martes, 30 de diciembre de 2025

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (78)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


78. En Keriot. Muerte del anciano Saúl.
14 de enero de 1945.

1 Tengo la impresión de que la parte más escabrosa, o sea, el nudo más angosto de las montañas de Judea, se encuentra entre Hebrón y Yuttá; pero podría equivocarme y ser éste un valle más amplio y abierto que se despliega ante vastos horizontes en los que emergen montes aislados que ya no forman una cadena. Quizás es una cuenca entre dos cadenas, no lo sé. Es la primera vez que la veo y no es que me centre mucho. Diversas cultivaciones de cereales distribuidas en terrenos no vastos, pero sí bien cuidados: cebada, centeno sobre todo, y también bonitos viñedos en las partes más soleadas. Más arriba, lindos bosques de pinos y abetos, y otras plantas selvosas. Un camino... discreto introduce en un pequeño poblado.
“Este es el arrabal de Keriot. Te ruego que vengas a mi casa de campo. Mi madre te espera allí. Después iremos a Keriot” dice Judas, tan agitado, que, en realidad, está fuera de sí.
No he dicho que ahora están solos Jesús, Judas, Simón y Juan. Faltan los pastores; quizás se hayan quedado en los pastos de Hebrón o hayan vuelto hacia Belén.
“Como quieras, Judas; pero también podíamos habernos quedado aquí para conocer a tu madre”.
“¡Oh, no! Es una casuca. Mi madre viene en tiempo de cosecha, pero después vuelve a Keriot. ¿No quieres que mi ciudad te vea? ¿No quieres traer aquí tu luz?”.
“Si que quiero, Judas, pero ya sabes que no me detengo a considerar la humildad del lugar que me hospeda”.
“Pero hoy eres mi invitado... y Judas sabe ser hospitalario”.
Andan todavía unos metros entre casas pequeñas esparcidas por el campo. Mujeres y hombres, avisados por los niños, se asoman. Está muy claro que se ha despertado la curiosidad. Debe ser que Judas ha lanzado un grito de reclamo.
“He aquí mi pobre casa. Perdona su pobreza”.
La casa no es ninguna chabola: es un cubo de un solo piso pero amplio y bien cuidado, dentro de un terreno tupido y floreciente de árboles frutales. Un camino propio, muy limpio, va desde la calzada a la casa.
“¿Me permites que me adelante, Maestro?”.
“Ve, si quieres”.
Judas se adelanta.
“Maestro, Judas ha hecho las cosas a lo grande” dice Simón. “Antes lo sospechaba, ahora estoy seguro de ello. Tu dices, Maestro, y con razón: espíritu, espíritu...; pero él...él no piensa así. No te entenderá nunca... o muy tarde” –corrige para no apenar a Jesús–.
Jesús suspira y calla.

2 Judas sale con una mujer de unos cincuenta años. Es más bien alta, aunque no como el hijo, que ha recibido de ella sus ojos negros y su pelo rizado. Pero los ojos de ella son mansos, más bien tristes, mientras que los de Judas son imperiosos y astutos.
“Te saludo, Rey de Israel” dice postrándose con un verdadero saludo de súbdita. “Concede a tu sierva hospedarte”.
“Paz a ti, mujer. Que Dios os acompañe a ti y a tu hijo”.
“¡Oh, sí! ¡A mi hijo!”. Es más un suspiro que una respuesta.
“Levántate, madre. Yo también tengo una Madre y no puedo permitir que me beses los pies. En nombre de mi Madre te beso, mujer. Es tu hermana... en el amor y en el destino doloroso de madre de los signados”.
“¿Qué quieres decir, Mesías?” pregunta Judas un poco inquieto.
Pero Jesús no responde; está abrazando a la mujer, a la cual ha levantado benignamente. Ahora la besa en las mejillas. Luego, cogiéndola de la mano, va hacia la casa.
Entran en una habitación fresca mantenida en sombra por leves cortinas de rayas. Ya han preparado bebidas frías y fruta fresca. Pero antes la madre de Judas llama a una sierva y ésta trae agua y una toalla; ella, por su parte, quisiera descalzar a Jesús y lavarle los pies polvorientos, pero Jesús se opone. 
“No, madre. La madre es una criatura demasiado santa, especialmente cuando es honesta y buena como tú eres, para permitir que se ponga en actitud de esclava”. La madre mira a Judas... una mirada extraña. Luego se va.
Jesús ya se ha refrescado. Cuando está para volverse a poner las sandalias, la mujer regresa con un par nuevo. 
“Mira, Mesías nuestro, creo que lo he hecho bien... como quería Judas... Me dijo: "Un poco más largas que las mías e igual de anchas"”.
“Pero, ¿por qué, Judas?”.
“¿No quieres darme la posibilidad de ofrecerte algún don? ¿No eres mi Rey y Dios?”.
“Sí, Judas. Pero no debías crear tantas molestias a tu madre. Tú sabes cómo soy...”.
“Lo sé. Eres santo. Pero tienes que aparecer como Rey santo. Así es como uno se impone. En el mundo, que, de diez, nueve partes es de estúpidos, hay que imponerse con la presencia; yo entiendo de eso”.
Jesús se ha atado las sandalias nuevas, de correas perforadas, de piel roja como la cabezada que llega hasta el tobillo; mucho más bonitas que sus sandalias simples de obrero, y semejantes a las sandalias de Judas, que son casi mocasines que dejan ver sólo pequeñas partes del pie.
“También el vestido, Rey mío. Lo tenía preparado para mi Judas... pero él te lo da; es lino, fresco y nuevo. Permite que una madre te vista... como si fueses su hijo”.
Jesús vuelve a mirar a Judas... pero no se opone. Se desata la abertura del vestido en la parte del cuello y deja caer la amplia túnica desde los hombros, quedándose con la túnica interior. La mujer le mete la hermosa vestidura nueva y le ofrece un cinturón (un galón profusamente bordado) del que cuelga un cordón terminado en borlas muy tupidas. Jesús se sentirá bien, sin duda, con esas vestiduras frescas y sin polvo; sin embargo, no parece muy contento. Entretanto, los otros se han lavado.
“Ven, Maestro. Son de los árboles de mi pobre huerto. Y ésta es el agua de miel que mi madre prepara. Tú, Simón, quizás prefieres este vino blanco. Toma. Es de mi viña. ¿Y tú, Juan? ¿Como el Maestro?”. Se le ve a Judas alborozado al poder servir en los hermosos cálices de plata, al mostrar que es una persona que puede.
Su madre habla poco. Mira... mira... mira a su Judas... pero mira todavía más a Jesús... Y cuando Jesús, antes de comer El, le ofrece la mejor pieza de fruta –creo que son albaricoques muy grandes, son frutos amarillo–rojos y no son manzanas– y le dice 
“la madre siempre antes”, a ella se le aljofara el ojo de llanto.
“Mamá. ¿Lo demás está hecho?” pregunta Judas.
“Si hijo mío. Creo haber hecho todo bien, pero he pasado mi vida siempre aquí y no sé... no sé las costumbres de los reyes”.
“¿Qué costumbres, mujer? ¿Qué reyes? Pero, ¿qué has hecho, Judas?”.
“¿Pero no eres Tú el prometido Rey de Israel? Es hora de que el mundo te salude como tal, y ello debe suceder por primera vez aquí, en mi ciudad, en mi casa. Yo te venero como tal. Por amor hacia mí y por respeto a tu nombre de Mesías, de Cristo, de Rey, que los Profetas, por orden de Yahvé, te han dado (357), no me desmientas” (358).

3 
“Mujer, amigos. Por favor. Necesito hablar con Judas, tengo que darle órdenes precisas”.
La madre y los discípulos se retiran.
“Judas, ¿qué has hecho? ¿Tan poco me has entendido hasta aquí? ¿Por qué disminuirme hasta el punto de hacer de mí sólo un poderoso de la tierra, o, peor aún, uno que brega por ser poderoso? ¿No entiendes que es una injuria a mi misión, exactamente un obstáculo? Sí, no digas que no; obstáculo. Israel está sujeto a Roma. Tú sabes qué ha sucedido cuando ha querido alzarse contra Roma alguien en actitud de caudillo del pueblo levantando sospechas de que estaba creando una guerra de reconquista. Has oído, justamente en estos días, cómo se ensañaron con un Párvulo porque se le supuso rey según el mundo. ¡Y tú..., y tú!... ¡Oh! ¡Judas! ¿Pero qué esperas de una soberanía mía de carne?, ¿qué esperas? Te he dado tiempo de pensar y decidir. Te he hablado bien claro ya desde la primera vez. Incluso te rechacé, porque sabía... porque sé, sí, porque sé, leo, veo lo que hay en ti. ¿Por qué deseas seguirme, si no quieres ser como Yo quiero? Vete, Judas. No te perjudiques a ti ni me perjudiques a mí... Vete. Es mejor para ti. No eres obrero apto para esta obra... Está demasiado por encima de ti. En ti hay soberbia, hay codicia de las tres especies, arrollas a quien te encuentras por delante... Incluso tu madre te debe temer.. Hay tendencia a la mentira... No. Así no debe ser mi seguidor. Judas, Yo no te odio, Yo no te maldigo, sólo te digo –y con el dolor de quien ve que no puede cambiar al que ama– te digo sólo: Ve por tu camino, hazte paso en el mundo, puesto que es esto lo que quieres, pero no estés conmigo. ¡Mi vía!... ¡Mi palacio! ¡Oh, qué pequeñez contienen! ¿Sabes dónde seré Rey?, ¿cuándo seré proclamado Rey? Cuando me levanten en un madero infame y por púrpura tenga mi Sangre, por corona una guirnalda de espinas, por enseña un cartel burlón, por trompas y címbalos y órganos y cítaras saludando al Rey proclamado las blasfemias de todo un pueblo, de mi pueblo. ¿Y sabes por obra de quién todo esto? De uno que no me habrá entendido, que no habrá entendido nada. Corazón de bronce hueco, en el que la soberbia, la sensualidad y la avaricia, para entonces, ya habrán destilado sus humores, y éstos habrán engendrado una maraña de serpientes que servirán como cadena para mí y... y maldición para él. Los demás no conocen tan claramente mi suerte. Te ruego que no la manifiestes. Esto quede entre tú y Yo. Y esto que te he dicho es una amonestación... ¡Y guarda silencio y no digas: "Fui amonestado..."! ¿Entendido, Judas?”.

4 Judas está violáceo de tan colorado como se ha puesto. Está en pie, frente a Jesús. Está confundido, con la cabeza baja... Se hinca de rodillas llorando con la cabeza entre las rodillas de Jesús. 
“Te amo, Maestro. No me rechaces. Sí, soy un soberbio, soy un estúpido, pero no me apartes de ti. No, Maestro; será la última vez que cometo una falta así. Tienes razón. No he reflexionado, pero incluso en este error hay amor. Quería prodigarte honores y mover a los demás a hacer lo mismo, porque te amo. Tú lo dijiste hace tres días: "Cuando os equivocáis sin malicia, por ignorancia, no es un yerro, sino un juicio imperfecto, propio de niños, y Yo estoy aquí para haceros adultos". Mira, Maestro, estoy entre tus rodillas... me dijiste que serías un padre para mí... entre tus rodillas como entre las de mi padre; y te pido perdón, te pido que hagas de mí un "adulto" un adulto santo... No me apartes de ti, Jesús, Jesús, Jesús... No todo es malvado en mí. ¿Lo ves?, por ti he dejado todo y he venido. Tú eres mas que los honores y las victorias que obtenía sirviendo a otros. Tú, sí, Tú eres el amor del pobre, infeliz Judas que quisiera proporcionarte sólo alegría y que, por el contrario, te causa dolor...”.
“Basta, Judas. Una vez más, te perdono...”. –Jesús parece fatigado–. “Te perdono esperando... esperando que en el futuro me comprendas”.
“Sí, Maestro. Sí. Pero ahora no me postres bajo el peso de un mentís que haría de mí objeto de burla. Toda Keriot sabe que yo venía con el Descendiente de David, el Rey de Israel... y mi ciudad se ha preparado para recibirte... Creía que actuaba correctamente... creía que así te mostraba cómo hay que hacer para ser temidos y obedecidos... y también a Juan y a Simón, y a través de ellos a los otros que te aman pero que te tratan como a un igual... Incluso se burlarían de mi madre, por tener un hijo mentiroso y loco. ¡Por ella, Señor mío!... ¡Y te juro que yo...!”.
“No me jures a mí. Júrate a ti mismo, si puedes, no pecar más en este sentido. En atención a tu madre y a los ciudadanos no haré esta afrenta de irme. Estaré aquí. Levántate”.
“¿Qué les vas a decir a los otros?”.
“La verdad...”.
“¡No, no!”.
“La verdad: que te he dado órdenes para hoy. Siempre hay una forma de decir, con caridad, la verdad. Vamos. Llama a tu madre y a los otros”.
Se le ve a Jesús más bien severo. Y no vuelve a sonreír sino cuando regresa Judas con su madre y los discípulos. La mujer escruta a Jesús, le ve benigno y se tranquiliza. Esta mujer a mí me parece un alma en pena.
“¿Qué?, ¿vamos a Keriot? Me siento descansado. Te agradezco, madre, toda tu bondad. Que el Cielo te pague y te dé, por tu caridad hacia mí, reposo, y alegría al consorte que lloras”.
La mujer trata de besarle la mano, pero Jesús se la pone sobre la cabeza, acariciándola, y no lo permite.
“El carro está preparado, Maestro. Ven”.
Afuera, efectivamente, está llegando un carro tirado por bueyes, un hermoso y cómodo carro, dentro del cual se han colocado cojines para que sirvan como asientos; encima, un toldo de paño rojo.
“Sube, Maestro”.
“Tu madre antes”.
La mujer sube, luego Jesús y los demás.
“Aquí, Maestro” (Judas ya no le llama rey).
Jesús se sienta en la parte de adelante; a su lado, Judas; detrás la mujer y los discípulos. El conductor aguijonea a los bueyes; los va instigando caminando a su lado.

5 El trayecto es breve, poco más de unos cuatrocientos metros, luego se ven las primeras casas de Keriot, que me parece una discreta ciudad más bien modesta. Un niño pequeño mira en la calle llena de sol y sale disparado. Cuando el carro llega a las primeras casas, personalidades y gente del pueblo están esperando para recibirle con bandas de tela y ramos, y ramos y bandas, por las calles y de casa a casa. Gritos de júbilo, profundas reverencias... Jesús –ya no puede evitarlo–, desde lo alto de su trono tambaleante, saluda y bendice.
El carro prosigue y luego gira, después de una plaza, por una calle, y llega a la altura de una casa cuyo portón está ya abierto de par en par; en él hay dos o tres mujeres. Se detiene el carro y bajan.
“Mi casa es tuya, Maestro”.
“Paz a ella, Judas. Paz y santidad”. Entran. Pasado el vestíbulo hay una amplia sala con divanes bajos y muebles con incrustaciones. Con Jesús y los demás, entran las personalidades del lugar. Reverencias, curiosidad, júbilo pomposo...
Un anciano de aspecto grave pronuncia un discurso: 
“¡Gran fortuna para la tierra de Keriot al tenerte, Oh Señor! ¡Gran fortuna! ¡Feliz día! ¡Fortuna por tenerte y fortuna por ver que un hijo suyo es amigo tuyo y te ayuda! ¡Dichoso él, que te ha conocido antes que ningún otro! Y Tú, bendito seas diez veces diez por haberte manifestado, Tú, el Esperado por generaciones y generaciones. Habla, Señor y Rey. Nuestros corazones esperan tu palabra como la tierra sedienta de verano abrasador espera la primera dulce agua de septiembre”.
“Gracias, quienquiera que seas, gracias, y gracias a los hombres de esta ciudad que han inclinado sus corazones ante el Verbo del Padre, ante el Padre cuyo Verbo soy Yo. Porque, sabed que no es al Hijo del hombre, que os está hablando, sino al Señor altísimo, a quien hay que rendir gracias y honor por este tiempo de paz con que El vuelve a soldar la paternidad quebrada con los hijos del hombre. Alabemos al Señor verdadero, al Dios de Abraham, que ha tenido piedad de su pueblo, le ha amado y le otorga al Redentor prometido. No a Jesús, siervo de la eterna Voluntad, sino a esta Voluntad de amor, gloria y honor”.
“Hablas como un santo... Yo soy el jefe de la sinagoga. No es sábado. Ven de todas formas a mi casa a explicar la Ley, Tú que portas más que óleo real, la unción de la Sabiduría”.
“Iré”.
“Mi Señor quizás está cansado...”.
“No, Judas. Nunca cansado de hablar de Dios, nunca con ganas de desilusionar a los corazones”.
“Ven, entonces –insiste el jefe de la sinagoga–; toda Keriot está afuera esperándote”.
“Vamos”.
Salen. Jesús entre Judas y el jefe de la sinagoga; en torno a ellos, personalidades y... gente, gente, gente. Jesús pasa bendiciendo.

6 La sinagoga está en la plaza. Entran. Jesús se dirige hacia el puesto reservado a quien enseña. Empieza a hablar, todo cándido con su espléndida vestidura, el rostro inspirado, los brazos extendidos según su gesto habitual.
“Pueblo de Keriot, el Verbo de Dios habla. Escuchad. Quien os habla no es sino Palabra de Dios. Su soberanía viene del Padre y al Padre volverá después de evangelizar a Israel. Ábranse los corazones y las mentes a la verdad, para que el error no quede estancado, para que no nazca la confusión.
Isaías dice (359): "Toda depredación tumultuosa y las vestiduras bañadas de sangre serán consumidas por el fuego. He aquí que nos ha nacido un Párvulo, he aquí que se nos concede un Hijo. Lleva sobre sus hombros el principado. Este es su nombre: el Admirable, el Consejero, Dios, el Fuerte, el Padre del siglo futuro, el Príncipe de la paz". Este es mi Nombre. Dejemos a los Césares y a los Tetrarcas su botín. Yo depredaré, pero no será una depredación que merezca castigo de fuego. No sólo esto sino que le arrebataré al fuego de Satanás gran número de presas para llevarlas al Reino de paz del que soy Príncipe, y al siglo futuro: el eterno tiempo del cual soy Padre.
"Dios" –dice también David (360), de cuya estirpe provengo, como habían predicho (361) quienes vieron porque eran santos, gratos a Dios, elegidos por Dios para hablar– "ha escogido a uno sólo... a mi hijo... pero la obra es grandiosa, porque se trata no de preparar la casa de un hombre, sino la de Dios". Así es. Dios, el Rey de los reyes, ha elegido a uno sólo, a su Hijo, para construir, en los corazones, su casa. Y ha preparado ya el material. ¡Oh, cuánto oro de caridad, y cobre, y plata y hierro, y maderas raras y piedras preciosas! Todas están acumuladas en su Verbo y El las usa para construir en vosotros la morada de Dios. Pero si el hombre no ayuda al Señor, inútilmente el Señor querrá construir su casa. Al oro se responde con el oro, a la plata con la plata, al cobre con el cobre, al hierro con el hierro. O sea, por el amor debe darse amor, continencia para servir a la Pureza, constancia para ser fieles, fuerza para no desistir. Y luego, llevar hoy la piedra, mañana la madera: hoy el sacrificio, mañana la obra, y construir, construir siempre el templo de Dios en vosotros.
El Maestro, el Mesías, el Rey del Israel eterno, del pueblo eterno de Dios, os llama. Pero quiere que estéis limpios para la obra. Caigan las soberbias: a Dios gloria. Caigan los humanos pensamientos: de Dios es el Reino. Humildes, decid conmigo: "Tuyas son todas las cosas, Padre, tuyo todo cuanto es bueno; enséñanos a conocerte y a servirte, en verdad". Decid: "¿Quién soy yo?", y reconoced que seréis algo sólo cuando seáis moradas purificadas a las que Dios pueda descender, en las que pueda descansar.
Todos peregrinos y extranjeros en esta tierra, sabed reuniros e ir hacia el Reino prometido. El camino son los mandamientos puestos en práctica no por temor a un castigo, sino por amor a ti, Padre santo; el arca, un corazón perfecto en el cual está el nutritivo maná de la sabiduría y florece la vara de la pura voluntad. Y, para que la casa sea luminosa, venid a la Luz del mundo. Yo os la traigo. Os traigo la Luz. Nada más que esto. No poseo riquezas ni prometo honores de esta Tierra, pero sí poseo todas las riquezas sobrenaturales de mi Padre, y a aquellos que sigan a Dios en amor y caridad les prometo el honor eterno del Cielo.
La paz sea con vosotros”.

7 La gente, que ha estado escuchando atenta, bisbisea un poco inquieta. Jesús habla con el jefe de la sinagoga. Se unen al grupo también otras personas –quizás son las personalidades–.
“Maestro... ¿pero entonces no eres el Rey de Israel? Nos habían dicho...”.
“Lo soy”.
“Pero Tú has dicho...”.
“Que no poseo ni prometo riquezas del mundo. No puedo decir más que la verdad. Así es. Conozco vuestro pensamiento, y el error viene de un desacierto en la interpretación unido a un muy grande respeto vuestro hacia el Altísimo. Se os dijo: "Viene el Mesías", y vosotros habéis pensado, como muchos en Israel, que Mesías y rey fueran lo mismo. Elevad más alto el espíritu. Observad este hermoso cielo de verano. ¿Pensáis que termina allí su límite, allí donde el aire parece una bóveda de zafiro? No. Más allá están los estratos más puros, los azules más netos, hasta llegar a aquél, inimaginable, del Paraíso, adonde el Mesías guiará a los justos muertos en el Señor. La misma diferencia hay entre la regalidad mesiánica como la cree el hombre y la real, toda divina”.
“Pero, ¿podremos nosotros, pobres hombres, elevar el espíritu adonde Tú dices?”.
“Basta que lo queráis, y, si lo queréis, Yo os ayudaré”.
“¿Cómo te tenemos que llamar, si no eres rey?”.
“Maestro, Jesús; como queráis. Maestro soy y soy Jesús, el Salvador”.

8 Un viejo dice: 
“Escucha, Señor. Hace tiempo, hace mucho tiempo, cuando el edicto, tuvimos noticia de que había nacido en Belén el Salvador... y yo fui allí con otros... Vi a un pequeño Niño, en todo igual a los demás, pero le adoré, por fe. Luego supe que hay uno, santo, de nombre Juan. ¿Cuál es el Mesías verdadero?”.
“Aquel a quien tú adoraste. El otro es su Precursor. Gran santo a los ojos del Altísimo, pero no Mesías”.
“¿Eras Tú?”.
“Era Yo. Y ¿qué viste en torno a mí recién nacido?”.
“Pobreza y limpieza, honestidad y pureza... un artesano amable y serio de nombre José; artesano, pero de la estirpe de David; una joven Madre rubia y amable de nombre María, ante cuya gracia empalidecen las rosas más hermosas de Engadí y parecen deformes las azucenas de los jardines reales; y un Niño de grandes ojos azul cielo, de cabellos de hilos de oro pálido... No vi nada más... Y oigo todavía la voz de la Madre que me decía: "Por mi Criatura te digo: el Señor esté contigo hasta el eterno encuentro y su Gracia te salga al paso en tu camino". Tengo ochenta y cuatro años... el camino está terminándose. Ya no esperaba encontrar la Gracia de Dios, y, sin embargo, te he encontrado... y ahora ya no deseo ver más luz que la tuya... Sí. Te veo cual eres bajo esta vestidura de piedad que es la carne que has tomado. ¡Te veo! ¡Oíd la voz de aquel que al morir ve la Luz de Dios!”.
La gente se arremolina en torno al anciano inspirado que está en el grupo de Jesús y que, no teniéndose ya en pie apoyado sobre su bastoncito, levanta los brazos trémulos, la cabeza toda canosa, con su barba larga y bipartida, una verdadera cabeza de patriarca o profeta.
“Yo veo a Este, el Elegido, el Supremo, el Perfecto, que ha venido aquí abajo por fuerza de Amor, subir a la derecha del Padre, tornar a ser Uno con El. Pero, ¡ved!, no Voz y Esencia incorpórea como Moisés vio al Altísimo (362) y como el Génesis dice le conocieran los Primeros y con El hablasen en el viento de la tarde (363). Como verdadera Carne le veo subir al Eterno, ¡Carne refulgente!, ¡Carne gloriosa!; ¡Oh, pompa de Carne divina!, ¡Oh, Belleza del Hombre Dios! ¡Es el Rey! Sí. Es el Rey. No de Israel; del mundo. Y ante El se inclinan todas las realezas de la tierra, y todo cetro y toda corona se anulan en el fulgor de su cetro y de sus joyas. Una guirnalda, una guirnalda tiene en su frente. Un cetro, un cetro tiene en su mano. En el pecho, un racional: en él hay perlas y rubíes de un esplendor jamás visto. De él salen llamas como de un horno sublime. En las muñecas, dos rubíes, y lleva una fíbula de rubíes en sus pies santos. ¡De los rubíes, luz, luz...! ¡Mirad, Oh pueblos, al Rey Eterno! ¡Te veo! ¡Te veo! Subo contigo... ¡Ah! ¡Señor!, ¡Redentor nuestro!... La luz crece en mi ojo del alma ... ¡El Rey está ornado con su Sangre! La guirnalda es una corona de sangrantes espinos, el cetro es una cruz... ¡Aquí está el Hombre! ¡Aquí está! ¡Eres Tú!... Señor, por tu inmolación ten piedad de tu siervo. Jesús, a tu piedad entrego mi espíritu”.
El anciano, hasta este momento derecho, rejuvenecido en el fuego de su profecía, se derrumba al improviso, y caería al suelo si Jesús, atento, no le hubiera sujetado contra su pecho.
“¡Saúl!”.
“¡Se está muriendo Saúl!”.
“¡Venid a ayudar!”.
“¡Corred!”.
“Paz en torno al justo que muere” dice Jesús, que lentamente se ha ido arrodillando para poder sujetar mejor al anciano, que pesa cada vez más.
Silencio.
Jesús le depone extendido en el suelo y se levanta. 
“Paz a su espíritu. Ha muerto viendo la Luz. En la espera –y será breve– verá ya el rostro de Dios y se sentirá feliz. No hay muerte, o sea, separación de la vida, para quienes murieron en el Señor”.

9 La gente, un rato después, se aleja haciendo comentarios. Se quedan las personalidades, Jesús, los suyos y el jefe de la sinagoga.
“¿Ha profetizado, Señor?”.
“Sus ojos han visto la Verdad. Vamos”.
Salen.
“Maestro, Saúl ha muerto investido del Espíritu de Dios. Nosotros, que le hemos tocado, estamos limpios o hemos quedado impuros?”.
“Impuros”.
“¿Y Tú?”.
“Yo como los demás. No mudo la Ley. La Ley es ley y el israelita la observa. Impuros hemos quedado. Entre el tercer día y el séptimo nos purificaremos. Hasta entonces, estamos impuros. Judas, Yo no vuelvo adonde tu madre. No llevo impureza a tu casa. Que uno que pueda la avise. Paz a esta ciudad. Vamos”.
No veo nada más.

FIN DEL PRIMER LIBRO DE MARÍA VALTORTA

Continúa...

Notas:

357) A propósito del mesianismo entre los Profetas, cfr. por ej. 2 Re. 7, 1–17; 1 Par. 17, 1–15; Sal. 2; 15; 21; 44; 71; 109 etc.; Is. 2, 1–5; 4, 2–3; 7, 10–25; 9, 1–6; 11, 1–16; 37, 30–32; 42, 1–9; 49, 1–26; 50, 4–11; 52, 13 – 53, 12; Jer. 23, 1–8; 30–31; 33, 14–26; Ez. 34; Dan. 7, 9; Miq. 5, 1–7; Zac. 8, 1–25; 9, 9–10; Lc. 4, 17–21; 24, 25–27; Hech. 8, 26–40.

358) Los galileos de acento más dulce decían: Yeohveh, con una y muy dulce. Los judíos: Yahvé, duro y cortado.

359) Cfr. Is. 9, 4–5.

360) Cfr. 1 Par. 29, 1.

361) Respecto al origen profetizado de Jesús que sería de la estirpe de David, cfr . por ej. Gén. 49, 8–12; Núm. 24, 15–19; 2 Re. 7, 1–17; Sal. 109; Is. 7, 10–14; 9, 1–7; 11, 1–9; Miq. 5, 1–5; Zac. 9, 9–10; Mt. 22, 41–45; Mc. 12, 35–37; Lc. 20, 41–44; Hech. 2, 22–36. En el Nuevo Testamento por lo menos unas veinte veces se asegura que Jesús descendió de la estirpe de David.

362) Cfr. Ex. 3, 1–6 y 13–15; 19, 9–25; 24, 12–18, etc.

363) Cfr. Gén. 2, 18–22; 3, 8.







 





 

El Poema del Hombre-Dios (40)

El Poema del Hombre-Dios (41)


El Poema del Hombre-Dios (43)

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El Poema del Hombre-Dios (54) 

 

 
 
 
 

 

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El Poema del Hombre-Dios (65)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD (11)

Continuamos con la publicación del Capítulo 11 del libro “La Reina del Cielo”, escrito por la Sierva de Dios Luisa Piccarreta, Hija Pequeña de La Divina Voluntad.


Esta obra de Luisa-Piccarreta que fue publicada por primera vez el año 1930, consta de treinta y un Meditaciones que serán publicadas -Dios mediante- cada cinco días.


DECIMA PRIMERA MEDITACION

La Reina del Cielo durante los primeros tres años de su existencia, con sus mismos actos infantiles invita a Dios a descender a la tierra e invita a los hombres a vivir en la Divina Voluntad.

EL ALMA A LA PEQUEÑA REINA CELESTIAL:

Heme aquí de nuevo Contigo, querida Niña, en la casa de Nazaret. Mamacita mía, ¡cuán querida eres para mí! ¡Ah!, dame tus lecciones, a fin de que contemplando tu infancia, yo aprenda de Ti a vivir, aun en las acciones humanas más simples, en el Reino de la Divina Voluntad.

LECCION DE LA PEQUEÑA REINA DEL CIELO:

Querida hija, mi único deseo es el de tenerte a mi lado, sin ti me siento sola y no tengo a quien confiar mis secretos; son mis deseos maternales los que me atraen hacia ti y me llevan a darte mis lecciones para hacerte comprender cómo se vive en el Reino de la Divina Voluntad. El querer humano está mortificado por el alma que hace la Divina Voluntad y sufre continuas muertes delante de la Luz, de la Sabiduría, de la Santidad y de la Potencia de Ella; y si bien está sujeto a morir el querer humano y a morir continuamente, goza y desea que en él renazca y surja victoriosa y triunfante la Divina Voluntad, portadora de alegría y de felicidad sin término.

Querida hija, si la criatura comprendiera y probara qué cosa significa hacerse dominar por el Divino Querer, aborrecería en tal forma la propia voluntad que estaría dispuesta a dejarse cortar en pedazos, antes que salir de El.

Observa los primeros años de la infancia que pasé entre mis queridos padres. Ellos me amaban mucho y Yo era tan amable y bella, tan alegre, pacífica y llena de gracias infantiles, que era su joyel que raptaba sus afectos. Papá y mamá eran todo ojos para Mí y cuando me tomaban en sus brazos, sentían cosas insólitas y una vida divina palpitante en mi ser.

Hija de mi Corazón, debes saber que en cuanto comenzó mi vida acá abajo, la Divina Voluntad principió a extender su Reino en todos mis actos. Así que mis oraciones, mis palabras, mis pasos, el alimento, el sueño, los pequeños servicios que hacía a mi madre, eran todos animados por la Voluntad Divina.

Y como Yo te llevaba como hija incesantemente en mi Corazón, te llamaba en cada uno de mis actos, pues Yo deseaba hacer tus acciones en común con las mías, a fin de que en cada una de las tuyas, aun en las más indiferentes, se extendiera el Reino del Querer Divino. ¡Considera cuánto te amé...! Cuando rezaba, llamaba a tu oración en la mía, a fin de que ambas fueran valorizadas con un sólo valor y un sólo poder: el valor y el poder de la Divina Voluntad. Cuando hablaba, llamaba a tu palabra; cuando caminaba, llamaba a tus pasos y así al realizar las más simples acciones indispensables a la naturaleza humana, como traer agua, hacer la limpieza y otras cosas similares, Yo invitaba en estos mis actos a los mismos actos que tú habrías más tarde realizado, para hacerlos partícipes de las riquezas contenidas en la Voluntad Divina e invocaba por medio de cada suspiro mío y de cada movimiento al Verbo Divino para que descendiera a la tierra.

Hija mía, si bien Yo había deseado tanto hacerte feliz y hacerte reinar Conmigo, las más de las veces vi con sumo dolor que mis actos quedaban aislados y que los tuyos se quedaban en tu voluntad, formando, cosa horrible de decirse, un reino no divino sino humano: ¡el reino de las pasiones, del pecado, de la infelicidad y de la desventura..!

Tu Mamá lloraba entonces sobre tu desventura... y aún ahora, sobre cada acto de voluntad humana que realizas, sabiendo bien al estado miserable al cual te precipitas, derramo amargas lágrimas y no deseo otra cosa sino hacerte comprender el gran mal que haces.

Escúchame: si das muerte a tu querer para que el Divino Querer tenga vida en ti, te serán concedidas, como por derecho, todas las alegrías y toda la felicidad. Todas las cosas serán comunes entre tú y tu Creador; las debilidades, las miserias te serán quitadas y te convertirás en la más querida de mis hijas y Yo te tendré en mi mismo Reino, para hacerte vivir siempre de Voluntad Divina.

EL ALMA:

Mamá Santa, ¿quién, al verte llorar, puede oponerte resistencia y rehusarse a escuchar tus lecciones? Yo con todo mi corazón te prometo no hacer jamás, jamás mi voluntad; y Tú, Mamá divina, no me dejes sola, ni siquiera un sólo instante; con el imperio de tu presencia da muerte a mi voluntad y vida permanente a la Divina en mí.

PRACTICA:

Para honrarme, me ofrecerás todos tus actos y me recitarás tres Aves Marías en memoria de los tres años que viví con mi mamá Santa Ana.

JACULATORIA:

Reina Poderosa, rapta mi corazón para encerrarlo en la Voluntad de Dios.


 

30 DE DICIEMBRE: S. SABINO, OBISPO Y SUS COMPAÑEROS, MÁRTIRES


30 de Diciembre: S. Sabino, obispo y sus compañeros, mártires

(✞304)

La rabia y crueldad de los gentiles contra los fieles habían llegado a tal extremo en tiempo de Diocleciano y Maximiano, que por edicto imperial se habían puesto ídolos en todos los mercados, en los molinos públicos, en los hornos, en los caminos, en los mesones, en las fuentes públicas, en los pozos y en los ríos, para que nadie pudiese tomar agua, moler trigo ni comprar cosa alguna sin que hubiese adorado antes a los simulacros de los falsos dioses. 

Pero el Señor suscitaba ilustres héroes que con su celo apostólico, su ejemplo y sus prodigios, alentaban a los fieles a menospreciar todos los artificios de aquella tiranía infernal: y uno de estos héroes cristianos fue el admirable san Sabino, obispo de Espoleto en Umbría, el cual, cuando más arreciaba la persecución, y se veían en todas partes horcas levantadas, hogueras encendidas, potros, calderas de aceite hirviendo, uñas de hierro y otras invenciones de torturas, recorrió todas las ciudades y pueblos de la provincia, consolando y alentando a los fieles, con sus exhortaciones y con los santos Sacramentos. 

Enterado al fin el gobernador de Toscana, llamado Venustiano, de que el obispo Sabino estaba en Asís y que no cesaba día y noche de alentar a los cristianos y visitar aun a los que estaban escondidos en cuevas subterráneas, pasó a Asís y le hizo buscar y prender juntamente con Exuperancio y Marcelo, sus diáconos, y cargados de cadenas, los encerró en una horrorosa cárcel. 

Pocos días después los hizo presentar ante su tribunal, y les mandó adorar una pequeña estatua de Júpiter, hecha de coral y de oro; y el santo, tomando el ídolo con sus manos, lo arrojó al suelo, y lo hizo pedazos. 

Ordenó el presidente que allí mismo le cortasen las manos al santo Obispo, y extendiesen en el potro a Exuperancio y a Marcelo y los moliesen a palos hasta matarlos, a los cuales no cesó de animar Sabino hasta que murieron. 

Serena, dama cristiana y riquísima, visitó al santo en la cárcel, y le rogó que curase a un sobrino que estaba ciego, y el mártir le restableció luego la vista. Con este milagro se convirtieron quince presos. 

También el gobernador Venustiano, que estaba atormentado con grandes dolores en los ojos desde hacía un mes, y por esta causa no presenció el suplicio del santo obispo, y como el dolor creciese cada día, y le dijesen que Sabino acababa de dar la vista a un ciego, fue a la cárcel con su mujer y dos hijos y rogó al santo que le perdonase los tormentos que le había hecho sufrir, y le aliviase los que él padecía en los ojos. 

El santo le respondió que alcanzaría esta gracia si quería creer en Jesucristo y se bautizaba. Aceptó el gobernador la propuesta, y arrojando al río los pedazos del ídolo de coral, pidió al santo que le instruyese en la fe, y al instante se halló curado, y recibió el Bautismo con toda su familia; por lo que habiendo llegado esto a oídos del emperador, mandó que les cortasen la cabeza. 

Finalmente, Lucio, sucesor de Venustiano, hizo conducir a Espoleto a san Sabino, donde le mandó azotar con látigos forrados de plomo, hasta que expiró. 

Reflexión: 

¡Cuánta verdad es que jamás Dios se deja vencer en generosidad de sus siervos! Si como san Sabino resiste denodado y confiesa su fe, parece que pone a su disposición toda su omnipotencia, según, son los milagros y conversiones que obra. Por muchos sacrificios que hagas por El, siempre serán mayores las gracias que te conceda. 

Oración: 

¡Oh Dios omnipotente! Vuelve tus ojos compasivos sobre nuestra debilidad, y pues nos agrava el peso de nuestras miserias, concédenos la protección del bienaventurado Sabino, tu mártir y pontífice. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

lunes, 29 de diciembre de 2025

EL MEJOR REGALO DE NAVIDAD

La Verdad de la venida de Cristo es que Él vino a llevar su cruz, para mostrarnos cómo llevar la nuestra para que podamos, a nuestra vez, ayudar a otros a llevar la suya.

Por el padre James Altman


Querida familia, lo siguiente es 100 % cierto, increíblemente cierto, cada palabra. Así que voy a compartir una historia navideña de mi boletín parroquial, una historia de gracia inimaginable de hace unos años, mucho antes de X y Substack, cuando todo lo que publicaba estaba en ese boletín:

Imagina servir como ministro de la gracia de Dios para una hija de Dios de 21 años, llevando fe, esperanza y amor a su vida durante varios años, tomándola de la mano, tratando de sacarla de una vida infernal que nadie podría imaginar, incluyendo una madre que padecía una enfermedad mental debilitante y una tía que la “prostituyó” cuando era una adolescente para mantener su propia adicción. Imagina ser un “ángel de la guarda” humano que sacó a esa niña destrozada del abismo, permitiéndole incluso vivir durante un tiempo en tu propia casa familiar mientras daba un giro a su vida. Imagina celebrar su bautismo y el bautismo de su propia hija pequeña. Luego imagina servir en el funeral de esa joven de 21 años, porque acaba de morir por una sobredosis de drogas que le administró un hombre que le doblaba la edad, solo para poder abusar de ella.

Ahora imagina subir a un tren nocturno dos días después para una “escapada” de 24 horas, un tiempo para la quietud, el consuelo y tu propia sanación personal. Imagina que el tren está completo, así que buscas intencionadamente un asiento junto a alguien con quien sabes que no tendrás que hablar ni una sola palabra durante las cuatro horas de viaje. Imagina que es un joven que lleva vaqueros rotos, una sudadera con capucha, el “paquete completo”. No tenéis nada en común. No te preocupa que él inicie una conversación. Estás a salvo.

Imagina que necesitas una taza de café. Imagina que regresas y el joven levanta la vista y te hace una pregunta sencilla: “¿Qué tal está la comida allí atrás?”. Y entonces, ¿podría ser cierto que el Espíritu Santo te dice, sin lugar a dudas, “habla con este joven”?

Imagina que empiezas con las palabras más inocuas posibles: “¿A dónde te diriges?”, porque desde luego no vas a lanzarte a una conversación teológica, y estabas seguro de que el tema de la fe era lo último que se te ocurriría mencionar. Luego imagina que él abre la boca y dice que se dirige a St. Louis, a la casa de un tío al que nunca ha conocido, porque su madre murió de una sobredosis cuando él tenía 12 años, y su padre se marchó con una novia dejándolo a él y a su hermano solos, y que él mismo acaba de romper con su novia y no tiene dónde vivir, por lo que ha tenido que subir a un tren con destino a St. Louis. E imagina que sabías que solo Dios sabía cómo acabaría todo aquello.

Por eso precisamente, en ese momento, te das cuenta de que no importaba lo cansado que estuvieras, lo mucho que te doliera, lo mucho que anhelaras un respiro: no tenías más remedio que darte cuenta de que Nuestro Padre ama tanto a ese chico que te colocó en el asiento junto a él y necesitaba que le hicieras presente la Luz de Cristo, allí mismo, en ese momento.

Y luego imagina palabras de amor brotando de la nada, contándole a este chico destrozado todo lo que acababas de pasar, compartiendo con él el quebrantamiento y las heridas de los demás, y cómo solo nuestro Padre podía amarlo y sanarlo para que volviera a estar completo.


Y luego comprende que esto realmente sucedió, tal y como está escrito, porque así está de quebrantado el mundo, y así de quebrantados están todos los que lo habitan, y así de necesario es que Nuestro Padre nos pida a cada uno de nosotros que demos un paso al frente y llevemos la Luz de Cristo a Sus hijos quebrantados, si tan solo estuviéramos dispuestos a hacerlo.

Querida familia, la Verdad de la venida de Cristo, para la que estamos preparando esta sagrada temporada de Adviento, es que Él vino a llevar Su cruz, para mostrarnos cómo llevar nuestras cruces, de modo que nosotros, a su vez, podamos ayudar a otros a llevar las suyas.

No sé cuán pesadas son vuestras cruces, ni cuántas veces habéis caído bajo su peso. Pero sí sé que Jesús no vino para que celebráramos la Navidad una vez al año, sino para que celebráramos su muerte y resurrección a una nueva vida todos los demás días del año, y que lo hacemos mejor cuando compartimos esa Verdad con los demás... incluso si eso significa hacerlo... en un tren, por la noche, en lo más profundo de nuestro propio dolor, cuando sentimos que nosotros mismos hemos caído bajo el peso de nuestras cruces.

Querida familia, si realmente queréis hacer un regalo a alguien esta Navidad, empezad por decir “habla, Señor, te escucho”, y luego escuchadle de verdad... y oídle decir, con tantas palabras, “dale el regalo de la Luz de Cristo... a ese chico del tren”.

Que Dios os bendiga a todos en esta época sagrada, in nomine Patris + et Filii + et Spiritus Sancti + Amén.
 

EL FUTURO DE TU DIÓCESIS NO ESTÁ GARANTIZADO

Ni siquiera la diócesis más importante del mundo tiene garantizado su futuro: “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del anticristo” —Nuestra Señora de La Salette, 1846.

Por el padre David Nix


La mayoría de los católicos de hoy en día no lo saben, pero el mayor centro del cristianismo (solo superado por Roma) durante los primeros cinco siglos fue Constantinopla. Lamentablemente, esta ciudad se llama ahora Estambul, en Turquía. Hoy en día, solo hay unas pocas iglesias católicas en esa ciudad, incluida la de San Antonio de Padua que se ve arriba. Fíjense en que la pancarta de la columna derecha tiene la bandera del Vaticano. Pero la pancarta que cuelga de la columna izquierda es la media luna y la estrella musulmanas. Estoy seguro de que los franciscanos modernistas que dirigen la Iglesia hoy en día dirían que es la bandera turca, no un homenaje a Mahoma. Pero seamos sinceros: es ambas cosas. Ese tipo de negación plausible para promover religiones falsas ya no me convence.

Tuve una experiencia interesante con los franciscanos en Turquía hace unos diez años. Aunque no tomé la foto de arriba, una de las últimas veces que concelebré la nueva misa fue en 2015 en Estambul, en esa iglesia de San Antonio.

Esto es lo que sucedió: el sacerdote que celebraba la misa me pidió que hiciera las peticiones espontáneas (después del sermón, pero antes del Canon). Así que recé: “Oramos para que todos los musulmanes de esta ciudad lleguen a conocer y adorar a Jesucristo como el único Dios verdadero... oramos al Señor...”. El franciscano se apresuró a controlar los daños de mi pequeña petición, añadiendo su propia petición evasiva sobre la libertad de religión segundos después de mi oración por las conversiones. No recuerdo exactamente lo que dijo, pero estaba claro que tenía que anular mi oración por la conversión en aras de una falsa paz continuada con los musulmanes de la ciudad.

Poco después, un pistolero musulmán disparó y mató a un católico durante la misa dominical en otra iglesia católica de Estambul. Ahí quedó la paz de los musulmanes que él pedía.

Esta fue una de las últimas gotas que colmaron el vaso para que dejara de celebrar la misa novus ordo. Ya no podía soportar seguir vendiendo a nuestro Señor crucificado en todas las ciudades que visitaba. Por esta y muchas otras razones, solo he celebrado la Misa Tradicional en Latín durante los últimos diez años, desde 2015 hasta ahora, en 2025.

Los modernistas de hoy en día piensan que así es como deben ser las relaciones ecuménicas en Turquía, porque ahora la mayoría de la población es musulmana secular. Así pues, tenemos que plantearnos la pregunta obvia: ¿Estaba Turquía destinada desde siempre a perder la fe?

No.

Las Iglesias que se encuentran en la Turquía actual (a menudo llamada Asia Menor en la Biblia o Capadocia por los Padres de la Iglesia) aparecen literalmente mencionadas en el Nuevo Testamento. Jesucristo advirtió a las Iglesias de Turquía que no se volvieran tibias, o de lo contrario perderían la fe:

“Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: Las palabras de aquel que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que camina entre los siete candeleros de oro: ‘Conozco tus obras, tu esfuerzo y tu paciencia, y que no puedes soportar a los malvados; has puesto a prueba a los que se dicen apóstoles y no lo son, y has descubierto que son falsos. Sé que soportas con paciencia y soportas por mi nombre, y no te has cansado. Pero tengo esto contra ti: que has abandonado el amor que tenías al principio. Recuerda, por tanto, de dónde has caído; arrepiéntete y haz las obras que hacías al principio. Si no, vendré a ti y quitaré tu candelero de su lugar, a menos que te arrepientas”. Apocalipsis 2:1-5.

Obsérvese que la Iglesia de Éfeso es donde más tarde vivieron San Juan y Santa María. A pesar de que la Madre de Dios vivía allí, la advertencia de su Hijo de mantener la fe en Éfeso no fue suficiente para que el pueblo de Turquía occidental mantuviera una vida cristiana durante más de un milenio. Hoy en día, menos del 0,2 % de los habitantes de Éfeso son cristianos. Del mismo modo, menos del 1 % de los habitantes de Estambul son cristianos, a pesar de que el Apóstol San Andrés llevó la verdadera fe a Turquía en el siglo I.

Las advertencias de Cristo en el libro del Apocalipsis al pueblo de Éfeso para que mantuvieran la fe no fueron en vano. Pero tampoco fueron obedecidas. En el resto de este artículo, veremos que lo que el islam hizo para destruir la Iglesia en Oriente durante el primer milenio, el secularismo lo está haciendo ahora con la Iglesia de Occidente en el tercer milenio.

AMNY acaba de publicar este impactante informe: “Tres días después de anunciar que crearía un fondo de 300 millones de dólares para pagar un acuerdo que actualmente está negociando con 1300 personas que acusaron a sus sacerdotes y personal de agresión sexual, la Arquidiócesis de Nueva York presentó la documentación para finalizar la venta de uno de sus activos inmobiliarios más importantes por 490 millones de dólares, según muestran los documentos judiciales del jueves. Un portavoz de la archidiócesis declaró a amNewYork que la venta de su propiedad situada en el 455 de Madison Avenue a Lotte New York Palace, su inquilino desde hace mucho tiempo, ‘generaría fondos’ para indemnizar a las víctimas, la mayoría de las cuales presentaron demandas en 2020, cuando la Ley de Víctimas Infantiles del estado abrió una ventana temporal que ampliaba el plazo de prescripción de los delitos de agresión sexual”.

Sí, has leído bien. La Arquidiócesis de Nueva York está vendiendo una propiedad de 500 millones de dólares en Madison Av. para volver a encubrir a los sacerdotes pervertidos que abusan de niños.


Recientemente, la USCCB publicó el Informe John-Jay, mencionado anteriormente (Documento PDF completo en inglés aquí), en el que se revela que la mayoría de los “sacerdotes” que abusan de niños se centran en niños mayores de 10 años. (Véase el gráfico anterior). Los católicos que hemos estudiado los abusos del clero sabemos esto desde hace décadas. Pero es sorprendente que los obispos estadounidenses hayan vuelto a admitir que los sacerdotes se centran más en los niños mayores que en las niñas pequeñas cuando quieren abusar de ellos. ¿Por qué? Porque más del 85 % de los sacerdotes depredadores han admitido que sienten atracción por personas del mismo sexo.

Entonces, ¿cómo reducimos el número de “sacerdotes” pervertidos que llenan las parroquias? El primer paso es volver a llenar la Iglesia con Papas y Obispos heterosexuales. Algunas personas responderían a mi última frase: “Bueno, eso es un poco difícil. ¿Sabes que los homosexuales se cuelan incluso en los buenos equipos de formación del seminario hasta llegar a la ordenación?”.

No estoy tan seguro de que haya mucho “colarse” ya. La mayoría de los buenos católicos (especialmente las mujeres) pueden darse cuenta inmediatamente si un “sacerdote” es afeminado. Entonces, ¿por qué el personal del seminario no les impide seguir adelante con la ordenación? A veces es porque los sacerdotes del seminario realmente quieren tener a más hombres a su alrededor con los que puedan “jugar al golf”.

Mi amigo monseñor Gene Gomulka acaba de escribir aquí que, mientras él (y otros sacerdotes heterosexuales) eran invitados frecuentes del papa Juan Pablo II en el Vaticano en la década de 1990, Francisco y León siempre se rodearon de clérigos abiertamente homosexuales.

21 de Marzo de 2014: Así se vio llegar alegremente a Jorge Bergoglio "de la manito" con don Luigi Ciotti... muy masculino todo 

Antes de entrar en el seminario, a principios de la década de 2000, creía que ignorar a los hombres raros era la mejor manera de convertir a la gente. No es que creyera que los sacerdotes que hacían daño a los niños debían quedar libres. Simplemente pensaba que eran muy pocos y que los medios de comunicación liberales querían acabar con la Iglesia católica inflando las cifras. Ahora sé que eso no es cierto. De hecho, los medios de comunicación liberales han cambiado su enfoque desde principios de la década de 2000: Dado que los pederastas (y sus cómplices) son ahora los mismos izquierdistas que quieren tomar el control, los medios de comunicación ignoran e incluso interfieren en favor de sus colegas religiosos con inclinaciones igualmente perversas.

El camino a seguir es mantener la fe tradicional y la liturgia tradicional. Pero también debemos reconocer nuestros propios trapos sucios. Esconder la suciedad bajo la alfombra ya no es una estrategia acertada para convertir a los evangélicos o ortodoxos orientales a la Iglesia católica. De hecho, negar nuestras propias pérdidas y escándalos desde el concilio Vaticano II ni siquiera va a mantener a los verdaderos católicos en la Iglesia.

Como todas las personas que agradan a Nuestro Señor Jesucristo en el Nuevo Testamento, debemos confesar nuestros pecados, volver a la fe tradicional y suplicar a Cristo que nos perdone. Este arrepentimiento y retorno a Dios es lo que hizo Santa María Magdalena. Es lo que hizo San Pedro después de negar a Cristo. Es lo que hizo ese perseguidor de cristianos llamado Saulo antes de convertirse en el Apóstol Pablo.

En el Nuevo Testamento, solo los fariseos y los saduceos niegan sus pecados, ocultan la suciedad bajo la alfombra y piden a otros que encubran sus fechorías.

Al igual que Turquía, su diócesis no tiene garantizado el futuro. No me refiero a que la Misa Tradicional en latín pueda desaparecer en su diócesis. Me refiero a algo mucho peor: su propia diócesis podría desaparecer debido a la infidelidad. Por supuesto, no es eso lo que espero. Solo recuerdo a mis lectores que Dios no nos “debe la vida”, por así decirlo. Cuando se cierran parroquias, nunca es por voluntad de Dios. Cuando las diócesis quiebran, es porque nosotros, el clero, no respondimos con fidelidad a Su gracia. Basta con mirar el gráfico anterior sobre el abuso de menores por parte del clero. Nada de esto fue voluntad de Dios.

Ni siquiera la diócesis más importante del mundo tiene garantizado su futuro: “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del anticristo” —Nuestra Señora de La Salette, 1846.

En Occidente no tenemos motivos para enorgullecernos de Oriente, por lo que debemos volver a la única fe verdadera y al hecho de que Jesucristo es el único camino hacia el Padre. Solo los hombres auténticos que viven una vida ascética (no los que se desvían contra naturam) pueden guiarnos en la dirección correcta. Solo entonces volverá la gloria de la Iglesia Católica Romana. 
  

29 DE DICIEMBRE: SANTO TOMÁS DE CANTERBURY, ARZOBISPO Y MÁRTIR (TAMBIEN LLAMADO SANTO TOMÁS BECKET)


29 de Diciembre: Santo Tomás de Canterbury, arzobispo y mártir

(✞ 1170)

El invicto defensor de la inmunidad eclesiástica y glorioso mártir de Cristo santo Tomás, nació en Londres de padres nobles, ricos y piadosos, 
y también es llamado Santo Tomás Becket.

Aprendió desde niño las bellas letras con gran aprovechamiento, y ya desde joven fue de loables costumbres, de gentil disposición, hermoso de rostro, en sus palabras modesto y grave, y tan amigo de la verdad, que nunca se apartaba de ella. 

Con tales virtudes, tanto se hizo amar por el arzobispo de Canterbury, que el buen prelado le admitió en su servicio, y le hizo arcediano de su iglesia, y luego por consejo suyo el rey Enrique II le hizo su cancelario y le confió la educación de su hijo, llamado también Enrique; y muerto el arzobispo, quiso a todo trance que ocupara la sede primada de Canterbury, Tomás su cancelario, a pesar de su firme resistencia. 

Hecho arzobispo, asistió a un Concilio celebrado en Tours, en que presidió el Papa Alejandro III; y vuelto a Inglaterra, tuvo que luchar denodadamente contra el rey, su gran amigo y protector; el cual pretendía dar algunas leyes muy perjudiciales para la Iglesia y contrarias a su divina autoridad. 

Tomó el rey varios medios de promesas y amenazas, de blanduras y espantos para atraer al santo prelado a su voluntad; mas todo fue inútil; con lo cual, es increíble el odio que tomó contra el santo, teniéndole como un ingrato y desconocido a las mercedes que le había hecho. 

Para evitar mayores males, salió de Inglaterra el santo arzobispo y pasó a Flandes. 

Enterado el rey; presentó contra él quejas al Papa; y quiso éste oír al prelado, para lo cual pasó a Roma, en donde el Pontífice le oyó, y le animó a seguir en su buen propósito; mas para aplacar al rey, le aconsejó que se recogiese en una casa religiosa, como lo hizo, retirándose a un monasterio de la orden del Císter en Francia. 

Y como el rey amenazase a los monjes cistercienses de toda Inglaterra con echarles de su reino, el santo, por no serles ocasión de tan grave daño, dejó aquel monasterio, y pasó a otro. 

Finalmente, después de muchas alteraciones v dificultades, el rey de Francia con ruegos y el Papa con amenazas presionaron tanto a Enrique, que se aplacó, se reconcilió con el santo arzobispo, y le dio licencia para volver a Inglaterra, donde fue recibido con gran fiesta y alegría de los buenos y no menor pesar de los malos. 

Continuó el santo su oficio pastoral con la misma entereza que antes y sus adversarios, para dar el gusto al príncipe, determinaron acabar con él y darle muerte. 

Estando, pues, santo Tomás en la iglesia, entraron en ella aquellos crueles verdugos, arremetieron contra él, y uno de ellos le descargó con la espada un fiero golpe en la cabeza, y tras él otros, hasta que cayó en el suelo, el cual quedó manchado con el cerebro del invicto mártir. 

Reflexión: 

Actos heroicos reclama a veces de nosotros la justicia. Por defenderla hay que perder quizás como este santo, el valimiento de los príncipes, alejarse de la patria, y vivir en suma miseria en extraño suelo. Pero ¡cuánto no ensancha el corazón la amorosa providencia que Dios tiene de los suyos! Ya él nos lo había dado a entender diciéndonos que eran bienaventurados los que padecían persecución por la justicia, y así es. Los mismos que los persiguen admiran su virtud y hasta les piden perdón de sus yerros. Si acaso Dios te ha escogido también para este género de bienaventuranza, adora reverente sus juicios y dale gracias por tan inestimable favor. 

Oración: 

Oh Dios, por cuya Iglesia el glorioso pontífice santo Tomás murió a manos de los impíos, concédenos que todos los que imploran su auxilio, reciban el saludable efecto de su petición. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

domingo, 28 de diciembre de 2025

ADIÓS A LAS BARANDILLAS Y RECLINATORIOS EN LA DIOCESIS DE CHARLOTTE

El “obispo” Michael Martin de la Diócesis de Charlotte ha ordenado oficialmente que las barandillas del altar y los reclinatorios desaparezcan para impedir la recepción digna de la Sagrada Comunión.


17 de diciembre de 2025

Prot. N° B 339/25

Carta pastoral sobre la Sagrada Comunión

Nuestro Santo Padre, el Papa León XIV, dijo durante una audiencia de los miércoles sobre los discípulos que preparaban el Cenáculo que “hoy... hay una cena que preparar. No se trata solo de la liturgia, sino de nuestra disposición a participar en un gesto que nos trasciende. La Eucaristía no se celebra solo en el altar, sino también en la vida diaria, donde es posible experimentar todo como ofrenda y acción de gracias” (1). En este gran Año Jubilar de la Esperanza (2), estamos experimentando nuevas dimensiones del Espíritu Santo obrando en toda la Iglesia y en nuestra iglesia local de Charlotte. Como misioneros de la esperanza, nuestra vida eucarística está orientada a vivir el sacrificio y el banquete con los demás. Por esta razón, Jesús dice: “Ustedes son la luz del mundo” (3). De la misma manera, el curso de nuestro Renacimiento Eucarístico Nacional nos recordó que un misionero eucarístico (4) es enviado por la presencia sacramental de Cristo, transformado por la Comunión y la oración, a salir y ser esa presencia de Cristo para los demás, para que ellos también puedan conocer a nuestro Señor Eucarístico.

La presencia de Dios se extiende a todo espacio y tiempo. Sin embargo, de manera especial, el Hijo de Dios está presente verdadera y sustancialmente en el Santísimo Sacramento. Como nos recuerda el lema de nuestro Santo Padre —In illo unum uno— , “En Aquel que es Uno (Cristo), somos Uno”, a medida que el único Cuerpo místico de Cristo se acerca al Cuerpo sacramental de Cristo en el único sacrificio ofrecido por la Iglesia en un solo altar y, a su vez, nos es dado como alimento para el camino en el único banquete espiritual de la Sagrada Comunión. A lo largo de los siglos y en el contexto de nuestras ricas tradiciones litúrgicas, de Oriente a Occidente, nuestra unidad como creyentes en la Sagrada Comunión se expresa a través de posturas y gestos que reflejan nuestra comunión mística y unidad como hermanos en la fe (5).

De acuerdo con las normas universales y de la conferencia episcopal, ofrezco las siguientes normas y directrices para todas las celebraciones públicas de la Santísima Eucaristía en la Diócesis de Charlotte.

Manera de recibir la Sagrada Comunión

Según las normas litúrgicas, las conferencias episcopales regionales tienen la responsabilidad de establecer normas más precisas para la recepción de la Sagrada Comunión (6). La Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), con la aprobación de Roma, ha establecido “la norma… de que la Sagrada Comunión debe recibirse de pie, a menos que un fiel desee recibirla de rodillas” y que una reverencia es el acto de reverencia que hacen quienes la reciben (7). La postura normativa para todos los fieles en los Estados Unidos es de pie; sin embargo, es la libre elección de un fiel arrodillarse, y no se le puede negar la Comunión a este individuo únicamente por su postura (Redemptionis Sacramentum, n. 91).

Una postura normativa no solo se da para que podamos estar unidos en cómo recibimos la Sagrada Comunión, sino también como una guía para dirigir nuestra catequesis y preparación sacramental. Si bien es derecho de cada fiel arrodillarse, los pastores no deben ordenar a sus fieles que lo hagan como algo "mejor". Es responsabilidad de quienes desempeñan una función pastoral o docente instruir a quienes están a su cargo sobre las normas de la conferencia episcopal para la recepción sin prejuicios. Hacer lo contrario perturba la armonía y la unidad que los obispos han establecido legítimamente para la distribución de la Sagrada Comunión en Estados Unidos. Los fieles que se sienten obligados a arrodillarse para recibir la Eucaristía, como es su derecho individual, también deben considerar en oración la bendición del testimonio comunitario que se logra al compartir una postura común.

Las normas de la conferencia episcopal lógicamente no prevén el uso de barandillas, genuflectorios ni reclinatorios para la recepción de la comunión. Hacerlo es una contradicción visible con la postura normativa de la Sagrada Comunión establecida por nuestra conferencia episcopal. En cambio, la instrucción enfatiza que recibir la Sagrada Comunión debe hacerse mientras los fieles van en procesión, dando testimonio de que la Iglesia avanza y recibe la Sagrada Comunión como un pueblo peregrino en su camino (8). La USCCB en su explicación de las normas que rigen la recepción de la Sagrada Comunión nos recuerda la belleza de esta procesión: "De hecho, cada vez que avanzamos juntos para recibir el Cuerpo y la Sangre del Señor, nos unimos a las innumerables filas de todos los bautizados que nos han precedido, nuestros seres queridos, los santos canonizados y no canonizados a lo largo de los siglos, que en su momento de la historia formaron parte de esta poderosa corriente de creyentes" (9). Por lo tanto:

1. El clero, los catequistas, los ministros de la Sagrada Comunión y los maestros deben instruir a los comulgantes según la postura normativa vigente en Estados Unidos. No deben enseñar que otra forma es mejor, preferible, más eficaz, etc.

2. El uso de barandillas de altar, reclinatorios y reclinatorios no debe utilizarse para la recepción de la Comunión en celebraciones públicas antes del 16 de enero de 2026.

3. Los accesorios temporales o móviles utilizados para arrodillarse para recibir la comunión deberán retirarse antes del 16 de enero de 2026.

Sagrada Comunión bajo las dos especies

Debido a las precauciones tomadas en 2020 y 2021 debido a la pandemia mundial de COVID-19, se suspendió la posibilidad de recibir la Sagrada Comunión bajo las dos especies. En mi experiencia aquí en la Diócesis de Charlotte, un número significativo de parroquias no han vuelto a distribuir el Cáliz a los fieles. Algunos párrocos y muchos fieles laicos han preguntado sobre el regreso del Cáliz porque la práctica de recibir bajo las dos especies es un "signo más completo" de la Eucaristía y añade mayor solemnidad a la Misa (10). Si bien comprendo el deseo genuino de los fieles de recibir bajo las dos especies, también reconozco que estas decisiones se toman localmente (11).

Sin embargo, la Instrucción General del Misal Romano instruye a los obispos locales a crear normas en sus propias diócesis para la distribución bajo ambas especies. Recomiendo la Sagrada Comunión bajo ambas especies en la Diócesis de Charlotte, siempre que el párroco lo considere apropiado y fructífero, siempre que los fieles estén bien formados, no haya peligro de profanación de la Eucaristía o sea difícil distribuir la Sagrada Comunión eficientemente en un tiempo razonable debido al número de fieles (12).

Historia de la Sagrada Comunión bajo las dos especies

La práctica de recibir la Sagrada Comunión bajo las dos especies —pan y vino— tiene sus orígenes en los primeros tiempos de la Iglesia (13), reflejando la propia Última Cena, cuando Jesús ofreció a sus discípulos tanto el Pan Eucarístico como el Vino Convertido en Sangre. En los primeros siglos del cristianismo, era costumbre común que todos los fieles participaran de ambas especies. Con el tiempo, especialmente en la Edad Media, la práctica cambió en la Iglesia latina, y la recepción solo bajo la especie del pan se convirtió en la norma para los laicos, mientras que la distribución del Cáliz se reservaba solo para los clérigos y, en raras ocasiones, para festividades o circunstancias especiales. Este cambio surgió de preocupaciones pastorales, como la reverencia por el Sacramento, dificultades prácticas, la propagación de enfermedades contagiosas y el deseo de evitar la profanación.

Las reformas del Concilio Vaticano II animaron a la Iglesia a restaurar el signo más completo de la Comunión bajo las dos especies (14), y hoy, donde es pastoralmente apropiado y los fieles están bien preparados, la práctica se permite de nuevo, invitando a los fieles a una participación más profunda en el misterio eucarístico. Los documentos litúrgicos posteriores al Concilio Vaticano II extendieron a los obispos diocesanos la facultad de crear normas y directrices para la Comunión bajo las dos especies en su diócesis (15).

La doctrina católica de la concomitancia

La doctrina de la concomitancia enseña que Jesucristo está plenamente presente (cuerpo, sangre, alma y divinidad) tanto en el pan consagrado como en el vino consagrado en la Misa. Esto significa que incluso si alguien recibe la Sagrada Comunión bajo una sola especie (ya sea solo la Hostia o solo el Cáliz), todavía recibe a Cristo entero, no solo una parte de él (16).

El principio de solemnidad progresiva

El principio de solemnidad progresiva en la Iglesia Católica se refiere a la variación intencional en la forma de celebrar la Misa, según la importancia de la ocasión. No todas las Misas se celebran con el mismo nivel de festividad; más bien, la Iglesia aumenta o disminuye los elementos rituales —como la música, las vestimentas, el uso del incienso y la participación de los ministros— según el calendario litúrgico, distinguiendo las solemnidades mayores, como Navidad y Pascua, de los días laborables o feriales (17). Este enfoque garantiza que las celebraciones especiales se marquen con mayor reverencia y símbolos visibles, mientras que el culto diario se mantiene adecuadamente sencillo. Un "signo más completo" de la Sagrada Comunión, al distribuir bajo ambas especies, podría ser una manera de aumentar la solemnidad de celebraciones particulares.

Consideraciones pastorales

Para fomentar la unidad, es útil que todos practiquemos una forma similar de distribuir la Sagrada Comunión. Los feligreses que viajan de una parroquia a otra debido a sus propias necesidades podrían, con razón, preguntarse por qué la Preciosa Sangre siempre está disponible en una iglesia y nunca en otra. En cambio, es mejor que cada uno de nosotros se abstenga de estos dos extremos. Además, la práctica de la intinción ha surgido para distribuir bajo ambas especies en algunas de nuestras parroquias. Si bien está permitida en la Instrucción General del Misal Romano, no debe considerarse una opción en la Diócesis de Charlotte para su distribución a los fieles en celebraciones públicas. Por último, algunos sacerdotes han comentado que no pueden terminar la Preciosa Sangre que sobra después de la Sagrada Comunión. Este es un asunto insignificante, ya que las rúbricas permiten a los ministros del Cáliz consumir cualquier cantidad restante de Preciosa Sangre del cáliz que están distribuyendo (18).

Disposiciones diocesanas para la distribución de la Sagrada Comunión bajo ambas especies

1. En continuidad con los documentos y libros rituales de nuestra Santa Iglesia y teniendo presentes las consideraciones pastorales antes mencionadas, animo y recomiendo que cada parroquia distribuya la Preciosa Sangre cuando sea posible en las siguientes celebraciones (19):

a. Al menos una Misa con los fieles los domingos, especialmente en la Misa principal y en los fines de semana siguientes:

1. Domingo de la Divina Misericordia

2. Solemnidad de Pentecostés

3. Solemnidad de la Santísima Trinidad

4. La Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Jesucristo

5. La Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

b. En la Vigilia Pascual a todos los fieles, especialmente a los recién bautizados.

c. Misas de Navidad.

d. El Jueves Santo, en la Misa de la Cena del Señor.

2. También pediría y animaría a cada párroco a distribuir la Sagrada Comunión bajo las dos especies durante la celebración de:

a. Primera Comunión

b. Misa nupcial, aunque solo sea para los novios

c. La misa del día de la fiesta patronal de la parroquia o misión

d. El aniversario de la dedicación de la Iglesia

Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión

Si bien la distribución de la Sagrada Comunión forma parte de la naturaleza misma del ministerio ordenado, la función de los Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión debe ser bienvenida y utilizada en nuestras parroquias, iglesias, misiones y escuelas. Son especialmente útiles cuando hay un gran número de personas en cualquier celebración y para asistir a los ministros ordinarios en aquellas celebraciones en las que se distribuye la Preciosa Sangre. Para facilitar la distribución oportuna de la Sagrada Comunión y considerando las limitaciones inherentes a la capacidad de un cáliz, quienes supervisan a los ministros que asisten en la celebración de la Santa Misa deben asegurar que haya un ministro por cada aproximadamente 75 comulgantes.

En la Diócesis de Charlotte, establezco las siguientes normas:

1. Para servir como ministro extraordinario de la Sagrada Comunión, las personas deben:

a. ser católicos practicantes, distinguidos en su vida cristiana, fe y moral;

b. tener al menos 16 años de edad;

c. haber recibido los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía;

d. demostrar una profunda reverencia y devoción hacia la Sagrada Eucaristía;

e. poseer las habilidades y el temperamento necesarios para llevar a cabo las tareas asignadas;

f. Haber seguido los protocolos actuales para la capacitación diocesana sobre entornos seguros.

2. Todo sacerdote celebrante tiene la facultad, dada por las normas litúrgicas universales, de nombrar Ministros Extraordinarios de la sagrada Comunión en una celebración particular cuando haya necesidad (20).

3. Concedo a todos los párrocos y a aquellos equivalentes a párrocos en la ley la facultad de designar individuos para servir de manera estable como Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión en sus celebraciones de la Misa. Esos individuos pueden (21):

a. Ayudar, no reemplazar, a los ministros ordinarios en la distribución de la Sagrada Comunión;

b. Llevar la Sagrada Eucaristía del sagrario al altar durante el Agnus Dei, y devolver la Sagrada Eucaristía al sagrario después de la distribución de la Sagrada Comunión;

c. Ayudar en la distribución de la Preciosa Sangre a los fieles.

d. Llevar la Sagrada Comunión a los enfermos, moribundos y confinados en sus hogares cuando un ministro ordinario no puede hacerlo, incluida la purificación del recipiente (píxide) en el que se lleva la Sagrada Hostia.

4. Antes de que los Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión comiencen este ministerio, es apropiado que sean comisionados públicamente de acuerdo con los textos y oraciones provistos en el Libro de las Bendiciones (22).

5. El mandato de este ministerio es de tres años a partir de su nombramiento. Este mandato es renovable.

6. Los párrocos deben garantizar que haya una invitación a este ministerio y capacitación al menos una vez al año para los Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión.

7. Los pastores, capellanes y superiores religiosos deben garantizar que el ministerio y el desempeño de sus Ministros Extraordinarios sean revisados ​​periódicamente.

8. Los Ministros Extraordinarios deben vestirse y comportarse conforme a la dignidad de su función.

Conclusión

La liturgia de la Iglesia es obra de Dios y obra en nombre de Dios en la vida de la Iglesia (23). Corresponde a cada miembro del Cuerpo de Cristo facilitar la unidad en nuestras celebraciones. Como obispo y moderador de la liturgia en la Diócesis de Charlotte, es mi intención continuar facilitando la “paz y la unidad” (24) en nuestras liturgias. Estas normas para nuestra diócesis nos mueven juntos hacia la visión de la Iglesia de una participación más plena y activa de los fieles, especialmente enfatizada por nuestro Santo Padre, el Papa León XIV, al comienzo de su ministerio petrino (25).


Notas:

1) Papa León XIV, Audiencia del miércoles, https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2025/documents/20250806-udienza-generale.html

2) Papa Francisco, Bula Papal Spes non confundit.

3) Cf. Mt 5,14.

4) “Become A Eucharistic Missionary” (Conviértete en un Misionero Eucarístico), www.eucharisticrevival.org.

5) Es difícil para algunos aceptar este énfasis en la Misa como una acción comunitaria en lugar de un acto individual de fe y piedad, pero es importante que hagamos todo lo posible por hacerlo. Cristo mismo, en la Última Cena, suplicó a su Padre: “Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, como nosotros… como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros…” (Juan 17:11, 21). El bautismo nos ha unido a Cristo y entre nosotros como la vid y sus sarmientos. La vida de Cristo, el Espíritu Santo, nos anima a cada uno individualmente y a todos corporativamente, y nos guía juntos en nuestros esfuerzos por ser uno en Cristo. (USCCB, “The Reception of Holy Communion at Mass” (La recepción de la Sagrada Comunión en la Misa). https://www.usccb.org/prayer-and-worship/the-mass/order-of-mass/liturgy-of-the-eucharist/the-reception-of-holy-communion-at-mass).

6) GIRM, núm. 390.

7) GIRM, núm. 160.

8) La Iglesia entiende la Procesión de la Comunión, de hecho toda procesión litúrgica, como signo de la Iglesia peregrina, el cuerpo de los creyentes en Cristo, en camino hacia la Jerusalén celestial. Los que creemos en Cristo, durante toda nuestra vida, nos encaminamos hacia el momento en que la muerte nos arrebatará de este mundo y entraremos en la alegría del Señor en el Reino eterno que nos ha sido preparado. La asamblea litúrgica de los bautizados que se reúne para la celebración de la Eucaristía es una manifestación de la Iglesia peregrina. Cuando avanzamos en procesión, en particular en la procesión para recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Comunión, somos signo, símbolo de esa Iglesia peregrina 'en camino'” (USCCB, “The Reception of Holy Communion at Mass” (La recepción de la Sagrada Comunión en la Misa). Cf. Lumen Gentium, n.º 48.

9) USCCB, “The Reception of Holy Communion at Mass” (La recepción de la Sagrada Comunión en la Misa).

10) Redemptionis Sacramentum, n. 100. USCCB, Norms for the Distribution of Holy Communion Under Both Kinds, no. 16 (Normas para la distribución de la Sagrada Comunión bajo las dos especies, n. 16).

11) Sacrosanctum Concilium, núm. 55. GIRM, núm. 283.

12) USCCB, Norms for the Distribution of Holy Communion Under Both Kinds nos. 23-24 (Normas para la distribución de la Sagrada Comunión bajo las dos especies), nos. 23-24.

13) Ibid., núm. 16.

14) Sacrosanctum Concilium, núm. 55.

15) GIRM, núm. 283.

16) GIRM, núm. 282.

17) Musicam Sacram, n.º 7. Si bien este principio entra en el uso litúrgico respecto a la música sacra, los “diversos grados de solemnidad” se aplican también a otros elementos de la sagrada liturgia, empleando ciertos elementos en celebraciones de mayor reverencia y excluyendo su uso en celebraciones de menor solemnidad.

18) USCCB, Extraordinary Ministers of Holy Communion at Mass (Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión en la Misa).

19) GIRM, núm. 283.

20) GIRM, n. 162. Cf. Misal Romano, Apéndice III, Rito de la delegación de un ministro para distribuir la sagrada Comunión en una sola ocasión.

21) USCCB, Extraordinary Ministers of Holy Communion at Mass (Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión en la Misa).

22) Libro de Bendiciones, nos. 1872-1878.

23) CCC, n.º 1069.

24) Missale Romanum, editio tertia, “Ordo Missae”, núm. 126.

25) “Hermanos y hermanas, quisiera que este fuera nuestro primer gran deseo: una Iglesia unida, signo de unidad y comunión, que se convierta en fermento para un mundo reconciliado” (Homilía en el inicio del Pontificado de Su Santidad el Papa León XIV, 18 de mayo de 2025).


El Reverendísimo Michael T. Martin, OFM,
Obispo Conventual de Charlotte

El reverendo monseñor Patrick J. Winslow,
vicario general y canciller