Publicamos el texto de la homilía pronunciada por mons. Athanasius Schneider durante la misa que celebró para los peregrinos de “Summorum Pontificum” el 24 de octubre de 2026 en Roma, en Santa María la Mayor.
“¡Alabado sea Jesucristo! ¡Queridos hermanos y hermanas en Cristo! La Santa Iglesia, la Cátedra de San Pedro, es nuestra Madre. Somos hijos de la Iglesia y por eso la expresión “Santa Madre Iglesia” es tan querida para todos los verdaderos católicos. La Iglesia es madre porque existe otra Madre, esa única Madre que es inmaculada, que es siempre virgen: es la Santísima Virgen María, Madre de Dios y nuestra Madre. Tenemos la gran alegría de poder celebrar en este momento y en esta basílica —en la casa de nuestra Madre— la Santa Misa según la misma forma venerable en la que tantos Papas e innumerables generaciones de sacerdotes la han celebrado en este lugar. Aquí algunos Santos y Papas celebraron su primera Santa Misa, como, por ejemplo, San Ignacio de Loyola y el Papa Pío XII. El papa Francisco sentía una devoción especial por el icono de la Salus Populi Romani que se conserva en esta basílica. Él mismo eligió precisamente esta basílica como lugar de su última morada terrenal. A lo largo de los doce años de su pontificado, el papa Francisco rezó ante el icono de la Salus Populi Romani ciento veintiséis veces. Su primera visita tuvo lugar el 14 de marzo de 2013, al día siguiente de su elección; la última, una semana antes de su fallecimiento. Realizaba estas visitas antes y después de cada viaje apostólico, así como durante sus cuatro ingresos en el Policlínico Gemelli. En la basílica ya están enterrados otros siete Papas.
En primer lugar, esta basílica y la forma tradicional de la Misa del rito romano están vinculadas a San Pío V, cuyo cuerpo santo descansa aquí. Es el Papa que ha pasado a la posteridad como el Pontífice del rito romano tradicional y del santo rosario; gracias a la oración del rosario, los cristianos obtuvieron la victoria sobre los enemigos de la cristiandad en Lepanto, contra todo pronóstico humano.
En primer lugar, esta basílica y la forma tradicional de la Misa del rito romano están vinculadas a San Pío V, cuyo cuerpo santo descansa aquí. Es el Papa que ha pasado a la posteridad como el Pontífice del rito romano tradicional y del santo rosario; gracias a la oración del rosario, los cristianos obtuvieron la victoria sobre los enemigos de la cristiandad en Lepanto, contra todo pronóstico humano.
San Pío V no llevó a cabo una reforma del rito de la Misa en sentido estricto, pues sentía un profundo respeto por la tradición litúrgica de la Iglesia de Roma; esta poseía desde hacía siglos un rito que —por su integridad doctrinal, su belleza ritual y su madurez— no necesitaba ninguna reforma, sino que, por el contrario, servía de garantía y de punto de referencia seguro en medio de la anarquía litúrgica generalizada del siglo XVI, provocada por las pseudorreformas protestantes.
Fortalecido por esta venerable tradición y por su santidad, San Pío V garantizó —de manera especialmente solemne, mediante la Constitución Apostólica Quo Primum— el uso libre y perpetuo de la forma tradicional de la Misa a todos los sacerdotes del rito romano; estableciendo expresamente que ningún sacerdote podría verse obligado jamás a celebrar la Santa Misa según una forma distinta a la del misal que él mismo había promulgado, y que su Constitución Apostólica Quo Primum no podría ser revocada en el futuro. Así, San Pío V canonizó, en cierto modo, el rito tradicional de la Misa. Por lo tanto, ningún Pontífice romano se ha atrevido jamás a revocar o “descanonizar” Quo Primum, hecho reconocido por el papa Benedicto XVI, quien afirmó que esta forma de celebrar el sacrificio de la Misa nunca había sido derogada (véase la Carta Apostólica Summorum Pontificum, de 7 de julio de 2007).
Nos encontramos en una basílica que también alberga la estatua de la Madre de Dios bajo el título de “Reina de la Paz”, colocada allí a instancias del Papa Benedicto XV. La Virgen María, Reina de la Paz, está sentada en un trono sosteniendo al Niño Jesús, que está a punto de dejar caer la rama de olivo. El rostro de la Virgen expresa dolor y tristeza, y con el brazo levantado implora el fin de las hostilidades. Sobre el pedestal, una paloma espera ansiosa a que caiga la rama de olivo para poder llevar el mensaje de paz a la humanidad.
Nos encontramos en una basílica que también alberga la estatua de la Madre de Dios bajo el título de “Reina de la Paz”, colocada allí a instancias del Papa Benedicto XV. La Virgen María, Reina de la Paz, está sentada en un trono sosteniendo al Niño Jesús, que está a punto de dejar caer la rama de olivo. El rostro de la Virgen expresa dolor y tristeza, y con el brazo levantado implora el fin de las hostilidades. Sobre el pedestal, una paloma espera ansiosa a que caiga la rama de olivo para poder llevar el mensaje de paz a la humanidad.
Un gran número de católicos de todo el mundo —especialmente la generación más joven y las familias jóvenes— albergan un deseo legítimo de participar en la Santa Misa en su forma tradicional. El papa Juan Pablo II consideró legítimo el deseo de los fieles por esta forma litúrgica, instando a los obispos a responder generosamente a él (véase la Carta Apostólica Ecclesia Dei).
A través de esta forma litúrgica, los fieles buscan unirse espiritualmente con los santos y con sus propios antepasados; desean experimentar —con los ojos, los oídos y el corazón— esa forma ritual de la Misa que alimentó y fortaleció a tantos Santos, Mártires y Confesores en sus vidas cristianas.
Sin embargo, hoy en día, debido a rígidas restricciones normativas y a la discriminación pastoral, estos fieles —especialmente los jóvenes— se sienten tratados como católicos de segunda clase. No obstante, no albergan resentimiento alguno; al contrario, siguen amando a su Madre, la Iglesia, aunque, por el momento, no se sientan comprendidos por esa misma Madre: la Iglesia de Roma.
Si la Basílica de San Juan de Letrán es la “Madre y Cabeza de todas las iglesias de la Urbe y del mundo”, la Basílica de Santa María la Mayor es la “Madre y Cabeza de todos los santuarios marianos del mundo”. Que los Santos y los Papas que tienen un vínculo especial con este nuestro santuario mariano imploren a la Madre de Dios —la Salus Populi Romani y la Regina Pacis— la gracia de que la ramita de olivo, sostenida por la mano del Niño Jesús en el regazo de la Regina Pacis, caiga sobre nosotros y nos traiga la tan anhelada paz litúrgica, aquella que restablezca el uso pleno y sin discriminaciones de la forma tradicional del Rito Romano.
Si la Basílica de San Juan de Letrán es la “Madre y Cabeza de todas las iglesias de la Urbe y del mundo”, la Basílica de Santa María la Mayor es la “Madre y Cabeza de todos los santuarios marianos del mundo”. Que los Santos y los Papas que tienen un vínculo especial con este nuestro santuario mariano imploren a la Madre de Dios —la Salus Populi Romani y la Regina Pacis— la gracia de que la ramita de olivo, sostenida por la mano del Niño Jesús en el regazo de la Regina Pacis, caiga sobre nosotros y nos traiga la tan anhelada paz litúrgica, aquella que restablezca el uso pleno y sin discriminaciones de la forma tradicional del Rito Romano.
Que aquellos que en la Iglesia tienen la responsabilidad de favorecer la llegada de dicha paz litúrgica se dejen conmover por la voz de la Regina Pacis y por la de los hijos más pequeños de la Iglesia —marginados en el ámbito litúrgico—, recordando también las palabras de Juan Pablo II: “En el Misal Romano, llamado de San Pío V… hay oraciones bellísimas con las que el sacerdote expresa el más profundo sentido de humildad y reverencia ante los santos misterios: revelan la esencia misma de cualquier liturgia” (Mensaje a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 21 de septiembre de 2001), y de las del papa Francisco, quien elogiaba a las Iglesias ortodoxas por haber conservado su “liturgia primitiva, tan bella”, diciendo: “Hemos perdido un poco el sentido de la adoración”. “Ellos lo conservan, adoran a Dios, el tiempo no importa. El centro es Dios, y eso es una riqueza” (Rueda de prensa durante el vuelo de regreso del viaje a Brasil, el 28 de julio de 2013).
Hoy, el papa Francisco podría decir tal vez a su sucesor y a los obispos: “Recuperad y conservad la forma primitiva y tan hermosa del Rito Romano, canonizada por san Pío V”.
Esta forma de la Misa fue la de la juventud del papa Francisco y la misa de su conversión. Esta forma de la Misa fue la de la infancia y la Primera Comunión del papa León XIV.
Oh María, Madre de Dios, oh Salus Populi Romani, oh Regina pacis, tráenos la ramita de olivo de la mano del Niño Jesús para la llegada de la paz litúrgica, que garantizará el pleno y libre uso del Rito Romano tradicional, para que podamos experimentar de nuevo que la Iglesia Romana es nuestra Madre. Amén”.
+ Athanasius Schneider, obispo auxiliar de María Santísima en Astana
+ Athanasius Schneider, obispo auxiliar de María Santísima en Astana

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