lunes, 12 de septiembre de 2022

SOBRE LA CELEBRACIÓN DE MISA PARA PARTIDARIOS DEL ASESINATO Y GENOCIDIO PRENATAL

Carta abierta a monseñor Jorge Eduardo Scheinig, obispo de la arquidiócesis de Mercedes-Luján

Por 
José Arturo Quarracino


Estimado Monseñor:

Les escribo estas líneas motivado por el lamentable espectáculo brindado por usted, como obispo anfitrión, en la celebración de la Santa Misa llevada a cabo en la Basílica de Nuestra Señora de Luján el sábado 10 de setiembre, convocada como “misa por la paz y la fraternidad de los argentinos para reencauzar la convivencia democrática”.

En primer lugar, según algunas informaciones periodísticas, usted mismo afirmó que la organización de la Misa partió de la autoridad municipal local, fue un “evento exclusivamente oficialista” (¡!!), que “la ceremonia se preparó muy rápido” (¿??) y que “la envergadura de la Misa creció y yo quiero pedir disculpas”.

Cualquiera que conoce un poco de la vida litúrgica de la Iglesia sabe muy bien que cualquiera puede pedir que se le celebre una Misa en un templo, y por las intenciones que sean. Pero de ahí a pretender hacer creer que la organización del “evento” corrió por cuenta exclusiva del intendente es tomarnos por tontos. Máxime cuando la Basílica tiene desde hace muchísimos años estipulado un protocolo concreto para el pedido y organización de las celebraciones litúrgicas. Además, usted dijo que “la ceremonia se preparó muy rápido”. ¿A quién quiere engañar? Ya tres días antes se sabía públicamente que se iba a celebrar esa Misa en Luján, lo cual, por otra parte, no es nada extraordinario. ¿Usted no sabía que iba a ser el celebrante principal? ¿Se necesitan semanas para preparar la celebración de la Santa Misa? Y que usted mismo diga que “la envergadura de la Misa creció” suena como reconocimiento que Su Excelencia transita habitualmente por las nubes o cerros de Úbeda. ¿Qué esperaba, una Misa minúscula o insulsa en los tiempos que corren en nuestro país?

En segundo lugar, en parte de su homilía usted dijo que “si nos encerramos vamos al choque, al enfrentamiento, a la disolución. Si nos abrimos [al diálogo], podemos encontrarnos, escucharnos, dialogar, trabajar por el bien común, fortalecer la democracia y reconstruir con esperanza la patria herida”. Y además afirmó que “Aquí vienen millones de peregrinos de todas las realidades sociales, de todos los partidos políticos y movimientos sociales. La Virgen de Luján es la garante de la unidad del pueblo argentino. Nadie debería quedarse afuera de la Casa de María en Luján”.

Estas afirmaciones suyas suscitan un poco de indignación, porque por su decisión hay fieles católicos que han querido celebrar la Misa según el Rito Romano en la Basílica y usted no los ha autorizado. “Nadie debería quedarse afuera”, dice usted, pero la realidad es que hay católicos que “han quedado y quedan afuera de la Casa de María en Luján”. ¿Por qué? Por ser católicos consecuentes, los únicos excluidos.

Y en tercer lugar, y no sólo me indigna como católico y peronista que soy, sino que también resulta claramente aborrecible, es que usted habló en su homilía de diálogo, de fortalecer la democracia, de la patria herida, de la fraternidad, de la cultura del encuentro, etc., pero no hizo la más mínima mención al hecho que desde fines de diciembre de 2020 está legalizado en nuestro país el asesinato de las personas más inocentes e indefensas de todas. Usted tuvo enfrente, en las primeras filas, a muchos de los promotores y legalizadores del genocidio prenatal, y no dijo nada. Los presentes en esas primeras filas fueron para pedir por la vida de la señora vicepresidente y para dar gracias por haber salido indemne del atentado sufrido días pasados, pero en una actitud esquizofrénica celebran y alaban el asesinato diario de niños por nacer. Usted los tenía enfrente y no dijo nada, sólo les dijo lo que querían escuchar. ¿O usted no está enterado que días pasados el gobernador de la provincia de Buenos Aires, presente en el “evento”, ha celebrado institucionalmente que desde la legalización del aborto el 30 de diciembre de 2020 hasta el 31 de agosto de 2022 han sido eliminadas 47.477 personas por nacer en el ámbito provincial?

¿No está enterado usted que sólo en el año 2021 fueron eliminadas en todo el país, en los centros de salud pública, 59.348 personas por nacer? ¿No es para usted una actitud esquizofrénica o absolutamente hipócrita que los dirigentes políticos presentes en una Misa pidan y rueguen por la vida y la salud de una persona, pero al mismo tiempo, hayan implementado una política de eliminación sistemática y masiva de personas por nacer, totalmente indefensas e inocentes? Ante esta contradicción absoluta y repudiable usted mantuvo y mantiene la boca cerrada. ¿Esa es su actitud de pastor en defensa de los más débiles de todos los seres humanos? ¿Usted cree que es lógico y cristiano edificar una sociedad que tenga como base legal la pena de muerte para los seres humanos que no han cometido ningún delito? Su silencio ante los responsables de este genocidio prenatal es absolutamente condenable.

Y además es francamente abominable que usted haya habilitado que todos esos promotores y partidarios del asesinato de los niños por nacer comulgaran y recibieran al Señor de la Vida. Los que hacen un culto del asesinato prenatal pudieron comulgar y recibir el Pan de Vida, pero los que creen en serio en Jesucristo y en su Evangelio de vida no pueden no siquiera celebrar Misa en la Basílica. Perdóneme la ironía o el sarcasmo: ¿usted está en sus cabales o fuma de la mala? ¿No le parece que su actitud de pastor, en este caso, se amolda perfectamente a la figura del pastor mercenario que describe Nuestro Señor en el capítulo 10o del Evangelio según san Juan, el asalariado que no ama a las ovejas del Señor, se acobarda y huye ante el peligro y las deja solas, porque es mercenario? Salvo que usted piense que se puede dialogar, confraternizar, fortalecer la democracia y restaurar las heridas de la Patria con la pena de muerte para quienes no comenten ningún delito y no se pueden defender.

Usted podría haber hecho alguna reflexión de este tipo ante los presentes, para hacerles ver su contradicción absoluta entre lo que peticionan y lo que promueven, pero lamentablemente se quedó en silencio. Usted procede al revés de lo que hace Jesucristo, que abre la puerta y recibe a los pecadores, para que se conviertan y sanen: “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mt 9, 13).

Usted y algunos de sus colegas abren las puertas y reciben a pecadores y promotores de la anticultura de la muerte, pero los dejan irse confirmados y apoyados en su maldad.

Usted y varios de sus colegas hablan mucho del cambio climático, de los dolores de la Madre Tierra, de los despojados y desposeídos, pero no sólo guarda -y guardan- absoluto silencio respecto a los millones de asesinados anualmente antes de que nazcan, sino que además confirman en su crimen a quienes promueven este crimen abominable, permitiéndoles recibir indignamente el Cuerpo del Señor resucitado. A los poseídos por espíritus inmundos Jesucristo los sanaba, expulsando a los demonios que los atormentaban, en cambio usted y varios de sus colegas dejan que ese espíritu del mal -asesino por naturaleza- siga viviendo en el alma de sus víctimas, avalando con su omisión y silencio su infame proceder infanticida.

En definitiva, Excelencia Reverendísima, usted le abre las puertas a los que son partidarios de asesinar a niños por nacer y les permite comulgar, pero a los que quieren celebrar la Misa Tradicional ni siquiera les abre las puertas del templo. ¿Con los que trafican drogas y matan a miles de consumidores y competidores usted hace lo mismo, los bendice en su accionar criminal? Supongo que no, por eso da la impresión que tiene problemas graves en su azotea personal.

En una de sus homilías famosas, san Agustín de Hipona dijo a sus feligreses -y sigue diciendo también hoy- que “para ustedes soy obispo, pero con ustedes soy cristiano”. Me despido de usted parafraseando esta frase, diciéndole a usted y a sus colegas que comparten su “valiente” labor episcopal, que “para ustedes soy un laico, pero a pesar de ustedes trato de ser un buen católico, aunque cada vez me cuesta más.

Humildemente, me permito recomendarle menos franela episcopal y más lectura de las Sagradas Escrituras, Excelencia Reverendísima. Y si no se atreve a defender a cada santo inocente que cada 9 minutos es asesinado en nuestro país simplemente porque no se desea su existencia, dé un paso al costado y deje el lugar a otro que sea capaz de enfrentar a los mercaderes de la muerte y dar la vida por las ovejas por las cuales Nuestro Señor Jesucristo entregó su vida para su salvación, que además son la herencia y bendición que Dios Todopoderoso derrama sobre los seres humanos (Sal 127, 3).

Lo saludo atte.

José Arturo Quarracino


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