sábado, 8 de febrero de 2020

EL «CAMINO SINODAL ALEMÁN» NO ES IGLESIA, ES POLÍTICA

Dorothea Schmidt, mujer laica que participó en el “Camino sinodal” (asamblea sinodal) de la iglesia católica alemana, inaugurado el 30 de enero en la ciudad de Frankfurt ha relatado en forma de diario, cómo fueron para ella esos días.


30 de enero de 2020 – Día primero

Día primero de la primera reunión del Camino sinodal:
Siento mucha tensión e incertidumbre. Finalmente, se da inicio. Los miembros del Camino sinodal entran a la iglesia. Veo, con asombro, que a derecha e izquierda, mujeres del movimiento Maria 2.0 [NdT: grupo feminista radical que aboga por el sacerdocio para las mujeres, el aborto y la bendición de las uniones homosexuales] han formado una calle y sostienen diversas pancartas con sus exigencias. ¿Provocación, o un llamado al entendimiento?

Decido no hacer suposiciones, sino concentrarme completamente en Jesús durante la santa Misa. Sin embargo, la intranquilidad no cesaba: ¿conservadores o reformadores? Debemos (y queremos) escucharnos, aceptarnos, lo cual esto implica aquí un reto para todos. «Amaos los unos a los otros como Yo os he amado» son las palabras de Jesús con las que oro. Al fin y al cabo hay dos campos enfrentados. Y no se sabe si el que está sentado a tu lado -para seguir con la imagen- es tu amigo o tu «enemigo».

Puesta mi mirada en Él, el Crucificado, le he confiado en la misa todas las expectativas y opiniones, todas las ofensas, todos los dolores, todas las esperanzas que han traído las personas y que se manifestaron de manera particular cuando seis miembros del Camino sinodal dieron testimonio de sus vidas con Dios.

Después de la misa conversé -sin actitud prejuciosa o conocimiento previo- con varias mujeres, y nos escuchamos mutuamente. Para mí es importante conocerse, aceptarse con caridad. Y una vez más queda clara una cosa: el Camino sinodal es un enorme reto. ¿Cómo pueden llegar a un común denominador personas que subjetivamente buscan lo que según su opinión es lo mejor, que piensan que tienen la razón, que piensan y creen de maneras tan diferentes? Pienso en las palabras de Pedro cuando los apóstoles estaban muy inseguros: «Señor, ¿a dónde habremos de ir? Solo Tú tienes palabras de vida eterna».

Estoy segura de que la solución para las diferencias e inseguridades solo puede ser esta: únicamente Él nos puede unir y guiar. Él es más fuerte que todas las debilidades y dolores humanos. Él nos ve y nos conoce. Y Él ya nos redimió y nunca abandonará a Su Iglesia. ¡Qué maravilloso y esperanzador!

Y entonces oro: «Señor, mira a Tus hijos, y concede a cada uno lo que más necesita; sea esperanza, consuelo, fe o sanación. Haz que Tu amor se derrame en los corazones de todos los miembros de la asamblea sinodal. ¡Únenos, crece en nosotros, brilla a través nuestro y haz que Tu Iglesia florezca nuevamente!».


31 de enero de 2020 – Día segundo

¡Esto no es Iglesia! Esto es política. Y como tal, reina también un tono rudo. Se trata de tener razón y conservarla. Aunque el segundo día estaba destinado a que la asamblea sinodal aprobara solamente los estatutos, tuve la impresión de que ya todo estaba previamente concertado, conversado y planeado. Cualquier réplica fue acallada en sus inicios, y las objeciones de los conservadores fueron rechazadas. Toda la situación se vio reflejada tanto en los aplausos como en el resultado de las votaciones: hay muchos reformadores y pocos conservadores. Los reformadores -sobre todo los laicos- tienen la batuta. Dirigen también a los sacerdotes y a los obispos. A esto se le dice invertir el poder. Los obispos y sacerdotes no pueden celebrar la santa misa en la mañana. Tienen que celebrarla más tarde en la habitación del hotel. Para el último día de la asamblea sinodal ni siquiera estaba prevista la celebración de una santa Misa, a pesar de que -así lo vi- no había ninguna razón para ello: ¡había tantos obispos y sacerdotes de dónde echar mano! En lugar de eso, esta muestra de incapacidad. Los miembros del clero tienen las manos atadas. ¿Es esta la Iglesia que quieren los reformadores? Pues tratándose de un evento tan importante, uno pensaría que la celebración eucarística -de la cual vive la Iglesia, y la cual constituye la fuente y culmen de toda la vida de la fe eclesial, y la misión fundamental de la Iglesia- debería también, según eso, celebrarse digna y fervientemente. Yo ya he vivido la Iglesia de manera muy diferente. Y para decir verdad, me gustó más. Pero aquí, en la asamblea sinodal, hace falta el elemento vinculante, a saber: Cristo. Además de la debacle litúrgica, la adoración a Dios es reemplazada por arrebatos meditativos por parte de laicos. Aquí se trata del hombre: de todo lo que es capaz, quiere y exige. Bienvenidos a nuestra nueva Iglesia.

Es desilusionante. ¡Y al mismo tiempo sé y creo que Dios nunca abandona Su Iglesia! La Iglesia, con Cristo en el corazón, nunca sucumbirá. Parece haber llegado el momento en el cual debemos preguntarnos: ¿a quién quiero seguir? ¿A una Iglesia con Jesús como centro, o a una Iglesia en la que han de prevalecer la voluntad y el querer de los hombres? Es bueno hacerse esa pregunta. Parece que ya solo hay una minoría que sigue a Jesús. Pero de un puñado de cristianos, que reconocen a Jesús como el fundador de la Iglesia, puede volver a crecer y florecer la Iglesia. Por eso, oro diciendo: «¡Señor, haz que siempre miremos hacia ti y llenos de esperanza vayamos al encuentro de la primavera de Tu Iglesia!!Envía tu Espíritu Santo, y renueva la faz de la tierra!».


1 de febrero de 2020 – Día tercero

Hoy en la mañana asisto a Misa en la iglesia de Nuestra Señora, en Frankfurt, pues según el programa de la asamblea sinodal, el sábado solo habrá un acto litúrgico organizado por laicos. Con el Señor en el corazón, entro a la sala de sesiones, tomo asiento y escucho cómo la Iglesia católica ha de ser construida sobre un nuevo fundamento. Ha de satisfacer los deseos de aquellos para quienes la moral de la Iglesia es demasiado exigente. Rezo sin parar durante las siguientes intervenciones Necesitamos el Espíritu Santo. Todos nosotros.

Nosotros, los que nos hemos comprometido con la renovación espiritual de la Iglesia, somos minimizados; se nos restringe el derecho a hablar y nos han puesto frente a hechos consumados. Mientras aquellos que exigen reformas son escuchados y pueden extenderse en sus intervenciones, los conservadores deben, ni más faltaba, dejar inmediatamente el micrófono. Solo faltó que me apagaran el micrófono, porque no dejé que me apartaran.

Pienso en el día anterior, en el que la petición del señor Picken, respecto a que la participación de todos los miembros de la asamblea sinodal debería ser transparente y en igualdad de derechos, fue literalmente aplastada. Conforma a la divisa: conservadores, adiós; ustedes son minoría. Por favor, no se inmiscuyan.

El mismo mensaje transmitieron los que leyeron, despectivamente y en tono polémico, las respuestas de la categoría «conservadores» de la encuesta en línea sobre el Camino sinodal. ¿Coincidencia?

De todas maneras, le doy la razón al señor Picken. Pues también eché de menos una actitud justa y un proceso democrático: solo hasta el último minuto se dieron a conocer los nombres de los 30 a 35 participantes de los cuatro foros sinodales. Cerca de 30 miembros de la asamblea plenaria no fueron escogidos como participantes en los foros. En lugar de eso, 15 de los foros preparatorios fueron automáticamente incorporados al nuevo grupo. En cada foro solo se podía elegir ahora a cinco personas. Todas las demás habían sido designadas previamente. ¿Así es como funciona la tan alabada participación?

De esta manera, todo debía comenzar de nuevo, como si no hubiese habido un paso preparatorio. E incluso los textos que fueron redactados al final de los foros preparatorios, nos fueron entregados de antemano.

¿Deberán estos, entonces, constituir la base de las posteriores reflexiones? Me temo que así será.

Pese a todo, sin embargo, no podemos olvidar que Cristo es siempre el vencedor. Y esto me da nuevamente una enorme esperanza. ¡Así, pues, mirar hacia adelante! Esto también ocurrió en la época de Santa Teresea y San Juan de la Cruz. ¡Ellos también vivieron todo esto! Y, sisn embargo, la Iglesia de Dios continuó viviendo y floreció. Creo que las dificultades hacen parte de esto. Nos encontramos ahora en una fase en que debemos caminar sacrificándonos y sosteniendo la Iglesia. Desde el punto de vista emocional y espiritual es diícil estar sentado en medio de la asamblea sinodal y ver cómo Jesús «hace parte» solo de una manera retórica. Y, sin embargo: tenemos un fundamento sobre el cual construimos, una razón para tener esperanza. ¡Y no nos la dejaremos quitar!



Traducido para InfoCatólica por LCH





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