima meta es “Garantizar el acceso universal a los servicios de salud sexual y reproductiva”.

En las intervenciones orientadas a cumplir esta meta se lee:

“Tanto en 2021 como en 2022 se regulariza la distribución de misoprostol focalizando en equipos de atención primaria de la salud que garantizan el acceso a la “interrupción” voluntaria del embarazo (IVE) / “interrupción” legal del embarazo (ILE)”.

Se adquieren y distribuyen métodos anticonceptivos (MAC) en 5600 centros de salud de todo el país”.

“Se han fortalecido las capacidades instaladas para la recepción de la demanda de IVE/ILE a través del fortalecimiento de los equipos de atención telefónica de la línea 0800 de “salud” sexual”.

“Se han sistematizado y fortalecido dispositivos de capacitación y actualización profesional para la promoción y el acceso de “derechos sexuales y reproductivos” con énfasis en: anticoncepción en la adolescencia; aplicación de estándares de calidad en el acceso y atención de la IVE/ILE; detección temprana del abuso sexual contra niñas y adolescentes y prevención del embarazo forzado”.

El presupuesto ejecutado en 2020 para esta meta fue de $ 1.513 y el de 2021 de $ 2.555 (ambos expresado en millones de pesos).

El cuarto ODS es Educación y la quinta meta “Eliminar las disparidades de género”

Entre las intervenciones se menciona:

“En 2021, se cumplieron 15 años de la sanción de la Ley de Educación Sexual Integral, a partir de lo que se siguió profundizando en el trabajo con las 24 jurisdicciones mediante acciones de formación para sus equipos técnicos, directivos, docentes y de supervisión, continuando con la producción, actualización y distribución de materiales educativos (en diferentes soportes: gráficos, virtuales y audiovisuales)”.

“La Resolución 419/22 reafirma que la Educación Sexual Integral (ESI), en tanto política de Estado, constituye un aporte necesario y fundamental para la construcción de una sociedad diversa, justa e igualitaria ratificando, a su vez, el compromiso de las máximas autoridades educativas de la República Argentina, para fortalecer, extender y profundizar la implementación de la Educación Sexual Integral en cumplimiento de lo previsto en la Ley N° 26.150 y de toda la normativa vigente que la complementa”.

“A la vez, se dio continuidad al funcionamiento del Observatorio Federal de la ESI (OFESI) en todas sus comisiones”.

El quinto ODS es “Equidad de género” y sus metas han sido adaptadas en nuestro país para que no refieran sólo a “las mujeres” sino a “las mujeres y lgbti+”.

En la meta 5.1 que es “poner fin a todas las formas de discriminación” se subraya como “avance” la creación del “Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad” que integró -junto al Ministerio de Salud de la Nación y la Secretaría Legal y Técnica de Presidencia de la Nación- la comisión redactora de la ley de aborto.

Se destaca, además, a la Ley Nº 27.636 de cupo laboral trans que “consolidó” la “política de Estado” iniciada a partir del Decreto 721/20 del PE. También se menciona a la Ley Nº 27.635, “de Equidad en la Representación de los Géneros en los Servicios de Comunicación”, sancionada en 2021.

En la meta 5.2, “erradicar la violencia” se describe el “Plan Nacional de Acción contra las Violencias por Motivos “de Género” (2020-2022)” y dentro de él a:

· El “Programa Acompañar” para fortalecer la independencia económica de mujeres y lgbti+ en situación de violencia

· La Línea 144 de atención a personas en situación de violencia por motivos “de género”

· El “Programa Interministerial de Abordaje Integral de las Violencias Extremas por Motivos de Género”

· El “Programa para el Apoyo Urgente y la Asistencia Integral Inmediata ante casos de Violencias Extremas por Motivos de Género” para brindar apoyo a los allegados de víctimas de femicidio, travesticidio y transfemicidio.

· El “Programa de Fortalecimiento para Dispositivos Territoriales de Protección Integral de Personas en Contexto de Violencia por Motivos de Género”

· El “Programa Producir” dirigido a fortalecer proyectos de organizaciones comunitarias en las que participen mujeres y lgbti+ que hayan atravesado situaciones de “violencia de género”

· La “Red de Asistencia Integral de las violencias por “Motivos de Género”

· El “Programa Acercar Derechos” (PAD), que tiene como propósito brindar respuestas integrales a las necesidades de las mujeres y lgbti+ que se encuentran en situación de violencia por “motivos de género”

· El “Sistema Integrado de Casos de Violencia por Motivos de Género” (SICVG) que es la primera herramienta nacional de sistematización de información sobre casos de violencias por “motivos de género”.

El presupuesto ejecutado en 2020 para las metas 1 y 2 fue de $ 50.498 millones y en 2021 de $ 250.787 millones.

Para las metas 5a, 5b y 5c no se han podido identificar las intervenciones porque aún no está completo el desarrollo de los indicadores, pero ellas son:

5.a) Emprender reformas que otorguen a las mujeres y lgbti+ igualdad de derechos a los recursos, así como el acceso a la propiedad y a la tierra

5.b) Promover el empoderamiento de las mujeres y lgbti+ particularmente con la tecnología de la información

5.c) Aprobar y fortalecer políticas y leyes para promover la igualdad “de género” y el empoderamiento de las mujeres y lgbti+

El presupuesto ejecutado en 2020 para estas tres metas fue de $ 63.065 millones y en 2021 de $ 249.082 millones.



NOTIVIDA

Editora: Lic. Mónica del Río


jueves, 14 de julio de 2022

BERGOGLIO: “ES ESENCIAL UNA AUTÉNTICA CONVERSIÓN ECOLÓGICA”

Bergoglio ha dicho: la “conversión ecológica” exige reconocer “una comunión universal con las criaturas del mundo”

Por Carlos Esteban


El papa ha enviado un mensaje a los participantes en la Conferencia “Resiliencia de las personas y los ecosistemas bajo el estrés climático” (Resilience of People and Ecosystems under Climate Stress), organizada en el Vaticano por la Pontificia Academia de las Ciencias, hablando de uno de sus temas favoritos aunque no haya sido elegido para ello.

En el documento, el pontífice subraya que “el fenómeno del cambio climático se ha convertido en una emergencia que ya no se queda al margen de la sociedad. Y que ha asumido un papel central al afectar a la familia humana, especialmente a los pobres y a los que viven en las periferias económicas del mundo”.

Francisco recuerda que hoy nos enfrentamos a dos retos: el de “disminuir los riesgos climáticos reduciendo las emisiones” y el de ayudar a las personas a “adaptarse al cambio climático”. Estos retos, señala el pontífice, requieren “un enfoque multidimensional para proteger tanto a las personas como a nuestro planeta”. Y tras recordar algunas enseñanzas bíblicas, Francisco subraya que el cuidado de nuestra casa común, incluso al margen de las consideraciones sobre los efectos del cambio climático, “no es simplemente un esfuerzo utilitario, sino una obligación moral para todos los hombres y mujeres en cuanto hijos de Dios.

Francisco señala en particular una forma de cuidar la casa común: la de la “conversión ecológica”, que requiere un cambio de mentalidad y el compromiso de trabajar por la resiliencia de las personas y los ecosistemas. Esta conversión implica, en primer lugar, un sentimiento de “gratitud” por el don amoroso y generoso de la creación de Dios. Nos exige entonces reconocer que “estamos unidos en una comunión universal” entre nosotros y con el resto de las criaturas del mundo. E implica abordar los problemas medioambientales, no como individuos aislados, sino de forma solidaria como comunidad”.

Encontrar soluciones concretas a los crecientes problemas actuales requiere “esfuerzos valerosos, cooperativos y con visión de futuro entre los líderes religiosos, políticos, sociales y culturales a nivel local, nacional e internacional”. El papa piensa en particular en el papel que “las naciones más favorecidas económicamente pueden desempeñar en la reducción de sus emisiones” y en proporcionar ayuda financiera y tecnológica para que las zonas menos prósperas del mundo puedan seguir su ejemplo.

En su mensaje, Francisco subraya que también “es crucial el acceso a la energía y al agua potable y el apoyo a los agricultores de todo el mundo para que pasen a una agricultura resiliente. También es crucial el compromiso con “vías de desarrollo sostenible y estilos de vida sobrios” destinados a preservar los recursos naturales del mundo y la atención sanitaria a los más pobres y vulnerables.


El pontífice expresa además dos preocupaciones: “la pérdida de la biodiversidad y las numerosas guerras que tienen lugar en diversas regiones del mundo”, que tienen consecuencias nefastas para la supervivencia y el bienestar de los seres humanos, como los problemas de seguridad alimentaria y la creciente contaminación. Estas crisis, junto con la crisis climática, demuestran que “todo está conectado” y que promover el bien común es “esencial para una auténtica conversión ecológica”.

Por último, el papa recuerda que por estas razones aprobó la adhesión de la Santa Sede a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y al Acuerdo de París. Y retomando un pasaje de su encíclica Laudato si’, Francisco expresa un deseo: “Mientras que la humanidad del período postindustrial será recordada, quizás, como una de las más irresponsables de la historia, es de esperar que la humanidad de principios del siglo XXI sea recordada por haber asumido generosamente sus graves responsabilidades”.


InfoVaticana


EL PAPA NO ES LA IGLESIA Y LA IGLESIA NO ES EL PAPA

La Iglesia es infalible. La Iglesia es santa. La Iglesia es guiada por el Espíritu Santo. Pero, ¿alguna vez ha escuchado a alguien decir que "la Iglesia" hizo o dijo algo, cuando en realidad fue el Papa quien hizo o dijo esa cosa?

Por John Joy, PhD


En 1967, la Congregación para la Doctrina de la Fe introdujo una nueva fórmula que debía utilizarse en lugar de la Profesión de Fe Tridentina y el Juramento contra el Modernismo en todos los casos en que se exigían. Esta fórmula se actualizó en 1988 y se volvió a promulgar en 1998. La versión actual consiste en el Credo de Nicea seguido de tres párrafos finales, como sigue:
Con fe firme, creo también todo lo que se contiene en la Palabra de Dios, ya sea escrito o transmitido por la Tradición, que la Iglesia, ya sea por un juicio solemne o por el Magisterio ordinario y universal, establece para ser creído como divinamente revelado.

También acepto y sostengo firmemente todo lo propuesto definitivamente por la Iglesia en materia de enseñanza sobre la fe y la moral.

Además, me adhiero con religiosa sumisión de voluntad e intelecto a las enseñanzas que el Romano Pontífice o el Colegio Episcopal enuncian cuando ejercen su auténtico Magisterio, aunque no pretendan proclamarlas con un acto definitivo.
Aunque carecen en gran medida de contenido doctrinal en comparación con la Profesión Tridentina y el Juramento Antimodernista, estos tres párrafos proporcionan un esquema muy útil y conciso de los diversos grados de autoridad y modos de ejercicio del magisterio. El primer párrafo trata de los dogmas infalibles de la Iglesia; el segundo, de las doctrinas no dogmáticas, pero infalibles, de la Iglesia; y el tercero, de la enseñanza no infalible del Papa y de los obispos.

Sin embargo, es fácil pasar por alto el cambio de terminología entre los dos primeros párrafos (enseñanza infalible) y el tercero (enseñanza no infalible). En los dos primeros casos, es "la Iglesia" la que enseña. El Papa y los obispos no se mencionan hasta el tercer párrafo. ¿Por qué este cambio? La actividad docente del Papa y de los obispos está claramente implícita en los dos primeros párrafos. Las sentencias solemnes mencionadas en el primer párrafo se refieren a las definiciones ex cathedra de los papas y a las definiciones solemnes de los concilios ecuménicos de los obispos; la enseñanza del magisterio ordinario y universal se refiere a la enseñanza común de los obispos dispersos por el mundo. En estos casos, cuando el Papa y los obispos enseñan infaliblemente, su enseñanza se atribuye a la Iglesia; pero cuando no enseñan infaliblemente, su enseñanza se atribuye a ellos mismos. La Iglesia como tal, queda fuera de la escena.


¿Por qué es importante esto?

Según el Catecismo del Concilio de Trento, "La Iglesia no puede equivocarse en la fe ni en las costumbres, puesto que está guiada por el Espíritu Santo" (Parte I, a. 9). Del mismo modo, el Catecismo de Baltimore dice: "La Iglesia no puede errar cuando enseña una doctrina de fe o de moral" (n. 526). En palabras del bendito apóstol Pablo, la Iglesia es "columna y baluarte de la verdad" (1 Tim 3,15), así como la esposa inmaculada de Cristo, sin mancha ni arruga ni nada parecido... santa y sin mancha (Ef 5,27).

La Iglesia es infalible. La Iglesia es santa. La Iglesia es guiada por el Espíritu Santo. Pero, ¿alguna vez ha escuchado a alguien (o se ha sorprendido a sí mismo) decir que "la Iglesia" hizo o dijo algo, cuando en realidad fue el Papa quien hizo o dijo esa cosa? Uno de los síntomas comunes del hiperpapalismo es la tendencia a identificar al Papa con la Iglesia, o a identificar la enseñanza papal con la enseñanza de la Iglesia como si ambas fueran totalmente sinónimas.

(Como nota al margen, prefiero términos como "hiperpapalismo" para describir la excesiva adulación del papado que se desarrolló en el período posterior al Vaticano I, en lugar de "ultramontanismo").


Falsa identificación

Una vez que se acepta una identificación total del papa y la Iglesia, se empieza a esperar que cada papa sea un pilar puro y santo de la verdad en el mismo sentido absoluto. Este tipo de identificación ocurre incluso en los niveles inferiores de la jerarquía. Cuando tu vecina dice que ha sido herida por "la Iglesia", lo que realmente quiere decir es que ha sido herida por algún miembro del clero. Pero esta falsa identificación es especialmente tentadora y problemática con el papa, porque es la cabeza visible de la Iglesia en la tierra, y por lo tanto puede en algunos casos hablar y actuar en nombre de la Iglesia -en persona Ecclesiae, por así decirlo-, pero la mayoría de sus actos no entran en esa categoría.

Cuando se trata de la enseñanza en materia de fe y moral, el Papa sólo habla en nombre de la Iglesia cuando habla ex cathedra, y cuando lo hace, posee la plena infalibilidad de la Iglesia. Pero en todos los demás casos -ya sea en cartas encíclicas, exhortaciones apostólicas postsinodales, párrafos del catecismo, cartas a los obispos que acompañan a la legislación litúrgica, etc.- sólo habla con su propia autoridad como Papa. En estos casos, no debemos decir que "La Iglesia" enseña algo, sino que el Papa lo enseña. Y así, si se equivocara en su enseñanza, diríamos que el Papa se ha equivocado y no que la Iglesia se ha equivocado.

Por ejemplo, cuando el Papa medieval Juan XXII enseñó en algunos sermones papales que las almas de los santos no ven la visión de Dios hasta después del juicio final, los católicos no concluyeron que esta novedosa doctrina fuera ahora "enseñanza de la Iglesia". Muy por el contrario, muchos teólogos católicos de la época, incluido el cardenal Jacques Fournier (que como Papa Benedicto XII condenaría más tarde esta novedosa enseñanza como herética), sabían que "la Iglesia" creía en realidad lo contrario, por lo que concluyeron simplemente que el Papa estaba equivocado.


One Peter Five


BERGOGLIO NOMBRA A TRES MUJERES EN EL DICASTERIO PARA LOS OBISPOS

El papa Francisco nombró el miércoles a tres mujeres para el Dicasterio de Obispos, la oficina del Vaticano responsable de evaluar a los nuevos miembros de la jerarquía de la Iglesia Católica

Por Hannah Brockhaus


Las dos religiosas y una virgen consagrada son las primeras mujeres en ser nombradas miembros del dicasterio.

Sor Raffaella Petrini, franciscana, ha sido secretaria general de la Gobernación del Vaticano, el puesto de segundo rango en el gobierno del Estado de la Ciudad del Vaticano, desde noviembre de 2021.

Sor Yvonne Reungoat, es superiora general de las Hijas de María Auxiliadora, rama de los Salesianos. En 2019, la hermana francesa fue una de las primeras siete mujeres en ser nombradas miembros del departamento del Vaticano para órdenes religiosas.

Maria Lia Zervino, miembro de la Asociación de Vírgenes Consagradas “Servidoras”, es presidenta de la Unión Mundial de Organizaciones de Mujeres Católicas. También es consultora del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso.

El papa Francisco también nombró a cuatro cardenales actuales, cuatro cardenales electos y dos arzobispos para el dicasterio el 13 de julio.

El abad benedictino Donato Ogliari, recientemente nombrado abad de San Pablo Extramuros después de ocho años al frente de la abadía de Montecassino, también fue nombrado miembro del Dicasterio para los Obispos.

Los miembros del dicasterio asisten en la elección de obispos para las diócesis. Analizan los documentos de posición, llamados ponenze, y brindan una opinión sobre los candidatos.

La decisión final en el nombramiento de obispos recae en el papa, y él es libre de elegir a quien quiera. Por lo general, el representante del papa en un país, el nuncio apostólico, transmite recomendaciones y documentación al Vaticano. El Dicasterio de Obispos luego discute el nombramiento en un proceso posterior y realiza una votación. Al ser presentado con las recomendaciones, el papa toma la decisión final.

La Congregación de Obispos, un departamento de la Curia Romana, cambió recientemente su nombre a Dicasterio para los Obispos, en línea con la nueva constitución que apuntala la reforma del Vaticano por el papa Francisco.


Catholic News Agency